PONENCIA

:

LA NARRACION ORAL COMO POSIBILIDAD AUTOPOIETICA DE
ENNUNCIACIÓN CREADORA.

Presentada por:
Pedro Mario López Delgado
Cuba-Colombia.
pmldelgado@hotmail.com
pmlopez@usbcali.edu.co

Mesa de Trabajo: PEDAGOGÍA Y DIDÁCTICA.

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Resumen: A través de la ponencia se propone una aproximación a la Narración
Oral, y la Oralidad toda, como complexus de lenguajes; cuencas fecundas para el
despliegue de posibilidades autopiéticas, en contextos de bioaprendizaje,
asumiendo el conocimiento como flujo de energía que moviliza, reconfigura y
fertiliza el adentro en vínculo rizomático con el afuera.

LA NARRACION ORAL COMO POSIBILIDAD AUTOPOIETICA DE
ENNUNCIACIÓN CREADORA.
La poesía no es sólo una variedad de literatura, es también un modo de
vida en la participación, el amor, el fervor, la comunión, la exaltación, el
rito, la fiesta, la embriaguez, la danza, el canto, que, efectivamente,
transfiguran la vida prosaica hecha de tareas prácticas, utilitarias,
técnicas. (...) Fernando Pessoa decía que en cada uno de nosotros hay
dos seres, el primero, el verdadero, es el de sus ilusiones, de sus
sueños, que nace en la infancia y prosigue toda la vida; el segundo, el
falso, es el de sus apariencias, sus discursos y sus actos. Podríamos
decir de otra forma: en nosotros coexisten dos seres, el del estado
prosaico y el del estado poético; esos dos seres constituyen nuestro ser,
son sus dos polaridades, necesarias una para la otra: si no hubiera prosa

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no habría poesía, el estado poético no se manifiesta como tal sino en
relación con el estado prosaico. Tenemos necesidad vital de prosa,
porque las actividades prosaicas nos hacen sobrevivir. Pero muy a
menudo, en el reino animal, las actividades de supervivencia (buscar
comida, perseguir la presa, defenderse contra los peligros y los
agresores) devoran la vida, es decir el goce. Hoy, en la tierra, los
humanos dedican la mayor parte de su vivir a sobrevivir. Tenemos que
actuar

para

que

el

estado

secundario

llegue

a

primario.

Hay que tratar de vivir no sólo para sobrevivir sino también para vivir.
Vivir poéticamente es vivir para vivir.

Edgar Morin

A través de estas reflexiones pretendo contribuir a visibilizar la emergencia de la
narración oral, y de todas las formas de oralidad, como claves humanizadoras que
devienen en componentes ineludibles en los aprendizajes coligados a lo biológico y
matizados por la inmanencia del amor, que es la “emoción que constituye la
coexistencia social” (Maturana; 199:54) y se resiste a quedar atrapada en la
monocromática lógica de los conocimientos in-vividos; peces agónicos que
reclaman en los espacios de nuestra cotidianidad aguas que fluyan para re-fundar
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experiencias de aprendizaje multidimensionales;

permanentemente en tensión

con lo declarativo, lo institucionalizante, lo lineal, y por consiguiente, en disposición
de profundizar en la naturaleza de la persona que conoce, preguntando y
preguntándose qué conoce, cómo conoce, para qué conoce lo que conoce, cómo
valida sus conocimientos en relación de diálogo propositivo con los otros-otras que
conocen de maneras diferentes, abriendo puertas a la posibilidad de elaborar
trayectos que encaminen los esfuerzos individuales hacia la generación de
espacios de luz colectiva, asumiendo el conocimiento como encarnación, como
flujo de energía que moviliza, reconfigura y fertiliza el adentro en vínculo rizomático
con el afuera.
Al asumir la narración oral como el acto creativo-poético de narrar-contarreinventar- co-crear historias, se abren interesantes espacios de reflexión
epistémica, partiendo de visibilizar los complejos universos que emergen desde la
narración oral, y la oralidad toda, como procesos holísticos y autoorganizadores de
la vida a través de los cuales resulta posible “hacer saltar los actuales sistemas
simbólicos. Psiques que se transforman de estandarizadas en singulares” (Muraro,
2004:178) en correspondencia con el linaje de nuestra especie, que evolucionó
hacia lo humano edificando relaciones de asociación y colaboración, donde eran
compartidos los alimentos y la palabra; el trabajo colaborativo y la palabra; la
caricia y la palabra; relaciones donde lo expresivo y lo vital, explicito a través de

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múltiples lenguajes, fundaron un lugar de encuentros esenciales que no podemos
soslayar.

Como docente universitario me confronto a diario con esa especie de parálisis
corpolinguistica (Ortiz Oses) que padecen muchos(as) de los estudiantes; la gran
mayoría de ellos(as) hace evidente su miedo al ridículo, a cometer errores, a
resultar poco eficaces al expresar sus ideas y sus pensamientos. Estas actitudes
están relacionadas, en la mayoría de los casos, con la institución educativa, la
familia y otros contextos sociales a partir de los cuales se va instaurando una
especie de bloqueo expresivo que atañe a lo verbal, a lo no verbal y a lo vocal en
sus más amplios registros; limitando la fluidez liberadora del pensamiento ágil,
divergente y asociativo en pro de una reproducción lineal de determinados
discursos instituidos que anquilosan la versatilidad expresiva y empobrecen la
curiosidad y la capacidad de asombro de las personas. La narración oral ha
demostrado en diferentes contextos ser una excelente alternativa para contrarrestar
estos embates.

Todo maestro(a) debe ser un narrador oral; un contador de historias capaz de tejer
el mundo más allá de la fragmentación disciplinar, privilegiando el lugar de
elaboración-relación-co-creación de la palabra viva; dispuesto a propiciar en su
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salón de clases espacios-tiempos otros que sitúen los aprendizajes en postura
crítica de interrogación sostenida, de forma tal que el aprendiente asuma el
conocimiento como viático potente e inacabado que permanentemente se reconfigura conectando holísticamente los conocimientos con los acontecimientos de
vida, con la historia personal; insertos en ámbitos donde es posible flexibilizar,
conversar, narrar, re-narrar en apertura al diálogo con el afuera, con los seres
vivos, con la conciencia planetaria que nos transversaliza; con la energía cósmica
como pulsión constitutiva que sintetiza en nuestro corazón el ritmo del Universo y
sus misterios.

Es clave que el aula de clases abra puertas a la posibilidad de narrar-se; que los
procesos didácticos se vivifiquen al compartir con originalidad las

historias de

quienes son capaces de “ver lo que todos ven; pero de maneras diferentes”
(Mónica Sorín) porque en esta apertura hacia otros ángulos de visión se está
propiciando, no sólo la posibilidad del reconocimiento del otro(a) como un auténtico
otro(a) (Maturana), sino que se están enfatizando algunos de los componentes
claves para la consolidación de una pedagogía creadora, expresados a través de la
corpolinguicidad como complexus de aprendizajes contingentes a partir de los
cuales el mundo se despliega en recombinaciones orgánicas e ilimitadas.

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La Narración oral como insumo pedagógico nos ofrece la posibilidad de trascender
de creativos, como capacidad compartida por toda nuestra especie, a creadores,
como postura enactiva (F. Varela)

y emprendedora a través de la cual se

manifieste la policromía inagotable de voces, sonidos, estrépitos y cantos, que
vibran en tensión permanente con las fragmentaciones y las dualidades que
intentan limitar el itinerario de nuestras búsquedas antes de fundirse en la
porosidad de historias que se mueven, giran y se interconectan para configurarse
como parte de un todo, articuladas con un presente donde se superponen
armoniosamente el pasado y el futuro ya que “nosotros creamos el mundo en que
vivimos a medida que lo vivimos, y hacemos esto momento a momento según
como estamos en ese momento. El mundo que viven los seres vivos en general y
los seres humanos en particular, surge en su vivir. El mundo que un ser humano
vive es una red de procesos que sólo existe a medida que esos procesos se
producen. Por lo tanto, es debido a esto que en el vivir de los sistemas vivientes
aquello que no es vivido no existe”. (Maturana; 1999:70) y en consonancia
podemos decir que lo narrado es testimonio de lo vivido-percibido-interiorizadoaprendido que comienza a fluir y a dar cuenta de las diferentes interpretaciones
que la propia viva y su amplio repertorio de matices y provocaciones coloca en el
primer plano de nuestras aulas, donde no sólo preparamos a los niños y niñas,
adolescentes y jóvenes para la vida, sino en la vida misma como presencia
contundente del presente en coexistencia con la cualidad poética de la existencia.
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Son muchas las figuras de la oralidad que se movilizan en nuestros complejos
contextos culturales, del cuentero comunitario al conversador íntimo o social; del
cuenta cuentos al narrador oral escénico, pero cuál de todas estas figuras se presta
para devenir como herramienta pedagógica en los espacios de clases de la
mayoría de nuestras instituciones educativas; cuál de ellas encaja en un entorno
educativo grafocentrado que desde una óptica cultural occidental privilegia y valida
la escritura como único camino hacia la validación de las ideas y los pensamientos
en correspondencia con una ciencia inclinada hacia la despersonalización de sus
tránsitos en pro de una siempre esquiva objetividad.

En realidad yo me atrevería a afirmar que ninguna de las figuras de la oralidad
encuentra en estos contextos espacios propicios para amplificar sus ecos, de ahí
que sea imprescindible fracturar los rígidos marcos que soportan las prácticas
pedagógicas anquilosadas en las que suelen languidecer el cuerpo, la palabra y
todas sus potencialidades al ser tramitadas por lenguas que han perdido la
curiosidad de explorar nuevos recursos verbales; lenguas envejecidas a destiempo;
inmersas en “contextos que niegan que el otro habla y niegan su habla posible (o
en otro sentido), contextos donde se da la autorización para que el otro hable de lo
mismo y entonces se celebra la generosa autorización, no la voz” (Skliar,2009:17).
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Sólo en celebración plena de la voz y de las implicaciones epistémicas y cognitivas
que le aportan tan amplios y disímiles significantes y sentidos, puede la narración
oral forjar espacio de creación en las aulas de clases, en ese caso cualquiera de
las figuras de la oralidad hará presencia o se reinventará para respaldar la
emergencia de los procesos a través de las diferentes opciones didácticas que el
docente elija.
Es significativo el hecho de que muchas de las experiencias interesantes en torno a
la narración oral tienen lugar en espacios informales, al margen de los escenarios
académicos institucionalizados; pero también hemos constatado que cuando la
institución

educativa

identifica

las

fortalezas

de

la

narración

oral

en

correspondencia con las rutas de sus proyectos pedagógicos, ella se torna una
aliada poderosa, liberadora; capaz de coligar lo que muchas veces parece
definitivamente desconectado. Como dice Froilán Escobar, poeta y narrador
cubano, la oralidad está en la base de todo, y por lo tanto no puede ser sustituida,
porque ella enseña a imaginar, enseña a relacionar, es sin dudas un excelente
detonador para abrirse a la relación a partir de la cual el tiempo y el espacio se irán
configurando en sentires-sentidos que hagan tangible el mundo y sus saberes, que
han de tejerse, narrarse y modelarse en relación estrecha con tantos otros saberesmundos que nos circundan afianzando los procesos de la lectura y la escritura,
procesos con los que la narración oral se encuentra indisolublemente implicada,

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pues no podemos perder de vista que la escritura siempre está precedida por la
oralidad, por la palabra viva.

Demás está decir, que la mirada pedagógica a la me estoy acercando en torno a la
narración oral no es proclive a traducirse en formulas; de hecho pienso que la
narración oral deviene en una posibilidad entre otras muchas, todas factibles de
poner en juego desde las didácticas movilizaciones que dinamicen los aprendizajes
en trascendencia de propuestas anquilosadas; igualmente en necesario identificar
que no basta con narrar historias para gestar el aprendizaje al que nos referimos y
las prácticas pedagógicas que lo alientan; muchos(as) maestros y maestras creen
estar haciendo uso de esta estrategia de manera eficiente; pero esto solo es
posible cuando logramos trascender la relación utilitaria con la herramienta y nos
adentramos en las resonancias y los sentidos que la misma propicia. No podemos
perder de vista que la narración oral, como la mayoría de los lenguajes sensibles y
expresivos con los que interactúa y se identifica, forma parte del sustrato sistemíco
y complejo de una pedagogía creadora que le apuesta a la necesidad de
“redescubrir el lenguaje con el que hablamos de nuestra propia existencialidad,
desarmando la obviedad de ser alguien para regocijarnos en las sorpresas. El
hombre como el comienzo que es fin, el fin que es siempre comienzo”
(H.Zemelman;2010:162)
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La persona que cuenta desde la autenticidad vibra en consonancia con una
sensibilidad muy potente. La palabra narrada a viva voz tiene el poder de nombrar
las cosas y lograr que las cosas sean. Al narrar dice viento y es ráfaga; dice agua
y fluye por cuencas inéditas; dice fuego e inflama los cielos de la tarde; dice tierra y
es montaña, verde sereno, camino sinuoso.

Todos los elementos que son evocados en las historias pueden liberarse de la
simetría del espacio-tiempo para emprender un viaje hacia donde nadie espera
encontrarse con verdades absolutas; donde lo fantástico se superpone con las
realidades cotidianas y prevalece el asombro, lo inesperado. Viaje donde todo lo
que se va nombrando se torna presencia y posibilidad, donde todo lo que se
imagina puede ser visualizado, donde todo lo que se evoca se corporiza, donde
todo lo que nos encanta se crea y se encarna provocando una amplificación del
espacio de clases.

Durante más de quince años de trabajo académico con grupos de diferentes
edades y contextos sociales en la ciudad de Cali, Valle del Cauca, he podido
identificar que la narración oral como herramienta pedagógica, emanada de una
pedagogía creativa propicia:

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La concentración de la atención

El empleo luminoso de la información disponible y la motivación para indagar
e investigar.

La reconvinación / la reinvención/ la contextualizacion de los saberes

La versatilidad expresiva. (se propicia la integración de múltiples lenguajes
verbales, no verbales y vocales)

La fusión de las

habilidades operacionales

con

el emocionar de las

personas.

La configuración de espacios de convivencia en conversares meramente
humanos (Maturana)

La capacidad para redefinir, para flexibilizar, para proponer nuevas ideas.

La capacidad de realizar observaciones no selectivas de sus entornos.

Establecer relaciones plenas de curiosidad con el mundo que les rodea

Conciencia corporal y espacial.

El conocimiento de la respiración y de la higiene de la voz como elementos
claves para la fonación y el cuidado de la salud.

El permanente estímulo a la libre expresión y al desarrollo de habilidades y
fortalezas creativas.

Estos, entre otros muchos indicadores, hacen visibles las competencias
comunicativas, cognitivas y de convivencia que se tejen por medio de la narración
oral. Actualmente en la Universidad de San Buenaventura, Cali, Universidad en la
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que laboro, contamos con un laboratorio académico permanente que a través de la
narración oral nos permite estimular el desarrollo del pensamiento divergente,
asociativo, ágil, por imágenes, como aspectos claves para la configuración de una
inteligencia multisituada y de un pensamiento complejo y creativo esencial para el
crecimiento personal de los estudiantes universitarios de los diferentes Programas
académicos quienes tienen la posibilidad de vincularse a la narración oral como
opción formativa, como asignatura electiva libre, como grupo representativo
identificado con las búsquedas estéticas que desde la narración oral escénica se
desarrollan.

Los logros alcanzados han sido encomiables, muchos(as) estudiantes han vencido
su “parálisis corpolinguistica” y hoy realizan sus exposiciones académicas y se
expresan con la seguridad de quien ha aprendido a identificar la fuerza imparable
de sus pensamientos materializados por medio de la voz, de la propia, auténtica e
insustituible. Como ejercicio formativo se mantiene un vínculo cercano de la
narración oral con las líneas de acción del Programa de Atención Psicopedagógica
de la Universidad, que ha identificado entre los índices de riesgo académico de un
número considerable de estudiantes su miedo a hablar en público, a exponerse
frente a los otros(as), algo que a través de la narración oral hemos logrado
minimizar en la mayoría de los casos.
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En estos momentos el cuento de contar cuentos es para muchos de los docentes
de la

Universidad de San Buenaventura, Cali, una estrategia de enseñanza de

comprobada eficacia y aunque todavía no son muchos los que la están poniendo
en práctica, cada vez es mayor el reconocimiento y el interés que de quienes
comprometidos con su labor se inclinan por explorar y relacionar sus dinámicas
académicas con estas búsquedas. Que feliz sería poder llegar a decir alguna vez
que nos estamos tomando el País con la palabra viva, que en todas las aulas de
Colombia se conversa, se dialoga y se narra la vida que se va viviendo y desde ese
acontecimiento se aprende a convivir insertos en una atmósfera de enunciación
creadora que despliega frente a nuestros sentidos la posibilidad maravillosa y
poética de ser difusores y co-creadores de la sensibilidad cósmica que fluye en
todo el Universo; pues es en definitiva el Universo quien se narra a través de
nosotros. Nuestra voz, nuestras historias, son resonancias luminosas entre todas
sus voces.

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BIBLIOGRAFÍA.
Assman,Hugo. (2002). Placer y ternura en la educación. Madrid: Narcea.
Bateson, Gregory. (1991). Pasos hacia una ecología de la mente. Buenos aires:
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encuentro de las diferencias. Madrid: Trotta.
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Maturana,Humberto.(1999). Transformación en la convivencia. Santiago de Chile:
Dolmen.
Morin, Edgar. (2001). Amor,poesía,sabiduría. Barcelona: Saix barral.
Skliar, c. (2009). Conferencia segundo encuentro nacional de desarrollo humano.
segundo encuentro nacional de desarrollo humano. cali: Universidad de San
Buenaventura.
Skliar, c. (2002). Y si el otro no estuviera ahí? Madrid: editorial Cresta.
Sorín, Mónica. (1998) Creatividad ¿Cómo, por qué, para quién ?. Barcelona: Labor.
Swimme, Brian. (1998). El universo es un dragón verde. Un relato cósmico de la
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Varela, Francisco. (2000). El fenómeno de la vida. Santiago de Chile: Dolmen.
Zemelman, Hugo. (2007). El ángel de la historia:determinación y autonomía de la
condición humana. Barcelona: editorial anthropos.

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