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“No frenes la lengua de los pájaros”, de Begoña Leonardo. © 2012 Begoña Leonardo Prólogo de M. J. Romero Epílogo de Eva Márquez Todos los derechos reservados. Editado digitalmente por Groenlandia con permiso de su autora. Directora: Ana Patricia Moya Rodríguez Corrección: Ana Patricia Moya Rodríguez Diseño: José Naveiras García (portada y contraportada) \ Felipe Zapico (fotografías de interior) \ Ana Patricia Moya

Depósito legal: CO 700 - 2012
Córdoba, 2012
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Si un niño te pregunta de qué trata el libro que estás leyendo, no es fácil la respuesta si es un libro de poemas. Eso me ha sucedido esta tarde cuando estaba a punto de acabar la lectura de “No frenes la lengua de los pájaros”. No he dudado, he respondido rápidamente: habla de la mujer como símbolo universal, una mujer como un gol en la portería de tu equipo favorito y también de una niña que leerá lo que su madre le pide y habla de lo pequeño del amor. El niño no se habrá enterado de mucho, no está dentro de su campo de juego mi respuesta, pero al azar he leído un poema, “Cuestión de ombligos”, le he preguntado si lo había entendido y me ha contestado: Sí, claro, es un cuento. Y el niño se ha ido de mi lado mirándose el ombligo. Si exceptuamos a su hija, “ prometo / no

preguntarte quién soy / cuando no recuerde”, Begoña Leonardo, en ningún
momento, se dirige a la mirada de los niños. Y de ningún modo sus poemas son poemas-cuentos, todo lo contrario, su poemario se ajusta a la realidad cotidiana de cualquier mujer. Decir que en sus versos encontramos lo particular, parte de su vida con el Duero como testigo o trasfondo de su vida, la relación amorosa y fuertemente marcada, el grito de libertad…, decir esto es decir muy poco, porque Begoña Leonardo transforma en un raudal de palabras, llenas de fuerza y vitalidad, las imágenes

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del caleidoscopio por el que ve y nos muestra a la mujer, a veces ella, a veces otra y otras, hasta convertirlas en símbolo, en la amazona del asfalto que abre el libro. A través de su caleidoscopio vemos a la mujer que sufre y es fuerte, fuerza que “no proviene del lugar donde se tambalea el universo / proviene del terreno

fortificado, lágrimas a fuego lento” , universo del dolor que se transforma en
rebeldía y subyace en el poemario al lado de la fuerza, “¡Levántate! / eres

valiente, eres mujer”.
La amazona que la autora nos entrega ya no es la de selvas y bosques: es una amazona urbanita, que sale a la búsqueda de ella misma, en este hecho reside su lucha y su conquista, y en ser libre, la mujer que afirma de sí misma: “ soy

rotunda / soy poderosa ”, pero también escribe: “ A veces soy la niña… / A veces tengo miedo”. Encontramos en ella una poesía del gozo, del placer del cuerpo que
libera: “ extiende mis alas …”; “Y trasládame donde no me frene /…. donde pueda

resucitarme sin escrúpulos”. Y una llamada-conjuro a las otras mujeres: “ Os convoco / al clímax perpetuo / a la sublimación de los sentidos / al éxtasis, / un orgasmo irreverente / esplendorosamente femenino”; “ Esta cárcel premia a los proscritos…/ esta puerta no es secreta” ; “ Un goce mortal / que no mata, / hiere”.
Como contrapunto, alguna imagen opuesta: “Una mujer sola… / ha perdido la

guerra / ha perdido la melodía… / No sabe de amor / no sabe de placer”.
Frente a esta imagen de pérdida y vacío, la mujer por sí misma y sola, está

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“blindada”, “Porque estoy sin ti / sé lo que me pasa por dentro… / porque estoy sola / me puedo contar la vida”.
En estos contrapuntos se halla la principal característica de la poética de Begoña Leonardo: el haber sabido aunar lo universal y lo particular, la mujer amazona como símbolo y la realidad de mujer niña y mujer amante. Esto no es ninguna nimiedad, pues si algo ha de tener un libro de poemas es una poética propia, original, y bien definida. Condiciones que se ven cumplidas sobradamente en este libro. Como telón de fondo, apenas vislumbrado, el río, la arena del río, testigo del paso del tiempo en dos generaciones: “lo que fui ayer / lo que eres hoy. / Hija

del Duero.”, “la mujer niña, / la hija del Duero” que habla a otra niña, las dos
acariciadas por la misma arena: “La arena / niña de hoy / acaricia tu piel / ayer

la mía”. Esta primera persona se repite a lo largo del libro en relación con los
otros, un yo reivindicativo, de afianzamiento del ser, un yo que interpela al otro:”… permíteme una huida”,”tu tiempo está frente al abismo / y el mío /

sujeto a él”.
En ese telón de fondo se dibuja nítida y reiterativamente la llamada a la libertad, de existir como otra pero libre. Si en la primera parte leemos: “Ser una amazona

asfáltica / fuera del tiempo y la ley”, en la segunda encontramos el verso que da

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título al libro: “No me engañes más / hombre de las letras prohibidas. / No

frenes la lengua de los pájaros”.
Para finalizar, un tercer tema que recorre el poemario: el dolor, el dolor físico de “ mi vida del revés”; “Dile a la vida que no estoy… / que el mundo siga sin mí…

/ Hoy tengo que hacerme la muerta”.
Temo hacerme pesada y extenderme demasiado, pero no quiero olvidar la parte social de muchos de sus poemas: “ No tiene dinero / pero tiene valor / no tiene

trabajo / pero tiene dignidad / y sabe mirarme / y me ve”.
Para terminar nada mejor que reproducir sus últimos versos:

Y sigo intacta increíblemente sigo intacta después de las caídas los crepúsculos los desahucios las guerras...
Seguro que podría responderle al niño que el libro que estaba leyendo trataba de una mujer luchadora o guerrera, en el sentido metafórico de la palabra, y que era una mujer victoriosa, que era la amazona del s. XXI.

M. J. Romero 7

Para Adriana, “la hija del Duero”, mi hija, mi mejor poema.

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He querido muchas veces cruzar la calle y vivir la vida de otra. Sentirme la mujer que se sube a ese taxi, una carrera incierta y misteriosa. Ser la que en el cine besa a un hombre que no es el suyo, la que toma de la mano a una niña muy distinta a la mía. Ponerme el sombrero aquel que parece un nido de golondrinas, y atreverme como ésa, con una minifalda que corte la respiración al de enfrente. Ser la chica de la panadería, despreocupada y tontona, que dedica miradas alegres y consoladoras a cualquiera. Cometer algún delito del que no arrepentirme y correr sin permiso y gritar y reír desencajada... Ser una amazona asfáltica fuera del tiempo y la ley surcando cuerpos, devorando aleluyas, con los labios extenuados y las mandíbulas doloridas de morder lo prohibido.

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Me dices que soy una mujer rotunda y pienso en lo que pienso, en la claridad con la que creo lo que veo, en lo que siento cuando me miras y no me mientes. Y cuando lo haces, y escondes entre mis pezones la vergüenza de ponerme tu camisa... Y me dices rotunda como quien dice guapa o bonita... Y creo que no sabes la prisa que tengo porque me tragues porque me bebas porque apagues la hoguera de una vez entre mis muslos con tu lengua de pez / molusco de molusco / erizo de salvaje inmortal... Porque soy rotunda soy poderosa, pero soy más que eso. Soy la mujer que hierve en tu cama que palpita en tu cerebro abigarrada
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sobria y condescendiente.

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La receta que me incluyó en tu piel se burla de mi acento, canturrea mis olvidos, maldice mi nombre, mi apellido fulmina mi biografía apresa mis sueños desterrados a puñados de mí. La receta que me incluyó en tu sexo es la misma que engulló a cuántas... Voluptuosas féminas acopladas a tu centro vestidas de pasiones, encuentros en prosa rosa. Yo, querido, te pongo la vida delante, la realidad en las narices, te azoto con mi mirada, te arrobo con mis apetitos, te enveneno con dulces y atractivos parlamentos y te excito con mi desaire. Porque mi receta no proviene del lugar donde se tambalea el universo, proviene del terreno fortificado, lágrimas a fuego lento. Porque el adorno que cuelga de mi alma no es culinario, no es sanguinario, es vesicular, es visceral. Es un trozo de tiempo palpitante, purulento, fresco y eterno.

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Enamorarme, sí enloquecerme, sí llegar hasta aquí con las cadenas, eslabones que parecen intactos y morderlos con mis dientes con tus dientes... Interrumpirme transitoriamente, acabarme unos segundos, contaminarme de la impostora de mí misma... Ser la boca de otra la faringe de otra la blanda vagina labiada de otra, primores promesa de un falo impertinente, conectarme a una corriente voluble reconstruirme cuando la otra y abandonar la cópula no eyaculante la no simiente la no cura el recinto sin mácula la oración sin medida... Y redimir mi condena en otra parte.

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A veces soy una mujer con más de una cabeza con más de un corazón con más de una idea. A veces soy la otra la que se sube por las paredes la que sujeta la vida la que se prende las instrucciones. A veces soy la niña que ve la televisión que mira por la ventana que aprieta la mano del que cree el adulto que va a sacarla de paseo. A veces tengo miedo a veces me escurro por el fregadero y mis silencios se diluyen y mis dolores se evaporan... Entonces, sólo entonces sé que sigo aquí, perdiendo el pulso consumiendo latido a latido.

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Crepúsculos ováricos menopausias sin pudores varices irreductibles impolutas madres del apogeo, hijas de cimbreantes cuerpos mujeres deseo mujeres que arden mujeres que claman, irredentas mujeres. Mujeres inmortales mujeres promesa... Diosas todas paganas todas. Yo, la hija de la ira y el perdón, la hija de la lujuria y el abismo, la del estigma, la del don, la hechicera. Os convoco, Consagradas, veneradas todas, os convoco al clímax perpetuo a la sublimación de los sentidos al éxtasis, un orgasmo irreverente esplendorosamente femenino.

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Secuestra el pudor vulnera el espacio interroga a la voluntad embriaga de noche lo cómplice, porque la entrega es clandestina... Libera a los verdugos del objeto a los reos del deseo a la víctimas de la carne. Esta cárcel premia a los proscritos a los culpables esta puerta no es secreta. Tomad aire coged impulso empujad desplegad vuestro acento... Estáis dentro en la gruta donde rendirse donde regalarse donde desplegar los jugos agradecidos impúdicos libidinosos... Venid enfermos de fuego.

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Y lo voraz reclama lenguas sometidas torturadas por placeres permitidos y el instinto rezuma un apetito delirante. Un goce mortal que no mata, hiere.

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Derrámame entre las sábanas conspira con los dioses para que el sueño no me venza para que el deseo sea perpetuo para que la furia que desata la pasión derroche líquidos templados que inunden lo que se alcanza a la vista. Derrámame aquí y ahora esparce lo que brota de mí extiende mi alas... Que se llene de mí lo vivo que mi voz galope por tu frente se libere en tu pelo descienda y golpee al que late... Lo que arde todavía contempla los segundos que abandoné en tu espalda donde deposité mi días repletos de vidas sin ti... Derrámame, que se impregne de mí todo lo visible.

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Dame algo que me obligue a cambiarme de sitio algo que me castigue diferente que me oprima la garganta sin congoja que estimule al músculo de la razón. Dame algo que me mortifique que masturbe los placeres sólidos, un mensaje de vívida esperanza... Sollozos, gemidos que me zambullan en una tormenta de improperios suicidas. Necesito sentir que me hierves que no me perdonas ni justificas. Provócame para no desaparecerme prósperame para no rendirme. Dame, dame algo más... Convénceme desnúdame saquéame, exponme al vacío... Y trasládame donde no me frene donde no me mastique donde no me trague sin diluir. Donde pueda resucitarme sin aspavientos, sin escrúpulos.

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Desátame destápame descúbreme... Rompe el silencio que me ordena la canción perpetua, la sirviente adormecida, la anestesiada persona que soy te ofrece su corazón cómelo, te ofrece su piel, vístela, te ofrece su cordura, atrápala. Extiendo mi alma al resplandor del cielo al fulgor del paraíso. Constrúyeme en tu vientre y átame a él... Te amaré, pero resucítame lánzame la sílaba certera al kilómetro exacto, donde derrito mis naves donde recojo mi cuerpo. Para habitar lo invisible sólo necesitas saber de mí, cuál es la distancia que me separa de tu respiración.

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Cuenta conmigo si quieres a alguien que te corte la respiración aunque sea domingo aunque vengas retorcido por la rabia la resaca el perdón y los olvidos. Cuenta conmigo para herirte en la vergüenza y no dejarte retroceder ni reparar la trémula mañana. Si tu mandíbula reclama mi sabia un líquido que todo lo cura cuenta conmigo porque te salvaré porque haré que la razón salte, se rompa sin caer, pedazos con los que haré caldo, porque beberé / besaré tu corazón desatando la velocidad de tu sangre.

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¡Grita! ¡Agárrate fuerte! Cógete el pelo, tira, y si dudas, arráncate la piel, pero no digas que estás muerta. Las canciones que te persiguen mienten las rancias plañideras mienten. ¡Mírame, despierta! Y si dudas, escucha a tu corazón escucha el argumento de tu pecho, el potente quejido de tu estómago. Si tienes hambre y sed no estás muerta, si en la lengua tienes palabras que arrojar, no estás muerta. Abraza lo que tienes delante la oportunidad de matar lo que duele de aniquilar lo que te aplasta. ¡Levántate! El día que llega revienta, enajena... ¡Levántate! Eres valiente, eres mujer. Y la fiera, reclama su latido el pulso que desafíe a la tristeza. Sal a su encuentro corre, galopa, trepa.... ¡Grita! No estás muerta.

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Una mujer busca una mujer no alcanza ha perdido la voz ha perdido la casa la flor, la fuente, la hoguera... Ha llorado por mundos nutridos de oradores predicadores huecos henchidos de avaricia. Una mujer sola, busca una mujer no contamina. Ha perdido la guerra ha perdido la melodía ha construido fantasías que se caen, detrás, encima, al lado... En la orilla de su realidad. No sabe de amor no sabe de placer no sabe de gozos al oído de susurros vespertinos de improvisadas caricias... Una mujer busca, Sola, una única dirección.

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Mil años tendrías que vivir para contar las palabras que conquistaron tu ausencia, desidia con la que contemplo lo ganado y lo perdido con la que exprimo las soledades que afligen a mi estómago a mi sexo pleno sin tus sobresaltos matutinos. Ahora, lo expongo al azar sin tragos de fervor madurando silencios. Mil besos tendrías que derramar para contar las veces que te hundiste entre mis versos, siniestros interrogantes que me torturaban y que ahora martillean tu derrota, suplican perdón. Yo no perdono no la perversión no al que pretendía vaciar mis recuerdos. El secuestrador de pensamientos tendría que vivir mil años más y agotar su llanto su semen su sudor y agotar sus alaridos de animal desahuciado, para violar, un solo segundo de mis silencios.
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Si me dejas, te vestiré de viento, te llamaré Suspiro, te colgaré de mis pestañas, te regalaré el primer rayo de luna te dejaré pura, santa, virgen, náufraga... Te colmaré de arrumacos hogareños, de humana virtud y permitiré que se te escape mi nombre y el nombre de todos los que reclamen su sitio. Pero lo bello duele y lo feo y lo falso duele... Y el viento besó mi frente dejó su sello su rúbrica dejó la máscara herida la careta magullada instruido el acero y su letra escrita en verso. Perpleja realidad que se enfrenta a la mentira. De puntillas, furtiva abro la puerta a centímetros golpeo su nombre arrastrando sílabas, lágrimas, sangre... El laberinto de su palabra ya no me confunde ya no me desplaza ya no me vence. Y el brazo que sangra es el que perdió su espada.
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Recorro un tiempo desteñido la inercia me lleva mortifica mis segundos... Yo no quiero estar aquí. Sé que no puedes abrazarme no quiero abrazarte ahora sé que tus ojos no enfocan hacia mí. Desde que no me ves me quiero más respiro mejor. No me duele la desidia no te conozco no te siento, no puedes atentar contra mí. Estoy, blindada. La canción preferida suena. La mecánica de la memoria falla. Nada ni nadie que llegue hasta aquí me encontrará. No quiero atravesar el muro. Y sí, el estrépito que escuchas, proviene de mis entrañas.

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Vete, vuela... Contémplame desde ahí. Si tú quieres no quererme más que otro cuerpo sobreviva en ti, te soñaré arrogante te añoraré soberbio te perdonaré esquivo, pero me curaré de lo que crecerá entre nosotros. No me cuidaré de la distancia... Si tú quieres no quererme más cuando arribes a otro cuerpo la luz que te espere ya no será la mía la voz que te suspire ya no será la mía las uñas que agarren la esperanza... Y contaré los pasos que te alejen de mis rodillas. Si no quieres quererme más que otra risa te permita que otra garganta te consienta que otras manos te cosan, cuando vengas roto por la vida.

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Porque estoy sin ti sé lo que me pasa por dentro. Me descubro hambrienta me bebo contaminada de otros de otras sin límite y recupero la distancia. Porque estoy sola me puedo contar la vida y la grito y me la como con lo que de vacío tiene la nevera. Como no estarás en los próximos siglos continuaré con la mirada en mí sin perderme de vista y dejaré que los que me vean me vibren me acometan sientan por mí cuando mis versos les toquen la cabeza les agarren el pecho les duelan en la garganta y al menos un segundo me piensen poeta.

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Traiciones domesticadas plácidas mediodías de sexo entre horas noctámbulas acrobacias con truco y desgana, excusas baladís a la hora bruja tiempos de hogueras malgastadas burla sobre burla. Tequieros mal heridos ancestrales melodías para la piel inerte olores y sudores de otros cuerpos... Cuando a la dueña de mis días le duela el alma todas las lágrimas devorarán al mismo culpable. Me arrancaré la simiente y la savia derramada entre mis muslos no curará heridas resignadas. Porque el dolor arderá con memoria ágil, sin nostalgia y vomitará las caricias con escrúpulos almacenadas y vomitará tu nombre indoloro, incoloro e insípido.

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Ya no sabes llamarme se te llenó la boca de perfumes de otras de las canciones de otras recetas que engullir... Yo, sólo te daba verdad para beber sexo salvaje sin temores en el desayuno sinceridad en bocata para la merienda... Ya no sabes llamarme enfermaste de chuches de muñecas rabiosamente teñidas envueltas en marcas podridas de explotación amarilla... Me dijeron que eras tú colgado de un... cuerpo perfecto un adorno mutilado suspendido en la nada. No te vi y tampoco te oiría si supieras llamarme.

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Sé que estás cansado que no tienes más que no te queda que pedirías aquel perdón perseguido aquel perdón suicida, permíteme una huida... Me iré cuando me iré cuando cuando cuando me eches de menos no me tiembles tenga todos las cartas desnudas derramada, no me pierda.

Ofréceme, lo que encuentres después de la condena... Entrecortados pensamientos esclavizados silencios mañanas azules tardes polvorientas noches sin fin. Sé que no sanarás que no mientes sé que no contarás que te duele que tu tiempo está frente al abismo y el mío sujeto a él.

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Dile a la vida que no estoy, hoy no, no quiero que me vea, no quiero que me escuche, no quiero que me señale, que me de licencia. No quiero que mi olor a hembra enjaulada le encamine le de la pista encuentre el rastro... No quiero responder no estoy, que el mundo siga sin mí. No preguntas no deseos no plegarias no besos... No quiero verbos encantados de conocerse no versos embadurnados en ternuras en soluciones que me saturan de respuestas. No más pronósticos certeros. Quiero errores que se acerquen que me respiren que me beban que me digan que no, que me contagien que me dejen sin aliento…
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Y después me penetren sin escrúpulos sin aditivos, colorantes ni perfumes. Pero eso, mañana, porque hoy no estoy. Hoy tengo que hacerme la muerta.

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Tenemos que hablar, y no me sonó a amenaza me sonó a reencuentro, a principio, a nuevo. Tenemos que hablar, y me abrazaste sin permiso como antes, y me oliste el cuello arrastrando la nariz como antes, y me acariciaste la frente sosteniéndola entre tus dedos antes mágicos. Parecía que me querías. Tenemos que hablar, tenemos que hablar, sí... Llegué tarde la calle me enredaba las piernas los edificios despedían olores añadidos las gentes bulliciosas, mareantes me hacían retroceder... Agotada, abracé la posibilidad el encuentro los amantes, el deseo, la pasión, tenernos, sostenernos...

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Llegué tarde caminé hacia ti, no estabas ni tu luz ni tu olor ni tu nostalgia ni tu pálida sonrisa de mañana ni tu arisco resurgir de borrachera ni tu aliento obtuso ni tu piel de menta... No estaban tus zapatos. Supe que subiste a un tren, no quise saber más. Salen pocos trenes desde aquí...

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Alguien se acerca, parece bueno parece honrado camina relajado y sonríe lleva descosido el corazón roto el alma,

“no te interesa”, “es un fracasado...”

Para algo están las amigas... Mira de frente pide perdón pide pan regala versos no tiene dinero... Tiene palabras de regaliz sueños en papel de celofán besos de limón que recoge en el aire piruetas de chocolate tesoros de algodón... Es de latón la joya que me ofrece. No tiene dinero pero tiene valor no tiene trabajo pero tiene dignidad y sabe mirarme y me ve.

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Los hombres que me amaron medían el tiempo con una regla de latón medían el amor con una brizna de hierba medían el calor con la luz del mediodía y me contaban cuentos cuando la luna besaba los labios al sol. Los hombres que me amaron no eran los mejores amantes expertos en Kamasutra no eran los más inteligentes eruditos en lenguas muertas no eran los más guapos los más fuertes los más adinerados ni unos pobres de solemnidad. Tampoco eran príncipes encantados, pero eran elocuentes oradores en la lengua del silencio de los espacios entre suspiros eran matemáticos del ritmo cogidos a mis caderas y músicos virtuosos manejando mi instrumento. Los hombres que me amaron estaban de acuerdo me decían similares piropos me miraban y reían casi igual
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mentían, mordían y me prestaban su camisa casi igual. Los hombres que me amaron dormidos susurraban que era bonita... Todos los hombres que pronunciaron mi nombre supieron que habían amado a una mujer.

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Busco al ser que perdió la fuerza columpiándose en el sentido matemático. Busco al desconcierto que embriagó al perdedor de los oficios al simulador de gaitas sones del mar más profundo. No me engañes más hombre de las letras prohibidas. No frenes la lengua de los pájaros de los golfos podridos de la noche agitadores de lo humano soñadores con brebajes diurnos... Y si tu dios convulsa suavemente dile que se pase por aquí, tengo preguntas sombrías que regalarle.

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Abriste la ventana abriste la mañana cogiste lo que había que coger un árbol una flor el sol... La tierra muerta miraba al cielo y lloraste lo que había que llorar una brizna de hierba un sol añejo una caricia esquiva un pensamiento turbio una niña perdida... Me lloraste a mí. Y perdiste la razón para gritar la canción para bailar el corazón para soñar... Perdiste la camisa y te mentí.

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Había una vez un cuento en el que sí quise estar, decidida solicité una prueba. Pero alguien, un ser desgraciado me dijo, que en ese cuento no admitían niñas como yo. Le pregunté que cómo era yo y todavía estoy esperando... Para estar en ese cuento no necesitaba ser alta ni delgada, ni demasiado rubia sólo tenía que hablar con claridad ser natural y mirar a los ojos. No entendía entonces... Pero había un obstáculo. Mi ombligo no era el que estaban buscando. Yo no había leído nada de ombligos no estaba en el guión no estaba en el cuento que soñé por el que me corté el pelo por el que me corté la timidez por el que asesiné las ganas de salir corriendo...

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No sirvió de nada reclamar ni lo que me tiré del pelo. Otra, que no sabía hablar, que de natural tenía menos que el yogur y jamás miraba a los ojos. Tenía el ombligo adecuado.

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...y entonces, llegaba el buen tiempo del casi verano como hoy los días de parques, de bicicletas de combas de pelotas saltarinas... Días de sombras con helado de mandarina y menta a la orilla del Duero... Días de grillos y ranas, como hoy, días de largos paseos nocturnos de refrescos / tormenta lluvias torrenciales en diez minutos corriendo Santa Clara. Días de películas refugio en el cine Barrueco para contarnos... Del que nos gustaba. Días de juegos de niñas de caras empolvadas en cromos y flores con olor a naftalina. Días de besos, de versos, tímidos apuntes en el papel del chicle más duradero del mundo...
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Y los días de verano, de las vacaciones días plácidos, consentidos, perezosos apretando el paso camino de la piscina sofocados y felices donde exhibíamos nuestros progresos entre ahogadillas tirándonos en bomba y salpicando al indeciso, como haces tú. Subversivos días sin colegio con postillas orgullosas heridas de guerra recuerdo de batallas por el descampado... Días de madres con escotes de padres en pantalón corto con sandalias de penitente mejor sin calcetines, ¡por favor! Días cálidos, remolones días de siestas interminables sin sueño y con cuento, como hoy.

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La arena niña de hoy acaricia tu piel ayer la mía. Clara es la luz que alivia al Duero en la espera. Sola la palabra desnuda en la orilla respira tus encantos de niña / mujer. Mecida en sus aguas intrépida conquistando lo que fluye lo que eterno se vence coqueta dejándose alejándose... Aclarando en un líquido poderoso el futuro preguntando por el peso del cielo de las nubes de la tierra, por el peso del mundo. Aguas crecidas aguas desbordadas aguas enlodadas en silencio... Secuencias que se pasean por mi mente adulterada / acidulada de adulta que sólo recuerda. ...Y llega septiembre torturador
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merodeador paciente y anuncia tardes livianas que ahora se apoderan del verano del día que sufre pérdidas... Mírame, con restos en el pelo rubor en las mejillas regálame, la furia de tus ojos y lánzame, lo que fui ayer lo que eres hoy. Hija del Duero.

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Piénsame y llévame contigo... Prometo no preguntarte quién soy cuando no recuerde como eran tus besos tu pelo largo tu sonrisa al mediodía ni el color de tus mejillas. Cuando tu olor se convierta en extraño cuando mi cuerpo cansado se cierre y desmorone se caiga y no se levante y mi cabeza no de para más que leves idas y venidas sin sentido. Prometo no decirte que no te recuerdo espero tener fuerzas cumplir mi deseo terminar de poner orden agotar los dineros en tus saberes y teneres, en los que te hagan buena. Prometo aguantar lo suficiente perseguir contigo tus sueños
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tus amores y dolores animarte a la vida. Y cuando pronuncies el nombre con el que me llamas ahora que sólo tú puedes... Piénsame y llévame, en lo reído besado abrazado sabido tenido, en lo querido.

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Si te llamaras noviembre respirando la niebla que acaricia el Duero y vinieras a recoger ropa vieja y seca que mis brazos no alcanzan... Si te llamaras noviembre escribirías mi nombre en cada hoja en cada piedra como una oración en cada fruto maduro esperanzado. Si te llamaras noviembre Via Crucis delator marchitos suspiros derramarían la osadía de vivirme. Me cubrirías despierta desnuda, despojada y me rendiría ante ti, como soy sin nada con la fecha en la mano tendida y sola.

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Se le estropeó el peor día se le estropeó cuando el camino estaba abierto cuando todo en la mochila. Se le estropeó y no se pudo hacer nada. La mirada agotada la cordura aburrida, mustia, mordida, muda... Y dijo adiós sin voz. Se le estropeó la madre y el cole estaba lejos y llovía dentro y no tenía a nadie y el dolor no se acababa nunca. Me dijo hola y se me paró el mundo me dijo hola y no podía respirar. Me dijo:

- Llévame, se me acabó la madre.

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Me cuesta regresar... Una neblina caprichosa me aplasta, una nube macilenta, rara. Había una muñeca de trapo enredada entre mis piernas, un peluche que me miraba mal y un tren eléctrico que me decía:

- Ahí te quedas...

Todos a coro se burlaban de mí envueltos en capas portando hachones, faroles, tulipas oxidadas... Cantaban el Thalberg con orgullo y devoción. Estoy empapada estoy muerta estoy apretada contra mí. Estoy enferma de sabores de olores del ayer de melodías con garrapiñadas de procesiones desde el taller del dos y pingada de mis trenzas mis calcetines blancos, mi lazo azul... Me duele la garganta y la memoria, me rindo.
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Me duelen los años sin mí... Y mi pie izquierdo y mi maño derecha y mi vida del revés.

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Hoy parece un día igual hoy sería igual que ayer delirios, cavilaciones con mantequilla versos que husmean que exploran las mañanas que destripan los sueños que golpean las ideas... Pesadillas en café con leche pan con chocolate enredado entre versos impostores en papel de aluminio para el almuerzo. Un beso para el cole recomendando lecciones de alegría rutinas en versículos adaptados para mi infanta. Cerca un clamor de cazuelas prematuras me piden lo suyo mientras colegas que visito a diario me advierten de las inclemencias del tiempo de su fútil existencia ronronean su inminente soledad... Pero los poetas son valientes son obstinados saben de derrotas conocen del dolor y la nostalgia. Alentadores compañeros de fatigas hoy, no es un día como ayer hoy es el ayer de mañana donde todo comienza.
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No voy a decirte lo que quieres oír no te daré una palmadita ahí, en medio, no te regalaré el oído no consentiré que me duelas por más que moquees mi desidia. Los puñales invisibles se resbalan, ¡cuidado! Las pistolas cargadas de buenas intenciones también disparan. No te voy a contar mentiras: eres como tantas eres mediocre me aburres con ese rollo de sincera humildad de domadora de palabras que dormitan sobre un diván y asquean la circulación por cansinas, repetidas por manidas. No soplaré más velas de la concordia no quiero ser condescendiente no más hipócrita no más compinche de lo divino y lo ajeno cómplice de lo terrenal. No te tomaré más medidas ni cuidaré de tus letras desabridas descolgadas, derretidas y perplejas.

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Déjame en paz si no te comprendo mejor si no te acompaño mejor si no te adulo y sujeto el bolso... Estaré disponible, para dejarte clavada en la tierra decirte sin tapujos, sin rubores sin que me tiemble el aliento y lo que te quiero... Seré cruel pero aflojaré la ira; eres tan brillante como indolente tan cretina como sabia y me tienes que aguantar y aunque te recoja deshecha escucharás lo real sin adornos, sin comensales que cubran de elogios lo servido.

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Te dije:

Y tu halago me regaló las palabras que repito las palabras imprevistas que volaron hacia mí. -Me gusta eso, dijiste y mi cabeza loca, impulsiva, creyó localizar la manera de contarte que sí que somos vivos mecanismos todavía por estrenar. Que sí que da lo mismo lo que digan las etiquetas el carné, los títulos y hacienda... Me regalas las ideas me pones los versos en la piel me colocas la voz el pensamiento y me lanzas despeinada al desierto inmaculado de las ideas de las peregrinas. Sí, responsable de este canto. Somos jóvenes, bellos y por supuesto la realidad está ahí, delante para comernos, sin dejarnos comer.

-Somos jóvenes, bellos y tenemos toda una realidad por delante. -Me gusta eso, dijiste.

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Sí, le conozco, se pasea dando tumbos pseudoliterarios con un atuendo de pésimo gusto y plancha huida frases gastadas y anodinas cabeza alta de patético ejecutor certeza, de apuesto maduro viajado, versado en lo divino y lo humano. Sí, le conozco un decadente porte trasnochado mascullando / farfullando versos... Sí, le conozco letras abotargadas petulante monotonía superlativa orientación a derrotar paciencias... Sí, le conozco y me dices que te habló de mí... De lo que caza con letras y suspiros ebrios de madrugada... Lo que me espanta es que me incluya jactancioso entre sus presas yo, que con diez minutos que estuve ante su destilada osadía tuve que arrojar mi bilis en el baño más cercano.

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Harta de robos de sospechas malolientes de vendedores de todo con o sin corbata de fumadores descafeinados del tiempo gratuito de ladrones recalcitrantes en fundas azules verdes, o amarillas. Ladrones con herramientas oxidadas, purulentas, lánguidas, aceitadas... Herramientas de mentira. Ladrones especialistas de lo higiénico de lo gaseoso de lo que no cierra de lo que no abre de lo que nos ahoga y no enfría. Harta de ladrones que pintan paredes que consumen paciencias de casas gastadas, pero amables que perdonan y olvidan... No vengáis más a mi casa a robarme
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no en mi cara a presentarme una coartada / factura un atraco a mano armada. Yo no soy una mujer paciente que da propina y calla.

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Hay trabajos que cantan hay trabajos que riñen hay trabajos que te parten el corazón. Hay trabajos desierto de mareas lacrimosas, irrespirables. Hay trabajos que escupen panes, soles, sones, flores, agua y sal. Hay trabajos que penetran en los poros que marchitan la piel que arrugan el alma... Trabajos tiranos veteranos bebedores de sangre siempre fresca. Hay trabajos que pisan que pegan que aplastan... Dicen que hay trabajos como caricias que amamantan que sustentan que abrigan... Trabajos sensibles solidarios sin horarios trabajos discretos con o sin pudores con magreos insistidos / consentidos sin dinero y sin perdón

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Y hay trabajos delito que obligan a la razón que matan el hambre la hipoteca y te cogen por los huevos por los ovarios por los brazos por las piernas y te arrastran.

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Todavía no sé si iré a por el hielo que darle de comer a mis entrañas, es que algo me abrasa es que ardo y no tengo ni idea de cómo acabar con tanto calor... He probado a escribir sólo con mayúsculas a dejar fermentar las consonantes permitirle a las vocales el capricho de comerse el corazón, el de cualquiera... Pero hasta ahora no me he curado del ardiente suplicio del endiablado escozor. Algo me muerde, algo me pellizca, algo me amarga me roe, me corroe, me desgasta. Me involucra en la fe, necesito tenerla embadurnarme de fe ciega, muda y sorda cantar penitente evocar al maligno al benigno... Y ahora vienes tú y me dices, que el hielo no es la solución. Que evite las corrientes, y digo, ¿las de aire? Y dices, ¡no! ¡LAS DE LAS LETRAS DE MODA!
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Lánzala que me dé de lleno no importa que me abra la cabeza no me incomoda la sangre si es la mía... Me servirá para hacer alguienes que suban las escaleras y pregunten qué me pasa. Que venga la palabra aunque sean proyectiles y me griten, no me importa un adverbio que salpique un adjetivo... Eso sí, que les arranquen el rimbombante soniquete. Si se me abre la herida porque un sustantivo me aprieta desconsiderado con los brazos de la monotonía... ¡Cuidado! Que tengo los verbos en el disparador... Y que brote la sangre cuanto quiera.

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Si escribo desde las entrañas no me mires entonces a los ojos no entones baladas románticas no digas que me inspiran tus arranques de cantautor. Estrangulé los versos que rimabas rancios lamentos en papel de caramelos de miel. Me vendes la peli de la redención y me vendas los ojos sin anestesia. Me operas la locura... Y me hablas de terapias que huelen muy bien. Pero ninguna perla suavizará lo que vomitaré después de ti... Yo escribo desde los ovarios y mi útero ávido de versos se burla de la falacia del fantoche del fatuo fardel. Adiós... El asco que me das lo dejaré al sol a ver si arde.

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¡Oye! Que me duele que me has dado fuerte que me has levantado la razón que me has alborotado la palabra que con esos versos haces pupa que con esa lengua cortas pensamientos en finas lonchas... ¡Oye! Que cuando callas estás más guapa y me pones in crescendo y me diluyo piano. Ven, y te llenas de silencios de jadeos de espasmos tejemanejes entre malabares salvajes... ¡Oye! Que eres mala me torturas. Ven sin poesía posee mi carne deja la lírica que me corta que me duele que me ha abierto la frente y no me des más de esas píldoras de realidad que ahora tengo ideas y tendré que ir a que me las curen.
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Dame hoy lo que meter en la maleta recogeré las razones para mi marcha agarra si puedes la última lágrima, la pena deja flores marchitas gotas de sudor agrio en el abrazo que no te di en el beso que no me robaste. Mañana está muy lejos... El recuerdo es caprichoso y pasajero prisas atolondradas cafés caricias canciones camisas... Perdones compartidos en la huida. Quizá me quede atrás tal vez no llegue nunca, mañana es el viaje la aventura mañana se preña de dudas con sol de hambre con fortuna de silencios con ruinas de tesoros sin dinero de seguir viva queriendo... El mañana huele a sueños que me respiran.

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A ti te pasa igual que a mí necesitas peinarte las mañanas arrimar tus pestañas a la ventana ordenar tus pensamientos con perfume decirle al espejo que por favor, te reconozca... A ti te pasa igual que a mí no sabes renunciar y temes que el pasado sea indiscreto, no soportas que te digan la verdad antes del café. A ti te pasa igual que a mí abres la vida de par en par te dejas conducir a fuera, concedes una oportunidad al vecino del segundo al antipático que te da con la puerta en las narices. Y llegas a la calle del dolor te convences de que el sol lo cura todo y te lanzas a la conquista terrenal donde fluye lo que todavía duerme.

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Reivindico no ser inteligente y hacerme la tonta ponerme abrigo en verano y llevar descubierto el corazón aunque arrecie un invierno bastardo y descontento. Reivindico mojarme cuando la lluvia cae pertinaz y achaparrante cuando todos regresan al calor de sus estúpidas estufas de llama ancha de banda estrecha de mugre de diseño. Reivindico subirme por las paredes gritar, si alguien me aburre y si se me para el corazón cuando veo a un mendigo enseñando el muñón pespunteado... Reivindico a las putas que te dan calor al músico ambulante, vagabundo esperanzado a ése de otro color que te guiña un ojo repartiendo exotismo con pícara intención.

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Reivindico al jorobado al rastrojo al chichón al que bebe y levita y se confiesa anónimo. Vecino de este infecto mundo.

¡Qué bello es vivir!

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Vosotros que pasasteis por aquí vosotros que salvasteis del naufragio a mis palabras que vendisteis lo que había que vender y comprasteis el pan. Vosotros que un instante dejasteis de ser vosotros y me soñasteis para vivirme. Vosotros pintureros atiborrados de sueños domadores de lenguas escándalo temperamentos atemperados rutinas de sábado de diario sobrios a días ebrios a ratos. Vosotros que vinisteis / vivisteis aunque fuera un instante que me perdonasteis que me reconciliasteis que me odiasteis que escuchasteis lo que ni yo misma sabía que tenía que decir. Vosotros habitáis mis letras
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y las hacéis volar las alargáis al infinito las mantenéis despiertas, vivas... Vosotros que acudís que contempláis mis ruinas mis vacilantes variaciones sobre mí misma. Vosotros que conocéis todos los trozos los compuestos / descompuestos los fragmentos eméritos / herméticos decolorados desteñidos deshechos desconchados. Vosotros que me queréis... Seguid ahí. Presenciando mi fin por separado por manojos por retazos por atajos, por favor.

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No hables más de liviandades lujuria sexo vientres literatura y humedades varias. No en bares trasnochando soledades salpicadas de tinta cerveza y humo de colegas, no te pega. A tu edad ya no es tiempo de estos excesos a tu edad tendrías que pensar en estabilidad en hipotecas en desafíos económicos rentables / confortables... Tendrías que tener una casa o dos un coche o dos un perro y / o un gato. Porque peinas canas y te ríes demasiado

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y tienes arruguitas que pronto serán arrugotas y deberías tener más hijos antes de parecer su abuela y tendrías que haber disfrutado de algún premio selvático o de alguno en plan crucero por el Mediterráneo. Porque el tiempo pasa y dime dime qué has hecho. Perdiste muchos trenes y te diste la vuelta. Y algo que me preocupa no escribas más versos como si tuvieras veinte años. No sigas con eso de que eres poeta.

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He de ser paciente conmigo la persona que más me quiere de las que me reconocen y perdonarme hasta lo imperdonable antes de que alguien pretenda redimirme. Me sé de memoria y me gustaría olvidarme un poco tomar vacaciones de mí. Sé respetarme llevo muchos años practicando escucho lo que me digo aunque atentamente me aburra y pierda el hilo divagando, yéndome por las ramas gracias a eso escribo poemas... Sé pocas cosas me gusta acariciarlas y explicarlas con la punta de los dedos. Por si hay alguien ahí, a fuera... Y sigo intacta increíblemente sigo intacta después de las caídas los crepúsculos los desahucios las guerras...
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  No resulta nada fácil hablar de la poesía de Begoña Leonardo tras huracanárseme las pestañas y secárseme la lengua de tanto palpitar, gritar, enmudecer , intoxicar y desinfectar las heridas de otra mujer que ahora ya se han hecho mías gracias a la lírica sincera y directa que desborda este poemario. No, no es fácil analizar su poesía sin crear lazos de empatía para con ella, es más: es imposible. Tras leer este poemario con todo el detenimiento que se merece, no puedo evitar pensar que si los pájaros hablaran nuestra lengua, su canto y su llanto serían exactamente como lo que acabas de leer en este libro de poemas. No sé cómo ni de qué forma ha llegado Begoña Leonardo a encontrar esta simbiosis entre la lengua silvestre de las aves y la viperina lingüística poética de una mujer; pero no me cabe ninguna duda de que si los pájaros hablasen nuestro idioma, su dialéctica sería tan inteligente, diestra, locuaz,

hiriente, limpia y rotunda, así como liviana y delicada a su vez , tal y como lo
son todos los poemas que Begoña nos acaba de regalar. Lo que más me asombra de esta poetisa es su capacidad para invadir tu intimidad como lector o lectora, aportando de sí misma todo y nada en el mismo puchero; es decir, Begoña sabe desgarrarte desde dentro más por lo que no cuenta que

por lo que cuenta en sus poemas ; su poesía está invadida de mensajes

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literarios fuertes, contundentes y nada condescendientes, elaborados con el tesón de la paciencia, con la lava ardiente que desprende su experiencia y con una desmedida distancia entre su yo primigenio y su yo poético. Con su poesía logra instalarse en una esquina de sus recuerdos pasados (y también en los futuros) narrando la justa información de sí misma y de su vida privada pero consiguiendo fehacientemente que el lector o lectora se sienta plenamente identificado en todos y cada uno de sus poemas. Conseguir hacer esto sin quedarse muda en el intento es muy difícil, y Begoña Leonardo lo logra con su particular poesía de amazona urbanita, aunque para mí, es más bien, una “ Acróbata circense del verso ”: porque sus verbos le brotan de entre los dedos como por arte de magia y asombrosamente no se matan al caer sobre la lona mojada de la vida; porque sus adverbios y sus adjetivos coexisten con una semántica cristalina pese a las volteretas y saltos mortales que realiza la propia Begoña en cada uno de sus versos, metáforas de su vida más real, como cuando nos grita “lánzame la sílaba certera / al

kilómetro exacto” , o cuando vocifera “¡Grita! / ¡Agárrate fuerte! / Cógete el pelo, tira / y si dudas, arráncate la piel, / pero no digas que estás muerta” ,
o como cuando se considera blindada: “Desde que no me ves / me quiero más

/ respiro mejor.” “No frenes la lengua de los pájaros” podría decirse que es un poemario de
una mujer escrito por y para mujeres, aunque yo discrepo en esta premisa.

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Es cierto que las situaciones y las emociones que nos dibuja Begoña en cada poema parten de una mirada estrictamente femenina, y como tal, es mil veces más factible que una mujer se identifique con ella mientras que la mirada de un hombre se puede sentir intimidada por ella; sin embargo, quiero creer que si un lector masculino se toma la molestia en averiguar qué hay detrás de cada verso, se sorprenderá sintiendo un latido anexionista en su pecho, sinónimo de esa misma empatía con la que yo (como mujer lectora) me he visto ataviada. Dime mujer, detente en seco un momento y responde: ¿ Qué mujer no ha

deseado una y mil veces “cruzar la calle y vivir la vida de otra”? y ¿” morder lo prohibido” ?; o tú, hombre voraz, dime: cuándo no has deseado
que una mujer te describa con esta sensualidad sin precio, “...con tu lengua

de pez/molusco / de molusco/erizo / de salvaje inmortal..... Un goce mortal / que no mata, / hiere.”; o bien, qué madre no se ha dicho a sí misma
pensado en su prole: “Prometo / no decirte que no te recuerdo.” No, no hay duda: yo también quiero escribir desde los ovarios y desde un útero ávido de versos que se burlen de la falacia y del fantoche, yo también quiero escribir versos como si tuviera veinte años... y seguir “intacta”.

Eva Márquez 87

A Ana Patricia Moya , (la editora) por su incansable labor, por darme la oportunidad de formar parte de Groenlandia, un lugar en el mundo donde no te preguntan: de dónde vienes, de quién eres... Donde lo único que importa es lo que se escribe y si procede de las entrañas. A M.J Romero (la prologuista) generosa, siempre dispuesta a aportar palabras sabias a mis versos. Su mirada me da seguridad y me reconforta. A Eva Márquez (la epiloguista), que con su arrojo de mujer al límite de sus emociones, devuelve frescura a mis palabras. A J.A Rodríguez , su amor incondicional, acompaña mis días de sonrisas, tinieblas y derrotas.

Begoña Leonardo
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Prólogo, de M. J Romero Primera parte Que se llene de mí lo vivo…
Una amazona asfáltica Rotunda La realidad en las narices Interrumpirme A veces soy una mujer Conjuro Un goce mortal Que se llene de mí lo vivo Para no desaparecerme La distancia exacta Para herirte en la vergüenza Y la fiera, reclama su latido En la orilla de su realidad El secuestrador de pensamientos Defensa propia Estoy, blindada Si tú quieres no quererme más Me puedo contar la vida Dolor con memoria Un adorno mutilado suspendido en la nada Después de la condena Hoy tengo que hacerme la muerta No estaban tus zapatos Dejé de ser invisible Todos los hombres que pronunciaron mi nombre

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Segunda parte El mañana huele a sueños que me respiran…
No frenes la lengua de los pájaros Te mentí Cuestión de ombligos Cuéntame de cuando eras pequeña Hija del Duero Palabras para mi infanta Si te llamaras Noviembre Y el cole estaba lejos Sabores de hoy y de ayer Versos para días inciertos Estaré disponible para dejarte clavada en la tierra El responsable (David González) Fina estampa Factura, coartada de un atraco Uno de mayo Que evite las corrientes Tengo los verbos en el disparador Me operas la locura Soy mala Mañana está muy lejos Nunca antes del café Gritaré si alguien me aburre Aunque fuera un instante El azote de las recomendaciones Y sigo intacta 46 47 48 50 52 54 56 57 58 60 61 63 64 65 67 69 70 71 72 73 74 75 77 79 81

Epí logo de Eva Márquez Agradec imiento s

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