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El Encuentro.

El Encuentro

Cap.1.

Sentado en el banco de los soportales de la Plaza Mayor contemplaba el rodaje de aquella película de aventuras. La protagonista, Eva Luando, era mi ideal erótico de mujer, sueños húmedos incluidos, y siempre pensé que lo más cerca que iba a estar de mí era en ese gigantesco poster que adornaba mi estudio, Sin embargo allí estaba, enfundada en un ceñido mono de napa negra que realzaba su sensacional figura. El traje se amoldaba a su cuerpo como un guante estrecho y con él sus movimientos de pantera me producían un éxtasis más que estético: indescriptible. Eva es una actriz australiana que hacía apenas un año había sido elegida por la academia de cine como la actriz más “sexi” del momento. Desde la primera película en que la vi la amé decididamente. No tenía importancia si era buena actriz o no, sus películas eran tremendamente malas con un guion que solo la permitían lucir su palmito. Pero eso a mí me resbalaba, en cuanto aparecía llenaba la pantalla de tal manera que yo no necesitaba más. Nada más.

Era el 22 de Diciembre y vaya Navidades me esperaban. Aquella era mi primera mañana de vacaciones obligadas y no tenía nada mejor que hacer. El día anterior me habían entregado la carta de despido y sin preaviso me habían dicho que no volviera. Después de once años de trabajar al servicio de la empresa, con bastante acierto creo yo a tenor de las alabanzas de los directores comerciales, hala, a la puta calle. El dueño la había vendido a un grupo bancario francés que tenía otro “director de publicidad. Director y currante porque yo soy, mejor dicho era, el único de ese departamento.

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En ese instante no quería pensar en nada, una hora antes me había pasado por Comisiones Obreras y había entregado junto a la notificación del despido, varias nóminas recientes y el contrato. Tenía un conocido allí que me había prometido encargarse de todo, es un tío legal así que me puse en sus manos y decidí pasar el resto del día mirando a la chica más guapa del mundo. Lo dicho me fui a la plaza para ver el rodaje tan comentado en todas las radios locales.

Eva había tardado un buen rato en aparecer y cansado de esperar había pensado varias veces irme, además mezclada entre el equipo de rodaje apenas se la veía, sin embargo en aquel momento Eva estaba muy cerca de donde yo estaba, apenas quince metros. Se giró y hubo un instante en el que nuestros ojos se encontraron por casualidad frente a frente. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal, y como en un espejo a ella también pareció pasarle algo raro; se puso muy seria un momento, luego sus ojos delataron asombro, luego su boca esbozó media sonrisa mientras daba un paso hacia mí. En ese momento la llamaron desde el rodaje y el instante se quebró. Dio la vuelta y se dirigió hacia el grupo de personas de donde había salido aquella voz perdiéndose en su interior. El corazón me volvió a latir y anoté mentalmente ese instante como uno de los más importantes de mi vida.

Minutos después un muchacho con barba lacia

las mejillas lampiñas se acercó a mí con un sobre en la mano.

en el mentón y

.- Para usted, - dijo al mismo tiempo que me entregaba el sobre, - de parte de doña Eva.

Lo abrí rápidamente sin saber que pensar, el corazón me ardía congelado. Dentro solamente había una invitación estándar para la prensa en la que se leía:

“La productora cinematográfica “la Boutade” tiene el gusto de invitarle a la rueda de prensa que dará el equipo de rodaje de

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la película “Ángela, la vengadoraen el Hotel Alfonso VIII el jueves 23 a las 19 horas”

Que desilusión, ya tenía varias de esas invitaciones, habían llegado a la empresa la semana anterior. No me habían interesado lo más mínimo.

Desde luego no pensaba ir a pesar de la presencia de Eva. Yo amo el cine y detesto la televisión. Sobre todo los programas de famoseo y corazón. Esas recepciones son trampas en las que se agazapan las televisiones a la caza de situaciones curiosas que les den carnaza para sus programas de telebasura. Os lo dice un publicista. Conmigo mañana que no cuenten, estoy en paro.

Me levanté y abandoné la plaza lentamente.

Cap. 2

No conseguía dormir. Daba vueltas y vueltas en mi solitaria cama. El despido, la media sonrisa de Eva, la invitación al evento publicitario me agobiaban. Sin saber por qué las palabras Canadá y Australia revoloteaban en mi cabeza de forma agresiva y premonitoria.

Tengo 33 años y soy muy tímido. Deportista, dibujante aficionado de comics, publicista en paro, y solitario introvertido son mis señas de identidad. Nunca había tenido novia ni nada que lo pareciera. En parte se lo debía a mi padre

y a sus rígidas enseñanzas desde niño. La temprana y

repentina muerte de mi madre le había amargado para

siempre y de rebote a mí también.

Poco a poco me fui quedando dormido y empecé a soñar, pero

en el fondo sabía que no era un sueño.

*

*

*

El Encuentro.

Vaya tensión después de comer. Era el 23 de Diciembre y en el cole había suspendido Matemáticas y Lengua. Había sacado 10 en Dibujo e Inglés pero eso no importaba. Matemáticas y Lengua, eso es lo que me haría ser un hombre de provecho, decía una y otra vez mi padre.

Mi padre no era un mal padre y no es que no diera la talla en lo importante. Nunca me había pegado y trataba de dialogar conmigo sobre lo que debía y no debía ser. Yo sabía que sufría con mi educación, pero estaba claro que no me entendía y no sabía tratarme equilibradamente. Daba la sensación de que me tenía miedo. Parecía mentira que fuera profesor de artes marciales orientales. Era muy rígido de mente.

Mi madre había muerto hacía poco menos de dos años y yo a mis trece años odiaba mi vida y todo lo que la rodeaba. No sabía por qué coño había tenido que nacer. La vida en general era una mierda y la mía en particular era una putada.

y me fui de casa dando un

No soporte la bronca silente portazo.

Empecé a andar cabizbajo sin destino y rumiando mis desgracias. El tiempo despareció mientras yo, el judío errante redivivo, carecía de destino, huía de mí mismo.

La chica sería de mi misma edad y era alta y desgarbada. Un matón mayorzote la había acorralado contra una tapia de la calle y la inmovilizaba con un brazo a cada lado de sus hombros. Dame un beso” decía alargando los labios de una manera asquerosa. Ella oscilaba la cabeza ante sus ataques mientras gritaba pidiendo ayuda.

Me acerqué lenta pero directamente e hice una pregunta que más parecía una orden:

.- ¿Por qué no la dejas en paz?

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.- Lárgate canijo o cobras.

.- Hay otras maneras, dije yo.

El matón se separó de la muchacha, giró hacia mí y con una sonrisa que era todo testosterona acometió contra mí como un elefante agitando sus puños que parecían molinos de viento.

Yo ya era cinturón azul de Judo y mi padre me había enseñado algunos trucos, digamos extradeportivos. Agarré con mis dos manos el brazo derecho del energúmeno y giré 180 grados al mismo tiempo que flexionaba una rodilla y separaba ligeramente la pierna contraria. Mientras me levantaba tiré con fuerza del brazo para abajo. Fue una chapuza de “hipón” pero cumplió su cometido. El joven agresor salió volando por encima de mi hombro, giró su corpachón en el aire y cayo a unos tres metros de espalda. Lo último que tocó el suelo fueron sus talones que sonaron sordamente. Le tuvo que doler.

Se levantó aturdido y me miró con sorpresa. Para entonces yo ya me había puesto en mi pose favorita. Como Peter Pan:

Erguido, con los brazos en jarras y las piernas separadas, sentí la espectaculariddad del momento. El tío se acojonó y se fue corriendo. Iba llorando, blasfemando y amenazando a la vez, pero se iba. Bien.

La niña me miraba con susto. No sé por qué no había salido corriendo. La sonreí tratando de parecer amistoso mientras decía, “Hola me llamo Lucas.

Al poco íbamos andando juntos, sin rumbo creía yo. Se llamaba Marisina y tenía diez años. Era flacucha y muy alta para su edad. Estaba muy triste porque a su padre, músico, le habían contratado para la Sinfónica de Canadá y se iban a marchar pronto. Se echó a llorar de repente y yo sin saber por qué le pase amistosamente mi mano por los hombros. Ella no se apartó sino que me enlazó por la cintura. Fue la primera vez después de morir mi madre que no me sentí solo.

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No sé cuánto tiempo pasó ni cuantos kilómetros recorrimos, pero hablamos y hablamos y hablamos, de , de ella, del colegio, del mundo

El cielo ya estaba negro cuando nos paramos frente a un chaletito pequeño.

.- Vivo aquí me dijo.

.- ¿Nos volveremos a ver? Pregunté tímidamente.

.- Si quieres, contestó ella. Me pareció que recalcaba el tú. En sus ojos pude leer adoración.

De repente se echó sobre mí y me besó en el cuello, luego salió corriendo abrió la cancela y desapareció en el jardín de la casa. Aun siento aquel maravilloso beso tibio en mi piel.

Volví a la realidad. Menuda bronca me esperaba por llegar tan tarde. Y esta no iba a ser simbólica, pero la aguanté sin escusas, como un hombre, había merecido la pena.

Durante los dos días siguientes no pude ni siquiera pensar en mí mismo. Nochebuena y Navidad, días para los abuelos. Los paternos a cenar en Noche Buena y la materna a comer en Navidad. Mi padre se pone muy nervioso con eso y hay que estar pendiente de todo. Pero salió bien, como siempre. El abuelo con su misa del gallo, ¡Que peñazo! Y al día siguiente pullitas de la abuela materna. Todo en orden.

El 27 conseguí escaparme de casa y fui directo a casa de Marisina. Hice guardia muy nervioso en su puerta por ver si salía. Nada de nada. De esquina a esquina sin quitar ojo de la puerta. Parado junto al buzón de correos por ver si se movía alguna cortina. Nervios, fatiga, soledad, vacío. Al cabo de varias horas me atreví a llamar al timbre. No le oí sonar. Insistí pero otra vez nada de nada.

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Durante el resto de las vacaciones esa fue mi única ocupación. La repetía día tras día a pesar de observar como la puerta de entrada se iba llenando de hojas muertas, marrones y arrugadas. El último día de vacaciones llegó un hombre que puso un cartel en la cancela “Se alquila”

.- ¿No lo sabes? La familia que vivía aquí se marchó el día de Navidad a Canadá. ¿Qué? No, no te puedo dar la dirección.

Y así terminó todo. Mi primer y único amor frustrado a los trece años.

Cap.3

Me desperté con una extraña sensación de vigor, había dormido como un leño, no recordaba nada y parecía que hubiesen pasado apenas unos segundos, pero habían sido 14 horas seguidas. Me duché, me vestí de bonito y me senté frente al espejo grande del salón. Estaba muy nervioso. Me sentía infantil, y tenía miedo, mucho miedo. Pero sabía perfectamente por qué.

Llegué muy pronto al Alfonso VIII y me planté ante la sala de prensa. Me miraba el personal del hotel sorprendido con mis idas y venidas alrededor de la puerta. No me podía estar quieto. Tuve que esperar algunas horas pero en cuanto abrieron las puertas, entré como un ciclón y me senté en primera fila. Nadie me pidió la invitación.

Durante un largo rato que se me hizo eterno, el guionista y el director de la película estuvieron diciendo chorradas sin interés; publicidad anodina. Cuando Eva entró, la sala ya estaba llena y había varias cámaras de televisión pululando entre los rostros conocidos. Ya no era flacucha y desgarbada pero la reconocí al instante.

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Ella al verme me sonrió ampliamente. Automáticamente me puse de pie y ella sin saludar a nadie se dirigió directamente hacia mí y me dijo,

.- Hola Lucas, cuánto tiempo.

.-

yo

mecánicamente.

.- Son cosas de mi agente - respondió risueña mientras me besaba en el cuello, exactamente en el mismo sitio de entonces.

Para entonces ya teníamos una cámara de televisión encima y la locutora le metía un micrófono por las orejas mientras preguntaba

.- ¿Es su novio?

.- No, aun no,

respondió sonriendo.

pero espero que sea el padre de mis hijos -

Hola

Marisina,

¿con

qué

australiana

eh?

-

dije

Y entonces, por primera vez en mi vida me desmayé.

Epílogo

Vivimos en Canadá y somos pareja feliz. Tenemos dos hijos, un chico y una chica que se llevan muy bien. Eva María sigue con su trabajo y ya ha demostrado que también es una excelente actriz. Yo he abierto una pequeña oficina de diseño que no funciona mal. No paramos de hablar entre nosotros porque nos lo contamos todo entre risas y suspiros y así vamos recuperando los años perdidos, poco a poco, sin prisas. Tenemos toda la vida para recordar y crear nuevos recuerdos.

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Y no me besa en la boca porque dice que en su profesión tiene que besar en la boca a gente que no le gusta. A me besa en el cuello, y no veáis como me pone.