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DISCURSO DE ORDEN POR EL LXXIII ANIVERSARIO DE LA ESCUELA PROFESIONAL DE HISTORIA

PRONUNCIADO POR EL LICENCIADO ÁLVARO M. ESPINOZA DE LA BORDA EN LA SESIÓN


SOLEMNE REALIZADA EL 17 DE MAYO DE 2019

De la Efeméride: la «costumbre» frente a la verdad histórica.

Cada año suele llevarse a cabo una ceremonia que recuerda un acontecimiento y esa repetición
hace que no pocas veces se caiga en la percepción que se trata de un mero formalismo sin mayor
propósito que el de justificar un ritual, de una rutina que carece de sentido en una sociedad y
un momento en que ese tipo de actos ya no tienen razón de ser. Y no dejarían de tener razón si
fuese una repetición que se da casi por inercia, porque hay que hacerlo. Nada más equivocado.

Conmemorar es recordar, es traer a la mente un acontecimiento que tiene honda significación


para un conjunto de personas. Es reflexionar sobre el papel que ha tenido y tiene ese acto para
esas personas. Es traer a la mente los propósitos que animaron o que dieron lugar a ello y poder
apreciar que tanto se han mantenido o que razones motivaron que se los variasen. Es también
reafirmar la voluntad de seguir manteniendo los valores que encarnan.

Recordar, en este caso, el origen de una institución, permite reencontrarse a todos los que la
conforman para reafirmar el propósito o los propósitos que la animan. Esto es particularmente
interesante para una institución que tiene entre sus funciones enseñar a recrear el pasado. Una
institución que supone un orden establecido el cual permite llevar adelante ese propósito.

Pero, ¿qué es una institución? Dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua:
«Organismo que desempeña una función de interés público, especialmente benéfico o
docente»1. Esa función puede ser una determinada labor cultural, científica, política o social.

Apuntaba el jurista argentino Pedro R. David que la institución: «Es un sistema de actos humanos
que realiza funciones tendientes a la satisfacción de necesidades y que como sistema se
encuentra en estado de equilibrio y en relación de interdependencia con la estructura social
como un todo»2.

Si tenemos en cuenta ello, podremos encontrar el sentido de recordar el establecimiento o


fundación institucional. Una efeméride institucional es recordar para que se estableció ese
organismo y reafirmarse en ese propósito, es recordar el papel que buscaba y busca tener en la
sociedad, es recordar en fin a las personas que la fundaron y las que le dieron vida.

Por eso es justiciero recordar en este momento a nuestros maestros, que encarnamos en la
figura de esos dos grandes historiadores como son don Guillermo Galdos Rodríguez y el doctor
Eusebio Quiroz Paz Soldán. Ambos formaron este claustro, Galdos, como director del Archivo
Regional y docente de la Escuela, acercó el archivo a los alumnos de Historia y Quiroz formado
en el antiguo Instituto de Historias, es uno de los profesionales en historia que se ha constituido
en un referente de los historiadores locales.

1
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.2 en línea].
<https://dle.rae.es> [10-05-2019].
2
P. David. Instituciones Jurídico-Sociales. En: Enciclopedia Jurídica OMEBA. Buenos Aires T. XVI, p.119.

1
El hombre es un ser eminentemente social. Esa convivencia es posible gracias a medios que
permiten el acercamiento, la incorporación del individuo a un grupo y el mantenimiento de un
orden. Esos medios son las instituciones. Las hay de varios tipos. La historia del hombre nos
muestra una enorme cantidad de ellas por lo múltiple y compleja que es la sociedad humana.

Agregaba P. David que hay en la sociedad una división de tareas que toda institución supone.
Ese rol diferenciador, es el hecho de que a su vez, el papel institucionalizado, es un padrón
específico de comportamiento que nos dice cómo una determinada función debe ser
desempeñada3.

La bibliografía que se ocupa de estos organismos es abundante, basta citar el libro de José María
Ots Capdequí, titulado precisamente «Instituciones», donde mostraba los múltiples casos de
funciones desarrolladas que se dieron durante el dominio español y que permitieron su
presencia en esta parte del mundo.

Justamente, lo que recordamos ahora, es el origen de una institución que cumple una función
dentro de la sociedad, la de formar especialistas en el quehacer historiográfico.

Hacer historia, es decir, estudiar, investigar, escribir y enseñar o difundir hechos que ha realizado
el hombre a lo largo del tiempo; es una función específica que no todos pueden realizar. La labor
historiográfica surge de una vocación, de un interés por desentrañar hechos pasados para
explicar el presente y tener elementos para proyectar el porvenir.

Es decir, la historia tiene una utilidad, no es un pasatiempo ni una evasión. Conocerse a sí mismo
es fundamental para el desarrollo de la vida. Conocer a una sociedad, por ende, es de vital
importancia, para garantizar la sobrevivencia de ese grupo como comunidad organizada.

Recogiendo las afirmaciones del Padre de la Historia arequipeña, el clérigo Ventura Travada,
quien al ocuparse de la erupción del Misti, ocurrida en tiempos de los incas, decía:

«Mal pudiera dar noticia de las íntimas entrañas de este Mongibelo


Arequipense, … si en ese tiempo no hubiera hauido un curioso que se dedicó
á comunicar la noticia á la posteridad, pues, siempre ha sido error no escreuir
luego de los casos singulares, que suceden solo por razón de ser notorios,
como si la notoriedad con que les consta a los que son presentes testigos de
vista de los sucesos, pudiera tracender a los que se siguen a viuir; porque
aunque no dejan de comunicarse, estas las desfigura el tiempo, las abulta la
ficción y las disminuie la fragilidad de la memoria quedando tan informes que
qualquiera que se dedica a [h]istoriarlas, recela transcribirlas por faltarles la
individuación de las circunstancias por cuya corteza se manifiestan las
verdades»4.
Palabras escritas a mediados del siglo XVIII, que muestra lo antiguo del interés por la historia en
nuestro medio y la necesidad que siempre ha habido de alguien que se ocupe de escribir sobre
el pasado, sobre Arequipa a través del tiempo.

Pero como lo hemos mostrado en diferentes momentos5, ese afán por historiar era un esfuerzo
particular y solitario por parte de un puñado de sacerdotes que lo hicieron en atención a su

3
Ibídem, p.120.
4
V. Travada. Suelo de Arequipa convertido en cielo. Ignacio Prado Pastor editor, Lima 1993, pp.40-41.
5
A. Espinoza. De historia e historiadores en Arequipa. En: Sociales, N°14-15. UNSA, Arequipa 2007,
pp.129-144; La memoria local: Una visión de la historiografía arequipeña. En: Allpanchis, Año XLI, N°76.
IPA., Cusco 2010, pp.11-77; Iniciación a un Manual de Historiografía arequipeña. Arequipa 2013, 110 pp.

2
condición clerical. Luego serían abogados los que ocuparían parte de su tiempo en investigar y
escribir de tiempos pretéritos, resaltando el papel desempeñado por grandes personajes. A ellos
seguirían otros estudiosos de distintas especialidades, quienes aportarían no poco en el
conocimiento de pueblos sobre todo. Ese esfuerzo ha recaído de un tiempo a esta parte en un
grupo de especialistas.

Vendría hacia mediados del siglo XX, una nueva historia; basada en un estudio especializado, en
el que las fuentes y los métodos, fueron profesionalizando el quehacer historiográfico. Esa forma
de hacer historia, se debió al funcionamiento de un ente dedicado a formar especialistas en la
historia. Su establecimiento y desarrollo ha permitido que el conocimiento que se tiene sobre
Arequipa se base en la investigación. Los archivos con que cuenta Arequipa se abrieron gracias
al trabajo organizativo de docentes y graduados del Instituto-Programa-Escuela de Historia.

Se trata de la institución que nos reúne y en la cual nos sentimos representados, esa
identificación hace que esta conmemoración tenga un hondo sentido, una gran significación.

Como bien lo ha señalado para el caso de México, Karla A. Pinal se trata de mostrar el proceso
de cómo la historiografía local se convirtió en un saber autónomo, normado por una academia
conformada por especialistas, cuya acreditación depende de una licencia obtenida en una
universidad, «un saber que se consideró tan necesario que justificó el gasto del erario público
en el financiamiento del estudio de sus profesionales, de sus investigaciones y de la creación de
instituciones de investigación y de docencia»6. Y si bien constituye un proceso, también parte de
un acontecimiento fundacional, del momento de partida de esa institución.

Por nuestra parte creemos que en Arequipa, esa profesionalización se debió al carácter
institucional que adquirió en la Universidad, al reunir por primera vez en un Instituto los cursos
de historia, especializando a sus integrantes en el quehacer historiográfico.

Cabe aclarar que durante algunos años, no de manera consecutiva por cierto, se ha seguido la
costumbre de organizar la denominada «Semana de Historia» en el mes de octubre. Sin
embargo, debe de tenerse presente que una cosa es llevar adelante ocasionalmente una serie
de actividades culturales y otra cosa es pretender que esos eventos a veces esporádicos
constituyan la efeméride institucional.

No es que vayamos contra la tradición, procuramos establecer la verdad histórica acerca del
origen de la Escuela Profesional de Historia. La tradición es una costumbre que se comunica, se
transmite o se mantiene de generación en generación; pero en este caso, esa costumbre que
fue la Semana de Historia no se ha mantenido no siempre se ha celebrado, mal podríamos
pretender que haga las veces de la celebración del origen de la Escuela de Historia.

En ese mismo sentido, hay que agregar que la denominada «Semana de Historia» no tuvo su
origen en el establecimiento de la Escuela Profesional de Historia el año 1984 como se cree, y
que por tal razón vendría a ser su efeméride; ese evento ya se organizaba en 19707, al

6
K. A. Pinal Rodríguez. Vivir para historiar, historiar para vivir. La profesionalización de la historiografía
en México: Una propuesta revisionista, 1850-1950. Universidad de Guadalajara, Guadalajara 2016, p.12.
Como también ocurrió en otras partes del mundo las instituciones de investigación académica fueron
fundadas en la cuarta década del siglo XX.
7
En la Memoria presentada por el Rector en 1970 y no en el Libro de Actas del Programa se señalaba: «En
el mes de octubre, se realizó un ciclo de conferencias, con motivo de la semana de Historia» Memoria
Rectoral 1970, p.255.

3
establecerse el Programa Académico de Historia a consecuencia de la Reforma Universitaria
dispuesta por el Gobierno de la Fuerza Armada, encabezado por el general Velasco Alvarado.

En suma, de lo que se trata es de recordar el momento fundacional de la institución que es el


origen de nuestra Escuela, el cual según las evidencias fue el 18 de mayo de 1946, al ponerse en
vigor y efectivizarse lo dispuesto por la Ley Universitaria N°10555 del gobierno del eminente
jurista arequipeño doctor José Luis Bustamante y Rivero.

Hacer historia en Arequipa

Desde 1750 en que el clérigo Ventura Travada comenzara a escribir su «Suelo de Arequipa
convertido en cielo en el estreno del religioso Monasterio de Santa Rosa de Santa María…»,
mucho es lo que se ha escrito en torno a la Ciudad Blanca. Varios centenares de títulos dan fe
de esta afirmación, algunos de ellos inéditos durante mucho tiempo, otros desperdigados en
periódicos y revistas de difícil acceso y otros tantos en ediciones reducidas que ha motivado que
buena parte de esa producción sea desconocida para la mayoría y otros que han corrido mejor
suerte constituyéndose en los referentes de la historiografía local.

Tan importante obra es el resultado de encomiables esfuerzos, llevados adelante en medio de


rumas de papeles amarillentos y cubiertos de polvo en ambientes poco adecuados, donde eran
dejados por funcionarios de las diferentes instituciones que han existido en Arequipa, cuando
oír hablar de archivos era impensable en el medio.

Una evidente vocación historicista y una reconocida tradición historiográfica se han desarrollado
en Arequipa a lo largo de más de dos siglos. Señalamos hasta tres momentos en ese proceso:

Historia eclesiástica (1750-1850)


Historia heroica (1851-1945)
Historia institución y profesión (1946…)

Buenaventura Fernández de Córdova y Peredo, más conocido como Ventura Travada, con
ocasión de la fundación del monasterio de Santa Rosa, dio inicio a su obra que se constituyó en
la historia «primigenia» de Arequipa8. Desde entonces, se dio comienzo a la historiografía local,
por lo que consideramos a Travada como al padre de la historia arequipeña.

Luego, el cura de Cayma, Juan Domingo Zamácola y Jáuregui, de origen vasco, se constituye en
el primer arequipeñista y uno de los primeros historiadores arequipeños, en la medida que pasó
en esta tierra la mayor parte de su vida. Autor de varias obras, aunque poco conocidas, destacan
Relación del terremoto del 13 de mayo de 1784, Resumen histórico de la vida del Iltmo. y Revmo.
Señor Dr. Dn. Manuel Abad Illana,… Obispo primero del Tucumán y después de Arequipa (1793),
Historia de la fundación del nuevo pueblo de San Fernando de Socabaya (1796). Escribió también
una «Descripción» de la ciudad y una «Relación» de sus obispos que, fueron reunidos en 1888
bajo el título de Apuntes para la historia de Arequipa; y además una «Historia General de
Arequipa» que se halla perdida. En buena parte de su obra el vasco se ocupa de acontecimientos,

8
Según escribía Cateriano: Pedro Ortega Sotomayor, obispo de Arequipa entre 1647 y 1653, «Hacia el año
1651, a petición de Felipe IV, escribió un libro titulado Teatro histórico de la Iglesia de Arequipa que
remitió a este monarca…» (1908: 40).

4
personajes y pueblos contemporáneos, por lo que ha sido calificado de cronista por
antonomasia.

El arcediano Francisco Xavier Echeverría y Morales (1748-1826), autor de la Memoria de la Santa


Iglesia de Arequipa que escribió entre 1804 y 1823, considerada como la obra mejor
documentada de ese momento. Escribió, además, Memoria de las religiosas del Monasterio de
Carmelitas Descalzas del señor San José en la ciudad de Arequipa9. Decía Zegarra Meneses, es
«el historiador más consistente, mejor conformado de la Arequipa colonial. Fue el que hizo
mayor labor de investigación, y cada una de sus aseveraciones fue fruto de un paciente estudio
en archivos y protocolos y de la lectura de los antiguos cronistas». Y agregaba, «tuvo entre sus
singulares méritos, el de haber sido excepcionalmente cuidadoso y veraz»10.

El controvertido Juan Gualberto Valdivia, fraile exclaustrado, luego deán de la catedral, actor de
la vida política de los primeros años de la república; con una finalidad educativa y de difusión
extrajo de diferentes obras variada información que publicó bajo el título de Fragmentos para
la historia de Arequipa en 1847, la cual se constituyó en obligada fuente de consulta, siendo su
mérito haber dado a conocer «con errores y todo» la historia de la ciudad del Misti. Su obra
rebasa por cierto el marco cronológico de esta propuesta, toda vez que sus Memorias sobre las
Revoluciones de Arequipa, fueron publicadas en 1874. Por lo variada que es la producción de
este autor, rompe un tanto la unidad del grupo, al haber desarrollado en ella temática de índole
militar y política.

Las fuentes utilizadas por estos autores es variada: crónicas conventuales, autores antiguos,
documentación de archivo y, en menor proporción, información oral. En cuanto al momento en
que fueron escritos, tenemos que corresponden a mediados del siglo XVIII (1750) y a la primera
mitad del XIX (1804-1826, 1823, 1847). Sin embargo, la mayoría recién fueron publicados en los
siglos XIX y XX, permaneciendo inéditos muchos años. Muestran similitud temática pero difieren
en cuanto a la estructura. Podemos apreciar además que no sólo contienen información sobre
los prelados que ejercieron su episcopado en la histórica ciudad de Arequipa, sino que a su vez
nos proporcionan valiosos datos sobre la misma. Así, podemos ver personajes, instituciones,
acontecimientos y muchos otros elementos que conforman los hechos históricos acontecidos
en ese tiempo. Es por ello que con ser historias eclesiásticas constituyen también historias de la
ciudad.

Fuera de esos cuatro clásicos historiadores de Arequipa, en ese momento existieron más clérigos
que dejaron obra escrita y es justo incluirlos, aunque en alguna medida puede discutírseles el
carácter de historiadores.

Antonio Pereyra y Ruiz, durante su presencia en la ciudad escribió Noticia de la Muy Noble y
Muy Leal ciudad de Arequipa en el reyno del Perú (1816), que es una crónica de la Arequipa de
comienzos del siglo XIX, en el que el autor, de origen canario, vivió en la ciudad como sacristán
mayor de la catedral11. Hay que agregar también al presbítero Juan Antonio Montenegro y
Ubaldi (1784-1854), largos años cura de Moquegua y autor de la Noticia de la Ciudad de Santa
Catalina de Guadalcázar de Moquegua, entonces parte de Arequipa. Podría incluirse en este

9
Ambas publicadas por el mercedario Víctor M. Barriga en Memorias para la historia de Arequipa, tomo
IV, Imprenta Portugal, 1952.
10
Arequipa en el paso de la Colonia a la República. Banco del Sur, Arequipa 1973, p.135.
11
Se tiene referencias que llegó a escribir otras ocho descripciones y crónicas relacionadas a Arequipa,
desaparecidas en su mayoría.

5
grupo al dominico Ángel Vicente de Zea con su Clave alfabética de lo contenido en diez
protocolos que componen el Archivo del Convento de Predicadores de Arequipa, impresa en Lima
en 1842, escrita más con fines de administrar las propiedades y rentas de esa casa religiosa que
históricos; pero contiene algunos datos en torno a su historia y la de la ciudad, así como también
la información que recogió y que se constituye en valiosa fuente histórica12.

Ya en la segunda mitad del siglo XIX aparecen varios abogados que también escribieron historia.
Entre ellos, Francisco Javier Delgado autor de La Fundación de Arequipa (1891), Mariano
Ambrosio Cateriano quien escribió Memorias de los Iltmos. Srs. Obispos de Arequipa. Desde la
Erección de esta Iglesia hasta nuestros días, publicado en 1908. Ladislao Cabrera Valdés con
Documentos Primitivos del Cabildo. Colección de algunos Documentos sobre los primeros
tiempos de Arequipa (1924), donde se preocupó en proporcionar un corpus documental que
permitiese conocer mejor aquellos años fundacionales de Arequipa. Pedro José Rada y Gamio,
con sus libros El arzobispo Goyeneche y apuntes para la historia del Perú (1917)13 y Mariano
Melgar y apuntes para la historia de Arequipa (impreso póstumamente en 1950), proporcionó
abundante información no solo de esas personalidades sino también de la ciudad.

La figura del abogado Francisco Mostajo destacaba nítidamente, ejerciendo gran influencia
sobre el mundo intelectual arequipeño de toda la primera mitad del siglo XX, que también a
través de elogios, semblanzas y necrologías, resaltó a destacadas personalidades. Asimismo, en
numerosos artículos, desarrolló temas y acontecimientos de la historia arequipeña, en su mayor
parte desperdigados en periódicos y revistas14.

A diferencia de la mayor parte de sus contemporáneos, no solamente desarrolló el género


biográfico –en el que ha dejado importantes estudios en torno a Toribio Pacheco, Mariano José
de Arce, entre otros– sino que también abordó temas como las etnias que habitaban Arequipa
antes de la presencia hispana, las acequias que construyeron, molinos, acontecimientos como
una peste de hidrofobia, el fusilamiento de Salaverry, la intromisión chilena de 1837, Arequipa
y la Revolución de 1865, la jurisprudencia arequipeña, el periodismo arequipeño, etc. Asimismo,
fue un crítico historiográfico, analizando la obra de diferentes historiadores locales, por lo que
protagonizó notables polémicas en la prensa. Es por eso que la obra de Mostajo a pesar de su
dispersión y falta de organicidad fue muy reconocida en el medio15.

Conviene precisar que tanto Rada y Gamio como Mostajo, habían pasado por la Facultad de
Letras, pero eran esencialmente abogados. Hombres de leyes fueron también Rubén
Bustamante Ugarte, Víctor N. Benavente, Guillermo Zegarra Meneses, Manuel J. Bustamante de
la Fuente y Guillermo Galdos Rodríguez.

Mención especial requiere Arturo Villegas Romero, alumno como muchos durante la primera
mitad del siglo tanto de la Facultad de Letras como de la de Derecho, quien a través de su tesis
presentada en 1945, Apuntes de un decenio de la historia de Arequipa 1830-1840, seria
investigación basada en la revisión de una profusa bibliografía, documentos de archivo y

12
Obra que calificaba el P. Domingo Angulo, O.P. como «trabajo interesantísimo nutrido de noticias a cual
más valiosas» (1908: 278).
13 Con sus 954 páginas se constituye en la obra de mayor aliento que se había hecho hasta ese momento

por un historiador local.


14
El año 2002, junto con el doctor Eusebio Quiroz Paz Soldán, reunimos buena parte de su variada obra
en seis tomos que titulamos «Francisco Mostajo. Antología de su Obra».
15
La celebración del Cuarto Centenario de la fundación de la ciudad significó la posibilidad de realizar el
deseo de su colectividad por contar con una historia integral y orgánica, pero que Mostajo –el llamado a
hacerlo– no pudo realizar.

6
periódicos de la época, como pocas veces se había hecho hasta ese momento, cuando los
estudios de historia regional eran casi inexistentes, constituyó un ejemplo y que Mostajo veía
en él al futuro historiador de Arequipa, pero que las balas de la dictadura odriísta cegara,
perdiéndose prematuramente una promesa de la historiografía arequipeña.

También relevante es la figura de Guillermo Galdos Rodríguez, quien a lo largo del último tercio
del siglo XX, se erigió en el más destacado representante de la historiografía local. Años de
sostenida investigación dieron como resultado más de un centenar de títulos entre libros y
artículos, entre los cuales están La rebelión de los pasquines (1967), Expansión de los collaguas
hacia el valle de Arequipa (1984), Kuntisuyu. Lo que encontraron los españoles (1985), La
catedral de Arequipa (1986), Naciones prehispánicas de Arequipa (1987), Migración y
Estructuralismo en la Etnohistoria de Arequipa (1992), Cronistas e historiadores de Arequipa
(1993), Reflexiones y Confrontaciones Etnohistóricas (1995), Una ciudad para la historia, una
historia para la ciudad (1996), El Puquina y lo Puquina (2000), Historia de Arequipa (2000), etc.

Asimismo, profesionales de otras especialidades se han interesado por el estudio de la historia.


Podemos mencionar al literato Vladimiro Bermejo16, a los sociólogos Héctor Ballón Lozada y Juan
Guillermo Carpio Muñoz, al periodista Dante Zegarra López y al ingeniero Mario Arenas
Figueroa.

No por ello los clérigos dejaron de tener interés por la historia, podemos mencionar a los
franciscanos Elías Passarell y Francisco Cabré, al mercedario Víctor M. Barriga y al canónigo
Santiago Martínez; cuya obra se extiende desde las últimas décadas del siglo XIX y el segundo
tercio del XX17.

Producto del establecimiento del Instituto de Historia son algunos de los más destacados
historiadores arequipeños de las últimas décadas como son el doctor Alejandro Málaga Medina
dedicado con ahínco al estudio de temas de época colonial y el doctor Eusebio Quiroz Paz Soldán
que orientó los suyos a la república fundamentalmente.

La obra de Málaga muestra tres líneas de trabajo: la archivística, la documentalista y la


investigación. De allí sus obras Índice de documentos de valor histórico para Arequipa (1963),
Índice de los Manuscritos arequipeños existentes en el Archivo General de la Nación (1972),
además de los que realizara en torno al Archivo Municipal. Su labor documentalista está en
Visita General del Perú por el Virrey D. Francisco de Toledo: 1570-1575. Arequipa (1974), Fuentes
Documentales para la Historia de Arequipa (1975 y 1978), Visita de Camaná, 1789 (1975), fuera
de otros que permanecen mecanografiados. En tanto que su producción historiográfica gira en
torno al coloniaje con Reducciones Toledanas en Arequipa (1989).

Eusebio Quiroz ha orientado su quehacer a la enseñanza y difusión a lo largo de muchos años.


Su producción arequipeñista consta de un numeroso conjunto de artículos publicados en
periódicos y revistas especializadas, parte de los primeros reunidos en el libro titulado En torno
a mi ciudad Arequipa (1988), y los segundos en Visión histórica de Arequipa (1992) y más
recientemente Obra histórica de Arequipa (2011).

16
Autor de Arequipa. Bio Bibliografía de Arequipeños Contemporáneos (1954) y algunos artículos como
«Historia sintética de Arequipa» (1949), «La Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa en el siglo
pasado» (1952), «La evolución de las ideas en la Universidad» (1955) y «El Iltmo. Señor Luis Gonzaga de
la Encina XVIII Obispo de Arequipa y el fidelismo del clero arequipeño» (1960).
17
También se puede mencionar a Mons. Francisco Rubén Berroa, Luis Arroyo, Fernando Domínguez,
Tomás Manchego, Ambrosio Morales, Antonio Capel, Basilio Arana de Santa Teresa, entre otros.

7
Desde fines de siglo y sobre todo a partir del año 2000 una nueva generación de historiadores
ha emprendido la tarea de continuar con las investigaciones sobre el pasado arequipeño como
de su difusión. Consideramos como representantes de la actual historiografía arequipeña a
aquellos estudiosos formados fundamentalmente en la Escuela de Historia de la Universidad
Nacional de San Agustín, que han comenzado su producción en la última década del siglo
pasado, esto es 1990; corresponde por tanto a diferentes promociones y con distintos planes
curriculares, dados los cambios que se han dado18.

La realización de numerosos eventos académicos, algunos de gran alcance como el Primer


Congreso Peruano de Historia Eclesiástica en 1990, el XV Congreso Peruano del Hombre y la
Cultura Andina y Amazónica el 2007, el Congreso Internacional Histórico-Teológico Pastoral en
el 2010, el III Congreso Peruano de Historia Económica (2017), el VIII Congreso Nacional de
Historia del Perú (2018), y trece versiones del Simposio Internacional de Estudiantes de Historia;
han permitido que los estudiosos de la historia en Arequipa tuviesen la oportunidad de conocer
a connotados investigadores nacionales y extranjeros. Asimismo, la constante participación en
la Reunión Anual de Etnología organizada por el Museo Nacional de Etnografía y Folklore de La
Paz-Bolivia –a lo largo de más de una década por parte de docentes y alumnos que consiguen
un acercamiento con instituciones y estudiosos de diferentes partes de América–; además de
muchos otros congresos, simposios, seminarios y cursos, ha significado la proyección de la
Escuela de Historia de Arequipa y la posibilidad de conocer teorías, propuestas metodológicas y
avances de investigación19.

Por otro lado, la apertura del Archivo Regional (antes Archivo Histórico) en 1960, que durante
más de una década funcionó dentro del claustro agustino; del Archivo Municipal en 1973 y;
finalmente, del Archivo Arzobispal en 1992, fue determinante para la realización de más y
mejores trabajos de investigación.

Como quedaba claro, durante los cien primeros años de la historiografía arequipeña, esta fue
desarrollada por clérigos que escribieron sobre todo en torno a la Iglesia en sus prelados, casas
religiosas y algunas de sus obras. La siguiente centuria muestra como tema preferido a las
personalidades que forjaran la ciudad heroica que protagonizara la escena nacional,
evocándolas con admiración y respeto; siendo hombres de leyes los que principalmente
escribieron esa historia. Luego surgirían otros profesionales interesados en el pasado local,
como literatos, educadores, médicos, sociólogos, periodistas, ingenieros, quienes desde
diferentes perspectivas, aportaron al conocimiento de los diferentes pueblos que conforman
Arequipa. En las décadas posteriores, se observa un proceso de evolución de la práctica
historiográfica al incorporársela a la vida universitaria como instituto académico, lo que
conllevaría a su profesionalización y la preocupación documentalista del momento anterior
posibilitó la apertura de los archivos que han permitido la realización de numerosas
investigaciones de historia.

18
Puede mencionarse por orden generacional a Helard Fuentes Rueda, Santos Benavente Veliz, Genaro
Chalco Pacheco, Mario Zapata Delgado, Rubén Pachari Romero, Alejandro Málaga Núñez, José Víctor
Condori, Lorenzo Tacca Quispe, Fernando Calderón Valenzuela, Edison Halley Quispe, Gonzalo Gómez
Zanabria, Helard Fuentes Pastor, Pedro P. Peralta Casani; entre otros.
19
Por su parte el Centro de Estudios Peruanos de la Universidad Católica San Pablo ha organizado diversos
diplomados y seminarios de Historia del Perú. Fuera de otros realizados por la Universidad Católica de
Santa María.

8
La historia en la Universidad

La enseñanza de la historia en la universidad por su parte, es también de antigua data.


Corresponde al último tercio del siglo XIX, cuando comenzó a impartirse cursos de historia. Sería,
a decir de Alberto Rubio Fataccioli, el notable educador español Sebastián Lorente, quien al
aperturarse la Facultad de Letras en la Universidad de San Marcos, promovió su estudio por la
gran influencia que su conocimiento tiene «en la formación de una clara conciencia histórica y
un vigoroso sentimiento nacionalista»20.

Fue la Reforma Universitaria dispuesta por decreto de 15 de marzo de 1866 que estableció el
sistema facultativo de manera efectiva incorporando a la Universidad el Convictorio de San
Carlos y destinándolo a la enseñanza de Derecho, Ciencias y Letras, a partir de entonces las
facultades eran tanto agrupaciones de cátedras como corporaciones autónomas, pues antes
formaban un solo organismo21; siendo nombrado como primer Decano de la Facultad de Letras,
Juan Gualberto Valdivia, al que sucedió Sebastián Lorente en 1868. La reforma se extendió a las
universidades de provincia, dentro del mismo sistema pero adecuándosele a cada caso22.

Por su parte, el doctor Víctor N. Morales, en la memoria rectoral correspondiente al año 1915,
sintetizaba así el inicio de la actividad docente de la universidad agustina:

«Debo sí apuntar que en la corta pero brillante administración de la dictadura


Prado, en 1866, la Universidad que antes estaba unida al Colegio de la
Independencia, fue separada de él y se amplió su radio de acción,
estableciéndose las facultades de Jurisprudencia, Letras, Ciencias y Medicina.
Poco duró esta reforma. En 1876 durante la administración del Excmo. don
Manuel Pardo se hizo una nueva, quedando subsistente sólo la facultad de
Jurisprudencia y las secciones de Ciencias y Letras. Posteriormente y con la
ley actual de Instrucción, quedaron establecidas las facultades de
Jurisprudencia y Ciencias Políticas y las secciones de Ciencias Naturales y la
de Filosofía y Letras…»23.

Sería el 3 de julio de 1870 en que bajo la presidencia del Obispo de Arequipa, Mons. Benedicto
Torres, el Rector de la Universidad, Dr. José L. de Gamio, los vocales de la Junta Universitaria, los
doctores de ella, las comunidades religiosas y del Seminario San Jerónimo y Colegio
Independencia, se instaló el Colegio de Instrucción Superior, creado por decreto supremo de 5
de febrero de ese año y acto seguido se eligió como su rector al Deán Juan Gualberto Valdivia24.

Constituye este acto el comienzo de la actividad académica de nuestra universidad. A partir de


ese momento, ya de manera sostenida comenzó a dictarse clases en su claustro; toda vez que
el decreto de 24 de agosto de 1866 que creaba el Colegio de Instrucción Superior, instalado el
30 de septiembre de ese año, no prosperó. Desde 1871 se comenzó a realizar la ceremonia de

20
A. Rubio Fataccioli. Sebastián Lorente y la educación en el Perú del siglo XIX. Ed. Allamanda, Lima 1990,
p.141.
21
«Puede decirse que, desde la reforma de 1866, el Convictorio desapareció y en su remplazo surgieron
como una realidad las tres Facultades…» J. Basadre. Historia de la República del Perú. Ed. Historia, Lima
1962, T.V, pp.1641.
22
Ibídem, p.1642.
23
Memoria del Rector Dr. Víctor N. Morales correspondiente al año de 1915. Tip. Gutemberg, Arequipa
1916, pp.8-9. De igual parecer era J. G. Carpio, quien afirmaba que por más de 40 años circunscribió sus
actividades a otorgar grados. Cfr. Texao. Arequipa y Mostajo. La Colmena, Arequipa s.a. Tomo IV, p.120.
24
AUNSA. Secretaría General. Libro de Actas del Consejo Universitario N°4 (1866-1886), p.139-140.

9
inauguración del año académico, llamado entonces año escolar. Así, el 1 de marzo de 1871 se
aperturó el año en presencia de todos los alumnos matriculados25. En el mismo día, 1 de marzo,
del siguiente año 1872 en solemne ceremonia se dio inicio a las labores académicas26; en 1873
el rector dio por principiado el nuevo año escolar, quedando abiertas las clases, también el 1 de
marzo27; y así sucesivamente. En todas ellas se hizo tradición que un docente diese un discurso
de orden.

El Libro N°1 de Actas de Exámenes de la Universidad que principia el 1 de diciembre de 1870,


suscrito por el secretario José Felipe Calle, señala que el día 18 de febrero de 1871, ante el
Decano de la Facultad de Filosofía y Letras, Dr. Nicanor Pórcel, rindieron examen del curso de
Historia Antigua, Media y Moderna los alumnos Juan José Reynoso, Enrique Manchego, Manuel
Ladislao Cabrera, Jesús R. Lizárraga y Manuel H. Lozada; cuyo estudio lo habían hecho bajo la
dirección del doctor Mariano T. Docarmo el año anterior28.

Queda claro que la enseñanza antes de 1866 estaba a cargo de la Academia Lauretana, el colegio
Independencia Americana, el seminario San Jerónimo y el colegio San Francisco; cuyos alumnos
si deseaban obtener los respectivos grados académicos debían rendir exámenes y dar una
disertación en la Universidad la que, una vez aprobados, se los confería29; incluso desde
Moquegua se constituían para obtener iguales reconocimientos académicos30. La primera vez
en que «se iniciaron unas conferencias científicas» fue durante el rectorado del doctor Pedro
José Gamio y Masías, que dirigió la universidad entre 1844 y 184731.

Con razón afirmaba el doctor Jorge Arias-Schreiber Pezet:

«…el decreto supremo del 24 de agosto de 1866, establecía en la Universidad


de San Agustín la enseñanza superior de Derecho, Medicina, Ciencias y
Letras, destinándose el Colegio de la Independencia Americana a la
enseñanza secundaria o preparatoria. Se iniciaba de este modo una nueva
etapa en los estudios universitarios, asumiendo San Agustín el papel que le
correspondía como centro docente superior en la ciudad de Arequipa»32.

25
Ibídem, p.182.
26
Ibídem, p.197.
27
Ibídem, p.212.
28
AUNSA. Secretaría General. Libro N°1 de Actas de Exámenes de la Universidad del G.P. San Agustín…,
pp.41-43. El jurado además del Decano lo integraban los Drs. José Moscoso Melgar y Guillermo Naranjo.
29
La bibliografía existente sobre la historia de la Universidad, habla de rectores, algunos catedráticos, la
obtención de grados y títulos, reglamentos, situación económica; pero ninguno hace alusión ni a
matrículas de alumnos ni a planes de estudios seguidos. Cfr. C. Broggi. La Universidad Menor de Arequipa
a través de su evolución histórica. Arequipa 1910; L. Cuneo Harrison. Orígenes y fundación de la
Universidad del Gran Padre San Agustín. Arequipa 1922; F. Ugarte. La fundación de la Universidad del G.P.
San Agustín de Arequipa y el proceso de su gestación. Arequipa 1929; S. Martínez. Rectores de la
Universidad del Gran Padre San Agustín 1828-1940. Arequipa 1940; V. Barriga, Documentos para la
Historia de la Universidad de Arequipa, Arequipa 1953; J. Arias-Schreiber. La Facultad de Medicina de
Arequipa en el siglo XX. Lima 1973; G. Zegarra Meneses. Arequipa en el paso de la Colonia a la República.
Arequipa 1973; A. Villegas Romero. Un decenio de la historia de Arequipa, 1830-1840. Arequipa 1985.
30
En sesión de 19 de enero de 1867, en vista de la solicitud de David Rodriguez, se informó que del Colegio
de la Libertad de Moquegua entre 1832 y 1849, se habían graduado 46 bachilleres y 15 de doctores y se
debía otorgar otros 29 y 4 títulos respectivamente. AUNSA. Secretaría General. Libro de Actas del Consejo
Universitario (Libro de Actas de Grados) N°4 (1866-1886), pp.23-26.
31
S. Martínez. Rectores de la Universidad del Gran Padre San Agustín 1828-1940. Tip. Acosta, Arequipa
1940, p.17.
32
J. Arias-Schreiber. La Facultad de Medicina de Arequipa en el siglo XX. Ed. Universitaria, Lima 1973, p.23.

10
En la memoria rectoral del año 1874, cuando estaba al frente de nuestra universidad, el célebre
deán Juan Gualberto Valdivia, se señalaba que se dictaba en la Facultad de Filosofía y Letras
como segunda asignatura Historia Universal, Filosofía de la Historia e Historia del Perú y
Antigüedades, evidentemente curso muy vasto para un año académico, el mismo que estaba a
cargo del doctor Mariano Trinidad Docarmo33. Es decir, un solo docente se encargaba de enseñar
esas diferentes materias en unos cuantos meses.

A partir de entonces se estudiaba historia en la universidad agustina 34; luego, sucesivamente se


irían creando otros cursos. Pero por más que su número fuese en aumento, no significó que los
universitarios que las estudiaban terminasen siendo historiadores. Por entonces, los cursos de
Letras eran preparatorios para proseguir los estudios de Derecho35. Un decreto legislativo de 12
de septiembre de 1896 permitió incluso a los ingresantes matricularse directamente en la
Facultad de Jurisprudencia, lo que dio lugar a que no pocos estudiantes obviasen los cursos de
letras36. Se discutía, por esos años, la conveniencia de unir las ciencias sociales a las filosóficas e
históricas para convertir a la Facultad de Letras «en instituto dedicado no sólo á graduar
bachilleres y doctores sino también á preparar á los jóvenes en los estudios necesarios para la
ciencia jurídica, educar hombres aptos para las funciones gubernativas y profesores para
instrucción media»37. Hubo también la propuesta de crear «título de licenciado en Filosofía, en
Literatura y en Historia, no como grado académico sino como licencia para enseñar los ramos
correspondientes en los colegios de la República»38.

Sin embargo, el Reglamento General de Instrucción Pública de 1876, reorganizó la educación


universitaria, jerarquizándolas en mayor a la de San Marcos y en menores a las de Arequipa y
Cusco, las que fueron divididas en dos secciones: una humanístico-jurídica y otra científica39 y
reducidos los estudios históricos al curso de Historia universal.

33
Todavía a fines de siglo seguía impartiendo el curso de Historia y tenía «fama de excelente expositor»
como lo recordaba Víctor A. Belaunde. Cfr. Trayectoria y destino. Memorias. Ediciones Ediventas, Lima
1967, T.I, pp.195-196.
34
En 1891 quedó reducido a dos cursos de Historia Universal. Memoria leída por el señor Rector de la
Universidad del G.P. San Agustín en la Clausura del Año Escolar… s.p.i. Anexos 1 y 2.
35
Belaunde. Ibídem, p.194. «La ley de 31 de octubre de 1890, dispuso que para ingresar en las Facultades
de Jurisprudencia y Ciencias Políticas, se necesitaba haber sido aprobado en los cursos correspondientes
al primer año de la Facultad de Letras…» J. Basadre. Historia de la República…, T.VI, p.2917.
36
En 1898 el rector de la Universidad del Cuzco daba cuenta que dicha resolución legislativa había traído
graves consecuencias para la Facultad de Letras, por lo que «los alumnos abandonando los estudios de
ella, que antes les era obligatorio para ingresar á la de Jurisprudencia, se matriculan directamente á esta
Facultad, dando así por resultado que sólo la cátedra de Filosofía Fundamental tenga alumnos y las demás
cátedras de Letras quedan desiertas de ellos». Memoria del señor Rector accidental y Decano D.D. Julio
R. Oblitas del Año Académico de 1898. Tip. Católica, Cuzco 1898, p.6. Agregaba: «…desde entonces han
quedado clausuradas las asignaturas que regentaba el señor doctor don Manuel de la C. Saavedra, no
habiendo funcionado desde mayo la desempeñada por el bachiller don Wenceslao Cano, por falta de
alumnos». Ibíd., p.7. Saavedra regentaba la cátedra de Literatura Castellana y Cano las de Literatura
Antigua y Estética e Historia del Arte. Tampoco se dictó Historia de la Civilización. Ibíd., pp.19 y 21.
37
Memoria leída por el Sub decano de la Facultad de Letras, Manuel M. Salazar correspondiente al año
1895. En: Anales Universitarios del Perú T. XXIII. Imp. Liberal, Lima 1898, p.628.
38
Dr. Isaac Alzamora. Memoria del Decano de la Facultad de Letras, correspondiente al Año Universitario
de 1899. En: Anales de la Facultad Mayor de San Marcos de Lima. Imp. Liberal, Lima 1900, p.346.
39
…” J. Basadre. Historia de la República…, T.V, p.2103.

11
En 1898 en San Marcos se dictaba los cursos de Historia General de la Civilización, Estética e
Historia del Arte, Historia de la Civilización Peruana. Pero, seguían las deserciones; por lo que el
Decano de la Facultad de Letras afirmaba:

«Nuestra matrícula, como de costumbre, ha sido pobre, excepto en el primer


año, por la circunstancia de ser obligatorio el curso de Metafísica para los
alumnos de derecho. En cambio, en ese mismo año, los exámenes han tenido
éxito muy poco satisfactorio; pues de 124 matriculados en Metafísica
solamente se presentaron al examen 57, y de estos no han obtenido la
aprobación sino 29, habiendo sido aplazados 27 y reprobados 1. »40

Y agregaba el doctor Isaac Alzamora:

«De los pocos que resisten, unos que son los más, se dejan absorber
exclusivamente por los estudios profesionales, una vez que han llenado el
requisito legal de dar exámenes de Metafísica; y los menos, que son
generalmente los mejores, se quedan voluntariamente en la Facultad y á
menudo llegan á coronar sus estudios de un modo brillante, sin perjuicio de
ser los primeros en los estudios profesionales»41.

Mientras tanto en la universidad agustina, ocurría algo similar. En la memoria correspondiente,


su rector, Jorge Polar, en 1898 planteaba el establecimiento de una serie de cursos que la
evolución de la ciencia exigía y que completase la enseñanza impartida. Sostenía que en la
Facultad de Letras, por su carácter de propedéutica, debía enseñarse además de otros, «los
cursos de Historia de la Civilización, para conocimiento de los errores y aciertos de la humanidad
y, por tanto, para tolerancia…»42. La idea de historia «magister vitae» es evidente.

Ya entrado en el siglo XX, «se aprobó la reforma de educación, que restauraba los estudios
preparatorios de Letras»43. Se colige entonces, que los estudios en la Facultad de Letras, eran
considerados formativos o de cultura general no profesional44.

Por esa razón, al clausurar el año 1904, el Vice rector D.D. Luciano Bedoya, encargado del
rectorado, daba cuenta de la existencia de las facultades de Jurisprudencia y de Ciencias Políticas
y Administrativas y las secciones de Letras y Ciencias45. Al año siguiente la situación empeoró,
por lo que el también Vicerrector Carlos R. Polar, denunciaba que la sección de Letras «no sirve

40
Anales de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima publicados por su Rector el Dr. D. Francisco
García Calderón. Imp. Liberal, Lima 1899, T.XXVI, p. 358.
41
Ibíd., p. 359.
42
Memoria del Rector Polar 1898, Arequipa 1899, p.11. En su libro Arequipa, publicado por primera vez
en 1891, señalaba: «La Facultad de Letras comprende los ramos de enseñanza siguientes Filosofía,
Literatura General, Historia Universal, Literatura Castellana, Estética y Literatura Antigua» Arequipa 1922,
p.282.
43
V.A. Belaunde, Ibíd., p. 279.
44
Desde el origen de la universidad en América, la Facultad de Letras (Artes entonces) era «indiscutida
propedéutica para la Teología y toda otra materia». C. D. Valcárcel. Letras y Ciencias Humanas, Facultad
decana del continente. En: Letras. Año XXXVIII, N°76-77, UNMSM., Lima 1966, p.9.
45
Memoria leída por el Dr. Don Luciano Bedoya como Vicerrector de la Universidad encargado del
Rectorado… Tip. Cáceres, Arequipa 1905, p.10.

12
siquiera para formar buenos literatos» que era indispensable establecer los cursos de Literatura
Castellana, Filosofía e Historia Universal46.

Abogaba por el establecimiento de este último curso, puntualizando:

«La Historia Universal no sólo debe ocuparse del desarrollo de la vida política,
de sus causas generadoras y sus resultados próximos y remotos; sino
también de las creencias, costumbres, ciencias, artes de los diversos pueblos,
mostrándonos como el movimiento político ha provocado el desarrollo de
estos diversos intereses, y ha recibido á su vez el necesario influjo que
aquellos ejercen en la vida de los pueblos»47.

El Reglamento formulado por el Consejo Universitario y aprobado por el Ministerio de Justicia,


Instrucción y Culto el 10 de noviembre de 1906, mantenía reducida la Facultad de Letras a la
condición de sección48, en la que se estudiaba las materias de Filosofía (dos cursos), Historia de
la Civilización Antigua, Literatura Castellana, Literatura Antigua, Historia Crítica del Perú, Historia
de la Filosofía Antigua, Estética e Historia del Arte, Sociología, Literatura Moderna e Historia de
la Civilización Moderna (art.108); materias ciertamente insuficientes para la formación de un
historiador, que estaban comprendidas en tan sólo cuatro cátedras (art.110). Por cierto, el
Reglamento señalaba que el objeto de la Universidad era «la enseñanza de la instrucción
superior», a todas luces muy limitante para la institución49.

Como vemos se restituyó los cursos de Historia50. La Memoria rectoral del año 1907 mostraba
que la situación era la misma51. Tanto en las de 1908, 1909, 1910, 1911, 1912, 1913, 1914, 1915
como en la de 1917 no se observaba cambio alguno52.

46
Memoria leída por el Vicerrector encargado del Rectorado de la Universidad del G. P. S. Agustín…
Correspondiente al año de 1905. Tip. Cáceres, Arequipa 1906, p.10.
47
Ibídem, p.12.
48
El artículo 103 decía: «En la Universidad funcionarán por ahora las Facultades de Jurisprudencia y de
Ciencias Políticas y Administrativas y las Secciones de Filosofía y Letras y de Ciencias Naturales». Ya en
1902 Letras funcionaba como sección y se señalaba que «para que pudiese quedar establecida como
Facultad, se necesitaría un catedrático más, que se encargara de la enseñanza de las materias que aún no
se dictan en ella”. Memoria leída por el Vice-Rector de la Universidad del G.P. San Agustín en la ceremonia
de Clausura del año académico de 1902. Imp. La Bolsa, Arequipa 1903, pp.14-15.
49
En 1908 en la Facultad de Letras de la Universidad del Cuzco se dictaban los cursos: Filosofía, Historia
de la Civilización, Historia de la Filosofía Antigua y Moderna, Estética e Historia del Arte, Literatura
Castellana, Literatura Antigua y Moderna, Sociología, Historia Crítica del Perú y Pedagogía. En los tres años
que se estudiaban allí se hallaban matriculados 37 alumnos. Memoria del señor Rector Doctor Don Eliseo
Araujo. Tip. El Sol, Cuzco 1908, pp.32-33.
50
Memoria leída por el Vice-Rector encargado del Rectorado de la Universidad del G.P. S. Agustín Dr. D.
Carlos R. Polar correspondiente al año de 1906. Tip. Cáceres, Arequipa 1907. Anexo 4.
51
Universidad del G.P. San Agustín. Memoria correspondiente al año de 1907. Rector A. Belisario Calle.
S.p.i. [1908]
52
Cfr. Memoria correspondiente al año de 1908. Rector Víctor N. Morales. Tip. Quiroz, Arequipa 1909, 19
pp.; Memoria del año escolar de 1909 leída por el Sr. Rector Dr. D. Víctor N. Morales. Tip. Franklin,
Arequipa 1909, 29 pp.; Memoria del Rector Dr. Víctor N. Morales correspondiente al año de 1910. Tip.
Zapata, Arequipa 1911, 24 pp.; Memoria del Rector Dr. Víctor N. Morales correspondiente al año de 1911.
Tip. Zapata, Arequipa 1912, 20 pp.; Memoria del Rector Dr. Víctor N. Morales correspondiente al año de
1912. Tip. Zapata, Arequipa 1913, 14 pp.; Memoria del Rector Dr. Víctor N. Morales correspondiente al
año de 1913. Tip. Zapata, Arequipa 1914, 13 pp.; Memoria del Rector Dr. Víctor N. Morales
correspondiente al año de 1914. Tip. Gütemberg, Arequipa 1915, 21 pp.; Memoria del Rector Dr. Víctor N.
Morales correspondiente al año de 1915. Tip. Gütemberg, Arequipa 1916, 24 pp.; Memoria del Vice-Rector
Dr. Jesús García Maldonado correspondiente al año de 1917. Tip. Sanguinetti, Arequipa 1918, 21 pp.

13
Algunos años después, en 1918, el Estatuto Universitario declarado en vigor de acuerdo con la
Ley N°6041, disponía que la enseñanza superior oficial sólo se impartiría en las universidades
nacionales de Lima, Arequipa, Cuzco y Trujillo, además de escuelas e institutos superiores.

Se puntualizaba que en las facultades de Letras y Ciencias de las universidades provincianas se


hacían «los estudios de cultura general superior preparatorios para el ingreso en las facultades
de Derecho y de Medicina y en los institutos de Farmacia y Odontología» (art.220)53, que
funcionaban en la capital de la república. Es decir, quedaron reducidas a una facultad que
preparaba a los alumnos para pasar a otra facultad y especialidades.

Y agregaba que dicha «facultad» tendría dos secciones «una de Letras y otra de Ciencias
Naturales» que confería los bachilleratos correspondientes. No «había especialidades»54. La
posibilidad de hacer investigación se difería para cuando hubiese doctorado (art.223).

Jorge Basadre observaba que en 1919 «la Universidad carecía de una maquinaria adecuada para
la formación continua y sistemática de nuevos especialistas, así como también para ayudar a
perseverar y profundizar en ese camino»55. La especialización se lograba más por esfuerzo
particular; por lo que agregaba: «Si estos especialistas existían para algunas asignaturas era por
acción aislada, heroica o feliz»56.

Señalaba que los cambios implementados en esos años eran insuficientes y que la percepción
de los reformadores era equivocada. Añadía:

«… Lo que había que procurar en cambio, era la oportunidad de que los


especialistas pudieran formarse en el futuro ayudándolos, estimulándolos,
protegiéndolos a través de un conjunto sistemático de clases de
especialización y de seminarios de una profusión de becas y bolsas de viaje;
y de las cátedras de tiempo completo. A esto era indispensable agregar, en
algunos casos, considerándola una necesidad muy urgente, la importación
de talentos para disciplinas no bien desarrolladas… pero más allá de la
algarada, de la ley y del decreto inmediato, nacidos por razones
circunstanciales, yacían problemas intocados de técnica, de método, de
profesionalización científica y de estructura institucional»57.

Como decía el historiador de la república no puede hablarse entonces de especialización, menos


de profesionalización además que la estructura universitaria era limitada y limitante, que
orientaba su quehacer a la formación de abogados, médicos y de alguna que otra carrera o, era
destinada a contar con profesores con amplios conocimientos.

53
Según el artículo 145 para ingresar a las facultades de Derecho y Medicina de la de San Marcos se debía
haber aprobado las materias de enseñanza en las de Letras y Ciencias.
54
Artículo 222.
55
J. Basadre. La vida y la historia. Ensayos sobre personas, lugares y problemas. Industrial gráfica, Lima
1981, p.216.
56
Ídem.
57
Ibídem, p.217.

14
En la Memoria de 1918 se daba cuenta de lo infructuoso del intento de elevar a Facultad, la
sección de Filosofía y Letras, a través de la creación de las cátedras de Historia de la Filosofía
Moderna y Pedagogía, propuesta que fue postergada por el senado58.

La Ley Orgánica de Enseñanza dada en 1921 dio lugar al establecimiento de la Facultad de


Filosofía, Historia y Letras. El año 1922 se matricularon en ella 63 alumnos; sin embargo, a pesar
de la denominación, se dictaron los mismos cuatro cursos que cuando era sección, a los que se
agregó Arqueología Americana y del Perú e Historia de América59. Al año siguiente «por razones
insuperables no pudo dictarse los cursos correspondientes al tercer año”60, en el que se seguían
precisamente los cursos señalados.

Se relacionaba el estudio de la historia con la jurisprudencia, el rector J.M. Bustamante i Rada,


en la memoria correspondiente a 1924, recogiendo las palabras del profesor español Rafael
Altamira, manifestaba que mientras unos alumnos podían orientarse hacia los estudios
prácticos, otros a los «de alta cultura, puramente científica del Derecho. Entre estos podría
reclutarse el público de la enseñanza histórica y formar un núcleo de investigadores». Opinaba
que al reducirse la jurisprudencia a un ejercicio profesional, se llevaba al fracaso de la
universidad61. Consideraba que la labor de la Facultad de Letras se exteriorizaba principalmente
en las academias y ateneos y la historia era para conocer al hombre en todas las épocas62.

Para 1926 la Universidad arequipeña había vuelto a su estructura anterior, con tres facultades:
Jurisprudencia y Ciencias Políticas y Económicas, Filosofía, Historia y Letras y Ciencias Físicas y
Naturales; las cuales eran representadas en el consejo universitario por dos delegados de cada
una. El plan de estudios fue adaptado del que tenía San Marcos63.

La Reforma del año 1928 suprimió Derecho y dispuso que las facultades de Letras y de Ciencias
de las universidades de Arequipa, Cuzco y Trujillo, comenzasen a funcionar a partir del 1 de abril
de 1929 con la organización que les daba el Estatuto Universitario de aquel año64.

Su artículo 282 señalaba: «Las materias de enseñanza de las Facultades de Letras y Ciencias que
pertenecían a las antiguas Facultades de Filosofía, Historia y Letras, y de Ciencias Físicas y
Naturales, serán servidas por los actuales catedráticos principales de los cursos respectivos». Es
decir, se producía un cambio en la denominación de la Facultad, mas no, de los contenidos.

58
Memoria del Vice-Rector Dr. Jesús García Maldonado correspondiente al año de 1918. Tip. Sanguinetti,
Arequipa 1919, p.9. Se enseñaban entonces en la sección de Filosofía y Letras, Historia de la Civilización
Antigua, Historia Crítica del Perú, Historia de la Filosofía Antigua, Historia de la Civilización Moderna.
59
Memoria del Rector Dr. Jesús García Maldonado correspondiente al año de 1922. Tip. Sanguinetti,
Arequipa 1923, p.27.
60
Memoria del Rector Dr. Jesús García Maldonado correspondiente al año de 1923. Tip. Sanguinetti,
Arequipa 1924, p.13.
61
Memoria leída por el Rector doctor J.M. Bustamante y Rada correspondiente al año 1924. Tip. Cáceres,
Arequipa 1925, p.24.
62
Memoria del Rector de la Universidad Dr. J.M. Bustamante y Rada correspondiente al año universitario
de 1925. Tip. Cáceres, Arequipa 1926, pp.26 y 27.
63
Memoria leída por el Señor Rector Doctor José M. Bustamante i Rada, en la ceremonia de apertura del
año universitario de 1927. En: Revista Universitaria. Arequipa 1927, N°2, pp.4-5.
64
El doctor E. Escomel en la inauguración del año 1929, daba cuenta de su desempeño al frente de la
universidad desde el 28 de agosto del año anterior, manifestando que se iban a crear tres institutos: el de
Artes Industriales, de Agricultura y Ganadería y Comercial. Memoria leída por el Rector de la Universidad
Nacional del Gran Padre San Agustín de Arequipa… Edit. Mejía, Arequipa 1929, pp.7-9. Sin embargo, la
documentación universitaria de los años siguientes muestra que no llegó a efectivizarse, salvo el Instituto
de Comercio.

15
Disponía que en la Universidad del Cuzco en su Facultad de Letras y Ciencias, hubiese una sección
Arqueológica-Histórica que tendría como anexos al museo y al archivo y otra sección de Bellas
Artes y Arte Peruano65. La primera debía hacer y fomentar la investigación (art.231). Mientras
en la Universidad de Arequipa nada parecido. Ello es lo que llevó a decir al doctor Francisco
Gómez de la Torre que el Estatuto de 1928 la degradó «reduciéndola a la condición de un colegio
de enseñanza media»66.

De la misma manera opinaba el doctor José M. Bustamante y Rada, rector de la universidad


agustina entre el 8 de septiembre de 1930 y el 25 de marzo de 1931 que manifestó en la
memoria correspondiente:

«La supresión, pues, de nuestra Universidad que no otra cosa significaba su


reducción a simple sección preparatoria anticultural, era consecuencia lógica
del régimen político anterior, y quedó sujeta nuestra juventud a ir a solicitar
de la Universidad de San Marcos un mendrugo de aporte intelectual»67.

En lo que respecta a la enseñanza de la historia, como venimos observando, su propósito era el


de dar una cultura general que permitiese seguir los estudios de especialidad. Las tesis de
temática histórica por lo general estaban enfocadas en cuestiones de la historia mundial; esa
era la razón por la que un articulista de la revista Los Andes que publicaba un grupo de
estudiantes de la Facultad de Filosofía, Historia y Letras, manifestaba:

«¿Tenemos HISTORIADORES que se preocupen por reconstruir la vida


nacional, con el debido criterio científico?... ¿dónde está esa labor? O fue un
simple bosquejo o un reflejo telepático que señorea nuevos albores?...»68.

Caído el régimen leguiísta, en medio de la crisis universitaria del momento, la Facultad de Letras
propuso «la creación de cursos monográficos circunstanciales sobre motivos de actualidad, a fin
de tratar en ellos de las cuestiones que más inquietan a la humanidad»69, realizándose diversas
conferencias en la idea que la Universidad debía estudiarlas, discutir los distintos puntos de
vista, rectificar errores y orientar a la sociedad. Una vez más la universidad recuperó su
estructura de tres facultades.

En 1932 en la Facultad de Filosofía, Historia y Letras se dictaron los cursos de Historia del Perú,
Arqueología de América y del Perú, Historia Moderna e Historia de la Civilización

65
El artículo 230 disponía: «Estas secciones velarán por la conservación de los monumentos y las reliquias
de las civilizaciones antiguas, inclusive la colonial, del Departamento del Cuzco, y serán oídas siempre que
se construyan o refacciones edificios públicos dentro de ese Departamento». Ambas secciones
funcionarían en la casa del Almirante (art.292). Ya desde 1923 contaban con archivo, Luis E. Valcárcel en
el marco del III Congreso Científico Panamericano [reunido en Lima, del 20 de diciembre de 1924 al 6 de
enero de 1925]: informaba: «Se ha resuelto crear archivos regionales en Arequipa y Trujillo y reconocer
su derecho al Archivo del Cuzco, creado desde hace dos años. Es este archivo, a cargo de nuestra
universidad, el llamado a custodiar los [archivos] notariales. En breve deberá determinarse lo
conveniente; pues, su establecimiento debió verificarlo el Dr. Horacio H. Urteaga, quien por la
interrupción ferroviaria tuvo que regresarse de Arequipa». Revista Universitaria, (Cuzco), Año XIV, N° 47,
Segundo Trimestre 1925, pp. 38-39.
66
F. Gómez de la Torre. Nota Editorial. En: Revista Universitaria N°4. Arequipa 1931, p.3.
67
Revista Universitaria N°4. Arequipa 1931, p.151.
68
Prince de Albornoz. La Reforma Universitaria. En: Los Andes, N°5. Arequipa 1928, p.12.
69
Memoria del Rector Dr. Francisco Gómez de la Torre correspondiente al año 1931. Tip. Portugal,
Arequipa 1932, p.28.

16
Contemporánea70. Se señalaba que se habían ocupado «de reformar la organización de las
cátedras de modo que rindiera la enseñanza mayor provecho para los alumnos»71.

A fines de 1933 el rector Francisco Gómez de la Torre daba cuenta de la labor desarrollada en la
universidad agustina ese año, señalando que en la Facultad de Filosofía, Historia y Letras se había
dictado los cursos de Historia de América Precolombina, Arqueología Americana y del Perú,
Historia del Perú, Historia del Arte, Historia de la Civilización Moderna, Historia de la Civilización
Contemporánea, Historia de la Civilización Egipcia y Asiática, Antropología; además de los de
Filosofía, Literatura, Castellano, Geografía y Sociología72. Resaltaba por cierto, el descubrimiento
de las ruinas de Churajón que había permitido la formación de un museo arqueológico a cargo
del doctor Manuel G. Suárez Polar, por lo que los «catedráticos de Arqueología, Antropología e
Historia, tenían ante sí un ancho campo de investigación»73. Tardaría, sin embargo, algún tiempo
más en efectivizarse la posibilidad de investigar.

A 1934 corresponde la formulación de un plan completo de reforma de los estudios en la


Facultad, proyectándose la creación de una Facultad de Pedagogía y su traslado a una casa que
se alquiló al efecto, donde se estableció una biblioteca especial para los estudios de Letras74. Los
cursos de Historia eran: Arqueología Americana y del Perú, Historia de América y del Perú,
Historia de la Edad Media, Historia Contemporánea e Historia del Perú75.

Por Decreto Supremo de 28 de junio de 1935 se dio un nuevo Estatuto Universitario que rigió
en toda la república, el mismo que en los casos de Arequipa, Cuzco y Trujillo, reconocía
personería jurídica solo a la Universidad y no a facultades ni institutos, disponiéndose que
funcionarían las de Letras, Ciencias y Derecho; pudiendo el Consejo Universitario crear secciones
de cursos de enseñanza técnica76. Allí si se hablaba de investigación, enseñanza y difusión de
las ciencias y las letras (art.1)77.

Sin embargo, dicho Estatuto que empezó a regir en 1937, que concedió a su vez autonomía
pedagógica, administrativa y económica, así como también gobierno particular a cada facultad
en el decano, consejo directivo y junta de catedráticos; dispuso en cambio para las universidades
provincianas dos delegados como representantes de cada facultad ante el consejo universitario,
y un director.

70
Cfr. Memoria del Rector correspondiente al año de estudios de 1932. Tip. Portugal, Arequipa 1933, p.36.
71
Ibídem, p.5.
72
Memoria del Rector de la Universidad de Arequipa correspondiente al año 1933. Arequipa 1933, pp. 43-
44.
73
Ibídem, p.27.
74
Memoria del Rector de la Universidad de San Agustín de Arequipa, correspondiente al año de 1934…,
Ed. La Colmena, Arequipa 1935, pp. 5 y 10.
75
Ibídem, pp. 28-29. En 1936 volvieron a ser modificados se dictaron Arqueología Americana y Especial
del Perú, Historia de América, Historia de la Cultura Antigua y Media, Historia de la Cultura Moderna y
Contemporánea, Historia del Arte peruano e Historia del Perú (tres cursos). Memoria del Rector de la
Universidad de Arequipa correspondiente al año de 1936. Tip. Portugal, Arequipa 1937, pp. IV-V.
76
Ese año el Rector de la Universidad de Trujillo, Dr. I. Meave daba cuenta de la existencia de las facultades
de Jurisprudencia, de Letras y de Ciencias; además de las secciones de Artes Industriales y Comercial. Cfr.
Primera Reunión de la Junta de Rectores de las Universidades Oficiales del Perú y del Consejo Superior de
Educación de la República. 1° al 10 de marzo de 1936. Gil, Lima 1936, pp.123-132.
77
A diferencia de lo que se disponía para las universidades de provincias, la Universidad Mayor de San
Marcos se componía de cinco facultades: Derecho y Ciencias Políticas, Ciencias Médicas, Ciencias
Biológicas, Físicas y Matemáticas, Letras y Ciencias Económicas.

17
Como puede apreciarse no se habla en el Estatuto nada que favoreciese el estudio ni la
investigación histórica; a diferencia de lo dispuesto para el Cusco, en cuya Facultad de Letras
había la posibilidad de «una Sección Arqueológica-Histórica» que tendría como anexos el Museo
y el Archivo (art.218). No se dispuso nada parecido para la de Arequipa. Tendrían que pasar dos
décadas para que algo similar se diese en el claustro agustino78.

Frente a esa normativa se realizó la Primera Reunión de la Junta de Rectores dispuesta por la
propia ley en marzo de 1936, donde, ante la propuesta que los métodos de enseñanza iban a
ser además del dictado oral, el de cooperación de los alumnos, el carácter práctico de las clases
y los estudios de seminario e investigación para alumnos selectos; se acordó aplicar todos ellos
pese a la observación del rector agustino acerca que los seminarios de investigación debían ser
para todo el alumnado79.

En dicho evento, el catedrático arequipeño, Carlos D. Gibson en un informe mostraba la


importancia de los estudios históricos aplicados a las finanzas, la economía y el derecho; en la
necesidad de un conocimiento que se apoyasen en la realidad y no la teoría en un curso de
Historia y Legislación Financiera del Perú80. Se hacía cada vez más apremiante el estudio de la
historia en sus diferentes dimensiones, aunque todavía tardaría en llevarse a cabo.

El Reglamento de la Universidad S. Agustín, ajustado al anterior, recién publicado en 1938,


estipulaba que «el Decano de todas las Facultades es el Rector» (art.13) y las representaban
«Juntas de Catedráticos” (art.14); no había decanos, menos directores. La única mención que se
hace de Historia en este documento es en el artículo 199 relativo a los grados que confería la
Universidad que eran Bachiller y Doctor en Historia. El estatuto propio de la universidad agustina
era más restrictivo aún como puede observarse.

Aunque se menciona la existencia de secciones en las diferentes facultades (art.200) y que los
candidatos a doctor debían presentar «una tesis sobre cualquier materia de la Facultad
respectiva, donde el postulante revele condiciones para la investigación y el análisis» (art.206);
no se observa ni una estructura académica que las posibilitase ni un lugar donde realizarlas.

Al cumplirse el cuarto centenario de la fundación de Arequipa en 1940, había la expectativa de


una historia de la ciudad que superase los ya antiguos y controvertidos Fragmentos para la
historia de Arequipa del deán J. G. Valdivia publicado casi un siglo antes en 1847; sin embargo,
ninguno de los catedráticos de la Facultad de Letras estaba entre los voceados para escribirla así
como tampoco el ganador del Concurso convocado por la Municipalidad para elaborar una
historia sintética de la urbe mistiana era uno de ellos. El abogado y docente de la facultad de
Derecho Francisco Mostajo era el primero, mientras que el también abogado Víctor N.
Benavente fue el segundo.

78
Recién en sesión de Consejo Universitario de 14 de noviembre de 1951, se daba cuenta del pedido de
la Facultad de Letras «para gestionar la dación de una ley disponiendo la centralización de los archivos
públicos en la Universidad de Arequipa…»; en que se autorizó al Rector para hacerlo. Cfr. Revista Órgano
de la Universidad Nacional de San Agustín, Año XXIV, N°35. Arequipa 1952, p.170.
79
Primera Reunión de la Junta de Rectores de las Universidades Oficiales del Perú... Gil, Lima 1936, p.25 y
27.
80
Ibídem, p.146. También planteaba crear una especialidad en educación de Historia y Geografía. En una
segunda reunión habida en enero de 1937 se acordó la creación en la U. San Marcos del Instituto
Arqueológico Nacional, servido por arqueólogos especialistas. Memoria del Rector de la Universidad de
Arequipa correspondiente al año de 1936. Tip. Portugal, Arequipa 1937, Anexo N°4, p.XXV.

18
Y es que como venimos observando reiteradamente no se formaba historiadores por más que
desde hacía una década se otorgaba grados de doctor en historia, ello no significaba que llegasen
a investigar. Razón tenía el rector Dr. Carlos D. Gibson en la memoria correspondiente a 1939
en que decía:
«…la enseñanza de cada facultad universitaria no está tampoco distribuída ni
acondicionada para servir de preparatoria de una escuela puramente
profesional. Carecemos de cursos y secciones especiales, técnica y métodos
realistas que definan las aptitudes y habilidad para perfeccionar una carrera
o seguir una especialización vocacional nuestras Universidades sólo son de
cultura general; y no de investigación científica ni menos de superación
profesionalista»81.

Queda evidenciado a través de esos actos y de esas afirmaciones que no puede hablarse de la
existencia de un centro formador de historiadores, ni de una especialización que permitiese su
profesionalización.

Pero esto no era exclusivo de la universidad agustina, al respecto puntualizaba Franklin Pease:

«Luis E. Valcárcel, Julio C. Tello, Raúl Porras y Jorge Basadre son, juntamente
con Rubén Vargas Ugarte, el inicio de una historia en busca de
profesionalización. Ellos se hicieron a sí mismos historiadores, buscando
estudiar dentro y fuera del país lo que las Universidades peruanas ni siquiera
anunciaban en los primeros 30 años de este siglo… Sus alumnos
constituyeron la primera generación que estudió la historia como una carrera
universitaria.

Conocemos la vida de aquella Universidad y la enseñanza de la historia en


sus claustros. Hasta la caída de Leguía y quizás hasta el segundo gobierno del
Mariscal Benavides, las cátedras eran pocas y generales, se destinaban a lo
que hoy se denominaría Estudios Generales, previo camino a los estudios de
Derecho. Los seminarios de la Facultad de Letras entrenaban a los futuros
historiadores»82.

Significativo dentro de este proceso es el establecimiento del Centro de Estudios Max Uhle
fundado por el doctor Manuel G. Suárez Polar el 1 de junio de 1944 con el fin de promover los
estudios arqueológicos en nuestro medio83, aunque con poca presencia lamentablemente.

La necesidad de contar con profesionales, tan demandada a lo largo de las primeras décadas de
ese siglo, y los cambios que se venían produciendo en el contexto nacional y mundial, llevarían
al establecimiento de esos centros formadores84.

81
Memoria y Doctrina del Rector Dr. D. Carlos D. Gibson. Año de 1939. Arequipa 1940, p.82.
82
F. Pease. La historiografía peruana y la Universidad Católica. PUCP., Lima 1995, pp.11-12.
83
Revista de la Universidad de Arequipa. Año XVI, N°20, Arequipa 1944, pp.147-148.
84
Se había dado un giro en el Instituto Histórico del Perú (luego Academia Nacional de Historia) con la
incorporación de nuevas generaciones de historiadores y la fundación en 1945 de la Sociedad Peruana de
Historia, para estimular la profesión de historiador, como lo observara T. Hampe. Cfr. Trayectoria y
balance en la historiografía peruana: 90 Años de la Academia Nacional de la Historia (1905-1995). En:
Anuario de Estudios Americanos, T.LV, 2. CSIC. Madrid 1998, pp.711-712.

19
Ese sucesivo cambio en la denominación de la Facultad, la resumía el doctor Carlos Daniel
Valcárcel, que difiere de la ocurrida en San Agustín en los momentos en que en ésta quedó
reducida a la condición de Sección, decía:

«En la etapa republicana, nuestra Facultad ha variado de nombre en varias


ocasiones: el Reglamento de Instrucción de Castilla (1850) la denomina
Facultad de Filosofía y Humanidades, el Reglamento General de Instrucción
Pública de Pardo (1876) la titula Facultad de Letras, la Ley Orgánica de
Instrucción de López de Romaña (1902) llámala Facultad de Filosofía y Letras,
durante el gobierno de Leguía la Ley Orgánica de Enseñanza (1921) le da el
título de Facultad de Filosofía, Historia y Letras y el Estatuto Universitario
(1928) retorna al nombre, dado por Pardo, de Facultad de Letras, en el lapso
de Benavides es llamada nuevamente Facultad de Filosofía, Historia y Letras,
la Ley Orgánica de Educación Pública (1941), dada por Prado la amplía y titula
Facultad de Filosofía y Pedagogía, pero en 1946, durante el gobierno de
Bustamante, nuestra Facultad se independiza y recupera su título de
Facultad de Letras…»85.

Sería la Ley Universitaria N°10555 del 23 de abril de 1946, dada en el gobierno de José Luis
Bustamante y Rivero, que dispondría importantes cambios que constituyeron un transformación
de la universidad peruana. Desde comienzos de ese año la prensa informaba del proyecto de ley
que era discutido en el parlamento, dando a conocer diferentes pareceres al respecto, emitidos
por notables intelectuales86.

La Ley en su capítulo IV que trataba sobre la Organización Académica señalaba en sus artículos
15 y 16, que la Universidad estaría integrada por Escuela Preparatoria, Colegio Universitario,
Facultades, Escuela de Altos Estudios y los Institutos especializados que en lo administrativo
eran dirigidas por la facultad y en lo académico por su director.

El artículo 17 disponía:

«La Facultad creará los Institutos que estime conveniente de acuerdo con las
necesidades actuales o con la finalidad de investigar nuevos fenómenos o
hechos; Institutos que pasarán a ser Facultades, a juicio de los respectivos
Consejos Universitarios»87.

Según eso los institutos tenían el propósito de realizar investigación. Mientras que el artículo 18
decía:

«La Facultad estará dividida en Institutos o en Escuelas-Institutos en donde


se agruparán asignaturas similares o conexas que favorezcan o intensifiquen
el aprendizaje».

Entonces, de acuerdo a ello, la finalidad de los institutos era, el estudio e investigación de


especialidades. El plan de estudios de la universidad sanmarquina señalaba que el propósito de

85
C. D. Valcárcel. Letras y Ciencias Humanas, Facultad decana del continente. En: Letras. Año XXXVIII,
N°76-77, UNMSM., Lima 1966, p.10.
86
Incluso desde 1945 se entreveía la inminencia de una nueva ley universitaria, el 29 de agosto de ese
año el rector agustino Alberto Fuentes Llaguno, declaraba la concordancia de la Universidad con el
movimiento renovador. Revista de la Universidad de Arequipa. Año XVI, N°22, Arequipa 1945, p.114.
87
EL DEBER. Año LVI, N°22260, Arequipa, lunes 29 de abril de 1946, p.5.

20
un Instituto era «coordinar todos los trabajos del mismo campo y reunir en un grupo coherente
a las personas que se dedican a la misma especialidad o a especialidades afines»88.

De la misma manera que en ocasiones anteriores, los cambios dispuestos por la ley se aplicaron
primeramente en la Universidad de San Marcos. Para el caso del claustro capitalino, como afirma
Efraín Núñez, los orígenes de la Escuela de Historia en dicha casa superior de estudios, están en
la instalación del Instituto de Historia promovida por la reforma del presidente Bustamante. Allí
el 4 de mayo de 1946 la junta de catedráticos de la Facultad de Letras eligió a su decano y a
mediados de mes aprobaban el plan de estudios para los institutos89.

Para dicho historiador limeño, la creación de los Institutos de formación académica fue el inicio
de la institucionalización de las profesiones y una nueva era de la Facultad de Letras;
encargándose la del de Historia al doctor José M. Valega, ante la declinación de Jorge Basadre a
hacerlo por su recargada labor. Su plan de estudios, el cual, además de los cursos del Colegio
Universitario, comprendía dos cursos de Fuentes Históricas, cinco cursos de Historia del Perú,
dos de Historia del Arte, uno de Historia de la Cultura, otro de Arqueología Americana y otro de
Historia de América; fuera de los de Geografía y Filosofía90. En abril de 1947 los catedráticos del
Instituto eligieron al doctor Teodosio Cabada como su Director y al Dr. Carlos Daniel Valcárcel
como Secretario91.

Consideramos que este acontecimiento se efectuó para la universidad arequipeña en la sesión


de la Facultad de Letras fijada por el consejo universitario para el 18 de mayo de 194692; con la
elección de sus autoridades quedó formalmente establecida la facultad con su nueva estructura
académica basada en institutos.

Coincidió este evento con la inauguración del nuevo local de la Facultad de Letras, en cuya
ceremonia realizada el lunes 12 de agosto de ese mismo año, luego de la bendición impartida
por el R.P. Víctor M. Barriga93; se produjeron los discursos del rector Dr. Manuel G. Suárez Polar
y del decano doctor Alberto Ballón Landa, quien señaló:

«La Facultad de Letras funcionará, por ahora, en la planta superior del


edificio. Cuenta con seis aulas, la sala del Decanato, el salón de sesiones
magisteriales. Nos faltan un paraninfo, locales para la Secretaría, la Mesa de
Partes, el Archivo, los Museos, la Federación de Estudiantes, un lugar de
descanso dedicado a las alumnas, Bibliotecas de Seminarios y las
dependencias de Bedeles y Porteros.

La Facultad según la tendencia del Estatuto, se compone de dos años de


Colegio Universitario y de Institutos de Historia, de Filosofía y de Literatura

88
Boletín Universitario. Año I, N°3. UNMSM., Lima 1946, p.6.
89
E. Núñez Huallpayunca. Los orígenes de la Escuela de Historia de la UNMSM (1946-1947). En: Nueva
corónica N°1. UNMSM., Lima 2013, pp.10-12
90
Ídem.
91
Ibídem, p.14. En San Marcos se crearon los institutos de Antropología, Etnología, Filosofía, Filología,
Literatura y de Literatura Peruana y Folklore.
92
UNSA. Libro de Actas de sesiones de Consejo Universitario N°12 (1941-1946), p.369. Sesión de Consejo
Universitario de 13 de mayo de 1946 en que se fijaron las fechas de elecciones de las autoridades
facultativas.
93
EL DEBER. Año LVI, N°22377, Arequipa, lunes 12 de agosto de 1946, p.3.

21
y, posiblemente de Etnología, Antropología, Filología y de Cursos avanzados
de investigación»94.

Añadía precisando la labor a realizar:

«En los institutos se propenderá a la capacitación técnica y a la


especialización cultural y los cursos de investigación servirán para los altos
estudios propios del Doctorado»95.

Ese mismo día, sustentaba su tesis doctoral Luis Guillermo Talavera, de lo que daba cuenta el
diario El Deber, cuyo reportero manifestaba algo muy revelador, apuntaba: «La Facultad de
Letras de nuestra vieja universidad, por primera vez, desde la separación de especialidades,
otorga el grado de Doctor en la especialidad de Filosofía…»96. El periodista hablaba de separación
de especialidades, esto es, los institutos, que en nuestro caso fue el de Historia y Geografía.

«El Consejo de la Facultad de Letras, en su sesión de 13 de noviembre de 1946 discutió y aprobó


el nuevo plan de estudios de la Facultad, el que fue elevado ante el Consejo Universitario, quien
lo aprobó en su sesión de 16 de diciembre del mismo año»97.

Se discutió sobre los alcances que iban a tener los institutos, que para nuestra especialidad, se
contempló el proyecto de transformarlo en Instituto de Ciencias Históricas y Sociales en opinión
del delegado estudiantil Roberto Ramírez del Villar98, prevaleciendo el de Historia y Geografía.

Cabe aclarar que si se decidió establecer un Instituto de Historia, era porque en el claustro
agustino se dictaban once cursos de historia que en diferentes momentos se incrementaron en
número y que en adelante se seguirían incrementando99.

El 31 de diciembre de 1946 se aprobó el presupuesto de la Universidad, contemplándose en lo


que respecta a la Facultad de Letras, las asignaturas de Esquema de Historia Universal,
Arqueología Americana y del Perú, Historia de América, Esquema de Historia del Perú, Historia
de la Cultura, Historia del Perú (curso avanzado), Historia del Arte Peruano, Esquema de Historia
de América100.

94
EL DEBER. Año LVI, N°22380, Arequipa, viernes 16 de agosto de 1946, p.2. Cfr. Revista de la Universidad
de Arequipa. Año XVIII, N°24, Arequipa 1946, pp.99-100.
95
Ibídem, p. 100.
96
EL DEBER. Año LVI, N°22379, Arequipa, miércoles 14 de agosto de 1946, p.7.
97
Memoria del Rector de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa 1947. La Colmena, Arequipa
1948, p.94. El 5 de diciembre del mismo, se planteó la necesidad de implementar una biblioteca en cada
uno de los tres institutos. UNSA. Libro de Actas de sesiones de Consejo Universitario N°13 (1946-1948),
p.91.
98
UNSA. Libro de Actas de sesiones de Consejo Universitario N°13, p.61. Sesión de Consejo Universitario
de 16 de diciembre de 1946. Se dejó vislumbrar también la posibilidad de crear un Instituto de
Antropología y Arqueología hecha por Teodoro Núñez Ureta.
99
El 26 de diciembre de 1945 el Consejo Universitario aprobaba el Presupuesto para 1946 que
contemplaba para la Facultad de Letras el pago de los sueldos de los profesores de los cursos de Historia
de la Cultura Antigua y Media, Arqueología Americana, Historia de América, Historia del Perú (primer y
segundo curso), Historia de la Cultura Moderna y Contemporánea, Historia del Perú Antiguo y Colonial
(Fuentes e Instituciones), Historia del Perú (curso de investigación), Historia del Arte, Historia del Arte
Peruano, Historia de la Cultura (curso avanzado) e Historia de Arequipa. UNSA. Libro de Actas de sesiones
de Consejo Universitario N°12, pp.341-343.
100
UNSA. Libro de Actas de sesiones de Consejo Universitario N°13, p.61.

22
1946 constituye un año de transición entre el anterior modelo universitario y el establecido por
el gobierno de Bustamante y Rivero, hubo de desarrollarse los dos planes de estudios, no pudo
suprimirse totalmente el antiguo «porque aún quedaban alumnos del último año doctoral»101,
funcionando el cuarto año de Letras todavía en el 47.

En la Memoria del Rector leída en la inauguración del año 1947, el doctor Suárez Polar
manifestaba:

«El nuevo Estatuto Universitario ha conmovido, de modo tan profundo y


radical, la estructura de la Universidad que, para poner en marcha el delicado
y complejo mecanismo académico y administrativo, ha sido necesario
desplegar, durante el año pasado, una actividad verdaderamente
dramática… la actividad de las autoridades y organismos universitarios ha
sido febril en el año que termina. En efecto, cambio, casi total de planes
docentes; separación y autonomía de las diferentes facultades; co-gobierno
del estudiantado; régimen tutorial de los estudios; creación de nuevas
Facultades e Institutos, han impuesto durante todo el año de 1946, el
cumplimiento de una labor que difícilmente podría exponerse en un simple
acto inaugural. La publicación del Calendario Anual de la Universidad y de los
syllabus de los diversos Institutos se encargará de hacer llegar a los que se
interesan por la marcha de nuestro primer centro docente, el detalle de
nuestra labor organizadora y la estructura de la nueva Universidad en trance
de reforma total»102.

Y en lo que respecta a la Facultad de estudios de humanidades decía:

«La facultad de Letras comprende; además de los dos años de Colegio


Universitario, los Institutos de Historia y Geografía, Literatura y Castellano y
Filosofía, cada uno con tres años de estudios especializados, innovación muy
saludable, ya que los cuatro años que, en total, se exijían hasta ahora para
completar el ciclo doctoral en las especialidades de Letras, Historia y
Filosofía, eran insuficientes para proporcionar conocimientos profundos a
quien ha de ostentar el título máximo de Doctor en Humanidades»103.

A partir de entonces comienza la vida del Instituto, dictándose los cursos de Historia del Perú
(Pre-Incaica e Incaica), Historia Universal (Oriente, Grecia y Roma), Historia del Perú (Conquista
y Coloniaje), Historia Universal (Media y Moderna), Historia del Perú (Emancipación y
República), Historia Universal Contemporánea), Historia General del Arte, Historia del Arte
Americano y Peruano. A ellos se agregaba Fuentes de la Historia del Perú y Filosofía de la
Historia104.

101
Memoria 1947, p.94.
102
Memoria del Rector. En: Revista de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, Año XIX, N°25,
Arequipa 1947, p.175.
103
Ibídem, p.181. En esa misma ceremonia, el discurso de orden lo daba el decano de la Facultad de Letras,
que versó sobre «La historia y la paz», donde señaló la importancia que la historia tiene para la sociedad,
cuyo conocimiento garantizaría la paz. El doctor Ballón Landa afirmaba que su incorporación en los
programas universitarios iba desde el año 1916. EL DEBER. Año LVII, N°22565, Arequipa, miércoles 2 de
abril de 1947, p.2.
104
Durante algún tiempo estuvo vacante el curso de Fuentes de la Historia. Cfr. Memoria del Rector 1950.
Arequipa 1950, p.57.

23
En 1949, a pesar de los cambios impuestos por el régimen militar, se mantuvo el Instituto y su
plan de estudios, eran doce los cursos propios de la carrera, que se complementaban con otros,
los cuales eran desarrollados a lo largo de tres años luego de los de estudios generales. Se agregó
a esas materias el curso de Paleografía, creado en sesión de consejo universitario de 15 de
noviembre de 1956105, fundamental para la investigación. A partir de ese año se le reconocía
como Instituto de Historia, Geografía y Ciencias Sociales.

Corresponde a 1958 la implementación de un plan de reforma de la Facultad con la


configuración de nuevos Institutos Académicos y creación de Escuelas-Instituto con carácter
profesional106.

1959 constituye un año importante dentro del desarrollo del Instituto, cambió de denominación
por el de Instituto Académico de Historias y se implementó la reforma aprobada el año anterior.
Significativo fue el dictado del curso de Metodología de la Historia y Fuentes de la Historia del
Perú107.

El testimonio del doctor Eusebio Quiroz, alumno del Instituto de Historias entre 1959 y 1961, en
este sentido, es muy ilustrativo. Apunta:

« […] en 1959, comenzó a desarrollarse un Plan de Reforma de la Facultad de


Letras, que incluyó cursos electivos, semestralización del año académico y
asignaturas de especialización. Se reforzó el concepto que el Instituto de
Historia preparaba investigadores, vale decir, historiadores.»108

Dentro de ese proceso es de gran importancia la creación del Archivo Histórico de Arequipa
dentro de la Universidad. El 6 de junio de 1960 por R.S. N°249 y debido a gestión rectoral se
materializaba el pedido de casi diez años antes. De manera febril, desde el mes de septiembre
se procedió reunir la documentación dispersa en diferentes lugares, ordenarla y catalogarla y
realizar investigación109. Desde entonces un cada vez más numeroso grupo de investigadores
locales pudieron contar con tan importante repositorio documental.

Pero continuaba ese proceso de definición y en 1961 nuevamente cambia de denominación a


Instituto de Historia y Arqueología110; creándose dos cursos de Arqueología Peruana y otro de
Métodos y Técnicas de Investigación Arqueológica, que eran opcionales para los alumnos que
se interesasen por esos estudios111. Ese año aparece el «Departamento de Investigaciones
Históricas» que perduró hasta 1963, teniendo al frente al Dr. Marcial Barriga112.

105
Principales acuerdos tomados por el Consejo Universitario durante el año de 1956. En: Revista Órgano
de la Universidad Nacional de San Agustín, Año XXVIII, N°43-44. Arequipa 1956, p.297. Recién al año
siguiente se comenzaría a implementarlo. Cfr. Memoria del Rector 1957. Arequipa 1957, p.125.
106
Memoria del Rector 1958. Arequipa 1958, pp. 142, 148.
107
Memoria del Rector 1959. Arequipa 1959, p.137.
108
E. Quiroz. «La vida y el trabajo de un historiador. Testimonio y reflexiones». En: Historia e historiadores.
Universidad Ricardo Palma, Lima 2005, p. 108.
109
Memoria del señor Rector Dr. Alfredo Corso Masías 1960. Arequipa 1960, p.85.
110
Ese año el Dr. Franklin D. Parker dio doce lecciones sobre Historia Social e Intelectual de Estados Unidos
a los alumnos de tercer año en el mes de octubre. Cfr. Memoria del señor Rector Dr. Alfredo Corso Masías
1961. Arequipa 1961, p.160.
111
Ibídem, p.164.
112
Cfr. Ibídem, p.172; Memoria del señor Rector Dr. Alfredo Corso Masías 1962. Arequipa 1962, p.167;
Memoria del señor Rector Dr. Alfredo Corso Masías 1963. Arequipa 1963, p.203.

24
Una nota en la Memoria Rectoral correspondiente a 1964 indicaba: «Se ha cambiado el nombre
del Instituto de “Historia y Arqueología” por el de “Historia y Antropología”»113. Una vez más se
variaba de denominación. Figuraba como director del Instituto el doctor M. Barriga114. Se creó
el curso de Métodos de Investigación Histórica y tres seminarios de Fuentes de la Historia,
Historia del Perú: Conquista y Virreinato, Historia del Perú: República115.

A octubre de 1968 corresponde el golpe de estado dado por el denominado Gobierno


Revolucionario de las Fuerzas Armadas, que emprendió una serie de reformas de toda índole,
una de ellas en la educación116. En 1969 se cambió el sistema universitario, que en nuestro caso
significó el paso del Instituto al Programa de Historia y Ciencias Sociales que tenía como director
al Dr. Carlos Manchego Rendón117, al que precedió el doctor Javier Mayorga Goyzueta118, que
presidió el Programa en su establecimiento.

Es sumamente esclarecedor lo que se señalaba en la Memoria rectoral del año 1970, donde se
manifestaba: «El Programa Académico de Historia fue creado a raíz de la dación de la Ley
N°17437, sustituyendo al Instituto de Historia y Antropología» y en base a otros dispositivos
complementarios el Consejo Ejecutivo de la Universidad, en sucesivas sesiones de 10, 11, 12, 13
y 16 de febrero agrupó los programas de Historia, Sociología y Servicio Social bajo un mismo
director pero conservando su aspecto académico y administrativo 119. El Consejo Nacional de la
Universidad Peruana por Resolución N°203-70 CONUP de 5 de agosto de 1970, autorizaba el
funcionamiento del Programa de Historia y Ciencias Sociales.

La misma memoria rectoral daba cuenta de la realización de un ciclo de conferencias en el mes


de octubre con motivo de la semana de Historia120. Al año siguiente volvería a organizarse con
la denominación de Semana del Programa de Historia121.

Llama la atención que estos actos son mencionados en las memorias rectorales de esos años y
no en el Libro de Actas del Programa de Historia, donde, recién el año 1972, en la sesión del 11
de octubre se nombró una comisión de docentes y alumnos con el encargo de «elaborar el
programa de festejos del Programa»122. En 1973 se hablaba de desarrollar una serie de
actividades en octubre por el aniversario del Programa, fijándose la realización de tres mesas
redondas el 15 para Geografía, el 16 para Antropología y el 18 para Historia, además de otros
actos que se prolongarían hasta el día 26123; mientras que en 1974 sólo se mencionaba la

113
Memoria Rectoral 1964 del Dr. Carlos Núñez Valdivia. Arequipa 1965, p.152.
114
Ibídem, p.143.
115
Ibídem, p.152. En 1965 los seminarios cambiaron a Seminario de Investigación de la época Preinca en
la región de Arequipa, Revisión de cronistas e investigación de la Historia Regional e Investigación de la
Historia Republicana Regional. Cfr. Memoria Rectoral 1965. Arequipa 1966, p.149. En 1967 fueron
suprimidos.
116
Conformaban la Facultad de Letras: Instituto de Filosofía, Instituto de Historias y Antropología, Instituto
de Lengua y Literatura, Escuela de Geografía, Escuela de Sociología, Escuela de Idiomas, Escuela de
Psicología y Escuela de Servicio Social. Cfr. Memoria Rectoral 1968. Arequipa 1969, pp. 82-83.
117
Memoria Rectoral 1969. Arequipa 1970, p.66.
118
FCHS. Libro de Sesiones del Programa de Historia (1969-1975), ff.1-5. Sesiones de 31 de julio, 13 de
agosto y 16 de septiembre de 1969.
119
Memoria Rectoral 1970. Arequipa s.f., p.253.
120
Supra 7.
121
Memoria Rectoral 1971. Arequipa 1973, p.224. Entonces se precisaba que se realizó entre el 15 y el 22
de octubre.
122
FCHS. Libro de Sesiones del Programa de Historia (1969-1975), f.45.
123
FCHS. Libro de Sesiones…, ff.90-91. Sesión de 4 de octubre de 1973.

25
formación de una comisión que elaborase el programa de festejos124. En tanto que la última
referencia sobre el particular corresponde al 30 de septiembre de 1975 en que se acordó invitar
a los docentes y a tres catedráticos de Lima, se entiende a dar un ciclo de conferencias125. Se
observa que no había una fecha exacta.

Toda esa década se darían una serie de innovaciones, tanto en lo administrativo como en lo
académico. Elección del director del Programa126, Gobierno tripartito de docentes, alumnos y
trabajadores,127 desvinculación del Archivo Histórico128, desaparición del Programa de Estudios
Generales, creación de nuevos cursos como el de Teoría de la Historia129, Archivología,
Museología130; reajuste del plan curricular para adecuarlo al otorgamiento de la licenciatura en
historia131 se elevó a cinco los años de estudio132, publicación de la revista de Historia133.

Entre 1978 y 1983, siendo rector el Dr. José Gutiérrez Correa, el número de estudiantes del
Programa de Historia tuvo un ascenso sostenido; así en 1978, 109; en 1979, 166; en 1980, 206;
en 1981, 189; y, en 1982, 239134. Sin embargo, las cifras de egresados fueron mínimas; 5 en 1978,
5 en 1979, 16 en 1980, 6 en 1981135. Por otro lado, la cantidad de cursos que se seguía por esos
años era de 55, 39 obligatorios y 16 electivos136.

El Estatuto de la Universidad de 1984 disponía que la facultad era la unidad académica y


administrativa básica, responsable de la formación profesional, perfeccionamiento,
investigación, proyección social, extensión y promoción de la cultura, funciones que las
ejecutaba a través de escuelas profesionales137. Los estudios que allí se impartían conducían a
la obtención de títulos profesionales y grados académicos138. En sus Disposiciones Comple-

124
FCHS. Libro de Sesiones…, f.117. Sesión de 14 de octubre de 1974.
125
FCHS. Libro de Sesiones…, Hoja suelta adjunta. En las memorias rectorales de la década siguiente no
se observa mención alguna a la realización de ese evento. No se dice nada de la celebración sea porque
frente a la magnitud del número de estudiantes o a los cambios que se venían realizando, los llevó a
manifestar que no habían sido fructíferos por la carga lectiva que imposibilitó la materialización de tareas
no lectivas en la de 1985; mientras que a pesar de la excesiva carga lectiva, la labor no lectiva estuvo
centrada en la proyección social, la participación en eventos científicos, la investigación y la reformulación
del plan de estudios para 1987 en la de 1986. Cfr. Memoria Rectoral 1985. Arequipa 1987, p.118 y
Memoria Rectoral 1986. Arequipa s.f., p.32.
126
FCHS. Libro de Sesiones del Programa de Historia (1969-1975), ff.5 y 19, Sesión de 10 de noviembre de
1969 en que fue electo Carlos Manchego Rendón y Sesión de 23 de junio de 1972, donde fue elegido
Máximo Neira Avendaño.
127
FCHS. Libro de Sesiones…, f.18. Sesión de instalación del Gobierno tripartito del Programa de Historia.
128
FCHS. Ibídem, ff.63-64. Sesión de 9 de marzo de 1973. En ella se solicitó que los ambientes que ocupaba
el Archivo pasasen al Programa y que se realizase un inventario de su fondo documental.
129
FCHS. Ibídem, f.16. Sesión de 6 de abril de 1972.
130
FCHS. Ibídem, f.36. Sesión de 25 de septiembre de 1972.
131
FCHS. Ibídem, ff.32-34 y 35-36. Sesiones de 21 y 25 de septiembre de 1972.
132
El 16 de julio de 1974 se aprobaba un nuevo Curriculum que comprendía 52 cursos desarrollados en
diez semestres. FCHS. Ibídem, ff.108-112.
133
FCHS. Ibídem, f.65. Sesión de 9 de marzo de 1973. El doctor A. Málaga Medina hizo ver la necesidad de
una publicación donde apareciesen las investigaciones de los docentes. La revista Historia recién fue
fundada en 1975.
134
Memoria Rectoral 1978-1983. Secretaría General, Arequipa 1983, Tomo II, Anexo 09. Ingresaron en
esos años 63 en 1978, 61 en 1979, 81 en 1980, 47 en 1981, 90 en 1982 y 64 en 1983. Memoria Rectoral
1978-1983. Secretaría General, Arequipa 1983, Tomo I, Anexos 04, 05, 06, 07, 08 y 09 respectivamente.
135
Ibídem, Tomo II, Anexo 10.
136
Memoria Rectoral 1978-1983. Secretaría General, Arequipa 1983, Tomo I, Anexo 10.
137
Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Estatuto. Arequipa 1984, p.5. Artículo 12.
138
Ibídem, p.7. artículo 17.

26
mentarias señalaba que en la estructura académica de la Universidad estaba la Escuela de
Historia dentro de la Facultad de Ciencias Histórico Sociales139.

La Escuela Profesional de Historia, de la misma manera que el resto de escuelas y departamentos


de la Universidad; como bien lo manifestaba la Memoria Rectoral de ese año, fue el resultado
del paso «de la anterior estructura Académica y Administrativa a la nueva». Es decir, se dio el
tránsito del anterior Programa Académico a la nueva Escuela Profesional.

Los cursos que se impartieron entonces fueron: Antropología General, Arqueología Americana,
Arqueología Peruana, Fuentes de la Historia del Perú, Historia de la Cultura Antigua, Paleografía
Hispanoamericana, Prehistoria General, Etnología Americana, Geografía General del Perú,
Geografía Humana del Perú, Archivología, Historia de América: Descubrimiento y Conquista,
Historia de la Cultura Media y Moderna, Historia del Perú: Inca, Métodos y Técnicas de
Investigación Histórica, Etnología Peruana, Geografía Económica del Perú, Bibliotecología,
Historia de América: Independencia, Historia del Arte Peruano, Historia del Perú: Conquista y
Colonia, Historia del Perú: Independencia, Historia General del Arte, Museología, Geografía
Regional del Sur, Historia de la Cultura Contemporánea, Historia del Perú: República, Historia
Económica y Social del Perú, Historia Latinoamericana Contemporánea, El Perú y su
problemática, Filosofía de la Historia, Métodos y Técnicas de la Investigación Arqueológica;
además de varios seminarios y prácticas en Archivología, Bibliotecología y Museología.

La idea era orientar a algunos alumnos por lo menos, al aprendizaje de esas ciencias auxiliares
como posible ocupación, fuera de la investigación140. Pronto, esa currícula sería modificada141.

Tanto en 1987 como en 1994 y 1997 se producirían cambios. En 1987 se formuló un nuevo
currículum que, entre otras novedades planteó la interdisciplinariedad, consistente en que
durante los dos primeros años los alumnos de las cuatro escuelas de la Facultad de Ciencias
Históricos Sociales, siguiesen los mismos cursos correspondientes a sus respectivas
especialidades y por su cuenta talleres específicos, además de talleres generales a lo largo de
toda la carrera. A 1994 corresponde la implantación de un conjunto de textos que eran
desarrollados en cursos de Análisis e Interpretación destinados a una formación general que era
complementada con los cursos específicos. El de 1997 mostró como innovación la orientación
al campo turístico como alternativa laboral y apareció la gestión del patrimonio cultural. Se
mantuvo el método de talleres para la elaboración de los proyectos de investigación, que se
complementaban con seminarios de especialización y de tesis142.

Ya en el presente siglo se elaboraron y siguieron dos planes de estudio. Uno en el año 2007 que
fue una actualización del anterior que procuraba reforzar la investigación con cursos
metodológicos y de formación especializada en la idea de formar profesionales investigadores,

139
Ibídem, p.105.
140
La preocupación por el campo ocupacional es evidente, en este sentido, es importante señalar que ese
fue precisamente el tema del I Congreso Nacional de Estudiantes de Historia, organizado por el Centro
Federado de Historia y realizado entre el 15 y 17 de junio de 1988 y también lo había sido de una Reunión
de Directores de Escuelas de Historia de Universidades del Perú, también llevado a cabo en Arequipa del
13 al 15 de enero del mismo año.
141
Quizás sea esta una de las causas de las brechas entre las diferentes promociones, además de los
contextos que les tocó.
142
EPH. Guía del Estudiante. Arequipa 2005.

27
docentes de enseñanza superior, asesores turísticos y gestores del patrimonio cultural143 y otro
en el 2017, adecuado a la Ley Universitaria dada a fines del 2015.

Confluyen pues en esta historia tres procesos. El primero de institucionalización con el


establecimiento y consolidación del Instituto-Programa-Escuela de Historia a lo largo de más de
siete décadas. Un segundo de definición en que se ha pasado de INSTITUTO DE HISTORIA Y
GEOGRAFÍA entre 1946 y 1956144, a INSTITUTO DE HISTORIA, GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
de 1956 a 1958, INSTITUTO ACADÉMICO DE HISTORIAS de 1959 a 1960, luego INSTITUTO
ACADÉMICO DE HISTORIAS Y ARQUEOLOGÍA entre 1961 y 1963, seguido por INSTITUTO DE
HISTORIAS Y ANTROPOLOGÍA de 1964 a 1968, después a PROGRAMA ACADÉMICO DE HISTORIA
Y CS. SOCIALES en 1969, para finalmente pasar a PROGRAMA ACADÉMICO DE HISTORIA en 1970
hasta 1983145 y ESCUELA PROFESIONAL DE HISTORIA en 1984; en el que se perfiló la carrera. Y
el tercero de profesionalización a través de la implementación de diversos cursos y planes
curriculares que ha permitido ser especialistas a sus graduados, los que han recibido un
reconocimiento oficial como tales.

O, como lo sostiene K. Pinal una serie de circunstancias confluyeron para la fundación de una
especialidad nueva en la práctica historiográfica, la investigación profesional146. Esa antigua
tradición practicada por clérigos y abogados mayormente, se ha convertido en un quehacer
científico.

Para la historiadora mexicana, el proceso de profesionalización de la historiografía es un proceso


que ha mostrado tres momentos, la introducción de la práctica moderna de la historia, la
institucionalización de esa práctica en la universidad y la oficialización de la profesión.

Es evidente, como se aprecia en los documentos, que el proceso desarrollado en Arequipa se


inicia en el último tercio del siglo XIX con la incorporación del estudio de la historia en el claustro
agustino pero con el carácter de enseñanza preparatoria necesaria para proseguir Derecho y
que asume vida por si misma con el establecimiento del Instituto de Historia. Lo que recordamos
ahora es precisamente cuando cobró forma la institucionalización del estudio de la historia en
la Universidad de Arequipa.

143
EPH. Plan de Estudios 2007. Arequipa 2007.
144
En 1958 figuraba como Instituto de Historia, Geografía y Ciencias Sociales. En dicho año se presentó el
Proyecto de Reforma de la Facultad de Letras, que comprendía la implementación del método de
seminarios, la configuración de nuevos Institutos Académicos para ofrecer un variado campo de
formación. Cfr. Memoria del Rector 1958. Arequipa 1959, p.142.
145
No consideramos en este proceso la fugaz desaparición de Historia al disponer el Consejo Ejecutivo de
la Universidad, por resolución de 25 de junio de 1976, la integración de las diversas carreras académicas
y/o profesionales a unos Programas Académicos, en nuestro caso pasó a constituir el Programa
Académico de Ciencias Sociales y de la Cultura, junto con otras diez carreras. Tal experimento se dio a
partir de 1977. Cfr. Documentos para una nueva universidad. Arequipa 1976, pp.15-16. Los docentes de
esas antiguas carreras integraban el Departamento de Ciencias Sociales. Cfr. Directorio de Personal
docente nombrado. Arequipa 1977, pp.27-30.
146
K. A. Pinal Rodríguez. Vivir para historiar, historiar para vivir…, p.13.

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