MANIFIESTO AZUL

fanzine de literatura e inquietudes varias
Otoño 2011 número 11

Depósito legal: MU-3094-2008

© Cristina Franco Roda

Desocupado lector: ya estás de nuevo ante estas páginas azules que, con una periodicidad irregular, te trae. Imagina que en los próximos minutos realizas un viaje sin salir del salón de tu casa, sin moverte de tu sillón. Este periplo se inicia con una escapada cercana, la que nos traen los poemas que nos ofrecen estampas del interior de sus autores. Algunas serán vagamente conocidas, otras, como la de Marcial Ruiz Lasida, ofrece una perspectiva diferente. Más lejano es el viaje que nos trae la siguiente sección de Manifiesto Azul 11: Narrativas. En primer lugar realizarás excursiones cortas, los microrrelatos, para después embarcarte en periplos un poco más largos, los cuentos breves.

Editorial
Un descanso en los viajes nunca viene mal, la sección Transiciones, de la que se ocupan los “Intervalos” de Manuel Rebollar en este número, serán como esa cerveza que degustamos entre visita y visita. Pero hay que seguir adelante y el itinerario nos lleva ahora a Rumanía, donde visitaremos los poemas de Mihai Eminescu en Perversiones. Tras recorrer las paredes del mundo y sus frases más ingeniosas, la sección Recomendaziones nos dará una vuelta por libros que nos hablan de playas, de la España del 36 y de una escalada poética. Este viaje a lomos del papel va terminando, pero antes tendremos tiempo de que Telefunken nos lleve a Colombia con Andrés Caicedo y a Nueva Orleans con los protagonistas de Treme. La música de Calamaro, analizada en La Despensa Melódica, será la banda sonora que nos acompañe en el periplo. Al final, como en toda excursión, nos quedará el recuerdo a través de fotografías o dibujos. Manifiesto Azul 11 te las ofrece de la mano de los Ilustrados Blas Martínez, Soledad Costa y Cristina Franco Roda. Esperamos que el viaje sea de tu agrado.

poesía

VIOLETA NICOLÁS

ANTONIO PÉREZ ABRIL LETRAS DE CREDITO

TE SUJETO-ME SUJETAS (TU CUERPO) La verdad del daño es el enclaustrarse, Auscultarse a solas bajo la luz lunar, Mortecina, perseguirse, Hasta que la sombra desaparezca Y solidifique la pena. Me agarro a la realidad como a un hueso, Una vez destrozado me entrego a la hipótesis, Mi conjetura no tiene límites. Sin duda la duda existe, Hasta eso es un lugar común para mí, Pero soy animal manso si acabo en ti, Me relevas de proyecciones, Dejo la sublimación al aterrizar, Me sujetas.

Ahora sé que la vida tiene ese rumor alborotado De hojarasca, de lluvia, de acordeones y nostalgias. Quizás la noche de sentido a las cortinas, O un aliento a la nuca más anónima. Pero yo salgo de clase con los bolsillos vacios De aulas verdes e imposibles, Donde a las cuatro en punto de la tarde Da comienzo la sutil violación a la palabra, La búsqueda del ser en su prostitución literaria. Y siento el cuerpo ligero, como de querer volar Con estas hojas que ahora se levantan con la brisa En su danza de cópula y serpientes, Acariciando el sudor de los cuerpos, O el deseo de las calles, un deseo de poema, De poema que empiece por la palabra amor o silencio.

Y así, con el cuerpo manso, como de huir con las hojas, Voy camino de casa atravesando bares cerrados Hacia la guarida de llaves en su cuenco, De abrigos en las perchas y sábanas desechas Escondiendo alguna soledad definitiva. Y antes de doblar la última esquina, Con los pájaros ya dormidos en sus pupilas de ceniza Veo levantarse a mi espalda Unas letras blancas sobre fondo negro, Unas letras de crédito con la palabra fin Mientras abro la puerta de casa y desaparezco.

ALBERTO CARIDE CASTROMARINO 35 (II) Esta tierra que me besa con recelo me cambia las verdades aprendidas y en su lugar, el sueño a la mañana deja en la mesita de noche versos vacíos, chispazos de luz inconexos sin una dirección definida. De aquella Sicilia de las epopeyas sólo quedaban los abruptos acantilados y una estirpe de marineros que cantaban en dialecto: “coletazos de amor algunas tardes viajando en barquitos dentro del pecho, coletazos de amor cuando anochece y el vaso de ron enciende el deseo”. Buscando una mirada que fulminara el ejército de soldados tristes alojados en mi almohada

poesía

poesía

me vine a la isla en donde Polifemo persiguió enfermo de celos a Galatea, y pude comprobar lo oscuro que me vuelvo al decir las cosas sencillas que digo, lo complicado que resulta lo sencillo sin quererlo. Quería encontrarme como Ulises ante la inmesidad del mar, pero su espejo sólo me devolvió la imagen de un Narciso despeinado e inseguro. Y de repente el mar, la mar, mi mar se me volvió pequeña como un acuario. Los días se repitieron entonces como las olas entre el oleaje y la espuma mientras soñaba con inventarme en futuros posibles como mundos, en caricias prestadas como sueños.

Y aunque no tenías aún nombre cuando mi voz te llamaba en mitad de la noche, tu sonrisa era como el mar recostado y luminoso que me esperaba al alba. Haber recorrido los límites de esa isla, inmensa como una cárcel sin barrotes, me hizo descubrir los límites del propio corazón. Y si te encontré a mi regreso entre la niebla, cuando ya nada esperaba encontrar, es porque los abismos del alma se parecen a los de una isla desierta bañada por el mar.

NATXO VIDAL Daría un brazo sin pensarlo por que fuera mi nombre el que estuviera al pie de De vita beata y probablemente me dejaría cercenar el otro por que Getshemani, ky llevase las letras de mi nombre en la cubierta especialmente ese poema de las lámparas y los antifonarios: las vírgenes prudentes esperando al esposo en la noche de los Estados Unidos. no se me caen los anillos por decirlo. no es que yo quiera ser Ernesto Cardenal o Jaime Gil de Biedma, no; no cambiaría yo mis versos por los suyos (ningún poeta debería) pero escribir es menos importante que leer y siempre son los versos de los otros los mejores. algunos no lo saben (o lo saben pero no bajan nunca de su acera)

poesía

y se preocupan más por las imprentas que por las bibliotecas, irremediablemente. tampoco dudo, por retomar el hilo, que algunos nombres que no citaré discretamente debieron prescindir de sus extremidades antes de haber escrito su primer poema: ahora el daño ya está hecho. en lo que a mí respecta, abrazo pocas esperanzas de remover el género y pasar a la historia de nuestra poesía por algo relevante: me basta con sentarme ante mi antifonario prender la luz y desear que tarde o temprano mi voz perdida dé con el esposo fértil que la aguarda para volar unidos libres solos hacia la tierra nueva de la que todos hablan y nadie ha visto nunca: mi única aspiración, sinceramente. es muy poquito y pido ya perdón por ello.

poesía

BEATRIZ MIRALLES

JUAN PEDRO RUIZ

SIN TÍiTULO Es el calor lo que aquí me queda sobre la cama. Desparece la señal invisible de su cuerpo donde estuvo mi cuerpo. No está y sigue el breve dibujo de sus huellas sobre mi piel. Leve ceniza muere, algo que tuve.

El CIRCULO El puño en la palabra Y la palabra en el futuro El futuro en mi mano Y en mi mano mi puño Arriba en lo más alto Detrás del universo Las ruedas nunca paran Nunca van a parar Nosotros moriremos Y morirán nuestras palabras Y la rueda del alma Parirá nuestros puños Y el puño en la palabra Y la palabra en el futuro Vivirá en esta muerte Perpetua del círculo 27 de Mayo 2011

CARLOS GARGALLO CODIGO DE SILENCIO (()

poesía

Amo tus dedos de mimbre que he visto latir como palomas y tu silencio sin principio al que no pude asestar una palabra. Amaré tus cosas (ya lo sé) una por una mientras sean, y amaré tal vez, el quizás odio con que te nombre a lo mejor mi abandono de mañana. Te amaré como cumpliendo una lejana profecía, te amaré y sabré ese desde siempre con que se esperan sin saber las cosas que serían Amo tus mil quizás con que supongo tus cosas, y tu tiempo a la espalda que me duele porque ahora sé que era una espera que ignoraba. Amo tu vida azul que no me has dicho la piel de tu voz nunca tocada y esta duda de todo que te

vuelve incierta Amo tus ojos de luna quemada y de ombligo y remanso o caracol ausente Amo la seda y la ternura de tu dedo que apacigua tu pelo de tormentas y de olas amansadas. Y esa dócil entrega en que mis mejores palabras se hacen tuyas y esta primera manera de hachar como un náufrago un muro de silencio. Amo este rito de mirarte a la distancia y tu tal vez lateral sospecha de miradas. Amo el estruendo de silencio en que te callas y esta aún lejanía que te acerca y te hace sueño.

poesía

CARMEN MARTÍNEZ CAMPILLO KAVALA Si quieres, puedes cerrar los ojos conmigo, ¿hueles el mar? ¿lo hueles?. Si quieres, Puedes sentir la brisa que agita mi pelo, mi falda, Ya para, no, ya vuelve ¿la sientes? Si quieres puedes oírla, me susurra al oído ¿la oyes?...Escucha… son las olas, suaves y tranquilas, Van, vuelven, van, Respira conmigo, ¿hueles el mar?, ¿lo hueles?

ADRIÁN BALLESTER LAS HORAS NEGRAS

„Tómame una foto, puesto que es la única manera que tengo de salir de aquí" Presa en cárcel Santa Martha Acatitla (México) fotografiada por Patricia Aridjis (Le Monde Diplomatique) Deberías ser aplastada cien muertes bajo ruedas de molino para sufrir como en uno solo de sus días. El cerrojo únicamente no contiene el olor aséptico a lejía. Así como el cero contiene la representación numérica de su sentido, sinónimo de soledad. La ausencia de reflejo hace que su cuerpo pierda las formas que el espejo perfiló cuando pisaba la calle.

El único calor que guarda su piel proviene de la fricción violenta entre el horario y su libertad, entre la obligación y su sueño, entre el cuero y su dermis. Son los recuerdos --durante esas horas negras-- pálpitos de vida, espejismos evaporados por el abrasamiento de la muerte.

ERIC F. LUNA A LA PUTA LUNA Es de noche y el agua resbala sobre mí como jugo gástrico deshaciendo la doble piel: la de las apariencias. Y ahí estás otra vez, vieja excrecencia. En tu papel de voyeur nocturna. ¿Te gusta lo que ves? Te desentendiste de nosotros. No quisiste saber nada y ahora brillas en la noche como un grumo de cocaína sobre la tapicería del coche. Inerte y sucia, Sucia luna. Ni despegarte del nombre puedo, puta. Cursi no es escribirte este poema. Cursi es quedarte mirándote y balbucear palabras tontas cuando sólo eres una piedra que se quedó dando vueltas gobernando mareas y reglas. Cantarte con falsedad sería tan cínico como mandar besos de apoyo al tercer mundo.

poesía

poesía

Yo no te canto, te lloro como a ese hermano mayor que te libra del matón de turno. Éste es tu momento. Rebélate. Haznos girar sobre ti. Desborda los mares. Barre con todo. Comienza ahora tu mandato, a ti me encomiendo. Y con mis hermanos nocturnos te grito en el único idioma que comprendes.

DAVID LÓPEZ SANDOVAL LECCIONES DE LA VIDA
Si nescis, oculi sunt in amore duces.

Propercio

No ceses de hablar nunca, joven Cintia. Y déjame que ahora recupere la presencia del dios. Y que me eche a reír cuando tú ríes. Y que adopte esta pose de interés ante anécdotas que, por edad, ya he superado. Habla, habla y no te importe adiestrarme en las cosas de este mundo. Cuanto en ti veo me recuerda lo que he sido; eso es precisamente lo que buscan los hombres como yo en cuerpos como el tuyo. Habla, amor mío, mientras en tus ojos me sumerjo, y en sus aguas, tan mansas como un músculo en reposo, hago como que escucho lo que dices y sobre mí desnuda te imagino dándome todas tus lecciones de la vida.

JESÚS MONTOYA PRAXINOSCOPIOS
A la memoria de Aurora Juárez y todo un tiempo que se fue.

Pensamos: "¿Y todo esto qué son sino metáforas?" Las palabras caen allí, en la lejanía real de esas imágenes que no hablan su idioma. No son nuestras las palabras, son de ahora que no tenemos tiempo de escribir. Ninguno lo sabíamos, pero estamos allí. Fijos e inmóviles. Dan algo por la tele. A salvo. En un salón lleno de libros que son imagen de otros libros. Al fondo del pasillo está la puerta, detrás, está el rellano y, al otro lado, una galería con macetas y un canario enjaulado. Experimentamos, por último, con el obturador. Nuestro esfuerzo, vano. Las imágenes de hoy se proyectan allí, como en un praxinoscopio. Lo más que conseguimos es abrir agujeros en el aire frío del fantasma. Fue idea de Reynaud en 1877. El precedente del cinematógrafo. De la doble exposición fotográfica. Quizás él ya sabía que viviríamos

Ahora no tenemos tiempo de escribir. No hay palabras. Un frío del aire en las yemas de los dedos que nos parece como tocar un fantasma. Adentro nuestro no hay metáforas. Sólo imágenes. De pronto estamos lejos, lejos, al fondo de un pasillo. El pasillo de un piso alquilado, en Camino de Ronda 115. Allí, frente a una Telefunken Pal Color encendida - cae la tarde- sin mando a distancia. Unas cortinas verdes y es invierno por las alfombras. En el salón vemos la mesa en la que escribimos ahora. Pero estas teclas no están, ni esta pantalla. La vida es una inercia plagada de fantasmas. Y las interrupciones son palabras.

poesía

poesía

en un praxinoscopio. La pregunta es cómo hacer para vivir entre el allí y el ahora. Ni espacio ni tiempo. Mudos como paisajes. Sin tiempo de escribir. como payasos tristes, sintiendo una nostalgia que no llega. Reynaud no sospechó nunca lo que íbamos a echar en falta tocar a los fantasmas.

TAMA IMRANI NOCHE Noche de ignífugas estrellas, estrellados pensamientos de honorables y poetas, poniendo las ies sobre los puntos suspendidos en un repicar continuo de campanas y un encuentro de arañas, musarañas y oxidadas escafándras. Polvorientos pétalos sin tallo como aeropuertos, como anticipos con retraso siempre negando lo hueco, lo bello, lo ajado. Este deletéreo murmullo de quebrados volver a un ayer que huele a quemado cenizas de un siempre altiplanado en lo lícito de dos mentiras salidas de pulmones algodonados. Y entonces ese perfume, Ese aroma a putrefacción y otros matices que humedecen colores ahumando naranjas y salmones bajo las aguas azucaradas de mi deseo.

AL-BARAMUZ SIN T IERRA He estado perdida, vagando, Intentando encontrar un lugar conocido. Entre el asfalto ha crecido una flor Como un niño del vientre de una favela. Atravesando la piedra Como la luz cruza una nube Pero escondida bajo la tierra Jamás encontró su reflejo Y serán los ojos La sombra de una muerte no desvelada

Poetisa libia nacida en Sirte, en 1981, que tras su estancia en Cuba, se exilio en Paris. Se la considera una de las precursoras de los movimientos reivindicativos de la Primavera de los pueblos norteafricanos. Actualmente vive en la capital francesa, donde trabaja en el Instituto Arabe.

poesía

poesía

JUAN MANUEL SÁNCHEZ RUBIK Mi habitación, el piso de mis padres, un invernadero. La Universidad, una casa, el dinero de papá. Otra habitación, mi novia, el coche de mamá. La casa, el sol, el árbol del paraíso. Un coche, otro dinero, el beso. La amistad, una habitación, el invernadero. Las persianas, otro sol, otro beso. La noche, una conversación, el silencio. Una distracción, una amistad, un sol. La verdad, otro piso, una Universidad. La ciudad, una novia, las ventanas. Un silencio, la conversación, otra verdad. Otra distracción, el mar, mi casa.

MARTA DELGADO VERSO AGOTADO Qué despedida más torpe, Una muerte de verso agotado, Una soga de letras, Un cerebro yermo de poesía. Se inmola la tinta azul poetizada, Y un silencio atraviesa De lado a lado. Qué despedida más torpe, Un desierto de palabras sin oasis, Una lluvia ácida de ideas. Me inmolo yo contra el papel, Contra el estúpido miedo Al folio en blanco, Y un silencio atraviesa De lado a lado. Qué despedida más torpe, Una muerte de verso agotado.

poesía
LA RATA
a mi hermano Pedro, ( que me debe 250 euros.)

Tirada en la acera, y como encogida, allí se encontraba -que también hay ratas en los barrios más ricos-. Y sentí pena, honda tristeza, porque allí estaba muerta la mayor pesadilla de un explotador capitalista. Aquella que fue perseguida en un salón de mármol y cristal por una escoba. Aquella que mordió la gorda barriga de una despensa. Arquitecta de grietas, confiscadora de la hacienda, rebelde roedora, saqueadora del orden, del capitalismo y de todo lo establecido. Y la acaricié, y la tomé en mis manos, y la volví a acariciar, pero esta vez con la mirada, con tanta ternura y pasión, con tanta dulzura y alma, que por un momento pensé que aquella rata repudiada por muchos

poesía

MARcial Ruiz Lasida

formaba parte de mi propio ser. Y la dejé en un contenedor, y esperé a un no sé qué, quizás a esa señora gorda con sus dos bolsas de basura… las últimas palas del enterrador. Y estuve allí no sé cuánto tiempo, con todos mis sentimientos puestos de rodillas ante aquel ritual funerario de mala muerte. Y me fui, me marché. Confuso, contrariado: encajando todas mis venas entre mis entrañas, pero con una leve sonrisa de satisfacción, por saber que aquel contenedor, o vertedero de basura, era el mejor lugar, era el mejor cielo, el mejor paraíso, para una rata m u e r t a .

El hombre es un lobo para el hombre

narrativas

- Supongo que no debe ser fácil matar así.-le interpeló el aprendiz. - Lo cierto es que no. A veces pienso si no me estaré ganando a pulso el infierno.-contestó con sorna con una frase hecha. - Todas las profesiones tienen un mínimo código ético.-aseguró el pupilo. - Todas, menos la nuestra.-aseguró el asesino a sueldo. - Y sus familias, ¿nunca te has preguntado qué sienten cuando se enteran?.-preguntó intrigado el aprendiz. - Ni siquiera me lo planteo, no tengo tiempo para todo eso.respondió con rotundidad su nuevo jefe. - Deberíamos ser entonces más precisos, intentar provocar menos dolor.-se atrevió a recomendar su aprendiz. - Quizá tengas algo de razón. Si te parece, desde hoy evitaremos hablar de ‘al menos’ o ‘alrededor de’ en todas las noticias en las que haya víctimas mortales.-decidió, convencido, su editor de informativos.

narrativas

Crecer hacia abajo

¿En qué momento de mi vida cambiaron sin querer las vocales por cifras, palabras por gráficas de subida y bajada, metáforas por sumas mensuales de servicios de amor-hogar contratados, sueños de vida por una vida en sueños? Dime por favor, dime en qué momento la cadencia de la rutina cayó como una lápida sobre mis pensamientos de luz. - La consecuencia del ser barbilampiño –me explica un abuelo. Detrás del minúsculo bigote que sombrea tu labio se esconde el rigor de un vida adulta, la responsabilidad del que se sabe vencido y no se quiere creer maduro; la conciencia del otro, que debe acompañarte durante los millones de siglos de segundos que se alargue tu contrato de vida: 30, 35, 40 años, ¿quién sabe?. Lo acepto resignado, agacho la cabeza y apadrino al completo el ideario capitalista. El deseo de firmar el futuro se ha hecho más fuerte, a cambio de ver mi nombre y apellidos impresos sobre un buzón.

ÁLVARO PINTADO GONZÁLEZ

Imaginaba un lago
Imaginaba un lago y le faltaba el oxígeno. Sus familiares subían la escalera a toda prisa y corrían hacia su dormitorio, alertados por sus gritos y por un ruido extraño, inexplicable allí dentro, como de chapoteo.

narrativas

JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ

narrativas

Modo de respirarte

Ahora que la mañana tiembla en un delgado sostenido del horizonte, expongo el método de respirarte. En un principio se podría empezar como a uno le apetezca pero siempre que haya expulsado todo el volumen gaseoso del interior, todo excepto la parte que forma el cuerpo porque no está permitido expulsar tanto de uno mismo que al final se transparente con el vecino que desciende la escalera cada mañana a las ocho. Después se debe acercar a unos labios, no a cualquier tipo de labios, sino a unos que se humedezcan como días grises, que sean capaces de viajar veloces por recuerdos transformándose en el primer ticket del cine o en aquella hamburguesa del McDonald que nunca volvió a saber tan bien porque ya no son lo que eran ese día. Una vez próximo se olvidará de cualquier tipo sistema de medición inventado para alejarnos como humanos y se pensará que los milímetros y los segundos son sólo aquella canción que suene más adentro de la memoria (pongamos mi ejemplo Ceremony de Joy Division pero para cada existencia individual será otra distinta). A continuación respírese ya sin ningún tipo de método, sin ningún tipo de pasos: ya eres la otra persona y ella es tú.

RAFAEL GÓMEZ SALES

Vellas
Chicas adolescentes con un suave bozo encima de sus carnosos labios. Mujeres maduras con una elegante barba blanca. Rubias con vello dorado sobre su cutis lleno de pecas. Pelirrojas con bigote recortado bajo su nariz respingona. Perillas que finalizan óvalos como dos lunas crecientes. Patillas enmarcando un rostro adusto de femme fatale. Barbas rizadas que te acarician cuando las besas. Barbas hirsutas que raspan tu lengua juguetona. Largas barbas que caen sobre pechos turgentes. Mujeres bellas, exuberantes, que te miran retándote a ser un hombre mientras admiras sus eróticas caras cubiertos de vello. Y tras ellas, las triunfantes, se esconden las otras mujeres, tristes fenómenos de circo, avergonzadas de su rostro lampiño y anodino. BASILIO PUJANTE CASCALES

narrativas

narrativas

Salir de la prostitución
El camión aminora la marcha y se detiene junto a la prostituta, que espera la llegada de clientes sentada en una piedra cerca de la carretera. En la parte superior de la cabina del conductor, lucen imponentes tres nombres de mujer: Carmen, Sara y Marta. Baja la ventanilla, negocian el precio del servicio, y la chica sube al camión. - Esos nombres de arriba, guapo.... ¿son tu mujer y tus hijas?- pregunta la joven con indiscreción. - Mejor no hagas preguntas, bonita, ¿no te parece?- contesta el camionero sin mirarla mientras reprende la marcha. La noche siguiente, el camión pasa por la misma carretera. En la piedra ya no hay ninguna chica sentada. En lo alto de la cabina se pueden ver ahora cuatro nombres. VÍCTOR LORENZO CINCA

Funcionariado
Quisque tiene los ojos rojos. Parpadea constantemente. Se desploma sobre la silla y mira la pantalla sujetando su cara con ambas manos. Los brazos están apoyados sobre la mesa solo con los codos. Mira hacia la pecera. Allí el supervisor sonríe. Se lleva una taza de café a los labios y brinda en el aire. Quisque vuelve a su monitor. La línea tiembla y hace un rápido ascenso. Dos segundos con un pico de tres con ocho. Anota en el folio en blanco el primer movimiento de la semana. Lunes. Nueve y catorce minutos. Tres coma ocho grados. Epicentro en Doña Inés. Deja el bolígrafo sobre el folio. Se echa hacia atrás y bostezando. Los tres compañeros miran sus movimientos. Comprueban la reacción del supervisor y vuelven a mirar sus monitores. Dentro de la pecera, el supervisor brinda cada sorbo de café con sus compañeros. PEDRO GARCÍA MARTÍNEZ

narrativas

narrativas

Cerveza negra
Un hombre adulto asomado a un balcón. Frente a él, duerme la ciudad; sobre él, apenas unas pocas estrellas consiguen despuntar en el cielo nocturno iluminado por la urbe; tras él, un salón vacío y a oscuras; abajo, algún insomne vecino maldice que poco queda para que despierte el lunes; en su cabeza, recuerdos se agolpan luchando por adquirir protagonismo; en el aire, sonidos de sirenas y el murmullo de coches manejados por los conductores solitarios de la madrugada, una brisa que evoca, que bien podría ser de mar o de montaña, que une noches; en la acera, un vagabundo busca el mejor rincón para dormir; en algunas ventanas, la luz inconstante de un televisor insomne… junto al hombre adulto, un niño, él mismo, contempla otra ciudad pero un mismo ambiente nocturno; entre ambos, una vida, apenas un instante: el asiento de atrás de un coche, tardes de verano en el jardín del barrio, un baño en el mar cogido de los pies del abuelo, una noche mirando las estrellas con esa misma brisa en la cara, una tarde de borrachera apoyado en una mesa pegajosa de tanto vino, los primeros jadeos, el asombro frente a una lagartija, el olor del monte Mediterráneo compartido con un buen amigo, el orgullo del que sabe que tiene una vida por delante para mejorar lo que hicieron sus mayores, una mano que se desliza por debajo de una falda, unos ojos que declaran amor sincero, la desesperanza del que sabe que le espera el mismo sino que a sus mayores, un mundo por descubrir… Al final de todo, la misma sensación de vulnerabilidad, la misma soledad. El niño confía en que el abuelo vendrá y terminará con la sensación de vacío, el hombre sabe que solo de sí mismo pende su destino. En la mano del niño, un vaso de leche, en la del adulto, una botella de cerveza negra… Entre ambos toda una vida, apenas un instante. CARLOS EGIO

narrativas

El coche olía a sexo, spray y cemento fresco. Tú no podías esperar para preguntar si esto era lo más importante para mi o si había algo más. Yo me hacía la despistada y te hablaba de acentuar, al menos, las esdrújulas. Me preocupaban tantos olores en el mismo espacio si nos paraba la policía; imaginaba al agente interrogándome también: “¿esto es lo más importante para ti?”. Tantas preguntas y ninguna es la correcta; ninguna hace estallar todo por los aires. Insistes. Sí, esto es importante para mí… aunque también lo son las esdrújulas. Me da miedo haber usado cemento para tapiar el acceso, pronuncié. Lo importante son las palabras, dijiste. A decir verdad, tú siempre decías eso: “lo importante son las palabras”. Ciento cuarenta, pensé. La próxima vez, usaré cemento para tapiar el acceso de tu corazón al mío. LAURA ESCUDERO

© Selu

Herráiz (Colectivo AVER)

narrativas

Pax Lunae
Desde que los desastres naturales, las guerras, los asesinatos y los suicidios masivos incrementaron el déficit en la capacidad de los cementerios terrestres y la especulación inmobiliaria terminó por limitar las posibilidades de ocupación de nuevos terrenos para el descanso en el más allá, la Luna ha empezado a cotizarse cada vez más como camposanto. Puede usted elegir entre pequeñas fosas en los cráteres menores, baratos nichos en los cráteres polares o sofisticados panteones en las exclusivas regiones oscuras: a aquellos que quieran asegurar la paz eterna, se les sugiere reposar en el Mar de la Serenidad, para los que creen que la fiesta prosigue en la otra vida nada mejor que el Mar de la Fecundidad. Los aventureros encontrarán acogedora la cordillera de los Alpes lunares. Las parcelas pueden adquirirse a plazos, con facilidades especiales para los poetas, quienes como se sabe, debieron ser desalojados de sus propiedades años antes, a fin de emprender tan ambicioso proyecto urbanístico.

FLOR MARINA YÁÑEZ LEZAMA

NO COMMENTS

Efectos colaterales
Sucedió unos diez mil años atrás cuando los días desembocaban en largas noches. Eran tiempos oscuros, de frío intenso y de cavernas. El primer hombre consiguió domesticar el fuego. No hubo fiesta. Y sí mucho miedo. La recompensa de su pueblo por temor a que fuera un mensajero del diablo fue ser castigado a la hoguera.

narrativas

Vida postiza
Se miró al espejo. Se quitó la peluca y los pendientes, limpió su rostro de los restos de maquillaje y guardó raudo y veloz los zapatos de tacón en el armario. Seguidamente cogió una cerveza de la nevera y se sentó en el sofá para poner un partido de fútbol en la televisión. Su mujer estaba a punto de llegar.

DAVID MORENO

narrativas

LA MISIÓN
Las cinco en punto. A esa hora recibí el mensaje. “20 horas. No hay vuelta atrás. J-17-L000”. Era claro y conciso, la orden de asesinar al Presidente. El mensaje que tanto había esperado. Muchos años esperando esta misión, y a mí la encomendaban. No es de extrañar, soy uno de los mejores, no el único, pero sí de los más preparados. He entrenado durante años para este momento y me he curtido en pequeños trabajos que dieran forma a lo que soy ahora. Sólo unos pocos privilegiados podíamos soñar con recibir este mensaje…y me ha tocado a mí. El régimen del Presidente llevaba veinticinco años asfixiando nuestra economía y perpetuando su sistema de opresión y terror. Había llegado su hora. Un grupo de contrarios al mismo llevábamos actuando varios años, dando pequeños avisos y convenciendo al pueblo que derrocar a este hombre era la mejor decisión para recobrar la prosperidad. Esta noche se había firmado su sentencia y yo sería el brazo ejecutor. Las horas previas estuve preparando mi intervención, repasando cada paso, previamente estudiado, que debía dar dentro de su palacete. No había margen de error, ahora o nunca. Su vida se consumía por momentos y mi gloria estaba más cerca. Empecé a saborear ese momento mientras me dirigía al objetivo. Conduje despacio, escuchando las noticias que daban una previsible mejora de las cifras de desempleo, lo cual me provocó cierto malestar. Aparqué a varias manzanas para no llamar la atención y seguí a pie. A las diecinueve horas y media me aposté en la puerta de su palacete. La puerta trasera de la cocina era el punto débil de su fortaleza. Sabíamos que a esa hora, un patán de dos

narrativas

metros sale a fumar un pitillo. “Ese jodido vicio que tienes va a acabar con tu Presidente…y contigo”, pensé mientras le asestaba un duro golpe sobre la nuca. Entré en la cocina con aire burlesco y mi Beretta 92 apuntando a todos los presentes. Con el dedo índice sellando mis labios, obligué a que se ataran unos a otros y se amordazaran. Los siguientes pasos fueron sencillos, sólo había que ir atravesando pasillos evitando ser visto. A esa hora casi todos estaban cenando. Comprobé mi reloj, quedaban quince minutos, así que aligeré el paso y llegué a la penúltima planta. Había que tomar un ascensor para acceder al ático, donde se encontraba el despacho del Presidente. En la puerta del mismo había un gorila con ojillos de rata. No se sorprendió al verme, sino que sonriendo, él mismo pulsó el botón. Mientras subía supuse que era nuestro “tocado”. Siempre sobornamos a alguien en las misiones. Las puertas correderas del ascensor chirriaron, lo cual me produjo una agradable sensación. Me encontraba en el pasillo que debía convertirme en una leyenda, lo que llevaba esperando largo tiempo. A sólo unos metros, a sólo unos minutos, se encontraba nuestra esperanza, reflejada en la muerte de un tipo sin escrúpulos a manos de otro de su misma calaña, sin duda. Recordé los años perdidos por el miedo, la vida infame que había tenido, y eso me excitó aún más. Mi arma llevaba balas suficientes para agujerear a ese tirano. En la puerta de su despacho había un minúsculo cuadro de teclas que solicitaba una clave. Antes de pulsar fue cuando comencé a escuchar aquel sonido. Provenía del exterior, al principio solamente era un rumor, pero poco a poco empezó a sonar más y más nítido. No había duda, eran sirenas policiales. Una caravana infernal de silbatos retumbó en las calles durante un largo rato hasta que el sonido se detuvo justo en la puerta del edificio. Fue cuando supe que alguien me había vendido. Nadie conocía nuestra misión salvo nosotros mismos. Ahí me entraron las dudas. Un arsenal de policía y fuerzas armadas estaban abajo, dispuestos a subir y acabar con esta aventura. Aún estaba a tiempo de volver atrás y escapar. No me cogerían, seguiría vivo y podríamos

narrativas

idear otro plan. Pero si ya me la habían jugado, no podía seguir confiando en ellos y seguro que después de este suceso redoblarían la protección sobre el Presidente. Lo vi claro, sólo existía una salida, esa salida. Debía entrar, acabar con el mal de nuestro país y aceptar las consecuencias. O caía el régimen y salía como un héroe, o me apresaban y terminaba pudriéndome en una celda antes de ser ajusticiado. Apreté la Beretta y suspiré. Los gritos de los guardias subiendo a empujones por la escalera se hacían cada vez más notorios mientras las gotas de sudor frío resbalaban por mi espalda. “Tienes un minuto, aprovéchalo”, pensé al tiempo que pulsaba J-17-L000 en el cuadro de la puerta que se abrió ante mí con inusual majestuosidad. Ya lo había logrado, estaba frente al hombre que más odiaba en el mundo, con el cargador lleno y las fuerzas intactas. Levanté el brazo, miré directamente a sus ojos y apunté hacia la sien. Antes de poder disparar, confuso y perplejo, dejé caer mi arma al suelo. Al mismo tiempo, sentí el tremendo golpe de dos encapuchados con casco que me placaban con especial violencia. Me trenzaron las manos en la espalda con esposas mientras me golpeaban y proferían todo tipo de insultos. Yo no podía dejar de mirar al Presidente recostado en su sillón y los ojos inertes… ¡Alguien se me había adelantado! ÓSCAR GALLEGO

LA PLAYA DE TODOS LOS DOMINGOS
A los niños domingueros se los reconoce, cómo no, por el corte de la camiseta de tirantes que llevan de lunes a sábado. Y por otras cosas. Son los reyes de la playa un rato, de tres y media a cinco y media, pero su reinado no es total ni siquiera en esas dos horas, porque tienen prohibido bañarse debido a los cortes de digestión. Luego vuelven al agua, pero ya están allí esos otros niños, con quienes jamás se mezclan. Empiezan infinitos castillos de arena y no los terminan, porque son las siete y mamá los llama a gritos para que recojan los trastos. Tienen demasiados trastos que deben ser lavados uno a uno. Hay más gritos, después, porque papá no quiere ver ni un grano de arena en esos pies que están a punto de subir al coche. Siempre salen tarde, enfadados, agotados y tristes, y en eso se parecen a sus padres, que finalmente se resignan a largas retenciones en el camino de vuelta. Pero no vuelven de vacío. Llevan consigo mucha arena. No en los pies, es cierto. En el culo. Como de contrabando. La verá mamá más tarde en el baño y no podrá creerlo, como todo domingo playero. Hará algún comentario despectivo, pero luego dará sus besos y encenderá el ventilador del techo y cantará una canción que los transportará hacia el sueño. Y saben qué. También están las manadas de adolescentes domingueros, que no cargan con sombrilla ni mobiliario plegable, sino apenas una mochila que contendrá: una toalla, un bocadillo de tortilla envuelto en papel de aluminio (de plata), crema solar, un reproductor de mp3 y una botella templada

narrativas

narrativas

de tinto de verano Sandevid. En el mp3: techno, Estopa, Platero y tú y Lady Gaga. Hay dos chicas a las que los demás no hacen mucho caso, para las que ya es hermoso haber sido invitadas por la pandilla de la pedanía. Una tiene un poco de sobrepeso, la otra apenas rellena el bikini con los pechos, y no saben qué decir. Participan de soslayo en los juegos de pelota y las aguadillas. Miran y sonríen a los machos alfa del grupo, pero no les dirigen la palabra. La chica espigada recibe una aguadilla de uno de ellos, no se sabe cómo. A ciegas, tratando de sacar la cabeza del agua, palpa los músculos de David y se rinde a una extraña sensación de indefensión sexual que la deja excitada y confundida el resto del día. La escena no se repite para ella (para las otras, para las tetonas y descaradas, se repite muchas veces, e incluso el gallito las premia con una erección que es celebrada con risas y deseo). Las chicas

impopulares suben las primeras al autobús y el resto del grupo se sienta más atrás, desde donde no se distinguen las conversaciones. Ellas no hablan de nada mientras anochece en el camino de vuelta. Pero también traen arena de contrabando. En el vello púbico, en los pliegues de los labios de la vagina y en el ombligo. Aparecerá después, durante la ducha caliente que las espera en casa, mientras llaman a la puerta del baño para que se den prisa. Toda esta arena va a un lugar. Pasa por el desagüe de la ducha pero no entra a los conductos sépticos. Es filtrada. Alimenta la Playa de Todos los Domingos, cuyas arenas son míticas por su blancura y su suavidad. Donde los niños no son llamados a recoger los trastos y elevan torres defensivas hasta que se hace de noche. Donde brillantes bicicletas los esperan para ir a jugar después de eso y sus hermosas madres los acogen en el regazo bajo la luz de las estrellas. Donde las adolescentes desmadejadas y prepúberes ayudan a los chicos a encender hogueras, y beben y fuman marihuana y tienen historias que contar y se bañan desnudas a medianoche y abrazan y besan en el agua a muchachos súbitamente desinteresados por el mundo del tuning. Y también los solipsistas del mundo que solo registran y escriben los pormenores de este paraíso vacacional tienen permitida la entrada, porque trajeron tanta arena en sus inadecuados zapatos, de contrabando, el domingo en el camino de vuelta.

narrativas

JOSÉ DANIEL ESPEJO

narrativas

NOCHE DE ESPEJOS Y AMORES PÓSTUMOS
Se miraron lentamente en la penumbra grisácea del cuarto. La lluvia furiosa golpeaba los cristales. Un frío silencio, un hombre y una mujer poblaban la estancia. El espejo les devolvía la imagen nítida pero improbable de dos amantes que ya lo habían perdido todo. Ella improvisó un guiño, sin palabras y él enjugó su llanto amargo. Era una tácita despedida. El silencio lo decía todo. Pero la casa era aún de ambos. Los finales no ocurren tras el punto y final. Y sin preámbulos a un destino distinto e incierto comprendieron que todo había acabado. El amor había desfallecido. O ellos lo habían matado. Ya daba igual. Abandonaron la estancia. Se distanciaron como nubes de otoño zarandeadas y rotas por la tormenta. La noche cayó como un párpado arrugado y ceniciento. Ella durmió en la cama y él busco refugio en el exiguo sofá. Pero en la obscura tibieza de la madrugada algo se movió en el espejo. Una sombra se irguió en el tenue cristal. El reflejo de él, aún enamorado e inverso, se desplazó por ese otro mundo de contrarios e imágenes intercambiadas. Buscó el reflejo de ella. Lo encontró. Yacía en el espejo del dormitorio. Reflejando aún a su dueña que dormía embriagada en el dolor de las febriles y póstumas jornadas. Mientras, en este lado los amantes destruidos por la rutina dormían. La abrazó sin ruidos. La amó en el murmullo quedo de la noche que se fraguaba detrás del espejo. Pero un leve crujido asistió al silente momento. Ella, la real, despertó y encendió la luz. Contempló horrorizada el espejo. Sin comprender. Sólo desazón o desvarío. No vio su acostumbrado rostro. En el insólito cristal su reflejo postergaba el sueño y

narrativas

Les liaisons dangereuses © by Magritte

narrativas

la caricia con el reflejo de él. No era posible. Será un sueño intenso. Intentó despertar en vano. No soñaba. Vocalizó un rotundo grito con el nombre del que había amado tanto tiempo. Éste despertó asustado en el solitario sofá. Surgió veloz en el umbral de la alcoba y, junto a ella, contempló el obsceno reflejo. Los amantes del espejo retozaban ausentes en el reflejo de la cama. Sintió amor o celos de sí mismo. Una angustia inusitada acudió a su garganta. Ella le miró. Sintió deseos o envidia de la otra pareja que moría de pasión en el cóncavo espejo. Juntaron sus tímidas manos. Contemplaban absortos la escena. El miedo cedió lentamente. No se dijeron lo que ambos ya sabían. Y comprendieron que aún los rescoldos de sus vidas exhalaban los vestigios inciertos de otra primavera. Otra primavera. Tal vez la última. Pero otra más. Se fueron a la gélida cama y solaparon de nuevo sus cuerpos errabundos y anhelantes a la imagen díscola del reflejo. Recobraron la normalidad. Y se amaron otra vez. Y volvieron a poseer tenues reflejos que imitaban sus suspiros y sus besos de una forma lógica y rotunda. Al alba, otra vez enamorados, temieron que el espejo no fuese fiel a la costumbre.

PEDRO PUJANTE

INT ER VALO S
Recuerdo

transiciones

En el futuro, acodado en la barra de un bar, nadie le creería cuando contase la influencia que tuvo en Bob Dylan

transiciones

La extinción de Camelot

Los historiadores no se ponían de acuerdo en si primero dejó de haber espadas mágicas incrustadas o caballeros elegidos para portarlas.

MANUEL REBOLLAR

POEMAS DE MIHAI EMINESCU –
INTRODUCCIÓN Y TRADUCCIÓN DE OANA ANDREIA SAMBRIAN

perversiones

Mihai EMINESCU (1850-1889) fue un poeta rumano del romanticismo tardío. Es considerado el poeta nacional rumano y los temas de sus textos retratan algunas de las características de los románticos europeos: el amor, el sueño, el tema filosófico, la historia nacional, el pasado. Nacido en Ipoteşti, en la región rumana de Moldavia, en 1869 empieza a frecuentar los cursos de la Facultad de Filosofía de Viena. Su producción literaria ha sido traducida a más de 60 idiomas.

perversiones

Dintre sute de catarge Dintre sute de catarge Care lasă malurile, Câte oare le vor sparge Vânturile, valurile? Dintre păsări călătoare Ce străbat pământurile, Câte-o să le-nece oare Valurile, vânturile? De-i goni fie norocul, Fie idealurile, Te urmează în tot locul Vânturile, valurile. Nenţeles rămâane gândul Ce-ţi străbate cânturile; Zboară vecinic îngânându-l Valurile, vânturile.

De los mástiles lejanos De los mástiles lejanos que las costas abandonan, ¿quién sabe cuántos se parten por los vientos, por las olas? De las aves peregrinas que recorren cielos, valles, ¿cuántas quizás sean hundidas por los vientos, por los mares? Si echas a perder tu suerte o tus ideales, te siguen a todas partes ya los vientos, ya los mares. Confuso queda el recuerdo que traspasa ya tus versos, vuela siempre perseguido por las olas, por los vientos.

De-or trece anii...
De-or trece anii cum trecură, Ea tot mai mult îmi va plăcé, Pentru că-n toat-a ei făptură E-un “nu ştiu cum” ş-un “nu ştiu ce”. M-a fermecat cu vro scânteie Din clipa-n care ne văzum? Deşi nu e decât femeie, E totuşi altfel, “nu ştiu cum”. De-aceea una-mi este mie De ar vorbi, de ar tăcé: Dac-al ei glas e armonie, E şi-n tăcere-i “nu ştiu ce”. Astfel robit de-aceeaşi jale Petrec mereu acelaşi drum… În taina farmecelor sale E-un “nu ştiu ce” ş-un “nu ştiu cum”.

Y si los años se marcharan…
Y si los años se marcharan, más que ahora la querré porque en todo su ser tiene un “no sé cómo”, un “no sé qué”. ¿Me atrapó con su destello desde que conocí su rostro? Aunque no es más que una mujer, es diferente, no sé cómo. Por eso es todo para mí, si habla o calla creo que si en su voz hay armonía, en su callar hay “no sé qué”. Esclavo de la misma angustia la misma senda pisaré, en su encanto oculto tiene un “no sé cómo”, un “no sé qué”.

perversiones

perversiones

Sonet I Afară-i toamnă, frunză-mprăştiată, Iar vântul zvârle-n geamuri grele picuri; Şi tu citeşti scrisori din roase plicuri Şi într-un ceas gândeşti la viaţa toată. Pierzându-ţi timpul tău cu dulci nimicuri, N-ai vrea ca nime-n uşa ta să bată; Dar şi mai bine-i, când afară-i zloată, Să stai visând la foc, de somn să picuri. Şi eu astfel mă uit din jeţ pe gânduri, Visez la basmul vechi al zânei Dochii; În juru-mi ceaţa creşte rânduri-rânduri; Deodat-aud foşnirea unei rochii, Un moale pas abia atins de scânduri... Iar mâini subţiri şi reci mi-acopăr ochii.

Soneto I Fuera hay otoño, hojas esparcidas el viejo arroja en las ventanas grandes gotas, de mustios sobres lees cartas rotas y en un instante abarcas memorias extinguidas. El tiempo se te va en tonterías, no quieres que ellos toquen a tu puerta, pues es mejor, la nieve estando suelta, soñar cerca del fuego para siempre. Desde el sillón contemplo pensativo, y hadas sueño en un fugaz latido, la niebla alborota mi “yo” meditativo; intuyo el crujir de un vestido, süaves pasos, corazón altivo sus manos finas, frías alteran mi sentido.

perversiones

perversiones

La steaua La steaua care-a rasarit E-o cale-atât de lunga, Ca mii de ani i-au trebuit Luminii sa ne-ajunga. Poate de mult s-a stins în drum În departari albastre, Iar raza ei abia acum Luci vederii noastre. Icoana stelei ce-a murit Încet pe cer se suie; Era pe când nu s-a zarit, Azi o vedem, si nu e. Tot astfel când al nostru dor Pieri în noapte-adânca, Lumina stinsului amor Ne urmareste înca.

Hasta la estrella… Hasta la estrella que nació hay un viaje tan largo que miles de años se empeñó la luz en traspasarlo. Quizás hace mucho se apagó en turbias lejanías, su brillo que recién llegó a nuestras cercanías. La luz del astro que murió despacio al cielo sube. Estaba sin poderla ver, no está, vemos su lumbre. Así como nuestro afán perdiose en lo oscuro, la luz del extinguido amor derriba nuestro muro.

dímelo en la calle

„NACIMOS PARA SER AMADOS Y VIVIMOS PARA AMAR“ Avenida Atilio Pelosi MONTEVIDEO

„ASH OF POETRY“ Calle Martín Baldo MURCIA

© by Basi

© by Juan Pedro Ruiz

dímelo en la calle

© by Álvaro

„SOÑÉ QUE SOÑABA PERO SOLO ERA UN SUEÑO“ Puente del Arenal BILBAO

dímelo en la calle

„AIMER C´EST DU DÉSORDRE... ALORS AIMONS“ Mont Parnasse PARÍS

© by Tama Imrani

dímelo en la calle

© by Álvaro

„REVOLUCIÓN! SUEÑO CON SONRISAS“ MURCIA

LA PLAYA DE LOS AHOGADOS de DOMINGO VILLAR, Siruela. madrid. 2011

recomendaziones

“…si no tuviese las manos atadas, Justo Castelo sería otro de los hijos del mar que encontró su tumba entre las aguas mientras faenaba”. Dicen que la tierra siempre te hace volver…, y como físicamente no siempre se puede, la lectura, en la lengua de uno,… apunto yo: siempre reconforta. Escrita por el autor tanto en gallego como en castellano, La playa de los ahogados es la segunda novela de Domingo Villar en la que el policía Leo Caldas y su ayudante Estévez nos envuelven en el paisaje de la costa gallega y sus misterios. Nos encontramos ante un claro ejemplo de novela policíaca o negra, que gira en torno a la investigación de un suicidio “dudoso” debido a la aparición del cadáver con las manos atadas. El hilo argumental sigue las líneas propias de la novela de este género, y el desenlace, al más puro estilo de Agatha Christie, no sorprenderá al lector de modo fascinante. Pero lo que Domingo Villar aporta en La playa de los

recomendaziones

ahogados es una disección del ambiente y de la sociedad gallega perfectamente conjugados con la resolución del misterio, influjo de la novela negra en la que el hecho de resolver el misterio parece un pretexto para presentar y centrarse en el aspecto social. Leo Caldas, el protagonista, es presentado como un policía humano. Un inspector que lo pasa mal, sufre, tiene miedos y comete errores, no es un héroe, simplemente un hombre que realiza su trabajo. En este aspecto, el autor ha evolucionado con respecto a su primera novela, Ojos de agua, en la que los personajes no mostraban tantas facetas de su personalidad y el análisis que de ellos se nos ofrecía era más plano. Suspense, intriga, personajes y mundo urbano, Vigo como marco del relato, son los distintos elementos que el autor nos ofrece en esta novela con la que ha obtenido los premios Brigada 21, Premio Losada Diéguez, Libro del Año por la Federación de Libreros de Galicia y Autor del Año 2009 por la Revista Fervenzas Literarias, además de ser finalista del premio Novelpop y del premio Libro del Año del Gremio de Libreros de Madrid. PAULA ÁLVAREZ FIGUEROA

ESCALADA Y OTROS POEMAS de VICENTE CERVERA SALINAS Verbum, Madrid, 2010.
Tras una serie de poemarios (De aurigas inmortales, La partitura y El alma oblicua) en los que el adjetivo matiza una forma de entender y comprender la propia existencia del sujeto en su relación con el conocimiento y cuanto le rodea, reaparece Vicente Cervera en el panorama poético con Escalada y otros poemas. En el prólogo del mismo, José Emilio Pacheco advierte que la intención de Vicente Cervera es hacer una inmersión exitosa en la Poesía, deteniéndose en una de las notas de la escala, en el tono correcto que implica todo acceso y uso del lenguaje como una práctica que consiga la fusión del ser y del entender de dos almas que conviven en el proceso de lectura, la del hacedor, en sentido borgesiano y también creacionista de Vicente Huidobro, y la del receptor en toda su extensión. Aparte de ESCALADA, el poemario tiene una disposición triádica (EL DESTRUCTOR, ADVIENTOS y AZUL HERALDO) más la parte conclusiva y colectora (ÁNFORA). “Escala-

recomendaziones

recomendaziones

da” es un poema especial por el capítulo de convergencias personales, literarias, filosóficas y las ya citadas musicales que se ejecutan en la confección del mismo. Por un lado, además de formar parte del aparato constructivo del título y de la filosofía del poemario, “Escalada” es un autorretrato en clave lírica y con ecos de un Manuel Machado, quien tanto ahondó en el tema. Desde un punto presente, o presentido, el hacedor, en diálogo con una concepción dinámica de la vida y en perenne lucha con el tiempo, descifra y cifra, desgrana y muestra los fundamentos de un modus vivendi que, necesariamente, conforma una poética vital que, a su vez, mediante su ejecución es el instrumental para abordar la realidad y asediarla posteriormente con el lenguaje que, nuevamente, en el proceso destructor, se convierte en creador. Los dones (la humildad, la prudencia, la comunión de sentimientos, el interés por el conocimiento…) en conjunción con la memoria, que nunca fue un sepulcro, sino que, por el contrario, se trata de otra vía alternativa de conocimiento y comportamiento, conforman un ideario poético y sintético muy personal y reflexivo de todo lo vivido. Por ello insiste tanto en la revisión del conocimiento aprendido con anterioridad desde este punto presente: “A menudo medito sobre el centro/ y sus innumerables periferias, / recibidas o nuevamente formuladas.” La escalada, como se puede ver en la fotografía del autor, en definitiva el acceso al conocimiento, siempre es vertical y de ahí se derivan su grandeza y su dificultad. Supone una superación de la dicotomía de Huidobro (Zenit/Nadir) de la cita, al vislumbrar el verdor y la esperanza sobre o tras el fondo nihilista. La primera parte de la tríada, EL DESTRUCTOR, trata el tema de la destrucción como vía necesaria del conocimiento, porque analizar, diseccionar, estratificar... son formas de conocer, o de saber lo que queda por conocer. Es algo que está íntimamente emparentado con la Deconstrucción. Los poemas que forman parte de este conjunto tienen un hilo conductor que les otorga el don de comunidad. En todos

recomendaziones

ellos se vislumbra algo que el poeta ha vivido y que, de alguna manera, le han causado dolor, por ejemplo: en “La fuga”, el tratar de olvidar se convierte en una manera de avivar el recuerdo del que se huye; asimismo, en “La tijera” habla de la naturaleza destructora de este instrumento, porque divide, y la división implica dolor o la necesidad de construir un camino hacia la unión con sus dificultades y exigencias (alma / cuerpo). Concluye esta parte con “Emaús”, que bien podría ser un reflejo de nuestra deshumanizada sociedad, amparada en el desconocimiento de querer conocer.

En cambio, en la segunda parte de la tríada, ADVIENTOS, el poeta, un ser situado entre el Zenit y el Nadir de Vicente Huidobro, y entendiendo el lenguaje como un modelo de creación de lo que el pensamiento y la imaginación fraguaron, anticipándose a la propia realidad, va repasando diversos puntos de la escalada. Hay una necesidad de gra-

recomendaziones

vitar el presente para crear el futuro. Asimismo, existe, en este segunda parte, una clara comunión entre las calas del recuerdo y su reaprovechamiento para plantear una manera de entender y concebir la circunstancia del poeta y por extensión del hecho poemático. Así se puede ver en poemas como “Clarividencia”, “Oros”, “Altozano”… Todos estos poemas siguen un vínculo o máxima que los cohesiona: vamos a crear lo pensado en cualquiera de sus manifestaciones. Antes de finalizar, nos encontramos con la cúspide de la tríada, AZUL HERALDO. Se trata de una serie de poemas, cuyo hilván onomástico hace anamnesis y exegesis de la poética modernista y del viaje a los orígenes, pero conjugadas y confundidas sus esencias para ser nuevamente otro elixir poético distinto, es decir, saborear y recordar los aromas y fragancias de antaño bajo otro nuevo sentir. Se trata de una conjunción de poemas que, a modo de constelación, van dejando las teselas que forman una clara línea poética, la gran estela o mosaico de lo que supone crear poesía y comulgar con el lector en un punto de intersección. Los temas que afloran en este apartado van desde la descripción y cosmovisión de lo que es ser un ser poético (“Eón”), pasando por la fusión de inspiración y creación (“El alce”, “Amorosa intersección”, “Galán de noche”, “Cuerpo verbal”…), hasta la problemática del encuentro entre lector y poeta en una nueva realidad, el mundo poético y sus condiciones, por ejemplo en el poema “Azul Heraldo”. ÁNFORA, la coronación y parte conclusiva, da cuenta de las siempre difíciles singladuras y vicisitudes por las que el poeta ha tenido que pasar hasta encontrar el arte de hacer poesía, de comprender para auto-comprenderse mejor, del intento conseguido –nuevamente- por ser “uno y distinto”, de ser todos y así alcanzar y alzar su propia voz al viento del no olvido. MIGUEL ÁNGEL RUBIO SÁNCHEZ

LAS ARMAS Y LAS LETRAS. LITERATURA Y GUERRA CIVIL (1936-1939) de ANDRÉS TRAPIELLO, Destino, Barcelona, 2009.
“La literatura no estuvo casi nunca a la altura del momento histórico, porque casi nada ni nadie lo estuvieron tampoco”. Con esta idea comienza el prólogo de Las armas y las letras. Literatura y Guerra Civil (1936-1939), de Andrés Trapiello. A medio camino entre la crónica, el ensayo y una colección de semblanzas, el autor desvela en más de quinientas páginas la vida y la literatura de los escritores e intelectuales que marcaron el antes, el durante y el después de la Guerra Civil española. Las armas y las letras se publicó por vez primera en 1994. Agotada durante muchos años, en 2004 y 2010 la editorial Destino volvió a editar el texto, ampliado, revisa-

recomendaziones

recomendaziones

do y corregido por el autor. Esto la convierte hoy en una de las obras que miran hacia nuestro reciente pasado literario de una manera, no sólo libre y crítica, sino también minuciosamente documentada. Desde la Generación del 98, con Unamuno y Machado a la cabeza, pasando por Giménez Caballero, Foxá; María Zambrano, Ortega y Gasset; el Madrid de Juan Ramón Jiménez, José Bergamín y Rafael Alberti; los casos contrarios de Maetzu y García Lorca; París y los exiliados; las páginas de Hora de España o El Mono Azul y sus colaboradores; Guillén, Dionisio Ridruejo, Clara Campoamor, Chávez Nogales…todos ellos se pasean por las páginas de un libro que pone los nombres, las personas y las obras en su sitio. Desde el principio, Trapiello nos deja claro que no quiere dividir la culpa en los dos bandos. Como afirma en el prólogo, su visión parte de una idea: aunque los crímenes fueron horrendos en ambos, “los irrenunciables principios de la Ilustración sólo estaban en la República.” Ahora bien, ¿qué quedaba de estos ideales en el 36? Este es otro tema que no puede explicarse sin ver la contienda como la aniquilación mutua de los españoles; ese “suicidio moral” de España del que hablaba Unamuno. Porque “ni todos los que combatieron con la República fueron demócratas o ilustrados ni todos los que arroparon a los fascistas fueron fascistas ni dejaron de ser ilustrados, si acaso lo eran antes”. Y es que Las armas y las letras denuncia precisamente el empeño histórico por dividir en dos, no sólo a los españoles de a pie, sino también a sus escritores. La contienda se convirtió, para Trapiello, en el empeño de dos Españas minoritarias y extremas de acabar la una con la otra; y en el esfuerzo por conseguir para su causa a los intelectuales de nuestro país. En medio quedó la población mayoritaria, la que conformaba la tercera España, y que podía integrar a gentes de cualquier condición social e ideología. Y en medio también quedaron aquellos escritores que consiguieron seguir teniendo una mirada libre y limpia sobre lo que estaba sucediendo. Los demás, acuciados por las circunstancias, el miedo, el interés

o la cobardía, no sólo cambiaron de chaqueta en más de una ocasión, sino que desvirtuaron la palabra “literatura”, convirtiéndola en el simple vocero de una ideología. La mayoría, en definitiva, simplemente se empeñó en sobrevivir. Resultan curiosas, en este sentido, las semblanzas de ciertos autores: desde un Unamuno que pronunciaba su célebre “Venceréis pero no convenceréis” ante Millán Astray y Carmen Polo, a la imagen de un Alberti que recuerda la guerra como “la belle époque” que le hizo famoso. Tenemos también a nuestro Antonio Machado que en su camino al exilio, habiendo sido escondido en el palacio de unos marqueses asesinados por los republicanos, duerme en el suelo de la habitación porque se siente indigno y sucio ante la crueldad de los acontecimientos. No podemos olvidar tampoco a García Lorca, quien todos los viernes cenaba con Primo de Rivera cuando todavía las dos Españas no se habían separado pero que luego sería asesinado por una de ellas; o al gran Luis Cernuda que, sonriente y feliz, corre abrazado junto a Altolaguirre y otros amigos por la playa en el verano de 1937; felicidad ajena a los terribles acontecimientos que se estaban sucediendo y de los que luego afirmaría, con la sensatez que le caracterizaba, una frase tan rotunda como certera: “…la marcha de los sucesos me hizo ver poco a poco que no había allí la posibilidad de vida para aquella España con que me había engañado.” Junto a las actitudes personales y las variaciones ideológicas de unos y otros según las circunstancias, el autor dedica gran parte de sus páginas a las revistas de estos años. En ellas, comenzando por La Gaceta Literaria, El Mono Azul, Octubre, Hora de España o Cruz y Raya, vemos cómo las páginas literarias servían para pedir adhesiones fervientes y, en más de una ocasión, para acusar públicamente a quienes no se sumaran a la causa “justa”. Son textos de la guerra, versos plagados de proclamas e incluso, denuncias pero, en muy pocas ocasiones, auténtica literatura.

recomendaziones

recomendaziones
En su repaso por la obra literaria sobre la Guerra Civil publicada en estos años y los posteriores, Trapiello afirma que la mayoría no estuvo a la altura de las circunstancias, porque de ella se sirvió la visión partidista y subjetiva de los extremos. Sin embargo, de la quema se salvan dos intelectuales cuya reivindicación Trapiello considera más que necesaria. Se refiere aquí el escritor a Clara Campoamor y a Chávez Nogales. De ellos destaca dos grandes obras, de las pocas que reflejaron una visión objetiva, crítica y justa de lo que

recomendaziones

estaba pasando en España, de lo que pasó antes del conflicto y de lo que pasó después: La República vista por una republicana, libro publicado en París por Clara Campoamor y A Sangre y Fuego. Héroes, bestias y mártires de España, de Chávez Nogales, editado en Chile (a pesar de un título que a uno, de entrada, le echa para atrás). El primero de ensayo y el segundo, colección de novelas cortas sobre la vida en la Guerra Civil. A los dos los considera el esfuerzo literario y personal más grande y lúcido por entender lo que había ocurrido. Y por eso, los dos fueron aislados por sus respectivos bandos. Ambos son literatura, nunca propaganda. En definitiva, Las armas y las letras es el libro fundamental para quien se quiera acercar a una parte de nuestra historia plagada de prejuicios, distorsiones y olvidos. Un fresco de aquellos años en los que la literatura no pudo verse, como nunca puede hacerlo, al margen de los trágicos acontecimientos que sacudieron un país.

MARI CRUZ GALLEGO

telefunken

ANDRÉS CAICEDO
Andrés Caicedo se suicidó en 1977 a los 26 años de edad cuando acababa de recibir el ejemplar de su primera novela ¡Que viva la música!. Creó el primer cineclub de la ciudad de Cali y también la revista cinematográfica Ojo al cine y allí empezó a ejercer su trabajo como crítico, como líder carismático del grupo de Cali y como proyecto de mítico suicida. Andrés Caicedo es uno de esos artistas de culto que nunca editaron un best seller, pero que han quedado en la memoria de unos pocos fanáticos que lo veneran como una suerte de Rimbaud Latinoamericano, a falta de comparaciones continentales más precisas. Caicedo seduce por su belleza física (ese literato con cara de estrella del rock), por su coherencia ideológica (en la que vivir más de 25 años era una indecencia), por su coraje (ése que le llevó a suicidarse con su primera novela recién salida de la imprenta). Aunque también es verdad que Caicedo seduce poco, tarde y lejos. El peterpan-suicida-colombiano, es a penas conocido más allá de su tierra y es, entre otras cosas, gracias a algunas películas como las de su amigo Luis Ospina (1986) Andrés Caicedo, unos pocos buenos amigos, Noche sin fortuna (Francisco Forbes 2010) y la cita en Color perro que huye (Andrés Duque, 2011) que su figura empieza a reivindicarse. Y gracias también, al alcance inmenso de internet que nos permite tener acceso a algunas de las imágenes y de los textos que produjo.

Debido (o gracias) a que nunca engrosó esa nómina golosa del Boom latinoamericano, Caicedo no ha gozado de los honores que otros gozan. Pero poco importa, porque la vida de Caicedo fue más el cumplimiento de un estratégico plan para convertirse en fantasma que la carrera producida de un artista. Él lo sabía, sus amigos lo sabían, su exigua obra lo supo y así lo transmitió. La relación entre cine y literatura no fue coyuntural en su trabajo. Escribir era mirar y viceversa. La mirada lo impregnaba todo: el cine, la crítica, la literatura. Quizá porque ya había decidido poner en marcha esa hoja de ruta del espectro, quizá porque su sensibilidad lo llevaba a estar mucho más cerca de la vida que los otros. Quizá. El caso es que Caicedo decidió virar su mirada hacia la realidad social del lugar y del tiempo que le tocó vivir. Sin mojigaterías. Sin excusas. Sin titubeos ni realismos mágicos. Hablando del oro y de la mierda que cubren la vida de cualquier humano. Quizá por eso también se convirtió en el primer enemigo de Macondo y en el hermano mayor de los detectives salvajes. De entre todas las imágenes producidas por Caicedo en las que se adivina esa mirada directa, incisiva y espeluznante, hay una que, en mi opinión, es la definitiva. Se trata de Angelitos empantanados, una breve película en la que Caicedo realiza un retrato de los que le acompañaron en sus últimos tiempos. No eran intelectuales, no. No eran poetas, ni artistas, ni diplomáticos, ni magos. Eran 3 niños de entre 12 y 15 años que Caicedo conoció en el cineclub. Guillermito, Fosforito y Clarisol hablan directamente a la cámara, de la enfermedad, de la locura, de los valiums, de matar y de morir. A veces me pregunto por qué nos sentimos tan atraídos por el valor de los suicidas, por qué consideramos que ellos tienen un coraje del que nosotros carecemos. Otras veces pienso que sólo nos sentimos reflejados en ese pánico

telefunken

telefunken

inmenso que lleva a la gente a desaparecer. Caicedo no murió por accidente, ni por sobredosis lisérgica, ni por pena de amores. Murió consciente de dar el paso definitivo de un plan que parecía diseñado milimétricamente para convertirse en un fantasma. Hoy pienso que lo que nos atrae de Caicedo (y de otros cuyo reflejo necesitamos para seguir viviendo) es esa habilidad para ir dejando puertas abiertas, proyectos inacabados. La coherencia del fantasma no se acaba en su muerte sino en todas esas cosas desdibujadas que deja a su paso. Caicedo dejó 3 novelas inacabadas La estatua del soldadito de plomo (1967), La Vida de José Vicente Diaz López (1975) y Noche sin fortuna (cuyo manuscrito sería revisado y editado muchos años después por algunos de sus buenos pocos amigos) una película codirigida junto a Carlos Mayo que explotó cuando se enamoró de su mujer y ésta de él, Angelita y Miguel Ángel (1971) y Dios sabe cuántas cosas más. Y esta lista de cosas por cerrar es la que nos hace sentirnos tan cerca de él y a la vez tan distantes, tan ajenos, tan cobardes. Tan fantasmagóricos.

telefunken

Arbel, Caicedo y Ospina. cine club de Cali o Caliwood

ELENA LÓPEZ RIERA

telefunken
o la épica de la reconstrucción Los que habíamos disfrutado (o en mi caso, devorado) las cinco temporadas de The Wire, esperábamos con ansia poder echar mano a la primera entrega de Treme. Porque Treme, nombre de uno de los barrios históricos de Nueva Orleans y cuna de una parte importante de la cultura musical norteamericana, es el título del nuevo proyecto de serie (o de novela televisiva) de David Simon. Como en el magnífico fresco de la ciudad de Baltimore, volvemos a encontrar la misma propuesta narrativa: un relato atomizado a través de microhistorias personales; de nuevo, con una sutil descomposición de una sociedad en sus estratos sociales; y, otra vez, un retrato crudo de un drama urbano: en este caso el que corresponde a la Nueva Orleans que intenta emerger de la ciénaga natural y moral que trajo consigo el huracán Catrina.

telefunken

Respecto a The Wire, se observa una pérdida de peso de la trama detectivesca o del esquema propio del thriller (no hay equivalentes-por el momento-de los memorables Stringer Bell, Omar o de Jimmy McNulty). Pero, en contrapartida, cobra importancia la dimensión histórica y cultural del espacio, la que corresponde a los avatares de la singular capital del estado de Louisiana. Así, capítulo a capítulo el espectador se convence de que ésta es una ciudad aparte, al tiempo que se acrecienta su curiosidad y su fascinación por “The Big Easy”. Y es que esto que podemos llamar épica de la reconstrucción, propio de una lucha por hacer de una ciudad y de la vida de uno mismo aquello que solía ser antes del desastre, se funde magistralmente con las señas de identidad del lugar que,

telefunken

dicho sea de paso, se reivindican con orgullo. La maestría de Simon (y Overmeyer y Mills) es, entre otras muchas cosas, lograr disimular bajo un gran realismo la representatividad de los personajes. No es casual que el elenco de protagonistas conste, básicamente, de músicos, pero también de cocineros, o jefes de tribu india (me refiero a aquellos desfiles que recuerdan el hermanamiento de indígenas y esclavos). De ahí también que el capítulo 8 (All on a Mardi Gras day) constituya, además de una maravilla cinematográfica, el clímax de la temporada, explosión de alegría y anuncio de un triste epílogo. Last but not least, Treme es, como The Wire, un colosal relato de denuncia (de la incompetencia, del olvido y hasta del racismo), y que resuena hasta el más puro exabrupto (“Fuck you, you fucking fucks”) a través de la atronadora voz de John Goodman. En definitiva, la queja de una ciudad que sigue siendo la misma pero que nunca volverá a ser igual y que se prolongará, David Simon et cia. mediante, tres temporadas más.

TONI RIVAS

Calamar sin su tinta
por JULIO RÓDENAS

despensa melódica

El último disco de los Rolling Stones es el Exile on MainStreet…¡Y luego me quejo yo de que estoy en bloqueo creativo!.

Puede que en los últimos años Andrés Calamaro haya perdido inspiración musical, pero aún sabe cómo dar buenos titulares. La web de Rolling Stone –la revista, no el grupo- se encargó de recoger estas declaraciones en una entrevista promocional de su último álbum hasta la fecha, On the Rock (Dro Atlantic, 2010). La pregunta es: ¿podríamos extrapolar la frase a la carrera del argentino? Sería desmesurado decir que el último disco de Andrés Calamaro es El Salmón -publicado en 2000-, ya que en la última década, el músico ha dejado algún que otro destello de calidad. Pero no nos engañemos; las palabras del porteño dejan entrever una evidencia: sus últimos años han estado huérfanos de la efervescencia y frescura creativas que mostró con las tres piedras angulares de su discografía: Alta Suciedad, Honestidad Brutal y El Salmón. La huella de esos álbumes es indeleble, pero hasta el momento el argentino no ha publicado ningún trabajo que por lo menos iguale su nivel. ¿Qué le ha pasado entonces al Comandante? Esta es una breve reconstrucción de sus aciertos y sus patinazos para entender mejor al Calamaro de los últimos tiempos.

despensa melódica

Los aciertos
► Las secuelas de El Salmón. En los primeros años del siglo veintiuno, la web oficial del bonaerense se convirtió en parada obligada para los fans más insaciables. En su portal, Calamaro jugó a ser músico y discjockey a la vez, creando Radio Salmón Vaticano, donde podías escuchar -por entregas y vía streaming- el torrente imparable de canciones que seguía fluyendo de su mente. Fue el último tramo de su etapa más prolífica, una fase que en su día Sabina calificó de “cancionitis”.

► “Silencio: se canta”. Así rezaba el cartel que colgaba en la puerta de Casa Limón, el estudio donde se cocinó la vuelta discográfica de Andrés Calamaro. El Cantante se publicó en 2004 y supuso un soplo de aire fresco para la carrera del argentino, que por entonces

despensa melódica

había llegado a considerarse un “ex músico”. Su nuevo círculo de amistades -el productor Javier Limón, Niño Josele y otros artífices de la nueva escena del jazz-flamenco- se convirtió en la banda que dio forma a un disco solvente, compuesto en su mayoría de versiones de boleros, tangos y otras mieles del folclore latinoamericano. Calamaro sólo incluyó tres temas propios, pero uno de ellos es, probablemente, lo mejor que ha grabado en la última década, el soberbio Estadio Azteca.

► El regreso. El 12 de febrero de 2005, ante las 200.000 personas congregadas en el festival Cosquín Siempre Rock –en la provincia argentina de Córdoba-, Andrés Calamaro regresó a los escenarios, terreno que no pisaba desde diciembre de 1999. Con la ayuda y los ánimos del grupo Bersuit como banda de acompañamiento, Andrés ofreció un concierto emotivo que supuso el prólogo del ‘Año Calamaro’: entre 2005 y 2006 regresó triunfal a Madrid, hizo una mini gira con Ariel Rot y llegó a publicar cuatro discos.

► Desempolvando viejas grabaciones. Hay que armarse de mucha paciencia para enfrentarse al archivo personal de Andrés Calamaro, compuesto por cajas y cajas atiborradas de cintas y discos con cientos de grabaciones inéditas. El propio Andrés y su colega Guido Nisenson se pasaron años haciendo una selección de lo más interesante. Al final, en 2009 terminaron publicando un cofre imprescindible para

despensa melódica

cualquier ‘calamarófilo’: Andrés. Obras Incompletas, compuesto por cinco discos, dos dvd y un libreto con información jugosa.

► Sacando la lengua. En 2007, Calamaro se reencontró Cachorro López -uno de sus ex compañeros de Los Abuelos de la Nada- para grabar y producir La Lengua Popular, álbum en el que, por momentos, el argentino logró el brillo suficiente para hacernos pensar que retomaría la senda inspirada de sus mejores trabajos. Sin embargo, todo acabó en un dulce espejismo.

Los patinazos
► Un palacio sin alma… ni flores. La colaboración entre Calamaro y la leyenda del rock argentino Litto Nebbia se tradujo en el disco El Palacio de las Flores (2006), un álbum de sonido bastante pobre, demasiado largo (17 temas), con mucho material de relleno y unos arcaicos y remilgados arreglos de cuerdas sintetizadas. Se salva la canción que da título al disco.

despensa melódica

► A dúo con Juanes. Dejemos a un lado la discusión sobre si es más o menos coherente la colaboración de Calamaro con un artista tan mainstream como Juanes. El tema que grabaron a dúo, Minas piedras, cuenta con una letra emotiva –en protesta contra las minas antipersona-, pero en global es una canción melosa en la que escuchamos a un Calamaro fuera de su medio natural. Un dueto más que prescindible

► Lejos de la guitarra y las teclas. El bonaerense siempre había defendido la idea de que un músico de rock tenía que dominar su instrumento sobre el escenario. Sin embargo, en los últimos conciertos, Calamaro está tocando cada vez menos la guitarra y el teclado, limitándose únicamente a coger el micrófono y cantar mientras recorre el escenario de un lado a otro con movimientos casi paródicos.

despensa melódica

► Amargo carpetazo a una década irregular. On the Rock, el último álbum del Calamaro hasta la fecha, es su disco más flojo. Resulta sorprendente que su habitual bajista y amigo Candy Caramelo haya apostado, como productor, por un sonido tan convencional e inexpresivo. No hay rastro de las texturas y la trasgresión de Honestidad Brutal, y mucho menos de los arreglos elegantes y pulidos de Alta Suciedad. Es injusto que exijamos qué dirección estilística tienen que tomar nuestros artistas favoritos, pero es evidente que el porteño lo puede hacer mucho mejor. La historia ha demostrado que hay un Andrés Calamaro capaz de cortar vetas musicales mucho más sabrosas, de rumiar versos mucho más agudos y de mostrar una implicación instrumental mucho más rica en matices. Y, como todos sabemos, la historia es cíclica.

ilustrados

© Blas Martínez

4ever

poesía

Ciervo2

© Soledad Costa

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful