Dialogo Entre Masones

A r t í c u l o s Masónicos Seleccionados
Año 5 - N° 58

Octubre 2018
Herbert Oré Belsuzarri

Mario López Rico
Vicente Alcoseri
Julio Villarreal III

- La leyenda oculta de los masones……………………….3
- Ne varietur………………………………………………………9
- La cadena de unión masónica…………………………..14
- Montañas en el desierto: la arquitectura
monumental de la costa norte del Perú………………..19
- Tikal: una pasión, un legado…………………………….39
- Las ciudades mayas: historia de las teorías sobre su
espacio urbano y territorio…………………………………56
- En busca del Apple Tree: una revisión de los
primeros años de la masonería inglesa………………..66
- El antiguo origen de la masonería……………………114

La revista agradece la difusión de los artículos
publicados, mencionando la fuente y la autoría.

Valle de Lima Octubre 2018
LA LEYENDA OCULTA DE LOS MASONES.
Alcoseri

La Masonería tiene su leyenda SECRETA, que dice en el
lenguaje simbólico de su estado en el orden cósmico y el ideal
que se pretende realizar, una Leyenda que hay que decir ha in-
fluenciado poderosamente a la Política mundial y en su deve-
nir histórico. Así, Desde el Antiguo Testamento, que contiene la
enseñanza del misterio de la Creación, nos enteramos de que
el hombre fue creado varón-mujer, andrógino bi-sexual, y que
cada uno era capaz de propagar su especie, sin la cooperación
sexual de otros, como es el caso de algunas plantas de hoy. Más
tarde, se nos informa, que el Demiurgo Jehová quitó uno de los
3
polos de la fuerza creadora de Adán, la humanidad primitiva, y
que había ahora en adelante tendría dos sexos.

Los suplementos de la enseñanza esotérica esta informa-
ción afirma que el objetivo de este cambio era usar un polo de
la fuerza creativa para la construcción de un cerebro y la laringe
con que la humanidad podría adquirir conocimientos y expre-
sarse en el habla gutural.

La íntima conexión entre los órganos, el cerebro, la larin-
ge y los genitales es evidente para cualquier persona al más mí-
nimo examen de los hechos. La voz del chico cambiando en la
pubertad, la deficiencia mental como resultado de los excesos
de la naturaleza pasional, y el discurso inarticulado del defec-
tuoso mentalmente con muchos otros hechos que puede añadir-
se probar esta afirmación.

Según la Biblia (El Libro de la Ley), a nuestros primeros
padres se les prohibió comer del árbol de la ciencia, pero Eva,
seducidos por la serpiente de fuego, comió y luego indujeron al
hombre a seguir su ejemplo.

¿Quién son esas serpientes? y ¿qué es el árbol de la cien-
cia prohibida? Esto también puede determinarse a partir de
ciertos pasajes de la Biblia. Se nos dice, por ejemplo, que Cristo
exhortó a sus discípulos a ser “prudentes como serpientes y sen-
cillos como palomas.” La maldición llamada pronunciada sobre
Eva después de su confesión declara que ella debe concebir y
parir con dolor, y que se convertirán en mortales. Siempre ha
sido un gran obstáculo para los comentaristas de la Biblia en
cuanto a qué relación puede haber entre la ingestión de una
manzana, la muerte y el parto doloroso, pero cuando estamos
familiarizados con las expresiones honestas de la Biblia, que
designa el acto creador por pasajes como “Adán conoció a Eva,
y de ella Nació Abel”, la virgen María dice: “¿Cómo puedo tener
yo un niño? pues no conozco varón?” etcétera, es muy evidente
4
que el árbol de la ciencia es una expresión simbólica para el
acto creativo (El Sexo).

Entonces es claro que la serpiente le enseña a Eva cómo
realizar el acto creativo (Teniendo sexo con ella) y que Eva ins-
truyó a Adán. Por lo tanto, Cristo designa a las serpientes como
nocivo si bien admitió su sabiduría. Para llegar a la identidad de
la serpiente que es necesario invocar a la enseñanza esotérica,
que los señala como los espíritus de Lucifer, los gobernantes
de la serpentina signo de Escorpio. Sus iniciados, incluso tan
tarde como la Dinastía egipcia, llevaban el URAEUS o símbolo
de la serpiente en la frente en señal de la fuente de su sabiduría,
luego en el pentecostés los discípulos de Cristo tienen en sus
frentes lenguas de fuego (Evidente una mala interpretación o
una mala traducción).

Como consecuencia de este uso no autorizado de la fuer-
za creativa, la humanidad dejó de ser etéreo y se fue cristalizan-
do en las pieles, y carnes o cuerpo físico, cuerpos físicos que
ahora esconden a los dioses que moran en los reinos internos,
y son grandes su pesar por esta pérdida, pero sometidos por el
reino de la Materialidad.

La GENERACIÓN se había establecido originalmente
por los ángeles serpientes en virtud Jehová. Después se lleva a
cabo en grandes templos en condiciones planetarias favorables
y el parto fue entonces sin dolor, como lo es hoy en día entre
los animales salvajes, donde la función creadora, mientras no se
abuse con el propósito de gratificar los sentidos.

La DEGENERACIÓN resultó del abuso ignorante y no
autorizado inaugurada por los espíritus de Lucifer, que buscan
sólo el placer de los sentidos.

La REGENERACIÓN debe llevarse a cabo con el fin de
restaurar al hombre a su estado divino, alejarlo de la perdición,
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y como un ser espiritual ser liberarlo de este cuerpo de muerte
en lo que es ahora incrustado. La muerte debe ser absorbida
por la inmortalidad, mediante la iniciación masónica.

Para alcanzar este objetivo, el pacto se hizo con la huma-
nidad cuando fue expulsado del jardín de Dios a vagar en el
desierto del mundo. De acuerdo con ese plan, un Poderoso Ta-
bernáculo fue construido después de un diseño planificado por
Dios, Jehová, y un arca simbólica del espíritu humano fue co-
locado en ella. Sus varas para transportar el Arca de la Alianza
nunca fueron sacadas de su lugar, para mostrar que el hombre
es un peregrino en la tierra y nunca descansarán hasta que lle-
ga a la gran meta.

No había en su interior una urna de oro con “maná” (hom-
bre) “caído del cielo”, junto con una declaración de las leyes
divinas que el hombre debe aprender en su peregrinación por
el desierto de la materia. Esta arca simbólica contenía también
una varita mágica, un emblema de los poderes espirituales, lla-
mada LA VARA DE ARRON , que ahora están latentes en todo el
mundo en su camino hacia el refugio del descanso –el templo
místico de Salomón.

El Antiguo Testamento también dice cómo la humanidad
fue llevada milagrosamente y dispuso que, ¿cómo después de la
guerra con el mundo que se le dio la paz y la prosperidad por el
antes mencionado rey Salomón, en una palabra, despojada de
todos los adornos de la historia relata los hechos más destaca-
dos de ascendencia del hombre desde el cielo, sus principales
metamorfosis, su transgresión de las leyes del Demiurgo Jehová
desearía que lo guíe en el futuro hasta que llegue el verdadero
Reino de Dios-la tierra se llenará de la paz - y de nuevo dócil-
mente la iniciativa del Verdadero Gobernante Divino arrojará a
Jehová al Abismo.

LA LEYENDA MASONICA tiene puntos aclarantes, de
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acuerdo con la historia bíblica. Afirma que Jehová creó a Eva,
que el Lucifer Espíritu unido con ella, pero que fue derrocado
por Jehová y obligado a abandonarla antes del nacimiento de su
hijo Caín, que fue así el hijo de una viuda. Entonces Jehová creó
a un nuevo Adán, para ser el esposo de Eva, y de su unión na-
ció Abel. Así, desde entonces ha habido dos tipos de personas
en el mundo. Uno con genes del Espíritu Lucifer y participando
de una naturaleza divina imbuida con la energía dinámica he-
redada de esta ascendencia divina, es liberal y progresivo, y
poseedor de una gran iniciativa, pero impaciente de restricción
o autoridad ya sea humana o divina. Esta clase es reacio a tomar
las cosas de la fe y propensos a probar todas las cosas a la luz
de la razón (yo les llamo genes saltarines porque en una misma
familia puede haber genes luciferinos o de Jehová).

Estas personas creen en las obras en lugar de la fe, y por
su valor a toda prueba y la energía inagotable que han trans-
formado el desierto sin caminos del mundo a un jardín lleno de
vida y belleza, tan encantadora, de hecho, que los hijos de Caín
han olvidado el mítico huerto de Dios , ellos los luciferinos ma-
sones han descubierto que el Reino de los cielos está en su in-
terior, de donde fueron sin éxito expulsados por el decreto del
lunar del Demiurgo Jehová, pues para el masón realmente el ser
humano nunca fue expulsado del Edén. Los masones están en
constante rebelión porque el Demiurgo los ha atado por cordón
umbilical, pero mediante la iniciación masónica vuelven a reco-
nectarse con su Madre Cósmica, y de nuevo el cordón umbilical
se une al masón, y ella de nuevo vive en su Hijo.

El profano antes de su iniciación ha perdido su visión es-
piritual y están encarcelados en la frente del cuerpo donde se
dice Caín fue marcado, sino que deben vagar como hijos pró-
digos en la relativa oscuridad del mundo material, ajenos a su
templos de alto y noble propósito, así hasta que encuentren la
puerta del templo, llaman a la puerta para pedir y recibir la luz,
y luego como “Masones libres” o hijos de la luz que están ins-
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truidos en los métodos de construcción de un nuevo templo sin
ruido de martillo (templos de carne y espíritu), y cuando al qui-
társele la venda que cubría sus ojos el iniciado se da cuenta de
que está lejos de su hogar celestial, que es un pródigo, alimen-
tándose de las migajas de una ciencia profana no satisfactoria,
y de las ideas políticas equivocadas del mundo material, que es
cuando se siente, aparte del Padre Sol es ahora “pobre sin dine-
ros ni alhajas, ni títulos, desnudos y ciegos,” cuando se llama a la
puerta de un templo místico como la de los Masones y pide la
luz, cuando se recibe la instrucción deseada después de la de-
bida cualificación mediante la construcción y etérea alma-cuer-
po, un templo o una casa eterna en el cielo interior, no hecho de
manos, y sin ruido de martillo, cuando su desnudez se viste de
nuevo con (Cor 4,6 6 Porque Dios, que mandó que de las tinie-
blas surgiera la luz, es quien brilló en nuestros corazones para
que se revelara el conocimiento de la gloria de Dios ), entonces
el neófito recibe “la Palabra”, es el ábrete sésamo para el mun-
do interior y aprende a viajar como un extranjero en los mundos
invisibles dentro de sí mismo, y encuentra dentro de sí todo un
nuevo y fascínate mundo, lleno de aventuras iniciáticas, mons-
truos peligrosos como egos falsos a los que tiene que derrotar, y
dentro de sí encuentra ángeles bondadosos “sus virtudes” . Allí
dentro del ser humano se toma el alma- en regiones celestiales
y califica para grados superiores bajo más instrucción directa
del GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO, que formó el cielo y la
tierra. Tal es el temperamento de los hijos de la viuda heredado
de su progenitor divino Lucifer y dadas por él a su antepasado
Caín.

Su historia pasada es una lucha con condiciones adver-
sas, su logro es la victoria arrebatada a todas las fuerzas de opo-
sición por el indomable coraje y esfuerzo persistente, marcada
por la derrota temporal, pero ahora las espadas que estaban
antes contra él, ahora le defienden.

h t t p s : / / w w w. f a c e b o o k . c o m / g ro u p s / 7 8 2 4 8 4 7 9 8 4 9 4 4 4 1 / p e r m a -
link/1839415076134736/
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NE VARIETUR
Arturo Rivera del Pielago
Muchas costum-
bres masónicas fueron
establecidas para pre-
servar los fundamentos
de nuestra Augusta Or-
den, sin embargo, hoy
quedan pocas de aque-
llas originalmente prac-
ticadas.

Las prisas o las
conveniencias del mo-
dernismo desplaza-
ron su uso en nuestras
Logias, tal vez esa es
la razón por la cual la
cortesía, el respeto y la
fraternidad en algunos
Tall:. presentan graves
fisuras en sus antes só-
lidas relaciones.

Es cierto que el
progreso dejo de lado
algunos usos y costum-
bres, por ejemplo, es
común que en nuestros
días las actas se redac-
ten en computadoras,
pero algunos masones
de hoy somos tan ro-
mánticos como nuestros
ancestros, por eso pre-
ferimos honrar nuestros
antiguos usos y man-
tener nuestras actas a
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buen recaudo protegiéndolas de cualquier
indiscreción, eso es para recordar que, in-
clusive algunas decenas de años atrás, los
nombres de los HH:. eran sustituidos por
seudónimos para proteger la identidad de
nuestros miembros, entonces expuestos a
los rabia de sotanas, espadas y fusiles con
que nuestra Augusta Orden tuvo que en-
frentarse en esos tiempos.

El tratamiento para los salarios era
estricto y preciso, la educación masónica
intentaba por todos los medios de incenti-
var la práctica de las virtudes…, o el cono-
cimiento de ellas al menos.

El éxito de nuestras Logias siempre
dependió de la correcta selección de sus
nuevos miembros, lamentablemente, hoy
día se reciben individuos que solo traen
dificultades y cuando no, vergüenza a sus
Logias. Eso es porque la admisión dejo de
ser selectiva para preferir las posiciones
sociales o políticas de candidatos que no
merecían el honor de pertenecer a nues-
tras canteras.

Es Bueno que las generaciones ma-
sónicas modernas conozcan estos meca-
nismos de protección, tal vez su práctica
pueda ayudar a la cultura masónica de sus
miembros así como al laborioso trabajo de
pulir nuestras imperfecciones pétreas.

Trataremos de mencionarlos, anali-
zarlos y sugerirlos para intentar rescatar
10
esa importante tradición que identificaron
las actuaciones masónicas de sus miem-
bros en la sociedad del ayer, al punto de
poder recocerlos tan solo por su porte
amable y sobrio proceder.

Es natural que emanen preguntas y
consultas ante esta propuesta, trataremos
de absolverlas fraterna y directamente,
agradeciendo además los aportes que so-
bre el tema quisieran hacernos llegar.

Durante muchos años y, en consi-
deración una época de profundo respeto
por las normas inmutables de la francma-
sonería, las liturgias o momentos de cada
taller, eran celosamente guardados por el
H:. Guarda Tesoros, hoy, el Tesorero de la
Logia.

No estaba permitido burilar, escri-
bir, revelar en todo o en parte el proceso de
los trabajos en Logia, el mismo que debía
ser rigurosamente memorizado por cada
uno de los miembros del Taller. Cualquier
duda, alteración o error, era solucionada
recurriendo al ritual manuscrito guardado
con riguroso protocolo en algún lugar dis-
creto del Taller.

No es que los masones de entonces
pretendieran que el secreto de la francma-
sonería estaba depositado en sus rituales,
había sólidos argumentos para mantener
esta inviolable costumbre como uno de los
mayores deberes de todo masón.
11
Una de ellas, como es natural, era preservar la intimidad
de sus trabajos. Buscaban también que sus adeptos demuestren
su voluntad e interés por la Logia, memorizando los momentos
en cada uno de sus grados, incluidas sus ceremonias.

Parte de la instrucción de Aprendices y Compañeros,
consistía en ensayar fragmentos de la apertura, estaciones y
clausura de trabajos. Los Vigilantes, cada quien en el grupo
bajo su responsabilidad, se encargaban de orientar el mensaje
y prédica de las liturgias, procurando que los adeptos beban
de la simple fuente de la cordura, la sencillez y el respeto por
los demás. El Maestro de Ceremonias, asistido por los Diáconos
o Expertos, se encargaba de explicar y practicar con ellos las
distintas ceremonias en los diferentes grados simbólicos.

Los debates solían tomar horas de irremplazable interés.
Además del pleno conocimiento de la herramienta básica de
la francmasonería, los Aprendices y Compañeros se imbuían
en la íntima pretensión de nuestra Augusta Orden, es decir, de
formar su espíritu en base a los sabios consejos y advertencias
contenidas en nuestros antiguos rituales.

De allí la antigua y orgullosa sentencia que decía: “La ma-
sonería busca en sus adeptos la práctica de las más exquisitas
virtudes, preparándolos para conformar el mundo del futuro, en
donde podréis reconocerlos por su porte amable y su ejemplar
conducta”.

Conseguido este primordial objetivo y, cuando el tiempo
y la madurez de cada H:. los hacía dignos de tal merecimiento,
eran exaltados al sublime grado de MM:.

Entonces y, a la humilde espera de la decisión de sus ma-
yores, era “escogido” para desempeñar un puesto en el cuadro.

12
13
LA CADENA DE UNION MASONICA
Mario Lopez
Cadena de uniónLa Cadena de Unión es uno de los mo-
mentos más importantes y, permíteme decirlo, mágicos y pode-
rosos de la Tenida. Es con la Cadena de Unión que se forma el
poderoso Egregor1 Masónico que hermana a todos los herma-
nos esparcidos por toda la Tierra en una sola Fraternidad Uni-
versal. Pero no divaguemos más y vayamos al asunto en cues-
tión.

En primer lugar, habría que decir que la cadena de unión
es uno de los rituales masónicos que más directamente aluden
a la fraternidad masónica, la que, en efecto, está sustentada en
los lazos de armonía y concordia que entre sí ligan a todos los
masones. El entrelazamiento de manos y brazos configura una
trama cruciforme que evoca la imagen de una estructura fuer-
temente cohesionada y organizada cuya fortaleza depende del
eslabón más débil.

14
Pero este ritual se realiza, fundamentalmente, para diri-
gir una plegaria o invocación al Gran Arquitecto, siendo en esa
invocación donde reside su sentido profundo y su razón de ser.
Por ello, prescindir de la plegaria como sucede en muchas lo-
gias actuales, por el mero hecho de ignorarla o por considerarla
un trasnochado anacronismo, provoca inevitablemente el em-
pobrecimiento del propio rito, quedando éste, en consecuencia,
reducido prácticamente a casi nada. Sin embargo, en la antigua
Masonería operativa, la plegaria y las invocaciones de los nom-
bres divinos formaba parte constitutiva del rito y de los trabajos
simbólicos; y precisamente ella se realizaba en la cadena de
unión y alrededor del cuadro de la Logia, con lo cual se confir-
ma el papel verdaderamente “central” que este último ha des-
empeñado siempre en la Masonería.

Por lo general, la cadena de unión comienza y termina en
el Venerable Maestro, y es él, como la máxima autoridad de la
Logia, el que dirige la invocación al Gran Arquitecto.

La Cadena de Unión dentro de nuestro ritual 2 es el mo-
mento en el cual elevamos nuestros deseos de Salud, Fuerza y
Unión y, no pocas veces, deseos de paz en el mundo o que al-
guien mejore de sus padecimientos

Durante este proceso se genera el egregor masónico y
esto es un motivo más por el cual los hermanos han de compa-
recer siempre a todas las tenidas que puedan pues el egregor
se realimenta cada vez que se reúnen los que lo han formado y
su potencia depende del número de personas que se reúnan.
Todo hermano tiene obligación de acudir a las tenidas. ¡Ahora
ya tienen un motivo más para hacerlo!

Sin embargo, no debemos pensar que un egregor es algo
que puede pensar, nada más lejos de la realidad. Los egrégores
son energías inteligentes pero no racionales. Son inteligentes
en el sentido de haber sido formadas por personas inteligentes,
15
aunque decir esto de personas místicas en la actualidad no sé
hasta qué punto nos deja como inteligentes para los demás, más
bien dirían que somos locos; pero, como dice el Salmo 133:

“Ved cuan bueno y deleitoso es convivir juntos como hermanos”

Para finalizar os dejo un extracto de un trabajo sobre el
tema de la cadena de unión incluido en el volumen de arqui-
tectura Símbolo, Rito, Iniciación, La Cosmogonía Masónica (Ed.
Obelisco, Barcelona 1992), firmado por Siete M.: M.:.

“Esta cadena que nos une a todos, desde el V.:M.: a los nue-
vos AA.: tiene, entre otros, dos significados que desearíamos des-
tacar en este momento. En primer lugar, es una imagen en el pla-
no de la cadena vertical que entronca con los orígenes de nuestra
Orden y asegura una transmisión regular, a través de los iniciados
de todos los tiempos, con el G.:A.:D.:U.:. Esto se produce por me-
dio de nuestros símbolos, ritos y mitos que no son sino manifes-
taciones prototípicas de arquetipos permanentes que, hoy como
ayer, están presentes en el plan y la estructura cósmica.
16
En segundo término, y como su nombre lo indica, significa
la unión efectiva y real de los integrantes de la L.: en una nueva en-
tidad que rechaza las individualidades para integrarlas en un or-
ganismo unitario de energía y alcance mayor por sus propias ca-
racterísticas transpersonales, conformando así un colectivo cuya
fuerza es más grande que la suma de los elementos individuales,
como bien lo sabéis por propia experiencia, pues ya habéis parti-
cipado en su composición. Haciendo la salvedad que esta cadena
fraterna no sólo se refiere a nuestra L.:, o a nuestras obligaciones
con toda la hermandad Mas.:, sino a la humanidad en general, y
en particular a la totalidad de los iniciados que hubieran conoci-
do el camino del conocimiento por otras vías diferentes a la nues-
tra.

Debemos recordar sin embargo que cuando comienza a
formarse, esta cadena, está incompleta y hay un vacío en ella, un
eslabón que aún no ha sido cerrado, por lo que el V.:M.: pregunta:

– “Q.:H.:, M.: de C.: ¿Por qué está rota la cadena?”

– Y el M.: de C.: responde: “Por nuestras imperfecciones V.:
M.:”.

– Entonces el V.: M.: vuelve a preguntar: “¿Cómo podemos
cerrarla?”

– Y el M.: de C.: contesta: “Con las palabras sagradas de
Sabiduría, Fuerza y Belleza. Uno para todos y todos para uno, re-
petidas tres veces”.

“Cerradla, querido hermano”, ordena el V.:M.:, y mientras
el M.: de C.: lo realiza, los integrantes de la L.: pronuncian tres ve-
ces las palabras sagradas, sus brazos derechos sobre los izquier-
dos y engarzando los dedos con los de los lados, constituyendo
un círculo mágico perfecto de concentración de vibraciones, un
dínamo generador, no únicamente capaz de transmitir su fuerza a
17
cada uno de los integrantes, sino la de emanar a otros espacios vi-
sibles e invisibles; Una forma activa de la invocación y también un
encantamiento de protección para todos aquellos que tienen la
gracia de participar en los misterios del Arte Sagrado, los llama-
dos guardianes del Templo de la sabiduría salomónica, imagen
de todos los templos, los que como parte de sus funciones deben
saber estrechar sus filas y trabajar de modo armónico, tendiente
a la perfección.

Notas

1 Egregor es un concepto propio del ocultismo que viene a representar una
“forma de pensamiento” o “mente colectiva de grupo”, esto es, una entidad
psíquica autónoma capaz de influir en los pensamientos de un grupo de per-
sonas. Por lo tanto, puede ser positivo o negativo según el fin para el cual fue
creado
2 En el Rito Escoces antiguo y aceptado, otros ritos no poseen la cadena de
unión, pero si equivalentes que permitirán formar un egregor como el ága-
pe fraternal donde al final se celebra el brindis del retejador pidiendo por
los hermanos que sufren, por citar un ejemplo.

Al formar la cadena de unión, el hermano descubre intui-
tivamente un mensaje de fraternidad universal. Cuando todos
los hermanos se dan la mano, formando idealmente un círculo
símbolo de unidad; sucede algo especial: las manos se estre-
chan, los seres se funden. El contacto de la punta de los dedos
(emisores de energía) de la mano izquierda, sobre la palma de
la mano (receptor de energía) derecha, y viceversa, permite
transmitir energía y generar una especie de fluido que se de-
rrama en la cadena logrando la armonización entre los partici-
pantes.

Cada uno es un eslabón, igual y al mismo tiempo diferen-
te en si mismo, todos forman parte de la cadena, lo individual
desaparece como tal, para formar un solo cuerpo que vibra en
cadencia rítmica, un círculo sagrado que concentra y fluye ener-
gía, permitiendo participar del verdadero espíritu masónico: no
estamos solos, existimos, compartimos y nos comprendemos.
18
MONTAÑAS EN EL DESIERTO: LA ARQUITECTURA
MONUMENTAL DE LA COSTA NORTE DEL PERU
Markus Reindel

Para los masones es común hablar de pirámides y referirse de ellos como
las construcciones más antiguas de la humanidad. La primera gran pirámi-
de es la mítica “Torre de Babel” que fue construida por los descendientes de
Noé luego del diluvio universal, en el Sinar (Sumeria), antes de dispersarse
por el mundo.

Aquí es donde se inicia el misterio: ¿Quiénes enseñaron a los antiguos pe-
ruanos las técnicas constructivas de estas pirámides? Estas construcciones
son iguales a los zigurats sumerios, no solo en el diseño, también en su
ubicación que son los desiertos del Perú y, no solo construyeron uno una pi-
rámide, sino que en el caso peruano, son una cantidad impresionante y son
varias las culturas que lo hicieron (Sechin Bajo, Paracas, Mochicas, Sican,
Chimu, Limas y otros) 19
Montañas en el desierto: la arquitectura
monumental de la costa norte del Perú
como reflejo de Cambios sociales de las
civilizaciones prehispánicas
Markus REINDEL
Instituto Alemán de Arqueología (KAVA), Bonn

Resumen

Montañas sagradas, plataformas y pirámides artificiales
y hasta simples montículos artificiales tenían una importancia
crucial en la cosmovisión de la población prehispánica de las
Américas. En el Perú edificios monumentales que sirvieron de
base para templos y palacios tenían una larga tradición y son
uno de los vestigios más palpables del desarrollo cultural. A tra-
vés del análisis de sus componentes arquitectónicos se puede
reconstruir la cronología, la difusión de elementos culturales así
como los conceptos del espacio de los antiguos peruanos. Edifi-
cios monumentales de la costa norte del Perú sirven de ejemplo
para estudiar cambios en las culturas más importantes como
Gallinazo, Moche, Lambayeque y Chimú a través de los materia-
les, técnicas y formas de construcción de su arquitectura

La montaña artificial como forma elemental en
la arquitectura

Es un fenómeno bien conocido que en muchas partes del
mundo y en tiempos diferentes se repitan ciertas formas arqui-
tectónicas. Estas convergencias formales han llevado a innume-
rables especulaciones acerca del origen común por ejemplo de
las pirámides de Egipto y de las falsamente llamadas pirámides
de Mesoamérica. Hoy sabemos que estas especulaciones care-
cen de base científica. Por otro lado estas especulaciones son
un reflejo de la observación de que «las arquitecturas» en las
diferentes sociedades parecen desarrollarse de acuerdo a un
cierto inventario de elementos básicos que se diversifica en el
20
proceso de desarrollo de las sociedades.

En un interesante estudio el arquitecto austriaco Günther
FEUERSTEIN en el año 1966 escribió un trabajo titulado “Arche-
typen des Bauensn” (arquetipos de la construcción). Como “ar-
quetipos” define -siguiendo la terminología del sicólogo C. G.
Jung- precisamente estos elementos básicos o “formas prima-
rias”, como diría LE CORBUSIER (1957-70, t. 1: 33), que parecen
constituir el inventario fundamental e inconsciente de cualquier
actividad constructiva de las sociedades humanas. Los cuatro
arquetipos para Feuerstein son: la erección (torre, mástil, palo);
la acumulación (túmulo); el círculo (círculo, esfera, cúpula); la
cuatripartición (cruz, cuadrado).

En este trabajo vamos a ocuparnos del segundo arqueti-
po, la acumulación, que aparece en las formas más variadas en
todo el mundo. Feuerstein considera la simple acumulación de
tierra con las manos como uno de los actos constructivos más
primitivos, acto elemental para modificar el mundo natural. En-
tre las construcciones más sencillas y seguramente las primeras
de este tipo cuentan los túmulos funerarios. La muerte siempre
ha dado origen a los conceptos del mundo del más allá y de la
cosmovisión en general.

El complejo cerro-montaña-escalera evidente­mente jue-
ga un papel importante en casi todas las manifestaciones más
avanzadas de este arquetipo arquitectónico. Las montañas arti-
ficiales marcan el centro del mundo o por lo menos de la socie-
dad. Entre las manifestaciones más conocidas de edificios mo-
numentales conocemos los Zikkurats de Mesopotamia (la torre
de Babilonia iba a llegar hasta el cielo), las pirámides de Egipto
(tumbas gigantescas para el supremo gobernante), las Stupas
de la India (representaciones de montañas sagradas) y en Meso­
américa las pirámides o mejor dicho las plataformas porque en
realidad en toda la América los grandes edificios macizos sir-
vieron como basamentos para otras construcciones (Fig. 1).
21
Figura 1: La Pirámide del Sol en Teotihuacán, México. En la monumentalidad
del edificio se manifiesta la idea de una montaña artificial como punto de
referencia de la cosmovisión prehispánica.

En varias regiones de América estas plataformas cum-
plen una función central en la cosmovisión de las sociedades
prehispánicas. La pirámide de Uaxactún en Guatemala simbo-
liza en la cosmovisión tripartita de los mayas la montaña que
facilita el ascenso de este mundo al mundo de arriba (Fig. 2). La
escalera está flanqueada por representaciones del dios Witz, el
dios de las montañas, por cuya boca se llega al mundo de abajo.
Las relaciones con el mundo de arriba y el mundo de abajo eran
cruciales en la época clásica maya ya que las dinastías reales
estaban legitimadas por las divinidades.
22
Figura 2: La “Estructura E-VIl sub” de Uaxactún, Guatemala, simboliza la
montaña sagrada que da acceso tanto al mundo de arriba como al mundo de
abajo. (PROSKOURIAKOFF 1946: 5)

En el Perú el término “Huaca” simboliza la vinculación
entre las montañas y lo sagrado. Huacas son todos los lugares
u objetos que contienen algo sobrenatural o que se consideran
sagrados en sí. Todavía hoy en día se celebran fiestas como el
Oolluriti, en el sur de los Andes, en el cual se veneran ciertas
montañas, los Apus (FLORES 1990). En tiempos de los Incas se
sacrificaban niños en honor de las montañas sobre sus cum-
bres nevados. Estas ceremonias están descritas y representa-
das en las obras de los cronistas (GUAMÁN POMA DE AYALA
1980 [1615]: 234ss.). Varias momias perfectamente conserva-
das con numerosas ofrendas se han descubierto últimamente
23
(REINHARD 1996, 1997). Todavía hoy en día es costumbre de los
caminantes dejar pequeñas torrecitas de piedras, las Apachitas,
para los dioses de las montañas.

También en el desierto se conocen montañas sagradas.
En la región de Nazca, en el sur del Perú, la duna blanca más
grande de la zona, el Cerro Blanco, destaca entre las oscuras
montañas rocosas. Se sabe que esa montaña fue venerada desde
hace siglos, posiblemente tenía incluso importancia en el culto
de las líneas de Nazca (REINHARD 1986: 14ss.). En Túcume, en
la costa norte del Perú, un gran asentamiento prehispánico ro-
dea una de las pocas elevaciones rocosas de la zona que desde
tiempos coloniales lleva el nombre de Cerro El Purgatorio (Fig.
3). Apenas se nota la diferencia entre la estructura natural del
cerro y las construcciones artificiales. Casi toda la superficie del
Cerro está modificada con plataformas u otras construcciones.
Cerro y arquitectura forman una unidad que probablemente fue
percibida de esta forma también por los antiguos habitantes.

La investigación de la arquitectura monumental
de adobe en la costa norte del Perú

También las gigantescas construcciones monumentales
en la costa norte del Perú se llaman Huacas. Las huacas en el
desierto realmente son montañas artificiales que elevan ciertos
lugares de las planicies de las desembocaduras de los ríos cos-
teros (Fig. 4). Evidentemente estas plataformas monumentales
o cerros sagrados son lugares de cristalización de las civiliza-
ciones de la América prehispánica. La arquitectura monumen-
tal por lo tanto es un objeto de estudio muy interesante para el
antropólogo que está interesado en encontrar áreas claves para
reconstruir elementos de las sociedades prehispánicas.

Bajo la premisa de que las tendencias de cambios socia-
les se reflejan en la modificación de la arquitectura monumen-
tal, hemos analizado la arquitectura monumental de adobe de la
24
Figura 3: El sitio de Túcume en el valle de Lambayeque, Perú. Las estructuras
están construidas alrededor y encima del cerro El Purgatorio, modificando
e incorporándolo en la estructura arquitectónica. [Servicio Aerofotográfico
Nacional del Perú 3330: 9781

Figura 4 abajo: La Huaca del Pueblo de Túcume que se levanta como una
montaña artificial en los campos de cultivo del valle de Lamba­yeque, Perú.

25
costa norte del Perú que hasta los inicios de nuestra investiga-
ción no había sido objeto de un estudio comparativo. Para poder
trazar el desarrollo de la arquitectura tuvimos que elaborar una
metodología que nos permitiera establecer la secuencia de los
edificios estudiados. El resultado, la cronología relativa de los
edificios monumentales de la costa norte del Perú, era la base
para reconocer cambios arquitectónicos a través del tiempo
(REINDEL 1993 a y b). A continuación se describirá el método
de análisis empleado y algunos resultados que permiten sacar
conclusiones sobre cambios en las sociedades de la costa norte
del Perú en tiempos prehispánicos.

El objeto de nuestra investigación, los edificios monu-
mentales, se definió de la siguiente manera: Como arquitectura
monumental se consideraron edificios que formaban un volu-
men compacto construido de barro, de adobes o de una combi-
nación de fábrica de adobes y relleno de cascajo o escombros,
que tenían más de 50 m en por lo menos uno de sus lados y una
altura de por lo menos 5 m. Los edificios más grandes tenían
más de 500 m de longitud y más de 40 m de altura. En total se
han investigado 123 edificios monumentales de adobe de seis
valles de la costa norte del Perú: Virú, Moche, Chicama, Jequete-
peque, Zaña y Lambayeque (Fig. 5). El lapso de tiempo estudia-
do va desde el Período Intermedio Temprano (aprox. 400 a.C.)
hasta el Horizonte Tardío (1532 d.C.; Fig. 6).

En el proceso de análisis de la arquitectura se estable-
ció primero una tipología de elementos arquitectónicos para
proceder luego a su análisis cronológico. En la clasificación sis-
temática de los elementos arquitectónicos se consideraron las
siguientes categorías (Fig. 6):

Materiales de construcción; técnicas de albañilería;
Técnicas de construcción maciza; formas de cuerpos;
Formas de fachadas; tipos de rampas;
La orientación de los edificios;
Decoración arquitectónica.
26
Figura 5: La costa norte del Perú con los sitios de arquitectura monumental
investigados
27
Fig 6 Esquema de la secuencia relativa de las características arquitectónicas
y constructivas de la arquitectura monumental de adobe en la costa norte
del Perú.

Después de la clasificación tipológica se analizó la rela-
ción cronológica entre los elementos. Criterios de posterioridad
se encontraron en superposiciones y adiciones arquitectónicas.
Criterios de contemporaneidad se observaron en contextos
con elementos asociados. El resultado de la seriación de todos
los elementos arquitectónicos proporcionó los criterios por
un lado para la posición cronológica de cada uno de los rasgos
arquitectónicos y por otro lado para la_ secuencia cronológica
de los edificios estudiados (REINDEL 1993a).

En el gráfico de la Fig. 6 está representada la secuencia
de los tipos arquitectónicos. A continuación las secuencias en
28
las diferentes categorías investigadas se ilustrarán con algunos
ejemplos. En el inicio de la columna de los tipos de adobe se
encuentran diferentes tipos de adobes hechos a mano, en forma
semiesférica, cilíndrica o cónica. Estas formas de adobe son tí-
picas para edificios de la época formativa (Cerro Sechín, Huaca
Lucía, Punkurí, etc.). A esta fase formativa sigue una fase de ex-
perimentación con muchos diferentes tipos de adobe.

El gran invento del Período Intermedio Temprano, era el
molde, es decir la gabera o forma en la cual se metía el barro
húmedo para la fabricación de los adobes. El molde permitía la
fabricación de una gran cantidad de adobes de la misma forma,
en este caso de forma paralelepípeda. Un molde nos imagi-
namos hoy en día como un marco de madera llana. Las ranu-
ras en los lados de los primeros adobes hechos en molde en la
costa norte del Perú, sin embargo, nos indican que los antiguos
peruanos fabricaron los primeros adobes rectangulares con
moldes de caña (Fig.7). Probablemente las gaberas se abrieron
después de formar el adobe, porque de otra manera no se ha-
brían conservado los filos entre las improntas de caña.

Figura 7: Los primeros adobes hechos en molde en la costa norte del Perú se
fabricaron en gaberas de caña que dejaban profundas ranuras en los lados
de los adobes
29
Los adobes «rectangular-convexos» de una fase más tar-
día también estaban fabricados en molde, pero tenían lados
completamente llanos lo cual indica que se fabricaron en mol-
de de madera (Fig. 8). Obviamente ya no era importante que
la parte de arriba estuviera plana. Por lo tanto se acumulaba la
mayor cantidad posible en el molde resultando una forma ca-
racterísticamente abultada

Figura 8: Un adobe rectangular-convexo con lados llanos y superficie con-
vexa.

El método más fácil para formar aparejos es la simple su-
perposición de los adobes. Para darle estabilidad a la estructu-
ra se rellenaban las fugas entre los adobes con un simple mor-
tero. Uno puede imaginarse fácilmente que un aparejo de este
tipo no puede proporcionar mucha estabilidad a un muro. Pero
como se trataba de cuerpos macizos y compactos, los grandes
volúmenes en sí tenían estabilidad. A largo plazo, sin embargo,
entre las diferentes columnas de adobes se forman aberturas y
todo el edificio se derrumba poco a poco.

30
Como los antiguos peruanos también vieron la debilidad
de este tipo de aparejo, desarrollaron una nueva técnica que
consiste en la colocación de adobes en hileras alternantes de
cabeza y de soga (Fig. 9). Los adobes de soga se colocaban en
forma paralela a la pared, las de cabeza perpendicularmente a
la pared exterior del edificio. De esta manera se reforzaba por
un lado la unión entre los adobes porque se cubrían las fugas
con los adobes superpuestos, por otro lado se creaba una liga-
zón con la hilera adyacente.

Figura 9 Aparejo de adobes con hiladas alternantes de cabeza y soga.

Una forma especial de colocar los adobes era la de po-
ner los adobes de canto. En edificios modernos se utiliza esta
técnica para distribuir mejor grandes pesos sobre toda la cons-
trucción. Posiblemente estas hileras de adobes puestos de can-
to proporcionaron también más flexibilidad a la construcción.
Esta técnica es muy característica de la época final de la cultura
Mochica. Como demuestra el cambio de las técnicas construc-
tivas, los edificios masivos cada vez más grandes y más altos

31
presentaron numerosos problemas de estática. Adobes secados
al sol son muy fuertes pero no tienen tanta estabilidad como
ladrillos quemados. Al secar los adobes pierden en volumen,
igual que su volumen aumenta por la absorción de humedad.
A través de cantidades de adobes de muchos metros de altura
las estructuras en la base de los edificios se pueden deformar,
las diferentes partes de un edificio se pueden sentar de manera
diferente y el cuerpo compacto del edificio se agrieta.

Para evitar estos problemas la estructura compacta de los
edificios fue estructurada en diferentes bloques constructivos,
separados el uno del otro como altas columnas de adobes (Fig.
10). Por este procedimiento se proporcionó mayor flexibilidad
al edificio de adobe.

Hay muchos otros aspectos constructivos que se analiza-
ron en el análisis cronológico pero que no se pueden describir
con detalle en este trabajo. Más bien queremos concentrarnos
en las categorías morfológicas que probablemente reflejan en
mayor grado los conceptos arquitectónicos de los constructo-
res. Hay diferencias claras y cambios de relevancia cronoló-
gica también en las fachadas de los edificios. Las fachadas de
algunos de los edificios están cubiertas por los escombros
causados por la erosión. Pero en muchos casos se han con-
servado partes más o menos grandes de las fachadas. Un tipo
de aquellas está caracterizado por un escalonamiento marcado
(Fig. 11). Los muros de los escalones son casi verticales. La fa-
chada retrocede a distancias regulares de tres a cuatro metros
aproximadamente un metro hacia el núcleo del edificio. Por otro
lado hay fachadas que hasta alturas muy grandes ascienden de
forma completamente llana pero que tienen a la vez una incli-
nación marcada (Fig. 12). Estas fachadas lisas aumentan en el
espectador la impresión de tamaño y monumentalidad de los
edificios.

Finalmente enfocamos las formas de cuerpos básicos
32
Figura 10: Un cuerpo macizo de adobes estructurado en grandes columnas
o bloques.

de los edificios de adobe. Considerando el gran tamaño de los
complejos investigados, su medición y representación gráfica
constituía uno de los problemas más grandes del estudio. Pero
la costa norte del Perú presenta buenas condiciones para la
aplicación de la fotografía aérea y por tanto para la stereofoto-
grametría. Utilizando los datos de los análisis fotogramétricos y
de los levantamientos en los sitios así como dibujos de detalles
que se hicieron durante el recorrido de los sitios se realizaron
dibujos a escala de los edificios. Los dibujos fueron una ayuda
importante para el análisis sistemático de las observaciones.
Sólo por la comparación de los dibujos que representan edifi-
cios que a veces están a cientos de kilómetros de distancia se
pueden reconocer similitudes en el estilo y la forma de cons-
trucción.
33
Figura 11: La fachada escalonada de la Huaca de Pucuche, en el valle de
Chicama.

Resumiendo el análisis de las formas de los cuerpos de
los edificios, se observa una evolución de formas simples hacia
formas más complejas. Las formas tempranas están caracteriza-
das por cuerpos altos cúbicos (Fig. 6, 13). En épocas más tardías
se conserva la forma cúbica, pero se modifica.

Un cambio muy significativo se observa en tiempos del
llamado Horizonte Medio (600-1000 d.C.). Surge un nuevo tipo
de plataformas, caracterizado por terrazas (Fig. 6, 14). La mayo-
ría de las plataformas con terrazas muestran ejes de simetría

34
Figura 12: La fachada llana e inclinada de uno de los edificios del sitio de
Túcume, en el valle de Lambayeque.

marcados por rampas. Se observa una evolución de terrazas ba-
jas hacia edificios altos. Luego se introduce la combinación de
edificios monumentales con cercaduras. Las cerca­duras obvia-
mente cobran cada vez más importancia.

Finalmente las plataformas sólo sirven de zócalo. En el
área sur desaparecen los grandes edificios macizos, siendo re-
emplazados por complejos de cercaduras. En un área norte que
obviamente sigue otra tradición las plataformas grandes persis-
ten más tiempo para desaparecer finalmente también.

35
Figura 14: Uno de los edificios
del complejo de Chotuna, en el
valle de Lambayeque, ejemplo
de un edificio con terrazas

Figura 13: La Huaca de Chamalca, en el va-
lle de Chicama, ejemplo de un edificio con
cuerpo alto y cúbico.

Figura 15: Uno de los edificios del
complejo de Mocollope, en el valle
de Chicama, ejemplo de un recinto
elevado sobre una plataforma

36
Complejo Arqueológico de Túcume en Tucume
Discusión.

Cabe resaltar, por lo tanto, que el resultado del análisis
de la arquitectura monumental de adobe en el área de estudio
nos llevó a un orden cronológico de los elementos estudiados
y de los edificios en general. El resultado más resaltante y con
gran relevancia respecto a nuestra pregunta por la posible re-
lación entre cambios arquitectónicos y cambios sociales es la
observación de que hay una evolución bien marcada desde for-
mas elementales, la construcción de cuerpos macizos en volú-
menes cúbicos altos, hacia formas más complejas y finalmente
hacia la disolución de los cuerpos macizos.

Bajo la premisa que formulamos para este estudio, es de-
cir que la arquitectura monumental refleja cambios de la socie-
dad que produjo las obras arquitectónicas, habría que interpre-
tar estos cambios como un desarrollo de fuertes instituciones
centralizadas hacia una organización más compleja y diversifi-
cada. Esta interpretación no nos parece demasiado aventurada
ya que probablemente la arquitectura más temprana que estu-
diamos es el producto de formaciones estatales incipientes. Es
muy probable que estos estados tempranos en sus inicios tenían
estructuras sencillas y claras dominadas posiblemente por una
o pocas personas, lo cual se reflejaría en una arquitectura igual-
mente sencilla. Con la evolución de los estados, la progresiva
especialización y complejizarían de la sociedad la arquitectura
igualmente tenía que ser más compleja.

En un estudio comparativo de la arquitectura monumen-
tal de la época Formativa del Perú, Carlos WILLIAMS (1980: 404)
37
llega a un resultado similar para la época Formativa. El hecho
de que la arquitectura vuelve a evolucionar desde formas ele-
mentales a principios del período Intermedio Temprano hace
suponer que entre ambos períodos de hecho hubo una cesura
en el desarrollo cultural y una fase de profunda reorientación.

En el área maya, donde tenemos más datos tanto arqueo-
lógicos como epigráficos, podemos observar un desarrollo
arquitectónico similar desde la época clásica (300-900 d.C.)
Hasta la época postclásica. Se considera que la época Clásica
se inicia con el establecimiento de dinastías reales (SHARER
1994: 140). El orden político fuertemente centralizado y sacra-
lizado encuentra su reflejo en las concentraciones de arquitec-
tura monumental en los centros de las ciudades grandes,
especialmente en los complejos de tipo acrópolis. Después
del colapso de la cultura maya clásica en las tierras bajas
del sur se observa un florecimiento de la cultura maya en el
norte de la península Yucatán, obviamente con sistemas po-
líticos menos centralizados. De hecho no se observan patrones
de asentamientos muy centralizados. Los grandes centros de
la región Puuc y más todavía los sitios de la época postclási-
ca como Chichén ltzá, Mayapán, Tulúm, etc. Muestran una ma-
yor dispersión de los edificios. Esta diferencia en el patrón de
asentamiento y en la arquitectura en general llevó a J. SABLOFF
(1990: 49, 132ss.) incluso a postular una mayor democratización
de las sociedades postclásicas frente a las sociedades elitistas
de la época Clásica.

Parece ser que en la arquitectura monumental de Améri-
ca se refleja una especie de evolución cíclica de formas simples
y monumentales hacia formas más complejas y menos monu-
mentales que podrían corresponder a procesos de transforma-
ción dentro de las sociedades. Después de cambios sustanciales
volvieron a empezar los desarrollos retomando los elementos
básicos o los arquetipos arquitectónicos que describimos al
principio de este trabajo.
38
El Parque Nacional de Tikal,
se encuentra en Guatemala.
Tikal es una ciudadela maya
que data del siglo I d. C. Flo-
reció entre los años 200 y 850
d. C. y luego fue abandonada.

TIKAL: UNA PASION, UN LEGADO
Luis Mozas Roca
39
Una pasión, un legado
Luis Mozas Roca
Programa Patrimonio Cultural para el Desarro-
llo AECID

Hemos visto tantas veces la maqueta de la ciudad cere-
monial de Tikal en la entrada del parque que nos hemos acos-
tumbrado a tomar como verdades absolutas algunas de las co-
sas que allí aparecen; de hecho, sobre ellas, poco o nada nos
atreveríamos a cuestionar. Esto, con el paso del tiempo, ha con-
tribuido a crear sobre el imaginario colectivo algunas ideas de
cómo podía ser la forma de vida de sus pobladores, las posibles
formas de relacionarse en su día a día y los momentos más sin-
gulares relacionados con el modo de celebrar como sociedad,
sus rituales y ceremonias religiosas o de otro tipo.

En este sentido, se nos presenta una ciudad, un conjunto
urbano (la URB) donde aparecen dispersos o agrupados algunos
conjuntos arquitectónicos más o menos homogéneos surgidos
en distintos momentos de su historia. Lo anterior, en respuesta
a múltiples necesidades, religiosas, ceremoniales, administra-
tivas, comerciales, residenciales, etcétera, y que, no todos pero
sí algunos, están conectados por medio de importantes vías de
comunicación llamadas calzadas.

Sin embargo, muchos de estos conjuntos dispersos en
el territorio, no aparecen conectados por esas calzadas. Estas
constituyen obras de ingeniería civil con acabados de estuco
pintado de 40 metros de ancho y paredes laterales continuas
de 1 metro con punto de origen y destino, sin cruces de vías y
sin posibilidad alguna de ser abandonadas en algún tramo in-
termedio del recorrido. Queda muy a la interpretación de cada
uno de nosotros imaginar cómo aquella población, residentes y
visitantes, se podía desplazar de un lugar a otro salvando todo
tipo de barreras arquitectónicas construidas y otras naturales.

40
Sin extenderme demasiado en el tema, pero en relación
con estas grandes avenidas, las calzadas, se despertaron en
su día las primeras reflexiones a pie de campo respecto de su
verdadera naturaleza. Es evidente que nos movemos, como en
todo proceso de investigación, en un terreno especulativo, pero
el hecho de que en este equipo de trabajo, a lo largo de estos
años, se hayan incorporado la arquitectura y el urbanismo con
otras disciplinas científicas más clásicas como la arqueología, la
biología y la química, entre otras, ha supuesto una mirada nove-
dosa y creativa sobre algunas creencias.

No alcanzamos a comprender en su totalidad la funciona-
lidad de estas avenidas monumentales solo desde una explica-
ción que aluda a su carácter ceremonial; tampoco a su posible
uso cotidiano que estaría, en todo caso, restringido solo a un
limitado número de residentes de la ciudad ceremonial. De he-
cho, ni siquiera podríamos entender muy bien un muro lateral o
parapeto de un metro de altura únicamente desde un plantea-
miento funcional como elemento recolector y canalizador de las
aguas de lluvia.

A la vista de estas dudas que nos van surgiendo senti-
mos la necesidad de conocer al hombre, al gobernante que está
detrás de toda esta inmensa obra para buscar algunas claves.
En la publicación Nuevos Datos para la Historia de Tikal el li-
cenciado Oswaldo Gómez (Agencia Española de Cooperación
Internacional para el Desarrollo) nos habla del gobernante 27,
Y´ikin Chan K´awiil, quien “heredó la gloria de su padre Jasaw y
la incrementó dominando por medio de la guerra a antiguas ciu-
dades rivales”.

“Para asegurar que sus enemigos no volvieran a mancillar
la ciudad de Tikal con una invasión por guerra, el gobernante la
preparó fuerte y eficientemente para este fin. Planificó todos los
proyectos constructivos pensando en hacer defendible la ciudad.
Se piensa que fue él quien construyó las calzadas con parapetos a
41
los lados y, evidentemente, sobresalientes del terreno natural para
que sirvieran como murallas defensivas, entre otros varios usos
funcionales que también estaban pensados para la guerra. Así
también la captación de agua de lluvia en embalses artificiales y
su controlada canalización hacia la zona residencial. Se propone
que las calzadas también eran utilizadas como vías rápidas para
que la población en general llegara al centro ceremonial en bus-
42
ca de refugio en momentos de guerra. El punto más defendible de
la ciudad es, posiblemente, la Acrópolis Sur.

Yik´in construyó tres grandes embalses en pleno centro
ceremonial de Tikal, que llenaba con agua de lluvia captada en
las plazas. Servían también estos embalses como fosos defensivos
para las Acrópolis.
43
Existe una reciente biografía de Yik´in, donde se muestra
la grandeza de su gobierno y también la habilidad que tuvo de
remodelar obras existentes y convertirlas en proyectos propios,
con relativo poco esfuerzo. También revela el deseo de mostrar
su gloria, evidenciado en los fabulosos dinteles y crestería que
decoran su Templo IV y en las decoraciones de las cresterías de la
Plaza de los Siete Templos y su edificio mortuorio en la Acrópolis
Norte, específicamente en la esquina Suroeste, el que conocemos
como 5D-73”

La figura de Yik´in se nos presenta pues, como el gran
modernizador de la ciudad de Tikal, al igual que siglos después,
a mediados del XIX, Napoleón III cambiaria y modernizaría la
ciudad de París con una estrategia muy parecida y de la mano
del barón Georges-Eugène Haussmann.

Haussmann eliminó muchas calles antiguas serpentean-
tes y derribó casas de apartamentos. Las reemplazó con anchos
bulevares flanqueados por árboles y creó extensos jardines. El
plan de Haussmann incluyó también elementos de referencia
como el Arco del Triunfo y el Gran Palacio de la Ópera. Además
de conseguir sus objetivos de mejoras sanitarias y de comuni-
cación, la renovación sirvió para finalidades políticas. El nuevo
plan de la ciudad dificultaba revueltas como las de 1830 y 1848
por la vía de impedir físicamente la colocación de barricadas
(fácil en estrechas callejuelas medievales, difícil en anchos bu-
levares) y facilitar la labor de las fuerzas del orden por medio
del rápido desplazamiento por las calles y la colocación estra-
tégica de edificios oficiales como los cuarteles. Napoleón III te-
nía pensada esta finalidad de conseguir calles anchas donde
pudieran circular batallones en formación y la artillería, si se
diera tal necesidad. Creó anchas avenidas unidas con las prin-
cipales estaciones de tren, de manera que las tropas de provin-
cias pudieran estar operativas en un corto periodo de tiempo.
Así pues, estas similitudes nos permiten comprender mejor la
finalidad última de estas grandes operaciones urbanísticas que
44
en su momento supusieron un cambio significativo en las for-
mas de vida y en las expresiones culturales de las sociedades
que las experimentaron.

Siguiendo con estas mismas cuestiones a las que ya he-
mos hecho alguna referencia, vemos cómo la ciudad queda
igualmente fragmentada y dividida por otra serie de obras de
ingeniería: los grandes fosos o aguadas y sus diques de con-
tención. Estas también, a modo de barreras arquitectónicas
construidas de manera estratégica, separan zonas importantes
del sur de la ciudad (Acrópolis del Sur) de otras zonas. Al norte
se mitigan y se crean zonas de especial significado (Plaza de
los Siete Templos), donde se reduce la exposición y el riesgo a
penetraciones y posibles ataques de otras ciudades vecinas, a
pesar de otras construcciones intermedias (Acrópolis Central
como primera ciudadela de Tikal).

Seguimos estudiando y trabajando para comprender me-
jor, ya que no se ha explicado aún con claridad cómo se lle-
ga a la ciudad; es decir, ¿por dónde? ¿Cuántos lugares eran los
adecuados para acceder a una ciudad de estas características?
(con el valor de símbolo que tiene) y ¿cómo eran esos accesos
en función del movimiento de población, las características de
los visitantes o la funcionalidad de la ciudad de cara a los su-
ministros de mercado? Ante eso, la pregunta es: ¿Cómo se re-
lacionaba la ciudad ceremonial de Tikal con el territorio que la
rodeaba y con la población que permanecía en aquel lugar, que
servía a la ciudad, que la alimentaba, que la protegía en prime-
ra instancia y que acudía a ella en momentos muy puntuales?
(Ceremonias religiosas, ritos, actos administrativos, servicios y
suministros).

Sabemos que Tikal no es la ciudad donde cohabitan y se
relacionan en el día a día todos los miembros de la sociedad
maya de aquel momento. Solo las clases gobernantes, los sacer-
dotes, algunas élites militares y un escaso grupo de administra-
45
dores y otro personal de servicio vivían en las zonas residen-
ciales de la ciudad, en los hoy llamados palacios. Estos podían
formar parte de grupos arquitectónicos complejos (Acrópolis
Central, Grupo Norte, Palacio de las Acanaladuras, etc.) o apa-
recer en otros puntos dispersos de la ciudad, alejados de los
núcleos principales (Grupo baring).

Estos escasos ejemplos son solo una reflexión, tal vez
muy básica, para interesarnos por algo de lo que, creo, aún que-
46
da mucho por conocer en esta antigua ciudad maya. Algo que
requiere de muchas más investigaciones arqueológicas y que
también necesita más horas de estudio, reflexión y análisis de
lo que ya creemos conocer.

El urbanismo, la urbe como espacio físico construido, una
vez que lo podamos analizar con más detalle, es posible que
nos acerque más al conocimiento de la civitas de Tikal. Es decir,
de la forma en que aquella sociedad se organizaba, cómo era
47
su vida social, política y religiosa y cuáles eran sus formas de
economía. Desde mi punto de vista, esto es quizá lo que más
nos interesa y el conocimiento que mejor nos permitiría llegar
a la esencia misma de esa cultura y esas sociedades complejas
y contradictorias en aquellos momentos. En esa dialéctica entre
forma y función, entre la urbe como espacio físico y la civitas
como espacio social, político y económico, podemos intuir entre
sombras, cómo las explicaciones que hasta ahora se han dado
de cómo era la ciudad y su gente, no son del todo completas ni
convincentes. Hay mucho más.

Por abundar en algunos ejemplos, solo si fijáramos nues-
tra mirada en la Acrópolis Central y realizáramos un análisis ar-
quitectónico bajo el concepto medieval de ciudadela, es decir
bajo un concepto de arquitectura militar, nos daríamos cuenta
de inmediato que son muchos los elementos y características
de este conjunto que se asimilan y coinciden con ese mismo
concepto defensivo. La ciudadela es una fortaleza construida en
el recinto de una plaza fuerte o ciudad fortificada. Se trata de
una fortaleza con baluartes y foso situada por lo común en pues-
to ventajoso para sujetar o defender una plaza de armas que re-
gularmente cae o da al pie de sus baterías. El término procede
del italiano cittadella, diminutivo de città, ciudad de todas las
ciudades.

Con el concepto anterior, no solo se puede explicar,
como hasta ahora se ha hecho, solo desde un punto de vista de
espacio residencial de alta concentración de edificaciones con
cinco o seis niveles de superposición y altura de palacios. Este
espacio de difícil acceso y posición privilegiada en el centro de
la ciudad, posee, además, un foso lateral y es la ciudad dentro
de la ciudad de Tikal.

Pero, ¿qué pasaría si esa misma mirada de arquitectura
militar la aplicáramos a la Acrópolis del Sur? ¿Cómo funcionaría
el dique estrecho que se sitúa frente a su punto principal de ac-
48
ceso? ¿La aguada sería solo un reservorio o también se conver-
tiría en foso defensivo? ¿Cómo funcionaría la Plaza de los Siete
Templos en ese nuevo rol defensivo de estas zonas estratégicas
de la ciudad?

A lo largo de estos años de trabajo, primero en el Templo
V y con posterioridad en la Plaza de los Siete Templos, siempre
bordeando este importante conjunto arquitectónico sin apenas
poder avanzar más que tímidamente en su conocimiento, son
muchas las preguntas que nos surgen con relación al el carácter
real y estratégico que pudo haber tenido. Situado al sur de la
ciudad, en una zona de límite geográfico y próximo a uno de
los más importantes accesos o puertas de Tikal, este complejo
monumento aparentemente apenas presenta un estrecho frente
de acceso por su lado norte con el mismo grado de dificultad y
control que se aprecia en la pasarela del estrecho dique que le
conecta con el resto de la ciudad.

Su disposición, la altura de las distintas plataformas, la
dimensión de las mismas, la imposibilidad de acceder desde la
Plaza de los Siete Templos, (más aun cuando sabemos que los
siete templos son posteriores o adosados y los mayas quisieron
seguir manteniendo ese carácter que se intuye en las otras tres
fachadas del conjunto), son elementos de interpretación des-
de el punto de vista de la arquitectura que necesariamente nos
obliga a una nueva mirada y algunas nuevas interrogantes en
relación con ese singular conjunto en ese estratégico sector de
la ciudad.

Como es sabido, la arquitectura militar y su desarrollo
en el tiempo está muy ligada a la evolución misma de las tácti-
cas militares, los equipos, herramientas y armas de las que se
sirve y para las que también se va modificando y adaptando en
el tiempo. Tenemos constancia de que el empleo de la fortifi-
cación como elemento arquitectónico defensivo y de las armas
para asaltarla, datan con los mismos orígenes de la humanidad.
49
Es decir, hay una relación directa entre la forma de la defensa
y el tipo de arma que se utiliza o existe en cada momento de la
historia. La evolución de unos está ligada a la evolución misma
de los otros. Esto se pudo evidenciar claramente con la llegada
de la pólvora, los cañones y la evolución de la ingeniería militar
en este campo.

En este sentido, la forma de las arquitecturas defensivas
de los mayas tiene mucho que ver con el tipo de armas que
utilizaban en sus distintas ofensivas y momentos bélicos entre
ciudades. Las ciudades sufrían asaltos y se buscaba con ello,
fundamentalmente, el rapto o captura de su más alto represen-
tante. Este gobernante, capturado, finalmente era sacrificado.
Podemos imaginar el impacto que esto suponía para esas mis-
mas clases gobernantes privilegiadas y las medidas que con
carácter general y urgente se tuvieron que poner en marcha
para adaptar las formas urbanas y arquitectónicas de las ciuda-
des a estas situaciones que tanto les afectaba.

Nuevamente vemos en estos ejemplos cómo las formas
arquitectónicas, los procesos constructivos y el urbanismo de
la ciudad, pueden ser sometidos a otros puntos de vista que se
alejan con mucho de las tradicionales explicaciones que has-
ta ahora hemos podido leer en algunos estudios e informes de
campo.

Respecto de los procesos constructivos de las edificacio-
nes de la ciudad, hasta ahora siempre hemos pensado que la
variación de la forma en la que se construyen los edificios en
el Clásico Tardío, respecto de la forma más sólida en la que se
construía en etapas anteriores, era motivada por una disminu-
ción de la fuerza laboral con la que se contaba y una merma
de la pericia constructiva que con el tiempo fue degenerando
hacia sistemas más sencillos y de menor esfuerzo. Pero por un
momento pensemos en la necesidad que se pudo llegar a tener,
en momentos de máxima tensión, de producir en menos tiem-
50
po edificios y espacios, formalmente cada vez más complejos y
más seguros.

Sin duda alguna, para conseguir ese objetivo, el proceso
constructivo se tuvo que haber simplificado y, con ello, si bien
el aspecto exterior podría seguir evocando las antiguas edifica-
ciones, el interior de estas arquitecturas por fuerza tendría que
ser menos elaborado. Es decir, no es la pérdida de capacidad
lo que modifica la forma constructiva, sino que es el tiempo de
producción el que varía e impone unas nuevas técnicas más efi-
caces, aunque menos espectaculares.

En esta misma línea, relativa a los aspectos constructivos
y formales de las edificaciones de Tikal y las distintas interpre-
taciones que se les ha dado a lo largo del tiempo, estarían algu-
nos comentarios en relación con los procesos de remodelación
o rehabilitación que muchas de estas edificaciones sufrieron
como consecuencia de su adaptación a nuevos y distintos usos
de los que habían tenido en origen.

Este es el caso de algunos de los llamados palacios e in-
cluso algunos otros templos. En realidad, en el primero de los
casos, hablamos de edificios residenciales para una clase social
bien posicionada. Por lo general se sitúan en torno a espacios
urbanos cerrados, conformando plazas, donde, además, pue-
den encontrarse otro tipo de edificaciones con distinto uso (ce-
remonial o administrativo, entre otros). No obstante, hemos ob-
servado que se han podido dar situaciones donde, nuevamente,
los cambios en el ámbito de lo político y social (la civitas), han
supuesto reformas en los espacios físicos construidos; es decir
en lo urbano.

La civilización Maya, no desaparece de las ciudades o de
los territorios de la noche a la mañana. El proceso de abando-
no, de decadencia, tiene que haber sido paralelo al proceso de
degradación social, política, económica, religiosa, cultural e, in-
51
cluso, también militar. Se han tenido que ir produciendo vacíos
en las ciudades, desde sus edificaciones, espacios públicos y
en sus conjuntos monumentales, y posiblemente fueron poco a
poco ocupados por otros pobladores de maneras muy distintas
en función de sus nuevas necesidades.

No es muy difícil comprenderlo, ya que algunos siglos
después en la propia Guatemala vemos otro caso muy similar,
con el supuesto proceso de abandono de la ciudad de la Antigua
Guatemala. Cuando la ciudad de Santiago de los Caballeros se
traslada a su nueva ubicación en el Valle de la Ermita o Valle de
las Vacas, son aquellas mismas gentes las que conforman la nue-
va ciudad de Guatemala de la Asunción. De esta manera, se da
continuidad a las formas sociales de relación a sus economías, a
sus tradiciones y a su cultura. No obstante, la ciudad de Antigua,
52
apenas se va quedando en el abandono, es vuelta a ocupar nue-
vamente por otras personas con otras formas, otras economías
y otros intereses.

La viejas edificaciones de la Antigua se rehabilitan, se
transforman, se vuelven a poner en pie, pero ya de forma muy
distinta a como lo hubieran hecho sus antiguos moradores, con
nuevos materiales de construcción y nuevas técnicas más sen-
cillas y económicas.

Todos los procesos de decadencia económica o social,
por mencionar algunos aspectos que se dan paulatinamente en
el tiempo, suponen cambios notables y graduales en las estruc-
turas físicas de las ciudades, como consecuencia de las nece-
sarias adaptaciones de uso a las que van siendo sometidos. Así
53
pues, nos encontramos con edificios en Tikal donde se pueden
apreciar el reflejo de estos momentos de transición, de nuevos
usos y de nuevas técnicas. Vemos la huella del paso de los nue-
vos moradores ocupando y trasformando los antiguos edificios.

Con el trabajo de investigación realizado conjuntamente
entre el Programa de Patrimonio de la AECID y el Viceminis-
terio de Patrimonio Cultural de Guatemala en los últimos años
en Tikal y en especial en el Templo V y el conjunto de los Siete
Templos, creemos que algo hemos podido avanzar en el conoci-
miento de algunos de estos temas y de ello se rinde cuentas en
los distintos artículos de investigación y contenidos científicos
de la presente publicación.

A partir de1991 que empezamos con esta tarea hasta
2010, la AECID, por medio de su programa Patrimonio para el
Desarrollo, y el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala,
desde la Dirección General de Patrimonio Cultural y Natural,
han ejecutado un amplio programa de actuaciones con algunos
resultados que creemos que algo han podido aportar para tener
un mejor conocimiento y valoración del rico patrimonio de Ti-
kal:

• La investigación y restauración del Templo I
• El afortunado descubrimiento e investigación de la Estela 40.
• La publicación de las investigaciones y restauración del Tem-
plo I.
• La difusión de la investigación de la Estela 40.
• La adecuación Museográfica del Museo de Lítica de Tikal.
• La publicación del libro de los árboles de Tikal.
• La investigación y restauración del Templo V.
• La publicación de la investigación y restauración del Templo V.
• El Plan Director para mejorar el funcionamiento y los equipa-
mientos del Parque Nacional Tikal.
• La investigación y restauración de la Plaza de los Siete Tem-
plos.
54
• El Plan Director de la Acrópolis Central.
• Los estudios específicos de la Caracterización de la Piedra Ca-
liza de Tikal y el de la Flora Deteriorante del Templo I y, final-
mente esta publicación 20 años en Tikal.

Estos son algunos de los resultados e hitos más importan-
tes por los que hemos ido avanzando en estos años de trabajo y
esfuerzo en común. En esta publicación queremos ofrecer un re-
sumen que permita su mejor conocimiento, su difusión y, quizá,
su consolidación como una base para que otros investigadores
puedan continuar a futuro con esta inmensa y apasionante labor.

Tomado de: VEINTE AÑOS DE LA AECID EN TIKAL
http://www.aecid.es/Centro-Documentacion/Documentos/Pu-
blicaciones%20coeditadas%20por%20AECID/veintetikal.pdf
55
Las Ciudades Mayas: Historia de las teorías
sobre su espacio urbano y territorio
Daniel Schávelzon
(Conicet) Centro de Arqueología Urbana Universidad de
Buenos Aires
56
El territorio y los asentamientos mayas en
la actualidad

El interés por los asentamientos de la América indígena
dio inicio con el descubrimiento del Nuevo Mundo, aunque fue
en los siglos XIX y XX que éstos se estudiaron con mayor dete-
nimiento. Lo que observaron los primeros europeos como ciu-
dades vivas y coloridas poco tiene que ver con las ruinas que
se escondían entre las selvas, en espera de la curiosidad de los
científicos educados durante la Ilustración un par de siglos más
tarde. Sin embargo, en aquel entonces esos sitios también fue-
ron considerados como ciudades con casas, palacios y calles, a
pesar de que la tipología de su arquitectura no coincidía estric-
tamente con lo que se conocía en el Viejo Mundo.

Frente a este trasfondo es fácil entender el porqué de una
pregunta que se hace una y otra vez, es decir, ¿por qué se sigue
hablando de centros ceremoniales y no de ciudades en el dis-
curso popular sobre los mayas? Sin entrar en más detalles alude
a la necesidad que enfrentan las clases gobernantes de un país
para construir la historia nacional, y cómo el pasado prehispáni-
co es garante de la identidad mexicana. En este cometido, em-
pero, suele suceder que por admirar los grandes monumentos
se excluye a los indígenas de hoy, tal y como se hace al desco-
nocer a la gente que residía en y alrededor de los grandes sitios
arqueológicos.

Por otro lado está la noción de un gran territorio con in-
numerables agrupaciones de arquitectura monumental y de ex-
tensas selvas que favorecían la práctica de una agricultura de
roza y quema. A este respecto, el análisis de las jerarquías de
sitios y la distribución espacial de éstos, los estilos arquitectó-
nicos compartidos y la epigrafía se pronuncian a favor de una
serie de relaciones muy estrechas entre los sitios de las diver-
sas regiones, e incluso de la lucha por los espacios que algu-
nos de ellos se adjudicaron. Más aún, el relevo de los diversos
57
ecosistemas que presenta la península de Yucatán, el Petén y
las Tierras Altas de Guatemala demuestra la imposibilidad de
hablar de una sola forma de vida entre los mayas prehispánicos,
y de cómo la etnografía ha contribuido a la elaboración de una
visión romántica del pasado. Junto con las distintas formas de
aprovechar los recursos naturales de una manera intensiva se
puede hablar hoy de variadas formas de interacción social que
quedaron plasmadas en las diferentes maneras de organizar la
infraestructura urbana.

A pesar de las discusiones que han generado estos hallaz-
gos entre los investigadores, no queda duda que con el tiempo
se podrá hablar de una forma de vida urbana entre los antiguos
mayas. La motivación de este libro, sin embargo, no parece sur-
gir de la necesidad de dar una solución a esta vieja polémica,
si no de la toma de conciencia de lo que ésta implica para el re-
gistro arqueológico. Por su larga trayectoria y el profundo cono-
cimiento de la planimetría mesoamericana, Daniel Schávelzon
sabe muy bien que la dinámica cotidiana es mucho más rápida
que la del mundo de las ideas y que por ende son muchos los
sitios prehispánicos que han pagado las consecuencias. Como
ejemplo se puede mencionar a Teotihuacán y a Kaminaljuyú en
las tierras altas de México y Guatemala. Una gran parte de la
información que permitiría entender mejor a estos sitios se ha
perdido por la ignorancia y el descuido. En este sentido es de
esperarse que un libro como éste fomente el interés por las for-
mas de vida ancestrales y la riqueza de la experiencia humana,
con el fin de preservar a éstas para las futuras generaciones.

En el año 1990 publiqué un pequeño libro, que en cierta
medida fue el origen de éste tal como se explica en el último
capítulo, titulado Las ciudades mayas, en el cual se hacían una
puesta al día del problema y se resumían algunos conceptos
que, ahora entendemos, marcaba bien un cambio entre una eta-
pa y otra del pensamiento y del quehacer arqueológico sobre
los mayas. El primer punto al que arribábamos como conclu-
58
sión casi de un siglo de investigación era que los mayas era un
conjunto de pueblos, lenguas y tradiciones culturales hetero-
géneos aunque con rasgos culturales comunes –cosa que todos
sabíamos-, y que por lo tanto muestra una enorme variedad de
asentamientos a lo largo del tiempo; no hay un modelo universal
para el urbanismo maya, hay muchos y éstos deben ajustarse a
la región y la época que está analizando. Incluso en una misma
región había formas de usar el espacio diferenciadas en una
misma época en función de factores políticos, agrícolas, geo-
lógicos, sociales, de prestigio, de herencia cultural o de simple
poder. Es cada vez más clara la no existencia de un modelo ge-
neral que permita interpretar todo el fenómeno de los asenta-
mientos mayas, ni con la vieja idea de los centros ceremoniales,
ni con ninguna otra que sea mecánica, rígida o que quiera eng-
lobar la heterogeneidad en la homogeneidad.

El segundo punto que se destacaba era que la ruptura
final del modelo del centro ceremonial (Becker 1979) ha per-
mitido un avance notable, liberando a la investigación de ata-
duras historiográficas. Esto puede parecer fácil en un contexto
académico respecto a ideas impuestas en la década de 1940 y
surgidas incluso antes; pero si vemos la bibliografía de divul-
gación en México, Guatemala o en el mundo entero sobre este
tipo de asentamientos, veremos que la idea sigue muy vigente.
A esto debe sumarse el final de la concepción teocrática del
mundo prehispánico, ya que la lectura de los glifos ha mostrado
que lo expresado en la mayor parte de las inscripciones y mo-
numentos hace referencia, directa o indirecta, a personas con-
cretas que reinaron, organizaron guerras o fueron cautivos en
momentos históricos determinados. De esa manera los palacios
ya no fueron templos.

Si tuviéramos que concretar en una sola idea otra de las
transformaciones sufridas para el fin del siglo XX, no hay duda
que es el haberse entendido que los asentamientos, en su diver-
sidad, se insertan en estructuras regionales y, a mayor escala, en
59
las redes complejas de toda la civilización mesoamericana. Si
bien esto siempre se lo había entendido así, durante los años en
que imperó la New Archaeology hubo una tendencia marcada a
reducir en lo posible los contactos y relaciones inter-culturales
tratando de explicar los desarrollos desde dentro de sí mismos.
Esto no terminaba de explicar muchas cosas y la presencia evi-
dente de rasgos culturales, y de objetos concretos, de una cultu-
ra en otra, llevó a la necesidad de revisar lo que sabíamos sobre
esto. Valga de ejemplo la presencia en forma de un barrio com-
pleto de artesanos de Oaxaca en plena ciudad de Teotihuacan,
o los personajes, arquitectura, cerámica e ideas de esta última
ciudad presentes en todo el territorio maya. Cada época y re-
gión ha creado redes interconectadas con propósitos diferen-
tes por las cuales circulaban no sólo mercaderías, sino también
tributos, ciencia, ejércitos, arte, artistas, ideas, prestigio, poder
y dominio. La estructura de comercio e intercambio de bienes,
suntuarios o no, operó en corta, mediana y larga distancia, e im-
plicó la presencia constante de esos mercaderes en regiones
muy alejadas de las de origen; esto significó un movimiento
también cultural, de prestigio e incluso político a grandes dis-
tancias; Teotihuacan o los murales de Cacaxtla así lo probarían
con los mayas.

Otro importante cambio operado es el conocimiento que
la profundidad temporal del fenómeno maya es grande, remon-
tándose la población local en algunas zonas a varios miles de
años antes de la era cristiana, y el consenso actual es que esta-
mos frente a un pueblo culturalmente “maya” hacia el 1000 a. C.
La presencia de arquitectura tanto para viviendas simples como
otras más importantes en Cuello en el 2500 a. C y una ocupación
comprobada en Belice desde el 9500 a. C, permiten abrir nue-
vas hipótesis para las épocas tempranas.

Este fenómeno, la mayor extensión en el tiempo, está aso-
ciado con la confirmación, para las ciudades, que la gran arqui-
tectura es de origen Formativo tardío y no del Clásico Temprano;
60
la agrupación de El Mirador y su monumentalidad ha servido
para reconsiderar el fechamiento para muchos de los grandes
basamentos de El Petén y las tierras bajas en general. Lo mismo
para el arte y los maravillosos estucos hallados bajo la acrópo-
lis de Copán, por dar un ejemplo solamente entre tantos, ya no
permite aseverar que el Clásico es el período del “gran” desa-
rrollo. Quizás incluso los términos mismos de Formativo y Clási-
co cambien algún día ya que tienen en si mismo connotaciones
que no ayudan por cierto a entender el proceso histórico de
estos pueblos. Lo que pudo haber sucedido es que tenemos mu-
cha más información sobre el Clásico porque lo anterior quedó
subsumido bajo esta última etapa, disfrazando u ocultando al
primer período, cuyos logros son a veces tan impactantes como
lo que lo precedió. Esto, sumado al pequeño hiatus producido
al final del Formativo, muestra que hay otra cultura maya, más
antigua, que surge con fuerza en el Formativo tardío aunque tie-
ne un fuerte tropiezo, del que va a salir finalmente airosa para
entrar en el gran desarrollo del período Clásico.

El ingreso al siglo XXI permitió asumir con certeza que
ya está comprobada la alta, e incluso muy alta, densidad habi-
tacional en muchos de los centros mayas, con total independen-
cia del volumen de arquitectura templaria o palaciega, o de la
función que haya cumplido intra o extra urbana. Asimismo la
construcción de esas ciudades y su arquitectura implicó un tre-
mendo esfuerzo social, dirigido por especialistas y con un alto
costo de injusticia, desigualdad y explotación del hombre por
el hombre. La antropología física ha mostrado la desigualdad de
la dieta en los grupos sociales (Havilland 1967). El mundo pa-
radisíaco de sacerdotes y campesinos felices que circuló hace
medio siglo sólo fue una expresión más del American Way of
Life de la posguerra de 1945.

Las arquitecturas de cada sitio son de una gran variedad,
la que se amplía a medida en que la investigación continua:
además de viviendas, templos, altares y palacios, existen mue-
61
lles, depósitos, talleres, puentes, caminos, fortificaciones, pla-
taformas para secar sal, represas, canales, plazas, patios, baños
de vapor, mercados, edificios para actividades cívico-políticas,
torres, defensas, sistemas de riego, camellones de cultivo, es-
tructuras para sostener panales de abejas y una larga variedad
más.

Las obras de infraestructura urbana han empezado a ser
analizadas: deposición de basura, canales, acceso al agua, plan-
taciones internas, circulaciones entre edificios, barrios especia-
lizados cuando los hubo. De todas formas grandes preguntas
aún subsisten: los talleres de piedra en el norte de Belice, como
Nohmul y Colhá están permitiendo aclarar el tema de los basu-
rales, los estudios apenas iniciados pero ya presentes en mu-
chas excavaciones sobre el uso de la basura y escombro para
rellenos de pirámides se hace cada día más evidente, al igual
que la nivelación de los terrenos –tierra y piedra incluida– que
a la vez también servían para las obras construidas. Pero estos
trabajos hoy están dando sorpresas interesantes: los estudios
de la microlítica en Copán –valgo de ejemplo– muestran que en
un centro de tan alto rango y en los palacios más distinguidos
del sitio, la talla de la obsidiana era una tarea interna y posible-
mente hecha a medio tiempo por los mismos ocupantes, y no un
trabajo de artesanos especializados como tanto se creyó (Aoya-
ma 1999). Y además se logró obtener información sobre el uso
de estos artefactos en carpintería y tratamiento de cueros en es-
pecial entre los sitios de bajo nivel residencial. Esto, además de
hablar de variabilidad social, nos acerca la mirada hacia lo que
realmente significó el rango social entre los mayas, al menos en
ese sitio tan destacado.

La arquitectura en general, no sólo la llamada ceremonial
o religiosa, tuvo una función que iba más allá de su misma fun-
ción: sirvió para legitimar el poder de los grupos dirigentes y
la iconografía y las inscripciones que la decoran así lo muestra;
valgan para ellos los ejemplos de Bonampak, Yaschilán, Piedras
62
Negras, Tikal, Toniná y Palenque en los cuales la lectura de los
glifos ha avanzado rápidamente en este sentido. Esto ha per-
mitido entender fenómenos tan peculiares como las alianzas o
las guerras entre ciudades, no sólo porque ha explicado la pre-
sencia de sitios amurallados y defendidos, aunque tampoco es
posible olvidar la gran muralla que rodea en parte a Tikal y a
Chichen Itza, sino también las relaciones, influencias o incluso
rechazo a estilos de arte o de arquitectura.

Y para seguir con la arquitectura el análisis iniciado en
Tikal por William Havilland sobre unidades habitaciones de alto
y medio rango social y su funcionamiento, han resultado ser una
asidua línea de investigación. En sitios como Quiriguá, Copán o
Sayil, por citar algunos muy conocidos, estos estudios permiten
ahora otorgarles nivel social a sus ocupantes y entender de qué
manera se usó cada parte de estas estructuras tan complejas a
primera vista; es así que las estructuras internas a los asenta-
mientos se han ido clarificando y cobran sentido. Imaginar que
se ha logrado esto, es decir de pasar de imaginar centros cere-
moniales vacíos, como lo hacía Gordon Willey aún en la dpeca-
da de 1960, a definir la ocupación y uso de cada construcción en
cada unidad habitacional, es un paso formidable. Obviamente
aún hay mucho por discutir, pero el avance es notable al ser
observado históricamente.

Otro cambio en la lectura de la estructura interna de las
ciudades y de los asentamientos en general es que las plazas no
han sido sólo sitios de grandes reuniones ceremoniales; el estu-
dio iniciado pero aún no extendido de la liberación de grandes
superficies de pisos mostraría usos diversificados. Lo poco he-
cho en Cerros y en Tikal, indica la existencia de lo que puede
interpretarse como un gran mercado al aire libre con tiendas de
materiales perecederos.

El uso del espacio a nivel territorial ha cambiado ya en
forma definitiva y es aceptado que pueda ser leído de muchas
63
maneras: en función de la difusión de los glifos emblemas, o de
la iconografía arquitectónica (como hizo tantas veces Paul Gen-
drop), por la cerámica (el método más habitual en el siglo XX)
e incluso con la reinterpretación del papel de los sacbés –para
el caso del Yucatán tardío–, tradicionalmente entendidos como
caminos, que está mostrando mucho más: quizás límites de te-
rritorios, quizás símbolos de dominación de linajes dinásticos,
muestra de poder, interrelación entre grupos diversos. Incluso
creo que me tienta más la idea de una expresión física del te-
rritorio bajo el control de un linaje dinástico y de su expansión.
Los estudios hechos en Cobá mostraron su poca funcionalidad
como circulación y la necesidad de redefinirlos; ya ha habido
avances al respecto.

En cada asentamiento hay procesos de continuidad y
cambio por motivos internos o externos, que pueden darse con
independencia de otros sitios cercanos o lejanos. Así, sitios cer-
canos y contemporáneos pueden tener grandes monumentos
mientras otros no; presentar ejemplos de arquitecturas o deco-
raciones de otros sitios durante cortos períodos –las fachadas
zoomorfas por ejemplo–, usar artistas provenientes de otras
ciudades y modificar abruptamente sus tradiciones plásticas,
o establecer estrechas simbiosis esculturales como Quiriguá
y Copán durante el corto tiempo en que sus linajes dirigentes
estuvieron unidos por matrimonios políticos o mientras estuvie-
ron en guerra al parecer en el año 737 d. C. Dentro de la gene-
ralidad regional, cada caso implica análisis específicos.

Respecto al territorio y los asentamientos dispersos en
él han avanzado notablemente los estudios sobre la ecología
tanto actual como prehispánica, lo que permite hacer suposi-
ciones posiblemente bastante certeras sobre el pasado. Valga
un ejemplo: los estudios de la región de El Cajón en Hondu-
ras de la década de 1980 permitieron que para el final de esos
años se arribara a una serie de conclusiones sobre la relación
entre la ubicación de los sitios y las características productivas,
64
geológicas y geográficas (Hirth, Lara Pinto y Hasemann 1989).
Lo aprendido es que el estudio de la capacidad de producción
y las características del lugar permiten predecir con cierta ra-
zonabilidad la ubicación de los asentamientos, aunque no con
certeza ya que ocurren otros factores no determinables (socia-
les, culturales, políticos y de otros órdenes); en este sentido la
zona de El Cajón mostraría una postura diferente a lo sucedido
en Oaxaca en donde los sitios responde, al parecer, a otras ló-
gicas territoriales. Esto, como conclusión, no es poca cosa, ya
que tras treinta años de interés en la ecología cultural, al menos
desde que William Sanders la difundió metódicamente, los re-
sultados a gran escala están a la vista.

Tomado de: Las Ciudades Mayas: Historia de las teorías so-
bre su espacio urbano y territorio.
http://www.danielschavelzon.com.ar/ebooks/Ciudades_Ma-
yas.pdf
65
En busca del Apple T
los primeros años
inglesa
66Andrew Prescott y Susan
Tree: una revisión de
os de la masonería
inglesa
usan Mitchell Sommers 67
En busca del Apple Tree: una revisión
de los primeros años de la
masonería inglesa
Andrew Prescott
Universidad de Glasgow, Escocia
andrew.prescott@glasgow.ac.uk

Susan Mitchell Sommers
Saint Vincent College en Pennsylvania, Estados Unidos
susan.sommers@stvincent.edu

Resumen

La tradición relata que el 24 de junio de 1717 cuatro lo-
gias en la taberna londinense Goose and Gridiron organizaron
la primera gran logia de la historia. Esto se sustenta solo en la
segunda edición de las Constituciones de Anderson (1738), pu-
blicada más de veinte años después de los acontecimientos allí
descritos. Anderson no hizo referencia a esa historia en la pri-
mera edición de las Constituciones (1723), tampoco otras publi-
caciones y artículos de prensa de la época. Pero al volver a revi-
sar las fuentes se argumenta que la Gran Logia se creó durante
un banquete que tuvo lugar en la Stationer’s Hall de Londres el
24 de junio de 1721 cuando el duque de Montague fue elegido
gran maestro.

Abstract

The tradition has it that on 24 June 1717 four masonic lo-
dges in London in a meeting at the Goose and Gridiron near St
Paul’s Cathedral in London established the first Grand Lodge
and elected Anthony Sayer as its first Grand Master is entire-
ly dependent on a narrative by James Anderson in the second
edition of the Book of Constitutions in 1773.Anderson’s narra-
tive contains many internal contradictions and inconsistencies.
68
By revisiting such sources as William Stukeley’s account of his
initiation in 1721 and an account of the election of the Duke of
Montague as Grand Master in the records of the Lodge of Anti-
quity, it is argued that Grand Lodge was not created in 1717, but
rather at the dinner at Stationers’ Hall in London on 24 June 1721
when the Duke of Montagu was elected Grand Master.

Introducción

Una de las ventajas de celebrar aniversarios es que nos
permiten reconsiderar y revisar los eventos conmemorados. Así,
el aniversario 800 de la Carta Magna en 2015 dio pie a nuevos
descubrimientos acerca del origen de lo añadido al documento
original de 1215 y de los amanuenses que intervinieron en su
redacción; mientras que en 2016 el 400 aniversario luctuoso de
Shakespeare trajo consigo la identificación de una nueva pri-
mera edición y, gracias al análisis multi-espectral, se logró fe-
char el borrador del testamento del bardo de Avon. Esperamos
que las celebraciones del tricentenario de la Gran Logia darán,
de igual forma, un nuevo ímpetu a las investigaciones de lo que
Alfred Robbins llamó, en su clásico artículo de 1909, “los prime-
ros años de la masonería inglesa organizada”1.

La innovadora investigación de Robbins acerca de las
primeras referencias a la Gran Logia en periódicos de la época,
nos muestra cuánto se puede alcanzar mediante el análisis sis-
temático de las fuentes primarias. Por desgracia, son pocos los
investigadores que han seguido las huellas de Robbins. El con-
senso general se basa aún sobre lo que expresó Albert Calvert
en su libro editado en el bicentenario de la Gran Logia, donde
puso en tela de juicio que alguna vez se encuentre una eviden-
cia más contundente y auténtica sobre los primeros años de
esta organización masónica, que la aportada por James Ander-
son en la edición de 1738 de las Constituciones2. Desde nuestro
punto de vista, se puede lograr un análisis más crítico de las
fuentes que aún existen sobre la historia de la masonería en In-
69
glaterra en 1723. Además, proponemos que, tras el estudio de
dichas fuentes, se obtiene un panorama completamente distinto
de la fundación de la Gran Logia del que escribió Anderson. Es-
peramos que las celebraciones del tricentenario, y el presente
trabajo en especial, sirvan para reactivar la investigación de las
fuentes primarias sobre los primeros años de la Gran Logia.

Pero comencemos por revisar el texto fundamental. La
historia de la formación de la Gran Logia en Londres, fue relata-
da por primera vez en la edición de 1738 de las Constituciones
de Anderson, es decir, más de 20 años después de que suce-
dieron los hechos que pretende registrar. Anderson relata la as-
censión de Jorge I al tronó inglés en 1714, así como la rebelión
encabezada por Jacobo Estuardo, el célebre Old Pretender. El
autor de las Constituciones nos dice que, en 1716, una vez so-
focada la rebelión, las pocas logias que existían en Londres se
sintieron abandonadas por el gran maestro Christopher Wren
y decidieron “reunirse y cimentarse bajo un gran maestro, que
fuera el centro de unión y armonía”3. A continuación, Anderson
enlista las cuatro logias que se reunieron4. En primer lugar, la
logia de la cervecería Goose and Gridiron5, del área conocida
como St. Paul’s Churchyard. La sucesora de esta logia es la An-
tiquity no. 2. En segundo lugar, la logia de la cervecería Crown,
ubicada en Parker’s Lane, cerca de Drury Lane. Esta logia se
extinguió por falta de miembros poco después de 1736. En ter-
cer lugar, la logia de la taberna Apple Tree, situada en Charles
Street, en el área de Covent Garden. La historia de esta logia es
complicada, pero puede decirse que es la antecesora de la lo-
gia Fortitude and Old Cumberland no. 12. Y, por último, la logia
de la taberna Rummer and Grapes de la calle Channel Row, en
la zona de Westminster. La descendiente de esta logia es la Ro-
yal Somerset House and Inverness no. 4.

Anderson relata que estas cuatro logias se reunieron en
la taberna Apple Tree de Charles Street. En dicha reunión tam-
bién se dieron cita “algunos viejos hermanos” que, aparente-
70
mente, no eran miembros de ninguna de las cuatro logias. La
reunión fue presidida por el más viejo de los maestros masones.
Anderson afirma que la asamblea “se constituyó como una gran
logia provisional en debida forma”. Como bien lo explicó Bege-
mann hace ya algún tiempo6, esta afirmación es pura jerigonza
legal utilizada por Anderson para demostrar la continuidad con
los grandes maestros anteriores. Sin embargo, el resultado de
dicha reunión descrita por Anderson fue muy claro. Las logias
revivieron las comunicaciones trimestrales de la Gran Logia,
accedieron a realizar una reunión y banquete anuales y deci-
dieron elegir a un gran maestro. Según Anderson, el 24 de ju-
nio de 1717 se llevó a cabo un banquete de libres y aceptados
masones en la cervecería Goose and Gridiron y que, antes de
la cena, el maestro que había presidido la reunión en la taberna
Apple Tree propuso candidatos para el puesto de gran maestro.
Se llevó a cabo una votación y resultó electo Anthony Sayer.

El relato de Anderson tiene connotaciones topográficas
muy importantes. Dos de las logias estaban ubicadas en Covent
Garden, un área que con sus populosas plazas y mercados era
el epítome de lo que el historiador Vic Gatrell describió como
la “infinita energía y acompasado desorden” de la vida urbana
del siglo XVIII7. Este historiador sudafricano nos muestra cómo
la zona de Covent Garden, con su interesante mezcla social de
mercaderes, libreros, artistas, actores, prostitutas y carteristas,
se puede considerar como el primer barrio artístico y bohe-
mio. Una de las cuatro logias que enlista Anderson se reunía
en la taberna Crown en Parker’s Lane, una callejuela estrecha
“de poca monta”8 y cercana a los famosos “Hundreds of Drury”,
una de las partes más decadentes de Covent Garden9. Proba-
blemente se trate de la misma taberna Crown mencionada en
un caso de 1722 presentado en Old Bailey, la corte criminal de
Londres entre 1674 y 1913, en el que una sirviente del tabernero
fue acusada de robarle una caperuza a su patrón. En su defen-
sa, la sirviente argumentó que cualquiera pudo haber robado
la prenda, dado que la taberna Crown era un lugar sin orden, y
71
declaró que “lo peor de lo que podía ser culpable era de asistir a
su amo para conseguir prostitutas para los caballeros”10.

Charles Street, donde se supone que se llevaron a cabo
las conversaciones para formar una gran logia hace 300 años,
estaba en el corazón de Covent Garden11. En 1844 esta calle
cambió de nombre y en la actualidad forma parte de la calle
Wellington, que es la continuación de la calle Bow y que la co-
necta con The Strand y el puente Waterloo. Para aquellos que
estén familiarizados con Covent Garden, es la parte de la calle
Wellington al norte de la calle Tavistock, donde está la entra-
da al antiguo Flower Market y el London Film Museum. Charles
Street era un reflejo de la importancia de Covent Garden como
barrio de artistas. Los pintores Thomas Gibson e Isaac Collivoe
padre vivieron ahí, y los cuadros de Collivoe se vendieron des-
pués de su muerte, en 1726, en una casa de subastas y sala de
conciertos, sobre la misma calle Charles, que se llamaba “The
Vendu”12. El grabador Claude du Bosc tenía una tienda en esta
calle, en la que alguna vez vendió una traducción de Ceremo-
nies and Religious Customs of the Various Nations of the Known
World, obra clave escrita por Bernard Picart y Jean Frédéric
Bernard, que contenía una ilustración de una logia masónica13.
El dramaturgo y poeta laureado Collley Cibber y el actor Bar-
ton Booth también vivieron allí. Pero Charles Street también era
un reflejo de la extraordinaria mezcla social de Covent Garden.
En ella se alojaban la entrada secreta a Hummums, unos baños
turcos famosos por ser un centro de prostitución, y el prostíbu-
lo que regenteaba “Mother” Hayward, al cual, tras la muerte de
esta en 1743, se le adjudicó un valor de 10 000 libras14. En una
esquina de Charles Street la viuda Hillmann ofrecía su remedio
“Prevención Venérea”, el cual garantizaba que “infaliblemente
conquista y destruye todas las partículas del veneno venéreo”15.

La bulliciosa, energética, en ocasiones terrorífica y mu-
chas veces inmoral vida urbana que se desarrolló en Inglaterra
durante el siglo XVIII podía disfrutarse plenamente en Charles
72
Street, el telón de fondo para la reunión que Robert F. Gouldd
escribiría como “el momento más importante de la historia de
la masonería”16. Pero, ¿acaso se llevó a cabo dicha reunión en
Charles Street? ¿Existía acaso la taberna Apple Tree? Las res-
puestas a estas preguntas son menos certeras de lo que, a partir
de la repetición del argumento de Anderson a lo largo de 300
años, se podría suponer. El relato de la fundación de la Gran
Logia en 1716-1717 no se reportó públicamente en ningún lugar
antes de la edición de 1738 de las Constituciones. En la edición
de 1723 de dicha obra, no se mencionan para nada los sucesos
de 1717. Al referirse al reinado de Jorge I, las Constituciones de
1723 apenas y hacen mención de la colocación de la primera
piedra de St. Martin-in-the-Fields, en septiembre de 1722, y se
asegura que los libres y aceptados masones florecían bajo la di-
rección de su gran maestro, el duque de Montagu17. La única re-
ferencia que se hace de algún gran maestro anterior a Montagu
es una breve mención de George Payne, quien ocupó el puesto
durante las regulaciones de 172018. De Anthony Sayer se dice
que era vigilante de la logia no. 3, según la lista de logias de la
versión de 1723 de las Constituciones, pero en ningún momento
se menciona que haya sido gran maestro19.

No solo la historia de la fundación de la Gran Logia está
ausente en las Constituciones de 1723. Tampoco se hace men-
ción de los numerosos libros y artículos publicados sobre el
tema de la masonería entre 1723 y 1738, como el Pocket Com-
panion for Free-Masons de William Smith o Masonry Dissected
de Samuel Pritchard. La referencia más temprana a la Gran Lo-
gia se hizo en el Post Boy del 24-27 de junio de 1721, donde se
publicó una nota sobre el banquete en el que el duque de Mon-
tagu fue nombrado gran maestro20. El documento más antiguo
que se conserva, emitido por la Gran Logia, es una invitación al
gran banquete de 1722, que contiene un grabado de John Sturt,
el mismo grabador que ilustró la Cyclopedia de Ephraim Cham-
bers21. El primer libro de minutas de la Gran Logia comienza el
24 de junio de 1723. La historia de la Apple Tree, la Goose and
73
Constitución de Anderson 1723 (arriba) y Constitucion de Anderson 1738
(abajo)

74
Gridiron y las demás logias se basa enteramente en el relato de
Anderson en sus Constituciones de 1738. La hipótesis ha sido,
como bien lo explicó recientemente John Hamill, que “cuando
Anderson escribió sus relatos todavía estaban vivos muchos de
los que asistieron o que conocieron a quienes estuvieron pre-
sentes en la taberna Goose and Gridiron en junio de 1717”, y
que lo hubieran rectificado en caso necesario22. Sin embargo,
esta suposición es un tanto aventurada.

En febrero de 1735, Anderson interpuso dos quejas ante
la Gran Logia: una debido a que la primera edición de las Cons-
tituciones estaba agotada, y otra porque William Smith había
plagiado material de su libro para redactar Free Mason’s Pocket
Companion23. Según Anderson, las Constituciones eran “su pro-
piedad exclusiva”. Pero en realidad no lo eran. El formato y el
texto que se lee en la página de título de la obra dejan en claro
que los editores y titulares de los derechos de autor eran John
Senex y John Hooke24. Anderson, quien en ese entonces trabaja-
ba con Hooke en la traducción de Conversations in the Realms
of the House of the Dead de David Fassmann, recibió su pago,
de parte de Hooke y Senex, bajo la forma de “pago por página”
(“copy money”) y no por el volumen completo de las Constitu-
ciones25. Así, por mucho que Anderson hubiera reclamado a la
Gran Logia, la edición de 1723 no era de su propiedad.

Dos figuras clave en la edición de 1738 de las Consti-
tuciones fueron los editores Richard Chandler y Caesar Ward.
Chandler había sido aprendiz de Hooke, y tras la muerte de este,
en 1730, adquirió su empresa y muchos de los derechos de au-
tor que detentaba26. En 1734, Chandler se asoció con su cuñado,
Caesar Ward, y buscaron expandir su negocio a York27. Las ne-
gociaciones de ambos editores para comprar el York Courant,
en enero de 1739, probablemente fueron el motivo por el cual se
retrasó la publicación de la nueva edición de las Constituciones,
ya que Anderson reportó la obra como lista para imprimirse en
enero de 1738, pero se anunció para su venta apenas en enero
75
de 1739. Debido a su amistad con Francis Drake, Ward esperaba
que las Constituciones se vendieran bien entre los masones de
Yorkshire. La importancia de Chandler y Ward en la producción
de las Constituciones de 1738 se hace patente en la suerte que
corrió la obra posteriormente. Tras el suicidio de Chandler en
1744 y la bancarrota de Ward en 1746, los ejemplares restantes
de las Constituciones de 1738 fueron vendidos a un editor de
apellido Robinson, quien al parecer no era masón. Robinson re-
editó el libro con su propia página de título y sin hacer referen-
cia a la Gran Logia28.

Al igual que en 1723, fue muy probable que Chandler y
Ward le hayan pagado a Anderson por página por su trabajo en
las Constituciones de 1738. Los problemas financieros de An-
derson, y el hecho de que era un deudor sujeto a las “reglas de
The Fleet”29, eran un fuerte incentivo para su producción litera-
ria. Tanto él como sus editores, esperaban maximizar las ventas
produciendo un volumen más completo y más fidedigno que
sus competidores. Los anuncios publicitarios de la obra desta-
caban que “este nuevo libro es casi del doble de páginas que el
anterior, con muchas nuevas informaciones, en especial sobre las
transacciones de la Gran Logia desde entonces”30.

El trabajo de Anderson estuvo bajo el escrutinio y la
corrección de un grupo de grandes oficiales de la logia, pero
no sabemos ni quiénes eran ni si habían tenido algo qué ver
en los eventos de 1716-1717. George Payne y Jean-Théophile
Desaguliers, dos figuras de capital importancia en los prime-
ros años de la logia, seguían en activo como grandes oficiales
hacia 1738-1739. Pero muchos de los otros grandes oficiales se
habían iniciado en la masonería tiempo después de la época de
la fundación. El hecho de que la Gran Logia estaba algo confusa
respecto a lo publicado en la edición de 1723 de las Constitu-
ciones, nos habla de que la memoria colectiva de sus primeros
años no era muy buena.

76
Anderson comenzó a involucrarse con la Gran Logia en
1721 y, por ende, no tenía conocimiento directo de los eventos
anteriores. Pero, como buen historiador, se dio a la tarea de re-
colectar testimonios tanto orales como escritos, los cuales inten-
tó empatar. Al final de la edición de 1738 de su libro, Anderson
da una lista de sus hermanos que lo habían apoyado durante la
preparación de este31. En su otra gran obra, Royal Genealogies,
aporta una lista similar. La de 1738 no era una lista de miem-
bros, sino más bien una forma de hacer públicas sus conexiones
sociales y demostrar su autoridad en la materia. Así, en dicha
lista encontramos los nombres del duque de Richmond, el con-
de de Inchiquin y el conde de Loudon. Otros enlistados, como
los grabadores John Pine y Louis-Phillippe Boitard o el impresor
Thomas Aris, se mencionan debido a su intervención en la pro-
ducción del volumen. Algunos otros se añadieron a la lista dado
que aportaron información sobre eventos específicos, como
William Goston y el científico Erasmus King, amigo de Desagu-
liers, quienes actuaron como vigilantes durante la iniciación del
príncipe de Gales, en 173732.

Muchos de los hombres que menciona Anderson, tales
como Martin Clare, William Graeme y Edward Hody, se iniciaron
en la masonería hacia finales de la década de 1720 y principios
de la de 173033. Es muy poco probable que Thomas Desagu-
liers, hijo de Jean-Théophile, que apenas contaba con 17 años
de edad y que comenzó a frecuentar las logias en 1738, haya
sido de mucha ayuda para las pesquisas de Anderson34. De los
masones que menciona Anderson, y que se habían iniciado en
la masonería a principios de la década de 1720, solamente uno
afirmó haber estado presente en los eventos de 1716-1717. Se
trata de Jacob Lamball, un carpintero que fue nombrado primer
vigilante en la taberna Goose and Gridiron en 1717. Al parecer,
Lamball fue la principal fuente de información que tuvo Ander-
son para los eventos de aquel año. Resulta sorprendente que
Anderson no mencionara a Anthony Sayer en su lista de agrade-
cimientos, a pesar de que aún estaba vivo en 1738. Lo anterior
77
se explica por el descrédito en el que cayó Sayer debido a las
quejas que se interpusieron en su contra, en 1730, por iniciar
masones irregularmente a pesar de haber recibido ayudas de
caridad de parte de la Gran Logia. Si Anderson consultó a Sayer,
no estaba dispuesto a hacerlo público.

Hay muchos elementos que desacreditan a Lamball
como testigo de los eventos de 1716-1717. A pesar de haber
sido nombrado vigilante en 1717, no existe evidencia de su ac-
tividad masónica sino hasta marzo de 1735, cuando fungió como
primer vigilante en reemplazo de sir Edward Mansell 35. Esto
sucedió en la primera comunicación trimestral inmediatamen-
te después de aquella en la que Anderson propuso una nueva
redacción de las Constituciones. Sospechosamente, parecería
que el mismo Anderson fue responsable de la reaparición de
Lamball en la Gran Logia. No se sabe cómo es que Lamball fue
nombrado vigilante en 1735, ya que hay algunos problemas con
su historia. En 1717, Lamball era apenas un aprendiz de carpin-
tero, ya que empezó su contrato con John Manwell en marzo de
171436. Lamball no se convirtió en independiente registrado en
la Carpenters’ Company hasta el 6 de junio de 172137.

Como aprendiz, los tiempos de ocio y descanso de Lam-
ball estaban controlados estrictamente por su maestro38, por lo
que se antoja difícil que haya podido dedicarse a la organiza-
ción de la Gran Logia. Pero hay otras anomalías con Lamball.
Cuando contrajo matrimonio en 172539, declaró ser mayor de
30 años, lo cual significa que tendría unos 19 años cuando se
inició como aprendiz, lo cual es mayor que la edad habitual de
14 años. Para 1731, sin embargo, Lamball ya era más próspero
y había establecido su propia carpintería en la calle Hyde, de
Bloomsbury, y rentaba una casa nueva en Camberwell40. Siguió
asistiendo a la logia hasta 1745. En 1756, Lamball solicitó ayuda
de caridad a la Gran Logia debido a su avanzada edad y a que
se encontraba enfermo (al parecer tendría ya 61 años). Recibió
diez guineas41. Murió tres años después y fue enterrado en la
78
iglesia de St. George, en Bloomsbury42.

Anderson también echó mano de fuentes escritas. El gran
secretario John Revis le dio acceso a los libros de minutas de la
Gran Logia. Al final del primer libro hay una lista de oficiales de
la logia, comenzando con Sayer como gran maestro y siguiendo
con Lamball y Joseph Elliot como vigilantes43. Esta lista fue al-
terada por Anderson, ya que después del nombre del vigilante
William Hawkins, nombrado en 1723, añadió: “quien renunció
y entonces James Anderson AM fue electo en su lugar”44. An-
derson también añadió las iniciales “A.M.F.R.S.” después del
nombre de Martin Clare, registrado en 1734. Sin importar lo que
opinemos de las alteraciones hechas por Anderson al libro, esto
nos confirma que la lista se recopiló independientemente de
su investigación y que la empleó como fuente. Al igual que el
resto de las minutas, la lista de oficiales de la Gran Logia fue
escrito del puño y letra de William Reid, quien fue nombrado
gran secretario en diciembre de 172745. El tipo de letra y el co-
lor de la tinta sugieren que Reid insertó la lista en el libro de
minutas después de 1731, posiblemente tan tarde como 1734.
Así tenemos que esta lista, a pesar de ser independiente del tra-
bajo de Anderson, también se recopiló mucho tiempo después
de la fundación de la Gran Logia y, probablemente, reflejaba el
estado de ánimo al interior de esta en la década de 1730.

Anderson hizo lo más que pudo para hilar los relatos de
gente como Lamball y los fragmentos de información escrita,
tales como los ya mencionados libros de minutas. Por desgracia,
Anderson sucumbió a la tentación de actualizar y pulir sus fuen-
tes. Añadió información sobre Joseph Elliot, uno de los vigilantes
de la época de Sayer, afirmando que era capitán. Sin embrago,
no existe información al respecto en los archivos militares. An-
derson también añadió que John Cordwell, nombrado vigilante
de la logia en 1718, era “carpintero de cabildo”46. Cordwell era
en realidad miembro del gremio de carpinteros de The City en
1738, cuando se involucró en una batalla legal con el alcalde y
79
el cabildo debido a discrepancias en los precios de la madera
en el contrato para la nueva Mansion House47, pero obtuvo este
puesto en 1722 y no antes48. De igual forma, en la lista de oficia-
les se menciona a Richard Ware como vigilante de la logia en
1720, y Anderson nos informa que era matemático. No hay re-
gistros de las aportaciones de Ware a las matemáticas, pero se
sabe que era un exitoso librero y que muchas de las obras que
publicó versaban sobre perspectiva y arquitectura49.

Existen muchas contradicciones en el recuento de los
primeros años de la Gran Logia hecho por Anderson. Por ejem-
plo, afirma que el primer acto de Sayer como gran maestro fue
revivir las comunicaciones trimestrales, pero solamente repor-
ta los banquetes anuales que se realizaban en Goose and Gri-
diron. La primera comunicación trimestral a la que se refiere
Anderson fue la realizada el 25 de marzo de 172150. Como bien
apuntó Begemann, era muy difícil que una reunión trimestral se
llevara a cabo el 25 de marzo, día de la anunciación en el ca-
lendario cristiano, cuando la gente estaba ocupada en el pago
de rentas y renovación de contratos51, ya que, según los libros
de minutas, es evidente que la Gran Logia evitaba reunirse ese
día52. Al parecer, Anderson inventó esta comunicación trimes-
tral para dar certeza de que el duque de Montagu había sido
nombrado gran maestro en toda forma. Hay un problema simi-
lar con la comunicación trimestral de marzo de 1722, durante la
cual, supuestamente, un comité de la Gran Logia aprobó el texto
de las Constituciones que se publicaría en 1723. Hay otros pun-
tos en los que es evidente que Anderson inventó detalles para
complementar su narrativa. Su reporte del incremento del nú-
mero de logias entre 1721 y 1722 (12 logias en junio de 1721, 16
en septiembre del mismo año, 20 en diciembre igualmente de
1721 y 24 en marzo de 1722) es sospechosamente regular en su
progresión aritmética, y no corresponde con los que sabemos a
partir de otras fuentes53.

El epítome de las dificultades narrativas de Anderson es
80
la taberna Apple Tree, que es el ejemplo más notorio de su pro-
blema con las fechas. Apple Tree existía en 1738, y los archivos
de las licencias nos muestran que quien detentaba la de esta
taberna era James Douglas, que la había comprado en 172954.
Sin embargo, a pesar de que se conocen cientos de nombres
de tabernas en el Londres de 1716 (muchas de ellas con va-
riantes del nombre “Apple Tree”), no hay referencia alguna a la
Apple Tree de Charles Street; al parecer, este nombre se lo puso
Douglas cuando tomó posesión de la propiedad en 1729. Como
apunta W. J. Williams, los libros de registros muestran que Apple
Tree estaba en el lado este de Charles Street, en la esquina con
York Street55.

Este sitio corresponde en la actualidad con el número
28 de Wellington Street, esquina con Tavistock Street, y el local
lo ocupa un restaurante de la cadena “Bella Italia”. Los dueños
anteriores de este establecimiento fueron Robert McClure –de
1713 a 1719– y Thomas Taylor –entre 1719 y 1729–56. Las licen-
cias, tanto de McClure como de Taylor, eran para operar como
posaderos, pero no hay evidencia de que hayan usado el nom-
bre “Apple Tree”. Nuestro argumento durante la pasada cátedra
Edward A. Sankey, en la Brock University, fue que en 1716 dicho
local no era una taberna sino una mercería llamada The Golden
Anchor, propiedad de Simon Mayow57. Pero una revisión sub-
secuente de los archivos demostró que The Golden Anchor no
estaba en el lugar que después ocupó la Apple Tree, sino en el
lado sur de York Street. Sin embargo, la búsqueda de la Apple
Tree ilustra la forma en que la narrativa de Anderson es confusa
debido a sus invenciones y sus actualizaciones de nombres de
personas y lugares, en las que verdades a medias se entremez-
clan con hechos inventados a propósito. A pesar de que algunos
nombres de tabernas han pasado de una generación de licen-
ciatarios a otra –aún hoy se puede beber algo en The Coach
and Horses, cuyo nombre data de 1736–, el nombre Apple Tree
parece haber sido exclusivo de James Douglas, ya que desapa-
reció después de su muerte en 175358.
81

Anderson distorsionó e inventó su narración porque la
Gran Logia se lo pidió. En la edición de 1723 de las Constitucio-
nes, Anderson intenta demostrar que el origen la masonería se
puede rastrear hasta el inicio de los tiempos, pero es muy vago
en su relato acerca de la sucesión de grandes maestros desde
la antigüedad. El 31 de marzo de 1735, la Gran Logia aprobó
una moción en la se expresaba “el deseo de que el Dr. James
Anderson imprima los nombres (en su nuevo libro de Constitu-
82
ciones) de todos los grandes maestros que pueda hallar desde el
principio de los tiempos, así como una lista con los nombres de
todos los grandes maestros suplentes, de los grandes vigilantes y
de los hermanos que hayan servido a la orden en calidad de ex-
pertos”59. Anderson recibió estas instrucciones para que, en el
futuro, todos los oficiales de la logia se seleccionaran a partir de
estas listas. Esta medida fue diseñada para marcar la exclusivi-
dad social del grupo y para evitar que algún oficial cayera en la
indigencia y solicitara ayuda caritativa de la logia, como había
sucedido con Sayer y con Joshua Timson, el arruinado zapatero
y herrero que fue vigilante en la misma época queAnderson60.
Asimismo, la Gran Logia estaba, sin duda, enterada de los pla-
nes que se forjaban para establecer una gran logia en Escocia
y, por tanto, debía apresurarse para establecer su primacía.

Otra consideración que llevó a Anderson a enfatizar las
continuidades en la historia de la Gran Logia, fue la forma en la
que esta organización se inclinó hacía la oposición “patriótica”
contra el gobierno de Walpole, la cual se centraba alrededor de
la figura de Federico Luis, el príncipe de Gales61. Esta tenden-
cia era impulsada por Desaguliers, a quien el príncipe le había
otorgado un espacio en Kew Palace para instalar su equipo de
laboratorio62. La dedicatoria y la presentación de la edición de
1738 de las Constituciones al príncipe de Gales, fueron señales
inequívocas de apoyo en un momento en el que el heredero al
trono había caído de la gracia de su padre y era visto por la opo-
sición como la última esperanza para restablecer el orden que
se había perdido debido a la corrupción de Walpole63. Bajo la
influencia del libro Remarks on the History of England, escrito
por Henry St John Bolingbroke en 1730, la oposición “patriótica”
resaltaba la importancia “del sentido de continuidad y orgullo
que representan el ser británico”, así como la consciencia de las
tradicionales libertad e independencia británicas64. La historia
de la masonería escrita por Anderson tenía el fin de mostrar a
la organización como profundamente arraigada en la tradición
inglesa, pero revitalizada por la casa de Hannover.
83
De no ser por el tardío y sospechoso testimonio de An-
derson y por la lista de oficiales en los libros de minutas, se
pensaría que la Gran Logia se fundó en 1721. No existen refe-
rencias contemporáneas a la Gran Logia entre 1717 y 1721: ni
un reporte en la prensa, ni un solo panfleto antimasónico, ni una
mención en algún diario privado, ni una sola obra teatral satí-
rica65. Parecería que, en Inglaterra, la masonería entró abrup-
tamente en escena en 1721. Otras dos fuentes nos ofrecen una
explicación muy sencilla: la Gran Logia se fundó, en realidad, en
1721. Estas fuentes son los escritos del médico, anticuario y filó-
sofo natural William Stukeley y un libro en los archivos de la Lo-
dge of Antiquity. Ambos son contemporáneos y más confiables
que las fuentes consultadas en la investigación de Anderson. El
cuento de que Sayer, Lamball y otros habían sido oficiales de la
logia antes de 1721 fue inventado por ellos mismos, con el fin
de obtener dinero del fondo de caridad de la Gran Logia. Si esta
accedió a su petición, fue para reforzar sus derechos por sobre
las demás logias y para demostrar su propia antigüedad.

Stukeley fue uno de los fundadores de la Sociedad de An-
ticuarios, y es recordado por sus investigaciones arqueológicas
en Avebury y en Stonehenge. Dejó registrado en su diario que,
el 6 de enero de 1721, se inició “masón en la taberna Salutation,
de Tavistock Street, junto con el señor Collins y el capitán Rowe,
quien fabricó la famosa máquina de buceo”66. La Salutation era
una taberna muy conocida del barrio de Covent Garden, justo a
la vuelta de la esquina de la Apple Tree, que fue establecida en
1709 y que sobrevivió hasta 188167.

No sabemos quién era el señor Collins, pero Jacob Rowe
era un capitán de barco y emprendedor de Devon, que patentó
una campana de buceo 68. Pero, lo más sorprendente del rela-
to de la iniciación de Stukeley, lo dejó plasmado en su “com-
monplace book”69: “yo era la primera persona que se iniciaba en
la masonería en Londres desde hacía muchos años. Tuvimos mu-
chas dificultades para encontrar miembros suficientes para llevar
84
a cabo la ceremonia. Inmediatamente después de esto, tomó gran
impulso y todos estaban locos por ser miembros”70. Alrededor de
1750, mientras preparaba un resumen de su vida, Stukeley nue-
vamente enfatizó la falta de masones en Londres en 1721: “Su
curiosidad lo llevó a ser iniciado en los misterios de los masones,
sospechando que serían una continuación de los misterios de los
antiguos, pero fue difícil hallarlos en número suficiente en todo
Londres. Después de esto se convirtieron en una moda pública,
que no solo se extendió por Inglaterra e Irlanda, sino también por
toda Europa”71.

El relato de Stukeley, sobre la falta de masones para llevar
a cabo su iniciación, es imposible de empatar con la narrativa
de Anderson, quien afirma que el número de logias creció rá-
pidamente72. La taberna Salutation, donde fue iniciado Stukeley,
estaba a unos cuantos pasos del punto de Charles Street donde
después se alojaría la Apple Tree. Resulta sorprendente la di-
ficultad para encontrar masones si es que, realmente, una lo-
gia se reunía allí. Para Stukeley, el verdadero detonante para el
crecimiento de la masonería fue el nombramiento del duque
de Montagu como gran maestro en Stationer’s Hall, en junio de
1721. A diferencia de Anderson, Stukeley sí asistió a este evento
y lo describió así:

Los masones tuvieron una cena en Stationer’s Hall, esta-
ban presentes el duque Montagu, lord Herbert, lord Stanhope,
sir Andrew Fountaine, etcétera. “El Dr. Desaguliers pronunció un
discurso. El gran maestro señor Payne mostró un viejo manuscrito
de las Constituciones, que obtuvo en el oeste de Inglaterra y que
tiene 500 años. Nos leyó un nuevo grupo de artículos que deberán
ser observados. El duque Montagu fue electo gran maestro para el
año próximo, y el Dr. Beal como suplente”73.

A pesar de que el relato de Stukeley es mucho más su-
cinto que el elaborado recuento de Anderson, nos aporta deta-
lles importantes. En primer lugar, nos revela que, además de la
85
presencia de lord Stanhope –el futuro cuarto conde de Chester-
field– también estuvieron allí lord Herbert –noveno conde de
Pembroke– quien era arquitecto y mecenas, gran promotor del
palladianismo, y el intelectual sir Andrew Fountaine, responsa-
ble de las colecciones de lord Herbert y otro eminente promo-
tor de la arquitectura palladiana74 . En segundo lugar, Stukeley
reporta que George Payne presentó un manuscrito con los “Old
Charges”. Sabemos que se trataba del manuscrito Cooke75 gra-
cias a que Stukeley hizo un dibujo de él y a que dicho manuscri-
to estuvo bajo resguardo de la Gran Logia en sus primeros años,
durante los cuales William Reid hizo dos transcripciones del do-
cumento76. El descubrimiento del manuscrito Cooke, que quizás
fue considerado como un compendio de “misterios de los anti-
guos”, provocó que Anderson fuera comisionado para rescatar
las tradiciones y salvarlas de los “graves errores encontrados en
la historia y en la cronología” incurridos por la “ignorancia de los
escribas en las edades obscuras e iletradas, antes del renacimien-
to de la geometría y de la antigua arquitectura”77.

Stukeley asegura que George Payne era gran maes-
tro cuando el duque de Montagu fue electo, pero resulta sor-
prendente que ni un hombre de ciencia, tan bien conectado
socialmente, ni la logia de la taberna Salutation no supieran
nada de Payne seis meses antes. ¿Había sido nombrado Pay-
ne gran maestro apenas en 1721? De igual forma, los reportes
periodísticos nos dicen que entre doscientos y trescientos ma-
sones asistieron al banquete en Stationers’ Hall, lo cual supone
un cambio radical respecto a enero del mismo año. Al parecer,
durante la primera mitad de 1721, la masonería realmente tomó
“gran impulso” y Stukeley tuvo que ver con esto. En diciembre
de 1721, Stukeley participó en la fundación de una logia en la
taberna Fountain, en The Strand, de la que fueron miembros el
doctor Beal, gran maestro suplente de la Gran Logia, y el mismo
Stukeley fue electo gran maestro78. Nos relata que, en 1722, esta
logia recibió a numerosos personajes ilustres, como al duque
de Queensberry, al duque de Wharton, a lord Hinchingbrooke,
86
a lord Dumbarton y a lord Dalkeith79. El prestigio social de esta
logia también quedo registrado en los reportes sobre masone-
ría en la prensa de la época.

La impresión que nos da Stukeley acerca de la repentina
aparición en escena de la Gran Logia, en 1721, queda corrobo-
rada con otra fuente que, a pesar de no ser muy conocida, apor-
ta un relato crucial para la historia de la creación de la Gran
Logia. Se trata de una copia contemporánea de una minuta que
describe la reunión, el 24 de junio de 1721, que se encuentra
en los archivos de la logia Antiquity no. 2, la misma logia que
se reunía en la cervecería Goose and Gridiron. Este archivo no
ha sido suficientemente estudiado, y aprovechamos la oportuni-
dad para agradecer el venerable maestro, al secretario y a los
miembros de la logia Antiquity no. 2 que nos hayan otorgado las
facilidades para examinar este manuscrito y tomar imágenes
de él.

Un evento que constituyó una tragedia para el estudio
de la historia de la masonería fue la “noche de la indignación”,
acaecida en la logia Antiquity en noviembre de 1778, cuando
los simpatizantes de William Preston en su disputa con la Gran
Logia, robaron archivos y mobiliario80. Al momento de este in-
cidente, la logia tenía en su poder las minutas completas entre
1721 y 1778, al igual que tres volúmenes con los archivos de los
tesoreros y de los tejadores. Los dos volúmenes, que contenían
las minutas de 1721 a 1733, están perdidos, y a otros volúmenes
se les arrancaron páginas. La pérdida de estos registros es de-
sastrosa. Sin embargo, se conserva un borrador, marcado como
“E”, que contiene algunas de las primeras minutas. Por fortuna,
este tomo se encuentra aún en su encuadernación original, que
tiene pegada la tarjeta de Charles Stokes, “Librero en Red-Lyon
cerca de Bride-Lane, en Fleet Street”. La tarjeta tiene la fecha de
1716, probablemente es la fecha de cuando fue grabada. Stokes
era conocido por comercializar el “famoso Tabaco Oftálmico,
que se fuma suavemente y es agradable al olfato”, al que se le
87
hizo una extensa publicidad a partir de 1720, y las hojas de ta-
baco se ven en la tarjeta81 . Stokes, “una persona ingeniosa que
ha coleccionado medallas, pinturas y otras curiosidades”, murió
el 10 de junio de 174182.

La membresía de Stokes en la logia Antiquity se hace
constar en el volumen “E” y, en 1719, fue tutor de geometría,
algebra y materias relacionadas junto con Jonathan Sisson83.
Gracias a que el tomo y la tarjeta de Stokes sobrevivieron, sa-
bemos que el libro “E” en los archivos de la logia Antiquity es
anterior a las acciones de Preston y sus seguidores y que, pro-
bablemente, haya sido encuadernado para la logia a principios
de la década de 1720. Una buena parte del libro no se utilizó
sino hasta años después de su adquisición, ya que también con-
tiene minutas de 1759 a 1767 entre las fojas 9v y 85, además de
la contabilidad de la logia desde la foja 148v hasta el final del
volumen. Igualmente contiene notas diversas de, por ejemplo,
la entrega de una placa para imprimir boletos, en julio de 1751,
o en la foja 7v el reembolso de los fondos pagados durante una
ceremonia trimestral en abril de 1756. En la foja 124v hay una
lista inconclusa de grandes oficiales que es muy interesante, ya
que omite incluir a Anderson como primer vigilante en 1723.
Sin embargo, esta lista es muy tardía ya que está escrita por la
misma persona que apuntó las minutas entre el 11 de junio y el
26 de agosto de 1766. El volumen no escapó ileso de la “noche
de la indignación”, ya que de las fojas 125 a la 133 hay algunos
extractos, escritos en caligrafía de finales del siglo XVIII, que se
supone son del libro de minutas de 1721 a 1733 que se encuen-
tra perdido. Como lo señala Wonnacott84, están escritos por una
mano que no puede ser anterior a 1765 y muchos trazos tienen
una marcada semejanza con las notas a pie de página de los tra-
bajos de William Preston, lo que sugiere que son registros que
fueron redactados y corregidos bajo su dirección.

Pero, al principio del libro “E”, hay dos documentos que
pueden ser fechados sin lugar a dudas como de principios de
88
la década de 1720. Después de la reproducción de un retrato
del duque de Montagu hecho por John Faber, hay una minuta en
la foja 2 que describe el nombramiento del duque en junio de
1721; luego, a partir de las fojas 4-5, hay una lista de miembros
de la logia, fechada el 18 de septiembre de 1721. El principio
de esta lista está escrito por la misma persona que escribió la
minuta del nombramiento de Montagu. Las adiciones posterio-
res a la lista, que dejan registro de algunos personajes ilustres
de la logia, como el primer conde de Waldegrave y sir Charles
Hotham, parlamentario de Beverly85, son primero de la mano
original y después de una variedad de manos que parecen ser,
como en el caso del grabador Benjamin Cole, las firmas de los
propios miembros. Las últimas entradas en la lista hacen refe-
rencia a las iniciaciones del 15 de marzo de 1725, lo que signi-
fica que la lista no puede ser posterior a 1726. La mayoría de
los miembros nombrados en la primera sección aparece en la
lista de miembros de la logia de la taberna Goose and Gridiron.
Otros nombres en la lista de 1725 aparecen como miembros de
la logia en la taberna Queen’s Arms, que es a donde se mudó la
logia de la Goose and Gridiron86. Lo anterior nos lleva a pensar
que la relación entre ambas logias es más compleja de lo que se
creía anteriormente, probablemente dado el papel del duque
de Wharton como gran maestro de la logia en Queen’s Arms. Sin
embargo, la lista de la logia refleja a los miembros a principios
de la década de 1720, y fue copiada en el libro “E” en esa épo-
ca. El nombre del maestro William Esquire parece, a primera
vista, un error de redacción, pero posiblemente se trate de un
William Esquire que bautizó a su hija Ann en St. Botolph Aldgate
en 171087.

De ser así, se trata del primer maestro de la logia Antiqui-
ty.Ya que la lista de miembros de la logia Antiquity contenida en
el libro “E” data de principios de los 1720, se puede presumir
que el relato del nombramiento del duque de Montagu, escri-
to por la misma persona, fue redactado no mucho después de
1721 y cabe, por lo tanto, considerarla como una fuente contem-
89
poránea. Esta minuta extiende considerablemente el listado de
nobles y caballeros distinguidos que asistieron al evento. Con-
cuerda con la mención de Stukeley sobre la presencia de lord
Herbert y sir Andrew Fountaine, así como la de lord Hinching-
brooke88, quien después visitaría a Stukeley en la logia Fountain.
También nos dice que lord Hillsborough, un amigo cercano del
duque de Wharton89, estuvo presente. La minuta no dice explí-
citamente que lord Stanhope haya estado presente, pero la en-
trada “P. Stanhope” tal vez se refiera a él. El William Stanhope
que aparece posiblemente sea el hermano menor de lord Stan-
hope. En el texto también se mencionan un buen número de
baronets y caballeros, como sir William Leman, tercer baronet,
sir George Oxenden, quinto baronet, parlamentario del partido
whig por Sandwich 90; sir Robert Rich, cuarto baronet, quien en
la época era parlamentario por Dunwich y partidario de Wal-
pole91, Sackville Tufton, posteriormente séptimo conde de Tha-
net, y el coronel John Cope, parlamentario por Queenborough y
también partidario de Walpole92. La mintua también menciona a
Christopher Wren hijo, quien después sería maestro de la logia
Antiquity, así como a miembros de las logias Goose and Gridi-
ron y Queen’s Arms, entre ellos a Richard Boult, Charles Hedges
y William Western, un miembro de la Royal Society.

El documento de la logia Antiquity nos muestra que la
concurrencia a la iniciación de Montagu fue de lo más grana-
do de la sociedad. Lo más sorprendente es la noticia de que el
duque de Wharton asistió también. Esto no era inherentemen-
te improbable, pero un reporte en la prensa, aparecido el 5 de
agosto de 1721, afirmaba que Wharton se inició en la masonería
en la logia de la taberna Queen’s Arms apenas a finales de julio
de ese mismo año93. Lo anterior pone en tela de juicio la secuen-
cia exacta de los acontecimientos respecto a la iniciación de
Wharton, aunque no desacredita el relato de la logia Antiquity94.
La reunión se describe como “una asamblea general de un gran
número de masones”, la minuta declara que el duque de Mon-
tagu fue electo gran maestro, y juró sobre la biblia, “observar y
90
mantener inviolables en el porvenir todas las franquicias y liber-
tades de los masones de Inglaterra y todos los archivos de la anti-
güedad en custodia de la vieja logia de San Pablo de Londres”.

Mientras que esta minuta tenía la intención evidente de
apuntalar las pretensiones de la logia, estas estaban basadas
sobre la posesión de los archivos de los Old Charges. En este
contexto, que Payne haya presentado un documento muchos
más antiguo realmente complicaba todo el asunto. Esto añadió
gravedad a la segunda parte del juramento de Montagu: “Firme-
mente observar y nunca permitir ninguna injerenciaen los Land-
marks de las viejas logias de Inglaterra, lo que igualmente será
hecho por sus sucesores, quienes estarán sujetos por juramento a
hacer esto mismo”.

En reciprocidad, las antiguas logias convinieron en re-
nunciar a sus privilegios en favor de este nuevo organismo, que
era la Gran Logia: En este día los masones de Londres, a nombre
propio y del resto de sus hermanos de Inglaterra, confieren sus
separados y distintos derechos y poderes de congregarse en
capítulos, etcétera, presentes en la viejas logias de Londres, a
favor de lo que hoy fue públicamente reconocido y notificado a
los hermanos reunidos en Gran Logia.

Los maestros de las viejas logias aceptaron y confiaron
en nombre de sus logias y todo se juró pertinentemente.

Así, la más completa y detallada descripción contempo-
ránea nos demuestra que el nombramiento del duque de Mon-
tagu y el acto de transferencia de los privilegios de las viejas
logias londinenses al gran maestro y a la nueva Gran Logia se
llevó a cabo, no en la taberna Goose and Gridiron en 1717, sino
en la reunión en Stationers’ Hall en 1721.

Este relato es convincente no solo por ser más contempo-
ráneo que el de Anderson, sino también porque concuerda con
91
el registro de Stukeley y con la evidencia hallada en la prensa.
Al parecer fue George Payne, con ayuda de Desaguliers y tal
vez de Stukeley mismo, quien diseñó un esquema para llevar
a la masonería a un nuevo nivel social y cultural en los meses
previos, además de que consiguió llevar a sus filas a reclutas
ilustres como el duque de Montagu y tal vez al duque de Whar-
ton también.

Payne fue sin duda quien orquestó toda la operación, pre-
paró los reglamentos del nuevo organismo y tal vez haya sido
nombrado gran maestro durante el proceso. Pero el significado
de la minuta de la logia Antiquity es muy claro: la Gran Logia
no se fundó en la taberna Goose and Gridiron el 24 de junio de
1717 sino cuatro años después, cuando las logias londinenses
hicieron una transferencia formal de sus privilegios a la nue-
va organización, el 24 de junio de 1721 en Stationers’ Hall. Por
ende, el recuento de Anderson de lo sucedido entre 1717 y 1721
debería descartarse.

La minuta de la logia Antiquity indica por qué la Gran Lo-
gia se empeñó en dejar en claro que no estaba en deuda con las
demás logias londinenses y en promover una versión alterna de
sus orígenes. Pero, ¿qué hay de lo que dijeron Sayer, Lamball y
otros respecto a su investidura como grandes oficiales en 1717?
¿De dónde surgieron estas historias? Es factible que Sayer y los
demás hayan relatado esta historia con la esperanza de obtener
ayuda caritativa de parte de la Gran Logia. Al tiempo que hacían
circular sus historias, a principios de la década de 1730, prove-
yeron de material valioso a William Reid y a James Anderson,
quienes tenían instrucciones de demostrar que la Gran Logia
era heredera de las tradiciones antiguas. Para entender mejor
esta dinámica, es necesario que regresemos a la logia que se
supone se reunía en la taberna Apple Tree de Charles Street.

Para 1723 la logia se ha dicho que se reunía en la Apple
Tree tenía su base en la taberna Queen’s Head, en Knave’s Acre.
92
Este lugar se conocía también como Little Pulteney Street y co-
rresponde actualmente a la parte oriental de Brewer Street, en el
barrio de Soho. Strype describió a Knave’s Acre como “estrecha
y habitada principalmente por comerciantes de cosas viejas y de
botellas de vidrio”95. La calle tenía muy mala reputación, había
constantes quejas de desórdenes en casas de noche “donde se
refugian y entretienen holgazanes sospechosos de ser ladrones,
carteristas y otras personas disolutas y malvadas, donde se clama
que hay asesinatos, etcétera”96. En la prensa se anunciaba un “re-
medio contra el paludismo”, un polvo que garantizaba curar la
fiebre, y se instruía a los potenciales clientes que “subieran las
escaleras en Joyner’s, en la puerta junto a Queen’s Head, en Little
Pulteney Street, Knave’s Acre”97.

Hacía poco que se habían llevado a cabo renovaciones
en algunas propiedades alrededor de Knave’s Acre98, por lo que
no queda claro cuánto tiempo llevaba la Queen’s Head estable-
cida ahí. A pesar de que la logia en Queen’s Head aparece en
segundo lugar en las primeras listas de logias y de miembros,
se reunía bajo una patente otorgada por la Gran Logia con fecha
del 23 de febrero de 1723. Por qué le fue otorgada dicha patente
es un misterio. Anderson contó, en 1738, que algunos miembros
de Apple Tree se habían mudado a Queen’s Head debido a una
disputa99, pero, dada la poca certeza respecto la logia de la ta-
berna Apple Tree, esta explicación tiene un cierto aire de ofus-
camiento. No se puede más que dudar que esta logia se haya
reunido en un lugar distinto a la Queen’s Head.

Se presume que esta logia consistía principalmente de
masones operativos y de artesanos, pero no era así. Su maestro
en 1723 era Abraham Rayner, un abogado100, y otro miembro de
la logia, Moses Jevans, era destilador101. No obstante, esta logia
no era particularmente adinerada ni respetable. Abraham Ray-
ner estuvo preso en Newgate durante tres años por deudas y se
le acusó de intentar estafar a otro reo102. Los fragmentos de in-
formación acerca de Sayer, quien decía haber sido gran maes-
93
tro, nos indican que era un hombre en circunstancias extremas.
Vivía en el barrio pobre de St. Giles in the Fields, y dependía de
la caridad de sus compañeros masones para no morir de frío en
el invierno103. Su primera esposa, Elizabeth, fue asaltada violen-
tamente porun grupo de mujeres irlandesas en 1736 y murió al
año siguiente104. En 1739 Sayer contrajo segundas nupcias con
Eliza May, una viuda, en una ceremonia sencilla y discreta bajo
las reglas de The Fleet105. A pesar de todo, al funeral de Sayer,
realizado en St. Paul de Covent Garden en 1742, asistió una es-
pléndida cohorte de sus hermanos masones106.

Conforme creció la Gran Logia, el manejo de sus fondos
para caridad se convirtió en un tema de capital importancia.
Desaguliers advirtió, en 1729, que la Gran Logia “no debería
admitir personas que se unen a la sociedad solamente como me-
dio de sustento”107. Lo anterior se convirtió en un tema recurren-
te. En la comunicación trimestral de 1735, la misma en la que
Anderson recibió el encargo de elaborar una lista de grandes
maestros para sus nuevas Constituciones, se aprobó una reso-
lución que proveía que, para prevenir que la gente se uniera a
la masonería para beneficiarse de los fondos de caridad, todas
las peticiones de socorro deberían incluir evidencia de que el
solicitante había gozado de “buenas o al menos tolerables cir-
cunstancias” mientras había sido masón108.

Mientras que la logia de Queen’s Head contribuía regu-
larmente al fondo de caridad de la Gran Logia, también era de
donde provenían más peticiones de ayuda. El caso de Henry
Pritchard, un carpintero de Drury Lane que fue miembro de la
Queen’s Head y de otras logias londinenses, es ilustrativo. En
mayo de 1723 fue enjuiciado por agredir a un hombre llamado
Abraham Barret, a quien le fracturó el cráneo por haber insul-
tado a la masonería de manera escandalosa, utilizando un buen
número de improperios. El jurado halló culpable a Pritchard,
pero dado que la agresión fue provocada, le impuso únicamente
una multa de 20 chelines109.
94
La Gran Logia no estaba dispuesta a dejar desamparado
a uno de sus miembros que había salido en defensa de la ma-
sonería, y realizó una colecta que reunió más de 28 libras110. A
pesar de tan generosa ayuda, cinco años después Pritchard se
vio de nuevo en apuros y recibió ayuda de la logia de Queen’s
Head111. En 1730, Pritchard volvió a solicitar auxilio a la Gran
Logia argumentando que había sido masón desde el año 1700.

Su petición fue desechada, dado que se le había ofrecido
un lugar en el asilo y lo había rechazado112. Al año siguiente,
Pritchard volvió a solicitar ayuda a la Gran Logia arguyendo su
pobreza, ceguera y edad, declarando que había sido masón du-
rante más de 40 años –en esta ocasión dijo que se había iniciado
en 1690. Su solicitud fue aprobada, y se acordó que Desaguliers
le daría cinco libras de los fondos de caridad y que él mismo se
encargaría de ver que Pritchard los usara con prudencia113.

El ejemplo anterior demuestra cómo los fondos carita-
tivos de la Gran Logia eran muy atractivos para los miembros
que se dedicaban al trabajo físico y la artesanía, y que el mane-
jo discrecional del fondo llevaba a los solicitantes a hacer hin-
capié en su pertenencia y antigüedad dentro de la masonería.
95
Otro miembro de la Queen’s Head que intentó sacar provecho
de la caridad masónica fue el mismísimo Sayer. Como vimos
anteriormente, su nombre no aparece en la lista de grandes
maestros en las Constituciones de 1723. En 1724 fue uno de los
primeros en solicitar ayuda de la Gran Logia –aunque en esa
ocasión no mencionó su cargo– y su caso fue el detonante para
el establecimiento de un fondo caritativo114. En abril de 1730,
Sayer solicitó nuevamente el socorro de la logia, describiendo
sus infortunios y su extrema pobreza, y en esta ocasión sí echó
mano del argumento de haber sido gran maestro de una logia.
Las opiniones al interior de la Gran Logia se dividieron respecto
a la forma en que se ayudaría a Sayer. Algunos estaban dispues-
tos a ofrecerle 20 libras, mientras que otros pensaban que esta
cantidad era demasiado generosa y que debían ofrecérsele
únicamente 10 libras. Al final se impuso el punto medio y se le
otorgaron 15 libras, pero con la aclaración de que se le prestaría
tal ayuda “debido a que había sido gran maestro”.

Con esto se quería dejar muy en claro que solamente al-
guien con tanta importancia en la organización podía esperar
una ayuda de tal magnitud. Unos meses más tarde, Sayer fue
acusado por el maestro y los vigilantes de la logia de Queen’s
Head de realizar iniciaciones irregulares, afirmando que Sayer
había encontrado otra forma de sacar beneficios económicos a
su antiguo cargo masónico115.

Sayer explotó su calidad de ex gran maestro para bene-
ficio propio, pero la logia de la taberna Queen’s Head también
tenía motivos para apoyar los argumentos de sus miembros,
como Sayer y Pritchard, de haber sido masones desde antes de
la fundación de la Gran Logia. En 1729, la Gran Logia reorgani-
zó la numeración de sus logias afiliadas, ordenándolas según la
fecha de su constitución. Debido a que la patente de la logia de
Queen’s Head era de 1723, esto la colocó en el número 11. La lo-
gia presentó una queja y solicitó estar más arriba en la numera-
ción, lo cual fue rechazado categóricamente por el gran maes-
96
tro suplente, Alexander Choke, dado que la Gran Logia tenía
sus dudas acerca de las aseveraciones de la Queen’s Head y de
sus miembros116. Poco después, se reformó el comité de caridad
de la Gran Logia para incluir en él a los grandes maestros de las
logias más antiguas. La pérdida de antigüedad de la Queen’s
Head afectaba su participación en el comité de caridad, por lo
que tenía gran interés en revertir la decisión de la Gran Logia.

Sayer, Lamball y compañía tejieron las historias acerca de
sus cargos dentro de la masonería por el prestigio social y para
incrementar sus posibilidades de recibir auxilio económico por
parte de la Gran Logia. Asimismo, la logia a la que asistían in-
tentó demostrar su antigüedad por razones similares. Anderson,
por su parte, recibió la instrucción de demostrar la antigüedad
de la Gran Logia, ante la creciente competencia de las nuevas
grandes logias de Dublín y de Edimburgo y para coadyuvar en
los planes políticos de la organización londinense. El autor de
las Constituciones echó mano de los relatos de Sayer, Lamball y
otros porque le resultaban de gran utilidad para este propósito.
Se necesitan más investigaciones a fondo sobre el contexto y la
fundación de la Gran Logia, en el presente trabajo es imposi-
ble cubrir el tema en su totalidad. Nuestra intención es destacar
que la Gran Logia no se fundó en la taberna Goose and Gridi-
ron, después de una serie de negociaciones en la Apple Tree,
en 1717. Nuestra mejor interpretación, dada la evidencia reca-
bada, es que la Gran Logia se fundó a la par del nombramiento
del duque de Montagu como gran maestro, en 1721. Esto pone
la visita de Desaguliers a Edimburgo, en agosto de 1721, en un
contexto completamente distinto.

Pero esa, es otra historia.

Conclusión

Se nos ha sugerido que deberíamos cerrar esta inves-
tigación exhortando a la Gran Logia a posponer sus celebra-
97
ciones del tricentenario hasta el 2021. Pero esa no es nuestra
intención. Preferimos que dicho aniversario sea el evento que
detone una mayor investigación sobre la historia temprana de la
Gran Logia. Con su narrativa de la Apple Tree y de la Goose and
Gridiron, Anderson ha creado un mito excepcionalmente dura-
dero, que muchas otras organizaciones fraternas han adoptado.
Por ejemplo, según los miembros del Druid Circle of the Univer-
sal Bond117, John Toland hizo una proclamación en Primrose Hill
para llamar a todos los druidas a reunirse en la taberna Apple
Tree de Covent Garden. Así, según la tradición, en septiembre
de 1717 quedó fundada dicha orden druídica –de la cual el ya
mencionado William Stukeley fue dirigente– en el mismo lugar
en que supuestamente se fundó la Gran Logia118. Estos mitos
fundacionales son muy importantes para todas las organizacio-
nes fraternas, y Anderson estaba consciente de tal importancia.
Como él mismo lo dijo en el prefacio de sus Royal Genealogies,
es importante que “cada nación cuente con su propia fábula”.

NOTAS.

1 Alfred Robbins, “The Earliest Years of English Organized Freema-
sonry”, Ars Quatuor Cororonati –a partir de ahora AQC– 22 (1909):
67-89.
2 Albert F. Calvert, The Grand Lodge of England 1717-1917 (Londres:
Herbert Jenkins, 1917), 1.
3 James Anderson, The New Book of Constitutions of the Antient and
Honourable Fraternity of Free and Accepted Masons (Londres: Cae-
sar Ward and Richard Chandler, 1738), 109-110. A pesar de que exis-
ten ediciones en español de esta obra, se ha optado por hacer traduc-
ciones propias de los fragmentos citados por los autores del presente
trabajo, con el fin de respetar la fuente original consultada por ellos
(N. del T.).
4 Robert Freke Gould, The Four Old Lodges, Founders of Modern Fre-
emasonry, and their Descendants (Londres: Spencer’s Masonic Depot,
1879). Un resumen conciso de lo descubierto por Gould se encuentra
en “Fortitude and Old Cumberland Lodge No. 12”, Collected Essays
and Papers relating to Freemasonry (Belfast y Londres: William Tait,
Spencer & Co., 1913), 183-187.
98
5 Se respetarán los nombres en inglés de las logias, tabernas, cer-
vecerías, calles y lugares de referencia para facilitar su ubicación en
otras fuentes y medios (N. del T.).
6 Wilhelm Begemann, Early History and Beginnings of Freemasonry
in England, trad. Lionel Vibert, manuscrito resguardado en la Library
and Museum of Freemasonry de Londres, 575. Este manuscrito es una
traducción de los dos volúmenes de Begemann, Vorgeschichte und
Anfänge der Freimaurerei in England (Berlín: E. S. Mittler, 1909) que
estaba siendo preparada para su publicación por la logia Quatuor
Coronati, pero que nunca vio la luz debido a la negativa de publicar
el trabajo de un investigador alemán durante la primera guerra mun-
dial.
7 Vic Gatrell, The First Bohemians: Life and Art in London’s Golden
Age (Londres: Allen Lane, 2013), 4.
8 John Stow y John Strype, A Survey of the Cities of London and West-
minster (Londres: A. Churchill, J. Knapton, 1720), vol. II, 76.
9 Gatrell, First Bohemians, 29-44.
10 Old Bailey Proceedings Online, 7 de septiembre de 1722 versión
7.2, ref. f17220907-1.
11 Sobre Charles Street, véase “‘Bow Street and Russell Street Area:
The former Charles Street”, en Survey of London: Volume 36, Covent
Garden, ed. F. H. W. Sheppard (Londres: London County Council, 1970),
195-196.
12 Daily Journal, 19 de enero de 1727.
13 Timothy Clayton, “Du Bosc, Claude (b. 1682, d. in or after 1746)”, en
Oxford Dictionary of National Biography (Oxford: Oxford University
Press, 2004), no. índ. 101008118; Lynn Hunt, Margaret Jacob y Winjand
Mijnhardt, The Book that Changed Europe: Picart and Bernard’s Reli-
gious Ceremonies of the World (Cambridge, MA: Harvard University
Press, 2010).
14 Fergus Linnane, Madams: Bawds and Brothel Keepers of London
(Stroud: Sutton Publishing, 2005), 37, 95.
15 London Journal, 7 de octubre de 1721.
16 Gould, Four Old Lodges, 45.
17 The Constitutions of Free Masons (Londres: William Hunter for John
Senex and John Hooke, 1723), 44-48.
18 The Constitutions of Free Masons, 58.
19 The Constitutions of Free Masons, 74.
20 Robbins, “Earliest Years”, 68. El reporte publicado en el Post Boy se
reimprimió en el Weekly Journal or British Gazetteer, el 1 de julio de
99
1721, en el Weekly Journal or Saturday’s Post, también del 1 de julio de
1721, y en el Ipswich Journal, del 24 de junio de 1721.
21 Oxford, Bodleian Library, MS. Rawlinson C. 136, f. 5. Dado que este
grabado ha sobrevivido hasta nuestros días, parece extraño que An-
derson mencione, en la edición de 1738, que se comisionó un nuevo
grabado para los boletos del banquete anual de 1723. Book of Cons-
titutions, 115.
22 John Hamill, “When History is Written”, Freemasonry Today, 7 de
junio de 2016.
23 Quatuor Coronatorum Antigrapha –a partir de ahora QCA– 10
(1913): 244-245.
24 Si la logia o Anderson hubieran sido los titulares de los derechos
de autor de las Constituciones de 1723, entonces la página de títu-
lo habría dicho algo como “Impreso para el autor (o la Gran Logia)
y vendido por John Senex y John Hooke”, como se ve, por ejemplo,
en la obra de 1725 de William Garbott New- River, la cual dice “im-
preso para el autor y vendido por J. Hooke en The Flower-de-Luce
de St Dunstan”. Véase M. A. Shaaber, “The Meaning of the Imprint in
Early Printed Books”, The Library 25 (1944), 120-141. James Raven in-
dica que, a principios del siglo XVIII, “los derechos de reproducción
de una obra generalmente eran comprados por el librero-editor o
por un consorcio de libreros. La mayoría de los autores renunciaba
a cualquier reclamo sobre la titularidad; los derechos se dividían en
participaciones entre distintos grupos de libreros”. Véase James Ra-
ven, “The Book Trades”’, en Books and their Readers in Eighteenth
Century England: New Essays, ed. Isabel Rivers (Leicester: Leicester
University Press,
2011), 15. Acerca de los “pagos por página”, véase Richard Sher, The
Enlightenment and the Book: Scottish Authors and their Publishers in
Eighteenth-Century Britain, Ireland and America (Chicago y Londres:
University of Chicago Press, 2006), 215-216. Tobias Smollett recibió
tres guineas por cada página de Complete History of England.
25 La traducción de la obra de Fassmann tiene una referencia a la
elección de un gran maestro por parte de los masones. Véase Presco-
tt, “The Publishers of the 1723 Book of Constitutions”, AQC 121 (2008):
160, donde se indica que dicha traducción se publicó en 1719. La fe-
cha correcta de la publicación es 1723, lo cual se deriva de los anun-
cios aparecidos en la prensa (en algunos casos, el libro de Fassmann
se publicitaba junto con las Constituciones). Véase British Journal, 16
de febrero de 1723; London Journal, 9 de marzo de 1723. El crédito de
100
Anderson como traductor y autor de la referencia a la masonería se
hizo público en la reimpresión de 1739 del libro de Fassmann, poste-
rior a la muerte de Anderson, en la página de título. News from Ely-
sium or Dialogues of the Dead (Londres: J. Cecil and F. Noble, 1739).
Sobre Fassmann, véase C. Sammons, “David Fassmann’s Gespräche
in dem Reiche der Toten”, Yale University Library Gazette 46 (1972):
176-178; y J. Rutledge, The Dialogue of the Dead in Eighteenth-Cen-
tury Germany (Fráncfort y Berna: Herbert Lang, 1974).
26 Prescott, “Publishers of 1723 Book of Constitutions”, 161-162.
27 Sobre Ward, véase further C. Y. Ferdinand, “Ward, Caesar (bap.
1710, d. 1759)”, en Oxford Dictionary, no. índ. 101064292; y W. G. Day,
“Caesar Ward’s Business Correspondence”, Proceedings of the Leeds-
Philosophical and Literary Society, Literary and Historical Section 19
(1982): 1-8. El catálogo A catalogue of books printed for Caesar Ward
and Richard Chandler, at the Ship between the Temple-Gates in Fleet-
Street, and sold at their Shop at Scarborough, 1734, se encuentra en la
British Library: RB 23.a.5967.
28 QCA 12 (1960), 80-81. John Entick, en su prefacio a The Pocket
Companion and History of Free- Masons (Londres: J. Scott, 1754), nos
dice que la supervisión de Anderson de la producción de las Consti-
tuciones de 1738, fue muy descuidada: “por el motivo que haya sido,
ya sea por fuerza de su salud o por confiar en el manejo de extraños,
esta obra se publicó en muy malas condiciones. Las regulaciones, que
habían sido revisadas y corregidas por el gran maestro Payne, esta-
ban interpoladas en ocasiones y, en otras, el sentido quedo totalmen-
te obscuro y vago”.
29 The Fleet era una prisión londinense que albergaba, mayormente,
a deudores. Muchos de los prisioneros en realidad no residían dentro
de los muros del edificio, sino que vivían en los alrededores, pero te-
nían que sujetarse a las “reglas de The Fleet” (N. del T.).
30 Por ejemplo, véase London Daily Post and General Advertiser, 22
de enero de 1739; Country Journal and the Craftsman, 25 de enero de
1739; London Evening Post, 27-30 de enero de 1739.
31 Book of Constitutions (1738), 229.
32 Sobre Erasmus King, véase J. H. Appleby, “Erasmus King: Eighteen-
th-Century Experimental Philosopher”, Annals of Science 47 (1990):
375-392. No queda claro si se trata del mismo William Goston que tuvo
problemas legales con John Ward respecto a un proyecto de minería
en sus tierras. Ric Berman, The Foundations of Modern Freemasonry:
The Grand Architects Political Change and the Scientific Enlighten-
101
ment (Brighton: Sussex Academic Press, 2012), 167.
33 A Graeme se le menciona por primera vez en las minutas de la
Gran Logia cuando fue nombrado oficial en 1734: QCA 10, 241; Lo
mismo sucede en el caso de Hody: QCA 10, 254; sobre Martin Clare,
véase Prescott, “Clare, Martin”, en Charles Porset y Cécile Revauger,
Le monde maçonnique des Lumières: Europe-Amériques & Colonies,
Dictionnaire prosopographique (París: Editions Champions, 2013),
vol. 1, 808-818.
34 Audrey T. Carpenter, John Theophilus Desaguliers: A Natural Phi-
losopher, Engineer and Freemason in Newtonian England (Londres y
Nueva York: Continuum, 2011), 241.
35 QCA 10, 247.
36 “Jacob Lamball Son of Nicholas Lamball late of Sellborne in ye.Co
[..] of Hants Yeom bound to John Manuel Citizen & Carpenter”, Car-
penters’ Company, Minute Book of Courts and Committees, marzo
1713/1714, ref. GLCCMC251120116.
37 Archivo de la Carpenters’ Company, ref. GLCCMC251040025.
38 Joan Lane, Apprenticeship in England 1600-1914 (Londres: UCL
Press, 1996), 95-116.
39 Lamball, declarado como miembro de la parroquia de St. Giles in
the Fields, mayor de 30 años y soltero, se casó con Sarah Brown, mayor
de 21 años, de la parroquia de St. Paul, Covent Garden, con licencia,
el 23 de junio de 1725 en la iglesia de St. Benet’s, Paul’s Wharf, en
Londres. Genealogical Society of Utah, Salt Lake City, FHL microfilms
547508, 574439, 845242.
40 Daily Advertiser, 5 de marzo de 1731.
41 QCA 12, 96-97.
42 London Metropolitan Archives, P82/GEO1/056: St George,
Bloomsbury, registro de entierros, febrero de 1731 a marzo de 1761.
43 Agradecemos a Diane Clements y a Susan Snell por permitirnos
consultar el libro original en la Library and Museum of Freemasonry.
44 QCA 10, xxiii-xxiv, 196. Songhurst sugiere que Anderson también
borró la frase “quien substituyó a Mr. Hawkins” en la minuta en la que
aparece como primer vigilante, del 24 de junio de 1723. Esto supone
que Anderson nunca fue electo vigilante, pero que actuó como tal a
partir del 28 de agosto de 1730.
45 QCA 10, XXV.
46 “City Carpenter” se refiere a aquellos miembros del gremio de
carpinteros que obtenían puestos públicos en “the City”, el centro
administrativo y financiero que, incluso en la actualidad, es indepen-
102
diente de Londres (N. del T.).
47 Gentleman’s Magazine 9 (1739): 214, 361-362; S. Perks, The History
of the Mansion House (Cambridge: University Press, 1922), 178-87; Sa-
lly Jeffery, The Mansion House (Chichester: Phillimore, 1993), 78.
48 Evening Post, 16 de diciembre de 1721; Post Boy, 2 de enero de
1722. Un tal “señor Cordwell” aparece como miembro de la logia que
se reunía en la taberna Queen’s Arms en 1725: QCA 10, 32. No queda
claro si esta referencia es acerca del Cordwell de esta historia o de su
padre, que también fue carpintero pero que murió en 1728.
49 Richard Ware padre, fallecido en 1756, de acuerdo con The Lon-
don Book Trades of the Later 18th Century, (Exeter: Exeter Working
Papers in Book History) 10; A catalogue of books, printed for, and sold
by Richard Ware, at the Bible and Sun on Ludgate-Hill, removed from
Amen-Corner (Londres: ¿1755?).
50 Book of Constitutions, 1738, 111. Anderson describe confusamente
la reunión del 24 de junio de 1721 como banquete y como comunica-
ción trimestral.
51 El día de la anunciación,“Lady Day” en inglés, fue hasta 1752 (cuan-
do el gobierno británico adoptó el calendario gregoriano) el primer
día del año. Los contratos de arrendamiento de la época tenían vigen-
cia de un año, e iban del “Lady Day” de un año al del siguiente (N. del
T.)
52 Begemann, Early History, 609.
53 Begemann, Early History, 610.
54 La primera referencia de la Apple Tree en los registros de licencias
de Westminster data de 1729, cuando le fue otorgada a James Dou-
glas: London Metropolitan Archives, WR/LV/1/19. En otra publicación
se hace la primera mención de Douglas como licenciatario de la ta-
berna Apple Tree en 1736, véase Westminster City Archives Research
Group, One on Every Corner: the History of Some Westminster Pubs
(Londres: Westminster City Archives, 2002), 64. Este fue el año en que
Douglas tomó posesión de su propiedad según consta en los West-
minster City Archives, St. Paul Covent Garden Rate Books.
55 W. J. Williams, “A Masonic Pilgrimage through London”, AQC 42
(1930): 105-106.
56 Al parecer, James Douglas era yerno de Taylor. Thomas Taylor bau-
tizó a su hija Mary en St. Paul Covent Garden en 1708. James Douglas
se casó con Mary Taylor (aunque no sabemos si en realidad era la hija
de Thomas) en 1728, justo cuando Thomas Taylor cedió la propiedad
del local en Charles Street. Douglas bautizó cuatro hijos en St. Paul
103
Covent Garden entre 1729 y 1733. Thomas Taylor reaparece en los
registros como licenciatario de una propiedad en la cercana Brydges
Street, también en Covent Garden, en 1729: London Metropolitan Ar-
chives, WR/LV/1/19.
57 The Golden Anchor se menciona en espacios publicitarios en el
Daily Courant, del 16 de enero de 1718, en el Original Weekly Journal,
del 1 de marzo de 1718, y nuevamente en el Daily Courant, del 22 de
noviembre de 1722.
58 La última referencia de la Apple Tree que quedó registrada fue
en 1751: London Metropolitan Archives, WR/LV/1/24. A partir de
este punto, el nombre de Douglas se reemplazó por el de John Lem-
man. Un James Douglas fue enterrado en St. James Piccadilly en 1753:
“England, Middlesex, Westminster, Parish Registers, 1538-1912”. City
of Westminster Archives Centre, Londres, FHL microfilm 1042313.
59 QCA 10, 251.
60 St. Clement Danes, Pauper Settlements, Vagrancy and Bastardy
Examinations, 13 de noviembre de 1742, ref. WCCDEP358180037-38;
QCA 10, 123, 130, 134.
61 Berman, Foundations, 174-175.
62 Carpenter, Desaguliers, 45-46.
63 La presentación del libro ante el príncipe se consignó en los anun-
cios publicitarios de la obra, por ejemplo, en el London Daily Post
and General Advertiser del 3 de noviembre de 1739 y en el Country
Journal or The Craftsman del 24 de noviembre de 1739.
64 Andrew Pink, “Robin Hood and her Merry Women: Modern Masons
in an Early Eighteenth-century London Pleasure Garden”, Journal of
Research into Freemasonry and Fraternalism 4 (2013): 203-206; Chris-
tine Garrard, The Patriot Opposition to Walpole: Politics, Poetry, and
National Myth (Oxford: Clarendon Press, 1994).
65 Dada la falta de evidencia sobre la existencia de la Gran Logia en
1721, es importante ser cuidadosos en la datación de los documentos.
Por ejemplo, el reporte de una reunión masónica en Pontefract, publi-
cado en el Leeds Mercury y citado por Berman en su obra Founda-
tions, está basada en la calendarización “Old Style” (véase la nota 59),
por lo tanto, la fecha correcta debería ser el 16 de enero de 1722. G. D.
Lumb, “Extracts from the Leeds Mercury 1721-1729”, Thoresby Socie-
ty 22 (1915), 187-188. De igual forma, el English Short Title Catalogue
data la obra teatral satírica Love’s Last Shift or Mason Disappointed
como de 1720, pero en realidad fue anunciada en el Stamford Mer-
cury del 6 de junio de 1723 como una obra nueva.
104
66 Bodleian Library, MS Eng. misc. c.533: f. 34v; W. C. Lukis, ed., The
Family Memoirs of the Rev. William Stukeley, M. D. (Surtees Society,
1880), vol. I, 62; David Boyd Haycock, William Stukeley: Science, Reli-
gion and Archaeology in Eighteenth-Century England (Woodbridge:
Boydell Press, 2002), 175. Una inspección del manuscrito revela que
fue redactado por Stukeley en la fecha de los eventos.
67 “Southampton Street and Tavistock Street Area: Tavistock Street”,
en Survey of London: Volume 36, Covent Garden, 218-222. La taberna
Salutation se convirtió en uno de los refugios favoritos del príncipe
regente. W. Earle, Sheridan and his Times (Londres: J. F. Hope, 1859),
vol. 1, 299-311. Esta taberna no tenía relación alguna con la masone-
ría, a excepción de lo que relata Stukeley sobre su iniciación, y no
debe confundirse con la cafetería que estaba sobre la misma calle
y que era propiedad del masón Richard Leveridge, error cometido
por J. Timbs en su libro Clubs and Club Life in London (Londres: John
Graham Hotten, 1872), 434-435, y repetido por E. Beresford Chance-
llor en The Annals of Covent Garden and its Neighbourhood (Londres:
Hutchinson, 1930) 154.
68 Peter Earle, Treasure Hunt: Shipwreck, Diving and the Quest for
Treasure in an Age of Heroes (Londres: Methuen, 2007).
69 Este es un concepto muy de habla inglesa, que no tiene una traduc-
ción directa al español. Se trataba de un cuaderno en el que las perso-
nas copiaban fragmentos de obras que hallaban interesantes, apunta-
ban datos diversos o ideas que venían a su mente o que escuchaban
de alguien más. No era precisamente un diario. Podría pensarse más
en un “cajón de sastre” o en “cuadernos de todo”, como llamó a los
suyos la escritora Carmen Martín (N. del T.).
70 Bodleian Library, MS Eng. misc. e.260: f. 88; Family Memoirs, vol. I,
122; Haycock, 175.
71 Family Memoirs, vol. I, 51.
72 Book of Constitutions, 1738, 111.
73 Bodleian Library, MS Eng. misc. c.533, f. 35; Family Memoirs, vol. I,
p. 64; D. Knoop, G. P. Jones y D. Hamer, The Two Earliest Masonic Ma-
nuscripts (Manchester: Manchester University Press, 1938), 55. Otra
referencia que hace Stukeley a la cena del 24 de junio de 1721, que
había pasado desapercibida previamente, se encuentra en la Bod-
leian Library, MS Eng misc e. 121: f. 30: “[1721] Junio 24. Cena con el
D. Montagu y etcétera en la fiesta de los Masones en Stationers Hall”.
74 Véase T. P. Connor, “Herbert, Henry, ninth earl of Pembroke and six-
th earl of Montgomery (c.1689–1750)” y Andrew W. Moore, “Fountaine,
105
Sir Andrew (1676–1753)”, en Oxford Dictionary, nos. índ. 101013033 y
101009994 Berman, Foundations, 105,125,135,179.
75 Manuscrito fechado hacia el 1450 que mezcla un elogio de la geo-
metría con fragmentos del antiguo testamento para hacer un relato de
los orígenes de la masonería operativa. Una transcripción en inglés
moderno se puede consultar en http://freemasonry.bcy.ca/texts/
cooke.html (N. del T.).
76 Knoop, Jones y Hamer, Masonic Manuscripts, 55-57; G. P. Speth,
“The Stukeley-Payne-Cooke MS”, AQC 4 (1891), 69-70; Family Me-
moirs, vol. I, no. 18, 64. El dibujo de Stukeley se supone que está junto
con sus demás papeles en la Bodleian Library, pero hasta ahora no ha
sido localizado.
77 Book of Constitutions, 1723, 73.
78 Bodleian Library, MS Eng. misc. c.533, f. 36; Family Memoirs, I, 66.
79 Bodleian Library, MS Eng. misc. c.533, f. 36v.
80 W. H. Rylands y C. Firebrace, Records of the Lodge Original, No.
1, now the Lodge of Antiquity, No. 2 (Londres: Harrison, 1911-26), vol.
I, 1-14; Colin Dyer, William Preston and his Work (Shepperton: Lewis
Masonic, 1987), 67.
81 Por ejemplo, en el Applebee’s Weekly Journal del 6 de agosto de
1720. Véase Francis Doherty, A Study in Eighteenth-Century Adverti-
sing Methods: The Anodyne Necklace (Lampeter: Edwin Mellen Press,
1992), 349-50.
82 London Daily Post and General Advertiser, 11 de junio de 1741.
83 Evening Post, 9-11 de julio de 1719. Jonathan Sisson fue un fabri-
cante de instrumentos para astronomía, navegación e ingeniería, in-
ventó el teodolito moderno (N. Del T.).
84 W. Wonnacott, ‘The Lodge at the Goose and Gridiron’, AQC 25
(1912), 168.
85 Sobre Waldegrave, véase Berman, Foundations, 148-150; sobre Ho-
tham, véase E. Cruickshanks e I. McGrath,“Hotham, Sir Charles, 4th Bt”,
en The History of Parliament: the House of Commons 1690- 1715, eds.
Eveline Cruickshanks, Stuart Handley y D. W. Hayton (Londres: History
of Parliament Trust, 2002 [citado el 2 de agosto de 2016]): disponible
en http://www.historyofparliamentonline.org/volume/1690-1715/
member/hotham-sir-charles-1663-1723
86 La logia en Queen’s Arms fue famosa posteriormente por el pa-
tronazgo del Dr. Johnson, de Boswell y de Garrick. En la década de
1720 también se le conocía como King’s Arms, pero por cuestiones
de consistencia aquí usaremos el nombre más usual y conocido de
106
Queen’s Arms.
87 “England Births and Christenings, 1538-1975”. Genealogical So-
ciety of Utah, Salt Lake City, FHL microfilm 370933.
88 Sobre Hinchingbroke, véase E. Cruickshanks y S. Handley, “Mon-
tagu, Edward Richard, Visct. Hinchingbrooke”, en The History of Par-
liament [citado el 5 de mayo de 2017]: disponible en http://www.
historyofparliamentonline.org/volume/1690-1715/member/monta-
gu-edward-richard-1692-1722; Berman, Foundations, 135.
89 Berman, Foundations, 143.
90 R. Sedgwick, “Oxenden, Sir George, 5th Bt”, en The History of Par-
liament [citado el 5 de mayo de 2017]: disponible en http://www.his-
toryofparliamentonline.org/volume/1715-1754/member/oxenden-ir-
george-1694-1775
91 S. Matthews, “Rich, Sir Robert, 4th Bt”, en The History of Parlia-
ment [citado el 5 de mayo de 2017]: disponible en http://www.his-
toryofparliamentonline.org/volume/1715-1754/member/rich-sir-ro-
bert-1685-1768; Sommers,“Dunwich: the Acquisition and Maintenance
of a Borough”, en Proceedings of the Suffolk Institute of Archaeology
and History 38 (1995): 317-318; Berman, Foundations, 127-128.
92 A. Newman, “Cope, John”, en The History of Parliament [citado el 5
de mayo de 2017]: disponible en http://www.historyofparliamentonli-
ne.org/volume/1715-1754/member/cope-john-1690-1760
93 Robbins, “Earliest Years”, 68.
94 Wonnacott, “Goose and Gridiron”, 171. Es probable que no haya
habido rituales durante la cena del 24 de junio de 1721, por lo que tal
vez ni Wharton ni nadie más haya sido iniciado en esa fecha.
95 Stow y Strype, Survey, vol. II, 84.
96 London Evening Post, 20-22 de julio de 1732.
97 Weekly Journal or British Gazeteer, 22 de febrero de 1729.
98 “Brewer Street and Great Pulteney Street Area”, en Survey of Lon-
don: Volumes 31 and 32, St James Westminster, Part 2, ed. Sheppard
(Londres: London County Council, 1963), 116-137; una mujer anciana
fue encontrada muerta en el ático de una casa nueva, construida en
Knave’s Acre, en 1722: Daily Journal, 10 de enero de 1722.
99 Book of Constitutions, (1738) 185.
100 Old Bailey Proceedings: Accounts of Criminal Trials, 10 de octu-
bre de 1733, Harvard University Library, ref: t17331010-4.
101 Según su testameto, fechado el 15 de abril de 1735.
102 Old Bailey Proceedings Online, 7 de septiembre de 1722, ref.
f17331010-1.
107
103 A. Calvert, “Antony Sayer”, AQC 14 (1901): 183.
104 Sesiones de la corte de justicia, 17 de enero de 1736; Registro de
entierros, St. Margaret, Westminster, 12 de agosto de 1737.
105 King’s Arms Register. Fleet Market, 10 de junio de 1739, Londres,
Inglaterra, Registro de matrimonios y bautismos clandestinos, 1667-
1754. Estos matrimonios, considerados irregulares bajo la ley de ma-
trimonios de 1753, se realizaban dentro o en las inmediaciones de la
prisión The Fleet, de la que nos hemos ocupado anteriormente. (N.
Del T.)
106 London Evening Post, 16-19 de enero de 1742.
107 QCA 10, 105.
108 QCA 10, 251.
109 Daily Post, 18 de mayo de 1723.
110 QCA 10, 54-55.
111 QCA 10, 115.
112 QCA 10, 134.
113 QCA 10, 208-209.
114 QCA 10, 59.
115 QCA 10, 131, 137-138.
116 QCA 10, 106.
117 Un breve, pero interesante relato que intenta hermanar los oríge-
nes del Druid Circle con los de la Gran Logia, se encuentra en Society
X,“1717: Druidry and the founding of modern Freemasonry” (12 de fe-
brero de 2013 [25 de septiembre de 2017]): disponible en https://5o-
cietyx.wordpress.com/tag/druidcircle-of-the-universal-bond/ (N. del
T.).
118 Ronald Hutton, Blood and Mistletoe: The History of the Druids in
Britain (New Haven y Londres: Yale University Press, 2009), 125-129.

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TOMADO DE:
https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/rehmlac/article/view/31500/31655
https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/rehmlac/article/view/31500
REHMLAC+, ISSN 1659-4223, vol. 9, no. 2, diciembre 2017-abril 2018/19-46
Universidad de Costa Rica: REHMLAC (Revista de Estudios Históricos de la
Masonería Latinoamericana y Caribeña.
112
LIBROS DE
HERBERT ORE
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114
115
EL ANTIGUO ORIGEN DE LA MASONERÍA
(para 3, 5 y 7 años)
Herbert Oré Belsuzarri 33°

La cadena de los misterios

La Francmasonería Iniciática, sus orígenes se pierden
en la noche del tiempo, muchos historiadores la consideran na-
cida de una asociación de albañiles formada al construirse la
Catedral de Estrasburgo en el s. XII, otros la atribuyen a Oliver
Cromwell (1599-1658) Lord Protector de Inglaterra en el s. XVII.
Es una idea muy expandida que los Masones Operativos de la
Edad Media tenían una leyenda relacionada con el Templo de
Salomón y poseían un cuerpo de tradiciones derivadas de los
antiguos misterios que les fueron legados por los Colegios Ro-
manos y las enseñanzas aprendidas por los Templarios en el
Cercano Oriente.

Debe añadirse que los misterios y ritos de la Francmaso-
nería proceden de transmisiones regulares de los misterios del
mundo antiguo de los Sumerios, Egipcios, Griegos, Romanos,
de las enseñanzas Cristianas, de los Cabalistas de la Edad Me-
dia, de la Escuela de Alejandría, Rosa-Cruces, Hermetistas del
Renacimiento y del s, XVIII. Por eso empleando un axioma histó-
rico: el cuerpo de la masonería nace en la Edad Media, pero su
espíritu se remonta hasta los orígenes mismos de la civilización,
lo que hace a los masones, herederos y custodios de las tradi-
ciones de los Patriarcas de la Humanidad, congruente con las
Constituciones Góticas y las Constituciones de Anderson.

Los primeros constructores.

Las Constituciones de Anderson publicadas en el año
1723 se hizo en base a antiguos documentos masónicos llama-
dos Old Charges o Constituciones Góticas y, ellas dice que an-
tes del diluvio universal: “Adán creado a imagen de Dios, el Gran
116
Arquitecto del Universo, debió de tener escritas en su corazón las
Ciencias Liberales, particularmente la Geometría, porque aun
después de la Caída, hallamos los Principios de ella en el corazón
de su prole”, continua y nos dice: “Indudablemente Adán enseñó
Geometría a sus hijos y el uso de ella en las varias Artes y Oficios
convenientes al menos en aquellos primitivos tiempos; porque
vemos que CAÍN edificó una ciudad, a la que puso el nombre de
su hijo primogénito HENOCH. Llegó Caín a ser el Príncipe de la
mitad del género humano y sus descendientes imitaron su regio
ejemplo, fomentando la noble Ciencia y el útil Arte. No podemos
suponer que SETH estuviese menos instruido, pues siendo el Prín-
cipe de la otra mitad del género humano, y el primer cultivador
de la Astronomía, tendría mucho cuidado de enseñar Geometría
y Masonería a sus hijos, quienes también gozaron de la enorme
ventaja de que ADÁN viviera entre ellos”.

Luego del diluvio: “Noé y sus tres hijos JAFET, SEM y CAM
fueron verdaderos masones que después del diluvio conservaron
las tradiciones y artes de los antediluvianos y las transmitieron
ampliamente a sus hijos, pues un siglo después del diluvio, en el
año 1810 del mundo y 2194 a. de C. vemos a gran número de ellos,
sino a toda la raza de Noé, congregada en el valle de Sinar, ocu-
pados en edificar una ciudad y una alta Torre que perpetuase su
nombre y evitara su dispersión. Pero querían levantar la Torre a
tan monstruosa altura, que por su vanidad desbarató Dios su pro-
yecto, confundiendo sus lenguas, de modo que se dispersaron. Sin
embargo, no por ello es menos encomiada su habilidad en Ma-
sonería, pues emplearon más de 53 años en aquella prodigiosa
obra, y al dispersarse difundieron el potente conocimiento por los
lejanos países en donde fundaron reinos, repúblicas y dinastías.
Y lo que después se perdió del conocimiento en muchos puntos
de la tierra, se conservó especialmente en Sinar y Asiría, donde
NEMROD, el fundador de aquella monarquía después de la dis-
persión, edificó grandiosas ciudades como Erech, Acad y Calneh
en Sinar, de donde pasó a Asiría y fundó Nínive, Rebokoth y Reti-
ñí”.
117
Como sabemos de la lectura del Génesis en el Tanaj o
Biblia Hebrea, del jardín de Edén donde el Gran Arquitecto del
Universo coloco al primer hombre que llamó Adán, salía un rio
que se dividía en cuatro, dos de ellos era los ríos Tigris y Éufra-
tes. Luego de la expulsión de Adán y Eva, estos vivieron por lar-
go tiempo cerca de la puerta del jardín que estaba custodiado
por querubines. Allí nacieron Caín y Abel; luego de la muerte
de Abel nació Set el tercer hijo de Adán y Eva. Caín fue expul-
sado a la tierra de Nod al oriente del Eden, donde construyo la
118
primera ciudad que llamo Enoc. Los descendientes de Caín y
Set fueron destruidos por el diluvio, salvándose Noé y su fami-
lia. Los descendientes de los hijos de Noé cuando salieron de
oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se estable-
cieron allí y, se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y
cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y
el asfalto en lugar de mezcla.Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una
ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un
nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.
Jehová al ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los
hombres, dijo: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un
solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir
ahora de lo que han pensado hacer. Confundamos su lengua, para
que ninguno entienda el habla de su compañero y, así los espar-
ció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de
edificar la ciudad. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel,
porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde
allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.

El Sinar (Sumeria), es la primera gran civilización del
mundo que se desarrolló entre los ríos Tigris y Éufrates. Esta ci-
vilización tiene mitos antiguos que narra la creación del hombre
en Edin, el diluvio universal y otros, por lo que los estudiosos
bíblicos consideran que el Tanaj tiene como origen estas na-
rraciones, que luego serán complementados en la Biblia cristia-
na con el “Nuevo Testamento”. Por otra parte el primer hebreo
y primer patriarca es Abraham y, nació en Ur (antigua ciudad
sumeria) del cual salió en un largo viaje para llegar a la tierra
prometida por su dios Jehová. De ambas fuentes hoy se puede
afirmar que los primeros masones fueron sumerios. El Tanaj o
Antiguo Testamento narra que los hijos de Noé, al construir la
Torre de Babel en el Sinar, causó la ira de dios, que los repartió
por el mundo fundando ciudades y culturas, algunos fueron a
Egipto, otros a la India y otros a América. Similar aspecto esta
escrito en las tablillas sumerias, donde los hijos de Anu se re-
partieron el mundo.
119
Los hijos de Noé son tres: Sem, Cam y Jafet.

Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canaán. Cus engen-
dró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra.
Este fue el vigoroso cazador delante de Jehová y fue el comien-
zo de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar
(Sumeria). De esta tierra salió para Asiria, y edificó Nínive.

Mizraim engendró a Ludim, Anamim, Lehabim, Naftuhim,
Patrusim y Casluhim, de donde salieron los filisteos, cananeos,
amorreos, jebuseos y otros. Los descendientes de Cam habi-
taron África y partes adyacentes de Asia. La Biblia se refiere a
Egipto como “la tierra de Cam”.

Los hijos de Sem, a través de Eber se convirtió en el an-
tepasado de Abraham y, por lo tanto, de los israelitas, también
habitaron China y la India.

Los hijos de Jafet habitaron Javán y las ciudades de habla
griega de Jonia.

En Sumeria, las artes y la ciencia fueron divulgadas por
los sacerdotes en las ciudades, en cada una de ellas se cons-
truía “La Casa de Dios”, que era el lugar donde vivía el dios
protector de la ciudad. Este dios daba instrucciones precisas al
“Lugal” o rey para que construya el zigurat o templo, alrededor
del cual se instalaba la ciudad estado. Al masón o albañil se le
llamaba “dim”, era un hombre libre especialista en el arte y, por
su trabajo recibía salario. En sumeria nace el arte de construir
zigurats y, los constructores se clasificaban en: peón, albañil,
maestro de obra y arquitecto, que les daba derecho al pago por
su especialidad; si no cumplían con su contrato eran castigados
conforme a su legislación. Los conocimientos eran guardados
en los templos por los sacerdotes, en tablillas de barro con la
escritura cuneiforme, que las arenas del desierto enterraron
por siglos hasta que en el s. XVIII se encontraron algunas.
120
Actualmente diversas universidades del mundo tienen
tablillas que han sido descifradas y sus contenidos son verda-
deramente sorprendentes, no solo por la variedad de temas
que ocupan, sino también por el alto valor científico de ellas.
Sus conocimientos fueron llevados a Egipto y la India, a través
de sus dioses y su clero (Enki, Enlil e Inanna). El dios Enki y
posteriormente Inanna, descendieron al inframundo de donde
retornaron con más conocimiento, constituyendo esto la prime-
ra evidencia escrita del axioma iniciático: “morir para renacer”,
en los poemas el “Arbol de huluppo” y “El Descenso de Inanna al
Inframundo”.

Fueron los sumerios, los primeros legisladores del mun-
do, para ellos el sacerdocio era la magistratura, y su religión la
justicia, donde por igual el rey o el pueblo podía ser justiciado.
121
La tradición Hindú de los Bracmanes

Los Misterios de la India son de una antigüedad tan re-
mota que no son pocos quienes consideran que de allí se espa-
ció los conocimientos iniciáticos.

La doctrina de estos misterios era toda teogónica y sus
aplicaciones a la física, se aproximaban, a la masonería actual.
La teogonía de los Bracmanes se halla consignada en el Schasta
o Vedas, escrito en sánscrito hace unos 1,500 años a. C. Existe
un principio divino impersonal, que se manifiesta con múltiples
reencarnaciones de las cuales las más importantes son Brahma,
122
Vishnú y Shiva, que conforman la trinidad de la religión Hindú.
Brahma es el Dios supremo, emanación de Brahm y creador del
mundo, de los dioses y de los seres, Vishnú desempeña el papel
de preservador del mundo, alma universal presente en todo y
para todo, y Shiva dios destructor y fecundador, esta trilogía de
carácter mitológico, tiene similitud al de los hebreos. Los mis-
terios de los Bracmanes tendían, sobre todo, a la instrucción de
la clase sacerdotal. Al parecer, fueron los primeros teólogos y
filósofos.

Conocían las doctrinas de la iniciación primitiva de los
magos, y para ellos los misterios de la India era puramente re-
ligiosos. Para ingresar en su orden se debía ser un brahmán de
nacimiento, esto es pertenecer a la casta más alta de todas las
que forman la raza india, durante su instrucción debían perma-
necer en el más profundo silencio. Por espacio de treinta y siete
años su vida era dura, se alimentaban de hierbas y raíces, ves-
tían de forma muy simple, ayunaban y oraban constantemente
y permanecían horas de pie con los brazos levantados tratando
de ver una pequeña llama azul sobre su nariz.

123
Pregonaban que el mundo había sido creado por una in-
teligencia suprema, cuya providencia lo gobierna y lo conserva
todo; que el alma no muere nunca, sino que pasa de un cuerpo
a otro a merced de la metempsicosis, y que va recibiendo en
las sucesivas vidas las penas o recompensas a las que se haya
hecho acreedora en las anteriores, a ello se llama la Ley del Kar-
ma. Enseñaban que el universo estaba sujeto a corromperse y a
ser destruido; decían que la vida es un estado de concepción y
la muerte un verdadero nacimiento, de allí su profundo respeto
por todas las formas vivientes. No admiten diferencia entre al
alma de un hombre y la de un animal; según sus doctrinas las
almas existen desde la eternidad, y fueron distribuidas entre
todos los seres vivientes.

124
La tradición egipcia

Quizás es el pueblo
que ha ejercido mayor in-
fluencia en las culturas de
todos los tiempos, fue tierra
de grandes iniciados, consi-
derada como la cuna de los
misterios, donde la verdad
fue cubierta con el velo de
la alegoría y en donde los
dogmas de la religión fue-
ron comunicados por prime-
ra vez en forma de símbolos.
La antigua historia de Egipto
parte de la primera Dinastía,
fundada por Narmer o tam-
bién llamado Menes en el
año 3050 a. C. Pero la histo-
ria antigua de Egipto se ex-
tiende a la era de los Reyes
Divinos (dioses) que gober-
naron ese país conforme a
sus tradiciones, mitos y le-
yendas. Los dioses sumerios
eran los mismos en Egipto,
pero con otros nombres, es-
tas narraciones ya eran anti-
guas a la llegada de Menes.
Fue en este pueblo donde
el Gran Maestro del Mundo
llegó, usando el nombre de
Tehuti o Thoth, cuyo nombre
helenizado nos ha llegado
como HERMES, EL TRIME-
GISTO (el tres veces sabio).
125
La iniciación de los egipcios, que llegó a ser conocido a
través de los Misterios de Isis y de Osiris, su enseñanza com-
prendía todas la Artes y Ciencias de Oriente. El centro principal
de los trabajos estaba en la ciudad de Memphis, cerca de la
Gran Pirámide. Esta pirámide fue construida basándose en ele-
vados cálculos matemáticos y astronómicos, de manera que ella
representaba el Universo, y los iniciados estuvieron dedicados
simbólicamente a su construcción, tal como los masones mo-
dernos están dedicados a la construcción del Templo Interior.

Los Misterios estaban agrupados en menores y mayores
divididos en tres grados y era impartida a los iniciados bajo so-
lemnes juramentos de secretos, su instrucción estaba envuelta
en los rituales de Iniciación, Paso y Elevación y es básicamente
de esta forma como han llegado a la Masonería de Grados, co-
rrespondiendo cada uno de ellos a un tipo de iniciación o paso
de grado.
126
Los Misterios Menores correspondían a los Misterios de
Isis, y se asimila al de aprendiz masón. Eran ceremonias prepa-
rativas para los superiores, donde el iniciado recibía instruc-
ciones en las leyes físicas de la naturaleza y, la necesidad de la
purificación moral.

Los Misterios Mayores correspondían al segundo y tercer
grado. El segundo grado lo constituyen los Misterios de Serapis,
en estos se impartía instrucciones prácticas sobre el desarrollo
del cuerpo mental y seguramente se relacionaba con la muerte
de Osiris.

El tercer grado era llamado los Misterios de Osiris, y co-
rrespondería al Grado de Maestro Masón, el ritual era muy im-
presionante, en el cual el candidato debía pasar por una repre-
sentación simbólica de la muerte, la búsqueda del cuerpo y la
resurrección de Osiris.

La síntesis sumerio-egipcia deja aparecer varios signos
que la tradición occidental tomara:

• Una teología de resurrección rememorada por el mito de
Osiris.
• La práctica de ciencias sagradas destinadas a mantener la
comunicación entre los diversos mundos humano y divino.
• La idea de un verbo creador y la revelación de secretos.
• Una cosmografía orientada y ordenada por los dioses y solo
para los dioses.

La pirámide egipcia es el perfeccionamiento constructi-
vo de los zigurats hasta llegar a la excelencia de las pirámides.
Obedece a una cosmografía y, está orientado sobre cálculos
astronómicos; su fundación se hace conforme a ritos precisos,
heredado de los sumerios, bajo la autoridad de Thot. La Casa
de Dios se construida con las herramientas sagradas diseñada
por números de la geometría y, edificada con materiales perdu-
127
rables elegidos. El simbolismo se plasmara en los jeroglíficos
que ornan sus paredes.

Los misterios de Grecia

Grecia el Gran Templo de los conocimientos y de los an-
tiguos misterios, fue influenciado por Oriente, Egipto y Meso-
potamia. El fundador de los Misterios Griegos fue Orfeo, poe-
ta y príncipe de Sicyonios en Tracia, quien después de haber
adquirido los conocimientos científicos del Colegio de Menfis,
viajó por Grecia, y regularizo los Misterios de Eleusis y des-
truyó los errores que hasta entonces habían servido de base a
los Misterios de la Diosa Ceres. Orfeo enseñó por medio de la
música y por medio del sonido, Él obró sobre el cuerpo astral y
mental de sus discípulos, purificándolos y engrandeciéndolos,
les mostró imágenes vivientes, creadas por medio de la música
y enseño que el sonido era inmanente en todas las cosas, y que
si un hombre estaba en armonía consigo mismo, entonces la Di-
vina Armonía se manifestaría en él.

Clemente de Alejandría unifica todos los cultos mistéri-
128
cos en una masa homogénea de rasgos órficos, al enlazar los
diversos dioses y ritos al mito órfico y al dios principal del or-
fismo, Dioniso.

Darío III rey persa gobernaba sobre los territorios egip-
cios, cuando fue derrotado por el griego Alejandro Magno, fun-
dando sobre la ciudad de Rakotis, la ciudad de Alejandría en
Egipto, donde funcionará la Gran Biblioteca de Alejandría, lla-
mada así para distinguirla de la pequeña o biblioteca-hija del
Serapeo. Fue fundada por los primeros Ptolomeos con el propó-
sito de ayudar al mantenimiento de la civilización griega en el
seno de la muy conservadora civilización egipcia que rodeaba
a Alejandría. Esta biblioteca tendrá una enorme importancia en
el desarrollo de la ciencia, filosofía y artes.

Los misterios de Ceres o de Eleusis

Orfeo dividió los misterios en dos grados: el primero lla-
mado Exotérica (publica) estos desenvolvían la Teogonía Egip-
cia por medio de sus emblemas y moral, y el segundo llamado
Esotérica (particular para los iniciados) donde se enseñaba to-
dos aquellos conocimientos que pudieran influir directamente
en la civilización de los pueblos. El control de los Misterios de
Eleusis en los tiempos clásicos quedó en manos de dos familias:
los Eumólpidas, de donde se elegía el Oficial en Jefe o Hiero-
fante y los Keryces o Heraldos o portador de la doble antorcha,
quien era el segundo en el rango llamado Dadoukós, el tercer
oficial era el Hieroceryx o Heraldo Sagrado elegido de entre los
Keryces, que tenía el cuidado general del templo, y tenía a su
cargo a los aspirantes durante las pruebas de la iniciación. Un
cuarto oficial era el Epibomus o Servidor del Altar que dirigía
los sacrificios.

Los Misterios estaban divididos en dos grados: los Meno-
res y los Mayores. Los Menores, celebrados en el templo de De-
méter y Cora en Agra cerca de Atenas, allí se enseñaba sobre
129
la vida después de la muerte en el mundo intermedio o astral,
la ceremonia era celebrada por el Hierofante asistidos por los
oficiales; los iniciados en este grado eran llamados Mystae, que
denota cerrar los ojos, y significaba que estaba aún ciego para
las verdades que se rebelarían más adelante, estos eran someti-
dos a duras pruebas y a un severo entrenamiento para el desa-
rrollo de los sentidos del plano astral, con el objeto de preparar
al neófito para su recepción en los misterios mayores.

Los Misterios Mayores, se celebraban en Eleusis durante el mes
de septiembre y duraban nueve días, en honor a las Diosas De-
méter y Persephone. El Templo de Eleusis se dividía en tres
partes: El megarón o santuario, correspondiente al lugar sagra-
do del Templo de Salomón, el anactorón, o santo de los santos, y
el departamento subterráneo bajo el templo.
130
Las regiones infernales, y el castigo del no iniciado impío
eran simbólicamente representados en este subterráneo, como
un episodio del drama de Deméter, Persephone y Plutón. En
ellos la enseñanza de la vida después de la muerte era extendi-
da hasta el mundo celestial, y se continuaba con el estudio de la
Cosmogénesis y Antropogénesis. Los iniciados eran llamados
Adoptae y significa el que contempla.

La lección, el dogma, el método de instrucción represen-
tado por símbolos, el vínculo secreto de la fraternidad, dieron
importancia a estos misterios que perduraron hasta la caída del
Imperio romano. El Orfismo influirá en los primeros cristianos,
después de haber encontrado el pensamiento pitagórico. Será
asimilado en algunos de sus principios esotéricos por grupos
iniciáticos en la Edad Media como el rosacrucismo y la maso-
nería. Si bien nosotros en masonería no heredamos la sucesión
de Eleusis directamente, algo de su inspiración fue recibida en
nuestros ritos, los cuales tienen el mismo propósito, simbolizar
los mismos mundos invisibles, preparando al candidato para la
augusta tarea que se encuentra detrás de todos los misterios.

La escuela Pitagórica

La Escuela Pitagórica, fue creada por el filósofo Pitágoras,
nacido en Samos en el año 582 a. C. Durante su juventud viajó
por muchos países del Mediterráneo donde fue iniciado en los
ritos: Egipcios, Eleusinos, Kabirícos y Babilonios. En la escuela
Pitagórica convergieron muchas tradiciones y se fundieron en
una enseñanza comprensiva acerca del lado oculto de la vida,
la metafísica. El pitagorismo reposa sobre el monoteísmo, sobre
la idea de que Dios se encuentra en el origen de todo y sobre
la especulación filosófica y científica, resultante de la Teoría del
Número.

Parte de sus enseñanzas quedaron plasmadas en los Ver-
sos de Oro. Pitágoras impuso una férrea disciplina física y men-
131
tal, enseñaba a pensar, impuso la regla del ejercicio y la con-
centración. La iniciación en la comunidad comprendía varias
fases, el iniciado era sometido a pruebas físicas y de oratoria,
aislamiento en una celda donde aprendía las prácticas de las
virtudes, el silencio y el ayuno. Pitágoras enseño los principios
esotéricos de las matemáticas y la geometría. En esas escuelas
los alumnos estaban divididos en tres grados:

Los Akoustikoi u oyentes, permanecían durante tres a cin-
co años recibiendo las enseñanzas de un maestro, pero no to-
maban parte en las discusiones. En el segundo grado Los Mate-
matikoi coordinaban el estudio de la Matemáticas - Geometría
- Música y las correspondencia entre ellas. En el tercer grado
los Phisikoi se dedicaban a estudiar la vida interna. La tradición
Pitagórica pasó a las escuelas Neoplatónicas, de donde mucho
de sus enseñanzas pasaron a manos cristianas como modelo de
sus instituciones monásticas, con las cuales la Francmasonería
de la Edad Media se relacionó íntimamente en su carácter acti-
vo. No es extraño que los antiguos Masones llamaran a Pitágoras
“antiguo amigo y hermano”.

La tradición Judía

La tradición sumeria paso al pueblo hebreo con Abraham.
La tradición egipcia pasó al pueblo hebreo con Moisés, y ambos
habían sido iniciados en los misterios iniciáticos por los corres-
pondientes sacerdotes, ambos transmitieron estas enseñanzas a
la clase sacerdotal de los hebreos y, luego ellos lo hicieron con
los israelitas y judíos. En el Antiguo Testamento (Génesis 12 y
13) se menciona que Abraham hizo paradas en lugares santos, y
al parecer existían escuelas iniciáticas en Siquem, Hebrón, Be-
thel y Jericó.

Luego de la salida de los hebreos de Egipto, los misterios
sumerio-egipcios fueron transmitidos de generación en gene-
ración hasta el momento en que el Rey Salomón subió al trono
132
133
de su padre David.

El Rey Salomón, quien gobernó entre 976 y 926 a.C., con
la finalidad de unificar su autoridad y la religión de su pueblo,
erigió el Templo de Jerusalén para que fuera centro de venera-
ción religiosa y símbolo de la unidad nacional. El Templo era
un edificio completamente simbólico, su plano, sus construccio-
nes y ornamento representaban la síntesis de todas las ciencias,
era el Universo, era la filosofía, era el cielo y, representaba el
Macrocosmo; los hombres son el Microcosmo. David lo había
concebido, Salomón ordenó su construcción y, Hiran Abiff fue
el Arquitecto y decorador que fue traído de la ciudad de Tiro.
Para el mejor desarrollo de la obra dividió a los trabajadores,
de acuerdo a la labor que realizaban, en Maestros, Compañe-
ros y Aprendices, estructura que los masones o constructores
tenían desde la antigua sumeria, como forma de organización.

134
El simbolismo del Templo corresponde al cosmos y está
dividido en tres partes que corresponden al cielo, al mar y a la
tierra. Telas y ornamentos interiores evocan los cuatro elemen-
tos, las siete ramas del candelabro remiten a los siete planetas,
las doce columnas interiores a los doce signos de zodiaco. La
orden iniciática y esotérica de la Francmasonería se inspirará
en este simbolismo cósmico para la disposición y el orden, para
la orientación y forma de la logia.

Los masones reedificar el Templo de Salomón cada vez
que levantan columnas para el funcionamiento de sus logias, so-
bre las bases de la jerarquía inteligente y de la iniciación pro-
gresiva.

Los misterios de Mitra

Corriente esotérica que influyó en el desarrollo de la fi-
losofía masónica, que tiene origen Medo-Persa, sobre un dios
de origen Iraní. Mithra se menciona por su nombre una vez en
los Gathas en Yasna 46: 5, los Gathas son los textos más antiguos
del zoroastrismo, atribuidos a Zoroastro.
135
Su sacramento consistía en pan, vino y sal que era con-
sagrado al dios Mitra, era un ritual cargado de fuerza, pureza y
valentía que ayudaba a solidarizar a los miembros de la confra-
ternidad. Este rito es anterior al cristianismo se identifica con
la luz y el sol, insiste en la conducta moral de sus adeptos, hace
énfasis en la abstinencia y el autocontrol, así como en la lucha
entre el bien y el mal, y en el triunfo del primero por la interme-
diación del Logos. Creen en la inmortalidad el alma.

En cuanto a la iniciación se sabe que estaba escalonada
en siete grados, cada uno representado por un metal y consa-
grado a un planeta, acorde con el conocimiento cada vez más
amplio de los iniciados. Cada grado es un escalón en la escuela
iniciática, que es representado por un metal y un planeta:

1 MILES (Soldado) Plomo Saturno
2 LEO (León) Estaño Venus
3 CORAX (Cuervos) Cobre Júpiter
4 PERSES (Persas) Hierro Mercurio
136
5 CRYPTIUS (Oculto) Amalgama Marte
6 HELIACOS (Soles) Plata Luna
7 PATRICOS (Padres) Oro Sol

Solamente los iniciados que habían alcanzado el 4° gra-
do podían participar de modo total en los misterios, después
del 7° se hallaban los siete Pater Sacrorum (Padres encargados
de los Sacrificios).

El aspirante al principio experimentaba una serie de
pruebas, donde era introducido en cavernas donde los méto-
dos de excitar el asombro y el temor variaban ingeniosamente,
se simulaban ruidos de animales feroces, truenos, relámpagos,
azotes con varas, se le hacía nadar por ríos de fuertes corrien-
tes, que tenían por objeto la purificación por el agua, por el
fuego, y por el ayuno, pruebas que duraban entre veinticuatro
y ochenta días, después de las cuales era introducido en una
137
caverna, llamada spelaeas, del griego spélaion que significa
caverna. Las spelaeas, eran de pequeñas dimensiones y repre-
sentaban al mundo, el doble movimiento de los planetas y el
paso de las almas por las esferas celestes, sus muros y techos
estaban dibujados con signos celestiales. Una vez en la cueva se
le llevaba a una sala llamada pronaos, allí se le sometía a una es-
pecie de bautismo y se le preparaba para las siete enseñas de
la iniciación que estaba próximo a cruzar. Para figurar los siete
planetas se le enseñaba al iniciado una escalera, a lo largo de
la cual se encontraban siete puertas, cada una de un metal di-
ferente simbolizando los atributos del planeta correspondiente.
Esta escalera tiene similitud a la escalera en la visión del sueño
de Jacob, y figura como símbolo masónico.

Los colegios romanos

A Roma llegaron todas las tradiciones iniciáticas y reli-
giosas del mundo antiguo, que fueron asimiladas por los Co-
legios de Arquitectos asignados a las Legiones Romanas que
estuvieron acantonadas en diferentes partes del Medio Orien-
te, Egipto y Grecia. Estos Colegios fueron fundados por el Rey
Numa Pompilio en el s. VII a. C, quien en su afán de acabar con
los elementos rivales dentro del reino, estableció una religión
común y dividió a los ciudadanos en curias y tribus, lo mismo
hizo con los artesanos a quienes agrupó en corporaciones bajo
el nombre de COLLEGIA O COLEGIOS (Collegia Artificum), a
cada colegio le fueron asignados los artesanos de una profesión
particular, a la cabeza de ellos estaba os Colegios de Arquitec-
tos (Collegia Fabrorum). El Rey Numa quien era un profundo co-
nocedor de las leyes divinas adaptó los ritos Egipcios, Griegos
y Babilonios a la forma Romana de Dionisio o Baco, dándole a
los Colegios un culto y una organización que les eran propias.
Estas asociaciones gozaban del derecho de formarse sus regla-
mentos propios y de concluir contratos seculares y religiosos,
disfrutaban la inmunidad de las contribuciones, franquicia que
se extendió durante la Edad Media dando origen a la denomi-
138
nación de masones libres o francmasones. Se dedicaban a las
construcciones de fortalezas, carreteras, acueductos, templos y
casas en todo el imperio.

La organización de los Colegios era muy similar a la de
nuestras Logias: Tres Faciunt Collegium, Tres hacen un Colegio,
este era regido por un Magíster o Maestro, los oficiales inmedia-
tos eran dos Decuriones o Guardianes, análogos a los Vigilantes
Masónicos pues cada Decurio presidía una sección del Colegio.
Habían otros oficiales tales como: Un Escriba o Secretario quien
llevaba el registro de sus procedimientos, un Thesaurensis o Te-
sorero quien tenía a su cargo el fono de la comunidad, un Ta-
bularios o Archivista, como en estos colegios se combinaban la
adoración religiosa con las labores del oficio, en cada uno había
un Sacerdos o Sacerdote que dirigía las ceremonias religiosas.
Otra analogía con la organización masónica era que los miem-
bros de un Colegio estaban divididos en Seniores o Superiores
directores del oficio equivalente a los Maestros, y en Jornaleros
139
y Aprendices, análogos a los Compañeros y Aprendices Maso-
nes. En sus archivos se ha encontrado que tenían ritos semi-re-
ligiosos que adscribían interpretaciones simbólicas a sus he-
rramientas de trabajo, como la escuadra el compás, el nivel y la
plomada.

Las colonizaciones Romanas fueron llevadas a cabo por
las Legiones del ejército, a cada Legión se agregaba un Colegio,
que acompañaba en sus campañas; cuando colonizaban perma-
necía en la colonia para sembrar la semilla de la civilización
romana, construyendo caminos, acueductos, cuarteles, casas y
templos. Los miembros de los Colegios trabajaban sus ritos y
con el transcurrir del tiempo fueron iniciando a militares, lle-
gando a ser el teatro de todas las iniciaciones secretas y demás
doctrinas secretas, mezclándo así sus ritos con los hebreos de
Palestina y ritos Mitraicos que los soldados de Tito y Vespaciano,
habían aprendidos mientras estuvieron acantonados en Persia.
Por conducto de los Colegios es que la Masonería fue introdu-
cida en Europa, al regreso de las Legiones a Roma. Luego de la
caída de Imperio.

El esoterismo Cristiano

Con la definitiva supremacía de la Iglesia Católica so-
bre las otras religiones del Imperio romano por patrocinio del
Emperador Constantino, una nueva corriente filosófica viene a
agregarse a los misterios esotéricos romanos, es el Esoterismo
Cristiano que se había formado en el cristianismo primitivo.
Aunque negado por la mayoría de los jerarcas de la iglesia, las
existencias de misterios pueden encontrarse en los Textos Pri-
mitivos, se trata pues de ver en los Evangelios un exoterismo
yuxtapuesto a un esoterismo. El evangelio de Marcos, el de Juan
y algunas epístolas de Pablo testimonian un esoterismo, una
palabra revelada cuya inteligibilidad y comprensión necesitan
grados, desde la simple alegoría hasta una interpretación que
acerca el alma a los misterios divinos, que penetra en el sentido
140
místico de los textos.

En tres grandes principios estribaba la doctrina de los
Misterios del Cristianismo primitivo: la unidad de Dios, la liber-
tad del hombre y la igualdad entre todos hombres. Cristo había
puesto en práctica las tres virtudes teologales: fe, esperanza y
caridad. Empezaba por recomendar el amor al prójimo, estimu-
laba a sus hermanos el trabajo y al estudio de las ciencias, y
prometía una vida mejor cuando los buenos resultados de su
doctrina y la fe mutua entre los hombres, hayan proporcionado
a estos la felicidad suprema que su autor espera. Son los prime-
ros padres de la iglesia como Clemente de Alejandría (160 - 215
d. C.) y Orígenes (185 - 254 d. C.) quienes inician el camino del
esoterismo cristiano, en dos de sus obras Stromas y el Pedago-
go.

Clemente rechaza el divorcio entre el conocimiento Her-
mético proveniente de Grecia y el transmitido por la revelación
Cristiana. Con este acercamiento trata de promover una gno-
141
sis definiéndola como un apetito conjugado de la Fe y el Saber.
Dice Clemente: quien ha sido purificado en el bautismo y lue-
go iniciado en los Misterios Menores (es decir ha adquirido los
hábitos de la reflexión y el autocontrol) queda maduro para los
Misterios Mayores o Gnosis, que es el conocimiento científico
de Dios; También dijo no está permitido por la ley revelar a los
profanos los Misterios del Logos. En cuanto a Orígenes (185 -
254 d. C.) aún más que Clemente llega a casar el neoplatonismo
con el pensamiento cristiano. Asegura la existencia de la en-
señanza secreta de la Iglesia, habla de la fe popular irracional,
que conduce a lo que llama el Cristianismo Somático, o la sim-
ple forma física de la religión y la fe superior y razonable ba-
sada en el conocimiento ofrecido por la sabiduría o gnosis que
conduce al Cristianismo Espiritual. En su obras La Homilía so-
bre el Génesis, De principiis, Contra Celsun, se verán repetidas
referencias a la enseñanza oculta, inmensamente más grandiosa
y que eleva a quien la estudia a un nivel mucho más elevado que
lo que enseña la ortodoxia. San Agustín (354 - 430) aunque no
es un pensador esoterista, su pensamiento será invocando por
largo tiempo por los sostenedores del Hermetismo Cristiano en
los largos debates con los dogmáticos de la iglesia.

En su obra Confesiones o De Civitae Dei, hace una refe-
rencia a los Herméticos, y será considerada como la preserva-
ción de esta unidad, Agustín rechaza la teúrgia y la magia, pero
elabora una doctrina en la que el Alma es razonable y servida
por un cuerpo terrestre. La naturaleza no es rechazada y ciertas
correspondencias rigen las relaciones entre el alma y el cuerpo.
Otro pensador clave que interesa al esoterismo es Boecio (470
- 525 d. C.), su obra más leída es De consolatione philosophiae
cuyo esplendor perdurara en los medios masónicos hasta el s.
XVIII. Hace intervenir la cosmología platónica, la teoría de las
correspondencias y principios de dualidad dinámica entre po-
los contradictorios. Varias de las fórmulas empleadas en la Con-
solación se encontraran en rituales masónicos, como aquella
“Alejaos pues del vicio y practicad la virtud”. En varias Epístolas
142
de San Pablo se puede entrever este Esoterismo, en la Epístola a
los Gálatas pone acento sobre el Jerusalén Celeste, evocada en
el Apocalipsis de San Juan. Otra enseñanza de Pablo es la que
define las cuatro dimensiones del Hombre Interior: largo, ancho,
altura y profundidad, donde se verifican las reminiscencias de
las dimensiones de Dios en el Libro de Job.

El cristianismo primitivo que desarrollo el esoterismo
cristiano en los esenios, terapeutas, gnósticos, culdeos y otras
sectas menores, fueron combatidas hasta su total eliminación
por la religión católica, apostólica y romana del Imperio roma-
no nacido por el patrocinio del Emperador Constantino en el
Concilio de Nicea.

Los misterios Druidas

Los Druidas eran una orden de sacerdotes que existie-
ron en Bretaña y las Galias. La palabra Gaélica Druish significa
hombre sabio o sagrado y en otro término mago. Este rito vino
originalmente de Grecia a través de Escandinavia, el Druidis-
mo se dividía en tres órdenes que comenzaban con los bardos,
quienes eran los poetas que componían himnos y cantaban en
las ceremonias del culto, los Profetas o Eubages eran los au-
gures o adivinos, tenían a su cargo el gobierno civil y la agri-
cultura, y los Druidas o Vates quienes eran los depositarios de
los dogmas de la religión y la filosofía, llenaban las funciones
de sacerdotes y jueces. Los sitios de adoración eran también
de iniciación, generalmente eran circulares porque esa era la
forma del universo, y no tenían techo por cuanto consideraban
absurdo reducir al Omnipotente a la permanencia bajo un te-
cho común, entre otros instrumentos se sabe que tenían un altar
triangular, la espada de Belino y un cofre sagrado.

Se dice que sus ceremonias de iniciación requerían mu-
cha purificación física y preparación mental, en el Primer Grado
se representaba la muerte simbólica del aspirante, culminan-
143
do en el tercero con su regeneración, donde este era colocado
dentro de un bote. Sus doctrinas eran similares a las de Pitágo-
ras, sostenían la creencia en un Ser Supremo, la reencarnación,
el estado futuro de las recompensas y los castigos, la inmorta-
lidad del alma. El objetivo de sus ritos místicos era comunicar
estas doctrinas empleando un lenguaje simbólico.

Muchas leyendas señalan que el cristianismo fue intro-
ducido en Inglaterra en los primeros años de la era cristiana,
mucho antes que las misiones de san Patricio y San Agustín. Al-
gunos historiadores cristianos como Clemente de Roma y Euse-
bio confirman que San Pablo y otros Apóstoles visitaron las Islas
Británicas. Lo cierto es que no fue sino hasta el s. XII cuando
la Cristiandad Céltica fue puesta de acuerdo con los usos del
Cristianismo Romano. Se cuenta que la antigua Iglesia Británica
poseía una profunda y mística forma de cristianismo derivada
de fuentes orientales provenientes de los Esenios, quienes es-
taban muy vinculados a Jesús por haber sido uno de sus miem-
144
bros. Además de los sacramentos cristianos se practicaban ritos
de línea Mitraica, también usados por los Esenios y puede que
haya habido alguna sucesión de Misterios Judíos, no vinculados
con los Colegios Romanos. Estas varias líneas de tradición fue-
ron retocadas con los locales Misterios Druidas. Así los Culdeos
de York amalgamaron el misticismo cristiano con los ritos nati-
vos, eslabonándolos a la Masonería Moderna.

Los caballeros Templarios

La Orden de los Caballeros Templarios, llamada también
los Caballeros Pobres de Cristo y del Templo del Rey Salmón,
fue fundada en 1118 por Hugues de Payes Caballero de Borgo-
ña y Godfroid de San Omer Caballero del Norte de Francia, con
el fin de proteger a los peregrinos en Tierra Santa. La Orden del
Temple aparece como referencia insoslayable en la historia del
esoterismo occidental. En efecto el mito ha superado la realidad
histórica y religiosa, la leyenda lo ha llevado sobre la veracidad
de los hechos y este perdurará sobre todo en la Francmasonería
Templaría del s. XVIII. En el s. XIII la Orden estaba en su máximo
esplendor, se cree que eran unos 20 000 caballeros disemina-
dos por toda Europa y el cercano Oriente. Un aspecto importan-
te acerca del esoterismo lo constituía la Tierra Santa, que mas
que entidad físico-geográfica eran entidades espirituales, los
lugares Santos eran la expresión del microcosmos humano, de
una iniciación mística y de una revelación, en tanto Jerusalén
representa un centro donde el cielo y la tierra se encuentran.

Los Caballeros Templarios trajeron del oriente un con-
junto de ceremonias y símbolos que pertenecen a la tradición
masónica, que eran practicados por sus pares de la tradición
islámica de la orden de los Nazaries o también conocidos como
los Asesinos, que poseían ciertos conocimientos. Hoy ello se im-
parte en el Grado 18 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Lo
que llamamos el Sapientísimo Soberano era un obispo o pres-
bítero ordenado, estableciendo un amalgamamiento entre los
145
sacramentos egipcios y cristianos. Es cosa conocida que los
Templarios formaban una rama de Gnosticismo y que habían
adoptado las doctrinas de los Ofitas, un símbolo común en sus
ceremonias era una cabeza barbuda que representaba al Dios
eterno y creador, y que llamaban Baphometus o Bafomet, pala-
bra griega que significa Bautismo de Sabiduría. Todo el simbo-
lismo de la Orden evoca la doble noción temporal espiritual, el
famoso Beauseant o pendón de guerra era mitad blanco para fi-
gurar la lealtad a los amigos, y mitad negro el terror de los ene-
migos. La cruz de ocho puntas sobre el manto blanco, agregaba
a la significación de la cruz, el simbolismo mediador de número
ocho, y se unía al blanco del Conocimiento y al rojo (color de la
capa) del Santo Amor, invocado en su grito de guerra.

La Orden Templaria, tiene su iniciación propia que cons-
ta de tres grados: Novicio, Caballero y Profeso. En el año de

146
1307 la Orden fue suprimida, todos sus miembros arrestados
y muchos ajusticiados por la Inquisición. La destrucción de la
Orden del Templo no significó el final de los misterios, algunos
Templarios franceses se refugiaron con sus hermanos Templa-
rios en Escocia, donde el mandato de disolución de la Orden
no llegó a promulgarse, y en ese país sus tradiciones llegaron a
fundirse con los antiguos ritos celtas de Heredón formando así
una de las corrientes que dará origen al Rito Escocés. De esta
manera las tradiciones de venganza contra el trío formado por
el Papa, el Rey y el Traidor, se entretejió con la tradición egip-
cia de la Masonería Negra, culminando con lo que hoy se llama
grado 30.

La Camaradería

Otra sobrevivencia de los Colegios romanos fue la Ca-
maradería Francesa o Compañerismo en francés Compagnon-
nage, con este nombre se conoce a ciertas organizaciones mís-
ticas formadas entre obreros del mismo oficio, cuyo objeto es
proporcionarse ayuda mutua. Según la tradición se cree que la
voz Compagnonnage es de origen hebreo, habiendo proveni-
do del Templo de Salomón. El término apareció hacia el s. XII,
en las corporaciones de obreros; estos para proteger el arte de
su trabajo percibieron la necesidad de formar entre sus miem-
bros confraternidades, cuya protección debía acompañarlos en
sus excursiones laboriosas, y proporcionarles ayuda fraternal y
empleo en las ciudades desconocidas. Los Compagnons de la
Tour, tienen sus leyendas y al igual que los Francmasones hacen
llegar su origen al Templo de Salomón, existen tres líneas en
el Compañerismo cada una de ellas basadas en un precursor
diferente: la más antigua era la de Los Hijos de Salomón ori-
ginalmente compuesta por constructores de piedra (Stonema-
sons) solamente; la segunda la de los Hijos de Maitre Jacque
(Maestro Santiago) quienes admitían miembros de otros oficios
como talabarteros, afiladores, zapateros, sastres; y la tercera se-
guía a Maitre Soubise originalmente formada por carpinteros.
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Las tres corrientes estaban organizadas de acuerdo al grado
de conocimiento de sus miembros en: Aprendices, Compañe-
ros y Maestros. Tenían un sistema de iniciación y para alcanzar
un grado superior debía presentar un examen o revelación del
conocimiento de su oficio, para ellos el Templo de Salomón era
la cumbre de la sabiduría y consideraban que los maestros que
habían intervenido en su construcción eran iniciados por la Di-
vinidad.

Otras corrientes de tradición sobrevivieron en Europa
fueron: Los Constructores de Piedra que se desarrollaron du-
rante el s. XII en Alemania, estas originan dos corrientes una
Inglesa a través de los monjes Celtas y otra Italiana por medio
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de San Bonifacio. En Inglaterra las primeras Logias (Logges, Lu-
ges, Lodges) aparecen después de la conquista Normanda en
el s. XI, entre los picapedreros y albañiles que construyeron
las catedrales de York, Canterbury, etc. Tres líneas de tradición
confluyen en la masonería de las Uniones Inglesas: una línea
fue conservada de los misterios Celtas y Druidas, una segunda
provino de los Colegios Romanos y una tercera que llegó con la
conquista Normanda bajo el patrocinio de Arzobispo Lanfranc.

Lo que viene despues ya es conocido y no requiere de
mayor detalle.

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