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POESIA Y TEATRO. 1 - Sociedad Dominicana de Bibliofilos

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Literatura Dominicana
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COLECCIÓN PENSAMIENTO DOMINICANO

VOLUMEN I

Poesía y Teatro

COLECCIÓN PENSAMIENTO DOMINICANO
VOLUMEN I

Poesía y Teatro
DOMINGO MORENO JIMENES | ANTOLOGÍA FRANKLIN MIESES BURGOS | ANTOLOGÍA JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMOS I Y II SALOMÉ UREñA DE hENRÍqUEz | POESÍAS ESCOGIDAS PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA

Poesía

Teatro
MANUEL RUEDA | LA TRINITARIA BLANCA. COMEDIA DRAMÁTICA EN TRES ACTOS

INTRODUCCIóN: EPÍLOGO:

Jorge Tena Reyes

Jeannette Miller

Santo Domingo, República Dominicana 2008

Sociedad dominicana de BiBliófiloS

Dennis R. Simó Torres, Vicepresidente Manuel García Arévalo, Vicetesorero Tomás Fernández W., Tesorero

Mariano Mella, Presidente

CONSEJO DIRECTIVO

Octavio Amiama de Castro, Secretario Sócrates Olivo Álvarez, Vicesecretario VOCALES

Edwin Espinal • Julio Ortega Tous • Mu-Kien Sang Ben Antonio Morel, Comisario de Cuentas ASESORES

Eugenio Pérez Montás • Miguel de Camps

José Alcántara Almánzar • Andrés L. Mateo • Manuel Mora Serrano Guillermo Piña Contreras • Emilio Cordero Michel • Raymundo González María Filomena González • Eleanor Grimaldi Silié EX-PRESIDENTES Eduardo Fernández Pichardo • Virtudes Uribe • Amadeo Julián

Gustavo Tavares Espaillat • Frank Moya Pons • Juan Tomás Tavares K. Bernardo Vega • José Chez Checo • Juan Daniel Balcácer Jesús R. Navarro zerpa, Director Ejecutivo

Enrique Apolinar henríquez +

BANCO DE RESERVAS DE LA REPúBLICA DOMINICANA
Administrador General Miembro ex oficio Daniel Toribio

CONSEJO DE DIRECTORES Secretario de Estado de hacienda Presidente ex oficio Lic. Vicente Bengoa

Lic. Mícalo E. Bermúdez Vicepresidente Dra. Andreína Amaro Reyes Secretaria General VOCALES Miembro

Lic. Luis A. Encarnación Pimentel Dr. Joaquín Ramírez de la Rocha Lic. Luis Mejía Oviedo Lic. Mariano Mella

Lic. Domingo Dauhajre Selman

Ing. Manuel Guerrero V.

SUPLENTES DE VOCALES Lic. héctor herrera Cabral Lic. Danilo Díaz

Ing. Manuel Enrique Tavárez Mirabal Lic. Estela Fernández de Abreu Lic. Ada N. Wiscovitch C.

Ing. Ramón de la Rocha Pimentel

Esta publicación, sin valor comercial, es un producto cultural de la conjunción de esfuerzos del Banco de Reservas de la República Dominicana y la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Inc. COMITÉ DE EVALUACIóN Y SELECCIóN Orión Mejía Director General de Comunicaciones y Mercadeo, Coordinador Luis O. Brea Franco Gerente de Cultura, Miembro Juan Salvador Tavárez Delgado Gerente de Relaciones Públicas, Miembro Emilio Cordero Michel Sociedad Dominicana de Bibliófilos Asesor Raymundo González Sociedad Dominicana de Bibliófilos Asesor María Filomena González Sociedad Dominicana de Bibliófilos Asesora Jesús Navarro zerpa Director Ejecutivo de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos Secretario Los editores han decidido respetar los criterios gramaticales utilizados por los autores en las ediciones que han servido de base para la realización de este volumen
COLECCIÓN PENSAMIENTO DOMINICANO
VOLUMEN I

Poesía y Teatro
DOMINGO MORENO JIMENES | ANTOLOGÍA FRANKLIN MIESES BURGOS | ANTOLOGÍA JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMOS I Y II SALOMÉ UREñA DE hENRÍqUEz | POESÍAS ESCOGIDAS PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA MANUEL RUEDA | LA TRINITARIA BLANCA. COMEDIA DRAMÁTICA EN TRES ACTOS

Poesía

Teatro

ISBN: Colección completa: 978-9945-8613-9-6 ISBN: Volumen I: 978-9945-457-00-1

Coordinadores: Luis O. Brea Franco, por Banreservas; y Jesús Navarro Zerpa, por la Sociedad Dominicana de Bibliófilos
Ilustración de la portada: Rafael Hutchinson | Diseño y arte final: Ninón León de Saleme Corrección de pruebas: Juan Freddy Armando | Impresión: Amigo del hogar Santo Domingo, República Dominicana. Abril, 2008

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CONTENIDO

Presentación Origen de la Colección Pensamiento Dominicano y criterios de reedición ............................. DANiEl TORiBiO Administrador General del Banco de Reservas de la República Dominicana Exordio Reedición de la Colección Pensamiento Dominicano: una realidad ........................................ MARiANO MEllA Presidente de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos Introducción Rescatando la poesía y el teatro con la Colección Pensamiento Dominicano .......................... JEANNETTE MillER

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Poesía

DOMINGO MORENO JIMENES. ANTOLOGÍA (Selección y prólogo): Domingo Moreno Jimenes. Una interpretación de su poesía ....... FlÉRiDA DE NOlAsCO FRANKLIN MIESES BURGOS. ANTOLOGÍA (Selección y prólogo): Un aspecto de la poesía de Franklin Mieses Burgos. Ubicación ...... FREDDY GATóN ARCE JUAN ANTONIO ALIX. DÉCIMAS –TOMOS I Y II– (Selección y prólogo): La moral y la literatura ................................................................. JOAquÍN BAlAGuER SALOMÉ UREñA DE hENRÍqUEz. POESÍAS ESCOGIDAS Salomé Ureña de Henríquez ....................................................................................... PEDRO HENRÍquEz uREñA POESÍA DOMINICANA. ANTOLOGÍA (Selección y prólogo): Poesía dominicana ....................................................................... PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR MANUEL RUEDA. lA TRiNiTARiA BlANCA (COMEDIA DRAMÁTICA EN TRES ACTOS) (Prólogo) ....................................................................................................................... JuAN GONzálEz CHAMORRO

31 107 175 409 503

Teatro

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Epílogo Presencia del libro en Santo Domingo desde el siglo XVI hasta Julio Postigo JORGE TENA REYEs ...................................................................................................................... Semblanza de Julio D. Postigo, editor de la Colección Pensamiento Dominicano .......
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709 743

PRESENTACIóN

Origen de la Colección Pensamiento Dominicano y criterios de reedición
Reservas de la República Dominicana, presento al país la reedición completa de la Colección Pensamiento Dominicano realizada con la colaboración de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, que abarca cincuenta y cuatro tomos de la autoría de reconocidos intelectuales y clásicos de nuestra literatura, publicada entre 1949 y 1980. Esta compilación constituye un memorable legado editorial nacido del tesón y la entrega de un hombre bueno y laborioso, don Julio Postigo, que con ilusión y voluntad de quijote se dedica plenamente a la promoción de la lectura entre los jóvenes y a la difusión del libro dominicano, tanto en el país como en el exterior, durante más de setenta años. Don Julio, originario de San Pedro de Macorís, en su dilatada y fecunda existencia ejerce como pastor y librero, y se convierte en el editor por antonomasia de la cultura dominicana de su generación. El conjunto de la Colección versa sobre temas variados. Incluye obras que abarcan desde la poesía y el teatro, la historia, el derecho, la sociología y los estudios políticos, hasta incluir el cuento, la novela, la crítica de arte, biografías y evocaciones. Don Julio Postigo es designado en 1937 gerente de la Librería Dominicana, una dependencia de la Iglesia Evangélica Dominicana, y es a partir de ese año que comienza la prehistoria de la Colección. Como medida de promoción cultural para atraer nuevos públicos al local de la Librería y difundir la cultura nacional organiza tertulias, conferencias, recitales y exposiciones de libros nacionales y latinoamericanos, y abre una sala de lectura permanente para que los estudiantes puedan documentarse. Es en ese contexto que en 1943, en plena guerra mundial, la Librería Dominicana publica su primer título, cuando aún no había surgido la idea de hacer una colección que reuniera las obras dominicanas de mayor relieve cultural de los siglos XIX y XX. El libro publicado en esa ocasión fue Antología Poética Dominicana, cuya selección y prólogo estuvo a cargo del eminente crítico literario don Pedro René Contín Aybar. Esa obra viene posteriormente recogida con el número 43 de la Colección e incluye algunas variantes con respecto al original y un nuevo título: Poesía Dominicana. En 1946 la Librería da inicio a la publicación de una colección que denomina Estudios, con el fin de poner al alcance de estudiantes en general, textos fundamentales para complementar sus programas académicos. Es en el año 1949 cuando se publica el primer tomo de la Colección Pensamiento Dominicano, una antología de escritos del Lic. Manuel Troncoso de la Concha titulada Narraciones Dominicanas, con prólogo de Ramón Emilio Jiménez. Mientras que el último volumen, el número 54, corresponde a la obra Frases dominicanas, de la autoría del Lic. Emilio Rodríguez Demorizi, publicado en 1980.
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Es con suma complacencia que, en mi calidad de Administrador General del Banco de

COLECCIóN PENSAMIENTO DOMINICANO | Volumen I | POESÍA Y TEATRO

Una reimpresión de tan importante obra pionera de la bibliografía dominicana del siglo XX, como la Colección Pensamiento Dominicano, presenta graves problemas para editarse acorde con parámetros vigentes en nuestros días, debido a que originariamente no fue diseñada para desplegarse como un conjunto armónico, planificado y visualizado en todos sus detalles. Esta hazaña, en sus inicios, se logra gracias a la voluntad incansable y al heroísmo cotidiano que exige ahorrar unos centavos cada día, para constituir el fondo necesario que permita imprimir el siguiente volumen –y así sucesivamente– asesorándose puntualmente con los más destacados intelectuales del país, que sugerían medidas e innovaciones adecuadas para la edición y títulos de obras a incluir. A veces era necesario que ellos mismos crearan o seleccionaran el contenido en forma de antologías, para ser presentadas con un breve prólogo o un estudio crítico sobre el tema del libro tratado o la obra en su conjunto, del autor considerado. Los editores hemos decidido establecer algunos criterios generales que contribuyen a la unidad y coherencia de la compilación, y explicar el porqué del formato condensado en que se presenta esta nueva versión. A continuación presentamos, por mor de concisión, una serie de apartados de los criterios acordados:

 Al considerar la cantidad de obras que componen la Colección, los editores, atendiendo a razones vinculadas con la utilización adecuada de los recursos técnicos y financieros disponibles, hemos acordado agruparlas en un número reducido de volúmenes, que podrían ser 7 u 8. La definición de la cantidad dependerá de la extensión de los textos disponibles cuando se digitalicen todas las obras.
géneros, pero ésto sólo ha sido posible hasta cierto punto. Nuestra edición comprenderá los siguientes temas: poesía y teatro, cuento, biografía y evocaciones, novela, crítica de arte, derecho, sociología, historia, y estudios políticos.

 Se han agrupado las obras por temas, que en ocasiones parecen coincidir con algunos

 Cada uno de los grandes temas estará precedido de una introducción, elaborada por un especialista destacado de la actualidad, que será de ayuda al lector contemporáneo, para comprender las razones de por qué una determinada obra o autor llegó a considerarse relevante para ser incluida en la Colección Pensamiento Dominicano, y lo auxiliará para situar en el contexto de nuestra época, tanto la obra como al autor seleccionado. Al final de cada tomo se recogen en una ficha técnica los datos personales y profesionales de los especialistas que colaboran en el volumen, así como una semblanza de don Julio Postigo y la lista de los libros que componen la Colección en su totalidad.  De los tomos presentados se hicieron varias ediciones, que en algunos casos modificaban el texto mismo o el prólogo, y en otros casos más extremos se podía agregar otro volumen, al anteriormente publicado. Como no era posible realizar un estudio filológico para determinar el texto correcto críticamente establecido, se ha tomado como ejemplar original la edición cuya portada aparece en facsímil en la página preliminar de cada obra.
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PRESENTACIóN | DanIel TorIbIo, aDmInIsTraDor General De banreserVas

 Se decidió, igualmente, respetar los criterios gramaticales utilizados por los autores

o curadores de las ediciones que han servido de base para la realización de esta publicación.

 Las portadas de los volúmenes se han diseñado para esta ocasión, ya que los planteamientos gráficos de los libros originales variaban de una publicación a otra, así como la tonalidad de los colores que identificaban los temas incluidos.  Finalmente se decidió que, además de incluir una biografía de don Julio Postigo y
una relación de los contenidos de los diversos volúmenes de la edición completa, agregar, en el último tomo, un índice onomástico de los nombres de las personas citadas, y otro índice, también onomástico, de los personajes de ficción citados en la Colección. En Banreservas nos sentimos jubilosos de poder contribuir a que los lectores de nuestro tiempo, en especial los más jóvenes, puedan disfrutar y aprender de una colección bibliográfica que representa una selección de las mejores obras de un período áureo de nuestra cultura. Con ello resaltamos y auspiciamos los genuinos valores de nuestras letras, ampliamos nuestro conocimiento de las esencias de la dominicanidad y renovamos nuestro orgullo de ser dominicanos.

Daniel Toribio Administrador General

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EXORDIO

Como presidente de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos siento una gran emoción al poner a disposición de nuestros socios y público en general la reedición completa de la Colección Pensamiento Dominicano cuyo creador y director fue don Julio Postigo. Los 54 libros que componen la Colección original fueron editados entre 1949 y 1980. Salomé Ureña, Sócrates Nolasco, Juan Bosch, Manuel Rueda, Emilio Rodríguez Demorizi, son algunos autores de una constelación de lo más excelso de la intelectualidad dominicana del siglo XIX y del pasado siglo XX, cuyas obras fueron seleccionadas para conformar los cincuenta y cuatro tomos de la Colección Pensamiento Dominicano. A la producción intelectual de todos ellos debemos principalmente que dicha colección se haya podido conformar por iniciativa y dedicación de ese gran hombre que se llamó don Julio Postigo. qué mejor que las palabras del propio señor Postigo para saber cómo surge la idea o la inspiración de hacer la Colección. En 1972, en el tomo n.º 50 titulado Autobiografía de Heriberto Pieter, en el prólogo, Julio Postigo escribió lo siguiente: (...) “Reconociedo nuestra poca idoneidad en estos menesteres editoriales, un sentimiento de gratitud nos embarga hacia Dios, que no sólo nos ha ayudado en esta labor, sino que creemos fue Él quien nos inspiró para iniciar esta publicación” (...); y luego añade: (...) “nuestra más ferviente oración a Dios es que esta Colección continúe publicándose y que sea exponente dentro y fuera de nuestra tierra, de nuestros más altos valores”. En estos extractos podemos percibir la gran humildad de la persona que hasta ese momento llevaba 32 años editando lo mejor de la literatura dominicana. La reedición de la Colección Pensamiento Dominicano es fruto del esfuerzo mancomunado de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, institución dedicada al rescate de obras clásicas dominicanas agotadas, y del Banco de Reservas de la República Dominicana, el más importante del sistema financiero dominicano, en el ejercicio de una función de inversión social de extraordinaria importancia para el desarrollo cultural. Es justo valorar el permanente apoyo del Lic. Daniel Toribio, Administrador General de Banreservas, para que esta reedición sea una realidad. Agradecemos al señor José Antonio Postigo, hijo de don Julio, por ser tan receptivo con nuestro proyecto y dar su permiso para la reedición de la Colección Pensamiento Dominicano. Igualmente damos las gracias a los herederos de los autores por conceder su autorización para reeditar las obras en el nuevo formato que condensa en 7 u 8 volúmenes los 54 tomos de la colección original. Mis deseos se unen a los de Postigo para que esta colección se dé a conocer en nuestro territorio y en el extranjero, como exponente de nuestros más altos valores.
Mariano Mella Presidente Sociedad Dominicana de Bibliófilos
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Reedición de la Colección Pensamiento Dominicano: una realidad

INTRODUCCIóN

Rescatando la poesía y el teatro con la Colección Pensamiento Dominicano
JEANNETTE MillER
I

obras publicadas por la Colección Pensamiento Dominicano, con el interés de ofrecer al público importantes selecciones de connotados autores nuestros en los campos de poesía y teatro, cuento, novela, ensayo, biografía, crítica de arte, derecho, historia, ensayos sociológicos y narraciones; muchos de estos renglones recogidos en antologías de distinto orden. El proyecto editorial que cuenta con el padrinazgo de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, comienza incluyendo en un solo tomo los libros de poesía que fueron editados por la Colección; a saber, cuatro antologías personales: Salomé Ureña (1850-1897), Domingo Moreno Jimenes (1894-1986), Juan Antonio Alix (1833-1918) y Franklin Mieses Burgos (1907-1976); y una antología general, Poesía Dominicana, realizada por Pedro René Contín Aybar (1907-1981). Además, se incluye en esta misma edición la obra de teatro La Trinitaria Blanca de Manuel Rueda (1921-1999), única de este género que publicó la Colección Pensamiento Dominicano, y que por ser su autor uno de nuestros poetas más importantes, encontramos en muchos de sus parlamentos, el ritmo que aporta un oído acostumbrado al manejo de la versificación. La Colección Pensamiento Dominicano fue probablemente el primer proyecto editorial que clasificó sus ediciones por género, y que tuvo una especie de comité de publicaciones formado por grandes intelectuales entre quienes se encontraban Julio Postigo (1904-1991)1, director y dueño de la Colección; don Emilio Rodríguez Demorizi (1906-1986), historiador y compilador nuestro de primer orden; y otros escritores de renombre. La similitud del diseño: fachada de la Catedral Primada de América en las portadas, un retrato o dibujo del rostro de los autores o de los que eran motivo de los estudios al principio del libro, igual tipo de letra… crearon un estilo, que permitía al lector identificar de inmediato la edición. La Colección Pensamiento Dominicano inicia sus publicaciones en 1949, con la edición de Narraciones dominicanas de Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, con prólogo de Ramón Emilio Jiménez2; desde entonces, y de manera ininterrumpida, fueron saliendo ediciones de tomos de gran valor que abarcaban variables propias de la creatividad y del pensamiento dominicanos. Como su nombre lo indica las ediciones fueron siempre de obras de escritores nuestros, a excepción de Moral Social y Páginas Dominicanas de Eugenio María de hostos, humanista puertorriqueño que se integró a República Dominicana con trabajos y proyectos que lo convierten en parte del pensamiento nacional.
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El Banco de Reservas de la República Dominicana inicia un programa de reedición de las

COLECCIóN PENSAMIENTO DOMINICANO | Volumen I | POESÍA Y TEATRO

Importantizar lo dominicano adicionó al valor de la propuesta editorial un tomar en cuenta lo nacional que todavía no había arraigado completamente en el espíritu del escritor criollo, y esto podemos encontrarlo en muchos de los prólogos a los libros editados. En lo concerniente al renglón poesía hemos considerado tanto al autor antologado como a los prologuistas de las cinco ediciones. Firmas tales como: Flérida de Nolasco (1891-1976), quien analiza la obra de Domingo Moreno Jimenes (1894–1986); Joaquín Balaguer (1906-2002) a Juan Antonio Alix (1833-1918); Freddy Gatón Arce (1920-1994) a Franklin Mieses Burgos (1907–1976); Pedro henríquez Ureña (1884-1946) con una biografía de Salomé Ureña de henríquez (1850–1897); y Pedro René Contín Aybar (1907-1981), con una breve explicación de los criterios adoptados en su antología Poesía Dominicana. En el prólogo a la obra de teatro La Trinitaria Blanca de Manuel Rueda, el español Juan González Chamorro (¿?-¿?), quien en 1957, año de la publicación, era director del Teatro Escuela de Arte Nacional3, afirma: ”El color blanco de esta trinitaria adquiere un alto sentido simbólico en la obra de Manuel Rueda, cuyo problema gira en torno a la frustración motivada por los prejuicios familiares y sociales que pesan sobre el carácter de una mujer, cohibiendo sus instintos naturales y encerrándola en una forzada soltería a la que no quiere resignarse… apoyada en un diálogo cortante, incisivo, ágil y de gran agresividad… en su construcción, estaba concebida y desarrollada con tal maestría que reflejaba un seguro dominio del difícil arte teatral”.4 González Chamorro compara la obra de Rueda con quienes afirma son sus antecedentes en el tema de la soltería: Doña Rosita la soltera de García Lorca y Frenesí de Peyret-Chapuis, afirmando que el personaje “Miguelina” de Manuel Rueda tiene un ”superior alcance humano” y la solución de la obra cuenta con ”mayor intensidad dramática”. La excelencia de Rueda como autor teatral, sería confirmada en 1995, al otorgársele el Premio Internacional de Teatro Tirso de Molina a su obra Retablo de la Pasión y Muerte de Juana la loca. El texto que sobre la poesía de Domingo Moreno Jimenes escribe Flérida de Nolasco, resulta un verdadero ensayo de su obra. En Domingo Moreno Jimenes, una interpretación de su poesía, la experta analiza desde las primeras composiciones del poeta, hasta las aparecidas en la época de la edición hecha en 1949, que ella declara ser la primera antología del vate de la Colina Sacra.5 Imbuida de su decidido espíritu hispanista, la escritora hace gala del manejo de la poética castellana de “rancia entraña popular” y mientras analiza la métrica del poeta versolibrista, teje asociaciones de sus versos con los cantares de gesta, con Gonzalo de Berceo, Juan de la Encina, Boscán, Lope de Vega… hasta llegar a Garcilaso y San Juan de la Cruz, para terminar con Rubén Darío. Unos por la forma, otros por el sentido, todos son conectados a la obra de Moreno Jimenes a través de una lógica sapiente capaz de crear un cuerpo de unificaciones, donde la poesía del criollo, concuerda en sus distintas etapas, con los mejores versificadores de la lengua castellana. Flérida de Nolasco establece el valor de Moreno Jimenes como uno de los iniciadores del verso libre en la poesía nacional, destacando su profundo nacionalismo que desbordaba amor a la tierra que lo vio nacer y su amplia formación, capaz de asociar los elementos clásicos de la cultura occidental con los de nuestro país. Sobre las reticencias que todavía, a la altura de 1949, pudiera motivar el decidido versolibrismo de Jimenes, de Nolasco señala: “Pasaron años, pasaron siglos, antes de que
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INTRODUCCIóN | RESCATANDO LA POESÍA Y EL TEATRO | JeanneTTe mIller

la forma sin forma determinada que traduce mejor el genio propio del idioma, se hiciera carne en una visión de la belleza que, de puro Antigua, sorprendió y hasta escandalizó a los timoratos.”6 Esta afirmación va seguida del concepto del verso como ritmo, en un análisis profundo y completo de la obra de este gran iniciador de la poesía moderna dominicana, que permanece vigente gracias a la calidad de sus composiciones. El prólogo de Flérida de Nolasco es un excelente análisis crítico que no sólo confirma la importancia de Moreno Jimenes en la literatura dominicana, sino que establece los profundos conocimientos de la autora, indiscuiblemente, una de nuestras primeras y más valiosas ensayistas. Las décimas de Juan Antonio Alix abarcan dos tomos. Esta publicación resulta sumamente importante por ser la primera agrupación de la obra de Alix que se encontraba en papeles dispersos o en la memoria de sus admiradores; igualmente, por representar la versificación popular dominicana, ya destacada por el famoso improvisador Meso Mónica (s.XVIII), pero que en el caso de Alix, abarca las características de un realismo costumbrista donde la caricatura de personajes y situaciones exacerba una realidad que fluctúa entre lo sublime y lo ridículo, entre la risa y el drama, en busca de elementos que construyan su identificación en medio de guerras intestinas e inseguridades de pertenencia, como era el caso dominicano a lo largo del siglo XIX, época en que al decimero le tocó vivir. El prólogo La moral en la literatura escrito por Joaquín Balaguer se basa mayormente en un planteamiento de contenido que arranca del concepto de la “pornografía en la literatura”.7 Impecablemente escrito, Balaguer parte de los clásicos grecolatinos recorriendo el medioevo, el renacimiento y la ilustración, en busca de ejemplos que justificaran el uso de “malas palabras” o de situaciones comprometidas en la gran literatura de todos los tiempos. Los discursos de Catón, los aforismos de Séneca, los cuentos de Bocaccio, el Sueño de una noche de verano de William Shakspeare, se refieren como una manera de justificar la terminología “suelta” de Alix, pero principalmente la inclusión en la antología de la más famosa de sus décimas, El follón de Yamasá: “En la literatura ‘pornográfica’ es menester distinguir lo que es verdaderamente inmoral de lo que es simplemente sucio; lo que se halla en oposición a las buenas costumbres, de lo que sólo afecta a la urbanidad y a la cultura.”8 Tanto cuido sobre lo pornográfico sólo se justifica si nos vamos al contexto de época: una edición hecha en plena dictadura de Trujillo (1953), y siendo el prologuista Secretario de Estado de Educación. Por otro lado, la justificación de la terminología procaz “alixiana” ocupa el texto de Balaguer, excluyendo un análisis del valor formal de los textos antologados.9 Cuando un poeta escribe sobre otro poeta, y más si son cercanos, difícilmente su palabras logran la objetividad de reconocer en su verdadera dimensión la calidad de quien es el objeto del análisis. Sinembargo, este criterio se contradice ante la singular selección y presentación de la obra poética de Franklin Mieses Burgos (1907-1976), que hace Freddy Gatón Arce (1920-1994) en la Antología del primero, que publica la Colección Pensamiento Dominicano en 1952. Miembros del Movimiento La Poesía Sorprendida (1943-1947)10 ambos escritores se ubican entre los cimeros de la poesía dominicana de todas la épocas. Por otro lado, Gatón Arce fue
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COLECCIóN PENSAMIENTO DOMINICANO | Volumen I | POESÍA Y TEATRO

periodista y ensayista de primera, y estas cualidades se traslucen en el trabajo que sirve de prólogo a la selección realizada por él. Publicada en 1952, Gatón Arce advierte que es la primera antología que se hace de la obra de Mieses Burgos, y naturalmente la selección abarca hasta lo producido a la altura del año de la edición. Partiendo de que Mieses Burgos realizó su labor poética “sin pausa y sin prisas”,11 el prologuista establece los nexos del poeta con el barroco y el romanticismo; sinembargo, advierte que el escritor internaliza estos puntos de partida convirtiéndolos en suyos a través de una nacionalización de los elementos en juego. Franklin Mieses Burgos es un maestro del ritmo y la melodía, su lenguaje penetra a través de la escogencia de términos precisos y conmovedores que dan la imagen, el sentimiento de lo que él quiere trasmitir. “Musicalidad y limpidez lírica…” –dice Gatón Arce– “…unifican su obra…”.12 En esta Antología siempre hemos echado de menos Paisaje con un Merengue al Fondo publicado en 194313. Este poema magistral se desarrolla entre lo lírico y lo épico, con una visión del ser humano basada en los sentimientos y sinembargo, estructurada a través de una historia dramática y llena de contradicciones –que simbólicamente alude a la dictadura– donde lo que se considera lastre cultural en la manera de “ser” del dominicano, emerge como una característica para poder existir a contratiempo, a contraespacio, logrando sobrevivir a un destino que para el poeta parece estar determinado. Nadie como Mieses Burgos para describir el paisaje criollo. Nadie como este poeta deslumbrante para dar la esencia del hombre dominicano y su manera de ser o no ser… La validez de influencias como enriquecimiento del escritor, sin caer en el calco o repetición de otras voces, queda establecida por Gatón Arce en la siguiente afirmación: “En los últimos siglos, y sobre todo en el mundo de hoy, las tansculturaciones son incesantes e intensas, y se escribe para todos los hombres y mujeres de la tierra y de su tiempo, acorde las circunstancias de cada quien”.14 “Mieses Burgos, poeta permeable y abierto, es por esto mismo, un creador auténtico, consciente de sus fuerzas. Y su canto será más fidedigno, dominicano y universal, cuanto mayor cantidad de bondades líricas de diversa tendencia asimile y participen en la depuración de su acérrimo intrumento expresivo”.15 Estas palabras acordes a lo que fue el lema de La Poesía Sorprendida: “Poesía con el hombre universal”, actúan como síntesis del concepto que primó en la excelente selección de la obra de Mieses Burgos hecha por Freddy Gatón Arce, que entre otros poemas incluye: Esta canción estaba tirada por el suelo, Elegía por la muerte de Tomás Sandoval, Rosa en vigilia… y al final, juicios críticos con las firmas de Iván Alfonseca (¿?-¿?), Alberto Baeza Flores (1914-1998), Pedro René Contín Aybar (1907-1981), Mariano Lebrón Saviñón (1922), Manuel Rueda (1921-1999), María Ugarte (1914) y Manuel Valldeperes(¿?-1970), entre otros, quienes completan una evaluación amplia y ponderada de Franklin Mieses Burgos, uno de los nombres principales –si no el principal– de la poesía dominicana. En las Poesías Escogidas de Salomé Ureña de henríquez el prólogo se sustituye por una biografía objetiva y equilibrada escrita por su hijo, Pedro henríquez Ureña. Con una sinceridad conmovedora, henríquez Ureña advierte que los versos que aparecen en la
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INTRODUCCIóN | RESCATANDO LA POESÍA Y EL TEATRO | JeanneTTe mIller

edición han sido corregidos y que no ha sido incluida toda la obra poética de su madre –más de veinte poemas de juventud y la poesía Anacaona, escrita en 1879–. Destaca que la formación de Salomé se basó en la lectura de los clásicos castellanos. Igualmente habla de la no muy extensa producción de la escritora en la que sobresale su poesía civil y patriótica, de la que Ruinas (1881) y Mi ofrenda a la Patria (1887), son quizás los mejores ejemplos. Asimismo, ubica su labor educativa como sin precedentes, y echa de menos sus cartas y otros textos en prosa donde Salomé Ureña de henríquez establece su manera de pensar y su compromiso con la patria, la civilización y el progreso. Igualmente afirma que para la insigne educadora y escritora, su labor docente fue más importante que su producción literaria: “La preocupación patriótica llegó a sobreponerse a toda otra idea en el espíritu de la joven poetisa: la literatura fue para ella consideración secundaria…”16 La antología Poesía Dominicana de Pedro René Contín Aybar resulta ser una selección de poetas nacionales aparecidos entre 1845 y 1951. quiérase o no, una antología es una escogencia basada en los gustos y preferencias del antólogo. que en algunos casos la selección se atenga a esfuerzos de objetividad más que en otros, es posible; pero las preferencias siempre saldrán a la vista. Este es el caso de la Antología de Pedro René Contín Aybar, donde el autor incluye poetas y trabajos de indiscutible calidad y permanencia, aunque también otros, –cuyos nombres no consideramos necesario reproducir– puedan parecer producto del capricho. hecha con conocimiento y desenfado, la antología de Contín Aybar tiene todavía una vigencia inaplazable para cualquier estudioso de la producción poética dominicana, pues abarca desde un año después de la Independencia (1845), hasta 1951, fecha de la segunda edición, a la que él afirma, en el prólogo que comentamos, no haber agregado ningún nombre, pero sí haber eliminado unos cuantos que se incluían en la primera edición de 1945. Ambas publicaciones –la de 1945 y la de 1951– llevaron el nombre de Antología Poética Dominicana. Refiriéndose a Contín Aybar, Manuel Rueda escribió: “…el único libro que materializó su prestigio un tanto etéreo de charlista y crítico ocasional, fue su popular Antología Poética Dominicana, donde se dio a la tarea de realizar valoraciones “definitivas” de nuestros poetas y donde marginaba, especialmente en la segunda edición, a figuras proscritas por la dictadura.”17 En apenas dos páginas y media Pedro René Contín Aybar establece su criterio de poesía dominicana, entre otras cosas reforzado por el período que abarca su recolección, 1845-1951: “…este volumen de la Colección Pensamiento Dominicano se intitula Poesía Dominicana, esto es, poesía escrita hasta el 1951, por poetas dominicanos. Y que viene a suplir, en parte, las ediciones de mi Antología Poética Dominicana, 1945 y 1951, agotadas. Para obviar esta falta he compuesto este volumen, a pedido del director de la Colección, Julio D. Postigo. No se incluyen otros poetas que los aparecidos en la primera edición, algunos de los cuales, por razones obvias, debieron ser suprimidos en la segunda…”18 En ella establece que la verdadera poesía dominicana nace con Domingo Moreno Jimenes y el Postumismo: “Me refiero nomás a la circunstancia ‘poesía dominicana’ poesía de ambiente nacional, (aunque con sentido universalista, porque si no se entra en el campo,
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terrible, de lo simplemente folklórico, o en lo que es algo peor, en el chauvinismo literario) y la cual advino luego, a partir, como ya dije, de Domingo Moreno Jimenes.”19 Los poetas con mayor cantidad de trabajos incluidos son: Fabio Fiallo (1866-1942), Domingo Moreno Jimenes (1894-1986), Franklin Mieses Burgos (1907-1976), Manuel del Cabral (1907-1999) y Rubén Suro (1916-2004); lo que nos ayuda a formar una idea sobre sus preferencias. Por el momento histórico y las características de la publicación, la Antología de Pedro René Contín Aybar fue piedra de escándalo y en ese mismo sentido, muy solicitada. II

En los estudios críticos de carácter histórico las selecciones se aprietan con el tiempo y va quedando

lo que realmente ha trascendido. En la poesía dominicana: clasicismo, romanticismo, modernismo, versolibrismo, surrealismo, simbolismo, coloquialismo se han venido sucediendo y llegan a nosotros a través de obras únicas o del conjunto de obras de los autores más prolíficos. Valorando los textos poéticos de la Colección Pensamiento Dominicano que hoy se reeditan en un solo tomo, resulta interesante compararar los distintos enfoques producto de la formación y preferencia de los prologuistas, lo que en cierto sentido nos permite tomar el pulso de la época en cuanto a las visiones críticas y evaluativas que se hacían a la producción literaria a mediados del siglo XX. Un factor importante es que los libros que tratamos –algunos de ellos, segundas o terceras ediciones– fueron publicados entre 1949 y 1961; es decir, durante los últimos doce años de la dictadura de Trujillo, en que la mordaza y los medios represivos llegaron a sus extremos, condiciones que indiscutiblemente pesaban tanto en las selecciones como en los ensayos críticos que servían como prólogos. Otro factor a tomar en cuenta es que a excepción de Gatón Arce sobre Franklin Mieses Burgos, y Contín Aybar en su Antología Dominicana, estos ensayos no toman en cuenta los referentes literarios nacionales como contexto e influencia. Pasado el tiempo, los dominicanos han ido tomando conciencia de su propia historia y de los elementos que los han distinguido e identificado como herederos de una serie de hechos que permanecen en lo que reconocemos como país, raza, entorno geográfico, habitat, modos y respuestas distintos, propios… La manera de hablar, el color de la piel, la forma de concebir nuestras edificaciones, lo que comemos, incluso nuestros sueños plasmados en la pintura, en la literatura, en la música, en el baile, en la artesanía… son parte de una identidad cambiante reforzada por la capacidad de inventar respuestas para poder sobrevivir. Todo lo acontecido hasta hoy nos ha condicionado, incluso a aquellos que no aceptan este punto de vista. Son los escritores de la década de 1960, que habiendo vivido los últimos años de la gran dictadura (1930-1961) y siendo protagonistas de la vorágine social, política, económica y humana que aconteció en ese decenio, se lanzan a la apertura y al cuestionamiento. Ya la belleza no es sólo blanca y marmórea, ya no sólo los alcázares y palacios mueven al poeta, tampoco hay que recurrir a fantasías indígenas, ni llorar por un negro visto desde Europa como esclavizado y dimensionalizado en su dolor. hoy, los mulatos somos la isla, en la que paisajes de ensueño coexisten con el hambre, las chozas, el atropello, el turismo socavante, el comercio humano, la propaganda y el consumo indiscriminado. Ahora escribimos
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los nuevos sueños de la vieja migración tratando de definir a los habitantes de un espacio con frontera de mar y tierra: la melancolía de la hégira, la tristeza honda del autoexilio, el grito de la transculturación… y nombres innovadores como Norberto James (1945), Cayo Claudio Espinal (1955) y José Mármol (1960); o desacralizantes como Alexis Gómez Rosa (1950) y Soledad Álvarez (1950), se sumergen en la libido o reseñan la patria en una introspección que interactúa con el devenir histórico tratando de crear los nuevos códigos, las nuevas formas de existir, las lejanías… que en este caso reafirman la memoria. Igualmente, los enfoques de la producción literaria asumen nuestra propia historia y nombres como los de Manuel Rueda (1921-1999), José Alcántara Almánzar (1946), Tony Raful (1951), Pedro Peix (1952), Andrés L. Mateo (1946), Diógenes Céspedes (1941), Franklin Gutiérrez (1951), sin olvidar a ese gran chileno-dominicano, Alberto Baeza Flores (1914-1998), registran un acontecer donde esa “intelección de la idea nacional”20 que llevamos a cabo de manera permanente, se nutre de las influencias externas digiriéndolas para mezclarlas con el sedimento de la isla, con la sal y el yodo del litoral, con la vegetación umbría y misteriosa, con la sangre cotidiana, con el ritmo extravagante, surreal y expresionista que nos ata a la existencia, con la “violenta alegría de la vida y de la muerte”21, en una tierra insólita que siempre nos sorprende modificando las respuestas, apropiándose de ellas. Y como prueba, los testimonios de Eugenio Fernández Granell (1912-2001), María Ugarte (1914), Manuel Valldeperes (¿?-1970), José Gausachs (1889-1959)… talentos europeos que fueron atrapados por la magia y el asombro de las “peinetas derretidas”, –como decía Wifredo Lam (1902-1982)–22 en un entorno paradisíaco y contradictorio, donde el deslumbre de la naturaleza siempre ha contrastado con los profundos índices de miseria y escasez. La búsqueda de la respuesta a esa dicotomía todavía se mantiene y es parte nodal de nuestro cuestionamiento; eso somos y esos elementos son los que salen en nuestra poesía, una poesía rítmica y melódica que partiendo del siglo XIX toma de la mano a Salomé Ureña (1850-1897), Gastón Deligne (1861-1913), Federico Bermúdez (1884-1921), Altagracia Saviñón (1886-1942), Domingo Moreno Jimenes (1894-1986), Franklin Mieses Burgos (1907-1976), Freddy Gatón Arce (1920-1994), Manuel Rueda (1921-1999), Aída Cartagena Portalatín (1918-1994), René del Risco Bermúdez (1937-1972) y muchos más, alcanzando, al llegar al siglo XXI, adultez y calidad indiscutibles. La importancia de la reedición de la Colección Pensamiento Dominicano es innegable. Por un lado, rescata parte importante de nuestro pensamiento y de nuestra cultura durante un período (1949-1980)23 que todavía estamos aireando; pone sobre el tapete nombres que, aunque parezca mentira, se han ido olvidando; y hace honor a un valioso editor, Julio Postigo, porque sin su empecinamiento en difundir las letras nacionales, hoy no tendríamos a la mano estos documentos. Por otro lado, los aportes de la publicación enriquecen, y hasta cierto punto modifican, el criterio editorial del Banco de Reservas de la República Dominicana, trazando pautas para un rescate de nuestra memoria como país en el aspecto de lo cultural, artístico y literario, campos de manifestación del intelecto y del espíritu que garantizan la permanencia de lo que debe ser considerado como valor nacional. Santo Domingo, noviembre de 2007.
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1. Julio Postigo, reconocido editor y librero dominicano, tuvo su Librería Dominicana –luego Librería hispaniola– en la calle Mercedes, al lado del templo evangélico que hace esquina con 19 de Marzo, en el cual era pastor. Fue un gran promotor de las letras nacionales y entre sus logros se menciona, no sólo haber sido el editor de la Colección Pensamiento Dominicano, sino el responsable de que en 1950, se instituyera el 23 de abril como Día del Libro, en honor a Miguel de Cervantes Saavedra, y de que en 1951 se realizara la primera Feria del Libro en República Dominicana. Ver historia de la Feria del Libro: www.ferilibro.com 2. Frank Moya Pons, Bibliografía de la Literatura Dominicana 1820-1990. Santo Domingo: Imprenta Amigo del hogar; 1997. 2 volúmenes. p.93. 3. El Teatro Escuela de Arte Nacional se fundó el 19 de marzo de 1946. Ver bellasartes.gov.do 4. La Trinitaria Blanca: comedia dramática en tres actos. Prólogo de Juan González Chamorro. Colección Pensamiento Dominicano. Talleres Tipográficos “Librería Dominicana”. Ciudad Trujillo, República Dominicana.1957. pp.12-14 . 5. A partir de 1918, se llamó Colina Sacra a la casa de Domingo Moreno Jimenes en el sector de Villa Francisca, en Santo Domingo. Alllí se celebraban peñas literarias de escritores y literatos, en especial de los pertenecientes al Postumismo. Ver Biografía de Domingo Moreno Jimenes en wikipedia.com 6. Domingo Moreno Jimenes. Antología. Selección y Prólogo Flérida de Nolasco. Colección Pensamiento Dominicano. Librería Dominicana. Ciudad Trujillo, República Dominicana. 1949. p.9. 7. Pornografía; obra literaria o artística de carácter obsceno. Ver Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española. Espasa-Calpe. Madrid, España 1970. 8. Juan Antonio Alix. Décimas. Selección y prólogo Joaquín Balaguer. Colección Pensamiento Dominicano. Librería Dominicana . Ciudad Trujillo, República Dominicana. 1953. II tomos. Primer tomo. p.12. 9. Nos referimos a un análisis de la décima en Santo Domingo y sus características en Juan Antonio Alix. La décima, esencia de la versificación popular, mayormente ha permanecido en la oralidad. En el caso de Alix, es importante la inclusión de términos propios del habla cibaeña, lo que adiciona valor a sus trabajos. Ver Luis Beiro Álvarez y huchi Lora. La Décima Escrita en la República Dominicana. (Antología Histórica). Fundación Barceló Procultura. Editora de Colores.1994. Santo Domingo, República Dominicana. 10. La Poesía Sorprendida, agrupación literaria que surgió en Santo Domingo en 1943 con el lema “Poesía con el hombre universal”. Sus integrantes fueron: Rafael Américo henríquez, Manuel Llanes, Franklin Mieses Burgos, Aida Cartagena Portalatín, Manuel Valerio, Freddy Gatón Arce, Manuel Rueda, Mariano Lebrón Saviñón, Antonio Fernández Spencer y José Glass Mejía. Estuvieron unidos al grupo el poeta y ensayista chileno Alberto Baeza Flores, y el pintor, músico y escritor español Eugenio Fernández Granell. Permanecieron activos desde octubre de 1943, fecha de la aparición de la revista La Poesía Sorprendida, hasta mayo de 1947, cuando circuló el último número de dicha publicación. Durante esos cinco años salieron a la luz pública 21 números. Ver La Poesía Sorprendida en www.escritoresdominicanos.com 11. Franklin Mieses Burgos. Antología. Selección y prólogo Freddy Gatón Arce. Colección Pensamiento Dominicano. Librería Dominicana. Ciudad Trujillo, República Dominicana. 1952. p.7, sin numerar. 12. Franklin Mieses Burgos. Antología. Selección y prólogo Freddy Gatón Arce. Colección Pensamiento Dominicano. Librería Dominicana. Ciudad Trujillo, República Dominicana. 1952. p.7. 13. La Poesía Sorprendida, 1943. Edición completa 1943-1947. Editora Cultural Dominicana, Santo Domingo. República Dominicana. 1973. Ver Núm. 3 de La Poesía Sorprendida. 14. Franklin Mieses Burgos. Antología. Selección y prólogo Freddy Gatón Arce. Colección Pensamiento Dominicano. Librería Dominicana. Ciudad Trujillo, República Dominicana. 1952. p.8.
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Citas y notas

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18. Poesía Dominicana. Antología. Selección y prólogo Pedro René Contín Aybar. Colección Pensamiento Dominicano. Librería Dominicana. Ciudad Trujillo, República Dominicana. 1969. p.6. 19. Poesía Dominicana. Antología. Selección y prólogo Pedro René Contín Aybar. Colección Pensamiento Dominicano. Librería Dominicana. Ciudad Trujillo, República Dominicana- 1969. p.6. 20. Emilio Rodríguez Demorizi. Pintura y Escultura en Santo Domingo. Colección Pensamiento Dominicano. Librería hispaniola. Santo Domingo, República Dominicana. 1972. p.38. 21. Jeannette Miller. Fichas de identidad / Estadías. Respuesta a una nota masoquista de mi amigo… Editora Taller. Santo Domingo, República Dominicana. 1985. p.77 de Fichas de Identidad 22. Jeannette Miller y María Ugarte. Arte Dominicano, artistas españoles y modernidad. 1920-1961. Centro Cultural hispánico e Instituto de Cooperación Iberoamericana. Editora Corripio, Santo Domingo, República Dominicana. 1996; y Silvano Lora. Wifredo Lam y Santo Domingo. Galería Boinayel. Arte e Impresión Mograf S. A. Santo Domingo, República Dominicana. 1985. 23. La primera publicación de la Colección Pensamiento Dominicano fue en 1949: Narraciones Dominicanas de Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, con prólogo de Ramón Emilio Jiménez; y la útima, Frases dominicanas de Emilio Rodríguez Demorizi, en 1980. Ver Diógenes Céspedes La Colección Pensamiento Dominicano son 55 libros, no 54. hoy Digital.

15. Franklin Mieses Burgos. Antología. Selección y prólogo Freddy Gatón Arce. Colección Pensamiento Dominicano. Librería Dominicana. Ciudad Trujillo, República Dominicana. 1952. p.10. 16. Salomé Ureña de henríquez. Poesías Escogidas. Colección Pensamiento Dominicano. Librería Dominicana. Ciudad Trujillo, República Dominicana. 1960. p.8, sin numerar. 17. Manuel Rueda. Dos Siglos de Literatura Dominicana (S.XIX-XX). Poesía. Tomo II. Colección Sesquicentenario de la Independencia Nacional. Volumen X. Editora Corripio C x A. 1996. Santo Domingo, República Dominicana. p.80.

Alcántara Almánzar, José. Antología de la literatura dominicana. Editora Cultural Dominicana. Santo Domingo, República Dominicana. 1972. Alcántara Almánzar, José. Estudios de poesía dominicana. Editora Alfa y Omega, Santo Domingo, República Dominicana. 1979. Antología Concurso de Poesía. Casa de Teatro 1984. Editora Corripio C x A. Santo Domingo, República Dominicana.1986. Baeza Flores, Alberto. Los Poetas Dominicanos del 1965: una generación importante y distinta. Colección Orfeo, Biblioteca Nacional. Santo Domingo, República Dominicana. 1985. Baeza Flores, Alberto. La poesía dominicana en el siglo XX. Colección Estudios, Universidad Católica Madre y Maestra. Santiago, República Dominicana. 1977. bellasartes.gov.do Beiro Álvarez, Luis y Lora, huchi. La Décima Escrita en la República Dominicana. (Antología Histórica). Fundación Barceló Procultura. Editora de Colores.1994. Santo Domingo, República Dominicana. Céspedes, Diógenes. Lenguaje y Poesía en Santo Domingo en el Siglo XX.Colección Arte y Sociedad No.19. Editora Universitaria UASD. Santo Domingo, República Dominicana. 1985. Céspedes, Diógenes. Miniantología Poética del ’88. Cuadernos de Poética. Año V, Núm.14. Enero-abril de 1988. Editora Taller. Santo Domingo, República Dominicana.1988. Cortázar, Julio. Literatura en la Revolución y Revolución en la Literatura. Siglo XXI. Editores. México. Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española. Editorial Espasa-Calpe, S. A. Madrid, España. 1970.
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Publicaciones de referencia

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Gutiérrez, Franklin. Antología Histórica de la Poesía Dominicana del Siglo XX (1912-1995). Ediciones Alcance. Nueva York. N. Y. EE.UU. Gatón Arce, Freddy. Franklin Mieses Burgos. Antología. Colección Pensamiento Dominicano. Librería Dominicana. Ciudad Trujillo, República Dominicana. 1952. genealogiadominicana.com La Poesía Sorprendida. Edición completa 1943-1947. Editora Cultural Dominicana. Santo Domingo, República Dominicana. 1973. Lora, Silvano. Wifredo Lam y Santo Domingo. Galería Boinayel. Arte e Impresión Mograf, S. A. Santo Domingo, República Dominicana.1985. Mateo, Andrés L. Poesía de Post-guerra/Joven Poesía Dominicana. Santo Domingo, República Dominicana. (1981). Miller, Jeannette. Fichas de identidad/Estadías. Editora Taller. Santo Domingo, República Dominicana. 1985. Miller, Jeannette. Fredy Miller: realidad y leyenda. Cuentos, poemas y otros textos. Banco Central de la República Dominicana. Santo Domingo, República Dominicana. 2005. Miller, Jeannette y Gatón Arce, Freddy. El Paisaje Dominicano: Pintura y Poesía. Ediciones Empresas BhD. Impresora Amigo del hogar. Santo Domingo, República Dominicana. 1992. Miller, Jeannette y Ugarte, María. Arte Dominicano, artistas españoles y modernidad: 1920-1961. Centro Cultural hispánico e Instituto de Cooperación Iberoamericana. Editora Corripio. Santo Domingo, República Dominicana. 1996. Moya Pons, Frank, Bibliografía de la Literatura Dominicana 1820-1990. Santo Domingo: Imprenta Amigo del hogar; 1997. 2 volúmenes. Nolasco, Flérida de. Domingo Moreno Jimenes. Antología. Colección Pensamiento Dominicano. Librería Dominicana . Ciudad Trujillo, República Dominicana. 1949. Pueblo, Sangre y Canto. Publicación del Frente Cultural. Santo Domingo, República Dominicana 1965. Sin nombre de editora. Raful,Tony y Peix, Pedro. El Síndrome de Penélope en la Poesía Dominicana.Colección Orfeo. Editorial Santo Domingo. Santo Domingo, República Dominicana.1986. Rodríguez Demorizi, Emilio. Pintura y Escultura en Santo Domingo. Colección Pensamiento Dominicano. Librería hispaniola, Editores Julio D. Postigo e hijos. Santo Domingo, República Dominicana. 1972. Rueda, Manuel. La Trinitaria Blanca: comedia dramática en tres actos. Prólogo de Juan González Chamorro. Colección Pensamiento Dominicano. Talleres Tipográficos “Librería Dominicana”. Ciudad Trujillo, República Dominicana.1957. Rueda, Manuel y hernández Rueda, Lupo. Antología Panorámica de la Poesía Dominicana Contemporánea (1912-1962). Colección Contemporáneos. Universidad Católica Madre y Maestra. Santiago de los Caballeros, República Dominicana. 1972. Sánchez, Enriquillo. La Poesía Bisoña (poesía dominicana 1960-1975) Reseña y Antología. Editora Casanova. Santo Domingo, República Dominicana. Sin fecha. Ureña de henríquez, Salomé. Poesías Escogidas. Biografía de la autora por Pedro henríquez Ureña. Colección Pensamiento Dominicano. Librería Dominicana . Ciudad Trujillo, República Dominicana. 1960. www.escritoresdominicanos.com www.ferilibro.com

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DOMINGO MORENO JIMENES | ANTOLOGÍA FRANKLIN MIESES BURGOS | ANTOLOGÍA JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMOS I Y II SALOMÉ UREñA DE hENRÍqUEz | POESÍAS ESCOGIDAS PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA

Poesía

NO. 2

DOMINGO MORENO JIMENES
ANTOLOGÍA Selección y prólogo FlérIDa De nolasco

DOMINGO MORENO JIMENES Una interpretación de su poesía
Por primera vez se reúne en volumen un manojo de poesías escogidas de nuestro poeta Domingo Moreno Jimenes. Su vasta obra, hasta ahora dispersa y aun maltratada en ediciones minúsculas de pésima calidad material, puede decirse que no es conocida en su valor verdadero. Al lanzar al público este libro es intención de los editores –intención que por sí misma se alaba– dar a conocer al poeta, haciendo resaltar lo más artístico y más noble de su producción. El material se ha dividido en tres momentos, y los dos últimos se subdividen en distintos planos de inspiración, facilitando así la comprensión del desarrollo intelectual y anímico del poeta. Los tres momentos corresponden a una ascensión gradual y constante: a un crecimiento de elevación y profundidad, a un latido espiritual y de penetración, al mismo tiempo de natural y espontánea intuición y de un atento cultivo artístico. En sus poesías de adolescencia y juventud Moreno Jimenes es uno de tantos iniciados que miran hacia atrás, hacia lo hecho, hacia lo tradicionalmente trazado y aceptado. Su buen gusto desde entonces lo guía, conduciéndolo por los caminos acostumbrados y aun por los entonces nuevos caminos. Pero se avecina la inquietud; ya tiembla en sus palabras, con la inseguridad y el temor de que pueda no ser cierto que viva dentro de sí lo inusitado, lo verdaderamente extraordinario. ¡Oh el desgarramiento de palparse, de sentirse que se es, de oírse llamado a seguir muy de cerca al dador de todo don y de toda gracia, e ir a tientas, sin saber el cómo ni el cuándo! Es la edad temprana, y ya tiene en los labios el zumo castizo, la rancia entraña popular que es savia de la poesía castellana. Lectura de los siglos de oro se entrevén en sus estrofas juveniles: salta sin extraños disfraces la copla irónica, risueña o nostálgica, como la hemos visto, rediviva, en los versos sencillos de Martí. Aparece asimismo una forma del viejo rondel, el casi milenario zéjel, el que siendo flor de campos sin cultivo también florece en los jardines de un Juan del Encina, de un Boscán, de un Garcilaso, o de un Lope de Vega. Empleará Moreno Jimenes, el joven, a más del típico octosílabo, el verso de siete, de diez, de once, de doce, de catorce sílabas; y, además ensayará combinaciones métricas, y airosamente se encerrará en el clásico y ceñido molde del Soneto. También manejará con soltura el infrecuente verso de nueve sílabas: Tras unos árboles diviso vagos celajes rosa y oro… los que inmortalizó Rubén Darío con Juventud, divino tesoro… hasta aquí es Moreno Jimenes un seguidor, a distancia de siglos, del buen Berceo, del que quiso bien trovar. Pero ya tienta y casi adivina una estética aun más atrevida y libre que la del mismo Rubén, que nos había hecho recorrer en embeleso de nuevo sabor, desde las formas más cultas, pasando por el movido y travieso Arcipreste, hasta el decir popular de
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la gaita gallega de que gustó el alado San Juan de la Cruz. Nos probó Rubén Darío que en el campo de la métrica no había desecho de hermosura para él vedado o desconocido. Pero con todo, es lo cierto que, desenterradas y manejadas con igual destreza todas las formas de poesía de sílabas contadas, todavía quedaban reservadas para futuros días, otras resurrecciones. El Cantar de Gesta ¿se quedaría para siempre como ejemplar momificado? Sus inauditas libertades que traían inquietos y confusos no sólo al mundo de los poetas estudiosos, sino a los propios investigadores de la lengua, ¿no habría quien se atreviera a intentarlas de nuevo? El arte español se caracteriza por su libertad de acción, que abunda en calor de verdad y vida. No triunfó Berceo con la medida exacta de sus versos: se abandonó lo que quiso imponer después del vigoroso ímpetu de los primitivos cantares, de una poesía anónima que no sacrificaba su lozanía a reglas convencionales. Se insistió en la irregularidad de la medida. El pulcro Marqués, de un popular españolismo en el repetido motivo de las serranas, presume de elegancia exótica en el molde impecable, y tras él se regulariza la versificación culta. Pasaron años, pasaron siglos antes de que la forma, sin forma determinada, que traduce mejor el genio propio del idioma, se hiciera carne en una visión de la belleza que, de puro antigua, sorprendió y hasta escandalizó a los timoratos del arte. ¿qué verso era éste que pretendía existir sin forma establecida? ¿En dónde encontraría su apoyo? ¿En la repetición de sonidos iguales? ¿En la mecánica de un ritmo sostenido y escogido a priori? No; abandonaba toda regla; no toleraba trabas, ni límites, ni moldes que constriñeran, tal vez helándolo, el soplo de la inspiración. Para descartar el justo y útil temor de que la poesía muriera en manos de tan extraña estética que así abandonaba los recursos propios del verso, se recordó a tiempo que poesía no es sólo el consonante, ni el asonante, ni la regularidad de la medida silábica; ni siquiera la colocación de los acentos; se tuvo presente que la poesía es máxima y recóndita belleza; que salta del manantial oculto del sentimiento, de lo no elaborado, de lo no aprendido, que surge del alma como no nacida, como no formulada, como creación que pudiera no ser creada. Eso es y será la poesía, no importa cómo sea escrita, y el que esto haga será poeta. La presencia del versificador, del que sabe cómo se fabrica el verso, ni sobrecoge ni sorprende. Tampoco interesa. El poeta, en cambio, es de aquellos milagros que todavía ocurren en el mundo, y que se producen donde menos se espera: lo mismo en la sabia Europa, en la exuberante y dilatada América, como en una mutilada Isla del Mar Caribe. Porque el Espíritu sopla donde quiere. En Moreno Jimenes tiene nuestra tierra, ¡la tierra de los inesperados milagros! un auténtico poeta. Su nombre merece devoción y respeto. Es un artista del pensamiento, del sentimiento, y de la palabra. Nos dice la verdad de su alma, y tanta verdad dice que a veces su sinceridad casi ahoga la forma. No es un poeta de imaginación; su mundo no es un mundo imaginado, es un mundo vivido, es un mundo suyo, que tanto se estremece en su conciencia como palpita delante de sus ojos. No mentirá si algún día nos asegura que todo el universo está comprendido en su alma. Todos los dolores, todas las esperanzas, todas las ternuras, la visión de todas las vidas humanas, convergen en su arte; él es en sí mismo el centro de toda vida y de toda muerte; y más de una vez lo hemos visto morir en la criatura que muere. ¿Extrañarán si se levanta a regiones incomprendidas, de las cuales nos falta la experiencia?
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Forma y pensamiento, aunque sean en la poesía partes de un todo, deben estudiarse deslindándose. La inquietud de encontrar una forma personal fue en Moreno Jimenes realidad temprana: quiero escribir un canto sin rima ni metro; sin armonía, sin ilación, sin nada… En 1918 publicó Paisaje, poesía con que inicia su revolución poética. La evolución, sin embargo, es gradual y se verifica cimentada por nuevos conocimientos. La versificación irregular en la poesía castellana, de Pedro henríquez Ureña,1 lo afirma en la veracidad de su excepcional vocación. Algunos poetas de España, Juan Ramón Jiménez, Moreno Villa… habían acomodado su inspiración al verso nuevo, al que dibuja y sostiene el ritmo como onda que se desenvuelve sin pueriles escrúpulos, sin soportes innecesarios. En el arte contemporáneo el fenómeno de la santa libertad no se comprueba sólo en la poesía. Baste el ejemplo de la música, que ha llegado en nuestros días a libertades nunca soñadas ni siquiera por los que se creyeron novísimos románticos y que hoy empalagan el gusto moderno más sobrio, más dado al aliento rítmico que al sonido blando. El predominio del ritmo en el verso amétrico parece seco, puede llegar a ser agrio y hasta desconcertante, y es que lleva oculto el canto, y como encajado, o como prendido en peregrino equilibrio, en un diseño de invención muchas veces oscilante, cambiante, movedizo, como las ondas del mar, como el correr de los vientos, como los colores inconstantes y mudables del cielo. La magna revolución estética (la de nuestros días) que ha conseguido, en feliz retorno, acercarnos a la naturaleza, tardó en llegar; pero llegó en buen hora. Arte que emociona por su sinceridad; realizado, no con prácticas ilusas, sino con técnica más humana, más conforme a la razón de ser, más acorde, si es de mano maestra, con nuestros propios sentimientos. De los primeros poetas en adoptar la inusitada manera, fue nuestro Moreno Jimenes. La sorpresa desconcertó a muchos. No era para menos que un dominicano fuera de los creadores de la novísima poesía. Se formó un cenáculo: algunos creyeron en la renovación que en Santo Domingo se bautizó con el nombre de Postumismo; tal vez porque no contaba sino con una póstuma aceptación. Los profanos apuntaban el desdén; los más sonreían, y unos pocos sonríen todavía. Sin embargo, lo nuevo ya es casi viejo. En Puerto Rico, Llorens Torres acierta rompiendo diques; en España García Lorca, después del Romancero Gitano, olvidará exprofeso la tradición del romance por una más antigua y más nueva; revolucionará su técnica Juana de Ibarbourou; aparece en Chile Neruda… y ahora, si no todos gustan del último manjar de los dioses, ya nadie quiere pasar por anticuado tomando por cosa de broma el reinado del ritmo libre. En 1926 Leopoldo Marechal, en polémica con el maestro Lugones, trataba de convencerlo de que “en la hora actual el hombre está cansado de métrica y pide versos libres”. La actual invasión del verso sin medida ni rima es para muchos desazón y plaga, es la lluvia de fuego, la abominación de la desolación. Pero es. “Los poetas del verso libre son multitud ahora en toda Europa y toda América. Se les negará el derecho de existir; pero existen”. Dijo Pedro henríquez Ureña interviniendo con ponderadora autoridad en la disputa. A Domingo Moreno Jimenes su estrella fiel le dijo como a Paul Fort:
1 Tengo noticias de que en la segunda edición de esta obra aparece un fragmento de Moreno Jimenes junto a otros de Juana de Ibarbourou, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y Jaime Torres Bodet, como ejemplos de la evolución del verso en América.

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—Sigue tu ruta, sencillamente, y ríete de la tempestad que amenaza. Prosigue hasta la muerte, donde se quiebra el misterio… Si el río lo ha de limitar a su estrecho curso, escogerá, él también, la amplitud del mar. Pedirá la barca y partirá solo. Pero no todo es paz y bonanza. La sacudida no se hará esperar: en medio del camino volverá hacia atrás la mirada nostálgica: “Yo siento vagos estupores por mi abandonado canto clásico”. Pero abatida, deshecha la tentación, en el íntimo y callado reposo escuchará la voz rectora de la hermana, de la hermana mayor: “Extasía montañas y desvela horizontes”. Y prestará oídos a la palabra del anciano que supo vaticinar el triunfo de la aurora sobre las ríspidas breñas. Oye voces interiores. ¿Sueña? Sueña. Pero no se ausenta de la realidad objetiva. Lo anima una doble visión, y disfruta a un tiempo de su realidad subjetiva y del mundo exterior que lo circunda. Doble e inseparable latido de su poesía. Se detiene arrobado ante el paisaje de la rústica aldea, donde ha ido a curarse de viejos males, porque tiene la mirada cansada de mirar cosas tristes. El reducido caserío de casas minúsculas no basta a interrumpir el dilatado horizonte. Recreo es contemplar la jubilosa cría, el dorado maíz que salta desgranado… La presencia inesperada de la muerte surge como mancha negruzca en el límpido lienzo… han pasado, junto a él, en conjunción extraña, la vida y la muerte. Y en su recóndito vivir pesa su inacabable carga de dolores, como un castigo. Insensiblemente regresa a su plano habitual de silenciosa meditación: “Montaña, que eres más que un hombre…” ¡Oh, pueblecito pobre y escondido, “si algún día soy a ti deberé esta condescendencia con la cumbre!…” Y en la contemplación del estrecho villorrio, su labio quedará “transido de augurios”. El panorama se retrata en su alma, y en ella se diluye y con ella se confunde. Sobre el pueblo, él velará para que no muera: que si una conciencia sola vela a su lado, siempre estará despierto… La nota melancólica apenas abandona a nuestro poeta. Del dolor se sustenta, y hasta en el instante del fugitivo placer tiene presente ante sus ojos la muerte. En la mirada de la hembra cree ver “nostalgias de otoño”, “mixtura de infinito y de llanto…” Oímos el extraño ruego: “Comprende a tu hombre triste, salmodia tu muerto…” Y en la queja dolorosa, con dejos de reproche, nos da un esbozo de autorretrato: Oh, mujer, qué remoto debiste verme, con mis zapatos viejos, mi sombrero deteriorado, y mi doliente afán de ajuar antiguo…
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Porque Moreno Jimenes usa una indumentaria inconfundible, y, al verlo, sin querer se nos ocurre la absurda comparación con aquel bienaventurado Benito Labre: pobre entre ricos, humilde entre los soberbios, despreciador de lo transitorio, contrapeso de pecado, en “alocado afán de futuros inéditos”. El amor, que no es extraño al poeta del dolor y del silencio, sólo rara vez queda exento de la gota de acíbar. Así en La niña Pola, donde el matiz de gracia completa la factura esencialmente artística, ni cargada de pensamiento, ni cargada de ningún otro interés que no sea el puramente estético; así en La Siesta que, con pudores de marchitos deseos, repudia hoy el autor por parecerle sin misericordia, en la que la belleza resalta sin preocupaciones y los colores fulguran con plástica excepción: rostro negro, blancos dientes, verdes y rojizos naranjos, acacias de matices tiernos, brillantes tornasolados, azafranes, verdes y rojos encendidos de la cotorra, labios oscuros, senos de uva morada… Pasan los años, y el poeta del silencio ansía cada vez más el apartado retiro. quiere sentirse solo, aunque universal; singular, aunque múltiple. Para siempre quiere dejar el pueblo por la aldea callada: Partiré del pueblo. Me roerá la angustia que a los peregrinos acoge en silencio. Angustia. Porque su paz sigue siendo anhelo recóndito. Ama a los suyos; y al partirse de ellos lloró de sus ojos, como el despedido Señor de Vivar. Al ver que se aleja sin cayado, sin túnica, sin otra bolsa “que la mochila de su divagar”, “las perdices levantarán el vuelo; llorará en una palma una tórtola triste”. Desde entonces deambula solitario, cargado con los versos que escribe; acongojado, porque sabe de cuántas miserias visibles e invisibles está hecho el mundo: antítesis de amor, negación de misericordia. El mundo que asquea, el que aborreció Jesús cuando dijo al Padre: “No te pido por el mundo”. El poeta del silencio ya no lee en los libros. Para ilustrarse le basta con meditar en su propia vida: pobre, aunque todo lo posee; solitaria, aunque poblada de inefables misterios… “Mi vida tosca y triste; mi vida llena de miserias y de lampos de infortunio”. Sigue su camino: “como una luz crepuscular que entre las raudas sombras se apaga” “quisiera que el mundo se trocara en un gran silencio…”

y:

En adelante, no ansiará, no anhelará. Se ha desnudado de todo, y no tiene deseos. Este maravilloso desprendimiento de lo sensible, el desapego completo de toda sensualidad ¿no será la noche oscura donde a nosotros, inútilmente, nos ha querido introducir San Juan de la Cruz? En ella, sin memoria de cosa alguna, en un olvido total de lo transitorio, en la ignorancia completa de lo intrascendente, encontrará un destello de luz en las tinieblas: la eterna compañía en la aparente soledad.
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Después de esto, después que ha visto abiertas para él las puertas, después de introducirse en la cámara de los elegidos, donde se revelan los verdaderos nombres, donde se miden todas las dimensiones, donde se descubre el misterio de la verdad, ¿a dónde habrá de llegar? Llegará hasta la misma muerte; traspasará sus linderos. Conocerá que la muerte no es muerte, sino la vida que se proyecta en lampo de luz creciente y ascendente, como un raudal de amor que viene de lo eterno y va a lo eterno. Su pensamiento se vuelve metafísico: Dios, como Ser, como Verbo, como Belleza, como Ciencia, como Luz que ilumina a todo hombre; el Cosmos, como obra incomprensible; el hombre, como alma que no puede morir; el espíritu, como guía y gobernalle de la vida del mundo; nuestra vida, como inacabada en el tiempo, e inacabable en el seno de Dios… A toda hora estará abstraído en el misterio. Pasemos a su lado calladamente, no interrumpamos sus divagaciones que tocan, en los Poemas de la Muerte, lo verdaderamente sublime. Frente a la muerte se siente “adulto de comprensión”. Entre las sombras densas y las luces que fulguran “¡cuántos horizontes insospechados!” Se abisma en la desnudez de la palabra; porque el signo le falta en su incompleto nombrar. Dolor de dolores es sentirse todavía subordinado a la vida, luego de anegarse en los misterios abismales. La hija ha muerto. Lo sabe, porque “se agiganta la nada sobre la soledad de su aposento”. Y ahora quisiera amar, amar con ilimitado y violento amor, a “una abstracta humanidad” La muerte pasa; ha pasado ya congelando el suspiro y la esperanza. En tanto, la corriente prosigue su curso: el rico seguirá viviendo de su oro, y los otros… los otros continuarán mintiéndole a la vida con la carcajada del impuro goce. El poeta continuará como sonámbulo que desconociera el presente. Acudirá al arrullo de la tierra, de la madre tierra. Junto al Morro de Monte Cristi se le ha revelado un nuevo destino, quizás un último destino: América. Soñará cosas lejanas; porque la angustia lo ha apartado para siempre del mundo que pisan sus pies. Después de los incomparables Poemas de la Muerte, el culto a América, “la religión de América”, como él lo llama, parece ser el eje que sostiene su poesía. Su afecto, desbordado, adquiere dimensión universal. Ama la raza, nuestra raza mestiza, y abarca en síntesis admirable al hombre, al humano que padece y sufre sobre la tierra. Se ha hecho magnánimo. ¿Profetiza? Vemos que su inspiración se agiganta generosamente, inflada por hálitos de Fe, de Esperanza y Amor. Con su canto quisiera envolver un mundo comprensivo y doliente. ha dejado atrás la nota sombría, último hilo que lo ataba a lo temporal. Ya no provoca pavores interiores; pero guarda su filtro de ternura que destila la nota noble y serena. La que hinchó de lágrimas la voz cuando dijo a la madre muerta: “Madre: deja que me siembre en la tierra para adorarte como debo”. Advertimos en el Moreno Jimenes de Plenitud, y más aún en el de Madurez, que el apoyo esencial de su verso es la rima de las ideas, el canto interno, el ritmo del pensamiento y del sentimiento, que cristalizan de tal manera unidos y de tal manera inseparables que dominan el ritmo del sonido. Peregrina invención que es estremecimiento y es arrobo en la poesía hebrea: Isaías, David… profecías y psalmos que impulsan nuestra sensibilidad hasta levantarla en espiral ascendente. La emoción, lanzada por su estímulo, se levanta en la curva del pensamiento que habrá de cerrarse, completándose, en descanso que es como cadencia musical,
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y que contiene no sólo un valor de sonido recóndito, sino un valor oculto de cantidad, de medida interna, que provoca deleitoso halago y saludable reposo. Para el poeta del silencio, mudo, con “mudez que tiene sabor de siglos”, es un mal subordinar la poesía a la palabra. Y en ascensión constante hacia mayor pureza, ha querido: liberar el verso; liberar la poesía del verso; y por último –casi inconcebible aspiración– liberar la poesía de la palabra. Valorizo la presente selección de poesías de Domingo Moreno Jimenes como no menor, en el maravilloso acoplamiento de forma, de intuición poética y de pensamiento elaborado, que la de los poetas contemporáneos sobresalientes de nuestra lengua. Pero he sentido la nostalgia de un mayor tamaño, de una mayor autoridad; pues si en expansión ideal y emotiva me sumerjo en su medida como si fuera mi propio recipiente espiritual, siento su urgencia para que la exaltación que he deseado hacer de la obra escogida de Moreno Jimenes, pudiera pesar con fuerza eficaz de convicción. Soy providencialista: una rezagada de mejores tiempos. Y cuando considero con espíritu desbordante y con unción respetuosa, de hacimiento de gracias, la complacencia excepcional de Dios por algunos seres, creo vislumbrar las razones misteriosas y ocultas de la economía divina en sus desiguales preferencias ¡tantas veces incomprensibles! Pero si ante la admiración, el signo se escapa y la palabra falta: “Tomad lo escrito como rizo de agua que el segundo disuelve…” Flérida de Nolasco.

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Versos de iniciación
Saeta
Porque te he sido sincero me desdeñas, enemiga, en lugar de ser mi amiga, porque te he sido sincero. Por un capricho altanero de mi suerte, no mendiga mi alma tu afecto, enemiga, por un capricho altanero. Que al fin y al cabo tú has sido lo que debiste haber sido antes de yo conocerte: Insinuación petulante, liviandad, no amor constante, antes de yo conocerte…
1914.

A un poeta melancólico
No entristezcas el amor, que el amor es siempre triste en este mundo en que existe la espina junto a la flor. ¡Tendrás al fin que sufrir!… Pues, olvida el sufrimiento y antes que venga da aliento a los que quieren morir.
1912.

.........................................................

Sinceramente
Nunca dolor humano fue comparable al lento pesar, que va minando mi existencia a desvelos. Todos ríen alegres; todos miran el cielo cual si de él esperasen
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algo que, aunque está lejos, llegará como llegan al mar los arroyuelos en la cuitada noche, tras el murmurar poético de los ramajes tristes… A todos cuando el tedio se aleja, la esperanza impulsa al raudo vuelo!… A unos les acaricia el errabundo ensueño con su mano de gasa; otros tienen un tierno corazón oprimido; y los más, el consuelo de un niño, de una amiga, o de un amor eterno… Yo vivo solo siempre. Del cielo nada espero. En mi pasado sólo flota como un recuerdo, que por ser tan lejano no advierto sus destellos. Mi presente es el mismo que ayer, cuando a los vientos lanzaba mis canciones: sólo que ahora no sueño… ¿Amor? El que tenía, la distancia y el tiempo van hiriendo de muerte… ¿Anhelos? Sí, el anhelo de descansar muy pronto, una tarde de invierno, bajo un ciprés muy alto, allá, en el cementerio…
1916.

Atardecer campestre

Ya se acerca la hora que los poetas cantan. Del sol algunos lampos aún doran la montaña. Corre tranquilamente el rumoroso río. Pregonan la llegada de la noche los grillos en la selva. Dos potros pacen sobre la grama;
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los dos son blancos; pero, uno tiene una mancha cerca del cuello, negra, como un lunar. Ya el frío va poniendo las manos y los rostros cenizos. Voy sosegadamente en dirección al pueblo. Sesgo para occidente y en los espacios veo arder el sol en una pira de llamas rojas, y colorear las nubes de azul, violeta, rosa. Mientras prorrumpe el ángelus en la vecina iglesia y en coro las mujeres pausadamente rezan.
1914.

Para un breviario
Mientras un soplo exista vital y triste en mi ser, ese soplo será primero para el arte sublime que me subyuga: él derrama la lumbre de su consuelo; él sostiene la rosa de mi esperanza; él cuida de los lirios de mis ensueños… Si la dulce poesía que me conforta abandonara el mundo, quedara muerto el corazón que huye de los amores, pues los amores sólo dejan recuerdos que vierten sus congojas en el crepúsculo y yerguen sus espinas en el sendero. Nada tan arrobante como las horas pasadas en el dulce recogimiento de la armonía tenue de un verso raro, de la cadencia núbil de un ritmo nuevo. ¡Oh el eternal oasis! Ningún amigo para curar heridas como éste, ¡oh, cielos! que en las horas de duda me presta alientos y preludia mis albas como un lucero!
1916.

La cita
Llevaba una caléndula en la mano, entreabierta. Sus ojos parecían dos soles negros. Toda ella temblaba muda de pasión y de miedo. En su semblante pálido florecían dos rosas. Un estremecimiento su ser ya casi exánime
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recorrió. Yo sentía su corazón ardiente latir. Nos separamos sin hablar. Un reloj que sonaba a esa hora me recordó la muerte.
1917.

Ofrenda muda
Maldije mi dolor, y ciegamente apuré los placeres de la vida; a la luz de la luna enternecida o enroscado en la fúlgida serpiente. Tras cada ignoto anhelo o ansia ardiente quedaba mi alma cándida sumida en un mar de estupor, y enmustecida la flor de gasa y oro de mi frente. Hube de despertar al fin, del sueño, y lejos de la senda del ensueño vagué mil veces con la faz tediosa. Mas, a poco, lancé mi alado ruego, y herido por la flecha del dios ciego fui a implorar a las puertas de una hermosa. Abril sus armonías y sus flores iba esparciendo con albar dulzura; la fuente deshacíase en rumores y mil aves poblaban la espesura. Ella que es casta, silenciosa, pura, por esquiveces me mostró rubores, y temblando de célicos temores, confesóse ante mí, toda ternura. Si un día, por seguir mis ideales, tuviera que dejarla entristecida de la desilusión en los umbrales, hallaría, después de la victoria, de abismos el camino de la vida, de espinas la corona de la gloria.
1917.

I

II

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A unas manos
En vano es que mis ojos con ternura persigan la mirada de otros ojos; en vano que le tema a los abrojos; en vano que me mueva un ansia pura. Por la terrena lid sólo despojos encuentro de la diáfana ventura que de mí huyera ayer: claveles rojos, hijos del desenfreno o la impostura. Atado a la ignominia del deseo tanto tiempo viví, que ya no creo perderme en las eróticas escalas. Mas, como para amar vine a la vida, ahora inquietan mi alma entristecida dos manos, que pudieran ser dos alas!
1916.

Drogas para mi tedio
OPIO El sol dorando las enhiestas cumbres. En un jardín florido mi amada se recrea viendo correr un niño. Bajo la verde sombra de unos pinos, yo sueño. ¡Inmortal sueño el mío! ALOE El parque iluminado por la luna. Yo en él, y triste como siempre; los mancebos del brazo de las mozas, mil perfumes vagando por el éter; los acordes perdidos de una música terrenal o celeste; un “te adoro” que llega a mis oídos a la par que un “¿me quieres?”; el dolor que me muerde las entrañas; frío sudor que corre por mi frente; ¡y un surtidor, oculto de indiscreta malicia, y una rosa de nácar caída sobre el césped!
1917.

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De toda blanco
Cuando te pongan de toda blanco acuérdate de mis largos besos tristes, de mi pasión por las violetas, de mi desinterés por el oro, de mis quietas nostalgias infinitas, de mi desenfrenado delirio de paz, y de otras cosas que silencio por no verte morir!… Y si esa noche el mar divisas desde la niebla de tu ventana lanza un gemido sobre la ruta de mis postreros adioses!… Cuando el cáliz de mi amor sea violado, trae a tu mente mis rebeldías que fueron flamas; y ten olvido para mi olvido, como un arrullo para mis mansos sueños de gloria: —Yo le perdono sus infidencias y sus desvíos, yo le perdono hasta su enlace con una sombra; y más que eso, hasta mi crimen, hasta mi crimen yo le perdono!
1918.

Oración
Tras unos árboles diviso vagos celajes rosa y oro. La luna esplende de improviso sobre el pinar mudo y sonoro. Sin un rumor se pierde el río. Sólo una tórtola se queja. Los perros huyen. hace frío. De súbito pienso en mi vieja. (Ella estará sufriendo ahora los abandonos de mi ausencia; quizás le falte hasta un pan duro). Sobre la mar de mi existencia ya no navega ni una aurora: mi fe, mi arte… todo oscuro.
1918.

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Metamorfosis
Por el postigo abierto de mi ventana fría entró una bruja negra; fue moviendo las alas con lentitud y pausa hasta que sobre un mueble de laca quedó inmóvil. Toda la noche estuvo ensimismada o muerta. No bien despuntó el alba, cuando meció los aires con vuelo fatigoso por el hogar. Ardían aún las constelaciones. Me decía: —Tal vez me trae alguna nueva horripilante y triste, vestiré luto rígido o el desamor desmayará mis flores. hice lo que no hacía en muchos años: orar y prometer a más ser bueno.
1919.

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Versos de plenitud
Rutas de estéticas Aspiración
quiero escribir un canto sin rima ni metro; sin harmonía, sin ilación, sin nada de lo que pide a gritos la retórica. Canto que tuviera, sólo dos alas ágiles, que me llevaran hasta donde quiere, con su sed de infinito, en las noches eternas volar el alma. Canto que, como un río sereno, fuera diáfano; y en su fondo se vieran como piedras cambiantes, mis ilusiones, como conchas de nácar, mis pensamientos, como musgos perpetuos, mis ironías sobre los arenales de mi esperanza. Y allí mostrarme todo como soy en la vida y seré tras la muerte cuando la eternidad orle mi gloria con sus palmas de luz!
1916.

Melancolía
Dejaré mis niños. Partiré del pueblo. Me roerá la angustia que a los peregrinos acoge en silencio. El día que parta, todos a sus puertas saldrán a verme; encontraré en mi senda alguna anciana de las que socorría algunas veces… Cuando unos pinos cruce fustigaré mi potro; y aunque el norte no empañe ni una nube, el pañuelo de hilo me llevaré a los ojos.
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Al verme las perdices levantarán el vuelo; llorará en una palma una tórtola triste, y tal vez si un can sucio me seguirá a lo lejos… Por semanas y aun meses me instigará una sombra; luego… mis cantos en la mañana alegre. ¿Y después?… el olvido y algunas muertas rosas.
1918.

Profesión de fe
Si supieran tus débiles manos, hija, tus débiles manos. Dios creó al hombre para la gracia, el bien y la verdad. ¿Te apartarás de tu camino? ¿Confundirás la cal con el cieno? ¿Serás sobre el ventisco un árbol más? No sé: ¡Toda la dicha consiste en no cejar!
1923.

Paisaje
Se ajan con el sol las rosas blancas; el día parece de oro, y el azul de los cielos se ha tornado cenizo. Se ajan con el sol las rosas blancas; sobre el mar hay una vela, y la paz triunfa hasta en el aire. Se ajan con el sol las rosas blancas; los ruiseñores van de huida, y una oración conmueve el bosque. Se ajan con el sol las rosas blancas; rima el camino su cinabrio, y el guayabal su verde perla.
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Se ajan con el sol las rosas blancas; entre la grama crece un tilo, y sin silbar corre una fuente.
1918.

Postumismo
La hermana mayor, la hermana, me ha dicho palabras que no se ha llevado el viento. Palabras pétreas, eternas y claras. Mi hermana mayor, la que me dijo: extasía montañas y desvela horizontes. Lo que me mata: mi piedad; lo que me salva: la inquietud. Constatar que de mal, de un poquito de mal, dependen todos, ¡hasta yo mismo! y desear amar a trueque de perder la gloria y la vida! Aquel joven pálido, yo lo conocía, yo presentía su existencia lejana a través de las brumas de mis sueños. Niño yo, y bobo como aquellos seres cuyas almas parecen péndulos y cuyos corazones destilan, destilan levedad y tristeza en el silencio. Su voz fatigaba la aldaba de mis augurios incógnitos, y yo seguía entregado a mis juegos locos, a mi pesar y a mi mutismo.

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Y aquel anciano, ¿no sabéis que mi alma cuando lo contemplaba quería romper a volar? ¡Esperaba de su silencio tantas cosas! Su nombre se insinuó siempre bien, y su voz cavernosa y todo, me agradaba. De susto no me cogerá jamás saber que él vaticinó el triunfo de la aurora sobre las ríspidas breñas! Convencido más de una vez tengo que estar que la vida no acaba aquí. La vida que se vive no es sólo la vida. Todo acto crece en la eternidad.
1923.

Desaparición
Alba: tráeme el canto, la canción loca o la sinfonía mansa; los turpiales entonan en los nidos himnos y yo mismo he sido impelido por una voz alta… Alba: seas purificación o armonía; ayúdame; como quieras o como te sea posible; con alas o con el impulso ciego que es más que alas; préstame alientos; dame tu báculo formado con madera de rosas… Alba: mi amada es vieja, pero en rostro joven hasta la noche luce… El té para mis decaimientos y mis achaques hierve y la luz en mi alma es escasa, ¡por demás escasa! Te veo en el hilo de agua, en la roca, en el pichón de loro, en el alcatraz, en el cerdo, en la paloma y en su detentador el milano, en las innovaciones y en las reacciones sordas de los sórdidos ídolos clásicos: transfigurada en el loco perfume, o en la gracia pertinaz o leve,
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siempre eres un ascenso, una cumbre ¡oh alba, halo de mis deliquios o refrigerio de mis nervios!
1924.

Macito de dalias
Aquella sombra de mujer que saeteaba todos los días por mi vera. ¿No ves en mis ojos el eco santo de lejanas canciones? ..................................................................................... Yo siento vagos estupores por mi abandonado canto clásico, y si no suelto el cayado es porque me encuentro, aun sin sospecharlo, entre los bosques del Cosmos, perdido.
1929.

La colina sacra
¡Ya es un pueblo! En el alero donde revoloteaban las golondrinas, ya hormiguean los hombres… Ya el poeta puede en la calenturienta noche ver la luz de la Religión Universal. Ya el filósofo puede sintetizarla y explicarla. zumbidos de nuevas conciencias andan por la tierra de América. Reverberaciones de estelares soles se insinúan y conciertan por el mundo. Ya mi casa no está en una calle ni en un barrio: ¡mi visión iluminó el promontorio entero!
1940.

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Amorosas

Mafalda
¿habéis visto una rosa cuando comienza a abrirse, feliz por el rocío, la paz y el tibio sol, risueña sonreírse, presa a la vez de anhelo, de júbilo y temor? Pues converged la vista por el briznal camino, y la veréis allí, clavadas las pupilas en el azul divino, haciendo del pasado presente y porvenir. En sus dorados bucles luce una flor, y lleva un traje verde tierno, matizado de azul, que su ser más eleva a la mansión del beso, del trino y de la luz. Es casta, ingenua y ágil, como quien tuvo, pura, sólo una inquietud vaga que le inundó la faz de un rubor que aún perdura carminando y ungiendo sus mejillas al par. A veces una duda falaz la martiriza; mas, cuando llegue él, le ofrendará, añorosa, su más blanda sonrisa cediéndole las manos o los labios… tal vez!
1918.

Desasimiento
Era blanca y me perseguía; era pálida y me perseguía; era casi diáfana y me perseguía. Mujer, ¿no sabes que ya yo he olvidado la vida? Mujer, ¿no sabes que ya yo he trocado mi corazón por un cayado? Mujer, ¿ignoras que hasta la lumbre de mi sentir se ha desvanecido?
1938.

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Siesta
La negra de los dientes blancos me ha prometido darme una cita junto a los naranjos, a la hora de la umbría, en el momento que gorjean los pájaros. Se fue por la avenida de las acacias. Y en tanto que unas cotorras la empalizada brincan y ella por el andén se va alejando, por mi memoria cruza la visión de otro cuadro, vivido hace unos meses en el campo. La quietud y el bochorno me van amodorrando, y ya siento en mis brazos su cintura y en mis labios sus labios; tiemblan cual uvas sus morados senos; y como un tronco al cual ya ha herido un rayo cae su cuerpo por tierra, y en el bosque los ruidos cesan por un rato. Y ya desvanecido aquel mal sueño, con los ojos fijos en el término vago continúa mi impiedad, indiferente como si nada hubiera pasado.
1919.

Madrigal
quisiera ser ahora lo encantadoramente bueno. Dejas correr tus trenzas con la placidez de una niña, piensas en las acacias, en los lirios de nieve, en las estefanotas de espuma ¡y sin embargo yo deslizara en la selva de tus cabellos un clavel rojo! Todos los días cuando el alba desciende de las montañas viene mi gato negro con un festón de luna sobre el mostacho a traerme la nueva de que el sol en la noche clavó su garra. (En este instante debes bordar bajo el crepúsculo o con la mano en la mejilla,
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estática, sonreír al amor venidero).
1921.

La niña Pola
¿qué será de la niña Pola, que estaba en el campo, que su padre figuraba tonta y echaba a rodar a los vientos de la alborada su risa loca?… Crepúsculo y alma, ingenuidad y gloria; suspirillos de un pecho que no había tenido pesares nunca, inquietud de unos ojos que habían rondado por la montaña, tras el arco-iris que los corpúsculos tornasola… Sobre blanco rojo, y sobre rosado, moreno. Brillo como aquel brillo, yo no he encontrado ni en el diamante ni en el destello; castidad parecida, ni en la albahaca ni en el romero, ni en la petunia, ni en la magnolia, ni en la paciencia; (el sol de espaldas o el sol de hinojos junto del cerro!… —Es muy tranquilo; pero me lleva catorce años. (¡Oh, si supieras, cuántos abismos, cuántos obstáculos, salvo en la tarde, salvo en el alba, para tenerte junto a mi sueño! ¿qué será de la niña Pola, que estaba en el campo, que su padre figuraba tonta y echaba a rodar a los vientos de la alborada su risa loca? La sangre aborta, y a las miradas que están en éxtasis no le es posible seguir el curso ya desarbolado de la égloga!…
1927.

Estéril
¡Oh tú, vagabunda con quien me di el abrazo en el río, no te engañe el lucero del alba, no te engañe la luna de julio, no idolatres la gasa del monte ni profieras: La Patria es mentira!

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Yo alenté tus primeros impulsos, gasté en plata tus rútilas perlas y he incendiado las aguas de instintos; como he constatado en un rapto de suprema constancia la terrible igualdad de la risa, de la sal, de la sangre y el agua. Vivo yo, debes creer que ya he muerto; muerto yo, debes mirar que vivo hecho miedo en tu risa de histérica, hecho espasmo en la simultaneidad de la muerte y la vida!
1932.

Briznas de la colonia
quisqueyana, déjame besar los vellos de tus piernas; déjame inundar la inédita vía de tu anhelo… Mujer de los arqueados ojos y las crispadas manos: sostenme en el torbellino de mis aspiraciones y mis deseos; ¡cunde mi plectro con la suavidad de tus manos y reverdece con tus palabras el apagado cenit de mi anhelo! Mujer, mixtura de infinito y de llanto: comprende a tu hombre triste, salmodia tu muerto, ¡y coge al vuelo la paloma de los pies y de los ojos alados! …Calló la voz y el crepúsculo se derramó en cadencias sobre las puertas sin forma de lo desconocido. Venía un vals lento. Todo el mundo callaba en la aldea. ¿Si la música se parecerá a la muerte?
1933.

I

II

India
India, desde la cabeza hasta los pies, in-dia; debí decir mestiza, pero ya ves, escribí india y no me arrepiento: ¡a veces la salvación de un porvenir está en el pasado!
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No sé si vienes de Boyá, donde se consumió la indiada nuestra, o de Enriquillo ¡dónde se sublevó el cacique que enarboló ese nombre! Con la tristeza de tu mirada y la majestad de tus senos, yo estoy comulgando horizonte arriba… (¡Oh, tú, que viniste a mí con la nostalgia del otoño y la reciedumbre de la primavera!) ¿En mí estabas buscando un hijo que tal vez se te había perdido, o el primer varón del orbe que se había de tus sentidos eclipsado? Me sonreías de soslayo y me lanzabas responsos de diatribas. Ahora, ya ves, yo me he alejado… ¡Y he dejado el presente a tus pies como una cosa muerta!.. Seguiré en mi afán de realizar a América; aunque ya no en la voluta de la caricia ni en el volcán de la sangre, sino en este vislumbrar de rey vencido… (¡Trescientos siglos diluidos en cuarenta y cuatro años!) ¡Oh, Mujer, qué remoto debiste verme, con mis zapatos viejos, mi sombrero deteriorado, y mi doliente afán de ajuar antiguo!… ¡qué soso te debí parecer siempre con mi alocado afán de futuros inéditos!…
1938.

Óleo
(A la manera antigua)

La niña de la pampa, la flor del tabacuelo, el bucle en onda corta, el mirar, riachuelo. La faz canela brava, el pecho jardín ancho, visión de un sueño esclava, nitidez en el rancho. Amor tocó a su puerta. Canción sonó en su oído.
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La esperanza en el viento. Polen de alba en el nido… En tanto, cuatro o cinco nubes por el andén revuelan con ahínco sobre la tarde sen.
1938.

La inencontrada surge
Y seré, y vuelvo a ser… Y seré, y vuelvo a ser. ¡Oh, amada: por ti mi rosal ha despabilado sus estrellas! Sólo a tu conjuro la noche me ha soliviantado en su ancho Océano… Me interné en la infancia; entré y salí del alba de la muerte por ti, y sólo por ti! ¡Oh, amada, el día que te desmayaste en mis brazos, abril era, la felicidad había estremecido mis ámbitos, y mi corazón no lo advertía! (Todavía tengo el corazón inflamado y un zahumerio de lilas que me cala el ser todo entero). Parece que te he visto, porque hoy al despertar me ha sabido a azucena la brisa. única, tenías que ser así, única; misteriosa y altiva; risueña y triste; esclava de mis ansias; reina de mi ser; mía en el día que se agita; mía en la noche que renace; mía en el alba que despierta; mía en el crepúsculo de la raza futura que aún no ha germinado. ¡Mía, mía, mía! Mía hasta antes de nacer ¡y hasta más después de morir!
55 IV III II I

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Cuando me ibas a mirar te sonreías y cuando te besé por primera vez lloraste. ¡Oh, el dolor del beso primero! ¡Oh, el martirio del beso primero! ¡Oh, el infinito gozar y sufrir a un tiempo del beso primero! Ya en tu patio los rosales no dan rosas, sino estrellas No lo dudes: “me amas”, “me amas”, “me amas”. Y si no me amaras, ¿qué sería del orbe, y del pájaro solitario en la rama, y de la pobre onda líquida cuyo equilibrio es su desequilibrio? En ti laten causas de mundos; pero te vistes de levedad para que te ignore hasta el átomo. ¡Oh, amada, la que te me ocultabas a cada paso del camino, a cada sin razón de la jornada, y que ahora, inesperadamente, me vuelves de niebla los pies y las manos! Y junto a ti estoy siempre a despecho de la vida, del porvenir, y del pasado.
1939.

V

VI

VII

VIII

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Varias
Nuevos motivos
La flor de la maravilla se ha abierto para mí en la tarde; sus pétalos son afilados, su perfume es tenue; yo he comulgado con la melodía de su porvenir, ignotamente, y he sentido gemido de astros y levantarse un polvo de resplandor en mi camino. Llegué hoy más tarde. El sol presentaba una nube. El jardín se contenía en su silencio. Llegué hoy más tarde. Las flores de su jardín estaban mustias. Llegué hoy más tarde. Ella era toda para mí y para sí misma. En nuestro derredor no hablaba ni una hoja. Llegué hoy más tarde. ¿Conocemos la evolución del mundo a cada nueva ojeada del mundo? El hombre despertó, y en el libro abierto de la vida había una hoja en blanco! ¿Diría mártir? ¿Diría libertador? ¿Diría poeta?
1918.

I

II

El haitiano
Este haitiano que todos los días hace lumbre en su cuarto y me llena las fosas nasales de humo; este haitiano que no puede prescindir de la cuaba, y prefiere tabaco del fuerte y aguardiente del malo, es bueno a su modo, y a su modo rico y a su modo pobre.
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¡Benditos los seres que maltrata el hombre! ¡Bienaventuradas las cosas humildes que se yerguen siempre sobre el polvo frío de todas las cosas!…
1927.

Maestra
Maestra: recuerda el amanecer con su vaca lechera, su humo de sol, su organillo de pájaro… háblanos del plátano que rezaba a la sombra y del guineo que amarillaba junto al oreganito; no es exótico ni lo rubio ni lo negro.

del maizal que nos confirma que en américa

¡Maestra, no te muestres tan distraída ante tus parroquianos hombres!… Piensa que ser mujer, y mujer con m minúscula, es de todas las cosas lo que en verdad te importa. Trocar los sexos, ¿y con qué objeto, siendo, como eres, en realidad, de un sentir prolijo y tierno? Así: minuciosa, sensible y sumisa te soñó mi egoísmo, y te anhelan mis hijos que están en gestación desde la infancia!
1938.

Panacea
Partió por el horizonte de la dicha y era una bandera santa de recuerdos. El pan medio quemado estaba sobre la mesa limpia y los niños ya no querían jugar ¡tenían como los rostros imprecisos! Sobre la mecedora el mechero de gas casi apagado, y bajo la plancha, mi camisa. La tarde hacía las veces de un gran salmo incoloro que estrangulaba entre sus manos la noche.
1929.

Nuevo madrigal
El aguijón estaba perfumado. La herida estaba perfumada.
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Ascendió al cerro un velo de perfume. Una neblina de sándalo anunció la mañana. —¡La abeja ha muerto, madre! Y al irrumpir, quedaste ensimismada, cual si el dolor se te volviera aroma, iris el grito y tornasol la lágrima. hija mía, expía en tu vida la íntima fragancia!
1930.

Hora azul

Ondas. Vuelos. Romanzas lejanas. Medialuz. Bisbiseos de sombras en el puerto. Gasas que cubren el horizonte reverberante. Crujir de jarcias recias. (Ay Dios! ¡qué será de las lilas con medio cuerpo bajo el cieno, y medio cuerpo sobre la vida!)
1930.

Hora gris

Atravesé el cementerio de la aldea: no tenía dolientes: se estremeció mi alma junto a un jazmín triste, gimieron mis sentidos junto a una rosa cárdena. Después, lancé la rosa y los jazmines al viento, y sólo quedó flotando en el instante esta sola palabra: “Tierra”.
1930.

Campiña poblada

Vi el sol desparramándose por las puertas; sentí la paz emergiendo dentro de las almas. Vi a los niños reír y sentí el amor que sonreía. La tarde tenía júbilos de mañana y un mango proyectaba en la soledad su ennochecida sombra.
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Junto a la pareja estremecida por el cierzo, dije: ¡Grato el desamparo que os une! ¡Grande el dolor que os reconcentra! ¡Leve la realidad que os eterniza! Todos los ojos de la Naturaleza querían como sumergirse en el crepúsculo de la tierra, y yo que avanzaba sobre la tierra, a duras penas comprendía que el cielo era más tierra que la tierra…
1935.

Los últimos canjilones de la primavera
—Buen viejo, ¿de dónde brota el canto? —Los cantos borbotan de la sangre. —Madriguera, ¿y el amor? —De sí. —Mar, ¿cuál es la melodía de las campanas en el crepúsculo? —Dolor, ¿cuál es tu friso, a dónde tiende el hálito de tu propulsión? —Infinito, tú solo me bastas hoy para estar triste.
1925.

Vislumbrar América
En todo viaje hay una rosa náutica: el punto de partida, el lugar de llegada, los objetivos presentidos y las posibilidades exteriores. Me ofreció los labios en un arranque de entusiasmo, de timidez, de locura. ¡Adiós, me decía su mano tranquila! ¡Puede ser, me decían sus ojos turbados! ¡Será, no será, me osó decir a un mismo tiempo su seno oprimido! Cuando me tengo que levantar de noche, porque la creación me quita el sueño; y tengo que continuar, mentón en mano,
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todo un cuarto de noche, todo un tercio de tarde y todo un crepúsculo de día; cuando la copian a mi lado vocablos que no son seres, pero que ni tampoco son fantasmas, y palpo el vacío de la vida, y la oscuridad de mi entendimiento, olvido el principio de las cosas, y parto del fin de las cosas, al principio de la irrealidad y de la vida. Lo vi como un sátrapa de todos los Continentes, asquearse del prójimo que le había enseñado el camino, traicionar al amigo que le había tendido la mano y hasta maldecir a la madre que lo había parido… Su mano en el horizonte turbaba las sombras, ¡y su cabellera era una selva iluminada! ¿Te convenciste? Con la cal de mis huesos está hecho todo: lo que palpas y lo que ni siquiera presumes. —Soy bella, es verdad; pero no puedo ser eterna. —Sigue prolongándote, hasta que te des de bruces con el silencio y con la muerte. Franqueado el primer paso, ¿por qué vacilas en dar el último? Lo último cuaja el hecho en bramido de acto… Por eso los reciénllegados en la vida son hombres de coraje… Ojos absortos en los accidentes lejanos, manos de forasteros posadas en el lienzo de los destinos. Mujer u hombre, piedra o santo: ¿ves la vida? Asómate a la claraboya de la nada. ¿No ves nada? ¿No ves aún, todavía? ¡Pues escucha, para que tu silencio se torne clamor pensante, y en el albear de una isla desierta, divises el claror de una reciénvenida vida!
1926.

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Cantos de la tierra
El diario de la aldea
¡Ay Dios, que ves el viento y ves la nube, compadécete de mi alma que es una nube fría en un cielo claro! Mi andar no es andar de consciente sino de sonámbulo; llevo las manos en el aire y el pensamiento en el azul; llamo “madre” a las plantas y a las margaritas “hermanas”; en cualquier riachuelo veo la faz de mi padre, y los luceros, carbunclos de la noche, son mis “hijos”. Esta síntesis del mundo que llevo conmigo a veces me sume en la tiniebla; pero siempre me arrastra a la luz! Oh naturaleza, ¿qué mal te he hecho para que me castigues con una carga tan desapacible? Yo sé que vine del misterio, pero los cambiantes de la vida son más inexplicables que las flaquezas de la muerte, o que la sencillez de la nada. Tú no me podrás dar la alegría riente de lejanos días y lejanos tiempos en ti vengo a curarme de viejos males, en ti vengo a reposar. El pájaro herido busca el antiguo albergue de sus dichas. Junto a aquella rama, yo soñé; bajo la sombra de aquel árbol yo medité; el susurrar del río ya no me sabe a música, pero a un despertar próximo me suena. Mariposillas: no voléis, brisas: no entremezcléis mi cabello cano. ¡Siga mi frente erguida y luminosa como una antorcha! Este hueco de cañada me recuerda la vida y esta placidez de soledad me quiere como hablar de niñez. Yo fui un niño como todos los otros, aunque un poco más cándido y más triste. De ayer a hoy, ¡qué abismo! y de ayer a mañana, ¡qué universo! Con moras frescas me teñí las manos y tengo la mirada cansada de soñar cosas tristes. El cielo que tengo por delante no es doloroso; pero el horizonte de mi vida presente, sí que lo es!
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El maíz brillaba en las manos del hombre, la polla se internaba entre los matorrales, el cielo se encapotaba sereno. ¡quién fuera madreselva! ¡quién fuera río! ¡quién fuera cañada! Flores, flores, flores. ¡Oh Mayo! ¡oh dolor! Tal cuando el sol tramonta, y las nubes obscuras se entretejen de grana y los aires se llenan de infinitos vapores; tal cuando la torcaz da el grito que espanta la nidada y el ruiseñor; tal cuando las montañas que están por arriba de mi cabeza sueñan; tal cuando los árboles tiemblan y los arroyos cantan. Relinchos de caballos en mi puerta, más luego, pasos y voces; a poco, un loco sobresalto de mi ser solamente; en seguida, el sol, la alegría de los pájaros, la mañana, dos aldeanas rientes, una mujer pálida, dos niñas, sus hijas, enmascaradas de riguroso luto, la cruz de un muerto, mi estupefacción al ver, hasta el dolor, metamorfoseado de esa manera; mi expresión: “vuestras lágrimas sean benditas”; al momento, mi pretexto de buscar la lechera. Después… el campo y yo con el campo y los pájaros, solo.
1925.

Islas mentales
Cuando le puso la moneda en la mano, el esclavo se dijo: esta es mi libertad… y le volvió la espalda para siempre. Toda la tarde se desvanecía en un rosicler mustio, y el espejear de todos los días venideros estaba como pendiente de un arroyo de láudano, y de tinta. La charla de los sembradores ponía como la tierra mansa. Sabaneta parecía una forastera cargada de collares rojos
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y de lugares comunes blancos. Yaguajal ofrecía su reflejo verdoso Y Tomines enrostraba sus pedregales al caminante. La tarde que quería como venírsenos encima, nos envolvía en un ambiente de lunas y de pájaros. La trepidación de una espontaneidad superior hendía los aires y los recreaba, y ahorcajadas, sobre toda cosa viviente o presentida, el afilado diente de la noche.
1929.

Trozo de pueblo
Esas casas de cana donde se respira felicidad. Esos albergues tímidos donde hasta la angustia es un silencio. Esa jovialidad de pecho joven que hace brava la gente. Esas canas de anciano que al sol vigilan vírgenes. Esa tranquilidad de perspectivas. Ese canturrear de la madrugada; ese respeto de la tarde; esa serenidad de la noche… Esos pasos ignorados de los héroes por campos de ausencia y de muerte. La tarde humeaba; el horizonte echaba chispas; al frente, unas luces, un poco distante… (¡Ay Bartolina, si yo volviera a verte como en la época de tu fresca hermosura!)
1925.

Impresiones de Sabaneta
Una mujer junto al río y una escuela junto a la montaña; un dulce creer en Dios y un grato olvido de las cosas mundanas. Todas las mañanas el humo, todos los días el sol, todas las tardes el alma; y un día y una hora no esperada, la muerte,
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cerca del pinar, con paz y sin miedo, junto al río y la montaña. Veía con el pensamiento mis burros lentos, veía las grandes piedras que no los dejaban caminar, veía el agua de los bidones que se derramaba por el camino, y fui a una gramita pálida y medio mustia, donde conversé mucho conmigo mismo y puse en mi interior los puntales de estas palabras, que hoy son emoción, y entonces sólo eran reminiscencia de un recuerdo… Pueblo: duerme tu sueño de catorce mil siglos, que si una sola conciencia vela a tu lado siempre estarás despierto, ¡aunque nunca llegues a despertar! Continúa abriéndome tu herida más honda, hasta que ya no exista. (O que yo y los hombres creamos que no exista!)
1930.

II

III

IV

Voz interna
¡Oh, generosidad que por doquiera nos haces crear espectros! ¡Oh, lágrimas! ¡Oh, razón de ser de la vida inútil! Bien está que nos nublen la esperanza y nos festinen el recuerdo; bien está que nos acorten la fuente del instante; bien está que nos truequen la dicha en una mariposa loca. Siempre habrá aldeas esparcidas por colinas abruptas, y silencios desconocidos…
1930.

Aleluya de invierno
El rancho. La hembra. Salirse de la vida. El cielo. El prado. El bosque. Imágenes de sueños desvanecidos. Recuerdos de existencias remotas. La brisa. El humo. El túbano que comprime silencio.

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El niño; el perro; el asador de la cocina. Bosquejos incompletos de un porvenir hecho jirones. Gasas en el poniente y realidad sobre mi vida… ¡Salve! a los poetas que renegaron la palabra. ¡Salve! a los conductores de pueblos que se anegaron en la sombra. ¡Salve! al brillo oculto de las sapiencias ignoradas. Arco iris de luz sobre la frente de la infancia; arco iris de paz sobre la inestabilidad de la vida. Un rumor de destinos me hace un signo en la frente. Una crucifixión de albores me distiende el oriente del camino. Miro para adentro y sigo la sesgada senda; le doy una ojeada al porvenir, y me pierdo en la inestabilidad de la vida!
1930.

Parábola de los dones
Dije al río en la emoción de su desenvolvimiento apacible: —Padre del bosque, hermano de las sencilleces astrales. Dije al mujido de la vaca: —Fuerza, alegría, salud. Dije al manglar: —Tu sombra está más llena de perfumes que la noche. Dije a la montaña: —Verte es crecer, recordarte es comenzar a desandar la vida.
1931.

Salutación
Vi el desfile de las muchachas para Gurabo, el orto en siesta, el nácar de la luna sobre el crepúsculo, y he hundido mi planta en el río sin sentirlo y sin saberlo, como si estuviera atacado de Sonambulismo. Tú has cruzado a pie el destino, y desde el útero de la Naturaleza, te has llenado de cal y de aliento, de color y de canto; de la montaña tomaste el iris gris violeta y de la cinta del camino el alma.
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Recojamos en este grito de salutación todas las almas dispersas del mundo. y dejemos que la maravilla de tu palabra incendie el presente de mitos.
1932.

A la mujer ilustre de Santiago
Mujer que ves a este peregrino llegar, ¿comprendes su hastío de la vida, adviertes su anhelo no colmado, presientes las ortigas que rodean sus pies? Mujer que ves a este peregrino llegar, ábrete las venas de los deseos, y con la mirada en alto, convéncele que suba y que no ceje… Él había llegado a pensar que en la cúspide podían tornarse cuerdos sus sueños. Él huía, huía de las praderas de sus éxitos como si sonreír fuera crimen. A los árboles, prefería la sombra de los árboles; y al prado virgen, la soledad petrificada del prado virgen. Llegó a enloquecer en su anhelo de querer que nadie sufriera. Con la existencia trunca y algunas canas viriles todavía. Mujer, tú sola puedes darme un adiós, y un beso. (O en un adiós entretejido el ulular de un beso, como si fuera brisa de pinos que recortan en verde terroso el gris…) Tú sí sabes sentir como nadie en el mundo, alfarera de mi desnuda y desolada Patria; elíxir de los sentidos superiores; hoja de la tierra que expandes en cimas múltiples el barro… Reverencio en ti el alma de mi madre muerta y la carne de mi madre viva. ¡Silenciaré para que me puedas interpretar mejor en esta soledad de páramo fuerte que es mi vida! …
1932.

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Río pueblo
Alto. ¡Jocundo! Pareces una bruma de noche… El alba siempre te está aguardando porque presiente que te entregarás pleno!… ¡Mejor tálamo jamás pudo soñar la muerte! ¡Mejor florón de inquietud jamás pudo imaginar la vida! Mejor espejo de horizontalidad jamás pudieron anhelar los vastos horizontes! ¡Oh río; oh arteria; oh fuente, que haces posible en el común momento la inalcanzable cima, que recreas, alzándonos del rudo polvo de que todas las cosas están hechas! Si abajo, es el amor, si arriba, son las nubes; si en tu rostro, es la más dulce plática del viento! ¡Tú que has hecho posible que la montaña se desnude, que se irga el árbol y que la pradera se peine! Si un pájaro canta, su armonía es espíritu, porque tú fecundas de ambrosía el gorjeo. Corona eres que rodeas a Santiago, y serpiente de eternidad que aseguras el Norte! —¡Oh las partidas sin partida del Atlántico, que palpan a Europa y dejan a la América intacta! Pulmón de ensueño, gasa de idealidad, corazón de infinito… Mis sienes esperan el descanso de tus márgenes, y a mis manos sobre tus ondas no les duele estar prematuramente marchitas! ¡Río!… iba a decir puerto. La lluvia cayó sobre la montaña. Por el Este aparecieron tres astros de rostros minúsculos, pero el devenir de la humanidad estaba parado: entre la cruz y un alfanje giraba su mente!
1934.

A San Francisco de Macorís

Macorís: ¡permite que al romper el alba te salude! Tú no sabes de espectacular vida muelle; tu noche es como el aura de tus mujeres de cabellera bruna; tu sol es más dulce que el sol del Este,
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más fuerte que el sol de Occidente, ¡más rico y más complejo que ese todopoderoso sol del Norte! ¡Oh pueblo, que tienes por los cuatro costados el campo! No reniegues de tu virtud, y que jamás te abofeteen el rostro los cintarazos de enmohecidas y pretéritas civilizaciones! En tu jolgorio alegre está tu fuerza; en tu sana jovialidad está tu mina; en tus silencios reconcéntricos están tus intactas dignidades latentes; tu sobriedad es una carcajada aguda y triste; tu honradez sabe a ampolla en los labios de los que mienten. ¡Oh pueblo, grande en el gesto de morir y grande en el gesto de vivir: permite que me quite las orquídeas de mis meditaciones pálidas y sobre la frente de tu mujer de mirada más firme deje una cruz resplandeciente! (¡Oh pueblo, que tienes en tus sonrisas y en tus miradas crepusculares el más alto Tabor!…)
1933

16 años
Mujercita del Yaque de la arteria caliente y la frente en luz baja: ¿Me palpaste la sangre en la noche del lunes? ¿Me rizaste el ojo en la tarde del sábado? Mujercita del Yaque de la tez de amapola y los senos de nardo: ¿son tus pies una esfinge y un turpial tus cabellos en la lidia del día y en la fiesta del alba? Mujercita sumisa, dulce, altiva, serena!… ¿Será cierto que he sido un aliento en tus plantas? ¿Será cierto que he puesto un rumor en tu nido? Mujercita del Yaque de la arteria caliente y la frente en luz baja: ¡qué dolor esta ausencia! ¡Y qué hastío esta noche! ¡Y qué frío en esta alba! Mujercita del Yaque de la arteria caliente y la frente en luz baja:
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el tiempo cuaja en boda la más leve sonrisa y el silencio es por siempre la más grande palabra!
1934.

El pueblo San Rafael

A dos kilómetros y cuarto, a dos kilómetros y tercio, aproximadamente —no mido con los dedos la distancia sino con el espíritu— Lejos de la herrumbre de Puerto Plata, que tal vez hizo decir a una joven empingorotada a su comensal capitaleño: —¿No ha advertido que aquí no carecemos de la brisa marina? Cerca del pueblo de La Rosa, que contra deliquios y algazaras ofrece al sol sus soliloquios; de puntillas apenas junto al camino de la Línea. —¡Oh, Guayacanes con su balsié! ¡Oh, Juan Gómez con su General! ¡Oh, Villa González con sus hembras!— Cerca de la extinguida Exposición y a borrosos pasos de la hondonada de Gurabo estás, ¡oh, pueblecito! con tu parque de juguete, con tus colmados de juguete, con tus carnicerías y lecherías donde se siente hasta cruzar una mosca. Allí la mujer descarriada llega y se humilla; allí el leproso siente que en la noche florecen de azucenas sus llagas, el ciego, calor; el friolento, luz. El invierno vio llegar allí a un pobre, que algunos tienen por iluminado y la generosidad por loco. Lo que aconteció entre su alma sencilla y débil y el alma de huracán de ese hombre, sólo un silencio de cien centurias y un minuto de siglos voltearlo puede en el reposo de su olvido valetudinario. ¡Oh, pueblo, que estando en laxitud estás vivito como el agua en la aurora, que siendo joven y teniendo sangre te aduermes como si nunca hubieras existido! Oye el secreto de mi corazón esta tarde: si algún día soy a ti deberé esta condescendencia con la cumbre. Eres el impulso de mi ideal grande y el mesurado fuego de mi sueño pequeño.
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A ti llegué, mondo, triste, y hoy me devuelves con una fijeza de claridad y una seguridad de visiones, como si en la sustancia de mi ser se hubiera periclitado el tiempo.
1936.

Villorrito La Rosa
En cruz sobre la carretera de Gurabito, vio al hombre con su palo, su bulto y su niña. El sol respiraba a pulmón pleno; el palo no tenía cabeza, el bulto está deshilachado, la niña, etcétera, etcétera, etcétera… hacía semicírculos en mi cabeza el ideal. Creía en la paz, y hasta comenzaba a creer en el sueño. Dije instintivamente, ¡Oh olvido, qué grato me eres! Creo en ti, paz; porque me anulas el silencio y me confinas con el olvido. Desperté de mi ensimismamiento y ya era tarde: la luna doraba la yerba del camino, los perros aullaban fieros sobre el puente; quise avanzar, y me fue imposible; quise retroceder, y me fue imposible; quise mentir, y la conciencia de mi interior me dio a entender que hasta esto quizás me sería negado… Me sonreí, presentidamente. En una grande oscuridad, como noche de verano fresca, con la tiesura de las manos encallecidas por la labor, alguien se ladeó un poco, y mostrando al caminante un senderito recto: —hole, ¿no le han hablado nunca del pueblecito de “La Rosa”? Llegar y ver un montón de casas casi junto al río, tres perros sañudos, algunos falderos realengos, unas niñas que de tanto reír y sonreír estaban cansadas, algunas viejas cortas de vista, algunos hombres recios de palabra. En el bautismo de la sombra, y casi en el instante del requinto del grillo… la hora comenzaba a tornarse indecisa. Sin decir palabra di la espalda a la felicidad, y sin decir palabra me encontré entre las manos
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con ese cúmulo de cosas inertes que son una vida!… La noche me había cercado y yo no había decidido, si en lo sucesivo debía ser caballero u hombre. La carretera seguía instándome y yo seguía protestando con mis nervios y con mi sangre de la infalibilidad de la carretera. De improviso el sol hizo amago como si fuera a sobrevivir y yo balbuceé: ¡Te amo, mundo, porque me haces olvidar de mi mismo! ¡Te odio, silencio, porque reproduces todos mis actos!… Después quedé, hombre-átomo, con el labio transido de augurio y estas palabras sueltas como ascuas: ¡hasta cuándo nos pesará la verdad tanto como nos pesa la vida!
1936.

La ceiba de mi barrio
La ceiba centenaria que da sombra a las plantas, que da rocío a los niños, que pone su halo de espera sobre los caminantes, es buena, fuerte, mansa. Por su actitud, es virgen. Por su experiencia, anciana. Nadie que a su pie llega se aleja, defraudado. Es el alivio y la recordación de la comarca. Ceiba: a los que se preparan a convertirte en leña, les espera en tu silencio el filo de mi espada!
1943.

Simbología
Se cruzó en el lindero de la Vida con Bahoruco (la montaña) el devenir de sus distantes sueños y la sombra del padre Enriquillo. La tarde venía escasa, y el tiempo que había bordado de aldeas los montes quería y no quería tener el seño adusto. De repente, dominando la extensión, sonó una voz a manera del movimiento de un astro:
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Y el río Yaque del Sur fulguró como una espada de armonía en medio del mundo en desarmonía, en medio del ideal en desarmonía y el hombre perdido en la órbita de sí mismo. Apenas una chimenea de humo denso, apenas unos bueyes, apenas el sol, apenas unas cañas. (Dios y el infinito estuvieron largo rato tartamudeando la palabra “hombre”). Las estrellas se apagaban y se encendían, se encendían y se apagaban; el viento soplaba; la luna se tornaba opaca como si corriera a anonadarse, pero no amanecía, no amanecía… ¿Se equivocó Dios en sus cálculos en la creación del mundo? No sé: ¡sólo conozco que el hombre desde hace tiempo es extraño al hombre!
1940.

Palabras en el agua
I

he despertado enhiesto. La montaña pulimentó mis sueños. Por ella nació y creció en mi pecho el silencio. De su corazón salí virgen como el agua de manantial. Sensible al más ligero soplo sensible. Descorazonado de todo ideal grande. ¡Crucificado de mí mismo! Con las alas abiertas a un imborrable empeño. La gracia era flor en mi mente. Ahora la gracia me guarda como cendal en el mundo pequeño. ¡Bendito silencio! Sacrosanta verdad que me amparas: electriza mis ecos! Dios volvió al mundo cuando el mundo se anegaba en luchas, y Dios tiene que aparecer ahora en la planicie de la vida, sobre una cresta de silencio! Por ti salí, mundo; y por ti volví, montaña, a la vida de nuevo! hazme suspender de cimas no exhaustas; y si renuevo mi pensamiento, que nunca me abandone la armonía del pensamiento. que quede como partícula sola,
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aunque rastreen como nadadoras, los hombres, y como rebaños de cerdos, las plantas; y así, nota perdida en el cordaje de los siglos, que extinga Dios en mí su sed de infinito, sin límite ni término…
II

Montaña que asomo a ver todos los días: hoy me mostraste el rostro entrañable, derramaste sobre mí sombras que son luces. Montaña, montaña: ¡qué paz derramas sobre todo lo que te circunda! ¡qué agobio de fuerzas internas! ¡qué alegría de júbilos no exhaustos! Se diría que te cerniste sobre el Atlántico, para que sobre tu frente grabara su nido de ideales, el hombre. Montaña, montaña, ¿por qué esa adustez? ¿Por qué esa insensibilidad de que a veces haces alarde? ¿Se te escapa tu misión de orientar en los múltiples caminos de la multánime vida a los microscópicos seres? O acaso con tu ignorancia más sapiente que la sapiencia, dejas en blanco la palabra y el pensamiento, para que culmine Dios sobre las cosas?
1943.

Armonía cósmica
I

¡Oh mar de Monte Cristy! El viandante siente que la sangre se le va adormeciendo; que las colinas, los hombres y los árboles se le han de los ojos perdido y sólo un vaho de sol y de sueño le transforma en sopor los sentidos… El viandante siente músicas interiores arpegiarle las brisas, el descanso de los bueyes le llena el alma de silencio y la paz del recinto le puebla el recuerdo de pubertades tímidas. El viandante ha erguido la cabeza, y sobre los hombros, sus hombros, ¡ha amanecido el mundo! El cerdo roncó a su lado y la mariposa se alejó, volandera… El viandante ha hecho un alto en su camino de tempestades y no es seguro que vuelva a inclinar la cabeza. La aldea le pinta a su vera mirajes de calma y de sueño, y un gallo que arquea la figura le trata, parece, de alentar, sonriendo.
1932.

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Versos de madurez
Íntimas El poniente de los horizontes inumerables
quiero cerrar la boca siempre. quisiera que el mundo se trocara en un gran silencio largo y confuso, que se prolongara con el tiempo. “Cámbiame este oro porcino y vil por papeletas haitianas para no internarme por ninguna ruta lejos de Sabaneta”. Vengo asqueado de la ciudad. Traigo un escepticismo agudo por todo lo formal y exterior. A la prolongada agitación de la llegada le ha seguido un silencio que es un retorno. No ansiaré, no anhelaré, no me desorbitaré. Ni el ayer ni el hoy pesarán un adarme en la mochila de mi divagar. Amo el silencio por ser mármol y admiro el mármol por estar construido de calma y silencio. El muchacho que juega y la mujer que se deleita, igual asco y desprecio me dan. ¡qué alegría ésta de vivir sólo para mí mismo! El verdadero camino conduce a todas las puertas del infinito. hay una forma ejemplar de seguir el flujo y reflujo del exterior: vivir. ¿Te dirían egoísta? ¿y qué? Tú te justificarás viviendo, que es la más bella forma de altruismo. Acuérdate: toda acción que desvía tu camino perjudica tu prójimo.
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El Universo, ¡qué más bello prójimo del hombre! De regreso del campo, al atardecer, me dije: reflexionaré; y hoy, después del alba, en pleno pueblo, exclamo: el horizonte todo es una recta blanca, ¿qué hacer? ¿qué camino me queda? Seguir. Alcanzaré el paraje donde se cruzan todos los caminos. Y, desde ese punto, escuchar, hender, ¡columbrar! El instante de la dádiva no se hará esperar mucho tiempo. ¡Oh, el día que ceda mi cuerpo a todos los devenires como una acción de gracias!…
1926.

Lirios tumbados
I

Exánime. ¿Muerta? No puede ser. ¿Viva? Parece mentira. De ella no queda más que el pensamiento que va a todas partes. Su alma es lúcida pero sus ojos son profundos. ¡Oh, la mujer que en una mirada vesperal me rescató la gloria! “Ella”, dice temblando mi palabra en la caverna de mí mismo. “Ella”, repite mi canción al sentirla correr en la inconsciencia de toda mi vida aniquilada Banderas a ambos lados de la meta. Cardos amagando heridas y escabrosidades proyectando sombras…
IV

Me empolvaré con esa almohadilla para hacerme de cuenta que me besas todas las noches. Me embriagaré con ese bordado para figurarme que me contemplas y sonríes. ¡Oh, mis amores antes de conocerte! ¡Oh realidad del retorno cumplido!
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Tú eres dolor y almendra, mujer y ángel, estremecimiento e infinito, florescencia y miseria. Mi amor era caliche, y por ti se tornó hoja color de absintio. A la inmensidad di vueltas primero, y después me cercaron un temor, una duda, dos silencios distintos. hice como que no veía todo ese montón de tierra inútil. —Estiércol donde se sembraba toda la flor de un arte múltiple— Freno de mi vera: deja pasar la fuente de mis lágrimas. Manjar moreno: deja que en la selva de tus deseos se extiendan mis furores como serpientes. En ti la mañana abrió todo su sésamo de melodías. Eres como el rumor lejano de una magnolia, hundido, por la penumbra de un poniente. “Sigue virgen” sentí decir a la imposibilidad de la noche; mi cuerpo estaba envuelto en sábanas de margaritas, y mi pensamiento, —a ti menos que a nadie tengo que decirlo!— ardía en una llamarada de silencio azulado. La noche era cristalina, la yerba se había tornado gris por la niebla, en el plato de sangre del crepúsculo. Pensé en Judith, en holofernes, en el Manú, y hasta en la transfiguración de Jesucristo, y saludé –chistera en mano– a todos los reyes mendigos, a espaldas de la noche.
1927.

Canto grito
Mi vida tosca y triste; mi vida llena de miserias y de lampos de infortunio, infinitos; mi vida ahuecada por el presente y paralizada por el futuro; mi vida poblada de infantes que piden pan y de mujeres que esquivan caricias; mi vida torpe y desgarrada como una pitahaya; mi vida, sin razón de ser y sin sentido, como la misma muerte que circunda la Vida. Mi vida, —¡oh, sopor de abismo; oh faro apagado por el pensamiento; oh destino que devuelve el destino!
1931.

Palabras sueltas
No mascullo caldeo ni ninguna palabra antigua; pero no importa si la actitud de hablar me parece fosca
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y hasta la de pensar me parece risible. Soy todo acto de la cabeza hasta los pies; y de la intuición a la obra, ¡quiero ser todo acto! “El mar, el mar…” ¡Todavía queda sobre la tierra el mar, como huella del hombre contra el destino! ¡qué sería del hombre y de sus anhelos si no existiera el mar! Por el mar nacemos, y por el mar tenemos que morir. he aquí, el mar, astros, como la única razón de ser del hombre!
1934.

Éxodos
I

Disfracé mi dolor con crueles frases: El campo… la hija de la lavandera de mi familia… ¡Ay, yo mismo, que soy un dolorido corazón, ignoraba que en el fondo de toda gran desdicha existe un gran consuelo! Ignoraba o presentía que no lo sabía. ¡Oh, humilde voz infantil y límpida!… El madrigal de mi desesperación es para ti ahora.
II

Al subir el barranco, la luna me advirtió que no era de tarde. Luna: ¿qué te pasa? ¿por qué en el oro de tu disco ofreces tonos encarnados? ¿Mi vieja prosigue aún enferma o, sencillamente, tú le has susurrado levemente pláticas que son alboradas?
1924.

La vida
Tu palabra en la soledad de mi vida, tu palabra en la seguridad de mi muerte,
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tu palabra en la acidez de mis días amargos. Tu palabra: hecha un relámpago de piedad o una daga de dolor agudo. (El aire se ha tornado tibio como si el celaje de tu mano me penetrara…)
1929.

Ecuanimidad
No me des la fortuna, Dios, no me des la fortuna. ¡quiero vivir en paz con los hombres! Si tuviera demasiados amigos y hasta quizás cuidados, ¿qué sería de mi albergue solitario, de mis cuitas, y de mis resplandores árticos? Deja en la paz tender mis días y en el nublado descifrarse mis últimas verdades. Déjame concluir sin ahínco y sin lucha, como una luz crepuscular que entre las raudas sombras se apaga.
1930 .

Inquietud
¡Pasé como un soplo! Estremecido, delirante, triste; apresado en un zócalo, bajo los barrotes de la lluvia. ¡Pasé como un soplo! Y la vida iba y venía a mi derredor sin que nadie se diera cuenta. ¡Pasé como un soplo! ¿Y acaso el porvenir de la humanidad podrá estar pendiente de algún leve pedúnculo de tiempo? La realidad podría ser en los otros, pero el infinito no era ni siquiera en mí… Y quedé pasmado en mi tremulación, ¡no sé qué días! ¡qué horas! ¡qué años!
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Parecía una vértebra perdida en la supra-realidad desconocida. Las agujas de mi reloj no medían números, y yo era una miseria de afilados suspiros sobre el segmento!
1932.

Confidencia
Desde que naciste ya nos había separado el Destino. hijo, resígnate a tener un padre extranjero en el mundo. Los años pasan y aprehender el ritmo del día él no aprende. El egocentrismo lo hiere, ¡y él permanece ante la estatua del Sanchopancismo, desnudo! Su mirada se vuelca, no para “el dos y dos son cuatro” sino para la estratosfera que existe en la raíz de todo hombre. Su pupila tiene un radio espiritual superior a su rostro, y es justo que sufras, hambre, tortura y desnudez aún después de la muerte. ¡qué sería de ti y de los demás hombres, si así no fuera!
1937.

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Los poemas de la muerte
Mi vieja se muere
I

En este momento en que escribo el día es pálido, blanco el papel en que trazo estas líneas, y aun más blanca mi desolación fantástica.
II

¿Se creerá que duermo? ¿o que estoy loco? ¿o que me pasa algo anormal o absurdo? ¿pensarán muchos que no puedo dialogar ni conmigo mismo? ¿Tengo el mirar triste, manso, leve, ardiente, plácido? (Ignoro si cabría aquí el dicterio de plácido!) Sea como se desee, espero más que pienso… Se fue la noche sin rastro ni asomo de lumbre… La mañana en que he caído me hace soñar demasiado despacio…
III

Cuando veía a los niños ante el pizarrón sudar, trazar embelecos más o menos amables, callar o hacer preguntas, importunar o continuar toda la clase quietos, me dije por más de diez veces: “esto vale de veras toda su alba, todo su anhelo y toda su sonrisa”.
IV

Y el sábado tardaba… Apenas la víspera con su preludio de ilusiones y el caos, ¡oh el hosco caos del tedio! Sé distinguir los días que preceden a los faustos sucesos y las noches que preceden a los días de luto; los primeros son fríos, plomizos y grises; las últimas tienen una muda elocuencia abismal que nos engaña, porque en su seno los astros y las nubes brillan más y mejor.
V

¿ha anochecido? ¿O amanecido?
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¡Oh, sus trenzas bordadas! su nombre, sus ternuras, sus reproches y su velada voz! Me parece que no he acertado a bosquejar un pensamiento ni a formular una palabra. Esqueletos de sensaciones y de ideas sólo reposan a mis plantas.
VI

hice a pie un trayecto muy largo, vadeé un río, me flageló el sol, columbré una montaña… ¡Si para algo sirvieran estas escaramuzas y estas treguas!.. Amar o no haber amado nunca, ¿no es lo mismo? Sí, o tal vez; pero yo querría decir, “me demudé, pero al fin pude realizar todos mis sueños…” La inacción de los ideales, ¿no es una muerte?
VII

En fin: oí sus risas y la tuve en mis manos, soporté las interminables esperas, fingí; pero como las olas del mar, volví a quedar por breves horas quieto.
VIII

El baño en el arroyo perfumado por su cuerpo joven y tibio y los sordos clamores de la noticia cruel y horrible, ¡Oh dolor, que me obligas a buscar el amor como punto de apoyo en el dédalo de mis dóciles dudas humanas!
IX

Las monjitas de la Caridad; su cama blanca, o mejor, su cuna. que ensordezca; ¡que no me lo digan!

XI

¡Ay! su apostolado. ¡Oh! su sacrificio. ¡Oh, su abnegación! ¡Oh, su necia ternura de querer ser mi madre!
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XII

Llegar, aunque me extravíe, aunque pierda los frenos, aunque sobrenade en el vacío de la espantosa noche, ¡habré de llegar!
1923.

La intocada
I

Ella es sol en mi vida, yo no sé, ella es la perla blanca dentro de mi sentir turbio. Ella es un ramo de miosotis en el torrente de mis días alocados. Ella es una bocanada de éter en la caverna de mis introspecciones. Ella es una luz radiosa, tenue, en mis caídas y mis alzadas en el mundo. Ella es anterior a mí, y posterior a todo lo que llegue en espíritu o en substancia. Es verdad que ha muerto; pero en mis actos está intacta, pero en mis sueños está intacta, pero en todas mis emociones está intacta.
II

hija: tú no conociste a mi madre; y yo temo a tus días venideros, ¡sólo por eso!
III

¿Acaso no me dijo ella una vez que amara a quien me odiara y huyera de las acciones interesadas, siempre…?
IV

¿Acaso, cuando el astro del amor se alzó en mi vida, no fue por el riego de sus palabras, la inclinación de sus ojos, y el contacto tenuísimo de sus manos?
V

¿Acaso este yo mío que esplende no es su obra, o el más burdo modelo de sus más pobres obras?
VI

Martirio del amor fue ayer su vida… ¿Martirio del amor no es hoy su vida?…
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VII

¡Madre: deja que me siembre en la tierra para adorarte como debo! ¡Madre: no impidas que cuando sea albor de polvo, no te adore menos de como debo!
1932.

MARÍA JOSEFA MORENO. In Memoriam

El poema de la hija reintegrada

Agonía
I

hija, yo no sé decirte si la muerte es buena o si la vida es amarga; sólo te aconsejo que despiertes, adulta de comprensión más que tu Padre!
II

hija, ya no habrá oriente ni poniente para tu porvenir: una sábana blanca serán tus días, una sábana blanca será tu pasado y tu recuerdo una estrella que frente a frente me iluminará el porvenir!
III

No sé por qué tu agotamiento me trae una recóndita dicha anegada en lágrimas, que me hace amainar la pulsación de la tarde.
IV V

Tu infancia y tu silencio me parecen hermanos. hija, hazme tomar la resolución de los otros: vuelve mi proa añicos y mi voluntad una piragua; que nada sea mío desde hoy, que no quiera poseer nada mañana; desnudo de bienes y desnudo de virtudes hazme; sin egoísmo de lealtades y sin egoísmo de pureza; ¡hazme entero el milagro de darme todo a los elementos, como si fuera en sustanciación un ser increado!…
VI

Tu vida fue microscópica, pero grande; el segundo de tu inexistir, eterno!
VII

hija, ¡cuántas nubes, cuántos pájaros, cuántos horizontes insospechados me abre en el amanecer tu ruta!
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VIII

hija mía, para ti la mañana no será clara ni fresca; verás envuelta el alba en la noche, y las cosas de mayor transparencia tomarán ante tus ojos la actitud de un largo crepúsculo.
IX

En este mundo donde sólo se premia la capacidad de fingir mejor era justo que llegaras, y después de breves instantes, ya estuvieras confundida con la cal y con la mariposa, con el carbón y con la piedra.
X

¡Cómo me alivianas la sombra, al advertir desde que te dormiste que en mi derredor todo es sombra!
XI

¡Oh tú, que me enseñaste desde que naciste a ver la vida con ojo más sabio y a la humanidad con ojo más triste! Triste, triste; ¿y no es acaso la suprema alegría de los seres mudables el ser tristes? Triste fue la faz de la tierra cuando se desperezó el primer hombre. ¡Triste tiene que quedar la tierra cuando se desentuma en su regazo el último hombre!
XII

¡Oh, tú, que desde que naciste pude decir: boleta de la tumba! Oh tú, que ya crecida pude decir, por tu desvalidez, la preferida mía!
XIII

Por ti quise cambiar y que la fortuna me sonriera; y por ti no cambié y la fortuna no me sonreirá nunca!
XIV

hija, cada vez que examino tu vida me doy cuenta que tú eres como mi vida: ¡una sombra entre dos crepúsculos!
XV

Iba a decir entre dos agotadoras auroras y ya vez, reincidí, sin querer, ¡entre dos crepúsculos!
XVI

¿Por qué tan pura, tan casta y tan leve, te debas parecer al crepúsculo?
XVII

Olvidaba que toda adjetivación es cruel y ruda: Dios dio desnudo a los hombres el verbo, ¡y del lenguaje sólo debe quedar desnudo el verbo!
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XVIII

Toda filigrana de síntesis es una profanación, ¿verdad, hija mía? Ya te puedo buscar sin parcializaciones, sin atributo contingente: ¡serás en mi incompleto nombrar, sencillamente, el vaho de las cosas!
XIX

No te puedo asir con una palabra, y no debe extrañarte, recónditamente, ¡porque tú estás para mí más alta que la región de las palabras!
XX

Y vuelvo a caer en las comparaciones. ¡Oh, hija, cuán subordinado estoy a la vida!
XXI

Miserable del hombre que osa creer que después de la sombra la vida es vida!
XXII

De imperfecciones se forman nuestras excelencias y es toda la existencia del hombre un brazo tendido hacia el turbio por qué de los enigmas.
XXIII

—Tiene el pulso demasiado débil, pero este letargo no es la muerte— Su médico era mi propia almohada de cabecera ¡y yo quedé perplejo ante su callado sufrimiento y la miseria de la vida!
XXIV

Si fuera bizco de pensamiento y tuviera la boca siempre llena de mentidas palabras; ¡hija, iba a blasfemar por tu dolor… pero, ¡perdona!
XXV

¡Compran caro el suelo donde colocan a los muertos y ellos son más dueños de la tierra que los hombres que comercian con ellos!
XXVI

Al través de los milenios, los hombres son puñados de tierra que se deforman a su antojo!
XXVII

hija, han venido a avisarme que tus pies están fríos. hija, resígnate a que lo blanco no sea blanco y a que lo negro no sea negro.
XXVIII

hija, ¡cuánto crece el sol sobre la sombra de los tilos, cómo se agiganta la nada sobre la soledad de tu aposento, cómo nace y renace la esperanza por entre los ámbitos de la vida!
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XXIX

—Tibien la leche terciada con agua para si mi chiquitina despierta. Cuídenmela, hasta que se vuelva esperma como capullo inmortal el cuidado. Ella es carne de mi vida, flor de mi pensamiento, cemento de mi alma.
XXX

(¡Eres, amada mía, como la flor del higüero joven, como el azogue del crepúsculo, como la diafanidad de la Naturaleza toda!)
XXXI

—No seas padre, sé hombre, sencillamente. Gira tu vista a tu derredor y que tu amor a una abstracta “humanidad”, no te haga olvidar jamás de que eres hombre!

¿La muerte?
1

Como quiera que las velas del ataúd estaban menguadas, cogí un tercer cirio e hice trizas la niebla que levantaba una penumbra gris sobre su rostro. Oprimí en mi interior “una muñeca” y quedé por largos instantes, perplejo, con el cirio pegado de la mano.
2

El tercer día de su nacimiento tuve como una clara preconciencia de su cercano fin; ardía el ascua del aceite en la pieza contigua; las hojas de un libro abierto se abanicaban leves, y un rumor de canto desvalido daba a la soledad trasunto de incienso.
3

La chiquillería se agita en la acera, las máscaras pasan; tal o cual voz lanza viandas o chistes y el día está igual, como el día de su nacimiento, como el día de su muerte, como antes de que presintiera que naciera… 4 (Para cambiar, Naturaleza, ¡para cambiar! ¿Si habrás de ser hasta tu postrera extinción madrastra del hombre?
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5

La risa se me congela en los labios y quedo, por parco tiempo, con la vista perdida en las inmensidades presentes.
6

Un trazo de montaña al final de la calle, un framboyán en su inmediación, y el hospital a donde iba todas las mañanas a pedir una limosnita de salud para mi hija…
7

El sol caldea las tablas de mi vecindario modesto; la brisa fragua un nidal sobre la testa de los rapaces; ¡estamos a 23 de Julio!
8

La hora parpadea en el péndulo de un anochecer polvoriento; se inicia una noche invertida en el horizonte de la tarde, concluye un amanecer preestablecido en la clarividencia de la noche.
9

Los trasnochadores apuran, a sorbos, el café medio amoscado; sobre el torrente de la sangre han caído algunas mostazas ariscas. ¿ha llorado alguien? Se ha sentido un vagido circundar los ámbitos del cuarto. El paisaje está inmóvil: todo está adherido con agua y harina como para un retrato!
10

Llévenla a la falda de aquella colina, el enterrador no es estéril y señalará el sitio donde es más necesario regar la simiente.
11

¡qué bella nube! ¡qué empinada montaña! ¡qué inimaginado marco de horizonte!
12

En este sitio hubiera querido haber morado tu padre; reposa en él, y que las cuentas de tu destino no lo culpen de haberte amado mucho!
13

queda ahí; tu madrina te arreglará las flores, y tu madre sigue en la casa, deshecha en lágrimas…
14

Déjame volver, para ver si descubro en mi peregrinación la huella de tu existencia en alguna parte!
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Epílogo
1

Rasgué un pan y lo puse sobre la mesa sin probar ni bocado, eran las diez de la mañana, mis hijos no habían comido y por el postigo de mi puerta runruneaba un viento. Sentí un temblor cuando ya repartido en pedazos hice la llamada acostumbrada a los que me circundan. “Ella está ahí”, dije a mis aspiraciones de verla viva y grande, “en el sitio en que no puede hacer que los suyos se inquieten o delincan”.
2

Intacta, inmóvil, sin que un átomo intente envanecerla. ni un segundo pueda cambiarla!
3

La pradera ha comenzado a reverdecer con la reciente lluvia, el “pío” de la tarde empieza a ponerse triste con la noche que llega, una piedra de niño rompe el cristal del charco próximo, una consumación de hombre deslíe su negror en el silencio.
4

Ya estoy en la aldea de Sabaneta, en la aldea donde moró mi madre eterna dos años; he dejado hacer a los otros, algo que concierne a mi vida, a mi obra y a todos los míos; no puedo avanzar que medito, pero tampoco puedo confirmar que he dejado las horas en suspenso. Tengo como Oriental, un párpado medio cerrado, y como Occidental, el pensamiento, en la matriz, abierto!
5

Por el cielo veo asomarse, una, dos, tres estrellas tétricas, las cabañas tienen luz de gas humilde; la sombra ha restañado la sangre del crepúsculo y en mi pecho, la paz se ha agitado en la hora hasta zozobrar en el segundo!
6

En Monte Cristy, cerca a los arrecifes, y junto a la imponente montaña vecina: AMÉRICA, ESTA ANGUSTIA ME hA APARTADO DEL MUNDO Y YA PUEDO DARME A TU RELIGIóN TODO ENTERO. En el mar, la sombra de las nubes proyectaba una interrogación, a bruscos intervalos.
7

(habla el Morro, montaña de forma singular que se halla al frente de Monte Cristy) ¡Presencié la desaparición de la Atlántida
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y hoy extiendo la indolencia de mi carne cobriza junto a unas aguas que tienen del plomo la pesadez y del aloe la pauta. Grito de agonía marca la ciencia en esta hora de crepusculización del mundo, una despereza de germinación presenta el arte frente a los procesos subjetivos de la materia cósmica. Ojo de cíclope, vuelca los ríos de tu retrospección para adentro. Matriz de unidad, haz parir una nueva conciencia unigénita al viento.
8

La mar seguía agitándose; y las estrellas se seguían mezclando a la onda del mar y a la desolación de la vida.
1933.

Extraño saludo
I

A la hermana de la Hija Reintegrada

Llegas, ¡y en qué tiempo! Todavía tengo dolores de la otra y tú asomas en el dintel de mi existencia, como bañada de tenue resplandor. ¿Buscas asiento para palpar el mundo? ¿Reclamas esencias de infinito? ¿Serás no-ser en la ilusoria realidad de mis nublados días? hija, te esperaba, y hoy ante tus ojos me turbo, y tiemblo, por el ser que te di, aun a mi pesar. ¿Ayer? ¿Mañana? ¿hoy? (¡En un instante!)
II

Llevarás su mismo nombre! Tú que naciste del embate entre mi pesar y el destino. En ti aprendí a querer mis otras obras póstumas. No lo necesitaba. Persistía en mí un vago paroxismo, unido a una realidad grave. (hija, tú llegas y sacudes el árbol de mi vida hasta la más íntima fibra! Pero haces bien: llega, llega; aunque de tanto esperarte yo casi ya no te esperaba…)
1935.

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BURBUJAS EN EL V ASO DE UNA VIDA BREVE

El alba
I.

Es nacer tan doloroso como morir. Toma la actitud del silencio; intégrate o desintégrate, y toma la actitud de la palabra infinita del más allá! Con dos dedos de sol sobre la frente, y un paso casi cansado por la gravedad. Proximidad agobiante de reposo. Niños inútiles y mujeres fecundas. Bosque de cruces. Par de bípedos. La luz que nos ensombrece más la frente. Una voz grave que quiere ser alegre. Más de tres mil en un corto recinto. Los hombres cuando mueren humildes se acercan tal vez más. El mármol se hizo aquí como de yerba blanca, y la tierra se perfiló en montaña interior.

El día
I.

Nos tienes por delante junto a una tumba compañera. El sol que abate tus flores orea nuestras frentes. Un niño, tal como vino al mundo, te guarda de los hombres y nosotros nos guardamos del mundo junto a tu dintel adorable. La tarde nos amortaja junto a tu pendiente y el silencio nos envuelve a todos como un himno presente y ausente.
II.

¿A qué prolongar la eternidad en el tiempo, cuando la eternidad no tiene tiempo?
III.

El cielo se ha rejuvenecido; la tierra se ha rejuvenecido; ella también se ha rejuvenecido, contemplándonos. Dejémosla por unos instantes en su soledad de eternidad anterior a la vida…
IV. V.

Para el poeta es amable el dolor y para el sacerdote adorable la vida. La vida es fea cuando el hombre quiere que lo sea. No hay vidas opacas posibles sin la voluntad del hombre.
VI.

Estamos regresando de la soledad para confundirnos con ella. Y nos entramos al camino que nos desenvuelve el angelito que fue nuestro acompañante en la hora solemne. La brisa se ha puesto eléctrica de dulzura, tierna como piel de reciénnacido, jovial como pascua de mañana. El sol con sus rayos de pelo lacio sólo nos besa la piel, como nos besan entre sueños.
VII.

¡qué pobres somos y qué ricos nos has vuelto! Parece que todos los dones de Dios y de los hombres nos sembraste en el camino, como árboles fecundos, para que nos saciáramos de eternidad aun en el dintel de la eternidad misma.
VIII.

La yerba se esmalta de amatistas, de rubíes y de ópalos. El niño canta al correr como si reciennaciera. El río torna de leche de cabra sus esmeraldas y sus jacintos. queda trunca la verdad y turbado el silencio.
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IX.

Portal de almendro: regocíjate con la llegada de estos caminantes que portan unas andas invisibles que los humanos no presienten. hablé del silencio y caí en el silencio, sin advertir que era de silencio hasta la palabra con que me valía muchas veces para sacarla del silencio.
X.

Silencio, silencio y silencio, para que nadie ose cultivar otra rosa más pura que la soledad de tu ejemplo, que pone a las palabras proyecciones de astros y al silencio hace inútil ante cada uno de sus astros solos!
XI.

A tus odres no los podrá maltratar la vulgaridad. Dios te puso en la mano una antorcha para que nos ilumines en el infinito de la muerte.
XII.

Y en paz quedas tú con nosotros, que nos volvimos polvo esta tarde para confundirnos con tu polvo y resucitar en la eternidad unidos.
XIII.

(Por aquí no salen los vivos sino los muertos: los que se abrieron ellos mismos la puerta de todos los caminos; los que no tienen oriente ni poniente; norte ni sur; tiempo ni tierra; nadir ni cenit; los que quedaron en diálogo perenne con la inexistencia de la existencia…)
XIV.

Su vida fue excelsa y su muerte es excelsa también. Viva la vi como una madre tierna, y viva la presiento tal vez como una novia del mundo. Su severidad era alegre y su alegría muy triste. Andaba entre zarzas y parecía estar rodeada de estrellas y de ángeles!
XV.

Su sangre no le dolía a ella: su sangre para ella no era sangre sino ofrenda de regocijo… Hoy todas sus heridas se han petrificado y es una estatua de dignidad dominando el silencio del silencio.
XVI.

quedemos, en este valladar, hundidos; ante ella que nunca tuvo valladar para su esfuerzo! Salvemos el río con los dientes y hagamos trizas la sábana de las nubes con las uñas; pisoteemos las flores ojerosas y magullemos con nuestro aliento las palabras de la realidad que acabamos de sepultar ahora.
XVII.

Ahí está ella para enseñarnos que sólo tendrá vigencia el latido; la tempestad de las emociones; en fin, el mar del alma que ciega e ilumina a los hombres!
XVIII.

Nominé los hombres y me cubro de rubor los ojos; ¡porque jamás los hombres la alcanzaron en soledad, en martirio y en muerte! Pero blasfemo ahora que oso nombrar la muerte: sólo los fríos de corazón que no la comprendieron, quedan desde ahora muertos!
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XIX.

Y que la música de las incoherencias rasgue la estulticia de la música infame, cruel, de los que están de espaldas, ignorando que sólo su espalda tiene por frente.
XX.

Esta carne que me tienta y que no me deja estar con la eternidad a solas… Pero estaba su hijo presente, para que se me volviera hasta eternidad la vida.

El crepúsculo
I.

Desde hoy no sabemos si el 6 es el 5 o si el 5 es el 8; sólo sabemos que Dios parió a la tierra y la eternidad parió a la vida. Sus ojos desdeñosos miran la eternidad y le dicen a los hombres: “¿me comprendes? ¡Ah, me comprendes! ¡te tardaste un poco, pero me comprendiste al fin, cuando el abismo de mi muerte se te abrió a los pies como una herida; el cielo de mi muerte; la dicha de mi muerte; morir para que todos resuciten; y vivir muriendo para que todos ignoren que la muerte es la vida!” ¡Ah, siempre el juego de las palabras, hasta cuando se agote la garganta del infinito en la mente de Dios!… ¿Dios? El hombre no ha comenzado a amarse. Dios nacerá en verdad cuando los hombres se comprendan!

La noche
1.

Su imperceptible palabra suena, y parece que está lejana. Pero su lejanía es de las lejanías que confunden y aturden… Lejana como parece estar, está tan cerca de nosotros como esta tarde o más aún. Su lejanía, hecha de recuerdos y de miradas furtivas, nos mantiene suspensos y apegados a todo lo existente. Su lejanía, hecha de montaña y de sopor de sima; compendio de barro y de nube; de azul y de noche; de aurora y de crepúsculo; de luz y de tinieblas. Su lejanía aparente y sutil, que vuelca el espacio y anonada el tiempo.
2.

¿No habéis oído hablar de astros en la tierra? Los astros de tempestades y de clarividencias existen porque ella los promueve… Ella, la inconmovible; la desolada; que desvaneció en sí la nube de la desolación; por qué y conjuro del resplandor de lo absoluto; definición que apagó el abismo de la definición. Hoy nos atrae con mirada suspensa y palabra muda; con grito innominado, y sordo silencio. Penetración de Dios sobre el filo cortante de las posibilidades humanas. Con los ojos nublados por una lágrima que no estalla; pero que borra la alegría de los ojos; fijo el pensamiento que no es del infierno ni del paraíso, sino que abre longitudinalmente en tres partes la raíz del hombre.
3.

Pareció morir la evolución ante su poder de mantener el segundo paralizado. La evolución que siempre fue aparente, porque no involucró el espíritu en la retorta de las arterias y los nervios. Nosotros te clamamos como a madre buena, y te imploramos que nos libres de la impureza del perdón, y nos permitas proyectar tu ejemplo sobre la eternidad que no tiene principio y tu heroísmo que nunca tendrá fin!
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4.

A estas raíces verdes les nacen unas flores escarlatas para imponernos sus gritos desolados en el tiempo. Ella fue naturaleza como este aire, como este aliento letal, como esta luz apagada de los focos, como este resplandor vanidoso de las luces; como esta sombra si es sombra o no es sombra de la puerta; como este paso si es paso o no es paso del transeúnte; como esta vida si es vida o no es vida de la colectividad humana. Ahora su inanición, su inmovilidad, su silencio; su soledad, bordada de palabras; sus palabras, bordadas de silencio: partieron en dos la rutina de la razón cosmopolita e hicieron el universo múltiple y la realidad de sustancia de nada.
5.

Conmovida sin una posible conmoción que para todos no conmueve, nos ha amarrado por los pies a todos sus hijos, para dejarnos las luces de las frentes vagando por los espacios, como cocuyos carmesíes, o como mástiles errantes. Ella, ¡tan grande y tan igual a ella! Siempre toda para sí, que era una forma de darse en silencio para todos. Retorcida en servicios interiores para los suyos; en menesteres pequeños que anulaban su culminación haciéndola más grande. Tú ordenas desordenando la perfección, y haces imperfecto lo perfecto, para comunicarle una perfección que la razón apenas vislumbra. Llama carcomida que chamuscó la llama; barreno de corazón que en un gesto de inmortalidad paralizó su vida. Ahora quédate en paz algunas breves tardes, mientras el coloquio de los astros y los insectos detiene la ilusión de los vivos.
6.

(Ella muere; pero nace su poema para lavarla de la afrenta de no comprenderla el mundo. Este poema dice por qué se fue ahora, por qué vino a la tierra).
7.

¿Habrá que definirla cuando ya no tiene definición: cuando parece haberse escapado de los ámbitos de la definición misma?…
8.

Se divinizó de tan humana que era. Su amor casi hace trizas la palabra amor. Serías abatido por su realidad tan magnífica. Su silencio fue tan grande, que ahogó la palabra infinita. Se sintieron alas volar y de un solo hachazo caer un árbol.
9.

Yo soy un loco en la tierra, porque reiné allá, en el mundo de los espíritus. Ella, que no pudo reinar en el mundo de los espíritus, fue una majestad en la tierra, incomprendida del hombre.
10.

A mí no me importa que me comprendan, porque ya yo fui comprendido; ella murió con el pesar de la incomprensión a cuestas; pero esta incomprensión es su gloria y su honra, pues la torna rarísima y cara ¡hasta para ella misma!
11.

La ves a ella hasta en la majestad de ese árbol enano que desenvuelve sus grandes penachos a tu vista; ¡y habrá quien se atreva a creerla muerta ya! Muertos son
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los que no la ven ni la oyen, y sin embargo respiran con muelles de pulmones de mimbre; a los que por ignorarla, redujo a sombra y frío la muerte antes de que llegara la muerte. Sonrisa que comunica vitalidad hasta a la misma lividez de la angustia y a la soledad de la espalda indolente. Sonrisa que nos dejas inmóviles, como si el movimiento fuera un crimen y el cambio un anatema. Sonrisa que sacas a la magnolia del barro y al rubí de la estafanota de la desposada. Sonrisa que tienes la virtud de petrificar el gesto vasto y la soledad microscópica del hombre hormiga. Sonrisa que nos sirves en partes iguales la dicha y el mal, la desdicha y el bien. ¡Moral que integras y descompletas a la moral misma!
13. 12.

El color amarillo ahora sonríe y ora; al azul, antes tan taciturno, tus manos le dieron limpidez de espejo claro. hablaste para que el verde no importunara a la adolescencia ni ruborizara a la vida. El gris junto a tu frente quedó inmóvil en la siega de las primeras luces. Rojo insospechado que hace rosado pálido lo rojo, y lo blanco transparente, y lo negro lúcido. ¡Oh gama tropical que anulas el trópico y haces nacer la flora invisible del perfume de la flora visible! ¡Meta que dejas en soledad la meta, e himno que modelaste en el silencio un himno!
14 .

Me duele que le den méritos, a lo que ella me tiene obligado sin un ligero olvido. Realidad que nace en mí inconsciente, y el mundo da conciencia cuando la ve nacida. Realidad de realidad que el mundo tiene tuerta y yo acuno en mis brazos como a un recién nacido.
15.

El que se asfixia en el ambiente de lo extraordinario, ése no puede ser elegido por ella. Ella es la extraordinaria parte del extraordinario todo de lo incompleto extraordinario. Ala que abatió todas las alas de las excelsitudes aladas. hito que constituyó el hito largo e incongruente donde tendría que venir a perecer el hito. Definición informulable del cuadrante de las absolutas definiciones. Letra inicial del nuevo alfabeto del silencio. Signo que borra el signo. Punto que detiene a Dios y le pone dos comillas en las manos para que el hombre se le entregue. Entrega que es trasiego del más allá al más acá del Todo. Rumor que al rumor suspendió en acto no cumplido. Nota que mantendrá por todos los siglos, paralizada y suspendida, la nota.

El alba
I.

El sol sonríe ahora y se torna nodriza de la tierra. El sol puso gasas tibias sobre el asfalto de las calles. Ya no es un truhán rubio sino un hombre sereno. Él más que nadie la ha sentido en lo íntimo a ella, y se ofrece a Dios sin una rista, de espaldas a la Física y a la química, que desintegran el alma de su obra.
1946.

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Su majestad la muerte
hendido así, de cara al Cosmos, lo vemos más cuando se rinde en lo incomprensible; cuando es halo y no cuerpo, cuando es luz y no vida. Pasa como si se perdiera hundiéndose en nosotros; y lejano y cerca de las cosas, vuelve y vuelve, pero no lo vemos, sino que lo advertimos muy junto, y como desleído en nosotros. El rayo iba a caer, pero no cayó, sino que quedó suspendido entre Dios y nosotros. Ahora vive en el agua; y en el niño que nos desconoce; y en la pisada tenue de la brisa; y en la religiosidad que nos arcana el dolor; y en la alegría superflua de todo humano triunfo; y en el goce mentido de la caricia de la tarde; y en la angustia compasiva de la ansiedad; y en el instante que se soñó un milenio; y en el milenio que fue un instante. quedó prendido en el cordaje de Dios, como nota que desnivela el tiempo que contrae el mundo hacia el átomo; y que en un átomo vuelve a recrear el mundo. ¡Tan asequible y tan lejano ¡Tan perdido y tan nuestro!… Ya no es de su esposa, ni de sus hijos, ni de su madre; sino mío y de todos… La muerte tentó a Dios; y los muertos no tienen estado, no tienen dimensión ni tienen domicilio. Los muertos son libres como el aire, y aún más. Nadie puede huirles; nadie es capaz de aprisionarlos; se salen de las manos del amor; miran al bien como un extraño; el rostro del mal desconocen; poseen una conciencia tan consciente, que llega a los linderos de la inconsciencia y Dios no los alcanza, porque toman su forma informe y su silencio de sonoridades desoídas.
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........................................................................................... El cadáver estaba caliente hace pocos ratos, pero yo ignoro el tiempo y hasta desconozco el astro porque he sido influido!
1944.

Sinfonía

¿Suenan las esquilas? Una muerte. El aire está parado como una inexpresiva mirada. Alegros de niños y de vellones a lo lejos. Este paisaje entre montañas, que me hace, naturalmente, andar entre cumbres. La exaltación de todas mis fibras ante el dolor irremediable El lecho se me ofrece en el oasis para descansar o dormir. ¿Si aun después de dormido me acibarrará la perdurabilidad de la vida? ¿Si aun entre sueños se agitará la sombra de un lento aleteo? Oteo el prado, y por el lado de la fortaleza todo es niebla azul, y por el opuesto de la selva, todo albor lunático. Ya no se siente la emanación de los árboles ni el cuchicheo de las ranas en el estanque mal humorado. ¡Y a no ser por un grito de perdiz, se diría que la Naturaleza había muerto!…
1927.

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América

Cantos de fe, de esperanza y de amor La encrucijada
¡Oh pueblo futuro de América, que estás hecho con la amasija de todos los hombres perseguidos del mundo! Entre la montaña y tú, ya se inició el diálogo de los ponientes largos; entre el océano y tú, ya se iniciaron los silencios inaugurales. ............................................................................................. Mi boca se cuarteó en el momento de irrumpir en la mueca de la palabra, y vi una cruz de ceniza a mis pies, y un sol resplandeciente en mi horizonte. A lo lejos, un cuerpo se estiró en arco y lanzó la flecha-grito contra la Nada que disuelve el Todo y que sin embargo, ¡es la Nada!… ............................................................................................. Dios estiraba su cuerda y la amiba su vientre en la circunvolución de las conciencias milenarias.
1936.

Moderno apocalipsis

Este olor penetrante de la noche. ¿Por qué me hablará del más allá, de la muerte y de la duda? Este olor penetrante de la noche. ¿Por qué dejará mis miembros fríos? ¿No es mi alma un aspecto de la noche? ¿No es mi ser un destello de la nada? Entonces, ¿por qué no me aquieto más y más ante el inevitable seguro de todas las cosas? ¿No será la Creación realidad mía? ¿Me inhibiré de ser actor del Cosmos? Todo lo que nace y muere nace y muere en mí, como si en mi débil humanidad se compendiara el mundo. Estoy dormido desde hace XII siglos: ¿La humanidad ha muerto?
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hombre de la Era actual: ¿Por qué donde estérilmente dibujaste verdad no grabas vida? Tu Ciencia es tuerta Y tu Arte es, ya lo ves, ¡terriblemente limitado! El continente no puede encadenar al contenido, y eres en este vacío de agua y simiente, el desencadenador del desequilibrio eterno. Soy del Nuevo Mundo. Vivo en el desierto de dos mares, y me consumo en la inanidad de dos mundos. ¿Será esta la causa porque todo me suena a rellenado y desespero al no ver florecer en la actividad vital el sexto sentido? Esta falta de árboles, esta desolación, estos arroyos que agitan la inquietud de su murmuración por entre ríspidos barrancos, ¿no están augurando una Civilización, que sentará sus inconmovibles yacimientos entre las rocas vivas? Ya para entonces, ¡oh América! tú te habrás estremecido de la bruma del alba y de la tiniebla de la noche, y entregada a la modelación de tu destino, no habrá saeta ni esquife que trate de dar cuerpo a la pulsación de tu propia sangre. Tú sola te bastarás para la dicha y el poniente, y quedarás guardada para la fecha sin término, como la sístole y la diástole del mundo. América, ¿qué vas a ser con el olor a cedro que despiden tus campos? ¿Con el insospechado azul que distienden tus lomas? ¿Con el no hollado oro de tu sol que nos tatúa la frente? Desenvolver las más radiantes realidades en una baja atmósfera, ese parece ser tu sino! Desesperanza del Presente y devaneo de la Inmortalidad: ¿No puso, por ventura, sobre tu lomo sus arreos, la humanidad por siempre, yegua de la tierra? “Yegua de la tierra y costal del cielo”, como te nominarán en la mañana edénica los imberbes poetas. Primero fue una sombra, después fue un brazo, después fue un miembro,
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luego fue una cabeza. Los ojos eran tristes; el matiz de las pestañas era del color del bermellón subido; el hablar era precipitado como una veta de mil arroyos que no tuvieran cauce; el eco de la voz se escurría por los capilares del pecho como un hilo de tenue crepúsculo. Este era el continente del primer hombre que en América pudo releer la Inmensidad. Desinterés de todos los hartazgos de la razón. ¡Ovulo en el útero de una extraña Mujer! El pico de diamante estaba sobre la pradera de plomo, pero los ojos del Hombre-lava lo miraban con desconfianza: ¡se había mentido tanto desde los griegos! ¡El mapa del futuro no está en los pies sino en la cabeza! hombre de la Era actual: ¿Por qué donde estérilmente dibujaste verdad, no grabas vida? ¿Oteaste en tu estabilidad trascendente algo, en substanciabilidad, superior a la vida? Inútilmente: la vida toda, fuera de la vida: nada. (Caen mis manos flácidas, con dejadez, y hasta con pesadumbre, sobre el libro del Tiempo). ¿Los adelantos de La Mecánica? ¿El Telégrafo? ¿el Teléfono?, ¿la Radiodifusora? Esto es artificial: me sabe a bebedizo de papel. Los acato; pero no me pueden suplir las montañas. Mi sed parte de adentro y no se puede satisfacer con simulacros de realidades. ¡El futuro! ¡El futuro! No tiene objeto, para los que hemos esperado la edad de la tierra, probablemente cuatro cientos mil años! La realidad para mí ya no existe y sólo espero ver en mi derredor esparcir el silencio. No tengo nombre… Soy el Caos del principio del mundo. Levanto un dedo sólo: siento surgir un vago rumor de todo lo creado. Siete paletadas cayeron sobre mi ataúd, pero no importa: ¡cien años antes que los hombres me ultimaran ya yo me había muerto!
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¡Y cómo no estar muerto, si estoy mudo, y mi mudez tiene sabor de siglos! Mi frente es un jeroglífico de interrogaciones sutiles y mi párpado vela el violeta de la luz de la tarde; por las ventanillas de mi nariz el aire llega sin compás, y mi boca en un rictus de inquietud, se hunde en el cráter de mi semblante. No he dicho nada; no he podido modular nada. Tomad lo escrito como un rizo de agua que el segundo disuelve.
1934.

América nace
I

Te quiero por última; te amo por irrealizada; te presiento así, incidiendo el mundo. “Una maravilla”, dijo la vida. “Una maravilla”, forjó la inmensidad. “Un nuevo astro”, insufló el viento. Miríadas de soles y de caminos. Se te vislumbra hasta en las vértebras. Miríadas de milagros opresos se bosquejan en tus cuadrantes. Miríadas de flujos y reflujos, que exaltan y anonadan a la nada y al hecho. Cima del cálculo y final de la cifra. ¡Oh, virgen vendada con una cruz de ideal blanco!… Los caracoles suenan en las playas como un conjuro de nuevos sucesos. América, ¿estás abriendo el sésamo de la Tierra que ha siglos, ha milenios los hombres encontraron cerrado? ¿O es que al enloquecer te desvaneces y descifras a la Esfinge, a ese fantasma de la insegura e inestable Civilización, una serie de inquietas e insondables preguntas? La frase se me enreda y mi intención balbuce. ¡Si habrá poca esperma
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en el piélago de la mente, para formar en el desierto de este aluvión de voces un positivo canto! Las olas creciendo y decreciendo son más elocuentes que todos los hombres. Una montaña muda es más leal que un hombre hablando. El cielo de la tarde protesta por una hendida frente y la oquedad de la noche es Dios mismo, sobrecogido de insólito cansancio. Una a una vi al Inca quebrar sus flechas de palabras y al Azteca enmudecer a una altura más alta que el silencio. ¡Oh América, que haces trizas las razas; dialecto las lenguas, murmullo perenne y vivificador el murmullo! Creadora de algo no visto ni oído; pero instintivamente, por todos los seres de la creación, preoído y entrevisto. Reflejo e hito de la realidad irreal de la vida. Mar donde van a parar todos los ríos del mundo. Sin fisonomía, sin orientación: sin cohesión apenas en tus fronteras; pero sin embargo… Tu historia la hicieron con el trasunto de todas las historias, y la falsedad de los falsos ideales del hombre modelaron tu vida. Con todo, eres de veras grande; eres de veras original; eres de veras única. Inexistente para los demás: ¡existes! Y esperanzando o desesperanzando a tus moradores, ¡eres la Esperanza del Mundo!
1938.

Vado
En medio de mi sentir opaco y doble; en medio de las cataratas de mis instintos encrespados; loco de paz y más loco de conciencia anímica; junto a estos hongos que mi espíritu separó de mi carne
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y que en mi carne florecieron de espíritu, ¡América, fuiste sólo mi sueño! hoy ya no tengo sueño: me pierdo en una soledad más vasta que la vida. ¡Soy el páramo de un ideal desvanecido!
1940.

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NO. 7

FRANKLIN MIESES BURGOS
ANTOLOGÍA Selección y prólogo FreDDy GaTón arce

Un aspecto de la poesía de Franklin Mieses Burgos
Esta serie del Pensamiento Dominicano se enriquece ahora con una selección amplia de la obra de Franklin Mieses Burgos, cuya poesía ha sido acogida con beneplácito en todos los círculos nacionales y extranjeros donde se la conoce. Reunidos en un volumen por primera vez, los poemas que aquí se ofrecen confirmarán los méritos de una labor realizada sin pausa y sin prisa, de suerte prodigiosa, en soledad abierta y atesorante. La poética de Mieses Burgos cautiva por su musicalidad y su limpidez lírica, sin par en la literatura dominicana. Estos atributos unifican su obra y al propio tiempo sigilan las ideas que expresan o insinúan sus versos, al extremo de parecer que un solo asunto, central y misterioso, es el objeto de su canto. quizá la repetición de imágenes, términos y giros idiomáticos disimule su pensamiento vario y sugerente, pero es obvio el predominio de la magia sobre lo sensible, sobre lo escuetamente objetivo y sistematizado. Su poesía, de raigambre barroca y romántica y abastecida por las corrientes literarias contemporáneas, es opulenta en bienes humanos y estéticos. Pero las influencias, rectoras o accesorias, están moduladas por la exuberancia, el brillo alucinante y la intuición desmedida peculiares a un hijo de los trópicos. Consecuente y audaz consigo mismo, Mieses Burgos esclaviza cuanto acaudala de otros y lo transforma en riqueza nueva y suya, por virtud de su primitiva y constante concepción harmónica del verso, de su lirismo inconfundible y de su acento. En este sentido, es nuestro poeta representativo. Las asimilaciones más diversas se acumulan en él sin hostilidad y operan con eficacia sobre el nervio todo de su poesía: son afluentes frescos que renuevan su canto personalísimo y vigoroso. Y esta es, si no la más excelsa, una de las mejores modalidades de ser nacional en literatura. En los últimos siglos, y sobre todo en el mundo de hoy, las transculturaciones son incesantes e intensas y se escribe para todos los hombres y mujeres de la tierra y de su tiempo, acorde las circunstancias de cada quien. Ineludible que así sea, pues la eternidad y el exilio, en el quehacer poético, son vicios igualmente reprobables, trampas que vuelven evasivos y falsos la escena y el presente del escritor; son un escamoteo a la persona como ente histórico y conducen a un memorismo excluyente y sustitutivo de lo vital; producen una vida precaria que se traduce en la obra, menguándola con todos los defectos de la superchería. Refiriéndose a Mieses Burgos, Manuel Valldeperes apunta que aquél “realiza el milagro de la revelación a través de poemas en los que sólo alienta el simbolismo del paisaje”. Pedro René Contín Aybar observa “flora y fauna, principalmente marinas, abundosas, peculiarísimas”, entre los elementos formativos de la obra del autor. Manuel García hernández dice sobre Presencia de los días: “La tierra de Santo Domingo incita como el buen vino… el eterno poema del isleño. El mar es cuanto se ama y se respeta. Es el elemento turgente que grita en los oídos y en los corazones y este poeta dominicano no se evade de tanta sugestión física”. Alberto Baeza Flores sintetiza: “La poesía en Santo Domingo tiene que responder, necesariamente, a su naturaleza distinta,
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Ubicación

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Fue co-fundador de La Poesía Sorprendida.

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y al vivir del hombre más encerrado en sus comienzos y en sus fines”, al presentarlo en Brigadas Líricas. he aquí, pues, que la escena en que se mueve como hombre, cuenta en la lírica de Mieses Burgos. No es un desarraigado. No se exilia para escribir, no obstante su fuerte imaginación e incontrastable fantasía. Simplemente subyuga y exhibe su ámbito por estas dos virtudes poéticas suyas. Vemos que también de este otro modo se revela su dominicanidad. en pleno siglo veinte, un autor sin influencias sería un espécimen apócrifo y representaría un individualismo exacerbado. este extremo equivale a regreso y anquilosamiento, pues es irrefutable que en la creación poética es necesario partir de los supuestos líricos existentes, del pasado, y nutrirse de los buenos ejemplos que ofrecen los coetáneos magníficos. otra actitud espiritual auspiciaría una autosuficiencia perjudicial por impermeable y cerrada, a causa del aislamiento negativo que implica. Para el enriquecimiento y logro de una voz propia, el eclecticismo es la vía saludable. mieses Burgos, poeta permeable y abierto, es por esto mismo un creador auténtico, consciente de sus fuerzas. Y su canto será más fidedigno, dominicano y universal, cuanto mayores bondades líricas de diversa tendencia asimile y participen en la depuración de su acérrimo instrumento expresivo. domingo moreno Jimenes, Rafael américo Henríquez y Héctor incháustegui cabral, por sólo mencionar a los ahora más importantes, son poetas con asimilaciones menos heterogéneas que mieses Burgos; pero tanto en la obra de aquéllos como en la de éste, el ambiente entra con una dignidad literaria, si diferente, de igual jerarquía. adrede dejé fuera de este grupo a manuel del cabral, para mí con timbres humanos y estéticos comparables a los de los antes nombrados, porque en su caso no se puede hablar de influencias, sino de impregnación. Y a Tomás Hernández franco, por ser una figura aislada e interesante de la poética vernácula. mas lo cierto es que estos seis creadores amplían y consolidan la sensibilidad dominicana y la elevan a un grado que la hace cotejable con las más ilustres de Hispanoamérica.

Cualquiera maliciaría que haya de ingeniármelas para exhibir el aspecto social o socializante de la poética de Franklin Mieses Burgos, porque entienda que ese rasgo envuelve necesariamente una tendencia y un extremismo. Nada más lejos de mi empeño. Voy a examinar el ánimo literario de quien expone el amor, la bondad y la autonomía como conquistas personales; el ánimo de quien desea que los hombres aprendan a sentirse solos de veras, a contemplarse sin ataduras, para el logro de aquellos atributos. Si se le sigue el hilo al poeta que escribió “una balumba de versos de amor, de poemas eglógicos, de cantos patrióticos”, y que luego se retira al silencio y la solitud a realizar una obra de valía, justo es estimar que, al producirse su alejamiento, ya estaba nutrido, lo colmaba la vida. Iba, y fue, a devolverle a ésta, en bienes de hermosura, sus inquietudes y enseñanzas. Así se explica que Mieses Burgos diga: Esta canción estaba tirada por el suelo, como una hoja muerta, sin palabras. La hallaron unos hombres que luego me la dieron, porque tuvieron miedo de aprender a cantarla. El canto por tierra, sin corporeidad, sólo música, fervor temible. El poeta lo recibe informe de sus semejantes y le da expresión, existencia verdadera, en las diluidas sombras de los pájaros.
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Ánimo Social

FRANKLIN MIESES BURGOS | ANTOLOGÍA

Su entusiasmo crece, ha entregado el mensaje, pero la orfandad y la queja lo conmueven: Y esta es mi pena ahora, el término y distancia. el que yo muera siempre mientras los otros cantan. Pasados el asombro, la euforia y el desengaño, viene la admonición: únicamente aquellos que todavía no saben que la tierra es muy grande y sólo de unos pocos, únicamente ellos no abrirán el corazón a la mirada triste de los niños sin pan y los perros sin dueño. Luego la impotencia, el saberse el poeta en un clima en que ni la verdad de los demás es suya, lo conduce por corredores soledosos y amplios, en donde la holgura es una ficción: Sólo se es libre cuando se está solo. Y también somos únicamente un prisionero de la soledad. El amor, la bondad, lo individual supremo, le ganan en el ámbito interior en que sus únicas servidumbres son el apartamiento estimulante y la contemplación de sí mismo como persona y como creyente, como ser alimentado por el vivir de los demás y por el suyo propio. El canto que un día le dieron los hombres y que él les devuelve ahora sin tasa, es ya una verdad mediatizada por su yo así enriquecido e individuado y por su fe corroborada en los otros; es ya un elemento hermoso que sólo Mieses Burgos puede arbitrar para todos. El poeta está apto, y ágilmente se lanza por los mundos de la sensibilidad y el espíritu, comunicándolos con júbilo y belleza. Y estoy seguro que el lector habrá hallado, al cerrar este volumen y excediendo lo meramente lírico, una canción que otrora rodaba por el suelo. Sea enhorabuena. Freddy Gatón Arce.

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Orden del libro

En la división de este libro no se ha seguido un orden cronológico, sino que se han agrupado las diversas secciones conforme su afinidad poética. Sin embargo, en la primera parte, Orígenes, sólo se incluyen poemas de la etapa inicial del autor. En Presencia de los días se le dio cabida a Cuando la rosa muere, canción que al principio no formaba parte de aquella obra. El ángel destruido estaba inédito hasta ahora. El poeta permitió que se escogieran los fragmentos que se ofrecen, como primicia y regalo para el lector. En Juicios se recogen algunas de las opiniones acerca de Franklin Mieses Burgos externadas por nacionales y extranjeros, con el propósito de satisfacer mejor las finalidades de divulgación de esta Colección.

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Orígenes
Esta canción estaba tirada por el suelo
Esta canción estaba tirada por el suelo, como una hoja muerta, sin palabras. La hallaron unos hombres que luego me la dieron, porque tuvieron miedo de aprender a cantarla. Yo entonces ignoraba que también las canciones, como las hojas muertas, caían de los árboles. No sabía que la luna se enredaba en las ramas que sueñan bajo el agua, ni que comían los peces pedacitos de estrellas en el silencio de las noches claras. Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales que eran todas posibles en la tierra del viento. En donde la leyenda no es una hierba mala crecida en las riberas, sino un árbol de voces con las cuales dialogan las sombras y las piedras. Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales cuando aún no era mía esta canción que estaba tirada por el suelo, como una hoja muerta, sin palabras. Pero ahora ya sé de las formas distintas que preceden al ojo de la carne que mira. Y hasta puedo decir por qué caen de rodillas, en las ojeras largas que circundan la noche, las diluidas sombras de los pájaros…

Canción de los ojos que se fueron

Se me fueron los ojos para ver la presencia posible de las cosas que pasan como el río, como el pájaro blanco de una luna sin alas,
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como el cristal en donde se desnuda el silencio. Desde niño se fueron… Y ahora tengo en la sangre otros ojos que miran por encima del aire, por encima de toda transparencia distante. Y esta es mi pena ahora, el término y distancia: el que yo muera siempre mientras los otros cantan, cuando yo me deshago de llanto entre las yerbas buscando las sonrisas que olvidan las estrellas. Yo me iría tirando también como los otros, en un cauce perfecto, mis redondas palabras… Pero no puedo, no; hay otras formas mudas que me llaman más hondo que la voz de las aguas. Yo sé que nadie ignora la vida de mis ojos allí donde la niebla tiene toscas moradas. Y el silencio devora la imagen de otra luna hecha de anochecidas canciones apagadas. Allí donde los nardos son palomas crecidas con las alas quebradas. Y la alondra no es sólo la dulzura de un canto, sino una ruta ancha por donde llega el alba. Allí donde las hojas todas tienen por dentro, en el cielo inmutable de sus verdes entrañas, el silencio de una primavera enterrada, en donde están gritando de angustia por la vida las rosas que no nacen. ¡Allí están mis ojos! ¡Los ojos de mi sangre! Los que miran tan sólo por encima del aire, por encima de toda transparencia distante. ¡Los ojos que me dieron, que no fueron de carne! ¡Allí están, en la sangre! Mirando el lado opuesto, la forma diferente, el oculto sentido de la carne y la esencia. Porque todas las cosas tienen su doble sombra, hasta la voz y el viento.

¿Qué serafín es ese?

Allí donde furiosos los pájaros devoran con el ámbar pulido de sus últimos cantos
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el crecido racimo de una luna madura; allí donde florecen todas las claridades mi amor está esperando que retorne tu risa, madrugada desnuda parida entre dos rosas, rumor de caracoles en las manos del viento. ¡Yo no quiero que llores! Sólo quiero que digas qué serafín es ese, que en tus manos vendimia ternuras de azucena. ¿qué serafín es ese? No es ilusión de nieblas crecidas en mis ojos, ni galanteo de pájaro que juegue entre las hojas; es sólo una pregunta que se asoma a mis labios cuando miro tus manos que recuerdan palomas… Todas las lumbres altas nos anuncian auroras; todas las mariposas, una ruta viajera. Pero por ello mismo recordamos la rosa, andariega de aromas en un tallo clavada. Un día yo te dije. —Mi verdad es tan sólo un reboso de luna derretido en el agua. Mi voz vive distante como un clamor ausente de la carne perenne que concreta las cosas. Pero a pesar de todo, yo sigo siendo un niño sorprendido entre tantos crespones transparentes, y entre tantas verdades podridas como sombras.

Los caballos de Suro vienen por el viento
Ya llegó la vendimia de los frutos sin nombres, por donde en cada germen que oculta la simiente hay un hálito macho gozando una doncella. Yo la vi desde el árbol donde el viento es nodriza de los retoños nuevos. Y ha llegado tan solo porque el rosal crecido tiene todas sus manos llenas de voces blancas.
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—Madre: los caballos de Suro vienen por el viento! Un paso más, y ahora descolgarás la luna, sin que nadie nos diga que es una voz distante, una gardenia muerta o una canción redonda clavada sobre el cielo. —Madre: los caballos de Suro vienen por el viento! únicamente aquellos que todavía no saben que la tierra es muy grande y sólo de unos pocos, únicamente ellos no abrirán el corazón a la mirada triste de los niños sin pan y los perros sin dueño. —¡Madre: los caballos de Suro vienen por el viento! No le digas a nadie que los pinos son hechos con el canto crecido de los pájaros muertos. No le digas a nadie que la tarde te hastía, con su mirada enorme de bestia fatigada. La humanidad se cansa de la desdicha ajena, del llanto que no brota del fondo de sus ojos. —¡Madre: los caballos de Suro vienen por el viento,
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y está lloviendo siempre –siempre– una lluvia de cielo por la noche del aire!

Fábula inefable de la niña loca
¡Tambor! ¡Tambor! ¡hermana, yo no quiero ser tambor! ¡Me duelen demasiado los ojos en el agua desde que tengo abierta esta herida en el viento! Una vez me sembraron el alma de recuerdos en las hondas riberas de la noche del tiempo, en donde esta cayendo como una sola gota, para siempre, el silencio… ¡Tambor! ¡Tambor! ¡hermana, yo no quiero ser tambor! ¡Aquella dulce niña, que como yo tenía dos blancas manos locas tendidas a la luna, daba pena mirarla porque sólo decía que la luna había vuelto sus manos mariposas. mariposas que iban por nevados caminos, entre lirios tronchados y azucenas sin novias. ¡Tambor! ¡Tambor! ¡hermana, yo no quiero ser tambor! Me basta con mi ancho corazón de voces, mis caminos de humos enterrados, mis campanas de nieblas doblando entre las sombras; me basta con mis pinos sonámbulos que miran cómo crece de trinos la bondad de mis manos. ¡Tambor! ¡Tambor! ¡hermana, yo no quiero ser tambor! Tú lloras porque piensas que yo no estoy presente; supones que me he ido hacia los lirios rotos heridos por el aire, hacia el mundo de sombras que desangra la noche; supones que me he ido, desvanecida toda, hacia el cielo difunto donde devoran albas tardías los gusanos. Yo estoy ausente, sí, ausente de la carne sin sueños ni sangre de tus huecas palabras, más allá de tu muerta nominación de cosas. Yo estoy ausente, sí, de tu forma distinta de pronunciar alondra, sepultada en un pecho nublado por el llanto.
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¡Tambor! ¡Tambor! ¡hermana, ya no quiero ser tambor! Ahora que dolencias de sombras angustiadas ascienden por el agua desnuda de mis ojos y mi herida no sangra en la carne del viento; ahora que estoy hecha de cosas enterradas y toda estoy henchida de estrellas como un río, no dejes que se vayan mis manos por el alba, ¡no dejes que se vayan!, tengo miedo de un ángel oscuro que las llama. Tambor! ¡Tambor! ¡hermana, yo no quiero ser tambor!

Elegía por la muerte de Tomás Sandoval
¿quién ahora, llorando, te alzará desde el fondo solitario del mar, para sólo pensar desesperadamente en el vidrio desnudo de tu limpia sonrisa, o en aquella tu carne color de azúcar parda, después que los peces hambrientos se comieron el último paisaje de sol que había en tus ojos? ¿quién ahora, llorando, te alzará desde el fondo solitario del mar? ¡Oh príncipe mulato de la verde escafandra! ¡Tronco joven de ceiba y corazón de nardo! Después que la muerte dejó sobre tus sienes una polar caricia de puñales de hielo… Por esos ojos tuyos –dolor– por esos ojos tan llenos de luceros distantes y neblinas. Por esos ojos tuyos derramarán su llanto de alero las palomas; la noche que te clama sin cesar desde el cielo colgará sus crespones de sombras ateridas sobre un mundo salobre de guitarras y lonas. Pero tú desde el fondo no la podrás mirar. No la podrás mirar porque ya se habrá ido el alba que alumbraba por dentro de tus ojos de terciopelo oscuro; porque ya se habrá ido sin campanas tu vida hacia una madrugada de sal y caracoles, más allá de la noche liviana de las algas,
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a donde –todavía– la luna no ha podido llegar para mirarte definitivamente dormido bajo el agua. ¡Arena y sólo arena para el ancla caliente de tus ingles desnudas; para tus ojos, sombras de los corales mudos! ¡Arena y sólo arena para enterrar tus sueños marítimos de nubes y de gaviotas blancas, sobre un cielo de coco nublado de sardinas! ¡Arena y sólo arena para hundirte en tu inmenso silencio terminado entre besos impuros de hermafroditas peces! ¡Ay! ¡que ya no habrá más música marina de acordeones en tu lecho de limos y pleamares eternos! Sin un puerto posible para tu despedida, en la noche se fueron llorando las estrellas. querida entre tus brazos, habrás tenido sólo una coquetería de manatíes hembras, porque ya las abejas que anidaban tus labios se habrán llevado toda la cera de tus besos. ¡Oh amante ineludible para quien la marisma tendía el más oculto fluir de sus mareas! ¿qué has hecho con el rostro pálido de las lunas caídas en el fondo solitario del mar? ¿qué has hecho con el rostro de amor de aquellas lunas? ¿Traslúcida y radiante como un cristal muy fino deambulará tu sombra en torno de estas islas caribes que te dieron ese estupor de cielo mojado de aguardiente? ¿quién ahora dolido escuchará tu voz herida de violetas, y le dará a tu gesto de varón suicida todos los crisantemos crecidos en la tarde? En litoral amargo de llanto sin pañuelos las verdes hojas anchas sacudidas por tropicales ráfagas de horno, te están diciendo adiós, y tú no miras…

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Seis cantos para una sola muerte
Primer canto
“Que un día, superada la temible intuición”. Rilke.

De

Todo pensamiento es una soledad y un aislamiento; toda soledad, una renunciación y una constante agonía.

(Escribo por hallar una voz que me defina, que me diga quién soy y alce mi nombre, mi rótulo mortal, con exactitud y propiedad interior de contenido). Pero en el sitio real donde despierto, me procuro; en este sitio, el sueño –inmensa flor ideal que se deshoja– cae lento y pesado lo mismo que una sombra… Y es que para ser, o bien para existir, no basta sólo pensar. hay urgente necesidad de otro menester, no tan riguroso, ni precisamente tan solitario en su agonía (Escribo para hallar una voz, no un pensamiento). En la voz –mi voz–, oscuramente, siempre me descubro como algo más que una soledad, o que una muerte viviente.

Segundo canto

“Heme aquí, Oh formas de Eternidad”. Textos egipcios.

hay algo que perece sin contacto de mundo sensible en la palabra.
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hay algo que se evade, sin que ésta pueda encadenarlo al sonoro universo de su cuerpo, e inconquistado, solitario, muere; muere libre para el eco, allí donde todo humano vocablo edifica su último destino. El hombre (preocupado de suyo en lo profundo) se desgarra por esta defunción íntima de cosa que le es propia y sin embargo, desconocida en su más pura esencia. Mas este comportamiento terrible se le impone, por ley de una existencia que lo lleva hacia términos extremos. Todavía el ángel de la plenitud interior no ha descendido, generoso, hasta él; ni el verbo que le es dable utilizar aún se ha desatado de la rutina de su orbe cotidiano. habla, sí, pero al hacerlo, la pesadez impotente de su voz le hace cerrar los puños y los labios por no gritar. ¡Tal es la enorme naturaleza de su asombro! Pero el hombre se lanza jubilosamente, porque para él todo riesgo es una nueva vigilia que procura. ¿Detenerse? ¿Retroceder? Piensa: es una forma cobarde de morir. Y él no quiere morir: sus sentimientos son heroicos y aspiran a la inmortalidad. De aquí lo hondo de su soledad y lo siempre angustiado de su canto, de ese fluir místico de voces por el que desfallece en interior desvelo de espíritu y de sangre.
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Si danza, escribe, pinta o canta –y todo esto es ya danzar en una más conspicua forma– es sólo por buscar un gesto perdurable. Lo demás, es sólo el río simple de su existir; un agua sin rostro definido que transita –oscuramente– entre la vida y la muerte. ¿quién entonces, además de la voz, se aúna a este morir y muere con lo que muere de la voz? ¿Es sólo el poeta quien afronta este destino insólito del Verbo, o hay alguien más, que como él muere también de esta callada muerte? Él dice: no es lo alto el peligro, sino el aire, la atmósfera en que crecen las palabras. Pero ay, las palabras; las palabras también tienen su altura, su aire propio y su profundidad; esa profundidad inconquistable, suya, en la que el ojo del poeta es sólo un ancla enceguecida… ¿Dónde entonces la lúcida presencia de su lámpara? ¿Dónde entonces, y para qué, realmente? De las tinieblas surgió la voz de Dios. Así el poeta (pequeño dios de un cielo sumergido) de las tinieblas también alza su voz. Esa, su voz cerrada toda, por oscura; en la que el ángel de la luz no alumbra, ni la verdad de los demás es suya.
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Tercer canto
Hölderlin.

“Yo, sin embargo, estoy solo” Sólo se es libre cuando se está solo. Y también somos únicamente un prisionero de la soledad, de esa terrible soledad en que lo oculto de la sangre bate, de nuestro mar más intimo, sus olas… que la realidad resida en tu conciencia y no fuera de ella; que ningún aspecto externo de cosa material perecedera, empañe la limpia transparencia de luz de tu mirada. hoy hay en el hombre ciertas peligrosas actitudes, que son únicamente asumidas por temor. Por miedo a esa insondable soledad del espíritu de la cual se huye como de un abismo, y en donde, de caer, flotaría lo mismo que una débil brizna en medio de un inconmensurable espacio de eternidad, de ojo vacío, universal, sin fondo, de ojo enceguecido para el Bien o para el Mal; y en donde sólo la inmensa noche de un cielo sin edades, fija en perpetuidad de última muerte su desolado rostro de tinieblas. Puebla de vigorosas realidades la más íntima soledad del espíritu. Llenarla hasta los bordes de sí mismo, y, con ello, de un más hondo, más profundo sentido místico y humano de la vida. he ahí la condición privilegiada de aquellos nobles seres que valientemente saben libertarse y se libertan de toda otra forma de pasión que no sea la de su propia apasionada soledad.

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¿Por qué hablar tanto y tan alto de la humanidad y no en particular del individuo? La voz “humanidad” es sólo una abstracción equivalente a desvalido mar sin fondo, a regresión reaccionaria en procura de la forma originaria del clan primitivo idealizado: una especie de oscuro sentimiento de añoranza por la rasera comunidad de la tribu. Pero no: la posesión de la individualidad ha sido una conquista; una lucha entre los rudos elementos primigenios y una de las más altas determinaciones del espíritu, puesta al servicio y logro de un verdadero propósito de liberación humana. Más que un número simple, sé un hombre determinado, una propia individualidad libre de toda servidumbre, elaborada y realizada en la profunda soledad del espíritu; en esa incomparable soledad, en donde se está más cerca de sí y de la ya casi olvidada divinidad del hombre… Todas las nuevas formas de vida creadas por el intelecto, no son nada comparado con esta maravillosa conquista del espíritu, en que la integridad humana ha sido liberada mediante una valerosa imposición de sí misma. No, no permitas que falsas claridades te hundan en las sombras eternas del no ser; no, no lo permitas; repliégate hacia ti, y recuerda que siendo el poeta una síntesis cabal de humanidad es a la vez, no obstante, la individualidad por excelencia.
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Sexto canto
Decidme ahora, áureo varón del día, fidelísimo amante de la luz inmemorial que nos alumbra. ¿Debe marcharse aquél por cuyos dulces labios elegidos, el espíritu de lo alto dejó caer la voz leal de su mensaje? El que una vez habló, y lo hizo porque en su boca el soplo de lo eterno estaba aposentado, no callará jamás, áureo varón del día; no callará jamás aun cuando en lo adelante estén desprovistas de sentido sublime las palabras: tal es la fuerte naturaleza de lo que dijo antes, tal la huella indeleble que dejó su canción de amor sobre las cosas… Podrán los otros venir desde su ciega noche, podrán venir para acarrear tinieblas a su nombre y oscurecer el agua más honda de su voz. Podrán venir para aportar su absurdo cielo de cenizas allí donde una muerte mejor ya ha sido para siempre conquistada. Pero aquél por cuyos dulces labios elegidos fluyó lo eterno en desnudez de río, en júbilo de ser y soledades, ¿quién, quién podrá hacerle ahora enmudecer? Pero aquél, ¿quién es si cual caverna de mar que repercute al oleaje de lo inmenso, él es?

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Dionisio vulnerado
I

Es Dionisio quien canta en la noche anterior a la liberación formal de las Bacantes. Cuando todo era aún sujeto a las cerradas tinieblas del Abismo. Atrás queda el Objeto. El Objeto inicial develando sus formas. Inventando presencias futuras para ser. ¡Es Dionisio quien canta! En él, la soledad es ya toda una humana conciencia que es angustia. ¡Es ya un hombre! ¡Un dolor! Es Dionisio. ¡Dionisio!
II

¡Oh humano libertado! Cielo solo por donde la memoria transita arrastrando las sombras de su mentido ayer. —¿qué cosa harás ahora, con la sagacidad de tu yo conquistado? ¿Del yo tuyo, liberto; liberto para siempre, como una maldición? Tú solo. Sí. Tú solo. Dios terrestre o ceniza. Raudo río de días. Apagado rumor de un agua que acontece, en torno del inmóvil presente en que yaces. (único tiempo tuyo. único y verdadero
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para testificar del mundo de las cosas). En ti es sólo el presente. Eternamente él. Lo demás, no es el tiempo. Es solamente un río. Un río solamente, donde tu imagen queda mientras las aguas siguen pasando, como siempre.
III

Desata, oh Dios, desata tu eternidad y clama: Es tu ebriedad que quiero y no la majestad glacial de los anillos que alrededor de ti colocan en señal de gracia funeraria, por la inmovilidad que –transitoriamente– te adjudica la Muerte. Tú eres ágil. Pues nada es más ágil que tú. Por esto te transformas cada estación y eres el joven Dios eterno de las resurrecciones. Del continuo volver. Ninguno es como tú. Ni ninguno tampoco posee el ebulliciente delirio de tu espíritu: fuente délfica en donde ruge la inmensidad. Ruge como el mar.
IV

Dame ahora la copa. La eterna copa viva. El redondel sin fondo. La subjetiva noche donde tus ojos vueltos
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contemplan el obsceno vacío de la Nada. quiero entrar en el orbe de tus desolaciones. En la lúcida sombra donde chispean tus soles humanos de pasión. De furor y de muerte. (¡De muerte, sí, de muerte, porque también la muerte es un furor helado!)
V

¿quién ahora sus labios no apresta para un grito de terror o de angustia? ¿Es Dionisio quien canta o es alguna otra voz? La noche tiene estrellas como peces el mar. Y el mundo no es el mundo. Es su sombra extendida. ¡Su sombra! Nada más.

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Presencia de los días
Anillo de Dios
I

De

Desvelado existir del extremoso amante que edifica, solícito de un ámbito de holgura, su más ancho universo en un anillo. (Orbe menudo de metal que grita, que solloza de lumbre enardecido, desde la humana torre que levanta su vigilia de sangre, su vigilia). Preciosa eternidad hecha sortija, maravilla que encauza su destino hacia una forma única y cerrada. ¡Mundo poblado sólo por un dedo! ¿quién se goza de ti? ¿quién labra un sueño de igual naturaleza en tu silencio mineral de siempre? ¿quién es capaz de penetrar al fondo de tu desconocido o acaso fabuloso acontecer? ¿qué solitario inclinará sus ojos, hasta llegar al alma deshabitada toda de tu espejo?
II

Te inventaré la historia que no tienes, el existir patético que ignoras, sólo con un decir de palabras amables que convienen. que precisan llegar a tu mejor sentir. O a la premura de ese rayo de sol –gozoso– que desciende por disipar su lumbre en tus orillas. Todo un río repleto de distintos objetos cotidianos, fluyendo desde el mundo desemboca en tumultuosa profusión de formas sobre la leve superficie tuya.
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Y es ya una estrella solitaria, un cielo de candorosos ángeles que pasan, camino de la noche de siempre o del olvido. La cabeza de un hombre en cuyas sienes el dueño del invierno, madrugando, vendimia lo peor de sus espigas. Un rostro transeúnte que se asoma tan sólo por mirar; una linterna donde el espectro de la luz provoca un despertar de mágicas serpientes. La aurora de una rosa amaneciendo por dentro de su misma transparencia; un pedestal, un nido, una bandeja; el fantasma de piedra de una torre, desde donde las horas van cayendo en perezosa lentitud de gota. O bien, sólo la sombra, la fugitiva sombra de un pájaro que cruza solitario, volando sobre el viento…
III

Alguna vez el mar viene también desmelenado en olas, en verdeoscuro corazón de algas o en frágil mármol de vencida espuma. Alguna vez el mar viene también desposeídamente, en voluntaria soledad de agua, sólo fiel a la lumbre de su cuerpo, de su cristal unido a cielo entero, desnudo en sencillez de espacio grande. Nada queda por ver a tu mirada de lámina tendida a que converge un concurrir de jubilosas fuentes. A veces son figuras que llegan hasta ti, no sé de donde. Elementos de un Greco ironizado, fugaces estructuras de inauditas presencias luminosas, que pugnan por herir la córnea insomne del inédito ojo con que miras.
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En otras, sólo un cielo desolado, un mundo sin memoria en que el olvido –solitario lo mismo que una estatua– edifica su rostro en el vacío. Y nada ocurre entonces por tu cauce de apretado metal enceguecido: la absorta transparencia de un espejo colocado delante de la nada viene a tu ser, como paloma oscura, parecido a silencio sin pupilas, a noche desatada que te cubre, que te llena de sí, y te aniquila… Viene la noche y permanece tuya por una inmensidad que es agonía; que es muerte y abandono en la negrura de un existir inútil del que ha huido la cotidiana brega de la vida…
IV

Pasó la muerte y te cerró los ojos. Todo es ahora en tu metal: olvido. Cerrada noche en que la sombra cubre la fina soledad de tus orillas. huyó la luz como lebrel herido; huyó de ti hacia su propio cielo. Nada acontece en el caudal que ocultas bajo el cristal de tu apagado río. Tu cuerpo yace ahora en otro goce nacido a la delicia de lo inerte. Ciego total, sin fábula de lumbre, desposeído del antiguo brillo, ya ausente de la luz y sin noticia de aquella realidad que a ti fluía, como un agua purísima del mundo. Y es un secreto a voces tu secreto; casi nacen campanas que lo anuncian desde la limpia desnudez del aire. Sólo yo que te invento ignoro el nombre, la sonrisa leal, el gesto puro, de aquél que entre sus manos te sostiene, en amorosa eternidad suspenso.
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Las dos rosas

“Pero nunca sabremos lo que la rosa es fuera de nosotros” Leopoldo Marechal. I

La rosa del jardín. La simple rosa fácil para todos, al tallo del rosal, crucificada. La que asomada pública y desnuda, al borde de la brisa vocifera como el mejor pregón de su perfume. La rosa muerta en su nacer más pronto… Rosa mortal de vida transitoria. Pequeño sol botánico encendido. ¡Cerrado nudo de color y aroma! La que varada a orillas de sí misma, a orillas de sí misma se abandona hacia la fina levedad del aire. La rosa mariposa encadenada a su única forma llevadera. Aquella vegetal rosa que sueña con un viajero corazón de alas. La distraída rosa sin memoria. La rosa que se olvida de la oscura proletaria raíz que la levanta. La que empieza a morir todos los días, en su ataúd de pétalos atados, con el solo contacto jubiloso del ojo enamorado que la mira. La rosa estatua de sí misma erguida sobre su verde pedestal de hojas: intacta forma, material, sin fuga. La rosa soledad desgarradora, entre sus propios límites cautiva.
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La rosa eso: ¡nada más que rosa! Sola y externa, estricta y objetiva, en su hueca presencia realizada. La otra rosa también, la simulada: fantasma corporal de otro fantasma, rostro espectral donde el color tan sólo suscita otra mentira, otra historia banal que se deshoja en torno a la ilusión de los sentidos.
II

Ninguna de estas rosas de afuera, es la rosa. La íntima. La rosa recatada en su existir más hondo y verdadero. ¡La que el ángel defiende con su espada! La obscura rosa abstracta, la ambiciosa sugestiva palabra que edifica múltiples formas de su propio origen. La rosa del poeta, fidedigna. La que nace de sí para quebrarse en diferentes orbes y cometas. Cuando la rosa del rosal perece, esta rosa de sangre resucita. Torna a buscar su eternidad de siempre al labio conmovido que muriendo la nombra por su nombre. que dice rosa sólo y aparece un bello rostro inmaterial, herido; una forma tan leve, que en el viento su cuerpo no fatiga. Inespacial presencia de un objeto de pura irrealidad que construimos para goce y deleite de ese amoroso dios de soledades que clamando, por dentro nos habita.

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Flor de sueño
Aquella jubilosa flor de nadie, solitaria abstracción de los espejos. Paloma de la sangre desatada que en la fugaz iniciación del vuelo llena su eternidad de claridades. Hablo de aquella flor onírica, sin dueño. De aquella leve flor de irrealidades que va cayendo sola desde el sueño. Rostro de soledad entre sollozos, entre carne que grita por el cielo. Palabra que en el aire muere sola, abandonada de su propio cuerpo. Flor ideal sin tierra labrantía para sembrar la oscura, desolada semilla de su eco. ¿qué desvelado arcángel desentierra de la noche total tu cabellera? Ese río que nunca desemboca, que no sale jamás de sus arenas, del lecho inmaterial donde reposan sus tenebrosas aguas de tinieblas… ¡Hablo de aquella flor, única flor! huésped leal que hospeda el pensamiento en su sonora inmensidad sin mundo, suscitada presencia en el recuerdo. Flor que no es y sin embargo alumbra su descarnada imagen de fantasma, de ceniza que triunfa de la muerte.

Cuando la rosa muere
Cuando la rosa muere deja un hueco en el aire que no lo llena nada:
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ni el eco que sepulta su desolado rostro en otra arena, ni la luz que va sola en río transparente hecho por serafines, ni la sombra que es ala de un pájaro de nieblas nacido sobre el viento. Cuando la rosa muere deja un hueco en el aire que no lo llena nadie. Sólo el llanto lo anega con sus blancas estatuas de sal petrificada, con sus astros caídos y sus nubes viajeras; sólo el llanto lo anega –redondo como un nido– para acunar tu pena.

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Sonetos

Poesía
Precisa Estricta Estructurada Vaga Leve Estremecida Sensible Apasionada Reluciente Amanecida

Justa Concisa Amorosa Desnuda

Solitaria Profunda Desolada Fresca Primaveral humedecida Telúrica Celeste Idealizada Infinita Finita Sorprendida Atenta Cavilosa humana Desvelada Vigilante Serena Delirante Religiosa Grave Impía

Enigmática Franca Misteriosa Entrañable Ligera Vaporosa única Eterna Universal Poesía.

Humilde mayo
Mayo trajo la flor. La milagrosa palabra vegetal que arrulla el viento. Mayo pobló su propio firmamento con la sola presencia de una rosa. Yo la miré ascender tan jubilosa a su pequeño, débil, monumento, que fue como si viera el nacimiento de una terrestre aurora luminosa. Era su viva lumbre madrugada una encendida hoguera encarcelada en el cielo cerrado de su esfera. única roja rosa amanecida. Rosa de una estación empobrecida. ¡Sólo con ella fue la primavera!

Rosa en vigilia
Rosa en vigilia que delira en vano desde el alto silencio de su orilla. Aurora vegetal que maravilla, más cerca de lo azul que de lo humano.
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Rojo fanal en la delgada mano del tallo que sostiene la sencilla luz que prende su sol, en la semilla oscura de su hondo meridiano. Para ti la palabra iluminada por donde alza plástica la vida su soledad más viva y perfumada. Ninguna forma igual a tu desgaire para ser como tú, sólo una herida abierta y desangrándose en el aire.

Viva muerte

huésped del cuerpo humano que me cierra en mortales mortajas hospedado, transito con mi ser resucitado como una viva muerte, por la tierra. Y cuanto miro en torno es una guerra suscitada en un tiempo limitado, por donde va cayendo derramado el instante de vida que la encierra. Sólo de muerte en muerte caminando. Sólo de vida en vida cada día igual que una semilla germinando. Va mi vivir hacia su cielo incierto llevando, sin saber, en su agonía, la muerte en vida y con la vida, muerto.

El río

Con su húmeda espada reluciente (caballero de niebla y de rocío) camino que camina pasa el río, solitario, desnudo y transparente. Desde su pie descalzo hasta su frente, como clavada hoja en el vacío, sube a su piel un hondo escalofrío de misterioso hielo permanente. En torno de la luz que le enajena (desolada, metálica, de cobre) hay una voz oculta que resuena.
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Por esta voz que eterna le reclama hacia la inmensa soledad salobre, ¡su corazón de agua se derrama!

A la sangre
Agua de soledad, agua sin ruido, desatado cristal de pura fuente. Agua que va cayendo interiormente en mi cielo más hondo y escondido. ¿qué misterioso viento sumergido tu natural hechura de torrente transfigura ideal y simplemente en un rojo clavel enardecido? hay un íntimo dios que te construye. El mismo dios que lento de ti fluye por los labios abiertos de la herida… Vivo clavel humano que perdura sujeto por la leve arquitectura de la fugaz estatua de la vida.

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Homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz
Vida
I “¡Oh cielo riguroso! ¡Oh triste suerte! ¡Que tantas muertes das con una muerte!”

El cielo destruido por que llora mi acongojado corazón humano, no es ese mismo cielo cotidiano donde el rostro del tiempo se cobra. El hondo cielo que mi ser añora por ser de íntimo sol su meridiano, ese cielo cayó desde mi mano hacia una eterna noche, sin aurora. Nada queda de él; sólo el recuerdo a mitad del camino en que me pierdo, alza el hueco fantasma de su nombre. ¡Cielo mejor, del ser, en su mañana! A cambio del sabor de una manzana, perdido para siempre por el hombre.
II “Quién a las llamas del amor no muere”

que es el amor en todas las edades del ser que valeroso lo frecuenta, una oscura semilla que fermenta en etapas de calma y tempestades. Más dado a lo irreal que a realidades del suelo material donde se asienta, va como oveja dulce que apacienta en prados de celestes claridades. Arquitecto del cielo que idealiza: arde desde la lava a la ceniza de sus propios volcanes desatados. Hasta que por el fuego que lo inflama es consumido, por la misma llama, “¡en soledad de dos acompañados!”
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Pasión
I “Que del arte ostentando los primores”

Allí, donde hay un ángel que revela su celeste palabra iluminada, allí mi alma eterna se desvela sola, de madrugada a madrugada.

Por esa voz eterna que se anhela verla en carne de estatua edificada, hay una fría caricia que la hiela y un fuego que la enciende en llamarada. No da el ángel su voz porque la tira desde el alto desolado clima de la noche cerrada en que delira. hay que bajar del cielo a lo más hondo, presintiendo el hallazgo de la sima, a recoger su voz, que está en el fondo.
II “Con falsos silogismos de colores es cauteloso engaño del sentido”

Este tacto solícito que abruma. Este vivir más hondo en los sentidos va descubriendo cielos escondidos, nuevos mares ocultos en la espuma. Ignorados espacios por la pluma de misteriosos pájaros caídos, mundos de claridades suspendidos tras la noche pequeña de la bruma. Nada perdura inédito al contacto de este absorto mirar inquisitivo de las pupilas íntimas del tacto. Así de mi interior huyen las nieblas, porque si ciego para el mundo vivo, lleno de luz estoy en mis tinieblas.

Muerte
“Bella ilusión, por la que alegre muero”

Llueve mi soledad de noche oscura, de eslabones de sangre desatados.
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Y una más alta claridad fulgura debajo de los párpados cerrados. Todo fuera de mí se hace negrura, amasijo de lienzos apretados, donde no es necesario ni perdura el aire de los cielos libertados. La luz que irrumpe súbita en la sombra de nuestra humana claridad terrena, como un destello lívido que asombra. Esa lograda claridad postrera, llena de eternidad y de mí llena, ¡es la única lumbre verdadera!

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Demonio de ceniza
Demonio de ceniza
Demonio de ceniza… Criatura a quien el fuego le dio su último nombre: ¿en cuál cerrado anillo del humano existir se debate, furiosa, tu impotencia; ese golpear insomne de campana que clama perdida en sus tinieblas; grito de bestia herida que muriendo denuncia desesperadamente su agonía, esa su oculta muerte merecida? Demonio de ceniza a quien el dulce viento de Dios no eleva al cielo, mar que cierra en sí mismo sus últimas orillas. ¿Cuál encono terrestre oscurece la noche de tu cielo por dentro? ¿Es que anhelas acaso cambiar a voluntad la noche de tu origen o suscitar laureles aún sin verdecer para tu torva frente? Demonio de ceniza… Cielo apartado y solo como el cielo la gloria es un rumor que llega desde fuera, un mar enardecido cuyas olas se abaten al pie de las estatuas, eco donde la noche terrible del olvido también irá cayendo, nada más que un rumor, un lejano rumor salido de otros labios, inaprensible voz donde un júbilo niño apenas ilumina su sonrisa. Demonio de ceniza… Presencia y realidad de lo incompleto. No hay cielo que soporte gozoso tu osamenta, el hielo de tus manos; no hay cielo que se mire sereno por tus ojos, ni aun aquel en que crecen desmesuradamente las semillas del odio. (Cielo para la muerte total de la lealtad del hombre) ¡Demonio de ceniza a quien el dulce viento de Dios no eleva al cielo! Saber no es repetir el nombre terrestre de las cosas. Tampoco es recoger como un mendigo el eco caído de otras voces, ni cosechar en huerto de ajena sementera, una escuálida fruta en donde lo infecundo fermenta su amargura. Saber es sepultar un nombre en lo más hondo. Tal vez una palabra de amor únicamente.
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De

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Saber es el pensar de un dios desmemoriado que tiene que inventarse continuamente el mundo. hay una edad que pone solícita su tiempo de amor al crecimiento: no se salta de ésta ni se engaña tampoco lo que viene del árbol madurando por dentro. Aquella savia suya de vigoroso aliento que lo ensancha, que lo abre en conciencia y en plenitud de fruto. Ello sabe de siempre. Pero el árbol jamás lo precipita. —¡he aquí toda la fuente de su sabiduría! Su realidad no excluye –para ser– la presencia de ningún otro árbol igual que le acompañe: él es, y goza en ser de un modo leal y suficiente. Demonio de ceniza: tú no estás en el árbol, en esa edad sensible de los brazos abiertos. No te das generoso como la espiga al viento; y es por esto que hay algo que te niega a ti mismo por la voz, cuando cantas; algo amargo que a todos te denuncia lo mismo que el cristal de un espejo; algo oscuro e insondable en su propio designio, que te hace morder con diente de rencor tu propia sedienta primavera… Demonio de ceniza: ¡nada vale en la tierra si no ha sido amasado con nuestra propia sangre! ¡Nada es útil al hombre si no sale de él por la piedad y el llanto!

Propiedad del recuerdo
Sujeto por designios redondos como anillos, como aros profundos enroscados en torno de su propia osamenta. Entre una muda carne cerrada y sus marfiles. Sin huir de la orilla, de la cálida tierra más próxima a la noche primera de su muerte. Desesperado e inmóvil hecho de insomnes pájaros azules y cadenas. Sin el más leve atisbo de un objeto de fuga real, de una salida para su sed distante de labios y gargantas. Sino de un agua última, espiritual, compuesta de espacios, de cometas.
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Seguido de una huella descalza, de una sombra que reclama el sonido de su voz más antigua. Entre edades por donde desemboca jadeante, sudoroso, corriendo el furioso caballo de nieblas que galopa debajo de su instinto; debajo de la espuma sin rostro, de la ola soberbia que se bate contra el rojo arrecife de su pulso más hondo. Exactamente entonces, por igual, como siempre: en el instante mismo en que estrujó sus ingles calientes sobre el orbe, sobre el mundo pequeño, todavía sin nombre de una sola manzana. hora oscura en que el ángel –enardecidamente– se arrancó los cabellos y no tuvo en su angustia más cómplice de lumbre que el espejo del agua, que el cristal donde siempre se ahoga una paloma de amor, una guitarra. En ese mismo instante de estupor solitario, de uñas recién crecidas, de íntimos dedos largos con que el horror procura descubrir una estatua de silencio en el barro. En ese mismo instante, fue subiendo a su árbol, a su más propia rama, en donde latía oculta la gota milenaria de su última sangre, de su más vieja tribu de lágrimas reunidas…

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Sin mundo ya y herido por el cielo
Imploración
Sin mundo ya y herido por el cielo voy hacia ti en mi carne de angustia iluminada, como en busca de otra pretérita ribera, en donde serafines más altos y mejores harán por ti más blanco y preferible éste mi humano corazón de tierra. ¡Oh tú, la que sonríes magnífica y sublime desde tu eternidad desfalleciente! En tu vértigo de altura dolorosa, parte mi vida en dos como tus trenzas. No quiero que te digan ya más: ¡mira tu hijo! El de tu humilde barro fabricado con sus hondos infiernos y sus cielos en la terrible noche de sus polos, muriendo sin morir, petrificado y solo. Tu hijo de tierra y de huracanes hecho, en la unidad universal del cosmos; tu hijo, el de las briznas de fuego y los cantos en su sumergida isla de llanto y de dolores. El que te mira a ti, transfigurado, en clima de distintos hemisferios, uno y plural ¡en tu palabra eterna!

Tema

Aquí, compañero impasible, aquí: donde todos los cuerpos creados se procuran; aquí donde se buscan los cuerpos y se encuentran lo mismo que la imagen que en procura va siempre de algún vidrio inmediato, como una flor marina sujeta por los ocho tentáculos del pulpo, lo mismo que una estrella mordida por el diente nevado de su cielo; materia fija y dura; materia desde donde crecen mil manos largas para sólo agarrarse; para sólo buscarse en presencia de un mundo que tan sólo es presencia, color, forma y substancia de un mismo y continuo ardoroso contacto hecho de superficies varadas a la orilla, callada y solitaria de la noche del aire. Aquí, compañero impasible, aquí: donde todas las hojas urgidas por el fuego de una terrible ansia van buscando la carne desnuda de la brisa con sus labios de lanza; aquí donde el anillo tiene un sueño de dedos alzados como cinco columnas suplicantes, y el mar es sólo un ojo, un ojo melodioso con riberas de espumas para mirar el cielo.
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Aquí donde las yerbas van pensando tan sólo cómo hundirse hasta el fondo de la entraña terrestre, ¡yo no quiero encontrarte cuerpo sólo y presencia! ¡yo no quiero encontrarte concreta o sucedida de otro modo distinto que no fueras de sueños, que no fueras de nube, de estupor o de grito, en la isla profunda de mi llanto enterrada! Aquí no quiero hallarte: posible; realizada; aquí no quiero hallarte, porque yo sólo busco, tu no ser en las cosas para ser en mi esencia, para ser en mi árbol, en mi poblada selva de raíces muy hondas, por donde están fluyendo las aguas luminosas de otro cauce del mundo sin estatuas perennes sonreídas al fondo. ¡Oh dulce voz crecida del tamaño de un nombre! ¡De la misma estatura de una pena callada! Sin labios todavía donde sembrar sus letras, los signos expresivos para su oscura y nueva subterránea vendimia de maduras angustias, en donde nunca, nunca, hallarán las semillas de sus extraños frutos. Pues para hacer tu risa que nunca había nacido, ¡cuántos nardos hubieron de morir en el alba! ¡Cuántos granos de arena en la margen opuesta del litoral del mundo! Desde el dolor primero que nació con nodriza de afiladas espinas, hasta el llanto sepulto de las piedras sin ojos, de las rosas sin alas, ¡todo ha sido un anhelo de epidermis heridas! Todo ha sido un continuo y furioso buscarse entre cuerpos y cuerpos de una terrestre carne de cielo despoblada, en donde a toda hora una soberbia soledad rugía, o un enorme silencio terminaba. ¡Ay! ¿De qué pecho caliente de huracanes marinos viene ese oscuro viento? ¿Viene ese oscuro viento para mesar los finos cabellos de las rosas que nacen en los pechos, que nacen en las manos y mueren en los blancos jardines de los dientes? Ese viento es el viento eterno del contacto del mundo con las cosas. El formidable viento que hace girar de amor al universo entero: desde el pequeño germen oculto entre las hojas hasta la fe de aquellos que no mataron nunca su alma ni sus ojos. Aquellos que han seguido creyendo que la brisa es un ala tendida, y la noche, una negra paloma degollada más allá de las sombras.
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(Impenetrables sombras de donde muchas veces descienden en legiones mis musicales ángeles borrachos) Los que ya van sin cuerpo porque se despojaron en el propio camino que retorna del mundo de su íntimo llanto; los que van siempre heridos de paisajes por dentro, éstos únicamente quedarán liberados de la terrible lucha del humano contacto, en el que cada objeto creado es como un brazo, una garra tendida hacia otra presencia de su ser inmediata. ¡que nada estará libre del sentido del tacto! ¡que nada estará libre del crecido sentido! Ni la hormiga ni el cardo; ni la estrella ni el nido; ni la tierra ni el agua, ni la noche ni el aire; ni la selva que muere en un ardiente pecho de pezones flotantes; la boca que ríe encendida de rojos claveles a lo lejos, ni los ojos tampoco, en donde un agua oscura va llena de sonámbulos violines delirantes, ni esas claras gotas del celeste rocío, en donde un dulce cielo de pájaros habita. ¡Que nada estará libre del firme y decidido clamor de su mandato! ¡que nada estará libre! Ni el asno pensativo ni la piedra callada; ni el silencioso amante enamorado; ni la madre ni el hijo, ni tú, que has sido hecha de ardorosas palabras, en medio de los rubios arcángeles dormidos. ¡que nada estará libre! Aquí, en esta tierra, en este mismo espacio en que morimos en una eterna muerte, sin reposo.

Presagio
Yo estoy muerto con ella sin rumoroso llanto de azucenas, desde un pecho que extingue sus ardientes cenizas, desde la misma rosa de hielo en que ella habita, desde la misma niebla donde sus ojos miran la soledad del mundo, desde todas las cosas –inevitablemente– yo estoy muerto con ella. No valen los clarines que golpean desde el fondo terrible de los sueños; no valen los clarines con el eterno y duro gemir de sus cristales
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de amor resquebrajados; no vale nada ahora desde que ella se ha ido: ni el musgo que nos brinda su refugio tranquilo, ni la amarilla voz de los otoños, ni la piedra ni el nardo, ni la arcilla madura donde moldea el silencio su recóndita estatura; no vale nada ahora desde que ella se ha ido… A la orilla del llanto sereno de la noche, a la orilla del llanto donde caen las estrellas, no sé desde que sombra yo escucho sus campanas (palabras que se han ido de amor entre las gentes). Yo estoy muerto con ella –inevitablemente– desde todas las cosas que ignoren su presencia: el mar… la tierra… el viento… La brizna más pequeña que esté lejos de ella. La que no haya podido colgar su primavera furiosa de sonrisas o de besos sobre el mármol sonoro que le cubre la frente, el traje que no tiene, los ojos con que mira, o esas lluviosas manos donde vienen a reposar en ella los astros sonrientes… Yo estoy muerto con ella –inevitablemente– desde donde su pena estremecida grita, donde un río como ella pasa callando siempre.

Primera variación

¿De qué cielo distante, solitario, sin nombre, aquella espada vino desnuda como un río? ¿Aquella muda espada tan fría como el vidrio desolado del aire, tan honda como el agua sin riberas del llanto, donde el dolor agita su inmensa cabellera? Para que se quebraran tus senderos de aroma hubieron de habitarle caracoles al viento, arenas retorcidas como torres de humo, como manos oscuras, como terribles dientes, hubieron de habitarle para siempre. ¡Rosa muerta sin llanto de campanas de bronce! ¡Isla sola, sin nubes sobre el rosal anclada! ¡Mariposa sin alas, cuyo sueño era el cielo! Por tus propias raíces tendidas como escala: —¿habrá, para morirte, que nacer un lucero?
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Pero no fue la muerte helada, sino el beso, el gemido profundo de tus propias espinas, quien apagó la aurora vegetal de tus pétalos. Pues ya desde un antiguo dolor tú te morías. Te morías por dentro –como todos– un poco.

Segunda variación

Ahora que en mí siento la inconmovible eternidad gritando, como un árbol erguido, como una oscura piedra caída en lo profundo en un grito que cobra su precisa medida de estatura de cielo. Ahora que en mi carne yo sé que está esculpiendo la soledad su estatua de silencio, porque no soy un bosque, sino un hombre limitado en la forma de su humana presencia. Devuélveme mi mar de otras edades, mi fino mar de vidrio transparente, desmelenado igual que los leones, con su náufrago cielo solitario en la aurora salobre de sus conchas, con sus yodos terribles, sus salitres de milenarios miedos oxidados en el bronce sonoro de sus negras campanas. ¡Mi mar! ¡Mi viejo mar, poblado todo de corales profundos y tenebrosos légamos primarios! El que vive aún en mí –petrificado– en olas submarinas de pretéritos llantos congelados. El mar que no se ha ido, porque en mí está varado como en el tallo del rosal la rosa, como mi corazón, sobre la tierra. ¡Oh! Dame tu oscura lámpara de sombras. quiero irme de nuevo desnudando hasta volver al mar y ser sus olas…

Tercera variación

¡Oh llanto inagotable de no saber en dónde sembrar nuestras palabras! Nuestros signos sin nombres designados, seco árbol en donde no crece ningún sueño, ninguna voz vibrante, madrugada tampoco en el cielo remoto de los otros vocablos, de los otros sollozos caídos en el coro celeste de los ángeles. ¡Reino éste cerrado, igual que los melones! ¡Negro como la entraña profunda de la tierra en que habitamos todos, con el solo destino vegetal de las ramas,
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de los troncos que existen mordidos por la tierra, sin ayer, sin mañana, sino siempre! —¿No crees que como ellos también hemos vivido desde el espanto mudo de nuestra inmensa y honda desolación humana? Alguien conmigo ahora no obstante lloraría mi ruiseñor de luna, muerto de soledad entre los lirios, si no fuera por esa pared hecha de manos, de uñas y de dedos, de bocas y de dientes. en donde todo acto realizado se queda como una flor herida, como una cabellera destrozada, lo mismo que una estrella, sobre su cielo, muerta. Estamos frente a frente de una eterna verdad que nos derrumba a todos como a livianas torres, como a espigas quebradas por la mano del viento; ni tú ni yo podremos abrir un solo surco para sembrar su sombra, su endurecido aliento. Todos hemos crecido debajo de su cielo. Todos hemos crecido y ahora nuestros pechos tocan el rojo fuego crepitante. que incendia sus cabellos tendidos sobre el mundo. —¿Somos ceniza o brasa para el tiempo feliz en que lloramos? ¿Somos ceniza o brasa? ¡Ni tú ni yo sabemos!

Conclusión

¿qué descarnada mano de arcángel o demonio en la insondable noche donde termina el mundo me está cerrando siempre tu ventana más alta? ¿Esa ventana tuya por donde yo he querido lanzar mi último grito, mi más pesada piedra de soledad crecida? No es con trino de pájaros tirados a la orilla desolada del viento, con que yo quiero hacer la música seráfica de tu inefable nombre; no es con trino de pájaros ni con temblor de agua recién amanecida con que yo quiero hacer la selva de rumores que puebla tus cabellos, la sumergida arena que cruje temerosa por dentro de tus pétalos, en donde alguna playa solitaria agoniza de albatros y de espumas; no es con trino de pájaros, sino con tierra y hojas,
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con buriles oscuros de espanto y de ceniza, en donde otras campanas –sin torres ni palomas– vayan tocando solas, vayan tocando solas sobre el mundo. Yo sé que el cristal tiene detrás de la perenne sonrisa de su cielo otros cielos despiertos madrugados de voces, madrugados de lirios en otras primaveras distintas a tus flores, y que no es éste ahora el más preciso instante para arrancarle sordas palabras a las sombras; a ese universo tuyo, en donde arrodilladas están todas las cosas. Yo tendré que buscarte de nuevo en mis confines: ¡rosa propia o estrella! Yo tendré que buscarte: ¡quizá sombra caída de crespones espesos! Pero siempre mordida, toda mordida siempre de realidades mías. Sin embargo ya nunca podrá venir la muerte para llevarte ahogada. Sin embargo ya nunca habrá quien te destruya de amor o te deshaga de la más pura infancia donde enterraste todas tus raíces oscuras. Un soberbio verano te ha clavado en la entraña terrestre de mi cielo; un soberbio verano, y ya –siempre desnuda– estarás para el fuego de mis besos humanos, resuelta para el ansia de tenerte en mis labios, en donde mil demonios habrán de recibirte terribles y voraces, con un fino y hambriento presente de marfiles. No importa que te sueñe o piense trastornada. No importa que te mire en otras más profundas soledades, mi amor te irá siguiendo tendido como un brazo, te irá siguiendo siempre tras todas las mudables presencias en que habitas: oruga, pez o nube; luna que irá alumbrando por otros cielos altos, por otras más lejanas riberas desoladas, en donde sólo el viento de cerca te persiga, allí estará mi brazo; allí estará mi brazo como un odio crecido, como una inmensa torre para ceñir tu talle, tus tenebrosas trenzas, tu aliento desvaído; allí estará mi brazo partiendo tus corales, las auroras enanas de tus dorados senos de amor recién nacidos; hurgando en las ocultas ciudades de tus manos, en donde algún prodigio irá de nuevos soles lejanos despertando, el cielo que dormita pequeño en tus anillos. Allí estará mi brazo: mi cuerpo se habrá ido hacia otras torturas; hacia otras cadenas más hondas y distantes se habrá ido mi cuerpo.
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Sabrá Dios por qué rutas mortales irá huyendo con los ojos vacíos como un árbol perdido, lo mismo que una oscura semilla siempre sola muriendo!… ¡Pero mi brazo no; mi brazo estará aquí, al lado tuyo, soberbiamente siempre, como una eternidad clavada en su destino!

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Clima de eternidad
Prometeo mortal
Ellos todos se irán cuando la nueva luz intrépida levante del uno al otro lado sus traslúcidas lámparas matinales de vidrio por dentro de la noche sonámbula que aún siembra negras rosas de sombras a la orilla del viento donde llueven violines, donde llueven guitarras de musicales cuerdas como gotas de río. Ellos se irán cantando, cantando alegremente, cuando ya madrugada la mañana disponga de un par de golondrinas que humanicen de alas temblorosas el rostro inhumano del cielo. Se irán enardecidos hacia el filial ambiente dejado por sus cuerpos, para cubrir el hueco de atmósfera cavada de donde procedían. Porque nada ni nadie puede tener dos sitios iguales en el aire, dos rendijas abiertas para unos mismos ojos, para una misma voz, sin que se quiebre el orbe pequeño en que habitamos. ¡Cada uno a su propia cavidad primitiva! ¡Cada uno a su cueva personal aborigen de donde fue sacado! ¡Cada uno a su hoyo, a su terrible hoyo proporcional y justo que responde a la exacta medida de su talla! ¡que allí estarán los moldes intactos de sus manos, de la primer sonrisa que floreció en sus labios como una flor pequeña! ¡que allí estará sangrando la imagen espantosa de su dolor primero, como una muda esfinge de sal petrificada! ¡que allí estarán las huellas, las digitales huellas de su voz aguardando el debido retorno de sus propias vocales! Una espera impaciente desde el confín del aire del mundo está clamando por todas estas cosas como claman las sombras por sus cuerpos vacíos, sin ninguna realidad en ausencia del perfume del nardo. Ellos todos se irán: en cambio, solitarios, nosotros nos quedamos; nos quedamos anclados frente a la misma noche desolada de siempre, bajo la misma luna eterna de forzados, sin ningún árbol propio donde colgar un nombre diferente a la angustia humana que nos hiere. Nos quedamos en medio de nuestra imperturbable soledad estancada de abismos sin balcones, para pagar la libre inmensidad del cielo,
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De

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sujetos Prometeos a la roca invencible de carne sin alas, donde esculpe el silencio sus estatuas perennes de rencor y de miedo. ¿Dónde encontrar entonces la asequible garganta abierta para el río caudaloso y profundo de nuestro propio llanto de fuego derramado? ¡Llanto que clama siempre por un mar encrespado de vivas muchedumbres en olas colectivas de una humana marea de almas agitadas! Ellos todos se irán; nosotros, nos quedamos. Nos quedamos nosotros hundidos en la entraña del terrible tambor donde golpea furiosa la sangre derramada de los últimos muertos, sin ninguna presencia que derribe la noche donde crece el olvido, sin ninguna posible catástrofe que impela a un gesto perdurable. ¡Pobres dioses humanos a un inmenso dolor de eternidad atados!

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El ángel destruido
Barro inaugural
Sólo una gran piedad pudo crear los mundos eternos sin hastiarse. Sólo una gran ternura pudo sembrar la vida como se siembra un árbol: la jubilosa voz de una semilla. No pudo ningún otro posible sentimiento alzar nuestro destino; nuestra meta mayor ante la eternidad absorta que nos mira, desde sus hondos ojos de solitaria estatua preferida. Una gran campanada resquebrajó los altos cristales de la noche. Y chirriaron los goznes, los metales mohosos de la casa vacía donde cavaba él solo para enterrar el agua sin rostro de su llanto, de su íntima noche caída hasta la angustia. Aún no transitaba por el cielo el relámpago de pluma de los pájaros, ni el viento, todavía, era un sepulcro abierto para enterrar palabras; voces precipitadas desde los rojos labios donde el amor fabrica muriendo sus campanas. Ignorado de sí –lo mismo que la nada– clamaba por un nombre; por una voz tan llena de sangre que lo hiciera. A sus pies el silencio del orbe era un gran río de soledad cayendo, un mudo serafín de bronce arrodillado: —quiero un labio que esculpa mi nombre sobre el aire. Un eco que responda preciso a mis palabras. No, no es posible que exista sin que me piense nadie. Mi realidad se hastía de ser para mí sólo. Sin otro que me sienta temblar yo no sería…
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De

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Entonces fue la infancia desnuda de la luz su limpio nacimiento. Entonces, su niñez, anécdota de espejo. Memoria de la lámpara de bruñida sonrisa de vidrio adolescente, de ángel verdadero que delata el relieve más fino de las cosas. Entonces fue su aliento un solo resplandor de fuego bajo el agua, en medio de la noche sin alba de los peces. Ninguna fuerza pudo quebrar su pensamiento; su soplo forjador crecido como un brazo de luz en las tinieblas, en el ojo vacío donde moldeaba el tiempo su estatura de sombra, la forma de su rostro perdido hasta la ausencia.

Mensaje a las palomas

Id ahora a decirles a todas las palomas que el milagro de Dios nos estaba esperando oculto bajo el agua. que además de la luz –viva entraña del verbo– igualmente fue el beso; la caricia del ala de su sombra en las algas, en medio de la noche sin alba de los peces. Id ahora a decirles que cuando la luz fue la primera sonrisa caída de su espejo, algo dejó de ser en torno de la luz, algo rodó en pedazos debajo de su lámpara. También id a decirles que el solo hecho de ser es ya una destrucción. Porque sólo no siendo es posible lo intacto.

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Adán de angustia
Ahora tengo el anillo cerrado de su nombre como una gran cadena sobre mi corazón. Todo él me circunda y sin embargo lloro vencido por la angustia de su cielo de siempre; el dolor de su pecho cubierto de raíces; la inmóvil permanencia de su mundo inmutable donde todas las formas lograron su presencia, su realidad concreta de cosa terminada. queda mi incertidumbre destruida a la orilla terrible de su orbe, donde ya nada empieza, donde nada comienza después de sus palabras. Ahora soy el objeto final de sus bondades. El más noble fantasma que colma su deleite. Sin embargo yo tiemblo de horror, yo me devoro sepulto en este clima salido de sus manos, en medio de esta arena caliente donde él puso toda su enorme fuerza para crear el aire, la noche de esa fruta donde madura el alba. Aquí fueron los peces, las palomas, los nardos; aquí los caracoles primeros, los corales de enrojecida voz despierta entre las aguas. Aquí fueron las rosas lo mismo que los pájaros. Ningún ángel valiente traspone mis umbrales. El mismo fuego aún es propiedad del cielo. Fundo de los demonios que pueblan la intemperie. Sólo el gran abandono del tiempo está conmigo. ¡Oh señor de la voz donde nacen los soles! ¿qué quieres tú de mí que me dejas tan solo, clavado ante el silencio de esta atmósfera tuya, donde ningún esfuerzo derrumba las murallas, la gran pared eterna que limita tu rostro? ¿Eres sólo una máscara cubriendo su misterio, una piedra cerrada donde sueña mi infancia? ¿Aquella oscura infancia que en tus manos no tuve? Algo me está por dentro creciendo como un río. Algo me está quemando como una llama viva. Siento como una espada caliente entre mis ingles. Una espada de fuego que incendia mis entrañas.
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¿qué puedo hacer ahora de nuevo con tu nombre después que estas palabras cayeron de mi árbol? ¿qué puedo hacer de nuevo con ellas, Alfarero? Ya estoy lejos del barro con que te entretenías. Ahora soy un brazo que siembra una semilla, un gran surco despierto, una luz en vigilia. ¿De quién aquella voz humana que me nombra desde la oculta rama de mi propia costilla? ¿De quién aquella voz, aquel hondo vagido que resopla en mis venas profundo como un río? ¿quién en mí está clamando, erguido ante el abismo de su propio delirio? Su nombre lo presiento tras un cielo de hojas mordidas por los dientes pequeños de la brisa, ante la voz posible de una anciana serpiente, en la era redonda de todas las manzanas.

Soledad segunda
Tengo la soledad segunda entre mis manos como una ciudad muerta, como un cielo olvidado donde no van los pájaros de la luz o del beso a picotear los altos racimos donde cuelgan las uvas del silencio. Desolada y terrestre soledad en que habito: mi Edén, mi Paraíso, mi tálamo de espadas. Aquí ahora mi llanto más íntimo, la fuente de desatadas aguas que me inundan por dentro, de los ríos que vienen muriendo por mis ojos. ¡Esta no es la ventana para mirar lo eterno, aquello que limita mi ser y lo destruye en dos tiempos de sombra para una misma angustia! Prefiero la difunta ceniza de una rosa, la huella de otro viento, de otra ciudad de nuevo mil veces destruida. Pero que nada sea perenne en torno mío: ni la piedra, ni el árbol, ni el eco de su voz lleno de eternidades.
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Que nada tenga un mismo destino prefijado de antiguo por su mano, que el río un día de nuevo retorne con sus aguas profundas hacia arriba, hacia el cristal desnudo de su primera gota; que no parta el origen tan sólo de su verbo, sino que muchas rutas distintas se eslabonen para llegar al hombre. No es tu mundo de objetos amables lo que quiero: me es igual la presencia de todas tus estatuas de luz perecedera. quiero algo que sangre –en mí– siendo de otro, para que así mi llanto también tenga otros ojos.

Eva recién hallada
Tú que habitas ahora despierta sobre el agua rota de los diamantes. Tú que habitas ahora, como una llama viva, lo mismo que una lámpara desvelada en su propio mundo de claridades. No eres la luz terrible, la fulgurante luz que llega de los cielos. Eres la espada fina, la silenciosa espada que siega las tinieblas, el más agudo grito salido de las mismas entrañas de las sombras. Eres el río de siempre cubierto de ceniza. El río inevitable donde mi amor aguarda la primitiva lumbre que quiebra sus metales, sus desoladas selvas, sus ópalos del aire. Eres la iluminada, la solitaria esquiva que defiende los bronces de la noche y del alba. ¡Radiante forma anclada de los vivientes orbes, traspasado por ti derrumbo mis orillas, hago rosas de hielo de mis propias palabras! —¿En cuál lecho de otras arenas diferentes creció de soledades?
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la noche que en tus pulsos moja en agua celeste su roja llamarada? En la ola de vidrio furiosa que te envuelve lo mismo que una torre, como una firme hiedra de sed devoradora, construida de ciegos arcángeles te elevas más allá de las nieblas, hacia los nuevos soles que laten en tu sangre llovida de amapolas. —¿Es al amor que esperas erguida en el umbral de la rosa más alta? ¿De la encendida rosa que el verano calcina con sus labios de fuego? Debajo de la muerte total otras campanas desesperadas claman, claman otras campanas debajo del silencio donde crece el vacío como una flor helada.

Primera evasión

Lo redondo es un ángel caído en el vacío de su propio universo, donde la oscura voz de su verdad resuena llena de eternidad cerrada y de infinito. Lo redondo es un río que sale y que retorna de nuevo hacia sí mismo, hacia la hueca nada donde su ser gravita. Por su forma la lengua de Dios está explicando su gracia preferida, la imagen con que muestra la sombra de su rostro desnuda sobre el mundo. —¿No es su ley la que esculpe la manzana del orbe, el anillo que muerde el pedestal del árbol, la cabeza del hombre? Lo redondo es un ángel cautivo que no sueña, que no se traslimita de su cerrado cielo; un ángel prisionero que está sujeto a Dios como un objeto más de amor entre sus dedos.
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Segunda evasión
—¿quién encendió la lámpara perenne de la rosa? ¿quién desató el pequeño enigma de la hoja? Cuando el ángel pregunta ya deja de ser ángel; la ignorancia es la espada desnuda que defiende su rosa de inocencia: la rosa que no sabe ella misma el origen terrible de su nombre, de su propio fantasma cerrado como un nudo de aroma hasta la muerte.

Desvelado Caín
A la orilla del aire yo destruyo la sombra delgada de los pájaros solitarios que habitan caídos en el cielo pequeño del rocío, de ese húmedo espejo donde todas las cosas del alba se derrumban, se hunden en el frío metal en donde el trino sonámbulo se hermana con la niñez del agua. A la orilla del aire yo destruyo la rosa del rosal, la azucena, la nube y la guitarra que también es alondra nacida en una nueva presencia quejumbrosa de metales heridos. A la orilla del aire yo destruyo el aliento del ángel, la paloma. Nada queda en mis manos que no rompa en procura de mí mismo en el fondo, en la íntima entraña sepulta de las cosas donde lo eterno esculpe su máscara de siempre, su soledad más honda. ¡Oh Padre imaginado tras el terrible cielo por donde pasa el viento del misterio soplando la voz de sus campanas! —¿qué cosa es que supongo hallar tras de tu niebla? ¿Cuál enigma vislumbro oculto tras la negra semilla de tu árbol?
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La noche milenaria que enroscada descansa sin rostro entre mis huesos, la noche que me oprime por dentro y me devora, ¿no es la misma que cava con sus dedos de sombra su abismo en los objetos? Por aquí desemboco rodando hasta la gota donde la más antigua de mis voces descansa. Si tú el cálido aliento de tu pulmón soplaste para forjar del barro miserable la estatua preciosa de la vida, yo levanté mi mano valiente hasta tu rostro, para inventar la humana presencia de la Muerte. Desde entonces yo he sido también un dios creador, único arquitecto de ese orbe distinto donde el fecundo cielo no hizo luz del verbo sorda parte de un mundo donde la intacta sombra es virgen todavía. No es Abel el que muere herido por el golpe salido de mi mano, no es Abel el que muere. Con él sólo destruyo las formas permanentes del objeto primero: igual me hubiera sido la presencia del alba, lo inmutable del cielo.

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Juicios
alFonseca, IVán
“La labor poética de Franklin Mieses Burgos es asombrosamente fecunda. Este destacado poeta que nació en Santo Domingo de Guzmán –hoy Ciudad Trujillo–, el 4 de diciembre de 1907, pertenece a la escuela surrealista. Entre sus libros inéditos y en preparación podemos citar sus obras teatrales La Ciudad Inefable y La Isla de los Estetas. Otras en verso y de ensayos como La Torre de las Voces y El Ciudadano de la Luna. Por su gran cultura y acervo de conocimiento, podría decirse que es el prototipo del autodidacto. Desde muy joven se manifestaron en él, el estro y el numen del artista, cuando publicó sus primeros versos a la edad de 22 años, vaciados en moldes clásicos en periódicos y revistas dominicanos, tales como Blanco y Negro, Listín Diario y Baoruco. Antología Biográfica (La juventud de Santo Domingo en la poesía contemporánea, 1942) . “…Franklin Mieses Burgos… ha sufrido… una evolución en su afán de alcanzar la suprema belleza de su arte. Antes, su poesía de tambor, (queremos decir rimada), revestida de la solemnidad pomposa de un clasicismo riguroso, ha ido progresivamente cambiándose en poesía silenciosa, subjetiva, despojada un tanto de esa ornamentación arcaica de rima y métrica inviolables. Mas, ¿quién no diría que en ésta como en aquélla, está patentizada la emoción espontánea de un poeta? Sus incipientes poemas, en los cuales el verso era sonoro, vibrante y emotivo, nos señalaron un Franklin Mieses Burgos como poeta auténtico. Como una prueba de ello, escuchamos al poeta de entonces: ¡qué me importa que tenga los cabellos de oro! ¡qué me importa que lleve en sus ojos el mar! Mi anhelo sólo anhela que sea pálida y triste. Intensamente triste, como un rayo lunar…” “Para la época de su génesis poético, Franklin Mieses Burgos se destruye por primera vez y se sumerge en su mundo interior para retornar de nuevo y externarse con una nueva ideología poética. Así, su poesía se va espiritualizando y haciéndose más etérea cada día, a medida que su espíritu se hace más tenso de sensibilidad y su sensibilidad se refina más. Entonces él se hace dueño de esta gran verdad: …Los espíritus que no pueden cambiar de opinión, dejan de ser espíritus. Y fue entonces cuando el poeta dijo: “Lloremos por la rosa que ya casi no es rosa, sino un trino de pétalos clavados, sobre la vertical resignación de un tallo”
(De La Poesía de Franklin Mieses Burgos y su evolución).

baeza Flores, alberTo
“La poesía en Santo Domingo tiene que responder, necesariamente, a su “naturaleza distinta, y al vivir del hombre más encerrado en sus comienzos y en sus fines. Así esta poesía, tan herméticamente dominicana, en su espíritu, y tan universalmente de lo lírico mejor, en su estilo, de Franklin Mieses Burgos”.
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“Gran trabajador solitario, se ha construido, como todo gran poeta, un mundo mágico donde resuena el ancho corazón de fuera y cobra vasta medida y equivalencia lírica. Angustia y corazón, imaginación y pureza, intensidad y fervor lírico, pasión y gracia, dan la tónica d su poesía. “Como en Jorge Carrera Andrade, la metáfora adquiere importancia de brillo en él, pero como en Rilke, en Mieses Burgos, la ternura, el amor, la soledad, el mar, el milagro del existir, del contemplar, del conocer y del sollozar, se transforman en lúcida y profunda gracia poética. Se diría que todo él vive en mantenida conmoción poética, en medio de una isla circundada de sueños y de profundidades”. (De Una profunda y solitaria voz en la lírica dominicana - Edición de Presencia de los días por Brigadas Líricas, Mendoza, Argentina). “La infancia está viva en él, y como todo poeta verdadero, lleva sobre los hombros de esa poesía angélica, el peso encantador de una infancia cargada de poesía, que continúa hablando en sus actuales símbolos líricos.” (De Franklin Mieses Burgos y la fantasía salvadora). “Mieses Burgos, dueño de un paraíso final, se contenta con el radiante y peligroso oficio de iluminar los contornos de las cosas de la tierra, de llenarlas de resplandor ya casi al caer en el olvido o el vacío. Tenaz, enérgico, celeste a la vez que melancólico, quemado en lo terreno”. (De F. M. B. entre sus cosas: doble retrato).

conTín aybar, PeDro rené
“La veta lírica de Franklin Mieses Burgos es inagotable. Cuando en la pubertad, ay!, un poco distanciada ya, inició la comunicación de su rítmico soliloquio, tocome a mí la contraria en la opinión de los amigos quienes le incitaban a la poesía erótica, acordes con el gusto y la ignorancia de una varonía apenas esbozada de una juventud demasiado joven. Trataban de torcerle al poeta en agraz el vuelo por el mundo del sueño, su bello sueño de siempre, para hacerle andar los terrenos caminos de todo el mundo. Fue discreto el poeta y nos complació a todos: Una balumba de versos de amor, de poemas eglógicos, de cantos patrióticos, dio al acervo de Franklin Mieses Burgos la nota ritualista del actor atento a su público. “A las callandas, sin embargo, renegaba él y conservaba intacto su estro delicado, profundo y luminoso, para dárnoslo ahora y desde siempre, en esas notas íntimas llenas de fuerza y con aliento augur que son su verdadera poesía. ¿Necesitaba el poeta gestar su mundo protegido tras los muros exteriores que a los insensatos detuviera? ¿O el tesoro le era tan querido hasta la avaricia de la fecunda soledad de su propio sueño? “…es preciso… reconocerle (a F. M. B.) el valor intrínseco y justipreciar su valor en mercado abierto, para emplear imágenes burocráticas, sin ironía. “ha sido labor solitaria, la suya, de depuración rigurosa, sometiendo el ímpetu al cauce necesario, por lo que el poeta, atento a su voz interior, ha impreso la voluntad de su alma exquisita a toda su obra, aceptando el reparo de las otras voces, oyendo y filtrando el concierto de todas las músicas. Vale decir, una alquitara consciente donde la esencia más pura de su ser se instila. “Muchos (poetas) actuales no calan esas aguas (las del postumismo). Franklin Mieses Burgos es uno de ellos. Y es él, también, otra de las figuras a cuyo arrimo han crecido, aparejadas, inquietudes distintas…”
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“Franklin Mieses Burgos no es un improvisado, sino la resultancia feliz de una fuerza aplicada. ha habido en él un proceso formativo fácilmente seguible para los estudiosos que yo señalaría así: Impulso lírico dominante, período de ensayo, maduración en la Elegía por la Muerte de Manuel –léase Tomás– Sandoval (uno de sus más bellos poemas definitivos, donde reprocho una pequeña concesión al público, que el poeta debe eliminar cuando recoja su obra), culminante en Sin Mundo ya y Herido por el Cielo, reafirmado, –libre de toda espuria intromisión: apasionado amor a los ángeles de Blake, a la angustia de Rilke, a la rosa de Juan Ramón–, en estos Seis cantos para una sola muerte. “El soliloquio del poeta continúa. Su pesquisidora inquietud bucea en los terribles misterios de la vida y de la muerte, hijo del hombre, del hombre hermano y un hombre él mismo en la plenitud de su incontrolada fuerza universal. Es el hombre, la especie hombre, frente a todo lo demás, –su invención, su ignorancia, su consecuencia–, el interés del poeta. No es ya “su” problema sino “el” problema. A través de su conciencia él ha vivido la tragedia del hombre “de plus” en la existencia. “habría que considerar, posiblemente, actitudes en la formación poética de Franklin Mieses Burgos, con riesgo de parecernos verle cambiar de rumbo algunas veces, no por pecado de juventud entusiasmada, sino como quien, deliberadamente, deja una senda por convenirle otra. he aquí la esencia de esas “actitudes”: ha sido la lucha del sueño contra el intelectualismo, de la forma y de la esencia, del poeta y del ser social hijo del medio donde le ha cabido actuar. “Los elementos formativos de la poesía de Franklin Mieses Burgos conllevan flora y fauna, (principalmente marinas), abundosas, peculiarísimas, caso raro en la poética nacional, además de la propensión al sueño, la concepción aristocrática de la vida, el ansia de ascensión, y una mezcla de ironía filosófica y de paganía controlada por un poso romántico-católico. Musicaliza su verso con bien definido ritmo y gusta de construirlo en “arte mayor” moderno. A veces se deja apasionar por el poema corto, sin embargo, y compone, con experta mano de orfebre, deliciosos sonetos y. breves canciones. “Aunque los años lo situarían en un grupo inmediatamente anterior, el encantador lirismo de su siempre evolucionante poesía, lo tiene a la vanguardia en la moderna poética dominicana”. (Sobre Seis Cantos para una sola muerte, en Cuadernos Dominicanos de Cultura). Franklin Mieses Burgos, “poeta elegante y sugeridor. Su verso es la inquietud de un espíritu que sueña, pagado de las hermosas evocaciones y ardido de eufonía. Busca, en la musicalidad, ala para el viaje al misterio, y en la palabra hermosa, motivo para la justificación de la alegría del ocio espiritual y de esas sutiles filosofías donde la aristocracia de las ideas es culto a la aristocracia de la sangre y a la del talento”. (En Antología Poética Dominicana, 1ra. edición 1943). “Franklin Mieses Burgos tiene ya una labor estimable y la calidad de su poesía está ligada a las más nobles virtudes líricas, en su condición de clara emoción de un espíritu consagrado a la belleza. ha publicado, además de numerosas composiciones que aparecen en los números de la recién suspendida revista La Poesía Sorprendida, dos estimables cuadernos de poemas, que la crítica inteligente ha calificado con los más entusiastas y merecedores epítetos”. (En Antología Poética Dominicana, 2da. edición, 1951).
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cuaDernos DomInIcanos De culTura
“Dionisio Vulnerado muestra a Franklin Mieses Burgos en las últimas edades poéticas de su fecunda creación. Aspectos no conocidos de esa labor cobran inusitado aliento en el poema, y lo reafirman como uno de los poetas que siguen una trayectoria definida y característica, en la que están ausentes los falseamientos y la insinceridad propios de quienes no se nutren de la verdadera poesía”. (No. 91, marzo 1951).

FernánDez sPencer, anTonIo
“La poesía de Franklin Mieses Burgos no es para los desavisados que se quedan en el contorno armonioso, musical de sus versos, en el elegante hallazgo de su imagen. No está en “la poesía de las palabras”. Su poesía deviene angustiada, desesperada; realizándose desde planos subterráneos y subcelentes; pasando por climas telúricos y metafísicos, que ignoran los que engañados por lo que llaman “voluptuosidad de las palabras y de la imagen”, dejan escapar el perfume de su pensamiento, la entraña de su vivir atormentado. En Franklin la imagen brota arrebatada de su pensamiento, como galanura de su pensamiento dolorido, herido, misteriosamente, herido por una nostalgia del ser que ve, precisamente, a los hombres, varados en las palabras y en la más hueca realidad”. (De carta acogida en Ventana de cada día, columna de Alberto Baeza Flores).

García HernánDez, manuel
“Este libro (Presencia de los días)… es un alto exponente de la poesía de la ternura. Sin patetismos líricos; sin embrujamiento de un arte menor en extensión de otra fuerza que lo salve; todo en sencillez, en pleno dominio de lo que muestra el corazón, este poeta de la tierra dominicana produce sus sueños en una lírica realidad de acentuados tonos. “Burgos salva esa discordia extra humana: canta con su amor inefable a lo que es digno de que no muera jamás. Lo hace con exultación, con deleite y a veces con lujuria de colores. No es para menos. La tierra de la isla (de Santo Domingo) incita como el buen vino”. “…el eterno poema del isleño. El mar es cuanto se ama y se respeta. Es el elemento turgente que grita en los oídos y en los corazones y este poeta dominicano no se evade de tanta sugestión física para enardecer lo que haya de amarse por siempre en los años de juventud, picantes años y en los que se reserva el tiempo, para quietud y armonía de soñar”. “Este poeta de Santo Domingo es encendido de fe en su poesía. La ama, la siente y la denuncia ante el mundo y así nos lo dice con su voz generosa”. (De Cartas de Buenos Aires, septiembre, 1948).

la Poesía sorPrenDIDa
Franklin Mieses Burgos “defiende un aislamiento elegante, solitario, cultivado para una obra fina, honda, imaginativa, múltiple, constituyendo un doble ejemplo de selección en vida y poesía”. (No. 3, diciembre 1943).
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“El afán depurador constante, la búsqueda insatisfecha de sus fondos mayores líricos y humanos –poéticos siempre– había impedido, por la demasiada exigencia, el inicio de la edición de la obra de Mieses Burgos, no obstante figurar desde hace años como uno de los aportes más importantes y definitivos –antológico siempre– a la lírica dominicana de todos los tiempos. “La finura de Italia, el sol de las islas Canarias, la firmeza de Asturias, entran por las sangres de sus antepasados explicando su lírica. Infancia de poeta ejemplar. Luego de apasionada adolescencia, su nombre ha figurado en los movimientos principales de poesía en la República. Colaboró en el Listín Diario, en Bahoruco, en Recta y en Cosmopolita. Redactó Agora. Fue miembro del grupo literario La Cueva. …Sin Mundo ya y herido por el Cielo, un cuaderno poético ejemplar, no sólo a la lírica dominicana moderna, sino a la antillana y a la americana en general”. (Edición Sin Mundo ya y herido por el Cielo, enero 1944). “Sigue imperando (en Clima de Eternidad) su verso de respiración solitaria y profunda, apeteciendo campos cada vez más de hombre interior para la poesía, y esta vez de hombre interior preocupado de su tiempo y de sus años”. “Lo amoroso está, dirigido como flecha clarísima a Ariel y Prometeo, que son símbolos mayores de su obra… Ambos merecen reunir todo un alto homenaje a los muchos leales trabajadores de conducta leal española y, por lo mismo, universal eterna, de nuestra España en América, merecido homenaje a quienes nos han dado tanto a cambio de nada. “Ariel y Prometeo viven en el peregrino pueblo español en nuestras tierras, y toca ahora al poeta decir con belleza esta emoción que desgraciadamente no todos los americanos alcanzan a mirar en su importancia grande y bella: la presencia maravillosa de los mejores hijos de la mejor raíz de América en nuestro continente. (Edición Clima de Eternidad, julio 1944)”.

lebrón saVIñón, marIano

“Franklin Mieses Burgos es poeta entero. Antítesis de esa fuerza telúrica que es la poesía de héctor Incháustegui Cabral, en Mieses Burgos, fecundo como aquél, predomina el elemento del sueño; viene de más adentro su poesía. “Sin ese exquisito coqueteo de Contín Aybar, sin ese tono sereno y bíblico de Moreno Jimenes, hay en Mieses, hondos temblores y emociones. Sobre todo emoción. “Imágenes puras y misteriosas con zonas brillantes, dan la tónica exacta de su alma: “Después de que los peces voraces se comieron el último paisaje de sol que había en sus ojos”

“Así es su poesía: iluminada y bella. Todo en él es angustia; por el desaparecido paisaje de sol, por el dolor de las rosas que no nacen, por una grande muerte junto al alba…” (Cita de Presagio). “he ahí un viento que pasa. Ese viento es el viento del eterno contacto del mundo con las cosas. El formidable viento que hace girar de amor al universo entero. Es
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el viento del poeta, su amor hecho palabra, pero palabra limpia del contacto con el hombre que no sueña, y limpia de la piedra, que esconde su retina para cosas eternas. La palabra de Mieses –vale decir, su canto– ha florecido en un cielo: el luminoso cielo desde donde “aquella espada vino desnuda como un río”. “Y escuchamos toda su canción; tú, yo; aquél que llorará con él su ruiseñor de luna. Porque ha quedado eterno muerto con su palabra “sin rumoroso llanto de azucena…” desde todas las cosas, terriblemente muerto, sin estrellas; muerto desde su sombra, para surgir triunfalmente, blanco fénix del alba, repleto de los astros que a los otros les faltan y las lunas serenas con que a todos les llama”. (De Luces del Trópico, 1949)

Pérez, carlos FeDerIco
“Me refiero a Presencia de los Días. A mi entender ahí se encuentran no pocas de las notas más depuradas de tu obra. Cada una de ellas sería merecedora de una ponderación específica, pues abunda la luz deleitosa de la genuina creación poética, pero se destaca, con alardes de goce íntimo, una ejercitación magistral de los más elevados niveles de la sugestión artística. Este aspecto es singularmente interesante, tanto por lo que vale por sí mismo cuanto por lo que representa como ejemplo para la poesía dominicana moderna, que con harta frecuencia mengua o ignora su privativa finalidad estética en aras de otros intereses que podrán ser de todo menos poéticos”. “Los tres poemas de Presencia de los Días constituyen un ejemplo magnífico, repito, dentro de la poesía dominicana de nuestros días. Los versos de estos poemas conducen ágilmente al espíritu, en forma ingrávida, de una sugestión a otra, hasta depararle la sorpresiva y ansiada fruición de lo bello como el goce de una luz que resbala con suavidad por el contorno de las cosas. Y no obstante su formulación introvertida, esto es que se limita casi en absoluto a la manipulación de los elementos de la intimidad psíquica, no llegan jamás a la desolación de lo incomprensible. “Lo valioso del ejemplo no es para ponerse en dudas. La poesía dominicana en estos días encauza su expresión a tono de las corrientes universales aunque siempre, al igual que antes, con retraso y dándose solamente a imitarlas sin que por lo regular haya conciencia ni siquiera de sus procedimientos. Si la manipulación eficaz de éstos es asaz difícil, aun para aquellos en condiciones de comprenderlas, puede presumirse cuán frustratoria resultara su mera imitación externa. De ahí que sea abundante entre nosotros el pecado artístico en materia de poesía. La arbitrariedad lógica que no depara hallazgo emotivo alguno; el prosaísmo sin ningún rango estético; la acentuación del sentido de tesis con perjuicio de la fluidez artística, son desnaturalizaciones corrientes, entre otras.
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“Es hora ya de que las afirmaciones que me he permitido hacer cuenten con el testimonio de tu poesía. “Como se deja entrever a lo largo de esta carta y como lo anuncio en sus comienzos, ese testimonio se limitará a ilustrar la poderosa capacidad de sugestión estética que es fúlgida presea de Presencia de los Días, pero ello no implica ni remotamente que estos poemas carezcan de otras proyecciones. “Cuando dices, refiriéndote al anillo: “Maravilla que encauza su destino hacia una forma única y cerrada!” se percibe al instante, junto a la resonancia estética, por ejemplo, un mundo de trascendencia filosófica cuyo origen podemos remontar hasta aquella concepción aristotélica del movimiento circular como el movimiento perfecto porque es continuo y empieza y termina en sí mismo. “Es la sugestión estética, sin embargo, la que me interesa, tal como se percibe en “La aurora de una rosa amaneciendo por dentro de su propia transparencia…” donde un encadenamiento de cosas indefinidas tiene fuerza de expresividad suficiente para desbordar la latitud de los vocablos aurora, rosa, amanecer, transparencia, y alertar el espíritu hacia una clase de sensaciones similares que ofrecen una síntesis de carácter estético indudable. “Esta búsqueda de la confluencia de las sensaciones psíquicas que, cargadas de evocaciones, ofrecen ciertas palabras, florece constantemente a lo largo de los tres poemas en verdaderos hallazgos de la más amplia capacidad de sugestión. Por vía de ejemplo se muestra en los tres versos del apartado segundo de Anillo de Dios, en el cual se refuerzan, en ese sentido, una serie de vocablos unidos por los hilos invisibles de una simpatía subconsciente: “O bien, sólo la sombra, la fugitiva sombra de un pájaro que cruza solitario volando sobre el viento” “Los términos empleados, por lo que sugieren, conducen a una definición por encima de su alcance expresivo de lo fugaz, definición ingrávida e imprecisa, desde luego: sombra, fugitiva, pájaro, solitario, cruza, volando, viento. “El procedimiento se depura a veces hasta límites increíbles. hay uno que otro verso que alcanza rango paradigmático, a mi entender, en cuanto a su resonancia auditiva y psíquica, equiparable a los mejores del idioma. Véase por ejemplo el tercero de la primera estrofa del último apartado de Anillo de Dios, “desde la limpia desnudez del aire” “Este verso tiene toda la dignidad armoniosa de un endecasílabo clásico, acentuado en cuarta y octava, junto a la fina asimilación psíquica de tres vocablos hermanados en los misteriosos predios del espíritu: limpia, desnudez, aire.
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“La pulcritud, la desnudez y el aire podrían constituir, en realidad, una escala de gradación de lo etéreo e impalpable que, una vez percibida, asoma el espíritu al panorama amplísimo, acariciado por la luz de la belleza, en que se siente palpitar la sinfonía infinita de la íntima simpatía de ciertas cosas. “En los otros dos poemas del cuaderno, dedicados a la rosa, hay mucho qué espigar. Tú tienes una ejecutoria muy depurada acerca de este tema de preclara tradición en nuestra lengua. El Siglo de Oro es fecundo en el poetizar acerca de la rosa y en verdad que, reunido cuanto inspiró entonces su solitaria belleza, se tendrá una de las zonas más densas del lirismo hispano. Ese ha sido uno de los temas que nuestra época ha tratado de recrear, moldeándolo a veces dentro del formulismo clásico, otras remozándolo con las nuevas tendencias. Dentro de la contribución dominicana a este movimiento común al ámbito literario de habla española, la debida a tu estro es de singular importancia. hay dos muestras insignes de ello en Presencia de los Días. Ambas recogen una formulación poética nutrida de las más vigorosas esencias de tu rica intimidad estética. En ellas se nos ofrece, al igual que en Anillo de Dios, una constante incidencia sobre las capas más profundas de la expresividad del idioma. “La que varada a orillas de sí misma a orillas de sí misma se abandona hacia la fina levedad del aire”. “Así te acercas a la descripción de la rosa objetiva, “la que al borde de la brisa vocifera”, y al hacerlo la trasmutas tan vigorosamente a esencias introvertidas que no tendrá que envidiar nada a la otra rosa, a la que se “recata en su existir más hondo y verdadero”. Las dos, en realidad, son hijas del poeta y no podrían negar los vínculos fraternales que les unen, no obstante la aparente contraposición. En la estrofa citada se repite la confluencia ya advertida en Anillo de Dios para desbordar la latitud expresiva de las palabras y dar al verso una vigorosa resonancia psíquica de carácter estético. “Varada-orillas-sí misma-se abandona son términos que producen la sensación de estatismo y recogimiento de algo que tiene vuelta la mirada hacia su propio intimismo, postura adecuada para que luego se perciba su impalpabilidad mediante la resonancia de los vocablos del último verso de la estrofa: fina, levedad, aire. “Esa es la misma rosa de la cual, apenas dos breves estrofas antes, nos pretendes ofrecer una imagen saturada de espiritual impudicia, llamémosle así, por virtud del elocuente esplendor de su belleza objetiva. “La que asomada pública y desnuda al borde de la brisa vocifera como el mejor pregón de su perfume”. “Aquí también otra sucesión de términos orientados hacia una misma sensación: pública, desnuda, vocifera, pregón, pero su estridencia queda atenuada por la depurada manipulación del poeta mediante otros de recatada resonancia: asomada, borde, brisa, perfume.” (De Carta a mi amigo Franklin, Altiplano No. 10, marzo 1951).
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FRANKLIN MIESES BURGOS | ANTOLOGÍA

rueDa, manuel
“hénos aquí entrando de lleno en el símbolo, en una multitud de formas acrisoladas, en el furor mesurado de una poesía dueña de su finalidad. “Cada poeta está, sin duda, bajo dos advocaciones bien notorias: una de orden espiritual y otra de orden material. Ellas vienen a ser como sus emblemas, sus blasones heráldicos. “El símbolo espiritual que nos introduce en la poesía de Franklin Mieses Burgos son los ángeles, aunque no siempre todo lo angélico que se pueda presumir. Ellos transitan en legión por sus preocupaciones con una dignidad de innegable rango, aun cuando a veces el poeta hostigado por ellos mismos, aborde metafísicamente el problema de su destrucción. Ahí está uno de sus poemas de más aliento, y que él titula El Angel Destruido. “Toda una jerarquía de ángeles, aun implícitamente se mueve en esta poesía que transcurre, por regla general, en un más-allá quimérico, en un mundo inmediato a ras de manos, cuando éstas están levantadas y el hombre entero empinado con una solicitud afanosa: ahí mismo, en ese punto en que el hombre no es otra cosa que el pedestal del ángel. Y cuando el ángel no está revelado por completo, percibimos claramente su huella, sea ésta leve o tremenda. “Encarnado así el símbolo espiritual de la dualidad establecida, trataremos de encontrar ahora la fórmula material que le corresponde. Uno de los más extraordinarios fenómenos de la técnica consiste en la trasmutación que el poeta realiza en las palabras. Vertiéndolas en un crisol ideal ellas se amalgaman, se transfieren sus cualidades y significados, prueban con solidaridad sus más profundas reacciones y salen convertidas en algo insospechado: una materia, un elemento, una temperatura. “Cuando resolvemos que una poesía es vegetal, o aérea, o pétrea, podemos estar seguros de que existe una captación de la propia consistencia poética, siendo ella el lógico producto de una mezcla expresiva. “En Franklin Mieses Burgos encontramos una transformación que denominaremos “diamantina”. “Más bien su materia podría ser el cristal, pues se está en medio de una dura transparencia. Todo rutila aquí como una gema y los paisajes, las figuras, el ardor mismo del pensar y el sentir, se traduce en un destello súbito, como si se contemplara a través de un maravilloso acuárium. Sin embargo, del otro lado del cristal transcurre el espacio, el torbellino de las fuerzas cósmicas. Su penetración agranda las células más pequeñas. La tesitura trágica lo hace vasto aun dentro de lo mínimo y sus versos no necesitan de desbordamientos para producir las necesarias tempestades: todo su mundo de cristal templado al rojo resiste sin peligrar las temperaturas del incendio. “No hay nunca una rotura extrema, una herida en carne viva. El cristal lo resguarda todo con esmero. “En ocasiones, constatamos con pavor una trizadura, un resquebrajamiento. “Citamos: “Son cristales de amor resquebrajados…” “La redondez de un orbe que se quiebra”.

“Mas las quebraduras se han producido en el interior del acuárium. hay un cristal sobrepuesto a otro cristal, pero siempre se conserva intacto el último,
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el que construye la pared exterior. Es el cristal que nos detiene cuando queremos aproximarnos demasiado y recuperar ciertos recuerdos, ciertas formas que nos han saludado al pasar. Tal vez el poeta quiere evitar el espectáculo de las asperezas humanas, de los relieves grotescos, sin destruir, por otra parte, la visión de sus formas. “Esta es su técnica, su manera de ser pudoroso. “Tal vez si pudiésemos traspasar, como Orfeo, ese mundo de espejos fascinadores, encontraríamos, con terror, el otro lado, la revelación del más-allá, el secreto mismo de la muerte. “Un ángel sobre una plataforma transparente, he aquí el símbolo completo de esta poesía trascendental. Elevemos pues este esplendor, esta diafanidad de espejo, y temblemos si oímos el rayo cerca”. (Presentación en el Club de Música de Ciudad Trujillo, 29 de enero de 1952)

uGarTe, maría
“En Anillo de Dios Mieses Burgos se empeña en reducir a un límite lo que es infinito, en apresar en estrechas fronteras materiales la inmensa eternidad de lo divino. hay en todas las estrofas del poema una inquietud por desentrañar los misterios inconmensurables de la creación y hacerlos río, estrella solitaria, fantasma, sombra, mar y cielo desolado”. “hay en Anillo de Dios unidad de tema, desarrollo dramático y acertada elección de la forma. La sucesión de las estrofas, de número cambiable de versos –cuatro, tres, cinco, seis, siete y dos– dan al poema un sentido musical de gran efecto, especialmente logrado en los tonos bajos representados por las estrofas cortas, en las que se recogen las ideas más profundas, en contraposición a las estrofas más largas, que tienen carácter marcadamente descriptivo. “El ritmo es perfecto, totalmente conseguido. La metáfora está hábilmente manejada; sin intelectualismos exagerados, pero con originalidad. Algunas tienen aciertos gongorianos”. (De Franklin Mieses Burgos representa al país en Brigadas Líricas).

VallDePeres, manuel
Franklin Mieses Burgos “es una voz original. Actúa desde una posición simbolista moderna, en la que cada símbolo es el reflejo de los restantes símbolos, o sea que al través del análisis introspectivo halla la intensidad anímica que da a cada objeto proyección universal. “Sus poemas responden a un equilibrio perfecto entre el hombre y su actitud frente a la vida, descubrimos el hondo sentido de la supervivencia humana, porque en cada eco de su voz hallamos significado real y una intensidad que va más allá de su propia realidad. “En los poemas de Franklin Mieses Burgos se descubre noble afán: la búsqueda total de la verdad, aunque en sus proyecciones íntimas la manifestación del espíritu quede desvinculada del realismo que limita. Es la búsqueda de la verdad pura en sus esencias y no en su potencia porque el símbolo poético es, no sólo una representación auténtica de la verdad, sino una revelación figurativa de todo cuanto está contenido en las profundidades del alma. Lo intuitivo, en su poesía, no es embriaguez poética,
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FRANKLIN MIESES BURGOS | ANTOLOGÍA

sino clasicismo alucinante en la integridad de su pureza temática y formal. “En el proceso evolutivo de Mieses Burgos, aparte de su originalidad, advertimos la intención de expresar siempre, por medio de la representación figurativa, la vida del hombre y sus designios, con la permanente presencia espiritual que asigna a cada ser u objeto la ley de la existencia. Además, ha dado a su poesía una función espiritual que parte de su propia función como hombre íntegramente vinculado a la naturaleza y con múltiples acentos subordinados a la vida” (De la conferencia Rutas actuales de la poesía dominicana, octubre 1949). “Franklin Mieses Burgos, que en Sin mundo ya y herido por el cielo se movía casi exclusivamente en las zonas íntimas en las que el poeta busca su presencia espiritual para transformarla en poesía, no ha dejado, en Clima de eternidad, de profundizar en la búsqueda de los elementos humanos que perviven a través del símbolo, porque en cada uno de ellos hallamos, en su representación íntima, una verdad universal. Analizada su poesía desde las profundidades íntimas, advertimos que el poeta parte de sí mismo como sujeto y como objeto. Es decir, que de su facultad de atención nace su facultad creadora. El autor de Canción de los ojos que se fueron siente las emociones exteriores, por las que la poesía supervive, no en su totalidad realista, sino como el elemento positivo de la verdad poética. Así los sujetos y los objetos exteriores se manifiestan plenamente en su poesía a través de la recreación íntima, pero de tal manera unidas su facultad creadora y su facultad receptiva, que la fantasía y el sueño no son más que zonas de tránsito –quizás mejor de elaboración– en el proceso de la creación”. “Pese a su profundo misterio –tal es la razón de cierta oscuridad en el conjunto de la poesía de Franklin Mieses Burgos–, el equilibrio entre el hombre y la razón de ser del hombre –”Cada uno a su hoyo a su terrible hoyo proporcional y justo”– se manifiesta con claridad meridiana en cada verso del poeta, y en su actitud frente a la vida descubrimos una intención universal que va más allá de la propia realidad del poeta, y, como consecuencia, de la realidad del hombre”. “En Clima de eternidad descubrimos un canto a la emoción eterna, a la honda emoción universal del hombre por el hombre. Y sin embargo, el poeta parte de la soledad, de su propia presencia, de sus reacciones íntimas, con la misma sana virtud que caracteriza a casi todos los poetas dominicanos: el optimismo. Pero en Franklin Mieses Burgos el optimismo es sereno y razonado.” (De Poetas Dominicanos Contemporáneos).

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NO. 8

NO. 9

JUAN ANTONIO ALIX
DÉCIMAS
–Tomos I y II–

Selección y prólogo Joaquín balaGuer

La Colección Pensamiento Dominicano ha satisfecho hasta ahora los fines iniciales propuestos por sus editores. Los volúmenes han sido acogidos con beneplácito por el público y ello es estímulo para seguir mejorando la serie, como una contribución al actual auge cultural que vive el país. En interés de orientar al lector e incluir los representativos de todas las actividades intelectuales, se han llevado al cabo reformas en la misma. Al subdividir en materias las ediciones, con sus colores respectivos, no sólo se ha querido renovar el formato, sino abrir la puerta a un nutrido grupo de autores nacionales clásicos y modernos, cuyas obras, agotadas o inéditas, es necesario ir presentando para su debida valorización. Este es el propósito inmediato de los editores y en ello se complacen y estimulan. Al iniciar esta nueva etapa, se publican dos volúmenes de las décimas de Juan Antonio Alix. Era tiempo ya de que fuese recogida la obra de este genuino cantor popular. Lo disperso de la misma impedía valorizar a tan interesante figura de nuestra literatura. La labor de selección ha sido realizada por el escritor doctor Joaquín Balaguer, Secretario de Estado de Educación y Bellas Artes, quien prologa la edición con un ensayo de encomiable valor crítico. El trabajo del doctor Balaguer sienta bases para ulteriores estudios que se hagan del poeta. Los editores expresan las gracias al historiador Vetilio Alfau Durán, por su novedosa contribución al encuentro de las décimas de Juan Antonio Alix, y al escritor Manuel Emilio Suncar Chevalier, por la útil labor prestada a la edición de estos volúmenes.

Entrada

Tomo I

La moral y la literatura
La publicación de este volumen de Juan Antonio Alix, en el que se han recogido muchas de sus composiciones pornográficas, plantea, acaso por primera vez en la República, el problema de la moral en la literatura. ¿Deben o no proscribirse de la obra literaria las creaciones reñidas con la urbanidad y con las buenas costumbres? Una respuesta afirmativa, dada en forma categórica y sin ninguna clase de reservas, condenaría a la destrucción o al olvido una gran parte de las mejores joyas de las letras universales. Semejante sentencia privaría a la humanidad de los madrigales a Lesbia, obras de pornografía encantadora que valen tanto, entre las creaciones inspiradas por la sociedad de entonces a las musas del Alto Imperio, como los discursos de Catón y los aforismos de Séneca. Nadie se resignaría, sin duda, a que los tesoros literarios de la humanidad fueran mermados con la destrucción de los cuentos de Bocaccio, manjar saboreado en las mesas de todos los papas y de todos los príncipes del Renacimiento, o con la pérdida de los aciertos de ingenio y de dicción que el olvido de la urbanidad y de la moral han inspirado en el mundo entero a las musas de la invención dramática. Los epigramas de Marcial, que escandalizaban a Trajano, hacían la delicia de Plinio el joven, hombre también de gusto severo y de rigidez puritana. Pero independientemente del respeto que merecen, en la literatura como en la vida, los fueros del criterio y
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el gusto personales, siempre sujetos a condiciones no sólo de educación sino también de temperamento y de sensibilidad, existe cierta relación, desde el punto de vista de la moral, entre lo que el escritor escribe y el ambiente que lo rodea, entre el clima social y el clima literario. En cuanto a lo que atañe al gusto en sí, esto es, el paladar con que cada persona saborea las producciones del ingenio humano, ¿no sería permitido disculpar la afición de muchos lectores al chiste grueso y a la pornografía ingeniosa por las mismas razones con que excusamos la preferencia de la Titania de Shakespeare por las cabezas de asno, a las que prodiga tiernas caricias y a las que corona dulcemente de flores? Si se prescinde de la sensibilidad o del gusto que es a cada uno de nosotros característico, ¿no es lógico hacer al ambiente o a la atmósfera social responsable de una gran parte de la inmoralidad reinante en la obra literaria? Tan descabellado sería pedir comedimiento a Petronio, que escribió cuando ya Roma se había trocado en una casa de prostitución, como pretender que bajo Felipe II, que vistió con los paños negros del Santo Oficio el pensamiento español de su época, continuara la musa de la alegría popular surtiendo el teatro de gracejos como en los días en que la risa fluía con libertad de las fuentes inexhaustas de las comedias de costumbres. La política y otros factores exteriores de la misma naturaleza, también influyen poderosamente en la moralidad verdadera o superficial de la producción literaria. Cuando envejeció Luis XIV, quien quiso hacer olvidar al mundo en sus últimos años los excesos de su vida estragada, el arte francés, con Molière y Fenelón a la cabeza, se hizo tan casto y piadoso como las cortesanas que rodeaban al viejo rey reconciliado con la austeridad religiosa. Pero apenas murió el monarca, se reanudaron las orgías de Capua bajo el esplendor sin freno de la Regencia, y la literatura se quitó también la careta para situarse dentro de la atmósfera moral en que respiraba aquella sociedad licenciosa. Pero si el ambiente es en gran parte responsable de la temperatura ética que prevalece en la obra de arte, reflejo casi siempre del medio en que esa flor de selección se produce, ¿no cabe a su vez atribuir cierta culpa a la literatura por la influencia no siempre benéfica que ejerce sobre las costumbres y sobre los sentimientos populares? El problema, así planteado, trae enseguida a la memoria el Arte de Amar de Ovidio, y la defensa que el gran proscrito hizo de su obra, símbolo de la deliciosa civilización que amenazaba desplomarse bajo la plúmbea pesadez de la reforma moral intentada por Augusto. “¿En qué medida, se preguntaba el desterrado, es responsable el arte del relajamiento de las costumbres?”. Sea cual sea el resultado de esa disputa milenaria, planteada desde las playas siempre áridas del ostracismo por un discípulo de Epicuro que se sentó ocasionalmente a la mesa de Séneca para discurrir sobre la moral y las conveniencias sociales, lo cierto es que la humanidad sigue leyendo a Ovidio y que los propios admiradores de las reformas moralizadoras intentadas por Augusto, continúan sentándose bajo la sombra propicia del árbol en que florecieron sus canciones. Acaso la verdadera inmoralidad de la obra literaria reside, más que en las formas mismas, en el estrago que puedan causar las ideas cuando se presentan revestidas de apariencias falsas o cuando tienden, a sustituir con hombre fiel a sus convicciones, es más digno de admiración ante la moral y ante la historia, aunque sus ideas acerca de los gobiernos monárquicos nos parezcan hoy equivocadas, que el propio Milton que un día hace el elogio del tiranicidio y de la libertad, y otro día se acoge a la sombra del poder para transformarse en un conservador rabioso. La suprema inmoralidad literaria, ¿no es acaso la que se exhibe en la obra del escritor venal o del poeta perdulario, dignos uno y otro
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de los célebres apóstrofes de Alfieri contra las letras asalariadas? Decía el abate Galiani, refiriéndose a la literatura de la época del Terror, que la elocuencia consistía entonces en el arte de decirlo todo, sin ser llevado a la Bastilla. La palabra, esa mano del espíritu, según la admirable definición de Charrón, ¿puede en esas circunstancias conservar su virtud como fuerza educadora del sentido moral del hombre? ¡Desconsoladora condición del genio! ¡Miseria del destino! ¡Fatalidad de la inteligencia! El hombre escribe, y busca la eternidad prometida en las propias criaturas de su dolor, en los propios hijos de su espíritu, pero las miserables circunstancias de la existencia anulan en él la llama inmortal y lo convierten a menudo en un esclavo de la vida y del tiempo. En la literatura pornográfica, es menester distinguir lo que es verdaderamente inmoral de lo que es simplemente sucio, lo que se halla en oposición con las buenas costumbres de lo que sólo afecta a la urbanidad y a la cultura. Algunos capítulos del quijote, como aquel en que se narran los apuros de Sancho tras la aventura de su amo con un cuerpo muerto (Parte Primera, Cap. XX), opiniones ingeniosas las leyes y las verdades universalmente consagradas. Mayores males que los chistes de quevedo y que las sátiras de Luciano, han causado en el mundo los libros en que hace Proudhon la apología del anarquismo y los versos sublimemente cínicos en que hace Shelley el elogio del incesto entre hermanos. La risa de Rebelais ha hecho sin duda menos daño que la rebeldía blasfema del Himno a Satanás de Carducci, o que las páginas en que Voltaire parece haber vertido, con alegría morbosa, todo el veneno encerrado en las siete copas del Apocalipsis. Lo que hace más inmoral la literatura no es, por otra parte, el empleo de expresiones pornográficas o el uso de formas incultas y de maneras poco urbanas, sino más bien el rebajamiento de la palabra escrita que abdica de su potestad orientadora para trocarse en arma quebradiza, capaz de romperse al toque del temor o al de la lisonja. Nunca lució más triste el trono de la palabra que el día en que la cabeza de Cicerón, clavada en Los Rostros, anunció al mundo la muerte de la libertad antigua y la ruina de la elocuencia romana. La pluma vale, como garantía del equilibrio social, cuando la mueve la pasión del bien, o cuando la inspira la verdad; pero representa menos que la esclavina del mercader y que la argolla del esclavo cuando contribuye a hacer más grande el desamparo de la virtud, sacrificada por los galanteadores de la historia. Muchas veces lo que merece respeto no es la idea de que se hace eco la pluma; no es la concordancia entre la ley moral y la palabra que la expresa, sino la convicción con que el escritor sostiene sus principios y la lealtad con que los defiende frente al mundo. Jeremías Collier, símbolo del batallador irreductible, de él respiran mal olor y están llenos de cierta gracia natural, pero inurbana en la que todo sobra menos el pudor y la limpieza. Nadie, sin embargo, osaría condenar en nombre del decoro o del pudor esas páginas malolientes que a todos nos cautivan no sólo por el arte que el autor ha empleado en la narración de sucesos tan viles, aunque tan humanos, sino también porque las faltas que allí se cometen contra la urbanidad no ofenden ni nuestro sentido moral ni nuestra delicadeza. De desacatos de esa especie está lleno el arte primitivo. En los poemas de homero, el más grandioso de los monumentos literarios de aquella época, se describen las escenas más vulgares con una simplicidad de estilo y de imagen que no se concebirían en la literatura moderna, es decir, que no podrían tener cabida en un arte hecho por hombres que han perdido el sentido directo de la naturaleza. Los reyes homéricos, echados
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de bruces sobre la tierra, beben en las fuentes sagradas el agua de los ríos, y pronuncian, con palabras estercolarias, terribles juramentos, espantosas admoniciones que salen de sus bocas coloreadas con la espuma sangrienta de la venganza. La nodriza de Orestes, en una de las tragedias de Esquilo, habla con graciosa intimidad de los sitios en que el niño cumplía sus actos naturales, y la de Julieta, en el drama de Shakespeare, alude con igual desembarazo a escenas semejantes de la niñez de la heroína del más delicado de los poemas de amor concebidos por el genio del hombre. Las imágenes naturales, la expresión directa, las formas libres, las frases desembarazadas, desaparecen de la literatura cuando el romanticismo pone de moda las perífrasis y desarrolla el culto por la elocución retorcida. La inclusión en este volumen de algunas composiciones pornográficas de Juan Antonio Alix, se justifica para los que piensan como Oscar Wilde, que en literatura no hay obras morales ni inmorales, sino obras mal o bien escritas. Para los que no admitan, como el famoso presidiario de Reading, semejante paradoja, la inserción de tales poesías en un libro destinado a toda clase de lectores, se explica porque la mayoría de esos versos ofenden el olfato antes que el sentido moral y contienen más inmundicias que conceptos lúbricos o expresiones contrarias a las buenas costumbres. Composiciones como la intitulada El Follón de Yamasá, verdadero monumento de dicción pedestre, pero a la vez ágil e ingeniosa, se leen con gusto porque debajo de ese torrente de inmundicias corre un hilo de gracia que no aparece empañado por ningún pensamiento lascivo. Compárese el fondo de esas poesías, fruto de un vate popular y de temperamento inculto que logró por adivinación ennoblecer su arte grotesco con cierta vena de humorista instintivo y con cierta melancolía epicúrea, con el romance de quevedo que lleva por epígrafe Pinta los principios de la juventud, o con aquellos en que el Luciano español imita algunos de los más soeces epigramas de Marcial, y se verá cuán grande es la distancia que separa esas dos clases de poesías: las unas, llenas de refinamientos, pero envueltas en un perfume que enajena peligrosamente los sentidos como el del pañuelo que ha pasado por las manos de muchas mujeres; y las otras, toscas y nudosas, pero despidiendo todo el candor de la naturaleza, como la rama que ha sido cortada sobre el fango para lucirla con todas sus hojas. Joaquín Balaguer.
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Tocinos y longaniza
Saliendo de una gallera Donde fue mi suerte poca, Tomé el camino de Moca Por la Ceiba de Madera. Como ya de noche era Y estaba más que nublada, entré a pedir posada Para estar más al abrigo; En casa de un amigo Gente buena y acomodada. Con mi panza no muy llena A la puerta le toqué, Y el amo dijo: “—quién é?” Y contesté “Gente buena!” Mi amigo tuvo la pena De abrir la puerta en seguida, Y con la vela encendida, Me dijo muy sorprendido: “De dónde diablo ha salido Esta cabeza perdida?” A mi amigo referí De dónde salí ese día, Y si él me permitía El pasar la noche allí. El me contestó que sí, haciéndome desmontar, Y un chico peninsular que en la casa se encontró, Mi caballo se llevó Dizque, a darle de cenar. Un chuzco andaluz allí Tan pronto me desmonté, Me dijo “Despense ozté, Ozté é Juan Entoño Elí”. Al contestarle que sí La mano me la apretó, Y me dijo: “Pue zeñó zi ozté fuere a la Laguna
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Pregunte ozté pór fortuna Po mi Pancho el Epañó”. —”Oiga ozté zeñó Gelí Y no he chanela mía, Pue jaze dieziocho día que de mi caza zalí; No paro eta noche aquí Poque mi jembra me epera, Me bó de cuaquié manera Manque así chipao jetoi, A caza eta noche boi quéralo Dió jonoquiera”. —”De Pueto Plata zalí Ma racao de lo que toi, Y a caza con Dió me boi zi con migo quié vení. Y zi Dió no quiere dí, que ze quie zi le dá la gana, Con mi daga zebillana Con mi manta y mi trabuco, Pa Dió zanto que me luco Y peleo jata mañana. ‘’Ese gachón que ta echao1 De Pueto Plata me trae. Can dié cajone de zal Y un quintá de bacalao. Y manque tó achicharrao Créa!o ozté zeñó Gelí, No paro eta noche aquí En la Ceiba de Maera Pué quiera Dió jo no quiera, A caza tengo que dí! —”Aguarde salga la luna Le dijo allí una Señora. —Ná me bó agora A dumí a la Laguna. No tengo pena ninguna Yo con eta nabajilla,
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Un caballito.

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que zalga eza gente pilla Eso que dan machetazo, que con tá que jalle pazo Yrá su merda a zebilla”. El Pancho con poco tino Dijo: “queén con Dió! ze ba Pancho El epañó Jombre guapo é mú ladino. zalgan pillo jalcamino Pa que bean lo quo zo yó, Pancho aquí se caga en tó En la tierra y en el zielo, En el jo…be de mi abuelo, Y en la mae que me parió”. Pancho tomó su camino Y con él otros se marcharon, Y una hamaca me colgaron Debajo de un tocino. Pues llegué casi sin tino Porque me atacó un calambre, Mis tripas como un alambre Delgaditas las tenía. Y al no comer en el día. Mé hallaba muerto del hambre. Lo malo es el soñar Entre todos mis defectos, Pues sueño siempre con muertos Si me acuesto sin cenar. Pero aquí he de mascar Dije para mí en Madera, Pues al ver la tazajera Con tocino y longaniza, Dije “Ajitera preciza Y esta noche … corredera!” Un grano de ají montesino Por fortuna conseguí, Porque le viene el ají A un Sancocho de tocino.

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Busqué allí con un vecino De naranja un vinagrito, Y para más apetito Eché un trago de aguardiente, Y arreglé mi limpiadiente Con la punta de un palito. Ya yo estaba como mocho que punta desea tener, Pensando sólo en comer De tocino un buen sancocho. Como a eso de las ocho Ya yo estaba bostezando, Pero siempre relojeando Con una malicia fina Si había humo en la cocina O candela allí ajuntando. Estuve en conversación Con mi amigo largo rato, Y no oí sonar ni plato Ni vi luz en el fogón. Me causó admiración No ver luz en la cocina, Y al no oír gritar gallina Ni tampoco rajar cuaba, Demasiado me inquietaba Y me daba mala espina. Las doce oí sonar De un reloj despertador, Cuando me dijo el Señor: “Ya me voy a retirar; Usted querrá descansar Como en su cara se vé, Solamente desearé que pase una noche fresca, Y cuando a Ud. le parezca La lámpara apagaré”. Yo nada le respondí Porque perdí la esperanza, De meter allí en mi panza El sancocho con ají.
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Y así que sólo me ví Lo dije medio sin tino: “Adiós ají montecino Limpiadiente y vinagrito, Adiós Sancocho maldito De longaniza y tocino. No tuve más que aguantar Y a acostarme muy tristón Porque mi amigo Lescón Nada me dio de cenar. Después pude averiguar que como tarde ya era, No estaba la cocinera Ni quien fuera a la cocina, Y pasé buena canina En la Ceiba de Madera. Como tuve gran desvelo Temprano me levanté, Y un caballo encontré Colgado de un ciruelo. Como limpio estaba el suelo Yerba no pude encontrar, Pero pude averiguar que en lugar de estar comiendo, Pasó la noche leyendo El Correo de Ultramar. Cuando fui a ensillar Me dijo el amigo mío: “Aguárdese Ud. a almorzar”. Mas no me quise esperar Yo no recuerdo por qué, Pero el café tomaré, Le dije “Si Ud. permite” Y él me dijo: “Te cojiste Nadie aquí toma café”. Gracias al amigo dí Por haberlo molestado, Y por haberme dejado El pasar la noche allí.
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Después que me despedí Salí para Moca a misa, Y aunque iba muy de prisa No dejé de ir sintiendo, Pasar una noche oliendo Tocinos y longaniza.
Marzo, 1878.

El follón de Yamasá
Siento mucho relatar Lo que al fin relato hoy, Porque ya dirán que soy Amigo de exajerar; Y al que me han de murmurar Desde ahora ya sabrá, que tres pitos se me da Que figuren que es un cuento Lo que pasó en el convento Del pueblo de Yamasá. Pues un día de la Asunción Etando yo en Yamasá, Vino el Cura de Boyá, A celebrar la función. A mediado del sermón hubo allí un pelotero que hasta vino un tal Peguero que es el Jefe del lugar, queriendo allí disparar Un trabuco naranjero. Un ahíto que por cierto Fue a gozar de la función, Se largó allí un follón que hedía a perro muerto; Yo no diré que es incierto que estuve al perder el tino, Pues el follón tan dañino De aquel ahíto infeliz, Me picó en la nariz Como un ají montesino.
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Del púlpito descendió De cabeza el reverendo, Y al caer iba diciendo: “qué peo se han tirado, fo!” Y al Sacristán que le dio Esa brisa tan impura, Dijo “fo! y es de asadura, Aquí no lo aguanto yo!!; Y en seguida se tiró De cabeza tras del Cura. Como el campanero es ciego Al oír la corredera, Sin preguntar siquiera Comenzó a tocar á fuego. Salió el Cura sin sosiego Con la frente en un chichón2 Gritando más que un lechón Y preguntando igualmente: “¿quién ha sido el indecente que se largó ese follón?” A una vieja de la Jagua Le tumbaron el pañuelo, Y se vio caer al suelo Una peineta de yagua; Dejaron allí una enagua Por el maldito follino, que por tener palomino, Nadie la quiso tocar; Al Alcalde del lugar Le aplastaron el gallino (Bombo). Según la opinión del Cura Y del Sacristán también, El follón fue de lerén De mondongo, o de asadura. Pronto irá á la sepultura quien soltó ese marrano, Pues si no se hallaba sano, Ese maldito cochino,
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El Chichón, cuatro veces más grande que la frente.

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No debió en lugar divino Follonear así al cristiano. Después que aquello pasó Y que fue calmado todo, Dijo el Cura de mal modo “Ese follón me mató! Pero ahora quiero yo, En bien de la religión Echarle la excomunión Si no declara al momento, El que vino a este convento A largarse ese follón”. Salió un viejo setentón hinchado y descolorido, Y al Cura dijo: “Yo he sido El que me tiré el follón”. No fue esa mi intención Le digo, Padre bendito, Sepa usted que estoy agito Y creo que no tengo cura, Calcule que es de asadura que comí cuando chiquito”. El Sacristán dijo al Cura Saltando y con alegría: ¿Mi amo, no le decía que el follón fue de asadura? Tú tienes razón criatura Son buenas tus condiciones, Rogaré en mis oraciones Al Divino Sacramento, que no salgas del convento Para que huela follones.
Santiago, 1882.

“El negro tras de la oreja”.

Como hoy la preocupación A más de una gente abruma. Emplearé mi débil pluma Para darle una lección; Pues esto en nuestra Nación
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Ni buen resultado deja Eso era en la España vieja Según desde chico escucho, Pero hoy abunda mucho “El negro tras de la oreja”. Todo aquel que es blanco fino Jamás se fija en blancura, Y el que no es de sangre pura Por ser blanco pierde el tino. Si hay baile en algún CASINO, Alguno siempre se queja, Pues a la blanca aconseja que no baile con negrillo; Teniendo aunque es amarillo, “El negro tras de la oreja”. Falta sí a la obligación Negarse una señorita A bailar cuando la invita, Sea quien sea en un salón. El que tiene invitación Ninguna sospecha deja De que sea mala pareja, Pues allí lo han invitado, Aunque tenga remachado “El negro tras de la oreja”. El blanco que tuvo abuela Tan prieta como el carbón, Nunca de ella hace mención Aunque le peguen candela. Y a la tía Doña habichuela, Como que era blanca vieja De mentarla nunca deja; Para dar a comprender, que nunca puede tener “El negro tras de la oreja”. De la parienta Fulana El pelo siempre se mienta; Pero nunca la pimienta De la tía siña Sutana, Por ser muy blanco se afana Y del negro hasta se aleja, Nublando siempre una ceja
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Cuando aquel a hablarle viene, Porque se cree que no tiene “El negro tras de la oreja”. Ahora la gente dique Llaman a los preocupados Los biscochuelos lustrados Con melado de alambique. Y por Dios que causa pique Creer que hay gente… coneja Cuando no hay persona vieja que ya no haya contado De aquel que tiene pegado “El negro tras de la oreja’’. El que se crea preocupado que se largue allá a La habana, que en tierra dominicana No les da buen resultado. Y el biscochuelo lustrado Aunque sea con miel de abeja, No dé motivo de queja que todo esto es tontería, Pues está a la moda hoy día “El negro tras de la oreja’’.
15 de julio de 1883.

Los curanderos
(en bien de la Humanidad).

Un crimen que causa horror Y diezma a la población, Merece hoy la atención Del Gobierno Superior. Y del público el clamor Por compasión y piedad Suplica a la autoridad que de la Ley que haga uso, Para cortar un abuso “En bien de la humanidad”. Yo me refiero, señores, A unos tantos curanderos Charlatanes y embusteros Y de crímenes autores. Pues estos falsos doctores
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Sin ninguna facultad, Matan gente sin piedad Corno el público es testigo Sin merecer un castigo “En bien de la humanidad”. La vida humana es muy bella Y sumamente importante, Para entregarla a un tunante Para que juegue con ella. Y toda persona aquella que se aprecie de verdad, Es mucha barbaridad Entregarse a esa gente, que no obra dignamente “En bien de la humanidad”. Conocer el cuerpo humano Y administrar medicinas No es curar con resinas Ni con miao en frasco hermano! Pues debe ser inhumano quien con toda libertad, Ejerce la Sanidad Sin haber nunca estudiado, Y sin haberse educado “En bien de la humanidad”. También esos asesinos Se las dan de cirujanos, Cortando piernas y manos Como si fueran tocinos. Y después que estos dañinos Cometen su atrocidad, Mandan a la Eternidad, Al que en sus manos se puso, Y nadie corta ese abuso “En bien de la humanidad”. No es tan sólo amputaciones que hacen los matagentes, hacen autopsia igualmente Y cesárea operaciones. Y esos tales corazones De hiena, ¡qué atrocidad! Solamente por maldad Matan al enfermo y cobran.
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Y después dicen que obran, “En bien de la humanidad”. Para ser buen cirujano Y manejar la cuchilla, La cosa no es tan sencilla Como pelar a un marrano. Ignorando el cuerpo humano Nadie tiene facultad, Pues es de necesidad En el colegio aprender Para esta ciencia ejercer “En bien de la humanidad” Todas las enfermedades No se curan con yerbitas Con le ruá ni florecitas Ni otras inferioridades. Todas las dificultades Las vence la Facultad Y Ja gran capacidad Del médico que ha estudiado Y que se ha sacrificado “En bien de la humanidad”. El que busca baratura En médico, economiza, Pero baja más de prisa Los pies a la sepultura. El buen médico no cura Sin de Dios la voluntad, Pero hay más probabilidad El que cura con la ciencia Pues ese obra en conciencia “En bien de la humanidad’’. ¿Y qué diremos por cierto De las médicas aquellas que preparan sus botellas hediondas a perro muerto? “Ah! esa si es mujer de acierto! Dicen por brutalidad Cuando por casualidad Se ha escapado una criatura, De manos de quien no cura “En bien de la humanidad”.
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hay médicas atrevidas En campos y poblaciones que curan con oraciones Y con velas encendidas. Y a las personas creídas Dicen sin dificultad, que cualquiera enfermedad La curan muy fácilmente, Y que lo hacen solamente “En bien de la humanidad” Donde reina la ignorancia Ahí verán a esos doctores, Cometiendo mil horrores Y dándose allí importancia. hablan con mucha arrogancia Sobre toda enfermedad, Se pasean con majestad Mientras están recetando, Y total, no están obrando “En bien de la humanidad”. Por doquiera que estos van De contar tienen derecho Las grandes curas que han hecho, Pues darse fama es de afán. El médico charlatán Descredita por maldad Al médico en propiedad Entre la gente ignorante Para hacerse interesante “En bien de la humanidad”. Los médicos salteadores Para poder recetar, No necesitan mirar A los enfermos señores; Pues para estos doctores Conocer la enfermedad, Le envían sin dificultad Los orines del paciente, Pues así cura esa gente “En bien de la humanidad”. Para que juzgue el lector Y tenga una idea completa,
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Vea la siguiente receta que dio un charlatán doctor. Y así por ese tenor Juegan con la cristiandad Esa grande cantidad De médicos matagentes que se creen inteligentes “En bien de la humanidad”. (Receta para indigestión) Dos botellas de aguardiente, Dos, idem miao de becerro Tres onzas sica de perro Y tres de fete de gente. Se tomará diariamente De una copa la mitad, Y a la Santa Trinidad Y al Nonnato San Ramón, Rezarán una Oración “En bien de la humanidad”. ¿qué le parece lectores Dónde iremos a parar, Si no quieren castigar A tantos despobladores? Y al pobre de Alix señores, Lo atacó la autoridad Porque era inmoralidad Los epigramas que hizo; Y el Juez aplastarlo quiso “En bien de la humanidad”.
Julio 2 de 1883.

Una fiesta curiosa
Una enorme cantidad De perros, chivos y burros Andaban ayer muy curros De fiesta en esta ciudad. “¡que viva la libertad!” Decía uno muy contento Y respondían al momento Los demás dando repingo: Ay tingo! Ay tingo! que viva el Ayuntamiento!
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Como veinte mil cochinos Esos marchaban detrás, Fastidiando por demás De este pueblo a los vecinos. Como animales dañinos En la plaza hubo lamento Pues sin ningún miramiento Entraron allí pillando Como siempre, y gritando que viva el Ayuntamiento! Parece que por despecho Salió con su tiplecito Doña Cuesta Gurabito Cantando daños que ha hecho; Y después de trecho en trecho Callaba el tiple al momento Y con arrogante acento Decía, pero sin recelo: ‘’Nadie a mí me quita un pelo, ¡Qué viva el Ayuntamiento!’’ La santa iglesia Mayor Iba detrás bamboleando, Como siempre, y amenazando Desgracia que causa horror. Y el de este peligro autor La veía muy desatento; Pero el pueblo no contento Decía con mucha elocuencia: “¡Cuánta gente sin conciencia!” ¡que viva el Ayuntamiento! De fiesta estaba igualmente La esquina Viuda García, Y en sus cánticos decía: “De cajones, tuve un puente” Por él Lilí, el Presidente, Estando en su alojamiento Pasaba a cada momento Por mi laguna tan fea, Pero como no hay quien vea “¡que viva el Ayuntamiento!” Y hasta el público alumbrado Salió con su guitarrita
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Disfrazado de animita Porque siempre está eclipsado. Y aunque el pueblo está enojado Y lleno de sufrimiento Se veía con sentimiento Y mientras decía ¡qué ganga! Respondía la mojiganga: “¡qué viva el Ayuntamiento!” Doña hidráulica bombita Andaba en esta jandinga Imitando a una jeringa Y cantando esta coplita: “Yo soy aquella bombita que al pueblo con sentimiento Vio por mí aflojar doscientos Pesitos, muy bien contados, Pero si fueron botados “¡qué viva el Ayuntamiento!” Los incendios se acabaron! También decía la bombita, Porque a mí la jeringuita Con ese fin me compraron. Y aunque no me fabricaran Para el terrible elemento Serviré en cualquier momento Al jardín Municipal, Y como todo es igual “¡qué viva el Ayuntamiento!” Después salió la Injusticia Al más débil criticando Y al más fuerte respetando Por temor a una caricia. Después se vio la Justicia Y con imperioso acento Dijo a la injusticia así: Perseguiste a Sinaí3 “¡qué viva el Ayuntamiento!” Y la injusticia sencilla Disfrazada de barraco Contestó: “Yo no me raco En espinosa jabilla”.
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Pseudónimo usado en artículos contra el Ayuntamiento.

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Y tomando ésta la trilla Por tan jocoso argumento, Se fue al cachimbo el talento; Y el pueblo que está indignado No escuchaba con agrado “¡qué viva el Ayuntamiento!”
Abril 1 de 1884.

La pobreza
Es la pobreza en el hombre Una horrible enfermedad, Y estremece en realidad Sólo pronunciar su nombre. Pierde la voz y el semblante, Vive siempre delirante Pensando en gran capital. Por doquiera ve señal De botijuela enterrada, Si duerme es de madrugada Con los ojos entreabiertos, Y sueña siempre con muertos Si en el día no come nada. Para un pobre es grande atraque Y más si tiene familia, haber de guardar vigilia Sin decirlo el almanaque. Y si no haya quien lo saque De tormentos y aflicciones Se lo llevan mil regiones De diablos para el infierno Y el que paga es el Gobierno Echándole maldiciones. Cuando un pobre coje un peso Y se dirige al Mercado Inviértelo en buen pescado Pero no en pan y queso, Aquel día compra seso Y lo guisa con jamón, Se provee de un buen capón Y lo arregla con repollo
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al que le ataca este mal

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Aunque al fin lo lleve al hoyo Una fuerte indigestión. Un pobre llega a su hogar Creyendo tener su cuenta, Mas le falta la pimienta Y la leña por comprar. Si el dinero va a buscar, Si lo haya, es con trabajo Al volver, que falta el ajo, Y así va todo faltando Y el pobre siempre acarreando Se vuelve un escarabajo. El pobre a comer se sienta Y dice: “Ya descansé!” En esto llega el Francé4 Del pan, a arreglar su cuenta. Montado en su burriquito, O el muchacho se presenta A cobrar su mediecito Del agua que dejó fiada, Que si al fin no tiene nada hasta pierde el apetito. Después que uno se acalora Su siestica quiere hacer, Y le dice a su mujer: “Aquí está la planchadora”. que ha venido a mala hora Dile con buena manera, que a buscarle voy afuera Su dinero con empeño; Volviendo a cojer el sueño; que aquí está la lavandera. Si el pobre manda a lavar Siempre le falta el jabón, Y si compra el almidón Algo más le ha de faltar. El azul no va alcanzar Le dice la lavandera, Deme la leña y la cera Y dispense que lo atraque,
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Un vendedor de pan.

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que si no fuera por Yaque Agua también le pidiera. Si un dolor a un pobre inquieta Y solicita a un doctor, Le ataca más el dolor Si no tiene una peseta. Si el Médico le receta Ayuda en suposición Se verá en la precisión De bailar la jorominga Si no tiene una jeringa De la última invención. Para un pobre es mala broma En caso de enfermedad, No hallar con facilidad Una jeringa de goma. El pobre siempre se embroma Y a veces le causa lloro Si le falla el as de oro Como si fuera un caballo Con canuto de papayo. Y con vejiga de toro. El pobre se desespera, Y pierde a veces el tino, Cuando ve un remolino De su casa en la cumbrera. Si el bohío tiene gotera Dice a Dios en oraciones: Disuelve esos nubarrones Te lo suplico, Dios mío, Ve que tengo mi bohío Con tamaños goterones. Si un pobre demanda a un rico Y el pobre tiene razón, Pierde aqueste la cuestión Sin poder meter el pico. El grande se come al chico Esto siempre se ha de ver Si no tiene qué ofrecer El pobre por garantía, No vale Santa María Porque al fin se ha de… perder.
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Si un pobre le pide a un rico Algún caballo prestado. Le dice con desagrado —Ahora no puedo chico— —Pues présteme Ud. un borrico, que bien yo agradeceré” —Para el campo lo mandé—” Y se finje que lo siente Y el pobre por consiguiente Tiene que jalar a pié. Dicen de un rico borracho: —”¡Cuidado que está jocoso!”— ¿Y a un pobre? ”¡qué fastidioso!— Perdido está ese muchacho”— Si el pobre suelta su cacho Le dicen que es embustero; ¿Y a un rico? ¡dizque guacero! Puesto que así no se ofende, Y el pobre que esto comprende Se lo lleva el diablo entero. De una niña que es honrada, Mas si le falta dinero, Dicen al punto que es cuero, Y la juzgan deshonrada. Si la ven engalanada Con su trabajo ganado Dicen que el enamorado Le ha dado la galanura. No dicen con su costura Este lujito ha comprado. En la pobre se ha notado que si vive amancebada No la invitan, para nada Si el querido es arrancado, Si es rico, no hay cuidado, La querida es señorita, Todo el mundo la visita, Y a los bailes se convida, Y así una pervertida El dinero la acredita. Al que por rico se dé hoy le dice la riqueza,
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que no diga con certeza De esta agua no beberé. En esta tierra se ve que toda riqueza es yana, Uno pierde lo que gana Lo juro como quien soy, Pues uno sabe lo de hoy Pero no lo de mañana.
Mayo de 1885.

Al Ciud. Gen. Don Gregorio Luperón
en su manifestación a favor de la candidatura
HeUReaUX e imBeRT.

Ya el gallo indio cantó: Bajen la cola, pollitos, que pollos tan pequeñitos No cantan: “Cocoro-ó-o”

Ya el indio se declaró

Manifestando que está Y que por siempre estará Por Lilís y por Imbert, Porque así tiene que ser “El que no puede no va”. Y no es cosa tan pequeña que el general Luperón Se mezcle en esta cuestión Con su prestigio por seña. Si su palabra la empeña Como la ha empeñado ya, A la presidencia irá Más de prisa el gefe heró, Pues como el indio cantó “El que no puede no va”. Luperón que nunca ceja Por doquiera que se mete, Estará en nuestro banquete Pero sin comer moyeja. Porque Moya nada deja Si ese güiro se le da; Pero como lejos está De empuñar esa batuta, Lo que es en esta disputa “El que no puede no va”.
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Moya no tiene experiencia Pues por poca que tuviera, Claramente ya lo viera que no irá a la presidencia. Los hombres de más potencia En contra los tiene ya, Y como es Lilís quien da Al país más garantía, Lo dice la mayoría: “El que no puede no va”. Luperón el general Es la potencia mayor, que de Lilís a favor Trabaja, pero puntual. Y ya lo ha dicho formal que su palabra la da, Y a Lilís apoyará Para que salga triunfante, Pues en lucha semejante “El que no puede no va”. El comercio principal Lo desea por conveniencia, que ocupe la presidencia quien dio la paz general. Lilís es hombre legal que bien conocido está, Y el único que dará Garantía a las propiedades; Y como estas son verdades “El que no puede no va”. Si Moya juicio tuviera Todo lo hubiera deshecho, Porque ya sí es un hecho que perdió esa tetera. Y estando el indio de vera Metido así como está, Más trabajo le dará A Moya la presidencia, Porque esta es su sentencia: “El que no puede no va”. Si Moya fuera advertido Se chaqueteara, por Dios,
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Pues con esta serán dos Las veces que ya ha perdido. Y a las tres será vencido Si volviere a la picá, Pues sin ese gran Papá que se llama Luperón, No habiendo su protección “El que no puede no va”. Ya es inútil propagar que Lilís el ciudadano, Ya con el triunfo en la mano Pretenda hoy renunciar, Y como él ha de triunfar Porque más votos tendrá, Déjense de caballá que Moya irá otro día, Pero en esta es bobería “El que no puede no va”.
Santiago, Mayo 6 de 1886.

Alborada

Para la fiesta de la bendición de una imagen del Patrono. que el H. ayuntamiento ha dado esta ciudad.

SanTiaGo el maYoR,

Santiagueros, ¡atención! Empecemos la alegría, Porque hoy es un gran día Para esta población. hoy está la bendición Con grande festividad, Del Patrón de esta ciudad Santiago Apóstol bendito, Ginete, guapo y bonito Y guerrero de verdad. Siempre se ha visto con pena No darse este pueblo tono, Celebrando a su Patrono Con una fiesta muy buena. Solamente el Padre Mena Como metido en currú, Con caña y no de bambú quiere al Patrón festejar
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Con una fiesta, ¡LA MAR! De P P y doble U. Y dejarse de creer que esta función es tan boba, Para no cojer la escoba Y sus calles bien barrer. Por esta noche ha de haber Bastante iluminación, Para que esta población Comprenda en lo venidero, que celebrar con esmero Debe siempre a su Patrón. Las niñas que sean madrinas que alisten sus polizones, Y las viejas sus mantones Enaguas y crinolinas. Y dejarse de pamplinas que las que son pobrecitas, Pueden dar sus pesetitas’ Pero en siendo ricas, no; Porque me figuro yo que pueden dar sus onzitas. Todo aquel que sea Padrino De nuestro Patrón Santiago, Esta advertencia le hago, que venga con mucho tino. Pues, si no trae ni un comino Para cumplir con su ahijado, que ande con mucho cuidado Porque dicen que el Patrón Como no es muy rascón Pelará por su encabado. En fin ei que quiera sabei Si ei gá hiede de beidá, hoy lo aguaidan por acá Juan Eli y Meicadei. Poique eta taide han de bey Cuatro mi pollo enterrao, Saiten y palo ensebao
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Ramos, banderas, cojete Y en la esquina un molinete Pa bei muchacho agoipiao.
Santiago 18 de junio de 1887.

Jatuai con le puela pueta
En los campos de San Juan, Un pueblo de esta Nación, habita un rico bribón El avaro más brigán. Muy temprano lo verán que así que su cama deja, Se encaja una espuela vieja que en el día no se la quita Y lo más de mañanita Coje el burro y lo apareja. Pero no con intención De salir a parte alguna, Pues él por causa ninguna Sale de su habitación. El que llega a su mansión que le preste una peseta, Le responde esa alma prieta: “Mi jijo será otro día Poique boy de propaitía Jatuai con le puela pueta”. Toda persona que llega, A que le preste el jumento, Fingiendo un gran sentimiento Del cuello hasta se le pega: —”El burro no se le niega Ni tampoco se le preta, Poique decile me cueta que mírelo, aparejao, Y yo en ei casi montao Jatuai con le puela pueta”. Le dijo un día una muchacha, Vecina de por allá. “Le mandó a decí papá que si le preta su jacha!”
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“Dímele que toi de macha En pó de una sigua prieta, quei diablo de mi carreta hoy memo se me crebó, Y dile como ando yo Jatuai con le puela pueta”. El que por su mala estrella Le pide agua a ese maldito Le contesta “Ay jijito! Agorita boi por ella. Poique a mí me jace mella que en mi rancho uno se meta, Y que no me comprometa A epantaile aquí la sé; Pero en fin uté me vé Jatuai con le puela pueta”. Un guajiro con su quimbo Le dijo al marchante un día: “Casero, yo no podría, Prendei aquí mi cachimbo? Boto a lo niño del limbo! Contestó el anacoreta; De fósforo una cajeta Al pueblo a compraila boy, No me be ya como toi? Jatuai con le puela pueta”. Le dice otro bengo abei Si me preta un dinerito, —”Ofrécome a Jesucrito! Poique no benite ayei? que yo deseaba tenei Una entrá así como eta, Poique siempre ta dipueta Mi casa pa lo jamigos; Pero bea lo que le digo: Jatuai con le puela pueta”. El pobre que llega allí A pedir su limosnita, —Poi la jánima bendita Peidone eimano que aquí, hoy no tengo ni un ají Ni un grano de malagueta,
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Poique este arranque me aprieta. Poi no decí me afucila; Y ademá que boi de jila “Jatuai con le puela pueta”. El que allí se le presenta A que le fíe un marrano, Al punto exclama el tirano, “Ay diablo siempre le tienta! Peisona así tan atenta Tan jonrá y tan joneta, que mi familia repeta Denje bía de mi taita, Pero aguaita jijo, aguaita, Jatuai con le puela pueta”. Cuando pasa un caminante Y le pide allí posada, Da en el suelo tina patada Y exclama: “Miren ei diante! Y yo que soi tan amante que la gente aquí se meta, Beni a la hora deta Eto probe peligrino, Cuando ya boi de camino Jatuai con le puela pueta”. Pero nada se ha peidío Cojan ese caminito, que lo lleva derechito A casa un compadre mío. que ahí tarán tan recibío Con la atención ma joneta, Poique son jente cumpleta que lo tratarán muy bien, Pero utede ya me ben Jatuai con le puela pueta”. Así los hechos son tantos Del avariento terrible, que todo no es posible, que los cite en estos cantos. Ni al mismo Dios ni a sus santos hace un bien esa alma prieta, Porque a todo el mundo aprieta, Ese avaro condenado,
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Con su burro aparejado Y jatuai con le puela pueta”.
Santiago, agosto 9 de 1890.

Di coloni italiani
Italianis prepárate Con tute le necesari, que di Patroni acercari, Con di muchi celerate. E il falere celebrate Con tuta la pompanata, Facienda di candalata, E ponienda banderete Di ramoni e farolete E di cosi delicata. Como tuti santiagueri A di colone apreciata, Pur le vende dimaciata A lo gento sin dineri. Le populi tute esperi Di la frateli colone, Festejate di Patrone Con demasiata esplendori, Lanzanta muchi di flori E alegrari muchi bone. Di pública ya sabeli qui colone aquí morata, Arqui triunfe preparata Cosa richi e mucho beli. Pur la festa di frateli Di Jacobis la Mayori Pur qui tute le sinori Dominicane mirate, que italiani festejate Di Patrone con honori. Di Angelo Pelerani E di Alejandre Eschufino, E di Pascuali Marino Tute di bone italiani. Di Genari Cantesani Panchi Blois frateli bone,
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E tute son di persone qui populi santiagueri Esperata con placeri, Fetejate di Patrone. Di Pelerani Lorensa Di Joveneta apreciata, A di festa preparata, Con di placeri comenza. Di bone Luis Paonensa E Forestieri frateli, quisep e di bone Feli, Tuti con gusta sapresta A solemnare di festa Di Jacobis santis beli. Frateli Blas e Gusé, Nicoleta Marchantori, E di Ganlote sinori Tuta an festa ajustaré E la di Varna José Facerán di zaragata, E a la festa celebrata Di santiagueri Patrone, Ponienda la pabilone E gastanda muchi plata. Di frateli Sabatini E la Guisep Eschufino, Como di Rocco Turquino Tuti di bone italiani. E Franchisca Pelerani, Tuta ella son dipuesta A solemnare di festa Con mia caro santiaguere que a di colone le quere Pur tuti di gento honesta. E di Pilade ingeniere Giometra profesori, E di bone agricultori Anunciate a tute quere. qui pur la festa tenere Muche pape, lechugueta, Carolete rabaneta, Por la di bona manllata,
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E hacer di la zalata E celebrate di festa. Pedra Estéfani avisata, qui vandete santis belis, que facen miracle an celis E tan di bone abogata. E también ella anunciata, qui tiena para vendé La Patriarca Sen Gusé, E Santiague rife Mayoré, que pur tante rife agore Tuta la facienda a pié.5 Suplico al lector amado, Me disimule un poquito Si al lenguaje más bonito El más dulce y delicado En algo lo he maltratado; Pero sabrás que este idioma Desde que salí de Roma No lo he cursado jamás, Por eso dispensarás Si le falta alguna coma.
Santiago, julio 20 de 1891.

Refrán campesino

Lo viejo van pa la maya
Señores, la ancianidad Parece que se lamenta, Por tenerla de su cuenta La graceja mocedad.

Pues tanto en esta ciudad Y en los campos la canalla, Muy divertida se halla Con un refrán campesino, que dice que de camino Lo viejo van pa la maya. Este insípido refrán, que celebran los gracejos
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Y hace muy bien, pues si lo hace a caballo como debía de ser, al momento le rifan el jaco, porque ya las rifas de caballos tienen al público soliviantado de atrás. Siga el amigo Pedro haciendo los Patrones Santiago a pié, para que vayan los rifadores de bestias a freír buñuelos.

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Debe ser porque los viejos Con un pié en el hoyo están. Pero ahí también gotearán Los mozos como papalla Pues el joven de más talla Entrando en mayor edad, Le dirá otra mocedad Lo viejo van pa la maya. El joven que esté más sano Y de vida más gozando, que un viejo que esté chochando Tal vez se va más temprano. Y queda siempre el anciano Picando en la misma raya, Pues de sabido se calla que con toda exactitud, Con la bella juventud Lo viejo van pa la maya. hay viejos que están Chispeando Por tan simple bobería, Cuando es una tontería La charla que están usando. Otros están alegando que están en su guardaraya, Y con enreos de alilaya, Dicen los viejos toditos, que con todo esos mocitos Lo viejo van pa la maya. Esos que suelen decir que los viejos ya se van, Tal vez se figurarán que ellos también no han de ir. Y no querrán convenir que en el mundo todo falla. Y el que anda y no se avalla Con tal que su ruta siga, Atrás vendrá quien le diga Lo viejo van pa la maya. Contraorden dizque vino De lugares muy lejanos,
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Prohibiendo a los ancianos De no tomar el camino. Pero el superior destino, que es el jefe de la valla, Dice que hasta la escurralla Deberán marchar los mozos Pues con todo esos graciosos Lo viejo van pa la maya. hay muchos viejos que están Por no emprender ese viaje, Y les da hasta coraje Cuando les dicen que van. El viejo que es haragán, que dondequiera se encalla, Así dice: ¡caracaya! Los mozos tienen razón Con su capa y su bordón Lo viejo van pa la maya. Donde hay vieja con joroba Ese viaje no se mienta, Porque tanto se violenta que ataca como una loba. Y no falta vieja boba que dice que no se calla Y que a cualquiera le estralla De mear la jigüerita, Al que le diga: Mamita, Lo viejo van pa la maya. El viejo Taita José Parece que va de jila, Pues no se apea la mochila Aunque así durmiendo esté. Y dice que marcha a pié, Con su báculo de yaya Y dondequiera que vaya Cantará siempre en la cueida: “Lo mozo van pa la mieida!” Lo viejo van pa la maya. Y el viejo siñó Ramón Se encuentra muy pensativo
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Y lo mismo Juan Olivo Con esta disposición. Y ambos dicen que son Dizque harina de otra laya Y que entrarán en batalla Cada uno con su espiga Con cualquiera que le diga: Lo viejo van pa la maya. Y a muchísimas ancianas Ya no les van ni gustando que las estén jeringando Con estas santas jaranas. Y aunque ya pintando en canas Mi cabeza hoy se halla, Por cosa así tan caballa A mí se me da tres pitos que a mí me digan: Viejito, Lo viejo van pa la maya. Pues ya lo dice el destino que nadie se deje imbuir, Porque todos deben ir Por ese mismo camino. Y si el refrán campesino Tiene a los viejos a raya, A ensuciarse en la canalla Los viejos listos están, Y en el que inventó el refrán Lo viejo van pa la maya. Un viejo.
Santiago, septiembre 15 de 1891.

Tributo del cantor popular del Yaque al Gran Cristóbal Colón
hasta un cantor popular De escasa imaginación, Su ofrenda al noble Colón Viene aquí a depositar. Pues hoy le viene a cantar Este cantor infecundo,
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A ese sabio tan profundo; que primero imaginó, Encontrar como encontró Las puertas del Nuevo Mundo. Después de surgir el Cristo No ha nacido otro varón, Grandioso como Colón Pues otro así no se ha visto. Y en mi pensamiento insisto Porque en derecho me fundo que Colón es el segundo Del que sucumbió en la cruz, Porque él abrió con su luz Las puertas del Nuevo Mundo. Ni aquellos grandes de Oriente Guerreros conquistadores, No merecen los honores Del navegante eminente. De aquel sabio prepotente, De aquel genio sin segundo, que con acento profundo Le dijo a los océanos, Yo voy a abrir con mis manos Las puertas del Nuevo Mundo. Y aseguro que Moisés Y el gran sabio Salomón, No igualaron a Colón A ese Ilustre Genovés. Y desatino no es Esta frase que difundo, Porque el Moisés profundo, Y Salomón, ignoraban, que al occidente se hallaban Las puertas del Nuevo Mundo. Ni Alejandro aquel varón El Grande según la historia, No ha merecido la gloria Del Gran Cristóbal Colón. Y al primer Napoleón Conquistador sitibundo,
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Con los demás lo confundo, Como enanos en resumen, Para el que abrió con su numen Las puertas del Nuevo Mundo. Así pues, Patria adorada, Cíñete hoy la aureola, Porque tú eres la Española De Colón la idolatrada. El título de Primada Te dio el sabio más fecundo, Y yo con amor profundo Le dedico este cantar, Al que abrió de par en par Las puertas del Nuevo Mundo.
Santiago, l0 de octubre de 1892.

A los habitantes de Juana Núñez
Señores, por el presente Se ve que en esta región, Aumenta la población De manera sorprendente. Y una Iglesia más decente Espaciosa y más bonita, Juana Núñez necesita Para que honre lo mejor, A Dios, nuestro Redentor, Y a este pueblo progresista. Y además ya causa pena Que un lugar que bien florece, Y que tanto se enaltece No tenga una Iglesia buena. De tristeza mucho llena que tan bonito poblado, No tenga un templo adecuado A su bella posición, Mas siendo una población que bastante ha progresado. Y al tener preponderancia Este pueblo en el Cibao,
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Por su café y cacao que cosecha en abundancia, De alguna más importancia Iglesia debe tener; Y por eso es menester que la que hay en construcción, Se vea ya su conclusión, Sin más tiempo qué perder. Ya debe todo habitante De este pueblo religioso, Cooperar lo más gustoso A este bien tan importante. Y una limosna constante, que no le nieguen al cura, que tanto, tanto se apura Por esta Iglesia acabar, Y darle honra al lugar, Importancia y hermosura. Si a Dios con tanta frecuencia Le pedimos sin cesar, Y él nos suele siempre dar Cada día la subsistencia. Y con toda su clemencia Y su bondad infinita, Todo se lo facilita Al que lo adora y aprecia, ¿Por qué negarle a su Iglesia Una chica limosnita? Nadie diga que yo di Y por eso no doy más, Porque siempre para atrás, ha de ir quien diga así. Para Dios digan que sí Cuando les suelen pedir, Porque deben advertir, que en esta vida tremenda, Dueño de vida y hacienda Dios lo es, no hay que decir. Con que vamos feligreses De esta noble población,
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Concluir esta mansión Donde hacemos nuestras preces, Y así os pidan cien veces Nadie se debe negar, Porque ese Dios del altar, Por mucho agradecimiento, Devuelve, sin duda, ciento Al que uno le suele dar. Y también que por honor O ya sea por dignidad, Deba esta localidad Tener un Templo mejor. El que tiene, causa horror, Porque es un rancho apurado, Con un foco soberado, que dizque se llama coro! ¿Y no es acaso un desdoro, Para tan bello poblado? Por Dios, no más irrisión! Y no se hagan esperar, Porque eso es profanar Nuestra Santa Religión. quemen ya ese ranchón que dizque se llama Iglesia. que el pueblo que a Dios aprecia No lo sopla en una choza; Pues no indica otra cosa Sino que a Dios se desprecia. Con que a la carga, señores, Y apurar esos trabajos, Antes que Dios cuatro ajos, Les eche con mil amores. Este pueblo está de flores Con su excesivo adelanto, Y ese Dios que tanto y tanto! Por siempre lo ha bendecido, Ya quiere ver concluido Su Templo Divino y Santo.
Santiago, diciembre 20 de 1893.

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Eso e paja pa la gaiza
A mi compae Tomasico Cocco como hombre de mucho aquei en ete idoma guajiro. Si señoi!

En lo campo é jei lugai que preducen ma rifrane Y en donde ma chailatane Se juntan pa jaraniai. Agora pa deplicai que una cosa no reaisa, Y que la tienen poi faisa Poique en nada se ebalora, Así é que dicen agora: “Eso é paja pa la gaisa”. Dicen que mucho mosito Farolerio y pisaflore, Tienen su jangá de amore Sin tenei un mediesito. que de cuenta de bonito Tienen la jembra poi baisa, Y que toa esa compaisa Manque se quieran casai, Como no tienen un riai “Eso é paja pa la gaisa”. Otro le jacen figura A toitica la muchacha, Y la probe que se agacha Se mete en mile amaigura. La que cré que ta sigura Poique su novio la ensaisa, La detingue y la reaisa Y le ofrece casamiento, Totitico eso jaigumento “Eso é paja pa la gaisa”. La muchacha que figura Le jase a tó lo mosito, Y poi cuaiquiei cariñito Enseña la dentidura, No tiene hora sigura De gotiai pronto en la naisa, Pue toa la que se refaisa Poi coquetiai con afán,
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En cuaiquiera boyobán “Eso é paja pa la gaisa”. La vieja que tiene cana Si se tiñe o se la rapa, Por una niña muy guapa De pasai tendrá la gana. La vieja que se engalana Y ei moño mucho se aisa, O ei sombrero se le caisa Con pluma y jangá de flore, Cuaiquiera que la enamore “Eso é paja pa la gaisa”. Ei viejo que se casó Con una muchacha jobe, Todo le dicen: “ei probe Ei diablo se lo llevó”. Otro dicen: lo cojió San Coinelio en su tenaisa! Pue jei viejo que se engaisa Con pollita, ¡ai que bobo! Como é caine pa lo bobo “Eso é paja pa la gaisa”. Ei que tiene buena plata Y buen gusto no se dá, Taibé se figurará quei diablo nunca lo mata. Pue si de comei no trata Manjare fino poi baisa, Ni se bite ni se caisa Con ropa buena y bonita, Esa riquesa maidita “Eso é paja pa la gaisa”. Todo ei que tiene con qué Y no tiene un buen hogai, Ameblao y con ajuai Pa que buen tono se dé, Cuando venga Lucifé, Y de diablo una compaisa, Y le digan aisa, aisa! Rico sucio y pijotero, Le dirán lo jeredero “Eso é paja pa la gaisa”.
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Eso abariento señore que biben así tan charro, Sin fumai un buen sigarro Ni toman bueno licore, Ni saben lo qué jamore Ni tienen hembra poi baisa Como si tomaran saisa Biben en continua dieta, Y en dándole una churreta, “Eso é paja pa la gaisa”. Ej jijo de un degraciao De la jecuela en aiguna, No aprende cencia ninguna Si no é a jacei mandao. Poique hai maetro maibao que ai niño rico lo ensaisa, Lo acaricia y lo reaisa Y se empeña en educalo, Y ai que no lleba regalo “Eso é paja pa la gaisa”. Agora lo cosechero Dique tan ya preparao, Pa trei dique enmanillao Su tabaco a lo tiendero. Eso é bueno y placentero Pa daile a su fruto aisa, Y to el que lo enrelaisa Con mácula como diante, Le dirán lo comeiciante: “Eso é paja pa la gaisa”. Pero sepa el comeiciante que si el cambio de monea Lo caicula con su idea Pa bendele a lo maichante, E juto que al habitante Le ponga su fruto en aisa, Y no le soplen poi baisa Poi un peso ei mejicano Pue le dirá ei campusano “Eso é paja pa la gaisa”. Señore, con su peimisio Ya se ba ete payasito
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Y dispensen lo poquito, Que le dice en ete oficio; quedando siempre ai seibicio De la gente que no é faisa Y de toa la democraisa Como seibidoi antento; Y ei que no quede contento “Eso é paja pa la gaisa”.
Santiago, febrero 4 de 1894.

La jambre
Si Dios no mete su mano El hambre nos sacrifica, El pobre tira su anzuelo Pero el peje no le pica. Señores, ya no es posible que un pobre pueda vivir Sin comer y sin vestir, Porque eso es imposible. En un tiempo tan terrible, Tan cruel y tan inhumano, No hay pobre con pecho sano Ni que tenga buena sangre, Porque se muere de jambre Si Dios no mete su mano. La comida está abundante, De todo hay un buen surtido, Pero el precio es tan subido que no hay pobre que lo aguante. El grito se oye constante De la gente que no es rica, Y al ver como no se achica Tan terrible situación; Merecemos compasión; El hambre nos sacrifica. ¿qué hace un pobre con mirar La carne en la tasajera, Si hoy no encuentra la manera Para poderla comprar?
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El que suele trabajar Se afana con mucho anhelo, Pero como tiene pelo La pájara macuquina, Para cojer gambusina El pobre tira su anzuelo. hoy me quejo con razón Aunque al diablo no le cuadre, Pues soy de familia un padre Sin amparo y protección. Mi única profesión Son las décimas de sica, Y si el canto se me achica Diré de todo por sobre; que hoy sale a pescar el pobre Pero el peje no le pica.
Santiago, junio 18 de 1894.

¡Aguanta Pepe! y van cinco
Vuelvo al palo, compañeros, Sin andar titubeando, Pues debo seguir cantando hasta el veintiuno de Enero.

Al General Pedro Pepín, Gobernador Civil y Militar de la Provincia de Santiago.

que aunque humilde cancionero De nuestro Yaque imperial, que cante es muy natural, hasta verla colocada, Bendecida y consagrada Nuestra Iglesia principal. Así, pues, animación Y atraquemos santiagueses, Sin que nadie en pequeñeces Se fije en esta ocasión. Candela siempre al cañón Y adelante, compañeros, que los hijos verdaderos Del Yaque en este lugar, No saben lo que es llorar Pues todos son candeleros.
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Lo que es Rosendo Negrete Ofrece que los hoyeros Con él, serán los primeros que estarán de rechupete. Y también se compromete El José Antonio Espinal, En todo ese litoral Con el Tavares Pedrito, Y el buen Figueroa Toñito A empeñarse cada cual. El Juan Isidro Pichardo Poco se le ve la cara, Pero en ésta Baltasara Lo echa afuera sin retardo. De los tuertos el Eduardo Es un hombre caballero, Y como es tan buen boyero Lo veremos de paquete, Pero, si en currú se mete… Alborota al mundo entero!… De los Martínez, Daniel Con sus dos hijos, Mayía Y el Juanico, en ese día Los veremos en tropel. Y si no hacen buen papel En esta fiesta, verán que Espinal el Capitán, Como Jefe del recinto, Con el Reinoso Jacinto A Los Guandules irán. Porque sea Ramón Valbuena Abuelo de la paciencia, Él entrará en competencia En esta fiesta tan buena. Y echando pestes sin pena A Papá Franco verán, Y con el machete, plan Le echará a todo hoyero que se muestre cicatero, Desidioso y haragán.
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De los Abreu, el Simón Como tiene tenería, Vende zuela en demasía Para esta diversión. Y ese que llaman Mon Ortega, que es carnicero, Con su peso muy ligero En estos días andará Porque en la hoya tendrá que gastar mucho dinero. Como Martínez Ramón Ya no es carne ni pescado, Papá Franco lo ha dejado De reserva en el cantón. —Compé Dimoné, pardón! Como uté no tá pañol Ma parlé ú nan creol, Nan Iang de Musié Tusén, Le guap yéneral haicién Can Frans li murí nan yo! E bien, compé Dimoné, Il fó ú meté nan fieto E tirá mucho cojeto Pur iglesio de Bonyé. A papá! si ú pa rantré A presant nan gran currú, Sigur Bonyé puní ú; E pur es yo aconsejá, Con buene gelle cantá: Cucurucú! cucurucú!… Y a esa colonia china que en esa rehoya habita, Le dedico una coplita En esta fiesta divina. Lo que es la lengua canina De esa gente, poco entiendo, Pero como algo comprendo En su mismito lenguaje, Voy a mandarles un viaje. Para irlos previniendo.
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Milen, chino, polta bien Agota en eto feleta, que tolito chino cueta Meté an culú también. E lo can culú no ten Se bloman, como palece, Po que a tolito le oflece Aquí Pelico Pepín, Mándalo tolo a Pekín A peliá con Ciponese.6 El Juan Pablo Coronado Le dijo a Rodríguez Lolo, que ya tiene un protocolo De cantos que él ha sacado. Y solo aguarda un recado Del viejo Siñó Tomás, Para cantar a compás, El Rosario de María, Pues suelto en esta alegría Debe de andar Satanás. Sí, señor, que no hay tu tía! Lo dice el viejo Tomás, De que suelto Barrabás Andará en esta alegría. Y al Rosario de María Le puede quitar el paso, Y sin ningún embarazo Echarles tres caracoles, Y con los mismos faroles Acabarlo a farolazo. ¡AqUÍ VA LA RABIzA! Al que tenga Nochebuena Yo le vengo a suplicar que no deje de invitar, Aunque sea para la cena, A este cantor popular.

Santiago, diciembre 24 de 1894.

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Japoneses.

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Al Sr. Don Edward Hall

Director principal de los trabajos del Ferrocarril Central de Puerto Plata a Santiago y Moca.

En decir hoy me apresuro Y con alegría no poca, que pronto Santiago y Moca No tendrán ya más apuro. Porque ya si es seguro Sacudir la suerte ingrata; Pues de serio se trata Y el empeño es muy formal, que el ferrocarril Central Nos una con Puerto Plata. Sabemos que ya llegó Una grande embarcación7 Con rieles, y una porción De otras cosas que aportó. Y en el vapor Saginó que ha llegado últimamente, ha traído mucha gente Y materiales la mar! Para a la carga activar Los trabajos prontamente. De Nueva York ha venido Un cablegrama que avisa, A don Tomás Pastoriza que todo está convenido.8 Contrato firmado ha sido Con dificultad muy poca, Para llevar hasta Moca El Ferrocarril Central, que todos en general Pedimos a raja boca. De esta línea el director, Nos dan por noticia grata,

La barca “Lelia Smith” trajo a Puerto Plata 450 toneladas de rieles, cemento romano, herramientas, etc., etc., y el “Sagomaw”, que llegó últimamente una porción de empleados y materiales. 8 Cablegrama de Nueva York: “Tomás Pastoriza.- Santiago.- Sto. Domingo.- Firmado contrato Whalens Ferrocarril Santiago.- Moca. WELLS”.
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que regresó a Puerto Plata Viniendo del exterior. Mister hall, este señor Fue a buscar expresamente De Bajabonico al puente, que aguardan sin dilación, para su colocación hacer inmediatamente. Trescientos hombres están Como es notorio ya, De Bajabonico acá, Trabajando con afán. Y otros tantos se verán Sin la menor dilación Por Guanábano, Limón, Las Lavas y Palmarejo, La Ciénega y Pueblo Viejo, Cerca de esta población. Y también de esta ciudad Principiarán prontamente Los trabajos igualmente Con bastante actividad. Y al ver con la seriedad que hoy los trabajos van, Los Santos Tomás están Creyendo ya con certeza, Pero por delicadeza Por vencidos no se dan. Y en dudar tenían razón Muchas gentes maliciosas, Pues se han visto tantas cosas En esta infeliz nación… que ha dado, pues, la ocasión Para no creer la gente En nada absolutamente; Y como que vive esquiva Siempre cree que es lavatica9 Lo que le es más conveniente.
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Algunos dicen mechero.

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Los terraplenes se hallan De Pérez por esos llanos, Donde cuatrocientas manos Abriendo trochas batallan. Y los que duden que vayan A ver por esos lugares, que volverán a sus lares Pidiendo miles albricias, Y afirmando las noticias que anuncio en estos cantares. En esta obra tamaña Por la primera ocasión, Se verá en nuestra nación Perforar una montaña Para cruzar por la entraña De la muy nombrada Sierra, El coloso que destierra El atraso y malestar Y que hace progresar A la más inculta tierra. Conque, no hay más que hablar Sino abrirle más la puerta Al que a carrera abierta Nos viene pronto a salvar. Dios nunca suele olvidar A nada de lo que cría, Y con esta férrea vía que pertenece al Gobierno, Ya querrá el Padre Eterno Sacarnos de esta agonía. Los que más habían dudado Ya no creen que es cosa vaga, Porque muchos a la llaga Con el dedo le han tocado. Y el material que ha llegado Ahora últimamente, Al ver todo eso la gente Cada cual viene diciendo: “Compae, ya si no hay remiendo La cosa viene caliente!”
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El Ministro de Fomento, “que ya cantará aleluya De salirse con la suya, Se le aproxima el momento. Y no le dirán que es cuento Los que aquí le discutían Y en amistad le decían Al oído y en voz baja: “Corderito, eso es paja Pa la gaisa”, y se reían.
Santiago, mayo 25 de 1894.

Inauguración del Ferrocarril que toca en San Francisco de Macorís.
El que suscribe, tiene la honra de dedicar este humilde trabajo al Ilustre Ayuntamiento de Macorís del Norte, y a los dignos empresarios de esta vía férrea, que son los señores: Don Ulises Heureaux, Don Teófilo Cordero y Bidó, Don Zoilo García, Don Uladislao Fernández, Don Juan Antonio Lora, Don Manuel M. Castillo, Presidente de la Directiva, Don Genaro Pérez, Vicepresidente, Don Thomas Me Lelland, Tesorero, Don José A. Puente y Don José E. López, Vocales.

Con gusto hacemos saber, Por medio de este resorte, que ya Macorís del Norte Experimenta el placer De un Ferrocarril tener que toca en dicho lugar Y que lo ha de inaugurar Del modo más conveniente, El dieciséis del corriente Sin nada que desear. De la Capital vendrá El Gefe de la Nación, Y de gente una porción que al Gefe acompañará: De Sánchez, de Samaná, Vega, Moca, Puerto Plata, Y hasta de Santiago trata Gran gentío allí pasar, Para con gusto gozar De una fiesta así tan grata.
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Del Cotuí saldrán en bando Los que a esta fiesta bendrán, Porque allí no quedarán Ni siquiera los mamando. No hay más que irse afilando, Toda esta población, Y empeñar hasta el copón; Pues de no, se compromete Si Macorís no se mete De lleno en esta ocasión. Lo que es ya se ve afanar La entusiasta y veterana Juventud macorisana Por la honra del lugar. Y aunque suele tropezar Con varios inconvenientes que presentan los agentes Del atraso y retroceso, Ni un pelo le quita eso A esos jóvenes fervientes. El pueblo macorisano hará un esfuerzo inaudito, Por presentarse bonito, Alegre y lo más galano. Este pueblo es veterano Y no le falta decencia, Y aunque hoy la impertinencia De la crisis lo acribilla, Macorís no se mancilla Por falta de diligencia. Pues todos aquí saldrán Al monte con sus mochitos. En busca de arbolitos. que en sus puertas plantarán. Y en las calles se verán Miles de miles banderas, Y una infinidad de hogueras No dejarán de arreglar Para el público pasear En noches tan placenteras.
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Todo el mundo así lo hará, Con placer engalanar El frente de cada hogar Como convenido está. Ninguno se negará A este buen procedimiento que del buen comportamiento De todos en general, quedará este festival Con el mayor lucimiento. Y es preciso convenir que al pueblo macorisano El Santo Dios Soberano Se ha dignado bendecir. Pues lo que va a recibir Esta agrícola región Con esa inauguración Del ferrocarril ramal, Es de Dios la celestial Y muy santa bendición. Así diremos por tanto que es preciso celebrar Ese bien tan singular que baja del cielo santo, Conduciendo el adelanto Y el gran progreso que encierra, Así es que a muerte guerra Ninguno le debe hacer, Al que viene a engrandecer Esta bendecida tierra. Macorís sabrá apreciar Y agradecer igualmente, El bien que el Omnipotente Le acaba de prodigar. Y lo mismo debe estar Este pueblo agradecido De aquellos que le han traído Con su propio capital El ferrocarril ramal que hoy se ve ya concluido.
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Por muchísimas razones Deberían los campesinos De estas comarcas vecinos Contribuir a estas funciones Porque ellos sus producciones Mucho mejor venderán Y el lienzo conseguirán Con alguna más rebaja, Y de todo más ventaja Los del campo sacarán. El pueblo macorisano No debe fijarse en costo Para el dieciséis de agosto Mostrarse lo más galano. No hay más que echarle mano A todo lo que se pueda, Porque ya si no le queda Recurso ni apelación; Sino candela al fogón, Suceda lo que suceda!
Santiago, agosto 8 de 1895.

El arranque o “mañana te pagaré”
Este arranque cada día No se puede soportar, Invoquemos a María Para poder escapar. Sólo se oye el clamoreo Del arranque por doquiera, Y en moda la fajadera Es todo cuanto yo veo. Los gallos es el recreo que en este pueblo se ve Pero a mí me han dicho que Es juego de apunte y raya, Pues solo se oye en la vaya: “Mañana te pagaré”. Al músico santiaguero. No le da su profesión Pues ya no hay más diversión
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Por la escasez del dinero; No trabaja el jornalero Porque ya no encuentra qué Y el que trabajo le dé Le dirá al terminar: No tengo con qué pagar “Mañana te pagaré”. Viene al pueblo el habitante Con sus frutos a vender. Y costoso le es cojer El pago en plata sonante. Y si dice a un comerciante que algún crédito le dé, Si es hombre de buena fe (que el serlo es una rareza), Dirá con toda certeza: “Mañana te pagaré”. El artesano se afana Y trabaja sin cesar, Pero al tiempo de cobrar Le dicen: “Vuelva mañana”. El tendero hoy no gana Ni para tomar café, Y así a menudo se ve que le dicen al recuero: “Por ahora no hay dinero”, “Mañana te pagaré”. Los médicos por ahora Aunque algo tienen qué hacer También tienen que cojer Su dinero con demora: Esta crisis nos devora Y el arranque que hoy se ve; Abunda la mala fe Los robos y asesinatos, Y decir siempre en los tratos “Mañana te pagaré”. De dinero están escasos Los pobres los defensores Porque las causas mejores hoy se arreglan a balazos. Echémonos en los brazos
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Del Patriarca San José, Para que plata nos dé Con qué comprar al contado Y no decir demasiado “Mañana te pagaré”. Sólo el Clero está a su gusto En esto que está pasando Pasan su vida cantando Sin tener que pasar susto. El fondista buen disgusto Pasa en su fonda o café, Pues le comen su mancié Y le toman su bebida Diciendo a la despedida “Mañana te pagaré”. El arranque por un lado Por otro seca y decreto10 Concluyeron por completo Con la carne en el mercado. El hatero su ganado Prefiere como se ve, Llevarlo para el Mañé, Mejor dicho para haití, Porque no dicen aquí “Mañana te pagaré”. El escribano se apura Y se queja amargamente, Porque no hay quien se presente A que le hagan escritura. El juez civil asegura Y dice de buena fe, Que en la oficina no ve Sacando actas de bautismos Y si van, dice lo mismo, “Mañana te pagaré”. Se lamenta el boticario De que despacha recetas, Pero no ve dos pesetas Ni siquiera para el diario De baile soy empresario
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Decreto del Gobierno prohibiendo la matanza de reses hembras.

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Lo juro que no seré Porque al otro día veré Al que pasa por decente Decirme: “No me atormentes! Mañana te pagaré”. Y en qué mal tiempo han venido De Santhomas a cobrar, Si no hay con qué pagar Aunque el plazo esté vencido. Al deudor que esté afligido Un consejo le daré, que diga que no hay con qué Pero que no dé esperanza, Y ni diga ni aun de chanza “Mañana te pagaré”. Ahora que no hay dinero Y la cosa está peor, Es que tratan con rigor Al infeliz carnicero. Trae sus reses el hatero Y venderlas pronto cree, El carnicero las ve Y no hay duda que las trata, Mas luego dice: “No hay plata” “Mañana te pagaré”. Algunos van al Casino A hablar de los buenos gallos De los famosos caballos Pero no toman ni vinos. No gastan allí un comino Como en otro tiempo fue, Si alguno jugar se ve Al billar o dominó, Dicen como digo yo “Mañana te pagaré”. Concluyo esta tontería Diciendo a los muy guagüeros, que por Dios no sean groseros que la guagua es grosería. El que mis décimas fíe Obra de muy mala fe, Y si las pide es por qué
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No tiene un chin de conciencia; que decirme es imprudencia “Mañana te pagaré”.
19 de agosto de 1895.

Felicitación

del cancionero del Yaque a su buen amigo Don Evaristo Demorizi (a) BUL, Delegado del Gobierno en el Distrito Marítimo de Samaná.

Como están casi al llegar Las Pascuas y año nuevo, Bastante gusto que llevo A usted en felicitar. Y poderle desear Como en prueba de amistad, Salud y prosperidad, Larga vida y agradable, Y a su familia apreciable Eterna felicidad. Y a sus miles o millones Matas de coco y guineo, Amigo BUL, les deseo Del cielo las bendiciones. Y a sus grandes plantaciones De cacao y de café, que también dirige usté En ese bendito suelo, Lo mismo deseo que el cielo Un buen porvenir les dé. Y Con toda el alma mía Igualmente le deseo, Que su finca de guineo Progrese más cada día. Y que esa gran Bahía que envidian grandes naciones, Por miles embarcaciones Se vea siempre frecuentada Y de su finca en la rada Cargando sus producciones. También mi gusto sería que esos tan vastos terrenos,
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De bosques inmensos llenos Y vírgenes todavía, que Dios y Santa María Se los dignen conservar, Por no poderse encontrar Otros en nuestra Nación, Como en la fértil región De Sabana de la Mar. En ese inmenso desierto hay lugares todavía, En donde la luz del día No penetra aún por cierto. Solo se oye el concierto Del melodioso gilguero, O si no, un hormiguero, De cuervos algarabiando, Y en parte quizá ladrando Los perros de algún montero. La inculta y vasta región De la bahía San Lorenzo, Es un valle muy extenso Y aún sin explotación Propio para plantación De cuanto suelan desear Porque no hay otro lugar Del mundo, ni más allá, Mejor que el de Samaná Y Sabana de la Mar. En esa hermosa bahía, En ese mar tan profundo Todos los buques del mundo Pueden fondear sin porfía. Con respecto a pesquería Todas sus aguas serenas, Están repletas o llenas De ricos y grandes peces, Y en donde pescan a veces Las más terribles ballenas. Por eso la muy nombrada Península Samaná.
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ha sido y siempre será De extrangeros codiciada. Por su bahía renombrada Por su terreno excelente, Y por su cabo eminente que es el primer centinela, que divisa toda vela, que se dirige de Oriente. Esta no es la descripción que merece la grandiosa, La rica joya preciosa De quisqueya la Nación. Arenque de otro cajón Por cierto se necesita, Para cosa más bonita Y más elegante ya, Dedicarle a Samaná De Dios la tierra bendita. Amigo BUL, he concluido, Y le envío en la actualidad Esta prueba de amistad Y de aprecio distinguido. Por ahora me despido Saludándolo también Nan Iang de Musié Tusén La quel li di comsá: Compé BUL, adieu Papá! Mon cher, porté-vous bien.
Su amigo y servidor, Santiago, 16 de diciembre de 1895.

¡Suba la güira musié…! y van ocho
Al Presbítero don Angel Rusterucci, Cura de la Parroquia de la Altagracia, y a don Emilio Cordero.

Al recibir una esquela Del cura de la Altagracia, Diciéndome, por desgracia, que hace falta una pajuela Para meter en candela A la calle de la Unión:
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Pasaré con mi tizón, Para verla allí prendida, Alegre y lo más lucida En esta celebración. La candela empezará Sin que la sujete nada, Por la barba tan poblada Del amigo Mañaná; que con eso ya verá Fonso, el español nombrado, A su vecino raspado, Y ya sea por un antojo De echar la suya en remojo Ya tendrá él buen cuidado. Y al ver en su vecindad La candela tan cerquita, Lucas de Castro y Lupita Se afanarán de verdad. Y con mucha actividad Guillermito quinipín, Empuñará su clarín, Conforme dice la ley, Para darle aviso al Rey que se prepare al festín. Y después que al Rey verán Presentarse a la palestra María Jorge la maestra Y las Mercedes Desan, Al momento ya saldrán Con las Tavares de enfrente, A engalanar prontamente Con mil ramos y banderas, El lado de sus aceras Como lo hacen comúnmente. Las señoritas Rosié Plácido e Isabelita, En esta fiesta bonita Los tentará Lucifé. Pues de seguro lo sé Por boca de Emilio Ureña;
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Otro tío, que si empeña Como tiene qué gastar, Al fuego en ese lugar Puede echarle mucha leña. Y lo mismo ya verán En la chispa a Bernabela, Prendiendo cabos de vela Y lámparas con afán, Para ver si su Lorán Esa Altagracia bendita, Se lo afloja, o se lo quita El tornillo que le han puesto, De dos años en arresto Por su desgracia maldita. Ya veremos a la viuda Encarnación afanando, Y miles cosas plantando En su puerta allí sin duda. Otro tanto hará en su ayuda La Pérez Isabelita, Y el Otacilio y Panchita, Ya se sabe por demás que no quedarán atrás En esta fiesta inaudita. El Martínez don José, Aunque anciano ya se halla, Ofrece entrar en batalla Pero no con los de a pié. A caballo, ya se ve, En su sitio allí jefeando Y a los mozos desafiando que salgan todos al frente, A ver un viejo caliente, A caballo figurando. ¿Por qué será vida mía (Como dice Juan Pelú) que está Panchito Monclú Dando brincos de alegría? ¿Por qué será que en el día De esta fiesta tan bonita,
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Veremos allí a Lolita La de Pancho figurando, Y de contentura hablando Como una cotorrita? En la calle de la Unión Cantando más que un gilguero, Se encuentra Emilio Cordero Con bastante animación. Y corno él es un Rogrón De su gente allí vecina, Entre él y Carlos Medina Le han pasado allí una nota, Preparando a la hermosota De la señora Gabina. Frente al Parque dice Juana Y sus hijas igualmente, que allí de su casa al frente Ya verán cosa galana. Pero allí quien más se afana Como más tarde verán, Es el Toño, Sacristán Del Templo de la Altagracia, Porque le sobra la gracia Y que no es un haragán. Dice el Cura Parroquial De Altagracia a sus vecinos, Sean del pueblo o campesinos A todos en general que en este gran festival, Muestren todos gran fervor, que la grandeza mejor Para esta población, Es ver la consagración De su Iglesia superior. Al entusiasta Cortina Casi nada le diremos Pues de seguro sabemos que se lucirá en su esquina. Y hará meter en fajina Al Disla don Emeterio,
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Y este como hombre serio, Ya saldrá con su patrulla Para hacer meter en bulla También a Eugenio Valerio. El Martínez Victoriano, Y Siana su buena Esposa, No son gente lagañosa Para emplear el mejicano. Y es seguro que un galano En su barrio ya lo harán, Y a Juana la obligarán Como es de Siana Sobrina, que adorne también su esquina Y se embulle con afán. Gil Pepín no hará gran cosa Por causa de su billar, Pero queda en su lugar Ana Josefa su esposa. Espléndida y orgullosa Y también media privona, que cualquiera hasta lo abona que lo que es Ana Josefa, No es ninguna mequetrefa Con Gracita la Patrona. La Rodríguez Bernardina Dizque tiene una guitarra, Para volverse chicharra Cantando la mangulina. Y Ciriaca allí en su esquina Con sus dos hijas Toñita Y Lola nadie le quita que han tenido siempre gracia, Para honrar a la Altagracia Con la pompa más bonita. En siendo las Majesú No hay más que pedir de boca, Pues allí cuando les toca Se las lleva Belcebú. Porque anda allí el bambú Galano que cachachea,
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Y si Lilo tirotea Con su revolver marmita, Ave María, Santa Rita! Magnífica anima mea!
Santiago, 14 de enero de 1895.

El cementerio de Hatillo Palma
Señores, hago saber Y por la presente digo, Lo que me escribe el amigo Don Federico Fonder.

que no doy a conocer Con más detalles y calma, Por saber que no hay un alma A quien sea desconocido Este amigo distinguido Viviente en hatillo Palma. Pues el amigo Fonder Me escribe con buen criterio, que un regular cementerio Allí pretenden hacer. Y al efecto suele haber De Fábrica, ya instalada, Una junta muy honrada Bajo cuya dirección, Esa de muertos mansión Será pronto terminada. Y hacemos también saber que lo es por el presente, De esa junta el presidente El referido Fonder. Y el vice lo suele ser El Pérez José Ramón, Y de esa obra en cuestión Tiene la tesorería, El Pérez José María, Digno de tal comisión. De la junta el Secretario Según noticias nos dan, Es el Eusebio Guzmán, Entusiasta extraordinario.
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Y el Fernández Nasario Y el Ortega Bacilicio, Como ya están de oficio Nombrados recaudadores, Ejercen estos señores El más penoso servicio. Porque hay muchos que de boca Suelen decir con encanto, Apúnteme a mí con tanto Sin dificultad muy poca. Pero cuando ya les toca El pico ese aflojar, Al que suele recaudar, hacen dar miles de viajes, Y al fin estos personajes Se quedan sin nada dar. Y eso no es humanitario Ni tampoco regular, Una limosna negar Para bien tan necesario. Y no sólo el vecindario Debe ser contribuyente, Porque puede casualmente Morir allí un forastero, Y su cuerpo hallar, empero, Un hotel lo más decente.11 hay muchos que para gallos Y para juegos de azar, Con placer suelen jugar Cientos de pesos de rayos. Burros, vacas y caballos Y una porción de dineros Botan estos caballeros, Como granitos de arena Y para una obra buena No los hay más pijoteros. Esta importante sección De Hatillo Palma por fin,
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Uno sabe donde nace, pero no sabe dónde muere. Si los cementerios son para todo el mundo, todos deben contribuir de esta obra de bien.

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Cuenta hoy con Guayubín Y aguarda su protección Como de esa población De Montecristy igualmente, Ya tendrá buen contingente, Pues como es Cabecera Del Distrito, mucho espera De toda esa buena gente. Con la mejor intención Esta junta o Sociedad, Pretende con brevedad Abrir una suscrición, De hatillo en esta sección Y en aquellas más cercanas, Pues si todas son hermanas Así es que debe ser, Porque ya es un deber Entre personas cristianas. Según se oye decir Unas tantas señoritas Y señoras infinitas quieren todas contribuir. Y se van a suscribir Con la mejor voluntad, Con una mensualidad Según sea la proporción, De la que tenga intención De hacer esa caridad. Ya la señora Fonder Con diez pesos se anotó, Y con ocho se apuntó La de Núñez don Javier. Y con el mayor placer Para esta obra de bien, La doña Carmen también De Fernández apellido, Cinco pesos ha ofrecido, Y si la atracan da cien. De hatillo la buena gente Como sabe que Lilís,
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ha sido en este País El jefe más complaciente Y amigo muy consecuente Del progreso y adelanto, Para ese camposanto Le pide un enverjadito De hierro y como es chiquito, No le costará ni tanto. que con eso el buen lugar De hatillo Palma tendría, Con más razón todavía A Lilís que recordar. Y el buen nombre perpetuar Del Gran Pacificador, que le ha cabido el honor De engrandecer la Nación, Con paz, progreso, fusión Y el adelanto mejor. Seguros deben estar De hatillo los habitantes, De conseguir cuanto antes Lo que suelen desear. Pues no hay pueblo ni lugar En nuestro país querido, que no hayan merecido Favores del Jefe heró; Pues él no ha dicho que no Jamás al que le ha pedido Esa es la pura verdad; lo dice el público y lo digo yo.
Santiago, 2 de mayo de 1896.

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Santiagueses!

Primer cartucho El Ferrocarril Central se encuentra ya en Las Lavas y el 16 del próximo agosto hará su entrada triunfal en esta ciudad. Así es que no hay más que prepararnos para obsequiar con el más grande entusiasmo a tan digna y bienhechora visita, de la cual dependerá la felicidad de todos. Viva el progreso material e intelectual de la República Dominicana! Viva el Gran Pacificador, verdadero autor del bienestar de la Nación! Viva el muy progresista Ayuntamiento de esta ciudad! Y viva yo, que digo así:

Como es cosa ya formal que muy pronto llegará, E inaugurado será El Ferrocarril Central, Por cierto que es natural No andar con tanta demora, Sino empezar desde ahora A trabajar con ardor, Por la gloria y el honor Del Yaque la gran Señora. Puerto Plata, dicen ya que tomó la delantera, Y de la mejor manera Se preparan por allá. Y nosotros por acá De Eva los desterrados, En vez de estar animados, Porque más nos interesa, Estamos con la cabeza Lo mismo que desyuncados. Los que pueden francamente Meter la cosa en candela, La sangre no se les hiela Por milagro puramente. Pues no se ha visto una gente De más concha y apatía, Como si la férrea vía Fuera cosa baladí, Para inaugurarla así Con cualquiera bobería. El Ilustre Ayuntamiento Como el Comercio también, Ya debían tenerlo a bien hacer algún movimiento.
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Y el Comercio más contento que ninguno debe estar, Y más debe cooperar Para días tan placenteros, Porque ya de los recueros Se va pronto a divorciar. El público está esperando que tomen la iniciativa, Y que haya una Directiva que algo vaya preparando. A menos que estén dejando Con esa tanta demora, que se presente la hora Y oigamos en Gurabito El más simpático pito De alguna locomotora. Para entonces poco a poco Darle fuego al proyectil, A fin que el ferrocarril Nos coja… chipiando en coco. Así es que yo le toco Y le canto desde ahora, Del Yaque a la gran señora Para hacerle un bello halago A su tocaya Santiago La mejor locomotora.
Santiago, mayo 20 de 1896.

Manifestación de la moneda mexicana
Al pueblo dominicano.

Señores, ya voy de ruta Para otra tierra lejana, queda hoy con la batuta La plata Dominicana. hoy me quejo con razón De algunos que me trajeron, Y conmigo consiguieron Una bella posición. Ayer en esta nación Era la dueña absoluta, Pero si ha de haber disputa
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Y más geringa por mí, Como yo no soy de aquí… Señores, ya voy de ruta. El Comercio, que me trajo Y me dio por alto precio, hoy me trata con desprecio Y me mira cabizbajo. Si me coje, es con rebajo, Rabiando y de mala gana; Y como soy mejicana Tan despreciada me miro, que por eso me retiro Para otra tierra lejana. ¡Pobres pesos mejicanos! Después que hicieron milagros, Convirtiendo pollos magros, En muy gordos y muy sanos, Esas almas de gitanos, Los tratan con mano bruta, Y ya, como van de ruta… En santa paz y muy sana, La moneda ciudadana queda hoy con la batuta. Todos esos que importaron Pesetas agujereadas, Desteñidas y rayadas que de otra tierra botaron. Después que al País le echaron La más solemne canana Con esa moneda insana, Ahora le hacen el fó… Pero eso, ya lo acabó La plata dominicana. que bueiban con su basura De plata de por allá!… que agora tenemo acá Una monea muy sigura. Ella… no será muy pura, Pero é dominicana! y como ella é suidadana
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Aquí siempre debe etai, Sin que se la puean llebai Para otra tierra lejana.
Santiago, 27 de octubre de 1897.

El Ferrocarril Central
Al Honorable Ayuntamiento de esta ciudad.

Según un parte oficial que tiene el Ayuntamiento, Damos hoy conocimiento Al público en general, que el Ferrocarril Central De cierto se sabe ya, que inaugurado será A fines del mes entrante; Y que ya en lo adelante, Más demora no tendrá. La fiesta de referencia No será más transferida, Como es cosa bien sabida, que lo ha sido con frecuencia, Pues según correspondencia De Lilís el General, Lo aseguro como tal El Municipio de ésta, Que en junio será la fiesta Del Ferrocarril Central. Y esa tal festividad Mucho me ha hecho mentir; Pero hoy si puedo decir que se cuaja de verdad, Pues sé con seguridad que el Ilustre Ayuntamiento, Ya le dio conocimiento A la Junta de festejo, La cual se halla de viejo En activo movimiento. Y la Junta referida hoy se mueve de verdad, A fin que nuestra Ciudad quede pues lo más lucida,
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Y también muy complacida De fuera la concurrencia, que de toda procedencia Vendrá a gozar con exceso, De la fiesta del progreso Y del bien por excelencia. Y esta culta población Agrícola y comercial, Al Ferrocarril Central honrará con profusión. Y al Jefe de la Nación Con vivas recibiremos, Y bien ya festejaremos Al bienhechor del País, El Gran General Lilís, A quien tanto agradecemos. Y más que nadie Santiago Debe obsequiar lo mejor, Al Gran Pacificador Y hacerle un bonito halago. Pues nunca será bien pago Por nuestro pueblo querido, Todo el bien que ha recibido De Lilís, el grande hombre, que loado sea su nombre Y por siempre bendecido. Mas siendo el iniciador Lilís de tan grande fiesta, A nuestro pueblo le cuesta Comportarse lo mejor. Y el entusiasmo mayor Tenemos que desplegar, Y con ahínco ayudar Al Municipal Concejo, Y a la Junta de Festejo Para todos bien quedar. El que esté aún rezagado Con el piquito ofrecido, Para el festejo aludido Del Ferrocarril citado,
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Antes que le sea cobrado que no se haga el chivo loco, Y afloje ese pico foco que la Junta de Festejo, Si no ha largado el pellejo, Ya no le faltará muy poco. Y comprendan la razón que la junta por sí sola, Imposible que dé bola Si no encuentra protección. Y todos sin distinción Con tal que sean pudientes, Deban ser contribuyentes, Pero nunca faltan ricos, que son peores que los micos Para miserables gentes.
Santiago, mayo 23 de 1897.

Lo laidrone

De la Jurisdicción de Quiminduñe, a Siño Juan Antoño Alí, decimero del Cibao, contetamo lo siguiente:

Siño Juan Antoño Alí, Laidrón que roba a laidrón, En ei tribunai debino Gana cien día de peidón. Con pena y grande pesai hamo bito su cansione, Maitratando lo laidrone que no quieren trabajai. Y uno tiene que robai Pa no dejaise morí, Poique lo rico de aquí Poi do peseta sensilla, No rebientan la cotilla, Siño Juan Antonio Alí. Con una agüita jeibía que no dan poi la mañana, quiere esa gente enumana que uno aguante ai medio día; A la doce la comía, No se jaita ni un ratón; Y como eto diablo son
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Diremo dei memo oficio, Eso no se ñama bisio Laidrón que roba a laidrón. Si uno le coje pretao A ese demonio jambriento, Le cobran siento poi siento Ai cosecho y decontao. Y ei probe que tá apurao, No le quea otro camino, que bucai a la sesino Pa que le ajute ei cuchillo; Pero, qué dirán lo pillo En ei tribunai debino! Pa un enfelí trabajai Con jambre, soi y barato Ma bale meteise a gato, que tenei que rebentai. Si le supieran pagai Con juticia a un probe pión, Y con buena mantención, No se diría que un ratero, que roba a su compañero Gana cien día de peidón. ¡Jutamente! ¡Ay, siño Juan Antonio Alí! Si nuetro Señoi Jesucrito se propusiera daile fin a toitico lo laidrones, casimente ei mundo quedaría bacío.
quiminduñe, junio 10 de 1898.

Felicitación

A mi apreciable Compadre.

Como yo lo aprecio tanto, Compadre del alma mía, Como de año nuevo día Esta coplita le canto, Y le deseo con encanto que el año nuevo le sea Conforme usté lo desea, De contento y bienestar, Y la paz en vuestro hogar Reinando siempre la vea.
Enero 1898.

Su compadre que lo aprecia.
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Felicitación

A mi apreciable Comadre.

Con placer, comadre mía, Su compadre le desea que el año nuevo le sea, De contento y alegría. Y en este dichoso día Le deseo de buena fe, que Jesús, María y José Le den salud y fortuna, Y sin novedad alguna que su casa siempre esté. Es cuanto le desea su compadre.
Enero, 1898.

Los ladrones
El que no siembra no coje; El que cuida siempre tiene, El que no trabaja roba, Porque, ¿con qué se mantiene? Esos que suelen andar De noche como cocuyo, Buscando lo que no es suyo Para poderse llevar, Debían de considerar que el que lo ajeno recoje, Es fácil que un día se moje Si no sigue aquel refrán, que le dijo Dios a Adán: El que no siembre no coje. Todo el que suele afanar Para buscarse la vida, Con el juego y la bebida Nunca debe encompadrar. El que suele trabajar El pan con que se mantiene, Mucho mejor le conviene que lo suyo economice, Porque la razón lo dice: El que cuida siempre tiene.
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El que sabe trabajar Y se duele de lo suyo, Puede siempre con orgullo Con su trabajo gozar. Sin necesidad de andar Arrasando como escoba, Ni causándole joroba A ninguna propiedad, Porque es la pura verdad: El que no trabaja… roba. Por eso los campesinos Dicen que en sus vecindarios, Abundan los perdularios Perturbando a los vecinos. Y que esos hombres dañinos Oficio ninguno tiene, Y como esa plaga viene Por los caminos vagando, Tiene que vivir robando Porque, ¿con qué se mantiene?
Santiago, mayo 2 de 1898.

La fiesta de Las Lagunas

El 24 de los corrientes tendrá lugar la bendición del nuevo Cementerio de “Las Lagunas” en la Estación del Ferrocarril Central Dominicano y para más pormenores diremos:

Señores, un gran festejo Lo habrá sin falta ninguna, En la Estación de Laguna Inmediato a Palmarejo. Y por lo que dicho dejo Me autorizan a decir que allí pueden todos ir Para ver un acto serio, De un famoso Cementerio que tratan de bendecir. Y se puede asegurar que a esa gran festividad, Pasará de esta Ciudad La música militar.
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Como obsequio singular Del señor Gobernador, que ya desean con ardor que la santa bendición De esa fúnebre mansión No carezca de esplendor. Y don Melitón Fonder que preside allí una Junta, Sus pies de cebo se unta Porque le suelen doler. De tanto andar y correr Por cumplir bien con su empleo; Y yo todo eso lo creo, Porque sé que Melitón, Cuando tiene una misión No se vuelve bulla y peo. Y Manuel González, Vice De dicha Junta también, Asegura que no hay quien Los jarretes se los pise. Pues allí cantando dice Al son de tambora y güiro, que no queda mal ni a tiro, Y que si en esta alegría, No queda bien ese día Pide al punto su retiro. Y el buen Mera Sebastián ¿Qué no hará ese amigo fiel, Viendo a su yerno Manuel Metido en tan grande afán? Y más como el viejo Chan Siempre a lo bueno se presta, Y la referida fiesta, honrará su vecindario, ¿qué importa que hasta el Calvario Lleve Chan la cruz a cuesta? Para ese acto divino Del cementerio aludido, Nombrado también ha sido Mister hall como Padrino.
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Pues como allí no hay vecino que al Director principal, Del Ferrocarril Central No le guarde simpatía, Para tan solemne día Lo han nombrado como tal. Los Gómez y los Fermines, Los Almonte y Toribios, Ya se mostrarán bien tibios En esos días de festines. Los Betancourt y Martínez Los Campo y los Silverio, En un acto así tan serio Pajaritos pintarán, Festejando con afán Su famoso Cementerio. Y también los del lugar Como los de otros puntos, que sus muertos o difuntos Allí los han de enterrar; También deben cooperar A esa célebre función, Por deber y obligación Porque allí los que se van, Sus restos reposarán Libres de perro y lechón. Los padrinos y madrinas Del bendito Cementerio, Si son gente de criterio No salgan con gambucinas, Porque de lenguas dañinas Miles habrá reparando, Para salir elogiando A los que se portan bien, Y a los míseros también, Salirlos despellejando. Conque vamos, caballeros Señoras y Señoritas, Por las ánimas benditas Pasemos allí lijeros.
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que dos días muy placenteros Gozando los pasaremos, Y después regresaremos Dándole fresco sin mengua, A esa maldita lengua que por desgracia tenemos.
Santiago 17 de septiembre de 1898.

El 27 de febrero

Al Señor don Rafael de J. Espaillat, hijo del Egregio Patricio don Ulises Francisco Espaillat.

Señores, no hay por ni pero, Sino que con fantasía, Es preciso honrar el día Veintisiete de Febrero. Y tú, pueblo santiaguero, O del Yaque la Señora, Debes recordar ahora También la de Marzo treinta que en la lucha más sangrienta fuiste tú la vencedora. Cuando en tú bella sabana Por cierto se presentó, El insolente Pierró Con su gran falange haitiana Y tú, ciudad espartana, En las orillas del Yaque Le diste tan duro ataque Al atrevido invasor, que fue a llorar su dolor Del lado allá del Masacre. Y tus hijos que en Beler Y en Sabana Larga fueron Los que más se distinguieron Cumpliendo con su deber, Por todo eso ha de ser, En festejar con esmero, Ese gran día de Febrero, Pues de ahí es que dimana La Patria dominicana Y ser libre un pueblo entero!
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Y que no es bueno olvidar Una fecha así tan bella, que a nuestra digna quisqueya Libre la hizo llamar. Y que esto haga recordar A los libres ciudadanos que vivamos como hermanos, Para morir combatiendo Contra los que estén creyendo Fácilmente echarnos mano. Más vale pobres vivir Y ser libres con exceso, que con pie en el pescuezo Llenos de oro lucir. El tiempo no ha de seguir Como está por el presente, Pues cuando pasa realmente De tabaco la cosecha, La cosa se pone estrecha, Pero vuelve floreciente. Conque vamos, santiagueses, Con toda magnificencia La fecha de referencia honremos como otras veces. Para que vean los musieses, Y también el mundo entero, que el patriotismo sincero Del pueblo dominicano Se conserva siempre sano Y por siempre duradero.
Santiago, febrero 27 de 1899.

La Religión y el Estado
Como cantor popular Y como amigo que soy, Del buen Congreso de hoy que no deja que desear; Yo le vengo a suplicar A ese Poder Ilustrado, que se empeñe demasiado
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Para que la Religión, Del Cristo en nuestra Nación No se aparte del Estado. Ya empiezan a respingar Por acá los habitantes, Por las nuevas alarmantes que se oyen circular, De que intentan separar La Religión del Estado, Y que más de un diputado ha presentado moción Respecto a esa cuestión. En el Congreso citado. Por acá el santo clero Parece indudablemente que a esa religiosa gente Le han meneado un avispero. Porque no hay un campanero Monaguillo o monigote que no ande hoy al trote Por los centros y arrabales, Con las protestas curiales que andan jugando al garrote. Las mujeres religiosas hacen votos con exceso, Para que el sabio Congreso Se ocupe hoy de otras cosas. que ya sean más provechosas Y de mayor dimensión, Pero eso de religión Y asuntos del Padre Eterno, No le conviene al Gobierno que toquen esa cuestión. Ese proyecto insensato, No deben de darle paso, Pues sería en todo caso Buscarle tres pies al gato, Y hoy que se ve tan grato Con Jiménez todo el clero, Para evitar pelotero Entre curas y el Estado, Lo más bello y acertado No menear ese avispero.
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que siga la Religión Del que fue crucificado, Siendo siempre del Estado Y también de la Nación. La general opinión Del pueblo dominicano, Y de todo ciudadano De criterio y de valer, Dice que así debe ser Porque el pueblo es soberano. Bien dicho.
Santiago, diciembre 19, 1899.

Entre Lucas y Juan Mejía (Refrán)
Al Señor don Ulises Espaillat, dueño de la espléndida farmacia “La Normal”, calle del Sol No. 61.

Señores, ya si es verdad Que se acerca el fin del mundo, Con este sufrir profundo Y tanta calamidad. Y ahora que la bondad De Dios, Jesús y María, Con cánticos de alegría, Para el cielo se marchó, A los pobres nos dejó Entre Luca y Juan Mejía. “Lucas” son los comerciantes, “Juan Mejía” los campesinos, Que cual fieros asesinos Se trozan esos marchantes, Los que no son habitantes Ni especulan hoy en día, Con frutos ni mercancía, Pagan hoy las consecuencias, De esas grandes divergencias Entre Luca y Juan Mejia. El comercio importador Batalla con más pujanza, Por tener tan buena lanza Como la del labrador.
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El terrible agricultor Le embiste con energía, Al que vende mercancía, Y en pelea con todos entra; Mal está el que se encuentra Entre Luca y Juan Mejía. Los pobres no encuentran brecha En esta crisis malvada, Porque tienen remachada Con siete clavos la mecha. El que nada no cosecha Ni su animalito cría, Ni tiene su bobería, Ese no puede vivir, Porque tiene que morir Entre Luca y Juan Mejía. En tiempos tan infernales Se quejan los artesanos, que ya no mueven sus manos, Por caro los materiales. Y además que en tiempos tales De tristeza y agonía, Por tan grande carestía No hay quien estrene ya, Porque el mundo está Entre Luca y Juan Mejía. Y si es el que tiene oficio O el que vive de su arte, El alma hoy se la parte Sin el menor beneficio. Todo le causa perjuicio, Geringa y majadería Por no encontrar todavía El nivel correspondiente, que existe por el presente Entre Luca y Juan Mejía. Del sueldista no se diga A menos que alguna ganga, Le gotee en la remanga A quien Dios se la bendiga.
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Pues de no el que no figa Y en sueldo solo confía, Lo revienta la heregía, La usura y tanta crueldad, que gozan de inmunidad Entre Luca y Juan Mejía. Pero nada hay que temer Mientras que el grande Lilís, Se encuentre en nuestro país Con las riendas del Poder. Pues el que ha podido hacer O dar con sabiduría, Paz, progreso y garantía, Y de bien así un conjunto, Pronto arreglará ese asunto Entre Luca y Juan Mejía.
Santiago, 26 de abril de 1899.

El ciego de las cocineras
Una cocinera sacaba un buen plato de comida para su amante,
en cuya operación la sorprende la dueña de la casa quien le pregunta: ¿Esa comida? –“Doña, responde aquella, esta comida es para un pobre ciego”. Por eso es que llaman ahora “ciegos” a los amantes de las cocineras y aun al plato que sacan de su cocina, y para más detalles, dice Juan Antonio Alix:

hay muchos ciegos ahora De cuenta de Señoritos, Con una porción de esclavas que los mantienen bonitos. Así hay una porción que viven como unos lores, Porque hacen de los amores Muy buena especulación. Ropa buena, mantención Lavandera y planchadora, Eso encuentra el que enamora Una burra que trabaja: Pues con esa gran ventaja hay muchos ciegos ahora. Y el que tiene una querida Cocinando en casa grande.
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No espere que Dios le mande Fortuna más bendecida. Pues de la mejor comida manjares más esquisitos, Les sacan sus bocaditos Primero que a nadie allí; Porque ellos viven así, De cuenta de Señoritos. Lo que gana en su alquiler, De carga la burriquita, El querido se lo quita Para jugar y beber, Y darle a otra mujer De aquellas que cuecen habas, Pero sin quitar aldabas De sus puertas a holgazanes, que viven como sultanes Con una porción de esclavas. La que tenga así algún tío, Tomando la sopa boba, Con el palo de la escoba que lo espante del bohío; Y a la calle con el lío, que se larguen los cieguitos A freir sus buñuelitos; Y que las dominicanas, No imiten a las haitianas que los mantienen bonitos.
Santiago, 12 de enero de 1899.

Saludo del pueblo santiagués

Al ciudadano Juan I. Jimenes, Presidente de la República, en su visita oficial a esta ciudad. (Al Señor José Ml. Jiménez, Pto. Plata).

¡Salve, Señor Presidente! ¡Salve, ilustre ciudadano! Y un buen estrechón de mano Reciba sinceramente. De toda la buena gente De este pueblo agradecido,
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que tanta honra ha tenido De aquí verle y saludarle, Y un buen arribo desearle Al Jefe más distinguido. Y los buenos que componen La comarca de Santiago, Al dedicarle este halago A sus órdenes se ponen; Pues todos ya se disponen A ofrecerle su amistad, Y ayudarle con lealtad A conducir la Nación, A punto de salvación Con toda felicidad. Y al darla, la bienvenida, Este pueblo santiagués, No abriga otro interés que darle buena acogida, Y quedar lo más lucida Del Yaque la Soberana, Con el hombre que se afana, En que el bienestar avance, Y salvan a todo trance La Patria dominicana. Y en todas estas regiones, Las comarcas cibaeñas, Con fiestas muy halagüeñas Lo colmarán de atenciones. Y sinceras impresiones Recojerá por doquiera, Porque todo el mundo espera que con vuestra autoridad, No muere la libertad Y el país se regenera. Santiago hoy le desea Mucho goce en esta fiesta, Y que su estada en ésta Muy provechosa le sea, Y que claramente vea que este gran Departamento,
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Se encuentra lo más contento Con el buen Jefe de Estado Y con su Gobierno honrado Ancora de salvamento. En fin, Señor Presidente! Estas coplas concluirán Deseándole a Don Juan El patricio consecuente, Una salud permanente, Larga vida y mucho tino, Para guiar por buen camino A la aflijida Nación que con tan noble intención La dirije a buen destino.
Santiago, agosto 8 de 1900.

A mis compueblanos

A la Compañía Inglesa que trata de construir el acueducto de esta Ciudad, tengo la honra de dedicar este humildísimo trabajo.

Señores, por la presente Diré que sin dilación, Tendrá esta población Un acueducto excelente. Pues se trata seriamente Y con mucha actividad, De darle a esta ciudad Sin pérdida de momento, Ese grandioso elemento De tanta necesidad. Pues el Yaque aunque pasa Besando nuestra ciudad, Es mayor comodidad Cada cual tenerlo en casa; Y tomar el agua en masa Para beber y fregar, Bañarse y también lavar De madera todo piso, Y lavar, si es preciso, La ropa en el mismo hogar.
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Para incendio, no se diga, Pues con agua suficiente, Se combate prontamente Con mucho menos fatiga. Y evitándose que siga En más grande proporción; Pues cualquiera habitación Teniendo su pluma de agua, La casa aunque sea de yagua Encuentra su salvación. Y los que tengan sembrados, En los tiempos de sequía, Tendrán agua en demasía Para verlos inundados. Y en los patios y cercados El que tenga su animal, No le será ni tan mal Darle agua en abundancia Por una insignificancia que se pagará mensual. Y lo mismo todo dueño De alambique, gozará, Pues agua siempre tendrá Sin mucho costo ni empeño. Y también lo más risueño Por siempre tendrá que estar, Todo dueño de telar; Y bastante economía, Para la mampostería El que quiera fabricar. Y ese polvo maldecido Desgracia de esta Ciudad, Tendrá con seguridad que ser pronto combatido. Porque ya es bien sabido, que las calles cada día, En los tiempos de sequía Muy bien se podrán regar, Para uno descansar De tan terrible agonía.
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Y también los desdichados hijos de esta población, Ya saldrán de una porción De chicos desvergonzados, Insolentes y malcriados Que en vez de tener oficio, De mucho más beneficio, Se dedican a aguadores, Y de ahí a malhechores Sin el menor sacrificio. Una compañía inglesa De bastante capital, Sin pedirle a nadie un real Se hará cargo de la empresa. Y con mucha ligereza Darnos acueducto trata, Como el que ya no dilata En entregar por momento Al Ilustre Ayuntamiento De la culta Puerto Plata. Un entendido ingeniero De la dicha compañía, Con Bogard, que es sin porfía, Otro hábil caballero. han pasado al Saltadero, De San Francisco nombrado, Arroyo que está situado Al norte de esta Ciudad, Y con gran facilidad, Puede ser bien explotado. El señor Ramón Imbert Intérprete hoy en día, De esa rica compañía También le cupo el placer, De pasar también a ver El referido lugar, Y tan supo analizar El agua de San Francisco, que se quedó medio bizco Por tan buena resultar.
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Don Beningno Díaz y yo Pasamos allí también, Pero que se entienda bien que como ingenieros no; Pues Bogard nos invitó Nada más como mirones, Pero en aquellas regiones Benigno como es condueño En algo sacó de empeño Con varias indicaciones. Y después de terminar Esa gente su trabajo, El buen Benigno nos trajo A su casa a descansar, Y nos dieron de almorzar Con tantísima abundancia, que así digo con jactancia que no fue mejor la mesa, De una casa francesa A los alcaldes de Francia.
Santiago, noviembre 19, 1900.

Lilís en la puerta de la Iglesia Mayor
Donde fue sepultado y en donde dicen sale penando.

En la puerta de la Iglesia Dicen que sale Lilís, Preguntándole al que pasa Cómo se encuentra el País. Y una vieja que lo vio Le dijo a ese condenado, “El país que tú has matado Y en tus manos se arruinó, Un buen gobierno encontró que la gente buena aprecia, Pero nunca lo desprecia, Como a tu maldito mando, que por eso estás penando En la puerta de la Iglesia”. “Ahora no hay bancarrota Ni mamerum sempiterno, Porque hoy figura un gobierno
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honrado, noble y patriota. Ya nadie coje ni bota Ni un solo maravedí” La vieja le dijo así, Pero hay también testigos, que llamando a sus amigos ‘“Dicen que sale Lilí. “Ya no se dan concesiones, Privilegios ni franquicias, Ni se tratan con caricias A los empleados ladrones. Ni libres importaciones No recibe nadie en masa, Ni hay de comercio casa Que sacrifique al Estado, Ni hay un diablo condenado Preguntándole al que pasa”. “A nadie ya se castiga Como tú cuando eras rey, que pisoteabas la ley En obsequio de la intriga. Por capricho no hay quien diga que hoy padece un infeliz, Porque ya no es un Lilís El que se halla en el poder; Con que ya tú puedes ver Cómo se encuentra el País”. qué diablo de vieja!…
Santiago 19 de marzo de 1900.

Consejo de una abuela a su nieta
Tú no vayas, nieta mía Eso me dijo mi abuela, A esos bailes de disfraz que te muerde la culebra.

En estas fiestas mundanas, Ya no van pollitas finas, Sino como yo, gallinas De… poner con almorranas. Y al no ir pollas galanas A esos bailes hoy en día De disfraz o porquería, Si no quieres ver tu quiebra,
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A bailar esa culebra12 Tú no vayas, nieta mía. Como ahora hay libertad, No quedó cuero pelado, que no se haya merengueado En esta festividad. Pues se vio en realidad que en siendo gente de espuela, Todita cojió candela En esos bailes muy bien, Y como ella fue también Eso me dijo mi abuela. Allí bailaban muy bien Olorosas mascaritas, Pero también infinitas Con un bajo a comején. Y miles había también Más malas que Barrabás; que por eso y algo más, Te lo vuelvo a repetir, Nunca se te antoje ir A esos bailes de disfraz. Como yo soy medio bruja Y de chispa una escopeta, Aunque me ponga careta Yo soy gallina papuja. Pero tú que eres aguja que no has conocido hebra, Ni borracha con ginebra Tú no vayas, Eliodora, A esos bailes de ahora que te muerde la culebra.
Santiago, 28 de febrero de 1900.

La buena vida del gato

A mis queridos nietos Mercedes, Juan, Octavio, y Miguel Angel Goico; Graciela, Rafael, Mercedes y José Tomás Benedicto; María y Teresa Bonilla.

La vida, que pasa el gato Cualquiera la envidiaría
12

La Culebra, Danza muy tibia del buen compositor Don Nicanor Espinal.

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El día lo pasa durmiendo Y de noche en correría. Cuando un gato se enamora Para entrar en relaciones, Empieza a cantar canciones De la noche a toda hora. Y así que le canta y llora A su novia largo rato, Entra sin pagar barato En relación amorosa; Conque, miren si es dichosa La vida que pasa el gato. Cuando son gatos ladrones De pollos y de gallinas, Con esas comidas finas No piensan en los ratones Y así viven, como dones De alta categoría; Y como no hay policía Ni juez que les dé mal trato, La suerte que tiene el gato Cualquiera la envidiaría. Un gato muy consentido Duerme tranquilo y risueño En la cama de su dueño Como un niñito querido. Rompe todo y hace ruido Sin andar nada temiendo; Y cuando no está corriendo O con algo retozando, Y en rincones escarbando El día lo pasa durmiendo. El trabajo nada más Del gato es arar la tierra, Porque en ella es que entierra Lo que bota por atrás. Pues no se olvida jamás De enterrar su bobería… Pero lo que es en el día Cuando no está comiendo, Así lo pasa, durmiendo, Y de noche, en correría.
Santiago, noviembre de 1900.

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Por súplica

De un millón de jugadores doy a luz la presente glosa.

A los pobres jugadores Los tienen dando alarido Como pájaros culecos que les han quemado el nido. La ley que prohíbe el juego. Pudiera ser más legal, Si ella fuera general Para todos desde luego. Pero como dice un ciego Que ciertos grandes señores, Juegan plata como lores Sin que nadie los persiga, Porque solo se castiga A los pobres jugadores. Si el juego no es conveniente Porque es un vicio ruinoso, No lo es también peligroso El vicio del aguardiente? Y mientras la ley consiente Ese licor maldecido, Autor que por siempre ha sido De los crímenes mayores A los pobres jugadores Los tienen dando alarido. La ley que el Gobierno dio Bajo todo punto es buena, Pero lo que causa pena que unos jueguen y otros no. Y esto no lo digo yo que nos echan grandes tecos Y que los hijos de Becos,13 No puedan tirar sus dados Porque los tienen echados Como pájaros culecos. Y no puede ser justicia que unos puedan jugar, Con esa misma franquicia. Y otros no puedan gozar
13

Refrán.

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Pero como la injusticia Siempre, siempre se ha lucido Con el pobre desvalido, Ahora se oyen los clamores de los pobres jugadores que les han quemado el nido. Cuando la ley es para todos, para todos debe ser.
Santiago, noviembre 15, 1900.

Remisión de tinajas, jarros y ollas de barro14
Con gusto, prima María, Le envío dos tinajitas, Dos jarros y dos ollitas, que aunque humilde regalía, Puede ser de que algún día De hielo allá se carezca, Y en caso que se le ofrezca Con las tinajas de barro Y con ese par de jarro, Ya tomará agua fresca. Y sepa, prima María, que ese par de tinajitas, Son gemelas hermanitas Nombradas, una Lucía Y la otra Rosalía; Lo mismo el par de jarrito, Uno se llama Mundito, Y el otro Juan Cuasimodo, Pero que el público todo Lo titula Juaniquito. La tinajita Lucía Tiene amores con Mundito, Y lo mismo Juaniquito Los tiene con Rosalía; Por eso bueno sería Andar con mucha cautela, Y vivir por siempre en vela, Porque no deben estar,
14

Dedicado por el autor, a su prima Doña María Teresa Julia; de Puerto Plata.

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JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMO I

Muy juntos en un lugar La pólvora y la candela. Con la mejor voluntad Le remito las ollitas, Porque son dos señoritas De bastante utilidad Y de gran necesidad, que no se puede negar: Pues en Roma ante un altar Dijo el Cardenal Rampolla, que no hay como una olla De barro para guisar. También dicen que a Pizarro Conquistador del Perú Le guisaron un cucú En una olla de barro. Y el navegante bizarro Tan sabroso lo encontró, que ni un huesito dejó De aquel guiso delicado, que al darlo por terminado Los dedos se los chupó. No mire, prima María, El regalo de su primo, Lo hago porque la estimo Y le guardo simpatía. Y esta humilde regalía Es también con el intento, De tener conocimiento que a Ud., quien la complace Y algún cariño le hace, Ya tiene a Puente contento. Y estos son los deseos de su primo y amigo. Juan A. Alix
Santiago, 22 de noviembre, 1902.

A los que les cae la chupa que se la pongan
Al valiente y muy liberal Don Carlos Morales, Gobernador de Puerto Plata.

Parece que suele haber Todavía tan mala gente,
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que por gusto solamente Más sangre quisiera ver, De la que ha corrido ayer; Pues no falta quien desea que haya guerra y más pelea Por deseos de ciertos nenes, que a la fuerza sea Jimenes El dueño de La hicotea. Pero puede ser que no Sea todo lo que pretenden Porque ellos mismos comprenden que Jimenes renunció, Y él mismo fue que apoyó A Wos y Gil y Deschamps, Y unidos los tres están De la mejor buena fe, Y los tres como se ve Por la Patria mucho harán. Lo que hay que a cierta gente Ya la paz no le conviene, Ni mucha cuenta le tiene El vivir tranquilamente; Porque la paz no consiente que el País se vuelva escombro, Ni hace ver con tanto asombro A millares de holgazanes, Cometiendo mil desmanes Con la carabina al hombro. Ni la paz, como es tan buena No permite que en cantones, Engorden los mamalones Con chivos y vaca ajena. Ni consiente a gente llena De salud y lozanía, Tirándose cada día Algunos mangos bajitos De varios dólares mansitos que no es una tontería. Y es bueno de ir tratando De ver si la paz impera,
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que vivir de esa manera Continuamente luchando Y a la nación acabando Con guerras encarnizadas, Como han sido las pasadas Terribles y desastrosas, Por cierto que no son cosas De gentes civilizadas. Démosle tiempo sobrado Al Gobierno superior, Para que pueda mejor Ocuparse del Estado, Y ver todo encarrilado, que es lo que más se desea, Y olvidar la inicua idea, De vivir continuamente Desgarrándose la gente De la manera más fea. El Gobierno Gil Deschamps Se compone de hombres buenos, Y de patriotismo llenos Como pruebas dando están que se empeñan con afán De su cumplimiento fiel, Los Ministros Despradel, Brache, Deetjen y Polín Como los demás en fin Ministros que están con él. Por eso, ¿qué más se quiere? ¿qué diablo más se desea? Para que el País se vea Como el orden lo requiere. Y es bueno que el pueblo espere Lleno de fe y confianza Y abrigando la esperanza que tanto Gil y Deschamps, A la Patria colmarán De gloria, paz y bonanza.
Santiago, 19 de junio de 1903.

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Juramento constitucional

De los Ciudadanos Generales Alejandro W. y Gil y Eugenio Deschamps, para Presidente y Vice-Presidente de la República Al General Hermógenes García, Gobernador civil y militar de la Provincia de La Vega.

hoy es el día señalado Por la ley fundamental, El juramento legal De aquellos que han designado. Como Jefes del Estado Para guiar a la Nación Con una administración Patriótica sumamente, Como es de un buen presidente La puntual obligación. Y hoy también debían jurar Todos los dominicanos, Vivir siempre como hermanos Sin pleitos qué lamentar. Y al Gobierno no estorbar La marcha de todo plan Político, y con afán, Mantener la paz que alienta, Para que dé buena cuenta El Gobierno Gil-Deschamps. Pues tanto Gil y Deschamps Como muy capaces son Y patriotas sin baldón Al país levantarán Y ya lo redimirán Del progreso por la vía; Y el crédito y garantía, Del país en general Lo conservarán cabal habiendo buena armonía. Porque ya es de rigor que el pueblo dominicano, Sea más cuerdo y más humano Y piense mucho mejor, Sin causar ya más horror Con la guerra fratricida,
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JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMO I

Para conservar la vida Y los bienes cada cual; Más la honra nacional Cuasimente ya perdida. Dejemos ya descansar Esta tierra infortunada, que está la pobre, extenuada De miseria y malestar. Y demos tiempo y lugar Al Gobierno para hacer, A la Nación florecer, Sin obligarlo realmente A luchar continuamente Por no dejarse caer. Así, en tan fausto día Roguemos al Padre Eterno que colme al nuevo Gobierno De luz, paz, Sabiduría. Y que la buena armonía Jamás sea interrumpida Para conservar la vida Y sus bienes cada cual, Más la honra nacional Cuasimente ya perdida. Ya no hay más que convenir Y ver detenidamente, que con la paz solamente Es que podemos vivir. Para poder conseguir Del País el bienestar, Y al mismo tiempo cuidar que vengan blancos de fuera, Pero de mala manera A querer intermediar. Los ingleses, ya lo dicen que se les da tres chichones que las pequeñas naciones De América se destricen. Para que las fiscalicen, Los yanquis americanos,
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Así, queridos hermanos Al movimiento más chico, Pueden bien cojer su pico Los pobres dominicanos.
Santiago, 1 de agosto de 1903.

Los mangos bajitos15
Dice don Martín Garata, Persona de alto rango, que le gusta mucho el mango Porque es una fruta grata. Pero treparse en la mata Y verse en los cogollitos, Y en aprietos infinitos… Como eso es tan peligroso, El encuentra más sabroso Coger los mangos bajitos. Don Martín dice también que le gusta la castaña, Pero cuando mano extraña La saca de la sartén, Y que se la pelen bien Con todos los requisitos; Pero arderse los deditos Metiéndolos en la flama, Eso sí que no se llama Coger los mangos bajitos. Por eso la suerte ingrata De la Patria no mejora Porque muchos son ahora Como don Martín Garata. que quieren meterse en plata Ganando cuartos mansitos Con monopolios bonitos, Con chivos o contrabando, O así, de cuenta de mando, Coger los mangos bajitos. Cuando hay revolución Maña es la más antigua, Despachar a la manigua,
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Dedicado por su autor al antiguo Listín Diario.

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JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMO I

De brutos a una porción. que al mandarlos algún don, Ya se marchan derechitos, Y los dones quietecitos Cada cual queda en su casa. Para cuando todo pasa, Coger los mangos bajitos. Cuando el toro está plantado, Se verán miles toreros, Allí en los burladeros Con el pitirrio apretado. Cuando el toro otro ha matado Al punto salen toditos, Echando vivas a gritos Y a empuñar buenos empleos, que son todos sus deseos Coger los mangos bajitos. Dejen ya la maña vieja De mandar al monte gente, para tumbar presidente Sin dar motivos de queja; que la prudencia aconseja, que vivamos tranquilitos, Como buenos hermanitos, que mucha sangre ha costado Y la ruina del Estado Coger los mangos bajitos. Y que vean lo que ha costado La tumba de dos poderes, que han muerto miles de seres que la tierra se ha tragado. Cuántas viudas no han quedado, Y huérfanos infinitos! Cuántas miserias y gritos! Y cuánta sangre correr!… Por unos cuantos querer Coger los mangos bajitos. Ahora lo que han de hacer Echarlo todo al olvido, Y al Presidente elegido Ayudarlo a sostener. Y evitar que vuelva a haber
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Más viudas y huerfanitos, Más crímenes y delitos Y lárguense a trabajar, Los que quieren, SIN SUDAR, Coger los mangos bajitos.
Santiago, mayo 18 de 1903.

Un muchacho que se lo llevó el diablo
En una sección de Moca El diablo se ha presentado, Y a un muchacho se ha llevado Dejando a su madre loca; Por insolencia no poca, Con la madre que le dio El ser, y lo sustentó Con sus pechos, cuando niño, Y con el mayor cariño, Tanto que lo acarició. Así lo suelen contar: “Que aquella madre aflijida No tenía un día comida A su familia qué dar; Y un pollo pudo matar De su hijo, y lo guisó, Y el ingrato, cuando vio que era suyo el pollo muerto, Cuantas aves vio por cierto De su madre las mató”. Y por eso aquella fiera A su madre la insultó, Y al respeto le faltó Pero de mala manera. Y todo por la friolera De un pollito miserioso; Cuando bueno y generoso Debe un hijo siempre ser, Con el hombre y la mujer que le han dado el ser dichoso. Por tan criminal acción La madre así lo maldijo:
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JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMO I

“Espero que el diablo, hijo, Te lleve sin dilación”. La maternal maldición Pronto se cumplió por cierto, Pues a poco en un desierto Al hijo desventurado, Con el cuerpo ensangrentado Allí lo encontraron muerto. Pero lo más sorprendente Fue que al irlo a enterrar, Los que lo solían cargar Notaron completamente. que el cadáver cuasimente Apenas nada pesaba; Pero quién se figuraba El más tremendo misterio, que al llegar al cementerio ¡El difunto allí no estaba! La gente salió al momento huyendo del campo santo, Llena de terror y espanto Y un temblor el más violento. ¿Con tal acontecimiento quién demonio se paraba Cuando todo el mundo daba Un ojo por un boquete, Y salir como un cohete Del aprieto en que se hallaba? Todo el mundo ha opinado Con sano criterio y calma que al muchacho en cuerpo y alma El diablo se lo ha llevado, Por miserable y malcriado con su madre cariñosa, Cuando no hay otra cosa En la vida que más cuadre, Como es el amor de madre; De un hilo bueno la diosa. El hijo desobediente Con sus padres y malcriado,
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Extraño no es demasiado que el diablo se le presente, Y todo hijo insolente Sujétese bien la boca, Para ver si no le toca La suerte del hijo aquél, que el diablo cargó con él En un campo allá de Moca.
Santiago, septiembre de 1903.

El Jockey Club santiagués
Con gusto daré razón Y su fama la propago, De un baile en el Club Santiago que ha llamado la atención. Por su grande animación, Y concurrencia igualmente; Tanto que, perfectamente El Jockey Club se lució, Con su gran baile que dio El veintitrés del corriente. En el local espacioso Del Club Santiago nombrado, Bellamente iluminado Y un adorno muy lujoso, Un concurso numeroso De personas distinguidas Lujosamente vestidas honraban aquel salón, Y a esta digna población Con verse allí reunida. Ochenta damas había Y cuasi todas pollitas, Elegantes y bonitas Como la estrella del día, Y niñas que todavía Ni a quince suelen llegar, Y los que solían bailar Con ellas cuasi pollones,

Y su espléndido baile del 23 de los corrientes.

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JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMO I

De puntica o de botones que ahora empiezan a cantar. Además de las pollonas que tanto resplandecían, Su pico también cogían Unas cuantas muchachas, que aunque no tan mozetonas De baile en cualquier salón, Llaman siempre la atención Como antiguas veteranas; Complacientes y muy llanas Y que bailadoras son. Los jóvenes maduritos También hacían sus figuras, Entre tan bellas criaturas, Como entre tantos pollitos Elegantes y bonitos que honraban aquel salón. Colmando allí de atención Y de tratos muy decentes, A todos los concurrentes Sin andar con distinción. En todo departamento Incluso la galería Tantísima gente había que se escaseaba el asiento; Pero nunca más contento, Ni tanta satisfacción; Y que a pesar de un millón De licores como hubo, Siempre el orden se mantuvo Sin ninguna alteración. Señoras y señoritas que ocupaban aposentos, Y otros departamentos Se han obsequiado a toditas, que el dulce, que las copitas, A menudo les brindaban, Y de todos se acordaban,
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Con la mayor complacencia, Y con la mayor decencia A todo el mundo obsequiaban. El pavo que suele hacer siempre en bailes su figura, Ni siquiera en miniatura Pudo allí, aparecer. Pavo no podían comer Las que en el salón estaban, Porque muy listos andaban Allí los comisionados; Pues debido a sus cuidados Sentada a nadie dejaban La orquesta bien se lució En esa dichosa noche, De gusto haciendo derroche Por lo bien que ejecutó; Todo lo que se brindó En ese baile afamado, Todo ha sido delicado, O riquísimo, diremos; Como que también sabemos que allí de todo ha sobrado. Esta corta descripción Satisfactoria me es, Al Jockey Club Santiagués Dedicarla en atención, De su verdadera acción De cultura y de adelanto; Deseándole por tanto Con toda sinceridad, Años de felicidad Y un porvenir de encanto.
Santiago, 29 de agosto de 1903.

Un buen consejo a los campesinos de la República
Dedicada al General Miguel Febles, Ministro de lo Interior y Policía del Gobierno Provisional.

Del campo a todo habitante Como soy gallo viejo,
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JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMO I

En coplas un buen consejo Le doy para que lo cante. Y lo observe en lo adelante De Dios como una sentencia; Y es que nadie su existencia La debe sacrificar, Porque otro vaya a gozar De la mejor conveniencia. Los honrados campesinos Cuando hay revoluciones, Para mantener cantones Ellos son los paganinos. Porque los hombres dañinos Como no tienen qué hacer Sino jugar y beber Las revueltas les agrada, Pues como no tienen nada Nada tienen qué perder. Pero el hombre que trabaja Y de alguna posición, Meterse en revolución… Bien merece una mortaja. Pues ¿qué diablo de ventaja Sacará ese maldecido, Con asunto de partido Si después que el pleito pasa, Si acaso, vuelve a su casa, Todo lo encuentra perdido? Así es que un campesino No debe politiquear, Porque nunca ha de alcanzar Un lucrativo destino. Lo que encuentra es el camino De su trabajo perder. Pues tiene que mantener Los cantones con su crianza, Y también con su labranza Para nada merecer. No hay duda, los de levitas Y muchos grandes señores,
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Siempre han sido los autores De las revueltas malditas. Y desgracias infinitas Por sus muchas pretensiones A los empleos y galones; Pero eso sería pamplina, Si la gente campesina No consintiera cantones. Por eso en cada sección De nuestros campos debían, Los que trabajan y crían Formar una asociación. Para que ningún cantón Se establezca en el lugar; Como también denunciar A todo propagandista, que vaya en son de conquista A quererlos perturbar. El Ministro de la Guerra Polín, nuestro compueblano, Y el Jefe el más veterano Muy buena intención encierra. Pues ha venido a esta tierra Cibaeña a armonizar, Y a todos unificar Para que la paz impere, Y todo el mundo prospere Por medio del bienestar. Pronto llegará el momento que Alejandro Wos y Gil Entre aclamaciones mil Ya prestará juramento, Y como hombre de talento, De honor y sabiduría Y de mucha valentía. El salvará a la Nación Es decir, habiendo unión, Vergüenza, paz y armonía.
Santiago, julio 9 de 1903.

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Certamen industrial

Dedicado por la Sociedad “Liceo del Yaque” al aniversario del veintisiete de febrero. Al Ilustre Ayuntamiento y a la Sociedad “Liceo del Yaque”.

En decir hoy me adelanto, Pero así, sinceramente, que no me creo competente Para dedicarle un canto. Al acto más sacrosanto De progreso verdadero, Con que el pueblo Santiaguero Se ha dignado festejar, Y por siempre perpetuar El Veintisiete Febrero. Pero al fin por complacer De unos cuantos la exigencia, Y no con indiferencia Tan sublime obra ver. Algo he tenido que hacer Como cantor popular, Por no poderle negar Estas coplitas de aliento, A un nuevo acontecimiento El más digno de admirar. Así es, que me refiero Al “Certamen Industrial”, Delicado al festival Del “Veintisiete Febrero”, Donde el laborioso obrero Con grata satisfacción, ha puesto en exhibición Su trabajo delicado, Para verlo allí premiado Por su magna condición. Al mundo entero ha cojido De susto, mil novedades, Y tantas curiosidades que ahora se han exhibido. Del Certamen aludido La importancia es sin igual,
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Pues la opinión general Completamente ignoraba, que nuestra tierra abrigaba Tanta gloria nacional. El Certamen francamente hizo salir de casillas, Un sin fin de maravillas que estaban hasta el presente, Ocultas completamente; Pero no hay que negar, que esa obra singular, Se debe al buen deseo, De la Sociedad Liceo Del Yaque en este lugar. Porque ella ha sido la autora Del Certamen Industrial, Y la dueña principal De esa obra bienhechora, Y muy civilizadora, Pues con gusto y mil amores, Cientos de expositores, Todos han depositado, En el Certamen citado Las obras más superiores. La maquinita a vapor, Del joven David de Lora Tanto admira como azora Al más sabio expectador, Y más, a quien al Señor David suele conocer, que no ha tenido el placer De salir al extranjero, Ni estudio para ingeniero Ninguno suele tener. Los sombreros guraberos De cana, se han lucido, Pues de cierto han recibido Los elogios más sinceros. Y también otros sombreros del lugar de “San José’’,
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Pues todo el que allí los ve Se admira de ver aquello, Porque es un trabajo bello De paja de malcoté. Lo que a todos admiró Y ha tenido mucho eco, Es el curioso muñeco Del Señor Julio Tió. que en Jaibón lo fabricó Y ha llamado la atención Con muy sobrada razón Del concurso numeroso Por ser lo más ingenioso El muñeco de Jaibón. Labores hay infinitas Admirables y curiosas, Y en centenares de cosas Pero a cual más exquisitas que no pueden ser descritas En tan corta relación Ni tengo la pretensión De llegar donde no puedo, Así es que aquí me quedo Del lector con el perdón. Pero no han de fallar Mil plumas autorizadas, que noticias detalladas Ya podrán suministrar. De esa obra singular Puesta en ejecución, Por tan noble asociación Liceo del Yaque bendita, que la Patria hoy felicita Con todo su corazón. La junta Organizadora Del Certamen referido, Grandemente se ha lucido Con su obra encantadora. Y el público no lo ignora, que esta Junta meritoria,
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ha puesto en ejecutoria La energía más admirable, Y un esfuerzo imponderable hasta cubrirse de gloria.
Santiago, 5 de marzo de 1903.

De quién es la hicotea

A mi amigo Julio Saleta Santiago.

En una honda laguna Un pescador zabulló, Y una hicotea paseó Por una buena fortuna. Pero sin demora alguna La hicotea otro desea, Y quiere que suya sea Porque a él se le escapó; Así es que no sé yo De quién es la jicotea. La mitad del mundo entero Dice que según parece La hicotea le pertenece A don Juan el caballero, que fue su dueño primero; Pero al perder su tarea Por aquella acción tan fea Del veinticinco de Abril; que diga Alejandro Gil De quién es la jicotea. Del mundo la otra mitad Así lo proclama a grito, que le toca a Alejandrito La hicotea en propiedad. Porque él fue en realidad El que rompió la manea De trillos, y en la pelea La gloria también le cabe; Así es que nadie sabe De quién es la jicotea. Como el amigo Deschamps De méritos no carece,
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La hicotea le pertenece Como a Alejandro y don Juan. Porque él ha sido el titán, Más terrible con la idea, Y donde su voz emplea Produce de luz un foco; Pero él no sabe tampoco De quién es la jicotea. El hombre que el pueblo elija Para guiar a la Nación A punto de salvación, Dejarlo que la dirija. Sin apretón de clavija, Sin repingos ni pelea, Para que más no se vea Correr la sangre a torrente, Ni pregunte más la gente De quién es la jicotea. Pidamos todos ufanos Al cielo misericordia, Porque reine la concordia Y paz entre los cristianos. que todos somos hermanos Y el País que bambolea, Lo que ahora más desea que no lo dejen caer, que vale más que saber De quién es la jicotea.
Santiago, mayo 7 de 1903.

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Este segundo volumen de las décimas de Juan Antonio Alix, completa la selección realizada por el escritor Dr. Joaquín Balaguer, quien ha prologado la obra, la cual se edita como un homenaje póstumo al gran poeta popular. Los trabajos y afanes de todos los que han contribuido a la presentación de estos volúmenes, constituyen el mejor estímulo para los editores, interesados siempre en coadyuvar a la divulgación de la cultura dominicana y al enriquecimiento de la bibliografía nacional.

Proemio

Tomo II

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Al público

Lo que ha pasado en la Otra Banda del Yaque el día 7 del presente mes.

Ya que el público lo manda Diremos por la presente, que el día siete del corriente Por la noche, en Otra Banda De pilluelos una tanda Y de armamento provista, Después de pasar revista A siete chivos robados, Dieron muerte los malvados Al pedáneo Juan Batista. Los pillos un burro prieto Listo de un todo llevaron, Y de carne lo cargaron Sin desollar por completo. Batista, bello sujeto, Y Alcalde de la Sección, Por cumplir su obligación Y sus bienes defender, Vino el pobre a perecer A las manos de un ladrón. Dicen que fue acompañado De dos o tres compañeros, que se mandaron ligeros Cuando Juanico ha goteado. Y que un joven buen soldado Lelo Marte, el muy valiente, quien venció a los bandidos, Dejó allí a dos heridos Y un prisionero igualmente. Según cuentan los vecinos De Otra Banda y más lugares, Dizque pasan de millares Los chivos y los cochinos, Y ovejos, que esos dañinos Por todas partes cogían, Y los cueros no vendían En bruto los malhechores, Pues, como son curtidores, Ellos mismos los curtían.
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También suelen declarar Vecinos de Rafael, que en todo el lugar aquel No se oye un chivo berrear, Ni un ovejito balar Ni otras clases de animales, Porque los pilluelos tales haciendo de carne líos, han dejado allí vacíos Los chiqueros y corrales. hoy se encuentra en el Juzgado De Instrucción el burro prieto, El que vino bien repleto De chivos muertos cargado, Con el cuero aún pegado; Pues dicen que los chiveros Por querer andar ligeros Nada más los degollaban, Y el mondongo lo dejaban En los mismos mataderos. Del pueblo la mayoría Deseaba que los malvados Fueran todos fusilados, que de ejemplo serviría. Y la Autoridad quería Al público complacer, Pero que por atender A unos cuantos consejeros, hoy se encuentran los chiveros De la Justicia en poder. Esta corta relación Con gusto he publicado, Porque me lo ha suplicado Entera esta población. Para con más atención que obren los tribunales, Y se empeñen los fiscales En emplear más energía, Para darle garantía A la crianza de animales.
Santiago, agosto 10 de 1903

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Al Gobierno Provisional de la República, Santiago
Como cantor nacional Yo no puedo prescindir, De marchar o de seguir A la opinión general. Por eso es muy natural Cantar lo que ella desea: que para evitar pelea O no más guerra civil, Le diga a Alejandro Gil: Afloja la jicotea. De Alejandro siempre he sido Amigo particular, Y no lo puedo negar que le estoy agradecido; Y como amigo querido Este amigo le desea, que en salvamento se vea; Y si de cerca le viera Lo abrazaría y le dijera: Afloja la jicotea. Si el País entero ya Desconoce tu poder, No hagas la sangre correr que hasta Dios se enojará. Vete, que tú volverás Cuando en paz todo se vea. A tu Patria que desea que no haya más bancarrota; Conque, si eres buen patriota: Afloja la jicotea. Cantando estoy como un grillo Sin a nadie maltratar, Sin subir ni arrempujar A partido ni a caudillo. Ni canto por darle brillo Ni al Jesús de Galilea, Canto con la buena idea, De lo que mejor conviene, Y decirle al que la tiene: Afloja la jicotea.
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A ninguno adularé Con atronadores vivas, Y ni con flores ni olivas A nadie coronaré. A la paz le cantaré Y a la Unión que hoy campea; Esa es toda mi tarea, Evitar guerra civil, Diciéndole a Woss y Gil: Afloja la jicotea. El País por el momento Poco a poco se fusiona, Sin distinción de persona Y sin apasionamiento. No ha habido atropellamiento Ni quien arriba se crea, De la discordia la tea, Ya no hay ni quien la nombre; Con que Gil, si eres buen hombre: Afloja la jicotea. En la más completa unión Se encuentran greñudo y bolo: Formando un partido sólo Como hermanitos que son. No ha habido una discusión Ni una palabrita fea, Pues si lo que se desea Es en paz todos vivir, Gil, si te quieres lucir, Afloja la jicotea. Formando un sólo partido Se encuentra todo el Cibao, Desde Masacre al Bonao Como ya es bien sabido. El Este y Sur se han unido Al Cibao con esa idea, Y como la unión florea, Con placer y gusto mil, Amigo Alejandro Gil: Afloja la jicotea. De todo corazón te desea un feliz viaje, tu siempre amigo, Juan Ant. Alix.
Santiago, 2 de noviembre de 1903

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Las Juntas de Fomento

Establecidas por el progresista Don Eugenio Deschamps, Vicepresidente y Delegado del Gobierno en el Cibao

Para dar conocimiento Al público en general, De lo que el Gobierno actual Práctica por el momento, Como asuntos de fomento, De riqueza y bienestar, Debo de manifestar que si el Gobierno consigue Lo que con afán persigue El país se ha de salvar. Sabido es, que el habitante Del campo, que trae su fruto, Como gato entre macuto Se lo endosa al comerciante; Y al momento el negociante, Ya sea por ambición O por la mala intención De trancar a un tercero, Se lo compra al cosechero, Sea cual sea su condición. Por eso más criminal Es sin duda el comerciante, que el gitanillo habitante Y mucho más ilegal; Pues si el cosechero tal, Convencido ya estuviera que su fruto no vendiera En pésima condición Jamás a la población, Ni de chepa lo trajera. Pero como saben bien que si ellos traen basura El comerciante se apura En comprarla en su almacén, Eso yo lo haría también Si yo fuera cosechero, Pues de casa el basurero Al comercio le trajera Aunque así después se hundiera Enviándolo al extranjero
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El Gobierno superior No tiene más ideales, que a los frutos nacionales Darle crédito y valor. Para que en el exterior Sean siempre solicitados, Y no tan desmeritados, Como están a la sazón Por su mala condición Y tan mal clasificados. En todo el Departamento Del Cibao están nombradas Por Deschamps e instaladas Varias Juntas de Fomento. Para darle crecimiento De una manera segura, A comercio, agricultura, Y a otras cosas igualmente, Para que el País realmente Se coloque en grande altura. El Gobierno ha concedido Sin pérdida de momento, A las Juntas de Fomento Cuanto ellas han pedido, Y en todo está decidido Dichas Juntas a apoyar, Y hacerlas bien respetar Con la mayor energía, Porque es la única vía De la cosa organizar. Ya con esto es suficiente Para que el agricultor, Y todo especulador Estén lo más al corriente, que el Gobierno no consiente que salga de la Nación, Sea cual sea la producción, Si no está bien comprobada, Y bastante examinada Su exquisita condición. Así todo agricultor Como todo comerciante,
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Ya sabrán que en lo adelante El Gobierno superior Castigará con rigor, Con multas y con prisión, Al que tenga la ocasión De comprar o de vender Frutos de poco valer Y de mala condición. Lo que pretende el Gobierno Con esa sabia medida, Es sacar, pero en seguida, Al País de tanto infierno, Y de un padecer eterno, Pues en los tiempos actuales La miseria y tantos males Que afligen a la Nación, Es la mala condición De los frutos nacionales.
Santiago, 14 de octubre de 1903.

Un hijo desobediente

Que fue a una fiesta en contra del gusto de su padre. A mi amigo el Gral. Pedro M. Espaillat. Santo Domingo.

hoy también contar me toca Otro caso parecido, Al del hijo maldecido En un campo allá de Moca. que por una cosa poca O es decir, por un pollito, Ese muchacho maldito A su madre maltrató, Y el diablo se lo llevó Al infierno derechito. Pues en Jacagua ha pasado Otro caso cuasi igual, que lo contaré tal cual Como a mí me lo han contado. “Un padre de familia honrado A un hijo le aconsejó Y mucho le suplicó Que no fuera a una fiesta, que esa noche había propuesta En qué parte no sé yo”
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Y el hijo sin más espera Al padre así le contesta: “Pues yo sí voy a la fiesta Aunque el demonio no quiera, Me voy de cualquier manera Sin que nadie me sujete, Y el primero que se mete En privarme de mi gusto, Cuatro balazos le ajusto Como cinco y dos son siete”. Otra vez le dijo el padre: “Tú no vayas a la fiesta que en tu cama hago una apuesta que no hay perro que te ladre. —Por la salud de mi madre A esa fiesta sí que voy, Porque listo ya lo estoy Y el que me salga al encuentro Del pecho en el mismo centro Cuatro balazos le doy”. El padre quedó abismado Contemplando largo rato, Aquel hijo tan ingrato Desobediente y malcriado. Y al fin, le dijo indignado: “hijo mío, jamás te hablo; Pero yo espero en San Pablo Y en el gran Poder Divino, que al marcharte, en el camino, Ojalá te lleve el diablo”. El hijo sin atender A más nada se marchó, Y al festín se dirigió Lleno de gusto y placer; Pero pronto pudo ver que salía de una emboscada Un hombre de grande alzada Con dos cuernos en la frente, Y los ojos puramente De fuego una llamarada. El joven así que vio Aquella infernal figura,
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JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMO II

Con muy notable bravura Al momento se cuadró Y el revólver lo sacó, Sin andar con pareceres; Y al hombre dijo: ¡quién eres! Si en el mundo andas penando, De parte de Dios te mando que me digas lo que quieres”. “Cállate esa boca perro: El fantasma contestó, que a arreglarte vengo yo Con estas uñas de hierro. Yo soy el diablo que encierro A todo el que no me cuadre, Y al perro que a mí me ladre Como tú, que así me gruñas, Le enseño con estas uñas A respetar a su padre”. De una vez entró con él El demonio y lo tumbó, Y las uñas le clavó Con una fiereza cruel; que si no es por San Miguel que de encima se lo quita De virtud con su varita, El joven ya estuviera Junto con aquella fiera que maltrató a su mamita. El hijo, de tal manera Llegó a su casa estropeado, Con todo el cuerpo aruñado Y la camisa por fuera, Gritando al padre le abriera La puerta sin dilación, Para pedirle perdón, Y el padre así que lo vio hincado, lo perdonó Y le echó la bendición. Viva la paz! Viva la unión! Y abajo los cogedores de mangos bajitos! Allé. Allé, a buscar qué hacer, y dejen al País tranquilo.
Santiago, 6 de octubre de 1903.

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El 14 de febrero continuación de las décimas
Unidos los santiagueros Con un grupo de mocanos Valientes como espartanos Y rabudos espueleros, A los bolos majaderos Tanto el dado le cargaron que unos cuantos ni atinaron A salir de la ciudad, Pidiendo hospitalidad Donde ocultos se quedaron. Los bolos razón tenían En temerle tanto al foete, Porque ya en el mismo ojete La rabiza la sentían. Y mucho más cuando oían “que atájenlos por allá”, “que atráquenlos por acá”, Y el fun fun de las abejas Tan cerca de las orejas, que el más valiente se va. ¡Pero cuánto patriotismo! ¡Oh valientes veteranos! Estrechen aquí sus manos! ¡qué heroísmo! ¡qué heroísmo! Y cuánto valor: lo mismo Les decían los camarones, Pero al verlos en pelotones huyendo que se mataban, Indignados les voceaban: ¡qué pelones, qué pelones! No se hallaron en la acción Varios bolos generales Por temor que en los panales Les picara un abejón. Fuera de la población quedarse allá resolvieron Pero que cuando sintieron El bajo de la tollina, Pues al que le dan camina, En sus jacos se tendieron.
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Entre ambos que lucharon, Con seguridad se cuenta, que han pasado de sesenta Las bajas que resultaron. Los bolos aquí dejaron Muertos y algunos heridos Los que fueron recogidos Por la Cruz Roja bendita que con piedad inaudita Fueron todos socorridos. Después de la gran tollina A los pájaros sin rabo En los Cerros de Gurabo Les dieron otra propina. Teniendo aquella colina Fuertemente atrincherada En donde no hicieron nada Trescientos que allí se hallaron, Porque todos se panquearon Para Cuesta Colorada. Al salir de propartida De los Cerros los zancudos Continuaron los rabudos Dándoles la despedida. Y en la Cuesta referida El derrote fue tan cruel, que echando cuasi la hiel Por la boca, de cansados, Llegaron desgaritados A Llanos de Rafael. Así pues, que no valieron Las misas a San Antonio, Ni los brujos del demonio, Ni los judú que se dieron. Ni mil promesas que hicieron Porque todo fue pamplina; La Providencia Divina Como ella está con Morales En vano son los cordiales Y los caldos de gallina. Y a quien Dios le da la jicotea que se la bendiga San JUAN A. ALIX. Amén Jesús.
Santiago, mayo de 1904.

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Viva la paz

La República Dominicana se encuentra por el momento en plena paz y tranquilidad. Loado sea Dios!

DEDICATORIA: Al Ilustre Caballero Mr. Tomás Cleveland, Ministro Americano cerca del Gobierno Dominicano, residente en la Capital de nuestra República. El señor Cleveland ha sido bien obsequiado en todas las Comarcas del Cibao que ha visitado; que para bien sea.

Con toda satisfacción Damos hoy publicidad que ya la tranquilidad Reina en toda la Nación; Pues la cruel revolución ha bajado su estandarte En ese mismo baluarte que de cuna le sirvió; Y la paz enarboló El suyo por toda parte. Los dos Jefes principales De la tal revolución, Viendo ya con atención Las consecuencias fatales De esas luchas criminales, Con el Gobierno pactaron, Y fielmente celebraron El Demetrio y Desiderio, Un pacto bastante serio Que en Montecristy firmaron. La Provincia de La Vega Se encuentra toda de gala, Porque Perico Lasala Tampoco quiere más brega; haciendo su gente entrega De sus armas principales; Inclusos los generales Pimentel y otros varios, Los que ya no son contrarios Del Gobierno de Morales. Y hay quien diga con afán que ya Perico Lasala, Jamás tirará una bala Por su compadre don Juan El araña capitán, que después que le ofreció
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La ínsula, se embarcó A gozar a Puerto Rico, Y al infeliz del Perico En la estaca lo dejó.16 Por lo dicho se verá que ya todo está tranquilo, Y por ese mismo estilo Mucho tiempo lo estará. Aunque nunca faltará Algún hijuelo de perra, que desee otra vez la guerra; Pero si cualquiera abusa, Ya encontrará su tusa Con los blancos de otra tierra. Pues, ¿quién es el que no sabe que el Gobierno yanqui ha sido quien más ha contribuido A que la guerra se acabe? Y que esa gloria le cabe A los norteamericanos, que alzadas tienen las manos Para aplastar a cualquiera, que intente encender la hoguera Entre los dominicanos. Toda nación europea Y los norteamericanos, Entre los dominicanos No consienten más pelea. que cual gobierno que sea Ellos lo han de proteger Y por la fuerza han de hacer que no se altere la paz, Como remedio eficaz Para el País florecer. Ya un Ministro americano Reside en la Capital, Y lo que es el litoral Del País dominicano Nunca faltará a la mano Muy grandes buques de guerra,
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El refrán que dice: “quedó como perico en la estaca”.

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que echarán gentes a tierra Por millones si se ofrece; Y el que se mueve, perece, Y que de una vez se entierra. El pueblo dominicano Será siempre independiente, Como promete fielmente El coloso americano; Y no habrá poder humano que le toque en realidad, Viviendo en tranquilidad En paz, en buena armonía, Pero, si es en anarquía, Perderá su libertad. Así es que desgraciado Del que ahora se menea, que prontamente gotea Y es de una vez sepultado. Morales está apoyado Y su Gobierno igualmente, Con buques, dinero y gente, y ya con revolución Lo que es en nuestra Nación No se tumba presidente. Eso es bueno con batata, como dice un refrán.
Santiago, 11 de julio de 1904.

La oreja de Ñico el loco

A mi amigo Octaviano Estrella Ciudad.

El Pobre de ñico el loco Es un infeliz idiota, que solamente se bota Cuando lo cuquean un poco. Ni le hace daño tampoco A nadie ese desgraciado; Pero como es alocado, Donde la noche le coge, En el suelo se recoge Y allí duerme engurruñado. Esa infeliz criatura Cuando no está embriagado,
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Se ocupa de hacer mandado Y adquiere su valedura; En la plaza de verdura Allí gana sus cuartillas, Cargando mesas y sillas, Cajones y otras frioleras, A unas cuantas canasteras que venden en las casillas. Pues a ese desdichado Sin dar motivos de queja, Le mocharon una oreja Sin duda algún condenado, que viéndolo allí acostado Durmiendo en una calzada. La oreja le fue cortada Por algún ser inhumano, que no tiene de cristiano Ni siquiera una pulgada. El maldito criminal que a ñico lo ha señalado Dicen que mocho y bocado Le puso como señal, Como de crianza animal; Y aunque no es de juicio sano, El ñico no es un marrano; Es hijo de Dios lo mismo, Por el agua del bautismo que tiene como cristiano. El que cometió por cierto Ese crimen tan horrendo. que vaya previniendo Con Dios que vive despierto, Con su tribunal abierto Y su ley siempre pareja: Y como ese Dios no deja Sin castigo al delincuente, que tengan eso presente Los cortadores de oreja. Estas coplas las publico Para que el mundo lo sepa, que aquí se vive de chepa Tanto el pobre como el rico.
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Porque cuando el pobre ñico que no debe culpas viejas, Lo han dejado sin orejas Si a esta tierra viene el Papa, Como ya nadie se escapa Le arrancan hasta las cejas. Avenuncio, Satanás!; toma la cruz, perro mataluz! y líbrenos Dios de tanta vagabundería. Sí, señor!
Santiago, 11 de junio de 1904.

Los niñitos

Que se oían gritando en noches pasadas en la iglesia de Nuestra Señora de la Altagracia.

El caso que resultó En la Iglesia de Altagracia, Aunque falto soy de gracia A cantarlo vengo yo. Tal cual como lo contó De aquel templo una vecina, que se halló en la fajina, Dizque de unos niñitos Trancados y dando gritos En esa mansión divina. Los niños dizque decían ¡Ay mamá! ¡ay mamá!… ¡Ay papá! ¡ay papá!… Y a carcajadas reían. Pero tanta bulla hacían que la policía corrió, Y el vecindario acudió Lleno de miedo profundo; Y así fue que todo el mundo Por allí se alborotó. Unos cuantos que miraban Por el abra de una puerta. Decían como cosa cierta que en el coro se encontraban. Unos niños que cantaban En fila todos parados; Y a otros veían sentados Desnuditos en los bancos; Y que todos eran blancos Con gorritos colorados.
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El sacristán de la Ermita que se apareció en chancleta. Armado de una escopeta Y de un revólver marmita. Tocó allí una campanita Y reunió al vecindario, Para cantar el rosario Por aquellos angelitos que de los cielos benditos Bajaron a aquel santuario. “que salga una comisión –dijo allí un mequetrefe– Para darle parte al Jefe De esta sagrada mansión”. Así fue, sin dilación, El cura al momento vino, Y al abrir con mucho tino De la Sacristía la puerta, Salió a carrera abierta huyendo un perro barcino. Es todo cuanto ha pasado En la Parroquia Altagracia, que no ha sido una desgracia Como ya se ha propagado; Un pobre perro trancado En la iglesia dando gritos; Eran pues los angelitos que ¡ay mamá! dizque decían, Y que también los veían Con gorros y desnuditos. Lo que sí es cosa cierta, Y se puede asegurar, que no pueden ya dejar Iglesia ninguna abierta. Ya es preciso andar alerta Con los brujos hoy en día, Pues toda esa ratería En las iglesias divinas, Son los brujos y adivinas Para arreglar brujería. Y es cierto que al Padre Armando Le han robado del altar,
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Un vaso que suele usar Cuando él está consagrando. Y Luis Pérez predicando Se ha quejado ya con pena, que alguna persona buena, Creyendo hacerle un favor Entró a la Iglesia Mayor Y le robó su patena. Los brujos y las adivinas están de plácemes! No hay quien les llegue al cuero. Así memo, así!
Santiago, octubre 19 de 1904.

Lamentaciones

De una dicha de 35 carnavales que está por casarse que no ve. A la juventud universal, porque en todas partes se cuecen habas.

Caramba! quiero casarme, Aunque mi mamá lo sienta; Porque paso de los treinta Y yo no quiero quedarme; Yo estoy ya por colocarme Pero de cualquier manera, Sin andar con más espera Ni más vuelta al pensamiento; Yo estoy ya por casamiento Y me caso con cualquiera. Cansada estoy de esperar Y me moriré de vieja, Esperando esta pareja Con quien me quieren casar, que del cielo ha de bajar; Blanco, noble y millonario, De un talento extraordinario, Buen mozo, muy elegante que toque el piano, y que cante Más bonito que un canario. Mi mamá culpa ha tenido que llegara yo a esta edad, Sin esa felicidad De tener un buen marido; Porque a ella le ha cogido Conque debo ser casada,
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Con ministro o embajada, De Alemania o Inglaterra; Cuando aquí en nuestra tierra No valemos cuasi nada. Envidia me causa ver Miles mujeres casadas, que están muy bien colocadas Por no ponerse a escoger; Pues el mucho pretender Y ese orgullo mal fundado, No da ningún resultado; Pero ni luce ni cabe, Donde todo el mundo sabe Del pie que uno ha cojeado. Mi mamá siempre se pone Con miles de sacaliñas, Cuando de cacas y tiñas Este mundo se compone; El que a eso se dispone Se olvida de ciertas cosas, que no son ni tan honrosas Para que anden repingando Y narices aventando Como las vacas rabiosas. Y mi mama en otra era Nunca frecuentó un salón que mereciera atención Y ni mirarlo siquiera; Pero hoy que en la primera De verse tanto se alegra Le sopla su bola negra A tantos jóvenes buenos, Porque dizque tiene a menos De que la tengan por suegra. Yo me muero por bailar Y mi mama no me deja, Por no haber noble pareja Con quien pueda yo danzar. La juventud del lugar No puede ser más decente, Más culta y más complaciente, Y a mi mama le ha cogido,
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Conque el mundo está perdido Y en los bailes comen gente. No quiere que tenga amores, Ni quiere que al Parque vaya, Porque no falta canalla Entre los visitadores. Ni por los alrededores De casa pisa varón Porque dizque todos son Unas aves de rapiñas, que se llevan a las niñas Como a paloma un gorrión. Así es, que quiero casarme Con el hombre que me cuadre, Y no con el que mi madre Por esposo quiera darme. Pues yo no quiero quedarme Como otras que están penando, que por estar esperando Casarse con un Sultán, Vistiendo santos están Y en las iglesias cantando. Para tanta esclavitud, Seguro que me coloco, Así sea con ñico el loco, Si no anda con prontitud La piadosa juventud, Pues cualquiera se condena Viviendo con tanta pena Y así tan mortificada, Como una monja encerrada Sin saber de cosa buena. La probe! Ojalá encuentre un viejo bobo que la saque de pena, así sea como el decimero.
Santiago, 29 de septiembre, 1904.

El chivo motón

A los amigos Rodolfo Lithgow y Enrique Pastoriza.

ha llegado a la Estación Del Ferrocarril Central, Un chivo fenomenal que ha causado admiración.
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Es un chivato motón De larga barba poblado Y entre patas bien pegado, Un talego regular, Con el que puede probar que nunca ha sido capado. El chivo de referencia A Montecristi llegó, Y por la Aduana pasó Con la mayor insolencia, Pues sin pedirle licencia Al jefe de aquel bufete, Se ajustó por un boquete, Pasó por la población, Sin ninguna interrupción hasta verse en Navarrete. Francamente ahí llegó Montado en varias carretas, Con barriles y maletas que allí las depositó. Más tarde se trasladó Al tren de la vía Central, Y con gran ceremonial Tuvo en esta población, La más bella recepción Por la autoridad local. Allí fue el Gobernador, El Alcalde y el Fiscal. Los Jueces del Tribunal, Los de orden Superior; También le cupo ese honor Al Señor Juez de Instrucción, Y de gente una porción Lo mismo pasó en seguida, A darle la bienvenida Al caballero motón. Mas después de celebrada La recepción oficial, Con un proceso verbal La fiesta fue terminada. Pero, que a la llegada, De un señor facultativo, que observó que dicho chivo
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El vientre tenía inflamado Al punto le fue aplicado De emético un vomitivo. Con ese medicamento El motón se mejoró, Porque al instante arrojó Mucha bilis y excremento, Envuelto aquello en cemento Romano, varios barriles Y un sin fin de proyectiles Explosivos, igualmente, y revólver de patente, Pero no arrojó fusiles. Como el Laudo en Puerto Plata ha puesto los mangos altos, Van los chivos dando saltos En busca de mejor mata; Donde no es preciso lata Ni otros cuantos requisitos, Sino seguir derechitos Y entrar por aquel boquete, Por donde el chivo se mete A coger mangos bajitos. Y la Impruven17 ¿qué dirá Del motón y su regalo? Dirá que por ese palo Nunca se le pagará; Pues si todo el mundo va En busca de los totones, Ya vendrán otros motones Buscando el mismo boquete, Y pasar a Navarrete Francamente en carretones.

Santiago, 7 de noviembre de 1904.

Las bailarinas del Judú en la calle “Santa Ana”18
A los amigos Domingo Russo y Ventura Silverio, Ciudad.

Cumpliendo con sus deberes La señora policía,
Improvement. A última hora hemos sabido que el baile judú tuvo lugar en la calle de la Victoria y no en la de Santa Ana.
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Ayer como a mediodía Sorprendió cuatro mujeres que bailaban con placeres El judú con un haitiano que también le echaron mano Y lo tienen en chirona, Porque esa buena persona Del judú es buen hermano. En la calle ‘Santa Ana” Allí fue la fiesta armada, Pero que a puerta cerrada Celebraban su bacana. Y como costumbre haitiana El baile tuvo lugar, Delante de un altar Cubierto de lamparitas, Con siete mechas toditas Para más iluminar. Y unos infelices santos En dicho altar se encontraban, Y aquel baile presenciaban Sin cubrirlos con sus mantos. Y al son del tambor y cantos, Bailarinas y gazones hacían miles contorsiones Pero el chans, o proserpina, Atacó a una bailarina Con muy crueles convulsiones. También en aquel altar había un plátano asado, Maíz y maní tostado, Pimienta y sal de la mar. Y en ese mismo lugar Encontró la policía, Una lata que tenía Agua verde y tan hedionda, que con repugnancia honda El público la veía. Entre dichas bailarinas había tres dominicanas, Fragatas de cuatro andanas, Y con buenas culebrinas.
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La otra es de las vecinas De la tierra borinqueña, Corbeta puertorriqueña De cien cañones por banda que por estos trigos anda Alegre y siempre risueña. El gran musié del judú O ya sea el gran papá, Es un tal musié Grambuá, De la societé D’Otrú. Pájaro muy lugarú Y gran profesor haitiano, De ese fandango africano que se nos mete de lleno; Y si no hay Gobierno bueno Adiós pueblo quisqueyano! Al fin comeremos gente, si Dios no mete su mano.
Santiago, julio 30 de 1904.

Un campesino dominicano
Que estuvo en Haití vendiendo unos andullos y a su regreso tuvo una entrevista muy curiosa con el que suscribe. (A dos amigos puertoplateños).

Del campo un dominicano que pasó a vender andullos, En dos borriquitos suyos A no sé que pueblo haitiano, Así me contó: “Critiano ¡Ni Dió comprende esa gente! Caicule que laguaidiente Allá le dicen tafiá, A lo jalitao llengá Y penchó ai pan caliente. Los frijoles colorao Puá rus lo llaman allá, A la brujería guango Y a lo sombrero chapó Malfiní e guaraguao Lo guandule puá congó Bonyé le dicen a Dió, A lo brujo lugarú
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Y a lo jefe del judú Le dicen papá Bocó. Lo memo la macarela, La titulan macrilló Lo molondrone gombó Y difé a la candela. A la paila o cazuela Le dicen allá shodié; A lo zapato sulié, Puesón ai peje o pecao Y en siendo el arró graniao Le dicen durí grené. Yo andube toitico haití Y no encontré un condenao, que dijera bacalao Sino todo la murí. Al arró llaman durí, A la cebolla loñón, A lo cochino cochón. Lo fideo vermichel A la sal le dicen sel Y creviche ai camarón. En siendo peje salao Le dicen puesón salé Como banán bucané Llaman ai plátano asao. Pero siendo sancochao Le dicen banán bullí, A la ñica saloprí, A lo sajice pimán, Lo mamone cachimán Y a lo niño anfán pití. Al agua le dicen gló, Ai queso llaman fromalle, Una rí e juna calle Y finí que se acabó; ¡Allí nadie dice fó Como nojotro jaquí, Cuando viene a la narí Ei bajo de aigún parrá! El haitiano dice allá: “¡A la peté quí santí!”
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Un sancocho, e ebullón ñon eguille, es una aguja Como ei casabe de bruja Ello lo llaman llonllón. A lo caibone, charbón, Ai quitasoi, paresol, Guanábana, corosol, ñon chandel, e juna vela; Y a la maidita viruela Le dicen pití verol. Al aceite llaman huil, Aguacate sabocá, Y a la piña ananá Como porcanel, cajuil; Allá perejil, persil, El melao allí siró, Lo mameye, abricó, La yuca llaman mañoc, A lo gallo viejo coc, Y ai sapo llaman grapó. Lo que aquí llaman letrina Por allá e cae brulé, Como si dijera Uté La casa quemada en ruina Donde allí la chamuchina O gente de poca nota, Entra allí y se ñangota En un brulé o aposento, Y se despacha al momento Dejando allí su pelota. Conque saque usté la cuenta Siño Juan Antoño Elí, Y dígame si en haití Cuaiquiera no se revienta; En eso de compra y benta Yo le pueo asegurai, que si no sabe coitai De esa Gente ei lenguaraje, Ni la toitilla dei biaje Uté no la pué sacai. Jata otro día, con su licencia, Juan A. ALIX
Santiago, 17 de octubre de 1905.

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Una mujer de color que desprecia a un compañero suyo porque es blanco
Te vengo a dar un consejo Por lo mucho que te quiero. No niegues nunca tu raza que el negro es tu compañero. Si quieres de blanco amor Tu raza no la desprecies. que no hay blanco que te aprecie Como uno de tu color. En la honradez y el honor Busca siempre tu acotejo. que si no es en el pellejo. Donde está el buen sentimiento, Con este grande argumento Te vengo a dar un consejo. En el mundo esta verdad, A negarme hay quien se atreva, que sólo de Adán y Eva Desciende la humanidad. Y si Dios con igualdad Formó al hombre primero. De ese tronco verdadero Vino el negro y vino el blanco, Y así te lo digo franco Por lo mucho que te quiero. Si de hombre y de mujer Depende el género humano, El blanco del africano Su hermano tiene que ser. Y si Dios con su poder A todo color abraza, Y a ninguno lo rechaza En el reino de su cielo, Por andar buscando pelo No niegues nunca a tu raza. Ante Dios no hay distinción De sangre ni de color, Porque a todos con amor Los recibe en su mansión. Y si tú por pretensión Al negro le pones pero,
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Tú debes de ver primero, Y con juicio calcular, que aunque lo quieras negar El negro es tu compañero. Aguanta y no pujes, te dice Juan A. ALIX.
Santiago, enero de 1906.

El edén

Créalo, seña Colasa, que así se llaman los cuatro famosos bailes de disfraz que harán los empresarios Lithgow y Rivera en la calle de las Rosas, frente a doña Carolina Reyna. Compae, esos bailes serán la tusa y recumina del carnaval 9, 10, 11 y 12 del corriente.

Mamita, dame licencia, que ya Lithgow y Rivera han mandado a la carrera A invitarme con urgencia, Y con la mayor decencia A sus bailes de disfraz; Y como estaría demás Decir que serán sin liga, Mamita, usté no me diga No te vistas, que no vas. A los bailes del Edén, La licencia te la doy Pues yo aunque beata soy Me los fumaré también, Porque yo comprendo bien que Lithgow y el Rivera A esa gente callejera Seguro que le dirán No se vistan, que no van Ni a la puerta tan siquiera. ¡Ay mamita, qué salón!, Lo vi anoche en el ensayo, que hasta me causó desmayo Ver tanta decoración. ¡Y cuánta iluminación! Mire mamá, parecía que aquello era de día, Pues nunca vi en mi vida Otra sala más lucida Ni de mayor alegría.
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La música le diré que no merece reproche, Sí, mamita, la de anoche Estaba de chupe usté, No hay una danza Bollé, Todas nuevas, se lo juro, Y me vi en tal apuro, que si yo no me sujeto, Al verme en tamaño aprieto El tiro se va seguro. Porque danzas más bonitas Nunca las había oído, El ensayo fue lucido Con graciosas mascaritas. Decir que eran tortolitas Eso sí que no diré, Pero creo de buena fe, Por lo que yo vi realmente, que no eran de aquella gente Tentadas de Lucifé. Nunca faltará gran cena En los días de carnaval, Donde el buche más formal Cualquiera allí se lo llena, Pero de cosa muy buena; Y el que quiera coger fiado, Como todo es al contado, Le dirán los cantineros: “Compae, si no trae dineros A mascar por otro lado!” Los dulces y los licores Butifarras, pan y queso, Pastelitos y todo eso Ya serán de los mejores; Pero lean los bailadores, Sean de buena o mala fama, De la empresa esta proclama: “que los que quieran bailar Sin falta deben pagar Antes de sacar la dama”. En los días de carnaval También le aseguro a usté
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que habrá siempre matiné Allí en el mismo local. Toda la gente formal Y de buena condición La empresa a disposición Allí estará de todos, Con cariño y buenos modos Y la mayor atención. El que no afloja tres clavados, que no se vista… Y esa jangá de niños y mujeres que no dejan leche y van a ocupar asientos para que a los bailadores les dé cañera por no encontrar donde sentarse, que no se vistan que no van! Y no van! Consejo del amigo ALIX.
Santiago, febrero 4 de 1907.

Cánticos

Para los Aguinaldos de las próximas Pascuas de Navidad. Al Pbro. don M. de J. González, Cura de la Parroquia de la Altagracia, de esta ciudad.

Alabemos todos Al Niño Jesús que nació en Belén Y murió en la Cruz. También alabemos Con suma alegría, A sus santos padres, San José y María. Después de alabar Al Rey de los cielos, Con los de esta casa Nos entenderemos. Y les cantaremos De Dios con la gracia, Deseando a todos Muy felices Pascuas. Y un año feliz Con prosperidad; Salud y dinero, Y felicidad. que el Niño Jesús Muy a bien lo tenga
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Librarlos a todos De las malas lenguas. que los libre el Niño De los envidiosos, que hacen mala sangre Y viven rabiosos. Y los libre el cielo De un vecino malo que es mucho peor que un incendio al lado. Señores, ¡silencio! que el sonido empieza, De plato y cubiertos, Y arreglos de mesa. Por el agujero De la cerradura, Ya se siente el bajo de fritanga pura. Y allá en la cocina, Ruidos de sartenes, que sacan del horno Pavos y pasteles. Pues, según señales, Esta gente buena Trata de obsequiarnos Con tamaña cena. Así, pues, señores, Los dueños de casa Abran ya sus puertas que el tiempo se pasa. Y al entrar, Señores, Mucha precaución, Con los que se meten Sin invitación. Y en los aguinaldos Los pulpos nombrados, Se sientan primero que los invitados.
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Y al ir a la mesa Los primeros son, En comer de todo Con mucha ambición. Y son los primeros En damas sacar Y hasta los registros Los suelen bailar. Entremos, señores, A esta honrada casa, Saludando a todos Y dando las gracias. Y después de entrar Esa gente buena, que no tarde mucho En poner la cena. Así, pues, señores, Sin más dilación Entremos cantando: ARANDELAS SON.

Santiago, noviembre 16, 1908.

Ya se fue el Cometa Halley, se fue…
Señores, se fue el Cometa, Diciendo que se marchaba, Porque miedo le causaba Este maldito planeta; Armado de bayoneta De fusiles y cañones, Y de guerra embarcaciones Con torpedos inauditos, Y ejércitos infinitos De pícaros y ladrones. Y la cola del cometa, No quiso tocar en tierra, Por la gente ser tan perra, habladora y alcahueta, que cundió en todo el planeta que era un foco de infecciones, De gases y pudriciones; Cuando este mundo malvado
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De viejo está infestado De pícaros y ladrones. De espanto el cometa lleno, Se marchó echando peste, que otro mundo no hay como éste Más amigo de lo ajeno; que no hay un empleado bueno En todas estas regiones, Porque todos son tragones, Y, aunque fingen ser honrados, Cuasi todos son bandados De pícaros y ladrones. También refiere el Cometa, Pero con dolor profundo, que no parece otro mundo Más amigo de una teta; que se cambia la chaqueta Y arman revoluciones Cuando no le dan raciones Para poner la marmita En esta tierra maldita De pícaros y ladrones. Lo que mayor novedad Causó al Cometa halley, Es el título de rey Como a Dios, Su Majestad, Y al Papa Su Santidad, Cuando todos son varones Con tamaños espolones, Y que Santo no hay ninguno En este mundo importuno De pícaros y ladrones. Y el Cometa se lamenta De que a la Iglesia cristiana Mucha gente de sotana19 La tiene hoy de su cuenta; Vive el Papa de su renta que le producen millones, Y los frailes regordones Cogiendo mangos bajitos
No me refiero a toda gente de sotana, sino a aquellos que no sacan una gata… Y no le sirven ni al gallo de la pasión con un granito de maíz. Miserables!
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En conventos infinitos De pícaros y ladrones
Santiago, Julio 7 de 1910.

Amor y geografía
Salí de mi casa un día En busca de una mujer, A quien pudiera querer Como te quiero, alma mía. Me dirigí a La Bahía, A Sabaneta y Chacuei, A Montecristi y Copei, Guayubín, Jánico y Mao, Pasando por el Bonao, De Dajabón hasta Higüei. Pasé de Santiago a Moca, Santo Cerro y el Cotuí, Altamira y Macorí Y de Matanza a la Boca. Y andando tierra no poca De Puerto Plata al Camú, Otra mujer como tú Yo no la pude encontrar, Ni en Sabana de la Mar, Ni del Seibo al Petitrú. También llegué a Samaná A las Cañitas y Guerra, A los Llanos y la Sierra Monte Plata y Yamasá. A San Carlos y Boyá, Y hato Mayor pude ver, Y no hallé a quien querer Con todo mi amor profundo, Porque no hallo en este mundo Como tú, otra mujer. Estuve en la Capital, San Cristóbal y Baní, San Pedro de Macorí En busca de tu rival. Pero no hallé ni señal De quien me agradara allí Pues si muchas hembras vi
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que me causaron encanto, No pude quererlas tanto Como yo te quiero a ti. Del Maniel puse la proa A Neiba, Azua y San Juan. Y a las Matas de Farfán hasta San José de Ocoa. Estuve en Jarabacoa, En Bánica y San Miguel, En hincha y San Rafael, Pero tuve la fortuna De no amar allí a ninguna Porque soy tu amante fiel. Después pasé a Barahona A las Damas y Cercado, Y aunque estuve enamorado A nadie amé en esa zona. Y al no haber otra persona Dueña de mi amor constante Con eso es lo bastante Para que vean que te adoro. Y sepas que no hay tesoro Como tú para tu amante. En fin no temas mi vida De ver en mí falsedad, Pues ya con seguridad Eres tú mi preferida, Y al estar mi alma henchida De pasión y amor constante, Jamás te olvido un instante; Y para más complacerte, Siempre seré hasta la muerte Tu más cariñoso amante.

Glosa
Perder lo más por lo menos Juega para no ganar, El que alante nunca mira Siempre atrás se ha de quedar. Si piensas con más cuidado Y reflexionas un momento Ya verás que sentimiento Ninguno a mí me ha quedado.
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Tú mismo te has engañado Pues aunque te amé de lleno, Tú mismo hiciste el veneno Con que la muerte te diste, Porque así tú lo quisiste Perder lo más por lo menos. Yo en un tiempo te adoré Y puse en ti mi confianza, Pero perdí la esperanza Cuando vi tu mala fe. Yo muy bien me comporté Para poderte agradar, Pero al verte retirar Abandonándolo todo, El que juega de ese modo Juega para no ganar. Si tú me hubieras querido Sin intención maliciosa, Una suerte más dichosa quizá la hubieras tenido. Pero si tú lo has querido Pasar conmigo tu ira, Mi corazón no suspira Por quien no lo sabe amar. Pues así le ha de pasar Al que alante nunca mira. Si algún día tú reflexionas Ya estarás arrepentido, Pues hallar un bien perdido No siempre se proporciona. Y el que su dicha abandona Para cambiar de lugar, Cuando la vuelve a buscar, hallará de Dios la ira, Pues el que alante no mira Siempre atrás se ha de quedar.

Al dueño de varios amores
Ya que tienes otra dama Dime cuál será mi estrella, Si tú te quedas conmigo O te quedas tú con ella.
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háblame con claridad Como si hablaras con Dios, A cuál será de las dos que le das segundad; Si es a mí, no hay novedad Pero si tu amor se inflama Y en resumen se proclama Por aquélla, y no por mí, No puedo seguir así Ya que tienes otra dama. Yo quisiera que tu amor Para mí solita fuera, Sin que otra se metiera A gozar de ese primor; Yo no quiero más dolor Por causa de otra aquella, Y al ponerte mi querella, Como juez de tu conciencia. Para saber tu sentencia, Dime cuál será mi estrella. ¿Cuál será la suerte mía? ¿A dónde iré a parar? Eso quiero averiguar Antes de que llegue el día De verme en más agonía. Y como penando sigo, Por último así te digo que te ofrezco mi amistad Para siempre, y de verdad, Si tú te quedas conmigo. Si eres hombre de verdad No temas en declarar Con quién te vas a quedar Con toda puntualidad; En esta conformidad Concluyo así mi querella, que quiero saber mi estrella Pues con franqueza te digo, que o te quedas tú conmigo, O te quedas tú con ella. Estoy resuelta a una cosa o la otra; que Dios determine. AMÉN!
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Un pasaporte dado en tiempo de la España Vieja
Doy pasapoite siguro Ai Citoyen don Pacuai Paque asina ei puea pasai Ai Guarico sin apuro.20 Lo que sí yo no asiguro Si son suyo o no son suyo Una caiguita de andullo que en llagua lo lleva liao, Ei aquí no ha sío mentao Pero e medio saramullo. Sigún su felusumía E jún hombre bajitón, Con ojo de carritón Y un lunai en una ancía. Boca tiene de jutía Y medio tuéito de un ojo, De la pata iquieida cojo y narí de molondrón, Ei pelo como un pajón Y cundiíto de piojo. Lleba pueta su presilla Como oficiai de dragone De tapa son lo caisone que le dan a la rodilla. Su chaqueta e de Olandilla Y su chaleco morao, Ei aquí ha declarao que lleva un caballo manco Con ei peisinai muy blanco21 Y ei amén Jesú matao22 Declara ei Siño Pacuai De que lleba un compañero Y un burro caigan de cuero Pa trocailo allí poi sai. Pa que no le jagan mai Como allí son el demonio, Le acompaña un San Antonio
Guarico, Cabo haitiano. La frente. 22 El remate o trasero.
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Y una bingen poi receiba; Y pa libraise de lleiba Lleba también alicoinio.23 Suplico a la autoridad De ese gran depaitamento No poneile empedimento Cuando balla para allá. Y si ei quie boibei pacá Suplico ai Jefe de haití que no lo dejen biní Poique tiene mala maña, Y el otro que lo acompaña que no bueiba ma jaquí. Ete pase lo otoigamo Como la ley ricomienda, Maite de caine tolienda Fecha dei mé en que tamo. Como aquí no no acoidamo De ete año ni dei pasao Lo dejaremo a un lao Y lo firmaremo así: Secretario Juan Elí Y el capitán Baidonao.

El cuatro y el acordeón
Si otra cosa mejoi viene No preguntarán mañana: ¿Maichantico, uté no tiene Encoidione de campana? Tengo oigullo en sei Boyé, Dijo ei cuatro al acordeón, Poique soy en mi Nación Ei primero que soñé. Y si hoy me dan con ei pié Será poique me combiene, Y ei que a ti amoi te tiene Aunque tú lo vea así, Te jará peoi que a mí, Si otra cosa mejoi viene.
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El vulgo cree que el unicornio lo libra de toda hechicería y de envenenamiento.

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Ante de habei acoideone Poi sonaile sarambito, Me andaban esos mositos Con mile jadulacione. Agora en la dibeicione No bailan de buena gana Sin acoideón de campana Como todo ei mundo sabe, Y poi jóigano de llabe No preguntarán mañana. Cuando a ti te tan tocando, que te avientan como maco, Parece que eres tabaco que lo están enmanojando. La música ya pujando Con to ese va y viene Dicen que tú no combiene Y que pronto no dirán: ¿De lo de la maica “Ruan” “Maichantico uté no tiene?’ Encoideón yo te haré bei que aunque me tienen en poco, En todo tono yo toco Lo que tú no pué jasei. En mi tierra yo he de sei La música suidadana, Y ei día que me dé la gana No dirán má en lo adelante, ¿Uté no tiene maichante Encoidione de campana?

Dizque
Dizque estamos progresando Dizque así dice la gente, Dizque dijo un imprudente Dizque dijo: “ello cuando!” Dizque ya Joaquín Beltrán Dizque recibió acordeones24

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La generalidad de nuestras gentes de los campos todos saben tocar acordeón.

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Dizque como cien serones Dizque de la marca Ruan. Dizque Felka el alemán Dizque nos está inundando Dizque de armas, y esperando Dizque mil revólver más;25 Duque no vamos atrás Dizque estamos progresando. Dizque ya dicen los ecos Dizque ya Vila se fue, Dizque Leoncio y Busqué Dizque a buscar más muñecos;26 Dizque ya nos tienen mecos, Dizque con tanto aguardiente, Dizque como ciento veinte Dizque son los alambiques, Dizque en este pueblo, dizque Dizque así dice la gente. Dizque vienen los Cesarios27 Dizque aumentar el progreso, Dizque con santos de yeso Dizque con ecapularios; Dizque muy buenos rosarios Dizque traerán esa gente; Dizque traerán igualmente Dizque retratos del Papa, Dizque ni Dios nos escapa Dizque dijo un imprudente. Dizque un surtido bonito Dizque de finas barajas, Dizque recibió mil cajas Dizque Eugenio Gonzalito. Dizque este arranque maldito Dizque nos está acabando, Dizque estamos progresando, Dizque dice el ciego Diego, Dizque otro que no es ciego, Dizque dijo: “¡ello cuándo!”

Importador de revólveres, para que nos destruyamos unos con otros. Importadores de estas porquerías. 27 Unos italianos.
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Un buen consejo a los hombres
Un alerta a las mujeres

El que hoy no halle el modo De gozar sin nada hacer, que se busque una mujer que lo mantenga de un todo. Así vive a su acomodo Siempre harto y galanito, Sin faltarle un mediecito De continuo en el bolsillo Para el dulce, el cigarrillo, Y tomar el putonsito. Al que la suerte le toca De hallar así una madama, Le lleva el agua a la cama Para enjuagarse la boca. Como ella se vuelve loca Agradando a su musié, También le lleva el café, A la cama en su cacharro Candela para el cigarro Y gozando vive usté. Ella le lava los pies Y le limpia los zapatos, Compra, vende y hace tratos Porque de su cuenta es. Ella también paga el mes O el alquiler de la casa, El diario para la plaza Ella también lo trabaja; Y así con esta ventaja ¿qué demonio no se casa? A las diez de la mañana El que quiere se levanta, Y una cancioncita canta Mientras tanto se engalana. Y a correr la caravana Puede marcharse en seguida, Pero antes de la salida, Ya conviene esta amenaza: “Pringá si al volver a casa No está lista la comida”.
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Y si acaso al mediodía Le guarda un rico bocado, Le dice usté con agrado: Ven, dame un beso, alma mía, Tú eres toda mi alegría, Tú eres mi ángel verdadero, Y el día que coja dinero Ya tendré la precaución, De comprarte un polizón, Una manta y un sombrero. Como las mujeres son Todas a cual más creída, La mujer lo cree en seguida Y comienza a dar razón, Donde venden polizón, Las mantas y sombreritos, Donde los hay más bonitos Y de la clase más buena, Y usté con su timba llena Le pinta allí pajaritos. Pero cuando llega el día que no hay nada que mascar, El garrote empieza a obrar Con toda su jerarquía. Entonces no hay alma mía, Ni mi vida, ni mi cielo, Aquél es un día de duelo Pues de loza habrá mil bajas, Y los tiestos de tinajas Rodando allí por el suelo. Cuando un caso así acontece Los vecinos van llegando, Y cada cual preguntando: Señores, ¿qué cuento es ese? Y si el hombre no carece De chispa y disposición, No hay otra contestación Por cierto más adecuada: “Vecinos, aquí no hay nada, Era matando un ratón”. Y la mujer por tapar Los leñazos que le han dado,
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No dirá lo que ha pasado Al que le va a preguntar. Y si no puede ocultar En la frente algún chichón, Dará por contestación que ese golpe ha recibido Sin querer, de su marido, Por darle un palo al ratón. Y si acaso hay mudanza De parte de la mujer, El hombre la hace volver A la casa sin tardanza. En dándole usté esperanza que no habrá más cud batón O si no en comparación, Le habla usté de amor sincero, De la manta y el sombrero Y también del polizón. Pero hay otra manera De poner la pica en Flandes, Y es buscar de casa grande Una buena cocinera. La comida sobrancera Siempre tendrá el queridito, Andará siempre bonito Sin saber lo que es miseria, Pues a algunas en la feria Siempre les queda un piquito. El que obtiene una querida que cocina en casa rica, Eso muy claro se explica que tendrá buena comida. Y además de buena vida Vendrá a ser un Flammarión, Pues siempre en observación Vive con su astronomía, Mirando al astro del día Para saber qué hora son. Así el que tenga gana De vivir lo más bonito, Buscándose así un palito Vivirá a la moda haitiana.
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La mujer allí es que afana. El hombre vive planchado, De bombo y cuello parado Sin levantar una paja, Pues el mañé que trabaja Sin duda está condenado. Y apuesto una burra hermosa Con un 8 bajo el rabo, que las mujeres al cabo Todas dirán esta cosa: “¡Ay! ¡qué gracia tan mohosa! Con que la pobre mujer Se obligue así a mantener A guagüeros mamalones, que viven de zangandones ¡Gozando y sin nada hacer! Chúpense ese cajuil, bien dicha.

“Mis creencias”

Al Señor Don Vicente Flores, Director del “Propagador”, Puerto Plata.

Para que veas mi creencia Mi muy amigo Vicente, Te dirijo la presente haciéndote esta advertencia: “Tú sabes que inteligencia No tengo como deseo, Y aunque escribo medio feo Te envío estas decimitas que así concluyen toditas: “En eso sí que no creo”. Empiezo, amigo Vicente, Por decir que soy cristiano, Apostólico romano Y creo en Dios firmemente. Creo en el Omnipotente Porque yo no soy ateo, Y creo aunque no lo veo Porque Él es ciencia infusa; Pero en huevos de lechuza! “En eso sí que no creo”.
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Creo en Dios porque es Creador De todo lo que es visible, Y de lo que es invisible También creo que es el Autor. Yo creo que ese gran Señor Es de perfección recreo, Y creo tanto, que hasta veo que en el Cielo está de veras, ¡Pero en tantas tintoreras! “En eso sí que no creo”. Creo en el Dios de Israel, Porque Él solo es infalible Y no puede ser posible que haya otro justo como Él. De Dios soy amante fiel, Y de verle es mi deseo, Y aunque otro esté en apogeo, Y sea un sabio profundo, Con tal que sea de este mundo “En eso sí que no creo”. Y creo en la autoridad De San Pedro el Sucesor, Porque ese digno Señor Gobierna la cristiandad; En su infalibilidad De creer tendría deseo, Y creo porque lo veo que cada día más se anula, Pero creer en la Bula “En eso sí que no creo”. Padre, hijo y Espíritu Santo, Estoy en la convicción, que los tres albures son, Aunque al Diablo cause espanto. Y creo que hasta oigo el canto De Gloria in excelsis Deo. que cantan como recreo Angeles y serafines; ¡Pero en tantos tragantines! “En eso sí que no creo”. Y creo que el Angel Gabriel A María le anunció,
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que pariría y parió Al Niño Dios de Israel. Y creo en su esposo fiel De María Madre de Deo, que hoy por lo que veo que todo es comercio y teje, Aunque me digan hereje “En eso sí que no creo”. Y creo que de Nazaret Vino María a Belén, Y con su esposo también, El Patriarca San José. Y que en un pesebre fue que sin amparo y aseo, Nació el Niño Galileo El verdadero Mesías; ¡Pero en tantas pillerías! “En eso sí que no creo”. Y que la Virgen parió De creerlo no me harto, Y lo creo que antes del parto Y después virgen quedó. Todo esto lo creo yo Pero en palito mameo, Y tener un buen cacheo28 ¡Para hartarse bien de oro! Digo como dijo un loro: “En eso sí que no creo”. Y creo que el Bautista Juan Propagaba el cristianismo, Sin cobrar por un bautismo Dos pesos en el Jordán.29 Y según noticia dan, Los libros de un sabio hebreo, Entonces no había mameo Ni se conocía la draga; Y si hoy todo se paga, “En eso sí que no creo”. Y creo que por herodía Del Bautista fue cortada,
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El cacheo es como la palma real y el corazón, mientras más lo chupan más jugo da; y es inagotable. Como cobran en la República Dominicana.

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Su cabeza y presentada A la hija de esa impía. Y como Antipas cumplía De Salomé el deseo, hizo traer de aquel reo En un plato su cabeza; ¡Pero en lujo y en grandeza! “En eso sí que no creo”. que los Apóstoles fueron Modelo de mansedumbre, Estoy en la certidumbre Porque miles pruebas dieron. que predicando anduvieron En desierto y pueblo hebreo, Solamente algún ateo Negará lo que relato, Pero, ¡escogiendo curato! “En eso sí que no creo”. Y creo que no debe ser que de hambre deban morir; Pero cobren por vivir Y no para enriquecer. La pobreza es el placer Del que les legó ese empleo, Pero riqueza y apogeo Orgullo y mucha ambición Como eso no es religión “En eso sí que no creo”. Los Apóstoles andaban Según dice San Cornelio, Predicando el Evangelio Y en cavernas habitaban. Con frutas se sustentaban Y no buscaban cacheo, Pues lo dice San Mateo que el mameo era veneno, Pero como hoy es bueno, “En eso sí que no creo”. Yo creo en la religión Del que fue crucificado, Y creo a puño cerrado Del Verbo en la Encarnación.
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Creo en la muerte y pasión De Jesús el Galileo, Y creo que en el pueblo hebreo Convertía a sus habitantes, ¡Pero en varios traficantes! “En eso sí que no creo”. Creo que Jesús ayunó Cuarenta días en desierto, Y pan y agua fue cierto que solamente comió. Y que el diablo lo tentó Y le armó tamaño enreo, Lo afirmo, y no titubeo, ¡Pero en tener buena mesa, Beber buen vino y cerveza! “En eso sí que no creo”. Y creo hasta reventar que Jesús nunca mató, Ni a nadie encarceló Ni ambicionó gobernar. Ni después de consagrar No sentenció ningún reo, Y creo que el buen Galileo Era piadoso y clemente, ¡Pero en Curas matagente! “En eso sí que no creo”. Y que en Bethania, creo yo, que de cuatro días de muerto, Lázaro fue muy cierto que Jesús resucitó. Y que a ciegos vista dio Esto dice San Mateo, Y lo creo porque lo veo En la Sagrada Escritura ¡Pero en político cura! “En eso sí que no creo”. De Judas creo que entregó A su maestro divino, Y de manos de un rabino Treinta dineros cobró. Y creo que se arrepintió De su crimen grande y feo,
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Y creo que a juez fariseo Le volvió a entregar su plata Pero en gato atrás de gata, “En eso sí que no creo”. Y creo que Pedro negó A Jesús ¡cosa bien rara! Antes que el gallo cantara Tres veces como cantó. Y que el buen Pedro cortó La oreja a un fariseo Lo creo y no titubeo; Pero que algunos benditos, ¡No tienen sus amoritos! “En eso sí que no creo”. Y que Jesús fue llevado De herodes en casa de Anás Donde Pilatos y Caifás Para ser allí juzgado Y creo que fue sentenciado Por tribunal fariseo, Y que Simón Cirineo Le ayudó a llevar la cruz, ¡Pero en ningún avestruz! “En eso sí que no creo”. También creo fue arrastrado Por la calle de Amargura, Y su sangre fina y pura Por todos ha derramado. Y creo que estando enclavado De beber tuvo deseo, Y un demonio de un hebreo hiel y vinagre le dio, ¡Pero en teje y abusos no!30 “En eso sí que no creo”. Y creo que cuando expiró Las piedras se dividieron Y los sepulcros se abrieron Y que el Sol se oscureció. Del Centurión lo creo yo que dijo y dio un bambaleo: “Este es el hijo de Deo ¡Misericordia Señor!”
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Teje: marrulla, enredo.

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¡Pero en especulador! “En eso sí que no creo”. que un José de Arimatea Muerto Jesús lo pidió. Y en sábana lo envolvió Según la costumbre hebrea. Y que en fosa de Judea Y todo con mucho aseo, El cuerpo del Galileo Allí fue depositado; Pero en cura interesado, “En eso sí que no creo”. Y creo que resucitó Después de tres días de muerto, Y con ángeles fue cierto que a los cielos ascendió. Más tarde se presentó No sé en qué punto hebreo, A su madre el Galileo Y a otras tantas mujeres, ¡Pero curas con placeres! “En eso sí que no creo”. Yo creo en los religiosos que al prójimo hacen bien, Y que son por siempre amén, De sus Iglesias celosos. Creo en esos virtuosos que cumplen bien con su empleo, Como yo conozco y veo que en este país hay varios, Pero en revolucionarios “En eso sí que no creo”. En María Virgen creo yo Madre de los pecadores, Por las penas y Dolores que por su hijo sufrió. Y como ella no pecó Creo en ella sin rodeo, Y creo como si lo veo que es Reina de profetas, Pero en beatas alcagüetas, “En eso sí que no creo”.
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Creo en esa Virgen pura Consuelo de desvalidos, Por sus tormentos sufridos, En la calle de Amargura. Pero en beata que a cura Le anda buscando enreo, Aunque me den un saleo Y me coronen de rosas, Lo que es en esas chismosas, “En eso sí que no creo”. Creo en esa gran Señora Porque es la Reina del Cielo, Y por ser nuestro consuelo De nuestra muerte en la hora. Pero en beata que llora Como las he visto y veo, Untándose con el deo ¡La salivita en los ojos!31 Como lloran por antojos “En eso sí que no creo”. Creo en esa Virgen bella Porque es Madre de Dios, Y porque ruega por nos Y de mal nos libra ella. Pero en beata con botella Y ese tanto saboreo, No diré porque no veo Lo que hay en la botellita, Pero que es agua bendita “En eso sí que no creo”. Creo en María Magdalena que sus riquezas dejó, Por seguir como siguió A Cristo en su grande pena. Pero no creo en novena De viejita tirapeo, que la reza por enreo Y cabrería de Fulana; No, no me da gana, “En eso sí que no creo”.
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Para hacer ver que son lágrimas.

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Creo en María Salomé En Cleofa y otras mujeres, que riquezas y placeres Despreciaron por la fe. Pero que en el templo esté La beata con su agarreo, Y echando como las veo De tabaco salivotas, No, aunque sean devotas, “En eso sí que no creo”. Creo en varias hermanas De la Santa Caridad, Porque esas son de verdad Las verdaderas cristianas. Estas no andan galanas Con tontillo y solideo, Y en su andar no hay tongoneo Pues son verdaderas beatas, Pero en otras mentecatas, “En eso sí que no creo”. No creo en tantas y tantos que de cuenta de hermandad, Cobran de cuenta y mitad La limosna de los santos. ¡Cuántos yo conozco! ¡cuántos! que no tienen otro empleo que recoger, como veo, En campos y en poblaciones, Y como son mamalones “En eso sí que no creo”. En fin, amigo Vicente, No quiero cansarte más, Pues con esto ya sabrás En lo que creo firmemente. Y aunque yo de alguna gente Sus abusos hallo feo, No por eso soy ateo Ni tengo nada de hereje; Pero que “la rana e peje”32 “En eso sí que no creo”.
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Refrán de nuestra gente.

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Siento, Vicente querido, Molestar hoy tu atención Y tu grande ocupación que por mí hayas perdido. Y si acaso te he aturdido Con mi tanto cacareo, Solamente te deseo que vuelvas muy pronto en ti, que no diré más así: “En eso sí que no creo”.

Al pueblo dominicano
Dominicanos, ¡alerta! Y al hombro con el fusil, que el gobierno Woss y Gil Mirando su causa muerta, Dicen como cosa cierta, Y de buena procedencia, que a una extranjera potencia, Ese gobierno nefando, De vender está tratando Nuestra santa independencia. Manuel de Jesús Galván, Ministro dominicano, Y un agente americano En un buque dizque van, Con el más cínico plan De firmar con insolencia De muerte nuestra sentencia, O de la Patria, diremos, Pues sin duda perderemos Nuestra santa independencia. En un peligro inaudito Se encuentra la Patria amada, Y será sacrificada Sin remedio ningunito, Si no suena pronto el grito De alarma y de resistencia, Y se marcha con violencia A extinguir y devorar, A los que quieran tratar Nuestra santa independencia.
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hoy es que se necesita El entusiasmo y valor, De los que ayer sin temor Luchaban por la marmita. Así pues, la patria invita A sus hijos con vehemencia Para luchar con potencia Y con fiereza de tigre, Para evitar que peligre Nuestra santa independencia. Abracémonos, hermanos, Bajo nuestro pabellón, Y en la más completa unión Combatiremos ufanos, Con las armas en las manos Rientes y con decencia, Destrozando sin clemencia De Patria a los mercaderes, que negocian con placeres Nuestra santa independencia. ¡Unión, señores, Unión! que es el único remedio O el más ventajoso medio De salvar a la Nación. que el que lucha con razón Y con muy sana conciencia, Lo ayuda la Providencia, Como también castigar, Al que quiera negociar Nuestra santa independencia. Viva la Unión! Vivan los Padres de la Patria! Y maldición eterna a los que venden Patria!

Los brujos y adivinos expendedores de guanguá
Señores, no hay más que hablar Sino empuñar los motetes, Y meniemos los jarretes Si nos queremos salvar. Ya no hay más sino emigrar Para países lejanos,
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Porque hay dominicanos Tan fuertes con el guanguá, que aquí los tenemos ya Peores que los haitianos. En los campos y poblados Abundan muchos rabinos, que se las dan de adivinos O de brujos muy templados. Y también de muy letrados Se las dan, no digo yo, Algunos papá bocó, que muchos de esos pilluelos, Aunque usan espejuelos No conocen ni la O. Cuando así en comparación Pierden algo en una casa, El dueño en seguida pasa Donde un brujo mamalón. Y al rezarle una oración Con vela y rosario en mano, Y con la pimienta un grano De guinea o de demonio, Le soplan un testimonio Al vecino más cercano. De continuo una plebeya Le paga a un brujo tunante, Por tener dizque a su amante Metido en una botella. También la niña doncella Donde un brujo suele ir, Para poder conseguir que su novio no la deje, Ni que tampoco se queje Cuando ella lo haga sufrir. Otras van muy abrigadas Por no darse a conocer, De noche, para tener Sus consultas muy privadas. De allí salen pertrechadas De polvos y de bebidas, De unturas y de comidas, Y de unas cuantas recetas,
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Para poner en muletas De su macho a otras queridas. Otros les suelen llevar A un brujo su arma de fuego, Para que ella desde luego Jamás que pueda mancar. A esto llaman ensalmar Como a los niños también, Para que libres estén De mal de ojo y brujería, Y otras miles tonterías que los brutos tanto creen. Muchos van allí a comprar Los bolcicos o macutos, Pues con esto creen los brutos que no les pueden tocar. Ni les pueden nunca entrar Las balas cuando pelean, Y todos esos que emplean Tan atroz superstición, En la guerra casi son Los primeros que gotean. Aunque lo dicen los ecos No son más que disparates, que existen ciertos magnates que consultan con muñecos. Esos son huevos culecos. Lo que vale es energía, Talento y sabiduría Marrulla, plata y valor, que en el mundo es la mejor Y más grande brujería.

Al público santiagués

Y a la empresa del Acueducto y Alumbrado Eléctrico de esta Ciudad.

Como estoy bien enterado Por un seguro conducto, que es un hecho el acueducto Y un eléctrico alumbrado, que tendrá no dilatado Esta culta población,
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Con toda satisfacción Comunico estas noticias, Y les pido las albricias A todos, sin distinción. Todo está por el presente Convenido y Contratado; Acueducto y alumbrado Del modo más conveniente De la empresa el proponente Señor don Ramón Imbert, Acaba pues de obtener Del Ilustre Ayuntamiento Todo el buen consentimiento Para esa obra emprender. Un entusiasmo inaudito Reina en toda esta ciudad, Por ahora sí es verdad que tendremos segurito Un acueducto exquisito Y un espléndido alumbrado; Porque todo está arreglado Con esos blancos ingleses que ofrecen en pocos meses Dejarlo todo acabado. Las plumas de agua tomadas Alcanzan a setecientas, Y pasan ya de quinientas Las lámparas contratadas, Y miles más colocadas Ya serán por consiguiente: Pues tan pronto vea la gente De bien esa grande suma, Todos ya querrán su pluma Y su lámpara igualmente. Cuando sepan lo que es Tener agua así abundante, Y una luz la más brillante Por una friolera al mes No quedará Santiagués que deje de colocar En su bendecido hogar De agua una plumita,
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Y también su lamparita que poco le ha de costar. Y la empresa o compañía Dice que podría llevar, El agua a cualquier lugar Del pueblo en la cercanía, Donde sufren de sequía Por no haber ni un arroyito, Como en hoya del Caimito, Rincón Largo y la Totuma, Pues de agua allí una pluma Sería un tesoro inaudito. Si quieren ver claramente Si el negocio es importante, Calcule cada habitante Lo que gasta diariamente. En agua, tan solamente Por tenerla a gran distancia, Y no con mucha abundancia; Pero con estos raudales De plumas y de canales Cada cual riega su estancia. Y también podrán lavar La ropa allí, desde luego, Y en caso fatal de fuego Sus casas podrían salvar. Y también para regar El que tenga su jardín, Y miles cosas, en fin, De muchísimo producto, Siempre ofrece un acueducto Del mundo en cualquier confín. Así es que es necesario que Santiago y sus vecinos Los cercanos campesinos Con esfuerzo extraordinario hagan que en el vecindario No desechen el consuelo, Y trabajen con anhelo Por brindarle protección; Porque es una bendición que baja del mismo cielo.
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Toda gente admiradora Del adelanto y progreso que se empeñe con exceso En obra tan bienhechora, Y que sea alentadora De todos la protección Para que esta población En el número se cuente De pueblo culto y decente, Y de mucha distinción. También hay que agradecer Este gran departamento, A su Ilustre Ayuntamiento que ha sabido defender Con honra y buen proceder Del pueblo los intereses, Tratando con los ingleses, O sea con su apoderado, Asunto muy delicado Y en bien de los Santiagueses. Y el señor Ramón Imbert, Nunca pues será bien pago, Por tanto bien a Santiago que se ha propuesto hacer. Y lo mismo agradece A todo el que se ha empeñado En darle a este poblado Del modo más ventajoso, Un acueducto famoso Y un eléctrico alumbrado. Y Dios se lo pague a JUAN A. ALIX por la buena noticia.

La gallera de “Laguna Prieta”
Con satisfacción completa Se anuncia de esta manera Una famosa gallera que existe en Laguna Prieta. Donde allí la gente quieta Y de orden, puede bien

Perteneciente a los socios Domingo Marrero, comandante de Marilópez, Francisco García, y Celestino de Peña.

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Divertirse a tutiplén Jugando hasta baquiní, Comiendo y bebiendo allí Con tranquilidad también. A esa gallera halagüeña Puede ir todo gallero, Pues allí Mingo Matrero Y Celestino de Peña, Cada cual mucho se empeña En que no haya pillería; Y el socio Pancho García Dice que la buena gente Allí encuentra igualmente honradez y garantía. Tocante a legalidad Allí en Laguna Prieta, No habrá pillo que se meta Con tanta facilidad A causar dificultad. El comandante Marrero, Los socios y el garitero, De gallos en la batalla, hacen de jueces de valla Para evitar pelotero. Los socios en su gaitera Invitan los de Licey, Las Palomas y el Mamey Y a la gente gurabera; Y con la mejor manera También a los de Puñal, San José y el Guayabal, Estancia Nueva, Arenoso, Canabacoa y el Corozo, Las Charcas y el Uberal. Lo mismo con atención Se invita a la buena gente De Nibaje desde el puente; Rincón Largo y Fundación, El Caimito y Barrancón, A los de Moca y La Vega, Arroyo hondo y Noriega,
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Y a los de López también, Para que tengan a bien Gozar de todo y sin brega. A toda gente que quiera Del pueblo y hato Mayor, Gozar de tanto primor que venga a esta gallera; que con la mejor manera Y la más fina atención, A todos sin distinción, Con tal que sea buena gente, Puede llegar francamente Con toda satisfacción. En esa buena gallera Por cierto no falta nada; Comida muy delicada Y bebida placentera; Dulces de toda manera Y mucha comodidad, Cariño y mucha amistad, Por los dueños de la valla; Y de gallo en la batalla Bastante legalidad. Para las Pascuas se invita A todo el que sea gallero Divertido y parrandero Y que juegue su cosita. que junten pues su platita, Para el que en currú se meta, No le falte una peseta; que en las Pascuas sin trabajo, Viene la gallera abajo Gozando en Laguna Prieta.

El bale Juan y el bale José
—Barajo! bale José ¡Uté si que ta Peidio!, Dónde diablo tá metío ¿qué dichoso ei que lo ve? —Compai Juan, yo le diré que yo andaba poi la Mata
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Dipué me juí a Pueito Plata A trabajai de aiquilao Y me cogién pa soidao Poique soy de mala cata. —Conque mi bale e soidao —Sí señoi! y e que por eso Ando así como lo preso To rompío y maitratao. —Y ai beime tan apurao Le jablo a uté la veidá. que me jullí para acá Pa bei si ei cielo me ayúa, A conseguí una múa Y boibeime para allá. —Dígame bale, y peidone que le jaga eta pregunta: “¿Ei militai no se junta Por allá con la racione?” —”Sí señoi! pero hay tragone que no tienen enchonao, Comprándole a lo soidao La racione a poco precio, Poique agora e buen comeicio Eplotai a lo soidao”. —Dígame bale José ¿Y nadie se mete en eso? O e que a to le guta ei queso que ese abuso no se ve. —Jun… ¡Yo no sé! ¡yo no sé! Ei caso e que ai soidao, Cuando no tá acuaitelao Tá de guaidia y sentinela, Boca a bajo la casuela Decaiso y tó maitratao. —Lo que eplotan lo soidao Tienen tale corazone, que ata un año de racione Le meican adelantao. Y ei militai apurao Tiene ai fin que dai la boca, Con esa gente de poca Conciencia y tan mala fe,
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que si bien claro se ve Sei soidao también le toca. —Si e jun negocio eplotai A lo probe lo soidao, Si la tienen arruinao ¿quién diablo la pá le trai? Ai soidao se ha de tratai Con mucha delicadeza Paque siempre tenga fueiza Conque podei resetí Y que puea combatí Con balói y con fiereza. —Pero a un probe militai Se lo lleba jata ei biento, Si le quitan ei sutento Poique no se pué parai; Eso deben caiculai Lo que biben de ese enreo, Poique cuando suena un peo Andan lo de pecho malo, De saito y de barapalo Y ensuciándose dei mieo. —E beidá bale Jasé, Tiene uté mucha razón; Gente de mai corazón Mucha bese así se ve. —Bale Juan, yo le diré que yo quisiera mejoi que biera ai Propagadoi Gaceta de Pueito Plata Paque bea como maitrata Ai sucio epeculadoi. —Poi Dió con ese papei Créalo uté, bale Juan, que lo militare etán Lo má contento con ei; quien lo ecribe debe sei Un hombre de mucha sencia, Buen patriota y de concencia que quié que ai probe soidao, Lo traten con ma cuidao Con denidá y decencia.
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—Dique ese “Propagadoi” Dice que tiene una llaga33 que bá acabai con la plaga Tan sólo con ei jedoi; Pué dice ei buen escritoi, Y e una juta razón, que ai probe sin proteción E que cojen pa soidao, Cuando etán tan obligao A seibile a la Nación. —Dice que ei rico afamao, Ei probe, ei blanco y ei prieto, No debe ocupai buen pueto Sin que ante sea soidao; Y que se haiga reboicao En ei cuaitei o cantón, Y que ei pan de monición Batante lo haya macao Y ei fucí lo haiga liriao En honoi de la Nación. —Dique e jun buen ciudadano Ei soidado, poique e soidao, Y que debe sei tratao Como buen dominicano. Pero aiguno jenumano En lugai de protejeilo, Siempre quien embileceilo Y eperan que tenga jambre, Pa sacaile ata la sangre A no dicí pa… peideilo. —Uté cre, bale José, Y peidone que lo atajo, Ei que jiso ese trabajo E jombre de buena fe; Pué sigún me cuenta uté, Esa e la pura beidá; Y que eso a la bita etá que lo probe lo soidao, Tan úte son ai Etao Como a toa la sociedá.
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Este es el epígrafe del remitido que trata de la condición del soldado.

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—Pué como le iba diciendo, Uté no be bale Juan, que lo militare etán Casimente pereciendo, Por ese teje tremendo que tiene bario entremano, Sacrificando ai critiano Con peijuicio dei Gobieino. ¡Poi tenei en un infieino Ai soidao dominicano! —Si semo jijo toitico De nuetra Patria enfelí, Lo memo probe que rico, Blanco y prieto ha de seibí. Y poiqué ha de sei quei chico ha de caigai con ei peso, Si ei grande no fuma eso ¡Y etá gozando en su casa! Ei que se come la masa No e malo que rulla el güeso. —Ese que no ha sío soidao, Lo dice ei “Propagadoi”, No puede sei eletoi Ni tampoco sei nombrao; que un pueto desocupao No puede sei que se pase A uno que nada jace Ni ha jecho poi la Nación, Poique eso no e razón que uno ataje y otro enlace. —Si to tubiean obligao, A seibile a su paí, No tuviera un enfelí Beinte año siendo soidao; Pue siendo siempre mudao Siempre tubiera decanso, Y no andubiea como ganso Siempre con la cru jacueta, Y otro mamando su teta Y cogiendo ei sueido manso. —Párese, bale José: Su combeisación e buena,
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Pero ando en betia ajena Y e muy juto que me apé; Ma taide yo lo beré Si muy pronto no se bá. —Sí, señoi bueno etá, Y yo lo beré también, Me alegro de beilo bien Besamano por allá.

Los vagos en nuestros campos
Todo el hombre sin oficio Vive lleno de alegría, De pulpería en pulpería Alimentando su vicio. No se toma el sacrificio De levantar una paja, Con el dado y la baraja Y su frasco de aguardiente, Vive así alegremente quien su lomo nunca baja. Muy de mañana se ve que va donde la vecina, A velar en la cocina El traguito de café. Y aunque allí sentado esté, Ni un palo de leña raja, Ni le empuña la tinaja Para ir al río por agua, Pues quiere vivir de guagua quien su lomo nunca baja. Después coge su acordeón Y se va a una taberna, Se sienta, y cruza una pierna Y principia la función. Otro dando en un cajón Y cantando que se raja, Arman tamaña sonaja, Y, si llega algún marchante, Le pide un trago al instante quien su lomo nunca baja. Cuando están en su elemento Y llega algún hombre honrado
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Le ponen con mucho agrado En los pies cada instrumento. Como saca su ventaja, Así es que llena su caja, Con la vagancia maldita, Pues allí es que visita, quien su lomo nunca baja. El que no encuentra bebida De guagua allí en una cantina, Invade alguna cocina De algún vecino en seguida. Y después de la comida Si el plan allí se le cuaja, En algún montón de paja Duerme allí como un cochino, Porque vive del vecino quien su lomo nunca baja. Después que duerme se ve Levantarse el caballero, A escurrir el muy guagüero Algún morro de café. De allí sale el gran musié, Sacudiéndose la paja, Pero como ya es alhaja, ha dormido bien su siesta, Vuelve otra vez a la fiesta quien su lomo nunca baja. Si tiene casa, al volver, Llega como un toro bravo, Pues sin dejar un centavo quiere encontrar qué comer. Y a la pobre su mujer Como un demonio le faja, Y le rompe la tinaja Y su losita igualmente, Por no hallar qué darle al cliente, quien su lomo nunca baja. Y si de comer no halla, Ya mandará los hijitos, En busca de unos huevitos De gallina ajena en maya.
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O si no el muy canalla, El puerco del que trabaja En el hombro se lo encaja Y, al pulpero que consiente, Lo trueca por aguardiente quien su lomo nunca baja. En el campo hay pulperos, Y también en poblaciones, que de vagos y ladrones Son socios y compañeros. Pues hay muchos taberneros que así por tener ventaja, Compran siempre alguna alhaja Sabiendo que es mal habida, Y así pasa bien su vida quien su lomo nunca baja. Todos los agricultores Se quejan de la vagancia, Y la poca vigilancia, Entre alcaldes e inspectores; Pues hay muchos tapadores Cuando pueden sacar raja, Y al tener así ventaja Tapando mil travesuras, Vive siempre a sus anchuras quien su lomo nunca baja. Del campo en varias secciones Dicen que no hay justicia, Pero sí mucha malicia De muchos Jefes tragones. En arreglos de cuestiones Pierde siempre el que trabaja, Pues lleva la desventaja Si en el campo dan sentencia; Porque encuentra más clemencia quien su lomo nunca baja. De los campos cada día Traen muertos a la Ciudad, Pues se matan sin piedad Por cualquiera bobería. Ni alcaldes ni policía En las fiestas nadie ataja,
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Pues lo que más agasaja Es cobrarse la licencia, Pero no ve su sentencia quien su lomo nunca baja. hay alcaldes e inspectores Tan cumplidos y despiertos, Que cogen siempre a los muertos Y nunca a los matadores. Y otros no lo hacen peores Porque son de rompe y raja, que andan con la baraja Y la botella en el seno, Porque así lo halla bueno quien su lomo nunca baja. Los buenos hombres se quejan Porque a fiestas los invitan, Y sus armas se las quitan Y a los malos se las dejan. Y que los jefes se alejan Del pilón y del que maja, Porque dicen que el que ataja Le viene el toro de frente, Y así vive alegremente quien su lomo nunca baja. De cuenta de autoridades En los campos, con frecuencia, Sin ser de su competencia Se toman mil facultades. En ajenas propiedades. Uno quita, otro rebaja, Y en encontrando ventaja De notarios se la dan; Y así vive de holgazán quien su lomo nunca baja. Y otros se la dan de curas, Casan y hacen bautismo Pues tanto es su cinismo que echan agua a las criaturas. Derechos de sepulturas Ellos cobran sin rebaja, Pues de todo sacan raja Tantos Caciques, Señores,
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Pues vive con más honores quien su lomo nunca baja. Ya lo creo! Como no! Con el mameo, No digo yo!

Santo Domingo, febrero 22, 1893.

Origen del nombre del pueblo de Dajabón
Aunque me digan quijote Porque canto desatinos, Yo mis cantos campesinos No los dejo ni a garrote. Seré Juan de los palotes, Cantaré sin ton ni son, Pero así daré razón Y hoy sabrá el mundo entero El origen verdadero Del nombre de Dajabón. Pues, cuando la vieja España En el que hoy es Dajabón, No había más habitación que una mísera cabaña De una tal María Castaña,34 que allí fue a recalar, Y en la ribera a plantar Del Masacre allí su fundo, Ignorando todo el mundo El nombre de aquel lugar. Pero un día un jefe haitiano A la dueña visitó, Y ésta al punto lo obsequió Con un dajao soberano que en el Masacre rayano Sin duda que fue pescado, Y por la vieja arreglado, que se supone así, A la criolla, en aguají Y muy bien condimentado.
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Al Ciudº. Don Tomás Morales, Ministro de Guerra y Marina, Santo Domingo.

En los tiempos de María Castaña, caiculen!

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Pero así que el jefe va Mandando viajes sin tasa, A la dueña de la casa Preguntóle en buen patuá: Comer, qui puesson cilá?35 Ce pa puesson lamurí!36 —”¡No señoi!, peje de aquí, Diferente ai bacalao, Ete se ñama dajao, ¡Si señoi, beidá que sí! —A la ñon dajá quí bon37 Daja-bón, tré bon, comer,38 Can yo tá llegá Valier, Yo ta piens nan cet puesson. Ce ñon cos de entimación, Ce ta bagee saloprí!39 —Si musié, beidá que sí, Un peje muy etimao, Y ma cuando ta guisao Como ése, en aguají. Oui, sí, comer, dajabón!40 Yo nunco yo tá comé, De pejo ñon calité Com cilá nan má nación. Después que el muy mamalón Su daja-bón se tiró, Con tantas ganas quedó De matarse la canina, que ni una sola espina Sin repasarla dejó. Cuando terminó el musié De ponerse bien la bota, Montando una yegua rota Dijo así: “—Comer, m’alé,41 Otre dí yo ba turné Pur en otre dajabón Comer, escusé, pardón,42
Comadre, ¿qué pescado es ese? Ese no es peje bacalao! 37 qué dajao tan bueno! 38 Dajao bueno, muy bueno, comadre. 39 Eso no es cosa de porquería. 40 Sí, Comadre, dajao bueno. 41 Comadre, me marcho. 42 Excúseme, Comadre, perdón.
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JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMO II

Bon curage, porté vu bien43 Contao con ñon buen haicien qui ta a votre disposición”. La Seña María Castaña De su casa allí en la puerta, quedó con la boca abierta En ver tanta musaraña. Y no es cosa muy extraña Ser un haitiano cortés, Y más cuando hay interés De volver sin dilación En pos de otro daja-bón,…. Mayor el cumplido es. El referido musié Después de hacer como Blas, Ya comiste ya te vas, Cruzó el Masacre y se fue. Pero dizque el retapé, De ese personaje alto, De tamaño no era falto, Pues la tradición lo cuenta, que tenía de tabla treinta Y cuarenta de peralto. En fin la vieja Castaña Tantísimo celebró, Todo aquello que pasó En su modesta cabaña, que en nombre del Rey de España, Levantó sin dilación, Un acta dando razón, Y haciéndolo bien constar que le daba a aquel lugar El nombre de Dajabón. ¿Qué tal? Ya el Niño Bitongo no dirá que nadie se ocupa de averiguar el origen de los nombres patronímicos de nuestro afortunado terruño. Todo es empezar, más vale algo que nada. Adiós, Bitonguito de mi vida. Adiós, Juan Antonio Alix de mi corazón; no dejes de mandar otro viaje como el presente, que te quedará muy agradecido tu siempre amigo, BITONGUITO.
Santiago, 20 de marzo de 1898.

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Ánimo, y que le vaya bien.

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Para mi lindo clavel
Mi vida, mi corazón Te quiero, porque te quiero, Si no te quisiera tanto No te llamara mi cielo. En el mundo yo lo sé que hay millones de mujeres, que te brindarán placeres Pero no de buena fe; Como yo no hay quien te dé Tanto amor y estimación, Y como eres e botón Más bonito de alelí; Por eso te llamo así: Mi vida, mi corazón. Yo no tengo ya otro espejo De una luz tan brillante, Para verme a cada instante Y gozar con tu reflejo; Por eso es que no te dejo, Ni por todo el mundo entero; Y como eres el lucero Más lindo de la mañana Con la voluntad más sana Te quiero, porque te quiero. hoy te vengo a dar razón Para que vivas tranquilo, que yo no me descarrilo, Ni cambiaré de opinión Mientras vea tu corazón que me quiere con encanto Y como eres tú mi santo Más bonito de mi altar Tal vez te podría olvidar Si no te quisiera tanto. Como no tengo otra cosa que mandarte en la ocasión Te mando mi corazón Para ti, botón de rosa: Y al contarme por dichosa Con tu amor que es mi consuelo,
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JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMO II

No tengo ningún recelo, Y si yo no te quisiera Con mi alma toda entera No te llamaría mí cielo. Tu Mejor Amiga.

A la reina de mi amor
Mi vida, hojita de Rosa, Botoncito de azucena, Mientras dure en mí tu amor Yo seré tu centinela. Si la tierra se menea Y el mundo se viene abajo, Ni mi amor te lo rebajo Ni puedo cambiar de idea, Y por mucho que se vea En esta vida azarosa, Como es tan grande cosa El amor que puse en ti, Por eso te digo así: Mi vida, hojita de rosa. Como yo te lo juré Tiene así que resultar que no te he de olvidar Mientras yo en el mundo esté Y mi amor te guardaré Como una prenda buena; Y como eres la sirena, que me cantas mi alegría, Por eso te llamo así: Botoncito de azucena. No he conocido mujer que yo quiera más que a ti, Ni puedo vivir así, Sin tu amor y tu querer, Por eso tienes que ser Mi delicia y mi primor, Y como eres tú la flor Más bella de mi jardín, Mi querer no tiene fin Mientras dure en mí tu amor.
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En fin, palomita mía, Por esta buena ocasión Te mando más de un millón De caricias y simpatía; Y como eres mi alegría que me agrada y me consuela, Y todo eso revela que tu amor anda derecho; Mientras duermas en mi pecho Yo seré tu centinela. Tuyo, y Siempre Tuyo.

Dominicanos!

Ya, ya nuestra patria amada De sus hijos necesita, Y a todos hoy nos invita Con desenvainada espada. Ya la hora está llegada De no pensar en quehaceres, Ni en los hijos, ni en mujeres, Ni en nada, dominicanos, Sólo en destrozar haitianos A esos miserables seres. No pensemos en vivir Ni en nuestros bienes pensar, Pensemos en batallar Para vencer o morir. ¿Pues podremos permitir que esas bárbaras gavillas, Crucen jamás las orillas De la Línea divisoria, Esa inmundicia, esa escoria Afrenta de las Antillas? —No, dominicanos, no! Recordaremos primero, Esa fecha de febrero Y lo que ella nos legó. El vil haitiano cacó Ni toda su descendencia, Jamás hallarán clemencia, Ni piedad, ni compasión, Invadiendo a esta Nación Y a su santa Independencia.
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Si existe en la raza humana Una que se llame escoria, No queda redibitoria que no es otra que la haitiana. En esa raza inhumana El “Judú” es su religión; Y allí civilización Jamás llegará a su puerta, Porque para ella abierta No lo está en esa nación. Esa casta descendiente De Tusén y Desalina, No aspira más que a la ruina De esta nación floreciente. Pero este pueblo valiente, Siempre dispuesto se halla A trozar a esa canalla Con el machete y colín, Destruyéndola por fin Donde fuere la batalla. Recuerda, pueblo mañé, Aquellas pelas tan fieras, Del Número, Las Carreras, De Santiago y Santomé. Recuerda cómo te fue Por allá en Sabana Larga Con aquella toma amarga que te dimos a beber; Y no olvides a Beler Si no deseas otra carga. No olvides los machetazos Del célebre Cachimán, Donde hacíamos de un jirrbán, De un haitiano dos pedazos. Y recuerda los lanzazos De nuestros bravos guerreros, Que hoy afilan sus aceros Para tenerlos cortantes; Pues éstos no son los de antes que empuñaban prisioneros. ¡A la lid, dominicanos! Y alistemos los machetes,
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que haitianos culefretes44 Siempre han sido y son haitianos. Y si antes nuestros hermanos Se portaron con valor, Castigando al invasor, Con vergonzosas derrotas, A la lid, compatriotas, que hoy no lo haremos peor.

El acordeón y el cuatro45
El óigano en moa está; Dei cuatro naide se acueida; Por eso no se oye ya, “¿Maichantico, tienen cueida?” Poi Beinabé y Beitrán Traei tanto jacoideone En campo y en poblacione No ma se oye ei fuinfuán. Lo cuatro de baja etán Y ei músico peiderá, Pue de continuo etará Echando mil maldicione Poique ya en la dibeicione Ei jóigano en moa etá. “Dió se lo pague a Beitrán” Dijo uno, y a Beinabé, Poique me ha traído con qué Poneino ma jaragán. Agora no quitarán Para balletilla y cueida A lo caballo la ceida que lo dejaban pelone Poique ya en la dibeicione Dei cuatro naide se acueida. Ya no habrá ma que decí que la prima se paitió, que la segunda faitó Ni entoichao que añadí.
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Así les dice Camilito. Instrumento de cuerda.

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que la cueida jagan “tá”, Ni ai músico se verá Pasai su tiempo templando, Ni poi cueida preguntando, Por eso no se oye ya. Lo cuatro y lo tiplesito,46 Galano como ecofieta Ya ma nunca irán a fieta En funda de retasito. Y ei que toca violinsito De encoidadura de ceida Pa que su tiempo no pieida Eta profesión no siga, Poique ya no hai quien diga: “¿Maichantico, tiene cueida?”

El Niño de Atocha
Una vieja medio chocha Me decía: Siño Juan Béame ete niño de Atocha Pa bei si e jalemán. Como uté e muy detruío Y hombre de mucho aquei47 Le traigo ete niño a bei Si e de Atocha conocío. Pue poi Mao yo he sabío que no quiere ei Padre Rocha Bendecí Niño de Atocha Si son de lo jalemane Poique no cree en musuimane Una vieja medio chocha. Agora lo jitaliano No traen Santo beidadero Como traían den primero En bía dei pae Solano. Y uté puede crei heimano que lo de juera son tan que ata en idomia alemán Lo rótulo le han ponío:
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Tiple, instrumento de cuerda. De mucha inteligencia.

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“Y ete mundo ta peidío” Me dijo un día, Siño Juan. Ya nojotro lo critiano No podemos nian resai Y ei mundo se ba acabai Si Dió no mete su mano. Poique le asiguro heimano que el Obipo Arrócacocha Le ha mandao ai Padre Rocha Una caita patorai, Y yo para no pecai Béame ete Niño de Atocha. “Yo tenía un San José que era ei pato en milagriai Y lo mandé a retocai Y me lo dañó un francé. Pues me le puso musié En ve de poneile San, Y créalo Siño Juan que ata le peidí ei cariño; Y agora béame ete Niño Pa bei si e jalemán.

La gallina gira

La pobre de mi vecina Amiga de dar perjuicio, ¿qué dirá de mi gallina En llegando el día del juicio? Me han dicho en mi vecindad que una polla me ha robado Y en su casa la ha pelado Con toda seguridad. Y lo creo que es verdad Pues ella tiene ese vicio, Y al ser vieja en ese oficio Esta vecina malvada, ha de salir emplumada Al llegar el día del juicio. Con robar gallina vive Según estoy enterado, Pues las plumas ha botado Por cierto en un viejo aljibe.
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La justicia lo prohíbe Y bien castiga este vicio, Pues es grande sacrificio que usté críe su gallina Para una mala vecina Amiga de dar perjuicio. Como yo soy Comisario Me han dado ya la querella, que la que roba es ella Gallina en mi vecindario. Pensé que era un tal Sandario, Que en robar es ficha fina Sin saber que mi vecina, Podía tener ese vicio; Pero ella el día del juicio ¿qué dirá de mi gallina? ¡Oh! qué cosa tan atroz, Tener mi gallina gira, Y venir esa triunvira48 A guisarla con arroz! Pero así lo espero en Dios Y en Su Majestad Divina, que con plumas de gallina Y cantando el cocoriaco, Cargará el diablo en un saco A la pobre mi vecina.

Un hijo natural a su padre
Si usté tiene un alma buena Se ‘lo pido por favor Saque a mi madre de pena Devolviéndole su honor. Su hijo del corazón Le suplica como a padre que no le mate a su madre Que hoy se ve en aflicción. Le partiría el corazón Si hoy la ve con tanta pena Y como ella estaba ajena De verse hoy tan desgraciada,
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Partidaria de los triunviros, contrarios de los baecistas.

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Cumpla su palabra honrada Si usted tiene un alma buena. Por ese amor tan fecundo que en Ud. puso mamita Procure ver si me quita que me llame hijo del mundo. Me causa un dolor profundo Ver a mi madre sin honor Y como usted es el autor De mi madre esa desgracia que me conceda esta gracia Se lo pido por favor. Padre mío por su vidita! ¡Por lo que le sea más grato! No se muestre tan ingrato Con la pobre de mamita. Ella está ¡la pobrecita! De tristeza toda llena Y, como ella es tan buena, De amarlo a Ud. nunca deja Y para que Dios lo proteja Saque a mi madre de pena. Si su alma es generosa Yo le aseguro de fijo que yo le seré buen hijo Y mi madre buena esposa. Y si usted por buena cosa Le tiene a su hijo amor Le suplico por favor Y por la Virgen bendita que se case con mamita Devolviéndole Su honor.

Seña Dolores la tuerta

Seña Dolores la tuerta Un día sufría la pena De verse en una reyerta Por mezclarse en vida ajena. Mejor que busque un rosario Y se dedique a rezar Y se deje de enredar Con chismes el vecindario.
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Ella carga escapulario Y se hace la boquimuerta Para andar de puerta en puerta Llevando y trayendo enreo, que se ha vuelto hasta correo Seña Dolores la tuerta. Si esa viejita tuviera Dos ojos en vez de uno No hubiera faltado alguno que la muerte a ella le diera. Por habladora y embustera Todo el mundo la condena Y como ella en vida ajena Se mete y todo lo enreda Por el ojo que le queda Un día sufrirá la pena. Esa vieja del demonio Ahora se ha dedicado A todo hombre casado Levantarle testimonio; Pero espero en San Antonio También en Santa Ruperta que a Seña Lola la tuerta Por chismosa y habladora Le ha de llegar su hora De verse en una reyerta. A todas en este día Les digo que anden alerta, que a Seña Lola la tuerta Ya la tenemos de espía. Y según sentencia mía Esa vieja se condena, Porque se toma la pena De alcagüetear por antojo, Y va a perder el otro ojo Por mezclarse en vida ajena.

Los revólveres de Marmita o “párate ahí”
Señores, hago presente Por medio de estas canciones, que en campos y poblaciones Anda la muerte caliente;
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Porque hoy se mata la gente Por todas partes aquí; Y ahora más, resulta así Por esa charla maldita, que a los revólveres maimita Le dicen: párate ahí. Y el que suele hoy salir Con su marma en la cintura, Ya no puede hacer figura Sin que tenga que reñir. Pues vergüenza da decir, que en los campos del Cotuí, Moca, Vega y Macorí, Y de Santiago igualmente, Se desgarre tanta gente Por ese “párate ahí”. El que va por su camino Y lo mandan a parar, De una vez suele pelar Por su caldero dañino. Creyendo que es un mangrino que le ha salido allí, Vagabundo y baladí, Y como en son de bromita, Al verlo con su marmita Le ha dicho: párate ahí. Entre allá los sinvergüenza, O entre ese mundo atrasado, El párate ahí mentado Es una terrible ofensa. Y el que para su defensa Carga su marmita así, Se pica más que un ají, Y acomete como fiera, Cuando le dice cualquiera, Amigo: párate ahí. Y lo mismo entre esa gente que al aire le dicen adre, De familia llaman padre Al revólver de patente. que en este año solamente han gastado un potosí,
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En lo reboibe de Emí, que Dios confunda y maldiga, Por tal de que nadie le diga “Compae, párate ahí”. Y en los pueblos y ciudades De estas comarcas también Continuamente se ven Un sin fin de atrocidades. Pues digo que son verdades que hasta los niños chichí, No se apean el buen Esmit, Y al más respetable anciano, Con el pájaro en la mano Le dicen: ¡párate ahí! Con el juego y aguardiente, Los nombres y los refranes que inventan los charlatanes De los campos diariamente, Los hombres completamente Se destrozan por allí Como los carabalí, O como cafres, diremos; Y qué remedio pondremos Con esos “párate ahí”. También en las poblaciones Se ven fieras infinitas, Pero como usan levitas Se pasean en los salones Con tamaños salchichones De los que llaman de Esmí, Y mostrándolas allí De lujo sus bellas cachas, Para que vean las muchachas que no son “párate ahí”. Quién se menea, quién se saiba! Santo Dios! en ete siglo dique de la luce.

Fábula de los tres leones

A los generales G. Luperón, B. Monción y U. Heureaux.

Tres bravos leones lucharon, Unidos se defendieron,
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Después que se separaron, Uno por uno murieron. Por los valles y montañas A tres leones perseguían, Pero jamás los vencían; Por temor a sus hazañas En mil refriegas tamañas Como unidos batallaron, Los tres amigos triunfaron Venciendo a sus cazadores Y contra sus perseguidores Tres leones bravos lucharon. Aquellos que perseguían A los tres de las montañas, Se valían de mil mañas Para ver si los vencían, Pero no lo conseguían Porque los tres combatieron Y en sus campañas se vieron De acuerdo y en perfecta unión Y así por esa razón Unidos se defendieron. Pero astutos cazadores Para poder combatir, Trataron de dividir A sus grandes vencedores. Enviando disociadores Con chismes que se inventaron, que con los cuales lograron Realizar sus intenciones, Venciendo a los tres leones Después que se separaron. En esto deben fijarse Las tres potencias iguales, Y como amigos leales Nunca deben separarse; Y si desean escaparse Sean unidos como fueron Porque si se dividieron, Hagan estas reflexiones: que por eso tres leones Uno por uno murieron.
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Corpus Cristi
Con grande satisfacción Y entusiasmo singular, Venimos hoy a anunciar A esta culta población, que del Corpus la función No se encuentra muy lejana, Y que una fiesta galana Requiere la Eucaristía, Por ser el más grande día que existe en la fe cristiana. Como es el día favorito De su Santa Majestad, Por eso la cristiandad Lo celebra tan bonito. Y este festejo bendito Se dedica al Dios piadoso Padre Santo y bondadoso que nos da vida y consuelo, Y es en tierra, mar y cielo, El más grande y poderoso. Con demasiado contento honraremos el gran día De la Santa Eucaristía O el Divino Sacramento. Debajo del firmamento El Corpus Cristi sagrado Siempre ha sido celebrado Por todo el mundo cristiano, Apostólico, romano, Conforme está decretado. Todo cristiano creyente Para esta fiesta bonita, Con algunas limosnita Prestará su contingente. que el buen Dios Omnipotente Buena nota tomará, Y como sabemos ya que él paga ciento por uno, El día más oportuno De pagar se acordará.
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Como cosa muy segura El que algo quiera dar, Se lo debe de llevar De Parroquia a cada cura. Y aunque nadie se figura que todo el mundo es gitano, Es mejor que un cristiano Cuando dé su limosnita, Se la entregue contadita Al cura en su propia mano. que en estos tiempos malditos Ciertas aves de rapiñas, Andan hoy por las campiñas Matando sus borreguitos, Y a los pastores benditos que reciben tantas quejas, Se les prenden las orejas Por saber estos señores, que muchos sin ser pastores Les trasquilan sus ovejas. ¡Vamos queridos hermanos! Con el debido esplendor, Este gran día del Señor Celebraremos ufanos. Sabed que somos cristianos Y, es deber de cada cual, Cumplir, pero muy puntual, Con lo que la Iglesia manda Porque es la ley veneranda Del mismo Dios inmortal. En fin, nada más diremos Para de una vez concluir, que es preciso contribuir Sin que en nada nos fijemos. De obsequiar a Dios tenemos Por deber y obligación, Y esta noble población, Como culta y religiosa, Cumplirá lo más gustosa Con Dios y su religión. Y el que no lo haga así, que apriete.

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Cuatro bailes de disfraz

De rechupete, en Las Aguas, común de Montecristi, para el carnaval. Por la presente invita Luis Caballero a tutilimundi, sin escaparse ni los mamandos. Para más aclaración, allá va la mía folla.

Anuncia Luis Caballero Cuatro bailes de disfraz, Para el que se halle capaz De gozar con su dinero. El día quince de febrero, Víspera de Carnaval, Empezará el festival En estas Aguas benditas Con máscaras infinitas Y una bulla sin igual. Estos bailes aludidos Serán de cucumancola, Pues no habrá esa majapola De cuerambres pervertidos. Aquí serán escogidos Toditos los concurrentes, Porque todas son decentes Las máscaras invitadas Para las fiestas citadas En estas Aguas calientes. De música no se hable Porque eso se sabe ya, De Montecristi vendrá La orquesta más admirable Y que Luis, como es probable Espera gente un millón Del Copey y Dajabón Montecristi, Guayubín, Y de Sabaneta, en fin, Vendrán sin comparación. Osí de Foliberté De Uanament é d’Otrú, Capaicién, Maribarú Ampil mund yo va rivé. Pur se venir amusé Nan la fet de mardi grá An prenan di bon tafiá E dansé an paix tré bien
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Aqué fam dominiquen Qui coné shuqué bondá. El señor Luis Caballero Ya tendrá una cantina, que será la recumina Y el trato más placentero. El que llega con dinero Y sabe de cosa buena La barriga se la llena De licores sabrositos, Los dulces más exquisitos Y una magnífica cena. Como Luis e caballero Poi título y apellío Caiculen si ete endebío Se poitará con emero. Y má cuando be dinero En lo que llegan allí, No hay quien depache así Tan bibo y con tanto agrao ¡Pero cuando e de fiao! ¿quién aguanta a siño Luis? Venid, por Dios, señoritas A las Aguas a gozar Cuatro noches sin cesar, Y al buen gusto de toditas. Venid amables pollitas A aumentar la concurrencia, que no habrá desavenencia, Follica ni pelotero, Porque don Luis Caballero Trata a todos con decencia. La que mucho ha tropezado Por tentación del demonio, Le dice Alix Juan Antonio que por eso no hay cuidado: Que Jesús Crucificado, Dice la Santa Escritura, En la calle de Amargura Dio un sin fin de tropezones. Y allá en las altas regiones, Como Dios allí figura.
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Por fin el Luis Caballero tútili-mundi espera, En sus bailes y gallera El quince de este Febrero, Con gallos y con dinero, Porque ya valdrá la pena, Una corrida tan buena En estas Aguas pasar; Y el que no esté por gozar… En muriendo se condena. ¡A las Aguas muchachonas! Disfrazadas a bailar, que esto será de rajar, En estas fiestas privonas. Con que arreglar sus caconas, Mejor dicho el buen disfraz, Para con gusto eficaz, que gocen en la gallera, De Luis, de toda manera En unión y santa paz. Así memo.
Las Aguas, 2 de febrero de 1896.

Al público
El 15 de los corrientes, gran festividad en La Vega en obsequio de su divina Patrona, Ntra. Sra. de La Antigua.

Señores, vamos a ver Si el café y el cacaíto Y el resto del tabaquito Los llevamos a vender. Porque es preciso saber Que la fiesta muy ruidosa De la Antigua milagrosa, Patrona de los veganos, La tenemos en las manos Y será tamaña cosa. Y que debemos marchar Todo el mundo en gran tropel, Porque al Padre Adolfo Nouel Lo tenemos que ayudar. Porque él nos suele tratar A todos con distinción,
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Y nosotros con razón También debemos portarnos Con quien quiere Iglesia darnos Digna de esta población. Lo que es zoilo García Seguro que se derrite, Pues sin que nadie lo evite Tendrá en la fiesta un día. Calculen que esa María ha sido siempre su apoyo, que de plata un buen arroyo Le da con su protección Y que, en más de una ocasión, Le sacó los pies del hoyo. Y ese Fernández Laíto, Dimas Sánchez, Juan Ramón, Telésforo Calderón, Ya se menearán bonito, Pues si tienen su piquito Esos nenes referidos, Es que han sido protegidos Por la Antigua milagrosa, Y hoy harán tamaña cosa Porque son agradecidos. Lo mismo Marcos de Lora, Y el Meléndez don Manuel, Ya le harán un gran papel Del Cielo a la gran Señora. Porque ella es su bienhechora, que los protege a la carga, Y de ayudarlos se encarga En sus negocios por cierto, A trabajar con acierto Y ganarse plata larga. También el Robles Casiano Ya festejará a María, que con eso la Alcaldía Volverá a su digna mano. El Espaillat Emiliano Correrá por todos lados, Porque en estos días feriados Si no entra en alegría,
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Lo que es la Virgen María No les salva los pasmados.49 Y el Pablo Ramos también A la Antigua obsequiará, Pues según parece va En sus negocios muy bien. San Julián o Sen Julién que no se haga el mamalón Y saque en esta función Eso que tiene enterrado, que la Antigua se lo ha dado Mediante su protección. En el segundo aguacero Muchos más se mojarán, que en este viaje no van Por andar aun más ligero. En la Antigua sólo espero que salud me ha de dar Para poderlos mojar Aunque así le dé coraje A todo el que en este viaje Se me ha podido escapar.
Santiago, agosto 6 de 1893.

La graciosa mascarita
A mis amigos Doctor Morillo y Emilio Almonte.

Cuento un caso original Como así me lo han contado, De uno que fue disfrazado A un baile en el Carnaval, que se enamoró formal De una bella mascarita, Y a la que en seguida invita Para bailar una danza, Creyendo a toda confianza que sería alguna pollita. Tan pronto como empezó A bailar con su pareja,
49 Este buen señor, con la ayuda de N. S. de la Antigua ha salvado a una porción de personas atacadas del tétano o pasmo. Vamos a ver cómo se las averigua hoy con la Antigua su protectora.

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Se le pegó de una oreja Y su amor le declaró! Por su madre le juró que si él la conseguía Para siempre la amaría Con todo su corazón, Y con poca dilación Con ella se casaría. La graciosa mascarita Temprano enseñó la oreja, De que era gallina vieja Y de espuela no chiquita; Porque sin decirle quita, Ni déjame el alma quieta, Amparada en la careta, que es la ruina del pudor, Le correspondió su amor Con fidelidad completa. La mascarita citada, Declaró a su tierno amante que sentía pero bastante Decirle que era casada; Y que estaba disfrazada Sin saberlo su marido, A quien dejó muy dormido, Por una copa de vino que le dio un médico chino ¡Para dejarlo rendido! Los amantes continuaron Bailando lo más contentos, Y con miles juramentos Mutuo amor se profesaron; Y con disimulo entraron A una cámara secreta, Y con polvo de violeta que había en un tocador Se empolvaron lo mejor Sin quitarse la careta. Como por lo regular En esa clase de empresa Nunca falta buena mesa Dispuesta para cenar,
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Allí fueron a parar Aquellos enamorados; Pero cuando ya sentados A la mesa que se vieron, Y ambos se reconocieron, han caído desmayados. Pues la bella mascarita Vino a dar por resultado, Ser la madre de su amado Por su desgracia maldita. Con un revólver marmita El hijo se suicidó, Y ella también rodó Por el suelo sin aliento, Pues de pena y sentimiento Muertecita allí quedó. Si la cosa fue pesada Para hijo y para madre, No fue tanto para el padre, Porque nunca supo nada De su suerte desgraciada, Y de ese caso tremendo, Porque ya están diciendo que por la copa de vino que le dio el médico chino Todavía está durmiendo.
Santiago, 12 de febrero de 1907.

En la Sección de La Zanja
y al lado del buen señor Pedro Díaz, se encuentra el establecimiento de tienda y pulpería del buen amigo Fofín Pichardo, joven buenmozo, enamorado, guapo y con mucha plata. Según Juan A. Alix.

Y eso mismo canta un bardo: que al lado de Pedro Día, Buena tienda y pulpería Tiene allí Fofín Pichardo. Y que, un surtido gallardo hay también de miles cosas, Como purcianas preciosas, Linoces y muselinas, Percales y percalinas, Y otras telas muy famosas.
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Las telas para colchón, Forros de catres y hamaca, Parecen cueros de vaca Por lo fuerte que ellas son. El amarillo algodón, El cotín y buen listado, El fuerte diablo afamado, Y muchos driles famosos. De colores muy preciosos que a Fofín le han llegado. También para caballeros Excelentes panamaces, Calzados, buenos fulaces, Panza de burro sombreros. Casimires piqueteros Y muy buena imitación, Calzoncillos de algodón Y las mejores camisas, Las hay bordadas y lisas Y muy bonitas que son. Con Fofín encontrarán La más buena cotonía, Como en parte hoy en día iguales no la hallarán. Chancletas de cordobán, De toda clase pañuelos, Para camisas gemelos, Buenas mantas de algodón, Buen hilo de carretón Y de bollito sin pelos. Falso batista a escoger, Blanco y de otros colores, Y medias muy superiores Para hombres y mujer. Agujetas de tejer, Camisillas de algodón, De mil colores albión, Frente de hilo camisas, De algodón y lana, frisas, Salpurias y candelón. Y tocante a pulpería Casi no hay que preguntar,
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Porque allí se ha de encontrar De todo, que no hay tutía. Allí hay en demasía Las más frescas provisiones, Como harina, arroz, jamones, Arenques, petisalé, Bacalao, sal, café, Mantequilla y salchichones. Sardinas de chupe usté Manteca y famosos vinos, Fideos gordos y entrefinos Y buen aceite francé. Azúcar también se ve Y buena loza de venta, Malagueta, anís, pimienta, Nuez moscada, ajo, canela, Cebolla, clavos y vela Y algo más que no se mienta. Buen ron, anís, aguardiente, Cerveza de la mejor, Y para damas, licor Como ginebra excelente. Amargo bueno igualmente, Machetes de trabajar, Buenos clavos de entinglar Cuchillos, hachas, azadas, De Colín muy afamadas Y de otras cosas, la mar! Y Fofín hace saber que compra frutos al contado, Bien medido o bien pesado Lo que lleven a vender. Porque allí es un placer Vender por peso y medida, Y comprar cuanto se pida, Pues allí, claro se ve, que hay conciencia y buena fe Y honradez la más cumplida. Fofín es un comerciante que se empeña en agradar, Y en su casa acotejar Con cariño a su marchante.
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Y con honradez bastante Su deber sabe cumplir, que no hay quien pueda decir que vende bueno y barato, Y después se vuelve gato Con la vara de medir. Como hacen algunos pájaros que suelen haber por estos lugares, que si fían, apuntan con tenedores; y si venden al contado, nunca miden el lienzo con legalidad; por eso, el que le compre a esos pájaros, lleve lo que compre a medirlo por la vara de Fofín que es completa; y a que no le sale la cuenta. Lo mejor de todo es comprarle a Fofín, por eso de que a lo tuyo con razón o sin ella. Tiene razón JUAN A. ALIX.
Santiago, abril 16 de 1903.

La vanguardia

Es el nombre de cuatro bailes de disfraz para el Carnaval en los días 9, 10, 11 y 12 del mes de febrero, y en el vastísimo y lujosísimo salón del casino de Laíto Guerrero, frente al Parque Central. Empresarios: Laíto Guerrero y Enrique Méndez. Compae esos bailes serán la tusa de todos los bailes del Carnaval.

Vamos, pueblo santiaguero, A gozar lo más bonito En el salón de Laíto, El salón más piquetero. Como lujo, es el primero, Y de más capacidad; Como es también verdad que es el mejor adornado, Y el más bien iluminado que existe en esta ciudad. La Empresa pretende dar Cuatro bailes regulares De personas singulares que se dan a respetar; Pues la casa ni el lugar, Jamás pueden consentir que gente de mal vivir Y de poca estimación En tan decente salón Se vayan a divertir. La máscara que no está Invitada legalmente, La empresa por consiguiente La entrada le negará;
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Al efecto allí estará Nombrada una comisión Para que sin distinción La que entrare disfrazada Sin haber sido invitada, Arrojarla del salón. Como no consentirán A las pájaras aquellas, Cargadoras de botellas, No se vistan que no van. Ni menos admitirán Tantos niños majaderos que en bailes son los primeros En empuñar los asientos Causándoles sufrimientos A damas y caballeros. La empresa tiene conciencia que en los bailes que dará Complacida dejará A toda la concurrencia. Orden y mucha decencia, Escogidas mascaritas, Señoras y señoritas que si no son del arito, El gran salón de Laíto Se lo merecen toditas. Laíto y Enrique están Resueltos y decididos, A no entregar pedidos De cuenta de voyován; Si no aflojan el tin tán, Esos picos de alcatraz, Como no les queda más que pasar a retaguardia, Le dirán en la Vanguardia “No te vistas que no vas”. Como es cosa muy sabida que en el billar de Laíto El surtido más bonito, Nunca falta de bebida, Buenos lotes de comida Y confituría muy fina;
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Por eso que se adivina que en esos bailes famosos, que preparan tan lujosos, Cómo estará esa cantina! Si de música se trata, Se puede hacer una apuesta, que una gran famosa orquesta Ya vendrá de Puerto Plata, que aseguran que es muy grata Y unas danzas exquisitas, Todas nuevas y bonitas, Y así de cucamancola Para la Vanguardia sola, Y entusiastas mascaritas El que no asista a los bailes de “La Vanguardia” en el muy espacioso salón del casino de Laíto, se la ñaña, porque no gozará de lo mejor que habrá en el Carnaval. Lo digo yo: JUAN A. ALIX.
Santiago, 21 de enero, 1907.

Al honorable Ayuntamiento

Señoi Don Ayuntamiento, Le mandó a dicí ei reló que lo jaga de poi Dió De alibiaile su toimento.50 que ei pueblo no ta contento Con uté ni con su mando, Poique ya lo ta mirando que todo e un miterio, Teneilo en un cautiberio En be de tai funcionando. Le mandó a dicí también que si tiene un chin de honoi, que le jaga ese favoi De no beilo con dedén. que en este pueblo no hay quién Deje hoy de muimurai que no lo quien colocai En su beidadero pueto. Poique… jun! dejemo eto… que ma bale ata callai…
50 Un reloj público que regaló el Gral. Lilís a Santiago de los Caballeros, hace dos años que lo tienen arrumbado en un cuarto y no hay manera de que el Ayuntamiento lo coloque en el lugar que le corresponde.

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JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMO II

Y que le mande su cuaito que ganó en su lotería51 que ei no entra en felusofía Sino que aflojen aisaito; que de tai preso ta jaito En ese cuaito metío, Y que lo que ha recogío En un poición de saiteo Que lo aflojen, que eso e feo En ei no habeilo embeitío. Y que el Presidente heró Lo mandó a esta ciudá Para tai en libeitá Pero como preso no. Y quei ta rogando a Dió que uté deje pronto ei mando, Poique ya lo ta mirando Señoi don Ayuntamiento que uté no tiene ei intento De hacei que te funcionando.52

El pleito de Pontezuela
Ocurrido en dicho lugar en la noche del día de Santa Rosa.

El día de Santa Rosa Gran pleito en la Pontezuela, Dos muertos y dos heridos quedaron en la refriega. En casa de un tal Silverio hubo una gran diversión, La que fue sin dilación Convertida en cementerio. Pues ya se dice de serio que por una simple cosa, En esa fiesta azarosa quedaron allí tendidos Dos muertos y dos heridos En el día de Santa Rosa.
51 El Ayuntamiento estableció una lotería con el fin de montar el reloj y después de apercibir como dos mil pesos o más, lo invirtió en otras cosas contrariando las leyes del Ayuntamiento. 52 Por estas décimas condenó a Juan Antonio Alix, el Tribunal correccional de Santiago de los Caballeros a $8.00 de multa y cinco días de prisión.

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Todo fue por cuatro reales De juego en una partida, que allí se quitó la vida Aquel par de irracionales. Y más de cien criminales Al ver el apaga vela, Se prendieron en candela Con los revólver, to, to, to!… Y la fiesta se volvió Gran pleito en la Pontezuela. También hay que declarar que en medio del tiroteo, hubo grito y pataleo De mujeres con el mar; Y caballos relinchar Se oían, despavoridos, Y de perros los aullidos, Las gallinas cacareando, Y las familias gritando Dos muertos y dos heridos. Y los dos que perecieron Por un castigo de Dios, José Rodríguez, los dos El mismo nombre tuvieron. Y José los que salieron heridos en esa brega; Así es que nadie niega Lo que muy claro se ve, De que allí cuatro José quedaron en la refriega. Muertos: José Rodríguez Rosario, José Rodríguez Rosario. (Primos hermanos y amigos). Heridos: José Fernández, José Eugenio Blanco. Aprieta, Colasa! qué tal?
Santiago, 4 de setiembre de 1901.

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Revolución en Haití

Los generales Leconte y Juan Gil a la cabeza del movimiento revolucionario en la parte Norte de la República; pronunciamiento de Cabo Haitiano, Fort Liberté, Juanaméndez y otros pueblos del Norte. A los Gobernadores de Puerto Plata y Montecristi, por lo demás así diremos:

Damos hoy conocimiento que ya los Jefes Leconte Y Juan Gil se han ido al monte Donde han puesto en movimiento A todo el departamento Del Norte, donde campea Esa gente que pelea Por derrocar a Simón Del mando de la Nación Y empuñar la jicotea. Pero también no hay quien Asegure si Leconte Y Juan Gil se han ido al Monte Por su cuenta o de Fermén, Porque todo el pueblo haicién A Fermén es que desea Y por él es que pelea, Lo que hace suponer que Fermén ha de coger Sin duda la jicotea. Cojeró si siembro! (Cojerá si siembra; refrán dominicano). La jicoté apartien a Leconte é Jean Gil qui se tiró nan gló pu cojelo. Musié Fermén apé promené a l’etranger li pa cone sa qui pasé nan Buá d’Haití. Non comper, musié Fermén Cet un hom de gran talan E ñon des plis savan Orguei di Peple haicién, honorable citoayen E patriot bien estimé, Tré habil pur guverné A la Republique d’Haití E pur le bien di peí Il prandrá la jicoté. Vive Fermén! Fermén cé ñon bon garson E tré bon acreditá
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Come le premié candidá Pur comandé la Nación. La general opinión A Fermén cé qui jemé E com li bien relacioné Du mond nan tu le peí, Dan la Republique d’Haití Cojeró la jicoté. Vive Fermén! An eto guerro civil A la fen sa viendrá, Ca Fermén sucederá Lo que a Jimeno con Gil, La que coja la fusil E se tiró nan difé Ni tan boba ella seré, Pur su vido comprometo Pa qui vengo otre soqueto A empuñá la jicoté. Vive Leconte et Jean Gil. Camarad Antuén Simón Tamprí, camarad, tamprí! Chef Leconte ape viní Pu meté ú nan prison E avec ñon gran divison Parfecteman equipe Chef Jean Gil duéta rivé De Leconte an compañí Et ben, si pá vlé murí Largué vit la jicoté. Vive Fermén et Jean Gil. LE DECIMER DU YAQUE.
Fevrier 13 de 1911.

La Purísima Concepción

A la distinguida Señora Doña Elisa Rancier de Pérez, y demás iniciadoras de la fiesta que se prepara el día 8 de los corrientes a la Purísima Concepción de María.

El día de la Concepción, que es el ocho del corriente, Se avisa a todo creyente que habrá una grande función;
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Como en esta población Se usaba en la antigüedad que una piadosa hermandad Festejaba el grande día, De la muy pura María Con toda solemnidad. Y como la tradición Refiere que, en San Antonio, Era enantes patrimonio Celebrar la Concepción, Por esa misma razón Se prepara el vecindario Con júbilo extraordinario A solemnizar el día, De la Divina María En ese mismo Santuario. La distinguida Señora que es doña Elisa Rancié, De la fiesta así diré que es la principal autora, Y también la iniciadora De que en tan glorioso día, Reviva la cofradía De la invicta Concepción, Como en esta población En otro tiempo existía. Para esa función sagrada Se invita a todo vecino, Sea del pueblo o campesino Pues será bien celebrada Con una alegre alborada, Música, tambores, dianas, Las cornetas y campanas Y al son de los atabales, Los fuegos artificiales, Y algunas calles galanas.53 La víspera de la fiesta En San Antonio, igualmente, habrá una salve excelente Como ya está propuesta;
53

Las del barrio de San Antonio.

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Una magnífica orquesta, Candeladas y fanales, Los fuegos artificiales Lucirán en el festín, Y de dicha salve en fin Romperán los atabales. El día de la Concepción El acto será bonito Con gran misa y pan bendito Y un magnífico sermón. Y los fieles con razón, Con fervor y alegría, Asistirán ese día Para dejar complacida A la por siempre lucida, La Purísima María. La cofradía de la Concepción dejó de existir por causa del terrible terremoto del año 42, por cuya razón pretenden ahora levantar el espíritu de los fieles y revivir dicha cofradía.

El 23 del corriente

Se empieza en Jánico la fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de ese lugar; y el 24 pertenecerá al pueblo, cuyos encargados serán Victoriano Pérez hijo, Daniel Báez y Daniel Pichardo.

Señores, hago saber, Por medio de estas canciones, Las grandes preparaciones que Jánico suele hacer Para mejor complacer En esa bendita zona, A la divina Patrona, Las Mercedes bendecida, que no desampara en vida Ni en muerte nunca abandona. El Presbítero Ramón Antonio Pérez, sabemos, que al frente allí lo tenemos En esta celebración. Pues con mucha antelación La Iglesia hizo pintar, Y todo bien adornar Para que sea más lucida,
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La fiesta a la bendecida Patrona de aquel lugar. Daniel Báez, Comandante O Jefe allí Comunal, Se empeña lo más formal En quedar lo más triunfante; Pues con gente allí bastante De a pie y caballería Y salvas de artillería, Recibirá lo mejor A Mon el Gobernador, que irá el veintiocho día. El Pichardo Danielito, Como Alcalde del lugar, que se afana sin cesar Por el bien del pueblecito; Un discurso muy bonito Tiene ya en preparación, Para cuando llegue Mon Pronunciarlo en su presencia, Con tan lucida elocuencia que causará admiración. Dicen que Pancho de Luna Echará en esta jarana La casa por la ventana Sin dificultad ninguna. Cambiaso, sin duda alguna, En chispa se meterá, Y más hoy como él está Dizque, medio regordón, Por eso con más razón Atrás no se quedará. Dicen que el Cura Ramón ha invertido buenos reales En fuegos artificiales que habrá con profusión. Y en esta celebración habrá una famosa orquesta, Pues según está propuesta De Santiago ha de pasar Para más solemnizar Esa referida fiesta.
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Y según parte oficial Del Alcalde Danielito, quedará lo más bonito Ese bello festival, Pues todos en general Entusiasmados están, Y se alistan con afán Para todos bien quedar, Y complacidos dejar A los que allí pasarán. También nos dice Daniel Con un empeño tenaz, que habrá bailes de disfraz Y que el empresario es él. Así es, que un gran papel En todo hará Danielito, Y quedará lucidito, Porque el muchacho promete; Pero cuando el pico mete Pone a cualquiera blandito. Y que varios curas van A la fiesta, según creo, Pues van el Padre Eliseo, Lamarche y Manuel Román, Y algunos predicarán En esa fiesta bendita, Y para más exquisita Misa habrá de revestido, Según así he sabido Por mi vecina Julita. En fin, el Padre Ramón Y el Jefe allí Comunal, Al público en general Les pasan invitación, Y a todos, sin distinción, Les suplican asistir Para poderle pedir A las Mercedas piadosa, que una vida más dichosa Nos ayude a conseguir. Y allá nos veremos, les dice también su amigo y servidor, JUAN A. ALIX.
Santiago, septiembre 19 de 1900.

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JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMO II

Diálogo entre la Paz y la Guerra
Tuvieron grande cuestión La Paz y la Guerra un día. La Guerra a la Paz decía: Ya verás mi condición, La Guerra: Aunque me nombran por Guerra Yo me llamo destructora, Pues destruyo en una hora Todo lo que hay en la tierra. Lo malo todo se encierra En mi pecho de tal suerte que la sangre que se vierte Para mí es de gran contento; Sangre humana es mi alimento Y mi placer es la muerte. La Paz: Dijo al hombre Jesucristo: “La Paz con vosotros sea”. Todo el mundo me desea Porque desgracias evito. La tierra donde yo habito Se ve siempre florecida; En mi reino no hay cabida Para grillos ni prisiones, Patíbulos ni expulsiones, Y mi placer es dar vida. La Guerra: Cuando estoy en mi elemento El comercio no figura, Se acaba la agricultura Y la miseria la aumento. El hombre su pensamiento Lo tiene en la carabina, Roba, incendia y asesina; Y el hijo quito a la madre Y al hijo le quito al padre Y de todos soy la ruina. La Paz: El Presidente González Me ha traído a este país Para hacerlo más feliz Y remediar tantos males.
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Ya se acabarán los vales Y así acabará la cosa, La Patria será dichosa, Y el hombre trabajará Y buen fruto cogerá con sus hijos y su esposa. La Guerra: En mi reino no hay bonanza, Todo es pesar y aflicciones, hago yo formar cantones Para acabar con la crianza. La cosecha y la labranza Por mí pierde el habitante, También pierde el comerciante El crédito y capital, Y si todo marcha mal De todo soy la causante. La Paz: Yo soy la prenda preciosa que esta Patria ha de guardar, Pues doy tiempo a trabajar Y sin mí nada se goza; Del progreso soy la diosa Y de todos preferida, Al comercio le doy vida Y trabajo al jornalero, Y haré todo cuanto quiero Si no soy interrumpida. La Guerra: Yo soy la madre del vicio Y del crimen la Patrona, Todo por mí se abandona Pues el hombre pierde el juicio. El artesano su oficio Lo deja por el cantón, Pierde el niño su instrucción, Pierde la hacienda en seguida, Y al fin se pierde la vida Siempre que hay revolución. La Paz: huye, guerra, de este suelo, El poder está en mis manos,
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Ya son los dominicanos Perdonados por el Cielo! he venido a dar consuelo Por la Providencia enviada, Y que tú seas desterrada Por mí que me llamo Paz Y que no vuelvas jamás A esta Patria desgraciada. La Guerra: Adiós Paz, ya me retiro, Para nunca más volver. hoy te dejo en el poder Con el baecista y triunviro; que no se dispare un tiro, que no haya revolución, Vivan todos en unión, Ved que sois dominicanos Y como buenos hermanos Decid: viva la fusión!
(1875)

Inauguración del Ferrocarril Central
Al Ciudadano General Don Teófilo Cordero y Bidó, Ministro de Fomento y Obras Públicas.

Con toda seguridad Damos hoy conocimiento, que el Ministro de Fomento ha llegado a esta Ciudad. Y que viene en realidad Según la voz general, Con carácter oficial. Y como de Santiago hijo, A tratar del regocijo Del Ferrocarril Central. ¿Conque ha llegado don Telo? Anjá! miren qué bueno! Eso dice el pueblo lleno De regocijo y consuelo; Y no porque en este suelo Falten pues autoridades Y una porción de entidades que en todo muy listos andan;
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Pero donde muchos mandan Siempre hay dificultades. Como hasta ahora programa No se ha visto de la fiesta, Ya con don Telo en ésta Verá como se proclama; Y el público lo reclama Para noticia tener, De lo que intentan hacer En esta festividad, Pues con toda seguridad que no hay quien pueda saber. Pero el pueblo santiagués Con programa o sin programa, En esta fiesta de fama Se portará como es, Atento siempre, y cortés Como en él es natural; Y así debe cada cual No ver esto con desdén, Sino portarse muy bien Todo el mundo en general. El Gran Pacificador Y el Ministro de Fomento, Tomarían a sentimiento Y a un desagrado mayor, Si Santiago con fervor Y bastante animación, No celebra esta función Como lo merece tal, El Ferrocarril Central que honra a esta población. Y esos Jefes Gobernantes que tantísimo han luchado, Por dar a este pueblo amado Y a todos sus habitantes, Caminos tan importantes Para poder transportar, A las orillas del mar Sus frutos del interior, Sería la infamia mayor No saberlos agradar.
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JUAN ANTONIO ALIX | DÉCIMAS – TOMO II

Por eso es necesario que todo el mundo se afane, Y cada cual engalane Lo mejor su vecindario; Y este pueblo hospitalario hará esfuerzos verdaderos, Para que los forasteros Después de estas diversiones, Lleven buenas impresiones, De todos los Santiagueros. El que no se porte bien, se moja! Lo digo yo, JUAN ANTº. ALIX.
Santiago, 7 de agosto de 1897.

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NO. 19

SALOMÉ UREñA DE hENRÍqUEz
POESÍAS ESCOGIDAS

Salomé Ureña de Henríquez
(Noticia biográfica)1
Salomé Ureña de henríquez nació en Santo Domingo, capital de la República Dominicana, el 21 de octubre de 1850. Sus padres: Nicolás Ureña de Mendoza (1822-1875) y Gregoria Díaz y León (1819-1914). Nunca salió de su país. Durante su infancia no asistió a otras escuelas que las de primeras letras, únicas abiertas entonces a las mujeres; pero su padre, poeta discreto y abogado de buena reputación, que ocupó puestos de senador y de magistrado, le dio la mejor educación literaria que allí podía alcanzarse en aquellos años: fundamento de ella fue la lectura de los clásicos castellanos. Nunca escribió mucho. Comenzó a componer versos a los quince años; a los diez y siete comenzó a publicarlos bajo el seudónimo de herminia; desde 1874 los publica siempre con su firma. Ya para entonces llamaban la atención en Santo Domingo, y aun en países vecinos, las composiciones patrióticas en que predicaba paz y progreso. Paz y progreso fueron sus temas desde 1873 hasta 1880; y la constancia de su prédica le conquistó la admiración y afecto de aquel pueblo que, vegetando en pobre vida patriarcal interrumpida por desastrosas guerras civiles, había luchado desesperadamente durante ochenta años por conservar su carácter de pueblo de lengua castellana y de civilización española, y aspiraba, fortalecido por los recuerdos de su ilustre pasado colonial, a existir nuevamente como factor de cultura en América. La preocupación patriótica llegó a sobreponerse a toda otra idea en el espíritu de la joven poetisa: la literatura fue para ella consideración secundaria junto al deseo de hacer llegar su prédica a la conciencia de toda la nación. Servir fue para ella, como para el poeta griego, la aspiración única. El país premió su devoción dedicándole como homenaje, en 1878, una medalla costeada por suscripción popular.2 Durante los años de 1878 y 1879 se dedicó a completar metódicamente su cultura científica y literaria, bajo la dirección de Francisco henríquez y Carvajal. Con él contrajo matrimonio el 11 de febrero de 1880. En 1881 sus esperanzas patrióticas sufren grave decepción: el gobierno de Meriño, de cuyas singulares dotes de inteligencia y de cultura se esperaba mucho, fracasa moralmente al creerse obligado a medidas de fuerza para mantenerse en el poder; el fracaso era augurio de nuevas tiranías… La poetisa escribe Sombras, y, sin proponérselo, desde entonces compone y publica versos raras veces. Entretanto había llegado a la República el pensador antillano Eugenio María hostos, y se le había encomendado la organización de la Escuela Normal en la ciudad de Santo Domingo (1880): Francisco henríquez y Carvajal, fue uno de sus colaboradores más activos. Salomé Ureña, que acababa de decir adiós a sus ilusiones juveniles de poetisa patriótica,
1 Esta noticia biográfica de Salomé Ureña fue escrita por su ilustre hijo Pedro Henríquez Ureña, para la edición de 1920 de las Poesías de la egregia poetisa. Apareció sin firma, por delicadeza del autor, ya que se trataba de su progenitora: de ahí su sobriedad y la ausencia del entusiasmo ditirámbico que ella siempre despertara por lo que fue y lo que significó en la sociedad –en las letras y la civilidad– de su época. (Los Editores). 2

Fue un contagio sublime! Muchedumbre de almas adolescentes la seguía al viaje inaccesible de la cumbre que su palabra ardiente prometía… Gastón F. Deligne. ¡Muerta!

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COLECCIóN PENSAMIENTO DOMINICANO | Volumen I | POESÍA Y TEATRO

emprende ahora nueva labor constructora: se convierte en educadora de la mujer, y funda, en noviembre de 1881, el Instituto de Señoritas, primer plantel femenino de enseñanza superior que ha existido en el país. En medio de dificultades, como plantel particular en que las alumnas pagaban muy poco o no pagaban, el Instituto vivió doce años (hasta diciembre de 1893): las alumnas que de él salieron han difundido la instrucción de la mujer en el sur de la República Dominicana. Como magno acontecimiento se saludó, en abril de 1887, la investidura de las seis primeras maestras: Leonor Feltz, Luisa Ozema Pellerano, Ana Josefa Puello, Mercedes Laura Aguiar, Altagracia henríquez Perdomo, Catalina Pou. Para aquella ocasión Salomé Ureña de henríquez rompió su silencio y escribió la historia de sus aspiraciones y de sus esfuerzos en Mi ofrenda a la Patria: ¡hace ya tanto tiempo! Silenciosa, si indiferente no, Patria bendita, yo he seguido la lucha fatigosa con que llevas de bien tu ansia infinita… Te miro en el comienzo del camino, clavada siempre allí la inmóvil planta… De su matrimonio tuvo cuatro hijos: Francisco, Pedro, Max y Camila. A su hogar dedicó la mayor parte de las poesías que compuso desde 1881 hasta su muerte, y que a menudo dejaba inéditas largo tiempo. Fuera de esas composiciones, y de Mi ofrenda a la Patria, sólo escribió otras ocho. Minada su salud por el trabajo cuando se decidió a cerrar el Instituto de Señoritas, no logró recobrarla; vivió tres años más, y murió en su ciudad natal el 6 de marzo de 1897. Su muerte fue duelo de todo el país. Está enterrada en el templo de Las Mercedes, en cuyo convento ejerció el maestro Tirso de Molina.


No se incluyen en la presente edición todas las producciones de Salomé Ureña de henríquez; se han omitido poco más de veinte composiciones, escritas en su mayor parte durante la primera juventud, y el poema Anacaona, escrito en 1879. Se han omitido también los trabajos en prosa (discursos y cartas), que se procurará reunir en pequeños volúmenes más adelante.3
3 Las poesías de Salomé Ureña se publicaban generalmente en periódicos de Santo Domingo y a veces, por excepción, aparecían por primera vez en Cuba. La antología de José Castellanos, Lira de Quisqueya (Santo Domingo, 1874), recogió unas diez composiciones suyas. De su obra poética ya contamos con cuatro ediciones: las Poesías, de 1880, edición de la Sociedad Amigos del País, con Prólogo de Meriño, y una biografía escrita por José Lamarche; la edición de 1920, de Madrid, con la presente noticia biográfica escrita por Pedro Henríquez Ureña; las Poesías completas, de 1950, edición conmemorativa del Centenario de su nacimiento, con una breve Advertencia del poeta Manuel E. Suncar Chevalier y un bello Prólogo –el más cabal estudio de la poesía de Salomé Ureña– por el Dr. Joaquín Balaguer. La edición de 1950 es semejante, en cuanto a las poesías recogidas, a la del 1880; y la presente es semejante a la de 1920. En una obra de próxima publicación, de Emilio Rodríguez Demorizi, El Instituto de Salomé Ureña (Para la historia de la espiritualidad dominicana), se incluyen diversos escritos de Salomé Ureña, prosa y verso, y, además de algunos documentos, escritos literarios, también en prosa y en verso, consagrados a la insigne Educadora. En el opúsculo de Silveria R. de Rodríguez Demorizi, Salomé Ureña de Henríquez, Buenos Aires, 1944, figura una bibliografía acerca de la celebrada poetisa. (Los Editores).

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SALOMÉ UREñA DE hENRÍqUEz | POESÍAS ESCOGIDAS

El texto de las poesías ha sido objeto de especial atención. Las ligeras modificaciones que en él se adviertan comparándolo con el que generalmente se conoce fueron indicadas por la autora durante los últimos años de su vida o están autorizadas por la existencia de dos versiones de una composición: por ejemplo, A los dominicanos y A la Patria, en que ha parecido adecuado restaurar frases expresivas que se encuentran en las versiones de 1874, corregidas en 1880. Sólo en dos o tres casos, en que el texto parecía estragado en la trasmisión, se han introducido retoques, con la esperanza de acercarse a lo que realmente haya escrito la autora. Pedro henríquez Ureña.

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COLECCIóN PENSAMIENTO DOMINICANO | Volumen I | POESÍA Y TEATRO

Poesías escogidas
Recuerdos a un proscrito
Al Sr. D. Alejandro Román.

¡Oh Patria, voz divina, sublime y dulce nombre, a cuyo acento el alma palpita de emoción; palabra sacrosanta que encierras para el hombre cuanto hay aquí en el mundo de grato al corazón! Tú guardas de mi infancia las risas hechiceras; tú guardas el idilio del maternal amor; aquí ensayó mi lira sus cánticas primeras; aquí entregó a los vientos sus notas de dolor. Así, aunque de otras playas jamás me vi en la arena ni de otros horizontes las líneas contemplé, concibo del proscrito la abrumadora pena, y su mortal angustia por tu ascendiente sé. Y sé cuán dulce llega, al pecho dolorido del que entre ajenos lares la suerte desterró, un eco, una memoria del suelo bendecido do el beso de una madre primero recibió. Por eso yo un recuerdo te mando enternecida, a ti que solo vagas, proscrito del edén que guarda tus afectos, la historia de tu vida, que guarda de mi vida las páginas también. Momentos hay que triste parece que te miro vagar meditabundo, sumido en ansiedad, y envuelta una memoria del alma en un suspiro temblando entre la brisa te manda mi amistad. Si alguna vez tu frente se dobla pensativa con pena recordando tus goces y tu hogar, también los que aquí siempre te amamos con fe viva tenemos horas lentas de triste meditar. ¡Si vieras, caro amigo, si vieras qué mudanza el tiempo y los dolores obraron en mi ser! ¡Si vieras cuánto sueño de gloria y esperanza mi mente sorprendida miró desvanecer! ¡Ay, cuántas, cuántas veces en mi dolor vehemente tu ausencia ha deplorado mi triste corazón!
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SALOMÉ UREñA DE hENRÍqUEz | POESÍAS ESCOGIDAS

Pensaba que tú fueras aquí mi confidente y hallara en tus palabras consuelo mi aflicción. Mas ¡ah! que tras de tantos recónditos pesares como de angustia el alma transida devoró, volver seguro debes a tus amantes lares, al suelo bendecido que nunca te olvidó. Y entonces contemplando, ya libre de congojas, de nuestros verdes campos la pompa tropical, oyendo los deliquios del aura con las hojas, gozando de las aves la música ideal, así como a la sombra contara a sus amigos el hijo de los bosques la historia de su amor, así bajo las palmas, de tu placer testigos, nos contarás tu ausencia, tus horas de dolor. Y entonces te diremos con lánguida ternura también nuestros dolores, que harante conmover; y entonces, sólo entonces, sabrás nuestra amargura y nuestras horas lentas de lento padecer. En tanto, sólo puede mi afecto dilatado mandarte una protesta sincera de su fe; decirte que, del alma por siempre venerado, doquiera tu recuerdo conmigo llevaré. ¡Adiós! Cuando discurra la brisa bulliciosa, rumores de la Patria fingiéndote al pasar, entonces en mí piensa, que, siempre cariñosa, te mando entre sus alas recuerdos del hogar.
1872.

La gloria del progreso4
A la sociedad “La Juventud”.

No basta a un pueblo libre la corona ceñirse de valiente; no importa, no, que cuente orgulloso mil páginas de gloria, ni que la lira del poeta vibre sus hechos pregonando y su victoria,
4

Fue la primera composición en que la autora expresó su ansia patriótica de progreso. A pesar de los defectos juveniles que en ella se advierten, fue muy elogiada en la prensa de las Antillas. (Not. Ed. 1920, pág. 4.)

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COLECCIóN PENSAMIENTO DOMINICANO | Volumen I | POESÍA Y TEATRO

cuando sobre sus lauros se adormece y al progreso no mira, e, insensible a los bienes que le ofrece, de sabio el nombre a merecer no aspira. El mundo se conmueve cual de una fuerza mágica impulsado; el progreso su luz extiende breve desde la zona ardiente al mar helado y vida y movimiento a todo imprime. Por eso las naciones convocadas en lucha tan sublime dispútanse agrupadas el lauro insigne del saber divino y cada pueblo aspira a llenar con honor su alto destino.5 Lucha sublime, sí, donde se mira en héroe convertido al ciudadano ceñir triunfante la inmortal corona, desde el pobre artesano que en su taller humilde se aprisiona hasta el genio que escala el firmamento y fija al ígneo sol su inmoble asiento. Contemplad al que atento y cuidadoso se desvela en su estancia, retirado, indagando la ciencia. Al que afanoso sorprende los secretos de natura, y con mano segura a lienzo los traslada trasportado. Mirad al que, domando del mármol o del bronce la dureza, de forma le reviste y de belleza; al hábil arquitecto que elevando hasta el cielo la cúpula gigante, sublime y arrogante, parece desafiar del tiempo cano la destructora acción. Ved al que ufano el ánimo sorprende y maravilla trocando fácil con su diestra mano en deslumbrante vidrio humilde arcilla; al incansable obrero que sobre su telar constante vela,
5

En ed. 1880, pág. 13: con afán de cumplir su alto destino.

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SALOMÉ UREñA DE hENRÍqUEz | POESÍAS ESCOGIDAS

que sin cesar se afana, y con prolijo esmero hace que de algodón o tosca lana brote bajo sus dedos rica tela; al que tenaz horada las montañas y en sus rudas entrañas abre a la industria salvadora senda; al que su rica hacienda no consume en estéril opulencia, y con afán loable acorre presuroso a la indigencia, y el pan de la instrucción le brinda afable. Mirad al que a su imperio hace que salve el líquido elemento y atraviese, más rápida que el viento, la palabra veloz otro hemisferio. Miradlos todos, vedlos agrupados oponer una valla al retroceso: ellos son los guerreros denodados que forman la vanguardia del progreso. ¡Oh, dichosas mil veces las naciones cuyos nobles campeones, deponiendo la espada vengadora de la civil contienda asoladora, anhelan de la paz en dulce calma conquistar del saber la insigne palma! Esa del genio inmarcesible gloria es el laurel más santo, es la sola victoria que sin dolor registrará la historia porque escrita no está con sangre y llanto. ¡Oh juventud, que de la Patria mía6 eres honor y orgullo y esperanza! Ella entusiasta su esplendor te fía, en pos de gloria al porvenir te lanza. haz que de ese profundo y letárgico sueño se levante, y, entre el aplauso inteligente, al mundo el gran hosanna del Progreso cante.
1873.

6

En ed. 1880, pág. 15: Tú, Juventud, que de la Patria mía…

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A los dominicanos7
Los que anheláis del templo de la gloria la Patria levantar a lo eminente; que supísteis luchar heroicamente por darle en los anales de la historia el renombre de un pueblo independiente, venid y saludad la nueva aurora que baña en luz la dilatada esfera; saludad la celeste mensajera que en nombre de la unión, que el libre adora, abre del bien la suspirada era.8 Y vosotros que el cáliz de amargura distantes apuráis de vuestros lares, salvad gozosos los tendidos mares, volved a saludar en la llanura de la Antilla preciada los palmares. Volad a recibir el tierno abrazo de la madre amorosa que os dio vida, y juradle con voz enternecida, cuando os miréis en su feliz regazo, darle otra vez la majestad perdida. Todos venid, y en fraternal alianza estrechad vuestros nobles corazones, reprimid de la guerra las pasiones,9 y revivan, al sol de la esperanza, del patriota las dulces ilusiones. Y pues grandes ayer en Capotillo asombro fuisteis a la hispana gente,10 aún reclama el esfuerzo del valiente para dar a sus triunfos nuevo brillo quisqueya la gentil, la independiente. Mas deponed la poderosa espada con que abrís el camino a la victoria; guardadla, de hechos grandes en memoria: que en esta nueva singular cruzada no será de las armas la alta gloria.
7 Suprimido el subtítulo de la edición de 1880: “Después de la Revolución de noviembre”. Se refiere a la revolución del 25 de noviembre de 1873. 8 En ed. 1880, pág. 19: del suspirado bien abre la era. 9 En ed. 1880, pág. 19: reprimid el rencor y las pasiones… 10 En ed. 1880, pág. 19: espanto fuisteis a la hispana gente…

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SALOMÉ UREñA DE hENRÍqUEz | POESÍAS ESCOGIDAS

Unidos, con intrépida constancia, el firme pecho de virtud seguro, salvad triunfantes el altivo muro que levanta en su orgullo la ignorancia y arrancad al error su cetro impuro. Ya os brinda el triunfo su gloriosa palma ¡oh de mi Patria nobles campeones! Atónitas os miran las naciones al progreso elevar en grata calma con honra y libertad nuevos pendones. Dando al olvido vuestro ciego encono, al ara de la paz tended la mano, y con vivo entusiasmo soberano asegurad en su perdido trono a la reina del piélago antillano.
Enero 1874.

A la Patria11
Desgarra, Patria mía, el manto que vilmente, sobre tus hombros puso la bárbara crueldad; levanta ya del polvo la ensangrentada frente, y entona el himno santo de unión y libertad. Levántate a ceñirte la púrpura de gloria ¡oh tú, la predilecta del mundo de Colón! Tu rango soberano dispútale a la historia, demándale a la fama tu lauro y tu blasón. Y pídele a tus hijos, llamados a unión santa, te labren de virtudes grandioso pedestal, do afirmes para siempre la poderosa planta, mostrando a las naciones tu título inmortal. Y deja, Patria amada, que en el sonoro viento se mezclen a los tuyos mis himnos de placer; permite que celebre tu dicha y tu contento, cual lamenté contigo tu acerbo padecer. Yo vi a tus propios hijos uncirte al férreo yugo haciéndote instrumento de su venganza cruel;
11 La autora publicó estos alejandrinos con la siguiente nota: “Esta composición no alude a hechos de tal o cual gobierno determinado, pues desde nuestra independencia política principió a ensayarse el bárbaro sistema que reprobamos.” (Not. ed. 1920, pág. 11.)

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por cetro te pusieron el hacha del verdugo, y fúnebres cipreses formaron tu dosel. Y luego los miraste proscritos, errabundos, por playas extranjeras llorosos divagar; y tristes y abatidos los ojos moribundos te vi volver al cielo cansados de llorar. Tú sabes cuántas veces con tu dolor aciago lloré tu desventura, lloré tu destrucción,12 así cual de sus muros la ruina y el estrago lloraron otro tiempo las hijas de Sión. Y sabes que, cual ellas, colgué de tus palmares13 el arpa con que quise tus hechos discantar, porque al mirar sin tregua correr tu sangre a mares no pude ni un acorde sonido preludiar. Mas hoy que ya parece renaces a otra vida, con santo regocijo descuelgo mi laúd, para decir al mundo, si te juzgó vencida, que, fénix, resucitas con nueva juventud;14 que ostentas ya por cetro del libre el estandarte y por dosel tu cielo de nácar y zafir, y vas con el progreso, que vuela a iluminarte, en pos del que te halaga brillante porvenir; que ya tus nuevos hijos se abrazan como hermanos, y juran devolverte tu augusta dignidad, y entre ellos no se encuentran ni siervos ni tiranos, y paz y bien nos brindan unión y libertad. ¡Oh Patria idolatrada! Ceñida de alta gloria prepárate a ser reina del mundo de Colón: tu rango soberano te guarda ya la historia, a fama te presenta tu lauro y tu blasón.

1874.

Diez y seis de agosto
Tendida muellemente sobre su lecho de flotante espuma, sin ver la densa bruma que el cielo de sus glorias envolvía,
12

En ed. 1880, pág. 22: lloré tu desventura, tu propia destrucción… En ed. 1880, pág. 22: Y sabes que gimiendo colgué de tus palmares… 14 En ed. 1880, pág. 22: que te alzas victoriosa con nueva juventud…
13

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quisqueya, en abandono, indiferente, al rumor de sus olas se adormía. Y, en su fugaz letargo, no vio de la ambición la hidra gigante por un metal brillante honor sacrificando y patriotismo, un porvenir en esperanzas largo hundir ¡oh Dios! en el profundo abismo. Cual fatigado atleta cayó de libertad la fiel divisa; del trópico la brisa triste plegó sus alas sin mancilla, por no agitar, al discurrir inquieta, el pabellón extraño de Castilla. Del libre la alta palma destrozada inclinó la erguida frente; el pecho del valiente de secreto dolor se estremecía; quisqueya, en tanto, en aparente calma, al rumor de sus olas se adormía. Mas, de arrogancia lleno, dicta el ibero servidumbre y muerte por ley al pueblo fuerte, y quisqueya sacude su desmayo al oprimir su delicado seno el arnés de los hijos de Pelayo. Levántase indignada buscando el lema con su sangre escrito; y a su potente grito, presintiendo el baldón de su fortuna, temblaron las legiones que en Granada miraron a sus pies la media luna. Osténtase en la liza de la Cruz el magnífico oriflama; en pos de eterna fama se agrupan a su sombra mil leales, cuyos triunfos, que el tiempo inmortaliza, fatigaron los ecos nacionales. Y el grito de victoria se extendió por el valle y la montaña,
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y en vano, en vano España sofocarlo intentó con su bravura: que quisqueya en los campos de la gloria a su orgullo cavó tumba segura. Y cual ejemplo fiero y escarmiento tal vez de otras naciones, por tierra los pendones, confusas, destrozadas y vencidas, vuelta la faz al aterrado ibero, devolviole sus huestes aguerridas. ¡honor, eterna gloria de Agosto a los gigantes adalides, que en desiguales lides, luchando con la fe del patriotismo, la grandeza volvieron a su historia, dando ruda lección al despotismo! De lauros mil ceñida por ellos hoy la Patria alza la frente, y con afán ardiente, bañada por el sol de la esperanza, en pos de nueva luz, de nueva vida, al porvenir intrépida se lanza.
1874.

Homenaje a Billini15
De admiración henchida, al sacro fuego que mi mente inflama, levanto conmovida un himno fiel de gratitud sentida que tu ejemplar abnegación reclama. que si mi pobre lira calla ante el vicio y la maldad del hombre, siempre lo grande admira; y pues que digna tu virtud me inspira, quiero en mis trovas celebrar tu nombre: tu nombre bendecido, que adora el pueblo fiel dominicano,
15 El canónigo Francisco Xavier Billini, fundador del Colegio de San Luis Gonzaga y del Hospicio de Beneficencia. (Not. Ed. 1920, pág. 17.) Esta nota de la edición de 1920, Madrid, reproduce el título con que figura esta poesía en la edición de 1880.

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y siempre repetido se escucha con amor del desvalido, del niño tierno, del inerme anciano; tu nombre, que venera la nueva juventud que se levanta, de quien la Patria espera ciencia y honor y gloria duradera, fruto del germen que tu celo planta.16 Tú, con afán ardiente, un templo elevas al saber amigo, y la razón naciente corre a buscar de la instrucción la fuente bajo tu dulce paternal abrigo. Y lleno de entereza vas preparando, por tu amor llevado, un trono de grandeza al porvenir que a vislumbrar empieza este suelo de luz infortunado. ¡Espíritu sediento que en pos del bien y la virtud caminas! En triste abatimiento nunca se torne el vigoroso aliento que te da impulso en tu misión divina. Tan ejemplar desvelo bien de los hombres y alto honor merece; pero tu noble anhelo tiende más lejos su gigante vuelo, y albergue y pan a la indigencia ofrece. ¡Genio de paz sublime que alivio das con tus virtudes bellas al que en angustia gime! A cada paso que tu planta imprime dejas grabadas de tu amor las huellas. Ministro digno y santo del Dios de caridad omnipotente, que calmas el quebranto y das consuelo al llanto de la afligida humanidad doliente:
16

En ed. 1880, pág. 38: debido al germen que tu celo planta.

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si grato es a tu alma el respeto de un pueblo que te admira, contempla en dulce calma de tanto afán la merecida palma y oye el aplauso que tu nombre inspira. Escucha en tu alabanza la voz de gratitud que al cielo sube, y el himno de esperanza que alza la Patria y hasta Dios avanza como de incienso vaporosa nube.17
1875.

Ruinas18
Memorias venerandas de otros días, soberbios monumentos, del pasado esplendor reliquias frías, donde el arte vertió sus fantasías, donde el alma expresó sus pensamientos: al veros ¡ay! con rapidez que pasma por la angustiada mente que sueña con la gloria y se entusiasma, discurre como alígero fantasma la bella historia de otra edad luciente. ¡Oh quisqueya! Las ciencias agrupadas te alzaron en sus hombros del mundo a las atónitas miradas; y hoy nos cuenta tus glorias olvidadas la brisa que solloza en tus escombros. Ayer, cuando las artes florecientes su imperio aquí fijaron, y tuviste creaciones eminentes,19 fuiste pasmo y asombro de las gentes, y la Atenas moderna te llamaron. Águila audaz que rápida tendiste tus alas al vacío
En ed. 1880, pág. 39: cual del incienso vaporosa nube. habla de las ruinas de la Universidad, de los conventos y de los palacios de la época colonial, la época en que Santo Domingo se ufanaba llamándose Atenas del Nuevo Mundo. (Not. Ed. 1920, pág. 20.) 19 Versión recomendada por su autora; pero olvidada, involuntariamente, en la edición de 1920, Madrid, según nota de henríquez Ureña. En ed. cit. pág. 21: y creaciones tuvistes eminentes…
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y por sobre las nubes te meciste:20 ¿por qué te miro desolada y triste? ¿do está de tu grandeza el poderío? Vinieron años de amarguras tantas, de tanta servidumbre, que hoy esa historia al recordar te espantas, porque inerme, de un dueño ante las plantas, humillada te vio la muchedumbre. Y las artes entonces, inactivas, murieron en tu suelo, se abatieron tus cúpulas altivas, y las ciencias tendieron, fugitivas, a otras regiones, con dolor, su vuelo. ¡Oh mi Antilla infeliz que el alma adora! Doquiera que la vista ávida gira en tu entusiasmo ahora21 una ruina denuncia acusadora las muertas glorias de tu genio artista22 ¡Patria desventurada! ¿qué anatema cayó sobre tu frente? Levanta ya de tu indolencia extrema: la hora sonó de redención suprema y ¡ay, si desmayas en la lid presente! Pero vano temor: ya decidida hacia el futuro avanzas; ya del sueño despiertas a la vida, y a la gloria te vas engrandecida en alas de risueñas esperanzas. Lucha, insiste, tus títulos reclama: que el fuego de tu zona preste a tu genio su potente llama, y entre el aplauso que te dé la fama vuelve a ceñirte la triunfal corona. que mientras sueño para ti una palma, y al porvenir caminas, no más se oprimirá de angustia el alma
En ed. 1880, pág. 41: y allá sobre las nubes te meciste… En ed. 1880, pág. 42: ávida gira en su entusiasmo ahora,… 22 En ed. 1880, pág. 42: pasadas glorias de tu genio artista…
20 21

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cuando contemple en la callada calma la majestad solemne de tus ruinas.
1876.

Para la distribución de premios del Colegio San Luis Gonzaga23
¡Levanta, musa mía, tus alas al alcázar de la gloria, y arranca a la armonía un himno de esperanza y de victoria! Un himno que pregone las conquistas del bien y la constancia, y el triunfo galardone con que ufana y feliz brilla la infancia. La infancia que estudiosa de este plantel en el honroso gremio, sonriendo venturosa recibe de su afán el alto premio; la infancia, tierna planta, que oculto el germen del futuro lleva, y crece y se levanta y a las regiones de la luz se eleva. Ya irradia en lontananza iris de paz que el porvenir colora, y rayos de esperanza de la niñez en su primera aurora. Seguid, alumnos tiernos, del ardua ciencia la segura vía, que lucen siempre eternos, los triunfos del saber con lumbre pía. Y tú, varón egregio, que con rara entereza y virtud tanta, encumbras el Colegio que de dos lustros la cerviz quebranta; no dejes las regiones del pueblo fiel donde tu amor reside,
23

Excluida de esta edición de 1920.

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ni al huérfano abandones que en desamparo protección te pide. ¿No sabes que al abrigo del insigne plantel que así diriges, para este suelo amigo templo de luz y de esperanza eriges? ¿No sabes que tu nombre repite acorde el nacional murmullo, y te proclama el hombre prez de la Iglesia y de la Patria orgullo? Del gozo el pecho expande que el error pasa como niebla oscura, y refulgente y grande la memoria del bien vive y perdura. ¡De amor y paz caudillo! prosigue la ardua empresa que te inflama, que así a tu afán das brillo y gloria a Dios y a nuestra Antilla fama.
1876.

27 de Febrero

¡Oh fecha generosa que el patriota saluda y reverencia; en que libre flotara victoriosa la enseña de la patria independencia! En que a la voz de fama de Dios y Libertad, el fuerte acero requiriendo a la lid, que el pecho inflama, triunfar o perecer juró el guerrero. Y la servil librea al desechar audaz, con ira santa, entre aplausos de asombro, gigantea, espléndida, quisqueya se levanta. ¡Venciste, oh Dios, qué gloria! Venciste, Patria, y tu preclaro nombre con destellos de luz graba la historia, y te tributa admiración el hombre. Mas ¡ah! ¿piensas que basta ese triunfo de hazañas y grandezas?
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¡A más altura tu bandera enasta! De otra lucha te aguardan las proezas. Convoca tus legiones, no ya el festín de la matanza fiera, sino a la santa lid de las naciones donde el talento vencedor impera; donde el soldado errante su ingénito valor, su fuerza augusta, templa del orden al respeto amante y del trabajo en la gallarda justa. Tus campos sin cultivo, que se dilatan bajo un sol de fuego, en su vigor aguardan primitivo de fecundante paz el blando riego. Aguardan, del celoso y activo agricultor, vastos plantíos que tu crédito alzando poderoso te den aliento y esperanza y bríos. De la segur al filo dobleguen la cerviz tus selvas graves, para dar a los pueblos un asilo, vida al comercio, y a los puertos naves. ¡Ay, abre nuevas sendas; que se levanta el sol, y el iris raya, y el progreso benéfico sus tiendas viene a sentar en tu desierta playa! Acoge al huésped regio que a ti se acerca recorriendo climas, y albergue digno a su esplendor egregio presurosa levántale en tus cimas. Acude, que la suerte le conduce feliz a tus regiones; y grande, y libre, y poderosa, y fuerte, de la industria llevando los blasones, la que hoy en tus baluartes enseña nacional la brisa ondea, tremolando en el templo de las artes, de nueva gloria monumento sea.
Febrero de 1877

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La llegada del invierno
Llega en buen hora, mas no presumas ser de estos valles regio señor, que en el espacio mueren tus brumas cuando del seno de las espumas emerge el astro de esta región.24 En otros climas, a tus rigores pierden los campos gala y matiz, paran las aguas con sus rumores, no hay luz ni brisas, mueren las flores, huyen las aves a otro confín. En mi adorada gentil quisqueya, cuando el otoño pasando va, la vista en vano busca tu huella: que en esta zona feliz descuella perenne encanto primaveral. que en sus contornos el verde llano, que en su eminencia la cumbre azul, la gala ostentan que al suelo indiano con rica pompa viste el verano y un sol de fuego baña de luz. Y en esos campos donde atesora naturaleza tanto primor, bajo esa lumbre que el cielo dora, tiende el arroyo su onda sonora y alzan las aves tierna canción. Nunca abandonan las golondrinas por otras playas mi hogar feliz: que en anchas grutas al mar vecinas su nido arrullan, de algas marinas, rumor de espumas y auras de abril. Aquí no hay noches aterradoras que horror al pobre ni angustia den, ni el fuego ansiando pasa las horas de las estufas restauradoras que otras regiones han menester. Pasa ligero, llega a otros climas donde tus brumas tiendas audaz,
24

En ed. 1880, pág. 58: surge el planeta de esta región…

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donde tus huellas de muerte imprimas, que aunque amenaces mis altas cimas y aunque pretendas tu cetro alzar, siempre mis aguas tendrán rumores, blancas espumas mi mar azul, mis tiernas aves cantos de amores, gala mis campos, vida mis flores, mi ambiente aromas, mi esfera luz.
1877.

La fe en el porvenir

A la Sociedad “Amigos del País”

Cual gladiador valiente que al circo peligroso se abalanza y lidia tenazmente, trémulo de valor y de esperanza, y sólo cesa en la tremenda lucha cuando aclamarse vencedor escucha tal, de entusiasmo llena, se lanza audaz la juventud fogosa con pecho firme en la vital arena. El alma generosa, de impaciencia y ardor estremecida, rasgar intenta del futuro el velo, penetrar los misterios de la vida, salvar los mundos, escalar el cielo. Eterna soñadora de triunfos y grandezas inmortales, con viva luz sus horizontes dora. Decidle que ideales son los portentos que su mente crea, que es vana la esperanza que la agita:25 triunfante el orbe mostrará su idea si le infunde valor la fe bendita. ¡Ah, no la detengáis! Dejad que ardiente de su noble ambición el rumbo siga; dejadla al cielo levantar la frente;26 dejad que un rayo de esa lumbre amiga su corazón encienda,
25 26

En ed. 1880, pág. 62: que es Vana la esperanza que le agita… En ed. 1880, pág. 62: dejadle el cielo levantar la frente,

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y la veréis inquebrantable, osada, por el honor y la virtud llevada, lauros segar en su espinosa senda. Si el arte peregrino con sus prodigios mágicos la alienta,27 dejadla proseguir en su camino; que allá a lo lejos brilladora palma un futuro de gloria le presenta, y a conquistarla volará su alma. Si al campo de la ciencia con entusiasta admiración la guía28 ansiosa de saber su inteligencia,29 espacio dadle, y triunfadora un día veréis cuál se levanta, leyes dictando a la creación entera, la tierra a sujetar bajo su planta y a medir de los astros la carrera.30 Dejadla proseguir. ¡Ay del que nunca31 sintió inflamarse en entusiasmo santo, y de la Patria la esperanza trunca! Miserable existir, inútil vida la que se aduerme en el error, en tanto que en lucha activa se estremece el mundo, siguiendo tras la luz apetecida de gloria y bienestar germen fecundo. Avanza ¡oh juventud! lucha, conquista del bien supremo la eminente cumbre, tiende al futuro la impaciente vista, y a la fulgente lumbre que allá te muestra tu inmortal anhelo, con la virtud por guía, sigue inspirada de tu mente el vuelo y llévete doquieras tu osadía. Atleta infatigable, del bien y el mal en la contienda ruda, te alzarás invencible, formidable, si el entusiasmo, si la fe te escuda.
En ed. 1880, pág. 62: con sus prodigios mágicos le alienta En ed. 1880, pág. 62: con entusiasta admiración le guía, 29 En ed. 1880, pág. 63: sedienta de saber su inteligencia, 30 En ed. 1880, pág. 63: y medir de los astros la carrera. 31 En ed. 1880, pág. 63: Dejadle proseguir. ¡Ay del que nunca…
27 28

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que atraviese tu voz el aire vago32 las almas convocando a la victoria: tuya es la lucha del presente aciago, tuya será del porvenir la gloria.
1878.

En la muerte de Espaillat33
¿qué acento de amargura, del Yaque hasta el Ozama, en raudo vuelo, cruza en el viento que gimiendo pasa? ¿qué nueva infausta difundir procura? ¿qué nuevo desconsuelo, qué angustia nueva el corazón traspasa y a quisqueya infeliz cubre de duelo? Nuncio de muerte y luto que al alma libre estremeciendo llega y una lágrima fiel pide en tributo; llanto de amor con que la tumba riega del hombre esclarecido el pueblo en sus entrañas conmovido. Sí, que la noche eterna cayó sobre la frente del patriota, del alma inmaculada y grande y tierna: por eso el llanto de los ojos brota, y la Patria laméntase, no en vano, y acongojada en su dolor se agita: que ha perdido el deber un ciudadano, y un defensor la libertad bendita. ¡Oh Patria sin ventura! ¡Cómo sucumben los que el pecho fuerte supieron con bravura exponer en defensa de tu suerte! ¡Cómo sucumbe el adalid preclaro que a restaurar tus fueros en tus horas de triste desamparo a salvarte voló con los primeros! Soldado de la Patria generoso, nunca rindió su corazón honrado,
32 33

En ed. 1880, pág. 63: Que atraviese tu voz el aire libre. En ed. 1880, pág. 64: En la Muerte del Esclarecido Patriota Ulises F. Espaillat, ex-Presidente de la República.

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de honores ni de mando codicioso. Si el triunfo deseado su esfuerzo coronó, su heroico empeño,34 gozarlo quiso en el hogar tranquilo, y de sí mismo y de sus obras dueño, haciendo el bien sin esperar renombre, a la par le siguieron en su asilo la admiración y la maldad del hombre. ¡Ah, cómo yaces desolada y triste, oh Patria de los grandes, oh quisqueya! ¡Cómo en tu frente que la sombra viste la desgracia y el mal graban su huella! Abate el pabellón de las victorias, que se desploman con fragor violento las soberbias columnas de tus glorias. Y el que fue timbre tuyo y ornamento no habita ya tus lares, ejemplo a las virtudes militares; ni ya su diestra mueve la pluma que dictó consejos sabios, ni más responde a la calumnia aleve con la paz y el perdón sobre los labios.35 quisqueya, tú que un día le alzaste en triunfo a presidir tu suerte y admiraste su honor y su hidalguía, ven, y en su tumba vierte las lágrimas de amor, las bendiciones que merecen los grandes corazones. Inclínate y escucha: del seno de esa tumba esclarecida se eleva conmovida voz que la unión y la concordia clama, y los males deplora de tu lucha, y al goce de la paz tus hijos llama. Restaña tus heridas, de la civil discordia fruto aciago; levanta tus miradas abatidas;
34 35

En ed. pág. 65: su esfuerzo coronó y heroico empeño, Suprimidos en la ed. 1920, pág. 33, los siguientes versos que, en ed. 1880, pág. 66, continúan la estrofa: Si tuvo Cincinatos de memoria ejemplar la Roma libre, fecundo en rasgos de virtud innatos, arrebatado vibre del egregio varón dominicano mas claro el nombre en el confín lejano.

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mira del porvenir el fiero amago que amenaza tal vez con golpes ciertos convertir tus ciudades en desiertos y tus campiñas en sangriento lago. ¡Ah! Si el dolor pudiera del yugo redimirte con que fiera la furia del error tu frente oprime, de tus timbres gloriosos en ultraje, hoy ofrecieras al varón sublime la paz del porvenir en homenaje. ¡Y no! que sorda al ruego la senda propia del abismo marcas, pábulo dando al devorante fuego que consume tus fértiles comarcas. Mas yo, que en mi quebranto la esperanza del bien para ti aliento, y conmovida tus victorias canto y tu dolor lamento, sigo esperando con tenaz porfía de paz el claro día y rindo al justo en despedida eterna de ardiente gratitud lágrima tierna.
1878.

Quisqueya36
¿Será que al grito solo del combate feroz estremecida valor y fuerza y vida despliegues ¡ay! con insensato alarde, mientras cunde la luz de polo a polo y en noble sed el universo arde? ¿No sientes cuál se agita en sus cimientos conmovido el orbe, y sin traba que estorbe37 del genio activo el vigoroso vuelo, en pos de la verdad se precipita, de la ignorancia desgarrando el velo? ¿Por qué tú sola yaces insensible a esa vida de victorias,
36 Leída en la conferencia literaria del 18 de mayo (1878), celebrada por la Sociedad Amigos del País. (Nota ed. 1880, pág. 68.) 37 En ed. 1880, pág. 69: y sin que nada estorbe…

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de perdurables glorias, a ese triunfo inmortal del pensamiento y del bien a la lucha no renaces y sigues del progreso el movimiento? Contempla las naciones en muchedumbre férvida agruparse, ufanas levantarse del arte y de la industria los blasones en justa lid a disputar serenas. ¿No ves? Las que cobija con su palio de luz la ardiente zona; las que eternal corona ciñen del Norte los perennes hielos, con la mirada en el futuro fija confunden en un punto sus anhelos. Y todas, en la frente de esperanza feliz llevando un rayo, en generoso ensayo las fuerzas nobles del talento miden, y la palma conquistan eminente, y víctores los ámbitos despiden. Tú sola, de ese gremio desconocida, en tu confín vegetas, y al yugo te sujetas en que el error con mengua te aprisiona, cuando el trabajo y el saber en premio ciñen de gloria la triunfal corona. Es esa la lid santa en donde el siglo a combatir te reta; donde tu vida inquieta, que en contiendas inútiles se agota, ensayando vigor y fuerza tanta fecunde el germen que en tu seno brota. ¡quisqueya! Tú, la libre del antillano piélago en las olas, la que el pendón tremolas de las naciones que la gloria exalta: ¿cuándo será que en el espacio vibre la fama de tu gloria en voz más alta? ¿Cuándo será que altiva, regenerada por el bien te eleves,
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y de tu industria lleves al festín de los pueblos muestra rara, y un puesto pidas en la lucha activa en que el triunfo sus lauros te prepara? ¿qué importa el alto nombre con que premió la libertad un día tu ingénita osadía? ¿qué importa, si olvidada en lo profundo nunca tu historia la recuerda el hombre, nunca tu fama la repite el mundo? Llega con pie seguro del templo del saber a los dinteles, conquista los laureles de la virtud y de la ciencia humana, y el velo desgarrando del futuro muéstrate al orbe de tu gloria ufana. Entonces, de la cumbre de la fortuna en elevado asiento, tendiendo el pensamiento libre y seguro al porvenir lejano, astro serás de fecundante lumbre, de esperanzas al mundo americano.
Mayo de 1878.

Hecatombe

Escuchad: mi Patria un día fue vendida al extranjero, y la enseña del ibero en sus torres se veía. El honor y la hidalguía, la libertad y la gloria huyeron de la memoria del pueblo dominicano, que abandonara al hispano38 sus laureles y su historia. Sólo allá, con noble ardor, un grupo digno y valiente que no doblegó su frente al yugo del invasor,
38

En ed. 1880, pág. 83: abandonando al hispano…

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en los campos del honor, lleno de coraje fiero, el pabellón de Febrero enarboló en lid apuesta, arrojando una protesta que oyó asombrado el ibero. Y ciego de ira se lanza sobre el grupo decidido que no quiso envilecido existir sin esperanza, ante la fatal pujanza de aguerridos batallones, los heroicos campeones de la Patria desgraciada rindieron al fin la espada, pero no los corazones. Que al fin cautivos se vieron en el combate los bravos que al vivir de los esclavos un fin digno prefirieron. Y los tigres que vencieron porque así plugo a la suerte, con la arrogancia del fuerte, con insolente cinismo, dictaron al patriotismo una sentencia de muerte. Y los patriotas cayeron bajo el plomo del hispano, y el suelo dominicano con sangre libre tiñeron. Allí los héroes sufrieron crudo martirio sangriento; pero en sus tumbas el viento con voz de venganza vibra, despertando en cada fibra el nacional ardimiento. En ese polvo sagrado, entre esos héroes, inerte, sucumbió el atleta fuerte, el vencedor no premiado: aquel que el pendón cruzado alzó en Febrero triunfante,
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Sánchez, meteoro gigante de nuestro cielo de gloria, nombre que guarda la historia con cifra de oro brillante. Mas la sangre meritoria que corriera en El Cercado, para el español osado fue vil mancha infamatoria; y los lauros de la gloria que trajo de allende el mar, destrozados vio rodar en el polvo americano, cuando el pueblo soberano le arrojó del libre hogar. hoy, que el glorioso estandarte de libertad bendecida la Primada esclarecida tremola en cada baluarte; hoy, Patria, que formas parte de los pueblos vencedores cuya fama entre loores de un polo al otro retumba,39 inclínate ante la tumba, que guarda a tus defensores.40 Y bendice, Patria mía, aquella tierra empapada con la sangre inmaculada que a los libres dio energía. Acaso, acaso algún día, cual fantasma funerario que al viajero solitario cuente ese drama sangriento, alzarás un monumento en ese nuevo Calvario.
Julio de 1878.

A mi Patria
De nuevo el arpa ensaya un himno en tu favor ¡oh Patria mía!
39 40

En ed. 1880, pág. 85: de un pueblo al otro retumba,… En ed. 1880, pág. 85: que guarda tus defensores.

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De nuevo el corazón que no desmaya en su inmortal porfía su voz eleva que el deber alienta, y a tus fuerzas vigor prestar intenta. Yo sé que no importuna mi amarga queja tu vivir cansado41 tu inquieta brisa remeció mi cuna, y el pecho alborozado aliento libre respiró en su esencia, y fue lo grande de tu amor la herencia. Y arrebatada, luego, ávida el alma recorrió tu historia; y en el arranque de entusiasmo ciego, espléndida tu gloria gozosa imaginó la fantasía que de uno al otro polo se extendía. Mas ¡ah! nueva existencia la mente absorta descubrió entre asombros y descender te vi de la eminencia; y triste, en tus escombros fui a llorar en la tarde que declina tu muerta gloria y tu presente ruina. Sí, que el marcial trofeo del combate entre el polvo recogido sólo en tus palmas triunfadoras veo; y el lauro entretejido que la victoria te ciñó fulgente sin brillo luce en tu guerrera frente. Y por la lucha impía que fuiste, olvidas, en gallarda justa, rival preclara de la Grecia un día, cuando la ciencia augusta en sus hombros te alzó, y entre loores irradiaron al mundo tus fulgores. ¡Oh, basta! No demandes al genio de la lid nuevas coronas: si acciones buscas de memorias grandes, si lauros ambicionas,
41

En ed. 1880, pág. 87: mi amarga queja tu vigor cansado;

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tremola de la paz el estandarte y abre tus campos al saber y al arte. En el concurso egregio de pueblos que en famosa muchedumbre reclaman del invento el privilegio, a la esplendente lumbre del siglo que ilumina soberano la lucha audaz del pensamiento humano, allí desierto, solo, el puesto de tu honor con mengua miro, mientras que vuela desde polo a polo la fama en raudo giro nombres llevando, y esparciendo al viento los prodigios de arte y del talento. De tu presente vida nada un recuerdo a despertar alcanza: que el pensamiento tu memoria olvida, porque, en perpetua holganza sobre laureles de ignorado nombre, no llega a ti la admiración del hombre. En la encendida hoguera del sol que en tus espacios se derrama y ardiente reverbera, de mi entusiasmo se templó la llama, y a su calor el alma estremecida bebió la inspiración, la luz, la vida. ¿Y su fecundo rayo no basta a reanimar el fuego puro del genio vigoroso que en desmayo, sin sueños de futuro, tendido sobre el lecho de tus flores, en tu seno vegeta sin amores? ¡Oh, no será! ¡Despierta! que ya la historia tu renombre aguarda y el himno de tu fama se concierta: si en el progreso tarda te mira el mundo indiferente ahora, muévele al fin a saludar tu aurora. qué bella, refulgente, de ciencia y libertad corona doble ceñir podrás a la radiosa frente
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si con empeño noble al orbe muestras de virtud en prenda, la paz del porvenir en digna ofrenda.
Diciembre de 1878

Colón42

Al Sr. D. Emiliano Tejera.

¡Silencio! que ya herido43 siento latir el corazón opreso44 de tantas emociones bajo el peso. Silencio, sí; dejad que estremecido el espíritu libre se remonte de luz ansioso, de verdad sediento, y busque sobre el viento el espacio, la esfera, el horizonte donde el humano orgullo vencido acalla su falaz murmullo. Levanta victoriosa la egregia frente de entusiasmo llena ¡oh Patria de mi amor, cuna famosa del mundo americano! Álzate ya con majestad serena, que la calumnia en vano a ti sus dardos con empeño lanza ante el orbe asombrado que te admira; en vano, que no alcanza su encono fiero, que desdén inspira, tu honor a mancillar: luciente, claro, como el astro que fúlgido amanece rasgando sombras en triunfal camino, así brilla, y se eleva, y resplandece ceñido de esplendores tu destino. ¡qué voz, qué humano acento digno seré de discantar al mundo el sin igual portento! En pobre tumba que ignoró la historia y próvido el olvido en silente quietud guardó profundo,
42 Con motivo del hallazgo de sus restos en la Catedral de Santo Domingo. (Nota Ed. 1920. pág. 47.) En ed. 1880, pág. 96, figura con el siguiente título: Con motivo del hallazgo de los restos de Colón. Dedicada a mi ilustrado compatriota Emiliano Tejera. 43 En ed. 1880, pág. 96: Silencio! que ya opreso… 44 En ed. 1880, pág. 96: siento latir el corazón herido…

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sin mármoles, sin nombre, sin memoria, durmieron en descuido los despojos del nauta esclarecido. Y el voto se cumplió; cumpliose entera del genio audaz la voluntad postrera. Propicia la fortuna, tumba concede al genovés marino del Nuevo Mundo en la preclara cuna. ¡Oh Patria! Eleva al cielo el hosanna triunfal con gozo vivo; gózate ya sin pesadumbre alguna en tu gloriosa suerte: que si alarde de insensato poder haciendo altivo ruge el despecho con furor cobarde, y el férvido clamor de tu entusiasmo y tu impaciente anhelo con acentos recibe de sarcasmo, atónita la historia sus fastos abre a confirmar tu gloria.45 Del Támesis al Volga, al Rin, al Tíber, al Marañón, al Niágara potente, un himno cruza en el espacio libre; himno de amor, de gratitud ferviente, que acordes te levantan pueblos que al orbe tu victoria cantan. ¿No escuchas? En el viento, voz que domina la algazara impía responde placentera al hondo grito, al indecible acento de asombro y de alegría que estremecido conmovió la esfera cuando, en el rapto de emoción dichosa, triunfante, la preciosa urna sagrada que el despojo encierra del nauta peregrino al secreto arrancaste de la tierra, y en súbita locura ¡Colón! clamaste, y resonó en la altura. ¿qué mucho que en su saña contra ti se levante el error necio, si al genio mismo se atrevió, engreído,
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En ed. 1880, pág. 98: sus fastos abre a consignar tu gloria…

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con risas de desprecio, y condenarlo pretendió al olvido? Mas ¡ay de su arrogancia! Vencer no pudo la tenaz constancia ni estorbo ser a que, tras lucha rara, firme y audaz el genovés piloto, del hemisferio ignoto las extensas regiones saludara. Tu nombre sin mancilla También ¡oh Patria! lucirá radiante, que pasa el tiempo, y el error se humilla, y eterna la verdad surge triunfante. No será, no, que la injusticia intente la historia dominar, haciendo al hombre postrar el alma, doblegar la frente sobre un sepulcro de mentido nombre; no será, no, sin que el heroico aliento de la santa virtud noble ardimiento al corazón infunda de cada pecho que en el bien se inflama, y al fuego de su llama la fábrica del mal tiemble y se hunda. ¡Colón, genio preclaro, de la ciencia y la fe mártir sublime! ¿qué destino fatal, qué numen raro persigue tu memoria, y se complace en abatir tu gloria, y el polvo mismo de tu ser oprime? Un nombre inmerecido tu mundo lleva, y a sepulcro extraño, con lauros tuyos, imprevisto engaño favoreció rendido. Mas ¡ah! que en dulce calma tras el duelo y la duda y la porfía,46 quisqueya te contempla en su regazo. ¿quisqueya! La que un día la palma de tu amor tuvo por suerte, y por herencia santa esos despojos; la que de angustia inerte regó con llanto tu memoria egregia, cuando en hora fatal vieron sus ojos
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En ed. 1880, pág. 100: tras el duelo y la lucha y la porfía.

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llevar en pompa regia los restos ignorados con tu nombre a su seno arrebatados. ¡Colón! Duerme al abrigo del suelo de tu afán, mi Patria bella, y paz le brinde tu recuerdo amigo en sus noches de angustia y de querella; tu aliento soberano avive de su fe la llama pura, la esperanza del bien, que al soplo insano de la desgracia trémula vacila; y con paterno amor, desde la altura donde tu alma entre esplendores vuela, el mal ahuyenta de la edad futura, por los destinos de tu Antilla vela.
1879.

A la música47
¡Espíritu de luz y de armonía! En torno de mi frente las alas agitad, y el alma ardiente con vencedor arranque en su porfía allá del éter por la esfera ignota al himno universal lleve su nota. ¡Arte divino ¡oh música! el idioma de lo infinito eres; el solemne concierto que los seres alzan acordes cuando el alba asoma y vida nueva por doquier imprime, tu gloria canta y tu poder sublime. ¡Mas qué! ¿dónde no vibra y se dilata con majestad extrema tu omnipotente voz, tu voz suprema? El universo conmovido acata tu ley de amor, que los espacios llena y los orbes dirige y encadena. Al soberano acento, de la nada apareció a la vida radiante la creación estremecida;
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En ed. 1880, pág. 101, subtítulo: Con motivo de un concierto dado por el profesor Carlos A. Serrano.

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y en rápida carrera concertada mundos poblaron la extensión vacía ligados por incógnita armonía. Y llenan del espacio las regiones sonidos inmortales, preludio de las voces celestiales, palpitantes, ignotas vibraciones que absorta el alma a percibir alcanza en horas de ilusión y de esperanza. Del alba a los destellos peregrinos, en el murmullo leve del aura errante que las flores mueve, del ave amante en los alegres trinos, del llanto matinal en cada gota, palpita el ritmo de tu ardiente nota. Y palpita en la voz de la tormenta, del mar en el bramido, del rayo en el terrífico estallido, del cráter en la cima turbulenta, y el hombre, que te admira en todas partes, tu solio encumbra a dominar las artes. Tu atmósfera sublime vivifica el espíritu grande; tu acento grave el entusiasmo expande, y el genio que tus ecos centuplica en ardorosa inspiración se enciende y tus secretos íntimos sorprende. Y espléndido, elevándose a la altura de la armonía suprema, intérprete feliz, con ansia extrema, en raudales de plácida dulzura recoge el himno que en el éter vaga y con notas del cielo nos embriaga. Y despertando en los ocultos senos del alma adormecida las memorias que fueron en la vida, con tonos de expresión y magia llenos, en éxtasis purísimo, indecible, arranca al corazón llanto apacible. Fija tu planta en el preciado suelo de mi quisqueya libre,
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arte divino, y que tu acento vibre llevado por el céfiro en su vuelo y los ámbitos llene pregonando ya de las artes el imperio blando. Aquí también espíritus sedientos de ignotas armonías, tras largas noches de color sombrías,48 demandan tus arcanos a los vientos, para alzar, entre asombro, el soberano himno del porvenir dominicano. Desciende ya, que de tu voz augusta al eco generoso, unidas en consorcio venturoso49 vendrán las ciencias a la heroica justa, y en quisqueya tendrán, para alto ejemplo culto las artes y el saber un templo.
1879.

El cantar de mis cantares50

Cuando los vientos murmuradores llevan los ecos de mi laúd51 con los acentos de mis amores resuena un nombre, que de rumores pasa llenando la esfera azul. que en ese nombre que tanto adoro y al labio acude con dulce afán, de aves y brisas amante coro, rumor de espumas, eco sonoro de ondas y palmas y bosques hay. Y para el alma que en ese ambiente vive y respira sin inquietud, y las delicias del cielo siente, guarda ese nombre puro y ferviente todo un poema de amor y luz. quisqueya ¡oh Patria! ¿quién, si en tu suelo le dio la suerte nacer feliz, quién, si te adora con fiel desvelo,
En ed. 1880, pág. 104: tras esas noches de dolor sombrías, En ed. 1880, pág. 104: unidos en consorcio venturoso, 50 Leída en una conferencia literaria que celebró la Sociedad Amigos del País. (Subtítulo ed. 1880, pág. 105.) 51 En ed. 1880, pág. 105: llevan los sones de mi laúd.
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cuando te nombra no oye en su anhelo músicas gratas reproducir? Bella y hermosa cual la esperanza, lozana y joven, así eres tú; a copiar nunca la mente alcanza tus perfecciones, tu semejanza, de sus delirios en la inquietud. Tus bellos campos que el sol inunda, tus altas cumbres de enhiesta sien, de tus torrentes la voz profunda, la palpitante savia fecunda con que la vida bulle en tu ser, todo seduce, todo arrebata, todo, en conjunto fascinador, en armoniosa corriente grata, hace en tu suelo la dicha innata y abre horizontes a la ilusión. Y ¡ay, si oprimirte con mano ruda quiere en su saña la iniquidad! Tu espada pronto brilla desnuda, te alzas potente, y en la lid cruda segando lauros triunfante vas. Naturaleza te dio al crearte belleza, genio, fuerza y valor; y es mi delirio con fe cantarte y entre lo grande siempre buscarte con el empeño del corazón. Por eso el alma te buscó un día con ansia ardiente, con vivo afán, entre las luchas y la porfía y entre los triunfos de gallardía con que el progreso gigante va. Mas ¡ay! en vano pregunté ansiosa si entre el tumulto cruzabas tú: llevó la brisa mi voz quejosa; silencio mudo, sombra enojosa miré en tu puesto solo y sin luz. Tú, la preciada, la libre Antilla, la más hermosa perla del mar, la que de gloria radiante brilla
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¿huyes la senda que ufana trilla con planta firme la humanidad? A tu corona rica y luciente falta la joya de más valor; búscala presto, que ya presiente para ti el alma, con gozo ardiente, grandes victorias de bendición. ¡Patria bendita! ¡Numen sagrado Raudal perenne de amor y luz! Tu dulce nombre siempre adorado, que el pecho lleva con fe grabado, vibra en los sones de mi laúd. Y pues que mueve nombre tan puro de mis cantares la inspiración, y ansiando vivo tu bien seguro, la sien levanta, mira al futuro, y oye mis cantos, oye mi voz!…
1879.

Sueños52
En horas gratas, cuando serena reposa el alma libre de afán, y el aura amena pasa, de agrestes rumores llena, y es todo calma, todo solaz; cuando la Patria suspende el ruido de las contiendas aterrador, y confundido quedar parece bajo el olvido cuanto es angustias al corazón, castas visiones vienen ligeras, y en bullicioso giro fugaz, cual mensajeras de paz y dicha, nuevas esferas al pensamiento mostrando van; nuevas esferas donde la mente vislumbra absorta mares de luz, donde se siente
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Posterior a la edición de Poesías, 1880. Posiblemente corresponda a la última mitad de dicho año.

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que extraños sones lleva el ambiente sobre las nubes del cielo azul. Enajenada la fantasía, de esas visiones corriendo en pos, mira a porfía pueblos y pueblos buscar la vía de esas regiones de eterno albor. Rasga el destino su denso velo, y a sus fulgores el porvenir muestra a mi anhelo cómo a esa altura, con libre vuelo, quisqueya asciende grande y feliz. Sueños de gloria que halagadores el alma sigue llena de fe; bien que traidores huyen a veces, y sus fulgores envuelven sombras de lobreguez. ¡Ay! Es que entonces, Patria bendita cubre tus campos ruido fatal, que a la infinita región se eleva, y el alma agita con emociones de hondo pesar. Mas cuando calla la voz terrible, cuando sereno luce el confín, y bonancible pasa la brisa, con apacible giro de blandos rumores mil, cándidas vuelven esas visiones arrobadoras en multitud y esas regiones a poblar vuelven extraños sones y claridades de viva luz. A esas esferas del pensamiento quiero llevarte, Patria gentil; si oyes mi acento, si verte quieres en alto asiento, dominadora del porvenir, ¡ah! quede Siempre suspenso el ruido de las contiendas aterrador;
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que enternecido desde su trono de luz ceñido sueños de gloria te ofrece Dios!
1880.

Luz53
¿Adónde el alma incierta pretende el vuelo remontar ahora? ¿qué rumor de otra vida la despierta? ¿qué luz deslumbradora inunda los espacios y reviste de lujoso esplendor cuanto era triste? ¿La inquieta fantasía finge otra vez en la tiniebla oscura los destellos vivísimos del día, lanzándose insegura, enajenada en su delirio vago, de un bien engañador tras el halago? ¡Ah, no! que ya desciende sobre quisqueya, a iluminar las almas, rayo de amor que el entusiasmo enciende, y de las tristes calmas el espíritu en ocio, ya contento, surge a la actividad del pensamiento. Y surge a la existencia, al trabajo, a la paz, la Patria mía, a la egregia conquista de la ciencia, que en inmortal porfía los pueblos y los pueblos arrebata y del error las nieblas desbarata. Ayer, meditabunda, lloré sobre tus ruinas ¡oh quisqueya! toda una historia en esplendor fecunda, al remover la huella del arte, de la ciencia, de la gloria allí esculpida en perennal memoria. Y el ánimo intranquilo llorando preguntó si nunca al suelo
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Posterior a la edición de Poesías, 1880.

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donde tuvo el saber preclaro asilo, a detener su vuelo el genio de la luz en fausto día con promesas de triunfos volvería. Y de esperanzas llena temerosa aguardé, y al viento ahora, cuando amanece fúlgida, serena, del bienestar la aurora, lanzo del pecho, que enajena el gozo, las notas de mi afán y mi alborozo. Sí, que ensancharse veo las aulas, del saber propagadoras, y de fama despiértase el deseo, brindando protectoras las ciencias sus tesoros al talento, que inflamado en ardor corre sediento, Ya de la patria esfera los horizontes dilatarse miro: el futuro sonriendo nos espera, que en entusiasta giro, ceñida de laurel, a la eminencia se levanta feliz la inteligencia. Es esa la futura prenda de paz, de amor y de grandeza, la que el bien de los pueblos asegura, la base de firmeza donde al mundo, con timbres y blasones, se elevan prepotentes las naciones. ¡Cuántas victorias altas el destino te guarda, Patria mía, si con firme valor la cumbre asaltas! Escúchame y porfía; escucha una vez más, oye ferviente la palabra de amor que nunca miente: yo soy la voz que canta del polvo removiendo tus memorias, el himno que a tus triunfos se adelanta, el eco de tus glorias… No desmayes, no cejes, sigue, avanza: ¡tuya del porvenir es la esperanza!
Julio de 1880.

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Sombras
Alzad del polvo inerte, del polvo arrebatad el arpa mía, melancólicos genios de mi suerte. Buscad una armonía triste como el afán que me tortura, que me cercan doquier sombras de muerte y rebosa en mi pecho la amargura. Venid, que el alma siente morir la fe que al porvenir aguarda; venid, que se acobarda fatigado el espíritu doliente mirando alzar con ímpetu sañudo su torva faz al desencanto rudo, y al entusiasmo ardiente plegar las alas y abatir la frente. ¿No veis? Allá a lo lejos nube de tempestad siniestra avanza que oscurece a su paso los reflejos del espléndido sol de la esperanza. Mirad cual fugitivas las ilusiones van, del alma orgullo; no como ayer, altivas, hasta el éter azul tienden el vuelo, ni a recibirlas, con piadoso arrullo, sus pórticos de luz entreabre el cielo. ¿Cuál será su destino? Proscritas, desoladas, sin encanto, en el vértigo van del torbellino, y al divisarlas, con pavor y espanto sobre mi pecho la cabeza inclino. Se estremece el alcázar opulento de bien, de gloria, de grandeza suma, que fabrica tenaz el pensamiento; ¡bajo el peso se rinde que le abruma! Conmuévese entre asombros, de la suerte a los ímpetus terribles, y se apresta a llorar en sus escombros el ángel de los sueños imposibles. Venid, genios, venid, y al blando halago de vuestros himnos de inmortal tristeza, para olvidar el porvenir aciago
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se aduerma fatigada mi cabeza. Del arpa abandonada al viento dad la gemebunda nota, mientras que ruge la tormenta airada, y el infortunio azota la ilusión por el bien acariciada, y huye la luz de inspiración fecunda, y la noche del alma me circunda. Mas ¡ah! venid en tanto y adormeced el pensamiento mío al sonoro compás de vuestro canto. ¡Meced con vuestro arrullo el alma sola! Dejad que pase el huracán bravío, y que pasen del negro desencanto las horas en empuje turbulento, como pasa la ola, como pasa la ráfaga del viento. Dejad que pase, y luego a la vida volvedme, a la esperanza, al entusiasmo en fuego: que es grato, tras la ruda borrasca de la duda, despertar a la fe y a la confianza, y tras la noche de dolor, sombría, cantar la luz y saludar el día.
Junio de 1881.

Mi ofrenda a la Patria54

En la investidura de sus discípulas, las primeras maestras normales de Santo Domingo.

hace ya tanto tiempo!… Silenciosa, si indiferente no, Patria bendita, yo he seguido la lucha fatigosa con que llevas de bien tu ansia infinita. ha tiempo que no llena tus confines la voz de mi esperanza, ni el alma, que contigo se enajena, a señalarte el porvenir se lanza. he visto a las pasiones levantarse en tu daño conjuradas
54 Salomé Ureña de henríquez, en vez de un discurso, recitó este poema en el acto de investidura del primer grupo de sus discípulas, nuestras primeras maestras normales.

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para ahogar tus supremas ambiciones, tus anhelos de paz y de progreso, y rendirse tus fuerzas fatigadas al abrumante peso. ¿Por qué, siempre que el ruido de la humana labor que al mundo asombra, recorriendo el espacio estremecido a sacudir tu indiferencia viene, oculta mano férrea, entre la sombra, tus generosos ímpetus detiene? ¡Ah! Yo quise indagar de tu destino la causa aterradora: te miro en el comienzo del camino, clavada siempre allí la inmóvil planta, como si de algo que en llegar demora, de algo que no adelanta, la potencia aguardaras impulsora… ¡quién sabe si tus hijos esperan una voz de amor y aliento! dijo el alma, los ojos en ti fijos, dijo en su soledad mi pensamiento. ¿Y ese amoroso acento de qué labio saldrá, que así sacuda el espíritu inerme, y lo levante, la fe llevando a reemplazar la duda, y del deber la religión implante? ¡Ah! La mujer encierra, a despecho del vicio y su veneno, los veneros inmensos de la tierra, el germen de lo grande y de lo bueno. Más de una vez en el destino humano su imperio se ostentó noble y fecundo: ya es Veturia, y desarma a Coriolano; ya Isabel, y Colón halla otro mundo. hágase luz en la tiniebla oscura que el femenil espíritu rodea, y en sus alas de amor irá segura del porvenir la salvadora idea. Y si progreso y paz e independencia mostrar al orbe tu ambición ansía, fuerte, como escudada en su conciencia, de sus propios destinos soberana, para ser del hogar lumbrera y guía formemos la mujer dominicana.
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Así, de tu futura suerte soñando con el bien constante, las fuerzas consagré de mi ternura, instante tras instante, a dar a ese ideal forma y aliento, y rendirte después como tributo, cual homenaje atento, de mi labor el recogido fruto. hoy te muestro ferviente las almas que mi afán dirigir pudo: yo les di de verdad rica simiente, y razón y deber forman su escudo. En patrio amor sublime templadas al calor de mis anhelos, ya sueñan que tu suerte se redime, ya ven de tu esperanza abrir los cielos. Digna de ti es la prenda que mi esfuerzo vivísimo corona y que traigo a tus aras en ofrenda: ¡el don acepta que mi amor te abona! que si cierto es cual puro mi entusiasta creer en esas glorias que siempre, siempre, con placer te auguro; si no mienten victorias la voz que en mi interior se inspira y canta, los sueños que en mi espíritu se elevan, ellas al porvenir que se adelanta de ciencia y de virtud gérmenes llevan.
Abril de 1887.

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Páginas íntimas
Melancolía
hay un ser apacible y misterioso que en mis horas de lánguido reposo me viene a visitar; yo le cuento mis penas interiores, porque siempre, calmando mis dolores, mitiga mi penar. Como el ángel del bien y la constancia, en los últimos sueños de la infancia aparecer le vi; contemplome un instante con ternura, y “Oye –dijo–: las horas de ventura pasaron para ti. “Yo vengo a despertar tu alma dormida, porque un genio funesto, de la vida te aguarda en el umbral; y benigno jamás, siempre iracundo, te encontrará, de agitado mundo en el inmenso erial. “Yo elevaré tu espíritu doliente; disiparé las nubes que en tu frente las penas formarán; consagra sólo a mí tus horas largas, y enjugaré tus lágrimas amargas y calmaré tu afán. “Seré de tu vivir guarda constante, y mi pálido tinte a tu semblante trasmitirá mi amor. Y te daré una lira en tus pesares, porque al eco fugaz de tus cantares se exhale tu dolor. “Y te daré mi lánguida armonía, que los himnos que entona de alegría la ardiente juventud jamás ensayarás, pobre cantora, porque siempre la musa inspiradora seré de tu laúd.” Dijo, y de entonces, cual amiga estrella alumbra siempre, misteriosa y bella, mi noche de dolor;
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y me arrulla sensible y amorosa, como arrulla la madre cariñosa55 al hijo de su amor. Y haciendo que en sus alas me remonte a otro mundo de luz sin horizonte,56 de dicha voy en pos; y entonces de mi lira se desprende nota sin nombre que la brisa extiende, y escucha sólo Dios. Yo te bendigo, fiel Melancolía; tú los seres que anima la alegría no vas a adormecer; porque eres el consuelo de las almas que del martirio las fecundas palmas57 lograron obtener. Por ti en los aires resonó mi acento, y para dar un generoso aliento al pobre corazón, alguna vez la Patria bendecida benévola me escucha sonreída y aplaude mi canción. No pido más: bien pueden los dolores destrozar sin piedad las bellas flores de la ilusión que amé; que jamás, bajo el peso que me oprime, mientras un rayo de virtud me anime, la frente inclinaré.
1874.

¡Padre mío!

Muda yace la alcoba solitaria donde naciste a la existencia un día, do, desdeñando la fortuna varia, tu vida entre el estudio discurría. ¡Ay! De una madre en el regazo tierno por vez primera te adormiste allí, y allí, de hinojos, tu suspiro eterno entre sollozos tristes recogí.
En ed. 1880, pág. 25: cual arrulla la madre cariñosa… En ed. 1880, pág. 25: a ese mundo de luz sin horizonte… 57 En ed. 1880, pág. 26: que del martirio las brillantes palmas…
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hoy, al entrar en tu mansión doliente, donde reina silencio sepulcral, nadie a posar vendrá sobre mi frente el beso del cariño paternal. Ninguna voz halagará mi acento, ni un eco grato halagará mi oído: sólo memorias de tenaz tormento tendré a la vista de tu hogar querido. Sí, que a la tumba descender te viera tras largas horas de perenne afán, horas eternas de congoja fiera que en el alma por siempre vivirán. Cuando de angustia desgarrado el pecho te sostuve en mis brazos moribundo; cuando tu cuerpo recosté en el lecho donde el postrer adiós dijiste al mundo; cuando, de hinojos, anegada en llanto, llevé mis labios a tu mano fría, y entre tanta amargura y duelo tanto miraba palpitante tu agonía; después ¡oh Dios! cuando besé tu frente y a mi beso filial no respondiste, de horror y espanto se turbó mi mente… Y aún teme recordarlo el alma triste. ¡Momento aciago! Su fatal memoria cubre mi frente de dolor sombrío. Siempre en el alma vivirá su historia, y vivirá tu imagen, padre mío… Cuando las sombras con su velo denso dejan el orbe en lobreguez sumido, en el misterio de la noche pienso que aún escucho doliente tu gemido; y finge verte mi amoroso anhelo bajo el abrigo de tu dulce hogar, y me brindas palabras de consuelo y mis lágrimas llegas a enjugar. Sombra querida que incesante vagas en torno de la huérfana errabunda,
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visión perenne que mi sueño halagas, alma del alma que mi ser inunda: si de ese mundo que el dolor extraña mi llanto has visto y mi amargura extrema, sobre mi frente, que el pesar empaña, haz descender tu bendición suprema.
1875.

Quejas
Te vas, y el alma dejas sumida en amargura, solitaria, y mis ardientes quejas, y la tímida voz de mi plegaria, indiferente y frío desoyes ¡ay! para tormento mío. ¿No basta que cautiva de fiero padecer entre las redes agoniza viva?58 ¡Ay, que mi angustia comprender no puedes, que por mi mal ignoras cuán lentas son de mi existir las horas! Sí, que jamás supiste cuál se revuelve en su prisión estrecha, desconsolado y triste, el pobre corazón, que en lid deshecha con su tormento rudo morir se siente y permanece mudo. Y en vano, que indiscretos mis ojos, sin cesar, bajo el encanto de tu mirar sujetos, fijo en los tuyos con empeño tanto, que el corazón desmaya cuando esa fuerza dominar ensaya. Deja que pueda al menos bañándome en su luz beber la vida, y disfrutar serenos breves instantes en tu unión querida, que es para mi amargura bálsamo de purísima dulzura.
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En ed. 1880, pág. 90: agonizando viva?

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Deja que al vivo acento que de tus labios encendidos brota, mi corazón sediento, que en pos va siempre de ilusión ignota, presienta enajenado las glorias todas de tu edén soñado.59 ¡Ah, si escuchar pudieras cuanto a tu nombre mi ternura dijo! ¡Si en horas lisonjeras me fuera dado, con afán prolijo, contarte sin recelo todo el delirio de mi amante anhelo! Mas no, que mi suspiro comprimo dentro el pecho acongojado. Me basta si te miro, si la dicha y el bien sueño a tu lado, porque tu vista calma los agudos tormentos de mi alma. ¡Ay! que sin ti, bien mío, mi espíritu cansado languidece cual planta sin rocío, y con sombras mi frente se oscurece. y entre congoja tanta mi corazón herido se quebranta. Oye mi ardiente ruego, oye las quejas de mi angustia suma, y generoso luego olvida que la pena que me abruma te reveló mi acento en horas ¡ay! de sin igual tormento. Escúchame y perdona: que ya mi labio enmudecido calla, y el alma se abandona con nuevo ardor a su febril batalla, y débil mi suspiro se pierde de las auras en el giro.
1879.

59

En ed. 1880, pág. 91: las glorias todas de su edén soñado.

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A mi madre

Dedicatoria del tomo de poesías publicado en 1880.

Aquí, a la sombra tranquila y pura con que nos brinda grato el hogar, oye el acento de la ternura que en tus oídos blanda murmura la dulce nota de mi cantar. La voz escucha del pecho amante que hoy te consagra su inspiración, a ti que aún eres tierna, incesante, de amor sublime, de fe constante, raudal que aliento da al corazón. Mi voz escucha: la lira un día un canto alzarte quiso feliz, y en el idioma de la armonía débil el numen ¡oh madre mía! no halló un acento digno de ti. ¿Cómo tu afecto cantar al mundo, grande, infinito, cual en sí es? ¿Cómo pintarte mi amor profundo? Empeño inútil, sueño infecundo que en desaliento murió después De entonces, madre, buscando en prenda, con las miradas al porvenir, voy en mi vida, voy en mi senda, de mis amores íntima ofrenda que a tu cariño pueda rendir. Yo mis cantares lancé a los vientos, yo di a las brisas mi inspiración; tu amor grandeza dio a mis acentos: que fueron tuyos mis pensamientos en esos himnos del corazón. Notas dispersas que en libres vuelos y a merced fueron del huracán, pero llevando con mis anhelos los mil suspiros, los mil desvelos con que a la Patria paga mi afán. hoy que reunirlas plugo al destino, quiero que abrigo y amor les des:
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esa es la prenda que en mi camino al soplo arranco del torbellino, y a colocarla vengo a tus pies.
1879.

Amor y anhelo60
quiero contarte, dueña del alma, las tristes horas de mi dolor; quiero decirte que no hallo calma, que de tu afecto quiero la palma, que ansiando vivo sólo tu amor. quiero decirte que a tu mirada me siento débil estremecer, que me enajena tu voz amada, que en tu sonrisa vivo extasiada, que tú dominas todo mi ser. Por ti suspiro, por ti yo vierto llanto de oculto, lento sufrir; sin ti es el mundo triste desierto donde camino sin rumbo cierto, viendo entre sombras la fe morir. Y con tu imagen en desvarío vivo encantando mi soledad, desde que absorta te vi, bien mío, y arrebatada, sin albedrío, rendí a tus plantas mi libertad. Deja que el alma temblando siga de una esperanza soñada en pos, que enajenada su amor te diga, mientras un rayo de luz amiga pido al futuro para los dos. ¡Oh ¡si a tu lado pasar la vida me diera el cielo por todo bien! ¡Si a tu destino mi suerte unida, sobre tu seno de amor rendida pudiera en calma doblar la sien! ¿qué a mí la saña del hado crudo? ¿qué los amagos del porvenir? Tu amor llevando por todo escudo,
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Excluida en la edición de 1920. Madrid.

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yo desafiara su embate rudo y así me fuera grato vivir. ¡Ay en las horas de hondo tormento que al alma asedian con ansia cruel, vuela en tu busca mi pensamiento, mientras el labio trémulo al viento tu nombre amado murmura fiel. Ven y tu mano del pecho amante calme amorosa las penas mil, ¡oh de mis ansias único objeto! en que a ti sólo quiero en secreto contar mis sueños de amor febril. Mas no, que nunca mi amante anhelo podré decirte libre de afán, gimiendo a solas, en desconsuelo, cual mis suspiros, en raudo vuelo mis ilusiones perdidas van. Tuya es mi vida, tuya mi suerte, de ti mi dicha pende o mi mal; si al dolor quieres que venza fuerte, sobre mi frente pálida vierte de tu ternura todo el raudal.
1879.

Vespertina
A mi esposo ausente.

Reina la tarde en nuestro hogar bendito, la tarde tropical, limpia, serena, que el ánimo enajena alzando el pensamiento a lo infinito. Sin nubes está el cielo, sin celajes la luz, diáfano el aire, y de la brisa, que en gracioso vuelo refrescando la tierra se pasea, al suave impulso, con gentil donaire el plátano sus hojas balancea, mientras la flor se inclina presintiendo la sombra ya vecina. Todo respira en nuestro hogar la calma: todo es paz y quietud; sólo mi alma
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de extraño sinsabor la hiel apura, y a su pensar rendida suspira en su amargura con la triste emoción del que en la vida por vez primera siente las ansias todas del cariño ausente. ¿En dónde, en dónde estás? Así intranquilo con su ansiedad el corazón luchando, te busca sin cesar, hora tras hora; la casa, el aura, el cielo interrogando. huérfano del hogar está el asilo; huérfano, sí, de tu presencia ahora; que, el alma en su entusiasmo sacudida, y de admirar ufano las galas del pensil dominicano, y sus pueblos y villas diferentes recorrer, estudiando los futuros gérmenes del progreso y de la vida que allí duermen latentes, sentiste estrechos a tu afán los muros de la ciudad nativa, y en alas de esos sueños tentadores, ardiendo en ansia viva, el bendecido hogar de los amores sonriendo abandonaste y a los mares y campos te lanzaste. Torna, torna a decirme cuanto a la pluma revelar no es dado: las mil fatigas del camino rudo; tus nuevas impresiones de viajero; de tu criterio firme el juicio, recto siempre, nunca errado; de cuanto viste y merecerle pudo con mágico atractivo atención a tu espíritu severo, admiración a tu entusiasmo altivo. Ven a decirme a solas si mi recuerdo acompañó tu viaje cuando cruzabas las movibles olas; cuando del sol a los ardientes lampos, cansado viajador, los patrios campos te dieron hospedaje.
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Ya la tórrida lumbre una vez y otra vez y otras en fuego desde la etérea cumbre envió a la zona de su amor el riego, desde el lejano día en que, guiado por feliz bonanza, perdiéndose el bajel en lontananza te llevó lejos de la vista mía. ¡Oh, qué largas las horas, qué momentos los de la ausencia triste! Son siglos de dolor que pasan lentos, que ignora el corazón cómo resiste. ¡Oh angustia desmedida! ¡quién me diera salvar espacios y a tu lado ansiosa llegar en mi carrera! Y en esta hora dulcísima y dichosa en que al destello amigo del sol que palidece suspensa la creación hacer parece de paz solemne majestuoso alarde, verte, sentirte y respirar contigo la bienhechora calma de la tarde.
Enero de 1881.

En el nacimiento de mi primogénito
A mi esposo.

¡Levántate, alma mía, por el materno amor transfigurada, y a los confines del espacio envía el himno de la dicha inesperada! Y tú, que abres conmigo a esa ternura nueva el pecho en gozo, tú que compartes cuanto sueño abrigo, cuanta ilusión feliz es mi alborozo, ven, y los dos a una el cántico de amor juntos alcemos, y del pequeño ser ante la cuna el alba del futuro saludemos: el alba de esa vida que a iluminar nuestro horizonte alcanza,
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y a cuya luz vislumbra estremecida espacios infinitos de esperanza. Los cielos se inclinaron, y descendió al hogar entre armonías el ángel que mis sueños suspiraron, nuncio de bendiciones y alegrías. ¡Oh, cómo se estremece engrandecida la existencia ufana pensando de esa aurora que amanece vivir reproducida en el mañana! De hoy más, un sueño solo, una sola ambición tras el destino, a nuestras almas servirá de polo, del tiempo al avanzar en el camino. ¡Oh, sí! Limpiar de abrojos la senda preparada al ser que nace, al bien y a la virtud abrir sus ojos, y el peligro desviar que le amenace. Y así, como entre flores, ajeno a la maldad, al vicio ajeno, verle a lo grande tributar honores y el alto aprecio merecer del bueno. Y así a la Patria, al mundo, como prenda de paz y de amor santo, en acciones magnánimas fecundo un miembro digno regalar en tanto. ¡Doblemos el aliento! Vamos al porvenir, la fe en el alma, para él a conquistar con ardimiento de ciencia, de virtud, de bien la palma.
Diciembre de 1882.

En horas de angustia

En la enfermedad de mi segundo hijo.

Sin brillo la mirada, bañado el rostro en palidez de muerte, casi extinta la vida, casi inerte, te miró con pavor el alma mía
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cuando a otros brazos entregué, aterrada, tu cuerpo que la fiebre consumía. En ruego entonces sobre el suelo frío, y de angustia y dolor desfalleciente, aguardé de rodillas ¡oh hijo mío! que descendiese el celestial rocío, el agua bautismal, sobre tu frente. Después, en mi regazo volví a tomarte, sin concierto, loca, de cabezal sirviéndote mi brazo, mientras en fuego vivo se escapaba el aliento de tu boca; y allí cerca, con treguas de momentos, el hombre de la ciencia, pensativo, espiaba de tu ser los movimientos. Pasaron intranquilas horas solemnes de esperanza y duda; latiendo el pecho con violencia ruda erraban mis pupilas de uno en otro semblante, sin sosiego, con delirio cercano a la demencia; y entre el temor y el ruego juzgaba, de mi duelo en los enojos, escrita tu sentencia hallar de los amigos en los ojos. ¡Oh terrible ansiedad! ¡Dolor supremo que nunca a describir alcanzaría! Al cabo, de esa angustia en el extremo, reanimando mi pecho en agonía, con voz sin nombre ahora que a pintar su expresión habrá que cuadre, ¡salvo! –dijo la ciencia triunfadora ¡salvo! –gritó mi corazón de madre. ¡Salvo, gran Dios! El hijo de mi vida, tras largo padecer, de angustia lleno, vástago tierno a quien la luz convida, salud respira en el materno seno. hermoso cual tus ángeles, sonríe de mi llamado al cariñoso arrullo, y el alma contemplándole se engríe de amor feliz y de inocente orgullo.
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Por eso la mirada convierto al cielo, de mi bien testigo, y, de santa emoción arrebatada, tu nombre ensalzo y tu poder bendigo.
Diciembre de 1884.

¿Qué es Patria?
¿qué es Patria? ¿Sabes acaso lo que preguntas, mi amor? Todo un mundo se despierta en mi espíritu a esa voz. Todo un mundo de recuerdos que han dejado en mi interior esperanzas que no mueren en la fe del corazón. ¿qué es Patria? De tu inocencia al purísimo candor para hablarle de la Patria no halla el labio una expresión. En mis ojos arder siento de una lágrima el calor, meditando lo que ansías avanzar a tu razón; que tan sólo tres abriles a tu frente dan su albor, y te mueve ya ese nombre a curiosa indagación; ese nombre que mis cantos en el céfiro veloz suspirando siempre llevan con los ecos de mi amor. Mas es fuerza que te diga de la Patria alguna voz; que te diga cuanto en ella tu niñez cautiva hoy. Este hogar, donde inocente, de tus padres al calor, juegas tú con tus hermanos en gozosa animación;
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esos campos donde ufano del insecto vas en pos, donde charlas y sonríes con el pájaro y la flor! esas nubes de oro y grana de bellísimo color que tu júbilo alborozan cuando el alba anuncia el sol; esos astros que arrebatan tu infantil admiración; ese mar que te amedrenta con su acento atronador, son halagos y rumores y reflejos y alma y voz de esa Patria cuya idea se anticipa a tu razón. Y mañana serán ellos, que tu vida llenan hoy, los recuerdos inefables de la Patria y de su amor.
1887.

Tristezas
A mi esposo ausente.

Nuestro dulce primogénito, que sabe sentir y amar, con tu recuerdo perenne viene mi pena a aumentar. Fijo en ti su pensamiento. no te abandona jamás; sueña contigo, y despierto habla de ti nada más. Anoche, cuando, de hinojos. con su voz angelical dijo las santas palabras de su oración nocturnal; cuando allí junto a su lecho senteme amante a velar.
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esperando que sus ojos viniese el sueño a cerrar. incorporándose inquieto, cual presa de intenso afán, con ese acento que al labio las penas tan sólo dan, exclamó como inspirado: “¿Tú no te acuerdas, mamá? El sol qué bonito era cuando estaba aquí papá!”
1888.

Angustias
A mi esposo, ausente en Europa.

Torna a morir el sol. Así pasando van de tu ausencia los terribles días, en mi semblante pálido marcando la huella de profundas agonías. Torna a morir el sol. El hogar mío de arpegios infantiles está lleno; pero rueda del párpado sombrío una rebelde lágrima a mi seno. ¿Podré, cuando regreses a mi lado, rico de porvenir, rico de ciencia, presentarte el tesoro inmaculado de este grupo de amor y de inocencia? ¡Yo no lo sé! Cuando la muerte lanza su aliento destructor sobre este suelo, desfallece en mi pecho la esperanza y me finge el terror mi hogar en duelo. Yo no he visto en los círculos de Dante más terrible ansiedad, más cruel angustia; se rinde el corazón agonizante, y el alma siento desolada y mustia. ¡Y tú sufres también! También los brazos extiendes a tu hogar con el deseo, y luchas del deber entre los lazos, cual otro encadenado Prometeo.
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¿Por qué dejé que tan prolija ausencia así emprendieras en momento aciago, si me siento morir sin tu presencia, si en todo miro aterrador amago? ¿Si miramos los dos, lentas y frías, entre duda y afán pasar las horas, sin que calmen futuras alegrías las nubes del pesar abrumadoras? Imposible vivir así, llevando la angustia en el espíritu, la muerte; imposible vivir agonizando, sin luz el mundo y la existencia inerte. ¡Acaba, llega! ¡que el hogar sin calma es de mis penas íntimas remedo; que tiemblo por los hijos de mi alma; que la vida sin ti me causa miedo!
Diciembre de 1888.

¡Adelante!
A mi esposo.

Deja a las turbas revolver audaces de tus limpias acciones el tesoro, buscando con qué herir de tu decoro la austera dignidad. que ni la envidia ni ambición cobarde dentro del pecho generoso abrigas, ni los favores pérfidos mendigas del aura popular. Tú que del bien por la espinosa vía firme, tranquilo, imperturbable avanzas, y tus nobles y grandes esperanzas en el estudio ves; alta la frente, el ánimo sereno, fija la vista al porvenir soñado, irás contra los golpes escudado de la pasión soez. Irás, aunque se crucen a tu paso los escollos que el mundo opone al bueno, aunque apures la copa de veneno que es premio a la virtud.
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que allá, como fanal que alumbra y guía tras de las nieblas del presente oscuro, brilla en los horizontes del futuro del ideal la luz. ¿qué son a la conciencia del honrado los aplausos o el odio de un momento? Rumores que se pierden con el viento sin eco y sin valor. Sólo perdura en brillo permanente de la verdad la antorcha peregrina, y tú vas, como a luz que te ilumina, de la verdad en pos.
Julio de 1889.

Umbra
A mi esposo. La mirada sin luz, la mente ansiosa, corto el aliento al pecho, en ruda agitación se va la vida… Allá perderse en la penumbra vaga miro las prendas del hogar benditas, mis hijos, en su cándido abandono, ajenos al amago de la suerte sobre ellos suspendida, y tú, de pie, bajo el dolor inmenso, nublada por el llanto la pupila.

Resurrexit
Brota la luz en deslumbrantes ondas, el aire al pecho afluye, el espíritu absorto se reanima, y cunde y se dilata en las arterias el ritmo palpitante de la vida. Y bajo el ala cándida que extiende sobre el hogar en gozo ángel nuevo de paz que el cielo brinda, surgiendo victorioso de las sombras el cuadro de mi amor esplende al día.
Abril de 1894.

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Mi Pedro61
Mi Pedro no es soldado; no ambiciona de César ni Alejandro los laureles; si a sus sienes aguarda una corona, la hallará del estudio en los vergeles. Si lo vierais jugar! Tienen sus juegos algo de serio que a pensar me inclina. Nunca la guerra le inspiró sus fuegos: la fuerza del progreso lo domina. hijo del siglo, para el bien creado, la fiebre de la vida lo sacude; busca la luz, como el insecto alado, y en sus fulgores a inundarse acude. Amante de la Patria, y entusiasta, el escudo conoce, en él se huelga, y de una caña, que transforma en asta, el cruzado pendón trémulo cuelga. Así es mi Pedro, generoso y bueno; todo lo grande le merece culto; entre el ruido del mundo irá sereno, que lleva de virtud germen oculto. Cuando sacude su infantil cabeza el pensamiento que le infunde brío, estalla en bendiciones mi terneza y digo al porvenir: Te lo confío!

61 Esta composición se considera como la última que escribió la autora: en realidad, sólo las dos últimas estrofas son del mes de julio de 1896; las cuatro primeras fueron escritas en mayo de 1890. (Nota ed. 1920, pág. 109).

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Varias
Contestación62
Al joven poeta T. R.63

Más grato que del ave el cántico armonioso, que el ruido cadencioso del aura en el palmar; más tierno que el gemido de tórtola doliente, o de una mansa fuente el leve susurrar; oí yo de tu lira la suave melodía que diera al alma mía momentos de placer. Mas ¡ay! en esos dulces y plácidos acentos de tu alma los tormentos se dejan comprender. Si Cuba con sus bosques, sus vegas y sus flores, no brinda a tus dolores alivio ni solaz; si en medio de su encanto e ingénita belleza te sigue allí tenaz; la margen abandona del límpido Almendares, y vuelve, de tus lares, la brisa a respirar; y vuelve, del Ozama que corre dulcemente, la rápida corriente feliz a contemplar. Sí, bardo, torna al suelo que forma tu contento. do en blando movimiento tu cuna se meció.
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Excluida en la edición de 1920. Madrid. Temístocles A. Ravelo.

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Verás los anchos bosques y los amenos prados, do libre, sin cuidados, tu infancia transcurrió. Verás los altos robles, los grupos de palmeras que mece en las praderas la brisa tropical. Aún guarda el arroyuelo sus plácidos rumores; los pardos ruiseñores su cántico genial. De nuestra amada Patria el cielo transparente, bullir hará en tu mente la dulce inspiración; y al entonar gozoso tus fáciles cantares, el tedio y los pesares huirán del corazón.
1870.

Una lágrima64
En la muerte de L. P. A65

Proscrito, solo, errante y sin consuelo al extranjero suelo te arrojó sin piedad la suerte instable, pero su golpe rudo, lamentable, te vimos soportar con noble calma, sin que nunca tu alma cobarde se abatiera y miserable. Tu corazón que ante el dolor ajeno sensible se mostrara y que el propio arrostró siempre sereno; tu noble corazón, do se albergara el patrio sentimiento hora yace sin ser ni movimiento. Rauda elevose a la mansión etérea el ánima que ufana,
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Excluida en la edición de 1920. Madrid. Lorenzo Puente Acosta, poeta puertorriqueño.

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en su ilusión aérea ansiaba sólo con vehemente anhelo, ver tremolar en el nativo suelo de libertad la enseña soberana. Tu patria idolatrada nunca borraste de tu fiel memoria; mil veces la lloraste encadenada y en tono melodioso tu lira lamentó su triste historia; tu lira que templabas afanoso para ensalzarla en su futura gloria. La patria, bardo, para ti formaba tu bien mayor y tu ilusión más bella; tu pecho la adoraba con ciega idolatría; acaso con afán en tu agonía aun clamaste por ella. Mas, en vano, que bárbara, implacable no te dejó la muerte inexorable ver de tu libertad el fausto día. Pero ya libre de miseria y llanto el suelo abandonaste, y raudo te elevaste a ese mundo de luz do no hay quebranto; ya huellas, ¡mártir! la celeste esfera, mansión de eterna vida; habitas ya la Patria verdadera al justo prometida, en donde el alma con fervor profundo himnos entona al hacedor del mundo.
1870.

Un gemido66

Sobre la tumba de mi malogrado amigo José Francisco Pichardo.

Yo no vengo a la tierra donde yaces a sembrar una flor, no puedo tanto, yo no vengo a ofrecerte un nuevo canto, en notas de sublime inspiración;
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Excluida en la edición de 1920. Madrid.

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no brotan flores en mi senda estéril, ni el arpa del dolor tiene armonía gemidos sólo guarda el alma mía y un gemido te rinde el corazón. Un gemido no más, solo tributo que te brinda mi pecho lacerado, a ti que fuiste siempre condenado a gemir en la tierra como Job. Y que aguardar supiste resignado el término de tanto sufrimiento, abismándose en Dios tu pensamiento soñando en otro mundo cual Jacob. Yo te vi padecer, sin que pudiera de tus males la bárbara fiereza abatir de tu pecho la entereza ni tu heroica paciencia contrastar. Superior al destino que en tu frente descargara su inmensa pesadumbre, supiste del saber a la ardua cumbre el vuelo poderoso levantar. Y en la arena revuelta de la vida arrojado en combate permanente, sucumbiste luchando heroicamente sin ceder al destino tu valor. hoy por eso en el polvo removido que de tu ser oculta los despojos, derraman una lágrima mis ojos recordando tu historia de dolor. Mas ahora, ya sin penas en la altura del ángel a las suaves armonías, unirás las acordes melodías, con que supo arrobarnos tu laúd. Y duerme en paz: no turbe tu reposo de mi dolor el lánguido gemido mientras ciñes en premio merecido los lauros del martirio y la virtud.
1873.

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A los leutones

Consagrados el 24 de junio (1873), en la logia “Cuna de América No. 2”67

Cual águila caudal con noble anhelo, a la región vacía levanta, ¡oh musa! el majestuoso vuelo: raudales de armonía pide a la inspiración, y al sol radiante roba un destello de su luz brillante. Y ven conmigo al templo luminoso donde la unión se mira; ven y contempla en su interior suntuoso el cuadro que me inspira; el que hace, ¡oh musa! que de ti demande un himno nuevo, melodioso y grande. Templo de amor donde la luz impera sin término ni ocaso, donde feliz la humanidad entera se estrecha en dulce lazo; y donde ajeno al mundanal tumulto a Dios se rinde reverente culto; do se desborda de su inmensa fuente la caridad preciada, donde siempre el clamor del indigente halló fácil entrada, y el huérfano infeliz en su amargura apoyo firme, protección segura; donde hoy gozosa, con amante halago entre variadas flores que del incienso con el humo vago confunden sus olores, conducida la infancia placentera recibe del amor la unción primera. Vosotros, niños, esperanza bella del porvenir incierto, de vuestros padres la marcada huella seguid con digno acierto, y seréis, imitando su alto ejemplo, firmes columnas de tan noble templo.
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Excluida en la edición de 1920. Madrid.

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Este momento con tenaz porfía grabad en la memoria, y pueda por vosotros algún día, con majestad y gloria, de la eterna verdad el sol fecundo más bello alzarse a iluminar el mundo.
1873.

Gratitud68

A mi buen amigo el distinguido poeta Federico Henríquez y Carvajal.

¡Oh! ¡cuán grato es para el alma una voz amiga oír! ¡Oh! ¡cuán grato es para el alma de amistad en dulce calma una ofrenda recibir! Yo escuché tu blando acento con vivísima emoción; yo escuché tu blando acento, y expresarte lo que siento no pudiera mi canción. ¡Ah! perdona si una ofrenda no hallo digna para ti; ¡Ah! perdona si una ofrenda de la tuya en rica prenda yo no vengo a darte aquí. Auras libres, ecos graves, dadle acordes al laúd; auras libres, ecos graves, id, y al bardo en tonos suaves murmurad mi gratitud.
1874.

En la muerte de María Isabel Rodríguez de García69
¡Murió! triste en mi oído ese lamento lúgubre resuena por un eco doliente repetido.
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Excluida en la edición de 1920. Madrid. Excluida en la edición de 1920. Madrid.

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¡Murió! la brisa gime… voló radiante a la mansión serena del eterno reposo su alma justa; que aquí en la tierra, de virtud sublime, cumplida estaba su misión augusta. ¡Alma llena de angélica ternura! ¡Cuánta lágrima, cuánto sollozo de afán y de amargura acompaña tu viaje misterioso! Tu ingénita bondad, tu trato afable que la amistad desconsolada llora, harán eterna tu memoria amable para esta sociedad que, en duelo ahora, tu pérdida lamenta, irreparable. Allá en las horas de la infancia mía, joven, alegre, cariñosa y buena, ornada de virtudes te veía, de orgullo libre, de ambición ajena: yo vi cuando ataviada de boda con el traje reluciente, de juventud radiante, y coronada de purísimas flores la alba frente, ante el ara nupcial fuiste llevada. Madre te vi después en grata calma rodeada de tu prole bulliciosa abrir a tanta dicha libre el alma; y amante, amada y excelente esposa, del respeto del mundo protegida gozar en paz de tu ventura cierta. Luego… cercada de aflicción y lloro, a mi atónita vista sorprendida apareces inmóvil, muda, yerta, rotos de tu existir los suaves lazos, sorda al clamor del inocente coro que en vano busca tus maternos brazos. En vano, ¡ay Dios! en vano, extinto yace el corazón que ufano en bien fecundo y en piedad constante de la virtud a impulsos latió un día; y amor, y dicha, y juventud brillante, todo lo guarda ya la tumba fría. Lloremos, ¡ay! el ánimo intranquilo gime acatando del destino el fallo,
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que en el hogar, de la ventura asilo, cual iracundo rayo descargó de la muerte la inclemencia, y orfandad y viudez dejó en herencia. Mas, no; ¡silencio! del pesar profundo cese en los aires el clamor perenne; no vaya a interrumpir la voz del mundo de su sueño eternal la paz solemne. Dichosa el alma generosa y pura que en el amor del bien su dicha encierra, que llena de ternura como un ángel de paz cruza la tierra digna aureola de virtud ciñendo; y de este valle de aflicción y luto al éter ascendiendo, lamento general lleva en tributo!
1876.

A la niña I. A. C.70

Con motivo de haberme dedicado su leyenda “Higuenamota”.

Cándida niña, la del alma grande, la de entusiasta numen feliz, la que a mis playas grata llegando, goza, admirando el cielo hermoso de mi país; la que en mis bosques embalsamados ricas esencias bebe al pasar, y, temerosa, mira fervientes las imponentes olas que encumbra mi altivo mar; la que en la historia de mi quisqueya sus tradiciones buscando fiel, tiende al pasado la fantasía y al alma mía página tierna viene a ofrecer; ¿sabes acaso que al patrio suelo perenne culto rinde mi amor?
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Inés Aminta Consuegra. Excluida en la edición de 1920. Madrid.

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¿Sabes que todo cuanto atesora férvido adora con fiel delirio mi corazón? ¿Sabes, ¡oh niña! que amante siempre de Patria el nombre, con tierno afán, trémulo el labio murmura al viento, y el pensamiento siempre con ella soñando va? ¿Sabes que gimo cuando ella gime? que si en su frente rayo gentil de dichas luce cual mensajero con ella espero triunfos y lauros del porvenir? ¡Oh! sí, lo sabes, tú que me brindas con voz del alma, con tierna fe, las impresiones arrobadoras que en dulces horas pudo inspirarte mi patrio edén. ¡Oh! sí, lo sabes, tú que en la historia de su pasado triste y fatal, inspiraciones tiernas hallando, grata, enlazando con ellas, niña, mi nombre vas. ¡Guárdete el cielo! tu generoso, tu puro acento blando y sutil como el suspiro del aura errante, del pecho amante las fibras todas hizo latir. ¡Oh! ¡Si pudiera recompensarte las emociones de ignoto bien, la paz serena, la suave calma que allá en el alma tu ofrenda santa supo verter! Mas, sólo puedo, cuando en mi oído voces del cielo murmuras tú, del puro idioma del sentimiento débil acento darte en las notas de mi laúd.
1877.

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Una esperanza71

Al Sr. D. Enrique Coronado72

Oh, tú, que errante vagas, ausente de tus lares, vertiendo en tristes notas tu amarga decepción! Escúchame un momento, da tregua a tus pesares y entrega a la esperanza tu mártir corazón. No pueden, no, calmando tus horas de amargura, llevarte mis cantares un eco del hogar; mas pueden anunciarte que vívido fulgura de redención el iris sobre el Caribe Mar. Y pueden, sí, llevarte los votos que del alma, colmados de esperanza, se elevan hasta Dios, pidiendo para Cuba la bienhechora palma que busca en los combates y del martirio en pos. Mil veces ¡ay! me trajo la brisa confidente de víctimas inermes los ayes de dolor, y el grito de los héroes, enérgico y potente, y de los bravos mártires el himno redentor. Y a cada nuevo lauro que alcanza en la pelea la perla de los mares del mundo tropical, dilátanse las fibras del alma que desea levante victoriosa la frente virginal. Se abate ya el orgullo de la arrogante España; ya tiembla y retrocede, sin fuerzas, el león; y en vívidos fulgores el horizonte baña la Estrella Solitaria de augusta redención. La perla codiciada del mundo americano, la tímida cautiva, potente se alza ya; y, el carcomido yugo rompiendo del hispano. triunfante, de los libres el himno entonará. La América Latina con palmas y con flores se apresta de ese triunfo la gloria a celebrar, y anhela entre el estruendo de aplausos y loores la redimida sierva sonriendo coronar.

1875.

71 72

A pesar de su fecha, 1875, no figura en la edición de Poesías, 1880. En respuesta a versos que el poeta cubano dedicó a la autora. (Nota ed. 1920, pág. 113).

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El ave y el nido
¿Por qué te asustas, ave sencilla? ¿Por qué tus ojos fijas en mí? Yo no pretendo, pobre avecilla, llevar tu nido lejos de aquí. Aquí, en el hueco de piedra dura, tranquila y sola te vi al pasar, y traigo flores de la llanura para que adornes tu libre hogar. Pero me miras y te estremeces, y el ala bates con inquietud, y te adelantas, resuelta, a veces, con amorosa solicitud. Porque no sabes hasta qué grado yo la inocencia sé respetar, que es, para el alma tierna, sagrado de tus amores el libre hogar. ¡Pobre avecilla! Vuelve a tu nido mientras del prado me alejo yo; en él mi mano lecho mullido de hojas y flores te preparó. Mas si tu tierna prole futura en duro lecho miro al pasar, con flores y hojas de la llanura deja que adorne tu libre hogar.
1875.

Impresiones

A José Joaquín Pérez, en respuesta a la dedicatoria de su colección de Fantasías indígenas.73

quejas del alma, vagos rumores, lejanas brumas, rayos de luz, fragante aroma de índicas flores, himnos de guerra, cantos de amores brotan al ritmo de tu laúd. ¿quién, recorriendo tus Fantasías, hijas del trópico abrasador,
73

En ed. 1880, pág. 49: Al distinguido poeta J. J. Pérez, autor de las “Fantasías indígenas”.

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vibrar no siente las armonías de aquella raza que en otros días poblar sus selvas quisqueya vio? Sobre la cumbre de las montañas, de las palmeras bajo el dosel, al grato abrigo de las cabañas, y hasta en las grutas al hombre extrañas, haces del indio la sombra ver. Y el aire cruza triste lamento. y el eco suena del tamboril, y al valle indiano, y al ave, al viento. a todo presta tu blando acento fuego, armonía, vida y matiz. Y el junco verde que en la onda gira, la tumba sola que arrulla el mar, y el ave errante que allá suspira, notas perennes dan a tu lira, tristes historias llenas de afán. Entre sus bosques afortunados no escuchó nunca a indiana grey dulces areitos tan acordados como tus cantos privilegiados, vagos preludios de ignoto edén. Parece, bardo, que el genio ardiente de estas regiones habitador templó tu lira suave y doliente, y en viva lumbre bañó tu frente dando a tus ritmos inspiración. que si inspirado suena tu canto poblando aéreo la soledad, ávida el alma te sigue, en tanto que dulces notas de nuevo encanto fascinadoras haces vibrar. Cuando al transporte del numen cedes, cuando tu mano pulsa el laúd y en la armonía fácil excedes, ¡ay, quién pudiera, como tú puedes, dar a sus trovas música y luz! Pues de una fama ya merecida tus Fantasías vuelan en pos,
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mientras acepto, reconocida, de esos cantares llenos de vida con noble orgullo la ofrenda yo, ¡oh de la patria de Anacaona cantor amante, bardo feliz! ciñe con flores de nuestra zona la que prepara digna corona para tus sienes el porvenir.
1877.

En defensa de la sociedad74
Pasad, pasad por las puertas, preparad la calle al pueblo; allanad el camino, y alzad el estandarte a los pueblos. Isaías, LXII, 10.

Espíritu creador, numen fecundo que en incansable actividad dilatas de tu excelso poder las maravillas, tú que perenne brillas en las obras del bien, tú que arrebatas a regiones sin fin el pensamiento y extiendes con tu amor de mundo a mundo las leyes del eterno movimiento: ¿será que la preciada sublime hechura de tu augusta diestra condenes al reposo de la nada? ¿Será que aletargada, de tu activo poder ante la muestra, en indolente ociosidad rendida admirándote ¡oh Dios! pasa la vida? No: despertad, los que del campo ameno en la florida alfombra sólo buscáis al ánimo sereno horas de paz en ignorada sombra. Alzad, los que siguiendo de la corriente el agradable giro, un anatema al popular estruendo lanzáis, soñando más feliz retiro.
74

En ed. 1880, pág. 72: A los científicos y artistas. (Dedicatoria).

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No es el orgullo quien levanta al cielo pirámide grandiosa y alzar pretende a lo infinito el vuelo: es la chispa inmortal, que poderosa la inmensidad fatiga, y en constante anhelar y afán interno hace que el hombre en su delirio siga algo de grande cual su fin eterno. El solo es quien anima del yerto mármol la materia dura, el que las obras del Creador sublima en paisajes de espléndida pintura y al fuego fecundante de la idea descubre mundos y portentos crea. No todo es paz y amor, delicia grata, allá del campo en el silencio amigo, ni en cuanto abarca la inocencia mora: también allí la tempestad desata su furia destructora, el áspid en las flores tiene abrigo, y el ave de rapiña, turbulenta, la presa entre sus garras atormenta. No todo es vicio y confusión y horrores entre el social tumulto: tras ese velo de maldad y errores luz halla el genio, y el Eterno culto, palmas el bien y la virtud loores. De un Dios también la majestad potente se dilata en espacios sin medida allí do el alma pensadora siente bullir el mundo y palpitar la vida. En solitaria calma no se alza sólo hasta el Creador el alma, ni del campo en la paz siempre vivieron los pocos sabios que en el mundo fueron. La sociedad que avanza sus destinos altísimos comprende, y al ocio opone varonil pujanza, y a realizar su perfección asciende. Es ella la que, activa, los bíblicos asombros hoy renueva, Moisés moderno que al desierto lleva raudales de agua viva,
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que al pueblo del Señor la senda traza y resignado escucha las voces de la turba que amenaza; nuevo Josué que en gigantesca lucha detiene allá en su esfera del padre de los astros la carrera. Por ella en lid de fama raros prodigios el ingenio luce y del mundo los ámbitos inflama; al imperioso empuje de su vuelo, vencida la distancia se reduce, divídense los istmos, descorren los espacios su ancho velo, descubren sus secretos los abismos, y preso en redes que la industria labra lleva atónito el rayo la palabra. Y esa es del hombre la misión sublime: disipar del error la sombra densa, y a la ignorancia que en tinieblas gime llevar la luz de la verdad que piensa. ¡ Oh soñadoras almas que en perenne quietud y paz cumplida anheláis a la sombra de las palmas en ocio estéril enervar la vida! Volved, no es ese el puesto donde el deber, la humanidad que llora, y el mismo Dios, a la inacción opuesto, os mandan combatir hora tras hora. Volad a las regiones donde en lucha de honor el bien levanta glorioso sus pendones y a conquistar el orbe se adelanta. ¡El mundo pide luz, dadle ese rayo que amortiguáis en criminal desmayo! habite ufano el labrador activo los campos que fecunda, mostrando al ocio esquivo la honrada frente que el sudor inunda. Corra el audaz minero que fatiga la tierra y arrebata espléndido el venero que en su seno preciado se dilata.
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Vuele a poblar el campo abandonado, abriendo al porvenir dignas contiendas, el que de ciencia y de virtud llevado domeña la cerviz de altivos montes, descubre nuevas sendas, ensancha los cerrados horizontes y del desierto hasta el confín lejano lleva los triunfos del progreso humano. Mas ¡ah! los que rendidos de la arena del mundo en el combate lleváis del desencanto los gemidos al corazón que de entusiasmo late: ¡paso a la inteligencia! Desmayados atletas, apartaos! Y vosotros, alumnos de la ciencia, que fecundáis el caos poblándolo de espléndidas creaciones, no deis tregua al destino: alzad el estandarte a las naciones, abrid a las virtudes el camino.
1878.

La Transfiguración

Al Pbro. Dr. Fernando Arturo de Meriño.

¡Oh musa! El vuelo tiende sobre la cumbre del Tabor radiante, y al fuego de la llama en que se enciende la nube centellante, alza de gloria el cántico triunfante. Y di cómo en su altura, postrado el Cristo en oración sublime, al cielo eleva la mirada pura; mas no el pesar le oprime ni acongojado en su plegaria gime. Ni el ángel mensajero le ofrece del dolor la copa amarga, ni del suplicio que le aguarda fiero la pesadumbre larga rinde sus fuerzas ni su mente embarga. No, que al martirio infausto antes de humilde doblegar el cuello,
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de las culpas del hombre en holocausto, dejar patente y bello de su divinidad quiere un destello. Mirad: a la ardua cumbre sube inspirado, con segura planta, y deja tras de sí la muchedumbre: que para gloria tanta, seguido de tres sólo se adelanta. Y llega, y prosternado, en éxtasis sublime se recrea, y, al fuego de la fe transfigurado, su frente centellea encendida en los rayos de la idea; y evoca entre el misterio de la pasada edad sombras gloriosas que dóciles se inclinan a su imperio, viniendo presurosas homenaje a rendirle fervorosas. Allí su talla muestra la gigante figura enaltecida que a la luz del relámpago siniestra sobre la cumbre erguida promulgó del Sinaí la ley de vida. Y allí el profeta ardiente, el profeta del bien, que, peregrino sin tregua perseguido entre la gente, con ímpetu divino en alas ascendió del torbellino. Con ellos, inspirado, de su trágico fin habla el Mesías; de Moisés toma el código sagrado y del divino Elías la fe de las antiguas profecías. Y así combina el Justo los elementos de la Ley moderna, el nuevo Credo, el Testamento augusto que cual ofrenda tierna legó a los hombres en memoria eterna. ¿Do están los que sus huellas siguieron al Tabor entusiasmados
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y vieron de su faz las luces bellas? Miradlos deslumbrados y de asombro y pavor allí postrados. Y en férvido arrebato, el pecho ardiendo en sacrosanto fuego, Pedro, el apóstol de la Iglesia ornato, en exaltado ruego la rienda suelta a su entusiasmo ciego; y alzar en lo eminente de la cumbre tendidos pabellones pide en el rapto de su amor ardiente, soñando en sus regiones detener de la Ley a los varones; cuando quedara inerte mudo de asombro, porque el éter baña fúlgida nube que destellos vierte de claridad extraña y enciende en viva lumbre la montaña. Y voz de eco profundo repite como el trueno en la eminencia: “Mirad al hijo en quien mi gloria fundo, mi eterna complacencia: oíd de su palabra la excelencia.” La faz contra la tierra los apóstoles vuelven con espanto al eco de esa voz que los aterra;75 y se disipa en tanto de aquel prodigio el misterioso encanto. Alzad, alzad la frente; desierta está la cumbre centellante que habéis de eternizar entre la gente, y sólo allí, radiante, sereno, al hombre-Dios se ve triunfante. Así fortalecidos por un portento que la mente abruma, seguido en vuestro asombro confundidos:76 ni el labio ni la pluma el brillo cuenten de su gloria suma.
75 76

En ed. 1880, pág. 80: al eco de esa voz que les aterra; En ed. 1880, pág. 80: seguidle en vuestro asombro confundidos;

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Dejad que, entre el tumulto de la iracunda plebe turbulenta, blanco se mire de cobarde insulto, y apure de la afrenta la amarga hiel sobre la cruz sangrienta. Dejad que el hombre ciego desconozca su origen soberano; que de esa sangre al generoso riego germinará, lozano, fecundo, el bien del porvenir humano. Y luego, cuando el mundo se encienda al rayo que en su frente brilla, al orbe puesto en estupor profundo cantad con fe sencilla del Tabor inmortal la maravilla.
1878.

Caridad77
Pasó la tempestad… ¡Emprende el vuelo como el ave del arca, espíritu de amor y de consuelo! que ya el iris de paz su franja enarca, se alegra el firmamento y se adormece el mar y calla el viento. De nuevo olivo la celeste rama en horrorosa angustia desventurada multitud reclama: los seres ¡ay! que con el alma mustia contemplan entre asombros deshechos sus hogares en escombros. Llega trayendo con amante giro en voz conmovedora, en la rítmica nota del suspiro, un eco de esperanza bienhechora, de caridad sublime. que la fe aliente y el valor reanime. Recorre de quisqueya las hermosas comarcas florecientes:
77 Escrita para la velada benéfica celebrada con motivo del huracán que azotó la zona sur del país. Esta poesía no fue incluida en la edición de 1920. Madrid.

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escenas de amargura, lastimosas, los ojos miran al girar dolientes, ¡y yermas, desoladas, las campiñas del sur infortunadas!… Sopló sobre ellas en momento aciago, con ímpetu sin nombre, la pavura sembrando y el estrago, conturbando el espíritu del hombre, indómito, furente, el huracán del trópico rugiente… ¿No ves sobre la playa los despojos del contrastado leño que atestiguan del ponto los enojos? Allá los restos del hogar sin dueño despedazados mira publicando el furor del viento en ira. Y los campos también ayer cubiertos de mieses productoras desnudos ¡ay! aparecer desiertos: ¡se encresparon las aguas, bramadoras, y el desbordado río sorbió feroz el bienhechor plantío!… Todo ceder al general trastorno en rápidos instantes de esa bella región mirose en torno, y haciendas pingües y riquezas de antes, y generosas vidas, del estrago en la ruina confundidas. Llega buscando el óbolo bendito, la cariñosa ofrenda que atesora de bien precio infinito; y así llevando la valiosa prenda, volemos en ayuda del desvalido, el huérfano, la viuda. Escucha la plegaria que levantan en numeroso coro; ya las manos se extienden, se adelantan a enjugar de sus párpados el lloro; a preparar abrigo al que sin techo se encontró mendigo.
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Y a más allá de do la vista alcanza, del viento y de la nube, ¡oh santa caridad! en tu alabanza eco de gratitud al cielo sube, y ufanos te bendicen seres que al mundo tu excelencia dicen.
Septiembre 24, 1883.

Víctor Hugo
¡Vedlo! Allí está! De pie sobre la cumbre, ¡mirando a todos con piedad suprema; allí lo encontrará la muchedumbre cuando en horas de afán y pesadumbre del genio y la virtud busque el emblema.
1885.

En la muerte de F. X. Billini
¡Dejadlo descansar! heroico, fuerte, ungido para el bien, se irguió en la vida; cayó luchando, y alcanzó en la muerte alta victoria y fama esclarecida. ¿A qué llorar? De su labor fecunda Mirad las obras en conjunto vario: Bien puede reposar quien labra y funda Y edifica y combate: es necesario. Al afligido, al huérfano, al anciano, al demente infeliz, tended los ojos, tended el corazón, tended la mano, si honrar queréis del bueno los despojos. Esas obras que ayer de su alma pía surgieron al esfuerzo formidable levantad en magnánima porfía con base firme y vida perdurable. Eso pide, eso espera el que, hoy dormido, amar y redimir tuvo por gloria: salvar sus ideales del olvido es digno monumento a su memoria.
Abril de 1890.

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¡Pobre niño!
En la muerte de José María Pichardo Patín, discípulo de Hostos.

Ayer no más, al beso de maternal ternura peregrina, la vida te sonrió con embeleso, dejando un rayo de la luz divina sobre tu frente impreso. Al verte, los que alzamos el pendón sacrosanto de los buenos, los que la fe del porvenir guardamos, en ti, gozosos, de entusiasmo llenos, un lidiador miramos. Y ¡ay! el dolor se avanza, se interpone a tu paso en el camino, desfalleces al golpe que te alcanza, y al peso abrumador de tu destino se extingue de la Patria una esperanza.
1886.

Mi óbolo
Para la fiesta a beneficio de las víctimas del incendio del 3 de mayo en la Ciudad Nueva, de Santo Domingo.

Escombros y cenizas en el suelo, angustia en el espíritu sin calma, eso guarda no más en desconsuelo quien hogar tuvo ayer y en paz el alma, hoy abatida y contristada llora la ruina y destrucción de sus hogares inquieta multitud que al cielo implora de su perdido bien en los lugares. ¡Ayudemos al triste en la contienda para alzar las moradas destruidas! Al concurso yo traigo por ofrenda estas notas del arpa desprendidas. ¡Paso abridles! La lira del poeta tiene tonos enérgicos y extraños, que vibran como acentos de profeta y almas conmueven y conjuran daños.
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¡Paso abridles! La risa del sarcasmo huya del labio que entreabrió la duda: yo vengo con la fe del entusiasmo, con esa fe que las montañas muda. Allá en tiempos remotos, muy remotos, en playas de estas playas muy distantes, cuando en los climas vírgenes e ignotos fijaban su mansión pueblos errantes, de la lira a los mágicos acentos, bajo un cielo de eternas claridades, se vieron sobre sólidos cimientos surgir muros y alzarse las ciudades. ¡Paso abrid a las notas de mi canto, que intentan, con poder desconocido, ir a enjugar del infortunio el llanto y alzar los muros del hogar caído! Espíritus que abate el desconsuelo y vais sin tregua en la desgracia ruda: hay seres que lamentan vuestro duelo, hay socorros que van en vuestra ayuda. Os brinda la esperanza alientos puros que al pecho tornen la perdida calma: tendréis albergue en que vivir seguros, hogar tendréis en que espaciar el alma.
Mayo de 1890.

Fe

En el cuarto centenario del descubrimiento de América.

Lejos la costa y el hogar lejos, mares y mares en la extensión; no hay luz que alumbre con sus reflejos, bate sus alas el aquilón. ¿Do va la nave, si no hay un puerto que abrigo al nauta ni amparo dé; si todo es sombra, si todo incierto, si sólo abismos el terror ve? ¡Ay del piloto! La airada turba con fiero amago blande el puñal;
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pero al piloto nada conturba, fijo en la imagen de su ideal. Torpe en el eje la aguja oscila, se muestra indócil al norte fiel; pero el piloto nunca vacila y el rumbo marca de su bajel. Avante, avante la nave sigue, rugiendo el hombre, rugiendo el mar; avante, avante, mas no consigue ver una orilla ni un puerto hallar. Olas tras olas, mares y mares, un sol que muere y otro después, lejos, muy lejos los patrios lares, y el negro abismo bajo los pies. “Muera el aleve!” –la turba estalla–. “¡Muera el que arrastra la muerte en post!” Pero el piloto la turba acalla con este acento que inspira Dios: “Dejad que brille la nueva aurora.” La blanca aurora torna a lucir, y de las ondas que el sol colora surge la tierra del porvenir.
Octubre de 1892.

¡Tierra!
¡Tierra! ¡Tierra! Los siglos conmovidos evocan ese grito de la historia, despertando los ecos adormidos y al orbe haciendo estremecer de gloria. Rasgado el velo del error oscuro, ebria de luz, cual astro soberano, de ese grito magnético al conjuro la América surgió del océano. El enigma cayó: mudas de asombros las vencidas edades se inclinaron, y, el manto desciñendo de sus hombros, al genio vencedor glorificaron. No más el horizonte en lejanía para el nauta será sombra y misterios
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ya se abre ruta en la extensión bravía, ya toca triunfador otro hemisferio. Ya no es el hombre el paria condenado, ludibrio de las turbas en cinismo: el torpe mundo, del error dechado, con recio trepidar se hundió al abismo. Contórnase la tierra en el espacio, alcanza de los astros las carreras, y concierta al espíritu reacio el himno universal de las esferas. Ancho campo que esplende en claridades brilla deslumbrador ante la ciencia; y es luz cuanto palpita en sus verdades, y es luz cuanto se yergue en la conciencia. Rotas las infamantes ligaduras entrabadoras de la humana idea, descoge el pensamiento alas seguras, vuela, investiga, y elabora, y crea. Grito de bendición y de esperanza, resuenas en los aires todavía… Ningún acento de la historia alcanza tan hondo a socavar la tiranía. Germen de libertad y de progreso a su acento brotó, fecundo y grande, que desenvuelto en vigoroso exceso fuerza de vida al universo expande. ¡Salve a la humanidad regenerada! La inteligencia el porvenir encierra, y audaz y firme, en su poder confiada, avanza libre a conquistar la tierra. Mientras el bronce al genio inmortaliza, timbre y orgullo de la humana historia, ¡salve al grito de amor que simboliza progreso y luz y redención y gloria!
Octubre de 1892.

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Palabras

De la Directora del “Instituto de Señoritas” en la segunda investidura de alumnas suyas, en la Escuela Normal de Santo Domingo, diciembre de 1888.78

Vengo a cumplir un deber sagrado, vengo a satisfacer en leve parte una deuda de inmensa gratitud. ¡Ah! por más que extreme el caudal inagotable del reconocimiento, esa deuda no se satisface por completo. hablo, señores, de la deuda contraída con el Director de la Escuela Normal, con el implantador sincero y consciente del método racional de la enseñanza moderna en la sociedad dominicana.79 Le vi aparecer trayendo por séquito los rayos de las nuevas ideas, de las ideas redentoras, de las ideas de la civilización actual, y yo, que siempre he suspirado, que suspiro aún, que suspiraré mientras aliente, por el engrandecimiento moral y material de mi país, batí palmas de gozo y esperé. Pero la porción más preciosa de esta juventud a quien está encomendado el porvenir no tomaba parte en este desarrollo de luz y de conciencia. La mujer, la madre, necesitaba fortalecerse también con la posesión de la verdad y de la moral científica, para preparar y fortalecer a su vez, por medio de ese arte que sólo ella posee, la conciencia de las generaciones del futuro. Propúseme entonces, aunque con débiles fuerzas, coadyuvar a la magna obra, y, alentada por el generoso compañero de mi vida, que lleva por ideal el triunfo del bien, de la virtud y de la ciencia, emprendí la difícil labor. No quiero saber si la ignorancia me ha regalado con los dicterios de su encono. Voces de aliento se levantaron para animarme en la tarea, entre ellas la del mismo doctrinario que ha tenido especial complacencia en aplaudir mi obra y coronar el triunfo de mis esfuerzos desinteresados. Mas ¡ah! él, pronto siempre a dar su apoyo en favor de las nobles ideas y a contribuir al logro de toda obra de bien, de luz y de progreso que se inicia en derredor suyo mal juzgado porque ha sido mal comprendido, lucha contra los elementos desencadenados de una oposición injusta; y fatigado del largo y rudo combate, si bien firme y serena la conciencia, se aleja de nosotros para ir a apacentar su espíritu en otra esfera de más amplios horizontes para la vida intelectual. ¿Pero qué de extraño? Esa suele ser la cosecha que recogen los productores del bien. Así es a veces la humanidad: tiene para los reformadores, para los civilizadores, la cicuta y la cruz. Y bien, he dicho a mis discípulas, vamos a verter una gota de miel en su copa de acíbar: llevémosle, como prenda de gratitud y despedida, un nuevo fruto de nuestras labores, para que lo consagre con su palabra amorosa. Y henos aquí llenando el sagrado deber. Nuestra presencia en este lugar es la expresión de un voto de gracias y de un adiós. ¡Ah! yo adoro esta patria donde nacieron mis padres, donde vine yo al mundo, donde he visto irradiar sobre mis hijos la luz de la existencia, y tú llegaste a ella con los estímulos del bien, y enamorado de su belleza y presintiendo altos destinos para su porvenir, quisiste lanzarla en la corriente civilizadora de las ideas. ¡Sé bendito! Yo no olvidaré el noble empeño con que te consagraste a dignificarla en su puesto de nación libre.
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De la Revista de Educación, No. 17, de fecha 31 de marzo de 1933, pág. 58. Eugenio María de hostos.

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Te vas; pero germinará la simiente que dejas en el surco, y los frutos del porvenir se fecundarán con la savia de tus doctrinas pedagógicas. ¡Adiós! Cuando en las horas tranquilas que te esperan bajo otro cielo, acuda a tu memoria un pensamiento de amargura en el cual palpite el nombre de mi patria, piensa también que hay en ella corazones amigos que te recuerdan y almas agradecidas que te bendicen. Salomé Ureña de henríquez

Palabras

De la Directora del “Instituto de Señoritas” en la última investidura de alumnas suyas en la Escuela Normal de Santo Domingo, diciembre de 1893.80

henos aquí por la tercera vez consagrando, bajo los auspicios de la Escuela Normal, nuevas sacerdotisas para el apostolado de la enseñanza. Ya nos parecen comunes estas fiestas del espíritu, y ayer no más estaba vedada a la mujer en nuestro país toda aspiración fuera de límites del hogar y la familia. Abrió sus aulas esta institución docente, de privilegio exclusivo para el hombre, y tuvo el niño campo y guía para desenvolver su razón y transformarse poco a poco en el profesor consciente, capaz de dirigir a su vez y desarrollar vigorosamente las inteligencias infantiles. Ya no se confiará la educación de la niñez al primer intruso, sin dotes para el alto ministerio, sin conocimientos científicos, sin plan, sin propósito en esta obra de luz y de conciencia, en esta obra generadora de los grandes destinos del futuro. De hoy más tendrá el niño en cada maestro un mentor, un guía para el desarrollo de sus facultades, para el desenvolvimiento de su espíritu. ¡Y qué! La razón de la niña, la razón de la mujer, la razón de la madre, ¿palpará las tinieblas cuando su compañero vive en plena luz? ¡Cuánta injusticia! ¡qué desequilibrio en ese hogar donde el niño puede dar lecciones a la madre! ¡Imposible, imposible! Preparemos también, a esa mitad importantísima de la humanidad, mentores y guías que desenvuelvan su razón y la capaciten para dirigir y alentar a los tiernos seres que la naturaleza le confía y que la amarán entonces con doble amor y veneración. Preparémosla para coadyuvar inteligentemente a la reforma social que se inicia con el desarrollo de la conciencia. ¿Pero dónde? ¿Pero cómo? he aquí el problema que hace doce años quise resolver, y al cual he sacrificado mi reposo y no escasa parte de mi salud. ¡Ah! Ese centro que se creó exclusivamente para el hombre nos abrirá sus puertas cuando llamemos en demanda de igual derecho para la mujer. Eso dije, eso dijimos; y, trabajando incansables en la medida de nuestras fuerzas, llamamos humildemente, y el generoso educador81 cuya efigie suspendida sobre nuestras cabezas asiste muda, pero elocuente, a la continuación de su obra, el educador eximio, oyó absorto y complacido nuestra demanda; y las puertas de la Normal se abrieron con alborozo, y entramos entre aplausos de júbilo a ungir también, para el magisterio de las nuevas ideas, las frentes femeniles.
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De la Revista de Educación, No. 17, de fecha 31 de marzo de 1933, pág. 60. Eugenio María de hostos.

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hemos venido otra y otra vez, y ya no parece extraña nuestra presencia, ni atrevido nuestro arrojo. ¡Gracias! Pero ¡ah! rendida por la fatiga de la lucha, sin recursos, sin medios de ninguna especie para continuar de pie sobre el palenque, solicitada por el santo deber de la educación de mis hijos, que reclama por entero todas las energías de mi espíritu, sello, con esta última prueba de mi trabajosa labor, la obra iniciada hace doce años. Pláceme ver que no ha sido infructuosa, ya que su crédito tomó vuelos hasta merecer de la representación nacional, por voto unánime, el que el Instituto de Señoritas fuese elevado por decreto a la categoría de Escuela Normal para Maestras, y ya que las profesoras tituladas en la Escuela Normal de Santo Domingo se ven solicitadas con empeño, ora para clases en familia y en planteles de educación, ora para algunos puntos de la República, llamamiento este último al cual no han atendido hasta ahora por las dificultades que apareja el cambio de residencia. Bástame, señores, con la satisfacción íntima de ver el cambio que va operándose gradualmente en la educación de la mujer dominicana; y si alguna gloria hay en ello, la reclamo toda entera para los que conmigo han coadyuvado a la realización de la obra. Para el compañero de mi vida, sin cuyo generoso esfuerzo y fecunda labor no se hubiera iniciado ni hubiera dado sus primeros frutos; para los profesores Dubeau, Prud’homme, Zafra y Federico Henríquez, que prestaron su concurso eficacísimo en las primeras pruebas del Instituto; para esas mismas jóvenes profesoras, que, sin remuneración apenas, con abnegación ejemplar, han venido por más de seis años sosteniendo la carga sobre sus débiles hombros; para los que generosamente han contribuido con su óbolo personal a dar un año más de vida al plantel moribundo, y por fin para la Escuela Normal y su distinguido fundador, sin cuyo valioso apoyo no hubiera podido realizar su propósito ni coronar sus faenas el “Instituto de Señoritas”. Salomé Ureña de henríquez

aDHesIón Del “InsTITuTo De señorITas” al ProyecTo De esTaTua a DuarTe82
Instituto de Señoritas

Señor Presidente de la Junta Central Directiva del Proyecto de Estatua a Duarte. Señor: hoy, en el decimosegundo aniversario de la apertura de este plantel de educación, se dio cuenta con la atenta circular de invitación de ese centro, del nobilísimo propósito nacional iniciado por el Ayuntamiento de Santo Domingo y cuya realización se ha encomendado al patriotismo de esa respetable Junta. La escuela, que es el laboratorio de las ideas de verdad y de bien que en el porvenir han de difundirse y convertirse en actos, así en el hogar como en la patria, no
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Santo Domingo, Noviembre 3 de 1893.

El borrador de esta comunicación fue escrito por la directora de dicho Instituto. (M. henríquez Ureña).

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debe quedarse fuera del universal concierto de voluntades reflexivas que en todo el país, y aun en el exterior, se disponen a contribuir con su óbolo de justicia y de reconocimiento a la erección del monumento representativo del egregio Fundador de la República. Desde hoy se ha abierto en este plantel una suscripción semanal, voluntaria, para formar un óbolo que, aunque por su modestia no corresponda a las aspiraciones de la escuela, sea digno de la obra emprendida en honra del Patricio inmaculado, cuya vida es alto ejemplo de las virtudes que informan un acendrado patriotismo y un carácter eminente. Servíos aceptar, señor, con el ofrecimiento del citado modesto óbolo para la estatua, el voto de adhesión que a ese acto de justicia, como a cualesquiera otros que se realicen en la patria, os presenta el Instituto de Señoritas. La Secretaria, Luisa Ozema Pellerano. B.V.M. La Directora, S. Ureña de henríquez.

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NO. 43

POESÍA DOMINICANA
Selección y prólogo PeDro rené conTín aybar

POESÍA DOMINICANA
La poesía dominicana, abundosa de poetas y de cantos, no tuvo un verdadero carácter propio sino hasta la aparición del Postumismo y, por ende, con Domingo Moreno Jimenes. El postumismo marca, quiera que no, el principio de la nacionalidad en la poesía dominicana. Es a partir de él cuando los poetas sienten verdaderamente la Patria. La Patria más allá de las formas exteriores, en el hondón y en la sangre. Anteriormente, para expresar esta idea, los poetas habían recurrido a formas que, por inexistentes realmente devinieron falsas o, inmediatamente, efímeras. El ejemplo de José Joaquín Pérez, quien quiso traducir la nacionalidad en una rebuscada ascendencia indigenista, que no consistió, muchas veces, sino en el empleo erudito de voces lucayas o guaraníes para ambientar una serie de leyendas escritas en verso noble y elevado, acerca de la raza de los pobladores de la Isla en la época del Descubrimiento. O el de Arturo Benito Pellerano Castro, Byron, de fina sensibilidad poética, el cual creando su género peculiarísimo, criollas, referido al modo campesino, y al habla popular, el modo de ser dominicano. O quienes, como mucho más tarde Tomás hernández Franco y Tomás Morel, verbigracia, buscaron en el colorismo del elemento negro la forma mejor de dar ambiente patrio, cuando la verdad es que, ni en el caso indigenista, ni en el criollista, ni, mucho menos en el negroide, había fuerzas suficientes, por no existir la debida tradición de donde partiere en verdad el movimiento, para desarrollar un sentido nacional. Más todavía, ni un solo aspecto real de lo peculiar nuestro. La labor de todos ellos es encomiable desde otros puntos de vista. No pongo en duda, ni por un momento, ¡líbreme Dios!, su buena intención y la calidad de su poesía. Me refiero nomás a la circunstancia poesía dominicana, poesía de ambiente nacional, (aunque con sentido universalista, porque si no, se entra en el campo, terrible, de lo simplemente folklórico, o en lo que es algo peor, en el chauvinismo literario), y la cual advino luego, a partir, como ya dije, de Domingo Moreno Jimenes. Aclaro estos conceptos porque este volumen de la Colección Pensamiento Dominicano se intitula Poesía Dominicana, esto es, poesía escrita, hasta el 1951, por poetas dominicanos. Y que viene a suplir, en parte, las ediciones de mi Antología Poética Dominicana, 1945 y 1951, agotadas. Para obviar esta falta he compuesto este volumen, a pedido del director de la Colección, Julio D. Postigo. No se incluyen otros poetas que los aparecidos en la primera edición, algunos de los cuales, por razones obvias, debieron ser suprimidos en la segunda. Sin embargo, a partir de entonces –y tuve el placer de presentar yo a trece de ellos, en los Cuadernos Dominicanos de Cultura–, muchos otros poetas han tomado sitio preeminente en la poesía dominicana, que me propongo seleccionar y estudiar en un próximo volumen, como, por ejemplo, Manuel Rueda, Máximo Avilés Blonda, Víctor Villegas, Miguel Alfonseca, Pedro Caro, Freddy Gatón Arce, René del Risco Bermúdez, Rafael Valera Benítez, Ramón Cifré Navarro, Antonio Fernández Spencer, Josefina Romano Pou, y muchos otros más. El sentido dominicano adquiere toda su vigencia en ellos, después de la lección de Domingo Moreno Jimenes y de héctor Incháustegui Cabral. Palabras como libertad, independencia, geografía, frontera, Patria, y por ende, hogar, familia, esposa, madre, novia, así como también paz, progreso, río, pueblo, están plenas de valor. El sueño es promesa viable, el valor es dignidad, la significación de raíz, árbol, fruto, tierra, están ligados a la intensificación de la agricultura, a los regadíos de tierras estériles por irrigación artificial.
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Asimismo, en ellos, amor es confianza, seguridad, procreación sana. La vida es profunda, polifacética, innumerable y pródiga, es abundancia, y mejoramiento, y sosiego, y trabajo. Los poetas se acercan a los vocablos con reverencia. No son simples recursos fonéticos. Todos ellos saben de su entraña fecunda, de su responsabilidad creadora. La adjetivación está reducida a la mínima expresión, por eso. Cada palabra es un ser vivo en esta nueva poesía dominicana. Este volumen es, pues, una especie de repetición de los anteriores y viene a suplir la falta de información, que será completada en el volumen de la Nueva Poesía Dominicana. Pedro René Contín Aybar

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Poetas nacidos entre 1845 y 1900
El Amor de Magdalena
(Croquis bíblico)

JoSé JoAQUíN PérEZ

Blonda como un trigal la cabellera que al viento en rizos i al desgaire vaga; los ojos de un azul color de cielo, con reflejos de aurora en la mirada; erguido el busto escultural; los labios con la expresión de la bondad del alma; i la luz i la brisa jugueteando en los contornos de su veste blanca; va Jesús, sobre el lago Tiberíades, de pie en la copa de su frájil barca. En la orilla del lago, recogiendo conchas i flores i campestres galas para adornar su espléndida hermosura, que es asombro i orgullo de su raza, está la galilea de ojos de fuego, la voluble i fastuosa cortesana, ante la cual los corazones tiemblan i en el deleite del amor se embriagan. Ve a Jesús, i algo siente que la turba; pero no es la ansiedad lasciva i vana que despierta su ser cuando a otros hombres tiende la red de sus desnudas gracias, sino el ardor de una pasión intensa que la enciende, seduce i avasalla i hace olvidar el mundo i sus placeres: ¡es un amor en que se abisma el alma! La tarde ya adormece sus fulgores en las linfas del lago, en la montaña; el crepúsculo en sombra va envolviéndose, i hai como convulsiones de borrasca en el rujido del soplar del viento, contra el que lucha con vigor la barca. Por la orilla del lago, jadeante, con los cabellos en desorden, pálida,
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como la evocación de un sueño lúgubre, la infeliz hija ardiente de Magdala corre, invocando la piedad divina, para que salve del peligro al nauta a quien quiere ofrecer el sacrificio de morir junto a él entre las aguas. Jesús, entonces, a la vista atónita de aquella que lo sigue i que lo ama, tiende la mano; i al conjuro, cesa el ímpetu bravío de la borrasca; i, al suspiro apacible del favonio, la leve arena de la orilla alcanza. A los pies del gallardo nazareno, Magdalena la impúdica se abraza, e imprime en ellos como ofrenda un beso de amor, purificado por sus lágrimas. Jesús de la ignominia la redime: su amor le da también– la pura i casta pasión que Él siente por quien cae, rendido sin fe en un Dios que las conciencias salva; i envolviéndola en luz, dándole el beso feliz de su perdón i de su gracia, hace así de la triste pecadora la más bella i sublime de las santas!

El junco verde

Jueves 11 de octubre… Vieron pardelas y un junco verde junto a la nao… Con estas señales respiraron y alegráronse todos.
(Diario de navegación del Almirante).

I

Fugaz sobre el cerúleo mar Caribe, al soplo inquieto de la brisa, vuela, i el dulce rayo matinal recibe del inmortal Colón la carabela. Él, de pie i en la proa, absorto mira que, cual juguete de las ondas, jira, i en la vasta extensión del mar se pierde. —“A virar!” grita trémulo, ajitado con la emoción del que, temiendo, espera,
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i ve en el porvenir ya realizado lo que un sueño falaz tan sólo era!… Dócil cede la nave: en pos se lanza de eso que informe en el abismo vuela: ¡dulce i vago vislumbre de esperanza con que el alma del nauta se consuela! En febril ansiedad Colón suspira, sus ojos el espacio devorando; i ya –a la luz crepuscular– se mira cerca el objeto ante la proa flotando… “hosanna! Gloria!” de rodilla entona “oh! bendito el Señor por siempre sea!” i a un éxtasis de dicha se abandona aquel genio inmortal que un mundo crea. Agrúpase la turba que, insolente, sacrificarlo a su furor quería; i dobla humilde, con fervor, la frente ante el noble coloso que la guía. Pero… ¿qué ha despertado así el delirio de esos hijos del mar? ¿cuál es el bello talismán de esa fe, cuando el martirio graba en sus almas tan horrible sello?… “Mirad! –dice Colón– he aquí mi gloria; i del océano su potente mano recoge un junco verde, cuya historia guarda un profundo i misterioso arcano. Aquel junco viajero solitario en la vasta extensión del mar, encierra el fiat fecundo, poderoso i vario; la esperanza inmortal de luz –la Tierra! Reliquia del amor que la ígnea zona ofreciera al intrépido marino; rico florón de la primer corona que sonriendo le ciñe ya el destino. Por eso él a su seno lo comprime, i en él sus labios afanoso sella; pues ese junco el corazón redime, donde el pesar profundizó su huella.
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II

Mientras la brisa nocturnal soplando rauda empuja la frájil carabela, el extenso horizonte contemplando, en dulce insomnio, el Almirante vela. ¡Noche de sombras, de perenne anhelo, en que cada celaje que fulgura –Débil reflejo de la luz del cielo– el nuevo mundo que soñó le augura!… Del tope de “La Pinta”, que se avanza, tierra! dice una voz; i el eco vibra; i ese grito sublime de esperanza conmueve el corazón en cada fibra… Allá –entre la infinita muchedumbre de las galas que espléndida atesora, tras la bruma lejana–, enhiesta cumbre surje el beso del rayo de la aurora. “Mundo de amor, risueño paraíso “verde oasis de luz en mi desierto! “yo te bendigo, porque en ti Dios quiso “brindarme al fin de salvación el puerto!” Así exclama Colón; i en la ribera de esa ignota rejión de maravilla, en el nombre de Dios, con fe sincera, tremola el estandarte de Castilla… La hermosa Guanahaní,1 donde el lucayo en su cabaña, que ceñía de flores, viera pasar en lánguido desmayo una vida de paz, dicha i amores. Fue la primera do la ruda planta estampó esa falanje triunfadora que –al dulce amparo de la fe– levanta suplicio vil junto a la cruz que adora.
III

Después que de Colón i de Castilla la fama el triunfo por doquier pregona,
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Llamada por Colón El Salvador.

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i ya Quisqueya, conquistada, brilla cual joya de la ibérica corona; Colón regresa a sus antiguos lares, i al pie de los monarcas protectores, de sus conquistas en lejanos mares depone los magníficos primores. Pero en su pecho, i recamado de oro, de ricas perlas i coral, se mira portentoso i espléndido tesoro, reliquia santa que entusiasmo inspira. Es un pedazo de aquel junco verde que en las algas del mar vio confundido, i que allí guarda, porque allí recuerde que está su corazón agradecido. Con él lleva doquiera vinculado un mundo de esperanzas i delirio; con él adversidad ha consolado cuando la ingratitud le dio el martirio. En la prisión, en el fatal camino de su infortunio, lo llevó a sus labios; con él lloró su singular destino: la gloria que a la envidia causó agravios. I cuando aquella frente victoriosa, donde un mundo encerró la Omnipotencia, al rudo peso de calumnia odiosa, sobre un lecho de mísera indijencia,– El reposo encontró que nunca hallara en el seno radiante de su gloria, fue su tumba del junco verde el ara donde el mundo hoi venera su memoria.

La vuelta al hogar
Ondas i brisas, brumas, rumores, suspiros i ecos del ancho mar, adiós! que aromas de puras flores, adiós! que todo cuanto se alcanza, dicha, esperanza, i amor me llaman allá en mi hogar.
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¡Ya ve el proscrito sus patrios lares! Ve azules cumbres lejos sombrear grupos de nieblas crepusculares, i el ansia siente del paraíso que darle quiso Dios en el seno del dulce hogar…! Si peregrino, si solitario, otras rejiones se fue a cruzar la lei temiendo de un victimario, ¿el caos qué importa si un sol luciente brilla en su frente i hoi sonriendo vuelve al hogar? ¡No más torturas en su alma libre! ¡No más memoria de su pesar! ¡No el odio estéril sus rayos vibre, que el patriotismo ya sólo espera por vez primera calma i consuelo bajo el hogar! Virjen de América, suspiradora cautiva indiana, vuelve a gozar; si atrás hai sangre, luz hai ahora… Ayer el hierro i hoi es la idea… ¡Tu gloria sea ver a tus hijos junto al hogar! ¡Cuán bella eres acariciando todos unidos los que al vagar –errantes unos i otros luchando– sufrieron ruda la tiranía que hacer quería huérfanos tristes sin pan ni hogar!… ¡Ya no hai festines patibularios! ¡Ya no hai venganzas con que saciar su vil conciencia crueles sicarios ¡Ya no hai vencidos ni vencedores! ¡Sólo hai de flores castas coronas en el hogar…! ¡Mi dulce Ozama! tu bardo amante, a tus riberas torna a cantar, i tras él deja, por ti anhelante, lejanos climas i humilde historia, tierna memoria del peregrino vuelto al hogar…!
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Bajo tus ceibas i tus palmares, sobre tu césped i entre el manglar aún se oye el eco de los cantares de aquella infancia, fugaz, que en horas engañadoras, llenó sus sueños de amor i hogar! I ven! le dice cada paloma tímida i mansa que ve cruzar desde la cumbre de enhiesta loma, cuando las alas tiende i su arrullo mezcla al murmullo del río que baña su dulce hogar! I ven! le dice ronco el estruendo que hace en las rocas lejos el mar… El mar! que un día su adiós oyendo fue de ola en ola su adiós llevando luego tornando con hondos ayes del pobre hogar! I todo cuanto su ser le diera! Ven! dice el polvo que va a besar, donde mañana como postrera ráfaga cruce su vida breve, donde se eleve su tumba humilde junto al hogar! Así, –suspiros, brisas, rumores, lánguidas ondas i ecos del mar–, adiós decidme, que todo: amores, gloria, esperanza, paz bendecida, tiene hoi la vida del pobre bardo vuelto al hogar…!

Símbolo
Pinta el vasto, rojo incendio del crepúsculo, donde flotan los jirones de azul pálido que abrillántanse i confúndense en el piélago de las sombras que cayendo lentas van. Pinta esa hora en que la tierra, con el vértigo de las últimas caricias del sol, duérmese, i asomando las estrellas vierten lágrimas, i le canta su salmodia triste el mar.
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Pinta todas esas vagas, leves, múltiples, centelleantes gradaciones que en los diáfanos horizontes siderales, a la atmósfera dan reflejos de perenne oscilación. Pinta el bosque, templo augusto i melancólico, sostenido por sus árboles inmóviles, do sollozan los rumores en el céfiro que temblando busca el cáliz de la flor. Pinta el río, de murmullos de ondas lánguidas, i las ruinas centenarias de sus márgenes, que parecen los espectros de las víctimas de otros siglos de implacable esclavitud. Pinta, junto de magníficos alcázares, los tugurios bamboleantes i misérrimos; e irradiando profusión de focos vívidos en enormes charcas fétidas su luz. Pinta todo cuanto enciérrase en los ámbitos de la antigua ciudad, cuna de la América; lo que en esta postrer hora del crepúsculo es angustia de la fe del corazón. I en el cuadro que así pintes habrá el símbolo de esta pobre tierra virgen de los trópicos, de esta tierra de los héroes i los mártires ¡donde siempre seca lágrimas el sol!…

SALoMé UrEñA DE HENríQUEZ

La llegada del invierno

Llega en buen hora, mas no presumas ser de estos valles regio señor, que en el espacio mueren tus brumas cuando del seno de las espumas emerge el astro de esta región. En otros climas, a tus rigores pierden los campos gala y matiz, paran las aguas con sus rumores, no hay luz ni brisas, mueren las flores, huyen las aves a otro confín. En mi adorada gentil quisqueya, cuando el otoño pasando va,
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la vista en vano busca tu huella: que en esta zona feliz descuella perenne encanto primaveral. que en sus contornos el verde llano, que en su eminencia la cumbre azul, la gala ostentan que al suelo indiano con rica pompa viste el verano y un sol de fuego baña de luz. Y en esos campos donde atesora naturaleza tanto primor, bajo esa lumbre que el cielo dora, tiende el arroyo su onda sonora y alzan las aves tierna canción. Nunca abandonan las golondrinas por otras playas mi hogar feliz: que en anchas grutas al mar vecinas su nido arrullan, de algas marinas, rumor de espumas y auras de abril. Aquí no hay noches aterradoras que horror al pobre ni angustia den, ni el fuego ansiando pasa las horas de las estufas restauradoras que otras regiones han menester. Pasa ligero, llega a otros climas donde tus brumas tiendas audaz, donde tus huellas de muerte imprimas, que aunque amenaces mis altas cimas y aunque pretendas tu cetro alzar, siempre mis aguas tendrán rumores, blancas espumas mi mar azul, mis tiernas aves cantos de amores, gala mis campos, vida mis flores, mi ambiente aromas, mi esfera luz.

Ruinas
Memorias venerandas de otros días, soberbios monumentos del pasado esplendor reliquias frías, donde el arte vertió sus fantasías, donde el alma expresó sus pensamientos:
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Al veros ¡ay! con rapidez que pasma por la angustiada mente que sueña con la gloria y se entusiasma la bella historia de otra edad luciente. ¡Oh quisqueya! Las ciencias agrupadas te alzaron en sus hombros del mundo a las atónitas miradas; y hoy nos cuenta tus glorias olvidadas la brisa que solloza en tus escombros. Ayer, cuando las artes florecientes su imperio aquí fijaron, y creaciones tuviste eminentes, fuiste pasmo y asombro de las gentes, y la Atenas moderna te llamaron. Águila audaz que rápida tendiste tus alas al vacío y por sobre las nubes te meciste: ¿por qué te miro desolada y triste? ¿dó está de tu grandeza el poderío? Vinieron años de amarguras tantas, de tanta servidumbre, que hoy esa historia al recordar te espantas, porque inerme, de un dueño ante las plantas, humillada te vio la muchedumbre. Y las artes entonces, inactivas, murieron en tu suelo, se abatieron tus cúpulas altivas, y las ciencias tendieron, fugitivas, a otras regiones, con dolor, su vuelo. ¡Oh mi Antilla infeliz que el alma adora! Doquiera que la vista ávida gira en tu entusiasmo ahora, una ruina denuncia acusadora las muertas glorias de tu genio artista. ¡Patria desventurada! ¿qué anatema cayó sobre tu frente? Levanta ya de tu indolencia extrema: la hora sonó de redención suprema y ¡ay, si desmayas en la lid presente!
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Pero vano temor: ya decidida hacia el futuro avanzas; ya del sueño despiertas a la vida, y a la gloria te vas engrandecida en alas de risueñas esperanzas. Lucha, insiste, tus títulos reclama: que el fuego de tu zona preste a tu genio su potente llama, y entre el aplauso que te dé la fama vuelve a ceñirte la triunfal corona. que mientras sueño para ti una palma, y al porvenir caminas, no más se oprimirá de angustia el alma cuando contemple en la callada calma la majestad solemne de tus ruinas.

El Anjelus

ENriQUE HENríQUEZ
Debajo de los álamos mi languidez reclina su ansia de divagar Con su escuadrón de sombras la noche se avecina. Pasa una golondrina. Viene otra golondrina. “Golondrinas! –exclamo– ¿Tendréis un mismo alar?”. Las copas de los álamos, del viento sacudidas, sufren fugaz temblor. Caen dos hojas. Semejan dos erráticas vidas. “¿Tendréis, dolientes hojas de igual dolor heridas, dos páramos distantes para un mismo dolor?” ¡Oh muerta inextinguible! Tú eres fulgor inerte i yo tiniebla huérfana de tu dulce fulgor. En dos desolaciones nos disyuntó la suerte: a ti te aisló en la estática soledad de la muerte i a mí me aisló en la errante soledad del dolor! Te clamo i no me oyes; te busco y no te encuentro. Te clamo noche i día con insano pavor. Te clamo i no me oyes; te busco i no te encuentro. I estás, no obstante, dentro, con toda tu alma dentro de la desgarradura de mi propio clamor. Desciende de la torre de un viejo campanario, por la escala sonora del viento, un triste son.
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Y como si tu nombre fuese –¡oh muerta!– un santuario, tu santo nombre evoco, la rodilla doblego i en un raudal de lágrimas místicamente anego mi trémula oración. Silenció el campanario. Permanezco de hinojos. Y alzando hacia su torre mis implorantes ojos, “Campanario –he irrumpido con acento apagado–: ¿habrá, al fin, horadado el seno de la muerte mi doliente jemido?” La torre se ha inclinado. En lo alto del silencio vibró un largo tañido… Supersticiosamente me hice un signo en la frente con fanática unción. –Oh mísero creyente!– Después, con ciego ímpetu, cual un corcel sin brida, comenzó a galopar en su estrecha guarida, sin saber hacia dónde, mi injenuo corazón!

La canción del avaro
Por galardón, Señor, me despojaste de la carga del oro que al avaro, por castigo impusiste. Gracias por este raro, por este paradójico contraste! Gracias! Me exoneraste del oro con que a él le empobreciste, el yugo con que a él lo esclavizaste. Gracias! Así le hiciste, con el agobiamiento de esa carga, la entraña estéril, la abundancia triste, la casa grande i el hogar vacío, la noche corta i la vijilia larga… Gracias te doi por tu piedad, Dios mío!

La escena del Café Martín
Frente a mi aislada mesa, aquella noche cenaban ella i él.
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Él era un anfitrión de porte austero i ella una dulce, espiritual mujer. La miré. Declamaron en secreto mis pupilas un rítmico rondel. Sus pestañas, oyéndolo, aletearon ebrias de languidez; i yo, absorto, con éxtasis pagano mi alma de cenobita arrodillé sin cesar repitiendo el ondulante susurro de mi rítmico rondel. Alcé luego mi copa; i sacudiéndola con fujitiva insinuación, tracé un jesto suspirante que decía: “junta al mío tu vino de jerez como si copular tú i yo quisiéramos mi azul sonambulismo con tu sien, mi erótica orfandad con tu regazo, tus labios con mi sed!”. Ella exploró un celaje en la penumbra i dejó en paz su copa de jerez, el anfitrión juntó ceja con ceja, miró en torno con tétrica altivez, echó media docena de doblones encima de la altura del mantel. Volvió a escrutar en torno. Se levantó. Se fue… ¡Cuán agoreramente aquella noche finó la cena! asida al brazo de él partió confiada la mujer hermosa. Partió confiada… y no la he vuelto a ver!

Lejanía
Tu dulce nombre evoco suspiradoramente noche i día; i a veces, evocándolo, he impregnado de nupcial alegría este anchuroso corazón, que es tuyo; i esta congoja sin igual, que es mía: la congoja sin término de nuestra inexorable lejanía. Tu dulce nombre evoco tal como si tu dulce nombre fuera
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el de un jemelo mástil que sepulto estuviera bajo un inmensurable alud, en una ignorada ribera; i como si mi vida el otro desolado mástil fuera! Tu dulce nombre evoco hechizado de azul melancolía. Mas, no es para que llegue a ti mi evocación, Señora mía; ni para que la aguda pena calmes de nuestra inexorable lejanía, pues yo, sin el licor de mi dolor, de asfixia espiritual sucumbiría. Y por eso tu dulce nombre evoco, suspiradoramente, noche y día.

Never more
Por las interminables avenidas, en busca de pretéritos mesones, veo plazas desiertas, luces enmustiecidas, graníticos balcones, ventanas ojivales i monásticas puertas que, vistas a través de sus cristales, finjen estar de par en par abiertas. Camino a la ventura. Monologo sobre un dolor de siglos que ahora es mío. El silencio interrogo: i grabando mi planta en el vacío de la noche callada, en torno de las cosas espacío la inquisición febril de una mirada. ¿En cuál de estos cristales fue que un día el pájaro siniestro sacudió sin calmar su ala sombría, enseñándole al lóbrego maestro del canto y del dolor un dolor infinito en la elejía del monótono i lento Never More?
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Subitáneo celaje pone a mi inquisición tétrico punto: es la última hoja de un follaje. El otoño la azota; i simula, cayendo, el ala rota de un agorero pájaro difunto. Monologo mui quedo, porque mi propia voz me infunde miedo! Sobre un cristal vecino un álamo hace un trazo con la desnuda sombra de su brazo. quiero huir. Mas la anchura del camino –nublada de otra proyección de trazos– tras la congoja de mi planta mueve el ademán de un escuadrón aleve de esqueléticos brazos. quiero huir. Mas mi planta no se atreve. I me detengo. Una espectral figura nace del fondo de la noche oscura: crece, avanza, se acerca, se aproxima a la desolación de mi pavura; i al transitar, su grave paso suena cual si fuera el remedo de una rima de honda i letal desesperanza llena. ¡Oh sombra! Eres la sombra del insano poeta peregrino que invadió la tiniebla de lo arcano, con un jesto de horror, al compás de su lento Never More. ¡Oh sombra! Te adivino: eres la sombra de un dolor hermano. Dame el laurel divino que floreció en la gracia de tu mano, sin darme la siniestra copa de vino que escanció tu diestra. Se va la noche. Imperativamente su pupila entreabre en el oriente el sol de un nuevo día; i su lumbre me encuentra todavía monologando en frente de una casa vetusta que es la mía!
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GASTÓN F. DELIGNE

Angustias

Su mano de mujer está grabada hasta en el lazo azul de la cortina; no hay jarrones de China, pero es toda la estancia una monada. Con un chico detalle, gracia despliega y bienestar sin tasa, a pesar de lo pobre de la casa, a pesar de lo triste de la calle. Cuando el ardiente hogar chispas difunde, cuando la plancha su trabajo empieza, para cercar de lumbre su cabeza, en sólo un haz se aduna el brillo de dos luces soberanas: un fragmento de sol, en las ventanas; un destello de aurora, en una cuna! ¡qué sima del ayer a lo presente!… Allá, en retrospectivos horizontes, la desgracia pasó sobre su frente, cual una tempestad sobre los montes. Era muy bella, ¡por extremo bella! y estuvo en su mirada la candente centella donde prendió su roja llamarada la pira que más tarde la consume, la que le hurtó, de tímida violeta con el tierno matiz, todo el perfume. Fue su triste caída, lo mismo solitaria que completa; y como en casos tales de amargura, desde ella hasta Luzbel todo es lo mismo; una vez desprendida de la altura, cebó en ella sus garras el abismo. quedó al horror sumisa con expresión que por tranquila, espanta; apagada en los labios la sonrisa, extinguida la nota en la garganta. Flotó en la hirviente ola con el raudo vaivén del torbellino, y se encontró… sentada en el camino, entristecida, macilenta, y sola!…
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Pero así como planta que caída, después que la desnuda rama por rama la tormenta cruda; a pesar de la fuerza que la azota, de la raíz asida queda, y más tiernos sus renuevos brota; cuando estaba su oriente más distante, y más desfallecida la materia; brotó la salvación dulce y radiante por donde entró señora la miseria. Si es cierto que invisibles pueblan los aires almas luminosas, hubieron de acudir a aquel milagro, como van a la luz las mariposas. Así el suceso su mansión inunda con tintes apacibles: la gran madre fecunda, naturaleza sabia y bienhechora, miró piadosa su profunda pena, palpó la enfermedad que la devora; y en su amor infinito, la puso frente a frente de una cuna; a la vez que vocero del delito, de calma y redención anunciadora! ¡quién dirá lo que siente al verse de la cuna frente a frente!… Su corazón de madre se deslíe, y al hijo que es su gloria y su embeleso, le premia con un beso, si es que ríe; le acalla, si es que llora, con un beso. Al calor que la enciende ¡cuántas cosas le dice, que el diminuto infante no comprende, tan tiernas a la par como sencillas!… Es un desbordamiento de ternuras, sin valladares, límites ni orillas!… De pronto, en su alma sube la hiel de sus pasadas desventuras; y mientras surca y moja sus mejillas llanto a la vez de dicha y desconsuelo, cual si Dios la empujase desde el cielo, ¡cayó junto a la cuna de rodillas!
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Y ante el espacio estrecho que ocupa aquella cuna temblorosa, como se abre el botón de un alba rosa, la rosa del deber se abrió en su pecho! ¡Reída alborescencia la que de Angustias el camino ensancha, escrita en surcos de la urente plancha y en serena quietud de la conciencia! ¿hay algo oculto y serio entre los pliegues de su afán constante?… ¿Anubla su semblante la vagarosa bruma de un misterio?… La audaz de la vecina que, cual prójima toda, es muy ladina, quita al misterio la tupida venda, desparrama la cosa con todo este chispear de vivas ascuas: –“El chiquitín, un sol; cerca las Pascuas; y le trae preocupada y afanosa el trajecito aquel que vio en la tienda”. Por eso, y así el Bóreas yazga inerme o airado sople con violento empuje, Angustias canta, el pequeñuelo duerme, la plancha suena, la madera cruje.

De luto
Tu oscuro traje en que la noche late, fue maligna invención –por tal la tengo– de una de esas blancuras de abolengo, rabiosamente mate. Una blancura astral de azules venas, como la tuya, inmaculada y suave; formada adrede con plumón de ave y con pulpa de nardos y azucenas. De ese luto ¡cuán noble privilegio!: ¡cómo en halos gloriosos te aurifica! ¡qué elegancia a tus formas comunica, y qué porte más regio!… Del traje negro, y de su negro broche, surgen las líneas de tu faz, marmóreas,
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como el sereno sol de media-noche en las desolaciones hiperbóreas. Mi alma, a tu paso, atónita se inclina y en una muda imploración te adora. Y exclama el ditirambo: triunfadora! y el corazón: divina!… Pudiera ser de tu corpiño cierre, y pregonar tu imperio –no tu duelo– algo vibrante y fúlgido que encierre todos los hipnotismos del anhelo. Algo para hechizar toda mirada; algo para obligar todo tributo; algo anormal en medio de tu luto, una rosa inflamada!

En el Botado
Cacique de una tribu de esmeralda, aquel palacio indígena, el bohío de la corta heredad a que respalda un monte, que a su vez respalda un río; cuando el idilio de un Adán silvestre y su costilla montaraz, le hiciera venturoso hospedaje, paraíso terrestre; lo más saliente y copetudo era del ameno paisaje. Su flamante armazón de tabla oscura, su gris penacho de lucientes yaguas, hacían reverberar con nuevas aguas la circunstante joya de verdura. Aplanada en el techo, se oxidaba la luz cual plata vieja; o se colgaba a lomos y antepecho, en rubia palidísima crineja. No era sino común que se trepase un ruiseñor a su cumbrera holgada, y en fugitivas notas ensayase la trémula canción de la alborada. O que bajo su alero, en que pendía mazorcado maíz de granos de oro,
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el gallo, al enervante mediodía victorease sonoro! Entonces, ese albergue en que bullía la vida crepitante, más que un detalle de la huerta era o su tono, o su arteria, o su semblante. Pero en una lluviosa primavera, la débil cerca desligada y rota empujó la pareja enamorada a otra huerta remota; ¡ y en medio a tanta flor recién abierta, quedóse la heredad abandonada, y la mansión desierta! Advertido, no tanto del saqueo, entre cuyo costal desaparece de la ventana en pos la que fue puerta; ni tanto del goloso merodeo, de la turba infantil, donde perece aún no puesto en sazón, el verde fruto;– mas del monte advertido, porque invade con apretadas filas de maleza la botada heredad, el Tiempo hirsuto a comprender empieza que hay algo allí que estorba; y aferra en la mansión su garra corva! Fue primero una horrible puñalada, y después una serie, con que se abrió por la techumbre entrada a la malsana y húmeda intemperie. Si el sol que se filtraba por el techo, solía escapar por los abiertos vanos, no así las aguas del turbión deshecho; cavaban y cavaban hondo lecho a turbias miniaturas de pantanos. Furiosa ventolera por allí no pasara que no hiciera de las yaguas decrépitas, añicos; y tragedia mayor aconteciera, si el júcaro el más negro y más bravío no angulara el bohío.
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Torcido, deslustrado, por reptiles del cieno visitado; el albergue que fuera de la huerta lo más noble y sereno, gozo, atracción y gala deleitosas, ni es más que una verruga del terreno, ni menos que un sarcasmo de las cosas! Como al herido por la suerte aleve, hasta la misma timidez se atreve!… Un bejucal de plantas trepadoras, que en torno a la vivienda cerraban toda senda; avanzando traidoras, e indicando a la ruina, cuchicheaban: “ni se defiende, ni hay quién la defienda!” Y enlazando sus ramos como para animarse, murmuraban: “si tal pasa, y tal vemos, ¿qué esperamos?”… Fue un aguinaldo lívido quien dijo: “o es que trepais, o treparé de fijo!” A lo que una “saudosa” pasionaria expuso, comentando la aventura: “por cierto que es bizarra coyuntura para mirar el sol desde más alto!” Fue la palabra fulminante!, todas clamaron en un punto trémulas y erizadas, “al asalto!”… ¡qué embrollado conjunto de hojas antenas, vástagos, sarmientos!… Y cuán terrible asalto presenciaron los troncos azorados y los vientos. Cuál, por la tabla escueta tal sube que parece que resbala; cuál se columpia inquieta de algún clavo saliente haciendo escala! Cuál la mansión en torno circunvala, vuelta enroscado caracol, y asciende con estrechura tal y tan precisa,
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que es cuestión insoluble e indecisa si ahogarla o si medirla es lo que emprende. Cuál, errando el camino, con impaciente afán la puerta allana; y luego adentro, recobrado el tino, sus músculos asoma a la ventana. No hay menudo resquicio en que su flujo de invasión no apuren; ni hueco ni intersticio que sus hojas no tapien y no muren. Ya el albergue sombrío es un alcor en forma de bohío; ya su contorno lúgubre se pierde en la gama riquísima del verde; ya brota en tanta planta que le enreda, con matizada y colosal guirnalda, satinados renuevos de esmeralda, iris de tul, campánulas de seda!… Transformación magnífica y divina! cómo de ti se cuida generosa, Naturaleza, el hada portentosa, Naturaleza, el hada peregrina!… Renovación piadosa que en tan grande esplendor cubre una ruina!; desde inerte hechura a la humana criatura, con hilos invisibles cuán intensa relación estableces!… ¿quién dentro, en lo que siente o lo que piensa por el dolor severo fulminadas, no se ha dejado a veces alcázar, quinta o choza abandonadas?… quizás quien no!… Mas a la oculta mina labrada por recónditos dolores, alguna trepadora se avecina; algo que sube a cobijar la ruina, algo lozano que revienta en flores!…

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A Mercedes Alfau

ARTURO B. PELLERANO CASTRO (BYRON)
Toda la cera virgen de mis panales, toda la blanca lana de mis ovejas, he ofrecido a la Virgen, si hace el milagro, de que me quieras! Del caimital silvestre, que frente al río, limita de mis campos la fértil vega, hoy le traje a mi madre, como regalo, los mejores racimos de la cosecha. Y en una petaquita, que en los palmares fabriqué de una yagua, flexible y tierna, escogí de la carga, para ti ¡ingrata! las frutas más hermosas, blandas y frescas. Mi padre, que en asuntos de amores sabe muchas coplas del caso, muchas novelas, y a quien duelen los vientos de señorío que te das por la calle cuando me encuentras, al mirar mis cuidados, –rasgueando el tiple, (ay! tú tienes la culpa, que no eres buena!) cantó esta copla amarga que improvisara allá en sus mocedades a otra llanera. Las mujeres y las hojas del CAIMITAL se asemejan en que TOAS tienen dos caras con la color muy diversa. no es cosa rara, que siempre la perfidia tuvo dos caras! No le gustó a mi madre la copla amarga, y alzando la tonada por la indirecta, a raíz de la injuria que llegó al alma contestole a mi padre con esta endecha: EL CAIMITO es una fruta que a la mujer se asemeja, tiene miel en las entrañas pero amarga la corteza. Madura o verde, deja hiel en los labios de quien la muerde.
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Aquí arreció del canto la cruel porfía; y aunque rota saltara más de una cuerda, irritado mi padre, con una sola, de seguida, y más alto dio la respuesta. La fruta que está en sazón y no ha de ser duradera, bien se merece una JÁQUIMA todo aquel que la cosecha. Verde o madura, que se pierda no importa si es que no dura Porque te quiero tanto que me parece que las estrellas, Dios las puso allá arriba para tus ojos, al igual que de flores sembró la tierra; porque te quiero tanto, fue que no pude escuchar el remate de aquella réplica, que el insulto del honra llevaba en alto cada vez en cantares de más crudeza. Y más triste que enantes volvime al monte; y al volver por los trillos, por donde mengua el camino de flores que va a tu casa, desde el ancho declive de la meseta vi venir tu persona que se traía una gala y un porte de pura reina; y al galope la jaca, pasé a tu lado, y a pesar de lo angosto de la vereda, ni siquier te volviste para mirarme, ni siquier me dijiste “las tenga buenas!” Cuando entré por los claros de la sabana, y vi abierta a mis ojos toda la vega, y de sangre de Cristo, los horizontes, y encendidas las nubes, y azul la sierra, y pensé en tus desaires y en tu falsía, recordé de mi padre la copla aquélla, y parando el galope, la canté al punto con toditas las voces de mi tristeza. Las mujeres y las hojas del caimital se asemejan, en que TOAS tienen dos caras con la color muy diversa. No es cosa rara, que siempre la perfidia tuvo dos caras…!
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A ti
Yo quisiera, mi vida, ser burro, ser burro de carga, y llevarte, en mi lomo, a la fuente, en busca del agua, con que riega tu madre el conuco, con que tú, mi trigueña, te bañas. Yo quisiera, mi vida, ser burro, ser burro de carga, y llevar, al mercado, tus frutos, y traer, para ti, dentro el árgana, el vestido que ciña tu cuerpo, el pañuelo que cubra tu espalda, el rosario de cuentas de vidrio con Cristo de plata, que cual rojo collar de cerezas rodee tu garganta… Yo quisiera, mi vida, ser burro, ser burro de carga… ............................................ Desde el día que en el cierre del monte cojida la falda, el arroyo al cruzar, me dijiste sonriendo: –¿Me pasas?… y tus brazos ciñeron mi cuello, y al pasarte sentí muchas ganas, de que fuera muy ancho el arroyo, de que fueran muy hondas sus aguas,… desde el día que te cuento, trigueña, yo quisiera ser burro de carga!… Y llevarte, en mi lomo, a la fuente, y contigo cruzar la cañada, y sentirme arrear por ti misma, cuando, a vuelta del pueblo, te traiga, el vestido que ciña tu cuerpo, el pañuelo que cubra tu espalda, el rosario de cuentas de vidrio, con Cristo de plata, que cual rojo collar de cerezas rodee tu garganta… ........................................... Yo quisiera, mi vida, ser burro, ser burro de carga!
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En el cementerio
Junto a una cruz, al expirar el día, una pobre mujer, de angustias llena, sus lágrimas vertía… Dolió a mi corazón su amarga pena y ante el sepulcro de la madre ajena lloré la muerte de la madre mía.

FABIO FIALLO

Con mi sonrisa plácida
Con mi sonrisa plácida de siempre, cuya retama sólo yo probé, me iré por los caminos de la vida… Nadie mis huellas hallará después. Doquiera vaya por el ancho mundo tristeza y soledad encontraré… Lejos de ellos, ¡cuán buenos los amigos! Y la amada, ¡qué dulce en su querer! Cien leyendas en tanto con mi nombre la fantasía se dará a tejer; ora, soy bandolero en la Calabria, ya, sátrapa feliz en un harén. Como en la mente tierna de los niños la ausencia nunca se trocó en vejez, para mis nietos, el abuelo de antes, magnánimo y viril, siempre seré. Y en cierta noche de retozo y cuentos, el más pequeño inventará a su vez esta nueva fantástica: –Mañana, vendrá abuelito en el vapor francés. La gran noticia iniciará un revuelo de mil juguetes que traerá el bajel: carros y aviones, bates y pelotas, y un tambor, y una lanza y un arnés. En tanto, sabe Dios bajo qué pena, –honda guarida de monstruoso pez– o en qué caverna de animal salvaje, blancos mis huesos dormirán tal vez!
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En el Atrio
Deslumbradora de hermosura y gracia, en el atrio del templo apareció, y todos a su paso se inclinaron, menos yo. Como enjambre de alegres mariposas, volaron los elogios en redor: un homenaje le rindieron todos, menos yo. Y tranquilo después, indiferente, a su morada cada cual volvió, e indiferentes viven y tranquilos ay! todos, menos yo!

Esquiva
Nunca su mano se posó en mi mano, nunca gocé su cándida sonrisa, y el murmullo que debe ser su acento, ni una vez refrescó mi oculta herida. Cuando el azar la pone en mi sendero, ella me esquiva, casta y temblorosa, y yo finjo no verla, en mi cuidado de no causarle la menor congoja. Mas, cuando voy ya lejos en mi ruta, siento detrás de mí volar sus ojos, cual dos abejas que su dulce carga vinieron a dejar sobre mis hombros.

For Ever
Cuando esta frágil copa de mi vida, que de amargura rebosó el destino, en la revuelta bacanal del mundo ruede en pedazos, no lloréis, amigos. haced en un rincón del Cementerio, sin cruz ni mármol, mi postrer asilo, después, oh! mis alegres camaradas, seguid vuestro camino.
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Allí, solo, mi amada misteriosa, bajo el sudario inmenso del olvido, ¡cuán corta encontraré la noche eterna para soñar contigo!

Gólgota rosa
Del cuello de la amada pende un Cristo, joyel en oro de un buril genial, y parece este Cristo en su agonía dichoso de la vida al expirar. Tienen sus dulces ojos moribundos, tal expresión de goce mundanal, que a veces pienso si el genial artista diole a su Cristo el alma de don Juan. hay en la frente inclinación equívoca, curiosidad astuta en el mirar, y la intención del labio, si es de angustia, al mismo tiempo es contracción sensual. Oh, pequeño Jesús Crucificado, déjame a mí morir en tu lugar, sobre la tentación de ese Calvario hecho en las dos colinas de un rosal. Dame tu puesto, o teme que mi mano, con impulso de arranque pasional, la faz te vuelva contra el cielo y cambie la oblicua dirección de tu mirar.

Misterio
Flota su imagen pensativa y casta en mis versos de amor, como flota en los pétalos de un lirio perfume embriagador. Pero en mis ritmos no busquéis el nombre de la que causa mi perpetuo afán, que nunca en los alambres de mi lira su nombre vibrará. Sólo al morir revelaré el misterio que guarda el corazón.
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Sólo al morir… cuando en mis labios sea su dulce nombre mi postrer canción!

Noche Buena
(Cantares de la ausencia)

El que lejos de su casa ve pasar la Nochebuena, ese sabe lo que es frío, y sabe lo que es tristeza. Estrellita que en el cielo me pareces una lágrima, cuéntame si estás mirando lo que cenan en mi casa. Dando tumbos dos borrachos pasaron frente a mi puerta, y esta vez sentí en el alma envidia a la dicha ajena! Falta a los unos el vino, a los otros falta el pan, infeliz de mí que sólo me falta con quien cenar!

Pierrot
hablábase de amor, que es tema siempre selecto en todo frívolo salón, y como yo callara, hermosa dama pidió mi parecer en alta voz: —“El amor?… Bah, señora!…” y dije entonces tan lindos chistes puestos en razón, con tanta gracia y tan sutil donaire supe burlarme del pequeño dios, que a poco vi la concurrencia entera aplaudir mi sarcástica opinión, y más de una preciosa boca roja me otorgó su mohín encantador… Ay! sólo tú, en tu oscura cárcel gélida, no reías, llorabas, corazón!

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Plenilunio
Por la verde alameda, silenciosos, íbamos ella y yo: la luna tras los montes ascendía, en la fronda cantaba el ruiseñor. Y la dije… No sé lo que la dijo mi temblorosa voz… En el éter detúvose la luna, interrumpió su canto el ruiseñor, y la amada gentil, turbada y muda, al cielo interrogó. ¿Sabéis de esas preguntas misteriosas que una respuesta son?… Guarda, oh luna, el secreto de mi alma! Cállalo, ruiseñor!

Cantemos al Señor

ANDREJULIO AYBAR
Ah! los niños enclenques que pululan por calles y por plazas. Ah! los viejos que imploran caridad con tristes dejos, que si lacerias tienen más simulan. Ah! los leprosos, que en fealdad emulan, cuyo hedor los anuncia desde lejos Ah! los que males han –al vicio anejos– que a fuer de corrompidos se inoculan. Ah! tantos cuyo aspecto aflige y haga, yo un ser humano soy, un egoísta, repúgnanme fealdad, miseria y plaga. Yo adoro la belleza, soy artista, y horror me infunde vuestra suerte aciaga, quitaos, miserables, de mi vista!

De pordiosero
Venías cual la luna al levantarse. Ya mi alma te esperaba para humillarse.
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Y ya a la puerta del templo alza un pobre su henchida espuerta. Prendióse en mis entrañas un fuego intenso. Mi corazón fue brasa quemando incienso. Mi fantasía tocaba las campanas de la alegría. A ese otro una moneda donaste, oh amada. Yo quise más, yo quise una mirada! Mas tú volviste la cara al otro lado, y ni me viste! Después, aunque en mis ojos fue nube el llanto, quedé, de haberte visto, bajo un encanto! De más fervor enriquecido, oh! amada, y más amor!

En donde brillas

En busca voy del lirio. El blando césped, donde el pie lo huella, pozo es de olor. Y un cirio que alumbra mi sendero es cada estrella. El lirio está en el valle, no lo he encontrado en donde lo buscaba. Cuando a su lado me halle tendré el contento que el amor recaba. Con ansia el valle exploro. El lirio es un lucero reflejado. Su corazón es de oro, su manto está de púrpura bordado. Es ideal bandera. La Luna castamente lo arrebola, y la sutil quimera le llena de ilusiones la corola.
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—En dónde brillas, lirio? De tu viviente luz estoy sediento. Gobierna mi delirio con la olorosa mano de tu aliento! Mi anhelo ardiente vacía! Tus almos pechos dame por avío! Dame tu miel de gracia y escánciame tu copa de rocío! haz, lirio, que mi huerto sea jardín. Sé estrella de mi viaje, sé faro, y dame puerto, que un corazón de amor es mi equipaje!

Interesada ofrenda
A verla voy, de noche, por el sendero en flor, a verla, por la noche, con mi jornal de amor. Se ciernen las estrellas hasta el celeste azul que va cerniendo estrellas con su cendal de tul. La tierra se hace alfombra porque no dé un traspié. La tierra es siempre alfombra si va el contento a pie. La tibia yerba huele a menta y serpol. Y hasta la sombra huele, como la tierra, a sol. El corazón, –a saltos primero hacia ella en ir–, qué brincos da y qué saltos! Ay, se me va a partir! Y él es entero suyo, y así lo he de entregar, para que entero el suyo me quiera entonces dar.
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Recrecimiento
Niño, y todo candor, todo ternura, al beber de la fuente de la vida, hallé, angustiosa el alma y sorprendida, de mi vaso en el fondo la amargura. Después la fuente vi de linfa impura, en bramador raudal ya convertida, salto a salto y caída tras caída, con la dicha mezclar la desventura. Pero hoy, si el mal de ayer un punto olvido, si en éxtasis, el alma, con empeño, a una ilusión de luz abre sus puertas. Si en pos se lanza abre un dorado ensueño, el dolor… mi dolor… –tú, maldecido, con hórridas punzadas, me despiertas!

ViGiL DíAZ

Tímpano de la montaña
Mi querida, que es una negra retinta, dulce y armoniosa como el cuello de una cítara de ébano, con pulpa de coco en la sonrisa y esencia de mandrágora en los dobleces, me aguardó en la talanquera para decirme: “El cabrón ha muerto”. En un lecho de piedras, junto a los corrales, pulido por su cuerpo velludo y rijoso, está tendido el padre y señor del aprisco. La luna de anoche amortajó su cadáver, y el sol de esta mañana, calentó las esponjas de sus barbas patriarcales. En los libros de amor de Publio Ovidio Nasón aprendió el arte de amar, y conquistó mil borregas con la sirynga de Pan.
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Para que no coman de su lúbrica carroña famélicos canes, le haremos exequias griegas en la sabana.

Visión lunar
Señora luna yo te he visto: sobre las cumbres altivas; sobre las cataratas bravías; sobre los ríos musicales y errabundos; sobre el mar veleidoso y pérfido; sobre las lagunas extáticas; sobre las envergaduras de las naves perdidas; Señora luna yo te he visto: sobre los caminos polvorientos y sabios; sobre las ruinas solitarias; sobre el plumaje de los cisnes dormidos; sobre la pampa inmensa; sobre las tristezas de las necrópolis; sobre los campamentos bárbaros; sobre el marfil de los cadáveres; sobre los charcos de sangre; sobre las carroñas de las bestias; sobre los jardines solitarios; sobre el espejo de las fuentes olvidadas; sobre el dolor de los hospitales; sobre el arabesco de los frailes; sobre los pámpanos de las fiestas; Señora luna, yo tengo un anhelo exótico y profundo: quiero verte dormida, sobre las gemas de sus ojos y sobre las pálidas ojivas de sus manos góticas.

RAFAEL DAMIRÓN

Campesina

Dende que ese indino me se fue con otra ni pisca yo siento de querer por naiden, con lo que lo quise me basta y me sobra pa que ningún otro se atreva a mirarme. Manque las mujeres semo como semos, caña pa el ingenio no soy que me cargan;
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soy de las que digo, que a lo hecho pecho, paque naiden goce mirando mis lágrimas. ¿que se fue con otra? ¿que ya no me quiere? que su gusto sea lo que Dios disponga, yo no diba a hincarme pa que me desprecie ni por una caja de doscientas onzas. Mesmamente asina, como me ha dejao, sin que yo lo ñame, lo veré en mi puerta, y como a los hombres se le mete el Diablo, que no pasó nada, yo me adré de cuenta.

Criolla
Debajo de los palmares tengo plantado un bohío que entre olorosos pomares y renuevos de azahares copia el espejo del río. Bajo su oscura techumbre tengo mi hamaca colgada, sin una luz que me alumbre pues nadie enciende la lumbre que tu dejaste apagada. Cuando la tarde declina después de dura faena se adueña de mí la pena que tu recuerdo envenena con tu ingratitud mezquina. Tengo en mi pecho clavada como un puñal traicionero la voz de aquella tonada con que dejaste burlada la fe de mi amor primero. Cuando me quieras, te quiero cuando me olvides, te olvido como el pájaro señero lo mismo puedo en tu alero que en la selva hacer mi nido. Debajo de los palmares tengo plantado un bohío
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que entre olorosos pomares y renuevos de azahares copia el espejo del río.

V ALENTÍN GIRO

Alma

La hermosa, arrebatada, lo envolvió en sus ardores sus brazos lo anudaron sobre su seno astral. Y entre besos, mordiscos, suspiros y estertores, –toda la ardiente gama de los rojos amores– pasó la noche entera, satánico y sensual. La aurora en la montaña divina sonreía cuando el mancebo dijo: “Suéltame, siento hastío”. Después… domaba un potro, tumbaba un monte, abría para su siembra, riegos: luego, se zambullía, como un pez, en el río…

Ensueño
Escucha, encantadora fugitiva que interpretar mi corazón no quieres: tu palidez mortal me tiene enfermo y presiento, al mirarte, que te mueres… Es tan débil tu cuerpo delicado, tu vida está de levedad tan llena que un hálito veloz puede quebrarte como un pétalo frágil de azucena. Surgir parece a tu redor la niebla como para envolverte en un misterio, y en tu camino palpitando dejas un lejano rumor de cementerio. Finas esquilas en tu voz sollozan, blancor de leche en tu pupila vaga, y tu reír parece hilo de luna que en la espuma del mar vibra y se apaga. Frágil, blanca de niebla, y errabunda como del aura Leda suspendida, pareces una virgen temblorosa del hondo seno de la tumba huida.
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Frágil, blanca de niebla, y errabunda y cuando más sutil y visionaria pasas por mi fantástico camino más pura es tu belleza funeraria, Y más te quiero, fugitiva niña que temes al contacto de mi mano porque vamos, yo ardor, hacia la vida y tú, vapor de ensueño, hacia el arcano!

Virgínea
Se murió Natalia. Virgen que tenía en los ojos muchos sueños y delirios, y en los tristes labios todos los martirios de la cruel anemia que la consumía. En el blanco lecho su cara fulgía como nívea estrella sobre un mar de lirios, mientras en la alcoba los trémulos cirios llovían miradas de melancolía… ............................................ Después, cuando todos a casa volvían mudos, pensativos…, como rubios trigos vieron que en el cielo, radiosas de encanto, todas las estrellas reían… reían…

FEDEriCo BErMÚDEZ

Campanas de la tarde

La tarde. Gris de perla. Los árboles en una meditación ambigua, de ensoñación o duelo; pupila de la tarde romántica: la luna, colmado el gris plomizo del solitario cielo! Por momentos sus alas: inmóviles al vuelo, recoge la penumbra que finge ser la ojera de la pupila blanca, sonámbula y viajera que calma el gris plomizo del solitario cielo! El angelus. Esquilas… Lamentos funerarios
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que vuelan de los bronces de viejos campanarios con un compás doliente de apesarado vuelo! Yo sueño bajo el oro de estas horas tranquilas, y en embriaguez de amores recojen mis pupilas tu imagen en la errante del solitario cielo!

Oh! tardes adorables…!
Oh! tardes adorables de aquel lejano estío! oh! siesta de mis sueños sobre su pecho en flor, venid rasgando brumas y sombras de mi olvido a orar cabe el sepulcro de aquel perdido amor…! Orad en el divino lenguaje del silencio por todos los ensueños de aquella casta edad, doliente margarita que aquellos blancos dedos acaso no recuerdan que deshojaron, ya…! Oh! tardes adorables de aquel lejano estío… Volar de blancos besos en alas del idilio, arrullos de las almas bajo el sereno azul… quiméricas visiones de mi universo efímero, traed a los oscuros rincones de mi olvido, blancas reminiscencias de aromas y de luz!

Pareces una tarde
Pareces una tarde que va a morir, Señora! tan honda es de tus ojos la intensa languidez y el velo de profunda tristeza evocadora que cae sobre la cera de tu anemiada tez! Al fondo de tus ojos, por tu pupila mustia se asoma tu alma triste con nimbo de pesar, y vaga en tu mirada con la infinita angustia de un pájaro cautivo con ansias de volar! Pareces una tarde que va a morir… Señora! y si bajo la intensa tristeza evocadora que cae sobre la cera de tu ideal perfil, te abismas en tus sueños de pálida Madona, parece que tu alma de virgen te abandona, y finges una estatua de pálido marfil…!
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Símbolo
Aquel viejo enigmático y sereno, de tristes palideces marfilinas y miradas de dulce Nazareno, echose a descansar bajo las ruinas…! Y en el vasto silencio vespertino, tras un largo suspiro y un bostezo, cerráronse del sueño al hondo beso sus ojos de cansado peregrino…! Cuando la tarde huyó triste y doliente, con la noche se entró por el oriente la luna, y al verter sus argentadas claridades silentes en las ruinas, bañó con sus miradas argentinas, ¡dos míseras grandezas olvidadas!

Serenamente gris
La lluvia, tornadiza como una polvareda, más flota que desciende, serenamente gris…! el viento, adormilado, sobre la tarde queda y sobre los ramales la nébula sutil… Cabalgan por el éter tristezas invernales, y en la tranquila estancia, serenamente gris, mientras la vaga niebla se asoma a los umbrales te duermes en mi pecho como una flor de lis! Tu joven pecho cándido me brinda sus latidos y tus fragantes labios, dulces y sonreídos me invitan para el beso romántico sutil, y mientras que yo beso tus labios virginales, envuelta en sus dolientes crespones invernales muriendo va la tarde, serenamente gris…!

oSV ALDo BAZiL

Pequeño nocturno
Ella, la que yo hubiera amado tanto, la que hechizó de músicas mi alma, la que más blando susurrar de égloga derramó en el azul de mis mañanas, me dice con ternura que la olvide, que la olvide sin odios y sin lágrimas.
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Ella, la que me ha dado más ensueños y más noches amargas, se aleja dulcemente, como una vela blanca. Yo, que llevo enterrados tantos sueños que cuento tantas tumbas en el alma, no sé por qué sollozo y por qué tiemblo al cavar una más en mis entrañas.

VÍCTOR GARRIDO

Aria de otoño

Un rubicundo amanecer de estío me engalana de rosas la tristeza cuando se juntan tu mirar y el mío, y llenas con idílica promesa la soledad de mi rincón vacío. Te quisiera apartar de mi camino por toda la ilusión que me despiertas, cuando en tus pesadumbres adivino que son hermanas nuestras cosas muertas. quisiera huir del sueño que te nombra por todo el mundo que de mí te aleja; pero hay algo interior que no me deja y que me acerca a ti como tu sombra. Siento que es tarde para alzar mi tienda en el recinto en paz de tus aduares y que me enluta la espinosa senda un desmayo de soles tutelares. Mas el hondo dolor de no tenerte y la congoja de tu amor distante, no valen la ventura de quererte en la orfandad de mi existencia errante. Te busco a mi pesar como la escala que ha de subir mi corazón al cielo; tu amor me da la vibración del ala y el impulso recóndito del vuelo. Eres la imagen de un ensueño puro que solloza perdido en una estrella;
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eres la voz, partida de querella, que se levanta del misterio oscuro, y me llama con una melodía que es toda vaguedad de lejanía. Eres la niebla que besó a la aurora la cabellera de verdor del prado, lo que he visto y soñado en la mágica hora en que la luz de la razón fulgura entre sombras de olvido y de locura… Por todo lo que has puesto de retoño en mi pálido otoño; por todo lo que tiene de martirio la blancura de lirio que me separa de tu ruta de oro; por todo este silencio en que te adoro sin violencia ni lloro, te bendice mi pena, que es tan dulce y tan buena desde que el alma se me va muriendo por ti soñando y por tu amor viviendo.

Elegía blanca…
Estoy triste, Señor, porque se muere la amada de mi vida; la que nunca me enoja ni me hiere, la que puso en mi alma que la quiere la blancura de un ala bendecida. Me la llevas… después que me la diste como una rosa blanca… Si en mi jardín de ensueños la pusiste toda alma, toda dulce, toda triste, por qué, Señor, Tu mano me la arranca? Para tu gloria tienes, cuanto aspira el santo anhelo tuyo… yo no tengo más luz que si me mira, más gloria divinal que si suspira ni más tierna ventura que su arrullo. No la lleves, Señor, para tu lado! No me quites mi aurora!…
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Permite que mi ser por ella amado, viva en la gracia de su amor bañado cual si fuera en tu gracia redentora. Yo era malo, Señor; ahora soy bueno… Ella me dio su albura… Dejé para volar cuanto de cieno había en mi ser… y estoy de azul tan lleno como lo está la fuente de frescura. Era la vida para mí un sudario que en hielos me envolvía… En mi rudo camino solitario cada paso en la sombra era un calvario… y ella juntó su mano con la mía… Y cuando todo para mí se anima y es la vida una gloria, quieres tronchar la perfumada rima que me enseñó a vivir sobre la cima, y trocar mis alburas en escoria! Ten piedad de su boca que es un lirio, de sus ojos azules, de sus manos nevadas como un cirio, y del cruel y recóndito martirio que me darás al desgarrar sus tules. Señor… la quiero porque me hizo bueno, porque me dio pureza… y está mi corazón de ella tan lleno… y es su amor para mí como un sereno resplandor de bondad y de belleza… Si deshojas, Señor, entre mis brazos la amada bendecida, me darás el negror de los ocasos y dudaré de ti que en tus regazos tienes la luz del bien y de la vida.

Pax
(En las ruinas de San Francisco)

Un silencio profundo en tus arcadas llena de paz histórica el convento. Afuera arrastra su plumaje el viento sobre las callejuelas desoladas.
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PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA

Penetro en el recinto. Mis pisadas prolongan su rumor como un lamento y en lo infinito de mi alma siento el peso de las bóvedas calladas. Doblo en el polvo la abatida frente para alzar mi recóndita plegaria en la calma beatífica y doliente; Y contempla mi mente visionaria, que la sombra de Ojeda, lentamente, se incorpora en la nave solitaria.

r. EMiLio JiMéNEZ

Boda de ruiseñores

Era un trío admirable de dulces ruiseñores disputándose, a trinos, de una hembra el amor, que, junto al grupo alado, picoteando alegre la encendida corteza de una fruta en sazón por cuya abierta herida, la sangre de la pulpa manchaba el suelo de arrebol, provocaba la lucha de los picos abiertos para su dulce boda con el mejor cantor. Teatro de la escena: la fronda virgen húmeda por el rocío, apenas, de la noche anterior, y comenzó la fiebre del lírico torneo como a la media hora de haber salido el sol. El primero dio al aire la joya de su flauta que el bosque acompañó con la variada música del viento y del arroyo que fluye adulador. El segundo, internándose esmeraldas adentro, penetró en lo más íntimo de la fronda, y cantó como para que el hueco del follaje sirviérale de amplio resonador. Faltaba el más osado de aquellos trovadores: voló a la rama más enhiesta, el pico sobre ella limpié. de toda huella inútil de festín mañanero, y se entregó al divino fluir de la canción.
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En la panida música se adivinaron quejas, rumor de alas, sueños, inquietud, la ilusión de tres perlas en un nido y el final de aquel nido en el azul. La hembra, enamorada, dejó el fruto sangrando como un arrebol, ganó la débil rama que el canto estremecía, y culminó la escena con un triunfo de amor… Después, los dos vencidos, miraban alejarse, soñando con el nido, bajo el oro del sol, cuatro alas tendidas en fuga victoriosa sobre los aplausos del viento adulador.

Mis dos madres muertas
Dos madres tuve un día y no tengo ninguna: la que me dio su sangre y me llevó en su seno, y la que completando la obra que hizo una, recogió mi pobreza del fondo de una cuna desde la edad de un año, y me enseñó a ser bueno. También tiene dos madres la simiente cautiva: la planta genitora que en su verdor la encierra, la gran madre tierra, que la toma en sus brazos como hija adoptiva, le ofrece el hueco de una cuna escondida a los ojos del pajarillo hambriento, y luego, espiga tierna, la mece a sol y luna en la hamaca del viento. Y cuando el árbol también, la bella espiga asombra con la melena al viento florida y cancionera, a la madre adoptiva le paga con su sombra y honra la madre propia en cada primavera. Tal ha sido mi suerte: una me ha dado el ser, y me enseñó la otra la virtud de ser fuerte, la misma de la planta que sabe florecer sin temor a las hachas que fabrican su muerte. Al darme una su sangre mirose en dos partida y una de esas mitades fue mi vida; la madre es siempre una constante abnegación;
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al tenderme la otra sus brazos redentores, como carga llevada sobre rieles de amores, mi cuerpo, entre caricias, llevó a su corazón. Yo era débil criatura, enferma y pobre era la madre verdadera, y Dios, compadecido de tanta desventura, me dio una nueva madre, que en ritmo de ternura fue igual a la primera. Rosal que de un terreno empobrecido pasa a la maravilla de un cantero al amor de otro barro que termina la obra del barro en que vivió primero, así yo de la vida en la faena, barca que tuvo un nuevo timonero, pájaro que del nido tutelar pasó al jergón de la pollada ajena y el ave nueva le enseñó a cantar; sus propios goces y su propia pena. Si el ofrecer la vida para dar nueva vida en el calvario de la maternidad es sacrificio heroico que mantiene encendida la llama redentora de la fecundidad, ¿qué nombre ha de tener la que no siendo madre por la naturaleza se eleva a la más alta virtud de la belleza y es madre por deber? ¿qué nombre tiene en la moral escrita esta ofrenda infinita de dar el alma a la criatura ajena la que no es madre suya, pareciendo decirle, ya que Dios me hizo buena, si te falta tu madre yo seré madre tuya? Murió la madre propia y la que me enseñara lo que por ella sé, aquélla de quien soy como una débil copia y la que supo ungirme con bálsamo de fe; pero llevo en el pecho la dulce sensación de que a las dos amé, y con las dos fui bueno, partiendo el corazón, y a las dos enterré…
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EMILIO A. MOREL
I

San Francisco de Asís entre los pájaros
San Francisco de Asís erraba un día por remotos parajes, preguntando a cuanto ser veía si lo acosaba el hambre, si quería pan del pan que su mano iba dejando a la miseria cruda y sin abrigo: pan de resignación y pan de trigo. San Francisco de Asís buscaba un día vidas atormentadas por el dolor, cuando en el seno agreste y hojoso de la Umbría encontró la piedad de sus miradas a un ruiseñor que estaba en la agonía. —hermano Ruiseñor… –exclamó el Santo, con los brazos en cruz,– hermano mío, dime si tu quebranto lo concibió la voluntad del cielo, o si fue la del suelo para secar las fuentes de tu canto. El ruiseñor no contestó. La suave bondad del Santo se inclinó hacia el ave para decirle: —hermano, ven a mi soledad hasta que vuelva la salud a tus carnes; allí no encontrarás florida selva ni paraje florido, sino el crudo rigor de los veranos: mas, para darte la ilusión de un nido fresco y amable, te daré mis manos. Y San Francisco se llevó consigo al ruiseñor enfermo. Y fue tan dulce el amoroso abrigo, y tan hijo del cielo el infinito celo que el ave halló en el corazón del Santo, que a poco tiempo levantaron, juntos, una oración el uno: el otro un canto.

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II

Enfermo y solo… Lejos de la gente, que ignoraba su mal, pensaba el Santo en que ya la Implacable rondaba ansiosamente la tosca celda en que la limpia fuente de su misericordia inagotable cantaba el bien, tan armoniosamente. Y dijo al ruiseñor: —Mi buen hermano, muy pronto a mí me faltará el aliento, y a ti la débil mano que te busca el sustento; vuélvete, pues, al bosque y que te ayude la mansa diestra del hermano Viento. Y así dijo a los otros pájaros: —Vuestro nido os espera, volved a vuestro prado; y si encontráis que ha sido destrozado vuestro hogar venturoso, como he sido yo para con vosotros, sed vosotros con el que hubiere roto vuestro nido. ¿No sabéis que se encuentra la hermana Muerte en el umbral, queriendo que mi conformidad le diga: entra? Y gimió el desconsuelo del ruiseñor: —;Oh, déjame a tu lado para verte cruzar, transfigurado, los caminos del cielo! La turba alada dijo entonces: .—¡Falta que nos enseñes la virtud más alta, la de morir sonriendo! Y cuando hablaron todos de tal suerte, San Francisco de Asís sonrió, diciendo: —Entrad, hermana Muerte…

Aquel Lucero Blanco
Aquel blanco lucero, al cerrarse los párpados del día, era siempre el primero que los ojos abría.
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Y semejaba un pájaro cautivo en el azul, imaginando vuelos y convirtiendo su mirada en vivo juego de claridad sobre los cielos. Y siempre que el lucero aparecía en su invariable senda, una envidiosa rana le decía desde el lúteo rincón de su vivienda: —¿Por qué te asomas a mis soledades furtivamente? Dime lo que quieres al deslizar tus tibias claridades en la quietud de mis anocheceres. ¿No sabes que la sombra es toda mía, lo mismo que el azul es todo tuyo, y que a veces me hastía hasta el fulgor errátil de un cocuyo? Haciendo florecer en mi laguna frágil rosa de perla, viene a verme la luna sin que yo me moleste para verla. Y sin embargo, tú, que nunca prendes una ilusión de luz en rosa alguna, me pides alabanzas, ¡y pretendes tener la aristocracia de la luna! Así el reptil hablaba cuando el blanco lucero aparecía; y, después de croar, se acurrucaba en su lúteo rincón, y se dormía… Era la media noche cuando el aristocrático lucero fingía descender, en un derroche de luces blancas, sobre el mundo entero. Y despertó el reptil. Con hosco ceño fijó los ojos turbios en el hondo caudal del agua, y vio el perfil risueño de su rival moviéndose en el fondo. ¡Cuán irónica fue su carcajada cuando creyó tenerlo prisionero,
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y figurose ver, mustia y ahogada, la argentina belleza del lucero! —Ya ves, astro infeliz! Estabas ciego de pueril vanidad. Tanto ufanarte de unas galas efímeras: y luego caer entre mis aguas para ahogarte! ............................................ Y ajeno a ese lenguaje rencoroso, desde una altura cenital el astro bañaba el lomo gris del envidioso con un blancor sereno de alabastro…

APOLINAR PERDOMO

Amo y odio a la vez tu albo sombrero
Amo y odio a la vez tu albo sombrero! Tu carita, una rosa en miniatura gozosa en él se está como una perla en un gigante caracol de plumas! Bajo su alón gallardo, luminoso encanto de tus ojos se insinúa como un rayo de sol que, huyendo al día, se escondiera temblando entre la espuma. Amo y odio a la vez tu albo sombrero! Odio su aspiración graciosa y culta de besarte en la espalda, porque ignores que tiene la obsesión de tus alburas; la galante y gentil hipocresía con que aprisiona tu cabeza oscura, y con que, en regia ondulación, esquiva el beso casto de tu frente púdica; la obstinación, cruelísima y discreta, de hacerse rara flor de tu escultura, y frente al limpio espejo, de adularte más que mi verso pálido te adula! Amo y odio a la vez tu albo sombrero! Amo el sueño de amor que en él oculta la vaguedad de luz de tu sonrisa, que apenas si tu boca disimula; todo el sereno afán con que hace marco a tu sonriente faz, y con que triunfa: bajo el sol, de la lumbre que caldea,
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y de la indiscreción, bajo la luna; amo, en fin, tu sombrero, porque a veces en egoísmo heroico, te sepulta la dulce faz entre su alón gallardo, y en ella se complace y se perfuma; porque en él, orgulloso de tal gracia, tu carita, una rosa en miniatura, gozosa está, como animada perla en un gigante caracol de plumas!

Canción de amor
Tu ventana está abierta… Estás dormida?… quién pudiera saber adónde el vuelo habrá alzado tu alma bendecida!… ¿Se ha fugado un momento de la vida para estar con los ángeles del cielo?… ¿O escoltada por blancos serafines, intangible, sutil, plena de olores, correteará, traviesa, en los jardines con el alma fragante de las flores?… Tu ventana está abierta. Te importuna con sus caricias la nocturna brisa, mientras un rayo de la casta luna juega a besos de luz con tu sonrisa. Sueñas?… Oh sí! tú sueñas y sonríes!… ¿Reproduce tu sueño algún instante de amor? ¿la hora del te amo vacilante que hizo un temblor extraño de rubíes sobre tu boca breve e incitante? O aquel idilio, cuando yo de hinojos contemplaba tu faz, y se tendía desde mis ojos a tus tiernos ojos como un puente ideal, por do venía, de tus caricias entre el vago arrullo, tu alma divina a perfumar la mía e iba mi amor a despertar el tuyo?… Tu ventana está abierta! Están ansiosas las flores que cuidaste en tu ventana por mirarte otra vez: para tus rosas tú eres más que la luz de la mañana.
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Una tarde, desde esas que ahora miro rejas divinas en tranquila, calma, todo tu amor, deshecho en un suspiro, cayó desde tu boca hasta mi alma. Y es de entonces que encienden los rubores la albura de tu rostro de querube, cuando a tus rejas, floreciendo amores, la enredadera de mi verso sube. Ahora, en silencio, solo, las cortinas de tu albo lecho el pensamiento ronda, y contemplo, tras ansias peregrinas, la artística actitud con que reclinas tu perfumada cabecita blonda; la mano sobre el pecho, blanca y bella, movida levemente, que parece el reflejo intangible de una estrella que un mar de espumas acaricia y mece; el brazo ebúrneo, blanco como un cirio, que está fuera del lecho, y es lo mismo que un tallo enorme que sostiene un lirio desmayándose al borde de un abismo; y sobre el oro de tu cabellera tu blanca faz, y en ella tu sonrisa, como un ala rosada que durmiera sobre tu boca, el sueño de tu risa… No despiertes, mi amor!… Te ve mi ensueño tan ideal, tan bella así dormida, que no sé si quisiera que tu sueño durara para mí toda la vida! Mas no! que están en la ventana abierta tus flores, y por verte están ansiosas: no para mí, que te mirara aun muerta, pues vives en mi ser: ¡por Dios! despierta para la vida de tus pobres rosas!…

ENRIQUE AGUIAR

A San Francisco de Asís
Señor de las humildes indulgencias, Oh, divino Señor, Tu piedad evangélica perfuma Lo mismo que una flor.

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Asocias a la fiera con el hombre, Y luchas con afán Al ver las vanidades en tropeles Vestidas de oropeles ¡Cómo van! Perdonas a tu hermano lo que tiene De mezquino y pueril, Y conviertes en óleo el virulento Veneno del reptil. Ostentas como canon de tu vida Un nimbo celestial, Y le ofreces a Dios como a los pájaros Tu mínimo rosal. Yo, que no puedo ser como tú eres En mi vida infeliz, Le sonrío al placer y a la desgracia, Al vino alegre y al dolor suicida… Es otra forma de apreciar la vida, ¡Oh, Francisco de Asís!

Asno, paciente asno
Asno, paciente asno, las nieblas del Olvido Revelan en tus ojos la dulzura del bien, La dulzura que tienes por haber conducido Tu carga de virtudes para Jerusalén. Sobre la mansedumbre de tu lomo mugriento Por tierras de Bethania peregrinó Jesús, Tú ibas con dos alas, ligero como el viento, Con mucha luz delante, siempre con mucha luz. Manso como Babieca, noble como Pegaso; Dijérase que todas las épocas te ven Andar con la paciencia de tu bíblico paso Buscando en el misterio la Estrella de Belén. La cruz de Jesucristo surgió de los vestigios; ¡Y hoy miras los vestigios rodar ante la Cruz Con la misma mirada con que hace veinte siglos Miraste los humildes pañales de Jesús!

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La excusa
En otra, oh, muerta, tu recuerdo amo; Como yo te sentía huraña a la intención de mi reclamo, Así la siento a ella, muerta mía! Es otra y eres tú: rosa y estrella, El perfume y la luz a un tiempo mismo; Turbada por extraño pesimismo Asoma a mi vivir su alma doncella Como asoma una estrella en el abismo. Yo la he visto reír, y su sonrisa Velada sombra de dolor esconde; Su amor como tu amor evangeliza; Su voz es una Misa que yo he escuchado sin saber en donde, Es otra y eres tú… Para quererte Surges en ella de la tumba fría, ¡Así podré llamarte y podré verte A pesar de la muerte: vida mía!

r. PérEZ ALFoNSECA

Oda de un yo

A través del camino sin fin vibra la oda del Verano; la Tierra es un inmensa oda de silencio que piensa y de rumor que habla. Sobre una piedra blanca del gran camino, le habla a un joven un anciano: el uno es un poeta ya pleno, el otro, un germen preclaro de poeta. Las rosas sonreían al viejo como labios inocentes, y al joven besaban como labios pecadores; los montes invitaban al uno al reposo, y al otro a la ascensión; el uno miraba siempre a Dios al mirar en sí mismo, el otro, le ignoraba pues fuera de sí mismo lo iba buscando; el viejo, sin buscarle, le hallaba, en tanto el joven le buscaba y no le hallaba. —¿qué hay que hacer, maestro, para que yo conozca a Dios? —Conociéndote a ti conocerás a Dios. Los brazos del anciano, mientras hablaba, fingían un círculo espontáneo de confianza, y fingían en tanto, los del joven, un círculo de duda.
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—Para mí, dijo el joven, la Vida es una duda. —Para mí, dijo el viejo, es una afirmación; No se vive de duda, sino de afirmación; el que vive en la duda vive en una agonía. ¿Cómo haces de tu vida, poeta, una agonía? No es muerte sino vida lo que se advierte en todo: di “Yo existo” y verás que por ti existe todo: —Ah! la vida es muy breve y el arte es infinito. —De tu vivir, Poeta, surge el arte infinito. Te quejas de la Vida porque la encuentras breve… Es el vivir humano, no la Vida, lo breve. La rosa que ha vivido un instante, nos deja un recuerdo que vive durante nuestra vida: tal la obra pura de arte que todo artista deja es inmortal, pues vive mientras vive la Vida. —¿Cómo hacer para ser original, cual lo eres? —Ser como eres, y solamente como eres. Natural en los hombres es el ser diferentes, (las hojas de un mismo árbol son todas diferentes) y lo contranatura es querer ser iguales: tan sólo en apariencia son los hombres iguales. Y eso es la diferencia: originalidad: ¿Por qué negar, entonces, la originalidad? No imites: no eres simio; origina: eres hombre; el Poeta no es nunca el hombre, sino un hombre. —Oigo decir que nada hay nuevo bajo el sol. —Mas, tampoco no hay nada de viejo bajo el sol. El Arte no renace ni decae: se transforma. Y es en línea ondulosa que el Arte se transforma: se dice que renace cuando la línea sube, que decae, cuando baja; pero la línea sube aun cuando baja: motes: subir, bajar; es un modo, no más, de subir el bajar. Somos nosotros quienes cambiamos, y no el Mundo; nada se inventa, todo se descubre en el Mundo. —Mas, de todos los ritmos, el mejor es el tuyo. —El mejor, para ti, tiene que ser el tuyo; de todos los poemas, es mejor mi poema, para mí; para ti, debe ser tu poema. ¿Por qué me crees más rico, si, como yo eres rico? Deja sólo al que es pobre demandar al que es rico, el que es pobre, es decir: aquel que su riqueza ignora, deslumbrado por la ajena riqueza.
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Cree que de lo que se hace, lo tuyo es lo mejor, pero tratando siempre de hacer siempre mejor. No me llames maestro, tu maestro es tu instinto, el mentor que jamás se engaña es el instinto, por ser lo que es más de uno, y lo que está más cerca del Misterio, y, por eso de la Verdad, más cerca. Sé a manera de un dios que a sí mismo se adora porque no hay nadie digno de adorarlo, y adora de esa manera a Dios: el culto de los héroes sólo pueden rituarlo aquellos que son héroes. Procura no perder la confianza en tu genio sobrepasar, no a los demás, sino a tu genio. Sé el primero que adopte las últimas verdades y el último que olvide las antiguas verdades. Nunca insultes ni imites a las obras ilustres si quieres que tus obras también sean ilustres. que tu psiquis no sea depósito de libros sino una pira donde ardan todos los libros, a fin de que así leas aquel que es el más sabio el libro de ti mismo, que es el único sabio. Ten la sinceridad fatal del Universo, y sé la concreción total del Universo, y serás como un monte, sereno a todo viento, no como en las tormentas un molino de viento. —Dicen que porque soy joven, falsa es mi queja, porque la juventud es sonrisa y no queja. —Si el hombre nace vivo se anuncia con un grito: la primera palabra del hombre, es pues, un grito. Por tal, no te preocupes de aquellos que te escuchan, como el pájaro canta sin saber que lo escuchan. Y créete que si al Todo lo vaciaran en versos, esos versos saldrían iguales a tus versos. Cada obra de arte es tan sólo una hipótesis de la Belleza, dice un poeta: haz tu hipótesis y cree que de entre todas la tuya es la más cierta, pues siempre la más bella ha de ser la más cierta. El valor de las cosas jamás está en las cosas sino en tus ojos: valen tus ojos, no las cosas. haz sentir a los hombres esas cosas ocultas que cada uno y todos los hombres muy ocultas en sí llevan: revélaselas, muéstraselas por medio de alegorías y símbolos, así como por medio
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de cuneiformidades –como plasma el Poeta– se hace leer el ciego. Por eso se es poeta. Con un verso se alumbra la sombra del Destino, se hace que exclame: “Te amo!” la esfinge del Destino… que nadie se interese como tú mismo, nada, tú que puedes, cual Dios, hacer todo de nada. No creas que es el cielo misterioso condensado, sino el reflejo de tu mirar, condensado. —Dime cómo he de ser para ser feliz. —Bueno; sólo que ningún hombre puede ser todo bueno, pues que siendo la síntesis de la Naturaleza, a un tiempo es bueno y malo cual la Naturaleza. Sí, desgraciadamente, no nos es dado serlo, por lo menos podemos, debemos, querer serlo. Y, de ese modo, cuanto más nos aproximamos, del Bien, tal de la Dicha más nos aproximamos. La Vida es triste, triste, triste; la Tristeza está en todo: es un árbol proteico la Tristeza, que se nutre con todos los jugos de la Tierra, y cuyas ramas graves cubren toda la Tierra. Y, por eso, alabado el poeta que puede cantar: “Amad la vida, hermanos, porque es buena, pues la naturaleza es, por ser madre, buena; y no desesperéis si el presente no es bello, que el porvenir, ¡oh! hermanos, es muy vuestro y muy bello…”. Ojalá que tu canto sea un canto de esperanza, que el hombre tiene sed de agua de esperanza, pero nota que digo: “ojalá”, mas, no “debes” pues que es tu canto el único, poeta, el que tú debes cantar, tu canto, sea de esperanza o de duelo: bellamente cantado consuela, a la vez, un duelo… Si llegó la Esperada y se ausentó, tú puedes, a pesar de la ausencia, mantenerla a tu lado con sólo recordarla; si aún no ha llegado, puedes, con tan sólo esperarla, sentir que está a tu lado… que cuando entre tus manos mires que la fragante rosa que recogiste al azar del sendero se te mustie, no llores, confiado en que el sendero te ofrecerá, más lejos, otra flor más fragante. que todo aquel que llegue a la paz de tu casa, se acomode, lo mismo que si fuera en su casa, y pienses que, así como un albergue le has dado
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la ocasión de que tú fueras bueno, él te ha dado. que cuando algún amigo te traicione, tan sólo te haga sufrir, no el hecho de que te deje solo, sino de que tu amigo tal, se haya corrompido: eso te probará que no estás corrompido. que cuando alguna mano lamentable te hiera hagas porque tu mano, sabiamente, no hiera por venganza: sé justo, la venganza es curarle al que te hirió su mano que te pide el curarle, pues si una mano hiere es porque ella está herida, por eso la venganza es curarle la herida. De esa misma manera asesina al hambriento y se castiga el crimen dando pan al hambriento. Procura que te admiren o te odien o te amen, pero que no te tengan piedad; mas porque te amen, haz porque no te falte jamás algo qué amar: lo que importa no es ser amado, sino amar. Mas porque se realicen todos tus ideales haz porque no te falten jamás los ideales… Oh, tú que huyes del lodo por tenerte puro sumérgete en el lodo y sabrás si eres puro si ves tu pureza como una impenetrable armadura, del todo te hace impenetrable. Date sin preocuparte de si te lo agradecen, y date aun cuando sepas que no te lo agradecen, y serás bueno como el árbol del camino que, sin saber, da todas sus hojas al camino… que el que corte tus rosas no te cause algún daño sino el que las espine le causen algún daño a las manos enferma de envidia que las corten: lo propio de las rosas bellas es que las corten… que cuando esté inclinada tu testa no parezca la de aquél que se abate; que, al contrario, parezca, la del toro, que sólo la inclina para luego acometer; inclínala para imponerla luego… Y que al morir, no tengas en tu actitud, el gesto de odio de los débiles, sino el sublime gesto de recordar, Poeta, que en el lecho grandioso de la Tierra, has tenido un momento grandioso a la Belleza, virgen y magnífica, y que de aquélla unión sagrada surgirá el hijo que
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será tu interminable prolongación, y sientas la oda renaciente de tu obra, y que sientas bajo tus pies la Tierra, sobre tu frente el Cielo, como una flor, la Tierra y un lauro azul, el Cielo. Sí, que al morir, el Mundo te parezca de fiesta, como para tus bodas con la Victoria, fiesta universal y única. Y, así, pasa venciendo, pues que sobre la Tierra se ha de pasar venciendo. Vive así como en marcha perenne hacia una cima, y al morir, te hallarás encima de la cima…

DOMINGO MORENO JIMENES

A mi hija

Cuando muera… ¿qué puedo yo darte que no sea yo mismo? Sombra de sombra, aliento de aliento, amago de perfume… ¡Tal vez nada! Toda la existencia de la Tierra es una inmensa niebla y el afán del hombre contra el Mundo, la Nada de la Nada. (Dios está palpable en el hombre, cuando se siente triste).

Agonía
I

El poema de la hija reintegrada
hija, ya no sé decirte si la muerte es buena o si la vida es amarga; sólo te aconsejo que despiertes, adulta de comprensión más que tu Padre!
II

hija, ya no habrá oriente ni poniente para tu porvenir: una sábana blanca serán tus días, una sábana blanca será tu pasado ¡y tu recuerdo una estrella que frente a frente me iluminará el porvenir!
III

No sé por qué tu agotamiento me trae una recóndita dicha anegada en lágrimas que me hace auscultar el corazón de la tarde.
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IV

Tu infancia y tu silencio me parecen hermanos.
V

hija, hazme tomar la resolución de los otros: vuelve mi proa añicos y mi voluntad una piragua; que nada sea mío desde hoy, que no quiera poseer nada mañana; desnudo de bienes y desnudo de virtudes hazme; sin egoísmo de lealtades y sin egoísmo de pureza; ¡hazme entero el milagro de darme todo a los elementos como si fuera en sustanciación un ser increado!…
VI

Tu vida fue microscópica, pero grande; ¡el segundo de tu inexistir, eterno!
VII

hija, ¡cuántas nubes, cuántos pájaros, cuántos horizontes insospechados me abre en el amanecer tu ruta!
VIII

hija mía, para ti la mañana no será clara ni fresca; verás envuelta el alba en la noche y las cosas de mayor transparencia tomarán ante tus ojos la actitud de un largo crepúsculo.
IX

En este mundo donde sólo se premia la capacidad de fingir mejor era justo que llegaras, y después de breves instantes, ya estuvieras confundida con la cal y con la mariposa, con el carbón y con la piedra.
X

¡Cómo me alivianas la sombra, al advertir desde que te dormiste que en mi derredor todo es sombra!
XI

¡Oh tú que me enseñaste desde que naciste a ver la vida con ojo más sabio y a la humanidad con ojo más triste! Triste, triste; ¿y no es acaso la suprema alegría de los seres mudables el ser tristes? ¡Triste fue la faz de la tierra cuando se desperezó el primer hombre! ¡Triste tiene que quedar la tierra cuando se desentuma en su regazo el último hombre!

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XII

¡Oh tú, que desde que naciste pude decir: boleta de la tumba! ¡Oh tú, que ya crecida pude decir, por tu desvalidez, la preferida mía!
XIII

Por ti quise cambiar y que la fortuna me sonriera; ¡y por ti no cambié y la fortuna no me sonreirá nunca!
XIV

hija, cada vez que examino tu vida me doy cuenta que tú eres como mi vida ¡una sombra entre dos crepúsculos!
XV

Iba a decir entre dos agotadoras auroras y ya ves, reincidí, sin querer, ¡entre dos crepúsculos!
XVI

¿Por qué tan pura, tan casta y tan leve, te debas parecer al crepúsculo?
XVII

Olvidaba que toda adjetivación es cruel y ruda: Dios dio desnudo a los hombres el verbo, y del lenguaje, ¡sólo debe quedar desnudo el verbo!
XVIII

Toda filigrana de síntesis es una profanación, ¿verdad hija mía? Ya te puedo buscar sin parcializaciones, sin atributo contingente: ¡serás en mi incompleto nombrar, sencillamente, el vaho de las cosas!
XIX

No te puedo asir con una palabra, y no debe extrañarte, recónditamente, ¡porque tú estás para mí más alta que la región de las palabras!
XX

Y vuelvo a caer en las comparaciones. ¡Oh, hija, cuán subordinado estoy a la vida!
XXI

¡Miserable del hombre que osa creer que después de la sombra la vida es vida!

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XXII

¡De imperfecciones se forman nuestras excelencias y es toda la existencia del hombre un brazo tendido hacia el turbio por qué de los enigmas!
XXIII

–Tiene el pulso demasiado débil, pero este letargo no es la muerte–. Su médico era mi propia almohada de cabecera ¡y yo quedé perplejo ante su callado sufrimiento y la miseria de la vida!
XXIV

Si fuera bizco de pensamiento y tuviera la boca siempre llena de mentidas palabras; ¡hija, iba a blasfemar por tu dolor… pero, perdona!
XXV

¡Compran caro el suelo donde colocan a los muertos y ellos son más dueños de la tierra que los hombres que comercian con ellos!
XXVI

¡Al través de los milenios, los hombres son puñados de tierra que se deforman a su antojo!
XXVII

hija, ya han venido a avisarme que tus pies están fríos. hija, resígnate a que lo blanco no sea blanco y a que lo negro no sea negro.
XXVIII

hija, ¡cuánto crece el sol sobre la sombra de los tilos, cómo se agiganta la nada sobre la soledad de tu aposento, cómo nace y renace la esperanza por entre los ámbitos de la vida!
XXIX

Tibien la leche terciada con agua para si mi chiquitina despierta. Cuídenmela hasta que se vuelva esperma como capullo inmortal el cuidado. Ella es carne de mi vida, flor de mi pensamiento, cemento de mi alma.
XXX

(¡Eres, amada mía, como la flor del higüero joven, como el azogue del crepúsculo, como la diafanidad de la naturaleza toda!)
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XXXI

—No seas padre, sé hombre, sencillamente. Gira tu vista a tu derredor y que tu amor a una abstracta “humanidad” no te haga olvidar jamás de que eres hombre!

Los últimos canjilones de la primavera…
I

—Buen viejo., ¿de dónde brota el canto? —Los cantos borbotan de la sangre.
II

—Madriguera, ¿y el amor? —De sí.
III

Mar, ¿cuál es la melodía de las campanas en el crepúsculo?
IV

Dolor, ¿cuál es tu friso, a dónde tiende el hálito de tu propulsión? Infinito, tú sólo me bastas hoy para estar triste.

Maestra
Maestra: recuerda el amanecer con su vaca lechera, su humo de sol, su organillo de pájaro… háblanos del plátano que amarillaba junto al oreganito. Del maizal que nos confirma que en América no es exótico ni lo rubio ni lo negro. ¡Maestra, no te muestres tan distraída ante tus parroquianos hombres!… Piensa que ser mujer, y mujer con m minúscula, es de todas las cosas lo que en verdad te importa. Trocar los sexos, ¿y con qué objeto, siendo, como eres, en realidad, de un sentir prolijo y tierno? Así: minuciosa, sensible y sumisa te soñó mi egoísmo, ¡y te anhelan mis hijos que están en gestación desde la infancia!
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Siesta
El cielo estrellado de hojas. El aire de seda en la sombra.

Versos de amor y de misterio
En todas las horas de la ausencia mis manos te tomaron la nuca, te oprimieron los senos; palparon el más desnudo tacto de tu boca naufragaron en la lejanía de tus ojos… Tan mía como fuiste; y sin embargo, por la ausencia, inexplicablemente, junto a la soledad, ¡cuán poco mía! Me dormía con tus piernas oprimidas junto a los brazaletes de mis manos; sentía el dulce rumor de tus cabellos y hasta el eco de tu mirar lejano. Después, al despertar me bebía el alba, y veía una cana de mi cabeza, la última, ¡gemir de dolor entre tus dedos!

VirGiLio DíAZ orDóñEZ

A mi bastón

Tras de mis huellas –que borró el destino– tú escribiste los suspensivos puntos en la empolvada faz de aquel camino que ya jamás recorreremos juntos. De aquel camino amado que para mí tenía un encanto atrayente y obstinado que al pie de su balcón me conducía… Tú, silencioso amigo, gozaste de mi cálida emoción cuando en las noches claras la oíste hablar conmigo en la penumbra azul de su balcón.
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En tu cordial y noble empuñadura, posó el cansancio de su mano pura la novia casta de perfil risueño. Y luego, en otras playas, tú, fecundo hermano silencioso, fuiste buril amable, y tu ferrado extremo, inquieto y vagabundo, grabó en la arena el Nombre Inolvidable… Compañero de mi alma aventurera: te amo como un hermano y si yo te perdiera se sentiría huérfana mi mano! Tu amistad, mansa y fuerte, puede que me acompañe hasta en la muerte: si tu madera pálida y clemente no alcanza para hacer un ataúd, al menos, oh! bastón, es suficiente para hacer una cruz…

Intimismo
Vieja camisa rota; ya no hay quien te remiende. Al mirarte de mi memoria brota un recuerdo que poco a poco enciende un fanal misterioso en tu oscuro pasado y en el mío. Yo te compré en un día muy lluvioso, húmedo, desolado, hosco y frío. Al cruzar una esquina te vi arrinconada en la vitrina de una tienda de lujo. El sitio de notoria preferencia lo ocupaban camisas de la seda más fina, hechas de rico género importado de China, –camisas para gentes que visten con decencia–. Tú eras de algodón; eras el llamativo disparate, el comercial modelo para comparación; tú eras el baldón de aquel escaparate. Y mi intención fue recta; la habitual escasez de mi difícil plata
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te eligió predilecta: eras la más barata. ¡Qué extraña paradoja! Las finas y las buenas he oído que se compran a veces por docenas. Las que son como tú, no hay duda alguna, son de esas que se compran una a una. No lo recuerdo bien, pero es seguro que la primera vez te usé en un día de fiesta; quizás una mañana, en un domingo puro, y, después de aquel día, toda tu historia es ésta; de mis hombros cansados al húmedo tormento de afanosos lavados, y luego, sin apenas gozar de algún descanso en el armario, volver a las faenas de mis cansados hombros y del servicio diario. Más tarde se inició la imprecisa comedia de tu envejecimiento. Te desteñiste tanto que fingías, en rápida tragedia, palidecer de espanto. Después te amenazó la injuria de un remiendo y, en callada amargura, junto con tu primer desgarradura lloraste hilachas de dolor. ¡Comprendo! Y entonces fue cuando afanosamente unas manos que tanto conociste hicieron sobre ti, pobre convaleciente, cien zurcidos que ahora son un recuerdo triste. Manos santas aquéllas que a los dos nos cuidaron; que en silencio profundo, diáfano, pensativo, apegaron a ti el botón fugitivo y, en mi alma, ¡cuánta herida dolorosa curaron! Camisa: y quién dijera que habrías de durar más que la mano aquella que te solía cuidar! En tus zurcidos vive aún la huella de esas manos de paz, blancas y puras. Pobre camisa mía; ven, comprende: ¡para ser tan barata, cuánto duras! Tú bien sabes por qué mi llanto brota: ya no hay quien te remiende, vieja camisa rota…
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MANUEL LLANES

Oración a la madre ida
Ayer, hoy, mañana, y siempre aquí; muerto de hambre sin hambre, he abierto las alas en un grito… Tu espíritu es un perfume de mi nostalgia que queda, hasta en la noche. En el triste aposento mis pasos cautelosos eran como el enigma de la muerte. Ronca fuerte la demencia de la aurora con la dulzura que fallece en el viento y en las hojas del otoño. Un hálito me apagó en la mañana tu lámpara risueña; y entre la casa, somos los tres hermanos como púberes almas inocentes que acordinan la neurosis de los grillos; (la casa de los muertos es como un patíbulo a las seis…) Mi piedad dormita como los stradivarius en la serenata de los arcángeles, y concuerda con mi tristeza un viento frío. Sonríe la noche en mis labios entre un coro de campanas, pero de campanas dolientes en medio de la noche estruendosa. Tú cruzas por mi memoria, silenciosamente, como una púdica azucena virgen entre mi voluptuosidad ya triste. ¡Oh la noche en la carne de los lirios! ¡Oh la noche que para mí se pudre! ¡Oh la noche con el rumor de mayo huérfano y el aire frío del mar! En una noche de la ciudad lóbrega, con un beso salobre que avasalla, la muerta ciudad me da su calma y a mis pies, sus largas calles en silencio…

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Rutas nocturnas
Duermen. Oíd insectos: ¿sabéis algo del misterio en la blasfemia azul de la oración que fenece…? Cuando tocan las tímidas esquilas del recuerdo, a veces lloro sin saber por qué lloro los muertos. Y se volvieron alegres, mucho más alegres las campanas… Soñaba perderme en la ruta de los mecheros, y mi corazón torpe, estaba ebrio de demencias nocturnas imaginando dolores en los rincones de mis penas. En el caos de las almas las campanas negras duermen… Mientras se excita mi espíritu irritado la piedad sube conmigo a la indolencia del alba, y la brisa lleva un presentimiento de egoísmo a la flor…! Entre el secreto del campanario, el olvido de la noche. Ancló desde esa hora el pesar de pensar las cosas; vagos fueron mis sueños sin ninguna visión. El destino de la cuerda tendida sobre un abismo, un equilibrio mis ritmos. Tiembla como la primera estrella.

rAFAEL AMériCo HENríQUEZ

Canción de cuna

¡Oh destino fiero!… ¡Oh canción humosa de sepulturero!… Con filo de estrellas, cavando su fosa, rompieron la tierra de toda la sierra. Voces de campana, dedos de rocío abren la ventana. El hueco titila en la paz de acero de un blanco sendero; y se enreda el cielo en la frente yerta de la niña muerta. Velan a su vera dolientes colores: el verde oloroso que lanzan las flores, el rosa andariego que viaja en los vientos el vago violeta de los pensamientos el gris y el bermejo de la cordillera, y el verdín sonoro de la primavera.
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El sol vespertino sirvió de mortaja. De vaho montañero le hicieron la caja; bujías de aurora vestirán de luz dos alas de alondra que serán la cruz. Paisaje nocturno, duro, taciturno. Ringlas de silencio huellan la campiña que espejó la niña. Y es canción de cuna el canto amarillo que canta la luna…

Diez doncellas
Por sendas de soledades Y cielos de paz desnuda Las manos de diez doncellas Tejen que tejen la luna. que ya pronto será noche, Y más que cesta con fruta, Y tanto como mozuela perfumará la llanura, Y para puerto lejano El silencio será ruta… ¡Agobio de sangre quieta! ¡Espera de luz profunda! Sin huellas de mar y monte Van fabricando la luna, La fabrican diez doncellas, que ha de llevar vagabunda Por paisajes interiores ¡Ausencia de cosa tuya!

El hurto
La luna cabalgaba En ramas de pino. Espinas morenas, Moreno el silencio, I más que morenas Las aguas del río. Tus manos hurtaron La lumbre del surco:
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Un hurto de nácar Con manchas hendidas De tierra bermeja, Son luces tus dedos, Diez luces que trepan Buscando la luna… Se quiebran las sombras, I el pino recrece Con luna cimera. Temiéndose un robo Los vientos apriscan Ovejas dormidas En cielo nocturno

La jornada
Desnuda, despereza, sus carnes requemadas De moza campesina… Y de cegar rendijas En las horas nocturnas, húmedas, estrujadas Rebrillan telas rojas, las de su vestimenta. Con pecado se viste: grácil, lúbrica, lenta, Aprisca pechos duros, cual ayer a las hijas De la cabra difunta. Y sale, y salpicando Gotas de la tinaja irrumpe en los bancales. Ladridos. Luz. Fugando Las estrellas son vuelos De canciones rurales. En moza van mudando los verdes de la era; El paisaje enarbola dos manos por bandera: Porque son sembradoras de paz en el cortijo, Y porque desde el llano hasta los ventorreros, Aprontan sombra firme –la misma del cobijo– Si fatiga la brega o hay sol en los senderos. Cuando la luz rebota y cruje la espesura, Y los pinos se enfiestan con fanfarria de fragua, La moza sueña; abreva, deja olor de frescura En los dorsos de piedras y en los brincos del agua La tarde cuaja santa en paz de campanadas. Ocurrencias jocundas avientan las semillas, Propias en gente moza. Unas manos sencillas
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hogareñas, sin joyas, de rezar adobadas, Recogen lo sembrado. Y mintiendo, los ojos, Ya ciertos de la prenda, hacen por dar enojos… Dispersos los balidos, bajan de la montaña, Y a bueyes desuncidos, un perro les regaña. Finita la jornada de sol y de labranza Crecen sobre los surcos las escenas de holganza. Y un jayán del cortijo y la moza pastora Caminan a la zaga de luces perseguidas Y alcahueta, la luna, se torna albergadora De morenas vergüenzas y de audacias fallidas.

Va cantando
Amarillos sus pezones. Amarillas las estrellas en las charcas del sendero. Va descalza, va desnuda, va sin miedo cuesta arriba. Son sus huellas, huellas vagas de una luna ya difunta. Canta un gallo. Cantan ciento. Amanece. Verde y rojo en el viento y en el filo de la sombra: colorido montañero. Algún día sus pezones y sus ojos y sus manos serán joyas de silencio, serán tierra, serán nada. Monte arriba, con los ojos en las luces de la aurora, va sin miedo, va descalza, va desnuda, va cantando.

J. FURCY PICHARDO

Hora de estudio

La bienamada se quedó dormida sobre el sofá, mientras yo en paz Poeta: no teorices más la vida.
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La bienamada es la mejor teoría. Sonrío. Por un hueco del corpiño que asombra un gajo de la trenza obscura, se asoma un seno que parece un niño conjurado para una travesura. Talvez para hacer burla al pensamiento que tras tanta ilusión de haber volado se queda en el umbral del aposento, donde el lecho, cubierto de edredones, se le antoja un altar ya preparado para las más excelsas oraciones.

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Paréntesis femenino
Mi vaso verde
ALTAGRACIA SAVIÑÓN
Mi vaso glauco, pálido y amado, donde guardo mis flores predilectas, tiene el color de las marinas algas, tiene el color de la esperanza muerta… Las flores tristes, las dolientes flores en el agua del vaso se refrescan, y bañan sus corolas pensativas en una blanca idealidad de perlas. Y luego se van lejos… se marchitan abandonadas, pálidas, enfermas, muy lejos del cariño de ese vaso que es del color de la esperanza muerta. Y cuando sola, pensativa, herida por la eterna nostalgia siento un perfume triste, moribundo, que llega hasta mi alma… pienso en mis pobres flores, las marchitas, las enfermas, dolientes y olvidadas, que antes de marchitarse se despiden tristísimas y trágicas de ese vaso de pálidos reflejos que es del color de las marinas algas!…

AMADA NIV DE PITTALUGA AR

Roja tinaja generosa
I

Roja tinaja que al extremo del solitario corredor eres cual una fresca boca bajo el claro surtidor. Roja tinaja voluptuosa como una virgen campesina junto a la fuente de la piedra tras la selvática cortina. Musgo de fresco terciopelo y finas plumas del helecho,
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hilo de perlas cantarinas que desgranaban en tu pecho.
II

Bajo el derruido tinajero –remedo de un confesionario– las confidencias escuchabas como un buen cura solitario. A los dos novios protegías tu fiel alianza les juraste, y tu agua clara –tu alma pura– como un consejo, les brindaste. Cuando eludiendo las pupilas que maternales vigilaban con el pretexto de beberla junto a tu linfa, se besaban…
III

Roja tinaja generosa igual que un joven corazón fresca tu agua y cristalina sabrosa a río y a terrón! Allá en la noche silenciosa la dulce niña suspiraba, mientras su clara perlería la vieja piedra desgranaba. Y en blando eco cariñoso repercutía su canción cabe tu pecho fresco y hondo y en el amante corazón.
IV

Roja tinaja abandonada –por la flamante innovación de las costumbres ancestrales– al viejo patio, en un rincón. Con negra tierra el jardinero llenó tu pecho generoso; y en ti el penacho de una palma su esbelta forma alzó graciosa. Roja tinaja: el agua fresca no más tu pecho colmará;
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ni ya tu gracia campesina junto a la fuente lucirá! No más tu voz dulce y profunda dirá su cándida canción… Tan sólo tierra y una palma como en mi triste corazón!

DELIA WEBER

Encuentro

Iba por el campo pisando las espigas. Mis pies eran ligeros y mi cuerpo como una sombra. Me reñiste por no saber lo que hacía. Oí al viento sollozar; pero no comprendía… De lo alto del campo venía el río cantando como un coro de niños… quise sentir el frío del agua y posé mis pies gozosos, dando la alegría de mi corazón. Me reñiste por no saber lo que hacía. Se nublaba el cielo pero no comprendí… Distraída, jugaba en el olvido de todo. Me llamaste desde lejos… Corrí a tu encuentro… Cuando llegué estabas pálido, volviste la espalda y, yéndote, me señalabas atrás. Yo me senté a llorar; pero no comprendí… Un día me fui espigando flores, inocentemente, por el campo… Y las regaba por donde habías pasado tú… Mi cuerpo ligero velaba sobre tus huellas, escondido; pero no viniste… Después (como si la claridad hubiese dicho lo que era…) cogí agua, flores y espigas, y fui a ti, que me esperabas, y las regué sobre tu cuerpo… Sonriendo me diste el conocimiento: aquel campo era mío. Y besé tu agua, tus espigas y tus flores…

Nada
—Ese hombre que pasa llevó un día mi alma… Corre, mira si en los ojos tiene la señal; si su espalda está aún encorvada, si lleva en la boca todavía luz, y sus manos están extendidas… —Veo el camino solo. Va a salir la luna entre nubes oscuras. —Pero ¿alguien pasa? —Un hombre que no lleva nada.

Reencarnación
Yo he estado contigo, sí, he estado contigo. No vas a recordarlo, pero una vez, fuimos una vida entera, tú y yo… hiriéndome la mirada de dulzura, tus ojos hacen oriente de mi senda, y me llenan de amor sin descanso. (Una vez yo he visto tus ojos…)
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No abras tu alma recelosa como flor al viento; sé todo lo que tienes que decirme. Te he escuchado en una sombra remota, por un vago camino… Allá, al extremo de toda idea… (Un día has abierto tu alma…) Sin que hayas dicho el sentido de tus palabras, surge en mi corazón una alegría que revive, porque una vez aclaraste su sentido en mi corazón… No sé quién eres: el recuerdo es oscuro y despierta temeroso del silencio nuestro… En una bella mañana, cuando el sol se dilata esplendente, como una pupila tremenda del círculo eterno, me seguiste por una palabra mía. Y temblaron mis labios, y se quedaron mudos, porque (aunque lo hayas olvidado con esta vida) una vez te dije una palabra…)

Voz errante

…Ay de ti si probaste una vez la miel de mi vino… no olvidarás… Si te clavaron las espinas de mis rosales, ay de ti… no curarás… Si te rozó, leve, la orla de mi vestido, no fingirás indiferente gozo.

Aunque te vayas lejos… Aunque no vuelvas más… Te agitará el corazón, te subirá la sangre loca, y, en un trastorno de tu vida, tornarás al punto en que bebiste mi vino o te clavaron mis espinas…

MARTHA MARÍA LAMARCHE

Como la espiga

El alma se balancea al soplo de la brisa, como la espiga. En busca de luz alza el tallo de su inquieta y frágil vida, como la espiga. Para que el Sol dibuje de oro sus granos que el viento abanica, como la espiga. Luego, el raudal de oro se desparrama prófugo en la vía, como la espiga.

Junto a la corriente
Dormí en el lecho de arena que refresca la corriente, y fui en la noche serena
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otra linfa transparente. Bésame, agua cristalina, mientras mi lira se hermana con la canción que trina en la fresca mañana. Bésame mientras el cortejo de las cándidas estrellas apagándose a lo lejos, deja en nuestra alma el reflejo de sus temblorosas huellas. Bésame, somos hermanas, como tú, mi alma salvaje guarda oculto su linaje y no le inquieta el mañana. A las dos, mansas corrientes, bástanos ser transparentes y dar en una canción matinal el corazón…

La carga
Aligérame, Amado, pon mi carga a la vera del cambio o espárcela a los vientos, para tener el alma tan pura y tan sencilla como una flor silvestre. Aligérame, Amado, y seré libre corderita que en la verde sabana corre, retoza, brinca, del arroyuelo bebe agua límpida y fresca, y de la tierra pasta hierbas recién nacidas Aligérame, Amado, quítame de los hombros esta carga de locas ambiciones, que desfallece mi alma… Aligérame, Amado, y otra vez en las noches seré la chiquitina que en tus brazos se duerme soñando como niña.
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Llueve
Llueve. Las gotas caen acompasadas con música monótona y cansada y contenta les voy así cantando: Caigan, caigan, que el cielo se despeja llorando. Como una quimera vana que atrae me atrae el gemido del agua que cae y contenta les voy así cantando: llorad, llorad, que el cielo se despeja llorando. También cayeron gotas de amargura de mi alma que ahora luce pura, y contenta les voy así cantando: Caigan, caigan, que el cielo se despeja llorando…

Viento
Viento: llegas tan fresco, suave y reposado, que adormeciendo vas mi pensamiento. Viento, que las mejillas hazme refrescado, de qué país tan bello llegas alborozado? ¡Mira, como has puesto mis cabellos! Viento, inútil es que ahora al hogar entres y hagas crujir el ventanal; ¿piensas tú que tu aullido he de temer? me río y digo: ¡déjateme ver! Viento, mis manos y mis pies has vuelto fríos; pero en mi pensamiento voy musitando locos versos míos…

Ya en tus redes
Ya en tus redes me hiciste presa, Amado, ya fui pez de tu mar. Fruición de gozo antes no soñado mi sangre hace saltar!
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Turbión de dicha que inundó mi ser con tierno bienestar. Rubia espiga de oro, ardiente estrella que a mi paso brotó. Deleite dulce, de quietud me llenas. Amor de mi Jesús! Ya en tus redes me hiciste presa, Amado. Ya fui pez de tu mar…

CARMEN NATALIA

Aquí me tienes tú

Aquí me tienes tú, como dormida… Vengo de un largo viaje por no sé qué regiones desoladas. Vengo a tenderme aquí, bajo la sombra de cualquier árbol bueno y compasivo, de esos que se levantan a la orilla de todos los caminos. Llevaba entre mis manos una rama florida. La brisa dispersó todas las flores y el verano ardoroso gota a gota sorbió toda la savia. Seca quedó la rama… Por mi lado pasó un viento de fuego esa mañana… Ahora, ya lo ves… Vuelvo, a tenderme bajo un árbol cualquiera del camino. Dormiré largamente, largamente… Pero mi rama seca no la quiebres, déjala junto a mí, bajo la sombra… Tal vez tendrá una flor cuando despierte…!

Darse
Darse cual la brisa, sin saber a quién: al árbol, al nido, al espino cruel… Darse plenamente, darse con el sol, que al lodo y al ave brinda su calor. Darse como el agua que riega la mies, y baña al cerezo igual que al ciprés.
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Darse, siempre darse en aroma o sol, en brisa y en agua, en dulce canción… Darse en un perfume: nardo o azahar, azucena, lirio… Darse en un cantar… Darse en armonías, trino y vibración… Darse, darse toda en Arte y Amor… Y hacer que al conjuro de un mago sutil (de dedos oscuros y blanco marfil) el alma remonte a la azul región donde hay luz y trinos, Belleza, Ilusión… Y en alas de ensueño duerme el Corazón…!

Mi risa
Disuelta en la brisa se me va la risa –cascabel de plata de argentino son–… No sé dónde nace, ni sé por qué vino, sólo sé que siento su temblor divino dentro del corazón… Viajero, Viajero, detén la jornada… Déjame decirte lo feliz que soy… No sé por qué río… No sé, ni me importa… pero así, Viajero, la senda es más corta y riendo yo voy… Viajero, Viajero, detén la jornada y escucha mi risa de argentino son… No sé dónde nace ni sé por qué vino, mas desde que siento su temblor divino yo voy desgranando por todo el camino la loca alegría de mi corazón.

Una tarde sin sol en tu cabaña
Yo detendré mi paso en tu cabaña una tarde sin sol, dulce y serena. Tocaré levemente la ancha puerta y esperaré en silencio hasta que abras. Entonces seré huésped de tu cena.
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Cuánta luz en redor y qué infinita quietud de monasterio en tu cabaña! Cenaremos sin prisa y sin palabras, mientras las horas tejerán su ronda y hablarán en silencio nuestras almas. Después, me iré muy lejos con mis ansias, sin una frase inútil y sin una lágrima de amargura o de nostalgia, te quedará tan sólo mi sonrisa… Me llevaré tan sólo tu mirada… Una triste sonrisa… Una mirada… Y lo que no dijimos ni diremos: un suspiro, un recuerdo y una lágrima. Toda una vida y toda una tragedia una tarde sin sol en tu cabaña.

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Poetas nacidos en el siglo XX
Motivos de Pierrot
ARMANDO OSCAR PACHECO
Ni el agrio Schopenhauer con su experiencia extraña, ni el Kempis con su clara síntesis de la vida brindáronme en su copa el licor del suicida, ni la ciencia que estaña la voluntad de hierro y el alma del más fuerte con la confusa histeria corrosiva de muerte! Fue una rara muñeca sin mejillas rosa, sin carmín en los labios, una dulce oración convertida en juguete: sencilla, ruborosa, y que, muñeca al fin, no tuvo corazón… Y fue por ella misma por quien odié la vida, por quien llegaron penas y huyeron alegrías; por quien sentí en mis labios el licor del suicida y vi a la muerte hermosa con sus filosofías! Anoche, en el encanto de su convalecencia la vi más atrayente que cuando estaba buena; la miré muchas veces fingiendo indiferencia y vi que también guarda tesoros de una pena… Un pañuelito blanco cubriendo su garganta, un traje azul celeste –sencillo como ella– y su mirada triste que mi ensueño quebranta haciendo de ella misma más absurda mi estrella. Fue así como vi anoche la estrella que me alumbra, en el difuso marco de una media penumbra! Muñequita insensible, tranquila muñequita sin mejillas de rosa ni labios de carmín: tú que fuiste bendita con lágrimas de estrellas, y que muñeca al fin no tienes corazón; tú que fuiste juguete hecho de una oración: allí, donde el amor era con su grandeza, ven y cultivaremos los dos nuestra tristeza! Así rezando quedo sólo con mi congoja; pasa así por mis labios la infantil oración
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y de mi flor de ensueños los pétalos deshoja mientras mi corazón, ese rojo fantoche que se viste de raso y ante su propia pena ríe como un payaso, ese rojo fantoche, grita en su neurastenia mientras su dicha podas; todas mis inquietudes y mis tristezas todas no valen la ventura de haberla visto anoche!

Porque vino de ti
Cuando escribo mis versos, cuando cruje mi pluma como si desgarrara frágil copo de espuma: cuando tiembla mi mano –del amor al abrigo– y sigue temerosa, palabra por palabra y el alma vibra en mí. mi exaltación adoro, mi temor yo bendigo porque viene de ti… En mis horas de hastío, en mis horribles horas en que el Averno luce sus mil lenguas sonoras; al margen de la vida viuda de ensoñaciones y de esperanzas viuda porque tristeza y pena llegaron hasta mí, no le temo al misterio, no le temo a la duda porque vienen de ti… En el misterio inmenso, en el enigma rudo que a las llamas me acerca su secreto mudo, y dentro las llamas me convierte en su llama fantástica e imprecisa, en esta incertidumbre que me tortura así hacia la muerte misma camino más aprisa porque viene de ti… Y cuando pase el tiempo su brochazo de olvido sobre las timideces que tú no has conocido, al decir que mis versos no son como antes, que son rosas de trapo, responderé sin fuerzas como un triste Rabí; es que no tengo alma, sólo tengo este harapo porque vino de ti…
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LUCAS PICHARDO

A una casita

Siempre he sentido una misma emoción cuando veo esta casita de piedra. Ya está acurrucadita y replegadita como si hubiera caído en el fondo de sí misma. Pero no es por eso por lo que yo siento la inaplazable emoción de arrojarle mi pañuelo. Todo es porque, como tiene la cornisa rota, cuando llueve se le deben llenar los ojos de agua.

A una tinaja
Nació sin dolor. Fue ni más ni menos como cuando apareció la primera criatura humana sobre la tierra: barro y fuego. Barro y fuego. Barro y fango. Y unos dedazos torpes modelando una y otra vez la arcilla original. Luego soplaron para animar su alma semejante a una buena, gorda, fresca y colorada campesina.

La piedra
Muchos creen que tiene pupila rota para toda clase de paisaje. Y no es así: de la piedra al sol no hay secretos. El agua, el viento y el fuego no se han gastado inútilmente sobre la fisonomía cerrada de la piedra. Además ¿no se ahogarían las piedras cuando la tierra se volvió una gota de agua grande? Yo he sentido a más de una piedra gritar al mediodía!

Otoño
Va a morir. Acentúa el trazo seco de su sonrisa desdeñosa. Se está muriendo. A esa hora de la despedida de nuestras cosas queridas reacentúa aún más el trazo seco de su sonrisa desdeñosa. ha muerto. Cada hoja que cae es una gota más de dolor. Luego: cualquiera ventolina levantará un largo rumor de llanto fácil.

Contigo

ToMAS HErNáNDEZ FrANCo
qué dulce la sal del mar bajo este cielo tan claro y qué hondo tu mirar.
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qué dulce la sal del mar qué tranquila la pleamar en esta noche de luna y qué bueno tu besar. qué dulce la sal del mar! qué bueno es irse muriendo de tu mirar y besar! qué dulce es irse queriendo qué dulce la sal del mar!

Proyecto
Tengo lista mi aventura de besos largos y barcos, desmayos trasnochadores en luna-park de horizontes. Montañas rusas de excesos para vértigos de estrellas zarparán de tu caricia con risas de fruta fresca! –Versos de pulpa suicida para las horas de hastío y vientre suave de vela en viento sabio de rutas– Brújulas anarquistas de libertades sumisas irán cazando caminos en azares de sorpresas, los timoneles más ebrios en redes de espumas tensas te harán coros de sirenas en crepúsculos de canto, grumetes enardecidos de noches de espejismos pondrán música a los nombres de las islas de tu ensueño y en el golfo de tu beso un naufragio de recuerdos desatará su bandera de equinoccios de tragedia! Estrellas de mar, dormidas en cielos de arena blanda, constelarán de silencio tu gracia de fiera mansa… Tengo lista mi aventura
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de ensenadas y de jarcias, de mástiles y baupreses de banderas y tormentas.

Salutación a Pancho Alegría Capitán de Goleta
¡Salud, don Pancho Alegría buen Capitán de goleta, matador de tiburones, rico en naufragios y rutas, conocedor de los vientos, –crucigramas de las islas– buzo de la noche negra, buen hablador de dialectos, rezador de avemarías por aduaneros y puertos! Salud, don Pancho Alegría, parrandero de tormentas, dormilón de calmas chichas, marrullero de corrientes! En la noche del Ozama no se te ve ni la cara –alquitrán de cara limpia– luz de bengala, tan sólo, los nombres que vas cantando: Puerto Plata, Las Bahamas, Aruba, la petrolera Turkilán de sal estéril, Curazao de ron bueno, Paramaribo y San Thomas, Jamaica en costa de cocos… y la muchachita aquella, Capitán, dulce de plenas, de San Juan de Puerto Rico! Salud, don Pancho Alegría Sin brújula se te va el alma, recuerdo afuera! El alma si se te ve blanca de espuma en bahía, gallardete de tu cuerpo, el alma si se te ve Capitán Pancho Alegría! mañana, –“pa’ Venezuela”–, por los mares del ciclón
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tu cargamento de frutas irá alegre, Capitán! Vendrás, con lastre de piedras y con vientos de canción –alguna historia en tu casa, miles en el malecón– y en la taberna del muelle un solo trago de ron! Salud, don Pancho Alegría, buen Capitán de Goleta!

FRANKLIN MIESES BURGOS
Sonó lenta y sin alarde la ronca voz de una torre. Por el camino sin nadie venía un perfume de cobre. ¡Por el camino sin nadie de la tarde! —¡Oh, linda te lo diré ahora que estamos solos, un redondo mar sin peces son tus ojos! —La tarde borda jacintos de tafetán sobre el cielo. —¿Si quieres uno yo puedo sobre tus trenzas ponerlo? —No, déjame sin jacintos lucir así mis cabellos. —¿Flotando sueltos al viento como las alas de un cuervo? —¡O de un retazo de noche, caido desde los cielos! —¡Oh linda, linda no puedo con la sombra de tu pelo! Suena lenta y sin alarde la ronca voz de la tarde. Por el camino sin nadie vino un perfume salobre; por el camino sin nadie de la tarde.

Canción de la niña que iba sola

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PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA

Canción de los ojos que se fueron

Se me fueron los ojos por mirar la presencia posible de las cosas que pasan como el río, como el pájaro blanco de una luna sin alas, como el cristal en donde se desnuda el silencio. Desde niño se fueron… Y ahora tengo en la sangre otros ojos que miran por encima del aire, por encima de toda transparencia distante. Y esta es mi pena ahora, el término y distancia: el que yo muera siempre mientras los otros cantan, cuando yo me deshago de llanto entre las yerbas buscando las sonrisas que olvidan las estrellas al huir presurosas ante la luz del día Yo me iría tirando también como los otros, en un cauce perfecto, mis redondas palabras… Pero no puedo, no; hay otras formas mudas que me llaman más hondo que la voz de las aguas. Yo sé que nadie ignora la vida de mis ojos allí donde la niebla tiene rosas moradas. Y el silencio devora la imagen de otra luna hecha de anochecidas canciones apagadas. Allí donde los nardos son palomas crecidas con las alas quebradas. Y la alondra no es sólo la dulzura de un canto, sino una ruta ancha por donde llega el alba. Allí donde las hojas todas tienen por dentro, en el cielo inmutable de sus verdes entrañas, el silencio de una primavera enterrada, en donde están gritando de angustia por la vida las rosas que no nacen. ¡Allí están mis ojos! ¡Los ojos de mi sangre! Los que miran tan sólo por encima del aire, por encima de toda transparencia distante. ¡Los ojos que me dieron, que no fueron de carne! ¡Allí están, en la sangre! Mirando el lado opuesto, la forma diferente, el oculto sentido de la carne y la esencia. Porque todas las cosas tienen su doble sombra, hasta la voz y el viento.
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Elegía por la muerte de Tomás Sandoval
¿quién ahora, llorando, te alzará desde el fondo solitario del mar, para sólo pensar desesperadamente, en el vidrio desnudo de tu limpia sonrisa, o en aquella tu carne color de azúcar parda, después de que los peces hambrientos se comieron el último paisaje de sol que había en tus ojos? ¿quién ahora, llorando, te alzará desde el fondo solitario del mar? ¡Oh príncipe mulato de la verde escafandra! ¡Tronco joven de ceiba y corazón de nardo! Después de que la muerte dejó sobre tus sienes una polar caricia de puñales de hielo. Por esos ojos tuyos –¡dolor! – por esos ojos tan llenos de luceros distantes y neblinas, Por esos ojos tuyos derramarán su llanto de alero las palomas; la noche que te clama sin cesar desde el cielo colgará sus crespones de sombras ateridas sobre un mundo salobre de guitarras y lonas. Pero tú desde el fondo no las podrás mirar: no la podrás mirar, porque ya se habrá ido el alba que alumbraba por dentro de tus ojos de terciopelo oscuro; porque ya se habrá ido sin campanas tu vida hacia una madrugada de sal y caracoles, más allá de la noche pequeña de las algas, en donde todavía la luna no ha podido llegar para mirarte, definitivamente, dormido bajo el agua. ¡Arena y sólo arena para el ancla caliente de tus ingles desnudas; para tus ojos sombras de los corales mudos! ¡Arena y sólo arena para enterrar tus sueños marítimos de nubes y de gaviotas blancas, sobre un cielo de coco nublado de sardinas! ¡Arena y sólo arena para hundirte en tu inmenso silencio terminado entre besos impuros de hermafroditas peces! ¡Ay! ¡qué ya no habrá más música marina de acordeones en tu lecho de limos y pleamares eternos!
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PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA

Sin un puerto posible para tu despedida, en la noche se fueron llorando las estrellas. querida entre tus brazos, habrás tenido sólo una coquetería de manatíes hembras, porque ya las abejas que anidaban tus labios, se habrán llevado toda la cera de tus besos. ¡Oh amante ineludible para quien la marisma tendía el más oculto fluir de sus mareas! ¿qué has hecho con el rostro pálido de las lunas caídas en el fondo solitario del mar? ¿qué has hecho con el rostro de amor de aquellas lunas? ¿Traslúcida y radiante como un cristal muy fino deambulará tu sombra en torno de estas islas caribes que te dieron ese estupor de cielo mojado de aguardiente? ¿quién ahora dolido escuchará tu voz herida de violetas, y le dará a tu gesto de varón suicida todos los crisantemos crecidos en la tarde? En litoral amargo de llanto sin pañuelos las verdes hojas anchas sacudidas por tropicales ráfagas de horno, te están diciendo adiós, y tú no miras…

Imploración

Sin mundo ya y herido por el cielo
Sin mundo ya y herido por el cielo voy hacia ti en mi carne de angustia iluminada, como en busca de otra pretérita ribera, en donde serafines más altos y mejores harán por ti más blando y preferible éste mi humano, corazón de tierra. ¡Oh, tú la que sonríes magnífica y sublime desde tu eternidad desfalleciente! En vértigo de altura dolorosa, parte mi vida en dos como tus trenzas. No quiero que te digan ya más: ¡Mira tu hijo! El de tu humilde barro fabricado con sus hondos infiernos y sus cielos en la terrible noche de sus polos, muriendo sin morir, petrificado y solo. Tu hijo de tierra y de huracanes hecho, en la unidad universal del cosmos; tu hijo; el de las briznas de fuegos y los cantos
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en sumergida isla de llanto y de dolores. El que te mira a ti, transfigurado, en clima de distintos hemisferios, uno y plural ¡en tu palabra eterna!

Tema

Aquí, compañero impasible; aquí: Donde todos los cuerpos creados se procuran; aquí donde se buscan los cuerpos y se encuentran lo mismo que la imagen que en procura va siempre de algún vidrio inmediato, como una flor marina sujeta por los ocho tentáculos de un pulpo, lo mismo que una estrella mordida por el diente nevado de su cielo; materia fija y dura; materia desde donde crecen mil manos largas para sólo agarrarse; para sólo buscarse en presencia de un mundo que tan sólo es presencia, color, forma y substancia en un mismo y continuo ardoroso contacto, hecho de superficies varadas a la orilla, callada y solitaria de la noche del aire. Aquí, compañero impasible; aquí: Donde todas las hojas urgidas por el fuego de una terrible ansia van buscando la carne desnuda de la brisa con sus labios de lanza; aquí donde el anillo tiene un sueño de dedos alzados como cinco columnas suplicantes, y el mar es sólo un ojo; un ojo melodioso con riberas de espumas para mirar el cielo. Aquí donde las yerbas van pensando tan sólo cómo hundirse hasta el fondo de la entraña terrestre: ¡yo no quiero encontrarte cuerpo sólo y presencia! ¡yo no quiero encontrarte concreta o sucedida de otro modo distinto que no fueras de sueños, que no fueras de nube, de estupor o de grito, en la isla profunda de mi llanto enterrada! Aquí no quiero hallarte: posible, realizada; aquí no quiero hallarte, porque yo sólo busco, tu no ser en las cosas para ser en mi esencia, para ser en mi árbol, en mi poblada selva de raíces muy hondas, en donde están fluyendo las aguas luminosas de otro cauce del mundo sin estatuas perennes sonreídas al fondo. ¡Oh, dulce voz crecida del tamaño de un hombre! ¡De la misma estatura de una pena callada! Sin labios todavía donde sembrar sus letras, los signos expresivos para su oscura y nueva subterránea vendimia de maduras angustias, en donde nunca, nunca, hallarán las semillas de sus extraños frutos. Pues para hacer tu risa que nunca había nacido:
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¡Cuántos nardos hubieron de morir en el alba! ¡Cuántos granos de arena en la margen opuesta del litoral del mundo! Desde el dolor primero que nació con nodriza de afiladas espinas hasta el llanto sepulto de las piedras sin ojos, de las rosas sin alas, ¡todo ha sido un anhelo de epidermis heridas! Todo ha sido un continuo y furioso buscarse entre cuerpos y cuerpos de una terrestre carne de cielo despoblada, en donde a toda hora: una soberbia soledad rugía, o un enorme silencio terminaba. ¡Ay! ¿De qué pecho caliente de huracanes marinos viene ese oscuro viento? ¿Viene ese oscuro viento para mesar los finos cabellos de las rosas que nacen en los pechos, que nacen en las manos y mueren en los blancos jardines de los dientes? Ese viento es el viento del eterno contacto del mundo con las cosas. El formidable viento que hace girar de amor al universo entero: Desde el pequeño germen oculto entre las hojas hasta la fe de aquellos que no mataron nunca su alma ni sus ojos. Aquellos que han seguido creyendo que la brisa es un ala tendida, y la noche una negra paloma degollada más allá de las sombras. (Impenetrables sombras de donde muchas veces, descienden en legiones mis musicales ángeles borrachos). Los que ya van sin cuerpos porque se despojaron en el propio camino que retorna del mundo de su intimo llanto; los que van siempre heridos de paisajes por dentro, éstos únicamente quedarán liberados de la terrible lucha del humano contacto, en donde cada objeto creado es como un brazo, una garra tendida hacia otra presencia de su ser inmediata. ¡qué nada estará libre del sentido del tacto! ¡qué nada estará libre del crecido sentido! Ni la hormiga ni el cardo; ni la estrella ni el nido; ni la tierra ni el agua; ni la noche ni el aire; ni la selva que muere en un ardiente pecho de pezones flotantes; ni la boca que ríe encendida de rojos claveles a lo lejos; ni los ojos tampoco en donde un agua oscura va llena de sonámbulos violines delirantes; ni en esas claras gotas del celeste rocío, en donde un dulce cielo de pájaros habita. ¡Que nada estará libre del firme y decidido clamor de su mandato! ¡que nada estará libre!
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Ni el asno pensativo ni la piedra callada; ni el silencioso amante enamorado; ni la madre ni el hijo; ni tú, que has sido hecha de ardorosas palabras, en medio de los rubios arcángeles dormidos. ¡que nada estará libre! Aquí, en esta tierra; en este mismo espacio en que morimos, en una eterna muerte, sin reposo.

Presagio

Yo estoy muerto con ella sin rumoroso llanto de azucenas, desde un pecho que extingue sus ardientes cenizas, desde la misma rosa de hielo en que ella habita, desde la misma niebla donde sus ojos miran la soledad del mundo, desde todas las cosas –inevitablemente– yo estoy muerto con ella. No valen los clarines que golpean desde el fondo terrible de los sueños; no valen los clarines con el eterno y duro gemir de sus cristales de amor resquebrajados; no vale nada ahora desde que ella se ha ido: ni el musgo que nos brinda su refugio tranquilo, ni la amarilla voz de los otoños, ni la piedra ni el nardo, ni la arcilla madura donde moldea el silencio su recóndita estatua; no vale nada ahora desde que ella se ha ido… A la orilla del llanto sereno de la noche; a la orilla del llanto donde caen las estrellas, no sé desde qué sombra yo escucho sus campanas, (palabras que se han ido de amor entre las gentes). Yo estoy muerto con ella –inevitablemente– desde todas las cosas que ignoren su presencia: El mar… la tierra… el viento. La brizna más pequeña que esté lejos de ella. La que no haya podido colgar su primavera furiosa de sonrisas o de besos, sobre el mármol sonoro que le cubre la frente, el traje que no tiene, los ojos con que mira, o esas lluviosas manos donde vienen a reposar en ella los astros sonrientes. Yo estoy muerto con ella –inevitablemente– desde donde su pena estremecida grita, donde un río como ella pasa callando siempre.

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PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA

Primera variación

¿De qué cielo distante, solitario, sin nombre, aquella espada vino desnuda como un río? Aquella muda espada tan fría como el vidrio desolado del aire, tan honda como el agua sin riberas del llanto, donde el dolor agita su inmensa cabellera? Para que se quebraran tus senderos de aroma hubieron de habitarle caracoles al viento, arenas retorcidas como torres de humo, como manos oscuras, como terribles dientes, hubieron de habitarle para siempre. ¡Rosa muerta sin llanto de campanas de bronce! ¡Isla sola, sin nubes, sobre el rosal anclada! ¡Mariposa sin alas, cuyo sueño, era el cielo! Por tus propias raíces tendidas como escala: ¿habrá, para morirte, que nacer un lucero? Pero no fue la muerte helada, sino el beso; el gemido profundo de tus propias espinas quien apagó la aurora vegetal de tus pétalos. Pues ya desde un antiguo dolor tú te morías. Te morías por dentro –como todos– un poco. Ahora que en mí siento la inconmovible eternidad gritando, como árbol erguido, como una oscura piedra caída en lo profundo en un grito que cobra su precisa medida de estatua de cielo. Ahora que en mi carne yo sé que está esculpiendo la soledad su estatua de silencio, porque no soy un bosque, sino un hombre, limitado en la forma de su humana presencia. Devuélveme mi mar de otras edades; mi fino mar de vidrio transparente desmelenado igual que los leones, con su náufrago cielo solitario en la aurora salobre de sus conchas, con sus yodos terribles, sus salitres de milenarios miedos oxidados en el bronce sonoro de sus negras campanas. ¡Mi mar! ¡Mi viejo mar, poblado todo de corales profundos y tenebrosos légamos primarios! El que vive aún en mí –petrificado– en olas submarinas de pretéritos llantos congelados. El mar que no se ha ido, porque en mí está varado como en el tallo del rosal la rosa, como mi corazón, sobre la tierra. ¡Oh! Dame tu oscura lámpara de sombras. quiero irme de nuevo desnudando hasta volver al mar y ser sus olas…
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Segunda variación

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Tercera variación

¡Oh llanto inagotable de no saber en dónde sembrar nuestras palabras! ¡Nuestros signos sin nombres resignados, seco árbol en donde no crece ningún sueño, ninguna voz vibrante, madrugada tampoco en el cielo remoto de los otros vocablos, de los otros sollozos caídos en el coro celeste de los ángeles! ¡Reino éste cerrado, igual que los melones! ¡Negro como la entraña profunda de la tierra en que habitamos todos, con el solo destino vegetal de las ramas, de los troncos que existen mordidos por la tierra, sin ayer, sin mañana sino siempre! —¿No crees que como ellos también hemos vivido desde el espanto mudo de nuestra inmensa y honda desolación humana? Alguien conmigo ahora no obstante lloraría mi ruiseñor de luna, muerto de soledad entre los lirios, si no fuera por esa pared hecha de manos, de uñas y de dedos, de bocas y de dientes, en donde todo acto realizado se queda como una flor herida, como una cabellera destrozada, lo mismo que una estrella, sobre su cielo, muerta. Estamos frente a frente de una eterna verdad que nos derrumba a todos, como a livianas torres como a espigas quebradas por la mano del viento; ni tú ni yo podremos abrir un solo surco para sembrar su sombra, su endurecido aliento. Todos hemos crecido debajo de su cielo. Todos hemos crecido y ahora nuestros pechos tocan el rojo fuego crepitante que incendia sus cabellos tendidos sobre el mundo. —¿Somos ceniza o brasa para el tiempo feliz en que lloramos? ¿Somos ceniza o brasa? ¡Ni tú ni yo sabemos! En una muerte larga, solitaria, sin fondo; en una muerte eterna, hecha de eternidades, siempre estamos muriendo desde todas las cosas…

Conclusión

¿qué descarnada mano de arcángel o demonio en la insondable noche donde termina el mundo me está cerrando siempre tu ventana más alta? ¡Esa ventana tuya por donde yo he querido lanzar mi último grito, mi más pesada piedra de soledad crecida!
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PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA

No es con trino de pájaros tirados a la orilla desolada del viento, con que yo quiero hacer la música seráfica de tu inefable nombre; no es con trino de pájaros ni con temblor de agua recién amanecida con que yo quiero hacer la selva de rumores que puebla tus cabellos, la sumergida arena que cruje temerosa por dentro de tus pétalos, en donde alguna playa solitaria, agoniza de albatros y de espumas; no es con trino de pájaros, sino con tierra y hojas, con buriles oscuros de espanto y de ceniza, en donde otras campanas –sin torres ni palomas– vayan tocando solas; vayan tocando solas sobre el mundo. Yo sé que el cristal tiene detrás de la perenne sonrisa de su cielo otros cielos despiertos madrugados de voces, madrugados de lirios en otras primaveras distintas a tus flores, y que no es éste ahora, el más preciso instante para arrancarle sordas palabras a las sombras; a ese universo tuyo, en donde arrodilladas están todas las cosas. Yo tendré que buscarte de nuevo en mis confines: ¡rosa propia o estrella! Yo tendré que buscarte: ¡quizá sombra caída de crespones espesos! Pero siempre mordida; toda mordida siempre de realidades mías. Sin embargo ya nunca podrá venir la muerte para llevarte ahogada. Sin embargo ya nunca habrá quien te destruya de amor o te deshaga de la más pura infancia donde enterraste todas tus raíces oscuras: Un soberbio verano te ha clavado en la entraña terrestre de mi cielo; un soberbio verano, y ya –siempre desnuda– estarás para el fuego de mis besos humanos, resuelta para el ansia de tenerte en mis labios, en donde mil demonios habrán de recibirte terribles y voraces con un fino y hambriento presente de marfiles. No importa que te sueñe o piense trastornada. No importa que te mire en otras más profundas soledades, mi amor te irá siguiendo tendido como un brazo, te irá siguiendo siempre tras todas las mudables presencias en que habites: oruga, pez o nube; luna que irá alumbrando por otros cielos altos, por otras más lejanas riberas desoladas, en donde sólo el viento de cerca te persiga, allí estará mi brazo; allí estará mi brazo como un odio crecido, como una inmensa torre para ceñir tu talle; tus tenebrosas trenzas; tu aliento desvaído; allí estará mi brazo partiendo tus corales,
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las auroras enanas de tus dorados senos de amor recién nacidos; hurgando en las ocultas ciudades de tus manos, en donde algún prodigio irá de nuevos soles lejanos despertando, el cielo que dormita pequeño en tus anillos. Allí estará mi brazo: mi cuerpo se habrá ido hacia otras torturas; hacia otras cadenas más hondas y distantes se habrá ido mi cuerpo. ¡Sabrá Dios por qué rutas mortales irá huyendo con los ojos vacíos como un árbol perdido, lo mismo que una oscura semilla siempre sola muriendo!… ¡Pero mi brazo no; mi brazo estará aquí, al lado tuyo, soberbiamente siempre como una eternidad clavada en su destino!

MANUEL DEL CABRAL

A Concho Primo

Bajo tu potro es un juguete el llano, bajo tu potro tan dominicano que le sirve de espuela la corneta y vuela más que la guinea inquieta que en las plumas se pinta municiones para robarle el blanco a la escopeta. Mucho más que penetras y perduras cuando desgranas tus aventuras ante el espanto de la llanera que puso al cuello de los soldados el amuleto como trinchera. qué bien recuerdo tu apretón lejano: un corazón se te volvió la mano! Se me quedó tu azúcar en la hiel, como a los negros cuando cortan cañas que se les queda en el machete, miel. Y se agiganta mucho más tu historia en la alcancía de mi memoria, loro de los refranes, triunfo de las mujeres, cuando volando las cabalgaduras, eran sobre las lomas y las llanuras un tiroteo los amaneceres. hoy lo que rueda, Vale Concho, es rueda; asoma la vitrina en las vitrinas de los ojazos de las campesinas, y bajo la sotana o la moneda su flor a la santica se le queda. Mira una cruz como se pierde al vuelo:
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enredada en la hélice se va la carretera por el cielo. Mas hoy, compadre Concho, también se ve tu llano –míralo en el bolsillo del norteamericano–.

Acordeón
Novela del corazón cuando las manos te aprietan. —Acordeón, por tu sendero: el azul, ancho como los vientos. Viajeros blancos los negros por tu paisaje sin tierra.

Acuarela
Fresca y repleta de cañas la mañanita de miel siente frío y se acurruca en las pupilas del buey. La carreta con su paso matinal y paulatino rechinando despertaba los guijarros del camino. Regala campos de azúcar el oro de la mañana. El humo asciende lo mismo que la oración aldeana.

La calle del terruño
En la puerta se queja una guitarra. La calle es una historia que camina. Mientras queriendo comentar, amarra la luna su barquita en una esquina. Se bebían los guapos del país: iba de boca en boca la botella como la boca de la meretriz. En la puerta la emoción desgranaba esta canción: mañana vendré por ti, y si no quieres venir, lo mismo que a la moneda te habrá de pasar a ti:
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de mano en mano rodando llegarás después a mí. Saltó un puñal y se clavó en la voz, y a poco tiempo el cancionero estaba caminito hacia Dios… Trasnochadora como las estrellas, bodeguita más joven que el destino: tienes aprisionada en tus botellas la tragedia del barrio y del camino.

Mulata
Por el camino del acordeón te vi meterte sin pasaporte en el chico país del corazón. A ratos machacas rumbas con tus zapatos, y tu cadera que padece una vieja borrachera, y tu aliento que a veces quema hasta el fular del viento, saben a la locura de tu barro mezclado de mula tropical, de sol quemado. Mulata que te hicieron de la noche y del día, en el café con leche bebo tu carne de fantasía. Tabaco para hacerlo picadura con el cuchillo de la dentadura: tu talle que le roba los ojos a la calle. Sobre el azabache de su piel lampiña meces tu carcajada de maraca, igual que la oleada tentadora de tu piel hecha en cuero de tambora. Alma de raspadura y piel de ají, quema y endulza tu mordedura. Voy a decir que te metiste en mí como si fueras una calentura.

Piedra y sol
Los haitianos pican sobre la llanura, tienen en sus picos enredado el sol. Sobre el azabache de su piel lampiña
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lloran sus espaldas gotas de charol. hacen reverencias paulatinamente al compás del pico y la voz del son. Y como un teclado de retintas teclas riman enfilados su brutal canción. Sobre la blancura de la carretera los haitianos pican bajo un sol de ron. Las piedras chispean, y al chispear parece que los negros rompen pedazos del sol.

Sinfonía negra
Danzan los cocolos bajo los cocales, y su danza evoca monos de Ceilán. Carcajadas blancas rompen la armonía de sus tenebrosas carnes de alquitrán. Nórticos turistas riendo los contemplan; piel color de rosa trópico quemó; pipas newyorquinas, tufo de cerveza; se tragó la kodak los Papá-bocó. Bulle en las haitianas plática de loros, viendo como danzan hombres de alquitrán y entre sus corpiños tiemblan cocos negros que los haitianitos chupan con afán.

Tierra familiar
Tierra, tengo en la brisa los ojos, para llevarte por ellos más allá del alfabeto. Ancha de asombro y simple de horizonte, te recogí en mis manos fatigadas de alba, para romperte como la madrugada que revienta en los picos de los gallos. Tierra-carne! te fumaban diplomáticos de seda, y te vi en la neblina de sus pipas como entre la neblina de sus frases. (Tienen educación francesa tus ciclones
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ante los vientos del norte). Desnuda como el instinto recién crecido en tus dientes, gritaste con la voz cimarrona de los negros bobos de cielo. Y, desde tu miniatura de bohío, se espigaba tu viento, bajo un cielo sin tiempo limpio como las casas de mis manos. Tierra clara, chica de mapa y alta de palabras. Yo desenredo el trompo de tu vida que se me dio en el sueño de la almohada, manso como los ojos de los niños triste como la risa de los negros.

Tierra nueva
Tierra: tu cansancio, es el mismo cansancio de la mujer encinta. Tierra: tu ventana, de par en par, hoy está del tamaño del cielo. Tus semillas son anchas como músicas grandes; y tu carne ha tomado la estatura de un grito. Tiene tu barro ahora como ademán de torre, de torre siempre abierta como el sueño del viento. Llega un soplo de horas que quieren preñar las alondras; un soplo que llega lo mismo que un pedazo de alba que se riega en el mar. El hombre te espera, tierra nueva, pan para todas las hambres. Igual que el instinto que alumbra los tiempos que ha tiempo no vieron los mudos del tiempo, la palabra camino te alarga sin el grito magnate que aprieta silencios humildes, silencios que aguardan porque tienen, aún en la sombra, la sombra cargada de rutas.
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La mañana del hombre, ya se estrena en las voces de los madrugadores; la mañana que viene sobre carretas pobres, carretas que traen de lejos su catedral de fatiga. No es la América mansa, la del viento camello de las seis de la tarde suave como la muerte del cabello del indio; es la América-ovario presente y futuro. Alientos comunes siente la arcilla, siente que todos los dedos la mueven y ensanchan, los dedos que a fuerza de hambre sintieron el crimen… y no lo complacieron. Bajo el cielo de ahora la calle antigua acaba de nacer. hierve el aire, la canción de la urbe lo quema. Machos color de sueño, con la sonrisa joven y el sudor de cien años, le arrancan a la tierra las viejas cabezas, las viejas raíces del barro que sólo abonaba la sombra. Desde las azoteas del paisaje reciente, nubes nuevas (alumnas de la brisa moderna) lavan el horizonte. Saquearon la esperanza los obreros, los obreros que traen en los filos de picos y hachas el oro democrático de los amaneceres. Y romperán las puertas tus palabras. Ya lo dijo tu vuelo sin la escuela del tiempo; ya lo dijo tu aliento perfumado de altura. América: epidemia de voces, como la yerba terca por todos los caminos. En tanto, ya eriza el aire la aurora de las manos.
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PEDro MAríA CrUZ

Llanto por la hermanita que murió a los catorce años
Lo mismo. Siempre lo mismo: La muerte de tu vida que la vida de tu muerte, tus catorce años de alba que tu alba enterrada a los catorce. Lo mismo. Desesperadamente lo mismo. Tener tus párpados enterrados que abrirte en el tiempo mis párpados. Lo mismo. Pero, yo puedo proseguir, ¿que es lo mismo? Bien sé que tu desvalidez me hundía y que un propósito fiel es tu aposento que aún tiene tu constancia simple ¡y donde tu amiga te arregló las dalias! Catorce años tengo porque si tengo veintiocho los otros catorce están en tu entierro. Resúmete en mis cosas y hasta en lo torvo de todas las cosas, que yo rasgaré la sombra de unas alas para que ni siquiera en la muerte te oprima el roce de una sombra!…

Signo melancólico
Para ti mis sueños machaqué con luceros y me fui con los besos que flechaban tus albas y tus ojos conmigo derrotaban la sombra. ¡qué derrumbe de astros me causó la quimera! Yo te quise tan pulcro que te habló mi silencio y tan leve te tuve, que yo mismo interrogo si estuviste a mi lado o yo cerca de un lirio. Seré siempre mi canto para todas tus cosas, pero tan dulcemente que me quede en el canto, con lo azul en lo azul y la risa en los árboles. que bendigo la vida a pesar de tu vida, que envenena esta otra que se rompe en el pino y el puñal perfumado de este olvido sereno con tus crímenes todos que se vuelven fragancia.
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TOMÁS MOREL

Acordeón

El acordeón, cuando lo cuelgan en la tramería de la pulpería parece un juguete que pierde su policromía… Y, sin embargo, se vuelve alegría cuando llega Mon a la pulpería. Lo traen del otro lado de los mares y parece de aquí el acordeón. Sólo que cuando viene por radio no suena como cuando lo toca Vale Mon.

Con viejas cuentas
El negro canta y hay una mano como que saca de su garganta notas de hiel… Y en su mirada mansa de vaca a cada paso se le atrabancan los grandes ojos de su mujer. Frente a la paila de la mulata con quien el pobre su tiempo mata, entre los cuentos y el buen café, el negro blanco de Monte Adentro ayer me dijo de un querer que se le fue: Negra que baile como ninguna allá en la fiesta de Navidá Paciente y güena comuna luna de la que salen de madrugá! La negra aquella de quien me hablaba es una negra de “Los Sirises”, por quien la cara, el Vale Pancho, la tiene llena de cicatrices. Y el pobre negro ya nunca puede aquel camino “voivé” a pasar porque lo espera el Vale Pancho con viejas cuentas que hay que arreglar.

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Framboyán
“Arrea, jaragana, arrea pa vei si llegamo con la frequesita de la madrugá!” Y por el camino van los campesinos rompiendo el silencio de la oscuridad. Cuentos de fantasmas y de aparecidos salen de la boca del Vale Julián, y se entera el niño de que a la muchacha la codicia el diablo desde el framboyán.

Si no fuera por taita
Yo no tengo derecho a quejaime, si me hubiera llevao dei consejo e máma, no me hubiera pasao… quise dejai mi rancho, mi bojío, mi amoi y toa mi pobresa, pa vení pa este pueblo a pasai trabajo rompiéndome la cabesa. Máma me desía, cuando yo e’nei bajío a to le jablaba de venime pa’ca… “No te vaya pai pueblo, no te vaya pa’llá, que lo pueblita son malo. Y la mujei que tá sola, solo jase caballá”. Y taita me aguaitaba y dipué me coitaba lo’sojo. Jata quiún día, jué peidiendo la coloi y la pasensia… y me dijo: “Ponte tu traje rojo pa que te laigue diaquí, que tu no jase faita pa ná, ¡pa naíta! Jalo pronto, si no quié que le oidene a la mujei que te saque a tabaná. Láigate de prontico y no lo repita má… Y puaquí no te me arrime cuando un pueblita te jaga una desgrasiá”…
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PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA

Taita me lo desía… Y dipué toa eta gente disen que lo campuno no sabemo ná. Ete pueblote grande jué la desgrasia mía. Ei día que lo ví, ¡Jesú! la calle Soi jué mi peidisión… Me acoidé de mi gente, dei conuco, dei rancho, ¡jata de mi bojío! y lo peói de tó, jue que u’nombre tallao se vino derechito y se me puso ai lao con su palabrerío, hecho el fresco, como si yo lo hubiera autorisao, Y me peidí de amoi. Me quedé alelaita oyendo como jablaba aquei ombre pueblita. Ay, así e, veidá son. Máma me lo desía. Taita tenía rasón. No nasí pa sei mala, pero una mujei si’nonra no sirve pa ná. Si no viviera e’nei pueblo fuera una mujei honrá! Me da pena pensai en mi campo. Ei probe Miguei debe tai agora mesiéndose en la hamaca y pensando lo que yo jago pua’cá… ¡Si supiera que yo no baigo ná! Ei conuco, ei bojío y e’lamoisito aquéi me dan gana e voivei. ¡Pero taita! Si no juera por taita yo volviera pa’allá.

GLADIO HIDALGO

Compañera

Huerto de sacrificios que perfuma mi vida: derramas en mis noches tus abriles en flor, y gozas el instante de saberte perdida por mis negros caminos de trajín y dolor. Deparaste tus playas a mi barco suicida porque tienes la luz de un faro salvador, y así fue como el barco retornó en su partida del puerto de los Vicios al puerto del Amor.
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Es justo que se sigan mis pasos y tus huellas, así será mi vida, dentro de tu crisol, un alcázar de sombras en un jardín de estrellas… Y un día, por el triunfo de tu ideal fecundo, yo venceré a la Muerte, y en el puerto del Sol perseguiré el milagro de regalarte un mundo…!

El hospedaje
En sombras de ignorancia, duerme la audacia. Los eternos fantasmas de la desgracia se ocultan tras la risa de sus caretas… Y un bullicio de radios, vuela a la loca entre menesterosos y alma de roca, sobre la muchedumbre de mil casetas. Oh, casetas hijastras del Improviso, de cal embadurnadas, de negro piso cuyo interior trasciende a laceria y yodo, donde el hado Refugio tiembla de frío, se muere la Vergüenza, reina el Hastío, se despereza el hombre y bosteza el Lodo!. Revuela el oro alado de las abejas. Por entre los fangales de las callejas cruzan las carretillas con sus farolas, y bajo la techumbre de los aleros duerme una fosca banda de pordioseros y la Suerte y el Sino charlan a solas… Como a un oasis llega la caravana que anhela las caricias de la mañana. Persiguiendo la pista de las pastoras, bajo anticuada veste, ronda el labriego; y avivan sus doradas muecas de fuego y sus cabellos de humo: las “humeadoras” Se abren las ricas pilas al sucio suelo por donde entre las cargas, cruza el pilluelo con ojillos de astucia y gestos de charro, mientras un negro corro de campesinos refiere los asaltos de los caminos fumando sus negruzcas pipas de barro. Suenan tras la enramada las rudas coces entre un disperso coro de escasas voces,
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y sobre el rubio junco de las esteras al nocturno bochorno de las arcadas, duermen las campesinas, abandonadas, y ruedan los infantes de las cualquieras… La implacable Miseria se alza en su trono sobre los pedestales del abandono. Mercurio hace codicia de sus aletas, hasta que la silente fortuna acuda y la canción del oro se torna muda cerca de las esteras y las mesetas. Cesaron las canturías de los voceros. Ante los mostradores de los tenderos sube azul de tabaco y olor a alcohol, y en medio de la turba de las gitanas prestas al sortilegio de albas mundanas, creando paradojas, charla Sampol. La luz de las ampollas, en charcos, erra. Sobre la podredumbre de negra tierra, bajo inmisericorde toldo de cielo, divagan los pollinos aparejados junto a los hortelanos, que amontonados dormitan sobre frutos del patrio suelo. Indiferente al tizne del recipiente sahumó el rubí de brasas, el agua hirviente que aguardan, cenicientos, los coladores, para tornar el áureo café caliente en sorbo que amenice la incoherente charla de los cuentistas trasnochadores. Al par de los relatos de las triviales historias picarescas, sentimentales revuelan los preludios de las guitarras con las rojas luciérnagas de los braseros, y el punto de partida de los troveros ameniza el concierto de las cigarras Olor a viñas muertas vaga a distancia. El vaho de las aves, con la fragancia de los racimos huéspedes de los rincones mézclanse mientras vibran en los sitiales los acres alaridos de los timbales y harto se desperezan los acordeones.
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La luna irguió sus oros plenilunares. Al eco sonoroso de los cantares, humedecido y fétido, sueña el establo, en tanto que se yerguen como panteras las belicosas turbas de las rameras torvas como Lujuria: la hija del Diablo.

La promesa a la madre
Tú lo comprenderás… ¡pero muy tarde! cuando mi escasa juventud, rendida, sea, tan sólo, la nube de un alarde, bajo el azul del cielo de tu vida. Esta inutilidad que en mí vislumbras es un clarín de alerta entre barrancas, porque adoro el silencio y las penumbras, los días negros… y las noches blancas. Nada me importa la existencia enferma desta Villa Esmeralda que irrisoria, tragó miserias, y, a la luz de esperma, nubló mi cuarto y se perdió en mi historia. he sufrido, al azar, las decepciones que aniquilan el ansia de ser bueno, porque virtud sin oro ni blasones… maldito el lirio que surgió del cieno! Pero yo he de llegar… tal como el río que las heridas de un desierto estaña; sin estos ímpetus de mar bravío que toca cielo si se alzó montaña. Sé que juzgas pueril esta agonía de arte sin luz y soledad pagana que florece en los cardos de mi vía… Tú lo comprenderás… ¡Pero mañana!

Tu antojo
Tu antojo ha perfumado mi vida sin fortuna, y hoy mi verso es el pájaro que viola tus linderos porque eres el jardín bajo el claro de luna: llenas de claridades los senderos…!

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Por llegar a tu huerta florecida donde fueran mis versos: tus mirlos prisioneros, quién pudiera llegar hasta tu vida por un azul camino de luceros!

HÉCTOR INCHÁUSTEGUI CABRAL

Canto triste a la patria bien amada

Patria… y en la amplia bandeja del recuerdo, dos o tres casi ciudades, luego, un paisaje movedizo, visto desde un auto veloz: empalizadas bajas y altos matorrales, las casas agobiadas por el peso de los años y la miseria, la triste sonrisa de las flores que salpican de vivos carmesíes las diminutas sendas. …una mujer que va arrastrando su fecundidad tremenda, un hombre que exprime paciente su inutilidad, los asnos y los mulos, miserable coloquio del hueso y el pellejo; las aves de corral son pluma y canto apenas, el sembrado sombra, lo demás es ruina… Patria es mi corazón un acerico en donde el recuerdo va dejando lanzas de bien aguzadas puntas que una vez clavadas temblorosas quedarán por los siglos de los siglos. Patria, sin ríos, los treinta mil que vio Las Casas están naciendo de mi corazón… Patria, jaula de bambúes para un pájaro mudo que no tiene alas, Patria, palabra hueca y torpe para mí, mientras los hombres miren con desprecio los pies sucios y arrugados,
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y maldigan las proles largas, y en cada cruce de caminos claven una bandera para lucir sus colores nada más… Mientras el hombre tenga que arrastrar enfermedad y hambre, y sus hijos se esparzan por el mundo como insectos dañinos, y rueden por montañas y sabanas, extraños en su tierra, no deberá haber sosiego, ni deberá haber paz, ni es sagrado el ocio, y que sea la hartura castigada… Mientras haya promiscuidad en el triste aposento campesino y sólo se coma por las noches, a todo buen dominicano hay que cortarle los párpados y llevarle por extraviadas sendas, por los ranchos, por las cuevas infectas y por las fiestas malditas de los hombres… Patria… y en la amplia bandeja del recuerdo, dos o tres casi ciudades, luego, un paisaje movedizo, visto desde un auto veloz: empalizadas y altos matorrales…

Invitación a los de arriba
Sí, a vosotros yo os invito; si queréis bajar, podéis hacerlo. ¿que no tenéis cuerdas, ni escaleras de mano, ni los deseos ni los impulsos necesarios? Tanto peor para vosotros, para vosotros que vivís nada más que para la blanca superficie: o mantel o sábana o pañuelo, el fino pañuelo de hilo perfumado con la mentida artificial fragancia de los azahares. Me diréis que tengo cara de ahorcado,
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dedos de mecanografista y un gesto, bastante subrayado, de viajante de comercio que no ha echado todavía el pie a una mala bicicleta. Lo veis, moscas, lo veis, os conformáis con el perímetro, el perfume y la apariencia; os invito a bajar al centro de mi sangre y por miopes os prestaré lentes racionalistas y ese sencillo y claro estado de alma del pobre que compra, pasado mediodía, el desayuno de los hijos hambrientos. Si no habéis sufrido hambre todavía y puede que sí, por culpa, es natural, de la científica dietética, yo os daré la clave para llegar a mi corazón: y cuando lleguéis, gratamente asustados, en voz muy baja, que tendrá tembores propios de la alcoba y del jardín diréis: Comenzaré por descreerlo todo, por negar cuanto me dijeron que era grande; desde la pluma del militar gorrión hasta la pluma del escritor pagado de sí mismo y con oros ensangrentados e inicuos. Creeré en la mansa igualdad de los hombres y en la sencilla complejidad de las cosas pequeñas, en el apretón de manos del amigo, y en el cigarrillo y los fósforos prestos a ser dados, en el minúsculo miedo a las voladoras cucarachas, y en ese sagrado temor a las mujeres que no hablan casi y miran mucho, enlutadas tras un silencio, como emboscadas y tremendamente alertas, esperando el momento propicio para saltar diciendo: porque me compadeces eres mío… Ya sé que he hablado de más, pero soy de esos a quienes satisface mejor el pago hecho en sonrisas que en flamantes billetes de banco.
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No bajaréis, no, os quedaréis en vuestro mundo, con el corazón seco y amarillo, sí, os quedaréis, vosotros los de la astucia amanerada, y no será porque os faltan los dos pies, que indican que estáis más cerca del ridículo mono que del caballero chivato cuyas barbas pecadoras no tenéis derecho ni a besar. Os invité de buena fe, ¿y qué le vamos a hacer?… Pero creedme, sufro mucho con los animales pequeños cuando están heridos o enfermos, el mulo con su pata partida me parte el corazón; la avaricia y la incomprensión también me hacen derramar lágrimas amargas, unas lágrimas que tengo reservadas para esa patética hora en que la mujer nos pide o un poquito de llanto o un tanto así de recitación… Pero tanto mejor, quedaos arriba, con vuestros entorchados y vuestras libretas cuyas cuentas están cargadas de sudores ajenos, los de abajo tenemos algo que crece y fructifica, algo que nace sin que sepamos cómo y que no muere nunca: el odio y el desprecio… Además, contamos con vuestro apego a la vida, y por ello somos camorristas, y debajo de la americana llevamos periódicos doblados en tal forma que os hacen ver que hasta los dientes vamos armados. Inventamos las intoxicaciones y las huelgas, los ladrones y los asesinos que no dejan huella, las prostitutas vestidas de negro, que cobran su virginidad en cada día; los duendes, las quiebras, los fantasmas, las locuras, las paranoias, los ciclones, las vitaminas, todo para vuestro susto,
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lo hemos inventado nosotros los de abajo, los del indiscreto microscopio, los de la gacetilla larga, los de la escoba, los de la paciencia, los del telescopio y los del asador.

Retorno al hombre
¿Y el hombre? Sí, esa forma regular de lodo, espíritu y microbios… Ese mismo que puso la primera piedra de la base y la última teja del tejado, el que secó su cabeza en fiebres redentoras, el que comió del pan amargo y tragó lágrimas, mientras en su pecho se cocían, mejores, sus hijos y los hijos de sus hijos… Ese ha de contar, pero no le tiréis delante cosas materiales, no levantéis ante su frente sin nubes y sus manos pecadoras decididas murallas de prejuicios y cal y piedras. Respetadle, no es el gusano que pide podridas hojas y sombra, no, es el hijo descarriado que Dios amó que busca la perdida senda y sangra y llora, mientras sobre sus hombros se abren encarnadas rosas, y sus pies, heridos y cansados, van enterrando los últimos delicados nardos. No le insultéis con abstracciones, quitadle la pesada cadena que lleva en la cintura, dadle agua limpia, luz que no hayan cernido sucias nubes, polvo sin humanos huesos, tierra que no hayan hollado férreos y matemáticos corceles; alojadle junto a vuestro corazón, llamadle hermano, tratadle como al vagabundo pequeño
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que añora no el consejo sabihondo sino el cuento de hadas, el muñeco que siempre está de pie, la sombra generosa de Charlot y los manjares sin cruces de merengue. Llamadle hermano y no miréis sus uñas ni su camisa rota; respetad su barba sucia y sus palabras ligeras que se remontan a la nube y al ensueño; respetad su llanto, perdonad su triste continente; en el nombre de los que sufren lo pedimos nosotros los de la palabra hueca y torpe, los que nos anudamos la corbata todas las mañanas y tenemos el calor de la cabeza de los hijos para comprender y serenarnos. que tu casa sea su casa, donde hay un techo sobran lechos. La tierra es madre común y los hombres, sus bestias predilectas. Pero que no se levante un solo hogar, ni uno solo, en la tierra que envenenó la furia fría de imbéciles irresistibles caballos y que agotó de dulces posibilidades el pie limpio y ladino del mercader. En esas tierras no se da el hombre, nace porque dos seres se aparearon para desgracia suya y de los suyos. Jóvenes, golpead con vuestros puños, viejos, con el regatón de los bastones, los monstruos con patas de bélicas orugas y veréis que están vacíos y que si el hombre fuera cuerdo se pudrirían sobre la tierra como las frutas venenosas, como las aguas muertas.

Secreto
Eres algo más que un recuerdo que viene por un camino trazado bajo aguas azules con peces insomnes y algas tranquilas.
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PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA

Eres algo más que lumbre de estrellas madurada en el calor de las hojas que el viento despierta por las madrugadas, porque estás hecha de la sustancia con que el sueño fabrica sus figuras, con que la fiebre expresa lo que halló en el fondo tembloroso de la angustia que no tiene nombre. he oído tu voz en otros mundos, he sentido tu presencia en los humildes valles en donde vuelven a crearse la penumbra, los lagartos y el silencio. he tocado tus manos en las manos de los niños, siempre insumisas y locas; y en las manos ásperas y mansas de los que están a pique de caer en el vacío de la muerte. Te he sentido en el rumor blando y triste de las aguas de los arroyos pequeños, que arrastran con dolor y sin premura sus rotas sandalias por un fango en donde crecerán, más luego, allá por el estío, las yerbas bobas que hundirán sus raíces en los abandonados camarones, en los ridículos y torpes esqueletos de los pecesillos que fueron grises una vez y que son siempre la gracia de las aguas tranquilas cuando están bajo árboles muy grandes, con muchas hojas, sin un solo pájaro, y que encierran entre las serenas ramas un ambiente que invita quedamente al sueño y que nos obliga a pensar como huérfanos del mundo. he oído tu voz cuando lo agradable abrió las anchas puertas de la risa o cuando la sonrisa abrió su ventana sobre un día en que éramos inexplicablemente felices. he visto el brillo de tus ojos en las minúsculas cosas amadas, en las naderías en que sólo se detienen los que andan mal de la cabeza y los que saben que tras la brisa del atardecer
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lloran niños perdidos y las vírgenes que envejecen a la sombra de las costumbres. Te he visto y te he sentido y te tengo en todo lo que los otros creen sin importancia, en lo que no mencionan nunca, en lo que he tenido que descubrir para saberte junto a mí por siempre…

PEDRO MIR

Abulia

¡Mi vida va de viaje en un bostezo! Desflorada de rutas, mi vida se ha olvidado del camino y se orienta en mi barro. ¡Cuántas volutas de pensamiento salen de las cenizas de mi cigarro! Mi carne se hace plástica de hastío y se da en la amplitud de un desperezo. Después de todo, yo soy mío. Mi vida es un navío que ha cabido en el charco de un bostezo.

Alegría de la mañana blanca
Son, las nubes de almidón. ¡Estoy de versos henchido como una vela blanca! Alza mi alma un sonoro cáliz de ritmos de plata, en la misa del sol y del verso bajo los cúmulos de almidón. ¡Esta es la fiesta de un hombre que emborrachó de emoción! ¿quién te llevó por el río para besarte la falda? ¿quién te decía los versos y te confiaba las cartas? ¿quién te apretaba el meñique y los besos te robaba? Ah, las nubes de almidón
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PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA

me poetizan la mañana! Nadie te cuenta mis gozos de almidón de nube blanca! Y tu sombra me persigue por esta alegría larga… ¡Siga el canto! ¡Siga el canto! ¡que el pecho me da en merengues un corazón de guitarras! Están de almidón los días y de almidón las semanas: días, semanas, días, semanas, y siempre las alegrías de almidón por las mañanas. ¿quién sorprendió los cariños de tu boca recitada? ¿quién te enseñó los caminos y te contó las pisadas? ¿quién se achicó en tus pupilas por culpa de una mirada? Ah, la mañana se asombra de nubes almidonadas!… Fiebres de luz y de sombra violentamente contrastan, las mismas que me dibujan y en tus ojos me retratan. ¿Fiesta? la de tus ojos. ¡Parranda! la de tu cara. Felicidad y alegría. ¡Triunfo de nubes blancas! Conviérteme todo en besos para estamparme en tu alma!

Pour Toi
Estoy de ti florecido como los tiestos de rosas, estoy en mí floreciendo de tus cosas… Menudo limo de amores abona mis noches tuyas y me florecen de sueños como los cielos de luna…
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Como tú mudo los pasos y la distancia es más corta, hablo en tu idioma de amor y me comprenden las rosas… Es que ya estoy florecido. Es que ya estoy floreciendo de tus cosas…

RUBÉN SURO GARCÍA-GODOY

Alba escrita en la tarde

hablaré más allá de mis palabras. Llegaré más allá de tus oídos. Si pudiera penetrar a tu alma a través de tus ojos, le hubiera ya dicho que tu imagen fatigó mi fatiga. Y ahora, cuando tu presencia no es carne y puedo decir en voces que tu recuerdo —que es espíritu es una tentativa de felicidad; cuando más me siento esclavo de tu cariño ignorado, empiezo a darme cuenta de que este amor naciente, nutrido con miradas, dormido con pensamientos albos, puede edificar destinos y adelantar futuros. No le temo al gris-tristeza de esta tarde; tu boca trae el rojo-alegre de los levantes mozos, tu gesto, la gallardía de las razas caribes. Elegida: tú puedes eternizar los amaneceres y hacer sonreír al Dolor; por eso voy a ti, tan impalpablemente como tu silencio. Caminante ayer, hoy me siento camino para recibir la caricia de tu planta!
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CUATRO POEMAS Y UNA SOLA INTENCIÓN

Estrofas de pueblo para muchacha de campo
I

¡qué traje el que yo te traje del pueblo aquella mañana; luciéndolo siete días se endominga una semana! Martes en el calendario, pero domingo en tu traje. Agua limpia, brisa y sol, ¡qué fácil tu maquillaje! Muchacha de la sabana, retina para verdores, en tu voz hallaron jaulas alondras y ruiseñores. Cómo me río del río; que, ambicionando agua clara, en tus pupilas mil veces lo vi lavarse la cara. Ruborizado y arisco, cuando desnuda tú asomas, cambia su azul en verdores el camaleón de las lomas. Y al baño, muchacha, al baño! sin dueños del caserío: bebiendo sus transparencias le quitas la sed al río. Cuidado con quien te toque la epidermis quinceañera; caricia para tus carnes; ¡el agua de la chorrera!

Estrofas de campo para muchacha de campo
II

Causa juite e mi condena, degrasiá de mi esití; con saboi a yeiba güena, con oloi a pachulí,
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te saborié vueita pena i en ei recueido te olí. Si aifilei jue tu mirá mi pecho jue prendedoi; si jue grande la pinchá jue ma grande mi doloi. El fogón tando apagao i etando trite el bojío, señai e de enamorao que jue correpondío. ¡Ai si aguaitara ei conuco! dende ei día e tu despresio loj matojo y loj bejuco pusién puei suelo su presio. Cojí en ei chaico un lucero pa alumbrai al amoi tuyo, lo econdí dentre ei sombrero i en ei ta vueito cucuyo. Mi aima ta condená a sufrí de mai de amoi; tan mala e mi enfeimedá que ni en la sana ei dotoi! Poi ti siento yo un calambre que me ará vetí moitaja Ei pan no mata mi jambre ni mi sé tiene tinaja.

Estrofas de campo para muchacha de pueblo
III

Ei día que yo la vide no sé lo que jué de mí: ai cosa quei cueipo pide no debiéndola pedí. Ella vino con la fresca dei lao en que sale ei soi, era entonces tiempo e seca i en seca nació mi amoi. Mi amoi jué planta maidita que no debió de nacei,
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ni la mema agua bendita la via jecho florecei. La peché por ti trillito… a decile mi pasión, vide yo aquello sojito i me faitó desisión. Bailé con ella una noche… noche que jué como ei día. La cabesa me se moche si no e cosa e brujería: ¡ei merengue de esa noche lo toi oyendo toavía! Tre mese pasó en la finca sin podeilo yo evitai; tre mese un amoi que junca no e pa podeise contai. Envío: Coitante sin sei cuchillo, mujei de la población, tu amoi jué como un cadillo pegao en ei corazón!

Estrofas de pueblo para muchacha de pueblo
IV

¿Amor? Este amor de la ciudad, que ve antes que a la novia los caudales del papá. Labios cargados de “rouge” para un beso artificial, enseñado en el cinema por el último galán. (La Vergüenza está “knock-out” y en camillas la Moral). Muchachas –flores de “flirt”– marchitada castidad: la cabeza en hollywood, los pies en tierra natal. Amor: sed de gasolina. Amor a velocidad,
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que habla en libretas de banco para poderse expresar. ¿Amor? Este amor de la ciudad, que encuentra en el “Beauty Parlor” una fórmula industrial –maravilla de cosmético– para detener la edad. Amor a base de química –Max Factor dictatorial–. Amor que piso con “dollars” poseer la Felicidad; que sabe más de finanzas que de cosas del hogar… ¿Amor? Este amor de la ciudad, ¡que cubre sus desnudeces con trajes de celofán!

Palabras de niebla en presente de olvido
1

Borrada de lejanía. Ausente de mis horas y de mi tiempo. No eres una cicatriz porque el pasado no fue una herida. Divorciada de mi realidad: Muerta como los días de un calendario antiguo. ¡Olvidada! verso que no se recuerda; canto que no se canta; palabra que no se repite.
2

Mes y medio mirando aquel mar de fotografía sonriéndole a una sonrisa que no era la tuya; mes y medio perdido en unos ojos-faros que no eran tus ojos.
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3

No olvido que olvidaste que mi verso se compra con verso; que ritmo es más que cifra; que arte es más que moneda.
4

Perdida. Lejanamente perdida. Pañuelo de niebla que no se agitó para la despedida. Pañuelo de niebla que no secó lágrimas.
5

El corazón es el mismo: ¡simplicidad de asta que cambió de bandera!

Soneto de yodo y sal
El mar quiere ser cielo y hace nubes de espuma; su epidermis friolenta se da baños de sol; hace poco quitose sus frazadas de bruma y en pijamas azules lo ha visto un caracol. “Reservoir” de idealismos. Disolvente de penas. Los ojos, los anhelos… mirarlo es navegar. Las olas se suicidan cumpliendo las condenas que ante los arrecifes les dicta el mismo mar. Un barco fuma pipa quemando el horizonte. Siento que mi Alegría se eleva como un monte; (dudo del alpinismo de mi antiguo Dolor…). Las palmeras de playas son gigantes sombrillas. El viento riza el agua que cortaron las quillas, ¡mientras dos garzas blancas se enrojecen de amor!

FrANCiSCo DoMíNGUEZ CHArro

Grave

La corola de nardo de tu piel taciturna, retorna en las pupilas de los silencios largos.
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¡Oh, pestañas afiladas de los recuerdos grávidos! ¡Oh dedos de la duda sugeridos! Oh, cicatrices azules! ¡Oh cauces del anhelo! Luciérnagas de ámbar!… Las manos del destino se estremecen volteadas en mis himnos de plata. Las tragedias humanas abren cauces de acero de duda en mis portales. Y mi frente dolida ha espigado la duda en los rosales. ¿Tendrán mis plenilunios al fin de la jornada sangre de otros dolores? Yo no puedo dudarlo…

Viejo negro del puerto
Viejo negro del puerto, hace mucho que vengo mirando la oscura silueta de tu cuerpo manso, deslizarse, en silencio, en las noches, del muelle a lo largo; por recintos cargados de sombra con tu fardo de penas a espaldas, yo te he visto escrutando, a lo lejos, algún raro misterio perdido en lo alto… Y te he visto, sumiso, responder al reclamo, –de ese grito silente de tu alma– cuando aspiras el humo en tu pipa en profundas y lentas bocanadas… Y te he visto, también, deshilar el fulgor
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PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA

de tus ojos noctámbulos por las aguas plateadas… ¡Viejo negro del puerto! Esta noche de niebla es propicia al rito mudo de tu fervor atávico; prende tu pipa fuerte, embriágate de trópico sumérgete en ti mismo y apura tu nostalgia… Escancia la tortura de tu alma en un festín inmóvil con tus ansias: Insúflate en la nada, penetra los abismos insondables, fija la indescriptible quietud de tu mirada, y acorta la jornada redentora de tu retorno al África… Viejo negro del puerto, retorna en el espíritu a tu selva sagrada. Embárcate en la leve piragua imaginaria de tu inconsciencia mártir, –y llora inconsolable– que en esta noche lánguida sólo un millón de estrellas verán correr tus lágrimas… Viejo negro olvidado; beodo iluso de agonías nocturnales; yo he visto: muchas veces, tu herida destilando llamaradas intensas de fugas ilusorias, y tus pupilas mansas se han teñido de selva en actitud fantástica… ¡Viejo negro del puerto! ¿qué deseo te taladra? ¿qué mística idolátrica penetra tus entrañas que, inmóvil como estatua, te embriagas de fulgor de mil estrellas lánguidas…? ................................................ …Inútilmente sueñas con tu retorno al África.
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Si pudieras tejer con tus brazos un pedazo de jungla flotante y dejarte arrastrar por los mares… o tejer con clarores de luna un velamen muy blanco y extraño y dejarte impulsar por el aire: –¡qué aventura tan grande!– ¡Viejo negro del puerto!: quisiera consolarte!

Yo que no he visto nunca
(Leyenda Verdadera)

Tú eras en lo profundo de mis alas una hundida quimera de puñales; y de tu primavera hasta mi piel, un diluvio de flechas orquestales! Eras como caricia intravolcada para mi vastedad de corazón. Y en mi emoción ardías prisionera, y aromada de nardos! ¡Oh, moreno trigal anisperado de tu pávido seno! Yo que no he visto nunca los trigales presentí el ámbar tibio de tu pecho… honda… Lenta… Solemne… Introvertida. Dormida intimidad! Cuajada cera tersa de panales! Flor de silencio… ................................................ Cóncava unción de luz eran tus ojos. Rosa crema de sol era tu gesto. Y eras la lejanía de la albahaca… ¡maciza plenitud serían tus besos! ¡Mi amor divinizó el sublime anhelo de triunfarte a mi sol! Arroyuelo en delirio fue mi intento! ................................................ Yo interrogo las alas de esta ausencia que imagina retornos de marfil! Yo interrogo tu ocaso, luna sepia! y acaricio tu imagen, tarde azul…
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PEDRO RENÉ CONTÍN AYBAR | POESÍA DOMINICANA | ANTOLOGÍA

Yo que jamás he visto los trigales, presentí los trigales de tu cuerpo. Yo que no los he visto –Amada– estoy en el trigal de tu recuerdo. Me han dicho los poetas de mi tierra que es blanco el cisne, de plumaje, y lento; yo no lo digo Amada, pero puede ser cierto… Me han hablado de góndolas azules, y dulces barcarolas de Venecia. Amada, yo que no he visto nunca las grandes maravillas de la Grecia, de Roma ni Estambules, yo que no he visto nunca los trigales… regálame la espiga de tu cuerpo!

Canción

MARIANO LEBRÓN SAVIÑÓN
En tu casa puso el viento un canto verde de pino. El mango meció en sus ramas una floración de nidos. Formó una alfombra de sangre el flamboyán florecido. Y en tu casa puso el viento un canto verde de pino. El algarrobo robusto perpetuó el eco de un grito de lechuza. Era de noche y había luz en el camino. Y en tu casa puso el viento un canto verde de pino.

Canción
Estaba frente a frente a tu sonrisa. Estaba frente a frente a tu mirada. Miramos a la bóveda infinita y no tuve noción de dónde estaba. Un árbol, un camino y unas flores. (La noche vive aún en mi recuerdo)
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COLECCIóN PENSAMIENTO DOMINICANO | Volumen I | POESÍA Y TEATRO

Pronunciaste mi nombre quedamente y vagamente te busqué en el cielo.

Canción
Partiré sin olvido ni rencores. La caricia del aire se hará blanda. Seré un niño mimado en el arrullo de la noche clara, y tendré una sonrisa blanca y una mirada suave. Tenderé mis brazos a tus ojos en un desesperado aliento de partida, y miraré en tus ojos la cadencia de mis sueños benditos. Un punto ya en el horizonte y aún llevaré en mis labios tus lágrimas amargas de tristeza.

Canción
Sombrío caminante me detuve. Tú estabas como sol de primavera. había una canción de ecos lejanos en el silencio azul de la alameda. quise escrutar en tu vivir temprano el sueño que se esconde en tu mirada. (Se apagó la canción. Nació en mi pecho otra canción de amor. Cantó mi alma). Me acerqué a tus pupilas. Me abrasaba la sed. Te pedí agua. Te tendí los brazos. Y en el silencio azul de la alameda me brindaste la fuente de tus labios. Todo fue entonces azul. No ya el silencio sino la luna y los astros y tu boca. Y seguí mi vagar de peregrino por una nueva floración de rosas.

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manuel rueda. la TrInITarIa BlanCa

Teatro

No. 14

la TrInITarIa BlanCa
(ComedIa dramáTICa en Tres aCTos)

manuel rueda
Prólogo Juan González-Chamorro

PrÓloGo
es indudable que toda obra dramática adquiere su verdadero sentido, su exacto significado, al tomar realidad escénica, al ser representada; pero también es cierto que nada tan efímero como la vida física de una realización teatral. en la inexorable mecánica de los escenarios, un montaje, que supone semanas de afanes y de lucha, desaparece en unas horas para dejar paso al siguiente, y de esa magia de luz y color que avivó un día la ilusión del espectador sólo queda en su recuerdo como el leve destello de un relámpago. El texto puede quedar aprisionado en las páginas del libro y algunas veces la fotografía fija determinados momentos de la plástica de una realización; pero tanto el lector, como el afortunado espectador de un día, desconocen la pequeña historia que tiene toda comedia, ese segundo proceso de creación de la obra teatral, desde que se inician los ensayos hasta la noche del estreno. Por eso al pedirme Manuel Rueda un prólogo para la edición de su comedia pensé que lo mejor era relatar al lector esa pequeña historia de La Trinitaria Blanca, el camino que siguió desde que la recibí de manos de su autor hasta la hora en que se levantó el telón. La Trinitaria Blanca fue escrita en principio para el Cuadro Experimental María Martínez de Trujillo, y aunque su autor no había dado por terminado su trabajo, que retocaba y pulía con sumo cuidado, nos la leyó una tarde al Dr. Horacio Vicioso, entonces Director General de Bellas Artes, y a mí. La obra me causó una excelente impresión, pero dándome cuenta de las complejidades que encerraban sus personajes, le aconsejé que no tuviera prisa en estrenar, que cuidara su presentación y que, con tiempo, meditara sobre algunas escenas donde, a mi juicio, la gran vena lírica de Rueda se dejaba sentir quizá con exceso y en perjuicio del lenguaje directo y teatral que la intensa acción dramática de la obra requería. Por otra parte, en su construcción, estaba concebida y desarrollada con tal maestría que reflejaba un seguro dominio del difícil arte teatral. La peripecia argumental llevaba un interés ascendente; y escenas que en otras manos hubieran representado un temible escollo, habían sido resueltas de una manera valiente, con un extraordinario acierto y sin fáciles concesiones al público. Manuel Rueda, después de esta primera lectura, cuidadoso y exigente con su trabajo, siguió laborando en la comedia hasta que un día y previo acuerdo con el Cuadro Experimental, me la entregó para que fuese montada por el Teatro-Escuela y entramos en esa etapa apasionante de los ensayos. En la sorprendente y variada flora antillana, la trinitaria es una planta trepadora que cubre los muros de muchas casas de Santo Domingo y que se da en distintas variedades cromáticas, siendo la blanca una de las menos frecuentes. el color blanco de esta trinitaria adquiere un alto sentido simbólico en la obra de Manuel Rueda, cuyo problema gira en torno a la frustración motivada por los prejuicios familiares y sociales que pesan sobre el carácter de una mujer, cohibiendo sus instintos naturales y encerrándola en una forzada soltería a la que no quiere resignarse. la soltería como situación dramática tiene en el teatro antecedentes ilustres. entre ellos, Doña Rosita la soltera, de Federico García Lorca, y Frenesí, de Peyret-Chappuis, pero frente a estos dos tipos de mujer la Miguelina de Manuel Rueda posee características propias. Lo que en Lorca es pura atmósfera lírica encerrando las perdidas ilusiones de Doña Rosita en una tranquila resignación neorromántica, en Rueda el carácter de su protagonista tiene un superior alcance humano. Por otra parte, este calor de humanidad de que reviste nuestro
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ColeCCIÓn PensamIenTo domInICano | Volumen I | POESÍA Y TEATRO

autor a su heroína falta por completo en la Esther de Frenesí que es un tipo por completo deshumanizado, esquemático y lleno de resentimiento. Y aunque entre ambas exista cierta semejanza, ya que en los dos casos se trata de mujeres que desconocen el amor sin razones físicas para ello, la solución dada por Manuel Rueda al conflicto es más valiente y posee, indudablemente, mayor intensidad dramática. Planteado en el primer acto el problema de La Trinitaria Blanca de una manera clara y directa, era difícil mantener este tono sin caer en la concesión fácil, pero Manuel Rueda, con una extraordinaria habilidad de dramaturgo, consigue un espléndido segundo acto perfectamente estructurado en todas sus escenas, con un interés en aumento hasta culminar en el diálogo entre Miguelina y Sebastián donde el clima dramático de la obra adquiere su máxima tensión basada en una situación de sorprendente efecto teatral y apoyada en un diálogo cortante, incisivo, ágil y de gran agresividad, que Rueda sabe mantener, con pulso firme, hasta el final de la pieza, resuelta de una manera original y valiente. El reparto no era fácil. A esa maravillosa pléyade de vocación y entusiasmo que son nuestros actores dominicanos les falta edad para incorporar determinados papeles. Por ejemplo, Esperanza de Álvarez, la actriz que podía encarnar la protagonista, no tiene, afortunadamente para ella, los años que requiere el personaje de Miguelina, y todos sabemos lo difícil que resulta para una actriz joven dar ese tipo medio para que sin la ayuda del maquillaje resulte convincente. Gracias a su inagotable entusiasmo y vocación disciplinada pudo llegar a una exacta compenetración con el personaje. El Sebastián era otro serio problema. Se requiere un actor de gran sensibilidad, ya que su aparición en el primer acto debe ser arrolladora, elástica, plena de transiciones y de matices, para luego ir perdiendo realidad, de una forma gradual hasta el tercer acto en que su presencia es casi imagen, símbolo. Luis José Germán a fuerza de estudio y de paciencia consiguió incorporar este complejo papel y transmitir al público todo lo que el autor había puesto en él. Monina Solá, Nubia Ulloa y Máximo Avilés Blonda tenían a su cargo caracteres de menores dificultades interpretativas y, por otra parte, su ya probada veteranía y disciplina escénicas representaban para mí un esperanzador margen de confianza. Armando Hoepelman y Camilo Carrau completaban el reparto con Ilander Selig, a quien confié ese brevísimo, pero peligroso papel del Jardinero. Peligroso porque su intervención cierra la obra en una escena de fuerte tensión dramática y su aparición puede desconcertar al público. Su actuación debe ceñirse a la máxima sobriedad y saberse mantener a foro como un silencioso símbolo. Aunque la obra había sido repartida con anterioridad, otros compromisos del TEAN, no nos permitieron iniciar los ensayos hasta primeros de febrero y el estreno había sido fijado para el 28 de ese mes. El tiempo, teniendo en cuenta el horario de ensayos a que tiene que ajustarse nuestro Cuadro de Comedias, era sobradamente escaso, pero todos comprendieron que era necesario el esfuerzo máximo, y con un ritmo intenso de ensayos el montaje de La Trinitaria avanzaba rápidamente. Muchas noches Manuel Rueda asistía a los ensayos sin poder controlar sus nervios cuando la sintaxis de un párrafo saltaba deshecha en esa lucha diaria de la letra contra el actor. Poco a poco las ideas iban entrando dóciles en el terreno de la comprensión y hasta aquellos vocablos que se resistían tercos una y otra vez, iban siendo domados por el estudio y la paciencia infatigable de ser repetidos docenas y docenas de veces, hasta que las réplicas adquirían su exacta velocidad y el ritmo de una escena se mantenía en su justa medida. el autor tenía, como es lógico, sus felices momentos
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la TrInITarIa BlanCa | manuel rueda | PróloGo: Juan González Chamorro

de optimismo y sus amargas horas de desfallecimiento, en que al terminar un ensayo nos reuníamos bajo el telar vacío y discutíamos la conveniencia de aligerar una escena, de cambiar en el texto una palabra que hasta entonces nos había parecido perfecta y que al ser dicha por el actor resultaba artificiosa y poco teatral. Aquella noche, al volver a su casa, Rueda, con esa exigencia para su propio trabajo que le caracteriza, y ese agudo sentido crítico que no le abandona jamás, rehacía la escena que pasaba mecanografiada a los actores al comenzar el ensayo siguiente. De esta forma la comedia tenía un segundo proceso de elaboración que permitía corregir la conveniente dimensión de una escena, o el ritmo apropiado de un diálogo. Ya no era la cuartilla lo que el autor tenía delante, era el elemento humano, el actor, al que se moldeaba directamente, y en definitiva, la obra salía siempre ganando. De los tres bocetos de decorado que habíamos solicitado, elegimos el de Rafael Márquez que era el que mejor había interpretado el “clima” necesario para la obra y que pacientemente colaboró luego en todas las sugestiones que se le hicieron. Luis Acevedo montó el decorado con su pericia acostumbrada. Clara Ledesma puso a nuestro servicio la gracia de su inspiración para diseñar los figurines del vestuario. La utilería nos trajo de cabeza durante varios días, hasta que la amabilidad de Rafael Andrés Ortega nos abrió las puertas de esa maravillosa casa-museo que posee en la calle Arzobispo Meriño, facilitándonos todo lo necesario para que la escena quedase servida con propiedad y justeza. El ensayo general al que llegamos con un ambiente sobrecargado de nervios, no pudo ser más desastroso. Fallos en la luminotecnia, agotamiento de los actores, en fin, todo parecía confabulado para que aquella noche el más negro pesimismo se cerniese sobre el estreno de La Trinitaria Blanca. En el teatro sabemos que esto suele ser presagio de éxito, pero, por si acaso, horas antes del estreno se volvieron a ensayar efectos y luces. A la hora prevista, el telón se abrió ante una espectación desconocida y el estreno transcurrió sin una vacilación, con el ritmo justo en cada escena; los nervios de la noche anterior habían desaparecido y la confianza había vuelto a renacer en los actores. Sólo hubo un momento de peligro, al final del segundo acto, al fallar un arma que ha de utilizarse en escena. Fue escasamente una fracción de segundo lo que tardó en sonar el disparo entre cajas. Iván García, en funciones de regidor, había cumplido exactamente su anónimo cometido en la compleja maquinaria del teatro. Y así, La Trinitaria Blanca entraba en la historia del teatro dominicano con todos los honores. El Teatro-Escuela se apuntaba un nuevo éxito, con él nacía para la escena nacional un auténtico valor: Manuel Rueda. Juan González Chamorro.

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Personajes
don anTonIo doÑa InÉs, su mujer LUISA, hija de ambos MIGUELINA, hermana de don Antonio enrIQue, novio de luisa seBasTIán, un aventurero el doCTor EL JARDINERO

La obra1
En esta obra he querido pintar aquella soltería que entraña una frustración, dejando de lado el caso de quienes por libre decisión o por un voluntario renunciamiento, han decidido encauzar sus impulsos hacia más altos fines, trasmutándolos en puros valores espirituales. Concibo la soltería, en algunos casos, como preservación de elementos valiosos a los que un estado de interioridad ilumina más allá de todo lazo material. Tales seres, escogidos, quedan fuera de los alcances meramente conflictivos de esta obra. Hasta qué punto los prejuicios familiares y sociales pueden ser, llegado el caso, un impedimento para lo particular y distintivo de un carácter, es accidente que no contradice, por ello, la sagrada finalidad de ambas instituciones. El alma humana es un abismo y las leyes de conducta, por demasiado generales, suelen quedar a veces en la periferia de los acontecimientos: rastrean el hecho, consignan los fenómenos resultantes en una dirección plana, horizontal, mientras que la verdad, ese rayo de clarividencia divina, se mueve de arriba hacia abajo y sólo alcanza a coincidir con ellas en un punto. Ésta no pretende ser, por lo demás, una obra de polémica, defensora de ciertas actitudes extremas del ser. Este es el drama de una vida cuyas justificaciones escénicas estriban, tanto en el alcance dramático, como en su incuestionable realidad sicológica. Por suerte no somos un pueblo apegado a morbosidades. Sabemos ver con rectitud y asimilar con propiedad cuanto se nos quiere dar a entender. Esto nos salva. Lo que alcanza un poco de belleza puede y debe ser, en sí mismo, moral aun a despecho de quienes no estén en condiciones de reconocerlo. Si somos valientes o, lo que es igual, sinceros, nuestro teatro podrá alcanzar un verdadero rango nacional y universal. El arte confronta un destino demasiado valioso y urgente. Por fidelidad a este principio no debemos volver atrás la cabeza como si no quisiésemos mirar.

Los personajes
DON ANTONIO. Es el típico señor de pueblo, simple y afectuoso, tolerante siempre que no estén en juego costumbres y conceptos heredados, en cuya preservación
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Antecrítica. (Nota al programa).

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cifra su honorabilidad de esposo y padre de familia. No se opone, como muchos de sus congéneres, a los adelantos de la vida moderna, siempre y cuando éstos contribuyan a cierto placentero decoro, necesario para mantenerse, en el plano social, dentro del rango que ya se posee por tradición. En cuanto a las incitaciones espirituales que los nuevos tiempos traen consigo, no las entiende y aunque no mantiene una actitud hostil, trata de permanecer lo suficientemente alejado de ellas. Ha cumplido en todo momento con su deber, motivo de más para vivir satisfecho. La educación que ha proporcionado a su hija lo llena de un justo orgullo, aunque no considera la posibilidad de que tal educación pueda dar ventajas a una muchacha que, como principal timbre de honor, debe ostentar el de “hija de familia”. La conciencia de su superioridad ha creado en él una fuerza aparente. Bastará ponerlo a prueba para que descubramos sus puntos vulnerables. Sin razón alguna que lo justifique, puesto que otros en el pasado han trabajado para él, se siente estimulado, con bastante frecuencia, por la idea halagüeña de que gran parte de su prosperidad la debe al propio esfuerzo. El respeto que los demás le evidencian viene a ser como una confirmación de ello. DOÑA INÉS. Es una mujer robusta, pero llena de fragilidades. Refinada y sutil, parece moverse dentro de algo vago e irreal. Como la vida de pueblo es monótona, ella ha creado su propia realidad en donde sólo caben las cosas hermosas, como su jardín. Se mueve en una atmósfera vaporosa, idealizada, y sólo su estado de esposa y madre la aleja de lo extremadamente banal. Nunca se ha preguntado cómo marcha su casa. El que las cosas prosigan como es debido es para ella algo tan natural que el menor contratiempo tendría las mismas proyecciones de una catástrofe: sería inconcebible. Si pudiéramos pedirle una definición del dolor, o de lo que significan para ella las vicisitudes de la vida, de seguro nos diría algo semejante a esto: “Es lo que puede ocurrirle a los demás”. LUISA. Es una muchacha encantadora de unos 18 años de edad, con el suficiente talento y cualidades morales como para poder ser alegre sin superficialidad. A veces parece abandonarse al frenesí de la juventud, pero en seguida vuelve a un sano reposo, como si estuviera preparada para sufrir cualquier dura prueba sin doblegarse. Ha hecho estudios superiores y eso la coloca en un sitial de privilegio, aun ante sus mismos padres para quienes el único culto posible es el de la experiencia. Ella no se aprovecha de tales ventajas. Goza con que la traten como a una muchacha cualquiera de su edad y si alguna vez recurre a actitudes intelectualizadas es cuando piensa que tal cosa pueda ser de alguna utilidad. Desea tener responsabilidades, deberes qué cumplir. Después de todo, una educación que ha costado dinero y esfuerzo deberá, tarde o temprano, llenar un cometido. mIGuelIna. su actitud más frecuente ante la vida es la de reserva. aun en medio de inusitados arranques de locuacidad y de exaltadas confesiones, parece rodearse de una atmósfera hermética, como si algún juramento íntimo la ligara a un vergonzoso secreto. Sin embargo su actitud es digna y un tanto altiva, pudiendo llegar
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hasta lo sibilino. Es amable, pero sin blandura. La entonación de su voz es severa, salvo en los pasajes de transición, para los que se sirve de una gama que va de lo lírico a lo delirante, debiendo evitarse todo extremismo que pueda propender hacia lo caricaturesco. En general sus actitudes deberán ser sobrias y justas. Personaje central de la comedia, las circunstancias la convierten en el tema obligado de quienes la rodean. Todos quieren hallarle una explicación convincente. Aunque la primera en explicarse es ella misma, las cosas siguen tan problemáticas como antes. El autor deberá dejar el caso en manos de los demás personajes. Si de alguna complicidad se hace reo, deberá ser la de su comprensión, que lo ha llevado a mirar, tal vez con demasiada cercanía, sobre la intimidad ajena. Por consiguiente, todas las escenas de Miguelina y Sebastián han sido observadas y reproducidas a través de la primera. Su certidumbre, pues, deberá ser dilucidada por el testimonio de aquellos que intervienen directamente en el problema, quedando el autor ajeno a toda situación comprometida. ENRIQUE. No es inteligente. Lo sabe, aunque no sufre por ello. A veces piensa que la inteligencia de Luisa es un obstáculo a sus relaciones, pero la admira tanto que se resigna con quedar reducido a su exigua posición de adorador. Por otra parte tiene atractivos físicos y unas maneras tan suaves, provenientes de su misma timidez, que hacen de él un tipo interesante para las muchachas sagaces como Luisa. Si trata de conseguir un título universitario se debe a que la posesión de Luisa, y no el bienestar económico futuro, será la coronación de sus esfuerzos, el premio que verdaderamente le importa. Sus planes no apuntan en otra dirección. SEBASTIÁN. Su descripción está más allá de nuestras prerrogativas. Deberá poseer juventud (aunque no tanta que lo haga blando e inconsistente), y atractivos como para que su sola presencia provoque asombro e intrigue. Se moverá en un plano intermedio entre la realidad y lo irreal, que no desentone con el ambiente ni con su posible significado simbólico. La libertad es su elemento natural. Podrá adoptar actitudes varias, desde la del seductor sin escrúpulos hasta la del enamorado romántico, siendo aconsejable una utilización extensa de recursos que vayan amoldándose a las complejas actitudes interiores de Miguelina, como si tratara de provocarlas y de secundarlas a la vez. Quien, ateniéndose a una primera impresión, le atribuya una naturaleza ruda y excesivamente atlética, estará lejos de representarse las condiciones físicas de este personaje. Su fortaleza más bien es ideal y lo inclina hacia un mundo de gráciles equilibrios. La suya es una fuerza que se plasma en la pirueta súbita, antes que en el golpe. Esto, llevado más allá de toda conveniencia podrá, igualmente, constituirse en un factor peligroso; con todo, resultará menos grave que si se lo sustituye por la actitud contraria. Sebastián irá perdiendo realidad en cada acto, a consecuencia del dilema entablado entre Miguelina y los demás personajes. Por tanto, el actor que lo encarne debe cuidarse muy bien de no repetir, en sus apariciones del segundo y tercer actos, las actitudes vitales y avasalladoras que sólo es posible utilizar al comienzo de la obra. Como ya se ha dicho, la realidad de Sebastián depende de las afirmaciones y negaciones de los demás personajes. Él asomará y desaparecerá según el juego de las circunstancias.
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Terminará sostenido por un débil hilo de fe o de remota esperanza, interiorizado en Miguelina, que lo trae desde muy lejos, casi exento de gravedad, a sobrevivirse en un trasfondo vago de recuerdos. Por tales razones deberá eludirse cualquier recargado matiz melodramático en la escena final del segundo acto. En medio de su grave patetismo, el momento deberá quedar trascendido a la pura sugerencia. EL DOCTOR . Ha empezado su carrera en la provincia. Talento, buenos modales, empaque varonil que él trata de asemejar a la majestad, le han granjeado la simpatía de todos, muy especialmente de las damas, por razones obvias de las cuales el talento es la de menos peso. Su apariencia profesional está cifrada en unos gruesos espejuelos negros. Un médico joven en un pueblo, como primera tarea a cumplir, tendrá que ganarse la confianza de los viejos, invistiéndose de una apariencia respetable. Los espejuelos le sirven al dedillo. Los lleva como podría llevar un antifaz, para esconder su juventud detrás de ellos. Estas y otras argucias semejantes lo preservan además, del alocado romanticismo de las muchachas, cuyos suspiros constituyen los principales síntomas de sus graves y engañosas dolencias. En el tercer acto don Antonio dice su mayor elogio: “La salvación de nuestros pueblos está en esos jóvenes que comienzan sus carreras modestamente, lejos de la competencia capitaleña y que aún no han sido corrompidos por ella. Ejercen su profesión denodadamente, como si cada paciente debiera cubrirlos de gloria”. EL JARDINERO. Un personaje sin importancia.

La escena
Casa de familia acomodada, en algún pueblo de la República. Sala interior amplia separada de una terraza por arcadas y columnas de tipo colonial. Jardín al fondo, al que se llega descendiendo varios peldaños. Como en los pueblos la sala principal se destina a visitas que deben ser tratadas con cierta ceremoniosa cortesía, esta sala interior viene a ser el sitio más íntimo de la casa. Allí se reúne la familia después de las comidas y cada vez que sus miembros desean tomar el fresco o cambiar impresiones. Pocos muebles, los necesarios para dar el ambiente de tradición y de confort. A la izquierda un diván y una lámpara de pie; asimismo una mesita para revistas. Junto a la pared un bargueño de caoba labrada donde se guardan copas y botellas. Al lado de una mecedora antigua, un alto costurero de paja y de caoba. En alguna parte, un espejo de época. Hacia la derecha, dos puertas. La de primer término conduce a un pasillo, invisible para el espectador, que da acceso a la sala principal y que remata en la galería exterior. La otra, un poco más elevada, como toda la terraza, y a la cual se sube mediante un peldaño, comunica con la habitación de Miguelina. Enfrente, y siguiendo por la terraza, salida al comedor. La única puerta visible de la izquierda dará a los demás dormitorios y dependencias de la casa. La austeridad del ambiente está atemperada por la cambiante luminosidad del jardín, desde donde se asoman, algunos follajes y enredaderas, junto a una sugerencia de cielo.
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A pesar de ello, una colección de viejos retratos familiares, desde las paredes, produce una agobiante sensación de ahogo. A simple vista se puede ver que en esta casa son lo más importante. Ellos están en su ambiente, hecho por el cual no entorpecerán en su abigarrada diversidad la armonía de la escena. Se enseñorean del espacio con un derecho mayor que el de los vivos. Si los dejásemos, serían los verdaderos personajes de la obra. Allí están, silenciosos y tiránicos, desde el borroso pastel que representa a una señora, cuya sonrisa, un tanto forzada, parece revolotear entre el consabido ramo de rosas que no se le olvidaba nunca al artista como complemento a un noble rostro de mujer, hasta el medallón de marco dorado donde un caballero de roja guerrera, la mano eternamente sobre el corazón, recuerda a sus descendientes que el honor es lo primero. Las miradas de todos ellos deberán caer irremisiblemente sobre los actores, dando la impresión de una perpetua vigilancia. Una lámpara central que desciende del techo, proveerá la escena de una luminosidad intensa, mientras que la lámpara de pie, junto al diván, dará una mayor intimidad en su media luz grata, permitiendo así que en el segundo acto la brusca irrupción de la luz del jardín sea de un efecto fulminante.

Reparto
Esta obra fue estrenada en el Palacio de Bellas Artes por el Teatro Escuela de Arte Nacional, el día 28 de febrero de 1957, formando parte del programa de actos conmemorativos del 113 aniversario de la Independencia de la República, y con el siguiente Reparto: D. ANTONIO: Máximo Avilés Blonda MIGUELINA: Esperanza P. de Álvarez LUISA: Monina Solá DOÑA INÉS: Nubia Ulloa ENRIQUE: Camilo Carrau SEBASTIÁN: Luis Jorge Germán EL DOCTOR: Armando Hoepelman EL JARDINERO: Ilander Selig Dirección y realización: JUAN GONZÁLEZ CHAMORRO Escenografía de Rafael Márquez.- Vestuario de Miguelina, sobre diseños de Clara Ledesma.- Maquinaria y Montaje: Luis Acevedo.- Maquillaje, Juan Lacrespeaux.electricista, danilo manzano.- regidor de escena, oscar Iglesias.- secretaria de dirección, Carmen rull. El Teatro Escuela de Arte Nacional presentó esta obra por primera vez en la ciudad de Santiago de los Caballeros durante el Festival artístico de santiago, el 4 de julio de 1957, en el Teatro Colón. Los papeles de Enrique y el Jardinero fueron representados esta vez por los actores Antonio Estévez y Rafael Vázquez, respectivamente.
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Acto primero
(Es de noche. La escena está completamente iluminada por la lámpara central y se escucha una música suave junto a los rumores apagados de una fiesta. Don Antonio aparece por la izquierda. Viste pantalón don anTonIo

(Asomándose a la puerta de la habitación de Miguelina).

Miguelina, ¿puedes ayudarme?
(Miguelina aparece. Lleva un sencillo vestido de entrecasa. Toda su persona acusa desaliño y cierta sequedad propia de quien ya nada espera de la vida).

No he nacido para esto. Me quedan mejor las botas y los pantalones de montar que el smoking. Nunca he sido un petimetre de ciudad. Pero el hombre propone y la mujer dispone. Hay que ir a la fiesta de esos presumidos de al lado. Los quince años de la señorita,
(citando)

“para lo cual se solicita, muy gentilmente, su asistencia”. Mi mujer dice que debo ir de smoking, pues eso es lo respetable y que además ellos lo van a agradecer como una atención. mIGuelIna ¡Rarezas de nuestro pueblo!
(Ha terminado de hacer el lazo).

don anTonIo Gracias. Tienes especialidad en hacer estos menesteres primorosamente. ¿Por qué no te has preparado para ir a la fiesta? mIGuelIna Tengo jaqueca. Además… ¿para qué? don anTonIo Te hace falta un poco de diversión, querida hermana. No puedes pasarte la vida encerrada, consumiéndote inútilmente. Ni siquiera el campo te atrae… mIGuelIna Aquí todo me parece más mío. Para una mujer vieja su cama y unos cuantos árboles que le sirvan de apoyo, son suficientes. Agradezco tu invitación, pero no es divertido ver cómo los demás se divierten. sobre todo cuando a una no le queda más remedio que estarse muy quieta en su silla, abanicándose desesperadamente. Eso si el corset no te molesta durante toda la noche. don anTonIo Sin duda nos parecemos: tú odias el corset y yo las corbatas de lazo. Pero en cambio está la gente…
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mIGuelIna Sí, la gente… ¡Aburridísima! No me divierte hablar del tiempo con las señoras, o de la mejor manera de hacer un flan; ni de las cosechas o de la última epidemia del ganado con los señores; ni de novios con esas niñas tontas y sentimentales. El amor ya tiene algo de indecoroso para mí… Y no me vuelvas a decir que aún estoy joven; tal cosa ha dejado ya de serme consoladora. don anTonIo Soy mayor que tú y sin embargo me siento en la flor de la edad. mIGuelIna Hasta esa ventaja nos llevan ustedes los hombres. Ustedes maduran lenta y espontáneamente. Son los amos del tiempo. A nosotras hay que hacernos madurar, de lo contrario nos quedamos verdes para siempre. He ahí la diferencia. Viejas y con la madurez detenida, esperando a que el azar traiga a nuestro lado el galán que necesitamos para dar de nosotras mismas cuanto tenemos retenido. Estoy en una edad en que nadie me debe ser necesario. Sola. Eso es lo que soy: una mujer sola. Contra ello es imposible luchar. don anTonIo Nunca te había oído hablar así… ¡Es peligroso!
mIGuelIna
(Recuperándose)

¡Olvídalo! Será esa bendita música. La música le llena a una la cabeza de tonterías.
(Llevándose una mano a la frente)

además, este dolor de cabeza…
(Como si prontamente se sintiera aliviada)

Anda, Antonio, apura a tu mujer y a tu hija o de lo contrario llegarán tarde a la fiesta.

luIsa

(Apareciendo por la izquierda, ataviada con un primoroso traje de fiesta que la hace ver aun más juvenil.)

En cuanto a mí, ya estoy lista. don anTonIo O casi lista. Vienes a que Miguelina te dé el último toque. Debes molestarla lo menos posible; no se siente bien. mIGuelIna Después de todo no es gran cosa lo que tengo.
(A Luisa.)

Ven a que te mire. luIsa Una vez enlazado papá, debes hacer lo mismo conmigo.
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(Se vuelve para que ella vea los extremos de la cinta que quiere anudarse en la espalda. Don Antonio sonríe y sale.)

María nos ha hecho falta. Es inútil pensar que yo sola pueda arreglarme como es debido. mIGuelIna María también quería tener su fiesta. luIsa El que una prima suya se case no es motivo para que haya pedido permiso por tantos días. mIGuelIna Una semana es lo tradicional en el campo; a la novia hay que ayudarla a dar ese paso y ello precisa festejos. Y sobre todo, lágrimas. luIsa Eso: lágrimas. Pueden renunciar a todo menos al derecho que creen tener a esas lágrimas. maría no debió… mIGuelIna
(Interrumpiéndola)

Hay que tener tolerancia. luIsa Pero tía, ¿no tienes miedo a quedarte sola? mIGuelIna No estaré sola. La fiesta es ahí al lado y la música me acompañará.
(Termina de hacerle el lazo y de dar unos toques a su peinado)

¡Ya está! luIsa Mírame ahora… ¿Qué te parezco?
(Da una vuelta)

mIGuelIna Eres joven y bonita, ¿qué más quieres? luIsa ¿Crees que le gustaré? mIGuelIna Enrique es como todos los hombres: vanidoso de la muchacha que le pertenece. Le gustarás de todas maneras. luIsa Es tan bueno, el pobre, que a veces pienso con horror que me querría lo mismo si fuese vieja y fea.
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mIGuelIna ¡Tonterías!
(Hace un gesto de dolor, llevándose los puños cerrados a las sienes.)

luIsa

(Alarmada.)

Oh, tía, dijiste que no era nada. mIGuelIna Es que de repente pareció aumentar… Como un zumbido dentro de mi cabeza. luIsa Toma un calmante. mIGuelIna Sí, más tarde… Ya se me pasa otra vez. luIsa Debes acostarte y descansar. mIGuelIna ¡Lo haré! luIsa
(Se ha tranquilizado y escucha la música que por momentos se hace más intensa)

En cuanto a mí, pocas veces me he sentido mejor. Bailaré toda la noche. Una muchacha es feliz cuando se siente amada y cuando tiene la oportunidad de mover los pies. Sobre todo en estos pueblos tan tristes. Cuando bailo, quisiera desquitarme de todo el tiempo que me he visto obligada a permanecer quieta. En un pueblo una tiene que estarse quieta, ese es el problema. Dormir, rezar, estudiar, para que después diga la gente: “La señorita Luisa es muy educada”. Ah, gracias a Dios que tengo a Enrique. El me proporciona la necesaria impaciencia, lo justo para no morirme de inanición.
(Ensaya unos pasos de baile)

Oh, qué bello. Tía, ¿no te gustaba bailar cuando eras joven? mIGuelIna La pregunta me parece innecesaria. luIsa ¿Es que no tienes ni siquiera recuerdos? mIGuelIna Trato de no tener más tiempo que éste. El presente debe bastarme. luIsa Alguien debió de haberte cortejado mientras bailabas al compás de uno de esos valses dulces y tristones.
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mIGuelIna ¡Me fastidias! luIsa
(Embriagada.)

Juventud, música, amor… No hay combinación más sublime. mIGuelIna ¿Estás hablando de la receta de un nuevo cóctel? Trata de que no se te suba a la cabeza. El más leve mareo puede ser fatal. luIsa Pero, tía, ¿por qué te empeñas en no comprenderme? Una mujer no debe morir antes de que un hombre la tome entre sus brazos y le diga algunas cosas… Claro que hay que saberlo hacer… Tú dejas que él pase su brazo alrededor de tu cintura y te recuestas, tímidamente, sobre su hombro. Luego tratas de hacerte pequeña, pequeñita, como si hubieras perdido todo peso. Como si fueras una hoja y él un viento inmenso que te trajera y llevara, girando, en mil vueltas… Entonces ya no sientes el tiempo… Eres el tiempo… Un ritmo suspendido entre la tierra y el cielo.
(Da algunas vueltas al compás de la música.)

¡El baile es una entrega deliciosa! mIGuelIna Creo que me estás faltando el respeto.
(Inicia el mutis cuando suena el timbre de la calle.)

luIsa Oh, es Enrique que viene por nosotros. Hazlo pasar mientras traigo a papá de un brazo y desprendo a mamá del espejo.
(Miguelina se devuelve y sale por la primera puerta de la derecha. Casi al mismo tiempo doña Inés aparece por la izquierda. Viste con elegancia. Su traje, tal vez demasiado alegre para su edad, la envuelve en un halo de candoroso encanto. Trae en sus manos un bolso cuajado de piedras y un abanico que maneja con estudiada displicencia.)

doÑa InÉs Tu madre ya está lista. Quede constancia de que por esta vez le he ganado a tu padre. ¿No ha llegado Enrique todavía? luIsa ¡Ahí lo tienes!
(Sale. Doña Inés permanece a la expectativa. Entretanto vuelve Miguelina, precedida por Enrique.)

enrIQue Buenas noches. doÑa InÉs En este momento preguntaba por usted.
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(Se acerca a la puerta de la izquierda y llama en alta voz.)

antonio, luisa, no es de buen tono llegar demasiado tarde. enrIQue Ya habremos perdido unas cuentas piezas. doÑa InÉs La juventud sólo piensa en bailes. Yo prefiero los placeres de la conversación, son más profundos y estimulantes. enrIQue Bailando también podemos… doÑa InÉs
(Interrumpiéndolo.)

Sí, sí… Bailando se pueden también muchas cosas. Eso es lo malo, lo fundamentalmente malo. Agregando que esos bailes de hoy… luIsa
(Apareciendo del brazo de don Antonio que ahora tiene un aire sombrío, como si alguien lo hubiese metido a la fuerza dentro de sus ropas.)

Enrique, no le hagas caso a mamá. Ella no comprende… don anTonIo o tiene mala memoria, lo que no es igual.
(Luisa se acerca a Enrique y le presenta una mejilla que él besa rápidamente, temeroso de estropearle el maquillaje.)

doÑa InÉs Oh, ustedes son insoportables.
(Acordándose, de pronto.)

Ah, el collar… ¿Podrías ponérmelo, Miguelina? don anTonIo Está visto, Miguelina es la persona más necesaria en esta casa. Sin el último toque de sus manos no estamos presentables. doÑa InÉs Es solamente el collar, querido. El broche está descompuesto y como todavía no me ha salido un ojo en la nuca…
(Miguelina comienza a ponerle el collar. Don Antonio procede a encender uno de sus acostumbrados cigarros, a cuyas delicias se entrega como quien cumple con un sagrado y antiquísimo ritual.)

luIsa

(A Enrique.)

Deseo bailar hasta caer rendida. La música parece buena. Como vuelves a la Universidad dentro de unos días, tendré que replegarme en mi rutina de siempre. No me gusta bailar si no es contigo.
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enrIQue en cuanto a mí… luIsa Ni qué decir. En la capital tú bailas con cuantas muchachas se te ponen por delante. Y haces bien. Para eso eres hombre. No haces más que aprovecharte de tu ventaja. enrIQue No debes decirlo así, tan duramente. El estudio me ocupa todo el tiempo. doÑa InÉs Gracias, Miguelina… ¡mi chal!, Antonio, por Dios, corre! don anTonIo Hace un rato me dijiste en la habitación que estabas lista. Debí suponerlo: ¡era una broma!
(Sale.)

doÑa InÉs

(A Enrique.)

Como habrá usted notado, mi marido carece de toda elemental cortesía. luIsa Papá te ha complacido esta noche. Se ve elegantísimo con su smoking. doÑa InÉs He dicho que es descortés, pero no desobediente.
(Realmente complacida.)

El smoking es un traje que infunde respeto.
(Enrique echa una mirada de reojo a su traje, como si tratara de excusarse.)

luIsa

(Observándolo.)

Eso no va contigo. No estás aún en edad de ser respetable. Ya te sobrará tiempo para ello. doÑa InÉs
(A don Antonio, que llega con el chal.)

Te has demorado demasiado; llegaremos tarde. don anTonIo
Vamos…
(Luisa y Enrique salen por la derecha.) (Suspirando y con expresión resignada.)

doÑa InÉs

(Volviéndose cuando se disponía a salir.)

Miguelina, me dijo Antonio que no te sentías bien. ¿Necesitas algo?
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mIGuelIna

(Se ha mantenido en el fondo, apoyada de la barandilla que da al jardín.)

Gracias por tu amabilidad. Ve tranquila. Tomaré un poco de fresco y luego me acostaré. don anTonIo Trataremos de volver temprano. Estas fiestas me aburren. doÑa InÉs ¡Vaya con el par de hermanitos!… Buenas noches, Miguelina. don anTonIo mejórate bien. mIGuelIna Buenas noches.
(Todos han salido. Miguelina parece ahora otra mujer. Está laxa y como más vieja. Se alisa el pelo un poco en desorden. Se asoma al jardín, mira unas posibles estrellas y aspira profundamente. La música ha cesado un momento. Va a una mesa y coge una revista. Enciende la lámpara de pie que está junto al diván. Apaga las luces del techo, quedando una media luz grata y un tanto lechosa, como de luna intensa. Comienza a hojear la revista, reclinada en el diván. La música se deja oír otra vez, suave y romántica. Algunas risas y rumores de fiesta. Miguelina se detiene en su lectura. Piensa. Se incorpora y de repente comienza a sollozar con el rostro entre las manos. Luego se repone y se recuesta de nuevo, dejando caer la revista al suelo. Parece dormir. Esta escena será todo lo extensa que se pueda, sin que llegue a aflojarse, por ello, la tensión expresiva del personaje. Cada gesto expresará el abandono, la renuncia a lo que, sin embargo, parece estar al alcance de la mano. La soledad deberá sentirse presionando el ambiente y los rumores próximos de la fiesta contribuirán a agudizarla aun más. Una atmósfera de sueño precede a la entrada de Sebastián. Éste avanza en puntillas desde el jardín. Es fuerte, atlético, con una mezcla de cinismo y de dulzura que mueve en seguida a simpatía. Con su pantalón azul fuerte y su camisa negra abierta sobre el pecho, es la imagen del aventurero. Sus movimientos son elásticos, aunque a veces denotan cierta languidez. Él se detiene al pie del diván, mirando fijamente a Miguelina. Ésta abre los ojos poco a poco. Al fin lo ve. Sobresaltada se pone en pie y va a gritar cuando él le oprime la boca con una mano y le traba los brazos con la otra. Ella forcejea inútilmente.)

seBasTIán Le ruego no hacer disparates. Ganaremos tiempo… ¿Lo promete?
(Ella hace un signo afirmativo con la cabeza. Cuando él la suelta queda jadeante, apoyada en alguno de los muebles. Él saca entonces un cuchillo. Le da vueltas en sus manos, como si jugara con él.)

mIGuelIna ¿Quién es usted? ¿Qué ha venido a hacer aquí? ¿Cómo se atreve a entrar en una casa de familia en forma tan descarada? seBasTIán ¿Hubiera preferido que me portara con más caballerosidad? Pues bien, con sumo placer, “tía Miguelina”.
(Hace una reverencia.)

mIGuelIna ¿Cómo?…
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seBasTIán Un caballero no puede permitir que una dama permanezca sola mientras su familia se divierte. Y mucho menos si esa dama se encuentra quebrantada, si le duele la cabeza. mIGuelIna
(Sin salir de su asombro.)

¿Pero quién le ha dicho…? ¿Pero cómo…?
(Mirando hacia el jardín.)

¡Ah…! seBasTIán ¿Comprende ahora? Fue muy sencillo, aunque sumamente incómodo, quedarse una hora en el jardín, agachado entre esas enredaderas que lo desgarran a uno todo, esperando a que “la tía Miguelina” se quedara sola. mIGuelIna ¡Es usted un perfecto bandido! seBasTIán Gracias. Es usted muy perspicaz. mIGuelIna ¿Qué desea? seBasTIán Vaya con calma. Primeramente, estirar las piernas. Reponerme de esa hora de oscuridad pasada en la compañía de unas cuentas hojas que me cosquilleaban en el cuello y de unos malditos hormigones que se aprovechaban de mi inmovilidad. Créame, casi sentí ganas de marcharme. mIGuelIna Hubiera sido mejor para usted. seBasTIán ¿Y el placer de esta velada?… mIGuelIna ¿Cómo se atreve? ¿No sabe quienes somos? Cuando el pueblo se entere lo pasará usted muy mal, se lo aseguro. Somos personas decentes. seBasTIán ¿Pero cree usted que yo entraría en una casa que no fuera de personas decentes? No debo ser confundido con un vulgar ratero. Al fin de cuentas este cuchillo no goza más que de una apariencia de crimen. Podría cortar una garganta, así… de un solo golpe,
(Miguelina retrocede.)

Pero se abstiene. Está educado por mí.
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mIGuelIna ¡Lo denunciaré a la policía! seBasTIán Le aseguro que no existe policía capaz de vérselas conmigo. Vengo y voy con la facilidad del aire. Estoy en todas partes y en ninguna y cuando menos lo piensan,
(Hace chasquear los dedos.)

desaparezco. mIGuelIna Sus palabras carecen de sentido. seBasTIán
(Con cierta pedantería consciente.)

Es que no está usted viva. Yo, en cambio, he nacido para absorber toda la experiencia de la vida. mIGuelIna Habla de experiencia como podría hacerlo una persona respetable. seBasTIán La experiencia no es solamente lo aburrido y reglamentado. No se enseña diciendo: “Deja de hacer esto, porque yo lo hice y no me fue bien”. Es lo que aprendemos cuando hacemos una cosa porque otro la hizo, o porque otro aún no la ha hecho y alguien tiene que decidirse, ganarle la delantera. mIGuelIna Perversidades dignas de un vagabundo… seBasTIán Y que todos pensamos alguna vez. Usted las piensa, pero se resigna con quedarse inmóvil y sola, provocando la compasión de los demás. mIGuelIna ¿Cómo se atreve? ¿Quién es usted para hablarme así? seBasTIán Alguien con intenciones precisas. Vivo, libre y dispuesto a todo. mIGuelIna ¿Olvida usted que la fiesta es ahí al lado y que mi familia puede volver de un momento a otro, sobre todo sabiéndome enferma? seBasTIán los que se divierten son egoístas. mIGuelIna La empleada…
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seBasTIán

(Interrumpiéndola)

María anda con permiso por unos días. Se casa una prima suya. ¿Lo olvidaba usted? mIGuelIna Entonces dígame, por Dios, ¿a qué ha venido aquí esta noche? seBasTIán
(Acercándosele.)

Se lo diré, y me obedecerá sin oponer resistencia. mIGuelIna
(Retrocediendo.)

No se atreverá usted… No me pondrá las manos encima. Soy una mujer honrada. Preferiría que me diera la muerte antes de… seBasTIán
(Astuto.)

¿Prefiere morir a entregarme su dinero? mIGuelIna
(Sorprendida.)

¡Ah!, ¿pero sólo se trataba de dinero? seBasTIán ¿Qué creía usted…? ¡Está bien claro! mIGuelIna
(Como diciéndoselo a sí misma.)

dinero, sí, dinero… seBasTIán Dinero no quiere decir más que eso: di-ne-ro. mIGuelIna
(Reaccionando, a media voz.)

Pues se ha equivocado. Aquí no lo hay. A menos que espere a mi hermano. seBasTIán No me moveré de aquí. mIGuelIna Puede hacerlo. Esperaremos los dos.
(Se sienta en el diván. Lo mira.)

seBasTIán

(Desabrochándose la camisa comienza a frotarse la nuca, como si la tuviera adolorida.) 655

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¡Maldita posición!
(Se abotona la camisa que queda sin embargo entreabierta sobre el pecho. Se cuadra ante ella en actitud agresiva, enarbolando el cuchillo en una mano y con la otra mano extendida.)

Pronto, ¡el dinero! ¡Dejémonos de juegos estúpidos! mIGuelIna
(Quien lo ha observado con turbación.)

¿Ha resuelto el “caballero” dejar a un lado su compostura? No sé si debo quedarle agradecida de que no haya tratado de abusar de mi persona. seBasTIán ¿Pero qué dice?… ¿De su persona?… ¿Tengo cara de andar en “eso”? mIGuelIna
(Levantándose.)

¡Así lo pensé! seBasTIán Pues quédese tranquila, “tía Miguelina”. mIGuelIna
(Volviéndose súbitamente.)

Le prohíbo que vuelva a llamarme tía Miguelina.
(Una breve pausa en la que parece librar una batalla. Luego, estallando.)

¿Es que no ha visto en mí ningún atractivo? ¿Es que soy realmente una vieja solterona a la que nadie debe mirar con deseo? Yo misma me lo he dicho infinidad de veces, aunque ahora no parezca conformarme. Ya ve, hasta usted… seBasTIán Le he dicho que ese no es mi oficio. mIGuelIna
(Amargamente.)

Si yo fuera más joven me habría deseado. De haber encontrado a Luisa en mi lugar, la hubiera seducido. ¡Lo sé!… ¡titubea!… seBasTIán Una cosa está bien clara: usted infunde respeto. No sé por qué su rostro se me parece, de pronto, al de todas las mujeres que me han hablado con seriedad tratando de llevarme al buen camino. Mujeres que son un poco madres y un poco maestras… de esas que se nos suelen aparecer, como fantasmas de bondad, en la primera esquina. mIGuelIna Tiene razón: soy uno de esos fantasmas. Un fantasma de luto que se alimenta de su propia sombra, sin más camino que recorrer que el que va de una habitación a otra, de
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un objeto a otro; sin acontecimientos qué relatar, a menos que no sean las incesantes minucias diarias, un dolor de cabeza, la torpeza de algún sirviente, o un chisme de la vecindad.
(Suspirando profundamente.)

Y como único alivio el cielo, algunos árboles, la trinitaria blanca del jardín… seBasTIán ¿Se refiere a la que me sirvió de peldaño para llegar a este paraíso de amenidad que me acaba de pintar? mIGuelIna Sí; he pasado años mirando blanquear la trinitaria sobre la tapia del jardín, depositando en ella sueños envejecidos… No parece sino que ahora me devuelve esos sueños reunidos en la apariencia de un hombre al que se puede desear con libertad porque no forma parte de nuestro mundo. Aunque usted me produzca temor, tal vez sea usted lo que yo esperaba. No deja de ser curioso y hasta incitante este momento. Una mujer como yo, que ha pasado su vida entregada a una fría desesperación, verse enfrentada a un hombre joven, un desconocido, en una noche donde sólo él y ella parecen existir, tibiamente rodeados por la música. seBasTIán ¡Va usted demasiado lejos! No he venido a escuchar confesiones. Sus problemas no tienen nada que ver conmigo. Le repito que sólo deseo dinero. mIGuelIna
(Con una idea súbita.)

Y si en vez de dinero yo le diese una joya, algo de valor… ¿lo aceptaría? seBasTIán Las joyas no son una mercancía recomendable. Cuesta deshacerse de ellas. mIGuelIna Podrá venderla fácilmente. No haré ninguna reclamación. seBasTIán He venido a robar no a negociar. Además, me parece que usted se porta, de repente, de una manera extraña. mIGuelIna Me comprenderá mejor cuando le diga que no le doy esa joya por nada. Usted deberá ganársela simplemente. seBasTIán Ganarme el dinero que necesito me resulta divertido. ¿De qué se trata? mIGuelIna
(Después de un momento.) 657

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De un simple deseo: hágame el amor. Ámeme o hágame creer que me ama. ¿Qué mejor que un desconocido para cumplir esta delicada misión? ¿Ha venido a robar? Adelante; robe lo más precioso que puede encontrar. seBasTIán ¡Nunca pensé que la faena de esta noche fuera tan difícil!… mIGuelIna ¿No queda en mi cuerpo nada que le atraiga? Míreme, míreme… Trate de descubrir en mí algo digno de ser amado. ¡Se lo suplico! ¿Puede una mujer ser tan miserable que se encuentre despojada del menor atractivo? Míreme a los ojos; ¿no hay ansia y desesperación en ellos?… seBasTIán Sus ojos son negros y fosforecen. Exigen en medio de un gran vacío. mIGuelIna Exigen algo que les falta: el derecho de sentirse mirados a su vez. seBasTIán ¿Debo cobrar por ello? mIGuelIna No son unos cuantos brillantes lo que le ofrezco. Es un medallón de mi madre, pero no lo quiero. Amé a mi madre, pero ella fue para mí el encierro, las lágrimas sorbidas contra la almohada. seBasTIán Debo decirle que no la creía capaz de semejante rebelión. En cierto modo es usted admirable. mIGuelIna ¿Acepta, entonces…? seBasTIán Hay cosas que un hombre, joven y libre, no puede rehusar. Acepto, Miguelina. mIGuelIna Eso; no más tía Miguelina, señorita Miguelina. ¡Cuán distinto es oírse llamar así, Miguelina, por alguien a quien no nos ata parentesco alguno! Prométame que no me tratará usted como a una de esas mujeres que quisieron enseñarle una virtud llena de seriedad. Hágame sentir una mujer como las demás. Lléguese a mí con delicadeza… o por la fuerza; infúndame confianza o temor, no importa. Una hora de frenesí es lo que necesito. La estoy esperando desde hace cuarenta años. seBasTIán ¿Qué razón ha tenido al escogerme? mIGuelIna Por estar lo suficientemente alejado de mi costumbre. Usted se encuentra allí donde acaba mi sombra, donde la trinitaria empieza a blanquear y mis sueños viven por mí.
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seBasTIán Creí tenerla en mi poder y me he convertido en su prisionero. ¡La trinitaria blanca! Una primorosa trampa para el amor de una solterona. mIGuelIna ¿Es que nunca dejaré de ser llamada así? ¿Es que estoy marcada para siempre por ese mote sarcástico? ¿Qué hay de distinto en mí, qué me falta para ser como las demás mujeres? seBasTIán ¡La seducción!… Transfigurarse y sonreír. Para ser mujer hay que sentirse serlo. Traer desde dentro hacia fuera el torrente de la feminidad. No es solamente un color lo que la mujer pone sobre sus labios: es un fuego que invita, que llama, que abrasa desde lejos. Entonces llega la presa y arde. Es como la inteligencia de los sentidos. Transfigúrese, Miguelina. Es el primer paso para salir al encuentro de la vida. mIGuelIna
(Henchida de nuevas fuerzas.)

La vida es el secreto que usted me revelará, que ya me está empezando a revelar. Esta noche seré otra. ¡Seré Miguelina! Abajo estas ropas. En mi armario hay otras que siempre encontré impropias y excesivas para mí. Creo que ahora me sentarán bien. ¡Espere! Cuando salga de esa habitación daré comienzo a nuestra gran aventura en común. Usted será el hombre que he esperado toda la vida, el hombre que ha venido a amarme, a hacerme suya. Una nueva mujer saldrá por esa puerta. No permita que se vuelva atrás o titubee. Sólo hay tiempo para que el pacto que hemos hecho se cumpla. Es mi reto a varias generaciones de rigurosa virtud. Todas las frustraciones de mi familia quieren expresarse en mí esta noche, esa procesión de mujeres solas que han muerto esperando… Somos los héroes de una gran aventura, de una aventura inimaginable. esos muertos alientan en mí con una fuerza a la que es inútil resistir. ¡Sólo por ellos seré perdonada!
(Mutis.) (Sebastián queda pensativo. Recorre la habitación con la mirada, observando con minuciosidad todo cuanto le rodea. Guarda el cuchillo. Va al bar y se sirve una copa. Se acerca a la puerta de la habitación de Miguelina y trata de escuchar.)

seBasTIán

(En voz alta)

No trate de jugarme una mala pasada o se acordará de mí. Puede que todo esto no sea más que un ardid.
(Bajando la voz.)

De todos modos es la aventura más curiosa que me haya sucedido. La aventura de la bella durmiente y del príncipe que la despierta. ¡Una pareja extraña! Miguelina…
(Va hasta el fondo de la escena y se asoma al jardín. Toma un sorbo de su copa. Lo paladea.)

Hermosa noche. ¿No habrá tenido ella la culpa?
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(Pausa.)

La trinitaria parece tener luz propia; una luz casi lunar, llena de vibraciones misteriosas. Hace daño mirarla fijamente; parece cambiar de forma y de lugar.
(Termina su copa y lentamente vuelve a primer término. Miguelina aparece vestida con una primorosa bata blanca, el cabello recogido sobre la nuca. Su bata recuerda el traje de una novia. Sebastián se vuelve y la mira deslumbrado.)

¡Increíble!
(Adelantándose, le tiende una mano.)

Está usted blanca y hermosa como la flor misma de la trinitaria. mIGuelIna
(Avanzando)

Como introducción a un canto de amor no está mal. Brindemos por nuestro amor.
(Llena las copas y levanta la suya.)

Qué, ¿no crees en nuestro amor? seBasTIán Te amo, miguelina. mIGuelIna Repítelo conmigo: ¡Por nuestro amor! seBasTIán ¡Por nuestro amor!
(Toman. Él rápidamente, ella sorbo a sorbo y con los ojos cerrados.)

mIGuelIna ¡Oh, qué delicia!
(Música, un vals romántico. Mientras continúa hablando deja su copa en la mesita de las revistas, junto al diván. Sebastián hace lo mismo.)

Soy joven otra vez, tengo la edad de Luisa. Podría empezar a reír ahora y no terminar nunca. La vida no se ha perdido todavía. Bailaremos. Luisa lo hace rodeada de miradas. Hace de su amor una complacencia, un espectáculo decente. Tú y yo bailaremos en secreto; será nuestra superioridad y nuestro triunfo. Rodéame con toda la fuerza y la delicadeza de que seas capaz. Así…
(Él le rodea la cintura con uno de sus brazos. Bailan muy lentamente.)

Una pequeña hoja en tu hombro… Oh, sí, Luisa, tenías razón, el baile es una entrega deliciosa. seBasTIán Eres cálida y bailas con tanto empeño como si te fuera en ello la vida.
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mIGuelIna

(Deteniéndose.)

¡Qué extraño! Me he visto, de repente como la joven que yo era, bailando bajo la mirada de mi madre. No eras tú, era José (ya le empezaba a crecer el bigote). Era Romero. Era Ignacio… Todos parecían amarme desde lejos, aunque nunca se atrevieron a decirme una sola frase de amor. Nos cogíamos las manos con delicadeza, protegida la mía con un pañuelo de seda y bailábamos, muy lejos uno del otro, como si el menor contacto pudiera mancharme. Teníamos que bailar bajo la mirada de mamá, rígidos y mudos. La mirada de mamá impedía que yo levantara mis ojos hacia ellos.
(Pausa.)

seBasTIán Yo te hubiese obligado a amarme. Te hubiera raptado bajo las miradas mismas de tu madre. mIGuelIna Uno de ellos me estaba destinado y lo perdí… seBasTIán A ese, sea quien fuese, le faltó valor, decisión. La decisión es lo propio del amor.
(La vuelve a ceñir por la cintura y continúa el baile hasta que la música cesa. Luego se detienen, arrobados.)

mIGuelIna Bailar contigo es hacerlo por primera vez. seBasTIán Me complace. Y me complace también que seas la que eres actualmente y no otra. Me gustas tú, con tu dolor y tu desesperación. Tu entrega es distinta. Te prefiero a ti porque es como estar cerca de lo imposible. mIGuelIna No pares de hablar. ¡Adelante! Una mujer no debe morir antes de que le deslicen en el oído palabras como esas. Es el momento… ¡Dilas! seBasTIán
(Enervado.)

Tu pelo es suave. Tu nuca es suave. Tus ojos son suaves y terribles. Tu boca…
(Va acariciándola mientras habla.)

mIGuelIna

(Incitándolo aún más.)

sí, mi boca… mi boca…
(Él la besa con furia. Ella forcejea, de pronto, y se deshace de él.)

no debemos extremar las cosas. no debemos ir demasiado lejos.
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seBasTIán ¿Qué quieres? Acabamos de cerrar un trato, no puedes volverte atrás. mIGuelIna Déjame acostumbrarme. Así, de improviso, no… ¡No está bien! Soy todavía una mujer decente. ¡Compréndelo! seBasTIán Tú me indicaste el camino. No debo dejarte retroceder. Ahora, aunque quisieras arrepentirte, te lo impediría. Estás llena de posibilidades maravillosas. ¡Te deseo! ¡Te amo! mIGuelIna ¡Calla… seBasTIán Te amo y no hay tiempo que perder. Esta noche te has ganado una experiencia incomparable. mIGuelIna No debo ser débil, pero temo… Te deseo y te temo. ¿No comprendes? ¿No ves que tengo que luchar contra esta casa, contra la virtud de estos objetos, de estos muebles, de estas paredes cuajadas de retratos? Una virtud más tiránica que la de los vivos, porque no cambia, no fluye, sino que se mantiene fija, siempre igual, pesando sobre mí con un peso de tumba. Toda una costumbre rodeándome, puesta de pie para reprocharme…
(Alucinada) (Desfalleciendo).

¿No oyes a mi hermano andar en la habitación de al lado…? ¿No oyes a Luisa reír en el comedor?… ¿No escuchas a Inés canturrear en el jardín, plantando sus rosas? seBasTIán Nada oigo, sino tu voz que me dice “ámame”, “ven”, “soy tuya”. mIGuelIna Hablan y me reprochan, mientras las otras me dan ánimo, me incitan a que las libere. seBasTIán Atiéndelas. ¡Sálvalas! mIGuelIna No; mi hermano me mira, y es la mirada de mi madre que me acusa. Atrás, atrás. ¡Márchate! Todo ha sido un juego. No puede ser. ¡No puede ser! No soy una cualquiera. ¡Respétame! Te odio, te odio, te odiaré siempre si lo haces…
(Ella ha retrocedido hasta la puerta de su habitación. Él la toma en sus brazos. Ella, ya sin oponerse, desfallece sobre su hombro. Ambos desaparecen. (Pausa. Un silencio lleno de sonoridades vagas. Oscuridad súbita. La música asciende a un primer plano, brillante y levemente sarcástica. La transición de una escena a otra será discreta, tanto en su duración como en 662

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su intensidad, evitándose cualquier caída hacia lo innecesariamente morboso. Poco a poco la escena se ilumina de nuevo y la música es relegada a su rol de mera ambientadora. Luisa y Enrique entran por la derecha).

luIsa Dios quiera que tía Miguelina se sienta mejor. He estado inquieta por ella. enrIQue Sólo era un simple dolor de cabeza; se le habrá pasado. Por lo demás, tu tía Miguelina lucía como siempre. Nunca ha sido muy jovial, que digamos. luIsa De pronto, mientras bailábamos, tuve el presentimiento de que algo le sucedía. No me quedó más remedio que pedirte que vinieras conmigo. enrIQue
(Desde la altura de su hombría.)

Las mujeres sufren más por esos pequeños detalles que por las grandes cosas. No hay quien las entienda. luIsa
(Resentida, aunque no tanto que ello le impida usar un tono de coquetería.)

¿Te es difícil entenderme, Enrique? enrIQue
(Tomándola por la cintura.)

¡Tonta! Tú eres distinta.
(La besa con naturalidad, casi sin pasión.)

luIsa

(Mirando hacia la habitación de Miguelina.)

¿Se habrá dormido? Debemos volver al baile de una vez. Como nos escapamos sin decirlo, no está bien que nos demoremos. Papá y mamá podrían inquietarse. enrIQue Están demasiado entretenidos. Le sustrajiste la llave a tu madre del bolso y ni siquiera se ha dado cuenta. luIsa ¿Entretenidos? Nunca me olvidaré de la cara que puso papá cuando descubrió que era el único vestido de smoking. Mamá no se le ha acercado en toda la noche: le teme. enrIQue Y con razón; le noté a tu padre una mirada asesina. luIsa aguarda.
(Se acerca a la puerta de la habitación y escucha.) 663

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enrIQue Déjala. No debemos molestarla. luIsa
(Empecinada, llamando.)

Tía miguelina. Tía miguelina.
(Silencio. Luego, más fuerte.)

¡Tía Miguelina! mIGuelIna
(Desde adentro.)

¿Eres tú, Luisa? luIsa Sí, soy yo. He venido a saber cómo estabas. mIGuelIna
(Siempre desde adentro.)

Para eso no había que venir. ¡Márchate! ¡Vuélvete de una vez! luIsa Así lo haré, tía.
(Preocupada avanza hacia el diván. Ve las dos copas que permanecen en la mesita. Las toma en sus manos y parece considerar la situación.)

enrIQue

(Que se ha mantenido a un lado de la escena.)

¿Ves? No era nada. La has despertado sin necesidad. luIsa
(Deja las copas en su sitio. Con rapidez, tomándolo del brazo.)

Tienes razón; no era nada. Volvamos, ¡volvamos pronto!
(Salen.)

mIGuelIna

(Apareciendo, después de un rato.)

Se han ido.
(Sebastián asoma, desperezándose.)

Luisa se ha preocupado por mí; es una muchacha seria. Piensa que me pasa algo, algo más grave que un simple dolor de cabeza. Oh, Dios mío. No debí consentir. Lo que acabo de hacer es horrible. ¡Horrible!… seBasTIán No me parece decoroso un arrepentimiento tan prematuro: no es convincente.
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mIGuelIna Acabo de deshonrar esta casa y ni siquiera tengo la excusa de la juventud. seBasTIán ¡Miguelina…! mIGuelIna Ahora tú no entenderías. Has llegado y has acariciado a una desconocida entre tus brazos groseros. ¿Qué sabes tú de mí, tú, que me has reducido a lo más bajo de la existencia: al asco? seBasTIán Tal vez te has entregado demasiado a la insatisfacción. Estás tan fusionada a tu propia culpa que no ves en mí más que otro síntoma de tu imposibilidad. Soy algo tuyo desde hace tiempo. Te pertenezco como te pertenece cada uno de tus deseos. No había más remedio: he tenido que aparecer y no pareces comprenderlo. Soy el único que ha sabido vencerte. mIGuelIna Nada has vencido. Tú sólo acabas de servir mis propósitos. seBasTIán ¿Crees en verdad, que me has comprado? mIGuelIna
(Sacando algo del bolsillo de la bata.)

Por un medallón de brillantes. aquí lo tienes. seBasTIán Pude haberlo obtenido a la fuerza. mIGuelIna Lo has considerado tarde. Cumpliste tu parte; ahora cumpliré yo la mía. ¡Tómalo!
(Le alarga el medallón.)

seBasTIán No como un pago. Te amo, Miguelina. Volveré, y tú me estarás esperando. mIGuelIna No osarás poner de nuevo los pies en esta casa. ¡Te lo prohíbo! No me he entregado a ti por amor. Mi odio te ha escogido, no yo. seBasTIán Ahora soy yo quien te escoge. Te amo; ya tienes un secreto de que estar orgullosa. mIGuelIna Un secreto que deberé gritar a todos los vientos. Una noticia que atravesará el pueblo como un rayo. “La señorita Miguelina ha sido poseída por un vagabundo”. Mi nombre será una vergüenza… y yo sonreiré satisfecha.
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seBasTIán Pareces resucitar para la venganza. mIGuelIna Es preciso que todos sufran; que los que me han compadecido, sufran. ¡No más tesoros que guardar! Abajo las virginidades que hacen de nosotras, pobres mujeres viejas, unos monstruos de virtud. Ya me encuentro debidamente ultrajada. Tu trabajo ha terminado; nada tienes que hacer aquí. ¡Adiós! seBasTIán Seré puntual. ¡Esperarás por mí! mIGuelIna Eres cobarde y te odio. ¡Te odio!
(Le va a pegar en la cara, pero Sebastián le aferra los brazos y la besa. Ella se desase y se limpia la boca con el puño, iracunda, mientras él sonríe, sintiéndose dueño de la situación.)

Ten piedad de tu sierva, Dios mío y Señor mío.
(Está de rodillas, con la cabeza baja y los brazos cruzados sobre el pecho.)

seBasTIán Hasta pronto. Acuérdate de mí. Ya nunca más estarás sola. Te lo prometo.
(Miguelina parece rezar con los ojos cerrados. El rumor de una oración se escapa de sus labios, mezclado a sollozos intermitentes. Sebastián se detiene antes de salir.)

Ah, me olvidaba: mi nombre es Sebastián.
(Sale por el fondo.)

mIGuelIna

(Levantando la voz.)

He pecado y tu misericordia deberá ser mayor que mi miseria.
(Deja de sollozar. Se incorpora lentamente, aún con los ojos cerrados. Parece escuchar los últimos pasos de Sebastián. Sonríe, la expresión de religiosidad se convierte en otra sensual y triunfante.)

Sí, te espero. Hasta pronto… ¡Sebastián! TelÓn

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Acto segundo
(Dos días después. La tarde está en su plenitud, aunque la luz ya empieza a ceder suavemente. Don Antonio se pasea nervioso. Viste pantalón color kaki y sobre la camisa, chaleco marrón sin abotonar, atravesado por una pesada leontina de oro. Fiel a sus principios, no lleva corbata. Vestido así se siente cómodo y respetable. Luisa, desde el sitio en que permanece sentada, observa sus idas y venidas. No es la muchacha alegre del primer acto. Ahora descubrimos en ella a la persona consciente y juiciosa: analítica.) don anTonIo Nuestra casa está construida sobre virtudes demasiado sólidas para que una historia tan extraña nos convierta en la comidilla de los demás. luIsa ¿Podemos decir de nuestras virtudes que son demasiado sólidas?… don anTonIo Todo hubiera sido más decoroso de estar envuelto en una adecuada desesperación. Las lágrimas son las atenuadoras de la culpa. Miguelina, sin embargo, parece haber quedado poseída por un espíritu maligno. Casi está envanecida de su deshonra. Me lo ha contado sin que siquiera le temblara la voz. “No soy más tu hermana”, me ha dicho. “He deshonrado tu casa; puedes hacer lo que quieras”. Dios me perdone, pero por su boca me hablaba una de esas mujerzuelas… luIsa ¡Cálmate, papá! don anTonIo Un hombre ha entrado en mi casa. Debo remover el pueblo piedra a piedra hasta dar con él. luIsa ¿Evitarías de ese modo el escándalo?
(Pausa.)

Creo, querido papá, que tratas de vengarte de un fantasma. don anTonIo no entiendo lo que quieres decir. luIsa He pensado el asunto con calma y llegado a conclusiones asombrosas. don anTonIo Siempre fuiste una muchacha inteligente. Podemos hablar con toda claridad y discreción, sobre todo cuando tu propio nombre está en juego, aunque indirectamente. luIsa Te lo diré sin preámbulos. Tengo el presentimiento de que ese joven violador de solteronas no existe, de que lo ha inventado ella, casi sin quererlo, sin darse cuenta de lo que hacía.
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don anTonIo Entonces, ¿con cuál propósito nos engaña? luIsa Mejor sería preguntarnos con cuál propósito se engaña ella a sí misma. don anTonIo ¿Quieres decir que es víctima de una alucinación? luIsa Más bien creo que tía Miguelina actúa guiada por su imaginación. Su imaginación es un arma que esgrime contra ti, especialmente contra ti, que eres el guardián del buen nombre de esta casa. don anTonIo ¿Pero por qué tanto odio? luIsa Una cosa es evidente: ella se ha inventado una historia absurda, demasiado teatral para ser verdadera. Después de tantos años de estar relegada a su opacidad de mujer sin historia, trata de convertirse, de repente, en un ser importante; trata de ser la heroína de un drama asombroso, tan asombroso que nadie sea capaz de olvidarlo. Entonces comienza la farsa; el hombre que salta la tapia del jardín y la lucha que termina en una lírica posesión arrullada por la música. La noche del baile, debo decírtelo, vine sola hasta aquí con Enrique. Tal vez hice mal, pero la salud de tía Miguelina me tenía preocupada. Ella estaba en su habitación y no me abrió, aunque me di cuenta, de inmediato, de que seguía levantada. Su voz sonaba brusca y perturbada. Me pidió que me marchara. Había una ola de perfume flotando en el ambiente y lo que es más significativo aun, sobre la mesa permanecían dos copas de coñac a medio consumir. don anTonIo Pero Miguelina no usa perfumes, ni toma bebidas alcohólicas. Además esa noche decía tener un horrible dolor de cabeza. luIsa Exactamente. Fue un momento extraño para mí. Enrique no pareció darse cuenta; por otra parte, nada que no sea yo misma le interesa. don anTonIo ¿No vendría a ser esto una prueba de que, en realidad, algo ha sucedido…? luIsa ¿No sería, mejor, parte del rompecabezas que ella ha querido armar ante nuestros ojos? Fue una escena preparada para que alguien la viese. don anTonIo ¿Y si estás equivocada, si ella ha sido incapaz de preparar un engaño semejante?
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luIsa Habrá que inclinarse a lo más prudente. ¿No te das cuenta de lo peligroso que sería para ella y para nosotros, el dar crédito a su fantasía? Tía Miguelina está obsesionada, no nos perdona nuestra felicidad, mientras que ella es sólo una sombra que ha permanecido recostada durante años contra las paredes, tal vez demasiado honorables, de esta casa. don anTonIo ¿Qué hacer? Debe existir una causa, un hecho que al ser eliminado le devuelva el equilibrio. luIsa ¡Quién sabe! Puede extirparse un tumor, eliminarse una fiebre, pero ¿quién puede luchar contra un sueño, contra el fantasma de una noche? Este suceso me hace temblar mucho más que si tuviéramos que enfrentarnos a hechos conocidos. don anTonIo ¿Está Inés enterada? luIsa No lo sé. Nunca podremos darnos cuenta de lo que sabe o ignora mamá. don anTonIo Sí, su jardín es lo único que parece preocuparla. Lo cuida como si fuera un paraíso en el cual pudiera vivir eternamente dichosa. El dolor es un lenguaje que ella trata de no entender. ¡Pobre Inés! No quisiera que estos problemas la afectaran. luIsa ¿Dónde está ahora tía Miguelina? don anTonIo Ha permanecido toda la tarde en la galería, mirando la calle de un lado a otro, como si esperase a alguien.
(Se acerca a la primera puerta de la derecha y la abre cuidadosamente.)

luIsa ¿La ves desde ahí? don anTonIo Sí, la veo pasar a través de la vidriera del pasillo. Arriba y abajo, con una pasión extraña en el rostro. Me parece una desconocida, y sin embargo es mi hermana.
(Apartándose de la puerta que permanece abierta.)

Sólo cuando murió nuestra madre tuvo una reacción parecida. No lloró. Estuvo mirándola muy fijamente, con un brillo de victoria en la mirada. Nunca me olvidaré de esa mirada. me miró de la misma manera cuando me dijo que ese desconocido… Pero allí, delante del cadáver de nuestra madre, esa mirada tenía algo de especialmente monstruoso. Era como decirle: “Al fin estás muerta y yo te sobrevivo, quedo libre de ti”. Fue una mirada que rezumaba odio y sin embargo, ¡cuánto parecía quererla! Durante una
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semana no me dirigió la palabra. Yo estaba deshecho; ella, en cambio, permanecía erguida, orgullosa, como complacida en medio de la tragedia. Una noche –estábamos en la finca– montó a caballo y galopó durante horas. Oímos el galope toda la noche, cercano a la casa, un redoble solitario y fúnebre repercutiendo en medio de la soledad. Fue su manera de llorar, de descargarse de su dolor; una forma demasiado brutal y salvaje, pero que a fin de cuentas la trajo a la normalidad, A la mañana siguiente ya era otra vez la hermana dócil. Tenía los ojos inflamados y parecía abrumada dentro de sus ropas de luto. luIsa Pensar que no la conozco y he vivido toda una vida a su lado. don anTonIo ¿La conozco yo mejor, acaso? luIsa Estamos, tal vez, asistiendo a la repetición de un mismo hecho. don anTonIo esa mirada, esa actitud de triunfo… luIsa
(Quien se ha acercado a la puerta y mira hacia el pasillo.)

Parece que termina su vigilancia. Siéntate. No debes dejar traslucir tu preocupación. Trata de sonreír.
(Don Antonio toma asiento. Luisa abre el costurero y se pone a repasar, maquinalmente, algunas madejas de hilo, o alguna tela bordada. Miguelina aparece por la derecha. Un momento de silencio, lleno de expectación. Luisa es la primera en hablar.)

Papá me decía que deberíamos ir a la finca a pasar una temporada. Está esplendorosa y disfrutaríamos de la época de los baños. mIGuelIna Comprendo que tu padre quiera alejarme de esta casa. Constituyo algo peligroso para su reputación. luIsa
(Como quien no ha escuchado.)

Desea que invitemos a unas cuantas amigas. Enrique se va y estaré demasiado sola. don anTonIo
(Con forzada jovialidad.)

Eso es. En el campo los días suelen ser más entretenidos que en el pueblo. mIGuelIna
(En actitud grave, dirigiéndose a Luisa.)

Tu padre sabe que ya no soy la misma. No debe contar conmigo como si nada hubiese pasado.
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don anTonIo

(Enfrentándose, al fin, a la situación.)

Miguelina, quiero que sepas una cosa: ¡nada, en realidad, ha pasado! Quiero que recuerdes esto con toda claridad. mIGuelIna
(Provocativa y como si la hirieran en lo más profundo.)

¿He oído mal o es que no me hice entender lo suficiente? ¿Así guardas la “dignidad” de tu hogar,
(La palabra “dignidad” ha sido dicha enfáticamente.)

complaciéndote en la humillación, poniendo oídos sordos a un incidente escandaloso? En vez de golpearme, de insultarme, de llorar de vergüenza, me hablas con la sonrisa en los labios; en vez de avisar a la policía te quedas aquí, en el mismo lugar donde tu hermana ha sido ultrajada. don anTonIo
(Tratando de suavizar, con el tono de la voz, el significado de sus palabras.)

¿Te has encerrado tú, has llorado, has tenido siquiera un momento de desesperación? ¿Cómo creerte, entonces?… ¡Avisar a la policía! ¿Es eso lo que hubieras preferido…? mIGuelIna
(Inconmovible.)

Era tu deber; aunque él no es de los que se dejan atrapar con facilidad. Ha venido y volverá. Esta historia sólo acaba de comenzar. Pero, no; prosigue en la preparación de tus paseos campestres, da la espalda a tu propia vergüenza… don anTonIo ¿Es que no temes tus palabras? mIGuelIna
(Se nota que su propósito no es solamente el de contestar, sino el de descargarse de algo que hace tiempo la ahogaba.)

¡El miedo!… El miedo no es más que esa cadena que nos impide vivir; la virtud de esa casta de mujeres temblorosas que envejecen con las dos manos sobre los ojos, como si el mundo fuera una estampa obscena cuya contemplación bastara a sumirlas en los infiernos. luIsa
(Quien ha observado la palidez creciente que se apodera de su padre.)

¡Basta! don anTonIo
(Trémulo y a punto de estallar.)

¿Cómo te atreves a hablar en esa forma delante de mí?
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luIsa Papá, acuérdate,
(Pone intención en la frase.)

tía Miguelina no se encuentra bien desde hace unos días. don anTonIo
(Frenando sus impulsos.)

Lo sé, hija. Miguelina sabrá perdonarme si estuve a punto de perder la compostura. mIGuelIna
(Con altivez.)

Estoy perfectamente bien. Nunca me he sentido mejor en la vida. don anTonIo Concluiremos más tarde esta conversación. Voy a ponerme un saco para la cena.
(Sale.)

luIsa

(Después de una pausa, en la que ha parecido fluctuar entre la impaciencia y una forzosa pasividad.)

¡Tú en los brazos de un hombre…! Nada más inconcebible ni grotesco. Sí, estás enferma; eso lo explica todo. mIGuelIna Tú dudarías del sol si no pudieras verlo. ¡Pobre Luisa! No puedes tú tampoco comprenderme.
(Retadora.)

Sé más que tú, ahora. Mientras tú bailabas ahí al lado, la tía Miguelina era apretada entre unos brazos rudos; la tía Miguelina bebía coñac con un hombre; la pobre solterona era conducida a su lecho nupcial. luIsa Te lo repito: no podrás hacerte creer. Lo que dices es falso y hasta monstruoso. Has empezado a odiarnos sin que nos diéramos cuenta. Arrepiéntete de esas locas palabras, arrodíllate en tu habitación y reza, como siempre lo has hecho, para que Dios te perdone esos pensamientos desdichados. mIGuelIna
(Ansiosa.)

¡Es preciso que me creas! luIsa No puedes probar nada de lo que dices. mIGuelIna ¿Qué debo probarte?
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luIsa Que ese hombre existe. mIGuelIna Me ha poseído. Ha estado aquí. Se llama Sebastián. luIsa ¿Son esas tus pruebas?… Ya ves, es inútil que te empeñes… mIGuelIna Le pediré que venga, que se presente aquí en pleno día. luIsa Sabes que ello es imposible. mIGuelIna Dile a tu padre que lo busque, que trate de encontrarlo. luIsa ¿Cómo daría con él? ¿Cómo lo reconocería? mIGuelIna Le encontrarán en el pecho un medallón de brillantes con un mechón de pelo dentro. luIsa ¿Un medallón…? mIGuelIna Sí, el medallón de mi madre. Se lo he regalado. luIsa Di la verdad, ¿qué has hecho con él? ¿No te habrás atrevido a… mIGuelIna ¿Empiezas a creerme, Luisa? luIsa …a destruirlo, no querrás decir que lo has perdido? mIGuelIna Siento que ya no pueda ser tuyo como querías que fuese. luIsa No quiero oírte más. Me fatigas. El medallón aparecerá oportunamente. Es un ardid como todo lo demás.
(Trata de irse.)

mIGuelIna Tal vez quieras otra prueba. Una prueba que nadie podrá dejar de ver, una prueba que proclamará a los cuatro vientos que Sebastián existe…
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luIsa

(Con un viso de ironía.)

¿Me llamarás cuando él llegue, después de haberse descolgado por la trinitaria? mIGuelIna Un hijo es la prueba que necesito. Sí, Sebastián, tú me darás ese hijo y entonces ya nadie se atreverá a dudar. luIsa
(Acercándosele, súbitamente enternecida.)

En cierto modo tú eres también madre. Me has criado, has estado a mi lado desde que nací… mIGuelIna No quiero ser madre de niñas, sino de varones. Quiero hombres a los que no pueda aprisionar demasiado, ni hacer desgraciados a costa de mi avidez. luIsa
(Persuasiva.)

Compréndelo, tía Miguelina, te queremos y no puedes abjurar de tu virtud, renunciar al sitio que te corresponde entre nosotros. Tú eres parte del decoro de nuestra casa. mIGuelIna Debes creer en mí, en Sebastián, en mi verdad que para mí significa más que la vida. luIsa
¡Cuánto sufres! Si yo pudiera decirte: “Sí, creo”… Y tal vez debería decírtelo.

mIGuelIna

(Con ansiedad.)

¡Dímelo! ¡Que yo lo lea en tus ojos! ¡Que yo sienta en esa afirmación tuya la certeza de mi liberación! luIsa ¿Te aliviaría ello? Los amantes se pierden con mayor facilidad que como se ganan. Sobre todo a tu edad y si él es un hombre joven… Lo tienes un día y te abandona para toda la vida. mIGuelIna
(Casi en un grito de angustia.)

¡No! Lo tendré siempre. Volverá, me lo ha prometido. luIsa
(Consoladora.)

Nunca podrás tener un amante, tía Miguelina. Quisiera comprenderte, darte el calor que pareces necesitar, de pronto. Mírame, soy tu hija; estás entre nosotros que no te abandonaremos nunca.
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mIGuelIna

(Tratando de no oír.)

Vendrá aunque no creas en él. Saltará sobre la trinitaria con sus músculos tensos y me estrechará entre sus brazos. luIsa ¡Que Dios se apiade de tu alma! mIGuelIna Hasta Dios ha dejado de asustarme. Y es que me siento fuerte, demasiado llena de confianza para temer o arrepentirme. doÑa InÉs
(Entrando desde el jardín con algunas rosas en las manos.)

Nadie tiene rosas como las mías en el pueblo; tal vez porque nadie ama las flores como yo.
(Las huele, aspirando profundamente.)

luIsa A veces pienso que amas tus rosas más que a las personas. doÑa InÉs Son más mías. Las personas crecen y se nos van, se hacen distintas a nosotros. luIsa Eres demasiado sentimental. Las rosas son un adorno, no una preocupación. doÑa InÉs La juventud no comprende estas cosas. Está demasiado llena de sí misma. Miguelina y yo sí podemos, en cambio, comprenderlas; ya no esperamos nada de la vida. Es el consuelo de las que, como nosotras, van para viejas. luIsa Cuando aún se es joven, el llamarse viejo es una coquetería, mamá. doÑa InÉs Tal vez lo que estamos esperando, para sentirnos definitivamente viejas, es que te cases y seas feliz. Claro que a Enrique le falta todavía una carrera… ¿Quieres poner un poco de agua a estas rosas?
(Las ha colocado en un jarrón que le entrega a Luisa.)

luIsa sí, mamá.
(Sale.)

mIGuelIna Somos casi de la misma edad y sin embargo cuán distintamente envejecemos. Tú esperas la vejez como un alivio, yo como una frustración. La vejez es como un estado
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de alma: se gana viviendo. No he sido joven nunca y nunca podré ser vieja como lo serás tú. doÑa InÉs Entre tú y yo no hay más diferencia que un marido y una hija. mIGuelIna ¿Es esa una pequeña diferencia? doÑa InÉs …Un marido y una hija que hemos compartido, aunque ese marido sea tu hermano. mIGuelIna El paraíso que me pintas tiene algo de abominable. doÑa InÉs ¿Te acuerdas de la trinitaria?
(Mirando hacia un punto lejano del jardín.)

La plantamos antes de que Luisa naciera. mIGuelIna Sí, la trinitaria… He vivido años con los ojos clavados en ella, esperando. doÑa InÉs Cubría todo el muro cuando nació.
(Luisa entra con el jarrón de las flores.)

mIGuelIna Pero yo seguí esperando… Me acostumbré a mirarla y a esperar…
(Exaltada.)

Ahora la han desgarrado, han maltratado su blancura. La han violado, Inés. La pureza de esos días está lejana. doÑa InÉs Debo confesar que no me he dado cuenta de ello. luIsa
(Interviniendo con rapidez.)

Tía Miguelina se refiere a los niños del vecindario, que algunas veces se encaraman al muro. doÑa InÉs Pues debemos quejarnos a sus padres. Nadie se ha atrevido jamás a escalar esa pared y mucho menos a maltratar mis flores. mIGuelIna
(Con intención.)

Alguien más ha escalado ese muro, Luisa… ¡Lo sabes bien!
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luIsa Habrá tiempo para que le cuentes a mamá lo sucedido. Mientras tanto, papá nos espera para cenar. Está impaciente, dando paseos alrededor de la mesa. doÑa InÉs Ciertamente, se ha hecho tarde. ¿Vamos, Miguelina? mIGuelIna Cenen sin mí; no tengo apetito. doÑa InÉs Después terminarás con lo de la pureza de la trinitaria. Puede ser una historia interesante.
(Luisa se la lleva.) (Miguelina queda en pie, como sumida en graves recuerdos. Camina por la habitación retorciéndose las manos. De pronto ve su imagen en el espejo. Se acerca, mirándose, como extrañada de sí misma. Se acaricia el pelo suelto, vuelve a recogérselo en el antiguo moño y lo deja caer de nuevo sobre sus hombros. Se lleva las manos a la cara y cierra los ojos fuertemente, con furia o desesperación. La tarde ha ido cayendo y la habitación está en penumbra.)

enrIQue

(Entrando por la derecha.)

La puerta estaba abierta y no he tenido más remedio que pasar. Supuse que todavía estaban cenando. mIGuelIna Encenderé las luces.
(Enciende la luz del techo.)

Siéntese. Es usted un enamorado puntual. enrIQue
(Tomando asiento.)

No quiero que Luisa se inquiete por mí. Son mis últimos días en el pueblo. Los amigos quieren despedirme todos a la vez. Ya sabe usted, tragos, música, paseos a la playa. mIGuelIna Un buen programa de despedida. enrIQue No soy más que el pretexto. Ellos hacen sus fiestas de todos modos. Yo, en cambio, prefiero pasar aquí, con Luisa… mIGuelIna
(Encarándolo.)

¡Usted no quiere de verdad a Luisa! enrIQue ¿Qué dice?
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mIGuelIna Que debe demostrarle que la quiere. enrIQue Eso trato de hacer. mIGuelIna Sí; llegando antes de la hora, cogiéndole las manos y asediándola hasta que consigue besarla… enrIQue
(Enrojeciendo.)

La amo y la respeto. mIGuelIna ¡Bravo! Ser respetada hasta ese extremo es casi lo mismo que ser temida. De ello puede resultar que Luisa no se case con usted… ni con nadie. Usted terminará por aburrirse a su lado y al fin la abandonará. enrIQue antes me abandona ella a mí. mIGuelIna las mujeres como nosotras no abandonamos nunca lo que amamos. usted, en cambio, se marcha… Escribirá todos los días hasta el momento en que empiece a decirse: “Hoy no tengo nada que contarle, lo dejaré para mañana”. Y es que ya habrá comenzado a traicionar su recuerdo. enrIQue
(Dolido.)

¡No sucederá como dice! Usted nunca había hablado conmigo más de dos o tres palabras. Me miraba con recelo. ¿Ha roto su silencio sólo para descorazonarme? mIGuelIna ¡Quiero salvarlos! No vaya usted a la capital. No abandone a Luisa ni siquiera por unos días. Ese tiempo puede ser fatal. Míreme a mí: soy como una culpa en medio de esta casa. No permita que Luisa corra mi suerte. Abandone sus estudios. ¡Cásese!… enrIQue Pero yo… ella… Sus padres no consentirían. mIGuelIna Haga entonces algo arriesgado. Pero no la deje entregada a tantos peligros. ¿No comprende usted que para una mujer sola la noche es un tiempo demasiado largo? Óigalo bien: tengo miedo por ella. ¡Sálvela! enrIQue
(Lleno de zozobras.)

¿Es que algún peligro la amenaza? ¡Contésteme!
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mIGuelIna Sería inútil Únicamente me está permitido ponerlo sobre aviso y mostrarle el camino… la solución. enrIQue ¿Cree, entonces que debo renunciar a mi carrera si quiero conservar a Luisa? mIGuelIna Es lo que estoy tratando de decirle. enrIQue Hace un momento estaba feliz y lleno de proyectos para el futuro. De pronto, todo se ha oscurecido a mi alrededor. mIGuelIna ¡Súfralo! Es el precio que estamos condenados a pagar. Es cuanto tenía que decirle. Buenas noches.
(Sale por la puerta que da a su habitación. Enrique, después de haberse levantado, se desploma de nuevo sobre el asiento. Luisa entra por la izquierda. Él no la siente venir. Ella le desliza un brazo por la espalda.)

luIsa ¿Qué pides por esos pensamientos? enrIQue
(Sobresaltándose. Luego, tratando de sonreír.)

Oh, Luisa, ¿eres tú?
(Le toma las manos.)

Te los ofrezco gratuitamente: pensaba en ti. luIsa
(Satisfecha.)

Me alegro de que hayas venido temprano esta noche. enrIQue
(Levantándose.)

Evito interrumpirles la cena. luIsa Sólo tomé un vaso de leche; no tenía apetito. Papá y mamá me regañaron por ello. Me levanté en seguida de la mesa… ¿Pero, qué tienes? Pareces preocupado. enrIQue
(Después de una lucha interior, resolviéndose.)

Dime, Luisa, ¿no me encuentras un poco soso la mayoría de las veces? No soy el tipo de galán que parece atraer a las muchachas. luIsa ¿Y se puede saber cuál es el tipo de galán que atrae a las muchachas?
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enrIQue

(Tomándola en sus brazos.)

Podría ser más apasionado, si me lo propusiera, más romántico… Oh, Luisa, te amo tanto que podría ser lo que tú quisieras. luIsa Que seas un poco más tú mismo es cuanto deseo. Y no me abraces así, tan efusiva y teatralmente. Papá y mamá saldrán de un momento a otro del comedor; te tienen por un muchacho serio y esa opinión no hay que echarla a perder. enrIQue
(Desilusionado, soltándola de su abrazo.)

¿Quieres, en realidad, que sea un muchacho serio? luIsa no deseo que cambies. enrIQue
(Después de una pausa.)

Pudiera ser que yo me enamorara de otra por allá. luIsa
(Con naturalidad.)

Entonces no habría remedio. enrIQue Eso es lo malo, ¿no te das cuenta? luIsa Si te enamoraras de otra, ya no te importaría perderme. ¡Es una tontería! enrIQue Trato de darte celos y sólo consigo angustiarme más. Tu tía Miguelina… luIsa ¡Oh! Debí suponérmelo: ¡tía Miguelina! enrIQue no llegó a decirme más que frases vagas, que sí inquietantes. luIsa
(Eludiendo su mirada.)

Tía Miguelina no sabe lo que dice: está enferma. Se imagina cosas… enrIQue algo tratas de ocultarme. luIsa …no nos concierne a ninguno de los dos.
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enrIQue entonces, era cierto… luIsa ¡Compréndeme! enrIQue Tienes el deber de confiar en mí… ¡Te lo suplico! ¡Te lo exijo!
(Silencio obstinado de Luisa. Con desesperación.)

Oh, Luisa, ya no eres la misma; ¡me has traicionado! luIsa ¡Estás imposible! ¡Te detesto! enrIQue ¿Lo ves? Al fin confiesas. luIsa
(Tratando de contenerse.)

No he confesado nada. enrIQue acabas de decirlo claramente.
(Don Antonio y Doña Inés vienen desde el comedor, a tiempo de oír las últimas palabras de Enrique.)

doÑa InÉs ¿Qué es lo que Luisa acaba de decirle, Enrique? enrIQue Este… yo… le decía a Luisa… ella… don anTonIo
(Acudiendo en su ayuda.)

Inés, los muchachos están peleándose como es natural entre novios. Eso es todo. doÑa InÉs Progresas, querido antonio. Posees una tolerancia demasiado juvenil, que no va de acuerdo con tu edad. don anTonIo ¿Va el smoking de acuerdo con mi edad?
(Doña Inés toma asiento en el diván sin atreverse a replicar. Don Antonio la mira y sonríe para sí.)

Luisa, sírvele a Enrique una copita de anís. Le hará de reactivo. Puedes traerme una, también. luIsa ¿Y tú, mamá, no deseas?
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doÑa InÉs No, hija, el licor me da sueño y creo que de eso ya no puedo tener más. Un vistazo a esta revista de floricultura y a la cama. Mañana debo madrugar si quiero planear la nueva forma del jardín. Antonio, quiero decirte que desde mañana tendremos jardinero. Es nuevo en el pueblo y necesita trabajo. Como María va a estar unos días más en el campo, me es imprescindible. don anTonIo Te mantienes fiel a tu costumbre; me lo comunicas cuando ya no hay más remedio que aceptar. ¿Qué sería de ti si no inventaras algo nuevo constantemente? doÑa InÉs ¿Y qué sería de ti, querido, si yo no tratara de embellecerte la vida? don anTonIo Ya me la has embellecido lo suficiente. ¡Me siento colmado! doÑa InÉs No sé si hablas en serio o irónicamente. De todos modos, ¡gracias!
(Mientras tanto Luisa ha extendido una copa a Enrique, quien la toma después de carraspear nerviosamente. Luisa mira hacia otro lado. Luego da la otra copa a su padre y queda en pie, lejos del sitio que ocupa Enrique.)

don anTonIo
(A Enrique.)

Por tu próxima partida. Te deseo éxito y rápidos progresos. enrIQue
(Temeroso de lo que va a decir.)

Creo, don Antonio, que no me iré todo lo pronto que yo esperaba. don anTonIo ¿Cuándo tomaste semejante resolución? enrIQue En realidad hace poco… sólo unos momentos…
(Atreviéndose.)

Tal vez si Luisa y yo nos casásemos ahora. doÑa InÉs
(Levantando los ojos de la revista y como si hubiera oído el anuncio del fin del mundo.)

¿Qué ha dicho? enrIQue Que tal vez si Luisa y yo… doÑa InÉs Luisa, ¿formas tú parte de este complot?
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luIsa

(Con ira.)

Ni estoy metida en eso, ni quiero casarme con nadie. doÑa InÉs Menos mal que tú no apruebas una idea tan descabellada.
(A Enrique.)

Luisa no aceptaría a un muchacho sin porvenir… enrIQue ¿Es que no se toman en cuenta para nada mis sentimientos? don anTonIo ustedes los jóvenes, suelen equivocarse casi con tanta frecuencia como nosotros los viejos. ¡Comprendemos! Quieres a Luisa y te aceptamos. enrIQue
(Con un destello de esperanza en los ojos.)

¿Entonces?… don anTonIo …siempre que las cosas sigan su curso normal. enrIQue
(Desarmado.)

He fracasado. Les ruego que me perdonen.
(Después de un momento.)

Pido permiso para retirarme. doÑa InÉs Sin duda; puede hacerlo. enrIQue
(Sin atreverse a mirar a nadie, levantándose.)

Buenas noches. don anTonIo Ve con Dios y descansa, hijo. Mañana lo verás todo mucho más claro.
(Enrique sale. Luisa tiene el rostro entre las manos. Una pausa.)

doÑa InÉs En nuestra juventud no nos sucedían cosas como éstas. don anTonIo Es que nunca tuve la suficiente inspiración como para proporcionártelas.
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(Mirando a Luisa.)

Buen muchacho, Enrique. Un tanto apasionado, pero será un yerno maravilloso. doÑa InÉs Bueno, si sigo levantada un rato más, las emociones terminarán por quitarme el sueño. Buenas noches, hija. Todo se arreglará. La felicidad necesita de unas cuantas lágrimas. luIsa
(Más calmada.)

Buenas noches, mamá.
(La besa.)

doÑa InÉs ¿Vienes, Antonio? don anTonIo Terminaré esta copa.
(Doña Inés sale.)

luIsa

(Sintiendo que ya puede hablar sin peligro.)

Tía Miguelina tiene la culpa. Estuvo hablándole, aunque según parece no le relató su historia. Ahora se interesa por mi felicidad. Pasamos de un absurdo a otro mayor. don anTonIo Tu tía Miguelina se nos ha convertido en un problema. luIsa Tenemos que hacer algo… ¡Pronto! don anTonIo Esperaremos a mañana. Hablaré con ella y veremos lo que conviene hacer. luIsa La someterás a una estricta vigilancia médica o te la llevarás a la Capital. Un cambio tal vez la favorezca. don anTonIo No sé aún lo que mejor le convendría. luIsa Últimamente nada parece salirnos bien. También está lo del medallón. Dice que se lo ha regalado a ese enigmático sebastián. don anTonIo ¿El medallón de nuestra madre? luIsa Sí. Forma parte de su comedia. No temas, aparecerá.
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don anTonIo De pronto me siento fatigado, temeroso… luIsa No luches, no te tortures. Vete y descansa. don anTonIo Para mí sólo existe esta casa y esta familia. ¿No seré ya impotente para defenderlas? Desearía darte fuerzas y lo único que consigo es comunicarte mi temor. luIsa Tu compañía es mi mayor consuelo. don anTonIo Gracias, hija. Enrique y tú deben ser felices. Perdónalo. No sabía lo que decía. luIsa Me sería imposible no perdonarlo. don anTonIo Esperaremos con impaciencia el día de mañana. luIsa Vete, que yo apagaré las luces. Sólo me quedaré el tiempo de buscar alguna revista.
(Le da un beso en la mejilla.)

don anTonIo

(Desde la puerta.)

Trata de dormirte de una vez. es lo mejor.
(Luisa acaba de apagar la lámpara del techo, quedando la habitación iluminada por la lámpara de pie. Miguelina aparece en el umbral de su habitación ataviada con la suntuosa bata blanca del primer acto. Toda ella está mejor acicalada y acusa arrogancia y determinación. Don Antonio y Luisa la contemplan anonadados. Don Antonio pretende hablar y no le salen las palabras.)

luIsa

(Reaccionando rápidamente.)

Hasta mañana, papá.
(Los dos se miran un momento. La mirada de Luisa es una súplica para que él se marche. Don Antonio ha comprendido y sale.)

mIGuelIna ¿Por qué tanta extrañeza? Tengo una cita esta noche. Nada más claro. luIsa Una cita con un fantasma. ¡Has llevado las cosas demasiado lejos! mIGuelIna Una cita con un hombre joven que se llama Sebastián.
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luIsa sebastián no existe. mIGuelIna Quien ha estado una hora entre sus brazos no puede dudar. luIsa Estás jugando con fuego. Tú sabes que esta es una farsa indigna de crédito. Lo has inventado todo para rebajarte y rebajarnos. Pero aún es tiempo. Tal vez estés confundida. Trata de distinguir la realidad de lo que no pasa de ser un sueño. Reconsidera tu situación. Da un paso atrás. Sálvate, tía Miguelina. mIGuelIna Lo llamo y me responde. ¿Qué más prueba? Todo lo que responde a un deseo, vive. Puedo dudar de todo menos de él, que me ha convertido en mujer para siempre. luIsa ¡Si tan siquiera pudieras dudar!… mIGuelIna De los milagros no se duda. Son, y eso basta. Sebastián existe. Por él ya no estoy sola, ni despreciada, ni muerta. He logrado, al fin, lo que se me debía. No, no debo dudar. Lo acepto con toda mi alma y sigo adelante. luIsa Es un desconocido. ¿No le temes? mIGuelIna ¿Temerías tú lo que te ofrece por primera vez en la vida un poco de seguridad? luIsa Te dejará de nuevo los brazos vacíos. Piénsalo bien. Cuando te hayas convencido, apaga la lámpara y vete a tu habitación, sola como siempre. Si somos valientes la verdad puede ser un gran consuelo. Destruye ese sueño, antes de que él te destruya. mIGuelIna Nadie podrá quitarme la realidad que he ganado para mí. ¡Vete de aquí! Esta hora me pertenece. ¿Quién eres tú? Una intrusa a quien apenas conozco. ¡Fuera de aquí, o se oirán mis gritos a varias leguas de distancia!
(Luisa sale apresuradamente. Miguelina recorre la habitación con la mirada. Arregla las rosas. Luego parece escuchar, inmóvil y como en vilo. Su rostro se transfigura. Se vuelve y tiende los brazos hacia el jardín. Sebastián aparece, lentamente. Ya no es el personaje fogoso del primer acto. Toda su figura emana poesía y serenidad.)

mIGuelIna Oh, Sebastián, por fin has vuelto. Estás aquí de nuevo… seBasTIán Sí, he vuelto, Miguelina.
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mIGuelIna Estás aquí y eres mío, mío para siempre. seBasTIán suena como algo irremediable. mIGuelIna El verdadero amor es para siempre. ¡Dime que amas para siempre! seBasTIán ¿No es suficiente decir que te amo? mIGuelIna ¡Abrázame! Que yo te sienta vivir pegado a mi misma realidad.
(Él permanece inmóvil.)

¿Qué te pasa? Pareces fatigado. seBasTIán
(Desprendiéndose de ella, suavemente.)

A veces estoy lejos. Me acordaba de un niño a quien esa palabra: “siempre”, le causaba terror. Ese niño dejaba resbalar una piedra desde el borde de los aljibes y ella caía, caía, adelgazando su sonido hasta que sólo era perceptible la levísima punción del agua al absorberla. Ese era, para él, el significado de la palabra “siempre”: un gran silencio en el fondo de los aljibes. mIGuelIna Sí; ahora te siento lejano, como si fuera a perderte. seBasTIán Tal vez nos vamos a perder, momentáneamente. Quise dominarte, llevarte de la mano por lo desconocido. No sé si he sido bueno o perverso contigo, Miguelina. Perdóname, pero debo marcharme de este pueblo. Algo superior a mí me reclama, una fuerza que me mueve incesantemente de un lado para otro. mIGuelIna ¿Es que acaso no puedes, por mi amor, renunciar a todo lo demás? seBasTIán Mientras me siga descolgando por esa enredadera como un lagarto alocado, me haré traición a mí mismo. Me estoy convirtiendo en una costumbre. En tu costumbre, Miguelina. Desde que nací no he hecho otra cosa que luchar por dejar de ser una costumbre. No me traicionaré ahora que lo he perdido todo, hasta mi alma, según creo. mIGuelIna ¿Es posible que sólo por tan corto tiempo hayas sido capaz de mantener en mí este sueño maravilloso? ¿Pero he dicho sueño? ¿Entonces ellos tenían razón? Quieres dejarme sin esa realidad que tanto he defendido…
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seBasTIán ¡Cuán dulce sería que me convirtieras en ese sueño! mIGuelIna Mi única locura ha sido la de creer en ti; no quiero que me la quiten. Deseo probarles que tú existes. Prefiero quedar manchada por una culpa irremediable a ser esa santurrona ante la que nadie se atrevería a decir una palabra descompuesta. Cuando no creen en ti es que no creen en mis posibilidades de mujer. No me encuentran capaz de cometer esta clase de pecado. ¡Oh, Dios mío, nunca supuse que el pecado podría cometerse con tanta fruición y esperanza! seBasTIán sobre todo, amas tu venganza. más que mi abandono te tortura el que no te crean. mIGuelIna No puedes marcharte. ¡Ayúdame! Preséntate a ellos y diles “yo soy Sebastián”. Solamente eso: “Soy el amante de Miguelina. Existo”. Necesito que me des esa prueba de amor. seBasTIán Me voy, Miguelina. mIGuelIna Y yo que pretendía tener un hijo tuyo. ¿Tendrás el valor de irte, dejándome así, abandonada a los míos, vejada y sin contar con la prueba que me hará libre a sus ojos? seBasTIán Volveré cuando menos lo esperes. Creo que no te olvidaré nunca, Miguelina… Guardaré el medallón de tu madre; él será tu victoria sobre mí. mIGuelIna ¡El medallón de mi madre! Te lo llevas y me dejas sin pasado y sin futuro. Me llevas el recuerdo y lo que es peor, la esperanza. Oh, Sebastián, soy tuya, ¿qué más deseas? No me desprecies; no agregues tu desprecio al de los otros. Todo te lo doy, pero no me abandones… seBasTIán ¿Podrías darme esa ración de libertad que me hace vivir? No, Miguelina. No he venido a consolarte. Te traje un hálito de vida y ahora debo desaparecer. mIGuelIna ¡Un sueño! No debes ser sólo un sueño para mí. Lucharé hasta hacer de ti una realidad. Existes: puedo verte, tocarte, estremecerme toda ante ti. No debo permitir que tu ausencia te destruya, sin que hayas dejado constancia de tu verdad. Te retendré a la fuerza, sebastián. seBasTIán No creas demasiado en mí. Es como si la noche me esperara. Piensa en mí como en una sombra más… adiós, miguelina.
(Le da la espalda y avanza unos pasos hacia el jardín.) 688

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mIGuelIna ¡No! No puedes abandonarme tan fácilmente. ¡Detente! No des un paso más…
(Saca un revólver del bolsillo de la bata. Él se detiene y se vuelve, enfrentándola.)

¿Creías que no estaba preparada para esto? Te mataré. Quien no existe no puede morir. Con tu muerte me probaré a mí misma tu existencia y se la probaré a los demás. Una bala en el corazón y ya nadie podrá dudar. Dirán “ella lo ha matado” y estaré satisfecha.
(Él retrocede hacia el jardín.)

¡Detente! seBasTIán Te quiero, Miguelina. ¡Adiós! mIGuelIna ¡Detente, te digo!
(Él sigue retrocediendo. Ella dispara. Él se agarra el pecho y cae dando una vuelta con la elegancia de un bailarín. Su desaparición es súbita; se ha sumergido en la oscuridad con cierta levedad misteriosa, como si antes de caer se lo hubiera visto flotar.)

¿Lo ves? ¿Lo ves? ¡Ya está hecho! Te he quitado la vida. Ahora existes. ¡Ahora es cuando realmente comienzas a existir!
(Llega Don Antonio por la izquierda, en zapatillas. Puede notarse la precipitación con que se ha puesto la bata sobre la pijama. Detrás de él irrumpe Luisa, jadeante. Viste de la misma forma que en las escenas anteriores.)

don anTonIo ¿Pero qué pasa en esta casa? ¿Y ese disparo? Sonó aquí mismo, con tus gritos. luIsa ¿Qué ha sucedido, tía? ¿Estás bien? mIGuelIna Tranquilícense. No me he quitado la vida. He sido yo la que ha matado a alguien. don anTonIo ¿A quién has podido tú matar? mIGuelIna A mi amante… ¡A Sebastián! ¿No reconoces tu pistola? La sustraje de tu habitación esta mañana…
(Don Antonio se apresura a recuperarla.)

Él está en el jardín, desangrándose. La hora de la verdad no podía tardar. don anTonIo
(Mira a Luisa lo que dura un relámpago. Luego corre precipitadamente hacia el jardín.)

¡La luz, hija, pronto, la luz!…
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(Luisa enciende la luz del jardín, que reluce al fondo como si fuera de día. Sale detrás de su padre. Miguelina se sienta en el diván y espera, con calma, en actitud de triunfo. Luisa vuelve muy lentamente, con una serenidad cargada de significado.)

mIGuelIna ¿Lo has visto? Siento que lo hayas conocido muerto. Era fuerte y hermoso y la muerte no debe sentarle bien. luIsa
(Después de una pausa.)

No hay nadie en el jardín, tía Miguelina. mIGuelIna
(Asombrada, se levanta.)

Acabo de dispararle con mis propias manos. Lo he visto caer y arrastrarse hacia el jardín. luIsa Lo has imaginado, como todo lo demás. mIGuelIna
(Casi en un grito.)

¡Imposible! ¡Traman algo contra mí! Él está allí, muerto. Es imposible que sea de otro modo. Busca cerca de la trinitaria. ¡Es necesario que lo encuentren! don anTonIo
(Subiendo desde el jardín.)

Nadie hay cerca de la trinitaria, ni en parte alguna. Trata de despertar, Miguelina. Estás enloqueciendo. Si te empecinas no podremos ayudarte. mIGuelIna ¡Ha huido!… Ha tenido tiempo de huir, no existe otra explicación. Su sangre, sí, su sangre debe estar allí, en el primer peldaño, por donde lo he visto desaparecer. luIsa
(Con resolución súbita.)

Acércate… Ven…
(La toma de un brazo y la arrastra hacia el sitio. Miguelina vuelve la cabeza, como si temiera.)

Mira, tía Miguelina, ¿es este el sitio?… ¿Tienes miedo de mirar hacia acá?… Aquí debe estar la sangre de Sebastián… ¿Por qué no miras, entonces?… mIGuelIna
(Volviendo el rostro lentamente, mira. Da un grito agudo, como si la hubiesen herido de muerte, y se tambalea. Luisa la sostiene. Luego, sollozando:)

¡No puede ser posible! No estoy loca… Él existe. ¡Existe!…
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luIsa Alégrate, tía Miguelina. Sólo has matado un sueño, un mal sueño. Ahora puedes volver a tu paz, sanarte, descansar. Vamos a tu habitación. Debes dormir… Mañana estarás mejor. mIGuelIna
(Se deja conducir, vencida. Al llegar a la puerta de su habitación mira hacia el jardín con un dolor infinito. Casi en un murmullo:)

¿Por qué tenías que abandonarme?
(Sale. Luisa entra con ella y vuelve inmediatamente, cerrando la puerta tras de sí.)

luIsa Ve, papá, cerciórate de que mamá no se haya despertado. don anTonIo Cuando sonó el disparo dormía profundamente. Tiene el sueño pesado; no hay que temer… luIsa La enfermedad de tía Miguelina acaba de llegar a su punto culminante. Puede que sea para su bien. Ha sido un golpe para ella, pero ha empezado a darse cuenta de su error. don anTonIo
(Sacando algo del bolsillo.)

Luisa, ¿sabes qué es esto? luIsa ¡El medallón! ¿Cómo lo conseguiste? don anTonIo ¡Hace un rato!… Al pie de la trinitaria.
(Se miran asombrados mientras cae el

TelÓn

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Acto tercero
(Al día siguiente. Primeras horas de la tarde. La escena está bañada por una luminosidad intensa, cegadora hacia la parte del jardín. Don Antonio está de pie y parece fatigado. Se acerca a la puerta del cuarto de Miguelina y escucha. Silencio. Suspira con un dejo de preocupación. Suena el timbre de calle. Sale por la derecha y reaparece con Enrique.) enrIQue No tengo cómo pagarle lo que usted ha hecho por mí. don anTonIo Olvídate, hijo mío. enrIQue ¡Yo, dudar de Luisa!… Tuvo usted que revelarme esa historia tan íntima y dolorosa. Ha sido usted un verdadero padre para mí. don anTonIo De nada tienes que avergonzarte. Luisa, en parte, fue responsable por callar; se sentía perturbada como si aquella hipotética culpa la hubiese alcanzado. enrIQue Pero yo debí comprender… Estaba exaltado después de la conversación con la señorita miguelina. don anTonIo Sí, hijo mío, Miguelina ha estado mal. El doctor ha venido dos veces esta mañana y dentro de poco estará aquí otra vez. Sus visitas han realizado milagros. La salvación de nuestros pueblos está en esos jóvenes que comienzan sus carreras modestamente, lejos de la competencia capitaleña y que aún no han sido corrompidos por ella. Ejercen su profesión denodadamente, como si cada paciente debiera cubrirlos de gloria. Ha hecho maravillas en sus visitas de esta mañana. Súbitamente Miguelina ha parecido calmarse. En mis tiempos no se conocía casi nada sobre esa nueva ciencia, y lo poco que se conocía era considerado como indecente. No deja de tener algo de hechicería esa manera suave e insistente con que realiza sus sesiones. Una palabra tras otra, palabras comunes, tan comunes que apenas si podemos creer que con ellas se logre curación alguna. Entonces, el paciente despierta a la realidad. En eso consiste la misión de esos hombres, en suministrar la realidad como una medicina. No sé si después los pacientes quedan felices, pero vuelven a la normalidad. enrIQue Sabe usted mucho de todo eso. don anTonIo Al menos puedo repetir exactamente lo que el doctor me ha dicho. Cuando no sabemos una cosa lo mejor es repetir cuanto nos dicen acerca de ella. Es el secreto de ciertas erudiciones de salón. enrIQue Me asombra que la señorita Miguelina haya podido mejorar tan rápidamente.
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don anTonIo El doctor parece pensar lo mismo. Miguelina luchaba entre la realidad y el sueño sin conocer sus límites. ¿Cómo puede haber aceptado la realidad tan fácilmente, después de haberse aferrado al sueño?… Sin duda la pregunta le preocupa. Piensa que todavía no ha pasado el peligro, puesto que la mente arma trampas insospechadas y ese estado de aceptación de Miguelina bien puede ser una de ellas. Veremos lo que saca en limpio de la sesión de esta tarde.
(Luisa entra por la izquierda. Enrique la mira, sobresaltado, y ella baja la cabeza.)

Hija mía, acércate. Enrique vino a preguntar por la salud de Miguelina. luIsa ¡Ah, sí! Muy amable de su parte. don anTonIo También quiere que lo perdones. enrIQue
(Asintiendo.)

¡Eso es! He sido un tonto. luIsa ¿Lo dices de veras? enrIQue Oh, Luisa, tú sabes muy bien que sí. No hice más que disparatar. Iré a la capital y estudiaré. Estoy seguro, nunca estuve tan seguro, tú me esperarás!… luIsa
(Precipitándose en sus brazos.)

Te perdono de todo corazón. don anTonIo
(Carraspeando.)

Bueno, bueno… asunto concluido. La felicidad ha vuelto a reinar entre nosotros. luIsa ¿Y tía Miguelina? don anTonIo Descansa. En la penumbra de su habitación ha logrado serenarse. Creo que vamos ganando terreno. luIsa ¿No teme el doctor una recaída? don anTonIo ¿Quién puede asegurarlo?… Por ahora todo marcha a las mil maravillas. Ni siquiera tu madre ha tenido que enterarse de los detalles enojosos. Anoche los ignoró porque dormía;
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hoy los sigue ignorando porque está despierta. Sus preocupaciones le impiden ahondar en las personas. Eso la salva. Sólo parece extrañada con lo de la enredadera… luIsa ¿Le dijiste que el doctor quería que fuese cortada inmediatamente? don anTonIo sí. luIsa ¿Qué excusa le has dado? don anTonIo La alergia: está de moda. Le expliqué que a Miguelina parecía hacerle daño la proximidad de esa trinitaria, con lo que no hizo ya más preguntas. Cualquiera explicación es buena para ella. enrIQue No alcanzo a comprender el papel que juega la trinitaria en todo esto. Es hermosa. luIsa Demasiado hermosa: en ello estriba su peligrosidad. No sé qué simbolismo tiene para tía Miguelina. Lo que sí parece cierto es que ha sido el punto de partida de su imaginación. Algo así como el peldaño entre la realidad y el sueño. Sobre ese peldaño se ha deslizado hacia ella ese fantasma que la estaba enloqueciendo poco a poco. enrIQue ¡Un fantasma! don anTonIo Te parecen, como a mí, creencias de gentes ignorantes. Simples supersticiones. luIsa Sin embargo hay una gran verdad en ello. ¿En qué piensa una muchacha cuando ve sobre un muro alto descender una cascada de flores blanquísimas? A cada imagen responde una idea. Pensamos en la única cosa blanca que puede pensar una muchacha que ya ha dejado, por supuesto, de ser una niña. Pensamos en boda, en tules, en el novio esperando a través de tanta blancura… don anTonIo Siempre he dicho que la imaginación es un peligro para las mujeres. No hay por qué asociar a una simple enredadera, por el solo hecho de que sea blanca y esté pegada a un muro, tantas visiones extraordinarias. luIsa Tía Miguelina pasaba horas contemplándola. Hasta que imaginó toda la historia, los escalamientos nocturnos… enrIQue es extraordinario, increíble…
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luIsa Queda, también, el asunto del medallón. don anTonIo Ella misma lo habrá puesto allí, al pie de la enredadera. No podemos creer que su galán lo perdiera en la fuga. Sería darle la razón a esos sueños que estamos tratando de destruir. luIsa ¡La destrucción de los sueños! No sé por qué me da miedo oír hablar de ello. La mejoría de tía Miguelina, ¿no podrá traernos un trastorno mayor que el de todas sus imaginaciones? Necesitamos en cierta manera nuestros sueños, tanto como nuestra realidad. Dejar sin sueños a un ser humano, ¿no es dejarlo, también, sin su realidad? don anTonIo Hija mía, no permitas que tu inteligencia llegue a torturarte. Lo que hacemos es lógico y necesario y Miguelina parece aceptarlo como un bien. No pienses más en ello. luIsa Está bien, papá. Trataré. enrIQue Ahora necesito que pienses un poco más en mí. doÑa InÉs
(Entrando desde el jardín.)

acabo de ordenar al jardinero que corte la trinitaria. ¿Cómo se llama la enfermedad que produce? don anTonIo alergia, querida. doÑa InÉs ¡Qué no inventarán los médicos hoy en día! Buenas tardes, Enrique. ¿Ha vuelto usted a insistir en lo del matrimonio? Me parece inexplicable su conducta de anoche. Sólo el sueño que tenía me quitó los deseos de discutir el asunto con usted. enrIQue He venido a disculparme… Verdaderamente lo lamento, doña Inés. doÑa InÉs Pues vuelve usted a contar con mis simpatías. Luisa es demasiado joven para casarse y usted… pues ya ve, usted no tiene edad todavía. luIsa ¡Mamá! Si Enrique y yo no podemos casarnos es porque él tiene que terminar sus estudios. Por otra parte, somos capaces de llenarte de nietos. don anTonIo Inés, has puesto el dedo en la llaga. Decir joven a la juventud viene a ser como despreciarla.
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doÑa InÉs ¡Nietos! ¿No podía ocurrírsete otra cosa mejor ahora que estoy rehaciendo el jardín? No quiero muchachos traviesos que me maltraten las plantas.
(Todos sonríen.)

¿Era necesario obedecer tan ciegamente al médico en eso de cortar la trinitaria? don anTonIo Indispensable, querida. doÑa InÉs Bueno, plantaré dalias y claveles… alegran más. Además la trinitaria es una flor que no huele… una flor demasiado triste. Sin contar con lo de la alergia.
(Miguelina sale desde su habitación. Viste el traje sencillo del primer acto.)

mIGuelIna ¿A qué hora dijo el doctor que volvería? don anTonIo No tardará. Será cosa de media hora a lo sumo. doÑa InÉs Miguelin