Contradicciones

Ya era de noche cuando aquella tarde llegué al “Refugio”. El
“Refugio” es el bar de copas donde suelo tomar la penúltima y está
en los bajos del piso en el que vivo. Había tenido un día infernal de
todos los demonios y sentía la boca mas seca que un polvorón de la
Estepa. Para colmo me dolía la cabeza y como siempre, me había
dejado las pastillas en la oficina. El primer copetín de orujo lo
apuré de un solo trago en el mostrador. Hasta el tercero no me di
cuenta de que había novedades.
Perdonadme que escriba en telegrama. Es la jodía manía de hacer
informes. A mi jefe le gusta así, dice que todo queda mas claro,
pero a mi me parece una paletada. Voy a intentar ser literario. Yo
tengo estudios.
Habían quitado la mesa donde me sentaba eventualmente y ahora
había en su lugar una especie de pista de baile que servía de
escenario a una chica joven de aspecto infantil que en soledad
bailaba sensualmente haciendo maravillosamente grandes aquellos
exiguos tres metros cuadrados. Era alta y estaba bien formada .
Carajo y si que era excitante su contoneo con ese traje minifaldero
de plástico plateado que tapaba sus bragas por pocos centímetros.
Durante unos instantes me quedé absorto pensando en si las
llevaría.
Interrogué con los ojos a Primitivo subiendo las cejas y él me
contestó encogiéndose de hombros y marchándose al otro extremo
de la barra, mientras pasaba lentamente aquel eterno trapo sucio
por aquel eterno vaso que deliberadamente nunca terminaba de
secar. “Primi” era el dueño del club, de muy joven había
empezado a trabajar en el mismo local de camarero y continuaba
haciéndolo por placer, aunque a decir verdad no era lo suyo. El
dinero para comprar el local lo ganó como gigoló y chapero.
Parece ser que en eso era sensacional.
.- ¿Me invitas a una copa, polizonte? - La alegre voz me sacó del
marasmo.
Era Begoña, la angelical “puta del club” según ella misma se
definía. Era guapa, inteligente y tenía bastante clase. Los clientes
se peleaban por invitarle y no solía aceptar copas de nadie así
que me sonó raro. Le gustaba follar y lo hacía mas que mejor. Si le
caías bien podías pasar una noche inolvidable sin gastos. Yo ya lo
había probado y debo confesar que esa chica era una de mis
debilidades. Pero si le caías mal ya podías tener la cartera llena de
billetes que no tocarías ni la punta de sus zapatos de tacón de
aguja. Era sobrina lejana del dueño, todos sabíamos que con
derecho a roce completo, y desde luego que mandaba en el club
mucho mas que su tío que era algo lerdo. Aquella noche el local
estaba bastante lleno, así que me extrañó que me eligiera a mi.
.- Nena, ya sabes que soy abogado.
.- Ya, tu estudiaste derecho y yo filosofía y letras. Pero la verdad
es que tu eres un sargento de homicidios guapo y corrupto y yo la
mejor puta de Madrid. Así que pedimos unas copas, bailamos un
ratito y luego pagas las dos. ¿Te hace?
Sonreí, todo el mundo sabe, y ella mejor que nadie, que hacía
mucho que yo no pagaba ninguna copa en el club. Ni en ese ni en
otros; soy un poli, ¿No?
El día había sido jodidamente malo de la muerte pero me parecía
que la noche iba a ser estupendamente buena de la hostia. La
agarré por la cintura y salí a dar unos pasos de baile a ese redil que
se habían inventado mientras la musitaba al oído que yo no era un
corrupto sino un sentimental y que ella era la que mejor lo podía
entender. Soltó una carcajada y se apretó aun mas contra mi. Sentí
un tanto forzadamente sus pechos y sus caderas. Sus ojos estaban
brillantes y a mi me pareció que no era natural sino que se debía a
alguna de esas drogas de diseño que alegran la vida y no se porque
carajo hay que perseguir. Yo estaba en homicidios y allí las drogas
son el pan de cada día.
Dicen que soy corrupto porque con los delitos de las chavalas
hago la vista gorda y dejo que se me escapen pero nunca he
recibido un puto euro por ello. Alguna noche lujuriosa si o quizás
una empanada de zamburiñas que es otra de mis debilidades, pero
es que las chicas guapas sacan lo mejor de mi mismo. Bueno y si
las no tan guapas ponen cara de susto, también. Me ponen las
mujeres indefensas.
La música era lenta y dulzona y la tibia mano de Begoña en la
nuca me puso la carne de gallina, que digo gallina, avestruz, pero
logré controlar la situación. Los pasos de baile eran poco mas o
menos un acunamiento recíproco. Cerré los ojos y me dejé llevar,
sentía que el calorcito de su cuerpo me recorría de abajo arriba y
solo quería hundirme en esa grata sensación, no tenía ninguna gana
ni de pensar ni de hablar, pero no se por que en esos momentos
siempre la cago; como soy un bocazas abrí la bocota y dije bajito.
.- Así que os habéis traído una go-go. Pues no está nada mal.
Fue como si una corriente galvánica de miles de voltios la hubiera
atravesado violentamente. Se separó de mi rígida, me miro un
segundo echando chispas por los ojos y se fue dejándome solo,
plantado y desconcertado en esa pequeña pista de baile. Vi su
atractiva y desnuda espalda hundirse en la oscuridad del pasillo
que conducía al “Privado” mientras el taconeo de sus zapatos
resonaba armónicamente en mis oídos. Sentí que me estaban
mirando todos.
De repente el aire se volvió diáfano, me inundó un olor a ozono y
torpe y avergonzado me fui a la barra a tomarme la siguiente copa.
En mi soledad el aguardiente me supo a sandía.
* * *
Yo tengo la teoría de que los nombres son anteriores a las cosas,
vamos que si la rosa no se llamara rosa, olería a mierda. Mi
hermano pequeño siempre hacía esa estúpida pregunta ¿ Tu crees
que la naranja se llama naranja por el color naranja o que al color
se le llama naranja porque es el color de la fruta naranja?
Habíamos jugado con las palabras muchas veces a costa de esa
pregunta, hasta que se volvió pesada y monótona. Pero en mi fuero
interno siempre pensé que los nombres revoloteaban sobre las
personas buscando un molde en que encajarse.
Eran las tres de la mañana y llevaba tres duchas de agua fría
cuando aporrearon violentamente mi puerta. Begoña me había
dejado raramente excitado y yo no soy de los que me alivio en
soledad. La noche estaba siendo tan mala como el día y aun
parecía que iba a empeorar. La violencia de esos golpes en la
puerta no auguraban tranquilidad y sosiego.
.- Ya va – chillé- ¿Quien va?
Una voz femenina que no cuadraba con la violencia de los golpes
respondió.
.- Socorro, por favor. Auxilio.
Que tontería. Pues no digo yo ¿Quien va? ¿ Seré paleto?
Sin secarme apenas me puse unos calzoncillos limpios y cogí la
pistola. Sospechaba que la dueña de la voz no era quien daba los
golpes. Eran demasiado enérgicos. En mi profesión había que ser
desconfiado.
Abrí lentamente con la espalda pegada a la pared y una mujer
se abalanzó hasta la mitad del recibidor, al no ver a nadie giró
desconcertada para quedarse parada frente a mi, mirando
estúpidamente la pistola. El enorme cuchillo de carnicero que
llevaba en su mano derecha se le cayó al suelo. Miraba la pistola
pero no levantó los brazos, al fin y al cabo yo no había dicho el
consabido “manos arriba”.
La reconocí en el momento, era la chica que bailaba solitaria en el
club. Llevaba el mismo traje plastiquero plateado pero estaba
manchado de sangre. Estaba en “shock” y apenas podía hablar,
pero parecía mas asustada que peligrosa. Le di primero un vaso de
agua al que dio un sorbito y luego un vasito de ese orujo especial
que me manda por navidades mi amiga gallega, la de la empanada.
Lo apuró de un trago y no tosió. Me gustó ese detalle. Sus ojos
recobraron algo de brillo. Buena señal, no tardaría mucho en
calmarse. La hice sentarse en una silla del salón y la miré
escrutadoramente. Ella aguantó la mirada al principio, luego bajo
los ojos y comenzó a hablar mientras lloraba blandamente.
* * *
Se llamaba Salomé y era hermana de Begoña. Lo de Salomé no
me sorprendió, bailaba tan bien que no podía llamarse de otra
manera, lo de Begoña nunca me lo hubiera imaginado, pero no soy
de los que se detienen por una sorpresa. Además eso me aclaró un
poco el comportamiento de Begoña en la pista de baile.
Bueno pues resulta que a pesar de los consejos y
recomendaciones de su hermana, Salomé se lo estaba haciendo
con su tío que se la había traído del pueblo aprovechando las
fiestas de la Virgen de Agosto. La pobre también era un poco
cínica, vamos una Salomé auténtica, y pensaba que el berrinche
de su hermana era pasajero. Aquella noche después de cerrar el bar,
se lo habían hecho un par de veces ella y su insaciable tío, y
aunque "Primi" quería mas, consiguió escabullirse hasta el cuarto
de su hermana para decirle que no se enfadara, que estaba
dispuesta a compartir al tío, que aunque corto de mollera podía
darlas juego mas que suficiente a las dos. Ellas se encargarían de
darle un aire mas “cool” al local y hacerse ricos los tres. Ricos y
satisfechos.
Resultó que la puerta estaba entreabierta y nadie contestó a su
llamada. Así que entró y ¡sorpresa! se encontró a la buena de su
hermana despanzurrada en la cama. La habían abierto desde las
ingles hasta el cuello de un solo tajo. Me contó que trató de
reanimarla haciéndola el boca a boca y que por eso se manchó de
sangre. El cuchillo estaba sobre la cama y dice que lo cogió
mecánicamente sin saber por qué. Yo la creí. Estas putillas sabrán
mucho de lo “cool” pero ni puta idea de lo que son las pruebas de
un crimen. El cuchillo ya estaría lleno de sus huellas que habrían
tapado las del asesino si es que este no las había borrado antes de
dejarlo en la cama.
Me terminé de vestir y ambos fuimos al lugar. Begoña estaba
completamente desnuda, mas tiesa que carracuca y el paquete
intestinal se le había desparramado por la cama. Joder y le hizo el
boca a boca. La ignorancia está llena de actos inútiles.
Mis ojos entrenados descubrieron enseguida los errores que había
cometido el asesino. Las pistas eran tan claras que casi me lo
señalaron con el dedo. El perfil de un psicópata primerizo. Salomé
volvió a llorar y yo la sujeté firmemente por los hombros y la dije
muy despacio y vocalizando bien.
.- No toques nada. Vuelve a tu cuarto y espera a que tu tío descubra
el crimen. Que sea él el que avise a la policía. Lava el traje dos
veces en la lavadora con jabón y suavizante pero no te deshagas de
el. Acuéstate, trata de dormir y olvídate de esta noche. Cuando te
pregunte la policía, que lo harán, di que después de estar con tu tío
te fuiste muy cansada a tu cuarto, te quedaste frita y no oíste nada.
Mañana no te levantes hasta las doce y pon cara de sorpresa a todo
lo que te digan.
Abrió mucho los ojos y empezó a decir:
.- Pero ¿No eres tu la policía?
.- Ponte en marcha desde ya - corté empujándola hacia la puerta.
Salió en silencio.
Era un caso fácil. El asesino había cometido muchos errores y
detenerlo iba a ser cosa de días. Pocos días. Pero yo no tenía la
menor intención de encargarme del caso. Mañana llegaría
temprano a la brigada y me iría de patrulla, así que cuando
llamaran yo no estaría. Pero no era cosa de que implicaran a
Salomé mas de lo necesario. Era inocente y no sabía nada.
Así que me quedé solo en la habitación, limpié varias cosas,
ordené otras y desordené las mas. Limpié cuidadosamente el
mango del cuchillo de carnicero y lo escondí debajo del mostrador
del bar. Luego subí con el trapo de secar vasos lo mojé en la sangre
de Begoña y lo dejé debajo de la cama.
Todo estaba claro. La pobre Begoña, que en paz descanse, se
había tomado muy mal lo de su hermana y cuando fue su tío a su
cuarto con la intención de continuar el incesto a dos bandas, hubo
mas que palabras y éste perdió los nervios. Hubo poca lucha. Sin
premeditación y con su cociente intelectual en unos quince, quizás
diez, años estaría fuera. Creo yo.
Volví a mi casa y allí estaba Salomé sentada en mi cama y
mirando al suelo. Parece que además de bailar también sabía abrir
puertas cerradas. No me había hecho caso porque según dijo estaba
muy nerviosa y no quería estar sola. Era natural y me alegré
bastante pues necesitaba relajarme. Además yo también tengo
lavadora y suavizante. Lavamos nuestras ropas juntas.
Bueno después de todo no fue una mala noche. Cambiamos la
coartada pero no las sábanas. ADN del bueno por doquier y alibí
para los dos.
* * *
No, no he dejado la policía, y a pesar de mi maniobra si que me
tocó llevar el caso. Todo fue muy limpio y rápido. El pobre Primi
antes de llamar a la policía toco algunas cosas y se implicó aun
mas. Uno de mis mayores éxitos que contribuyó a un rápido
ascenso..
Ahora soy teniente de homicidios y me tomo mas en serio mi
medicación. No dejo de tomarla ningún día, aunque el orujo
tampoco.
Salomé es tan graciosa como su hermana pero mucho mas, como
diría yo, mucho mas bíblica.
No esperaba que nos lleváramos tan bien, no somos pareja pero
hay noches que es como si lo fuéramos.
Hasta que salga “Primi”, yo calculo que unos ocho años,
llevaremos el local entre los dos que está prosperando a ojos
vista. Después ya veremos.
Bueno, el club sigue oscuro y zarrapastroso, nada “cool”, pero
marcha viento en popa. No hemos quitado la pista de baile porque
a Salomé le gusta bailar, creo que es la única que lo hace, pero las
mujeres que tienen miedo a los cabrones de sus maridos por el
aquel de la violencia de género saben que si se toman una copa en
“El Refugio” y charlan un rato con el teniente de homicidios David
Delicado, sus miedos desaparecen. Bueno sus miedos y sus
maridos. Es algo que le debemos a Begoña. En eso los dos estamos
de acuerdo. Nobleza obliga.
Y el camarero es mucho mejor. Un auténtico profesional.
Lo que a veces me pregunto es como habrían seguido nuestras
vidas si aquella tarde me hubiera tomado las pastillas. Pero la
verdad es que no dejo que eso me afecte mucho.

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