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Texto N2 Silvina Smietniansky “Ritual, tiempo y poder”

Cabildos. La construcción ritual y cotidiana del orden colonial

- Relación estructural a través de la celebración de rituales y recitaciones.


- Los elementos simbólicos que componen el ritual están lejos de ser categorías científicas exactas.
- Los componentes del simbolismo pueden tener un significado ritual, pero también un significado practico
(técnico) y los dos tipos de significados nunca están separados.

La dimensión ritual de la vida capitular

En el ámbito municipal, los cabildos fueron los organismos encargados de administrar el gobierno y la justicia de la
ciudad y su jurisdicción.
En las colonias hispanas se configuró como cuerpo elitista al que solo tenían acceso los vecinos, en condiciones de
votar y ser elegidos para los oficios concejiles. Actuaron en defensa de sus intereses.
La población urbana no calificada (castas e indios) no estaban calificados para integrar el cabildo.
Anualmente se elegían dos alcaldes que tenían a su cargo la administración de la justicia.

El cabildo cumplía múltiples funciones en el regimiento de la vida social y de la economía, esta concepción viene de
que la “comunidad” en tanto persona colectiva tenía derecho a gestionar sus propios intereses y arbitrar lo
necesario para asegurar el bienestar de los miembros.

El cuerpo capitular en acto

El cabildo se definía a sí mismo como cuerpo y esta delimitación se traducía especialmente en las celebraciones
públicas que compartía con otras entidades. Constituía un cuerpo al igual que el resto de los conjuntos sociales sea
la familia, la comunidad, el reino, los distintos órganos de gobierno, etc. Los actos públicos en que el cabildo se veía
involucrado junto con otros cuerpos sociales, políticos y religiosos ponen en evidencia dicha concepción.

El cabildo no solo se concebía como un cuerpo compuesto con sus partes, sino que se constituía y se ponía en
práctica como ese todo corporativo y distinguido frente a otros. El cabildo siempre intentara conservar su identidad
como cuerpo diferenciado del resto de los cuerpos que componen la comunidad política.

Las sesiones del cabildo que tenían lugar una o dos veces por semana se denominaban acuerdos, eran el marco
designado para deliberar sobre todas las cuestiones que hacían a la administración de la ciudad y su jurisdicción. El
desenvolvimiento de los acuerdos estaba guiado por una serie de pautas tradicionales que marcaban el inicio,
desarrollo y cierra de los mismos. Las “actas del cabildo constituían un registro sobre los asuntos, debates y
decisiones adoptadas, dan cuenta de las formas en las que las sesiones debían conducirse. El fundamento del cabildo
para darse sus propios acuerdos descansaba en la costumbre.
El espacio físico en que se llevaban a cabo las sesiones capitulares eran las casas del cabildo, ubicadas en un lugar
preeminente del tejido urbano. El termino cabildo (polisémico) designaba al gobierno de la ciudad, las sesiones
deliberativas y a las instalaciones edilicias.

El acceso al cabildo: entre pujas y juramentos

El cuerpo capitular se entendía compuesto de sus distintas partes, cada una de las cuales portaba ciertas
competencias y privilegios. Los cabildos estaban constituidos por tres clases de funcionarios: dos alcaldes originarios,
regidores de voz, funcionarios nombrados por el rey o el gobernador.

El acceso al cabildo podía lograrse por vía electiva o por remate y en el caso del teniente de gobernador por
nombramiento.
El proceso electoral debía quedar asentado en los libros del cabildo. Solo los vecinos que habitaran casa poblada
podían participar de él.

Las elecciones eran un terreno que movilizaba conflictos, discusiones en la pugna de facciones por acceder o
conservar los puestos de poder. Por ello, en muchas ciudades se establecieron reuniones anticipadas en vistas de
evitar las discordias. En algunas ocasiones en que los cabildos se hallaban lejos de la residencia del gobernador, las
elecciones se adelantaban casi una semana con el objetivo de que el lapso restante el gobernador pudiera confirmar
el proceso y los recién electos asumirán su cargo el primer día del año entrante como correspondía.
Las elecciones eran una instancia de deliberación, pero también momento de reafirmación del orden político y de la
jurisdicción capitular.

Pasajes rituales en la construcción de poder: de la plaza al cabildo y de la compra al recibimiento

La comparación entre las elecciones y el remate da cuenta de dos formas de acceder a los símbolos del poder y al
ejercicio de jurisdicción: las elecciones y el remate.

¿Cómo pensar conjuntamente ambas dimensiones de poder? La noción de “rito pasaje” según fue formulad por
Turner puede funcionar como un instrumento teórico que oriente la mirada hacia los elementos que operaron en
ese acto de reconversión.
En primer lugar, surge que el individuo que compro el oficio público y luego proclamo el juramento se vio
transformado, modifico su status: de particular a miembro del cabildo.
En segundo lugar se produjo un pasaje en términos del espacio en que se desarrollaron los actos: de la plaza pública
a lo privado del cabildo.
En tercer lugar, el cuerpo capitular se vio modificado con la incorporación de un nuevo integrante. Ese se recibía en
el cargo, pero quien otorgaba ese recibimiento era el propio cabildo. Por último, ese proceso que iba del remate a la
incorporación en el cabildo conducía la consagración de las diferencias existentes de hecho (referidas a que algunos
tenían capital económico para comprar el oficio y otros no) en “distinciones oficialmente reconocidas”. Esa
producción de reconocimiento nos permite identificar un pasaje que iba desde una dimensión de poder referida al
capital económico a otra dimensión de poder, vinculada al capital simbólico, operando esta última como medio de
legitimación.

El cabildo era un cuerpo con su ámbito privado diferenciado de otras corporaciones.

Las tramas de poder local se configuraban a través de redes de parentesco, las cuales atravesaban los distintos
cuerpos de gobierno, vinculaban a sus miembros entre si y condicionaban su actuación en función de su pertenencia
familiar o faccional. La actuación del cabildo como cuerpo en las ceremonias públicas y la jerarquía interna que se
expresaba en el orden de las votaciones o en la disposición de los asientos, informaba que estos individuos no
estaban actuando en calidad de particulares sino como miembros de ese cuerpo político.

El uso, el sentido y la fuerza de la cosa disputada

El curso de la vida capitular, tanto como acontecía en las cortes virreinales, compuso un fértil terreno en el que se
condujeron controversias con respecto a las practicas o estilos que constituían las formas de interactuar dentro del
cabildo, también expusieron y deliberaron sobre los conflictos que por estos mismos temas se suscitaron con otras
instituciones en terreno público.
A comienzos del siglo XVII se enfrentaron el cabildo eclesiástico y el cabildo secular por el lugar que le correspondía a
cada uno en el orden de precedencia en las funciones públicas.

Las conflictivas situaciones analizadas dan cuenta del consenso subyacente con respecto al hecho de que el asiento
era más que la mera butaca en que sentarse, de igual manera que el disfrute de uno u otro lugar en el orden de
precedencias no se resumía en el espacio físico ocupado. Estos constituyeron indicadores de la posición lograda en
relación con los otros actores en escena y eran en sí mismos vías para lograr un mayor grado de poder y prestigio
social.

El ejercicio del poder demandaba ser practicado en esos términos: hacerse público, manifestarse, darse a conocer no
como un ente abstracto sino, por el contrario, en esta clase de formas materiales. El poder se afirmaba asi al hacerse
visible y público, se legitimaba a partir de oficializarse “haciéndose aceptar como poseedor del derecho de
visibilidad” y esa expresión constante de poder era central para lograr la obediencia y la creencia de su legitimidad.

La dimensión ritual de estas prácticas y costumbres compete a los mensajes que expresaban y que versaban sobre la
posición de la persona y las instituciones en la jerarquía social y política y las relaciones de subordinación y
dominación entre las mismas.
El lenguaje ritual de las controversias y el lenguaje nativo del ritual

Se advierten elementos recurrentes referidos a las maneras o al lenguaje que los mismos actores utilizaron para
llevar a cabo y resolver sus disputas.
Podemos agrupar tales modos de conducirse en dos clases:
1. En pleitos examinados las partes fundaban en la ley y/o en la costumbre aquella practica que procuraban
hacer valer: citaban leyes, cedulas o provisiones reales y presentaban testigos que dieran cuenta de que la
misma era costumbre en el ámbito local.
2. Acciones que no comprendían una argumentación articulada de manera lógica en palabras, verbal o escrita.
Se trata de casos en los cuales los actores convertían las practicas acostumbradas de ceremonias y estilos.
Entonces procedían a no sustanciar el acto esperado, o ausentarse cuando era debida la presencia o a quebrar el
orden ritual establecido.

Sobre nuestro uso del concepto ritual: una mirada retrospectiva

Debate sobre la noción expresiva y la noción performativa del ritual.


Capacidad expresiva y comunicativa de las acciones: el significado que reside en la dimensión ritual de las mismas.
Los efectos que estos mensajes producen a los actores y la realidad social en que se inscriben: comprender no solo lo
que se dice sino lo que se hace o produce ese decir.

La constitución del cabildo como cuerpo estaba dada por prácticas formalizadas, vínculos de obediencia al rey, la
figura de este como fuente de autoridad y el principio de delegación del poder se reafirman en acuerdos capitulares,
asi como en las elecciones anuales y el juramento del buen uso del oficio. La imbricación entre lo religioso y lo
político se revelaba en cada jura o recordatorio en que eran invocados los valores del gobierno que estos reinos
debía perseguir. Del examen de diversos conflictos advertimos de qué modo la dimensión ritual trasciende su
capacidad comunicativa.

Problema:

Las fronteras entre lo que desde el punto de vista de la racionalidad moderna podía entenderse como ritual y como
funcional. Queremos analizar una realidad social que parece no haberse constituido en los mismos términos de
clasificaciones.
Frente a esos problemas sostenemos que el ritual constituye un concepto teórico que nos permite acercarnos a la
perspectiva de los actores solo en tanto estemos dispuestos a ponerlo en tensión con la mirada y las categorías
nativas.