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0 de 1999 • Año l· lIúmero 2 • S40•


•••
Cultura y conocimiento social

=
Asosto de 1999 • Año l. Número 2
• ~ b L E G I O
DE
Ciifíii. SAN LUIS, A.C.
SIJIJ·CONACYT •
EL
COLEGIO
DE
SAN LUIS, A.e.
• Presidente
Tomás Calvillo Unna
• Secretaria general
Lydia Torre
• Secretaria académica
Ma. Isabel Monroy
...
• Director
Bm-i s Berenzon Gorn
• Consej o editorial:
Lourdes Ar izpc, Claude Batullion,
Curi os Barros, Ignacio Betaneourt ,
Tomás Calvillo, Valentina Cantón,
J osé Antonio Cres po, Jorge Durand,
Salvador Elizondo, Eudoro Fonseca,
Gnadalupe González, Luis Gonzá lez
y Gonzá lez, Julian a Gonzá lez Valen-
zuela, Ma. Isabel Isabel Mo-
ra , Lydia Tor re, J avier Sicilia y Eric
Van Young
• Editora:
María Luisa Flores
• Comité t écnico:
Isabel Mora , J uli o Rangel , Valentina
Cantón y Lydia Torre
• JI/esa de Hedaccián:
Aleja ndro Gutiér rez Hem ández, Le-
licia J onguit ud Aguilar y Ga bricla
Torres Mouter o
• Dise ño de maqueta y p ortada
Pa hl.. Lab nst ida/EsparaVer
4 Reflexión en torno al trabajo del
historiador
Ma. Isabel Monroy
Descubridora
10 El retorno del sujeto social en la
historiografía española
Carlos Barros
48 Ciudades fractales y telarañas
urbanas
Antonio Aguilera Ontiveros
60 Esp ej ismos del desierto potosino
Javier Maisterrena Zubirán
84 La In dia contemporánea.
Incer tidu mb r e adentro,
inseguridad afuera
Varun Sahni
102 La conceptualización de los
desastres desde la geografía
Georgina Calderón Aragón
Ve/as. Cult ura y conocimiento social es una puhli cnció n cuat t -i mest r ul de El Colegio tic S UIl Luis A.C. , I nstituci ón Pública
de Investi gación del Sistema SEI' -.cONACYT, muyu-agosto de 1999. Redacción y puhlieidu d: 01 (·18) 11 0101. Correo electró-
nico: mlflorcs@ culsan.edu. mx, NtÍmero de reserva al títul o de certificado de licitud de títul o: en trámit e. Número de
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opinión expresada en los ar tículos firmados son respon sab ilidad del autor. No se devuel ven or iginales. Imprent a: Graffiti.
Concepei.jn Beistegu¡ 1562, Col. Nm-vnrn- , Benit o J nárez 03020, D.F. ISBN 9li8-7727-39-X
128 La tensión burocrática. Algunas
consideraciones organizacionales
para el estudio del Estado
Luis Montaño Hirose
Del filOn
150 La consumación de la Independen-
cia y la fundación de la República
Federal 1820-1824
Manuel Calvillo
ArséniCo
164 El escándalo de Manuel José Othón
Evodio Escalante
170 Las penas de la veracidad
historiográfica y literaria
Boris Berenzon
Grafito
173 Piel canela
Jorge Durand
Foto de portada:
Bocas, S.L. P
de Héctor Hernández
Na. Isabel Nonroy
Reflexión en torno al
Ma. Isabel Monroy. El Colegio
de San LuisA. C.
Correo electrónico:
imonroy@colsan.edu.mx
Escribir historia es dar cuenta intencionalmente de
lo que ha sucedido, con el fin de entender el pre-
sente y vislumbrar las diversas posibilidades que
se ofrecen en el futuro. Ahora bien, para dar cuen-
ta de lo que ha sucedido, es necesario entenderlo a
la luz de los múltiples factores que intervienen en
las reflexiones y en las decisiones que afectan a las
mayorías.
'El trabajo del historiador comienza al interesar-
se en la dilucidación de algún problema en el pasa-
do. De ahí, el paso obligado es plantearse las pre-
guntas pertinentes al problema que quiere resol-
ver.
La lectura de lo que otros han dicho acerca del
problema que le interesa o alrededor de él, es ne-
cesario para conocer el estado de la cuestión y para
percibir los nuevos enfoques que se le pueden dar.
Una parte primordial de la tarea del histori ador
es la búsqueda del material documental sobre el
agos to de 1999 I ~ ~ e t a . s ...
trabajo del historiador
que va a basar su investigación. Búsqueda que debe
realizar en los archivos en los que supone que pue-
de estar este material. Archivos que son el princi-
pi o donde las cosas comienzan. '
Los archivos albergan la memoria, es decir, la
base sobre la que se registran las concatenaciones
de los actos .'
El conocimiento de los fondos documentales que
alberga cada archivo es de suma importancia para
poder localizar con rapidez 10 que se busca, pero
aún así, a veces se pasan horas de infructuosa la-
bor, pues los documentos centrales no aparecen.
Esto que he llamado documentos centrales o
básicos para la investigación, generalmente se des-
conocen, sin embargo el investigador preocupado
por el tema les reconoce de inmediato por el senti-
do peculiar que otorga a la lectura y es en este mo-
mento cuando comienza una de las tareas más
apasionantes del historiador: interpretar, tarea que
~ V e t a . s ...1 número 2
1 Jacques Derrida, Mal de
archivo. Una impresión [reu-
diana, trad. Paco Vidarte,
Madrid, Editori al Trot ta,
1997. p. 9.
2 Jacques Le Goff, El orden
de la memoria. El tiempo
como imaginario, trad. Hu-
go F. Bauz á, Barcelona, Edi-
ciones Paid ós, 1991, p. 133.
'TIerra Caltza I 5
-e
"
en sus manos se
vuelve un acto cre-
ativo, que da or-
den y senti do a
una serie de acon-
tecimientos para
at errizar en un or-
denamiento lógico
y posible de lo
acaecido.
Tarea obligada
es cuesti onar las
mismas fue ntes
sobre l as que se
basa su trabajo pri-
mordial. La lectu-
ra literal , raras veces lleva al descubrimiento de
una nueva realidad, importa el se ntido qu e cada
término tiene en la posición que guarda en el do-
cumento; tiene significado la intencionalidad del
manuscrito mi smo, el qué y para quién fue escrito
y en todo ello va implícita la reconstrucción del
contexto en el que fue producido di cho documen-
to. Así mismo, las preguntas qu e el investigador
pu eda formular frente a la realidad qu e le es mani-
fiesta en el documento, son las que lo llevarán de
una u otra manera al descubrimiento del misterio
que se ha empeñado en devel ar. Admitir lisa y lla-
namente el conte nido de un manuscrito es una
operación que muy pocas veces lleva a cabo el his-
toriador avezado, aunque con frecuencia lo reali-
cen hi stori adores acríticos o con poca experiencia
en el oficio de hi storiar.
La operación de consulta a los archivos si bien
es básica para el historiador, pues ahí se localiza su
mat eria prima, no es toda la tarea; es necesario cla-
sificar, r aci onalizar, j erarqui zar, establecer r e-
laciones, con el fin de otorgar a la realidad factual ,
ago sto de 1999 1 ~ " V e t a s ...
producto de las fuentes, inteligibilidad y sentido,
es decir, el historiador se encarga de la producción
de un saber, que pronto sobrepasa el estrecho cír-
culo de los especialistas y los eruditos para invadir
el espacio público con el riesgo de ser condenado o
legitimado.
La reflexión sobre el contexto y el contenido del
documento llevan necesariamente al historiador a
la formulación de nuevas realidades, que con fre-
cuencia se expresan en conceptos y que además
contribuyen a la comprensión del propio presente
a partir del que se escribe. El interés de un his-
~ ' V e t a . s .../ Il ÚIII Cro 2
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toriador por determinado problema o
época en el pasado, refleja necesaria-
mente las preocupaciones vitales del in-
vestigador y su entorno contemporáneo.
Más aún, en la mayor parte de
las sociedades el historiador está
investido de una cierta autoridad
debido a qu e su función consis-
te en conocer y descifrar el pa-
sado, a fin de propor-
cionar a sus contem-
poráneos las coordena-
das necesarias para si-
tuarse en la cadena del
tiempo y fijarse una
identidad." Mediador
entre el presente y el
pasado, tiene el deber
de ordenar y otorgar
sentido a la tempora-
lidad, así como de abrir
nuevas perspectivas
ante el futuro y en este
oficio tiene una tripl e
responsabilidad: inte-
3 Francois Bédarida, "L' his-
torie n régisseur du temps?
Savoir et res ponabili té", en
Reuue Histo-rique, jan vier/
mars 1998, 122e année, Tbme
ccxcviii, 1998, Paris, Presses
Unive rsitaires de Frari ce,
1998, p. 3 - 23.
8 I 'TIerra CaliZa
lectual, moral y social.
El historiador ti ene la obligación de combinar
una pluralidad de fuentes y otorgar peso al contex-
to. .« más del que le otorga su investigación de ar-
chivo. A menudo se encuentra en la necesidad de
encontrar un equilibrio entre la objetividad que
parece brindarle el material del archivo y su pro-
pia subj etividad, equilibrio que encontrará en refe-
rencia al rigor metodológico con el que esté cons-
truyendo su propia investigación y que le otorgará
la capacidad de juzgar sobre sus fuentes, de acuer-
do con su escala de valores. La dimensión ética y
agosto de 1999 1 ~ ' V e t a B ...
axiológica del trabajo del hist oriador es una de sus
mayores responsabilidades.
Creo que resulta importante apuntar que la res-
ponsabilidad del histori ador aparece en la medida
de su capacidad como constructor de la conciencia
colectiva. Por otra parte si bien es fundamental es-
cuchar las demandas de la sociedad en torno al tra-
bajo histórico, también es necesario, responder a
los retos del propio conocimiento científico. Y por
último hacer patente que mantener la objetividad
en el trabajo de historiar no significa neutralidad
ni indiferencia, lo que implica por parte del histo-
riador un esfuerzo por retener su subjetividad y no
caer en las interpretaciones cómodas y la buena
retórica.
La capacidad del historiador de transmitir, es
decir, de escribir el resultado de su investigación
con el fin de que pueda ser leído por otros, por aque-
llos para quienes escribió, queda siempre inscrita
en el marco de un lenguaje, que no es neutro, pero
que es el vehículo que le permite la historización.
La responsabilidad del historiador se traduce en un
papel mediador, que le permit e la inscripción del
pasado en el presente, al tiempo que establ ece un
punto de partida hacia el futuro.
...1 número 2
'TIerra ealtza / 9
Elretorno del sujeto
social en la
historiografia española
En el presente artículo el historiador Carlos
Barros, p residente de los congresos Historia a
Debate, realiza UI/ andlisis, vía la lIistoriogra-
jTa esp a/i ola del mouimiento obrero de los a ños
sesenta a nouenta, y traza las líl/ eas paradig-
máticas que demarcaron las in oestigaciones lds-
t óricas el/ este camp o. Sin mbarg o es de notar
por otras áreas de la in uesticacián social , l/O
sólo de Espaiia .
1 O / DesCUbridOra
Return ofSoeial Subjeet
in Spanish
Historiography
/1/ present article Carlos Barros, historian al/
president oj'''History under Debate"congressess,
analy ze the Iustoriography oj'worker mouements
betuieen sixty» and ninetys and slcetchs the
paradigmatic lil/ es ofhistoricai researchs at tlus
field. NevertlIeless the ep istemological problems
agosto de 1999 I ...
EI retorno del sujeto social en
la historiografía española
C ARLOS BARROS
Descubridora
P retendemos r epasar suma r iamente la historiografía sobre conflictos sociales ,
r evueltas y r evoluciones, desde la eclosió n de los años setent a hasta la r ecupera-
ción actual del género, tomando en cuent a dos puntos de vist a :
1) Interhistorico,' Intentando ligar la evolución de la temática en las dife-
r entes áreas académicas de conocimient o histórico (es pecialmente: historia me-
dieval, moderna y contempor ánea), desigual - en hi storia contempor ánea , sin
duda, se r efl exi ona más- pero siempre paralela, interrelaci onada, en tanto que
r esponde a condicionamient os comunes, internos (discipli nares) y exter nos (men-
t ales, polít icos, sociales).
2) Desde la Izistoriografia esp aiiola," Porque la historiografía españ ola
ti ene al r especto una ri ca tradición (algo parecido se puede decir de Latinoamé
I Véase la tesis 11 de " La hi storia que viene", Historia a debate, I , San tiago, 1995.
' A fiu de ser co nsecuentes con nuestras a fir maciones en " Inac abadn transi ción de la hi storiografía
espa ñola", Bulletin d 'Histoire COlltelllporaille de / 'Espaglle, núm. 24, Bordeaux, 1996.
Ca r los Barros
Universidad de San tiago de Compostel a . Cor reo elec trónico , charros@usc.es
~ V e t a s ...1 número 2 DesóJbr1dOra I 11
rica), desde p rincipios de siglo xx"hasta las últimas décadas , que nada ti ene que
envidiar a la mayor parte de las histor iografías ext r anjer as, cuya influencia be-
néfi ca en algunos cas os (escuelas Past and Present y Amlales) seguimos r ei vin-
dicando, a sabiendas de que sus aportaciones r enovadoras a la hist or iogr afía de
los conflic tos sociales, sin est ar agotadas, más bien lo cont r ar io, nos r etraen con
todo va r ias décadas atrás; y porque es tamos convencidos de que hoy es posible,
además de necesario, que r efl exionemos, y que debatamos, sob re la situación de
la histodografía española, direct amente, sin la habitual mediación de autores y
escuel as de otrospaíses, en todo caso r eferencia impr esci ndi ble, en estos tiempos
de globalización historiográfica , que exigen, más que nunca , cuidar el perfil
hi storiográfico propio," como único modo de es t ar presente en los actuales pro-
cesos de r ecomposición de la comunidad internacional de historiadores.
Ent re los historiadores conte mpor aneíst as se ha generalizado, en los años
ochenta , la denominación -importada de la soci ología- " hist or ia de los movi-
mientos sociales" para, trascendiendo la hi storia del movimiento obrero, am-
pliar el interés del investigador hacia otros movimientos populares , interclasi stas,
r eli giosos , políticos , etcéte ra. Sin embargo, est a etiquet a es difí cilmente expor t a-
ble al conj unto de los periodos históricos, ¿Qué nos encont r amos durante la
mayor parte de la hi storia? Gr andes y pequeños conflictos y r evueltas, más que
movimientos sociales con cier to grado de organización, ideología y contin uidad .
Es por eso que sos tenemos, para no limitarnos al ti empo hi stórico más inmedia-
to, la vieja - y para nada ambigua- denominaci ón común de conflictos socia-
l es , r evueltas y r evol u ci ones ," a l objeto de p oder referir nos d e f orma
interhist ór icamente homol ogable a es ta importante fa ceta del sujeto histórico-
social. La hi storia social ha r ehabilitado, hace ya ti empo, la s formas de protesta
3 Anselmo Lorenzo, El p roletariado militante, 2 vol., 1901-1923; Ma n uel Núñez de Arenas, Alg a-
lias Ilotas sobre el mooimiento obrero esp añol, 1916; Juan J osé Morato , Hist oria de la Asociacián
delArte de Imprimir, 1925; Ma nue l Raventós, Assaigsobre a/gmls episods histories deis mouimients
soeials a Barcelona en el segle XIX, 1925; Juan Díaz del Moral, Historia de las agitaciolles eampe-
sillas alldaluzas-Córdoba [Antecedentes p ara una reforma agraria), 1929.
·1 El r et orno de los conflic tos socia les, menos notorio en otros países con hi st oriografías de más peso
internacional , y la capac idad de autor eflexión demost r ada , evi dencian la autonomía y la identidad
de la hi storiografía es pañola .
s Hohshawm, en 19i 1, escr ihía a tinadamente: los numerosos estudios sob re el conflicto social ,
desde las r evueltas hasta las r evolu ciones, "De la hi stor ia social a la hi storia de la sociedad", Histo-
ria Social, núm. 10, 1991, p. 22.
12 I Descubridora agosto de 1999 I ~ V e t a . s ...
social tachadas de "primitivas" , "apolíticas" o "espontáneas", que han dado
pie, asimismo, a los más valiosos esfuerzos de innovación historiográfica, ingle-
ses y franceses , en el campo de la historia social. 6 La tendencia actual de la
sociología ha vuelto, por lo demás , a definir los movimientos sociales en función
de las acciones colectivas y los conflictos generados, vinculándolos con el con-
cepto de cambio social. 7
EL AUGE DE LOS AÑOS SETENTA
La homologación de la historiografía española con la s corrientes historiográficas
más avanzadas, del otro lado de los Pirineos , que tiene sus inicios a los años
cincuenta (Vicens Vives), se consolida en los años setenta y ochenta con el relevo
generacional-el ascenso de la generación del 68- en los cuadros del profesora-
do universitario y supone la ruptura -la "primera ruptura"- con la historia
tradicional: política, institucional, biográfica. Una de las ramas más productivas
de esta nueva historia económico-social es la historia de los conflictos sociales . Sin
duda la más radical políticamente (y también historiográficamente al proponer lo
que después se llamara "la historia desde abajo"). La lucha por la renovación
historiográfica, la lucha por la r eforma democrática de la universidad, y la lucha
cont r a la dictadura franquista, iban juntas en aquellos lejanos tiempos. Una bue-
na parte de los jóvenes - y menos jóvenes, pensemos en Tuñón- hi storiadores
que investigan en los años setenta la hi storia del movimiento obrero, los conflictos
y la s revueltas, en la historia de España, estaban próximos a los partidos de iz-
quierdas, marxistas y comunistas , que hegemonizaban el ambiente político en las
universidades de la época . La participación, más o menos activa - la carrera aca-
démica y la militancia política se compatibilizan mal , cuando esta última es clan-
destina-, en el potente movimiento est udiantil, antes y después de 1968, y la
simpatía hacia un emer gente movimiento obrero," coadyuvar on a introducir los
movimientos sociales históricos como obj etos de tesinas y tesis de doctorado,
"Car los Gil Andrés, "Protesta popular y movimientos sociales en la Restauraeión" , Historia Social,
núm. 23, 1995, p. 123.
7 Manuel Pérez Ledesma , "Cuando lleguen los dí as de la cólera' (Movimientos sociales, teoría e
historia)" , Zona Abiert a, núm. 69, 1994, pp. 59-69.
8 Oficialmente también las ciencias sociales se preguntaban. ¿adónde va el mundo del trabaj o?, Los
conj lictos sociales en Europ a (Coloquio de Brujas, 1964) , Madrid, 1974.
~ ' V e t a B ...1 oúmero 2
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lo cual se veía a su vez favorecido pOI' la influencia crecien te en la academia de
la s " modas "? hi storiográficas del momento: Annales y marxismo.
El r edescubrimiento10 de los conflict os, las revueltas y las r evoluciones!'
forma parte, entonces, de la r evoluci ón hi storiográfica, española e internacional ,
del siglo xx. En 1944, firma Jaume Vicens Vives el prólogo de su Historia de los
remensas en el siglo xv(tema al que ya dedicara su atención durante la r epúbli-
ca) y, en 1954, publica El g rall sindicato remensa (1488-1508). Su inquietud
por abrir espacio a la historia conte mpor ánea conduce a Vicens Vives; " y a su
gr upo, de la s r evueltas medievales al mo vimiento obrero: en 1959, se publica
Orígelles del anarquismo en Barcelona de Cas imir MartÍ , 13 quien, en 1960, ela-
bora , junto con Vicens y Nadal , Los movimientos obreros en tiempo de depresián
econámica (Las huelgas: 1929-1936). Per o es, como sabemos, en los años se ten-
ta , cuando fr uctifican y se gener alizan en toda España las nuevas formas de
hacer la historia, en gener al, y la historia social, en particular.
Una obr a colect iva r epresentativa del emp uje de la nueva línea de inves-
tiga ción es Clases y conflictos sociales en la historia (1977), r esultado conj unto
de un seminar io y una semana de metodología hi stórica en Oviedo , durante el
cur so 1974-1975, donde participan J. M. Blázquez (h . antigu a) , J. Valdeón (h .
medieval ), G. Anes (h . moderna) y M. Tuñón (h . contempor ánea) . 1" Julio Man-
9 Las comill as son debidas a que nos r esistimos a la usual y ahusiva identi fi cación entre " mo da" e
" iuno vac ión", en perjuici o de es ta últi ma .
10 Los histor iador es románticos-l iherales del siglo XIX ya habían descubierto las r evueltas medie-
va les y modernas , y los pr ecu r sores de la hist oria del movimiento ohr ero, desd e Fer nando Garri do
y su Historia de las clases trabaj adoras (1860) , la s huelgas obrer as y la s " agi t ac iones ca mpesi nas"
(véase la nota ).
11 J oan Regl a dedica, por ejemplo, en 1970 , buena part e de su Introducción a la lusroria,
Socioeconomia-Poiitica-Cultura (edici ón cata la na en 1968) 11 las r evoluciones y los " pr ocesos ace-
lerados" de la hi st oria , sigu iendo a Jaume Vicens Vives, Ensayo sobre la moifolog ía
de la Revolución en la Hist oria iJloderna, Zaragoza , 1947.
"Su mod eraci ón de burgués r efor mista (J nse p M. Muñoz I Ll oret , Jaume Vicens Vives. Una biogra-
jla inteiect uai. Barcel ona , 1997) subr aya 111 es trecha r el aci ón - más a ll á de la s posici ones política s
de los hi storiadores- entre renovaci ón hi storiográfi ca e historia soc ial "dura", entre revolución
hi storiogr áfi ca e interés por el sujeto colectivo.
13 Con tod o, en este mismo congreso, el autor ha mati zado que Vicens Vives conoció su n-abajo ya
terminndo.
II El car ác ter inter hist órieo de las iniciativa s r en ovadoras de hace veinte años se ha vi sto sepult a do,
después, por lo que se ha ll amado " la primacía del conte mpor aneísmo", de muy buenos y muy
mal os efec tos (sobre to do en el campo de la educaci ón).
1 4 I DescubrIdora
agoste de 1999 I ...
gas (h . antigua), en el prólogo, parte de una afirmación categórica , sm duda
compar tida por la mayoría de los autores : " El materialismo histórico se presenta
en mi opinión, como la única metodología que di spone de un aparato concept ual
preci so y congruente" . 15 El libro t ermina con un apéndice, elaborado por los
alumnos, sobre " Modos de producción capit alist as", deudor de la s Formaciones
econámicas pre- capitalistas (publicadas por.Cienc ia Nueva en 1967, Ypor Ayu-
so en 1975) de Car los Marx. !" texto prologado por Hobsbawm, y condicionado
po r el marxismo est r uc t ur alista de Althusser y Balibar, que se había conver tido
en r eferencia obligada , y ent us ias t a, de los j óvenes marxi stas españoles: es de
Al t husser - más que del propio Marx- de donde viene el aparato concept ual al
que se r efiere Mangas. La filiación est r uct ur alist a de la obra se desprende, por
ot ro lado, del mi smo títul o, que hace surgir los conflictos de la existenc ia obj eti-
va de las cl ases (ant agónicas) . En los coloquios que siguen, a la s exposiciones
orales , le hacen a Valdeón una de es as preguntas que, por aquellos tiempos ,
tanto nos perturbaban: "A lo largo de su exposición y en el debate , he visto que
las cuestiones de la marcha de la Histo r ia se r educen a movimientos objetivos,
independientes de la conc iencia, de est r uct ur as, ¿dónde, pues , situar el papel del
hombre? ¡No se puede encer r ar la historia del hombre en fórmulas matemáti-
cas!" . 17 La r espuesta lapidaria, habitual por aquel ent onces ," ser ía espet ar que
"el marxismo no es un humanismo" , sin embargo, J ulio Valdeón, y en general
los historiadores -a quienes por oficio y formación malles podía sent ar un traj e
est r uct ur alist a negador, en puridad, del sujeto y de su historia-, matiza, "Yo no
veo esa contradicción", aunque r ecae fi nalmente - fi el a su ti empo, de ahí su
r epresent atividad- en la determinación est r uct ur al, citando al Mar x objetivista:
"La conciencia del hombre está determinada por su ser social , . . 'el hombre hace
la hist oria , pero en unas condiciones que él no ha elegi do" . 19 Falta sorpren-
dentemente - quizás no tanto- el Marx que escr ib ió, para la Liga de los Comu-
nist as , en 1848, que " la historia de la humanidad es la historia de la lu cha de
15 Clases y conflictos de clases en /0 lustoria, Madrid , 1977, p. 9.
16 Se trata de una de las partes más divulgadas de los Crtl/ldisse, editados en español unos años
antes , en 1972, por la edit or ial Comunicación.
17 Clases y conflictos de clases en /0 IIistoria, p. 89 .
18 Lo di go uutocr-íti camente porque sería la que yo mismo habr ía dado.
19 Clases y conflictos de clases en / 0 historia, p. 89.
~ ~ e t a . s ...1 11Úmer o 2 DescubrIdOra / 1 5
clases" , o el Marx joven de los Manuscritos: economía Xfilosofia (Madr id, 1968) ,20
o el Marx historiador del ti empo presente de Las luchas de clases en Francia
(Madr id, 1967) y Ell8 Brumario de Luis Bonaparte (Barcelon a, 1968). Más
all á de la volunt ad - y aun de la práctica- subj etivista y hasta globalizadora de
los nuevos hi st oriadores de los conflict os soci ales, el medio ambiente político-
intel ectual impuso un enfoque econó mico-est r uct ur al" que acabó por relegar
una línea de investigación que, llevada hasta sus últimas consecuenci as, podría
-todavía puede y debe- cont r ibuir a la super ación (dialéctica, si se me permi-
te) de l a escisión objeto/sujeto en l a historia y en las ciencias sociales . P ero siga-
mos con nuestro r epaso sumar io .
En historia medieval el paradigma sin gul ar es Los conflict os sociales en
el reino de Castilla en los siglos XIVX xv( 1975) , de Julio Valdeón, que comie nza
asegu r ando que el conocimien to de los con flictos sociales "es imprescindible
para una cor r ec t a interpretaci ón del proceso histórico " y que los conflict os que
interesan "son básicamen te aquell os que r eflejan las cont r a dicciones funda-
mentales de la sociedad", es decir, las cont r a dicciones antagónico- estructura-
les , "el confl icto en t re señores y campesinos", 22 para conclui r equip aran do a
Castilla y León con el r esto de la Europa bajomedieval en cu an t o a es te fenó-
meno de l a agudizaci ón de las t ensiones soci ales, a severaci ón muy innovadora
si t enemos en cuent a que el par adigma es tablecido en aquel momento era ne-
gar el carácter fe udal de l a socied ad medieval castell an a . Valdeón insiste me-
t odol ógicamente en que h ay que ir má s allá de una mera tipología, conect ando
los conflictos con el contexto, introdu ci en do las luchas soci ales , so bre t od o la s
luchas antiseñoriales, en l as interpr eta ciones históricas del final de la Edad
Media castellana, ya innovadas p or el enfoque dinámico burguesía/nobleza de
20 El ej emplar de que dispongo -no lo adqui rí en su momento, seguramente por falta de interés-
es tá glosado por su anterior propietario, el cual añadió bajo el nombr e del edi tor-traductor (Fr an-
ci sco Rubio Llo rente), entre paréntesi s, " soci ul de m ócrata", lo cual sonabu a grave ins ulto político
en las aula s uni versitarias es pañolas de finales de los sesent a .
21 Modernidad eco nomici sta que ent r aba en contr adicción con la s obras pioner as de la hi storia de
los movimientos en España más atentas a la su bj etivid ad soci al y cultural obrera, y popu-
lar , paradójicamente más ce r cana a 'I'hompson que a la propia histor ia so cial es pañola de los set en-
ta , Per e Cubriel, "A vueltas y r evu eltas con la his toria social obrera en España" , Historia Social,
núm. 22, 1995. pp . 47-48, 52.
22 Los conflictos sociales en el reino de Castilla en los siglos XIVy XV, Madrid, 1975, p. 5.
1 6 / Descubridora
agosto de 1999 I ...
Viñas Mey o nobleza/monarquía de Luis Suárez,23 planteamientos, a su vez
influídos por la historia social, y que nuestro historiador marxista de los con-
fli ctos medievales no rechaza de plano. La novedad que aportó el trabajo de
Valdeón -representativo y animador de una notable producción historiográfica
sobre las luchas del sujeto social en la Edad Media peninsular-v-e- trascendió al
medievalismo y a la historia.P Si bien la losa del ambiente intelectual del mo-
mento, marxista y no marxista , se hacía notar. Julio Valdeón saluda el clásico
esquema tripartito - y severamente unidireccional- crisis económica/desequi-
librio social/guerr-a civil , o sea , economía/sociedad/p olí tica que - ar gumen-
ta- aplica Vicens Vives a la Cataluña del siglo xv, como el " camino correcto"
para est ablecer un modelo de estudio de las t ensiones sociales , a pesar de tener
conciencia de algunos de sus fallos (el descuido de " aspect os tan importantes
como las ideologías y las mentalidades colectivas", y el "determinismo" de la
economía), r emitiendo a las " estructuras de base" toda comprensión de las
r evueltas soci ales ," que de ese modo ven (aut o)l imita das sus perspectivas
hi storiográficas , más atentas a la búsqueda de causas'" que de efectos históri-
cos - sobre las es t r uct ur as s oci a lesf'->, lo s cu ales son manifiestamente
23 Ídem, pp. 10-11.
" Isabel Becei r o, La rebelión irmandiña, Madrid, 1977; Salus tiano Moreta, iJJalhechores-ftudales.
Violencia, antagonismos y alianzas de clases en Castilla, siglos XIII-XIV, Salamanca, 1978; Est eban
Sa rasa, Sociedad y conf lictos sociales en Aragón: siglos XIII-XV(Estructuras de poder y conflictos
de clases), Ma d r id, 1981 ; véase asimismo la nota .
25 Véase la r eseña de Valer iano Bozal en Zona Abiert a, núm. 7, 1976, pp. 114-116; el marxismo
compar tido fa cilitaba en los años seten ta la comnnicación interdisciplinar, dentro de la historia y
dentro de la s ciencias sociales; el mi smo papel de interfaz jugaba la esc uela de Annales, que al
mismo ti empo compar tía un terreno común -muy eviden te en el ca so de Vicens Vices- con la
bis toriografía marxi sta .
26 "Tensiones sociales en los siglos XIV y XV", I Jornadas de metodología aplicada de las ciencias
hist áricas, n, Santia go, 1973, pp. 273-275.
27 Veáse también Micbel Moll at, Philippe Wolff, Uñas azules, facques y ciomp i. Las revoluciones
p opulares en Europ a en los siglos XIVy XV, Madrid, 1976 (P ar ís, 1970), pp. 237-241 . .
28 La r ígid a teoría de la sucesión de modos de producción, de amplia r esonancia en tre los historia-
dor es económico-sociales , impedía ver la r el ación conflic tivi d ad social/ cambios es tr uctur ales , in-
cluso cuando se abordaban las grandes transiciones, es por eso que ar mó tanto r evuelo, ent re hist o-
r iadores no marxist as y aun marxistas, el herético ar tíc ulo de Robert Brenner (Past and Present,
1976) sobre el rol de la s cl ases y la lu cha de clases en la transi ción del feudalismo al capi talis mo, El
debate Ore/meroEst ructura de clases agraria y desarrollo económico en el Europa preindustrial,
Barcelona, 1988, pp. 44 ss (sc compr ueba una vez más la tardía recepci ón cn Es paña de la hi storio-
grafía marxi sta angloame r icana, crí tica con el es t r uc tu r alismo y el econo micismo) .
~ ' V e t a . s ...1 número 2
infi-avalorados ," salvo -en esto se distingue Valdeón de otros historiadores
marxistas españoles- en el campo, prácticamente inédito, de las mentalida-
des : " Evidentemente en ningún caso se produjeron cambios sustanciales en la
est r uct ur a de la soci edad, a los sumo arrancaron algunas conquistas parciales
los r ebeldes . Pero la consecuencia esencial de las conmociones populares de
fines de la Edad Media se registró en las mentalidades colectivas" .30 POI' todo
lo cual la contextualización deseada del actor social queda en suspenso, sin
que se demuestre, al contrario, la " fu nción motora" de la lucha de clases que
Marx defendía en algunos de sus escritos , y en su práctica política . La tardía
r eacci ón de la his t or iogr afí a marxista occidental cont r a el dominante es t r uct u-
rulismo -agravada en España por la tardanza de las traducciones al es p a-
ñoP'- ll egó cuando la hi storia de los confli ct os sociales iniciaba ya su r eplie-
gueY En 1981 se publica , en cas tell ano, jJ1iseria de la teoría de E. P, Thompson,
una crít ica frontal al " nuevo idealismo marxista" de Althusser y sus epígonos
locales , los sociólogos Hindess y Hirst , que escr ibie r on al gunas perlas que
insurreccionaron al historiador británi co : "La historia es t á condena d a al
3' Ot ros explican los cambi os socia les a largo plazo - estructural es-por la evolución lenta de la s
economí as y la s civilizaci ones, más que por la s r evoluciones, Michel Mollar , Philippe \Volff, op. cir.;
pp . 273-274 .
30 "Tensiones sociales en los siglos XIV y XV" , p. 279.
31 El r etr-aso cs p añol y la autarqnía académi ca provocados por el Frunquismo, la potencia de la
escue la de Anuales y la cerca uí u de Francia, el desconocim,i ento del idioma inglés , han coadyu va do
a que se ign oruran, durante los liños sesenta , la s ohras que jalonaron la r enovaci ón inglesa de la
hi st oria soci al de las r evuelt as, los co nfl ictos y la s cl ases; véase la nota.
" La segu nda gran obra de hist uri u mediev al sobre co nfl ic tos sociales se edi ta en ese momento:
Heyna Past or, Resisten cias y Iuch as campesinas en la época del crecimiento y consolidación de la
formaciánfeudal Castilla y Le án, siglos X-XIII, ;\Iadr id , 19110.
agosto de 1999 I ~ - V e t a . s ...
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emp rr rsmo por la naturaleza de su obj eto (. . .) El marxismo , como práctica
t eórica y política , no se beneficia en nada con su asociación a la historia escr it a
y a la investigación histórica. El es t udio de la historia no sólo carece de val or
científic o, sino también de valor pr áotioo"; " Se puede decir que adopt ando el
estruct ur alismo, como las r estantes ciencias humanas y sociales, los historia-
dores pusimos el zorro a vigilar las gallinas .
También en 1975, Ri cardo García Cárcel publica Las germanías de Va-
lencia. Libro - der ivado de una tesis do ctoral dirigida por J oan Regla
34
- que
juega el mi smo papel de vanguardia historiográfica
35
que el trabajo cit ado de
Julio Valdeón,36 en el campo de los modernistas, y está por tanto sujeto a la s
mi smas limitaciones que der ivan de los paradigmas compar tidos por el marxi s-
mo y las ciencias sociales de la segunda posguerra que se difunden en la España
de los años setent a . La obr a de García Cár cel es la puesta el día -hoy t odavía no
plenamente super ada
37
- de la investigaci ón sobre la r evuelta de las ger manías,
que t enía como precedentes los enfoques de la historiografía tradicional , desde
el r omantici smo liberal hasta el positivismo, para lo cual se sirvió del típico
paradigma est r uctur al-funcionalist a de los años sesent a : precondiciones est r uc-
turales y coyunt ur ales (subor dinadas a la s primer as) y pobres efect os históricos
33 Barry Hindess, Paul Q. Hi r st , Los modos de produccián precapitalistas, Barcelona, 1978 (Lon-
dres , 1975), pp . 313-315; E . P. Thompson, ilfiseria de la teoría, Barcel ona , 1981 (Londres, 1978),
pp. lO-U.
34 Véase la nota .
35 Son memorables asimismo los es tudios sobr e la s comunidades de Cas tilla: Juan Ignacio Gutiérrez
Nieto, Las comunidades como movimiento antiseiiorial (La formacián del bando realista en la
gllerra civil castellana de 1520-1521) , Barcelona, 1973; Josep h Pérez, La reooiucián de las Comu-
nidades de Castilla (1520-1521) , Madrid, 1977; y otr os auálisis hi stóricos de conflic tos sociales en
el An tiguo Régi me n como: An to nio Domínguez Or tiz, Alteraciones andalasas, Ma dr id, 1973; J . M.
Palop Ramos, Hambre y lucha antifeudal. Las crisis de subsistencias en Valencia (siglo XVIlI),
Mad r id, 1977; Bartolomé Yu n, Crisis de subsistencias y conflict ioidad social en Córdoba a princi-
pios del siglo XVI, Cór doba, 1980 .
36 A la hora de elegi r tres obras de r eferenci a que nos permitiesen es tudiar la s bases paradigmáticas
de la hi st oria del movimiento obrero y de la conflic tivi dad social, hemos tenido muy en cuen ta el
marxi smo proclamado de los auto res, que les hace mucho más r epresentativos.
37 El libro de Eulalia Duran (Les g ermallies als paisos ca t alans, Barcelona, 1982) ti en e parecida
base te ór-ico-metodológica que la obr a de Ga rcÍa Cárcel, si bien amplía el es t udio al pri ncipado de
Ca talu ña, etc. ; lo mi smo pasa con el libro de Ste phen Hali czer (Los comuneros de Castilla. Laforj a
de una reuolucián , 14 75-1521, Vall a doli d, 1987 - Wi sconsin, 1981- ) que abraza de manera
explícit a los principios met odológicos del es t r uc t ur al-funcionalis mo (ídem, pp. 22-23, 293) , orga-
ni zando su obra de manera semej ante a los hi storiadores marxi stas de infl uencia alt hus ser ia na .
~ ' V e t a s ...1 número 2
(en su conclusión habla el autor de "la 'poquedad' de la revuelta agermanada"38),
y entre ambos extremos, tan desigualmente tratados, el desarrollo cronológico
de los acontecimientos y la estructura geográfica y sociológica de las germanías.
Para la emergente historia contemporánea la referencia paradigmática
es, sin lugar a dudas , Manuel Tuñón de Lara, quien, además de su obra - no
sólo empírica, también volcada en la reflexión metodológica e historiogr-áfica. é?
como en el caso de Valdeón-, lleva a cabo año tras año, a lo largo de la década
de los años setenta, una labor organizativa clave para comprender el auge en
España de la historia social de los siglos XIXy XX: los Coloquios de Pau.
40
Su libro
más significativo, a los efectos de esta r eseña crítica de la historiografía de los
conflic tos sociales , es El mouimiento obrero en la historia de España (1972) , que
sigue el consabido esquema tripartito - a veces cuat r ipar tito, incluyendo la
ideología-, es decir, la economía (estructura y coyuntura) , la sociedad (condi-
ción obrera) y la política: los acontecimientos (huelgas y conflictos) , las organi-
zaciones y ciertos hechos directamente políticos (elecciones y guerras); persi-
guiendo el contexto, en línea con el paradigma común, más por el lado de las
caus alidades que por el de los efect os, en cierta contradicción con el título del
libro, que constituyó en su momento -y todavía constituye hoy- una referen-
cia monumental , y r enovadora, una base sólida para lo que después será la his-
toria del movimiento obrero en España."!
38 Germanías de Valencia, Barcelona , 1975, p. 240 .
391ntrodllcció a la ¡listaria del moviment obrer; Barcelona , 1966; ¡Jletodología de la !listoria social
en Esp aña, Madrid, 1973.
" Véase J osé Lui s de la Granja, Albe r to Reig Tapia (eds .), ¡I/ arllJel Ttuión de Lara. El comp romiso
con la historia. Su vida ), su obra, Bilbao, 1993.
·11 Josep Termes, Anarquismo)' sindicalismo en Esparia (1864-1881), Barcelona, 1972; Miquel
Izard, Industrialización y obrerismo. Las Tres Clases de Vapor, 1869-1913, Barcelona, 1973; Juan
Pablo Fusi, Política obrera en el País Vasco ( 1880-1923), Madrid, 1975 : José Álvarez Junco, La
ide ología política del anarquismo esp añol, Madr id, 1976; Juan José Cas till o, EL sindicalismo ama-
rillo en Espa ña, Madrid, 1977; Car los Forcadell, Parlamentarismo y bolcheuisacián, Elmovimiento
obrero esp añol (1914-1918), Barcelona , 1978 ; José María Maravall , Dictadura y disentimiento
político. Obreros )' est udiantes bajo el j'ranquismo, Madrid, 1978; Xavier Puniagua , La sociedad
libertaria. Agrarismo e industrialización en el anarquismo esp a ñol ( 1930-1939), Barcelona, 1982;
Aur or a Bosch, Ugetistas y libertarios. Guerra civil )' revolución en el País Valenciano, Valencia,
1983; Santos Juliá, ¡Il adrid, 1931-1934. De la fiesta p opular a la lucha de clases, Madrid, 1984;
Julián Casano va, Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa, 1936-1938, Madrid ,
1985; Manuel Pérez Ledesma , El obrero consciente. Dirigentes, partidos y sindicat os en la Illnter-
nacional, Madr id, 1987; David Ru iz, Insurrección defensiua y revolución obrera. El octubre esp a-
,iol de 1934, Barcel ona, 1988.
agosto de 1999 I ~ ' V e t a s ...
-
Tuñón ha sido, también, un ejemplo -por su hiografía, lo que es r aro
ent re académicos, y por su trayectoria profesional- de algo que se ha ido per-
diendo a lo largo de los años ochenta r' ? el comp r omiso del historiador ("la vida
nacional no puede concehirse sin los obrer os'v'" aseguraba, en 1972 , pensando
sin duda en presente y en fut uro) .
En sus trabaj os metodol ógicos , Tuñón de Lara es explícito al hablar de
sus deudas: Lab rousse , Br audel y el materialismo histórico. Factores determi-
nantes, est r uct ur as latentes, coyunt ur as manifiestas - con su funcionalismo de-
tonante-, métodos cuantitativos y - en cie r t a cont r adicción con lo anterior-
el principio de la cent r alidad de la lucha de clases r" "El est udio de los conflictos
y de sus fa ctores, a t odos los ni vel es , constit uye hoy l a p arte cent ral e indispen-
sable de la ciencia histórica' t.:" Sin que se llegue a r econocer abiertamente , como
en el Manifiesto comunista, que es a const ante histórica conflictiva es - o puede
se r, no se trata de una ley de "cumplimient o obligatorio" , añadiríamos noso-
tros- el " mot or de la historia" . Es imposible ver la incidencia de los actores
sociales en la historia si és tos no se hacen mayor es y se " despegan" de las est r uc-
tur as . Dific ultad epistemológica que ha conver tido, a menudo , los trabaj os de
investigaci ón histórico- social en simples descrip ciones positivi stas . ¿Cómo ex-
plicar el cambio social si los conflict os sociales no afectan a las es t r uctu ras socia-
les? P ues de dos maneras, y ambas marginan a la gente común , al sujet o social,
mediante el cambio t ecnológico- económico (respuest a est r uct ur al) o mediante
el cambio polít ico (respuest a tradici onal). La síntesis, averiguar el interfaz his-
tórico sujeto/objeto, es t odavía tarea del futuro (inmediato) .
Con t odo, los trabaj os pioneros que hemos anali zado crít icamente, y otros
muchos que les siguie ron, o que les antecedie ron, han supuesto un paso de gi-
gante - hay que r ecordarlo porque se olvida- en la evolución historiográfica
española , en cuatro sentidos : a) int r oducen en la universidad la historia del mo-
vimiento obrero y de las r evueltas sociales, temas que, hasta los años setenta,
12 Casimir Martí remata su conferencia en este congrcso (l/istoria e historiografta de/ movimiento
obrero: mi experiencia) pregunt ándose si " la cx orcización de t od o concepto inspirado en alguna
ut op ía étic a o polí tic a , inclnso en el caso de se r as umido co mo hipótesis de n -ahaj o" no equivale en
la práctica a " dar' vida a una histor-iogrufí n ú til al orden, o desorden, es tablecido".
13 E/ movimiento obrero en /a historia de Espatia, Madrid, 1972, p . 12 .
....Hay '1ue advertir que el término " luc h a de clases", mientras existi ó la censura, se sus ti tuyó nor-
malmente por el de " confli ctos sociales".
" Ma nuel Tuñ ón, "Prohlemas actuales de la hi storiografía española", Sistema, núm. 1, 1972, p. 44.
~ V e t a s ...1 n úmero 2 DescubrIdora I 2 1
estaban marginados académicamente; b) contribuyen a divulgar - o rememo-
rar- fuera de la academia tradiciones de luchas sociales, por una vida digna y
por la libertad de las personasv'" que estaban olvidadas por sus protagonistas y
herederos (la historia al servicio de la recuperación de la memoria colectiva); c)
permiten la super ación crítica de los viejos enfoques romántico-liberales que
fabricaron mitos persistentes sobre dichos acontecimientos; y d) aportan nuevas
explicaciones económico- sociales , pueda que incompletas pero científicamente
superiores a la s descripciones er uditas o a las vetustas interpretaciones de tipo
conspir ativo sobre "la manipulación de las masas" por parte de líderes, organi-
zaciones y partidos de " intereses oscuros". 47 Explicaciones económico-sociales
que serán, simultáneamente, la gran aportación por su novedad y el talón de
Aquiles por su determinismo de la historiografía social de los años set ent a .
La gente común, los obreros , los campesinos, no existían para la historia
que se escr ibía hasta que un grupo de jóvenes y menos jóvenes historiadores -
principalmente marxistas y annalistes- , pronto instalados académicamente,
decidieron ocuparse de ellos. No es poca cosa considerando que, mientras tanto,
la sociología, la ciencia política y la psicología trataban las r evueltas como " com-
portamientos desviados" , obra de delincuentes sociales," y a sus protagonistas
como masas movidas por motivaciones irracionales .t" La historia se anticipó,
pues, a la sociología y a otras ciencias sociales en la r ecuperación del sujet o
social, antes de mayo del 68, y ahí r eside el problema, porque las otr as ciencias
... Rogeli o Pérez Bust amente esc r ibe en el prólogo al libro de Javier Ortiz Real , : " Es algo más, pienso
yo, que una lu cha de clases que enfrent a a los señores y a los campesinos .. . , se trata de defender lo
más importante de todo, la libertad frente al r égimen se ño r ial.. . con la facultad de r omper en
cualquier momento su ví nculo de dep enden cia", Cantabria en el siglo Ap roximación al est udio
de los conflictos sociales, Santander, 1985, p. 16.
47, Cuando se publi caron en España los primeros estudios históricos sobre co nflic tos sociales impe-
r aba oficialme nte -iYtenía su jnfluenci a en la universidad!-Ia tcoría de la cons pir ac ión judco-
ma sónica-comunist a para "explicar" los movimientos sociales tachados de "subversi vos"; el riesgo
permanente dc la hi storiografía r en ovadora er a, y es, en contraposición con lo anterior, negar el rol
de los líderes, organizaciones sindicales y partidos en las luchas sociales .. . .
.. Un panorama ilustrativo al r esp ecto son los manuales de soc iologí a y politicología manejados en
la España de los años 70 , Manuel Pérez Ledesma, "Cuando ll eguen los días de la cóler a' (Movi-
mi entos sociales, teoría e hi storia)", Zona Abierta, núm-, 69,1994, p. 52 n 1; cua ndo el sociólogo
Alain Tournine, a finales de los sete nt a, principia a trahajar sobre los movimientos so ciales , ya
estaban puestas la s hases hi storiográficas, en fr ancés y en inglés, años cincuent a y sesent a , de la
nueva hi st oria socia l, ídem, pp. 53-54.
•, J uli o Seone y otros, "Movimientos sociales y violencia política" , Psicologíap olítica , Madrid, 1988,
p. 201.
agosto de 1999 I ...
humanas ahogaron la prematura subjetividad de la nueva hi storia, que no pudo
ex por tar su exper iencia a cont r acor r iente por diversas razones , en primer lugar
por algo que nuestra di sciplina arrastra desde la primera r evoluci ón paradig-
máti ca , el positivismo: cier t a incapacidad teórica.
Resumiendo: los propios pecados de la hi storiografía y la influencia de la
economía, el es t r uct ural-funcion alismo y el cientifis mo, dictaron una lectura
objetivista y economicista de la práctica histórica , a partir de la II Guerra Mun-
dial ,50que dil uyó nuestros tempranos esfuer zos historiográficos en favor de una
hi st oria con sujeto, es decir, de enfoque más global. 51
El papel t an secundario que el paradigma objetivis t a dominante hacía
jugar a l su jeto de l a hi stori a ll eva casi a su d es a pari ci ón d e la escena
hi storiográfica . El mismo Hobsbawm, en su conocido artículo, " De la historia
social a la hist oria de la sociedad" (1971), nost ál gico de una historia t otal que
no l1ega ,52mantiene la idea de un fuerte "vínculo entre hi st oria social e historia
de la protesta social", que "sigue constit uyendo un labor atorio perfecto para el
hi storiador" , pero toma nota ya del " p r edominio de lo económico sobre lo so-
cial" a causa de la influencia del marxismo y de la " escuela hi st órica alemana",
50 Ca r los Barros, "El paradigma común de los historiador es del siglo XX", Est udios Sociales , núm.
10, Sa nta Fe , 1996, p . 39 .
51Josep Fontana, siguiendo a los hi storiadores mn r xi stas ingleses, quiso es bozar una ví a di stinta, no
es tructurnlista , en la hi storiografía es pa ñola , 'lue no tuvo con ti nuidad, para " la averiguación de los
nexos 'lile cnlazan los hechos econ ómicos con los políticos o los ideol ógicos" , Cambio econdmico y
act itudes politicas en la Esp a/i a del siglo XIX, Barcelona, 1973, p. 5.
52 Esta id ca de alargar el concepto de hi storia social hasta confu ndi r lo con la no ci ón de hi st oria
global, idcntificando socicdad con tot alidad, que también seduj o a Lu ci en Fcbvre, no nos ayu d a
mucho a los 'l " C creemos 'lile el probl ema hi st oriográfico y teórico de la hi st or ia global sigu e sin
r esolver,
iS:: "Vetas...¡ número 2
DesóJbrldOI'a I 23
" de la absoluta superioridad de la economía sobre las otras ciencias socia les", y
del "consenso tácito de los historiadores" de partir del estudio de la estructura
económica y social " haci a afuera y hacia arriba" , asegurando que "soy la última
persona que desearía desanimar a los interesados en estos temas [las revolucio-
nes], no en vano he dedicado buena parte de mi tiempo profesional a ellos. Sin
embargo. . ." , y aconsejando finalment e que se inserten las revoluciones en perio-
dos temporales más amplios , persiguiendo " la compr ensión de la estruct ura' t.P
Lo cual no está mal si no no fuese porque, acusando el impacto objetivista sin
luchar frontalmente contr a él (como hará Thompson más tarde), se favorece,
cualquier a que sea la intención del autor.P' el r elegamiento de la acción colectiva
en la hi storia, el academicismo y la hostilidad a la teoría.
55
¿Cuál es el problema? Que el es tr uct ur al-funcionalismo fue pensado para
integrar productivamente el confl icto social en la estr uc t ur a y evit ar , en lo inme-
diato, la posibilidad de un cambio soci al radical. 56 Su hegemonía en las ciencias
sociales de la posguerra potenció la difusión del Marx maduro del prólogo a la
Crítica de la economía política (1859), que veía la r evolución social como resul-
tado de la s cont r adicciones (objetivas) entre fuerzas productivas y relaciones de
producción, en detrimento del Marx joven del Manifiest o comunista (1848) que
veía la historia de la humanidad como r esultado de la lucha de clases, con lo
cual no sólo el marxismo quedó desnaturalizado, handicap é, sino que el conj un-
to de los historiador es sociales se encontr ar on, cas i sin percatarse, por causa de
los "consensos tácitos" propios de la academia , que tan bien explicó Kuhn y que
r efl eja el citado artículo de Hobsbawm, sin temas tan sus t antivos de investiga-
ción como los conflictos, las r evueltas y la s revoluciones . P ero la historia no
puede prescindir del sujeto sin suicidarse como di sciplina , por algo r egresó con
53 Historia Social, núm . 10, pp, 5-7, 15, 22-23 .
5-1 Ya hemos hablando de la tar día reacción de la historiografía occidental, a los at aques del estruc-
tur alismo -y sus aliados objetivos- a la disciplin a hi st órica , y esto en el mej or de los casos -la
hist oria social in glesa- porque en Fr ancia , en ti empos de Fernand Braudel y los segundos Anuales ,
sólo no se r eaccionó sino que se llevó hasta sus últimas consecuencias, para hi en y para mal, la
adaptación a los paradigmas objeti vis tas : geohis to r ia, larga duraci ón, etcéte ra.
55 Par a paliar todo esto, entre otras cosas, surge en los sete nta, en Gr an Bretaña, el movimiento
del History Workshop y la " his toria desde ahajo", Raphael Sa muel (ed .), Hist oria p opular y teoría
socialista, Barcel ona , 1984 (Lo ndres, 1981).
56 Tendencias de la investig ación en las ciencias sociales, Madrid, 1982 (UN ESCO, 1970), pp . 362-
363 .
agosto de 1999 I .. .
tanta fuerza - t entando ocupar el sitio que dejó libre el actor social- el sujeto
tradicional : individual, político, narrativo.
EL GIRO DE 1982
En 1982, dos j óvenes historiadores sociales, José Álvarez Junco y Manuel Pérez
Ledesma, publican un artículo, "Historia del movimiento obrero. ¿Una segunda
ruptura?",57 que por su osadía y nmhición. j" representatividad'" y consecuen-
cias, merece figurar destacadamente en los anales de la reflexión historiografía
autóctona.t"
Los autores dicen no r enunciar a " la centralidad de las luchas obreras",
afirman que " se puede seguir haciendo historia del movimiento obrero, pero con
nuevas orientaciones", que "nadie puede ignorar su decisiva importancia en los
57 Revista de Occidente, núm. 12, 1982, pp. 19-41.
5. El hecho de que el término " ambicioso" -al igual que " optimist a"- haya adquirido connotacio-
nes peyorativas ent re no pocos hi storiadores -por ej emplo, a la hora de evaluar un proyecto de
investigación-, prueba cierto agotamiento generacional de id eas y de ánimos, y no sólo en España.
59 Per e Gabriel lo ve como el resumen final de una ser ie creciente de posiciones críticas, como el fin
de un cicl o, " A vueltas y revueltas con la historia social obrera en España", HistoriaSocial, núm.
22 , 1995, pp. 45, 52.
00 Uno no deja de sorprenderse que se haya dejado pasar la ocasión del núm. 10 de Historia Social
(1991) , dedicado a " Dos décadas de hi storia social", para reeditar este trabajo, ent re otros; al final
va a tener razón Santos Juliá cua ndo cr itica a est a publicación -la mejor de la que disponemos-
por no publicar más que traducciones sobre cuesti ones de teoría e hi storiografía, "La hi storia soci al
y la hi storiografía española", Ayer , núm. 10, 1993, p. 44.
'iSl'Vetas.../ número 2
últimos ciento cincuenta años de historia europea, No hicieron la revoluci ón que
soñaban, pero forzaron una serie de cambios que han marcado profundamente
las sociedades", cambios que "se ven curiosamente minimizados por la 'historia
del movimiento obrero' clásica que, de esta forma , tira piedras contra su propio
t ejado"."! Pero dicha centralidad, se quiera o no, resulta menguada al negársele,
a la historia del movimiento obrero, el " est at ut o epistemológico privilegiado" de
que disfrutaba y al sustit uirla por la " hist or ia de los movimientos sociales", 62
Las cr íticas que se hacen a la historia del movimiento obrero de los años
setent a son de tres tipos: a) una historia militante, semi-clandestina ,63teleológica ,
obrerista, heaturrrona'" y autocomplaciente, puro "realismo social"; b) una his-
toria simplificadora, determinada por la economía, basada en esquemas precon-
cebidos que excluyen las hipótesis previas , dominada pOI' el marxismo vulgar;65
c) una historia tradicional, centrada en el estudio de las ideologías, las institu-
ciones - sindicatos y partidos obreros-e- y los individuos -dirigentes obreros.t"
El exceso de la crítica y su unilaterulidad"? es tan obvio como probablemente
necesario: no se hace una tortilla sin romper algunos huevos,
Las propuestas de los dos autores son, consecuentement e : despolitizar la
historia social española, hacerla más académica , liberarla de apriorismos ideo-
lógicos, r enovar la t emática (est udiar a los trabajadores y sus condiciones de
., Revista de Occidente, núm. 12, pp. 38-39 .
• 2 Ídem, pp. 38, 40.
63 Ot ros han llamado a esla hi st oria supercompr ometi da, na cid a de la militancia antifrunquista,
" frente populist a", Car los Barros " Inac abadu transición de la hi st ori ografía española", Bulletin
d'Histoire Coruemp oraine de I'Esp agne, n úm. 24 , Bordeaux, 1996, p . 474.
M Sa ntos Juli á, " Fieles y mártir es . Raíces r eli giosas de algunas prácticas sindica les en la España dc
los años treinta" , Revista de Occidente, núm. 23 , 1983.
• 5 La r ea cción contr a el marxismo vulgar no supus o, po r parte de los r enovadores espa ñoles , en
cont r aposición con lo sucedido en In glat erru, la prop osición alternativa de " otros" marxismo s,
empezando por los que es tá n en el mi smo Marx: el éxito político del PSOE, una vez ahandonado el
marxismo, di gamos que no ayudó nada, en este aspecto, al r earme intelectual de los hi storiadores
sociales.
··Se sohreentiende que la cr ítica es también autocritica ; los propios autores, antes y después de su
ar tículo-manifiest o, se dedicarou hrillantemente a estos géne r os tradicionales: José Álvarez Junco,
La ideología política del anarquismo esp niiol, Madrid , 1976; Manuel Pérez Ledesma, El obrero
consciente . Dirigentes, partidos y sindicatos en la IlLnternacional, Madrid, 1987; José Álvarez
Junco, El emperador del Paralelo. Lerroux y la demagogia populista, Madrid, 1990 (véa se la rese-
ña laudatoria publicada en la r evi sta dir-igida por Tuñón de Larn, Historia Contemporánea, núm.
5, 1991 , pp. 247-239); Manuel Pérez Ledesma (coor d .), El Senado en la !listoria, Madrid, 1995 .
• 7 Con toda evide nc ia , se tira pi edras en el propio tejado al no va lora rse mej or el papel r enovador de
la hi st oria soci al en la Es paña del tardofrnnqui smo y la trans ición.
agosto de 1999 I ;slVetaB...
vida y de trabajo, otros movimientos sociales y políticos, la patronal, partidos no
obreros, la relación de las clases con el Estado) y metodológicamente (apren-
di endo de la sociología y otras ciencias sociales , y de la historiografía inglesa' " y
francesa - hist or ia de las mentalidades'"), en suma, " salir del marco, a veces
asfixiante, en que se han movido hasta ahora los estudios de historia del movi-
mi ento obrero".70
Como programa r enovador lo dicho sigue vigente: quedan no pocas cosas
que innovar en la historia los movimientos sociales en España, sobre todo ahora
que r etornan historiográficamente los conflictos sociales, pero también mucho
por super ar del planteamiento hipercrítico, iconoclasta, de 1982.
Lo primero es apoyar si cabe más decididamente el r esurgir de la historia
de conflictos y r evueltas, que los excesos renovadores de los años ochenta han
contribuido a marginar, pese a la mejor intención de sus promotores: como his-
toriadores sabemos que los r esultados históricos, y también los historiográficos ,
son, en buena medida, involuntarios , entran en juego otros fa ctores , internos y
exter nos, además de nuestra "elección racional".
Lo segundo es hacer justicia historiográfica - el reconocimiento personal
ya la han hecho los propios autores en el artículo citad0
71
- a Tuñón de Lara
después de la inevitable " mue r te del padre" ejecutada por nuestros críticos. No
par ece que sea de r ecibo aplicar a Tuñón de Lara el r etrato dogmático , teleológi-
co y tradici onal , salvo los condicionamientos y las limitaciones historiográficas e
ideológicas de la época , tanto más si no se deja claro su papel esencial en la
"primer a ruptura" .72 La temática de huelgas y conflictos , de ideologías sindica-
les y políticas, de sindicatos, partidos y líderes obrer os, sabemos hoy sobr ada-
mente que no decide por sí mi sma si una historia es viej a o nueva, es la innova-
68 Las ohras principal es in glesas sobre movimientos y r evueltas soci ales fueron tr aduc id as al es pa-
ño l, en los años sete n ta y ochenta , por las edi tor iales Siglo XXI y Cr í tic a, sin que -hast a los años
no venta- hayan influido demasiado en la hi storiografía social es pañola .
69 Sobre su tardía r ecepción en Es paña, véase Ca rlos Barros, " His to r ia de las mentalidades: po sibi-
lidades ac t uales", Problemas actuales de la Historia, Salamanca, 1993, pp. 59 ss.
70 R evista de Occidente, núm. 12 , p . 40.
71 "Tuñó n de La r a , maestro y amigo de toda es ta ·gener ación , incluso de quienes di screpamos a
veces de sus planteamientos" , ídem, p . 20; vcáse la nota siguiente.
72 Cosa que, si n embargo, sí se hace, después, en Ma uuel P ér ez Ledesma , "Manuel Tuñón de Lara y
la hi storiografía del movimiento obrero", ¡Jf a/luel Tuiió/l de Lara. El compromiso CO/l la historia.
Su vida y su obra, Bilbao, 1993, pp . 204 ss.
~ V e t a s .. .1 número 2 Descubridora I 2 7
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ción de los enfoques - amén de la calidad de los r esultados- lo que más vale.P
Además, acaso no escribía el p ropio Tuñón, autocríticamente, en 1973 , que "el
enfoque episódico de la hist oria laboral (es decir, un contenido relativamente
nuevo y preciso , pero con métodos antiguos), en el que todos hemos incurrido en
mayor o menor escala, parece que est á en trance definitivo de super ar" .74 No ha
sido así , pero las culpas ser ía injusto car gárselas todas a Tuñón - como tampoco
los efec tos últimos de la renovac ión a los cit ados autores-, que tenía clara - no
er a ot r a su exper ienci a- l a necesidad de abrirse a nuevos métodos y temas para
13 Tesis 8 de " La hist oria que viene", Historia a debate, 1, 1995, pp. 104-105.
H Metodología de lahistoria social de España, Madrid, 1973, p. 91.
28 / Desdlbr1dora agos to de 1999 I ~ ' V e t a . s ...
,----------------------------
tratar la historia del movimiento obrero, como reconocen - y citan- sus pro-
pios críticos para afianzar sus planteamientos," y, en concreto, a la historia de
las mentalidades sociales .?" Cierto que si dejásemos de lado la historia del movi-
miento obrero," la cuestión cambia, entonces , la obra de Tuñón de Lara -y la
de los propios autores del artículo-, nos sería menos útil.
Lo tercero es criticar que los defensores de la "segunda ruptura" se hayan
concentrado justamente en la renovación temática y metodológica, y hayan de-
jado el paradigma subyacente incólume. Porque la debilidad de la historia social
de los años setenta está principalmente en el paradigma economicista , estruc-
turalista y obj etivista que la informó, la contradijo y la refrenó. Cuestionan los
autores el r educcionismo económico, pero nada dicen del corsé estructural y
obj etivista," lo cual concuerda con la conclusión final de nuestra crítica (de la
cr íti ca): se quiera o no se echó el niño por el agujero de la bañera junto con el
agua sucia. A pesar de la centralidad formalmente proclamada de las luchas
sociales , la ampliación temática y la emergencia social e ideológica de lo que -
años después- Ignacio Ramonet llamó pensamiento único, relegaron, en la dé-
cada de los ochenta, la investigación académica de los movimientos obreros,
conflictos, revueltas y revoluciones. 79 Esta tendencia objetiva del contexto socio-
político , esto es, la ola neoconservadora liderada por M. Thatcher y R. Reagan,
ha sido factor decisivo en el retroceso del suj eto social de la realidad y de las
investigaciones históricas . Ahora bien, faltó esa función crítica del historiador
insistiendo más en aquellos temas que, siendo pertinentes científicamente, po-
dían r esultar desfavorecidos por la coyuntura político-ideológica.
La necesidad de r enovación temática y metodológica manifestada en el
artículo de R evista de Occidente er a compar ti da, a principios de los años ochen-
75 Revista de Occidente, núm. 12, p. 38 .
76 Que ho y sigue est ando muy ausente de la hi storia eonte mpor ánea de los movimientos soci ales
pese a Tuñón , Álvarez J uneo y Pérez Ledesma ,
77 En ci erto sentido, así fu e, como se r econoee en Per e Ga hr iel, Josep Ll. Martín, "Clase obrera,
seetores populares y clases medias", La sociedad urbana en el España contemp oránea, Barcelona,
1994, pp. 134-135 .
7. A pesar de que, en 1981, se había publicado ilJiseria de la teoría y de que los autores habían
sahido id entificar una de sus consecue ncias más negativas: la infravaloración de los r esultados
hi st óricos de los eonflietos.
79 Afor tunadame nt e no del todo (véa nse la s notas).
~ V e t a s ...1 número 2 Descubridora / 29
ta, por una gran parte de los historiadores sociales .P" En el número 2/3 (1982)
de la r evista Debats se publica una mesa redonda sobre "Movimientos socia-
les" , aprovechando el primer encuentro de historiadores sociales en Valencia,
en 1981, con la participación de J . J. Castillo, J. Termes , P. Gabriel, J . Álvarez
Junco, S. Castillo, S. Juliá, C. Forcadell, M. Pérez Ledesma, J. A. Piqueras, A.
Bosch, J . Paniagua , M. Cerdá y S. Forner. Las conclusiones son parecidas a las
del trabajo anterior, se añaden líneas renovadoras como la historia oral y la
historia de las muj eres -aún hoy poco desarrolladas-, y se matiza bastante el
llamamiento a la ruptura del artículo de Álvarez Junco y Pérez Ledesma en el
sentido que venimos de anotar. Carlos Forcadell prefiere hablar de " segunda
r ecepción" de la historiográfia europea del movimiento obrero, considerando
que - en compar ación con Europa- la historia del movimiento obrero espa-
ñol era todavía débil: " incl uso r emitiéndonos al plano institucional , al estudio
de los partidos, de los grupos dirigentes". Santos Juliá a continuación insiste:
"como ejemplo de que aquí no se ha hecho historia institucional , recordemos
que no t enemos una historia del Partido Comunista como la que los italiano
ti enen [y seguimos sin t enerla]. Me da la impresión de que estamos apurando
una historia que no hemos hecho". 81
80 La s primeras er íticas fu eron tradicionales, en favor del empir ismo, y contr a el " sentimentalismo
obrer ista", Juan Pablo Fusi , " Algunas preocupaciones r ecie ntes sobre la hi storia del movimient o
obrero"; Revista de Occidente, núm. 123 , 1973, pp. 358-368 (también Política obrera en el País
Vasco. 1880-1923, Madrid, 1975); as imis mo contr a el moralismo, y el peso de los dirigentes y de
los ac ontecimic ntos, Josep Fontana, La historia, Barcelona , 1973, 1'1'.33 ss; se hizo ver la desaten-
ció n hacia el mo vimiento campesino y popular, J aurne Torras, Liberalismo y rebeldía campesina,
Barcel ona , 1976, pp. 9-11; Izard, "Or ígenes del movimiento uhrero en España" , Est udios
sobre historia de Espa/ia ( Homenaje a Tuñón de Lara), 1, Madrid, 1981, 1'1'.294-297; se dijo que
había que " haj a r del gr upúsculo a la clase social", J osep Termes , prólogo a F. Bonamusa, Andrés
Nin y el movimiento comunista en Espa ña(1930-1037) , Barcel ona, 1977 ; se propuso desideologizar
la hi st ori a del movimiento obrero y r eemplazarla por una hi storia de la s industrial relations, Igna-
cio Olábarri, Relaciones laborales en Vizcaya (1890-1936), Durango, 1978; "Las relaciones de
trabajo en la Es paña contempo ránea: hi storiografía' y perspectivas de investigación" , Anales de
Historia Contemporánea, núm. 5, Murcia, 1986; y, por último, se ofreci eron alternativas teórica s
r evisi onist as al mar xi smo clásico: Santos Juli á, " Mar x y la clase obrera de la r evoluci ón industrial",
En Teoría, núm. 8/9, 1981-1982 , pp. 99-135; Ludolfo Pnrumio, " Por una interpretaci ón r evisionista
de la hi st oria del movimiento obrero europeo", ídem, pp. 137-183.
8\ Debats, núm. 2/3 , p. 96 .
3 O / Descubridora
111.... _
agosto de 1999 I ...
--..-
Se hacen en esta reunión otras proposiciones interesantes : la edición de
una r evista i'" la elab or a ción de modelos propios de investigaci ón.P la necesi-
dad de una so ciología del historiador "analizando la clase social de la que
procede, la ideología en que se ha formado , y, lo que sería más complicado, a
qui én ha servido es t a historia",84 argumenta Álvarez Junco, el cu al, más ade-
lante , r econoce sincer a y proféticamente que " nosot r os, urbanos, clase media
intel ectual , que queremos el poder y es t amos rivalizando con otros que lo tie-
nen en este momento".85
Santiago Castillo se queja en Valencia de que la mayoría de los que est án
allí " tie nen que trabajar en una cos a que no tiene nada que ver con la investiga-
ción histórica, dedicando su tiempo libre a este tipo de estudios. Además dedi-
cando parte de los pocos ingresos es t ables a fichas, folios, fotocopias .. ." .86Bue-
no, haber investigado y r enovado la historia en esas condiciones es todo un ejemplo
para las nuevas generaciones , que desde luego lo tienen más dificil .I" Así y todo,
la mayoría de los participantes en la reunión de Debats eran, todavía, profesores
adjuntos de universidad. i" Añadimos " t odavía" porque, en aquel momento, buena
par te de los nuevos historiadores de la economía y la socied ad, en las áreas de
conocimient o histórico más tradicionales, y de la mi sma generación, habían lo-
gr ado ya la "consolidación funcional" ,89 algunos incluso la cátedr a . La verdad
es que se r contempor aneíst a y mar xi sta no fa cilitaba las cos as, de entr ada, en la
82 Que se rá , seis a ños después , Ilistoria Social, como r ecuerda la presentación del primer número
( 1988) .
83 Se en tie nden aún menos las r eticencias posteriores de Historia Social a puhlicar r efl exiones teó-
r icas o hi storiográficas de uutores es pañoles (véase la nota)
SI La ve r dad es que a los hi storiadores no s turba en exceso que sean conocidos púhlieamente nues-
tros co ndicionamien tos sociales, ideológicos y políticos, cl aves esenciales pa r a la interpret aci ón de
nuestro t r abaj o de investigaci ón, Debats, núm. 2/3, p. 120; el mejor ejemplo internaci onal , en
se ntido co nt r ar io , Ess ais d 'ego-Iustoire, París, 1987; Santos Juli á sigue insi stiendo en lo interesante
que se r ía una sociología del historiador en " La hi st oria social y la hi storiografía es paño la", Ayer,
núm. 10, 1993, p. 46.
85 Debats , núm. 2/3, p . 132.
8', ídem, p. 100.
87 Un muestra de sus opin iones es la comu nicac ión de la Escuela Libre de Historiadores de Sevill a
en el Co ngreso de Sa ntiago: "La uni versidad más de la instituci ón. La hi st oria más allá de la
univer sidad" , His toria a debate, 111, 1995, pp. 257-264.
88 Debats, núm. 2/3, pp. 134-135.
8. Tér mi no empleado en el editor ial del n úm. 1 de Historia Social para r eferirse de nuevo a la
sit uación que tenían en sus or íge nes los promot ores de la r evi st a.
...1 númer o 2 DescubrIdora I 3 1
universidad española de los años setenta." El viraje dado, en este aspecto, en la
década siguiente, gracias a la r enovación historiográfica y a la transición, al
acceso al poder del PSOE y a la consolidación de la democracia, dentro y fuera de
la universidad, fue tan espectacular que ahora estamos obligados a rectificar:
llevando el péndulo a una posición más centrada'" y ayudando en el relevo
generacional.
La coyu nt ur a política es, en efecto, vital para comprender el giro historio-
gr áfico y académico focalizado en el año 1982. No es casual que la primera gran
victoria electoral por mayoría absoluta del PSOE, que tres años antes abandonara
el marxismoi'" tenga lugar este mismo año de 1982. No se trata tanto de una
influencia directa , pues el cambio historiográfico que estamos analizando es
anterior al cambio elect or al favorable a la izquierda, como del hecho de que
ambos acont ecimientos, de car acter ísticas manifiestamente distintas , compar-
ten una mi sma coyunt ur a intelectual y mental. La historia es hija de su ti empo,
y sufre, como todas las ciencias humanas y sociales , los cambios "climatológi-
cos", especialmente en un terreno tan sensible como la historia del movimiento
obrer o y de los conflictos sociales, que fue, en un principio, " una forma de
militancia antifranquista" .93
En 1982 se consolida, por lo tanto, el cambio de hegemonía en el campo
político-social , y también cultur al, de la s izquierdas, del PCE al PSOE , 94 de las
luchas sociales de los años setent a a las luchas elect or ales de los ochenta. Antes
ya se había producido la frustración (pactos oposición antifranquista/reformistas
90 La dedicaci ón a la militancia política , y la r epresi ón de la di ctadura, difi cultó la car rer a académi-
ca - y en el mej or de los cas os la r ctrasó- de aquell os universitarios de los años sesen ta y setenta
más consecue n tes con su compromiso político y moral: el paradigma singula r, aún perteneciendo a
la gene r aci ón an ter ior, es, ot r a vez , Manuel Tuñón de Lara y su tar día in corporación a la univer si-
dad.
• 1 No sólo r eorientando la investigaci ón, t ambién r eequilibrando, en la universid ad y más aún en la
enseñanza media , la atenció n concedida a la s diversas edades cr onológicas para contrarrestar los
efectos negati vos de la primacía del contempor ane ísmo; es valioso el esfuer zo que se trasluce, en
es te sentirlo, en el lib r o: Manuel Pércz Ledesma, Esta bilidad y conflict o social . Espaiia, de los
iberos al l4-D, Ma dr id, 1990 .
• 2J osé Antonio Piquer as, "El abuso del mét odo, un asalto a la teoría" , La historia social en España.
Act ualida d y p ersp ectivas, Ma drid, 1991 , p. 99 .
93 Miqucl Izard, "Or ígenes del movimi ento obrero en España" , lococit .
94 Es entonces cuando el término socia lde móc rata r ecobra cier to prestigio (vé ase la nota ), para ser,
pasando el ti empo, motivo de añoranza .
3 2 I DesdJbr1ClPI'a agosto de 1999 I ~ ' V e t a . s ...
9SNo mucho más que entre los militantes del hegemónico PCE, a pesar de su política "reformista"
y " r evisionista" , según las acusaciones típicas de los "izquierdistas" universitarios de los años se-
tenta.
9· Con la claridad que les caracteriza, Álvarez Junco y Pérez Ledesma terminan su artículo así: "Ser
infieles a nuestra juventud parece, en este ca so al menos, una buena r ecomendación intelectual",
Revista de Occidente, núm. 12, p. 41.
franquistas) de los impulsos revolucionarios nacidos en la universidad de los
años sesenta y setenta, y la casi desaparición de una serie de partidos (PTE, ORT,
MCE, LCR• . •) que tuvieron gran influencia entre los estudiantes universitarios y
cultivaban un marxismo clásico con buenas dosis de esquematismo y dogma-
tismo, paradójicamente tanto estructuralista como voluntarista." El fin de la
transición conlleva la desaparición paulatina de la escena política de unos movi-
mientos sociales -el movimiento obrero se institucionaliza, el movimiento estu-
diantil se eclipsa-, que cuando reaparecen, fugazmente, será para confrontarse
justamente con la política laboral, económica y educativa de los gobiernos socia-
listas. Todas estas "frustraciones", lo que se llamó "el desencanto", la necesidad
para algunos de "volver a empezar" profesionalmente, la "reconversión" ideoló-
gica de casi todos, acabó en los años ochenta con el compromiso político del
intelectual (el canto del cisne fue , sin lugar a dudas, el referendum sobre la OTAN
de 1986) y coadyuvó a desideologizar
las líneas de investigación académica
más cercanas al marxismo proponien-
do estas "segundas rupturas". 96 Para-
dójicamente la moderación política e
ideológica no acabó con el "frente-
populismo", anacrónico en el contexto
político y universitario posterior a la
transición, pero continuamente alimen-
tado por las luchas de bandos por el
poder académico y electoral, tenden-
cialmente bipartidistas ("rojos" y "azu-
les", y últimamente "nacionalistas" y
" antinacionalistas" ).
En el contexto del regreso en los años noventa del interés por la historia
de los conflictos sociales, fue retomado con fuerza el giro historiográfico de 1982
~ ~ e t a s ...1 número 2
en diversas oc as iones,"? y r eevaluado, por sus promotores -y por otros colegas
, . , 1 1 98 " olvid d " 99 t ti d .
mas Jovenes- r ep a n tea nc o u o VI an o argumen os , con muan o y 1 e-
const r uyendo el discurso r enovador, y/o r eaccionado con tr a él, tratando, en r e-
sumid as cuent as, de orientarse en est a década y media ca r acter izada historio-
er áficarnent e por la honda crisis del p aradigma común de la p osguerra -donde
o .
hay que insertar nuest r o debate sobre la historia del movimiento obrer o-, por
la fragmentaci ón galop an te de objetos y enfoques, por el crecimient o desordena-
do de nuestra di sciplina, por el r etorno de los géner os tradicionales, por la emer -
gencia de candidat os a nuevos paradigmas .. ,
97 Manuel Pérez Ledesma, " His tor ia del movimiento obrero. Viej as fu entes , nueva medotología " ,
St udia Histórica, vol. VI- VII , 1990; Guiller mo A. Pérez Sá nchez , "Una manera de hacer hi st oria
socia l o la confir mación de un nuevo enfoque" , La lust oria social en Espolia . Act ualidad y p erspec-
tivas, Madr id , 199 1; J osé An tonio Piquer as , "El ahuso del método, un asalto a la teoi -ía", La histo-
ria social en España. Actualid ad y p ersp ecti vas, Ma d r id , 1991; J ulián Casanova, La lustoria social
y los hist oria dores, Barcelona, 1991 ; Ángeles Barrio , " A propósito de la hist ori a soc ial del movi-
mi ento obrero y los sindicatos", Doce estudios de lustoriograjia contemporánea, Sa nt ander, 1991;
Car los Forcadell , "Sobre desi er tos y secano s . Los movimientos sociales en la hi st oriografía es pa ño-
la" , Historia Coutemporánea , núm. 7, 1992; Santos Juli á, " La hi storia social y la hi storiografía
española", Ayer , núm. 10, 1993; Manuel Pérez Ledesma , " Ma n uel Tu ñón de Lara y la hi storiogr a-
fía del movimiento obrero"; ,J/ anuel 1ilñón de Lora. El comp romiso C01I la lustoria. Su vida y su
obra, Bilbao, 1993; "Cuando ll eguen los dí as de la cóle r a' (Mo vimie nt os soc iales, teoría e hist o-
r ia)" , Zona Abierta , núm. 69, 199'1 (también en Problemas -actuales de la historia, Sala ma nca,
1993); Pere Gahriel , J osep LI. Martín, "Clase ob r era , secto res populares y clases medias" , La socie-
dad urbana en el Esp aña contempordnea, Barcel ona, 1994; J osé Ál varez J unco, " Mo vi mientos
socia les en España: del model o tradi ci onal a la modernidad posfranquist a", Los nuevos movimien-
t os sociales. De la ideología a la identidad, Madrid, 1994; " Aportaciones r ecient es de las ciencias
sociales al es t udio de los movimientos sociales", Historia a debate, IIl , Santiago, 1995; P ere Ga-
hr iel, "A vueltas y r evueltas con la hi st ori a soc ia l obrera en España" , Hist oria Social, núm. 22,
1995, pp. 43-53; Car los Gil Andrés, " P rotes ta popul ar y movimient os sociales en la Restaur aci ón" ,
Historia Social, núm. 23, 1995, p . 123.
98 Se r eformula la propuest a d e 1982 sob r e la hist oria d el movi mien t o obr ero, a mpliando
sugerente me nte su temática , a prendiendo de medievali stas y modernista s , pero se sigue dej ando
fuera de la i nvestigación la s huelgas' y los conflic tos, vi sti endo un sa nt o para desvestir otro: p rimer
círculo, organizaciones obreras y di r igentes; segundo círculo, afiliados y sus condiciones de vi da y
trabajo; tercer cí r culo, vida cotidia na y mentalidades de los ob reros "conscie ntes" ; y cuar to cír cul o,
mentalidades y condiciones de vida y trabaj o de los trabajadores en gener al, Manuel Pér ez Ledesma ,
"Histo r ia del movi mien to ohrero. Viej as fuentes, nueva metodol ogía " , St udia Histórica , vol. VI-
VII, 1990, p p . 12-13.
" No compar to la idea de Santos Juliá (Ayer, núm. 10, pp. 39-40) Yotros, de q ue los hist oriador es
sociales de los años sesen ta y seten ta no eran, en el mét od o y la teoría, ma rxi stas: los más impor tan-
tes si lo fuer on. y en tre ellos es t án por supuesto los prot ago nis t as del auge de la hi storia de conflic-
tos sociales, que est amos citando en es te trabajo.
agoste de 1999 I ~ ' V e t a s ...
100 Carlos Gil, op. cit., p. 122 .
101 Pere Gabriel, J osep Ll. Martín, " Clase obrera, sect ores populares y clases medias" , La sociedad
urbana en el España contemporánea, Barcelona , 199, pp. 134-135.
102 Per e Gabr iel, "A vueltas y r evueltas con la hi st oria social obrera en España" , Historia Social,
núm. 22 , 1995, p. 45 .
103 Car los Forcadell , op. cit. , p. 111 .
lll-l José Ant onio Piqueras , , op . cit. ; p. 88.
105 Nos quej amos co ns ta nteme n te de la falta de· " escuelas" en la hi storiografía es p añ ola y
minusvaloramos fenómenos originales y autóctonos como Vicens Vives , Tuñón de Lara y el grupo
de j óvenes hi storiadores soci ales del 82 (c on notabl es diferenci as internas, pero no menos
concomitanci as y acciones conj unt as ).
106 J osé Álvarez Junco , , op . cit . , p. 101.
El balance del movimiento renovador de los años ochenta es considerado
negativamente por la mayoría de los autores que han vuelto sobre ello, entre
1990 y 1995. Ángeles Barrio habla de escasa fecundidad; Carlos Gil, citando a
la anterior, ent re otros, de que "los frutos de la ruptura no parecen haber alcan-
zado la altura de las expectativas cr eadas " ; "? Pere Gabriel reconoce que "pasa-
da ya más de una decena de años, no puede decirse que ese empujón del péndulo
hacia el otro lado haya producido resultados mejores";'?' que " no hemos hecho
gran cosa", y condena el "cliché reduccionista" con que se enjuició la historia
social 1959-1982;102 Carlos Forcadell , que ya había hecho notar sus matices
críticos en Valencia, insiste: "está muy extendida la sensación de que los frutos
de los manifiestos metodológicos del 82 , aun exi stiendo, van por detrás de las
exigencias que planteaban' t.!" José Antonio Piqueras se interroga sobre cómo se
hace la historia social en España y arremete en su respuesta contra " la entroni-
zación del empir ismo y la 'desteorización' de la práctica histórica";I04 José Álvarez
Junco , en el 1 Congreso Internacional Historia a Debate, es el más claro y
autocrítico, acepta el (relativo) fracaso del movimiento renovador'!" y pone el
dedo en la llaga: " la rutina o la carencia de modelo alternativo con similar capa-
cidad de explicación global hace del tratamiento historiográfico de los movi-
mientos sociales en España siga proclamando su fidelidad a ese modelo [el para-
digma heredado]".106
Hay mucho de verdad en esta crítica-autocrítica de uno de los firmantes
del artículo de Revista de Occidente, los viej os paradigmas -yla nueva historia
que ll egó a España en los años ses enta y setenta es ahora ya, la vida no perdona,
un viej o paradigma- siguen vigentes mi entras la comunidad de historiadores
no los sustit uye plenamente mediante el consenso. Pero se sigue, en nuestra opi-
~ ' V e t a s ...1 número 2 Descubridora / 3 5
nión, planteando mal el problema . Si los historiadores sociales no aceptaron,
hasta hoy, reemplazar netamente la historia del movimiento obrero por la histo-
ria de los movimientos sociales, si no se supo elaborar un paradigma alternativo
global, es, en nuestra opinión y resumiendo, porque se cometieron algunos "erro-
rcs": a) favorecer, voluntaria y/o involuntariamente, el abandono de una histo-
ria de la historia del movimiento obrero,107 imprescindible para una historia de
los movimientos sociales que se precie, que, al ser negado en la práctica el pri-
mer impulso renovador de Tuñón de Lara y los Coloquios de Pau, tiende a vol-
ver por sus fueros verdaderamente tradicionales; b) dejar fuera de la crítica la
di storsión estructuralista, objetivista y cientifista, del paradigma común de los
hi storiadores del siglo xx , neutralizando así los esfuerzos propugnados para ven-
cer al economicismo, para innovar temática y metodológicamente, para conser-
var el interés por los actores sociales; e) desconectar el debate sobre historia del
movimiento obrero y de los movimientos sociales del debate historiográfico ge-
neral -en cambio que se atiende mejor el debate de la sociología-, más allá de
los historiadores contemporaneístas, toda vez que no pocos de los problemas
sus citados sólo pueden t ener solución si se sale del estrecho marco de los histo-
riadores sociales de los siglos XIX y XX; d) olvidar la historia global, error com-
partido con casi toda la historiografía occidental de las últimas décadas , y de
al guna forma justificado por el est r epitoso fracaso de la historia "total" , concre-
tamente de la lectura estr uc tur alist a y determinista que se hizo de este concepto
historiográfico fundamental; e) haber considerado críticamente el contexto polí-
tico que ha informado la "primera ruptura" (una historia repensada por la ge-
neración del 68 " de forma apresurada, semi-clandestina y con una utilidad en
gran medida política" lOS), y no haber hecho lo mismo con las condiciones políti-
101 El actual florecimiento de la hi storia del movimiento obrero desmiente la id ea de que se trataba
de una temáti ca agotada, a principios de los años ochenta, de que es ta ha la " misión cumplida"
como ha r ecordado Manuel Pérez Ledesma r ecientemente, " Manue l Tuñón de Lara y la historiogra-
fia del movimiento ohrero", p . 21l.
108 Revista de Occidente, núm. 2/3, p. 41; se denuncia, por lo demás, en tono francamente
" frente populista" , el "conte nido má s políti co" de la "ofensiva" de Oláharri y Vázquez de Prada en
fa vor de " substituir el concept o de 'movimiento obrero' por la forma más neutra de 'relaciones
luh orules" (ídem, p. 21) que, a fin de cue nt as , tampoco estaba tan di stante de la propuesta, tarn-
hi én a la ofens iva -icómo debe ser !- de nuestros autores, asimismo con pretensiones de neutra-
lid ad: "¿No habría que pensar una segunda ruptur a , or ientada ahora fundamentalmente por pre-
ocupaciones cie ntíficas?" (ídem, p . 41) .
3 6 I DesóJbr1dOI'a
agos to de 1999 I ~ - V e t a s ...
cas, ideol ógica s y de mentalidad que coadyuvaron y alimentar on el giro del 82 , 109
y su posterior in cidencia en la historia social de los años ochenta , sin lo cual no
se comp ren de su rela t ivo fraca so .
lIu
En fin ,
ill áb 1 1 b " " ent recom a amos antes a pa a ra er rores pOI'-
que, hacia 1982 , año de gr andes ilusiones r eno-
vado r as, esto es, después del golpe del 23- F (198 1)
y de la toma de Valencia por parte de Mil áns del
Bosch , no er a fá cil preveer el a p ogeo de la
posmodernidad historiográfi ca J11 o la vuelta de la
hi storia tradicional , la caída del muro de Berlín o
la negati va evolución política nacionalr!" y por-
que, en todo cas o, es así , aprendiendo del pasado,
como podemos elabo r ar propuest as más atinadas
para el futuro (inmediato) .
E L R E TOR N O D E L O S AÑ OS NOVENT A
Aunque en los años ochenta el interés de la historia en general , y de la historia
social en particula r, por los conflictos, las r evueltas y los movimi entos sociales ,
disminuyó notablemente, ello no quiere decir que no se continuasen publicando
obras de investigación, al gunas muy interesantes , en hi st oria medieval. lP mo-
derna!" y historia contempor ánea , 115 como estela del empuje anterior y/o po r la
l OO No es el caso de Pique r as, véase la nota.
110 El mej or antí doto frente a las mayoritarias evaluaciones autoc rí ticas , son los bal ances favora-
bles, que r eflejan igualmente la r ea lidad: Manuel Pér ez Led esma, "Manuel Tuñón de Lara y la
histori ogr afía del movimiento obre ro", p. 214; Santos Juli á, "La hi st ori a social y la hist or iogr afí a
española" , p. 40; Guillen no A. Pérez Sá nc hez , "Una maneru de ha cer hi st oria social o la confi rma-
ción de un nuevo enfoque" ; pp. 429-43l.
111 Uno de cuyos expone ntes má s lúcidos -la propuesta tiene sus cosas buenas y mal as- es Santos
.luliá , " ¿La hi st ori a en crisis?", Historia a debate, I , Santi ago , 1995, pp. 143-145.
112 Otan, Files a, Cal , Roldán, Rubio ...
113 J osé María Monsa lvo Antón, Teoría)' evolucióu de un conflicto social. El antisemitismo en la
Corona de Castilla en la Baja EdadJlIedia , Madricl, 1985; J avier Or tiz Real, Cantabria en el siglo
X v. Aproximacián al estudio de los conflictos sociales, Sa ntander, 1985.
1" Eu la lia Duran, Les germallies als cat alans, Ba r celona, 1982; Martín Almagro, Las alte-
raciones de Teruel, Albarracin )' sus comunidades en defensa de sus f ueros durante el siglo XVI,
Teruel, 1984; J . Vidal Pla , Guerra del segadors i crisi social. Els exiliatis Filipistes (1640-1652) ,
Barcelona, 1984; P. Álva rez Frutos , La reoolucidn comunera en tierras de Sego via , Segovia , 1988.
115 Véase la nota.
2 Desd-lbr1dOJ'a I 3 7
deci sión de al gunos hi storiadores que, más allá de la " moda" 116, sigui eron
- seguimos- considerando de sumo interés historiográfico el estudio de la
parte más dinámica de la hi stóri ca. Predominan los artículos117 sobre los libros
-frutos acostumbrados de tesis de licenciatura y doctorado que escasean sobre
estos temas en los años ochenta- y, en general, los trabajos de hi storia local , en
consonancia con la creciente marginación del ámbito español, 118 y de la' hi storia
de España, 119 en las investi gaciones académi cas.
El punto de infl exión tendrá lugar entre finales de los años ochenta y
principi os de los noventa, y los primeros artífices - y a la vez síntomas- de este
nuevo auge de la hist ori a de los conflictos sociales - y del movimiento obrero-
serán, principalmente, una serie de congresos , jornadas y seminarios, qu e tien-
den a adopta r un carácter interhistóri co al participar historiadores de diferentes
áreas de conocimiento hi st óri co. Los congresos son ciertamente las actividades
académicas que, por su inmedi atez y carácter colectivo, mejor reflejan las co-
yunturas historiográficas.
Los tomos VII y VIII del I Congreso de Historia de Castilla-La Mancha
(Toledo, 1988) están dedicados a Confl ictos sociales y evolución económica en
116 El debate ejemplar que tuvi eron los hi st oriadores de! movimiento ob rero, hacia 1982, no se
correspondió con otros pareci dos en t re medievalistas o entre modernistas , y menos aún tuvieron
lu gar debates conj untos, no obs tan te la evolución de la temática fu e bast ante parecida , lo cual nos
conduce a do s conclusiones : la importanci a de los fa ctores condicionan tes exte r nos , y la urgencia en
r eforzar la sociabilidad horizontal , la convergencia entre especiali dades hi stórica s y la intervención
colectiva de la comunidad de his toriadores en su propio destino, incluso a a contracorrientc de la
evo lnción política.
1I7 Por ejemplo, en hi st oria medieval : J . P érez-Emhid, "Violenci as y lu chas campesinas en el marco
de los dominios cis te rciense castellanos y leoneses de la Edad Media " , El p asado histórico de Cas-
tilla y León , 1, Burgos, 1984 , pp. 161-1 78 ; Reyna Pastor, "Consens o y viole ncia en el ca mpesinado
. medieval " , En la España medieval. Estudios en memoria del p rofesor D. Claudia Sánchez Alhor-
noz; 11 , Madr id , 1986, pp. 731-742; Ma r ía del Pilar Gil García, " Conflict os sociales y oposición
étnica: la comunidad mndéj ar de Crevillen te , 1420", 11/ Simposio Internacional de ,' f udéj arismo,
Te r ue!, 1986, pp. 305-312; J . Portell a , A. Sanz, " Reacción senyor ia l i r esi st encia pagesa al domini
de la ca te dr al de Gi rona (segle XVIII), Recerques, núm. 7, 1986, pp. 141-1 51 ; artículos de José
Ma ría Mínguez, J osep María Salrac h, Eva Serra y Tomas de Mo nt agu t en e! dossier sobre revuelt as
campesi nas de L'Avenf, núm. 93, 1986; Mcrcé Aventin , Josep M. Salrach, " Le r ol e de la monurchie
dans les r évoltes paysannes de la péninsule ib érique (XIV-XVe siécles)", Révolte et Societé, 1, París,
1988 , pp. 62-7 1.
118 Juan P ro Rui z, "Sobre e! ámbito territorial de los estudios de historia" , Historia a debate, 111 ,
Sa n tiago, 1995, pp, 59-66.
119 Carlos Ba rros , " I nacabada t r ansici ón de la hist oriogr afía español a", Bullet in d'Histoire
Contemporaine de !'Espagne, núm. 24, Bordeaux, 1996, pp. 481-486.
3 8 I DesdJbr1dOIlJ.
agoste de 1999 I ~ ' V e t a . s ...
la Edad Moderlla, aunque el con tenido no se cor responde bien con el título,
problema que t endrán otros organizadores de congresos ante la falta de hábito
de los historiadores de tratar, durante los ochenta , di cha temática conflictiva .
En 1989 se r ealiza , en el marco de los cursos de verano de El Escorial , el
semina r io Reooluciones y alzamientos en la España de Felipe 11(Valladolid , 1992),
donde, de nuevo, no todas las con t r ib uciones r esponden al título, lo que ya no
suceder á con las reuniones de hi storiadores que vienen a continuación, sobre
todo con las comunicaciones libres a los congresos . Conmemorando el bicente-
nario de la r evolución francesa, se inauguran, es te mi smo año de 1989, la se r ie
de Jornadas de Estudios Históricos, organizadas anualmente por el Departa-
mento de Historia Medieval , Moderna y Contemporánea de Salamanca, con un
ciclo de confe r encias sobre Revueltas y reuoluciones en la historia (Salamanca ,
1990) . Con todo, el primer gran congreso en que se manifiesta abiertamente la
vu elta de los conflictos es el organizado por al Institución " Fer nando el Católi-
co" en Zaragoza, asimismo en 1989, sobre Seiiorio y feudalismo en la Peninsula
Ibérica (Zaragoza, 1993).
. En 1990 , son cua tro las r euniones a cadémicas s ob r e revueltas y
conflictivid ad social : un curso de verano de la Universidad Complutense en El
Escor ial sobre Resistencias hispánicas al imperio: comuneros, agermanados y
erasmistas; un se minar io de la UII\IP en Cuenca sobre Asociacionismo y conflict o
agrario en España (ss. XVIII -XIX-XX) ; Yel i Congreso de la Asociación de Historia
Social , también en Zaragoza, sobre La historia social en Espasia: actualidady
p erspectivas (Madr id , 1991) , con cont r ib uciones mayormente de historiadores
cont emporaneís t as .P" Habría que añadir, es t e mismo año, dentro de los " Gr an-
des Temas" del 17 Congreso Internacional de Ci encias Histór-icas celebr ado en
Ma dr id , las comunicaciones de Gonzalo Bueno, Julián Casanova y Julio Ar óstegui
sob re Reuoluciones y reformas: su influencia sobre la historia de la sociedad.
En 1993 , Ignacio Olábarri y Vale ntín Vázquez de Prada organizan, en
P amplona , las V Conve rsaci ones Internacionales de Historia, Para comp render
el cambio social. Enfoques teóricos y p erspectivas historiográficas (Pamplona ,
1997) , con la intenci ón explícit a, dicen en el prólogo, de " resucit ar una de las
gr andes preguntas de la historiografía de mediados de siglo -la explicaci ón del
12. Ram ón del Rí o, J oseha de la Torre, Pedro Car usa, María José La calzuda y Miquel Izard.
~ V e t a . s ...1 número 2
cambio social-, sabiendo que no disponemos de ' ismo' alguno que ofrezca una
r espuesta a la cuestión" , a fin de poder hacer frente al posmodernismo extremo
volviendo " a las metodologías 'socio-científicas ' de probada fecundidad en nuestro
. 1 "
Slg o .
En 1995 se llevaron a cabo dos congresos y un seminario importantes: el
vu Congreso de Historia Agr ar ia en Baeza, organizado por el Seminario de His-
toria Agr ar ia, sobre la conflic tividad rural en la Edad Media, Moderna y Con-
temporánea (publicado en Noticiario de Historia Ag raria, números 12 y 13,
1996 Y 1997); el u Congreso de la Aso ciación de Historia Social, en Córdoba,
sobre El trabajo a través de la historia (Madr id, 1996) , con una parte importan-
te de las comunicaciones dedicada a la historia del movimiento obrero y la
conflic tividad social .!" y el seminar io de la UI MP de Valencia sobr e Conflictividad
)' represión en la sociedad moderna, publicado en el número 22 (1996) de la
r evista Estudis. Revista de historia moderna, fruto de un proyecto de investiga-
ción (1992- 1995) sobre La dimensión conflictiva de la sociedad valenciana
moderna.
Por último, en 1997, en Vitoria, el III Congreso de nuestra Asociación de
Histor ia Social, sobre Estado, p rotesta)' movimientos sociales, que nos obligó a
r eflexionar sobre los precede ntes, la sit uación actual y las perspectivas de nues-
t r o campo de investigación que, par a bas tantes colegas, pertenecía a una histo-
riografía, la de los años sesenta y setent a, que jamás volver á, lo cual en rigor es
cier to, y además ni siquiera es deseable, cuestión aparte es que sus obj etos de
investigación siguen ahí, son incluso imprescindibles para que la historia dej e
atrás la presente crisis paradigmática y entre con fuerza en el nuevo milenio.
En cuanto a r evistas, la palma se la ll eva, naturalmente, Historia Social
de Valencia que, así y todo, ha dedicado cinco dossiers a la historia del movi-
miento obrero, los confli ct os y las r evueltas sociales : número 1, 1988, " Anar-
quis mo y sindicalismo"; número 5, 1989, "Huelgas"; número 15, 1993, " Est a-
do y acción colectiva"; número 17, 1994, " Confli cti vidad obrera y conduct a
social" ; números 20 y 22, 1994 y 1995 , "Debates de historia social de España"
(con artículos sobre conflictos y revueltas, r evolución y " lucha de clases" de R.
t:1 Ángel Rodríguez . David Ruiz, Juanj o Romero, Frances-A. 1\'1ar tínez, Ca r los Sola, Mer ced es Gutié-
rrez, Carlos Gil, Antonio Barragán, Án gel Smith, Car los Hermida, Roque Moreno, José Goméz,
Car me Molinero, Per e Ysás y Ramón Ga rcía.
agosto de 1999 I iSl 'Vetas...
García Cárcel, M. Chust, J. Casanova y P. Gabriel) . 122 Resulta paradójico que los
dos historiadores sociales, Santos Juliá y Carlos ForcadelI, que, en el encuent r o
valenciano de 1981, fueron más r eticentes a la " segunda ruptura" , defendiendo
"que estamos apurando una historia que no hemos hecho", esto es, del movi-
miento obrero, los partidos obreros, sus grupos dirigentes, 123 infravaloren ahora
como "historia social clásica", sin entrar para nada a analizar si sus enfoques
son tradicionales o renovados , los notables dossiers de Historia Social sobre
movimientos, conflictos y revueltas sociales. 124 Para nosotros, porfiamos , no son
los objetos -los necesitamos todos- quienes definen la validez de una investi-
gación histórica, sino sus métodos y sus resultados.J" Internacionalmente está
ya agotada la vía de renovar la historia cambiando o ampliando solamente la
temática, descubriendo nuevos objetos , ahora toca innovar de la manera más
difícil y también más decisiva : mediante el método, la historiografía y la teoría.
Nos vamos a encontrar con temas viejos tratados de manera nueva o con temas
nuevos tratados de forma vieja: qué cada barco se agarre a su vela.
Otras revistas se han preocupado por descontado, últimamente, por el
sujeto social y su historia. Los números 3 y 4, ambos del año 1990, de Historia
Contemporánea (r evist a dirigida por Tuñón de Lara), que tratan monográfica y
r espectivamente de Movilización obrera entre dos siglos, 1890-1910 y Cambios
sociales y modernización. El número 4 de Ayer, de 1991, dedicado a La huelga
general por considerarlo " un tema de actualidad. Su proclamación en la Federa-
ción Rusa , en agosto de 1991; en Italia, Gaza-Cisjordania y Asturias en octubre
o en la República de Sudáfrica en noviembre, son ej emplos contemporáneos" .
Los números 56 (1991) Y 69 ( 1994) de Zona Abierta, consagrados , r espec-
tivamente , a Fluctuaciones económicas y ciclos de conflicto y a Movimientos
sociales, acción e identidad; la introducción al número 69, subtitulada " algunas
viejas razones" , se enfrenta a los que "se unen para cer tificar la muerte de los
movimientos sociales" y se posiciona por un " concepto de ' movimient o social'
sin adj etivos" de " nuevo" o " viej o" que hay que r edefinir. Están, además ,
122 Además se pueden encont r a r artícnlos suelt os sobre confli ctos sociales en los números 2, 3, 8,13,
14 Y16.
123 Debats, núm. 2/3, p . 96.
124 Ca r los Fo rcade ll , "Sobre desiertos y seca nos . Los movimientos sociales en la hi st oriografía espa-
ñola" , Historia Contemporánea , núm. 7, 1992, p. 113; Santos Juliá, " La hi stori a social y la hi sto-
riogr afía española" , Ayer , núm. lO, 1993, p. 44.
125 Tesis 8 de "La hist oria que viene", Historia a debate, 1, 1995.
=iS::'VetaB.../ número 2
los números 12 (1996) Y 13 (1997) de Noticiario de Historia Agraria, y el nú-
mero 22 (1996) de Estudis, donde se han publicado las actas de congresos y
seminar ios de los que ya hemos hablado,
En cuant o a libros t enemos algunas novedades " fin de siglo" que avalan
el nuevo impulso que est á r ecibiendo la hi storia de conflictos y revueltas.P" de
manos sobre todo de la nueva generación.P" si bien pensamos que -si 'n uest r os
datos y hipótesis son atinados- habrá en el futuro avance s mayores porque los
" des poblados" son numerosos y extensos, pensemos sino en las grandes r evuel-
t as, ¿no es acaso cier t o que es tán por hacer investigaciones monográficas que
apliquen la s nuevas metodologías al es tudio de r evueltas tan importantes como
los r emensas, la s ger manías , las comunidades, o las insur-recciones campesin as,
obr er as y populares oontempor-á neas .v . ? Tal ha sido mi exper ien cia personal: he
12" i\l crcce cspecial mcnción la obra de Manuel Pércz Led esma , Estabilidad), conflicto social. Espa ña,
de los iberos a114-D, Madrid, 1990, 'Iue incorpora la triple novedad de su ca r ácte r interhist órico-
para nad a habit ual ent re los con temporaneístas, como' sa bemos-s-, de su á mbito español y de su
intcnción sintética ; anota r igualmente las siguientes: Revolts .populars cont ra el poder de I 'Estat,
Bar celona, 1992; Emilio Cabrera , Andrés Moros, Fuenteouejuna. La uiolencia antiseiiorial en el siglo
XV, Barcel ona, 1991; Salvado r Ma rtínez , La rebelidn de los burg os, Madrid, 1992; Juan Díaz Pinta-
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López-Sa lazar. JI/esta, pastos yconflictos en el Campo de Calatraua (s . XVI), Madr id , 1987; Rebelióll
)' resistencia en el mundo lit'spáflico del siglo XV1I, Lovainn, 1992 ; M. Or tega Lópe z, COI¡/licto ),
cantinuid ad en la sociedad rural esp añola del siglo X V1I1, Madr id , 1993; J, Oli va r es , Comunirots
rurals i Reial Audieflcia 1600-1658. Ap ortació a una teoria de la conflictiuit at social en elftudalisme
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1875-1931) , Valladnlid, 1996; Ángeles González, Utop ífl)' realidad. Anarquismo, anarcosindicalismo
)' orglllli::flciofles obreras, 1900-1923, Sevill a, 1996; Pilar Rovira, ,J/ obilit::ació social, canui polític i
revolució. Associacionisme, Segoflda Rep ríbica i Guerra Civil, Alzn-a , 1996; Pedro Bar-ruso, El movi-
miento obrero en G/iJll::/wfl durante la 11Repríb/icfl , San Sehasti án, 1996; Sa ntiago de Pablo, Traba-
j o, diuersián y vida cotidiana. El País Vasco en los mios trein ta , Vitor ia, 1996; José Vice nte Iriurte,
,I/ovimieflto obrero en Nflvarra (1967-1977), Pamplona, 1996; v éa n se ademá s las notas.
127AUIHluC las aparec e n mnd élicamerrte interca ladas y entre lazadas e n este moví-
micnt o pro-retorno hi storiográfico de los conflic tos sociales , observamos el pr edominio de los j óve-
nes -que tienen , también hay que decirlo, mayores necesidades cur r icula r es- en la investigación,
si bi en en la refl exión. por aho ra, se nota menos ,
42 I DeseubrlClOra
agosto de 1999 I ...
intent ado reenfoc ar, en di versas obr as,128 ent relaza ndo los tiempos, desde el án-
gulo de la hi storia de las mentalidades, la historia oral y la hi storia de la cr imi-
nalidad, la r evuelta irmandiña (1467-1469), sus precedentes , su estallido y su
impacto en la memoria colectiva (1467-1674) .
Cuando, a mediados de los años ochent a, decidí eligir como el cent ro de
mi proyecto de investigación una r evuelta social.!" dando rienda suelta a mi s
"inquiet udes innovadoras" sin r enunciar a un tema " cl ásico", pero decisi vo
para una comprensión explic ativa y global de la historia , tenía dos temores
(que no me disuadieron de segui r adelante , obviarnenteU''} , quedarme sólo en
tierra de nadie al ubi carme en el cr uce de var ias especialidades, y se r "el últi-
mo de Fil ipinas" en hacer un t esi s doctoral sobre una revuelta medieval , pero
también una esper anza y una apuesta : cont r ib uir al r esur gir histori ográfico, e
histórico, del sujeto social. Prueba de que no me invento la incomodidad pasa-
da es lo que Fern ánd ez de Pinedo escr ibe - en 1992-, en el pról ogo a la tesi s
del Joseb a de la Torre - leída en 1989 y dirigida por Fontana- , sobre la lucha
antifeudal en Nava r-r a : " da la impresi ón que escr ibi r sobre luchas o conflictos
sociales no r esulta de buen gusto" . 131 En fin, que vale decir aquí lo de que " los
últimos serán los pr imeros", es por eso que , cuando me disponía a r edactar
est a ponencia , al or den ar mi s fichas y hacer mi s últimas lecturas , acor dé cam-
biar el título de mi cont r ibución a es te congreso de la r ei vi ndicaci ón ("Conflic-
tos, r evueltas , r evoluciones. Por una historia con sujeto") a la cons t at ación
("El retomo del sujeto social . .. ") .
128 Memalida d justiciera de los irmandiiios, siglo XV, Mad r id, 1990 (Vigo, 1988) ; Mefltalidad y
revuelta el/ la Calicia irmandiñarfaoorables y cont rarios, Santiago de Compostela, 1989; ¡ Viva El-
Reí! Ensaios medíevais, Vigo , 1996, pp. 137-269.
129 Los vasos comunica ntes interhistóricos funci onaban hace di ez años tal vez menos que hoy, des-
conocía - y no me pr eocupahan- los dehates del 82 de los hi storiadores del movimien to obrero,
pero er a plenamen te conscien te de q ue nadaba a cont r acor r iente tanto en la elección del tema
(revuelt a social) como en la elecció n de la metodologi a (his tor ia de las mentalidades)..
130 Ta n co nv encido - que no arrepentido- es taba de ello que no p ropuse , contra mis intereses
personales , es te tema de los conflic to s como una cuestión a discuti r en el I Co ngreso Histo r ia a
Debate de 1993, me equivoqué y esper o que, en 1999, el II Congreso Hi storia a Dehate r ectifique
es te "er r or" y co n t r ibuya a consolidar r ecuperación del sujeto social de la hist or ia , dentro y, con
más razón, fu era de España.
131 J oseba de la Torre, op. cit., p. 9.
~ ' V e t a . s ...1 número 2 Descubridora / 43
¿Por qué está renaciendo de sus cemzas, en España, la historia de los
conflictos y revueltas sociales?132 Se nos ocurren varias razones de tipo
historiográfico: a) el buen momento de la historiografía española de los noven-
ta133 tanto en productividad y crecimiento, pese a los problemas de inserción
laboral de los jóvenes historiadores, como en espíritu r enovadorl'" y esfuerzo
r eflexivo;135 b) vivimos un época historiográfica de balance y búsqueda de alter-
nativas , hacia atrás y hacia adelante, donde todo se renueva y r etorna, de mane-
ra que t enemos " de todo" encima de la mesa, también los conflictos , las revuel-
tas y la s r evoluciones , que fueron -yson- acontecimientos históricos y dan pie
a formas de escr ibir la hi storia muy importantes , junto con la biografía, la histo-
ria política y la n a rr a ci ón , protagonistas hasta ahora de los retornos
historiográficos; e) el r elativo fracaso del inacabado giro del 82, que se difundió
casi como una historia social sin sujeto, sin oonflictos.! " d) la influencia de la
nueva sociología de la acción colectiva, de la acción racional, de los actores so-
ciales , que r edescubre el suj et o, bastante después de la historia, y nos lo devuel-
ve por la ventana una década después de haberlo querido echar por la puerta.. ,
Luego es t án los context os, nacional e internacional , de los que no pode-
mos prescindir, para entender la r ecuperación de la vi eja tradición historiográfica
española de conflict os, r evueltas y revoluciones , a las puertas del siglo XXI.
En el plano nacional el factor más poderoso, en nuestra opinión, es la
cons olidación de la democracia bajo los gobi ernos socialis t as y, en consecuencia ,
la normalizaci ón!" del conflict o y la huelga, incluida la huelga general , que
pierden así el significado "subversivo" que tenían antes , con Franco , y aún du-
rante la transi ci ón, lo cual fa cilita el r egreso al mundo académico, y que se r eva-
132 Otro sínto ma eviden te es el hecho qne ya a pu ntamos de que, di ez años después, se haya r elanzado
la r eflexión hi storiográfi ca sob re el movimiento obrero y la p r otesta social, véase la nota.
133 Present ación de Historia a debate, 1, Santiago, 1995, pp. 9-10.
l3-I "His toria de las ment alidades: p osihilidades actuales" , Problemas actuales de la Historia,
Salama nca, 1993, p. 65.
135 "Inaca bada transi ci ón de la hi storiografía esp añola", , Hulletill d'Histoire Contemporame de
I'f..:.paglle, núm. 24 , Borrleuux , 1996 , p. 479.
' 3(, De hecho los primeros en animarse -y animar a otros- con el retorno de los confl ictos y de la
hi st oria social son los promotores del b'Í"O, aunque no tod,os; es altament e signifi cativo que las dos
exp resiones organizu tivas que ti enen su origen r emoto en el gr upo del 82 , la asociación Historia
Social y la r evi sta /lisl oria Social, son paralelas al fenómeno de r ecuperación historiográfica del
sujeto soci a l.
137 "Los es pañoles comprensivos con los co nfl ic tos laborales", titul a El País (9 de aln-il de 1990) la
informaei ón so hr e los result ados de un sondeo de opinión soh re la s huel ga s y ot r as cues tiones .
4 4 I DescubridOra a gosto (le 1999 I ~ ~ e t a s ...
loricen los hechos sociales como temas de est u dio
por parte de las organizaciones sindicales de clase y
la s instituciones locales, que en ese intervalo de tiem-
po , han constituido fundaciones , centros de est u dio
e investigación, para recuperar su memoria históri-
ca y legitimar sus r espectivas identidades .
En el plano internacional hay que reconocer
la espect acular-idad de la acción colec tiva en la hi s-
toria en la última década del siglo xx. Considerare-
mos cuat r o momentos: 1) 1989-1991, r evoluciones
democráticas en el Este de Europa con un prota-
gonismo decisivo de la multitud, empezan do por los
trabajadores industriales (Polonia), que utiliza to-
dos los medios clásicos para der-rocar el llamado
soci alismo real : manifestaciones , huelgas generales ,
insurrecciones armadas (Rumania); 2) 1994, revuel-
ta campesin a de Chiapas, en el mismo momento de
la ent r ada de México en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y
Canadá, que suscita una gran ola de simpatía dentro -y fuera- de México,
provocando la vuelta al compromiso político no-partidario de una parte notable
de académicos e hi storiadores' i" (al igual que pasara antes en el Este de Euro-
pa); 3) 1995-1997, movimientos soci ales (gr an des huel gas y manifestaciones)
en Fr ancia de un envergadur a desconocida, desde los años sesent a y setent a ,
pr imero cont r a la política neoliberal de Chirac y Jupe, y después, más a la ofen-
siva, en fa vor de los innmigrantes - y cont r a la montée de Le P en- que arras-
traron al compr omis o político-social a un sect or influyente de los intel ectuales,
dirigidos por los cineast as, escr ito res y artistas.!" y que determinó la sor p resiva
vict or i a de la izquierda el I de junio de 1997, Y que se empiece a hablar de
138 Un símbolo de la nueva actualidad dc la s r evueltas son la s inmediatas r eediciones (una de ell as
por cue n ta del ejérci to) dc la tesis do ctoral del profesor dc la UNAM, Antonio GarcÍa de León,
Resistencia y utopía. IIfemorial de agravios y crónicas de revueltas y profecias acaecidas en la
provincia de Chiapas durante los últimos quinientos mios de historia, México, 1985.
13. El papel subalt er no de los cien tífic os socia les , conc retame n te de los hi storiadores, en la s luchas
socia les , a pesar del testimonio personal de Pierre Bourdí eu , Alain Tonrainc y .lueques Derrida,
evidencia una dimensión primordial de la cr isis de la s cienci a s sociales en Franci a , país que inventó
y r einventó al intel ectual compr ome tido (Zola, Sar t re) : la desconexi ón eon la socicdad .
~ ' V e t a . s ...1número 2 DesdJbr1dora I 4 5
Europa social en las reuniones de la UE; 4) marzo de 1997, insurrección popular
en Albania, que añade a su "clasicismo", radicalidad y espontaneidad, 1-10 al igual
que el caso francés, y salvando las distancias, el haber conseguido sus objetivos
más políti cos,1-1 I derrocar a Beri sha y colocar en el poder - eso sí, por medio de
los votos- a la opos ición de izqui erdas diri gida por los excomunistas, con lo
qu e se ra tifi ca cierto cambio de signo políti co de las intervenciones "de masas"
- call ejeras y electorales- en el Este de Europa.
El nuevo e inesperado papel de las revueltas sociales en la vida dernocr á-
tica,1-I2 tal como se está manifestando en países tan distintos de Europa, como
Francia y Albania, después del "fin de la historia" y del "pensamiento único" y,
en general, el " regreso de la cuestión social" , 1-13 plantea a la hi storia como disci-
plina, y al conjunto de las ciencias sociales, el desafío de tratar de comprender
-históri camente- el mundo que viene. Para salir airosos es menester retomar
y reformular la función científica y la sensibilidad social de la histori a: volvien-
do a analizar el pasado para constr uir un futuro mejor; situando, antes que
nada, en su contexto hist óri co, el incuestionabl e regreso de los conflictos, las
revueltas y las revoluciones en el umbral del siglo XXI; as umiendo, en resumen, el
cambio en el concepto del tiempo hist óri co que se deri va de estos acelerados
acontecimi entos de fin de siglo, cuando lo que parecía el pasado resulta que es el
futuro. Así pasa con los conflictos y las revuelt as, desde el punto de vista de la
escritura de la histori a, vuelve el interés por estos temas al tiempo que adquieren
una renovada actualidad. Si bien el caso de España es particul ar, salvo la huelga
140 Ala in Woods, " El signific ado de nna r evolución" , Viento Sur, núm. 32, 1997, pp. 41-50; el autor,
pr esa fácil aún de esq ue mas preconcebidos, no le presta la ate nc ión debida al desencadenante del
es tallido, la quiebra de los bancos piramidales, en especial desde el punto de vista de la s mentalida-
des colec tivas de quienes -tod o un pueblo, habría que decir- se han sentido agraviados, econó-
mi ca y moralmente, al perder sns aho r ros y al frnstarse, por si fu eru poco, la posibilidad imaginaria
de hacerse r ápidamente ri cos.
'4' C t d ' . ., 1 Ita i l' .. I
os a que o avia no cons lgulo a revue l a ]]l( Igena y ca mpesm u mexrcana, aunque ray avances
ser ios haciu una transición política: ¿es qu é alguien pi ensa quc la victoria del Cuauhtémoc Cárde-
na s el6 de julio en cl Di strito Fe de r al, despu és de fra ca sar do s veces en la s elecciones presidenciales
-una de ellas po r fraude-, hnbicra sido fa ctihlc sin el acontecimiento-fundador del 1 de enero de
19 94?
'42 No ol videmos quc en el mayo francés del 68 , paradigma de la s r evueltas occidentales , la lu cha
social no tuvo traducci ón positiva en el pl ano electoral : la r ea cci ón inmediata de los votantes fue
cont r ar ia a los es tudiantes y ohrcros revoltés.
'43 Es el título de los IV Encuent r os de la Fundación Viento S\Il· que tendrán lugar en la Dehesa de
la Villa de Ma d r id (11- 13 de jnlio de 1997) .
4. 6 I DescubridOra. agosto de 1999 I ~ ' V e t a s ...
general del 14-D de 1988 y algunas movilizaciones de los es t udiant es de secun-
daria , para nada est amos viviendo, como en Francia, un r emozado protagonismo
socio-polít ico de lo que cuando ér amos jóvenes llamábamos " las masas" , a sa-
biendas de la tradición de lucha soc ial que existe en nuestro país. Sin emba r go,
el r etorno hi storiográfico de los conflictos es más notorio en España que en Fran-
cia . ''" Pueda que estemos ante una manifestación más de la s diferencias de rit-
mo ent re lo historiográfico y lo político-social; no obstante, si hay una historia
hija de su tiempo esa es la hi storia de los movimientos sociales: o la aldea global
hace que pierdan definitivamente peso las coyunt ur as naci onales, o nos est amos
anti cipando al porvenir nacional . . . 145
La falta de tiempo y espacio - la ponencia r ebasa ya, en folios escr it os, el
número habitualmente permitido- no nos va a permitir examinar, en est a oca-
sión, cr ítica y autocríticamente, las r ecientes investigaciones españolas sobre lu-
chas sociales, ni conect ar con más detalle este retorno de la hi storia de los conflic-
tos con el debate historiográfico general , en pleno cambio de siglo y de paradigmas.
,
Quiero dejar cons t anci a, en todo caso, de la importancia de hacerlo. La dinámica
de la hi storiografía de movimientos y confli ct os sociales es harto significativa de la
evolución de la historiografía en gener al, se trata de una temática " fuer te" cuyo
auge y caída ilustran adecuadamente los cambios hi storiográfi cos e hi stóricos.
¿Cómo va a ser, est á siendo ya, o debe ser, la " tercer a ruptura" en la historiografía
de los movimientos y conflict os sociales? ¿Qué r elación hi storiográfica guar da con
el cambio global de par adigmas? ¿Qué papel va a jugar el sujeto colec tivo en la
construcción del nuevo paradigma de la hi storia? ;s:
FECHA DE IlECEPCIÓN: 8/V199
FECHA DE ACEPTACIÓN: 23/V199
,... Aunque también allí se not a que algo pasa entre los historia dores j óven es : Alessandro Stella,
investigado r de! CNRS, empieza con una confes ión su gran investigaci ón sohrc los ciomp i : "En los
años 1970, yo he for mado pur te cn Italia de! movimiento político que sigue a la revuelta del 68", La
révolte des ciomp i. Les hommes, les lieux , le travail, París , 1993; ot r o ejemplo, J ér ñme Ba sch et , del
gr upo de ant ropo logía hi st óri ca de! occidente medi eval de la EHESS de París , fue profesor invit a-
do, durante el curso (1997-1998), a la uni versidad mexi cana de Sa n Cr istóhal de las Cas as, cn e!
estado de Chiapas .
'4' Cuando e! texto revisado de est u poncnci a descansabn ya cn un sobre postal -a nomhr e de
Santiago Castill o, presidente de la Asociac ión de Hi stori a Soc ial- sc han sucedido las manifcsta-
ciones de millones de vascos y es pañoles cont ra el tcrrori smo de ETA (10- 15 de julio de 1997),
desbordando cn ocasiones a los políticos, ocupa ndo las calles, al borde dclmotín frent e las sedes de
HB, demostr-ando cn suma que, también cn España , vuelvc a la ca lle el sujeto de la hi storia.
i S : ~ e t a s ...1 mímero 2 DescubrIdora I 4 7
--- - - - .. ------------------ -
Ciudadesfractales y
telarañas urbanas
Sepresenta una revisión sobre el es t ad o del arte
en las áreas de moifología y morfog énesis urba-
Fractal Cities and
Urban Webs
An overhaulon the state-of-the-art in the urban
morp hology and urban morphog enesis oreas is
na. Son abordados los concep t os de geomet ría presented. The concepts offract algeometry and
fractal, autosimilaridady su ap licación al est u- its app lication to tlle st udy oftheform and shape
dio de laforma y la apariencia de las ciudades. of th e cines are reviewed. Also, the axioms of
Asímismo, se revisan los axiomas de crecimien- urban growtll p roposed by Hillier andHanson
to urbano, propuestos por Hillier y Hanson, y andtheir use toitlun the theory of'the urban webs
su lISO dentro de la teort de 0es teI. SaraCña:¡u{horifS li 'Jtf: o
banas de Salingaros. ;UU
48 / DescubridOra
agosto de 1999 I ...
Ciudades fractales y telarañas
urbanas
ANTONIO ÁCUILERA ONTIVEROS
Descubridora
l . I NTROD UCCIÓ N
El crecimiento urbano espont áneo es un fenómeno que acarrea una serie de
conflic tos que se traducen en problemas de tráfico , cont aminación, segregación
social, etcéter a . Tradicionalmente, se ha explicado el crecimiento desordenado a
través de dos principios bási cos. Por un lado, el capital que orienta el rumbo
hacia donde deben crecer la s ciudades a través de la construcción y est ableci-
miento de fraccionamientos , cent r os comerciales y demás cons t r ucciones que
acusan la expansión de la mancha urbana; y por otro lado, la inmigración rural
a la urbe, asentada en forma irregular y que vive en la marginalidad y la mi seria.
De esta manera, los dictados del capit al y su cons iguiente miseria se articulan
como los artífices del crecimiento urbano desordenado y némesis del bienestar
de las ciudades y de sus habitantes ;'
I Ferna ndo Rivera Alva r ez , El l/rbam ta: Política y urbanismo, Méxi co, Dirección General de Publi-
caciones y Medios, Sec re tar ía de Educación Pública, 1987 . 17-19. Colección Foro 2000.
Antonio Aguile r a Ontiveros
El Colegio de San Luis A. C. Cor re o elec t ró nico: aaguil era@colsan.edu.mx
~ ' V e t a . s .../ l1ú mero 2 DesCUbrIdora I 49
-------- . --- -
Sin embargo, se deben considerar los argumentos anteriores más como
una primera aproximación, que como una verdadera explicación. Fundamen-
talmente, hay que ente nder cómo las distintas actividades urbanas, espacialmente
localizadas , se mezclan de manera caótica , ocasionando colisiones y cuellos de
botella en los flujos de personas, mercancías, capital e información dentro de las
áreas urbanas y sus alrededores. Para hacer esto, es necesario entender cómo se
articulan las actividades de las personas que ocupan un conjunto urbano, y así
establecer cual es la organización espacial de la s actividades y necesidades de un
área urbana específica . Para tal fin, se deben determinar las actividades que son
fijas y las que son aleatorias , conocer los orígenes y los destinos de los recorridos,
las actividades y localizaciones probables de las mismas, así como los horarios
en que estas actividades se r ealizan.
Dentro de los esfuerzos que se han desarrollado para abordar la proble-
mática anterior, las teorías de la morfología y la morfogénesis urbana han co-
brado actualmente una gran fuerza, debido sobre todo al perfeccionamiento de
dos teorías matemáticas que ha permitido encontrar patrones de comportamien-
to urbano que antes er an imposibles de visualizar. La finalidad de este artículo
es exponer los principios de ambas teorías , así como el estado del arte en la
morfología y la morfogénesis urbana.
2. M O R F O L O G Í A Y ~ I O R F O G É N E S I S U R B A N A S
La morfología urbana es el es t udio de la apariencia y la forma del ambiente
fí sico urbano. La forma de la ciudad es interpretada como un indicador de in-
fluencias funcionales económicas, técnicas y sociales, que ti enen lugar dentro de
un espac io urbano específico. Est o es, se concibe la apariencia de una ciudad
como r esultado de un proceso gob ernado por un gran número de var iables, las
cuales se han articulado en el ti empo para crear su apariencia presente. Además ,
se establece que la historia, la cultur a y la r eligión, junto con la ubicación geo-
gráfica y las sit uaci ones geofísi cas imperantes de una ciud ad, tienen grandes
efectos sobre la forma y apariencia de la mi sma.P
Son tres las car acte r ísticas morfológicas más r el evantes de un ent or no
urbano. La primera es el ent r amado de las, calles, el cual r efleja el crecimiento
gr adual de cada barrio, la tecnología de transportación predominante en cada
época , y las distintas concepciones urbanísticas que se han sucedido en el tiem-
2 J ames. H. J ohnson, Ceografia Urbana , Barcel ona, Oikos-Tau, S.A., 1987, pp. 41-44.
5 O I DescubridOra
agoste de 1999 I ~ V e t a s ...
po. La segunda característica son las edificaciones, que reflejan el sentido parti-
cular que se le dio al espacio en cada época, así como conceptos más abstractos
como el grado cultural de la sociedad. La tercera característica es la función que
desempeñan las calles y los edificios como centros y arterias de sistemas de acti-
vidad humana . Estos tres factores intervienen en el trazo urbano. Las tres varia-
bl es evolucionan a un ritmo diferente y, aunque se hallan relacionadas ent re sí, a
veces la naturaleza de uno de estos componentes sufre alteraciones al margen de
los otros dos ."
Por su 'pa r te, la morfogénesis urbana es el estudio de la evolución de la
forma y estructura de las ciudades y permite observar los patrones y tendencias
del desarrollo de las mismas . Busca establecer y comprender los diferentes pro-
cesos que determinan el cambio en la forma que presenta una ciudad. Por otro
lado, la evolución de las ciudades está marcada por cambios recurrentes en su
es t r uct ur a espacial. Estos cambios se producen por múltiples causas, como la
descentralización de la industria local, los procesos de crecimiento diferenciado
(subur banización, r elocalización espacial de actividades, etc.) Por lo tanto, el
cambio est r uct u r al es la consecuencia de cambios en las fuerzas internas y exter-
nas que confl uyen en la ciudad."
Sin emb ar go, el est udio de la morfología y morfogénesis urbana no es
sencillo. Act ualmen te, la morfología urbana puede ser delineada dentro de dos
formas básicas , una orgánica y aparentemente caótica, y otra ordenada y
geomét r ica . Londres es un ej emplo excelente de una ciudad orgánica (ver figura
1), mientras que la ciudad de Beijing sirve de ejemplo para l a morfología de
enrej ado." En las ciud ades orgánicas la característica predominante de sus man-
chas urbanas es su forma irregular y fragmentada, la cual no se puede estudiar
a t r avés de la geometría tradici onal. Además , se ha observado el mismo patrón
irregular tanto en ciud ades antiguas como en ciudades nuevas. Esto ha hecho
suponer a var ios investigadores que existen procesos socioeconómicos r epetiti-
vos que fa vorecen es t a evoluci ón específica, independientemente de la situación
3 Ibid., p . 42.
·1 Ver Thomas Buchendorfer, Bijitreatioll Properties of'Dynamic Urball i1fodels. Tesis Doctoral pre-
sentada en la Universidad de Cranfield , marzo de 1997, pp. 1-8; Pierr e Frankhauser, " Aspects
fruc tals des st r uct ur es urbaines ", I 'Espace Céog raphique, 1990/91. no . 1, pp. 45-69, Y Pierre
Frankhauser , Lafraetalité des structures urbaines, Parí s, Anthropos, 1994.
5 Ver Roger White y Cuy Engelen, "Cellular Aut ómata and Fr ac tal Ur ban Forms: a Cellular Modelling
Approach t o the Evolution of Land Use Patterns ", Enoironment andPlanning' A, 1993, vol. 25, pp.
1175-1199, y Pierr e Frankhauser, "Aspects fra ctals . . ." op. eit.
~ V e t a . s ...1 número 2 DescubridOra I 5 1
histórica particular." Esto último puede apreciarse al observar la forma de las
ciudades de Washington, Houston, Boston y Nueva York, presentadas en la figu-
ra 2.
Por otro lado, es claro que el uso de las edifi caciones y su sentido cultur al,
cambian y dependen en extremo de la situación económica , cultural e histórica
de cada sociedad urbana particular. El uso del espacio urbano es además un
proceso extremadamente subjeti vo y complejo. Cambia de manera estacional y
per iódica a lo largo del día, de la semana y del año . Todo es to r econfigura la
forina de la ciudad y del espacio mi smo, si no en un sentido estrictamente físico ,
sí en un sentido funcional y psicológico.
Para est udiar todos est os fenómenos de agregación y desagregación espa-
cial urbana es necesario disponer de métodos de análisis que permitan medir
est as formas irregulares y cambiantes, es tablecer cor relaciones útiles entre el
perímetro de las ciudades, la superficie const r uida y los fenómenos socioeconó-
mi cos urbanos, generar mapas funcionales y cognitivos, et céter a .
Act ualmente , un gran número de investigadores est án r ealizando esfuer-
zos significativos que permiten comprender mejor todos los procesos urbanos,
por subjeti vos que estos parezcan. Así, Batty y Engelen?junto con Frankhauser"
han identificado que exist e una relación ent re el perímetro urbano y el área
urbana, la cual no obedece a la geometr ía euclidiana, sino más bien puede ser
interpretada a través de otra geometría , llamada geometrí a fractal. Mientr as
tanto , Hillier y Hanson? y después Salingaros'" han desarrollado los concept os
de una teoría matemática que permite investigar el lado subj etivo de la morfolo-
gía urbana.
En el r esto del artículo se profundizará en est as dos nueva s ver tientes de
la morfol ogía y la morfogénesis urbanas.
• Ver Roger White y Guy Engelen, op . cit. , y Pierre Frankhauser, "Aspe cts fractals. . ." , op . cit..
1 Michael Batty y Paul Longley, Fractal Cities, a CeometryofForm andFunction , Londres, Acade mic
P r ess, 1994; Roger Whi te y Guy Engelen, op . cit .
• Pierrc Frankhauser, "Aspects fractals. .. " op . cit ., y Lafractalilé... , op . cit .
• W. R. G. Hillier y J . Hanson , T!l e Social Logic of Sp ace. Cambr idge , Inglaterra. Cambr idge
Unive rs ity Press. 1984. .
10 Niko s A. Sa lin garos, "The Laws of Ar quitecture fro m a physici st ' s perspect ive" ; Physics Essay s,
1995, vol. 8, pp. 638-643; Nikos A. Sa lingaros, " Life and Complexity in Architecture Crom a
Ther modynamic Analogy", Physics Essays, 1997 , vol. 10, pp. 165-173, Y Nikos A. Salinga ros ,
"Theory of th e Ur han Web" , Journal of Urbaa Design, 1998, vol. 3, pp. 53-71.
agosto de 1999 I ~ ' V e t a s ...
_..._-------------.----

3. LA GEOMETRí A Y LAS CI UDADES FRACTALES
El concepto de fractal , junto con la teoría geométrica de los fractal es, fue desa-
rrollado en la década de 1970 por Benoit Mandelbrot , investigador de la IBM.
Mandelbrot generó el concepto de fractal para estudiar objetos que r esultaban
imposibles de describir a través de la geometría euclidiana, tales como las nubes
o las montañas . Mandelbrot encontró que estos objetos presentaban una carac-
terística notable, independientemente de la escala a la que se les observara: siem-
pre tenían la misma forma . La est r uct ur a encontrada a gran escala se r epetía de
forma infinita en est r uct ur as más pequeñas , las cuales confor ma ban a la est r uc-
tura gr ande. A este compor tamiento tan particular se le conoce como principio
de autosirnilar-idad.'!
Por otro lado, hay que recordar que en objetos como el círculo o el cua-
drado es fácil calcular su superficie y la longitud de su perímetro; sin embargo,
en los obj etos con formas fractal es esta situación se vuelve en ext remo complica-
da. Además , generalmente definimos las cosas en términos enteros. Así , las lí-
neas son unidimensionales, los planos son bidimensionales y los sólidos son tridi-
mensionales. Sin embar go, los fractales son objetos con dimensiones fraccionales .
Esto parece carecer de sentido, pero aquí radica lo maravilloso de los fractales.
Por ejemplo, un obj eto con una dimensión fraccional de 1.5, sería más que una
línea pero algo menos que un plano. Para comprender mejor esto veamos ahora
un ejemplo sencillo de fractal, esto es el Copo de Nieve de Koch. La construcción
del Copo de Nieve de Koch comienza dibujando un triángulo equil áter o. Des-
pués, se le agrega otro triángulo equil áter o, a escala un tercio, a cada lado del
triángulo original. A cada lado de la figura resultante se le agrega, ent onces, un
triángulo, a esc ala un tercio , del último triángulo. Este proceso se continúa hasta
el infinit o, r esultando la forma que se muestra en la figura 3.
Al analizar el perímetro de est a figura se encuent r a que ti ene varias ca-
r acterísticas únicas. En primer lugar, aunque constit uye una curva única y con-
tinua que no se cor t a a sí misma y que limita a un área finita , su largo es infinito.
Segundo, Mandelbr ot calculó que la dimensión del perímetro del Copo de Nieve
de Koch es 1.26,12 Esto significa que el perímetro está en t re una línea
11 Ver J olm L. Cas ti , Alte rnate Realities, ¡Uathematical ¡Jf odeis ofNature and¡Ua fl, U.S.A., J ohn
Wiley & Sons, 1989, p. 97 YJ. Gleick, Ch aos: Afak i flg a New Science. New York, Penguin Books,
1987, p. 241.
12 Ibid.
...1número 2 / 53
(unidimensional) y un plano (bidimensional) . Tercero, la forma del perímetro
del Copo de Nieve de Koch es autosimilar. Esto significa que el perímetro se ve
igual a cualquier escala .
Actualmente, exi st en varios algoritmos numéricos que permiten calcular
la dimensión fractal de estructuras empíricas. Estos algoritmos han sido utiliza-
dos para estudiar la repartición de la superficie construida en zonas metropoli-
tanas . La aparición de un patrón fractal , muestra que la organización espacial
de la aglomeración urbana bajo observación, más que un aspecto amorfo, tiene
un principio de ordenamiento interno, el cual es caracterizado por su dimensión
fractal. 13
Por otro lado, el análisis de la evolución de la dimensión fractal de una
ciudad, a partir de secuencias de tiempo, ha permitido obtener infor mación so-
bre la dinámica urbana. Así , una dimensión fractal constante en el tiempo refle-
ja un crecimiento que preserva la organización espacial con respecto al centro',
mientras que un aumento en la dimensión fractal indica una evolución hacia
una repartición más homogénea de la super ficie edificada . Estos resultados han
per miti do desarrollar modelos para la simulación del crecimiento urbano. 1.)
El análisis de los mecanismos socioeconómicos del crecimient o ha permi-
tido distinguir tres fa ctores r esponsables de la morfología fragmentada de las
ciudades . El primero de est os fa ctores son las vías de comun ícaci ón v.el segundo
es un crecimiento alrededor de centr os urbanos periféricos al centr o principal
(crecimiento polinuclear), y el último es una tendencia a la conservación de
cier t as zonas. 15
4 . L o' S A X 1 O 111 A S D E H 1 L L 1 E R - H A N S O N Y L A T E L A -
R AÑA U R BANA DE S ALI NGARO S
El espacio urbano sigue una lógica social, la cual r epercute en su cr ecimiento.
Esta lógica ha sido est udiada y analizada por Hillier y Hanson.!" Estos autores
han encontr ado que los caminos , los espacios y hasta el diseño mi smo de los
edificios, todo ell o depende de algún tipo de conectividad. Esta conectividad
est á formada por una estr uct ur a de r ed basada en conexiones esenciales que
13 Pierre Frankhauser, Lafraclalité.. . op. cit .
u Ibid.
15 Ibid.
16 W. R. G. HiIlier y J. Han son , op . cit
54 I Desdlbr1dOJ'a
agosto de 1999 I ~ ' V e t a s ...
Descubridora I 5 5 V e t a s ...1 número 2
surgen de la interpretación del espacio por parte de los seres humanos. Sin em-
bargo, est as conexiones esenciales son muy difíciles de describir, ya que las pro-
piedades emergentes de esta estructuración son no lineales, es decir, cambios
pequeños en la percepción de un lugar hacen que toda una serie de actividades
se redistribuya a lo largo del espacio urbano. Todo esto es debido a la compleji-
dad de las interacciones humanas con el espacio, la cual es muy confusa. Sin
embar go Hillier y Hanson han encontrado las siguientes regularidades :
1. El espacio urbano está limitado por superficies que presentan infor-
mación precisa al individuo y a los grupos sociales .
2. El espacio urbano refuerza la conectividad de la red urbana de caminos
y nodos.
3. El núcleo del espacio urbano es el espacio peatonal, el cual est á prote-
gido de los esp acios no peatonales .
Estos tres axiomas urbanos influencian y determinan el patrón urbano.
Ellos también proveen de reglas que gobiernan la forma de las fachadas de las
edificaciones, los detalles estructurales , y hasta los materiales de construcción
utilizados. Todos est os elementos llegan a ser interdependientes en el momento
de definir el espacio urbano. Sin embar go, los axiomas operan en un nivel más
básico. Los planos, los patrones, las simetrías, los ej es , otrora importantes para
el di señador urbano, se vuelven el ementos secundarios al considerar los proce-
sos fundamentales que generan el espacio urbano.
Con base en en los axiomas de Hillier-Hanson, un matemático de la Uni-
versidad de Texas, Nikos Salingaros, ha desarrollado el concepto de la telaraña
urbana (llrban web). Salingaros consider a a la telaraña urbana como una es-
tructura complej a autoorganizada , la cual existe principalmente en el espacio
ent re las edificaciones y los espacios libres . Cada edificación encierra y determi-
na uno o más nodos de actividad humana. La r ed urbana consiste en todos los
elementos exter iores y los elementos conectivos , tales como las áreas peatonales,
las áreas ver des, la s calles y car reter as, etcéter a .
Los procesos que gener an las r edes urbanas pueden ser resumidos en tér-
minos de tres principios básicos.
1. La creación de nodos. La telaraña urbana está soportada en los nodos
de actividad humana, cuyas interconexio"ues cons tit uyen la r ed. Exist en distin-
tos ti pos de nodos, la cas a, el trabajo, el parque, la tienda, el r estaurante, la
iglesia, etcétera. Además, los elementos naturales y arquitectónicos sir ven para
reforzar o supr imir los nodos de actividad humana.
2. La existencia y utilización de las conexiones . Las conexiones se forman
entre los nodos de actividad humana. Estas conexiones están formadas prin-
cipalmente por las calles, avenidas, etcétera. Sin embargo, también incluyen
todo espacio susceptible de ser utilizado como un camino. Los caminos peatona-
les son para Salingaros los más importantes, ya que permiten interacciones de
corto alcance pero de gran fu erza y complejidad.
3. La existencia y determinación de una jerarquía. La telaraña urbana se
autoorganiza y crea una jerarquía ordenada de conexiones , las cuales se pueden
agrupar en r elación con la escala a la que se observen. Esto se traduce en una
est r uct ur a multiconectada pero no caótica. El proceso de autoorganización sigue
un orden estricto, que comienza en las escalas más pequeñas (caminos peatona-
les) y progresa hasta las escalas más altas (caminos de alta capacidad vehicular
o supercar r eter as).
Además , Salingaros ha desarrollado una teoría matemática que se fun-
damenta en los principios anteriores. La teoría matemática de la telaraña urba-
na utiliza principios matemáticos de la teoría de la complejidad. En palabras
simples, Salingaros calcula la fuerza de interacción total entre nodos con base en
la consideración de todas las posibles conexiones entre los dos puntos, con pesos
apropiados establecidos de acuerdo a su probabilidad de ocurrencia.
Salingaros ha utilizado su teoría en el campo del estudio de la morfología
urbana, particularmente en el campo de la interpretación del surgimiento y pa-
pel de las nuevas vecindades , así como su dinámica particular. A este respecto,
Salinga r os ha interpretando de nueva cuent a los trabajos , ya clásicos, de
Alexander" y ha llevado' mucho más allá los de Gehp8 y Greenberg
l 9

CO N CL U SIO NE S
Est e artículo ha revisado dos técnicas matemáticas emer gentes, las cuales han
r epercutido considerablemente en el entendimiento de los procesos que generan
el crecimiento y est r uct ur ación particular de las ciudades . Estas nuevas teorías
17 Chr istophe r A1exander, ¡Votes on the Synthesis ofForm, Ca mbr idge, Massachusetts, Harvard
Univers ity Press. 1964, y C. Alexander, S. Ishikawa , M. Silvers tein, M. .lacobson , I. Fiksdahl-King,
y S. Angel, A Pattern Language, Nueva York, Oxfor d Univers ity Press, 1977.
18 Jan GehI, Life Between Buildirlgs, New York, Van Nostr and Reinhold, 1987 .
19 Michael Greenberg, The Poetics ofCities, Ohio, Ohio St ate Univers it y Press, 1995.
56 / Descubridora
ngoato de 1999 I ~ V e t a s ...
...._--------------------
matemáticas han hecho que las disciplinas urbanísticas de la morfología y la
morfogénesis se consoliden y avancen como teorías susceptibles de explica,' as-
pectos r elevantes de la vida y dinámica de las ciudades. Así , la morfología de las
zonas metropolitanas, aparentemente irregular y caótica, al se,' ahora analizada
a través de la geometría fractal , presenta nuevas car acter ísticas de orden interno
y de autosimilaridad, por medio de las cuales se pueden comprender los factores
que r epercuten en su crecimiento y est r uc tur ación espacial.
Por otro lado, la teoría de la s telarañas urbanas desarrollada por Nikos A.
Salingar os ha permitido la sistemati zación de la s leyes de creación del entor no
urbano desarrolladas por Hillier y Hanson, permitiendo ir más allá del análisis
clásico de flujos de transporte y localización de actividades, basados estos últi-
mos en una perspectiva puramente económica . De est a manera , la teoría de la s
telarañas urbanas de Salingaros permite in corporar aspectos subjetivos en la
interpretación del espacio apropiado por la actividad humana , pero utilizando
una rigurosa base matemática, lo cual permite la ponderación y cuantificación
de di chos aspectos subjetivos, dando todo esto como r esultado modelos suscep-
tibles de ser utilizados en la planifi cación de la s ciudades .
F ECHA DE RECEPCIÓN: 7/11/99
F ECHA DE ACEPTACIÓN: 31IIJ/9c.¡
...1 número 2 DescubridOra. / 5 7
Desarrollo de Londres


,
I




f

,
1800
# ,
1880
1939

I • •
o
I
25
I
1850
1914





Figura 1. Londres, evolución y morfología orgánica . Tomado de Johnson,
James H. Geografía Urbana, Barcelona, Oiko-Tau, S. A. , 1987, p . 178.
58 / Descubridora
agos te de 1999 I ~ ' V e t a . s .. .
Ciudad de
Nueva York
1
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Figura 2. Ejemplos de Ciudades como Fractales. Según el Departamento de
Planeación de la East Carolina University. <http ://www.sit.ecu.edu/up-de pt/
fractals . htm>
Figura 3. El Copo de Nieve de Koch. Imagen generada por el autor usando
Visual Basic 5.0
..., número 2 DesdJbr1dOra I 5 9
Espejismos del desierto
.
potostno
Mirages ofThe Potosin
Desert
The article is a critic to use ofthe margination
and economics indicators made by the g overn-
ment of the state and by the INECI, based 011
ethnograp lzic information ofa study ofcase in
tlse valley of'Arista. In the article the iIIusion of
progress is shoton according to the official in-
dicators bu¡ tI,is is a real depredation andspoil
n li n ofthe agro-industry in the
El artículo es una crítica al uso de los indica-
dores de marginación y económicos elaborados
p or el gobierno del estado y por el INECI, con
base en información etnográfica de un est udio
de caso en el valle de Arista. En el artículo se
muestra la ilusión de progreso segtÍn los indi-
cadores oficiales de lo que en realidad es de-
predación y despojo por
agroindustria en la region. e
busca mostrar las limitaciones y "espejismos" mitations and "mirages "for the non critic and
que provoca el uso acrítico e indiscriminado de irrational use of th e indicators UJitl, an arti-
los indicadores, a partir de la reconstrucción culated reconstruction oftlze reality, based Oll
articulada de la realidad con base en el traba- fieldioork,
j o de campo realizado.
6 O / DescubridOra
agosto de 1999 I ~ ' V e t a s ...
Espejismos del desierto
potosino
J AVIER MAISTERRENA ZUBIRÁN
SC-..
J avier Mais te r rena Zubirán
El Colegi o de San Luis A. C. Correo electrónico: jmaisterrena@col san.ed u .mx
INTROD UCCIÓN
Uno de los procesos y modelos de modernización agrícola en el campo mexi cano,
representado en un ca so del desierto en el Altiplano potosino, aparece en los
indicado res oficiales como una manifestación de progreso. Lo anterior es sólo
una apariencia, un espej ismo. Esta ilusión se manifiesta en menores índices de
marginación, crecimiento en la concent r ación de población, mayor generación
de valor agregado , mayor empleo y mayor sofis ticación tecnológica . No obstan-
te, en cont r adicció n con la apariencia, el contexto ecológico, poblacional y tec-
nol ógico donde se lleva a cabo dicha fantasía , se constit uye en plataforma y
anuncio de un futuro con mayor nivel de pobreza y deterioro.
Si bien, la discusión, basada en un est udio de cas o, no pretende ser exten-
siva, si intenta ser capaz de enmar car un panorama que puede r esultar r epresen-
tativo de lo que acontece en el escenar io agrícola de México y de América Latina.
En particular el escr it o intenta mo strar y subr ayar, a través de datos empír icos,
las limitaciones epistémicas de una lectura de la r ealidad rural basada solamen-
~ V e t a . s ...1 número 2 Descubr1dora / 6 1
te en indicadores es tadíst icos, que en el cas o mo strado inducen a sesgos y errores
ser ios de interpretación sobre la r ealidad abordada .
En la primem parte planteo las conclusiones lógicas que sugiere la inter-
p retaci ón con base en los índices de marginaci ón presentados por el gobierno del
es t ado de San Luis P otosí , cor relacionados con los datos económicos y poblacio-
nales obtenidos del INEGI. El índice se basa en las condiciones de ed uca ción,
drenaj e, elect r icidad, agua , cuar tos y tipo de piso". En la segund a parte intento
hacer una r econst rucci ón articulada de la r ealidad con base en información
etnográfica de campo. Esta r econst rucci ón me permite evidencia r , en un estudio
de caso, los er rores interpr etativos a los que puede inducir el uso simple y super-
ficial de los indicadores. Por último, con base en la r econstrucción articulada
pretendo identificar cuáles son las posibles condiciones de futuro de las pobla-
ciones del valle de Arist a .
La interpretaci ón de l a r ealidad implica necesariamente una posrcion
epistémica, as umida consciente o inconscientemente, a partir de la cual se r eali-
za la lectura. En el escr ito muestro dos r eferencias epis té mic as : la primera con-
sider a que los indicadores por sí mismos son suficientes para hacer interpreta-
cio nes objetivas sobr e la r ealidad , y la segunda se basa en la consider ación de
que par a que los indicadores puedan aportar eleme nt os que permitan interpre-
tar la r ealidad es t udiad a más obj etivamente, es necesario que estén vinculados a
su contexto, esto es, contemplar lo que no es tá dicho por los indi cadores mismos,
pero que est á estrechamente relacionado con ellos y que hace posible la relación
con los demás indicadores económicos y demográfi cos . Si concebimos a la r eali-
dad como una t otalidad complej a, para compr ender la necesi tamos r econstruirla
en la r elación ent ramada que mantienen los di fer entes nivel es ec onómico, políti-
co y cultur al. En es a lógica , pretendemos hacer una lectura cr ít ica de los indica-
dor es mencionados en el intento de una reconstrucción arti cula da de la r ealidad.
I El indi cador se e1ahoró con hase en 7 po rc entaj es r esp ecto a l universo total en cues tión : 1) pohla-
ción analfa beta mayor de 15 años; 2) población mayor de 15 años sin p r imaria complet a, 3) vivien-
das par ti culares sin drenaj e, 4) vi viendas sin ene r gía el éctrica, 5) viviendas sin agua en t ubada, 6)
viviendas CIlJ1 un solo cnar to, y 7) viviendas con piso de ti err a . Cada lll10 de és tos porcentajes
fueron denominados indi cadores : INDI, IND2, .. . IND7. El Indice de Marginación 1M es una com-
hinaci ón li neal q ue fue gene r ada a partir del producto de dos vectores, el vecto r de coefi cientes
po nderadores denominado (/ y el vector IND comp uest o por los por centaj es mencionados: IM=
a lINDI+a21 .. , +a7I ' D7. Para mayor informaci ón véase Ílldices )' g rados de margillacióll en
la z ona centro , Huasteca , media y Altip lano. Cohierno del Estad o de Sa n Luis Potosi/Coordi na-
ción Gene ral de Co ncer tac ión Ci udadana, 1995. En adelante todos los d atos r eferentes a indicado-
r es de marginaci én provienen de ese documento,
6 2 / Descubridora
agosto de 1999 I ...
La marginación presupone un juicio de valor, un referente relativo res-
pecto del cual se está retirado, en la orilla, al margen. Como afirma el documen-
to fuente, "muestra los niveles de exclusión del desarrollo social". Lo que está en
el centro, lo privilegiado, es lo opuesto a lo que está en el margen. Podemos
afirmar que la marginación más radical y vital para el caso de estudio, se refiere
al acceso del agua, condición indispensable para la sobrevivencia particular-
mente en el desierto potosino.
EL ESTADO POTOSINO y SUS ZONAS
El estado de San Luis Potosí cuenta con un poco más de dos millones de habi-
tantes (2,003, 187: INEGI 1990) distribuidos para su gobierno en 58 municipios.
En los últimos 10 años, el estado ha presentado una elevada concentración de su
población en los centros metropolitanos o de creciente conurbación. El 52% de
esta población se concentra en sólo sei s municipios . Los más concentrados son
San Luis Potosí y Soledad Graciano Sánchez, donde viven el 33% de los potosinos.
Otros municipios han perdido población, este fenómeno se ha observado prin-
cipalmente en algunos municipios del Altiplano y la zona media.
Los di stintos ecosistemas del est ado permiten configurar cuatro zonas. De
oriente a poniente se alternan ascendiendo en forma escalonada llanuras y siste-
mas montañosos con diferentes niveles de altitud, precipitación y humedad. Es-
tos diferentes ecosist emas-zonas distinguen a sus habitantes geográfica , étnica y
sociocultur almente : de la zona más baja al oriente, la Huasteca, se sube a la
zona media, más arriba se accede a la zona centro? y por último, al norte del
estado la más elevada (2,200 msnm.}, el Altiplano. Estas zonas del estado a su
vez están divididas pOi' la pertenencia a dos diferentes cuencas hidrológi cas:
Salado y Pánuco.
EL ALTIPLA NO, ZONA Y REGIÓ N
Todo el Al tiplano potosino pertenece a la r egión hidrológica del Salado con la
cual existe una conc or dancia casi sim ét r-ica:'. Con una altitud de 1,600 a 2,700
msnm. , el clima es semiseco que varía de más seco hacia el norte y más.húmedo
ha cia el sur . La precipitación pluvial varíae nt re los 235 a 398 milímetros anua-
les. En ocasiones, esa canti dad de agua puede caer en sólo algunos días.
2 El cent r o se integra con la porción sudoes te del es tado donde se uhica la capital.
3 Sólo una parte de lo que se r ía la zona media y una porción de la zona cent ro pertenecen a es ta
cuenca.
~ ' V e t a s ...1 número 2 DescubridOra I 63
El Altiplano potosino se ubica al noroeste del est ado. La zona abarca
cerca de la mitad de la supe r ficie territorial del estado (31,660.13 km") y en su
interi or habitan sólo el 14. 7% del total de la población (Gr áficos 1 y 2 ). Su
po blación asciende a 294,339 habitantes di stribuidos en 1,144 localidades , en
su mayor par te rural es , de las cuales el 97% son menores de mil habitantes. En
consecuencia, el Altiplano es la zona con menor densidad de poblacióndel esta-
do con 9.3 habitantes por kilómetro cuadr ado (Gr áfico 3).
Gr áfico 1
Extensión geográfica por zonas
en el estado de San Luis Potosí
15%
27%
-
11
13%
• Z.Altiplano • Zona Centro
Gráfico 2
45%
Z. Media D Z. Huasteca
División de la población por zonas
en el estado de San Luis Potosí
'.
• Z.Altiplano • Zona Centro Z. Media D Z. Huasteca
agost o de 1999 I =iS: 'Veta.s...
Gráfico 3
Densidad de población por km2 por zonas
100
90
80
70
60
50
40
30
20
10
o - ! - " - ~ ¡ ¡ , ¡ ¡ , ¡ , , -
Dos actividades económicas de la Colonia originaron los primeros asenta-
mient os en el Al tiplano: La minería y la explot ación de sal. La minería motivó la
confor mación de los primeros poblados y haciendas en torno a los ya cimientos
de minerales, entre ellos : Catorce, Ced ral, Charcas, Guadalcáz ar, Matehuala,
Villa de la Paz y Villa de Ramos. Las lagunas de agua salada, di eron sus tent o al
nacimiento de la s poblaci ones de Salinas de Hidalgo, Peñón Blanco , Azogue r os y
Santo Domingo .
Apar te de la minería que persiste, la ganader ía es una de las actividades
más importantes en la economía de la r egión. Predomina la explot ación de ga-
nado ovino, bovino y capr ino, a esta actividad se dedican alrededor de 600 mil
hectárea s que repr esentan el 18. 90/0 del total de la zona. Por ot ra par te, el talla-
do de lechuguilla y palma cons tit uye una actividad económica alternativa y com-
plementaria esti mada para más de la mitad de la población del Altiplano (160
mil habitantes). El Al tiplano se constit uye como la zona más pobre y marginada
del estado. Según datos del gobierno del estado", el 460/0 de las localidades de la
zona Altiplano present a un Índice de marginación muy alt o (Gráfico 4) .
, Índices y g rados de marginación en la ;0110 centro, Huasteca, media y Altiplano, Gobier no del
Esta rlo de Sa n Luis P ot osí/ Coordinación Gener al de Concertación Ciudada na, 1995.
iiil:'Vetas.../ número 2
Gr áfico 4
Indices de marginación en el Altiplano
por localidad
3%
19%
46%
• Muy Alta • Alta
Gráfico 5
66 I Desdlbr1dora
Media OBaja OMuy Baja
SAN LUIS POTOSÍ, MÉXICO
o REGIÓN HIDROLÓGICA DEL SALADO
• ELVALLE DE ARISTA -
MUNICIPIOS
1 Charcas
2 Villade GuadaJupe
3 Venado
4 Villa Hidalgo
5 Mcctezuma
6 Villa de Arista
7 San Luis Potosí
agosto de 1999 I ~ ' V e t a s ...
La actividad agrícola del Altiplano se ve muy limitada en su desarrollo
debido a las condiciones poco aptas de los suelos y la escasa precipitación plu-
vial. La superficie agrícola se calcula en 228,213 hectáreas que representan sólo
el 7.2% del total del Altiplano. No obstante, hay áreas en las que se realizan
labores agrícolas con labranza mecanizada. La más importante área de este tipo
en la zona se localiza en Villa de Arista , al este de Venado y Moctezuma.
EL VALLE DE ARISTA, ÁREA AGRÍCOLA DEL
ALTIPLANO
En este caso de estudio observamos los municipios del valle de Arista que cuen-
tan con un importante potencial agrícola. El valle está situado en el Altiplano, al
norte de la ciudad de San Luis Potosí. Está definido por una subcuenca endorreica
que pertenece a la región hidrológica del Salados. La subcuenca tiene escasos
escurrimientos superficiales. El valle abarca los municipios de Villa de Arista,
Moctezuma, Venado y la delegación de Bocas (del municipio de San Luis Potosí)
con una extensión aproximada de 200 mil hectáreas (Gráfico 5) . Al interior de
esta subregionalización hemos determinado una área o microregión con alrede-
dor de 6 mil hectáreas de riego en donde existe un sistema de alta producción
agrícola basado en fuertes inversiones de capital y sofisticada tecnología impor-
tada. El fenómeno agroindustrial en la subcuenca es relativamente reciente. Las
primeras perforaciones para extracción de agua con fines de riego iniciaron en la
década de los cincuent a .
Antes de la aparición del riego con pozo profundo en el valle predomina-
ba la ganader ía . En Venado, ubicado en el somontano de la parte noroeste del
valle, se asentaba la industria textil más importante de la región, la estación de
ferrocarril para la comerciali zación y traslado de ganado y la producción de
cajetas y dulces, vinculada al cuidado del ganado caprino. Desde su fundación
en el siglo XVI, hasta la primera mitad del siglo por concluir, Venado había sido el
cent r o espacial dominante del valle", er a la ciudad más importante en población,
producción y relaciones. La economía de la subcuenca giraba en torno de la
5 Con base en que a las regiones hidrológicas también se les denominan cuenc as , hemos optado por
definir la concavidad del valle de Arista como subcuenca en el senti do de que está contenida por y
es parte de la cue nca hidrológica del Salado.
6 Est os centr os o sistemas son conj untos de eleme ntos o relaciones de personas o grupos tendidos en
el esp acio geográfic o, definidos con hase en puntos de interés, diversidad de funciones y sofistica-
ción de acti vidades que marcan j erarquías. Véase García Martínez , Bernardo (1993) y (1995) .
;s'Veta.s.../número 2
dinámica de Venado. Cont r olaba, concent r aba y r edistribuía el excedente de la
ganader ía y comercialización r egional. En las últimas do s décadas , como r esul-
tado de la modernización agrícola, este cent r o espacial dominante se desplazó
hacia Vill a de Ar ista . En los índices de marginación elabor ados por el gobierno
del est ado podemos observar la importancia r elativa asumida por el nuevo cen-
tro espacial.
IND ICA D O RES DE MARGI NA CI Ó N E N EL VALLE DE
A R IS TA
Según datos del gobierno del estado, cerca del 70% de las localidades , que co-
rresponden al 44% de los habitantes del valle, se encuent r an en niveles de mar-
ginación de alto a muy alt o. Lo anterior manifiesta un elevado nivel de disper-
sión y pobreza de la mayoría de los asentamientos del valle (GI' áficos 6 y 7).
Moctezuma y Venado sobrepas an el grado de marginación promedio del
Altiplano, una cua r ta parte de sus habitantes ti enen el ni vel más elevado de
marginación. Más de la mitad de la población de Moctezuma (63%) est á en
condiciones de alta marginación o peores (Gráficos 8 y 9) . El caso de Vill a de
Arista es una excepción. Es notabl e que cer ca de las tres cuar t as partes de la
po blación (73 .2%) presentan un índice de marginación baja (Gr áfico 10). Con
base en los datos observados po de mos afirmar que al inter-ior de la subcuenca, el
centro poblacional del área irrigada , la cabecera municipal de Vill a de Ar ist a, se
convir ti ó en un aparente oasis r odeado de marginación. Frente a ese ambiente
Gráfico 6
Indices de marginación en el valle por localidades
'.
13%
15%
25%
• Muy Alta • Alta
68 I Descubridora
3%
44%
Media DBaja DMuy Baja
agosto de 1999 I ~ " V e t a s ...
Gráfico 7
Indices de marginación por población en el valle de Arista
26%
• Muy Alta • Alta
23%
14%
Media DBaja DMuy Baja
Indice de marginación por población en Moctezuma
Gráfico 8
11%
16%
25%
38%
• MuyAlta • Alta • Media DBaja DMuyBaja
Indices de marginación por población en Venado
24%
18%
20%
• Muy Alta • Alta • Media DBaja DMuy Baja
Gráfico 9 .
~ V e t a s ...I II Úlller o 2 DesOJbr1dOra I 69
de relativa pobreza, la alternativa de trabajo agrícola que ofreció el sistema es-
pacial de Villa de Arista resultó relevante para todos los pobladores del valle.
DINAMISMOS SUBREGIONALES
Como muestran diversos indicadores económicos, la cabecera municipal de Arista
presenta menor marginación, mayor concentración de población, mayor pro-
ducción y mayor valor agregado respecto de los otros dos municipios (Gráficos
11 y 12). Esta situación r elativamente mejor está relacionada con la decisión de
cons ider arlo como el emergente centro espacial dominante del valle. A partir de
la información aportada sólo por los indicadores utilizados, una interpretación a
primera vista nos permitiría afirmar que el proyecto Arista o la dinámica de
producción que se r ealiza en Arista es el modelo que ofrece las mejores alterna-
tivas para su población. Con base en la primer postura epistémica referida, de
que los indicadores son suficientes para interpretar la realidad observada, po-
dríamos concluir en este momento que el resultado de los indicadores funda-
mentan empíricamente (y por lo tanto sustentados en una aparente objetividad)
la afirmación de que Villa de Arista es ej emplo de progreso económico y social en
el Altiplano potosino.
La naciente vitalidad de la región, a partir de la década de los ochenta,
con la aparición de la agroindustria en Villa de Ar ist a, cuesti onó la hegemonía
de Venado como cent r o r ector. Venado fu e sede de un sistema espacial desplaza-
do y a partir del riego eme r gier on nuevas r edes en función de la producción y
comercialización del jitomate. Los nuevos vínculos poco tenían que ver con la
ganade r ía, el ganado en el valle pasó a segundo término. La fábrica textil quedó
abandonada y la empresa de cajeta Cor onado se vendió a la Bimbo y dejó de
producir el dulce en Venado.
En cambio, Villa de Ar ist a, que en los sesent a er a solamente una delega-
ción del municipio de Vill a Hidalgo, en 1971 se constituyó como cabecera muni-
cipal del municipio que ll eva su nombre y ahora, en poco más de 28 años, es la
población más grande del valle con mayor cantidad de servICIOS, empresas y
producto".
En la mi croregión agrícola del valle, los usos del agua pasaron de ser
abrevade r os para ganado a la implantación de sistemas con tecnología hidráuli-
7 Veuado tiene 3902 habit antes, Moct eznma 2949 y Villa de Arist a 4788, INECI , 1990.
'.
7O I DesóJbr1dora
agosto de 1999 I ~ V e t a . s ...
Indices de marginación por población de Arista
0.4% 9.5%
• Muy Alta • Alta
12.2%
Media DBaja DMuy Baja
Gr áfico 10
ca de riego presurizado, ell o es t uvo r elacionado con la r edistribución de la pro-
piedad del agua. La mayoría de los nuevos propietarios de pozos fueron foráneos,
principalmente sinaloenses . En pocas décadas, la cantidad de pozos en el valle
han ascendido de docenas a cerca de 2 mil pozos , donde el 90% de la ext r acción
del agua se ha utilizado para riego. En busca de un mayor r endimiento, los
produc tores han venido implantando sistemas de riego cada vez más sofisticados.
Se estima que el 77% del riego por goteo de la subcue nca se concentra en Vill a
de Ar ista (Gr áfico 13).
En cuant o al suelo, de haber sido ti erras para ganado y sec ano, el valle se
tr ansformó en producto r de jitomate. Se adoptaron nuevos ciclos, tecnología e
infraestructura agrícola. Estos r eferentes confor mar on al valle como un espacio
complej o, polarizado y est r uct ur ado de manera j erárquica en función del jito-
mat e donde p a ulati namente Vill a de Arist a se asumió como sistema espaci al
dominante desplazando a Venado",
8 El j it omat e es la hortaliza de ma yor cons umo , prod ucción y expor tación en México . Entre los
estallos de mayor producción es tá n Sinaloa (como principal product or), Morelos, Jalisco, Vera-
cr uz, Ta ma ulipas y Baja Ca lifor nia . En la década de los no venta San Luis Potosí comenzó a figurar
en las estadísticas nacionales. En 1991 el es tado potosino ocupó la tercer posición en la escala de
producción nacional. De acuerdo a es timaciones de la SARH en 1993 San Luis Pot osí llegó a ocu-
par la segunda posición super ando a Baja Ca lifornia . Del es tado potosino, el va lle de Arista es la
r egi ón agrícola con el m ás alto índi ce de producción de j it omate. En el va lle se cultivan un prome-
di o de 6,000 ha. de jitomate durante el ciclo agrícola abril-octubre.
~ ' V e t a . s .. .1 número 2 DesáJbr1dora / 7 1
Gráfico 11
Cantidad de estableci mientos y personal
ocupado por municipio
1400
1229
• Venado
1200
1000
800
600
400
200
o
Gr áfico 12
Personal
254
189
Establecimi entos
D Moctezuma
• V. Arist a
Valor de la producción y agregado por municipio 1990
4SOOO
40000
3S000
30000
'"
o
'"
2S000
e
o.
'"
s
20000
"
" z
1S000
10000
SOOO
o
V Producción
• Venado
D Moctezuma
11 V.Arista
V Agregado
72 I DesáJbr1C:lO
r
a agosto de 1999 I ...
La forma tradici onal de vivir y producir en el vall e se vio transformada.
De la agri cultura y ganader ía de subsistenci a, aparecieron nuevas est r ategias
pa"a sat isfa cer las necesidades y con ellas vinieron nuevos vínculos y r elaciones
de trabajo. El trabajo de los habitantes de la subcuenca ha pasado de se r fami-
liar y de subsistenci a en pequeña escal a, a asalariado en la ocupaci ón de mil es
de trabajadores que venden su fuerza de trabaj o en la agroindustri a . Se ocupan
tr abajadores p ara la preparación de la ti erra, siembr a en in vernadero, planta-
ción, cosech a, acarreo y emp aque. Esta población trabajadora, procedente de
di stintas partes del país se inserta en la producción agrícola y en la sociedad
r egional mediante las r elaciones de trabajo. El valle de Ar is t a se confor ma como
un cent ro recep tor de mano de obra agrícola y agroindustrial vinc ulado con
otros est ados de la República Mexican a .
El desempeño de Vill a de Ar is ta como sistema es pacial funcional de ma-
yor j erarquía al interior del valle se puede observar con mayor intensidad en los
meses de junio a octubre. La cabecer a municipal se asemeja a una gr an fábri ca
do nde todo es movimiento, ti empo y r elaci ones de trabajo. Desde las cuat ro de la
ma ñana la plaza se co nvier te en el espacio de co nt r at ación de los j ornal eros
agrícolas que ofert an su mano de ob ra. Los camiones van y vienen con la " mer-
cancía humana" que transportan a los campos jitornateros, al preci o de cinco
pesos cada uno. P or otro lado, gr upos de j óvenes de ambos sexos, se dirigen a
tr abaj ar a los emp aques ent re las 10 y 12 del día. El ambiente en Ar ist a est á
enmarcado por el constan te paso de las " b atangas" (t inas donde t r ansportan el
producto) llenas de jit omate r umbo al empaque y por los camiones enfilados que
esperan su cargamento en cajas para t r anspor t arlo a los distintos mercados del
país . Todo este movimi ento co nvive con un activí simo come rcio de comidas y
servicios p ar a sat isfacer las demandas de los distintos gr upos de trabajadores.
En esta temporada de trab ajo, la cabecer a munici pal de Villa de Ar ist a, la ma-
yor del va lle, aumen t a h asta tres veces su población or igi nari a", El valle r ecibe
anualmente un promedio de 10 a 15 mil personas procedentes de las comunida-
des del valle y sus derredores, de distintos luga r es del es t ado y del país. Lo
anterior define al valle de Ar is ta co mo un espacio de ofer ta y demanda de mano
de obra, atrayente de miles de p ersonas que en la t emporada de la pizca de
"tomate", llegan para ve nder su fuerza de trabaj o en los distintos p"ocesos de
producción de esta hortaliza . Lo que se denomina va lle de Arista ha modificado
9 En la cabecera mnnicipal es donde se concentra la mayor cantidad de po blación tr abaj ador a.
~ V e t a s .../ IlÚlll cr n 2 Descubridora I 7 3
Gráfico 13
Proporción de riego por goteo en el valle por municipio
2% 2%
• Arista • Bocas DVenado DMoctezuma
su paisaj e natur al, ha sus tit uido las cac táceas por campos agrícolas de riego y la
fauna sil ves t re por camiones, tractores y avionetas fumigadoras.
Todos los arist enses valoran la importancia del trabajo. Consideran que
se distin guen r esp ecto a las demás poblaciones de la r egi ón del Altiplano, porque
" aquí sí hay trabaj o" , afirman. En la plaza, la alcaldía también anuncia públi-
camente su r econocimiento al t r abaj o en el depósito de agua potable. En el r e-
dondo r eci pi ente del líquido, pintado como gigantesco j itomate , la presidencia
municipal tiene escr ita una leyenda : " Bienvenidos a Vill a de Ar ista, lugar de
trabaj o" . En ese mismo sentido gir a la opinión de uno de los principales em-
pr esarios: "Aquí hay trabajo, viene gente de Zacatecas , de Oaxaca , de todas
par tes . nosotros usamos pura de aquí. La gente de aquí se acomoda donde hay
más trabaj o, donde hay más tiempo. Traemos 2000 gentes de aquí alrededor, de
los ej idos. Todos los años ellos se acomodan con nosot r os".
Dadas las actuales circunst anc ias , Vill a de Ar ist a ha asumido una posi-
ción j er ár qui ca como cent ro espacial dominante del valle con base en la comple-
jidad de las funciones que ha desempeñ ado al interior de la subcuenca y en la
var iedad y sofisticación de sus actividades y servicios en función de los procesos
de produc ción y comercialización del j itomate.
Hasta aquí pue den llegar los indi cador es ofi ciales , por sí mi smos no pue-
den decir más de la r ealidad. Están limitados por su posi ción epistemológica de
que los indi cadores permiten hacer interpretaciones objetivas y consecue nte-
74 / DesCUbridora
agosto de 1999 I ~ V e t a . s ...
mente las hacen sin separ ar se y sustentándose en el sentido común . Como todos
podemos observar en los medios de comunicación, la mayoría de las veces es a
partir de est as fu entes de información que el gobierno argumenta la toma deci-
siones de política económica . Se quedan en la apariencia, sin ir más allá de lo
evide nte, para justificar la inercia que prevalece y r eproduce el sistema domi -
nante . En nuestro cas o de est udio cons ider amos que para comprender la r eali-
dad del valle como totalidad, necesitamos el contexto de los indicadores. Sólo
con el contexto podr emos articular los element os o niveles que estaban inco-
nexos o ausentes en el análisis.
EL C ON TEX T O DE MA RG IN A C I ÓN Y PROGR E SO
l O
Una mirada superfici al, limitada a los datos ofrecidos por los indicadores oficia-
les, da la apariencia de que la población de Ar ist a es la que mayor desarrollo e
integración al mundo globalizado ti ene. Ese proceso de desplazamiento j erár-
quico también ha cons istido en que simultáneamente se han desplazado las ne-
cesidades y la forma en que se satis facen . Las necesidades son lo no contempla-
do por el indicador de marginación pero ligado a él y al plantearlas nos permiti-
r án ar ticular al índice con los otros indicadores económicos, r egionales y los
desplazamientos poblacionales .
Cuando Venado er a el centro espacial, las necesidades para la producción
de cajeta eran predominantemente locales y se cubr ían en su mayoría con r ecur-
sos endógenos . La tecnol ogía par a su elabor ación era tradicional. Existía un
relativo equilibrio entre el excedente gener ado que permanecía en la r egión y lo
que requerían para su reproducción en los ciclos subsiguientes. El intercambio y
la distribución de la ri queza era r egional lo que fa cilitaba la circulación en su
interior. Lo anterior se puede observar ya que Venado es el muni cipio que pre-
senta mayor porcentaje de mar ginación " muy baja" y conserva la mayor canti-
dad de establecimientos (Gráficos 9 y 11).
Fue un facto r externo el que impulsó rápidamente el despla zamiento de
Venado y la adopción de Ar ist a como centro dominante. La afluencia de capita-
les sinaloenses para la pr oducción de jitomate modifi có en poca s décadas la
impor t anci a relat iva de Aris t a ent re los munici pios del valle antes del es-
tabl ecimi ento del riego. Ar ista en es te nuevo contexto se cons ti t uyó como un
10 Gran parle de la infor mación que se menci ona a conti nuación, para la configuración del contex-
to, fue ohtcnida directamen te, mediante trabaj o etnográfico en el va lle de Ar ista.
~ ' V e t a s ...1 número 2 DesOJbr1ClOra I 75
- ._------- -
r eferente y punto de llegada de los empresarios foráneos, El nivel de control de
los sinaloe nses es significativo si contemplamos que por lo menos el 69% del
ri ego presurizado es t á en manos de la s empres as foráneas. El valle se ha conver-
tido en un encl ave que r esponde a los intereses de mercado y rentabilidad de las
eml)l'esas j itomateras sinaloenses .
Act ualmente la necesidad de r ecursos exógenos es expa nsiva y depen-
diente del ex te r ior, ello implica un flujo monetario significat ivo para adquirirlos .
El jitomate para su producci ón r equiere de fuerte in versión de capit al , de semi-
lla procedente de I srael o de norteamérica , de insumos can adienses, y de t ecno-
logía de compañías transnaci onales de fertilizantes y pesticidas o, en el mejor de
los cas os, la imitaci ón de los procesos producti vos sinaloenses . Por otro lado, cl
product o es perecedero y delicado, por lo tanto se r equiere la inmediatez para su
traslado hacia los cen t r os de comercialización . En ese con text o el mercado y
qui enes influyen en él, ejercen una presión r especto al precio , en función de su
capacidad de compr a , Lo s grandes compr adores de las cen t r ales de abasto lle-
gan a obtener más del 100% de ganancia en la comercializa ción del jitornate.
De bido a lo anterior los grundes emp aques son consorcios que ti enen sus r edes,
muchas veces familia r es, en las cent r ales de abasto naci onales y cen tr os come r-
ciales . Las empresas jitomateras para ser eficientes r equieren el sustent o de un
ca pit al que posibilite la r ealizaci ón de las cos t osas in versiones y sop or te el riesgo
de la inversi ón, La impresión de lo masi vo provoca impotencia e incertidumbre
en los pequeños y me dianos p roductores locales. Como la dimensión cu ant it ati-
va pecuniar ia es mayor, por ello mayor es su apariencia en los indicadores y
mayores también son los impactos en la extracción de los r ecursos y excedentes
locales,
El aspecto t al vez más significativo es que l a dinámi ca del ca pit al es
extractiva y depredatoria siguien do intereses exógenos aunque aparentemente
de progreso, Por parte de los invers ionist as foráneos no hay una preocupación
por el lugar sino como es pacio circunstancial para la obtención de una mayor
r entabilidad en la producción de jitomate. Los r equerimientos de agua han sido
exponenciales y han r ebasado la capacidad de r ecarga del manto acuífero. La
r ecarga es timada del acuí fero en 1983 era de 25 millones de m
3/año
y el gasto de
40 millones de m
3/añ
o lo que implicaba desde ent onces una sob rexplot ación de
15 mill ones de m:l/a ño (Mar tínez Ruiz, 1983:25) . La p rofundi da d para la ex-
t racción del agua ha variado de los 40 a más de 200 met r os. La apropiación
privada de los pozos ha despojado a comunidades enter as del acceso al agua.
76 I Descubridora
agosto de 1999 I ~ ' V e t a s ...
:.
e
-
"
'00
-
-
Más de 12 mil hectáreas han sido abandonadas debido al agotamiento del
agua y el empobrecimient o y emplagamiento de los suelos, Lo anterior ha impli-
cado una transferencia hacia el exter ior del excedente producido en la subcuenca
con base en la explotación de sus recursos. Esa riqueza generada tiene su sust en-
to en el despojo del agua , el agotamiento del suelo y la ocupación de la fuerza de
trabajo. El excedente exp r esado en dinero ha salido constantemente de la región
mediante la adquisición de insumos y los rendimientos del capital.
El deterioro del nivel de los pozos a una mayor profundidad, la elimina-
ción del subsidio de la ener gía eléct r ica, el agotami ento de los suelos, la apari-
ción de plagas , el aumento significativo de los costos de producción y la vulnera-
bilidad y variación del precio en el mercado del jitomate, han propiciado, en la
presente década, la sali da de importantes capitales agrícolas sinaloe nses del va-
lle. Esa s condiciones han provocado sensiblemente la eliminación de una impor-
tante fuente de empleo y por lo tanto de subsistencia a los pobladores regionales.
La nueva dinámica ha hecho depender la subsistencia familiar cada vez más del
salar io. La aparición de nuevas necesidades y nuevos consumos ha propiciado
un creciente r equerimiento del ingreso pecuniario. La posibilidad de este salar io
depende fundamentalmente de la inversión de capital exterior, En ese escenario,
las gar antías de vida de los habitantes de la subcuenca ti enden a depender cada
:::S:'Vetas.../ n úmero 2 Descubridora / 7 7
vez más del exterior. Correlativamente, a partir del retiro de impor t antes empre-
sas sinaloenses en el valle, se ha iniciado la migración local hacia zonas j itomater as
de otros estados y hacia Estados Unidos .
Con la llegada de la agroindustria traída por los capitales sinaloenses se
adquirieron nuevos r eferentes culturales y se entr ó a una nueva lógica con nue-
vos intereses y valores en una dinámica de carácter imitativo. El desplazamiento
al nuevo centr o espacial se acompañó por un lado con el menosprecio, des-
conocimiento, olvido y en algunos casos , abandono de las tecnologías tradicio-
nales locales eficaces y económicas para la solución de problemas y por el otro
con la adopción, en una posición de ignorancia, de tecnologías extranjeras . La
apreciación y necesidad del dinero, que antes era relativamente desconocido o
usado sólo como r eserva, fue sustituyendo los requerimientos de unidad y con-
vivencia familiar en el mismo espacio doméstico por la apertura y disponibilidad
hacia la migración. El empobr ecimiento provocado por el agotamiento de los
recursos ha creado condiciones de marginación extrema, de sobrevivencia ele-
mental por la carencia de agua para las familias más desprotegidas . El cambio
cultur al generado y el empobrecimiento de los habitantes de la región ante la
incapacidad de gene r ar sus propias condiciones de producción y empleo va su-
mi endo al valle en una sit uación difícil con cada vez menos alternativas identifi-
cadas . Con todo lo anterior podemos conside r ar que el proceso ha sido genera-
dor, simultáneamente, de gr andes riquezas que se dirigen al exter ior y de gran-
des mi serias que se incorporan al valle .
Conscientes de que la di scusión sobre los actores r ebasaría las intenciones
del presente artículo, cabe mencionar que existen sujetos potenciales emer gentes
aún no cons tit uidos como fuerza alternativa a la propuesta sinaloense, que, sin
embargo, conside r amos cons tituyen el eje de posibilidades de futuro para el valle.
CO N CL U SIO NE S
Los más afectados a largo plazo en este proceso de producción y sus consecuencias
son y ser án los pobladores local es, tanto empresarios como trabajadores, ya que han
sido despojados de sus r ecursos de subsistencia local es como el agua y la tierra.
El valle se ha sometido a la dinámica centr ípeta y centr ífuga del capital y
la tecnología agrícola. En su movimiento centr ífugo a los marginales los ha des-
plazado hacia un nivel de marginación infrahumana , despoj ándolos de lo más
vit al que es el agua , y por otro lado en su movimiento centr ípet o ha extr aído
r ecur sos transfor mados en riqueza de donde ha podido, para privilegiar aún
78 I Descubridora
agosto de 1999 I ~ ' V e t a . s ...
más al centro, a la metrópoli, al gran capital transnacional. El mecanismo de
este dinamismo bidireccional en el ca so de estudio ha sido la tecnología para la
generación rentable del producto del jitomate y su mercado.
Como se ha podido observar en el escr ito a partir de las dos posiciones
epi stémicas presentadas, las conclusiones que permite una lectur a articulada de
los indicadores con base en su contexto son completamente distantes y hasta
opuestas a las que resultaron de una interpretación simple y superficial de los
indicadores . Si consideramos que las decisiones se basan en las inter pr etaciones
que se hacen de la r ealidad podemos inferir que cada una orienta por caminos
distintos y con diferentes resultados.
De continuar esa situación inercial, ¿cuál es el escenario posible para los
próximos 10 o 20 años en el valle de Arista?
• El abandono poblacional por la carencia de alternativas de vida en la
subcuenc a .
• El mantenimiento de una economía dependiente de las agroindustrias
sinaloenses en un proceso marginal y poco r entable.
• La r eproducción y seguimient o del modelo sinaloense mediante la in-
cursión y migración a otras r egiones del país para la producción del jitomate,
como trabajadores especializados en su producción, adheridos a las principales
agr oindustrias nacionales.
• El r egreso al sistema tradicional ganadero y de secano en peores condi-
ciones por el agotamiento de los recursos.
La limitación a lo anterior o la apertura de nuevas posibilidades no con-
templadas sólo est á en manos de los sujet os locales. Únicamente ell os pueden
cons t r uir nuevas y diferentes condiciones de futuro basados en sus interpreta-
ciones de la r ealidad vivida. Ellos pueden identificar alternativas viables, apo-
yados en los r ecursos y conocimientos locales que posibiliten un desarrollo sus-
tentable de la economía local.
Oj alá el lector, con base en lo planteado, compar ta la posi ción de que los
indicadores, siendo útiles , ti enen límites , que por sí solos únicamente permiten
ver "espej ismos" y por lo tanto es necesario r escatar la complej idad de la r eali-
dad mediante una r econstrucción articulada de la misma para poder compr en-
derla más objetivamente. ~ l .
FECIIA DE HECEP CIÓN: 15/IV/99
F ECHA DE ACEPTACIÓN: 3NI99
=iS: 'Vetas...¡ número 2
1 81. OG F i
Calvillo Uuna , 'l'omá : . L99.t ) .. can, lliuñ; Pote -i.. [Ir mar a aJ a vue& I'l • tt
Conz ález Casanova Pablo Y: Jorge Cadena ou s, ) l
lI/oderniz at:ión y deffl.Qt:raún dé, auascalienses a :m ee Y. JEé ., m. Ladicn! ti
Ediciones. Centr u de lt vestigaciones Lnter<ffi¡dpli'n:a.ri:rs en HllIIIlli ..
Gard a Ma.r: tÍJlez. Berua úo. "Tiempo Y: espado Itl], éxi' ' 0 :: úTtilnu. ,r ca as
del 5it\lo .. " en J.J. Blanco 11 .l Oo olJ't:n.Ot:ll" ..)_ Jí.léxii:o rr:.ftmes ti:! s
Méx.i.;o. Ji. C. E. . pp. ] 52-177. .
_____ (l995")"' En busca die Ua geo" uiliíiaJ ÚJWtó rrii ll a-. /L- . ri!ióvlCúire
lolliloall/er;ÍcaiiJ. cpt. Pll .. ..
Gobi' jI' lIO eJ .;1 Estado de an T!. wí> Pntusií. f t995:)t ndu.·e.'i- r ffCIUÚJS dé llb.7JCgiiuu:iii 'n tik Ik
zona Altip lano. Méxko..
Maister reua Zuhimin•.Javier y 1Wá•.Isab« NocmILt:,:I! .SIDa .. 8!iéw,.t1rlLlifLJP 'l' 1lT:lJilfu:t:ion dé
hortalizas; El. vallú de ¡jr-ist a en. eUA!li:iplhna Pot:osi.TW eh: ' Thmestiipwiurn,.
an Iluis P otoltí, €IihU ILF..
Muntí nez Hui z.. Ví.;lor Julián.. l!r;esente'1'};üt:twu.d}4}¡.s cuanaas ,realiii/;,u!< Í:-rfillL.,·dé
Villa do RlJ)'es'..Sllll Bilis l!btosfírT!ülü deAf¡¡iSttL., s:lt. a
Folleto "écllii:o 110 . 9 ' .
MOlltej ano y Aguiíiaga Ha fad. . (11990) San !llLí.!; Pbmsí.. Ij¿ tie mra: r el! lin mIJT:e:. "N iiml,-
Archivo Hi stórico del Est ado el", un Luis P JtultE.
Zeruehnuu, Hugo. ( WlJ9) {;r fti6'u 8p iü effl olú/!ü:u dI! lbs iiulii:lullmes;. ' 'xiim.. Ell «:ol ·gi.ill
de Méxi co.
Cua o 1.
,
Indines y gt' udos de marginación po -Inculida en e estarlo de- San ILui.S,.I? uro
(L990)il'
Porloc. Z, Centro Z..Alui/llIllu
Do, 31mliir. Jff..Hh«steat['
Muy Alt a SOf.l'o 46Wa- 43Wa- 2.11 W«
Alt a 23f.l'o 19%
?l1-Wa-
3\)%
Mcdia 16%
l e %. 18Wa-

Baja 9% 1'3Wa- 12..% 9%
Muy Buju 2'1\ 30"11' 3Wa- 2.%
*El ahor ación propia, l !l Y¡
Fuen te: Índices.y grados cle. IIII1 "1;inllc:,i ílll en 111 z.. na ceurr .. . .Hu ust ucu, IIllldj¡llr 'Al lil!llInll..Gohiill"\I1J
cid Es t udo de San Luí; l'otosí/Cool', li lllu:ión Gl"", rul clt, ao G:i Ullllllilllll. W9S:
s O I D6seubrJ a
Cuadr o 2
Índices y grados de marginaci óu )101' huhitunt e en el estudu de un Luis Potosí
( 1990)*
Por Hab. Z. Cent ro Z. Alrip lano Z. ¡I/edia Z. /luastecn
Muy Alta 4% 14% 11 % 12%
Alta 5% 12% 11 % 23%
Media 7% 17% 17% Hl%
Baja 9% 20% 16% 23%
Muy Baja 75% 36% 44% 24%
*Elllhol'ación propia. 1997
Fuente: ílldices ygrados de marginacián en la zorra cent ro, Huasteca, media y AllIi,laflO. Gohieruo
del Estado de Sa n Lui s Potosí/ Coordinaci ón Ce neru l de Concertación Ciudadana. 1995.
Cuadro 3
,
Í ndice de marginación en el valle de Arista, por población (1990)*
Municipio muy alta alta media baja muy baja tolal
Moctezuma 4768 7219 1923 2017 2974 18891
25 % 38 % 10% ll % 16%
Venado 3383 2474 2723 1416 3923 13919
24 % 18% 20 % 10% 28%
Aris t a 111 O 564 1426 8589 47 11736
9.6% 5% 12% 73% 0.4%
Total 9261 10257 6072 12022 6944 44546
21% 23 % 14% 27% 16%
*Elahor ación propia. 1997
Fuent e: ílldices y g rados de marginacián en la zona Altiplallo, Gohierno del Estado de San Lui s
Potosí/Coonlinaei ón Ge ne r al de Coneer taei ón Ciudadana , 1995.
~ ~ e t a s .../ lHí ll1cr o 2 Desd.lbr1dOra I 8 1
Cuadr o 4
Índice de marginaci ón en el valle de Ar ista, por localidades (1990)*
Muni cipio muy alta alt a media baja muy baja t otal
Moct ezuma 33 35 14 9 2 93
35.5% 37. 6% 15.1 % 9.7% 2.2%
Venado 4 2 12 II 7 2 74
56. 8% 16.2% 14.9% 9.5% 2. 7%
Arist a 15 5 7 12 2 41
36.6% 12.2% 17.1 % 29 .3% 4.9%
Total 90 52 32 28 6 208
43.3% 25% 15. 3% 13.4% 2.9%
*Elahor ación propia. 1997
Fuente : índices)' grados de marginacián en la zafia AIlIi Jla flo, Gohie m o del Estado de San Luis
Pot osí/Coordinación Gener al de conce r tac ión Ci udadana , 1995
loo
o
~
o
."
-
-
8 2 I DescubridOra
agos to <l e 1999 I iS:'Vetas...
Cuadro 5
Tipo de uso y propiedad de pozos por muni cipio (1981)*
DOMÉSTICO AUHEVADERO RI EGO No DETER. T OTAL
Municipi o Soc. 1 Priv. Soc. 1 Priv. Soc , I Privo Soc , I Priv.
Charcas 5 3 3 4 1 16
Moctezu ma 2 3 1 41 109 1 3 160
San Luis Potosí 1 1 1 II 6 20
Venado 3 2 7 2 15 8 4 7 48
V. Aris ta 3 1 12 111 6 133
V. Gu ada lu pe 1 7 1 1 10
TOTAL 15 7 14 6 87 235 II 17 392
*Elahor ación propia. Diciembre 1997.
Abrev iat ur us: No det er. No determinado
Soe. Social
Privo Privado
Fuente: CNA, documento intento, 1981.
~ ' V e t a s ...1 número 2
La India contemporá-
nea.Incertúíumbre
adentro, inseguridad
afUera
La India, desde una p erspectiva política, pre-
sen /a, en lo interno, IUI pallorallla de enlergell-
cia de nueuos partidos p olíticos; el acceso al
p oder de g rupos an ter iorrnen te margiaados, y
India Nowadays.
Inside Uncertainty,
Insecurity Outside
India,from a polítical oieio, p resents inside the
arise ofneiop olíticalpartys, rile access topower
al' marginated g roups, the elect oral reform,
transformations in mass media, the slow a toak-
eaiag al' civil society; and a delicat e arraage-
la sociedad civil y el jueg o del sistema de parti-
dos ea una democracia representati va, repre-
sentan, en coajunto, un serio desafio en la rrans-
formacián del Estado. En lo externo, la ubica-
cióageoestratégica de la ladia 110lle vado al p aís
a desarrollar delicadas alianzas extrarregio-
nales coa Chiaa y coa Pakist áa, dichas alian-
zas creaa un marco de inseguridad en toda la
regióa, cuyo desenlace se verá en los años por
venir.
84 I DesOlbr1ClOl'a.
/lOS generated dif.ficl/lts extra- regioaal alliaaces
wíth C/dna and Pak ist aa W/lIC/I gives an inse-
curity horizon for the whole regioa .
agosto de 1999 I ~ - V e t a . s ...
La India contemporánea.
Incertidumbre adentro~
inseguridad afuera
V ARUN SAHNI
En el espacio que me ha sido asi gnado, me gustaría analizar el ámbito interno y
exte r no de la política india. Este panorama no sugiere que no haya otras áreas
de la política contempor ánea india , tales como la economía, sociedad y cultura,
que r esulten muy interesantes . El enfoque de mi presentación r efleja meramente
mi exper ienc ia como politólogo. En mi opinión, el est ado actual de la política
India puede describirse como incertidumbre adentro, inseguridad afuera.
Va r un Sah ni
CIDE. Correo electrónico: sa hni@dis t l.cide. mx
~ ' V e t a . s ...1número 2
Desc!Jbr1dOra / 85
r •
I .
INCERTID UMBRE ADENT RO
Desde el punto de vista de Harold Lasswell , muy conocido politólogo estadouni-
dense, la política implica "quién obtiene qué, cuándo y cómo" . Entre ellas, la
pregunta quién es sin duda la más importante: ¿Quién gobierna? ¿Quién es
excl uido? ¿Quién se benefi cia? , ¿a expens as de quién? A lo largo de la historia
de la humanidad, de una sociedad a otr a, est as cuat ro preguntas han sido ardua-
mente r espondidas. Cada generación, en cada sociedad, es tas interrogantes se
r eabren y surgen otras nuevas .
Hoy en día, en la India atravesamos por una fa se de duda , introspección,
desespero, esper anza y r ei vindicación. Los grupos de cas t as que han estado al
margen de la sociedad india ti enen por primera vez, el poder en su manos y lo
est án disfrutando. Nuevas clases sociales se est án formando. El vi ejo est ableci-
miento est á dando cabida a " una nueva cl ase media" que no sólo busca acceder
al poder sino que pretende capt urarlo. En la s capit ales de los est ados y en los
distritos a lo largo del país, hay una desgana por some ter se a los caprichos de
Nueva Delhi . La política india, en otr as palabr as, es un desorden. No obstante
este tumulto es inevitable y necesario. Toda sociedad, particularmente aquellas
sociedades en desarrollo como la I ndia en que el pastel es pequeño y los de-
mandantes muchos, debe r edefinir se periódicamente al decidir quién est a " den-
tro" y quién esta "fuera". y si la r edefinición r esulta en una sociedad más inclusiva,
como lo sugieren los cambios actual es de la política en la India , mucho mejor.
La forma de gobier no central en Nueva Delhi r efleja muchos de estos
cambios . La India es una de mocracia par lament ar ia . El vot o popular en la India
est á act ualmente dividido en tres segmentos iguales , ninguno de los cuales posee
una mayoría en el parlamento.
El más gr ande de estos segmentos est á conformado por el Partido Bharatiya
Janata (BJP por sus siglas en inglés), el par ti do de la r ei vindicación y pat r iotismo
hindú, y sus aliados . Después de varios años de ser la par ia de la política india ,
el BJP ll egó al poder en las elecciones de febrero de 1998. El segundo segmento
polí tico est á formado por el par tido del Congreso, el par tido que ha gobernado a
la I ndia cas i desde su independencia , y sus aliados. El Congreso parece hoy est ar
en decadenci a , aunque la decisión de Sonia Gandhi, viuda de Rajiv Gandhi , el
primer minist ro asesinado, de unir se a la polí tica podr ía marcar un giro sobre el
futuro del partido. El te rcer segme nto comprende alrededor de 14 partidos que
juntos constituyen el Frente Unido, formado por dos partidos comunistas, par-ti-
86 / Descubridora
ugosto de 1999 I ~ ~ e t a s ...
do s de cent r o-izquie r da como el J anata Dal que habla en nombre de cie r t os
grupos de cast as hasta ahora marginados, y varios otros partidos r egionales.
El cambio más evidente en la política india en los últimos años ha sido el
saneamie nto del proceso elector al indio. La Comisión Elect or al, r evitalizada , ha
iniciado un proceso de r eforma elect or al que ha capt ur ado la imaginación polí-
t ica y ética de la ciudadanía y p or ello, muy difícil de revertir . El hecho sob resa-
liente de todo es te pl"Oceso de transformaci ón es que se inició y complet ó sin que
se hayan instrumentado cambios instituci onales significat ivos . Por el con t r a r-io,
una instituci ón exis tente ha sido r evi vi da y la s r eglas que p or tantos años han
est ado escr it as empieza n aplicarse. Los malos manejos y la cr iminalidad, ambas
asociadas durante mucho ti empo al IJl'oceso electo r al en la India, están siendo
comb at idas vi gorosamente. No obst an te, la viabilidad de es t as r eformas elect o-
r al es en largo plazo es aún objeto de preocupaci ón,
En los últimos cinco años hemos presenciado una transformaci ón inusita-
da en los medios escr it os y electrónicos . El viej o sis tema apoyado por el Estado
en el que la impresi ón y publicaci ón de los per iódicos dependía del gobierno y en
el cual los periodistas habitaban vi vi endas ot orgadas por és te y, en que el Estado
tenía monop olio total de los medios elect rónicos, est á en su última fa se de de-
cadencia. La explosión de los medios se ha exp andido vast amente dentro de la
sociedad . El punto de vi sta de los vi ejos agentes en la cumbre de la política
india , es tá sie ndo sometido a duro cuest ionamient o por los locutores de t el evi-
sión, al go inconcebible años antes y hoy algo cotidian o. En el futuro , puede
esperarse que los medios de comunicación jueguen un r ol determinante en la
polí tica I ndia .
Pese al sistema elector al y los medios de comunicación, el element o cons-
titutivo más impor t ante en la sociedad polí t ica es, p or mucho, el sistema de
p artidos en gener al y los par tidos políticos en particular. Los partidos son ins-
trumentos cruciales en una democracia represent ativa : son los canales de co-
municación ent re la sociedad civil y el Estado. Los partidos juegan el papel de
agr egar y a rticul ar los inter eses divergentes; es alrededor de ellos que los diver-
sos valores e intereses de la sociedad se funden y encuent ran expresión política.
En el sistema de p a r tidos de la I ndia, pueden identificarse cie r t as tenden-
cias de cambio . La primera y más importante es el decli ve de los partidos naci o-
nales . A pesar de que la presenci a política del Congreso ha disminuido, el r esto
de los partidos nacionales ha percibido también que su base política se ha adel-
gazado. El Congreso, el Janata Dal , el BJ I' y los pa rtidos comunistas son cons ide-
iS:'Vetas...¡ número 2 DesdJbr1dDra I 87
r ados fuerzas políticas en un r educido número de es t ados . Además del surgi-
mi ento de un sentimient o r egi onal , es te decli ve es t á vinculado al rompimiento
del viej o consenso nacional de la política secular y economía soc ial, un t ema que
discutiré más adel ante.
El decli ve de los pa r tidos naci onales ha sido simultá neo al crecimient o de
partidos r egionales, Aunque es t os han t enido una presencia el ectoral significa ti-
va desde mediados de 1960 , con el despertar de los partidos na ci onales, puede
esper a rse que los partidos r egionales llenen ese vacío. Exis te, de cualquier ma-
nera, una var iación consider able en la dinámi ca política de los diversos es t ados .
En es tados como Raj ast ha n y Ker ala los partidos r egionales ti enen una impor-
tancia limitada. En Ot l'OS est a dos como Tamil Nadu y Sikkim, los partidos r egio-
nal es dominan la pol ítica. Finalmente, en un n úmero de es t ados los partidos
r egional es alternan el gobier no con los part idos nacionales: Punjab, Assam, y
Andhr a Pradesh represen t an esta t endencia.
La política naci onal podría esta." definida , en un futuro , por las coaliciones
ent re var ios partidos r egionales o, en tr e un partido n acional y al gunos partidos
r egionales. Sin embargo , la creación de coaliciones podría adquirir la forma de
política de cas tas . Este nuevo tipo puede encontrarse claramente en los est ados de
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8 8 I Descubridora agos t o (le 1999 I ~ V e t a s ...
Bihar y Ut t a r Pradesh, La cast a ha sido siempre un factor en la política india,
utilizado para atraer cli entela elect or al por todos los partidos. De hecho, todos los
partidos en la India han abarcado es te es pectro de castas, El su rgi miento y éxito
elector al del Partido Bahuj an Samaj (usr-), un partido ex plíci tamente de las cast as
bajas y con un fu erte énfasis en la justicia r edistributiva , ha r evel ado una nueva
tendencia en la formaci ón de los partidos. De es t a manera , las coaliciones basadas
en las cast as muestra se r el lenguaj e cot idiano de la políti ca india,
Un aspecto que es moti vo d e grave preocupaci ón es el d ebilitamiento del
Estad o indio. El Est ad o en la India es débil en ca pacidad (inefic ien te), duro de
natm-aleza (coerciti vo) y amplio en tamaño. Es es a una co mbinación de atribu-
tos poco manejable para un Est ad o que sufre de ello. El problema de la India es
que el tamaño d el Estado ha sid o confundido con la ca pacid ad d el mi smo. Un
Est ado gr a nde no es por en de un Est ad o fu erte. Y el se r un Est ad o pequeño no
implica ser un Estado d ébil. Aú n más , un E stado fu erte no necesita se r un Esta-
do duro: la habilidad política implica el uso de un sutil poder de coopt ación más
que poder de coerción . As í pues , el Estado indio debe se r transformado vía la
r educci ón de su tamaño, r eforzando su ca pacid ad y su aviza nd o su n aturaleza.
La polí tica india necesita un Est ado más pequeño , fu erte y blando.
La tarea de const r uir un Est ad o más pequeño y fu erte puede alcanzarse
simultáneamente al r educir el tamaño del aparato es t a t al. La baja ti ene que ser
cuantitativa y cualit a t iva -menos empleados y menos r esponsabilidades es t a-
tales . El Estado d ebe dejar de ser el pr incipal proveedor de empleo en la India .
Debe d ej a r a un lado las áreas q ue no le co r- responden - administrar hotel es de
cinco est rellas, por ejemplo . Las principales r esponsabilidades del Es t ado es t á n
previamente defi nidas : segu r id ad nacional , polí tica ex terior, ley y or den, ma nejo
macroeconómico, colecta de ingresos , desar rollo y mantenimiento de infraes-
truct u ra, salud p ú blica y ed ucación, ali men tos y segu r idad energé tica, r egula-
ción del sector p r ivado, protecci ón a mbien t al, apoyo a inves t igación cien tí fica,
promoción d e la cultu r a, r eforma social y segu r idad social -en otras palabras ,
tareas q ue sólo el Est ado p uede r eali zar. Un Est ado que pretende y puede con-
centrar sus talentos administrativos en r esponsabilidades ca r dinales tendrá la
capacidad de hacer lo import a n te .
As í , menos r esponsabilidades pa l'a el Estado y menos empleados es t a t ales
tendrá co mo r esultado un Est ado más pequeño y co nt rib uirá a la fo rtalez a el
mismo. Un Estado más chico es necesario pero no suficie n te p rerrequis ito para
un Estado más fuerte. Para conseguir esto último, es indispensa ble invertir más
~ - V e t a . s ..., n úmero 2 DesdJbr1ClOra I 89
en el aparato estatal. Un Estado con menos empleados, mejor pagados, mejor
preparados y equipados -en otras palabras, mejor mo tivados- tendrá como
resultado, incluso en un Estado tan grande como la India, un Estado fuerte. El
peligro más grande de reforzar al Estado es que esto puede conducir t ambién a
un endurecimient o del Estado. Un Estado duro es incompatible con una política
democrática. Un Estado suave puede const r uir se únicamente con base en una
cultur a de derecho, que es protegida por instituciones como la Comisión Nacio-
nal de Derecho Humanos ( NHRC por sus siglas en inglés).
Otro aspecto es el declive del consenso ideológico. El rol de las ideas polí-
ticas en el proceso político nunca debe ser' ignorado - en las sociedades , las
ideas sus tent an las acciones individuales y colectivas. El choque de ideas políti-
cas es un elemento importante en la política de impugnación, particularmente
en una democracia. La discordia política puede ser signo de una polí tica sana y
llena de vitalidad. Pese a su r areza, sí existió un consenso polí tico en la India
durante los primeros años de su independencia, basado en el no alineamiento y
en el anticolonialismo en las r elaciones internacionales, democracia y secularismo
en la política interna, planeación centralizada y autoconfianza en el desarrollo
económico y una r eforma igualitaria y acción afirmativa en la esfer a social. En
los años posteriores, el viejo consenso político se ha ido rompiendo. No alinea-
mi ento y anticolonialismo son menos r elevantes para el sitio que ocupa la India
en el sistema internacional. La política secular se ha puesto en riesgo , por las
fuerzas de r eivindica ción y patriotismo hindú. Las fuerzas gemelas de libera-
lización y globalización, existentes desde 1980, pero con fuerza desde 1991 ,
están transformando radicalmente la economía india . El viejo consenso en la
política de reserva (acción afirmativa) se ha roto y es hoy, obj eto de serio conflic-
to político y social. De es ta manera , el viej o consens o político ya ce hoy en ruinas.
Sin embar go, existen todavía varias ideas en las que los indios coinciden.
La política democrática permanece firmemente est ablecida en la India, así como
la s instituciones republicanas. La subordinación militar a la autoridad civil no
se discute; el car ácter apolítico de las fuerzas armadas es considerada por mu-
chos indios como la car acter íst ica que distingue a su país de otros países en
desarrollo. Li bertad de prensa e independencia judicial son otros de los princi-
pios que gozan de amplia aceptación.
Esta discusión de idea s política s nos conduce al próximo tema que es la
ausencia de una fuerte sociedad civil en la India. En una política democrática ,
una sociedad civil autónoma y vivaz es el contr apeso más efectivo al abuso de
agosto de 1999 I ~ ' V e t a s ...
poder por parte del Estado. La li-
bertad de asociación es un dere-
cho fundamental que otorga la
Constitución india a todos sus ciu-
dadanos. Aún así, la plétora de las
instituciones no gubernamentales
en la India atestigua que esta li-
bertad es concedida sin control sig-
nificativo del Estado. Sin embargo,
el derecho de asociación en la In-
dia no ha conllevado, por dos ra-
zones , a la creación de una socie-
dad civil llena de vitalidad y fuer-
te . La primer razón es la falta de
autonomía respecto del Estado.
Las instituciones de la sociedad
civil en la India han dependido
si empre del apoyo financiero es-
tatal y del patrocinio político. Por ell o, la sociedad civil india es incapaz de
actuar como un contr apeso al poder sin límites del Estado. La dependencia de
las instituciones de la sociedad civil se acentúa por el mimetismo del Estado. En
términos de organización interna, procedimientos y funcionami ento - en otras
palabras , su cultur a organizacional-las instituciones de la sociedad civil tien-
den a desviarse aún más que las instituciones gubernamentales de los estándares
de probidad y prudencia. En otras palabras, la sociedad civil en la India no ha
sido cap az de es tablecer un modelo de virtud cívica que el Estado pueda emular.
La sociedad civil es una pequeña arena política en parte debido a que una
est recha noci ón de la participación ha tomado lugar en el proceso político del
país. Paradójicamente, est a visión limitada fluye directamente del éxito indio de
mantener sus tradiciones e instituciones democrática s. En países en los que se ha
exper imentado un gobierno dictatorial , la participación política incluye necesa-
riamente la reivindicación de los derechos ciudadanos. En la India la participa-
ción política equivale, pero también se limita, al ejercicio electoral de la ciuda-
danía. Debe enfatiza rse que es éste un logro digno de celebr arse: mayor número
de vot antes es una car ac terística perdurable del proceso elector al. No obstante,
la par ticipación política es más que el ejercicio de un derecho. Implica, ent re
~ ~ e t a s ...1 número 2 Deseubr1dOI'a / 9 1
otras cosas , la autoreivindicación de los derechos i ndi viduales y colectivos, y
ayuda también a vigilar la cantidad y calidad del poder del Est ado. Una cultu r a
de participación cívica autónoma mantiene al Estado con los pies sobre la tierra
y previene los abusos de poder.
Hay signos de que una socied ad civil autónoma p uede, finalmente, es tar
emer giend o en la India. Durante los primeros cuarenta años de ind ependencia ,
el sis tema d e partidos er a el único mecanismo para a rticular l as t en si ones y
presiones soc iales . No obstante , en los últimos años h a n surgido nuevos movi -
mi entos sociales que buscan p ersi stentemente permanecer a u tónomos del con-
trol de los partidos políticos y la manipulación. Estos grupos y movimien tos
es t á n comprometidos con temas como el medio ambiente, los derechos de la
mujer, mano de obra infantil y alternativas de desarrollo. Algunos comen t a r is t as
sugieren que es t os movimientos son eli tist as y urba nos y por lo t anto, de imp or-
tancia marginal para la política nacional. Es cierto que algunos activist as vol un-
tarios se enfoca n en los asuntos urbanos como la p rotección al consu midor. No
obstante, muchos otros grupos, tal como el grupo contra la s gr a ndes presas (por
su impacto ambiental en el largo plazo) , tienen fuertes raíces rurales y el poten-
ci al de const r uir coaliciones a lo largo de la nación . Así como estos movimientos
crecen y proliferan, el es p acio disponible para la sociedad civil en la política
india aumentará consider a blemen te.
Est os ca mbios, positivos y negativo s , en la política van acompañados de
un profundo y crecien te cinis mo en t re la ciudadanía acerca de los políticos y la
política. Hay descontento, un malestar general , una p érdida de confia nza en el
proceso político. Au nque muchos aspectos de la cond ucta política india d ejan
mucho que desear, el suceso más perturbador es el nexo en t re política y cr imi n a-
lidad. Candidatos con antecedentes penales es t á n ganando en las elecciones . Un
golpe más duro con t r a la legitimidad política y virtud cívica es imposible de
. .
nnagmar.
El último elemen to que voy a tratar es la cor r u pción . La remuneración
ilegal , sobor no y nepotismo so n parte de la cultu r a política; es un ácido que
cor'r ue irreparablemente. Tres t eorías expli can la permanencia de la corrupció n
en la India . La explicació n cultu r al concibe al sob or no como un simple d ar y
r ecibir r egalos , y vis uali za al nepotismo en el con text o d e las tradicionales obli-
gaciones fa mili a res - en ot r as palabras , la cor r upción es percibida como u na
manifestaci ón moderna de un aspecto intrínseco a la cultu r a india. La expli ca-
ción sociológica se ce nt r a en la pobreza y miseria d e la mayoría de los individuos
9 2 / Descubridora
agosto de 1999 I :.iS:'Vetas...
y familias y en el hecho de que hacer dinero fácil es su única manera de segur i-
dad social. A la explicación cultural y sociológica debe sumars e una explicación
política, la del omnipresente -pero no omnipotente- Estado indio, que es im-
posible de evadir y que forma parte de cada transacción económica e interacción
social.
La corrupción puede darse a tres niveles de ilegalidad . En el nivel más
moderado, la corrupción está dirigida a acelerar el procedimiento legal. Este
tipo de corrupción prevalece en muchos países; de hecho, es atribuida pOlO mu-
chos economistas, a la naturaleza funcional como un mero costo de transacci ón,
A nivel intermedio, la corrupción está dirigida a frenar un proceso legal. El nivel
más viciado de corrupción implica pervertir el proceso legal en su totalidad. Hoy
en día , en la India , la actitud de clzalta lzai(todo puede suceder) ac epta la sub-
versión de la ley como algo que no puede prevenirse y sólo puede esperarse.
La política influye en la sociedad. Probahlemente, el r ecurso de poder
más importante que un país posee son sus recursos humanos, los cuales se refle-
jan no sólo en las habilidades de su población sino también en la lealtad y moral
de sus ciudadanos ° La fuerza moral y legitimidad de un sistema político radi ca
en el convenio ent re el Estado y la sociedad . Hoy, abundan signos de que el
Estado indio no alcanzó sus expectativas en el acuerdo. India está calificada
como " baj a" en el índice de desarrollo humano r elativo del Programa de Desa-
rrnll o de la s Naciones Unidas . Rápidamente, podemos revisar algunos de los
lamentables indicadores de la India. Sólo dos terceras partes de la población
ti enen acceso a agua potahle. Menos del 40 % de la población de 15 años o
mayor puede leer y escribir. Un 10% menos de mujeres en la India est ar ían en
condiciones de equidad de género. Más de un 25% de la pohlación infantil india,
menor a los cinco años padece desnutrición y más del 10% de ell os muere antes
de al canzar la edad de cinco años. Menos de la mitad de los niños en edad de
asistir a la escuela secundar ia acuden a ell a.
Compar ado con otros países en el mundo , la India es una sociedad r ela-
ti vamente equitativa. El 20% de la población más rica en la India percibe ingre-
sos cinco veces más que el 20 % de la población más pobre, comparando 26
veces en el caso de Brasil y 10 en el caso de Australia. Pero esta r elativa equidad
tiene que contemplar se en el contexto de la absoluta pérdida y degradación que
enfrent an los pobres en la India . India permanece como una "sociedad en
sobrevivencia" en donde la penuria y mi seria es la condición permanente para
mu chos individuos y familias.
1
~ ~ e t a B ...1 número 2
DescubridOra / 9 3
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INSEGURIDAD AF UERA
Cooperación e integración a nivel regional es tal vez el cambio más grande que
haya suf r id o el sis tema es t at al sober ano desde su inicio después de la Paz de
Westfalia en 1648. De cualquier manera, el sur de Asia permanece presa de su
" insegu r id ad est r uct u r al" . La naturaleza indocéntrica del sur de Asia es una
realidad histórica que la India no puede evadir y sus vecinos ignorar (ver la
' sigu ient e tabla) .
La India y sus vecinos sudasiáticos
Población total
Número de efectivos militares
BIP en 1995 (en d ólares)
Gasto militar en 1995 (en dólares)
Tanques de batalla
Artillería
Buques de gu err-a principales
Lanchas patrulleras
Suhmar inos
Aviones de caza y ataque
Helicópt eros armados .
La India
950 ,631,000
1,145 ,000
$330 billones
$8.3 billones
3,500
4,355
26
44
19
846
189
Los vecinos*
297,002 ,000
862,500
$101 billones
~ 4 . 7 billones
2,155
2,035
15
90
9
515
15
*Incl uye Banglad esh, Nepal , Pakist áu y Sr i Lanka.
Fuente: Intituto Internacional de Estudios Estratégicos (Londr es), The Militar)' Ilalance 1996/97,
Oxford , Oxford University Press, 1996, PI' . 151-169.
En tér mi nos de la configur ación r egional de poder, no hay país que domi-
ne a su r egión en la manera que la India domina al sur de Asia , con la única
posible excepción d e Estados Unidos en Nor teamér ica . Geográficamente , la In-
dia forma el cen t r o d el su r de As ia y sus vecinos confor ma n la periferia. La India
co mp a r te front eras con cad a uno de los países de la región , mientras que ningu-
no d e sus vecinos so n limítrofes de otro país del su bcon ti nen te que no sea la
India. Como lo muestra claramente la tabla , el p oder ío indio super a el poder
colect ivo d e todos sus vecinos en la r egi ón. De tal forma , la única forma en que
los países del área pueden con tener el poderío indio es r ecurriendo al eq uilib r io
exter no -a través d e la intervención de una potencia ext rar regional-, a lo cual
94 I Deseubr1dora
la India se opone cont undentemente. Aún más, parece que no hay salida al guna
a este dilema de segur idad. Así pues , "la unidad est r atégica del subconti ne nte"
permanece en el corazón de las no ciones e ideas de la India r especto a la segur i-
dad nacional.
P akist án permanece como la " bestia negra" no sólo de la comunidad es-
tratégica india sino también de la población india en su mayoría. La razón para
ello r adica en cuestiones id eol ógicas y de identidad. Para muchos indios , el pro-
bl ema pr incipal radica en que Pakistán fue fundado bajo la teoría de " las dos
naciones" , una ideología que confiere identidades nacionales distintas a la hin-
dú y a la musulmana. El punto clave de la hostilidad ent re la India y Pakistán
necesita ser r econocido si queremos tener una perspectiva adecuada del proble-
ma . Esto sugiere también que el transcurso del tiempo es, probablemente, la
mejor solución par a el problema India-Pakist án. Para la élite india que pertene-
ce a la gener ación post-partición, P akistán siempre ha sido cons ider ado como
un país ext r anjero; incluso es dibuj ado con un color di stinto en los mapas esc o-
lar es. Para esta nueva gene r ación, la ecuación Pakistán = 110gar de los musul-
manes indios es un sin sentido, ya que existen tantos indios musulmanes como
pobladores pakist aníes . Por lo tanto, las condiciones para una paz duradera se
fincarán en la medida en que la gener ación post-partición obtenga puestos de
influencia en ambos países.
Algunos lectores estar án esper ando un análisis sobre los ens ayos nuclea-
r es que la India llevó a cabo en mayo de 1998. Para analiz ar la s razones que
llevar on a la India a abandonar su política de ambigüedad y continenc ia nu-
clear, debemos enfocarnos tanto en los fa ctor es inmediatos, internos como exter-
nos , como en las cons ider aciones de largo plaz o. El facto r interno está relaciona-
do con la polí tica interna par tisana de la I ndia, que ya hemos discutido. El B1P se
ha expr esado, desde hace var ios años, en fa vor de que la India haga evidente su
capacidad nuclear y lo manifestó as í en su documento de ca mpaña electo ral de
febrero de 1998 . A pesar de la predisposi ción ideológica del B1P, la decisión,
popular y con tintes populistas, de armar la capacidad de disuasi ón nuclear
india fue motivada por asuntos internos; es decir, por el deseo de hacer fr ente a
la incertidumbre e inestabilidad inherente en la política de coaliciones .
No obst ante, la dinámica fluida que car acter iza a la democracia india
ofrece únicamente una explicación parcial. La segunda razón que puede el uci-
dar la decisión india est á r elacionada con el desarrollo r egional. Resulta claro
que el entor no de seguridad exter na par a la India ha empeor ado en los últimos
;S:Vetas.../ número 2 Descubridora / 9 5
años. Un as semanas antes de la pruebas nucleares indias, Pakistán r ealizó expe-
rimentos con un mi sil de alcance medio que la India sos pech aba fu e desarrolla-
do con asi stencia china . El liderazgo indio fu e confr ont ado con la clara eviden-
cia de que China y P akist án habían incrementado la cooper ación en el ca mpo
nuclear y en el de los misiles. Por ejemplo, existen r eportes creíbles de que Pakistán
ha suminist r ado t ecnol ogía pm'a el enr iquecimient o de ur -anio a China y a cam-
bi o ha r ecibido asis tenci a en misil es y t ecnología d e p ropul sió n , Consi-
guientemen te, los ensayos nucleares indios pueden ser consider ados como un
intento por r esponder al acercamiento militar notorio existente en t re los ya tra-
dici onales rival es de la India.
Si bien ést as son la s razones inmediatas, exis ten tambi én consider aciones
de largo al cance, las cuales a menudo son ignoradas por analistas fuera de la
India. De és tas, la más importante es el " fact or China". Ci ertamente, en los
últimos años , las relaciones bilaterales ent re la India y China han mejorado
subst ancial mente. Sin embargo, China permanece como el eje car din al de las
futuras r elaciones ex te riores de la India . El señal amient o esencial que se dehe
hacer en este punto es que cualquier defini ción geoest r a tégica del su r de Asia (en
con tr aposición a la mer amente geográfica) debe, necesariamente, incluir a Chi-
na en la ecuación . China está localizada en el corazón de As ia . En efect o, Ch ina
define a Asia; no hay duda de ello . Es el único país asiático que colind a con cada
un a de las subr egiones as iá t icas, ya sea el nor este, el sudes te, la parte cen tral o el
96 I Deseubr1dora agosto de 1999 I ;:S:Veta.s...
sur ; en otra palabras, forma parte del complejo de segur idad de la India. Se trata
de un país con el cual la India peleó una guerra en 1962 y de una r egión en
donde se han desplazado medio millón de soldados indios ubicados en la di sputa
fronter iza con China . P OI' cons iguiente, r esulta absurdo esper ar que la India
ignore la cap acidad nuclear de su vecino del norte.
A pesar de esto, var ios analistas del sur de Asia insisten persistentemente
en ignorar el " facto r China" en la planea ción de segur idad india y se obs tinan en
dibuj ar una ecuación espur ia y ar-tifi cial ent re Pakistán y la India . Es t a última ,
tiene una poblaci ón de 980 mill ones de habitantes, r epresenta el 80% de la
población china (con 1,200 millones de pobladores) y es ocho veces más gr ande
que la de P akist án (con 120 millones de pobladores). No obstante este hecho, el
intento de la India por contener a China es consider ado como un osado y ambi-
cioso ejercicio sin esper anza, mientras que la determinación pakistaní de igualar
el pot encial indio es visto como perfectamente natural. Esta fal sa percepción de
un a ecuación India-Pakistán est á presente en el cor azón del dil ema de segur idad
en el sur de Asia .
De esta manera , podemos darnos cue nta que no existe explicación única a
la decisión de la India de ensayar sus armas nucleares. Consider aciones de polí-
tica interna y burocrática proporcionan úni camente una explicación parcial. La s
preocupaciones de segur idad de la Indi a ois-ii-uis China y los est rechos vínculos
de esta últ ima con Pakistán son facto res que deben tomar se tambi én en cue nta .
~ ' V e t a s ...1 número 2
Finalmente, no puede negarse que debido a algunos eleme nt os que car-acter iaa n
a la élite política india, la capac idad nuclear compensa la falta de poder de la
I ndia en cier tas áreas de la política internacional. Una di suasi ón nuclear india,
desde est a perspectiva , cont r ibuye también a aminorar su complej o de inferiori-
dad vis-a-vis China .
¿Cuál ha sido el impacto de la s pruebas nucleares en la política interna y
en las r elaciones internacionales de la India? El impacto político interno ha sido
mínimo. Las consecuencias inmediatas de las pruebas nucl eares permitieron a la
coalición gober nante encabezad a por B.lP ganar una enor me popularidad, colo-
cando a los partidos de oposi ción a la defensiva. Sin embargo, és te fue un bene-
ficio de cor to plazo ya que al cabo de un mes, el caos y la confusión en la coali-
ción polí ti ca india r egresó. Y en noviembre de 1998, el gobierno es t uvo en peli-
gro de perder las elecciones en dos es ta dos cl ave.
Algunos analistas, particularmente de Occidente, sugieren que de es tall ar
nuevamente una guerr a ent re la I ndia y P akistán, el uso de ar mas nuclear es
sería inevitable. Este escenar io es poco factible. Se debe considerar que la I ndia
y Pakistán mantienen aún r elaciones diplomáticas y ti enen fu ertes r elaci ones
bila te rales en ot ros campos, a pesar de la r eci ente avalancha de propaganda por
par te de a mbos gobier nos . Por ejemplo, el tráfi co aéreo comercial despega y
ate rriza en cada una de las ciudades metropolitanas de ambos países diariamen-
te. Las posibilidades de que se dé algún tipo de actividad hostil entre los dos
r ivales puede ser descontada y la situac ión es t á muy lej os de culminar en una
guer ra nuclear .
¿Qué posibilidades hay de una fut ur a car rer a de armas nucleares en t re la
Indi a y P akistán? Hay dos r az ones que sugieren que és te es un caso poco proba-
ble . En primer lugar; I ndia y Pakis tán ti enen una historia militar de conduct a
madura y moderada. Por ejemplo, ambos países se han abstenido de bombar-
dear las ciudades y poblaci ones de la contrapar te en guer r as anteriores. En se-
gundo lugar, las suposiciones de una car rera de ar mas nucl eares en t re la India y
Pakistán es tán bas adas en la experiencia de Estados Unidos y la Unión Soviética
durante la Guerra Fr ía. En r ealid ad, hay buenas razones para argume ntar que
la carrera armamentis ta ent re las superpote ncias fu e una aberración hi stórica y
que ni la I ndia ni Pakistán tienen los recursos e intenciones de embarcarse en
una carrer a nucl ear sin límites.
¿Qué repercusiones tendr án estos ensayos en la r el aci ón bil ater al India-
China? La reacción inici al de China fu e de desconcierto y furia. Días antes de
98 I DesCUbridora agoste de 1999 I ~ ' V e t a . s ...
que se llevaran a cabo la s pruebas nucleares de la India, el ministro de Defensa
de la India, George Fernades , declaró que China er a la principal preocupación
de segur-idad naci onal , lo cual fu e algo inesperado para el gobier no chino. Los
estallidos nucleares de la India t omaron por total sor presa a China, así como
también lo hizo la táctica india de señ alar la capacidad nucl ear de China y sus
vínculos en el campo nuclear y en el de misil es con Pakistán, como una justifica-
ción a sus pruebas . De cualquier manera , las r elaciones India-China parecen
est ar volviendo a la normalidad, en gr an parte gr acias a la diplomacia india en
Beij ing.
Sin embargo, aún persi st en escollos en la relaci ón China-In dia . Encuen-
tros bilaterales sob re la frontera en disputa se han conver tido en un aspecto insti-
tucionalizado de ambas diplomacias, pero no
han mostrado progreso subst ancial en los últi-
mos años. Los vínculos militares y es t r atégicos
con Pakistán permanecen como una preocu-
pación cons t ante de la India , al igual que las
a ctividades militares d e Ch i n a en Burma
(Myanmar). Mient r as que las pruebas nuclea-
r es de la I ndia implican que un antiguo rival
de Chin a ha r esurgido, no hay indici os de que
Chin a t ome en ser io es t a competencia por la
influenci a en Asia.
Las pruebas nucl eares tuvi er on también
un gran impacto en la s r el aciones bilaterales
de la I ndia con Estados Unidos . Antes de los
ensayos nucl eares, la administraci ón Cli nton
había abandonado el enfoque estadounidense
acerca de la proliferación nuclear en sus r ela-
ciones con la India e ini ciado en su lugar una
polít ica más flexible con el propósito de incre-
mentar la seguridad así como la cooper ación
en materia económica y de política exter ior . La
r eacci ón norteamericana a los ensayos de la
India fu e de cóler a . El pr esidente Cli nt on tomó
la acció n india como una afrenta personal y
rápidamente anuncio una larga li st a de sanciones económicas. Sin embargo, a
~ ' V e t a s ..., número 2
DesdJbr1dOra / 99
:..
-
' :';
-
-
seis meses de que la s sanciones norteamericanas fu eron anunciadas, los Estados
Unidos parecen haber llega do a la concl usión de que su intento por aislar a la
Indi a tiene pocas pos ibilidades de éxito y que una dipl omacia sut il puede t ener
mayo res efect os en la política nucl ear india . Es claro que la interacción diplomá-
ti ca (discreta, pero de alto ni vel ) entre St r obe Talbott y Jaswant Singh, r especti-
vos negociadores de Estados Unidos e India, jugó un papel primordial en el
anunci o de la fir ma del Tratado de Prohibición Total de Ensayos Nuclea res en
1999. A pesar de ell o, Est ados Unidos permanece comp r ometido con el desarme
nuclear en la India , creando así un insuperable obstáculo de largo plazo en la s
relaciones bilaterales con es te país .
¿Qué efect os acarreará el añejo desacuerdo ent re la India y Pakistán para
la segur-i dad regional y la es tabilida d en el sur de As ia ? Much os especialis t as en
seguridad consideran al sur de Asia como " la r egión más peligrosa del mundo" .
Ésta es, en el mej or de los casos, una afirmaci ón sumamen te exager ada . Irónica-
mente, la s pruebas nucleares de la I ndia y P akistán pueden t ener un desarrollo
posit ivo en términos r egionales. Las armas nucl eares, más que ningún ot ro me-
dio, pueden poner fin y resolver el dilema de segur idad en la r egión , otorgan do a
Pakis tán la par idad est ratégica con la India .
100 / Descubridora a gos to tic 1999 I ~ ~ e t a s ...
¿Qué puede con cl uirse en r elación a China? Ch in a es una pot encia
r evisionista en el sentido que busca r eemplazar la hegemonía es tadounidense en
el continente asiático , aunque su poderío no es de car ácter expansionist a . Sin
embargo, la vi sión es t r atégica de Estados Unidos se ha singula r izado, r eci en-
t emente, por su mi opía , y de hecho es t á siguiendo una es t rategia en la cual se ha
dobl egado para acomodar a China . Esta última es un Est ado totalitario, el futu-
r o ri val de Estados Unid os. Mient r as la dipl omacia es tadounidense lleva a ca bo
es t a política con China, cast iga y busca ai slar a la India , país democrático y
capaz de equilib r ar el poderío chin o en el continente asiático. Si hay alguna
lecci ón que aprender de la hi st oria internaci onal del siglo veinte es que las gue-
rras mundiales surgen cuando las democraci as son débiles. P arecería que Esta-
dos Unidos, el promotor por excelencia de la democracia mundial , no ha apren-
dido lo suficien te de es t a lecci ón, El r esultado de la política est a dounidense po-
dría motivar a que la India busque un acomodo con China.
De tal forma , en el futuro se podrían confor ma r dos ejes alternos en
Asia. El primero correr ía por Terán-Nueva Delhi-Kuala Lumpur-Beij ing, es t a-
r ía confo r mado en tOl'110 a valo res asi áti cos y su obj eti vo se ría contener a Occi-
dent e. El ot ro eje podría for ma rse pa ra r etener a China y cor rer ía por Was-
hington-Nueva Delhi-Jakarta-Hanoi-Tokio. Un ar-reglo de segu r id ad r egional
en As ia podría se r una ruta alternativa pan¡ contener el poderío ch ino. Si bien
es tos escenar ios son es pecul a tivos mucho depende del papel es t adounidense
vis-n-vis Chin a y la India . ~ I .
FECHA DE HECEPCI ÓN: 15/I/99
FECHA DE ACEPTACIÓ ' : 8/11/99
~ V e t a B ...1 número 2 DescubrIdora/ 1 () 1
La conceptualización
de los desastres desde
lageografla
La geografla 110 sido una de las disciplinas que
110 intervenido ampliamente en el est udio de los
desastres desde dos vertientes ep ist emológ icas
dijerentes : los que consideran a los fendmenos
naturales como el origen primario de las situa-
ciones de desastres , y los que
geog rafla social colocan a 'a natuc:ale:::a coma
.......,,\..,.1 \...1
la detonante del mismo. Ambas posturas par-
ten de diferen ciar; desde la más pura tradición
cartesiana, la rmturalesa y la sociedad. La tra-
dición esp acial de la geografla 110 incursionado
poco en los est udios de la situación de desastre.
Y eltrabajo que aquí se presentapretende abrir
la discusión desde est a p erspectiva.
102 I DescubrIdOra
Conceptualism of
Disastersfrom
Geography
Geography is one if the disciplines liJhicli 110S
actiuely participated in tlse study ofdisasters,
and if has dalle so considering rtoo different
ep istemological approches. The p eople taho
consider natural phenomenon as tli e primary
origin ofdisaster situations. Others, taking into

Otli approaches are based
upon d¡fferellfiafillg,fromthe purest Cartesian
t radition, n a tur e and society. 7'118 spatial
tradirion ofgeograp hy has madefeto inroads in
fhe sfudy of'disasters. Th e present toork inteuds
ro open dis cussionfrom rlris perspe ctiue.
llgo s lu de 1999 I ~ V e t a s ...
La conceptualización de los
desastres desde la geografía
GEORGINA CALDERÓN ÁRAGÓN
S E e A ~ I B I A L A F o R ~ I A, N o E L e o N T E N IDO
Los es t udios el abor ados por geógrafos sobre los desastres presentan en la actua-
lidad tres orientaciones principales. La primera, son los trabajos generados des-
de la llamada geografía física, los cuales han estado orientados en localizar y
mapear -desde la más pura tradición geográfica- la presencia de los fenóme-
nos naturales y la intensidad con que se manifiestan en una zona determinada.
Otros, han dejando a un lado la visión geográfica para elaborar planes o estudiar
la manera de salvar personas. Y la tercer vertiente, si bien ha establecido que es
una visión alternativa, porque ha tratado de poner a la sociedad como el centro
de la s investigaciones, sigue considerando a los fenómenos naturales como de-
tonantes de los desastres, es decir, permanece tomando a la naturaleza como
al go exter no a la sociedad. Por lo tanto, es necesario comenzar a elaborar desde
la geografía, como estudio espacial, la .teoría que permita entender cómo se va
creando el riesgo y la vulnerabilidad, y a partir de dónde se conceptualiza el
desastre.
Georgina Calderón Aragón
Coleb"¡ o de Geogr a fía . Facultad de Filosofía y Letras. Universidad acional Autónoma de México.
Cor reo el ectrónico: gca@ser vidor . unam. mx
~ V e t a . s ...1 n úme ro 2
La geografía ha librado con la historia una rivalidad sob re la antigüedad
di sciplinaria; lo cual llevó a la geografía a identificarse dentro del campo de la
llamada cienc ia clási ca, conservando la se par ación ent re la naturaleza y lo hu-
mano, ent re la materia y la mente, ent re el mundo fí si co y el mundo" social. Al
mi smo ti empo , imprudentemente luchó pOI' mantener un ca r áct er de ci encia ge-
neral , lo cual la convir t ió desde después de la Segunda Guerra Mundial -mo-
mento de definici ones en las ci encias sociales- en una disciplina anacrónica por
ser gener alizadol"a, sintet iza dora en lugar de analítica. Esto r edundó en su ex-
cl us ión dentro del campo de las ciencias sociales, al orientarse y defender su
co ndición cientí fica e inclinarse, en la balanza , junto con la s llamadas ciencias
nat ur ales, por una visión impuesta desde la primera mitad del siglo XIX de aná-
lisi s de la r ealidad basada en métodos exper imen t ales, para ll egar al con oci-
mi ento "objetivo" de la realid ad .
Por otra parte, los es t udios sobre sit uaciones de desastre desde las ci en-
cias sociales han tenido tambi én su propia complej idad . Por un lado han mante-
nido en el fondo un hábito cien tífico heredado de la más pura tradición car tesiana,
en donde también se separó la naturaleza de la sociedad y se convir tió el método
de es t udio de la pr imera en el procedimien to objetivo del en ten dimien to de la
realidad.
La personalidad política que conlleva la s situaciones de desastre, en vir-
t ud de que siempre existe una intervención de la autoridad, ha perrneado las
investigaci ones or ient ándolas h acia aspectos esenciales, como la prevención;
además de imponer los concept os afines a la ideología de con t r ol necesaria para
su manera de participaci ón. En consecuencia, en casi todas las publicaciones
con linaj e social especifican, eso sí, " los mal llamados desastres naturales" ; pero,
a lo la r go de los escritos usan la expresión una y otra ve z como si el t érmino no
tuviera carga ideológica , no r espondier a a una concepción de ciencia y sociedad .
y se usa con el argumento de ser el vocablo compren dido por tirios y troyanos.
Los científicos sociales, entre ellos los geógrafos así co nsider ados, defi en-
den como par te de sus contribuciones al análisis de las sit u aciones de desastre, el
est udio del mismo como un pr oceso; si n embargo, en la mayoría de los es t udios
de cas o el p r oceso se aj ust a a la s concepciones de los burócratas, inicia con la
manifestación del fenómeno natural - el cual en el fon do es el ca usan te del
desastre- consignada como la fase de emergencia y termi na en un momento
cercano en la historia denominado "reconstrucción", marcado t ambién por el
instante en que la autor idad determina el regreso a la normalidad. Pero, el pro-
104 I DesáJbr1dOra
agosto de 1999 , =iS: 'Vetas...
_____________ 7
~ - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
ceso no puede entenderse como parte de la coyuntura institucional, sino como
una r ealidad hi stórica creada por las relaciones sociales de producci ón y los
sujet os sociales .
La conceptualización en este campo ha tenido entonces problemas var-ia-
dos; ya que las diferentes disciplinas y paradigmas siguen juzgando desde diver-
sos universos el mi smo fenómeno y viceversa . De esta forma, los significados de
desastre, riesgo y vulnerabilidad tienen múltiples ac epciones de acuerdo a la
posición ideológica del usuario; y, si bien las definiciones por sí mismas no re-
suelve n el problema de las investigaciones, siempre es conveniente aclarar desde
qué perspectiva se están utilizando las palabras empleadas para poner en claro
el trabajo mismo,
Una primera discusión est á r elacionada con el concepto mismo de desas-
tre; aunque en muchos casos como manifiesta el economist a "uso Porfiriev
(1995:289) ante la pregunta ¿qué es un desastre? " Muchos est udiosos sustitu-
yen o la confunden con la polémica ¿qué es lo que un desastre hace? o con el
tema ¿cómo actúa la sociedad en condiciones de desastre?" Temas que por su-
puesto el autor considera importantes pero que no son el punto pr-incipal. Y,
como se observa en las diferentes definiciones y puntos de vista siempre son
aspectos consider ados o confundidos cuando se habla de los desastres.
La década de 1950 a 1960 es t á consider ada por el sociólogo Quarantelli
(1995:222-223) como importante para las ciencias sociales , en virtud de ser el
tiempo de cambio desde las r eferencias de agentes físicos como los causant es de
desa stres, a uno con mayor énfasis en las ciencias sociales ; sin emba r go explica,
a partir de es a década no se han modificado sus t ancialmente los concept os desde
ent onces elaborados. De es t a aseveración se desprenden do s propiedades centra-
les. Si bien los cient íficos infiltraron el componente social como imprescindible
par a la ocur rencia de un desastre, el paradigma de mayor aceptaci ón que ha
permeado la concep tuali zación tanto en las ciencias naturales como en las socia-
les, es la que consider a todavía a los agentes físi cos o los ac cidentes como los
causantes de los mismos . Además de se r la fuente de r eferencia dentro de la
denominada por los t ecnócratas, ges tió n y manejo de los desa stres, Gilbert F.
White (1945:2-10) es uno de los autores que desde la geografía fu e pionero en
consider ar a la población y or ientó la atención hacia el ajust e humano a la s
inundaci ones . Los objetivos fo rmulados por White (cit ado en Whittow, 1988:308)
estaban dirigidos a :
'iS:'Vetas...¡ nú mero 2 DesdJbr1dOIlJ. I 1 0 5
a) est imar la extens ión de la ocupación humana cn áreas sujet as a event os ext r emos
en la naturalcza , h) determinar el rungo de posib les aj ust es humanos pOI' los
g"Upos sociales para estos eventos ext remos; e) examina r cómo la población per ci be
los eventos ext remos y los desastres r esultant es; d) examina r el proceso de elección
de aj us tes par a r educir las pérdidas; y, e) estimar cuál se ría el efec to de la variaci ón
de la política pública en es te gr upo de r espuestas. Los geógrafos físi cos agregaron
un sexto objetivo; f) evaluar la dimcnsi ón del desastre en orden de predecir el
grado de impacto y la dimensi ón espaci al de la zona (le ri esgo" , Obj etivo que si se
analiza cuidadosame nte, se encuent ra implícito en los otr os cinco.
La sociedad ent r ó por primera vez a escena , pero la es t r uct ur a social de la
mi sma no le permitió -ni lo hace hasta la actualidad- un papel protagónico.
Lo s geógr afos cent r ados, en el mejor de los casos, en es t udi ar la r elación entre la
naturaleza y la sociedad y, en el peor de los mi smos, cons ider ar sólo el est udio de
los fenómenos naturales , los ha llevado a no apartarse de las consideradas siete
variables del desa stre que son : magnitud y velocidad de ataque (asalto) que
puede ser medido instrumentalmente para identificar los umbrales cr íticos ; la
determinación de lafi'ecuellcia y duracián mediante un ejercicio es t adístico; el
r econocimiento de la esp acialisacián temporal (un a distinci ón en t re even t os
secuenciales y el azar) ; el área de extensián y la dispersión esp acial (i. e. patro-
nes lineales, difusos y nucl eados) mediante un ejercicio de mapeo .
De cu alquier manera , los es t udios de White llevaron a mirar ot r os aspec-
t os no co ns iderados hast a ento nces, los cuales comenzaron a tener r epercusión
en la s investiga ciones sobre el t ema. Este cambio de perspect iva tuvo mayor
r elevancia en la década de los sesent a con los t rabaj os del propio Quarantelli
(1970:30-45) quien hizo hincapié en una nueva interpretaci ón al incorporar la
partici paci ón de las comuni dades afectadas; además, puso en en t redicho el mito
a parti r del cual se r elaciona el fa ctor destruct ivo con la socieda d involucrada
que surge de una participaci ón encadenada al p ánico.
A partir de la década de los sesent a y dent r o de la invest igación llevada a
cabo por Wenger, se hizo el r econocimiento .m ás es pecífico de lo r elevante de los
fa ctores sociales pUl'a la comprensión de los desastres. Est as primeras apro-
ximaciones y posteriormente el desarrollo más amplio con el trabajo de Kenneth
Hewi tt, se r ealizó un cambio en el acercamien to concept ual ; en donde los fenó-
menos naturales (o también denominados agentes destructivo s) no fueron con-
siderados más como la causa, sino como un precipitador para la cr isis y la pro-
cedencia del desast re directamente rel acio nada al contexto social (Wenger,
1 06 I Descubridora agosto de 1999 I ~ " V e t a B ...
1978:20-22). Se hizo entonces un viraj e hacia los aspectos cult ur ales en las
investigaciones desde las ciencias sociales , en ell as se consideró a los fenómenos
naturales como factores externos que ayudaban a desencadenar el desastre pet·o
no como los causantes de los mismos .
La posición del sociólogo al emán Dombrowsky cons iste en verlos como la
r elación ent re los agentes exter nos destructivos conj ugado con un resultado par-
cial de las r ea cciones de las personas. Sugiere una r eformulación en los trabajos
como una acción social que ti erie lugar dentro de las sociedades ya que, es más
fácil , pOI' supuest o, turnar la causalidad hacia las grandiosas fuerzas que vienen
de fuera. El desastre r efiere " es simplemente el colapso de la protección cult ur al,
as í es que ell os son principalmente hechos por el hombre" (Dombr ows ky,
1995:246). Est as diferentes maneras de abordar el problema, menciona el polí-
tico francés Claude Gilbert (1995:238) r eemplazó el paradigma tradicional. Si
bi en est o fu e cier to para los est udiosos de las di sciplinas sociales, no tuvo r epet·-
cus ión ni en los científicos naturales , ni en las agencias gubernamentales y buró-
cratas, los cuales mantienen vigente una posici ón coincidente con el paradi gma
t r adicional o visión dominante.
~ V e t a s ...1 número 2
DescubridOrat 107
De cualquier manera, es t as aportaciones hici eron que se incorporara , a
nivel de r eferencia teórica, no la actuación de la sociedad como r esultado de la
acción del fenómeno natural, sino la situación de desastre como un a consecuen-
cia social; o sea, los desastres no son r esultado de ataques externos , sino del
tr-astorno de la s r elaciones sociales . Este cambio de paradigma chocó, como no
lo hace el planteamiento tradicional , con el sentido común y; además, la modifi-
cación introduj o ideas que las agencias institucionales no es t uvie r on dispuestas
a incorpora.' a su bagaj e concept ual, lo que ocasionó un rompimiento con algu-
nos investigadores socia les . Aunque es t a fractura también se encuent r a ent re los
cient íficos sociales y naturales, en la actualidad comienzan algunos acercamientos
entre ellos, pon¡ue si bien los p r imeros parten de considerar a la socieda d como
el cen t ro de las invest igaciones y los segundos en tratar de en tender la dinámica
de los fenómenos naturales , ambos sos tienen la exter nali dad de la naturaleza a
la sociedad .
En concreto, la mayoría de la poblaci ón acepta , y es más o menos sencill o
de explica r por las auto ridades guber nament ales, que un ciclón al ent r ar a ti erra
por cualquie r p unto de la costa del Pacífico con ráfaga s de viento de más de 210
krn/h, provoca la pérdida de los t echos de lámina o de car tó n de las casas sin
t echos colados; asimismo, p or la gr an cantid ad de lluvia inunda pequeñas o
gl' aIHles áreas, de acuerdo al volumen de agua precipitado. Esta explic ación es
sencill a de comprender y no es el mi smo ni vel de complej ida d ni conviene polí-
ticamente evidenciar a la 'est r uct ur a social y las r el aciones soci ales que de ella
der ivan como la s causantes de la manifestaci ón diferencial del fenómeno natural
en la sociedad; o comentado de ot ra manera , que el techo de la vivienda no se
levanta por las rachas de viento del cicló n p o.' más fu ertes que es t as sean, sino
por unas r elaciones sociales que llevan a la población a vivir en condiciones tales
que los t echos de sus viviendas puedan ser levantados por el vien t o .
Desde los países desar rollados existe la t endenci a concep t u al de cons ide -
rar el desastre como crisis desarrollada dentro de al gu na comunid ad . No obst an-
te, la t odavía impreci sa definición ayuda a. reinter p ret ar el desastre como un
ser io desorden que tiene lugar dent r o de las comunidades y, en la mayoría de
ellos, como un desor den disparado por pr oblemas de comunic ación . Sugiere por
t anto, identifi ca r los con una crisis de comunicación dentro de una comunidad ;
esto es, la dificultad para algunos de adquirir información y de informar a otras
personas.
] 08 / DesCUbridora
a gosto de 1999 I ~ V e r . a . s ...
Los planteamientos no son completamente nuevos, muchos científicos
sociales han visto en la comunicación el problema mi smo o la solución a muchos
de los problemas en la sociedad, Gilbert (1995 :232) explica que Fritz (1968),
apoyándose en los principios del conduct ismo, ya había apuntado hacia un ter-
cer factor de explicación para los desastres, denominado el sistema de significa-
dos, sugir-iendo que la comunicación influencia y es r elevante para la interpreta-
ción de confusiones o sit uaciones caóticas, Fue introducido así a nivel teórico el
principio de incertidumbre r elacionándolo estrechamente con la amenaza , con-
virtiéndose para este paradigma en un importante indicador del fa ctor crisis,
Desde est a perspectiva hay tres puntos de esencial significado. El primero
explica que el desastre está fu ertemente ligado a la incerridumhre cuando un
peligro, sea o no real, amenaza una comunidad y este peligro no puede definirse
a través de causas o efectos . El segundo punto plantea a la incertidumbre emer-
gente en las sociedades modernas como el resultado de su crecimiento en com-
plejidad; por lo tanto, no son los factores externos los que determinan su presen-
cia, sino la propia organización comunitaria. Como último aspecto, considera
desastre cuando los actores en la s sociedades modernas incrementan la pérdida
en su capacidad para definir una sit uación en la que ellos mismos rompen la
raz ón tradicional y los parámetros simbólicos a ella r elacionados.
El abanico de fa ctores y concepciones dentro del campo es bastante am-
plio y cada día se incorporan en los hechos , o los investigadores proponen cam-
pos específicos ; de es t a manera se han adherido las depresiones económicas, las
hambrunas y guer r as, el calen t amient o global y la producción de ozono, el IDA;
aspectos que se ent rel azan e impactan el concept o mi smo; campo que no se
agota en es t a discusi ón y en donde es necesario r eelaborar la s aproximaciones
teó r icas a partir de los r eferentes empír icos, no sólo para explicar cómo es la
respuest a de t odos los sect ores soci ales ante un proceso de desastre, sino también
para ir avanzando en los acuerdos teórico-metodológicos que sur j an de las pl'O-
pias investigaciones sobre el tema, .
Mient r as tanto, se puede decir que el tamaño del campo crecer á o se r edu-
cirá de acuerdo a cómo se delimite ent re' los es pecialist as la esfer a de acción . La
propuesta de Kreps (1995:260) es t á orientada a limitarlo a los event os ambi en-
tal es, tecnológicos y sociopolí t icos . Ofrecimiento que de inmediato invita a una
mayor discusión, por la magnitud de la oferta. Como muchas de la s disciplinas
en det erminación, durante el sur gimient o no cuentan con delimitaciones preci-
sas , lo mi smo es t á pasando en el campo de los desastres; uno de los problemas de
~ ' V e t a . s ...1 número 2
,
, I
I
,
inicio es querel' o buscar incluir desde la nueva perspectiva todos los problemas
sociales existe ntes. Y no se pretende que no sean atendidos desde diversos ángu-
los , la dificultad est r iba en quererse volver la disciplina síntesis, la singular y
verdadera interdisciplina y la única que realmente puede analizar cualquier tema,
porque todas en el corto, mediano o largo plazo tienen un impacto en la natura-
leza o en la sociedad, o generalmente en ambas .
Se puede decir entonces que la investigación sobr e los desastres hasta el
momento en que apareció la cr ítica de Hewitt a la cual denominó visión domi-
nante, er a - como se analizó anteriormente- principalmente considerada como
los est udios r especto a la di stribución de los llamados ext r emos naturales, tales
como los grandes terremotos - con los rasgos naturales directamente asociados
a ellos : fallas, planicies de inundación, "polígonos" de sequía y rutas de avalan-
chas . Como ejemplo se ti ene la definición de Guerasimov y Zvonkova (1974:243)
donde "los riesgos naturales derivan de procesos altamente dinámicos cuya esencia
element al consiste en sus manifestaciones indefinidas y ambiguas"; White
(1974 :3) por su parte est ablece que " donde hay predicciones perfectamente co-
rrectas de lo que puede ocurrir y cuándo puede ocurrir en la intrincada telaraña
de los sistemas atmosférico, hidrológico y biológico , no habrá ningún riesgo" .
Las cont r ibuciones de Hewitt parten del r econocimiento de los desastres
no sólo como dependientes de lo raro o de la escala de los procesos geofísicos ,
sino donde también interviene el orden social est ablecido, las r elaciones coti dia-
nas, los valores de la socied ad y las instituciones por ella creadas . Las preguntas
que presenta a discusión giran alrededor de examina r la modernización y lo que
esto significa como el acercamiento a las r elaciones sociales que influyen en la
creació n de vulner abilidad , r ecuperando el conocimiento que guardan los con-
textos cultur ales no-occidentales y no-industriales como nuevas posibilidades de
ente nder los desastres. De esta forma , las cuestiones del orden social se convier-
ten en asuntos centr ales de la di scusión y la investigación, influyendo el ejer cicio
del poder político y económico como integrante de la vulnerabilidad,
También puntualiza que la participación desproporcionada de recursos y
exper tos en la evaluación del manejo de la cr isis no ayuda en algo a las víctimas
r eales, toda vez que la ayuda está dirigida a los arreglos de las infraestructuras
de las instituciones más poderosas de la economía, el Estado y el sistema inter-
naci onal. Si bien sugiere no hacer un abandono radical de la aproximaci ón
tecnocrática , ya que se pueden utilizar el mi smo tipo de datos y de métodos ,
indica que la perspecti va debe ser diferente y r esp onsabiliza a los geógrafos y
1 1 O I Deseubridora agosto de 1999 I ~ ' V e t a s ...
antropólogos en la r ecuperación de la historia y la diversidad humana y ambi en-
tal , aspectos no considerados en la visió n dominante, A par tir de la cr ít ica de
Hewit t a la visión dominante, comenzaron a surgir adhesiones a lo que se cons i-
deró el nuevo paradigma ; es t o oc asionó la formulación de nueva s definiciones
sobr e desastre, ri esgo y vulnerabil ida d .
Los es t udios sociales aunque han incursionado en diversas explicaciones
y npor taciones t eóricas siguen denomin ando desastres naturales , argumentando
que és a es la exp resión que todos r econocen, o si se desea manifestar el desacuer-
do sobr e el término lo adornan con comillas o se hace la aclaración " los mal
llamados desast res naturales", Lo que es necesario comprender es que la expli-
cación y los concept os usados siempre muestran la posici ón t e ór-i ca e ideológica
del autor y que además la discusión de las diversas líneas de pensamiento sobre
el tema todavía no se encuentra acabada; más bien se r equiere abr ir la pol émica
y producir más investiga ci ones p ara no justificar a través de la s comill as un
bagaje concep t ual; sob re t odo porque es t a significación ha servido de exc us a
para la forma de par ticipación de los gobier nos, lo que es cr iticado por la mayo-
ría de los es t udios sociales en donde se trata de mostrar una ve rdader a alterna-
ti va de intervención. Ej emplos de lo anterior se pueden ver en muchos de los
libros y ar t ículos publicados dentro de los investigadores dictaminados como
alternativos.
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~ ~ e t a s ..:1número 2
LA S IDEA S S IS T É M I C A S
Los investigadores consider a dos alternativos han desarrollado trabajos que r e-
la cionan el ambiente y el desarr-ollo desde el punto de vista si stémico ,. Éste parte
de cons ider ar el desarrollo histórico como la interacción ent re el sistema "comu-
nidad" con el siste ma " ambiente"; y, el desastre se presenta "cuando por múlti-
ples razones , la comunidad es incapaz de trasformar sus es t r uct ur as, adecuar
sus ritmos y r edefinir la direcci ón de sus procesos como r espuesta ágil , flexible y
opor t una a los cambios del medio ambiente; cuando los di seños sociales (los qué
y los cómo de una comunidad) no r esponden adecuadamente a la realidad del
momento que les exige una r espuesta , su rge el d esastre" (Wilc hes- Ch a ux,
1993 : 15 - 16) .
El problema de compar ar a la sociedad con los organismos vivos es pen-
sa r que ti enen autorregulación, como si la s comunidades existier an indepen-
di entes de la s r elaciones soci ales est ablecidas no sólo en el país en el que est án
inmersas , sino del mundo en general. Por lo tanto lo conveniente es comenzar
analizar los planteamientos episte mológicos sobre la socie dad y la naturaleza
que subyacen a las investigaci ones sobre des as tres ; ya que como dice Watts " la
teoría de los desastres ha formado conceptos y, los que se aceptan llevan un
punto de vis ta sobre nat uraleza, sociedad y hombre y de aquí , por exte nsión, de
las relaciones ent re ellos" (Watts , 1983 :231).
Por otro lado los cien tíficos sociales han r eproduci do dos fórmulas par a
explic a r tanto el desastre como el riesgo y la vulnerabilidad, en donde:
Desastre = Riesgo x Vulnerabilidad y, Riesgo = Peligro x Vulner abili dad
Desast r e, de ac uerdo a la fórmula sistémica presentada no sólo por Wilc hes-
Chaux sino por muchos aut or es para definir estas tres variables,
es el pr oduct o de la convcrgenc ia, en un momento y lugar determinados, de dos
fac tor es , r iego y vul ne rabilidad . Por riesgo se ent iende cualquier fenómeno de
or igen naturul o humano que signifique un cambio en el medio ambiente que
ocupa una comunidad det erminada , que sea vulne r able a ese fenómeno. Y pOI'
vulner abilidad se va a den otar a la incapacidad de una comunidad para " abs or ber",
mediante el autoajust e, los efec t os de un determinado camb io en su medio
ambiente, o sea su " inflexibili dad" o in capacidad para adaptarse a ese ca mbio,
que pal'a la co munidad cons tit uye un r iesgo. La vulner ahilidad determina la
intensidad de los daños que produzca la ocurrenc ia efec tiva del riesgo sobre la
comunidad . Por ame naza [para una comuni dad) dice, vamos a co ns iderar la
112 I DescubrIdora
agos to <l e 1999 I ~ ' V e t a s ...
probabilidad de que ocurra un riego frente al cual esa comunidad particular es
vulnerable (Wilches-Chaux, 1993: 17).
La red de "interacciones hombre-medio" la analiza desde la óptica bioló-
gica de la adaptación. Término recuperado por Rappaport desde la posición
neo-darwinista y que describe exactamente como "yo tomo el término adapta-
ción para referir a los procesos mediante los cuales los sistemas viven mante-
niendo homosteasis de cara tanto a las fluctuaciones ambientales de corto-plazo
y, para trasformar su propia estructura, a través de cambios no reversibles de
largo-plazo en la composición y estructura inclusive de su ambiente" (citado en
Watts, 1983:235). Este punto de vista lleva a interpretar los sistemas sociales
como un sistema de propósito general cuyos objetivos no son más que sobrevivir.
El modelo Watts lo clasifica "como funcionalista en el sentido que las
instituciones y las culturas emergen como racionales; su propósito utilitario es
para prescribir funciones con consideración para mantenerse la población en un
nicho humano ecológico, esto es para sobrevivir" (Watts, 1983:237). Pero,
retomando a Lévi-Strauss "decir que una sociedad funciona es una perogrulla-
da, pero decir que cada uno en una sociedad funciona es un absurdo" (Lévi-
Strauss 1968-13). De cualquier manera, desde esta perspectiva sistémica se si-
gue hablando para la sociedad de disfunción o maladaptación, lo cual ha sido un
reduccionismo principalmente introducido a partir del análisis cultural visto a
través de la ecología. En donde la maladaptación se sugiere como una patología
o anomalía en el funcionamiento jerárquico de los seres vivos, lo cual es una
restricción desde el punto de vista social; ya que, sobrevivir para las sociedades
tiene un sentido específico históricamente determinado, el cual no puede verse
sólo en términos de eficacia de ajuste.
Por lo tanto en el análisis social, la adaptación no puede concebirse como
un mal funcionamiento sistémico, una percepción equivocada, un conocimiento
imperfecto o como unos aparatos inflexibles de los burócratas. Más bien son las
fuerzas y las relaciones sociales de producción las que constituyen el punto de
partida para la vida humana, la cual parte de la apropiación y trasformación de
la naturaleza en medios materiales para la reproducción social; proceso que abarca
tanto lo social como lo cultural. La naturaleza está históricamente unificada a
través del proceso del trabajo; en donde la práctica humana no puede trascender
sus leyes , pero sí la forma en la cual esas leyes se expresan a ellas mismas. De esa
manera presupone el entendimiento de los mecanismos de la naturaleza y su
conocimiento, el cual no es ni dado ni innato sino socialmente adquirido.
~ s J ; a . g ...1número 2
EL RIE SGO Y LA V UL NERABILIDAD
Al igual que los desastres, los ri esgos tambi én son conceptualizados como de
origen natural ; se presentan como " aquellos element os del medio físico y bioló-
gico noci vos para el hombre y ca us ados por fu erzas ext r añas a él" (Bur t on y
Kates, 1964:47). Est os dos autores junto con Gilbert White, todos dedicados al
es t udio de la percepción de los riesgos con la finalidad de disminuir el costo
social lanzaron a mediados del siglo nueva s hipót esi s, ent re la s que se conside-
r an, que la poblaci ón persi ste en vivir en áreas de alto riego por la falta de
alternativas , por tener una vi si ón de cor t o plazo, además de pres entarse una
variación en la previsión y es t imación del riesgo que es t á en función de una
combinación de magnitud y frecuencia del peli gro, del con t acto previ o que ha-
ya n tenido con él y hasta con los fa ctores de per sonalidad. Por último plantearon
que la elección de adapt aciones al riesgo er a una función de la percepción de
és te, de la s posibilidades de el ección y de la r entabilidad econ ómica de est as
elecciones que se r elacionan directamente con la organización política del gnlpo.
Desde el punto de vis t a de la geogr afía el riesgo se ha consider ado como
una situ ación concret a en el t iempo de un det erminado gn lpo humano f rente a
las condiciones del medio , en cuant o es te gr upo es capaz de aprovecharlas para
su supervivencia, o incapaz de dominarlas a partir de determinados umbrales de
var iación de est as condiciones. Est as definici ones son consider adas por muchos
estudiosos de las ciencias sociales como novedosas y r ealmente la única innova-
ción radi ca en la introdu cci ón de un concepto ya muy anti guo, de que no hay
desastr e si no hay sociedad .
En el ar tículo de Bur to n e l al(1978:19) los desastres su r gen de la interac-
ción de los "sistemas nat ural y socia l". Y si por un momento se admite que no
podrá haber r iesgos 'si los eventos geofísicos fu eran complet amente predecibles,
de cualquier manera el problema de su definición radi ca en que lo vuelven símil
al fenómeno natural , ya que en casi todos los escritos se con tinúa hablando de
r iesgo como la probabilidad de oc urrencia, condición es t adís t ica que lo lleva a
confundirse con el fenómeno natural. Desde el punto de vis t a sistémico, incluyen
otr a vez la adaptaci ón dent ro de su concepción, Wilches-Ch aux (1993-17) lo
define como "cualquier fenómeno de or igen natural o humano que signifique un
cambio en el medio ambiente que ocupa una comunidad deter minada, que sea
vulnerable a ese fenómeno", en donde claramente presenta también la an alogía
con el fenómeno natural ,
1 14 I Descubr1dOra
u ~ o s l u (le 1999 I iS:.rvetas...
Kenneth Hewitt ha elaborado la propuesta de estudio sobr e los desastres
desde la ecología humana en donde si bien no se aparta de la idea biológica ,
r esalta la construcción del riesgo por la sociedad, además de ser éste cambiante.
En este sentido sostiene que:
la idea de riesgo lleva un amplio se ntido en el campo, éste abarca la exposición al
pcligro, la s probabilidades adversas e indeseables y las condiciones quc cont ribuyen
al peligro. Así , el análisi s del riesgo considera, especia lme nte , el peligro señalado
y potencial. Una aproximación desurrollada pal'a asegurar los riesgos empica los
daños pasados pal"a definir perfiles de peligro atribuídos a grupos, actividades y
lugares con atributos es peciales. Esto proporciona el sentido que el riesgo r eside
en la f áhrica de la vida diaria o en proyectos he chos... pnra nuestros prop ósitos ,
es t o tiene una atención directa con la ecología humana y con la geografía de las
condiciones que pl'omuevcn o r educen la seguridad. Esto sugiere que el r iego es,
cn el sentido más amplio , construido continua y socia lmente (Hewitt , 1997: 22).
La vulnerabilidad se encuentra alIado del riesgo en el r eparto de la varia-
bilidad de cr ist ales con los que pueden ser analizados . La mayoría de las defini-
ciones se orientan a considerarla anclada a las pérdidas. POI" su parte, los desig-
nados teóricos alternativos presentan definiciones más elaboradas como la de
Mas krey, quien al r especto di ce:
los proccsos sociales , econó micos y políticos no pueden se r explicados sólo a través
del análisis de la vulnerabilidad espe cífica a
det erminados fen ómenos naturales.
Al cont rar io, los fen ómenos y sus
impactos son sólo uno de los
el ementos que explican una
det erminada economía po-
lítica . Los fenómenos na-
tural es peli grosos no son
eventos anormales impre-
decib les, sino que son car ac-
terísticas físicas normales de la s
áreas donde ocurren -aunque la
ocurrencia tcnga que ver co n al go
in esperado. La vulncrabilidad no está
determinada POI" fcnómenos peligrosos
sino que est á configur ada pOI' det erminados
~ ' V e t a s ...1 número 2
Carretera Venado-Charcas, S . L. P. I1éctor Hernández
procesos sociales, económicos y políticos . Los desastres ya son situaciones extremas
que ya están implícitas en estos procesos (Maskrey, 1989:22) .
La vulnerabilidad también se encuentra asociada al concepto de desarro-
llo, en el artículo sobre desastres y desarrollo sostenible de Stephen Bender man-
ti ene que:
el desarrollo puede ser definido como un mejoramicnto (usando la medida que
cada quien cscoja) por el cual la soc iedad busca mantener un progreso a través
del ti empo . La vulncrabilidad (vulner abili d ad al desastre) es un reflejo de
dependencia quc ent or pe ce el mejor-amiento... La diferencia cntrc mejoramiento
y vulne r abilidad es un refl ejo (le la r esistencia de la sociedad antc eventos naturales
e inducidos por la poblaci ón . Cuando un evento hacc que cl nivcl de mejoramiento
agosto de 1999 I ~ ' V e t a . s ...
s
actual se reduzca por debajo del nivel de vulnerabilidad, se requiere de asistencia
ajena, y el eurso del mejoramiento puede ser alterado por años o incluso décadas
(Bender, 1993:100-101).
En este caso el problema está en la noción misma de desarrollo. Muchos
de los trabajos elaborados a la sombra de las agencias gubernamentales o los
que hasta la fecha mantienen explícita o implícitamente la conceptuaüzación
empleada por los burócratas; por un lado no se comprometen con ninguna posi-
ción y sustentan que el desarrollo es el mejoramiento que cada país escoja, como
si las nuevas estrategias de internacionalización del capital para la obtención de
mayores ganancias impuesta por los grandes consorcios trasnacionales e
implementados en los países subdesarrollados a través de las presiones impues-
tas por la banca internacional de crédito, no afectarán la dirección tanto de las
ideas como los hechos de lo que actualmente se considera desarrollo. Además, la
noción misma se ha desdibujado y sobre todo en los países subdesarrollados con
la fmalidad de quitarle la carga ideológica, se prefiere el término de crecimiento,
el cual está referido a índices macroeconómicos más que a las condiciones de
vida y acceso a los recursos de la sociedad.
El concepto de vulnerabilidad con mayor orientación social se encuentra
en la obra de Watts y Bohle en donde se sostiene que la "configuración local e
históricamente específica de la pobreza, carestía y hambruna defme lo que noso-
tros llamamos espacio de vulnerabilidad, y una de nuestras intenciones es pro-
porcionar los medios técnicos mediante los cuales este espacio puede mapearse
con referencia a sus coordenadas sociales, políticas, económicas e históricas-
estr uct ur ales" (Watts y Bohle, 1993:47). Esta propuesta no obstante diferen-
ciar, al igual que las otras propuestas, la pobreza de la vulnerabilidad, considera
el est udio de la configuración de la primera como base primordial para entender
la segunda.
EL ESPACIO GEOGRÁFICO Y LA SITUACiÓN DE
DESASTRE
Desde el estudio espacial, el rompecabezas quizá puede comenzar a armarse si
la premisa para los estudios tanto geográficos como los referidos específica-
mente al riesgo-desastre no parten de la hipótesis falsa que han sosteuido am-
bas disciplinas -tratando de mantener epistémicamente su carácter científico
natur al- , de pensar a la naturaleza independiente de la sociedad que se apro-
pia de ell a o, de otra manera, dejar de considerarla fuera del cándido punto de
~ e t a s . .., número 2
vista empirista de la naturaleza como un conjunto de hechos físicos observa-
bles a través de la implantación sis t emá t ica positivista por excelenci a , el lla-
mado método ci entífico,
Así, de acuerdo al razonamiento de Watts , " esta posición ha originado
trabajos que se han movido ent re un determinismo crudo a un posibilismo. Con-
cepciones que reducen los humanos a obj etos, en donde pierden irremediablemente
el papel de suj etos y agentes históricos, les quitan por tanto la categoría de seres
productores conscientes, activos e intencionados de las relaciones sociales y con-
diciones materiales" (Watts, 1983:233-234). La proposición fundamental es
cons ider ar que son las formaciones sociales hi stóricamente determinadas las que
se apropian de la naturaleza, la r eproducen y la trasforman, Esto no quiere decir
que se modifiquen las leyes que las rigen, las cuales cier tamen te son ahistóricas ,
asociales , sino que se destruye y se r eproduce sin modificar las leyes específicas
de funcionamiento,
La naturaleza , concebida como la condición de exis tenci a de la sociedad,
es el sopor te básico y esencial del pl"Oceso social que se incorpora a las relaciones
de producción por medio del trabajo, insertándose de es ta manera a las esfer as
de producción, distribución, intercambio y consumo, O sea, que " la población
cuent a con la naturaleza para el cumplimiento (sa tisfacción) de sus necesidades
básicas; es como decir, la primera premisa de toda la historia es la producción de
materiales de vida los cuales siempre envuel ven una r elación ent re productores y
nat ur aleza, que Ma rx llamó, proceso de trabaj o" (Watts, 1983:242 ). Esto es
una irr eductible unidad en t re la sociedad y la naturaleza que es tá diferenciada
desde dentro, La sociedad activamente produce y
(c)onfronta el material de la natural eza como una de sus propias fuerzas. Ponc en
movimiento brazos y pi ernas, cabeza y manos, la s fu erzas naturales de su cuer po,
cn or den de apropiarse del materi al de la naturaleza en una forma conveniente
pa l'a sus propins necesidades , P CI' O cs ta mi sma actuaci ón a través de es te
movimiento sob re la naturaleza la cual es tá fu era de él y cambiando y él al mi smo
ti empo cambia su propi a naturalez n (Marx, 1975: 177) ,
Pero en la especific ación de quién se apr opia y de qué manera de la natu-
raleza Sayer cit ado en Wa tts expone:
la manera de apropiación de la naturaleza es tá r el aci onada pOI' la s r elaciones
sociales, pri nc ipalmente pa ra hacerl a nuestra propiedad y control, y es as formas
de apropiaci ón tienen el efect o de r eproducir esas relaciones soci ales , La separ aci ón
de los trabajadores de los medios de producción significa que la apropiación de la
11 8 / DesCUbridora
agos to (le 1999 I ~ V e t a s ...
?
n a tu ral eza es t á gobernada pOI' lo s
intereses del capital, y cn su momcnto
es to sir ve paru r eprodueir a los traba-
jadores como trahajadores asalariados,
porque esto no les da a ellos el control
d c lo s medios dc p rod u cci ón para
fa cilitarlcs conver tir lo cn ot r a cos a , y
es to r eproduce a los ca pit alis t as como
lo s propios y con t r oladores d e l a
producci ón (Watts, 1983:244).
De es t a forma hay necesariamente
una relación en t re la forma de apropia-
ción de la naturaleza y las r elaciones so-
ciales de producción la cual est á cambian-
do hi stóricamente; en donde " los proce-
sos sociales es tén lejos de no variar en el
tiempo" (Har vey, 1969:239), Y es te pro-
ceso de apropiación es el que va produ-
ciendo y modificando el espacio geogl' áfico . Así es que r etomando a Milt on San-
tos , el espacio geográfico "es la naturalez a modificada por el hombr e a través de
su t rabajo, . . El espacio no es una suma ni una síntesis de la s percepciones indi-
viduales , Al ser un producto , es decir el r esultado de una producci ón, el espacio
es un objeto social como cualquier ot ro, Aunque como cualquier ot ro objeto
social , se le p uede ve r baj o múltiples pseudo-concreciones, esto no implica que
se liber e de su r ealidad objet iva" (Santos, 1990:134),
Por lo t anto, las for maciones es paciales son producciones hi st óricas o,
desde la perspect iva de Robert Mor aes :
el espacio producido es el r esultado de la acción humana sobre la super ficie terrestre
que expresa, en cada momcnto, las r elaciones socia les que le di eron origen. .. Esta
pr oducci ón social del es pacio matcrial , es t a valor ización objetiva dela super ficie
dc la t i e r r a , cs t a a grcgaci ón d el trabajo , pasa inapclablcmcnt e por las
r epresentaciones que los hombres cs t ablecen acerca del es pacio. La s formas
es pacia les son p rorl ucto de intervenciones teleol ógicas, matei-iulizuciones dc
proyectos elahor udos por sujetos hist óri cos y sociales . En fin , todo un uni verso
complej o de la cult ura, la polí tica y las ideologí as (Hobe rt Mor aes , 1991 :36).
David Harvey lo sostiene como:
número 2
DescubrIdOra! 1 19
ni espacio, ni tiempo pueden asignarse a significados objetivos independientemente
del proceso material.. . desde esta perspectiva materialista podemos argumentar
que las concepciones objetivas de tiempo y espacio están necesariamente creadas
a través de prácticas y procesos materiales los cuales sirven para reproducir la
vida social. La objetividad del tiempo y espacio est á dado en cada caso por las
prácticas materiales de la reproducción social, y por el grado en que estas últimas
varían geográfica e históricamente; así que establecemos que el tiempo social y el
espacio social son construidos diferencialmente. Cada modo distintivo de pro-
ducción o formación social estará envuelto en un paquete distintivo de prácticas
y conceptos de tiempo y espacio (Harvey, 1994:204).
Por lo tanto hay que desentrañar la historia espacial, de la producción en
realidad, de su forma y representación. Hay que tomar en cuenta todas las fuer-
zas de producción y los sujetos históricos que participaron en el juego de la
construcción del espacio; o sea, la naturaleza, el trabajo y la organización del
trabajo, tecnología y conocimiento. O como lo explica Harvey:
la percepción individual y social del tiempo no puede ignorarse en el análisis
geográfico. . . la actividad sólo puede comprenderse con arreglo a los procesos
sociales y a la escala de tiempo social y no podemos permitirnos el lujo de despreciar
estas escalas cuando buscamos explicaciones adecuadas para determinados sucesos
geográficos. .. y la única forma de elaborar medidas de tiempos objetivas es
recurriendo a los procesos (Harvey, 1969:418-419).
Lo que se busca analizar es cómo las sociedades comprenden sus realiza-
ciones históricas, defmidas espacialmente. Esta dimensión del tiempo histórico
es la que asigna, para el sistema capitalista el sentido de la dominación que se
confronta con el ritmo de la naturaleza, porque introduce elementos que modifi-
can la cadencia de la misma, haciendo una sustitución de las fuerzas naturales
por las mismas sociedades. En donde desde la perspectiva capitalista invariable-
mente tiene el objetivo inmediato de la acumulación. También explicado por
Bernardino de Carvalho:
el hombre siempr e somete o explota al propio hombre, cuya mayoría se convierte
en bienes de herramientas, debidamente comandadas y dominadas para trasformar
la naturaleza en recursos que proporcionen una acumulación para una pequeña
parcela de esos mismos hombres. Lo que lleva a explicar prioritariamente el
prevalecimiento de las fuerzas sociales o históricas sobre las fuerzas naturales
(Ber nardino, 1991:87).

agosto d. 1999 I ~ ..

Por lo tanto cuando se habla del campo ambiental, es necesario conside-
rar la relación sociedad-naturaleza como desigual, donde se confrontan fuerzas
desproporcionadas y cuya base es económica y política por excelencia, lo cual
hace preponderantemente al vínculo hombre-hombre también como desigual y
desproporcionada; pero en donde se entiende al hombre como el gran orquestador
del planeta y, cuando este arreglo no funciona bien se le echa la culpa a la falta
de conocimiento tecnológico o a la falta de recursos. Así es que se tiene que
aceptar que el trato diferenciado de las relaciones entre la sociedad y la natura-
leza son producto de las propias relaciones desiguales que los hombres estable-
cen entre sí. La naturaleza en este sentido no tiene una dinámica propia, sino la
que le ha impuesto la dinámica social. O como el ejemplo que presenta el mismo
Bernardino:
no se es rico en mineral de hierro en una determinada región, porque una formación
geológica de ese lugar (terrenos cristalinos - escudos antiguos del proterozoico)
así lo determinaron; sino porque el hierro adquirió un valor de utilidad para los
hombres, que "sabiamente" le incorporaron trabajo (exploración), o que le
atribuyeron valor de cambio (Bernardino, 1991:89).
El problema en el estudio de los desastres ha radicado en la mayoría de
los casos, en que ha estado encerrado en un cientificismo racional, apadrinado
por los auspicios de los Estados para -según ellos- implantar medidas de pre-
vención y cuidado de vidas y bienes de la población; por lo tanto, se ha hecho a
un lado el estudio a fondo de los aspectos económicos, sociales, políticos y cultu-
rales, sabiduría colectiva, cosmovisiones específicas que permitan comprender y
deshojar el proceso histórico que dio lugar a un determinado espacio, las relacio-
nes de producción y las relaciones sociales de producción que han modificado
históricamente ese espacio y cómo éstas han originado condiciones específicas
de vulnerabilidad que hacen que cuando se presente un fenómeno natural en él
se manifieste el desastre que la sociedad ha ido preparando.
Asimismo el riesgo tiene que ver con esta producción del espacio, las rela-
,
ciones de producción son las que van indicando qué espacios se van convirtiendo
en riesgosos y vulnerables; en palabras de Watts y Bohle:
la vulnerabilidad es un espacio social con multicapas y multidimensiones defmido
por determinantes políticas, económicas e institucionales de las personas en lugares
específicos en tiempos específicos. En este sentido una teoría de la vulnerabilidad
debería ser capaz de mapear las realidades históricas y sociales específicas de
alternativas y restricciones, la cual determina la exposición, capacidad y
~ e t a a .., número 2
pot enci alidad .. . En un sent ido más amplio es to tamhién dehería hahl ar de la s
propi edades es t r uc t ur a les de la políti ca económica de la misma (Watts y Bohle,
1983: 46).
Estos mismos a u tores di cen que la vulnerabilidad est á r elacionada con las
condic iones de derecho (e n d onde no se puede olvidar que el d erecho mismo es
la legitimaci ón de las clases d ominantes) en la que vive la socie d ad, el trabaj o
que presentan es t á r efer-ido principalmente a las hambrunas de Áfr ica y, de acuer-
do a la perspectiva que p resen tan la vul ner a bilid ad es un es p acio socioeconómi-
co el cual es tá delineado POI" tres dominios: las perturbaciones del mercado (in-
te rcambio económico), umbral de enfren t a mien t o (resilencia económica) y limi-
t aci ones de la segur idad social ("economías morales" informales o instituci ones
de bienestar formal) .
La vulnerabilid ad t end r ía en tonces que ser co n templad a desde una expli-
cación de cómo se ga ran t iza el a cceso a la segu r id ad soci al d e la poblaci ón,
aunque en los países su bdesarr oll ad os de-
bido a la es casez de r ecursos de sus econo-
mías por la implantación d e la políti ca ec o-
nómica liberal neoconservadora , significa
lo mismo que haya o no leyes de protec-
ción a la población, si no exis te la posibili-
dad r eal de hacerl as efect ivas . Se ti ene -
en el mejor de los casos- el d erecho, aun-
que no exis te forma de q ue se r eciba el
benefici o legal.
Es necesario t omar en cuen t a para
el examen la edad, el género, la diferenci a
d e grupos cultu r ales ; también la conside-
ración ha ci a el est a tus ocu pacional y el
mercado en vir t ud d e que son las diver sas
caraoter-isticas de la población diferencia-
das por las relaciones sociales capitalis t as,
las cuales determinan el acceso a los r e-
cursos. Si el desastre se ent iende como pro-
ceso social, no p uede est ar sep a r ado d e
cómo éste influye en la apropiación de los
recursos que lleva o no a su deterio ro.

122 I DescubrIdora a gosto de 1999 I ~ " V e t a s ...

0 , r ecuperando las palabras de Robert Morues :
la s lecturas indi viduales del mundo se hacen po,' par ámetros ges tados pOI' la
sociedad . Así, el individuo y la socie dad no dcbcn SCI' opuestos cn cl a nális is. La
capt ació n de los fenómenos, las formas de su descripción y su r epresentuci ón, los
modelos pam su ec uaci onamicnto analíti co , los conceptos y ca tcgor-i as; cn fin , los
productos de la r eflexi ón, t odo emana dc la propia vida de la sociedad, Son cosas
gcs t adas por la praxi s humana. En este se nt ido se pued e decir que la conc ienc ia
individual es un producto social, así como la propia armaz ón de la s subjet ividades
(Robert Moraes, ] 991 :42) .
La propuesta para la geografía de riesgos significa que el riesgo es una
cons t r ucción social, lo que significa que las poblaciones se encuent r an en ri esgo
porque ha exis tido una producci ón de es pac ios los cuales, de acuerdo a las ca-
racterísticas socioeconómicas de la población que los crea, se convier te n en
riesgosos . Lo que se qui ere puntualizar es que son las r elaciones sociales de
producción las que van definiendo los es pacios que son creados por la sociedad
mi sma, y es a partir de ell as que se definen los dos componentes primordiales
para que se produzca una situación de desastre; el riesgo y la vulner abilidad.
Vale la pena, en es te sen tido, r ecuperar la defini ción de espac io que Neil Smith
expone como:
el espacio gcogr áfi co es la totalidad de la s r elaciones espaciales organizudas en
mayol- o menor extens ión dentro de patrones identifi cables , los cuales son por
el los mismos la expresió n de la es t r uct ur n y el desurroll o del modo de producción,
La sociedad, desde es te punt o de vis t a, no es un ingrediente pasi vo, es en vir t ud
que se vive, se actúa y se trabaj a que se va produciendo el espacio (Smith, 1984: 83).
Lo cual signific a que son las relaciones sociales de producción, es decir los
as pect os económicos, políticos y sociales, los que hacen que los sectores de una
sociedad presente condiciones de vulnerabilidad y produzca espac ios que por
sus mismas caracte rístic as se convier t an en riesgosos; condiciones ambas que en
conj unto son la situación de desastre, Retomando a I-Iewi tt (1995:334):
los es t udios sobre desast res pm'ecen demostrar el significa do ahr umador de las
condiciones sociales en la incidenci a y disrribuci ón del daño cn los mismos; esto
muestra que dónde, cómo y especialme n te a quién OCUlTe un desast r e, depende
más ce r-canamente de las condiciones sociales es tablec idas y los controles sobre la
va riante dc calidad de la vida material. En donde la distribución de las causalidades
humanas están especialmente relacionadas al status económico.
~ ~ e t , a . g ...1 númer o 2 Deseubr1dO%¡ 123
En términos generales se puede partir que una situación de desastre es la
manifestación de las condiciones de vulnerabilidad de sectores de la sociedad,
producto del proceso social que las ha ido conformando. El fenómeno natural o
tecnoindustrial expone a toda la sociedad el estado de vulnerabilidad que tienen
los diferentes sectores de la población y cuyos orígenes la cotidianeidad oculta; y

agosto d e 1999 I :;¡¡¡r[etas...
d
ésta es una condición que las relaciones sociales le han impuesto a ciertos estra-
tos de la población. Para algunos de los trabajos sociales sobre desastre, la vul-
nerabilidad lleva implícita la capacidad de recuperación, en donde entran las
cuestiones culturales y de ayuda de la misma sociedad o familiar. Aspecto no
muy desarrollado ni teórica ni empíricamente, pero se puede considerar como el
tipo de enfrentamiento de una familia cuando para ella misma se hace evidente
su condición vulnerable; o de qué forma, por qué medios, con ayuda de quién
recupera su condición miserable.
Si la producción del espacio dentro del capitalismo está caracterizada por
la contradicción, en él siempre se da un desarrollo desigual que se manifiesta en
la misma producción del espacio. Esta disparidad tiene como soporte la división
del trabajo que origina la diferenciación espacial. Son estas premisas fundamen-
tales del capitalismo las que originan que la población tenga diferente acceso a
los recursos propios de la misma sociedad; y, son estas semejantes determinacio-
nes las que detallan la vulnerabilidad de los miembros de una sociedad.
Por lo tanto, dentro de la escala social como de la familiar, al estudiar los
procesos sociales que las van modificando se pueden ir determinando cómo se
cambia colectivamente la vulnerabilidad tanto dentro de los espacios como den-
tro de las familias. Aunque se puede estudiar en una escala individual los cam-
bios de la vulnerabilidad no es de interés de la geografía; esta escala es conside-
rada en el análisis geográfico sólo en la medida de contemplar sus historias de
vida inmersas en la dinámica social de una comunidad.
Por lo tanto la vulnerabilidad es comparativa en función de los cambios
que exper imenta en cualquiera de las escalas y de acuerdo a la intervención de la
estructura social y los procesos sociales que de ella se derivan. Del mismo modo,
es por la condición de vulnerabilidad de una sociedad que se crean los espacios
riesgosos y no al revés, como lo explica el punto de vista que ve a los desastres
como causados por la presencia de algún fenómeno natural. Si no, para qué
est udiar el proceso, si sólo es posible medirla ante la presencia de un fenómeno
natural. Por eso los desastres no ocurren, se manifiestan.
FECHA DE HECEPCIÓN: 10/11/99
FECHA DE ACEPTACIÓN: 3/111/99
...1 númeru 2 DescubridOraI 125
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~ ' V e t a s .../ lIÚI1lCro 2
Descubridora! 127
La tensión burocrática.
Algunas consideracio-
nes organizaciona!es
para el estudio del Es-
tado
El texto de Luis Montaño Hirose, nos lleva a
una discusión teórica en torno a los términos de
siones planteadas por M.lr.t,.IJW/
ciología de las organizaci nes. 1I1,I.Ql{!' !7/I
organizacional y las p remisas del modelo
neoliberal vigente, y contextualiza esta discu-
sión en el marco de las teorías organizacionales
de dijerentes escuelas. Finalmente, inserta la
temática en el debate sobre la p osmodernidad,
lo cual le p ermite elaborar un a serie dep ropues-
tas para el análisis de la problemática del Es-
tado moderno.
128 I Descubridora
Bureaucratic Tension.
Some Organizationals
Accountsfor Study of
State
Luis Montaño Hirose, discuss aroundthe terms
of bureaucracy andposbureaucracy as ofthe
uisions presented by Max Weber and by the
sociology oforganisations. The author questions
framework of the organizational theories of
dijJ'erent schools. FinaOy, he inserts the thematic
in the debate upon the postmodernity, which
p ermits him propose several ways of analysis
for the problematic ofthe modern State.
agosto de 1999 I ~ e t a B ...
La tensión burocrática.
Algunas consideraciones
organizacionales para el
estudio del Estado
LUIS MÜNTAÑü HIRÜSE
I N TR OD U C CIÓ '
El objetivo principal del presente trabaj o es el de introducir algunos element os
de di scusi ón acerca de los conceptos de burocracia yposburocracia, insertándo-
los en un doble context o analítico: el del est udio de las organizaoiones y el del
debate sobre la posmodernidad, con objeto de aportar algunos elementos de
di scusi ón para el est udio del Estado moderno, El primer contexto r estituye a
estos conceptos su sentido de tensión al confr ontar la visión weheriana con la
sociologí a de las organizaciones ; el segundo, les enfrenta a la b úsqueda de for-
Luis Mouta ño Hirose
Arcu dc Es tudios Organizacionales. Universidad Aut ónoma Mctropolituna-Iztapulapa.
Correo elcc t rónico : lmh@xunum.uam.mx
~ ~ e t a s ...1 número 2 DesóJbr1dOrat 129
mas de pensamiento más acordes con la r ealidad social. Así, en una primera
parte, suger iremos al gunos aspectos que dan cuenta de est a tensión y que cues-
ti onan el esquema funcionalista de la burocracia en tanto modelo de eficiencia
organizacional. En la segunda parte, abordaremos los temas de la posmodernidad,
tanto en su expresión organizacional como r efl exi va , y de la posburocracia , en-
tendida tanto como r esultado de esta tensi ón como de cambios significativos en
el ámbito social ampli o. Finalmente, introduciremos al gunos elementos de de-
bate acer ca del carácte r bur ocrático de la acción esta tal, enfatizando el riesgo de
una concepción posburocrática simple que induzca a la aceptación de las premisas
del modelo neoliberal existe nte.
l. L o s AVATA RES D E L A B URO CR A CI A
El término de burocracia ha sido utilizado de diferentes manera (Mouzelis) .
Etimológicamente, designa al " poder desde el escr it or io"; en el ámbito de la
disputa política alude gener almente al cuer po directivo; en la mente de los ciu-
dadanos cor responde a un cúmulo de trámites administrativos engor r osos y sin
sentido; designa, en la esfer a est atal, al conj unt o de los funcionarios públicos,
mi entras que en el ámbito académico hace r efer encia a dos cor r ientes de pensa-
miento , a saber, el weber ianismo y la sociologí a de las organizaciones . Si bien es
cier to que podr íamos encontrar ciertos elementos comunes ent re var ias de est as
concepciones , resulta más prudente y productivo distinguir las que son utiliza-
das en la vid a cotidiana de aquéll as que for man parte de corrientes de pensa-
miento más elaboradas. Así , para efectos de nuestro trabaj o, abordaremos las
últimas dos . De hecho, dada la fuerte imbricaci ón ent re ambas, no podrían t r a-
tar se de manera aislada. En una pr imer a instancia , podr ía mos deci r que la bu-
rocracia no existe. Aclaremos inmediatamente este propósito provocador.
La burocr acia , en términos weber ianos, corresponde a una est r ategi a
metodol ógica; es decir, se refiere a una r ealidad sociológica que no encuentr a un
correlato preciso a nivel de la realidad social. No se trata de un concepto preca-
rio sino de uno tempor al que tenderá a .desdibuj arse ante la fu erza de la r eali-
dad, caracterizada por su di ver sidad y complej idad . Así, desde est a perspectiva,
la burocr acia es sólo temporal como concepto ", e inexi stente en la r ealidad so-
1 Su permanencia, y de hecho su fuerza , es tr iha en la particularidad de scr un tipo-ideal. Co mo ya
lo mencionamos, no se tr at a de un concepto '1ue dé cuc n ta de una realid ad; hace, por lo tanto
alu sión a una amplia diver sid ad de sit uaciones, tanto en sentido horizontal est r uctu r al como vcrti-
ca l evolutivo. La burocracia permanece sólo en este sent ido,
13O / DesdlbridOra agosto de 1999 I ~ ~ e t a . s ...
d
- - - ~ - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - ~
...
-
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cial. No obs t ante, la socio-
logía de las or ganizaciones
r euliz ó la ecuación ent re
ambos tipos de r ealidad,
sociológica y social, otor-
gándole con ello una diná-
mi ca p r opi a a la buro-
cracia . No obst an te, si n
nunca pretenderl o , és t a
transitó por el rumbo tra-
zado por Weber .
La cons ta tac ión de
la diferencia en t re tipo-
ideal y r ealidad social pro-
pi ció la quiebra del mode-
lo funcionalista de organi-
zación. Así, la sociologí a
de las organizaciones - en
plural- es en gr an medi-
da la hi st oria de est a r e-
velación . Al ser igualado al
proyect o taylorista del one
best lIJa)', el model o co-
mi enza r ápidamente a r es-
qu ebrajarse, sur giendo así tipologías, círculos viciosos, efectos inesper ados, slacks,
" bo tes de basura" , es t r uct u r as flojamente acopladas, comportamientos infor-
males , anarquías organizadas, etcétera. A cont inuac ión r etomaremos br evemen-
te al gunos de los avatares por los cuales la burocracia ha transitado en su ins-
cr ipción en la sociología de las organizaciones. Nuest ra tesis cent r al en este apar-
tado es que, matizando el enunciado del apartado anterior, la burocracia síexis-
te, p ero contiene en sí misma la semilla de su propia reformulaciárr,
, Para evit ar una mala interpretación, es necesar-io señalar que no es sólo la fuer za de la s idea s la
'lil e ha modificado la s formas orgnnizacionales o la manera de abordarl as. Es ta diruimica se inscri-
he. como se señala r á más adelante , en camhios sociales amplios . Lo que quer emos dest acar es la
,lifi eu!tad para sos tene r el precepto burocrático en tanto realidad .
~ V e t a s ...1 número 2 Deseubr1dOI'at 131
I
Es bien sabido que la burocracia es para Weber un tipo-ideal. Este es una
const r ucción intelectual que acentúa algunos de los rasgos fundamentales de la
r ealidad y es utilizado paloa su confrontación y acceso a la realidad, reconocien-
do de es t a manera la singula r-idad del objeto estudiado: lo que se desvanece no es
la r ealidad sino la elaboración ideal. La sociología de las organizaciones parti ó
. exact a men te a la inversa : er a la organización la que se desdibujaba ante el ca-
rá cter ideal del pensamientooLa burocracia, en términos weber-ianos , se inscribe
en una explic ación de la evol ución d e la sociedad, en un proceso de moderniza-
ción . Su context o t e órico se ubica en el nivel político, en el desarrollo de formas
su tiles de poder. As í, la dominación, que es una forma específica de poder, se
ca r acter iza por su encuen t r o probable con la obediencia , surgiendo así los tres
tipos-ideales ya conocid os : el carismático, centrado en características personal
sob resalien tes ; el tradicional , basado en el respeto a las costumbres; y el legal-
racional , fundado en un sis t ema de reglas impersonales . Este último es conside-
loado como la forma más acabada y moderna de dominación, siendo así la es-
tructura burocrática un tipo-ideal que exp resa la forma más racional de organi-
zaci ón. La sociología de las organizaciones , pOlosu lado, al r etomar el concepto
bur ocrático, lo con text u aliza en el ámbito de la eficienci a, r epresentando así , en
un pr-incipio, la mej or forma de organización posible.
La burocracia , en tanto forma organizacional , asumió así un conjunto de
ca r acteríst ic as, de en t re las cuales podemos mencionar las siguien tes :
• objetivos bien defi nidos y medios claros para alcanzarlos ,
• una di vi si ón funcional del trabaj o que propicia la especialización,
• una j erarquía bien definida ,
• r eglas que es t ip ula n derechos y r esponsabilidades ,
• procedimientos para cad a situación de trabajo,
• r eglas impersonales que aseguran cont r a la deci sión individual arbitraria,
• sistemas de selección y promoción basados en compete ncias profesionales o
Dot ad os de es t os antecedente, veamos algu n as de las principales exp re-
siones que la tensión en t re ambas posi ci ones ha generado.
a) El r econocimiento d el ámbito informal. Los es t udios de la Hawthorne,
ll evaron a" un gr upo d e investigadores , enca bezad os por Henderson, a r econocer
un co njun to de es t r uct u r as y compor t amien t os paralelos , al margen del orden
formal i nstituído. De en t re los aut or es más r econocidos cab r ía mencionar a Mayo ,
Roethlisberger y Dickson. Una d e las ideas cen t r ales d e es ta cor r ien te r eside en
la existencia de un nivel significativo de autonomía , a la manera d e los disposi-
] 32 / Desdlbr1dora
a go st o (le 1999 I iS:"Vetas...
d
••:I ..-í
tivos cibernéticos, que dotan a la organización de una cierta capacidad de auto-
regulación (Desmarez., Montaño: 1987, 1997b). Concepto que será más tarde
retomado como uno de los ejes centrales de la conformación posburocrática
(Francfort et al, Kickert, Luhman, Maturana y Varela, Montaño 1996).
Un concepto central, poco atendido, es el de comportamiento social, pro-
puesto por Mayo. Retomando una tipología piagetiana, este autor reconoce tres
tipos de comportamiento: 1) el individual , derivado de un pl"Oceso de razona-
miento lógico; 2) el social , que resulta ilógico a nivel individual pel'o que adquie-
r e su verdadera connotación cuando es interpretado a la luz de los códigos socia-
les de comportamiento, lo que le permite pasar inapercibido en el ámbito de la
conciencia ; y 3) el ilógico, que no adquiere significado connotativo alguno. De
acuerdo con Mayo , la disciplina est á inmersa en el comportamiento social y no
en la racionalidad individual (Montaño 1985, 1987). Los sistemas de control ,
desde est a perspectiva, es t á n plenamente inscritos en el comportamiento colecti-
vo de los actores, planteamiento que abrirá nuevas propuestas organizacionales
y vías de análisi s en la d écada de los setenta.
b) La cons t a t ación de efectos disfuncionales. La eficiencia de la burocra-
cia es puesta en tela de juicio ante la con t u ndencia empírica. Diferentes trabajos
han acentuado, en t r e otros , una alta rigidez de las est r uct u r aa , la reconversión
de medios en fines, un incremento incesante de reglamentos pal'a hacer frente a
situ aciones imprevistas -muchas de ell as ocasionadas por los propios regla-
mentos-, una gr a n r esi stencia al camb io, una desproporcionada importancia
asi gnada al exped ien te en d etrimento d e d emandas par-ticulares, y una conside-
rable despersonalización de las r elaciones individuales (Mer ton, Blau, Gouldner).
Por otro lado, es importante se ñala r una de las interpretaciones políticas
de la burocracia; hacemos obviamente alusión a la realizada por Crozier. La
impersonalidad d e la r egla encuad r a y limita el ejercicio político de los actores al
despersonaliza r las r elaciones", asegurando con ell o ci ertas condiciones mínimas
de cooper ación . La aparición de zonas de incertidumbre propicia , sin emba r go,
3 Es impor tante señala r que si bien el trabajo deCrozí er se inscrihe en la corr-iente de pensamiento
'fue ana liz a la burocracia , és te ha sido mu y r eceptivo a cie r tos Irabajos r ealizados por diversos
aut ores es t adou nidens es que han abordado el tema del poder desde otra perspectiva teórica, (Véase
al r esp ecto el siguie nte párrafo en el texto), Esta anotación es importante pOI''1ue no s permite intro-
ducir una breve acotaci ón acerca del CS(I UC l ua c1as ifie atorio aquí asumido. Las referencia s cruza-
das expresan un co nj un to de múltiples infl uencias t e úri cas que si bi en no impiden el r econocimieu-
to de for mas p urticulares de explic ación, difi cultan ser iame n te tanto el es tableci mienlo de límit es
precisos corn o la incorporaci ón (le ciertos autores a corrie ntes excl us ivas.
~ V e t a s ...1 número 2
Descubridora/ 133
el desarrollo de estrategias de apropiación de espacios de actuación donde la
regla aún no ha sido capaz de trazar líneas formales de actuación, provocando
con ello alteraciones importantes en el ejercicio de poder', Es por ello que, de
acuerdo con Friedberg, esta propuesta deber ser analizada a la li¡z no de la
eficiencia productiva sino de las relaciones de poder ent re actores.
e) El r econocimiento del carácter político)' ambiguo de la organizacián.
Simon es una de las figuras más reconocidas en el es t udio de las organizaciones
al plantear su modelo de racionalidad limitada , que cond uce a los actores a
abandonar el terreno de lo óptimo y ac eptar el de lo sat isfa ctor io. Armados con
esta premisa, varios autores, de ent re los que cabe menciona¡' a Cye r t, March y
Weik, desarrollan una propuesta orientada a destacar el compor t amient o políti-
co , ambiguo y al eatorio de los actores y sus efectos en la eficiencia organizacio-
nal. La idea principal de est a corriente es la de cuest ionar la organización en
tanto conjunto coherente de principios, es t r uct ur as y procedimientos al ser vicio
exclusivo de los obj etivos de la organización. El r econocimiento del juego políti-
co ll eva a los autores a proponer el concepto de coalicián dominante, el cual
designa a un grupo de gobierno, siempre en una esfer a de confl ict o. Así, dicha
propuesta abre las puertas a la multi-racionalidad y por lo tanto a la diversidad
de obj etivos , cuestiona también la r elación causa/efecto aplicada a los medios
para al canzar dichos obj etivos.
Otra idea fundamental es la del slack organis acionai, interpretado fre-
cuentemente como pagos colater ales, el cual r esulta aj eno a la const r ucción de la
eficiencia , siendo, empero, fundamental como elemento de mediaci ón del con-
fli cto que, habría que agregar, permanecerá siempre en es tado latente. La ambi-
güedad hace entonces su aparición como marco de r eferenci a más amplio; és ta
se hace presente no sólo a ni vel de la racionalidad instrumental , en términos de
la r elación medios/fines ya .menci onada , sino que incluye también las p refe ren-
cias de los actores y el sentido asignado tanto al pasado como al compor tamiento
individual. Es en es te contexto que se desarrollan las propuestas tanto del bote
de basura corno de las anarquias organizadas y de las estruct uras flojamente
acopladas. Aunque diferentes , en sent ido es t r ic to, és tas compa r ten la idea de
que la ambigüedad se expresa en un déficit r elaci onal en t re componentes que se
presuponían fu ertemente ligados , r econociendo con ello una independencia sig-
nificativa a los elementos que con anterioridad se es t imaba formaban unidades
coherentes de compor tamiento y de análisis, tal es el caso, por ejemplo, del binomio
problema-soluci ón.
134 / DesC!Jbr1dora
agos to de 1999 I .. .
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I
.._--------------------------_.....
d) El reconocimiento de la multiplicidad burocrática. Este proviene
de la corriente de la contingencia estructural, que privilegia el estudio de los
determinantes estructurantes , localizados de manera privi legiada en el en-
torno de la organización (Woodward) . Uno de los trabajos centrales corres-
ponde al r ealizado por el Grupo Aston, en el Reino Unido (Pugh et al), Me-
diante un conj u nt o de cuestionarios, los investigadores procedieron a discri-
minar un amplio número de variables , referentes tanto a la estructura como
al ent orno, mediante la técnica estadística del análisis f actorial, identifican-
do tres grandes ejes de estructuración: l a formalización de las actividades, la
centralización de las decisiones y el control impersonal. Conforme estas ca-
racterísticas se alejan del origen, los autores reconocen un desplazamiento
hacia la burocracia total. No obstant e, identifican, mediante el juego
combin at or io, diferentes clases de burocracia , distinguiendo, por ejemplo, a
la s organizaciones estatales como representativas de la burocracia de perso-
nal, car act er iza das por un alto grado de formalización, de centralización y
de cont r ol personal. Esta cor r ie nt e está a la base de desarrollos posteriores
importantes , tales como el r ealizado por Mintzberg o el de Francfort et al.
Tomando distancia con r especto al modelo original, el primero reconoce a la
máquina burocrática, propia de las formas taylorizadas , y a la burocracia
profesional, r epresentativa de universidades y hospitales, mientras que los
segundos explor an distintas modalidades de modernización de la organiza-
ción burocrática , destacando la complej idad de las tareas, en términos tanto
técnicos como r eglamentarios , la fl exibilidad de las estructuras y la impor-
tanci a de las demandas sociale s, ent re otros.
e) El r econocimiento de los límites al crecimiento sicológico. Proveniente
de la propuesta conocida como desarrollo organizacional, diversos autores, como
Bennis y Ar gyr is, han destacado la falta de congruencia ent re las estructuras
organizacionales y la s de la personalidad, arguyendo que la forma burocrática
de las primeras impide la evolución adecuada de las segundas , al limitar la par-
ticipación, la motivación, el desarrollo sicológico y el aprendizaje. Así , Bennis ,
levanta, además de las ya mencionadas; las siguientes objeciones contra la buro-
cracia : 1) propicia la conformidad, 2) no consider a los aspectos informales de la
organización ni la eme rgencia de problemas inesperados, 3) comporta sistemas
anticuados de contr ol, 4) carece de un sistema judicial adecuado, 5) la comuni-
cación se encuent r a distorsionada debido a la existencia de numerosos escalones
j er árquicos, 6) existe un alto nivel de desconfianza (Heisig y Littek) que impide
~ ' V e t a . s ...1 número 2
DescubridoraI 135
la utilización cor rect a de los recursos humanos, y 7) restringe significativamente
la incorporación de nuevos desarrollos tecnológicos y científicos.
Todos estos elemen tos han jugado para que, desde la sociología de las
organizaciones, se generen algunas de las premisas teóricas que acompañarán a
un conj unt o de cambios sociales, tecnológicos y económicos importantes que se
suceder án después de la Segunda Guerra, y que conocerán una aceleración im-
portante durante la década de los setent a . La aparición de Japón en la escena
económica internacional (Mont año 1994b), el agotamiento del llamado modelo
fordi sta y el desarrollo de la tecnología informática son sin duda potentes deto-
nadores de los rápidos cambios que observamos en la actualidad. Véamos
suscintamente el primero de ellos , dada su importancia en el reconocimiento de
los límites de la organización burocrática.
El "descubrimiento" del modelo faponés. La entrada de Japón a l a mo-
dernidad representa un cas o suigeneris. Ésta se realiza, en una primera instan-
cia, en la era denominada Meiji -1868-, como una apertura hacia el exterior,
bajo una terrible amenaza militar externa, mediante un conj unto de adaptacio-
nes que Japón r etomará de exper iencias r ealizadas en diversas r egiones del mundo.
Así , por ejemplo, de la Gran Bretaña adaptará el sistema de transporte; de Al e-
mania , y posteriormente de Estados Unidos, su sistema escol ar ; de Francia el
Código Civil .
Un segundo momento se inscribe en el periodo posbélico de ocupación
militar. Éste puede ser dividido a su vez en dos momentos. El primero corres-
ponde al aniquilamiento de aquellos element os que le permitieron destacar en el
periodo expansionis ta iniciado en los años treinta, como por ejemplo la sepa r a-
ción de la r eligión shintois ta del Estado y la división de los grandes consorcios
ec onómicos, los saibatsu; tales como Mi ts ui, Mitsubishi y Sumitomo; el segundo
se ubica en el est all amiento de la Guer r a de Corea, en 1950, donde la posición
est adounidense se transforma sust ant ivamente . En efect o, Japón ve modificada
su inscripción en el mapa es t r até gico, pasando rápidamente de ser un país some-
tido a un fu erte aliado. Son los años en que los es pecialist as de control de calidad
intervendrán para mejorar los procesos de producción, y en que los analistas
organizacionales , sobre todo es t adounidenses, mirarán incrédula , e irónicamen-
te, las particularidades de la or ganización japonesa. La posibilidad de r ecuperar
su fortal eza económica le es r estituida, r eorganizandose Japón bajo la forma de
k eiretsu (Montaño y Rendón 1994) , siste ma de conglomerados sumamente po-
derosos. Japón devuel ve entonces a Occidente, de manera especula r, un modelo
7
136 / DesáJbrlClOra
agosto de 1999 I ~ ' V e t a s ...
d
en el que le es cas i imposible r econocerse (Mont año 1988). La sor pres a es ma-
yúscula ya en los años sesenta cuando la balanza come rcial con Estados Unidos
se hace super avitar ia y Japón es aceptado como mi embro en el seno de la OCDE.
Los principios sobre los que se había levantado el imperio económico de Occi-
dente, muchos de ell os enr aizados todavía en la creenc ia burocráti ca , son enton-
ces puestos en tela de juicio. La posibilidad de alternativa s organizac ionales más
eficientes, flexibl es y participativas, y la aceptación de mayores ni vel es de ambi-
güedad e incertidumbre, atraen desde ento nces los ojos del mundo.
11. L A S PERIPE CI A S DE L A PO S B URO CR A CI A
La posburocracia ha sido gener almente abordada desde el marco gener al de
discusi ón actual sob re la modernidad y la posmodernidad, tanto en lo concer-
niente a sus diversas exp resiones organizacionales como a sus formas de acceso
teórico . Si bien no es la intención de es te trabajo abordar la ri ca discusión que se
ha ges t ado alrededor de dicha problemática , no podemos tampoco ignorar algu-
nos de sus principales aspectos relaci onados con el est udio de la s organizac iones .
La mo der nidad puede ser interpretada desde var ios ángulos. Gener almente se le
asocia con el sur gimien to de la razón y la evolución del pensamiento científico ;
se propone como origen el Siglo de las Luces, en el siglo XVI II . Uno de sus cor relatos
importantes es el desarroll o de un lenguaj e p reciso que refleje fielmente el estado
del pensamiento. Rousseau , por ejemplo, pr opone que el francés es el idioma
más cercano a la lógica natural del pensamiento. El lenguaj e literal es cons idera-
do como p reciso, en su senti do exclusivamente denotativo, desdeñando el carác-
ter retórico, polisémico y connotativo de la metáfora (Alveson, Bachelard, Derrida ,
Montaño: 1992, 1993, 1996, 1997b, Morgan) . El objetivo pr incipal de la mo-
dernidad es combati r el oscurantismo mágico y r eligioso y establecer así las pau-
tas del desarrollo social y el progreso económico.
La posmoder nidad, por otro lado, es generalme nte concebida como una I
fuer te r eacci ón ante el incumplimiento de las promesas de la modernidad y el
sobredimensionamiento de la r aci onalidad instrumental , así como sus efec tos
(Taylor, Lipovets ky, Lato ur, Tour aine 1997) . La modernidad or ganizacional es
interpretada en términos del marco gener al de la burocracia , en tanto que la
posburocracia lo es como forma de super ación de las limitantes impuest as por
dicho modelo .
Es importan te señalar una difer encia básica ent re organización y pen-
samiento posmodernos . Se t rata de un debate reciente, que a pesar de encontrarse
~ V e t a . s ...1 número 2
Descubridoral 137
todavía en vías de construcción, muestra ya un intercambio de ideas fructífero y
animado. Es en este contexto que nos atrevemos a decir que el pensamien to
posmoderno no constituye todavía una corriente bien definida . Su origen se en-
cuentra en las humanidades; algunos de sus autores más representativos son
Lyotard, Derrida y Foucault , a quienes se les han dedicado algunos trabajos
interesantes desde el punto de vista del estudio de las organizaciones (Cooper,
Hassard, Hassard y Pym) .
En lo concer niente a su r elación con el estudio de las organizaciones, Chia
destaca, en un ar-tículo r eciente, una de la s posibles articulaciones centrales en-
tre el pensamiento posmoderno y el organizacional , ésta se refiere a la posibili-
dad de super a r el car áct er es t át ico del análisis". En efecto, como se desprende
del pensamiento posmoderno, las grandes meta-narrativas , en tanto utopías t eó-
ricas , han dejado su lugar al es t udio de las r ealidades locales , no en t érminos
geográficos o cultu r ales , como generalmente se ha interpretado, sino como posi-
bilidad de acceso a la micro-lógica que sustenta el comportamiento. En este
sent ido, el autor propone enfat izar el es t udio de los procesos y no el de las es-
tructuras, efectos o r esultados. Así, concep t os como los de cultura, es t r uct ur a,
género y éti ca , comen t a Chia , son una exp resión del carácter moderno del pen-
sa mien t o organizacional. A ellos , podríamos agregar' otros más como el de iden-
tidad, es t r ategia y cambio. En efecto, con r especto a es te último, el lector podría
es t ar un poco sor prendido ya que el cambio es en sí también un proceso; sin
embargo, és te es gener almente en tendido como forma transitoria ent re las es -
tructuras; es decir, la atención primaria r eside en los aspectos es t á ti cos .
Una consecuencia importante de lo anteriormente r eferido, comenta el
autor, es el aislamiento de dichos obj etos . Est o ha permitido , desde nuestra pun-
t o de vista, la creación de fronteras, es t ableciendo con ello categor ías como in-
terno y exter no, tal es el caso, por ejemplo, de la división en t re organización y
ent or no (Mon t año 1997a), r educiendo con ell o el lenguaj e a una exp resión pre-
ferentemente denotativa (Mont añ o 1997b). Si bien exis ten límites formales y
legales a la acción organizada , es t os no se ,cor r esp onden con las modalidades de
la const r ucción social de dichas en tidades, lo que ocasiona la r eificación de los
obj etos. Chia alude entonces a la est r uct ur a gramatical del inglés , idioma princi-
., Ev ide ntemen te, no se trata de la úni ca caracte r is ticu que di stingue a ambas propuest as. Sin em-
bargo, hemos decidido acent uar és ta por la facilidad de su comp r ensi ón y la cont u ndcnci a de su
pl anteamiento.
-.'
138 I Desdlbr1dora agosto de 1999 I ~ ' V e t a . s ...
$
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pal del análisis organizacional. Reconoce en él una est r uct ur u en la cual el sujeto
adquiere la primacía sobre la acción, incluso en aquellos casos donde su presen-
cia no es r ealmente r equerida, como en el caso de la expr esión it rains, y lo
compar a con la expresión china en donde no existe el suj eto de la acción, tal
como sucede en el japonés o el es pañol. Esta disolución del sujet o en la acción
puede ser interpretada, ent re ot r as, como un posible indicio de la acción colec ti-
va en las organizacio nes japonesas o de Amér ica Latina . Asímismo, ést a se ha
infilt rado también en explic aciones r eci entes sobre el compor t amiento neuronal ,
en donde Va r el a , en trabajos r eci entes, propone, bajo la influencia del budismo
zen, el r econocimiento de un y o vir t ual , Lo importante a r etener, finalmente, es
es te acercamiento, asumido tambi én por Chía, ent re pensamiento posmoderno y
orien tal, lo que vendría a cuestion a,', como lo menciona at inadamente el autor,
el est a t ut o de secuenci alidad de la posmodernidad.
Co n ti nuan do con nuestra expos ición, pasemos ahora a la r evisión de una
de las propuest as más acabadas de la organización posburocrática, nos r eferí-
mos a la elabor ad a por Heydeb r and . Este autor parte de la hipótesis de que el
sur gimient o de las nuevas formas organizacionales, car acte r izadas como pos- II
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~ V e t a s ...1 númer o 2
Descubridora/ 139
burocráticas , es el r esultado d e la transición del capitalismo industrial al posin-
dustrial (Tou r aine 1969), ca r acter iza d o este último por un fu erte d esarrollo de
los ser vicios y la automatización de la produccion , basados ambos en un avance
si n precedentes de la tecnología informática". Heydebrand asume una r elación
en t re ca mbios económic os y forma s organizacionales . La defini ción de la forma
organizacional se basa en seis va r i a bles : a ) el tamaño de la fu erza de trabajo, b)
ei obj eto de trabajo, c) los medios del trabajo, d ) la división d el trabajo, e) el
con trol del trabajo y f) las modalidades de pr-opiedad y control. A partir d e ell o
ca r-ao ter iza a la orga nizaciones posburocráticas como aquellas que: poseen un ~
tamaño r educido -pueden ser su b u nid ades d e organizaciones grandes- , utili-
zan ampliamente las herr-amientas informáticas , exis te en ell as un número im-
portante d e profesional es de alto nivel , interactuando al inter-ior de estr uct u r as
fl exibl es y d escentralizadas , const itu yend o pequeños colect ivos d e trabajo, los
cuales son relati vamente autónomos . La división d el trabajo es poco desarrolla-
da y la j erarquía pierde parte d e su significado en t érminos de autoridad y espe-
ciali zación de tareas . Este tipo d e organización est á ca r acter izad o por es tr uct u- ~
ras flojamente acopladas , donde la informalidad juega un papel relevante como
mecanismo de cohesió n social ; la cultu r a organizaci onal es importante .
Heydebrand r ealiza un rompimiento d e dichos ca mb ios con la racionali-
d ad weber ia n a. Al pensar las organizaciones en t érminos posburocráticos , el
autor propone diferenciar la racionalisacián social de la t écnica. La primera de
ell as sí alude a la vis ión' or iginal weberiana de la burocracia en t érminos d e
d ominación racional , basada en el conocimien t o t écnico , mi entras que la segu n-
d a se deriva del d esarrollo d e la t ecnología informática. La racionalización téc-
nica , evol ucio nó de las actividades administrativas a las d e producción, posibili-
tando con ello dos opciones d e racionalización en t érminos d e los sis temas
socio técnicos : las orga nizaciones algorítimicas y las robustas. Las primeras r ea-
lizan actividades con t r olad as mediante la t ecnología informática , reduci endo
co n ello la participaci ón del individuo, p ero son difícilmente adaptables a nue-
vas circunst anci as, ca recen de fl exihilidad, y pOI' lo tanto d ejan inalterados los
es q uemas de trabaj o y d e autoridad existen tes ; incrementan incluso el control
burocrático. .Las segu nd as, con t r a r ia men te, integran más ampliamente la utili-
zaci ón informáti ca y amplían las habilidades y ca pacid ades cognit ivas d e los
5 Hemos desarroll ado en ot ro trahajo nna di sensión acerca de los plunt emi entns r ealizados por es te
autor (Mon ta ño 1994a). Reto mamns en este es pacio al guna s id ea s generales pu ra presentar la
p r opuest a de Heyd ehrand , la q ue, en est e t rahuj o, se in scr-ibe en un co ntex to de d iscusió n diferente,
agosto de 1999 I ~ V e t a . s ...
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indi viduos. Se trata de organizaciones altamente fl exibles y adaptables . La or-
ga nización social y la autoridad p ueden ser modificadas significa tivamen te, r e-
d uciendo con ell o sust a ntiva men te su ca rácter burocrático.
El a u to r prop one u n conj u n to d e hip ótesi s de trabaj o. Las tres primeras
so n desarrolladas en el ámbito económico y son de ca rácter hi stórico. Est as ha-
cen r eferencia a un marco de periodización del desarrollo económic o. En un
p r imer momento, el model o bur ocr ático del co nt r ol fu e un elemen to esencial del
desar rollo del capitalis mo de final es del siglo pasado y principios del presente;
en un segu ndo momento, se asi ste a una t ransi ci ón de un capitalis mo competit i-
vo a uno de tipo industrial cor por a t ivo, caracterizado por la aparici ón de es t r uc-
tur as divi si onales , p eriodo iniciado en la década de los veinte" El cont r ol huro-
crát ico con tin úa funcionando mediante su incorporación en las es t r uct u r as 01'-
ganiz acion ales y el desar-rollo de la tecnología informática; finalmente, a partir
de la década d e los sesen t a, aparece el capitalismo posindustrial , car acte i-izado
por el d esarrollo de formas posburocráticas de control.
Las ot r as tres hipótesi s son de orden est r uctu r al y se or ien t an a la ca-
r ucter-ización de la noci ón d e organizaci ón posburoorática. La primera de ell as
plantea q ue d ebido a los nivel es crecien tes de complej id ad interna y de turbu-
lencia externa, la dirección ti ende a propiciar tanto la raci onalidad social como
la técnica . Sin emba rgo, a fi n de alcanzar las ve n t aj as que implica un sistema
robusto, la segu nda es gener al men te el r esultado de una negoci aci ón política
entre diversos actores. POI" ot ro lado, Heydeb r and plantea que en el sect or gu- ~
bernamental y de servicios predominan gener almente los sis te mas algorítmicos
ya que en ellos la fuente princi pal d e p reocup ació n son la credibilid ad, la pronta
respuesta y la confi a nza, lo que a unado a la utilizaci ón más intensi va de fu erza
de t rabajo y a la naturaleza de los bienes y ser vicios, ha provocado que la tecno-
logí a computarizada " no h aya tenido el mis mo efecto en la deconstrucci ón del
control burocrático y la raci onalidad formal " (Heydebra nd 1989:342). Final-
mente, el a utor propone que en aquell as orga nizaciones donde la tecnología in-
formática juega un papel r el evante en las actividades principales de la organiza-
ción, muchas de las r eglas bur ocráti cas pueden se r preprogramadas , es decir
que se encuen t r an incorporadas en el r epertorio de los programas informáticos .
"Esta inter nalización d e la r aci onalidarl formal , de la calcula bilid ad y los proce-
dimientos, permite el desar rollo d e relacio nes informales , sociales y de trabajo,
incluyendo u na división d el trabaj o mínima, una reducción de la j erarquía y
solamente reglas generales que per miten un con t rol social Oexible y un proceso
;s'Vetas...¡ número 2
de auto-regulación." (Heydebrand 1989:341) . La flexibilidad social es posible
gracias a la racionalización tecnológica, de carácter robusto, que incor por a los
aspectos rígidos de la burocracia . Así, interpretando al autor, la posburocracia
no es la negación de los el ementos de cont r ol burocr áti co sino su delimitación,
di gamos compresión, al ámbito informático. La burocracia no desparece, se con-
trae, liberando espac io para la fl exibilidad.
Estas hipótesi s es t r uct ur ales nos son muy útiles para tratar de definir la
naturaleza de las organizaciones posburocráticas en un doble con te xto de r e-
fl exión. Primero a nivel de la tensión ent re weberianismo y sociología de las
organizaciones, planteada en la primera parte de este trabajo; segundo en el
ámbito del debate acerca de la modernidad y la posmodernidad. Como primer
eleme n to de di scusión, tenemos que señal ar que la posburocracia, en tanto con-
cepto, no ha sido utilizado en términos weberianos; no se trata de un tipo-ideal
que trace aspectos cent r ales de una nueva modalidad de dominación. La incor-
poración de los valores formal es , sea en el ámbito del comportamiento incons-
ciente, sea en el r epertorio informático de los programas, no r epresenta, para
nosotros, una nueva modalidad de dominación , en te ndid a és t a por su encuen t r o
probable con la obediencia . En el terreno de la sociologí a de las organizaciones,
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1 42 I Des0Jbr1dora
agoste de 1999 I iSl 'Veta.s.. .
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por contra, ha sido común el epíte to de organización, o est r uc tur a poshurocr átioa
o posmoderna (Ber quist, Cl egg) . Resalta el hecho de haherse est ahlecido una
igualdad ent re est os dos términos -posmodernidad y poshurocracia- cuando
en r ealidad, hemos argumentado acerca de su diferencia . Así, hahría que decir
que la organización posburocrática , en caso de exis tir, debería ser cons ider ada,
como una nueva modalidad de la modernidad. Analicemos es ta posihilidad. Si
seguimos los argumentos de Heydebrand, los componentes burocráticos no han
sido eliminados : algunos se han concent r ado en el r epertorio informático , mi en-
tras que otros han sido fl exihilizados. De hecho, la r eaparición de! compor ta-
mi ento informal , con la consiguiente importancia asignada a la vida simbólica y
a la constit ución de una cultur a cor por ativa (Al ves on y Berg, Allaire y Firsirotu,
Meek, Mont año:1997c, Scmircich , Sch neider) debe mucho a la interiorización
de los valores económicos de la empresa, que acotan así el libre es pacio de actua-
ció n, haci endo menos necesarios los signos de autoridad. Si bien es importante
señalar ent onces una diferencia en este nivel , ell o no nos autoriza , insistimos , a
r eferirnos a ell a r ealmente como una práctica ya superada . Hay que ob servar en
esta t endencia, en e! sentido propuesto por el pensamiento posmoderno, más
una evolución que una r evoluci ón, P or el ot r o lado, r esulta claro que la propues-
ta posbu rocrática de Heydeb r and permanece en un estilo moderno de pensa-
miento, Est a aseveraci ón se deriva del énfas is r ealizado por el autor tanto en las
variables que definen la es t r uctu r a organizac ional, como en e! r econocimiento
de los límites entre organización y entorno, ves tigios de su pasado contingente.
Ap UNTE FINAL . EL E S T AD O M OD ER N O
Dado que toda conclusión sería cont r aria al espír it u posmoderno, pl'Oponemos
simplement e un comentario más, es ta vez con r elación al Estado burocrático,
Pero antes, hagamos una b r eve pausa con el afán de puntualizar al gunas ideas
que se han venido forjando a lo largo de nuestro recorrido. La posburocracia 110
existe en ninguno de los dos nivel es abordados , La burocracia, en el marco de la
sociología de las or ganizaciones, como tensi ón, r esultante de su r elación con la
propuesta weberiana, no puede r epresentar más un concepto que intente dar
cuenta de un es t ad o es t ático; asumir en es te caso una modalidad de pensamiento
posmoderno podría sernos de gran utilidad. Por otro lado, hemos ob servado que
existe un amplio desfazamiento ent re los límites de los obj etos sociales de est u-
dio y su construcción social. Así, la separ ación organizac ión/ento mo, pero tam-
bi én otras como trabaj ador/ser humano o Estado/sociedad no se r evelan siem-
~ ' V e t a . s ...1 número 2
Descubrldora/ 143
, ,
I
pre pertinentes. La organización se conforma conf ormando palote de su ent or no,
tanto como la sociedad, en un marco democrático, ti ene la posibilidad - en tan-
to libertad- de incidir en la const r ucción del Estado.
Así, debemos evit ar la interpretaci ón de un Estado posburocrático , en
sentido neoliberal. Los mecanismos de mercado no constit uye n un modelo efi-
ciente de asignación de r ecur sos. En efect o, como r esultado de la t ensión buro-
crática, hemos sido testigos de la aparición de círculos vi ciosos, es t r ategias polí-
ticas, identidades cr uzadas, pagos colaterales, est r uctur as flojamente acopladas,
compor tamient os informales, entre ot ros . Todos ell os alteran signific ativamente
el funcionamiento idealizado del mercado al ser és te depositario de dichas " in-
eficiencias". La creencia generalizada de que la eficienci a r eina en el sector pri-
vado ha si do así desmentida; a ell o habría que agregar además que el traslado al
ámbito p úblico n o r esulta tampoco evidente, dada la necesidad de legitimaci ón
social, señalad a en una de las hipótesis de Heydebrand, sobre todo en las socie-
dades democr áticas. El traslado de las funciones sociales del Est ado al sector
privado no significa entonces automáticamente mayores nivel es de efic iencia ni
mucho menos una mej or atención de las necesidades sociales, por que fr ecuente-
mente éstas son t raduci das como oportunidades de negoci o.
Recordemos que en la const r ucción del tipo-ideal de Estado, Weber parte
de los medios y no de los objetivos, ya que es t os útimos so n generalmente múlti-
ples y, por lo tanto, de difícil generalización y car acterización en un tipo-ideal.
La car acterística central del Estado, dirá ent onces Weber, es el monopolio de la
violencia legítima . Hay que t omar con suma p recaución esta asever ación par a
no legitimar los abusos de poder cometidos por muchos Est ados (Br aud) . A lo
que se r efier e Weber es a la exclusividad y event uali dad de su uso , con obj eto de
gar ant izar el Estado' de der echo. Este monopolio se realiza mediante un aparato
autónomo que asume una división social de t ar eas -la p olicia , los tribunales, el
ejército, etcétera . El autor r ealiza es ta propuesta asumiendo una sociedad en
constante conflicto, diferente a la propuesta por diversos au t ores, tales como
Du r kheim, Comte y Parsons, que veían en el Estado l a instituci onalización de la
solidaridad social. La obedienci a, en sus mod alid ades de costumbre, emoción o
r azón , disminuye la eventualidad del uso de la violencia . La par ticipación y la
negociación en las deci siones políticas constituyen entonces el marco del Est ado
burocrático, siempre desde la perspectiva de la construcción ideal. Recordemos
que Weber considera otro tipo-ideal de Est ado, el patrimoni alista, inscrito en un
esquema patriarcal , considerado como una extensión de la s relaciones famili a-
144 / DesóJbr1dora agost o de 1999 I ~ ' V e t a . s ...
h _
r es. Hay que señalar q ue, en este contexto de análisis, la modernidad weberiana
asume un proceso de autonomía creciente d e diversos espacios sociales , lo que
ubicaría , en este sentido al Estado patrimonialista como un Estado premoderno
ya que en él no exis te una división en t re el patrimonio privado y el público y las
deci siones son tomadas de manera totalmente centralizada . El clie nte lismo, ba-
sado en r elaciones políticas e informales , const it u ye una de sus exp resiones ac-
tuales.
Un Est ad o burocrático, en el sen tid o tenso que hemos utilizado, no impli-
ca en t onces la legitimación de la vis ión cotidia na que se ti ene de la burocracia ni
un conj u n t o de est r uct u r as ca r acter izad o por rigideces , inefici encia y excesos,
sino implica romper, en se n tid o posmoderno, con las front eras que cos ifican la
acción social. As í, en el t er-reno d e la propuesta social, más allá de la herramien-
t a metodológica weberiana , es importante pasar del estudio de los medios a la
r eflexi ón de los obj et ivos , promovi endo con ello un Estado moderno", es decir,
aquel que fomente, en t r e otras , las siguientes acciones , privilegiando siemp re la
acci ón por sob re la est r uctu r a : incitar a una mayor participación ciud ad ana,
haciéndola cor resp onsable de cie r t as decisi ones políticas ; r econoce,' y enfrent a r
las necesidades sociales más apremiantes; promover el Estado de derecho; agili-
zar los trámites administrativo s y mejorar los ser vicios; incrementar el empleo y
el poder ad quis it ivo de la poblaci ón más desfavorecida y promover las prácticas
democrátic as . La ampliación de cie r t os programas sociales se inscribe en est a
dirección, siempre polémica (Arell a no y Ca b rer o, Hopenhayn). Estos son los
retos de la modernidad en tanto tensi ón burocrática. Encontrar las opci ones
organizacionales que f aciliten el tránsito por dicho se ndero, es una tarea en la
que los exper tos en el est udio de l as orga nizaciones tendrán segur amente cont ri-
bucio nes vali osas a r ealizar . Un a de ellas r eside preci samente en r ecordarnos
cons tan temen te los peligros d e la r ei fi caci ón del Estado y ayudar a tener en
mente que éste es también una for ma organizada que compor t a, en t re otros ,
6 Es impor t unte in si stir sob re el hecho de que no es tamos propouiendo un Estado hurocrático en la
versión vulga r del término, sino una cons t r ucción más democrática '1ue ti enda a r educir las gr aves
desi gualdades '1ue imperan en la mayor parte de los países latinoamer icanos: es evide nte que en la
actualidad nadie podría defender legít imamente un Estado autoritario. Un Est ado hurocrático es
diferente de un Estado pan-imonialistu ; pero en ningún caso se asegura la r educción de las hrech as
de desi gualdad crecie nte; aun'lue hay que deci r que los ahusos de poder hall sido hi stóricamente
más evidentes en es ta segunda formaci ón . Lo que p r oponemos es UII Es ta do no separado de la
sociedad civil , sino '1ue sea una exp resión formalizada de és ta para solve ntar las demandas sociales.
Lo que p regonamos, simplemente, es un Estado moderno.
..1 n úmer o 2
, ,
I
luchas políticas, fronteras difusas, zonas de ambiguedad e incer t idumbr e, dis-
cursos y comp or t amient os metafóricos , dinámicas inesperadas, identidades cru-
zadas. . .
F ECHA DE RECEPCIÓN: 201IV/99
F ECHA DE ACEPTACIÓ : 10N/99
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~ V e t 8 . s ...1 número 2
DescubridOral 149
Manuel Calvillo
La consumación de la
Independencia y la fundación de
la República Federal 1820-1824
'e·
--' .... 40i n
a
,
,
En 1974 el Departa-
mento del Distrito
Federal editó la obra
LaRepública Federal
Mexicana: gestación
y nacimiento: obra
conmemorativade la
República Federal y
de la creación del
Distrito Federal en
1824. Los dos pri-
meros tomos est u-
vieron a cargo del
historiador Manuel
Calvillo. La repro-
ducción que en esta
ocasión realizamos
de un apartado del
capítulo cuarto es
más que sugerent e
para los tiempos po-
líticos que vivimos
hoyendía, ypara las
discusiones sobre el
federalismo mexica-
no. Las páginas que
se publican ahora
han sido corregidas
por el mismo autor.
150 • Del fi lOn
MÉXICO. AMBIGÜEDAD y DESCONCIERTO
Las noti cias de lo ocurrido en España no tardan en llegar a México.
Cuando la Gaceta Imperial anunc ia e! 21 de mayo de 822 la venta de
La Aurora de la Mañana, conteniendo extractos de las sesiones de
las Cortes de 12 y 13 de febrero anterior, únicamente hace públicos
detalles sobre la declaración ya conocida de la nulidad de! Tratado
de Córdoba, en evidente apoyo a la proclamación de Iturbide como
emperador dos días antes, e! 19 de mayo.
El 23 de marzo la Gaceta daba la noticia de que en la Haba-
na se imprimió e! oficio del Mi nist ro Pelegrín al Jefe Polí t ico de
Cuba comunicándole e! Real Decret o de 7 de di ciembre de 82 1,
. declarando que O'Donoj ú carecía de facultades "para transigir ni
celebrar convenios en que pudie ra estipularse o reconocerse la inde-
pendencia de Provincia alguna de ultramar..." como consta en el
rexro que la misma Gaceta Imperial reprodujo el 28 de marzo. El
decrero lo circula Pe!egrín a las autoridades civiles y eclesiásticas de
América.
La Gaceta Imperial denuncia la acti tud met ropolit ana remon-
tándose a 808 cuando España proclamó su libertad frente a la usur-
pación napoleónica, sin que de hecho América llegara a disfrutarla.
Se menc iona la restauración absolutista de! año 14, y la constit ucio-
nal de! 20. La Gaceta hace la extraña declaración de que se aceptó e!
Trat ado de Córdoba por magnanimidad, sabiendo que O'Donoj ú
carecía de poderes para concertarlo. La desautorización española no
afecta la independencia, fundada en la fuerza y opinión de México.
También, y con anterioridad a la proclamación de Agustín
1, se habían publicado en México extractos de las sesiones de las
agosto de 1999 I ...
d
Cortes de los días 27, 28 Y30 de enero, que no ofrecían dudas sobre
cuál sería la resolución definitiva de ellas sobre la independencia.
Mas, debemos volver a los anteriores sucesos de México.
Consumada la independencia con el Tratado de Córdoba y
la ocupación de la capital, las provincias "atónitas por el cambio
inesperado de suerte -escribe Bustamante-, estaban como un
hombre embriagado de placer que no acierta a contemplar su actual
posición, ni la suerte futura que le espera..."
El gobierno previsro en el Plan de Iguala y en el Tratado de
Córdoba se integrará con diligencia.
La Soberana Juma Provisional Gubernativa tiene su segun-
da sesión el 28 de septiembre de 821 , después de cumplidas las
ceremonias religiosas en la catedral. La Junta procede a la elección
de la Regencia del Imperio, conforme a lo prevenido por el artículo
11 del Tratado de Córdoba. Los señores que ajustaron el Tratado,
dice el acta, o sea O'Donojú e Irurbide, manifestaron que se convi-
no ent re ellos que los individuos de la Regencia fuesen cinco y no
t res, lo que se discute y finalmente se aprueba. Los regentes elegi-
dos fueron: Iturbide, que ya era presidente de laJuma, y O'Donojú,
Los candidaros a los tres puestos restantes son el arzobispo de Méxi-
co, Pedro Fonte, el obispo de Puebl a, J oaquín Antonio Pérez, el
Gobernador de la Mitra de Valladolid, Manuel de la Bárcena, el
general Guerrero, el Conde de Regla, José Isidro Yáñez, José María
Fagoaga, José Mariano de Almanza, Manuel Vázquez de León, Mi-
guel Guridi y Alcocer, Guadalupe Victoria, Manuel de la Sotarriba
y Manuel Marr ínez Mancilla. Entre los candidatos figuran sólo dos
insurgentes, Victoria y Guerrero, y un antiguo diputado a las Cor-
tes de Cádiz, Guridi y Alcocer. Los elegi dos fueron Bárcena, Yáñez
y Velázquez de León.
Se plantea el problema de si el presidente de la Regencia,
Iturbide, podía continuar como presidente de la Junta, y se acuerda
que se nombrará presidente de la Junta, pero que cuando Iturbide,
presidente de la Regencia, asist iere a las sesiones de l a Junta, ocu-
paría el primer lugar. También se aprueba la compat ibilidad de la
presidencia de la Regencia con el mando del ejército.
Para la presidencia vacame de la Junta son candidatos,
Monreagudo, el obispo de Puebl a, el conde de Heras Soto, Guridi y
Alcocer y Almanza. El viejo conspirador de la Profesa, Monreagudo,
~ ' V e t a s . . . I númer o 2
Del filOn . 151
es desplazado, y resulta presidente de la J unta el consp icuo
don J oaquín Antonio Pérez. Monreagudo lo substituye en
la comisión de reglamentos de la Regencia y de la Junta.
Miguel Baraller, ot ro de los hombres prominentes
en La Profesa, ha desaparecido, y en las actas no consta por
qué no fue elegido indi viduo de la Regencia don Pedro Fonde,
arzobispo de México, realista y hombre de reconocidas
virtudes, como lo confirma hasta Vicente Rocafuerte.
Es la hora de Iturbide. "Fest ejos, loores, ala-
banzas, aclamación y aplausos se constituyen en la
nota más característ ica del día", escribe J avie r
Ocampo, el más minucioso investigador de las
ideas de esos días. Ocampo realizó si no el más
exhaustivo examen de los papeles contemporá-
neos, sí la más completa y satisfactoria investi-
gación de ellos y de las manifestaciones por la
consumación de la independencia. En siete meses
el ant iguo realista criollo, bien conocido y no tan
bien acredi tado, aparecía ante la naci ón como el
autor y protagoni sta de la obra de su independen-
CIa.
El clero lo alaba desde el púlpito, y la proso-
popeya se derrama en la exaltación del defensor de la fe:
"Dios ha escogido el 24 de febrero, día de San Mar tín após-
tol, año de la Encarnación del Divino Verbo, el undécimo
del grito de la independencia y el primero de independen-
cia sisrernada", predica el ent usiasta cronólogo sacristán de
Zi mapán al jurarse la independencia en el pueblo. La adul a-
ción o la euforia dictan el anagrama Tu vir Dei. Se parafrasean
las oraciones de la Salve y el Credo: "Creo en la Junta supre-
ma... en el señor Iturbide su único Presidente que nació para
liberar a su pueblo, quien padeció bajo el poder de los tiranos...
Descendi ó con su Ejército a muchos pueblos sacándolos del en-
vilecimiento. Resucitó en los Tratados de Córdoba... Subió a la
Corte Mexicana, y está sentado a la di estra de la Patria", escri be
quien se oculta en el sudónimo de Mora de Taranquera.
En las alegorías aparecen la del imperi o prehispánico,
la de la opulencia de la América Septentrional , las cadenas
152 • Del fi len
agosto de 1999 I ~ ' V e t a s ...
d
......_---------------------------_.-
que se rompen, etcétera. Iturbide es el héroe epónimo. Se
escriben himnos, poemas, dramas. Irurbide es Moisés,
Macabeo, Napoleón, Tito, César, Alejandro, Washington,
San Agustín, et cétera, registra Ocampo. No obstante, el
recuerdo de los héroes de la insurgencia está presente en el
mismo olvido del pasado realista de Iturbide. A partir de oc-
tubre, aparecen en 1821 los ocho primeros números de
La Abispa de Cbilpancingo, "escrita - por Carlos María
Bustamante- para perpetuar la memoria del Primer
Congreso instalado allí el 12 de sept iembre de 181 3
por el señor D. José María Morelos". El peri ódi co,
y su autor, no pueden resultar más incómodos a
Iturbide y a la mayoría de los vocales de la junta
y de los jefes realistas que al frente del ejército
habían combati do y condenado al Congreso y a
Morelos.
El 11 de octubre Iturbide se dirige a la Re-
gencia pidiendo se aprueben los grados que propo-
ne en favor de quienes se declararon abiertamente
por la independe ncia "en circunstancias en que su
tri unfo era un problema", o que "desde los lugares
oprimidos, que no estaba en su arbitrio abandonar,
supieron ser útil es a su patria y conservar en su benefi-
cio los puestos mismos que debían servir para subyuga r-
la". Entre los t rece grados que propone sólo incl uye a dos
ant iguos insurgentes, Vicente Guerrero y Nicolás Bravo.
Los once restantes son ant iguos jefes realistas, americanos
y españoles.
Iturbide se aleja de los ant iguos insurgentes pero gana
la adhesión de los obispos españoles de México que los ha-
bían condenado. Fray Bernando del Espíritu Santo, español y
obispo de Sonora, gi ra el 21 de septiembre una circular a sus
párrocos ordenando que no se oponga n al juramento de la inde-
pendencia, y escribe hacia el 10 de octubre: ..... desde que se
publicó la const itución -le di ce-, estoy pidiendo sin cesar al
Señor nos concediese en este reino un gobierno Independiente
que nos precaviese de la ruina que amenazaban los irreligiosos
principios consti tucionales..;" Cuando se instale en Ar izpe
~ V e t a s . . . I número 2
Del nlún . 153
Palacio de Gobierno, S. L. P.
Héccor He rnández
la Diputación Provi ncial, el 22 de febrero de 822, el obispo será su
presidente.
Pérez Memén registra las adhesiones episcopales a la indepen-
dencia. Agustín Est évez y Ugarre, obispo de Yucatán, quien resistía la
secularización de los regulares, el 5 de septiembre y en unión de las
autoridades civiles, decidió apoyarla y proclamarla. Rui z Cabañas, obispo
de Guadalajara, que había rechazado la diócesis de Santiago Compostela,
dio su apoyo al General Negrete desde que éste se adhirió al Plan de
Iguala. Manuel Isidro Pérez, de Oaxaca, se une también. Juan Francis-
co Casrañiza, de Durango, a través de iniciales resistencias, cuando ca-
pi tula el general J osé de la Cruz ante Negrete concl uye por no oponerse
a obedecer un gobierno americano. Al abrir sus sesiones el primer Con-
greso Constituyente, Casrañiza figura como dipurado por Durango. En
las diócesis donde no existía obispo, los cabildos eclesiásticos apoyan la
declaración de independencia. La acti tud de
las autoridades reli gi osas la expone Fernando
Pérez Memén en su tesis de grado en el Cole-
gio de México, El Episcopadoy la Independen-
cia de México (I81O-1 836). Pérez Memén
atiende a la del arzobispo de México, quien
se opuso al Plan de Iguala, y cuando It urbide
entra a México sigue en su cargo "sin hacer
ningún compromiso que afectara su lealtad a
la corona" en tanto se conocía la decisión del
gobierno español, no aceptando la pres iden-
cia de la Junta gubernativa a la que se eligió
el 13 de octu bre siguiente. El arzobispo Fonte
se explicará ante León XII en carta de 25 de
marzo de 1825 , desde el convento de Puig,
en Valencia, a donde se reti ró después de sa-
lir de México.
Ante la consumación de la indepen-
dencia, "fue puesto el exponente -escribe
Fonte- .:.en la alternativa de adherirse, reco-
nocer y jurar obediencia al nuevo Gobierno,
o de quedar expatriado de aquel territorio.
Abrazó est e segundo ext remo, persuadido de
que la fidelidad que debía por los comunes y

154 • Del ilIOn
agosto de 1999 I ~ ' V e t a . s ...
s
nz..-------- ....I
muy especiales motivos a S.M.e. no le permitían admit ir el primero sin un escándalo
gravísimo" . Había permanecido en México en espera de que el rey aprobase o desaprobase
el Tratado, como lo manifestó al gobierno independiente. Fernando VII lo desaprobó. Y
como "Agustín Iturbide, arrogándose la autoridad suprema con el título de Emperador,
solicitase ser ungido en la Iglesia Catedral de México" ofreciendo su protección a la Igle-
sia, muchos creyeron que así "la vengaba en alguna manera de los insultos que en otras
partes recibía". Su situación era distinta a la de los obispos que se adhirieron a la indepen-
dencia si n la cond ición de su aprobación por España. No zahiere esa conducta, pues le
constan las benévolas intenciones de los obispos. Pero él no pudiendo "santificar una
evidente usurpación", manifestó al gobierno "que, enemigo de aumentar las discordias
públicas, se abstendría de disputar sobre la facultades anexas al ejercicio de la potestad
civi l, esperando también que ésta no usurpase las que eran peculiares del sacerdocio."
Delegaría sus facultades, como lo hizo, en personas que no tuviesen "el obstáculo involun-
tario en que se hallaba su persona". Fonte abandonó México el 23 de febrero de 1823. En
España, dice, informó de todo a Roma y al rey. La carta se refiere luego a circunstancias
personales de Fonre, y a la Encíclica Etsi iam Dieu de León XII, de 24 de septiembre de
1'824, que no importa a los días que nos ocupan. Sí, llamamos la atención sobre informes
d;1 arzobispo Fonre, por todo lo que pueden revelar sobre los sucesos a parrir de 1820, de
los que fue testigo tan preoc upado y próximo.
La versión que da Fonte de su actitud es la aceptada en nuestras obras de historia.
Pero Fonre omite informar a Pío VII que el 18 de abril de 822 se presentó ante el Congre-
so y prestó el juramento en los términos del decreto de 24 de febrero de 822, reconociendo
"la soberanía de la nación mexicana represent ada por los diputados que ha nombrado para
este Congreso Constituyente", y "obedecer sus decretos, leyes, órdenes y constitución que
establezca conforme al objeto para que se ha convocado", sin manifestar reservas, como
consta en el acta del día. La actitud general de Fonte fue elusiva, retirándose a Cuernavaca,
y no como la expone al Papa, pues si no se prestó a ungir a Iturbide como emperador, sí
reconoció expresamente la independencia en su juramento ante el Congreso.
. Excepto ese acto de Fonre, la actitud de los obispos viene a forrificar la posición de
Irurbide frente a los antiguos insurgentes, los primeros liberales y los partidarios de Espa-
ña. La influencia creciente del activo y versáti l ex diputado a Cádiz, don Joaquín Antonio
Pérez, y la de Ruiz Cabañas, se extiende por las provincias más pobladas e importantes del
país. Si en Madrid, como informa Alamán, los diputados mexicanos están divididos en
republicanos y monárquicos, en México los insurgentes son relegados y los borbonistas de
debi litan al ganar Iturbide para sí la adhesión de los obispos, enmascarada con el nombre
de Fernando VII. De nuevo, como en 1820 y hasta septiembre de 21, Irurbide puede ser el
[act átnm de los privilegios corporativos de la Iglesia bajo el signo de la independencia
absoluta, y el baluarte contra la herejía y la disolución.
~ ' V e t a . s . . . I número 2
Del fil0n · 155
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"De las tres garantías -escribe Ocampo--, la que recibe mayor atención de los
escritores es la religi ón".
La Gaceta de Guada/ajara había publicado desde el 11 de julio de 821 una repre-
sentación de poblanos al general Ci riaco de Llano. "Excelentísimo señor: en favor de la
independencia no podemos hacer mayor apología - le dicen- que la de asegurar que
con ella se salva en este Reino la Religión Católica Apostólica Romana, vulnerada en los
Diarios de las Cortes últimas de 1820, puesto que el Ser Supremo y sus adorables miste-
rios revelados se han visto blasfemados en aquel salón y toda la pení nsula lo mi smo que en
Ginebra...", lo que es evidentemente falso, como consta por los diarios de debates que se
conocen en México.
La muerte de O'Donojú, el 8 de oct ubre, desembaraza a It ur bide y a las jerarquías
eclesiásticas, de una presencia perturbadora.
La monarqu ía moderada análoga al país, con gobierno representati vo, es el centro
de la ambigüedad entre la abolición liberal del antiguo régimen y el preservativo en un
país , México, contra el virus de la revolución. Jesús Reyes Heroles califica el periodo de
1824 y 1856 como el de la sociedad fluctuant e, y al anterior como el de los orígenes del
liberalismo. Muy concretamente podemos considerar también al de los años 21 a 23 como
el de la ambigüedad y el desconcierto, cuando la declaración de independencia suma pero
no concilia los más diversos y más contradictorios motivos.
b
156 • Del fi lOn
a gos to li t' 1999 / ~ " V e t a s ...
s
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Desde 1821, aunque no hemos precisado la fecha de su
publicación, circula en México la Carra de Pío VII , de 15 de
septiembre de 1820, dirigida a Fernando VII, contestando la de
éste informándole sobre el decreto de las Corres que suprimió la
Compañía de Jesús. El texto publicado en México es traducción
directa del italiano, por lo que difiere verbalmente, no en el
contenido, del conocido en España.
Importan en la carta pontificia expresiones como la de
que "no hemos podido saber sin un vivo disgusto, la noticia que
nos da V.M. sobre su extinción", la de la Compañía de J esús, y
el elogio de la orden. Pero importan más otros puntos. "Un
torrente de libros muy perniciosos inunda a la España con daño
de la Religión, y de las buenas costumbres; se empieza ya a
buscar pretexto para disminui r y envilecer el clero: se viola la
inmunidad sagrada de las personas eclesiásticas; se trata de
total abolición de di ezmos; se busca prescindir de la autoridad
de la Santa Sede, en los objetos que dependen de ella; en una
palabra, se causan continuas heridas a la disciplina eclesiástica y
a las máximas conservadoras de la unidad católica..... Ha orde-
nado Pío VII al Nuncio en España que dirija con respetuosa
libertad representaciones sobre estos puntos, "pero hasta hoy
-expresa el Pontífice- tenemos el disgusto de no haber visto
el éxito que teníamos razón de esperar, de una Nación que reco-
noce y profesa la Religión Católica, Apostólica, Romana, como
la única verdadera; y que no admite en su seno el ejercicio de
ningún culto falso".
Pío VII pide al rey, no creyendo que él, ni el gobierno,
ni las Corres estén animados de un espíritu contra la Iglesia,
que "use de los remedios más eficaces que estén a su alcance", en
favor de ella. "Mas si a pesar de nuestros avisos y nuest ros rue-
gos, nos viésemos en la precisión de ser testigos de las peligro-
sas innovaciones en las cosas eclesiásticas, e introducidas falsas
doctrinas que corrompan la pureza de la fe y la santidad de las
costumbres, y trastornen la disc iplina de la Iglesia, Nos -decla-
ra-, debiendo cumplir el más sagrado deber que nos incumbe...
no podemos dejar de reclamar con apostólico celo cerca de S.M.
tan beneméri ta de la Iglesia, para alejar de ella los peligros a
iS:'VeJ;as... I número 2
Del filOn. 157
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que los enemigos de Dios y del orden, exponen la salud espi ritual de
nuesrros pueblos".
La mesura en las expresiones ponrificias no ocultan en manera
alguna la claridad de los jui cios, incluso la excitación última al rey. El
documenro dirigido a Fernando VII da la consigna sobre lo que debe
manrenerse como esencial por los hombres de iglesia y el nuevo poder
civil independienre. En cuanro el Ponrífice no cuestiona las formas re-
presenrativas, es a t ravés de ellas como se puede cumplir con los deseos
de Roma, y aun congraciarse con ella en favor de la emancipación fren-
te a una metrópol i tan poco grata.
El g ran peso de la influencia eclesiástica está ahora en la balanza
sobre el plat illo de la independencia. Los escrúpulos se salvan con habi -
lidad di aléctica. Desde 1821 corre impreso el Dictamen sobreel juramento
de fidelidad al Imperio Mexicano. Carta de un religioso Carmelita descalzo
europeo, a otro de la misma religión. El principal motivo para resistir el
jurame nro al gobierno independienre, di ce el carmel ita, es el prestado
al de España. Acude a la doctrina en la Epístola a los Romanos de San
Pablo, y expone su propio discurso. Si los príncipes, adv ierte el carme-
lita, "no ti enen poder para hacer ejecutar sus órdenes, para defender y
premiar a los buenos, y cast igar a los malos, tampoco estamos obliga-
dos a reconocer su autoridad". Si España sigue legislando sobre Améri-
ca, será "mofa y escarni o de todas las naciones" , pues sólo puede acudir
a la reconquista, y en tanto "queda n suspensas todas las facultades del
gobierno español". Se juró guardar la Constitución , "juramos observar-
la sin impedimenro físico o moral; pero si no podemos, no nos obliga
tal juramenro, porque ya se sabe que ad impossibile neme tenetur", Des-
obedecer al gobierno mexicano es inrroducir una completa anarquía.
La apelación bíbli ca es de autoridad. "] eroboán, que no era de la tribu
de ]udá, se sublevó conr ra Salomón que era legít imo rey, y arrebató en
ti empo de su hi jo Roboán las otras di ez tribus , estableciendo un reino
ser-arado. donde florer ieron. haio las leves el f' unos reves usnrnadnres .
"
1 5 8 • Del iliOn
ugostu de 1999 I :;S'Vetas...
Elías, Eliseo y arras . Las historias de Israel y Roma continúan ilusrrando el argumento.
Muy recientemente Pío VII, arrojado de Roma por Napoleón, ordenó que no se negara el
juramento al emperador, hombre impío. En México "¿qué di ría -se pregunra-, qué nos
amonestaría que hiciésemos respecto de uno que ha establecido por sólido fundamento la
religión... ; el conservar al clero secular y regular en todos sus fueros y preeminencias?"
Se juró la Constitución, pero no se observa para América cuando se le niega a ésta
la debida representación en las Cortes, como se protestó públicamente por los diputados
americanos. Así, ante las leyes dictadas "sin la debida represent ación de las Américas: ¿no
podremos deci r que el gobierno ipso facto renunció a sus derechos sobre ellas?", ignorando
su voluntad. La libertad de imprenta abrió los ojos de los americanos, al no cumplirse lo
pactado en la Constitución. Frente a una próxima sublevación anárquica, lturbide "proce-
dió con orden y regularidad, hasta conseguir la total independencia". Además de que,
como demuest ra Fray Antonio de San J osé, en su Resulta Salmasicense, "obligan en con-
ciencia las leyes impuestas por el gobierno o príncipe, aunque tirano por usurpac ión del
reino, si está ya en pacífi ca posesión de él: porque entonces goza ya de legítima potes-
tad..;" Se produce en el alegato del carmelita una sorprendente mutación en el fin que se
proponen los argumentos a favor del absolut ismo monárquico, para orientarlos por la
independencia.
La sorpresa no es única. El carmelita atacará a los religiosos que han salido de
México o que se lo proponen. "Hablemos claro -escribe-, tanto los que se han fugado,
como los que piensan fugarse, unos lo hacen por soberbios, pues estando acostumbrados a
mirar con desprecio a los americanos, les repugna sujetarse a ellos; otros porque profesan
un amor desordenado por exceso a su país nativo... les duele esta separación, y más bien
prefieren con desorden e irrel igiosarnente irse a su tierra, ya sus parientes, contra el evan-
gelio y su profesión, debiendo estar enteramente desprendidos de lo ter reno, y dejar a los
muertos que entierren a sus muertos, como nos lo enseñó Jesucristo..." Y llega aún más
lejos, pues ve a los que huyen "cometiendo pecado de apostasía, e incurriendo en excomu-
nión..." cuando en México se les necesita, y se "ha conservado a los prelados provinciales,
y jerarquía regular, que destruyó impolíticamente la España... " Extrañamente, en el do-
cumento no se menciona el nombre de Fernando VII, y sí, como ejemplo de hasta dónde
obliga la obediencia a la autoridad civil, se menciona la del pueblo de Israel al usurpador
/'
I número 2
Del filún. 159
1 60 • De fi l0n
El Di ctamen del carmelita, aparecido en 1821, contiene
más impli caciones que las que sus inmediatos lectores pudieron
suponer. La cita es más que reveladora.
El Plan de Iguala, el Trat ado de Córdoba, la suprema
autoridad de la Carta de Pío VII a Fernando VII, las adhesiones
de los ant iguos obispos anrinsurgentes, como el Dictamen
del carmelita, señalan el oriente hacia donde se diri ge
Iturbide, o hacia dónde puede dirigirse.
Orro documento autorizado para él, es el Manifies-
toaf mundo. La justici« y fa necesidadde fa independencia
de fa Nueva España, del arcediano de la catedral de
Valladolid, Manuel de la Bárcena, español, anti-
guo amigo de la familia Iturbide e individuo de
la Junta Gubernativa y de la pri mera Regencia
nombrada el 28 de septie mbre. Cuevas lo cita
elogiosamenre, a parti r de la met áfora de la hi ja
que llega a la mayoría de edad "y quiere ser
madre". "Verdad es -según Bárcena- que mu-
chas veces una colonia, o por grati tud o por amor,
o por conveniencia, no efect úa su emancipación
tan pronto como pudiera; pero siempre le
queda su derecho a salvo, para usar de él cuan-
do le convenga y se le ofrezca ocasión opor-
tuna: no pudo ser ésta mejor que la que se nos
presentó el año de ocho..... cuando por la renun-
cia de los Borbones, "se disolvió la monarquía, y
aun cuando el puebl o español hubi era conserva-
do su unidad, siempre quedaron rotos los lazos
de la dependencia de este Reino, pues él no esta-
ba sujeto al puebl o español, sino al Rey de Espa-
ña". Varió el estado español, escribe Bárcena, "de
casi despóti co a casi democrát ico: hubo nuevo pacto
en el cual cada part e pudo ent rar o no entrar", y fue
presuntuoso calificar a la Junta de Sevilla como so-
berana de España e Indias, "porque éstas quedaron
en libertad de const it uirse a sí mismas".
La referencia de Bárcena a la primera in-
surgencia se mant iene en' la ortodoxia iturbidisra
agoste de 1999 I ~ ' V e t a . s ...
s
-llamémosla así, aunque It ur bide no haya sido su autor sino
sólo el brazo ejecutor de ella-. Hidalgo obró "con sólo las armas
que el furor mini st raba; no aprobamos su polít ica, fue impolí t i-
ca y sangui naria, y no se le hall a disculpa - reflexiona Bárcena-
sino en la misma desesperación que le arrebató, viendo repeli -
dos, y abandonados los derechos de su patria: .. ." Faltaba
a México el hombre, y ya lo tiene; "ahora ya es otro el
sistema y los medios: . . ." El siguiente punto del Mani -
fiesto funda la necesidad de la independencia en la imposi -
bi lidad de que una monarquía const itucional se ex-
tienda desde España a las Américas y las Filipinas,
"mil veces más difícil de realizar que la república
de Platón ... un delirio que sólo puede tener lu-
gar en la cabeza de algún político febrici tante
. .. " Quienes los sostie nen "me parecen tan lo-
cos como aquellos J acobinos que el año de 1793
querían establecer la república un iversal del
género humano" .
Dios dividió la tierra en regiones pro-
porcionadas para diferentes estados. Nueva Es-
paña, dice, es una de ellas, aunque muy ex-
tensa para una monarquía moderada; "tiem-
po vendrá en que el Nuevo México requiera
y necesite de una segunda independencia". La
cit a se apoya en Monresquieu y su opinión so-
bre la gran extensión de los estados despóticos y
la pequeña de las repúblicas, en las que ninguna
puede engrandecerse demasiado.
Bárcena toca ot ro punto. La no aplicación
de la constitución en México ha sido constante; la
libertad de imprenta se ha suspendido como en
tiempos del virrey Venegas; la autoridad militar si-
gue unida a la política inconstitucionalmente; "la
decantada unión -con España-, no es unión, sino
encadenamiento". Bárcena repi te los agravios que
se suceden durante el periodo colonial. "Todos es-
tos males no tienen más remedio -declara- que una
dinastía mexicana . . . " La expresión se refiere a una
~ V e t a . s . . . J número 2
Del f!lún. 16]
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dinastía propia y no a Itur bide en el trono. A conti nuación hace una ma nifestación
doctrinaria, que por cierto Cuevas no ci ta: ... "¿Qué es un estado? Es una sociedad en la
cual los individuos que la componen pueden reti rarse, o por mutuo consenti miento, o sin
él, habiendo causas justas; ¿y qué más justas? .. " Un sólido Monresquieu y un perturba-
dor Rousseau animan el Manifiestode Bárcena.
No cri ticará la Const itución, pero ella es injusta con México pues "violando los
derechos del hombre" excluye de la ciudadanía a las castas. El sistema representativo es
ficti cio e inaplicable. Los diputados americanos están impedidos, en gran número, para
viajar a España, y ello no suspende las Cortes, que segui rán legislando para ultramar. Ante
el problema todo, la solución es una: "divídase el infante, y lévese cada uno su parte...
divídase la monarquía, o por mejor deci r, sepárense las dos mo narquías, y vuelva cada una
a su antiguo y natural estado".
El arcediano gobernad or de la diócesis de Michoacán, amigo de Abad y Quiepo y
de don Miguel Hi dalgo en Vall adol id, la capita l de provincia más ilustrada de N ueva
España, es en verdad un hombre disti nto a don J oaquín Antonio Pérez, cuya influencia
sobre Iturbide está en ascenso.
Ya se tiró el dado frente a España, escribe Bárcena: "Nada se consegui ría con des-
truir nuestro ejército, sería necesario destruir nuestra generación" . España, lo dice el
santanderino, es ya sólo una factoría de Europa. Bárcena es rnonarquísra; "nosotros no
conspi ramos contra nuestro Rey, sino contra su ausencia". Invoca los nombres de Quiroga,
Riego, Arco Agüero, Argüelles , Florez Estrada, Herreros: "antorchas y columnas de la
Constitución española, vosotros nos habéis enseñado a
ser libres, no neguéis vuestra doctrina. .. "
El Manifiesto, elogiado por Cuevas, contiene más
expresiones que él
no cita, y que mues-
tran con claridad el
b
162 • Del filún
a gosto ,¡" 1999 I ~ V e t a . s ...
s
$
pensamiento de Bárcena. La conquista de México es juzgada: "Jamás vieron
los siglos una tan injusta y repugnante unión de reinos .. . " "parecería increí-
ble que un estado tan violento hubiese podido durar trescientos años; .. . pero
ya gastados por el tiempo, y por la tirantez se rompieron los fierros con que la
injusticia había encadenado a la inocencia". Hernán Cortés "era un alzado por
sí, y ante sí . .. ", y "no es mi ánimo infamarlo ---escribe-, admiro sus virtu-
des políticas, y militares, más en cuanto a las morales fue otra cosa". Lo con-
dena con palabras de Monresquieu, Bárcena desconoce expresamente el título
de la donación pontificia, y cita a Atahualpa respondiendo al Padre Valverde:
" Yo no sé, yo no concibo como ese Pontífice que dices, pudo dar todo a otro
lo que no era suyo".
El título fundado en la cesión de Moctezuma en favor de Carlos 1 "fue
tan legal -afitma-, como la de un caminante que cede su bolsa a los
salteadores".
Acudiendo a Grocio refura los derechos de conquista y de prescrip-
ción, y discurre sobre la nul idad de los jurament os de fidelidad para concluir
su invalidez.
Las autoridades de Grocio y Montesquieu, en las que se va apoyando
Bárcena en su discurso, figuran en los expurgatorios pontificios. De iuri belli
acpacis, libro tercero, a que él remite, por decreto de 4 de febrero de 1637, no
derogado; y El espiritu delas leyes, por decreto de 2 de marzo de 1752, también
vigente.
Pérez Memén hace un acucioso y certero examen del Manifiesto de Bár-
cena en el capítulo IV-4 de su tesis El Episcopadoy la Independencia de México.
El Manifiesto de Bárcena es en su día el más avanzado de los alegatos
por la independencia, venido de un hombre de iglesia del antiguo régimen
ilustrado que accede a las ideas liberales, más allá de lo que José Gaos llamó la
modernidad crist iana.
Desde el irascible colonialismo de un hombre eminente por más de un
t ítulo como Abad y Queipo, hasta el aventurerismo oportunista de un Joa-
quín Antonio Pérez, Bárcena era la instancia ecuánime a la que pudo acudir
Iturbide. Mas frente a ese monarquismo liberal , y el mismo año de 21; se
formula el gran alegato republicano de uno de los hombres más sugestivos de
su época, fray Servando Teresa de Mier. ~ l .
iS: 'Vetas... I número 2 Del fil6n . 163
Ignacio Betancourl, El
escándalo, Primer dramade
ManueljoséOtbón. Texto)'
contexto, El Colegio de San
Luis - Instituto de Cultura, San
Luis Potosí, 1998, 102 pp.
Me gustaría iniciar esta pre-
sentación estableciendo una dis-
tinción. Se confunde a menudo,
en los estudios literarios, lo lite-
rario con lo historiográfico. Se
trata dedos polos que hasta cier-
to punto se necesitan el uno al
otro, pero que no deben ser con-
fundidos. Una cosa es el estudio
del texto literario entanto texto,
tal ycomo se nos enseñó a estu-
diarlo lo mismo en la estilística
que enel estructuralismo, yotra
cosa es el conocimiento, prime-
ro, de la historia del texto, yse-
gundo, de los pormenores bio-
gráficos de quien lo escribió. A
menudo sucede que empezamos
estudiando un soneto amoroso
b
EL ESCÁNDALO, DE
t. ..l"'J" So, juana, yterminamos
> , si tales amonos

atrevemos fantasiosas conjeturas
acerca de las inclinaciones se-
xuales de la monja. Se trata, en
este caso, creo que se me com-
prende, de un traslape muydis-
cuti ble. Dejamos deconsiderar el
poema como poema y en lugar
de desentrañar sus maravillas
verbales, esdecir, sus metáforas,
sus sinécdoques, la sutileza dela
antítesis, el arte del oxímoron y
del retruécano, terminamos me-
tiéndonos en la intimidad de la
escritora yescudriñando sus re-
caditos, yhasta conjeturando si
a su presunto amante lo veía
cuando salía a comprar el pan. A
estos dos polos o dos extremos
de la actitud investigativa, una
centrada en el texto, otra en los
detalles de tipo historiográfico,
debo agregar un tercer vértice.
No leemos desde el vacío ni des-
de la neutralidad. Leemos desde
una posición determinada, enla
que intervienen no sólo el tiem-
po yelespacio, sino nuestros par-
ticulares intereses en tanto lec-
tores. Los sacerdotes, ensu cali-
dad de sacerdotes, están obliga-
dos a leer a Sor Juana desde una
perspectiva muy distinta a la del
agosto (1t" 1999 I ...
~ ~ e t a s . · · 1 número 2
profesor universitario. Me gusta
el ejemplo de Sor Juana porque
siento que ella es un buen espe-
jo para aterrizar en Manuel José
Othón, los dos sehan convertido
desde hace muchos años en ob-
jetos de una apropiación múlti-
ple ante laque no podemos que-
dar indiferentes. Estas apropia-
ciones no son desinteresadas. Y
qué bueno que no lo son. Acaso
en las ciencias naturales el asun-
to de la objetividad yde la neu-
tralidad del observador pueda
darsesin mayores problemas; no
sucede así, creo que esto es evi-
dente, en las llamadas cienci as
humanas. Los prejuicios históri-
cos, los intereses declase, lafor-
mación del lector, todo ello in-
terviene yde modo necesariode-
forma o conforma su investiga-
ción.
El gran problema con auto-
res de la talla de Sor Juana yde
Othón es que despiertan tal celo
en muchos de sus lectores, des-
piertan tales pasiones, que su
nombre seconvierte en la divisa
de una verdadera guerra cultu-
ral. Así hasucedido con Sor Jua-
na. El sacerdote Méndez Planear-
te leyó con tal devoción alamon-
ja, que no sólo se encargó de
editar en cuatro tomos las obras
de Sor Juana, con pertinentes
anotaciones al final decada uno
de los volúmenes, sino que, en
aquellos lugares en que creyó
que lamonja incurría en errores
heréticos, no dudó en enmendar-
lelaplana, a fin de hacerla con-
cordar, por supuesto con ladoc-
trina de la iglesia católica. Octa-
vio Paz cuenta que llevado por
este celo ortodoxo, el padre Plan-
carte reescribió toda una sección
de una obra de teatro de SorJua-
na. Pero el celo no sólo tiene ori-
gen religioso. Tomando como
punto de partida la peregrina
idea de que las repeticiones de
un mismo vocablo son algo des-
preciable en la literatura, pues
muestran acaso una pobreza ver-
bal , el padre Plancarte también
le cambia las rimas a algunos
sonetos deSorJuana, sustituyen-
dounapalabrapor otrasegúnun
bárbaro criterio de calidad esti-
lística. Que un erudito como
Méndez Plancarte reescriba tex-
tos de Sor Juana, oque seatreva
a enmendarle la plana, como si
la monja fuera una principiante
en el arte del verso, no deja de
serlaexpresión deuna culta bar-
barie que rebasa con mucho las
ineptitudes de la inepta cultura
de las que hablaba Ramón López
Velarde.
No abundaré en las quere-
llas que el libro de Octavio Paz
SorjuanaInés de la Cruz o las
trampas de lafe continúa susci-
tando en nuestro medio. Algunas
afirmaciones de Paz resultaron
ofensivas para algunos intelectua-
les cercanos a la curia católica.
Otras parecieron inexactitudes o
bien aberraciones a eruditos en
filología como Antonio Alatorre.
b
El presunto descubrimiento de
unautógrafo de SorJuana, cono-
cido como lacarta de Serafina de
Cristo, ha desatado una sorda
polémica entre A1atorre yel his-
toriador Elías Trabulse. No men-
ciono loanterior paraelevar un
voto de censura. Al revés: todo
este rebumbio en torno a una
escritora como SorJuana me pa-
rece en definitiva un signo de
vida, y la vida es plural, contra-
dictoria, yse encuentra siempre
entreverada porlapasión, el de-
leite y el encono. En asuntos de
cultura, laindiferencia esigual a
la muerte.
Guardando las distancias,
mucho de loque hasucedido con
Sor Juana sucede también con
otro monstruo de la literatura
mexicana, me refiero a Manuel
José Othón. Menciono lapalabra
monstruo con toda intención
para señalar del modo más posi-
tivo posible que este escritor nos
rebasa en todas direcciones. Es
un monstruo, unproducto ines-
perado, unportento unprodigio
al que todavía no acabamos de
asimilar. Los hermeneutas siguen
discutiendo qué significa tal o
cual pasaje delos sonetos deEn
el desierto. idilio salvaje. Muy
pronto, a partir del texto sederi-
va en asuntos exteriores al texto,
y que tiene que ver con la bio-
grafía del autor, osea, sepasa del
ámbito del análisis literario al de
las preocupaciones historiográ-
ficas: que si Othón enefecto, y a
pesar de lobuen católico que era,
cometió adulterio; que si la"in-
dia brava" de la que hablan los
sonetos existió en la vida real, y
que cuál erasuverdadero nom-
bre. Una sola línea delacompo-
sición, pongo por caso al que
dice: "En tus aras quemé mi in-
cienso", puede suscitar intermi-
nables discusiones no todas eUas
de orden filológico. ¿Se insinúa
que después de estos amoríos el
poeta, oel de lavoz, ya no volvió
a amar a nadie? ¿La edad olaen-
fermedad habrían Uevado a tal
sujeto a padecer impotencia?
¿Por qué tiene que seréste, preci-
samente, el último incienso? Esto
sepone escabroso. Yhasta deci-
didamente herético si se consi-
dera que aquíla palabra "incien-
so" esuna metáfora de "semen",
con lo cual Othón establece que
elacto sexual esuna forma de sa-
cramento, yque el cuerpo de la
mujer, enconsecuencia, una ex-
presión delosagrado.
Menciono lo anterior, que
puede sonar a divagaciones de
una noche de verano, porque el
libro que hoy nos convoca, El
escándalo. Primer drama de
Mallueljosé Otbón. TextoJ'COI/-
texto (San Luis Potosí, El Cole-
gio deSan Luis - Instituto deCul-
tura, 1998), preparado porIgna-
cio Betancourt, suscita deinme-
diato este tipo de asociaciones.
Ignacio Betancourt, que conoce
el terreno sobre el que se mue-
ve, recuerda desde los primeros
agosto de 1999 I ;s"Vetas...
s
párrafos de su estudio que a
Othón " se le ha querido volver
abanderado de orientaciones que
más bien expresan los intereses
del historiador en turno". Tan es
así, que no han faltado intentos
de "beatificar", esta es la pala-
bra utilizada por Betancourt, al
autor del Idilio saluaje. No está
por demás señalar que tales in-
tentos "beatifícatorios" también
han probado fortuna en el caso
de Sor Juana.
Othón, en una palabra, ha
sido yseguirá siendo objeto de
apropiaciones ideológicas. Nos
movemos todos, lo sepamos ono,
loadmitamos o no, en un terre-
no minado, en una arena en la
que confluyen las pasiones. Igna-
número 2
cio Betancourt está consciente de
loanterior, yen ningún momen-
to sepretende neutral ni preten-
de abordar su tema desde una
cápsula a prueba de contamina-
ciones. Othón es un tesoro pú-
blico, unpatrimonio de lacultu-
ra de una nación, pero esto no
obsta paraque cada cual, sienta
que por alguna sibilina razón
Othón es más suyo que de los
demás. Pienso que alguien que ha
nacido en San Luis Potosí, sólo
porlos derechos delatierra, que
enmucho se parecen a los de la
sangre, se siente el legítimo de-
positario de la herencia de
Othón. Una parte de la intelec-
tualidad católica, por razones
obvias, también sehasentido de-
positaria ycustodia de este teso-
ronacional. Tan esasí, que ave-
ces parece que preferirían que
Othón fuese una gloria local, así
no habría nadie m{1S que les dis-
putara la primacía. Por supues-
to, no estoy contra el celo ni con-
tra el apasionamiento ideológi-
co, [qué bueno que éstos existen!,
sino contra las deformaciones
que este celo y este apasiona-
miento son capaces de producir.
Una crítica de lo anterior, sin
embargo, no puede estar exenta
asuvez decelo yapasionamien-
to. Así el tercer polo de nuestro
triángulo semuerde lacola yno
hay forma de decir yo estoy libre
de culpa, yo soy neutral, amí que
me esculquen. Ignacio Betan-
court lo dice en un pasaje defini-
torio de su texto: "Hacer actuar
a un muerto, ponerlo a caminar
porcalles que han desaparecido,
obligarlo a hablar con otros
muertos, pretender lo objetivo
desde larelatividad del historia-
dor es un desafío donde ficción
yhecho diluyen límites, donde la
Incertidumbre esel camine más
frecuente; por eso es indispen-
sable documentar, contrastar,
imaginar, ytener presente que las
verdades últimas no existen. In-
dagar enlo pretérito esigual que
buscar en lo futuro, todo sehace,
siempre, desde un presente en el
que las verdades son un sueño y
el conocimiento una manera de
asirse al vértigo de laexistencia."
D
Apartir de esta declaración
deprincipios, elautor realiza un
amplio recorrido por el contex-
to en el que se ubican las vicisi-
tudes de la escritura othoniana.
La Guerra de Reforma, el impe-
rio de Maximiliano, el juarismo
restablecido, el porfiriato, el le-
vantamiento indígena delaHuas-
teca en 1879; los ires yvenires,
en fin, del personaje dentro de
la situación en que le tocó vivir.
Se trata deentender a un autor, y
no sólo de glorificarlo, como
acertadamente anota Ignacio Be-
tancourt, quien en ningún mo-
mento pretende haber descubier-
to el hilo negro. El escándalo,
primera y a todas luces fallida
obra de teatro, tan fallida que el
autor prefirió no completarla
nunca, carece de méritos litera-
rios. Su interés espues puramen-
te documental, exhibe laescritu-
ra de un autor en formación, a
sabiendas de que las obras pri-
merizas de Othón no contienen
ni siquiera IIn gramo del genio
que serevelaría después. "La im-
portancia deElescándalo -re-
conoce Ignacio Betancourt-,
más que literaria es histórica;
permite una mirada desde diver-
sas perspectivas ynos acerca al
momento privilegiado en que el
talento esaún potencial, No sólo
es el poeta incipiente quien es-
cribe, esun ciudadano afianzán-
dose a esa madurez, a ratos ficti-
cia, que el porfiriato indirecta-
mente propició para los creado-
res artísticos, es un estudiante
universitario que al mismo tiem-
po expresa la cosmovisión de la
clase media potosina, cuya re-
creación dramática no carece de
singularidad...
Cuando borronea las pági-
nas de esta obra inconclusa,
Othón tiene cosa de 18 años de
edad, yacaba deingresar al Ins-
tituto Científico yLiterario de San
Luis Potosí, Sus textos poéticos
de esa época son igualmente bi-
soños yperfectamente olvidables,
aunque me gustarla destacar que
seis años después, en 1882, es-
cribe lo que para mí es laprime-
ramanifestación de su genio, un
monólogo cuasi dramático de
clara procedencia romántica ti-
rulado "El canto de Lodbrok'', El
tránsito del romanticismo trasno-
chado, al neoclasicismo ydeahí
a loque sería el paradójico mo-
dernismo de un declarado anti-
modernista, tres etapas funda-
mentales en la escritura de
Othón, está delineado con trazos
firmes en este texto.
Sólo en un punto pienso que
se aparta el autor de la objetivi-
dad historiográfica. No puedo
decir nada concluyente, esantes
que nada una impresión yacaso
el asunto se resuelve son mayor
trámite si se matiza 'el asunto.
Aunque Ignacio Bertacourt está
consciente de los peligros que
entraña convertir la historiogra-
fía en hagiografía, un poco él
contribuye a lo mismo con un
agoste de 1999 I ~ ' V e t a s ...
e
grano de arena cuando sostiene
de modo demasiado tajante que
Othón nunca puso su pluma al
servicio de la política militante.
"Él jamás militó en la política,
pese a que tuvo relación con
muchos políticos" , sostiene el
autor. Alo que yo me pregunto,
¿y cómo puede esto saberse a
ciencia cierta? ¿Hay pruebas con-
cluyentes? Ese es un aspecto de
laactividad de Othón que quizás
escapa por su naturaleza misma
a nuestra indagación. Porque re-
laciones con políticos sílas tuvo,
tan es así que fue durante un
tiempo secretario del goberna-
dor, y que, en su calidad de di-
putado suplente, y en ausencia
del titular, hubo detrasladarse a
la Ciudad de México a cumplir
con las funciones de representan-
te popular para las que, supon-
go, fue electo. Su amistad con el
general Bernardo Reyes puede
proporcionar otro indicio. Digo
loanterior sin ningún propósito
de manchar la memoria de
Othón, pues una participación
política -cualquiera que ésta
sea- no tiene porqué ir ende-
mérito del poeta. Lo digo más
bien en tono admirativo, pues
aún llegando aentreverar suvida
con los asuntos de Estado, el poe-
taOthón preservó sutalento crea-
dorypudo escribir los textos por
los cuales hoy leconcedemos un
siti o especial en el panteón lite-
rario de este país.
número 2
. Para terminar sólo me resta
destacar la sobriedad del análi-
sis dela obra que aquí se resca-
ta. Sin falsos énfasis ni torcedu-
ras hermenéuticas, Ignacio Be-
tancourt estudia laconfiguración
de los personajes y no deja de
señalar el carácter un tanto anó-
malo de laheroína femenina, una
mujer que descubre la pasión
amorosa en sus segundas nupcias
y que por ese motivo se ve de
pronto enfrentada al despecho y
la incomprensión de su hijo, un
hijo que en un momento de eno-
jo llega a esperarle: "Deje usted
a ese hombre, con mi amor bas-
ta a usted." Betancourt, no sin
perspicacia, anota: "Simbólica-
mente, el hijo eslanegación a la
ruptura del cordón umbilical."A
lo que agrega más adelante: "A
diferencia del hijo conservador
e incapaz, la madre asume un
modelo contestatario que rompe
loestablecido ypone encrisis el
entorno existencial, evidencian-
do larigidez einmovilidad de una
sociedad que se moderniza para
no cambiar. Resulta signifi cativo
que el personaje más valiente y
digno de la obra sea una mujer
que desafía lamurmuración ylos
reclamos familiares. ,. Al felicitar
ampliamente a Ignacio Betan-
court porsuincursión enlos es-
pinosos terrenos de lainvestiga-
ción othoníana, loúnico que me
queda es recomendarles a uste-
des la lectura de este libro.
Evodio Escalante
"Texto leído en el Institut o de
Cultura de San Luis Potosí, el
4 de mayo de 1999.
LAS PENAS DE LA VERACIDAD HISTORIOGRÁFICA YLITERARlA*
b
Ficción es una palabra peligro-
sa, al igual que su correlativa
ciencia, porque ambas proponen
imaginarios deverdad que sesos-
tienen enlos andamios delami-
tología.
La historiografía conserva-
dora lucha contra laficción. Esta
guerra intestina entre la historia
y los cuentos se remonta a muy
lejos. Es una disputa familiar que,
de entrada, fija posiciones. Pero
gracias a esta lucha contra lafa-
bulación genealógica, contra los
mitos ylas leyendas delamemo-
ria colectiva o contra las versio-
nes derivadas de la circulación
oralylaliteratura, ha surgido la
metahistoria
I
derivada del meta-
relato' que nos lleva a entrelazar
yconfrontar losdiscursos huma-
nos huyendo del ojo vouyerista de
la verdad.
Desde esta visión searticula
unentrejido conceptual que sos-
tiene el sólido trabajo deIgnacio
Betancourt que nos presenta en
su libro El escándalo primer
drama de Manuel josé OtMII.
Texto y contexto. Así se plantea
una historiografía que crea una
distancia de respeto al decir yal
creer comunes, yse aloja preci-
sarnente enesadiferencia que la
acredita como erudita, distin-
guiéndola de las reconstruccio-
nes marmóreas forzadas y ahís-
tóricas de los literatos que nos
anteceden yhasta delos que nos
rodean yesque, evidente, esmás
fácil sacarle lustre a la estatua
que tomarse una cerveza imagi-
naria con elsujeto estudiado yre-
construir con los elementos, las
fuentes ylaimaginacion alserdel
mismo yde su obra.
Pero cuidado que nosediga
"laverdad", ¿O acaso historiador
alguno ha tenido semejante pre-
., ~ ... d
tensi ón.... 10 os.
Con la crítica de los docu-
mentos, el erudito le quita error
al análisis literario. El terreno
que se gana a costa de ello lo
adquiere diagnosticando la tota-
lidad dela obradesu autor más
que meramente las aportaciones
subordinadas a la elección de
cierta estilística. Ami juicio ésta
es la trascendental búsqueda de
Ignacio Betacourt: desacralizar,
excavar en el lenguaje recibido
enel lugar que otorga a sudisci-
plina. como si instalado en me-
dio de las narraciones estati-
ficadas ycombinadas de una so-
ciedad, por cierto rígida todo lo
que de ella secuenta o se contó,
se esforzará por concebir lo fal-
soylo verdadero paraconstruir
los mundos jánicos de Clío, o
como si noprodujera verdad más
que consignando el error.
Desde este punto de vista la
ficción dentro de una cultura es
lo que la historiografía contem-
poránea, la historia a debate re-
vive, abriendo así las posibilida-
des de estudiar y abonar desde
la transdisplinariedad el terreno
delaliteratura, yesaquícuando
el eco de Edmundo O'Gorman,
revive recordándonos quelavir-
tud mas deseable del historia-
dor eslaimaginacián.s
Por ende el discurso cultu-
ral que Betancourt nos plantea es
ser capaces de determinar los
erroresque caracterizan la rela-
ción de la historia yla literatura
yseautoriza a hablar ennombre
del real, tanto desde el punto de
vista de los procedimientos de
análisis (examen ycomparación
de documentos como de las in-
terpretaciones). Al establecer se-
gún sus propios criterios el ges-
to que separa los dos discursos
-uno hagiografico yel otro hu-
mano, biográfico-, la historio-
grafía literaria que seplantea Be-
tancourt trasciende evidemente el
presentarnos el primer drama del
monstruo literario mexicano
Manuel José Othón.
El trabajo de Betancourt se
adjudica una relación conlo real
porque sucontrario está coloca-
ugU!'i lo de 1999 I ~ " " V e t a B ...
e
do bajo el signo de lo falso. lo
mismo que dicen susdetractores.
Esta determinación recípro-
ca implica un doble desfase que
consiste, por una parte, en vol-
ver plausible lo verdadero de-
mostrando un error y, símultá-
neamente, en hacer creerloreal
denunciando lo falso. Por tanto
supone que lo que no se com-
prueba debe ser real . Así, argu-
mentando contra falsos dioses se
hace creerenel conveniente ver-
dadero.
Betacourt con gran fuerza
rompe con esta añeja pero po-
derosa tradición de hacer critica
literaria que emana del positivis-
mo yse cobija en un relativismo
político inexistente, para mostrar
en oposición que la ficción está
situada del lado de lo real, que
laimaginación ylacreación son
parte del quehacer delahistoria
ycon ello pensar, crear, escribir
produce una ideología que a ve-
ces los historiadores del arte pre-
fieren omitir parafacilitar su in-
terpretación.
De este modo se modifica la
epistemología que diferenciaba al
sujeto, llámese Othón, Sor Jua-
na, Wilde, Betancourt o mi cole-
ga Evodio Escalante, del objeto,
en este caso: El escándalo por
consiguiente reduce el tiempo a
la función de clasificar omitir y
explicar los objetos. En efecto
vemos en el análisis de Ignacio
Betancourt que las dos causas, la
del objeto yla del tiempo, están
número 2
ligadas y sin duda alguna la
objetivación del pasado hahecho
del tiempo desde ya casi cuatro
siglos, loimpensado de una dis-
ciplina que no deja de utilizarse
como instrumento taxonómico.
Al crear, el escritor ordena
un caos personal preexistente
que procede en última instancia
de la experiencia; siguiendo a
Sartre, Betancourt postula que
tanto lamemoria como laimagi-
nación seejercen sobre materia-
les que proceden siempre de la
realidad, pero nuestro autor en-
cuentra otro agasajo en su tra-
bajo: la posibilidad de la trans-
gresión implíci ta enel hecho de
desplazar algo del sistema a que
pertenece a otro sistema oa nin-
guno yentonces ¿A que juegan los
autores? quizá a entender el ca-
pricho creador de sus semejan-
tes. Poco más allá del juego, un
N
" -o
c:
,"
c:

"
:r:
=
poco más acá del mero regocijo,
en una consonancia perfecta de
arte yvida tal como Betancourt
las entiende: afirmación hic e/
I/UI/C de nuestra real gana. Este
paso del juego al capricho pue-
de percibirse con claridad en el
trabajo de Nacho donde encon-
trarnos elementos fundamentales:
humor, juego, fantasía, erudi-
ción, crítica literaria yteatral, tra-
bajo dehistoria. El juego de Be-
tancourt no es ni tan inocente
como su trabajo parece procla-
mar, ni tan banal como muchos
lo quisieran: no estamos tan le-
jos del comentario intempestivo
yde laafirmación del azar pro-
puestas por Niestzche, ese otro
afirmador del juego ylalevedad,
dice Niestzche: "El mismo cora-
jeque se requiere para conocer-
seasímismo enseña aver laexis-
tencia de los otros sin patrañas".
Felicito aAna Coloma porsu
cuidadosa transcripción de la
obra, aLuis Cortés porlaedición
yal Colegio de San Luis por im-
pulsar los debates que hoy nece-
sita laacademia.
Boris Berenzon Gorn
Notas
' Texto leído en la Casa Larnmel
24 de juniode 1999.
I VerHayden White. Tbebistorical
Immagination in Nineteentb-
CenturyEurope, Baltimore yLon-
dres.Thejohns HopkinsUniversity
1973.
' VerWalterMignolo "Elmetatexto
historiográficol' la historiografía
indiana" en Modern Languaje
No/es 96. 1981. pp. 358-402.
J EdmundoO'Gorman "Teoríadel
desli nde ydesli nde de la teoría".
enFilosof íay Le/ras. IX 17, UNAM.
1945, pp. 21-36.
a
R
Arseneo
agos to d e 1999 / ~ ~ e t a s ...

f------------------------
PlEL CANELA
Jorge Durand
El más reciente libro del maestro
Álvaro Ochoa, Afrodescendientes
sobre piel canela, recientemente
publicado por El Colegio de Mi-
choacán, pone sobre el tapete un
problema añejo yolvidado, el de esa
partefundamental denuestro com-
puesto racial mestizo: la herencia
negra. Tan negro fuenuestro pasa-
do ancestral, como tuvo de blanco
ydebronce. Aunquea fin de cuen-
tas, la combinación decolores blan-
co, negro yprieto, dio como resul-
tado un reforzamiento de la gama
intermedia yse consolidó lo queco-
nocemoscomo raza de bronce.
Tres herencias raciales que asuvez
representan una multiplicidad de
herencias culturales, que se mani-
fi estan de muy distintos modos y
maneras en bailes ysones, artes y
ofi cios, herramientas e instrumen-
tos. Yeste libro es fiel herencia de
estos rasgos, deestos hilos, aparen-
temente sueltos y desconectados,
pero que Álvaro Ochoa ha sabido
urdir para presentarnos untrabajo
acabado sobre nuestrosancestrosde
origen negro y mulato, ancestros
quequedaronenlaoscuridadyque
;S'VetaB... ¡ número 2
a fuerza de negarlos, pasaron al
destierroyal olvido.
Escudriñar un pasadoque hasido
negado es doblementecomplicado.
En estos casos el investigador debe
recurrir a fuentes muydiversas y
debe trabajar con elementos aisla-
dos ydispersos que finalmente de-
ben quedar relacionados. Para col-
mo cuenta con laincredulidad del
público que se niega a aceptar ver-
dades comprobadas. Pero Álvaro
Ochoa, afronta el reto ysepropone
develamos dos misterios. El prime-
ro tiene que ver con el fandango,
músicaybaile negros, pero que re-
sulta ser el antecesor directoe in-
mediato del mariachi, prototipo
actual delomexicano.
Pero el autorva más allá ypropone
develar nuestro subconsciente ra-
cial. De ahí la relevancia de hacer
un intento de psicoanálisis recu-
rriendo a un caso notable, al del
mexicanoporexcelencia, al del úl-
timo héroede la revolución mexi-
cana: Lázaro Cárdenas.
y las genealogías noengañan, más
aun enestos laresdondelos párro-
cos se esforzaron en señalar ydis-
tinguir racialmente a los neófitos,
los padres de familia ylos consor-
tes. Según las fuentes consultadas,
el general Cárdenas tiene un pasa-
doremotoen los negrosesclavos y
libertos que pululaban por la ha-
cienda yranchosdeGuaracha yun
pasado reciente marcado por el tin-
temulato. El héroede Jiquilpan se
distingue a todas luces por su piel
debronce. Pero a partir del trabajo
de Álvaro Ochoa, sustentado en
fuentes tan inéditas como irrefuta-
bles, nos permite maliciar que esos
labiosgrandes einconfundibles del
general tienen algo de susancestros.
Curiosamente, omejor dicho lógi-
camente, don Lázaro no hace refe-
rencia, en sus memorias, aesteori-
genmulatoysí se solaza afirman-
doqueensufamili a había un cla-
ro ascendiente criolloeindígena. Él
mismoafi rma quesuinterés porla
raza indígena se debe, en buena
parte, asuorigenfamiliar. Muy po-
siblemente Cárdenas desconocía su
origenmulatoymuyprobablemen-
tesus padres oabuelos se encarga-
rondeocultarlo ydejarloen el ol-
vido.
Dejar en el olvido los orígenes os-
curos, más queun problema perso-
nal ofamiliar es un fenómeno so-
cial. En México la herencia negra
se ha diluido de tal manera que
Iguini z, un viajero que pasó por
Guadalaj araen1796,afirmaba que
"las mulat as de Guadalajara son
=
enteramente blancas:hevisto al gu-
nas que no se las conocía lacasta,
si no hubieran dichoque eran hi-
jas de negro yblanco". La confu-
sión persiste enlaactualidad,de ahí
que nosea de extrañar laexpresión
de unaseñora proveniente del Dis-
trito Federal cuando visitó la zona
ranchera de los altos de]almich:
"qué Güeros son los indios de por
aquí". En este mar de confusión,
Álvaro Ochoa pone orden, cuando
puede ycuandolos documentos lo
permiten, porque él mismo afi rma
que el bisabuelo de Cárdenas fue
calificado en diferentes momentos
corno indio, mulato yespañol.
Apesar de lo intrincado de latrama
el autorsigue ypersigue, asuescu-
rridizo sujeto de estudio, por lacos-
tadel Pacífico. Se detiene enOaxa-
ca, luego pasa revista al caso de
Guerreroyllega aMichoacán, para
finalmente detenerse enlas hacien-
das deGuarachayBuena Vista.
Los negros del oeste mexicano se.
dedicaban asus tareas prototípicas:
el cultivo del algodón yla caña, se
desempeñaban en actividades co-
merciales yartesanales, además de
ser aficionados al baile, el juego y
la pendencia. Pero es de ll amar la
atención quetambién fueran aficio-
nadosal caballo "al que usan todo
el día hasta el grado de no andar
por su pie ni aún el más pequeño
espacio de tierra que les exijan sus
GrafitO
Grafito
diligencias". Tambi én fi guran
como diestros en el uso de armas
blancas ycomo buenos soldados,
con laventaja adicional dequeeran
intrépidos ysoportaban con natu-
ral idad lafaltade alimentos, el frío
yladesnudez.
Deahí queÁlvaro Ochoa lesiga la
pista a los negros y mul atos que
participaron en los confl ictos béli-
cos de laépoca. Los vemos actuar
en ti empos de la Independencia,
luego durante la Intervenci ón y
también en los conflictos locales,
como el delos religioneros, al cual
lededicacapítulo aparte.
Entre los rasgos culturales prove-
nientes de nuestra herencia africa-
na Álvaro Ochoa destaca muchos,
pero yo quisiera detenerme sólo en
dos: la cazanga yel fandango. La
. cazanga segúnÁlvaro Ochoa tiene
"una evidente fili ación africana".
Pero desdemipeculiarpuntodevis-
ta, anterior a haberleídoeste li bro,
se trataba más bien de un híbrido
entre la hozyel machete. Siempre
mellamó la atención esta herra-
mienta, tan difundida enlaciénega
de Chapalaylasierra delTIgre, por
sus múl tiples usos yporque requie-
re una muypeculiar dest reza para
manejarla demaneraeficiente. Ha-
cer una geografía del liSO de esta
herramienta, determinarsu alcan-
ce, su profundidad histórica ysus
variantes regionales bien merece
otro capítulo porparte de tan meti-
culoso investigador.
Finalmente quisiera detenerme en
el fandango, como antecesor direc-
todel mariachi yhacerreferenciaa
laportada del libro, al mosaicoes-
tilo "petatillo" de tipo puntillista,
proveniente de San Pedro Tlaque-
paqueyquepodríadatarsedeprin-
cipios desiglo. Yquiero relacionar
estaportada con ladescripción que
recogeÁlvaro Ochoa deJ. Pierres,en
1909, en laqueenumera alosmú-
sicos queparticipan enunfandan-
go: "arpero, violi nista, guitarrero,
cantadorytamboreador" ,con el re-
mate final de que en "estas fiestas
se liba mucho" (p. 139).
Descripción que concuerda plena-
menteconel mosaicoencuestión,
quetuveel gusto decomentar, hace
ya varios años, con ÁlvaroOchoa y
queél acertadamentecolocacomo
portada de su obra. Esto también
explica, que un investi gador ajeno
aestos temas haya tenidoel honor
de reseñaresta
Álvaro Ochoa Serrano, Afro-
descendientes sobre piel ca-
nela,México, Gobiernodel Es-
tado de Michoacán yEl Cole-
gio deMichoacán, 1997.
agosto .1" 1999 I ...

s
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. "romantico " de las editoriales que lanzan al
mercado libros deautores 'desconoctdos, más a ün
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· caraja,'quétemeridad. Sin embarg: en encuentros
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· Heredero por la de. una solida cultura
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· .al margen de loscircuitosconuencionales de
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, ' cursileríade esos espedmenes "envíasde extincñn:
que sacrifican sus ahorros:en empresas desca-.
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, amorosamenteeditados;cuyoprimer número /legó
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Josefina Mejía
Me doy cuenta . •
el hombre es una oscura fantasía
pasan camiones largos como ataúdes .
. con esqueletos fosforescentes .
'vacíos de vida vacíosde tiempo
la"maquinaria perfecciona cada día :
nosotros mismos somos máquinas .
yen lacalle se habla del mal tiempo ypendejadas .:
muerta ' .
madre no estoy.viva .
: madre' (podré dibujar sonrisa' página?
no permitirán al corzo.correrpor estas calles .'. .
lo 'matarán .
el hombre no sabe amar . .'

, .
. ..
'. "
Orión se esconde en el sexodeuna ninfa
.' Las estrellas reciben una velada más'
ylaLunaen sus mástenues bostezos
se aleja entre los labios del nuevo amanecer
la noche camina despacito .
como si temiera la Claridad de sus sombras
. ¿Dónde' estoy ahora? " ' . .
si la noche se muere entre mis manos '.
ysédespide cantando su cancí én .
sj el mar masturba'sus legendarios ' .
Yo vívo conla noche . . . .
.. .
. .
..
Yo cojo conla noche
.. .
'Yo muero con la noche .
I Yo soy coral coir la
Yo soy ciudad con lanoche
. . . .
Yo ordeño la luz de la noche '
[Oh Kareml .
elcielollora nuevamente .
. - . .,' .
.esta'vez es 'sóloestavez.
. ·el amor és triste Karem
. .
: dueleyarranca el almadespacito
. el amor es dios
. es el hombre .
eS tusojos ..
. .¿entiendes esto Karern? .
. ' .
. cada quien tiene unamor .; ..
yel mío es cielo .
_... ..
.
. " ,
.. '
.'.
.. ..

z ¡A sqnar cancíoríes mágicas!
El mundo de huele amariguana
¡Q.ue retumben los cantos! '. ."
¡Que las carícías se ahoguen!
¡Que se rompa enpedazos el silencio!
'¡Quelos cíelostebnnden su energía yque tnJenen loscerebros
· 105cerebros de los hombres!
iY ladania? La danza sabe aembriaguezen elrneiordesus
" " ,
vuelos
ladanza del delfín negro
la del martirizado · .
-. ladanza de la'serpiente de' la mujertigre.
danza de la poesíamuerta . ..
. . "
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• DE
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AGOSTO

d

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A ' c' 0 1- .
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ELOíSA,
José Luis Zárate
I
I . . "
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,"
1,
l:
' :
la danza del fuego de tu cue!JlO '
, ,
ladanzaazul " '
, ladanza del minoiauro
la\nc'reíble danza eJe la muerte
: ' ¡Aso'nailoscantos " " , ' ,
: " ahora que tucuerpoes una de esta tarde! '
¡Ah! ¡Bienaventurado seas foco cuerpo '
, '
enesta yen este canto! " "

. '
.Nacíanloscantares ylos hongos '
nacíómt hija
ahí estabael tiempo
, .
ahí estabas tú '
" ,
ahí estaba el fuego con su fuerza
, que.embríagaba ' '
queCaía , " ,' ,
, , corno lengua ' ,
. . -
, ", ahí ladanza y. sulluvia de flores celestes , "
" en'la noche "
, " laeternanoche
, ,
.ahí dondese coge yse cogeyse'coge , ,
. . ; .
áhí.donde nos amamQs ' '
' donl!elavida .
brota cornounlocoparaíso
'naciómi hij a. .
....

" .
' ..
.'
. , .
. '
, ..
. "
.
miró sus de su vida,
, quiso que' ahí estuvierairroreso el 1) ombre'
, dé 'alguien que la alejara de su madre y su " '
:abuela-de -las duras obligaciones del ,
c per¿no que:la certeza ,de que , :
h9Y, como ayer, debía verlas y soportar todas ' , '
sus manías y saber: que su ' vida '
estaba pasando sin que nadie ' -ella, ,'sobre , '
, " todo- la aprovechara ' ;
dos muj'eres mayores .se la pasab an ,
- . . .
, cuidándola de una eventual caída que Eloísa
. - .
. sabía grata y cálida, dándol e raciones de una
amargura que nada'teníaque 'ver con -ella. "
víctima de,pecados que:nunca cometió, ' , :,
l' '" espejo iba
' " , .ciéndose cada vez mas a es¡;lS dos mUJeres,
.. fueran par ,de
'quequisieran transformarla ' hasta .que ella
" ' 'también viera esa casa cón jardín bien cuidado
, el del, un
, ataúd adornado:con carpetitas tejidas en la ,
" ,' , ' so ledad: del tiempo, libre del .rnal, de , ,'
.: los ¡exos de esa
, que sumadre y'su ' " ,
, probado en el ayer, luz, brillante que aÚn las
quemaba, Eloísa e'ntró a
, ' ,' , tener algún secreto. El ,pe rico la vio con '
' inmensos ojos y tuvo. la 'terrible
se nsació n de que 'se : l:1 abía vue lto
t ransparente, nota la cocina
. . . .. .
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.. '- . ' • • AGOSTO DE 1999 •
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Carne,Propia"'
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No quise.confundi das. '
No )0 logré. ' , : .
Mi hija>est,rel la- heredó esa luz ,
que -se apagó.
Tuve dos hijas,
Unavivaotra.rnuerta.
Amo a'las dos.
A la, .con un' amor
'secreto.
; ' (\ laviva con pasiónque la
avasalla: ' '
Un día, no cualquier día.
Mi,hija - esplendor-yyo,
'nos,tomamos dela ma-no;
',' enter rar veinte '
": s iglos, después' , ' ,
-asu hermana. '
: -: '" .. Desde ese 'día, mi hija.viva es libre.
, ,
""la: muerta t ambién.
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, ' .

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(uimos por alpiste 'páro Pepe, no tardamos,
, ; ,' Diez. quince minutos de para mirarse .
" yno ver más en ellas que elfut uro
y' hueco de casa. e s : ' , ' " ,
necesario dec irlo. esas mujeres 'Ia -
eran parte
" desucuerpo, no en balde sentláasco de sólo
. . . : . .
pensar que un la tocabaen for ma
, intima, sus' compañeras y
a sus pero sabía con t oda la "
de la desesperación:que: ella nunca podría
:Iibra:rse lo sufidente de su propia persona
. .. ' .
, ' .
" para pe:mitir que alguien la besara. .Nunca '
odió. era pecado, pero de pront o su boca se,'
.Il enóde - sabor amargó' que
: . . ' . .
. escupir ala cara de alguien. Sint ió .corno si de ' , '
del otro lado dela:céille.-algolq fuera
llenando,de una furia,densa ypesada, un río ,
oscuro-que la: ':
cuidadas uñas de secretaria dejaron un '
, carhi no en SU madre y " ,'
. . . ' . . .
" , su;abuela abrían ,en ese instante la puertita '
. . .' . . .
, de jardín y ella quiso herirlas de una manera ,
. ' En a la las
. , " .
, ' le'quedaron los ojos
s6rbitados, y ' fueron
:' , "' poniendo p álidas mientras sus secas
.Ó: suslabios ar rugados,
, ' '
Eloísa quisogritarles que las-odiaba y que su
' .. ' refugio'contra mal era malignoen Si. yque ,
; iba ádejarlas en preci so instant e ytantas .. ,'
cosas',más, pero de sus una "
sola palabra sino. simplemente. un , . ,
. . ' . ' . .
de . plu mas , verdes" deshechas y
'.. ensangrentadas. "
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" para pe: mit ir, que alguien la besara, Nunca
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del otro lado dé ':la'calle, 'algo la" f¿era
llenando,de una furia densa ypesada, un río .
oscuro-que la cólm'ab·a.-
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, de jardín y. ella quiso herirlas de una manera .-
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·.·Siglo XX .
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Morelos Torres
- ¡
"
, .
. Hoyes el siglo XX yyo
(el que habla) . . ". .
levantólos ojos todavía ": .
-
mientras camino: .
". . aÚQ puedo enamorarme de una estreiIa.
. . . . '
. El mundo me mira ...
.. .con ojos juiciosos' .
-,
. ' .. .' ¿qué le daré? .
, . ' ¿qué le'regalaré? .. "
. .
. .Todavía no han resuelto esto las sabios. . '
'. ". . .
. . .' Por eso que yo vivo enel borde
. ' de pie sobre'el filo de ladaga.' .
Hoy es el siglo XX. ' .'
(\'0) el habla .
es el producto'deuna-evoluci óncontinua
.' . . ylegendaria ' . , . ,
' :- :quearranca ?esde los .
"(cuando no había héroeS) .
. desde las libélulas ' . '.
· (cuando no había caballos)
. ' .
. . .
,'. desde .lospólipos
,desdelas células; .
, .'
· Hoy (es-el siglo iOe):' .
todavía pienso ." .'. '.
.: sienverdad tengoun pasado. .'
• t . '
. Quiero provenir de un tronco añoso
· . ' ..
ybueno , ,
de umi estirpúúsÚca ytranquila ..
con muchas fotos sepia" .
de ojos serenos .
y,rostros alargados. .
Hoyeselsiglo xx.
· Somos muchos.
, " LÍ'egam?úatde'. ..'
. . a larepartición de laancha tierra." " .
. . . . '
Por unpanvenderemos nuestrahistoria
·ypor mil lesdaremos nuestros sueños. .', .
Sólo.me inquieta . '. , '
que nosotros fabriquemos'esos .
. . ." . . .
" .
Hoyes.el siglo XX. . '
detengo: · .
Olvido mi legado
: .ernprendoel viaje. ..
. . '
. ,
" .
i .
.' .

'.

j .
. A G o S T o D E" I 9 9 9
. .

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