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CLASIFICACION

De manera empírica distinguiremos las siguientes variedades principales de pensamiento


que se interesan desde el punto de vista psicopatológico:
1. El pensamiento fantástico
2. La fuga de ideas
3. El pensamiento inhibido
4. El prolijo
5. El compulsivo
6. El oligofrénico
7. El demencial
8. El embrollado
9. El esquizofrénico
10. Ideas sobrevaloradas
11. El pensamiento delusional

PENSAMIENTO FANTASTICO
Esta especie del pensamiento anormal no es más que la
exageración de la actividad imaginativa normal, pero sin
el contrapeso de la actitud realista. Sus manifestaciones
se conocen con los nombres de sueños diurnos, sueños en
vigilia, réoerie. Semejante a los sueños del durmiente, se
caracteriza: por la manera pasiva, patica, como los
experimenta el yo, aunque depende de una actitud
subjetiva determinada y aunque su aparición puede ser
provocada voluntariamente, por desplegarse sin dirección
estable y sin concierto, pero consumando hazañas del
propio yo, el cual aparece superior a lo que es en realidad;
por tener un contenido inverosímil o imposible de ahí el
nombre familiar de “castillos en el aire”; por sobresalir en
este contenido imágenes tan vivas que tienen para el
sujeto casi la substantividad de lo efectivo, con la consecuencias comprensibles. Esto no
obsta para que, en ocasiones, el soñador prosiga simultáneamente un trabajo, como si
viviera en dos mundos, o combine sus ficciones con empresas descomunales.
El disfrute del soñador despierto es promovido por deseos y propensiones de diverso
orden: de poderío, de amor, de aventuras, de venganza, etc. Es una compensación fácil
frente a las limitaciones y durezas de la condición real.
Frecuente en el niño y en el adolescente normal, el pensamiento fantástico no desaparece
del todo en el adulto, aunque moderado por el ajuste sensato de lo factible. Cada cual
puede evocar algún episodio de la propia experiencia. Se presenta de manera
desenfrenada en ciertos sujetos de personalidad anormal, que se conocen con el nombre
de fantásticos, sobre todo entre los maniáticos de la notoriedad, los hipertimicos y los
débiles de voluntad.
FUGA DE IDEAS
Otra forma de pensamiento desenfrenado es la fuga de ideas cuyas cualidades
psicológicas son las siguientes:
 El desorden y la falta aparente de finalidad completiva de las operaciones
intelectuales; aunque hay cierta relación entre los conceptos próximos, el conjunto
carece de sentido, de unidad significativa
 El predominio del mecanismo de la asociación de las ideas, que se muestra
notoriamente por la asonancia de las palabras, con abundancia de conceptos
disparatados
 La facilidad con que se desvía el curso del pensar con los estímulos exteriores
(distraibilidad)
 La frecuente aceleración del ritmo de la expresión verbal.
La fuga de ideas se produce en una condición anímica en la cual Binswanger distingue
los siguientes caracteres:
1. Actitud optimista, despreocupada, reveladora de la alegría de vivir
2. Desembarazo y sentimiento de claridad y facilidad en el pensar, como si todos los
objetos de la experiencia los tuviera el sujeto a su alcance
3. Falta de necesidad de que el contenido intelectual de lo que se dice sea
diferenciado con precisión
4. Aceleración del tempo subjetivo en concordancia con una atomización del tiempo
vivido: faltando la continuidad coherente, se dan solo presentes sucesivos
5. Conjunción de significaciones, como se observa en los sueños, con desmedro de
la lógica
6. Predominio del impulso para el contacto social, para comunicarse, para salir de
si: vida de relación periférica.
Condicionada por la agitación, la fuga de ideas puede manifestarse en la embriaguez
alcohólica, en la exaltación de los paralíticos generales, etc, pero es típica de la manía y
de la hipomanía. Por lo común se acompaña de logorrea (o verborrea), esto es, expresión
verbal fácil, insulsa, incesante e incoercible del contenido de la conciencia.
PENSAMIENTO INHIBIDO
La anormalidad en cierto modo contraria a la fuga de ideas es el pensamiento inhibido.
Se manifiesta como dificultad en la elaboración intelectual, falta de asociaciones, lentitud
en la concepción y la expresión. El propio sujeto tiene el sentimiento de inercia o vacío
intelectual y hasta a veces hallarse demente. El enunciado revela entonces que la forma
del pensamiento se conserva normal. El contenido, en cambio, no solo es exiguo en
imágenes e ideas, sino descolorido y hasta impreciso. En ciertos aspectos coinciden el
pensamiento inhibido y la fuga de ideas: en la mengua de la tensión del acto
objetivamente, o sea, en la incapacidad de concentrarse productivamente, así como en la
escasa eficacia y corto aliento de las tendencias determinantes del trabajo intelectual. El
pensamiento inhibido es perseverante, como si la mente perdiera la espontaneidad y la
flexibilidad. De ahí que sea difícil distraer la atención del sujeto, cuyo pensamiento, sin
embargo, parece estar influido por la indecisión y la mengua de la voluntad.

Esta anormalidad del pensamiento está estrechamente vinculada con el estado de ánimo:
la depresión, que como veremos más adelante, se presenta en diversos estados
patológicos, y de modo característico en la melancolía. Sin embargo, no siempre se
observa una relación proporcional entre la intensidad de la tristeza y la inhibición del
pensamiento.

Pensamiento prolijo
Se lo considera anormal sólo cuando presenta muy acentuadas sus particularidades, este
pensamiento denuncia la necesidad de expresión cabal y circunstanciada que no logra su
objeto sino trabajosamente. Son largos rodeos, en los que se mezclan de manera imprecisa
lo esencial y lo superfluo con torturada construcción de frases y dicción premiosa.
Teniendo caracteres principales de forma pesada y difusa del pensar. La dinámica de la
elaboración intelectual carece de soltura y plasticidad, como si la constelación ideativa
acopiase un material abundante y poco apropiado. Tampoco pierden su meta de las
tendencias, porque, a la larga y después de seguir caminos tortuosos, el discurso acaba
por completarse. No denota forzosamente verdadera debilidad del juicio sino mengua de
la capacidad de síntesis.
Se comprenden mejor los extremos del pensamiento prolijo tomando en consideración las
características de la mentalidad de los sujetos en quienes se presentan típicamente, en los
que son en epilépticos y los individuos de temperamento viscoso, es decir, egocentrismo
ceremonioso, la psicomotricidad monótona y tenaz, el natural y la expresión pegajosos.
Un epiléptico, para referir el hecho de que en cierta ocasión hubo de trasladarse de un
lugar a otro, emplea cerca de doscientas palabras.

Pensamiento compulsivo
El pensamiento compulsivo u obsesivo se caracteriza porque determinados pensamientos,
imágenes, sentimientos o impulsos se mantienen importuna y. tenazmente en el foco de
la conciencia a despecho de la voluntad. Ésta no sólo es impotente para cohibir o
desbaratar el contenido insurgente, sino que su incesante intervención sólo tiene por
efecto reforzarlo por un proceso de rumiación o de autoinducción. El yo reconoce
generalmente lo irracional, falso o infundado de las representaciones que tratan de
imponerse, sin embargo, es impotente para negarles poder en su propio dominio

Se comprende que tanto el contenido cuanto la situación resulta inexplicable para el


sujeto. Se comprende asimismo que, a pesar de su invalidez lógica, los pensamientos
compulsivos pueden llegar en ocasiones a imponerse de una manera absoluta, como si
fuesen verdades o por lo menos como sospechosos, de mal agüero, siniestros, etcétera.
Se comprende, por último, que tal estado de cosas íntimo provoque sentimientos muy
penosos, angustia y hasta desesperación. Distinguimos cuatro grandes clases de
compulsiones, según la actividad psíquica principalmente afectada: las ideas obsesivas,
las dudas, las fobias, los impulsos y las acciones.

Ideas compulsivas
constituyen el pensamiento obsesivo en sentido estricto, pues en ellas el aspecto
intelectual es el más notorio. Ofrecen las siguientes variedades:

a) Las obsesiones relacionadas con objetos percibidos, como, por ejemplo, a un


enfermo se le presenta la idea de la muerte cada vez que ve un objeto negro, otro
no puede ver comer a ninguna persona sin sufrir la obsesión de que los alimentos
contienen agujas.
b) Las obsesiones del recuerdo, como su nombre indica, son evocaciones
irunotivadas, importunas y persistentes, siendo así que una paciente sufre por la
representación de la muerte de su marido y de todo lo reprensible que ella hizo
durante la última y larga enfermedad de este.
c) Las obsesiones imaginativas, siendo las más frecuentes en este grupo, tienen por
contenido productos de la fantasía, que a veces aparecen con un carácter muy
vivo. Entre las imágenes obsesivas más frecuentes están las que implican
tendencias pecaminosas.
La duda compulsiva
Entraña un conflicto agregado a los propios de la obsesión: mueve el espíritu en
direcciones inconciliables, puede llegar al extremo, constituyendo la locura de la duda.
Se llaman escrúpulos a las compulsiones en que la duda sirve de acicate para asegurarse
vanamente de cómo han sido las cosas o cómo deben ser. Por ejemplo, un sujeto revisa
una y mil veces sus pecados para no omitir ninguno en la confesión, y después de haberse
confesado, sigue repitiendo infructuosamente el examen de conciencia, incierto de si los
ha dicho todos.
Fobias

son las obsesiones en las cuales lo principal es el aspecto afectivo, en forma de temor:
son los temores patológicos. Pueden referirse a toda clase de objetos, fenómenos o
acciones, tanto los que producen normalmente miedo, cuanto los que no lo provocan al
hombre sano. Claustrofobia es el temor a los lugares cerrados. Agorafobia el a los lugares
abiertos, como las plazas, las calles, etc. Ereutofobia el temor de sonrojarse. Hidrofobia
el temor al agua. Tanatofobia el miedo patológico a la muerte.

Impulsos y actos compulsivos


Los primeros consisten en la mera tentación íntima de hacer algo, generalmente
censurable. Los segundos implican la consumación del impulso en la realidad. Los actos
son de dos clases: manifestaciones primarias y manifestaciones secundarias a otros
fenómenos obsesivos. En el primer caso el impulso se traduce directamente en hechos, en
el segundo, el hecho es consecuencia o reacción y no expresión inmediata. Los actos
pueden ser simples, como lanzar un grito o tocar ciertos objetos, o complicados hasta
constituir un ritual minuciosamente Estructurado. Estas diversas modalidades de la
compulsión generalmente no se presentan aisladas sino combinadas en el mismo sujeto,
llegando en ocasiones a ahogar toda espontaneidad y a invalidar por completo la vida de
relación. Se presenta como síntoma de diversos desórdenes psíquicos o neurológicos,
constituyendo por sí la neurosis compulsiva o de obsesión.

Pensamiento oligofrénico
El pensamiento oligofrénico corresponde al retraso del desarrollo mental, en donde, se
carece de diferenciación. Su estructura es más o menos rudimentaria: los conceptos son
escasos, concretos y relativos a la limitada experiencia posible del individuo; la
abstracción se logra difícilmente, sin vuelo ni consistencia; aunque no falta la
generalización, es de bajo nivel y relacionada principalmente con las necesidades del
sujeto; los juicios y razonamientos, son más o menos vacilantes e imprecisos, o por el
contrario, dogmáticos y sin plasticidad en su aplicación, pues la conciencia de los
oligofrénicos no puede abarcar amplias series de objetos y condiciones de la realidad, ni
siquiera aprehender relaciones a veces simples para la mentalidad desarrollada. El
pensamiento intuitivo manifiesta igual mengua que el discursivo; así, tanto la
comprensión como la explicación de los hechos, por poco complicados que éstos sean,
resultan inalcanzables o vagas. No es posible la distinción clara de categorías: lo esencial
y lo accidental, la causa y el efecto, el todo y las partes, lo real y lo imaginario no se
ofrecen al espíritu con diferencias precisas. Se comprende que la previsión y el tino no se
muestran, salvo en la limitada esfera en que se ejercita la habilidad práctica del
oligofrénico.

Pensamiento demencial
El pensamiento en la demencia es improductivo, como en la oligofrenia, pero se distingue
fundamentalmente en una y otra condición. El déficit es adquirido y desigual en la
demencia, congénito y homogéneo en la oligofrenia. En algunos aspectos y en ciertos
momentos el pensamiento demencial puede revelar elaboraciones superiores, aunque
ordinariamente sin unidad y congruencia: conceptos abstractos, juicios bien
diferenciados, razonamientos complicados y demostrativos de que persisten rezagos de
los frutos de la experiencia y la comprensión general de la vida. La pobreza del
entendimiento es relativa a la quiebra de los resortes propios de las actitudes y reacciones
frente a los problemas de la realidad: en el deterioro poco avanzado a menudo persisten
más o menos íntegros los recursos apropiados a la acción habitual y hasta para el trabajo
profesional, pero sobre todo los que sirven a la satisfacción de las necesidades y las rutina.

Se presentan disminuidas o anuladas la claridad del discernimiento, la seguridad y la


amplitud de los actos conjuntivos. Por ejemplo, el demente no sabe calcular a causa de la
pérdida de la capacidad de aprehender las propiedades de los números y su ordenación,
ni puede actuar adecuadamente en una situación por falta de sindéresis y crítica.
Manifiesta impotencia para adquirir conocimientos, para comprender y explicar. Unido a
la falta general de espontaneidad psíquica eficaz, se hace patente el desmedro de la
atención, la memoria y la expresión verbal, en proporción variable, según los casos, con
una marcada tendencia a repetir. De ahí que con frecuencia el demente llegue a
desconocer los objeto y las personas más familiares.

Pensamiento Embrollado
El pensamiento embrollado, confuso o incoherente se distingue por su curso tortuoso y
sin ilación; por su infructuosa aprehensión del contenido de la conciencia y por la
consiguiente nulidad de los resultados. La impotencia para lograr vinculaciones con
sentido va aquí unida a la cúricuúao' de recordar y oiscumr, revefando un rondo de
perplejidad, El pensamiento embrollado se produce sea a causa de perturbaciones de la
conciencia, sea como alteración primaria de la ideación, en diversos desórdenes mentales.
Ejemplo: «Se trata de María Antonieta. Buenos días, doctor. Dice que hay unos andantes,
dice que hay un abogado de Arequipa que tocaba guitarra con Béjar, y quisiera mis
vestidos, doctor ... Don fulano, oiga señor mengano. El militarismo que necesita salir o
quedarse con la revolución de zutano ... ».
Pensamiento Esquizofrénico
Se da el nombre de pensamiento esquizofrénico a una serie de desarreglos de la ideación
que en realidad nunca se encuentran reunidos en el mismo enfermo. Aunque abundan los
estudios sobre este conjunto de anormalidades del pensar, carecemos de una
nomenclatura satisfactoria. Aquí seguiremos un criterio didáctico fundado principalmente
en la pura descripción de los fenómenos más característicos. Al final resumiremos nuestra
concepción general del desorden distintivo de la mentalidad esquizofrénica.
El término «esquizofrenia» significa lo más distintivo de esta modaiidad del pensamiento,
o sea, la disgregadón. La dísgregación entraña una perturbación más profunda que el
compromiso del mecanismo de la asociación de las ideas; corresponde a la quiebra de la
normal aprehensión de las relaciones. Los pensamientos se producen dislocados y hasta
discordantes, sin nexo ni concierto, sin estructura racional, sin finalidad manifiesta en el
conjunto: mescolanza de conceptos, ensalada de palabras.

La ambivalencia, anormalidad de las tendencias en general se caracteriza en la esfera


intelectual por la coexistencia de juicios contradictorios sobre el mismo sujeto, simultánea
afirmación y negación, coincidencia de lo opuesto. Ejemplo: «Ir despacio es ir de prisa».
«Este viejo es joven todavía». «Lo que hace provecho, hace daño». «Soy Dios y peco». -
¿Se siente usted mejor? -<ahora creo que si y no>>.
Llamarnos adjudicación de significaciones adventicias al hecho de que el sentido de los
conceptos y las palabras se duplica o se trueca caprichosamente o en virtud de alguna
asociación. Sobre todo las palabras adquieren en la mente del esquizofrénico una
denotación distinta de la usual.

P.e., a un enfermo el apellido «Arriera» le despierta ora la idea del ariete, ora la de un
individuo a quien se ha arrancado los cabellos. Con frecuencia no se trata sólo de una
ocurrencia casual, sino de una elaboración reflexiva, como aparece en el caso siguiente:
«Tengo el espíritu un poco analista, y estaba analizando el significado de algunas
palabras, como "violento".» ¿Qué significado tiene para usted? «Un hombre impulsivo,
irreflexivo, ¿no es cierto? Pues bien, éste es el concepto que he tenido de esta palabra,
pero veo que he estado equivocado; pues descomponiendo esta palabra en sus sílabas,
tenernos: violento. La primera es una forma del verbo "ves", y las últimas juntas quieren
decir "con calma"; luego la conclusión sería "ver lento".»

El pensamiento precategorial en el que el aspecto pático de la vivencia predomina sobre


el gnóstico, el mundo subjetivo sobre el objetivo presenta formas extremas en la
mentalidad esquizofrénica, a las cuales corresponde adecuadamente el calificativo de
pensamiento autístico. El término genérico es autismo, o sea, alejamiento del mundo
circundante, de lo real, por predominar la mentalidad egotímica. Podemos separar las
cuatro modalidades siguientes del pensamiento precategorial.

a) El simbolismo primitivo en el esquizofrénico tiene un matiz muy individual; en parte


está vinculado a lo vivido previamente por el sujeto, quien le da importancia en su fuero
interno, sin preocuparse por revelarla a los demás. Se imponen a la conciencia relaciones
secretas entre las cosas, de suerte que los objetos o los acontecimientos adquieren un
papel representativo sui géneris, parecido al de las imágenes míticas del hombre
primitivo, pero sin la significación universal de éstas. El simbolismo del esquizofrénico
es inseparable de sus pseudopercepciones, de sus sueños y desvaríos.

Así, un paciente, al hornillo llamado «Primus» lo identifica con un primo suyo que es
sargento primero. Otro ve la representación de una deuda que contrajo en el hecho real
de derramarse el agua. Este mismo, una vez curado, refiere un desvarío que tuvo: «Para
conseguir la reedificación de nuestro pueblo debíamos ofrecer el sacrificio de una
muchacha y ésta debía llamarse precisamente Eva. En efecto, yo tengo una prima de ese
nombre... A esta prima la veía representada en el color verde; por este motivo muchas
veces no quería sentarme en las bancas de este color,»

b) Mayor acentuación y desenfreno del aspecto subjetivo en la relación con el mundo se


manifiesta en la creencia en el poder mágico del pensamiento y la palabra. Falto el yo de
equilibrado ajuste a la realidad, cree de modo egocéntrico que sus ideas y expresiones,
por sí mismas, tienen un influjo extraordinario en el curso de los acontecimientos.

Así, uno de nuestros pacientes está convencido de que, con s6lo pensarlo, se encienden y
apagan las luces, se aproximan y alejan las nubes, etc., y confiesa que su mutismo
eventual se debe al temor de que sus palabras desencadenen las fuerzas naturales y con
ello ser causa de muchos males.

c) La reificación o concretismo de lo mental, anormalidad del pensar reveladora de la


quiebra de discernimiento de las formas fundamentales del ser, consiste en atribuir
materialidad a lo inmaterial, sobre todo a las ideas, en percibir alusiones en aquello que
carece de virtualidad significativa, en dar un sentido literal a las metáforas, y en general,
en tomar las expresiones y los símbolos, no como algo representativo, sino como cosa
substantiva.

Para un esquizofrénico, tomar la leche consistía en ocasiones violar el cariño que había
profesado a una señorita llamada Blanca; la carne era la idea de un paisano suyo; comer
el pan llamado francés constituía ofender el idioma francés; comer queso entrañaba la
destrucción del señor Quesada; temía hablar a causa de que identificaba el aliento con la
energía para la acción, la cual no deseaba gastar en vano.
d) La participación en el alma ajena y en el ser de las cosas pone en evidencia la pérdida
de la crítica en lo que respecta a la conciencia de los límites entre el yo y el no yo. Consiste
en atribuir a otras personas o al mundo exterior fenómenos de la propia alma y viceversa,
considerar como propio lo que en realidad es ajeno.

Ejemplos: «Advierta usted lo que hemos pensado juntos, lo que acabamos de pensar, lo
que pensamos en este momento». «Me duele en el lapicero y eso me parte». «Siento
mucho trabajo en las chacras».
Un grupo de las manifestaciones más características de la mentalidad esquizofrénica es
el que denominamos enajenación del pensamiento. Implica no sólo la creencia en el
concretismo del pensamiento propio, sino la creencia en la posibilidad de que sea
percibido, influido o manejado directa o indirectamente por otras. personas o entidades,
con desmedro de la voluntad del enfermo; o simplemente, que las ideas se escapen, se
esfumen, de modo que el esfuerzo para aprehenderlas o servirse de ellas se frustra a causa
de su autonomía respecto del yo. En todos estos casos el contenido intelectual de la
conciencia se sustrae al gobierno monárquico del yo, se aleja de él y en cierto modo se
despersonaliza. Formas extremas y típicas de este desorden son las siguientes:

a) Los pensamientos hechos o introducidos, que el sujeto, aunque reconoce que se


manifiestan en su espíritu, como los demás pensamientos suyos, considera que provienen
de fuera, que tienen origen ajeno.

Así, un esquizofrénico confiesa: «Antes pensaba yo; hoy casi todo lo hacen ellos (los
perseguidores). Me hacen pensar lo que les da la gana. Tienen la desvergüenza y mala fe
de hacerme pensar lo que quieren y después lo van a contar.»

b) La substracción del pensamiento, regida por la convicción de que los demás se


apoderan activamente de las ideas del enfermo sin que él llegue. a formularlas
verbalmente.

Ejemplos: «Voy a realizar mi invento antes que se lo aprovechen. Aunque no lo he dicho,


ya unas personas me han tomado la idea al pensarla.» «Yo padezco del olvido ...
especialmente cuando me pongo a leer o a pensar; sobre todo cuando pienso percibo
claramente que las ideas son captadas y se escapan de mi cerebro, hasta el punto que no
puedo juntarlas para hacer un raciocinio cabal. A mi modo de entender, esto sucede, por
ejemplo, cuando una persona X, ésta, soy yo, se encuentra imantada, y otra persona, ya
sea por medio de un imán o de cualquier otro objeto de materia imantada, le va captando
sus ideas, se las va extrayendo ... »

c) La publicación del pensamiento, en fin, corresponde a la certeza de que las propias


ideas se hacen patentes a los demás, sea directamente, sea con artificios usados por ellos.
Tal desorden se parece al anterior y tiene modalidades de transición respecto de él, así
como aproximaciones al pensamiento que se hace sonoro y al eco del pensamiento,
anormalidades que a su vez se confunden con las «voces».

Un enfermo declara: «Todos saben lo que yo pienso, no necesito hablar ... Sé que me
comunican ... Yo no me comunico, ustedes me comunican; se ponen su aparato, que ora
le toca a uno, ora le toca a otro. Yo no me entero de lo que usted piensa, pero ustedes se
enteran de todo lo que yo pienso, por telepatía.»
El curso del pensar a menudo es alterado en la esquizofrenia, sea por simple falta de
espontaneidad o por producirse interrupciones bruscas y de duración variable, que es lo
que se llama bloqueo u obstrucción del pensamiento; sea en forma de incontinencia; sea,
en fin, como perseveración y estereotipia (que consideramos en el capítulo sobre la
voluntad). La incontinencia o pensamientos en tropel consiste en que las ideas afluyen
incontenibles y superfluas. El paciente sufre con desagrado este tumulto monótono,
generalmente automático, rara vez entrañado esfuerzo subjetivo. Se distingue de las
obsesiones en que lo que se impone no es el contenido sino la función misma de pensar,
sin conflicto; y se diferencia de la fuga de ideas principalmente por la manera pasiva como
es experimentado y por el estado de ánimo. Dura desde algunos minutos hasta varias
horas. Fuera de la esquizofrenia, suele presentarse en las psicosis sintomáticas.

Un enfermo describe los pensamientos en tropel como «oleadas de ideas que afloran a la
mente con una fuerza incontrastable, donde la actitud crítica desaparece. Más explícita es
la enferma que se expresa así: «Hay momentos que me vienen las ideas a tropel (sic),
pienso, pienso y pienso sin ton ni son y me siento molesta porque no las puedo gobernar,
pienso y pienso hasta que de por sí se para, pasa la ola de ideas pero no las retengo, no sé
qué ideas han sido; quisiera que esto desaparezca; por ejemplo: si llega la hora de comer
o aunque no llegue y de por sí pienso: no me dan de comer, que ya es hora de comer, que
debo comer, que me lleve bien, que no sea malcriada, que sea respetuosa, serena; hasta
que todo esto desaparece de por sí y me quedo tranquila pero durante ese tiempo estoy
como una furia, quiero estallar, gritar, matar, no, matar, no, no puedo decir eso, quisiera
quitarme de una vez ese laberinto, que cese ese tropel, después que pasa, qué tranquila
me quedo, como descargada ... »

En la expresión del esquizofrénico se observan además otras anormalidades del


pensamiento, entre las cuales sobresalen las siguientes:

a) El amaneramiento se distingue aquí por cierta exageración y sobre todo por la falta de
variedad en las ideas y la manera formalista de ordenarlas.

b) La extravagancia del esquizofrénico pasa los límites de lo que es imaginable para el


hombre normal, no sólo por lo ridículo y grotesco de las figuras del lenguaje sino por lo
artificioso de las vinculaciones y los contrastes, así como por el uso frecuente de
neologismos.

El primero de los ejemplos siguientes -típicos del estilo esquizofrénico- lo es del


amaneramiento y el segundo de la extravagancia. «La, mar, prudencia, del, mundo, i, de,
la, vida, Tal, es, el, hecho, vertiginoso, de, La, impureza, La, vida, í, el, más, malestar,
del, mundo, i, toda, aquella, piedad, que, la, indulgencia, del, mundo, insípida. Y, al
perseguir, La, inmortalidad, del, mundo, abarco el confite, de, mi, idea» -«Reconociendo
la experimentada idea de no anunciar el día de su terminación, proyecto la insuperable
redacción de una oportuna carta ... Todos los días que transcurren, con serena estoicidad,
mi castigado indicativo acepta la visita médica que realiza su persona.»

c) Las pararrespuestas, Que no sólo se presentan en los esquizofrénicos, son expresiones


sin relación lógica precisa con las preguntas que se hace al paciente, si bien existe cierta
correspondencia general o accidental entre el contenido o el acto de ambas.

Ejemplos: ¿De qué materias se hace el dinero? -«Por alguna razón se comprobará la
fundición de la moneda» -¿Dónde viven los peces? -«La virtud y la justicia darán
respuesta» -¿De qué están hechos los dulces? -«Por la pastelería o confitería podrán usarse
ante el grande banquete.»

Ideas Sobrevaloradas
El vigor del convencimiento, de la creencia, de la adhesión a una idea, implica un
componente extrarracional y subjetivo que se une íntimamente con el racional, dándole
calor y carácter activo. Se llaman ideas sobrevaloradas a aquellos pensamientos o grupos
de pensamientos en que el aspecto afectivo del convencimiento predomina sobre el
racional, de suerte que tienen un lugar privilegiado en la vida de la persona. Esto implica
que las ideas sobrevaloradas adquieren considerable influjo sobre las demás y que la
conducta del sujeto se orienta de modo unilateral y hasta desajustado, en consonancia con
el contenido de aquéllas. También se podría definirlas como pasiones al servicio de ideas
directivas, lógicas o ilógicas por sí mismas.

Con las ideas sobrevaloradas se identifica el sujeto que las propugna, pues llegan a ser
algo así como la prolongación de su personalidad. En efecto, aunque puedan ser
episódicas y manifestarse en individuos normales -corno ocurre a menudo en el campo
político, en el arte, en la filosofía, etc.-, los casos extremos se muestran de manera más o
menos crónica en sujetos predispuestos, en la personalidad anormal del fanático. Fuera
de esto suelen constituir parte de los síntomas de algunas psicosis y neurosis.
Se distinguen de las obsesiones en que el yo no lucha contra el contenido de las ideas,
sino que lo abraza,' mientras que el obsesionado se siente víctima de él. Asimismo, se
diferencian de las delusiones e ideas delusivas, con las cuales tienen afinidades, en que
sólo se desvían cuantitativamente del pensamiento normal y en que sus excesos pueden
ser reconocidos como tales, por lo menos teóricamente, lo que no sucede en el caso del
pensamiento delusional.

Desde el punto de vista psiquiátrico las ideas sobrevaloradas que más interesan son las
hipocondríacas y las de los querellantes, que estudiaremos en la segunda parte de este
Curso.

Pensamiento Delusional
Los desórdenes que nos quedan por estudiar en este capítulo son los relativos al juicio.
En el lenguaje corriente se llaman desvaríos y en el psiquiátrico, delirios o ideas
delirantes. Saliendo del uso preferimos la voz fundamental «delusión», homóloga a
ilusión y alucinación, y que en castellano tiene voces análogas como delusor y delusorio.
La palabra «delirio» se presta a equívocos, ya que designa principalmente un estado
patológico de la conciencia, muy diferente de los desórdenes que considerarnos aquí.

El pensamiento delusional entraña perturbación en el acto de la aprehensión de relaciones,


de suerte que se realiza gratuitamente, sin fundamento real. Todo acto de esta clase tiene
de común con el error lo improcedente del contenido gnóstico, que va ordinariamente
desde lo improbable hasta lo imposible, pero se diferencia del error por la firmeza
inconmovible de la convicción, que no cede ante el rnentis ele los hechos ni ante la
refutación rigurosa. Con Jaspers distinguimos dos modalidades esencialmente diferentes:
las delusiones y las ideas delusivas.

1º. Las delusiones son desórdenes primarios del juicio, esto es, que no se pueden deducir
de otras experiencias, ni racionales, ni emocionales. Son juicios infundados que le ocurren
al sujeto, quien los vive corno verdades inconcusas y saca de ellos consecuencias, corno
de un juicio fundado. De ahí que los enfermos con delusiones sean capaces de discurrir
con una lógica impecable, pero consecuente con la falsedad que le sirve de punto de
partida. Sin embargo, no es del todo justificado creer que sea anormal sólo el primer
momento de la delusión, pues la actitud y la conducta del enfermo no corresponden del
todo a las del sujeto normal incluso con la misma idea (en el caso de un juicio dentro de
lo verosímil): un celoso patológico, p. e., no se comporta de la misma manera que un
celoso sano.

En el hombre normal hay juicios falsos que se asemejan a la delusión: son las
supersticiones. La superstición se confunde fenomenológicamente con la delusión, pero
genéticamente es condicionada por la mentalidad colectiva vigente: no es una relación
gratuita individual e independiente de la atmósfera cultural.

El contenido de las delusiones se presenta unas veces de un modo súbito, y hasta con
todos los detallesiotras veces cristaliza sólo después de una fase preparatoria, consistente
en un estado efectivo destemplado, raro, con penosa y crecíente tensión, angustia que se
calma o justifica al presentarse a la conciencia la correspondiente creencia o convicción.
Este estado se designa con el nombre de disposición de ánimo delusional. Los enfermos
tienen la impresión de que se ha operado un cambio impalpable en el ambiente o en el
mundo, que les resulta extraño, enigmático, sospechoso, y de que su situación personal
corresponde a algo inminente, que no pueden determinar.

Las delusiones son de tres clases en lo que respecta al fenómeno esencial del comienzo:
perceptiva, imaginativa y conviccional pura.

a) La delusión perceptiva, se inserta en un acto de percepción. En lugar de atribuir al


objeto la significación ordinaria, se le asigna arbitrariamente una diferente y ajena a las
posibilidades normales.

P. e., un esquizofrénico, al comienzo de la psicosis, cuando regresa a su casa encuentra la


puerta cerrada (lo cual sucede con frecuencia) y se le ocurre que su padre ha muerto; al
entrar y verlo vivo y cortando el pan, comprende que- pfüüiu va ci ~una.de ei cueüo. Otro
paciente al ver la revista «Para ti» en un consultorio médico, entiende que se le va a
entregar la mujer de su vecino; los números de los tranvías le indican, de manera
indubitable los ingresos que percibirá en el día.
b) En la delusión imaginativa, una imagen, original o representativa, es lo ·que entraña la
significación morbosa.

Un enfermo recuerda los efectos de haber comido tortuga y afirma que «cuando uno come
tortuga uno se transforma en altoparlante. Se toma la tortuga, se la abre y se la introduce
piedras preciosas y se la pone al horno ... suelta un jugo ... y las personas que toman este
líquido están comunicadas en tal forma que lo que uno piensa, sabe el otro ... ».

c) La delusión conviccional pura no se refiere ni a un objeto percibido ni a una imagen,


sino que entraña una intuición gratuita con significación precisa, aunque secundariamente
se desarrolle con experiencias vi vidas, como lo ilustra el texto siguiente:

«Me he enterado, no sé cómo, de que hay deseos de secuestrarme en mi habitación.


Supongo que pretendan introducirse en mi cuarto durante la noche unos cuantos hombres
y forzarme, obligándome a desempeñar los papeles de mujer entre ellos, y luego dejarme
encerrado en mi habitación bajo llave. Después, con mucha razón, pensarán que no me
hallaré con valor ni para dar voces ... »

2°. Las ideas delusivas son comprensibles genéticamente: se deri van o desarrollan de
otros estados morbosos o surgen de la personalidad predispuesta como reacción a
acontecimientos y situaciones en forma inteligible. Así, son ideas delusivas los juicios
falsos que nacen de las pseudopercepciones {cuando no es una delusión unida
originalmente a pseudopercepciones), de las perturbaciones de la conciencia, de los
estados de ánimo morbosos. Las ideas delusivas que parecen más fáciles de comprender
son las de grandeza de los sujetos con agitación maníaca y las de pequeñez y
autoacusación de los melancólicos. Sin embargo, como observa Richter, las ideas
delusivas en estos casos no puede asegurarse que en rigor deriven del estado afectivo,
sino que, al igual que éste, proceden de la misma disposición primaria propia de la
enfermedad mental en que se presentan.

Clasificación de las delusiones e ideas delusivas: 1°. En lo que respecta al contenido,


tenemos, entre las más frecuentes, las ideas de referencia, de influencia, de persecución,
de daño o perjuicio; eróticas, de celos, de alcurnia; de grandeza, de pequeñez,
hipocondríacas, de transformación personal, de negación, nihilistas; místicas, de
posesión, de transformación cósmica; de invención, de reforma, de querella o
reivindicación. 2°. Por su forma: disgregadas, sistematizadas, polimorfas, fantásticas o de
imaginación, delirantes (con perturbación de la conciencia), de interpretación, de
explicación. 3°. Por su dirección: retrógradas o palingnósticas, expansivas, metamórficas.
4°. Por su curso: episódicas, crónicas, recurrentes, residuales.