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ERNESTO CHINCHILLA AGUILAR

PRIMER REPARTO DE TIERRAS

PARA LABRANZA

GUATEMALA, 1528-1538

UNION TIPOGRÁFICA

Guatemala, 1984

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Universidad Francisco IVIarroquín

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EL PRIMER REPARTO DE TIERRAS

PARA LABRANZA

GUATBAALA, 1528-1538

Adición al Libro Viejo de la Fundación de Guatemala

Colección Luis Lujan Muñoz

Universidad Francisco Marroquín

www.ufm.edu - Guatemala

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Ernesto Chinchilla Agutlar

EL PRIMER REPARTO DE TIERRAS

PARA LABRANZA

GUATEAAALA, 1528-1538

Adición al Libro Viejo de la Fundación de Guatenr>ala

UNION TIPOGRÁFICA

Guatemala, 1984

Hiiki-^A ©HiírbftírO oteí»n'»3

Se ruega no reproducir total o

parcialmente esta obra, sin au-

torización del autor.

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Boceto a lápiz d€ Ernesto Chinchilla Aguilar, hecho

por su hija, ROSANA CHINCHILLA, en Long Island.

New York, a 28 de mayo de 1984.

A:

ANN ELIZABETH CHINCHIUA HlLD€BRAND

y

KATHRYN MARÍA CHINCHILLA KELLER

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INTRODUCaON

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En agosto de 1967, el autor del presente estudio fue comisio** nado, ad hono^em, por el gobierno del presidente constitucional de

Guatemala, licenciado don Julio César Méndez Montenegro, para lle- var personalmente a Washington, a la Biblioteca del Congreso, el lla-

mado Libro Viejo de la Fundación de Guatemala, que habia sido

depositado en el Archivo General del Gobierno, después de perma^

necer, desde tiempo inmemorial, en el Archivo de la Municipalidad

de Guatemala. (1)

Con la debida antelación, la Sociedad de Geografía e Historia

y Dirección del Archivo General del Gobierno habían hecho ges-

tiones para que el Libro Viejo fuese sometido a un delicado proceso

de limpieza, restauración, fotocopia y laminación, a efecto de que los preciosos folios del manuscrito original se preservaran en debida

forma, hasta- donde la más moderna tecnología permite la limpieza,

restauración y conservación de un documento antiguo. Y la Bi-

blioteca del Congreso de Washington había accedido a hacer, sin costo alguno para Guatemala, la limpieza, restauración, laminado y

encuademación del Libro Viejo, con el mismo cuidado y esmero

con que se había hecho años antes tm trabajo similar sobre el ma- nuscrito original de la Historia verdadera de la conquista de la Nue-^

va EsjMña, por Bemal Díaz del Castillo, que también forma parte del valioso acopio documental del Archivo General del Gobierno de Guatemala o Archivo Nacional de Guatemala, ahora denominado Archivo General de Centroamérica. (2)

(

(

Cuando se comisionó al autor de este trabajo para llevar el

Libro Viejo a la Biblioteca del Congreso, para su restaura-

ción, ocupaba el cargo de director del Archivo General del Gobierno de Guatemala.

Las gestiones para que se hiciese la restauración del Libro

Viejo fueron hechas por la Sociedad de Geografía e Historia

:<* de Guatemala, don Arturo Valdés Oliva, entonces director del Archivo General del Gobierno de Guatemala, y el autor del

1)

2)

Xtl

Ernesto ClúnchUla Aguilar

£1 llamado Libro Viejo es el primer libro de actas de la pri-

mitiva ciudad de Santiago de Guatemala, desde su fundación en

Iximché, a fines de julio de 1524, hasta el 23 de mayo de 1530.

£s

decir, en sus páginas trémulas se recogen los aconteceres, casi le-

gendarios, aquella temprana edad, cuando Pedro de Alvarado,

en medio del fragor de la conquista, fundó una villa de españoles,

a la cual dio asiento formal su hermano, Jorge de Alvarado, en el Valle de Almolonga, a 22 de noviembre de 1527, con acfuellas pa-

labras escritas en un trozo de papel, inserto al dicen literalmente:

Asenta escribano que yo, por virtud de los poderes que

Libro Viejo, que

,

tengo de los gobernadores de su magestad, con acuerdo y pa-

recer de los alcaldes y regidores que están presentes, asiento

_,.y pueblp aquí en este sitio la cibdad de Santiago, el cual dicho sitio es término de la provincia de Guatemala». (3)

.

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Al referirse al Libro Viejo, después de haber concluido la di-

fícil paleografía del mismo, que ha merecido varias reediciones,

escribió don Rafael Arévalo, a 24 de julio de 1855:

'

. «Como entonces el Ayuntamiento, presidido siempre por

los gobernadores y capitanes generales o sus tenientes, abra- zaba todos los ramos de la administración pública, no se ha-

llará en otra parte documento alguno que suministre tanta

materia, como éste, para la historia de Guatemala, durante

aquel período

(4)

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Y asi quedó establecido, en forma elocuente por su misma

sencillez, que se trata del más importante conjunto de documentos relativo a la vida primitiva de Guatemala, y ciertamente digno de

figurar entre los más sobresalientes y representativos de la anti-

güedad hispanoamericana.

Antes de partir de la ciudad de Guatemala, con la custodia

del precioso manuscrito, el aütOr del presente estudio, liizo sacar una cuidadosa copia a Xerox del Iribro Viejo; y la misma le permitió

(

3)

Libro Viejo de la fwndación de Guatemala. (Edición de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala). Guatemala,

Tipografía Nacional, 1934, p. 29.

( 4); Lfibro de Actas del Ayuntamiento de la ciudad de Guatemala,

desde la fundación de la misma ciudad en 1524 hasta 1530. ?!. '. (Folletín del Diario de Centro- América). Guatemala, Tipo-

grafía Nacional, 1932.

Introáucción

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seguir paso a paso el delicado proceso de la limpieza, restauración,

laminado y encuademamiento del volumen, cuya foliación original

íie respetó, aunque no coincidiera con la versión que hizo del mismo

el ya mencionado señor Rafael Arévalo, paleógrafo guatemalteco del

siglo XIX, la cual se publicó ppr primera vez en 1856, en la im-

prenta de don l^ucianp Luna y casi sin alteraciones se ha reeditado otras veces, incluso por la Sociedad de Geo^af ía Historia, en el

año de .1934.

(5)

Se considera que el ordenamiento seguido por don Rafael Aré-

valo es el correcto; pero fue criterio del autor del presente estudio

que debía mantenerse la foliación del documento original, en la

forma como se conservó en el archivo del ayuntamiento de la ciu-

dad de Guatemala, desde su conclusión, y catástrofe de Almolonga

en 1541, hasta la fecha en que fue depositado en el Archivo General del Gobierno de Guatemala.

Había, sin embargo, un importante cuaderno, cosido en una sola pieza, que el señor Rafael Arévalo no paleografió, o bien por-

que consideró que no formaba parte del cuerpo de las actas del

primitivo cabildo de la ciudad de Guatemala, que se integran en el

llamado Libro Viejo, o bien porque la difícil letra procesada del mismo, principalmente en su encabezamiento y primeros folios, no

invita a descifrarlo palabra por palabra, para no decir letra por

letra.

Cuando el autor del presente trabajo fue consultado respecto al lugar que correspondía al cuaderno' en cuestión, teniendo a la vista la versión del Libro Viejo publicada por la Sociedad de Geo-

grafía e Historia de Guatemala, la copia a Xerox que se hizo en

Guatemala y que ya fue mencionada, así como todos los folios del

Libro Viejo ya restaurados y laminados, emitió opinión en el sen-

tido de que este cuaderno del repartimiento de las tierras del año 1528

y sus inmediatos agregados, en la forma en que se hallaba cosido y

con numeración separada, debía conservarse como parte integral del

manuscrito del Libro Viejo, pero al final del mismo, sin interpolarlo entre el texto; y manteniéndose, igual que se hizo con el resto, la

primitiva foliación y secuencia de todo el documento, tal como se

conservó en el archivo del ayuntamiento de la ciudad de Guatemala,

desde que fue salvado, identificado y restituido por el escribano

XIV

Ernesto Chinchilla Aguilar

Juan de Guevara en 1590, cuarenta y nueve años después de la

catástrofe que destruyó la ciudad de Santiago, en Almolonga, la

aciaga noche del 10 al 11 de septiembre de 1541. (6)

Sin embargo, qtden asi quisiere hacerlo, para tener una lectura

congruente del texto completo del Libro Viejo, podría intercalar la

primera parte de este primer repartimieinto de tierras entre los ca- bildos celebrados el 18 de abril de 1528 y el 3 de julio del mismo año;

la segunda parte, autorizada por el escribano Antón de Morales, entre el acta correspondiente al cabildo del 3 de octubre de 1529 y

la que corresponde al 28 del mismo mes y año; y la tercera parte,

inserta por el mismo escribano Antón de Morales, con fechas co- rrespondientes a 1538, debieran colocarse al final del texto del Libro

Viejo, es decir, después del acta de 23 de mayo de 1530.

Muchas horas de preocupación y desvelos tomó la valoración

y Justiprecio del cuaderno final del Libro Viejo; y desde entonces se trató de hacer la paleografía completa del manuscrito, cuyas

primeras dos páginas parecían resistir todo intento de lectura con-

gruente; y no ha sido, sino varios años después, cuando la letra del escribano Juan Páez comenzó a aclararse y a volverse distinta y

reconocible, como ocurre casi siempre con la llamada letra proce-

sada. Pero una vez descifrado y transcrito el primer folio completo

que era el más borroso, por haber sufrido el manoseo de lectores

y las inclemencias del tiempo , las difíciles fórmulas caligráficas

del escribano Juan Páez y sus abreviaturas fueron cayendo cada una en el lugar y sentido que les correspondía, hasta poder ofre-

cerse ahora, con uno o dos espacios ilegibles o rotos, el texto com- pleto de lo que ha venido a resultar ser el primer repartimiento de

tierras para labranza que se hizo en la ciudad de Guatemala en el año de 1528, con un agregado hecho en 1529 y otro posterior, cuya

importancia y significación histórica juzgará, sin mayor esfuerzo, el inteligente lector.

 

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Ernesto Chinchilla Aguilar ,. i

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oc:

Stony Brook, New York, j^'r^

(

6)

Libro Viejo, p. 1.

22 de mayo de 1983.

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ESTUDIO PRELIMINAR Y ANÁLISIS

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ESTUDIO PRELIMINAR Y ANÁLISIS DEL PRIMER

REPARTO DE TIERRAS

Jorge de Alvarado y los alcaldes y regidores

de la

ciudad de Santiago de Guatemala, al poner en práctica el primer repartimiento de tierras, que se hizo en el valle de

Almolonga, casi un año después de darle asiento a la ciudad,

no tenían más antecedentes jurídicos que lo que se había

hecho en las islas de Santo Domingo y Cuba, en Panamá por

Pedradas Dávila y en México por Hernán Cortés.

En xxn capítulo de instrucciones que se dieron a Pedra-

das Dávila, gobernador de la Tierra Firme, el 9 de agosto

de 1513, por don Fernando el Católico, en la ciudad de Avila,

se declara la cantidad de tierra que debía tener una caba-

llería y cómo había de procederse al distribuir caballerías,

peonías y solares entre los conquistadores y primeros pobla-

dores:

«Aveys de dar diceal escudero y persona que nos haya servido y sirviere, y se avezindare allá, por

repartimiento, tierras en que pueda poner y señalar du-

zientos mil montones, y esto se llama una caballería de

tierras; y al peón, a razón de cien mil montones, que es

una peonía; y a este respecto los solares, y para que hagan sus casas y buyos [sicj les aveys de señalar y dar

suelo de cien pasos en largo y ochenta en ancho, a las

personas susodichas, y a las otras personas que fueren

4

Ernesto Chinchilla Aguilar

de menor calidad, o condición o merecimiento, a este

respecto». C^)

En la Recopilación de Leyes de Indias, libro IV, ley la., se mencionan las cédulas de Fernando V, en Valladolid a 18 de junio y 9 de agosto de 1513, y por el emperador don Carlos

a 26 de junio de 1523 y 19 de mayo de 1525, que entre otras

cosas dicen:

«Porque nuestros vasallos se alienten al descubrí-

miento y población de las Yndias, y puedan vivir con

la comodidad y conveniencia que deseamos, es nuestra voluntad que se puedan repartir y repartan casas, so-

lares,

tierras, caballerías y peonías, a todos

los que

fueren a poblar tierras nuevas, en los pueblos y lugares

que por el govemador de la nueva población les fueren señalados; haciendo distinción entre escuderos y peones,

y los que fueren de menos grado y merecimiento, y los

aumenten y mejoren, atenta la calidad de sus servicios,

para que cuiden de la labranza y crianza; y habiendo

hecho en ellas su morada y labor, y residido en aquellos pueblos cuatro años, les concedemos facultad para que,

de allí adelante, los puedan vender y hacer de ellos a

su voluntad, libremente, como cosa suya propia». (8)

En la misma ley, ordenanzas 104, 105 y 106, sobre po-

blaciones, se agrega lo siguiente:

;

-^

«Y porque podía suceder, que al repartir las tierras

hubiese duda en las medidas, declaramos que una peo-

nía es solar de cincuenta pies de ancho y ciento en largo, cien fanegas de tierra de labor, de trigo o cebada, diez

de maíz, dos huebras de tierra para huerta y ocho para

plantas de otros árboles de secadal, tierra de pasto para

( 7)

(

8)

Diego de Encinas: Cedulario Indiano, Vol I, p. 65. Recopilación de Leyes de Indias, Lb. IV, ley la.

^

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Primer Repa'rto de Tiehrras. Guatemala

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diez puercas de vientre, veynte vacas y cinco yeguas,

cien ovejas y veynte cabras. Una caballería es solar de

cien pies de ancho y doscientos

de largo; y de todo lo

demás, como cinco peonías, que serán quinientas fane- gas de labor para pan de trigo o cebada, cincuenta de

maíz, diez huebras de tierra para huertas, cuarenta pa-

ra plantas de otros árboles de secadal, tierra de pasto

para cinquenta puercas de vientre, cien vacas, veynte

yeguas, quinientas ovejas y cien cabras. Y ordenamos que se haga el repartimiento de forma, que todos par-

ticipen de lo bueno y mediano, y de lo que no fuere tal,

en la parte que a cada uno se le debiere señalar». (8)

Es más específico un capítulo de las instrucciones que

se dieron a Hernán Cortés, siendo gobernador de la Nueva

España, el 26 de junio de 1523, en el cual se le indicaba el

orden que había de guardar al establecer nuevos lugares y cómo debía repartir los sitios, solares y heredamientos entre

los descubridores y pobladores de ellos.

«Vistas las cosas diceque para los asientos de los lugares son necesarias, y escogido el sitio más pro-

vechoso, en que incurran más de las cosas que para el pueblo son menester, aveys de repartir los solares del

lugar para hacer las casas, y éstos han de ser reparti-

dos según la calidad de las personas, e sean de comienzo

dadas por orden, por manera que hechas las casas en los solares, el pueblo parezca ordenado, así en el lugar

que oviere de ser la yglesia, como en la orden que tu-

vieren los tales pueblos e calles dellos; porque en los

lugares que de nuevo se hacen, dando la orden en el

' comienzo, sin ningún trabajo ni costa quedan ordenados, " y los otros jamás se ordenan; y en tanto que nos hizié- remos merced de los oficios de regimiento perpetuos, e

(

9)

Jbidem.

5

Emesia Chinchilla Aguilar

>

otra cosa mandemos proveer, aveys de mandar que en

cada pueblo de la dicha vuestra governación, elijan en-

^ tre para un año, para cada uno de los dichos oficios

' tres personas, y destas tres, vos con los dichos vuestros

oficiales, tomareys una, la que más hábil y mejor os

pareciere, que sea cual conviene. Ansí mismo se han de repartir los heredamientos, según la calidad y manera

de las personas, y según lo que hubieren servido, ansí

los creced y mejorad en heredad, repartiéndolos por peo-

nías o cavallerías; y el repartimiento ha de ser de ma-

nera que a todos quepa parte de lo bueno y de lo me-

diano, y de lo menos bueno, según la parte que a cada

uno se le huviere de dar en su calidad», (i^)

En otra parte de las mismas instrucciones que recibió

Cortés, se establece que las personas que fueren a poblar han

de recibir caballerías o peonías, según su calidad y después

de haber residido en ellas cinco años.

«A las personas y vecinos dice que fueren re-

cébidos por vezinos de los tales pueblos, les deys sus

vezindades de cavallerías o peonías, según la calidad de

la persona de cada uno; e residiéndola por cinco años, le sea dada por su vida la tal vecindad, para disponer della

a su voluntad, como es costumbre. Al repartimiento de las cuales dichas vecindades e cavallerías que se

oviere de dar a los

tales vezinos, mandamos que se

halle presente el procurador de la ciudad o villa donde

se le oviere de dar y ser vezino». (ii)

Jorge de Alvarado hace referencia repetidas veces a las instrucciones que él mismo había recibido del gobernador y

justicia mayor de la Nueva España, don Marcos de Aguilar,

en cuyo nombre ejercía el mando, en calidad de teniente de

(10)

Encinas: Cedulario, Vol. I, pp. 63-64.

(11)

Op. Cit, I, p. 64.

.

.

.y

-nno.

Primer Reparto de Tierras. Guatemala

f

gobernador y capitán general; pero se desconoce el texto de

tales instrucciones y aun es posible que hubiesen sido ver-

bales, como cosa que naturalmente se hubiese recomendado

a una persona a quien se confiaba el mando civil y militar de provincia importante, pero alejada y fuera de la estrecha jurisdicción y responsabilidad del gobernador de México.

En todo caso, las instrucciones que se dieron a Jorge

de Alvarado no podían apartarse mucho de las pautas que

se registran en los capítulos de las cédulas Reales de 1513

y 1523, que han sido transcritos. Y, por el contrario, todos

sus actos parecen inspirarse en ellos.

£1 reparto de las tierras era a la postre la recompensa

mayor que la Corona podía otorgar a los conquistadores y

primeros pobladores, más que la distribución de un efímero

botín de guerra o la exacción de los caudales que tenían los

indios, los cuales casi siempre eran de poco o ningún valor

para los castellanos, salvo el caso de contadas excepciones, como ocurrió en México y el Perú. Años más tarde los con- quistadores descubrirían también que asegurar una fuerza

de trabajo proporcionada por la mano de obra indígena ^ya

fuese a través de la esclavitud, que se rechazó en 1542, la

encomienda, el repartimiento o el peonaje por deudas , era

casi tan importante como la posesión de la tierra misma.

En el acta de cabildo del 28 de octubre de 1527, se hace

referencia por vez primera, en Guatemala, a reparto de tie-

rras, cuando dice el Libro Viejo:

] que se asiente la

ciudad de Santiago y se traze el pueblo, e se den vezin-

dades e solares e caballerías a los que della quisieren ser vezinos, y que para hacer esto se busque en esta pro-

vincia el sitio más conveniente para el dicho asiento.» (i^)

«que era bien e convenía [

á

Ernesto Chinchilla Aguilar

7 un día antes de la fundación de la ciudad en Almo-

longa, a 21 de noviembre de 1527, expresó Eugenio de Hos-

coso, regidor y tesorero de su majestad, cuando se trató de

la escogencia del valle donde convenía hacer el asiento, que

le parecía:

«que el mejor dellos es el del Tianguecillo [Chi-

maltenango] porque está muy escampado y vistoso, y

tiene muchas e buenas salidas, e muchas aguas c buenas

caballerías de tierra». (13)

Por todo ello es de suma importancia el análisis del

acta del 18 de abril de 1528, en la cual se asentó en el Libro

Viejo cuál sería el orden y procedimiento que iba a seguirse

en la distribución de las tierras o partija, como se decía en-

tonces.

Con un mes de anterioridad, aproximadamente, en el

cabildo del 20 de marzo de 1528, ya se había registrado preo-

cupación por el grave asunto del reparto de las tierras, pues

aunque se habían adjudicado casi todos los solares, para que

los vecinos construyesen casas en los sitios señalados en la

traza que se hizo el plano de la cual desafortunadamente

se extravió en la inundación y destrucción de la ciudad en 1541; y copia que envió Pedro de Alvarado para presentar

a su majestad corrió igual suerte en las vicisitudes del viaje

por mar , el repartimiento de las tierras era asunto de más

consecuencia y cuidado; y en verdad admira la moderación

con que procedieron los conquistadores, ciñéndose a las ins-

trucciones que tenían, pues habían esperado varios años,

desde la primitiva fundación a fines de julio de 1524; y aún

tuvieron paciencia para seguir un curso legal y paulatino en la adjudicación de las tierras, que según su parecer habían

ganado con su esfuerzo.

(13)

Op, Cit, p. 28.

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Primer Reparto de Tierras. Guatemala

9

«Recibieron por vezinos a los de yuso contenidos -—dice el acta del 20 de marzo de aquel año , a los

cuales dieron los solares en la traza desta cibdad seña- lados, e las tierras contenidas en sus peticicmes que pre-

sentaron, según se contiene en las espaldas de las dichas

peticiones, con los aditamentos ya dichos y hechos con

los otros vecinos, en los cabildos pasados», (i*)

u

Más explícita es el acta del cabildo de 18 de marzo de

1528, en lo que se refiere a la situación de hecho, donde dice:

«A algunos de los cuales dichos vecinos e a todos

los dichos señores teniente, e alcaldes e regidores, die-

ron los solares que en la traza tenían señalados, y los

pedazos de tierra que en este valle cada uno tenia to-

mado, sin perjuicio los unos de los otros, y con este adi-

tamento, que lo tengan así, hasta que el cabildo desta

cibdad modere y provea lo que a cada vezino se ha de dar por tierras, para en que labre e granjee, y que