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Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala

LAS AETES Y LAS IDEAS DE ARTE DURANTE LA INDEPENDENCIA

(1794-1821)

Ricardo Toledo Palomo

Guatemala, G. A. 1977

SOCIEDAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA DE GUATEMALA

PUBLICACIÓN ESPECIAL No. 19

Este Libro fue editado por ooftesia del Ministerio de Gobernación, para conmemorar el

Bicentenario de la traslación de la ciudad de Guatemala, al Valle de la Ermita

LAS ARTES Y LAS IDEAS DE ARTE

DURANTE LA INDEPENDENCIA

Colección Luis Lujan Muf^oz ünivenklid Francisco hávfoq^n

<?. 166Í4.1.5PQ8-77

TIP. NAgiQNA|,-:^GyATEIIAI.iV

.^

.

IMMÍESO NUMERO 5480

Presentación.

Introducción.

SUMARIO

Capítulo

I. Academismo y Neoclasicismo.

Capítulo

II. Academias Americanas.

Capítulo

III. La Escuela de EHbujo en Guatemala.

a) Estado político de la Capitanía a finales del siglo XVIII.

b) El ambiente cultural en la segunda mitad del siglo XVIII

c)

Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gua

d) Plan de la Academia de las Tres Nobles Artes. 1794

e)

Reglamento de la Escuela de Dibujo de Guatemala.

Capítulo

IV. El maestro director don Pedro Garci-Aguirre.

Capítulo

V. Instalación de la Escuela de Dibujo.

Capítulo

VI. Premios y actos de premiación.

Capítulo VIL Ideas, Exposición y Crítica de Arte. 1801-1809.

Capítulo VIH. Jura de Femando VIL 1808-1809.

Capítulo IX.

Últimos años coloniales. 1810-1820.

a) Restauración de la Sociedad Económica.

h) Academia o Escuela de Pintura de Guatemala.

e) Reglamento General de Artesanos.

Capítulo

X.

Escuela de Dibujo de San Salvador. 1811.

Capítulo

XI.

Las ideas de Arte y la Independencia.

Capítulo XIL

La Independencia y el Arte,

Capítulo XIII.

Conclusiones.

Bibliografía.

Ilustracionest

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Universidad Francisco IVIarroquín

http://www.archive.org/details/lasartesylasideaOOricaguat

Presentación

*'Lo8 períodos de libertad han sido un mínimo casi

imperceptible en la extensión del tiempo, y los de

la esclavitud un máximo

que abraza los más

grandes espacios. Si a pesar de esto, el hombre

oprimido la mayor parte del tiempo, ha sabido

crear las oHes y ciencias y hacer progresoe que

asombran a quien se detiene a e<mtaiiH>iar{M.

i Cuáles hanría dejándole en Ubertad fusta para des-

envolver sus facultades, sin estorbos, m embarazo t

¿Quién osaría señalar en caso tan alegre Ib meta

última hasta donde podría llegar marchando eu tu

carrera?".

José Cbcoío del Valle.

Aun cuando en estos últimos tiempos se ha procurado volver la viata

atrás, y en ese necesario examen retrospectivo se ha ido ahondando en el

sentido de la historia y en el estudio del conocimiento del proceso de la Independencia bajo los más diversos ángulos, todavía ae pasan por alto,

quedando marginados, otros varios hechos, tales como el que nosotros intentamos actualizar en el presente ensayo.

Tomando en cuenta lo anterior, por nuestra parte presentamos a la

consideración de los lectores, el presente estudio histórico-artistíco que queda inscrito dentro del largo período de tiempo, anterior ai hecho de la

emancipación, en el propio momento histórico de la Independencia, y que

finaliza con la ruptura del pacto tácito de unidad, al disgregarse las pro-

vincias a principios del siglo XIX. Ya que cabs seftalar que el proceso de

emancipación, no ha sido fijado cronológicamente en su dimensión tiempo- espacio : para algunos autores éste tiene su origen en algunos intentos de rebelión poco definidos, que se observan a raíz de la conquista, mientras

que otros opinan que una serie de acontecimientos polítieos, económicos

o sociales, que ocurren a todo lo largo de los subsiguientes siglos XVII y

XVIII, son los orígenes precisos de dicho movimiento.

Por nuestra parte consideraremos que aunque hubo en el siglo XVIII guatemalteco, una serie de conatos y demostraciones de inconformidad

hacia las autoridades, de similar factura a otros sucesos que se consideran

precursores del movimiento emancipador en otros rumbos del continente,

la peculiar naturaleza de esos movimientos se refieren específicamente a

una oposición a aspectos tributarios o de otra naturaleza, y hasta más

tarde, hay que estimar la importancia del movimiento cultural Ilustrado,

propiciador de la Sociedad Económica de Amigos del País, que viene a

considerarse intelectualmente y en su carácter económico, como un deci-

sivo empuje generador que alienta al movimiento emancipador que ocurri-

rá más tarde.

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Posteriormente las contingencias políticas de 1808 en España, y su

cauda en Guatemala, serán definitivas para poder fijar otra etapa com-

pleja y poco definida en el proceso general de nuestra emancipación, para

llegar después a los sucesos de 1811 en San Salvador y otros esfuerzos

paralelos de diversas provincias de la Capitanía, que tienen mayor defini-

ción en el proceso previo a nuestra Independencia, y otros más, como la

conjuración de Belén de 1813 en Guatemala, o el alboroto del mismo año

en San Salvador, hasta llegar al 15 de Septiembre de 1821 en que se de-

clara por medio del Acta, la Independencia del antiguo reino de Guatema- la, y luego a 1823, en el que se confirma y ratifica nuestra Independen-

cia, con el Acta <ie 2 de julio: "declarándolas libres e independientes (a

las provincias) de España, de México^ y de cualquier otro lugar", y acaso

este proceso llega más lejos y no termina allí, pues deben recordarse los

fallidos intentos de "reconquista", que si también en Guatemala fueron

muy poco decisivos y de escasa significación, al mismo tiempo que mues-

tran una actitud favorable a España, por una porción de los habitantes de este territorio, también hacen que nuestro proceso de Independencia

continúe, hasta afirmarse más determinantemente por el impacto de cau-

sas externas e internas, en una sola nacionalidad hoy infortunadamente desaparecida : "Las Provincias Unidas del Centro de América".

Y por la misma razón de pretender alcanzar mejor nuestro cometido,

iniciaremos precisamente este trabajo en el ocaso del siglo XVIII, período

ideológico fundamental en el cual se abre el movimiento emancipador de la

Independencia, ya que dentro de la dinámica del acontecer histórico de

ese largo proceso, que marca el camino de nuestra reciente realidad na-

cional, el "subsuelo ideológico" de la etapa preindependentista es acaso

una de las más intensas y brillantes, ya que:

"Si queremos caracterizar el siglo XVIII frente a los otros siglos

coloniales, debemos considerarlo como el momento de madura-

ción espiritual, como el último período de adherencia a la madre

patria y como la preparación próxima a la separación de ella.

Quizá por esta razón puede considerarse el más valioso de la

época colonial; y si observamos que el presente nuestro aún no

está plasmado^ quién sabe si en toda la historia de nuestra cul- tura no haya todavía una realización como la del siglo XVIII". ^

1. Navarro: Cultura mexicana moderna en el siglo XVIII, p. 69. <

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Que dicho de otra manera, y para referirnos al caso particular nues- tro, como señaló hace ya algunos años uno de los más esforzados iniciado- res del estudio de este interesante período, se encierra en los siguientes

conceptos

"En Guatemala esta época se caracteriza perfectamente y forma

ella la cúspide luminosa de la colonia y el eslabón que nos da

la oportunidad de salir de las sombras y buscar la civilización.

Esta época, citada ocasionalmente por nuestros historiadores,

no ha sido hasta ahora estudiada en todo el valor sociológico que

le corresponde. Ella debe ser considerada separadamente como

un conjunto de hechos y circunstancias que determinaron una

nueva vida y que marcaron una etapa en el tardo proceso evolu- tivo del país. Sin ella no hubiera sido posible la Independencia. Los Proceres son los hijos espirituales, en un escalón más avan-

zado del tiempo, de nuestros innovadores coloniales. A los mu-

nícipes de 1810, a los hombres de 1821, no se les puede compren-

der sin Goicoechea o sin Villa Urrutia; a don Pedro Molina,

a José del Valle y a Barrundia no se les puede comprender sin

Flores, sin Ramírez y Villegas". -

Dentro de la encrucijada de ese mismo proceso generacional de U

Ilustración, que precede a la Independencia, al mismo tiempo que Amé-

rica se abría de nuevo al mundo universal, al romper los valladares de

callada sumisión por los cuales España había sometido a sus colonias,

se encuentra una inusitada actitud de introspección, de reflexión por pro-

fundizar más en las raíces propias, y por sentirse y ser más americanos,

desde ese preciso instante se alcanza una conciencia plena por tratar de

descubrir o redescubrir la América, como un previo y necesario proeeto

a alcanzar una independencia espiritual, antes de llegar a la Independencia

política.

Es ese sentido de americanidad que se revela y prevalece en Len-

dívar, al cantar en exámetros latinos las excelencias de su suelo nativo

escribiendo en la lingv^ franca de los cultos y eruditos, para que lo en-

tendiesen mejor los inteligentes europeos y americanos . * es ese mismo sentido de la americanidad irredenta y de la voluntad de libertad, que hará exclamar al arequipeño Juan Pablo Viscardo en su Caria dirigida a U>§

espa/ñoles americanos o eocposicián de quejas o agraívios de lo$ onieríeaikM,

escrita hacia 1792, y publicado en francés en Filadelfia después de su

muerte, sus ansias de más profunda libertad:

RodrtffUM B«t«U: Kvokttión é* Im IiUm. pp. 11-lt. Rafael LandWar (17S1-U9S). «Mrib* M M «xUlo \k Bm^Urntin Mmimm^

mente do* edicioBM. la prbMr» «a MMma m ITSl. f te Mgn^áB « Bolpate «i XtU.

^*El Nuevo Mundo es nuestra patria, su historia es la nuestra,

y en ella es que debemos examinar nuestra situación presente,

para determinarnos por ella a tomar el partido necesario a la con-

servación de nuestros derechos propios y de nuestros sucesores". *

En fin, es todo ese sentido de preocupación latente en inquirir en lo

nuestro o esa manifestación de dura réplica que se observa al mismo

tiempo o más tarde, en otro guatemalteco universal, don Antonio José de Irisarri, quien publica en 1819 su Carta al observador en Londres o im-

pugnación de las falsedades que se divulgan contra América, Escrita por Dionisio Terrasa y Rejón. Natural de la Metagua. ^

Es toda esa sed de preocupación por el conocimiento de lo propio, que

alienta el pensamiento de los hombres ilustrados americanos del siglo

XVIII, y que domina las reflexiones del último de nuestros ilustrados, el sabio Valle, para quien:

"el estudio más digno de un americano es la América". ^

Es la réplica perentoria de casi todos los americanos cultos, a la

"leyenda negra" sobre América, a las ideas de Pauw en sus Recherches Filosophiques sur les Americains, a Buffon, a los conceptos sobre el "buen

salvaje" de Rousseau, o a las pretensiones sobre el geodeterminismo de

la acción del clima de Raynal, o a las ideas de Robertson. Es la respuesta a la interrogante que circula en los cenáculos científicos europeos sobre

el origen y destino de América, que hizo abrir los ojos al pensamiento

Ilustrado de América, y que fijará poco más tarde, un concepto preciso

de americanidad, previo a concretarse en el espíritu de nacionalidad y

'^

libertad.

Pero, además de que no se han podido fijar cronológicamente las etapas del proceso de emancipación guatemalteca, también debe decirse que por

lo que respecta a la calificación de ese movimiento, no ha podido ubi-

cársele, aceptando la terminología acuñada por los tratadistas de la Inde-

pendencia en otras partes del continente americano, ya que el movimiento de emancipación guatemalteco tiene dentro de ese mismo proceso del mo-

vimiento general de Independencia america;ia, características propias, y

4. La coincidente coyuntura del tercer centenario del descubrimiento de las Indias, excita a escribir este apasionado documento de defensa de la americanidad, y aún más de fe en una cercana inde-

"Las diversas

regiones de Europa a las cuales la Corona de España ha estado obligada a renunciar, tales como

el Reino de Portugal, colocado en el recinto mismo de la España, y la célebre República de las Provincias Unidas que sacudieron el yugo de hierro, nos enseñan que un continente infinitamente

más grande que la España, más rico, más poderoso, más poblado, no debe depender de aquel reino,

cuando se halla tan remoto, y menos aun cuando está reducido a la más dura servidumbre".

5. El célebre polemista guatemalteco, don Antonio José de Irisarri (1786-1868), quien en esta carta

pendencia, al jesuíta Juan Bautista Vizcardo y Guzmán,

en

el

que señala que:

6.

oculta enrevesadamente el nombre de su patria.

El hondureno don José Cecilio del Valle (1777-1834) utilizó este lema en varias de sus publicacio-

nes, principalmente en El Amigo de la Patria, marzo I*? de 1822, T. 2, Núm. 24.

7. Las expresiones en torno a la América vienen a reafirmar como una contrapartida, el concepto de

su propio suelo por los americanos: "Tema clásico era en la época anterior a los creadores de este movimiento y florecimiento, el de la pobreza e incapacidad americanas en el plano de la cultura, que

Europa y los europeos con frecuencia esgrimían contra los hombres de este lado del océano", dice Bernabé Navarro en La introducción de la Filosofía Moderna en México, p. 246.

por otra parte la falta de estudios que traten de interpretar ese movi-

miento o de encauzarlo en una más exacta y consecuente definición, toda-

vía debemos esperarlos.

La adecuada calificación de ese movimiento, no es sólo un simple

caso semántico de terminología, ya que en otras regiones se han precisado

por diversos autores, una serie de términos tales como el de "Guerra de

Independencia", que es a todas luces inaplicable a nuestro medio ; también otros califican a ésta como una "Guerra Continental" entre España y

América, o algunos otros participan de la idea que debe considerársele

como una "Guerra Civil".

Pero esta idea de "Guerra de Independencia", sea civil o continental,

que como ya hemos señalado es muy poco aplicable para Guatemala, pues

en nuestro medio no existen hechos de armas de significación, y acaso

solamente puedan comprenderse entre ellos la pacificación de Granada,

que hace movilizar tropas de Honduras al mando de Gutiérrez en 1811, o la formación de un grupo militar expedicionario al mando de Dambri- ne, para atacar a los insurgentes mexicanos en el Istmo de Tehuantq[)ec

y en Oaxaca en 1811, y, por qué no, la oposición armada del pueblo salva-

doreño, encabezada por Arce, oponiéndose a la invasión de las huestes trigarantes mexicanas en 1822.

Por otra parte, la idea de que nuestra propia libertad se logró sin el

costo de sangre, ha sido muy poco beneficiosa para alcanzar un concepto

más realístico de nuestra Independencia, de otra manera el olvido de

muchos de los hechos, tal el caso para enumerar uno solo de ellos, el de

aquellos insurgentes que sufrieran condenas en la Península, tales como los olvidados "Juárez, Pinedo y Faustos", citados entre otros insurgen-

tes americanos, por el patriota peruano Ribadeneira en su Memoria,

El proceso generador de emancipación, y la misma consumación de la Independencia de Guatemala, como ya hemos señalado, tiene caracte-

rísticas o paralelas con el proceso histórico general de Independencia americana, pero a su vez posee condiciones y peculiaridades propias. Sin

embargo, hay tanta similitud y tantas ligazones con otros paises del mis- mo continente, como lo evidencia la lectura del chileno Lastarría (1817-

1888), cuando estudia y analiza los acontecimientos de la Independencia

de su país, que más parece se tratara de la Independencia ''moderadm'*

de nosotros los centroamericanos, como cuando dice en sus inrestigaciO'

nes sobre la influencia social de la cai^quista y del eistema colonial

los españoles en Chile, de 1844:

"Curioso y en gran manera útil sería investigar para resolver

esta cuestión cual de esos móviles o si todos ellos simultánea-

mente produjeron la conducta de nuestros revolucionarios ; pero

yo no me detendré en ello, porque lo expuesto basta a mi propó-

sito de manifestar la influencia del sistema colonial en los pri-

8.

"Memoria de lus mérito* y Mrviclo* de Joeé Ribadraeir» y T«s«4a. gvMrvl >Hf ti éal «jérdlo

del Perú".

HiMoria y CuHmrm, ótwno 4al Momo NmIomI Blalorte. LUm. Fw«. IMt. Tol. t

meros actos de la revolución de nuestra independencia. Como

quiera que sea, estoy persuadido de que esta fue lenta y pro-

gresiva, parcial y no radical, obras de unos pocos varones ilus-

tres y no nacional, precisamente a causa de ese influjo. No es-

tando preparada la sociedad para recibir el impulso regenerador, es consecuencia fatal que se ciñe únicamente a combatir por su

' libertad política, porque si se hubiese avanzado a romper brusca-

• *

mente con el pasado, a proclamar su completa regeneración, aún teniendo genios elevados que la dirigieron en su santa empresa,

se habría estrellado en mil resistencias poderosas y no habría

alcanzado su triunfo ; sino con un completo exterminio y derra-

mamiento proporcionalmente de mas sangre que la que costó a

la revolución de Francia**. ^

Pero también debe decirse que dentro del concepto en que se ha estu-

diado la historia de la Independencia, no sólo se han soslayado una gran

cantidad de temas (imperdonable sería no mencionar entre esas raras excepciones del pasado a don Ramón A. Salazar y su Desenvolvimiento

intelectiml de Guatenmla, 1897),^^ sino que también se ha evitado el cami-

no subjetivo que siguieron las ideas y las artes, preocupándose más por

el ya manido aporte de lo concreto de los hechos, aun cuando no puede

existir ese total aislamiento, y no puede separarse el todo de sus partes,

en un proceso tal como el de nuestra emancipación. Que debe concebirse

necesariamente como la conjunción de todos esos varios elementos y cir-

cunstancias, y de esa manera es que nuestro estudio se incorpora a ese

mismo proceso, ya que se hace necesario encararlo integrado al movi-

miento de Independencia política, no sólo por allegarnos al concepto de arte que durante ese mismo tiempo prevalecía, sino que por la propia fun-

ción que juegan las artes durante ese período, ya que no puede aislarse este

importante papel dentro de la superestructura en que se les concibió. En el decurso de ese largo momento histórico y en el ámbito de ese

amplio horizonte cultural del movimiento Ilustrado guatemalteco, nacen

y se acrecentan varias instituciones y organismos, entre los que sobre- sale la Sociedad Económica de Amigos del País, como centro de disper-

sión de ideas y derivada de ella se fomenta el establecimiento en un inicio

de la efímera Academia de las Tres Nobles Artes ^más tarde Escuela de Dibujo , que son ejemplo típico de las organizaciones y del afán de centralización y de institucionalizar que invade a todos los campos, du-

rante el régimen absolutista borbónico y que se hace tan característico

al período Ilustrado que antecede al hecho de la Independencia.

Y al haber aludido necesariamente a ese período de grandes trans-

formaciones sociales y políticas, y de fácil campo para la libre difusión

de las más diversas y extrañas ideas, justo es aludir igualmente a los

9. Lastarria en Antología del pensamiento social y político de América Latina. Introducción de Leo-

poldo Zea. Selección y notas de Abelardo Villegas. Unión Panamericana, Washington, D. C, 1964.

10. Ramón A. Salazar: Historia del deaenvólhimiento intelectual de Giíatemala. Desde la fundación de

la primera escuela de letras europeas hasta la inauguración del Instituto Nacional de Indígenas,

efectuadas en el año de ISSff. Escrita por don Ramón A. Salazar, Director de la Biblioteca Nacional

de Guatemala. Tomo I. La Colonia. Guatemala, Tipografía Nacional, 1897.

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;

fenómenos artísticos simultáneos y ulteriores a ese acontecimiento cultural,

ya que a cambio del barroco que había colmado con su arte la historia

de los siglos XVII y XVIII, se propende a la implantación de un "nuevo

gusto" artístico, patrocinado por una nueva clase apoyada por el sector

gubernativo, como sucede con la moderna corriente artística neoclásica, más

afín y consubstancial al espíritu del doctrinarismo académico oficial que

se instala casi al mismo tiempo, que con el espíritu de libertad que se

principia a promover.

Con la aceptación de este estilo y del academismo—, se da fin a

la hegemonía artística de España sobre sus colonias, y a la vez se abre

una nueva responsabilidad del artista al desligarse del padrinazgo sos-

tenido hasta ese entonces por la iglesia, hecho que influye decisivamente

en la paulatina secularización a que se dirige el arte. Las colonias serían menos susceptibles a aceptar la égida artística de la Madre Patria, pues

la "Metrópoli en plena guerra de Independencia, no podía ya influir en

las provincias ultramarinas, que se agitaban en sus primeros intentos

separatistas". ^^

Sin embargo, el dominio del neoclasicismo no es absoluto, ya que se

acepta tibiamente y coincide con otras expresiones artísticas paralelas, primeramente con las últimas expresiones barrocas representadas prefe-

rentemente por el rococó una rara mezcla de formas orientales y de con-

ceptos barrocos europeos , siendo estas dos modalidades, neoclasicismo

y rococó, también representativas de dos gustos totalmente diferenciados y antagónicos, de dos viejas corrientes artísticas ancestrales vueltas a

poner de moda y de dos formas irreconciliables de vida:

"La generación del rococó y la del neoclasicismo ^-dice Lionello Venturise han pues entrecruzado. Pero los dos gustos se oponen en forma definitiva. El disgusto por su época, la fe en

el arte grecorromano, sugirieron a los artistas una separación

de la vida contemporánea que les fue casi fatal".

Paralelo y más tardíamente observaremos un ligero matiz romántico que encauza más exactamente con el temperamento de nuestro propio momento histórico de la Emancipación. Pero debe precisarse que durante la Independencia y los días que le siguen, se vive un período inestable,

saturado de teorizantes doctrinas y de diversos ideales estéticos y artís-

ticos, y pobre en manifestaciones y realizaciones plásticas, y aunque los

precursores y los hombres mismos de la Independencia, sean precisamente quienes estén más imbuidos de un mejor estímulo hacia las artes, y en sus

artículos literarios propendan a su mayor popularización, el ambiente y las condiciones no serán tan propicias para que los artistas puedan con-

cretarse.

Bajo ese ambiente antagónico tan cargado de teorías y de fórmulas,

contrario al deseo de libertad que se principiaba a vivir, y en el que toda-

vía no se había traspuesto y dado el paso necesario para salir del arte

de la dependencia al arte de la Independencia, situadas como estaban las

11. Marqués d« Loxoya: Hittioria Hrl orín AmixíniVo.

1^.

Venturi:

Hittoria d9 U cHHr« il« arC*. p.

Itl.

11

Tomo IV. p.

artes, bajo ese dominio e