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La educación griega y el juego

La finalidad de este escrito es demostrar que la educación griega gozó de la alegría


del juego y la energía ética de la competición. Esta tesis será defendida por medio de dos
argumentos; primero, el juego era considerado como una propedéutica a la vida ciudadana;
segundo, los griegos buscaban sobresalir entre los demás. Para el desenvolvimiento de esta
tesis se utilizara únicamente la Historia de la Pedagogía de Dilthey.
La educación griega estuvo acompañada del juego, porque era considerado como
una propedéutica a la vida ciudadana. Los griegos se aprovecharon de esta etapa del
crecimiento humano para fundamentar el desarrollo inicial de su paideia, así lo señala
Dilthey: “Esta educación gimnástica pasaba por dos estadios: el juego1 y los ejercicios de
los muchachos hasta los 18 años, edad en que se les admitía entre los efebos, y después la
educación gimnástica de éstos” (35). Es decir, los ejercicios en el gimnasio y la palestra
eran el culmen de la actividad educativa griega, pero estos tenían su origen en los juegos
infantiles, y desde estos se visualizaban los años en el gimnasio y la vida militar, para,
finalmente, entrar en la vida adulta. El juego tiene en su esencia un carácter formativo,
desarrolla capacidades físicas y emocionales, pero también fomenta lazos de unión con
otros miembros cercanos, el mismo Dilthey afirma: “Así es el juego el hermano de la
sociabilidad, y ambos crean el arte” (35), estas capacidades socializadoras eran la base de la
formación del ciudadano, el cual solo se entendía como miembro de un grupo más grande,
la polis. Cabe recordar que en todos los pueblos griegos la pertenencia a una comunidad es
algo importantísimo, mucho más que la pertenencia a un linaje familiar, este fenómeno que
se puede rastrear desde las primeras civilizaciones dóricas, como explica el autor: “El rasgo
fundamental de toda la enseñanza dórica es que se sacó de la familia a los hombres en
formación y que éstos recibieron una educación común. Así desde el comienzo los jóvenes
se sintieron miembros de una totalidad político-guerrera” (30). Aunque el texto no lo
mencione, el papel del juego seguía siendo muy importante en la vida adulta del ciudadano.
Así, por ejemplo, lo evidencia la construcción de gimnasios públicos y la importancia
concedida a los juegos olímpicos.
La educación griega estuvo acompañada del juego, porque consideraban que este era una
propedéutica a la vida ciudadana. Además de entender el juego como el principio de la
paideia y el momento en el que se forjaban los valores sociales, los griegos consideraban
que el juego fomentaba valores históricos y espirituales, ya que por medio de estos los
niños se identificaban más con su pueblo y tal identificación era aliciente cívico en sus años
formativos. El texto refiere: “sus dioses eran también amigos del juego. Los favoritos del
muchacho en su libro heroico de Homero habían gozado con el juego. Sus antepasados
fallecidos disfrutaban en el Elíseo, según su representación, con el juego” (35). El juego fue
el elemento primigenio en la carrera educativa helénica, debido a que precedía de manera
crucial otras etapas de formación que antecedían a la vida ciudadana. Hay que mencionar,
además que el juego como momento pedagógico fue el origen de sentimientos
comunitarios, patrióticos, heroicos y religiosos, indispensables en la vida ciudadana griega.

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La negrilla es propia
Los griegos buscaban sobresalir entre los demás, por eso disfrutaron de la energía
ética de la competición. En la esencia del pueblo griego estaba la persecución de lo más
bello y lo más bueno (kalokagathia). Esta búsqueda no se reducía a buscar o hacer cosas
bellas y buenas, ya que ante todo era menester competir por ser el más bello y el más
bueno. Según Dilthey, los efebos griegos competían entre sí para ver quién era mejor, ya
sea en el canto o en la gimnasia, dice: “«ser siempre el primero y sobresalir de los demás»,
aquel pundonor animaba a las luchas de Olimpia, que suscitaba la competición de los
poetas y artistas, que representaba el nervio de toda la creación clásica” (44). Esto significa
que el adolescente era movido por un verdadero ethos competitivo que lo llevaba a buscar
por medio de la comparación con otros efebos sus fortalezas y sus debilidades. Pero, es
vano afirmar esto sino se aclara que, la paideia griega trae consigo esta actitud competitiva,
para ratificar esto Dilthey cita a Aristófanes: “Así los ciudadanos que conocemos, nobles
por nacimiento y sentimiento, hombres finos, benévolos, elocuentes, honorables, justos y
buenos, cultivados en escuelas de luchadores, en el canto coral y el arte de la música 2”
(28). Con esto el autor quiere decir que solo los sujetos así educados (tanto en el cuerpo y el
espíritu) son capaces de competir entre sí y ser los más nobles.
Los griegos buscaban sobresalir entre los demás, por eso disfrutaron de la energía ética de
la competición. En consecuencia a este esta energía competitiva los griegos hicieron
grandes obras literarias, artísticas, políticas y filosóficas; lo sostiene el autor cuando
expresa: “aquel pundonor animaba a las luchas de Olimpia, que suscitaba la competición de
los poetas y artistas, que representaba el nervio de toda la creación clásica” (44). Este es el
motivo por el cual el joven, insuflado desde su educación de esta energía ética competitiva,
competirá y se comparara con sus compañeros por destacar como el más valiente en el
campo de batalla; el mejor realizando discursos en el ágora; el más fuerte en el gimnasio; el
único capaz de interpretar las más bellas melodías en los banquetes; o el más capacitado
para cantar los más hermosos himnos en el teatro.
Conclusión: he intentado demostrar en este texto que la educación griega gozó de la alegría
del juego y la energía ética de la competición a partir de dos argumentos: primero, el juego
era considerado como una propedéutica a la vida ciudadana; segundo, los griegos buscaban
sobresalir entre los demás. Se concluye que la educación griega se sirvió del juego como
ante sala a todo el proyecto educativo posterior y al mismo tiempo como elemento
formativo de los valores cívicos del ciudadano, dotándolo de un sentimiento comunitario y
patriótico; y que gracias a su educación se insuflaba en los jóvenes la energía ética
competitiva, que los llevo a compararse y competir entre sí para buscar quien era el mejor

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La negrilla es propia