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SANTO DOMINGO. ELOGIO Y MEMORIA DE UNA CIUDAD- 1

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HISTORIA DOMINICANA
HISTORIA DOMINICANA

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SANTO DOMINGO

ELOGIO Y MEMORIA DE LA CIUDAD

SANTO DOMINGO
ELOGIO Y MEMORIA DE LA CIUDAD

COLECCIÓN CULTURAL CODETEL

SANTO DOMINGO
ELOGIO Y MEMORIA DE LA CIUDAD

SANTO DOMINGO
ELOGIO Y MEMORIA DE LA CIUDAD Chez Checo, José; Veloz Maggiolo, Marcio; Mateo, Andrés L.

Santo Domingo, elogio y memoria de la ciudad / José Chez Checo, Marcio Veloz Maggiolo, Andrés L. Mateo.- Santo Domingo : Amigo del Hogar, 1998. 348 p.:il ISBN 84-605-8441-0 I. Santo Domingo - Historia. 2. Santo Domingo Descripciones I. Veloz Maggiolo, Marcio. II. Mateo, Andrés L. III. Título CDD 972.9375

COORDINACIÓN EDITORIAL

José Rafael Lantigua
DISEÑO Y PRODUCCIÓN

Lourdes Saleme y Asociados
IMPRESIÓN

JOSÉ CHEZ CHECO MARCIO VELOZ MAGGIOLO ANDRÉS L. MATEO
FOTOGRAFÍAS

Amigo del Hogar Santo Domingo, República Dominicana Diciembre 1998

JULIO GONZÁLEZ

CONTENIDO

PRESENTACIÓN

7
PRESENTACIÓN

Santo Domingo, la denominada Ciudad de los Colones, ha celebrado en 1998 sus quinientos años de fundación, cuando, según confirma Bartolomé de las Casas en su «Historia de las Indias», el Ade-

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AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO

lantado Bartolomé Colón, al penetrar por el río Ozama, «determinó de comenzar allí una fortaleza de tapias sobre la barranca del río y a la boca del puerto, a la parte oriente, no donde agora está la ciudad».

José Chez Checo

133
SANTO DOMINGO, TRADICIONES, JUEGOS Y MODERNIDAD

Allí, entre una vegetación exhuberante y una naturaleza pródiga, colmada de gigantes ceibas, olorosos guayabos, abundantes jobos e imponentes jabillas, surcadas las riberas del Ozama por espesos manglares y frutos de diversas especies en un valle frondoso y

Marcio Veloz Maggiolo

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SANTO DOMINGO EN LA LITERATURA

fértil, y con agua potable «de buena fuente», como consigna el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo en su «Historia General y Natural de las Indias», se instaló la villa de Santo Domingo hace ya quinientos años. Aunque algunos historiadores sostengan que la ciudad comen-

Andrés L. Mateo

PRESENTACIÓN 8

PRESENTACIÓN 9

zó a construirse desde 1496, ya que para entonces las dos riberas del Ozama comenzaban a poblarse, la mayoría de los investigadores históricos han dejado por sentado que fue el año 1498 el de la fundación formal de la villa de Santo Domingo, fundamentados en las crónicas históricas y en las evaluaciones arqueológicas. La fundación de la ciudad de Santo Domingo se produce seis años después del descubrimiento de América, ocurrido el 12 de octubre de 1492, y cuatro años más tarde de que el Almirante de la Mar Oceana fundara en la desembocadura del río Bajabonico, en el norte de la isla, el primer establecimiento español en el Nuevo Mundo, dándole el nombre de La Isabela, en homenaje a la reina Isabel, fundación que tiene lugar cuando se iniciaba el año de 1494. El hambre, la peste y las divergencias producidas entre los propios conquistadores, además de las noticias que aseguraban la existencia de grandes fuentes de oro al sur de la isla, terminaron prontamente con aquel primer villorrio europeo en el hemisferio occidental, que el Descubridor encontró a su llegada poblada ya por indios y que Diego Alvarez Chanca calificara de una «tierra muy gruesa para todas cosas». El establecimiento de la villa de Santo Domingo iba a constituir pues, de manera formal, un asentamiento definitivo. De modo que la edificación de la Primera Ciudad del Nuevo Mundo, considerada luego como la Primada de América, se sustenta en la necesidad de crear de modo permanente una villa donde los conquistadores españoles asentaran sus raíces y prendieran en el ánimo y la voluntad de los nativos sus costumbres, su lengua y su fe, puesto que el acto del Descubrimiento no es solamente un hecho de ex-

tensión geográfica, sino igualmente, un acto de posesión real de las tierras descubiertas para extender el dominio y el poder de la monarquía española en el mundo. Los españoles fundaban una ciudad en sus atributos arquitectónicos, en su planeamiento estructural, en su fe ancestral y desde la dimensionalidad de la lengua y el poder que de ella emana, cónsona con las directrices y ambiciones de la Corona. Y la instalaban para quedarse en ella de manera definitiva, aun cuando insistiesen en expandir la obra por los demás lugares de la isla. Ni siquiera la virulenta presencia de los huracanes y los terremotos, hicieron a los conquistadores modificar el proyecto de erección de la ciudad, y aun cuando cambiaran de trechos, de vías, de solar, la ciudad quedaría para siempre allí, levantándose poco a poco con sus calles primigenias, sus fortalezas inexpugnables, sus casas fortificadas, sus conventos, sus templos y, sobre todo, sus gentes, de todos los tipos y costumbres, que habitaban un espacio todavía pequeño junto con los nativos que habían perdido ya el poder sobre aquellas tierras que el Ozama había fertilizado desde siempre y que ahora se compartía con el hombre europeo. A quinientos años de esa historia fundacional, que se iría llenando en poco tiempo de primicias continentales, la Compañía Dominicana de Teléfonos (CODETEL), ha querido expresar, de un modo diferente tal vez, su interés por aquellos hechos, recordando la efeméride con la publicación de este interesante volumen titulado «Santo Domingo: Elogio y Memoria de la Ciudad». La publicación recuerda el acontecimiento desde tres ángulos vitales: en primer lugar, la historia de la fundación, en una evalua-

PRESENTACIÓN 10

PRESENTACIÓN 11

ción objetiva y precisa de las diversas investigaciones y postulaciones al respecto, otorgando valor esencial al instrumento de la documentación y al análisis de la misma; en segundo término, la deleitante evocación de las costumbres, los juegos y tradiciones de la ciudad y sus barrios, imbricados todos a la recia modernidad de nuestros días; y finalmente, la ciudad desde la impronta de la literariedad, sustentada en sus leyendas, en su imaginería, en su lenguaje, en su poesía. Son tres momentos fundamentales en la vida de la cinco veces centenaria ciudad de Santo Domingo, los que inscriben en este volumen los textos que lo forman, verdadero acopio de vigorosa visión histórica y literaria de lo que la capital dominicana ha sido en su trayectoria de vida, desde su fundación hasta hoy. Este amplio volumen inicia la Colección Cultural Codetel, una colección bibliográfica que se caracterizará por su especialidad temática y que esperamos circular cada año, para estas mismas fechas, contando siempre con el respaldo de importantes figuras de la intelectualidad dominicana. En este caso, se han seleccionado a tres descollantes escritores, cada uno en su rama con una trayectoria reconocida y elevada. Ellos son, el destacado historiador José Chez Checo, el reconocido novelista, ensayista y antropólogo Macio Veloz Maggiolo, Premio Nacional de Literatura 1996, otorgádole por el conjunto de su obra literaria; y, el muy reputado ensayista, novelista y poeta Andrés L. Mateo, varias veces galardonado con el Premio Anual de Literatura, tanto en novela como en ensayo. A ellos tres debemos los textos de este volumen que hoy ponemos en las manos de nuestros clientes y amigos, en la seguri-

dad de que con el mismo estamos contribuyendo al desarrollo y enriquecimiento de la creciente bibliografía dominicana. La Colección Cultural Codetel busca ser un vehículo cultural de singular eficacia para nuestro desarrollo intelectual y para el conocimiento de aspectos distintivos del país. Nuestra aspiración, al crear este proyecto, es que el mismo se constituya en un tesoro bibliográfico estimado y esperado cada año por nuestros clientes y amigos, de modo que a la vuelta de los años estos libros tengan un lugar de privilegio en las bibliotecas particulares y en los hogares de quienes los reciban. La publicación de este primer volumen de la Colección Cultural Codetel ocurre en medio de tres circunstancias que vale la pena resaltar. Por un lado, la celebración de los quinientos años de fundación de la ciudad de Santo Domingo, que ya hemos mencionado, y el aniversario de nuestra empresa, que cumple 68 años, tiempo que anualmente tendremos de motivo para poner a circular los volúmenes de esta colección que hoy inauguramos. La tercera circunstancia tiene otro caríz: ocurre la presentación de este gran libro cuando todavía estamos apesadumbrados por el paso del huracán «Georges», que azotó la isla en septiembre pasado, con una furia descomunal, dejando cuantiosos daños en todos los órdenes. La historia de los cronistas de Indias refieren siempre la presencia recurrente de los huracanes que diezmaban la población, destruían sembradíos y bosques, derrumbaban edificios y caseríos y sembraban desolación por los contornos entonces descubiertos. Quinientos años después seguimos tras estas mismas secuelas destructoras, siendo víctimas de estos terribles huracanes que, cada año, anun-

PRESENTACIÓN 12

PRESENTACIÓN 13

cian puntualmente sus citas con la isla y, en casos como el de «Georges», en este 1998, o el de «David», en 1979, dejan devastados nuestros caminos de desarrollo y progreso. Empero, a poco tiempo del meteoro, la ciudad recobra su esplendor y su vida original, se puebla nuevamente de esperanza y surca los senderos de la productividad y el progreso que demandan los tiempos actuales, en ruta hacia el nuevo milenio que se avecina. En esta tarea, Codetel cumple un cometido de primer orden como empresa fundamental del desarrollo dominicano de las últimas décadas, en el área de las telecomunicaciones. Porque comunicamos desarrollo y estamos listos a escuchar el llamado del futuro, conectando desde ya nuestros proyectos con los del milenio que toca nuestras puertas, nuestra empresa entrega hoy el primer volumen de su Colección Cultural Codetel, en la esperanza de que con el mismo honramos la memoria de una ciudad que ha cumplido en este 1998 que termina sus 500 años de fundada, elogiando su historia, su tradición y su literatura. Quiero finalmente agradecer la colaboración recibida de parte de los distinguidos escritores que han escrito los textos de este libro, así como al artista del lente Julio González cuyas formidables fotografías constituyen un texto visual de la ciudad de valor incalculable, que enriquece sin dudas el trabajo de los intelectuales mencionados. La mayor parte de estas fotografías fueron tomadas semanas, y en algunos casos, apenas pocos días y horas antes del paso del huracán «Georges», por eso, mientras se restauran algunos edificios coloniales y se reconstruyen muchas áreas de las fotografiadas para este volumen, nuestro libro guarda las imágenes de

la ciudad anterior al ciclón, lo que lo convierte en un archivo visual de insospechado valor. Nuestra gratitud por igual a todo el equipo que trabajó en la edición, coordinación y preparación de este volumen, con empeño singular y particular entusiasmo. Esperamos que esta colección que ahora iniciamos sea un regalo apreciado por nuestros clientes y amigos, a quienes invitamos desde ya a esperar el próximo volumen para noviembre de 1999.

Carlos Espinal Guifarro Presidente

Santo Domingo, República Dominicana Ciudad Primada de América y Cuna del Nuevo Mundo en el 500º aniversario de la Fundación de la Ciudad 15 de diciembre de 1998

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO

JOSÉ CHEZ CHECO

LA EMPRESA COLOMBINA EN LA ESPAÑOLA Y EL FRACASO DE LA ISABELA

NAO Y CARABELAS

Para la época del Descubrimiento de América, el Estado español era una monarquía integrada por dos reinos gobernados, el de Castilla, por la reina Isabel y, el de Aragón, por el rey Fernando.1 Entre las motivaciones económicas más importantes que hicieron posible el viaje del Descubrimiento estuvieron las necesidades de oro y especias que Europa confrontaba en esa época.2 Esto determinó que los Reyes Católicos dieran su apoyo a Cristóbal Colón firmando con éste las famosas Capitulaciones de Santa Fe, mediante las cuales Colón fue nombrado Almirante y Virrey de las tierras a ser descubiertas y le correspondía un porcentaje de los beneficios que se obtuvieran. Ultimados los preparativos, Colón partió el 3 de agosto de 1492 del Puerto de Palos en una Nao, La Santa María, y dos carabelas, La Niña y la Pinta, en cuya tripulación se encontraban experimentados marineros como los hermanos Vicente Yáñez y Martín Alonso Pinzón.

REY FERNANDO REINA ISABEL

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 18

La primera isla descubierta en su travesía, el día 12 de octubre, fue la llamada por Colón San Salvador, perteneciente al archipiélago de las Bahamas. De allí partió navegando por el Mar Caribe y descubrió la isla de Cuba. Más tarde, cruzando el Canal del Viento, encontró el 5 de diciembre la isla llamada por los aborígenes Babeque o Haití, cuyo significado en su lengua era tierra montañosa, a la que bautizó con el nombre de La Española.3 A su llegada a Haití encontró que los aborígenes que la poblaban, los cuales se llamaban así mismos taínos, poseían una organización social y política muy desarrollada para la época. Además, había otros grupos indígenas como los ciguayos y los macorixes.4
MAPA DEL PRIMER VIAJE COLOMBINO «VERSIÓN ORIGINAL DEL RETRATO DE COLÓN, CONOCIDO COMO YÁNEZ, VISTO DESPUÉS DE SU
RESTAURACIÓN REALIZADA EN EL SIGLO XIX» (PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA)

Colón quedó maravillado ante la belleza de esta tierra y por el trato de sus gentes a quienes llamó indios, por creer que había arribado a la India, decidiendo explorar toda la costa norte de la isla. De este modo descubrió el cacicazgo de Marién cuya principal autoridad política, el cacique Guacanagarix, lo recibió con un trato bondadoso y afable como era su costumbre. Allí estableció un

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 20

sistema de intercambio de productos o trueque que los españoles llamaron «rescate».5 Los españoles intercambiaron con los aborígenes láminas de oro, objetos de madera y algodón6 por cosas europeas que a éstos les llamaron mucho la atención, tales como cascabeles, piezas de latón, de cerámica y objetos de vidrio. Colón decidió reanudar su travesía y regresar a España a rendir cuentas de sus descubrimientos ante los Reyes Católicos. Es en este viaje de regreso que Colón descubre la bahía de Samaná, en donde se originó el primer combate entre indios y españoles, por lo que llamó a esta zona el Golfo de las Flechas.7 Los ciguayos que
UBICACIÓN TRADICIIONAL DE «LAS FLECHAS» (PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA) «CONSTRUCCUIÓN DE LA FORTALEZA LA NAVIDAD» (PIE ORIGINAL DE LA FOTOGRAFÍA)

la habitaban eran belicosos, por lo que Colón creyó que se había encontrado con los indios Caribes, de los cuales le habían hablado los taínos. Los ciguayos hablaban una lengua diferente a la de los taínos y se peinaban con el pelo recogido hacia atrás, insertándole largas y vistosas plumas de aves.8

El recibimiento ofrecido a Cristóbal Colón en España fue solemne y con muchos honores. Como muestra elocuente de la hazaña que había realizado, Cristóbal Colón llevó indios, oro, animales y variados productos agrícolas desconocidos en Europa. Durante la ausencia de Colón, en La Española se produjo una pequeña rebelión entre los españoles que con suma codicia buscaban el oro. Francisco Escobedo y Pedro Gutiérrez se rebelaron contra Diego de Arana, a quien Colón había dejado el mando de la isla. Esta situación fue aprovechada por los caciques Caonabo y Mairení

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 23

quienes destruyeron el fuerte La Navidad, construido con los restos de la nao Santa María que había encallado meses antes, exterminando a sus ocupantes. Como dice Fray Cipriano de Utrera, «la conservación de estos hombres en aquel sitio pareció segura con las recomendaciones de esperar el retorno breve y cierto del Almirante, manteniéndose en quietud y amistad con los indios del territorio; pero los desafueros cometidos por los españoles (y aún sin que hubiesen sido tales en enormidad y ominoso número, el amor de los indios y su soledad sin extranjeros que subsistían entre ellos a fuerzas de demandas excesivas de bastimentos que pagaban con violaciones y otros excesos) fueron motivo de la destrucción del fortín y cantón
«COSTA DE LA ISABELA (VISTA OESTE)» (PIE ORIGINAL
DE FOTOGRAFÍA)

con fin sangriento en todos los advenedizos.»9 Mientras eso ocurría, en España los Reyes Católicos se preparaban para enviar una flota a las nuevas tierras descubiertas, entusiasmados por el lucrativo negocio que representaba la búsqueda del oro y de otros metales preciosos que pudieren aparecer. En su segundo viaje Cristóbal Colón descubrió varias islas de las llamadas posteriormente Antillas Menores y, pasando por Puerto Rico, se trasladó de ahí a La Española donde asombrado se percató de la destrucción del fuerte La Navidad que ya en su primer viaje había ordenado se construyera. En este segundo viaje Colón llegó acompañado de un variado personal, integrado, entre otros, por artesanos, sacerdotes y médicos, que venía a colaborar en la empresa exploratoria y de conquista. Fundó la primera villa del Nuevo Mundo a la que llamó La Isabela en honor a la reina de España, su protectora. El día 6 de enero de 1494, conmemoración de la Epifanía de los Reyes, se celebró una

PRIMER ASENTAMIENMTO DEL

«RECONSTRUCCIÓN IDEAL DEL NUEVO MUNDO, SEGÚN BATTIN CASTELLANO Y CARLOS DOBAL» (PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA)

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misa solemne para conmemorar la fundación de la villa, la cual fue oficiada por el Padre Boyl, quien había venido como Delegado del Papa para iniciar la evangelización de los indígenas.10 Desde La Isabela, Colón organizó una gran expedición hacia el interior del Cibao descubriendo el espléndido valle de La Vega Real, y fundando los fuertes de Santo Tomás y La Magdalena, los cuales, utilizados como plataformas, servirían para explorar esos territorios en la búsqueda del metal precioso. Pues, como afirma un autor, «Cristóbal Colón no tenía vena de colonizador; tampoco sus compañeros. Antes porque todos eran presa de la sed del logro y con toda brevedad habrían querido retornar a España con el más oro que haPRIMERA MISA EN AMÉRICA. DIBUJO DE VELA ZANETTI «CAMINO AL CAMPO DE ORO DE CIBAO» (PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA) «FUERTES QUE PROTEGÍAN EL CIBAO» (PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA) «CAMINO A TRAVÉS DE LA ESPAÑOLA ESTABLECIDO POR BARTOLOMÉ COLÓN» (PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA)

ber puediesen y, establecidos en comarca donde el indígena tenía cuenta de sangre pendiente con ellos, y del refuerzo llegado se prometiese y temiese más y mayores desenfrenos que antes, viéronse los españoles en el decurso de pocos meses sin bastimentos porque los aborígenes se abstuvieron a sembrar y prefirieron perecer de hambre junto con aquellos blancos a vivir trabajando, forzados y violentados con duras imposiciones de labores fatigosas, bastantes por sí solas para la destrucción de todos, inhábiles para aquellos rudos aprietos, aún sin que se les hubiese infligido ningún maltrato.»11 Para esa época, una serie de sublevaciones se originan ante el maltrato y explotación de los indígenas por parte de los conquistadores, destacándose en dichas insurrecciones por su valentía el cacique Caonabo, el cual fue hecho prisionero mediante la violación de un acuerdo amistoso. Para ello, Cristóbal Colón utilizó el engaño y se valió del capitán Alonso de Ojeda quien ofreció a Caonabo un par de grillos de metal, haciéndole creer que se trata-

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EL HALLAZGO DE UNAS MINAS DE ORO Y EL ORIGEN DE SANTO DOMINGO

ban de un adorno, siendo astutamente esposado. Posteriormente, fue enviado prisionero a España muriendo en la travesía.12 Ante la muerte de Caonabo aumentó el descontento entre los indígenas sublevándose éstos en La Vega Real, donde se escenificó una de las batallas más recordadas, la llamada del Santo Cerro, en donde los españoles, debido a la superioridad de sus instrumentos bélicos, salieron victoriosos e impusieron a los vencidos el llamado tributo que tanto daño hizo a la población indígena.13 El trabajo requerido para cumplir con el compromiso de dicho tributo ocasionó con frecuencia el alzamiento de los indígenas a las montañas, ante lo cual el Almirante decidió construir más fortalezas para así tener un mayor control de los indios, edificando las denominadas Santa Catalina, La Esperanza, Santiago, Concepción y Bonao. Un personaje muy destacado en ese tiempo fue Francisco Roldán quien había llegado a ser Alcalde Mayor de La Isabela y, aprovechando la situación de descontento existente entre los habitantes de la isla, fue creando un ambiente de conspiración contra el duro y exclusivista gobierno de los Colón. Instigados por Roldán e indignados por la vida a que eran sometidos, los caciques de La Vega y Guarionex decidieron asaltar todos los fuertes españoles. Esta rebelión fue aprovechada por Roldán para sublevarse contra la autoridad. Esta se extendió por un período de dos años, tiempo en que permaneció ausente Cristóbal Colón quien había partido a España y había dejado en su lugar a su hermano Bartolomé, designándolo Adelantado y Gobernador de la isla.14 El Adelantado visitó el Cibao tratando de apaciguar la rebelión de los indígenas, objetivo que logró al hacer prisioneros a Guarionex y a sus acompañantes, a quienes amonestó invitándolos a no volver a sublevarse.15 Es la época en que comienza el proceso que originaría la fundación de la villa de Santo Domingo. Su origen ha sido asociado por muchos cronistas e historiadores a la leyenda de un romance entre el soldado aragonés Miguel Díaz y la cacica Catalina. Fernando Arturo de Meriño lo narra así: «Un soldado aragonés, llamado Miguel Díaz, que se hallaba en la guarnición que dejó el Almirante en La Isabela, bajo el mando de su hermano el Adelantado Don Bartolomé, dió unas heridas a un criado de éste, y por esa causa fugó de allí con tres o cuatro amigos suyos y cómplices de su delito, y fue a parar en donde está situada hoy la Capital. En este punto encontraron una población de indígenas y una cacique que después se llamó Catalina, con la cual se amancebó Miguel Díaz. Esta
PORTADA DE UNA DE
LAS EDICIONES DEL CRONISTA

ANTONIO DE HERRERA

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 28

le instó para que llamase a sus compañeros de La Isabela y los hiciese establecer allí, para lo cual le ponderó las riquezas de aquella parte, asegurándole que existían muchas y abundantes minas de oro. El entonces, conducido por algunos indios que ella le dio para que le sirviesen de guías, fue a La Isabela, y habiendo obtenido el perdón de Don Bartolomé, le manifestó lo que había visto y oído de las riquezas y comodidades que ofrecía a la colonia aquella parte. El Adelantado oyó sus razones y partió con la guarnición. Le agradó, en efecto, el punto, así que lo vió, y fundó entonces la ciudad».16 El cronista Antonio de Herrera narra los hechos de otra manera: «Y viéndose los Caciques muy trabajados, por la carga de los Tributos, manifestaron al Almirante que ácia la parte del Sur, havía buenas Minas de Oro, que embiase sus Chrispstianos a buscarlo; i como importaba al Almirante descubrir mucho de esto, para conservar su crédito, y venía en buena ocasión, que estaba determinado de ir a Castilla, embió a Francisco de Garay, y a Miguel Díaz, con alguna Gente, y las Guías, que dieron los Indios. Fueron de la Isabela a la Fortaleça de la Magdalena, i de allí a la Concepción, todo por la Vega Real: pasaron vn Puerto de dos Leguas: asomaron á otra Vega, cuio Señor se llamaba Bonao: pasaron algunas Leguas por las Lomas del Bonao: llegaron a vn Río Grande, llamado Hayna, mui fértil, donde les dixeron que havía mucho Oro, i en todos los Arroios, i así lo hallaron por cierto, porque cabando en muchos lugares, hallaron tantas muestras, que vn Trabajador podía sacar cada Día tres pesos, i más; i a estas Minas llamaron de San Christóval, por vna Fortaleça que el Almirante dexó
GONZALO FERNÁNDEZ DE OVIEDO, ESCULTURA DE JOAQUÍN VAQUERO TURCIOS LOCALIZADA EN LA FORTALEZA DE SANTO DOMINGO

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 30

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 31

ordenado, que se hiciese en ellas; y después se llamaron las Minas Viejas. (...) Y porque el Almirante havía también dado cuenta á los Reies, que viniendo por la Costa del Sur de la Española, del Descubrimiento de las Islas de Cuba, i Jamaica, le havía parecido mui hermosa Tierra, i algunas entradas de la Mar, adonde le parecía que havía muchos Puertos, especialmente que no podían estar lexos de allí las Minas, que virtualmente havía descubierto, que llamó de S. Christoval. Sus Alteças, en las Cartas, que halló en Cádiz, le respondían, que hiciese lo que en ello mejor le pareciese, que aquello tendrían por bueno, i se lo recibirían en servicio. Escribió desde Cádiz á su hermano D. Bartolomé, que luego fuese a la parte del Sur, i buscase algún Puerto, y siendo cómodo, se pasase a él todo lo de la Isabela, i la despoblase. Y D. Bartolomé, dexando en su lugar á su hermano D. Diego, se partió con la Gente más sana á las minas de San Christóval; i preguntando por lo más cercano de la Mar, aportó al Río de Oçama, que así le llamaban los Indios, mui gracioso, i poblado de ambas partes. Reconocióle, sondóle, i halló, que podían entrar en él Navíos de trescientos toneles, i más, i determinó de començar allí a vna Fortaleça de tapieria, sobre la barranca del Río, y la boca del Puerto, y á la parte Levante. Embió a llamar Gente a la Isabela, para començar la población...»17 La narración de Herrera es cónsona con la que ofrece Bartolomé de las Casas en su «Historia de las Indias»,18 quien pretendió, por otra parte, refutar la versión de otro cronista, Gonzalo Fernández de Oviedo relativa a la leyenda antes mencionada, y que es la siguiente: «Padescieron más estos cristianos primeros pobladores

desta isla, mucho trabajo con las niguas, e muy crueles dolores e pasion del mal de las búas,19 porque el origen dellas son las Indias. E digo bien las Indias, así por la tierra donde tan natural es esta dolencia, como por las indias mugeres destas partes, por cuya comunicación pasó esta plaga a algunos de los primeros españoles que con el Almirante vinieron a descubrir estas tierras, porque, como es mal contagioso, pudo ser muy posible».20 Y añade: «Estando, pues, en tanta necesidad los cristianos, por la continuación destas fatigas e dolencias que he dicho, y porque para ser complidos sus males no les faltasen ningún afán, sobrevinieron muchos vientos del Norte (que en Castilla se llama cierzo), y en esta isla es enfermo, e moríanse no solamente los cristianos, pero, como es dicho, los naturales indios.» Y continúa el cronista Fernández de Oviedo narrando los supuestos acontecimientos que por su descripción tan detallada y por haber servido de fuentes a otros cronistas e historiadores se transcribe a continuación: «No teniendo ya otro socorro sino el de Dios, EL permitió su remedio: y éste fue la mudança de la cibdad de la Isabela, donde estaban los españoles avecinados. Y para esta transmigración acaesció que un mancebo aragonés llamado Miguel Díaz, hobo palabras con otro español, e con un cuchillo dióle ciertas heridas; e aunque no murió dellas, no osó atender, puesto que era criado del adelantado don Bartolomé Colom, e ausentóse de temor del castigo e con él, siguiéndole e faciéndole amigable compañía, cinco o seis cristianos(...). E huyendo de la Isabela fuéronse por la costa arriba hácia el Leste o Levante, e bojáronla hasta venir a la parte del Sur, adonde agora está aquesta

FRAGMENTO DEL MURAL DE VELA ZANETTI DONDE SE ESCENIFICA LA PARTIDA DE MIGUEL DÍAZ DE LA ISABELA DESPUÉS DE HERIR A UN COMPAÑERO,
SEGÚN LA LEYENDA

FRAGMENTO DEL MURAL DE VELA ZANETTI DONDE SE ESCENIFICA EL ENCUENTRO DE MIGUEL DÍAZ CON LA CACICA CATALINA,
SEGÚN LA LEYENDA

(ANTIGUA SEDE DEL AYUNTAMIENTO DEL DISTRITO NACIONAL, CIUDAD COLONIAL DE SANTO DOMINGO)

(ANTIGUA SEDE DEL AYUNTAMIENTO DEL DISTRITO NACIONAL, CIUDAD COLONIAL DE SANTO DOMINGO)

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AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 35

cibdad de Sancto Domingo, y en este asiento pararon, porque aquí hallaron un pueblo de indios. E aquí tomó éste Miguel Díaz amistad con una cacica, que se llamó después Catalina, e hobo en ella dos fijos, andando el tiempo. Pero desde poco que aquí se detuvo, como aquella india principal le quiso bien (...) e dióle noticias de las minas que están siete leguas de esta cibdad, e rogóle que ficiese que los cristianos que estaban en la Isabela, que él mucho quisiese, los llamasse e se viniesen a esta tierra que tan fértil y hermosa es, e de tan excelente río e puerto; e que ella los sostenía e daría lo que oviessen menester. Entonces este hombre, por complacer a la cacica, e más porque le paresció que llevando nueva de tan buena tierra e tan abundante, el adelantado por estar en parte tan estéril y enferma le perdonaría(...) acordó de ir al adelantado, e atravesó con sus compañeros por la tierra, guiándole ciertos indios que aquella su amiga mandó ir con él fasta que llegaron a la Isabela, que está cincuenta leguas desta cibdad poco más o menos. E secretamente tubo manera de hablar con algunos amigos suyos, e supo que aquel hombre que avía herido estaba sano, e así osó ver al adelantado su señor, e pedirle perdón, en pago de sus servicios de la buena nueva que le llevaba de aquesta tierra e de las minas de oro. Y el Adelantado le rescibió muy bien y le perdonó, e fizo las amistades entre él e su contendor. Y después que le hobo oído muy particularmente las cosas desta provincia e desta ribera, determinó de venir en persona a verla, e con la compañía que le paresció, vino aquí y falló ser verdad todo lo que Miguel Díaz había dicho; y entró en una canoa o barca de las que tienen los indios, e tentó este río llamado Ozama, que por esta cibdad pasa,

e hízolo sondar en tentó la hondura de la entrada del puerto, e quedó muy satisfecho y tan alegre como era razón: e fué a las minas y estuvo en ellas dos días e cogióse algún oro. E desde allí se volvió a la Isabela, e dio muy grande placer a los españoles todos, después que les hobo dicho lo que avía visto por acá, e dió luego orden cómo la gente toda vinese con él por tierra a este asunto, e mandó traer por la mar lo que allá tenían los cristianos, en dos carabelas que tenían; e llegó a este puerto, segund dicen, domingo día del glorioso Sancto Domingo (...) E fundó el dicho adelantado don Bartolomé aquesta cibdad, no donde agora está, por no quitar de aquí a la cacica Catalina e a los indios que aquí vivían, sino de la otra parte desde río de la Ozama, junto a la costa y enfrente desta población nuestra».21 Siglos más tarde, el Padre Francisco Xavier de Charlevoix en su «Historia de la Isla Española o de Santo Domingo»,22 escrita sobre las Memorias del jesuita Juan Bautista Le Pers, reproduce casi textualmente a Fernández de Oviedo en lo relacionado a la leyenda de Miguel Díaz y la cacica. A partir de ahí la mayoría de los historiadores repiten la misma explicación. Haciendo un recuento del ello el historiador Adolfo Mejía Ricart afirma que «es lástima que nuestros principales historiadores hayan adoptado la ficción novelesca que trasmitió Fernández de Oviedo y de que se hizo eco Pedro Francisco Xavier de Charlevoix.»23 José Gabriel García, considerado el padre de la historiografía dominicana, acogió la narración del cronista Fernández de Oviedo acerca de la relación amorosa entre Miguel Díaz y la cacica Catalina con estas palabras: «Por entonces llegaron a La Isabela

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muy abultadas las noticias de la existencia de unas minas de oro riquísimas en las márgenes del río Jaina, denunciadas por Miguel Díaz, soldado aragonés que habiendo herido a otro en una riña personal, se desertó de su cuerpo e internándose en el corazón de la isla, pudo llegar milagrosamente a la costa del Sur, cerca de la desembocadura del río Ozama, donde contrajo matrimonio con una india que se llamó Catalina, la que deseosa de asegurar la permanencia de su esposo en aquellos recónditos lugares, le indicó el punto en que se encontraban las minas, induciéndole a invitar a los españoles a fundar una colonia en la proximidad de ellas. Colón acogió la noticia del descubrimiento de esas minas con tanto entusiasmo, que inmediatamente hizo poner en camino para el río Jaina a su hermano don Bartolomé, acompañado del mismo Miguel Díaz, de Francisco de Garay y de algunos soldados armados, con el objeto de que fuera a cerciorarse de los informes que se le daban, determinando cuando al regreso de los comisionados adquirió la convicción de que eran exactos, que erijiese desde luego una fortaleza en las márgenes del río Jaina y que las minas se explotasen con actividad.»24 En cuanto a si estaban casados o no Miguel Díaz y la cacica, las opiniones de los historiadores son disímiles. Así, Apolinar Tejera en su documentado trabajo sobre «La fundación de la ciudad de Santo Domingo»25 asevera que Fernández de Oviedo no menciona dicha unión conyugal. Sólo dice que «hobo en ella dos fijos andando el tiempo».26 Charlevoix, en cambio, agrega que «parece que ellos se casaron».27 Washington Irving, gran biógrafo de Cristóbal Colón, está de acuerdo con el dictamen de Charlevoix. Fer-

nando Arturo de Meriño asevera que estaban amancebados, mientras que el historiador José Gabriel García, el barón Emile Nau y el Conde Roselly de Lorgue, no vacilan en asegurar rotundamente que contrajeron matrimonio. Y sin embargo, hay constancia de que la esposa de Miguel Díaz era Isabel de Cáceres quien, al éste al pasar a mejor vida, se casó con el licenciado Antonio de la Gama, viudo a su vez de Isabel Ponce, hija del Adelantado Juan Ponce de León, circunstancias o detalles que constan categóricamente en la historia de las primeras crónicas de las Indias.28

EL AÑO DE FUNDACIÓN DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO Y LA HISTORIOGRAFÍA DOMINICANA

FRAY CIPRIANO DE UTRERA (ÓLEO)

La fecha de fundación de la ciudad de Santo Domingo ha estado envuelta tradicionalmente, en el calor de la polémica. Para unos pocos autores la primitiva villa fue fundada en 1494, mientras que la mayoría de ellos sostiene los años de 1496 y 1498. Aquí se plantea que la tesis de Fray Cipriano de Utrera, expuesta en su forma más acabada en 1958, de que la primitiva villa de Santo Domingo fue fundada en el año de 1498 sigue vigente hoy día, ya que en los últimos cuarenta años no han aparecido documentos incontrovertibles y argumentos lógicos que avalen lo contrario. Así, los planteamientos sustentados por ciertos historiógrafos contemporáneos, salvo algunas excepciones, no son más que los mismos que en su ocasión analizara Utrera para apoyarlos o refutarlos. Fray Cipriano de Utrera fue el nombre que adoptó Manuel Higinio del Sagrado Corazón de Jesús Arjona y Cañete. Sobre su formación, llegada al país, labor historiográfica, etc. puede consul-

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tarse el trabajo «Fray Cipriano de Utrera: Breves Apuntaciones Bio-bibliográficas», escrito por el notable historiador dominicano ya fallecido Dr. Vetilio Alfau Durán.29 Fray Cipriano de Utrera expuso su pensamiento por primera vez en 1950, en su obra «Historia Militar de Santo Domingo.»30 Posteriormente, el 12 de octubre de 1951, en el Salón de Actos del hoy desaparecido Palacio del Consejo Administrativo del Distrito Nacional presentó, en forma más acabada, su planteamiento en un discurso titulado «Isabel la Católica, Fundadora de la Ciudad de Santo Domingo». Ese acto estuvo presidido por el Doctor Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, a la sazón Presidente del Senado y de la Academia Dominicana de la Historia. La disertación de Utrera fue publicada por el entonces Comité Ejecutivo Permanente del Faro a Colón en su órgano informativo «El Faro a Colón.»31 Al año siguiente fue reimpreso en CLIO,32 revista oficial de la Academia Dominicana de la Historia. Transcurrieron siete años y, en 1958, dicha disertación con varias notas eruditas adicionales escritas por el propio Fray Cipriano de Utrera, fue publicada en una obra póstuma-homenaje titulada «Para la Historia de América» que editara Emilio Rodríguez Demorizi, entonces Presidente de la Academia Dominicana de la Historia. Esa es la versión que se utiliza en el presente trabajo. Ahora bien, ¿cuál es el objetivo fundamental del discurso de Utrera? Probar, sin dudas, que el año de la fundación de la ciudad de Santo Domingo fue el 1498, y no el 1496 como tradicionalmente se venía afirmando en los textos históricos. Aunque habría que señalar, en honor a la verdad, que el historiador dominicano

que planteó esa idea por primera vez fue el Dr. Apolinar Tejera quien, en 1908, en la revista «La Cuna de América», publicó su ensayo titulado «La Fundación de la Ciudad de Santo Domingo». Este trabajo fue impreso, posteriormente, en el Boletín del Archivo General de la Nación34 y reproducido en la obra «Rectificaciones Históricas» editada por el Dr. Jorge Tena Reyes, en 1976, con motivo de la Feria del Libro de ese año.35 O sea, que entre el trabajo original de Tejera y el de Utrera transcurrieron 43 años. A continuación se analizarán las razones expuestas por Utrera, descartando a los años 1494, 1496 y 1497 como las fechas en que fue fundada la villa de Santo Domingo. Sobre el año 1494. Esa posición fue planteada por el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y de todas es la que menos sustentación posee. Oviedo dice que Bartolomé Colón «llegó a este puerto, segund algunos dicen, domingo día glorioso Santo Domingo, a cinco días de agosto, año de mil cuatrocientos noventa y cuatro años».36 El Padre Charlevoix admitió que eso «no es verdad, porque cayó (esa fecha) en un jueves».37 La opinión de Oviedo fue compartida por Antonio de Herrera, en su ya citada obra «Historia General de los Hechos de los Castellanos en las Islas y Tierra firme del Mar Océano»,38 Juan de Castellanos en su obra «Elegías de Varones Ilustres»,39 y M. L. Moreau de Saint-Mery en «Descripción de la parte Española de Santo Domingo».40 Al respecto Utrera afirma que Las Casas «repudió la versión de aquél, e independientemente de Las Casas los documentos de la época desmienten a Oviedo».41 El año 1496 es señalado por Bartolomé de Las Casas y esta ver-

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sión, según Utrera, «ha corrido con la autoridad de aceptación de parte de cuantos historiadores a salto de mata apenas han hecho con su plena mención de esta fundación, y de cuantos glosadores que, paso a paso, han repetido literal, sustancial y circunstancialmente las fases de la misma fundación.»42 El pasaje de Las Casas donde habla de los orígenes de la villa de Santo Domingo aparece en su clásica obra «Historia de las Indias»43 y dice así: «Determinó de comenzar allí una fortaleza de tapias sobre la barranca del río y a la boca del puerto, a la parte del Oriente, no donde agora está la ciudad, porque está de la del Occidente; provee luego a la Isabela que se vengan los que señaló, para
BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, ESCULTURA DE JOAQUÍN VAQUERO TURCIOS LOCALIZADA EN LA CIUDAD COLONIAL DE SANTO DOMINGO

que se comience una población, la cual quiso que se llamase Sancto Domingo, porque el día que llegó allí fue domingo, y por ventura, día de Sancto Domingo; (aunque el Almirante, según creo, quiso que se llamase la Isabela Nueva, porque así lo nombró hasta que el tercero viaje que hizo a estas Indias, cuando descubrió a tierra firme, vino a desembarcar en ella, como abajo parecerá). Quedaron en la Isabela los enfermos y oficiales de ribera que hacían dos carabelas; dejó allí 20 hombres comenzando a cortar madera y aparejando lo demás para hacer la fortaleza, y venida la gente de la Isabela que mandó venir, la prosiguiesen, y él con los demás toma guías de los indios, por allí vecinos, para ir a la tierra y reino y rey Bohechio, cuyo reino se llamaba Xaragua, la última sílaba luenga, de quien y de su estado y policía, y de una su hermana, notable mujer, llamada Anacaona, maravillas había oído.» Los argumentos de Utrera para rebatir que el año de la fundación de la ciudad de Santo Domingo fue el 1496 son los siguientes:

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1. El día de Santo Domingo de ese año cayó viernes, y no domingo.44 2. Las Casas falseó el hecho de la fundación de Santo Domingo por su falta de percepción del momento histórico en que hubo de introducir en su narración a aquel marino que se llamó Per Alonso Niño.45 Para comprender ese argumento hay que tener en cuenta, narra Utrera, «la historia conocida que tiene por presupuesto continuo que los Reyes dieron licencia a don Cristóbal Colón para fundar una población en el Sur de la Isla, y que don Cristóbal pasó esa comisión a su hermano don Bartolomé, desde Cádiz».46 En ese sentido, afirma Utrera: «Las Casas no pudo discernir, en cuenta de notas acumuladas para escribir su Historia de las Indias, en la ocasión de intervenir Alonso Niño y recibir en sí oficio de mensajero en lo tocante a la comunicación escrita entre el Almirante y su hermano; si en ello fue mensajero de orden para la fundación, o si fue mensajero de noticias que causaron la orden para la fundación. Las Casas caminó sobre el primer presupuesto, cuando Per Alonso Niño venía. Los documentos se ajustan al segundo presupuesto, cuando Alonso Niño volvió de la Española. Si seguimos a Las Casas, Alonso Niño salió de Cádiz el 17 de junio de 1496; travesía del mar, ejecución del mensaje del Almirante y su hermano y fundación física de la ciudad o villa de Santo Domingo, todo discurrió en el tiempo hasta cualquier fecha de agosto del mismo año de 1496 (y esto no lo escribió Las Casas) con que no pasemos del 4 o del 5 del propio mes de agosto. Tan maravillosa brevedad, a cargo de repetidores y glosadores, se apoya en otro

arbitrio de Las Casas, que hubo de anteponer el supuesto (que no tiene cabida en la Historia) de un «Debiera haber escrito también» el Almirante a los Reyes bien antes de haber emprendido su segunda vuelta a España, con tan feliz resulta que, en llegando a Cádiz, Alonso Niño le entregó la real licencia de la fundación, y el Almirante se la devolvió, etc. Dóyme perfecta cuenta de que, para en esta presente ocasión, no debo insistir sobre el desorden narrativo que se reconoce en los textos de historia patria por seguir la narrativa escrita sin orden por Las Casas, debiendo cuanto crítico quiera administrativamente objetar, remitirse, como le remito, a la misma obra de Las Casas, incluyendo por objeción plenaria aquel pasaje del dominico donde se halla fiel respecto de la fundación de Santo Domingo, como acto no ejecutado todavía a todo largo del año de 1497».47 3. La cronología del año 1496 indica que no se había fundado la ciudad ese año. Al respecto dice Utrera: «El 11 de junio de 1496 Colón había llegado a Cádiz; escribió a los Reyes, y éstos le respondieron el 12 de julio; le dan sus congratulaciones, y pues ha trabajado tanto, es menester que descanse; le oirán con grande placer cuando se allegue a la Corte con todo descanso. Colón quisiera volar, pero está advertido que, so capa de ese descanso que así se le desea, su presencia en la Corte será impertinente. Hasta 120 naves se estaban aprestando y equipando para la conducción de la infanta doña Juana al lado de su marido, don Felipe el Hermoso, en Flandes. De oro de Indias que pudo ayudar en tan ingentes gastos, nada; de los buenos consejos del Almirante para que aquella escuadra hiciese su camino con felicidad y brevedad, por carta res-

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puesta real recibió hacimiento de mayestáticas gracias. Esta segunda carta de Colón era justamente un recordatorio ante los Reyes de que estaba en España y esperaba ser llamado a su presencia. Tres meses pasó Colón en el esforzoso descanso y finalmente fue recibido por don Fernando y doña Isabel en Burgos, también descansados del largo trasiego de la Corte de su segunda etapa de Laredo a Burgos».48 4. Otro dato importante es la fecha en que Cristóbal Colón escribe dos importantes Memoriales que se le pidieron. El primero «no tiene fecha, pero Colón lo escribe cuando nada sabe aún que Per Alonso Niño haya vuelto de Indias; carece Colón de noticia alguna tocante a Indias diferente de aquéllas con que llegó a España».49 Per Alonso Niño llega a España el 10 de noviembre de 1496.50 Aun cuando a Cristóbal Colón se le da «orden de pedir o exponer cuanto sea conducente a esta población y negociación de todas las islas descubiertas y de cuanto queda por descubrir, Colón se limita a exponer en solo lo tolerante a la Isla Española».51 El segundo memorial lo prepara Cristóbal Colón con las noticias que ha recibido de su hermano Bartolomé, a través de Per Alonso Niño. Con las nuevas de que habían aparecido buenas minas en el Sur «llegó a España la noticia con aquellas tres dimensiones, que la una abatió la maledicencia de los Margarit y los Boyl y demás comparsa; la otra confortó y robusteció el ánimo de Colón; la tercera cautivó el corazón de Sus Altezas de tal modo que, en una fecha precisa, y fue la de 23 de abril de 1497, vaciaron la copa de la magnanimidad soberana sobre la isla, sobre Colón y aun sobre muchos de sus vasallos.52

5. Las instrucciones dadas a Colón son claras respecto a la fundación de una villa que, lógicamente, no estaba erigida en 1496. La tercera de ellas dice: «Item; que cuando seáis en las dichas Indias, Dios queriendo, hayáis de mandar hacer, e que se haga, en la isla Española, una otra población e fortaleza allende de la que está fecha, de la otra parte de la isla cercana al minero del oro, segund e en el hogar e de la forma que a vos bien visto fuere». Esta es la fe legal, encabezada con aquellas solemnes palabras de «El Rey e la Reina», de la fundación que debía hacerse de una población, demás de aquella otra ya existente en el Norte de la Isla, y que por su origen regio es una institución de toda forma. Los Reyes ordenan una y no tres ni cuatro poblaciones.53 No obstante no tener sustentación lógica el planteamiento lascasiano, la fecha dada por él, de 1496, fue seguida por otros autores como el padre Pierre Francois Xavier de Charlevoix,54 Washington Irving,55 Antonio Delmonte y Tejada,56 José Gabriel García,57 y Emile Nau,58 entre otros. Coincidente con Las Casas, fue también Pedro Mártir de Anglería en sus «Décadas del Nuevo Mundo.»59 Ahora bien, sigamos con Utrera. Veamos un argumento expuesto con extrema minuciosidad en una nota incluída en su trabajo mencionado y que por su importancia transcribimos. Haciendo galas de una gran capacidad de análisis dice él: «La Instrucción real con el aviso de haber de hacerse nueva población en el Sur, «allende de la que está fecha de la otra parte de la Isla», carece de fecha, y al pie del documento (Nav., II, núm. CIV), hay una nota que advierte: «Esta instrucción, como se ve por el anterior documento [cédu-

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la específica de concesión de 330 personas, de los oficios y formas que ella se expresan], corresponde a 23 de abril de 1497; pero en el original, que existe en el Archivo de Veraguas, está escrito en las espaldas de letra, al parecer, de don Fernando Colón lo siguiente: 98 a 20 de enero. Tal vez se repitió o renovó con esta última fecha». Un estudio tocante al acierto de esa advertencia habría de recaer sobre justificación de la atribución al 23 de abril, o sobre poner en su punto la fecha de 20 de enero de 1498. En el primer caso, y sin entrar en estudio, ya es cierto que la orden de fundarse nuestra población es bien posterior a la quimérica fundación de Santo Domingo en 1496; en el segundo y, sin repararse en la entidad que tenga lo escrito por don Hernando Colón al dorso del documento, todavía es admisible que aquella orden se dilató nueve meses más; por esto en el discurso como en las notas quedó este asunto sin resolver, por no ser sustancialmente necesario, y el tiempo para entonces era corto. «Verificado ya este particular estudio, el autor de la advertencia aparece del todo en todo equivocado en sus apreciaciones porque la fecha fernandina, aún sin ser nota interna documental, lo es externa y tan cabal, que resiste todo opósito, salvo al defecto de inserción en la Instrucción misma. «En esa Instrucción sin fecha se hace mención de otra instrucción real: demás y allende de lo que por otra instrucción nuestra vos e el obispo de Badajoz habéis de proveer». Esa otra instrucción es la de 15 de junio de 1497 (Nav., II, Núm. LXV). No hay en ella referencia a Instrucción ninguna como en la que se ha asignado al 23 de abril. Cuanto al hecho de que en la del 15

de junio se habla con el Almirante y con Antonio de Torres (no con el obispo Fonseca), nada estorba para ser justa y acertadamente identificada con la expresada en la Instrucción carente de fecha; y porque Ballesteros en el seguir la narrativa de Las Casas como punto de apoyo (I, cap. CXXVI) cumple bien (en V, 305: «El año de 1497 acababa con grandes melancolías» por haber alumbrado la Princesa Margarita niña muerta, y por el luto de la Corte, y «estos sucesos...retardaron el despacho de los asuntos de Indias», y añadióse a estas causas el nombramiento para sustituir al obispo de Badajoz, que, por voluntad de los Reyes, recayó en Antonio de Torres...» y éste «no llegó a desempeñarlo porque exigía condiciones y preeminencias», lo que fue «contratiempo para Colón», su amigo; y por eso «volvió a encargase de los asuntos Fonseca, pero se perdió mucho tiempo, porque hubo que redactar de nuevo las cédulas que estaban escritas a nombre de Torres»), ya se ve que la Instrucción sin fecha no fue fecha el 23 de abril de 1497, sino posteriormente al reencargo de los negocios por Fonseca, y ya el 23 de diciembre los Reyes hablaban con cédula (Nav., II, n. CXXIII) con el Almirante y con él, nuevamente. «Esa mentada Instrucción sin fecha, contiene materias sobre que se habían expedido cédulas específicas desde el 23 de abril hasta 22 de junio de 1497 con nuevas indicaciones sobre el cumplimiento de ellas, y materias nuevas de que no hay mención en cédulas específicas: una tal proveyendo «en lo que toca al descargo del ánima de los que en las Indias han fallecido e fallecieran», y los Reyes lo remiten conforme fue propuesta del propio Almirante en

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un memorial, del que solamente se conoce la literación de dicha propuesta; hay otros items, que parecen de última hora, y uno de ellos es la orden de la nueva población, y fue la que vino a recibir nombre de Santo Domingo. Inferirse que en dicho (tercer) memorial habría representado el Almirante se diese orden para dicha fundación, y no como pidió en el memorial de 1496 que se hicieran «tres o cuatro pueblos», es lo lógico aunque no se conozca lo cierto; al fin, ello estaría muy a tono con la propuesta del segundo memorial, de que se hizo mención (véase) en la nota 24. El sello de esta justificación se halla en la misma Instrucción sin fecha: es necesario pasar sin ella desde el 23 de abril, cédula específica de concesión de 330 personas (Nav., II, núm. CIII) hasta después de 15 de junio de 1497, porque en la Instrucción de esa fecha se repita pura y simplemente la concesión predicha de 23 de abril; en tanto que en Instrucción sin fecha la misma concesión (referida a contenida en otra Instrucción, o de 15 de junio; (Nav., II, núm. CXV), esta menciona con ampliación: «Que si vos el dicho Almirante viéredes o entendiéredes que cumple a nuestro servicio que allende de las dichas trescientas e treinta personas se debe de crecer el número dellas, lo podáis hacer llegar a número de quinientas personas por todas», etc. Y así no hay sino considerar la fecha de 23 de abril para la Instrucción sin fecha, como un yerro cometido por falta de estudiosa atención, y cuando sean mil los biógrafos y otros escritores que acojan el 23 de abril por congruente fecha, mil serán los poco advertidos por defecto de observación. «Tenemos, pues, que la cédula de Instrucción sin fecha es lisamente un instrumento en que se recogen diferentes disposiciones

dadas anteriormente para ejecutar en cierto modo antes no previstos, y se juntan disposiciones nuevas. Y que la fecha de 20 de enero de 1498 es de atribución competente, porque el original quedó sin ella. Aunque tal enunciación, 20 de enero de 1498, no se hubiera, la Instrucción sin fecha no se puede considerar como primera de las dos, sino la de 15 de junio; y la sin fecha de tiempo en que Fonseca estaba en sus anteriores cargos, ya despedido de ellos Antonio de Torres. Si Fonseca estaba de nuevo al frente de los negocios en mes de diciembre, aquellas palabras: «Las cosas que nos parece... se bene han de facer e proveer para la población de las islas e tierrafirme... demás e allende de lo que otra Instrucción nuestra vos e el obispo de Badajoz, habéis de proveer, es lo siguiente», no pertenecen a abril de 1497, sino a diciembre de 1497 o a enero de 1498. Y pues en aquel tiempo se puso 20 de enero, no es admisible una tal anotación porque la cédula se repitiera o renovara, porque habríase de pensar que antes también se había omitido fecha, siendo así que el autor de la advertencia llama «original» a pieza sin fecha.60 Descartados los años de 1494, 1496 y 1497, Utrera argumenta que el 1498 fue el año en que se fundó la villa de Santo Domingo. Dice él, a manera de síntesis, en la nota 41 de su trabajo lo siguiente: «Probada plenamente con los memoriales de Colón y las reales disposiciones que la fundación de Santo Domingo no pudo hacerse sino en 1498, es necesario agregar aquí, como elementos directos para acogerse este año, todas las congruencias naturales y derivadas del cotejo de los escritores primarios, según que sus dichas contienen especies que guardan relación con la fundación:

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«Primero: En la década 1490-1499, el día de Santo Domingo, 5 de agosto, cayó domingo los años de 1492 y 1498. «Segundo: Oviedo erró el año, pero por la dependencia que hay entre la despoblación, o casi, de la Isabela con la fundación de Santo Domingo, el año verdadero de la fundación está por el cronista repuesto virtualmente en lugar del errado. Dice de la Isabela que «aquesta fue la segunda población de cristianos que hubo en las Indias e se fundó en esta isla de Haití que agora llaman Española. E hasta el año de mil e quatrocientos e noventa e ocho turó aquella república, porque el primero pueblo que hobo fué aquel de los treinta y ocho cristianos que quedaron del primero viaje; e desBUSTO DE BARTOLOMÉ COLÓN

de la Isabela se passó después toda aquella vecindad a esta cibdad de Sancto Domingo». (Ob. cit., Lib. II, cap. VIII, p. 35-36). «Tercero: Las Casas reconoció expresamente que la Isabela era la población que estaba hecha en 1497, con todo y no nombrarla por su nombre los Reyes en la Instrucción a Colón de 23 de abril de 1497, y ordenaron que se hiciese otra: «que después se edificase». «Cuarto: Después de separarse Roldán de sus tratos con el Adelantado, «desde a dos meses, días a más o menos, llegaron a la isla tres carabelas» de Sánchez Carvajal, y «el Almirante llegó a la isla dende a pocos días», «que llegó a esta isla a quince de agosto de noventa y ocho». Pero el Almirante llegó a la isla mientras Sánchez Carvajal subsistía por las costas de Jaragua. Poderoso indicio de no haber sido fundado Santo Domingo el 5 de agosto, domingo, día de Santo Domingo. «Quinto: El Almirante copió de su mano una misiva a él escrita en respuesta a carta suya: «Diz v(uestra) S(eñoría) que llegaste

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allá a xxxi de agosto del dicho año noventa y ocho; según esto se debe ver los gastos que de dicho tiempo a acá se ha hecho en vuestra gobernación, etc.» En el cómputo de Roldán, dos meses, días más o menos de cómo va diciendo de la llegada de Sánchez Carvajal, llegó el Almirante; y dado que dice que llegó el 15 de agosto, debemos juntar a los dos meses de Roldán los quince días que le quitó, pues el 31 de agosto, y son dos meses y medio. Y el mentado, indicio se robustece contra el 5 de agosto. «Como Las Casas y Oviedo, aquél con su relato de la fundación que no puede sacarse de 1496, y éste con su equivocación de 1494, habían de introducir la especie de barcos (en construcción dice el primero) para que
RUTA DEL TERCER VIAJE COLOMBINO

narrado de lo de una orden de hacerse fortaleza en el sitio que eligió, se trasladó el Adelantado a Jaragua; después por bien saber el estado de las cosas, fue a la Isabela, donde habían muerto muchos, y sacó de allí dos sanos, y fue repartiendo los enfermos por lo interior porque tuvieran alimentos cuando no medicinas ni médicos, y dejó en la Isabela a los oficiales que estaban haciendo dos navíos; con que no sirvieran para trasladar gente que continuasen la obra junto a la fortaleza, haciendo sus casas en la nueva población. Posteriormente, y durante los disturbios de Roldán, sólo hay una nave disponible para que Roldán se vaya a España, y la nave nunca acaba de ser botada al agua. De parte de Oviedo, dentro del error de mención de 1494, había dos naves que fueron dos de las cinco que quedaron de la segunda expedición a Indias, porque Antonio de Torres se fue con doce, y el Almirante a las costas de Cuba con tres; lo que importa no contar nosotros con tales dos carabelas que fuesen de la segunda expedición. Faltando en Las Casas navíos que ayudasen a la traslación de la gente, y habiendo de entrar en el relato de Oviedo que el Adelantado mandó meter toda clase de bártulos en las dos carabelas que dice, es llano, cuando se tratare de ir contra la lógica de no haber tocado en la Isabela con los dos navíos de su armada la Niña y Santa Cruz el capitán de ellas Pedro Hernández Coronel, en cuenta de primer arribo en la isla, que no cabría en la narración de Oviedo el servicio de dos navíos, como en las Casas se reconoce que tampoco, siendo así que ninguno de los escritores acierta el verdadero tiempo de la fundación de Santo Domingo, que a toda luz fue en 1498, en ocasión de estos dos navíos de Hernández Coronel, los que en ambos

sirviesen en la isla (hechos y ya expeditos, se entiende en el segundo: El Adelantado «mandó traer por la mar lo que allá tenían los cristianos en dos caravelas que tenían, e llegó a ese puerto, segund algunos dicen, domingo día de Santo Domingo»), obsérvanse incongruencias en uno como en otro. De parte de Las Casas ningún barco es de alivio para la fundación de Santo Domingo, porque, ya

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escritores quedaron sin mención de haber arribado con suerte ni sin ella a donde debieron dirigirse para desde allí tomar noticias seguras de dar con el puerto de la costa del Sur, rumbo nuevo para todos, pues piloto ninguno era conocedor del sitio escogido para hacerse la fundación. Y así queda más que bien asentado que las dos carabelas estuvieron en la Isabela en el tiempo (que Oviedo reconoce indirectamente ser el año de 1498) de haber salido la gente para ejecutarse con prontitud de la fundación de Santo Domingo. «Sexto: pues erró Oviedo el año, erró diciendo la ocasión, pero no el cómputo del tiempo de la fundación y de la llegada del Almirante. Porque inmediatamente después de tratar de la fundación sigue escribiendo: «Desde a dos meses e medio, poco más o menos días (como quien hubiese visto el decir de Roldán), vino el Almirante e los que con él habían ido a descobrir» (Lib. II, Cap. XIII). El error de Oviedo es de haber tomado de Colón la vuelta del viaje en que descubrió Jamaica, en 1494, en lugar del viaje en que descubrió Trinidad, Paria, Margarita, en 1498. «Séptimo: Los dos meses y medio en Oviedo y Roldán ya corregido por haber disminuido aquellos 15 o 16 días, llevan la fundación aproximadamente al 15 de junio de 1498, y si se aplica el «pocos días más o menos», el domingo inmediato al 15 de junio fue el 17 del mismo. Los domingos de junio de 1498 fueron los días 3, 10, 17, 24. Como algún día parezca documento directo que enuncie el día de la fundación de Santo Domingo, si realmente fue en día domingo, dará una cualquiera de esas tres primeras fechas. Y hasta aquí es lo que he podido elucubrar. Diera razón de la fecha

exacta al Cuaderno de apuntes de cuanto hizo durante su gobierno en la isla don Bartolomé Colón, mucho tiempo ha perdido (del que hizo mención don Hernando Colón, op, cit., cap. LXI); noticia contenida en El archivo colombino de la Cartuja de las Cuevas, publicado en 1930 en el Boletín de la Academia de la Historia, Madrid.61 En conclusión, Utrera es categórico en afirmar que el año de fundación de la villa de Santo Domingo es el 1498. No está de acuerdo con la fecha del 4 o 5 de agosto.62 El año de fundación de la villa de Santo Domingo ha recibido, dependiendo la fuente utilizada, variado tratamiento en la historiografía contemporánea dominicana que, para el autor de este trabajo, es la que está comprendida entre el 1961, año en que termina la Era de Trujillo, y el presente. Aunque algunos historiadores expusieron sus opiniones y planteamientos antes de 1960, los mismos volvieron a cobrar actualidad al ser reeditadas sus obras con posterioridad a ese año o al ser adoptados sus planteamientos por otros historiadores. Algunos de estos no se mencionan porque no han tratado el tema o simplemente repiten lo planteado por otros. Para una mejor comprensión, se enfocarán los historiadores según sean partidarios de los años 1494, 1496, 1497, o 1498. Empecemos por el 1494. Max Henríquez Ureña es partidario de esa fecha porque sigue a pie juntillas la opinión de Oviedo, como puede verse en su artículo «El Fundador de la Ciudad».63 El Dr. Mañón Arredondo en la Introducción de su obra «Crónicas de la Ciudad Primada» dice: «...desde aquellos primeros años, cuando Bartolomé Colón y un

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grupo de seguidores determinaron fundar una villa primitiva en la orilla oriental del río Ozama en el año 1494».64 El autor no hace comentario alguno ni indica en qué o en cual autor sustenta su opinión. Suponemos que en Oviedo. Veamos ahora los que han defendido el año 1496, muchos de los cuales, siguiendo acríticamente el planteamiento de Las Casas expuesto anteriormente y que refutara Fray Cipriano de Utrera, parecen dar la razón a Máximo Coiscou Henríquez, quien en su «Historia de Santo Domingo, Contribución a Su Estudio» afirma: «Las publicaciones relativas a nuestra Historia se resienten de tal estado de cosas. Su valor reconstructivo es punto menos que nulo...nuestros escritores de Historia carecen, en general de originalidad; sus obras son, por lo común, glosas; incapacidad para ver los problemas se manifiesta desde luego, por su incapacidad para plantearlos; en sus textos, vagos e inconsistentes, rarísima vez se descubre algo preciso, definido, fundamental. Aquí vendría a cuento la reflexión de Lucien Febvre: «¿qué problemas hay que resolver, cuando no se plantea ninguno?...»65 Otto Schoenrich, sin fundamentar su opinión, en su obra «Santo Domingo, un País con futuro» sostiene que «al llegar a España, Colón escribió a su hermano que fundase un poblado en la costa sur, en la desembocadura del Río Ozama. Inmediatamente, Bartolomé Colón salió a seleccionar el lugar, y el 4 de agosto de 1496, colocó la primera piedra de la nueva ciudad en la margen izquierda del Ozama, llamándola Nueva Isabela, en honor a la reina».66 Pedro Henríquez Ureña, en su obra «La Cultura y las Letras Coloniales en Santo Domingo» afirma que «la ciudad de Santo

Domingo del Puerto, fundada en 1496, se quedó siempre pequeña, aun para los tiempos...»67 No indica en qué documento sustenta su afirmación. El Prof. Félix M. Pérez Sánchez escoge ese año, considerando que «una constante tradición mantenida a través de más de cuatro siglos, ha obligado a aceptar el 4 de agosto de 1496 como la fecha en que fue fundada, en la margen oriental del río Ozama, la Villa de Santo Domingo...»68 Ramón Marrero Aristy señala que «la fecha de fundación de Santo Domingo se señala en 5 de agosto de 1496, por haber puesto la primera cruz el Adelantado don Bartolomé Colón en la ribera oriental del Ozama en ese día, aunque las disposiciones de la Reina para que la ciudad se edificase aparezcan con fecha posterior».69 El historiador norteamericano Carl Ortwin Sauer, en su obra «The Early Spanish Main», publicada originariamente en 1966, afirma que Bartolomé Colón «realizó sondeos y se decidió por la boca del río Ozama, 15 kilómetros al este de la del Haina. Allí empezó a construir Santo Domingo en agosto de 1496».70 No expone las fuentes, al parecer se basa en Las Casas. Con ese año también están de acuerdo el Marqués de Lozoya,71 según consta en el «Diccionario de Historia de España», dirigido por German Bleiberg72, y Pedro Aguado Bleye en su «Manuel de Historia de España».73 El destacado historiador español Juan Manzano Manzano, fundamentándose en las «Décadas» de Pedro Mártir de Anglería y en la «Historia de las Indias» de Las Casas sostuvo en 1972 que «el traslado se efectuó en el verano de 1496, por Bartolomé Co-

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lón, cumpliendo órdenes de los reyes y de su hermano, el Almirante».74 Emilio Rodríguez Demorizi, en su opúsculo «Colón en La Española, Itinerario y Bibliografía», publicado originariamente en 1942 y reeditado en 1984, afirma, al parecer siguiendo a Las Casas, que el 4 de agosto de 1496 «Bartolomé Colón funda en la margen izquierda del río Ozama la ciudad de Santo Domingo, así nombrada, según la tradición, por haber llegado allí domingo, porque su padre se llamaba Domingo, o porque era día de Santo Domingo». Basándose en él, Ursula Lamb sostiene la misma opinión en su obra «Frey Nicolás de Ovando, Gobernador de la Indias».75 En los últimos años, algunos autores sin indicar fuentes y sin exponer argumentos han continuado defendiendo esa fecha. Así, el Arq. René Sánchez Córdoba, escoge ese año en su obra «Santo Domingo, 1496-1991».76 Luis Arzeno Rodríguez, en su trabajo «Primacías de América en Santo Domingo», publicada en 1992, dice que la fecha de fundación «ha sido aceptada el 4 de agosto de 1496, como quiera que la data es motivo de permanente disentir entre los conspicuos y más acuciosos eruditos investigadores de la Historia Colonial».77 Miguel Fuertes, en una ponencia fechada en Madrid 9 de marzo de 1993 y titulada «Miguel Diez de Aux, un aragonés en el Descubrimiento de América» asume el año 1496 fundamentándose en Las Casas.78 Antonio Braga, compositor de música clásica, tomando como base la obra de Cesare de Lollis, «Cristoforo Colombo, nella leggenda e nella storia», publicada hace ya casi un siglo, asume el año

1496. Este aserto adolece de confusión respecto al año en que Cristóbal Colón recibe las instrucciones de «fundar una nueva ciudad en la parte sur de la Española». Braga afirma que el hecho sucedió el 11 de junio de 1496, pero en realidad fue en 1497 como se consideró anteriormente, cuando se dilucidó la tesis de Utrera.79 El historiador Manuel de Jesús Mañón Arredondo, al realizar lo que parece ser una lectura inadecuada y defectuosa del trabajo de Utrera, sustenta el año 1496, en una serie de artículos publicados en el Listín Dominical. En esos trabajos sigue los planteamientos de Las Casas.80 El historiador Francisco A. Henríquez Vásquez, en una conferencia dictada en el mes de agosto de 1995 y de la cual se conserva una grabación, titulada «La Fundación de Santo Domingo, desde la Factoría hasta la Contratación», auspiciada por la Asociación Dominicana de Abogados (ADOMA), plantea que «en 1496, al regreso de su segundo viaje, Cristóbal Colón dio instrucciones a su hermano Bartolomé que fundara la ciudad de Santo Domingo». Da por supuesto que, obeciendo ese deseo, Bartolomé fundó la ciudad en agosto de ese año. Algunos autores, con diversas argumentaciones, han planteado como año de la fundación de Santo Domingo el 1497. Fray Vicente Rubio, O.P., aunque no está de acuerdo con lo expuesto, comenta esa situación en su artículo «Autor de la Historia del Nuevo Mundo señala el 1497 como año de fundación de la ciudad de Santo Domingo».81 Se refiere al P. Bernabé Cobo, quien en su «Historia del Nuevo Mundo» afirma: «...mi residencia en Indias ha sido tan a los principios de su población, que puedo decir

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haber entrado en ellas en el primer siglo de la fundación d’esta república. Porque no embargante que se halló esta tierra el año de 1492 y volvieron los españoles un año después de dar principio a su pacificación; con todo eso, hasta que se fundó la ciudad de Santo Domingo el año 1497 no comenzó a tener asiento y estabilidad esta nueva república; y así, habiendo llegado yo a la isla Española el sobredicho año de 1596, a los noventa y nueve de la fundación de dicha ciudad de Santo Domingo, bien se verifica que entré en estas Indias en el primer siglo de su población». Frank Moya Pons, tanto en su «Historia Colonial de Santo Domingo» como en su «Manual de Historia de Dominicana» se inDOBLE PAGINA ANTERIOR: ROBERT SCHOMBURGK, PLANO DE SANTO DOMINGO Y DE SUS CONTORNOS, 1858

llamaba. El propio Bartolomé Colón la asentó al este del río Ozama, en su margen izquierda, tal como establecen los cánones clásicos». El historiador dominicano Roberto Cassá no ofrece un año definitivo insinuando que puede ser 1496 o 1497, aunque siguiendo la lógica de su razonamiento podría afirmarse que es partidario del último año. Dice él, en su «Historia Social y Económica de la República Dominicana» lo siguiente: «En esos años fundó los fuertes de Santo Tomás, Magdalena, Esperanza, Concepción y Bonao, para formar una cadena que uniera las costas Norte y Sur, objetivo que se logró entre 1496 y 1497 durante la gestión de su hermano Bartolomé con la fundación del fuerte de Buenaventura y la villa de Nueva Isabela o Santo Domingo».85 Pasemos ahora a las razones de quienes sustentan el año 1498 como el de la fundación de Santo Domingo. El destacado historiador alemán Erwin Walter Palm en su ya clásica obra «Los Monumentos Arquitectónicos de la Española», publicada en 1955 por la entonces Universidad de Santo Domingo y reeditada en 1984 por la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, está de acuerdo con la tesis de Utrera al concluir sus razonamientos de la siguiente manera: «Siendo la primera flota destinada a la Española después de esa fecha la que, a las órdenes de Pedro Fernández Coronel, zarpa de Sanlúcar el 3 de febrero de 1498, casi cuatro meses antes de la salida de Colón para su tercer viaje, sería preciso concluir que la fundación de Santo Domingo no puede haber ocurrido antes de la primavera de 1498.86 El recordado historiador dominicano Lic. Pedro Julio Santiago

clina por el año 1497.82 Ese mismo planteamiento es compartido, sin exponer argumentos justificativos, por Paolo Emilio Taviani en su obra «Los Viajes a Colón, el Gran Descubrimiento».83 Una publicación del Centro para la Historia de las Obras Públicas y Urbanas (CEHOPU), titulada «Puertos y Fortificaciones en América y Filipinas»84, considera también, sin dar argumentos, el año de 1497 con estas palabras: «A fines de 1493 se levantó La Isabela, primer municipio del nuevo Mundo. Poca vida tuvo esta población pues el descubrimiento al sur del territorio de unas minas de oro próximas al río Haina hizo que la colonización se trasladase hacia esa zona meridional. Aquí, en agosto de 1497 se alzará el primero de los dos asentamientos que tendría la ciudad de Santo Domingo. Aunque la fecha de fundación de Santo Domingo no está probada documentalmente sí sabemos que fue Bartolomé Colón quien la erige, dándole el nombre bien por haber llegado a ella un día de domingo o en memoria del padre de los Colón que así se

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apoya la tesis de Utrera en su artículo «La Ciudad de Santo Domingo, fue realmente fundada el 4 de agosto de 1496?»87 Eso mismo volvió a plantear 27 años más tarde en el texto de la «Guía Monumental Santo Domingo Colonial».88 El historiador puertorriqueño Salvador Brau, en su libro «La Colonización de Puerro Rico», afirma lo siguiente: «Entre estas últimas disposiciones merecen especial recuerdo la autorización para repartir, en propiedad, las tierras de la isla a los vecinos que se dispusiesen a cultivarlas, y la licencia para trasladar a orillas del río Ozama la población establecida en la costa septentrional de la isla; medida esta última que entrañaba doble conveniencia, por las venCIUDAD VIEJA DE SANTO DOMINGO

tajas topográficas y la aproximación a las minas de Hayna. Dicha traslación, comunicada a la Española en abril de 1498, agradó a los colonos que, por consecuencia de las graves enfermedades padecidas en Isabela, llamaban a esta población la tumba de los españoles; de modo que, sin entorpecimiento alguno, procedióse a la mudanza, instalándose solemnemente el 4 de agosto la nueva ciudad, a la que se dio el nombre de Santo Domingo, con la doble circunstancias de llamarse Domingo el Padre de Cristóbal Colón y de conmemorarse en ese día por la iglesia al Santo Obispo de Osma, fundador de la Orden de Predicadores».89 Alcides García Lluberes, basándose en los trabajos de Apolinar Tejera y por su propio análisis, habla del 4 de agosto de 1498 de la siguiente manera: «La fundación de Santo Domingo...fue legítimo fruto de su tercer viaje, que duró desde el 30 de mayo hasta el 30 de agosto de 1498, quizás el más grato para él en aquella su azorosa tercera jornada marítima. A primeros de julio de 1498, ya habían llegado a la Española las tres naves propiciatorias de la anhelada fundación; al mes, el 4 de agosto de 1498, nuestra ciudad fue fundada; y cuando Cristóbal Colón arribó a nuestras playas el 30 de agosto de 1498, ya había alcanzado su vigésimo sexto día de la recién nacida y necesarísima capital dominicana.90 Víctor Garrido en su documentado y analítico trabajo «En Torno a la Fundación de Santo Domingo», llega a la siguiente conclusión: «Quieran o no los tradicionalistas, los hechos históricos evidencian que Santo Domingo fue fundada, como dice Fray Cipriano de Utrera,

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y se ve por las instrucciones de los Reyes al Almirante, en el 1498 en una fecha y en un mes que no se han establecido y que acaso pueden establecerse si apareciere el perdido diario en que el Adelantado don Bartolomé Colón llevaba nota de todos los actos que realizaba.»91 El «Estudio para la Revalorización de la Zona Histórica y Monumental de la Ciudad de Santo Domingo», habla de que «desde mayo a primeros de agosto de 1498 funda Bartolomé Colón, por encargo del Gran Almirante y voluntad de los Reyes Católicos, la primera ciudad de Santo Domingo en la costa sudeste de la Isla, sobre la margen oriental del río Ozama».92 Luis Alemar, cuya obra «La Ciudad de Santo Domingo», impresa en 1943, fue reeditada por la Sociedad Dominicana de Bibliófilos en 1980 con anotaciones del historiador Pedro Julio Santiago, sostiene, apoyándose en Utrera, que el año de fundación es el 1498. Juan Daniel Balcácer, en su obra «Acerca del Nombre de Nuestro País» es partidario del año 1498, aunque reconoce que «algunos autores sostienen que fue en 1496».93 El historiador español Guillermo Céspedes del Castillo, en el tomo VI de la Historia de España, dedicado a la América Hispánica (1492-1898) sostiene que «Colón mandó construir una serie de fuertes en el interior, que pronto llegaron hasta la costa sur con la fundación de Santo Domingo (1498).»94 Fray Vicente Rubio, O.P., en su artículo «Francisco de Garay fue uno de los mejores pobladores de la ciudad de Santo Domingo» considera que Bartolomé Colón fundó la ciudad en 1498.95 Tirso Mejía Ricart, después de discurrir sobre los argumentos de cronistas y autores, en su ensayo sobre la ciudad de Santo Domin-

go concluye afirmando lo siguiente: «Todo parece indicar que en 1496 se realizó sólo la exploración y elección del lugar, así como la construcción del fortín la Torrecilla y la dotación de una guarnición allí, habiendo quedado en cambio la edificación en sí de la villa y el traslado a ésta de la sede del gobierno colonial para 1498, hacia mediados de junio, o en otra fecha a partir de marzo y antes del 31 de agosto del mismo año»96 Marcio Veloz Maggiolo y Elpidio Ortega, quienes realizaron excavaciones arqueológicas en el sitio donde se fundara la primera villa de Santo Domingo y a las cuales nos referimos más adelante, sostienen el año 1498. Ciriaco Landolfi, en su artículo «Fundación de Santo Domingo» está de acuerdo con la tesis de Utrera del 1498.98 El autor de la «Cronología» que figura en la obra «Cristóbal Colón, Diario de la Navegación y Otros Escritos» afirma: «31 de agosto de 1498. Fondean en la desembocadura del Ozama cerca del asentamiento recién fundado de Santo Domingo».99 Ramón Bona Rivera, en un artículo publicado en el Listín Diario plantea que «la Ciudad de Santo Domingo no se fundó el 4 de agosto del 1496».100 En otro trabajo posterior, después de exponer sus razones argumentales, concluye afirmando que «aunque y desde finales del 1496 se inició en la desembocadura del Ozama la construcción de algunas instalaciones de lo que sería la futura ciudad de Santo Domingo, no es sino hasta el 5 de agosto de 1498 cuando se realiza el acto oficial del traslado del gobierno desde la Isabela a la nueva ciudad, así como su bautizo con el nombre de Santo Domingo».101

EL SITIO ESCOGIDO PARA FUNDAR LA VILLA

THÉODORE DE BRY. PLANO DE LA SANTO DOMINGO, QUE REPRESENTA LA INVASIÓN DE DRAKE (1586)
CIUDAD DE

La primitiva ciudad, como muy bien afirma un historiador, fue fundada «cerca de la Punta Torrecilla, junto a la boca del caudaloso río Ozama, distante unas ocho leguas, cuya profundidad sondeó el Adelantado en las canoas de los indios, y con fundo suficiente para que pudieran entrar naves hasta de trescientas toneladas con suficiente abrigo, y altas márgenes llanas, hacia la playa oriental del Retiro (...) la Villa que se extendía en toda la extrema banda derecha del río, empinada en un alto collado; hecha dicha fortaleza de tapiería, circundada de fosos y rodeada de una campiña llana, fértil y llena de árboles, con canteras casi marmóreas y de piedras para la construcción de edificios y además con una abundante fuente de agua potable».102 Pedro Mártir de Anglería, al hablar del sitio, destaca el hecho de que el nuevo poblado estaba cerca del río: «Un río de aguas saludables y abundantísimo en toda clase de peces corre hacia el puerto entre riberas encantadadoras. Cuentan que las condiciones

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naturales de dicho río son admirables, ya que, a cualquier parte que fluya, todo es delicioso, y al mismo tiempo útil. Las palmeras y los árboles frutales isleños de todas clases inclinaban hacia los navegantes a sus ramas cargadas de frutas y flores, y, a veces, venían a tropezar en sus cabezas; asimismo se hacen lenguas de la fertilidad del suelo, igual o más rico que el de la Isabela».103 Algunos autores en el pasado llegaron a afirmar que dicho sitio estaba en la propia Punta Torrecilla. Al respecto Fray Roque Cocchia, administrador apostólico de Santo Domingo, escribió: «Ayer 14 de octubre, fui a ver lo que queda de aquella histórica villa (la primitiva población de Santo Domingo) acompañado de los señores don José M. Bonetti, don Emiliano y don Apolinar Tejera (iba también como guía, por ser muy conocedor del lugar, el señor Juanico Tejera) y encontramos las ruinas de la antigua fuente, al Norte, hoy obstruida, aunque todavía se ve agua al pié de ella; los cimientos de un extenso edificio el centro, que fue probablemente una iglesia, y la base de la antigua fortaleza al Sud, existiendo aun los tres lados, sud, este y oeste. La distancia entre estos dos últimos puntos, es de treinta metros aproximadamente (la exuberante maleza apenas permitía medir con precisión sin que se sepa si esto era lo largo o lo ancho). Ciertamente la fortaleza no debía ser muy grande. La punta donde estaba se llama de la Torrecilla. ¡Cuántas memorias en aquel punto! Entre ellas, la prisión de Colón».104 Eso mismo había afirmado antes Antonio Sánchez Valverde en su obra Idea del valor de la Isla Española. Este autor, la hablar de la ubicación del puerto de Santo Domingo en la desembocadura del Ozama, expresa que ésta «forma de E. un recodo pequeño que lla«PLANO DE LA CIUDAD DE 1806. NÓTESE LA PLAYA DEL RETIRO,
LA POSTERIOR PLAYA DEL

DESEMBARCADERO Y LA ZONA
DONDE SE SEÑALA LA ERMITA O SITIO DEL

ROSARIO, CON LOS

CAMINOS HACIA EL ESTE»

(PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA)

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mamos Playa del retiro, con una Pta. Chica, que se dice por ese la Puntilla y por otro nombre la Torrecilla porque en ella hubo antiguamente un Fuerte, que defendía la entrada, cuyas minas y fragmentos existen todavía.»105 Ahora bien, la Punta Torrecilla, como muy bien lo documentó Walter Palm, no perteneció a la villa originaria de Santo Domingo. Dice el afamado investigador: «Pero la misma situación demuestra que estas ruinas, descritas en 1877 por el administrador apostólico de Santo Domingo, no pertenecieron a la ciudad del siglo XV; sino que se trata de huellas de fortificaciones erigidas precisamente en la Punta Torrecilla en el siglo XVI. Además, ninPLANO DE LA CIUDAD DE SANTO DOMINGO, HACIA 1873. NÓTESE, A LA DERECHA, LA
INDICACIÓN DEL SITIO DONDE ESTUVO LA PRIMITIVA VILLA.

A LA IZQUIERDA, SECTOR ORIENTAL

guno de los historiadores menciona edificios de estructura durable en la Nueva Isabela, a no ser murallas problemáticas y «la fortaleza de tapias sobre la barranca del río (es decir, no en Punta Torrecilla) « y a la boca del puerto, a la parte o banda del Oriente», como lo había señalado Las Casas en su Historia de las Indias.106

DE LA CIUDAD, ÁREA DONDE ESTUVO LA PRIMITIVA VILLA DE

SANTO

DOMINGO

EL NOMBRE ORIGINARIO DE LA VILLA

SANTO DOMIGO DE GUZMÁN

¿Cuál fue el nombre con que fue bautizada la primitiva villa de Santo Domingo? Algunos autores han afirmado que fue Santo Domingo, otros que «Nueva Isabela». Veamos. Fray Cipriano de Utrera sostiene la primera posición y dice que «tres son los motivos clásicos del nombre que se dió al nuevo pueblo de Santo Domingo»; y agrega que Las Casas expresa que el Adelantado «quiso que se llamase Santo Domingo porque el día que llegó allá fue domingo y, por ventura, día de Santo Domingo» (Ob. cit., Libro I, Cap. CXIII ). Hernando Colón, en la Vida del Almirante, expone el tercer motivo: «el adelantado había señalado allí el sitio de la ciudad, a la parte oriental del río, donde hoy está, y llamóla Santo Domingo en recuerdo de su padre que se llamaba Domingo (Ob. cit., Cap. LXXIII).»107 Eso es confirmado por Fernández de Oviedo cuando escribió que «inquiriendo yo e deseando saber la verdad por qué esta cibdad se llamó Santo Domingo, dicen que, demás de haber allí venido a poblar en domingo

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e día de Sancto Domingo, se le dio tal nombre, porque el padre del primero Almirante y del Adelantado, su hermano, se llamó Domingo y que en su memoria, el fijo llamó Santo Domingo a esta ciudad.»108 Charlevoix, basándose en el cronista Antonio de Herrera, afirma que «se le llamó al principio la Nueva Isabela, no habiéndola designado nunca Cristóbal Colón de otro modo; pero el nombre de Santo Domingo, sobre cuyo origen hay discordancia de opiniones, llegó insensiblemente a prevalecer...»109 Eso mismo sostiene Moreau de Saint Mery cuando dice que «la ciudad de Santo Domingo fue fundada en la orilla oriental del Ozama (...) por Bartolomé Colón, que le dio el nombre de Nueva Isabela aunque el de Santo Domingo, sustituyó al primero, no sé ni en qué época ni en qué ocasión; a menos que no se acepte lo que ya he dicho según algunos autores, que Cristóbal Colón dio a la nueva ciudad el nombre de su padre ...110 El historiador Don Antonio Del Monte y Tejada considera que se la denominó Santo Domingo, «ó porque se principió el 4 de agosto o porque su padre se llamaba Domingo, aunque en aquellos primitivos días se la conoció con el nombre de Nueva Isabela.»111 Fray Cipriano de Utrera, sosteniendo que el propio Almirante Cristóbal nunca llamó «Isabela Nueva» a la primitiva villa como escribió Herrera y que siempre la denominó «Santo Domingo», trae a colación como prueba el hecho de que cuando «Colón llegó el 30 de Agosto de 1498, escribió a Roldán una carta de paz que terminó: «De Santo Domingo a veinte de Octubre»112 Otros documentos, como dice Apolinar Tejera, confirman el

hecho de haber llamado Cristóbal Colón siempre a la ciudad con el nombre de Santo Domingo. Dice este autor: «En carta al ama que había sido del Príncipe Don Juan, escrita a fines del año 1500 se lee: «En esto vino el Comendador Bobadilla a Santo Domingo: yo estaba en la Vega y el Adelantado en Jaragua»: «El Comendador en llegando a Santo Domingo, se aposentó en mi casa, así como la falló así dio todo por suyo: vaya en buena hora; quizás lo había menester: corsario nunca tal usó con mercader.» En otras dirigidas a su muy caro fijo Don Diego Colón, y fechadas en Sevilla a 21 de noviembre y 1 de diciembre probablemente del 1504, le dice: «Este preso prendió el Gobernador en Santo Domingo.» «La carabela que quebró el mástil en saliendo de Santo Domingo, es llegada al Algarbe: en ésta vienen las pesquisas de los Porras.» Y en el salvoconducto expedido a favor del turbulento y díscolo alcalde mayor, y de los que se presentaron con él, encuéntrase lo siguiente: «Por la presente doy seguro en nombre de S. S. A. A. al dicho alcalde, y a los que con él viniesen a Santo Domingo, donde yo estoy.» «En firmeza de lo cual firmé esta escritura de mi nombre. Fecha en Santo Domingo, a veinte y seis días del mes de Octubre. El Almirante.»113 Algunos historiadores, de manera errónea, han sostenido que la ciudad se llamó «Santo Domingo de Guzmán.» Víctor Garrido trae el siguiente recuento: «Arturo Logroño, en el primer tomo de su Compendio Didáctico de Historia Patria, página 40, capítulo IV, se limita a escribir que «El día 4 de agosto de 1496 fundaba el Adelantado la ciudad de la Nueva Isabela en la margen derecha del Ozama, nombre que cambió después, por razones de almana-

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que por el de Santo Domingo de Guzmán que aún conserva. Manuel Ubaldo Gómez, Resumen de la Historia de Santo Domingo, año 1928, Libro Primero, página 18, dice que «El Adelantado se trasladó a Haina a explorar las minas» y luego: «El 4 de agosto de 1496 puso don Bartolomé la primera piedra de la Nueva Isabela, nombre que cambió después por el de Santo Domingo en honor del Santo del Día». Bernardo Pichardo en su Resumen de Historia Patria, Quinta Edición año 1969, página 26, ampliando lo escrito en ediciones anteriores, dice que «en virtud de noticias anteriormente suministradas por Miguel Díaz respecto de la existencia de minas de oro en la margen izquierda del río Haina, que fueron comprobadas luego por don Bartolomé y Francisco Garay (...) El primer paso que dio el Adelantado al hacerse cargo del Gobierno, fue trasladarse a dichos lugares para ordenar y organizar la explotación de ellas. Puso después la primera piedra de la Nueva Isabela (Santo Domingo de Guzmán) en la margen oriental y casi en la desembocadura del río Ozama en los terrenos contiguos a la Punta Torrecilla».... Sólo se adivina por aquello de Santo Domingo de Guzmán que ha querido referirse al 4 de agosto de 1496.»114 Y concluye afirmando que «los tres historiadores nombran un Santo Domingo de Guzmán que nunca mencionó nadie.»115 En algunos documentos se habla de «Santo Domingo del puerto», pero como bien aclara el autor antes citado, eso «del puerto» se refiere a la ubicación de la ciudad: «En la obra, De los Pleitos de Colón, año 1512, en la página 232 que se refiere a «testimonios de reclamación y protesta de Don Diego Colón contra la sentencia o declaración dada en Sevilla por los señores del Consejo, que me-

noscaba sus privilegios», leemos: «en la villa de Santo Domingo, del puerto de la isla Española, etc. en la 290, «en la ciudad de Santo Domingo del puerto de la isla Española», y en la 327 «en la ciudad de Santo Domingo del Puerto de la isla Española, jueves ora nona, etc.» La primera declaración fue dada por ante el Escribano de Sus Altezas Juan de Villegas y las otras dos por ante el licenciado Juan Ortiz de Mantiezo, «juez e oidor del abdiencia del Rey y la Reyna nuestros señores etc.»....Es de notarse que en esta caudalosa documentación oficial, unas veces se dice «en la ciudad de Santo Domingo, en el puerto de la isla Española»; otras, simplemente «en la ciudad de Santo Domingo»; y otras, y en la «villa de Santo Domingo», por lo que se ve claramente que puerto no forma parte del nombre Santo Domingo, sino que indica señalamiento del lugar de ubicación de la ciudad. No debe olvidarse que para los años 1512-1513 en la isla Española el único puerto habilitado existente era el de Santo Domingo.»116

RASGOS MORFOLÓGICOS DE LA VILLA: EL APORTE ARQUEOLÓGICO

«LA IGLESIA DEL ROSARIO EN LOS AÑOS 50. DEBAJO DEL FARALLÓN
PUEDEN VERSE LAS EMBARCACIONES

¿Cuáles rasgos distintivos configuraban la primitiva villa de Santo Domingo? Los cronistas se encargaron de dejarlos para la posteridad en sus descripciones, aunque en el presente tenemos el privilegio y la dicha de contar con el aporte de la arqueología científica, gracias a los trabajos de investigación que en el sitio realizaron Marcio Veloz Maggiolo y Elpidio Ortega.117 «La fundación de la villa de Santo Domingo en 1498, afirman esos autores, responde a aspectos físicos relevantes desde el punto de vista ecológico y estratégico. El patrón de asentamiento escogido por Bartolomé Colón para una villa en la cual predominaban pescadores y agricultores como lo mandaba la Corona, debió ser del tipo Casale; una aldea al borde del farallón, con playas cercanas. Generalmente se piensa que el patrón castellano o el andaluz de la época debió primar en la modalidad de fundación. Así como La Isabela de 1494 no era un típico patrón citadino, Santo Domingo inicial tampoco lo sería. No había plaza central en la Isabela, por tanto no existió en torno a una plaza central un núcleo de

ORILLA ORIENTAL DEL RÍO OZAMA. NÓTESE EL FARALLÓN, LA PLAYITA Y LA CAPILLA DEL ROSARIO.
CONSTRUIDA EN EL ÁREA ENTRE

(YOLAS), TOMANDO AGUA EN EL NO. 3, DEL ROSARIO... (FOTO STOPELMAN)» (PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA)
MANANTIAL

1535 Y 1543

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 84

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 85

edificios públicos. La iglesia estaba casi al borde del farallón, lo mismo que la supuesta vivienda de Colón; las evidencias son las de una aldea a orillas del mar sin pretensiones de gran ciudad, pese a los cimientos pétreos de ciertas edificaciones. Los planos publicados por uno de nosotros en 1988, son precisos en cuanto a distancias y concentraciones de la villa en los bordes del farallón.»118 A partir de las evidencias arqueológicas, ellos han considerado que «se trataba, posiblemente, de una villa cerrada, con retaguardia ambiental establecida por acuerdos entre los indios de la zona y los españoles. De ahí que el poblado indígena fuera fundamental para el sostén de los inmigrantes.»119
EL ARQUEÓLOGO ELPIDIO ORTEGA

La visión de los cronistas es la siguiente: Las Casas indica que después de entrar al Ozama, Bartolomé Colón «determinó de comenzar allí una fortaleza de tapias sobre la barranca del río y a la boca del puerto, a la parte del Oriente, no donde agora está la ciudad, porque está de la del Occidente.»121 Gonzalo Fernández de Oviedo, en cambio, relata que «e fundó el dicho Adelantado don Bartolomé Colón aquesta cibdad, no donde agora está, por no quitar de aquí a la Cacica Catalina e a los indios que aquí vivían, sino de la otra parte deste río de la Ozama, junto a la costa, y enfrente de esta población nuestra.»122 Pedro Mártir de Anglería, que nunca estuvo en la isla por lo
JUNTO AL FOSO FORTALEZA

Esto se debió, a que los patrones culturales hispánicos «sufrieron un rudo golpe en el proceso de adaptación a un nuevo medio que se presentaba bien diferente del original: dieta, transporte, manutención, formas de cultivo, bebidas, modo de vida, instrumentos de trabajo, organización del trabajo, fueron, entre otros, elementos duramente afectados, valores que debieron transformarse. Cuando se funda Santo Domingo la experiencia adaptativa ha sido iniciada con cierto éxito: el conuco ha pasado a formar parte de la actividad española, la pesca se ha transformado en trabajo fundamental en una isla con casi ausencia de mamíferos de buen tamaño; la fauna local: jutías, iguanas y aves ha de ser incorporada con la fauna marina al sistema alimenticio, y ante los fracasos de la producción de trigo, el casabe se convierte en el «pan» fundamental del conquistador, al punto que los primeros repartimientos indígenas se hicieron siempre contando con la tierra que estos indios cultivarían y el casabe que producirían en base a los llamados «montones.»120

que sólo escribió lo que le contaban, relata que «después de explotar con toda diligencia las costas meridionales procedió al traslado de las casas que le servían de habitación, y edificó sobre cierta elevada colina y junto a un puerto bien abrigado, una fortaleza que

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llamó Santo Domingo, por haber llegado en día domingo a aquellos parajes.»123 El tamaño de la villa, según las crónicas y la opinión de los arqueólogos, «no pudo ser muy extenso. Sesenta viviendas a lo sumo, si hacemos una proyección máxima de 300 personas -que ya eran muchas- a razón estadística de 5 personas por vivienda usando el sistema unidad de cinco personas por la medida «vecino». La población indígena sucedánea no estaría contenida en esta proyección que sería el máximo al momento de las fundaciones, aunque hay que tomar en cuenta que estas viviendas pudieron ser mucho menores y que una lógica proyección nos hablaría de 20 a
BOHÍOS TAÍNOS «EL DR. VELOZ MAGGIOLO

25 bohíos para españoles al momento de la llegada en las dos carabelas habilitadas, ya que gran parte de los inmigrantes estaban enfermos y habían sido repartidos en lugares del interior.»124 Importante es conocer los tipos de personas que poblaron la primitiva villa. Tomando en cuenta que es una villa que comenzaba a

EXAMINA UN PISO DE CEMENTO MODERNO EN EL DESEMBARCADERO

NO. 1, HECHO SOBRE UNA
EXPLANADA ANTIGUA» (PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA)

«EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL DESEMBARCADERO NO. 2, EN EL
ÁREA DONDE ESTÁN LOS MUROS TALLADOS EN LA ROCA CALIZA, POSIBLES RESTOS DE LA BASE DE UN PEQUEÑO FUERTE» (PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA)

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 88

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existir, la misma debió «ser poblada con mucha gente de mar y mucha gente de labranza. Serían unas 330 personas cuyos oficios se detallaban y posiblemente entre ellas se incluían personas ya habitando la isla que serían completadas con otras enviadas desde España. Las mujeres, según el proyecto, se contarían en número de 30 como una parte importante de lo que sería enviado desde España. Es interesante ver cómo el documento las incluye como formando parte de una remesa de oficios: 30 marinos, 30 grumetes, 40 escuderos, 20 lavadores de oro, 30 oficiales o hacedores de oficios, 50 agricultores, 10 hortelanos y 30 mujeres cuyos oficios no constan, sin saberse además si vendrían como parte matrimoniada o como aliento de una población que comenzaba a mezclarse violentamente con la población indígena mediante guatiaos y pactos indígenas. Finalmente, el contingente lo completarían cien personas entre peones de guerra y trabajos varios. Llama la atención que fijosdalgos y nobles comienzan a desaparecer de la lista, casi no entran en este proyecto.»125 El caserío, según palabras de Alemar, debió ser muy pobre, «a la llegada a ella en 1500, del Comendador de Calatrava, don Francisco de Bobadilla, enviado por los Reyes de España como Juez Pesquisidor y Gobernador de la Isla, quien arribó al puerto de la naciente población, el 23 de agosto. Con todo, tenía ya su Iglesia, aunque de bohío (madera y paja), pues relatando el Padre Las Casas el arribo del Comendador Bobadilla, dice: «Entraron las carabelas en este río y puerto (Ozama), y luego parecieron dos horcas......en las cuales estaban dos hombres ahorcados, frescos de pocos día...No quizo salir el Comendador aquel día, hasta el otro día 24 de agosto, que mandó salir toda la gente que consigo traía, y
«DETALLES DEL ÁREA DEL ROSARIO. PUEDEN VERSE YOLAS O
EMBARCACIONES PEQUEÑAS EN EL SITIO DE LOS MANATIALES. DE PLAYA

con ellos fuese a la Iglesia, a oír misa, donde halló a don Diego, hermano del Almirante, y a Rodrigo Pérez, que era Teniente o Alcalde de Mayor por el Almirante»...126 Entre las viviendas construidas estaba la casa privada del Almirante Descubridor, «que debió ser humildísima y no Palacio, como pomposamente le llama su hijo, el historiador don Fernando Colón, en la historia que escribió sobre la vida de su progenitor, en el capítulo que se refiere a la llegada de Bobadilla y haberse éste adueñado de la morada y bienes del Descubridor.»127 Estos datos que aportan las crónicas fueron confirmados por los hallazgos arqueológicos. Al respecto Veloz y Ortega expresan que «habría de suponer que aparte del muro de tapia y fortaleza, las demás viviendas serían de madera y paja, y el ajuar bien pobre debido al aislamiento de España en aquellos momentos. En efecto, las investigaciones arqueológicas revelan que muchas de las piezas correspondientes al siglo XV encontradas en el lugar (mayólicas y alfarería de uso cotidiano) fueron reusadas hasta perder los esmaltes, incrementándose el uso de las piezas indígenas inmediatamente se fundó la villa.»128
AÚN SE

PERCIBE PARTE DE UNA MÍNIMA ZONA

(FOTO STOPELMAN)» (PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA)

VIDA URBANA, REBELIÓN DE ROLDÁN Y LOS DAÑOS DE UN HURACÁN

«ENTREVISTA DEL ADELANTADO Y ROLDÁN EN EL FUERTE DE LA CONCEPCIÓN» (PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA)

Para la época en que se funda la ciudad de Santo Domingo, estaba en su apogeo la famosa rebelión de Francisco Roldán en contra del poder de los Colón129, de la cual se derivaron cambios importantes en la vida de la colonia. Cuando Cristóbal Colón regresó de España tuvo que negociar con Roldán, favoreciéndolo aún más y estableciendo lo que se llamó el régimen de los repartimientos de indios, origen de la institución que años más tarde se conocería con el nombre de las encomiendas.130 Además, parte hubo de dar a Roldán poder en el gobierno de la isla. Veamos cómo sucedieron los acontecimientos, sobre todo destacando el rol desempeñado por la recién fundada villa de Santo Domingo, en lo relativo a la revuelta y apaciguamiento del sublevado Roldán. Narra Mejía Ricart que «la revuelta progresaba constantemente y se aunaban más adeptos al cabecilla Francisco Roldán, aprovechándose de la miseria reinante y de la falta de paga de los sueldos de los funcionarios públicos y paralización de los trabajos de

DETALLE DE FOTO ANTERIOR

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las minas y la casi total carencia de cultivo de la agricultura en toda la isla...En vista de la imposibilidad de vencer a Roldán por la fuerza ya que tenía a su disposición grandes contingentes que constituían una seria amenaza, y para tratar de conjurar dicho peligro, Bartolomé Colón, quien reunía entre sus cualidades el ser precavido, trató de obtener una entrevista con Francisco Roldán»131 con la finalidad de buscar la paz. Al frustrarse tal intento, en un lugar cerca de la Concepción, «D. Bartolomé se dirigió a Santo Domingo, deteniéndose a cinco leguas de dicha población, y haciendo publicar los despachos reales por los cuales se les confirma su título de Adelantado que le había sido conferido por el Primer Almirante, así como otras mercedes concedidas a éste por los Reyes Católicos.»132 Asimismo, «convencido Bartolomé Colón que no podía llegar ya a acuerdo con Francisco Roldán quien engrosaba más sus filas con los servidores mismo del Gobierno, los cuales prometían declararse abiertamente contra la abusiva autoridad colonial cuando llegase la oportunidad, hizo mejores ofertas a los suyos que las que había hecho Roldán, repartiéndoles más esclavos y tierras para cultivar.»133 Narra Delmonte y Tejada que por dondequiera que pasaba Roldán desacreditaba la obra colonizadora en la isla, «llevando por delante la tea incendiaria de la venganza, difamando á los que no habían hecho más que honrarle con distinciones y con públicos mercedes. Propagó voces contra el Almirante y sus hermanos, las más falsas e injuriosas, reputándolos de avaros cuando era notorio su desinterés: y para ganarse la voluntad de los indios, adelantó

que los tributos impuestos se debían á la codicia de Colón y sus hermanos, contra la voluntad de los Reyes.»134 Esa situación debilitó la autoridad del Adelantado y «los indígenas lejos de sosegarse, formaron nuevas maquinaciones, y los españoles que se mantuvieron fieles estaban reducidos en las poblaciones de La Vega é Isabela a la más triste condición. Privados de todo, solo se oían quejas y lamentos, y el Gobierno sufría con disimulo, porque no podía hacer otra cosas...»135 Luego de varias negociaciones, Cristóbal Colón envió a Alonso Sánchez de Carvajal a negociar la paz, y anota Charlevoix que lo hizo «con tanta destreza que se se convino al fin, en las siguientes condiciones: 1ª, que cuantos quisiesen volver a Castilla lo podían efectuar en toda libertad, debiendo el Almirante hacerles preparar dos embarcaciones en el puerto de Jaragua, donde era más fácil obtener las provisiones necesarias para el viaje; 2ª, que en vez de los esclavos que habían pedido al principio se les permitiría embarcar las jóvenes indias que se hallasen embarazadas o recién paridas por obra de ellos; 3ª, que el Almirante les daría a todos certificados de sus servicios y buena conducta, y se les restituiría, cuanto se les hubiese quitado; y 4ª, que se tomarían medidas para la seguridad de los efectos que dejasen en la isla, al partir para España .»136 «La rebelión de Francisco Roldán y los colonos que le seguían, escribe Mejía Ricart, terminó con un acuerdo oneroso y humillante, hasta cierto punto, para la forma autoritaria con que siempre habían procedido los Colón en La Española, forzado el Almirante a firmarlo por las circunstancias imperantes que dominaban en

CAPTURA DE COLÓN POR FRANCISCO BOBADILLA, SEGÚN THÉODORE DE BRY (1594)

dicha isla, a su regreso de la Península: y aún más tuvo que tolerar el altivo Gobernador que una vez publicado el pacto con toda la solemnidad que el caso requería, el Alcalde Mayor, ya de nuevo en posesión de su cargo después del regreso a la Villa de Santo Domingo, y haberse suscrito lo convenido con fecha 16 de noviembre de 1498, en la Villa de Concepción de la Vega Real, que éste último obligara al Teniente Gobernador Rodrigo Pérez, nombrado por Cristóbal Colón, no llevase vara de justificia...137

«COLÓN ES TRANSPORTADO A EUROPA CON GRILLOS Y ESPOSAS» (PIE ORIGINAL DE FOTOGRAFÍA)

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Para complacer a Roldán y su grupo, como parte de los acuerdos, narra Del Monte y Tejada que Cristóbal Colón «les concedió una nueva gracia, para que cuantos quisiesen permanecer en la isla, bien fuese á sueldo del Rey, bien con carta de vecindad y con repartimiento de tierras, solares e indios, podían hacerlo con toda libertad...»138 Eso lo hizo el Primer Almirante con «la halagüeña esperanza de cortar los males que trabajaban a la isla, volviéndole la felicidad y la calma.»139 Finalizada la rebelión de Roldán, la autoridad de Cristóbal Colón había quedado muy menguada con el agravante de que a esta difícil situación se sumaban las múltiples quejas contra el Almirante que continuamente se elevaban a la corona. Así las cosas, narra Hernando Colón, que «siendo tantas sus quejas y las importunaciones que hacían a los privados del Rey, éste determinó enviar un juez a la Española, para que se informase de todas las cosas referidas, mandándole que si hallase culpable al Almirante, según las quejas expresadas, le enviase a Castilla y él quedase en el gobierno.»140 El día 30 del mes de marzo de 1500 partió Francisco Bobadilla para La Española, arribando al río Ozama el 23 de agosto del mismo año. Tan pronto llegó a la villa de Santo Domingo, Bobadilla empezó a investigar a Cristóbal Colón y a sus hermanos Diego y Bartolomé, demostrando en contra de ellos una saña increíble. De esa manera, «no dio tiempo a la reflexión y templanza, Francisco de Bobadilla y procedió mal aconsejado por los enconados opositores de los Colón, a hacer aprehender a D. Diego, el primero, y mucho antes de que el Almirante pasara de La Vega a Santo Do-

mingo; incomunicándole y cargándole de grillos, le envió a una de las carabelas que llegaran de la Península y después repitió la violencia con el mismo Virrey, sin verlo ni oírlo; dejándolo indefenso, por tanto, según algunos cronistas, sin orden de los soberanos españoles para tratarlo como un vulgar delincuente .»141 En el fortín construido en la primitiva villa «el Almirante gustó la acerba hiel de mal tratamiento de aquel juez sobremanera injusto, Francisco de Bobadilla; fortín envilecido antes por el ridículo alarde de haber ordenado su allanamiento por la fuerza contra las espadas quedas del alcaide Rodrigo Pérez y de don Diego Colón, negados a entregarle el fuerte sin justificación bastante. Y en uno de sus calabozos el Descubridor de las Indias permaneció aherrojado por un mes entero, separado de comunicación absoluta con todo ser humano, y del que salió, cargado de cadenas, para así ser entregado en Cádiz, como malhechor de cuenta.....»142 Posteriormente, Colón fue enviado engrillado a España. La efímera administración de Bobadilla procedió, entre otras cosas, a libertar a algunas personas que Colón había apresado, repartió indios, favoreció el cultivo del suelo y de la ganadería y obligó a los indios a trabajar en los fuertes y en las minas. La corona española reaccionó indignada cuando vió encadenados a Cristóbal Colón y a sus hermanos, a quienes restituyó sus privilegios, y planteándose nuevos planes colonizadores decidió en 1502 destituir a Bobadilla como Gobernador de la Española, nombrando en su lugar a Frey Nicolás de Ovando, Comendador de Lares y Caballero de la Orden Militar de Alcántara.

EL TRASLADO DE LA VILLA A LA MARGEN OCCIDENTAL DEL RÍO OZAMA Y EL NACIMIENTO DE LA CIUDAD DE OVANDO

DOBLE PÁGINA ANTERIOR: «EL MANANTIAL DE DIEGO COLÓN, EN EL RÍO OZAMA, MEDIA MILLA MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES DE LA CIUDAD, SEGÚN JAMES E. TAYLOR 1871» (PIE ORIGINAL DE LA FOTOGRAFÍA) NICOLÁS DE OVANDO, ESCULTURA DE JOAQUÍN VAQUERO TURCIOS, LOCALIZADA EN LA PLAZA DE ESPAÑA EN LA CIUDAD COLONIAL DE SANTO DOMINGO

El 3 de septiembre de 1502, Nicolás de Ovando es nombrado Gobernador de la isla La Española conjuntamente con un grupo de funcionarios y asesores. Además de éstos, se embarcaron con el comendador Ovando otros dos mil quinientos, en parte nobles y caballeros, grupo humano de mucho mejor calidad que los emigrantes de los viajes anteriores a Indias, acompañados de fr. Alonso de Espinar quien debía fundar la Orden franciscana en Santo Dmingo y formar convento, para atender a las necesidades espirituales de los colonos.»143 Ovando había partido del puerto de San Lúcar de Barrameda, el trece de febrero de 1502, arribando al puerto de Santo Domingo el 15 de abril del mismo año. Oviedo describe así los hechos: «Partió, pues, el comendador mayor desde España, el año de mil e quinientos y dos años, e llegó a esta cibdad de Sancto Domingo a quince de abril de aquel año, estando poblada esta vecindad de la otra parte desde río Ozama. E luego fue obedescido por goberna-

DE

ESCUDO DE LA VILLA SANTO DOMINGO

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dor; y el comendador Bobadilla, que lo había seido, dió orden en su partida, porque los Reyes Católicos le removieron del cargo o le dieron licencia que se fuesse a España, teniéndose por muy servidos dél en el tiempo que acá estuvo, porque había retamente e como buen caballero hecho su oficio a todo lo que tocó a su cargo.»144 Las condiciones personales y morales de Ovando son reconocidas por cronistas e historiadores. Así, el Padre Francisco Xavier de Charlevoix, basándose en Herrera, dice que «era Ovando un hombre de valer por sus relevantes cualidades y virtudes, de sano criterio, de un trato afable y que inspiraba al mismo tiempo gran respeto hacia su persona; modesto hasta serle embarazosas las señales de distinción y los títulos que le eran debidos; amante de la justicia y muy desinteresado.»145 Para el ejercicio de sus funciones en la isla, las instrucciones reales a Ovando son precisas y claras: «Que todos los indios de La Española fuesen libres de servidumbre y que molestados y conservados de alguno, sino que viviesen como vasallos libres; gobernados y conservados con justicia como lo eran los vasallos de los Reyes de Castilla, y que procurase que en la Santa Fe Católica fuesen instruidos. Que no se hiciese violencias a los Indios y que se les diese tratamiento, y que se informase a los Caciques de esta buena disposición de sus Altezas hacia ellos: que se informara si era cierto que se habían enviado a Castilla algunas mujeres e hijos de los indios para devolvérselas: que pagasen los tributos y cogiesen el oro pagándoles sus jornales y tratándoles en estos trabajos con mucho amor y dulzura, sin que nadie les hiciera agravio en

estas cosas: que pagasen los diezmos y primicias a la Iglesia como cristianos católicos: y que en cuanto al repartimiento y cobros de tributos se usase de la mayor templanza, sin exacciones vejaminosas u ofensivas...»146 Ovando, tan pronto arribó a la villa de Santo Domingo, empezó a aplicar las instrucciones que había recibido. Así, ordenó el juicio de residencia de Bobadilla, «examinó los procesos de Roldán y sus secuaces. Publicó el Decreto de la absoluta libertad de los indios que hasta entonces se habían mantenido en el sistema de repartimientos que hizo acercarse esos naturales a las poblaciones, estableciéndose en sus bohíos y acogiendo las doctrinas religiosas exportadas y el bautismo católico. Se desembargaron los bienes de Cristóbal Colón y sus hermanos el Adelantado y D. Diego, etc. En suma: se ejecutaron todas las Reales Ordenes, entre ellas la providencia que autorizaba la introducción de los trabajadores para las minas y la Agricultura... Además los inmigrantes pagarían la mitad del oro que recogiesen en los placeres, y sin que los pudiesen rescatar de los indígenas, puesto que esto era ilícito según el nuevo sistema de repartimientos que establecía que el cambio debía hacerse en la misma proporción al valor de los objetos permutados. De igual modo se acordó que esos pobladores pagarían a la Real Hacienda un tercera parte de los demás efectos que obtuvieron de los nativos, excepto de aquellos objetos de primera necesidad... En cuanto a los españoles a quienes se les había concedido el título de vecindad se les mandó a que negociaran libremente sus granjerías y labranzas; se permitió que se les hablase y concertase con ellos, sin que fuera ello en detrimento de sus autoridades; se informase

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de la vida y costumbres de los mismos vecinos, con el fin de atenderlos si tenían razón o castigarlos, en caso contrario, sin violar el secreto de los hogares por lo de escándalo que esto podría conllevar, y porque las faltas son condenables por la justicia cuando son públicas.»147 Por otra parte, «se mandaron a construir tres fortalezas más que las existentes en los regímenes de Bobadilla y de los Colón. Fomentáronse nuevas poblaciones en toda la isla, prohibiéndose que nadie pudiera vivir fuera de los centros rurales ya fundados pero se revocaron las franquicias concedidas por su predecesor, de modo que la gente pagarían la tercera parte del oro extraído de las minas
LAS QUINCE VILLAS DE LA ESPAÑOLA

que dejaban libres los caballos y ganados en la Hacienda Real y en los hatos particulares, y se mandaba a recoger los que había repartido gratuitamente a vil precio el Comendador de Calatrava.»148 El 11 de mayo de 1502, Cristóbal Colón, con cuatro naves partió desde Cádiz en el que sería su cuarto y último viaje, llegando a La Española el 29 de junio del mismo año. Ovando prohibió de inmediato su entrada al puerto de Santo Domingo, porque como afirma Del Monte, «tenía órdenes para impedirlo, y porque se temeria que pudiese sobrevenir algún conflicto con su llegada, estando aun en la villa el Comisionado Bobadilla, Francisco Roldán y muchos de los parciales de estos.»149 El instinto marinero de Cristóbal Colón le indicaba que se aproximaba una tormenta. Al respecto, cuenta Hernando Colón que «habiendo ya entrado en el puerto, envió el Almirante a Pedro de Terreros, capitán de uno de los navíos, para hacerle saber la necesidad que tenía de mudar aquel navío; y que así por esto, como porque él esperaba que viniese una gran tormenta, deseaba entrar en aquel puerto, para guarecerse; advirtióle que en ocho días no dejase salir la armada del puerto, porque corría mucho riesgo.»150 El Almirante, entonces navegó al oeste refugiándose en el puerto de Azua donde esperó al resto de sus naves. Los desoída advertencia tuvo consecuencias menos lamentables para Colón ya que en ese temporal sólo perecieron de su flota los que iban a bordo de la nave «Santo», y sufrió considerable deterioros y peligros la carabela «Bermuda», «la cual habiendo hecho al mar, entró en el agua hasta la cubierta; de donde bien se dejó conocer que con razón procuraba el Almirante trocarla ...».

y ríos, conforme las instrucciones primeras del Almirante, pues en lo sucesivo se entregaría la mitad. Se estableció un método mejor para coger el oro y beneficiarse de él, así como para cortar el palo del brasil, en tal forma que los árboles no se cortasen por el propio tronco. Y se advirtió a los individuos que no habían obtenido vecindad que retornaran a Castilla, señalándose los que podían venir a Indias en su lugar. Enérgicamente se sancionaba a los colonos

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Algunos contrarios al Almirante le atribuían haber producido dicha tormenta por arte de magia para vengarse de Bobadilla, pues mientras aquél salvó su flota, en la travesía hacia España perecieron Bobadilla, Roldán y muchos de sus partidarios».151 Arruinada la villa por el famoso huracán de 1502, porque sus casas eran de madera y paja, el gobernador decide trasladarla a la margen oriental del río Ozama. Ese hecho ha sido juzgado de manera diferente por los historiadores. Charlevoix escribió lo siguiente: «Durante esta guerra (la de Xaraguá) pensó el Gran Comendador reedificar a Santo Domingo, casi enteramente destruida por el huracán de que hemos hablado. Dióle, en realidad, un aire de esplendor digno de la primera Metrópoli del Nuevo Mundo; pero cometió un gran error cambiándola de sitio. Estaba ella situada, como ya he dicho, al Este del río Ozama, y por la única razón de existir, del lado opuesto, habitaciones españolas, la trasladó el Gran Comendador, a la orilla Occidental, sin reflexionar, que por la comodidad de algunos individuos particulares, hacía perder a la ciudad dos ventajas mucho más importantes, de las que una era imposible reemplazarla y la otra no se puede suplir sin mucho costo. En primer término, hallándose hoy la Ciudad al Occidente, se encontraba de continuo bajo la influencia de las miasmas del río, que el sol impulsara siempre delante, que no es de poca importancia en un país tan cálido y húmedo como aquél; en segundo término, se la ha privado de un excelente manantial que, en su anterior asiento poseía, y como el agua de los pozos y la del río son salobres, ha sido preciso suplirla por medio de malas cisternas. Los que deseaban agua de aquella fuente estaban obligados a tener esclavos que no tuviesen otra ocupación que la de ir a buscarla. Una memoria particular que se me ha enviado hace poco, y que viene de persona fidedigna, consigna que se ha descubierto un nuevo manantial, a un tiro de fusil, hacia el Norte de la Ciudad, y que todos los buques hacían allí su provisión de agua, pero que los habitantes de aquella capital, hallando que todavía está muy lejos, prefieren servirse del agua de sus cisternas, aunque sea mala, a tomarse un poco de trabajo para proporcionársela mejor. El proyecto del Gran Comendador era el de construir un receptáculo con una magnífica fuente en el centro de la ciudad, para traer allí las aguas del río Haina, que
«FOTOGRAFÍA DE LA ENTRADA AL RÍO OZAMA EN LOS DÍAS DE LA
INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA DE

1916-1924» (PIE ORIGINAL DE LA FOTOGRAFÍA)

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son excelentes, y que no distaban más de tres leguas, desde el punto en que podían tomarse; pero no tuvo tiempo para ejecutar su designio.»152 No obstante, el autor anterior reconoce que la nueva villa estaba en un terreno llano y que poseía las ventajas de que se extendía «de Norte a Sur a todo lo largo del río, cuya orilla adornada de jardines bien cultivados le (daba) un aspecto muy bellísimo...». Además, el hecho de estar la ciudad en la margen occidental del río, hacía posible su comunicación con el resto de las villas o poblaciones secundarias, evitándose así las dificultades del pasaje de los ríos a que estaban obligados, lo cual, en ocasiones les ocasionaba grandes perjuicios. Por otro
DOBLE PÁGINA ANTERIOR: FRAGMENTO DEL MURAL DE VELA ZANETTI QUE REPRESENTA LA
CONSTRUCCIÓN DE EDIFICIOS DE LA CIUDAD DURANTE EL GOBIERNO DE

lado, la ciudad estaba cerca de las canteras de una especie de mármol y de otros materiales propios para la construcción de sus edificios.»153 Era natural que se presentaran algunos obstáculos y dificultades en esa primera población. Entre los más estacados se señala «la falta de agua corriente y potable en aquel lugar; pero estas dificultades fueron allanadas con la facilidad de poderla llevar en barca de donde antes se proporcionaba, y con la esperanza de conducirla más tarde del río Jaina por medio de una cañería a distancia de tres leguas de aquel sitio. Más tarde y después de establecida la población se descubrió al Norte una fuente rica y abundante y los vecinos establecieron buenos pozos y abundantes aljibes, por la que tenían cuanta les era necesaria para su uso.»154 El traslado de la villa a la costa occidental del río Ozama hizo, como lo dicen Veloz y Ortega, «colapsar la misma como sitio básico administrativo colonial. El traslado de la misma por Ovando tendría causas diferentes: mayor cercanía de las minas de Jaina,

CASA DEL CORDÓN, EN 1892. ESTA EDIFICACIÓN, LA PRIMERA EN PIEDRA LEVANTADA EN LA CIUDAD, PERTENECIÓ A FRANCISCO DE GARAY CASA DEL CORDÓN EN LA
ACTUALIDAD

OVANDO (ANTIGUA SEDE DEL AYUNTAMIENTO DEL DISTRITO NACIONAL) (CIUDAD COLONIAL DE SANTO DOMINGO) FRAGMENTO DEL MURAL DE VELA ZANETTI QUE REPRESENTA UN
MOMENTO DE LA EVANGELIZACIÓN DE LOS INDÍGENAS

(ANTIGUA SEDE DEL AYUNTAMIENTO DEL DISTRITO NACIONAL) (CIUDAD COLONIAL DE SANTO DOMINGO)

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mejor acceso hacia el interior por la ribiera del Jaina, mejor acceso hacia el oeste, territorio que Ovando necesitaba conquistar a como diese lugar, menor número de repartimientos de tierra, ya que las tierras de la margen oriental, cercanas a la villa, estaban en manos de los Colón y de su allegados, y por último planeación de una verdadera ciudad -no una villa ribereña como era la llamada Nueva Isabela-, una ciudad trazada en damero, bien diferente de la Isabela inicial y del Santo Domingo de 1498.»155 A ese respecto, Carl Sauer indica que «La nueva ciudad fue planificada en escala más amplia y con él clásico modelo rectangular y albañiles, carpinteros y fabricantes de tejas se afanaron por construirla
FUERTE “EL HOMENAJE”, EN 1920 TORRE DEL HOMENAJE, HOY DÍA

al estilo español. El huracán dio oportunidad a Ovando de emplear la mano de obra calificada que había traído consigo, y el resultado fue una ciudad adecuada y permanente, en un sitio nuevo y escogido»156 La ciudad ovandina «dio comienzo en el recodo ó punta que forma el río Ozama al desembocar el mar»,157 en un puerto abrigado que es descrito por Oviedo, con las siguientes palabras: «El puerto desta cibdad es doce o quince pasos de tierra, donde surgen las naos; e las casas que están en la costa del río, están así cercanas de los navíos como en Nápoles, o en el Tíber de Roma, o en Guadalquivir en Sevilla e Triana...Hay, desde donde surgen las naos hasta la boca de la mar e comienzo de la entrada del puerto, tiro e medio de escopeta, o poco más. Y entrando en el río dentro, a par del puerto, está un castillo asaz fuerte para la defensión e guarda del puerto y de la cibdad, el cual edifico el comendador mayor don frey Nicolás de Ovando en el tiempo de su gobernación.»158 Las casas, en su mayoría, como lo describió posteriormente Mo-

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reau de Saint Mery, fueron construídas desde su origen con «una especie de mármol que producen las cercanías y... de tapia especie de tierra apisonada en una horma... Esta tierra así comprimida, adquiere una dureza sorprendente, de tal manera que, a veces se suprimen los pilares de mampostería.»159 Cuenta Delmonte y Tejada que algunos colonos «llegaron a fabricar «cuadras enteras o manzanas de casas, que luego alquilaban con grande provecho de su bolsillo y de los vecinos que se iban situando en América. Entre los primeros se distinguieron Bartolomé Roldán, Gerónimo y un tal Briones.»160 También hubo, como era de esperarse, viviendas más pobres y
PUERTA DE SAN DIEGO (EL MUSEO UNIVERSAL, MADRID, 1861, P. 132) PUERTA DE SAN DIEGO, HOY DÍA

humildes, pertenecientes a los trabajadores de las minas, a los soldados y a pequeños integrantes del tren administrativo. Ahora bien, el primero que «fundó casa de piedra a al modo de España en esta cibdad fue Francisco de Garay» narra Oviedo.161 Entre las primeras construcciones levantadas por Ovando sobresalían la fortaleza, y su cada morada localizada fuerte al río.»162 Las Casas señala que ésta estaba en la calle de la Fortaleza, la más antigua y también hizo en la otra acera, que después dejó a su orden y al hospital que hizo de Sant Nicolás.»163 «Paralela a la calle primera, afirma Mejía Ricart, corría la segunda calle que cruzaba el albañal o canal principal por el cual iban las aguas... O sea se expulsaban por ella las inmundicias de la Ciudad y por eso se le denominaba del Caño. Servía de desagüe al río Ozama por dos conductos diferentes: y de los cuales uno formaba lo que luego se conoció como la cuesta de las Atarazanas cuya boca quedaba frente por frente a lo que hasta há poco formó la

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Aduana Vieja, mas el otro caño descargaba en el río, atravesando la misma calle y la primera de la Fortaleza.»164 La tercera calle debió ser la de Las Canteras o Calle Real de las Canteras, llamada así «por conducir ella a las grandes canteras que se explotaron para labrar las piedras que se utilizaron en los edificios principales de este período colonial.»165 La cuarta y última calle del Santo Domingo reedificado por el Comendador fue la del Hospital.»166 El desarrollo urbanístico de Santo Domingo, durante de los primeros años de la gobernación de Ovando, había alcanzado un desarrollo tal que se le comparaba con el alcanzado por algunas ciudades españoles, aunque ya hacia 1508 empezó a decaer. Dice Charlevoix al respecto que «Santo Domingo, que se repuso pronto de sus últimas pérdidas, podía entonces parangonarse con las más bellas ciudades de España y las sobrepujaba a todas en riquezas y magnificencia; pero todo comenzó pronto a declinar, y la decadencia fue casi tan precipitada como había sido rápida la elevación.»167 Evidentemente que la isla, y especialmente su ciudad capital, adquirió durante el gobierno de Ovando un esplendor y un apogeo económico tal que según los cronistas la isla de Santo Domingo se convirtió en el centro de la civilización europea en América. Es la época de las grandes construcciones, donde la explotación del oro adquiere su mayor esplendor y salen todos los barcos hacia Europa, cargados de este metal y valiosas especies. Era tal la preeminencia que tenía la isla para la Corona, que se le concedió a Santo Domingo un escudo de armas, reconocimiento que sólo se otorgaba a ciudades muy desarrolladas y el mismo conllevaba privilegios, exenciones e inmunidades.
ACTUAL CALLE LAS DAMAS, ANTES DEL HURACÁN GEORGES CONJUNTO DE DE EDIFICIOS QUE HOSTAL NICOLAS DE OVANDO. EN UNO DE ELLOS
ESTUVO LA CAS SOLARIEGA DEL

CONFORMABAN EL

COMENDADOR DE LARES

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Así, el 7 de diciembre de 1508, mediante cédula real, se otorga a la isla y a varias villas, entre ellas la de Santo Domingo, sus respectivos escudos de armas. Del Privilegio original Angel Luis López y Pedro J. Santiago extrajeron la descripción correcta del escudo de Santo Domingo, que es como sigue: «43 / A la Villa de Santo Domingo señalo e doy 44 / por armas un escudo en que están dos leones 45 / dorados e tiene en lo alto una corona de 46 / oro entre ambos leones e en medio dellos 47 / una llave azul en campo colorado e enderredor circulado el escudo con una cruz blan - 49 / ca e - prieta en el mismo campo del bienaventu - 50 / rado señor Santo Domingo.»168 En 1509 la corona española decide sustituir a Nicolás de OvanACTUAL CALLE ARZOBISPO MERIÑO ACTUAL CALLE ISABEL LA CATÓLICA RUINAS DEL HOSPITAL SAN NICOLÁS DE BARI DOBLE PÁGINA SIGUIENTE: ACTUAL CALLE HOSTOS

do como gobernador de la isla y designa en su lugar a Diego Colón, hijo del almirante Cristóbal Colón, quien a la muerte de su padre había heredado los títulos de virrey y gobernador de las tierras descubiertas. Junto a él vino su esposa María de Toledo, sobrina del Duque de Alba, perteneciente a una de las más influyentes y notables familias de la época.

AMANECER Y OCASO DE REFERENCIAS LA VILLA DE SANTO DOMINGO BIBLIOGRÁFICAS 122

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 123

mera Villa Europea del Nuevo Mundo.» Estudio de Antropología Física». 1a. Jornada de Antropología, Museo del Hombre Dominicano y Universidad Autónoma de Santo Domingo; 1986; Consuelo Varela. «La Isabela, Vida y Ocaso de una ciudad efímera», Revista de Indias, Vol. XLVII, No. 181, Sept.-Diciembre de 1987, Madrid; Kathleen Deagan. «Europe’s First Footold in the New World, La Isabela.» National Geographic Magazine, Vol. 181, No. 1, January 1992, p. 40-53, y Marcio Veloz Maggiolo. «La Isabela y Santo Domingo (Historia, Arqueología e Imaginación)». Hoy, Santo Domingo, 20 de septiembre de 1988, Sección Areíto, p.4.
11Utrera,

bre las atribuciones de ese tipo de funcionario, véase a J. M. Ots Capdequí. El Estado español en las Indias, Fondo de Cultura Económica, Mexico, 1941. Importantes trabajos contiene la Revista de Indias, Año XXXII, Enero-Diciembre 1972, Núms. 127-130, Madrid, dedicada a la ciudad iberoamericana.
15El cronista Pedro Mártir de Anglería relata ese episodio de la siguiente manera: «Amonestó el Adelantado a Guarionex y a sus compañeros y procuró persuadirles con ofertas, regalos y amenazas, a fin de que se guardasen de maquinar ninguna cosa en lo sucesivo. Guarionex habló a su pueblo del poderío de los nuestros, de su indulgencia para con los delincuentes y de su generosidad para con los leales, y los exhortó a que se trasquilicen sus espíritus, y tomasen asechanzas de allí en lo adelante contra los cristianos, sino que, por el contrario, obedecieran, complacieran y sirvieran, de no querer verse víctimas cada día de mayores calamidades. Terminado su discurso, cargaron en hombros, y así lo llevaron hasta el pueblo en que radicaba su corte. De este modo apaciguóse la región por algunos días». Décadas del Nuevo Mundo, tomo I, primera década, libro V, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1989, p. 156.

ob. cit. p. 38-39.

12Herrera, Antonio de. Historia General de los hechos

de los castellanos en Ias islas y Tierra Firme del Mar Océano. Editorial Guaranía, Asunción, 1944. Década primera, libro segundo, cap. XVII, p. 294-295.
13Céspedes del Castillo, Guillermo, ob. cit., p. 649. El tributo debía ser pagado en oro o en algodón. Al respecto, véase a Frank Moya Pons. La Española en el Siglo XVI, 1493-1520, Universidad Católica Madre y Maestra, Santiago, 1978, 3a. Edición, p. 13. 14A ese respecto Gustavo Adolfo Mejía Ricart dice lo siguiente: El título del Adelantado se lo confirió Cristóbal Colón a su hermano mayor Bartolomé; pero no fue aceptado por Fernando el Católico quien consideró que no entraba dentro de las prerrogativas del Almirante concederlo, y sólo fue otorgado como una «gracia» por los Reyes Católicos, a petición del mismo Descubridor, mucho después, por cédula real firmada «en la villa de Medina del Campo, a veinte e dos día del mes de julio, año del Nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo, de mil e cuatrocientos e novente e siete años Por eso, es erróneo que el nuestro José Gabriel García en su Compendio de la Historia de Santo Domingo, vol. I, haya asegurado que ya en 1496 se le hubiera conferido esa investidura de Adelantado a Bartolomé Colón. En su Historia del Almirante, D. Hernando ha dicho: «...Pero volviendo Al almirante, que regresaba de Cuba, diremos que, habiéndo hallado a su hermano en la Española, lo nombró Adelantado o gobernador de las Indias. Después hubo sobre esto alguna discusión, porque los Reyes Católicos decían que no se le había concedido al Almirante potestad para poder dar tal cargo. Para zanjar estas diferencias, Sus Altezas se lo concedieron de nuevo, y así, en lo sucesivo, fue llamado Adelantado de las Indias (Edición de Luis Arranz, Historia 16, Madrid, 1985, 3a. Edición, cap. LXI, p. 198)». Véase Historia de Santo Domingo, Vol. III, Ciudad Trujillo, 1950, p. 183. So-

Vives, J. (Director). Historia de España y América, Vol. II, Editorial Vicens Vives, Barcelona, 1977, p. 414.
2Por eso se explora / como afirma Carl Ortwin Sauer,

1Vicens

que «desde el primer desembarco, hasta el fin de sus días, el oro obsesionó a Colón, dirigió sus exploraciones y dominó su comportamiento». Ver la Obra «Descubrimiento y Dominación Española del Caribe», Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1994, p. 46.
3Balcácer, Juan Daniel. Acerca del Nombre de Nuestro País, Ediciones Pedagógicas Dominicanas, Santo Domingo, 1977, p.15. 4Veloz Maggiolo, Marcio. La Isla de Santo Domingo antes de Colón, Edición del Banco Central de la República Dominicana, Santo Domingo, 1993, Caps. VII y XII. Al respecto puede verse, también, a Roberto Cassá. Los Indios de las Antillas, Colecciones MAPFRE, Madrid, 1992. 5Céspedes del Castillo, Guillermo. Los Indios en el reinado de los Reyes Católicos. En Vincens Vives, J. (Director), Ob. cit. p. 467-468. Dice ese autor que el rescate era un «negocio básico y exclusivo de Colón y la Corona, que será intervenido allí por un lugarteniente de los contadores del rey; su producto como todo el tráfico hacia o desde España, será canalizado a través de la Aduana de Cádiz y de otra que se creará en la isla».

los objetos artísticos de los aborígenes de Santo Domingo, véase García Arévalo, Manuel. El Arte taíno de la República Dominicana, Museo del Hombre Dominicano, Santo Domingo, Museo del Hombre Dominicano, Santo Domingo, 1977.
7Vega, Bernardo. La Verdadera ubicación del Golfo de las Flechas, Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, 1992. 8Veloz

6Sobre

de Geografía Física, Política e Histórica. Sociedad Dominicana de Geografía, Santo Domingo, 1984, 4a. Edición, p. 165 cit. Década Primera, libros segundo y tercero, p. 300 y 311-312 respectivamente.
18Historia de las Indias, Edición de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1987. Tomo I, lib. I, cap. CXIII, p. 440. 19Se refiere a la sífilis. A ese respecto es muy ilustrativo el trabajo de Antonio Sánchez Valverde, «América vindicada de la calumnia de haber sido madre del mal venereo» (1785). En Ensayos, Ediciones Fundación Corripio, Santo Domingo, 1988. 20Historia General y Natural de las Indias, Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1959. Tomo I, lib.II, cap. XIII, p. 49 y 50. 21Ibidem, p. 50-51. Sobre el oro aluvional y minas de Haina, véanse las obras modernas de Willy Lengweiler. Estudios mineralógicos en la República Dominicana, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1981, p. 30-37; y Carlos E. Chardon. Reconocimiento de los Recursos Naturales de la República Dominicana, Editora de Santo Domingo, S. A., 1976, p. 98102. Y del siglo pasado, consúltese la obra de William Walton. Estado Actual de las Colonias Españolas (1810), 17Ob.

16Elementos

Maggiolo, Marcio, ob. cit., p. 131

Fray Cipriano de. «Historia Militar de Santo Domingo», Ciudad Trujillo, 1950, p. 37.
10Dobal, Carlos. El Primer Apóstol del Nuevo Mundo (Biografía de Fray Bernado Boyl, Vicario Apostólico en América y Celebrante de la Primera Misa). Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, Santiago, 1991, p. 47, y La Isabela, Jerusalem Americana. La Primera Misa en América, Universidad Católica Madre y Maestra, 1987. Sobre La Isabela, pueden ser consultadas, entre otras, las siguientes obras: Carmen Lara Fernández. Primera Ciudad Cristiana del Nuevo Mundo. La Isabela, Editora Montalvo, Ciudad Trujillo, 1947; José Augusto Puig Ortíz. Por la valoración histórica de las ruinas de La Isabela. Primera ciudad del Nuevo Mundo, Santo Domingo, 1973; Elpidio José Ortega. La Isabela y la Arqueología en la Ruta de Colón, Universidad Central del Este, San Pedro de Macorís, 1988; Pedro Julio Santiago (Compilador). Impresos sobre La Isabela, (Noticias y documentos), Ediciones ONAP, Santo Domingo, 1985; Fernando Luna Calderón. «El Cementerio de La Isabela, Pri-

9Utrera,

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 124

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 125

Edición en español de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1976, p. 95. de la isla Española o de Santo Domingo, 1a. edición en español, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1977.
23En una amplia nota que figura en el vol. III de su «Historia de Santo Domingo», ya citada, p. 91, el referido historiador menciona a los siguientes: «Casimiro Nemesio de Moya y su Bosquejo Histórico del Descubrimiento y Conquista de la isla de Santo Domingo. 1912, Lib. I, p. 63; Bernardo Pichardo y su Resumen de Historia Patria; y Arturo Logroño y Compedio Didáctico de Historia Patria, 1912, vol. I, p. 40. «Aureola romántica» la llama Samuel Hazard. Ver su obra Santo Domingo, su Pasado y Presente (1873). 1a. edición en español, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1974, p. 219. Randolph Keim, periodista norteamericano que visitó el país el pasado siglo, en su obra Santo Domingo, pinceladas y apuntes de un viaje (Piladelphia, 1870) dedica los capítulos VI y VII al tema. Ver edición de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1978, p. 29-40. 24Compendio de la Historia de Santo Domingo, 3a. Edición 1983. Edición de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1979, p. 37 y 38. 25Boletín del Archivo General de la Nación, Ciudad Trujillo, No. 57, 1948. 26Ob. 27Ob. 22Historia

res, rica viuda de Miguel Díaz, el compañero de Cerón». Historia Geográfica, Civil y Natural de la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico, por Fray Iñigo Abad y Lasierra. Nueva edición aumentada en la parte histórica y económica por José Julián de Acosta y Calbo. Puerto Rico. 1866.
29Clío 26 (113): 25-72, Ciudad Trujillo, enero-diciembre, 1958. 30Ob.

cit. Trujillo. Año II, septiembre-diciembre de

31Ciudad

1951.
32No.

91, año 1952 Trujillo, vol. II, p. 221-261.

33Ciudad 34No.

57, año 1948. Ese año también fue expuesto por Sir Frederick Treves, médico cirujano inglés, rector de la Universidad de Oberdeen, quien viajó por las Antillas. En su artículo «La Cuna de lo Profundo» (1908) habla de «la gallarda, ciudad de Santo Domingo, fundada por Colón hace 410 años.» En Bernardo Vega (comp.) Los Primeros Turistas en Santo Domingo, Fundación Cultural Dominicana, 1991, p. 73.
35p.

autoridad real quedaba delegada en sus representantes. El rey cedía en éstos la facultad de fundar ciudades y villas. El primero, el propio almirante Colón, luego los capitanes de empresa a través de las capitulaciones, donde se precisan instrucciones sobre qué tipo de población ha de fundarse. Y ya pacificado el territorio, los virreyes, presidentes de Audiencia, o delegados de éstos a civiles o a eclesiásticos. Pero hecha la ciudad en Indias es el rey quien confirma la fundación, otorga escudo y ordenanzas, autoriza su traslado a otro lugar, caso de ser necesario, etc. Van a ser en aquellas instrucciones a los capitanes de empresas de conquista donde se hallan los antecedentes de las famosas Nuevas Ordenanzas de Descubrimiento, Poblaciones y Pacificaciones, sancionadas por Felipe II en 1573». (Ensayo «La Ciudad Iberoramericana: Fundación, Tipología y Fundaciones durante el Tiempo Colonial». En Historia y Futuro de la Ciudad Iberoamericana, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1986, p. 10 y 11). Véase, también, a José María Ots Capdequí. Manual de Historia del Derecho Español de las Indias y del Derecho propiamente indiano. Editorial Lozada, S A., Buenos Aires, 1945, p. 369.
47Utrera, 48Ibidem, 49Ibidem, 50Ibidem, 51Ibidem, 52Ibidem,

59Ob.

cit. Primera década, libro V., p. 152. ob. cit., p. 247-249

60Utrera,

61Ibidem, p. 257-258. Juan Baut. Muñoz, había escrito en lo concerniente al año 1498, lo siguiente: «Repáranse los cansados navegantes en la villa recién establecida sobre la boca y ribera oriental de aquel río, en cumplimiento de la orden real que se recibió por mano de Coronel habría cinco meses». Ver su obra Historia del Nuevo Mundo, Tomo I, en Madrid por la Viuda de Ibarra, 1793, p. 303-304. 62Sobre 63Listín

ese tema, véase p. 232 de su obra citada.

Diario, 14 de octubre de 1964. Reproducido en Vida Municipal Dominicana, diciembre, 1965, No. 7. Ese año de 1494 también lo sostuvieron A. Vázquez de Espinosa en su Compendio y Descripción de las Indias Occidentales y el P. Pedro Murillo Velarde en su Geografía Histórica de la Isla Española (1752). En Emilio Rodríguez Demorizi. Relaciones Geográficas de Santo Domingo. Vol. I, 1970, p. 43 y 105 respectivamente.
64Comisión Municipal para la Celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América. Santo Domingo, 1988. 65Ciudad Trujillo, 1938, p. XIV. El año de 1496 fue acogido por Mr. Pedrón. Memoria Descriptiva de la parte española de Santo Domingo que contiene algunas ideas y pensamientos sobre diferentes materias (1800). En Emilio Rodríguez Demorizi. La Era de Francia en Santo Domingo, Academia Dominicana de la Historia, Santo Domingo, 1955, p. 154; Samuel Hazard, ob. cit., p. 220; y Frederick A. Ober. En la Estela de Colón, (1891). En Emilio Rodríguez Demorizi. Relaciones Geográficas de Santo Domingo. Vol. II, Santo Domingo, 1977, p. 237. 661a. edición en inglés, 1918. Edición en español de

p. 231-233. p. 234. p. 237. p. 243. p. 242. p. 243.

73 a 87. cit., tomo I, lib. II, cap. XIII, p. 51 cit. tomo I, libro II, p. 120. cit. Década primera, libro tercero, p. 312. 1589.

36Ob. 37Ob. 38Ob.

cit., p. 50. cit., tomo I, libro II, p. 120

39Madrid,

28Mejía Ricart, Adolfo, ob. cit., p. 194, refiere lo siguiente: «Provistos de todas esas instrucciones, franquicias y libertades para el mejor gobierno y fomento de San Juan; surtidos de los varios objetos indicados, y llenos de gracia por sus soberanos, toda vez que á más de las espresadas, se dieron á Cerón diez quintales de brazil, y á Miguel Díaz y á su mujer Isabel de Cáceres el poder vestir seda y llevar cuarenta indios esclavos que tenían en la Española, debieron salir á desempeñar sus importantes oficios en todo el mes de septiembre de 1511, pues con fecha del 9 ordenaba Don Fernando á los oficiales de Sevilla: «Despachad, si ya no pertieron, á Cerón y Díaz, y enviad cuando pide Ponce, y uno ó dos bergantines con que se dice pacificará la isla, que yo quiero se ennoblezca por muchas causas». «Hasta por la calidad de las mujeres con quienes contrajo matrimonio, devió acrecer su influencia personal (don Antonio de la Gama): primero se enlazó con Doña Isabel Ponce, hija del célebre Adelantado Don Juan, y en segundas nupcias con Doña Isabel de Cáce-

40Primera Edición, 1796. Edición de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1976, p. 135. 41Utrera, 42Ibidem, 43Obra

ob. cit. p. 230 p. 230-231

53Ibidem, p. 245. Ver texto de la real cédula, también, en Santo Domingo en los Manuscritos de Juan Bautista Muñoz, transcripción y glosas por Roberto Marte. Ediciones Fundación García Arévalo, Santo Domingo. 1981. p. 5 54Ob.

cit., p.119-120.

la Sociedad dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo. 1977. p. 8-9 de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1988, p.201.
68Trabajo mecanografiado, 9 de agosto de 1952. p. 1. Para esa época sostuvieron, también, el año de 1496, Charles Christian Hauch. La República Dominicana y sus Relaciones Exteriores, 1844-1882. (1952). Edición en español de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1996, p. 3; y Vicente Tolentino Rojas. Historia de la División Territorial 1492-1943. (1944). Edición facsimilar de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1993, p. 374. 67Edición

citada, p. 440. ob. cit., p. 225.

44Utrera, 45Véase

55Vida y Viajes de Cristóbal Colón, 1a. edición en inglés, 1829. Edición de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1974, p.331

ob. cit., tomo I, cap. CXI, p. 434.

46Utrera, ob. cit., p. 227. Importantes para la comprensión de ese tema son los siguientes conceptos del destacado historiador español Francisco de Solano: «En todos estos casos de fundación/repoblación de ciudades es la autoridad real la única que otorga la facultad de fundación. Es el rey quien directamente da personalidad comunal, sistema de gobierno, ámbito territorial y privilegios (fueros, exención de algunos impuestos, ferias, etc.) Pero en las fundaciones de América la

de Santo Domingo, Ciudad Trujillo, 1952, 3a. edición. Véase tomo I, p. 303.
57Véase

56Historia

obra citada en referencia número 24, p. 39

58Los Caciques de Haití, la edición francesa, 1854, 1a

edición en español, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1982. p. 127-128.

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 126

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 127

69La República Dominicana, Origen y Destino del Pue-

blo Cristiano más antiguo de América, Ciudad Trujillo, 1957, p. 38-39. edición ya citada de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1994, p.143-144. de España. Tomo tercero, Salvat Editores, S. A., 1967, p. 253.
72Tomo tercero. Segunda edición, ediciones de la Revista de Occidente, Madrid, 1969, p. 603. 73Tomo II, décima edición, España-Calpe, S. A., Madrid, 1969, p. 325. 71Historia 70Ver

y Otros Temas, Academia Dominicana de la Historia, Vol. XXVIII, Santo Domingo, R. D., 1971, p. 693. Recogido en su obra Espigas Históricas, Academia Dominicana de la Historia, 1972, p. 7 a 21.
92Ediciones 93Ob. 9121-VIII-70.

90Duarte

Culturales, Santo Domingo, 1973.

cit., p. 15.

Labor, 1983, 1a. edición, 6ta. reimpresión, 1988, p. 65.
95El

94Editorial

Caribe, 7 de mayo de 1988, p. 8.

descubrió América del Sur en 1494. Academia Nacional de la Historia. Caracas. 1972. p. 190 y 228. Se refiere el autor al traslado de la población desde La Isabela a la nueva villa fundada. Dominicana de Bibliófilos. Santo Domingo, 1977. p. 81. Domingo, 1496-1991. Ayuntamiento del Distrito Nacional. Santo Domingo, p. 9.
77p. 76Santo 75Sociedad

74Colón

Domingo, Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1990, p. 16.
97La Fundación de la Villa de Santo Domingo, Colección Quinto Centenario. Santo Domingo, 1992, p. 3336. 98Periódico

96Santo

1957, p. 336; C. Vincent. Resumen del viaje hecho del cabo a Santo Domingo a comienzos del mes de Brumario del año 7 (1798). En Emilio Rodríguez Demorizi. Viajeros de Francia, Sociedad Dominicana de Geografía, Santo Domingo, 1979, p. 147; R. Lepelletier de Saint Remy. Estudio y Solución Nueva de la Cuestión Haitiana (1846), edición de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1978, p. 172-173; David Dixon Porter. Diario de una misión secreta a Santo Domingo (1846), edición de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1978, p. 20; José de la Gándara. Anexión y Guerra de Santo Domingo (1884). Edición de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, tomo I, Santo Domingo, 1975, p. 17; Arq. Manuel Salvador Gautier. «Fundación de la ciudad de Santo Domingo», ARQUITEXTO, Revista de Arquitectura, Edición 14, Santo Domingo, junio 1996, p. 39, y Eugenio Pérez Montás. «La Hispaniola Colombina.» En Graciano Gasparini (Coord.). Arquitectura Colonial Iberoamericana, Ed. Armitaño, Caracas, 1997.
104Los Restos de Colón en la Catedral de Santo Domingo. 1879.

cit., p. 135. «Nueva Isabela» también consigna Ramón Gonzalez Tablas en su obra Historia de la Dominicación y última guerrra de España en Santo Domingo (1870). Edición de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1974, p. 15.
111Ob.

110Ob.

cit., cap. XI, p. 303. Históricas, Santo Domingo, 1978,

112Dilucidaciones

p. 56
113Monumento a Colón , Tomo III, p. 184, 229, 232, 569, 570. En Tejera Apolinar, Rectificaciones Históricas, ob. cit., p. 83-84 114Ob.,

cit., p. 13-14.

p. 14. A ese respecto, véase el documentado artículo «Nuestra ciudad no se llama Santo Domingo de Guzmán», de Ramón Bona Rivera, Listín Diario, Jueves 8 de agosto de 1996, p. 6A., y Listín Diario, Jueves 20 de agosto de 1998, p. 9A.
116Ibidem, 117Véase

115Ibidem,

Hoy, sábado 12 de agosto de 1995, p.

p. 19-20.

13.
99Biblioteca de Clásicos, Vol. I, Ediciones de la Fun-

50. mecanografiada.

78Versión

dación Corripio, Inc. 1988. Véase reimpresión de 1994, p. 359.
10031

Valverde, Antonio. Idea del Valor de la Isla Española. Madrid, 1785. Edición de la Fundación Corripio ya citada, p. 57
106Walter Palm, ob.cit., p.55-56. Un autor del pasado siglo hablaba de «la punta La Isabela, no lejos de Santo Domingo, el primer lugar donde aquel fijó su planta». Ver Emilio Rodríguez Demorizi. Relaciones dominico españolas (1844-1859), Academia Dominicana de la Historia, Santo Domingo, 1955, p. 62. 107Garrido, 108Obra

105Sánchez

79Ver «La fecha de fundación de Santo Domingo», Listín Diario, viernes 1 de septiembre de 1995, p. 7

de agosto de 1995, p. 7.

su ya citada obra «La fundación de la villa de Santo Domingo», 1992. En las palabras liminares, p. 13 a 17, los investigadores explican el origen y desarrollo de los trabajos arqueológicos que se efectúaban durante los años 1988 y 1989 bajo los auspicios de la entonces Comisión Dominicana del V Centenario.
118Ibidem, 119Ibidem. 120Ibidem. 121Ob. 122Ob. 123Ob.

sección «En la Historia», Listín Diario, 6 de agosto de 1995, p. 10; 13 de agosto de 1995, p. 10: 20 de agosto de 1995. p. 11; y 27 de agosto de 1995, p. 10.
81El

80Ver

101«¿Cuando se fundó la ciudad de Santo Domingo?». Listín Diario, lunes 11 de septiembre de 1995, p. 7. 102Mejía

p. 38, 44 y 45.

Ricart, ob. cit., p. 198.

Caribe, 18 de enero de 1992, p. 11.

103Ob. cit., Década primera, libro V, p. 152. Sobre el

ob. cit., p. 83.

cit., libro I, cap. CXIII, p. 440. cit., libro II, cap. XIII, p. 51. cit., Década I, lib. V, p. 151. y Ortega, ob. cit., p. 41. p. 35-36.

Católica Madre y Maestra, Santiago, 1974, p. 57; 1981, 6a. edición, p. 23 respectivamente. segundo, Editorial Planeta-Agostini, Barcelona, 1989, p.270.
84Madrid, 85Tomo 86Tomo 87Vida 83Volumen

82Universidad

1985, p. 182.

I, Santo Domingo, 1977, p. 41. I, p. 58.

Municipal Dominicana, diciembre, 1965, No. Domingo, 1992.

7.
88Santo

89Primera edición 1907. 4ta. edición anotada, Insti-

tuto de Cultura Puertorriqueña, San Juan, Puerto Rico, 1969, p. 57.

término Ozama, que anteriormente solía escribirse Hozama, ver a Emilio Tejera. Indigenismos. Tomo II, Edición de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1977. p. 1128-1130. En relación a la ubicación de la villa en la ribera del río Ozama, pueden ser consultados el cronista Francisco López de Gómara. Historia General de las Indias, Editorial Iberia, S. A., Barcelona, 1965, p. 44; Juan López de Velasco. Geografía de la Isla Española (1571), en Emilio Rodríguez Demorizi. Relaciones Geográficas de Santo Domingo, Vol. I, ob. cit., p. 26; Juan de Echagoian. Relación de la Isla Española enviada al Rey D. Felipe II. En Emilio Rodríguez Demorizi. Relaciones Históricas de Santo Domingo. Vol. I, Ciudad Trujillo, 1942, p. 128; José A. de Castro Palomino. Breve Descripción de la Isla Española de Santo Domingo (1783). En Emilio Rodríguez Demorizi. Relaciones Históricas de Santo Domingo, vol. III, Archivo General de la Nación, Ciudad Trujillo,

cit. libro II, cap. XIII, p. 51. Al respecto, véanse, también, las siguientes obras: Hernán Pérez de Oliva. Historia de la Invención de las Yndias, escrita por el cronista hacia 1525. Edición acortada de José Juan Arrom, Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1965, p. 91; Alessandro Geraldini. Itinerario por las regiones subequinocciales (1631). Edición en español de la Fundación Rodríguez Demorizi, Santo Domingo, 1977, p. 149; Fray Juan González de Mendoza. De la Isla de Santo Domingo (1586). En Emilio Rodríguez Demorizi, Relaciones Geográficas de Santo Domingo, vol. I, ob. cit., p. 7; y Luis Gerónimo Alcocer. Relación Sumaria del Estado Presente de la Ysla Española en las Indias Occidentales... (1650). En Emilio Rodríguez Demorizi, Relaciones Históricas de Santo Domingo, vol I., Ciudad Trujillo, 1942, p. 217.
109Ob.

124Veloz

125Ibidem,

126Alemar, ob. cit., p. 10,11. Con Francisco Bobadilla arribó a esta isla un grupo de franciscanos, quienes utilizaron la primitiva ermita construída en forma de bohío, según narra Mariano Errasti, O.F.M. en su documentada obra, recientemente editada, «Los primeros franciscanos en América. Isla Española, 1493-1520», Fundación García Arévalo, Inc. Santo Domingo, 1998, p. 96 y ss. 127Ibidem.

cit., libro segundo, p. 120.

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y Ortega, ob. cit., p. 42. Adriano López Morillo, general español que visitó el país durante el período de la anexión a España, escribió en su obra Memorias de la Segunda Reincorporación de Santo Domingo a España que «a pocos metros de Pajarito consérvanse restos de las ruinas de la ciudad de Nueva Isabela o Santo Domingo.» Ver edición de la Sociedad Dominicana de Biobliófilos, Santo Domingo, tomo I, 1983, p. 220. Samuel Eliot, El Almirante de la Mar Océano Vida de Cristóbal Colón. Fondo de Cultura Económica, 2a. edición en español, 1991, cap. XLII, p. 750-755.
130Ibidem, p. 755. A ese respecto, véanse las siguien129Morrison,

128Veloz

pánica, Madrid, 1964.
142Utrera, Fray Cipriano, Historia Militar de Santo Domingo, ob. cit., p. 69. 143Herrera, Antonio de, ob. cit. Década I, libro quinto, p.5 . 144Fernández de Oviedo, ob. cit., lib. III, cap. VII, p. 69. 145Charlevoix, ob. cit., tomo I, lib. III, p. 171. Sobre los orígenes y personalidad de Nicolás de, Ovando, siempre es útil la obra de Ursula Lamb. Frey Nicolás de Ovando Gobernador de las Indias, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 1977. El general José de la Gandara, en su obra ya citada, p. 44, menciona a Ovando indicando que de él «escriben muy mal los historiadores, condenando sus crueldades».

155Veloz y Ortega, ob. cit., p. 48-49. Otra razón para

el traslado de la villa a la costa occidental del río Ozama fue una violenta plaza de hormigas que agotó la villa de Bartolomé Colón como puede verse en la obra de Emilio Rodríguez Demorizi, El Pleito Ovando-Tapia (comienzos de la vida urbana en América), Fundación Rodríguez Demorizi, Santo Domingo, 1978, p. 51. Sobre la fecha y otros aspectos del mismo tema, puede consultarse a Demetrio Ramos, «El Traslado de la ciudad de Santo Domingo, en el Cambio de su Función y del Régimen Socio-Político», Revista Casas Reales, Año V, Núm. 12, Mayo/Agosto 1980, Santo Domingo, p. 9-39.
156Sauer, ob. cit., p. 224-225. Sobre el trazado de la ciudad, véanse a José Ramón Báez López-Penha, Por qué Santo Domingo es Así, Banco Nacional de la Vivienda, Santo Domingo, 1992, cap. III, p. 31-39; Javier Aguilera Rojas, Fundación de Ciudades Hispanoamericanas, Editorial MAPFRE, Madrid, 1994, p. 137140; Jaime Salcedo Salcedo. Urbanismo Hispano-Americano, Siglos XVI, XVII y XVIII, Pontificia Universidad Javeriana, Santafé de Bogotá, 1996, p. 27 y ss.; María Ugarte. «Santo Domingo en las Elegías de Juan de Castellanos». En Estampas Coloniales, Vol. I, Siglo XVI, Comisión Permanente de la Feria del Libro, Santo Domingo, 1998, p. 481-482; y José Enrique Delmonte, «La Ciudad de Santo Domingo no fue una cuadrícula», Listín Diario, Santo Domingo, jueves 6 de agosto de 1998, p. 8A. 157Del

tes obras: Emilio Rodríguez Demorizi. Los Dominicos y las Encomiendas de Indias de la Isla Española, Academia de la Historia, Santo Domingo, 1971; Luis Arranz Márquez. Repartimientos y Encomiendas en la Isla Española (El Repartimiento de Alburquerque de 1514), Fundación García Arévalo, Santo Domingo, 1991; Carlos Esteban Deive. La Española y la Esclavitud del Indio, Fundación García Arévalo, Santo Domingo, 1995, y Esteban Mira Caballos. El Indio Antillano. Repartimientos, Encomienda y Esclavitud (1492-1542), Muñoz Moya editor, Sevilla, 1997.
131Mejía

mas, Acerca de las primeras construcciones en la ciudad ovandina, véase a Fray Vicente Rubio, O. P. Datos para la Historia de los Orígenes de la Ciudad de Santo Domingo (Proceso Corvera-Roldán y Pasamonte-Roldán), Fundación García Arévalo, Santo Domingo, 1978. Sobre la «ciudad de Ovando», podrá consultarse la obra del Arq. Eugenio Pérez Montás, La Ciudad del Ozama, 500 años de Historia Urbana, cap. II, actualmente en prensa y que será editada a finales de este año. Noticias del hospital San Nicolás pueden consultarse en las obras de Erwin Walter Palm. Los Hospitales antiguos de La Española, Ciudad Trujillo, 1950; Fidel A. Aguirre. Hospitales Coloniales de Hispanoamérica. Vol. I, Guillermo J. Jorge, editor, Santo Domingo, 1991; y de José Luis Sáez, S. J. Los Hospitales de la ciudad colonial de Santo Domingo (Tres siglos de medicina dominicana, 1503-1883), Organización Panamericana de la Salud, Santo Domingo, 1996.
164Ob. cit., p. 464. Es la actual calle Isabel La Católica, designada con ese nombre en honor a Isabel I. Véase, además, a Luis Alemar, a Luis Alemar, ob. cit., p. 51-61. 165Ibidem. Hoy día es la calle Arzobispo Meriño que también se llamó en el pasado «de los Plateros». Véase, además, a Luis Alemar, ob. cit., p. 61-69. 166En el presente se llama calle Hostos, designada así en homenaje al gran educador antillano Eugenio María de Hostos. Véase, además, a Luis Alemar, ob. cit., p. 70-76. 167Ob.

de Documentos Inéditos, Madrid, 1879, Tomo XXXI, p. 156 y ss.
147Del Monte y Tejada, ob. cit. Citado por Mejía Ricart, ob. cit., p. 354-356. Sobre el gobierno de Ovando, véanse a D. Cándido Ruiz Martínez, Gobierno de Frey Nicolás de Ovando en La Española, Conferencia dictada en el Ateneo de Madrid, 1892; y Esteban Mira Caballos, «Algunos precisiones en torno al gobierno de Frey Nicolás de Ovando en La Española (15021509)». En Revista de Estudios Extremeños, Badajoz (España), Año 1996, tomo LII, Num. I, Enero-Abril, p. 81-97. 148Ibidem, 149Ob.

146Colección

Ricart, ob. cit., p. 214.

132Ibidem. 133Ibidem. 134Del

Monte y Tejada, ob. cit., tomo II, cap. I, p. de Oviedo, ob. cit., lib. III, cap. X, p.

Monte y Tejada, ob. cit., tomo I, cap. XI, p.

p. 356.

22.
158Fernández

cit., tomo I, libro cuarto, p. 230.

315.
135Ibidem. 136Charlevoix, ob. cit., tomo I, libro II, p. 150. Véa-

cit., tomo I, cap. XV, p. 409.

150Colón, Hernando, ob. cit., cap. LXXXVIII, p. 289.

78.
159Moreau 160Del

se, también, a Juan Pérez de Tudela. «La Quiebra de la Factoría y el Nuevo Poblamiento de la Española», Revista de Indias, Año XV. Abril-Junio 1955, Núm. 60, Madrid, p. 201-216.
137Mejía 138Del

Ricart, ob. cit. vol. III, p. 268-269.

Monte y Tejada, ob. cit., tomo I, cap. XIV, p. Washington, ob. cit., p. 423.

p. 290-291. Véase, también, al cronista Francisco López de Gomara, ob. cit., p. 57; y el trabajo «Los principales huracanes habidos en Santo Domingo». En Vetilio Alfau Durán en el Listín Diario, Escritos (II), compilado por Arístides Inchaústegui y Blanca Delgado Malagón, Colección Sesquicentenario de la Independencia Nacional, vol. III, Santo Domingo, 1994, p. 17.
152Ob.

151Ibidem,

de Saint-Mery, ob. cit., p. 137.

al respecto los pormenores, circunstancias de diseño y ejecución del escudo de armas de Santo Domingo, en el Núm. 0 de la revista Casas Reales, Septiembre de 1976.

168Véanse

Monte y Tejada, ob. cit., tomo II, cap. I, p. de Oviedo, ob. cit, lib. III, cap. X, p.

23.
161Fernández

78.
162Moreau de Saint-Mery, ob. cit., p. 136. Eso era la costumbre de la época. En La Española había sucedido antes en las villas de la Concepción de la Vega y Santiago de los Caballeros como bien lo expone Manuel E. Del Monte Urraca en su artículo «La Arquitectura colonial a propósito de sus 500 años de existencia». Periódico Hoy, Santo Domingo,domingo 9 de agosto de 1998, p. 7. 163Las Casas, ob. cit., libro II, cap. VIII, p. 235. La antigua calle de La Fortaleza es la actual calle Las Da-

357.
139Irving, 140Ob.

cit., tomo I, libro tercero, p. 184

153Delmonte y Tejada, ob. cit., tomo II, cap. I, p. 22. 154Ibidem. Véase también, a Juan López de Velasco. Geografía de la Isla Española (1571). En Emilio Rodríguez Demorizi, Relaciones Geográficas de Santo Domingo, vol. I, ob. cit., p. 21.

cit., cap. LXXXV, p. 281.

Ricart, ob. cit., 315-316. Sobre Francisco de Bobadilla, véase la obra de J. Marino Incháustegui Cabral. Francisco de Bobadilla (Tres homónimos y un enigma colombino descifrado), Ediciones Cultura His-

141Mejía

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FUENTES DE FOTOGRAFÍAS

AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO 131

RUTA DEL TERCER VIAJE COLOMBINO, pág. 54. Paolo Emilio Taviani, ob. cit., p. 191. PLANO DE SANTO DOMINGO Y SUS CONTORNOS, pág. 62/ 63. Virgilio Vercelloni. Atlas histórico de la ciudad de Santo Domingo, Milano, 1991, p.46. CIUDAD VIEJA DE SANTO DOMINGO, pág. 67. Samuel Hazard, ob. cit., entre p. 64-65.
TA LA INVASIÓN DE DRAKE (1586), pág.

EL

MANANTIAL DE

DIEGO COLÓN,

EN EL RÍO

OZAMA,

MEDIA MILLA MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES DE LA CIUDAD, pág.

98/99. Bernardo Vega. Imágenes de Ayer, Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, 1981, foto 2. NICOLÁS DE OVANDO, PÁG. 100. JULIO GONZÁLEZ. ESCUDO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO, pág. 101. Revista Casas Reales, Num. 0, ob. cit., entre p. 56-57. LAS QUINCE VILLAS DE LA ESPAÑOLA, pág. 104. Carl Ortwin Sauer, ob. cit., p. 230. FOTOGRAFÍA DE LA ENTRADA AL RÍO OZAMA EN LOS DÍAS DE
LA INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA DE 1916-1924, pág. 107.

PLANO DE LA CIUDAD DE SANTO DOMINGO, QUE REPRESEN70. Ibidem, p. 27.

PLANO DE LA CIUDAD DE 1806, pág. 73. Marcio Veloz Maggiolo y Elpidio Ortega, ob. cit., p. 28. PLANO DE LA CIUDAD DE SANTO DOMINGO HACIA 1873, pág. 74. Samuel Hazard, ob. cit., p. 222. A LA IZQUIERDA,
SECTOR ORIENTAL DE LA CIUDAD, ÁREA DONDE ESTUVO LA PRIMITIVA VILLA DE SANTO DOMINGO, PÁG.

Marcio Veloz Maggiolo y Elpido Ortega, ob. cit., p. 27. FRAGMENTO DEL MURAL DE VELA ZANETTI QUE REPRESENTA LA CONSTRUCCIÓN DE EDIFICIOS DE LA CIUDAD DURANTE EL GOBIERNO DE OVANDO, (ANTIGUA SEDE DEL AYUN-

75. Eugenio Pérez Montás. República Dominicana, Monumentos Históricos y Arqueológicos, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, México, 1984. NAO Y CARABELAS, pág. 16. Paolo Emilio Taviani, Los Viajes de Colón, el gran descubrimiento, Vol. I, Planeta – Agostini, Barcelona, 1989, p. 8. LA REINA ISABEL, pág. 17. Colón, un hombre que cambio el mundo, Plaza & Janes Editores, S. A., 1991, p. 81. EL REY FERNANDO, pág. 17. Ibidem, p. 80. MAPA DE PRIMER VIAJE COLOMBINO, pág. 18. Pablo Emilo Taviani, ob. cit., p. 40. VERSIÓN ORIGINAL DEL RETRATO DE COLÓN, CONOCIDO COMO DE YÁNEZ, VISTO DESPUÉS DE SU RESTAURACIÓN REALIZADA EN EL SIGLO XIX, PÁG. 19. Antonio Núñez Jiménez. El Almirante de los Cien rostros, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, 1991, p. 111. UBICACIÓN TRADICIONAL DE «LAS FLECHAS», pág. 20. Bernardo Vega, ob. cit., p. 3. CONSTRUCCIÓN DE LA FORTALEZA LA NAVIDAD, pág. 21. Washington Irwing, ob. cit., p. 151. RECONSTRUCCIÓN IDEAL DEL PRIMER ASENTAMIENTO DEL NUEVO MUNDO, SEGÚN BATTIN CASTELLANO Y CARLOS DOBAL, pág. 22. Graciano Gasparini (Coord.), ob. cit., p. 20. COSTA DE LA ISABELA, pág. 22. Fot. Ing. E. Boyrie de Moya. En Erwin Walter Palm, ob. cit., tomo I. Lámina p. 11. PRIMERA MISA EN AMÉRICA. DIBUJO DE VELA ZANETTI, pág. 25. Foto: Abigaíl Lozano. Colección Dr. Balbino García. CAMINO AL CAMPO DE ORO DEL CIBAO, pág. 25. Carl Ortwin Sauer, ob. cit., p. 123. FUERTES QUE PROTEGÍAN EL CIBAO, pág. 25. Ibidem, p. 124. CAMINO A TRAVÉS DE LA ESPAÑOLA, pág. 25. Ibidem, p. 147. PORTADA DE UNA DE LAS EDICIONES DEL CRONISTA ANTOHERRERA, pág. 27. Biblioteca Casas Reales– Quinto Centenario, Santo Domingo, R. D.
NIO DE

DISTRITO NACIONAL DE SANTO DOMINGO), pág. 108. Julio González.
TAMIENTO DEL

FRAGMENTO DEL MURAL DE VELA ZANETTI EL CUAL REPRESENTA UN MOMENTO DE LA EVANGELIZACIÓN DE LOS INDÍGENAS,

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, pág. 76. Carátula del programa del “Oratorio Santo Domingo de Guzmán” de Antonio Braga, escenificado en el Teatro Nacional, Santo Domingo, el 6 de agosto de 1998. IGLESIA DEL ROSARIO EN LOS AÑOS 50, pág. 82. Marcio Veloz Maggiolo y Elpidio Ortega, ob. cit., p. 125. ORILLA ORIENTAL DEL RÍO OZAMA, pág. 83. Erwin Walter Palm, ob. cit., tomo I, lámina XVIII. EL ARQUEÓLOGO ELPIDIO ORTEGA JUNTO AL FOSO FORTALEZA, pág. 85. Ibidem, p. 139. BOHÍOS TAÍNOS, pág. 86. Gonzalo Fernández de Oviedo, ob. cit., tomo V, lámina I. EL DR. MAGGIOLO EXAMINA UN PISO DE CEMENTO MONO. 1, HECHO SOBRE UNA EXPLANADA ANTIGUA, pág. 87. Marcio Veloz Maggiolo y Elpido Ortega, ob. cit., p. 167.
DERNO EN EL DESEMBARCADERO

CIONAL DE

(ANTIGUA SEDE DEL AYUNTAMIENTO DEL DISTRITO NASANTO DOMINGO), pág. 109. Julio González.

CASA DEL CORDÓN, EN 1892, pág. 111. Emilio Rodríguez Demorizi, Lugares y Monumentos Históricos, ob. cit., p. 244. CASA DEL CORDÓN EN LA ACTUALIDAD, pág. 111. Julio González. FUERTE «EL HOMENAJE», EN 1920, pág. 112. El Libro Azul. Edición de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1976, p. 10. TORRE DEL HOMENAJE, HOY DÍA, pág. 112. Julio González. PUERTA DE SAN DIEGO, pág. 114. Emilio Rodríguez Demorizi, Lugares y monumentos históricas..., ob. cit., p. 15. PUERTA DE SAN DIEGO, pág. 114. Julio González. ACTUAL CALLE LAS DAMAS, pág. 117. Julio González. CONJUNTO DE EDIFICIOS QUE CONFORMAN EL HOSTAL NICOLÁS DE OVANDO, pág. 117. Julio González. ACTUAL González.
CALLE

GONZALO FERNÁNDEZ DE OVIEDO, ESCULTURA DE JOAQUÍN VAQUERO TURCIOS LOCALIZADA EN LA FORTALEZA DE

SANTO DOMINICA, pág. 29. Julio González. MURAL DE VELA ZANETTI DONDE SE MIGUEL DÍAZ DE LA ISABELA DESPUÉS DE HERIR A UN COMPAÑERO, SEGÚN LA LEYENDA. (ANTIGUA SEDE DEL AYUNTAMIENTO DEL DISTRITO NACIONAL DE SANTO DOMINGO), pág. 32. Julio González.
DEL ESCENIFICA LA PARTIDA DE

FRAGMENTO

FRAGMENTO DEL MURAL DE VELA ZANETTI EL ENCUENMIGUEL DÍAZ CON LA CACICA CATALINA, SEGÚN LEYENDA. (ANTIGUA SEDE DEL AYUNTAMIENTO DEL DISTRITO NACIONAL DE SANTO DOMINGO), pág. 33. Julio González.
TRO DE

FRAY CIPRIANO DE UTRERA (ÓLEO), pág. 38. Julio González. Colección Academia Dominicana de la Historia. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, escultura de Joaquín Vaquero Turcios localizada en la ciudad colonial de Santo Domingo, pág. 42. Julio González. BUSTO DE BARTOLOMÉ COLÓN, pág. 53. Julio González. Ayuntamiento del Distrito Nacional, Centro de los Héroes, Santo Domingo.

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL DESEMBARCADERO NO. 2, EN EL ÁREA DONDE ESTÁN LOS MUROS TALLADOS EN LA ROCA CALIZA, POSIBLES RESTOS DE LA BASE DE UN PEQUEÑO FUERTE, PÁG. 87, Ibidem, p. 185. DETALLES DEL ÁREA DEL ROSARIO, pág. 89. Ibidem, p. 31. ENTREVISTA DEL ADELANTADO Y ROLDÁN EN EL FUERTE DE LA CONCEPCIÓN, pág. 90. Washington Irving, ob. cit., p. 395. CAPTURA DE COLÓN POR FRANCISCO BOBADILLA, pág. 94. Paolo Emilio Taviani, ob. cit., p. 213.
POSAS,

ARZOBISPO MERIÑO, pág. 118. Julio

ACTUAL CALLE ISABEL LA CATÓLICA, pág. 118. Julio González. RUINAS DEL HOSPITAL SAN NICOLAS DE BARI, pág. 119. Julio González. ACTUAL CALLE HOSTOS, pág. 120/121. Julio González.

COLÓN ES TRANSPORTADO A EUROPA CON GRILLOS Y ESpág. 95. Washington Irving, ob. cit., p. 462.

SANTO DOMINGO: TRADICIONES, JUEGOS Y MODERNIDAD

MARCIO VELOZ MAGGIOLO

SANTO DOMINGO: TRADICIONES, JUEGOS Y MODERNIDAD

EL JUEGO DEL «PALO ENSEBAO». COMÚN A LAS FESTIVIDADES PATRONALES Y CARNAVALESCAS. AÑOS CINCUENTA (CORTESÍA DE EL CARIBE)

Los estudios sobre tradiciones y folklore en la República Dominicana son variados y sus cultivadores han sido verdaderos maestros. Baste citar a Edna Garrido de Boggs, Manuel Rueda, Flérida de Nolasco, Fradique Lizardo, Dagoberto Tejeda, Carlos Esteban Deive y Carlos Andújar, entre otros. Son relevantes las investigaciones de June Rosemberg, Martha Ellen Davis y Carlos Hernández. El listado es aún mayor, y no pretendemos abarcar todas las obras desde autores como Emilio Rodríguez Demorizi, hasta folkloristas como Sebastián Valverde, J. Coopersmith y Ralph Boggs. Pero habría que citar igualmente la obra de memoriosos como el neoclásico César Nicolás Penson, Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, Rafael Damirón, Eduardo Matos Díaz y Francisco Veloz Molina. O bien la de novelistas y escritores como Tulio Cestero, F. E. Moscoso Puello, Haim López-Penha, Ramón Lacay Polanco, Carlos Federico Pérez y Pérez y J. M. Sanz Lajara, entre otros que han descrito en diversas épocas, dentro del marco

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literario, costumbres y modos de vida de la ciudad de Santo Domingo. Muchos de los investigadores nacionales han centrado su atención en formas fundamentales de las tradiciones tempranas. Otros han ido progresando hacia el estudio total de las manifestaciones dominicanas. Juegos, adivinanzas, poesía popular, vestimentas, formas religiosas y manifestaciones muchas de las cuales provienen de los días de la colonia. Sobre la influencia de otras vías culturales en nuestro quehacer así como de variados procesos de hibridación de lo cotidiano y de formas nuevas en las expresiones de la vida diaria, habría que profundizar mucho más. Santo Domingo, como villa en la que se asentara el primer virreinato colonial de América, recibió, sin dudas, las influencias directas de España, y en el catálogo de sus tradiciones, la presencia hispánica es fundamental. De la misma manera elementos culturales africanos tienen gran peso en la vida nacional, y aunque durante mucho tiempo se intentó soslayar esta realidad, las investigaciones que se iniciaran en la Universidad Autónoma de Santo Domingo a partir de los años sesenta, prohijaron una suerte de búsqueda acelerada de fuentes y modos de expresión de origen africano con lo que se ha contribuido a balancear notablemente la visión de nuestras formas culturales tradicionales. Los aportes hispánicos tienen gran importancia en la ciudad de Santo Domingo. El simple nombre de sus barrios la liga a la vida católica de siglos pasados. Si hacemos un recuento de los primeros barrios al interior de las murallas de la ciudad encontramos que poseen nombres del santoral con capillas de igual denominación: San Miguel, San Carlos, San Antón, San Lázaro, o bien La Misericor-

dia, alusión a la misericordia divina en épocas de desastres naturales. La zona de la capital llamada Ciudad Nueva, aledaña en principio a la vieja muralla, constituyó a principios de siglo igualmente un barrio en el cual las tradiciones y juegos florecieron al máximo. Procesiones, cofradías, juegos de santoral como el de San Andrés, y juegos sociales como «la gallinita ciega», documentada pictóricamente en el siglo XVIII por Francisco de Goya y Lucientes en una de sus obras más respetadas, pasan a Santo Domingo. Tradiciones como la quema del Judas, ligadas a las conmemoraciones de la Semana Santa, o la de las peleas de gallos -un deporte de orden nacional con sus orígenes en Asia Menor, pero que llega con España- conforman no sólo la vida del Santo Domingo inicial, sino la de muchas ciudades y villas del interior. Al parecer fue durante el siglo XVIII, período floreciente de la monarquía borbónica, cuando se reafirmaron con más vigor en Santo Domingo y las Antillas, los aspectos lúdicos de la misma. Se sabe que el baile citadino alcanzaba las mismas formas que el baile social español y en algún momento francés. Lizardo ha dejado una buena lista de bailes: minué, pavana, sarabanda, alemandas, gallardas, gavotas, gigas, rigodones, cuadrillas y valses fueron parte de una tradición bailable que culminaría en los finales del siglo XIX con la danza puertorriqueña, pieza musical que se adueñó de los salones de baile, muchos de los cuales eran pertenecientes a clubes privados, mientras que otros fueron, como hasta entrado el año de 1950, espacios de barrio alquilados para festividades. La mayoría eran bailes llamados «de salón», ejecutados por tanto, por personas de altas clases sociales.

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Para casi todos los cronistas extranjeros que visitaron el país en el siglo pasado, los bailes eran la preferencia del dominicano por encima de cualquier otra actividad. En la capital las fiestas fueron fundamentales para la vida social. En las zonas rurales y en los alrededores de la capital de Santo Domingo, las festividades de sabor africano eran comunes. Ni sarabandas, ni minuettos, sino expresiones mezcladas de la vida percusiva, en donde el tambor y las cuerdas eran fundamentales. Todavía entrada la década de 1860, el cronista Otto Schoenrich se refiere al baile rural del modo siguiente: «En el campo la música de baile es muy diferente. Se mantiene un golpe rítmico en un tambor hecho de un barril o tronco hueco, y violines rústicos o guitarras o un acordeón, tocan el acompañamiento... Estas danzas campesinas con acompañamiento de tambor son similares a las populares entre los negros de Puerto Rico, y son probablemente una herencia africana». En otro texto el mismo autor confirma lo dicho sobre las fiestas y bailes como afición principal dominicana: «De todas las diversiones ninguna atrae tanto a todas las clases de la población como el baile. Cada día de fiesta pública es una excusa para dar un baile, y cuando escasean los días de fiesta, el baile se arregla de cualquier manera». Las llamadas fiestas de «palos», la música de «balsié», los rezos y despedidas de entierros de «angelitos», o sea de niños a los que se despedía festivamente considerando que su muerte los mantenía en la inocencia, fueron y son comunes en algunas zonas aledañas de Santo Domingo. Villa Mella, durante mucho tiempo común de la capital, es un venero de influencias en donde las tradiciones congas están vigentes y han sido estudiadas de modo persistente. Mandinga, nombre africano para lo que hoy

se llama Mendoza, en el Distrito Nacional, fue centro importante de celebraciones rituales con este origen. Durante la invasión haitiana que ocupó la parte oriental de la isla a partir de 1822, en la que el presidente Jean Pierre Boyer abolió la esclavitud, inició un proceso de reforma agraria y concentró algunas poblaciones cerca de la capital dominicana. Algunos grupos haitianos, como el de los llamados «Morenos» permanecieron en Villa Mella, en donde se practican «reinados» y modalidades festivas. Mangulina, carabiné, merengue, son formas híbridas afrohispánicas que entrarían ya en el siglo veinte en las listas bailables de la sociedad urbana. En ellas la métrica hispana es acompañada muchas veces por ritmos de zapateo o de golpe de tambor que recuerdan los contrapuntos africanos. Criolla, media tuna, y otras modalidades donde predomina lo melódico, parecen ser un conjuro de viejas remembranzas hispánicas. La ciudad de Santo Domingo no fue un lugar aparte en cuanto a la vida tradicional de cualquier tipo. Las festividades tuvieron tres vertientes a partir de la colonia: una ligada a los quehaceres religiosos y las fechas del santoral, otra ligada a los hechos de la corona y a los cambios y quehaceres de la metrópoli, y otra fundamentalmente ligada a la vida lúdica, al esparcimiento, casi siempre bajo algún pretexto que pudo ser parte del santoral, o parte de la vida personal, o bien parte de las celebraciones obligadas de carácter político. Uno de los más importantes receptáculos de la tradición popular dominicana han sido las llamadas fiestas patronales, en donde la repetición de lo tradicional ha

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procurado conservar elementos iniciales de tipo ritual y de carácter lúdico. Las cofradías de negros, fueron, igualmente, elementos claves en la ciudad de Santo Domingo para el mantenimiento de tradiciones. Nuevas vertientes de la vida dominicana han comulgado con otras expresiones culturales, como los rituales ligados al vudú y al gagá, formas de origen haitiano que han desembocado en formas dominicanas. Sobre las Cofradías de Nuestra Señora del Carmen y la de Jesús Nazareno existe una importante recopilación de Monseñor Rafael Bello Peguero. En un largo recorrido muy resumido, por cierto, vale la pena
HASTA MEDIADOS DEL PRESENTE

tución de 1812 fue celebrada de este modo en la ciudad de Santo Domingo, con carreras de caballo en las calles citadinas. Las corridas de toros fueron en los días tempranos de la colonia diversión de Santo Domingo que desaparece para quedar reducida a zonas ganaderas, en donde el deporte de la tauromaquia es débil y poco lucido, como acontece en El Seibo. Los Diablos Cojuelos, parte del carnaval de carnestolendas enriquece aún el carnaval de la ciudad de Santo Domingo, en donde la creatividad ha generado formas novedosas siempre dentro del marco tradicional. Aun así, personajes del carnaval nostálgico han desaparecido, manteniéndose las comparsas de indios, el robalagallina y la
SIGLO LAS CARRERAS DE SORTIJAS EN BICICLETA FUERON UNA VARIANTE DE LA VIEJA TRADICIÓN REALIZADA A CABALLO, (ARCHIVOS DE

pensar en el proceso de hibridación que hoy predomina en la ciudad y los barrios de Santo Domingo. Del pasado colonial se mantienen vigentes las actividades carnavalescas, con algún resíduo de mascaradas que recuerdan la «mojiganga»; las alboradas han perdido sus valores, lo mismo que la más tardía serenata, común a nuestro siglo XIX. El uso de fuegos artificiales aún permanece, su vigencia no ha desaparecido. De las salvas para conmemorar aún queda el cañonazo de año nuevo. Las luminarias, o velas encendidas en épocas coloniales para adornar las calles de Santo Domingo fueron vencidas por la luz eléctrica, por la modernidad. Las retretas militares se debilitaron. El fandango, tipo de fiesta suburbana y rural a veces, no ha podido sobrepasar el siglo veinte y las carreras de caballo en calles y sitios privados, lo mismo que los juegos de ensartar aros a caballo, han desaparecido, como el palo ensebado y el posterior uso de la bicicleta para el juego de ensartar aros. Según López Cantos la jura de la Consti-

mojiganga titulada «Se me muere rebeca». Los burros disfrazados que recorrían los días 27 de febrero los barrios de Santo Domingo desaparecieron.

EL CARIBE)

DOBLE PÁGINA SIGUIENTE: COMPARSA DE DIABLOS COJUELOS EN VILLA FRANCISCA, 1952. INTERSECCIÓN DE LAS CALLES CARACAS Y JOSÉ MARTÍ, (ARCHIVOS DE EL CARIBE)

LOS BARRIOS DE SANTO DOMINGO Y EL CARNAVAL NOSTÁLGICO

PÚBLICO A LA ESPERA DEL COMIENZO DEL «PALO ENSEBAO». EN EL TOPE DEL ASTA PUEDE VERSE EL PREMIO. EN ESTE CASO UN SACO DE PRODUCTOS DEL AGRO, (ARCHIVOS DE EL CARIBE)

Las festividades y mascaradas barriales fueron y son un elemento común a buena parte de la vida dominicana. Vale decir que muchas veces las máscaras se movían en un ámbito barrial restringido. Durante algunos momentos de la Era de Trujillo, 1930 a 1961, muchas máscaras y comparsas de los barrios altos de la ciudad, como Villa Francisca, Villa Consuelo y el Barrio de Mejoramiento Social, no traspasaban el lindero sur de la misma constituído por la avenida Mella. Grupos de San Miguel, San Carlos, Ciudad Nueva y los barrios de origen colonial ubicados entre la calle de Las Mercedes y la propia avenida, actuaban en los parques y plazas e intercambiaban entre sí. Entonces los desfiles en el Malecón no incluían las máscaras de tipo popular. Comparsas de diablos de San Miguel y San Carlos se unían, en los años 50, para recorrer la parte alta de la ciudad, y máscaras de vieja data y tradición hacían lo mismo. Los barrios se unían en las fiestas de carnaval o carnavalescas.

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Durante las épocas de carnaval, que incluía fechas como San Andrés, el 16 de agosto y el 27 de febrero, lo mismo que en las navidades, el uso de fuegos artificiales era muy socorrido. «Montantes, varillas, buscapiés, garbanzos, y torpedos» eran de uso común, restrigiéndose estos usos luego a las fechas navideñas y festividades oficiales programadas. Los fuegos de artificio como el llamado «buscapiés» han sido documentados ya en 1814 para Puerto Rico por el investigador Angel Cantos. Las festividades carnavalescas formaron parte de la vida lúdica de la capital dominicana, en la que no sólo las máscaras, sino engendros novedosos como el del «hombre del serrucho» generaban la admiración, cuando cierto músico usando un serrucho colocado el mango entre ambas piernas, a la vez que lo flexionaba, extraía, por así decirlo, melodías con un arco de violín sobre el borde no dentado del instrumento de trabajo. El robalagallina era un personaje importante, proveniente del siglo pasado. No era un solo actor el que lo encarnaba, puesto que algunos barrios tenían el suyo. El del barrio de Villa Francisca sobrevivió hasta los cincuenta. El disfraz, tradicional, y similar en casi todos los barrios, cubría los supuestos encantos de una mujer con trasero abultado, una escoba con la que marcaba el compás de los muchachos que le seguían cantando el «roba la gallina, palos con ella», y un macuto lleno de galletitas que dispersaba por los aires frente a los colmados y negocios en donde hacía una propaganda que generalmente era como sigue: «el mejor Colmado, el de Fulano», el coro de niños y adolescentes seguía por la ciudad repitiendo los estribillos que el robalagallina lanzaba al aire entre nego-

ciante y personaje de carnaval, al ritmo del «tití, manatí, ton ton, molondrón, que quiere que te cante, culi cañón». La fila de niños tras la máscara era larga. A principios del siglo Manuel Franco era casi el «robalagallina» oficial de la ciudad, según cuenta Veloz Molina en su libro. La música no era sino un complemento. Grupos musicales, merengueros y cantantes de voz decadente armaban bailes en las esquinas. Entre la avenida Mella y la calle Benito González, frontera con San Miguel, se bailaba a ritmo de merengue. En la actual Duarte con la entonces avenida Capotillo (hoy Mella) se colocaba el «palo ensebao». Los muchachos improvisaban tumbadoras y tamboras con recipientes metálicos vacíos, y recorrían los callejones haciendo voces imitativas de trompetas e instrumentos. No sólo el robalagallina, sino otros enmascarados como «La muerte», vestida de esqueleto con cizaña en la mano, promovían la tradición carnavalesca de «la garata con puños». Lanzadas al aire monedas de bajo valor o galletas, o dulces, caramelos, o baratijas, la guerra se veía venir a puñetazos. Los enmascarados con zancos de dos tipos aparecían de improviso en las calles llenando de admiración al público infantil. Zancos altos y zancos bajos, imitados luego por los muchachos que llegaron a crear zancos con latas vacías de salsa de tomate, a las cuales se ataba en los laterales una especie de rienda que permitía manejar el zanco desde arriba, con las dos manos, usando la rienda como ajuste al pie. La multitud de los barrios en fechas carnavalescas se desplazaba principalmente por toda la ciudad. Gazcue, un barrio de la naciente burguesía, era menos frecuentado. Allí las fiestas de carna-

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val eran más aristocráticas, y los bailes de máscaras eran comunes en casonas de estilo nuevo y de patios amplios. Los enmascarados con tendencia a disfrazarse de mujer eran muchos. Algunos recorrían la ciudad de manera elegante, con sombrero y redecilla sobre el rostro, como Van der Linder, famoso por su cambio de fisonomía en cada carnaval. Los burros disfrazados han sido informados por Fradique Lizardo, e ilustrados. Entre ellos, el más destacable, o la más destacada, fue la burra Consuelo. Su dueño la adornaba con papeles de colores, con lazos de crepé y en cada esquina la hacía rebuznar a su manera. «Llora, Consuelo, llora». A veces Consuelo era acompañada de otro jumento que hacía labores similares. La burra de inmediato iniciaba un llanto asnal que sólo terminaba cuando su dueño le daba la orden de hacerlo. Consuelo no tuvo sustituta entre los burros con disfraz. El público aplaudía los jumentos como si fuesen artistas, y en el caso de Consuelo, jumenta, rebuznaba para «dar las gracias». Los primeros ventrílocuos dominicanos que actuaron públicamente lo hicieron en las plazas y en los carnavales. El más famoso de ellos era el dueño de Juaniquito, muñeco con saco y corbata, cara de papel machacado, bigotito y cejas grandes, y color anaranjado. Iba de colmado en colmado recitando y cantando. Máscara muy popular, Juaniquito se hizo más famoso que su dueño, del cual, asesinado por la dictadura, no se recuerda el nombre. Durante el período posterior a la guerra de abril de 1965, el carnaval barrial perdió en parte sus encantos. Si bien bajo gobiernos como el de Ulises Heureaux y el de Trujillo, los carnavales

quedaban como una acción oficial del Estado, durante los gobiernos dominicanos del siglo XX se ha incrementado el carnaval oficial, y en los últimos años se abren las compuertas de nuevas formas de expresión lúdica. Para que tengamos idea de cómo los personajes del carnaval citadino de orden popular se mantienen o se mantuvieron, basta citar al novelista Tulio Manuel Cestero. El mismo nos habla del robalagallina, de las comparsas de indios emplumados que persistieron hasta hoy, y de la presencia, perdida definitivamente, de los negros de Los Minas, que venían en las pascuas del Espíritu Santo a bailar «sus tangos africanos al son de los cañutos». En el barrio de Santa Bárbara, todavía a principios de siglo, los habitantes de Los Minas celebraban el llamado Rosario de la Aurora, dentro de las festividades de San Juan. Vale decir que cuanto describimos aquí es en parte el modelo que vivimos como niños o adolescentes, puesto que existen variantes de estas modalidades, como podrá comprobarse en los estudios que citamos al final del texto.

LA MEZCLA DE TRADICIONES

EL «TRÚCAMELO», LLAMADO EN OTROS PAÍSES «RAYUELA»

La mezcla de tradiciones y la creatividad criolla generaron por así decirlo modalidades a partir de unos orígenes hasta cierto punto «puros», usando el término sólo como una referencia a las bases culturales de la tradición. Las criollizaciones de lo español y lo africano, incluídas expresiones canarias, produjeron modalidades típicamente locales. Un recorrido por las festividades patronales en los barrios de la capital, Santo Domingo, revela en gran parte la riqueza de la tradición. Como el objetivo de este trabajo es hacer un recuento y no un estudio a fondo, nos vemos obligados a mencionar juegos que fueron o son de importancia en lugares de la ciudad, y en barriadas relativamente nuevas como Villa Francisca, Villa Consuelo, Villa Duarte, sin olvidar, claro está, el uso en Ciudad Nueva y San Miguel, es decir, en los barrios intramuros. Santo Domingo se une en las tradiciones, y la fragmentación de lo tradicional es casi imposible, a no ser por creaciones muy locales característica de alguna invención lúdica de última hora.

JUGANDO AL TRÚCAMELO

LOS JUEGOS: TRADICIÓN Y MODERNIDAD

LA TRADICIÓN DEL «TRÚCAMELO» SE HA MANTENIDO INCÓLUME, (ARCHIVOS DE EL CARIBE)

Los aspectos lúdicos de la actividad humana corren parejos con el transporte o traslado de la cultura. Todas las sociedades de la tierra, desde el paleolítico en adelante, practicaron el juego. La vida humana sin juegos es totalmente inconcebible, y en la medida en que el ser humano se hace adulto los juegos se transforman, pero nunca dejan de ser tan atractivos como para que un niño o el propio adulto los desprecie. El juego no pertenece únicamente a los niños. Es una forma común a todas las edades del género humano. El juego además no es siempre simple. Las formas lúdicas son una expresión psicológica que a veces no necesitan del juguete, ya que forman parte realmente material de una manera de pensar. La aparente simplicidad de ciertos juegos comporta siglos y milenios, a veces, de actitudes lúdicas en secuencia. Los juegos son formas comunitarias, muchas de ellas procedentes de viejas fórmulas pasadas, y de espacios rituales que se transformaron luego en espacios típicamente lúdicos. Muchas

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veces, detrás del ocio y del entretenimiento, se esconden complejas formas culturales pasadas. Aun cuando hemos tocado el tema, vale precisar que cuando los conquistadores hispánicos llegaron a las Antillas se encontraron con una sociedad que practicaba un juego de pelota con características rituales importantes. Siendo una especie de deporte taíno, el mismo era practicado en gran parte de la isla, pero principalmente en el este, y claro está, en la zona en que actualmente se erige la ciudad de Santo Domingo. El mismo estaba extendido también en parte de Sudamérica y Centroamérica, en donde la influencia de un juego similar, como lo fue el maya, era importante. En el cacicazgo de Jaragua el juego entre indígenas desarrollando escaramuzas guerreras con lanceros que se atacaban casi como si la guerra fuese real, dejó muy impresionados a los españoles. Mientras que el juego de pelota se realizaba con la finalidad de obtener puntuaciones que a final de cuentas definirían los ganadores. El otro juego, el de las lanzas que la crónica compara con el juego español de «las cañas» dejaba lacerados a muchos indígenas, y parecía ser casi un juego sacrificial. Los propios españoles trajeron sus juegos a América, y el de las cañas, —medieval y de la nobleza— se instaló en muchos lugares en el siglo XVI. Muy posiblemente los juegos hispánicos desalojaron de la sociedad indígena los juegos originales. La disolución de la sociedad aborigen antillana en Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Jamaica, se produjo con el régimen de la encomienda, el que también, desintegrando los grupos familiares, fragmentó las actividades cotidianas y rituales, haciendo desaparecer la organización tribal que sustentaba este tipo de actividad.

El juego de las cañas, traído por España, y presente en muchos puntos de América, era juego de caballeros, y por lo tanto los caballos tenían importancia grande en el mismo. Vale decir que con la cultura europea entró a América el juego a base de animales: caballos, vacunos y aves. Sin los mismos no hubiese habido acciones lúdicas como las que conocemos hoy. Desde muy temprano el caballo pasó a América, y ya desde los primeros días de la conquista, más específicamente desde el segundo viaje de Colón, se constituyó en elemento fundamental para dominar al aborigen. Ya en 1509 había llegado a la isla de Puerto Rico, en donde en uno de los primeros viajes Yáñez Pinzón había soltado ganado vacuno, reproduciéndose el mismo de modo que cuando posteriormente fue conquistada la isla, la carne de vacuno resultó abundante por largo tiempo. Con el caballo se produjeron carreras y competencias desde muy temprano. Sobre el lomo del equino la diversión tomó lugar en América. El caballo y las reses fueron tanto un elemento de supervivencia como un elemento lúdico. Cuando la colonia se afirma, el caballo participará en justas más organizadas como serían las carreras de anillas o anillos, de origen medieval y consistentes en traspasar con un palillo el centro de un anillo con el caballo a todo galope. En Guatemala, México y las Antillas, este juego coincidía con las festividades metropolitanas, cumpleaños de los reyes, nacimiento de infantas y herederos, así como algunas festividades religiosas y hasta locales. La vida colonial fue muy florida; a pesar de las miserias rigurosas que pasaron los antillanos, las festividades de todo tipo sazonaban la vida colonial. En su libro «La Mala Vida»,

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Carlos Esteban Deive abunda en informaciones acerca de las cotidianidades de una sociedad bastante marcada por la humorada y el malandrineo. Así como el caballo contribuyó a la vida lúdica colonial, el ganado vacuno fue usado con fines similares. En primer lugar la corrida de toros se instituyó en todo el ámbito antillano y americano. El sistema del hato ganadero, común a todas las tierras llanas de América y forma económica que en la colonia antillana sustituyó a la minería y al azúcar, mezcló su fauna básica (caballo y res) con la gracia del genio humano. Entonces no sólo fue el toreo, el que aún en la provincia de El Seibo sigue vigente en su decadencia, sino también el llamado «coleo», una forma de deporte o de juego rústico y llanero desarrollado con la participación de toro y caballo. Salido el toro dentro de un corral cuadrado, el jinete debe perseguirlo paralelamente y tomarlo por el rabo para, rebasándolo, halar con fuerza de modo tal que la res ruede por el suelo estrepitosamente. El griterío y los aplausos no se hacen esperar y el toro se levanta como sorprendido, humillado, vencido por un centauro que es siempre nuevo para él. España trajo a América un animal huraño, vencedor en los ruedos de contrincantes del mismo tenor ya en las islas griegas dos mil años antes de Cristo. Para los investigadores de este juego el origen de las peleas de gallo estarían en Asia. La riña de gallos fue actividad medieval española muy importante, pero decadente en siglos posteriores, habiendo renacido de manera alucinante en América con la conquista. En la ciudad de Santo Domingo el gallo alcanzaría importancia capital. Samuel Hazard, el aguzado cronista del siglo pasado, narra cómo en una escuela de Pajarito (actual Villa Duarte), el

maestro tenía su traba en el patio de la misma, manera de cuidar sus combatientes emplumados a la vez que enseñaba las letras del alfabeto. El gallo de pelea entró a América debajo del sobaco de algún hijodalgo castellano. Se dice que el presidente dominicano Manuel Jimenes, firmaba decretos de estado en la gallera. Así la pelea de gallos quedó centrada en nuestro continente, en donde el juego resultaba más fácil que en la propia España. Uno de los juegos perdidos, descrito para el área de Baní en siglos pasados, fue el llamado «Peroleño», que pudiera traducirse como «Pedro del leño». Lo mencionan autores dominicanos como Francisco Javier Billini y Félix María del Monte. El Peroleño es en realidad una descendencia del juego llamado en España «Estafermo». En la España medieval se trataba de un muñeco armado con escudo y boleadora de hierro montado sobre un gozne sobre el cual giraba. El caballero venía al galope con su adarga y golpeaba a toda velocidad el escudo lo que hacía que el «estafermo» girara y a la vez descargara las bolas de hierro sobre el jinete que debía tener gran habilidad para defenderse. En el caso dominicano el Peroleño, llegado posiblemente con los inmigrantes canarios, golpeaba al jinete con un garrote. Con España entraron a América los «maromeros», los saltimbanquis, los actores callejeros, los juegos de azar. En principio la maroma es la cuerda con la que se atan los buques, por lo tanto «maromero» fue en sus comienzos el que cruzaba esa especie de maroma llamada luego «cuerda floja». También con ella se hizo presente la chichigüa, papalote o papelote. De bandera para mensajes usada ya por los chinos mucho antes de la era cristiana, pasó a ser juguete de varios nombres y

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formas en todo el mundo, llegando a España tempranamente, de donde posiblemente emigró hacia América. Aunque parece haber llegado tardíamente a América, hacia el siglo XVIII, su popularidad continúa hasta nuestros días. Entre los antillanos el juego de chichigüas alcanzó fines lúdicos ligados a entretenimientos que pudieran considerarse bélicos. Las colas de las cometas, pájaros, chichigüas, bacalaos, fueron armadas con navajas afiladas o trozos de cristal afilados llamados «lajas», los cuales eran usados para cortar el hilo de los papalotes contrarios y echarlos «en banda». Se llamó «lajear» al juego de las lajas. Durante épocas de San Juan, los pájaros desde hasta seis pies de altura, atados con gangorra, eran volados en las zonas baldías, en donde decenas de curiosos se dedicaban al goce de primitivas batallas aéreas muy anteriores a las de los aviones en las guerras mundiales. El afán lúdico de los presentes se mezclaba con ese sentido triste que generalmente caracteriza el alma de muchas personas, como son las que gozan con la destrucción y la guerra y no encuentran placer en los juegos si éstos no tienen un toque de violencia. San Juan era época de mariposas en la capital dominicana hasta los años cincuenta, cuando los chicuelos las cazaban con ramas convertidas en foetes para colecciones efímeras. En la ciudad de Santo Domingo el vuelo de chichigüas se desarrollaba con campeonatos importantes en las cercanías del mar Caribe, en descampados cercanos al entonces paseo Presidente Billini, y en los lugares al norte de la ciudad o en zonas del este, en donde los alisios soplaban con mayor fuerza. Los juegos son parte de una sociedad que aprovecha el ocio en actividades no productivas y en las que el mayor mecanismo para

producir es el azar. Con los juegos de azar América entró en una gama de entretenimientos enorme. Naipes, loterías, rifas, dados, y otros. Los juegos de azar completan una modalidad importante porque siendo personales pueden ser explotados por propietarios que acumulan riqueza y poder. Garitos, piezas, habitaciones de traspatio, acomodaron desde la misma época colonial a jugadores de todas las épocas hasta que se permitió el juego de azar como algo patrocinado, controlado y promovido por el propio Estado, aduciéndose casi siempre «fines benéficos». A finales del siglo pasado se crearon loterías privadas como la de «la Beneficencia», organizada por el presbítero Francisco Xavier Billini con fines de usar sus fondos en la curación de enfermos sin recursos. Las llamadas «rifas de aguante», con el resultado de los números de la lotería, son parte de la vida dominicana, como lo fueron los llamados «sanes». El san era un modo de obtener una suma global de dinero con sólo aportar mensual, semanal, o diariamente una cantidad especificada. La costumbre, de origen africano, permitía ahorrar o recibir dinero en una fecha establecida. Quien llevaba el san tomaba los ahorros acumulados del primer número, y por mutuo acuerdo, los integrantes del san recibían en fecha determinada la suma total del juego, terminando de pagarlo en caso de que su número fuese anterior a los finales del proceso acumulativo. Ciertamente, con los siglos, muchas de estas costumbres variaron, otras, como el trompo de madera tienden a desaparecer. La carrera de sortijas o anillas fue común todavía en los años 40 cuando se desarrollaban espectáculos preparados por el entonces Consejo Administrativo o Cabildo, en los cuales ensartar anillas desde la

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bicicleta de carreras era todo un ejercicio de atletas a los cuales la cultura moderna les había negado el arte de la caballería. El palo ensebado, el embique, el fufú, la cerbatana de tallo de lechoza, los silbatos de hoja de limón, la carrera de pajitas y palitos de fósforos en las aguas de las cunetas, los tirapiedras, las castañuelas de tablillas, las carreras de saco, las carreras de burro, la cubanita, el juego de semillas de cajuil, el trúcamelo, llamado en otros lugares rayuela, el ponte y por los dos, el taquito, el guataco, la candelita, el yo-yo, las rondas, los maratones de baile, las adivinanzas, las visitas de la virgen a la casa, los trisagios, las horas santas, y otros tantos entretenimientos han desaparecido o van desapareciendo. Al parecer aquello que no es funcional para una sociedad se queda en el pasado y en el recuerdo, sin embargo, pensarlo, revivirlo y darle a los demás una dosis de algunas realidades de lo que llamamos «herencia cultural», puede ser importante para el «conócete a tí mismo» que tanto predicó Sócrates y por el que el filósofo griego tuvo que tomar la cicuta.
ENSEBAO».

VERSIÓN DEL LLAMADO «PALO LA GRASA CON LA QUE A

UNTA EL PALO HACE DIFÍCIL ARRIBAR AL TOPE PARA GANAR EL PREMIO. ASCENDER SOLO, OTRAS PUEDE HACERLO SOBRE EL HOMBRO DE ALGÚN COLABORADOR, (ARCHIVOS DE VECES EL CONCURSANTE TIENE QUE

EL CARIBE)

LOS DIVERSOS JUEGOS DE RONDA
FUERON COMUNES DURANTE MUCHO TIEMPO EN LA CAPITAL DOMINICANA.

HOY TIENDEN A DESAPARECER, (ARCHIVOS DE EL CARIBE)

FILOSOFÍA Y JUSTIFICACIÓN DE LOS JUEGOS

JUEGO DE «LA CARRETILLA». LAS CARRERAS DE ESTE JUEGO SON COMUNES, Y SE HACEN CONCURSOS
DE VELOCIDAD

Existe una diferencia profunda entre juegos y juguetes. Antes de entrar en la descripción de sólo algunos de los juegos de barrio, vale la pena referirse a las características del espacio lúdico, de las tradiciones y del juguete, con sus cambios relativos en función misma de los cambios sufridos por las sociedades. La ciudad de Santo Domingo, desde el proceso colonizador, quedó inserta dentro de tradiciones que pueden rastrearse en Europa. Aunque existan algunos juegos locales, los mismos pueden ser una continuidad de modelos heredados. El juego tradicional necesita de un espacio urbano o rural para mantenerse, para que como afirma Juliette Grange, responda a una ley de «retención». La autora es de opinión que los juegos tradicionales fueron primero manifestaciones rituales en muchas ocasiones. Afirma que para que los juegos respondan a esa ley de «retención», de supervivencia, deben a la vez responder a un conjunto de elementos sociales y a una «sociedad infantil», considerando ésta como el deseo conjunto de jugar que

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manifiesta un grupo de este tipo. La mayoría de los juegos de barrio son juegos en comunidad. Los pocos que van quedando tienen aún ese nivel de colaboración y de reto y respuesta de los jugadores, por lo que en torno al jugar en colaboración existe una lógica infantil, un proceso de colectivización del hecho mismo de jugar. Los juegos infantiles —véase que me refiero a la parte colectiva— responden, en concepto de Grange, porque son comunitarios y colectivos, a una manera o modo de «cultura infantil». Los jugadores responden a la regla de una totalidad de participantes. La diferencia que hoy se manifiesta cada vez más violentamente entre el juguete comercial personalizado, hecho para un solo niño, y los juegos colectivos, revela un marcado paso de desintegración popular que se manifiesta en los aspectos crecientes de una sociedad cada vez más particularizada y globalizada, donde la concepción del juguete no ya como un objeto que en tiempos primarios tuvo características rituales, sino como ente de consumo que es entregado hecho, con fórmulas de uso, y que no necesita del colectivismo de los viejos juegos barriales para producir los efectos de la entretención que el ocio de hace cincuenta años o más reclamaba. El espacio urbano, la calle como zona cultural, las plazas como centros de desarrollo barrial han desaparecido mientras desaparecen las reglas del juego. La frase «reglas de juego» es bien decidora de que existe un acuerdo en los juegos de la calle que ahora tienden a desaparecer o han desaparecido. Estas reglas son el producto de una tradición oral, no escrita, aprendida de infante a infante, de niño a niño, tradición que es a la vez un modelo de repetición que hace de la llamada «ley de retención» algo funcional.
EL JUEGO DEL YUN. ES NOVEDOSO. DOS GRUPOS SE DISPUTAN ARRIBAR
AL FINAL DE LA ESQUINA CONTRARIA. TOPARLO.

LOS JUGADORES, PARA SE USAN ESPACIOS HA SIDO

DESCARTAR AL ENEMIGO, DEBEN MARCADOS, CUADRADOS, QUE SON ZONAS DE PROTECCIÓN. POCO DESCRITO

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La historia del trompo, descrita por Grange es bien ilustrativa de lo que exponemos. Según esta socióloga y etnotecnóloga francesa, el trompo fue primero un objeto de uso ceremonial en las sociedades rurales europeas. Se utilizaba sólo en ciertas épocas del año, tenía una actividad cíclica, ligada a la primavera. Lo jugaban adultos, y los trompos, grandes, pesados, eran un modelo lúdico de campesinos que en Francia, por ejemplo, ejercitaban con el juego sus calorías en épocas frías. En los mediados del siglo XIX el modelo de trompo tirado con una cuerda, hecho de madera, y producto de artesanos a los cuales se encargaba, pasó a ser un objeto de uso infantil. Este paso corre parejo, diríamos, con el proceso de modernidad creciente desde el siglo XIX en adelante. Su uso se presenta como un uso que mantiene algunas formas de ritualidad, pero que al fin y al cabo pierde las mismas transformándose en una pieza colectiva y popular. La fabricación, como la de otros juguetes usados en comunidad, es artesanal. El trompo se encarga al gusto del que lo usa, pero se usa en grupos que lo juegan con diversas formas y bajo reglas comunes. No pasaremos a describir esas formas, porque son diversas, y todavía en el Santo Domingo de principios de siglo, como veremos en detalle, corresponden a una concepción de acuerdos colectivos que no tiene el juguete industrializado. Cuando vemos cómo han desaparecido los juegos tradicionales, cuando analizamos las formas anteriores al capitalismo en nuestros predios, comprendemos que la modernidad ha generado un espacio nuevo al interior de la vida personal que afectó notablemente la vida del espacio abierto. Son muchos los autores que consideran el crecimiento urbano y la ruptura del espacio «ritual» de los juegos de calle, callejones y plazas, como una muestra de la ruptura de las re-

glas. Toda modernidad es un intento de sustitución de lo tradicional. No hay reglas sin espacio y sin conciencia colectiva de los juegos. Como bien apunta Grange los juegos tradicionales tienen lo que ella llama «una lógica arcaica» que no corresponde a los juegos actuales, ni a los juguetes mecanizados, individuales, hechos para jugar en la soledad, o fabricados en serie, nada artesanalmente. La industria del juguete no tomó en cuenta el espacio ni la contextualidad del juego colectivo. Y aunque los llamados juegos didácticos son un avance intelectual, psicológicamente planeado, no se fundan en las leyes de lo tradicional, sino de lo pedagógico por encima de la herencia cultural misma. Del trompo de soga al trompo de metal zumbante y colorido, hecho para jugar en soledad, hay una profunda diferencia. No es posible, por tanto, rescatar los juegos que la modernidad ha ido haciendo desaparecer. Forman parte de un período fósil, fosilizado, de la historia lúdica. La autora recalca la filosofía del juego a campo abierto justificando en los mismos la actitud colectiva. Cuando ha estudiado el trompo, sobre el cual centra su trabajo, puede colegirse que cualquiera de estos juegos infantiles en los que entran a participar varios contrincantes o jugadores, no es sólo un simple hecho social, puesto que «implica la presencia de adversarios, espectadores, prendas, premios». Existe en los juegos tradicionales un área de prestigio. En otros juegos, como los que contenían cantos, versos, cuentos, movimientos de ida y vuelta como el Matarile, se conjugaban historias locales e historias de carácter tradicional muchas veces heredadas. En la ciudad de Santo Domingo era común oir las niñas cantar tonadas como las siguientes:
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INFANTILES SE APRENDEN SEGÚN REGLAS ORALES Y TRADICIONALES

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Dónde vas negrito con ese farol, voy debajo el puente pues tengo calor. En qué calle vives, vivo en un rincón. Qué número tiene el cuarenta y dos. El juego de la pájara pinta tenía igualmente forma de tonada, lo mismo que el Matarile, el Brinca la tablita, y las tantas formas heredadas de la música y métrica hispana, ya estudiados por Edna Garrido de Boggs. Hechos políticos como la monarquía de Alfonso XII pasaron en forma de música y letra a las colonias todavía a finales del siglo pasado: Dónde vas Alfonso Doce, dónde vas triste de tí, voy en busca de Mercedes que ayer tarde no la ví... La tonada llegaba desde la Cuba aún colonial, al Santo Domingo republicano. La Cojita, también llamada Miruflí, canción que las niñas hacían cojeando mientras la cantaban, era uno de los llamados «juegos de imitación». Dónde vas mi cojita, que miruflí que miruflá, voy al campo a buscar flores

que miruflí que miruflá Para quién son esas flores, que Miruflí que Miruflá, Para la Virgen mi patrona que miruflí que miruflá... Otro juego de imitación, el San Serení, inducía a las niñas a hacer el movimiento de las lavanderas, de las costureras, en fin de las amas de casa de las cuales se imitaban los movimientos mientras cantaban: San Serení de la buena buena vida hacen así, así las lavanderas, así, así, así me gusta a mí... La cancioncilla de Las Tres Muñecas, cuyo nombre no alcanzo a saber ni su procedencia, era cantada por tres niñas cada una con un nombre francés que hacía los gestos de la muñeca que representaba: Somos tres muñecas llegadas de París, nosotras no sabemos quién nos trajo aquí... Mi nombre es María, el mío es Mimí, pues yo no tengo nombre que soy una infeliz... Marietta, no seas coqueta, etc. Son muchas las razones para revisar los cambios que las reglas de juego permitieron en cada punto de América, las variantes de

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las canciones infantiles, y de los juegos colectivos, el del MusaTataramusa, que describiremos brevemente, y la presencia de juegos como el llamado Guataco, cuyo origen, tal y como lo apunta Garrido de Boggs tiene variantes en España, pero el cual parece haber llegado desde Cuba, usándose el nombre «guataco», que en Cuba fue usado para denominar las orejas, pero que bien podría ser de factura indígena por su composición, aunque Fernando Ortiz en su Diccionario de Afronegrismos señala que pudiera ser de origen africano. La herencia tradicional de los juegos y juguetes infantiles de zona abierta, es decir, de orden creativo artesanal y popular, se
AUNQUE NO ERA UN JUEGO

expresa en el espacio lúdico. Muy posiblemente, como se ha señalado, los juegos fueron creación adulta que los niños recogieron transformados en muchos casos por las necesidades culturales del medio, aunque haya excepciones que confirmen la regla. Muchos juegos infantiles son en verdad complejos, y merecen antes de ser jugados, un aprendizaje especial que se produce en la práctica. Afirmadas estas realidades, debemos comprender que el juego tradicional, hasta que la modernidad lo hizo masivo y lo transformó en juguete intransferible, era un bien infantil comunitario. Las diferencias que Grange establece entre el juego y el juguete comunitario y participativo y los juegos industrializados, todos iguales y ausentes de artesanismo, son importantes para comprender como la modernidad ha hecho impacto sobre la tradición quebrándola definitivamente y sustituyendo de manera virtual la misma. Veamos: al juego comunitario hecho por grupos de niños bajo reglas aprendidas dentro de la actividad tradicional se opone el del niño

ORGANIZADO, HUBO MANERAS DE COLOCARSE DETRÁS DE ALGUIEN PARA QUE EL MISMO FUERA EMPUJADO POR ENCIMA DEL OTRO, HACIÉNDOLE PERDER EL BALANCE. MÉTODO ERA COMÚN EN LOS BARRIOS, Y TRAJO NO POCOS PLEITOS Y ENFRENTAMIENTOS, (ARCHIVOS DE

EL

EL CARIBE)

aislado, con su juguete personalizado. Al juego en un espacio exterior, espacio lúdico, se opone el juguete para un espacio interior, habitación, cuarto de estar etc. Al juego estacional o periódico (chichigüas, San Juan, juegos de carnaval ya en desuso) se opone el hecho de que se juegue en cualquier momento, rompiéndose la ritualidad posible del mismo. Al juego en espacio selecto para la expresión libérrima, al aire libre, rural o urbanamente, se opone el que no exista un lugar particular. A la música, tonadas, formas de expresión tradicional heredadas, se opone la música integrada al

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objeto industrial como se aprecia en el caso de los juguetes con pilas, de los juegos electrónicos, etc. Al juguete fabricado por las artesanías con un modelo particular para cada gusto cultural infantil, «fuera de todo circuito comercial» se opone el juego que originan los juguetes en series, faltos de personalidad y ausentes de un uso comunitario, en el que la filosofía infantil no tiene nada qué hacer. A lo que Grange llama habilidad, resistencia, destreza, atención para el juego tradicional, se opone la no actividad ni esfuerzo exigible por el juguete en serie. Estos puntos son importantes para entender que en la medida en que las globalización inventa novedades lúdicas y las expande por el universo, el uso de razones, estrategias, formas de correlación cultural, y de espacios en los que crece la imaginación infantil se reduce en muchos casos. La esperanza de que los juegos infantiles tradicionales subsista es hasta cierto punto utópica. Grange señala que «Es en todo caso al través de los mass media cómo se va disolviendo el último bastión de una cultura oral y costumbrista. La ley de la retención, descrita más arriba ya pronto no tendrá más vigencia. El campo de los juegos infantiles o al menos lo que queda de él puede ser librado a los avatares de la innovación». Sobre lo dicho anteriormente habría que agregar la creación de nuevos juegos ya adultos que se revelan como un contrario total a los llamados «espacios comunes». Los juegos sociales como el Monopolio, las ruletas y mesas de apuesta, los bingos y loterías, así como una gama inmensa de juegos de parchesí, y similares, son formas sedentarias que traen consigo recetas incapaces de abrir la

imaginación infantil hacia zonas más allá de un resultado previsto y apuntado por el tipo de juego. Competencia, imitación, juegos de vértigo y juegos de azar, completan el marco de los juegos en todas sus manifestaciones según Roger Caillois. A partir de estas grandes coordenadas se puede entonces hablar de clasificaciones y subclasificaciones.

ALGUNOS JUEGOS BARRIALES

EN LOS AÑOS CUARENTA Y
CINCUENTA LOS JUEGOS DE BOLAS ERAN COMUNES NO SÓLO EN LOS BARRIOS, SINO EN LOS LLAMADOS

Como es de suponer haremos hincapié en algunos juegos barriales determinados bien documentados y otros menos. Los mismos eran comunes a casi todos los barrios capitaleños en los años cuarenta y cincuenta, que es la época en la que tuvimos la oportunidad de jugarlos y observarlos. No intentamos en este acápite de nuestro trabajo ni una clasificación ni mucho menos un ordenamiento lógico de los mismos, puesto que esto haría menos atractivo un texto que debe ser sorpresivo. Muchos de los juegos provinieron del período colonial. Habría que dejar de lado las tradicionalísimas formas del Matarile, La viudita del Conde Laurel, San Serení, Mambrú y otros tantos para dar paso a otros que parecen más cercanos a nuestro siglo. En San Miguel, Villa Francisca, San Carlos y otros barrios capitolinos hubo unidad de juegos.

DETALLE DE FOTO ANTERIOR

«RECREOS» DE LAS ESCUELAS
PÚBLICAS DOMINICANAS, (ARCHIVOS DE

EL CARIBE)

LOS JUEGOS Y LA MODERNIDAD

JUGUETE DE POBRE, EL NEUMÁTICO, «GOMA» O «LLANTA», ARRASTRADO POR UN «PALO» HA DESAPARECIDO
PRÁCTICAMENTE DE NUESTROS BARRIOS

En los barrios de la capital el siglo XX emergió lentamente. Una sociedad en la cual la dictadura de Trujillo tomó las riendas de la modernización inicial sufriría un proceso de transformación personalista, desligado de las actividades económicas y sociales totalmente privadas. La moral de la dictadura, hecha a la medida de los deseos del gobernante, organizaba la vida popular de modo omnímodo. Se sabe que la idea de las fiestas de carnaval que inaugurara el dictador Heureaux, fueron en parte continuadas por el dictador Rafael Trujillo. Esa misma tendencia a un progreso controlado y a veces lento, signaba la sociedad dominicana, por lo que muchos de los juegos y juguetes del siglo pasado continuaron vigentes hasta muy entrada la década de los cincuenta, manteniendo características que ya estaban dadas a finales del siglo XIX. Quizás el juego más popular de aquellos años fuera el trompo. Ya hemos visto cómo éste tiene una historia casi ritual, según las afirmaciones de Grange citadas en este trabajo.

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Sin embargo, en los barrios llegaron a mezclarse juegos y juguetes que fueron novedades. Se mantuvo aún durante la llamada Era de Trujillo la visión comunitaria del juego, y los espacios callejeros y rurales permitieron, a rajatablas, la continuidad de formas ya desarrolladas, en las cuales, como se ha señalado no sólo el jugete tenía una importancia plena, sino el entorno y la parte cultural infantil que rodeaba al mismo. Había «ritualidades» heredadas, nomenclaturas que nunca los muchachos reclamaron como propias y que eran la herencia cultural infantil de épocas distantes. Los juegos en los que se participaba colectivamente eran organizados en función de un orden que nadie discutía. Si se trataba del juego de trompo, o del de bolas, o del juego del «topao», o del Guataco, que describiremos, había que elegir quién era el primero en tirar la bola, o el trompo, o quien «se quedaba» para fungir como el primer castigado en juegos en los que entraban elementos represivos. «Mano, trasmano, tercero, cuarto y porra», eran términos aplicables al orden de los juegos de bola, trompo, semillas, botones y otros. El método para organizar el juego era totalmente democrático. Todos aceptaban las decisiones sin rezongar, fuera tirando una moneda a la raya para que el que más se acercase a la misma fuera «la mano», o primer concursante de la partida, o lanzando la moneda al aire para el «cara o escudo», o eligiendo mediante una vieja métrica como era la de ir señalando silábicamente a los concursantes bajo los versos del «Tin Marín, de dos pingué, cúcara, máscara, títere fue», que además formaba parte de juegos independientes. Las fórmulas eran numerosas.

Esta ordenada formación, este orden, pueden ser identificados con los parámetros que Moraiba Tipsay Pozo utilizó para los juegos y juguetes en Venezuela, muchos de los cuales están o estuvieron presentes en Santo Domingo. Esta especie de clasificación enfatiza la práctica con juguetes, los juegos de habilidad, los de movimiento, los de ingenio, los dramáticos, los cantados, los de azar, los cuentos y adivinanzas, los juegos danzarios. Sin embargo, como puede verse, en muchos de los juegos barriales entran varios elementos de los citados a veces de modo simultáneo, puesto que hay una extraña hibridación de usos en juegos que tienen contenido diferente y metodologías parecidas.

EL TROMPO Volvamos al trompo, del cual Grange ha hecho un estudio muy interesante. El trompo de ser un artefacto lúdico adulto en la Edad Media y el Renacimiento, pasó a ser un juego cotidiano ya desde mediados del siglo XIX, alcanzando en los comienzos del veinte importancia en toda Europa. El trompo que llenó las calles de Santo Domingo desde el período de Heureaux en adelante es el hecho por artesanos, en madera, con punta o puya de metal, generalmente un clavo de dos pulgadas, y forma de pera o aguacate. Es un artefacto para rehilar usando de una cuerda, de una gangorra, que envuelta en la parte cónica, lo hace girar cuando el jugador lanza el mismo y se queda con la cuerda en las manos. Francisco Veloz Molina hace un importante recuento del uso

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rueda que si se quedaba en ella (dentro de ella) entonces tenía que esperar que los otros que tiraban al centro de dicha rueda lo sacaran con la puya, de raya a raya para sacar los botones, si eran botones los que se jugaban, o las dos motas (medio centavo) cuando era con dinero». La descripción de Veloz Molina apunta hacia ciertas formas que se mantuvieron por la llamada «ley de retención». Más tardíamente, y ya luego de los años treinta, el juego era similar y variado. A veces se jugaba para tomando el trompo en la palma de la mano, arrastrar con el mismo, a base de ir tirando la puya sobre las monedas, hasta hacerlas salir de una raya a otra. Cuando un jugador no
JUEGO DEL TROMPO

podía sacar la moneda de una raya a otra, el trasmano, el que siguiera podía hacerlo. A veces las monedas se colocaban en una raya y eran movidas a base de puyazos y cabezadas, hacia otra raya, en ocasiones las monedas estaban dentro de un «ron», «round», y había que sacarlas del mismo tirando el trompo para que rehilara sobre el round o golpeara alguna moneda y la sacara del mismo. En del trompo en los finales del siglo pasado en la ciudad de Santo Domingo. El trompo era un juego colectivo, y muchas de las características que este autor recoge siguieron manteniéndose, con variantes, en el juego hasta los años cincuenta. En la ciudad de Santo Domingo, como en buena parte de la costa del Caribe y varios puntos de América, el trompo fue un juego de espacio abierto, caracterizado por un uso particular del mismo en niveles de competencia. Veloz Molina lo resume del modo siguiente: «Se jugaba el trompo para verlo reguilar (sic), al que más tiros aguantara en una reguilada (sic), al sancocho en una otras ocasiones el trompo era utilizado para la pelea de trompos. Como generalmente estaban forrados de puntillas o clavos finos de zapatero, las cabecitas de estos clavos diminutos creaban un manto que cubría la mitad del trompo, y que permitía las cabezadas más violentas, haciendo saltar una moneda a varios pies de distancia. Los trompos se usaban para juegos de malabar, lanzándolos con la cuerda hacia el aire y «aparándolos» en la palma de la mano. Se trabajaban calzándole la punta de clavo de dos pulgadas con boñiga de burro o de vaca, para permitir que con toques repetidos sobre la punta, la misma llegara a un grado de equilibrio con

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el peso del trompo que se sintiera lo más liviano posible, con lo que se evitaba que la mano fuera perforada con el uso continuado del juguete. El argot del jugador de trompos señalaba que un trompo estaba «sedita» o «seíta», cuando dejaba de «carretear», es decir, de saltar, de estar lo que se llamaba «carreta». Había trompos carretas que nadie los arreglaba, y trompos que al tercer o cuarto golpe para equilibrar la punta, quedaban «seítas». Mientras más grande y más «seda» era un trompo, mayor era su valor en el mercado infantil. Había fabricantes de trompos entre los mismos muchachos. Cuando llegaron los primeros trompos de cordel industrializados, algunos de ellos grandes y bellos, se les sacaba la corta punta y se modificaban para lograr trompos muy manejables, livianos y de fácil uso, puesto que giraban mucho más tiempo. Hubo concursos de trompo entre San Carlos y Villa Francisca, entre los muchachos de San Miguel y los de San Antón. En los concursos de malabares, cuando se lanzaba el trompo para «apararlo» desde el aire había que tener destreza para evitar la llamada «cuerda en boca», pues si el trompo se enredaba al hacerlo saltar hacia el aire podía muy bien estrellarse en la cara del ejecutante, de lo que resultaba que muchos jugadores recibían golpes a veces graves. Había orgullosos dueños de trompos que los paseaban de barrio en barrio, como dando exhibiciones de su manejo, y había expertos en el juego del trompo, muchachos casi invencibles.

trompos de carretel o trompitos para jugar botones. Si bien se jugaban botones de diversos tamaños con el trompo apuntillado, muchas veces la cabezada los fragmentaba. El trompito de carretel no necesitaba cuerda, ni puntillas, ni punta de acero. Generalmente se cortaba en dos en cada cuello un carretel grande o pequeño en donde venía el hilo Ancla, que usaban las costureras y sastres de la época, lugares en donde esta materia prima era obsequiada por los artesanos de la costura a los muchachos. Al ser cortado por ambos cuellos el cilindro central del carretel se despreciaba y cada uno de los terminales era completado, separadamente, con un trozo o cabo de lápiz de escribir. Afilada la punta del lápiz, que nunca llegaba a las dos pulgadas. Con una navaja se hacían muestras en el borde giratorio para que los golpes sobre los botones fueran más sólidos y el trompo realizase su función de enviar lejos el botón. El trompo se hacía girar haciéndole torsión con los dedos anular y pulgar, poniéndolo a dar vueltas sobre el suelo liso, en donde la punta de lápiz «dibujaba» a la vez laberintos y enredaderas por cuenta propia. Al igual que con el trompo grande, lanzado con una cuerda, con el trompito se realizaban competencias con botones de varias denominaciones, entre los que las llamadas «chavas», tenían un gran valor por su gran tamaño. Las saquetas con botones eran muchas, los muchachos las llevaban cerradas para evitar el llamado «capú», común a muchos juegos, sub-juego en el cual dos o más acordaban que podían, «legalmente», con un maDOBLE PÁGINA SIGUIENTE: EL TRADICIONAL JUEGO DEL TROMPO TIENE VARIANTES. PUEDE LANZARSE AL AIRE Y «APARARSE» EN LA PALMA
DE LA MANO

LOS TROMPOS DE CARRETEL A esos trompos tradicionales, apuntillados, y hechos para el combate, hay que agregar engendros novedosos y modernos, los

notazo tumbar de la mano de un jugador bolas, botones o dinero, sin que hubiese protesta. Por lo tanto, cuando aparecía un contrincante con el cual el capú había sido acordado, era muy impor-

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tante la saqueta, o el bolsillo profundo, lo mismo que el permanente alejamiento del mismo. Vale la pena, al hablar de la violencia en estos juegos, referirnos a una fórmula que no estaba dentro de los acuerdos. Era la llamada «coca», manera de los más grandes, fuertes y abusadores, penetrar en un juego de niños, arrebatarles el dinero, las bolas o los botones, semillas y otras cosas coleccionables, gritando «coca mandó la ley», y huyendo. Generalmente los extraños visitantes de barrios vecinos eran los ejecutantes de la «coca». Muchas de las peleas e «invasiones» a otros barrios fueron el producto de los enfrentamientos con pandillas de adolescentes que penetraban a abusar de los más pequeños despojándolos de sus pertenencias. Entonces se integraban grupos de represión que hacían incursiones violentas en otro barrio para vengar a los más pequeños, a la vez que vengaban el honor del barrio agredido. Desde Villa Francisca salieron «coqueros» famosos, como el tal Popó, rey del «capú», e incansable peleador callejero, puesto que la vida barrial no era, por así decirlo, en lo relativo a lo lúdico, nada tranquila.

constituyen el material básico para hacer los llamados «cuadros» o armazones. Se compraban en las ferreterías «papel vejiga» de diversos colores, para la propia pieza, pero también para flecos, «panderetas o tambores» y adornos. Se usaba generalmente el almidón de yuca como pegamento, y según fuera el tamaño de la chichigüa era el calibre del hilo o de la cuerda. Tal y como se describe en algunos autores de principios de siglo, las chichigüas fueron hasta los años cincuenta un elemento característico de los barrios. Los niños pobres las hacían con «cuadro» o armazón de varillas de coco y papel de estraza o de envolver del que se usaba en los colmados, o bien se conformaban con un capuchino, hecho de papel de cuaderno escolar, o papel de periódico, para el que no se necesitaba «cuadro», porque el capuchino tenía sostén propio debido a su forma. La chichigüa, lo mismo que el trompo, era un juguete de características comunes, con sus reglas propias, con sus formas establecidas, con una verdadera connotación infantil. En los concursos que alguna vez el Ayuntamiento de los años cuarenta y cincuenta llevó a cabo, se premiaron las distancias y el tamaño de los «pájaros», formas como las del papalote llamado «estreDOBLE PÁGINA SIGUIENTE: LA CHICHIGÜA, EL «PÁJARO» O PAPALOTE, AÚN SIGUE VOLANDO LOS SUEÑOS DE LA INFANCIA,
ESPECIALMENTE DURANTE LA

CUARESMA Y LOS MESES DEL VERANO

LA CHICHIGÜA La chichigüa, papalote o pájaro, tenía numerosos aficionados. Ya hemos tocado el tema someramente en otra parte de este artículo, pero vale la pena recordar que tenía grande popularidad, y que las fabricaciones de pájaros, estrellas, picobohíos, cajones, bacalaos, capuchinos, y otros juguetes volátiles, eran comunes en las casas de familia. Se compraban en los mercados pendones de caña de azúcar, los cuales se vendían por mazos o individualmente, estos pendones

lla», o el llamado «pico-bohío», una chichigüa que terminaba en la unión de dos varillas formando un pico, sin papel en medio, pero decorado con fragmentos de papel a modo de banderolas pequeñas. El picobohío tenía una característica especial: su gran movilidad en el aire, su posibilidad de hacerlo bajar en picada, sus facilidades para el movimiento lateral según fueran los aires o las brisas del momento. Aguantaba una larga cola de tela forrada de fragmentos de navajas de afeitar para «lajear», deporte en el

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que los voladores de chichigüas de los barrios eran diestros. A una distancia de cientos de pies de altura, los pájaros y picobohíos iniciaban la lucha del «lajear», en la cual la destreza del que manejaba los papalotes era fundamental, puesto que debía defenderse cuando la cola llena de navajas del enemigo se acercaba al hilo con el que manejaba su chichigüa, o bien, creando, para evitar el corte lo que los lajeadores llamaban «hamaca», o sea una distensión del hilo para hacerlo menos tenso. En el lajeo se tenían que aprovechar los fallos en el movimiento del contrario, para que su cola cortara el hilo ajeno. Romeo Martínez, un joven lajeador de Villa Francisca, echó «en banda» por lo menos diez volantines con su pájaro de casi cinco pies de altura. Héroes del lajeo hubo numerosos en San Miguel, en San Carlos, y en Ciudad Nueva, donde la tradición de la chichigüa, debido a las cercanías del mar y al brisote permanente, era de todo el año.

El juego de bolas entre varios contrincantes estaba constituído por un ron o «round», un óvalo pintado y grabado sobre la tierra con una raya marcada a lo largo de su parte más extendida, donde se colocaban las bolas que los contrincantes deseaban jugar. Si eran dos o tres, generalmente cada uno podía colocar dos o tres bolas, de modo que dentro del «ron» había una fila de bolas en el eje central del mismo, rodeadas por la raya exterior que formaba el «óvalo». El juego tenía dos vertientes: o bien se hacía usando el sistema de lanzar el bolón desde una raya distante sobre las bolas del ron e irlas sacando con cada tiro manual, o bien se lanzaba el primer tiro manual sobre el ron, para luego seguir tirando con el sistema de impulsar la bola con la presión del dedo índice sobre el pulgar, casi siempre arrastrando la misma sobre el suelo. El jugador tenía que impulsar la bola con este sistema, hasta sacar todas las bolas posibles dentro del ron. Si fallaba, venía el trasmano a continuar la labor. Había jugadores con tal habilidad que si alcanzaban

JUEGO DE BOLAS El juego de bolas, con muchas variantes, era ya a finales del siglo XIX muy importante en la ciudad capital y en las más importantes villas y ciudades del país. Era un juego reglamentado, y Veloz Molina, en su obra citada lo describe en los comienzos del siglo casi del mismo modo en que se jugara en el siglo XX. Las bolas, de cristal, tenían diversos tamaños. El bolón, la bola y los llamados «fifís» eran una medida de tamaño. Un bolón, usado generalmente para golpear en los juegos las otras bolas, podía llegar hasta la media pulgada de diámetro, una bola corriente tendría quizás un cuarto de pulgada, y los fifís, desde luego, eran las bolas o canicas de menor tamaño.

a ser manos, sabían hacer de tal modo el trabajo que no dejaban oportunidad a los otros. Vale decir que el «canteo» o «cantearse» era lanzar una moneda o una bola hacia una raya o punto de partida, para establecer bien quiénes serían los primeros en orden de juego. Una variante del juego de bolas era «el ponte». Se canteban los jugadores, se establecía quien debería, en este caso, tirar primero, lo que significaba que debería aceptar que los otros tiraran «de aire» o rodando, sobre su bolón. El contrincante debía de golpear el bolón ajeno de un solo tiro. Si fallaba, el otro tiraba sobre el bolón del contrincante. Las apuestas eran en bolas.

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El valor de las bolas tenía que ver con la belleza de las mismas. Con los «quillaos» que pudieran tener. Una bola acabada de comprar en El Gallo de Oro, en su funda, podía valer tres o cuatro de las muy jugadas. EL bolón, también llamado «bon», siempre tenía un valor superior a cualquier bola. Era el arma de juego, y según fuese su tamaño era su valor. Es importante señalar cómo elementos modernos entraron a formar parte del juego. Las bolas de acero pequeñas y grandes, con la dimensión de las bolas de cristal, se permitieron en los años cuarenta y cincuenta en el juego de bolas. Eran pesadas y firmes, y golpeaban «quillando», es decir, sacando esquirlas de las bolas de vidrio. Un bolón de acero podría costar
SON MUCHAS LAS POSICIONES Y
VARIANTES DEL JUEGO DE BOLAS

diez, quince bolas. Era «eterno», irrompible, y llegó un momento en el cual las bolas de acero, producto de los sistemas de rodamiento de viejos automóviles y otras máquinas, alcanzaron importancia tal que todos tenían o aspiraban a poseer un bolón de acero. En el juego del ron, cuando un jugador consideraba que desde la raya podría tocar el bolón de un contrincante o de dos, además de con el mismo tiro pasar por el ron y sacar también alguna bola debería decir: «por lo que coja mi bon», o bien, si era sólo contra un contrincante y otro punto, debería señalar «ponte y por los dos». Eran éstas frases casi rituales en el juego de bolas o canicas. El jugador «mamaba» cuando al lanzar su bon para golpear las bolas que estaban dentro del ron se quedaba dentro del redondel. «Mamar» era castigado por la regla de «fuera de juego». No podía seguir jugando en esa «mano» y aceptaba con resignación el castigo. Cuando en el juego de bolas había alguna inclinación en el terreno y se sabía que la bola podría ir y retornar por su cuenta, para

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poder ganar en caso de que la bola golpease a otra de retorno, era fundamental señalar en voz alta que se tiraba un «ida y vuelta». Había el juego de bolas golpeándolas sobre una pared para que las mismas corrieran hacia el centro de algún lugar específico. Las bolas se iban acumulando, y el jugador debía de tener la habilidad de golpear para que de rebote su bon o su bola, golpease alguna de las ya detenidas, llevándose todo el botín. Aquí la frase «ida y vuelta» era fundamental, porque muchas veces una bola chocaba y se devolvía «matando», lo que significaba ganancias para el jugador. La palabra «piquera» resultaba común en el juego de bolas con ron, pues muchas veces la bola lanzada por el jugador quedaba tan cerca de
JUEGO DE BOLAS. «POR LO QUE COJA MI BON» VARIANTE DEL JUEGO DE BOLAS

la raya que delimitaba el ron, que se consideraba que estaba «mamando». El contrincante gritaba «piquera», y un juez del público, alguien de comprobada seriedad en el juego, daba el veredicto: si era cierta la «piquera», el jugador tendría que dejar el juego hasta la otra mano. El mote de «bolón quillao» se aplicaba a esos muchachos pobres, generalmente sin zapatos, que en las correrías y entre lajas y vidrios de solares y yermos se cortaban los dedos de los pies y se ataban tiras de tela en los mismos con alguna untura para mejorar la herida. Alguna vez el mote se quedó para siempre entre amigos que fueron identificados ya de adultos con el mismo.

EL JUEGO DEL TAQUITO Existe un juego de bolas llamado «taquito» que fue común a los barrios de Santo Domingo. Era un sistema de juego en el cual entraban, casi ritualmente los números, por lo que también se le llamó al «taquito» juego de 18-21.

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En lo relativo a mano y trasmano, pues era jugado generalmente por dos muchachos, se seguía el esquema del canteo para establecer quien ganaba la mano, y quien era el trasmano. El taquito era un juego de cierta violencia. Había en el terreno un pequeño hueco fundamental en el desarrollo del juego. Este hueco, pues el juego se hacía en terreno nada pavimentado, era del ancho y profundidad de media naranja. Los jugadores deberían desarrollar dos modos de jugada para ganar. Cuando alguien desde la raya tiraba hacia el hueco con la mano o con el índice y el pulgar haciendo rodar por el suelo la bola o el bolón y entraba al hueco de un solo tiro, ganaba, pero debería dar chance al trasmano para hacer lo mismo. En caso de que el trasmano no pudiera emular la hazaña, perdía la mano y era sometido a la tortura del taquito, que luego explicaremos. La segunda forma y la más común era la de perseguir la bola ajena siempre impulsándola con los dedos. Los golpes sobre la bola del contrincante deberían ser contínuos y se contaban de tres en tres hasta llegar al número 21: Tres, nueve, doce, dieciocho y veintiuno. Si el jugador que iniciaba el juego fallaba, por ejemplo en el golpe numerado con el doce, o con cualquier otro, el contrario debería iniciar su proceso de 18-21. Cuando se llegaba al golpe numerado como 21, entonces el que llegaba a esta numeración, para ganar definitivamente, tenía que enviar la bola sobre el hoyo, lo que coronaba su éxito. Muchas veces un jugador con el 21 ya hecho, pero que no logró entrar al hoyo con el que se finalizaba el juego, fue alcanzando por su contrincante. Se daba con frecuencia el caso. Los muchachos alrededor «pujaban» por su candidato. El castigo del taquito era doloroso. El perdedor tenía que colocar el puño cerrado al borde del hueco y permitir que el ganador desde la parte externa del mismo golpease su puño con la bola usando índice y pulgar. El perdedor tenía que inclinar sus nudillos para tratar de lograr que la bola entrara al hueco lo antes posible. Generalmente los jugadores de taquito tenían en los nudillos lo que entonces se llamaban «casitas», inflamaciones en el hueso, chichones producto del golpeo violento sobre los mismos de bolas que sonaban a hueco cuando rebotaban sobre el puño. Llanto y
EL JUEGO LLAMADO «TAQUITO». EL PERDEDOR ES CASTIGADO
COLOCANDO EL PUÑO PARA QUE EL OTRO GOLPEE CON UNA BOLA HASTA QUE LA MISMA ENTRE EN UN HUECO AL BORDE DEL CUAL SE COLOCA LA MISMA

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perdones interesados acompañaron al taquito, pues la fórmula del perdón, cuando la tortura duraba ya mucho tiempo y se hacía irresistible, era invitar a un helado, a un mabí, o pagar una multa en bolas, botones o postalitas. Los juegos colectivos tenían gran popularidad entre los muchachos. Solares baldíos y zonas de poco tránsito eran el lugar ideal para las carreras «de palo de lú a palo de lú». Los postes de la luz eléctrica eran las metas de ciertas carreras. En San Carlos, Villa Francisca, San Miguel y otros puntos de la ciudad, como Villa Consuelo, las carreras nocturnas eran comunes, y los concursos de corredores de un barrio a otro también. Los juegos entre los que se hacía necesario correr fueron también comunes. Algunos de ellos pocos documentados, como el llamado Guataco, llegaron a ser sumamente populares.

vían sobre el perseguidor y lo llevaban tomado de las orejas hasta el lugar en donde estaba el juez. Los jugadores se sustituían según acuerdo, pues a cada uno le tocaba ser víctima y usar el foete a la vez. El guataco se iniciaba cuando el juez describía una fruta que los jugadores tenían que adivinaba. Cuando alguien adivina, el juez gritaba ¡guataco! y entregaba una vara al ganador con la que perseguía a los demás jugadores, hasta que al mando del propio juez era capturado y traído entre todos por las orejas. El juego es de origen extremeño.

LAS ESCONDIDAS O «PISÁ COLÁ» El juego de las escondidas, llamado también pisá colá, con variantes, fue común en los barrios hasta hace muy poco tiempo. Elegido el que se «quedaba», tenía que volver la cara y contar hasta diez, tiempo en el que los participantes deberían buscar escondite. Su labor era ir descubriendo, desde el lugar en donde estaba,
DOBLE PÁGINA SIGUIENTE: FOTO DE UNA CARRERA DE «CALITO ME» EN LOS AÑOS CINCUENTA Y EN EL BARRIO MARÍA AUXILIADORA, (ARCHIVOS DE EL CARIBE)

EL GUATACO Garrido de Boggs hace buenas referencias y descripción del juego llamado el guataco en los barrios dominicanos. «Guataca» es el nombre que en Cuba se daba a la oreja, tal y como hemos apuntado antes. En el juego del guataco había un juez o mandante, alquien que «se quedaba», y un perseguidor vara en mano que al mando de ¡guataco!, era capturado por los jugadores, los cuales lo traían donde el juez tomado de las orejas, o sea de las «guatacas». Cuando el prisionero escuchaba la voz «repítele el taco», los muchachos soltaban las orejas del prisionero, pues éste tenía derecho a dar foetizas con su vara a los perseguidores. Al grito nuevamente de ¡guataco!, los perseguidos vol-

pero evitando que los que estaban escondidos «se colaran», donde estaba cada quien, a quien tenía que mencionar por su nombre. Cuando el que «se quedaba» se alejaba del lugar en busca de los escondidos se presentaba la oportunidad para colarse. Al llegar al sitio de base el que se colaba debería decir la frase «una, dos y tres, pisá colá», salvándose, mientras que el que era identificado, si era el último en serlo, tenía que «quedarse» para repetir el proceso.

MUSA, TATARAMUSA El musa tataramusa era igualmente un juego de correr. La persona que se quedaba debería ponerse de espalda a los jugadores que pasaban sus manos por su espalda, mientras cantaban a coro: «musa,

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llegar al palo de luz o al sitio escogido mientras el que «se quedaba» contaba hasta tres o cinco. Había que caminar, no correr, para llegar al sitio. Cuando el que contaba rápidamente volteaba la cara hacia la fila, si soprendía alguno en movimiento, éste entonces tenía que venir a «quedarse». De modo que era muy interesante ver cómo muchos de los muchachos quedaban como paralizados en sus movimientos cuando el que se quedaba dejaba de contar, pues tenían que evitar ser sorprendidos moviéndose. El modelo de «mariposita linda e» trata del mismo modo el juego. En vez de contar, el que se está quedando dice la frase «un dos tres mariposita linda es o e», momento en que el quedado volteaEL JUEGO DE «LA SILLITA». LOS JUGADORES SE TRANSPORTAN CON ESTE SISTEMA, SE ENTABLAN «PELEAS» Y DESARROLLAN CARRERAS DOBLE PÁGINA SIGUIENTE: EL JUEGO DEL «CALITO ME» O CABALLITO»

ba la cabeza y si sorprendía a alguien en movimiento, el sorprendido debería volver al lugar de origen, generalmente una raya. El jugador que llegaba, y lograba contactar a la persona que decía la frase, es decir, al quedado, lo sustituía.

EL CALITO ME O CABALLITO tataramusa, fundillo pelao, amagar y no dar, dar sin hablar, dan sin reír: un pellizquito y mandarse a juir». Entonces los jugadores huían, y eran perseguidos por el personaje hasta que el primer capturado pasase a sufrir el mismo trato que el anterior. LA SILLITA EL CAMINAO O MARIPOSITA LINDA E. VARIANTE DEL PISÁ COLÁ Era común entre los barrios este tipo de juego. El que se quedaba, generalmente tenía que adosarse a un poste de luz sin ver hacia atrás. Desde un punto establecido los demás tenían que La sillita era juego de tres: dos formaban una especie de asiento tomándose mutuamente y de frente por ambos brazos y uno se montaba para ser trasladado. La sillita era usada para carreras, batallas y transporte cuando algún muchacho sufría golpes, alguna torcedura, o era tan pequeño que no podía cruzar algún charco, o zanja. A horcajadas sobre la cintura de un compañero, la imitación de jinete a caballo fue común, y hubo carreras de «caballos», y pelea entre «monturas». El juego era común entre los más pequeños.

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LA CANDELITA La candelita era juego mixto, y en él participaban niños y adolescentes. En un cuadro, en cada ángulo se ubicaba un jugador. El que se quedaba debía tratar de ubicarse en una de las esquinas. Cuando los que ocupaban las mismas cambiaban bruscamente de sitio, se pasaban de una esquina a otra tratando de burlar o burlando al que buscaba sitio. El que se «quedaba» debía ir de esquina a esquina pidiendo «una candelita», a lo que el ocupante de la esquina respondía «a la otra esquinita». Cuando a veces el que se «estaba quedando» alcanzaba a desalojar de su esquina a un jugador, éste tenía que hacer las veces de «quedado».
EL «CALITO ME» O JUEGO DEL CABALLITO. TIENE MUCHAS VARIANTES. SE DESARROLLAN CARRERAS, SE PELEA HASTA «DESMONTAR» AL JINETE, SE USABA
COMO UN MEDIO DE TRANSPORTE EN ALGUNOS CAMPOS ENTRE ESCOLARES

Juegos bien tradicionales como La rueda más hermosa, el Sun sun de la carabela, Al alimón, el Trúcamelo o rayuela, el Pico pico san Lorico, el Don Juan don Juan, La gallinita ciega, se mezclaban con otros cuyo origen no es muy conocido y que caracterizaron épocas barriales.

EL SUN SUN DE LA CARABELA El sun sun de la carabela era juego de ronda mixto. Los muchachos se colocaban en círculo. El director del juego iba dando la vuelta detrás del círculo con una vara que debería colocar detrás de la persona que él decidiera, mientras decía con cierta musicalidad «el sun sun de la carabela, el que mira hacia atrás le doy una pela». La idea era la de que quien debería tomar la vara era la persona a la que el director del juego se la colocaba detrás. La curiosidad de los jugadores hacía que muchas veces mirara hacia atrás quien no tenía la vara, y entonces recibía algún azote de parte del

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director. El cambio de director se producía en el momento en que uno de los participantes descubría que la vara estaba detrás de él, pasando, por tanto a dirigir la ronda.

EL JUEGO DEL GATO Y DEL RATÓN Era igualmente juego de ronda, mixto. La ronda elegía un personaje que sería el ratón, el cual se colocaría dentro de la misma mientras los integrantes de la ronda se agarraban de manos para no permitir que el gato, también elegido, desde fuera, entrara al centro de la ronda y capturara el ratón. La cancioncilla que se decía era como sigue:
AÑOS CINCUENTA. EL JUEGO DE «LA GALLINITA CIEGA», DE ORIGEN
COLONIAL ERA COMÚN ENTRE LOS ESCOLARES DE LA ÉPOCA, (ARCHIVOS DE

Ahí vienen el gato y el ratón a darle combate al tiburón. El juego estaba en cerrarle el paso al gato, en defensa del ratón que estaba dentro de la ronda. Si el gato lograba entrar en la ronda, la ronda abría sus brazos y dejaba salir al mismo, el cual era perseguido ya fuera por el gato. El ratón intentaba volver y si era posible se le dejaba entrar. En caso de que el gato apresara definitivamente al ratón, se elegían nuevas caras para el juego.

EL CARIBE)

EL JUEGO DEL «AL ALIMON»,
CONOCIDO TAMBIÉN COMO

«ALÁNIMO» FUE COMÚN HASTA LOS AÑOS CINCUENTA. EDNA GARRIDO DE BOGGS DESCRIBE LAS VARIANTES. TIENE RELACIÓN CON EL LLAMADO «DIVIDIDÓN», (ARCHIVOS DE EL CARIBE)

LOS JUEGOS DE CONTRATO Ya vimos que el llamado «capú» se producía por un acuerdo entre jugadores. Los que llamo juegos de contratos son a la vez juegos igualmente reglamentados. Varios de ellos eran comunes en los barrios de la capital en el presente siglo, el Mamá que me des y el Picotejinque.

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Por lo tanto no todos lo jugaban, porque el que tenía acceso no jugaba con el que no lo tenía, pues no era ganancia. En cuanto algún muchacho aparecía comiéndose una galleta, un pan, un dulce, o caramelo, el que «estaba puesto» con él a mamaquemedé gritaba: «Mamá quemedé y fuera....» Atrapado por estas palabras, cuestión de honor, el que poseía los bienes tenía que compartirlos con el que le atrapaba con dicha frase. La ritualidad en este juego tiene sus características en la honradez de los que lo jugaban. La manera de evitar que alguien se saliera con las suyas gritando el mamaquemedé, era gritar «fuera» antes de que alguien
EL «JUEGO DEL GATO Y EL RATÓN», (ARCHIVOS DE EL CARIBE)

exigiera con la frase ritual un pedazo del dulce. Por eso muchas veces el que gritaba el mamáquemedé decía, y fuera, pues el atrapado podría repetir la frase y recuperar su dulce, su galleta o lo que fuese, sino decía a la vez el «fuera». Este juego de contrato se refería sólo a alimentos, y nunca se practicaba con otro tipo de objeto.

EL PICOTEJINQUE El picotejinque es una corruptela de la frase «pido que te hinques». EL «MAMÁQUEMEDÉ» Este juego de contrato tiene origen desconocido. En los barrios de la ciudad los muchachos a veces no tenían con qué comprar un dulce, un caramelo, un trozo de «macita». El mámáquemedé, cuya «traducción» al cristiano sería algo así como «Dice mamá que me des», tiene una importancia única en el contexto. Lo primero es que era un juego jugado sólo por aquellos con acceso económico a los colmados debido a sus posibilidades económicas o dietéticas. Era igualmente un juego de contrato. El contrato entre dos que habían acordado jugarlo era que cuando uno estuviera cerca del otro podría colocarlo de rodillas en el suelo si no tenía los dedos índice y anular cruzados, como se cruzan tradicionalmente para atraer la suerte. Desde que uno de los contratantes alcanzaba a ver en la distancia a otro gritaba el «picotejinque, Fulano». Había testigos, pues los muchachos conocían las reglas del juego. Si el mencionado no tenía en ese momento los dedos cruzados tenía que arrodillarse frente al con-

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trincante durante el tiempo que éste desease. A veces los contratantes señalaban que el arrodillamiento no pasaría de un número de minutos establecidos, o que se podía pagar con bolas, botones, brindis, o cualquier regalo el picotejinque.

LA LATICA Era una variante del juego de las escondidas. Se lanzaba una lata llena de piedras a buena distancia. El que se «quedaba» tenía que ir a buscar la lata a cierta distancia, momento que los demás aprovechaban para esconderse. El juego continuaba cuando el que

EL TOPAO Es el más simple de los juegos en los cuales predominan las carreras. Uno de los integrantes era elegido con los métodos ya establecidos y los demás deberían huir en cuanto se diera la voz. Se partía de un círculo y cuando se gritaba «ya», el que se había «quedado» tenía que perseguir a los demás hasta tocarlo. Casi siempre los mayores tenían ventaja en el topao, aunque muchas veces la agilidad de los muchachos era un factor importante para esquivar la mano, o bien la manera de frenar y volver hacia otro lugar diferente del recorrido hacía que el perseguidor trastabillara. El topao fue uno los juegos más simples y populares. A veces era juego mixto, y en ocasiones lo jugaban separadamente niños y niñas.

se quedaba tenía que ir descubriendo los escondites y evitando que se colaran en el lugar principal, que en este caso era el lugar en donde ha quedado la lata.

LA MANGULINA Dos grupos, uno de los cuales persigue al otro. Los contrincantes deben ser alcanzados y para ser eliminados del juego deben ser palmeteados tres veces en las cabezas diciéndoles la siguiente frase: «un dos tres, mangulina es». Cuando un grupo apresa a todos los jugadores el otro grupo inicia el juego.

EL SIMILINDRUÑO El similindruño era juego de adivinación, de aproximación a una

EL LOCO AYUDA Similar al juego del «topao» pero en grupos, dos equipos. Un grupo huye y el otro lo persigue. Cuando uno de los perseguidos es «topado» se paraliza en un lugar. Si otro jugador de su mismo equipo logra toparlo, se activa nuevamente. Para completar el juego el equipo contrario debe toparlos y paralizarlos a todos, sin que puedan ser activados.

cantidad de dinero, de bolas, de botones tenidos en el puño por el jugador. Tiene variantes, pero en el barrio de Villa Francisca el juego era del siguiente modo. Un jugador acordaba con otro el que se adivinase la cantidad de bolas o de monedas en tal o cual mano. En las dos manos el contrincante guardaba dentro del puño las monedas, bolas o lo que fuese, y cruzaba ambos brazos. El contrincante decía: — «Similindruño, ábreme el puño», seleccionando uno de los puños cruzados.

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El que tenía los puños cerrados respondía: — «Sobre cuánto». El otro decía su cifra: «sobre tanto». Ganaba de acuerdo a si adivinaba o se acercaba a un límite de adivinación que el contrincante aceptaba por que había sido pactado de ese modo.

LA CHATA O CORCOJITA El juego de chatas se realizaba con piedras planas de río que eran usadas para, colocadas en una raya, ser movidas por los jugadores saltando en un solo pie. El jugador tenía que quedarse en un solo pie, y a la vez que saltaba, golpear la piedra con el mismo hasta hacerla llegar de una raya convencional, grabada o pintada en el suelo a otra. Entre las variantes del juego con chatas estaba la de hacer un ron («round») y colocar semillas de cajuil sin asar, para con la chata sacarlas del ron. Este sistema de juego se completaba con otro que era «matarse» con disparos de una chata a otra. El jugador tenía que alcanzar «de aire», o sea, sin que la chata rodase, la otra chata del contrincante. También, como en el juego de bolas, los primeros lances eran determinados por el «canteo», o sea el lanzamiento de una chata hacia una raya, siendo el «mano» o primer jugador quien más cerca quedase de la raya. y el meñique. Cuando el juego era con monedas podía tener varias modalidades: o eran lanzadas contra una pared para que rebotasen. EL JUEGO DE LA CUARTA Era común el juego de la cuarta en casi todos los encuentros en los que podían apostarse botones, bolas y monedas. Era simple. Una cuarta es la distancia que, con la mano abierta, existe entre el pulgar Cada jugador que lanzaba su moneda veía si la suya se acercaba a otra hasta alcanzar la cuarta o superarla. Entonces se cobraba la moneda que su cuarta alcanzaba. Lo mismo pasaba con las bolas y con las semillas, botones y postales.
ESCOLARES DE LOS AÑOS CINCUENTA JUGANDO AL «SIMILINDRUÑO», (ARCHIVOS DE EL CARIBE)

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EL JUEGO DE POSTALES La modernidad trajo de improviso las postales. Peloteros que venían en los cartones de goma de mascar, o en paletas criollas como las famosas paletas Pun, en donde imágenes de la fotografía Lama traían héroes deportivos diversos. Durante los inicios de los años cuarenta llegaron al país los álbumes de animales y de tiras de tipo ilustrativo. El más importante fue el álbum de los Caramelos Zoo, dulces que traían envueltas imágenes postales de diversas especies. Muchas de estas postales y postalitas, como se les llamaba, eran materiales para el juego de los barrios. Se jugaban lanzándose con el deslizamiento de la mano desde algún quicio. La postal, para que el jugador ganara la mano, que podría tener varias postales, tenía que cubrir en parte cualquiera de las que estaban en el suelo. Este tipo de juego se ralizaba además con recortes de figuras de artistas, de peloteros, y de tiras cómicas fragmentadas, como los llamados Paquitos. En el caso del juego de postales con recortes de revistas y periódicos, los jugadores tiraban primero sus postales o recortes pequeños, y cuando había un suelo muy pleno de recortes, entonces usaban de la llamada «sábana», que no era otra cosa que un recorte grande, muy grande, cuya área podía abarcar varias postales a la vez, por lo que difícilmente un jugador que usase una «sábana» fallaba el tiro. La palabra sábana se convirtió en los años cincuenta en una interjección cuando frente a algún hecho admirable o ante un fenómeno nada corriente, los muchachos decían ¡sábana!, como queriendo expresar asombro. Hoy se usa el término, posiblemente sin que muchos sepan el origen lúdico del mismo.

MANO CALIENTE Mano caliente era juego muy común en épocas navideñas. Los contrincantes convenían en uno colocar las manos con las palmas hacia arriba, mientras otro tenía que pasar sus manos sobre ellas con mucho cuidado, porque el que tenía las palmas bocarriba volteaba la mano y golpeaba con rapidez. A veces el golpeo era de una sola mano, cruzando el golpe; a veces era simultáneo, otras era de una misma mano sobre la otra. Cuando el que tenía las manos bocarriba, que era quien generalmente golpeaba, fallaba en el golpear, tenía que permitir que el otro repitiera la operación. Una de las variantes de «mano caliente» era como sigue: el que se quedaba tenía que colocar sus dos manos detrás de la espalda, con las palmas hacia arriba y debía siempre mirar el frente. Los que golpeaban las palmas de sus manos, uno por uno, deberían ser identificados por el que se quedaba. Una vez se identificaba uno, pasaba a «quedarse».

LOS «QUEDAOS» Los quedaos eran aquellos jugadores con pocos recursos imaginativos y pocas habilidades que generalmente repetían en los juegos como personas de menor capacidad para evitar los castigos. La juventud de los años cincuenta usó el término despectivamente, señalándolo como un signo de incapacidad. «Fulano es un quedao». Hoy se sigue utilizando.

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EL VAQUERO Era una variante de mano caliente. El que se «quedaba» se colocaba de frente con las dos manos extendidas y unidas hacia adelante, mientras que el otro jugador colocándose de frente al que se quedaba colocaba las dos manos sobre los muslos, tratando de sorprender con un golpe las manos del quedado. El quedado actuaba rápidamente tratando de evitar el golpe, si lo lograba era el contrincante el que venía a quedarse.

da sobre una piedra de modo que la tablita se balancease como un subibaja. En un extremo se colocaban las monedas y se golpeaba el otro con precisión. Las monedas volaban por los aires y los jugadores cobraban de acuerdo el método inicialmente señalado. Dados, barajas, rifas de fundita, bazares, eran modos de juegos de azar. El dueño de un «bazar», un muchacho con habilidades, colocaba colgando de una tabla los objetos que podía ganar un concursante. Generalmente mixto para revólveres, lápices, borradores, muñecas pequeñas de celuloide, calcomanías. El participante

EL JUEGO DEL BURRO O LA PIRÁMIDE Dos equipos debían competir del siguiente modo. Uno se organizaba tomándose los jugadores de frente, agachando las cabezas hasta formar un redondel estrecho de cuatro o cinco jugadores. Los otros del equipo contrario deberían venir corriendo y «encaramarse» de un salto sobre los que hacían de base. Si el equipo que hacía el burro aguantaba el peso de los jugadores, venía a cumplir el cometido, y el equipo contrario tenía que «quedarse». Cuando debido al peso la pirámide humana se derrumbaba, o sea que la base humana fallaba, el juego comenzaba, y se repetía hasta que se lograra el cometido.

paga por meter la mano en la bolsa, la que tenía cartoncitos con la numeración de los que había colgando en el bazar, pero también dos terceras partes o más sin nada. El dueño de un bazar tenía que enseñar los números antes de entrarlos en la saquetas, si no se llevaba a cabo esta comprobación nadie jugaba. Había premios especiales, y pocas veces el bazar quebraba, como no quebraban los bazares de argollas, los cuales estaban constituídos por clavos colocados sobre una tabla plana a cierta distancia un clavo de otro con un número debajo. Dicho número era el de un regalo que el concursante ganaba si lograba menter una argolla en el clavo. Las argollas eran del llamado «alambre dulce», bien fino, las que lanzadas desde tres o cuatro pies de distancia difícilmente se quedaban

DE LOS JUEGOS DE AZAR EN LA CALLE El más popular fue el llamado «la cubanita». Era sin dudas el juego de cara o cruz tradicional. El dinero se lanzaba al aire con las manos ahuecadas y al caer el jugador que había apostado a cara tomaba toda la ganancia si la mayoría era la de su selección. Se usaba también, para evitar el uso de las manos, una tablita coloca-

alrededor de un clavo, sino que rebotaban. Las argollas estaban hechas sólo un espacio menos que la distancia entre clavo y clavo, por lo que los ganadores nunca fueron muchos y el aspirante a tahur terminaba con sus bolsillos llenos de centavos, y parte de su mercancía lista para abrir el bazar en los siguientes días. El listado de juegos en equipo, como puede verse, es largo, com-

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plejo. Resulta imposible en un texto corto resumir estos juegos en los que el espacio constituye, junto al público y los jugadores, el elemento básico. Un listado rápido de juegos particularizados, con menos uso del espacio, pero con iguales condiciones en lo relativo a necesidades de colaboración, y para los cuales el concurso era fundamental serían el llamado «embique», juguete en forma de copa con mango, con una bola atada al mismo que había que hacer entrar de un solo salto por la boca del recipiente, cuyas variantes son muchas. El llamado fufú, constituído por un disco con hoyuelos en forma de botón entre los cuales se pasa una cuerda larga y se hace
DOBLE PÁGINA ANTERIOR: EL FUFÚ SE EXTIENDE CASI UNIVERSALMENTE. ES COMÚN
IGUALMENTE EN ALGUNOS PUEBLOS AFRICANOS

girar, fue importante juguete. El fúfú, según Kirby, parece tener un origen africano. Había entre los barrios fufús de pelea, hechos con tapas de gaseosas o refrescos de botellas aplanadas y con filo, de modo que pudiesen cortar la cuerda del contrincante. El uso del peine como «instrumento» musical era común entre los niños. Se forraba un peine pequeño con papel de estraza, y se imitaba el sonido de la trompeta con la voz, que al pasar por el papel de estraza cambiaba hacia tonalidades musicales. Había igualmente las castañuelas de tablitas: dos tablitas planas que se colocaban entre los dedos, a modo de címbalos, y se hacían repicar usando los versos del Juan Calalú. «Juan Calalú, Juan Calalú, cierra la puerta y apaga la lú». Con cajas de fósforos y un palo de los mismos atados con una «gomita» de las que se usan para enrollar en las oficinas, se creaba «la cajita», que se usaba igualmente para acompañar el Juan Calalú. Los reguiletes o rehiletes hechos de papel doblando las puntas de una hoja cuadrada y transformándolas en

DERIVADO DEL BEISBOL.

EL JUEGO DE LOS «JITS», OTRO LA BOLA

GOLPEADA SOBRE UNA PARED DEBE SER ATRAPADA POR LOS CONTRARIOS HASTA CONTAR TRES OUTS, O ATRAPADAS.

EL QUE HACE TRES

EXISTEN VARIOS TAMAÑOS DE «FUFÚ» EL USO DE «LA CASTAÑUELA DE UN FÓSFORO
O CERILLO SIRVE DE PERCUTOR

OUTS VIENE A LA PARED

CAJITA DE FÓSFOROS».

aspas parecidas a las de un molino, eran juguetes muy populares por su facilidad de construcción. Las aspas se clavaban con un alfiler en un pendón de caña, y el viento las hacía girar. El béisbol trajo como secuela una serie de juegos que llegan hasta nuestros días. El llamado juego de «los hits», rebotando una pelota de goma sobre la pared tratando de evitar que el contrincante pudiese atraparla. El juego del «apara batea», mediante el golpeo de una bola con el bate y la participación de jugadores que la perseguían hasta alcanzarla en el aire, y que luego, debido a que la atrapaban, venían a batearla.

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En la actualidad es común el llamado juego de «la vistilla». Consiste en que un bateador golpee con un palo fino, generalmente de escoba, la tapa de plástico de los botellones de agua lanzada por un «pitcher» o lanzador. La tapa plástica, debido a sus condiciones ligeras, hace movimientos en el aire como el de las bolas de nudillo en el béisbol. Estos movimientos se incrementan si hay mucho aire, y resulta difícil batear la vistilla. Cuando se hacen los «tres outs», incluyendo el ponche o strike out entre ellos, el lanzador se convierte en bateador. La modernidad generó juegos de azar muy característicos, como el de pares o nones jugado con el paso de los automóviles por las calles: el jugador que iba a par, ganaba si la placa del auto terminaba de ese modo, de lo contrario, el otro cobraba. Se jugaba igualmente a las marcas. En los años cuarenta y cincuenta las marcas más relevantes eran Ford, Chevrolet, Studebaker, Nash, y otras. El juego consistía en identificarse con una marca: «Yo soy Chevrolet, yo Ford», el conteo de las marcas al pasar los autos producía, en un tiempo establecido, un ganador. En la actualidad y como parte de los cambios culturales es común el juego de la placa, una variante del béisbol: se coloca una antigua placa o chapa de auto de forma vertical, el bateador se coloca y el strike se produce si la bola lanzada da en la placa, o si el bateador «abanica». El varonaso o balonazo se juega entre dos equipos. Se dividen por una raya, y los jugadores se lanzan al cuerpo una bola. Quien es golpeado por la bola tiene que salir. Si alguno alcanza la bola sin tocar al suelo puede lograr que un compañero de equipo descartado por ser golpeado, entre de nuevo a jue-

go, en caso de que no haya compañeros fuera por golpeo, acumula puntos. La combina era lugar en donde un grupo de amigos guardaba sus «tesoros». Se jugaba a la combina, además, tratando de adivinar en donde eran escondidas «las prendas». Algunos muchachos tenían combinas particulares en las que guardaban objetos que si eran descubiertos, eran saqueados por los propios compañeros, siempre al acecho. Entre los juegos que parecen corresponder a la modernidad está el del pañuelo. Un juez se coloca en un lugar central con un pañuelo colgando de la mano. A partir de este juez se organizan dos filas laterales al mismo, con cada jugador numerado. El juez dice un número y ambos jugadores contrarios con el mismo número corren hacia el juez tratando de llevarse el pañuelo. Si alguno de los jugadores, en su carrera hacia el juez se pasa de la línea central donde está el juez sin que el contrario haya tomado el pañuelo pierde el punto. Los dos jugadores se colocan en la línea central, frente a frente al pañuelo, haciendo amagos de que se lo van llevar tratando de que el otro pase la línea o la pise, hasta que uno de los dos se decide a llevárselo corriendo hacia su grupo evitando que el otro, quien debe perseguirlo para tocarlo, lo haga. Si lo toca antes de que cruce la línea donde tiene los límites su equipo el punto es de quien lo toca, si no el punto es del que se llevó el pañuelo. Se establece un número de puntos para ganar el partido. El capitán puede cambiar los números de los jugadores cada cierto tiempo con la finalidad de evitar que el grupo contrario conozca los números del enemigo. Para señalar, finalmente, la importancia de la modernidad
DOBLE PÁGINA SIGUIENTE: MUCHACHOS DURANTE EL JUEGO DE «LA PLAQUITA». LOS GALONES DE
PLÁSTICO HAN SUSTITUÍDO LAS CHAPAS O PLACAS DE AUTOMÓVILES

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en el cambio radical del juego y el juguete, vale señalar la invención de formas de juego que incluyen artefactos para jugarlos. Un modelo interesante es la llamada «bazuca», conformada por una especie de tubo hecho uniendo por los bordes, luego de retirarle los fondos, latas vacías de aceite de automóvil, salsa de tomate u otro producto. Dentro del tubo se introduce carburo, y el mismo se hace girar rápidamente hasta que el carburo se distribuye, para luego con una cerilla o fósforo producir una explosión que emula la de los llamados cohetes y montantes navideños. Otro juguete explosivo es el que sustituye, con el mismo nombre, al llamado «tirapó», que era construído con papel en varios dobleces para, al agitarse violentamente, producir un sonido más o menos explosivo. Los tirapós modernos usan fragmentos de hierro o de alguna pluma o llave de agua. Un hueco en la cabeza del perno de la llave se rellena con cabezas de fósforos y con un clavo se golpea produciendo un estallido que imita los fuegos artificiales. Las capacidades de invención, por lo tanto, parten de nuevos materiales para reproducir efectos que eran comunes en los artefactos y juegos del pasado. Tema de una labor mayor sería el de describir los juguetes y las formas lúdicas nacionales, y no sólo las referentes a los barrios y rincones de la ciudad de Santo Domingo. El resumen de este trabajo no alcanza la cantidad de juegos que se han ido creando durante los últimos cincuenta años. Tampoco muchos de los que fueron sumamente populares en el pasado más reciente. Un trabajo de investigación más amplio, podría cumplir con este cometido.
DETALLES DEL «TIRAPÓ» DE METAL. SE USA GENERALMENTE EN LAS
NAVIDADES

DOBLE PÁGINA SIGUIENTE: EL JUEGO LLAMADO «VISTILLA» ES UN DERIVADO DEL BEISBOL. LA TAPA PLÁSTICA USADA DIFICULTA, POR SUS MOVIMIENTOS EN EL AIRE, QUE EL
CONTRARIO PUEDA BATEARLA FÁCILMENTE

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

EL LLAMADO «TIRAPÓ» DE METAL. AL SER GOLPEADO
SOBRE UN POSTE O UNA PARED, HACE ESTALLAR LAS CABEZAS DE FÓSFORO QUE TIENE DENTRO

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