Diana Durán (compiladora

)
Matías Alamo. Diego Hernán Omar. Karina Alejandra Laurino.
Guillermo Martín Ríos. Gustavo Chalier. Luciano Izarra. María
Eugenia Mairal. Ana Buschittari. Cinthia Britos. Verónica Magallanes.
Esperanza Chaile. María Ávila. Lorena Spadini. Celeste Cano. Mariana
Leticia González. Carina Ruiz. Angélica Alberto. Liliana Peralta. José
Ortiz. Daiana Biancucci. Soledad Martín. Gabriela Pessoa. Cinthya
Valdés. Verónica Pérez. Rosana Villalba. Jorge Ravello (autores)

Punta Alta y Coronel Rosales: geografías para
construir el territorio desde la perspectiva local

PRÓLOGO. INTRODUCCIÓN.
CAPÍTULO 1
Versión electrónica

CENTRO DE ESTUDIOS GEOGRÁFICOS
“FLORENTINO AMEGHINO”

2016
Punta Alta y Coronel Rosales: geografías para construir el territorio desde
la perspectiva local. Matías Álamo [et al.]; compilado por Diana Durán. -
1a ed. ilustrada. Punta Alta: CEG, 2016. 424 p. + Mapas; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-42-1896-4
cegcoronelrosales@gmail.com
http://www.cegflorentinoameghino.blogspot.com.ar
1. Geografía argentina. 2. Geografía Cultural. 3. Geografía Económica. I.
Álamo, Matías II. Durán, Diana, comp.
CDD 910.82

© 2016 Diana Durán (compiladora) Matías Alamo. Diego Hernán Omar. Karina
Alejandra Laurino. Guillermo Martín Ríos. Gustavo Chalier. Luciano Izarra.
María Eugenia Mairal. Ana Buschittari. Cinthia Britos. Verónica Magallanes.
Esperanza Chaile. María Ávila. Lorena Spadini. Celeste Cano. Mariana Leticia
González. Carina Ruiz. Angélica Alberto. Liliana Peralta. José Ortiz. Daiana
Biancucci. Soledad Martín. Gabriela Pessoa. Cinthya Valdés. Verónica Pérez.
Rosana Villalba. Jorge Ravello. (Autores)

© 2016. CENTRO DE ESTUDIOS GEOGRÁFICOS “FLORENTINO
AMEGHINO”
Agradecimiento por el aporte a la impresión del libro: Lic. Lutgarde Creemers (Bélgica),
Lic. Diego H. Omar, Franco Busi, Lic. Rubén Kalmbach, Lic. Mariano Uset y
Municipalidad de Coronel de Marina Leonardo Rosales.

Impreso en Avellaneda, Buenos Aires, Argentina.
Editado por el Centro de Estudios Geográficos "Florentino Ameghino" de Punta Alta,
provincia de Buenos Aires, Argentina.
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723.
Impreso en Argentina - Printed in Argentina.
3

PRÓLOGO

Las Bibliotecas Populares y el desarrollo local, sus problemas y
peculiaridades constituyen un marco insoslayable para promover un proceso
investigativo que siente las bases para la constitución de una etapa fundamental
e imprescindible en nuestro territorio. Y ese es el caso del Centro de Estudios
Geográficos “Florentino Ameghino”.
Existen dos aspectos rotundos, casi obvios, a tener en cuenta frente a este
libro “Punta Alta y Coronel Rosales: geografías para construir el territorio desde
la perspectiva local”, que hoy prologamos. Primero, la geografía, nuestra
geografía, la ubicación y las características geográficas del lugar que habitamos.
Segundo, la política, los rasgos políticos y las formas de hacer política que emanan
de la geografía y sus atributos o peculiaridades que se desprenden de ella. Sobre
esto, la experiencia, y la observación han dado señales bien evidentes que nos
llevan a rever nuestra historia, cómo consideramos nuestra tierra y qué políticas
nos dimos en su momento en las diversas etapas por las que pasó el distrito, para
llegar al presente que el libro describe. Cabe entonces la siguiente pregunta: ¿es
necesario analizar con la debida profundidad, el perfil geográfico rosaleño, como
para poder fundamentar aspiraciones de la envergadura que anhelamos para
nuestra sociedad? No hay duda que sí.
Coronel Rosales ha sustentado su identidad en el aporte de países
europeos (italianos y españoles) dentro de las distintas oleadas inmigratorias que
tuvo nuestro país a través de su historia. Con respecto a la migración provinciana
o del interior profundo, cabe resaltar la acción del estado nacional, el
asentamiento militar naval y sus aportes logísticos, para la creación o generación
de una estructura poblacional dinámica, inestable, muchas veces fugaz y
perecedera, constituyéndose en una particularidad cultural que muchos vieron y
otros olvidaron al crear o asumir políticas de consolidación y crecimiento
sostenido. Este estudio, asumido con una intención claramente didáctica,
informativa y formativa, demuestra que hubo y hay, al menos en grupos
comprometidos con la educación, profesionales con objetivos de aportar
conocimiento sobre lo nuestro desde ángulos que muy pocas veces son tomados
en cuenta para la toma de decisiones o la instrumentación de proyectos
alternativos a lo ya conocido. Es que el análisis de una estructura geopolítica
como la rosaleña, donde confluyen intereses asentados en concepciones
estratégicas descontextualizadas, si nos atenemos a lo que se observa en otros
escenarios, con sus conflictos y desplazamientos económicos a veces no tan
previsibles, es una tarea ciclópea con los recursos y medios con que contamos en
nuestra patria chica. Sin embargo, constituye todo un hallazgo que podamos
adentrar nuestro ojo un poco más en nuestras costas y médanos milenarios, más
allá de la curiosidad o intención meramente informativa, para alcanzar, como se
advierte en este libro y sus capítulos, una interpretación profunda de las
potencialidades y vulnerabilidades geográficas, pasando por los conflictos
ambientales, las problemáticas sociales y culturales, las localidades olvidadas y la
dimensión productiva.
La impronta que le imprime el rosaleño a sus acciones, reclamos o planes,
va a ser o constituir nuestra idiosincrasia, signada por compromisos, indiferencia
o anomia según el caso que en esta publicación se abordan con exhaustiva
profundidad en cada uno de sus capítulos.
Sobre nuestra “patria chica” –expresión que contiene una tremenda carga
semántica y emocional-, ha recorrido, desde sus inicios, un proceso cívico-militar,
que dejó, en forma permanente, un huella muy profunda de orden ético-moral,
que impregnó en su totalidad las acciones, las actitudes, las obras, los actos
sociales, el entusiasmo, la energía, las instituciones de toda índole, los medios, las
conductas colectivas e individuales, los movimientos artísticos, los eventos
deportivos, la actividad integral del habitante y todo tipo de acontecimiento,
incluida la educación (síntesis y objetivo primordial de toda comunidad para el
desarrollo de su futuro), y la política sobre todo, dejando como estereotipada una
forma de ser propia y perfectamente definida en cuanto a sus rasgos y señales.
De tal modo que pasaría a ser esto la cultura rosaleña, por darle una identidad
distintiva frente a la de otras localidades vecinas del sur de nuestra provincia. Este
eje cultural también se trata con sustantivo peso en este libro que prologamos.
Pero fundamentalmente este libro se refiere a la identidad y a los
problemas del rosaleño desde distintas perspectivas. Ninguna comunidad
después de más de cien años de existencia –una historia-, con un espacio propio
geográfico y políticamente bien determinado, con una población arraigada,
mayoritariamente estable, con instituciones, organizaciones comunitarias y
estructura social bien definidas, carece de identidad. Entonces ¿de qué hablamos
cuando hablamos de identidad? Quizá no sepamos describir esa identidad, no
sepamos descubrirla, hacerla visible, resaltarla, mencionarla con todas las letras,
o simplemente llamarla de alguna manera, si es que se puede poner en palabras
5

algo tan vital y sustancial como la forma del ser de una comunidad como la
nuestra. Por ello es tan importante que uno de los temas abordados en el libro
sea el de su identidad desde la perspectiva de la percepción de sus habitantes.
Poblaciones como la nuestra son desde hace mucho tiempo comunidades
autonómicas, o deberían serlo, teniendo en cuenta los instrumentos jurídicos-
políticos y administrativos que nos rigen en el orden provincial. El hombre, la
mujer, integrante de este conjunto de habitantes no debe de estar muy
comprometido ni compenetrado de esta situación, propia de cualquier distrito, si
nuestros dirigentes creen que deben apelar continuamente a esta terminología a
los fines de estructurar políticas de estado o hacer valer derechos sobre asuntos
relativos al desarrollo y el bienestar comunitario. Siguiendo con esta lógica,
somos autonómicos, tenemos una identidad, por lo tanto, no debemos
preocuparnos por esto, más bien deberíamos preocuparnos por alcanzar mejores
niveles de bienestar y confort como sociedad, aprovechar bien nuestros recursos,
y hacer que nuestro futuro sea venturoso para nosotros y nuestros hijos. Y este
libro es un reflejo de esa genuina preocupación de jóvenes geógrafos y docentes
de nuestra tierra, sin dudas.

Héctor O. Correa
Presidente
Biblioteca Popular “Juan Bautista Alberdi”
Septiembre de 2016
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INTRODUCCIÓN
El desafío de escribir un libro en colaboración es muy relevante, pero esta
publicación tiene el plus de haber sido creado a lo largo de dos años de la
trayectoria educativa de la mayoría de sus autores durante la cursada de la carrera
de Profesorado de Geografía, aquí en Punta Alta. Esto significa un gran esfuerzo
de los noveles docentes que eran alumnos y la mayoría enseñan ahora en las aulas
del territorio rosaleño. También se ha contado con el aporte de profesores de
geografía e historia y de profesionales de mayor experiencia que
desinteresadamente se unieron a la propuesta.
Coronel Rosales necesitaba contar con un libro de geografía actualizado
que tratara de manera exhaustiva las problemáticas locales, siempre en
conocimiento de la gran obra precedente que fue la “Geografía de Punta Alta y
Coronel Rosales”, de Margarita Bróndolo y Sandra Bazán que realizaron también
un trabajo colaborativo que es el antecedente fundamental de esta publicación.
El Centro de Estudios Geográficos de Punta Alta “Florentino Ameghino”
(CEG) está dedicado a la investigación, promoción y difusión de temas y
problemas socio geográficos y ambientales de la ciudad de Punta Alta, el partido
de Coronel de Marina Leonardo Rosales y de la región del Sudoeste Bonaerense,
con el propósito de generar conciencia e identidad local y regional, además de
propuestas de alternativas de solución con sustento académico y científico. Está
formado por profesores de geografía egresados en su mayoría del profesorado
de Geografía del Instituto Superior de Formación Docente N° 79 y geógrafos de
la Universidad Nacional del Sur, de la Universidad del Salvador y de la
Universidad Nacional de Córdoba que han decidido promover la investigación y
la difusión de las innovaciones en el ámbito local y regional.
Desde sus inicios, el CEG planteó la realización de un libro referido al
partido de Coronel Rosales que con la metodología propia de la ciencia geográfica
abordara distintas cuestiones locales. La formación de sus autores y el capital
cultural procedente de las tesinas elaboradas durante varios años en el
profesorado en Geografía de Punta Alta, podían ser los insumos sustantivos de
la obra.
El marco teórico que sustenta el libro incluye distintas geografías
emergentes y campos tradicionales que se renuevan como: la geografía de la
percepción, la geografía ambiental, la geografía urbana, la geografía del desarrollo
local y la geografía económica, entre otras.
La obra constituirá un recurso importante para los distintos niveles del
sistema educativo, focalizado en la formación y capacitación docentes y en la
educación de Nivel Secundario y Terciario; así como cumple con la finalidad de
ser un trabajo de divulgación para la población en general de Punta Alta, el
partido de Coronel Rosales y la región.
Se ha diseñado en cinco capítulos que abordan diversos temas y problemas
de la localidad y el partido.
El primer capítulo corresponde a la síntesis geográfica del territorio
rosaleño en el contexto del Sudoeste de la provincia de Buenos Aires, en la que
se plantean sus potencialidades y vulnerabilidades; un enfoque histórico que
estudia la toponimia local guardando estrecha relación con otro tema del capítulo
que se refiere a la identidad local, así como la movilidad de la población que
conforma su territorio y las características de la periferia urbana de Punta Alta en
expansión.
El segundo capítulo se refiere a los problemas y conflictos socio
ambientales tratados con rigurosidad en términos de sus causas, consecuencias y
alternativas de solución.
El tercer capítulo incluye las cuestiones socio culturales, como las
relacionadas con la geografía del género en vinculación a las mujeres que se
forman en la Escuela de Suboficiales de la Armada Argentina; la calidad de vida
de los barrios periféricos y, por último, la diversidad de la geografía cultural local.
El cuarto capítulo trata las localidades más pequeñas en jerarquía urbana,
pero no por ello menos relevantes como asentamientos humanos y escenarios
del desarrollo local, con sus rasgos clave, conflictos y posibilidades.
El quinto y último capítulo aborda los aspectos socio productivos y el
desarrollo local haciendo hincapié en el ámbito rural, el turismo y las perspectivas
portuarias, para cerrar con conclusiones colaborativas que han surgido de los
seminarios que realiza regularmente el Centro de Estudios Geográficos
“Florentino Ameghino”.
Esperamos que esta obra sea un aporte para la educación, la gestión y la
participación ciudadana del territorio rosaleño.
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CAPÍTULO I. EL TERRITORIO ROSALEÑO:
RASGOS CLAVE DE SU GEOGRAFÍA.
I.1. POTENCIALIDADES Y VULNERABILIDADES DEL
TERRITORIO ROSALEÑO
Diana Durán
El tema que nos ocupa es central para pensar y actuar en el presente y
en el futuro del territorio rosaleño. La Geografía, ciencia del espacio geográfico,
nos permite realizar un balance de las potencialidades y vulnerabilidades
sustentado en el análisis socio ambiental, económico y cultural de algunos rasgos
clave del espacio local.
Las potencialidades son aquellos aspectos favorables, ventajosos, positivos
que ostenta el territorio para encarar su desarrollo en todas las dimensiones
posibles: ambientales, sociales, políticas, económicas y culturales.
Las vulnerabilidades son aquellos aspectos desfavorables, restrictivos,
negativos que pueden limitar las potencialidades en las dimensiones señaladas.
Entre las categorías que analizaremos en primer lugar se encuentra la
posición geográfica, como un concepto relativo referido a distintos sistemas de
referencia y, en tal sentido, el partido Coronel de Marina Leonardo Rosales se
inserta en la región del Sudoeste Bonaerense, representando solo un 4,4 % de la
población y el 0,42 % de la superficie bonaerense, constituyendo un territorio
pequeño y poco poblado. Su cabecera es la ciudad de Punta Alta y limita al oeste
y noroeste con Bahía Blanca, al Norte con Coronel Pringles, al sudeste con
Coronel Dorrego, haciendo de límite natural el arroyo Sauce Grande, y al sur con
el Mar Argentino.
El territorio de Coronel Rosales posee dos singularidades geográficas
sustantivas: cuenta con una importante fachada marítima y forma parte de la
planicie pampeana, lo que constituye su gran potencialidad ambiental, dada la
transición que detenta en sus rasgos geomorfológicos, climáticos, biogeográficos,
entre otros.
Localización de Coronel Rosales en la provincia de Buenos Aires

200 km

Fuente: elaboración personal en base a Arc Gis on line, Esri.
Coronel de Marina Leonardo Rosales en el Sudoeste bonaerense

Fuente: elaboración personal en base a Arc Gis on line, Esri
11

Sus límites se pueden convenir coincidiendo con la circunscripción de la
VI Sección Electoral de la provincia de Buenos Aires y su superficie alcanza los
101.809 kilómetros cuadrados, involucrando actualmente, en lo político y
administrativo a veintidós municipios. Se trata de los partidos de Adolfo Alsina,
González Chávez, Bahía Blanca, Benito Juárez, Coronel Dorrego, Coronel
Suárez, Coronel Pringles, Coronel Rosales, Daireaux, General Lamadrid,
Guaminí, Laprida, Monte Hermoso, Patagones, Pellegrini, Puán, Salliqueló,
Saavedra, Tornquist, Tres Lomas, Tres Arroyos y Villarino.
En el ámbito marítimo, y por el decreto provincial 449/99, el municipio
ejerce la administración de las islas Del Embudo, Bermejo y Trinidad, tres de
las islas de gran nivelación de la ría de Bahía Blanca, que suman alrededor de
400 kilómetros cuadrados, entre canales navegables –el canal principal-, y un
gran número de riachos que quedan libres en bajamar.

Las islas de Coronel Rosales

Fuente: elaboración personal en base a Arc Gis on line
El estuario de Bahía Blanca y el territorio rosaleño

ISLA DEL EMBUDO
ISLA BERMEJO

ISLA TRINIDAD

Fuente: elaboración personal en base a Google Earth

La ciudad cabecera de Coronel Rosales es Punta Alta y se localiza a 27
km de Bahía Blanca lo que significa, al mismo tiempo, una potencialidad por su
alta conectividad, y una vulnerabilidad por su dependencia funcional de la
metrópolis regional; y también a 667 km de lejanía relativa al centro de poder
argentino, Buenos Aires, lo es una vulnerabilidad desde la perspectiva de la
accesibilidad, con sus consecuencias políticas y económicas. Asimismo, posee la
potencialidad de integrar un sector insular todavía invisibilizado, constituido
por las islas Bermejo, del Embudo y Trinidad que debe ser valorado.
En términos ambientales, el relieve del territorio rosaleño se caracteriza
por constituir una llanura sedimentaria (marina, fluvial y eólica) baja y
escalonada, cuya altura (que varía entre los 80 y los 2 m sobre el nivel del mar)
declina hacia la bahía con una pendiente en sentido Norte-Sur, hasta las
planicies de marea del ambiente litoral.
13

Altimetría de Coronel Rosales

0

Fuente: Walter Melo en Barragán (2014:36)

Como se aprecia en el mapa, la mayor parte del territorio rosaleño es una
llanura baja litoral (menor a 30 msnm) en el sitio de Punta Alta y las localidades
de Villa Arias, Villa del Mar y Pehuen Co; y de mayores alturas (mayor a 40
msnm) en el resto del partido, coincidente con la zona de actividad agrícola
ganadera en relación con las condiciones edáficas.
El territorio rosaleño cuenta con diversas unidades de paisaje,
destacándose por su extensión los ambientes: de nivelación general, litoral y la
zona anegable.
Ambientes rosaleños

Fuente: Walter Melo en Barragán (2014:36)

El clima local corresponde al templado de transición, en el que se
transfiguran los rasgos clave de la región pampeana a la patagónica, con una
temperatura media anual de 15,3 °C y bajas precipitaciones (cercanas a los 540
mm anuales). Por ello, el riesgo de sequías condiciona las actividades humanas,
tanto a la agricultura como a la provisión de agua potable, por lo que en casos
más extremos, la población debe tomar las medidas precautorias para mantener
las fuentes de agua, en tiempos de gran déficit hídrico. El predominio de los
vientos del norte y noreste impacta en la influencia de fuentes puntuales de
contaminación ambiental procedentes del Polo Petroquímico de Bahía Blanca
y, en el orden físico, el mar modera las tempestades dependientes de los
encuentros frontales de masas de aire frío del sur y cálidas del norte.
Existe una transición, entonces, entre los rasgos climáticos templados
húmedos del este bonaerense al frío seco del sur, con temperaturas que oscilan
entre 23,4°C en el mes de enero y 7,9°C en julio. Lo destacable, en términos de
vulnerabilidad, es que el territorio rosaleño presenta alternancia de períodos
húmedos y secos, con una concentración de lluvias en primavera y verano, que
15

decrecen en otoño, para ser mínimas en invierno. En los últimos años, los
efectos del cambio climático fueron variables, provocando mayores
precipitaciones, en algunos casos, o tiempos prolongados de sequía, en otros.
La ecorregión característica del espacio rosaleño es el pastizal pampeano
en el que se combina una estepa herbácea psamófila, en ambientes más arenosos
- médanos-, y la estepa arbustiva halófila, en ambientes más salitrosos. También
se destaca la presencia de matorrales halófilos, que se complementa con las
especies no autóctonas en establecimientos rurales y caminos. Sin embargo, es a
la vera de los caminos donde se puede apreciar el pastizal pampeano ya que los
ecosistemas locales se han transformado en agrosistemas por la acción humana.
El pastizal pampeano, típico de la llanura, evoluciona hacia el espinal
en las zonas arbustivas. Se trata de una ecorregión sin árboles, por lo que los
bosquecillos presentes derivan de la forestación realizada por el hombre, tanto
en ambientes urbanos como rurales.

Vegetación natural y antropizada en Villa Arias. Foto: Héctor Correa
Lagunas temporarias de la isla Cantarelli con su vegetación natural herbácea y
arbustiva. Foto: Héctor Correa

Estas imágenes demuestran que el distrito posee la singularidad de ser, a
la vez, fachada marítima y planicie pampeana lo que constituye una gran
potencialidad al contar con un ambiente en transición climática, fitogeográfica,
edáfica, geomorfológica, paisajística, entre otras.
La diversidad paisajística de Coronel Rosales es proporcional a sus
potencialidades turísticas. No sólo con referencia al paisaje, sino también a las
mutiterritorialidades (diversidades espaciales) que causan pluralidad de poderes,
identidades, controles sociales, no suficientemente aprovechadas en el espacio
local, que requiere ser puesto en valor en tal sentido.
El territorio rosaleño se destaca especialmente por su diversidad de aves.
En el estuario de Bahía Blanca se han registrado hasta el momento 81 especies,
que habitan el ambiente marino-costero, además de las aves terrestres que se
localizan en los sectores más elevados de vegetación arbustiva y pastizales.
Entre las marinas se destacan las gaviotas, gaviotines, petreles, chorlos playeros,
garzas, patos y flamencos y otras que se localizan en las líneas de costa, los
canales mayores y canales de marea, la zona intermareal, las desembocaduras de
ríos, arroyos y las marismas. (Petracci. Delhey, 2005) En bajamar, muchas aves
se acercan a alimentarse de los pequeños invertebrados que se encuentran en los
sedimentos. Asimismo, arriban a esta rica zona especies de aves playeras
migratorias durante la primavera que proceden de Canadá; mientras otras lo
hacen desde la Patagonia en invierno.
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Matorrales halófilos y flamencos en Arroyo Pareja. Foto: Héctor Correa

En las dunas y pastizales habitan martinetas, perdices comunes y
coloradas, ñandúes silvestres, tijeretas, calandrias, churrinches, pechos
amarillos, loicas, verdones, tordos, cortarramas, chingolos, cabecitas negras,
mistos, tordos músicos, piquitos de plata, entre otros.
Dentro de la fauna del pastizal pampeano se destacan el zorro, zorri-
nos, mulitas, liebres, vizcachas, comadrejas, entre otros.
En síntesis, el territorio rosaleño se destaca por constituir un ecotono, un
ecosistema en transición privilegiado entre la llanura de escasa pendiente, clima
templado semiárido y pastizal pampeano, y el litoral marítimo del estuario de
Bahía Blanca, de gran singularidad por sus canales, cangrejales, islas, aves
marinas costeras y playeras migratorias. Estos dos ambientes implican una
importante diversidad geográfica y, además, se destacan sus funciones
ambientales tales como: presencia de un humedal que previene las inundaciones
por sudestada; existencia de una notable biodiversidad costera y alta
disponibilidad de nutrientes; el papel de los sedimentos para la retención de los
los contaminantes en los ámbitos litorales y la alta productividad primaria por
la presencia de marismas1.
La importancia de estos ambientes no ha sido relevante hasta hace poco
tiempo en que la conciencia ambiental ha eclosionado, lo que debe sostenerse a
través de la educación ambiental y la participación ciudadana, que permitan la
sustentabilidad ambiental, cultural y económica de Coronel Rosales.
La categoría que durante 2016 ha impuesto la Red Hemisférica de reserva
de aves playeras a los humedales de Villa del Mar y al Área Natural Arroyo Pareja-
Isla Cantarelli, son muestra de la calidad ambiental local, que es necesario valorar
y promover en términos de educación y planificación ambientales.

Ambiente costero de Villa del Mar Cangrejal costero en Villa del Mar

Cangrejos excavadores en el cangrejal costero Chorlito de doble collar.
Fotografías: Héctor Correa

En este ambiente llano de gran nivelación y baja pendiente (en sentido N-
S), se destaca a partir de la cota de 20 m, el ambiente litoral paleoclimático
(porque su origen data de épocas cuaternarias con la ingresión querandinense de
hace 5.000 a 6000 años) y actual, caracterizado por cordones de marea y
conchillas, fluviales y fluvio marinos (estuarios y salitrales) A partir de la cota de

1 Ambientes vegetados influidos por las mareas.
19

1,5 m sobre el nivel del mar hasta el nivel del mar se desarrolla una planicie de
marea, característica por el impacto de estos fenómenos astronómicos, que
provocan un paisaje cambiante según se trate de pleamar o bajamar.
El territorio rosaleño está drenado por escasos cursos de agua. Se
destaca el río Sauce Grande que constituye el límite con los partidos de Coronel
Dorrego y Monte Hermoso y abastece de agua a la ciudad de Punta Alta, Bahía
Blanca y otros centros cercanos.

El arroyo Pareja desembocando en el estuario

Fuente: elaboración personal en base a Google Earth. Esri.

El partido de Coronel Rosales tiene una gran variabilidad edáfica con dos
“órdenes predominantes Molisoles y Entisoles. Los primeros se localizan en el
sector septentrional del partido y corresponden al suborden Udoles; se
desarrollan sobre materiales arenosos que se apoyan generalmente sobre una
capa de tosca calcárea, son profundos y bien drenados. Esto determina que el
sector tenga aptitud para el desarrollo de actividades agrícola-ganaderas.
En cuanto a la zona costera, comprendida entre Villa del Mar y Arroyo
Pareja, está constituida por limos arcillosos y salinos, con elevada
concentración de cloruros y sulfatos de sodio que pertenecen principalmente al
orden de los Entisoles (Suborden Psamentes). Este sector tiene una gran
cantidad de series complejas tanto en la ribera de los arroyos como en la zona
costera. Entre los primeros, se destacan el complejo del arroyo Sauce Grande,
complejos hidromórficos del arroyo Napostá Chico y entre los segundos, el
complejo Pehuen Co y de médanos costeros. Estos suelos son utilizados
principalmente para la ganadería extensiva.” (Barragán, 2014:33)
El espacio rural de Coronel Rosales se caracteriza por la presencia de
Molisoles de texturas franco arenoso, con aptitud mixta, agrícola de trigo,
cebada y avena y ganadero para la cría y recría. Más cercano al litoral existen
variantes edáficas dadas por la presencia del cangrejal costero y los humedales
arcillosos no productivos desde la perspectiva agrícola, pero de trascendentes
funciones ecológicas. (Bróndolo y otros, 2000:53)
Estas condiciones edáficas promueven el cultivo de cereales (trigo) y
oleaginosas (girasol) con condiciones agroecológicas de grandes limitantes
naturales que inclina a los productores a sembrar cultivos de invierno (Alamo,
2016.)

Paisaje rural rosaleño. Foto: Durán

El distrito posee 61.651 habitantes (INDEC, 2010). Entre las localidades
más importantes, además de su cabecera, se encuentran Villa General Arias,
Pehuen-Co, Bajo Hondo y Villa del Mar.
A partir de los datos demográficos provistos en la tabla siguiente,
destacamos un leve crecimiento de la población del partido. En el período
intercensal comprendido entre los años 1991-2010, la población aumentó 2.609
habitantes, significando un 4.19 % más. En relación a la población rural en el
período intercensal 1991-2001 el partido creció un 1,51 %, es decir 869
personas más. Este escaso aumento contrasta con el crecimiento urbano
anómalo de la ciudad de Punta Alta.
21

Evolución de la población en el partido de Coronel Rosales.
Años 1991-2010

Población
Urbana Rural Total
56.427 3.116 59.543
Año 1991
Año 2001 57.296 3596 60.892

Año 2010 S/D S/D 62.152
Fuente: en base a Censos Nacional de Población y Vivienda 1991, 2001 y 2010 INDEC.

Punta Alta, cabecera del partido, constituye una aglomeración de tamaño
intermedio, centro local o ciudad intermedia con los beneficios que esto
supone en términos de calidad de vida, además de las características que le
confiere su relación urbano-demográfica con la Base Naval Puerto Belgrano.
El partido de Coronel Rosales posee una estructura demográfica en la que
predominan las mujeres (31.739) por sobre los hombres (30.412) y una población
extranjera de sólo 1003 habitantes (Censo 2010), entre los que predominan, los
inmigrantes europeos (526), -italianos (353) y españoles (141)-, que casi igualan
a la de los países limítrofes (467), en su mayoría paraguayos (181) y chilenos
(157).
Un aspecto estratégico es la localización de Punta Alta en un ámbito de
concentración urbana, como puede advertirse en el siguiente mapa de
distribución de la población, en el que se aprecia la escasa densidad poblacional
regional y una nucleada concentración en la conurbación embrionaria con la
ciudad de Bahía Blanca. Coronel Dorrego, Monte Hermoso, Tres Arroyos y
Médanos, son centros locales en el contexto regional.
Población regional

Fuente: elaboración personal en base a Galería de Arc Gis on line.

Punta Alta se localiza a la misma latitud de la región del Bio de Chile, a
1.279 km del puerto de Talcahuano, primer puerto militar, industrial y pesquero
de Chile, lo que invita al proceso de integración regional que debe consolidarse.
Es también, como Bahía Blanca, la puerta de entrada de la Patagonia.
.Si consideramos la distribución de la población del centro de Argentina
y Chile, Punta Alta, ocupa una posición estratégica en el extremo oriental
marítimo de un posible corredor bioceánico que, por ejemplo, podría
establecerse con la región del Bio o de la misma Araucanía para lograr una alta
conectividad que articule el territorio binacional Pacífico – Atlántico.
En el contexto local, la deslocalización de Punta Alta respecto de la
ruta nacional N° 3 constituye una vulnerabilidad porque requiere una
modernización en la infraestructura para permitir rápida conexión con Bahía
Blanca y con la ruta nacional Nº 3 sur.
23

Localización de Punta Alta en el espacio geográfico binacional

Fuente: elaboración personal en base a Google Maps

Punta Alta se destaca por sus potencialidades: el equipamiento comercial
diversificado, la localización de centros educativos de todos los niveles y la
complementariedad con Bahía Blanca; mientras sus restricciones todavía no
superadas por el ordenamiento territorial se relacionan con: la escasa actividad
industrial, el alto grado de dependencia de la BNPB y la atadura a la metrópolis
regional.
Muchas veces no bien ponderado se encuentra el Índice de Desarrollo
Humano, que incluye variables socio económicas y ambientales; y que mostraba
a nuestro partido, en 2011, ubicado en primer lugar, posición privilegiada poco
reconocida por su población.
El desarrollo económico local puede definirse como un proceso de
crecimiento y cambio estructural que, mediante la utilización del potencial de
ordenamiento territorial, conduce a elevar el bienestar de la población de una
localidad, cuya promoción promueve el desarrollo endógeno.
Localidades del partido de Coronel Rosales

CORONEL PRINGLES

Fuente: elaboración personal en base a Arc Gis on line.

Potencialidades de desarrollo local

Fuente: elaboración personal en base a Arc Gis On line. El mapa muestra las altas
potencialidades del desarrollo local, especialmente las correspondientes a las funciones urbana (en
Punta Alta), portuaria (en la BNPB y el Puerto Rosales), turística (en Pehuen Co) e industrial en
la Zona Franca, que serán abordadas en los capítulos correspondientes.
25

Otro aspecto destacable de Punta Alta y el territorio rosaleño es su relación
con la Base Naval Puerto Belgrano. Según Fittipaldi y otros (2014), ambos
espacios constituyen un territorio de complementariedad y dependencia
recíprocas, en el que Punta Alta es un centro multifuncional: residencial, de
servicios y comercio, frente a la función militar de la BNPB. Sin embargo,
también existen aspectos a refuncionalizar desde la perspectiva urbana, en
cuanto a las múltiples posibilidades existentes de que la BNPB constituya un
territorio integrado a Punta Alta y a Coronel Rosales, con continuidades
espacial, social e, incluso, jurisdiccional, esta última poco propicia en sus
consecuencias actuales.
Planta urbana de Punta Alta y la Base Naval Puerto Belgrano

Fuente: elaboración personal en base a Arc Gis on line.
En el mapa se advierte la dimensión territorial de la BNPB frente al
plano urbano de Punta Alta. La BNPB forma parte del partido de Coronel
Rosales. En el cuarterón superior derecho, la imagen satelital de ambos
territorios.
Asimismo, la Base Naval es un territorio que dinamiza lo local en el ámbito
productivo y social, atendiendo a las transformaciones del espacio urbano y a los
cambios en la estructura demográfica, población económicamente activa y grado
de integración del migrante interno a la ciudad, lo que se manifiesta en la
expansión de la mancha urbana por la demanda de viviendas. “Esta situación le
imprime un gran dinamismo al mercado inmobiliario local ya que, debido a las
condiciones laborales propias de la BNPB los pases y traslados son frecuentes,
lo cual hace que las compras y alquileres de viviendas se renueven año tras año”.
(Fittipaldi y otros, 2014)
Un aspecto poco percibido por los habitantes de Punta Alta es la
relevancia del espacio rural rosaleño. En el siguiente mapa se advierte el uso y
cobertura del suelo en 2013, elaborado por Ángeles (Barragán, 2014) con sus
cultivos de invierno, verano, pasturas y pastizales y no laborado.
En la zona rural puede advertirse en verde intenso, la cobertura del suelo
agrícola para cultivos de invierno y una gran extensión no laborada por
restricciones edáficas y geomorfológicas.
Uso del suelo en Coronel Rosales

verano

Fuente: Ángeles, Guillermo (2013) En Barragán (2014)

En el modelo actual del territorio bonaerense, Punta Alta constituye un
centro urbano con población en crecimiento, que forma parte de un polo
económico regional, en las cercanías del nodo multimodal de Bahia Blanca,
con un área de gran valor estratégico por sus reservas naturales, pero también
27

de alta vulnerabilidad ambiental que participa en un eje principal de conexión
hacia la región patagónica.
Como modelo deseado del territorio local se debería tener muy en
cuenta la localización del futuro corredor binacional nordpatagónico, el
desarrollo costero integrado, el fortalecimiento de la actividad portuaria y el
saneamiento básico en salud y educación.
La ciudad de Punta Alta tiene un crecimiento urbano no planificado que
redunda en no pocos problemas socio ambientales que afectan a la población.
Punta Alta integra una problemática estructural relacionada con el déficit
de infraestructura y equipamiento en su periferia que constituye condiciones de
exclusión para la población de menores recursos y de mala calidad de vida para
la totalidad de los habitantes.
El mapa síntesis construido por profesores de geografía georreferencia
los principales problemas ambientales y sociales de la ciudad que deberán ser
atendidos por un planeamiento urbano, ambiental y un ordenamiento territorial
acorde a las necesidades del desarrollo local articulado a las condiciones de
sustentabilidad ambiental, social, económica y cultural.
En la página que sigue se presenta el mapa de “Problemas ambientales y
sociales de Punta Alta” elaborado en trabajo colaborativo por los profesores de
geografía asistentes al Curso Uso de la Cartografía Digital en la Educación
Secundaria. Punta Alta. 2015. En línea:
https://www.google.com/maps/d/edit?mid=z78DPi9LcJck.kbV3tHrNhvVg&
usp=sharing.
Entre los problemas ambientales se destacan: la contaminación del aire
que es producto tanto por los gases que emana la planta depuradora de líquidos
cloacales, como del uso del suelo, el transporte y los gases que emite el polo
petroquímico que se orientan hacia nuestra ciudad por la influencia de los vientos
regionales; los basurales clandestinos; las antenas de telefonía celular; entre otros.
Asimismo, los derrames cloacales son fuente de malos olores y contaminación
del aire y del agua en muchas localizaciones urbanas.
Contaminación del aire

Basurales

Pe
y g rifer
rav ia c
es on
pro dé
ble fici
ma t de
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mb equip
ien am
tal ien
es to

Concentración
de problemas

Referencias completas en _____
hipervínculo
250 m
29

De lo expresado en la cartografía crítica presentada, surgen las actividades
a potenciar para el presente y futuro del desarrollo local que, a nuestro modo de
ver, son: la cultura y la educación, la pesca, el comercio interno y externo, la
localización industrial en la Zona Franca, el turismo sostenible, la agricultura
familiar y la actividad portuaria.
En relación a la promoción de esas actividades mencionadas y a las
potencialidades y vulnerabilidades identificadas, se plantean una serie de
perspectivas para el ordenamiento territorial que hay que leer en clave local:
- Fortalecer la identidad territorial y cultural y el sentido de pertenencia.
- Acceder a bienes y servicios que permitan el desarrollo humano con una
mejor calidad de vida.
- Vivir en un ambiente que garantice el desarrollo sustentable para las
generaciones actuales y futuras.
- Alcanzar el desarrollo económico a través de proyectos que promuevan
las actividades productivas clave.
- Desarrollar una agricultura familiar a través de buenas prácticas agrícolas.
- Promover la participación ciudadana en la gestión democrática del
territorio en todas sus escalas.
En definitiva, Coronel Rosales tiene un conjunto de potencialidades
(ambientales, económicas, humanas, institucionales y culturales) que, si son
motorizadas por los agentes sociales locales, pueden generar procesos efectivos
de desarrollo local. Estas potencialidades requerirán que las comunidades locales
(Villa Arias, Villa del Mar, Pehuen Co y Bajo Hondo) se integraran a Punta Alta,
a través de redes productivas de pequeñas y medianas empresas -como criaderos
de aves, actividades olivícolas, huertas, viveros, servicios, actividades turísticas
relacionadas con la segunda residencia y otras-, que colaboraran entre sí y con la
sociedad local para imprimir dinamismo al territorio rosaleño. (Schroeder,
Formiga, 2011)
A través de los procesos de crecimiento endógeno Coronel Rosales puede
potenciar su economía y mejorar la calidad de vida de su población. Con esa
finalidad, el territorio rosaleño deberá ser puesto en valor a través de la mejora
de su infraestructura ferrovial y de los circuitos socio productivos posibles y
disponibles (Polo logístico que involucra el consorcio del puerto, la Zona Franca,
la relación con el Polo Petroquímico, el Parque Industrial, el Polo tecnológico, el
puerto, los microemprendimientos productivos, las buenas prácticas agrícolas de
agricultura familiar y la producción agropecuaria regional) Pero todas estas
propuestas deberán integrarse en un una perspectiva de ordenamiento territorial
basado en la actividad agropecuaria y el complejo portuario, siempre que
agreguen valor a las materias primas regionales.

Bibliografía citada

Barragán, Federico Gastón. (2014) Factibilidad geográfica para la implementación de
cultivos no tradicionales en el partido de Coronel Rosales, Buenos Aires. Una aproximación a
través del uso de geotecnologías. Tesis de licenciatura. Bahía Blanca, UNS.
Bróndolo, M. Bazán, S. (et al) (2000) Geografía de Punta Alta y Partido de
Coronel Rosales. Bahía Blanca. Ed. Universidad Nacional del Sur.
Fittipaldi, Rosa A. Espasa, Loreana C. Bonaccorso, María Soledad
(2014) Motivaciones y características del proceso migratorio hacia la ciudad
de Punta Alta y al Puerto Belgrano. Contribuciones Científicas. Vol. 26. Buenos
Aires. GAEA.
Petrachi, Pablo. (2005) Guía de Aves marinas y costeras de la ría de Bahía Blanca.
Bahía Blanca, el autor.
Schroeder Valeria, Formiga, Nidia. (2011) Oportunidades para el desarrollo
local: el caso del Sudoeste Bonaerense (Argentina) Cuadernos de Geografía -
Revista Colombiana de Geografía, vol. 20, núm. 2, julio-diciembre, 2011,
pp. 91-109. Colombia. Bogotá. Universidad Nacional de Colombia.
31

I.2. APROXIMACIÓN A LA TOPONIMIA COSTERA DEL PARTIDO
DE CORONEL ROSALES
Gustavo Chalier
Luciano Izarra
Toponimia y sentido de pertenencia
“La historia sobre un lugar nunca es solamente una única historia. No es solamente la
historia de sus espacios ocupados o la de los acontecimientos ocurridos en ellos y de las
personas directamente involucradas, sino también es la historia de las prácticas vividas
por esas personas y de los cambios que tuvieron en el transcurso del tiempo a través del
contacto e interacción con diferentes culturas y modos de expresión de esas culturas.
Cualquier historia que pueda contarse siempre se desdobla en una multiplicidad de otras
historias, casi un sinfín de diferentes historias” (Romani, 2008)

Esta aseveración del historiador brasileño Carlo Romani es de especial
valor para una zona de fuerte cruce de diferentes culturas a lo largo del tiempo
como lo es el sudoeste bonaerense. Para hablar solamente de los últimos
doscientos o trescientos años, en que se tienen registros históricos más o menos
fehacientes, la región ha sido habitada, visitada o poblada sucesivamente por
diferentes parcialidades del tehuelches meridionales (o guenakén), mapuches,
españoles, navegantes ingleses y franceses, criollos y por un importantísimo
contingente inmigratorio. (Ginobili, 2006) En encuentros, a veces amistosos, a
veces hostiles, todos ellos generaron un contexto donde se produjo una inevitable
mezcla cultural que se tradujo en la adquisición cruzada de usos, costumbres,
comidas y palabras.
Los nombres evocan y provocan: siempre se asocian los nombres a
sentimientos y con ellos se da sentidos a las cosas. Por eso, ante un topónimo
cualquiera, lo peor que se puede hacer es naturalizarlo. Antes bien, deben hacerse
preguntas para interrogar acerca de su verdadero sentido: ¿Qué significa el
nombre? ¿Pudo este lugar llamarse de otra manera? ¿Por qué se le dio justamente
este nombre y no cualquier otro? ¿Qué mecanismos operan tras la elección de un
nombre?
Hay detrás determinaciones de tipo ideológico, histórico, político o
cultural en un sentido amplio, porque siempre nominar es ejercer poder: cuando
se nombra algo, se adquiere un cierto grado de dominio sobre la cosa, sea ésta
una persona (un hijo, por ejemplo) o un pedazo de tierra. Marca, en este último
caso, una presencia que es también voluntad de señorío, expresado a través de
un conjunto de valores que son propios: por ejemplo, muchos lugares llevan
nombres que aluden a héroes militares o políticos, personajes o hechos
vinculados a la religión, virtudes cívicas o morales o, a veces, circunstancias
fortuitas u descripciones del lugar2. Es por esto que la elección de un nombre
para una localidad, calle o espacio público nunca es inocente o casual.
Estos mecanismos se hacen visibles en los llamados topónimos, vale decir,
los sustantivos por los que se designan territorios. La toponimia (del griego
topos=lugar; y ónoma=nombre) es una disciplina que estudia los nombres propios
de lugares.
Conocer el origen de los topónimos sirve no solamente para conocer el
lado pintoresco de la historia sino ahondar en hechos relevantes del pasado que
ayudan a construir la identidad del espacio geográfico compartido por la
comunidad. En los topónimos los elementos antiguos son permanentemente
reactualizados, modificados y desplazados, conforme cambia la sociedad y asigna
nuevos significados o usos a las viejas denominaciones. (Fernández Mier, 2006)
Por esa razón, los topónimos constituyen un legado y nos interpelan desde el
fondo de la historia. En tanto marcas identitarias del espacio, ayudan a valorizarlo
y conocerlo, coadyuvando a forjar una adscripción y sentido de pertenencia al
terruño. (Friera Suárez, 1992) Como tales, constituyen un área de sumo interés
para el Archivo Histórico Municipal de Punta Alta, que trabaja con la memoria
local.

Los topónimos de la costa rosaleña
Indígenas, marinos y nombres en la bahía Blanca
En el caso de la toponimia de la costa rosaleña, lo primero que se nota es
la ausencia de topónimos indígenas, abundantes en otros lugares del sudoeste
bonaerense (Carhué, Pigüé, Huanguelén, Guaminí, Chasicó, Puán, etc.). Se obvia
aquí Pehuen Co, por ser éste un topónimo artificial, creado por el dueño de las
tierras donde se erigió en 1947 el balneario, al tomar dos palabras en
mapudungun (la lengua del pueblo mapuche): Pehuen= pino y Co=agua.
Seguramente la bahía misma como los accidentes geográficos de su costa,
tuvieron topónimos impuestos por los pobladores originarios, pero por falta de
registro en las fuentes contemporáneas, éstos no se han conservado
(Comunicación vía e mail del doctor Juan Francisco Jiménez del Departamento
de Humanidades de la UNS (18 y 19 de noviembre de 2015)

2 “Bautizar lugares, renombrar antiguas denominaciones siempre fue una forma
de conquistar y ocupar territorios”. Romani, Carlo: op.cit., p. 8.
33

Esto tal vez se deba a que la zona, si bien conocida por las diferentes
parcialidades indígenas, no era demasiado frecuentada por ellos. Los pobladores
autóctonos de la pampa y Patagonia no eran navegantes, por lo que el mar ponía
un límite a sus actividades. Por esto, la bahía era para ellos un sitio poco propicio
para asentamientos, aunque sean temporales: el suelo medanoso con salitrales,
la costa baja y fangosa de cangrejales, el rigor del clima y los vientos, la falta de
cursos de agua, todo eso la hacía escasamente atractiva para el establecimiento
humano. Para estos grupos, era más interesante ir a Sierra de la Ventana, con
agua, pastos y caza abundante, o marisquear en la costa en los actuales balnearios
de Monte Hermoso o Claromecó.
Con el final de la guerra de la Independencia y el surgimiento de Buenos
Aires como la única provincia con soberanía en las costas atlánticas, la región
cobró cada vez mayor relevancia y se realizaron una serie de expediciones de
carácter científico- militar de reconocimiento. Estos viajes, además de explorar y
dar a conocer la geografía de la bahía y sus costas, impusieron mucha toponimia
todavía en uso. De igual importancia es la expedición de reconocimiento llevada
a cabo por el HMS Beagle al mando de Robert Fitz Roy, por cuenta del
Almirantazgo británico, que llegó a la bahía en 1832 y 1833. Muchos de los
nombres de lugares que figuran en inglés en los documentos de la expedición
(diarios de bitácora, cartas náuticas o relaciones de viajes), fueron sin duda
colocados por el capitán o la tripulación. Otros, que las mismas fuentes nombran
en castellano, sin duda son anteriores al viaje del Beagle y ya estaban en uso cuando
arribó el bergantín británico. El legado del arribo de la expedición del Beagle a
las aguas de la bahía es importante también por un aspecto colateral, pero de gran
significación para la identidad de la región: la fijación e invención de muchos
topónimos costeros en uso hasta el día de hoy. Por prudencia, dado el poco
calado existente en el interior de la ría, ancló en septiembre de 1832 en la zona
de Puerto Belgrano. El capitán británico tuvo la oportunidad de practicar un
minucioso relevamiento de la bahía y de confeccionar una precisa carta náutica.
En ella consignó por primera vez topónimos costeros. El plano titulado South
American East Coast. Bahía Blanca to Union Bay, fue publicado en Londres en
1883 y es copia de la carta que Fitz Roy y sus hombres confeccionaron en 1832-
1833. En él se delinea con exactitud el dibujo de la costa septentrional de la ría y
pueden apreciarse nombres que glosan los principales accidentes ribereños. Estos
topónimos son de dos tipos: los que figuran en el plano en castellano y los que
poseen su nombre en inglés. Se puede inferir que los primeros eran usados por
los marinos y habitantes de la zona previamente a la llegada de Fitz Roy. Los
topónimos en inglés fueron, sin duda, puestos por la tripulación del Beagle y
muchos de ellos se continúan utilizando, aunque en su versión castellana.
Esta es la razón por la que los topónimos de la zona marítima de Coronel
Rosales están vinculados a los primeros hombres de mar que, a comienzos del
siglo XIX, reconocieron las difíciles aguas de la bahía, hasta ese entonces
prácticamente desconocida: constituyen marcas de referencia que ayudan a la
navegación.
Algunos de los topónimos que se alinean en la bahía son antiguos y de
origen incierto. Por ejemplo, Punta Cigüeña, Punta Tejada (ambos mencionados
en castellano por Fitz Roy) y Punta Congreso, nombres cuya procedencia no se
ha podido determinar en el estado actual de los conocimientos.

Clasificación de los topónimos costeros rosaleños
No existe unanimidad de criterios en cuanto a la clasificación de los
topónimos. Ésta se ajusta a las particularidades del área de estudio, por lo que
cada investigador adopta criterios sui genreris a la hora de realizar su propio
registro.3 Pueden estas pautas seguir preceptos de orden lingüístico, cronológico,
culturales, geográficos o de algún otro tipo.
Para este trabajo, se decidió agrupar los topónimos costeros del partido de
Coronel Rosales en dos grandes grupos (sin por ello rechazar o impedir otras
formas de clasificación igualmente válidas):
a. Topónimos descriptivos
b. Topónimos onomásticos

a. Topónimos descriptivos
Son aquellos que indican una o varias características distintivas y visibles,
por lo que constituye un nombre propio íntimamente ligado a lo que se aplica.
La bahía Blanca. Es un topónimo que recalca una característica paisajística
evidente sobre todo desde el mar: el blanco del salitre que se deposita en algunos
sectores de sus costas y que le otorgan una marca distintiva en la costa atlántica
argentina. Pese a ser reconocida por la expedición de Magallanes en 1518, fue
evitada por los marinos durante los siglos XVII y XVIII dada las dificultades que
presenta para su navegación. Con la fundación de Carmen de Patagones en 1779,
volvió a reconocerse por ser una escala en el viaje a Buenos Aires. A partir de
1800, la bahía recibió varios nombres: Bahía de Abajo (es decir, del sur) o Bahía

3 Ver, por ejemplo, Tent, Jan y David Blair: “Motivations for naming. A toponymic typology”, Australian
National Placenames Survey Technical Paper Nº 2, South Turramurra, diciembre 2009, donde se hace una lista de
diferentes tipologías y clasificaciones de topónimos.
35

de los Bajos Anegados (era muy frecuente en los mapas de la época la confusión
con la Bahía Anegada, próxima a San Blas). Su nombre actual aparece en un mapa
que Aaron Arrowsmith, publicó en 1817 titulado Outlines of the physical and political
divisions of South America: Sheet 5. Allí, seguramente en base a informes de la
expedición española de Alejandro Malaspina, el cartógrafo inglés dibujó una
amplia escotadura sobre la línea curva del sur bonaerense, colocándole el nombre
de White Bay. Esta expedición zarpó de España en 1789 y se prolongó hasta 1784.
Tuvo por objetivos incrementar el conocimiento geográfico, mejorar la
navegación, el levantamiento de mapas cartográficos y realizar un estudio
exhaustivo de la flora y fauna. Además, de analizar la economía, las costumbres
y las características locales de cada una de las regiones que se visitaran. Fue la
primera exploración de envergadura que llevó adelante la Corona española desde
el descubrimiento de América. Es ésta la primera mención que se conozca del
nombre actual de la bahía Blanca. Pero se ignora quién o quiénes lo impusieron:
si los ocasionales marinos criollos que la visitaban o miembros de alguna
tripulación inglesa4. En todo caso el nombre de bahía Blanca se impuso a partir
de los primeros años de la década de 1820.
Punta Alta. El estado actual de los conocimientos no permite determinar
con exactitud desde cuándo se utiliza. Sin embargo, su más antigua mención
aparece en la carta de la provincia de Buenos Aires publicada por Bartolomé
Muñoz en Londres, diciembre de 1824. En 1832, en su Diario de viaje a bordo
del Beagle, Charles Darwin hizo mención del accidente, mencionándolo siempre
en castellano. El topónimo se refiere a una lengua de tierra que se adentra en el
mar (punta), con una barranca coronada por un médano alto. Este médano era
visible desde las embarcaciones que se adentraban en la bahía y era usado como
referencia por los marinos de ese entonces.
A lo largo del siglo XIX puede verificarse que la zona terrestre circundante
tomó el nombre del accidente geográfico. Por ello era común nombrar como
Punta Alta a todo el sitio, donde actualmente se alza la Base Naval Puerto
Belgrano. Por ese motivo, cuando se estableció la estación del FC Sud en 1898,
pese a llamarse en los papeles “Arsenal”, se la designó como “Punta Alta”, por

4 Tradicionalmente, la historiografía local repite que fue un nombre impuesto por el capitán norteamericano
Benjamín Morrell. Sin embargo, éste no hizo más que nombra un topónimo ya conocido. A bordo de la goleta
Wasp (es decir, Avispa) anotó en su libro de relación el 17 de septiembre de 1822,: “ Seguimos por la costa por
un tiempo, sin dar con alguna cosa digna de notarse, hasta que llegamos a una entrada amplia, que corre hacia
el oeste, designada con el nombre de White Bay por el momento, pero poco conocida por los navegantes, pese
a marcar propiamente el límite costero norte de la Patagonia”, A narrative of four voyages to the South Sea,
North and South Pacific Ocean, Chinese Sea, Ethiopic and Southern Atlantic Ocean, Indian abnd Antartic
Ocean, from the year 1822 to 1831, Nueva York, J & J Harper, 1832, . p. 38
ubicarse en los terrenos llamados de esta forma. Y de la terminal ferroviaria tomó
la denominación el pueblo que se alzó espontáneamente paralelo a las vías y en
torno a ella.
Actualmente, sobre lo que fue la punta se apoyan los muelles de la Base
Naval. Una parte significativa de la barranca fue removida al hacerse las obras.
En cuanto al médano, sobrevive como basamento del Castillo de Vigilancia
(llamado luego Torre de Señales). Al momento de definir el sitio para la ubicación
del edificio, se tuvieron en cuenta los accidentes geográficos naturales más altos
dados por los médanos que se encontraban en el ingreso de la ría.
Colina Doble. El nombre hace referencia a dos elevaciones de terreno muy
próximas que eran visibles desde el mar. Muy posiblemente fue un nombre
impuesto por la tripulación del Beagle, ya que el topónimo aparece consignado en
inglés (“Double Hill) en la carta náutica de la ría editada en Inglaterra según los
apuntes de Fitz Roy.
El accidente geográfico, al igual que lo ocurrido con Punta Alta, terminó
por darle su nombre al área circundante. Por eso hoy en día el cementerio que se
alza allí lleva el nombre de Colina Doble. Prevista en la planificación para el
Puerto Militar, la necrópolis fue pensada para inhumar al personal de la marina,
fuere este civil o militar, así como a sus familias. No obstante, fueron sepultadas
también pobladores de la naciente ciudad de Punta Alta. Las primeras
inhumaciones datan de 1900. Actualmente el cementerio está organizado en
cinco secciones y cuenta con 1270 tumbas. La última inhumación se realizó el 17
de junio de 2000 y correspondió al Vicealmirante (RE) Leandro Mateo Maloberti.
Monte Hermoso. Este es otro topónimo antiguo, que sufrió un
desplazamiento, ya que el nombre Monte Hermoso en aquel tiempo no hacía
referencia a la ciudad balnearia homónima, sino al paraje conocido actualmente
como Barrancas de Monte Hermoso, Farola Monte Hermoso o simplemente Las
Rocas, que se encuentra a cinco kilómetros al oeste de Pehuen Co, dentro del
partido de Coronel Rosales. El nombre le fue dado por el científico Antonio de
Pineda y Ramírez, de la expedición de Alejandro Malaspina. (Martel, 2002:2)
Fitz Roy describe el lugar de esta manera, como una referencia en la
navegación que, incluso, fue señalizado por la tripulación del Beagle.
Monte-Hermoso “(…) aparece como una punta baja distintiva y
redondeada. Es más elevada que las elevaciones próximas a excepción de una
pequeña que está un poco más adentro de la tierra. Su altura es de 37 metros
sobre el nivel del mar y, en su cima, se ve (1833), un macizo de tosca, de 3 metros
cuadrados, construido por la tripulación del Beagle. Hay debajo una barranca baja
(Papagayo), actualmente llamada “Barranca de los Loros”, la única que se
encuentra sobre la costa en los alrededores. Monte Hermoso está muy cerca del
mar y forma, cuando se lo descubre desde el E., una punta en que termina
37

distintivamente la costa norte. Cuando se mira desde el E., la tierra que está en el
O parece mucho más baja y alargada.
Cuando se la ve viniendo desde el sur, esta pequeña montaña se confunde
con la tierra que le es próxima, y un navegante extraño tendría mucho trabajo en
encontrarla, a menos que perciba la señal levantada por el Beagle. Si este macizo
fuera tres veces más grande de lo que es, y de un color blanco, sería de
muchísima utilidad.” (Fitz Roy, 1851: 44, 45)
Ese paraje fue elegido para anclar un pontón faro en 1881, que fue
destruido por una tormenta a poco de inaugurarse. Posteriormente, fue el lugar
en que Luiggi planeó erigir el primer faro de la costa argentina, al que se emplazó,
sin embargo, unos kilómetros más al este, en cercanías de lo que hoy es el
balneario Monte Hermoso.
La construcción fue encargada a una empresa francesa, Barbier et Bénard,
que lo envió a la Argentina desarmado y en cajas. Pero el faro no fue emplazado
en el sitio originalmente pensado, sin duda por razones de visibilidad. En efecto,
ya a finales del siglo XIX, el médano era muy poco visible. Así lo informaba el
teniente de fragata Guillermo Scott Brown, del acorazado Almirante Brown: “El
llamado Monte Hermoso ya no existe, pues, pues se confunde con los médanos
que lo rodean, y sólo se distingue por un palo insignificante que lo marca (…)
un punto difícil de reconocer” (Ciarniello. Fernández, 2009:68) Se dispuso su
instalación en la llamada Punta Catanga, ubicada entre el sitio original y Punta
Asunción. El faro terminó de colocarse en 1906 y se lo llamó Faro Recalada a
Bahía Blanca. Como los cajones de embalaje y partes de la estructura estaban
rotulados como “Faro Monte Hermoso”, dio el nombre al hotel que, a partir de
1918, se construyó en sus cercanías y que terminaría dando su apelativo al pueblo
que posteriormente se formó.
En 1927, la Sección Faros del Servicio de Hidrología Naval instaló en Las
Rocas una baliza en lo alto de una torre de 22. 8 metros de altura, que funcionó
hasta 1970. La estructura de hierro sobrevivió hasta que una sudestada la derribó
en enero de 2002.
Punta Ancla. Fue llamada por la tripulación del Beagle “Anchor stock hill”
(literalmente: Colina del cepo o palo del ancla), presumiblemente por ser éste el
punto de anclaje del bergantín y por contar con una marca de referencia en forma
de palo o mástil. Así lo expresó Darwin en su diario, en la entrada
correspondiente al día 6 de octubre de 1832: “Navegamos por el canal con una
fuerte brisa en contra y a la noche anclamos en el viejo sitio frente al pozo de
agua (o jagüel). La colina arenosa (o duna) allí ubicada fue bautizada Anchor stock
hill.” (Darwin, Keynes, 2001:108-109)
En una relación posterior de sus viajes, Fitz Roy apunta: “Anchor stock
hill es la más elevada y la más puntiaguda de las eminencias que se perciben al N.
O., su altura es de 17 metros y se ve encima una advertencia que de lejos parece
un mástil.” (Fitz Roy, 1851:47)
Esta advertencia, sin duda, debió ser colocada allí por los marinos que
frecuentaban la bahía, como marca de referencia o guía.
Pese a que posteriormente el nombre fue simplificado a Punta Ancla y así
figura en diferentes documentos de finales del siglo XIX, la utilización del
topónimo Anchor stock hill, está registrada en The London Gazette en fecha tan
tardía como noviembre de 1909, cuando indica el balizamiento de la entrada de
la bahía Blanca.

b. Topónimos onomásticos
Son aquellos que referencian a un nombre propio, sea de persona
(incluyendo santos y personajes mitológicos), embarcación, u otro.
Arroyo Pareja. El nombre honra al descubridor de este curso de agua, el
piloto Joaquín Fernández Pareja, quien nació en Galicia en 1781 y luego de
egresar de la Escuela de Náutica en España, llegó a Buenos Aires en 1808. En
1810 abrazó la causa de la Revolución. Prestó servicios como navegante y
formó parte de dos expediciones a la bahía Blanca. Posteriormente, fue capitán
de milicias nombrado por Juan Manuel de Rosas.
Como parte de la política del gobierno de la provincia de Buenos Aires
tendiente a reconocer las costas bonaerenses para asentar una ciudad puerto, el
gobierno bonaerense dispuso en 1823 que se armase una expedición a la bahía
Blanca Para ello, contrató a la goleta norteamericana Clive, comandada por el
capitán José Valentín García y que llevaba como a Joaquín Fernández Pareja. La
embarcación, arribó en diciembre de ese año a la boca de la bahía y finalmente
ancló en una canaleta ancha.
Fernández Pareja detectó con su anteojo una quebrada y, aprovechando
la pleamar se dirigió hacia ella en un bote con cuatro efectivos bien armados.
Atracó en una de las orillas de un arroyo. Reconoció a pie las dos orillas, anotó
sus características y el movimiento de flujo y reflujo de sus aguas. Ese pequeño
curso de agua, finalmente llevaría su nombre.
Rápidamente se puso en uso el topónimo “Arroyo de Pareja” (luego
simplificado como Arroyo Pareja) para hacer referencia al lugar5. Así, en 1833,

5Véase la “Carta de la Provincia de Buenos Aires”, publicada por Bartolomé Muñoz, Londres, diciembre de
1824, poco más de un año después de la expedición de la Clive, donde figura el “Arroyo de Pareja”. Pese a
eso, Francisco Seguí, en su informe de la expedición del bergantín de guerra General Belgrano de principios
de 1825, lo menciona como “arroyo de la Gleaner,”por el barco que recorrió la zona meses antes.
39

Fitz Roy lo menciona en su carta náutica de la bahía como Pareja Creek (creek es
la traducción inglesa de arroyo, y puede también significar una cala o pequeña
ensenada). Pese a su nombre, Arroyo Pareja no es un arroyo. Es decir, no es un
curso de agua que descargue agua dulce a la bahía. Es una lengua de mar que se
adentra unos pocos kilómetros en el continente. Originariamente, era la
desembocadura del Napostá Chico, (que recibe también los nombres de Sombra
de Toro, Cabildo o Bajo Hondo, conforme al lugar por donde pase). Este arroyo
tiene por característica principal la variabilidad de su curso. En algún momento
a principios del siglo XIX desaguó al mar en forma de un pequeño estuario, pero
al cambiar su recorrido, éste se llenó con agua de mar. (Bróndolo y otros, 2001:67
y ss). Sin embargo, cabe notar que en alguna bibliografía y también oralmente, es
frecuente encontrar menciones a “Arroyo Parejas”, sin que nada justifique esa S
final de la que carecía el apellido del descubridor.
Puerto Belgrano. Este topónimo no homenajea al creador de la bandera
sino a un barco que llevaba el nombre del prócer y que fue el primero en
explorar exhaustivamente el apostadero. El sitio nombrado así es una extensa
superficie de agua ubicado frente a la actual costa rosaleña, con fama de
fondeadero seguro, fue visitado tradicionalmente por cuanto barco navegara
por la zona. El gobierno provincial envió al lugar varias expediciones de
reconocimiento, con el fin de hallar un sitio seguro para establecer un puerto y
población. A fines de 1824, el bergantín de guerra General Belgrano fue
comisionado a la bahía Blanca para explorarla, pero condiciones climáticas
adversas frustraron esta expedición. A comienzos de 1825, el General Belgrano
volvió a zarpar rumbo al sur. El 1º de febrero de 1825, el bergantín fondeó a la
altura del Arroyo Pareja, que fue estudiado y relevado.
A la zona, vasto abrigo natural de buques, se la llamó, en homenaje al
barco de la expedición, Pozos o Sonda del Belgrano y, más adelante, Puerto (del)
Belgrano. Este es precisamente el lugar en donde el capitán Félix Dufourq indicó
que se debía construir el apostadero de la república. Construido con el nombre
de Puerto Militar, conservó esta designación hasta el 2 de junio de 1923, cuando
el presidente Marcelo T. de Alvear y su ministro de Marina Manuel Domecq
García firmaron la Orden General Nº 121 emanada por la Dirección General de
Navegación y Comunicaciones y que fue promulgada dos días después, el 4 de
junio. Por medio de esta norma, se decretó el cambio de nombre del Puerto
Militar por el de Base Naval de Puerto Belgrano.
En sus fundamentos se expresa un equívoco que debe aclararse, pues ha
dado lugar a apreciaciones incorrectas a lo largo de los años. Según la ordenanza,
se coloca el nombre de Puerto Belgrano al antiguo Puerto Militar por
considerar “un acto de justicia y un deber conservar la tradición, que fue
respetada desde las primeras cartas marinas del lugar que dan nombre de
«Puerto Belgrano» a determinada región de la Ría de Bahía Blanca, nombre que
en honor del ilustre patricio de la independencia tenía ya el año 1833, cuando se
iniciaron por el Almirante Fitz Roy los primeros trabajos hidrográficos serios
de esa parte de la costa…” Sin embargo, según se ha visto, esta denominación
no se debe al general creador de la bandera sino al barco, el General Belgrano, que
describió por primera vez este puerto en 1825.
Isla Cantarelli. La llamada isla Cantarelli no es una isla, sino la orilla
izquierda del Arroyo Pareja, que la separa del resto del continente. La
denominación de isla proviene del hecho que su acceso por tierra es casi
imposible, dado los extensos humedales que bañan sus costas. Por eso, la forma
más sencilla de llegar desde Punta Alta es atravesando el Arroyo Pareja, lo que
acentúa su aparente insularidad.
Su nombre proviene del señor Marcio Cantarelli, oriundo de la ciudad
de Bahía Blanca. Cantarelli compró las tierras en 1926 y posteriormente loteó y
construyó algunas casas para alquilar, plantando varios olivos y eucaliptos, con la
intención de hacer un balneario.

CONCLUSIÓN
Los topónimos de la costa rosaleña, según se ha visto, fueron puestos por
marinos que navegaron fundamentalmente a lo largo del siglo XIX. Fueron
colocados desde el mar, mirando desde la playa a la tierra, y así deben entenderse.
Su lógica desafía la cultura imperante, que es de “tierra adentro” y que da la
espalda al océano; de allí surge, muchas veces, la dificultad de comprender en su
cabal dimensión la toponimia de la línea ribereña de Coronel Rosales.
Este trabajo se funda en la necesidad de otorgar sentido a este antiguo
legado, asignándole su significado original a los nombres, a fin de constituirlos
en puntos desde donde otear el pasado y poder valorar el territorio. Los
topónimos se integran así a un discurso histórico que reafirma la identidad del
lugar, el sentido de pertenecía del pueblo que lo habita y devuelve su mirada al
mar.
41

Bibliografía

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historia rural: la territorialidad de la aldea feudal, en Territorio, sociedad y poder.
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Oiapoque”, en Ameríndia - História, cultura e outros combates, volumen 5, Nº1, pp.
1-8.
43

I.3. PUNTA ALTA, PUENTES ENTRE LA IDENTIDAD Y EL
PAISAJE

Ana Buschittari

Punta Alta representa para sus habitantes, un espacio percibido de
diferentes maneras. Cada poblador, construye su mapa mental con una
información diversa, básica y necesaria que lo identifica y le sirve para su vida
cotidiana.

Categorías analíticas del espacio: valoración perceptual individual
Las percepciones que se tienen, tanto individual como grupalmente,
debido al grado de pertenencia que se siente por la ciudad, son de gran
significado y marco de referencia de cada individuo.
Formas. La forma que adquiere el espacio -en este caso urbano-, y su
grado de aceptación o rechazo se relaciona con “(…) el aspecto formal, es
decir, la apariencia real y física de la ciudad (…) que determinará necesidades
para el grupo humano”. (Caneto, 2000:104) Cabe agregar que los habitantes se
irán adecuando al lugar, de acuerdo a esas condiciones físicas, pero luego los
mismos pobladores modificarán ese espacio de acuerdo a sus necesidades.
Funciones. Cada parte que conforma una ciudad, como sus calles,
edificios, plazas, etc., van mutando sus funciones, de acuerdo a las horas, los
días, las semanas y el año. En tal sentido, la ciudad y sus paisajes se van
modificando por el desplazamiento y el habitar de las personas.
Relaciones. El sujeto, en su representación mental del espacio físico, lo
transforma en un espacio social. (Alvarez de Dotti. Cruces, 2002:18). En ese
mismo sentido, cada individuo a través de sus propios marcos de referencia,
percepción y valoración del espacio, va configurando un mapa mental, que le
sirve para transformar aquello estático, en algo dinámico. En efecto, cada
interacción entre los individuos de una misma sociedad, les permite compartir
con los demás, diferentes valoraciones, aunque cada individuo y su forma de ser,
pensar y habitar sean distintos.
La ciudad cobra vida a partir de la significatividad que cada individuo le
otorga.
Cabe destacar, el carácter aglomerativo y la intensidad del uso del suelo,
que también configuran la base, donde cada habitante, produce formas de vivir
y convivir con los otros.
Estructuras. La ciudad pasa de ser algo meramente estático, a constituir
el sustrato de las personas, convirtiéndose en algo dinámico. Es decir, el
espacio percibido cobra una nueva dimensión e importancia en la vida de los
ciudadanos, cuando éstos son cargados de la valoración y los sentimientos que
le otorgan los habitantes.
La manera de clasificar lo que se percibe, es modelada por las
circunstancias particulares y colectivas debido a la cultura a la que se pertenece.
Es decir, el grupo en el que se vive, influye en la manera en cómo se percibe la
realidad que nos rodea. Esta realidad es aprendida y luego practicada por los
individuos dentro de una sociedad.

La percepción como pauta de análisis perceptual
En relación con el análisis de la percepción coincidimos con Milton
Santos (1996) cuando expresa que “lo que vemos o que nuestra visión alcanza
es el paisaje que (…) puede definirse como el dominio de lo visible, lo que la
vista abarca. No sólo está formado por los volúmenes, sino también por los
colores, movmientos, olores, sonidos, etc.” Es decir, el paisaje es la expresión
visible del espacio geográfico, que los individuos pueden percibir a través de
todos sus sentidos, de todo lo captado por el ser humano y que es incorporado
a su mapa mental y lo configura de tal modo que lo percibido, es transformado
en una imagen particular. Así el paisaje se va definiendo en cada uno y en el
espacio de acuerdo a las diferentes formas de ser percibido.
Geografia de la percepción de la ciudad de Punta Alta. Conceptos clave
Hito. Los hitos deben cumplir “(…) con dos requisitos fundamentales:
destacarse por algún aspecto del resto del paisaje urbano y ser visible desde
distintos lugares. Por lo general son edificios, monumentos (elementos
faltantes en la ciudad de Punta Alta) entidades oficiales y privadas u obras de
infraestructura”. (Caneto, 2000:64). Estos requisitos muchas veces son los más
tenidos en cuenta a la hora de describir una ciudad. Cada lugar tiene una
característica distinguible y diferenciable del resto, y que nos sirve como marco
de referencia para el desplazamiento cotidiano.
En la ciudad de Punta Alta fueron identificados mediante una encuesta,
diferentes monumentos, edificios, etc., que sirven de referencia para conocer, por
ejemplo, los lugares de cita o de encuentro de las personas.
La respuesta que dieron 38 de los 75 encuestados a la pregunta: “Si tuviera
que encontrarse con una persona que no es residente de Punta Alta: ¿en qué lugar
45

la citaría?, fue que la Plaza General Belgrano, ubicada en el centro de la ciudad,
entre las calles Irigoyen, Rivadavia, Murature y Brown, constituye el lugar de
encuentro, destancándolo como el hito por excelencia. Cabe destacar que allí
las personas se reúnen por distintos motivos (encuentro, paseo, actividades
culturales, sociales, etc.)

Hitos en la percepción de la población puntaltense

Fuente: elaboración opersonal en base a Arc Gis on line y encuestas 2010.

Seis habitantes mencionaron al Bar Central, ubicado en la intersección de
Irigoyen y Humberto, como lugar que representa un hito histórico y de gran
importancia, desde la creación de la ciudad y que constituye también un lugar
de preferencia para realizar encuentros con personas no residentes de Punta
Alta.
Entre los lugares más atractivos identificados por 39 encuestados para
llevar a conocer a visitantes, se destaca la playa de Arroyo Pareja.
La misma cantidad seleccionó la Base Naval Puerto Belgrano como
destino de visita y de paseo, manifestando que este lugar ofrece un importante
acervo histórico y que la ciudad está íntimamente ligada a las actividades que
genera. Esta respuesta es muy importante porque identifica uno de los aspectos
más significativos para los habitantes de Punta Alta que es su relación con la
Base Naval, por muchos apreciada y por otros cuestionada.
Al hablar de este lugar, los encuestados, en su gran mayoría, explicaron
que hay una gran dependencia laboral y económica y que tal vez si no fuera por
la cercanía a la Base, la ciudad de Punta Alta no tendría oportunidades de
progreso y bienestar.
Otros hitos seleccionados fueron el museo de Ciencias Naturales “Carlos
Darwin”, el centro de la ciudad, el balneario Pehuen Co por su impronta
arqueológica y su paisaje escénico (aunque no es un hito de nuestra ciudad), el
Parque San Martín por poseer un amplio espacio verde y constituirse como
uno de los pulmones más extensos en la ciudad.
Barreras, bordes o límites. La ciudad posee otros elementos que según
la percepción de los habitantes son fundamentales para elegir sus
desplazamientos cotidianos, es decir, cada habitante a través de su mapa mental,
se ve influenciado por ciertos aspectos para delimitar los espacios y transitarlos.
Estos elementos son los llamados bordes, barreras o límites, que son aquéllos
que los individuos no utilizan. Se trata de líneas que marcan discontinuidades en
el paisaje urbano: ríos, líneas de ferrocarril, playas, espacios inseguros, etc., que
también son fácilmente destacables y percibidos dentro de una ciudad.
La presencia de estas áreas distintivas dentro del espacio urbano favorece
la orientación y delimitación del espacio.

Barreras en la percepción de la población puntaltense

Fuente: elaboración personal en base a Arc Gis on line y encuestas
47

De acuerdo a los datos arrojados por las encuestas, surge que:
El barrio Fonavi es el más elegido para no transitarlo y recorrerlo. Esto
se debe a la inseguridad que caracteriza al barrio, según lo manifestado por los
encuestados.
El barrio Luiggi también fue seleccionado como un lugar intransitable, al
igual que la Nueva Bahía Blanca, debido a la inseguridad y falta de iluminación
que los caracteriza.
Se destacaron los barrios de Villa Laura, Villa Mora, las vías de ferrocarril
y el Parque San Martín como lugares peligrosos e inseguros para recorrerlos
durante horarios nocturnos, ya sea por falta de iluminación, control policial, etc.
Un porcentaje del 15 % de los encuestados reveló, en menor medida,
que las calles ubicadas en la periferia son las más inseguras, por ejemplo, la
avenida Tucumán, calles Dorrego, Río Juramento, Pasaje Gutiérrez, entre otras.
A pesar de los lugares mencionados anteriormente, alrededor de un 15%
de los encuestados manifestó que la ciudad no presenta ningún lugar inseguro,
lejano o peligroso y que, en general, la ciudad es muy segura y de fácil acceso a
todos sus barrios, espacios verdes y otros lugares dentro de la ciudad.
Sendas. A diferencia del elemento anterior, las sendas constituyen un
concepto opuesto, en el sentido de transitabilidad, es decir, “son los canales por
los que circula habitualmente un observador (calles, vías, avenidas, etc.) y para
muchas personas son claramente los elementos que predominan en sus
imágenes.” (Estébanez,1982:109). Son elementos destacables porque se trata de
los elegidos por los ciudadanos y son los ejes de circulación en el común de los
pobladores.

Calle Irigoyen. Senda típica de Punta Alta, en Street View, Google Earth
Sendas en la percepción de la población puntaltense

Fuente: elaboración personal en base a Arc Gis on line y encuestas.

Las sendas seleccionadas por los habitantes puntaltenses en sus
desplazamientos cotidianos son las siguientes: Avda. Colón y Avda. Juan José
Passo, principales arterias de tránsito que comunican con la ciudad de Bahía
Blanca. Mientras que las calles Rivadavia y Bernardo de Irigoyen, también
fueron identificadas como las más transitadas e importantes de la ciudad. En
menor proporción, las calles Libertad, Saavedra, Avda. Tucumán, Avda. Jujuy y
9 de Julio también fueron seleccionadas como sendas importantes y de
preferencia para transitar; estas últimas fueron seleccionadas por vecinos que
viven en cercanías a estos lugares.
Nodos. Los lugares de encuentro o donde las personas se reúnen más a
menudo, son los nodos de una ciudad. Estos elementos que son observables y
diferenciables; son producto de la convergencia de varias sendas. Según Kevin
Lynch, son los “focos estratégicos” en donde el observador puede entrar y donde
se produce una concentración de varias características.
Para Estébanez, los nodos son los lugares donde “(…) generalmente el
observador ha de detenerse para tomar una decisión” (Estébanez, 1982:109).
Estos lugares son los preferidos al momento de habitar temporalmente o no un
lugar, y son elementos que sirven para tomar decisiones que van a dar comienzo
a la elección sobre el desplazamiento a seguir.
Una vez más la Plaza General Belgrano se destaca como el lugar más
representativo que identifica a la ciudad. Los habitantes en su mayoría
49

respondieron que este lugar tiene una gran importancia en la constitución de
la identidad local.

Plaza Belgrano. Nodo perceptivo. Street View. Google Earth

Áreas de preferencia y de rechazo. Cada habitante analiza el espacio
que lo rodea de acuerdo a esa imagen mental en su entorno “(…) para obtener
los espacios que resultan atractivos o de rechazo, los cambios que proponen, los
aspectos que añoran y la calidad de vida que poseen” (Bróndolo, Bazán,
2000:200).
Todo esto configura las áreas de preferencia y de rechazo en las diferentes
partes de una ciudad y se les va otorgando un simbolismo y significado de
acuerdo a “(…) las preferencias de los ciudadanos de vivir en sectores
residenciales dentro de sus posibilidades económicas, como también los lugares
de compras habituales, de paseo y de relaciones”. (Bróndolo, Bazán. óp. cit.).
Estas áreas son tenidas en cuenta para habitar la ciudad y transitarla. Tal
como lo expresan las autoras de referencia, dentro de las posibilidades de cada
habitante, las personas prefieren para cada momento y situación un área
característica que les sirve para satisfacer sus necesidades.
A manera de conclusión, se puede establecer que el paisaje es caracterizado
desde la observación, como un área visible o un espacio en el que convergen
diferentes elementos y atributos naturales y artificiales que van configurando el
escenario del observador.
Lugares y no lugares. El paisaje que percibe el individuo, se ha
transformado de acuerdo a las valoraciones de todas sus características,
elementos o atributos que lo componen, es decir todo lo natural, pero también
lo social, como parte fundamental de la estructuración del lugar.
De esta manera la ciudad es entendida como lugar en el que se
transforman, resignifican, reutilizan, destruyen y reemplazan sus estructuras
sociales y naturales. Así la ciudad, como lugar, “(…) es interpretada como un
todo, como si fuera un texto que sabemos deber leer e interpretar” (Alvarez de
Dotti, Cruces, 2002:15).
Al hacer referencia a esa lectura e interpretación del lugar, la ciudad debe
ser entendida de manera relativa, es decir, comprenderla de acuerdo a sus
costumbres y valores que la hacen diferente a cualquier otro lugar en el mundo.
En este orden de ideas se puede citar la apreciación de Durán, quien al
definir lugar hace mención a “(…) esa porción del espacio en donde se produce
la simbiosis de los sentimientos personales con lo simbólico y lo colectivo. El
concepto de lugar está ligado a lo subjetivo, al sentido de pertenencia, a la
localización concreta, al mapa mental”. (Durán. 2005:149).
Contrariamente a lo hasta ahora expuesto, el “no lugar” se relaciona con
características un tanto negativas, si se quiere, de un espacio. En efecto dentro de
una misma ciudad podemos encontrar áreas que no tienen una identidad propia,
que carecen de un sentido de pertenencia y que no son percibidos
positivamente por los habitantes. Los no lugares son espacios “(…)
inlocalizables, dispersos y difusos” (Durán, 2005:150)
A través de las encuestas realizadas se pudo conocer el significado que
cada habitante le proporciona a la ciudad de Punta Alta, y que la misma se
configura de acuerdo a la valoración propia de cada poblador.
Al respecto, cuando se les preguntó sobre el significado primordial de la
ciudad, la mayoría respondió que Punta Alta es su lugar de residencia.
Entre 50 y 60 encuestados indicaron que Punta Alta es aquella ciudad
que han elegido para vivir y en la que quieren vivir.
Solo un pequeño porcentaje, representado por un poco más de 10
personas, mencionaron que es una ciudad en la que no quieren vivir. Al
solicitarles que amplíen la respuesta, indicaron que la ciudad, es una “ciudad de
paso” y que muchos de sus habitantes esperan el retiro de su trabajo en la
BNPB, para volver a su ciudad de origen.
Aquellos que no dependen del trabajo que les ofrece la BNPB,
respondieron que les gustaría conocer otros lugares, con más oportunidades y
futuro para sus hijos.
La ciudad de Punta Alta representa para 50 de sus habitantes un lugar con
una historia relevante, mientras que 45 personas respondieron que se constituye
como un lugar con un futuro significativo.
51

Entre 20 y 25 personas, respondieron de manera negativa a estas dos
opciones, caracterizando a la ciudad, sin un futuro y carente de una historia
importante.

Percepción de las características de la localidad que indican la aceptación
o rechazo.
La Plaza General Belgrano es el área de preferencia por excelencia en la
mayoría de los habitantes encuestados. Cada uno de ellos manifestó que la plaza
es el único atractivo que posee la ciudad.
Se reveló ante esta pregunta que la ciudad parece carecer de otros lugares
de atracción y preferencia por parte de sus habitantes, ya que la mayoría
respondió que la ciudad no tiene otro encanto que no sea la plaza mencionada y
que Punta Alta representa una “ciudad chata”, que por lo tanto cuando se elige
un lugar para realizar actividades al aire libre, para paseo o para realizar diferentes
actividades se elige la plaza central.
La playa de Arroyo Pareja también es un lugar de preferencia, que eligen
los habitantes para esparcimiento, paseo o visitar con personas que no son
residentes de la ciudad.
El centro de la ciudad, es un área de aceptación y preferencia por parte de
sus habitantes, lo que queda plasmado en la gran concurrencia que se observa
durante las tardes en este lugar, especialmente los fines de semana y en tiempos
estivales.
Las áreas de rechazo tuvieron una notable coincidencia entre los lugares
seleccionados por los habitantes. Estos fueron: ABSA y el basural a cielo
abierto ubicado en la ruta 249 en el acceso a Punta Alta.
Otros lugares por los que se siente rechazo son: los barrios ubicados en la
periferia, como barrio Fonavi, Atepam, Los Álamos, el Cementerio, Registro
Civil, el parque San Martín, etc.
Contrariamente, un grupo de personas consideró que Punta Alta no ofrece
lugares de rechazo, y que es una ciudad atractiva. Se pudo establecer que este
grupo de personas eran nacidas en esta ciudad y que los sentimientos influían en
ellos a la hora de establecer un lugar con esas características.
Un 67% de los ciudadanos, no evita transitar por las áreas consideradas de
rechazo que eligieron. Manifestaron que la ciudad por ser “chica”, no impide
acceder a los diferentes lugares que la conforman, a pesar del mal estado, la
inseguridad, la lejanía u otro factor que consideren. Un 33 % optó por no transitar
esos lugares, evitando el acceso a los mismos.
La geografía de la percepción de Punta Alta en su representación
cartográfica
Sobre el mapa base se pudieron identificar las características generales de
la geografía de la percepción puntaltense. Se localizaron los distintos elementos
de la percepción urbana, los límites perceptuales de la ciudad y los barrios de
Punta Alta.
Áreas contradictorias en la percepción urbana de los habitantes de Punta
Alta
Se han realizado conclusiones a partir de la superposición cartográfica. De
la aplicación de este método se destaca el Parque San Martín como un lugar que
se convierte en un área de preferencia, un nodo e hito por una pequeña
proporción de los puntaltenses, pero también una barrera o límite para la
población, es decir, es un espacio contradictorio en la percepción urbana de los
habitantes.
Otra área contradictoria es el Balneario Arroyo Pareja, ya que fue
identificado como un área de rechazo, pero también de preferencia, así también
como un nodo e hito para la mayoría de los encuestados.
Se observa que las áreas de rechazo se encuentran localizadas en los barrios
periféricos de la ciudad, como barrios Villa Laura, Nueva Bahía Blanca, playa
Arroyo Pareja y la Planta de tratamiento de aguas servidas (ABSA).
Del análisis cartográfico surge también un espacio reducido comprendido
por un radio de una hectárea, como barrera o límite de gran importancia y
magnitud por los puntaltenses que perciben a este barrio como un “no lugar”,
debido a la inseguridad característica del barrio Fonavi, según los encuestados.
Otra observación que surgió de esta superposición identifica a la Base
Naval Puerto Belgrano como un hito y nodo entre los puntaltenses, que deciden
entre sus lugares de preferencia para visitar y conocer el puerto, debido a su
importancia histórica y militar.
Si se superponen cartográficamente los planos correspondientes a la
percepción urbana de los habitantes y el de los límites, se advierte que los barrios
situados en la periferia, constituyen límites físicos de la ciudad, debido a la
valoración negativa que se tiene de ellos, por su lejanía e inseguridad, etc.
53

Puentes entre la identidad y el paisaje
Percibir el entorno físico, involucra directamente la dimensión afectiva y
emocional, a través del cual, se expresa en el paisaje y adquiere un significado
especial y personal de acuerdo a las valoraciones que se tenga de los elementos u
objetos incluidos en cada paisaje.
El paisaje entonces, está íntimamente relacionado, con la identidad del
individuo, debido fundamentalmente a que, en la construcción de esta relación,
se van forjando los lazos que atan al individuo a su lugar de pertenencia y como
tal, el paisaje “soporte del hombre” es valorado particularmente de acuerdo a
estas dimensiones que se involucren en él.
Así, el sentido de paisaje deja atrás una concepción estática, y puede ser
entendido como un escenario dinámico y mutante, que da sentido a la vida de
cada ciudadano con un significado particular para cada uno.

La ciudad percibida. La percepción de la ciudad plantea muchos
interrogantes. Como hemos venido desarrollando, percibir no es un simple hecho
que realiza el observador, mediante una descripción de lo que puede observar.
Este proceso va mucho más allá de una simple acción, ya que se pone en juego
toda una estructura mental, tomando en cuenta los marcos de referencia para
poder ubicar en tiempo y espacio las características y elementos que percibe del
espacio que se habita.
Al respecto, teniendo en cuenta la percepción de Punta Alta, se presenta
el siguiente gráfico donde los habitantes manifestaron que, si pudieran trasladarse
de la ciudad, el 45 % de los encuestados no desearía irse de la ciudad, mientras
que el 35 % restante indica que la posibilidad de traslado a otras ciudades es una
alternativa y que esta manifestación se debe a que la ciudad no ofrece
posibilidades de trabajo, por lo que es necesario tener que trasladarse. En su
mayoría el destino que eligieron fueron las provincias de Córdoba, Mendoza,
Entre Ríos, el sur del país, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mar del Plata y
Bahía Blanca.
Posibilidad de traslado a otra ciudad

Fuente: elaboración personal en base a encuestas 2010
Otro porcentaje de habitantes manifestó que la ciudad carece de lugares
de entretenimiento para la familia y que la ciudad no cuenta con oportunidades
y futuro para sus hijos.
Al preguntar a los pobladores sobre los aspectos que desearían cambiar de
su ciudad, respondieron con diversas cuestiones y aspectos que la conforman en
el momento de la encuesta.
Las respuestas abarcaron desde aspectos físicos como sociales. En estas
últimas, las respuestas fueron: ofrecer más oportunidades de trabajo para los
jóvenes, más actividades culturales para la comunidad, una mayor educación vial,
mayor compromiso de la comunidad con la ciudad, etc.
Mientras que en los aspectos físicos que se desean cambiar en menor
medida son: el asfalto de la calle que conduce a la playa Arroyo Pareja, la
remodelación del parque San Martin, la ubicación del cementerio local, ampliar
las avenidas principales, crear sendas para ciclistas, ocupar lugares descampados,
etc. Estas opciones fueron consideradas por los encuestados como muy
importantes y manifestaron que esperan se puedan cumplir a corto plazo por
parte de las autoridades locales.

Descubriendo la ciudad de Punta Alta
Las diferentes áreas que configuran el paisaje urbano de Punta Alta, son
espacios diferenciados con funciones particulares que se identifican a
continuación:
El barrio es una realidad sociológica y como tal está constituido por un
entramado de relaciones sociales. “Es una agrupación que se define sobre la base
55

de la proximidad. La cohesión e individualidad del barrio está dada por los rasgos
uniformes y los lazos emocionales entre sus habitantes, así como las propias
actividades comunes en algunos casos”. (Ledrut, R. 1976). Es decir, que el barrio
va más allá de ser un lugar de habitabilidad, sino que está construido socialmente
por los habitantes, y por tal, este espacio se vuelve fundamental en la vida y
percepción de los ciudadanos.
La percepción de los vecinos de cada barrio en la ciudad de Punta Alta, es
variada, esto se da de acuerdo a las diferentes vivencias y experiencias que
comparten. También se plasman en ellos, la experiencia del “lugar” que es que el
barrio se vuelve un espacio cargado de sentimientos y emociones, con un alto
grado de cohesión e identificación propia.
Punta Alta creció en los últimos años, producto de la instalación de la
escuela de suboficiales en la base naval. La misma ha congregado a personas de
diferentes provincias, que han buscado en la ciudad un lugar para instalarse y
trabajar.
Producto de esta migración, la ciudad ha crecido con la conformación y
edificación de diferentes barrios.

Paisajes naturales y artificiales puntaltenses
“El análisis del paisaje terrestre revela un mundo compuesto por un
mosaico de entornos locales. Algunos se conservan puramente naturales. Otros
fueron modificados por el hombre, quien tomó posesión del suelo y modificó
los usos”. (Claval, P. 2002:24). Para comprender lo que el autor expresa se hará
una breve descripción del paisaje puntaltense, tomando en cuenta los elementos
naturales y artificiales que lo constituye.
La ciudad de Punta Alta se caracteriza por el predominio del paisaje
urbano, su estructura se encuentra contenida por límites físicos, la concentración
de las viviendas, las vías de acceso a la ciudad. Dentro de esta estructura surgen
áreas con diferentes paisajes definidas por los usos del suelo, edificios, espacios
verdes, etc.
El paisaje es producto de la sociedad que la conforma, también de las
condiciones del sitio donde la ciudad está emplazada y “(…) de la evolución
histórica que determina etapas de estancamiento o desarrollo que exteriorizan
aspectos que se observan a simple vista”. (Bróndolo, Bazán, 2000:145).
El espacio urbano de Punta Alta se distingue por sus tres paisajes
distintivos que la conforman: el de edificación compacta, el periurbano y el de
áreas verdes.
El área de edificación compacta tiene predominio de viviendas, barrios
antiguos y recientemente construidos, también se encuentran en el centro de la
ciudad los edificios públicos, la zona comercial de la ciudad y los espacios verdes
tanto en parques y plazas. “(…) la característica sobresaliente de este paisaje es la
continuidad de la edificación, en él se encuentran los principales edificios
públicos (…)” (Bróndolo. Bazán, 2000:146) frente a la plaza General Belgrano,
la principal de la ciudad, la iglesia María Auxiliadora, Escuela Primaria 2, la
Municipalidad, el Concejo Deliberante, el Destacamento de Policía, el Correo, el
Centro Cívico, la Terminal de Ómnibus, el Hospital Municipal Eva Perón, la
Biblioteca Juan Bautista Alberdi, Colegio Estrada, Jardines de Infantes, entre
otros edificios de importancia.
Los espacios verdes están presentes en todas las plazas, parque, campos,
terrenos baldíos de la ciudad, como por ejemplo el parque San Martín, principal
pulmón urbano, la plaza General Belgrano, la más importante de la localidad, y
la Plaza Sarmiento, entre otras de menor tamaño ubicados en los distintos
barrios.
La Base Naval Puerto Belgrano también presenta una gran área de
espacios verdes y abiertos con vegetación arbórea variando con edificaciones, en
barrios con jardines, talleres militares, escuelas militares, iglesia central, registro
civil, hospital, puerto y mar. En estos paisajes “(…) se entremezclan las obras
humanas con la vegetación introducida” (Bróndolo, Bazán. 2000:146) Parte de
esos espacios verdes de la BNPB deberían poder ser disfrutados por toda la
población rosaleña.

La percepción urbana de los habitantes de Punta Alta
La percepción que tienen los ciudadanos de los límites físicos de la ciudad
de Punta Alta se manifiesta en sus respuestas, en las que los encuestados
recuperaron de su mapa mental, situaciones, emociones y observaciones de
acuerdo a la experiencia propia de cada uno.
Las respuestas fueron diversas, no muchos lograron establecer los límites
precisos de la ciudad, ya que, al no salir de su radio de convivencia habitual, no
conocen con precisión el espacio físico en el que viven. Otros respondieron de
acuerdo a la información previa que poseían y un grupo pudo establecer con
precisión los límites de la ciudad.
57

Límite norte

25 23
Límite Norte
20 18 Albatros XV
Villa Arias
15 13 Bahia Blanca
Puente Naranja
10
Calle Río Juramento
5
5 3 3 Calle Quintana
2 2
1 1 1 1 1
Villa del Mar
0

Fuente: elaboración personal en base a encuesta realizada en octubre-noviembre de
2010.

Límite sur

24
13
9

8
8

2

2

1
1

1

1

1

1

Fuente: elaboración personal en base a encuestas realizada en octubre-noviembre de
2010)

Conclusiones
Al determinar el grado de valoración y conocimiento que cada habitante
posee de su ciudad, fue posible interpretar su comportamiento frente al espacio
vivido y percibido.
Al identificar las sendas, los hitos, las barreras, las áreas de preferencia y
de rechazo de los habitantes de Punta Alta, se puede afirmar que la percepción
que cada habitante posee sobre su entorno físico y social, influye en sus
geografías de la vida cotidiana y determina su movilidad espacial, y en los hábitos
que desarrollan para satisfacer sus necesidades y concretar distintas actividades.
La percepción de cada puntaltense hacia su ciudad varía, según el sujeto
social y de acuerdo al barrio en el que vive, es decir, los habitantes del barrio
centro de Punta Alta, no tienen la misma percepción que los habitantes de Villa
Laura.
La cercanía o la lejanía a los servicios que ofrece cada barrio en la ciudad,
así también como la carencia o existencia de infraestructura y la solidaridad que
los caracterizan, conforman un entramado de circunstancias que configuran cada
barrio con una característica propia y distintiva que los diferencia de los demás.

Bibliografía citada

Álvarez de Dotti, Elisa. Cruces Graciela. (2002). La Geografización del Paisaje
y la Espacialidad del Parque “Ciudad de Santa Fe”. En Contribuciones
Científicas. Octubre de 2002. Buenos Aires. Argentina. GAEA
Boisier Sergio. (2003) El territorio y la geografía en la globalización.
Revalorización Multidimensional. En Globalización, geografía política y fronteras.
En línea http://www.scribd.com/doc/13205840/Geopolitica-y-Fronteras-
Boisier Bróndolo Margarita, Bazán Sandra. (2000). Geografía de Punta Alta y
Partido de Coronel Rosales. Potencialidades y restricciones. Bahía Blanca. Argentina.
Ed. UNS
Caneto, Claudio. (2000) Geografía de la percepción urbana. Buenos Aires.
Lugar editorial.
Claval, Paul. (2002) El espacio (o los espacios) de la geografía, concebida
como el estudio de la inserción de la sociedad en la naturaleza. En El enfoque
cultural y las concepciones geográficas del espacio. España. A.G.E.
Durán, Diana. (2005) La localidad. En Manual de capacitación Docente.
Olimpíadas de geografía de la República Argentina. Santa Fe. Universidad
Nacional del Litoral.
Estebanéz José. (1982) Tendencias y problemática actual de la geografía. Madrid.
Ed. Cincel, S.A.
Lindón Alicia, Hiernaux Daniel. (2006) Tratado de la geografía humana. México.
Ed. Anthropos.
419

LOS AUTORES
Diana Durán. Dra. en Geografía de la Universidad del Salvador. Directora
del CEG. Profesora de nivel superior en el ISFD Nº 79, ISFD y T Nº
159 y capacitadora en Geografía de la DGCyE. diana.a.duran@gmail.com
Matías Álamo. Lic. en Geografía de la Universidad Nacional de La Plata.
Investigador y profesor de la Universidad Nacional del Sur. Profesor del
ISFD Nº 79. Vicedirector del CEG. malamo74@gmail.com
Diego Hernán Omar. Lic. en Geografía de la Universidad Nacional del
Sur. Magíster en Impactos Territoriales de la Globalización en ámbitos
periféricos y centrales. Universidad Internacional de Andalucía. Miembro
honorario del CEG. Prof. de la Universidad Nacional de Córdoba.
dhomar72@gmail.com
Gustavo Chalier. Lic. en Historia de la Universidad Nacional del Sur.
Investigador del Archivo Histórico Municipal. Profesor de la Universidad
Nacional del Sur y del ISFD Nº 79. gmchalier@yahoo.com.ar
Luciano Izarra. Prof. en Historia del ISFD Nº 79. Director del Archivo
Histórico Municipal. izarraluciano@gmail.com
María Eugenia Mairal. Licenciada en Ciencias Biológicas. Magister en Gestión
Ambiental. Miembro del CEG. Profesora del ISFD Nº 79 y del ISFD y T Nº
159. memairal@hotmail.com
Karina Alejandra Laurino. Prof. en Geografía e Historia del ISFD Nº 79 de
Punta Alta. Coordinadora de proyectos del CEG. Prof. de Nivel Secundario.
laurinokarinaalejandra@gmail.com
Guillermo Martín Ríos. Prof. en Geografía del ISFD Nº 79. Secretario del
CEG. Prof. de Nivel Secundario. guillermomartingeo@gmail.com
Ana Buschittari. Prof. en Geografía del ISFD Nº 79 de Punta Alta. Miembro
del CEG. Prof. de Nivel Secundario. anabuschittari@gmail.com
Cinthia Britos. Prof. en Geografía del ISFD Nº 79 de Punta Alta. Miembro del
CEG. Prof. de Nivel Secundario. cinthiia2013@gmail.com
Verónica Magallanes. Prof. en Geografía del ISFD Nº 79 de Punta Alta.
Miembro del CEG. Prof. de Nivel Secundario. verito.vem@gmail.com
José Ortiz. Prof. en Geografía e Historia del ISFD Nº 79 de Punta Alta.
Prof. de Nivel Secundario. jortizpalta@hotmail.com
Esperanza Chaile. Prof. en Geografía del ISFD Nº 79 de Punta Alta.
Miembro del CEG. Prof. de Nivel Secundario. mushueperanza@gmail.com
Mariana Leticia González. Prof. en Geografía del ISFD Nº 79 de Punta
Alta. Miembro del CEG. Prof. de Nivel Secundario. marileti72@gmail.com
María Ávila. Prof. en Geografía del ISFD Nº 79 de Punta Alta. Miembro
del CEG. Prof. de Nivel Secundario. mariangelesav80@gmail.com
Lorena Spadini. Prof. en Geografía del ISFD Nº 79 de Punta Alta.
Licenciada en Turismo de la Universidad Nacional del Sur. Prof. de Nivel
Secundario. Miembro del CEG. lorenaspadini@gmail.com
Celeste Cano. Prof. en Geografía del ISFD Nº 79 de Punta Alta. Miembro
del CEG. Prof. de Nivel Secundario. celescano18@gmail.com
Angélica Alberto. Prof. en Geografía del ISFD Nº 79 de Punta Alta. Miembro
del CEG. Prof. de Nivel Secundario. angelica.72.alberto@gmail.com
Carina Ruiz. Prof. en Geografía del ISFD Nº 79 de Punta Alta. Miembro del
CEG. Prof. de Nivel Secundario. carinaruiz1972@gmail.com
Soledad Martín Prof. en Historia del ISFD Nº 79 de Punta Alta. Prof. de Nivel
Secundario. Miembro del CEG. soledad.martin43@gmail.com
Gabriela Pessoa. Prof. en Geografía y en Lengua y Literatura del ISFD Nº 79
de Punta Alta. Prof. de Nivel Secundario. Miembro del
CEG. gabrielapessoa24@gmail.com
Cinthya Valdés Prof. en Geografía e Historia del ISFD Nº 79 de Punta Alta.
Prof. de Nivel Secundario. cinthyavaldes91@gmail.com
Liliana Peralta. Prof. en Geografía del ISFD Nº 79 de Punta Alta. Prof. de
Nivel Secundario. liliperalta21@gmail.com
Jorge Ravello. Alumno avanzado del Profesorado en Geografía del ISFD Nº 79
de Punta Alta. jorgitoconrado@gmail.com
Daiana Biancucci. Alumna avanzada del Profesorado en Geografía del ISFD
Nº 79 de Punta Alta. Miembro del CEG. daianabiancucci@gmail.com
Rosana Villalba. Alumna avanzada del Profesorado en Geografía del ISFD Nº
79 de Punta Alta. rosanageo87@gmail.com
Verónica Pérez. Alumna avanzada del Profesorado en Geografía del ISFD
Nº 79 de Punta Alta. verodab@hotmail.com
421

ÍNDICE
PRÓLOGO 3

INTRODUCCIÓN 7
CAPÍTULO I. EL TERRITORIO ROSALEÑO.
RASGOS CLAVE DE SU GEOGRAFÍA 9

I.1. Potencialidades y vulnerabilidades del territorio
rosaleño. Diana Durán 9

I.2 Aproximación a la toponimia de Coronel Rosales.
Gustavo Chalier. Luciano Izarra 31
.
I.3. Punta Alta, puentes entre la identidad y el paisaje. Ana
Buschittari 43

I.4. La movilidad espacial en Coronel Rosales. Cinthia
Britos 59

I.5. La periferia de Punta Alta. Verónica Magallanes. 73

CAPÍTULO II. CONFLICTOS AMBIENTALES Y
PERSPECTIVAS DE GESTIÓN 85

II.1. La gestión ambiental de la franja costera del territorio
rosaleño. María Eugenia Mairal 85

II.2. El conflicto ambiental del agua en Punta Alta.
Carina Ruiz. 107

II.3. Los residuos sólidos urbanos en el partido de Coronel
Rosales. Karina Alejandra Laurino. 121

II.4. Aspectos sociales y ambientales del basural a cielo
abierto. Esperanza Chaile. 149
II.5. El arbolado urbano en Punta Alta. María Ávila. 165

II.6. El Parque San Martín y su influencia en el espacio
geográfico local. Mariana González. 179

II.7. Impactos ambientales del polo petroquímico de
Ingeniero White en la calidad del aire de la ciudad de Punta
Alta. Celeste Cano. 201

II.8. La contaminación ambiental en Arroyo Pareja.
Jorge Ravello. 213

CAPÍTULO III. PROBLEMÁTICAS SOCIALES Y
CULTURALES EN PUNTA ALTA Y CORONEL
ROSALES 219

III.1. Geografía del género vinculada a las aspirantes a
ingresar a la ESSA. José Ortiz 219

III.2. Calidad de vida en los barrios periféricos de Punta
Alta, según el equipamiento urbano. Cynthia Valdés. 237

III.3. Diversidad cultural en Punta Alta. Liliana Peralta. 251

CAPÍTULO IV. LOCALIDADES ROSALEÑAS.
POSIBILIDADES Y RESTRICCIONES. 269

IV.1. Villa del Mar, entre el deterioro y la sustentabilidad.
Angélica Alberto. 269

IV.2. Perfil productivo de la localidad de Villa
General Arias. Soledad Martín. 281

IV.3. La problemática de los pozos surgentes y su
utilización en Villa Arias. Daiana Biancucci. 293

IV.4. Pehuen Co, localidad en crecimiento y degradación
del área litoral. Lorena Spadini. 305
423

IV.5. Bajo Hondo: la declinación de un pueblo rural.
Gabriela Pessoa. 331

IV.6. Calderón y la desterritorialización. Verónica Pérez. 345

CAPÍTULO V. LA DIMENSIÓN PRODUCTIVA
DE CORONEL ROSALES. 353

V.1. El desarrollo local en Coronel Rosales: ¿una utopía?
Guillermo Martín Ríos. 353

V.2. Transformaciones socio-productivas en el espacio
rural del partido de Coronel Rosales en los últimos años.
Matías Álamo. 361

V.3. Potencialidades turísticas del partido de Coronel
Rosales. Rosana Villalba. 373

V.4. Perspectivas del desarrollo del Puerto Rosales en el
sistema productivo del Sudoeste Bonaerense. Diego
Hernán Omar. 399

CAPÍTULO VI. CONCLUSIONES
COLABORATIVAS 415

LOS AUTORES 419

INDICE 421

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