SUPLEMENTO GROENLANDIA 17

OCTUBRE \ DICIEMBRE 2016
SUPLEMENTO DE REVISTA
GROENLANDIA

Nº 17 (OCTUBRE \ DICIEMBRE 2016)

EDITA
REVISTA GROENLANDIA
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SUPLEMENTO GROENLANDIA 17
OCTUBRE \ DICIEMBRE 2016
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PRÍNCIPES Y PRINCESAS DEL SIGLO XXI
E NTRE COPAS , ÉL PRESUMÍA DE SER UN TRIUNFADOR
nato: independiente, emprendedor,
generoso. Ella, entusiasmada, aplaudía
las hazañas de aquel caballero curtido
en mil batallas existenciales. Acabaron
la noche, ebrios de alcohol y deseo,
en la cama de él. Ella se despertó al
amanecer, aturdida por los ruidos de
una aspiradora que provenían de la
habitación contigua, y sola: el amante
se había marchado horas antes para
ANA PATRICIA MOYA

sellar el cartón del paro. En la mesita de
noche, una nota de horrible caligrafía; no
indicaba algún número de teléfono para
volver a contactar, sino una sentencia
( “lo siento mucho, yo soy un príncipe,
pero tú no serás jamás mi princesa” )
y un postdata ( “no molestes a mi
madre, márchate enseguida” ). No tardó
mucho en vestirse para huir de aquel
castillo ruinoso para dirigirse a un
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bar, pedir un café con leche y tomar
unas pastillas para la resaca. “Otro
bufón más”, musitó la mujer mientras
subía al autobús que la alejaría de aquel
barrio periférico. Durante el trayecto,
pensó en anular todas las suscripciones
de aplicaciones para conocer hombres
interesantes. Sacó el teléfono móvil de
su bolso: se entretuvo en inspeccionar
perfiles en la pantalla táctil. Y cuando
bajó en la parada próxima a su calle,
ya tenía concertada una cita para
aquella misma tarde con un nuevo
aspirante que podría ser el definitivo.
FÁBULAS URBANAS

A QUEL HOMBRE TAN ELEGANTE SUBIÓ AL TREN ,
con destino al centro de la ciudad. Al
acomodarse en su asiento, se desajustó
la corbata, se secó el sudor de la frente
con un pañuelo y la mancha de carmín
del cuello. Sonrió, satisfecho: la cita con
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aquella atractiva señora había sido todo
un éxito. El galán comprobó su teléfono
móvil: recibió un mensaje de la mujer;
en el mismo, aparte de agradecerle
su puntualidad, le confesaba que se
sentía impresionada por su actitud
madura, a pesar de su juventud. Éste
se limitó a teclear una contestación
educada, indicando fecha y hora para
reencontrarse. Al llegar a su parada,
bajó, apresurado, en dirección al cuarto
de baño. Cerró el pestillo de la puerta
y comenzó a deshacerse del abrigo,
traje de chaqueta, zapatos y la maleta
de piel que guardó en la bolsa de viaje;
de la misma, extrajo unos pantalones
vaqueros, una roñosa camiseta
publicitaria y unas deportivas sucias.
Una vez vestido, frente al lavabo, se
revolvió el cabello y se lavó las manos
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para eliminar los restos de la gomina.
Al salir de la estación de metro, volvía
a ser “empleado Juan”, tal y como
reflejaba la placa de plástico que se
colocó en su pecho, un repartidor de
comida rápida a domicilio, con afición
a disfrazarse de abogado interesante,
soltero y exigente, un soñador que
anhelaba una vida mejor al lado de
alguna incauta que lo mantuviera. El
pasaporte a la felicidad era caro:
había que pagar con mentiras. Pero él
ya estaba demasiado harto de trabajar
horas extras, del miserable sueldo que
percibía, de convivir con sus padres
jubilados en un ridículo piso, y sobre
todo, de tener colgado en la pared de
su habitación un diploma universitario
que le recordaba que era otro perdedor
más.
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PATOS Y PALOMAS
T ODOS LAS MAÑANAS , A LA MISMA HORA , EL
matrimonio de ancianos aparece en
el parque del barrio; “otra vez los
cansinos estos”: eso piensa Pablo,
que observa a la pareja desde un
columpio, con discreción; los abuelos,
en su ritual, compran el periódico y
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palomitas en el kiosco; se aproximan
a la zona ajardinada y se acomodan
en su banco, en el mismo de siempre,
“joder, parece que lo han alquilado de
manera exclusiva”, objeta aquel hombre,
balanceándose, sin perder detalle de
ambos: ella, con su bolsita, cubierta con
una toquilla de croché para protegerse
del fresco, da de comer a las palomas
que merodean a su alrededor y a los
patos que salen del estanque para
picotear las generosas cantidades
de maíz que arroja al suelo; él, con
gabardina y boina, atusándose el bigote,
lee la prensa local, concentrado; “y se
tiran así horas y horas, en silencio,
tan aburridos” ; en efecto, Pablo, vecino
del lugar y asiduo visitante de aquel
lugar tan poco concurrido a esas horas
tempranas, sabe que estos jubilados
estarán hasta el mediodía así, sentados,
sin mirarse siquiera. “Qué deprimente”,
asevera Pablo, hasta que el habitual
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gesto tierno entre ambos se produce
(el señor entrelaza su mano con la de
su esposa, ella le sonríe, cómplice)
y el despectivo “ya no aguanto la
cursilería, me va a subir el puto azúcar”
que murmura para sus adentros; se
levanta del columpio, bruscamente;
enfurruñado, saca del bolsillo de su
chaqueta los papeles del divorcio que
rompe en varios trozos y los tira en la
papelera, asqueado; se ve obligado a
pedir prestado dinero a un buen amigo
para pagar la pensión de sus hijos;
la imagen de los viejos, le fastidiaba:
una de sus antiguas aspiraciones era
envejecer al lado de la mujer que
siempre quiso, la misma arpía que le
fue infiel y le arrebató la custodia de
los niños. Sabe que la soledad no es
tan soportable como la rutina del amor.
Decide marcharse y perder el tiempo en
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caminar, sin rumbo fijo, por la ciudad;
y, de nuevo, se queda con las ganas de
acercarse a la conmovedora parejita y
preguntarles: “¿cuál es el secreto?”.
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LA LISTA DE LA COMPRA
E XAMINO EL FRIGORÍFICO :
nada.
Una metáfora burlona
de mi existencia
otra vez,
mi cartera y mi cama igual de vacías,
otra vez,
la ilusión congelada.
SÍNTOMAS
L EVANTARSE TEMPRANO ,
tomarse una taza de leche templada,
pensar en comerte el mundo
a fieros bocados,
hasta que el temor entumece
/ tu cuerpo
que acaba refugiándose en
/ el colchón,
no hacer nada
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¿para qué?
A veces, los obstáculos son reales
y es imposible derribarlos
por mucho que perseveres.
CORAJE
I MPOTENCIA ES
mordisquearte los puños
para contener las ganas de golpear
al que decora tu pecho con cicatrices
es resignarse a ser un espectador
atado con una cadena a la butaca
y que contempla el desmembramiento
de su propia voluntad en la pantalla
es pugnar contra ese muro
/ inquebrantable
y sólo contar con dos manos
desnudas, anónimas, frágiles

desnutridas de esperanza,
que aún insisten en luchar.
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ARROJANDO, RABIOSA,
LOS GUANTES DE BOXEO
Q UÉ SENTIDO TIENE DARLO TODO
ser una misma
la decepción se arrincona
/ en el pecho
le brotan raíces
que retirarse era acto impropio
/ y ahora necesario
para qué desear lo que nunca
/ tendré
por mucho que insista
arrodillarme sin remedio
al aislamiento
o vomitar sobre esa raza
/ de hombres y mujeres
que nacieron para derrocar
/ todas las esperanzas.
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INSTRUCCIONES PARA ESCRIBIR
UN POEMA
V IVIR .
Y cuando se desborde la aflicción,
escupir para purgarse.
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SU VIEJA HARLEY
U N CHORRO DE AGUA BROTÓ DE LA HENDIDURA .
Lo miró extrañado, como si acabase de
ver un iceberg procedente del centro
de la Tierra. Intentó levantar la moto,
pero se dio cuenta que su dañado
brazo no ejercía la fuerza suficiente.
Estaba muy orgulloso de su vieja Harley,
aunque ahora tenía que reconocer que
le había fallado. Cuando por fin se
levantó y vio el estado en el que había
quedado la moto, se acordó de Ana.
ÁNGEL SILVELO

Si lo pensaba bien, o detenidamente,
como le gustaba decir a Alberto, su
pesado compañero de trabajo, el
azar había jugado a su favor. Desde
que se casó, sólo sacaba a pasear a
su joya muy de vez en cuando, pero
desde que Alberto le mencionó que un
vecino suyo quería venderle su vieja
BMW 720 por mil quinientos euros,
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no podía quitarse de la cabeza esa
exigua cantidad de dinero. Cuando
pensaba en ello, sabía que él nunca
se hubiese atrevido a ponerle precio
a su moto, o al menos hasta ahora, lo
que de nuevo le llevó a Alberto y a sus
interminables desayunos en la barra
del Museo del Jamón. Los días que
se le olvidaba tomar su tranquilizante,
Alberto no paraba de hablar de esto
y aquello, aunque en los últimos
tiempos, su tema favorito eran las
motos. Cuando ya le había calentado
suficientemente la cabeza después
de estar hablando de amortiguadores,
faros y neumáticos durante casi una
hora, siempre acababa diciéndole
lo mismo: ¿para qué quieres tú una
moto? A lo que el otro le respondía,
que ese era su último capricho.
Hasta que un día, en el que el número
de cañas que les sirvió Máximo
llegó a número difícil de determinar,
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Alberto le confesó que el nuevo
capricho de comprarse una moto,
estaba directamente relacionado con
el dinero que le había extraviado a su
mujer de la venta del negocio que ella
regentaba. Una confesión que él no
pasó por alto, pero los celos que en
su ser despertaron el talento buhonero
de su despistado colega, le llevaron a
decirle que él no le compraba la moto
a su vecino ni por mil quinientos ni por
mil doscientos euros, y que además,
no entendía cómo todavía no se había
enterado que ese modelo de BMW era
de abuelos, y le apostilló: ¿dónde vas
a ir tú con un cacharro como ese?
Pero cuando terminó de soltar su
fanfarronada, comprendió que Alberto
esta vez se había salido con la suya,
y embalado por su buena suerte, le
dijo que por qué no le vendía su vieja
Harley. A lo que él le contestó con un
tambaleante silencio mientras salía del
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bar en su camino de regreso a la oficina.
En vez de enojarse consigo mismo,
siguió sentado en la enorme piedra
desde la que observaba ensimismado
el iceberg misterioso, pero por mucho
que la miraba, todavía no acertaba
a adivinar si el chorro de agua que
brotaba de la hendidura era producto
de su caída o simplemente pertenecía
a la belicosidad del terreno. Estaba
entretenido en su particular entelequia,
cuando recibió un sms de su abogado:
Ana está dispuesta a acceder a las
condiciones del divorcio si le cedes la
Harley en perfecto estado. Entonces,
de nuevo se acordó de Alberto y de
su afán por deshacerse del dinero que
era ajeno a su trabajo. Y sin mucho
esfuerzo, se trasladó hasta el próximo
viernes, cuando estaba seguro que a la
enésima caña que les sirviera Máximo
en la barra del Museo del Jamón, ya
podría fingir sin miedo a que se le
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notara, que nada le importaba menos
en este mundo que su vieja moto,
porque ella, como su mujer, le había
fallado. Pero también pensó, que si
quería que su meditado plan fuese
perfecto, antes tenía que cerciorarse
que Alberto no se había tomado su
tranquilizante, para que llegado el
momento, le confesase la cantidad
exacta de dinero de la que disponía.
Cuando acabó de perfilar su estrategia,
y como sabía que no podía acceder a
las condiciones de su mujer, le contestó
al abogado que no aceptaba el trato.
Después de deshacerse de Ana y de
su vieja moto, ahora sólo le quedaba
pensar cómo viviría con el escaso
dinero que le quedaría después de
pasarle la pensión de manutención a
su hijo, pero no le importó, porque su
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nueva vida sería tan estrecha como sus
sueños, porque en ella no necesitaría
volver a experimentar la sensación de
libertad que el viento le proporcionaba
cuando iba subido en su vieja Harley.
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PÁNICO
C UELGO A TU VOZ ,
descuelgo mi paciencia.
Hasta el nombre de las estaciones me
invita al vacío,
me lanza al imperio de tus sentidos.
Me da miedo que un día te vayas,
que descubras que no soy bastante
cielo para tus alas.
Pánico a que pienses
que yo no te quiero,
a que dudes
y busques labios nuevos.
Mas que busques,
CELIA MUNERA

lo que temo es que los encuentres,
y te gusten.
LANZARME A TU VACÍO
Q UIERO LANZARME A TU VACÍO ,
es lo único que llenaría
todos los agujeros negros que tengo
en el camino.
Y es que nada tiene el sentido que
tiene todo contigo,
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sé que la vida es bonita,
pero cómo verla si tú no la iluminas.
Aprendí a base de golpes el valor de
las caricias,
a restaurar corazones con sonrisas,
a dibujar tu cuerpo con mis manos.
Y el miedo que quemé las noches de
incendio,
resucitó con la llegada del invierno.
Até nuestro futuro con un cordel de
promesas.
HAZME CREER
N ECESITO TU MAGIA ;
que me hagas creer que lo que
corretea por mis mejillas
no son lágrimas.
Hoy me ha parecido sensato
dejar que la soledad me abrace.
Era la única candidata esta tarde.
Y sigo abrazada a una nada,
que querría dármelo todo.
Pero no lleva tu nombre, y no puede
hacer más.
En mis sienes late la impotencia,
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y en mi corazón tu ausencia.
No sé qué me pasa hoy.
Sólo quiero que llegue mañana.
O tal vez no.
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BAJO LLAVE
N O SÉ COMO HAREMOS .
Fácil no va a ser.
Pero te quiero, te dejas querer.
Deja que te cuente al oído
las estrellas que se sumaron al vacío
de tus labios.
Réstale a la luna tu legado,
cuéntale al sol que brillar
es algo más que dar calor.
Basta con un apretón de las manos
que tantas veces evitaron la traición,
la desidia,
el desazón.
La ira, la obsesión.
Y trajeron a tu vida la paciencia
que ya dabas por perdida.
Ya no creías ser capaz de confiar tu
mitad,
y sin saber ni el por qué,
sé que la tengo en mi poder.
Bajo llave.
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EL ATROPELLO
A QUEL INFAUSTO DÍA DECIDÍ IR EN COCHE A
trabajar en vez de tomar la bici porque
llovía a mares. Por eso, por culpa de
la lluvia que caía con fuerza en el
parabrisas, no vi al salir del garaje
a ese chico con monopatín al que
inevitablemente atropellé. Abandoné
el coche enseguida para socorrer
al muchacho, pero me paralizó el
descubrimiento que hice al verle el
MICHEL NOGUERA

rostro. El chico era yo, yo de joven.
¿Cómo podía ser esto?, me pregunté
bajo la lluvia. En mi estupefacción,
olvidé asistir al chico, que había dejado
de respirar. Un rápido examen me llevó
a una única conclusión: estaba muerto.
Me había atropellado a mí mismo, a mi
yo del pasado. Este extraño fenómeno
requería una explicación, pero el problema
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más acuciante era el hecho tener un
cadáver entre los brazos, así que,
mirando a un lado y a otro, recurrí a
la clásica solución de meterlo en el
maletero. Conduje bajo aquel diluvio
preguntándome qué hacer ahora.
Dónde dirigirme con el cuerpo de mi
adolescencia. Me pregunté si estaría
viviendo existencias paralelas en el
mismo universo (y en el mismo barrio).
Quizá por estas calles también se
encontraba mi yo de la infancia. O mi yo
de la vejez. Cómo saberlo; pero reduje la
velocidad por si acaso me cruzaba con
algún otro de mis yoes. Quizá también
estaban por ahí mis padres viviendo
otra vida, una segunda vida con menos
años. Se me ocurrió que estaría bien
encontrármelos, pues ahora tendríamos
más puntos en común al ser menor el
abismo generacional. Pero luego tendría
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que explicarles que habían perdido a
su único hijo. Nada más duro para unos
padres que enterrar a un hijo, dicen.
Aunque yo podría ayudarles: al fin
y al cabo, era responsable; igual no
es tan duro si tu hijo colabora en su
propio entierro. Me pregunté entonces
si esto podría considerarse suicidio,
si podría alegarlo en un posible juicio
por asesinato. ¿Pero cómo puede uno
asesinar a su yo del pasado en el
mismo plano de existencia? Quizá había
viajado atrás en el tiempo, quizá había
invadido mi pasado a toda velocidad
para acabar conmigo. Si esto era así,
¿cómo es que no había desaparecido
ya? Uno no puede existir en la madurez
si ha muerto en la adolescencia, es
evidente. Pisé el acelerador de mi
posible máquina del tiempo al llegar a
la autopista. Quizá podría volver atrás
y evitar el accidente, se me ocurrió.
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¿Pero cómo? Tal vez con la marcha
atrás. Pero esto no tenía sentido, pues
antes había viajado al pasado sin
que yo hubiera hecho nada, al menos
aparentemente, ya que tenía el coche
en primera cuando me atropellé a mí
mismo. Tal vez, reflexioné, el tiempo
estaba formado por placas como las
tectónicas y dos habían colisionado
justo cuando salía yo de casa. Un
simple accidente que había llevado a
un accidente mayor. Pero si yo no era
responsable, tampoco tenía manera
de solucionarlo. No podía conducir
eternamente en busca de otro choque
de placas temporales que, además, no
me garantizaba nada, puesto que podía
acabar en una situación aún peor. No,
era más tranquilizador pensar que, de
alguna manera, yo era el causante de
todo: eso abría la puerta a la posibilidad
de enmendarlo. Pero cómo. Repasé
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mentalmente mis acciones del día (el
“único viaje en el tiempo” que estaba
sin problemas a mi alcance), en busca
del momento exacto en que se había
producido el cruce espaciotemporal.
¿Sería la cafetera de la cocina la
máquina del tiempo? Quizá había sido
al mojar la magdalena en el café, un
rollo proustiano. Sí, es verdad, durante
el desayuno había estado rememorando
mi juventud. Aquellas primeras citas
con… con… ¿Cómo se llamaba? Si he
estado pensando en ella esta mañana.
Era una chica rubia, con el pelo corto.
¿O era morena? ¿Y no tendría el pelo
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largo? De pronto, no me acordaba: en
mi memoria había una neblina igual que
la que me encontraba en la carretera en
ese momento. Por más que lo intentaba,
no conseguía recordar nada de mi
juventud, se había borrado. Claro, ahora
soy un hombre sin pasado, pensé. No,
no es cierto, me corregí enseguida, el
pasado lo llevo en el maletero. Soy un
hombre en fuga con todo su pasado en
el maletero. Un pasado muerto, apuntó
una voz en mi cabeza. Todos los pasados
lo son, me respondí, sólo el presente
está vivo y el futuro está por nacer.
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LA ÚLTIMA NOCHE DE PASOLINI
‘’Escandalizar es un derecho,
ser escandalizado es un placer’’.
P IER P AOLO P ASOLINI
U NA NOCHE FISIOLÓGICA ,
la última noche de Pasolini.
Antes de ser asesinado,
paró su coche alta gama
en un descampado del extrarradio,
y sorbió el néctar de Epifanio,
un ninfo de 14 años.
Qué maravilla, se diría,
escandalizar a burócratas
y el llanto de las madres.
Qué epifanía,
MANUEL MOLINA

expandir la noche de cometas
para revolucionar lo que queda
/ de abismo.
Morir en un descampado,
Pier Paolo Passolini.
Reza el epitafio:
Que en su derecho
de escandalizar,
murió,
mientras le chupaban
la poesía.
Mientras tanto,
cumplo con mi trajín
/ en el descampado:
busco el escándalo.
Profano los póster de mi hermana,
apilo lecturas-escalera
para llegar a algún poema
/ azul cielo,
digno de ser lamido por Pier Paolo.
Passolini, ¡Te invoco!
¡Ven, Poeta a mí!
Pero no viene ningún verso,
que escandalice,
al menos,
a mi santa abuela.
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ni ningún poeta
que quiera chupármelo.
Nadie me asesinará en este
descampado,
que se parece a todos los
/ descampados,
en especial al de al lado
/ de mi casa.
LA OTRA MUERTE DE FEDERICO
L OS DUENDES SALEN DE LAS CUEVAS ,
hay jaleo en la plaza.
Federico y una guitarra
se rebelan:
asaltan el pentagrama.
Dibujan con palabras,
arcángeles como quejíos
en las ciénagas de lirios.
Federico,
quema la barraca,
y las sillas de mimbre
de los patriarcas.
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Aviva el fuego con pañuelos de lunares
y todos los poemas del torero Ignacio.
Yerma acaba de ser madre
de tres duendes de diferentes colores.
Hay un incendio en la plaza,
hay un destello en la luna
que ilumina este sacrilegio
de danza en tierra.
Mira como todo arde Federico,
arde hasta el último destello,
y después el agua. Después la lluvia
curó la tierra de la hoguera,
nacieron flores en las zarzas,
clavaron la guitarra en el paredón
de flores de gangrena.
Pero cuando se celebra
/ la candelaria,
-la otra muerte de fuego
/ de Federico-
hay unos gitanos mellados
que se asoman a la tapia:
brillan sus bocas melladas de luna,
sonríen mostrándonos eclipses.
Aún palmean cuando todo arde.
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TALLER DE ALTA POESÍA
E XTÍRPATE EL HÍGADO ,
el páncreas, los pulmones.
Descósete las venas.
Vacíate la sangre.
Drena los fluidos, y los latidos.
Deposita aquí las tripas, y el sexo.
En tu caso, el útero inservible.
Y arráncate los pechos.
Ciégate los ojos, y nunca salgas
ROSARIO TRONCOSO

ni a vivir, ni a tocar la piel ajena.
La lengua, ya no volverá a servirte,
en la boca de nadie.
Y ahora, asumido ya lo esencial,
la técnica, las normas, los preceptos,
siéntate ya, y escribe.
ESQUEJES
E N LAS NOCHES QUE RECUERDO
y en las que no
me brotas entre los dedos.
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Y yo extirpo
tus esquejes
pero tú sigues trepándome
desde el vientre a la garganta.
MAQUILLAJE
A PRENDE A MAQUILLARTE .
Que no se te vean las cicatrices
ni los surcos, ni las huellas
/ del llanto.
Camina recta. Yérguete.
Endereza espalda, y pensamiento.
No desees volar.
Recórtate los labios
y cósete la boca.
Y ciérrate de piernas y de ojos.
Porque tú no estás. Porque tú
/ no eres.
Maquíllate bien. Que no te veamos.
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HIJOS DE CAÍN
L LEGARON POR LA NOCHE . L A NOCHE ERA
fresca y los perros no ladraban. La
luna, cortada por un cirro estrecho
como un puñal, iluminaba con luz
clara el monte pelado por el que
llegaron los primeros perros negros.
JUAN CRUZ LÓPEZ

Antes, aquella misma tarde, toda
la aldea había celebrado el fin de
la cosecha. No faltó ni el vino ni la
carne, tampoco la cerveza y el pan
blanco. Los jóvenes - siempre ufanos,
siempre extraños al comedimiento -
festejaban su lozanía cantando pícaros
romances. Solo al final de la tarde,
ya cansados los más viejos, algunos,
acaso los más sabios, vislumbraron las
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primeras sombras tras la llegada del
juglar errante. Todos escuchamos su
extraña canción y a no pocos el sonido
de la zanfoña les hizo oscurecer sus
pensamientos. Pero el juglar marchó
de nuevo, pues iba de paso, y pagado
con un trozo de pan y un pedazo de
tocino nos deseó suerte. “Os hará
falta”, dijo, y no supimos la respuesta
al acertijo de aquellas tres palabras.
Al poco, cansados de celebrar tanto,
los más viejos apagaron las antorchas
y arrojaron cubos de agua sobre la
hoguera común. Volvimos entonces,
confiados y satisfechos, ya saciados
de vino y pan, a la oscuridad de nuestras
casas. De tan cansados y con tanto
sueño, poco tiempo duraron los candiles
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encendidos esa noche. Fue justo a la
hora en que se parte en dos la noche,
cuando el primer perro apareció -
negro, recortado a contraluz de luna -
sobre el monté pelado. Luego llegaron
otros y luego otros más. Pasaría de la
treintena. Nadie les vio llegar, salvo
yo, que creí estar soñando. El miedo
me paralizó la sangre. Había salido a
orinar por vez tercera y allí, escondido
justo detrás de la paja que guardaba
junto a mi pequeña cuadra, me escondí
como un cobarde, rezando a Dios para
que los que venían detrás, aquellos
hombres pequeños montados en sus
famélicos caballos, no me encontraran
temblando en mi escondrijo. Pensé
entonces que Dios nos había castigado
enviando a nuestra aldea una hueste de
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demonios. Crucé mis manos temblorosas
y aterrado contemplé como brillaron
las primeras llamas. Jamás olvidaré el
primer chillido. Fue la hija más pequeña
del panadero quién gritó y dio la voz
de alarma. Pero ya fue tarde… Yo
pude escapar. Salí corriendo y dejé el
infierno lejos. Los gritos se elevaron
con el calor de las hogueras. Las llamas
arrasaron los cuerpos desmembrados y
mordisqueados por los perros. Otros,
aquellos que intentaron hacerles
resistencia, amanecieron colgados de
los pies - el cuello seccionado y las
tripas fuera - del árbol bajo el cual
rezaba el pueblo.
Aquellos hombres menudos no conocían
a Dios. Dicen que se dejaban guiar
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tan solo por el instinto y el olor de
la sangre fresca, dicen que eran de
la misma raza que sus perros negros
y que no enterraban a sus muertos.
Yo no sé lo que serían, pero sí puedo
decir que los he visto, que existen como
existe Dios. Quizás sean los hijos de
la estirpe de Caín de los que habla la
Biblia. Yo eso lo ignoro. Solo soy un
pobre campesino que intenta purgar
sus pecados poniendo por escrito esta
historia oscura. Quiera Dios perdonar
mi cobardía.
NOVENTA AÑOS MENOS

S I TUVIERA NOVENTA AÑOS MENOS NO ESCRIBIRÍA
ni viviría en este lugar que me engulle
como un pelícano, y bebería más, mucho
más. Intentaría ser pintor, mi ciudad
sería Berlín y pasearía de la mano de la
baronesa Meyer, una joven desclasada
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tras su temprano matrimonio con un
aprendiz de artista, por aquel entonces
yo, fabulado yo.
Si tuviera noventa años menos y estuviera
casado con la baronesa, iría todas las
tardes a tomar cerveza con Otto Dix (para
verlo pintar, echarle un cable y debatir,
siempre debatir, sobre la situación
política de Alemania y la necesidad
del compromiso). Seguramente él y
su mujer me recomendarían que me
olvidase del asunto, que no fuera
gregario y que me dedicara a pintar
encerrado en mi pequeño estudio.
Pero no les haría caso. Mi mujer, la
baronesa, sería militante del KPD y
amiga de Rosa Luxemburgo. Yo no sé si
al final me comprometería, pero odiaría
profundamente a los camisas pardas
de las SA y me daría miedo el futuro.
Si tuviera muchos menos años de los
46

que tengo hoy, si tuviera, por ejemplo,
esos noventa menos de los que os
hablo, sería un diletante admirador de
los genios de Die Brücke y un pintor
solitario, enemigo de las modas. Llevaría
una vida espartana junto a mi mujer
y escucharíamos jazz. Leeríamos toda
la noche a la luz titilante de un candil
de aceite y jamás pasaríamos frío.
Nuestra vida correría paralela al pulso
del mundo y no le daríamos la espalda
a la violencia. Seríamos pintores
hiperviolentos, lectores hiperviolentos,
poetas hiperviolentos… Sujetos de
torcido. Y solo nos iríamos del país
cuando todo se viniera abajo y los
nazis alumbraran su reinado quemando
libros, montañas y montañas de libros.
47

También lloraríamos. Aspiraríamos a
ser valientes.
Si tuviera noventa años menos y fuera
un joven pintor alemán, le besaría la
barrigota a Paula Modersohn-Becker
y cuidaría de su hija tras su muerte.
También le quitaría las ganas de
pegarse un tiro en el corazón a Kirchner.
Sonreiría cada mañana al salir el sol y
abriría las ventanas de par en par. Sé
que no me gustaría lo que vería en las
calles (niñas prostituidas, mutilados de
guerra, judíos increpados por la turba
nazi) pero lucharía por mantenerme
intacto. La baronesa y yo viviríamos
encerrados en un amor parecido a una
cueva. Si tuviera noventa años vería
48

Europa hecha cenizas y tal vez huyera
lejos, muy lejos, por ejemplo junto a
Stefan Zweig, pero jamás me mataría.
La vida sería dura, tal vez irrespirable,
y quizá desearía tener otros noventa
años menos para ser otro joven
escritor que pasase la vida encerrado
en su habitación prusiana, a salvo del
mundo, mientras el amor devora sus
entrañas.
Si tuviera noventa años menos y no
hiciera este frío, tal vez, solo tal vez,
supiera quién soy yo.
49
50

UN POEMA NO SUELE DECIR LA
VERDAD A NADIE
¿D E QUÉ SIRVE REMENDAR UN VERBO APÁTICO
si el poema nos engañará hasta la muerte?
Alto voltaje en una toalla húmeda,
su pulso rítmico
nos marca el paréntesis idóneo
/ entre axiomas
cuando resume el color de los nombres,
la acentuación fónica de los océanos,
o cualquier otra nadería.
Siempre es así,
con la credibilidad hinchada y redonda
MARIAN RAMÉNTOL

sobrevuela, en ropa interior o vestido
/ de gala,
todos los paisajes
que huelen a tragedia, todos los suicidios
menores de edad
y cuantas calles sin salida
devore con su marcha fúnebre.
Un poema no suele decir la verdad de nadie,
tan solo hinca sus dientes en el charco,
nos retuerce y proclama a voz en grito
su potestad literaria y nuestra
/ muerte poética.
51

LA NOCHE VOLVERÁ A SER AMABLE EN
SU HEMORRAGIA
E L AGUA APRENDIÓ A DORMIRTE ENTRE SUS BRAZOS .
Una vértebra marina
adorna la tragedia de mis costas.
Un color venenoso
entinta los labios de algas,
con la sal extendida sobre julio
y ese matiz, derramado en el cuello,
atento al zambullido del mundo,
al doble mortal de la lágrima
desde el abdomen
hasta el milagro profundo de tu anchura.
El día que el azul me deseque, la noche
volverá a ser amable en su hemorragia
y podré vendar de nuevo con tu nombre
los acantilados que hoy me abren entera.
EN UN CAPÍTULO DE TERNURA
CLANDESTINA
U NOS OJOS DE FELPA HACEN RECUENTO ,
repasan batallas de entrepiernas,
cuentan las veces que secaron
/ un rostro bendito
52

y lo acunaron despacio,
/ con complicidad cereal,
en un capítulo de ternura clandestina.
Un cuerpo de trapo
puede regalar centímetros de amor,
puede aprender de las cigarras
y acompañar a la tarde en su mudez,
puede mirar por los pespuntes
y descubrirnos sabrosos,
horneados, con las hechuras tranquilas,
puede mirarnos dos veces
/ y adelgazar la tristeza,
meterse en la cama y abrazar
nuestros desembarcos,
aterrizar sobre silencios permitidos
que amoratan y pudren cualquier
/ proporción.
Una muñeca con el pelo de luna,
puede venir hoy a perdonarme.
53
54

SE AGITARON LOS AGUJEROS DE LOS
ÁRBOLES
BEATRIZ PÉREZ SÁNCHEZ

S E AGITARON LOS AGUJEROS DE LOS ÁRBOLES ,
cuando el pasado fue ranura abierta
y el presente calmó un precipicio
/ repleto de fusiles.
Por el claro de los olivos corre
/ agua mutilada,
a ras de un verso que cae,
mientras leves pliegues de sol
sentencian pájaros
y la tierra esconde el cruce
/ con la lengua parca.
¿Quién confunde cultivar un adiós
transportado entre patadas breves?
55

Parece que fueron los agujeros
/ de los árboles,
entornados,
los que perfeccionaron
/ aquellos semblantes.
Torna a raíz de ti,
tren que pasó tres veces,
y dile al aire que es imposible
que el oxígeno pudra de una vez.
Voltea el andén de los olivos
- cuando las patadas transporten
/ tus escombros,
la vida marchitará desde otro ángulo -
entonces,
no se cantarán albas de medianoche.
56

CON LOS CAMPESINOS Y SU TIERRA
C ON MI PROFESIÓN DE AGRÓNOMO NO ME HABÍA
ido nada mal encontrar un trabajo
fijo con un sueldo decente. Todo se
desarrollaba dentro de una oficina
con luces de neón, ocho horas al día,
cinco días de siete, calentada en
invierno, aire acondicionado en verano.
MICHELE MIMMO

Y sin embargo, no era este mi sueño.
Yo quería trabajar en uno de esos
países donde necesitaban agrónomos
de verdad. Esos países llamados “en
vías de desarrollo” por las naciones
poderosas que hacen de todo para
mantenerlos en el subdesarrollo.
Dichosamente, la esperada ocasión se
me concretiza en ese pequeño país
57

en medio de dos océanos destruido
por las bombas. Mientras muchos
cooperantes pequeños-burgueses e
internacionalistas de pacotilla estaban
haciéndose vacaciones revolucionarias
y curriculum, yo multipliqué mis
esfuerzos y no sólo como agrónomo,
ya que esos campesinos eran iguales
a los míos que me criaron allá en la
tierra de donde venía. Por eso entré en
las milicias, en defensa de las fincas
propiedad de las cooperativas o del
Estado. Los combates aumentaban y
las horas para dormir eran siempre
pocas. Esa noche el teniente me dijo
que antes de las primeras luces del
amanecer había que abastecerse de
unos víveres en otra cooperativa,
58
59

porque ellos no tenían cómo traerlos.
El único medio de transporte disponible
para hacer el viaje en esa carretera
bastante desastrosa, era el jeep de mi
trabajo. Cansado y con sueño me puse
en marcha cuando aún estaba oscuro.
La cosa es que en ese destartalado
camino desbando en una curva,
volcándome no sé cuántas veces y
quedándome ahí para siempre.
TOMÁS SOLER BORJA 60

EL BORRACHO
A VECES ME SIENTO
como el vaso de ron
sin ron
y con un par de hielos
solos y mareados
de tanto buscarle esquinas
al cristal de ausencias.
Así de amargo
con lo dulce que decían
que era esto.
61

Así de mojado
con lo seca que es la vida.
El resto del tiempo
no me siento
y desmadejado sobre el suelo
de cualquier tugurio
hablo con unicornios azules
y sonrío a labio partido
con todos mis demonios.
Tal vez por eso
cada poco se nos acaba el ron
y el mundo entero me aborrece
casi tanto como yo a él.
CARTA DE UN SUICIDA
A L POCO DE MORIR MAMÁ
maté a papá
y después al hermano
y a la hermana.
A los periquitos, al perro
y a los gatos.
Más tarde le tocó
el turno a los abuelos,
a los tíos,
a los primos.
Y ya puesto
comencé a cargarme a los amigos,
62

a los vecinos,
a los desconocidos,
a todo el que se cruzaba
en mi camino...
Pero como en realidad
ninguno moría
y la soledad cada día
estaba más viva
decidí matar al único
que seguro no me fallaría.
AMOR MÍO
T U PADRE NO TE QUIERE .
Tu madre no te quiere.
Tus hermanos no te quieren.
Tu mujer,
tu esposo,
tus hijos...
Ninguno te quiere.
Tu familia, tus amigos,
tus compañeros de trabajo...
Nadie te quiere.
No te engañes.
Dios no existe.
63

Nadie quiere a nadie
y todo es interés,
temor,
sexo,
costumbre,
dependencia,
egoísmo.
Todo es egoísmo
porque somos egoístas.
El amor es una mentira.
EL BICHO PALO
A SIDO A LA RAMA DEL TIEMPO
sólo teme ser leña.
El humo del incendio
que no cesa
es algo más que un presagio
oscureciendo el sol.
Nada queda indemne al fuego.
La vida todo lo abrasa.
64

A VECES ME SIENTO COMO UN ANFIBIO
S ON ANFIBIOS MIS SUEÑOS ,
son anfibios mis huesos mis besos
/ mis versos y mi piel desnuda
son anfibios mis paisajes mi lengua
/ mi sangre
JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ

líquidas son mis caricias mis palabras
piedra mis cicatrices y el sudor frío
/ de mis miedos
fuego mis deseos mi rabia
aire mis esperanzas mis preguntas
son anfibios mis andares
/ y mis respuestas
anfibios mis ancestros
/ mis recuerdos
mi mirada y mi reflejo
mis canciones mis amores
es anfibia mi suerte
y todos los amaneceres
en que siento el latido de mi cuerpo
entre tus manos.
65

ARMAS PARA DESARMAR AL ENEMIGO
H OY NO ME ARRANCAN UNA SONRISA
ni a navajazos
pero llegas
me dibujas con tus labios
un beso en la boca
rojo húmedo lascivo
y me dejas marcado y desarmado
el resto del día.
EN LA OTRA ORILLA
M E AGARRO A LOS RESTOS DE UN NAUFRAGIO
que ni siquiera es mío
este último temporal
ha dejado muchos cadáveres
los tiburones se están dando
/ un buen festín
los supervivientes
esperamos en la orilla
con las armas afiladas.
66

PRELUDIO DE UNA CIUDAD QUE ANOCHECE
C UANDO MIRÉ
nuestras sombras se mancharon
/ de asfalto.
De repente, la ciudad que acecha
/ se derrumba;
sobre las ascuas de las primeras luces
caen los escombros de la nostalgia.
Era imposible volver. No hay retorno;
para quien ha visto arder
horizontes de distancia ante sus ojos,
no hay retorno.
Entonces la soledad se descolgó
/ por las calles
JUAN GARCÍA LÓPEZ

en lentas estructuras metálicas.
Pero la luna puso semillas de deseo
/ en mis huellas
y entre mis manos creció la certeza
/ de tu cuerpo.
Porque éramos los únicos habitantes
/ de la ciudad
entre tanta gente.
Así fuimos trazando con nuestros dedos
las calles de una cartografía humana,
y levanté sobre tu espalda
/ nuevamente las ruinas
de una ciudad donde solo tú y yo
/ éramos necesarios.
NOCTURNO
L A NOCHE ES UN MURMULLO
bajando por tu espalda.
Detrás de cada ventana unos ojos acechan
hasta desnudarte.
Mientras, la luna recorre sobre mis labios
un paisaje de insomnio.
Una ciudad se va anudando
/ entre tus muslos
como una inmensa fiera.
Hasta que el deseo aúlla
con las últimas sirenas de la madrugada.
Porque dentro de mis ojos
un tigre acecha hasta que duermes,
se lanza sobre tus hombros
/ y te devora.
68

LA BIBLIOTECARIA
M ARÍA LLEVABA TODA LA VIDA TRABAJANDO EN LA
biblioteca de su pueblo, y se puede
decir que era una mujer feliz.
Desde pequeña, la biblioteca había
sido uno de sus espacios preferidos: un
paraíso repleto de libros que contenían
historias sorprendentes.
JAVIER ÚBEDA SÁNCHEZ

A la salida del colegio, le pedía a su madre
que la llevara un rato a la biblioteca. Se
sentaba y abría las páginas de los libros
con sigilo y entusiasmo. Al verla, daba
la sensación de que estaba abriendo
el más emocionante de los regalos.
Para ella los libros eran una especie
de magia para los sentidos, además
de construir unos hermosos pasajes a
otros mundos, a otras realidades.
69

Esa querencia que sentía por la lectura,
la heredó de sus padres, ambos ávidos
lectores.
Cada noche, tenía una cita,
imprescindible, con el cuento que le
contaba su padre o su madre. Le gustaba
escuchar atentamente, mientras se
imaginaba como protagonista de cada
uno de ellos. A través de cada historia,
notaba cómo se iban abriendo las
puertas nuevas y relucientes de su
creatividad y de su ingenio.
Al principio, le gustaban las historias
de princesas, países fantásticos,
dragones y duendes; más tarde, se
aficionó a las de piratas que vivían
en islas perdidas; pero su curiosidad
avanzaba a la par que crecía su afecto
por sus amigos los libros. Gracias a
70

ellos, María se convirtió en una niña
muy inteligente.
Desde allí, desde el asiento que
ocupaba en la biblioteca, vivía
aventuras increíbles; historias que
disfrutaba, le emocionaban y sentía
como suyas. También aprendía, se
divertía y compartía con los demás lo
que los libros le transmitían.
Y de la silla de la biblioteca pasó a
ocupar la silla de la bibliotecaria. Su
primer día de trabajo colgó el siguiente
letrero en la entrada de la biblioteca:
“Bienvenido al hogar de los libros. Pasa,
te están esperando”.
María se esforzó en convertir ese
recibimiento en una realidad y darles
a los libros un hogar en el se sintieran
71

a gusto, en el que fueran cuidados y
queridos por todos.
Con el tiempo, hizo de la biblioteca
todo un templo de amor a los libros:
organizaba talleres y tertulias, daba
charlas a los colegios, confeccionaba
listas de los libros más leídos, editaba
una revista trimestral, hacía un programa
de radio semanal y tenía un blog.
Además conocía a la perfección todos
los títulos que había en su biblioteca y
había confeccionado una lista de ellos,
no sólo por autores, estilos y géneros,
sino que también la había hecho por
libros para entretener, reflexionar,
aprender, amar, reír, llorar y soñar.
Pronto su biblioteca se hizo muy
conocida, y desde cualquier parte
72

del mundo llegaban personas para
visitarla.
Esta singular bibliotecaria amaba los
libros, y mantenía con ellos una relación
de cortejo constante y deseado por
ambas partes.
Ese cortejo, casi un sagrado ritual,
comenzaba con la elección de los libros
que iba a comprar, seguía con su entrada
a la librería, donde se podía pasar horas
ojeándolos mientras contemplaba sus
portadas y leía sus contraportadas. Y,
por fin, llegaba el punto más álgido
de todo el ceremonial: leerlos, y una
vez leídos, colocarlos en la estantería
que a cada cual le correspondía,
bien ordenados, relucientes, listos
y totalmente preparados para ser
disfrutados.
73

Cito a continuación una de las frases
que ella solía decir: “El hogar de
los libros comienza en cada uno de
nosotros”. Porque cuando se abre un
libro, éste ha encontrado su morada
en la persona que lo está leyendo.
74

EL FIN DE LA TRIBU DE LOS KOETU KHUL
“O ELLA O ÉL , PERO SÓLO UNO DE ELLOS ”; ES
lo que aparentaban discutir aquellos
dos miembros de la tribu de los Koetu
Khul, emitiendo sonidos guturales que
parecían surgir desde las mismas
entrañas de la tierra, un idioma
desconocido para aquella pareja de
pulcros y bellos centroeuropeos que
habían desobedecido las advertencias
del jefe de expedición. Para cualquier
ANTONIO CRUZ

occidental, toparse con alguna de las
decenas de tribus antropófagas, muchas
de ellas en peligro de extinción debido
a la escasez de víctimas de los últimos
tiempos, era mortal de necesidad.
Ellos se habían rezagado a propósito,
como dos adolescentes enamorados
que nadan temen, adentrándose por la
frondosa y oscura selva.
La chica poseía un rostro afilado y
huesudo, ojeroso y salpicado de pecas,
resaltando sus prominentes pómulos y
su blanca piel y dando la sensación de
estar gravemente enferma. Era menuda
y extremadamente delgada. El chico era
todo lo contrario: una mole de carne
y sebo de dos metros de altura y casi
doscientos kilogramos de peso, mas
aun así, su movilidad era la de un ágil
felino. Su tez rosada y carnosa y su
76

blondo pelo lo hacían completamente
distinto a aquellos dos diminutos
seres de piel aceitosa y oscura como
el carbón, ausentes de ropa salvo por
un ridículo taparrabos y con el lóbulo
de las orejas, nariz e incluso labios
horadados por pendientes y anillos de
todo tipo; el occidental les resultaba
terriblemente atractivo… y suculento.
Cuando el jefe de expedición advirtió
con semblante grave y otorgando a
su discurso la tensión y seriedad que
entonces la pareja no supo calibrar,
Matthias le susurró a Eva: “Sí ya, como
en El eclipse de Monterroso”. Y acto
seguido ambos lanzaron una sonora
carcajada quebrando así el ceremonioso
discurso del experimentado jefe de
expedición y la solemnidad que éste –
que con su aspecto también aparentaba
77

pertenecer a alguna tribu practicante
de canibalismo – deseaba imprimirle…
y efectivamente lo consiguió salvo en
aquellos dos irreverentes occidentales.
Mientras los dos miembros de la
tribu deliberaban a quien escoger, se
observaba colgando de un madero una
olla gigante de aspecto grasiento en
cuyo interior hervía el agua borboteando
y salpicando, y bajo ésta una inmensa
hoguera que desprendía un calor
terriblemente abrasador que alcanzaba
a decenas de metros a la redonda.
Con diligencia y sin dudar desecharon
a la chica, que dejaron huir mientras
tropezaba cayéndose una y otra vez,
para acto seguido y sin emitir gruñido
alguno, de un preciso machetazo
rebanar el cuello de Matthias. Al
instante dos chorros de color púrpura
78

brotaron del cuello seccionado, como
una desbocada glorieta, o como el
surtidor de una ballena que pringó
todo de sangre, y su redonda cabeza
rodó por la tierra mientras sus ojos
aún abiertos observaban con precisión
cómo decenas de miembros de la tribu
se abalanzaban como fieras famélicas
sobre su cuerpo decapitado para
arrojarlo sobre la olla, ya dispuesta
con grasas de animales y verduras
para ser cocinado según desconocida
receta de aquella tribu.
Matthias, bien nutrido de hamburguesas,
salchichas, pollos y helados grasientos
ingeridos en las cadenas de comida
rápida, había adquirido una terrible
79

enfermedad que a su vez era infecciosa;
le quedaba poco de vida, y por ello
decidió hacer el viaje de sus sueños,
si bien nunca pensó terminar como lo
hizo: como simple carnaza de una tribu
caníbal. Hoy ya podemos explicar cómo
se produjo el fin de los Koetu Khul,
cuando meses más tarde un equipo
del National Geographic halló medio
centenar de cadáveres en avanzado
estado de descomposición que habían
muerto al devorar la carne infecciosa
de Matthias. Por miedo, el resto de
tribus de la zona abandonaron para
siempre la antropofagia, integrándose
de forma paulatina en las zonas
urbanas, una información que aparece
en este nuevo número de la revista.
80

GEOGRAFÍA E HISTORIA
M IENTRAS LEO PASAR EL TIEMPO
sentado en un banco de fría piedra,
en esta tarde soleada de un viernes
(que podría ser lunes, o incluso jueves),
una chica espera a alguien que nunca
llegará (como yo lo he hecho
en los últimos meses sin que nadie
/ aparezca,
casi abandonado) pero espera
con estoicismo frente al mar moribundo,
y al pasar las hojas del libro
se levanta aire y nacen olas,
y muere su vida y la mía a la par,
y el ver pasar los días
es mi asignatura por siempre pendiente:
tantas historias, tan ajenas entre sí,
desconocidas pero entretejidas
por geografías accidentadas.
AVE DE PASO
¡Q UÉ TRISTE OCASO HE PRESENCIADO
para ahogarme en mi propio crepúsculo!
Ellas dos dormían en el sillón
/ frente a mí
como un solo y bellísimo ser fundiéndose
con la luz, como cera de una vela.
81

La luminosidad se trasladaba
/ por la estancia
sin hacer ruido hasta partirla en dos
y oscurecer este domingo quejumbroso.
Al instante, la brisa ha golpeado
/ las plantas secas,
y de un plumazo el viento me ha
/ hecho desaparecer,
cayendo a un abismo sin fondo
en el que sigo revoloteando.
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NO SABE QUÉ...
... JUEGA JUEGOS DE CIRCUNSTANCIAS
avanza jeroglíficos arrastra zapatos
fuma la noche arroja el humo
/ sobre la gente
dilo, dilo, dice. Se agacha recoge
/ la moneda
que cayó de canto
no compra nada en las ofertas
(tampoco vende)
destino del tiempo.
SILVIA PASTRANA

DICE: VIVÍ A CONTRAMANO...
... VACIÉ EL RELOJ EN EL POCITO MÁS FRÁGIL
/ DEL ROSTRO
jamás vi volar una golondrina
pero si pateé un gorrión que escribía
/ graffiti
en la deshilvanada noche con olor
/ a lluvia
una vez más no estás en el cuadro,
afirmó.
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ESCRIBIÓ...
... LA VOLUNTAD DE LOS DÍAS
ella reconoce el color
/ de las palabras
queda en piel frente al espejo
buscando el nombre de sus máscaras
la duda la mantuvo contando
el abc de premios y castigos quizá
duerma sobre la partitura del día,
/ repite
quizá asome desde la sombra
sin nada ni nadie.
DESCENDIÓ...
... NO ENCONTRÓ EL FONDO DE LA MAÑANA
ni el fondo de la noche
mudó espacios que no
al altillo del fin del mundo.
84

LAS CUCARACHAS NEGRAS
L AS CUCARACHAS NEGRAS QUE MATÉ
impunemente durante años
son el luto insignificante
que me ocupa esta noche.
He pensado en ellas mientras leía
un poema de Ángel González
que hablaba de las cucarachas
de su casa de Madrid.
Y es una tontería pero he pensado:
¿Esas cucarachas, serían negras, claro?
Ahora ya no quedan cucarachas negras.
Se han extinguido. Han sido
sustituidas por las rojas.
Las americanas.
Que vuelan y son
ÁNGEL RODRÍGUEZ

infinitamente más feas y molestas.
Yo he visto a estas cucarachas rojas
salir del grifo de un lavabo
en una de esas habitaciones
de hostal de mala muerte
que tienen un lavabo junto a la cama
para las putas y los meones
borrachos (esto último
lo supongo, yo sólo he vomitado en
esos lavabos, y fue
hace muchos años
cuando aún no tenía motivos serios
para emborracharme
85

salvo la tontería de ser joven y sentir
que me habían enterrado antes de tiempo,
pero por suerte estaban los amigos
para cantar y llorar conmigo).
Al ver salir de pronto a esa
cucaracha intrépida
que me despertó con sus ruidos
subterráneos
no pensé (yo era aún muy obtuso)
que ser pobre y tener que pasar
la noche en lugares así
no tenía la menor gracia.
Por entonces aún era un niño rico
sin herencia y con un buen montón
de prejuicios
(y lo curioso del caso es que yo no
era consciente
ni de lo uno ni de lo otro: la vida era
fácil y era lógica,
así es como suponía que debía ser
para todo el mundo…)
Luego he crecido y he ido matando
impunemente cucarachas, mosquitos,
lagartos, hormigas
y esas asquerosas arañas que tenían la
desfachatez de pasearse cerca de mí.
Pero de todos estos viles asesinatos
los que más me avergüenzan
son los que atañen a las cucarachas
negras.
86

Pues si hago un pequeño esfuerzo
de memoria
comprendo que siempre estuvieron
presentes en mi vida,
en ese momento de la vida que uno
vive con más intensidad,
en ese momento en que una cucaracha
negra era simplemente algo curioso,
extraño, incomprensible
87

pero nada amenazante, algo que estaba
ahí como las paredes o las bombillas,
o el beso de un pariente
o un buen abrigo.
Y ahora no. Ahora ya no quedan
cucarachas negras.
No quedan más cucarachas negras
que las de mis recuerdos más lejanos.
Y las que hay ahora son peores.
Y puede que sea una tontería pero
me entristece saber
que yo he contribuido a su extinción,
que yo las pisé sin motivo.
Y ahora tengo que soportar a sus
suplantadoras, sus rivales,
esas odiosas cucarachas rojas
que vuelan y entran velozmente
por mi ventana abierta
en el sofoco de las noches de verano
y me despiertan de pronto con
su zumbido repentino
(o incluso sus golpes febriles
contra el techo)
y me hacen pensar
que no tiene la menor gracia que una
maldita cucaracha invasora
te despierte cuando te acabas
de dormir
después de un día largo y baldío.
88

INTRUSOS
N UNCA CREÍ QUE SUMARÍA TANTAS MENTIRAS A
mi lista. Pero la de hoy fue grande.
Enorme fue.
Llevo la cuenta en mi agenda de Hello
Kitty, y me quedan pocas hojas para
completarla. En una semana cortita,
ya tengo ciento dos. Ciento dos, que
deben ser los años que tiene don Sosa,
nuestro vecino viejo. Su casa, también
vieja y con los techos volados, se
CRISTIAN ACEVEDO

apoya bien torcida contra la nuestra.
Aunque, desde hace un tiempo, don
Sosa ya parece uno más de nosotros.
Se pasa el día entero de nuestro
lado: en nuestro jardín, en nuestra
galería. Y eso que su parque es igual
de grande. Será porque no tiene ya
con quién conversar: los jazmines
se le secaron hace mucho. Porque
89

ni bomba de agua tiene ya. Sólo el
aljibe, tan viejo y estropeado como él.
Mamá dice que don Sosa ya es de
la familia, que está viejito y solo,
y que hay que hacerle compañía. Y
por eso, yo me aguanto, como una
señorita, que me estruje los cachetes
y que me diga mil veces lo inteligente
y lo linda que soy, con su sonrisa
blanda, arrugada y sin dientes.
Papá reniega y dice que don Sosa es
más bien una mascota enferma. Y tiene
razón.
Papá cumplía cuarenta, y lo de anotar
las mentiras se me ocurrió esa tarde,
después del almuerzo. Toda la familia
se divertía con las payasadas de mi
hermanito: Agustín esto, Agustín lo
otro, mira como se ríe Agustín. Parecía
que el cumpleaños que festejábamos
era el suyo. Hasta el viejo Sosa se
metía a hacerle muecas y todo eso.
90

Ya harta de tanto mimito estúpido mentí
estar llena, dije “buen provecho” y me
escapé enseguida. Me fui corriendo a
mi cuarto.
En el camino se me dio por pensar qué
era lo que tanto los divertía de Agustín.
Si ni decir la erre sabe, y anda llorando
y mojado de pis todo el día. A mí no
me da ninguna gracia. Bronca me da:
por una cosa o por la otra, siempre
termina haciendo que me reten a mí.
Volví de mi cuarto con la caja de crayones
y unas cuantas hojas de esas que papá
ya no usa y que me las regala para que yo
dibuje. Los grandes seguían comiendo.
Me alejé todo lo que pude: me senté
en la hamaca que cuelga del sauce -
porque da mucha sombra y queda bien
lejos de la casa - y me puse a dibujar.
91

Tenía hambre y me hacía ruido la
panza, pero no dejaba de pensar en
la mentira que acababa de decir.
Entonces se me dio por anotarla. Así
fue que se me ocurrió. Ya tenía mi
primera mentira. Y no volví a dibujar
Desde ese día, no paré. No me salté
ninguna mentira. Ni las que me daban
un poco de vergüenza me salté. Y me
pone orgullosa, porque al fin entiendo
eso que dice papá, de ser constante. De
empezar algo y no dejarlo a la mitad. Y
no digo que no me divierta, pero muchas
veces me pregunto por qué me enredo
tanto, pudiendo decir no en lugar de
sí, y chau agenda, y me dedico a mis
otras cosas. Pero ya voy por ciento
dos, según lo que conté esta mañana.
¡Casi quince mentiras por día! Y las
leo a cada rato para entender cómo es
posible mentir tanto en tan poco tiempo.
92

Entonces descubro que la mayoría
son porque sí, porque no se puede no
decirlas: cuando le miento a Mamá que
los quiero igual a los dos, o cuando me
invento un dolor muy fuerte de panza
para no ir al cole, justo justo el día
que toman prueba de matemáticas.
O cuando Daniela y Marisol me obligan
a mentir cada vez que me preguntan
en secreto quién es mi mejor amiga.
Las imagino contándoselo a las otras,
contentas por creerse la mejor, y un
poco me río. No las culpo. Ni a ellas ni a
mamá, porque esas son mentiras chicas,
y de esas mentiras no tengo muchas.
Pero con las otras - como la mentira
grande de hoy - me parece que me
estoy extralimitando, como dice mamá.
93

Esa tarde, cuando ya llevaba anotadas
como cinco, y la panza ya no me chillaba,
dejé a un lado la lista y me quedé un rato
jugando sola. Me entretuve tirando unos
bichos bolitas en un hormiguero enorme
de hormigas rojas que crece contra
el sauce. Y pobrecitas las hormigas:
iban desesperadas tras los intrusos,
los investigaban con las antenitas…
pero no les hacían nada de nada.
Me dieron mucha pena las hormigas.
Porque ellas estaban ahí desde antes.
Entonces se me ocurrió una idea
más divertida: arranqué un pedazo
de corteza del sauce a medio caer,
y me la llevé para el aljibe de don
Sosa. ¡La corteza tenía tantos bichos
que no me alcanzaban las manos!
¡Estaba extralimitada de bichos!
94

Al principio los tiraba de a uno, pero
son tan chiquitos que ni ruido hacen.
Al rato me aburrí y agarré todos los
que pudieron entrarme en las manos y
los tiré también. Y me volví a acordar
de las hormigas: ya estarían tranquilas
otra vez.
Más tarde, ese mismo día, Agustín
andaba remolesto. Dale que dale
con golpear la puerta de mi cuarto,
y cuando le abrí - porque ya no lo
aguantaba más - me desparramó
todas las muñecas y los perfumes
de Barbie. Hasta el de Mujercitas me
desparramó. Y yo se los quitaba, y él
otra vez a los gritos y dame dame dame.
95

Para cuando vino mamá, Agustín se
había escondido adentro del ropero.
Se había hecho una bolita. Enroscado
en una frazada, gritaba y zapateaba
contra la pared. Otra vez la ligué yo. Y
no dije ni A.
Unos días más tarde, se me ocurrió
que me convenía anotarlas todas con
la Parker de papá, esa que esconde en
el cajón de su escritorio. El azul me
mejora la letra y me combina perfecto
con los renglones rosas de mi agenda.
“Jamás la he visto, papá”, le digo cada
vez que interroga con su pose de juez,
esa que no puede evitar ni cuando
duerme.
96

Él me dice que no la use, que guarda
esa pluma para cuando me reciba de
abogada. Pero yo no sé si quiero ser
abogada. Me parece bastante aburrido.
Y mamá tiene razón: los abogados
son “puro chupamedias”. Si los que
vienen a casa no hacen otra cosa que
hablar bien de papá - delante de él,
por supuesto -. Papá dice que eso no
le gusta pero también miente, si se
le nota que le encanta: cada vez que
oye el “excelentísimo” o “su señoría”,
los ojos se le ponen grandes como los
de Bob Esponja y le sonríe el bigote
con todos esos pelos que tiene.
Yo preferiría ser la acusada. Me
divertiría todo el día dando falso
testimonio, como lo llama papá. Me
mataría de la risa enroscándolos en
97

miles de mentiras que podría decir sin
cansarme y sin pestañear ni una sola
vez.
¡Cómo me gustaría ser la acusada de
algo importante!
Algún día lo seré.
Esas mentiras no las anotaría. Porque
aprendí que, sin pruebas, una puede
decir cualquier cosa. ¡Eso sí que sería
gracioso! ¿Y quién no le va a creer a
la hija de un juez tan importante?
Ciento dos van con la de hoy, pero…
¡no me conviene seguir con esta lista!
Alguien podría leerla. Entonces, cuando
me pregunten en el juicio, no voy a
poder mentir mucho.
98

Agustín, pobre. Todavía siguen
buscándolo. Por eso me encerré otra
vez. Con los nerviosos que están todos...
Y están tan nerviosos que ni lo imaginan,
pero Agustín no va a aparecer así como
así. Si ni caminar sabe, mucho menos
nadar. Igual, conociéndolo a papá,
no va a parar hasta encontrarlo. Y,
cuando lo haga, yo volveré a ocupar el
lugar que siempre ocupé y del que no
debieron correrme.
Papá no va a dudar en llevarlo preso
a don Sosa, por muy viejo y solo
99

que esté. Puse algunos juguetes de
Agustín en una de sus ventanas y tiré
el peluche de Barney a su sótano. ¿A
quién se le va a ocurrir culpar a otro?
Y todo va a ser como antes. Como
antes de que él y que Agustín llegaran.
A mí, en cambio, papá me va a querer
siempre. Ya no va a dejarme ni un
minuto sola, lo voy a tener todo el día
para mí. Y si siguen preguntándome
por Agustín, voy y les digo que no lo
vi más. Les digo que yo también estoy
preocupada y que lo extraño un montón.
Y serán ciento tres, ciento cuatro,
ciento cinco…
100

EN LA SOLA ESTRECHA CALLE DEL OLVIDO...
... LOS ZAPATOS AUSCULTAN LAS PAREDES .
La soledad de las conjeturas,
/ el pasado
que conjuga fórmulas vertebradas.
Algo así como decir que todos
/ los recuerdos
se vuelven mensajes de móvil
/ en tiempos
de crisis. La vieja duerme en el rellano
ADOLFO MARCHENA

esperando la voz del sueño
/ que le devuelva
papeles timbrados que presagian
/ su vida.
Su vigencia a ser, la palabra en el estante.
Quise dormir a tiempo pero los árboles
se habían olvidado
/ de mis trepanaciones,
La hierba sobre la materia dividida
/ en dos,
la hierba en días festivos anunciando
los preliminares del primer acto
/ de conciencia.
93

TRAS LA PUERTA UN SANATORIO MUDO.
E L PERCANCE PRIMERO DEL HOMBRE
al tropezar con el bronce sin edades.
Cae a borbotones la nieve en el jardín
de los primeros sueños
/ y alguien mezcla
en sus heridas las manecillas del reloj
con acústica llamada de elefantes.
El tiempo que se disloca un hombro
saturando las distancias del espacio.
Donde caben todos los cuerpos
/ incitados
a la rebeldía. Los cuerpos que difieren
de las entradas acotadas a la minería.
Es hora de reestablecer
/ las coordenadas
y regresar a la nave que explora mundos.
102

TODO ESTAMENTO DICHO Y PREFERIDO
EN LOS LIBROS...
... CATONES QUE SE HICIERON EN NUESTRA MEMORIA
fosas comunes como lanzas de Cartago.
Visualizo la estampa de ayeres
/ en columpios
que sudaban mi espalda. Eran días
/ de rosas
y el mercurio no bajaba de los veinte.
Pero tropas de asalto del ejército rebelde
conquistaban la neutralidad del beso
/ en decadencia.
Fue entonces cuando quise armarme
/ de valor
y esferas nunca consumidas
/ en la proclama
del vencedor, en la maniobra militar
/ de los desmayos.
Más tarde la posesión del vino
/ y el estandarte.
Los que no sabemos que la vida
/ se riega a gotas
lentas como armonía de un recital
/ de laúdes
103

no sabemos alcanzar la precisión
/ de la balística.
El pecho conmemora la sentencia
/ del náufrago
a determinar la búsqueda
/ de su propia isla.
Para bien o para mal el olvido
/ de algunas sentencias
que precisan de microscopio para delatar
/ la insurgencia.
RÍO BRAVO 104

MODERNIDAD
S ON MODERNOS
- y modernas -.
Son de izquierdas.
DEL

O de abajo.
Pero eso del feminismo
CARMEN

no es cool
no es necesario
no es el momento
no es la lucha.
105

Maravillosos rebeldes
contra las normas
por encima del bien y del mal
que en lo de a diario
juzgan y condenan
siempre “liadora”
ella.
De nuevo ellos débiles sexuales
Nosotras el mal voluntario
/ e irresistible:
Para ese jodío viaje
nos bastaba y sobraba
con la flor de lis del antiguo régimen,
con la A también tatuada y el fuego
/ de los ministros
de todas las otras las antiguas
/ religiones.
SUBRAYO INCOHERENCIAS COMO
/ SI FUERA DE HIERRO...
... Y SOY SÓLO MERCURIO .
líquido y veneno .
Las subrayo todas porque son todas
/ mías
las conozco y las amo porque
/ me destruyen
las conozco y las odio porque
/ me construyen
Todos los horrores y todas
/ las bellezas de la duda se deciden
enroscadas en mí.
106

AUSENCIA DE FE
M E DIGO A MÍ MISMA
que ya no creo en nada.
Pero sigo separando la basura
tomando drogas legales
-prescritas, alcoholes y tabaco-
agradeciendo abrazos y palabras
llamándote y esperando a que me llames
jugando a loterías y comprobando
/ los números.
Y escribo y dejo que me lean o escuchen.
Al final, soy otro fraude de esperanza.
ALLÍ ESTABA ÉL...
A RRANCANDO DE CADA ESPACIO
que antes me contenía
cada pedazo de mi carne.
Allí estaba él
orgulloso comensal
mondadientes y cepillo en mano
enjuague y elixir entrando en casa.
107

Allí estaba él
mis restos asomando entre sus dientes
la sangre manchando sus comisuras.
No supe si ya era carroñero
o si fue mi sangre sin uso
lo que le empujó a morder.
108

ALIANZA DE CIVILIZACIONES
“Y O NO SOY COMO TE QUIERO ”,
un día te dije.
Mientras no se descubra
la cara oculta de nuestra cara
todo marchará.
Consiste en fingir algún orgasmo,
besar sin que importe el aliento,
responder que tragas a mis amigos,
que recuerdas las canciones
/ sin letra.
El amor es un malentendido
que evitamos deshacer.
“Yo no soy como te quiero”,
un día te dije.
Y sin quererlo, tú me seguiste.
OJO, PINTA
RAFAEL INDI

L A NOCHE ES JOVEN Y TÚ TE HACES VIEJO .
Un animal
sin más fondo de armario
que esa antigua piel de astracán
que hoy reluce como oro negro.
Si siempre fuiste la risa tonta
/ de un funeral,
el asesino que tropieza entre plateas
con el primer aplauso,
109

ahora eres el mendigo del andén
/ ochenta y nueve.
Cada vez que dices adiós
firmas tu declaración
/ de dependencia con el pasado,
por eso únicamente
te limitas a mover la mano
/ tras el cristal
y pides cuchillos para marcar sonrisa.
Cada vez que dices adiós
aquella avenida se tuerce un poco
/ hacia el sur,
primer desvío al desastre.
Y ahora
te viene a la memoria aquel tipo
cuya voz una vez dijo
que nunca se vuelve a un lugar
/ ya familiar;
y recuerdas qué fácil resulta
escribir aforismos desde el exilio,
atracar con la boca bancos de sangre.
Deja de confiar en algo que nunca
/ has tocado,
ni siquiera has visto.
Ya te recuerda que existe cada noche
al dormir de su lado,
y sabes que duele,
y ahora no escribes una metáfora.
Las metáforas no necesitan dormir
/ de su lado.
110

O tal vez prefieras buscar tu alma.
Ábrete de dientes
y mira dentro frente a un espejo.
Pídele a alguien que lo haga por ti,
porque con el afán
desencajaste las mandíbulas
/ de su lugar
y necesitas las manos para sostenerlas.
Según las descripciones,
debe tener color azul y unos
/ veintiún gramos de peso,
miligramo arriba, miligramo abajo.
Halla lo que te hace humano
y podrás actuar cómo él.
Hasta entonces confía en los sentidos.
Verás que todo es piel y hueso
cuando tus ojos aprendan a mirar.
Respira el espíritu olímpico
/ por un tabique estrecho,
como una virgen en una gang bang
que conoce de sobra el proverbio:
lo importante no es ganar,
/ sino participar.
111

Y ante Emma, afilando sus armas,
la ciudad busca lanzadores de cuchillos
a los que colgar una medalla
grabada con sus viejos nombres,
recordándoles así
por qué deben sonreir
cada vez que digan adiós.
SACROMONTE
E STA CIUDAD SE PARECE DEMASIADO A NOSOTROS .
Calle a calle competimos
en número de batallas perdidas
y luces escondidas
bajo alguna latitud incierta.
Sus noches justifican al fin
el insomnio errante
de unos bien desnacidos.
Como ella, hemos soñado ya
todos los sueños azules
que quedaban por soñar.
Esta ciudad se parece demasiado
/ a nosotros.
112

EL ROSTRO (LA LEYENDA
DE LA VISIÓN MALDITA)
A LO LARGO DE GENERACIONES EN SU FAMILIA
había nacido alguien con aquella extraña
peculiaridad. Para él, aquello no era
una cualidad, sino todo lo contrario.
Consistía en ver la verdad que se ocultaba
tras la piel de los rostros que tenía
ante sí. Esta visión le mostraba, como
FABIANA IGLESIAS

a través de una placa radiográfica, los
cráneos desnudos de carne, tendones
y músculos. Mirar a alguien a la cara
era contemplar una calavera.
Por eso pensaba que su visión se
anticipaba al futuro: mostraba aquello
en lo que se convertirían todos. Incluido
él mismo.
113

Esa era la razón de su semblante triste
y ausente, incapaz de esbozar una
sonrisa.
No había espejos en su casa.
Prefería pasar las horas en completa
soledad, dedicándose al oficio que
había heredado de su padre: era
perfumista, y uno muy bueno.
En el pueblo todos conocían su aflicción;
por esa razón habían aceptado con
naturalidad el hecho de ser atendidos
en su tienda a través de un torno de
madera oscura, como solían hacerlo
las monjas de clausura, quienes habían
renunciado voluntariamente al contacto
con el mundo exterior.
114

Él se había ganado la fama de ser todo
“un mago” de las esencias: su olfato
exquisito las combinaba siguiendo
fórmulas únicas aprendidas de memoria,
imposibles de imitar.
Además había desarrollado un oído
sensitivo y agudo como pocos,
que distinguía en las voces las
personalidades y los estados de ánimo
de los que acudían a él.
Una mañana, atendiendo su negocio
al otro lado del tabique del torno,
escuchó una voz capaz de conmover
su alma atormentada por primera vez.
Era una mujer, y buscaba esencia de
jazmín.
Él cerró los ojos para absorber sin
distracciones aquel sonido ultraterreno.
115

Le entregó lo que pedía, y escuchó las
palabras que lo llenaron de un doloroso
anhelo: la mujer quería conocerlo en
persona. Se hallaba allí de paso, y
deseaba estrechar la mano al perfumero
más famoso de aquellas tierras.
“¿Acaso ignora mi visión maldita?”
pensaba él en su interior. Sin embargo
aceptó encontrarse esa misma tarde con
la forastera cuya voz lo transportaba
a otro mundo.
Transcurrió el día y llegó por fin la
hora. Oyó entrar a alguien en la tienda
al sonar la campanilla de la entrada.
Supo que era la mujer.
Sus manos temblaban; todo su ser
temblaba. Sabía que vería un cráneo
desnudo y se resistía a asociar aquella
voz divina con una visión macabra.
116

Debía abrir la puerta de la trastienda
y cruzar el umbral. Lo hizo con un nudo
en la garganta.
Al principio creyó que estaba soñando:
sus atormentados ojos contemplaban
por primera vez un rostro humano. Tenía
miedo de pestañear para no perder
aquella imagen y grabarla así en sus
retinas.
Le pareció lo más hermoso, lo más
dulce, lo más sublime que existía en
este mundo. El amor que sintió le dolió
en el pecho.
La mujer sonrió y extendió la mano.
Estaba completamente atrapado.
117

Estaba enamorado.
A partir de ese momento, el tiempo
desapareció. Las horas dejaron de
existir.
Con ella a su lado era capaz de afrontar
cualquier visión, incluso los rostros
descarnados que a diario se cruzaban
en su camino.
Prepararon una boda casi inmediata.
Sus hermanos y su madre lloraban de
alegría. Por fin lo veían sonreír.
Se casaron. La capilla estaba adornada
por cientos de jazmines. La novia
llevaba un tupido velo que cubría aquel
adorado rostro, y él, esperándola junto
118

al altar, sentía que tocaba el cielo con
sus dedos por primera vez.
Si aquello era un sueño, prefería
continuar durmiendo; si era verdad, no
le cabía más alegría en el pecho. Su
vida por fin estaba completa.
Por la noche, en la alcoba nupcial, la
novia, ataviada con un largo camisón
blanco le tomó las manos y reveló un
secreto escondido hasta entonces.
Al día siguiente sólo lo hallaron a él,
tendido en la cama, como dormido,
con el semblante plácido y su boca
curvada en una sonrisa.
De la novia nunca más se supo nada.
En el pueblo comenzó a correr un
curioso rumor.
119

Decían que la Muerte se había desposado
con el único hombre que había visto su
verdadero rostro.
Y era un hijo de aquella tierra, añadían
con orgullo los habitantes del pueblo.
120

SEPTIEMBRE
V OLVER .
Aquel andén.
Verla venir
entre la niebla de los siete años.
MARÍA GÓNGORA

Paso apresurado y dulce;
(re)conocerla.
Quedar inmóvil, al pasar de largo
ella.
Otra vez.
Sin voz
alargar el índice:
Es ella.
Como entonces,
no poder atraparla.
121

CORRESPONDENCIA
C OMÍAMOS DISTANCIA A GOLPE DE PALABRA .
Viajaban los cartones sellados:
letra plegada
cerrada con saliva.
Calendario que iba volando los días
a carcajadas.
METACRILATO (I)
H UMO EN EL PULMÓN .
Llenábamos la boca de cerezas
/ y amargos.
Y risa.
No olvidar la risa.
Y tormentas.
No olvidar las tormentas.
METACRILATO (II)
A LGUIEN TARAREABA A VOZ EN GRITO
la banda de nuestros sueños
/ sin estrenar.
No sabíamos
cómo empezar aquella letra.
Mucho menos,
que acabaríamos por ignorarla.
122

LA ASPEREZA DE DORMIR CON PIEDRAS
R OCÉ MIS PIERNAS
como el cerebro a punto de estallar
tras enmarañar
las neuronas y desintegrarlas
con la fuerza de la erupción
de un volcán tras un letargo
por las telarañas contenidas.
Luego pensé
que podría haber sido una pesadilla,
pero me desperté
con sangre en la almohada,
que esperaba desde hacía horas
mi despertar.
BINGO
FRANCISCO PRIEGUE

A L PRINCIPIO
demasiado tiempo perdido en tu regazo
podría costarme la vida
y en ese caso moriría
por tu pecho más que
por una noche a tu lado.
No sé si he de cruzar la línea
/ pero intuyo
que quieres que lo haga
/ lo más rápido posible.
Desconozco lo que puede ocurrir
si la suerte me depara la ruina o si
123

iré a parar a la bancarrota o a tus labios.
Pienso en las constelaciones
/ de tus manos,
en tu cuello congelado,
en lo impensable.
Y todo termina cuando el bombo
/ de la lotería
llega al final del trayecto descrito
por la brújula y el timón
con un número tatuado
/ en tu efímero sexo
que es la fortuna.
124

HAY ALGO SALVAJE, INDÓMITO, EN TI.
P OR ESO ME GUSTAS . Y CUANDO ME HABLAS DEL
lugar donde naciste, de las llanuras
cubiertas por un manto verde y los
árboles de hojas rojas que contemplan
a los caballos que corren pisoteando
la suave hierba desde hace siglos, te
MER GONZÁLEZ

imagino junto a ellos, corriendo con
ellos. Hay algo de esos animales en ti.
Lo veo en el fondo de tus ojos cuando
luchas por seguir siendo libre, por no
perderte en la oscuridad. Y me gustas
por eso...Por la forma en que entrelazas
tus dedos con los míos cuando tu cuerpo,
tu alma, se une a la mía. Pero sobre
todo, por encima de todas las cosas, me
gustas porque lees mis silencios. Porque
con solo sujetar mi mano, haces que
desaparezcan todos los miedos. Porque
125

cuando te miro, siento que recupero una
parte de mí que creía haber perdido.
EN EL BOSQUE, JUNTO A LAS HOGUERAS...
... EN LAS LLAMAS QUE DANZARÁN ANTE TUS OJOS
verás, comprenderás. Cubrirás tu piel
con símbolos tan antiguos como la
tierra que pisas y en el aullido del
lobo, escucharás una voz hermana.
En el rutilante fuego observarás el
destino de los hombres que antes que
tú pasearon entre estos árboles. Y
cuando se acerqué la medianoche, por
primera vez desde que llegaste a este
mundo entre el llanto y la nieve, verás
lo que yace oculto. Lo que se mantiene
en la oscuridad para aquellos que
no saben mirar, disipar las tinieblas.
126

SICARIO
— ¡A SÍ ! C ON CUIDADO . P ASADLO ADENTRO .
¡Vamos!
— Acá…cuidado con la silla. ¡Ven aquí,
mamón! Entra… ¡ahí! Siéntate.
El hombre encapuchado permanecía
sentado sobre la taza del váter a la
espera de que alguien dijese algo.
MURCIA

— ¿Y bien? ¿No vas a decir nada?
Eso está muy bien… ahora escúchame
atentamente. No queremos que nadie
salga dañado, sólo queremos que
colabores y sigas todos los pasos que
CASADO

te vamos marcando… ¿me oíste? La
cosa puede ser muy sencilla o muy
complicada, eso va a depender mucho
de ti y de tu predisposición a la hora
RUBÉN

de colaborar - el reo asentía a cada
palabra -, vas a llamar a tus familiares
127

y les vas a comunicar que realicen
un pago a un número de cuenta que
yo te voy a ir dictando. Si todo sale
bien, en menos de dos horas, estarás
con tus seres queridos… ¿Estamos de
acuerdo?
— El hijo puta se ríe…
Le llovió un ristra de puñetazos en la
nuca.
— Está bien, está bien chicos. Sólo
está nervioso. Esto va muy en serio,
Enrique. No es motivo de burla. El Patrón
está muy enojado y tú lo sabes. No has
realizado los pagos a tiempo y cuando
esto ocurre se sufren consecuencias.
Coge el teléfono y haz lo que te digo.
En menos de un minuto había dado la
orden de pago y el número de cuenta.
128

— Muy bien, Enrique. De esto es
de lo que estaba hablando. Plena
cooperación y confianza mutua.
Ahora vamos a acompañarte hasta
la cama para que duermas un poco
y te recuperes de las magulladuras.
Nosotros permaneceremos a la espera
de la confirmación del pago para
posteriormente proceder a tu plena
liberación.
Lucas y uno de los soldados lo agarraron
por los sobacos y lo acercaron hasta
el borde la cama. Allí lo sentaron, le
levantaron las piernas y lo acostaron.
Salieron de la habitación y fueron
directos al salón. Allí empezaron
a abrirse latas de cerveza y a
extenderse rayas de coca sobre la
mesita situada frente al televisor.
129

Dos horas más tarde, Enrique se
despertó. Escuchó una respiración
que palpitaba en el lado izquierdo de
la cama y se giró. Lucas permanecía
sentado junto a él, con la silla girada,
mirándolo atentamente.
— Parece ser que el pago, efectivamente,
se ha realizado. Sólo que no se ha
producido íntegramente. ¡Nos has
cagado, huevón! Te has reído del
Patrón y eso conlleva una respuesta
contundente.
Un puñetazo voló por la estancia y se
estampó a la altura del pañuelo que
le tapaba los ojos. Enrique pegó un
alarido de dolor y volvió a tumbarse.
Lucas lo agarró por la camisa a la
altura del pecho y lo levantó. Alguien
130

le lanzó una patada en el costillar y
otro le pisó los dedos. Lucas se acercó.
Ya en cuclillas, volvió a dirigirse a él.
— Las órdenes eran claras, quiero
concederte el derecho a que te
expliques. ¿Y bien?
— ¡No lo sé… no sé que ocurre… dije que
lo ingresaran todo… no lo entiendo…!
El teléfono comenzó a sonar.
— ¡Esperad…! Esperad. Sí, mi Patrón…
Sí… estamos hablando con él, Patrón…
Aaah, no me diga Patrón… entonces todo
arreglado… De acuerdo mi Patrón… claro…
eso está hecho… Enhorabuena, Enrriquito.
La deuda se ejecutó correctamente.
Se hizo un pago fraccionado desde
dos cuentas simultáneas, de ahí la
tardanza de la confirmación. Parece
que todo al final ha salido bien.
131

Enrique esbozó una sonrisa. Comenzó
a recuperar el ánimo. Incluso alguien
le ofreció un cigarrillo. Los muchachos
abrieron de nuevo algunas cervezas
y Lucas se acercó a la mesilla para
aspirar un clencha de doble envergadura.
Era un profesional, hacía su trabajo.
Le gustaba que todo saliese rodado.
Sólo quería acabar pronto y regresar
a casa.
— Está bien, Enrique. Ahora vas a volver
a la cama y a seguir descansando hasta
nueva orden. Tenemos que organizar tu
entrega.
Colocaron a Enrique en la cama, sobre
el costado opuesto en el que había
estado descansando momentos antes.
El teléfono comenzó a sonar. Enrique
se desveló.
132

— Buenas, ¿¡Patrón!? Sí mi Patrón… Está
muy bien, no ha comido aún. Un poco
magullado, no más. Sí mi Patrón… está
muy animado. ¿De verás, Patrón? Está
bien… lo que mande.
— ¿Qué ocurre?
— Cambio de planes, compadre.
— Pero se hizo el pago…
— Se hizo el pago… efectivamente. Pero
el Patrón quiere mandar un mensaje…
ya sabes tú en estos casos. Un castigo
ejemplar. Así que date la vuelta.
— ¡No… no, por favor!
— Tranquilo amigo, es mero trámite.
— ¡¡¡Por favor!!!
— Haced callar a este hijo puta…
Un vaso de cristal fue a estrellarse
contra su mandíbula. Comenzó a
sangrar abundantemente por el labio,
133

con pequeños fragmentos de vidrio
incrustados entre los dientes.
— Enrique, todo esto exige colaboración.
Si no hay colaboración el proceso se
alarga. Estate quietecito y aprieta bien
fuerte el pañuelo.
Le rociaron con alcohol la espalda sobre
la camisa y le prendieron fuego. Tres
capas de piel saltaron por los aires
mientras la cara de Enrique se volvía
azul. Cuando quitaron los restos de
tejido que aún permanecían adheridos
a la carne, empezaron a rociar de nuevo
el alcohol sobre la carne desnuda.
Los ojos de Enrique se revolvieron en
sus cuencas. Dos de los muchachos
lo agarraban de los brazos, mientras
Lucas trazaba líneas sobre su espalda
134

sin ninguna emoción. Cuando terminó,
cerró el bote, fue al baño, se lavó las
manos y regresó.
—¿Y bien? Todo acabó ¿Viste? Justo
cómo te dije. Paso a paso, máxima
colaboración y la vida continúa.
Enrique, semi-inconsciente, escuchaba
jirones de sonidos que a duras
penas comprendía. Volvió a sonar el
teléfono.
—¿Sí? Sí, mi Patrón. Seguimos sus
órdenes, Patrón. Está bien, está
despierto. De acuerdo… Sí… de a… ¡Ok!
mi Patrón… como usted mande… chao...
chao. Chsss… En una hora, ¿estamos?
Algo más de una hora después llamaron
a la puerta. Uno de los soldados se
135

acercó, miró a través del visillo y la
abrió. Dos hombres altos y corpulentos
se dirigieron sin mediar palabra al
lugar donde yacía Enrique. Extendieron
una manta a lo largo de su cuerpo,
lo enrollaron y lo cargaron sobre sus
hombros. La puerta se cerró.
— Bien, chicos, dejad esto en orden y
marchaos a casa. Buen trabajo.
Lucas salió de la habitación del Motel.
Metió la llave en la cerradura y entró
en el coche. Colocó el retrovisor, se
remangó la camisa y miró su reloj. Soltó
un largo suspiro mientras le daba a la
llave de contacto. Estaba satisfecho.
Iba a poder regresar pronto para cenar
con sus hijos.
136

CONTIGO
S ELECCIONAR LOS MEJORES CONTENTOS
los últimos mañanas
orinar en el nombre
/ una sílaba nueva
que contornee de vapor la metafísica
después, boca que sea primavera
y besar
besar mucho el fuego
esperar de pie el señuelo masivo
/ de las generaciones
que el amor me lleve en mi corazón
pues se pareció siempre a un copo
/ de nieve
intacto en la pupila.
Espera de pie, dicen.
IKER PEDROSA

Sacos de “ays” y ayeres caen al vacío
en un pozo sin fondo alicatado de uñas
hasta rozar la palabra infierno
heridas lamidas y bucles hechos siglo
aquí y allí de ti te alejas
convencido te acechas en
/ los escaparates cyber
y abres heridas en cada gesto.
Compones, oscuro como
/ una sorda locura,
con muñones
137

la nueva buena
no ocupa lugar tu sangre
tatuaje en la nieve, sombra en la arena
tu hijo de verbo es testigo
de que el futuro impaciente te olvida.
MUÑECAS RUSAS
H IERVO EN LA TRIBU DE LOS QUE HAN SOÑADO
con ovejitas con piel de cordero
y se hicieron unas tripas de acero
mientras el aleteo de los pájaros dentro
/ de mi almohada
en la noche que no cesa
picotean mis manos que me quitan
/ de en medio
las últimas frases las dedicaré
/ con furia
al silencio que selle mi todo de hikikomori
y el chasquido de la decapitación
disipará mi holograma de humano uva
para bailar en las entrañas
/ de la tierra en honor
del nuevo sino convocado
futuribles de risa
huecos de gomaespuma.
ESTOS JIRONES DE DICHA PARA
ASUMIR LA VIDA...
... INSUFICIENTE COMO UNA CONJUNTIVA NEGRA
de golpe muerte
morada de noche líquida morada
estos jirones de vida y tú
apareciendo en el ángulo forzado
de la sonrisa única
potable como el miedo a morir
siempre de nuevo
estos jirones de camisa tras haber
perdido la justa,
valiente náufraga de la legión
púrpura
en mi tonelada de sangre
en esta noche cúbica flotamos
/ para siempre
sobre el lecho de la droga.
139

FRENTE AL ESPEJO
E L ESPEJO SIEMPRE TIENE ALGO NUEVO
/ QUE DECIR Y NO SE CALLA
sus nuevas proferidas expresadas
/ con la misma voz de escarcha
pero cuando después de muchos años
nos acostumbramos a nuestra edad
el espejo ofrece silencio
/ a las pupilas cabizbajas
a la nada cariacontecida
y es entonces, cuando sólo ofrece
/ silencio,
que un destello se abre paso,
/ fugazmente,
desde la mayor profundidad
/ de ese océano epidérmico
para encontrar una recién esbozada
/ sonrisa sin dientes aquí en el otro lado
y unos ojos a punto de caramelo y
/ un amanecer dulce en cada latido
algo nuevo que ir viendo
carne fresca para el olvido
deslizándose como una risa
por las ondas de la superficie.
140
132

AS(F)ALTO (IN)FINITO
E N TANTO QUE IMAGINO Y NO DECIDO
qué hacer en esta tan lastrada España
donde todo tristemente se amaña,
pienso en volver al lugar que no olvido.
IGNACIO BALLESTER

Y en tanto que el camino siempre ha sido
ameno y grato cuando me acompaña
tan espumosa, fresca y rica caña;
no compagino el tiempo que he vivido.
Coged de vuestra incipiente lastrera
lo que sea más preciso y precioso,
pese a tan gran indecisión severa.
Marchitará la motivación que reboso,
pero no la ya inmarcesible fiera
que recorre el asfalto tenebroso.
141

SOBRESALTO
S ON YA PASADAS LAS OCHO
cuando escurro el mocho
sin saber bien qué hago
al oír lo del accidente en Santiago.
Al principio son diez,
¿al final? son ochenta;
no sé… pierdo la cuenta
de lo cruenta
que es esta vez.
Al maquinista lo imputan
y a las familias les amputan
lo que los recortes
impiden que soportes.
Este sobresalto
estará falto
en Carabanchel Alto.
142

ENCUENTROS EN LAS MIRADAS
E LLA
acostumbra a sentarse en el borde
/ del sofá,
metáfora de que bajo sus pies
/ crepita el abismo
como roca al rojo vivo.
Le gusta pisar el acelerador a fondo
en las distancias cortas,
metáfora de que no le gusta dilatarse
ni le gusta que las cosas vayan
/ para largo
JESÚS CÁRDENAS

ni la vida a plazos.
Ella
disfruta de las luces matinales
como si fuese la primera venida,
la luz, tejedora de los sueños,
la luz que la alimenta:
mira ese brillo con los ojos bien abiertos.
La luz de mis ojos,
dice que le sirve de segundo plato.
Ella
busca atentamente con su mirada
todas las formas construidas
y lo que está por construir.
143

No soporta bien el peso de mis ojos
mientras nos demoramos con un café.
Ella
prefiere que nos hagamos preguntas
o que comentemos las noticias.
No finge sus ganas de vivir.
Piensa antes de salir de casa
que hoy se comerá el mundo
y aniquilará con sus ojos
al que se cruce por delante.
LA CURVATURA DE LOS PLANETAS
P ASO A PASO , DESPACIO ,
serena aquella luz iluminaba
los espacios del mundo
mientras en la otra orilla anochecía,
la vida donde tú recreaste
colores, formas, sabores, instantes...
Muy despacio, las aguas
te revelaban signos apropiados:
esa sustancia abstracta
que, con una simple palabra aguda
- sobre la que muchos han opinado,
y a casi nadie ha convencido -,
denominamos todo un universo
144

sustentado en principios nada claros.
Ciertamente, lo andamos persiguiendo
con gritos y ansiedades,
perdidos a la luz, y casi sin palabras;
un don que por fin alguien nos otorga
y convierte con su varita mágica
en métodos complejos y acertijos;
en vaho un corazón imaginario
trazado de pequeño en los cristales.
LA HUELLA QUE QUEDA
E L TIEMPO PARECE UN RÍO DE IMÁGENES
con el dique reseco del silencio.
Todos nos empleamos con entrega
/ a ese río.
Es viva marea, un latir constante,
como alas proyectando un grabado
/ en el agua.
Por instantes, se eclipsan las ganas
/ en el cuarto,
137

jazmín sediento, palmera quemada.
Queremos que ese brillo no se pierda.
Los vientos implacablemente arrastran
lo que en el suelo quedaba dormido,
llevándose con ellos un pasado
que resistíamos negadamente,
pero un día fijamos una nube
recubierta de azúcar y canela.
Vivimos con deudas arrinconadas
que añoran convertirse en permanencia.
146

UN ENTIERRO DE SIGLOS
M ALDITA SEA MI SUERTE . U N MILLÓN DE
ojos nada menos. Encima la áspera
tierra que me sepulta está acabando
conmigo poco a poco, si bien el rigor
y la oscuridad de este agujero no
son nada comparados con la soledad
de tantos siglos, de milenios tal vez.
Entiendo que mi esposa accediera a
las proposiciones de Bartâs, al fin y al
cabo, el miserable poseía tal cantidad
NOEL PÉREZ BREY

de ganado y tierras de labor que a
mi mujer nunca le faltaría un plato de
comida en la mesa. Para colmo, ya
eran varios años los que llevaba yo
desaparecido para ella sin rastro alguno.
Aunque cómo iba a imaginarse la pobre
que su marido estuviese confinado en
el león de piedra caliza que él mismo
talló por orden de Bartâs y que, tiempo
147

después, acabó custodiando el túmulo
funerario de aquel malnacido.
No obstante, las cenizas del infame se
pudrieron también en esta desabrida
tierra. ¡Alabado sea Netón por
repudiarlo! En cuanto a mí, el día que los
invasores extranjeros saquearon como
energúmenos la tumba de Bartâs, ni
sacudí las garras siquiera. Los ladrones
no se contentaron solo con las joyas,
las falcatas y demás enseres, sino
que vaciaron la urna del difunto en el
suelo, ansiosos por hallar oro entre las
cenizas. Luego aun me arrancaron a
golpes de lo alto del pilar, con tan mala
fortuna que caí de bruces en la misma
base. Me destrocé media mandíbula y
las patas delanteras se me quebraron
de cuajo. Pero lo que me dolió de
verdad fue que los desgraciados me
148

abandonaran allí, a merced de la lluvia
y la arena, y se marcharan por donde
habían venido.
Se suponía que yo había tallado el
león de piedra para que velara por el
cadáver en el más allá y espantara a
los saqueadores y a los malos espíritus.
Sin embargo, no iba a romperme la
cara por él ante ningún extranjero
tras condenarme el canalla, ávido por
mi mujer, a estos nefastos siglos de
entierro.
Acababa de rematar mi futuro hocico
cuando Bartâs se presentó en el taller
acompañado del chamán de la aldea
y de dos hombres armados. Estos,
espada en ristre, me arrebataron el
149

martillo y el cincel a guantadas. A
continuación, se aproximó Bartâs,
atento a las martillinas y al resto de
herramientas esparcidas a mi alcance.
Aunque el chamán aguardaba en la
puerta, Bartâs pasó un dedo por la
melena de la escultura y tranquilo,
medio sonriendo, se limpió en la ropa
los restos de polvo de la talla.
— Sin duda es un león espléndido. - Dijo
-. El túmulo quedará en buenas manos.
Bartâs inclinó entonces la cabeza.
Sus hombres envainaron diligentes
y me inmovilizaron entre los dos. En
ese momento el muy cobarde me dio
un par de palmaditas en la cara y,
acto seguido, mientras el chamán se
150

acercaba a mí, se dirigió a la salida.
Antes de marcharse, en cambio, Bartâs
se volvió un segundo.
— No te preocupes de Aiunin. - Dijo -.
Seguro que sabré complacerla.
De pronto sus hombres me arrodillaron en
el suelo. El chamán se me plantó delante
y, mascullando una especie de sortilegio
u oración, sacó de su túnica un cuchillo.
Por Netón y todos los dioses que me
revolví y pataleé, pero los dos animales
me aferraron aún con más fuerza.
El chamán farfullaba ahora sus conjuros
casi a voz en grito y, de inmediato,
tras remangarse el brazo izquierdo, se
asestó un buen tajo con el arma. Extrajo
también de no sé dónde un frasquito y
vació el líquido en la herida. Al contacto,
151

la sangre manó a borbotones, como si
bullera incluso. Pese a que el hechicero
no mostraba signo alguno de dolor, yo
temblaba de pies a cabeza.
De repente, el chamán se chupó el corte
hasta llenarse la boca y me escupió la
sanguinolenta mezcla en pleno rostro.
Al punto me sobrecogió un intenso frío,
las paredes del taller se contrajeron, se
alejaron, de milagro no desfallecí. Los
hombres que me retenían me apoyaron
corriendo sobre el león de piedra
recién esculpido. Apenas me di cuenta,
mas el taller quedó en penumbra. En
ese instante se me pegó al oído el
chamán.
— ¿Cuántas lunas necesitan un millón
de ojos - susurró - para mudar a la
fiera en hombre?
152

Cuando regresó la luz, el hechicero y
los dos animales dejaban mi taller. Oía
la lumbre crepitar y el polvo calizo me
raspaba entre le cabello, no obstante,
mis músculos parecían de adobe.
Enseguida bajé los ojos. Aunque en
lugar de mis manos, allí estaban,
inertes, las garras del león de piedra
encargado por Bartâs. Las conocía al
dedillo, yo mismo las había tallado.
Me veía además el final del hocico
y la punta de la lengua recostada
en el mentón. ¿Cómo narices iba a
salir de semejante embrollo? Aún no
imaginaba, desde luego, que acabaría
con la mandíbula y las patas delanteras
hechas trizas, sepultado por un sinfín
de siglos de tierra yerma y oscuridad.
Maldita sea mi suerte. Un millón de ojos.
Pero ¿oyen los golpes? Como arañazos
153

de azada excavando el terreno. Se
acercan. ¡Oh, alabado sea Netón! Una
flecha de luz. ¡Mis ojos, mierda, el
resplandor me abrasa! ¿Y ese idioma?
¿Quién habla? Varias manos me alzan
a pulso. Hace calor. Me arden los ojos,
mas ¡por todos los dioses, estoy en
la superficie! Abro los párpados, sí,
precavido. Distingo mi hocico de piedra,
el vacío de mis malogradas patas, una
multitud borrosa a mi alrededor. Me
apoyan en el suelo. ¿Y esos enormes
carros metálicos? Quizá construyen
alguna clase de vía o camino. A lo mejor
hasta les acompaña su chamán, o un
brujo, cualquiera capaz de devolverme
mi forma humana. Si bien me levantan
de nuevo, ¿dónde me llevan? Apiádate
de mí, Netón, que un millón de ojos me
contemplen.
154

REMEDIO
L O ÚNICO QUE TE PIDO ES QUE ME DES TIEMPO ,
que me llenes de tiempo,
para acabar con este otoño permanente.
DANIEL A. MACMILLEN

No puedo ni sentarme sin dejar
los rastros incendiados de mi retiro.
Los colegas en el tren me alcanzan
el follaje de mis lágrimas,
enceran las frutas podridas
/ que dejo en el carruaje.
Les pido disculpas
sería más cuidadoso pero
mi cara es una grieta,
una fuga que gotea todas
/ las brasas en el alma.
155

ORIENTENTACIÓN
T ENGO UNA BRÚJULA
atrancada en mi pecho,
que ensancha mi respiro,
y me arrastra hacia amores
con el baile de sus agujas.
El Norte hace mucho que no está;
ha sido suplido por un polo
de deambula por las calles de verano,
aferrándose a las sonrisas de sol.
156

A VECES LA NOCHE SE ABRE Y ME
DESPIERTA...
... ME CALCINA A LA LUZ DE TU NOMBRE
al fondo de sus manos
bajo la soledad la soledad ahora
ISABEL TEJADA BALSAS

no me pertenece
escucho algo dentro de mí que
alberga alas
no estás y aún así
va arraigando en mí todo aquello que
los cuerpos forman
se llena mi cuerpo con tu cuerpo
se va llenando
como si estuvieras
penetrándome
como quien penetra en la sombra
de un bosque
hecho a la medida de alimañas
bichos tristes
y no tiene miedo.
157

NO ES LA LUZ...
... SINO LOS BESOS QUE SE PUDRIERON EN LA NOCHE
los que van encendiendo la mañana
labios que destruyó el aire
fuimos ese pájaro que revolotea
su sombra
por los charcos
hojas secas que caen y hacen las calles
una llama que envejece
nos llamamos nos contamos las cosas
que nos pasan
la vida por ahora
la distancia sólo nos ha dejado eso:
palabras
espero a que vuelvas
como un condenado en sus horas
más claras
mi cuerpo es un girasol siempre abierto
y se equivoca
mi corazón parece un ahogado
pero sólo es un cartón que arrastra
la corriente.
158

PARA NO CAER EN ESTE TIEMPO...
... QUE SE VA CUBRIENDO DE TELARAÑAS
para no conocer los abismos de la noche
que se posa
digo tu nombre con la boca sedienta
de tu nombre
me vengaré un día pienso
mientras quedas en el aire
cuando apago la última lámpara
y mi mano baja
como por azar
- lentamente conspira -
se entrega a este sexo
tristemente acostumbrado
a la distancia
si quisieras oír lo que me digo
en la almohada
cómo te asomas súbitamente
deslumbras mis ojos
con tu imagen alta
galopando mi garganta
como si fuera el lomo de un caballo
mi garganta llena de nada
una centésima antes
hueco en el que solías hundirte
como el sol
se hunde en el agua
159

nido en el que mi lengua empollaba
cálidamente
las horas severas que golpeaban
nuestras frentes
cielo en el que finalmente
despedías con temblor
líquidos ángeles con alas de paloma
que venían a llorar a mi ventana.
160

¿DESDE CUÁNDO HABÍA SIDO UN
PROBLEMA LA TEZ DEL MAR...
... O LA BRAVURA CALMA DEL HORIZONTE ?
¿Desde cuándo se nombró el mundo
como aquel cascabel anudado a la
ausencia?
¿Cómo hacer de la arquitectura de los
días un manual de estilo, una estación
atemporal? ¿Cómo no caminar hacia el
deshielo en pleno Ártico?
LOLA CRESPO

¿Cómo no saberse buque fantasma en
el corazón de la ola intacta que todo
lo arrasa?
Pero si Turner se abrazó a la tormenta,
¿cómo no sostener este timón desolado
que marca tu destino hacia el oleaje
que te enseña que el mejor epitafio
te lo escribirá el viento, que ya gime
cerca?
161

BIENAVENTURADOS LOS QUE RETAN...
... A LA TORMENTA , PORQUE DE ELLOS SERÁN
todos los miedos. Bienaventurados los
que se miden con el mar, porque de
ellos serán todos los naufragios.
Bienaventurados los que tienen hambre
y sed de límites, porque de ellos será
la zozobra de los días.
Bienaventurados los que aman, porque
ellos son la tierra prometida.
PRIMERO FUE EL RUIDO
Y LA ALERTA
y el sueño.
Y más sueño.
Y el mismo rumor haciéndose silencio.
162

GUIÓN ADAPTADO
E XTERIOR / DÍA :
en el paso de cebra los peatones
/ son fichas de ajedrez.
Interior / noche:
JOSÉ ÁNGEL CONDE

los ojos en carne viva
y el sueño que se resiste a ocupar
/ su trono.
Insomnio.
Exterior / noche:
el viento silba oberturas en las tuberías.
Raros rayos intentan alumbrar una luz
con la que sentirse presentes.
Hechos minúsculos y leves
que son el esqueleto invisible del mundo.
Coge trocitos de fantasía y pégalos
/ en esta realidad
para hacer que este puzzle merezca
/ de verdad la pena.
163

El metabolismo sincero de las palabras
surge espontáneo y acabado
como si le insuflara sangre
/ a sus venas de tinta
un dictado,
una voz irracional e incomprensible
fuera de todo espacio o tiempo,
transportada por cuervos mensajeros
/ cerebrales
que llegan desde Asgard,
atravesando la tormenta espacial
en el océano eterno de estrellas.
Inventas películas que,
de existir,
podrían ser alérgicas.
Podríamos no estar preparados.
164

TEORÍA DEL FOLIO SUCIO
D ESPUÉS DE VEINTE MINUTOS EL FOLIO ESTABA
acribillado. Se podía notar el tacto de
cicatrices originadas por la compulsión.
Todo lleno, todo sucio, ni rastro de
espacio sin explorar. No había llantos
por la violencia, sinceridad; el folio
no consiente la mentira, no tolera la
LAURA GARCÍA

estupidez, admite el error ahora nunca
una cobardía. ¿Miedo al folio en blanco?
CARICATURAS
B USCO MI FUTURO EN LOS ROSTROS DE TODAS LAS
mujeres. En cada una de ellas reconozco
un gesto, un hueso de mi cuerpo y una
165

forma de carácter. ¿Quién seré? Los
momentos del porvenir marcarán los
trazos, en el pasado no reconozco a
nadie. Hasta el último instante seguiré
buscándome.
LUNES ROJO
E L FINAL NO FUE TAN ATERRADOR , EL DESASTRE NO
aparecía pero las palabras describían
las consecuencias de un ataque
nuclear. Los cuerpos desintegrándose
por partes caían sobre los teclados y
papeles. La alarma del teléfono rojo
no paraba de sonar. Todo terminó en
un tren y hasta se oía música.
166

DOBLE CERO
E L ESPÍA HABÍA LLEGADO MUCHO ANTES QUE ELLA ,
pero fingió un convincente y razonable
retraso y esperó hasta que la mujer miró
dos veces su reloj. Por la experiencia,
pero sobre todo por la intuición, sabía
que nunca había que dejar lugar a
una tercera, porque ninguna mujer
solía pensar que un hombre mereciera
tanto la pena, así que dejó atrás el
frío nocturno de Viena y entró en el
restaurante. Se hizo ver enseguida
mientras el maître buscaba su reserva,
ENRQIUE TRENADO

mandaba recoger su abrigo y se decidía
finalmente a acompañarlo con una
amabilidad que rozaba el servilismo.
El espía, con la debida distancia
de cautela, se excusó antes de tan
siquiera amagar con sentarse, como era
debido, y para ello empleó el repertorio
adecuado y sabido de un modo que
167

en otras ocasiones podría resultar
mecánico, pero que en ese caso resultó
tan sincero como rápido su análisis.
La mujer lo puso fácil y se dejó adular
a conciencia, convencida también de
que esa noche estaba bellísima, y de
que el rojo granate del ceñido vestido
la hacía absolutamente deslumbrante y
no desmerecía para nada el color único
de sus ojos. Pronto los veinte minutos
de descuento no valieron nada y el
espía pudo sentirse lo suficientemente
cómodo como para tomar asiento sin
la presión de una compañía incómoda.
Una vez más, se había hecho al terreno.
La mujer preguntó su nombre, su
verdadero nombre, y no esa llamativa
cortina de humo con la que se habían
conocido y que él, con razón, juzgaba
irresistible. El espía mintió, como
168

siempre, pero por reflejo, casi sin
quererlo, porque no estaba seguro de
necesitar la mentira esa vez. Durante
años se había llamado Alec, Thomas,
Joseph, William, Paolo, Heinrich, Jean
Paul, y había sabido vivir perfectamente
bajo cada uno de ellos. Era el oficio, y
ella lo sabía, pero tendría que confiar.
David, pues, le dijo al espía, y a él ni
se le alteró el gesto al confirmarlo.
Al fin y al cabo el nombre de uno era
una trivialidad sin importancia, una
superchería en un mundo de secretos.
Era mucho más importante el vino,
especialmente si era bueno, y el espía
lo puso de relieve llevándose su copa
a los labios y pidiendo compañía con
un sutil y seductor movimiento de
cejas. La mujer aceptó la invitación
silenciosa, pero sentía que aún tenía
que cobrarse el tiempo de espera, y
se interesó más por él, sobre a qué se
169

dedicaba y qué hacía para ganarse la
vida. O perderla, apuntó con un pequeño
guiño. El espía habló lo que pudo de
viajes de negocios para una importante
compañía del mundo del ocio, pero ella
no le creyó. Lo intentó de nuevo con un
destacado puesto de ejecutivo en una
empresa textil británica; tampoco fue
bastante. La mujer, al fin y al cabo,
sabía ya de antemano demasiado. Al
final, en un acorralamiento consentido
y en cierto modo estimulante, tuvo que
reconocer su vida y su obra, aún de
un modo absolutamente críptico que a
ella aún pudiera fascinar, pero que no
pudiera del todo comprender. El espía
se inclinó apenas lo suficiente sobre
la mesa, la mujer hizo lo mismo, y
ambos quedaron más cerca, pero con
la distancia suficiente como para no
llamar la atención. El espía habló bajo,
casi en susurros, como si todo el resto
170

del restaurante fuera la utilería de una
inteligencia enemiga. He estado, dijo,
en Praga, en Varsovia y en Sofía. He
mercadeado con informaciones falsas
en Kiev y en Singapur, y durante un
tiempo pensé que nunca podría salir
de Budapest. He paseado de noche por
las sombras del Berlín de la izquierda
sin que me vieran los búhos de la Stasi.
Ella le observó con el pálido rostro
apoyado en la palma de una mano
y la atención lejos de la carta y las
preguntas del servicio. Le preguntó
si recordaba aquellos lugares, si
significaban algo para él más que un
trabajo en la oscuridad y el secreto. El
espía respondió que nunca olvidaba un
buen paseo. Ambos se echaron a reír
casi a la vez y, al fin, recordaron que
se habían citado para cenar.
171

A la mujer le llamó la atención que
él pidiera la carne muy poco hecha.
“Casi viva”, había dicho. Una cosa
llevó a la otra, y ella le preguntó si, en
ese constante recorrido de mundo que
era su trabajo, había matado alguna
vez a algún hombre. El espía cruzó
lentamente las manos sobre la mesa
y la miró fijamente, buscando miedo
o duda en los ojos de la fémina. Él
estaba muy acostumbrado a verlos,
conocía todos los matices del terror
y cada camino al que podía llevar la
duda, pero no encontró nada de eso
en las pupilas de la mujer, que le
esperaban con verdadera y ansiosa
curiosidad. Se quiso hacer esperar,
más por simple vanidad que por la
desconfianza que pudiera suscitarle la
pregunta, pero finalmente reconoció, sin
ninguna emoción o sombra de tormento
172

cruzándole el rostro, esa frívola faceta
de Parca que los tiempos y el trabajo le
obligaban a mantener. Sí, había cortado
muchos hilos a lo largo de los años, unas
veces con más deseo que otras. Trató
de justificarse. Era una guerra sucia y
silenciosa que nadie quería mantener,
pero que hombres como él tenían que
librar. Él no era un carnicero, ni mucho
menos un sicario tenido a sueldo por
alguna contrainteligencia. Tampoco un
torturador; si acaso, procuraba siempre
un trato humanitario alejado del dolor,
aunque ello no dependiera de sus
principios, en tanto que el sufrimiento
era ruidoso cuando era ajeno, y por
tanto un obstáculo que evitar. También
estaba seguro de que siempre había
matado a hombres peores que él, en la
moral y en la práctica. Estaba seguro de
que de un modo u otro estaba haciendo,
más que lo correcto, lo necesario,
173

y eso le ayudaba a poder dormir.
Eso y, tal vez, las mujeres. El espía
sonrió con elegante picardía, y ella le
devolvió el gesto con gracia rendida.
No. Nunca había visto a ninguno de
los otros durante el sueño. No podía
permitírselo, sencillamente. Significaría
que ya no era adecuado para su trabajo,
que empezaba a afectarle. Los hombres
como él tenían que ser hielo. Sin grietas.
La mujer asentía, mostrando una
adecuada comprensión. El espía estaba
seguro de que, como era costumbre,
aquello la fascinaba. Un oficio como
aquel en el que poco o nada se repetía
alguna vez, tan alejado de los focos, de
la prensa, tan proclive a la imaginación
exótica y a la fantasía, era algo
extraordinario para cualquier profano.
La mujer lo reconoció así, con toda la
174

humildad que podía exhibir sin hacer de
menos a su magnífico aspecto. Nunca
había conocido a un hombre que supiera
usar una pistola auténtica, dijo, pero no
podía evitar sentirse segura, cómoda
pese a todo, a salvo, porque aquello era
lo que buscaba cualquier mujer, más
tarde o más temprano. Hombría. Las
armas, aunque se negara, la fortalecían,
si no la daban directamente.
Porque tenía una pistola, ¿no? La mujer
hizo la pregunta mientras se fijaba en
los ojos caídos del espía, que bajó
la mirada apenas un segundo a la
izquierda de su chaqueta.
El espía, tras un primer bocado,
juzgó que la carne estaba realmente
agonizante, y pidió que transmitieran su
felicitación y agradecimiento al chef.
175

La mujer confesó que le sorprendía
la tranquilidad del espía, viviendo
constantemente en un mundo de lobos
y cazadores. ¿Había estado alguna vez
en el mismo filo de la muerte, cogido
de la mano de una muerte segura?
¿Era realmente consciente de que se
jugaba la vida, o vivía la vida como un
temerario demasiado confiado de su
vista y su suerte? Y la respuesta del
espía fue que sí, que por supuesto,
que su trabajo consistía en caminar
constantemente donde la navaja más
cortaba, pero que con el tiempo era
inevitable acostumbrarse a vivir bajo
un punto de mira anónimo. La mejor
expectativa, dijo, era saberse apuntado
en el momento adecuado. Él siempre
había sido más rápido, daba igual que por
algo menos que un segundo. Estaba allí,
y podía contarlo. Nada más importaba.
176

La mujer estuvo de acuerdo.
Siguieron comiendo, apenas
interrumpiéndose mutuamente con
frivolidades. Satisfechas al parecer las
primeras y más urgentes curiosidades
de la mujer, el espía estaba mucho
más dispuesto a satisfacer primero los
egos más vulnerables de ella, y tal vez
algo más allá de las vulnerabilidades,
después. Ella lo sabía porque era una
obviedad, y se dejó agasajar de nuevo
sin el molesto convencionalismo de la
humildad. Sencillamente, sobraba entre
ellos. Él era elegante, apuesto, con
la hombría necesaria para despistar
el inexorable paso de la edad y la
característica flema británica por
la que se sabía único. Ella, joven,
177

hermosa y con un dulce y tentador
acento germano muy poco usual en las
artes de la seducción. El espía, que
alzó su copa en busca de un brindis,
supo entonces que tenía muy poco que
temer esa noche, que se había ganado
el reposo, el ocio y la dama, a la que
sabía ya totalmente a su merced, sin
que hubiera hecho nada por resistir
sus armas y encantos. El territorio,
afanosamente peinado durante horas
de vigilancia y contactos, le pertenecía
por completo. No habría guerra fría
esa noche entre sus sábanas por
mucho que el invierno se recrudeciera
ahí fuera. Todo esto lo sabía el espía,
que encontró la manera idónea de
expresarlo con su característico y
sutil movimiento de cejas y su mirada
178

penetrante al tiempo que el cristal de
sus copas entrechocaba en el centro
de tan distinguido ambiente.
La mujer, por añadidura, sabía ya algo
más que él, como por ejemplo que el
espía guardaba su discreta pero no
imperceptible pistola Walther PPk en el
bolsillo interior derecho de la elegante
chaqueta negra, cuánto podría tardar
en alcanzarla y, lo más importante, que
ignoraba algunos aspectos importantes.
Que en realidad se llamaba Irina y no
179

Magda, que esperaba llamadas del
Centro en Moscú y no de su presunto y
solo teórico chófer bávaro, y que ella
guardaba su propia pistola en un pequeño
bolso que el espía, demasiado distraído
por el magnífico vestido granate, la
arrebatadora sombra de ojos de ella y
su incontestable victoria, aún no sabía
que existía, y en el que seguramente,
demasiado ebrio de poder, tampoco
repararía cuando salieran juntos tras
la cena a las frías calles de Viena.
180

CADENA DE FAVORES
S IEMPRE ME REPLANTEO MI VIDA
En cuanto paso
Más de dos minutos seguidos
Sentada en la taza del váter
Por ejemplo
Me pregunto qué estará haciendo
Ahora y dónde
Y con quién
El próximo hombre
BALLERINA VARGAS

Que me amará
Si es consciente de la suerte
Que supone dar con una
Como yo
Que no hará del baño
Su trinchera inexpugnable
Que no lo obligará a acompañarla
De compras ni a bodas
Que no sacará jamás una entrada
Para la última comedia romántica
Que nunca le preguntará
181

En qué piensa porque sabe
Por experiencia
Que esa pregunta
La carga el diablo
Y siempre es mentira
La respuesta
Que prefiere una partida de Play
A una sesión de spa
Y los únicos brillos que le interesan
Son los de unos ojos mudos
en los suyos
Que detesta hablar en plural
constantemente
Y odia los chiquis los caris
Y a duras penas soporta
Las reuniones de su propio clan
Y siempre
Aunque quede enterrada
Hasta las cejas en mierda
Pone al otro primero
Que cocina y come
Que limpia y se lava
Con regularidad
Está claro
170

Pienso mientras me enciendo uno
Y doy una calada
porque la cosa se alarga
Que soy un chollo
Si no fuera por lo otro
claro
Me pregunto si el próximo
Hombre que me amará
Sabrá que haré de él
Un depravado
Un puto necrófilo que nunca
Verá su amor
Correspondido
183

Que le va a tocar sufrir
Morir tal vez
como yo lo hice
Por dentro
Y me pregunto
por seguir filosofando
Si quedará prendida de mi falda su alma
Como la mía anda colgando todavía
En el hueco apresurado
Que tuve que dejar aquella noche
mientras me ignorabas
y sonreías a la pantalla
En tu armario.
184

RAZÓN PARA OBRAR
S I SE PIENSA
que no tengo
hijos a mi cargo
ni al de nadie
y si se piensa asimismo
que
como Adrienne Rich
escribió en un poema
DAVID GONZÁLEZ

soy un hombre
de muchos corazones
creo
y lo creo de verdad
que solo mi propia vida es
la única causa
justa o injusta
por la que merece la pena
luchar
e incluso
si me apuras
morir:
LOS INTRUSOS SON BIENVENIDOS
S I ALGUIEN
tú por ejemplo
me fotografiara
ahora mismo
miércoles
ocho menos diez
en esta cantina
de mala muerte
la imagen revelaría
acodado en la barra
a un poeta maldito
al que un montón
de altos
y fríos taburetes
rinde culto:
186

DEJÉ DE IR A MISA
CUANDO SUPE QUE MI HOGAR ERA UN TEMPLO :
no ortodoxo y de larga lengua venenosa.
Aquí seguidamente se dice mucho
al elegir la ropa para ir a trabajar
y cuando pagamos las deudas.
Nos quejamos,
pero nada que al más próximo ofenda.
La saliva sale benignamente
para dormir las ocho horas necesarias.
APRENDÍ LAS PLEGARIAS
CON TOS , FIEBRE Y LÁTIGO
como quien se cura una herida
ROMINA CAZÓN

/ con su mano rota,
pero nunca me quejé de Cristo
en una mesa o cama.
Hice el amor y bebí reiteradas veces
con la sospecha que ese hombre noble
aún muerto ponía sus ojos en mi frente.
Por eso nunca perdí la fe,
sólo me olvidé de sus altares
/ exageradamente lujosos
que en este momento putearía
/ en voz alta,
Pero no, misericordiosa es mi saliva.
187

OH, CRISTO, SÁNAME MIENTRAS PUEDAS
LE HUBIERA DICHO SI ESTUVIERA EN MI MESA .
Sana esta necesidad de ir
/ hacia adelante
apoyada en un hilo.
Sana la dirección de mis piernas
que insisten en llevarme a las vías
/ del tren.
ANOCHE DESPERTÉ
NO SÓLO EN LOS MUSLOS DE MI AMANTE .
Desperté con la idea
de romper con mi herencia.
Nacerme de nuevo
de ninguna vagina
o madre que me reclame.
Hacerme yo misma
pero con otras nalgas
y otra voz.
UN NOMBRE QUE NO FUSIONE LA PALABRA
DESVELO SINO QUE DESVELE MI CUERPO
abierto en una cama
y más tarde, su cansancio.
188

manifiesto maternalista
‘’A todos amo con un amor de mujer, de madre,
/ de hermana,
con un amor que es más grande que yo toda,
que me supera y me envuelve como un océano...’’
G ioconda B elli
Y o quiero ser madre
del hijo ensangrentado
/ y entre escombros,
del cosido a balazos; de la lágrima seca,
del grito que arranca el dolor
/ y el desamparo;
Sensi Budia

de la anciana que muere y se derrama
/ en la silla
de ruedas desgastadas; de la sangre
/ y los miembros
esparcidos por las grietas del suelo,
de la ropa a retazos
/ − jirones del silencio −.
Yo quiero ser madre
del que grita – o ya flota − bajo
/ la superficie
189

del mar; sobre la tierra, sea barro o asfalto.
Antes de enterrarlo bajo mis párpados
o parir a más muertos inocentes,
quiero nacer socorro, acallar los gemidos
de todos nuestros hijos y todas
/ nuestras hijas
con el infinito de la palma de mi mano.
Quiero besar en la frente
/ y la muda garganta
del útero tullido; quiero lamer la pena
del vientre vacío con mi lengua rota;
/ ¡quiero
arrancar de cuajo este muñón llamado
/ Guerra!
190

VIRGINIDAD
L A PRIMERA VEZ QUE ME PROPUSE PERDER LA
virginidad fue en verano y recuerdo
que leía a Yukio Mishima. Por supuesto
no lo conseguí. Veamos alguna versión
de los hechos. En la terraza de los
apartamentos en los que trabajaba en
Fuengirola me propuse asaltar a una
de las camareras de piso de un modo
inesperado. Me hubiese podido pegar
con una de las botellas de cerveza que
estaba recogiendo, pero le bastó con
mirarme en el momento en el que me
ANTONIO BÁEZ

dirigía hacia ella. Me daba vergüenza
pensar que sería de los pocos chavales
dedicados aquel verano a la hostelería
que nunca se habían acostado con una
mujer. Por las tardes desde la terraza,
en la que se había frustrado mi fantasía
amatoria, divisaba melancólico un
horizonte surcado de hidropedales
con mujeres que se entregaban en
191

su duermevela a las caricias de Febo
Apolo. Luego remataba mis faenas y
regresaba en tren a casa, leyendo.
Aprendí mucho ese verano y el siguiente.
En realidad las picardías y los trucos
de los hosteleros más bribones de la
Costa del Sol. Lo que más les importaba
era sacar tajada. Para mí aquel era un
trabajo con el que costearme el curso.
Tenía mucho tiempo para leer porque
por una serie de circunstancias de
índole picaresca acabé sentado tras
un mostrador que funcionaba como
conserjería. En uno de los cuentos de
mi primer libro, plagado de erratas,
hice que esa camarera con la que no
perdí la virginidad me sedujera en la
terraza del último piso, a pleno sol del
mediodía. Me resulta imposible, eso sí,
recordar su nombre, pero he retenido
en la mente con todo detalle su rostro
192

no demasiado agraciado y picado con
marcas y hoyitos de la viruela. En
mi segundo libro de cuentos, que es
prácticamente un plagio del primero y
que no consiguió librarse de las erratas,
sólo tuve que jugar con la introducción
de algunos adverbios para contar lo
contrario: que ante la propuesta explícita
de la camarera para convertirme en
un hombre experimentado, yo metí la
cabeza en el libro de un escritor japonés
que se atravesó las tripas ritualmente.
PESADILLA

L A CÁLIDA PANTUFLA INVERNAL AL PIE DE LA
cama se convertía en un huidizo reptil
cuando por la mañana me la intentaba
calzar medio dormido. Siempre esperaba
encontrar dentro de los zapatos un nido
de bichos asquerosos que se rompían
193

al ser aplastados por mis pies. Y me
sigue ocurriendo, si me levanto por
la noche temo chocar en la oscuridad
con alguien de trapo, que ya murió.
194

LA GRAN ACTRIZ
S OBRE EL ESCENARIO LA GRAN ACTRIZ .
Delante de ella su público expectante.
La artista, consagrada en la materia,
gesticula, chilla, llora, infla el pecho
/ y suspira.
Cada gesto exactamente calculado.
Cada movimiento en su justa medida.
Nada escapa de su control
Han dicho que nadie puede superar
/ su técnica.
De repente su rostro pierde el color
y suavemente cae desmayada sobre
/ las tablas.
ROSA SILVERIO

El público la observa con la boca abierta
y le rinde una estruendosa ovación
que retumba en el teatro.
Entre aplausos, bravos y pitidos
la gran actriz ha vuelto a triunfar.
EXTIENDO LA MIRADA HACIA EL MUNDO
Y ALLÍ LO VEO :
apretujado en su gran pecera humana.
Agua negra, arrecife silencioso,
bocas tiesas después del último rezo.
195

La felicidad es un largo puente sobre
/ la tierra
y aquí abajo
solo hay una branquia cerrada,
un gran nudo humano que ya
/ no puede deshacerse.
El sol brilla con un ímpetu extraordinario,
promete un nuevo futuro.
No importa que aquí habite la sequía.
Los muertos ya no cuentan.
ESTA MANCHA NO DESAPARECE.
E L DETERGENTE QUE ESCASEA EN ESTOS TIEMPOS
no hay ni siquiera para lavar las manos
hasta el agua de la cañería
/ se ha detenido
¿Quién puede con esta mancha
/ maloliente?
Salgo a la calle a trabajar como todos
en jornadas de ocho o doce horas
amaso el pan, le doy la vuelta
/ al calendario
me visto con impecables tejidos
pero debajo de la ropa, más allá
/ de la piel
hay un cráter a punto de estallar
un huracán violento que cada día
/ me azota
196

una sombra oscura y deforme
un pequeño fantasma tatuado
/ en lo más hondo.
Sí, ya me lo dijeron,
de nada valen los baños en el río
así que hoy probaré un nuevo método:
he venido a la lavandería para arrojarme
en una de sus máquinas.
Una pena que de nada haya servido:
después de un par de vueltas
la lavadora se detuvo.
SILENCIO
R ECORRO EL SILENCIO
lo palpo
construyo una casa sobre sus hombros
escalo sus inmensas colinas
ruedo cuesta abajo.
197

Miento cada vez más
y soy exacta en la mentira.
La mudez despliega sus garras
y ya no hay voz ni llanto ni palabra.
Siento el peso obligatorio de la piedra
el amor que se escapa
el silencio que camino, el que macero
el hundimiento del barco de la infancia
el repudio de mí misma.
Para sobrevivir al mal
me refugio en la locura
y cedo la palabra.
198

TUTORIAL
M IRA ALREDEDOR .
Pulsa A para saltar.
Pulsa X para agacharte.
Camina. Consigue un arma. No la
sueltes nunca.
Lo único que jamás verás de ti mismo
FRANCISCO D. MURILLO

es tu mano empuñando un arma.
Lo único que podrás cambiar de ti
mismo será tu arma.
Si te pierdes, pide ayuda.
Habrá un mapa y un sendero de luz
que señale tus objetivos.
Tienes que despejar la zona
para poder avanzar.
Tienes que matarlos a todos para
poder avanzar.
Ganarás experiencia, fuerza, y
habilidades si los matas.
Podrás saquear los cadáveres si los
matas.
199

Desbloquearás misiones adicionales
si los matas.
Salvarás vidas si los matas.
Conseguirás monedas.
Podrás comprar armas nuevas.
Habrá minijuegos, sorpresas,
pequeñas distracciones.
También puedes pasar sin que te
vean.
Si te ven, tendrás que matarlos a
todos para poder avanzar.
MULTIPLAYER
P UEDES USAR UN SKIN . E LIGE CÓMO TE VERÁN
LOS DEMÁS JUGADORES .
Se te asignará un equipo de forma
aleatoria.
Elimina a tus rivales o captura su
bandera.
Busca terreno alto y un rifle de
francotirador.
200

Elige un lugar donde nadie te vea y
espera.
No pasa nadie.
Espera.
O corre.
Corre y dispara.
Hay camperos esperando a que
cruces el puente.
No uses el puente. Salta. Agáchate.
Describe patrones erráticos.
Que nadie sepa cómo lo haces.
Si te alcanzan, tus compañeros
podrán ayudarte.
Ahora juegas con personas de verdad.
Te han dado. No sabes quién.
No han venido a reanimarte. No han
podido.
Los rivales hacen trampas. Puto lag.
Cuando aparezcas de nuevo, corre a
la batalla.
Trata de recordar cuál es tu equipo.
Cambia de skin.
Elige cómo te verán los demás
jugadores.
202

CUANDO LA MUERTE NOS SONRIÓ
E L MISMO INSTANTE EN EL QUE LA BALA TRASPASÓ
mi corazón, la muerte me susurró al oído
tu nombre a modo de último deseo.
Desde ese momento, la claridad
se apoderó de mi alma, cegando la
oscuridad en la que había vivido,
estrangulando toda mi felicidad por un
simple desliz
PABLO DÍAZ GÓNZÁLEZ

Y es que vivir sin ti es menos vida que
morir escuchando el susurro de tu voz.
Cabalgué por mares y montañas a
lomos de mi felicidad, la cual supiste
proporcionarme hasta el fin de mis
días; hasta que el nada se convirtió
en un suspiro de alivio y el todo quiso
venir en nuestro auxilio.
Te encontré sentada en nuestra cama,
203

esperando mi llegada ansiosa, delicada,
solícita... Y en ese momento te hice tan
mía que el cielo y la tierra secuestraron
el tiempo para poder seguir gozando
de nuestra unión.
Tras ese día, la luna y el sol se disputaron
nuestra presencia ofreciéndonos mil y
un manjares de los cuales probamos
muchos, deshaciéndonos de todos.
Para mí tu mirada era el mundo, tu sonrisa
el sol y tus blancos y dulces pies la luna.
Ya no había nada que se convirtiese
en un azote de nuestros miedos porque
habíamos vencido a todo buscando
la eternidad y olvidándonos de la
inmortalidad.
Porque la muerte nos sonrió a su llegada;
porque nosotros también le sonreímos
a ella...
204

GEOGRAFÍA DESCONOCIDA
Q UIERO ESCUCHAR TODO LO QUE ESCUCHAN
/ TUS TÍMPANOS
aborrecer los acentos que aborreces
/ a veces.
A hurtadillas,
adivinar que marca de leche compras
deletrear el deseo que te cubre la nuca.
FRANCISCO JIMÉNEZ

Quisiera leer tu periódico del lunes
y oler tu café de las 8:30.
Besar las sábanas que te tejen los sentidos
y escuchar la emisora que eliges
cuando conduces.
Caminar como lo hacen tus pies
horizontales
quién sabe hacia qué norte.
Saber qué dices cuando llega el
medio día
y miras el telediario
y otra guerra
y nuevas curas.
205

Quiero sin que lo sepas,
sentir la lluvia que te cae en el labio
entender el lunar que se anuncia
/ en tu espalda
y sin permiso beberme de tu vaso
tu pensamiento
tu ideología
tu dios.
JUEGO DE DOS
Jugamos con los hilos del corazón.
Yo desenredo
tú enredas.
Mi pulso acaba la madejilla de tu sangre
se detiene tu sístole
con bocanadas de mi nombre.
Jugamos con los hilos
en desbaratados latidos.
Te tejo,
me destejes
desangramos….
206

FOTOGRAFÍAS DE TIEMPO
Á LBUMES DE FOTOS DEL TIEMPO EN LA MENTE .
Fotos imborrables a pesar de
/ los elementos.
Pasando las hojas de los ayeres vividos.
Intentando detener el correr de
/ las horas y los días.
Huyendo del tiempo presente con
/ grandes zancadas hacia atrás.
Rememorando las fotos de
/ los instantes vividos.
Cada feliz sonrisa infantil.
Celebrando cada pequeño logro
/ imperceptible a los demás.
Repasando cada corazón amado
JAVIER GARCÍA

/ y perdido.
Días de sol, paredes empapeladas,
/ castillos en la playa.
Emociones de papel brindadas por Forum.
Imaginaciones encendidas
Estallidos de júbilo explotando a la
/ vez que las palomitas de maíz
/ de la máquina del Simago.
Sorpresas en un sobre de cartón a
/ cincuenta pesetas del viejo quiosco
/ Serafina.
207

Robustas y tiernas voces paternas
/ que reconfortan en los pequeños
/ malos momentos.
Tardes de pan con margarina y azúcar.
Juegos en columpios chirriantes,
/ y suelos de arena y grava.
Imágenes bien retratadas en
/ los álbumes del corazón.
Atesorados con el cariño de los días
/ inocentes.
El vivir de cada día, una aventura tan
/ efervescente y sorpresiva como
/ aquel primer Petazetas.
Nítidas fotos de tiempo, de vida,
/ que nunca dejamos de mirar.
Fotos que son nuestro propio retrato.
El rastro de nuestro paso por el mundo.
Huellas de los primeros pasos
/ de nuestro caminar.
Álbumes que aunque no podamos
/ enseñar, podemos compartir.
208

SINIESTRA URBE
A UTOMÓVILES QUE SON TRAMPAS MORTALES .
Estaciones-emboscada, cualquier
espera al próximo tren
puede ser la última. Puertas que
ocultan oscuros acechadores,
excitados con la idea de violar vidas
ajenas. Ascensores en los que se
libran luchas a vida o muerte…
En la ciudad el único dios existente
es el azar, nadie sabe quien será el
próximo en caer. El amor no
puede librarte de tu propio destino, si el
caprichoso dios azar quiere divertirse.
La ciudad, la gran bestia informe que
no puede ser domesticada. Sin previo
aviso puede morder con
fiereza y mutilar una vida por
siempre, marcando el territorio con
sangre y almas derramadas.
209

DESMEMORIAS DE UN HOMBRE PEZ
A GUA , QUE RODEA POR TODAS LAS PARTES DE SU MENTE .
Mente que solo recuerda bien lo que
vive en el momento.
Los recuerdos arrastrados por la
corriente. Ideas diluídas al poco de
haber nacido.
Nombres y rostros hundiéndose,
ahogándose en su cabeza para no
poder emerger nunca más.
Lo único que flotaba en la superficie
del agua que no cesaba de fluir era
la consciencia de quien era,
no de quien había sido.
Memorias de una vida disolviéndose
entre las aguas.
Corazón herido y curado sin saberlo,
sin recordar cómo.
Vida volcada al presente, en la que
el futuro no inquieta y el pasado no
pesa, no existe.
Existencia sumergida en aguas de
olvido, con los recuerdos felices
borrados, pero sin el peso del
arrepentimiento.
210

LA INVASIÓN DE LOS VAMPIROS
VENGADORES
A LAS TRES EN PUNTO EL COCHE DE D ON H AROLD
se detuvo en la calle. La calle estaba
desierta y silenciosa y el coche se paró
de pronto. El motor dejó de funcionar y el
coche avanzó unos metros, cada vez más
lentamente, hasta detenerse. Don Harold
ordenó a su chofer y guardaespaldas
que arrancara el coche. La noche era
oscura. El chofer y guardaespaldas
ALFONSO VILA FRANCÉS

quiso bajar del coche para inspeccionar
el motor y comprobó que su puerta no
se abría. Algo bloqueaba el mecanismo
de apertura. Entonces apareció el
motorista. Surgió del fondo de la noche.
Primero se escuchó el ruido de una
moto. Luego vieron venir hacia ellos
una luz oscilante. Avanzaba velozmente
por la calle desierta al tiempo que las
farolas se apagaban a su paso, un
a una. Don Harold no era un hombre
211

fácilmente impresionable. Había estado
en la cárcel y había matado a cinco
hombres. Ahora era uno de los jefes del
hampa local y no dudo que el motorista
venía a por él. Instintivamente sacó su
pistola pero no disparó. No se dispara
a través de un cristal blindado. A unos
cien metros del coche la moto se detuvo
inesperadamente. El motorista bajó y
empezó a andar lentamente hacia ellos.
La calle se iba quedando a oscuras. Don
Harold dio una última instrucción a su
chofer y guardaespaldas: “Espera que
él dispare”. Eso era lo lógico. Esperar
que el motorista vaciara estúpidamente
su cargador contra el cristal blindado y
luego matarlo de un tiro, sin molestarse
ni en salir del coche. Pero las cosas
no sucedieron de ese modo. De pronto,
la puerta del conductor se abrió y el
conductor desapareció de su vista.
Todo fue tan rápido que el conductor
no tuvo tiempo de gritar. Por primera y
212

última vez en su vida, Don Harold perdió
los nervios. Apretó el gatillo, pero la
pistola no disparó. Estaba atascada.
El motorista se acercó a su ventana.
Vestía completamente de cuero negro
y llevaba un casco negro. Don Harold
trató entonces de escabullirse por el
lado contrario. Se deslizó con sigilo,
pero no pudo salir del coche. Todas
las puertas estaban bloqueadas.
Desesperado, empezó a golpear con
la culata contra el cristal. El miedo le
impedía sentir vergüenza de sí mismo.
Es imposible romper una ventana
blindada con la culata de una pistola.
Lo último que vio Don Harold fue una
mano increíblemente blanca y fuerte
que lo sacó del coche y lo lanzó contra
el suelo. No pudo entender, no podía
213

saber que aquella noche empezaba la
invasión de los vampiros vengadores.
El motorista volvió a su moto y las
farolas se encendieron una a una.
214

TARDE DE TRABAJO Y EVASIÓN EN
NUEVA YORK
H AY UN PARQUE EN N UEVA Y ORK DONDE
me gusta ir a sentarme las tardes
/ de sol.
No es un parque muy grande
/ ni muy concurrido.
Me gusta mirar a las personas
que pasean a sus perros y los niños
/ que juegan
en los columpios y toboganes.
Estoy allí un rato sin pensar en nada
hasta que algún grito súbito,
/ algún ruido fuerte
me recuerdan que yo no tenía
/ que estar allí,
que estoy usurpando el lugar de otro,
que alguien estará en estos
/ momentos en mi oficina,
atado de pies y manos a mi mesa
/ de despacho
maldiciendo su suerte y pensando
que él no tendría que estar allí,
que alguien ha usurpado su vida,
que yo no tengo ningún derecho a estar
en este parque de Nueva York,
ni a escribir sobre él.
O sí.
215

PORNO CODIFICADO (EN COMPAÑÍA)
B OLAÑO ES MUY DURO .
Si lo lees en abierto es mejor andar
/ con cuidado
si hay perros o gatos por la casa.
De Lope es más suave.
Pero hay planos que se te pueden
/ atragantar
si los quieres leer de un tirón.
Lo mejor es pasar las páginas
con el mando a distancia
mientras la otra mano
pulsa los códigos de tu caja fuerte.
ÚLTIMA ESPERANZA
A QUEL PREMIO ERA MI ÚLTIMA ESPERANZA
y un colega novato me lo ha arrebatado.
Creo que no puse suficiente ahínco
en desprestigiar al jurado.
Les llamé analfabetos e ignorantes
y eso me colocó en buena posición.
Pero erré en el insulto final…
Sólo a mí se me podía haber ocurrido
llamarles trasnochados.
216

LA TRAICIÓN
A L PRINCIPIO
yo no quería ser Blas de Otero.
Quería ser
Jeanloup Sieff.
Quería ser el amante de Bárbara
en el Valle de la Muerte.
Quería que todos envidiaran ese sofá
/ de París
que yo realmente nunca tuve.
Fue después, con el tiempo,
cuando descubrí que el bolígrafo
era mejor arma que la cámara.
Pues la cámara,
siendo una buena arma defensiva,
te obligaba a situarte cerca,
demasiado cerca,
de tu enemigo;
mientras que el bolígrafo,
siendo también una buena
/ arma defensiva,
te permitía el ataque a larga distancia.
Entonces fue cuando me decidí a ser
definitivamente Blas de Otero.
Y luché.
Luché y me defendí encarnizadamente.
Hasta que un buen día,
destrozado y herido
217

comprendí que tal vez había llegado la hora
de firmar una tregua.
(No la tregua definitiva, por supuesto,
no vayáis a pensar que creía que el peligro
había desaparecido).
Lo cierto es que la tregua se fue alargando
(muy a mi pesar).
Y así, al final
comprendí que mi destino no era ser
/ Blas de Otero.
Ni tampoco Jeanloup Sieff.
Pero que, curiosamente,
tampoco podía ser yo mismo.
No mientras las palabras de Blas de Otero
y las imágenes de Jeanloup Sieff
continuaran peleándose por mí
/ en mitad de la calle
como dos viejas putas por un triste cliente.
De modo que decidí matarlos a ambos.
Y lo hice.
Ahogué al pobre Blas entre pechos
/ barbudos
y nalgas caníbales.
Y crucifiqué al arrogante Jeanloup
entre modestos portafolios y
/ sumisos diccionarios.
Aún hoy me cuesta aceptar la traición.
220

SOBRE LOS AUTORES
ANA PATRICIA MOYA (CÓRDOBA, 1982)
Estudió Relaciones Laborales y es Licenciada en
Humanidades por la Universidad de Córdoba. Actualmente,
dirige Editorial Groenlandia. Ha publicado recientemente
“Píldoras de papel” (Huerga & Fierro Editores). Ha sido
traducida parcialmente a varios idiomas.
ÁNGEL SILVELO (ÁVILA, 1964)
Funcionario de carrera del Cuerpo de Gestión de
Administración Civil del Estado. Autor de las novelas
“Fragmentos” (URJC, 2001), “Dejando pasar el tiempo”
(Editorial Vision Net Editores, 2012), “Los últimos
pasos de John Keats”, “Fanny Brawne, la belle dame
de Hampstead” (ambos en Editorial Playa de Akaba) y
del libro de microrrelatos “Luces detrás de ti”. Algunos
de sus relatos cortos han sido publicados en varias
antologías. Ha obtenido diversos premios por sus textos.
Colabora en diferentes espacios literarios de la red.
CELIA MUNERA (VALENCIA, 1993)
Enfermera y poeta. Autora de “Urbana”, “Pólvora sin humo”
y “La chica de los lunares” (poemarios). Actualmente,
reside en Madrid. Nota: Todos los poemas publicados
pertenecen a su obra “Urbana”.
GABRIEL NOGUERA (GOTEMBURGO, 1978)
Licenciado en Filosofía por la Universidad de Málaga.
Guionista del cómic “Órbita 76” (Dibbuks, 2013; premio
Desencaja Cómic, 2012) y autor de los libros “Historia de
la literatura secreta” (relatos; Ediciones En Huida) y “Fuera
de trama” (novela; Berenice, 2015; Premio Desencaja de
Narrativa). Ha ganado diversos premios literarios (primer
premio en IV Concurso “Jóvenes & Creativos”, modalidad
relato breve, 2008; segundo premio del IX Certamen de
Declaraciones de amor “Dime que me quieres”, 2009;
221

primer premio del XXIII Concurso “Relatos de la mar”;
primer premio y menciones especiales en narrativa
breve de “MálagaCrea”; seleccionado por el jurado del
XX Premio UNED de Narración Breve, 2009). Nota: el
relato publicado pertenece a su libro “Historia de la
literatura secreta”.
MANUEL MOLINA (ZUBIA, GRANADA)
Ávido lector, poeta y periodista. Estudió en la
Complutense de Madrid y participó en la publicación
“Colaboraciones solidarias” (revista mensual de temas
sociales). Actualmente, reside en Rumanía.
ROSARIO TRONCOSO (CÁDIZ, 1978)
Profesora de Lengua Castellana y Literatura, Master
en Periodismo y Gestión Cultural. Editora de la revista
cultural y literaria “El ático de los gatos”. Articulista en
prensa escrita y medios digitales. Colaboradora eventual
de diversos medios de comunicación. Autora de los
poemarios “Huir de los domingos”, “Delirios y mareas”
(Publicaciones del Sur, 2008), “Juguetes de Dios” (CVA
Ediciones, 2009), “El eje imaginario” (Ediciones en Huida,
2012) y “Fondo de armario” (Los libros de Umsaloua,
2013). Sus poemas aparecen en numerosas antologías
y trabajos colectivos.
JUAN CRUZ LÓPEZ (ESPELUY, JAÉN, 1979)
Licenciado en Humanidades y en Antropología Social
y Cultural. Profesional de la gestión documental en
archivos históricos. Autor de “Cuento y aparte” (Premio
del Instituto de la Juventud de España para jóvenes
narradores, 2009), “Cincuenta pasos para dar el salto”
(Premio Andalucía Joven de narrativa, Berenice, 2008),
“El club de los poetas hiperviolentos” (Piedra Papel
Libros, 2016) y el poemario “El nombre de los hombres”
(Baile del Sol, 2016). Sus poemas y relatos aparecen en
222

diferentes publicaciones (“La hamaca de lona”, “Abril”,
“Narrativas”, etc). Director de Piedra Papel Libros Editorial
y del fanzine “Cotarro”.
MARIAN RAMÉNTOL (BARCELONA, 1966)
Poeta, traductora y directora de la revista cultural “La
Náusea”. Ha trabajado con músicos experimentales en
múltiples recitales y performances. Ha traducido a poetas
contemporáneos italianos al catalán y al castellano.
Ha publicado catorce poemarios y ha sido incluida
en catorce antologías. Ha sido premiada en diversos
concursos nacionales e internacionales, y su obra ha
sido ampliamente difundida en revistas especializadas
donde ha publicado poesía, ensayo y artículos de opinión.
Ha sido traducida al inglés, alemán, italiano, rumano,
armenio, portugués, búlgaro y estonio, y ha prologado
varios libros de poesía.
BEATRIZ PÉREZ SÁNCHEZ (BARCELONA, 1974)
Licenciada en Pedagogía y Diplomada en Educación
Social por la Universidad de Barcelona. Formada en
técnicas de expresión y movimiento, compagina su
labor profesional como cofundadora de una entidad
de Servicios Sociales. Ha colaborado en las revistas
“Poesía Digital”, “La Nausea 2000”, entre otras. Autora
de “De perfiles, vértices, planetas, cuerpos, árboles y
escenarios y Numb, la espera sostenida” (2016). Finalista
del Premio de Poesía Luis Cernuda.
MICHELE MIMMO (FOGGIA, ITALIA)
Enfermero (graduado en la Escuela Policlínica de
Enfermería de Milán) y periodista (licenciado en
Comunicación Social por la Universidad de Managua).
Actualmente, ejerce como profesor de italiano. Autor de
los poemarios “Pasos”, “Inventario vertical” y del libro
de prosa “Como espigas de trigo”. Responsable del
panfleto literario “Deshonoris Causa”.
223

TOMÁS SOLER BORJA (ÁGUILAS, MURCIA, 1973)
Vividor con una amplia experiencia en esto de estar vivo.
A ratos escribe y a ratos lee. No duerme demasiado. Autor
de “Papel, lápiz y soledad” (Editorial Groenlandia, 2014)
y “Un día en las carreras” (Versátiles Editorial, 2017).
JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ (BARCELONA, 1967)
Autor de los libros de poemas “El ruido de los
cuerpos al caer” (Groenlandia, 2010), “Alguien tiene
que limpiar la mierda” (Ediciones Raro, 2013) y
“Cuaderno de veredas” (Piedra Papel Libros, 2016).
JUAN GARCÍA LÓPEZ (CAMBIL, JAÉN, 1979)
Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de
Granada. Ha obtenido diversos premios literarios por
sus textos poéticos.
JAVIER ÚBEDA IBÁÑEZ (TERUEL, 1952)
Autor de “Senderos de palabras” (relatos breves, poesía).
Ha publicado numerosos artículos de opinión, tanto
en prensa digital como en prensa escrita, así como
numerosas reseñas literarias, relatos cortos y poemas en
diversas publicaciones (“Horizonte de Letras”, “Fábula”,
“Almiar”, “Letralia”, “Letras”, “Letras en el andén”, “Letras
Uruguay”, “Palabras diversas”, “Narrador”, “Luke”, etc).
ANTONIO CRUZ (ALMERÍA, 1978)
Poeta y traductor. Diplomado en Magisterio por la
Universidad de Almería. Ha publicado los poemarios
“Grecia: guía de viaje para poetas y antipoetas”
(Premio del II Concurso de Poesía de la editorial Letras
Cascabeleras), “Hay una luz remota” y “Poemas apócrifos:
los hijos malditos de Job” (ambos en Ravenswood Books
Editorial), así como libros de relatos.
SILVIA PASTRANA (BUEN0S AIRES, ARGENTINA, 1952)
Profesora y periodista. Ha publicado varios libros y
224

plaquettes de poesía. Sus textos han sido recopilados
en antologías, diarios nacionales y extranjeros. Ha
obtenido distintos premios literarios por su obra poética.
Vicepresidenta de la Asociación de Poetas Argentinos
y miembro colaborador de la revista de poesía “La
Guillotina”.
ÁNGEL RODRÍGUEZ (JAÉN, 1982)
Autor de los poemarios “Poesía para perdedores”
(Monosabio) y “Nombres escritos en las cortezas de los
árboles” (Siltolá). Ha colaborado con sus poemas en
“La hamaca de lona” y es organizador del ciclo poético
“La caja de Lot”. Aparece en las antologías “Poetas de
Jaén”, “Puta poesía” (Luces de Gálibo), “Negra Flama”,
“Voces del extremo”, etc.
CRISTIAN ACEVEDO (BUENOS AIRES, ARGENTINA, 1979).
Narrador. Sus relatos aparecen en revistas culturales,
tales como “Revista Corónica”, “Revista Harmartia” y
“Cavea Cultural”. Ha obtenido diversos premios por sus
textos.
ADOLFO MARCHENA (VITORIA, 1967)
Poeta, narrador. Trabajó en diversos programas de radio.
Dirigió las revistas literarias “Amilamia”, “Factotum” y el
fanzine “Odaliana”. Autor de “Cartapacios de Lucerna”,
“Proteo: el yo posible”, “La reconstrucción de la memoria”,
“La musicalidad de los tejados” (poesía), “683 Planta
Neurología” (narrativa) y, de manera conjunta con el
también poeta Luis Amézaga, “La mitad de los cristales”
y “Poemas fundidos”. Ha sido incluido en distintas
antologías (“Relatario”, “Voces del extremo”, etc). Sus
textos aparecen en revistas literarias, electrónicas y de
papel (“El coloquio de los perros”, “Letralia”, “Río Arga”,
“Turia”, “Los cuadernos del matemático”, etc). Traducido
parcialmente a tres idiomas.
225

CARMEN DEL RÍO BRAVO (VALLADOLID, 1964)
Autora de “No ardo, me oxido… me he pasado a combustión
lenta” (Baile del Sol, 2017). Sus poemas aparecen en
distintas publicaciones literarias, digitales e impresas,
así como en antologías (“La poesía a la calle”, “Contra,
poesía ante la represión”, “She was so bad!”).
RAFAEL INDI (SEVILLA, 1987)
Poeta. Ha trabajado como periodista. Algunos de sus
poemas han aparecido en “Cinosargo”, “Palpitatio Lauri”,
“Fábula”, “Argonautas”, etc. Autor de “Kirieleisón” (En
Huida, 2015). Ha sido incluido en “Poemas al director:
68 miradas críticas en tiempos de crisis” (2013) y
“Cosmoanónimos 2.2” (2014). Nota: Todos los poemas
publicados pertenecen a su obra inédita “Un aplauso
americano”.
FABIANA IGLESIAS (SANTA FE, ARGENTINA, 1996)
Licenciada en Filosofía. Autora de la novela juvenil y de género
fantástico “Los soñadores de Curvas Rocosas” (Mundos
Épicos, 2011), así como de la novela de terror y misterio
“La guarida del monstruo”. Actualmente, vive en Málaga.
MARÍA GÓNGORA (MADRID, 1981)
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla.
Artista multidisciplinar. Ha publicado el poemario “Impar”
(Alacena Roja, 2013).
FRANCISCO PRIEGUE (AVILÉS, 1991)
Estudiante de Técnico Superior en Guía, Información
y Asistencia Turística. Miembro de la Asociación
de Escritores Asturianos. Sus poemas aparecen en
publicaciones de diversa índole, como “El Bollo”, “La
contraportada”, “Lluvia de palabras”, “Groenlandia”, etc.
Ha sido incluido en la antología “Koiné”. Autor de “Llegar
tarde es una rutina”, “Desde momentos encapsulados”
226

(Editorial Groenlandia, 2012), “Cuando la ciudad
declama” y “La procesión nocturna de los treinta y cinco
demonios” (ambos en Camelot Ediciones, 2015 y 2016
respectivamente). Ha obtenido diversos premios por
su obra poética. Participa en timbas y performances
poéticas.
MER GONZÁLEZ (LA PALMA, CANARIAS, 1985)
Poeta, narradora, fotógrafa. Autora de las novelas “Ícaro”,
“Las crónicas de la sombra del lobo” y “Orbis Alia”. Parte
de sus obras han sido publicadas en distintos medios,
como revistas literarias y webs de arte.
RUBÉN CASADO MURCIA (CEUTA, 1984)
Diplomado en Relaciones Laborales por la Universidad
de Granada. Ha publicado la plaquette “Cacagénesis”,
el poemario “Urbe Desta Historia” y el libro de ensayo
“Le dépaysé”. Ejerce la crítica cinematográfica y
dirige “Poesía en el subterráneo” (sesiones de jams
mensuales).
IKER PEDROSA (DONOSTIA, GUIPÚZCOA, 1982)
Licenciado en Filosofía y Psicología. Ha publicado en
diferentes revistas de divulgación cultural y literaria, como
en “Pidgin”, “Soliloquio”, “Revolución Neolítica”, etc. Ha
sido seleccionado para diversas antologías de poesía y
relato corto, y ha obtenido distintos premios por sus obras.
Autor del libro de relatos “A un verso de Jim Morrinson”
(Alhulia, 2009) y de los poemarios “Muerte del rey
soldado de Rohan” (Editorial Fecit, 2012) y “Sith Vicious”
(Libros del aire, 2014). Actualmente, reside en Madrid y
escribe columnas de opinión para periódicos. Nota: los
poemas pertenecen a su poemario inédito “Hikikomori”.
IGNACIO BALLESTER (ALICANTE, 1990)
Investigador, profesor y poeta. Licenciado en Filología
Hispánica por la Universidad de Alicante, Máster en Estudios
Literarios (especialidad: Literatura Hispanoamericana) y
227

Máster en Profesorado. Ha colaborado con sus artículos
en distintas publicaciones de divulgación científica. Ha
obtenido diversos premios por sus poemas y relatos.
JESÚS CÁRDENAS SÁNCHEZ (SEVILLA, 1973)
Poeta e investigador. Ha colaborado en diferentes revistas
literarias digitales (“Arena y cal”, “Ariadna”, “Cuaderno
de Profesores Poetas”, “Cuarto Creciente”, “La sombra del
membrillo”, “Margen Cero”, “Palabras Diversas”, “El ático
de los gatos”, entre otras). En sus trabajos científicos se
ocupa de movimientos literarios, autores, la educación
literaria, etc. Autor de “Algunos arraigos me vienen”
(Diputación de Sevilla, 2006), “Días Grises” (2011),
“La luz entre los cipreses” (Ediciones En Huida, 2012),
“Laberintos sin cielo” (accésit del V Certamen de Poesía
Joven Florencio Quintero, 2012) y “Mudanzas de lo azul”
(Vitrubio, 2013). Nota: todos los poemas publicados
pertenecen a su obra “La luz entre los cipreses”.
NOEL PÉREZ BREY (TOLEDO, 1979)
Licenciado en Administración y Dirección de Empresas,
Graduado Superior en Gestión Internacional y Licenciado
en Filología Hispánica. Autor de “El tiempo está próximo”
(Groenlandia, 2016). Ha obtenido diversos premios por
sus relatos. Dirige la revista literaria Visor.
DANIEL A. MACMILLEN (LONDRES, 1994)
Vivió durante su infancia y adolescencia en Costa Rica y
Argentina. En 2011 se asentó en Inglaterra para estudiar
Política y Sociología en la Universidad de Cambridge.
Sus trabajos aparecen en distintas publicaciones
(“Resonancias”, “Poética Magazine”, “Letralia”, etc). Autor
del libro “Partituras para el viento” (Editorial Zikoren).
ISABEL TEJADA BALSAS (LISBOA, 1973)
Narradora y poeta. Ha publicado los poemarios “La sonrisa
del Camaleón” (Monosabio, 2012), “Campo de maniobras”
(XVIII Premio Facultad de Humanidades y Ciencias de la
228

Educación, Universidad de Jaén,), “El alma irreversible”
(accésit del XXII Premio Anual de Literatura para
escritores noveles), “Alguien dijo cero y me volví” (Ejemplar
Único, 2014), “Los sitios conocidos” (Ediciones La Isla
de Siltolá) y “Espacios en blanco” (Arma Poética, 2016).
LOLA CRESPO (SEVILLA, 1971)
Doctora en Historia del Arte y Licenciada en Periodismo.
Sus poemas aparecen en numerosas revistas, como
“Obituario”, “Enredos y madejas”, “Papeles” y en antologías
varias (“Enredando”, “La cebolla es otra historia”, etc).
Tiene publicados los poemarios “La muerte sobre un
caballo pálido” (Cangrejo Pistolero Ediciones, 2016),
“Árboles huérfanos” (Depapel, 2012), “Las palabras
acostumbradas” (Guadalturia, 2011) y “Gramática malva”
(Nuño Editorial, 2010). Organiza numerosas acciones
poéticas así como recitales. Nota: todos los poemas
publicados pertenecen a su poemario “La muerte sobre
un caballo pálido”.
JOSÉ ÁNGEL CONDE (MADRID, 1976)
Narrador, poeta, director, guionista, fotógrafo.
Licenciado en Comunicación Audiovisual, trabaja en el
medio desempeñando diferentes funciones. Autor de
las novelas “Pleamar” (Editorial Barco Ebrio), y “Hela”
(Triskel Ediciones); también de los poemarios “Feto
oscuro” (Groenlandia Editorial) y “Fiebres Galantes”
(Shiboleth Editorial). Ha colaborado en antologías y
revistas literarias. Actualmente, vive en Alemania.
LAURA GARCÍA BUENO (MADRID, 1982)
Licenciada en Sociología y Diplomada en Estudios
Avanzados. Ha trabajado como educadora, asesora
para estudiantes universitarios, en aseguradoras, como
correctora de textos, redactora para publicaciones
digitales e impresas, etc. Autora del libro de relatos
“Piel de pollo”.
229

ENRIQUE TRENADO PARDO (GRANADA, 1989)
Diplomado en Derecho. Ha obtenido diversos premios
por sus relatos, cuentos y microrrelatos. Sus textos
aparecen en distintas publicaciones literarias (“Ariadna,
revista cultural”, “Palabras Diversas”, “La bolsa de pipas”,
“Revista Almiar”, “Gibralfaro”, etc) así como en antologías
(“Relatos de bibliotecas”, “La novela negra”, “Érase una
vez... un microcuento”, etc).
BALLERINA VARGAS TINAREJO (SEVILLA, 1976)
Profesora de Lengua Castellana y Literatura. Ha
publicado “Antolejía, poemas para limpiar el váter”
(Ediciones Liliputienses, 2015). Sus poemas aparecen en
revistas, impresas y digitales (“FAKE”, “Vinalia Trippers”,
“Psicopompo”, “Cuadernos del Humo”, Estación Poesía”,
etc).
DAVID GONZÁLEZ (GIJÓN, 1974)
Poeta y narrador. Autor de más de veinte poemarios. Su
obra poética más reciente es “Si te echan una mano al
cuello, encontrarán la soga” (Letour Editorial, 2016). Dirige
la colección de poesía Zigurat (Ateneo Obrero de Gijón).
Sus poemas y relatos aparecen en distintas publicaciones
literarias; también ha sido incluido en antologías y
diccionarios de poesía española. Ha sido traducido al
portugués, al inglés, al alemán, al árabe y al húngaro.
ROMINA CAZÓN (JUJUY, ARGENTINA, 1981)
Poeta y artista audio-visual. Autora de los poemarios
“En el cuerpo ajeno” (Ediciones Morgana, México,
2015), “Todavía la sangre” (Fondo Editorial del Estado
de Queretaro, México), “Guardar imagen como” (Tierra
Adentro Editorial). Directora de la revista de poesía “El
humo”. Experimenta con sintetizadores, instrumentos
digitales y realiza mezcla sonora desde el 2008.
Encargada del proyecto “Poetas en MP3”.
230

SENSI BUDIA ((LUCENA,
LUCENA, CÓRDOBA, 1993)
Graduada en Filología Hispánica. Directora ejecutiva
de la Asociación Cultural “Naufragio”, donde además
se desarrolla musicalmente como cantante y teclista.
Ha colaborado en las revistas “Aldaba”, “Suspiro de
Artemisa”, “Círculo Cuadrado”, “Terral y Sur”, etc. Finalista
de la cuarta edición de UCOPOÉTICA 2016. Sus poemas
aparecen en las antologías “Supernova” (Bandaàparte
Editores, 2016), “Arrecife de Naufragios” (2016) y
“Náufragos en Saigón” (2013).
ANTONIO BÁEZ (MÁLAGA, 1964)
Profesor de Latín y Griego. Ha publicado los libros de
cuentos “Mucha suerte”, “La magia de los días”, la novela
corta “La memoria del Gintonic” y el híbrido de relato y
microrrelato “Griego para perros”. Sus relatos aparecen
en publicaciones literarias digitales y antologías, tales
como “Velas al viento: los microrrelatos de la nave
de los locos” (Cuadernos del Vigía), “Mar de pirañas:
nuevas voces del microrrelato español”, “Blogs de
papel” (Editores Policarbonados) entre otros. En breve,
publicará “Recuerdos del pelo largo” (relatos) en Editorial
Groenlandia. Nota: los relatos publicados pertenecen a
“Griego para perros”.
ROSA SILVERIO (REPÚBLICA DOMINICANA, 1978)
Escritora, periodista y gestora cultural. Ha publicado los
libros de poesía “De vuelta a casa”, “Desnuda”, “Rosa
íntima”, “Arma letal”, “Rotura del tiempo” y “Matar al
padre”, también del libro de relatos “A los delincuentes
hay que matarlos”. Sus relatos y poemas figuran en
varias revistas, suplementos culturales y antologías. Ha
sido traducida a varios idiomas. Ha ganado diversos
premios literarios por sus textos.
231

PABLO DÍAZ GONZÁLEZ (ASTURIAS, 1986)
Licenciado en Historia. Ha trabajado como corrector
profesional y de estilo para diversas publicaciones,
también como reseñador y crítico literario.
FRANCISCO JIMÉNEZ CIFUENTES (JAÉN, 1991)
Poeta y dramaturgo. Licenciado en Filología Hispánica.
Autor del poemario “Alacenas del olvido”. Ha colaborado
en diferentes periódicos y revistas digitales.
JAVIER GARCÍA (AVILÉS, ASTURIAS, 1976)
Copywriter, narrador y guionista. Autor de la micronovela
“Esperanza” y del libro de relatos “Perfiles de la dispersa
vida”. Ha colaborado como articulista en medios
divulgativos alternativos.
ALFONSO VILA FRANCÉS (VALENCIA,1970)
Poeta, narrador, fotógrafo. Ha vivido en Orihuela,
Madrid, Bruselas y Debrecen (Hungría). Ha trabajado
como monitor de tiempo libre, bibliotecario, archivero y
profesor de secundaria. Actualmente, escribe artículos
para diversos medios de la red. Ha colaborado en revistas
como “Calicanto”, “Acantilados de papel”, “La bolsa de
pipas”, “Fábula”, “Ágora”, “Hojas Iconoclastas”, etc. Ha
ganado diversos premios literarios por sus obras. Autor
de varios libros, entre ellos, “Acto de clausura”, “Tiempo
Muerto” (poesía), “La vida mientras tanto” (relatos),
etc.
232

NOTA DE EDICIÓN FINAL
SUPLEMENTO DE REVISTA GROENLANDIA NÚMERO 17
(OCTUBRE - DICIEMBRE 2016)
REVISTA GROENLANDIA
REVISTA DIGITAL DE LITERATURA, OPINIÓN Y ARTE EN
GENERAL
PORTADA Y CONTRAPORTADA: AMARANDE GUZMÁN
DISEÑO, MAQUETACIÓN, CORRECCIÓN: ANA PATRICIA MOYA
TODOS LOS CONTENIDOS TEXTUALES DE ESTA REVISTA
(POEMAS, RELATOS, ETC) CORRESPONDEN A SUS RESPECTIVOS
AUTORES QUE, A CONTINUACIÓN, SE EXPONEN: ANA PATRICIA
MOYA, ÁNGEL SILVELO, CELIA MUNERA, MICHEL NOGUERA,
MANUEL MOLINA, ROSARIO TRONCOSO, JUAN CRUZ LÓPEZ,
MARIAN RAMÉNTOL, BEATRIZ PÉREZ SÁNCHEZ, MICHELE
MIMMO, TOMÁS SOLER BORJA, JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ, JUAN
GARCÍA LÓPEZ, JAVIER ÚBEDA SÁNCHEZ, ANTONIO CRUZ,
SILVIA PASTRANA, ÁNGEL RODRÍGUEZ, CRISTIAN ACEVEDO,
ADOLFO MARCHENA, CARMEN DEL RÍO BRAVO, RAFAEL INDI,
FABIANA IGLESIAS, MARÍA GÓNGORA, FRANCISCO PRIEGUE,
MER GONZÁLEZ, RUBÉN CASADO MURCIA, IKER PEDROSA,
IGNACIO BALLESTER, JESÚS CÁRDENAS SÁNCHEZ, NOEL
PÉREZ BREY, DANIEL A. MACMILLEN, ISABEL TEJADA BALSAS,
LOLA CRESPO, JOSE ÁNGEL CONDE, LAURA GARCÍA, ENRIQUE
TRENADO, BALLERINA VARGAS, DAVID GONZÁLEZ, ROMINA
CAZÓN, SENSI BUDIA, ANTONIO BÁEZ, ROSA SILVERIO,
FRANCISCO DAVID MURILLO, PABLO DÍAZ, FRANCISCO
JIMÉNEZ, JAVIER GARCÍA Y ALFONSO VILA FRANCÉS.
233

PARA EL DISEÑO INTERIOR DE ESTA PUBLICACIÓN SE HAN
UTILIZADO FOTOGRAFÍAS E ILUSTRACIONES EXTRAÍDAS DE
LA RED, Y QUE PERTENECEN A LOS SIGUIENTES ARTISTAS:
VICTORIA DUARTE (PÁGINAS 83-83, 124-125), KIRSTY
MITCHELL (64-65, 114-115), KYLE THOMPSON (81), MIKAEL
ALDO (43, 54), EDMOND THOMMEN (10,13), YUNG CHENGLIN
(17), WALDEMAR VON KOZAK (23, 32-33, 171, 178-179),
JON JACOBSEN (73-111), VAN ARNO (75), JOSHUA FLINT
(49, 107), SERGE MARSHEINNIKOV (26), MICHELE DEL
CAMPO (35, 60, 101, 197, 216), DEREK GORES (38-39, 53,
104), CARAS IONUT (58, 128), RYOHEI HASE (67, 86, 138),
ROBERTO BERNARDI (90-91, 98-99, 123), SHAE DETAR (103,
205), HEIDI TAILLEFER (213), MICHELE MIA ARAUJO (119,
152-153, 182), CORO KAUFMAN (136), MAGDA TORRES
(140, 154-155), MEGHAN HOWLAND (145, 186-187), TROY
BROOKS (156, 159), DONATO GIANCOLA (161), PETROS
KOUBLIS (164-165), TOMER HANUKA (185, 193), ROBERT
JACKSON (189), SEB JANIAK (200-201), DINO VALLS (202-
203), MATTHEW STONE (120) Y SERGE GAY (208).
TODOS LOS CONTENIDOS DE ESTA PUBLICACIÓN DIGITAL,
DESDE EL NÚMERO CERO, ESTÁN PROTEGIDOS. GROENLANDIA
ABOGA POR LA TOTAL LIBERTAD DE EXPRESIÓN SIN CENSURAS.
GROENLANDIA ES UNA PUBLICACIÓN GRATUITA QUE NO BUSCA
LUCRO: DEFIENDE LA GRATUIDAD DE LA CULTURA. TODAS LAS
PUBLICACIONES SON DE LECTURA Y DESCARGA GRATUITA
DESDE LAS DISTINTAS PLATAFORMAS DISPONIBLES EN LA
RED (ISSUU, SCRIBD, CALAMÉO).
ÍNDICE
ANA PATRICIA MOYA
(RELATOS, MICRORRELATOS, POEMAS)
PRÍNCIPES Y PRINCESAS DEL SIGLO XXI 6
FÁBULAS URBANAS 7
PATOS Y PALOMAS 10
LA LISTA DE LA COMPRA 14
SÍNTOMAS 14
CORAJE 15
ARROJO, RABIOSA, LOS GUANTES DE BOXEO... 16
INSTRUCCIONES PARA ESCRIBIR UN POEMA 17
ÁNGEL SILVELO
(RELATO)
SU VIEJA HARLEY 18
CELIA MUNUERA
(POEMAS)
PÁNICO 24
LANZARME A TU VACÍO 24
HAZME CREER 25
BAJO LLAVE 27
MICHEL NOGUERA
(RELATO)
EL ATROPELLO 28
MANUEL MOLINA
(POEMAS)
LA ÚLTIMA NOCHE DE PASOLINI 34
LA OTRA MUERTE DE FEDERICO 36
ROSARIO TRONCOSO
(POEMAS)
TALLER DE ALTA POESÍA 38
ESQUEJES 38
MAQUILLAJE 39
JUAN CRUZ LÓPEZ
(RELATOS)
HIJOS DE CAÍN 40
NOVENTA AÑOS MENOS 44
MARIAN RAMÉNTOL
(POEMAS)
UN POEMA NO SUELE DECIR... 50
LA NOCHE VOLVERÁ A SER AMABLE... 51
EN UN CAPÍTULO DE TERNURA CLANDESTINA... 51
NOVENTA AÑOS MENOS 44
BEATRIZ PÉREZ SÁNCHEZ
(POEMA)
SE AGITARON LOS AGUJEROS DE LOS ÁRBOLES... 54
MICHELE MIMMO
(RELATO)
CON LOS CAMPESINOS Y SU TIERRA 56
TOMÁS SOLER BORJA
(POEMAS)
EL BORRACHO 60
CARTA DE UN SUICIDA 61
AMOR MÍO 62
EL BICHO PALO 63
JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ
(POEMAS)
A VECES ME SIENTO COMO UN ANFIBIO 64
ARMAS PARA DESARMAR AL ENEMIGO 65
EN LA OTRA ORILLA 65
JUAN GARCÍA LÓPEZ
(POEMAS)
PRELUDIO DE UNA CIUDAD QUE ANOCHECE 66
NOCTURNO 67
JAVIER ÚBEDA
(RELATO)
LA BIBLIOTECARIA 68
ANTONIO CRUZ
(RELATO, POEMAS)
EL FIN DE LA TRIBU DE LOS KOETU KHUL 74
GEOGRAFÍA E HISTORIA 80
AVE DE PASO 80
SILVIA PASTRANA
(POEMAS)
NO SABE QUÉ... 82
DICE: VIVÍ A CONTRAMANO... 82
ESCRIBIÓ A VOLUNTAD... 83
DESCENDIÓ... 83
ÁNGEL RODRÍGUEZ
(POEMA)
LAS CUCARACHAS NEGRAS 84
CRISTIAN ACEVEDO
(RELATO)
INTRUSOS 88
ADOLFO MARCHENA
(POEMAS)
EN LA SOLA ESTRECHA CALLE DEL OLVIDO... 100
TRAS LA PUERTA UN SANATORIO MUDO... 101
TODO ESTAMENTO DICHO Y PREFERIDO... 102
CARMEN DEL RÍO BRAVO
(POEMAS)
MODERNIDAD 104
SUBRAYO INCOHERENCIAS COMO... 105
AUSENCIA DE FE 106
ALLÍ ESTABA ÉL... 106
RAFAEL INDI
(POEMAS)
ALIANZA DE CIVILIZACIONES 108
OJO, PINTA 108
SACROMONTE 111
FABIANA IGLESIAS
(RELATO)
EL ROSTRO 112
MARÍA GÓNGORA
(POEMAS)
SEPTIEMBRE 120
CORRESPONDENCIA 121
METACRILATO (I) 121
METACRILATO (II) 121
FRANCISCO PRIEGUE
(POEMAS)
LA ASPEREZA DE DORMIR CON PIEDRAS 122
BINGO 122
MER GONZÁLEZ
(POEMAS)
HAY ALGO SALVAJE, INDÓMITO EN TI... 124
EN EL BOSQUE, JUNTO A LAS HOGUERAS... 125
RUBÉN CASADO MURCIA
(RELATO)
SICARIO 126
IKER PEDROSA
(POEMAS)
CONTIGO 136
MUÑECAS RUSAS 137
ESTOS JIRONES DE DICHA PARA... 138
FRENTE AL ESPEJO 139
IGNACIO BALLESTER
(POEMAS)
AS(F)ALTO (IN)FINITO 140
SOBRESALTO 141
JESÚS CÁRDENAS
(POEMAS)
ENCUENTROS EN LAS MIRADAS 142
LA CURVATURA DE LOS PLANETAS 143
LA HUELLA QUE QUEDA 144
NOEL PÉREZ BREY
(RELATO)
UN ENTIERRO DE SIGLOS 146
DANIEL A. MACMILLEN
(POEMAS)
REMEDIO 154
ORIENTENTACIÓN 155
ISABEL TEJADA BALSAS
(POEMAS)
A VECES LA NOCHE ME... 156
NO ES LA LUZ... 157
PARA NO CAER EN ESTE TIEMPO... 158
LOLA CRESPO
(POEMAS)
¿DESDE CUANDO HABÍA SIDO UN PROBLEMA... 160
BIENAVENTURADOS LOS QUE RETAN... 161
PRIMERO FUE EL RUIDO... 161
JOSE ÁNGEL CONDE
(POEMA)
GUIÓN ADAPTADO 162
LAURA GARCÍA
(MICRORRELATOS)
TEORÍA DEL FOLIO SUCIO 164
CARICATURAS 164
LUNES ROJO 165
ENRIQUE TRENADO
(RELATO)
DOBLE CERO 166
BALLERINA VARGAS
(POEMA)
CADENA DE FAVORES 180
DAVID GONZÁLEZ
(POEMAS)
RAZÓN PARA OBRAR 184
LOS INTRUSOS SON BIENVENIDOS 185
ROMINA CAZÓN
(POEMAS)
DEJÉ DE IR A MISA... 186
APRENDÍ LAS PLEGARIAS... 186
OH, CRISTO, SÁNAME CUANDO PUEDAS... 187
ANOCHE DESPERTÉ... 187
UN NOMBRE QUE NO FUSIONE... 187
SENSI BUDIA
(POEMA)
MANIFIESTO MATERNALISTA 188
ANTONIO BÁEZ
(RELATO, MICRORRELATO)
VIRGINIDAD 190
PESADILLA 192
ROSA SILVERIO
(POEMAS)
LA GRAN ACTRIZ 194
EXTIENDO LA MIRADA HACIA... 194
ESTA MANCHA NO DESAPARECE... 195
SILENCIO 196
FRANCISCO DAVID MURILLO
(POEMAS)
TUTORIAL 198
MULTIPLAYER 199
PABLO DÍAZ
(RELATO)
CUANDO LA MUERTE NOS SONRIÓ 202
FRANCISCO JIMÉNEZ
(POEMAS)
GEOGRAFÍA DESCONOCIDA 204
JUEGO DE DOS 205
JAVIER GARCÍA
(POEMAS)
FOTOGRAFÍAS DE TIEMPO 206
SINIESTRA URBE 208
DESMEMORIAS DE UN HOMBRE PEZ 209
ALFONSO VILA FRANCÉS
(RELATO, POEMAS)
LA INVASIÓN DE LOS VAMPIROS VENGADORES 210
TARDE DE TRABAJO Y EVASIÓN EN... 214
PORNO CODIFICADO (EN COMPAÑÍA) 215
ÚLTIMA ESPERANZA 215
LA TRAICIÓN 216
SOBRE LOS AUTORES 220
NOTA DE EDICIÓN FINAL 232
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POESÍA
VISPERAS DE CASI NADA, JOSÉ LUIS MARTÍNEZ
PARA QUÉ SIRVE JORGE BARCO
RECOPILATORIO DE LO ABSURDO, ANTONIO FERNÁNDEZ-SÁNCHEZ
EL CHICO QUE SE PEINABA CON UN REVÓLVER, JORGE HERAS
PARADOJAS DEL CONSERJE, JOSÉ MARÍA MARTÍNEZ
NARRATIVA
CUENTOS ORDENADOS, BERNARDINO CONTRERAS
ANTOLOGÍAS
CUENTOS FRÍOS (COORDINADA POR RAMÓN ZARRAGOITIA)
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EDITORIAL GROENLANDIA, 2016

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