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La Identidad Narrativa

Introducción:
La intención fundamental de este texto es desarrollar el problema de la identidad narrativa. Ricoeur se
había servido de este término en su obra Tiempo y Narración III, que no desarrolló de manera
completa, solo concluyó que la comprensión de sí se da por medio de la “recepción conjunta” de los
relatos históricos y ficcionales. Para retomar este problema propone como base que el concepto de
identidad se puede entender como “sí mismo” o como “idéntico”, y este último se debe entender desde
dos acepciones latinas, “idem” e “ipse”.
1. Conexión de una vida y la mediación del relato.
En la dimensión narrativa surgen algunos aspectos de sí mismo, como la dimensión temporal de la
experiencia humana, que también se puede llamar “historia de una vida”. Es decir, gracias al relato una
narración está cargada de una dimensión temporal. Pero este concepto presenta una dificultad, que
Dilthey llama encadenamiento o conexión de la vida, esto es la mezcla de dos términos, identidad del
sí mismo e identidad de lo semejante, que consiste en señalar que en el hombre cambia, pero en su
interior todo es permanente. Es difícil, admite el autor, definir esta mezcla de permanencia y no-
permanencia, pero a pesar de esto el hombre goza de una precomprensión de la conexión de una vida
en el relato. En los siguientes numerales se desarrollan el cómo de esta mediación, para ellos se va
analizar la identidad que confiere la trama al relato, luego se estudiara la identidad del personaje del
relato para finalmente estudiar desde el papel del lector la identidad del sí mismo.
3. La apropiación del personaje: el yo refigurado.
En este apartado el autor desarrolla la tesis principal del texto, la identidad del sí mismo. Para ellos el
anterior análisis nos ha aportado cuatro elementos, la primacía de la tercera persona en el texto, el
héroe que es descrito; segundo, el personaje es un cuerpo en la medida en que su acción intervienen en
el curso de la historia; tercero, el personaje que habla, que se autodesigna por medio de la primera
persona y el uso de las comillas; y cuarto, la designación moral del personaje que realiza el relato, pero
que también puede hacer el autor. Además de esto se suma un punto, el carácter ficticio del personaje,
que se construye por medio de la mimesis, que es prefiguración de las acciones efectivas de los
hombres. Gracias a esto el lector puede realizar la apropiación de los significados del personaje a sí
mismo. Esta identidad de sí mismo también se puede entender como autodesignación y referencia
identificadora.