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SOBRE EL AUTOR
CARLOS MAZARÍO
(ALICANTE, 1977).

“UN INCENDIO”, CARLOS MAZARÍO TORRIJOS
© CARLOS MAZARÍO TORRIJOS
© DEL PRÓLOGO: SU RESPECTIVA AUTORA
PRÓLOGO: MARÍA GÓNGORA
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. EDITADO
DIGITALMENTE POR GROENLANDIA CON PERMISO DE SU
AUTOR.
EDITORIAL GROENLANDIA
PROYECTO CULTURAL SIN ÁNIMO DE LUCRO
ESPECIALIZADO EN PUBLICACIONES DIGITALES.
DIRECTORA: ANA PATRICIA MOYA RODRÍGUEZ
CORRECCIÓN: ANA PATRICIA MOYA
MAQUETACIÓN: ANA PATRICIA MOYA
DISEÑO: ANA PATRICIA MOYA (CUBIERTA, INTERIOR)

DEPÓSITO LEGAL: CO 1088 - 2015
CÓRDOBA, 2015

REALIDAD
Y DOLOR
POR MARÍA GÓNGORA
M e enfrento a “U n incendio ” de C arlos
Mazarío sin conocer nada más de él que
una breve reseña biobibliográfica. Eso es
un reto y una responsabilidad a la vez. No
tengo nada a lo que aferrarme a la hora
de empezar a escribir este prólogo que
no sea el propio poemario. Interpretar
las palabras de un poeta siempre es
un trabajo complicado, más aún si no
conocemos al poeta personalmente,
si no sabemos qué le inquieta o cuáles
son sus temas predilectos a la hora
de escribir. Me enfrento a ciegas,
esta vez, a algo que me he ofrecido
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voluntaria, y he de decir que antes de
empezar a leer tuve mis dudas, pues no
soy ninguna experta en poesía y mucho
menos soy experta en escribir prólogos
ni reseñas. Pero en mi favor diré que soy
ávida lectora y no podía dejar pasar la
oportunidad de probar a hacer algo que
no había hecho nunca. Prologar un libro
de alguien absolutamente desconocido.
Espero que no por mucho tiempo.
L a primera lectura ha dejado en mí un sabor
inconfundible. Qué difícil es que un libro
de poemas te deje esta sensación de
5

satisfacción. Me gustan los poemarios que
no son sólo una selección de poemas del
autor sin un “algo” que amalgame todos y
cada uno de los poemas que lo componen.
Disfruto con los poemarios que cuentan,
de alguna forma, una historia. No tanto
una historia con final, pero sí algo que
cuente una inquietud, un desasosiego,
algo que mueva al autor a escribirlos y
colocarlos uno detrás del otro. Por eso,
al encontrarme con “Un incendio” y con
sólo haber leído los dos o tres primeros
poemas, supe que Carlos había hecho
algo con lo que iba a disfrutar.
“U n incendio ” es un camino , un viaje vital
que comienza mirando alrededor, y
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acaba por mirar dentro de uno mismo.
A costumbrada a que demasiados poetas
dejen los mejores versos para el final de
los poemas, me encuentro con un poeta
que prefiere a veces utilizar estos versos
para los comienzos, o incluso, para hacer
descansar al lector con un verso suelto
entre dos estrofas del poema. La habilidad
de Carlos para comenzar los poemas con
versos contundentes te hace abrir más
los ojos y estar más atentos a lo que en
él va a contarnos. No necesita palabras
rebuscadas ni metáforas demasiado
complejas, lo sencillo (que no lo fácil)
hacen, en este caso, el camino mucho más
interesante. Utiliza un lenguaje claro que
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ayuda a crear imágenes que nos hacen
sumergirnos e ir paseando por cada
poema desde dentro del mismo, nos
ayuda a comprender lo complicado que
resulta hablar de temas que inquietan
a cualquiera, de manera que no resulte
manido y repetitivo. La sinceridad de
las palabras, sin artificio, hace que no
haya dudas sobre su intención. Es un
pintor realista, por decirlo de algún
modo, no se deja llevar por florituras
de colores imposibles para que el
espectador tenga que interpretar qué
ha querido decir. Lo que quiere decir,
lo dice, y punto. Y en su sinceridad
encuentra la llave para abrirte las tripas
desde dentro. Para mantenerte alerta.
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La primera parte, “Los señores de la
guerra”, retrata esa sociedad en la que a
veces intentamos no reparar, ese desvelo,
ese insomnio. Todos formamos parte
de ella y nos dejamos llevar en nuestra
rutina diaria, pero, en algún momento,
nos paramos a mirarla fijamente, y nos
avergonzamos.
“H ay días que son claros / como los ojos
del pescado fresco”. Es el verso con
el que comienza “Un incendio”. ¿Qué
puede haber más crudo y más real que
los ojos abiertos de un animal muerto?
C arlos nos ofrece una visión del mundo
muy personal pero a la vez es algo que
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cualquier mente inquieta puede ver.
Carlos te mete en su piel. Al leer sus versos
consigue que sintamos ese miedo, incluso
podemos oír el ruido que estremece
cuando solo buscamos un poco de silencio.
Las experiencias se hacen nuestras.
N os habla de ese peso que arrastramos a
diario, casi sin darnos cuenta, llevados
en volandas por una masa que no nos
deja percatarnos de la verdad. Nos
habla del momento en el que nos damos
cuenta y nos hacemos conscientes, de
los pasos que damos para avanzar, de
algún modo, y separarnos de esa masa.
La disconformidad con los sucesos que
ocurren. La mente sensible, que observa
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y busca una esperanza, una luz, un
incendio que prenda y arrase con todo.
E l poeta mira hacia atrás , también , en algún
momento, para recordarnos cómo hemos
cometido errores que no queremos
admitir. Pero él mira, no se olvida.
Nacido en plena Transición, en algún
poema nos retrata ese pasado reciente;
habla de la realidad a la que día a día nos
enfrentamos. Sobre la incertidumbre
que sentimos; esa sensación de vacío
que nos corroe por dentro cuando no
encontramos una salida. Pero Carlos la
encuentra. Tiene esperanza en la luz:
“Agarrado a esa escarcha sobrevivo al
incendio”.
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E n la segunda parte , “L a huida ”, C arlos
cierra un poco más el círculo. Nos trae
historias cotidianas y muy intimistas que
nos dibujan y recuerdan la importancia
de las cosas sencillas, los detalles que
nos salvan, esa huida hacia adelante
aferrándonos a lo verdaderamente
importante. Lo nuestro.
“N osotros nos quedamos en ciudades
humildes, / que miran hacia sí y respiran
hondo”.
L as ganas de salir corriendo para escapar
de nuestro dolor, hasta darnos cuenta
que no hay sitio donde cobijarse, que no
sea en uno mismo o en el otro.
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“M e persigue el dolor , que no pretende /
más que volver, volver, / eternamente. /
Pero viene la huida, y me libera”.
E s un mirar hacia afuera y hacia adentro .
Esa necesidad de buscar las respuestas
en el mundo cuando sabemos que en
realidad están dentro de nosotros. Un
viaje en el que encontrarnos.
“V olveré para
convertido”.

ver

en

qué

me

he

T e encuentras , lector , en este poemario ,
a un hombre que escribe sobre una
inquietud que podría ser también la
tuya. Un viaje, que todos haremos, tarde
13

o temprano, para encontrarnos un poco
más en paz con el mundo, y sobre todo,
un poco más en paz con nosotros mismos.
No es un camino de flores. Hay piedras,
ruido, miedo, e incertidumbre. Pero no
por eso deja de ser hermoso. Sólo hay
que encontrar el cabo donde agarrarse,
y seguir.
Disfruta del viaje.

MARÍA GÓNGORA
S eptiembre del 2014

UCARLOS
N I NCENDIO
MAZARÍO

L os señores
de la guerra

C UENTOS
UENTOS
CcHINOS
HINOS
Hcomo los ojos

ay d í a s q u e s o n c l a r o s

/ del pescado fresco,
en que la verdad luce
en el reflejo en los escaparates
de una cara angustiada.

Son días en que el aire
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se exilia en los rincones de las calles,
deja un vacío denso
que duele, más que pesa,
/ y sin embargo,
nos cuesta respirar,
/ porque lo hacemos
casi sin interés, que ya no hay nada
que pueda mantenerlo.
21

Han muerto todas
/ las explicaciones,
se sabe todo
en estos días claros,
/ noches claras
en que lloran los relojes de arena
lágrimas como látigos,
en que los niños cantan
/ las verdades
22

y los periódicos
cuentan, con su rotunda
/ monotonía negra,
todo lo que no hace falta decir,
ya se lo había dicho
el amigo a la amada
/ entre las sábanas,
el abuelo a su sombra en el paseo,
la soledad al miedo.
23

Estos días terribles de tan claros
que nos tocó vivir,
con ese rumor sordo
/ de un pasado cercano,
nos tienen aturdidos, enfadados,
tal vez iluminados,
y nos dejan
un cuerpo de paliza, y un sabor
a sangre inútil en el paladar.
Ay, quién tiñera
24

estos días tan claros
/ de algo de oscuridad;
tal vez así, cegados, no pudiéramos
ver nuestro rostro
/ en los escaparates
pidiendo auxilio a chorros
/ en las tardes
tremendas de estos días
/ cristalinos.
25

EELL MIEDO
M IEDO
A
sólo el reverso de lo cotidiano.
veces es el miedo

No se trata de preguntar,
/ cobarde,
cómo acontece
/ lo que no se espera,
ni de mirar atrás como se mira
a una persona vista sin querer,
a un viejo conocido
/ al que no se sabría
por quién preguntar, hoy.
26

Es el miedo el que guía,
/ el que diseña
caminos como túneles,
/ rutas como pasillos
de hospital. El miedo
/ el que compone
bandas sonoras para pesadillas.
Es el miedo el que gime
/ en la ventana.
27

Y aún a veces
está mucho más cerca
/ de nosotros,
es una sombra opaca
que se nos pega firme
/ a los talones,
nos da la vuelta al día, como si
no tuviéramos nada que esperar,
/ y nos lleva
28

a un lugar de pereza
/ y desconsuelo
del que no regresar hasta mañana.
A veces es el miedo;
a veces, anochece de repente.
29

H ACIA
INCENDIOS
I NCENDIOS
FUTUROS
F UTUROS
Hgaloparé, no os quepa la menor
acia incendios futuros

duda, que mi vacío necesita
otra paz, otras tierras,
/ otra sangre.
Habrá más fuegos que vengan,
/ vibrantes,
30

azules, redentores,
en una ardiente huida que fecunde
hojas de un calendario inexistente,
páginas aún no escritas de un libro
/ insospechado.
Serán llamas como enormes palmeras,
31

una matriz inmensa con puntas
/ encendidas
que venga a liberarme de
/ estos días oscuros
en los que no hay certezas,
no hay ciencia,
no hay palabras,
sólo hay tiniebla, y vago
buscando estrellas, luces
32

que iluminen la estancia
/ en que tropiezo.
Pero no,
el muro está en mis ojos tapiados,
/ y lo veo
desde su vientre, bastos costurones
/ de yeso
cegando mi mirada.
33

Ante esto, dónde están
/ los fuegos sanadores,
los incendios que un día llegarán,
/ los volcanes
que estallan con bramido
/ poderoso, las llamas
que prenden los recuerdos,
/ lo oscuro, lo maligno,
34

convirtiendo en cenizas el dolor,
en lluvia de pavesas abstractas
/ el pasado,
lo amado, lo que hiere.
Han de venir, vendrán;
veo su luz, a tientas, al fondo
/ de este túnel.
35

N UNCANADANADIE
UNCANADANADIE

Q
sombra infeliz,

u é va a s e r d e t i ,

cuando termine todo,
cuando acabe la lucha,
cuando los ojos turbios
de los combatientes
estén secos
como lagunas tristes
en verano.
36

LLUNES
UNES
H

ay d í a s e n q u e e l m u n d o s e

/ v u e lv e d e l r e v é s
y las calles se empinan, y nos cuesta
/ llegar
a un lugar en silencio. Los gritos
/ no nos dejan
descansar, nos hacemos
un ovillo y nos vamos rodando
/ hasta otro sitio,
pero nunca llegamos. Entonces
/ nos sumamos
al coro de alaridos disonantes
38

para clamar justicia, pero no
conseguimos hacernos oír,
/ así es que nada
nos queda hacer allí,
/ y reemprendemos
la escalada ridícula e inútil,
como Sísifo
con nuestra pena y tanto ruido
/ a cuestas.
39

Hay días en los que nos desharíamos
sólo con tal de conseguir un poco
de calma o de pereza satisfecha,
/ o tal vez
de paz intrascendente,
/ pero estamos
en nuestras vidas,
/ en nuestras miserias,
40

en las ciudades sucias y estruendosas
de trenes que chirrían, y coches
/ enervantes,
y gentes sudorosas y teléfonos
/ móviles,
así es que nos volcamos hacia dentro,
volvemos boca abajo
/ también nuestra cabeza
41

y tratamos
de pasar lo más rápido la página,
no hay nada que leer, algunos días
no están escritos ni falta que hace,
no tienen poesía, hacen daño,
/ marchitan
y plantean preguntas con respuestas
/ tan tristes
que es mejor ignorarlos.
42

LLAA FE
FE
DEL CONVERSO

DEL CONVERSO

D
con la fe del converso
efenderé

a cada hombre que, iluminado
/ en rabia,
apriete las mandíbulas y grite
con voz deshidratada
que hay que cambiar el mundo,
todavía.
44

C ALLADO Y
SIN MOVERME

A
a esa chica que habla en la cafetería
v e c e s m e g u s ta r í a d e c i r

con una gravedad de terremoto:
“¡oye, bonita voz!”,
o, tal vez, tocar
el embarazo de esa joven
/ de veinticuatro
46

a la que cedo el asiento en el metro
o, por supuesto,
dar un beso a la niña que hace pis
desde el columpio de brazos
/ de su madre
en un alcorque sucio, pero, claro,
eso sería malinterpretado.
47

También algunas veces
aplastaría con sumo cuidado
ciertas cabezas y ciertos
/ estruendos,
pero, al final, prima
/ la autodefensa
y me quedo callado

y sin moverme.
48

PERIPECIA
P

rimero fue la luz,

luego el silencio,
luego la soledad,
luego el vacío…

Nacimos en un tiempo
/ de sábanas calladas
y chaquetas de pana y aún de miedo
que pasaron a ser vaqueros rotos
casi sin darnos cuenta
antes de retornar a lo que fueron,
camisetas parlantes, y otras cosas
que hoy ya nadie recuerda.
50

Crecieron y crecimos los tiempos
/ y nosotros
grandes, altos, completos,
hermosos como días venecianos,
y fuimos despertando de esa tibia
/ inocencia,
y fueron degradándose nuestras
/ caras y pasos
como si no pudiéramos
(tal vez no era posible)
mantenernos erguidos pese a
/ nuestras rodillas
musculadas y fértiles,
51

torpes adolescentes que fuimos
/ todos juntos
en un cuerpo que
/ nos venía grande.
Más tarde, dando tumbos, crecimos
/ otro poco,
nos marchamos al frente,
nos hicimos varones responsables
y nos avergonzamos
/ en nuestra cama, a oscuras,
de ser tan miserables asesinos,
52

de tener a los lobos por hermanos,
de habitar imposibles vertederos
y de cantar tan mal
y no saber callarnos.
Y aquí seguimos, tristes,
/ soportándonos
los unos a los otros y hasta
/ a nosotros mismos
tal vez porque no nos da por echar
la vista atrás, sabiendo
qué vamos a encontrarnos.
53

Mejor no recordarlo. Para qué.
Ya casi nadie suele
recordar casi nada
casi nunca.
54

PURGATORIO
H

e aprendido a mirar con otros ojos.

A veces no conviene callar
/ lo que se sabe,
y a veces se despierta en charcos
/ de sudor
y con dolor de cuerpo,
/ y con desmayos.
La noche es un milagro demasiado
/ frecuente.
56

Con latido de sienes recorremos
avenidas de luz, blancos pasillos
como de ambulatorio
/ o monasterio,
carreteras difusas, precipicios;
llegamos al final a un punto indefinido,
tal vez entre las nubes, tal vez
/ algo más lejos,
perdido en el pasado, en la leyenda;
de ahí en más todo es frío,
ni siquiera un silencio, todo frío,
57

como el meñique de los guitarristas,
con ausencia de tiempo
/ y de palabras.
La mirada es el arma
/ de los débiles.
Con un respirar calmo volvemos
/ del vacío,
y llegan nuevos gritos
/ y nuevas primaveras
a colmar las heridas palpitantes
58

como jardines fértiles en medio
/ del desierto.
Se va alzando totémica del barro,
con un bramido turbio, la voz
/ de los gigantes,
robusta fortaleza en la que moran
los ecos milenarios de las gentes
/ de ayer.
Se van rompiendo costras
/ y costumbres,
desbrozando rutinas a mordiscos
/ audaces.
59

He aprendido a mirar con otros ojos
y a ver en otros rostros
lo que no quiero ser.
Algunas noches lloro de terror.
He aprendido a gritar
/ cuando me duele.
60

SALUD MENTAL
N

ueve de cada diez

psiquiatras o poetas
recomiendan, por
/ su salud mental,
cerrar los ojos, apagar la mente
y olvidarse de lo que nos rodea.
Se trata de quedarse un rato
/ en blanco
-tábula rasa-

y empezar de cero.
Ignorar esas voces y esos ruidos
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y esas luces que ponen zancadillas
cuando intentamos entender
/ el mundo,
apreciar a sus gentes,
respetarnos.
Nueve de cada diez

campesinos o sabios
recomiendan tener
/ mucha paciencia
para no reventar cada mañana.
63

ESCARCHA
Y vi que en sus ojos naufragaban planetas.
C.A.

C
Casi todos tenemos cadáveres

asi todos hemos dicho mentiras.

/ ocultos.
El problema es problema
cuando son los Señores
/ de la Guerra
los que callan, tergiversan,
/ engañan.
La verdad es un muerto
/ en un estanque.
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He visto, en esos ojos turbios
/ donde naufragan
planetas, lo que todos hemos visto:
el rencor, el triunfo, la ignominia.
Pero sé que docenas de películas
y libros infantiles no están equivocados:
el bien siempre triunfa sobre el mal.
Agarrado a esa escarcha sobrevivo
/ al incendio.
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L a huida

LA HUIDA
Traen el dolor: nada me importa.
J. H.

A
,
que guían mi destino.

h o r a v i e n e l a h u i d a y o t r o s pa s o s

No miro atrás: encuentro
pistas en cada paso, señuelos
/ y palabras
que animan mi carrera.
Se detiene la niebla ante mi cuerpo
fugaz, electrizado,
y mis piernas desatan torbellinos,
68

revelan superficies,
las arañan.
Me persigue el dolor, que no pretende
más que volver, volver,
eternamente.
Pero viene la huida, y me libera.
69

A RGENTINA,
CANADÁ

V

e n t e y l l é va m e a l f r í o ,

/ a donde quieras,
pero que sea frío, donde duela
respirar, y se busquen
nuevas formas tejidas en el hielo
azul que nos rodee, y nuevas manos
para dar más color a nuestras manos
tan cansadas, tan limpias.
Busca nuevos paisajes, fríos,
/ densos.
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Sácame a la ventana desde
/ donde no veo
más que ruido, tristura. Y tráeme frío
de donde quieras, Canadá, Argentina,
lugares escondidos de
/ tan amplios, silencios
luminosos y fríos como tú.
71

BAMBÚES
Lparece ser – lo dicen los expertos
L D ;

o v i e n u n d o c u m e n ta l d e

a

os

que aún a día de hoy
/ queda un misterio:
el de la floración de los bambúes.
Estas plantas leñosas crecen
/ toda su vida
como flautas inciertas
/ o huesos infinitos,
crean tupidos bosques
/ en los que se alimentan
72

esos seres de cuento que son
/ los osos panda
y millones de humanos sobreviven
de su tala, la venta de sus cañas,
el consumo de hojas y otras
/ manufacturas.
No se sabe muy bien, pero parece
- lo dicen los expertos - que algunas
/ de estas plantas
crecen veinte centímetros diarios;
otras, mientras,
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pueden llegar a tener largos ciclos
de crecimiento, no se sabe cómo
de largos, ni por qué.
Pero el mayor misterio que rodea
/ al bambú
es el de su destino.
Un día, sin saber cómo ni cuándo,
florecen los bambúes.
Es el momento álgido de la vida
/ de todos,
74

el de la floración.
Pero sucede que – nos dicen
/ los expertos –
los bambúes
cuando florecen
mueren.
Estamos rodeados de metáforas
/ tétricas,
lo dicen los expertos.
75

C ALLE
DEL VIENTO

Y

a n o s o p l a e l v i e n t o p o r e s ta c a l l e .

Sin embargo,
ayer barrió con su azul brisa viva,
como a encina en ladera,
a mi sed por rincones ignorados.
Aún oigo los silbidos en la noche.
Algunas veces
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tiemblo cuando resopla en mis oídos,
cala mis huesos como el frío puro,
persigue unos rescoldos
/ escondidos en vano.
No sopla más el viento en esta calle.
Yo me tapo con mantas, por si acaso.
77

C ICLOS

Ben los ojos,

úscame el tiempo en la boca,

en estos ojos que un día
devorará la tierra.
Piensa que yo, como todos,
me voy yendo despacio
/ hacia el abismo
mientras tú, como todos,
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te vas marchando lenta hacia
/ la nada.
Entre tanto, busca el tiempo
/ en mi boca,
en mis ojos,
en estos ojos cansados que un día
no estarán para ver cómo los tuyos
fertilizan el suelo que poblamos.
79

C IUDADES
E

xisten mil ciudades

/ c o m o l ab o r at o r i o s .
Lugares impolutos, asépticos y fríos
a los que nunca iremos.
Hay otras que se quejan,
desde los callejones
/ levantan alaridos
para que nos fijemos en
/ sus muros cansados,
en sus rincones sucios,
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en su ayer olvidado…
Nunca nos pasaremos.
Tampoco por aquellas
que lucen enigmáticas
con nombres musicales, doce velos
envolviendo el misterio
/ de sus piedras
y la luz de los ojos
/ de los que sobreviven
atados a sus cuentas.
81

Hay ciudades abiertas,
/ posmodernas,
que regurgitan gente, y van a saltos
sobre la vida, con mirada ciega
por si ven la verdad y les angustia.
No tendrán nuestros pasos.
Nosotros nos quedamos
/ en ciudades humildes,
82

que miran hacía sí y respiran hondo
para que lata el corazón al ritmo
que les marcan los hombres.
/ Son las nuestras:
Valencia, Toulouse, Maastricht,
Salamanca, Lisboa…
Las hemos conquistado.
/ Son las nuestras.
83

EL PELO DE BELÉN
EN OTRA CHICA

H

ay c o s a s q u e n o s o n

/

ta n i m p o r ta n t e s .

Muchas veces, las cosas
/ no son tan importantes
y sin embargo vienen, nos alteran,
nos encienden la lumbre
/ de una hoguera marchita
y son lo que pasó, lo desaparecido.
84

A veces, esas cosas invisibles
para todos menos para los menos,
suceden, y es entonces cuando
/ nos damos cuenta
de que están en la sombra,
/ agazapadas,
que no son importantes, pero son.
85

Se trata de los restos
/ de lo ya superado,
de los vestigios yertos,
/ de las huellas borradas,
del papel en el fondo del cajón,
/ que recuerda
lo que no se ha olvidado, los olores,
/ los juicios,
alguna sensación, una voz,
/ un temblor,
las cosas tan vulgares que a veces
/ nos importan.
86

H OMBRES
DEL TIEMPO

N
:
borrascosos, tormentas,

o s lo av i s a n a v e c e s v i e n e n d í a s

/ noches gélidas,
las mayores nevadas
/ de los últimos años.
Ellos saben lo que otros ignoramos.
Descifran como magos datos
/ incomprensibles
88

con su jerga científica.
/ Nos los traducen luego,
y así nos enteramos
de que llegan los fríos milenarios,
/ las nubes
más oscuras, tornados,
depresiones y fuertes oleajes.
89

Sin embargo
no saben interpretar esos hombres
hechos más inmediatos, más visibles;
una sonrisa que se hiela, un párpado
que tiembla, sacudido
/ por una brisa ignota,
una lluvia ligera, breve niebla
que cruza por los ojos
/ de Patricia,
depresiones y fuertes oleajes, en fin,
el tiempo de los días
/ que vivimos ahora.
90

H UYENDO
TODAVÍA

Ey al que no reconozco,

se hombre que camina y que soy yo,

si se muestra feliz por un instante;
ese hombre que se asoma
/ a un paisaje vacío
y sólo ve silencio
y le asaltan las dudas
/ como desesperadas
por regresar a casa;
ese hombre, en fin, que piensa
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que no queda justicia, y que tal vez
sería mejor huir a otros planetas
para al menos tener tristes certezas
-la soledad, sus venas, el aire
/ que respiratal vez ya no soy yo, pero aún hay veces
que cerrando los ojos lo veo
/ en el espejo
huyendo todavía.
93

LLAMARADAS
C

o m o u n n i ñ o q u e e s t r e n a d o lo r e s

/ nuevos, voy
del llanto a los silencios,
/ sorprendido
por un tímido aullido que creía
ya marchito, apagado.
Y al final sólo hay
un pequeño
dolor;
hay,
ay,
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algo que no resiste la voz de
/ los recuerdos, llamarada,
como zumbido sordo o como ruido,
una luz encendida en el fondo
de un túnel conocido,
apenas un crujir,
un ademán,
dolor
hay,
ay.
95

PATRICIA DUERME

H

ay l u c e s d e h o s p i ta l

/ que son farolas
e iluminan mi insomnio en estas horas
de final del verano.
Mi calle toda es un ecosistema:
dos gatos, un murciélago y ejércitos
de polillas que buscan el misterio
de la luz enjaulada.
96

Volvería
a pasear sin rumbo hasta la madrugada,
pero Patricia duerme
y hay un hueco vacío junto a su silueta
esperando el regreso
/ de mi cuerpo nervioso,
y no hay noche que valga.
97

R AZÓN, SILENCIO
Q

uiero ir a esas ciudades

/ q u e a ú n f r e c u e n ta s :
la razón; el silencio.

La razón es un arma poderosa,
con munición pesada y abundante.
El silencio es la manta
/ en que me acoges
cuando vuelvo con frío
/ y desconcierto.
Volver a ver tus calles tan en orden,
tus plazas tan calladas…

98

TARDE DE FEBRERO

Hpoco frecuentes.

o y h ay n u b e s v i o l e ta s y d i f u s a s ,

Los cielos habituales estos días
son naranjas, o blancos, o no son;
a veces, se ve alguna mancha verde,
más a menudo rosa, tantas veces
gris plomo / fin del mundo.
100

Sin embargo
el cielo es hoy violeta, y me pregunto
a qué se debe, cuántos otros cielos
violetas he observado, observaré,
si se ve igual en aquellos lugares
en que nunca he morado,
101

por qué se difumina, y cuando acabo
el poema ya no está,
si lo he soñado,
si lo recordaré cuando esté lejos.
102

DEFINITIVO
INCENDIO

E

spero mi regreso.

/ R e s u l ta s o s p e c h o s o
tanto tiempo alejado del sitio
/ que he habitado.

Regresaré, y entonces todo
/ volverá a ser
triste como fue un día, largo
/ como fue un día,
pero tal vez distinto.
Volveré para ver en qué
/ me he convertido.
104

Allí estarán los míos
/ para bien recibirme.
Allí estarán las cosas que dejé
/ y que recuerdo:
las fotos amarillas,
/ los folios arrugados,
los recortes de prensa,
/ los gestos cariñosos.
Allí tendré consciencia
/ del tiempo transcurrido.
105

Mientras tanto, consumo las horas
/ del que he sido,
que se aleja de mí como sombra
/ en la tarde.
Miro fijo a mis manos, memorizo
/ mi cara
que no será más mía
y velo poco a poco lo que observan
/ mis ojos
con una malla oscura de olvido
/ o ignorancia.

106

Retornaré algún día al cuerpo
/ que fue mío,
la vida que fue mía, las cosas
/ que he habitado,
para colonizarme, para ser uno nuevo.
Se extinguió para siempre
/ el fuego definitivo.
107

CARLOS MAZARÍO
2015

í ndice

PRÓLOGO,

de maría

G ó n g o r a

4

I. LOS SEÑORES DE LA GUERRA
C u e n t o s C h i n o s
E l m i e d o
H a c i a i n c e n d i o s f u t u r o s
N u n c a n a d a n a d i e
L u n e s
L a f e d e l c o n v e r s o
C a l l a d o y s i n m o v e r m e
P e r i p e c i a
P u r g at o r i o
S a l u d m e n ta l
E s c a r c h a

20
26
30
36
38
44
46
50
56
62
64

Ii. La huida
L a h u i d a
A r g e n t i n a , C a n a d á
B a m b ú e s
C a l l e d e l v i e n t o
C i c lo s
C i u d a d e s
E l p e lo d e B e l é n e n o t r a c h i c a
H o m b r e s d e l t i e m p o
H u y e n d o t o d av í a
L l a m a r a d a s
P at r i c i a d u e r m e
R a z ó n , S i l e n c i o
T a r d e d e f e b r e r o
D e f i n i t i v o i n c e n d i o

68
70
72
76
78
80
84
88
92
94
96
98
100
104

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