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CORDOBA

Asociación Argentina de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social-Córdoba.
XIII JORNADAS DEL CENTRO DE LA REPUBLICA
Córdoba, 21 y 22 de agosto de 2014

PONENCIA TEMA II:
PRESENTE Y FUTURO DEL FUERO LABORAL

EL PROCESO JUDICIAL ELECTRÓNICO

Por: Rodrigo García Schwarz
Juez del Trabalho (Brasil), Doctor en Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social por la Universidad
de Castilla-La Mancha, Doctor en Derecho Público por la Pontificia Universidad Católica de São Paulo,
Doctor en Historia Social por la Pontificia Universidad Católica de São Paulo. El autor es titular de un
tribunal con proceso electrónico.

SUMARIO: I. Nuevas tecnologías y administración pública. II. Las respuestas
de la administración de justicia. III. Los desafíos generales. IV. El proceso
electrónico. V. La innovaciones. VI. El proceso judicial electrónico laboral (“papel
cero”). VII. Conclusiones.

I. Nuevas tecnologías y administración pública.

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) se han
convertido, a una gran velocidad, en parte importante de nuestras vidas. Este conjunto
de recursos, técnicas y procedimientos usados en el procesamiento, almacenamiento y
transmisión de información, con cada vez más prestaciones, facilidades y rendimiento,
que permite que la información esté ahora en muchos sitios y que ha agilizado el
contacto entre personas con fines sociales y de negocios, se hace dramáticamente
presente en cada vez más dimensiones de nuestra vida económica, social y cultural:
desde la agricultura a la monitorización del medio ambiente planetario, del clima global
o de la biodiversidad, y a la democracia participativa, pasando por el comercio, la
educación, la telemedicina, el teletrabajo, la bolsa de valores, los servicios bancarios, la
robótica y los usos militares, sin olvidar de las modificaciones en las formas de
interactuar en redes sociales, educacionales y laborales y en los procesos de creación y
cambio de las corrientes de opinión pública, las NTIC tienden a ocupar un lugar
creciente en la vida humana y en el funcionamiento de las sociedades.
Computadoras y computadoras ultra-portátiles, teléfonos móviles, GPS y tablets,
entre otros dispositivos (reproductores portátiles de audio y vídeo, videoconsolas de
juego, televisiones de alta definición, cámaras de fotos, etcétera), redes inalámbricas en
el hogar, en el lugar de trabajo y en espacios públicos, con conexión instantánea a
internet, y servicios en que la materia principal es la información y la comunicación,
como correos electrónicos, mensajes de texto del móvil, blogs, redes sociales
(MySpace, Facebook, LinkedIn, Twitter, etcétera) y aplicaciones online en páginas web
(YouTube, eMule, Kazaa, etcétera), han modificado nuestras formas de expresión e
interactuación y referencias de espacio y tiempo.
Hacemos muchas cosas, en cualquier lugar, con un sencillo clic. Artistas,
personalidades públicas y políticos tienen su blog, sus vídeos en YouTube y están
presentes en distintas redes sociales. Todos podemos publicar nuestras impresiones de
la política, de la economía, etcétera a través de un blog en el espacio web. Personas
comunes pueden compartir ideas, fotos, imágenes, videos y audios de forma casi
ilimitada. También las protestas se organizan y algunas veces efectivamente se hacen y
se propagan a través de redes sociales. Se desarrollan plataformas de comercio
electrónico, de banca online, de e-sanidad, de e-learning, etcétera. Hay sitios web donde
se tiene acceso online a servicios como prédicas, astrología, numerología, tarot,
consultas espirituales y hechizos de amor y buena suerte –y hasta mismo talleres online
para que puedas encontrar el amor de tu vida con unos pocos clics–. Se crean, por tanto,
nuevas herramientas y nuevas modalidades de inclusión y de exclusión social.
Esos cambios dramáticos en nuestras vidas individuales y colectivas, cuando se hace
referencia al procesamiento y a la difusión de la información, a la comunicación
instantánea, a la aparición de nuevos códigos y lenguajes y a la especialización
progresiva de los contenidos sobre la base de la cuota de pantalla, impactan fuertemente
también a la política y al sector público –a los gobiernos–. Los ciudadanos, con cada
vez más intensidad y frecuencia, piden una administración pública capaz de sacar más
provecho y más adaptada a la sociedad de la información en términos de prácticas de
(buena) gobernanza.
Actualmente, a través de distintos sitios web, el ciudadano puede, en muchos países,
pagar impuestos, solicitar beneficios de la Seguridad Social y becas de estudios,
tramitar la expedición de documentos personales (documentos nacionales de identidad,
pasaportes y permisos de conducir), solicitar certificados de nacimiento y matrimonio,
matricular vehículos automotores, solicitar licencias de construcción, hacer denuncias a
la policía, a la fiscalía y a agencias de reglamentación de servicios públicos, hacer su
matriculación en la enseñanza superior, tener acceso a catálogos de bibliotecas, etcétera;
las empresas pueden tramitar datos para estadísticas y presentar declaraciones, pagar
impuestos, obtener el registro de nuevas sociedades, declaraciones de aduanas y de
regularidad fiscal, laboral y sanitaria, y permisos medioambientales, publicar balances e
informaciones económicas y financieras y participar de compras públicas y licitaciones.

II. Las respuestas de la administración de justicia.

Las administraciones públicas, en ese contexto, tienen que poder dar respuestas más
rápidas a los ciudadanos y hacer más transparente el proceso de toma de decisiones. La
publicidad, a través de la web, de los datos del presupuesto y de los gastos públicos, de
las compras públicas, licitaciones, concursos y contrataciones, da mayor transparencia y
cualidad democrática a las decisiones políticas, por el acceso a la información pública y
por el control de la corrupción. En muchos países, iniciativas de leyes de transparencia,
acceso a la información pública y buen gobierno han puesto en marcha prácticas que
tienden a ampliar y mejorar el derecho de los ciudadanos a acceder a la información
pública y que refuerzan la responsabilidad de los gestores públicos en el ejercicio de sus
funciones y en el manejo de los recursos que son de todos, experiencias que contribuyen
a reforzar la democracia y los derechos fundamentales de los ciudadanos. En Brasil, v.
g., la Ley de Transparencia (LC 131/2009) obliga a la Unión Federal, a las provincias y
a los municipios –e incluso al Parlamento y a los órganos del Poder Judicial– que
publiquen, en tiempo real, sus recetas y gastos en internet.
El Poder Judicial, por cierto, es también deudor de una mayor accesibilidad y
transparencia a los ciudadanos. En varios países, diferentes experiencias han tratado de
ampliar la accesibilidad y la transparencia de los expedientes judiciales, siempre con el
objetivo de garantizar a los ciudadanos un proceso judicial más célere y seguro –y, por
tanto, una actuación judicial más efectiva–. Las NTIC, sin duda, impactan sobre el
ejercicio del derecho de acción y los retos de una respuesta judicial efectiva– impactan
sobre la forma del proceso, de los actos procesales y de los documentos añadidos al
proceso, sobre los trámites del proceso y hasta mismo sobre los propios principios del
proceso judicial tradicional. En ese sentido, la International Association of Procedural
Law (IAPL) dedicó, el 2010, la Conferencia de Pécs (Hungría) exclusivamente a la
materia de la Justicia electrónica (Electronic Justice - Present and Future), para estudiar
los impactos de las NTIC sobre el proceso –acceso a la Justicia, tramitación del proceso,
documentación electrónica, medios electrónicos de prueba y efectividad del proceso–,
sobre sus principios tradicionales, como la oralidad, la publicidad y el debido proceso
legal, y, por ende, sobre la propia estructura de los órganos del Poder Judicial
tradicional.

III. Los desafíos generales.

Entre otros desafíos, están identificados: (a) necesidad de garantizar rápida
corrección de problemas en las funcionalidades del sistema; (b) exigencias crecientes de
infraestructura de hardware y software de los órganos judiciales; (c) necesidad de
maximizar la seguridad de los datos; (d) manutención de la actualidad de las
informaciones sobre actos procesales practicados electrónicamente; (e) desarrollo de
mecanismos eficientes de capacitación de los usuarios internos y externos; (f) mejorías
en la estandarización, indexación y precisión de las informaciones constantes de bancos
de datos del Poder Judicial; (g) superación de óbices culturales al cambio de interface –
hasta el parcial o totalmente electrónico–; (h) desarrollo de instrumentos que inhiban el
uso indebido o inauténtico de firmas electrónicas; (i) enfrentamiento de la probable
ampliación de la demanda por servicios judiciales; (j) mejoría de requisitos
ergonómicos y de uso de los sistemas, de forma a minimizar los impactos negativos del
uso de los hardwares y softwares sobre la sanidad de los usuarios, sobre todo de los
magistrados y otros agentes públicos del Poder Judicial; (k) ampliación efectiva de la
interoperabilidad y del intercambio de informaciones entre los sistemas de diferentes
órganos judiciales y los sistemas de otros órganos públicos y de entidades que poseen
bancos de datos de relevancia pública, como los datos del Ministerio del Trabajo y de la
Seguridad Social; (l) maximización de la eficiencia de correcciones y mejorías en los
sistemas; (m) revisión de leyes y reglamentos procesales que sean anacrónicos en
relación al modo de ser dinámico de la relación procesal que se desarrolla
electrónicamente; (n) atención a la creciente demanda por espacio de almacenamiento
electrónico (storage); (o) garantía de seguridad y de accesibilidad al contenido de
pruebas recogidas en medios electrónicos, incluso en audio y video; (p) maximización
de la accesibilidad de los sistemas a personas discapacitadas –por ejemplo, ciegos que
podrían usar sintetizadores vocales avanzados–, lo que podría, incluso, ampliar la
presencia de personas discapacitadas en la magistratura, en la abogacía y en las demás
carreras relacionadas al Sistema de Justicia; (q) definición de límites para la práctica de
actos no presenciales por órganos judiciales; (r) ofrecimiento de tratamiento legal
adecuado a la indisponibilidad y a otras fallas del sistema que no puedan ser atribuidas
al usuario; (s) reevaluación de la importancia estratégica del personal de TI de los
órganos judiciales, y de la forma de interacción entre el personal de TI y los magistrados
y el personal del sector judicial; (t) consideración de las peculiaridades de las distintas
ramas del Poder Judicial; (u) garantía de autonomía estratégica al Poder Judicial en el
desarrollo y manutención de softwares en el ámbito del proceso electrónico, de forma a
eliminar progresivamente la dependencia ante terceros; y (v) atención a la necesidad de
flujos maleables en el disciplinamiento de la conducción del proceso.

IV. El proceso electrónico.

En Brasil, las bases del proceso judicial electrónico están en la Ley 11.419/2006. De
hecho, hace algunos años los tribunales brasileños han incorporado las NTIC a sus
prácticas de facilitación del acceso al Poder Judicial, de acompañamiento de la
tramitación de los expedientes y procesos judiciales por las partes y sus abogados, de
disponibilidad a todos los ciudadanos de jurisprudencia, leyes, actos reglamentarios e
informaciones sobre sus servicios, y también, sobre todo a partir de la Ley de
Responsabilidad Fiscal, de sus actos administrativos, recetas y gastos. A partir de la Ley
11.280/2006, se admitió que los propios tribunales reglamentasen, en su respectivo
ámbito de jurisdicción, la práctica y la comunicación de actos procesales por medios
electrónicos, observados ciertos requisitos de autenticidad, integridad, validad jurídica e
interoperabilidad. La Ley 11.419/2006, en ese sentido, permite el envío de peticiones,
de recursos y la práctica de actos procesales en general por medio electrónico mediante
uso de firma electrónica, y también que los libros del Poder Judicial puedan ser
preparados y almacenados en medio totalmente electrónico.
Entre esas experiencias históricas, con mayor o menor fuerza entre los distintos
órganos judiciales brasileños, de las distintas ramas del Poder Judicial, pueden ser
identificadas: (a) la transmisión de peticiones, recursos y expedientes en general por
correo electrónico; (b) la notificación de abogados previamente catastrados por correo
electrónico; (c) la firma de despachos y decisiones por los magistrados de forma
electrónica, a través de tarjetas de certificación y contraseñas; (d) la disponibilidad del
contenido integral de actas, despachos, decisiones y sentencias en la web, a través del
sitio del Tribunal en internet; (e) la disponibilidad de acompañamiento del estado de
tramitación del proceso judicial en la web, a través del sitio del Tribunal en internet; (f)
la posibilidad de búsqueda de jurisprudencia por internet; (g) la grabación en video y
audio de las audiencias, sin la transcripción de los testimonios en acta; y (h) la
experiencia de implantación de salas virtuales de audiencia, para juicios criminales, sin
la exigencia de presencia física del imputado, de la presunta víctima o del testigo.
Además, a través de convenios firmados con terceros, como los sistemas BacenJud,
RenaJud, InfoJud y CNIS, el magistrado puede, con unos pocos clics, en cualquier lugar
y en tiempo real, a través de una computadora conectada a internet, determinar el
bloqueo inmediato de las cuentas de deudores en bancas, determinar el bloqueo de la
matrícula y/o del permiso de circulación de vehículos automotores de propiedad de
deudores, solicitar datos personales de los deudores y de su patrimonio declarado a la
Agencia Tributaria de la Hacienda y consultar datos de trabajadores, vínculos de empleo
y períodos de desempleo registrados en el Catastro Nacional de Informaciones Sociales.

V. La innovaciones.

Sin embargo, en Brasil, se desarrolla actualmente un proyecto innovador, que se
aproxima aún más de las NTIC en la búsqueda de apropiar los beneficios de la
tecnología al servicio del ciudadano, para un proceso más moderno y efectivo –con más
accesibilidad, celeridad, seguridad y transparencia– en el seno del Poder Judicial. Se
trata del “Proceso Judicial Electrónico” (PJe), que facilita el acceso de todos los
intervinientes judiciales a la misma documentación y expedientes en tiempo real,
evitando realizar copias en papel de los procedimientos que constan de un número de
folios muy elevado. Su implantación permitirá eliminar totalmente el papel en los
procesos judiciales, lo que incrementará la celeridad (velocidad) en la tramitación de los
procedimientos, garantizará la seguridad de todo el proceso y mejorará el ejercicio del
derecho de defensa, tornando más transparente la acción de todos los intervinientes en el
proceso judicial –ya que todos ellos podrán acompañar en tiempo real la tramitación del
proceso y la producción de los actos procesales–, sobre todo la de los magistrados.
La implantación del proceso judicial electrónico en todas las ramas del Poder
Judicial brasileño, coordinada por el Consejo Nacional de Justicia (CNJ), es una pieza
fundamental dentro del proceso de modernización del sistema brasileño de Justicia. El
PJe fue lanzado oficialmente el 21 de junio de 2011, y consiste en un software que
permite la práctica de todos los actos procesales y el almacenamiento de todos los datos
y documentos del proceso directamente en el sistema electrónico, así como el
acompañamiento del trámite del proceso en tiempo real, elaborado por el CNJ a partir
de la experiencia y con la colaboración de diversos tribunales brasileños. Con eso, se
pretende que los tribunales brasileños, federales y provinciales, adopten una solución
única, gratuita para los usuarios y que atiende a los requisitos de seguridad e
interoperabilidad, racionalizando rutinas y gastos con el software y permitiendo el
empleo de sus recursos financieros, tecnológicos y de personal a las actividades más
relacionadas a su finalidad: resolver los conflictos.

VI. El proceso judicial electrónico laboral (“papel cero”).

En el ámbito de la Justicia del Trabajo, la implantación del PJe (el PJE/JT) está a
cargo del Consejo Superior de la Justicia del Trabajo. Su implantación progresiva, hoy
comprende a un 40% de los juzgados laborales del país, permite la superación de una
secular tradición jurídica basada en el papel y la adecuación de la Justicia a los nuevos
tiempos. En este proceso, la Justicia del Trabajo pretende convertirse en una Justicia
con “papel cero”. Es importante percibir que el PJe/JT no es solamente un sistema de
tramitación electrónica de procesos judiciales, tampoco corresponde a la transposición
de los registros hechos en papel para el medio electrónico: es un sistema nuevo, con una
racionalidad nueva, donde todo el proceso judicial es electrónico, desde la petición
inicial al archivo final del proceso, pasando por la respuesta del demandado, la
audiencia, los despachos y decisiones interlocutorias, las medidas urgentes, la sentencia,
los recursos y los actos de ejecución forzosa, y es producido y acompañado por los
intervinientes –abogados, magistrados y auxiliares del Poder Judicial– única y
directamente en el seno del software, en tiempo real, a través de una conexión a internet
y de tarjetas de certificación electrónica, firmas electrónicas y contraseñas.
En síntesis, simplemente se accede al PJe/JT de manera remota, a partir de una
computadora con conexión a internet. Con una tarjeta que permite la identificación del
interviniente (una tarjeta de certificación electrónica) y una contraseña personal, son
realizados los actos procesales directamente en el sistema, en tiempo real: la petición
inicial, la respuesta del demandado, las excepciones, los recursos, etc.
Se añaden los documentos previamente digitalizados (en formato PDF) por el
interviniente concomitantemente, por upload. Los despachos, decisiones y sentencias
del magistrado también son producidos directamente en el sistema, a través de la misma
forma de acceso y autenticación, también en tiempo real. Las actas de audiencias e
inspecciones, de forma análoga, son introducidas y autenticadas en el sistema. Lo
mismo ocurre con todos los actos practicados por auxiliares de la Justicia, como los
conciliadores y peritos.
Las intimaciones iniciales se expiden por correo postal, pero, a partir del primero
acto del abogado interviniente, las notificaciones pasan a ser realizadas totalmente a
través del sistema. Se torna permanentemente visible la fecha de producción, de
integración al sistema y de autenticación de todos los actos procesales y cualquier
interviniente puede, desde su propia computadora, a cualquier tiempo, y en tiempo real,
visualizar la tramitación integral del proceso judicial y cualesquiera piezas procesales
producidas y documentos añadidos.

VII. Conclusiones.

Las ventajas del PJe/JT son innumerables. La implantación del proceso totalmente
electrónico en el seno de la Justicia del Trabajo es pieza fundamental para el desarrollo
de una nueva Administración de Justicia que sea:
a) más segura, pues permite autentificar a través de certificación electrónica los
documentos que se incorporan al proceso;
b) más rápida, pues se tramitan los procedimientos con más celeridad y se da una
respuesta a las partes en menos tiempo;
c) más eficiente, pues se optimizan los recursos materiales y humanos por una
Justicia más racional y más ágil;
d) tecnológicamente más avanzada, de forma a acompañar las NTIC que ocupan un
lugar creciente en la vida humana y en el funcionamiento de las sociedades;
e) más interconectada, pues la producción electrónica de los documentos –los
documentos físicos son digitalizados a través de un scanner–, actos y expedientes
favorece el intercambio de información y la comunicación entre los órganos judiciales y
otras instituciones y órganos implicados en la Administración de Justicia;
f) Sobre todo una Administración de Justicia más pública, accesible e transparente.
Con ello, se obtiene una Justicia más accesible, más transparente, más ágil y más
eficiente, y, por ende, más efectiva.
La sociedad cambia con las NTIC. En el ámbito del sistema judicial, la Justicia del
Trabajo es la que vive más de cerca y siente más profundamente las desigualdades
sociales y las nuevas herramientas y nuevas modalidades de inclusión y de exclusión
social, por lo que se impone la obligación de vigorizar la estructura de esta rama
judicial, impulsando y defendiendo su autonomía e independencia, pero también su
modernización para tornarse más accesible, segura, célere y transparente, o sea, más
efectiva a los trabajadores.