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LA ÉTICA INTERCULTURAL COMO EJE TRANSVERSAL: IDEAS PRELIMINARES PARA SU

INCLUSIÓN EN EL ÁREA DE EDUCACIÓN DE LA UNIVERSIDAD FRANCISCO DE MIRANDA

Prof. Jairo R. Villasmil Ferrer


jaravife@hotmail.com jairovillasmil@unefm.edu.ve
Universidad Nacional Experimental “Francisco de Miranda”
Coro – Edo. Falcón

Prof. Josía J. Isea Argüelles


josiasdb@hotmail.com
Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda
Venezuela
Coro – Edo. Falcón

Resumen
Este papel de trabajo propone incluir la ética intercultural como eje transversal. Los ejes transversales son una
propuesta curricular concreta, pretende responder al desafío del plan de acción educativa demandada por la
sociedad, en la formación de educadores competentes. Se revisan los objetivos institucionales y la axiología donde
se apoya y fundamenta esta iniciativa, conceptos teóricos importantes como el interculturalismo, la ética
intercultural y el dialogo intercultural, así como también ideas de distintos autores sobre componentes básicos para
favorecer aulas interculturales y la diversidad cultural como una oportunidad para potenciar el aprendizaje.
Operacionalmente se pretenden construir cambios socioafectivos en torno al respeto y la tolerancia. De esta
manera el uso y fomento del aprendizaje cooperativo, basado en la colaboración y cooperación grupal mas que en
la competencia, como metodología implica cambios importantes en el rol docente y flexibilidad curricular, y son
sugeridos para su utilización en diversas asignaturas y tratamiento transversal del tema de valores desde
perspectiva interculturalista. La ventaja de sugerir lineamientos sobre ética intercultural es abrir caminos para la
discusión más que ofrecer recetas.

Palabras claves: ética – intercultural – interculturalismo – ejes transversales – propuesta educativa


La ética intercultural como eje transversal: Ideas preliminares para su
inclusión en el Área de Educación de la Universidad Francisco de Miranda

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su artículo 102 afirma que la educación es


un derecho humano y un deber social fundamental, afirma además “es un servicio público fundamentado en el
respeto a todas las corrientes del pensamiento, con la finalidad de desarrollar el potencial creativo de cada ser
humano y el pleno ejercicio de su personalidad en una sociedad democrática basada en la valoración ética del
trabajo y en la participación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación social,
consustanciados con los valores de la identidad nacional y con una visión latinoamericana y universal”. Por otra
parte, en su artículo 100, afirma “Las culturas populares constitutivas de la venezolanidad gozan de atención
especial, reconociéndose y respetándose la interculturalidad bajo el principio de igualdad de culturas”. Ambos
artículos de la carta magna pueden servir de punto de arranque para plantear la necesidad de abordar el enfoque de
la ética intercultural como una necesidad a ser trabajada por la institución universitaria venezolana.
En la época actual, la universidad venezolana, tiene serias dificultades para adaptarse a los cambios
producidos en la sociedad, y a las transformaciones en los aspectos tecnológicos y científicos del mundo moderno,
por tanto le cuesta abrirse a nuevas corrientes del pensamiento y a la oportunidad de plantear innovaciones de tipo
estructural, tanto en lo académico como en lo administrativo, de manera que su modernización no se considere
como un obstáculo para su desarrollo, sino más bien, una motivación profunda para el cambio al interior de su
estructura, en la búsqueda de alternativas propias, para ser aplicados creativamente en las estructuras académicas y
administrativas.
El sistema educativo tiene entre sus finalidades proporcionar a los estudiantes una formación que
favorezca todos los aspectos de su desarrollo. Esta no puede ser considerada como de calidad y completa si no
incluye la conformación de un conjunto de valores que no siempre se adquieren de manera espontánea. La
evolución reciente de los problemas básicos de convivencia ha ido generando la necesidad de que los ciudadanos
adopten principios y desarrollen hábitos en áreas, hasta hace poco, ajenas a los contenidos escolares. De tal manera
se ha ido delimitando un conjunto de temas que recogen los contenidos educativos relacionados con cada uno de
esos ámbitos. Estos temas son llamados ejes transversales. Los ejes transversales, referidos a la educación en
valores, responden a realidades o a necesidades con relevancia especial para la vida de la gente, así como para la
armónica construcción de la sociedad moderna. Con el término “transversal” se hace alusión a la ubicación o al
espacio pretendido para ocupar ciertos contenidos dentro de la estructura curricular. Estos contenidos son
concebidos como ejes que atraviesan en forma longitudinal y horizontal el currículo, de tal manera que en torno a
ellos se articulan los temas de las diferentes áreas de formación.
Así, la presencia de la transversalidad en el currículum, refiriéndose a ámbitos de la experiencia social y
personal, además del desarrollo de la dimensión ética de la personalidad, constituye una de las realidades e
impactos más innovadores y más importantes de la reforma educativa. Los ejes transversales son una propuesta
curricular concreta, pretende responder al desafío del plan de acción educativa demandado por la sociedad. Estos
requerimientos formulados por la sociedad, demandan con más fuerza a la institución universitaria la formación de
profesionales competentes. La calidad en la formación del profesional depende no sólo de los conocimientos y
habilidades que desarrolle en el currículum universitario sino también de los intereses y valores que regulan su
actuación profesional. Por estas razones, el presente papel de trabajo propone la inclusión de la ética intercultural
como eje transversal del Área Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional Experimental Francisco de
Miranda, en Coro, estado Falcón.
Resulta interesante hacer una revisión de aquellos objetivos institucionales de la Universidad Nacional
Experimental Francisco de Miranda los cuales notoriamente afirman una posición educativa que favorecen la
inclusión de la propuesta, dada la naturaleza de sus planteamientos:
-Delinear, desarrollar y dirigir programas educativos que conduzcan a la formación de profesionales y técnicos
capacitados para intervenir en labores científicas, culturales, docentes y actividades económicas y de producción.
-Ejercer una función rectora en el desarrollo de las actividades docentes, científicas, culturales, artísticas y
tecnológicas de la entidad regional.
-Ensayar nuevos esquemas educativos en la educación superior, acordes con el régimen experimental de la
institución, los cuales una vez evaluados puedan ser utilizados igualmente en otras instituciones o regiones del
país.
-Contribuir el enriquecimiento del acervo cultural, científico y tecnológico del país y especialmente del estado
Falcón.
-Rescatar las manifestaciones regionales de la actividad artística, cultural y científica.
-Estimular la inventiva y la innovación, con miras a buscar soluciones autóctonas a los problemas locales y a la
dependencia tecnológica.
-Participar activamente con sus experiencias en los programas y proyectos que realicen los organismos públicos y
privados, con miras al desarrollo integral de la región.
-Servir de punto de apoyo a los programas nacionales para vincular a los países del área del Caribe a las
actividades científicas, tecnológicas y culturales de Venezuela.
-Establecer vínculos con otras instituciones educacionales y científicas regionales, nacionales y extranjeras.
Estos objetivos justifican y enmarcan de manera pertinente la propuesta. Los cambios sociales y políticos
que operan en la sociedad contemporánea en general y particular en la enseñanza superior, permiten pensar y
proponer la inclusión de la ética intercultural como eje transversal, pensando en el otro, como un ser social que
aporta desde su visión del mundo, el conocimiento y su práctica vivencial para el desarrollo sostenido de la
sociedad. Una universidad que aborde el problema intercultural requiere profesionales que sepan dar respuestas
acertadas y aprendan a vivir en armonía con las diferentes culturas que perviven en el país y en el mundo, y más
aun considerando las actuales tendencias globalizantes. Desde esta perspectiva, la realidad cultural del país, para
cualquier proyecto universitario, exige tener en cuenta la razón de ser de la universidad, la cual se sustenta en
presupuestos teóricos propios, y debe estar profundamente comprometida con la realidad de su comunidad o
entorno.
Por otra parte el currículo del Programa de Educación de la UNEFM plantea una serie de objetivos
generales relacionados con este proyecto, entre los que se tiene:
-Desarrollar habilidades y actitudes para el ejercicio racional, crítico y eficiente de la docencia en el
marco de las aspiraciones y tendencias democráticas y humanísticas del desarrollo nacional, así como para la auto
evaluación y superación del propio perfil del egresado y su capacidad profesional.
-Desarrollar procesos que impulsen la cooperación, el trabajo en grupo, la responsabilidad y propiciando
la formación de ciudadanos conscientes de sus deberes y derechos, dispuestos y capacitados para participar en la
solución de los problemas de la colectividad.
-Favorecer al estudiante en su desarrollo social, intelectual y afectivo; y orientar al individuo hacia la
búsqueda de su bienestar y mejoramiento cualitativo.
-Propiciar la innovación, entendida ésta como la creación o transformación de modelos, estrategias,
medios, conceptos e instrumentos encaminados a aportar soluciones a los problemas confrontados y a producir
mayor eficiencia y efectividad en el proceso educativo.
-Integrar la teoría con la práctica en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
-Organizar las disciplinas tanto en función de su estructura como en relación dinámica interdisciplinaria
con la problemática que enfrenta el hombre en su interacción con el medio natural y el cultural.
-Permitir la incorporación continua de nuevos aportes científicos y humanísticos.
Es relevante acotar que los objetivos constituyen situaciones ideales, consideradas valiosas para ser
alcanzadas, y en el caso de los objetivos institucionales más aun, ya que no tienen existencia todavía y se instauran
como ideas en la mente del planificador. Estos objetivos, una vez formulados se convierten en estándares de
actuación.
En concordancia con esta afirmaciones, el Programa Académico para la Licenciatura en Educación de la
UNEFM (1995) plantea el perfil profesional del egresado, describiendo las características personales y las
competencias profesionales exigidas por la práctica educativa en términos de conocimientos, habilidades y
destrezas, actitudes y valores para el ejercicio eficiente y eficaz de los roles que le corresponderá desempeñar.
De esta manera se define al egresado como un docente con capacidad para:
Comprender y apreciar los valores, formas y procedimientos fundamentales de la democracia y orientar
su acción social y profesional hacia el perfeccionamiento y consolidación del sistema democrático. Se evidencia
concordancia entre la concepción de la educación previamente planteada y el actual perfil.
Enfrentar de manera objetiva y científica su propio desarrollo, el de su comunidad y el del país.
Promover el desarrollo armónico e integral de las potencialidades del educando para hacer que su aporte
a la comunidad sea efectivo.
Comprender la educación como un proceso orientado hacia el pleno desarrollo de la personalidad del
individuo.
Fomentar una actitud positiva hacia la investigación científica y utilizar esta para adecuar su labor
educativa a la realidad y necesidades nacionales regionales y locales.
Realizar una acción educativa en permanente interacción con el sistema educativo y con el medio, con la
finalidad de contribuir a la solución de los problemas derivados de los constantes cambios sociales, científicos y
tecnológicos.
Generar cambios de actitudes individuales y sociales con miras al logro de una sociedad consistente con
los niveles de eficiencia y eficacia requeridos por los progresos de la ciencia y la tecnología.
El perfil profesional del egresado comprende entonces las características personales, las capacidades
docentes específicas. Los dos primeros aspectos constituyen el perfil general y el tercero se refiere al perfil
específico.
Características personales: honesto, responsable, creativo, perseverante, reflexivo, crítico, comunicativo,
receptivo, participativo y ético.
Capacidades docentes generales: este aspecto integra los roles y competencias que supone la profesión
docente, de acuerdo con la política educativa formulada por el estado.
En otro orden de ideas, es propicio revisar aquellos aspectos axiológicos que apoyan la propuesta
considerando los valores, visión y misión del área de educación. El Programa Académico para la Licenciatura en
Educación de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (1995), plantea como el Área de
Educación de la UNEFM se propone la visión de hacer de esta Área Académica un sector abierto, con aptitud y
actitud para la creación, la innovación, la investigación y la adopción de nuevas tecnologías de comunicación al
proceso de enseñanza-aprendizaje donde se cuestionen y analicen permanentemente los métodos y el
conocimiento, y donde se generen nuevas técnicas, recursos y conocimientos en relación al proceso educativo.
También pretende ser un área modelo de innovación y experimentación del proceso educativo dentro de la misma
Universidad y del Sistema Educativo aportando la formación del docente que requiere la nueva visión de la
Educación.
Actuar como un Área proyectada desde y hacia la comunidad-entorno siendo un modelo de organización
eficiente y efectiva en la formación de un docente de alto nivel humanístico, científico y tecnológico que
promueva el logro de la calidad de la educación que requiera el país.
Por otra parte el Programa de Educación de la UNEFM se plantea las misiones de formar los recursos
humanos que requiere el sistema educativo cuyas características básicas serán: un docente que investiga para
poder garantizar la calidad educativa; un docente que asume un liderazgo efectivo en el proceso educativo, tanto
en el aula como en la comunidad; un docente que asume la responsabilidad de actualizarse y capacitarse en las
nuevas tecnologías comunicacionales. Intervenir y penetrar como coautores del cambio en el Sistema Educativo
Regional desde el nivel preescolar hasta el superior, mediante la actualización y capacitación de los docentes del
sector; la orientación estudiantil, la formación en Gerencia Administrativa con el fin de contribuir a mejorar la
calidad de la Educación.
También desarrollar, promover y divulgar la producción del conocimiento científico-tecnológico-
humanístico con valor social tendente al mejoramiento de la calidad educativa y el rescate de los valores éticos de
la propia universidad y de las instituciones del entorno.
Promover el rescate del afecto, respeto, honorabilidad y reconocimiento a la figura del maestro como
modelo de valores de conducta, de ética y de liderazgo en nuestras comunidades.
El Área de Educación será la garante de los siguientes valores:
Pertinencia, en función de las demandas que plantea la problemática de la formación docente del país.
Excelencia en la búsqueda de un ejercicio racional, crítico y eficiente de la docencia en el marco de las
aspiraciones de elevación de la calidad de la educación que demanda urgentemente el país.
Equidad, al favorecer el estudiante en su desarrollo social, intelectual y afectivo.
Ética, al promover el rescate de la figura del Maestro como modelo de valores, de conducta y de
liderazgo en las comunidades.
Responsabilidad Social, ante el rescate de la calidad de la educación que requiere el país.
Creatividad, en la búsqueda de innovación entendida ésta como transformación de modelos, estrategias,
medios, conceptos e instrumentos, encaminados a aportar soluciones a los problemas de la educación y producir
mayor eficiencia y efectividad en el proceso educativo.
Participación, en la concepción, formulación, ejecución y evaluación de los proyectos educativos tanto
nacionales como regionales y locales que busquen el mejoramiento cuali-cuantitativo de la educación.
Por otra parte, desde el punto de vista académico, la universidad en general ha vivido a espaldas de la
realidad y su interpretación, al calor de corrientes de pensamiento provenientes del exterior ha marcado
fuertemente su concepción formativa. Existía la necesidad de estar atento a las corrientes que surgían en la
sociedad occidental contemporánea, pues el riesgo de no estarlo, significaba ser considerados reaccionarios o en el
mejor de los casos “primitivos”. De esta manera se trasladaron teorías y esquemas de análisis social, los cuales
fueron aplicados en forma mecánica, para entender la realidad nacional.
Para los intérpretes locales de estas corrientes de pensamiento (por ejemplo el conductismo, el
cognitivismo, el constructivismo y más recientemente el constructivismo social) no existía la diversidad. De ahí,
que en sus reflexiones teóricas, el componente étnico y autóctono, era parte de una Venezuela invisible que debía
esconderse tras los análisis del materialismo histórico dialéctico y otras corrientes. Por esto el conocimiento,
sabiduría y técnicas nativas o ajenas a lo occidental, no eran aspectos dignos a ser investigados, y mucho menos a
ser tratados dentro de los pensum académicos. La “democracia universitaria" en la práctica, ha sido excluyente por
acción u omisión, pues no ha considerado en la elaboración de sus programas académicos y formativos la
diversidad social del país, dando muestras del desconocimiento de la realidad circundante, e ignorando la
pluriculturalidad que caracteriza a la sociedad venezolana.
La sociedad venezolana es multicultural, ya que en ella conviven personas con diferentes características
culturales e ideológicas. Esta diversidad, potencial de riqueza cultural, frecuentemente es presentada como causa
de problemas y conflictos. A esto se añade el hecho de que frecuentemente se producen hechos de confrontación
violenta y se ha acentuado una peligrosa polarización política. La conflictividad social y política que ha
caracterizado la situación nacional también ha llegado a la institución universitaria. Por este motivo la tarea de
educar en unos determinados valores ha pasado a ser una moda de la práctica educativa para convertirse en una
necesidad de primer orden. Para superar esta situación es necesario plantearse la práctica intercultural dialógica a
nivel político, social, cultural y principalmente educativo. La perspectiva intercultural debe suponer un
instrumento fundamental en la lucha contra la injusticia social.
En la universidad se reflexiona sobre la educación en valores, que los estudiantes necesitan para vivir a
comienzos del siglo XXI y aparece fuertemente el valor de la diversidad. Educar implica la formación de
ciudadanos que promuevan el respeto a la diversidad, la paz, la equidad, el medio ambiente, la igualdad, la
participación activa y otros valores que componen una ética cívica la cual ayuda a construir una sociedad más
humana para todos. Para ello la institución universitaria debe ser fiel a su tradición histórica y tomar como uno de
los principales ejes de su acción el compromiso por la convivencia intercultural, por el reconocimiento de la
diversidad como algo valioso, como un valor fundamental para la nueva sociedad contemporánea globalizada y
digital.
Las instituciones y las personas son portadoras de valores. Esos valores solo son reales si guían las
conductas. Por eso, la universidad debe matizar sus acciones con el valor de la diversidad. Los valores se enseñan
y se aprenden desde la práctica, incorporándolos a la conducta, a las actividades y no sólo a los documentos
institucionales.
De tal manera que para la profundización en el conocimiento y compresión del valor de la diversidad se
ha desarrollado esta propuesta preliminar, para facilitar el conocimiento de la realidad y plantear las soluciones
más viables a los problemas de convivencia y aceptación. Esta es un reto y una necesidad.
En este punto es pertinente hacer una revisión teórica general acerca de la interculturalidad. Es
interesante revisar por separado la cultura y el interculturalismo: La definición de las relaciones entre culturas y la
concepción misma del interculturalismo depende de lo que se entienda por cultura. De su caracterización
dependerá el enfoque dado a las relaciones interculturales. Definir cultura es una tarea difícil. El termino cultura
no se refiere solamente a los elementos representativos de un grupo humano, sino más bien a elementos que hagan
comprensible este grupo: sus valores, sus formas de organización, estructuras e instituciones, sus hábitos y
prácticas compartidas, sus maneras de ver el mundo y de conceptualizarlo, también a sus símbolos, pero en este
contexto profundo les da sentido y los hace inteligibles. Pero para desarrollar un enfoque auténticamente
intercultural es necesario destacar algunas dimensiones de la cultura. Es necesario contar con una concepción de
cultura dinámica y adaptativa, estas características subrayan las posibilidades de interacción, flexibilidad e
intercambio. Se entiende la cultura más bien como un proceso dinámico donde lo sustantivo es justamente la
interacción con otras comunidades, otras realidades, con otras maneras de vivir.
Según plantea Victor Martín Fiorino (2004), docente investigador de la Universidad del Zulia, es
importante aclarar que interculturalismo no es sinónimo de multiculturalismo. El multiculturalismo surge como
reacción al asimilacionismo, y plantea el reconocimiento de la diversidad cultural, del derecho a la diferencia y de
la valoración de las culturas por igual. Por otra parte, el multiculturalismo parte de una concepción de la cultura
estática (la evolución y el cambio suponen la desaparición de la cultura) y restringida (la cultura como
manifestaciones artísticas y rituales). Por ello las diferentes manifestaciones del multiculturalismo propugnan la
segregación, niegan la posibilidad de la convivencia entre culturas o consideran negativa la interacción y el
intercambio cultural. Y por ello también, el multiculturalismo aparece generalmente bajo actitudes pasivas (no de
transformación social) o paternalistas.
El interculturalismo, en cambio, es una concepción teórica y práctica de carácter universal que atiende la
diversidad cultural de todas las sociedades desde los principios de igualdad, interacción y transformación social.
Supone una concepción teórica de la realidad social, pero también implica una opción ética e ideológica de
carácter personal, una forma de entender y vivir las relaciones sociales y, por supuesto, una manera de plantear y
desarrollar el hecho educativo.
Para Fiorino (2004) existen cinco elementos determinantes que caracterizan el concepto de
Interculturalismo y que lo distinguen de otras concepciones:
Reconocimiento de la diversidad: Que implica una visión de la diversidad como fenómeno universal, que
caracteriza a todas las sociedades humanas. Una concepción de la realidad social multicultural como fenómeno
histórico, en continuo cambio y evolución.
La Defensa de la igualdad: El reconocimiento del derecho de todo pueblo, comunidad, grupo o individuo
a desarrollar sus relaciones en la sociedad desde unas pautas culturales propias; la valoración de todas las culturas
por igual; la apreciación de la diferencia como un valor que nos enriquece.
Vocación de interacción: La defensa de la convivencia entre culturas, entre pueblos, comunidades, grupos
e individuos con pautas culturales diferentes; una opción por la cooperación y la colaboración entre los grupos
humanos
Dinámica de transformación social: Una posición activa en la sociedad, de lucha, de compromiso con los
valores éticos e ideológicos que defendemos; una dinámica de transformación de las estructuras y valores sociales
que impiden que las relaciones entre los pueblos y las culturas se desarrollen en un plano de igualdad; una opción
por el propio desarrollo de los pueblos y culturas a través de su acceso en igualdad de oportunidades a la
formación.
Promover procesos educativos que planteen la interacción cultural en condiciones de igualdad: La
educación intercultural un objetivo necesario en todo proyecto educativo de todos los Centros educativos; unas
actitudes y prácticas a proponer y desarrollar desde todos los curriculums y para todos los alumnos de todos los
niveles educativos.
La ética intercultural implica pasar del conocimiento del otro, al reconocimiento en lo diverso de lo
semejante en valor, derechos y riqueza, posteriormente pasar a la aceptación, que implica la hospitalidad como
actitud. Es a partir de esta hospitalidad que surge otra fase de la ética intercultural: la construcción de valores
comunes. El requisito para que se de este pasaje es el dialogo intercultural. Posteriormente la construcción de
valores comunes, todo para lograr una ética común.
El termino interculturalismo puede significar la oportunidad para estudiarse como fenómeno generador
de conflictos que es necesario resolver o como una ocasión para crecer a nivel socialmente humano. Según Cortina
(1997), la ética intercultural no se trata de la asimilación a la cultura dominante a quienes en una sociedad
determinada se identifican con una cultura distinta a ella, sino mas bien permitir que conserven su adhesión a
identidades culturales diversas. De igual modo no es meta recrearse en la diferencia per se, sino asegurar la
convivencia auténtica. El respeto activo que una cultura diversa merece se fundamenta en el respeto a las personas.
La comprensión de otras culturas es indispensable para comprender la propia.
Cabe destacar la diferencia entre los términos practicismo y pragmatismo. Este último se origina de la
palabra griega pragma, que implica la disposición conveniente de las cosas, de allí que la conducta pragmática se
refiere a actuar en función de conveniencia, no entra aquí ningún tipo de valor. El pragmatismo conduce a la
realización de pactos o decisión de coexistir sin dañarse. Con mucha frecuencia la humanidad ha actuado según
esta conducta pragmática que conduce a pactos. En cambio el concepto de practicismo, se origina de la palabra
griega praxis o acción dirigida a un fin. En la conducta práctica la acción es valiosa (originaria de valores). El
practicismo genera acuerdos entre personas que comparten fines que se proponen como valiosos, valores
compartidos. De este ultimo concepto surge la propuesta de buscar una ética mundial, que no signifique imponer
valores. La ética intercultural propone pensar como vivir juntos en función de valores, construir valores
compartidos.
Al hablar de la ética intercultural se pretende preparar ciudadanos abiertos interculturalmente además de
preparar una ciudadanía intercultural. De allí surge la propuesta de buscar una ética mundial, que no signifique la
imposición de valores. La eticidad implica un proceso de construcción de valores, no solo de recordar los del
pasado. Tampoco se accede por el transplante de estos ni por la copia de modelos. El tejido ético de una sociedad
se construye. De allí la importancia de la educación, pues ni el estado ni ningún otro macro-sujeto impone la ética.
Se podría sustituir el término “ética” por “estudios de convivencia” para estudiar la interculturalidad. Ética se
origina en la palabra griega ethos, o conjunto de creencias, comportamientos, actitudes e ideas, compartidas y
consideradas comunes por una sociedad.
Deben mencionarse y revisarse tres ideas claves que plantean un dilema en el ámbito educativo e incluso
político: la interculturalidad, la convivencia (inicialmente abordada ya en el anterior párrafo) y la idea del futuro
(Cortina, 1997).
Se comenzará revisando este último concepto. El futuro caracteriza al ser humano, y es una dimensión de
la temporalidad humana, diferente al tiempo cronológico. La temporalidad humana marca el desarrollo de nuestra
potencialidad. Según Heiddegerg el ser humano es temporalidad. El tiempo cronológico es la medida de un
movimiento (en términos físicos). El tiempo humano es significado del movimiento. El futuro es una característica
de nuestra temporalidad.
Para Cortina (1997), Aristóteles afirma que el hombre es zoon (ser viviente) logon (significa palabra, la
palabra razón es mas limitada, palabra en cambio implica afectos, pensamientos y acciones) ejon (que está dotado
de), lo que significa que es un ser vivo dotado de la palabra.
También el hombre es zoon politikon (el origen de la palabra se refiere al espacio de lo común, en cambio
el utilizar el término como “político” es limitarse). Zoon politicon implica un ser convivencial o ser viviente
abierto a la convivencia, a compartir espacios comunes.
Algunos seres vivos se agrupan para vivir, pero solo el ser humano se agrupa para “vivir bien”. Quiere
entonces que su vida sea valiosa, que entusiasme ser vivida. Esto es lo que da un carácter ético a nuestra vida. La
ética busca entonces la tendencia a vivir bien, que para algunos autores es innato al hombre. El ser humano es
interprete del bien que está en todos lados, puede colaborar con este o obstaculizarlo. El humano es el único ser
con visión de futuro, y este es la visión de lo que queremos ser.
Entonces el futuro es la dimensión que define la vida humana, porque futuro es igual a proyecto, a vida
buena. Vida buena, es un espacio de inclusión, a nivel local, regional o universal, e implica altruismo, servicio y
solidaridad.
Y es que sin proyecto de vida no se vive, escasamente se sobrevive. Tener futuro es hacernos
responsables de un proyecto de vida, de convivencia que nos hace agentes de este proyecto. Esto no puede hacerlo
ningún ente externo: estado, religión, mercado económico, ideología, etc.
A partir de los años 70, ya que no se le concibe solo como el porvenir (por venir, lo que viene) sino el
por-hacer. Esta concepción subraya un proyecto, un compromiso del que yo soy agente. Entonces, esta “filosofía
del futuro” es la filosofía del proyecto humano y no sobre ensoñaciones o proyectos utópicos. Es necesario que la
ciencia, la educación y la filosofía aborden esta rama.
La ética tiene tres campos en su realización: el ser, el deber ser y el poder ser. El ser, abarca aquellas
conductas reales y actuales. El deber ser, se ubica en el campo de los ideales. Pero del contraste o la unión del ser
y del deber ser surge el poder ser, o lo que los humanos podemos hacer en la medida de asumir un cambio, no solo
como capacidad técnica sino como valor. Corresponde a la ética intercultural estar en el ámbito del poder ser,
donde se ubica la convivencia, la vida buena.
En relación al segundo aspecto ligado al proyecto humano, la convivencia, se origina de la palabra
convivir. Convivir es vivir según valor compartidos Según Aristóteles esto es natural al ser humano. No significa
que se de naturalmente, de manera espontánea o automática, sino que hay que construirla. Vivir es igual a
autogestarse, por lo tanto la convivencia actual es un desafió y un problema, pues cada vez con mas frecuencia hay
que articular lo diverso y negociar. Este punto de partida ubica la convivencia en el poder ser, pues no es realidad
(ser) o idealidad (deber ser). La convivencia puede ser construida.
Para ello hay que diferenciarla de dos estadios anteriores: la supervivencia, o vivir en la expresión más
precaria o limitada. También significa la existencia como última plataforma por debajo de la cual está la “no vida”
o ausencia de esta. El sobreviviente esta desconectado del proyecto humano de futuro. Está desconectado pues no
puede pensar en el futuro, por ejemplo un naufrago.
La misma autora (Cortina, 1997) afirma que el sobreviviente está rodeado de amenazas en su entorno. Su
salida de ésta situación no depende de él, sino de agentes externos por no contar con capacidades propias de
cambio. Por esto no puede proyectar su vida, no tiene futuro. Este significado implica su concepción negativa,
pero en su concepción positiva es la expresión de la fuerza de la vida. Si esta fuerza encuentra un elemento
detonante o desencadenante puede mejorar las condiciones y sacarlo de esta condición degradada. El concepto de
ética que se construye implica un ámbito de inteligencia de la vida, pero al mismo tiempo la fuerza de la vida o su
capacidad para ser mejor. Se identifica la fuerza con la palabra griega dinamis, potencia. En relación más
específica con lo humano es una capacidad. Por tanto para convivir hay que lograr la capacidad o capacitarse.
Capacitarse para convivir significa:
-Medios económicos, satisfacción de necesidades mínimas.
-Educación
-Cultura, trabajar en ésta desmontando mitos, creencias y actitudes que obstaculizan la convivencia.
Pero fuerza también implica en otro sentido el poder. Esta visión debe ser desmontada y reemplazada por
la idea de capacidad.
El segundo estadio esta representado por la coexistencia, que es un sentido débil de la vida humana.
Implica afirmación de lo propio con indiferencia de lo diverso y por consiguiente sin aprendizaje de esto. La
coexistencia da origen a un concepto pobre de tolerancia, pues implica despreocupación o desinterés por lo
diverso. En la medida en que se interpela o interactúa, se deja de ser tolerante. Es una especie de pacto frágil. El
concepto se reconstruye cuando se habla de tolerancia activa, que se interesa en lo diverso. La coexistencia
significa muchas veces yuxtaposición, pero sin lograr convergencia y sin buscar unidad en la diversidad. El
término multiculturalismo representa saber que conviven o coexisten, pero no se enriquecen mutuamente en el
interculturalismo.
El tercer estadio o nivel es el de la convivencia. Este nivel supone los estadios anteriores pero no los
limita. Para que exista convivencia debe haber supervivencia y coexistencia.
El conocimiento surgió para resolver los problemas humanos, pero después se convirtió en instrumento
de dominio. También es necesario saber de convivencia, para crear una herramienta de integración a través de la
compresión. Del conocimiento se pasa al reconocimiento, de reconocer en lo diverso lo semejante en derechos,
valor y riqueza. Este reconocimiento se da más que para tolerar para aceptar. Al llegar a aceptar surge la
hospitalidad como actitud. Y es a partir de la hospitalidad que surge la siguiente gran fase de la ética intercultural:
la construcción de valores comunes. El requisito para que se de este pasaje es el diálogo intercultural. Todo para
lograr una ética común.
A este nivel el conocimiento debe lograr un enfoque bajo el paradigma biocéntrico, que nos hace
responsables, prudentes y cuidadosos en relación con la vida, en vez de asumir la actitud triunfalista que hasta
ahora se ha asumido. El saber que se sabe no siempre ha desembocado en la responsabilidad, pero hacia allí se
debe ir. Esto apenas se ha comenzado a lograr en el último tercio del siglo XX. El hombre es el intérprete de la
vida, el administrador, y debe saber que su conocimiento es cambiante, transitorio. Es intérprete y no el dueño ni el
señor de la vida. Este aprendizaje es radical, o aprendemos a convivir o no tendremos futuro como especie. Si no
convivimos, no sobrevivimos (Cortina, 1997).
Esta visión implica rescatar el valor de lo humano por encima de las construcciones, ideologías y
sistemas económicos, abarcando al hombre completo y concreto, no definido por ámbitos ideológicos, económicos
y de estado. El pensamiento abierto humano nos permite pensar. La ética no busca explicar, sino hacernos pensar,
pues si explica parte del principio de que se tiene una verdad. Pensar implica saber que sabemos y hacernos
responsables de ello. El hecho es que se vive en un mar de incertidumbres con islas de certezas, transitorias. Este
paradigma nos hace tolerantes, abiertos, limitados.
Se trata de crear condiciones para una ética que sea común, de carácter global, no globalizadora (en
términos de globalización económica). Para construirla debe plantearse la diferencia entre ética y moral. La ética
actúa en el ámbito reflexivo, mientras que la moral lo hace en el ámbito normativo, a una conducta regida por
pautas de un grupo humano, que se obedecen por respeto y sin coacción, una conducta libre y social. El ámbito de
la ética se refiere a conductas morales que sean también razonadas y reflexivas, conductas de las cuales pueda la
persona hacerse responsable de:
-La realidad de la conducta, cuenta lo que se hace, no la intención.
-La significación de esa conducta, que significa para los demás y para mi, apareciendo la conducta
utilitaria y altruista.
-Los motivos de la acción, haciéndose responsable de los motivos.
Entonces la ética es la conducta moral ejercida con responsabilidad. La moral cambia con cada cultura,
grupo humano o históricamente. Estos valores van cambiando de acuerdo a los valores y a su interpretación, no
debiendo hablarse de relativismo moral sino más bien de factores dinámicos. La moral no es ni subjetiva ni
objetiva, sino intersubjetiva. El desafío es que se incluya al otro, al extraño. A este particular se dedica la
Xenología, una nueva rama educativa que busca lograr en nosotros la familiarización con lo extraño, no solo
conocerlo, sino reconocerlo como semejante. La ética intercultural busca entonces un modo de ser moral, común a
todos los humanos, de comportamientos morales, pero no alude contenidos. Apunta a una manera de obrar,
universal, con responsabilidad ante la vida en la diversidad de sus manifestaciones (Fiorino, 2004).
Para ello hay que promover una crítica ética de la moral que incluya: Educar para la vida y fomentar la
participación política para la vida.
Por ello, la ética intercultural puede apuntar para unir, aproximar o acercar morales diferentes; y en otros
casos acercar reflexivamente personas con la misma moral pero con interpretaciones distintas de ésta. El siguiente
paso es reconocer que todas las morales arrancan de principios que tienen raíces en religión y costumbres, pero
luego se convierten en normas con estatuto racional. La ética se basa entonces en el diálogo interpersonal, no en el
diálogo intrapersonal o en el diálogo divino (del hombre con dios). Este diálogo intercultural planteará muchos
conflictos, pero la ética intercultural permitirá minimizarlos, al fortalecer a los interlocutores haciéndolos abiertos
y tolerantes, permitiéndonos un abordaje pluralista. La finalidad es contribuir desde las actitudes y conducta
humanas que decidamos, a la convivencia en la diversidad. Esta diversidad puede ser étnica, nacional, cultural o
ideológica. Sin embargo toda finalidad implica mediaciones, mediar con la palabra. La propuesta es unir la
finalidad de la ética intercultural, con las mediaciones que puedan realizarse con áreas prioritarias tales como la
construcción de ciudadanías, una ciencia al servicio de la vida, una tecnología para la calidad de vida, la educación
y la democracia pluralista. Ésta última se constituye en una de las estrategias de la ética intercultural para su
proceso de construcción y se basa en dos ámbitos relacionados: lo público y lo privado.
Lo público, la política, en su concepto original, se entiende como acción ordenadora para el bien común.
Tiene que ver con la convivencia y con el bien común. Lo privado, por otra parte, abraca el desarrollo de
capacidades que son siempre personales. Abarca también los intereses legítimos de grupos sociales. El otro punto
abarcado por lo privado es la interpelación de lo interpersonal. Los excesos en ambos polos conducen a la
exacerbación de lo público o colectivismo, y la de lo privado o individualismo.
Por otra parte, la construcción de ciudadanías implica la convivencia. Existen sin embargo dos procesos
que lo obstaculizan: la ideologización, una visión donde los humanos quedan en segundo plano, desdibujando los
sujetos humanos pues son definidos desde la ideología, en forma económica, política o religiosa.
El otro proceso obstaculizador es la politización: referida al clientelismo, la partidización y la
carnetización, pues son sectarios, excluyentes y discriminatorios. Para lograrla es importante un enfoque de
acuerdos para una política de la convivencia. Para mejorarlo, debe comenzarse un proceso de reformulación de la
política o nueva politización: llevar la política a la gente para generar acuerdos.
La ética intercultural se construye en tres grandes dimensiones:
-La facticidad: relacionada con el hecho de que ninguna cultura subsiste aislada y que todas necesitan el
contacto con lo diverso para sobrevivir.
-La actualidad: representa que hoy, aquí, ahora, necesitamos decidir el dialogo, tomar la decisión de
dialogar.
-La posibilidad: nuestra vida como personas y como cultura tiene presente ésta. Implica lo que puedo
construir, una ética intercultural, a una ética común, aspirando lograrla.
La ética intercultural entonces tiene tres campos de acción aplicados: el Ser, que en el ámbito ético es el
conflicto, es la realidad. En el nivel del Deber Ser, se debe aspirar a una ética común. Finalmente el Poder Ser
posibilita el diálogo, la aspiración y la voluntad a una ética común y la determinación hacia esto. En este nivel
aplicado del Poder Ser, es esencial reconocer la importancia de los docentes, porque son para el alumnado un
referente cultural. Las expectativas del profesorado respecto a la integración social, escolar y el rendimiento
académico son un elemento condicionante para niños y jóvenes de diversas culturas e ideologías. Resulta
importante que las expectativas del docente estén basadas en una comprensión sin estereotipos ni estigmas de las
diferencias sociales y culturales, en un conocimiento no prejuiciado de las culturas e ideologías presentes en el
aula. Entonces, el conocimiento, el reconocimiento y el respeto son algunos de los elementos que han de estar
presentes en la institución universitaria para contribuir a la mejor inserción del alumnado diverso. Pero lo más
relevante es que sólo cuando los educadores adquieran una conciencia favorable a la ética intercultural podrán
transmitir sus valores positivos, logrando proyectar expectativas positivas sobre los estudiantes y sus familias,
además de lograr el reconocimiento social merecido por su vocación y entrega (Cortina, 1997).
Esta formación para el cambio de mentalidades, de prácticas y actitudes, demanda un gran cambio para
construir un nuevo perfil profesional bien mediante la inserción en el currículo de ejes transversales relacionados
con tópicos éticos interculturales. La educación en ética intercultural se convierte entonces en una oportunidad de
crecimiento y enriquecimiento profesional, y una ocasión para recuperar el reconocimiento social de los
profesionales de la educación.
A propósito del importante papel del docente en este cambio de mentalidad, es relevante revisar algunas
ideas generales a considerar en la inclusión de la ética intercultural como eje transversal. Específicamente en
relación a los componentes básicos para favorecer aulas interculturales, Boutte y McCormick (1992) plantean
cinco componentes básicos a considerar y que deben ser incluidos en el currículo para favorecer en los estudiantes
el conocer, respetar y enseñar:
-Modelamiento de los docentes: si los docentes muestran valoración a las personas con características,
ideología y orígenes diversos, los alumnos notaran esta actitud y la imitaran.
-Literatura multicultural: Los docentes deben propiciar el uso de textos que presenten diversidad de
género y personajes con diferentes características raciales, ambientes familiares e ideológicas.
-Inclusión Curricular y herencia multicultural: el currículo debe incluir temas relacionados con
tradiciones religiosas, musicales, artísticas y literarias que representen diversas culturas o ideologías.
-Experiencias multiculturales: al completar el currículo con expresiones coloquiales o en idiomas
distintos al culturalmente predominante o mayoritario, para enseñar a los alumnos el valor de la diversidad
lingüística.
-Recursos personales de culturas diferentes: Los docentes deben aprovechar la variación en los
antecedentes étnicos y culturales dentro de la comunidad. Pueden invitarse a padres y otros miembros de la
comunidad con buena disposición para compartir sus culturas.
Por su parte Gullnick y Chinn (1994), afirman que la diversidad cultural en el aula es una oportunidad
con la que cuentan los maestros para potenciar el aprendizaje. Ofrecen una serie de sugerencias para capitalizar la
diversidad cultural en el aula, entre las que están las siguientes:
-Colocar al estudiante en el centro del proceso de enseñanza y aprendizaje.
-Promover los derechos humanos y el respeto por las diferencias culturales.
-Creer que todos alumnos pueden aprender.
-Reconocer y construir sobre las historias de vida de la pertenencia de los estudiantes a microculturas
-Analizar en forma critica las relaciones de opresión y poder para entender posturas como el racismo, el
sexismo, el clasismo y la discriminación contra jóvenes, discapacitados y viejos.
-Criticar la sociedad en aras de la justicia e igualdad social.
Por otra parte, McDiarmid (1992), insiste en el papel que debe asumir el docente para sensibilizar hacia
las diferencias sociales, antes que solo ofrecer información. Su propuesta pide animar a los docentes a respetar a
los estudiantes cuyos valores, idioma, atuendo y así de manera sucesiva, diferían de los suyos; debe asegurarse de
incluir información durante la enseñanza y referencias al rol y a las contribuciones de las minorías en nuestra
sociedad multicultural; no se debe estereotipar a los estudiantes con base al idioma o su pertenencia a un grupo
étnico particular; finalmente conocer la historia, costumbres, idioma, valores y patrones familiares de los
estudiantes a los que se les enseña.
Al considerar algunos aspectos operacionales, se debe partir de premisas donde la pluralidad se construye
dentro de procesos de unidad, se dan respuestas a la totalidad de la sociedad, si la propuesta metodológica es
holística, como el pensamiento humano. El eje transversal procurará la construcción de cambios socio-afectivos en
torno al respeto y la tolerancia. Si se quiere construir ciudadanía intercultural se tiene que partir necesariamente de
las experiencias propias. De tal manera surge la necesidad de plantearse propósitos para lograr la inclusión
transversal de una ética intercultural en el Área de Educación de la Universidad Francisco de Miranda, que podrían
enfocarse hacia:
-Diseñar una propuesta metodológica que incluya la ética intercultural a manera de eje transversal en el
Área de Educación de la UNEFM
-Promover y desarrollar técnicas y procedimientos para la enseñanza y el aprendizaje considerando la
diversidad cultural e ideológica que caracteriza nuestra realidad social actual.
El aprendizaje cooperativo se considera como una de las formas de dar sentido al aprendizaje, de
convertir a los alumnos en verdaderos protagonistas de la construcción de su aprendizaje. Esta metodología
implica cambios importantes en el rol docente y en el desarrollo y flexibilidad curricular. Las experiencias pueden
ser analizadas por los alumnos y los profesores, ya que pueden contribuir a motivarlos. Las razones de la eficacia
del aprendizaje cooperativo pueden ser analizadas, al igual que las condiciones para su aplicación y las
dificultades para la evaluación del mismo. La metodología exige proponer a los alumnos la elaboración de un
diagnóstico acerca de la problemática de la convivencia en la sociedad, comunidad o institución. Estos
procedimientos son sugeridos para su utilización en diversas asignaturas y tratamiento transversal del tema de
valores desde una perspectiva intercultural.
A manera de conclusión este papel de trabajo sobre ética intercultural plantea ideas iniciales para
formular una propuesta posterior, que al tiempo que plantee algunas orientaciones para el trabajo en esta área, deje
abierto el campo para la planeación y elaboración que deben hacer los docentes en cada institución educativa. La
ventaja de sugerir lineamientos sobre ética intercultural radica mas en abrir caminos para la discusión que en el
ofrecimiento de certezas o recetas.
La propuesta curricular transversal del área de ética intercultural es un punto de vista que se le presenta a
la institución como guía y recomendación, nunca como imposición u obligación. Aquí se converge a una situación
paradójica: por un lado, estos lineamientos curriculares de un área específica, pueden aparecer como una
orientación externa, mientras que ellos mismos quieren promover los procesos autorregulados y autónomos.
Es claro que aunque el dilema precisamente en el que se mueve la educación moral y ética
interculturalista es de la externalidad a la autonomía, es necesario apostarle siempre a la autonomía como medio y
como fin. En toda la práctica educativa, pero en este campo en particular es negativa y contraproducente la
imposición. La inclusión del eje transversal de ética intercultural debe ser una apertura a la participación activa
desde la convicción personal.
Es preocupante para todos, la grave situación social presente en el país, signada por la intolerancia
política e ideológica, y la violencia que afecta nocivamente los procesos de socialización y educación de los
alumnos. Sin embargo estas ideas iniciales, tanto en su argumentación teórica y metodológica como en los
componentes y ámbitos propuestos, buscan trabajar de manera conjunta iniciativas para fomentar la construcción
de ciudadanías universales que promuevan el respeto a la diversidad, la paz, la equidad, el medio ambiente, la
igualdad, la participación activa y otros valores los cuales componen una ética para ayudar a construir día a día
una sociedad más humana para todos.

Referencias bibliográficas
BOUTTE, G. y McCORMICK, C. (1992): Authentics multicultural activities. Chilhood Education 68-3.

CONSTITUCION DE LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA (2000): Gaceta Oficial Numero 5453


Extraordinario. Caracas.

CORTINA, Adela (1997): Ciudadanos del mundo. Editorial Alianza. Madrid.


FIORINO, Victor Martín (2004): Etica Intercultural. Material Mimeografiado. Universidad de los Andes, Mérida.
Venezuela.
GULLNICK, D. y CHINN, P. (1994): Multicultural education in a pluralistic society. Columbus, OH Merrill.

MCDIARMID, G.(1992): What to do about differences? A Study of multicultural education for teacher trainees in
the Los Angeles Unified School District. Journal of teacher education, 43.

SALAS ASTRAIN, Ricardo (2002): Problemas y perspectivas de una ética intercultural en el marco de la
globalización cultural. Revista de Filosofía. Número 41– 2. Universidad del Zulia. Venezuela.

UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL FRANCISCO DE MIRANDA (1995): Programa Académico


para la Licenciatura en Educación, Coro.