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Dialogo Entre Masones

Artículos Masonicos Seleccionados


Año 6 - N° 67

Julio 2019
L

Dialogo Entre Masones


Artículos Masonicos Seleccionados
Año 6 - N° 67

Director General
Herbert Oré Belsuzarri
Directores
Mario López Rico
Vicente Alcoseri
Julio Villarreal III
Artículos Publicados
-El poder oculto en los anillos masóni-
cos..........................................................3
-El anillo masónico.....................................7
-Los originales..........................................17
-Historia del grado 33 masónico...................25
-Hablemos de astrología............................31
-San Beda Padre de los Venerables Maestros.39

La revista agradece la difusión de los artículos


publicados, mencionando la fuente y la auto-
ría.
Valle de Lima Julio 2019

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EL PODER OCULTO EN LOS ANILLOS
MASÓNICOS
3
EL PODER OCULTO EN LOS ANILLOS MASÓNICOS.
 
Hace casi 300 años un anciano francmasón londinense muy
sabio y rico se acercó a un recién exaltado al sublime grado de
maestro masón y le dijo: He aquí un anillo masónico. Consérva-
lo como prueba de que tú eres mi depositario, y entrégalo a su
vez a otro masón al cual tú veas posibilidades de ser un buen
masón. Este anillo masónico es de incalculable valor, en si es el
primer anillo forjado para un masón regular y además guarda
un secreto  pues tiene la capacidad de abrir un cámara secreta
repleta de tesoros y documentos, y está  justo debajo de la Ta-
berna del Ganso y la Parrilla.
 
Tiempo más tarde durante otra tenida en la cámara del medio,
le dio otro anillo a otro maestro masón con el mismo consejo,
sólo que le dijo que la cámara estaría debajo de la Catedral de
San Pablo en Londres. 

Lo mismo sucedió con otro tercer maestro masón, pero a esté


le dijo que el tesoro estaría oculto en otras Logias. 

Cuando el Anciano francmasón murió y los tres francmasones


se reunieron en su funeral, cada uno sucesivamente dijo que po-
seía uno de los anillos, y así cada uno intentó reclamar algo sin
saber qué exactamente. Nadie podía decir con seguridad cuál
era el anillo más valioso.  Cada poseedor de un anillo masónico
ganó adherentes; todos atribuían mayor valor y poder a su pro-
pio anillo. 

Pero el hecho más curioso era que ninguna cámara fue en-
contrada y así comenzó a hablarse de grandes tesoros ocultos
dentro de los subterráneos, y el tiempo pasó y los más allega-
dos de sus partidarios reclamaban. Todos estaban demasiado
interesados en el asunto de cual anillo era el más valioso, los
anillos pasaron a otras manos y el asunto no se aclaraba. 

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Sólo unos pocos masones buscaron las cámaras secretas, esos 
subterráneos ideados como contendedores de inmensos y va-
liosos tesoros. Así los anillos masónicos ganaron una irresistible
atracción y fama de cualidades mágicas. Aunque eran llaves, no
se usaban directamente como llaves para abrir puertas hacia
tesoros. 
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Luego se descubrió que era suficiente mirarlos sin preten-
siones o sin apego para descubrir algo en ellos. Cuando así lo
comenzaron a hacer, los masones que habían mirado fueron
capaces de saber dónde estaba el tesoro y pudieron abrirlo
simplemente con reproducir el símbolo secreto contenido en los
anillos. Los tesoros masónicos tenían la cualidad de ser inago-
tables. 

Así hasta del día de hoy, los partidarios de cada anillo repiten
el cuento de su antecesor acerca de los méritos, cada uno de
una manera diferente. 

La primera comunidad pensó luego que había encontrado el


tesoro. La segunda pensó a su vez que todo era una alegoría.
La tercera piensa que aún no se ha encontrado nada, y siguen
buscando. 

Este cuento masónico, que podemos suponer se refiere a los di-


ferentes ritos masónicos existentes alrededor del mundo, pero
la verdad es que estos anillos suman millones; tantos como ma-
sones en el mundo existen y han existido, cada anillo represen-
tando al masón como tal ante la sociedad, sabemos que quien
porta un anillo masónico lo obliga a ser fraterno y filantrópico.
Al leer este cuento, serán muchos los que irresistiblemente vol-
tearán a ver sus anillos, o bien a frotarlos delicadamente recor-
dado las nobles deberes que han jurado cumplir: como es el de
ayudarse, amarse y defenderse los unos a los otros; y es en ese
momento que el gran poder contenido en los anillos masónicos
cobra su verdadero poder. 

Tomado de:
http://groups.google.com/group/secreto-masonico 

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EL ANILLO MASÓNICO.
Herbert Oré B.
7
EL ANILLO MASÓNICO.
Herbert Oré B.

El anillo por su forma circular, simboliza “el Todo”, el Creador,


el que no tiene ni principio ni fin, el eterno retorno y la plenitud
espiritual. Simboliza el tiempo cíclico.

El anillo como el Uróboros, que evoca una iluminación, y mues-


tra una serpiente que se engulle a si misma con su propia cola,
conformando una forma circular a través de su cuerpo. El uró-
boros es un concepto empleado por diversas culturas, simboli-
zando en ellas el eterno retorno, el tiempo y la continuidad de la
vida. Se usa como representación del renacimiento de las cosas
que nunca desaparecen, solo cambian eternamente.

Su uso más antiguo está registrado en el Antiguo Egipto, re-


montándose a los jeroglíficos de la pirámide de Unis en el 2300
a. C. Está relacionado con el mito solar griego de Sísifo y Helio,
el dios del sol que sale cada mañana y después se hunde en el
horizonte.

El anillo tiene mucha importancia en el esoterismo, y en la


“magia”; como tal es referido en los relatos ocultistas, sien-
do fundamental en ritos y rituales.

La tradición de los anillos nació incluso antes de que se cons-


truyeran los zigurats sumerios y las pirámides de Egipto. El ani-
llo como emblema mágico perduró a la civilización griega y al
Imperio Romano. Sobrevivió a la caída de los dioses falsos, y a
las persecuciones religiosas: Buda, Cristo y Mahoma.

El Papa, autoridad religiosa cristiana, porta un anillo que lo


hace representante y Vicario de Cristo, este anillo se llamado
el Anillo del Pescador, que es destruido a su muerte, y elaboran
otro nuevo para el siguiente Papa. Por consiguiente, el anillo es
de carácter personal exclusivo y no puede llevarlo otra persona.
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Anillo elaborado a partir de asta de ciervo con un signo en cuneiforme
sumerio “Libertad sabiduría”

Los faraones y reyes entregaban sus anillos a otros, para tras-


mitirles su poder, así encontramos referencias en el Tanaj y la
Biblia.

Génesis
41:42 “Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la
mano de José”

Ester
3:10 “Entonces el rey quitó el anillo de su mano, y lo dio a Amán,
hijo de Hamedata”

Lucas
15:22 “Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y

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vestidle; y poned un anillo en su mano”

Daniel
6:17 “Trajeron una piedra y la pusieron sobre la boca del foso; el
rey la selló con su anillo y con los anillos de sus nobles, para que
nada pudiera cambiarse de lo ordenado en cuanto a Daniel”.

Como se aprecia, el anillo es un signo de poder, y se confiaba


este objeto, a enviados especiales, en sus misiones a realizar en
tierras lejanas. La presencia de un anillo real significaba, que el
propio monarca estaba in situ en la ceremonia y, por tanto, las
órdenes dadas en su nombre debían ser obedecidas. Por otra
parte, las cartas del Estado eran marcados con el sello del ani-
llo privado del monarca. Si hablamos del mítico anillo mágico
del rey Salomón, que según el Talmud, dice que permitía al rey
sabio, el control de los elementos, y por cuyo poder invocó a As-
modeo, y edificó el Templo de Jehová, cuyo arquitecto fue Hiram
Abif, según narra la leyenda masónica.

El gesto de tocar el anillo de la mano del rey con los labios, era
señal de total entrega y fidelidad de parte del súbdito.

En los relatos de anillos mágicos, si el anillo con poderes, cae


en manos erróneas, se traduce en desastres al poseedor del
anillo y de los que le rodean.

Seguiríamos mencionando muchos otros aspectos más, desde


que los primeros hombres de las cavernas pintaron anillos en
sus cuevas, hasta hoy en que apreciamos, el anillo en las manos
de los masones. Para el masón, es un compromiso su posesión.
Una forma de expresarse dentro y fuera de la logia, un compro-
miso e identificación con la orden, y un compromiso expresado
en su comportamiento como masón ante el mundo.

Según la tradición iniciática masónica, El anillo pude causar un


efecto auto destructivo, si no eres un legítimo masón, y no eres
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digno de su posesión. El anillo masónico sim-
boliza la alianza entre todos los masones de la
tierra, tiene el poder real de unificar a todos
los miembros de la Masonería.

El anillo es uno de los objetos que nos re-


vela como masones ante el mundo profano, y
sirven para recordar nuestros juramentos, de-
beres, y honorabilidad, en nuestra conducta y
comportamiento, no sólo a través de un acto
de presencia, sino a través de una acción per-
sonal con el entorno que nos rodea.

Aunque en las liturgias masónicas no hace


acto de presencia, tácitamente lo aceptamos
como parte de los arreos masónicos. Para el
masón, el anillo representa una concentración
de fuerzas Cósmicas, intensificando la calidad
de la luz al reducir el área de la misma.

Por lo general se usa en el dedo anular, sim-


bolizando los conocimientos espirituales. El
anillo en las ceremonias masónicas representa
precisamente esa habilidad, a nivel espiritual.
Su uso, no garantiza la posesión automática de
esa facultad, tan pronto como uno se ponga el
anillo, pero es un signo evidente de que se es-
pera llegar a poseer esa habilidad y que se
trabaja para lograrlo.

El anillo es un signo de autoridad y jerar-


quía, tiene esta propiedad porque existen di-
ferentes anillos, dependiendo del grado del
masón. Por tanto, no sólo en nuestra Institución
la posesión del anillo, simboliza, interioriza y
exterioriza todas las propiedades que hemos
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descritos anteriormente, sino desde la existencia del Hombre
el anillo ha tenido un poder mayor del que podemos imaginar.

EN QUE DEDO DE PONE EL ANILLO.

Dependiendo del dedo en el que te pongas un anillo, estarás


transmitiendo un mensaje u otro. Dependiendo de la mano y
el dedo que elijas, tendrá un significado diferente. Esto puede
variar según las culturas y países, pero de manera general se
puede decir lo siguiente:

Llevar el anillo en el dedo meñique.

Suele ser una posición que eligen las personas sensibles.


Siendo diestro, significa que eres una persona con carácter y
un buen comunicador. Sueles conseguir lo que quieres y tienes
mucha capacidad de liderazgo. Si por el contrario el anillo lo
llevas en tu mano izquierda, quiere decir que tienes mucha pa-
ciencia y capacidad de escucha.

Llevar el anillo en el dedo anular.

Si te pones el anillo en el dedo anular de tu mano derecha,


significa que eres una persona perfeccionista y capaz de sacar
lo mejor de los demás y potenciar su creatividad. Si lo usas en
la mano izquierda, seguramente eres una persona creativa y
con mucho ingenio para afrontar desafíos y solucionar proble-
mas. En algunas culturas es el dedo donde se coloca el anillo de
compromiso.

Llevar el anillo en el dedo corazón

Si llevas un anillo en el dedo corazón de tu mano izquierda,


representa la capacidad de diferenciar entre el bien y el mal y
determinarlo. Si lo llevas en la derecha, es porque necesitas de
la ayuda de los demás, para tomar algunas decisiones.
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Llevar el anillo en el dedo
índice

Llevar un anillo en el dedo índi-


ce izquierdo implica que eres una
persona poderosa, con la autoesti-
ma alta, mucha fuerza de voluntad y
seguro de ti mismo, que te gusta que
te sigan y lidera al grupo. Si eliges
tu mano derecha demuestra que no
eres dominante.

Llevar el anillo en el dedo


pulgar

En China, los anillos destinados a


llevar en el dedo gordo solían ser de
materiales como el jade o el vidrio y
eran un símbolo de rango militar. Si
es este dedo el que eliges para lle-
var un anillo, es probable que seas
una persona para el que el amor y el
placer sean algo fundamental de tu
vida. Denota una personalidad apa-
sionada y entregada.

El dedo más popular para colocar


anillos es el cuarto dedo de la mano
izquierda, también conocido como
dedo anular (en inglés “the ring fin-
ger” o dedo de anillo).

El anillo masónico, junto al sello


que lleva, es símbolo de una pro-
mesa de compañerismo compartida
por todos los miembros de la frater-
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nidad masónica. Usar el anillo
sirve como medalla de autentifi-
cación de tu membresía y como
recordatorio de tu obligación.

Que símbolos tiene el


anillo masón.

Las herramientas más repre-


sentadas en los anillos masóni-
cos son la escuadra y el compás.
Estos son los principios de la
artesanía de los masones y se
muestran en el anillo para recor-
dar a los miembros el valor de
la tradición. El simbolismo de
las herramientas de los albañi-
les, sobre el fondo alegórico del
Templo del Rey Solomon, impli-
ca un sentido de moralidad den-
tro de la antigua artesanía de los
masones. En los siglos pasados,
los símbolos de los anillos simi-
lares a los masónicos eran usa-
dos para certificar documentos
al sellar sobres con un parche
de cera caliente y mojando el
rostro del anillo en la cera para
dejar la marca del símbolo.

El anillo masónico está hecho


para autenticar la membresía
del poseedor como masón y
certificar que es un miembro de
la fraternidad. Algunos anillos
identifican el grado que el ma-
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són tiene dentro de su logia, así como el rito que practica.

No todos integrantes lo usan de misma manera. Después que


el masón ha sido exaltado a maestro, el compás y la escuadra
deben estar en la posición correcta, para comunicar a los demás
miembro, que ya está capacitado para educar a los aprendices.

No hay manera oficial de usar un anillo masónico, pero se


usa como muestra de lealtad a sus principios, y la obligación
de hermandad y amistad universal que se extiende más allá de
los límites geográficos y culturales. Adicionalmente usar tu ani-
llo puede alertar a los masones extranjeros de tu promesa de
compañerismo. Esto abre la puerta a su ayuda y esfuerzo en tus
viajes de maneras inesperadas.

¿De qué material debe ser?

Algunos usan de oro o de plata, o una combinación de ambos,


eso depende de lo que puede pagar el dueño del mismo. Tam-
bién están aquellos anillos de acero inoxidable con algunas in-
crustaciones y con chapa de oro, pero esto no quiere decir que
debe ser solamente de estos materiales, pues los hay de otros
materiales, como el titanio por ejemplo.

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LOS ORIGINALES
Como se configuran los grados masónicos
Alberto Moreno Moreno

17
LOS ORIGINALES
Como se configuran los grados
masónicos
Alberto Moreno Moreno.

En esta entrada vamos a ver un tema fundamental para enten-


der cómo se configuran los grados masónicos: los Originales. El
elemento central en torno al cual se construye cada grado ma-
sónico suele ser un relato mítico o una leyenda donde se plas-
ma el contenido del grado. La mayor parte de las veces este
relato está extraído de la Biblia, o es readaptado a partir de la
misma. Los hermanos que gestaron los rituales en Gran Breta-
ña eran protestantes, o miembros de una Iglesia Anglicana que
cada vez se impregnaba más del protestantismo, lo que signi-
ficaba que desde niños estaban acostumbrados a leer la Biblia
y estaban mucho más familiarizados con el Antiguo Testamen-
to que lo que es habitual entre los católicos romanos. Por ello,
los temas elegidos para construir los grados masónicos no iban
a ser elegidos según el libre albedrío de sus redactores, sino
que iban a seguir los usos catequéticos de la Reforma inglesa.
Los catecismos protestantes empleaban como medio de estudio
una serie de ternas que resultarán familiares a cualquier masón,
y que en lengua inglesa se denominan Originales:

Adán, Caín y Abel 


Set, Lamech y Tubal 
Noé, Sem y Jafet 
Abraham, Isaac y Jacob 
Moisés, Oholiab y Besalel 
Salomón, Hiram Rey de Tiro e Hiram Abiff 
Josías, Hilcías y Safán 
Zorobabel, Ageo y Josué 
José, María y Jesús 
Pedro, Santiago y Juan 
Pilatos, Caifás y Cristo 

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Donde mejor se nota esta sucesión de los Originales es en el
Arco Real. El sistema del Arco Real estaba concebido original-
mente como un ritual autónomo de Masonería, una ceremonia
que debía representar todos los Originales, desde Adán hasta
Zorobabel. Pero por suerte o por desgracia, la historia del Arco
Real es en realidad la historia de cómo este extenso ritual ha ido
resumiéndose y abreviándose. El Arco Real originalmente re-
presentaba la totalidad de la Historia Sagrada desde el Original
de Adán, Caín y Abel, pasando por la leyenda de Enoc, hasta el
Original formado Zorobabel, Ageo y Josué. Pero en Irlanda, muy
probablemente por economía ritual, alguien tuvo una idea que
para cualquier conocedor del Antiguo Testamento resultaba ob-
via: ¿por qué comenzamos el ritual con Adán cuando podemos
abreviar comenzando por ese gran punto y aparte de la histo-
ria bíblica que es el Diluvio Universal? De este modo empezó a
desecharse la parte anterior al Diluvio y se comenzó a trabajar
a partir del Original de Noé, Sem y Jafet. Esto explica por qué en
la Masonería irlandesa y estadounidense no queda rastro de la
leyenda enoquita, mientras que la noaquita y el Arco Iris cobran
gran protagonismo. Hoy en día, en Irlanda y Estados Unidos, la
figura de Noé no solo forma parte del ritual del Arco Real, sino
que en los brindis por las Tres Grandes Logias Originales, los
norteamericanos los siguen haciendo por las Tres Arcas Origi-
nales. Por el contrario, en el Arco Real inglés se ignora la figura
de Noé, mientras sí se presta atención a la de Besalel.

Estos Originales pueden considerarse en propiedad como los


módulos de construcción del ritual masónico. Si vamos repasan-
do los Originales uno por uno nos encontramos con lo siguiente:

La terna formada por “Salomón, Hiram Rey de Tiro e Hiram


Abiff” es la que articula el grado de Maestro Masón, así como
otros grados que continúan dicha leyenda, como es el caso de 5º
Maestro Secreto o 6º Secretario Íntimo.

“Noé, Sem y Jafet” protagonizan el grado de Nautas del Arca


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Real e igualmente el grado 21º Patriarca Noaquita, del R.E.A.A.

“Josías, Hilcías y Safán” son la terna protagonista del Arco Real


irlandés. Es muy llamativo el Arco Real irlandés porque, mientras
que en todo el mundo se trabaja con Zorobabel, Ageo y Josué y
la reconstrucción del Segundo Templo, en Irlanda se trabaja con
Josías, Hilcías y Safán y la reparación del Primer Templo.

La Ceremonia de los Velos, que no se practica en España ni en


Inglaterra pero sí en Irlanda, Escocia y Estados Unidos, es una
síntesis dramatizada de los Originales que se extienden desde
el Tabernáculo del desierto (Moisés, Oholiab y Besalel) al Se-
gundo Templo (Zorobabel, Ageo y Josué); aunque si prestamos
atención a los rituales estadounidenses, apreciaremos que po-
siblemente se remontaban hasta el Original del Arca de Noé
(Noé, Sem y Jafet). Es muy curioso que, en los brindis precepti-
vos que se realizan por las Tres Grandes Logias Originales en
todo ágape del Arco Real, los norteamericanos brinden todavía
por las Tres Arcas Originales. 

La totalidad de Originales, desde Adán, Caín y Abel hasta Sa-


lomón, Hiram Rey de Tiro e Hiram Abiff, se van sucediendo en
el Arco Real escocés original, o grado 13º Real Arco de Enoc,
del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Seguramente este grado
constituya el rastro histórico más antiguo de lo que fue la cate-
dral simbólica más monumental de toda la Masonería.

Depués del Original formado por Salomón, Hiram Rey de Tiro


e Hiram Abiff, el más importante es sin duda el de Zorobabel,
Ageo y Josué. Esta terna es la que articula el Arco Real inglés,
el grado de Maestro Escocés, y los grados 15º Caballero de
Oriente y 16º Príncipe de Jerusalén, del Rito Escocés Antiguo
y Aceptado. La reconstrucción del Segundo Templo va a ser la
leyenda bíblica que se emplee en la Masonería para plasmar
ritualmente el descubrimiento del Sagrado Nombre y con ello
la culminación de la Masonería (con la excepción de Irlanda,
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donde se emplea el Original formado por Josías, Hicías y Safán).

Zorobabel, Ageo y Josué

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Detalle de “La Transfiguración”, de Rafael Sanzio. Pedro, Santiago y Juan
aparecen en el suelo.

Si nos fijamos hay tres Originales que provienen del Nuevo


Testamento:

José, María y Jesús


Pedro, Santiago y Juan
Pilatos, Caifás y Cristo

Es muy raro que aparezcan en el ritual masónico referencias


a la Sagrada Familia (tan solo alguna en el ritual de la Real Or-
den de Escocia), del mismo modo que no hay referencias a
Caifás y, rebuscando mucho, alguna mención a Pilatos. Sin em-
bargo, el Original formado por Pedro, Santiago y Juan sí tiene
un protagonismo muy marcado en nuestros usos masónicos
actuales, dado que es con estos personajes con quienes se crea
el Toque masónico, el cual procede del ritual de la Palabra de
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Masón practicado por masones calvinistas.

Hasta la aparición del calvinismo con John Knox a finales del


siglo XVI, los masones habían trabajado con un ritual de corte
católico romano primero, y católico anglicano después, deno-
minado “Rito de los Antiguos Deberes”. Pero con la aparición
del calvinismo los masones calvinistas consideraron que había
usos de los Antiguos Deberes que entraban en conflicto con las
prescripciones calvinistas (juramentos sobre la Biblia y no so-
bre el documento de Antiguos Deberes, rechazo de los gran-
des templos, prohibición de realizar representaciones gráficas,
etc.), por lo que se creó un nuevo ritual denominado la Palabra
de Masón, con toda probabilidad creado por masones presbi-
terianos de la Logia de Kilwinning, transmitiéndolo después a
otras logias como Perth o Canongate una vez que los segundos
Estatutos Schaw de 1599 le autorizaron a federar otras logias en
calidad de Segunda Logia de Escocia. El núcleo del Rito de la
Palabra de Masón consistía inicialmente en la transmisión de
un Toque y de dos palabras de reconocimiento, que son los de
las columnas Jakin y Boaz. El empleo de estos elementos como
modo de reconocimiento tiene su origen en Gálatas 2, 9, donde
se reconoce a Pablo la Gracia pese a no haber conocido perso-
nalmente a Jesús:

(…) y reconociendo la gracia que me había sido dada, San-


tiago, Pedro y Juan, que eran considerados como columnas, nos
dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo,
para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circunci-
sión.

Como decimos, este elemento ritual adquiere sentido tenien-


do en cuenta la Reforma de John Knox (1514 – 1572) y la implan-
tación del calvinismo en Escocia. La Iglesia Anglicana, pese a
su carácter filoprotestante, sí había contado con obispos en sus
filas en el momento de separarse de Roma, por lo que la trans-
misión de la gracia y el orden sacerdotal quedaba garantizada.
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Sin embargo los calvinistas se encontraban con el problema
de que no contaban con obispos; de hecho, no es que no hubie-
se habido ningún obispo católico escocés que se adhiriese a la
reforma de John Knox, sino que la propia estructura de la inci-
piente Iglesia de Escocia (denominada The Kirke) rechazaba la
estructura episcopal en aras de un gobierno de presbíteros ele-
gidos por la comunidad, el cual se estructuraría en presbiterios
y sínodos, y únicamente reconocía dos sacramentos: el Bautis-
mo y la Santa Cena. Por ellos los calvinistas tenían sumo interés
por demostrar que la gracia no precisaba de la continuidad del
Orden Sacerdotal, y el mejor ejemplo posible para demostrar
esto era Pablo de Tarso, apóstol a quien, pese a no haber visto y
escuchado personalmente a Jesús, la gracia le había sido dada.
Esto significaba que, al igual que Pablo no hubo de recibir la
gracia de manera directa, tampoco los reformadores (Lutero,
Calvino, Knox, etc.) necesitaban de la Iglesia Católica, que se
dice heredera de los Apóstoles. En lengua hebrea la mano de-
recha (yamin), significa la verdad (‘amin), y el hecho de dar la
mano derecha significaba que se manifestaba la verdad (y por
consiguiente, se estaba en comunión). 

Tal es, muy probablemente, el origen del Toque masónico,


gestado en el seno del Original formado por Pedro, Santiago y
Juan.

Tomado de:
https://masoneriaantigua.blogspot.com/2018/03/los-originales.ht-
ml?m=0

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HISTORIA DEL GRADO 33 MASONICO
Vicente Alcoseri
25
HISTORIA DEL GRADO 33 MASONICO
Vicente Alcoseri
El Muy Poderoso Gran Co-
mendador en Jefe, Soberano
de los Soberanos y Príncipe
del Real Secreto, nuestro Ilus-
tre y Poderoso Hermano Fe-
derico II Rey de Prusia, fundó
esta Orden de acuerdo con
Luis de Borbón, Príncipe Real
de Francia y otros más perso-
najes ilustres que habían ya
sido investidos con los Gra-
dos de Caballeros Kadosch y
Príncipes del Real Secreto.

El Grado de Kadosch y 32
del Rito Escocés, luego del
sublime grado de Maestro
Masón 3er grado son de
los más importantes e
imponentes del Rito Escocés
Antiguo y Aceptado, porque
encontramos en ellos de un
modo solemne, la terrible
obligación de extirpar una
Orden, que ya en siglos
anteriores perpetró ciertos
crímenes que, por su carácter
y enormidad debieron
entonces como hoy, colocar
fuera aún de lo común
protección de las leyes civiles.

Es preciso sin embargo, ser


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muy cautos en la admisión de nuevos miembros en este grado
porque no faltarían algunos que quisieran dar una interpreta-
ción demasiado literal a la obligación a que aludimos y contra-
viniesen el espíritu y objeto que se propuso su fundador.

Augusta Majestad el Rey de Prusia, Federico II, en fecha 1ro. de


Mayo de 1786, y de conformidad con lo prevenido en el párrafo
8 del art. 5 de dichas constituciones y estatutos, quedó resuelto
crear, fundar e instalar regularmente un Supremo Consejo de
Soberanos Grandes Inspectores Generales, del Gr.’. 33 del Rito
Antiguo Escocés Aceptado.

Las crueldades, insultos e injurias que sufrieron los Caballeros


Templarios, en cuyos agravios tomaron parte los Caballeros de
la Orden de San Juan de Jerusalén o Caballeros de Malta, se ha-
llan enumerados con sus colores verdaderos en el grado 30 de
Caballeros Kadosch, sucesores de los Templarios y también de
los Caballeros de Malta.

Los Caballeros Templarios, hoy llamados Caballeros Masones


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Kadosch, pertenecían a una Orden Masónica creada en el Ponti-
ficado del Papa Gelasio, hacia el año de 1117 de Nuestra Era, los
cuales eran conocidos por aquel nombre por haber ocupado
una parte del Templo dedicado a Jehová en Tierra Santa, no le-
jos del sepulcro dónde Cristo resucitó de entre los muertos. Era
costumbre entre ellos, acoger fraternalmente a los extranjeros y
peregrinos que pasaban a visitar los monumentos cristianos en
Palestina y protegerlos en los viajes del furor y asechanzas de
los judíos y musulmanes de aquella época.

Rápido fue el incremento de los miembros de esa Podero-


sa Orden Templaría, aumentaron sus riquezas y conocimientos
secretos que arrancaron de los judíos y musulmanes de esa re-
gión, llevando preciso registro de estos extraños conocimientos,
habiendo bastado unos años para extender el influjo y darse a
conocer en toda Europa. Muchos de sus jefes residían a lo largo
del mar Mediterráneo en donde contaban con monasterios y
castillos, en enclaves con un poder telúrico.

Felipe el Hermoso, Rey de Francia, no sólo llego a mirar con


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envidia y recelo el increíble poder de los Templarios, sino que
poco tiempo después fue uno de sus peores enemigos al abra-
zar aquellos Caballeros la causa del Papa Bonifacio V, en las
desavenencias de éste con Felipe el Hermoso.

Este Rey de Francia no tardó en dar una prueba de su odio y el


18 de octubre de 1307, se apoderó de cuanto pudo encontrar en
sus dominios, luego hizo perecer a una parte de los Templarios
en el suplicio. El Papa Clemente V cinco años más tarde en 1312,
decretó la supresión de la Orden.

A instancias de este malvado Pontífice y del nefasto Rey de


Francia, los Reyes de Toda Europa bajo presión del Papado
arrojaron a prisión a la mayoría de los Caballeros del Temple
y tomaron posesión de sus enclaves. El primero de octubre de
ese mismo año, el Concilio de Viena promulgó la extinción de la
Orden y la incautación de sus bienes. Muchos templarios sobre-
vivieron con el título de Caballeros Kadosch, no sólo adoptando
29
este título, sino también el traje de la Orden y eludir así cual-
quier atentado por parte de sus enemigos. Fue este el motivo
de no continuar usando la túnica negra con la cruz roja de la
Orden y sustituir a una de otro distintivo: Una cinta ancha, pues-
ta del hombro izquierdo a costado derecho, de la cual pendía
una águila negra bicéfala con las alas abiertas y con una espada
entre sus garras, siendo este el símbolo de un Nuevo Orden Im-
perial, cuyas cabezas representarían: que el Caballero Kadosch
viviría dominado el mundo material y el espiritual.

Bajo la divisa (Dios y mi Derecho); ¨Deus meumque jus¨,


significa que el hombre debe disfrutar de TODOS sus Derechos,
como ser humano que es, a plenitud, sin restricción alguna.

En el año de 1767 se dieron en Paris los pasos conducentes


con el objeto de probar que los Masones conocidos como Ca-
balleros Kadosch, eran realmente Caballeros Templarios. Cosa
que fue probada su identidad y que atrajo de nuevo el odio del
Clero hacia la Orden Masónica. A consecuencia de esto se de-
terminó en las grandes Convenciones de Paris y Berlín, que para
el futuro los Templarios llevasen el título de Caballeros Kadosch
Águila Negra y Blanca, para así prevenir un ataque de parte del
Clero, que en aquel momento aún era poderoso. Y por ellos has-
ta hoy se sigue con la costumbre de mantenernos en Secreto
puesto que la Libertad siempre tendrá poderosos enemigos

30
Hablemos de Astrología
Mario Lopez

31
Hablemos de Astrología
Mario Lopez

En casi todas las religiones antiguas existía la cosmogonía,


que intentaba explicar el origen del universo, ligando este a los
elementos mitológicos. La historia de la astronomía es tan anti-
gua como la historia del ser humano. Antiguamente se ocupaba,
únicamente, de la observación y predicciones de los movimien-
tos de los objetos visibles a simple vista, quedando separada
durante mucho tiempo de la Física. Del interés del  hombre en
el cielo san cuenta varios descubrimientos sobre el tema, así
en Sajonia-Anhalt, Alemania, se encuentra el famoso Disco ce-
leste de Nebra 1 , que es la representación más antigua conocida de
la bóveda celeste. El centro megalítico de Stonehenge, 2800 a. C.: se
supone que se realizó sobre conocimientos astronómicos muy
precisos pues un menhir que supera los 6 m de altura indica, a
quien mira desde el centro, la dirección exacta de la salida del
Sol en el solsticio de verano.

32
Quizá fueron los astrónomos chinos quienes dividieron, por
primera vez, el cielo en constelaciones. En Europa, las doce
constelaciones que marcan el movimiento anual del Sol fueron
denominadas constelaciones zodiacales. Los antiguos grie-
gos hicieron importantes contribuciones a la astronomía, entre
ellas, la definición de magnitud. La astronomía precolombina
poseía calendarios muy exactos y parece ser que las pirámides
de Egipto fueron construidas sobre patrones astronómicos muy
precisos.

Aunque no se pueda afirmar categóricamente es posible que


los claros cielos de Mesopotamia invitaran a los pueblos de la
región a iniciar la observación celeste dando así lugar a la más
antigua de las ciencias: la Astronomía mezclada con la Astro-
logía. Guste o no guste, la primera deriva de la segunda. Sin
Astrología no habría existido Astronomía, por muchas ampollas
que levante a los actuales astrónomos.  

Los sumerios 2; primera civilización mesopotámica, sabían distinguir


entre planetas –objetos móviles– y estrellas. Pero fueron los babilonios
quienes más desarrollaron este campo, siendo capaces de prever
fenómenos astronómicos con antelación. Este conocimiento de la
astronomía les llevó a adoptar un preciso calendario lunar, que incluía un
mes suplementario que lo ajustaba al solar.

  La Astrología nos ha donado el Zodiaco y sus signos. Independientemente


de que usted crea o no en la posibilidad de adivinar el futuro leyendo
las estrellas, si le recomiendo que siga leyendo y observe algunas
casualidades, si así quiere llamarlas, que la Astrología y el Zodiaco tienen
con respeto al hombre.

Para ir por partes debemos saber que Hiparco divide el Zo-


diaco en 12 casa iguales de 30 grados cada una (30×12= 360
grados), y da a cada una de ellas el nombre de la constelación
más cercana; los nombres de las constelaciones fueron dados
por los antiguos de acuerdo a la forma de cada una de ellas y
33
que les recordaba a un determinado animal o figura. Nacen de
esta manera los signos del Zodiaco, cada mes recibió un signo.

El Zodiaco comienza con el signo de Aries ya que, cuando


se creó el mismo, esa constelación era la que estaba en primer
lugar. Hoy día ya no es así, debido al fenómeno de la precesión,
que es la anticipación de los equinoccios en cada año sideral
sucesivo debido al lento movimiento retrógrado de los puntos
equinocciales a lo largo de la eclíptica. Y ahora quiero que us-
ted siga los datos con calma y los memorice aunque sea a corto
plazo. La precesión demora 72 años para cada grado y, conside-
rando 30 grados por cada signo tenemos como resultado que
34
cada casa le lleva unos 2190 años cambiar de posición. El punto
de intersección del plano del ecuador terrestre con el plano de
la Eclíptica da una vuelta completa cada 25.920 años, cuando
la constelación de Aries coincidirá con el signo de Aries. Este
periodo de tiempo es conocido como año sideral y los griegos
lo designaron como un Día de Platón.

Pues bien, se ha establecido que la cantidad de pulsaciones


por minuto que tiene un hombre normal es de 72, que coincide
con la precesión y que las respiraciones normales son de 18
por minutos, lo que al cabo de 24 horas nos da un total de unas
25.920 y, o casualidad, 25.920 es la vuelta completa del plano de
la Eclíptica, es decir, cuando un signo vuelve a estar en el mis-
mo punto de nuevo. Recordemos a Hermes Trimegisto:

Lo que está encima es igual a lo que está abajo


El macrocosmos (Universo) es igual al microcosmos (hom-
bre). Una única estructura cósmica.

Regresando a la precesión equinoccial, tenemos que una Era


dura 2.190 años. Cuando un hombre antiguo descubrió el cir-
culo zodiacal, estaba en la Era de Aries; después el Sol entra
en la constelación de Piscis poco antes del nacimiento de Jesús
(recordemos la multiplicación de los peces y que los católicos,
en las catacumbas, adoptan el pez como identificación), y hoy
estamos en la Era de Acuario.

Pero el Zodiaco sigue a ser algo no científico porque como


dice Omar Cartes en su Manual para el aprendiz masón: “Zodia-
co mezcló un carácter científico y religioso e, incluso, supers-
ticioso de los pueblos. Fue abrazado por todos los pueblos de
la antigüedad, se prolongó durante la Edad Media y continúa
hoy en todos los niveles sociales. En su uso como horóscopo ha
superado todo tipo de críticas científicas como, por citar solo
algunas: ¿puede ser creíble el Zodiaco cuando hoy se sabe que
las casas son 24 y no 12?, ¿por qué dos gemelos tienen diferen-
35
cias de carácter y desarrollo en su vida?, ¿Por qué solo se usan
los astros conocidos en la antigüedad y no todos los que cono-
cemos hoy en día?, etc.”

Pero a pesar de todo ello, la Masonería sigue a dar importan-


cia a la Astrología, El techo de las Logias Masónicas representa
la bóveda celeste sembrada de estrellas y nubes, en la cual se
mueven el Sol, la Luna y otros astros o constelaciones en un total
de 35; pero uno de ellos, Marte, esta fuera del Templo. El motivo
se debe a que Marte es el Dios de la Guerra y los enfrentamien-
tos, algo contra lo que los masones luchan permanentemente
pues la Fraternidad es una divisa para nosotros.

  También el Zodiaco nos invita a estudiar historia, geografía, religiones


y astronomía como elementos importantes de nuestro perfeccionamiento.
Recordemos a Maimonides, filósofo, teólogo y médico judío, na-
cido en Córdoba (España) en 1138 dc, que es considerado el
Platón de los judíos, cuando en su libro “Guía para los perplejos
y extraviados” dice:

“Estudie Astronomía y Física si desea comprender la relación


entre el mundo y el modo como es regido por Dios.”

NOTAS:

1. El disco celeste de Nebra es, hasta el presente, la representación más an-


tigua que se conoce de la bóveda celeste y de los fenómenos astronómicos.
Se trata de un hallazgo arqueológico descubierto en el año 1999 en el monte
Mittelberg, cerca de Nebra (estado federado de Sajonia-Anhalt, Alemania). Es
una placa de bronce, casi redonda, que pesa cerca de 2 kg y tiene aproxima-
damente un diámetro de 32 cm. Pertenece a una cultura de hace 3600 años,
cuyos conocimientos eran autóctonos. Los expertos dicen que representa el
firmamento, con representaciones de elementos abstractos.
2. Los sumerios fueron la primera civilización mesopotámica. Después del año
3000 a. C. los sumerios crearon en la baja Mesopotamia un conjunto de ciu-
dades-Estado: Uruk, Lagaš, Kiš, Uma, Ur, Eridu y Ea cuyo medio económico
se basaba en el regadío. En ellas había un rey absoluto, que se hacía lla-
mar «vicario» del dios protector de la ciudad. Fueron los primeros en escribir
(escritura cuneiforme), también construyeron grandes templos.
36
La prosperidad de los sumerios atrajo a diversos pueblos nómadas. Desde
la península arábiga, las tribus semitas (árabes, hebreos y sirios) invadieron
constantemente la región mesopotámica a partir del 2.500 a.C., hasta que es-
tablecieron su dominio definitivo.
Hacia 3000 a. C. se extendieron hacia el norte, fundando diferentes grupos
como los amorreos, en los que se incluyen fenicios, israelitas y arameos. En
Mesopotamia el pueblo semita que adquirió mayor relevancia fueron los aca-
dios.
Según una tablilla conmemorativa fue Utu-hegal, rey de Uruk, quien en torno
a 2100 a. C. derrotó y expulsó a los gobernantes gutis de las tierras sumerias
devolviendo el control a los sumerios.
La historia nos dice que posteriormente los Babilonios, lo Asirios y finalmente
en el año 539 a.C., el rey persa Ciro, el nuevo rey de Asia, ocupó Babilonia y
estableció su poder en toda Mesopotamia.

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38
San Beda, Padre de los Venerables Maestros
Eduardo R. Callaey
39
San Beda, Padre de los
Venerables Maestros
Eduardo R. Callaey

Introducción al estudio de San Beda y su obra De


Templo Salomonis Liber.

La publicación de ésta nueva entrada sobre San Beda y su Libro


acerca del Templo de Salomón responde a varias razones que
creo prudente exponer. La primera de ellas es que los estudios
que he realizado sobre este monje inglés, Santo y Doctor de la
Iglesia, Padre de la Historia de Inglaterra, se encuentra dispersa
en tres obras, publicadas en 2001, 2005 y 2010. Esta circunstan-
cia hace que salvo aquellos que han tenido acceso a “Monjes
y Canteros”, “Los orígenes cristianos de la Francmasonería” y
“De Templo Salomonis Liber y otros textos masónicos medieva-
les” sólo tengan una información sesgada. Recientemente volví
a exponer aspectos de este libro en el Ateneo Piedra Clave, un
ámbito masónico propiciado por la Logia Patron Saints 746 de
Maestros Masones de la Marca en la que se dan cita HH.·. pro-
venientes de distintos Ritos. He visto nuevamente la necesidad
de rescatar aspectos fundamentales de esta figura, mencionada
por el autor del manuscrito Cook entre sus fuentes, y principal-
mente la imperiosa urgencia de que muchos masones accedan
al texto original, al menos aquellos capítulos fundamentales que
hemos traducido con el H.·. Jorge Sanguinetti. Pues bien, este
ensayo queda a disposición de todos los lectores de Temas de
Masonería y en particular para los masones cristianos de habla
hispana. Para aquellos que quieran obviar las cuestiones bio-
gráficas y mis comentarios pueden ir directamente a lo escrito
en azul, que es el texto del propio San Beda. Espero vuestros
comentarios.

Notas Preliminares

Luego de muchos años de estudio sobre documentos antiguos


40
y medievales vinculados con el arte de la construcción tengo
la íntima convicción de que todos los actuales ritos masónicos
practicados en el mundo –muchos de los cuales a decir verdad
ya no debieran denominarse masónicos- surgieron de una ma-
triz cristiana en la que se gestó el simbolismo que ha dado su
característica a esta sociedad iniciática. Esa matriz fue el mo-
nasticismo.

Ha pasado un tiempo prudente desde la publicación de las


dos obras que dediqué a los orígenes de la masonería medie-
val: Monjes y Canteros en el 2001 y Ordo Laicorum ab Mona-
corum Ordine en 2004, que luego sería editada en una versión
ampliada con el título más amigable de La masonería y sus orí-
genes cristianos. En ambos ensayos advertí al lector de que se
trataba de libros especialmente dirigidos a los estudiosos de la
francmasonería. No tenían el objeto de explicar qué era la ma-
sonería sino de describir la herencia monástica que aun estaba
viva en los rituales masónicos, cubierta de varias capas de pre-
tendido racionalismo, enciclopedismo ilustrado, modernidad,
posmodernidad y decadencias varias. Capas superpuestas una
tras otra como los estratos arqueológicos que conforman los
tells en el Oriente Medio, montañas gigantescas de escombros
acumulados por el tiempo, debajo de las cuales se han encon-
trado ciudades maravillosas.

Debo confesar que mi búsqueda de la ciudad maravillosa tuvo


relativo éxito; al menos puso en un brete a muchos masones que
estaban convencidos de que la herencia medieval de la Orden
era apenas un detalle histórico, pero que la verdadera maso-
nería era hija del Siglo de las Luces y madre del progreso de
la humanidad concebido como el numen del relativismo y el
racionalismo científicos. Pues bien, quien se haya tomado el tra-
bajo de consultar las numerosas fuentes monásticas citadas en
mis trabajos ya sabe que el simbolismo masónico encierra algo
más que la supervivencia de algunas herramientas de los al-
bañiles medievales. El conjunto de alegorías que componen el
41
lenguaje masónico encuentran su partida de nacimiento en las
múltiples expresiones del monasticismo benedictino.

Hay un dicho que reza que no todos los arqueólogos tienen


la fortuna de encontrar la tumba de un rey. Salvando las dis-
tancias podría decir que cuando traduje los primeros capítulos
del libro de San Beda Acerca del Templo de Salomón,[1] escrito
en el siglo VIII, sentí algo parecido a lo que un arqueólogo ante
una tumba real, pues a partir de allí, con la ayuda de hermanos
y estudiosos, se fue deshilvanando una vasta madeja de autores
y textos que no dejan lugar a muchas dudas en torno al fuerte
componente monástico cristiano de las alegoría masónicas
primitivas. Como era de esperar, al principio fui ignorado por la
mayoría de los masones racionalistas, pero ningún racionalista
puede –por definición propia- descartar una tesis sin oponerle
otra. Al momento de publicar este ensayo nadie ha podido negar
la existencia de las obras escritas por los monjes benedictinos
acerca del arte de la construcción. Forman parte de la Patrología
Latina de Migne y pueden ser consultadas en las grandes bi-
bliotecas de todas las ciudades del mundo. Demuestran que la
masonería cristiana articulada en el siglo XVIII, abroquelada en
los denominados Rito Francés y Régimen Escocés Rectificado,
es la heredera legítima de la antigua masonería medieval. Se
puede matar al mensajero, pero eso no cambia ni inhibe la na-
turaleza del mensaje.

En estos años he recibido numerosas y valiosas críticas. Tam-


bién he recibido la repulsa de muchos masones racionalistas y
de la propia Gran Logia de la Argentina, potencia masónica en
la que fui iniciado hace veinte años. La existencia de un origen
monástico en la protomasonería medieval es una herida abierta
en el corazón de muchos hermanos que hubiesen preferido que
estos documentos permaneciesen desconocidos para siempre.
También en estos años pude comprobar que otros habían en-
contrado la huella antes que yo, pero que por diversas razones
no pudieron, o no quisieron, completar la tarea.
42
Por citar dos casos mencionaré en primer lugar a Marcial Ruiz
Torres, quien siendo Gran Secretario de la GLA publicó en la
década de 1960 un libro de instrucción para maestros en el que
menciona a Wilhelm de Hirsau y a las logias benedictinas esta-
blecidas por él en Alemania en el siglo XI. La importancia de las
constituciones monásticas denominadas Hirsaugienses ya ha
sido ampliamente expuesta y forman parte de la vasta reforma
iniciada desde la mítica abadía de Cluny[2]. Entre otras muchas
cuestiones podemos hallar en ellas el origen de algunos sig-
nos y señas masónicas y la utilización del mandil no sólo como
indumentaria del oficio sino como significado de la dignidad
del constructor. El abad Wilhelm es uno de los eslabones fun-
damentales en la larga cadena de monjes que construyeron la
estructura de las logias abaciales. Por esa razón hemos incluido
-como complemento de los documentos traducidos- un ensayo
ampliado sobre los alcances de estas Constituciones, toman-
do como base el ya publicado en La Masonería y sus Orígenes
Cristianos.

En segundo lugar cabe señalar que en la década de 1990


un grupo de hermanos israelíes fue encomendado a buscar
y encontrar los verdaderos orígenes europeos de la franc-
masonería. El informe cuya copia obra en mi poder dice cla-
ramente que las investigaciones se detuvieron en el mis-
mo momento en que llegaron a las puertas de la abadía de
Cluny. Estos hermanos consideraron que seguir avanzan-
do en la investigación implicaba la inevitable ruptura del
mito masónico en el que estaba anclada su propia tradición.

Si estos hermanos judíos hubiesen llegado hasta el tuétano


se habrían encontrado con que muchos de estos benedictinos,
con San Beda a la cabeza, no sólo habían recibido una fuerte
influencia judía sino que así lo manifestaban, como es el caso
de Rabano Mauro, abad de Fulda y Arzobispo de Maguncia, que
ya en el siglo IX reconoce la ayuda de maestros judíos. Pero
temían –como teme la francmasonería liberal y la andersoniana
43
respecto de los documentos benedictinos- arribar a la conclu-
sión que magistralmente resume Paul Naudon cuando afirma
que “En el rito iniciático de los Masones, Hiram, proyección y
adaptación de la tradición, es el paredro de Cristo. Es lo que la
propia Iglesia ha afirmado durante ocho siglos con Beda y Wa-
lafrid Strabon en los comentarios a la Biblia. Se ve a Hiram y a
Adoniram confundidos en un único personaje, imagen y figura
de Cristo. Hic est Christus, está textualmente escrito de Adoni-
ram…”[3]

Al respecto, Jorge Sanguinetti concluye que “La importancia


capital del De Templo Salomonis, libro de Beda el Venerable, no
puede descuidarse lo más mínimo, porque cuando Beda se pro-
puso centrar en el Templo de Salomón la espiritualidad de los
maestros constructores de catedrales y palacios, y al describir
los aspectos simbólicos de las partes de ese Templo, no hizo otra
cosa, ni nada menos, que crear el método de desarrollo perso-
nal que la Masonería ha asumido como método característico
y gradual de perfeccionamiento de la personalidad humana..
Cierto es que Beda tenía alto conocimiento del método simbó-
lico de los Padres de la Iglesia y de las prácticas de la Cábala,
pero es él quien le imprime el estilo propio de interpretar los
símbolos y convertirlos en modelos emblemáticos de conducta
y vida espiritual.”[4]

San Beda y sus sucesores, Alcuino de York, Rabano Mauro y


Walafrid Strabón, consolidaron la construcción figural sobre la
que el movimiento monástico surgido en la abadía de Cluny
redactaría las Constituciones que reglamentan a las Ordenes
monásticas de Constructores Laicos, cuyo ejemplo más notorio
son las denominadas Hirsaugienses, tratadas in extenso en la
Tercera Parte de este ensayo.[5]

Posteriormente, el espíritu del Cister –la otra gran reforma del


movimiento monástico benedictino cuya figura prominente fue
San Bernardo de Claraval- se introduciría en la Militia Christi al
44
proveer de una Regla a la Orden del Temple cuya influencia en
la francmasonería hoy ya no se discute.[6]

Si bien la herencia monástica puede incluirse en lo que el Ré-


gimen Escocés Rectificado denomina La tradición cristiana in-
divisible, nutrida por las enseñanzas de los Padres de la Iglesia,
esta dimensión de la espiritualidad cristiana puede redescu-
brirse como un aporte específico, puesto que el monasticismo
no constituye un esoterismo ni una teología aunque no por ello
deje de ser compatible con ambos.

Mucho tiempo antes de descubrir que estas aportaciones del


monacato medieval encajaban armónicamente con la doctrina
trinitaria del Rectificado, me había cautivado la visión cosmo-
teándrica planteada por Raimón Panikkar en El Espíritu de la
Política. Es en Panikkar donde encontré la respuesta a muchos
de los interrogantes más complejos de la espiritualidad en el
mundo moderno, desde su visión escatológica de la política (sin
polis no hay Salvación) hasta su discurso sobre La Experien-
cia de Dios recogido de las conferencias que dictara en el mo-
nasterio benedictino de Silos. Tal vez haya que reconocer que
su visión de la experiencia monástica sea uno de los grandes
aportes a la espiritualidad renovada del siglo XIX.[7]

Panikkar está hoy más vigente que nunca y su figura es


destacada por muchos masones cristianos, como tuve opor-
tunidad de comprobarlo recientemente en Barcelona. Tam-
bién es un faro para toda una generación de monjes del siglo
XXI, que ya no llegan a la tonsura como resultado de una de-
cisión de sus padres que otrora los entregaran como oblatos,
sino como consecuencia de una creciente búsqueda interior
que es capaz de abrazar la tradición cristiana más pura y lú-
cida sin, por ello, desconocer otras tradiciones espirituales
cuyo mensaje es válido para cualquier verdadero creyente.

Una aportación de la vida monástica, de la atmósfera espiritual


45
del cristianismo medieval y una visión expandida de la impor-
tancia de la oración traerían a la masonería un renovado espí-
ritu a su alicaída condición de Escuela Iniciática. En los siglos
de las grandes reformas monásticas, someterse a las rigurosas
reglas de lo cenobios benedictinos era un acto de heroísmo sin
parangón. En un mundo donde la libertad era un bien escaso y
la autoridad se ejercía sin complejos, abandonar ambas condi-
ciones –la de ser libre y la de ejercer la autoridad- significaba
un sacrificio que, de facto, acercaba al individuo a la santidad.

Ser masón, tal como lo concebimos los masones cristianos,


debiera representar un compromiso mucho mayor del que ac-
tualmente se pretende del iniciado. La descristianización de la
masonería ha abierto sus puertas al hombre light, de Enrique
Rojas, el hombre líquido de Zygmunt Baumann. Su compromiso
político no es con el hombre inspirado en Dios sino con el hom-
bre carente de Dios. Se asumió relativista, reafirmando su vene-
ración a la razón, olvidando que, como señala Panikkar un es-
tado secular sólo puede conformar a una sociedad para la cual
la secularizad se ha convertido en una nueva religión. Coincido
con él en que esto no puede permitirse. Tiene que ser resistido,
pues ya lo ha dicho Oscar Wilde, se puede admitir la fuerza bru-
ta, pero la razón bruta es insoportable.

No se trata de que el masón busque la santidad, pues para ello


están las religiones y la vida piadosa. Pero sí una visión sagrada
de la condición humana, un acto volitivo de superación espiri-
tual, una postura intrépida (sin trepidación, sin temor) frente al
devenir de la vida y un anhelo de restauración del estado pri-
mordial del hombre antes de la Caída. En otras palabras, volver
a comprender que el hombre puede recuperar aquello que los
escolásticos denominaban el intellectus fidei, el discernimiento
de la fe.

La masonería cristiana debe hacer el profundo esfuerzo de re-


cuperar el espíritu de los monjes que construyeron Europa. No
46
necesita más que emprender el trabajo de traducir y publicar
a los santos padres abades que levantaron las monumentales
abadías e iglesias románicas. A los que vieron en los construc-
tores de sus monasterios a los obreros de Salomón y de Hiram.
A los que encontraron la alegoría de cuadrar la piedra bruta
como significado del trabajo de reconstrucción del espíritu hu-
mano. A quienes trazaron los planos del Templo como dimen-
sión cósmica del hombre. A los que modelaron el trivium y el
cuadrivium como esquema básico de la educación universal. A
los que organizaron el trabajo y dieron a los artesanos el marco
logístico adecuado para erigir tamaños monumentos de piedra.
A los que organizaron nuestro mundo tal como es concebido
desde Occidente, desde el Sacro Imperio hasta las modernas
democracias. Pues, desde un punto hasta el otro del arco de
nuestra historia, tal como la definiría Panikkar, se trata de la mis-
ma especie cultural.

La nueva “Tierra de Promisión”

Hemos mencionado, desde el inicio de nuestro trabajo, la fi-


gura de San Beda, a cuya obra consideramos la piedra angu-
lar sobre la que construirían los futuros estrategas del llamado
Renacimiento Carolingio. Fue el gran impulsor de la tradición
hebrea en Inglaterra y el norte de Europa, merced a la influen-
cia que ejerció en Alcuino de York (York, 735 - San Martín de
Tours, 804), constituido en la máxima autoridad de las escue-
las del Imperio en tiempos de Carlomagno. Su importancia en
nuestro trabajo se basa en que escribió un trabajo fundamental
sobre el famoso Templo de Jerusalén titulado De Templo Salo-
monis Liber, obra que se convertiría en una referencia obligada
para las posteriores exégesis sobre el “Libro de los Reyes” y el
“Libro de las Crónicas” (conocido antiguamente como “Parali-
pomenos”) llevadas a cabo por Rabano Mauro (Maguncia, 776
- Vinicellum, 856) y Walafrid Strabón (Suabia, 808 - 849). Por otra
parte, Beda aparece mencionado como fuente en el “M. Cooke”,
junto a otros autores benedictinos.
47
San Beda, a quien apodaron “El Venerable”, nació en Northum-
bria entre 672 y 673 y se crió entre monjes. Hijo de una familia
originaria de la región, fue entregado por sus padres al abad
del monasterio de Wearmouth a la edad de siete años, la misma
en la que los hijos de los guerreros sajones eran dados a sus
maestros de armas.

Como bien señala Newman, Beda es considerado el primer


eclesiástico inglés en cuyos trabajos se encuentran unas pocas
y aisladas alusiones al hebreo. Menciona al respecto los trabajos
de Hody (De Bibliorum Textibus), Steinschneider (Roger Bacon,
Opus Minus), y Soury (Des Ëtudes hébraiques et exégetiques au
Moyen Age chez les chrétiens d’Occident) y dice: Hody, quien
en 1795 publicó en Oxford un trabajo titulado “De Bibliorum
Textibus”, donde revisaba la lista de teólogos ingleses que en su
48
opinión tenían conocimiento del hebreo antes de Roger Bacon,
cita algunos pasajes para probar que Beda era “un hebraísta de
primer orden”. Este testimonio ha sido discutido por Steinsch-
neider y otros, quienes afirman que la “Expositio Nominum”, en-
contrada entre los trabajos de Beda, prueba en tan poca medida
como cualquier otro diccionario de nombres un conocimiento
directo del hebreo. Soury señala: “Beda también parece haber
aprendido de algún judío los primeros elementos de la lengua
hebrea; conocía al menos la forma de las letras”. Pese a que
sus conocimientos del hebreo han sido materia de debate entre
eruditos e historiadores, no hay acuerdo acerca de si el mismo
se limitaba al conocimiento de las letras o si, en verdad, domi-
naba la gramática. En su obra “De Temporum Ratione”, Beda
afirma que basa su cronología en la “verdad hebrea” y, aunque
no existe certeza de que tuviera la guía de algún erudito he-
breo contemporáneo, Newman lo considera muy probable[8].

Luego de permanecer algunos años en Wearmouth, se trasla-


da al monasterio de San Pablo en Jarrow, donde sería ordenado
diácono en 692 y monje en 703. Ambas abadías eran conside-
radas hermanas y habían sido fundadas en 674 por un noble de
sangre real. Construidas en piedra “al estilo romano”, asoma-
ban hacia el mar y dominaban los estuarios del Tyle y el Wear.
Beda transcurrió toda su vida en la abadía de Jarrow -salvo por
un par de viajes que realizaría a Lindisfarne y a York- íntegra-
mente dedicado, según sus propias palabras, a aprender y a en-
señar. Solía decir:

Entre la observancia de la disciplina canónica y el cuidado


cotidiano de cantar dentro de la Iglesia, siempre he tenido el
agrado de aprender, o bien enseñar, o bien escribir...

Su obra más renombrada, “Historia ecclesiastica gentis an-


glorum” -escrita en 731, cuando ya era un anciano-, describe el
difícil proceso de conversión al cristianismo en Inglaterra.

49
En efecto, a diferencia de Irlanda -cuya unidad de lengua y de
leyes había facilitado su integración como nación cristiana- la
Britania sajona era un conjunto de reinos en constante conquis-
ta de los pueblos establecidos más allá del “Muro de Adriano”,
grupos de colonos -como los denomina Peter Brown- a los que
Beda definirá, por primera vez, como “gensAnglorum”.

Apenas separado por cien años de los hechos que describe,


Beda logra trasmitir la particular atmósfera de la Northumbria
sajona que abraza la fe cristiana. El momento de la conversión
de Edwin -imaginada por Beda- en el que el monarca pone a
debate de su consejo de pares la grave decisión, descripta en el
segundo capítulo de su “Historia ecclesiástica”, constituye una
de las más conmovedoras páginas de la literatura medieval. Hay
un fragmento que quisiera reproducir, porque expresa, como
un fresco, la atmósfera del momento. En uno de los pasajes, un
noble toma la palabra y expresa:

50
...Cuando pienso, ¡oh, rey!, en el curso de nuestra vida terrena,
y la comparo con aquellas épocas de las que nada sabemos,
se me ocurre una imagen: una noche de invierno estás sentado
¡Oh, rey!, cenando junto con tus capitanes y tus ministros. Hay
fuego encendido, la habitación está caldeada; afuera se agitan
los torbellinos de la nieve. De pronto entra volando un gorrión
extraviado, atraviesa la sala y vuelve a internarse en la noche.
Mientras se encuentra en la habitación está a salvo del hielo
invernal, pero ese instante pasa pronto y de nuevo se ve arras-
trado de tempestad en tempestad. Tal me parece, ¡Oh, Señor!, la
vida del hombre: ignoramos lo que fue y lo que será. Si la nueva
fe nos trae una esperanza, pues bien, escuchémosla...[9]

Para San Beda, aquel pueblo -que aspiraba a conducirse como


una sola nación cristiana- se establecía, poco a poco, en una
nueva “Tierra de Promisión”. ...Como grupo-dice Brown- ...eran
responsables ante Dios de sus pecados, igual que lo era el pue-
blo de Israel... y agrega:

...Como ocurriera en el antiguo Israel, también entre los anglos


era la conducta de los reyes la que invariablemente inclinaba
la balanza del favor divino hacia el conjunto del pueblo. En los
pecados más graves, el sincretismo sin paliativos y la apostasía
recalcitrante, resultaba más sencillo, como ocurriera en Israel,
echar la culpa a los reyes que recrearse en las complejas va-
cilaciones de toda una población. Del mismo modo, los breves
momentos de paz y de grandeza de la que gozaron los anglos
en tiempos de sus monarcas más poderosos podían achacarse
a su disposición a escuchar a los obispos cristianos, muchos de
los cuales eran presentados por Beda como dignos herederos
de los profetas, personajes vigorosos cuya intervención en la
vida cotidiana podía ser tan decisiva y misericordiosa, aunque
inconstante, como la de Samuel o Elías...[10]

Al escribir su historia de los pueblos de Inglaterra, San Beda


trasvasaba a la incipiente nación británica el concepto judío
51
de “pueblo elegido”, que luego sería adoptado por la cristian-
dad carolingia. Lo que planteaba como una alegoría terminaría
contribuyendo a la construcción de los símbolos del Imperio,
sostenido por una monarquía hereditaria de derecho divino, re-
presentada por el Emperador -e inspirada en la dinastía daví-
dica- y tutelado por los patriarcas, interlocutores e intérpretes
de la voluntad de Dios (recordemos las figuras de Gad y Natán
en tiempos de David) representados por el papa y los obispos.
Esta sociedad, que Beda evoca e imagina como modelo de su
tiempo, encuentra en el carácter alegórico de la construcción
del Templo de Salomón el ideal de aquéllos que tienen la res-
ponsabilidad de edificar la arquitectura sagrada del nuevo Im-
perio. La alegoría queda claramente planteada por el propio
Beda cuando dice que la construcción del tabernáculo y el tem-
plo simboliza la iglesia misma de Cristo, puesto que es ...la casa
de Dios, que construyó el rey Salomón en Jerusalén, como prefi-
guración, a imagen de la santa Iglesia Universal.[11]

Beda es consciente del carácter simbólico de lo que escribe,


y así lo manifiesta. En una carta enviada a su hermano Acca,
a modo de prólogo de “De Templo Salomonis Liber” le expre-
sa que ...me pareció bien enviar a tu santidad, para una breve
lectura, esta pequeña obra que a modo de una alegoría escribí
hace poco, acerca de cómo se construyó el templo de Dios, si-
guiendo los pasos de los grandes exegetas...[12]

Los masones galos de Benedicto Biscop

No resulta extraño que Beda haya escrito un libro acerca del


Templo de Salomón, si se tiene en cuenta que su vida monástica
-en especial su juventud- transcurrió en medio de las construc-
ciones de los monasterios de San Pedro de Wearmouth y San Pa-
blo de Jarrow, los cuales por sus características y dimensiones,
habían demandado ingentes esfuerzos logísticos y económicos.
Es inevitable imaginar a Beda observando a cientos de albañi-
les galos, expertos constructores, ubicar las piedras y trabajar
52
el mortero en los muros de las más grandes abadías de Nor-
thumbria, estableciendo un paralelo con los constructores del
Templo salomónico. Los dos monasterios habían sido fundados
en 674 por Benedicto Biscop (628-690), por lo que Beda pudo
ver estas construcciones desde su niñez. Biscop era un noble
originario de la región, que había abrazado el monacato y que
vivía con intensidad la regla benedictina. Su condición de po-
tentado le había permitido peregrinar a Roma en seis ocasiones
y reunir una gran biblioteca que viajaría desde Italia a estos
monasterios sajones, así como objetos de culto, reliquias, íconos
y tejidos costosos, todo ello equivalente al valor de “tres fincas
rústicas”.

Pero para poder erigir ambas abadías, debió traer también,


desde la Galia79, a maestros vidrieros y -como explica el pro-
53
pio Beda- ...albañiles capaces de construir para él al estilo ro-
mano que siempre había amado tanto... La importancia de las
abadías de Wearmouth y Jarrow es descripta por Brown quien
apunta que ...ambos monasterios llegaron a albergar a más de
seiscientos monjes, y su mantenimiento corría a cargo de varios
miles de arrendatarios. Beda tendría acceso a más de trescien-
tos libros, algunos de los cuales habían tenido que ver con Vi-
varium, el monasterio de Casiodoro. Se trataba de la biblioteca
más grande reunida por aquel entonces al norte de los Alpes...
[13]

San Beda creció junto con la construcción de estos complejos


abaciales. Su contacto cotidiano con las obras bien pudo haber
inspirado un libro sobre el Templo de Salomón. Cabe pregun-
tarse cuál era el origen de estos operarios, albañiles y vidrieros
de los que habla el propio Beda. En principio no eran monjes,
lo cual indica que nos encontramos en una etapa anterior a la
organización de las asociaciones monásticas de constructores.
El hecho de que Biscop debiera buscar albañiles en la Galia,
es también una muestra clara de la total desaparición de los
collegia fabrorum romanos en Inglaterra. Paul Naudon afirma
que... después de las invasiones de los Pictos, de los Anglos y
de los Sajones las instituciones romanas se derrumbaron en In-
glaterra. Es de pensar que los colegios, que habían tenido tanta
importancia, no resistieron a esta crisis...[14]

Aquí se plantea la apasionante cuestión de la supervivencia, en


determinadas áreas del sur de Europa, de los colegios romanos.
Existe una opinión aceptada en cuanto a su desaparición en las
regiones al norte de Loire. Sin embargo, la Auvernia -durante si-
glos el centro religioso de la Galia (apunta Naudon)-, Lombardía
(asiento de la legendaria corporación de los “magistri comaci-
ni”) y otras comarcas meridionales pudieron haber conservado
estas instituciones hasta muy entrada la Alta Edad Media. Según
Naudon ...Esta supervivencia de las instituciones galo-romanas
en las regiones al sur de Loire, en el valle del Ródano, del Saona
54
y especialmente en Auvernia, regiones donde precisamente la
influencia romana había sido intensa, permite deducir la de los
colegios... y agrega luego ...Si este arte de construir “more-ro-
mano” se conservaba en Francia, si había numerosos obreros y
si eran famosos, era porque existían asociaciones heredadas de
los colegios romanos...

Durante el siglo VII, otras grandes obras arquitectónicas reli-


giosas son construidas por arquitectos y albañiles provenientes
del sur del continente, a quienes podemos considerar “roma-
nos”. Tal es el caso de los monasterios fundados por Agustín
de Canterbury en 605, la iglesia de York levantada en 627 por
Edwin -luego de su bautismo a manos del obispo Paulinus en
una antigua iglesia de madera- y la catedral de San Andrés de
Hexham, construida por San Wilfrido.

La ausencia de documentos acerca del carácter de las orga-


nizaciones galo-romanas, que construyeron estos edificios reli-
giosos en tiempos de Beda, nos impide conocer cómo estaban
estructuradas y cuáles eran sus tradiciones. Pero la obra de este
autor nos permite aproximarnos a una época muy particular de
Inglaterra, donde, precisamente, se comienza a delinear una
nueva tradición y un nuevo estatus para las corporaciones de
constructores. Esa nueva tradición suplantará los símbolos de la
herencia clásica por otros, provenientes del Antiguo Testamen-
to, la tradición judía y la nueva iconografía cristiana, mientras
que el nuevo estatus tendrá que ver con la paulatina asimilación
de estas organizaciones a la vida monástica. La construcción
quedará así en manos de la Iglesia -en particular del movimien-
to monástico benedictino- mientras que los obispos y abades
serán de aquí en más -y durante varios siglos- los grandes ar-
quitectos.

La otra imagen que surge potente de la pluma de San Beda es la


de la confluencia de estos antiguos masones meridionales con
estos exegetas, inspiradores de una nueva fe que se construye
55
como un nuevo modelo universal, abrazado por toda la cristian-
dad. No en vano muchos documentos masónicos antiguos -tanto
ingleses como franceses- atribuyen a Carlos Martel -fundador
de la dinastía carolingia- el haber impulsado y protegido a los
antiguos constructores en los territorios que controlaba, pues
serán en definitiva los emperadores francos los que convocarán
a estos monjes a Aquisgrán para organizar el espíritu y la es-
tructura del imperio cristiano.

A continuación el texto de la obra:

De Templo Salomonis Liber


El Libro acerca del Templo de Salomón

Fragmentos fundamentales de la obra escrita por San Beda


(673-735) –santo patrono de los escritores y los bibliotecarios-
en Northumbia, hacia el año 720 circa. PL TOMUS XCI

1.- Que la construcción del Tabernáculo y del Templo simboliza


la iglesia misma de Cristo[17]

“La casa de Dios que construyó el rey Salomón en Jerusalén


como prefiguración de la santa Iglesia Universal, que día a día
es construida por el primero hasta por el último de los elegidos
que ha de nacer al término de este mundo, por la gracia del rey
amante de la paz, y ciertamente, de su redentor. Esta Iglesia, en
parte, es mantenida por él en la tierra hasta este momento, en
parte, como ha podido librarse de los pesares de esta perma-
nencia, reina él con ella en los cielos, en los que, cuando con-
cluya el juicio final, toda ella reinará con él. A esta casa pertene-
cen los ángeles elegidos, de los que se nos promete en la vida
futura su semblanza, según afirma el Señor: aquellos a los que
se considere dignos en la vida terrena y en la resurrección de
los muertos, ni contraerán matrimonio, ni vivirán con mujeres,
porque luego no podrán morir. “Ellos son iguales a los ángeles,
y son los hijos de Dios, ya que son los hijos de la resurrección”
56
(Mateo XIX). A esta casa pertenece el mismo mediador entre
Dios y los hombres, el hombre Jesucristo, quien lo confirma
cuando dice: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré”.
Y cuando el evangelista lo explicaba, añadió: “lo decía refirién-
dose al templo de su cuerpo”. Por otra parte, el Apóstol dice
sobre nosotros: “No lo conocéis, puesto que sois el templo de
Dios, y el espíritu de Dios habita en vosotros” (II Cor. VI).

Por lo tanto, si aquel fue hecho templo de Dios al asumir en


sí la humanidad, y nosotros hemos sido hechos templo de Dios
gracias a que el espíritu habita en nosotros, es sin duda eviden-
te que aquel templo contuvo materialmente la forma de todos
nosotros y de él, el Señor, ciertamente, y de sus miembros, que
somos nosotros. “Pero de él mismo, elegido excepcionalmente
como piedra angular y valiosa, cimentado en el cimiento, y de
nosotros, como piedras vivas, construidos sobre los cimientos
de los apóstoles y los profetas, es decir, sobre el Señor mismo”
(Ephes. II)

Quedará a la vista con mayor claridad, partiendo de la dis-


posición establecida para la construcción del Templo, que en
algunos la imagen se parece al Señor mismo, en otros a todos
los elegidos. En algunos describe la impoluta felicidad de los
ángeles en el cielo, en otros la invencible paciencia de los hom-
bres en la tierra. En algunos indica el auxilio de los ángeles
entregados a los hombres, en otras las preocupaciones de los
57
hombres recompensadas por los ángeles. Simboliza la propia
casa espiritual del Señor, incluso un tabernáculo levantado en
el desierto por Moisés.

En verdad, aquella casa [el Tabernáculo] fue construida en el


camino por el que se venía a la tierra prometida; esta lo fue en
la misma tierra y en la misma ciudad de Jerusalén; para aquel
que, trasladándose de un lugar a otro mediante el constante ser-
vicio de los levitas, finalmente fuera conducido a la tierra de la
herencia prometida; para que, edificada casi en la patria misma
y en la ciudad real, esta se mantuviera con cimiento por siempre
inviolable, hasta que alcanzara el favor de las imágenes celes-
tiales asignado a ella. Se puede figurar en aquélla el trabajo y el
exilio de la Iglesia presente, en ésta el descanso y la felicidad
futura. O bien, con seguridad, dado que aquélla fue realizada
únicamente por los hijos de Israel, y ésta por los convertidos a
la religión judía y por los gentiles, en aquélla puede expresarse
principalmente los padres del Antiguo Testamento y el antiguo
pueblo de Dios, en ésta figuradamente la Iglesia congregada
a partir de los gentiles. Aunque el edificio de ambas casas fue
examinado de acuerdo con su significado más sobriamente
espiritual, se muestra que los trabajos cotidianos de la Iglesia
presente y las recompensas eternas en el futuro, y el gozo del
reino celestial, y la Ley de la primera Iglesia de Israel y la salva-
ción de todos los pueblos en Cristo se manifiestan de diversos
modos por medio de alegorías. Por lo tanto, parece adecuado
que, quienes hemos de tratar, con el agrado del Señor, acerca
de la construcción del Templo, quienes hemos de buscar en la
estructura material, la casa espiritual de Dios, digamos algunas
cosas de los que trabajaron en él, quienes y de donde eran, así
como de sus materiales cómo fueron elaborados. Pues el Após-
tol probó que también estos encerraban enseñanzas espiritua-
les, al decir: “todo les concernía a ellos alegóricamente y fue
escrito para nosotros”

2.- Cómo el rey Hiram ayudó a Salomón en sus obras[18]


58
Narra la Historia de los Reyes que “cuando Salomón de dis-
ponía a construir la casa para el Señor, pidió la ayuda de Hiram,
rey de Tiro, que en todo momento había sido amigo de David, y
que ya había comenzado a convivir en paz con el propio Salo-
món. Y a tal punto lo encontró dispuesto a ayudarlo en todo sin
dilaciones, que le ofreció sus artesanos y maderas y oro en la
medida de sus posibilidades. En compensación por estos favo-
res, cada año Salomón le ofrecía a aquel una inmensa cantidad
de coros de trigo y aceite como alimento para su casa” (III Reg.
V). No caben dudas de que Salomón, a quien se considera un
hombre de paz, tanto por su nombre como por el apacible esta-
do de su reino, da cuenta de aquello de lo que decía Isaías: “Se
multiplicará su poder, y su paz no tendrá límite” (Isa. XI).

Hiram, por otro lado, de quien sin exageración se dice que


vivió excelsamente, representa de manera figurada a los cre-
yentes de los pueblos gentiles, gloriosos por su vida tanto como
por su fe. Y nada impide que Hiram, dado que era rey y ayu-
daba a Salomón con su apoyo real a construir la casa del Se-
ñor, sea una alusión a los reyes gentiles convertidos a la fe, con
cuyo poder constar que la Iglesia muchas veces fue auxiliada,
noblemente engrandecida, y mediante sus decisiones, defendi-
da contra los herejes, los cismáticos y, sobre todo, los paganos.
Por lo tanto, Salomón pidió la ayuda de Hiram para construir el
Templo, ya que, cuando el Señor, al venir como hombre, ordenó
construir una casa que fuera querida por él, eligió ayudantes
para su obra no sólo de entre los judíos, sino también entre los
pueblos gentiles. Pues de cada uno de estos pueblos se proveyó
de ministros de su palabra. “Hiram envió madera de cedro y de
abeto blanco que provenía del Líbano, para que fuera dispuesta
en la casa del Señor”, puesto que la gentilidad convertida envió
al Señor a hombres en otro tiempo ilustres en esta vida, mas
ahora humillados y derribados del monte de su soberbia por el
hacha de la reprobación divina, para que, instruidos en el pre-
cepto de la verdad evangélica, fueran ubicados en el edificio
de la Iglesia, en vistas de su mérito o de su situación. “También
59
envió artesanos” porque la gentilidad presentó al señor a los
filósofos convertidos a la verdadera sabiduría, a los que por sus
conocimientos con toda justicia se prefería en la tarea de guiar
a los pueblos. En los tiempos de los apóstoles, tales filósofos
eran Dionisio Areopagita, más tarde el padre de la Iglesia, el
dulce y vigoroso mártir Cipriano, y muchísimos otros. “Y envió
oro”, ya que en esta misma alusión se entiende que evidente-
mente presenta hombres ilustres por su sabiduría. A cambio de
todas estas ofrendas la gentilidad espera los dones de la gracia
celestial, sin duda el trigo del verbo de Dios y el aceite de la
caridad y la extremaunción y la iluminación del Espíritu Santo.

Se pusieron de acuerdo, entonces, sobre los asuntos de la Igle-


sia, y apropiadamente, puesto que con respecto a la construc-
ción del Templo con apremio Salomón le dice a Hiram: “Ordena,
por tanto, que corten los cedros del Líbano, y tus esclavos estén
junto a los míos”. Los esclavos de Hiram, en verdad, aquellos
que cortaban los cedros del Líbano para Salomón, son los pa-
dres de la Iglesia elegidos de entre los pueblos gentiles, cuyo
deber consistía en derribar, amonestándolos, a los que en este
mundo se regocijan en las cosas terrenales y en la gloria, des-
de el esplendor de su soberbia, y en transformar los votos que
hacían a los dioses en un servicio a su Redentor. Sin duda junto
a estos esclavos estaban los esclavos de Salomón, y a su vez
se dedicaban a la célebre obra; porque los primeros doctores
de los gentiles tenían necesidad de los apóstoles, que habían
aprendido de la sabiduría del Señor a instruirse en la palabra
de la fe, para que si comenzaban a enseñar sin la ayuda de los
maestros, no resultaran ser maestros del error. Por esta razón,
pues, quiso Salomón que los esclavos de Hiram cortaran la ma-
dera del Líbano para él, porque eran más hábiles que sus escla-
vos para cortarla. Y por esta razón quiso que al mismo tiempo se
sumaran sus esclavos, para que les mostraran a los que corta-
ban la madera, en que medidas debían hacerlo. La alegoría de
estos hechos está a la vista, dado que los apóstoles sabían pre-
dicar con mayor certeza a otros la palabra del evangelio, que
60
merecieron escuchar del Señor; pero los gentiles, una vez que
corregían su error y se cambiaban a la verdad del Evangelio,
conocían mejor los errores de los pueblos gentiles, y con cuanta
mayor certeza los conocían, tanto más diestramente aprendían
a luchar contra ellos y a eliminarlos. Pablo ciertamente cono-
cía mejor la enseñanza del Evangelio, que había aprendido a
través de la revelación, pero Dionisio podía refutar mejor las
falsas doctrinas de Atenas, cuyos silogismos, con sus errores, y
todos los argumentos conocía desde pequeño. A su buen juicio
se asocia con toda adecuación lo que sigue: “Pues sabes que no
existe en mi pueblo alguien que sepa cortar la madera como
los Sidonios”. Pues no había en el pueblo de los judíos, en don-
de el Señor, efectivamente presente, enseñaba, ninguno que tan
sabiamente hubiese sabido refutar los errores de los gentiles,
como los gentiles convertidos a la fe, y de gentiles, devenidos
cristianos. Y así pues, los sidonios y los de Tiro, ya que fueron
pueblos gentiles, merecidamente son admitidos en la alegoría
de los gentiles.

3.- Cuántos trabajadores tenía empleados Salomón en la cons-


trucción del Templo[19]

En las siguientes líneas de este discurso místico se indica


cuántos esclavos había enviado Salomón a esta obra, al decirse:
“Salomón seleccionó trabajadores de toda Israel, y fueron en el
plazo de quince años treinta mil hombres, y enviaba al Líbano
diez mil por turno cada mes, de modo que durante dos meses
estuvieran en sus casas”. De donde debe notarse, en primer lu-
gar, que no en vano Salomón seleccionó a los trabajadores de
toda Israel, y que no había ningún sector del pueblo del que no
tomara hombres de tal tarea, ya que ciertamente ahora no de-
ben ser seleccionados de la sola descendencia del sacerdote
Aarón, sino que deben ser requeridos de toda la Iglesia, quie-
nes basten a construir la casa del Señor, sea con su ejemplo o
con sus dichos, donde sea que fuesen encontrados, deben ser
ascendidos casi a la función de doctores sin ningún favoritismo.
61
Y son tales los hombres que toman las órdenes para instruir a
los infieles y para convocarlos al colegio de la Iglesia, como los
hombres distinguidos y resueltos que fueron alentados a cortar,
en el Líbano, las maderas del Templo.

Y ciertamente la cantidad de treinta mil de los que eran nom-


brados serradores, bien pueden comprenderse como la alego-
ría de aquellos que han alcanzado la perfección en la fe de la
Trinidad, puesto que concuerdan perfectamente con los doc-
tores. Pero ya que treinta mil fueron organizados de tal modo
que diez mil cada mes se dedicaran a la obra santa, debemos
entender la enseñanza sagrada del número diez. En efecto, diez
mil hombres son enviados cada vez para cortar la madera de
la obra del Señor, y esto se explica porque cualquier doctos o
instructor de los incultos que deba tomar las órdenes, debe no
sólo respetar él mismo los diez preceptos de la ley en todas las
cosas, sino señalar a sus oyentes que aquellos deben ser res-
petados, y deben no sólo ellos mismos tener esperanzas en las
recompensas futuras, sino inculcar en sus oyentes que se debe
tener esperanza en ellos. Por otra parte, el período de un mes
cada tres, cuyo intervalo fue impuesto a los serradores, simbo-
liza típicamente la perfección de las tres virtudes evangélicas,
la limosna, sin dudas, la oración y el ayuno. Pues cuando el Se-
ñor decía en el Evangelio: “Procurad ejercer vuestra justicia en
presencia de los hombres, de modo que seáis visto por ellos”
(Mateo VI), no hizo mención, al continuar con su pensamiento,
sino a la limosna, la oración y el ayuno, que no se debían rea-
lizar para la jactancia de los hombres, sino únicamente para la
gloria del observador interno. De lo contrario, permanecerían
vacíos del fruto de la eternidad. Por medio de estas palabras
con toda claridad nos enseña que todos los frutos de las vir-
tudes se insinúan por estas tres como ramas que brotan de la
única raíz de la caridad. Por limosna se concibe todas aquellas
cosas de las que con benevolencia nos ocupamos en atención a
nuestros hermanos para colmar el amor de la persona cercana.
Por oración, todas aquellas cosas por las que, mediante el arre-
62
pentimiento interior, nos unimos a nuestro Creador. Por ayuno,
todas aquellas cosas con las que nos cuidamos de contagiarnos
los vicios y las tentaciones de la esta vida, de manera que, con
la mente libre y el cuerpo puro, podamos estar siempre unidos
al amor de nuestro Creador y de la persona cercana.

Estos son los tres meses de los trabajadores del Templo. Pues
ya que el mes se completa con la totalidad de los días que abar-
ca la órbita lunar, por aquella se nos representa la totalidad de
las virtudes espirituales, en la cual la mente de los infieles es
vista por el Señor, que la ilumina cada día, como la Luna por el
Sol. Uno de los meses, en los que se cortaba la madera para la
obra del Templo, es la limosna, esto es, la obra de misericordia
por la que nos preocupamos de la salvación del prójimo, para
que, progresando en la forma correcta, alcance la unión de la
Santa Iglesia; y lo hacemos enseñando, corrigiendo, sacrifican-
do el bienestar temporal, señalando los ejemplos de la vida. Los
dos meses restantes, en los que se les permite permanecer en
sus casas y satisfacer sus necesidades, son la oración y el ayu-
no, por medio de los que, además de ellas mismas, que llevan
a ocuparnos de la necesidad de nuestros hermanos fuera de
nosotros, nos encargamos, dentro de nosotros, del cuidado de
nuestra propia salvación, vuelta nuestra mente hacia el Señor. Y
porque aquellos sólo se encargan plenamente del cuidado de su
salvación y la de sus hermanos, y se someten humildemente a la
visión de la gracia divina, con justicia sigue: “Y Adoniram estuvo
de esta manera durante los quince años”. Y pues Adoniram, sin
exageración alguna, es llamado ‘Señor mío excelso’ ¿A quién
nos hace reconocer mejor que a quien imita en su nombre? Sin
duda al Señor Salvador. Y Adoniram encarga a los trabajadores
del Templo que con su previsión, y debidamente, se organice
en qué meses irá cada uno a trabajar, en cuales nuevamente vol-
verán a cuidar de su casa, del mismo modo que nuestro Señor y
Salvador dispone con su tan habitual iluminación las mentes de
los santos predicadores para decir cuándo conviene empren-
der con su prédica la obra de construir la Iglesia, u otras obras
63
piadosas con su servicio; y cuándo, al contrario, sea adecuado
examinar sus conciencias, como si volvieran a sus casas para
inspeccionarlas, y las volvieran dignas con sus oraciones y ayu-
nos, a modo de un elevado visitador e inspector. “Fueron” por lo
tanto, “a Salomón setenta mil de ellos, que trabajaban como car-
gadores, y ochenta mil látomos que trabajaban en el monte, sin
contar los tres mil trescientos hombres que fueron encargados
de dar las instrucciones al pueblo, y aquellos que realizaban la
obra”. “Látomos“ quiere decir talladores de piedra. Y talladores
de piedra, ya que simbolizan figuradamente a los que cortan la
madera, esto es, a los santos predicadores, quiere decir quienes
ejercitan la mente de los insensatos en la labor de la palabra di-
vina y se esfuerzan de apartarlos de la vileza e indignidad en la
que nacieron, y se preocupan sin duda por convertirlos, una vez
que han sido preparados conforme a las reglas para participar
de la comunidad de los fieles, en hombres aptos para la cons-
trucción. Y puesto que la madera y las piedras son cortadas en
el monte, y cortados y prestos ambos materiales para ser trans-
portados al monte de la casa del Señor, se hace evidente la idea
de que todos los hombres nacimos en el monte de la soberbia,
ya que de la violación de la Ley, cometida por el primer hombre,
por la que se instauró la soberbia, arrastramos el origen de la
carne.

Y todos los que, señalados por la gracia de Dios, salimos a la


vida catequizando y recibiendo las enseñanzas de la fe, somos
trasladados desde el monte de la soberbia hacia el monte de la
casa del Señor, puesto que, arrancados del poder de las tinie-
blas, llegamos a la ciudadela de las virtudes, que se encuentra
en la unión de la Santa Iglesia. Es de notar, además, que los tra-
bajadores estaban dispuestos de tal modo que una parte cor-
taba las piedras en el monte y otra trasportaba las cargas. Pues
diferentes unos de otros son los dones del espíritu. Algunos tie-
nen mayor firmaza en la expresión y en la refutación de los inso-
lentes, otros surgen más leves para consolar a los irresolutos y
levantar al débil, otros, dotados con el favor de ambas virtudes,
64
son adecuados para la obra del Señor. Quiso hacer aquellos do-
nes de los que hablaba el Apóstol, quien afirma: “Censurad a los
que poseen una mente perturbada, consolad a los irresolutos,
sostened a los débiles, sed paciente con todos”. Quienes fueron
puestos al mando por estar al frente de cada una de las obras,
son los sacros creadores de las Escrituras, de cuya dirección to-
dos hemos aprendido cómo conviene enseñar a los ignorantes
y censurar a los despreciadores, cómo llevar adelante nuestras
propias obras, para cumplir con la Ley de Cristo.. Cuanto más
trabaje uno para socorrer a sus prójimos en sus necesidades o
en amonestarlos por sus errores, tendrá esperanzas en bienes
más seguros para el futuro, ya sea el descanso de las almas des-
pués de la muerte, ya sea la feliz inmortalidad de las almas. De
ahí que justamente se diga que los trabajadores fueron seten-
ta mil y ochenta mil. Setenta sin dudas por el descanso eterno
de las almas, pues el séptimo día ha sido consagrado al Sabat,
es decir, el descanso. Ochenta por la esperanza de la resurrec-
ción, que ocurrió en el Señor en el octavo día, es decir, luego
del sábado, y en nosotros también esperamos la resurrección
en el octavo día así como en la octava edad. “Habían sido pues-
tos al mando tres mil trescientos” (II Part II), ciertamente por la
fe de la santa Trinidad, que los santos discursos predican para
nosotros. Pero el hecho de que el Libro Paralipomeno en lugar
de tres mil trescientos encargados de la obra, esté escrito tres
mil seiscientos, se relaciona enteramente con la perfección de
los hombres más gloriosos. Pues dado que el Señor completó
la configuración del mundo basándose en el número seis, co-
rrectamente suelen las obras perfectas de los buenos hombres
representarse con él; y ya que la santa escritura enseña que las
obras de la justicia se deben considerar con la fe en la verdad,
correctamente se dice que fueron encargados de la obra del
templo tres mil seiscientos hombres.Y no se debe omitir que los
setenta mil cargadores y los ochenta mil latomos junto con los
encargados de la obra no provenían de Israel, sino de los prosé-
litos, es decir, de quienes moraban con ellos. Pues está escrito
en el Libro Paralipomeno: “Contó Salomón a todos los prosélitos
65
que estaban en la tierra de Israel, después del cálculo que rea-
lizó su padre David, y encontró ciento cincuenta y tres mil seis-
cientos, y separó de ellos setenta mil para que transportaran las
cargas etc.” Y las prosélitas eran llamadas griegas, porque naci-
das en otras naciones pasaron, luego de aceptar la circuncisión,
a la fe y a la comunidad del pueblo de Dios. Por lo tanto, hubo
trabajadores de la Casa del Señor que provenían de los hijos de
Israel, los hubo de los prosélitos, los hubo de los gentiles. De los
hijos de Israel hubo sin dudas treinta mil, que fueron enviados
para cortar los cedros del Líbano. De los prosélitos de los que
hemos hablado, fueron enviados talladores de piedra. De los
gentiles, el mismo Hiram y sus esclavos, que con los esclavos de
Salomón cortaban la madera del Líbano. De este modo, todas las
razas de los hombres por medio de las que debía ser construida
la Iglesia, marchaban hacia la construcción del Templo. Los ju-
díos, pues, los prosélitos y los gentiles convertidos a la verdad
del Evangelio construyen la única y la misma Iglesia de Cristo,
sea viviendo correctamente, sea también enseñando...”

4.- Con qué piedras fue hecho el templo[20]

Mandó el rey que tomaran grandes piedras preciosas en fun-


damento del templo, etc. Por fundamento del templo no debe
entenderse, simbólicamente[21], otra cosa que lo que el Após-
tol expresa al decir: Porque nadie puede poner otro fundamen-
to que el que está puesto, es decir Cristo Jesús (I Cor. III). El cual
pues puede apropiadamente llamarse fundamento de la casa
del Señor, pues (como dice Pedro) no hay otro nombre bajo el
cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos. Para tal
fundamento se toman piedras grandes y preciosas, pues los va-
rones notables en obras y santidad adhieren a su Creador en
familiar santidad de mente, a fin de que, cuanto más esperan en
él, sean con mayor ánimo capaces de dirigir la vida de otros,
lo que es soportar la carga. Porque las piedras que se ponían
como fundamento del templo para soportar todo el edificio son
en verdad los apóstoles y profetas, quienes por la palabra y los
66
sacramentos verdaderos, ya sea visiblemente ya invisiblemen-
te, alcanzaron la sabiduría misma de Dios. Por donde también
nosotros, cuya doctrina y vida nos empeñamos en imitar según
nuestra medida, dice el Apóstol, estamos fundados sobre el
fundamento de los apóstolos y profetas (Efes. II). Lo mismo en
general se diga de los perfectos, que fielmente adhirieron al
Señor, y con entereza aprendieron a llevar las carencias que ata-
ñen a los hermanos, a los cuales también se señala como gran-
des y preciosas piedras.

A tales piedras en verdad se manda que primero se las cuadre,


y así cuadradas se las ponga como fundamento. Pues todo lo que
ha sido cuadrado, de cualquier manera que se lo tumbe, siem-
pre queda firme. A cuya imagen se asimilan espléndidamente
los corazones de los elegidos, quienes han aprendido tanto a
mantenerse firmemente en la fe, que por ninguna adversidad
aveniente, ni siquiera la muerte misma, pueden ser apartados de
la rectitud de su estado. Lo cual ha sucedido no sólo a doctores
de la Iglesia de Judea, mas también a muchas iglesias gentiles.
Por eso de estas piedras grandes preciosas bien se dice: las que
desbastaron los albañiles de Salomón y los albañiles de Hiram.
Se labran pues las piedras preciosas, cuando algunos elegidos,
por la instrucción y a instancias de los santos, abandonan todo
lo que en sí tienen de nocivo e inane, y, en presencia de su Crea-
dor, muestran sólo el imperio de la ínsita justicia, cuasi mostran-
do la forma a escuadra. Desbastaron sin embargo las piedras no
sólo los canteros de Salomón, sino también los de Hiram; porque
no pocos hubo provenientes de ambos pueblos, que también
fueron doctores, parte de los mismos por derecho propio docto-
res sublimes, y como cuadrando a aquellos trabajaron para ele-
var el edificio de la casa del Señor. Y no sólo Jeremías e Isaías,
y demás profetas de la circuncisión, sino también el santo Job
quien a sus hijos, que eran gentiles, les enseñó los límites máxi-
mos de la vida de paciencia, la máxima difusión de la saludable
doctrina que enseñarían los doctores de la edad siguiente, por
donde, superadas las palabras, los actos y los pensamientos su-
67
pervacuos, se hicieran aptos y dignos de sobrellevar el peso de
la santa Iglesia. Por consiguiente fueron Giblis los que prepara-
ron maderas y piedras para la construcción del edificio. Giblos
es una ciudad de Fenicia, que recuerda Ezequiel, que dice: Tus
sabios, ¡oh Tiro!, se hicieron tus mandatarios, tus ancianos y pru-
dentes Giblis. (Ezeq. xxvi); por lo cual en Hebreo se pone Gobel
o Gebel, que se traduce por definidor, o delimitador. Vocablo
que adecuadamente conviene a quienes preparan los corazo-
nes de los hombres para el edificio espiritual, el cual se constru-
ye con las virtudes. Así pues son los únicos capaces de enseñar
a sus oyentes la fe y las obras[22] de justicia, pues doctorados
primero en las sagradas páginas, aprendieron diligentemente qué
fe hay que guardar y cuál es la vía que conduce a la virtud[23]
[3]. Porque en vano usurpa el título de doctor, quien ignora los
términos de la fe católica. Porque no edifican el santuario del
Señor, sino un edificio ruinoso para sí, quienes intentan enseñar
a otros las reglas que ellos mismos no aprendieron.

Para edificar pues la casa del Señor, lo primero es abatir ma-


deras y piedras del monte; porque a quienes queremos instruir
en la fe de la verdad, primero deben renunciar al diablo, y del
estado de la prevaricación primera en la que nacieron, enseñar-
les a renacer de la destrucción. Luego hay que buscar piedras
preciosas y grandes, que hay que poner como fundamento del
templo; a fin de que recordemos, que abandonada la primera
forma de vivir, los llevemos a escrutar vida y costumbres en to-
das las cosas, proponiéndoles a los que nos escuchan que imiten
a quienes sabemos que, especialmente por virtud de humildad,
se adhirieron al Señor, a quienes hemos visto poseer una esta-
bilidad mental invencible en cierto modo puestos a escuadra, y
perdurar inmóviles ante la agresión de todas las tentaciones, a
quienes hallamos preciosos y grandes en fama y méritos.

Luego de conformado el fundamento con tales y tan grandes


piedras, hay que edificar la casa, diligentemente preparadas las
maderas y las piedras, y colocadas en el orden establecido, las
68
que antes fueran arrancadas de su antiguo sitio o raíz: porque
después de los rudimentos de la fe, después de puestos en no-
sotros los fundamentos de la humildad siguiendo el ejemplo de
sublimes varones, hay que alzar la pared de las buenas obras,
como órdenes de piedras superpuestos uno a otro, marchando
y prosperando de virtud en virtud.

O también las piedras grandes piedras fundamentales, precio-


samente cuadradas, son (como antes dije) los primeros maes-
tros de las iglesias, quien oyeron la palabra de salud del mismo
Señor.

Establecidos entonces los órdenes de piedras o maderas, vie-


nen a su tiempo sacerdotes y doctores, por quienes ora crece
el edificio de la Iglesia con su predicación y ministerio, ora se
embellece con sus virtudes.

Cuál color era el de las piedras con las que fue hecho el templo,
lo declara abiertamente el libro de los Paralipómenos, cuando,
al mostrarle los materiales que preparara para el Templo, decía
David a Salomón: He preparado toda tipo de piedras preciosas
y mármoles Parios. El mármol de Paros, entonces, es mármol
blanco, que dicha isla acostumbra a producir, por lo que el poe-
ta dice:

Olearos, y la nívea Paros, dispersas por la mar Cicládica, agita-


das olas dicen por vientos impetuosos. Dice la nívea Paros, por-
que produce un mármol de blanquísima condición: es una de
las islas Cicladas, con cuyas piedras pues fue hecho el templo
como insinúa Josefo al decir: Se elevaba pues hasta la cámara el
templo, construido de piedra blanca, cuya altura fue de 60 codos
y cien (Lib. VIII Antiq. 3), : y no carece de sentido oculto, que se
elucida en que el mármol blanco, del que fue hecho el edificio,
designa los actos puros de los elegidos y también su concien-
cia libre de toda tacha de corrupción. Así quería aquel sabio
arquitecto que fueran los que instalaba sobre el fundamento de
69
Cristo, preciosas piedras redimidas en oro y plata: Carísimos,
decía, purifiquémonos de toda mancha de la carne y del espíri-
tu, culminando nuestra santificación en el temor de Dios.

5.- De la subida o sea de la forma de la Cámara del Medio y de


la Tercera[24]

La puerta del piso medio estaba en la parte derecha del edifi-


cio, etc. Algunos que entendieron mal este pasaje, pensaron que
la puerta del templo daba al mediodía, sin darse cuenta que, si
tal hubiera querido decir la Escritura, no hubiera dicho: La puer-
ta del piso medio estaba en la parte derecha del edificio, sino
simplemente y mejor: y tenía el edificio una puerta al mediodía.
Ahora bien, mucho más es lo que así se significa. Llama a la par-
te derecha del edificio el lado meridional del Templo. En la tal
parte oriental había una puerta ubicada al borde mismo, a ras
del suelo. Quienes entraban por ella, subían a los pisos altos por
escalones, en un camino ascendente por la parte de adentro de
la pared misma, de modo que por tal camino llegaban a la cáma-
ra media, y de la media a la tercera. Y sin duda alguna, aunque
la Escritura no lo diga, mientras ascendían tenían unas estrechí-
simas ventanas mirando al mediodía, gracias a cuya luz podían
avanzar a lo largo sin tropiezos. Pasaje que claramente se refie-
re al cuerpo del Señor que tomó de la virgen. La puerta del piso
medio estaba en la parte derecha del edificio, porque, muerto
el Señor en la cruz, un soldado abrió su costado. Y dice bien en
la parte derecha del edificio, porque la santa Iglesia cree que el
lado abierto fue el derecho.Y también acertadamente el evange-
lista hizo uso del verbo, de modo que no dijo golpeó o hirió, sino
abrió, como si se refiriera a la puerta de la pared media, por el
cual se nos abrió un camino al cielo. Por eso agregó: Y luego sa-
lió agua y sangre. Agua, a saber, agua por la que nos lava el bau-
tismo, y sangre, por la que somos consagrados en el santo cáliz.
Por esta puerta pues ascendemos a la cámara del medio, y del
medio al tercero; porque por la fe y los misterios de nuestro Re-
dentor, ascendemos de la vida de la iglesia presente al descan-
70
so de las almas después de la muerte, y de nuevo del descanso
de las almas, en el día del juicio, a la inmortalidad inclusive del
cuerpo, y por un más sublime avance, ingresaremos como a un
tercer cenáculo, a fin de que vivamos en felicidad perpetua. De
este camino, en verdad, se habla como de invisible, de manera
que sólo lo conocieran los que entrasen, a pesar de que los que
estaban afuera veían la puerta; porque es cierto que los répro-
bos pueden observar los actos de los fieles en esta vida, y las
celebraciones de los sacramentos, pero nadie conoce los arca-
nos de la fe y la gracia del íntimo amor a no ser que, llevado por
el Señor, ascienda por ella al reino celeste. Quien dice conocer
a Dios, y sus mandatos no cumple, mentiroso es.

Es de notar que hasta la cámara del medio mediaban 30 codos


de altura, como se lee un poco antes. De allí se añadían otros
30 codos hasta la cámara tercera, desde donde se extendía el
techo hasta el vestíbulo que había junto al templo, en el sur, en
el norte y en el oeste, como sabemos por testimonio de Josefo.
Luego hasta el techo superior se contaban otros 60 codos, y así
la altura total del edificio, conforme al libro de los Paralipóme-
nos, se concluye en 120 codos. El vestíbulo, que estaba al orien-
te frente al templo, según el testimonio del dicho volumen, tenía
también el mismo número de codos de altura. El citado libro, a
estos vestíbulos que estaban junto al templo llama almacenes o
aposentos. David, dice, dio a su hijo Salomón una descripción
de los vestíbulos y del templo, y de los almacenes y altas cáma-
ras, y de los aposentos en los santuarios interiores y en la sala
propiciatoria. (1 Par. 28, 11). A continuación menciona también
las salas exteriores, que estaban fuera del atrio de los sacerdo-
tes, en la periferia del templo, cuando agrega: Asimismo tam-
bién le dio la descripción de todo lo que imaginara de los atrios
y exedras periféricos para los tesoros de la casa del Señor y las
reservas de los santos. (ib. 12).

Que la altura del Templo fuera de 120 codos se refiere al mis-


mo arcano [sacramento dice] de la iglesia primitiva en Jerusa-
71
lén, la cual, luego de la pasión, resurrección y ascensión del
Señor a los cielos, recibió la gracia del Espíritu santo sobre un
número igual de varones. Pues el quince, que se constituye de
siete y ocho, suele algunas veces usarse para significar la vida
futura, que ahora las almas de los fieles poseen en el sabatismo
[es decir en el siete], pero se perfeccionará el fin del siglo por
medio de la resurrección de los cuerpos inmortales [es decir
en el 8 perfecto]. El mismo quince llevado al triángulo, es decir,
numerado con todas sus partes, producen 120 [?, pero 15 x 8 =
120]. Por lo cual adecuadamente por el número centenario y el
veintenario se designa la magna felicidad de los elegidos en
la vida futura. Bien se dice en este tercer cenáculo se consuma
la casa del Señor, pues después de las fatigas presentes de los
fieles, luego de recibido el descanso de las almas en el futuro,
la felicidad plena de toda la iglesia se colmará en la gloria de la
resurrección. Al cual misterio igualmente pertenece, como diji-
mos, que resurgiendo de los muertos el Señor y ascendiendo a
los cielos, a este número de varones el Espíritu santo envió las
lenguas de fuego, a los que, bien que estaban apartados entre
sí por la diversidad de las lenguas, los hizo, en un idioma em-
parentado, tener una oración común en alabanza de Dios. Pues
también la iglesia, resurgiendo a su tiempo de la muerte, y as-
cendiendo a los cielos en carne incorruptible, estará ilustrada
plena y perfectamente por don del Espíritu santo, cuando, se-
gún la promesa del apóstol, Dios será todas las cosas en todos.
Entonces será completa la unificación de las lenguas en todos
para publicar las grandezas de Dios, porque con mente y voz
concordantes todos juntos alabarán la gloria de la majestad di-
vina, en cuya presencia estarán viéndola.

6.- En cuántos años fue construido el Templo[25]

En el cuarto año se fundó la casa del Señor etc.” Es evidente


el sentido de la alegoría. Según esta, la casa del Señor fue cons-
truida en siete años, pues con toda certeza la Santa Iglesia se
construye con las almas elegidas en el transcurso de la totali-
72
dad del tiempo de esta vida, que se completa en un giro de seis
días, y al terminar esta vida, aquella misma lleva su crecimiento
a su término. E incluso se construye en siete años, en cuanta
indicación de la gracia espiritual, a través de la que la Iglesia
únicamente se comprende en tanto es Iglesia. Lo cierto es que,
siete dones del espíritu Santo, enumera Isaías (Isa. XI), sin los
cuales nadie puede llegar a ser fiel o preservar la fe o alcanzar,
gracias a su fe, la corona de la justicia. Por esto, en el séptimo
año, y en el octavo mes de él, se finaliza la casa del Señor en
toda su obra y en todo lo que le era necesario, y se extiende
hacia la vida futura y el día del juicio, cuando la santa Iglesia
alcance tal perfección que no sea posible encontrar lo que sea
posible agregarle. Tendrá entonces lo que aquel puro y deseo-
so suplicante requería del Señor cuando decía: “Señor, muéstra-
nos al Padre, y esto nos bastará” (Juan XIV). Pues consta que en
las Escrituras muchas veces se hace referencia al día del juicio
por medio del número ocho, aquel que sigue a esta vida, que se
recorre en siete días. Por ello también el profeta puso, en lugar
de octavo, un título a su salmo, y lo cantó, por temor a aquel se-
vero Juicio, comenzando de esta forma: “Señor, no me acuses en
tu ira ni en tu furia” y lo que luego sigue (Sal. VI). Pero no carece
de importancia que naciera esta controversia acerca de porqué
se dice que la casa del Señor fue terminada en el séptimo mes
en toda su obra y en todo lo que le era necesario, en tanto que
luego se lee que su término y su dedicación se completaron
en el octavo. Pero no es increíble que el templo que construyó
Salomón en siete años lo haya terminado en el octavo mes del
octavo año, o que haya diferido el momento de concluir su de-
dicación al séptimo mes del noveno año. Parece más cercano a
la verdad que la casa se haya construido en siete años y siete
meses, de modo que el séptimo mes haya sido celebrada la ce-
remonia de dedicación y en el vigésimo tercer día del mismo
mes, tal como lo declaran las palabras referidas a los días (2
Par, VII), se haya permitido al pueblo de Salomón volver a sus
tiendas. De este modo, luego de una semana, al llegar el octavo
mes, es posible que la casa del Señor se encontrara totalmente
73
terminada, así como todas las obras necesarias, y con su misma
dedicación ya realizada. A no ser que debamos pensar que lue-
go de la dedicación del Templo se agregaron algunos enceres
necesarios para la liturgia hasta el comienzo del octavo mes, en
la medida en que el rey se daba prisa, de modo que durante
todo el séptimo mes, que era todo el asignado a las ceremonias,
el templo fuera dedicado. Así en verdad se entiende tanto que
el templo fuera terminado en toda su obra y en todo lo que fuera
necesario, como que fuera dedicado en el séptimo mes.

74
“El rey Salomón mandó que le enviasen e Hiram trajo de Tiro
al hijo de una mujer viuda, de la tribu de Neftalí, de padre tirio,
maestro en el arte de labrar el oro, y de vasta sabiduría, ciencia e
inteligencia. Y lo mandó traer para que realizara todas las obras
de oro. El, luego de haber llegado al rey Salomón, realizó toda la
obra” (III Reg. VIII) Y todo se realizó tomando en cuenta su signi-
ficado simbólico. En efecto, el artesano tirio que Salomón tomó
como ayudante alude a los ministros de la palabra divida, elegi-
dos de entre los gentiles para la realización de las obras. Y era
llamado artesano con toda propiedad, debido a que era el hijo
de una mujer viuda del pueblo de Israel. En esta persona suele
figurarse algunas veces la Iglesia de esta vida presente, a favor
de la que su héroe, Cristo sin duda, resucitó luego de haber ex-
perimentado la muerte, y a la que, mientras él ascendía a los cie-
los, dejó, peregrina, en la tierra. No es difícil explicar, en suma,
cómo es que los hijos de esta viuda son los santos predicadores,
en la medida que es evidente que todos los elegidos por su valor
son los hijos de la iglesia. Incluso se nos asegura acerca de estos
predicadores del nuevo testamento, de acuerdo con las palabras
del profeta: “En lugar de tus padres, han nacido para ti estos hi-
jos. Los considerarás los señores de toda la tierra”. (Salm. XLIV)
Hiram llevó a cabo toda la obra para Salomón, pues evidentemen-
te los santos predicadores, al sostenerse fielmente en su servicio
de la palabra divina, se ocupan sobre todo de la obra de Dios:
Externamente con sus discursos abren el camino de la verdad a
través de ellos mismos, e internamente, por el hecho de ser ilumi-
nados, Dios les otorga una vida eterna. “Yo”, dijo, “sembré, Apo-
lo regó y Dios hizo que creciera” (I Cor. III) Hizo entonces la obra
de oro, porque el esforzado doctor quiso confiarles la palabra a
aquellos que desean tomarla a su cargo piadosamente y prote-
gerla con perseverancia, y que intentan, con su prédica rebatir a
los otros en lo que hayan podido aprender.Y es de oro, porque es
un metal no en vano duradero, y que resuena de varias maneras.

7.- De las columnas aéreas[26]

75
Y puso dos columnas aéreas, etc. Estas son las columnas de
las que Pablo habla: Jacobo y Cefas y Juan, que eran columnas,
nos tendieron la diestra a mi y a Bernabé, en sociedad, para
que nosotros fuésemos a los gentiles, ellos en cambio a la cir-
cuncisión (Gal. II). Las cuales palabras parecen como exponer
el misterio de las columnas materiales, a saber, qué figuraban
y porqué fueron dos. Significan pues todos los apóstoles y los
doctores espirituales, fuertes mucho en fe y obras, y erguidos a
lo alto en la contemplación. Dos a su vez, para que, predicando,
hagan que entren a la Iglesia gentiles y circuncisos. Erectas en
el pórtico al frente del templo, y con su buena presencia y belle-
za ornaban admirablemente la entrada a ambos lados. El Señor
es la puerta del templo, porque nadie viene al Padre sino por
él; como dice en otra parte: Yo soy la puerta, si alguien entrara
por mi, se salvará (Juan, X). A esta puerta, a saber, la escoltan
las columnas que están junto a ambos lados, como los ministros
de la palabra que muestran a ambos pueblos la entrada al reino
celeste, de modo que quien por la luz de la ciencia legal o por el
rigor de la gentilidad viniera a la fe del Evangelio, disponga de
quienes le muestren por la palabra el camino de la salud, y por
el ejemplo. Porque en verdad de estas columnas en el libro de
los Paralipómenos está escrito: Tales columnas puso en el vestí-
bulo del templo, una a la derecha, otra a la izquierda (II Par. III):
por tanto hicieron dos columnas, y las dispusieron de tal manera
que tanto en lo prosperidad como en la adversidad no ense-
ñaran que debemos tener siempre ante nuestros ojos la puerta
de la patria celeste. Por eso también Pablo, verdadera columna
excelentísima de la casa del Señor, a fin de fortalecernos en las
armas de la justicia a diestra y a siniestra, diligente nos exhorta
con su ejemplo y el de los suyos, para que, sin complacernos
en las buenas ni quebrarnos en las malas, no nos apartemos en
nada del camino regio de la vida, por el cual debemos ascender
a la heredad de la patria celeste que nos ha sido prometida. (II
Cor, VI).

Es saludable notar que en la sentencia de los Paralipómenos


76
que expuse, al pórtico mismo del templo también se lo llama
vestíbulo; por eso cuando en los profetas leemos: Entre el ves-
tíbulo y el altar oraban los sacerdotes, debemos entender entre
el pórtico y el altar. Por otra parte se nos recuerda que ambas
columnas tenían 18 codos de altura. Pues tres veces seis hacen
dieciocho. Porque tres en verdad pertenecen a la fe por la Santa
Trinidad, seis a las operaciones, porque en tal número de días
fue hecho el mundo, lo que es más claro que la luz. Y tres se
multiplican por seis, porque el justo, que vive de fe, por la bue-
nas obras incrementa y acumula el conocimiento de la piadosa
creencia. La columna que está delante y fuera del templo, tiene
pues dieciocho codos de altura, porque un egregio predicador
nos instruye a todos claramente que sólo por la fe y las obras
de justicia podemos alcanzar el gozo de la vida celeste. Sin em-
bargo lo mismo podría entenderse más elevadamente, pues el
nombre de Jesús, en griego, comienza con ese número, ya que
la primera letra del nombre de Jesús en griego vale diez y la
segunda ocho. [Iota y eta]. Adecuadamente pues son de die-
ciocho codos de altura las columnas de la casa de Dios, porque
los santos doctores, y más aún todos los elegidos, se proponen
alcanzar aquel fin de merecer ver a su Creador cara a cara. Ni
querrán ninguna otra cosa más cuando llegaren al que está por
encima de todas las cosas. Y un hilo de doce codos abrazaba
ambas columnas. Un hilo de doce codos es la norma de la insti-
tución apostólica, que justamente rodea ambas columnas, dado
que cuando un doctor, judío o gentil, es enviado a predicar, se
cuida de hacer y enseñar aquellas cosas que la santa Iglesia
recibió y aprendió de los apóstoles. Porque si alguien quisie-
ra vivir o predicar de otro modo, sea despreciado los decretos
apostólicos, sea a su antojo creando novedades, ese tal no es co-
lumna apta para el templo de Dios, porque al despreciar la obe-
diencia a lo que los apóstoles han establecido no les acomoda
la cuerda de doce codos, sea por la flacura de su acidia, sea
por el túmido exceso de su soberbia. Tal longitud de hilo dio el
Señor por circunferencia de sus columnas, cuando enviando a
los discípulos a bautizar a todas las gentes, les dijo: Enseñadles
77
a guardar todas las cosas que yo os mandé (Mat. XXVIII). Quien
pues observa y enseña lo que ordenó el Señor a los apóstoles,
sin agregar nada, ni preterir ninguna cosa, es en verdad colum-
na en la casa de Dios, que es la Iglesia, y firme soporte de la
verdad, como el apóstol Pablo previno debía ser Timoteo.

Y en verdad como sin la ciencia de las escrituras no puede ha-


ber firme vida ni palabra de doctores, se agrega conveniente-
mente: Hizo también dos capiteles, para que se pusieran sobre
las columnas, fundidos en bronce. Uno de cinco codos de altura,
y de cinco codos de altura el otro. Porque la cabeza de las co-
lumnas, es decir la parte superior, son el corazón entrañable de
los doctores de los fieles, cuyos devotos pensamientos, como
miembros de la cabeza, dirigen al Señor, igual que todas sus
obras y también sus palabras. Además los dos capiteles que en-
cimaban esas cabezas, son los dos Testamentos, en cuya medi-
tación y observancia los santos doctores se someten, de alma y
cuerpo por entero. Por donde es razonable que ambos capiteles
tengan cinco codos de altura, porque es así como en cinco li-
bros se comprende la Escritura de la ley Mosaica, y también en
cinco siglos se encierra la serie entera de la edad del Viejo Tes-
tamento. El Nuevo Testamento verdaderamente no nos predica
otra cosa que lo que Moisés, por esos libros, predijo que había
de predicarse, e igualmente los profetas. De ahí que el Señor
a los Judíos que inútilmente adherían a la letra del Viejo Testa-
mento y despreciaban la gracia del Nuevo, les dijo: Si creyesen
a Moisés, me creeríais tal vez a mi; porque él escribió de mi
(Juan V). Escribió sí, Moisés, de Dios, mucho en figuras, y aque-
llo abiertamente cuando narra la promesa del Señor a Abraham,
que en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tie-
rra; y cuando él mismo dice a los hijos de Israel: Porque el Señor
Dios vuestro os suscitará un profeta de entre vuestros herma-
nos, al que oiréis como a mí mismo todo lo que os hablare. De
cuyo presagio advirtió a los discípulos la voz del Padre desde
el cielo, cuando, apareciéndoseles el Señor en gloria, entre el
mismo Moisés y Elías, atronó en el santo monto diciendo: Este
78
es mi Hijo amado, en el que me he complacido, oídlo a él (Luc.
XI). Por consiguiente, como por la admirable armonía de la di-
vina operación, no sólo la gracia del Nuevo Testamento estuvo
antes escondida en los velos del viejo, sino ahora los misterios
del Viejo Testamento están revelados en la luz del nuevo, así es
como el capitel de ambas columnas tiene cinco codos de altura,
porque manifiesto es que en el Antiguo Testamento, cuyos mis-
terios todos están ocultos ya en los cinco libros indicados, o ya
mejor y con más plenitud en las cinco edades, también tiene ín-
sita la gracia de la perfección evangélica. Igualmente un egre-
gio predicador que, enviado a los judíos o a los gentiles, con-
firmado en el concordante testimonio de las divinas palabras,
conservara sin error el combate de la fe y la rectitud de la obra,
en su enseñanza sabrá extraer lo nuevo y lo viejo de su propio
tesoro. Empero no sólo expone los Testamentos relacionando
entre sí los divinos misterios, sino que todos los selectos textos
que están contenidos en los libros de ambos Testamentos, están
dotados de una misma fe y unidos entre sí en una misma clari-
dad. Por donde acerca de la forma de estos capiteles correcta-
mente se agrega: Y en forma de red, y de cadenas entretejidas
con admirable factura, estaba hecho el fuste de ambos capiteles
de las columnas. Por lo que en el libro de los Paralipómenos
está escrito: Hizo asimismo cadenas en el oratorio, y las puso
sobre las cabezas de las columnas (II Par. III). La forma pues
de las cadenas, semejantes a las redes de los capiteles, es la
variedad de las virtudes espirituales en los santos, de la que
el Señor canta en los Salmos: De pie está la reina a tu derecha
en vestido bordado, de variedad ceñida (Ps. XLIV); es decir, en
vestido de fulgurante amor, ceñida de la variedad de los diver-
sos carismas. O también, la compleja contextura de las cadenas
y la distribución de la red, simboliza las multifacéticas personas
de los elegidos, que suscriben las palabras de los santos pre-
dicadores escuchando y obedeciendo con fidelidad, a la mane-
ra de las cadenillas puestas sobre las cabezas de las columnas
ofrendan el milagro de su comunión con todos los presentes.
Estas cadenas entonces están entretejidas en admirable labor,
79
porque en definitiva la mirífica gracia del Espíritu Santo obra
para que la vida de los fieles, en diversos lugares y tiempos,
según grado y condición, y sexo y edad, aunque existan mu-
chas cosas secretas entre unos y otros, sin embargo permanez-
ca mutuamente unida en una y la misma fe y amor. Que la frater-
na congregación de los justos, que viven en tiempos y lugares
distintos, sea producto pues de la propiedad unificadora de los
dones espirituales, se refleja en las siguientes palabras que se
añaden en referencia a la hechura de los capiteles: Guirnaldas
de siete hilos en un capitel y guirnaldas de siete en el otro. Pues
el número septenario suele indicar la gracia del Espíritu San-
to, como lo atestigua Juan en el Apocalipsis, quien como viera
que el Cordero que le hablaba tenía siete cuernos y siete ojos,
enseguida dio la explicación siguiente: Los cuales son los siete
Espíritus de Dios enviados a toda la tierra (Apoc. I). Lo cual el
profeta Isaías explica abiertamente cuando hablando del Señor
que había de nacer en la carne decía: Descansará sobre él el
Espíritu del Señor, Espíritu de sabiduría e intelecto, Espíritu de
consejo y fortaleza, Espíritu de ciencia y piedad, y lo llenó del
Espíritu del temor de Dios (Is.XI). Había pues siete guirnaldas
formadas de hilos en ambos capiteles, y los padres de ambos
testamentos, por la gracia recibieron de uno y del mismo septi-
forme Espíritu para que fueran elegidos.

E hizo columnas y dos órdenes de guirnaldas individuales


alrededor para que cubrieran los capiteles. Había además dos
órdenes de guirnaldas en rededor de los capiteles, pero cada
orden corría por siete hilos, hasta que, cumplido el giro del ca-
pitel, de nuevo volviera al principio, haciendo un círculo. Esta
figura de los sacramento no está oculta, porque dos son los
órdenes de las guirnaldas, pues la virtud del amor tiene dos
aspectos gemelos, porque se nos manda amar a Dios de todo
corazón y con toda el alma, con todas las fuerzas, y al prójimo
como a nosotros mismos. Ambos órdenes tienen guirnaldas de
siete hilos, porque no se puede amar a Dios sin la gracia del
Espíritu Santo, ni al prójimo. Firme está pues la verdadera sen-
80
tencia, de que la caridad de Dios ha sido derramada en nuestros
corazones, no por mérito nuestro, sino por el Espíritu Santo que
nos ha sido dado. Empero allí donde está la caridad de Dios, allí
ciertamente se difunde la del prójimo en los corazones de los
fieles, porque en verdad de manera alguna no es posible tener
una sin la otra.

Estas guirnaldas pues fueron hechas para que cubrieran los


capiteles, es decir rodeándolos en rededor, porque toda página
de la Santa Escritura, entendida inteligentemente, resuena en
toda gracia de caridad y de paz. Las guirnaldas de los capiteles
81
de las divinas palabras son vínculos de amor mutuo. Y los capi-
teles fueron vestidos de guirnaldas, pues se prueba que las pa-
labras sagradas, como dije, se establecen universalmente por
el don de la caridad. Porque inclusive en aquellas palabra de
la Escritura que no entendemos bien, se percibe con largueza
la caridad. Por ello sobre estas guirnaldas y capiteles se añade:
Que estaban coronadas de granadas. Pues las granadas, cuya
naturaleza es de envolver con una corteza robusta muchos gra-
nos en su interior, cabalmente se ponen como figura de la santa
Iglesia que encierra bajo la protección de una sola fe innume-
rables elencos de elegidos. Puede también designar la justicia
y la forma de vivir de cada uno, que cuida de cercar con su cus-
todia, en firme fidelidad y humildad, las muchas cosas nobles
de los pensamientos y de las virtudes, no sea que se pierdan.
Y muy adecuadamente, en misterio, las cabezas de las colum-
nas estaban en rededor circundados por granadas, porque los
santos doctores deben recordar la vida de los primeros fieles,
y convalidar por todos los medios sus actos y palabras siempre
con el ejemplo de aquellos, no sea que erraran, viviendo y ense-
ñando, tal vez bajo una regla de vida diferente de la de ellos. Por
consiguiente, así como la trabazón admirable de las guirnaldas
significa la unidad de los fieles, que es vínculo de paz, así tam-
bién las granadas designan simbólicamente la misma unidad,
la cual acoge y abraza innumerables pueblos del mundo en una
sola regla de la fe católica. O también la trabazón admirable de
las guirnaldas demuestra la concordia manifiesta de todos los
fieles; las ganadas en cambio el modo de las virtudes interiores
del alma, que, completamente invisible a los demás, expresa a
saber paciencia, humildad, benignidad, modestia y demás co-
sas semejantes. Y como la piel bellísima de las granadas asoma
afuera, aunque interiormente no se ven los muchos granos, así
la piedad de los santos se deja ver ampliamente de todos, los
cuales no se percatan de lo que adentro hay de fe, de esperanza,
de amor, y de los demás bienes del alma.

Ahora bien cuando se dice de las guirnaldas que eran para


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que adornar los capiteles que estaban en la parte superior de
las granadas, se implica en esa expresión, que las granadas ha-
bían sido puestas alrededor de los capiteles, por la parte infe-
rior, y a partir de estas mismas granadas nacían las guirnaldas
que cubren los capiteles y otras partes. Se ve pues la figuración
del misterio, porque las guirnaldas superiores anexadas a las
granadas significan simplemente ya las virtudes humanas ya las
espirituales. Pues sabemos que las virtudes nacen de las virtu-
des, y que los santos avanzan de virtud en virtud, hasta ver al
Dios de los dioses en Sion. Sabemos (dice) que la tribulación
engendra la paciencia, la paciencia a su vez la constancia, y la
constancia la esperanza (Rom. VIII). Llegan también al mismo
universal colegio de los elegidos una tras otra las variadas per-
sonas de los justos, y los menores de sus mayores y predeceso-
res gozan fielmente afirmándose en seguir sus pasos y sus di-
chos y sus escritos, no sea que tal vez pudieran caer en error.
Las guirnaldas pues están ubicadas sobre la parte superior de
las granadas, porque la concordia del amor se sobre añade a las
obras perfectas. Y siendo que en ambos servicios de la virtud, a
saber obra y amor, resplandece la vida de los santos, así la tra-
bazón sobreañadida de las guirnaldas acompaña en forma se-
mejante al ornamento circular de las granadas en los capiteles.
Y como todos los dones de las virtudes presentes están ordena-
dos a la remuneración de la gloria eterna, que nos ha sido pro-
metida y administrada por el Evangelio, perfectamente se agre-
ga: Los capiteles que estaban sobre el extremo superior de las
columnas, en el pórtico, tenían como una labor de lirios de cua-
tro codos. ¿Qué otra cosa designan los lirios sino la claridad de
la patria superna y de la inmortalidad fragante de flores, la ame-
nidad del paraíso? ¿Qué se muestra por los cuatro codos sino el
discurso evangélico que nos promete el introito a su eterna
beatitud, y el camino para alcanzarla? Los santos doctores pues
nos muestran en los cuatro libros de los Evangelios las prometi-
das fronteras del celeste reino, como las cabezas de las colum-
nas exhiben en ellos la labor de los cuatro codos de lirios. Don-
de hay que notar, según el sentido literal, que como se menciona
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la labor de lirios en los capiteles de cuatro codos, y no se agre-
ga de qué latitud ni a qué altura, se ha dejado a juicio del lector
que imagine a qué altura y en qué latitud estaba. Consta sin em-
bargo sin duda alguna que las columnas, cuya cintura abarcaba
doce codos, tenían cuatro codos de grosor. Pues toda circunfe-
rencia tal dimensión tiene de diámetro cuanto el triple tiene en
la circunferencia. Así el mar de bronce, cuyo diámetro tenía diez
codos, como se dice a continuación, consecuentemente tenía
treinta codos de circunferencia. Bien con verdad se dice que la
labor de lirios era de cuatro codos, sea cual fuera la latitud o la
altura, de cualquier manera la forma de la figuración es eviden-
te, porque ya resonó por el mismo Evangelio la tan deseada voz
diciendo: Haced penitencia, porque se acerca el reino de los
cielos. (Mat, III). A lo que se sigue: Y nuevamente otros capiteles
por encima de la parte superior de las columnas, de acuerdo a
la medida de la columna, adosados a las guirnaldas; de acuerdo
a la medida de la columna dice, de tanta altitud cuanta era la
columna, de cuya altitud cuanta era nunca se describe. Pues
bien, estos capiteles, fueran cual fueran y de qué tamaño (pues
la Escritura no designa claramente cuál fuera su medida), pare-
cen estar cubiertos de alguna manera por los lirios; de cuya la-
bor, si se busca el placer de inquirir cierto sentido místico, pue-
de designar, y no incongruentemente, la sublimidad del reino
celeste, que el ojo no vio, no el oído oyó, ni entró en el corazón
del hombre, lo que Dios tiene preparado para los que lo aman.
Tras los lirios de cuatro codos se agregan otros capiteles de
cuya altura nada se dice, porque muchas son las cosas que de la
felicidad celeste leemos en el Evangelio, a saber: que los puros
de corazón verán a Dios, que no se casarán, ni serán dadas en
matrimonio, que ya no podrán morir, que dondequiera este
Cristo, allí estarán también sus ministros, que a ellos él mismo
se manifestará, que abiertamente os expuse acerca del Padre,
que el deleite de la visión no podrá nadie quitarles. Pues de
estas cosas que dijimos, su naturaleza, el estado y la forma de
vida de la patria celeste misma, cómo se lleve a cabo, sólo las
conocen sus ciudadanos, los que merecieron entrar en ella. Por
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donde la hechura y la altura de estos capiteles, que estaban
arriba de los lirios, por incomprensibles para los habitantes de
la tierra, insinúan muy bien la calidad de la morada celeste; de
la cual lo que menos se oculta es que allí todos disfrutan de la
común felicidad de la contemplación divina, tanto más sublime,
cuanto más puros para mirarla sean los ojos del corazón. Porque
así dijo: Bendigo a todos los que temen a Dios, los más peque-
ños como también los mayores; él mismo dijo: Porque tú darás a
cada uno conforme sus obras (Ps. CXIII). Será pues común allí la
bendición de todos los elegidos. Sin embargo de acuerdo a la
diferente cualidad de las obras, muchas son las habitaciones de
bienaventurados en la una y misma casa eterna del Padre en los
cielos: lo cual creo que también está místicamente expresado
por la estructura de estas columnas, cuando se dice: Y de nuevo
otros capiteles encima de la cumbre de las columnas, conforme
las medidas de la columna, opuestas a las guirnaldas. De acuer-
do a las medidas de las columnas son los capiteles superiores,
pues los santos doctores, y más aún todos los justos que siguen
sus pasos, recibirán los premios de la retribución celeste, de
acuerdo a los méritos de las obras pías. Opuestos a las guirnal-
das están los dichos capiteles, porque de acuerdo al modo del
amor que en esta vida la santa fraternidad maridó a todos entre
sí, así también en los cielos estará también unificada la socie-
dad de los supernos ciudadanos en presencia de su Creador. Y
como en verdad una misma sociedad de supernos ciudadanos
se concede a ambos pueblos, se agrega: En rededor del segun-
do capitel había doscientos órdenes de granadas. Dijimos que
las granadas son símbolo de toda la Iglesia; la centena en cam-
bio que a la derecha viene primero, muchas veces quiere figu-
rar la vida de la eterna beatitud. Se duplica en cambio la canti-
dad de las gradas en rededor del segundo capitel, para indicar
místicamente que el pueblo de ambos testamentos, unificado
en Cristo, recibirá la corona de vida eterna. A cuya figuro co-
rresponde lo que está escrito de los apóstoles que, luego de la
resurrección del Señor, estaban pescando y lo vieron detenido
en la orilla: No estaban lejos de la orilla, como doscientos co-
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dos, sacando la red de pescar (Juan XXI). Por doscientos codos
pues sacan para el Señor la red colmada de grandes peces, in-
dicando en la orilla el efecto de su resurrección, así como los
santos predicadores, dan a Judíos y a gentiles la palabra de la fe,
y habiendo retirado a los elegidos de ambos pueblos de los
olas del presente siglo, los conducen a la gloria de la futura paz
e inmortalidad. El circuito entonces del segundo capitel tiene
doscientos órdenes de granadas, pues la sublimidad del reino
celeste congrega a ambos pueblos elegidos en una sola arca de
beatitud. Y estableció dos columnas en el pórtico del templo.
Cuando puso la columna derecha, la llamó Yakim, esto es, firme-
za. Levantó igualmente la segunda columna, y la llamó Boaz, es
decir, en solidez. La columna derecha, dijimos, expresa la figura
de los doctores que en Jerusalén crearon la primitiva Iglesia; la
segunda de los que están destinados a predicar a las gentes. O
también la columna de la derecha significa a aquellos que pre-
dijeron profetizando al Señor que vendría en la carne; la segun-
da, los que dan testimonio de que ya vino y redimió al mundo
con su sangre. Y rectamente con un término similar ambas co-
lumnas se designan, cuando a una firmeza se la llama, y a la otra
solidez; para que sea patente que una sola fortaleza de fe y de
obra había en todos los doctores, para que se revele la inope-
rancia de nuestra época, cuando no pocos doctores, sacerdotes
se dejan ver como columnas de Dios, y así quieren que se los
llame, cuando no tienen nada de fe firme que los lleve a despre-
ciar las pompas seculares ni a desear los bienes invisibles, nada
tienen de solidez para corregir los errores para lo que han sido
designados, ni nada de inteligencia para entenderlos.

NOTAS:

[1] Beda, De Templo Salominis Liber, PL XCI; París, Brepols-Tur-


nhout, 1850
[2] Ver la Tercera Parte Wilhelm de Hisrau y la Orden de Con-
versos Laicos.
[3]  Naudon, Paul El carácter especulativo de la Masonería de
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Oficio. El Ritual, La Leyenda de Hiram y el Mito Iniciático.
[4] Sanguinetti, Jorge, Espiritualidad y Masonería, Kier, Buenos
Aires, 2007.
[5] Recomendamos al lector los trabajos del H.·. Karel Musch, An
exploration of Monastic and Masonic Orders (de la Respetable
Logia Nº 280 del Gran Oriente de los Países Bajos).
[6] Estos estudios llevados a cabo sobre documentos históricos
tuvieron un correlato inevitable, pues definidos los antecedentes
monásticos de la francmasonería, la labor inmediata me llevó a
trazar la historia de la transición de las logias monásticas a las
corporaciones medievales y la de estas últimas a la denominada
masonería especulativa. La primera parte se publicó en España
en 2005 bajo el título El otro Imperio cristiano (Nowtilus, Madrid,
2005), obra que abarca desde la proto masonería de la Alta
Edad Media hasta la restauración masónico-templaria del siglo
XVIII. La segunda vio la luz en 2007 con el título El mito de la
Revolución Masónica (Nowtilus, Madrid, 2007) cuyo fin era ex-
plicar de qué manera y en qué circunstancias históricas se ar-
ticuló el denominado Régimen Escocés Rectificado, estructura
que restituyó a la masonería en su sesgo cristiano primitivo, y
que fue fundado por Jean-Baptiste WIllermoz. (Lyón, 1730-1824).
Estas obras abarcan la historia de la masonería cristiana desde
la Alta Edad Media hasta la Revolución Francesa, razón por la
que remitimos al lector a lo ya escrito, disponiéndonos al de-
sarrollo de un ensayo que pretende un nuevo giro sobre estas
cuestiones.
[7]  Mi aproximación al sacerdote y filósofo catalán es una
compleja hipérbole a la que puedo definir como un providencial
descubrimiento progresivo. Buenos Aires es una ciudad alejada
infinitamente del Ganges que Panikkar observó durante déca-
das desde la terraza de su casa en India. Lejana de su retiro en
Manresa en las faldas occidentales de los Pirineos. Sin embargo
tuve oportunidad de escuchar su mensaje en dos producciones
televisivas de Holograma, emitidas en los 90[7]. La primera fue
su intervención en el debate sobre Arte, Ciencia y Espiritua-
lidad en una Economía Cambiante, realizado en Ámsterdam a
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mediados de la década; la segunda fue una serie de reportajes
realizados en la India y en Cataluña por la RTSI.
[8] Newman, Louis Israel, “Jewish Influence on Christian Reform
Movements” (AMS PRESS, Inc., New York, 1966), p. 32.
[9] Hist. Eccl., lib. II, cap. 13 .
[10] Brown, Peter, Ob. cit, p. 184.
[11] Beda, TSL; 737-D.
[12] Beda, TSL; “Epistola ad Eumdem Accam” 738-B.
[13] Brown, Peter, Ob. cit. p. 189.
[14] Naudon, Origenes, p. 36.
[15] Beda, TSL; 737-D “Domus Dei quam aedificavit rex Salomon
in Jerusalem, in figuram facta est sanctae universalis Ecclesiae,
quae a primo electo usque ad ultimum, qui in fine mundi nas-
citurus est, quotidie per gratiam regis pacifici, sui videlicet Re-
demptoris, aedificatur”.
[16] 2 Co 6:14-16
[17] Capítulo I
[18] Capítulo II
[19] Capítulo III
[20] Capítulo IV
[21] Místicamente dice, pero creemos, y no me caben dudas
que esta palabra entonces no había aún adquirido el sentido
emocional y de actitud pasiva ante la divinidad que alcanzará en
los místicos de épocas posteriores. Se trata aquí de un sentido
superior, alegórico, simbólico, que es el elaborado por una mente
sabia e iluminada. (Comentario de Jorge Sanguinetti)
[22] Notar “fe y obras”, es formulación técnica, como Dante dice
que los hombres nacieron para la “virtud y el conocimiento”,
terminología que destaca los dos elementos indispensables de la
perfección.
[23] Se repite lo mismo, pero acentuando la necesidad de lograr
un conocimiento verdadero y saber cuál es la vía cierta que
permite llegar a la virtud.
[24] Capítulo VIII
[25] Capítulo XVII
[26] Capítulo XVIII
89
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Julio 2019
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