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Rafael

Chaljub
Mejía

A NTES DE QUE TE VAYAS…


Trayectoria del Merengue Folclórico

C O L E C C I O´ N
CENTENARIO

G R U P O
´
LEON JIMENES
Rafael
Chaljub
Mejía

A NTES DE QUE TE VAYAS…


Histor ia del Merengue Folklór ico

COLECCIÓN
CENTENARIO

G R U P O
L E Ó N
JIMENES
ISBN: 99934-23-29-7

Diseño de cubierta: Lourdes Saleme y Asociados


Diseño y arte final: Ninón León de Saleme
Indice onomástico y corrección de pruebas: Juan B. Castillo C.
Impresión: Amigo del Hogar

Santo Domingo, República Dominicana, Abril, 2002


Contenido

9 Presentación
11 Del autor a los lectores
15 Prólogo. El merengue: para reencontrarnos con lo que somos

1. ORÍGENES Y TRAYECTORIA DEL MERENGUE DE ENRAMADA


21 El folclor de mi lugar de origen y yo
41 El merengue y yo
59 Un retrato de la identidad del pueblo dominicano
73 La luz de la música en Santo Domingo
93 La lenta evolución del merengue
99 La relación del merengue con la historia
111 El merengue en la “Era de Trujillo”
129 El nuevo auge del merengue urbano y la difícil situación del merengue rural
137 Las manos de Tatico
155 Del merengue de enramada al merengue de discoteca y de car wash
165 Antes de que se vaya

2. LOS PERSONAJES
179 Cara a cara con los personajes
181 Agapito Bonilla Estévez
185 Alcedo Espinal Ureña
189 Américo Ramírez Valdez
193 Antonio Abréu
199 José Arsenio de la Rosa Caba
203 Aurelio Surún
207 Blanca María Díaz Martínez
211 Carmelo Díaz Alcántara
215 Carmelo Duarte Polanco
221 Cuta Martínez
225 Clemente Villa
233 Daniel Santana Guzmán
237 Delio Tavárez
241 Diógenes Jiménez Peralta
245 Dionisio Mejía
251 Facundo Trejo Peña
255 Francisco Ulloa
261 González Alvarado Pereira
269 Gregorio Medina Rodríguez
273 Inocencio Gálvez Soliver
277 Isaías García Henríquez
281 Isidoro Flores Castillo
285 José Erasmo de la Rosa Lora
289 Juan Balbuena
293 Juan Bautista Pascasio Tavárez
297 Juan Rodríguez Parra
Antes de que 301 Juan Pérez Batista
te vayas... 305 Juan Tirado Henríquez
309 Leonardo Marte Figueroa
RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
311 Lidia María Hernández López
315 Manuela Josefa Cabrera Taveras
321 Mariano Salomé García Martínez
8 325 Miguel Santana
329 Milcíades Hernández Rosa
333 Nicolás Delmiro Francisco Ulloa
337 José Nicolás Gutiérrez Tejada
341 Pedro Santana de la Cruz
343 Rafael Casiano Arias Gerónimo
347 Rafael Francisco Ulloa
355 Ramón Amador Gué o Ramón Madora
361 Ramón Amézquita Díaz
369 Ramón Rafael Ramos Román
373 Ramón Román Ulloa
377 Rufino Abréu Santos
381 Silvano Capellán Santos
385 Teófilo Bello
389 Tomás de la Rosa Caba
393 Tomás Rodríguez Martínez
395 Toribio de la Cruz Polanco
397 Vicente Antonio Martínez Martínez
403 Zenón Valerio Recio
407 Índice Onomástico
Presentación

EN EL MES DE OCTUBRE DE 2003, EL GRUPO LEÓN JIMENES celebra- Antes de que


te vayas...
rá el primer centenario de su fundación y con tal motivo
está preparando una serie de actividades entre las que se RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
destacará la inauguración del Centro Cultural Eduardo León
Jimenes. Esta nueva institución trabajará con otras entida-
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des, grupos y proyectos culturales que tienen la misión de
fortalecer el proceso de identidad del pueblo dominicano y
el desarrollo de su creatividad con relación al contexto na-
cional y caribeño al que pertenece.
Como preámbulo a las actividades antes señaladas, el
Grupo León Jimenes se siente muy complacido de presen-
tar esta obra singular que trata sobre la evolución de un tipo
de música que se afianzó en el gusto popular a partir de las
últimas décadas del siglo XIX.
Güira, tambora y acordeón se fundieron en este merengue
tradicional que nació y creció en los campos cibaeños para
acompañar soledades, juegos de gallos y fiestas campesinas.
Manos de trabajadores que se movían al ritmo del corazón y la
mente criollas fueron creando nuevas sonoridades. Así, entre
luchas, alegrías, pasiones y esperanzas, el merengue de enra-
mada fue calando profundamente en el alma del pueblo.
Para muchos, el merengue típico dominicano es un me-
dio que potencializa la creatividad, la improvisación, la co-
municación y el baile, elementos esenciales para lograr la
sobrevivencia a través de oportunidades y vicisitudes. Y es
que el perico ripiao proviene de una rica combinación de
elementos indígenas, africanos y europeos, para terminar
produciendo un resultado único y particular que identifica
claramente nuestra expresión nacional en medio del archi-
piélago antillano.
Este libro, además de hablar de la historia del merengue
típico, recoge lúcidos testimonios de personas que convivie-
ron con muchos de los merengueros que mantuvieron y han
Antes de que mantenido vigente este género musical. A través de sus pá-
te vayas...
ginas aparecen retratos literarios y gráficos de más de cin-
RAFAEL cuenta personajes, cada uno simbolizando una hermosa hoja,
CHALJUB MEJÍA
una robusta rama o una profunda raíz de este frondoso ár-
bol llamado merengue en el jardín de la dominicanidad.
10
Para abonar este árbol, para lograr que siga fructifican-
do y nos aliente, el Grupo León Jimenes ha querido apoyar
este proyecto editorial convencido de que esfuerzos de este
tipo nos impulsan en la ruta por una mejor nación.

GRUPO LEÓN JIMENES


Del autor a los lectores

PARA EMPEZAR LA HISTORIA LES DIRÉ que mi pasión por el me- Antes de que
te vayas...
rengue de enramada no es de ahora. Yo vengo de Nagua,
una tierra de acordeonistas y poetas naturales, y desde un RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
principio me gustó esa música libre y alegre, que llegó a ser
el personaje inolvidable de mi infancia.
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Siempre hubo una versión urbana del merengue, más
pulida y elaborada, el merengue de orquesta; pero lo mayo-
ritario fue el merengue típico rural, el de enramada y de
gallera, o merengue de línea, como también suele llamársele.
Ese ritmo, inicialmente basado en el acordeón, la güira
y la tambora, lo adoptó el pueblo y lo hizo suyo espontánea-
mente a finales de los setenta del siglo diecinueve, y se tocó
y se bailó a través de los tiempos. Después de los cambios
políticos y sociales iniciados en el país en 1961, esa variedad
de nuestra música folclórica cayó en crisis y lucía estanca-
da. Entonces, surgió Tatico Henríquez, a la cabeza de una
nueva generación de acordeonistas, que renovó, evolucionó
y modernizó el merengue tradicional y, sin matarle su esen-
cia, lo puso al día con las exigencias de la nueva época. Aho-
ra, sin embargo, al merengue de línea lo están dejando aban-
donado.
Hoy se menosprecia y se pierde el arte libre y espontá-
neo de otras épocas; la comercialización del arte y la publi-
cidad comercial imponen la música. Así, mientras el me-
rengue urbano de orquesta, al estilo tradicional, ya ha des-
aparecido casi totalmente, y la generalidad de los combos
y las agrupaciones musicales lo sustituye por un merengue
“electrónico”, espectacular y sumamente acelerado; en la
mayor parte de los conjuntos típicos se ha impuesto un esti-
lo también acelerado, al que le llaman “merengue con
mambo” o “a lo moderno”, que se aleja cada vez más del
merengue de línea, y trata de copiar al de los combos y los
grupos urbanos. Se dice que eso es lo que vende, y como
Antes de que vivimos en una sociedad de mercado, sería absurdo oponer-
te vayas...
se a lo inevitable.
RAFAEL No me opongo, ni mucho menos, a que surjan nuevas
CHALJUB MEJÍA
formas musicales con el nombre de merengue, ni a que cada
quien escoja la de su gusto. Pero, antes de que el merengue de
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enramada se acabe de morir de abandono y melancolía, he
querido escribirle algunas cosas, y lanzar un grito para que
se evite su desaparición completa. Porque estoy consciente
de que si desaparece, se pierde un importante valor folclórico
y cae por tierra otro atributo de la identidad dominicana.
Así es, que aunque tiene su inevitable dosis de sentimen-
talismo, este libro es, ante todo, parte de mi larga lucha y de
mi vieja resistencia en favor de la nación y de la integridad
de sus buenas tradiciones y valores. Por eso he tratado el
tema con la merecida seriedad.
Esta obra recoge mis recuerdos y vivencias directas con
el merengue típico rural y los merengueros; pero es también
resultado de una larga investigación que empezó hace más
de siete años, hecha en los escenarios donde nació y cobró
vida el merengue de enramada, y en el trato personal y cara
a cara con sus intérpretes y conocedores.
Ahora, quiero pedirles excusas por la mala calidad de
algunas de las fotos que ilustran este libro. Créanme, que
puse todo mi empeño en ese aspecto. Porque las fotos re-
fuerzan lo que dicen las palabras; y porque quise hacer un
acto de justicia y rescatar del anonimato y del olvido en que
injustamente han estado sepultados, los nombres y los ros-
tros de verdaderos padres del merengue de línea, como el
gran maestro Matoncito; como Juan Bautista Pascasio, Mi-
nar Martínez y otros, de los cuales casi nadie se ocupa en
estos tiempos.
Yo perseguí esas fotografías con apasionada tenacidad,
viajé por pueblos y campos, me valí de amigos y colabora-
dores, y de gente que las ha conservado como reliquias. Al- Antes de que
te vayas...
gunas son fotos viejas, maltratadas por los años, pero son
las únicas que estuvieron a mi alcance y, con las debidas RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
excusas, aquí se las presento.
Por otra parte, debo ser justo y saber agradecer. Al vete-
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rano folclorista Aurelio Surún; al maestro don Chichito Vi-
lla y su esposa doña Teresa de Villa; al Viejo Ca; a don Mil-
cíades Hernández y su esposa doña Sención de Hernández;
al maestro Rafelito Román, a don Fello Francisco; y a mu-
chos otros que son mencionados oportunamente en dife-
rentes lugares de la obra; por su asesoría, sus consejos, y
por el desinterés con que me ayudaron, sin exigir ni esperar
recompensa.
Concluido el libro, era evidente que el costo de su pu-
blicación sobrepasaba en mucho mis modestas posibili-
dades. Pero desde un principio, conté con las orientacio-
nes y diligencias de personas amigas como Persio Maldo-
nado, Miguel Decamps, Huchi Lora, Fausto Rosario
Adames y don Tomás Pastoriza; y al final del esfuerzo,
con la buena disposición del Grupo León Jimenes, en las
personas de don Eduardo y don José León Asensio. A estos
últimos agradezco su generoso patrocinio y, especialmen-
te, la recompensa moral que significa la confianza que
me dispensaron.
Finalmente, quiero reconocer el acierto y la fortuna de
que el diseño y la terminación de esta obra se confiara a la
consagración profesional de Lourdes Saleme y Ninón León
de Saleme.
Y si algo me falta, es hablarles del trabajo fotográfico y
de la amorosa e infaltable compañía de mi esposa Dulce.
Ambos queremos dar fe de que al final de esta jornada, el
mejor tesoro que nos queda es la nueva cantidad de amigas
y amigos que hemos conseguido por todo el país.
Antes de que Aquí termina mi trabajo, por ahora. Los dejo con esta
te vayas...
obra en las manos y con la invitación gentil a leerla y a juz-
RAFAEL garla con todo el derecho y la mayor autoridad. Ya no me
CHALJUB MEJÍA
pertenece, es de ustedes. De nadie en particular es el folclor,
sino del pueblo; dueño legítimo y auténtico del merengue
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de línea y vientre fecundo del que han surgido los persona-
jes que, a lo largo de más de cien años, han dado vida y
cultivado esa parte de la identidad dominicana. Aquí está
ese merengue de pueblo, que no debiéramos dejar que se
nos vaya, y aquí están muchos de sus grandes intérpretes y
forjadores.
RAFAEL CHALJUB MEJÍA
Prólogo
El merengue: para reencontrarnos
con lo que somos

CON EL FIRME PROPÓSITO DE HACER HONOR A LA VERDAD, y con la Antes de que


te vayas...
preocupación permanente de enaltecerla, debo admitir sin
ambages que la lectura de esta obra reconfortante me ha RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
dejado en el gusto una grata sensación, difícil de borrar por
su legítimo sabor criollo.
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Poco objetivo sería, sin lugar a dudas, cualquier esfuer-
zo de crítica formal que intente realizar concretamente, de-
bido a las coincidencias de sus autóctonos matices con el
color de mis predilecciones personales, imposible de expli-
car en sus íntimas razones por el docto en ausencia de la
omnipotencia de la tambora, la güira y el acordeón, trilogía
de deidades empecinadamente mundanas y nuestras, íco-
nos sagrados en un panteón de apariencia irreverente, don-
de priman en el rito las caderas cimbreantes de mujeres pí-
caras y hermosas y el aguardiente de trasnoches incontables;
donde sencillamente comienza y termina la quintaesencia de
la patria, escanciada entre el hecho heroico y la canción, el
duelo, el desafío, la porfía, el gallo, la hembra que se añora
con rabia o sin ella, la maña, la disputa, la malicia y la sabi-
duría de nuestro hombre de campo, el santo o la santa que
apadrina como cómplice necesario la pasión de un pueblo
que tiene la fe religiosa como lógica primera y única y que le
rinde culto a la casualidad, ley frívola de un universo donde
la improvisación y la doctrina de hacer de tripas corazón son,
entre la perseverancia de la pobreza, normas inmutables.
Ha sido especialmente grato reencontrarnos con noso-
tros mismos en el bohío sacramental que nos plantea este
libro, a manera de rancho primordial, allá y aquí, en el co-
nuco del fundamento, instancia personal donde se encuen-
tra nuestro grial escondido en cada uno de nosotros, bajo el
apelativo de ser auténticos y de ser nosotros, lo que en reali-
dad somos solo por esta vez y para siempre.
Es cierto también, y recuerden que he prometido ser
Antes de que honesto, que al terminar su lectura soy presa de una febril
te vayas...
percepción que oscila entre el reconocimiento de la calidad
RAFAEL del texto, la satisfacción que me deja, el reconocimiento de
CHALJUB MEJÍA
la honestidad del autor, y el gusto que me sirve de impres-
cindible muletilla de la pasión que tengo con orgullo por
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todo lo que es dominicano o que pretende serlo, aunque debo
confesar que su aparición no deja de lastimarme la nostal-
gia con el espigón de un egoísmo pueril, un vestigio de envi-
dia minúscula y benigna, propia de un caprichoso que, como
yo, quiso siempre haber escrito este libro, para aplacar la
ira de mis deidades interiores o el caprichoso desdén meda-
laganariamente tropical de nuestros hados tutelares, que
también coexisten con la nostalgia, entre botellas de ron,
notas de acordeón, tisanas de plantas de la tierra y dilatadas
mascadas de andullo.
Son, pues, los dioses tutelares, arcontes de nuestro des-
tino y demiurgos de nuestra ansiedad, a los que adoramos
con fruición por ser tan parecidos a nosotros mismos, por
caminar con nuestras piernas y tropezar con nuestros pies,
cayéndonos de bruces y levantándonos cuantas veces nos
hemos caído juntos, durante los derrumbes centenarios que
ellos mismos y nosotros hemos propiciado a lo largo de la
historia.
Pero, qué vamos a hacer: nuestro propósito es presentar
este libro, que fluye con la espontaneidad de un merengue
de la costa de Nagua, de la pluma de Don Rafael Chaljub
Mejía; obra que transcurre, entre ardores insepultos, con la
misma clarividencia tradicional y la firmeza de conviccio-
nes que ha caracterizado siempre a este gladiador del cam-
po de las ideas y los principios políticos, morales y sociales.
Está claro que quien se embarque en una tarea como
esta tiene que ser, como lo es nuestro autor, un dominicano
a carta cabal, un dominicano rimado con la música de la
dominicanidad y sus acordes. Recordemos que la música Antes de que
te vayas...
es, en cierto grado, el alma de la patria, siendo instancia
consustancial a la territorialidad y la emoción, espacio tran- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
sustancial entre el espíritu, la piel y las costumbres que,
por cautivar, cautiva al ser agradecido y orgulloso, el hom-
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bre que ama lo que es y está satisfecho de sí mismo, de los
suyos y los demás, vive por la libertad y trashuma en un
devenir constante por los intrincados caminos de sus pro-
pios retornos.
Sin duda alguna, este libro es el fruto de la pasión, qué
lástima hubiera sido lo contrario. Leyéndolo, debemos con-
cluir en que, por fin, el intrincado sentido de la dominicani-
dad ha encontrado lugar en una reflexión sopesada que, por
más que queramos teorizar y lucubrar en buen dominicano,
no le sienta del todo bien, ni le ajusta la adusta pose de la
reflexión, pues el merengue es su voz y quizás uno de los in-
gredientes claves de su sustancia en continua efervescencia.
El merengue, típico elemento sincrético de la dominica-
nidad, si no es el tabernáculo de nuestro culto, es sin lugar a
dudas el receptáculo de los ingredientes de la esencia que lo
integra.
Y, como en definiciones estamos, el merengue de verdad
es como tener una culebra prieta contorsionándose entre
las manos; o, por qué no, alzar un gallo giro para rociarlo o
toparlo, mientras las encallecidas manos sienten la electri-
cidad de sus nervios de guerrero emplumado.
En la obra de Chaljub, hombre fiel a las profundas raí-
ces que siempre lo han mantenido lealmente vinculado a
sus orígenes, sin importar lejanías circunstanciales, clan-
destinidades impuestas, prisiones, destierros, gritos y silen-
cios, hay una trascendente intención testimonial a la que
nos unimos generacionalmente, pues en cualquier ubicación
en que estemos en este aquí y ahora, tenemos la misión co-
Antes de que mún de hacer patria y sostenerla viva con todas las armas y
te vayas...
herramientas que podamos poseer.
RAFAEL Aquí, en este libro, están los nombres, los mundos flori-
CHALJUB MEJÍA
dos, las pasiones dominicanas y dominicanistas de los gran-
des hacedores de nuestra legítima identidad nacional tras-
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mutada en versos elementales, en percusiones exactas, en
acordes de digitación fantástica y en voces salidas con au-
tenticidad del alma para plasmar en el merengue una ofren-
da de flores silvestres y un canto colectivo a nuestros héroes
y gestas, a nuestras bondades y bellezas y a nuestras espe-
ranzas engrandecedoras de futuros.

JOSÉ MIGUEL SOTO JIMÉNEZ

Santo Domingo, R. D.
Febrero, 2002.
1
ORÍGENES Y TRAYECTORIA
del Merengue de Enramada
El folclor de mi lugar de origen y yo

LA ÉPOCA EN QUE NACÍ y el ambiente en que discurrieron mi Antes de que


te vayas...
niñez y mi adolescencia, deben de haber contribuido eficaz-
mente a reforzar mi inclinación natural hacia el estudio de RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
la historia y mi amorosa afición al folclor y las sanas tradi-
ciones de mi pueblo.
21
Como nací a principios de la década de los años cuaren-
ta del recien pasado siglo, en Las Gordas, una sección del
municipio de Nagua, en el Nordeste, tuve oportunidad de
conocer a muchos campesinos que venían del siglo anterior,
y escuchar de boca de ellos la versión que ofrecían de acon-
tecimientos, personajes, costumbres y tradiciones de las que
esos hombres y mujeres fueron testigos, y en algunos casos,
participantes.
Así, desde temprano, tuve la historia por delante. Una
historia oral y rudimentaria, pero historia al fin. En ella
abundaban los relatos y remembranzas de viejos campesi-
nos, algunos de los cuales podían hablar de acontecimien-
tos tan lejanos como los de la larga dictadura del general
Ulises Heureaux –Lilís–, quien constituía por sí mismo una
inagotable fuente de anécdotas; de las revueltas y guerras
civiles, los tumultos y las montoneras que caracterizaron la
vida nacional desde los comienzos mismos del siglo veinte,
hasta la ocupación militar norteamericana de 1916; y así,
hasta los inicios de la dictadura de Rafael Trujillo en 1930.
Hasta ese momento, lo reitero, porque las traumáticas
consecuencias de ese régimen, hasta en ese aspecto menu-
do de la vida cotidiana se sentían. De forma tal que cuando
entraban a tratar de lo que ocurría a partir del ascenso de
Trujillo al poder, los relatos de los campesinos perdían es-
pontaneidad y estaban condicionados por la desconfianza,
la sospecha y el terror.
Las cosas relatadas por los mayores de mi campo estaban
afectadas por las limitaciones mismas de que eran portadores
Antes de que aquellos rústicos e inciertos narradores, que sazonaban sus
te vayas...
anécdotas con graciosos e ingenuos ingredientes de exagera-
RAFAEL ción, superstición y autoelogio. De todos modos, fue por ese
CHALJUB MEJÍA
medio que recibí mis primeras lecciones de historia patria.
Supe así, siendo yo un niño, que el general Lilís era un
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hombre cruel y habilidoso, que tenía una respuesta irónica
a flor de labios, y sabía expresar sus concepciones en sen-
tencias breves cargadas de filosofía. Por ejemplo, oí decir
que cuando hizo fracasar la Revolución de Moya en 1886,
porque compró a gran parte de los cabecillas de la subleva-
ción en el Cibao, dijo Lilís que aquello era una buena prue-
ba de que en la política y en la guerra, “lo que no puede el
plomo lo puede la plata”.
Se decía de él que aconsejaba a sus compadres y subal-
ternos que se enriquecían con los fondos del Estado, que se
hicieran ricos pero que no exhibieran su riqueza, porque
había que saber “comerse la gallina y esconder las plumas”.
Siempre presté atención a aquellas pláticas, y por ellas
me enteré de las anécdotas del gobernador de Samaná en
tiempos de Lilís, un personaje folclórico y extravagante,
nombrado Moisés Alejandro Anderson, al que apodaban
Macabón. Supe igualmente que los Céspedes, de Puerto Pla-
ta, eran muy bravos guerrilleros. Carlos Céspedes había sido
Comandante de Armas de la común de Matanzas, y una no-
che, en el año 1884, unos desalmados lo mataron a traición.
Sus hijos, Benigno y Jesús María Céspedes, que eran segui-
dores del general Horacio Vásquez, dominaban en las de-
marcaciones de Sosúa, jurisdicción de Puerto Plata. La gue-
rrilla que comandaba Jesús María se llamaba La Pringamo-
za, que es el nombre de una planta cuyas hojas producen un
tormentoso picor en la parte de la piel que entra en contacto
con ellas.
Al viejo Rafael Torres, puertoplateño, que se quedó en
Las Gordas, le oí hablar bastante de estos y otros persona- Antes de que
te vayas...
jes. Y, por supuesto, contaba sus alegados hechos de armas;
su personal participación en los combates del legendario RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Sitio de Bordas. Hablaba de su paso por las guerras civiles,
y, con singular orgullo de la ocasión en que, según asegura-
23
ba, peleó en Puerto Plata, en 1916, al lado del gobernador
Apolinar Rey, contra los invasores norteamericanos.
Fue al mismo Torres a quien oí contar que durante la dic-
tadura de Lilís hubo un jefe militar en Puerto Plata al que le
llamaban Yopere. Ese era el apodo por el cual, y según supe
después, se conocía a José Antonio Pérez, nacido en el sur de
los Estados Unidos y venido al país poco antes de la Guerra
de Restauración. Yopere, decía Torres, era muy cruel y dado
a fusilar los prisioneros que caían en su poder; y por eso, el
general Yopere tenía siempre varias sepulturas abiertas en
un rincón del recinto de la fortaleza San Felipe y que a ese
improvisado cementerio Yopere le llamaba El Batatal.
Decía Torres que lo que más le animaba en medio del
combate era oír el punto de guerrilla que tocaba el corneta
de órdenes Hinginio Pérez. El viejo Torres mostraba como
un trofeo, una cicatriz que tenía en el bajo vientre, a causa
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

24

Uno de los generales de guerrillas y montoneras, de Matanzas, Samaná


y todo el Nordeste era Ramón Antonio Marcelino –Jimaquén–.
El Tiburón de la Bahía, le apodaba la gente de su tiempo.
–Foto cortesía de R. A. Font Bernard–
de un balazo recibido en plena acción, el cual se le curó en
el monte con cáscara de árnica, que es un arbusto con pro-
piedades curativas.
Yo conocí temprano de la fama de los generales Andrés
Navarro, Demetrio Rodríguez y Desiderio Arias, como ejem-
plos del valor de los guerrilleros de la Línea Noroeste. Del
mismo modo sonaban entre tertulias y diálogos, los nombres
y las hazañas de personajes como Pedro Pepín –Perico–, Arís-
tides Patiño –Tilo– y Miguel Andrés Pichardo –Guelito–, de
Santiago.
Cipriano Bencosme era el principal caudillo horacista
de Moca. Los campesinos no le decían Cipriano, sino Ciprián
Bencosme, y hablaban de él como uno de los hombres más Antes de que
te vayas...
valientes del Cibao.
Los hermanos Virgilio y Juan José Florimón, así como RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
José Paula –José Caco– y Ramón Antonio Marcelino –Jima-
quén–, eran en diversos momentos, principales jefes políti-
25
cos de Matanzas y sus contornos, y no faltaban los morado-
res de mi lugar que decían haber participado en alguna cam-
paña guerrillera junto a alguno de ellos.
Lico Pérez era el general Manuel de Jesús Pérez Sosa,
mencionado como uno de los más valerosos jefes que pasa-
ron por la provincia Pacificador, hoy provincia Duarte, a la
cual pertenecía la común de San José de Matanzas. De Ma-
corís también eran los célebres guerrilleros Nicio Pichardo,
Nicomedes Paredes y Gumersindo de los Santos –Sindo
Colorao–.
Y sonaban también los nombres de otros personajes
históricos de la distante región Este, como Cesáreo Gui-
llermo; del Sur, como Zenón Ovando y el general Pablo Ra-
mírez –alias– Pablo Mamá. Contaba el viejo Ramón Hernán-
dez –Ramón Pepe–, que una vez fue reclutado y enviado a
pelear a la región Sur, bajo las órdenes del general Ramírez,
aunque no sabía precisar si se trataba de Pablo Mamá o del
también sureño general José del Carmen Ramírez –Carmito.
Porque en los tiempos de las montoneras, los campesi-
nos eran llevados a la fuerza a los frentes de batalla, a com-
batir casi siempre sin saber por qué causa lo hacían. Ese
reclutamiento producía sus anécdotas curiosas. Yo oí más
de una vez al viejo Ramón Jiminián hablar de la ocasión en
que fue reclutado y llevado a pie junto a otros hombres a
Samaná; allí, según su narración, lo embarcaron no recuer-
do hacia dónde; al paso de los meses sin recibir noticias de
Ramón, su familia decidió hacerle los novenarios y precisa-
mente al cumplirse los nueve días del inicio de los funera-
Antes de que les, regresó el hombre a su casa, como si hubiese resucita-
te vayas...
do, y la vela se convirtió en una fiesta.
RAFAEL Con motivo de esa ocurrencia, Ramón Jiminián, analfa-
CHALJUB MEJÍA
beto, desde luego, compuso unas décimas en las cuales con-
taba su odisea. Todos los pies de la composición termina-
26
ban diciendo lo mismo: –Si sobro, a mi casa vueivo–. Yo me
aprendí esas décimas de memoria, pero al paso de los años
se me olvidaron y ahora sólo recuerdo un pequeño e incom-
pleto fragmento:
… … … / … … … / Y en ei Canai de la Mona / se diba ei
vapoi jundiendo / y yo pensando entre sueño / lo que era la
sueite mía / pero confoime decía / si sobro, a mi casa vueivo…
… … /.
Santiago Candelario, con cerca noventa años encima, me
decía, en los finales de los años cincuenta, que él había sido
policía, militar y recluta, en el gobierno del general Lilís, y
en otros gobiernos. Y que aunque fue guardia, no le gustaba
que le dijeran “soldado”, porque, según a él le parecía, los
que se soldaban eran los jarros de hojalata.
Don Santiago me mostraba las marcas que llevaba en
ambos muslos. Fueron hechas por la misma bala, según
aseguraba. Todo ocurrió cuando él estaba de pie en el fra-
gor de un combate, disparando con su fusil Brogó, y se-
gún su historia, un sólo proyectil de carabina 50-70 le atra-
vesó los dos muslos y siguió de largo, sin romperle nin-
gún hueso.
–Esto me pasó cuando el Quiquí–, me decía don Santia-
go; es decir, durante la sangrienta guerra civil en que se hun-
dió el país en el 1912, bajo el gobierno de Eladio Victoria –don
Quiquí–, instalado inmediatamente después de la muerte a
tiros del presidente Ramón Cáceres –Mon–, el 19 de noviem-
bre de 1911.
Goyo Marrera, de su parte, contaba que perteneció al pe-
lotón de soldados que hizo guardia de honor ante el cadáver Antes de que
te vayas...
del ex presidente Ignacio María González, en 1915. Lo que
a Marrera más le llamó la atención en aquellas honras fúne- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
bres fue la larga barba que caía sobre el pecho y afirmaba el
aspecto tan respetable del cadáver de González.
27
Cuando envejeció y se quedó en su rancho, allá en Las
Gordas, Goyo Marrera dejó de afeitarse, le creció una barba
joca, copiosa y descuidada y cuando cayó enfermo le pidió
una y otra vez a Tomás Santana, un joven del lugar, que com-
prara un peine y lo tuviera listo para que le peinara la barba
y se la colocara sobre el pecho, como se la habían puesto a
Ignacio María González.
Al recibir la noticia de que había muerto el viejo Goyo,
Tomás Santana compró un peine de los fabricados de chifle
de vaca y junto a un jovencito vecino suyo llamado Rafael
Bencosme –Fellito–, se trasladó desde Las Gordas, al paraje
Caño Seco; llegó Tomás al bohío donde estaba el cadáver
del anciano, saludo a los que lo velaban, se quitó el sombre-
ro, rezó en voz baja unas cuantas oraciones, sacó del bolsi-
llo el peine recien comprado, y a la luz temblorosa de una
lámpara de kerosene y de las velas que iluminaban el cuerpo
sin vida, sin darle explicación a nadie, empezó a cumplir la
petición que Marrera le había hecho. Costaba trabajo lograr
que el peine transitara por entre la enredada barba del di-
funto, y a cada tirón, el rostro de Marrera se conmovía, como
si recobrara la vida. Pero: –yo estoy cumpliendo con lo que
él me pidió en vida–, le decía Tomás a los demás presentes,
mientras continuaba su labor.
Entre los relatos a que hago referencia, abundaban los
que trataban sobre las atrocidades de las tropas norteameri-
canas que ocuparon el país desde 1916 hasta 1924; lo mis-
mo que sobre las osadas acciones de Enrique Blanco, aquel
soldado raso oriundo de la sección Don Pedro, del munici-
Antes de que pio de Peña, como se le llamaba originalmente a Tamboril.
te vayas...
Enrique Blanco desertó del Ejército en 1932, se fue a la
RAFAEL manigua del Cibao y evadió durante cuatro años una ensa-
CHALJUB MEJÍA
ñada persecución de las autoridades, que dejó una sangrienta
estela de muerte y depredación, y culminó con la muerte del
28
rebelde el 24 de noviembre de 1936, en la localidad de El
Aguacate Arriba, perteneciente al municipio mocano de
Gaspar Hernández.
Era frecuente oír referencias sobre alegados encuentros
en algún camino con Enrique Blanco, quien, en parte por su
hazaña, y en parte por la fértil imaginación de los campesi-
nos, se convirtió en leyenda. A Enrique Blanco se le atri-
buían una certera e inmancable puntería y la protección de
seres sobrenaturales, que, según la superstición colectiva
eran manejados por la madre del perseguido:
La mamá de Enrique Blanco / a todos se lo decía / que
mientras tuviera viva / Enrique no se moría /.
Otros aseguraban que Enrique Blanco estaba protegido,
no por los poderes mágicos de su mamá, sino por los de un
brujo haitiano o “Papabocó” al que Enrique visitó cuando
desertó de la guardia.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

29

Tomás Santana, campesino de Las Gordas,


le cuenta sus anécdotas al autor.
Era igualmente divertido oír las interminables narra-
ciones de los cazadores persiguiendo pájaros silvestres en
la frondosa y abundante floresta de antaño, y conocer los
relatos de los viejos monteros, que trataban sobre supues-
tos lances con cerdos cimarrones, en los tiempos de “la
crianza suelta”.
Naturalmente, que esta cantera de anécdotas sobre he-
chos lejanos para mí, eran parte de una cultura local y regio-
nal sumamente rica y variada en sus formas y expresiones.
Yo no tenía la suficiente capacidad para apreciar todo el
valor cultural que allí se expresaba diariamente, pero me
atraían sin que yo mismo me explicara el porqué, las mani-
Antes de que festaciones del alma de la gente, que conservaba sus viejas
te vayas...
tradiciones, las practicaba y las dejaba impresas como hue-
RAFAEL llas en la conciencia colectiva.
CHALJUB MEJÍA
Yo alcancé a ver los viejos hábitos de cooperación propios
de la sociedad precapitalista, como las juntas, que en la re-
30
gión Sur le llaman convite. Un día previamente convenido,
acudían verdaderos contingentes de campesinos a trabajar
espontáneamente y sin recompensa económica, en favor de
aquel que convocaba la junta, que podía ser para el más va-
riado propósito, como chapear o limpiar el suelo de yerbas y
malezas; podía ser para sembrar arroz, maíz o cualquier otro
cereal, e incluso recuerdo haber presenciado, estando yo pe-
queño, las juntas de desmonte o para tumbar árboles.
En estas talas se daban cita grupos de campesinos, cada
quien con su hacha, y al fin de la jornada quedaba devasta-
da la arboleda de lo que hasta entonces era un prado bosco-
so. El dueño o usufructuario del terreno se encargaría en-
tonces del resto de la labor para poner aquel campo en con-
dición de siembra y de cultivo.
Tenía entonces el campesino una arraigada tendencia
al canto, que se expresaba en décimas y coplas por medio
a las cuales se cumplían también fines distintos y se bus-
caban los más variados propósitos. Y por más que he ca-
minado y me he esforzado en averiguarlo, parece ser que
esa tendencia al canto espontáneo y con motivos típicos
se ha debilitado casi hasta perderse en los campos domi-
nicanos.
Con el canto se buscaba alivio al rigor de la labranza en
las atrasadas condiciones de antaño; en el canto buscaba
compañía el caminante solitario en una noche oscura; ser-
vía también ese ejercicio del arte popular para expresar cier-
tos estados del espíritu como era el caso de aquel joven que
se sentía feliz por verse correspondido en el amor. O, en cam-
bio, podía ser el caso de aquel que estaba triste a causa de Antes de que
te vayas...
un desprecio, o en otro caso más, de aquel que no encontra-
ba palabras para declararle su pretensión de amor a una RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
muchacha. Pero ahí estaban las décimas y el canto que acu-
dían en auxilio del indeciso enamorado para salvarlo de la
31
vacilación y del silencio.
Las juntas de talar montes tenían como fondo musical
los cantos de hacha. Los piqueros acompasaban el golpe de
sus hachas al ritmo de su canto y recuerdo haber visto y
oído a los hombres sudorosos entonando sus coplas, que
tras cada verso, eran respondidas por un coro de voces que
exclamaban el clásico “ay ombe” o el “jojó” quejumbroso de
los viejos copleros campesinos.
Tan buen coplero / como era yo / y ahora no puedo / subí
la vo /.
Cuando el que cantaba una cuarteta como esa termina-
ba, se alzaba la voz de alguien, que podía cantar con otros
motivos:
Muchacha goida / quítate de ai / poi taite viendo / me hace
coitai /.
O si no:
Compadre mío / suba la vo / que cuatro jacha / son ma
que do /.
Me contaba mi mamá, que el viejo Doroteo era un labrie-
go muy orgulloso, y que cuando llegaba a alguna de esas jun-
tas, tenía una copla preferida para iniciarse en el canto:
Cuando dijieron / que llegué yo / jata la tierra / se etre-
meció /.
Y cuando a golpe de hacha, el árbol empezaba a resen-
tirse y con un crujido sobrecogedor lanzaba al aire su suspi-
ro de agonía, alguien, como si celebrara aquella inconscien-
te obra de depredación, cantaba alegremente:
Si ei palo etralla / tiene razón / le tamo dando / puei cora-
Antes de que zón /.
te vayas...
Entonces caía estruendosamente una copiosa guama,
RAFAEL una cabirma santa; algún guárano, un jobo centenario, una
CHALJUB MEJÍA
añosa ceiba o un viejo y tal vez milenario balatá, que termi-
naban a puro hachazo su existencia, y que al caer golpea-
32
ban la tierra que parecía quejarse como la piel templada de
un tambor. El bosque se acababa, al sucumbir como gi-
gantes abatidos aquellos árboles que nunca más se repon-
drían. Yo contemplé varias veces desde lejos ese torneo de
fuerza, canto y de inconsciente devastación de la floresta.
Igualmente, el canto se usaba como alivio y aliciente, en
el fragor de otro tipo de actividad agrícola; y del canto se
nutrían las supersticiones y creencias, los rituales y las festi-
vidades que formaban parte de la religiosidad popular. Es-
pecialmente las velas o velaciones eran oportunidad propi-
cia para que surgieran la inspiración poética y el canto mis-
mo, con la particularidad de que en este tipo de actividad
social el género más usado era la décima.
Había velas de cabo de año, como se les llamaba a las
celebradas en honor a la memoria de alguien en el aniver-
sario de su muerte, y era esa una actividad esencialmente
solemne. En ellas sólo se cantaban los himnos religiosos.
En cambio, a las velas de canto, o de alegría, se daba cita la
gente para cantar o deleitarse oyendo cantar a los otros.
Se recitaban o cantaban a viva voz, décimas y cuartetas
ya conocidas. O, con frecuencia, verdaderos virtuosos del
repentismo cantaban cuartetas o décimas enteras improvi-
sadas en el acto.
Había décimas y cuartetas a lo divino, dedicadas a ex-
haltar a Dios, la religión o algún ídolo tenido por sagrado,
décimas en amor, con enternecidas exaltaciones al ser ama-
do o pretendido:
Me mandán a coitai flore / y la coité de campeche / ¿cómo
no te voa querei / boquita de duice e leche? /. Antes de que
te vayas...
Había décimas en las cuales cada quien defendía y afir-
maba las virtudes que se atribuía a sí mismo, incluyendo la RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
que alguna joven lugareña cantaba, como para provocar
codicia en algún galán o para acreditarse ante las mujeres
33
de más edad:
Yo soy palomita nueva / que ahora empiezo a volai / y en ei
palo que me asiento / jago la tierra temblai /.
A seguidas, venían los cuatro pies que correspondían a
los cuatro versos de esa chispeante y provocativa cuarteta.
Ese cantar podía encontrar respuesta en el de aquel que tam-
bién se ponderaba a sí mismo:
Soy joven y me garantizo / que en cualequiera momento /
a la casa que yo dentro / si no le doy no le quito / poique yo
dede chiquito / buena educación tomé / demasiado sabe uté /
no soy joven vagabundo / y apreciao de todo ei mundo / yo fui
joven que me crie /.
El canto podía ser en desprecio del hombre a la mujer:
Te comparo con la mota / poique ma no pué valei / poique
tu ere una mujei / que no iguala con la sotra / tu ere puta y
ecandalosa / como una perra en caloi / un perro macho e mejoi /
tiene mucha mejoi talla / tu ha peidido tu valoi / para mí no
vale nada /.
Si había una mujer de por medio, los que se la disputa-
ban sabían competir y amenazarse en versos. Eran estas las
llamadas décimas en desafío y no era raro el que este tipo de
canto trajera sus malas consecuencias.
Yo no te puedo quitai / ei que ella te gute a tí / pero delante de
mí / no la puede enamorai / poique te voy a hacei peleai / no
poquito sino mucho / eto que yo te pregunto / no e de juego, e de
veidá / enamórala y verá / como te hago pasá un suto /.
El desafiado, si tenía ánimo, tenía también material a
mano para no quedarse callado:
Antes de que La enamoro de hora a hora / y de minuto a minuto / la
te vayas...
enamoro y no me asuto / y no me epanto de tu sombra / la
RAFAEL enamoro y tú no inora / lo que le quiero declarai / la enamoro
CHALJUB MEJÍA
en tu lugai / y dondequiera que la vea / y vivo con esa idea / de
voiveila a enamorai /.
34
La que sigue era más directa y desafiante aún:
Te cueta mandá a hacé un saco / y caigaila a la cabeza /
poique aonde quiera que la meta / sin duda te la sonsaco / la
oima de tu zapato / la jallate en mi peisona / poique yo te la
enamoro / y conquito su placere / y así, para la mujere / yo si
soi mala caicoma /.
Ese folclor tan rico tenía, por supuesto, sus cultores.
Había en mi tierra poetas naturales que sin saber de le-
tras se inspiraban en los más disímiles motivos y con ini-
gualable imaginación y contagiosa gracia, los narraban
en versos.
Yo no conocí a Manuelico Jiminián, pero sí los testimonios
verbales del verdadero talento de la poesía popular que había
en él. Las décimas de Manuelico se recitaron por décadas en
Las Gordas; eran composiciones que surgían a chorro lleno en
la imaginación del autor, y salían con una construcción
impecable y con una rima perfecta. Hay aún ancianos de mi
campo que conservan algunas grabadas en su recuerdo, y
yo mismo me deleité escuchando a mi tío Manuel Hernán-
dez que, con su inigualable capacidad de retención mental,
se sabía muchas de ellas de memoria. Me aprendí varias
décimas y cuartetas de las de Manuelico, pero las otras, por
una imperdonable negligencia, nunca las grabé, y probable-
mente se perdieron para siempre en la indiferencia y el olvi-
do de las nuevas generaciones.
Si a toditos los ladrones / les naciera un chifle en la frente /
por Dios, que entre tanta gente / fueran pocos los motones / …,
sentenciaba una de las cuartetas de Manuelico.
Hubo en mi tierra otro fecundo decimero. Tal vez sería Antes de que
te vayas...
por los comienzos de la década de los cincuenta cuando lle-
gó a la ciénaga de Perucho, en el paraje Los Naranjos, la RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
más numerosa emigración de que se tuviera noticias hasta
entonces, de patos provenientes de la Florida. Allí acudió
35
gente de toda la sección de Las Gordas y de numerosas co-
marcas aledañas, a perseguir y cazar aquellas raras aves que,
después del largo viaje, apenas tenían fuerzas para dar algu-
nos cansados aletazos sobre las aguas y patalear en las yer-
bas y el légamo de la ciénaga, antes de caer en las ávidas
manos de sus depredadores.
Surgieron mil comentarios y anécdotas acerca de lo que
fue un verdadero acontecimiento para la vida monótona de
aquellos tiempos y tales lugares. Más de un campesino poe-
ta produjo sus cuartetas y sus décimas, pero el más destaca-
do lo fue entonces Rafael –Fello– Fañas, un campesino espi-
gado, como todos los de su apellido en aquel lugar, que toca-
ba tambora y a veces sacaba música a un acordeón, y que
entonces compuso décimas a granel.
De aquel torrente de composiciones con los patos como
tema, fueron pocos los que se salvaron. Un haitiano apodado
Yanicó, que había perdido la vista y que residía en el paraje
Los Naranjos, a donde fue a dar para salvarse de la matanza
de haitianos ordenada por Trujillo en octubre de 1937, fue
de los que llevó su parte:
Yanicó salió juyendo / atrá de un pato “gurrión” / y como
era ciego ai fin / le echó mano a un tocón /.
A Tino, un joven labriego del vecindario donde vivía Fello
Fañas, se le dedicó su décima porque, según el poeta, fue el
rey de los comepatos, al punto de que, después de repasar
los bohíos del paraje La Ciénaga, donde vivió siempre Fello
Fañas, Tino se iba a su propia casa a repetir la comida.
Tino comía onde Meicé / onde Maro y onde Colaza / y de-
Antes de que cía que tenía sé / pa voivé a comé a su casa / … le guta mucho
te vayas...
la grasa / para mojar el arró / y entre to lo comepato / Tino fue
RAFAEL ei que ma comió /.
CHALJUB MEJÍA
Se corrió el rumor de que la carne de los célebres y
martirizados patos castraba a los hombres, y a ello se refe-
36
ría una décima en la cual mi tío Juan Chaljub era supues-
tamente emplazado por su querida, otra tía mía llamada
Victoria Hernández, apodada Vita o Victorita. A Juan, con-
forme con la décima, y con tal de seguir comiendo patos,
poco le importaba que Victorita lo dejara, y hasta estaba
en disposición de separarse de su propia esposa, doña
Florita Rizik.
Vitorita un día le dijo / etando solo lo dó / si no deja eí
comei pato / no vamo a dejai tu y yo / Juan Chaijú le contetó /
quisiera pero no puedo / e’ que me lo hallo tan bueno / me
saben a bicochito / yo hata a Florita la dejo / si e de dejai mi
patico /.
Fello Fañas compuso otra basada en el mismo drama
imaginario de Victorita y Juan Chaljub y del peligro de ter-
minar castrado que corría el hombre si seguía comiendo de
las famosas aves.
Juan Chaijú come lo pato / y dice que quien se lo quita /
que si ha de dejai lo pato / mejoi deja a Vitorita / y si va y tiene
la dicha / de voiveila a conseguí / y si lo pato, de aquí / se
mudan pa’ otro lugai / Juan Chaijú queda capao / pero se va a
aprovechai /.
Del mismo modo, fue llevado al verso popular aquel caso
en el cual, según el decir de la gente, se vio envuelto un cate-
quista de un campo de Nagua, que era tan devoto que hasta
con sotana como los padres auténticos se vestía. El hombre
era un negro, que aparentaba ser muy serio y en base a eso, las
familias confiaban sus hijas señoritas, afiliadas a la congrega-
ción Hijas de María, para que el dirigente religioso las catequi-
zara en los principios de la fe católica. Como usaba sotana y Antes de que
te vayas...
era negro, el catequista del relato fue bautizado por lo bajo
con el apodo de El Padre Prieto. Hasta que estalló el escánda- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
lo al saberse que el pastor se pasó de la raya y varias de las
muchachas salieron embarazadas. Así nacieron los versos de
37
una burlona y descarnada cuarteta que se llevó al merengue:
Muchacha dile a tu madre / que te rece un padrenuestro / que
las Hijas de María / tan’ preñá del padre prieto /.
Por último, y para no decir más de estos asuntos que
dan para escribir tomos enteros, permítanme señalar como
otro componente del folclor al calor del cual nací y me hice
hombre, los cantos en las fiestas de palos o atabales.
No tengo idea de quien llevó la costumbre de tocar palos
a mi lugar. Sólo se que desde que tuve uso de razón, escuché
tocar los palos, cantar los cantos que se entonaban a su rit-
mo y vi la gente bailar alegremente en las fiestas celebradas
con ese tipo de instrumento como base. Por lo general, las
fiestas de atabales se hacían con motivo de alguna festivi-
dad religiosa, como la del 21 de enero, Día de la Altagracia.
La vieja Negra era la mujer de Manuel Jiminián. Por eso
se le llamaba Negra Manuel. Vivían los dos a orillas del río
Boba y a la sombra de una gigantesca anacahuita. Negra,
que también era negra de color, era la imagen viva de la
mujer campesina tradicional. Se cubría la cabeza con un
paño de dril blanco, que era, generalmente, de la misma tela
de que estaban hechos los largos vestidos que acostumbra-
ba usar.
Se paseaba como una reina soberana por los alrededo-
res de su vivienda, con un aire de autoridad contra el cual
nadie atentaba. Sin quitarse la pipa de la boca respondía
con un piadoso: ¡Dios te bendiga!, o con un simple y lacóni-
co: “Bendiga”, cuando algún niño o algún adulto joven le
besaba la mano. Y todo el poder de aquella vieja matriarca
Antes de que parecía multiplicarse cuando llegaban las noches conme-
te vayas...
morativas de la novena a la Altagracia, que terminaban el
RAFAEL veintiuno.
CHALJUB MEJÍA
A prima noche se rezaba el rosario, y desde que termina-
ban las muy solemnes oraciones, todo se envolvía en el jol-
38
gorio al son de los atabales. Los músicos, poetas, cantantes
y bailadores eran los mismos campesinos que al salir de sus
conucos y terminar sus labranzas diarias, apenas se dete-
nían en sus viviendas para irse a la fiesta que convocaba
Negra Manuel.
El bohío de suelo, y el amplio y bien cuidado patio se
llenaban de gente, mientras Negra se desplazaba de un
lado a otro, con su palo de olla en las manos, atenta siem-
pre a las empanadas, los dulces, las habichuelas con dul-
ce y el té de jengibre que estaban a disposición de los in-
teresados.
Esas fiestas de atabales servían de escenario para una
de las más claras demostraciones de la creatividad y el ta-
lento poético de los campesinos. Se cantaba sin descanso,
porque, a diferencia de otras modalidades de la música
folclórica que pueden extenderse en intermedios más o
menos largos sin el canto, en los atabales el canto resulta
indispensable, porque sin él la música resulta monótona y
suena como vacía y desesperada, como si reclamara en su
auxilio, la voz de algún cantor emocionado.
Todo era improvisado, y en esas fiestas de palos era pre-
ciso no sólo improvisar los versos, sino también ajustarse a
veces a una especie de pie forzado, de modo que quien en-
traba a cantar debía empezar obligatoriamente por el últi-
mo verso de quien le precedía. Y no era raro que, en algún
momento de la fiesta, que se extendía hasta altas horas de la
noche, todos los asistentes dejaran de bailar y prefirieran
deleitarse oyendo las composiciones improvisadas de aque-
llos rústicos compositores. Antes de que
te vayas...
Estas son nada más que algunas expresiones del rico con-
tenido folclórico del tiempo y el lugar de mi origen. Faltaría RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
espacio para contarles de los remedios caseros recomenda-
dos por la tradición, por curanderos y brujos, a los cuales y
39
en medio de la desatención y la insalubridad, apelaban los
habitantes de esos campos. De las parteras y comadronas,
de los ensalmos y las oraciones que servían para todo. Como
remedio para el dolor de muela y para cortar las hemorra-
gias, para la conquista amorosa y la buena suerte, para des-
hacer las malas intenciones de algún enemigo o para des-
truirlo antes de que ese enemigo usara algún poder sobre-
natural.
Resultaría demasiado largo hablar también del signifi-
cado y la popularidad de que gozaron entonces celebracio-
nes del santoral folclórico, como la de San Juan, el 24 de
junio, que los campesinos de mi región conmemoraban co-
rriendo a caballo.
Y se requeriría de un tomo aparte para tratar sobre el
ambiente de miedo y de misterio que se imponía en los días
de la Semana Santa, especialmente desde el jueves cuando
al decir de los mayores, “ya Dios está muerto y el Diablo
anda suelto”.
Me encariñé desde un principio con todo ese caudal de
la cultura popular; y esa tendencia creció en mí, conforme
yo mismo fui creciendo y madurando como hombre. Respe-
té las tradiciones y creencias de la gente; disfruté las mani-
festaciones del arte libre y espontáneo de los campesinos y,
en muchos casos, como en las fiestas de atabales de Negra
Manuel, me integré a ellas como otro más de los intérpretes.
Nunca jamás hice burla de las anécdotas y relatos de los
ancianos, por más increíbles que me parecieran; y, por el
contrario, los escuché con la debida atención. Respeté igual-
Antes de que mente las creencias libres y sanas de los demás y las buenas
te vayas...
tradiciones que el pueblo cultivaba y apreciaba, en algunos
RAFAEL casos, con su dosis de veneración y culto.
CHALJUB MEJÍA
Lo observé todo con el deseo de aprender, aunque en los
tiempos de mi adolescencia no me imaginé que alguna vez
40
escribiría un libro acerca de estas cosas, ni del elemento fol-
clórico que más me fascinaba desde entonces; porque a pe-
sar de todo lo dicho hasta el momento, falta hablar de un
personaje surgido y desarrollado en el núcleo mismo de toda
aquella cultura campesina. Ese personaje es el merengue.
El merengue y yo

NAGUA ES UN FÉRTIL SEMILLERO DE ACORDEONISTAS y composito- Antes de que


te vayas...
res de merengue, y Las Gordas y sus comarcas vecinas, como
parte de Nagua, son un reflejo fiel de esa verdad. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
A Nagua, los acordeones y el merengue le llegaron de
Puerto Plata. Más que a Nagua, los acordeones y el meren-
41
gue adonde llegaron primero fue a Matanzas, distrito por-
tuario que, hasta el terremoto del 4 de agosto de 1946, era el
centro económico, cultural y político de la zona aledaña a la
bahía escocesa, cuando el poblado de Boca de Nagua era
apenas un caserío.
En los finales del siglo diecinueve y hasta bastante avan-
zado el siglo veinte, la gallera era una institución de impor-
tancia y de prestigio. Desde siempre, en ella encontraba des-
ahogo la pasión por las peleas de gallos, se daba rienda suel-
ta al deseo de ganar dinero, y era escenario propicio para el
cultivo de las relaciones sociales. La gallera era inconcebi-
ble sin la fiesta.
San José de Matanzas, un poblado más viejo que la Re-
pública, contaba con una de las más célebres y afamadas
galleras de toda la costa Nordeste. Pero entre finales del si-
glo diecinueve y los comienzos del veinte, las fiestas de los
matanceros no se alegraban con acordeón, güira y tambora,
sino con instrumentos de cuerda, especialmente con el cua-
tro, una especie de guitarra que las manos dominicanas apren-
dieron a fabricar, de una sola pieza de madera. Las cuerdas
para el cuatro se adquirían en el comercio; pero también se
hacían en casa, usando tripas de chivo secadas al sol.
Adquirió fama entre los habitantes de la Costa Norte y
Nordeste, un tocador de cuatro llamado Ramón Ruiz, de
Sosúa; igual que su colega José Ramón Castaños. Al com-
pás de la música de esos y otros ejecutantes del cuatro, los
matanceros bailaron el guarapo, el zapateo, y el merengue,
entre otros ritmos.
Antes de que Matanzas tenía una fuerte y activa relación con Puerto
te vayas...
Plata, de donde procedió a veces el Jefe Comunal o Coman-
RAFAEL dante de Armas que representaba la autoridad en la común.
CHALJUB MEJÍA
El intercambio comercial por vía marítima y la relación políti-
ca entre los dos puntos, impulsó a muchos puertoplateños
42
hacia el litoral Nordeste, y, especialmente de Sosúa, hubo po-
líticos y hombres de armas como Carlos Céspedes y Eduardo
Martínez, que fueron jefes comunales de Matanzas.
Entre los nativos de Sosúa que más influencia ejercie-
ron en ese mismo litoral, sobresalió Pedro Gregorio Martí-
nez, propietario de los más grandes hatos de la región, y
uno de los troncos de un apellido que quedó diseminado
para siempre en todo lo que es hoy jurisdicción de la provin-
cia María Trinidad Sánchez.
Muchos investigadores dan por un hecho históricamen-
te cierto, el que los acordeones entraron al país por Puerto
Plata. Como parte del intercambio comercial, de la relación
política, artística y cultural, fue de Puerto Plata que a Ma-
tanzas y sus contornos les llegaron los acordeones y tam-
bién los buenos acordeonistas. Entre estos, el más destaca-
do fue Minar Martínez, oriundo de Sosúa, que se trasladó a
un campo en jurisdicción de Matanzas, por el año 1915,
cuando ya tenía veinticinco años y era un inigualable mane-
jador del acordeón.
En su obra descriptiva titulada De Sosúa a Matanzas, el
historiador puertoplateño Rufino Martínez, menciona a un
señor conocido como Chego el Ciego, según se lee en el tex-
to, que era un músico de acordeón, residente en Sánchez.
Pero hasta la llegada de Minar Martínez, no se tienen noti-
cias de que en jurisdicción de Matanzas ni en la región cos-
tera aledaña a Sánchez y Samaná, se hubiese destacado al-
gún acordeonista de importancia.
En buena ley puede decirse que fueron manos puertopla-
teñas las que enseñaron a los nagüeros a tocar el acordeón y Antes de que
te vayas...
el merengue. Porque fue Minar Martínez quien sirvió de maes-
tro y de modelo a muchos matanceros y nagüeros, que se RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
entusiasmaron al oir la música de este brillante intérprete.
Sin embargo, a partir de ahí, los hijos de Nagua adopta-
43
ron el merengue, lo hicieron cosa suya, y con su tempera-
mento alegre y su arte natural, empezaron a ponerle una
dulzura y una gracia tan especiales como en ningún otro
punto del país saben ponerle. El merengue nagüero adqui-
rió categoría propia, empezaron a levantarse grandes músi-
cos, y cuando Minar Martínez falleció en septiembre de 1942,
ya la región entera era un semillero de merengues y buenos
acordeonistas.
En ese festivo ambiente merenguero nací yo al mundo,
seis meses antes de que Minar Martínez falleciera, exacta-
mente en el solar y la casa que más adelante se convirtió
para siempre en vivienda de mis padres y sus cinco hijos. Y
así, desde que abrí los ojos, tuve el merengue como fondo
musical de mi existencia.
No conocí a Minar Martínez, pero desde niño empecé a oír
su nombre y su fama de acordeonista virtuoso. De acuerdo
con la foto que vi hace ya muchos años en manos de mi tía
Ubaldina Hernández, que fue mujer de Minar, éste era un
hombre de facciones finas y pelo suave, y me cuentan quie-
nes lo conocieron que era persona de poco hablar. Se
avecindó en Las Gordas, vivía del comercio, y el acordeón lo
usaba como algo para su deleite personal o en bailes de
amigos y parientes.
Minar Martínez no cantaba o, según el testimonio de
quienes lo conocieron, “cantaba a veces y no muy bien, cuan-
do estaba muy enamorado”. Su virtud residía en la ejecu-
ción de los merengues. Acompañado del tamborero y el
güirero, Minar se concentraba en su música; como abraza-
Antes de que do al acordeón, se sumergía en un profundo silencio mien-
te vayas...
tras tocaba, y eran sus acompañantes quienes se encarga-
RAFAEL ban de cantar. La de Minar era una música acompasada y
CHALJUB MEJÍA
contagiosa, que convidaba al baile, y era imposible oírla y
quedarse sentado.
44
La gente de más edad que yo, allá en mi tierra, recuerda
junto a Minar Martínez, a Bilo Henríquez; y cuando esa gente
habla de buenos músicos y quiere establecer comparacio-
nes, acude a los nombres de estos dos grandes acordeonis-
tas para ponerlos como ejemplos.
Yo tampoco recuerdo haber visto jamás a Bilo Henrí-
quez, aunque era de mi zona; pero de su condición de
merenguero destacado, hablan también las tradiciones. Bilo
murió muy joven. Me cuentan sus parientes cercanos, como
sus sobrinos Valerio, Aminta y Liberato Henríquez, y mu-
chos otros que lo conocieron, que las malas noches de las
parrandas largas le arruinaron la salud. Apenas alcanzaba
los treinta años, cuando cayó enfermo y nunca pudo recu-
perarse; ya grave, se fue a la sección de Boba, a casa de una
hermana suya llamada Valentina, y ahí terminó de morir
con el hígado destrozado, en 1945.
La fama de Bilo Henríquez se extendió mucho más que
la de Minar Martínez. Mientras este último tenía la música
como algo ocasional y secundario, Bilo la ejercía muchas
veces como un oficio y se iba a otros lugares a amenizar
fiestas de gallera y enramada. Además, los versos tristes de
un merengue que cantaba siempre Bolo Henríquez, contri-
buyeron a hacer de Bilo un personaje cuyo nombre ha per-
durado a través del tiempo:
Antes de morir / me lo dijo Bilo / si sigues tocando / te pasa
lo mismo /.
Otros merengues aluden al momento en que: “Se murió
Bilito”, y aún hoy hay grabaciones en las cuales se hace men-
ción del legendario artista popular. Fue él quien le puso mú- Antes de que
te vayas...
sica al merengue Juanita Morey, que tiene a esta célebre mu-
jer como personaje central de sus letras. Según el relato que RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
la misma Juanita Morey hizo hace unos años, en el programa
de televisión El Gordo de la Semana, dirigido por el señor
45
Freddy Beras Goico, en una fiesta que tocaba Bilo en Los
Yayales, Nagua; ella le recitó los versos al joven acordeonista,
éste se encargó de ponerle la música, y así nació un meren-
gue que ha perdurado a través del tiempo, y que hoy sigue
deleitando a los amantes del merengue de todo el país.
En cuanto a Bolo Henríquez he de decirles que lo conocí
muy bien y lo vi tocar durante mucho tiempo. Nació en 1913.
Su nombre propio era Juan Henríquez de la Cruz, hermano
de Bilo de padre y madre, ambos eran hijos de José Calazán
Henríquez y una señora apellido de la Cruz, de acuerdo a lo
que me cuenta don Valerio Henríquez.
Bolo, de más edad que Bilo, era bajito de estatura, de
piel trigueña y semblante agradable; ágil y movido en la eje-
cución de sus merengues, pero fuera de ahí era un hombre
tranquilo y silencioso. A causa de una infección que no reci-
bió a tiempo el adecuado tratamiento, Bolo perdió un ojo,
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

Bolo Mercado, a la derecha, junto a contemporáneos suyos


46 de Las Gordas, celebrando los ochenta años de Jorge Chaljub,
quien aparece al centro de la foto.

Minar Martínez, de Sosúa,


se trasladó a Nagua, en 1915,
fue principal propulsor del merengue típico en el Nordeste.
–Foto cortesía de Jorge Luis Cisneros–
y para cubrir la cicatriz, usaba siempre unos lentes oscuros.
Tocaba con fuerza y con dulzura, era uno de los mejores
músicos de su región y su voz sonora y clara era conocida
por los campesinos desde lejos. Su muerte, aunque no se
tiene la fecha precisa en que ocurrió, debe haber sucedido
entrada ya la década de los sesenta del recién pasado siglo
veinte, cuando ya Bolo era un hombre bastante maduro.
A Bolo se le hizo una importante distinción. En el libro
titulado De Música y Orquestas Bailables Dominicanas, es-
crito por el maestro Luis Alberti en 1959, el autor hace una
lista de las orquestas y conjuntos existentes en las diferentes
puntos del país. Cuando habla de Nagua, Alberti cita dos: la
orquesta Nagua, dirigida por Rafael D. Grullón –Sunito–, y Antes de que
te vayas...
el conjunto típico de Bolo Henríquez. A ningún otro acor-
deonista se le cita así expresamente, a la cabeza de un con- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
junto en esa lista. De esa manera, un clásico de la música
dominicana le hizo el reconocimiento de la mención, a un
47
humilde acordeonista campesino de aquel tiempo. Aunque
es probable que el propio Bolo ni siquiera se enterara de
este importante dato y de cómo, de manos de un maestro
como Alberti, su nombre pasó a la historia escrita de la
música dominicana.
En los tiempos de mi niñez, en mi región natal se levanta-
ron otros músicos. Cesáreo, Joaquín y Elías de la Cruz eran
tres hermanos acordeonistas. A esos sí los vi tocar infinidad
de veces el acordeón. De los tres, el que mejor tocaba era
Cesáreo; pero los otros dos, además de su buena ejecución,
cantaban bien. Joaquín tenía una voz alta y redonda como
la de cualquier barítono. Desde antes de llegar al sitio de la
fiesta, se podía saber cuando Joaquín tocaba. Por su canto
fuerte y alto, y porque mientras movías las notas, golpeaba
rítmicamente el piso con los pies. Elías, de su parte, tenía
una voz mucho más fina y melodiosa.
Así, por allá por la década de los cincuenta, a Las Gordas,
como a los muchos puntos de aquella parte del Nordeste, po-
día faltarle cualquier cosa menos merengues y merengueros.
Porque los acordeonistas andaban a granel, incluyéndose en
ellos a Luis Martínez, a quien apodaban Luis Minar. Le de-
cían así porque él era uno de los numerosos hijos que por
esos lugares dejó Minar Martínez. Además, en determinadas
ocasiones llegaban al lugar acordeonistas de otros puntos,
como Roque Marmolejos, que era de los campos de Cabrera;
Niño Guzmán, que llegó desde Gaspar Hernández, y otros.
Cuando empezaron a llegar los radios a mi campo, la
gente acudía a saciar su curiosidad escuchando aquel apara-
Antes de que to que “habla sin gente adentro”. Muchos lo hacían por la
te vayas...
mañana, cuando se oía el programa La Hacienda por la Ra-
RAFAEL dio, en el cual tocaba el cuarteto de Isidoro Flores; y la mayor
CHALJUB MEJÍA
parte, a las dos de la tarde cuando tocaba el Trío Reynoso.
Ambos programas eran difundidos por La Voz Dominicana.
48
Se oía también un programa nocturno de merengues en una
emisora de Santiago, llamada La Voz de la Reelección. El pro-
grama, de muy amplia audiencia en el Cibao, lo amenizaba el
Trío Santiago, cuyo director era un acordeonista santiaguero
llamado Paulino Rodríguez.
El caserío de Las Gordas se levantó en un llano húmedo
y pantanoso, que se extiende entre el mar y la montaña, en-
tre las aguas azules y espumosas de la bahía Escocesa y las
estribaciones de la cordillera Septentrional; entre el Boba y
el Baquí, dos ríos que en tiempos ya lejanos tenían agua y
vida en abundancia.
Llovía mucho casi durante todo el año, y no era raro el
que después de la lluvia apareciera en el horizonte un
arcoiris. No me explicaba, ni mucho menos, las causas que
daban origen a aquel despliegue de luz y de colores, y por
tanto, me llegué a formar la idea de que los arcoiris nacían
en el cielo, bebían en el mar, en la desembocadura del Boba
y el Baquí, y morían de sed cuando una de sus puntas toca-
ba la sabana seca y extensa que entonces había entre el ca-
serío donde yo vivía, y la cordillera.
Siempre creí que si en el momento en que aquel fenóme-
no atmosférico aparecía en el horizonte, alguien tocaba un
acordeón, a los arcoiris se les podía extender la vida y se
hubiesen quedado mucho más tiempo deleitando con sus
colores la vista y el sentimiento humanos. Nunca se dio el
caso de que sonara el acordeón y yo lo oyera, con un arcoiris
desplegado en el cielo.
Pero, a pesar de esos razonamientos infantiles, me gustó
cada vez más el merengue, hasta llegar a convertirse en uno Antes de que
te vayas...
de los personajes inolvidables de mi infancia. El me sirvió de
vínculo sentimental con mis raíces, porque al pasar los años, RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
a mi me sacaron de mi campo y me enviaron a estudiar a la
ciudad, “al pueblo”, como llamaban a Nagua, los moradores
49
de mi tierra. Nagua, en esa época no era más que una simple
villa con categoría de municipio, perteneciente a la provin-
cia de Samaná, que era el centro dominante de la costa Nor-
deste. En 1952, de Nagua, llamada entonces Villa Julia Mo-
lina, en inmerecido honor a la mamá del dictador Trujillo,
me mandaron a Pimentel, otra villa a la cual algunos ancia-
nos todavía la llamaban Barbero, pero que entonces y en la
imaginación del niño campesino que era yo, sonaba como
algo demasiado distante de mi ambiente.
Allí debí luchar a diario contra la sensación de melanco-
lía que la lejanía de mi patria chica me causaba. En Pimen-
tel casi no escuchaba tocar el acordeón porque la cultura de
los pimentelenses no era esa. Sus preferencias musicales eran
muy diferentes a las de los moradores de Las Gordas. Si
sonaba un merengue, era tocado por una orquesta de músi-
ca de viento, y no era eso lo que mis sentimientos y mis
sentidos añoraban. Ansiaba oir tocar merengue de acordeón,
güira y tambora, porque cuando lo oía establecía una aso-
ciación sentimental y me acercaba de alguna forma a mi
lugar y al fundo en que nací y empezó a discurrir mi vida.
Una tarde, supe que Juanita Morey estaba parada, espe-
rando algo al parecer, frente al viejo teatro de don Luis Palo-
mino, sito en el centro de Pimentel, y corrí hacia el lugar a
conocerla. Me quedé un rato contemplándola con la curio-
sidad con que un coleccionista admira una rara escultura,
porque ella era el personaje central de uno de los más famo-
sos y populares merengues de aquel tiempo. Se me quedó
grabada para siempre la imagen de aquella mujer de piel
Antes de que canela, cuya elegancia natural se agrandaba gracias a la fama
te vayas...
nacional que había adquirido a causa del célebre merengue
RAFAEL que llevaba su nombre.
CHALJUB MEJÍA
Ya fui creciendo y mejorando mi apreciación de los acor-
deonistas y su producto principal, el merengue típico; mi
50
admiración por ellos era cada vez más grande. Ya sabía que
el acordeón, producto de la técnica alemana, inventado, se-
gún algunos por los alrededores del 1820, no es instrumen-
to tan fácil de tocar, como se cree. Tiene tanta semejanza
con el piano, hasta el punto de que las notas de los dos ins-
trumentos tienen el mismo ordenamiento. Para que sus hi-
jos aprendieran a tocar piano, las más cultas y refinadas
familias de las ciudades debían pagar a algún maestro que
pasaba meses o tal vez años enteros dándole lecciones a esos
hijos de gente afortunada.
Yo veía, en cambio, a campesinos iletrados, toscos y
agrestes, soltar sus instrumentos de trabajo, desafiar el ago-
tamiento dejado por una ruda faena, tomar el acordeón en-
tre las manos y tocarlo a poco tiempo con sorprendente
maestría. Sin escuela, sin lecciones, sin papeles por delante
ni otros maestros que no fueran músicos rústicos como ellos.
Algún genio o alguna virtud debían de tener para lograr con
tanta facilidad lo que el común de la gente no lograba.
Se ha dicho siempre que la güira y la tambora son ins-
trumentos rudimentarios y que no requieren de mayor ha-
bilidad para tocarse. Pero inténtelo quien quiera y ya verá lo
difícil que le resulta y se dará cuenta además, de que es im-
posible sacarles el ritmo necesario si quien las maneja no
dispone de determinado arte.
Además de los acordeonistas, veía nacer del campo mis-
mo a expertos y adelantados tamboreros y güireros, sin los
cuales la música del acordeón es incompleta y deja un insu-
perable vacío en el gusto y el oído. Juan Mercado –Bolo–,
residente en mi tierra, era un campesino chistoso, amigo del Antes de que
te vayas...
chascarrillo y las ocurrencias graciosas, pero se ponía muy
serio y sus ojos adquirían un brillo muy especial cuando to- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
caba la güira.
Carlos Rojas –Carlito– le daba a la tambora, como si es-
51
tuviese peleando con ella. Era un agricultor incansable y
forzudo, de buen alto, ancho de hombros y con la cabeza
grande y redonda. Era un espectáculo verlo tocar. Se emo-
cionaba, temblaba estremecido de arriba abajo cuando gol-
peaba la tambora, pero no perdía el ritmo aunque estuviera
borracho. Así, medio temblorosa le salía la voz aflautada
que tenía, cuando cantaba en medio de las fiestas, versos
folclóricos como estos:
Si me quieres me lo dices / o si no me desengañas / que en
un cuerpo tan pequeño / no pueden caber dos almas /.
Don Carlos, como la mayor parte de los músicos de ese
tiempo, improvisaba versos en medio de la ejecución del me-
rengue.
Además de esa calidad artística natural, me sorprendían
el genio poético, la vena creativa, el talento para reflejar la
realidad, que se envolvía en todo aquel ejercicio musical.
Lucero de la mañana / préstame tu claridad / para seguirle
los pasos / a mi amante que se va / … /.
¡Vaya con el despliegue de amor, de literatura y de poesía!
Y ¡vaya con la escena de ternura que se describe en la
siguiente estrofa!:
Me enamoré de una joven / india que a mí me gustaba /
despertaba a media noche / se reía y me besaba /.
Y en estas otras:
Tanto anduve entre las flores / hasta que por fin la hallé /
toda llena de primores / toda llena de primores / y con ella me
quedé / … Rosa le dieron por nombre / para ser más desdichada /
porque no hay rosa en el mundo / que no muera deshojada /.
Antes de que Y hay mucho más, todavía:
te vayas...
Yo me siento muriendo de amor / y es por tí, mi prenda
RAFAEL adorada / yo quisiera que tu me quisieras / y que tú con cariño
CHALJUB MEJÍA
me amaras / mi deseo es que tu a mí me quieras / para así yo
calmar mi dolor / tan ingrata que ha sido conmigo / yo me
52
siento muriendo de amor /.
Se dice que folclor es todo lo que el pueblo aprende sin
necesidad de que nadie se lo enseñe. Y si es cierto este decir,
aquí hay ejemplos poéticos suficientes para confirmarlo.
Sostienen algunos, que todo este caudal poético y litera-
rio lo heredaron los viejos merengueros campesinos de las
antiguas coplas españolas. Si es así, entonces hay que darle
todo el crédito a nuestros cantantes campesinos, puesto que
lo conservaron a la perfección. Si, en cambio, es pura crea-
ción de los poetas rurales, los méritos serían mucho mayo-
res, y puede ocurrir que hasta los famosos copleros españo-
les que vinieron a esta tierra, se queden cortos ante nuestros
compositores campesinos de otros tiempos.
Porque además de poesía de indiscutible y elevado valor
lírico, su capacidad para reflejar realidades y sentimientos
no dejaba lugar a dudas.
Al fin, ya un joven que debía decidir el contenido de sus
aspiraciones e ideales, y el cauce definitivo de su propia
vida, adquirí conciencia política revolucionaria, y desde en-
tonces el merengue y sus arquitectos y ejecutantes adqui-
rieron una dimensión diferente en mis concepciones; y
debo confesar, en abono a la verdad, que a veces iba a las
fiestas, pero nunca fui muy parrandero, que digamos.
Además, desde pequeño choqué con una dificultad que
me resultó insuperable: ¡no aprendí a bailar!. Aquello
fue la contrariedad mía y no sólo mía, sino de mis amigos
y muy especialmente de mis amigas, que nunca me lo per-
donaron.
Por más que las muchachas de mi generación se empe- Antes de que
te vayas...
ñaron en hacerme levantar los pies y marcar los pasos al
compás, ese quehacer tan elemental, que desde los huma- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
nos más primitivos, hasta los más civilizados lo practicaron
siempre, no estuvo jamás al alcance de mi inteligencia y mis
53
habilidades físicas. Y al fin, mis maestras de baile, con algu-
nas uñas menos y algunos chichones demás en los pies, se
dieron por vencidas y terminaron por admitir que me que-
dara sentado cuando sonara la música, y que el placer y la
diversión conmigo se desenvolvieran en lugares y escena-
rios distintos a los suelos de tierra y pisos de madera en que
se celebraban las fiestas típicas de mi campo.
Pero como llevo dicho, el merengue adquirió para mí un
valor y una significación que hasta el momento yo no le atri-
buía; y desde entonces puse la debida atención a la fuerza
de su ritmo, al valor cultural que representaba y al conteni-
do de sus letras.
Me llamaba la atención el que junto a tanta letra banal
y, a veces hasta sin lógica ni sustancia, como la que siempre
ha abundado en el merengue típico, al mismo tiempo apa-
recieran versos de tanto contenido social. En algunos de ellos
estaba clara la expresión de la tragedia social de mi país y
de su gente:
Yo te pedí una limosna / y no me la quieres dar / sabiendo
que soy lisiado / y no puedo trabajar /.
Había otras letras con sentido de denuncia del drama
social de la pobreza:
Ay, siña Juanica, / de por Dios, siña Juanica, / se me mue-
re el niño y no tengo medicina, / … /.
Y en otra composición se veía el mismo fondo de mi-
seria:
Se murió Martín / en la carretera / le prendieron cuaba /
porque no habían velas /.
Antes de que Otros versos reflejaban la actitud recelosa y la suspica-
te vayas...
cia del hombre criollo:
RAFAEL Mi mujer bailaba / yo se lo quité / no quiero que pida / ni
CHALJUB MEJÍA
tampoco dé / … Yo no lo sabía / pero ya lo se / que todo el que
baila / es por interés /.
54
Tampoco faltaba la correspondiente ración de cruda
morbosidad y hasta de pornografía, en algunas estrofas de
las cuales, y por ser las más pasables y menos descarnadas,
me atrevo a traer al cuento las siguientes:
Una mujei me invitó / pa’ que fuéramo ai bambú / y era
pa’ que le metiera / mi puñai jata la cru / … Una mujer me
invitó / que no fuéramo a bañai / y era pa’ que la jalara / pai’
medio ei cañaverai /.
Las letras del merengue destacaban también la belicosi-
dad y el valor de algunas familias campesinas:
De la Capital salieron / cuatrocientos militares / se devol-
vieron de Jacagua / por no pelear con los Suárez /.
No me fue difícil darme cuenta de que en ese ejercicio del
arte sencillo y menudo de la gente estaba el pueblo mismo
retratado. Había letras de rendidas alabanzas a la mujer,
de parte de los hombres, y a la vez, como en contradicción
con eso, había versos con letras tan duras contra las muje-
res como estos:
Ei que cree en mujere / e’ jun degraciao / ma vale creei / en
pájaro aisao / … Una mujei sola no compone na’ / compone
un poquito / si e’jacompañá / … óyeme mujei / ¿poi qué no me
quiere? / te vo a dai veneno / a vei si te muere /.
Más adelante aprecié el contenido patriótico que ence-
rraban las letras de algunos merengues, con versos de acen-
tuado matiz anti-imperialista, como los compuestos en pro-
testa contra la ocupación militar yanki de 1916 al 1924:
En tierra de Duarte / dijo Carvajal / los americanos / no
pueden mandar /.
Y aunque Trujillo usaba el merengue como instrumento Antes de que
te vayas...
de su política, y como una herramienta más del culto a su
personalidad torcida, siempre se creó la brecha para que RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
por ese canal del arte popular se le rindiera culto a otros
valores y se expresara la identidad del pueblo y la dureza del
55
drama social que se vivía.
Así lo asimilé siendo muy joven y entonces me acerqué
más al merengue folclórico y a sus intérpretes. No estudié
música ni el folclor en academias, y ni siquiera leí con dete-
nimiento libros sobre ese tema. Tampoco hice estudios so-
ciológicos especiales sobre el merengue.
Pero yo conocí a Chanflín y vi con mis propios ojos a
Juanita Morey; conocí muy bien a Bolo Henríquez; vi tocar
a Niño Guzmán, que fue un célebre intérprete del merengue
de enramada; llegué a ver a Roque Marmolejos tocando su
acordeón en la gallera de mi campo; vi muchas veces tocar a
Matoncito y oí la música gallarda y dulce que él le sacaba al
acordeón, cuando todavía este inmortal maestro estaba en
sus buenos tiempos; vi crecer y hacerse hombre a Tatico Hen-
ríquez y a su hermano Saco; llegué a ver tocar en vivo a
Guandulito; yo vi al Cieguito de Nagua, cuando su padre
Mon Quero Alvarado lo bajaba de la loma de El Picao y lo
llevaba a Nagua, y en alguna tienda de la calle Progreso, la
más comercial de la ciudad, el muchacho deleitaba a la con-
currencia que acudía allí atraída por la música de aquel jo-
ven prodigio.
Yo conocí desde muy joven a Paquito Bonilla y fui testi-
go de su inicio como diestro acordeonista. Asistí a fiestas de
Carmelito Duarte; conocía de lejos la música y la voz de Joa-
quín de la Cruz y vi cómo un famoso músico de Los Jengi-
bres, llamado Eligio Sení, movía los dedos cuando manipu-
laba su acordeón, en fiestas de familia celebradas en el ran-
cho desde el que Fellito Rubiera dirigía la extensa finca de
Antes de que don Tomás Pastoriza y don Ernesto Moya, en la localidad
te vayas...
de Mata Bonita.
RAFAEL Mi pasión por el merengue típico tradicional se mantu-
CHALJUB MEJÍA
vo invariable, y al paso del tiempo, y a pesar de las exigen-
cias y peligros de mis compromisos políticos, siempre bus-
56
qué la forma de mantener mis vínculos con la más elevada
manifestación musical de nuestro pueblo, con sus ejecutantes
y seguidores. Atención parecida le presté siempre a otras
expresiones del folclor y la cultura popular.
Desde muy joven, asistí sin mancar a las fiestas de palos
que año tras año organizaba Negra Manuel, y en ellas me
amarré muchas veces el segundo palo, o el alcahuete, a la
cintura y aprendí a tocarlo al compás con mis propias ma-
nos, formando conjunto con paleros, poetas y cantantes de
mi lugar. Me iba igualmente a las velaciones y demás fiestas
del santoral que se hacían en la zona; y supe asimismo estar
presente en los concurridos servicios en que uno de mis cuen-
tistas preferidos, Ercilio Polanco –Silito–, decía recibir los
luases y las metresas del más allá.
Yo me aprendí las palabras con las cuales y según la su-
perstición, se les mataban los gusanos a los animales por las
huellas y sin necesidad de creolina ni de cualquier otro in-
secticida. Me sabía el ensalmo para aliviar el dolor de mue-
la; aprendí a rezar la oración de San Bartolo contra la pesa-
dilla. Vi a los campesinos quemando ramos benditos para
alejar las amenazas de ventarrones y tormentas. Llegué a
anotar las recetas que Anselmo Álvarez, ei viejo Enseimo, el
más célebre de los curanderos de Boba, les daba a los pa-
cientes que acudían a él en busca de medicina. El tenía un
sistema muy riguroso. Sentado solemnemente ante un al-
tar, y con el paciente frente a él, dictaba sus recetas. Pero si
decía: –agua bendita, azúcar, hoja de guanábano, raíz de coco
indio, berrón, orines de “un niño chiquito”, y alcanfor–, era
indispensable escribirlo todo, buscar los ingredientes, y ade- Antes de que
te vayas...
más, hacer la mezcla para el remedio en ese mismo orden
inviolable. Si no, no surtían efecto las medicinas. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
En mis tiempos de maestro de la escuela rural en La
Piragua, más de una vez vi a más de una de mis alumnas,
57
niñas todavía, llegar a la escuela “en trance” o “montada”,
porque según los vecinos del lugar, estaba en ese instante
poseída por “un espíritu”.
Fui testigo y observador interesado de todo esto que le
he contado. No obstante, en el primer plano de mi preferen-
cia estuvo siempre el merengue. Pero el merengue de línea.
El de gallera y enramada. Y así ha sido, hasta hoy, cuando
en medio del estudio y la investigación más a fondo de ese
pedazo de la cultura y la identidad nacional, se ha afirmado
mucho más mi vieja simpatía con el merengue, y mi rela-
ción con sus cultivadores, y como prueba puedo contar en-
tre mis amigos a viejas leyendas de la cultura merenguera,
como mis compueblanos Carmelito Duarte, Chiche Bello y
Mario García; a otros nagüeros más jóvenes como Rufino
Abréu; y soy amigo de otros más legendarios aún, que no
son nativos de mi pueblo, como Chichito Villa, el Viejo Ca,
Manolo Pérez, y Fello Francisco. Así, a lo largo del tiempo,
siempre he seguido con atención marcada ese ritmo folcló-
rico y lo aprendí a apreciar en todo cuanto vale.
Creo entonces, que mi viejo amigo, mi querido persona-
je, el merengue tradicional de tierra adentro, ha jugado tal
papel en la afirmación de la personalidad del dominicano,
en el patrimonio cultural y en la nación misma, que bien
merece unos cuantos párrafos. Se muy bien que existen nu-
merosos y bien documentados trabajos que gente con mu-
cho más academia e ilustración que yo, ya ha escrito sobre
el tema, pero a ese estilo específico del merengue hay que
seguirle escribiendo.
Antes de que La violenta marejada de la comercialización ha ido con-
te vayas...
virtiendo al merengue típico tradicional en una expresión
RAFAEL cada vez más reducida y marginal en nuestro medio. Esa
CHALJUB MEJÍA
forma del merengue con la cual el pueblo dominicano se
hizo adulto y ha caminado un trecho tan largo de su histo-
58
ria, va cediendo forzosamente su lugar a nuevas y más
sofisticadas y artificiales formas de ejecutarlo, y cada vez
encuentra menos espacio para prolongar su vida; la tenden-
cia es a que termine marginada, convertida en pieza de
museo, sacada del ambiente no por una evolución normal
del género, sino por las exigencias de la comercialización
del arte y el folclor.
Y, como mi amistad con el merengue de línea viene de
tan lejos y es tan profunda, no quiero que mi viejo amigo
termine su recorrido y se me vaya sin que él conozca algu-
nas cosas que aquí quiero dejarle por escrito.
De manera que a tí, mi viejo amigo y personaje inolvida-
ble, van dedicadas las líneas que anteceden y las que podrán
leerse en las páginas que siguen.
Un retrato de la identidad
del pueblo dominicano

EL MERENGUE ES DE ORIGEN ESPAÑOL, y desde el punto de vista Antes de que


te vayas...
sociológico no puede ser de otra manera. A partir del Des-
cubrimiento en 1492, durante siglos y con interrupciones RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
relativamente breves, España fue la potencia dominante en
la parte Este de la isla Hispaniola. Ese dominio impuso su
59
cultura. Cuando, fruto de un tormentoso proceso, en medio
del trabajo y de la lucha por el avance social, se definió esa
formación humana que terminó por llamarse pueblo domi-
nicano, en la identidad de esa comunidad históricamente
constituida, el elemento español resultó predominante; pero
éste era un predominio marcado por el cruce racial y cultu-
ral entre aborígenes, españoles y negros, estos últimos traí-
dos del África a trabajar en condición de esclavos.
En la cultura del pueblo producto de ese cruce, los ras-
gos dominantes fueron los que impusieron los conquistado-
res. De España le quedaron al dominicano como herencia la
lengua, la religión, una parte considerable de las tradicio-
nes y el folclor. Aunque en todos y cada uno de esos rasgos
de la identidad nacional estaban presentes, con innegable
fuerza y gran influencia, la herencia cultural de los negros,
y en mucho menor medida, la de la cultura indígena.
Cuando ese pueblo mestizo asumió y cultivó el meren-
gue, como una expresión más de su propio folclor, en los
instrumentos que se usaban para tocarlo, ese pueblo se re-
trató a sí mismo. La guitarra, de origen español; la tambora,
de origen africano; y las maracas, probable herencia resi-
dual del aborigen.
Pero lo español fue lo dominante. Porque además, en la
ejecución del merengue, que entonces se consideró como
una modalidad de la danza española, el liderazgo en el con-
junto lo ostentaba la guitarra y los demás instrumentos
acompañaban y marcaban el ritmo.
Quién lo inventó y desde que fecha se empezó a tocar y a
Antes de que bailar merengue en nuestra tierra, son cuestiones imposi-
te vayas...
bles de determinar con precisión y exactitud. Porque las cosas
RAFAEL más importantes del folclor ni tienen fecha ni tienen dueño,
CHALJUB MEJÍA
las crea y las utiliza el pueblo, que al mismo tiempo moldea
en ellas su propia identidad.
60
Se da como un hecho, sin embargo, que ya desde mucho
antes de la proclamación de la independencia nacional el 27
de febrero de 1844 contra el dominio haitiano impuesto des-
de el 1822, el merengue se tocaba y se bailaba entre los habi-
tantes de la parte Este de la isla, y que después de proclama-
da la independencia, el merengue adquirió un auge mayor.
La República soberana e independiente, regida por un
Estado e instituciones democráticas, no pudo instaurarse y
quedó frustrada desde su nacimiento mismo. Ese ideal era
fuerte en la conciencia del patricio Juan Pablo Duarte y de
un reducido núcleo de jóvenes ilustrados procedentes de
familias de capas medias, principalmente de Santo Domin-
go. Pero la fuerza dominante, el poder de imponerle el curso
a los acontecimientos estaba en otros sectores sociales, como
los hateros, los grandes comerciantes, y los burócratas for-
mados en la administración pública, tanto en la escuela de
los colonizadores como al servicio de los propios ocupantes
haitianos.
Esas fuerzas sociales reaccionarias se impusieron y blo-
quearon la aspiración progresista de Duarte y sus compañe-
ros, sin embargo, la nación dominicana quedó en pie y más
aún, el sentimiento nacional se reforzó, especialmente en el
combate a las invasiones haitianas que tuvieron efecto en-
tre el 1844 y el 1855.
El pueblo dominicano no tendría un concepto teórico
claro y acabado de República y Estado soberano y demo-
crático, pero su inteligencia natural le indicaba que debía
defender su territorio, sus costumbres, sus hábitos y tradi-
ciones; y en esa lucha se fueron afirmando los atributos de Antes de que
te vayas...
la personalidad colectiva del núcleo humano integrado por
cerca de 150 mil seres que defendía lo suyo en la parte este RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
de la isla.
Eran un pueblo y un país que reflejaban los duros avata-
61
res padecidos en más de tres siglos, marcados por el extermi-
nio de los aborígenes; por la dominación colonialista de más
de una potencia europea; por la partición de la isla en dos
porciones; el saqueo, las invasiones piratas, las devastaciones
y despoblaciones de regiones enteras; por las consecuencias
letales del período de la España Boba, que culminó en 1822,
para dar inicio a la ocupación de nuestro territorio por las
tropas haitianas, que se extendió por veintidós años.
Por ese camino de martirio, se alcanzó penosamente el
orden económico semifeudal y precapitalista, en el cual la
mayor parte de la población residía en el campo, bajo la
hegemonía patriarcal de los hateros y practicaba una eco-
nomía de subsistencia.
En lo que era entonces la zona urbana, operaban conta-
das casas comerciales, algunas de las cuales sostenían inter-
cambios económicos con el exterior. Al lado del comercio
local y del importador y exportador, subsistía una mayor can-
tidad de artesanos y trabajadores de oficio y empleados del
sector privado. Asimismo, conformaban también la sociedad,
los funcionarios y empleados de la administración pública.
Desde la proclamación de la República y la formación del
precario Estado nacional, creció la cantidad de empleados
en la actividad civil y principalmente en el aspecto militar,
debido a las demandas de las guerras contra Haití.
En ese orden económico y social nació la República. El
pueblo que estaba en la base de esa sociedad semiestancada,
la nación que ya tenía echados sus cimientos, necesitaba
fortalecer su identidad, y encontró en el merengue un ele-
Antes de que mento afín a su sicología y su temperamento; por tanto, esa
te vayas...
expresión musical fue ganando espacio en el alma colectiva,
RAFAEL especialmente en la masa popular.
CHALJUB MEJÍA
Sin embargo, y como era lógico esperarlo, en una socie-
dad dividida en clases sociales, las diferencias de clases se
62
expresaron también en cuanto al arte y los gustos musica-
les. Así, el merengue, que ganaba fuerza en los sectores po-
pulares donde crecía el sentimiento nacional, chocaba con
la cerrada resistencia y el rechazo en las clases dominantes
inclinadas mayoritariamente hacia España, Francia y otras
potencias de Europa, de las cuales pretendían asimilar los
hábitos y estilos de diversión. Esos sectores antinacionales
consideraban la música y la letra del merengue como cosa
indigna de espíritus cultos, y el baile y sus movimientos su-
gerentes, como un ultraje a la decencia y un insulto a la
moral pública.
A la resistencia contra el auge del merengue se sumaron
también públicamente destacados intelectuales de la época,
algunos como el poeta Eugenio Perdomo, que moriría lue-
go como prócer de la República, y el escritor pro-español
Manuel de Jesús Galván. Los calificativos iban desde el ya
muy citado “progenie impura del impuro averno”, hasta el
de “baile indecente”, como lo calificaron algunos.
La consigna parecía ser entonces, mantener el meren-
gue lo más replegado posible a las zonas campesinas, y blo-
quearle la entrada en los centros urbanos y especialmente
en los bailes de las clases más adineradas, cuyas exigencias
y gustos se inclinaban pomposamente hacia el vals, de Aus-
tria y Alemania; la polka, de Polonia; el minué, de Francia; y
las danzas españolas como el fandango y el sarao.
De todas formas, el pueblo sencillo y llano, radicado prin-
cipalmente en el campo, siguió tocando, cantando y bailan-
do el merengue. No debía sorprender este predominio de
ese ritmo en la masa popular. Clases distintas tenían que Antes de que
te vayas...
cantar y bailar en forma diferente, porque diferentes eran
sus intereses, sus respectivas formas de pensar y de sentir. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
En su lucha por afirmarse en la cultura colectiva, el me-
rengue ganó un importante espacio cuando, poco después
63
de proclamarse la República, el maestro Juan Bautista Al-
fonseca, director de la banda de música del ejército en San-
to Domingo, lo llevó al pentagrama y lo empezó a tocar con
su orquesta entre las tropas.
Mientras tanto, la República, que se liberó del peligro de
la reocupación haitiana, zozobró nuevamente cuando el 18
de marzo de 1861 se proclamó la anexión, a raíz de la cual
se restableció el dominio colonial de los españoles.
Ese dominio finalizó cuatro años más adelante, con el
triunfo de la Guerra de Restauración iniciada a partir del 16
de agosto de 1863. Pero la nación y sus habitantes continua-
ron de una vicisitud en otra, sin salir del caos político, a me-
nos que fuera para caer en una dictadura; sin consolidar un
Estado nacional y democrático con instituciones reales y re-
presentativas, ni poder modificar favorablemente y en la me-
dida necesaria, el atraso económico, material y educativo.
Aún en esas circunstancias, el pueblo ejercía su propio
arte. Y en medio de su marcha por el áspero trillo de sus
tragedias históricas, el pueblo dominicano cantaba, baila-
ba, hacía música y hacía folclor. Y cada vez más lo que esta-
ba en el centro de ese quehacer folclórico y musical era el
merengue, que progresó y ganó espacio tocado con instru-
mentos de cuerda como el tres y el cuatro, hechos por ma-
nos dominicanas, pero cobró un auge y se hizo definitiva-
mente dominante en el gusto colectivo, cuando, desde Ale-
mania, llegaron al país los acordeones.
La fecha exacta de la entrada del primer acordeón a nues-
tra tierra, es muy difícil de establecer. Hay quienes dicen
Antes de que que fue entre finales de la década de los setenta y comienzos
te vayas...
de la de los ochenta del siglo diecinueve. Hay una décima
RAFAEL del poeta popular Juan Antonio Alix, el Cantor del Yaque,
CHALJUB MEJÍA
del año 1876, en la cual ya se menciona a un acordeonista
que se llamaba Simón Vega.
64
En cuanto al punto preciso por donde el acordeón entró
al país hay también sus divergencias. Unos sostienen que
fue por Puerto Plata, punto de embarque del tabaco y otros
productos agrícolas hacia el exterior, incluyendo a Alema-
nia; mientras otros afirman que fue por Monte Cristi, ciu-
dad de un puerto tan activo en la exportación e importación
como el de Puerto Plata.
El hecho cierto es que la llegada del acordeón provocó
cambios fundamentales en la vida y el desarrollo ulterior
del merengue. El uso de ese instrumento se propagó y en
poco tiempo, ya había desplazado a la guitarra y a otros
instrumentos de cuerda como líder en la ejecución del me-
rengue.
Las causas por las cuales el acordeón desplazó la guita-
rra son diversas. El acordeón resultó ser mucho más sonoro
que la guitarra y cualquier otro instrumento de cuerda, cuya
música apenas sobresalía frente al sonido de la güira y la
tambora. En aquellos tiempos en que no había aparatos de
sonido, el acordeón resolvió el problema que se creaba, es-
pecialmente cuando las fiestas eran muy concurridas y se
celebraban en locales grandes.
El acordeón se impuso también por lo fácil que resulta-
ba su manejo. A diferencia de la guitarra, el tres, el tiple y
otros instrumentos de cuerda, el acordeón se aprende a to-
car mecánicamente, sin necesidad de método ni maestro.
Y a estas causas se debe añadir otra, el sonido bélico y
viril, parecido al canto de un gallo de pelea, del acordeón, se
acomodaba más que cualquier otro instrumento a la sicolo-
gía y el sentir del pueblo dominicano, que entonces desen- Antes de que
te vayas...
volvía su vida entre trincheras y cantones, entre revueltas
armadas y sublevaciones de manigua y montoneras. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
No obstante, al juzgar la introducción del acordeón y
sus consecuencias sobre el merengue, también hay opinio-
65
nes y puntos de vista interesantes, entre los estudiosos y ex-
pertos en asuntos de la música, el folclor y la cultura.
Se da por sobreentendido que con el dominio del acor-
deón que es de un sólo tono; o el diatónico, de dos tonos, se
desplazó la guitarra que, en cambio, toca en todos los tonos,
y que tal cosa, en consecuencia, limitó la amplitud armóni-
ca y la riqueza musical del merengue. Aunque esto es indis-
cutiblemente cierto, fue con el acordeón que el merengue
típico adquirió el arraigo y la popularidad que lo consagra-
ron definitivamente como el principal género de la múscia
folclórica en nuestro medio.
El trabajador de la cultura popular Mario Suriel, al ex-
plicar los motivos por los cuales se propagó tanto y con tanta
rapidez el merengue de acordeón, advierte lo difícil que hu-
biese sido para el merengue de guitarra, expandirse con ra-
pidez y penetrar masivamente en los campos, donde residía
entonces la mayor parte de la población dominicana, con
un porcentaje enorme de analfabetismo y cuando las esca-
sas escuelas de música que existían, funcionaban estricta-
mente en unas cuantas ciudades.
Sólo un instrumento tan simple como el acordeón, dice
Suriel, permitía que un analfabeto o un ciego, aprendiera a
hacer música sin que nadie le enseñara, y se desarrollara en
corto tiempo como artista popular. Así el merengue logró
masificarse con mucho más rapidez, y al extenderse en la
gran masa campesina, de lo más hondo del pueblo mismo
surgieron por dondequiera sus intérpretes, concluye Suriel.
Igualmente, fue con el acordeón que el merengue se afir-
Antes de que mó aún más como elemento de resistencia del pueblo senci-
te vayas...
llo y llano, a las pretensiones de las clases dominantes por
RAFAEL imponer su música y sus bailes selectos en base a formas
CHALJUB MEJÍA
musicales extranjeras.
Por otra parte, la música que preferían esas capas socia-
66
les oligárquicas, dificultaba de antemano las manifestacio-
nes libres del arte y del genio popular. Esa música tenía una
estructura hecha, una letra elaborada que no permitía mar-
gen a la improvisación ni a la creatividad y en ella, la poesía,
la capacidad creadora y las demás manifestaciones espon-
táneas del sentimiento del pueblo, tenían menos posibilida-
des de expresarse.
Mientras que con el merengue, los poetas populares te-
nían la libertad de improvisar y dedicarle versos al persona-
je del lugar, a la mujer que bailaba con movimientos insi-
nuantes, al amigo que llegaba a la fiesta, y en fin, a cual-
quier situación que provocara la vena poética del músico o
el cantante. Y estas posibilidades de integración del pueblo
al merengue, se ensancharon mucho más cuando se exten-
dió el uso del acordeón y el merengue estableció su imperio
al calor de la aceptación espontánea de la gente.
Sobre estos asuntos hay muchas discrepancias dignas
de largas e interesantes discusiones entre los teóricos y en-
tendidos. Pero al margen de esos debates, es preciso repetir
que con el acordeón, el merengue terminó por consolidarse
como aire mayoritario, aunque no único; y que donde más
se propagó el merengue de acordeón fue en las aldeas de la
Línea Noroeste y en los campos de Puerto Plata, por ser los
puntos por donde empezaron a entrar al país los acordeo-
nes, y porque por allá se levantaron los más diestros y vir-
tuosos intérpretes de ese ritmo.
Pronto el merengue de acordeón, güira y tambora se fue
acercando a las ciudades, especialmente a Santiago, y la re-
acción de un sector de la sociedad urbana fue, como debe Antes de que
te vayas...
suponerse, de menosprecio y de rechazo. En ese aspecto, es
preferible ahorrarse la repetición de las críticas públicas que RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
se le hicieron a ese género folclórico, incluyendo las céle-
bres décimas del poeta popular y Cantor del Yaque, Juan
67
Antonio Alix, escritas en 1898, en las cuales le echaba la cul-
pa del aumento de la vagancia, “en campo ji poblacione”, a
la importación de acordeones que hacían los comerciantes
santiagueros Joaquín Beltrán y Bernabé Morales.
El merengue terminó copando rápidamente la Línea y
el Cibao, sobre todo, por las características naturales y so-
ciales de la región Norte del país. Por ser ella la más pobla-
da, la de mayor actividad productiva y comercial; en rela-
ción a la región Sur, empobrecida y devastada durante
mucho tiempo, y a la del Este, que era una región escasa-
mente poblada.
¿Por qué el merengue se hace rey de la música folclórica
de nuestro país y no de otras islas del Caribe, en las cuales,
según algunos estudiosos se bailó inicialmente tanto me-
rengue como aquí? Eso es algo que ofrece también un am-
plio campo para el debate.
En entrevista concedida al autor de estas líneas, el 27 de
septiembre del 2000, el historiador Euclides Gutiérrez des-
taca el hecho como una expresión de la gran inteligencia del
pueblo dominicano, y que fue favorecido, según el profesor
Gutiérrez, por el tipo de sociedad que existió aquí, donde la
esclavitud, sin dejar de ser injusta e inhumana, nunca llegó
a los niveles de rigurosa crueldad que alcanzó en otras islas
cercanas a la nuestra, así como en la parte oeste de la Hispa-
niola.
Señala, además, el profesor Gutiérrez, que la sociedad
rural dominicana del siglo diecinueve, el denso silencio y la
intensa soledad en que discurría la vida del campesino, es-
Antes de que pecialmente, ofrecían el ambiente natural propicio para el
te vayas...
aprendizaje y el ejercicio de las artes musicales. –La soledad
RAFAEL y el silencio estimulan el don de la abstracción–, afirma el
CHALJUB MEJÍA
referido historiador. Por eso, añade, no es extraño que los
más destacados violinistas hayan sido de origen judío, por
68
ser los judíos un pueblo de pastores.
Comoquiera, con el acordeón, el merengue se hizo ya
definitivamente parte del ser social y cultural dominicano;
parte integrante de su identidad nacional, de la nación mis-
ma, que, en más de un momento crucial de su peregrinaje
histórico hizo del merengue un arma de lucha, lo mismo
que escudo defensivo y coraza protectora contra sus enemi-
gos exteriores.
Es cierto que de todos los instrumentos usados entonces
para tocar el merengue, el acordeón, que es alemán, es el más
ajeno a las raíces del pueblo dominicano. Pero una nación
como la dominicana, hecha de idioma, cultura, tradiciones
e importantes rasgos sicológicos foráneos, poco problema tuvo
en hacer suyo algo que también le vino de otras tierras. En
consecuencia, y en una demostración de esa inteligencia
que el profesor Gutiérrez atribuye al pueblo dominicano,
ese pueblo tomó aquel producto del desarrollo técnico de
los alemanes, hasta dominarlo y convertirlo en herramienta
de su arte.
Para formar un trío no era preciso enfrentarse a obstá-
culos materiales insuperables, y era cosa al alcance del co-
mún de los dominicanos. Obtenido el acordeón, los otros
instrumentos los producía el medio natural. La güira, que
terminó sustituyendo las maracas, y que con el tiempo pasó
a ser de metal, por muchos años se lograba rayando una
especie de calabaza natural llamada bangaña por los cam-
pesinos, y después de seca, se le sacaba ritmo con el rose
acompasado de una lezna de metal.
La tambora tampoco necesitaba de material importado Antes de que
te vayas...
ni de confección industrial. La siguieron haciendo las mis-
mas manos callosas de los campesinos, que para ello tomaron RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
como materia prima un tronco hueco, un cilindro de madera,
aunque algunos preferían usar un pequeño barril también
69
del mismo material. Poco después se aprendió que al barrilito
o al cilindro hueco debía hacérsele una pequeña y redonda
perforación en la mitad, con el fin de que el sonido adquiera
los tonos deseados. En los extremos del cilindro, debían ir
dos tapas dobles de cuero, pero de chivos de diferentes sexos,
el de macho, a la izquierda y el de hembra a la derecha.
La sabiduría popular sostiene que para que la piel de
hembra cumpla cabalmente su papel, es preciso que la chi-
va de la cual se vaya a tomar, nunca haya parido ni estado
preñada, de forma tal que el cuero conserve su temple natu-
ral. Así, los sonidos agudos de ese parche, debían hacer jue-
go al tono hondo salido del parche de chivo macho bajo los
golpes rítmicos del tamborero. Las tapas de cuero que com-
pletaban la tambora, se aseguraban con aros formados con
bejucos gruesos y flexibles, atados con cuerdas de fibras re-
sistentes como las de cabulla, las de majagua o las de anón.
En cuanto a la estructura del merengue y a la forma de
bailarse, siguió siendo esencialmente similar a la de los tiem-
pos de la guitarra. La pieza empezaba con un paseo, especie
de introducción musical que aprovechaban las parejas para
lucirse, recorriendo con pasos lentos y elegantes el salón de
un extremo a otro.
Al fin del paseo, comenzaba el cuerpo del merengue o
primera parte, basada en acordes más o menos lentos que
las parejas empezaban a bailar abrazados y con los cuerpos
pegados, hasta entrar en el jaleo, o la segunda parte, ya mu-
cho más pimentosa y acelerada que la primera. En esta se-
gunda parte, los bailadores se separaban, a veces soltándose
Antes de que de las manos y haciendo cuantas figuras y maniobras rítmi-
te vayas...
cas se les antojaran en medio del baile, mientras el movi-
RAFAEL miento rítmico y acompasado de los pies de los bailadores
CHALJUB MEJÍA
dejaba oír un escobilleo que parecía formar parte del con-
junto de los sonidos del merengue.
70
Surgieron diversas denominaciones, a formas y estilos
distintos de bailar. El baile redondo, el cuadrado, y el baile de
“empalizá”. Si en medio del baile alguien hacía movimientos
más lujuriosos que lo que habitualmente se aceptaban, a ese
se le acusaba de estar “bailando ventaja”.
Todo esto, según aseguran los estudiosos y entendidos
en asuntos de la historia del merengue, estuvo presente en
el desarrollo de ese género musical, y no era más que reflejo
del ser nacional mismo, de la identidad del pueblo, que des-
de esa época tuvo en el merengue de acordeón, güira y tam-
bora, la manifestación artística y musical por excelencia.
El merengue, si se tocaba y bailaba en otras partes, en
todas pudo ser música subordinada, menos aquí, donde
adquirió carta de ciudadanía y reconocimiento cabal en
la mayor parte del pueblo, porque, aunque en un primer
momento el merengue de acordeón, güira y tambora se
consideró vulgar e inadmisible en las ciudades, ante la rea-
lidad social, ante el embrujo de las notas del acordeón y lo
descriptivo e insinuante de las letras del merengue, cayeron
todas las murallas, y entre las primeras en caer estuvieron
las de la zona urbana de Santiago.
Como en la generalidad de los fenómenos sociales, en la
penetración del merengue de enramada en los barrios popu-
lares de Santiago, las razones económicas fueron las deter-
minantes. Ese era el centro de actividad comercial hacia el
cual confluían los productores agrícolas y ganaderos de la
vasta región aledaña, a vender sus frutos y su ganado.
Por regla general, quienes iban a hacer sus negocios,
mercadear sus frutos, vender su ganado o comprar sus pro- Antes de que
te vayas...
visiones a esa ciudad, no regresaban el mismo día a sus pun-
tos de origen. Dormían en pensiones, hoteluchos y dormito- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
rios situados principalmente en lo que terminó por llamar-
se El Hospedaje Yaque. Necesitaban diversión, y los restora-
71
nes y hoteles de primera, con su ambiente selecto, más pro-
picio a las clases media y alta de la ciudad, no despertaban
el entusiasmo ni estaban al alcance de los agricultores, ga-
naderos, pequeños comerciantes y artesanos que viajaban
desde los campos. Tampoco esos sitios exclusivos ofrecían
ambiente adecuado a las mujeres que vivían de la venta de
sus encantos.
En esas necesidades sociales y humanas encontró terre-
no fértil el merengue típico; y Santiago, al igual que otras
ciudades del Norte, fue invadida poco a poco por ese género
de la música popular. El conjunto típico se hizo más solicita-
do, y, según algunos investigadores y folcloristas, fue en esos
tiempos cuando nació el pegajoso apodo de “perico ripiao”.
En entrevista concedida al autor el 5 de julio del 2000, el
periodista Huchi Lora aclara que en el curso de las últimas
décadas del siglo diecinueve, en una parte de la gente del
Cibao, al acto sexual se le denominaba ripiar el perico. Y que
uno de los que levantó negocios en los bulliciosos contor-
nos del Hospedaje Yaque, abrió un prostíbulo y lo bautizó
con un nombre que no podía ser más insinuante: El Perico
Ripiao.
Las fiestas que se amenizaban en ese popular estableci-
miento, eran de merengue y a esa música, como al conjunto
que la ejecutaba, se le asoció tanto con el célebre sitio de
diversión, hasta añadírsele la denominación con que mu-
chos la califican todavía.
Mientras el merengue de acordeón, güira y tambora se
expandía, crecía también la fama de los buenos acordeonis-
Antes de que tas. Y de todos ellos hubo uno cuyo nombre marcó para
te vayas...
siempre la historia del merengue, hasta el punto de que en
RAFAEL gran medida, la biografía de ese hombre es la historia mis-
CHALJUB MEJÍA
ma del merengue. El nombre propio del personaje: Francis-
co Antonio Lora Cabrera. El nombre de la gloria y la leyen-
72
da: Ñico Lora.
La luz de la música en Santo Domingo

CUANDO LOLO REYNOSO OYÓ TOCAR A ÑICO LORA quedó maravi- Antes de que
te vayas...
llado de aquel niño que manejaba con tanta habilidad el acor-
deón, aunque las fuerzas apenas le permitían sostenerlo entre RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
las manos. –Tu serás la luz de la música en Santo Domingo–
le dijo Lolo al niño músico.
73
Esto se lo contó Ñico personalmente a Huchi Lora, su
pariente, en una entrevista que éste le hiciera, y reseña de la
cual salió en El Nacional del 30 de septiembre de 1967.
Así, Huchi hizo un importante aporte a la historia del
merengue y del folclor, porque en esa reseña se consignan
informaciones históricas y datos biográficos de Ñico Lora,
obtenidos de la mejor fuente, de labios del propio perso-
naje.
El escenario del encuentro de Lolo Reynoso y Ñico
Lora pudo haber sido algún bohío de suelo polvoriento
de un campo de la Línea; pero Lolo tenía concepto para
apreciar las cosas relativas al merengue y a los músicos.
El era José Dolores Reynoso –Lolo–, nativo de Licey, La
Vega, uno de los primeros en aprender el manejo del ins-
trumento llegado de Alemania, y en eso de tocarlo fue tan
alto su progreso, que Juan Antonio Alix le hace un gran
elogio en una de sus celebradas décimas, fechada a 17 de
noviembre de 1898:
El non plus ultra acordeón / nombrado Lolo Reynoso /
con su pájaro armonioso / honrará esta diversión … /.
Desde esa altura, Lolo Reynoso oyó tocar al niño Ñico, y
ahí mismo hizo su profecía. Aún cuando era pequeño ya
Ñico Lora daba indicios de su excepcional talento. –Yo nací
con una música natural–, le dijo a Huchi el viejo Ñico, que
al momento de la entrevista se acercaba a los cien años, pero
conservaba tanta lucidez que aún se inspiraba, componía
merengues y tocaba su adorado instrumento.
Cuando era muy pequeño, relató Ñico, él gorjeaba una
Antes de que música “muy extraña” pero cadenciosa. Y en Navarrete ha-
te vayas...
bía un señor que se disfrazaba en el carnaval y tocaba el
RAFAEL acordeón. Un día escuchó al niño gorjeando y le dijo a la
CHALJUB MEJÍA
tía y madre de crianza de Ñico: –Préteme su muchacho pa
que hagamo cuaito–. Hecho el trato, dice la reseña perio-
74
dística, salían juntos y luego de que el señor tocaba el acor-
deón, anunciaba que actuaría “la maravilla” y sacaba al niño
de un saco. Ñico comenzaba a gorjear, hacía ademanes de
que tocaba un acordeón y así la función se ponía más inte-
resante.
Ñico explica cómo siguió desarrollándose: –Esa músi-
ca rara como que se me salió, pero después cogí un acor-
deón en mis manos por primera vez en mi vida, y a los
quince días toqué mi primera pieza… De ahí en adelante
fui adelantando, adelantando… y la gente buscándome para
tocar fiestas–.
La vena artística de este singular genio campesino esta-
ba entonces en sus arranques. Dice el historiador puerto-
plateño don Rufino Martínez, en su Diccionario Biográfico
Histórico Dominicano, que en tiempos del gobierno del ge-
neral Lilís, y cuando era jefe en Santiago el también general
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

75

Ñico Lora, indiscutible padre del merengue típico,


hábil acordeonista y compositor de imaginación inagotable.
–Foto cortesía de Don Danilo Arzeno–
Antes de que
te vayas...
Ñico Lora, toca su acordeón, acompañado en la güira por el célebre
RAFAEL acordeonista Juan Bautista Pascasio; y en la tambora, por Antonio Lora,
CHALJUB MEJÍA
hijo de Ñico y experto saxofonista.

76

Ramón Arcadio de la Cruz, de Hatillo Palma, tocó la güira junto a Ñico


y cuenta sus andanzas en las fiestas de enramadas de la Línea Noroeste.
Perico Pepín, si había fiesta en esa ciudad, a Ñico lo subían
en una mesa “para que le tocara al gobernador”.
Lo demás fue obra de la espontaneidad y del ejercicio
libre de su arte. Ñico Lora creció y no tardó en destacarse
como el gran acordeonista que fue y sobre todo y muy prin-
cipalmente, como el más fértil de cuantos compositores de
merengues ha producido la República.
Músico empírico, sin otra escuela que la de su propia
práctica y lo que músicos de su tiempo, tan espontáneos y
sin escuela como él, pudieran enseñarle, Ñico fue una cons-
tante fuente de inspiración y una verdadera cantera de mú-
sica, letras y de poesía popular.
Tenía una sensibilidad sin paralelos para convertir en Antes de que
te vayas...
buenos merengues los motivos que les proporcionaba el me-
dio campesino donde vivía. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Luis Cruz, uno de los merengueros contemporáneos de
Ñico, no se explicaba “como era que me salían los meren-
77
gues”, le confió Ñico a Huchi Lora en la ya comentada en-
trevista. Porque a Ñico no le costaba ningún esfuerzo com-
poner merengues, ni eso fue cosa que le llevó más de un rato
en ninguna ocasión; el comenzaba a tocar, y el merengue
“me sale de una vez”, y cuando terminaba ya la pieza tenía
letras y tenía música.
Fue y será imposible tener la cuenta exacta de la canti-
dad de merengues compuesta por la imaginación fecunda
de aquel maestro. El viejo acordeonista le dijo a Huchi que
hubo numerosas ocasiones en que en medio de alguna fies-
ta le surgía una inspiración y allí mismo improvisaba el
merengue y lo tocaba, aunque no lo tocara más.
Hubo merengues que fueron tocados por Ñico una sola
vez, porque eran improvisados, y como no había grabadora
ni mucho menos a la disposición del músico, esa composi-
ción se dejaba de lado, surgía otra y otra más, y sólo en
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

78

Ramón Arcadio de la Cruz, de Hatillo Palma.


oportunidades en que la pieza gustara y la gente demandara
que se la repitieran, los merengues se fijaban y se quedaban
en la mente abierta y receptiva de su creador, o en la memo-
ria colectiva de quienes los escuchaban, los gozaban y los ha-
cían suyos.
A juzgar por las letras, esas composiciones abarcaron
los más diversos motivos de la vida colectiva y de la época
que Ñico Lora tuvo como escenario. En ellas se reflejan, por
un lado, los sentimientos religiosos del compositor y de la
religiosidad popular. El merengue titulado San Francisco es
prueba de ello, y era, según Ñico el que más le gustaba; lo
dedicó al santo de su nombre, y era ese merengue el prime-
ro que él ejecutaba en cada fiesta que tocaba: Antes de que
te vayas...
Alabemos a San Francisco / como santo de mi nombre /
ay, bendito y alabado sea / bendito y alabado sea / entre los RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
hombres /.
Pero ese no fue el único inspirado en sentimientos reli-
79
giosos o en la adoración a algún ídolo: Santa Rosa de Lima,
Las Mercedes, La llave del Cielo, San Pedro, fueron algunos
de ellos. San Antonio fue compuesto para rendir homenaje
al santo patrón de Monción, villa serrana que en tiempos de
Ñico se llamaba Guaraguanó.
Ñico Lora le cantó al medio en que vivía, y por supuesto,
tuvo también sus inspiraciones románticas, que dieron ori-
gen a merengues como Hatillo Palma, aquella legendaria
creación en la cual se conjuga el culto poético al lugar, con
el tributo a la mujer amada:
Allá, en Hatillo Palma / donde nacen tantas flores / donde
vive Soraida / la reina de mis amores / … /.
Ñico, al igual que Antonio –Toño– Abréu, Juan Bautista
Pascasio, Manuel Lora, Cuta Martínez y todos los de su tiem-
po, era un músico de gallera, como se decía popularmente.
Porque era cosa normal el que junto a la apasionada algarabía
de las peleas de gallo, fuera también la fiesta con el con-
junto típico animándolas. Ñico Lora sobresalía entre to-
dos, y al ambiente de la gallera le dedicó numerosas com-
posiciones, de las cuales pueden citarse a la ligera varias
muestras, empezando por la que alude a una de las galle-
ras más célebres de la época, la de Laguna Salada, en la
Línea Noroeste:
Ello no hay otra gallera / como la de la Salada / donde
bailan señoritas / viudas, solteras y casadas / … /.
Eran los tiempos en que:
De Santiago los galleros / bajaron a Guayacanes / llevaron
gallos muy buenos / pa’ pelearlos con los Chávez / … /.
Antes de que Los Chávez formaban una de las más prestigiosas fa-
te vayas...
milias históricas de la Línea, uno de cuyos troncos, Pedro
RAFAEL Chávez Calderón –Pedrito Chávez–, era también un céle-
CHALJUB MEJÍA
bre gallero. El padre de éste se llamaba Juan Chávez, y su
mamá era aquella Ceferina Calderón, en cuya casa halló
80
posada el apóstol de la independencia de Cuba, José Martí,
en 1895, cuando se dirigía a Monte Cristi, en pos de entre-
vistarse con el general Máximo Gómez y partir ambos a
emprender “la guerra necesaria” contra España. En su pro-
sa fuerte y hermosa, Martí describe a Ceferina, su casa, su
familia y los laboriosos quehaceres que esta mujer extraor-
dinaria dirigía.
Pedro Chávez Calderón –Pedrito Chávez– quedó asen-
tado en Guayacanes, al frente de su rica hacienda, y entre
las pasiones que más lo enardecían estaba el juego de ga-
llos. De esto dan testimonio las letras de varios merengues,
entre ellos uno que aún se escucha en estos tiempos, y que
se refiere a la famosa pelea en la que, según se dice, el gallo
Cucú, del periodista y político santiaguero Rafael Vidal
Tórres –Fello Vidal–, venció al Cola Blanca, un famoso y
fogueado ejemplar de la traba de los Chávez:
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

81

Pedro María Chávez, dueño del “Colita blanca”.


–Foto cortesía de doña Livia Chávez de Wessin–
Antes de que
te vayas...
A la izquierda, Rafael –Fello– Vidal.
RAFAEL Su gallo Cucú se ganó al Cola Blanca de don Pedro Chávez.
CHALJUB MEJÍA A la derecha Pedrito Chávez, quien falleció en el año 1951.
–Foto cortesía de doña Livia Chávez de Wessin–

82

Don Pedro Chávez, al centro. A su lado, derecha, Juan Chávez.


Fello Vidal tenía un gallo / como no lo tenía nadie / se ganó
al Colita Blanca / que tenía don Pedro Chávez / … cuando el
gallo cayó muerto / esa fue la gran porfía / que dijo don Pedro
Chávez / él ta’ vivo todavía / … /.
Los versos de la segunda parte cantan por el mismo esti-
lo. No obstante, acerca de este episodio folclórico hay ver-
siones distintas, incluyendo el autorizado testimonio de doña
Livia Chávez de Wessin y Wessin, nieta de don Pedro Chávez,
en razón de ser ella hija de don Juan Chávez.
En entrevista concedida al autor el 3 de diciembre del
2001, cuenta doña Livia que la célebre pelea tuvo lugar en la
gallera de Salcedo, en el 1937. Allí se había convocado un
rumboso desafío y hacia Salcedo se trasladaron con gallos Antes de que
te vayas...
seleccionados, varios galleros de Guayacanes, incluyendo a
cuatro miembros de la familia Chávez. Don Pedro Chávez RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Calderón, y tres de sus hijos, Juan, Santiago y Pedro María
Chávez, al cual le decían Pedrito, como a su padre.
83
Afirma doña Livia, que Pedro María era el dueño del Cola
Blanca, y no don Pedro, como se ha creído tradicionalmen-
te. Y aclara con mucha seguridad, que el ganador de la pe-
lea no fue el Cucú, sino el Cola Blanca. Ella recuerda lo que
relatan las letras de otros versos:
Allá en la gallera / to’ el mundo vocea / que Pedrito Chávez /
ganó la pelea / … Yo no estaba ahí / cuando ese rebú / cuando el
Cola Blanca / se ganó al Cucú / … /.
–Así fue que pasó–, reitera la señora Chávez de Wessin
y Wessin, e informa que sobre este comentado episodio,
una revista dedicada a la lidia de gallos, dirigida por el se-
ñor Prisciliano Marichal, publicó hace unos años un re-
portaje que se ilustra con fotos en las cuales aparecen los
Chávez, junto a varios amigos, como un señor de apellido
Morey, de Guayacanes; y otro llamado Luis Fermín, de La-
guna Salada; celebrando el triunfo y exhibiendo su valioso
gallo Cola Blanca, como héroe vencedor del ejemplar de
Fello Vidal.
Esta versión, procedente de fuente tan autorizada, con-
tradice la que muchos han considerado como verdad a lo
largo del tiempo.
Pero hay más aún. Porque dice don Chichito Villa, ami-
go que fue de Ñico Lora, que en vez de uno, son dos los
merengues dedicados a la controversial pelea; y con memo-
ria lúcida y su acordeón en las manos, Villa toca la música y
canta algunos de los versos de un merengue que ya no se
escucha en los ambientes típicos, y que da por cierto el triun-
fo del Cucú, de Fello Vidal, sobre el Colita Blanca de don
Antes de que Pedro Chávez:
te vayas...
Cuando la pelea / se armó el reperpero / y dijo Fello Vidal /
RAFAEL adonde está el garitero / … yo no quería estar / cuando ese
CHALJUB MEJÍA
rebú / cuando el Cola Blanca / perdió del Cucú /.
Don Chichito critica la confusión que crean los propios
84
músicos y cantantes, cuando le cambian las letras a meren-
gues como esos y, en ocasiones, mezclan desordenadamen-
te, versos de uno con música de otro.
Comoquiera, sigue y seguirá la controversia. En definiti-
va, así suelen ser las cosas del folclor y la cultura popular.
Del mismo ambiente de gallera, que inspiraron esas com-
posiciones, trata otro merengue, cuya música tomó muchos
años después Tatico Henríquez, para una grabación que él
tituló Los Picoteadores. La música que usó Tatico para esa
grabación era mas vieja que él, y como se puede notar, co-
rrespondía a un merengue compuesto por Nico Lora con
otros motivos y otras letras:
Eso dijo Ñico Lora / en medio de su jornada / yo no le
toco a Belica / allá en Laguna Salada / … Las fiestas son “de
amaneca” / hasta que salga la aurora / el que le toca a Belica / es
mi primo Manuel Lora / … qué calor tiene Belica / en el
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

85

Doña Livia Chávez de Wessin, sostiene que fue el Colita Blanca


el que ganó la pelea y no el Cucú.
medio de la gallera / y entonces le dice Ñico / que la agarre el que
la quiera / … si Belica se mete en romo / da brega para co-
brarle / y por eso fue que Ñico / no quiso volver a tocarle /.
Por otra parte, Ñico también le cantó y le puso música a
los sucesos sociales de su época. Desde entonces y por mu-
cho tiempo, el músico y compositor de merengues se con-
virtió en narrador de las cosas que pasaban. Ñico fue ejem-
plo, un ejemplo de esta verdad. Él era parte inseparable de
su pueblo, presenciaba un suceso o tenía noticias del mis-
mo, y con su mente productiva, tomaba su acordeón y salía
a contárselo a la gente. Ese suceso podía ser incluso trágico,
como la muerte a tiros ocurrida en Santiago, por motivos
Antes de que pasionales a finales de los años veinte, del mayor del ejérci-
te vayas...
to Julio César Lora, a manos de un subalterno suyo, el te-
RAFAEL niente odontólogo Aquiles Sanabia:
CHALJUB MEJÍA
Debajo del puente Yaque / mataron al mayor Lora / por
estarle enamorando / al teniente su señora / … /.
86
Podían ser sucesos como el hecho de montarse en un
carro Ford, que en los viejos tiempos era una cosa digna de
contarse.
Le cantó también a los personajes. Al general liniero Ma-
nuel de Jesús Camacho –Manolo–, a Perico Pepín, al folcló-
rico guerrillero jimenista de origen haitiano conocido por el
apodo de Dosilién, y a quien la gente llamó siempre Rosilién,
a Neney Cepín. Todos, eran parte de esos personajes que,
por sí mismos, resumían la vida y la cultura de su tiempo.
Hubo en la inmensa producción de Ñico Lora, meren-
gues con motivos políticos y tampoco faltaron los que te-
nían un elevado contenido patriótico, como el compuesto
por él en tiempos de la ocupación de las tropas yankis del
1916 y titulado La Protesta:
En el año dieciséis / llegan los americanos / pisoteando
con sus botas / el suelo dominicano / … Francisco Henríquez
Carvajal / defendiendo la bandera / dijo: No pueden mandar /
los yankis en nuestra tierra /.
A esos combativos versos de la primera parte, siguen los
que, al compás de una sobria y bien elaborada música, se
cantan en el jaleo:
En tierra de Duarte / dijo Carvajal / los americanos / no
pueden mandar / … El americano / siempre se entromete / los
haremos ir / dándole machete / … Los haremos ir / con fuerza
y valor / al americano / por abusador /.
Del merengue de Ñico Lora tampoco estuvo ausente la
picardía para reflejar aspectos tan propios del medio como
la infidelidad matrimonial. Mientras Victoriano se divertía
con una famosa bailadora liniera, Goyita, la mujer de Victo- Antes de que
te vayas...
riano, lo ignoraba todo porque se las pasaba friendo longa-
nizas para venderlas en el ventorrillo que tenía: RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Mi compadre Victoriano / bailando con la Melliza / y Goyita
no lo sabe / poi tai friendo longaniza / … /.
87
Ñico Lora no estuvo sólo en el ejercicio de su arte. Cuando
estuvo en sus mejores tiempos, hubo también otros célebres y
hábiles músicos de acordeón y muy buenos compositores que
llenaron de merengue el territorio nacional. Por eso, junto a
Ñico es indispensable tener presentes a quienes lo acompaña-
ron en los tríos y conjuntos que el maestro encabezó.
El perico ripiao de Ñico Lora lo completaban su tambo-
rero José Rodríguez, el célebre Flinche; y un güirero al que
apodaban Maroea. Cuando a los conjuntos de merengue tí-
pico se les agregó el saxofón, Ñico escogió a su primo Pedro
María Lora –Cacú– y también tocó con él su hijo Antonio
Lora. Por fortuna, en algunas manos hacendosas se conser-
van muestras de la música y la voz de Antonio Lora, junto a
las de su padre.
Según la crónica de El Nacional, dijo Ñico que Cacú Lora
tocó con él cerca de cuarenta años, hasta que murió. Flinche,
de su lado, tocó con el maestro cerca de sesenta años e “in-
ventó muchísimos golpes de tambora”. A Flinche se atribu-
ye ser el primero en tocar la tambora con la palma de una
mano y con el bolillo en la otra. Se narra que esto ocurrió
casualmente, en medio de una fiesta en que Ñico y sus acom-
pañantes tocaban para el presidente Ramón Cáceres.
Hasta ese instante, el tamborero tocaba con un bolillo
en cada mano y golpeando con ellos rítmicamente la tam-
bora. A Flinche se le cayó accidentalmente el de la mano
izquierda, y sin atreverse a dejar de tocar en presencia del
presidente de la República, continuó dándole por el lado
izquierdo a la tambora con la palma de la mano y con el
Antes de que bolillo de madera por el otro. De esa casualidad, se dice,
te vayas...
surgió lo que se convirtió en costumbre.
RAFAEL Flinche murió en 1966. Ñico, ya mucho menos activo
CHALJUB MEJÍA
que en otros tiempos, sustituyó a Flinche por un tamborero
apodado Moro, que era muy bueno. –Pero ninguno como
88
Flinche–, aseguraba Ñico.
El final de la vida del maestro no fue muy diferente al
que han tenido otros talentos del arte popular. Nunca pudo
vivir de la composición ni de la música, que entonces anda-
ban silvestres y por ellas no pagaban mayor cosa. Sin em-
bargo fue su inteligencia y su interminable genio creativo la
fuente de donde se nutrieron muchos otros.
Se asegura que grandes estrellas de la música dominica-
na, como los grandes maestros Julio Alberto Hernández y
Luis Alberti, entre una larga lista, tomaron para ellos innú-
meras producciones de Ñico Lora. Muchos de esos meren-
gues se hicieron célebres, pero su auténtico padre se fue
apagando en la pobreza y el olvido.
En la entrevista concedida a Huchi, Ñico contó que nun-
ca pudo vivir de la música sino de la agricultura. Dijo “que su
“buen amigo” Luis Alberti iba a las fiestas en que él tocaba
con su perico ripiao y le pedía que repitiera los merengues
que más le gustaban, y sin decirle nada, escribía la música y
después los grababa.
Sin embargo, aclaró, que esos merengues le daban “una
parte de los pocos ingresos” que tenía, y que cuando menos
esperaba le llegaban tres pesos, diez, cinco, que el maestro
Alberti le enviaba como retribución por las composiciones
que usaba.
En su laborioso Fichero Artístico Dominicano, y al es-
cribir sobre Ñico Lora, el infatigable investigador don Jesús
Torres Tejeda lamenta el que la inmensa producción de Ñico
no se conservara a nivel discográfico, para que se perpetua-
ra la memoria de ese hombre, en beneficio de las generacio- Antes de que
te vayas...
nes que le sucedieron y para una posterior y más paciente
evaluación. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Esa rica producción de Lora quedó dispersa y en gran
medida en manos ajenas. –Ñico Lora, dice don Jesús, nunca
89
levantó su voz en protesta de los hurtos descarados de sus
obras–. Torres Tejeda termina sus notas sobre Ñico con una
pregunta sugerente, a la cual él mismo ofrece una respuesta
muy personal y también muy concluyente: –¿Cómo descri-
bir los aportes de Ñico Lora para el engrandecimiento de la
cultura musical dominicana?–, pregunta don Jesús, y se res-
ponde a seguidas: –Bueno, de él es “casi todo” lo que se ha
“registrado” musicalmente en los últimos 70 años. ¡ Así de
real es!…”casi todo”, …¡no todo!, ¿entendido?–.
Cuando se produjo la entrevista de Huchi con Ñico Lora,
a la que tanto hemos aludido, el padre del merengue típico
era un anciano, pero estaba obligado a echar manos al ma-
chete, sin fuerza y sin la agilidad necesarias para manejar
esa filosa herramienta. En esa faena, impropia para un hom-
bre de edad tan avanzada, a Ñico Lora se le lisió una mano
y eso eliminó tal vez rotundamente la posibilidad de que
sacara al acordeón las notas musicales con que este inmor-
tal pionero del merengue debió despedirse de la vida.
Pobre, achacoso, ignorado por muchos que tal vez pen-
saban que se había muerto hacía ya décadas, Ñico Lora ter-
minó de apagarse en su propio lugar de nacimiento, Nava-
rrete, el Jueves Santo, 8 de abril de 1971. Tenía 103 años,
según la nota de El Nacional del 21 de abril del mismo año.
Aunque las fuentes no coinciden en cuanto a la fecha de
nacimiento del artista, si se le da crédito a esta versión de
El Nacional, Ñico vino al mundo en 1868, tres años después
del triunfo de la Guerra de Restauración y casi al mismo
tiempo en que empezaron a llegar al país los acordeones.
Antes de que Era hijo de Narciso Lora y de Francisca Cabrera –Pancha–.
te vayas...
Se casó en Santiago con Ana Felicia Tavárez y de esa unión
RAFAEL nacieron trece hijos.
CHALJUB MEJÍA
El excepcional compositor y músico que cubrió toda una
época, murió en las sombras ingratas del olvido. Como uno
90
más de “los del montón salidos”. Quedó su herencia, usada
todavía por muchos, que tal vez ni siquiera saben ni les inte-
resa saber a quien le deben la gratitud correspondiente por
la música que usan comercialmente. Comoquiera, este hom-
bre pequeño, delgado, de pelo lacio y rostro de expresión
serena, enriqueció el folclor y la cultura de su pueblo, e hizo
por esa vía una importante contribución al reforzamiento
de la identidad dominicana.
Ñico Lora se encontró con el merengue cuando a ese
aire aún le faltaba mucho camino por andar. Se le hacía difí-
cil el recorrido, y él se lo facilitó, porque a golpe de talento
musical y de poesía de pueblo, le iluminó la senda para que
despegara y avanzara como nunca antes lo había hecho.
Ñico empezó desde niño a tocar merengue, sus dedos
pequeños se movían con la celeridad y la destreza que sólo
demuestran los iluminados del arte popular; a él se les
renovaban los bríos cuando al empezar la ejecución, gri-
taba: ¡Nos fuimos!. Al paso del tiempo, ese grito se con-
virtió en refrán entre la gente del pueblo. El ¡Nos fuimos,
dijo Ñico!”, lanzado al momento de partir de algún lugar
o de dar comienzo a algo, perduró por muchos años.
A ese grito de acción, Ñico Lora parecía recobrar vitali-
dad, aparentaba crecer unas cuantas pulgadas en su silla
de guano, se metía en música, contagiaba al público del
dinamismo que lo impulsaba y aún cuando por su vejez, ya
casi no le quedaban fuerzas para cantar, había momentos
en que recuperaba las energías y su voz, ya parecida por lo
aguda a la de un niño, sobresalía por sobre la de sus acom-
pañantes. Antes de que
te vayas...
Eran los últimos destellos del astro que iluminó la senda
del merengue, y del hombre que con su largo y productivo RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
ejercicio, se convirtió, sin duda alguna, en “la luz de la mú-
sica en Santo Domingo”. La profecía de Lolo Reynoso se
91
cumplió al pie de la letra.
La lenta evolución del merengue

YA ENTRADO EL SIGLO VEINTE, el merengue se había establecido Antes de que


te vayas...
como principal manifestación musical de los dominicanos.
Pero la evolución de ese ritmo era tan lenta como la marcha RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
de la sociedad de la que él formaba parte.
Es cierto que en los últimos veinte años del siglo dieci-
93
nueve crecieron las fuerzas económicas del capitalismo en
el país, pero esto no fue resultado del desarrollo de las fuer-
zas productivas locales, sino de la penetración del capital
monopolista que vino de fuera y se expandió principalmen-
te en el área azucarera.
Por eso, mientras en las plantaciones cañeras, y las ins-
talaciones industriales afines con la producción de azúcar
aparecían instrumentos de trabajo, formas de explotación,
y técnicas de tipo capitalista, en el resto del país seguían
prevaleciendo los rasgos y las relaciones de producción pro-
pias del precapitalismo.
En la esfera social se enriquecía la vieja oligarquía alia-
da al capital extranjero, mientras las demás capas de la po-
blación sufrían las consecuencias de la pobreza y el atraso.
El quehacer político y la actividad estatal eran el reflejo
de esa realidad económica y social, y tampoco en ese campo
el país lograba superar el atraso. El 26 de julio de 1899 fue
liquidado el dictador Lilís, pero el ensayo liberal que se ini-
ció desde comienzos del siglo veinte, fracasó y desde el 1902,
el país se hundió en una caótica lucha de tipo caudillista
entre dos bandos encabezados uno, por el gran comerciante
montecristeño Juan Isidro Jimenes, que tenía por símbolo
un gallo bolo; y el otro, acaudillado por Horacio Vásquez,
miembro de una adinerada familia mocana y que tomó como
emblema de su bandería un gallo con cola. Los “bolos” y los
“rabuses” fueron los nombres que el pueblo dio a las respec-
tivas agrupaciones políticas.
Ninguno de los rasgos de la cultura y el folclor de un pue-
Antes de que blo que peregrinaba entre la tiranía y el caos, podía escapar a
te vayas...
las consecuencias de aquel estancamiento. Y el merengue no
RAFAEL podía ser la excepción. El merengue rural seguía gozando de
CHALJUB MEJÍA
gran popularidad, pero se mantenía confinado a los campos,
donde más fuerza tuvo desde un principio. Y el merengue
94
urbano, conforme con la opinión de algunos entendidos en el
tema, estaba casi extinguido.
El principal fuerte del merengue rural siguió siendo el
Cibao. En el Este coexistió con los ritmos y bailes de atabales;
y en el Sur con la mangulina del sur profundo, con los
atabales de San Juan de la Maguana, la sarandunga de Baní
y otros ritmos, como la salve, la mayor parte de ellos con
fuerte incidencia de la herencia cultural de los negros.
Al acordeón, la güira y la tambora vino a agregársele el
saxofón, un instrumento metálico mucho más sonoro y más
rico musicalmente que el acordeón, y así el merengue se
hizo más compacto sustancioso.
Por los mediados de la segunda década del siglo veinte,
el merengue de orquesta resurgió en las ciudades y ganó en
ellas una presencia que nunca había alcanzado. Pero se con-
firmó más aún la división entre las dos variedades, la del
perico ripiao en las enramadas y las parrandas de los campos,
interpretada por músicos campesinos, sin academia y sin es-
cuela; y la del merengue urbano a cargo de bandas de música
con instrumentos metálicos y de teclas, dirigidas por maes-
tros con conocimientos musicales. De todos modos, la pri-
mera variedad seguía siendo la de la mayoría de la población.
En su obra Música Tradicional Dominicana, el maestro
don Julio Alberto Hernández, oriundo de Santiago y nacido
a comienzos mismos del siglo veinte, asegura que la forma
moderna del merengue empezó a tomar cuerpo en los años
1915 y 1916, cuando “los merengues de ocho compases”
compuestos a mediados del siglo diecinueve por el maestro
Alfonseca y que habían desaparecido, fueron recuperados y Antes de que
te vayas...
reaparecieron “con frases de diez y seis compases y un estilo
distinto que originó la forma actual de dicha danza típica”. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Hernández añade que en 1918, el maestro Francisco Gar-
cía –Pancho–, ofreció en distintas ciudades del país nume-
95
rosos conciertos en el desarrollo de los cuales interpretó me-
rengues estilizados, aunque bajo el nombre de Danza Típica
y que en los comienzos de la década de los años veinte, este
músico santiaguero le añadiría el paseo a la estructura mu-
sical del merengue.
Dice también Hernández, que Juan Espínola, clarinetista
y compositor vegano, fue el primero que tocó el merengue
en el exclusivo Casino Central de La Vega, en diciembre de
1922. El propio maestro Hernández arregló merengues para
piano, con estructura de paseo, merengue y jaleo, y que al
año siguiente, la orquesta de Nilo Méndez grabaría el me-
rengue titulado Santiago, de Hernández, para la firma
discográfica Columbia.
Esos cambios provocados por la intervención de los gran-
des maestros y sus orquestas, y el hecho mismo de llevar el
merengue al disco, hicieron posible el que ese aire se abriera
paso y penetrara en los salones y pistas de bailes exclusivas,
de las cuales había estado rigurosamente desterrado. Con
todo y eso, no todos los vocalistas aceptaban el papel de
cantar las letras y al ritmo del merengue.
Otra curiosa novedad que afectó al merengue fue la in-
troducción del ritmo pambiche. A sabiendas de que es como
llover sobre mojado, es indispensable repetir que el pambiche
surgió como respuesta a la exigencia de los soldados norte-
americanos de ocupación. En más de un texto se relata que
la habilidad de esos soldados invasores se reducía princi-
palmente a bailar el one step, que en inglés quiere decir un
paso. El nombre de ese baile sonaba al ser pronunciado
Antes de que uan estep; la gente sencilla y llana lo lamó Juaneter o Juaneté.
te vayas...
Al compás de ese baile, cantaban los invasores su vieja can-
RAFAEL ción de:
CHALJUB MEJÍA
It’s a long, long way to Typerary. Is a long, long way to
Tiperary.
96
Estos versos podían traducirse al español como:
Esta es una larga, larga marcha hacia Typerary.
Pero el pueblo tampoco anduvo con mucho rebuscamien-
to y la tradujo a su manera, y el it’s a long way to Tiperary se
convirtió en el guachulongo tutipareri. Así la escuchó el au-
tor de estas líneas, en el canto de viejos campesinos que ha-
blaban del guachulongo como un baile traído al país por los
americanos.
El gusto, la cultura y el baile de los invasores eran total-
mente ajenos al folclor del pueblo que oprimían y a la na-
ción que sojuzgaban con sus botas. Y en el marco de la in-
tervención, una expresión tan vinculada al ser nacional como
el merengue, no podía dejar de sufrir las consecuencias.
Fue preciso acomodarle el merengue al gusto de las tro-
pas de ocupación, y hacerlo más lento y moderado. Cuentan
las tradiciones que en ese tiempo había llegado al país una
tela fabricada en Palm Beach, Florida, a la que dio en
llamársele popularmente pambiche. El pambiche no era dril
ni casimir, decía la gente. Y se dice que el acordeonista Toño
Abréu, al definir lo que se le tocaba a los americanos en las
fiestas de merengue, sentenció gráficamente que aquello no
era ni fox trox americano ni merengue criollo, y que ese es-
tilo musical era como la tela aquella, ni era dril ni casimir,
sino pambiche. Así se quedó, y ese ritmo se incorporó al
merengue y fue un elemento más de su evolución.
Mientras tanto, la división fundamental en dos varieda-
des de merengue se hacía cada vez más clara. El de las ciu-
dades, más estilizado, mejor elaborado y con la orquestación
que le daban talentos de la música como los ya menciona- Antes de que
te vayas...
dos, y otros como Luis Alberti y Antonio Morel. Y de otro
lado, el merengue de tierra adentro, a cuya ejecución se en- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
tregaban los acordeonistas campesinos.
De todos modos, los motivos del merengue, aún el de
97
las ciudades eran tomados del medio rural. Primero, por-
que la más fértil cantera de compositores de merengues
estaba en el campo; y segundo, por la poca disposición de
los músicos de ciudad a componer merengues. Los más
afamados maestros de la ciudad, buscaron una forma fácil
de solucionar el problema y cuando necesitaban de compo-
siciones merengueras, acudieron a los compositores del cam-
po, y principalmente, al más fecundo y pródigo de todos, a
Ñico Lora. El talento creativo de ese genio campesino le pro-
porcionó lo que muchos de ellos no atinaban a producir por
sí mismos.
De suerte, que el padre del merengue rural, pasó a ser
también padre del merengue urbano, y tanto una forma
como la otra siguieron su curso y su evolución junto a la
marcha tortuosa de la historia nacional.
La relación del merengue con la historia

DESDE QUE EMPEZÓ A ADQUIRIR CATEGORÍA DE MÚSICA FOLCLÓRICA, el Antes de que


te vayas...
merengue comenzó a marchar junto a la historia. Registró
musicalmente los acontecimientos de la vida cotidiana de la RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
gente. El músico y el compositor, como los decimeros y can-
tantes populares, recogían los hechos y salían a divulgarlos,
99
a darlos a conocer a la sociedad. El merengue narraba tam-
bién las incidencias del desenvolvimiento social; por medio
a ese género se le cantó a los personajes destacados, y se
relató igualmente los acontecimientos relevantes de la vida
política nacional. Los hechos históricos daban temas y mo-
tivos, y el merengue se encargaba de narrarlos.
Así suelen consignarlo algunos investigadores, que lle-
gan a sostener que el merengue y la República nacieron jun-
tos. Se ha convertido en pasaje recurrente aquel que habla
del soldado Tomás Torres, que según se afirma, huyó de
miedo durante la batalla de Talanquera, librada en 1844
contra los invasores haitianos.
Tomá juyó con la bandera / Tomá juyó de la Talanquera / si
juera yo, yo no juyera / Tomá juyó de la Talanquera /.
Para algunos, fue en esos tiempos cuando nació el meren-
gue, aunque otros refutan rotundamente esa opinión. De todas
formas puede sacarse en claro un hecho cierto, y es que para
el nacimiento de la República, ya el merengue y la historia
andaban juntos.
En los días de la Guerra de Restauración, cuando aún
no habían llegado los acordeones y el merengue se tocaba
con guitarra, se hizo popular otro merengue que decía en
algunos de sus versos:
Santiago Guzmán / no me gusta a mí / primero cacharro /
y después mambí /.
Cacharros se les denominaba a los traidores nativos que
se colocaron al lado de los españoles. El calificativo de mambí
hacía referencia, conforme con el profesor Euclides Gutié-
Antes de que rrez Féliz, a la conducta rebelde del coronel Juan Mambí; de
te vayas...
origen haitiano, pero residente en territorio dominicano y par-
RAFAEL tidario de la causa nacional dominicana. Según sostiene el
CHALJUB MEJÍA
profesor Gutiérrez Félix, fue en territorio dominicano, en ese
personaje y esa rebeldía, que tuvo su origen el calificativo de
100
mambí, que se hizo sinónimo de combatiente patriota en las
guerras de independencia de Cuba contra España.
La asociación del merengue con la historia se mantuvo
en la parte final del siglo diecinueve y se estrechó más aún a
principios del veinte, cuando el acordeón había implantado
ya su predominio, el merengue se había hecho mucho más
popular y se había multiplicado la cantidad de músicos y de
compositores. La muerte de Lilís fue tema de diversas inspi-
raciones, al igual que muchos de los sucesos que siguieron a
la caída de la tiranía.
Después del golpe del 26 de abril de 1902, encabezado
por el vice presidente Vásquez, y que derrocó el gobierno cons-
titucional de Jimenes, los jimenistas de la Línea se fueron de
insurrección a la manigua. El jefe de las guerrillas lo era
Ramón Tavárez, un viejito alto, flaco y desgarbado, al que
apodaban Tavarito, que resultó invencible para las fuerzas
gubernamentales, cuyo comandante era el Delegado del Go-
bierno en el Cibao, general Ramón Cáceres –Mon–.
Dice la historia que Tavarito tenía una vieja mula, a cuyo
lomo se movía constantemente por los campos donde opera-
ba su célebre guerrilla, y debido a la sorprendente habilidad
con que el viejo jefe y sus “muchachos” eludían la persecu-
ción de las siempre superiores y mejor armadas fuerzas del
gobierno, el folclor le dedicó un merengue que se bailaba en
las fiestas de la Línea:
Lo dice Ramón Tavárez / y lo dice con razón / que cuando
su mula para / le dará un mulito a Mon /.
Y como las mulas no paren, la burla no podía ser más
clara, ni más fina la dosis de picardía campesina. Antes de que
te vayas...
El golpe del 23 de marzo de 1903, que terminó con el go-
bierno ilegal de Vásquez; a pesar de su alto costo en sangre, RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
hizo inspirar a más de un compositor, y entre ellos hay que
destacar a Emilio Morel y Julio Alberto Hernández, quienes,
101
a propósito de ese acontecimiento, escribieron y pusieron mú-
sica al merengue La Batuta, cuyo título original era Recuer-
dos de Concho, en alusión a Concho Primo, personaje imagi-
nario con el cual se simbolizó la época de las guerras civiles y
convulsiones políticas de principios del siglo veinte. Ese me-
rengue durmió por décadas en el olvido, de donde fue resca-
tado por el músico, compositor y director de orquesta Rafael
Solano, que tuvo la iniciativa de grabarlo y ponerlo de moda
con una inigualable orquestación y en la voz alta y bien ento-
nada del cantante Ricardo López –Rico–.
El mencionado merengue narra, principalmente, el des-
enlace de los hechos que siguieron al osado levantamiento,
iniciado por los presos políticos de la Fortaleza Ozama, a
las tres de la tarde del 23 de marzo de 1903.
Después de duros combates, y al cabo de varios días,
la Capital que entonces se circunscribía principalmente a
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

102

La caída del bravo general Aquiles Álvarez,


marcó la derrota de los “rabuses” horacistas en 1903.
–Foto Enciclopedia Dominicana–
la parte amurallada, quedó en manos de los sublevados,
que eran en su mayor parte bolos jimenistas, y antiguos
lilisistas, sin Lilís. Los huérfanos, les decían a estos últi-
mos.
Al presidente Vásquez le sorprendieron los hechos en la
frontera, a donde se había trasladado a supervisar las medi-
das militares tomadas a raíz de rumores de movimientos
sospechosos de las tropas haitianas; y a discutir sobre el te-
rreno con Mon Cáceres, la forma de apagar la inextinguible
hoguera de la guerrilla del viejo Tavarito.
Desde el Noroeste partió Vásquez a marcha forzadas ha-
cia el escenario del levantamiento, y cuando llegó junto a
Casimiro Cordero –Corderito– y a Aquiles Álvarez, dos de Antes de que
te vayas...
sus más bravos generales, el presidente le puso sitio a la
Capital y organizó el asalto decisivo, y los insurrectos se dis- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
pusieron a defender palmo a palmo la ciudad que habían
conquistado a sangre y fuego.
103
El combate final se produjo el 18 de abril de 1903, y ter-
minó en un desastre total e irreparable para el gobierno.
Cayeron peleando tanto Corderito como Aquiles y, ante lo
irremediable, dice el merengue La Batuta, que Vásquez lla-
mó al general Luis María Hernández Brea, gobernador de
San Pedro de Macorís, y le ordenó irse para el Este porque
la causa horacista estaba perdida.
Narra el merengue de Morel y Hernández, que ya el ge-
neral azuano Luis Pelletier, había recibido la noticia de la
caída de Aquiles y de Corderito, y que una vez enterado de
estas bajas irreparables, había llamado al ¡Sálvese quien
Pueda!, porque Horacio estaba en el suelo.
Después que la gente huyó / en el combate de abril / Hora-
cio llamó a su lado / al jefe de Macorís / y dándole un fuerte
abrazo / le dijo: general Luis / váyase usted para el Este / que
yo me voy por aquí /.
Cuando el bravo Corderito / asaltó la Capital / el bolo co-
gió su puesto / y se preparó a pelear / y cuando fue muerto
Aquiles / en la esquina de Pavón / gritaron todas las gentes /
triunfó la revolución /.
Cuando la gente de Azua / vio a Casimiro caer / le llevaron
la noticia / al general Luis “Peltier” / y al recibir la noticia / el
general contestó / sálvese todo el que pueda / porque ya Hora-
cio cayó / …
A cada uno de esos bien construidos versos sigue un es-
tribillo cantado a coro:
Se va Horacio se va / se va el general Luis / ya tiene la
batuta / Alejandrito Gil /.
Antes de que Con motivo de estos sucesos, surgió otro merengue, al
te vayas...
que hace referencia el historiador don Rufino Martínez, y el
RAFAEL cual se bailó principalmente en el distrito norteño de Sosúa
CHALJUB MEJÍA
y sus contornos.
Ocurrió, que al enterarse de que su caudillo se dirigía
104
hacia Puerto Plata, el general Jesús María Céspedes, hora-
cista hasta morir, acudió con su guerrilla La Pringamoza, a
darle auxilio a su apreciado caudillo. Pero se encontró Jesús
María con que don Horacio y un nutrido grupo de sus hom-
bres se subían apresuradamente en un bote para tomar el
barco en el que habrían de huir hacia Cuba.
Y relata el historiador Martínez, que cuando vio el páni-
co en el que se desenvolvía la huida del jefe del partido del
gallo coludo y sus acompañantes, la única exclamación que
se le ocurrió a Céspedes fue vocearle a los que huían: ¡Qué
pelones!
Cuenta también Martínez que, basado en esos hechos,
se cantó y se bailó en los fandangos y parrandas de la costa
Norte, un merengue que en sus letras aludía a la huida de
Horacio y prometía que el general Jesús María Céspedes iría
a buscarlo.
Igualmente, el Sitio de Bordas dio origen a la composi-
ción hija de la inspiración del músico y compositor puerto-
plateño Luis Alejandro Lockward –Danda–, y que se inter-
pretó muchas veces en tiempo de merengue, en la cual se
hacía burla del presidente y su fracaso en ese episodio:
Bordas en Puerto Plata / grande le quedó / fue a freír buñue-
los / y no se le cuajó / … Bordas en Puerto Plata / no la pasó
bien / a freír buñuelos / en otro sartén / … Oye viejo Bordas /
que te vaya bien / a freír buñuelos, mi bien / en otro sartén /.
Bajo el mismo gobierno de Bordas, pero en 1914, las
guerrillas linieras formadas por el general Desiderio Arias y
sus “bolos patas prietas” pusieron sitio a Santiago; el asedio
se prolongó por cinco meses, los sitiados estaban bajo las Antes de que
te vayas...
órdenes del comandante de armas general Manuel Sánchez;
y resistieron con tanta tenacidad, que cuando se agotaron RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
todos los comestibles, sacrificaron los burros de carga del
ejército y se los comieron. Desde entonces el calificativo de
105
comeburro se hizo sinónimo de constancia y se exhibía como
una prestigiosa prueba de valor.
Esta vez, fue la inagotable inspiración de Ñico Lora la
que produjo un merengue que se hizo célebre, especialmen-
te en el Cibao, y se escuchó en las emisoras de radio de esa
región hasta los finales de los años cincuenta.
Como se sabe, en muchos lugares, a los burros se les
dice también saleos, y entre situaciones ficticias y reales, el
merengue La Salea hace su singular narración:
Mataron una salea / ella le salió preñá / dijeron los saleítos /
me mataron mi mamá / … Mataron una salea / con la punta de
un cuchillo / para racionar las gentes / que estaban en El Cas-
tillo /… Mataron una salea / nadie la quería comer / y Sánchez
comió primero / pa’ que se llevaran de él / … Mataron una
salea / con la punta de un puñal / y Sánchez se puso bravo /
porque no le querían dar /.
El país siguió padeciendo las consecuencias de la inesta-
bilidad y el guerrear constante, y el merengue siguió acom-
pañando al pueblo y contando en sus letras y en sus notas
las incidencias históricas de la patria; y cuando vino la in-
tervención yanki de 1916, hubo quienes como el mismo Ñico
Lora convirtieron el merengue en un poderoso instrumento
de denuncia.
El merengue La Protesta, al cual se ha hecho referencia
en páginas anteriores, y que en estos tiempos se escucha
grabado por Bartolo Alvarado bajo el título de La Invasión
del 16, constituye un ejemplo de cómo los mimos autores de
merengues ingenuos, a veces hecho de cosas banales y po-
Antes de que bres de contenido, también sabían hacer de su arte un arma
te vayas...
de combate.
RAFAEL En el mismo tono de denuncia de la ocupación y de los
CHALJUB MEJÍA
métodos usados por los ocupantes, compuso un merengue
el acordeonista seibano Chichito Villa, que dice en una de
106
sus estrofas:
Cuando los americanos / llegaron a este “planeta” / mata-
ban mujeres y niños / a punta de bayoneta / … /.
Otros merengues de valor histórico como esos sirvieron
de canal de denuncia del ultrajante hecho que constituyó la
ocupación; de los horrores que cometieron los ocupantes; y
sirvieron también de estímulo a la resistencia patriótica.
Como parte de ese nexo del merengue con la historia, es
preciso hacer referencia también a los numerosos meren-
gues dedicados a personajes destacados, ya a nivel nacio-
nal, como regional o local. Esto es propio de los diversos
géneros de la música folclórica. Así, en las mangulinas
sureñas se les cantaba a personajes políticos y hombres de
armas de la región, como el azuano Remigio Zayas –Cabo
Millo–, lo mismo que a Luis Felipe Vidal y Manuel de Jesús
Camejo –Chucho–:
Dice Luis Felipe / dice Luis Vidal / “matán” a Camejo / tan
buen general / … Dice Luis Felipe / que no come ovejo / por-
que le mataron / a Chucho Camejo /.
En el Sur, y al mismo compás de la mangulina, se le can-
taba también a esa celebridad del acordeón llamada Ramón
Madora:
Ramón Madora / músico azuano / le dio machete / al que
mató a su hermano / … Zenón Ovando / dijo en Tamayo / no
cambio mi mula / por ningún caballo / … /.
Otra mangulina cantaba en sus versos a Wenceslao Fi-
guereo, –Manolao–, quien fuera el último vice presidente al
servicio del dictador Lilís:
Si acaso me ven a Manolao / díganle que yo lo quiero Antes de que
te vayas...
ver / … /.
Al general azuano Remigio Zayas, se le dedicó un me- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
rengue titulado Pobre Pobre Cabo Millo, de autor desco-
nocido para el redactor de estas líneas. Esa pieza fue gra-
107
bada y lanzada al mercado hace algunos años, tuvo poca
difusión en los medios de comunicación y a poco tiempo
dejó de oírse.
Por otra parte, el merengue liniero enaltecía a los hom-
bres de parranda como Biencito Gómez y don Pedro Chávez;
a mujeres hermosas como las de Hatillo Palma; a los políti-
cos y guerrilleros como los mencionados líneas arriba. En el
resto del Cibao los objetos del elogio eran similares a los del
merengue liniero; mientras en el Este se bailó por mucho
tiempo, un merengue que llevó a la radio el maestro Isidoro
Flores, en el cual se destacaba el valor del guerrillero Ra-
món Natera, uno de los principales jefes de la resistencia
armada a los ocupantes yankis, y muerto a traición por es-
tos durante la ocupación.
Sobre los merengues dedicados a personajes históricos
es conveniente detenerse en dos de ellos. El que compuso
Ñico Lora sobre Perico Pepín, y el de Emilio Morel y Ju-
lio Alberto Hernández, dedicado al general Desiderio
Arias.
El de Ñico, por ser uno de los más viejos de todos los
merengues típicos que se escuchan en estos tiempos:
Iba para la estación / junto con Pedro Pepín / a poner un
telefonema / un telefonema / para Guayubín / … /.
Esta composición fue rescatada y grabada por Tatico
Henríquez. Perico Pepín fue de los que murió en el combate
del 18 de abril de 1903, del lado de los sublevados. De esa
circunstancia pueden deducirse los años que tiene este me-
rengue, cuya excelente música pone en alto una vez más la
Antes de que genialidad de su autor.
te vayas...
El merengue al general Arias es otra obra digna de dos
RAFAEL grandes maestros. El título original de ese merengue era
CHALJUB MEJÍA
Dedé, apodo cariñoso de Desiderio; y merced a ese meren-
gue se prolongó al conocimiento de las generaciones, el nom-
108
bre de ese singular personaje que fue el general Desiderio
Arias.
Dice Desiderio Arias / que lo dejen trabajar / porque si él
coge el machete / nadie sabe lo que hará / … Las armas que
él hoy maneja / son las armas de sembrar / y él es en la agri-
cultura / nuestro primer general / … En Chacuey y las Merce-
des / en Juan Calvo y Dajabón / Desiderio fue el “barraco” /
cuando mataron a Mon / … Donde este gallo cantaba / otro
no podía cantar / porque la gente creía / que era un pollito de
arriar /.
Ay, que general, / con tanto valor / a nadie hizo mal / a
nadie mató / … ay que general / con tanto valor / si al monte se
va / tiembla la nación / … Desiderio Arias, / hombre de valor, /
le gusta la paz / pero con honor /.
No cabe duda acerca del valor del merengue como produc-
to y narrador de la historia de su pueblo. Desde un principio
fue el resultado de los acontecimientos y ocurrencias de la
gente, y gracias a él y a los compositores de ese género, en
tiempos en que los medios de comunicación no eran siquiera
sombra de lo que hoy son, la sociedad contaba con un medio
agradable, por demás, para enterarse de muchas cosas que
por otra vía les resultaba difícil conocer.
El merengue, como se ha visto, contaba hechos y descri-
bía personajes de importancia política; pero, a la vez, se con-
vertía en narrador de sucesos que difícilmente hubiesen tras-
cendido el ámbito local en que pasaron. Así se difundió más
el que los ocupantes yankis del 1916 mataron a traición al
guerrillero Ramón Natera, en la región Este. Por conducto
de ese aire musical, se supo del pleito de familias que por Antes de que
te vayas...
años sostuvieron los Díaz contra los Suárez, de Jacagua; se
divulgaban las tradiciones y costumbres de una región y se RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
hacía saber, por ejemplo, que las fiestas de Santa Ana cele-
bradas en la Línea eran verdaderas “corridas”, en las cuales
109
se desafiaban los grandes acordeonistas como Matón y Ñico.
El 16 de agosto de 1930 se impuso el régimen de Tru-
jillo, como desenlace trágico de la crisis creada bajo el
gobierno civil de Horacio Vásquez, que regía desde la eva-
cuación de las tropas norteamericanas, el 12 de julio de
1924. Todas las virtudes y valores nacionales incluyendo,
por supuesto, la cultura, el folclor, la música, todas las
artes, registrarían las devastadoras embestidas del orden
que a sangre y terror se le impuso desde entonces. Y el
merengue no podía ser la excepción.
El merengue en la “Era de Trujillo”

EL ADVENIMIENTO DE LA TIRANÍA DE TRUJILLO fue la culminación Antes de que


te vayas...
desgraciada de todas las vicisitudes históricas que vivió el
país a lo largo de los primeros treinta años del siglo veinte. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
El fracaso del ensayo liberal encabezado por Jimenes y
Vásquez, las guerras fratricidas, el asesinato del presidente
111
Cáceres el 11 de noviembre de 1911, la sangrienta guerra
del 1912 contra el gobierno de los Victoria, nuevos intentos
fracasados de establecer gobiernos civiles y como consecuen-
cia de todo esto, la ocupación militar yanki con sus ocho
años de tragedia y terror. Un nuevo gobierno civil, encabe-
zado por Horacio Vásquez y una nueva crisis nacional, que
tuvo como desenlace el asalto al poder del brigadier Truji-
llo. En todo ese trayecto doloroso, el pueblo tuvo que pagar
un alto tributo en sangre, vida y bienes a las numerosas gue-
rras civiles en las cuales los caudillos dirimían sus diferen-
cias, y las masas se sacrificaban por intereses ajenos.
Trujillo era un hombre implacable y despiadado, pero
tenía a la vez la suficiente astucia para darse cuenta de que
el poder tiránico se ejerce y se mantiene con el sable de la
fuerza bruta y también con la manipulación de los senti-
mientos y la conciencia de la gente.
El efecto de la fuerza se produce por la mera exhibición o
por el uso y abuso de la fuerza misma. Pero lo otro requiere
de un trabajo de penetración ideológica y cultural. Por eso
Trujillo se atrajo a una intelectualidad sumisa y corrompida
que jugó un papel primordial en la propaganda. Y para ex-
plotar los más diversos recursos de adoctrinamiento, en un
país de población abrumadoramente campesina, dedicó una
importante atención al arte, la música y el folclor, especial-
mente a las décimas y el merengue.
Esto fue así desde los tiempos de la campaña electoral
del año 1930. Como la paz ha sido siempre la bandera por
excelencia de todos los tiranos, el endiosamiento de Tru-
Antes de que jillo iba parejo al esfuerzo por presentarlo como la mejor
te vayas...
y única garantía de la paz del país. Se usaron las décimas
RAFAEL y el merengue para ridiculizar el pasado de contiendas
CHALJUB MEJÍA
bélicas, humillar a los viejos caudillos y poner en alto la
paz, que, para los fines del régimen, Trujillo representa-
112
ba. Se Acabó la Ñoñería era el título de unas décimas de
aquella época, y el mensaje de las letras no podía ser más
directo:
Era toda la nación / un constante reperpero / y el que no
tenía “un chispero” / no podía tener razón / al hombre sin
condición / le daban lo que exigía / y si un crimen cometía / el
juez no lo castigaba / porque en esos tiempos andaba / sin
freno la ñoñería /.
Cualquier perrito faldero / se las daba de león / y arma-
ba revolución / para conseguir dinero / después de ser gavi-
llero / al pueblo se aparecía / y al gobierno le exigía / alguna
gobernación / y siempre, en toda ocasión, / triunfaba la ño-
ñería /.
En ese mismo estilo y con el mismo título se cantaban
los versos de un muy divulgado merengue que algunos atri-
buyen a Toño Abréu y una de cuyas estrofas decía:
Cuando Trujillo era guardia / al teniente le decía / que él
iba a ser presidente / pa’ acabar la ñoñería / … /.
El 3 de septiembre de 1930 ocurrió el devastador ciclón
de San Zenón, que hizo estragos principalmente en Santo
Domingo, y la dolorosa ocurrencia también fue motivo para
que los compositores de merengue pusieran por las nubes
al dictador. Toño Abréu no se quedó atrás:
Me dicen que en Puerto Rico / hubo un grande temporal /
pero nunca fue tan grande / como el de la Capital /.
Salió la guardia a la calle / con el fin de dar auxilio / cuando
vieron tantos muertos / aclamaron a Trujillo / …, y por ese mis-
mo estilo se cantaba en los versos del jaleo o segunda parte.
Por vía del merengue se inoculó en la gente el veneno de Antes de que
te vayas...
la idolatría hacia el tirano:
Nada más se oye / una sola voz: / Trujillo en la tierra / y en RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
el cielo Dios / … /.
Los límites de los dos reinos estaban bien delineados y
113
así, mientras uno gobernaba en las alturas, el otro ejercía
un poder más terrenal aquí en la tierra.
El derroche de adulonería no se quedó en el marco rudi-
mentario de los merengueros campesinos, que, como Ñico
Lora, Toño Abréu, y muchos más compusieron al amo y se-
ñor del país, sino que el propio Trujillo tomó personalmente
en sus manos el trabajo que en su favor se debía hacer con
el merengue.
Porque le dio una extraordinaria importancia política, y
porque, según se da por cierto, al tirano le gustaba el me-
rengue. Otros alegan que, como él había sido excluido de
algunos centros de la alta sociedad, en los cuales la princi-
pal expresión de nuestra música folclórica tenía las puertas
cerradas, promovió el merengue y lo impuso en todas par-
tes como una forma de ejercer venganza contra lo que él
entendió como un agravio.
Sea cual sea la real causa que moviera al dictador, lo
cierto fue que bajo su régimen, el merengue, tanto en su
versión urbana como en la rural, alcanzó una amplitud y un
desarrollo hasta entonces desconocidos.
El habló personalmente con el maestro Luis Alberti para
que la orquesta que este dirigía incluyera el merengue como
música permanente y no ocasional, en su repertorio.
Luis Alberti, a cuya imaginación y capacidad artística y
musical se debe el merengue más emblemático del país, el
Compadre Pedro Juan, compuesto y estrenado por él en 1936,
puso de una vez manos a la obra. El mismo Alberti narró
que se encontró con la dificultad de que ninguno de los gran-
Antes de que des músicos de la ciudad tenía merengues en abundancia. Y
te vayas...
fue entonces cuando Ñico Lora y su talento de compositor
RAFAEL sacaron de apuros a Luis Alberti. Así, tanto Alberti como otros
CHALJUB MEJÍA
grandes músicos de orquesta produjeron una cantidad ma-
yor de merengues para Trujillo.
114
Basta poner atención a los motivos de los merengues de
las orquestas de las ciudades en esos tiempos, para notar
que en su mayor parte, eran merengues campesinos. El San-
cocho Prieto, y Leña, para no citar más, son dos títulos que
prueban esta verdad.
Trujillo promovió la formación de grandes bandas, al
estilo de las big bands norteamericanas. En un país pobre,
sólo él, que tenía el Estado en las manos, y más que en las
manos en los bolsillos, podía sostener económicamente or-
questas que, por la cantidad de músicos y la variedad de
los instrumentos, resultaban incosteables para cualquier
particular.
El merengue cayó así en las manos prodigiosas de los
grandes maestros, y los arreglos orquestales que estos hicie-
ron significaron un salto de calidad descomunal para el
merengue urbano.
Trujillo hizo que Luis Alberti y toda su orquesta se tras-
ladaran a San Cristóbal, ciudad natal del dictador, y allí tuvo
su asiento aquella agrupación musical que al poco tiempo
cambió de nombre y empezó a llamarse Presidente Trujillo,
y más adelante Generalísimo Trujillo.
Al percibirse la inclinación del amo hacia el merengue,
cayeron todas las barreras que obstaculizaron el paso libre
de ese aire en las salas exclusivas de las ciudades. Si por
mucho tiempo no todos los vocalistas cantaban merengue,
porque algunos lo consideraban indigno de los cantantes de
canciones románticas, ahora todos o casi todos se desvela-
ban por cantarlo, especialmente cuando era en alabanza al
dictador. Antes de que
te vayas...
Desde luego que se destacaron voces en el merengue ur-
bano de cuya alta calidad habla la historia, como la de Arca- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
dio –Pipí– Franco, Dioris Valladares, Joseíto Mateo, Vinicio
Franco, Antonio Morel y otros.
115
Y en cuanto a los intelectuales, incluyendo poetas, que
durante décadas despreciaron el merengue como motivo de
sus creaciones, también quisieron ponerse donde el dicta-
dor los viera y empezaron a componer merengues.
Pero por más que el merengue de orquesta ganó fuerza,
no anuló ni deformó el merengue tradicional que tenía el
acordeón como elemento clave, aunque las dos formas se
influían mutuamente. Algunas bandas y orquestas de ciu-
dad que usaban desde hacía mucho tiempo la güira y la tam-
bora entre sus instrumentos, le agregaron el acordeón. Mien-
tras, a muchos conjuntos típicos, además de saxofón, en
ocasiones se le agregaba el contrabajo como uno de sus ins-
trumentos de fondo y de soporte.
El merengue típico tradicional siguió siendo la variedad
más difundida de la música popular, y Trujillo lo usó y lo
estimuló constantemente.
Ninguna esfera de la política quedaba al margen del me-
rengue. Cuando al tirano le interesó adquirir la Compañía
Eléctrica de Santo Domingo, se dispuso una campaña de
descrédito y ablandamiento contra sus propietarios. Si se
iba la luz, La Voz Dominicana salía del aire forzosamente; y
al retornar la energía, la emisora estatal reanudaba la trans-
misión con un merengue del poeta Héctor J. Díaz:
Lo que no sirve se bota / que lo boten de una vez / que no
vale ni una mota / y peor será después / … /.
La construcción de alguna obra pública, como el rom-
peolas del puerto de Ciudad Trujillo, también era motivo
suficiente para un merengue:
Antes de que Trujillo Molina / está satisfecho / porque el rompeolas / está
te vayas...
casi hecho / … /.
RAFAEL Ni qué decir de la reelección, que fue siempre tema de
CHALJUB MEJÍA
inspiración de los compositores y ya desde 1934, antes de
cumplirse el primer cuatrienio de la dictadura, se le canta-
116
ba al continuismo:
Santiago, Moca y La Vega / Puerto Plata y Dajabón / le pi-
den al presidente / que acepte la reelección / … /.
–¡Seguiré a caballo!–, fue una de las expresiones que se
le atribuyeron a Trujillo, y los aduladores se encargaron de
consagrarla como si se hubiese tratado de una sentencia
bíblica. Con esa expresión del faraón como título se com-
puso un merengue que se tocó en campos y poblados del
país.
En 1952, Trujillo ensayó una maniobra y quiso aparen-
tar que se alejaba del poder. Dispuso entonces que su her-
mano Héctor Bienvenido hiciera el papel de títere, y tam-
bién con ese motivo el merengue sirvió de vehículo para
endiosar al amo:
Trujillo si tu te vas / ¿con quien tu nos va a dejar? / en los
brazos de mi hermano, / eso dijo el general / … /.
Los opositores fueron blancos del ataque y la burla cruel
del merengue político en tiempos de Trujillo. Se incluía en
esto a los gobernantes de otros países como Ramón Grau
San Martín, de Cuba; José Figueres, de Costa Rica; Rómulo
Betancourt, de Venezuela; y, desde 1959, también el coman-
dante Fidel Castro.
Era preciso enardecer el fervor trujillista y la predispo-
ción a pelear por el gobierno. A ello iba dedicado el meren-
gue La Manigua, compuesto en los primeros tiempos de la
tiranía:
Yo tengo mi caballo preparado / mi machete y mis polai-
nas con gran brillo / listo para irme a la manigua / a defender
el gobierno de Trujillo / … No queremos que otro gallo cante / Antes de que
te vayas...
que el que está sentado en el banquillo / queremos que cante
para siempre / ese gallo que le llaman Trujillo / … /. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Yo me voy pa’ la manigua / con mi machete a pelear / a
defender el gobierno / de ese ilustre general /.
117
En verdad, no había con quien pelear, porque el último
levantamiento guerrillero había sido el que culminó el 20 de
junio de 1931, con la muerte de su principal protagonista, el
general Desiderio Arias, en las estribaciones de Gurabo, Mao.
Pero el sentimiento belicista no dejaba de estimularse y los
merengues dirigidos a denigrar a los opositores eran cons-
tantes.
Aunque no ha podido demostrarse con argumentos ni
hechos convincentes que hubiera causas políticas en la re-
beldía de Enrique Blanco, el gobierno presentó el hecho
como un asunto de Estado y desde que Blanco murió, salió
al aire un merengue que cobró una gran notoriedad:
El nombrado Enrique Blanco / de la guardia se escondía /
y a los pobres campesinos / donde quiera les salía / … Trujillo
estaba en su puesto / cuando el parte le llegó / que subieran
la bandera / que Enrique Blanco murió / … Al nombrado
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

118

El cadáver de Enrique Blanco fue exhibido por los soldados trujillistas


en la mayor parte de los pueblos del Cibao.
–Foto Archivo Histórico de Santiago–
Enrique Blanco / lo enterraron en el camino / para que lo
pisotearan / toditos los campesinos / … /.
En octubre de 1947 cuando fracasó la expedición anti-
trujillista de Cayo Confite, se compusieron merengues que
trataban de ridiculizarla. Lo mismo ocurrió cuando el fra-
caso del desembarco de Luperón el 19 de junio de 1949:
En los campos de Puerto Plata / donde llaman Luperón /
un guardia con dos civiles / acabó con la invasión / … Trujillo
bajó seguido / como un hombre militar / él quiere agarrarlos
vivos / pa’ que puedan declarar / … /.
Este merengue, de Toño Abréu, no fue el único. Otros,
con mucho más vuelo intelectual y mucho más conciencia
de lo que hacían, cantaron en el mismo tono. Con motivo Antes de que
te vayas...
del mismo suceso histórico, Luis Senior, abogado y poeta
puertoplateño también compuso su canto de alabanza: RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Miren que locura / la de la invasión / vinieron a bañarse /
allá en Luperón / … pero no pudieron / su intento lograr / y al
119
agua cayeron / sin saber nadar / … Pero no pudieron / pertur-
bar la paz / que Trujillo el Grande / a todos nos da / … Por ahí
viene el gato y el ratón / a darle combate al tiburón / … /.
Con el título de ¿Donde está la Invasión? la mente fértil
y creativa del poeta Héctor J. Díaz produjo un merengue
parecido en contenido al del licenciado Senior.
El mismo trato vejatorio recibieron por conducto del me-
rengue los héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo,
después del fracaso militar de la gesta expedicionaria del
14 de junio de 1959. Entonces el frenesí trujillista llegó a
niveles sin precedentes. Recogiendo Limosnas no lo Tum-
ban, Déjenlos que Lleguen, La Voz del Jefe, fueron converti-
dos en himnos cotidianos de la propaganda oficial, y junto a
estos merengues insultantes, originalmente interpretados por
las principales orquestas, iban otros de compositores cam-
pesinos que saturaron los aires nacionales.
A los cuerpos armados, por supuesto, le cantaban tam-
bién sus encendidos elogios. Llegó la Guardia, se titulaba
otro merengue de Toño Abréu:
Ya llegó la guardia / las puertas coparon / músicos y muje-
res / sólo se salvaron / … Ya llegó la guardia / anda investigan-
do / al hombre de trabajo / y al que anda vagando / … Lo dice
Trujillo / que tiene esperanza / que en toda la guardia / está su
confianza /.
Ya en los finales de la tiranía se hizo popular el acor-
deonista y compositor higüeyano Dionisio Mejía –Guandu-
lito–. Con un estilo muy personal y con una fértil capacidad
de compositor, Guandulito compuso, entre muchos más, el
Antes de que merengue titulado Los Pollitos de Trujillo, dedicado al Ejér-
te vayas...
cito y la Policía:
RAFAEL Yo quiero engancharme a la guardia / aunque sea por unos
CHALJUB MEJÍA
días / si no me engancho a la guardia / me engancho a la Policía /
porque a unos le gusta la guardia / y a otros le gusta la Nacio-
120
nal / pero como somos todos de Trujillo / yo lo considero igual /.
Al entrar en su segunda parte, decían las letras:
Ahí viene la guardia / y la Policía / estos son los pollos / que
Trujillo cría / … Ahí viene la guardia / con la misma idea / bus-
cando los vagos / por las diez tareas / … A la Policía / ténganle
cuidao / con los vagos tiene / los juegos pesaos / … A la Policía
me quiero enganchar/ si me porto bien / puedo ser oficial / puedo
ser inspector de la carretera / pa’ servir a Trujillo / hasta que me
muera / … /.
En su propósito de hacer del merengue uno de sus efecti-
vos instrumentos de propaganda, Trujillo, que favoreció la crea-
ción de las grandes orquestas y las puso a tocar merengues en
salones de la alta sociedad, también hizo que en la emisora
oficial La Voz Dominicana se especializaran espacios para la
divulgación del merengue típico, que por lo general, se ejecu-
taba con la participación en vivo de los intérpretes.
Por la mañana se difundía el programa La Hacienda
por la Radio, amenizado por el conjunto de Isidoro Flores.
A las dos de la tarde, se iniciaba el programa del Trío
Reynoso. Sonaban en programas radiales y en numerosas
grabaciones, conjuntos de merengue típico como el Trío
Vegano, de Miguel Santana; el Trío Seibano, de Chichito
Villa; en la Voz de la Reelección, que transmitía desde San-
tiago, se escuchaba todas las noches un programa de me-
rengues con el Trío Santiago, que dirigía el acordeonista
Paulino Rodríguez
Otros magníficos intérpretes del merengue actuaban en
emisoras locales, como Monguito Román, en HI9B Broad-
castin Nacional, en Puerto Plata; y Matoncito, en La Voz del Antes de que
te vayas...
Progreso, de San Francisco de Macorís. Y aunque no sona-
ban, porque nunca tuvieron inclinación a tocar por la radio RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
ni a grabar, seguían activos maestros como Ñico Lora, Juan
Bautista Pascasio, Fello Francisco, Juanito Pérez, Niño Guz-
121
mán, entre muchos intérpretes del merengue que se disemi-
naban por toda la geografía nacional y llenaban de música
los aires nacionales.
De todos ellos el que más brilló entonces fue Pedro
Reynoso, un músico vegano de esos que fueron maestros de
sí mismos. Hijo de aquel Lolo Reynoso que se asombró al
ver tocar a Ñico Lora y que predijo que este sería la luz de la
música en Santo Domingo; Pedro se consagró como un ex-
cepcional acordeonista. Analfabeto, sin pasar por academia
de música ni escuela de canto, lo mismo que todos los de-
más integrantes de su maravilloso conjunto, Pedro manejó
con sobresaliente acierto y sin igual delicadeza artística su
instrumento. Buen digitador, pimentoso, hizo sus propias
composiciones, recogió otras que nacieron del folclor y las
divulgó, tanto en grabaciones como por medio a sus compa-
recencias por la radio.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

122

El Trío Reynoso, el más famoso conjunto típico de la “Era de Trujillo”.


Pedro Reynoso, acordeonista; su hermano Domingo, con la güira;
Pancholo Esquea, con la tambora; y Chirichito, con la marimba.
–Foto cortesía de El Viejo Ca–
Fue Pedro Reynoso quien hizo famoso y elevó al más
alto tope de la fama el merengue Juanita Morey, que se em-
pezó a tocar a ritmo de pambiche, y al cual hasta un estribi-
llo cantado a coro le agregó.
Como ocurrió con la mayor parte de los músicos de me-
rengue, la principal fuente de la que tomó Reynoso sus me-
rengues fue Ñico Lora, del cual aprovechó composiciones
que se convirtieron en verdaderos clásicos del género, como
Hatillo Palma y San Antonio.
Pero lo más sobresaliente en Reynoso fue su voz, sin pre-
cedentes hasta ese entonces, y sin igual hasta ahora entre
los cantantes del merengue típico. –Después de estar tres
días tocando y cantando, a Pedro no le flaqueaba la voz–, Antes de que
te vayas...
cuenta Milcíades Hernández, antiguo güirero del célebre trío.
La de Pedro Reynoso era una voz fina y elevada, con RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
registros y tonalidades como la de ningún otro acordeonista
en el país. En entrevista concedida al autor el 31 de agosto
123
del 2000, informa el incansable investigador don Jesús To-
rres Tejeda que cuando los maestros italianos que a media-
dos de los años cincuenta vinieron al país contratados por el
gobierno, para el montaje de óperas, oyeron cantar a Pedro
Reynoso, determinaron que esa voz alta y exquisita no po-
día dejarse fuera, y Pedro fue integrado al coro que tomó
parte en dichas óperas.
Pedro Reynoso y su conjunto marcaron época en la his-
toria del merengue, que nunca podrá escribirse sin ellos.
Del conjunto que él dirigió formaron parte su hermano Do-
mingo, como güirero; Pancholo Esquea, como tamborero;
y Chirichito, de Bonao, en la marimba. Milcíades Hernán-
dez sostiene que fue el primer güirero del célebre Trío y
permaneció en él durante muchos años. Con el conjunto
tocaron igualmente y en diferentes momentos, varios saxo-
fonistas.
Desde comienzos de los años sesenta, al entrar Pedro en
la última fase de su vida, su presencia se fue perdiendo, has-
ta que una repentina enfermedad afectó irremediablemente
su salud y el 18 de julio de 1965, mientras el país vivía el
drama de la guerra patria contra las tropas invasoras, al fino
acordeonista se le agotó el arte, al insuperable cantante se le
apagó la voz, y al célebre artista se le fue la vida en la sala de
un hospital público de Santo Domingo.
El país, envuelto en los sucesos del momento, no pudo
darse cuenta de que se le iba uno de los más auténticos ex-
ponentes de la música folclórica y de su identidad cultural y
nacional.
Antes de que Por fortuna, en el caso de Pedro Reynoso se logró con-
te vayas...
servar una importante herencia discográfica.
RAFAEL Con Pedro Reynoso y los otros contemporáneos suyos,
CHALJUB MEJÍA
el merengue típico tradicional alcanzó los niveles que nun-
ca antes había alcanzado.
124
Favorecido por el estímulo interesado del régimen y vi-
ciado en gran parte por el uso político que le dio la tiranía,
el merengue en sus diversas expresiones tenía el imperio
indiscutible en el país. El merengue urbano lo interpreta-
ban grandes orquestas de renombre y calidad; así como con-
juntos tan brillantes como el Típico Cibaeño, dirigido por el
músico francomacorisano Ángel Viloria; y como el célebre
combo de Ramón Gallardo, cuyo cantante de planta más
popular lo fue Rafael –Rafaelito– Martínez.
Fue entonces cuando se escucharon las primeras muje-
res merengueras en las ondas radiales. Voces de la canción
romántica, tan bellas y delicadas como la de Elenita Santos,
se ocuparon de lo típico, y en el caso de esta artista al can-
to de las salves. Thelma y Celeste Cruz, bautizadas artística-
mente como Las Hermanitas Cruz, se sumaron también a
los cantantes masculinos de música folclórica, y sus voces,
cantando a duo quedaron grabadas en algunas interpreta-
ciones del cuarteto de Isidoro Flores.
Asimismo, maestros de la composición y del arreglo como
los mencionados más arriba y otros como Luis Kalaf, se ocu-
paron del género y lo enriquecieron; cantantes de aires ro-
mánticos de la calidad de Rafael Colón y de la de Juan
Lockward entonaron el merengue; y hasta el inmortal baríto-
no Eduardo Brito dejó su voz grabada a ritmo de merengue.
La desgracia consistió en que todo ese impulso al merengue
obedeció al fin malsano que perseguían Trujillo y su tiranía.
Por último, es preciso hacer constar que hubo entonces
un tipo de merengue proscrito, prohibido y desterrado radi-
calmente de todos los ambientes. El merengue a Desiderio Antes de que
te vayas...
Arias, por ejemplo, fue condenado al silencio, hubo una ge-
neración entera que nunca lo escuchó, y vino a conocerlo sólo RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
después de liquidada la tiranía. Igual pasaba con composi-
ciones como La Protesta o La Invasión del 16, de Ñico Lora.
125
Pese a toda la manipulación y la naturaleza corruptora
de la tiranía, el merengue conservó rasgos importantes de
su contenido popular, no dejó de ofrecer vías a expresiones
libres y alternativas al merengue político trujillista, y pre-
servó asombrosamente parte de su contenido de denuncia y
de protesta social.
En este último sentido cabe advertir la insistencia de don
Jesús Torres Tejeda en destacar el valor, la sensibilidad y la
inteligencia del músico y compositor puertoplateño Félix Ló-
pez Kemp, quien se las arregló para abrir brechas en la den-
sa red de la censura trujillista y colar, a riesgo de impredeci-
bles consecuencias, letras con mensajes de denuncia de la
miserable realidad en que subsistía el pueblo bajo aquel ré-
gimen.
Composiciones suyas como Siña Juanica y La Miseria,
son denuncias de la pobreza, la idefensión y el desamparo
de la población en aquellos años. Después de ajusticiado
Trujillo el 30 de mayo de 1961, ambos merengues adquirie-
ron mucho mayor difusión, y especialmente La Miseria se
convirtió en himno y bandera de lucha de las fuerzas pro-
gresistas.
El músico y compositor Félix López Kemp, miembro de
una familia de músicos, nació el 2 de mayo de 1917, en Puerto
Plata y murió en Santo Domingo, en 1969, según el Fichero
Artístico Dominicano, en el cual Torres Tejeda deplora con
todo sentimiento el olvido en que permanecen la obra y la
memoria de López Kemp, a pesar del uso comercial que se
ha hecho de su producción.
Antes de que Otro merengue titulado Llena el Morrito, sonó bastante
te vayas...
a pesar de la opresión asfixiante de la tiranía, y de que sus
RAFAEL letras contienen un mensaje de denuncia a la corrupción y
CHALJUB MEJÍA
el ventajismo político. Este merengue, desconocido en el pre-
sente, y cuyas letras escritas a finales de los años veinte, se
126
atribuyen al compositor Emilio Morel, bien merece trans-
cribirse por el interés histórico que reviste y por la vigencia
que todavía conserva:
La política se ha puesto / que es una calamidad / que el que
quiere un empleíto / se tiene que arrodillar / la vergüenza se ha
perdido / nadie quiere trabajar / sino vivir de la teta / de la vaca
nacional / … Unos son independientes / otros de la oposición /
unos quieren a fulano / y otros quieren al doctor / … todos por
el bien supremo / se quieren sacrificar / pero la sacrificada / es la
vaca nacional /.
Que leche tan buena / la que da esta vaca / con tan buena
ubre / y siempre tan flaca / … Que animal tan bueno / que
animal tan manso / no le dan comida / ni le dan descanso /.
Como se sabe, en octubre de 1937 tuvo lugar la matanza
en masa de más de 17 mil haitianos dispuesta por Trujillo,
en nombre de la cultura hispana y de la dominicanización
de la frontera. Las patrullas del Ejército y bandas de asesi-
nos civiles tomaban en cuenta dos cosas para aplicar la sen-
tencia de muerte: El color de la piel junto a algunos rasgos
físicos; y si el que caía en sus manos sabía o no pronunciar
correctamente la palabra “perejil”.
Era cerradamente prohibido cualquier gesto de conmi-
seración ante las víctimas; pero lo hubo, como se expresa en
el lamento triste de las letras de un merengue que se perdió
en el tiempo y que se quejaba de la suerte corrida por un
pobre carnicero haitiano asesinado fríamente en medio de
la matanza:
Ay, tan buen carnicero / que era Ramoní / pero no sabía /
decir perejil / …, decían algunas de sus letras. Antes de que
te vayas...
Merengues como estos, hoy parecen inofensivos, pero si
se tiene en cuenta el terror y la cerrada opresión que impe- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
raban cuando fueron creados, hay que reconocer el real va-
lor de esas composiciones y el mérito de sus creadores. Por-
127
que cuando la tiranía cultural se impone, a veces escaparse
de ella y cantarle a las cosas de la vida cotidiana, al paisaje,
al romance y a los valores humanos y morales de la gente,
eso, por sí mismo, constituye un acto de resistencia y una
vía alternativa a dicha tiranía.
Como se puede ver, hubo de todo en los más de treintiún
años de gobierno trujillista, y el merengue, como expresión
principal de la música folclórica no perdió la capacidad de
reflejarlo, a pesar del uso corruptor que hizo del mismo la
dictadura.
Pero como está llamado a ocurrir con los fenómenos de
la política y de la historia, la tiranía trujillista, que tuvo prin-
cipio, también tuvo su fin. El país entró en una nueva fase
de su historia y, por supuesto, la historia del merengue en-
tró también por nuevas sendas.
El nuevo auge del merengue urbano
y la difícil situación del merengue rural

CON LA CAÍDA DE TRUJILLO el merengue entró en un período de Antes de que


te vayas...
decadencia, porque debido al uso político tan malsano que
se le dio, mucha gente llegó a asociarlo al trujillismo. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Las bandas y conjuntos que más resonancia habían te-
nido en esa labor, se dispersaron o entraron en un profundo
129
recogimiento. Cantantes como Joseíto Mateo, Vinicio Fran-
co y otros que, con sus excelentes voces y condiciones artís-
ticas se convirtieron en pregoneros eficaces de la hiriente y
embrutecedora propaganda del régimen, se apagaron y fue-
ron casi desterrados de las ondas radiales.
Acordeonistas como Guandulito debieron apartarse de
la vista de la gente que, tras la liquidación del dictador, se
lanzó a las calles a desahogarse y a tratar de manifestar su
deseo de libertad atacando todo lo que se considerara rela-
cionado con la dictadura.
Pedro Reynoso no tuvo tiempo de reponerse, porque mu-
rió cuatro años después de caer Trujillo. Toño Abréu se apagó
silenciosamente en su casa, en San Cristóbal. Isidoro Flores se
fue a Puerto Rico y vivió en esa isla hasta que murió en enero
de 1973. Ñico Lora, siguió tocando y componiendo, pero
fuera de los medios de comunicación. Otros acordeonistas
continuaron trabajando, pero aparte de que era imposibe
vivir holgadamente tan sólo con los beneficios de la músi-
ca, se encontraron con que, de pronto, el medio se le volvió
difícil.
La nación y la sociedad vivían una etapa de conmoción y
reajuste en todos los órdenes, y el merengue típico, unido
indisolublemente a la historia y los avatares de su pueblo,
también estaba conmovido. Pero, a diferencia de la sociedad
que tenía ante sí posibilidades de reencauzarse por sendas
más promisorias, el principal ritmo folclórico del país estaba
amenazado de entrar en una gran crisis. El merengue había
sido otra víctima de Trujillo y su dictadura corruptora; y des-
Antes de que pués de una manipulación tan abierta y prolongada, parecía
te vayas...
irse a pique junto con los escombros del viejo régimen.
RAFAEL Se creó un vacío ante las demandas de un pueblo que
CHALJUB MEJÍA
reclamaba cosas nuevas y distintas a las que imperaron bajo
las concepciones arcaicas del trujillismo. En el campo de la
130
música y la diversión social, ese vacío lo estaban llenando
ritmos de origen norteamericano como el twist y el rock and
roll, completamente ajenos a la cultura y las tradiciones de
los dominicanos.
Sin embargo, el merengue urbano se fue recuperando,
gracias a la actuación de agrupaciones de tanta calidad como
la del maestro Ramón Gallardo, la cual popularizó magnífi-
cos merengues incluyendo La Miseria, que por el contenido
social de su literatura, se hizo extraordinariamente popular
y útil para las fuerzas progresistas.
En 1964 salió a la pista otra impactante agrupación,
Los Magos del Ritmo, que hacía una combinación de rit-
mos e instrumentos como hasta entonces ningún otro con-
junto lo había hecho.
La música de Los Magos, los temas y las voces, especial-
mente la de Frank Cruz, así como la forma viva y movida
de tocar el merengue, convirtieron ese grupo en poco me-
nos que un fenómeno de masas.
Al éxito musical y la extendida popularidad de Los Ma-
gos contribuyó el hecho de que incluyera en su repertorio
canciones románticas y también merengues de denuncia
y de protesta social.
Otras orquestas y conjuntos contribuyeron decisivamen-
te a recuperar la fuerza del merengue urbano, y a todos ellos
vino a unirse la labor de Juan de Dios Ventura Soriano –Johnny
Ventura– quien con su talento artístico y capacidad innova-
dora, creó un nuevo tipo de merengue.
Jhonny Ventura, de San Pedro de Macorís, inteligente,
audaz y emprendedor, puso su sensibilidad artística a tono Antes de que
te vayas...
con lo que estaba demandando una parte importante del
pueblo de cuyas entrañas él procedía; y después de vivir al- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
gunas breves experiencias como músico, cantante, bailarín
y locutor, se decidió por formar su propia agrupación y pro-
131
ducir merengue, destacándose a poco andar como gran ar-
tista y diligente empresario.
Era imposibe para él poner en pie y sostener económi-
camente un conjunto al estilo de las grandes bandas y or-
questas como las existentes en tiempos de Trujillo, que esta-
ban compuestas hasta de 30 ó 35 músicos, dotados de cos-
tosos instrumentos.
Se dispuso a formar su propio combo. Combo, según
los entendidos, es una palabra de origen norteamericano.
Como alternativa a las grandes bandas o “big bands”, en
Estados Unidos se formaron pequeños grupos musica-
les, denominados “combination”; combinación, en espa-
ñol. Porque con una cantidad pequeña de músicos y equi-
pos, sabían combinar esos pocos instrumentos y los arre-
glos musicales. Con su conocida tendencia a recortar las
palabras, los americanos, en vez de pronunciar la palabra
completa, combination, la redujeron a “combo” y así se popu-
larizó.
Esa experiencia de los combos se copió en Puerto Rico
con la famosa agrupación Cortijo y su Combo, que visitó a
finales de los años cincuenta nuestro país y ganó una exten-
dida aceptación y una enorme legión de admiradores. Entre
esos admiradores estuvo Jhonny Ventura, quien, según él
mismo afirma, recogió esa experiencia, ajena a nuestras tra-
diciones musicales y propia de una cultura extranjera, y la
puso en escena en nuestro país. Nació el Combo Show de
Jhonny Ventura, quien “combinó” una instrumentación y un
personal relativamente reducidos, y creó un nuevo estilo del
Antes de que merengue urbano.
te vayas...
El mismo Ventura da testimonio de sus experiencias en
RAFAEL su libro Un Poco de Mí. –Con el Combo Show se estrenó un
CHALJUB MEJÍA
estilo novedoso en todos los aspectos: Un merengue con mu-
cha mayor vitalidad; más rápido; músicos tocando de pies;
132
todos bailando en tarima e integrados al espectáculo; coreo-
grafía en el frente, con lo que se le aportaba al público una
nueva forma de divertirse y además, el entretenimiento a
base de chistes e historietas–, relata Ventura.
Para aquella época se creó una especie de competencia
entre las fanaticadas respectivas de las agrupaciones de Ven-
tura y de Félix del Rosario. Cada cual tenía sus propios par-
tidarios. Los simpatizantes y fanáticos de Ventura destaca-
ban las cualidades de este, su estilo movido y pimentoso, su
capacidad creativa en el escenario, y el show que por sí mis-
mo constituía aquel vigoroso despliegue de sonido y movi-
mientos.
Los partidarios de Los Magos, de su parte, aseguraban,
entre otras cosas, que mientras Ventura era más show y es-
pectacularidad, Los Magos tenían más calidad musical y ha-
cían un mejor empleo de una cantidad menor de personal
e instrumentos, entre los cuales se destacaba el saxofón in-
superable del maestro Félix.
Más de una vez se convocó al público a asistir a duelos
musicales entre estos dos pujantes conjuntos, sin duda al-
guna, los más populares de aquella época. Gracias a ellos y
a otros músicos y agrupaciones más, el merengue urbano
recuperó su fuerza y su vigencia, con más de un estilo y con
una nueva variedad de ofertas atractivas al público, espe-
cialmente a la juventud, que, ante el vacío creado inmedia-
tamente después de morir Trujillo y crearse en ellas nuevas
expectativas y demandas para la diversión, se estaba incli-
nando hacia los ritmos extranjeros.
Cuando el merengue cayó en esa momentánea decaden- Antes de que
te vayas...
cia, escaseaban los compositores del género. Al resurgir, se
destacó gente nueva con capacidad para componer y poner- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
le música al merengue, como el mismo Johnny Ventura; y
se crearon nuevos merengues, con temas distintos a los tra-
133
dicionales.
Hasta entonces, y como los músicos se basaban princi-
palmente en la producción de merengueros campesinos, el
merengue en todas sus formas reflejaba en las letras su pro-
cedencia. –Nadie da lo que no tiene–, asegura Ventura en el
libro ya aludido, y como lo que él y muchos de sus colegas
conocían era el ambiente de ciudad, ese fue el sabor y el
contenido que se reflejó en muchos de los merengues urba-
nos de ese tiempo. De esa forma, el merengue urbano ad-
quirió un mayor sabor a barrio pobre y terminó por asentar-
se con mayor vitalidad en las ciudades.
Naturalmente, se abrió un nuevo campo en la vida del
merengue urbano, porque se había iniciado la Era de los
Combos, y en ella surgirían innúmeras variedades y expre-
siones musicales, aunque todas bajo el mismo nombre de
merengue.
Mientras tanto, el merengue típico tradicional no había
podido despegar con la misma fuerza del merengue urbano.
Estaba vivo y se movía, y al menos en su contenido, registró
los buenos efectos del cambio político.
Ya no había que cantarle himnos de alabanzas a Trujillo,
sus secuaces y a la tiranía. En eso el cambio fue definitivo y
radical.
Tal vez más radical de lo debido, porque una amplísima
producción discográfica, que pudo conservarse hasta para
fines de archivo y de consulta para investigadores, terminó
lanzada a la hoguera y perdida, sin que pudiera preservarse
mayor cosa del fruto de tanta imaginación y tanto esfuerzo
Antes de que mal invertidos.
te vayas...
En cambio, aparecieron merengues en el sentido opues-
RAFAEL to, celebrando el ajusticiamiento del tirano, y ridiculizando
CHALJUB MEJÍA
a los serviles del régimen trujillista.
Por otra parte, cuando terminó Trujillo, pudieron oírse
134
y disfrutarse, al fin, joyas de la música popular como La
Miseria y el merengue a Desiderio Arias. Entonces algunos
de los viejos caudillos de cuando Concho Primo, quedaron
reivindicados y no volvió a cantarse para ultrajarlos como
sucedía en tiempos de la tiranía.
Después de la desaparición del régimen trujillista, hubo
merengues típicos que sobrevivieron porque algún acor-
deonista inteligentemente le cambió las letras y los volvió
asimilables al público, como hizo Tatico Henríquez con el
merengue a Enrique Blanco, que durante la dictadura se
cantaba de una forma:
El nombrado Enrique Blanco / de la guardia se escondía /
y a los pobres campesinos / donde quiera le salía / … /.
Ahora era al revés, y en vez de ser el rebelde quien se le
escondía a la guardia, era la guardia que se ofrecía a los
santos para no topar con el perseguido:
Cuando la guardia salía / se ofrecía a todos los santos / por
si acaso se encontraba / con el toro Enrique Blanco … /.
Ahora Trujillo dejaba de ser protagonista y se convertía
en un mentiroso:
Dizque a Enrique Blanco / lo mató Trujillo / pero eran
mentiras / que se mató él mismo /.
Comoquiera, mientras el merengue urbano, al cual se
agregaban ahora nuevas modalidades, tenía su vida ga-
rantizada y un importante campo para su desarrollo; con
el merengue típico la cosa era distinta. Esta última varie-
dad de la música folclórica no recobraba el necesario
empuje, sonaba poco en la radio, perdía capacidad de
convocatoria en los centros de diversión y algunos llega- Antes de que
te vayas...
ron a temer que el merengue de tierra adentro quedara
arrinconado para siempre. Pero surgió y entró en escena RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
un excepcional intérprete, y gracias a él la historia del
merengue tradicional en nuestro país se puede escribir
135
de otra manera.
Las manos de Tatico

SE DICE QUE CUANDO DIOS TERMINÓ DE HACER EL MUNDO y ya se iba Antes de que
te vayas...
a descansar, se dio cuenta de que se le olvidaba algo; enton-
ces volvió al trabajo, hizo las manos de Tatico, y las preparó RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
especialmente para que manejaran el acordeón y tocaran el
merengue.
137
Parejo con esa expresión del fanatismo, corre un viejo
decir en los campos del Nordeste, donde hay gente que ase-
gura que los Henríquez de los campos de Nagua “nacen con
la música en la sangre”.
Los partidarios de esa leyenda creen encontrar razón en
lo siguiente: Bilo Henríquez era un destacado acordeonista.
Juan Henríquez –Bolo–, era hermano de Bilo. Bolo dejó tres
hijos músicos, uno de los cuales era Tatico, que de su parte,
dejó también un hijo acordeonista, Fari Henríquez.
Altagracia García –Chara–, fue mujer de Bolo, y de la
relación entre ellos nació Domingo García Henríquez. Ese
era un nombre propio, pero ese nombre propio dice poco,
porque la popularidad se la ganó el apodo. Domingo se con-
virtió en Tatico, y Tatico se convirtió en leyenda.
Esta otra gloria del merengue nació el 30 de julio de 1943,
en Los Ranchos, una comarca que, como Mata Bonita, los
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

138

Tatico Henríquez, con su acordeón, junto a un amigo,


al inicio del asombroso despegue de su carrera artística.
Jengibres y otras comunidades de esa zona, son lugares em-
pobrecidos. Ricos en recursos naturales, como las tierras y
los bosques, y como las aguas del Boba y el Baquí; ricos
también en gente trabajadora y ansiosa de progreso. Pero
como la mayor parte de los campos del país, condenados a
vivir en la pobreza, por el viejo abandono a que, desde siem-
pre, han sido condenados.
A pesar de esa pobreza material, estos lugares son tam-
bién ricos en valores folclóricos. Por lo tanto, además de ser
descendiente de merengueros y artistas naturales, Tatico
Henríquez era igualmente un producto de su medio. El fue
el mejor músico de una familia de músicos y el mejor botón
del frondoso jardín del folclor de Nagua. Antes de que
te vayas...
Nació entre acordeones y merengues, y es probable que
uno de los primeros sonidos que captaran sus oídos fuera RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
el de las notas que su padre, Bolo, sacaba a su instrumen-
to. A muy temprana edad ya Tatico empezaba a imitar a su
139
padre y a ser fiel a la bien ganada fama de su tío Bilo.
Tatico nunca fue muy amigo de la escuela y de las le-
tras, que digamos; ni se distinguió por su amor a la agri-
cultura; tampoco su niñez y adolescencia pasaron en un
nido de abundancia, sino entre las carencias y limitaciones
de los hogares pobres. Los Jengibres, Mata Bonita, La Pira-
gua, Los Ranchos, Boba y Las Gordas, eran los puntos en
los cuales Tatico se movía cuando era niño, porque en esos
puntos también andaba Bolo, alegrando fiestas y haciendo
amigos.
El muchacho creció envuelto en las cosas de la música y
cuando ya era un joven que definía los cauces de su vida,
pasaba gran parte de su tiempo en Las Gordas, donde vivía
Bolo con Conrada, otra de sus mujeres. Al paso del tiempo,
Tatico se familiarizaba cada vez más con el acordeón y ya
grandecito, registraba algunos merengues.
Por lo general, la juventud de cada lugar formaba su equi-
po de jugar pelota, y especialmente en el verano, eran fre-
cuentes los intercambios deportivos entre novenas de dife-
rentes comarcas campesinas. Casi siempre, cada equipo con-
taba con algún acordeonista que al frente de un conjunto
típico, alegraba los desafíos y, aunque a veces el equipo de
Las Gordas se valía de Joaquín de la Cruz, su músico por
excelencia era Tatico. El, junto a un tamborero y a un güirero
del lugar, se subía a la camioneta en que se transportaban
los peloteros, y así, entre gritos de alegría y merengues, trans-
currían los viajes y los juegos, y la única recompensa que
nuestro acordeonista de planta reclamaba, era que no le
Antes de que cobraran el pasaje y que le dieran gratis la comida; a cam-
te vayas...
bio de eso se pasaba el día tocando.
RAFAEL Una vez, sería por el año 1964, fue Matoncito con sus mú-
CHALJUB MEJÍA
sicos a Las Gordas, y cuando este artista hizo sonar su acor-
deón bajo un castaño que daba sombra al patio de una vieja
140
vivienda, un grupo de curiosos rodeó a Matón y a los demás
componentes de su trío. La música de Matoncito encantaba
a quienes la oían en aquel momento; y fue al terminar uno de
los merengues, cuando los presentes en la improvisada fiesta
salieron de la concentración en que estaban sumidos, y advir-
tieron que Tatico también estaba allí con ellos.
Alguien le pidió a Tatico que le cogiera el acordeón pres-
tado a Matoncito y lo tocara. El viejo merenguero oyó esta
sugerencia y con una solícita cortesía que sorprendió a los
demás, invitó con gesto casi paternal al muchacho a que se
sentara y tocara para él y los presentes. –Venga, venga, ami-
guito, toque– le pidió Matón, con su voz gangosa.
Como quien hace un esfuerzo para vencer la timidez, Tati-
co tomó el acordeón, se sentó en la silla de guano que había
ocupado Matoncito, y mirando respetuosamente al veterano
acordeonista comentó: –Bueno, señores, yo voy a tocar el chin
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

141

Tatico Henríquez.
que se–. Para empezar, Tatico se abrazó al acordeón y lo apretó
contra su pecho, como si buscara en esa acción la habilidad y
el valor que tal vez pensó que le faltaban. Eso, lo de tocar con el
instrumento pegado contra el pecho, al parecer, no estaba den-
tro de las formalidades y las reglas de un estilista de la cate-
goría de Matón, quien enseguida interrumpió a Tatico, le re-
tiró suavemente el acordeón y le dijo con autoridad de profe-
sor: –No, no, amiguito, así no se toca, así no se toca–. Esto
sucedió dos veces, porque el aprendiz repitió su error; y a la
tercera, ya el jovencito iba tocando correctamente, como Ma-
tón quería, y cantando los versos de uno de los más famosos
merengues de por allá, por la costa arriba:
Antes de que Salí por la playa abajo / a ver si olvidar podía / y mientras
te vayas...
más caminaba / más presente te tenía / … / la culebra en el
RAFAEL camino / la pisan los caminantes / la mujer del hombre pobre /
CHALJUB MEJÍA
no se puede poner guantes / … /.
En esa ocasión Tatico tocó con un arte y una destreza
142
muy superiores a las que demostraba habitualmente. Todos
quedaron gratamente sorprendidos, y no pocos de los que
allí se hallaban se dieron cuenta desde entonces de que se
estaba ante un músico de extraordinarias proyecciones.
También Matón quedó admirado, y allí mismo le reconvino
al joven acordeonista el hecho de que no pusiera más amor a
su arte y de que no se le acercara a recibir las lecciones que el
viejo maestro estaba dispuesto a darle para que despegara.
–Visíteme, que yo puedo enseñarle mucho–, le dijo Matoncito.
Pasó algún tiempo, Tatico como que se perdió de la vista
de sus compueblanos. Y sería a comienzos de 1966, recién pa-
sada la Guerra Patria, cuando en los campos de Nagua se oyó
con curiosidad que, con el acompañamiento y a nombre del
Trío Reynoso, sonaba por la radio la voz para nosotros fami-
liar, de Tatico Henríquez. Era que el talento despertaba y una
nueva estrella del merengue tradicional empezaba a brillar.
El maestro Pedro Reynoso se había muerto, y Tatico ve-
nía a sustituirlo al frente del trío que ahora quedaba sin di-
rector. Las manos ágiles y expertas de Reynoso ya no podían
seguir tocando, y le correspondió a las de Tatico reemplazar-
las. Las mismas manos que, según el fanatismo, hizo Dios
trabajando horas extras, para que se ocuparan del merengue.
Con Tatico, el merengue típico que estaba entonces tan
necesitado de un empuje para recuperarse, adquirió nueva
fuerza y alcanzó puntos más altos que nunca, en la época
que entonces se iniciaba. El hizo con el merengue típico,
algo parecido a lo que Johnny Ventura, Féliz del Rosario y
otros grandes músicos de la ciudad, hicieron con el meren-
gue urbano. Los versos de un merengue grabado por el maes- Antes de que
te vayas...
tro Bartolo Alvarado, expresan el reconocimiento que se le
debe a Tatico por esa obra de rescate: RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Estaba en el suelo el merengue / cuando Tatico surgió /
con su forma de tocarlo / él fue que lo levantó / … /, se dice
143
entre otras cosas, en la referida grabación.
Con Tatico se produjo una gran evolución del merengue
de enramada. Ese merengue tradicional requería para re-
surgir y reafirmarse, de un estilo más vivo, más dinámico y
más intenso, tal y como lo demandaban las nuevas realida-
des, y Tatico respondió a esas exigencias y lo modernizó,
pero sin desnaturalizarlo, sacarlo de su marco rítmico ni de
su organización musical.
El merengue se puso más a tono con sus nuevos simpa-
tizantes, aunque es preciso decir que, por seguir la corriente
de aceptación del público, en algunos momentos, sobre todo
en sus actuaciones en vivo, Tatico aceleró el merengue más
de lo necesario.
De todos modos, nació un estilo fuerte y consistente, sa-
lido de un acordeón que las manos de Tatico manejaban
con tanto acierto y tanta capacidad de digitación, al punto
de que cuando él actuaba todo el ambiente se llenaba de
música. El merengue al estilo pambiche no había encontra-
do muchos intérpretes tan diestros y vigorosos, hasta el punto
de que a partir de Tatico, surgió en algunos la equivocada
creencia de que el pambiche había nacido en Nagua.
Por otra parte, hay números instrumentales, como Las
Siete Pasadas, En el Jardín del Edén, y otras ejecuciones de
Tatico, ante las cuales, conocedores del arte musical quedan
maravillados de que alguien saque notas y acordes tan varia-
dos a un instrumento tan sólo de dos tonos como es el acor-
deón diatónico. Basta oír la forma en la que, en medio de una
ejecución, aquel soberbio acordeonista se introduce en com-
Antes de que plicadas pasadas y momentos que parecen desviarlos del eje
te vayas...
de la pieza, y cómo, sin perder el compás ni la armonía, todo
RAFAEL retorna elegantemente a su debido curso y se sigue la música.
CHALJUB MEJÍA
El merengue de letras tristes y amargas fue una heren-
cia del pasado, especialmente del período trujillista, y sigue
144
siendo un reflejo del medio social de pobreza y opresión
que vive la mayoría del pueblo dominicano. Tatico no pudo
evitar en su canto esas letras de tristeza y amargura:
Cuando yo me muera / díganle a Dolores / que vaya a mi
tumba / a ponerme flores / … Se murió mi padre / se murió mi
abuela / se me está muriendo / la familia entera /.
Aún así, el suyo fue un merengue sumamente alegre y
positivo.
Igualmente, a personas sencillas y llanas de su región de
origen y de diversos lugares del país, los convirtió en per-
sonajes famosos en los ambientes merengueros. Compuso
también en honor a sus grandes amigos de otras zonas; a
German Pérez, de Laguna Salada; a Radhamés Guerra, de El
Mamey; a Luis Francisco, de Fundación; a otros “viejetes”
como Jorge Collado –Lalán–; Octavio Acosta, Toño Colón,
Negro Cruz, Pedro Oggí, unos de Santiago, otros de ciudades
y campos de la Línea Noroeste; a Félix Lora, de Nagua; y a
muchos más que fueron compañeros de parranda de Tatico
y siguen siendo devotos de él en la amistad.
En cuanto al ajuste de su conjunto, hay que atribuírselo
a su capacidad de director y también a la calidad de los mú-
sicos de que supo acompañarse. Ramón Tavárez –Manón–,
El Viejo Ca, Domingo Peña Florián –El Flaco–, Papito –El
Flechú–, Pancholo Esquea, fueron algunos de sus tambore-
ros; Domingo Reynoso, Milcíades Hernández y Julio Henrí-
quez fueron tres de sus güireros; Manolo Pérez –Nolo–,
Manochí y otros hicieron de marimberos; todos, junto a saxo-
fonistas como Miro Francisco y Daniel Cabrera –Dany– y a
contrabajistas como Víctor y El Mulo, tocaron con El Astro Antes de que
te vayas...
y formaron con él una agrupación líder en el nuevo auge
que recobró el merengue. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Tatico también fue innovador; tenía una extraordinaria
imaginación creativa como lo demuestran los versos, las pasa-
145
das y movimientos que introducía en sus interpretaciones, y lo
prueba también cómo incorporaba nuevos y más modernos
instrumentos a su conjunto, y los sabía organizar de forma tal
que cada uno de ellos jugara su papel. El acordeón era el ins-
trumento líder, y si el saxofón le acompañaba, a este le tocaba
ir subordinado al acordeón, “haciéndole fondo”, como dicen
algunos músicos, y respondiéndole. En algunas grabaciones
se escucha la voz de Tatico que le ordena a su saxofonista:
–¡Entra ahora, Miro!–; o: –¡Eso es tuyo, Dany!–. Cuando no,
con un grito de: –¡güira, Julio!–, le ordenaba a su hermano
Julio que arreciara el sonido de la güira; o con alguna exhorta-
ción parecida animaba a Manón, al Flaco o al Viejo Ca, a repi-
car con más entusiasmo la tambora.
En el merengue de Tatico Henríquez quien disfruta de la
güira puede seguirla perfectamente; lo mismo sucede con el
golpe rítmico de la tambora, que entonces no se perdía, como
sucede ahora, en el sonido de la conga ni en las explosiones
del drum.
Tatico Henríquez tenía una inteligencia natural fuera de
lo común. No se cultivó en la escuela ni su don de músico se
pulió en academia alguna, pero gracias a la habilidad de
que estaba dotado, enriqueció el merengue y la cultura mu-
sical con sus aportes. No alcanzó altos niveles como compo-
sitor, pero demostró que también tenía condiciones en este
aspecto, y de cualquier ocurrencia componía un merengue
en poco tiempo. La Balacera, por ejemplo, nació de una ca-
sualidad. El había ido con Lalán Collado y otros amigos a
comerse un chivo a casa de don Antonio, el padre de este
Antes de que último, en Altamira.
te vayas...
Se le ocurrió a los dos amigos ponerse a disparar al aire,
RAFAEL Tatico con su revólver 38 y Lalán con su pistola. Vino la Po-
CHALJUB MEJÍA
licía al tiroteo y se los llevó a ambos hacia el destacamento
del poblado, adonde tuvieron que pasar la noche. Y en el
146
mismo cuartel, Tatico hizo la música y le puso las letras a
uno de sus más célebres merengues:
Tatico y Lalán / allá en Altamira / “amanecién” presos / por
tirar pa’ arriba / … viejete Lalán / siendo un reportero / allá en
Altamira / se volvió un vaquero / … viejete Lalán, tenemos otro
chivo, / pero en Altamira / no tiro más tiros / … viejete Lalán /
aunque yo me muera / yo no vuelvo a armar / otra balacera /.
Y además de sus composiciones, Tatico Henríquez hizo
otro aporte importante, al recoger merengues del folclor, y
adornarlos con la interpretación que sólo un talento y una
capacidad de arreglista como los suyos podían darles, para
dejarlos así sellados a la memoria musical del país, y como
parte de un valioso patrimonio discográfico.
Grabó numerosos merengues de viejos compositores
como Ñico Lora, Prieto Tomás, Juan Bautista Pascasio, Toño
Abréu y muchos otros, pero los que más utilizó fueron los
de Matoncito, fáciles de distinguir por el sabor poético que
su creador le imprimía. Aunque cayó en el viejo mal de gra-
bar esos merengues sin darle el correspondiente crédito a
los verdaderos autores, lo que hay en esto de desleal, queda
subsanado por el valor histórico que tiene el que tales pági-
nas del folclor musical pudieran preservarse.
Le corresponde así a Tatico Henríquez el mérito de ha-
ber evitado que merengues tan antiguos como El Telefonema,
de la autoría de Ñico Lora, se perdieran. Ese merengue que,
por el personaje al que alude y la escena que evoca, debe de
haber sido compuesto a finales del siglo diecinueve, era del
todo ignorado por más de una generación:
Iba para la estación / junto con Pedro Pepín / a poner un Antes de que
te vayas...
telefonema / un telefonema / para Guayubín / … /.
Gracias a Tatico, esa y otras viejas composiciones hoy se RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
disfrutan y se preservan como parte del registro del folclor
nativo.
147
En cuanto a la voz, la de Tatico era completamente na-
tural, una voz llena, que subía en tonos altos y bajaba con
toda belleza, sin quebrarse. Esa voz nunca fue educada en
escuelas de canto, sino en el ejercicio mismo del dueño, que
la manejaba con gracia, con destreza y originalidad propia
de los grandes vocalistas.
Respecto al contenido, el de Tatico no fue un meren-
gue político, y ni siquiera tuvo un tinte marcado de de-
nuncia social. Pero estuvo vinculado a su pueblo, y fue un
interesante reflejo de la sicología, la cultura y la vida coti-
diana de la gente, con los vicios y las virtudes de la mis-
ma. Por eso fue un factor más de refuerzo a la identidad
dominicana.
En cuanto al tema de la mujer, la producción merenguera
de Tatico no superó la tradición, ni estuvo al margen de la cul-
tura predominante en la sociedad dominicana. Hubo por un
lado páginas tan duras y violentas contra la mujer como
aquella según la cual:
La mujer es una fiera / que no se puede aguantar / y por
mucho que quiera el hombre / no se deja dominar / … /.
Pero grabó igualmente merengues con letras extraordi-
nariamente tiernas y amorosas, como aquellas del meren-
gue La Mujer es una Flor y otros del mismo contenido elo-
gioso al género femenino.
Aquel músico impetuoso, inteligente y ágil trabajaba
constantemente y se empeñó en recibir lecciones de viejos
maestros, especialmente de Matón, que se iba a Santiago, a
casa de Tatico y pese a la parálisis que le afectaba un lado en
Antes de que los tiempos finales de su vida, exprimía sus escasas energías
te vayas...
y le daba instrucciones a su joven discípulo.
RAFAEL Llegó la hora en que Tatico Henríquez debió sacarle tiem-
CHALJUB MEJÍA
po a otros asuntos sublimes, y entonces pensó con seriedad
en el matrimonio. El 4 de marzo de 1972, en medio de una
148
rumbosa fiesta en la cual el propio Tatico tocó a más no
poder para sus parientes y su legión de amigos, tuvieron
efecto en casa de los padres de la novia, allá en Las Gordas,
las bodas del artista con Elba Chaljub Mejía.
El matrimonio se asentó en Santiago, porque eran la
Línea y el Cibao los principales escenarios de Tatico, y por-
que él tenía el compromiso de tocar todas las tardes en la
emisora Radio Quisqueyana, bajo el patrocinio de una reco-
nocida firma licorera.
Para el 1976, el merengue típico, que 15 años atrás esta-
ba en decadencia, había alcanzado un sitial sin precedentes
en la audiencia y la predilección del público. Puede decirse
que las manos virtuosas de Tatico lo recogieron del rincón
en que amenazaba con entrar en agonía, y le devolvieron la
fuerza y el prestigio; ahora estaba de pie, con un nuevo y
más actualizado estilo, y junto a eso, con un valor como
Antes de que
te vayas...
El día de sus bodas, Tatico y Elba, en la casa paterna de esta,
en Las Gordas, Nagua. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

149

Entre amigos, colegas y familiares, Tatico Henríquez aparece en franela,


junto a su esposa Elba Chaljub Mejía, en la residencia de ambos, en
Pekín, Santiago. –Foto Lalán–
nunca antes habían adquirido ni los merengueros ni el me-
rengue. Tatico no llegó a disfrutar a plenitud los resultados
económicos de su obra, pero con él fue que las fiestas de
acordeón, el oficio y la labor de los acordeonistas empeza-
ron a cotizarse en la medida merecida.
Desde luego, que sería injusto atribuirle sólo a él esa ha-
zaña. Porque en medio del ascenso de Tatico hubo otros gran-
des acordeonistas que hicieron su importante contribución
al renacimiento del merengue típico. Y entre ellos es indis-
pensable destacar al maestro Bartolo Alvarado, a Paquito
Bonilla, Diógenes Jiménez, Isaías Henríquez, King de la Rosa,
Arsenio Caba, Nicolás Gutiérrez, Negrito Figueroa, todos los
Antes de que cuales, junto a otros nombres brillantes del género, hicie-
te vayas...
ron posible que la realidad del merengue típico cambiara.
RAFAEL Aunque, no admite ninguna discusión el que, a la cabeza de
CHALJUB MEJÍA
todos, estuvo Tatico Henríquez.
Pero aquella carrera de ascenso vertiginoso duró poco.
150
El 21 de mayo de 1976, Tatico cumplía su horario cotidiano
en Radio Quisqueyana. Ese día se le dedicó el programa a
Silvano López –Silvio– y para él se grabó esa actuación en
cinta magnetofónica. Ese hecho casual permitió que aque-
lla presentación se conservara, como si se tratara de un
mensaje de despedida. Porque fue la última comparecencia
de Tatico a esa emisora.
Quedaron así grabados los merengues del día, las inter-
venciones del locutor animador Erasmo Peña, quien, al igual
que su colega Ramón Villavicencio, fue frecuente presenta-
dor de Tatico. Se escuchan en esa cinta, breves y graciosas
intervenciones directas del Monarca, y como adelanto ino-
cente a lo que terminó en tragedia, se copian en esa graba-
ción los anuncios de dos fiestas en que estaría Tatico el do-
mingo 23. Una en Barrancón, de la Isabela, a las diez de la
mañana; otra en Ranchito, La Vega, en horas de la noche.
Regresaba de la primera y, al caer la tarde, entró a su
casa de la urbanización Las Colinas, un barrio de clase me-
dia, de Santiago. Rápidamente, entre las atenciones y cui-
dados de su esposa, se bañó, se mudó de ropas y se despi-
dió de Elba. Aquel fue un adiós definitivo. Arrancó rápido
en su carro Ford Granada, porque sus compañeros de
conjunto iban delante, y al salir a la avenida Estrella
Sadhalá, en las proximidades del hotel Don Diego, el más
destacado acordeonista de esta época chocó violentamente
con la muerte y el acordeón se le escapó de entre las manos.
Ese fue su fin.
Pero puede decirse que ese acordeón siguió tocando sólo.
Y dicen sus fanáticos, que Tatico Henríquez cada día toca Antes de que
te vayas...
mejor. Los merengues y el estilo que él impuso a pura cali-
dad, han seguido vigentes, sin pasar de moda, y han servido RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
de modelo y ejemplo a imitar por más de una generación de
músicos. Por eso, aunque han surgido magníficos acordeonis-
151
tas desde entonces, todos o casi todos tienden a imitar a Tati-
co, cuyo estilo ha sobrevivido y sobrevivirá por mucho tiem-
po a la muerte del artista:
Los merengues de Tatico / todos los quieren tocar / que
lo toque todo el mundo / a ver quien los toca igual … / … /
Su música fuerte y dulce / no encuentra comparación / y
mientras más tiempo pasa / mejor suena su acordeón /.
Así dicen parte de las letras de un merengue que ha com-
puesto uno de sus admiradores, y en ellas hay mucho de
realidad.
Por lo demás, fue Tatico Henríquez el acordeonista con
mayor liderazgo, por la extensa legión de admiradores y sim-
patizantes que siguió y sigue su música, y por la relación direc-
ta y personal que estableció este carismático artista con una
larga lista de “viejetes” que lo siguen llevando en el cariño y el
recuerdo, aunque hace ya más de veinticinco años que murió.
Ese liderazgo se demostró en vida y se puso dolorosamente
en evidencia cuando después del fatal accidente, una sollo-
zante caravana, tan extensa y triste como nunca la habían
visto los pueblos del Cibao, salió de Santiago con el cadáver y
lo llevó hasta Nagua donde sus restos fueron sepultados.
Ningún otro músico merenguero ha perdurado tanto y con
tanto fervor en la memoria de sus seguidores. En 1995, cuan-
do se acercaba el veinte aniversario del fallecimiento de Tatico,
se constituyó un Comité de Homenaje que se trazó por meta
mantener vivos el nombre y la obra folclórica de Tatico, y le-
vantarle un busto en una plaza pública de Nagua. El Ayunta-
miento de ese municipio, entonces representado por el señor
Antes de que alcalde Ángel de Jesús López –El Compa–; así como el Club
te vayas...
Amor y Vida Jorge Chaljub, de Las Gordas, que estaba inicial-
RAFAEL mente presidido por Manuel Ulerio Peña –Manolo–; el progra-
CHALJUB MEJÍA
ma Merengue Dominicano, dirigido por el locutor Luis Miguel
González, de Santo Domingo; personalidades de San Francis-
152
co de Macorís, como Ramón Moreno; otras de Santiago, como
el propio Lalán, Rafael Díaz –Buferín–, César Rafael Tatis,
Monchi Cabrera, Máximo Tejada –don Chito–; lo mismo que
viejos amigos y simpatizantes del desaparecido artista, resi-
dentes en la Línea, como German Pérez y Daniel Galán Hol-
guín, tomaron parte en las actividades de ese Comité.
El escultor capitaleño Miguel Valenzuela hizo el busto; el
Ayuntamiento de Nagua, ya encabezado por el señor síndico
Ángel Espinal –Angito– designó con el nombre de Tatico Hen-
ríquez una plaza en las cercanías de las oficinas del cabildo; y
el 16 de enero del 2001, se celebró un acto en el que quedó,
por fin, develizado el busto, y tras la parte solemne del even-
to, numerosos acordeonistas de Nagua y otras zonas del país,
deleitaron a la multitud que asistió al homenaje y a ritmo de
merengue, rindieron un alegre tributo de recordación a quien
vivió alegrando a la gente también a ritmo de merengue.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

El “Viejete” don Chito, de Santiago, en una de las reuniones del Comité de


Homenaje a Tatico Henríquez. Al fondo, con camisa a cuadros y lentes 153
oscuros, German Pérez, de Laguna Salada.
Del merengue de enramada
al merengue de discoteca y de car wash

AL CABO DE UN LARGO RECORRIDO, el merengue típico al estilo Antes de que


te vayas...
tradicional corre peligro de desaparecer, o en el mejor de los
casos, verse convertido en una música marginal que apenas RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
sobrevive.
No son pocos los que se sorprenden cuando escuchan
155
esta afirmación, porque según se tiene entendido, hoy el me-
rengue está más fuerte que nunca, en el país y el extranjero,
donde los más sonados merengueros provocan frenesí en
las multitudes, mientras los conjuntos típicos siguen sonan-
do y convocando público donde actúan.
Todo esto es cierto. El merengue cuenta hoy con aplau-
didos intérpretes, con agrupaciones muy populares, dota-
das de muy modernos instrumentos y aparatos de sonido.
Ese merengue moderno, convertido en un producto comer-
cial de primer orden, tanto en el país como en Miami, Nue-
va York, Puerto Rico y otros puntos del exterior, ha cobrado
mucha fuerza.
Pero también es cierto que mientras ese merengue mo-
derno goza de vigencia y popularidad, el merengue típico
tradicional pierde cada vez más espacio. En el merengue
urbano lo dominante hoy es el estilo moderno del merengue
acelerado y “electrónico”; y por imitar ese estilo, casi to-
dos los acordeonistas y grupos típicos han estado tocan-
do un merengue “con mambo”, y “a lo moderno”, mientras
la forma tradicional, el merengue más auténtico y con más
viejas y profundas raíces; el que sirvió de base y punto de
partida a las demás variantes; el de más historia y que
por más tiempo ha sido representativo del pensar y el sen-
tir de los dominicanos; el más vinculado a la identidad
del pueblo y de la nación misma, se va haciendo cada vez
más escaso.
Y esto nada tiene que ver con renovación ni avance. Por-
que el merengue tradicional no está en riesgo de desapari-
Antes de que ción por estancamiento ni porque haya dejado de represen-
te vayas...
tar el sentir de una parte importante del pueblo, sino por-
RAFAEL que la comercialización y el mercado, lo han ido descartan-
CHALJUB MEJÍA
do y echándolo a un lado.
Esa comercialización desenfrenada ha puesto en riesgo y
156
ha estremecido todas las buenas tradiciones. Según las leyes
ciegas del mercado, todo se convierte en mercancía y lo único
bueno es “lo que vende”. Los valores culturales y el folclor que
forjara el pueblo dominicano en siglos de luchas y de trabajo,
también se han convertido en simples objetos del comercio, y
el merengue ha sido arrastrado por ese río torrentoso.
Ocurrió que con el surgimiento de los combos y las agru-
paciones modernas, especialmente desde el surgimiento de
Jhonny Ventura, el merengue urbano acelerado y especta-
cular resultó comercialmente exitoso. Los manejadores y
empresarios de ese tipo de música tuvieron un resonante
beneficio comercial, y al comprobar esto, los grupos típi-
cos del merengue rural empezaron también a “urbanizar-
se”, y sus ejecutantes a copiar todo lo de los combos y or-
questas aceleradas de la nueva época, desde la forma de
bailar y desenvolverse en el escenario, hasta el vestuario,
ambos cada vez más distantes de la cultura y las tradicio-
nes populares.
Como “eso es lo que vende”, desde entonces, quienes que
le marcaron el rumbo y el ritmo a la música típica no fueron
los grandes maestros del merengue tradicional, sino, indi-
rectamente, los managers, directores y empresarios de los
combos y grupos del merengue urbano acelerado; talento-
sos y diestros como artistas y como empresarios, pero en la
mayor parte de los casos, con una formación y una cultura
musical ajenas al folclor y sobre todo al merengue típico
tradicional.
Uno de los grandes pilares del nuevo merengue urbano
ha sido el músico, compositor, arreglista y empresario Antes de que
te vayas...
Wilfrido Vargas. Vargas concedió una entrevista al investi-
gador y escritor cubano Leonardo Padura Fuentes, autor RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
del libro Los Rostros de la Salsa.
El Merengue soy Yo, se titula el capítulo en el cual
157
Wilfrido Vargas expone sus conceptos; y, entre otras cosas,
éste confiesa lo lejos que siempre anduvo de la música típi-
ca, a pesar de ser oriundo de una de las zonas más fértiles
en merengues y merengueros típicos, Altamira, la tierra de
Matoncito.
Pero la cultura y la formación de Vargas anduvo, al decir
suyo, por otro lado. –Yo no soy típico..., dice Vargas en la
entrevista. Mi formación es ajena al merengue… en ella hay
de música cubana, de bolero, de jazz y hasta de música ára-
be–, confiesa. Sin embargo y a pesar de su formación “ajena
al merengue”, y de que no es típico, tomó el merengue en
sus manos, y una amplia y bien dirigida propaganda lo pro-
clamó rápidamente como el Rey del Merengue, y él mismo
dice que lo “wilfridizó”.
Vargas, que además de talentoso artista es un exitoso
empresario, ha dicho que para él, ya el merengue dejó de
ser folclor y se convirtió en industria. Y con esto él dice lo
que otros menos francos siempre callan. Porque es sobre
ese concepto comercial que se manejan él y la generali-
dad de sus colegas líderes de agrupaciones y combos del
merengue moderno acelerado. Al igual que Johnny Ven-
tura, Vargas marcó el merengue con las huellas de su esti-
lo, y el merengue “wilfridizado” ha sido un producto co-
mercialmente rentable, como lo han sido otros estilos de
merengue moderno y acelerado, que es ya la variedad do-
minante.
No hay que escandalizarse porque esto haya ocurrido, y
porque esa misma línea se haya impuesto en la mayor parte
Antes de que de los grupos típicos. Esto no es algo extraño al rumbo que
te vayas...
ha tomado la sociedad, ni a la labor de despersonalización y
RAFAEL ahogamiento de la identidad que ha ganado auge en los últi-
CHALJUB MEJÍA
mos tiempos. El avance del capitalismo desintegró la vieja
sociedad rural, y la comercialización salvaje también inva-
158
dió el campo y al merengue rural. A diferencia de lo que
sucedió en el pasado, cuando el merengue campesino le dio
auxilio al de la ciudad, ahora se ha producido un viaje al
revés y son los conjuntos de merengue típico los que han
estado copiando de los combos, las orquestas y agrupacio-
nes urbanas.
Basta ver actuar y oír tocar a la mayor parte de esos
conjuntos, para darse cuenta de lo que ha venido sucedien-
do. Esas agrupaciones, que ya también son empresas co-
merciales en todo el sentido de la palabra; más que por
amor al arte, tienen que salir a vender lo que producen;
tienen también que tocar “lo que vende”, lo que le gusta al
público.
Pero en estos tiempos, el gusto del público ya no existe,
sino que lo forman los grandes medios de comunicación.
“Lo que vende” y lo que gusta ya no lo determina la calidad, el
buen arte y la aceptación espontánea, sino una propaganda
bien manejada y a veces, el soborno y la payola, que son capa-
ces de condenar al silencio una buena producción musical y
convertir en éxitos piezas que son verdaderos ejemplos de ex-
travagancia, mediocridad y a veces hasta de degeneración y
pornografía.
Al igual que los combos y bandas de las ciudades, los
conjuntos típicos han incorporado equipos, instrumentos
modernos y recursos de la tecnología, lo cual no tiene nada
de malo por sí mismo. El problema surge cuando, en nom-
bre de la modernidad, y pretendiendo imitar a los grupos
urbanos, las agrupaciones típicas alteran el concepto, la or-
ganización y la base rítmica del merengue tradicional. Antes de que
te vayas...
Ya el merengue de los grupos típicos no está basado prin-
cipalmente en la combinación del acordeón, la güira y la tam- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
bora, y el saxofón como instrumento de apoyo y acompañan-
te. Por el contrario, ahora los tres primeros instrumentos bá-
159
sicos apenas se escuchan. Además del acordeón, la güira y la
tambora, los grupos típicos cuentan con un saxofonista, un
bajista, y uno que toca la conga o tumbadora, y al sonido de
todos estos instrumentos juntos, se le agrega también un drum
que va siendo accionado por el güirero con los pies, entretan-
to que toca la güira con las manos.
Muchas veces lo que se percibe en algunas grabaciones
es tan sólo el efecto de sonido que producen modernos apa-
ratos electrónicos, y no el producto de un acordeón, una
güira, una tambora y un saxofón bien tocados.
Ya no es el acordeonista quien dirige y organiza la músi-
ca, sino un manejador del sonido o sonidista que la mayoría
de las veces no tiene el más elemental conocimiento del
folclor ni de las reglas del merengue.
La variedad de equipos se organiza del tal forma que el
saxofón ya no responde y acompaña, como antes, sino que
es el instrumento que sobresale y opaca al acordeón, al cual
se le da cada vez menos tiempo. Hay acordeonistas que en
medio de la ejecución dejan de tocar, y se pasan largos mo-
mentos hablando, bailando, haciendo señas y ademanes con
las manos, mientras el saxofón sigue llevando la primacía.
Quien va a una fiesta de ese tipo, no sabe si asistió a una
fiesta de acordeón, o a una fiesta de saxofón, que es un ins-
trumento con sonido bello y excitante, pero que en el meren-
gue típico debe usarse racionalmente y a su debido tiempo.
La güira, por su parte, en el merengue que muchos gru-
pos típicos están tocando, ya se pierde en el sonido produci-
do por los demás instrumentos; y la tambora quedó ahoga-
Antes de que da hace mucho por los golpes, los repiques y los cortes
te vayas...
violentísimos y repentinos de la tumbadora. El golpe acom-
RAFAEL pasado y cadencioso de la tambora en el merengue derecho,
CHALJUB MEJÍA
lo mismo que el golpe picado del pambiche, han sido expul-
sados por muchos conjuntos típicos.
160
Esas son las formas que se han establecido en el meren-
gue típico, y a ellas responde con entusiasmo el público, es-
pecialmente el público joven. Hay que admitir esa suprema-
cía, porque en una sociedad de mercado y publicidad co-
mercial como la actual no tiene sentido el tratar de impedir-
la. Además de que sería repetir el error de conservadurismo
en que cayeron otros en el pasado. Lo que queda es el tratar
de que en medio de todo lo nuevo, lo tradicional encuentre
el lugar correspondiente. Mucho más, si ese valor tradicio-
nal tiene la fuerza que el merengue de enramada y de galle-
ra aún conserva.
Es cierto que hoy, la vieja variedad romántica y espontá-
nea del merengue, no puede ser la dominante. Pero debe
reiterarse que no es verdad que perdió espacio por estanca-
miento ni por que el público la descartara espontáneamen-
te. Primero, porque esa forma del merengue tampoco se
quedó estacanda, sino que también tuvo su evolución, en
los tiempos de Tatico Henríquez; y no es verdad que el pú-
blico se cansó de ese merengue vivo, dinámico y tradicional
al mismo tiempo, que aún provoca el furor de mucha gente.
En el homenaje a Tatico Henríquez, el 16 de enero del
2001, en Nagua, uno de los momentos más emocionantes y
que más entusiasmo provocó en la multitud fue aquel en que,
acompañando al brillante acordeonista Lupe Valerio, tocó la
tambora el Viejo Ca, antiguo tamborero de Tatico. El meren-
gue a trío que sonó en ese momento levantó mucho más alto
aún el entusiasmo de la gente, y aquella multitud congregada
en la plaza, aplaudió emocionada cuando escuchó a este ve-
terano tamborero repicar su instrumento. Por supuesto, que, Antes de que
te vayas...
para que pudiera escucharse y captarse mejor ese golpe “al
estilo Flinche”, del Viejo Ca, fue preciso hablar primero con RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
los manejadores del sonido y sacar del juego a la tumbadora.
Pero normalmente, las cosas en las fiestas típicas ocu-
161
rren de otra forma. Esto no sólo se debe al deseo de copiar
las formas y los estilos de los grupos de la ciudad, sino tam-
bién a la falta de voluntad y la poca capacidad de algunos
acordeonistas de los conjuntos típicos. Al preguntársele a
un joven acordeonista del Nordeste los motivos por los cua-
les en muchos conjuntos típicos se le da primacía al saxofón
y no al acordeón y se toca a un ritmo tan acelerado, ese
músico dio una respuesta bastante ilustrativa. –Se pone el
saxofón en un tono más alto que el acordeón, por que así la
música suena más y si hay cualquier falla con el acordeón,
entonces el saxofón la tapa. Además ese merengue “depronto”
es el que le gusta a “los jevitos”–, dijo.
De todos modos, eso es “lo que vende”, aunque resulte
de poca calidad en lo musical y muy difícil de asimilar en lo
bailable. –Ni escuchable ni bailable–, como lo definió un
conocido músico cibaeño.
El mismo torbellino de la competencia y el comercio, ha
ido matando el arte de la composición. Hay muy buenos
compositores de merengue típico, pero son pocos los que se
animan a componer y mucho menos los que se aventuran a
grabar sus creaciones por temor al fracaso económico. Por
eso la producción de buenos merengues es cada vez más
reducida. –Hasta ahora, nos estamos defendiendo con lo que
nos dejó Tatico–, dijo un viejo acordeonista de Nagua, quien
es, por cierto, uno de los buenos compositores de estos tiem-
pos. –¿Y por qué usted mismo no compone, maestro?–, se le
preguntó. –Bueno, yo no hago nada haciendo versos y po-
niéndole música, para guardarlos en un cuaderno, porque
Antes de que no tengo dinero para grabarlos. Si encuentro con qué gra-
te vayas...
barlo y no tengo con qué pagar payola, corro el peligro de
RAFAEL que las grabaciones se me queden guardadas en una caja y
CHALJUB MEJÍA
no se vendan–, contestó.
Un famoso músico y compositor de los campos de Puer-
162
to Plata dice que tiene numerosas composiciones listas, pero
que no se anima a grabarlas: –Yo no puedo buscar veinte
mil pesos para la grabación y cien mil para repartirlos entre
los payoleros y promotores de discos en el mercado. Por eso,
ya he dejado de componer y prefiero seguir tocando meren-
gues viejos y usados–, dijo, con mezcla de soberbia y resig-
nación.
No hay dudas, el reino del mercado y la comercializa-
ción salvaje conspiran contra la creatividad, contra la libre
y espontánea inspiración, y aprisionan al propio composi-
tor, que también ha perdido la libertad de ejercitar su arte y
el don sublime de que está dotado. Peor aún, porque tam-
bién el público resulta perdidoso. Si el artista compone y no
puede grabar, tampoco puede tocarle su creación al públi-
co, por temor de que en medio de la desaforada competen-
cia, otro se le adelante, le robe la obra, le haga algún disfraz,
la grabe y la lance como suya. En consecuencia y por buena
que sea, esa creación se queda guardada y a causa de eso
pierden el arte popular, el merengue mismo y sobre todo,
pierde el público que se queda sin disfrutarla.
En cuanto a la forma de bailarlo, al merengue tradicio-
nal hace ya mucho tiempo se le anuló el paseo, especial-
mente por razones comerciales. Además, el paseo se usó para
que los músicos ajustaran sus instrumentos y sobre todo,
para que las parejas, antes de entrar de lleno en el baile se
pasearan por el salón y se exhibieran y se lucieran. Ahora,
esa norma no tiene sentido ni tiene aplicación. El tipo de
fiesta de estos tiempos no la admite, ya que nadie puede
exhibirse en el salón oscuro de una discoteca, ni el público Antes de que
te vayas...
de estos tiempos ha sido educado en esas reglas del baile.
Igualmente, cada vez se tocan menos merengues con pri- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
mera parte. La mayor parte de los grupos típicos, especial-
mente los de formación más reciente, hace una exageración
163
cansona de un jaleo cada vez más acelerado, dándole mu-
cho más importancia al espectáculo y al movimiento corpo-
ral, que a la calidad de la música y el ritmo.
Si se presta oído atento a determinadas agrupaciones
que dicen estar dedicadas al merengue típico, se podrá ad-
vertir que en una sola pieza, un conjunto suele empezar to-
cando jaleo, pasar sorpresivamente y sin ninguna lógica a la
bachata, entrar entonces en la misma pieza a tocar mambo,
después, a tocar partes de rancheras mexicanas o boleros, y
hasta tocar parecido a un combo o a una agrupación rockera
norteamericana.
Esto no tiene nada que ver con la creatividad ni la es-
pontaneidad que siempre caracterizó al merengue y a la for-
ma del dominicano disfrutarlo. Porque hasta las fiestas de
merengue han perdido la espontaneidad y el espíritu comu-
nitario de otros tiempos.
Una vez, las fiestas fueron actos de acercamiento y buena
vecindad. El simple hecho de que los moradores de un lugar
o un barrio fueran a la casa del vecino, a una enramada o un
salón, a una fiesta o una bachata, como también se le decía,
convocada por alguien de la comarca; a oír el merengue y a
bailarlo alrededor de algún acordeonista y unos acompañan-
tes conocidos, que eran parte de la vecindad y amigos de to-
dos por allí, eso por sí mismo era un acto de solidaridad co-
munitaria, una práctica de acercamiento humano.
Ahora el merengue y el baile se disfrutan principalmen-
te en la discoteca o en los llamados car wash. Allí llega algún
intérprete famoso y cada quien va sólo, como quien dice,
Antes de que sin relación con los demás asistentes; cada uno en su mesa y
te vayas...
encerrado en su mundo personal.
RAFAEL Se reduce el sentido humano de la música y de las fiestas,
CHALJUB MEJÍA
y ya no está lejano el día en que un aparato sintetizador haga
las funciones del acordeonista y los demás músicos, y quien
164
convoque sea el aparato y no el amigo músico que formaba
legiones de simpatizantes y admiradores como lo hacían Ta-
tico Henríquez y otros grandes del merengue típico.
Las célebres corridas, las famosas fiestas “de amaneca”
o “de amanecía”, de Ñico Lora y Matoncito, de Chichito Vi-
lla y Tatico Henríquez; los bailes de enramada y de gallera
pasaron de moda. Ahora la fiesta típica se toca también “por
set”; y entre una actuación y otra, los salones con luces gira-
torias, se llenan de ritmos ajenos al folclor, incluyendo can-
ciones mediocres y malas en inglés, y así, gracias a la mo-
dernización y al poder del mercado, también el merengue
típico tradicional ha visto reducirse su espacio, porque se
ha operado el paso del merengue folclórico de gallera y en-
ramada, al merengue comercial acelerado, de discoteca y de
car wash.
Antes de que se vaya…

SIEMPRE HUBO Y HABRÁ QUEJAS Y PROTESTAS ante los grandes cam- Antes de que
te vayas...
bios y las innovaciones del merengue. Las hubo cuando el
merengue suplantó a la tumba como principal baile nacio- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
nal; cuando el acordeón desplazó a la guitarra; y a lo largo
del tiempo nunca han faltado las críticas y lamentaciones
165
contra los cambios en el merengue.
Lo que en estas líneas se plantea es diferente. Aquí hay
críticas a ciertas tendencias, y sobre todo un llamado a pre-
servar determinados valores folclóricos y culturales. Pero
no se está tratando de impedir que surjan distintas formas y
nuevos estilos del merengue. Eso sería antidemocrático, ya
que en el arte hay que permitir que la creación fluya y se
manifieste libremente; sería también erróneo porque en las
diferentes formas del merengue, en mayor o menor medida
se expresa el sentimiento de una porción del pueblo. Opo-
nerse a las nuevas formas del merengue, además de inútil,
sería tan anacrónico, como el oponerse a viajar en automó-
vil, porque en otros tiempos nuestros bisabuelos viajaban
en carretas.
Todo debe evolucionar. La sociedad actual ya no es la mis-
ma de otros tiempos, y si el merengue se hubiese quedado en
los moldes y estilos en que se tocaba y se bailaba en los tiem-
pos del Guayubín y el Juangomero, ya hubiese desapareci-
do totalmente. Afortunadamente el merengue típico tradi-
cional también fue evolucionando. A principios del siglo
veinte, a los tres instrumentos originales del merengue de lí-
nea se le sumó el saxofón; muchos tríos y conjuntos usaron
por un tiempo la marimba, luego esta fue sustituida por el
contrabajo eléctrico; y en cuanto al ritmo y su forma de eje-
cución, al merengue también se le incorporó el pambiche.
Asimismo, el merengue tradicional tuvo una gran evolu-
ción, y se puso al día con los nuevos tiempos, tras la liquida-
ción de la tiranía trujillista. Para que saliera de la crisis en
Antes de que que cayó después de la muerte de Trujillo, se ajustara a las
te vayas...
exigencias de una sociedad que empezaba a salir del estan-
RAFAEL camiento en que la mantuvo la tiranía, y se levantara de
CHALJUB MEJÍA
nuevo en el gusto musical de la gente, era preciso imprimir-
le al merengue una mayor intensidad, hacerlo más dinámi-
166
co y ligero y agregarle una cadencia más rápida que el ritmo
lento en que se venía tocando.
Eso se logró, y el merengue de línea evolucionó y se ajustó
a los nuevos tiempos, gracias a Tatico Henríquez, Bartolo
Alvarado, Paquito Bonilla y a muchos otros grandes músi-
cos de la generación que Tatico encabezó. A partir de ahí se
había establecido un nuevo estilo, pero sin romper con los
fundamentos básicos del género.
Sin embargo, detrás de esa evolución indispensable, ha
venido otra cosa, y lo que gana cuerpo ahora va alterando
sustancialmente la estructura, la forma de ejecución y la base
rítmica y la esencia típica del merengue; todo en nombre
del modernismo.
A este cambio han contribuido determinadas circuns-
tancias, que tampoco se deben pasar por alto. Con el pro-
ceso de éxodo del campo a la ciudad y con la crisis de la
agricultura, provocada por la políticas económicas neolibe-
rales de las últimas décadas, se ha acrecentado la tendencia
a la disgregación del campesinado y en ese medida el me-
rengue tradicional ha ido perdiendo su antigua base social y
su ambiente natural.
Además, la competencia comercial en el terreno del arte
y de la música, ha hecho aparecer una enorme cantidad de
variedades y formas musicales, y aquí no ocurre como suce-
de en países como Cuba, donde los diferentes ritmos nacio-
nales tienen distintas denominaciones y su nombre propio.
El cha cha cha, el danzón, el son montuno, el habanero, la
guaracha, por ejemplo. En nuestro medio, es al revés y todo
o casi todo lo que se inventa, se copia, se “fusila” o se produ- Antes de que
te vayas...
ce se bautiza como merengue, y bajo ese nombre se lanza al
mercado, a la conquista del público. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Por ejemplo, el muy popular y celebrado Toño Rosario,
canta su famoso merengue “A lo maco”, ataviado extrava-
167
gantemente con una larga falda, con el pelo teñido de rubio,
peinado con trenzas, calzado con botas propias para cami-
nar en la nieve, y con otras prendas que tienen muy poca
relación con la tradición, los hábitos y los valores típicos y
culturales dominicanos.
Hace algún tiempo, un cantante apodado El Zafiro, ad-
quirió su mayor popularidad cuando se presentaba en los
escenarios vestido como español, con sombrero flamenco y
ofrecía al público un repertorio compuesto por viejas can-
ciones gallegas y andaluzas, tocadas y cantadas en tiempo
de merengue al estilo urbano acelerado.
Un entendido en asuntos musicales hacía notar que una
de las más aclamadas grabaciones de Wilfrido Vargas y su
orquesta, El Jardinero, tenía música de Colombia, de Bra-
sil, expresiones verbales de Haití, mientras la parte hablada
era vocalizada en inglés.
A todo esto, se le llama aún, merengue dominicano, y
con ese nombre, esa presentación y ese contenido se le ven-
de al público, que en su deseo de diversión y su inclinación
a “lo moderno”, lo acepta y lo disfruta con todo el entusias-
mo, por lo cual ha llegado a convertirse en lo dominante.
En una sociedad como la actual, distante ya de la so-
ciedad campesina de antaño, y en medio de la competen-
cia por el control del comercio de la música y el disco, no
sería realista pretender que el merengue típico propiamen-
te dicho, aquella expresión musical espontánea y román-
tica, tenga la misma fuerza y el mismo poder de convoca-
toria que tuvo en el pasado, cuando la realidad social era
Antes de que otra.
te vayas...
Por eso, no tiene sentido lanzarse al ruedo a atacar y a
RAFAEL perseguir a muerte las distintas variantes del merengue, por-
CHALJUB MEJÍA
que todas tienen perfecto derecho a la vida y cada quien
tiene derecho a inclinarse por la de su preferencia.
168
Pero no por eso hay que dejar que el merengue tradicio-
nal se muera o termine convertido en pieza de museo, cuan-
do, por el contrario, debiera preservársele en todo lo posi-
ble. Por su inmenso valor folclórico y cultural, y porque, a
pesar de todo, sigue siendo una expresión musical muy fuer-
te, un componente legítimo de la identidad de la nación, y
con amplio arraigo y extensas simpatías en el sentimiento
de una importante porción del pueblo.
Si esa variedad se extingue, la identidad nacional y la
nación misma sufrirán un nuevo golpe. Y aquí cabe reiterar
la diferencia histórica entre las quejas que se escucharon en
el pasado, por los cambios en el merengue, y la advertencia
que aquí se hace por lo que puede ocurrir ahora.
Cuando el merengue de guitarra suplantó a la tumba y
se hizo dominante, el pueblo dominicano aún estaba por
afirmarse como entidad independiente; la nación misma
andaba en busca de fortalecer muchos de sus atributos y le
faltaba aún mucho camino por andar.
En cambio, cuando alrededor de los años setenta y en el
discurrir de los ochenta del siglo diecinueve, el merengue
de acordeón, güira y tambora, fue adoptado por la mayor
parte de la población, ese género musical se convirtió en el
principal aire folclórico, aunque no único, de un pueblo y
una nación mucho más definidos y maduros que en tiem-
pos del tránsito de la tumba al merengue de guitarra.
El merengue de güira, tambora y acordeón lo adoptó la
mayoría de manera espontánea, sin la intervención desen-
frenada del mercado ni de la propaganda comercial de los
medios de comunicación; la gente lo hizo suyo libremente Antes de que
te vayas...
por que se vio representada en él con más fidelidad que en
ningún otro ritmo. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Ramón Arcadio de la Cruz, de ochenta y seis años, que
nació, se hizo hombre, reside y aún trabaja la agricultura en
169
Hatillo Palma; cuenta que en muchas fiestas acompañó como
güirero a Ñico Lora, por los campos y poblaciones de la
Línea. Al hablar para el autor de estas líneas, el 2 de febrero
del 2001, en su vivienda allá en la Línea, contaba don Arca-
dio que en cualquier fiesta, y en el momento menos pensa-
do, a Ñico Lora le surgía la inspiración, tocaba un meren-
gue nuevo en algún punto de esa zona, y sin que hubiese
radio ni televisión, “al poco tiempo ese merengue estaba to-
cándose y bailándose en el Cibao entero”.
Precisamente fue esa la forma espontánea en que el me-
rengue típico se arraigó en la simpatía del pueblo y se hizo
parte del patrimonio cultural de la nación. Y eso tuvo efecto
cuando el pueblo dominicano ya era adulto y la nación había
pasado por pruebas tan graves como la de la proclamación
de la República en 1844; la de las guerras de independencia
durante once años contra Haití; la Guerra de Restauración
contra España; y la lucha contra los intentos de anexión a
Estados Unidos promovidos por Báez durante el sangriento
período de los Seis Años.
Fueron el pueblo y la nación que se habían templado en
esas grandiosas jornadas, los que hicieron del merengue de
acordeón, güira y tambora su principal símbolo musical; de
él hicieron un instrumento de resistencia, un arma política
que se utilizó en los campos de batalla, en las trincheras y
las barricadas, y con ese género como insignia, los domini-
canos siguieron su marcha por las dilatadas sendas del por-
venir.
Aún en los peores tiempos de tragedia nacional, como
Antes de que los de la tiranía de Lilís, los de la ocupación militar yanki de
te vayas...
1916 a 1924, así como en los treinta y un años del trujillismo,
RAFAEL el pueblo dominicano encontró alivio a su desgracia y no
CHALJUB MEJÍA
permitió que le mataran su buen humor y su alegría, y para
ello contó con la ayuda del merengue típico, entre muchas
170
otras expresiones de su espíritu.
Esa manifestación artística, como otras surgidas de lo
hondo de su ser, moldeó el alma y el temperamento, la per-
sonalidad y el sentido de lo nacional del dominicano, y si-
guió con él en su incesante peregrinar.
Y ahora, cuando la esencia tradicional y más folclórica
del merengue se descarta, es preciso lanzar un grito más
por su preservación. No se trata de entrar en la discusión,
sin fin ni ganadores, de si lo que está sustituyendo al meren-
gue típico tradicional es merengue o no es merengue; de si
se trata de una renovación y modernización de la música
folclórica y de si lo que se está tocando, tanto en los grupos
y combos urbanos, como en los conjuntos típicos de disco-
teca y de car wash, es mejor que el merengue típico de Ñico
Lora y Matoncito; de Pedro Reynoso y Tatico Henríquez.
Allá cada quien con sus preferencias.
Además, aunque no debiera andarse a la ligera con los
símbolos de la identidad nacional como la bandera, el es-
cudo, el himno nacional, los monumentos históricos, las
fotos de los patricios y los demás elementos fundamenta-
les que representan la nación, aquí, cada quien ha hecho lo
que ha entendido pertinente y ha creado e inventado según
su gusto.
Hubo una oportunidad en la que hasta el Himno Nacio-
nal fue “renovado” y tocado “a lo moderno”, en presencia
del presidente de turno, doctor Leonel Fernández.
Luego, en ocasión de la fiesta nacional del 27 de febrero
del 2001, un himno a la bandera fue tocado y bailado a gol-
pe de “rap” y hasta al mismo Duarte lo “rapearon”, también Antes de que
te vayas...
en presencia del presidente Hipólito Mejía; cuando un gru-
po de jóvenes se subió a una tarima, coreó, saltó y “rapeó” RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
un conocido himno en honor al Patricio.
El merengue típico está sujeto a las influencias de esa
171
violenta marejada de deformaciones y a las exigencias de la
competencia comercial, y esto exige que se sea hasta com-
prensivo con los acordeonistas de estos tiempos. No hay ra-
zón para tratar de restarle la calidad que tienen muchos de
ellos como músicos. Ahí están los nombres de Bartolo Alva-
rado, Rafelito Román, Francisco Ulloa, Lupe Valerio, Fa-
cundo Peña y otros de tanto talento como ellos, cuya cali-
dad nadie puede poner en duda
Ellos, casi todos, están conscientes del problema y sa-
ben que el merengue tradicional está siendo suplantado por
un estilo acelerado al extremo, que desorganiza y, como se
dice en los medios típicos, “saca el merengue de su centro”.
Muchos grandes merengueros confiesan, que por el ca-
mino que van las cosas, el merengue tradicional quedará
relegado al punto de que va ser difícil oírlo en bailes y fies-
tas comerciales. Todos, o casi todos, lamentan la situación
y algunos se esfuerzan hasta donde pueden por mantener
vivo el estilo tradicional.
Pero, frente a esa ineludible realidad, no tienen más re-
medio que adaptarse o morir. Se adaptan al merengue de
discoteca “a lo moderno”, o se liquidan como empresarios y
como músicos. No pueden votar por el suicidio económico
de ellos mismos, y no tienen otra opción sino tocar como el
comercio del arte y de la música lo demanda. Porque, des-
pués de todo, “eso es lo que vende”.
Sin embargo, aún dentro de esa borrascosa marejada,
no hay razón valedera para dejar que otro importante valor
de la cultura nacional se pierda, por lo que una vez más hay
Antes de que que clamar por la preservación de lo que el merengue tradi-
te vayas...
cional representa.
RAFAEL En ese sentido, tres son los sectores que con más solici-
CHALJUB MEJÍA
tud debieran ponerse a la cabeza de un esfuerzo serio. Por un
lado, los trabajadores del arte y la cultura popular, tanto los
172
intelectuales con posibilidades y capacidad para la investiga-
ción y la elaboración, como aquellos activistas culturales y
organizaciones avanzadas, que están vinculados directamen-
te al pueblo y defienden a la nación y los valores verdadera-
mente populares, así sea nadando contra la corriente.
Igualmente, en la labor de defensa y preservación de algo
de tanto interés cultural y folclórico, debieran comprome-
terse instituciones y personas del sector privado, con la sufi-
ciente dosis de sentido de lo nacional.
Y por otro lado, está la función insustituible y primor-
dial del Estado y las instituciones oficiales. Sobre todo, aque-
llas que por su propia naturaleza tienen el deber de preser-
var y difundir los atributos culturales de la nación.
Hay que luchar porque alguna vez al folclor se le otorgue
el lugar que merece en los programas oficiales de educa-
ción, y porque al educando se le haga comprender el papel
de nuestros aires musicales, especialmente el del merengue,
sus orígenes, su historia, su rol en la afirmación de la iden-
tidad nacional y en las luchas y vivencias de la gente.
En entrevista concedida al autor, el 14 de febrero del 2001,
el infatigable folclorista Dagoberto Tejeda Ortíz, habló de la
necesidad de crear la Casa del Merengue, donde hallen ca-
bida los viejos y nuevos practicantes del género, y, bajo el
debido estímulo del Estado, encuentren campo libre la ins-
piración creativa y la habilidad de cada amante o practican-
te de la música típica. El profesor Tejeda Ortíz habla con
toda la autoridad que le asiste a quien ha dedicado su vida a
luchar por preservar y divulgar las tradiciones populares y
muchos de los más auténticos rasgos y valores del pueblo Antes de que
te vayas...
dominicano.
La Casa del Merengue podría crearse en provincias y mu- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
nicipios, y en ellas, además, se contribuiría a la mejor for-
mación folclórica de los propios acordeonistas y demás mú-
173
sicos típicos, de manera que a estos se les enseñe a valorar
la importancia y la amplia significación del merengue, y ad-
quieran mayor conciencia de la responsabilidad que asu-
men cuando lo manejan.
Ese ritmo que ha servido a lo largo de la historia para que
el pueblo se refleje a sí mismo, y en muchas ocasiones ha
sido convertido en arma política y en instrumento de denun-
cia, necesita intérpretes con una formación y un concepto
mucho más amplio y profundo que el que se forma cuando el
único y exclusivo interés es la búsqueda de ganancia y el cál-
culo comercial. Eso no se logra sin un esfuerzo educativo que
incluya a los propios acordeonistas y demás ejecutantes del
merengue, y en ese sentido los medios de comunicación del
Estado debieran ponerse al servicio de esa labor.
Autoridades con sentido y con conciencia de su respon-
sabilidad, podrían hacer el debido aporte a la preservación
de expresiones del folclor como la mangulina, el carabiné y
los atabales, que, especialmente por desidia oficial y no por-
que el público las rechace, se han ido hundiendo irremedia-
blemente en el olvido.
Por ejemplo, hace ya bastante tiempo, el maestro Rafael
Solano hizo una labor de recuperación de la mangulina sureña,
y con la orquestación que el talento musical de Solano le agre-
gó, la mangulina fue aceptada por la gente, que la disfrutó y
la bailó con sorprendente entusiasmo. Es una prueba de que
la calidad conquista simpatías, de que no es cierto que sólo la
banalidad y la extravagancia calan en el público y de que para
ser “moderno” hay que degradar la música folclórica y el arte
Antes de que popular.
te vayas...
Asimismo, con el respaldo y el estímulo moral y mate-
RAFAEL rial del Estado, los buenos compositores, incluyendo parte
CHALJUB MEJÍA
de la intelectualidad con disposición para la composición,
se animarían a producir, encontrarían una alternativa dife-
174
rente a la que los controladores del mercado del arte han
impuesto, y así, el merengue en muchas de sus variedades,
podría superar la crónica pobreza que afecta las letras y la
música de gran parte de las grabaciones que de él se lanzan
al mercado en estos tiempos.
Con esas acciones, y otras que los expertos aportarían,
se contribuiría a evitar que después de pasarse más de cien
años acompañándonos, el viejo y querido amigo, el meren-
gue típico tradicional, se quede sólo, y después de una vida
tan alegre, termine por morir de melancolía, abatido bajo el
árbol sin flores del olvido, para dejar tan sólo el rastro de su
paso por la historia y las huellas sembradas en el alma de un
pueblo que una vez lo hizo suyo y por medio de él expresó
sus más genuinos y auténticos sentimientos.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

175

Gregorio Medina –Chijolo– y sus muchachos,


tocando en Las Gordas, Nagua. De espaldas, Rafael Chaljub Mejía.
2
LOS PERSONAJES
Cara a cara con los personajes…

YA QUE HEMOS TRATADO CON BASTANTE AMPLITUD acerca del meren- Antes de que
te vayas...
gue; es bueno completar la obra hablando de los que fueron y
han sido sus arquitectos y protagonistas. Aquí van las rese- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
ñas biográficas de algunos de ellos, como una simple mues-
tra de la larga legión de músicos, compositores y pilares del
179
merengue, que merecen ser mencionados y reconocidos.
Vayan las debidas excusas a Américo Durán y Cumelo
Jiménez, puertoplateños; a Félix Moreta –El Indio Bravo–,
de Baní; a Marquito Santos, de Gurabo; a su hermano Chichí
Santos; a Pedrón; a Julián Ramírez y su hija acordeonista,
Raquel Arias; a Quico, el del Patio de Joseíto Mateo; a An-
drés Rodríguez, el de Hatillo Palma; a Agapito Pascual, de
Mao; a músicos de antaño, como Mercedes Amézquita, her-
mana de Matoncito; a Menelo, el de El Palito Aletreao, Río
San Juan; y a los cientos y cientos de acordeonistas, extin-
tos o presentes, que se quedan sin la mención que ellos me-
recen en estas páginas. Pero no caben todos, por ahora, y ya
en futuras ediciones haremos el esfuerzo correspondiente
para ampliar la cantidad de biografías.
Además, debe tenerse en cuenta que eso de escribir bio-
grafías no es tarea fácil, si quien se embarca en ella se esmera
en hacer las cosas con la debida seriedad. Para eso es preci-
so salir de la oficina, y sobre el terreno, cara a cara con los
personajes, perseguir la verdad y el dato cierto para ofrecer-
los a los lectores. Eso es lo que se ha hecho a lo largo de este
esfuerzo, y aquí tiene el lector la biografía de estos artistas
populares.
Al hablar sobre ellos, se habla de su vida artística, se les
juzga y analiza como cultivadores del arte y del folclor, des-
tacando lo positivo que se pueda encontrar en cada uno de
ellos, con respeto escrupuloso a la vida personal, el buen
nombre y la justa fama a la que cada quien tiene perfecto
derecho.
Antes de que Por último, algo ya muy personal. Yo soy humano y al
te vayas...
abordar esta labor, no puedo evitar poner un poco de pasión
RAFAEL y sentimiento al trabajar los personajes. Se notará que con
CHALJUB MEJÍA
muchos de ellos me involucro en forma muy directa y escri-
bo partes de su biografía hablando en primera persona. Por-
180
que hay casos en que escribo de individuos y situaciones
que los viví o comprobé personalmente, y en última instan-
cia, si esta obra empezó con dos capítulos escritos así, en
primera persona, no hay nada de extraño ni de malo en que
al terminarla haya partes en las cuales se escriba en el mis-
mo estilo.
Queda, a continuación, esta lista de personajes del me-
rengue a disposición de los lectores y al invitarlos a aden-
trarse en la lectura, espero que de ahora en adelante mu-
chos grandes como Matón, que a pesar de su grandeza, son
hoy desconocidos e ignorados, dejen de ser anónimos, y
queden colocados a la altura que les corresponde en la his-
toria del merengue y en la memoria folclórica y cultural de
su pueblo.
Agapito Bonilla Estévez
–Paquito Bonilla–

AGAPITO BONILLA ESTÉVEZ, –PAQUITO BONILLA–, nació el 24 de Antes de que


te vayas...
marzo de 1940, en el municipio nordestano de Río San Juan.
Su padre, oriundo de Los Gengibres, se llama Paco Estévez RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
y toca el acordeón.
Cuando don Paco y Rafaela Bonilla, los padres de Paquito,
181
se separaron, este quedó bajo la custodia del papá. El mucha-
cho empezó a bregar con el acordeón del padre; pero al igual
que en otros casos, don Paco se opuso, porque al niño podía
“abrírsele el pecho y malograrse”.
Pero siempre apareció la oportunidad de seguir la prác-
tica y un día, Niño Tillá estaba de visita en el rancho donde
vivía su amigo Paco Estévez. Esperaban el sancocho de la
carne de gallina y víveres del conuco de éste último. Oyó
Niño las notas que salían de un acordeón y quiso saber quien
tocaba. Era Paquito. Y al oírlo con más atención, Niño Tillá
le dio un consejo a don Paco: –Cómprele un acordeón a ese
muchacho y déjelo que toque, que ese va ser un gran músi-
co–, predijo.
Paquito siguió su ejercicio, pronto tocó su primera fiesta
en la localidad de Arroyo Grande y recibió cuatro pesos como
recompensa. Entrado los años sesenta, salió a caminar con
su música en el alma y el acordeón a cuestas. Llegó a Las
Gordas, que estaba como quien dice, bajo el imperio musi-
cal de los Henríquez. Al poco tiempo tocó en las emisoras
de Nagua, y también en el baratillo de Picio Alonzo.
De Nagua, Paquito se trasladó a Santiago, y a los vein-
tiún días fue contratado por una firma licorera para que
tocara un programa en vivo en Radio Norte. Era la época en
que dos estrellas, ambas de Nagua, como Tatico y Bartolo
Alvarado concentraban la audiencia merenguera del Cibao.
Pero con su calidad, Paquito Bonilla conquistó su espacio
propio y llegó a ser, según afirma, el mejor pagado de los tres.
Empezó a componer merengues y a lanzar grabaciones
Antes de que al mercado, como Juliana, La Precundía y otros títulos, sur-
te vayas...
gidos del contacto del artista con el pueblo.
RAFAEL Más tarde, Paquito Bonilla se retiró de la radio y dejó de
CHALJUB MEJÍA
producir grabaciones. Se dedicó a tocar fiestas por contrato
y más luego no quiso seguir involucrado en la competencia
182
impiadosa en se envolvió la música típica.
Paquito Bonilla como que se apagó y así quedó el vacío
que su retiro dejó en el gusto de muchos amantes del me-
rengue típico al estilo tradicional, como él sabe hacerlo. Se
refugió en la religión y aunque dice que no es evangélico
militante, se considera muy creyente, hasta el punto de que
en un momento llegó a considerar necesario alejarse total-
mente de la música y desde hace más de quince años no la
ejerce como oficio.
Sin embargo, cuando se habla con él en su residencia de
Gaspar Hernández, dice que no descarta la posibilidad de
grabar una nueva producción con merengues suyos; pensa-
dos, escritos y ejecutados como él entiende que debe tocar-
se nuestro merengue.
Al igual que todos los merengueros de su tiempo y de su
talla, se queja del nuevo estilo acelerado que se le imprime
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Paquito Bonilla y el autor de este libro, Rafael Chaljub Mejía.

183

Agapito Bonilla Estévez.


–Paquito Bonilla–
al merengue. Es partidario cerrado de que el merengue típi-
co se conserve en su estilo formal tradicional, y dice que si
se toca como se debe, ese merengue es bueno como quiera.
Tiene un lamento especial por que la tambora ya no suena
como antes; ese instrumento, dice Bonilla, perdió el tono
hondo y acompasado de otros tiempos. Ahora, dice Paqui-
to, no se oyen, ni se distinguen los ritmos y los compases y
lo que se percibe es el sonido casi estridente, “como una
lata”, de la tumbadora.
–Antes, usted estaba en el pico de un cerro o el firme de
una loma, oía los sonidos de la tambora que tocaban en al-
guna fiesta y se detenía a oirla, y por los golpes, hasta podía
Antes de que saber quien era el tamborero que tocaba. Porque cada buen
te vayas...
tamborero tenía su propio golpe y eso se distinguía de lejos.
RAFAEL Pero ahora, el tamborero, por bueno que sea, no puede ha-
CHALJUB MEJÍA
cer gran cosa con la tambora, porque la tumbadora no deja
que se oiga–, agrega Paquito en tono de lamento.
184
A pesar de su ya largo retiro y de que sus actividades
comerciales le ocupan demasiado tiempo, este exponente
del “merengue derecho” y del “pambiche güinchao”, sigue
sintiendo la música en el alma. Por eso tiene a manos su
acordeón de dos carreras de notas y cuando al final de la
entrevista le pido, como su viejo amigo, que me “apunte” un
merengue de los del maestro Matoncito, Paquito arranca
con La Playa de Orí, se esfuerza por que sus dedos recuer-
den la agilidad de antaño, y hace saber que aquella vena
artística que surgió a la sombra de Paco Estévez, y que una
vez, en un rancho de conuco y al aroma de un sancocho
criollo, asombró a Niño Tillá; “está viva todavía”.
Alcedo Espinal Ureña
–Alcedito Ureña–

LA HISTORIA DE CÓMO ALCEDO ESPINAL UREÑA se inició en la mú- Antes de que


te vayas...
sica es casi una copia de la de muchos otros acordeonistas.
El papá de este músico se llamaba Alcedo Espinal, nacido RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
en 1880. Se casó con María Cornelia Ureña, nativa de San
José de las Matas, Santiago, y de ese matrimonio nació
185
Alcedito, en Mao, el 23 de septiembre de 1925.
Alcedo, el padre, tenía un acordeón y desde que este sa-
lía del hogar, Alcedito, que estaba pequeño se ponía a curio-
sear con el instrumento. Lo demás, fue el mismo cantar de
otros niños músicos, Alcedito aprendió, creció, se hizo hom-
bre y se entregó a la música, hasta llegar a ser uno de los
más renombrados merengueros típicos maeños.
Alcedito se casó con María Dolores Uceta, natural de La
Meseta, del municipio de Monción, uno de los puntos a los
que Alcedito iba a tocar. Pero Alcedito Ureña no sólo tocaba
en Mao y en Monción, localidades en las cuales se han cele-
brado tradicionalmente las patronales dedicadas a San Anto-
nio, “Patrón de Guaraguanó”; sino que era igualmente solici-
tado y amenizaba fiestas en otros puntos del Norte y de la
Línea Noroeste. Por todos ellos paseó su arte y dejó el rastro
de la buena fama.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

186

Alcedo Espinal Ureña o Alcedito Ureña.


–Foto cortesía del periodista Julio Disla–
Produjo también sus composiciones. La Mujer Querida,
Homenaje al Cibao, El Paso de Jiménez, Merengue a Gusta-
vo Jorge, son los títulos de algunas de ellas.
A propósito de Homenaje al Cibao, cabe decir que fue
rescatado del silencio y el olvido, y ofrecido al público en
una grabación que a finales del 2001 lanzó el mercado el
acordeonista Bartolo Alvarado. Ejecutado con la dignidad y
la maestría con que es capaz de hacerlo este maestro, esta
composición, rica en letras y en contenido musical, sirve
para probar la calidad de su autor, Alcedito Ureña:
Yo soy buen dominicano / y lo dice el pueblo entero / no
me olvido del merengue / aunque esté en el extranjero / …
quiero cantarle un merengue / y lo digo de verdad / soy típico Antes de que
te vayas...
cibaeño / aunque viva en la ciudad /.
Cibaeño / y no lo puedo negar / el merengue sigue siendo / RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
nuestra raíz musical / … el país dominicano / es un país muy
ardiente / en cada rincón del mundo / el merengue está presen-
187
te / … el merengue nació rico / eso no es cosa de ahora / y sus
instrumentos son / acordeón, güira y tambora /.
Extrañamente, y aunque compareció en una oportunidad
al programa de televisión Sábado de Corporán, Alcedito Ure-
ña tuvo una vida artística discreta; su nombre y su crédito de
buen músico rara vez rebasaron su región de residencia, y
fue esa una de las causas por las cuales más difícil resultó
encontrarlo y entrevistarlo directamente. Yo quería verlo per-
sonalmente y entrevistarlo de viva voz. Pero él no pudo espe-
rarme. La muerte se interpuso, y así, discretamente, como
pasó su vida, Alcedito Ureña se me fue el 16 de enero del
2001. Sus restos fueron enterrados en Mao, al día siguiente.
Para esta reseña fue necesario tomar como base un trabajo
del profesor universitario y escritor maeño Manuel Rodríguez
Bonilla, y hecho llegar –muy gentilmente a mis manos– por el
dirigente político, también de Mao, Rafael Reyes –Cuco–.
Américo Ramírez Valdez

NACIDO EN MAGUANA ARRIBA, el 15 de octubre de 1950, Américo Antes de que


te vayas...
Ramírez Valdez representa un importante aporte de la pro-
vincia de San Juan de la Maguana y la región Sur a la larga RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
lista de acordeonistas del país.
Siendo niño se enfermó de la vista y sus ojos fueron
189
quedando a oscuras, hasta perder totalmente la visión.
Cuando tenía 25 años se agenció su propio acordeón y
empezó a ensayar hasta que aprendió a tocarlo. También
aprendió a tocar tambora y, por añadidura, Américo el
Músico, como se le apoda en su tierra, igualmente produce
sus composiciones. Entre estas últimas, junto a los meren-
gues, se incluyen letras para otros ritmos movidos, como
la guaracha.
Según informes obtenidos gracias a la colaboración del
profesor sanjuanero Roberto Rosado, Américo Ramírez
Valdez asegura que vive de la música, ya que la mayor parte
de sus ingresos los recibe de las fiestas que ameniza en dife-
rentes lugares de su zona. Del conjunto que encabeza forma
parte su hijo Isidro como güirero.
El es un folclorista militante. Y en una de las provincias
de mayor riqueza folclórica y diversidad cultural del país,
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

190

Américo Ramírez Valdez.


–Foto cortesía del profesor y dirigente gremial Roberto Rosado–

ha mostrado un constante empeño en recoger y preservar


las cosas relacionadas con las costumbres, las formas de
sentir y actuar de sus comprovincianos.
Por eso se ha convertido en hábito, el que en cada oca-
sión en que se celebran fiestas patronales en campos y
ciudades de San Juan, se busque a Américo para que sea
él quien las inaugure a toques de acordeón y ritmo de me-
rengue.
Por demás, cabe destacar el mérito cultural que reviste
el hecho de que en una región como el Sur, en la cual, a
diferencia del Cibao, el merengue y los acordeonistas no son
los elementos predominantes del arte y el folclor; haya sur-
gido y se haya mantenido un músico que al paso del tiempo,
se ha convertido en parte de las tradiciones sanjuaneras y
en representante válido del merengue típico.
Tal vez por haber actuado en una zona donde el meren-
gue no tiene la fuerza que ha conservado siempre en el Cibao,
Américo Ramírez Valdez no ha tenido la merecida presen- Antes de que
te vayas...
cia en los medios de comunicación, y su nombre y su traba-
jo son pocos conocidos fuera de su provincia. Pese a todo, RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
está activo y se mantiene en pie como representante de un
valioso patrimonio cultural y como una posible fuente de
191
hermandad musical entre el Sur y el Cibao.
Es de esperarse que alguna institución privada o estatal
se acerque a Ramírez y le brinde el estímulo que merece un
hombre que ha sabido vencer las limitaciones de su ceguera
y, lejos de escudarse en la resignación y la tristeza, ha contraido
un matrimonio artístico con el merengue y la alegría.
Antonio Abréu
–Toño–

ANTONIO ABRÉU –TOÑO– NACIÓ EN LA JOYA, Santiago, el 28 de Antes de que


te vayas...
abril de 1883, según datos cedidos gentilmente al autor por
el cantante clásico, investigador y escritor don Arístides In- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
cháustegui.
Sobre la fecha del nacimiento de Toño Abréu hay versio-
193
nes que resultan dudosas. Dice don Luis Alberti, en su obra
De Música y Orquestas Bailables Dominicanas, que “el fa-
moso Antonio Abréu (Toño), me refería que cuando tomaba
parte en la revolución contra Cesáreo Guillermo en el 1870,
ya era músico y llevaba en sus hombros de un lado, la cara-
bina y del otro, el acordeón, con el que entretenía las tropas
cuando descansaban en los cantones”.
Esto es descartable por más de un motivo. No hubo
tal “revolución contra Cesáreo Guillermo” en ese año, por-
que entonces quien estaba en el poder era Buenaventura
Báez, a la cabeza de la sangrienta administración de los
Seis Años.
Es improbable que en 1870 ya Toño Abréu anduviera “con
la carabina en un hombro y el acordeón en el otro”. En el
Fichero Artístico Dominicano de don Jesús Torres Tejeda, hay
fotocopia de un recibo de octubre de 1962, firmado por Abréu.
De haber andado en cualquiera de los movimientos señala-
dos más arriba, para el 1962 el legendario músico hubiese
estado muy por encima de los cien años y es difícil que a esa
edad todavía estuviera activo en el negocio del disco y de la
música.
Pero, independientemente de las diferentes versiones en
torno al nacimiento de Toño Abréu, lo real es que fue otro
de los grandes pioneros del merengue típico. Igual que Ñico
y a semejanza de Matón, Toño Abréu era un acordeonista
espontáneo, y así de espontánea eran su música y sus com-
posiciones. El ambiente social y humano, los sucesos de la
cotidianidad, las ocurrencias del pueblo y los demás ele-
Antes de que mentos del folclor en medio del cual discurría su vida, eran
te vayas...
los principales motivos de inspiración de este hombre alto,
RAFAEL fornido, campechano y jocoso, cuyo nombre cobró fama
CHALJUB MEJÍA
nacional.
Fue Toño Abréu el músico que junto a Ñico Lora, más
194
utilizó Trujillo en la campaña que lo llevó al poder en 1930.
A partir de ahí Abréu fue mucho más activo que Lora en
eso de componer y tocar para Trujillo. Compañeros de ofi-
cio y antiguos amigos de Toño Abréu aseguran que entre el
dictador y el acordeonista se estableció una relación amis-
tosa, hasta el punto de que Trujillo lo trasladó a San Cris-
tóbal, ciudad natal del dictador y donde este celebraba fies-
tas con bastante frecuencia. Toño Abréu también fue acor-
deonista al servicio de la Orquesta Generalísimo, dirigida
por Luis Alberti.
Contemporáneo de Ñico Lora y de Matón, de Cuta Mar-
tínez y Juan Bautista Pascasio, colega de oficio de Pedro
Reynoso, Isidoro Flores, Chichito Villa y Miguel Santana;
Toño Abréu tuvo su estilo propio, y las composiciones que
dejó son auténticas y en su mayor parte de muy elevada ca-
lidad.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

195

Antonio –Toño– Abréu, renombrado acordeonista


y fértil compositor del merengue de gallera y enramada.
–Foto cortesía de José Miguel Soto Jiménez–

Compuso incontables merengues a Trujillo y su régimen,


pero aún esas creaciones, a pesar del pésimo objetivo políti-
co al que servían, tenían una música verdaderamente digna
de mejor causa.
No obstante, en Toño Abréu hubo mucho más que me-
rengue político trujillista. En la mayor parte de su música y
su letra se expresaron los sentimientos, la forma de reaccio-
nar y la cultura de la gente. Uno de sus merengues, el del
Gallo Peliao, puede servir de ejemplo de cómo Toño Abréu
sabía expresar la sicología popular.
Para los antiguos parranderos, el que le dieran a comer
“gallo peliao” era cosa de dar vergüenza a cualquier hom-
bre, porque en la rica literatura del folclor campesino, eso le
pasaba a aquel que se acostaba con alguna mujer por donde
momentos antes había pasado otro marchante. Eso era igual
a un deshonor. Y Toño Abréu recogió ese sentimiento y lo
llevó a los versos de un merengue, con una música elegante
y bien lograda, que casi ya nadie recuerda, pero que don
Antes de que Chichito Villa aún guarda en su memoria y lo revive con las
te vayas...
notas de su acordeón y de su canto:
RAFAEL Porque tu me veas / medio “asirimbao” / no me des sanco-
CHALJUB MEJÍA
cho / de gallo peliao /.
Otras producciones de igual contenido popular de Toño
196
Abréu han perdurado a través de los años. Cabo e’ Vela, es
un conocido merengue, que se continúa disfrutando en
los bailes típicos del presente; Con el Alma, que fue gra-
bado una vez por el Trío Reynoso; y Caña Brava, que fue
adoptado por los maestros del merengue urbano, que le
dieron una brillante orquestación y lo proyectaron mu-
cho más allá de los medios rurales en que ese merengue
se tocaba.
No obstante, y como ocurre con innúmeros merengues
tradicionales, acerca de la autoría de Caña Brava hay una
versión digna de tomarse en consideración, y es la que sos-
tiene el músico Dámaso o Dálmaso Mercado.
Bajo el nombre de este músico aparece en la revista
eme eme, de la Universidad Católica Madre y Maestra, un
interesante artículo titulado Memorias de un Músico Rural
Dominicano. En ese escrito se hacen importantes aportes
y enfoques sobre el merengue tradicional y otras estampas
del folclor.
El señor Mercado asegura que “el primero que tocó ese
merengue y fue el verdadero creador, fue Hipólito Martínez,
al que la casa Brugal le pagó cinco pesos”, para anunciar un
ron que esa firma licorera fabricaba en el año 1928 que se
llamaba Caña Brava. Aunque aclara el informante que fue
Toño quien presentó el merengue y el que le dio el estilo que
lo hizo popular y lo consagró como parte de las tradiciones
merengueras del país.
Comoquiera, Caña Brava ha pasado las pruebas de los
años sin perder el favor de la gente, y ha sido incluido en el
repertorio de la Orquesta Sinfónica Nacional. Hace unos Antes de que
te vayas...
años, Johnny Ventura grabó una versión de Caña Brava, que
si bien sustituye sustancialmente muchas de las letras origi- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
nales, conserva parte de la música de ese merengue, que,
como si se resistiera a los efectos del tiempo y de los cam-
197
bios, sigue siendo casi un himno del patrimonio folclórico
nacional y, al igual que Toño Abréu, un símbolo del viejo
merengue campesino.
Toño Abréu se quedó en San Cristóbal aún después de la
muerte de Trujillo. No tuvo mayor presencia en los medios
de comunicación; tal vez consideró que él no estaba hecho
para la época del comercio del arte y la competencia brutal
por el mercado, y se retiró discretamente. Así vivió hasta
que, al final de una larga y fructífera labor de músico, com-
positor y arreglista del merengue típico, sucumbió a los dic-
tados implacables del tiempo y de la muerte, en fecha que
no se pudo establecer para los fines de esta reseña de su
biografía.
José Arsenio de la Rosa Caba
–Arsenio Caba–

EL PROBLEMA DE JOSÉ ARSENIO DE LA ROSA CABA, nacido el 15 de Antes de que


te vayas...
julio de 1939, consistía en que quería tocar el acordeón igual
a como lo hacía su hermano Jaime, pero sus padres, Yan de RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
la Rosa y Elvira Caba –doña Virita– entendían que ese niño
estaba demasiado pequeño para hacerlo.
199
Hasta que un día llegó Matoncito a Guanajuma, a pasarse
un tiempo con su amigo Yan, y vio a Arsenio que a grito abier-
to pedía que lo dejaran tocar: –Pero bueno, y ¿por qué no lo
dejan si es que él va a ser músico también?–, preguntó Matón,
quien acto seguido, con toda confianza y la autoridad del maes-
tro, buscó el instrumento y se lo puso en las manos al niño.
Luego, cada vez que un arreglador de acordeones llama-
do Máximo Capellán, familia del Viejo Ca, iba donde don
Yan, Arsenio aprovechaba la ocasión y seguía haciendo pini-
nos, hasta que un día encontró sobre la cama el instru-
mento que había estado tocando Jaime, y arrancó con un
merengue. Yan lo escuchó, y desde entonces dio la orden:
–Déjenle el acordeón bajito, no lo suban en el plafón, para
que Arsenio termine de aprender–. Así quedó en la senda de
la música, uno de los más finos y terminados acordeonistas
dominicanos.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

200

Arsenio Caba, le muestra al autor de esta obra,


la destreza con que pulsa
y hace sonar las notas del acordeón.

Empezó tocando los merengues de Chichito Villa que


escuchaba por la radio, y siendo ya un adolescente, sería
en el año 1957, vino a la Capital. Aquí cayó en las manos
protectoras del Viejo Ca. –El Viejo Ca es como mi padre,
fue él quien se encargó de ajustarme. Yo daba muchas no-
tas, pero necesitaba que me organizaran y eso lo hizo el
Viejo Ca, haciéndome seguir el ritmo de su tambora–, dice
Arsenio.
En algunas ocasiones Arsenio tocaba en La Voz Domini-
cana, cuando Pedro Reynoso no podía ir al programa que
amenizaba diariamente en esa planta. Ahí Petán Trujillo
conoció a Arsenio y se lo llevó varias veces para que le toca-
ra fiestas en Bonao, el feudo del prepotente general. Arsenio
también tocó para otros miembros de la familia Trujillo,
como Ramfis y Radhamés, hijos del tirano mayor.
Años después, Arsenio Caba grabó dos merengues, uno
de su padre Yan; otro, Las Tres Muchachas de don Pancho,
que según Arsenio, es de la inspiración de un conocido mú-
sico y compositor de Bonao llamado Juanito Pérez.
Más adelante Arsenio se fue a Nueva York, y aunque no
se ha desligado totalmente del medio ni de sus amigos me- Antes de que
te vayas...
rengueros del país, allá es donde ha discurrido desde enton-
ces lo principal de su vida artística. En esa ciudad formó el RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
conjunto Las Estrellas Dominicanas, ya desaparecido.
Arsenio Caba toca con una belleza y una agilidad poco
201
comunes; compone, canta y además del acordeón sencillo,
toca el acordeón piano y el piano mismo, y por eso el reper-
torio de Las Estrellas Dominicanas, además de merengues,
ofrecía boleros, canciones rancheras al estilo mexicano, tan-
gos argentinos y otros aires internacionales. En Nueva York,
Arsenio Caba aumentó la cantidad de sus creaciones y tam-
bién grabó una buena cantidad de merengues, casi todos
suyos.
El tiene un hijo llamado Winston y un yerno llamado Ra-
fael Vargas. Los dos encabezaron un grupo rockero llamado
Two on the room, Dos en un Cuarto, en español. De estos dos
jóvenes surgió la idea de formar Los Fulanitos, una agrupa-
ción que interpreta el llamado merengue rap. Aunque de
padres dominicanos, Winston y Rafael nacieron y han vivi-
do en Estados Unidos. Sus raíces y su cultura están deter-
minadas por esa circunstancia, y por tanto, el denominado
merengue rapiao o perico rapiao se aparta del merengue típi-
co, aunque en la ejecución del ritmo cuenta con uno de los
más expertos músicos dominicanos.
Arsenio reconoce lo lejos que está el ritmo de Los Fulani-
tos respecto al merengue tradicional, pero asegura que gra-
cias a ese rap el público norteamericano miró hacia el meren-
gue dominicano. Hasta entonces, dice Arsenio, los conjuntos
típicos tocaban para los dominicanos y su música se queda-
ba entre los dominicanos. Los Fulanitos han roto esa barre-
ra, reitera Arsenio Caba, en entrevista concedida al autor el
31 de enero del 2001, en casa de sus padres, en Santiago.
Sobre el papel del acordeonista en ese tal merengue rap,
Antes de que Arsenio asegura que es muy diferente a lo que hace el acor-
te vayas...
deón en el merengue tradicional. No se pueden dar pasadas,
RAFAEL el acordeonista no puede hacer lo que quiera, sino que es
CHALJUB MEJÍA
una música muy rígida y muy precisa, porque tiene que ir
haciéndole base al que va hablando o rapeando, como se
202
dice en la jerga de los que gustan de ese tipo de ejecución.
Arsenio Caba ha ido con Los Fulanitos por medio conti-
nente americano, los creadores del grupo tienen sus nuevos
planes para el futuro. Mientras tanto, el célebre músico na-
cido en Guanajuma incorpora nuevos ritmos al caudal de
sus habilidades. No quiso dejarme ir sin demostrármelo. Así
que sacó del estuche su flamante y sonoro acordeón alemán
marca Weltmeister, y después que ejecutó el célebre y pega-
joso Haciendo La Cena; Arsenio tocó para mi esposa Dulce,
para el Viejo Ca y para quien esto escribe, un conocido
vallenato colombiano. Lo hizo con gracia parecida a la de
Alejo Durán, los hermanos Zuleta, Santander Martínez, Lo-
renzo Morales, Francisco el Hombre, o cualquiera de los
célebres acordeoneros de La Guajira, del Cesar y de otros
departamentos de Colombia.
Aurelio Surún

CONTRARIO A LO QUE ALGUNOS PUEDAN CREER, el merengue típico Antes de que


te vayas...
debe su existencia, su historia y la popularidad que aún
mantiene, no sólo a los que lo componen, lo cantan o lo RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
tocan, sino también a muchas personas que con su labor le
dan vida a esa expresión folclórica.
203
Por eso, a través del tiempo, muchos merengues com-
puestos por músicos del Este se refieren a un señor llamado
Monchín Santana, y otros a Fello Nona; en los merengues
de Tatico se hace referencia a amigos suyos y del merengue
como German Pérez, Radhamés Guerra, Luis Francisco,
Octavio Acosta, Negro Cruz, Pedro Oguí, Toño Colón, Félix
Lora, don Chito entre otros; los músicos del Norte cantaron
a don Pedro Chávez, a Mingo González y a José Gutiérrez; y
en los tiempos presentes se oyen nombres como los de don
Pedro Báez, Lépido Lantigua, Ramón Moreno, Antonio
Ochoa, José Batista Rojas, entre los ardientes simpatizantes
del merengue típico tradicional.
A Aurelio Surún hay que incluirlo entre ellos como un
calificado representante de los amantes y promotores del
merengue. Nació en Boca de Yásica, Gaspar Hernández, el
25 de septiembre de 1945, del matrimonio que formaron
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

204

Aurelio Surún, folclorista, director del programa


Música de Tierra Adentro.
Juanico Haina Alvarado, de Río San Juan; y Catalina Surún,
de Boca de Yásica, Gaspar Hernández.
Aurelio Surún demostró temprano su vocación por la mú-
sica típica, y según él mismo narra, en su niñez acostumbraba
a andar con su güirita en las manos, tratando de sacarle ritmo.
Así, pequeño, se iba a un negocio que había en su lugar de
nacimiento y que le decían El Chapetón, donde los señores
Esmeraldo Vásquez y Filomena Surún levantaron una enra-
mada en la cual se organizaban grandes fiestas de acordeón.
En esos bailes rumbosos vio Aurelio Surún a muchos
buenos músicos, entre los cuales recuerda a Niño Tillá como
a uno de los más sobresalientes. Por allí también estuvo
Matoncito, y Surún que aprendió por fin a tocar la güira, Antes de que
te vayas...
según su narración, llegó a acompañar como güirero a Ma-
toncito. –Yo tuve el honor de tocar güira con Matón–, dice RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Surún, con orgullo.
En 1963 Aurelio Surún perdió la visión accidentalmente
205
a causa de un pelotazo recibido mientras jugaba pelota, pero
ese inconveniente no aminoró la voluntad de trabajo ni la
afición de Surún por el folclor y las cosas auténticas de su
patria. Por el contrario, este acucioso folclorista siguió en-
vuelto entre los personajes y los ambientes del merengue
típico, y desde el 1o de julio de 1976, inició el programa Mú-
sica de Tierra Adentro, por Radio Tricolor. A partir de ahí,
con sus ausencias e interrupciones temporales y su paso por
diversas emisoras, es ese uno de los más típicos y bien am-
bientados programas de merengues.
Este espacio, junto a Fiesta Quisqueyana, que se trans-
mite por Onda Musical, y es conducido en la actualidad por
don Cristino Ramón García Ramos; y Amanecer Quisque-
yano, fundado por don Pedro Báez y coordinado hoy por
don José Batista Rojas, son los programas de más larga per-
manencia en la radio de la Capital.
Surún se ha echado a cuestas la tarea de mantener su
espacio y cuando la falta de apoyo y las adversidades lo ha-
cen salir del aire y parecen llevarse para siempre a ese pro-
grama, Música de Tierra Adentro, como si resucitara de ul-
tratumba, aparece en alguna otra emisora con la animación
inimitable de Surún y la coproducción de Jonathan David
Surún, hijo del veterano folclorista.
Además de sus esfuerzos y sus aportes por mantener vivo
el merengue tradicional, Aurelio Surún organiza fiestas y él
mismo se encarga de animarlas con su hablar lleno de ex-
presiones graciosas y con el acento característico de su zona
de origen.
Antes de que En esas luchas, Surún ha cultivado relaciones con una
te vayas...
amplísima cantidad de personas vinculadas al merengue.
RAFAEL Por los conocimientos que él mismo ha acumulado, merced
CHALJUB MEJÍA
a su dinamismo y a su inteligencia; por las relaciones que
tiene a nivel nacional, Surún se ha convertido al paso de los
206
años, en una fuente de consulta y un puntal de incalculable
valor para todo quien se interese en el estudio y la investiga-
ción del merengue de línea, y desee tratar acerca de ese gé-
nero con dominio del tema y conocimiento de causa.
Blanca María Díaz Martínez
–María Díaz–

NAGUA, QUE HA SIDO TAN FÉRTIL en eso de producir acordeonis- Antes de que
te vayas...
tas, tiene entre sus méritos folclóricos el haber producido a
Blanca María Díaz Martínez, otra de las mujeres audaces RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
que han hecho carrera como acordeonista.
De la sección El Guayabo, de Nagua, hija de Pablo Díaz
207
y Dolores Martínez –Lola–, María nació el 26 de septiembre
de 1968, conforme con datos suministrados por la oficina
de la artista, en Santiago.
Era una niña, y sin que nadie se lo indicara ni sus padres
se opusieran, le salió la inspiración de aprender a tocar como
lo hacía Pablo, su papá, y como también lo hacía Adolfo, her-
mano de María. La música le salió fácil a la niña, y de buenas
a primeras formó un conjunto de niños, con su hermano Ale-
jandro en la güira y su primo Kennedy en la tambora. La
juvenil directora del conjunto se presentaba al público por-
tando un acordeón que parecía más grande que ella, y rápi-
damente adquirió la gracia y la destreza necesarias.
Era ya una jovencita cuando emigró a Nueva York. Allá
inició su carrera artística, guiada por Juan Robles –Purito–,
reconocido artista de la tambora, con quien estuvo María
casada varios años y tuvo dos hijos.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

208

María Díaz demostró desde niña, su vocación por la música típica.


–Foto cortesía de El Viejo Ca–

Juan Robles –Puro–,


diestro y veterano tamborero
del Cibao y orientador original
de la carrera artística
de María Díaz.
La Reyna, como suele denominársele a María Díaz en
los ambientes merengueros, llevó su música y su arte por
muchos puntos de Estados Unidos. De regreso en su país
continuó su obra al frente de su propio conjunto típico, has-
ta llegar a ser lo que es hoy, una de las mujeres que con más
habilidad maneja el acordeón. Es, además, compositora y
arreglista.
María Díaz ha demostrado su gracia y su talento artísti-
co y ha ganado también su legión de simpatizantes y admi-
radores. Esta dinámica mujer despliega una constante e in-
tensa actividad durante todo el año, y aparte del buen ma-
nejo de las notas, posee una aceptable voz. Tiene en su ha-
ber diez producciones discográficas. Antes de que
te vayas...
En pleno despliegue de su carrera, María Díaz es alta-
mente solicitada para actuar en lugares de diversión de gran RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
parte del país, especialmente del Cibao y de la Capital. Pue-
de decirse que con el desarrollo de esta artista, Nagua tiene
209
lo que no tenía. Porque esa provincia, tan pródiga en bue-
nos merengueros, hace años que tiene una mujer acordeonis-
ta con fama nacional. Ella no es la primera ni la única en
tocar el acordeón en esa región, pero no hay dudas de que es
la que más notoriedad ha alcanzado de todas las merengue-
ras típicas de Nagua.
Carmelo Díaz Alcántara

CARMELO DÍAZ NACIÓ EN JAYABO, SALCEDO, hijo de los agriculto- Antes de que
te vayas...
res Juan Díaz y Nicolaza Alcántara.
Cuando Carmelo tenía cinco años, sus padres emigra- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
ron y se lo llevaron con ellos hacia el Nordeste, y termina-
ron por establecerse en los campos de Nagua y seguir allí
211
sus faenas agrícolas.
Díaz aprendió a tocar desde muy joven. Tomó lecciones
de Bilo Henríquez, y a lo largo del tiempo se ha mantenido
tocando. También compone. Entre los merengues de este
otro compositor natural, hay varios que han sido llevados al
disco.
Pero la composición que más popularidad alcanzó de
todas las de Carmelo Díaz, fue una titulada El Añoñaíto,
que fue grabada por un acordeonista nombrado Maestro Ka,
poco conocido hasta entonces:
Ay critiana / que yo me vo’a morí / poique de lo bueno / no
me dan a mí / … ay, ay …, ay … /.
El Añoñaíto fue grabado también por el Conjunto Quis-
queya, una agrupación del merengue moderno acelerado,
que durante un tiempo gozó de bastante aceptación en el
público.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

212

Carmelo Díaz Alcántara.


Díaz da la impresión de ser un hombre lleno de vigor y
dinamismo. Atiende personalmente sus propiedades y tene-
res, administra él mismo su profesión de acordeonista, no
cesa de tocar por contrato y no fue fácil encontrarse con él y
entrevistarlo, a pesar de las diligencias de mi amigo nagüero
Alfredo Acosta y de mi cuñada Jackelyn Then, y pese a que
la noche antes de la entrevista, hecha el 17 de diciembre del
2001, pensé que lo hallaría en una fiesta en las proximida-
des de Las Gordas.
Cuando se le pregunta a don Carmelo si sabe reparar los
acordeones, responde en forma categórica: –No, porque yo
soy un hombre demasiado “sangrino” y no tengo paciencia
para bregar con eso–, dice, al momento de ponerse de pie Antes de que
te vayas...
para seguir su camino por las calles de Nagua, en las cuales
la gente lo intercepta y lo detiene para hablar de cosas de la RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
música.
En la actualidad Carmelo Díaz reside en San Francisco
213
de Macorís. Uno de los hijos que tuvo Carmelo en su ma-
trimonio con la ama de casa Graciela Moya, es Valentín
Díaz, que nació en Rincón de Molinillo, en 1966. Valentín
empezó como güirero de su padre, aprendió luego a tocar
el acordeón y hoy es director del conjunto Los Guerrilleros
Típicos.
Carmelo Duarte Polanco
–Carmelito Duarte–

CARMELO DUARTE POLANCO –CARMELITO– es un hombre intere- Antes de que


te vayas...
sante. Nació en 1930, en Rincón de Molinillo, que es una
comunidad arrocera, en jurisdicción de Nagua, levantada RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
por hombres y mujeres laboriosos entre la playa del Atlánti-
co y los pantanos del Gran Estero. Allí vivió un señor llama-
215
do José María Polanco, que tuvo veintitrés hijos, uno de los
cuales fue Carmelo, a quien desde pequeño le gustó siempre
el acordeón, sobre todo porque el viejo José María tenía uno
y tocaba sus merengues.
En 1950, cuando Carmelito Duarte tenía veinte años, se
trasladó con su papá a Quebrada Amarilla, un paraje de Las
Gordas, y ahí comenzó a trabajar, a hacer amigos y a tocar
en las fiestas de enramada. Entre merengue y merengue,
conoció a Marcelina, una de las flores del jardín de la fami-
lia Hernández, entre la cual, por demás, se levantaron va-
rios músicos, incluyendo a Lalo Hernández. Desde 1952,
Carmelito Duarte y Marcelina han formado un hogar que se
ha conservado unido al paso lento de las décadas.
La música ha sido tan sólo uno de los oficios de Carmelo
Duarte, porque en la historia de este hombre hay que in-
cluir otras capacidades. Fue maestro de alfabetización en
los tiempos de Trujillo, cuando a un profesor se le pagaban
cinco pesos. Aprendió bastante de carpintería, se hizo barbe-
ro, adelantó mucho en la sastrería, también nos habla de sus
conocimientos de medicina natural, y domina la mecánica
de algunos utensilios y aparatos de uso doméstico. A princi-
pios de los años sesenta se mudó con su familia al sector de
La Capitalita, en Nagua, y ofrecía sus servicios a través de un
letrero hecho por él mismo y colocado en el seto frontal de su
vivienda: “Se reparan y arreglan acordeones, máquinas singer,
linternas, sombrillas, planchas, tijeras, pesos de pesar y se
trabaja mecánica fina”. Esto último, según me dijeron, se
refería a los relojes. Pero la mayor devoción de Carmelito ha
Antes de que sido por los acordeones.
te vayas...
A mediados de los años sesenta, Carmelito formó el Trío
RAFAEL Imperial, que tocaba en vivo en Radio Nagua. Salía al aire
CHALJUB MEJÍA
una música seria, al estilo tradicional, y al compás de esa
música, se oía la aguda voz de Carmelito.
216
Al paso de los años, el artesano se le adelantó al músico, y
don Carmelo se fue concentrando en el arte de trovar, arre-
glar y reparar los acordeones. Cada una de estas palabras tie-
ne su significado aparte, según el decir de don Carmelo, y
pasa a explicarlo: –El acordeón que se compra nuevo, hay
que trovarlo, porque eso es como un colín, que usted lo com-
pra nuevo y para chapear con él, primero tiene que sacarle
filo en una piedra de amolar–, dice con algo de ciencia, Car-
melito.
Arreglo y reparación, aunque se parecen no quieren decir
la misma cosa. –Arreglarlo es cuando se trabaja con un acor-
deón nuevo o usado, para que el tono del aparato combine con
la voz del músico–. A eso, en la jerga merenguera también se le
llama transportar el acordeón. –Repararlo es corregirle un daño,
como si se le rompe un pito, por ejemplo–, concluye Carmelito
Duarte, que es un maestro en las tres cosas.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

217

Carmelito Duarte.
Carmelito Duarte también compone, y de sus composi-
ciones hay una que ha sido la que más ha sonado y lo ha
hecho más famoso. Las primeras letras de esta pieza son un
verdadero himno al mimo y a la ternura:
Carmelito Duarte / le dijo a Balbina / a tu pequeñuelo /
ponle la mamila /.
–Ahí hubo un error–, me aclaró Carmelito en una entre-
vista periodística que le hice en Las Gordas, el 24 de sep-
tiembre de 1995. –Como usted sabe, Rafael, mi mujer no se
llama Balbina sino Marcelina Hernández, y como debe de-
cir el merengue es de otra forma:
Carmelito Duarte / le dijo a su nena / a tu pequeñuelo /
Antes de que ponle la tetera /.
te vayas...
Pero el error ha perdurado y parece que sin remedio,
RAFAEL porque además de la primera grabación que fue hecha por
CHALJUB MEJÍA
Mario García, ese merengue también lo grabó Tatico Henrí-
quez y lo cantó con las mismas letras con que lo grabó Gar-
218
cía, y después de ahí es difícil borrarle de la memoria colec-
tiva el nombre de Balbina. Pero eso nunca quitará el que
todo el amor del corazón de Carmelito se concentre, como
siempre, en su adorada Marcelina.
En la actualidad, Carmelito Duarte sabe sobreponerse al
peso agobiante de sus setenta abriles y sigue trabajando en la
pequeña y modestísima vivienda en que le han pasado los años.
Allí lo encontramos Dulce y yo cada vez que vamos a Nagua.
Y así, sigue su vida, entre las piezas de los acordeones y
las herramientas con que los repara, y con el intenso amor a
su querido merengue, aunque lamenta que ya algunas agru-
paciones no lo toquen como él lo aprendió.
–Si usted le pone asunto al merengue que están tocando
muchos grupos de los de ahora, fíjese bien que ya la tambo-
ra no suena tan lindo como sonaba–, comenta Carmelito
con nostalgia.
En eso de sus preferencias por el merengue tradicional,
Carmelito no transige ni un milímetro. De todos modos, se
quiso saber su opinión sobre la música de los combos y las
agrupaciones modernas y se chocó con un muro. –Usted me
perdona, Rafael, pero yo no puedo hablarle de eso, yo le
pongo muy poco asunto a esa clase de música, porque para
mí, el verdadero merengue es otra cosa–, contesta como la-
mentándose de no poder corresponder a la petición de su
amigo.
–Lo mío es el merengue y bregar con los acordeones–,
dice, y es tan metódico en el ejercicio de su profesión, que
me muestra como uno de sus trofeos, un viejo cuaderno en
el cual tiene anotado, uno por uno, con nombres y apelli- Antes de que
te vayas...
dos, a cada uno de los músicos que han sido clientes suyos.
La vida de este hombre inteligente y laborioso ha tenido RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
siempre al merengue como centro, pero no cualquier me-
rengue, sino el único que él considera digno de ese nombre.
219
A él le gusta el merengue de línea, y como sabe que también
a mi me gusta, cada vez que lo visito, ejecuta alguno en ob-
sequio a mi visita. Después de los saludos y comentarios de
rigor, don Carmelo se acomoda en su silla, registra su acor-
deón de veintiuna notas, trovado, arreglado y reparado por
él mismo, y entra a tocar y a cantar uno de los tantos meren-
gues nacidos en los campos de Nagua, en los cuales el nom-
bre de Carmelito Duarte se ha consagrado como una autén-
tica leyenda del folclor y el arte popular.
Cuta Martínez

USTED PERDONARÁ, VIEJO CUTA, porque su biografía no está com- Antes de que
te vayas...
pleta, como dignamente usted se lo merece. Lo mismo que
Ñico Lora, Lolo Reynoso, Manuel Lora, Alcedo Espinal y RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Toño Abréu, fue usted uno de los pioneros del merengue
típico tradicional; así lo dicen numerosos libros; igualmen-
221
te, un merengue hecho famoso por Tatico Henríquez, dice
en uno de sus versos:
La gran tradición / de música criolla / la tocaba Cuta /
también Ñico Lora /.
Pero fuera de ahí fue muy poco lo que se pudo averiguar
sobre usted. En este libro queda un vacío, pero debo decirle,
con el mayor respeto, que no ha sido por falta de diligencia.
Por el contrario, todo lo que se pudo hacer se hizo. Sin
embargo, siempre se chocó con un muro. Y es que todo el
mundo sabe que existió un gran músico apodado Cuta, pero
muy pocos han podido aportar datos precisos como los que
se necesitan para escribir una biografía. ¡Y mire usted, viejo
Cuta, que no quedó piedra sin remover!
Desde las primeras entrevistas en busca de informacio-
nes para esta obra, empezaron las averiguaciones sobre us-
ted. A don Chichito Villa, uno de los acordeonistas de más
edad y más historia, le pregunté con insistencia; y por más
empeño que puso mi buen amigo y consejero en ayudarme,
no pudo. Dice don Chichito Villa que conoció a Cuta, por-
que lo vio en Santiago en una fiesta, pero no estableció rela-
ciones con él, ni lo vio más.
Siguió la investigación y a casi todos los entrevistados y
consultados, jóvenes o viejos, se le solicitaron datos sobre
Cuta. Esperaba obtenerlos de don Fello Francisco, el viejo
roble del merengue, en Guananico, pero tampoco tuve éxi-
to. Apelé a don José Gutiérrez, folclorista, compositor, con
más de ochenta años de vida y amores con el merengue; don
José también toca el acordeón en sus ratos libres, y es un
Antes de que buen compositor; es el autor de La Tradición en que se men-
te vayas...
ciona a Cuta.
RAFAEL Gracias a las desinteresadas diligencias de mi amiga, La
CHALJUB MEJÍA
India Canela, pude ponerme al habla con el señor Gutié-
rrez. Pero por más entusiasmo y cortesía que mostró, este
222
reconocido munícipe santiaguero no pudo agregar mucho a
las cosas que yo ya tenía.
Mi tocayo Rafelito Román se interesó en buscar datos
sobre el célebre personaje, y, muy a su pesar, no pudo lograr
nada. Lo mismo que Indalecio Parra, santiaguero, hijo de
Juan Bautista Pascasio.
Mi camarada de partido, Blas Vargas, persiguió a Cuta
en el Archivo Histórico de Santiago, y la suerte de su bús-
queda fue la misma de los otros. ¡Y nada! Ni informaciones,
ni fotos, ni esperanza de conseguirlas. A todos esos amigos
y a muchos más, gracias por su empeño y su voluntad de
cooperación, pero el hecho cierto y lamentable es que los
datos no pudieron conseguirse.
Así ha sido la historia, maestro Cuta. Y como usted no
puede quedarse sin un lugar en esta obra, digámosle al lec-
tor algunas cosas.
Que su apodo era Cuta, y el apellido Martínez, y según
dice don Julio Alberto Hernández, en su libro Música Tradi-
cional Dominicana, era santiaguero; que en el 1921 ya era
un “celebrado acordeonista” y quiso superarse musicalmente
y trató de aprender a tocar guitarra.
No se conocen con precisión composiciones suyas, ni se
tienen informes sobre su estilo como acordeonista; pero
basta con que en numerosos libros su nombre aparezca, casi
invariablemente, junto a los grandes pioneros y constructo-
res del merengue de tierra adentro; lo cual quiere decir que
usted, Cuta Martínez, fue uno de los que le hizo camino al
principal aire folclórico nacional.
Faltaría demasiado por decir; pero al no tener informa- Antes de que
te vayas...
ciones confiables, basten las líneas que anteceden pare re-
presentárnoslo a usted, con su acordeón de una sola carrera RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
bajo el brazo, visitando amigos y alegrando fiestas en las
enramadas de la Línea Noroeste y el Cibao, o sentado al
223
lado de Ñico y de Matón, intercambiado opiniones y pasa-
das sobre merengues que a cualquiera de los tres les nacían
del alma.
De todos modos, viejo maestro, quede el merecido reco-
nocimiento y el respetuoso homenaje, ya que fue usted una
de las grandes glorias y leyendas del merengue de gallera y
enramada. Y yo, su admirador, le doy mi palabra de que no
decaerá el empeño por encontrar los datos indispensables,
para que en futuras ediciones, usted tenga su biografía com-
pleta, y se llene así el vacío que involuntariamente ha que-
dado en esta obra.
Clemente Villa
–Chichito–

AL IGUAL QUE ISIDORO FLORES Y GUANDULITO, Clemente Villa es Antes de que


te vayas...
natural de la región Este. Nació en la calle José Trujillo
Valdez, de El Seibo, el 10 de noviembre de 1921. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Elucinda Villa, prima de la mamá de Chichito, tocaba el
acordeón. Juan Emilio Villa, primo a su vez de doña Elucinda,
225
no tocaba pero cantaba muchas salves en los velorios.
Chichito era un niño pobre, pero diligente. Conoció poco
a su papá, pero recuerda que era de origen sureño, de los
Ramírez, de Azua. Mientras Erminia Villa, la mamá de
Chichito se ganaba el sustento de la casa vendiendo víveres
y frituras, el niño, desde que pudo echó mano a una caja de
limpiabotas y empezó a trabajar.
Cuando llegaba a la casa cogía una pequeña tambora, se
sentaba en el suelo y empezaba a tocar y la gente grande se
detenía a observarlo. Entre los clientes del niño limpiabotas
estaba el licenciado Carlos Rafael Goico Morales, quien al
paso del tiempo, llegaría a la vice presidencia de la Repúbli-
ca y fue este quien dio el empujón final para que Chichito
Villa se dedicara a la música como oficio.
Relata Chichito que una vez había una gran fiesta en el
club principal de El Seibo y como el hombre que iba a tocar
tambora cayó preso, don Carlos Goico andaba apurado en
procura de un sustituto, e hizo mención del asunto mien-
tras Chichito le brillaba los zapatos. Uno de los amigos del
limpiabotas le dijo a Goico que Chichito sabía tocar tambo-
ra, y en el acto, don Carlos mandó a éste donde el maestro
de música Julio Gautreaux a recibir las instrucciones co-
rrespondientes.
El novel tamborero tocó su fiesta en el exclusivo centro
social seibano y, como quien dice, allí mismo quedó gradua-
do de músico, porque entonces el maestro Gautreaux lo in-
tegró a la banda municipal de música.
En El Seibo, Chichito llegó a tocar con un acordeonista
Antes de que de Puerto Plata que vivía en el Este y se llamaba González
te vayas...
Gómez y con otro músico dajabonero al que le decían Ville-
RAFAEL gas, que, al igual que el primero, acostumbraba a tocar en
CHALJUB MEJÍA
las concurridas fiestas de mayo dedicadas a la Santa Cruz.
Más adelante, Villa se trasladó a La Romana, se integró
226
allí al conjunto de Guandulito como tamborero, pero em-
pezó a ponerle la mano al acordeón y, poco después, cuan-
do Guandulito se pasaba de tragos en alguna fiesta, Chichito
empezaba tocar y la fiesta seguía su curso. Continuó pro-
gresando, en 1946 vino a la Capital, compró un pequeño
acordeón y cuando ya había adquirido mayor destreza se
fue un día a Villa Consuelo, al sector llamado El Hospeda-
je, se instaló con sus dos acompañantes a tocar para el
público y cuando Almánzar, un viejo amigo suyo, que era
sargento de la Policía, pasó el sombrero por ante la concu-
rrencia, reunió catorce pesos; que no era poca cosa en aquel
entonces.
Chichito se fue haciendo famoso y dándose a conocer
como acordeonista y entre sus acompañantes recuerda a un
señor de Nagua llamado Gerardo Capellán, que sabía tocar
acordeón, pero acompañaba a Villa como tamborero.
Supo Villa que Isidoro Flores actuaba en La Voz Domi-
nicana y un día fue donde éste a dicha emisora y le recordó
el encuentro amistoso que habían tenido en el batey La Hi-
guera, por allá por el Este, siendo Isidoro Flores militar. Flo-
res llevó a su colega y amigo donde don Paco Escribano,
nombre artístico del humorista Rafael Tavárez Labrador,
dueño de La Voz de la Alegría, emisora radial que operaba
en el barrio capitaleño de Villa Duarte. En ella empezó a
tocar Chichito Villa, quien rápidamente formó su propio
conjunto y lo bautizó como el Trío San Rafael. Pero Isidoro
Flores le aconsejó que le pusiera Trío Seibano para que así,
Chichito rindiera honor a su pueblo natal. –El que ama a su
patria debe amar a su pueblo–, le aconsejó Flores, según Antes de que
te vayas...
relata don Chichito, y de esa manera nació el nombre de
uno de los más célebres conjuntos típicos. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
El jefe de una casa disquera de la época llamada Bartolo
Primero, escuchó la música del Seibano por la radio y bus-
227
có al director del trío para que grabara para esa casa. Ese
fue el origen de las primeras producciones discográficas de
Chihito Villa y su famoso trío. Dale un Palo, El Papujito, La
Pradera, son los títulos de algunas de esas grabaciones.
Ya Chichito Villa era un artista reconocido, y cuando por
alguna circunstancia Isidoro Flores no podía cubrir su pues-
to en el programa matinal La Hacienda por la Radio, que
dirigía el locutor Manuel Antonio Rodríguez –Rodriguito–,
Villa llenaba la vacante. Allí se relacionó con numerosos lo-
cutores, empresarios artísticos, artistas de aquel tiempo y con
un gran público que lo seguía en campos y barrios populares.
Su actuación y su fama se prolongaron al exterior, espe-
cialmente después de la gira que, junto a Bienvenido Brens,
Pablo Molina y Luis Kalaf, integrantes de Los Alegres Do-
minicanos, hizo Chichito Villa con su trío a Puerto Rico,
donde fueron recibidos con especial regocijo.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

228

Chichito Villa, viejo roble y valiosa fuente de información


de la historia del merengue tradicional.
Chichito Villa llevó los aires del merengue por Venezue-
la, Colombia, Estados Unidos, y siempre regresaba a seguir
su oficio en el país. Grabó bajo contrato para varias firmas
internacionales, como la Peer. Pero el manejo que algunos
empresarios del país hacían del negocio del disco, fue dis-
gustando y provocando que Chichito se desencantara de la
música como negocio.
Fue por esa causa que emigró a los Estados Unidos, se
radicó en Nueva York y se dedicó a trabajar en actividades
distintas a la música y el arte. Algunos amigos y admirado-
res le sugirieron que formara el Trío Seibano, en Nueva
York; pero él no quiso, y al paso del tiempo, volvió a residir
en su tierra. Antes de que
te vayas...
A su edad, don Chichito Villa no está alejado del meren-
gue. Por el contrario, lo vive con suma intensidad, mantiene RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
vivo en sus viejos recuerdos, a sus güireros como Fabio, el
del Cibao; a sus tamboreros, como Francisco Santana y como
229
Rufino, que tocaron con él en el Trío Seibano.
Don Chichito Villa es una de las últimas encarnaciones
del merengue tradicional más auténtico, y aunque los inves-
tigadores del folclor y las instituciones estatales que debie-
ran saberlo no lo saben, es uno de los pocos acordeonistas
que pueden hablar con toda propiedad y como testigo pre-
sencial y directo de hombres y cosas que son muy pocos los
que la saben.
El fue amigo y compañero de música de Ñico Lora, y
puede contar lo que Ñico le explicaba acerca de algunos de
los merengues que componía. Fue amigo y compañero de
andanzas de Toño Abréu, sobre el cual tiene infinidad de
anécdotas; habla de “mi compadre Pedro Reynoso” como si
se hubiesen visto ayer; narra, con un especial respeto y con
la mayor admiración sus encuentros con Matoncito; toca
imitando a cada uno de estos grandes del merengue, y tiene
a flor de labios y con precisión mental insospechada, la his-
toria y las notas de merengues que hace largos años no se
escuchan ni en fiestas ni en medios de comunicación.
Durante varias décadas del siglo veinte, los músicos de
fama y sonoridad nacional no eran tantos. Ñico Lora, Toño
Abréu, Matoncito, Juan Bautista Pascasio, Pedro Reynoso,
Miguel Santana, Isidoro Flores, Manuel Lora, Juanito Pé-
rez, Guandulito, Chichito Villa. De todos el único que sobre-
vive es don Chichito, con la privilegiada ventaja a su favor
de que conserva gran parte de sus fuerzas físicas y de su
capacidad mental. Por eso toca aún con bríos su acordeón y
sin que le cueste mayor esfuerzo, compone las letras de un
Antes de que merengue en poco tiempo.
te vayas...
Con su carga de años encima, don Chichito Villa volvió
RAFAEL a grabar desde finales del año dos mil, y agregó así varias
CHALJUB MEJÍA
piezas a su ya largo y rico repertorio de composiciones mu-
sicales.
230
Su música sabe a merengue puro, a campiña y a histo-
ria, y escucharla es como emprender un conmovedor viaje
sentimental hacia el pasado. Algunos músicos de la actual
generación lo consultan, lo admiran y lo aprecian como a
un padre. Suena aún con mucha aceptación, el viejo meren-
gue que compuso don Chichito y que fue grabado hace bas-
tante tiempo por el maestro Bartolo Alvarado:
Lo dice Chichito Villa / que no entra en casualidad / que al
que le gusta lo bueno / en lo típico es que está /...Lo dice Chichito
Villa / y lo dice con razón / que al que le gusta bailar / busca
fiesta de acordeón / … /.
Aunque el maestro Villa alaba lo bien que tocó El Ciego
de Nagua ese merengue, asegura que en algunos pasajes se le
cambiaron las letras. El sí lo ejecuta y lo canta como real-
mente lo compuso hace ya muchos años, y para dar una mues-
tra de ello, abre su propio acordeón y lo toca por la regla.
En cuanto al merengue de la nueva ola, el veterano acor-
deonista cree que la juventud es muy dinámica y pimentosa,
que debe admirársele y aplaudírsele, pero dice que él se que-
da con su merengue formal en el cual el acordeón dirige y el
saxofón responde y “hace fondo”. –El saxofón se hizo para
acompañar al acordeón y no para dirigirlo–, asegura don
Chichito. Y al hablar de saxofonista, no deja de resaltar a
Tavito Vásquez como el más grande de todos los que toca-
ron con él; de los güireros, Milcíades Reynoso fue el mejor, y
a ese respecto dice que cuando en medio de una fiesta Mil-
cíades se entusiasmaba, se levantaba de la silla y hacía so-
nar su güira, “había que aplaudirlo obligado”, por la elegan-
cia y la habilidad con que lo hacía. De los compositores, Antes de que
te vayas...
Ñico fue y sigue siendo el primero; de los músicos de acor-
deón de los viejos tiempos, reconoce y rememora lo bien RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
que tocaban muchos de sus amigos. –Pero como Matón,
nadie–, y pasa entonces a ponderar la maestría y la limpieza
231
con que tocaba Matoncito.
Y si está entre amigos y se lo solicitan, en lo que su amo-
rosa esposa doña Teresa Figueroa de Villa le prepara con
gentileza y atención algún brindis al visitante, abre don
Chichito Villa su instrumento y empieza a mostrarle a los
presentes cómo tocaban, cuál era el estilo y cuáles eran las
letras de viejos merengues de Ñico, de Matón, de Toño Abréu
y de otros de los grandes precursores y baluartes de la músi-
ca típica del país.
Daniel Santana Guzmán
–Niño Guzmán, Niño Santana o Niño Tillá–

SEGÚN SU PROPIA DECLARACIÓN, DANIEL SANTANA GUZMÁN nació Antes de que


te vayas...
en Santiago, en la calle San Severo del sector La Joya, en el
1922. Sus padres fueron Adolfo Santana y Silveria Guzmán. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
A Silveria le decían Tillá, y de ahí le vino otro de sus apodos
a Niño, el de Tillá.
233
Aprendió a tocar y llegó a convertirse en uno de los más
aclamados merengueros del Cibao. Hombre de mundo, ca-
minó y hasta hizo residencia en numerosos puntos, desde
El Pozito, Guayubín, en el Noroeste; hasta Gaspar Hernán-
dez, Río Piedras, Mella, y otros puntos de la costa arriba en
el Nordeste.
Recuerdo haberlo conocido estando él de visita por va-
rios días en casa de Bolo Henríquez, allá en Las Gordas. Ya
el nombre de Niño Guzmán andaba en boca de la fama, y en
aquel tiempo conocí a un hombre alto, fornido, bien vestido,
orgulloso, que tocaba con gracia e inteligencia, hacía manio-
bras con el acordeón y cantaba versos de su propia inspira-
ción con el toque muy particular que él sabía ponerle.
Al cabo de cuarenta años, y después de largo tiempo bus-
cándolo para obtener con él informaciones y datos indis-
pensables para su biografía, me lo encontré el 21 de junio
Daniel Santana –Niño Tillá– hace sonar su acordeón
y le demuestra al autor sus facultades de buen músico.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

234

Daniel Santana –Niño Tillá–,


en los últimos tiempos de su vida.
del año dos mil, en el marginado Barrio Azul, del sector Los
Ríos, en Santo Domingo. Yo lo había perseguido casi con
avidez durante mucho tiempo, hasta el punto de que con mi
amigo Daniel Galán Holguín, un vegano amante del meren-
gue de línea, que vive en Hatillo Palma, había planeado un
viaje hacia El Pozito.
Me entristeció sobremanera el encontrar a Niño severa-
mente golpeado por los años, en una lucha inútil contra una
ceguera progresiva; pobre, echado a un lado por la sociedad
y hasta ignorado ya por muchos de sus antiguos seguidores
y amigos.
En una modesta y estrecha vivienda levantada sobre el
terreno que sus constructores arrebataron a una ladera, esta Antes de que
te vayas...
leyenda del merengue vivía el ocaso de su vida, junto a su
esposa doña Antonia de la Cruz, una santiaguera de buena RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
voluntad y espíritu franco y alegre que, por más señas, toca
también el acordeón.
235
–Yo enseñé a tocar a mi hijo, el General Larguito–, dice
doña Antonia con orgullo.
En esas condiciones, don Niño saboreaba los recuerdos
de su larga carrera como músico. Rememoraba los días ju-
veniles cuando en el Cibao, tocaba en las fiestas de enrama-
da y de “amaneca”; sus amistades con Ñico Lora y Matonci-
to, sus andanzas incesantes por pueblos y campos de la re-
gión Norte; los viejos merengues que él escuchó y llegó a
tocar y que ya son pocos los acordeonistas que lo conocen;
la forma libre en que él aprendió a manejar los acordeones,
y a arreglarlos en el taller que organizaba tan pronto como
establecía su residencia en un lugar.
Niño Guzmán no tenía acordeón, la tarde en que andan-
do yo junto al reconocido periodista y escritor Fausto Rosa-
rio Adames, lo entrevisté en su vivienda de Los Ríos. Un
músico de esa categoría, a esa edad y sin acordeón, es igual
a un ruiseñor sin canto. Esa situación se le planteó perso-
nalmente al empresario Rafael Corporán de los Santos, y
gracias a él, al ruiseñor se le devolvió el canto, y don Niño
tuvo de nuevo su instrumento. Lo recibió en el programa
Sábado de Corporán y así, muchos pudieron darse cuenta
de que este personaje importante de la música típica estaba
vivo todavía.
Pese a todo, el viejo artista retenía aún algunas de sus
antiguas facultades de buen músico. Cuando yo lo visitaba
y le pedía que me “apuntara” algún merengue, a pesar de
que el dedo anular de su mano derecha no le respondía, to-
caba, y al tocar, como que revivía y lograba remitir a quien
Antes de que lo vio actuando en otros tiempos, a los días en que el Niño
te vayas...
Tillá provocaba furor entre los seguidores del merengue de
RAFAEL enramada y de gallera.
CHALJUB MEJÍA
No dejó nada grabado, porque según dijo en la entrevis-
ta ya aludida, nunca pensó en eso.
236
Desde los finales del 2000, la salud de don Niño empeo-
ró irremediablemente y la noche del 3 de febrero del 2001,
este célebre cultivador del arte popular, se apagó en su mo-
desta vivienda de Los Ríos, en medio del anonimato y el
silencio en que discurrió la última parte de su vida.
Fue sepultado al día siguiente, y sus dolientes lo enterra-
ron a ritmo de merengue. Justamente como correspondía a
un acordeonista de su categoría.
Delio Tavárez
–Chanflín–

HUBO UNA ÉPOCA EN QUE A LOS MÚSICOS no se le andaba buscan- Antes de que
te vayas...
do nombres artísticos, sino que, en muchos casos, se les lla-
maba por el apodo que les ponía la gente. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Como las cosas eran tan naturales y espontáneas, ese
apodo se usaba sin añadiduras artificiales; puro, como na-
237
cía de la imaginación del pueblo. Y cuando el apodo se
oficializaba y se grababa en la memoria de la gente, casi
borraba el nombre propio.
Así nació y pasó a la fama el apodo de Chanflín. Mencio-
narlo es referirse a un símbolo de la música folclórica, aun-
que muy pocos saben dar detalles ciertos acerca del nombre
propio y la persona real que se identificó con ese famoso
sobrenombre. Para averiguarlo, hubo que viajar expresamen-
te a Moca, al barrio Puerto Rico, a preguntarle a Manuel Pérez
Alba, mocano, nacido en 1933, hijo de un obrero que sabía
tocar la güira y se llamaba Manuel Pérez, y de una ama de
casa llamada Luz Marina Alba.
Manolo Pérez o Nolo, es otra celebridad viviente de la
música típica, después de estudiar música y no terminar su
estudio, se alistó en el Ejército en 1949, fue corneta, tocó drum
y redoblante. En 1957 dejó la milicia, siguió acompañando a
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

238

Manolo Pérez cuenta la vida y las andanzas merengueras


de Chanflín.

grandes acordeonistas, y años después fue marimbero, tocó


la güira y cantó como segunda voz en el conjunto de Tatico
Henríquez.
Manolo Pérez conoció bien a Chanflín y gracias a su
contribución se escribe esta biografía. Dice don Manolo
que el nombre propio de Chanflín era Delio Tavárez; el
lugar de nacimiento, Moca; y el seno donde nació, una
familia de músicos. No fue posible establecer la fecha del
nacimiento de Chanflín, pero se puede dar por seguro que
el legendario personaje vino al mundo en los finales del
siglo diecinueve. Chanflín tocaba el acordeón, y un her-
mano suyo, Ramón Tavárez –Manón–, fue un maestro de
la tambora.
Chanflín, asegura Manolo, también hacía sus composi-
ciones. Aunque hay nagüeros que sostienen que fue Bilo Hen-
ríquez el creador de La Pobre Adela, no faltan conocedores
de la historia de la música típica tradicional, que le atribu-
yen a Chanflín la paternidad de ese merengue legendario,
que goza aún de mucha popularidad, y que relata la herida
a traición que a una mujer llamada Adela le infirió en la
cara, otra que se llamaba María Antonia. Antes de que
te vayas...
Chanflín era un incansable caminante. Salía de Moca,
con su acordeón a cuesta, y poco después podía aparecer en RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
los campos de Nagua, pasando una temporada y compar-
tiendo música con sus amigos y compadres de la costa, como
239
Bolo Henríquez. De Nagua podía pasar Chanflín a Puerto
Plata; o volver de nuevo a Moca, pasar algunos días allí y
entonces trasladarse a Santiago o a la Línea, a ver tocar a
Ñico, al primo de este, Manuel Lora, lo mismo que a Toño
Abréu o al viejo Alcedo Espinal, el de Mao.
Chanflín era pequeño de estatura, delgado, de pelo la-
cio, contento como pocos, tan popular que llegó a conver-
tirse en una verdadera estampa de la música folclórica; y
su fama creció por todo el país, cuando la imaginación del
pueblo o algún autor contemporáneo suyo, compuso un
merengue y tomó a Chanflín como personaje central del
mismo.
La gracia, el humor y el ajuste contagioso de ese meren-
gue lo consagraron en el gusto de la gente. Lo hicieron suyo
los conjuntos típicos y lo tocaron también las orquestas y ban-
das de la ciudad. Eso contribuyó a que el nombre y la fama
de Chanflín hayan perdurado a través de las generaciones.
Aún hoy, cuando los personajes y las tradiciones folclóricas
se van quedando en el olvido, se continúan tocando las no-
tas y se cantan las letras que como un trabalengua, hablan
de los amores de don Ventura con Milín; de llevarlo preso a
la comisaría donde el cabo Valentín y de averiguársela allí
mismo con Chanflín.
Muchos cantan, gozan y bailan el viejo merengue:
Miren a Chanflín / con medias turistas / mirándolo bien /
parece un artista /.
Aunque no todos saben que de esa forma prolongan la
fama de un personaje folclórico de los viejos tiempos, lla-
Antes de que mado Delio Tavárez, de Moca; que caminó el mundo con su
te vayas...
acordeón a cuesta y el merengue en el alma, y que al final de
RAFAEL la jornada, se fue a Santiago, al barrio Libertad, y allí, antes
CHALJUB MEJÍA
de morir Manón y su otro hermano, Vicente; se fue del mun-
do a una edad cercana a los cien años, en fecha que al autor
240
de estas líneas le fue imposible averiguar.
Diógenes Jiménez Peralta

MARTÍN JIMÉNEZ Y THELMA PERALTA SON NATIVOS DE YÁSICA, Puer- Antes de que
te vayas...
to Plata. Se casaron y se trasladaron a la comunidad
cabrereña de Los Pinitos; y en ese lugar, de ese matrimonio RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
de agricultores, nació Diógenes en 1955.
Desde muy pequeño, Diógenes se iba al conuco con sus
241
padres, y como siempre le gustó la música, una vez regresa-
ba del trabajo buscaba el acordeón de su tío Pablo Jiménez
y se ponía a tocar. Por más que Pablo se oponía y metía el
acordeón en una funda y lo colgaba de una alta viga del
bohío, desde que el tío daba la espalda, el muchacho se las
arreglaba y continuaba en sus prácticas.
–Eso de tocar el acordeón nació conmigo–, me dijo Dióge-
nes, en el curso de una entrevista que me concedió en la Capi-
tal, el 2 de noviembre del dos mil. Don Martín terminó por ir al
poblado de Mella, próximo a Río San Juan, adonde Niño Tillá,
le compró a éste un acordeón usado y se lo regaló a Diógenes.
El muchacho siguió la música con más ímpetu, y cuan-
do ya tenía doce años, era un prodigio. A esa edad lo llevó su
papá a la ciudad de Nagua, donde el comerciante Picio Alon-
zo acostumbraba a celebrar un baratillo, y con el fin de atraer
público contrataba a Tatico Henríquez y otros acordeonistas
para que amenizaran el ambiente. De esa manera, el barati-
llo de Picio Alonzo se celebró por años y cada vez más se
convirtió en un festival de merengues.
Cuando Martín Jiménez llevó a Diógenes al baratillo, un
famoso músico de Los Jengibres, llamado Eligio Sení, llevó
también a un hijo suyo que tocaba muy bien el acordeón. Se
decidió hacer una competencia entre los dos jovencitos, bajo
la supervisión de un jurado compuesto por Tatico, Miro Fran-
cisco y el Viejo Ca.
El que resultara ganador recibiría como premio un acor-
deón de los de dos carreras de notas y toda la ropa que quisie-
ra. Ganó Diógenes. Poco después, Tatico terminó por llevár-
Antes de que selo a Santiago y tenerlo en su casa, como su discípulo y como
te vayas...
su ayudante. El jovencito recibía lecciones de Tatico, y cuan-
RAFAEL do venía a Nagua, se iba siempre donde Matón, a El Drago, a
CHALJUB MEJÍA
aprender cosas del viejo maestro. De ahí le vino a Diógenes el
apodo de El Matoncito de Nagua.
242
Pero no se separó de Tatico, y llegó a adquirir tal desa-
rrollo y a compenetrarse tanto con éste, que en varios me-
rengues que quedaron grabados bajo la firma de El Monar-
ca, aunque canta Tatico, el que realmente llevaba el acor-
deón era Diógenes Jiménez.
Cuando Tatico murió trágicamente, varios seguidores del
ídolo caído, como Radhamés Guerra, German Pérez, Rafael
Brito, Lalán Collado y otros, se llevaron a Diógenes a San-
tiago, para que recogiera el acordeón de Tatico y encabeza-
ra el conjunto.
Con Diógenes Jiménez como acordeonista se mantuvo el
grupo de los Henríquez, con Saco y Julio entre los integran-
tes. Meses después, Jiménez se separó del conjunto e integró
en Imbert uno propio junto al saxofonista José Cabrera –El
Calvo–. Saco, mientras tanto, se quedó a la cabeza de Los
Henríquez.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

243

Diógenes Jiménez Peralta.


Al morir Saco, Jiménez se unió de nuevo a los Henrí-
quez que quedaban, y fue entonces cuando grabó meren-
gues que se hicieron tan famosos como Detrás de esa India,
Saludo a Vidal, Homenaje a Nagua y Recordando a Matón.
Esta unión no duró mucho y Diógenes Jiménez tomó su
propio rumbo. Ligero en la digitación, alegre, acompasado,
creativo, inteligente como compositor y con una aceptable
voz como cantante, pudo haber llegado mucho más lejos y
conservar la fama que le rodeaba y preservar el lugar tan
alto que ocupaba cuando estuvo junto a los Henríquez. Pero,
al paso del tiempo, como que entró en retiro y casi desapa-
reció de los medios de comunicación.
Antes de que Sin embargo, siguió tocando fiestas en centros de diver-
te vayas...
sión que lo contrataban, se mantuvo viva su vena de compo-
RAFAEL sitor, y cuando se asentaba y se concentraba en su acordeón,
CHALJUB MEJÍA
se notaba el dulzor que aún le quedaba a la música de este
sobresaliente músico nagüero, discípulo de Matón y casi un
244
hijo de Tatico Henríquez.
La noche del lunes 17 de septiembre del 2001, lo sor-
prendió en La Isabela una repentina gravedad, horas más
tarde, ya estaba muerto. Así, el vate Diógenes Jiménez, aquel
personaje risueño y ocurrente, le decía adiós a la vida y al
merengue. Fue enterrado en Nagua, y con él se fue a la tum-
ba uno de los últimos y mejores exponentes de la genera-
ción de Tatico y Saco Henríquez, de Bartolo Alvarado y Pa-
quito Bonilla, y de aquellos acordeonistas que hicieron re-
surgir y evolucionar el merengue, sin matarle su base rítmica
ni anarquizarle sus compases tradicionales.
Dionisio Mejía
–Guandulito–

EL MÁS ORIGINAL Y CREATIVO de cuantos acordeonistas domini- Antes de que


te vayas...
canos han aparecido en los medios de comunicación nació
en La Güízara, Higüey, el 23 de marzo de 1911, según datos RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
cedidos gentilmente al redactor de estas líneas por el perio-
dista y locutor Danilo Arzeno, que los obtuvo con el propio
245
Mejía, el 4 de junio de 1972.
Su nombre real era Dionisio Mejía, pero se le agregó el
pegajoso apodo de Guandulito por que tenía los ojos verdes,
“como do grano ‘e guandule”, conforme con lo que una vez
contó en entrevista radial el mismo acordeonista. Su mamá
se llamaba Adelina Mejía.
A los siete años Guandulito pasó a vivir en La Romana,
junto a un tío suyo que se llamaba Andrés Mejía. El tío An-
drés tocaba acordeón y en ese instrumento aprendió Guan-
dulito.
Cuando tenía 13 años tocó una fiesta entera en un cam-
po de La Romana. Siguió con su música por el Este y a los
20 años decidió venir a probar suerte en la Capital. Aquí
encontró oportunidades de ganarse la vida porque también
reparaba acordeones, cosa que aprendió con un viejo arte-
sano higüeyano que se llamaba Severo.
En entrevista que le hiciera el periodista Hugo Antonio
Ysalguez, resumen de la cual fue publicada en el número
630, del 8 de diciembre de 1975, de la revista Ahora, Guan-
dulito aporta datos importantes sobre su propia biografía.
Según esa publicación, la primera grabación de este
acordeonista, cantante y compositor, fue para el empresa-
rio Bartolo Primero. En 1958 Mejía entró en relación con
el señor Radhamés Aracena, propietario de un sello dis-
quero y de la emisora Radio Guarachita, que salió al aire
en 1964. La recompensa era insignificante: –Radhamés me
pagaba 35 pesos por cuatro merengues míos–, dijo Guan-
dulito a Ysalguez.
Antes de que Fue a los finales del gobierno de Trujillo cuando más
te vayas...
renombre y popularidad alcanzó Guandulito. Como todos
RAFAEL los grandes músicos típicos de ese tiempo, Mejía tocó y can-
CHALJUB MEJÍA
tó merengues de alabanzas a Trujillo y su dictadura. Todos
lo hicieron, pero pocos fueron tan empalagosos como lo fue
246
Guandulito.
Cualquier cosa del gobierno era motivo suficiente para
que ese hábil músico y fértil compositor se inspirara. Las
alabanzas a la guardia, la Policía, los centrales azucareros,
la política del gobierno, la persona del tirano, eran motivos
constantes de las creaciones y la música de Guandulito, con
la circunstancia de que por la forma directa y graciosa en
que lo hacía, el mensaje resultaba sumamente efectivo.
Dijo Guandulito en la entrevista ya citada que hacía todo
eso “para defenderme”, porque, según aseguró, Trujillo le
regalaría una casa. Pero tuvo tan mala suerte que cuando
llegó la orden de que se la entregaran, casi enseguida mata-
ron a Trujillo y Guandulito se quedó sin casa.
A pesar de ese aspecto negativo de su labor, que fue
común a todos los merengueros de todos los ambientes en
el régimen trujillista, había en la actuación de Guandulito
una extraordinaria calidad. Sin la formalidad de otras, la mú-
sica de Guandulito se caracterizaba por la buena digitación,
el ajuste y la maestría en las pasadas y sobre todo, por un
estilo muy personal, que hacían de esa música y el canto de
este artista algo inconfundible e inimitable.
Creativo, ingenioso, Guandulito introducía cuentos y
comentarios graciosos en el desarrollo de sus merengues, y
las letras de sus composiciones estaban también ameniza-
das con ese toque de flexibilidad y espíritu creador que llevó
en el alma ese singular personaje del folclor nativo.
Ganó público y fama desde que se le escuchó por la ra-
dio, que para finales de los años cincuenta, era el medio de
comunicación por excelencia para llegar a la mayoría. Antes de que
te vayas...
Cuando cayó Trujillo, empeoró la suerte del popular
merenguero. A él más que a cualquier otro músico de aires RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
típicos se le hizo blanco del repudio de las mismas masas
que antes habían aplaudido y bailado con delirio las inter-
247
pretaciones de Guandulito.
–Por cantarle a Trujillo me rompieron varios acordeo-
nes y me dieron un palo en la cabeza–, contó Mejía, en la
referida entrevista.
Varios años después, Guandulito recuperó su espacio, y
lo hizo a fuerza de calidad y de talento. Un talento asombro-
so por lo fresco y espontáneo. Volvieron a sonar sus graba-
ciones, surgieron creaciones nuevas, casi todas suyas, con
el sazón de un acordeón hábilmente manejado y con una
gracia en el canto que conquistó de nuevo la aceptación de
mucho público.
El Cuento de la Guinea, el de Las dos Garzas, La Cariño-
sa, El Rebú, El Pájaro del Agua, Amores Escondidos, En los
Guandules te Espero, y otros números vinieron a sumarse a
viejas interpretaciones como Jovinita, dedicada a su mujer
Jovina Rivalde, y que fueron parte de una producción que,
al decir de Guandulito, alcanzó ocho discos de larga dura-
ción y trescientos sencillos.
No obstante, el resurgir de Guandulito fue muy pasaje-
ro. La competencia se hacía fuerte, porque habían salido al
ruedo nuevos intérpretes como Tatico Henríquez, Bartolo
Alvarado y Paquito Bonilla; y lo que a Guandulito le deja-
ban de beneficio las grabaciones, resultaba cada vez más
insuficiente en un medio en el cual la vida se iba encare-
ciendo vertiginosamente. Además, con los años, vinieron los
inevitables achaques de salud.
La feroz comercialización del arte popular sacó de com-
petencia a Guandulito, y como viejo león expulsado de la
Antes de que manada, el artista fue a dar a una maltrecha pieza de un
te vayas...
patio de la calle Alonzo de Espinosa, en la parte alta de la
RAFAEL Capital. Allí vivía en condiciones deplorables, con sus diez
CHALJUB MEJÍA
hijos y su idolatrada y muy cantada Jovinita.
La estrecha habitación en que vivían costaba diez pesos
248
apenas de alquiler, pero ni siquiera para pagar esos diez pe-
sos aparecía. –Usted no sabe como vivo yo–, dijo Guanduli-
to a la revista Ahora. –Los hijos míos tienen que dormir en
las casas de los vecinos… El gobierno me daba una pensión
de 150 pesos, pero hace casi un año me bajaron 50 pesos y
ahora sólo recibo cien– contó con amargura. –Esa suma no
me alcanza para nada. Para poder comer tengo que empe-
ñar mi acordeón y las ropas que usa mi mujer y yo. Mi acor-
deón no sale de la compraventa–, dijo Guandulito en la par-
te más desgarradora de su relato.
–Mire, siguió diciendo, cuando yo estoy solo y me pongo
a pensar en estos problemas, parezco un niño llorando. No
hay un día que deje de llorar porque no puedo hacer otra
cosa que llorar mis penas… Ningún músico ni amigo me visi-
ta… En parte yo vivo así porque algunos empresarios domi-
nicanos no me pagaron lo que valía mi trabajo–, recalcó
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

249

Dionisio Mejía –Guandulito–, gran intérprete, compositor,


y maestro de la creatividad en el merengue típico.
con tristeza el viejo Dionisio Mejía y citó con nombre pro-
pio a algunos personajes.
No cabían dudas, la vida se le iba a Guandulito y para
los finales de la década de los setenta, fue a dar con sus
achaques y dolores a un mal equipado hospital público. Un
día cualquiera se fue del mundo sin oficios ni ceremonias
pomposas uno de las más originales y ricas representacio-
nes del folclor y el arte nacional.
Al morir Guandulito, el reconocido empresario Rafael
Corporán de los Santos, y el merenguero Joseíto Mateo acu-
dieron al sepelio de su amigo, decidieron comprar un ataúd
adecuado y meter junto al despojo del difunto el último acor-
Antes de que deón de Guandulito. El propio señor Corporán relató al au-
te vayas...
tor, que fue preciso pagar el correspondiente rescate, por-
RAFAEL que una vez más el acordeón del pobre Guandulito estaba
CHALJUB MEJÍA
empeñado en una compraventa.
Guandulito se fue a la tumba y casi al olvido, la sociedad
250
siguió precipitándose por el abismo sin fin del consumis-
mo; y del desaparecido merenguero queda apenas el recuer-
do vago en muchos viejos amantes del merengue típico.
Quedan también las grabaciones que aún siguen dando pro-
vecho a los que siempre se han beneficiado del arte ajeno; y
queda como tesoro ignorado por la indiferencia estatal, una
herencia cultural que espera por que manos diligentes y con-
ciencias justas la recuperen y, junto al nombre de Dionisio
Mejía –Guandulito– la incorporen muy merecidamente en
el lugar que le toca en la memoria colectiva y el patrimonio
cultural de una nación que ahora más que nunca precisa de
la preservación de sus tradiciones y valores.
Facundo Trejo Peña

AUNQUE SE CRIÓ, SE HIZO HOMBRE Y MADURÓ como artista en Antes de que


te vayas...
Guananico, Facundo Trejo Peña nació en Loma de la
Majagua, Jicomé, jurisdicción del municipio de Esperanza, RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
el 27 de noviembre de 1954. Su padre, Ramón Antonio Trejo,
agricultor, es un músico de acordeón conocido popularmente
251
como Moncho Trejo. Moncho tuvo veintiún hijos, nueve de
ellos en el matrimonio que formó con Lucrecia Antonia Peña.
De esos nueve, se distinguieron cuatro como buenos acor-
deonistas. De los cuatro, Facundo es el mayor.
En los antecedentes de Facundo hubo también dos tíos
acordeonistas, Angelito Trejo y Juan Trejo. –El tocar el acor-
deón me viene a mí de herencia–, dice Facundo.
Facundo creció bajo el régimen y la recta autoridad de
su padre. Trabajó desde niño, ya fuera con un palín en un
canal de riego, ya cultivando tabaco, o talando árboles y
haciendo carbón de leña para completar, con el trabajo hon-
rado, lo necesario para el sustento de la familia.
Al acordeón de don Moncho nadie le podía poner la
mano, pero ocurrió lo de siempre, y desde que encontraba
chance, Facundo se ponía a pisar las notas, hasta que el pa-
dre se dio cuenta del valor artístico del muchacho y lo dejó
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

252
Facundo Peña, en plena acción,
durante un baile en un centro de diversión de La Línea.

Facundo Peña, entre amigos.


desarrollarse. Pero siempre vigilaba para que el joven toca-
ra el merengue por la regla.
Un día Facundo tocaba en un baile en Guananico en pre-
sencia de su novia, y en medio del ardor de la fiesta se metió
en algunas pasadas complicadas, perdió el hilo de la música,
y allí mismo le llegó el tirón de orejas: –Eso es pa’ que apren-
da como es que se toca el merengue–, lo regañó Moncho.
–Me hizo pasar una vergüenza, pero hoy se lo agradez-
co– cuenta Facundo, ya que de ahí en adelante, lejos de
traumatirzarse, se empeñó más a fondo. Además, Facundo
contó con el cuidado y las enseñanzas de Miro Francisco,
que, como muchos de los viejos músicos, era un maestro
recto y celoso del buen arte. Antes de que
te vayas...
–Miro, para corregirme, me llegó a agarrar la mano de-
lante del público–, relata Facundo Peña. Y así, guiado por esa RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
clase de maestros, llegó Peña a las primeras grabaciones: Una
dedicada a Zenón Gómez, un desaparecido personaje del am-
253
biente típico al que Peña le guarda gratitud, y otra dedicada
por Facundo a su esposa y que lleva como título Mi Adorada:
Tengo mi adorada / por allá en Rincón / esa si es la dueña /
de mi corazón /.
–Ese merengue se convirtió en un himno y donde quiera
que voy tengo que tocarlo–, dice Peña, al reiterar que todos los
números que ha grabado son de su personal inspiración. Nadie
le ha dado nunca nada, en cambio, muchos se han valido de
las composiciones que él ha hecho para entrar en el mercado.
Facundo es un compositor fértil, y como se puede apre-
ciar, hay poesía y literatura en las letras de algunas de sus
composiciones:
Una tarde me encontraba / de paseo con mi amada / dis-
frutando de la brisa / de la playa La Ensenada / … Fue la tarde
mas preciosa / que hoy recuerdo que pasé / y en un árbol de
esa playa / mi nombre escrito dejé /.
–A mí las letras y la melodía me salen fácil–, sostiene
Peña. Pero tiene sus quejas y protestas por las dificultades
que presenta el mercado del disco y de la música, para com-
positores y acordeonistas como él. Por eso tiene una consi-
derable cantidad de merengues compuestos y no se anima a
grabarlos y lanzarlos al ruedo.
Con cuarenta y seis años cumplidos Facundo es un acor-
deonista profesional, con un nombre y una fama consolida-
dos gracias a la maestría con que toca y al entusiasmo que
despierta en quienes asisten a los bailes que ameniza. El
toca principalmente en el Cibao, aunque con bastante fre-
cuencia se le contrata en centros de diversión de la Capital.
Antes de que Mientras tanto, otros hijos de don Moncho Trejo y doña
te vayas...
Lucrecia siguieron la senda que marcó el hermano mayor.
RAFAEL Radhamés Trejo Peña, cinco años menor que Facundo se hizo
CHALJUB MEJÍA
también acordeonista, vive actualmente en Nueva York, de lo
que produce con la música. Freddy, cinco años menor que Ra-
254
dhamés, emigró a Puerto Rico. Allí combinaba el trabajo en
una empresa y el oficio de músico, hasta que murió trágica-
mente por homicidio en octubre de 1996. Nicolás, conocido
por su nombre artístico de Nicol Peña, aprendió el arte en el
mismo ambiente que sus hermanos mayores. Tuvo la fortuna
de que Facundo, el más veterano de todos, se ocupó personal-
mente de orientarlo.
Moncho Trejo había emigrado a la Capital, trabajó durante
diez años en el cabildo del Distrito Nacional y Facundo quedó a
la cabeza de la familia. Se dio cuenta de que, aunque Nicolás
tocaba varios instrumentos, tenía mejor porvenir en el acor-
deón y se encargó de instruirlo y hacerle sus recomendaciones.
Nicolás Trejo Peña tiene actualmente veintidós años y es
el acordeonista de planta del conjunto La Artillería, que en-
cabeza el saxofonista José Cabrera –El Calvo–, uno de los
más rentables y famosos de los últimos tiempos.
Francisco Ulloa

FRANCISCO ULLOA ES UN HOMBRE que lleva los sentimientos a flor Antes de que
te vayas...
de piel. Se emociona con humana intensidad cuando relata
algunos pasajes importantes de su vida. Confía en Dios y lo RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
invoca constantemente. Cree en la religión católica y en la
Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con una
255
fe que parece inconmovible, y dice que le debe a Jesús todo lo
mucho que ha logrado y sobre todo el haber hecho de él “un
músico del mundo pero alejado de la vida mundana”.
Ulloa nació en un campo del municipio de Altamira, lla-
mado Guaranal. Hijo de Ramona Ulloa y de Ramón Ventu-
ra, que era agricultor, carpintero y también tocaba su acor-
deón.
A Francisco, la inspiración por la música le llegó tem-
prano y cree que en esto intervino la voluntad de Dios. Todos
los 16 de julio, don Ramón, el padre de Francisco, celebraba
el día de la Virgen del Carmen. En ocasión de una de esas
velaciones, cuenta Ulloa que se quedó dormido al rumor de
los cánticos que se entonaban a la Virgen, y al despertar y
oír que alguien tocaba un acordeón y ver que era su amigo
Armando Cabrera, fue directo hacia este, le pidió el instru-
mento y le sacó música y empezó a cantar. Desde entonces
todo su empeño fue por hacerse de un acordeón propio. Per-
severante, tenaz, trabajador, lo consiguió reuniendo dinero
peso a peso y centavo a centavo, con el sudor de su frente,
en tareas agrícolas a veces demasiado duras y peligrosas para
un niño tan pequeño como era Francisco todavía. Además,
su papá no quería que el muchacho tocara por temor “a que
se le abriera el pecho”.
Como quien crió a Francisco fue su abuelo Juan Ventu-
ra, éste, como abuelo al fin, estuvo de acuerdo con el nieto,
le ayudó a comprar su primer instrumento, un “acordeón
motón de una sola carrera”, cuenta Ulloa. Siguió tocando,
pero: –Aprendí a tocar la güira, para estar mas cerca del
Antes de que acordeón–, dice.
te vayas...
En una oportunidad recibió de regalo un acordeón nue-
RAFAEL vo, de manos del presidente Joaquín Balaguer. Se fue Fran-
CHALJUB MEJÍA
cisco a la Capital; y con un tamborero apodado Media Libra
y un güirero llamado José, formó el Trío Altamira, compuso
256
y llevó al disco sus propios merengues, entre ellos La Lla-
mada, El Tiempo Está Malo, y Si tu Padre te Abochorna.
Francisco Ulloa ingresó a la Policía Nacional, pasó siete
años en esa institución, principalmente en el Departamento
de Operaciones Especiales, como músico. Hasta que Tatico
Henríquez le aconsejó salir de la Policía y dedicarse más de
lleno al arte.
A los mediados de los años setenta cuando se radicó en
Santiago, entró en tratos con el empresario Antonio Ochoa,
a quien, como muchos músicos más, considera un auténti-
co protector del merengue y los acordeonistas, y desde en-
tonces se ha mantenido esa buena relación.
Después de morir Tatico, Ulloa se acompañó de los mú-
sicos que tocaban con el Astro y, con El Flaco, Julio Henrí-
quez, y Dany Cabrera, hizo su primera gira artística por Nue-
va York.
Avanzada ya la década de los ochenta, a causa de graves
problemas de salud, Ulloa salió del escenario, pero se recu-
peró. –Jesús me curó–, dice Francisco, con toda convicción,
y en el 1989, empezó a lograr lo que ningún otro músico
típico había logrado, pasear su arte por las grandes capita-
les y las más famosas ciudades del mundo, entre ellas París,
Londres, Munich, Viena, Francfort, Suiza, Holanda, Bélgi-
ca, Madrid, Lisboa, hasta Tokio en el Extremo Oriente.
Estas giras empezaron en 1990, siguieron año tras año y
en 1993 estuvo Ulloa en la BBC de Londres, donde grabó un
CD y “entró al disco duro de una computadora para proyec-
tarse con su música por todo el mundo”. En todas ellas dio
conciertos este destacado músico dominicano, que incluía Antes de que
te vayas...
en su repertorio desde merengues típicos, pasando por
cumbias colombianas, hasta boleros. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Cuenta que después de actuar en México, cuando volaba
de regreso a su patria, tuvo un encuentro con el doctor José
257
Francisco Peña Gómez y desde entonces se selló en el cora-
zón de Ulloa, una admiración y una amistad que se ha con-
servado invariable más allá de la desaparición física del lí-
der perredeísta. Desde que empieza a contar este pasaje, a
Francisco se le quiebra la voz y las lágrimas le corren a cho-
rro lleno. –Ese fue el hombe que me llegó profundo–, dice
Ulloa con emoción incontenible y los ojos anegados. Peña
lo alentó a seguir en su misión de Embajador del arte y la
cultura del país y relata el merenguero, que cuando pisó tie-
rra dominicana fue al Gordo de la Semana, y ante el direc-
tor de este espacio de televisión Freddy Beras Goico y el
país, cumplió el deseo de Peña Gómez, de transmitirle un
saludo cariñoso y el testimonio de aprecio que el líder pe-
rredeísta le envió al pueblo dominicano.
Francisco Ulloa no dejó de actuar en su país, pero conti-
nuó trabajando en escenarios extranjeros. Muchas veces,
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

El destacado acordeonista Francisco Ulloa,


258 en los comienzos de su carrera artística, hace alrededor de treinta años.
En la tambora, El Viejo Ca. –Foto Lalán–

según narra, por invitación de los gobiernos de la Unión


Europea; en otras, como Invitado Especial de altas autori-
dades de diferentes países, en una labor que le hizo merecer
el calificativo que lleva con mucho orgullo: El Embajador.
Estaba en Escocia, en los finales de 1993, y se enteró de
que Juan Luis Guerra deseaba hablar con él. Habló desde
Francfort con Guerra, y esa conversación a larga distancia
fue el inicio para el contrato que culminó con la grabación
de La Cosquillita, El Farolito y los otros números en los cua-
les el acordeonista actúa junto al grupo 4-40.
Después de una carrera tan intensa, Francisco Ulloa si-
gue activo. Toca fiestas por contrato, promueve sus discos
en un programa radial que se difunde en Santiago con el
respaldo de don Antonio Ochoa y, aunque ya está pensando
en el retiro, tiene algunas misiones que cumplir, la más sa-
grada de todas es terminar un templo católico en Guaranal,
para alabar a Dios.
Mientras tanto, quiere dejar constancia de su imperece-
dera gratitud a Tatico Henríquez. –Ese es mi ídolo entre los
músicos–, dice Ulloa. Tatico era el único acordeonista que
compartía lo suyo con los demás músicos y que no tenía
problemas en encontrar a un colega en mala situación y lle-
várselo para su casa. Eso lo hizo Tatico con muchos, inclu-
yendo a Matoncito–, agrega, con mucho sentimiento.
Como muchos de sus colegas, Ulloa habla de Matón con
una respetuosa y emocionada admiración. –Matoncito fue
una escuela…, fue el mejor de todos en su época–, asegura, Antes de que
te vayas...
y en ese sentido hay una sorprendente coincidencia entre su
concepto sobre Matón y el que sostiene Bartolo Alvarado en RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
cuanto al mismo personaje: –Porque lo que nosotros, los
músicos de hoy, hacemos en dos carreras, Matón lo hacía en
259
una sola–, dice también Francisco Ulloa .
Francisco recuerda lo amarga que fue la vida de Matón
en los últimos tiempos y se pronuncia en favor de que se
forme una unión o un sindicato, que le garantice a los artis-
tas típicos un retiro y una vejez tranquilos. –Yo no quisiera
que con los que quedamos, pueda pasar lo que pasó con
Matoncito–, advierte este hombre expresivo y sentimental,
al fin de la entrevista.
González Alvarado Pereira
–Bartolo Alvarado o El Ciego de Nagua–

VERDADERO PRODIGIO DEL MERENGUE TÍPICO, y dotado de unas de Antes de que


te vayas...
las manos más ágiles de todos los tiempos, el acordeonista
González Alvarado Pereira nació el 10 de enero de 1947, en RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
La Jaguita, Cabrera. Es uno de los diez hijos procreados por
el agricultor Ramón Alvarado y la modista Juana Pereira.
261
Desde pequeño le llamaron Bartolo. A Ramón le apodaban
Mon y al padre de Mon, que se llamaba Demetrio, le decían
Quero. Y como “hay nombres que son fáciles de combinar el
uno con el otro o con el apodo”, dice Bartolo, a Ramón Alva-
rado se le conoce desde siempre por Mon Quero.
Bartolo Alvarado nació sin vista, según cuenta, y no re-
cuerda algún momento de su vida en que sus ojos hayan
visto la luz. Pero, desde que empezó a gatear y tuvo un obje-
to en sus manos comenzó a sacarle ritmo. Su abuelo Quero
le compró una tamborita y cuando Bartolo era apenas un
infante, con ella como tamborero, se ganó los primeros cin-
co pesos, actuando en una función que presentaba un mago
que andaba en recorrido por los campos de Cabrera.
Tendría el niño algunos tres años cuando le compraron
un acordeón de boca, como se le dice popularmente a la
armónica de boca. Con ella empezó a tocar merengues; y a
los siete años, el abuelo Quero le compró un acordeón “de
esos que tenían una sola carrera de notas y que les decían
Concho Primo”.
Bartolo aprendió con sorprendente rapidez y en 1956,
cuando tenía tan sólo nueve años, lo trajeron a tocar a La Voz
Dominicana, al programa Buscando Estrellas.
Volvió a su campo y con su papá Mon Quero como
güirero, y un tamborero buscado en el lugar, ya Bartolo Al-
varado andaba tocando fiestas en cumpleaños, bodas, bau-
tizos, celebraciones escolares y fechas religiosas.
La fama del niño prodigio se extendió cuando de la mano
de su papá se iba a Nagua a exhibir sus habilidades artísti-
Antes de que cas. Tocaba con una gracia y un acierto propios de un músi-
te vayas...
co de experiencia, cantaba con una voz clara y segura, y era
RAFAEL difícil verlo tocar sin darse uno cuenta de que El Cieguito,
CHALJUB MEJÍA
como se le decía entonces con afecto, tenía un brillante por-
venir.
262
Ya con dieciocho años, estaba en la ciudad capital. Y al
estallar la Revolución Constitucionalista del 24 de abril de
1965, se retiró prudentemente a La Jagüita. En 1966 se ins-
taló la emisora Radio Nagua, y fue contratado por esa em-
presa para tocar los domingos por la tarde, en horario de
tres a cinco.
Un empresario disquero llamado Fabio Inoa le oyó to-
car, le propuso hacer dos grabaciones y así salieron al mer-
cado los primeros discos de El Cieguito de Nagua. Yo seré
tu Mayoral, era el título de uno de los dos merengues que se
incluyeron en el disco sencillo, y Mariíta, era el título del
otro. –Ese merengue es mío, letra y música–, aclara Bartolo
cuando se le pregunta por la paternidad de esa famosa pie-
za. No se inspiró en ninguna María ni Mariíta de sus comar-
cas de origen, aunque por coincidencia, la mujer que termi-
nó siendo su esposa se llama precisamente María. Pero todo
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

263

Mientras Dulce acciona la cámara, Rafael abraza a Bartolo.


ha sido pura casualidad. –Una noche estaba acostado, me
puse a pensar en letras y eso fue lo que me salió–, relata el
maestro con franqueza.
Ya Bartolo Alvarado era un profesional de la música y en
esa calidad hizo su primera salida a Estados Unidos en 1973.
A más de las presentaciones que tuvo en Nueva York, firmó
un contrato para grabar con Disco Mundo. Cuando retornó
al país hizo su residencia definitiva en Santiago. Entonces
lanzó al mercado su célebre ¡Fua! o La Luz, el número que
más popularidad le dio y que más caló en el gusto y la acep-
tación del público.
Esa composición no es suya, sino de un puertorriqueño;
Antes de que y Bartolo Alvarado tiene la delicadeza de aclararlo. –Eso es
te vayas...
de un jíbaro llamado Alfonso Vélez, dice, y lo trajo al país
RAFAEL Bienvenido Rodríguez, de Karen Records… Yo ni quería gra-
CHALJUB MEJÍA
bárselo porque decía que eso era una porquería… y fíjense
donde llegó–, dice el artista.
264
La grabación se convirtió rápidamente en un sonoro éxito
y eso tuvo sus causas sociales. Se vivía ya la crisis del servi-
cio de electricidad y ante la irritación colectiva provocada
por el azote interminable de los apagones, las letras del dis-
co sirvieron de canal por el cual se expresó ese estado de
ánimo. Y aunque no fuera concebido con esos fines, una vez
más el merengue sirvió de instrumento a la protesta social:
Yo tenía una luz / que a mi me alumbraba / y venía la
brisa, ¡fua! / y me la apagaba /.
Bartolo estaba ya afirmado como uno de los grandes me-
rengueros dominicanos, y como uno de los pilares que jun-
to a Tatico Henríquez, Paquito Bonilla y otros ejecutantes
del merengue tradicional, hicieron posible que ese género
del folclor dominicano se recuperara de la crisis en que cayó
a comienzos de la década de los años sesenta, y ganara un
prestigio mayor que nunca.
En manos de los músicos de esa generación, el meren-
gue tradicional evolucionó, se adaptó a una nueva situación
pero mantuvo su esencia y no perdió su ritmo original ni
atrofió sus atributos fundamentales.
Al cabo de treinta y cinco años como profesional y con
54 años cumplidos, Bartolo Alvarado puede hablar con toda
autoridad acerca del merengue. Por su calidad de sabio acor-
deonista, por su larga carrera en el arte.
El sigue activo, tocando. Sus manos, pequeñas y con de-
dos que parecen de niño, sacan lo que su alma y su senti-
miento le dictan, una música movida y alegre, con una digi-
tación difícil de igualar, con registros y pasadas impecables,
como sólo un verdadero virtuoso puede hacerlo sin desorien- Antes de que
te vayas...
tarse ni perder el ritmo.
Desde su posición prominente en el oficio, el maestro Al- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
varado accede a definir el tipo de música que realiza: –El mío
es un merengue entre dos… un merengue que evolucionó,
265
pero que no es ni como se toca ahora, muy rápido, ni es muy
lento–, asegura el maestro.
Aclara que nadie le dio lecciones en los tiempos de su
aprendizaje, aunque confiesa que ya cuando tocaba, tomó
prácticas de músicos como Niño Tillá y especialmente de
Matoncito. –Pero eso era ya cuando yo sabía y vivía en Na-
gua, que Matón siempre pasaba por mi casa, a llevarme me-
rengues que él componía–. De todos los músicos de esa época,
es a Matón a quien Bartolo considera como el más brillante.
La de Matón, dice, era una música dulce, con una digita-
ción que sólo podía hacer un genio del merengue en un acor-
deón de una sola carrera de notas. –Lo que nosotros hace-
mos ahora en dos carreras, lo hacía Matón en una…–, dice
Alvarado.
El Ciego de Nagua también compone. Tiene como vein-
ticinco composiciones suyas, pero confiesa que eso no le
entusiasma mucho. –No me gusta componer porque nunca
creo que lo que yo compongo le va a gustar a los otros–. La
mayor parte de sus interpretaciones son de otros autores,
pero del que más se ha nutrido ha sido de su antiguo güirero
y productivo compositor Juan Balbuena.
Con la autoridad que le asiste, Bartolo Alvarado habla de
la situación actual del merengue y las críticas suyas merecen
atención. –El merengue no puede sacarse de su centro, reite-
ra, porque si se saca de ahí pierde su esencia. El merengue no
se puede hacer tan rápido, porque entonces no es bailable–.
Se queja de que el merengue ha sido deformado, no por la
cantidad de instrumentos que se le ha incorporado, sino
Antes de que porque muchos grupos lo han sacado de ritmo. –El meren-
te vayas...
gue es tan dulce que coge todo lo que le ponen…, pero no
RAFAEL puede sacarse de ritmo porque entonces ya no es meren-
CHALJUB MEJÍA
gue–, aclara.
–¿Y cuál es el ritmo, maestro?–, es la pregunta indispen-
266
sable del entrevistador, cuando se está ante alguien de esa
categoría. –Con la tambora como debe dársele… Muchas
orquestas ahora tocan el merengue y no suena la tambora,
ya no hay ni que usarla porque lo que se toca es lo que algu-
nos han inventado dizque “a lo maco”–, sostiene Alvarado.
En el curso de la entrevista, a Bartolo Alvarado se le
plantea otro aspecto. El acordeón, según dicen algunos, se
acompaña a sí mismo, ya que tiene las notas agudas a la
derecha y los bajos a la izquierda; un buen acordeonista
maneja armónicamente los dos campos, y la música suena
mucho más llena y más completa. Pero ahora, son cada
vez menos los músicos que utilizan los bajos y es impor-
tante que Bartolo Alvarado nos de una explicación sobre
este asunto.
Ahora, dice el maestro, como se incluye un contrabajo eléc-
trico y se toca con equipos de amplificación, el contrabajo
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

Bartolo Alvarado, dueño de una excepcional virtud y de unas de las más


ágiles manos de todos los tiempos en el manejo del acordeón.
267

también está amplificado, y si se tocan los bajos del acor-


deón, entonces hacen contraste con el contrabajo de cuer-
das. Aún así, un músico hábil siempre encuentra oportuni-
dad de hacer sonar los bajos; pero la mayor parte de los
acordeonistas de estos tiempos se ahorran el esfuerzo y lo
dejan todo a lo que el bajo eléctrico haga.
En cuanto a la desaparición del paseo, reitera que hace
tiempo dejó de tocarse. –Como el paseo no se baila, se dice
que se pierde tiempo–, aclara.
En cuanto al predominio del saxo sobre el acordeón, el
maestro Alvarado se lo atribuye a la falta de capacidad de
algunos acordeonistas, que buscan que el saxofón les tape
las fallas y que el saxofonista le haga todo el trabajo.
En todo caso, Bartolo Alvarado le da el merecido crédito
a los músicos de su generación. Ahora no es difícil progresar
en la música: …–ya la zapata está hecha, y fuimos nosotros
los que hicimos eso, metiéndole el merengue a la gente por
los ojos cuando no lo querían–. Bartolo Alvarado tampoco
tiene críticas directas contra ninguno de sus colegas. El ana-
liza las cosas con la inteligencia de que está dotado, y con la
autoridad que le dan su elevada e indiscutible calidad artís-
tica y su permanencia por décadas enteras en el campo del
merengue, con posibilidades de seguir presente por muchos
años más.
Tiene voluntad de trabajo, amor al oficio y una sor-
prendente cultura musical. El ha hecho un largo recorri-
do artístico, ha construido parte importante de la histo-
Antes de que ria del merengue típico y está llamado a seguir por mu-
te vayas...
cho tiempo en la senda en que empezó a andar desde su
RAFAEL niñez, allá en la rocosa y empinada campiña cabrereña,
CHALJUB MEJÍA
cuando empezó a golpear con ritmo todo lo que fuera so-
noro y le cayera en las manos, en aquellos días ya distan-
268
tes en que el abuelo Quero le compró aquel acordeonsito
Concho Primo.
Gregorio Medina Rodríguez
–Chijolo–

AUNQUE NO ALCANZÓ LA DIMENSIÓN de los grandes acordeonistas, Antes de que


te vayas...
Gregorio Medina Rodríguez –Chijolo– es un ejemplo de amor
al arte y al merengue. Hijo de Esteban Rodríguez –Tebo– y de RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Colaza Medina –Negra–, este músico típico nació el 29 de di-
ciembre de 1936, en Caño Azul, Cabrera. Sus padres se radica-
269
ron definitivamente en Tizón, un paraje de Las Gordas, y ese
fue el escenario en el cual tomaron su cauce las inquietudes
musicales de Chijolo. Entre sus antecedentes tenía algunos fa-
miliares que tocaban el acordeón, como Ramón López –Fonso–
y Graciano Medina, ambos de Caño Azul. Pero a Chijolo se le
acentuó el amor por la música típica y le creció la aspiración
de aprender a tocar cuando empezó a ir a las fiestas y a ver
como tocaban Carmelito Duarte y Bolo Henríquez.
Cuenta Medina que él primero tocaba una güirita, y cuan-
do Bolo Henríquez pasaba frente a la casa de Esteban y Ne-
gra, en viaje de ida o de regreso de Mata Bonita, Chijolo
salía a orilla del camino y rascando su güira, hacía que Bolo
detuviera su caballo y allí mismo los aires de Tizón se llena-
ban de música. Luego, Bolo permitió que su joven amigo le
pusiera las manos al acordeón y esos fueron los primeros
pasos de Chijolo por la senda del merengue.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

270

Gregorio Medina. –Chijolo–


Desde entonces, Chijolo se ha pasado la vida entera de-
trás del merengue típico. Le costó mucho esfuerzo, pero
aprendió a tocar, y su afán de toda la vida por el acordeón y
el merengue ha sido, como los verdaderos amores, algo es-
pontáneo y salido del fondo de su sentimiento.
A veces Chijolo se queda sin su acordeón, pero hace
todo lo necesario y se las arregla para volver a conseguir-
lo y, cuando se ve de nuevo con su arma musical en las
manos, se busca un güirero y un tamborero amigos suyos
y sin esperar grandes recompensas materiales, se va con
ellos a hacerle música a sus amigos de Tizón y los alrede-
dores.
Es cierto que no ascendió al nivel de los mejores músi- Antes de que
te vayas...
cos de su región, pero el Viejo Chijo es un ejemplo de amor
y lealtad al merengue campesino, y de tanto bregar con él, RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
se ha convertido en un símbolo del merengue típico en su
propia tierra.
271
Inocencio Gálvez Soliver
–Chimbín–

SI BIEN ES CIERTO QUE NO HA SIDO TAN FÉRTIL COMO EL NORTE, el Antes de que
te vayas...
Este ha producido y sigue produciendo su buena cantidad
de merengueros. Chichito Villa, Isidoro Flores y Guandulito RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
son tres estrellas de una anterior generación de músicos tí-
picos orientales; y entre los del presente se cuenta Inocencio
273
Gálvez Soliver –Chimbín–, que es uno de los quince hijos
del agricultor Esteban Soliver de la Cruz y de una ama de
casa llamada Sotera Gálvez.
Chimbín nació el 10 de septiembre de 1956, en El Llano,
localidad campesina de Pedro Sánchez, El Seibo, y, como
en muchos otros casos, cogía el acordeón de una sola línea
de notas que tenía su padre y trataba de sacarle música.
Cuando creció, Chimbín se deleitaba escuchando los me-
rengues de Tatico Henríquez que sonaban en las emisoras
de Santiago, captadas claramente en el Oriente; y por Radio
Seibo escuchaba los merengues del maestro Chichito Villa y
su Trío Seibano, y así se le despertó un mayor entusiasmo
por el arte.
Chimbín compró su instrumento propio, lo mandó a
transportar al taller de un arreglador llamado José Merce-
des, en La Romana, pero no le gustó mucho la forma como
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

274

Inocencio Gálvez Sorivel. –Chimbín–


éste sonaba. Compró otro acordeón, los desarmó a los dos
y fue viendo el sitio donde Mercedes había trabajado los
pitos del más anterior, y terminó él mismo por arreglar el
nuevo.
Desde entonces se hizo arreglador de acordeones y de
ahí proviene la mayor parte de sus ingresos. Tiene su taller
en su casa, en El Seibo, y su clientela está formada princi-
palmente por músicos típicos que tocan en los numerosos
complejos turísticos del Este.
Cuando es preciso tocar, Chimbín tiene también su ha-
bilidad. El día que fue entrevistado para pedirle datos sobre
su historia personal, ya al fin de la conversación, tomó un
acordeón que le quedaba al alcance de la mano, registró las Antes de que
te vayas...
notas, y con dedos ligeros, tocó varios merengues derechos
y se acompañó a sí mismo con su voz clara y graciosa. Él, RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
así como Antonio Rijo, en La Romana; Joselín Castillo, de
los Castillo de Vicentillo, Hato Mayor; Félix el Zurdo, Ma-
275
nuel Teodosio y muchos más, incluyendo músicos como
Ovidio Cruz, que de Nagua se ha desplazado al Este; se en-
cargan de mantener sonando las notas del merengue típico
en esa región.
Isaías García Henríquez
–Saco–

HERMANO DE PADRE Y MADRE DE TATICO, Isaías García Henrí- Antes de que


te vayas...
quez nació en el año 1949 y pasó su infancia, lo mismo que
los demás hijos de Bolo y Chara, entre merengues y acor- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
deones. Cuando Tatico entró en pleno desarrollo, Saco lo
siguió y se le colocó al lado. A la sombra del Monarca, Saco
277
se hizo acordeonista y pasó a formar parte del conjunto di-
rigido por su hermano.
En ocasiones tomaba el puesto de Tatico, y aunque era
imposible alcanzar la luz del Astro, lo hacía con bastante
lucidez y habilidad.
Después de la muerte trágica de Tatico, y al separarse Dió-
genes Jiménez del conjunto, Saco se puso al frente del mismo
y lo encaminaba hacia adelante. Tenía buena digitación, su
voz no era tan fuerte y llena como la de Tatico, pero sonaba
bien al oído, y junto a esto, empezó a componer merengues y
a lanzar grabaciones al mercado. Homenaje a Tatico, fue una
de sus primeras producciones y entre las que más aceptación
tuvo en el público fue aquella que se refiere a dos reconoci-
dos personajes de la región Nordeste:
Dice Félix Lora / a Mon “Alvarao” / los mejores gallos / se
me han acabao /.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

278

Isaías –Saco– Henríquez, con su acordeón;


su hermano Julio, a la derecha de Saco, con la güira;
a la izquierda de Saco, Tatico; luego, El Flaco, con la tambora;
agachados, Dany, el saxofonista, y Manochí, el marimbero.

Entraba Saco en la senda del éxito y de la popularidad


cuando la tragedia se interpuso en el camino. El 5 de julio
de 1977, con apenas 28 años, fue encontrado cadáver, en
uno de los laterales de la rotonda del puente seco de la ca-
rretera entre Santiago y Navarrete. Con un balazo en la sien
derecha, quedó inmóvil tras del volante de su carro Lada,
placa 140-616 y cerca de su mano derecha, el revólver cali-
bre 38 que había sido de Tatico.
Al lado opuesto del asiento se encontró el cuerpo sin vida
de su acompañante, Gladys Lista Arcequis, de 20 años, con
un tiro en la frente. Una fotografía del periódico El Sol, del
día siguiente a la tragedia ilustra la escena sobrecogedora.
Surgieron diferentes conjeturas en cuanto a las causas
reales de la muerte del artista y de su acompañante. Dijo la
Policía que Saco se suicidó después de matar a Gladys, y que
esto pudo determinarse después que técnicos de la institu-
ción sometieran los cadáveres a la prueba de la parafina.
Pero persistieron las sospechas sobre la intervención de
manos criminales en el sangriento suceso. Porque entre otros
elementos dudosos, se comprobó que una bala disparada
desde el lado izquierdo, había traspasado la puerta delante- Antes de que
te vayas...
ra derecha del vehículo. Dijo la Policía que, al parecer, ese
disparo lo había hecho Saco para probar el arma antes de RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
dispararle a la mujer y dispararse a sí mismo.
En el tocacinta del carro fue hallado un casette con me-
279
rengues de Tatico. ¡Quién sabe si al irse del mundo, en me-
dio de circunstancias tan amargas, fue la música de Tatico
Henríquez el último vínculo que tuvo Saco con lo que fue la
pasión musical de su vida, el merengue!
Los restos de Saco fueron trasladados a Nagua, que no
bien secaba las lágrimas provocadas por la muerte de Tati-
co, cuando tuvo que llorar de nuevo por la pérdida de otro
de sus más altos valores artísticos.
Isidoro Flores Castillo

ISIDORO FLORES CASTILLO NACIÓ EN EL 1912, en el sector Punta Antes de que


te vayas...
Brava, del ingenio Quisqueya, jurisdicción de San José de
los Llanos, provincia de San Pedro de Macorís. Era hijo de RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Domingo Flores y Eloísa Castillo. Datos ofrecidos por el pro-
fesor don Sergio Ruiz Valdez, laborioso historiador llanero,
281
indican que, en los finales de la década de los años treinta y
comienzos de los cuarenta, Isidoro Flores amenizaba bailes
nocturnos en El Laurel, un conocido centro de diversión de
Los Llanos.
Flores ingresó al Ejército Nacional, llegó a sargento, pero
su paso por las filas militares no aminoró su amor por la
música. De nuevo en la vida civil, pasó a tocar en La Voz del
Yuna, que sería luego La Voz Dominicana.
Diariamente se difundía por esa emisora un programa
matinal llamado La Hacienda por la Radio, dirigido a la orien-
tación de los agricultores. El locutor habitual de ese espacio
era Manuel Antonio Rodríguez –Rodriguito–, y la música la
ponían Isidoro Flores y su célebre cuarteto.
El merengue de Isidoro Flores tenía claras diferencias
con el de la región cibaeña. El sonido del acordeón se ase-
mejaba al del bandoneón clásico, la música era también
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

282

Isidoro Flores, el legendario Mago del Acordeón.


–Foto cortesía del locutor y periodista don Danilo Arzeno–

mucho más estilizada, aunque mantenía a lo largo de su


ejecución un buen ajuste.
Con frecuencia, El Mago del Acordeón, como se le lla-
maba en los medios artísticos a Isidoro Flores, agregaba dos
guitarras a los instrumentos de su acoplado conjunto, toca-
das por Aníbal Rijo y por César Peña, respectivamente. En
otras ocasiones añadía también los atabales, especialmente
cuando se tocaba en honor a fiestas religiosas del Este, como
la de La Altagracia, de Higüey, y la Santa Cruz, de El Seibo.
Tavito Peguero y César Peña fueron dos de las voces más
conocidas que cantaban a duo en el cuarteto de Isidoro Flo-
res, aunque en algunas grabaciones de esa agrupación se
escuchan las voces de Thelma y Celeste Cruz, las afamadas
Hermanitas Cruz.
En cuanto a los motivos del merengue que ejecutaba el
maestro Flores, eran también más apegados a la región orien-
tal. No faltaban en las letras, las alusiones a los personajes
de la zona:
Lo dice Monchín Santana / nacido en Hato Mayor / yo
trabajo como un burro / pero gusto si me doy /.
Uno de los merengues que tocaba Isidoro Flores canta-
ba al célebre guerrillero Ramón Natera, que combatió en el Antes de que
te vayas...
Este a los ocupantes yankis durante la ocupación militar
del 1916 al 1924. Después de la caída de la tiranía, Flores se RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
ausentó de su patria, se instaló en Puerto Rico. En 1969 for-
mó allí otro conjunto, Los Alegres Dominicanos, y tenía to-
283
mada la decisión de regresar definitivamente a su país el día
8 de enero de 1973. Conforme con datos aportados cortés-
mente por el periodista y locutor Danilo Arzeno, la noche
del 6 estaba Isidoro Flores tocando una fiesta en Trujillo
Alto, Puerto Rico, y a la una de la madrugada murió de re-
pente a causa de una hemorragia cerebral, dice el certifica-
do médico.
Los restos del legendario músico fueron traídos al país
precisamente el día 8 cuando el artista tenía previsto su re-
torno. Al día siguiente fueron enterrados en el Cementerio
Nacional de la avenida Máximo Gómez.
José Erasmo de la Rosa Lora
–Yan de la Rosa–

JOSÉ ERASMO DE LA ROSA LORA –YAN– vino al mundo cuando el Antes de que
te vayas...
siglo veinte apenas tenía diez años recorridos. Hijo de José
Dionisio de la Rosa y de Mercedes Linda Lora, Yan nació el RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
8 de agosto de 1910, al influjo de los aires puros de la cordi-
llera, en Guanajuma, Jánico; y llegó a la música sin andarla
285
buscando.
Entre sus antepasados, sólo su abuelo José Antonio de
la Rosa –Toño– tocaba acordeón, especialmente cuando la
quietud de la vida entre los pinares de la serranía o algún
motivo importante, lo inspiraban.
Yan, aunque sentía pasión por el merengue, no tocó sino
cuando ya era un hombre hecho y derecho. Era negociante.
En una ocasión andaba a lomo de mulo, vendiendo andullos
por los campos de Puerto Plata y al tratar con un cliente que
era músico, a Yan se le ocurrió cambiarle uno de sus andullos
por un acordeón. Trato hecho.
Entonces, de regreso a su casa, Yan de la Rosa soltó las
riendas de su cabalgadura, empezó a manipular el instru-
mento que acababa de adquirir, y llegó tocando a Guanaju-
ma. A partir de ahí, el talento natural se encargó del resto, y
Yan no tardó en darse a reconocer como un gran músico.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

286

José Erasmo –Yan– de la Rosa.

Hombre de buena posición económica, no necesitaba vi-


vir de lo que se ganara tocando; pero de todos modos, reci-
bía ingresos por esa vía, ya que era un músico solicitado en
su lugar de origen y en toda la provincia de Santiago.
Su casa era frecuentada por músicos de la dimensión de
Matoncito, Juan Bautista Pascasio y Ñico Lora.
Yan de la Rosa sobresalió como uno de esos pilares
que suelen levantarse en determinadas comunidades.
Hombre de trabajo, sembrado como un pino en su lugar
de nacimiento, levantó su hacienda y procreó con Elvira
Caba, –Virita– una familia de diecinueve hijos. Fue Alcalde
Pedáneo durante cuarenta años, y sin mayor ilustración es-
colar, llegó a aprenderse de memoria numerosos textos le-
gales como si hubiese sido un abogado.
Entre los haberes de Yan de la Rosa, como artista natu-
ral, hay que señalar su calidad como compositor. Es el crea-
dor de numerosos merengues, Anselma, La Rubia y Yo, Pa-
payo Suárez, Yo Tengo Una India, Elena y David, son algu-
nos de ellos, asegura su hijo King. Muchas de las composi-
ciones de Yan de la Rosa han sido grabadas por otros músi-
cos y han gozado en su momento de bastante aceptación del
público típico.
Con noventa y un años, don Yan de la Rosa ya no está
activo en la música, pero es un símbolo viviente del meren- Antes de que
te vayas...
gue tradicional y de la vieja cultura campesina; pasa una
respetable ancianidad en su casa, rodeado del afecto de sus RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
descendientes, y del respetuoso recuerdo de quienes tuvie-
ron el placer de verlo y oírlo tocar.
287
Juan Balbuena

JUAN BALBUENA. HIJO DE JUAN MELO y de Carmen Balbuena. Antes de que


te vayas...
Nació en Arroyo de Leche, Puerto Plata, en 1937. Tiene 64
años. Pero eso es “en la cédula”. “Son más”, advierte don RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Juan, y aclara a renglón seguido, que bajo el gobierno de
Trujillo, muchas actas de nacimiento se arreglaban, para eva-
289
dir el impuesto de la cédula, que se empezaba a pagar, so
pena de severos castigos, a los dieciséis años.
Desde pequeño, Juan Balbuena empezó a demostrar su
inclinación a la música: –Cuando mi mamá le echaba ma-
nos a una lata de esas de cuatro esquinas en las que venía el
gas de lámpara, y se ponía a tocar tambora en la cocina, yo
cogía un colín y una cuchara y empezaba a hacerle compa-
ñía tocando güira–. Luego, Juan se hizo güirero de verdad y
tocaba con Jesús Pavón o con Luis Manuel Marmolejos, que
eran los dos principales acordeonistas de Arroyo de Leche,
Caraballo y sus alrededores.
Desde entonces, Juan Balbuena contrajo un matrimo-
nio sin divorcio con el merengue tradicional. Ha sido al-
bañil, cortador de caña, agricultor, sereno, peón de ca-
mión de volteo, entre otras cosas, pero al fin y al cabo, vuelve
al merengue y con él se reconcilia, como buen güirero,
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

290

Juan Balbuena.
buen cantante, y más que todo, como un productivo com-
positor.
En el 1963, “cuando ganó Juan Bo”, Balbuena vivía en la
Capital y formó un trío en el cual tocaba el acordeón un
músico al que le apodaban Vale. Más adelante, compró un
acordeón y sustituyó a Vale por Arístides Ramírez, un músi-
co y compositor liniero, ya desaparecido, al cual también
Balbuena reemplazó con otro acordeonista de Nagua, cono-
cido sólo como Cieguita.
En 1964, Juan Balbuena se unió al grupo de Bartolo
Alvarado y se quedó en él durante doce años. –Yo le ha-
cía tres trabajos al Ciego, porque tocaba güira, cantaba
y le componía merengues–, dice don Juan. El propio Al- Antes de que
te vayas...
varado reconoce que ha sido Balbuena el compositor que
más merengues le ha dado, y no es difícil encontrar los RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
títulos de esos merengues en las producciones discográ-
ficas del referido acordeonista.
291
Balbuena siguió en la música, ocasionalmente actuó con
Tatico Henríquez; pero, desde el mismo 1976, hasta el 1982,
tocó con el maestro Rafelito Román, quien ha grabado va-
rios merengues compuestos por Juan Balbuena.
Ha pasado el tiempo, y Balbuena, que vive desde hace
mucho en Santiago, no se aparta del merengue. Lo interpre-
ta aún, con su güira en la mano; lo canta; lo compone y le
pone música cuando le viene la inspiración; y lo disfruta
cuando lo tocan por la regla.
Escribe él mismo las letras de sus composiciones, y
cuando tiene letra y música logradas, entonces se va donde
algún amigo acordeonista, como Yovanny Polanco o Chi-
che Almonte, que viven en Santiago, le pita la música de la
nueva composición, se la canta varias veces, así el acor-
deonista se la aprende y la sigue ensayando hasta tenerla
terminada.
Hubo un tiempo en que Juan Balbuena vivió de la músi-
ca, pero ahora las cosas son distintas. –Esto no está fácil…
uno escribe pero no hay quien compre–, dice don Juan.
El tiene sus quejas y sus temores. No le gusta la forma
en que algunos grupos típicos van deformando el merengue
con su estilo de ejecutarlo; y teme que el merengue tradicio-
nal desaparezca. Por eso, pide que no se cierre la entrevista
sin que se tome en cuenta su opinión a ese respecto.
–A mí y a muchos nos está dando deseos de oír el meren-
gue tradicional–, dice don Juan. –Ha surgido una nueva ge-
neración de escuchas del merengue y de los que lo tocan,
que no tocan el merengue tradicional… Ahora le han puesto
Antes de que muchos trucos y muchos cortes que el merengue ni lo lleva-
te vayas...
ba ni lo debiera llevar–, sostiene Balbuena.
RAFAEL Esas preocupaciones las manifiesta este músico y com-
CHALJUB MEJÍA
positor en una de sus obras. Grabada por Bartolo Alvarado,
se titula No dejen caer el Merengue, y dice en los versos de
292
su primera parte:
Le estoy cantando a mi pueblo / a mi pueblo que me entien-
de / si la cosa sigue así / dejarán caer el merengue / … les digo a
mis compañeros / los que tocan acordeón / no dejen caer el
merengue / que esa es nuestra tradición / … /.
Reconoce el talento de muchos músicos y entre otros
menciona a Lupe Valerio y a Facundo Peña, después de ha-
blar muy bien de Rafelito Román, como persona, como
amigo y como artista.
Juan Balbuena sabe mucho del merengue, porque ha es-
tado envuelto en él durante décadas largas y trabajadas.
Habla del origen de muchos merengues, de la historia de
muchos músicos, y de los recuerdos y experiencias que ha
acumulado este hombre inteligente y de memoria lúcida,
con el cual es difícil de parar el diálogo, porque mientras él
más habla, más deseos les dan a uno de seguir oyéndolo.
Juan Bautista Pascasio Tavárez

JUAN BAUTISTA PASCASIO TAVÁREZ nació en La Canela, Santia- Antes de que


te vayas...
go, en el 1892. Sus padres fueron Manuel Tavárez y Desi-
deria Pascasio. Fue otro de los que aprendió a tocar el acor- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
deón al influjo de la soledad y la quietud de los campos de
antaño.
293
Era primo de Ñico Lora, con el cual intercambiaba ex-
periencias y formas de tocar y componer, y al cual muchas
veces acompañó, tocando la güira o la tambora.
Trujillo puso su atención en Juan Bautista y más de una
vez lo mandó a buscar para que le tocara cuando el dictador
estaba alojado en su confortable residencia de descanso de
San José de las Matas. Cuando se celebró la Feria de la Paz,
en 1955, fueron llevados allí numerosos merengueros al fren-
te de sus tríos y conjuntos. Juan Bautista Pascasio fue uno
de ellos.
Pascasio perteneció a la promoción de acordeonistas que
le correspondió abrir los primeros trillos para que el meren-
gue rural penetrara a la zona urbana. Era un hombre de
buen porte. Según me cuenta don Chichito Villa, que llegó a
verlo tocar en los comienzos de los cincuenta, Pascasio usa-
ba habitualmente como parte de su indumentaria, saco y
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

294

Juan Bautista Pascasio.


–Foto cortesía de su hijo, Indalecio Parra–
corbata color caqui. Como acordeonista, tocaba una buena
música, de acuerdo con los estilos de aquel tiempo.
Dice su hijo Indalecio Parra que Juan Bautista Pascasio
compuso numerosos merengues, pero hasta donde se pudo
saber, no quedó nada grabado por él personalmente. De sus
composiciones se nutrió el repertorio de otros acordeonis-
tas y, como por muchos años no tuvo mayor presencia en
los medios de comunicación, su nombre y su figura de artis-
ta popular se fueron apagando en la memoria de las nuevas
generaciones.
Hoy, este pedazo de la historia del merengue y del folclor
apenas se menciona en boca de algunos viejos amantes de
lo típico. Sin embargo, merece un lugar importante en esa Antes de que
te vayas...
historia y que se reivindiquen como se debe, el nombre, la
labor artística y el paso por los predios del merengue tradi- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
cional de este destacado acordeonista. Murió en Santiago,
el 17 de octubre de 1980, a los 88 años, en medio de recuer-
295
dos y añoranzas de los mejores tiempos de su actuación en
los bailes de gallera y enramada.
Juan Rodríguez Parra
–Juan Prieto–

HIJO DE TOMÁS RODRÍGUEZ –PRIETO TOMÁS– y de Narcisa Parra, Antes de que


te vayas...
Juan Rodríguez Parra, nació el 30 de diciembre de 1937, en
Pescado Bobo, Altamira. Se trata de un personaje reconoci- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
do en los ambientes del merengue típico de todo el país,
especialmente en el Cibao.
297
Al igual que su padre, Prieto Tomás, Juan Prieto ama
apasionadamente la música típica, y toca y arregla los
acordeones. Ha sido en este último aspecto en el que más
se ha destacado, por la destreza y la habilidad que ha ad-
quirido.
La casa de Tatico Henríquez, en Santiago, era un punto
de confluencia de personas vinculadas al merengue. A esa
casa acudían los músicos que acompañaban a Tatico, los
parranderos, empresarios organizadores de fiestas, acor-
deonistas y músicos de otros instrumentos, aprendices de
músicos, maestros y viejos símbolos del merengue como
Matoncito, amigos y simpatizantes de Tatico, y, por supues-
to, los que se ganaban la vida reparando, trovando y trans-
portando los acordeones. Entre estos, el que más confianza
se ganó y más se familiarizó con Tatico, su esposa Elba y la
casa de ambos fue Juan Prieto.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

298

Juan Rodríguez Parra.


–Juan Prieto–

Hombre apacible y callado, cuando está envuelto en su ta-


rea, Juan Prieto era el encargado de que el acordeón de Tatico
estuviera en buenas condiciones; y la fama de que goza como
artesano de esa rama ha sido muy bien ganada y mejor conoci-
da. Por eso no es difícil verlo ejerciendo su oficio en cualquier
punto del Cibao, lo mismo que en la Capital. Fue entrevistado
por el autor de esta obra, en casa del maestro Chichito Villa, el
17 de septiembre del 2000.
Allí reparaba varios acordeones, y cuando le pedí que
interpretara el más famoso de los merengues de su padre,
agarró el instrumento que le quedaba más a la mano, y tocó
enseguida Lo Que a mí me Sucedió. Aunque sin acompaña-
miento, tocó y cantó con énfasis especial una de las estrofas
de la segunda parte de esa conocida composición:
De por Dios, Juan Prieto / que barbaridad / estos son re-
cuerdos / de Prieto Tomás /.
Cuando terminó de tocar, Juan Prieto volvió a ocupar- Antes de que
te vayas...
se silenciosamente de las piezas de un acordeón usado
con el que venía bregando desde hacía rato. A esa labor, RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
de arreglador de acordeones, Juan Prieto ha dedicado su
vida. Aunque su especialidad no es la de músico de acor-
299
deón, ni se ha distinguido como compositor, no cabe duda
de que Juan Prieto ha jugado un papel importante en la vida
del merengue. Por eso su nombre, como el de otros, está
relacionado tan estrechamente con la historia del principal
aire folclórico nacional.
Juan Pérez Batista
–Juanito Pérez–

VERDADERA LEYENDA DEL MERENGUE TÍPICO, Juan Pérez Batis- Antes de que
te vayas...
ta –Juanito–, nació en Burende, jurisdicción de La Vega,
probablemente en el año 1911. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Al igual que varios de sus hermanos, se interesó por
el acordeón y aprendió a tocarlo desde muy pequeño,
301
cuando escuchaba a su papá tocando uno de esos instru-
mentos.
Juanito Pérez se acreditó como gran acordeonista y pro-
ductivo compositor entre los muchos grandes del género que
se levantaron, entrado ya el gobierno de Trujillo. Las vueltas
de la vida lo llevaron a fijar su residencia en Bonao, que
entonces era municipio de La Vega. Se casó y formó familia
con Carolina Vallejo –Nina–.
Bonao era el feudo particular de Petán Trujillo. Una de
las predilecciones de este poderoso personaje eran las fies-
tas de merengue típico, y, con frecuencia, quien amenizaba
esas parrandas era Juanito Pérez. Son muchos los que ase-
guran que era este el músico preferido de Petán.
Hombre amistoso, divertido, dispuesto siempre a la pa-
rranda entre amigos, Juanito Pérez era un acordeonista com-
pleto, pimentoso, ligero en la digitación, incansable tocando,
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

302

El acordeonista y compositor Juanito Pérez,


y sus acompañantes.
Toca la guira, Milciades Reynoso.
–Foto cortesía de don Milciades Reynoso–

espontáneo, producía un merengue auténticamente típico,


conforme con las formas y los estilos de su época. Su músi-
ca dulce y movida convidaba al baile y contagiaba a los asis-
tentes a las fiestas de “amaneca” que se celebraban en ese
entonces.
Además de buen músico, Juanito Pérez fue un destaca-
do compositor. Muchas de sus grabaciones se convirtieron
en éxitos discográficos y aún hoy siguen afirmados en la
predilección de los simpatizantes del merengue de línea.
De sus creaciones se nutrieron muchos merengueros, entre
ellos El Monarca, Tatico Henríquez, que llevó al disco y po-
pularizó varios merengues de los de Juanito.
Las composiciones que se atribuyen a la vena creadora de
Juanito Pérez tienen letras variadas. Algunos tan picantes
como El Pájaro Pelú, y otros con letras propias de la poesía
popular, como La Cama:
Que hago yo con buena cama / cama de buen espaldar /
sino tengo quien me diga / echa pa’ ca que te cae / … /.
Como Las Tres Muchachas:
Oiga compadre una cosa y venga acá / una noticia que
me han dado por allá / están de fiesta, por ahí por el barrio /
y las tres muchachas de don Pancho / van pa’ allá / ... Son Antes de que
te vayas...
tres muchachas bonitas de verdad / con unos ojos que fas-
cinan al mirar / y yo que tengo / amores con una / y si la RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
fiesta amanece usted verá… Y cuando llegue el alcalde / aquí
no se baila más / y yo con mi morenita / de la curvita pa’
303
allá / … /.
Juanito Pérez sentía el merengue y lo disfrutaba con el
intenso deleite de los grandes merengueros.
–Mi papá no vivió de la música, sino que él vivió la
música, por que esa era su mayor pasión–, dice Leopoldo
Pérez –Leo–, anestesiólogo, hijo de Juanito, al ser entre-
vistado en su residencia de Bonao, el 15 de octubre del
2001.
Asegura el mismo Leo, que su padre ejerció otro oficio,
el de zapatero, del cual percibía parte de sus ingresos. Pero
el amor mayor del célebre artista fue el acordeón. Sabía to-
carlo como pocos en su tiempo, y también se hizo arregla-
dor y reparador de ese instrumento.
Ya en la madurez de su vida, Juanito Pérez seguía tan
activo como siempre en la música, en la mecánica de los acor-
deones y su actividad de zapatero; hasta que un incidente
que terminó en tragedia puso fin a su vida. Según dice
José Ramón Vallejo –Cheo–, un hábil tamborero, hijo de
Juanito; y reitera doña Belkis, esposa de Cheo, ambos re-
sidentes en Bonao, el deceso del legendario merenguero
ocurrió en Santo Domingo, el 29 de julio de 1984. Tenía
73 años.
Llama la atención el que el nombre y la herencia mu-
sical de Juanito Pérez se reconozcan tan poco en estos
tiempos. De los acordeonistas jóvenes muy pocos saben
que existió, aunque tocan con furor los merengues que él
produjo. Muchos de esos merengues han sido grabados
una y otra vez, sin que se mencione siquiera por justicia
Antes de que al padre de los mismos.
te vayas...
Y así, se hunde con alarmante rapidez en las hondona-
RAFAEL das del olvido, la memoria de uno de los más diestros y
CHALJUB MEJÍA
fieles ejecutantes del merengue de gallera y enramada.

304
Juan Tirado Henríquez
–Faride o Fari Henríquez–

HIJO DE TATICO HENRÍQUEZ Y AMADA TIRADO, Juan Tirado Henrí- Antes de que
te vayas...
quez nació en Los Ranchos, Nagua, el 27 de diciembre de 1965.
Uno más de la familia Henríquez que desde la infancia se incli- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
naba por la música. Por eso su papá se lo llevaba a Santiago y
lo ponía a tocar para darle las debidas instrucciones.
305
Tras la desaparición del Astro, y cuando se consideró con
suficientes destreza y capacidad, Fari se lanzó a la arena en
procura de conservar alrededor suyo, sino toda, al menos
una gran parte de la popularidad y el crédito que acumuló
su padre.
La nueva estrella se presentó bajo el nombre artístico de
El Heredero y lanzó al mercado varias grabaciones, la ma-
yor parte de ellas ya grabadas por Tatico, y dos de la inspira-
ción del propio Fari. En una de estas dos, Faride rinde tri-
buto a su papá. Más adelante produjo otra grabación en
homenaje a Tatico.
Ha tenido en su favor, el nombre, la fama y hasta el gran
parecido físico con su padre, y contó con la solidaridad y la
buena disposición de muchos “viejetes” amigos de Tatico.
Pocos músicos jóvenes han empezado su carrera contando
con tantos factores para desarrollarse y progresar.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

306

Fari Henríquez, hijo de Tatico, y continuador de la larga tradición


merenguera de la familia Henríquez.
Durante un tiempo Fari sonó bastante en los medios de
difusión, pero más adelante se dedicó principalmente a to-
car contratado por centros de diversión, sobre todo en la
región Norte, aunque suele tocar también en la Capital. Se
ha mantenido activo en el oficio y como otros, tiene un pú-
blico que sigue sus actuaciones y disfruta de la música agra-
dable y acompasada que este otro merenguero nagüero, de
la familia Henríquez, le saca al acordeón.
Algo digno de reconocerse en Fari es su decisión firme
de hacer las veces de cantante de los merengues que ejecu-
ta. En los últimos tiempos, algunos acordeonistas se han
vuelto demasiado cómodos y han tomado el camino más
fácil y del menor esfuerzo. Quieren que el saxofón le haga el Antes de que
te vayas...
trabajo y le tape las fallas en la digitación; no tocan los bajos
porque pueden ponerle sonido amplificado al contrabajo RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
eléctrico; y aunque tengan buena voz, prefieren contratar
algún cantante. En este último sentido Fari ha sido diferen-
307
te, ha preferido hacerlo como su papá y cantar sus propios
merengues. Le favorece el hecho de que tiene buena voz.
Leonardo Marte Figueroa
–El Negrito Figueroa–

LEONARDO MARTE FIGUEROA NACIÓ EN LA CUEVA, CEVICOS, provin- Antes de que


te vayas...
cia Sánchez Ramírez, el 26 de octubre de 1955.
Desde que se afirmó como acordeonista, siendo toda- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
vía muy joven, El Negrito Figueroa mostró su propia iden-
tidad artística. Empezó a grabar con el sello de La Guara-
309
chita, alrededor de 1976, y poco después tocaba en vivo
todas las tardes en la emisora del mismo nombre, en la
Capital.
El Negrito Figueroa era un hombre alegre y caballeroso,
asegura Aurelio Surún, quien dice que lo trató de cerca y
puede hablar sobre él con propiedad. La alegría de su tem-
peramento la trasladaba Figueroa al sentido de su música y
al estilo de su canto.
Tenía su forma muy peculiar de tocar y cantar, y a ese
estilo se acomodaban las letras de sus composiciones, entre
las cuales se destacaron aquellas que quedaron grabadas en
dos discos de larga duración.
Era ágil y certero en la digitación, ligaba las notas y te-
nía una forma tan suya de tocar, hasta el extremo de que
resulta difícil imitar con alguna precisión el estilo propio de
este músico. Pese a su calidad, Negrito Figueroa no pudo
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

310

Leonardo Marte –El Negrito– Figueroa.


–Foto reproducida de la carátula de un disco de La Guarachita–

llegar lejos porque se fue del mundo y de la música cuando


apenas tenía 33 años.
Murió en Santiago, el 13 de junio de 1988. Sus restos
están sepultados en el cementerio del Ingenio Arriba, de esa
ciudad.
Lidia María Hernández López
–Meri Hernández o La India Canela–

NATIVA DE EL LIMÓN, VILLA GONZÁLEZ, y fruto del matrimonio Antes de que


te vayas...
del agricultor Santiago Hernández y la ama de casa Tomasina
López, Lidia María Hernández López tuvo desde pequeña RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
la curiosidad por el arte de tocar el acordeón.
Su hermano Luciano, mayor que ella, lo tocaba, y lo mis-
311
mo hacía su otra hermana, Antonia. Meri sentía la inclinación
natural hacia la música, y se entusiasmaba más, al tenerla bajo
el mismo techo, en las manos y el alma de sus hermanos.
Su padre consideró en un principio que eso de tocar no
era asunto de mujeres; pero cuando Meri siguió los pasos de
sus dos hermanos, y empezó a mostrar sus cualidades, don
Santiago permitió sin protestas ni regaños, que la muchacha
se abriera paso en el campo productivo del merengue.
Tocó Lidia María sus primeras fiestecitas y empezó a
convertirse en atracción del público. Ella cultivaba su pro-
pio arte, pero también tomaba prácticas, de acordeonistas
tan diestros como Siano Arias, y seguía con atención lo
que hacían otros grandes músicos. Cuando tuvo acceso a
los medios de difusión, no tardó mucho en conquistar una
merecida fama como artista. Su nombre propio quedó su-
perado, primero por el apodo de Meri Hernández y luego
por el nombre artístico por el cual más se le conoce en el
presente, La India Canela. Lo demás fue obra de su inteli-
gencia, el trabajo consagrado y el esfuerzo por el perfeccio-
namiento de su arte. Poco tiempo después, esta acordeonis-
ta estaba tan sembrada y robusta en los ambientes típicos y
en la simpatía del público como un ébano en tierra buena.
La India Canela entró por la puerta grande de la música
popular y en 1987 empezó su producción discográfica, en la
cual se incluyen varios temas de diversos compositores y otros
de su inspiración personal. Porque ella tiene sensibilidad de
poetisa natural y está dotada de un don para recoger variados
motivos, escribir buenos merengues y ponerles su melodía. En
Antes de que algunas de sus composiciones, como El Rancho, toma como
te vayas...
base escenas del medio rural en que nació y discurrió la prime-
RAFAEL ra parte de su vida y le imprime un tono romántico.
CHALJUB MEJÍA
Como intérprete, esta sobresaliente artista exhibe una bue-
na digitación y liga las notas con bastante soltura. Siente el
312
merengue en las fibras mismas de su alma cibaeña, y el sonido
del acordeón parece incentivarle la pasión natural por lo que
hace. Además, sabe desenvolverse en los escenarios, y en me-
dio de su actuación se comunica con el público.
En esta artista popular, así como en otras mujeres meren-
gueras, hay que admirar la disposición a romper barreras y
prejuicios y abrirse paso en la senda del merengue típico. Aun-
que se haya en plena juventud, La India Canela empezó tem-
prano, tiene un trayecto del camino andado y ha superado con
éxito las duras pruebas del comienzo. Al igual que Fefita la
Grande y María Díaz, ya La India es parte del merengue de
estos tiempos, y más aún, también es parte de la historia de la
música típica. Sin embargo, a ella le queda mucho más por
recorrer y quienes escriban la biografía de ella en el futuro,
serán los llamados a hacer una apreciación más acabada de la
obra artística de esta inteligente e impresionante merenguera.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

313

Lidia María Hernández López –Meri Hernández o La India Canela–


una de las más destacadas intérpretes
y cultivadoras del merengue típico del presente.
Manuela Josefa Cabrera Taveras
–La Vieja Fefa, Fefita la Grande o La Mayimba–

CUANDO ESTA SINGULAR MERENGUERA ERA UNA NIÑA, al hogar de Antes de que
te vayas...
sus padres, Eliseo Cabrera –Seíto– y María Ana Taveras no
llegaba el agua por tubería. Como el resto de los hogares de RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
San José, comunidad rural del municipio de Santiago Ro-
dríguez, ese hogar se abastecía de agua buscándola en el
315
río. Para eso siempre había un burro dispuesto, y a los hijos
del matrimonio les tocaba cumplir con la misión de aca-
rrear del río el agua indispensable.
Doña María se encargaba de los quehaceres domésticos
y don Seíto cumplía con las labores agrícolas. Este último
tenía una diversión preferida, y era tocar el acordeón. Para
eso tenía el suyo, comprado con el fruto de su trabajo; y en
sus horas libres se entretenía interpretando merengues, al-
gunos compuestos por él mismo.
Mientras tanto, Manuela Josefa Cabrera Taveras cum-
plía con sus deberes, y por eso empezó a cargar agua tem-
prano. En ese oficio andaba cuando le llegó la inspira-
ción y se despertó en ella la formidable artista que ha lle-
gado a ser.
Ella lo relata, en la entrevista que, para los fines de esta
reseña biográfica, se le hizo el 16 de enero del 2001, en
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

316

Fefita la Grande, mientras era entrevistada por el autor


el 16 de enero del 2001, en Nagua,
durante el homenaje a Tatico Henríquez.
Al lado de la merenguera, el empresario artístico nagüero
Ángel de Jesús López. –El Compa–

Nagua: –En el campo donde yo vivía, yo cargaba agua en un


burro, y oí un merengue de Guandulito y me inspiró mu-
chísimo, y cuando llegué a la casa cogí el acordeón de mi
papá y me puse a tocar y desde que comencé, canté y to-
qué–. La gente del vecindario se fijo en aquella niña excep-
cional, que con siete años apenas, y con tan poco tamaño, se
atrevía a tocar merengue. Pero eso no le causó temor a Fefa
como se le decía familiarmente.
Siguió tocando, y a los nueve años y en ocasión del Día del
Niño, amenizó en la escuela del lugar, una fiestecita de acor-
deón, güira y tambora. Sus padres, lejos de oponerse a que
el talento artístico de la niña se desarrollara, la animaron,
y Fefita siguió su arte, hasta abrirse paso y empezar a ejer-
cer la música profesionalmente.
No ha sido ella la primera mujer en tocar el acordeón y
hacerse famosa, porque eso de que hayan mujeres acor-
deonistas es cosa vieja en nuestra tierra:
Monguita Peralta / la de Dajabón / pasó la “vigüela” / to-
cando acordeón /. Antes de que
te vayas...
Esos versos son de un viejo merengue que ya se perdió
en los recodos del tiempo y el olvido, pero que fue muy co- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
nocido y se compuso con motivo de la epidemia de viruela
que azotó la población dominicana por el 1921.
317
Ya para ese tiempo, Monguita Peralta tocaba el acordeón
por allá por la frontera norte, y sin duda alguna, otras muje-
res habían hecho lo mismo antes que ella.
Así, aunque no puede decirse que Fefita la Grande fue la
primera mujer acordeonista, de lo que no hay dudas es de
que es ella quien marca el camino a otras buenas merengue-
ras típicas de estos tiempos. Con la característica de que la
carrera de Fefita ha sido larga, tan larga que su nombre ar-
tístico ha cambiado varias veces.
La Vieja Fefa, le puso Tatico Henríquez, cuando ella,
según declara, tenía diecisiete años; a los veintidós, asu-
mió el nombre artístico de Fefita la Grande, y desde 1980,
lleva el apodo con que ella prefiere que le nombren, La
Mayimba.
Dice que en 1976 empezó a viajar al exterior, cuando fue
con el maestro Solano a Puerto Rico, y con ese viaje se ini-
ciaron sus giras por medio mundo, incluyendo países tan
lejanos y de cultura tan diferente a la dominicana, como
Alemania.
Su producción discográfica se inició por ese mismo
tiempo, cuando un empresario disquero llamado Teodoro,
cuyo apellido no recordó Fefita de momento, le propuso
hacer sus primeras grabaciones. Ese fue un serio desafío
para la merenguera, pero lo pasó con éxito. Si Quiere Ve-
nir que Venga, se tituló su primer disco y luego ha seguido
una larga lista, que incluye Fiesta en San José, El Hombre
que yo más Quise, La Pimienta es la que Pica, Vámonos
pal Can. La lista continúa creciendo, porque esta inteli-
Antes de que gente y dinámica mujer no descansa, y hay nuevas produc-
te vayas...
ciones en reserva.
RAFAEL Entre sus grabaciones hay numerosos merengues de
CHALJUB MEJÍA
otros autores; los hay compuestos por don Seíto, pero como
Fefita es también compositora, produce letra y melodía para
318
sus propias creaciones.
En cuanto a su calidad como intérprete, lo que más re-
salta en ella es su actuación en el escenario, su espectacula-
ridad y su chispeante relación con el público. Además de
una buena voz, Fefita la Grande tiene un estilo muy propio,
y sazona con expresiones, a veces subidas de color, sus es-
pectáculos.
Aunque es una de las principales ejecutoras del me-
rengue acelerado, dice, sin embargo, que se empeña en
tocar “el merengue derecho, al estilo Tatico Henríquez”, y
critica a otros grupos que con tanto acelerar, se van sa-
liendo del merengue o lo van matando con una forma ex-
traña de tocarlo.
Entiende que lo que ella hace tiene su público y hay
que complacerlo; y hay que ponerse a la moda con lo que
la juventud del presente demanda: –Por eso siempre toco
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

319

La Vieja Fefa, Fefita la Grande y La Mayimba.


el merengue derecho, pero “con su poquito mambo”–, dice
Fefita.
Aclara que nunca se ha sentido cohibida y que jamás ha
notado amago de que la hayan discriminado por ser mujer
que ejerce una actividad que muchos consideraron prohibi-
da a las mujeres. De todos modos, si ese intento de discrimi-
nación hubiese aparecido, no hay dudas de que La Vieja Fefa,
Fefita la Grande, o La Mayimba, le hubiese pasado valiente-
mente por encima y hubiese seguido su camino por el mun-
do del arte popular.
Marchando por ese camino esa extraordinaria mujer lle-
va ya un trecho largo andado. En el dos mil celebró con
Antes de que numerosos conciertos por la mayor parte del país, sus trein-
te vayas...
ta y cinco años de vida artística.
RAFAEL Dice que saluda la presencia de otras mujeres, como Ma-
CHALJUB MEJÍA
ría Díaz, Meri Hernández y Raquel Arias en el escenario del
merengue típico y que tiene el intenso deseo de que antes de
320
morir pueda ver una mujer acordeonista “que a mi edad,
haga lo que es capaz de hacer Fefita la Grande”.
Mariano Salomé García Martínez
–Mario García–

MARIANO SALOMÉ G ARCÍA M ARTÍNEZ –MARIO – nació en La Antes de que


te vayas...
Hosadera, Río San Juan, el 28 de octubre de 1933. Su pa-
dre, Gregorio García, era de La Laguna, Moca; éste se casó RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
con Isabel Martínez, que era, a su vez, prima hermana de
aquel legendario Minar Martínez sobre el cual ya se ha
321
hablado en otros lugares de esta obra. Ella estaba también
emparentada con Adriano Martínez, uno de los más céle-
bres tamboreros de la costa Nordeste, al que apodaban La
Rana.
A Gregorio, el papá de Mario, le gustaba la música, com-
pró un acordeón para aprender a tocar, pero por más que
bregó nunca salió con nada.
Lo que no pudo el padre, lo logró el hijo; porque Mario,
ya a los catorce años, no sólo tocaba la güira y la tambora
sino que le sacaba buenos merengues al acordeón. Se iba
donde un músico veterano que se llamaba José Otilio y tam-
bién donde Niño Tillá, que entonces vivía en Río Piedras,
paraje de la sección costera de Magante, entre Río San Juan
y Gaspar Hernández.
Un día, andando por la localidad riosanjuanera de Beju-
co Alambre, García se encontró con Matoncito, que estaba
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

322

Mariano Salomé García Martínez –Mario García–,


músico, compositor y reparador de acordeones.

tocando en la casa de comercio de un señor del lugar nom-


brado Carlos Salazar, y a partir de ahí Mario adoptó a Ma-
tón como maestro.
Salió, ya hombre, a caminar por otros lugares del Cibao,
llevó su arte por Navarrete, Bao, Sabana Iglesia; y en la ciu-
dad de Santiago actuó en La Voz de la Reelección.
–En esos tiempos nadie vivía de la música, y en los cam-
pos menos–, dice hoy don Mario. Por eso, él tenía también
que trabajar la agricultura, ya fuera en su zona de naci-
miento, o después, cuando junto a sus padres se trasladó a
los campos de Gaspar Hernández.
Al paso del tiempo, Mario García aprendió a arreglar los
acordeones y, al igual que su buen amigo Carmelito Duarte
y su antiguo maestro Niño Tillá, se concentró más en la me-
cánica del acordeón que en el ejercicio de la música como
actividad profesional.
Sin embargo, este acordeonista y artesano tiene en su
haber algunas condiciones dignas de señalarse. Posee un
notable nivel de formación intelectual, y él mismo se defi- Antes de que
te vayas...
ne como un autodidacta. Cursó tan sólo el cuarto de pri-
maria en tiempos de Trujillo, pero amplió sus conocimien- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
tos en largas horas de lectura bajo su propia disciplina per-
sonal.
323
Ha tocado y toca muchos merengues nacidos de la
abundante cosecha del folclor, y otros de diferentes auto-
res; pero también compone merengues, en algunos de los
cuales se nota la presencia de una importante inspiración
poética:
La mujer es una flor / nacida en la primavera / como vivie-
ran los hombres / si esa flor nunca existiera / … Tu eres igual
que una flor / nacida a la luz del alba / y por eso yo te llevo / en
el fondo de mi alma /.
En el mes de abril / es la primavera / las flores que nacen /
toditas son bellas / … Cariño, respeto y admiración / ellas lo
merecen por su abnegación /.
Me cuenta don Mario García que hay composiciones su-
yas que llevan melodías que les surgieron a él cuando era un
niño y las conservó intactas en su memoria hasta que ya
adulto, encontró las letras adecuadas.
A pesar de su buen nivel de conocimientos, de su buena
ejecución como músico, y de sus cualidades de compositor,
en el merengue suyo titulado Mara Picá, don Mario García
se muestra demasiado modesto:
Dicen lo “tineye” / de Mara Picá / que Mario García / no
compone ná / … /, empieza a decir don Mario de sí mis-
mo.
En realidad, ocurre lo contrario. Porque don Mario sí
compone mucho, y para escribir completa la historia del
merengue y sus ejecutantes, hay que tomar en cuenta la la-
bor de este artista, que es un producto del ambiente rural de
hace casi siete décadas. Reside actualmente en la Capital, y
Antes de que en el bregar con piezas y herramientas se gana la vida hon-
te vayas...
radamente.
RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

324
Miguel Santana

MIGUEL SANTANA NACIÓ EN 1918, en Buena Vista, Jarabacoa, Antes de que


te vayas...
jurisdicción de la provincia de La Vega. Por inclinación
natural aprendió a tocar el acordeón y se hizo un buen RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
músico. Cuando era ya un hombre hecho y derecho se
trasladó a la Capital y como no podía vivir únicamente de
325
la música, tenía que dedicarse a otras actividades produc-
tivas.
En algunas oportunidades tocaba fiestas en barrios po-
pulares y centros de diversión, y luego, a mediados de los
años cincuenta formó el Trío Vegano. Al frente de ese trío,
que tanta fama adquirió, Miguel Santana tocó en diversas
emisoras de la Capital y en otras del interior, y tuvo su mejor
época cuando grabó varios merengues del compositor puer-
toplateño Luis Suero.
Las grabaciones tituladas Las Indias de Baní, El Arre-
machao, Dolores y Ramona, El Fucú, entre otras, se convir-
tieron en interpretaciones que el público seguidor del me-
rengue típico pedía con insistencia a las emisoras y bailaba
con pasión en las fiestas populares.
Pasado ese momento, y cuando el merengue típico en-
tró en un período de descenso a comienzos de los años se-
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

326

Miguel Santana y su hijo Miguelito.


–Foto cortesía de Gilberto Santana y don Milcíades Hernández–
senta, Miguel Santana emigró a Nueva York. En esa ciudad
organizó un conjunto que bautizó con el viejo nombre de
Trío Vegano, pero los músicos eran otros, incluyendo a su
hijo Miguel Junior, que tocaba la güira.
Quien fuera uno de los más grandes músicos de toda
una época de auge del merengue, se quedó definitivamente
en Nueva York y allí vivió sus últimos días. Murió el 20 de
noviembre de 1996. Sus restos fueron trasladados a su tie-
rra de origen y reposan en el cementerio de La Vega.
Miguel Santana dejó numerosas grabaciones en las cua-
les se puede apreciar el merengue ajustado y la voz clara y
bien manejada que le permitieron convertirse en uno de los
más solicitados artistas de su tiempo. Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

327
Milcíades Hernández Rosa
–Milcíades Reynoso–

MILCÍADES HERNÁNDEZ ROSA, NACIÓ EN MOCA, frente a frente a Antes de que


te vayas...
la iglesia Sagrado Corazón de Jesús de esa ciudad, el 12 de
mayo de 1915. Fueron sus padres Ramón Hernández y RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Rosalía Rosa.
Aunque aprendió a tocar varios instrumentos, fue con la
329
güira con lo que demostró mayor destreza, y es probable
que ningún otro nombre, represente mejor que el suyo a los
güireros de antaño.
En ocasión de una fiesta en honor a San Rafael, que se
iba a celebrar en La Jagua de San Rafael, hoy Villa Tapia,
ocurrió que al Trío Reynoso se le fue el tamborero, que era
un señor vegano al que apodaban Menso. Entonces, Pedro,
el director del trío, le pidió a Milcíades que cubriera el vacío
tocando la tambora. Así se inició la relación de Milcíades
Hernández con el Trío Reynoso, y esa relación, se hizo tan
larga y tan estrecha, al punto de que a Milcíades, en vez de
Hernández, el público le dio el Reynoso por apellido.
La primera vez tocó la tambora, pero cuando se le oyó
tocar la güira, esa fue la función que se le asignó cada vez
que tocó en el Trío. Cuenta Milcíades que en una ocasión,
sería ya entrada la década de los años cincuenta, mientras
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

330

Milcíades Hernández, junto a su esposa


doña Sención de Hernández.

los del conjunto tocaban en una emisora vegana, llegó un


mensaje enviado por el director de La Voz Dominicana, Abra-
ham Santamaría Demorizi, para que los integrantes del
Reynoso se reportaran en pleno a esa emisora. Poco des-
pués, y por órdenes del propietario de la misma, José
Arismendy Trujillo –Petán–, el Trío Reynoso pasó a ser parte
del elenco artístico de La Voz Dominicana.
Milcíades Reynoso hizo carrera y ganó prestigio como
güirero en el más famoso conjunto típico de aquella época.
La labor de Milcíades no fue permanente, y se alternaba con
la de Domingo Reynoso, hermano de Pedro. Cuando no es-
taba en el Reynoso, Milcíades actuaba con otras agrupacio-
nes de merengue típico como el Trío Vegano, de Miguel San-
tana; y el Seibano, de Chichito Villa; este último confirma,
casi emocionado, la destreza del célebre güirero.
–Cuando Milcíades se metía en música y se ponía de pies
a tocar la güira, había que aplaudirlo obligado–, recuerda el
maestro Villa.
Aún en edad muy avanzada, Milcíades Reynoso se man-
tuvo trabajando, y entre los buenos acordeonistas que vie-
nen a su recuerdo y a los cuales acompañó, menciona a Ta-
tico Henríquez. Antes de que
te vayas...
Los achaques de salud le han disminuido los movimien-
tos del lado derecho de su cuerpo, y lo han obligado a soltar RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
la güira y a vivir la música tan sólo en el sentimiento y los
recuerdos de sus antiguas andanzas merengueras.
331
Pedro, el acordeonista; Pancholo Esquea, el tamborero;
y Chirichito, nativo de Bonao, el de la marimba; lo mismo
que Domingo, ya murieron. De quienes formaron parte del
Trío Reynoso, queda sólo Milcíades, con ochenta y seis años
encima, como última y valiosa reliquia de aquella célebre
agrupación y como símbolo viviente de una generación de
grandes músicos típicos que se extingue al paso inexorable
de los tiempos.
Nicolás Delmiro Francisco Ulloa
–Miro Francisco–

LOS SAXOFONISTAS DEBEN SENTIRSE DIGNAMENTE REPRESENTADOS en Antes de que


te vayas...
este talentoso músico llamado Nicolás Delmiro Francisco
Ulloa, conocido popularmente como Miro, nacido en el año RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
1926, en Rancho Viejo, que era entonces jurisdicción de Al-
tamira y no de Guananico, como ahora.
333
Desde Antonio Lora, que fue uno de sus maestros, pa-
sando por los saxofonistas más cercanos, como Tavito Vás-
quez, Avelino Vásquez y Danny Cabrera, hasta los muchos
buenos saxofonistas típicos de estos tiempos, todos tienen
en Miro Francisco uno de sus más altos símbolos.
Miro sabía tocar otros instrumentos como el acordeón y
la güira, pero el que más le atrajo desde el principio fue el
saxofón. Cuenta su hermano don Fello Francisco, que des-
de muy pequeño, Miro cogía un tallo de lechosa, lo soplaba
y con el sonido que le sacaba, hacía ademanes como si toca-
ra realmente un saxofón. Siendo un niño aún obtuvo un saxo-
fón viejo y aprendió a tocarlo sin maestro. Esa fue desde
entonces la pasión artística de su vida.
Además, hubo otra razón para ponerle más caso al saxofón,
y fue que su hermano Fello se hizo desde muy joven un exper-
to acordeonista, y Miro pasó a ser su mejor acompañante.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Una pareja de hermanos irrepetible. Miro Francisco se concentra
en su saxofón, mientras su hermano Fello, sonriente, le pone su maestría
334 a las notas del acordeón, en una fiesta de enramada, en Guananico.
–Foto cortesía de don Fello Francisco–

Se iba Miro Francisco a las fiestas en que Antonio Lora


tocaba el saxofón y tomaba lecciones y prácticas con éste. De
Lora aprendió Miro el estilo cómodo y ajustado de la música,
y al paso del tiempo, tocando con Fello así como con otros
músicos, se asentó en ese estilo tradicional hasta ganar la
nombradía y la merecida fama que ganó. Cuando se anuncia-
ba una fiesta con Fello y Miro en algún sitio, la gente desbor-
daba los salones y se bailaba sin descanso, según cuenta don
Fello. Eran los tiempos de las famosas corridas, que empeza-
ban a las dos de la tarde del sábado y a las nueve de la maña-
na del día siguiente se seguía la fiesta, sin que ni músicos ni
bailadores dieran su brazo a torcer. Esto sucedía en
Guananico, Cavía, Altamira, y otras jurisdicciones de Puerto
Plata, lo mismo que en otras zonas del Cibao.
Miro reparaba los saxos y los acordeones y de esos queha-
ceres percibía parte de sus ingresos. Cuando Tatico Henrí-
quez se abrió su paso arrollador, visitó a don Fello Francisco
en Guananico, para que éste le recomendara un buen saxofo-
nista como acompañante. El señalado fue Miro y la selección
no pudo ser mejor. Con Miro Francisco en el saxofón, la mú-
sica de Tatico se volvía más completa y más intensa. Esa ver-
dad está al alcance de cualquiera que tenga oídos para oír, y
si no, ahí están como perennes testimonios las grabaciones
que aún hoy se escuchan en los ambientes típicos del país.
La relación de Miro y Tatico se mantuvo por cerca de
una década, y cuando El Astro murió trágicamente el 23 de
mayo de 1976, el saxofonista siguió su oficio acompañando Antes de que
te vayas...
a otros acordeonistas y, en ocasiones ocupándose de enca-
minar a algunos que, como Facundo Peña, tuvieron al vete- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
rano Miro como maestro.
Miro Francisco acompañaba el acordeón y no se le iba
335
adelante, recuerda don Fello al destacar el estilo de su her-
mano. Con Miro, el saxofón apoyaba y respondía, y cada
instrumento tenía su tiempo en la ejecución de una pieza.
Así fue dejando sus huellas en el folclor y el merengue esa
celebridad que se llamó Miro Francisco, hasta que el 14 de
noviembre de 1998, falleció a los setenta y dos años. Un hijo,
llamado Rafael Francisco –Rafelito–, aprendió a tocar el acor-
deón, pero no logró sobresalir como músico, a pesar del es-
fuerzo de su padre en encaminarlo por la senda que él transi-
tó desde niño y de la cual no se apartó mientras tuvo fuerza.
Cuando cada pueblo aprenda a darle el merecido valor a
los buenos artistas que produce, no hay dudas de que el nom-
bre de Miro, lo mismo que el de don Fello Francisco, será
colocado por sus compueblanos puertoplateños a la altura
de los méritos que, por sus aportes al folclor y la cultura
popular, con toda justicia le corresponden.
José Nicolás Gutiérrez Tejada
–Manos Brujas–

JOSÉ NICOLÁS GUTIÉRREZ TEJADA nació el 23 de diciembre de Antes de que


te vayas...
1955, en Gurabo, municipio de Monción. Es hijo de Qui-
rino Gutiérrez y América Mercedes Tejada. Aunque tam- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
bién se ha ocupado de la agricultura, y en la actualidad
no está dedicado a la música como actividad profesional,
337
don Quirino fue en otros tiempos un músico muy acredi-
tado. Tres de sus hijos tocan el acordeón. Humberto, Ri-
cardo y Nicolás, que es el más sobresaliente de ellos en
esa materia.
Nicolás tenía dos años al momento en que la familia se
trasladó de Monción a Mao, y cuando apenas caminaba,
ya el niño andaba haciendo ritmo con una güirita por los
cuatro rincones de la casa. Por eso cuando se le pregunta
la edad a la que se inició en la música, contesta sin titu-
beos: –Yo nací siendo músico–. Nicolás, con sólo cinco años,
acompañaba a Humberto en fiestas con la güira. Luego se
hizo tamborero, y en razón de que Humberto no cantaba,
Nicolás hacía también de vocalista.
Dice Nicolás que en esas andanzas se dio cuenta de algo:
–Entonces vi que quien concentraba la atención y en quien se
fijaban las muchachas era en Humberto, porque era el
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

338
Nicolás Gutiérrez –Manos Brujas– de pie en el extremo izquierdo de la foto.
Al centro, sentado, Ricardo Gutiérrez.
–Foto cortesía de José Luis Records–

acordeonista, y decidí aprender a tocar también el acor-


deón–, relata el Manos Brujas.
A partir de ahí, Nicolás se puso a practicar y al poco
tiempo, con la ayuda de su papá, ya tocaba sus merengues.
Un día, en medio de un baile, don Quirino subió a Nicolás
sobre una mesa, le dio unas cuantas instrucciones, y lo puso
a tocar el famoso merengue Mi Lamento, conocido por sus
letras cargadas de poética tristeza:
Oye, vida, mi lamento / oye mi consolación / yo no sabía
que llorando / se alegraba el corazón / … /.
–Ese fue el primero y el último merengue que hubo que
enseñarme– relata Nicolás. Creció, empezó a pasear su arte
por diversos puntos del Cibao, y habla con orgullo del día en
que estaba en Guananico y tuvo el privilegio de tocar en una
fiesta junto al maestro Ñico Lora. Ante el desarrollo de Ni-
colás, los papeles se invirtieron, Humberto dejó el acordeón
y pasó a ser el güirero del conjunto encabezado por aquel.
A mediados de los años setenta, Nicolás Gutiérrez era ya
un músico profesional en pleno apogeo y vinieron ensegui-
da las primeras grabaciones con fines comerciales. El Ma-
nos Brujas del Acordeón, como fue reconocido, brilló con
luz propia por su calidad. Su música encendida y ligada se
ganó parte del público típico y desde entonces no se ha apar-
tado de su profesión.
Desde 1986 se quedó en Nueva York y según él mismo Antes de que
te vayas...
confirma, toca más fiestas privadas que las que ameniza en
establecimientos públicos. El Manos Brujas también compo- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
ne, pero hace ya bastante tiempo que no se anima a lanzar
grabaciones a un mercado que cada vez presenta más obstá-
339
culos para el éxito comercial de quienes incursionan en él.
El otro fruto de la cosecha típica de don Quirino y doña
América, es Ricardo Gutiérrez, que nació en Mao, en 1966,
y se abrió paso como acordeonista en los inicios de los años
ochenta. Igual que Nicolás, Ricardo se trasladó a Nueva York
y allá sigue activo en el ejercicio de su profesión.
Pedro Santana de la Cruz
–General Larguito–

PEDRO SANTANA DE LA CRUZ NACIÓ EN GASPAR HERNÁNDEZ, el 7 de Antes de que


te vayas...
marzo de 1942, según asegura su hermana mayor Luz San-
tana. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Hijo de Daniel Santana –Niño Tillá– y Antonia de la Cruz,
este acordeonista, conocido por su nombre artístico de Ge-
341
neral Larguito, tiene como principales peculiaridades su
estilo de tocar el acordeón en las notas bajas y la voz aguda
con que canta.
El General Larguito compone, y hasta tiene facultades
para improvisar versos y ponerle melodía en corto tiempo.
Se hizo famoso entre finales de la década de los sesenta y
comienzos de los setenta, cuando recogió las letras de una
vieja décima del folclor, le puso música y la grabó con el
título de La Mala Maña. Larguito lo hizo con tanta gracia,
que la grabación adquirió una gran popularidad, mucho más,
después que fue grabada por el maestro Félix del Rosario y
sus Magos del Ritmo.
Se creyó entonces que a Larguito le esperaba una gran
carrera como artista, pero no ocurrió así a pesar de lo que
gustaron su música y su estilo. Se quedó sonando en graba-
ciones colocadas en algunos programas radiales, y en épocas
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

342

Pedro Santana –El General Larguito–, con sombrero;


y los integrantes del conjunto que él dirigió hace más de veinte años.
–Foto cortesía de el Viejo Ca–

navideñas solía oírsele en una grabación suya titulada Navi-


dad sin mi Madre.
Luego de un breve paso por las filas de la Policía Nacio-
nal, Larguito reapareció en 1999 acompañando a los Toros
Band, agrupación del merengue urbano que dirige el can-
tante Héctor Acosta –El Torito–. Aunque no se conocen nue-
vas grabaciones suyas, Larguito sigue activo tocando oca-
sionalmente en centros de diversión, especialmente de la
región Norte.
Rafael Casiano Arias Gerónimo
–Siano Arias–

EN LA CASA DE RAFAEL ARIAS –CHACHÍ– y Polonia Gerónimo de Antes de que


te vayas...
Arias, allá en Sabana Larga, de San José de Ocoa, la música
típica era un personaje presente todo el tiempo. El propio RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Chachí se destacó como uno más de los buenos músicos
típicos que dio la provincia Peravia. Varios de sus hijos le
343
siguieron las huellas.
Willian y Domingo aprendieron a tocar el acordeón y
Ocadia, hermana de ambos, aprendió a tocar la güira. Pero
el más sobresaliente de todos fue Rafael Casiano Arias Ge-
rónimo –Siano–. Según datos ofrecidos cortésmente por
su cuñado, el ingeniero Milito Ortíz Ciprián, Siano nació
en la misma localidad de Sabana Larga, el 25 de diciembre
de 1956.
Aunque desde niño le gustó la música típica y la ensaya-
ba en el ambiente que se vivía en su casa paterna, los prime-
ros salarios los cobró Siano Arias por su trabajo en un taller
de desabolladura y pintura, en Ocoa. Para ejercer esa mis-
ma actividad se trasladó a Baní, pero ya en esa ciudad se
decidió por organizar su propio conjunto musical.
En 1978 vino a Santo Domingo. Empezó a tocar bailes por
contrato y caló en el gusto de la gente, gracias a su música
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

344

Rafael Casiano Arias o Siano Arias.


–Foto Cortesía de José Luis Records–

bien ligada, alegre y ajustada, a la que agregaba una voz,


que sin ser alta ni fuerte, era clara y bastante melodiosa.
Siano Arias era sureño, pero hizo suyo el merengue ci-
baeño y ese fue el estilo que cultivó en su corta pero intensa
carrera. Demostró tener buenas condiciones de compositor
y como si presintiera su muerte prematura, le puso un deta-
lle de profundo dramatismo al fin de su existencia. Siano
hizo su propio testamento musical a ritmo de merengue; y
como quien escribe su carta de despedida y confiesa en ella
sus últimos deseos, hizo unos versos conmovedores:
Cuando yo me esté muriendo / que me traigan mi acor-
deón / pa’ tocarle este merengue / de mi propia inspiración / … /.
Con ese estilo siguió expresando sus deseos de que los
amigos lo recordaran; habló de la hija que dejaba y, además
de hacer las letras y ponerle una música adecuada, el propio
Siano tocó y llevó al disco su adiós al merengue, al canto y a
la vida.
Cuando parecía destinado a gozar de una larga carrera
artística, Siano Arias murió repentinamente el 21 de febre-
ro de 1993.
Aún dentro de la tragedia que significó su fallecimiento
tan temprano, debe tenerse por cosa buena el hecho de que
Siano dejara una apreciable cantidad de grabaciones, de fá-
cil adquisición en el mercado del disco. Gracias a esto, es
posible seguir disfrutando la música graciosa y bien logra- Antes de que
te vayas...
da de este acordeonista, que puso en alto la reputación
merenguera de los sureños y pudo haber continuado por RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
muchos años la tradición y los méritos musicales de los Arias
en San José de Ocoa.
345
Rafael Francisco Ulloa
–Fello Francisco–

ALLÁ EN GUANANICO, en pleno corazón de la cordillera Septen- Antes de que


te vayas...
trional, vive una de las más importantes fuentes de la histo-
ria del merengue tradicional, una de las más sólidas colum- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
nas del merengue típico y una de las más ricas fuentes de
consulta para cualquiera que desee formarse una opinión
347
segura sobre la principal expresión de nuestra música fol-
clórica. Se llama Rafael Francisco Ulloa, más conocido por
Fello Francisco.
Este es un hombre instruido, con experiencia cosechada
a lo largo de ochenta años de vida intensa y trabajada, con
una mente lúcida, una inteligencia organizada y clara, y con
una sorprendente capacidad de exposición.
Don Fello reside en Guananico desde hace más de cin-
cuenta años, pero su nacimiento tuvo lugar en Rancho Vie-
jo, Altamira, en el 1922. Sus padres fueron el comerciante
Benito Francisco, que en sus ratos libres también tocaba el
acordeón; y Victorina Ulloa, dedicada esencialmente a los
quehaceres del hogar. Tuvieron cuatro hijos y de ellos hubo
dos músicos típicos sobresalientes, Miro y Fello.
Fello tampoco necesitó maestro: –el acordeón se apren-
de a tocar de oído, a diferencia del bandoneón o la guitarra,
que necesitan de método–, aclara don Fello, al ser entrevis-
tado en su residencia, el 3 de febrero del 2001.
Era un niño y ya se le llamaba para alegrar bailes de ve-
cindario, y al crecer y hacerse hombre, se convirtió en el
músico más solicitado y mejor pagado de su región. Dice don
Fello, que una vez se presentó un musicólogo norteamerica-
no en Bajabonico, y que de casi trescientos acordeonistas lo
escogió a él, lo trajo a la Capital y lo hospedó durante una
semana en el Hotel Jaragua para que le interpretara los me-
rengues que el norteamericano quería oir. Es probable que se
tratara de J. M. Coopersmith, aquel investigador que vino en
1944 y que según el libro que luego escribió, estuvo en Altamira
Antes de que y en Imbert el 25 de enero de ese año.
te vayas...
En 1944, “cuando el Centenario”, cuenta don Fello, fue
RAFAEL contratado por el señor Ramón Saviñón Lluberes para que to-
CHALJUB MEJÍA
cara en La Voz del Yuna, y así crecieron más el nombre y el
prestigio del ya famoso intérprete del merengue típico. Era un
348
merengue conforme con su época, con las reglas más origina-
les del género, pero sazonado con la gracia y el dinamismo que
las manos y el talento artístico de Fello Francisco sabían darle.
En 1968 emigró don Fello a Nueva York, “en busca de
mi fortuna”, según lo relata él mismo en uno de sus meren-
gues. Allá lo recibieron más de veinte de sus amigos, le lle-
varon tres acordeones: –Uno de ellos se lo mandé a Miro,
que se quedó en Guananico para que me lo transportara–.
En Nueva York se siguió la música y allá también se destacó
el compositor natural que ha sido Fello.
Aunque le pagaban bien por sus actuaciones, don Fello
se ocupaba en otras labores productivas. Trabajó en varias
industrias y factorías, incluyendo una fábrica de armas de
guerra. Pero Nueva York no era el medio preferido para un
hombre tan típico y apegado a su tierra, y aparte de que
económicamente no le iba como esperaba, se enfermó.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

349

Rafael –Fello– Francisco, músico, compositor, recia personalidad


del merengue y el folclor, da sus testimonios y versiones,
al ser entrevistado por Rafael Chaljub Mejía.
Las altas torres de concreto y las luces de la gran ciudad
eran impresionantes, pero allí no podían verse las estrellas
como en Guananico, tampoco al amanecer se podía ver el
brillo del lucero de la mañana, ni oír el canto de los gallos;
no había forma de halagar el olfato y el espíritu con el olor
de la flor del naranjo, de contemplar las flores rojas de las
amapolas, ni el verdor de la vegetación que corona las lo-
mas de su patria hermosa, Guananico.
Fello, como el buen hijo, volvió a su casa en 1971, y trajo
en sus alforjas de compositor y de poeta, las letras y la músi-
ca en las cuales resume los resultados de su emigración a
Nueva York:
Antes de que Salí para Nueva York / en busca de mi fortuna / y al final de
te vayas...
la jornada / no pude encontrar ninguna / … /, dice esa compo-
RAFAEL sición en sus inicios.
CHALJUB MEJÍA
De ese merengue, así como de otro suyo, titulado La Lin-
da y La Gitana, cree don Fello que tal vez aparezca alguna
350
copia en el Sahara Bar, de Guananico, que fue donde se le
hizo un recibimiento multitudinario a golpe de güira, tam-
bora y acordeón. A partir de ahí volvió Fello Francisco al
ejercicio de la música. Pero no duró mucho tiempo en el
oficio; lo que se producía tocando no era suficiente y varios
años después vino un problema de salud que le restó gran
parte de la agilidad de movimiento de los dedos, y el vetera-
no artista popular decidió ponerle una nota de silencio a su
acordeón. Porque el cree que tocar ahora, sin la habilidad
de antes, disminuiría su bien ganado crédito de diestro y
celebrado acordeonista.
Pero además de acordeonista, Fello Francisco ha dejado
frutos importantes como compositor. Cuenta que tocando
en la gallera de Imbert le puso música a las letras compues-
ta por su amigo Martín Paradís, y que dieron base al célebre
merengue El Papujito:
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Rafael –Fello– Francisco.

351
A la Gallera / voy dando gritos / a pelear mi gallo / con el
Papujito / … /
Ese merengue es uno de muchos, pero el que más fama
conserva en los tiempos presentes es La Botija, que fue gra-
bado por Tatico Henríquez y luego por otros merengueros,
aunque don Fello nunca ha reclamado ni ha recibido nada
por los derechos de autor.
Este merengue es una burla fina a lo que le sucedió a
Cristóbal Martínez y la esposa de este y tía de Fello, Lorenza
Ulloa. Al hogar de estos en Rancho Viejo se presentó un se-
ñor llamado Fidelio Jáquez, que dijo tener poderes sobrena-
turales para desenterrar un tesoro que supuestamente le per-
tenecía a Cristóbal y a Lorenza. Todo terminó en un engaño,
porque después de ceremonias y celebraciones y cuando el
alegado brujo se había marchado, los dos esposos fueron al
punto donde esperaban hallar el codiciado tesoro, y cuando
desenterraron un pequeño baúl, sólo encontraron pedazos
de chatarras y tornillos viejos.
Cuenta don Fello que, a propósito de ese chasco, un
día, después de tocar una fiesta en Boca de Cavía, y mien-
tras cabalgaba de regreso a Rancho Viejo, le vino la inspi-
ración, y antes de llegar a casa ya tenía hecho un meren-
gue, a ritmo de pambiche, y con unas letras cargadas de
fina ironía.
Cristóbal y Lorenza / eran enemigos / y por la botija / se
hicieron amigos / … Le dice Cristóbal a Lorenza / vámonos
pa’l pueblo / que hacemos en el campo / con tanto dinero / …
Le dice Lorenza a Cristóbal / que es eso que brilla, / esas son
Antes de que las onzas, muchacha, / que son amarillas / … Como a media-
te vayas...
noche / se oía un traque-traque / eso era Lorenza / con Fidelio
RAFAEL Jáquez / … Todos los Ulloa / estábamos celosos / porque la boti-
CHALJUB MEJÍA
ja / era de nosotros / … Oiganme, señores, / se lo dice Fello / la
botija era / de tornillos viejos /.
352
Por supuesto, que al tocar Fello su merengue, el reperpero
que se armó no fue pequeño, hasta el punto de que, confor-
me con la narración del autor de La Botija, fue necesario
que la policía de Altamira se trasladara a Rancho Viejo a fin
de evitar que el incidente llegara a mayores.
Pero don Fello tiene otras cosas qué contarnos, y entre
ellas desea aclarar la confusión que ha perdurado a través
del tiempo, alrededor del merengue Los Suárez:
De la Capital salieron / cuatrocientos militares / se devol-
vieron de Jacagua / por no pelear con los Suárez.
–Eso está incorrecto, corrige don Fello. Yo conozco la
historia de ese merengue y reto a cualquiera que me des-
mienta–, y a seguidas empieza a dar su versión sobre esta
célebre composición.
–Ese merengue lo sacó un músico de Imbert llamado
Polito Martínez, en homenaje a Moisés Suárez, casado con
Valentina Francisco, hermana mía, cuenta don Fello–. Moi-
sés era uno de los Suárez de Jacagua, a los que se refiere el
merengue. Era el Comisario de la Policía Municipal de Alta-
mira, y su acordeonista preferido era Martínez, que en tri-
buto a su amistad con Moisés compuso el aludido meren-
gue, cuyas letras originales son distintas a como se cantan
hoy por donde quiera:
“Salién” de la fortaleza / veinticinco militares / se fueron
por La Peñuela / por no pelear con los Suárez /, aclara don
Fello. Se fueron por La Peñuela, que está entre Gurabo y
Jacagua, reitera. No es cierto que “se devolvieron de Jacagua”,
recalca, porque precisamente era en Jacagua donde estaban
los Suárez, que por años sostuvieron un pleito entre fami- Antes de que
te vayas...
lias con los Díaz, de Gurabo. Por eso, con el tiempo, al fa-
moso merengue se le agregaron otros versos que hacen alu- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
sión a esta otra familia:
“Salién” de la fortaleza / veinticinco policías / se fueron
353
por La Peñuela / por no pelear con los Díaz /.
Don Fello Francisco es una importante fuente de datos,
de referencias históricas y de opiniones fundamentadas so-
bre el merengue. El las conserva vivas en su memoria y las
expone con fluidez y coherencia ante el investigador.
Tiene sus protestas por la forma en que se erradica el
merengue tradicional de los escenarios y se le suplanta con
el ritmo acelerado y el sonido estridente que algunas agru-
paciones van imponiendo en estos tiempos. –Antes, el me-
rengue se bailaba con comodidad, pero ahora lo han acele-
rado tanto que tiene que ser una persona de mucha agilidad
para llevarle el ritmo–, dice don Fello.
De los músicos de antaño, don Fello Francisco distingue
a Matoncito. –Ramoncito Matón, como él le dice todavía,
hacía llorar la gente cuando tocaba; tenía una música com-
pleta y lindísima–, recuerda.
Al hablar de los músicos de ahora, no economiza elogios
a Rafelito Román, porque es el más apegado a la tradición,
y por lo bien que toca: –Rafelito Román no tropieza ni ma-
chaca–, sostiene con toda su autoridad el señor Francisco.
Mientras tanto, este bastión del merengue típico más
auténtico, se mantiene en pie, a disposición de los estudio-
sos de la historia folclórica del país. Aunque, según cuenta,
aparte del musicólogo norteamericano, sólo el infatigable y
ya desaparecido investigador René Carrasco se ha ocupado
de buscarlo y consultarlo.
Dice don Fello que está también en disposición de servi-
cio a sus conciudadanos. Porque en la vida de este hombre
Antes de que no todo ha sido letra y música. Hay en él muchas otras acti-
te vayas...
vidades. Se graduó de bachiller por allá por los finales de los
RAFAEL años cuarenta del siglo veinte. Sirvió como maestro de es-
CHALJUB MEJÍA
cuela rural por cerca de diez años, a partir de 1942. Fue
Fiscalizador desde el 1978 hasta 1982, ascendido a Juez de
354
Paz ese año, ocupó ese puesto hasta el 1987. Fue también
chofer de oficio durante diez años y en la actualidad, aparte
de la actividad comercial que desarrolla, es un político de
muchos años de militancia.
Por coincidencia, el mismo día 19 de enero del 2001,
fecha en que el dirigente comunitario Gregorio Díaz, le hizo
una primera entrevista para los fines de esta obra, don Fello
Francisco recibió la noticia de que su viejo amigo, el presi-
dente de la República Hipólito Mejía, lo había designado
Inspector al Servicio de la Presidencia, con asiento en el
mismo Guananico.
Ramón Amador Gué
o Ramón Madora

AUNQUE ES ESTE UNO DE LOS MÁS APASIONANTES y célebres perso- Antes de que
te vayas...
najes del folclor sureño, para conseguir datos dignos de cré-
dito acerca de él fue preciso cumplir con algunos requisitos. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Caminar por los campos de Azua, donde el nombre de Ra-
món Madora es una verdadera leyenda; contar con la ayuda
355
de un azuano del temple y el prestigio del profesor Juan
Marte; y después de que alguien así franqueó la puerta de la
comunicación con los descendientes del personaje, el otro
requisito consistió en manejar con cautela los datos y los
informes obtenidos.
Aquella mañana del sábado 17 de febrero del 2001, cuan-
do Dulce y yo, guiados por Juan Marte, llegamos a un bohío
de piso de tierra de la localidad de La Ciénaga, Azua, allí nos
esperaban una anciana y su hijo. Eran Blasina Santana
Amador, con una edad cercana al siglo, hija de Ramón
Madora, y Freddy Santana, quien pasa de los sesenta, hijo
de Blasina. Con ellos se empezó a trabajar enseguida.
Mientras Dulcita tomaba las fotos de reglamento, Blasina
y su hijo comenzaron a hablarnos del personaje que nos inte-
resaba. El hombre se llamaba Ramón Amador Gué, nacido
en La Descubierta, por allá por las arideces del Sur profundo,
Antes de que
te vayas...
Descendientes y admiradores de Ramón Madora,
RAFAEL
hablan con orgullo de la historia del legendario acordeonista.
CHALJUB MEJÍA

356

Ramón Madora, intérprete y compositor


de mangulinas y otros aires populares
de la región Sur, donde el nombre de éste personaje
es un verdadero símbolo del folclor y el arte popular.
–Foto cortesía de Horacio Madora–
probablemente por el 1875. Hijo de Teleforo Gué y de Isidora
Amador. De esa manera se puede, pues, determinar que el
nombre real del personaje es Ramón Amador Gué, pero el
Ramón Madora se tiene ya por nombre propio y difícilmen-
te se encuentre a alguien en Isura, Anzonia, La Ciénaga y
otros puntos de Azua, que identifique al viejo músico de otra
forma.
Lo del cambio de Amador por Madora no quedó claro,
pero puede deberse a una de dos cosas. Que se trate de una
modificación arbitraria del primer apellido, o que a mamá
Isidora le apodaran Madora y la gente le agregara ese apodo
al nombre de su hijo, Ramón.
Sea cual sea el origen, lo cierto es que, aún dentro de su Antes de que
te vayas...
modestia, los descendientes de Ramón Madora hablan con
orgullo de su antecesor. –Mi papá era un músico muy famo- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
so–, dice Blasina; y su hijo Freddy añade que muchas veces
“el difunto Trujillo” mandaba a buscar a Ramón Madora
357
para que le tocara en la Capital. –Cuando Ramón iba a to-
carle a Trujillo, se llevaba a mamá Blasina, que era una gran
bailadora de mangulina, de palos y carabiné–, agrega Freddy.
A la conversación se suma una nieta de Ramón Madora,
hija de Zenobia, y esa nieta aporta un dato que corrige ro-
tundamente la versión que ya me habían dado de que Ra-
món Madora había muerto en los años cuarenta. –No puede
ser, dice la nieta, porque cuando el ciclón David, al viejo lo
llevamos a un refugio y eso fue en 1979–. Esa misma nieta
nos remitió muy bondadosamente, a un grupo que, frente
a un colmado, bebía cerveza a la sombra de un almendro.
Y cuando a los de ese grupo le dijimos en lo que andába-
mos, aparecieron Adolfo Santana y un médico, ambos
biznietos de Ramón Madora. Ofrecieron datos, versiones, y
cerveza por supuesto, y también una nueva fuente para con-
seguir mayores informes.
–Vayan donde Horacio, que vive allí mismo, que ese sí
sabe mucho de esa historia–. Cuando llegamos al hogar de
Horacio el hombre se encontraba trabajando en su parcela;
lo fueron a buscar y cuando estuvo junto a nosotros, supi-
mos su nombre propio. Se trata de Manuel Emilio Méndez,
pero: –Horacio ya está en la cédula– aclara el agricultor.
Su padre era Pedro Madora, hijo de Ramón. Pedro tocaba el
acordeón, pero con frecuencia acompañaba a su papá tocan-
do balsié o la pandereta en algunas ocasiones.
Asimismo, nos cuenta don Horacio que él toca el acor-
deón, pero aclara que su mayor habilidad es con la guitarra.
Dice que hace sus composiciones de bachata y que si pudie-
Antes de que ra le dedicaría mayor tiempo a la música.
te vayas...
Recuerda como tocaba su abuelo. –Ramón Madora to-
RAFAEL caba el acordeón, se acompañaba con güira, pandereta y
CHALJUB MEJÍA
“un palo parao”, que por aquí se le dice balsié–. Ramón to-
caba un merengue distinto al cibaeño, con notable sabor a
358
la cultura, la tradición y el ambiente sureños, aunque en las
ejecuciones de este músico los aires predominantes eran la
plena, la mangulina, el carabiné y otros ritmos característi-
cos de la región Sur.
De nuevo en la Capital, entre los entrevistados para bus-
car más información sobre Ramón Madora, estuvo don Fer-
nando Casado, y por gentileza de esta sólida personalidad del
canto, escuché la música y la voz de Ramón Madora en una
grabación hecha en Estebanía, Azua, en noviembre de 1947 y
en la cual junto a otras manifestaciones de la región Sur del
país, se recogen cánticos religiosos, canciones de cuna, tona-
das, plenas, chuines, interpretados por los propios campesi-
nos que los conservaban en sus conciencias como parte de
las tradiciones heredadas de sus antepasados.
Por medio a esas viejas reliquias discográficas, pude oír
la música espontánea, territorial, auténticamente folclórica
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

A la izquierda, Manuel Emilio Méndez –Horacio–,


hijo de Pedro Madora, sobrino de Ramón; 359
A la derecha, Blasina, hija de Ramón Madora, ronda los cien años,
pero recuerda aún cuando bailaba al compás de la música de su padre.

y de pueblo que producía Ramón Madora; quien, al compás


del carabiné, cantaba con una voz sin pulimento ni artifi-
cios, pero tan típica y libre como la música de su acordeón:
Mi caballo y mi mujer / “me se murién” a un tiempo / ¡qué
diablo ni qué demonio! / mi caballo e’ lo que siento /.
Le tiraron a Che Blanco / de la barba a la quijá / por amigo
de decir / que hombre cojo no e’ pará /.
Dicen los Madora, allá en La Ciénaga, que Ramón era
un gran compositor. Uno de ellos le atribuye una conocida y
romántica mangulina, que estuvo muy de moda en otros
tiempos, y que canta en una de sus partes:
Por allá por Guayacanal / tengo mi hembra / esta noche la
voy a ver / aunque me muera / … /.
Igualmente, todos mantienen que fue por vengar la san-
gre de un hermano suyo, que Ramón le entró a machete
limpio al homicida y que con ese motivo compuso la
mangulina que lo hizo más célebre por todo el país y que
empieza narrando el incidente:
Ramón Madora / músico azuano / le dio machete / al que
mató a su hermano /.
Tomando y descartando informes y versiones, puede de-
ducirse que Ramón Madora murió alrededor de 1981, a los
ciento seis años. Dejó muchas cosas como legado. Doce hi-
jos, su fama de buen hombre y consagrado agricultor; una
leyenda y una herencia cultural que ha perdurado a través
Antes de que del tiempo. Esa leyenda se prolongará mientras se sigan can-
te vayas...
tando y bailando carabinés y mangulinas, y resuene en los
RAFAEL aires cálidos del Sur el viejo cantar de:
CHALJUB MEJÍA
Ramón Madora / músico azuano / le dio machete / al que
mató a su hermano / … /.
360
Ramón Amézquita Díaz
–Matón o Matoncito–

DE MATONCITO YO CONOCÍ PRIMERO LA FAMA que el personaje, por- Antes de que


te vayas...
que desde muy pequeño oí el nombre de esta celebridad del
merengue típico. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
Sería a finales de la década de los años cincuenta, cuan-
do al fin lo oí tocar por La Voz del Progreso, primera esta-
361
ción de radio instalada en San Francisco de Macorís, y que
se escuchaba perfectamente en toda la región Nordeste.
En esa estación, al frente de un bien ajustado trío, tenía
Matón un programa diario; creo que a las nueve y media de
la mañana:
Dicen las mujeres / ya llegó Matón / a las nueve y veinte /
ya está en la estación /.
El programa gozaba de una audiencia muy extensa, espe-
cialmente entre los campesinos, y de esa forma el nombre y la
música de Matoncito se volvieron para mí más familiares y
más cercanos. Tiempo después Matoncito hizo un recorrido
por Nagua, contratado por una casa comercial de allí. Fue aque-
lla una visita muy anunciada, porque en Nagua ya operaban
dos emisoras, Radio Nagua, la una; y Radio Bahía, la otra.
Así, cuando el célebre acordeonista llegó, ya su fanati-
cada lo esperaba. Fueron sumamente concurridas las
presentaciones del artista, y una de las actividades de pro-
paganda consistió en hacer un recorrido por los campos
con el veterano músico y sus acompañantes tocando me-
rengue desde la parte trasera de una camioneta.
La caravana musical se detuvo en mi lugar, y fue cuando
vi por primera vez a Matoncito. Era ya un hombre maduro,
mulato, alto y de porte gallardo. Ese día, él y los demás inte-
grantes de su trío, vestían impecablemente de traje oscuro,
camisa blanca y corbata de colores variados. Matón llevaba
un sombrero blanco de pajita, todo lo cual le daba al con-
junto y a su actuación un aire de mucha formalidad.
Nagua y sus campos se llenaron de un merengue ejecu-
Antes de que tado con una extraordinaria maestría; de un merengue dul-
te vayas...
ce y cómodo de bailar, en el cual las notas y pasadas iban
RAFAEL donde debían.
CHALJUB MEJÍA
Pasó Matoncito a tocar regularmente en un programa de
merengues que todos los domingos por la tarde se transmitía
362
por Radio Nagua. Entre los locutores que alternativamente,
animaban el programa, además de Diómedes Vinicio Dotel,
Eddy Abikarán, Felipe Nerys Valdez, Dickson Abikarán y otros,
estaba Zenobio Ventura Paredes, nativo de Nagua, amante
medular del merengue típico, y quien fue uno de los habitua-
les presentadores de Matón en el precitado programa.
Al ofrecer su testimonio sobre la habilidad de Matoncito,
Zenobio Ventura no economiza elogios. –El de Matón, dice
Ventura, era un merengue distinto, con una mezcla como de
nostalgia; un merengue nostálgico y alegre… todo reunido
en un solo compás–. Y añade: –Era una música nunca escu-
chada por nosotros, una de las músicas que yo he oído, y
tengo muchos años oyendo, que él le sacaba al acordeón y
que nadie le ha podido sacar a los acordeones–, y destaca a
renglón seguido el reconocido locutor, la forma natural de
tocar de aquel famoso intérprete. –Matón tenía un embrujo
musical… como que te llamaba, él ensartaba las notas de una
manera tan especial que se oían como si fuera un bandoneón
tocado por un artista de primera–, remata Ventura, con una
dosis de emoción y sentimiento en sus palabras.
Matoncito era ya un acordeonista completo, que había ago-
tado un largo recorrido por la música y por la vida. Ramón
Amézquita Díaz había nacido en Los Llanos, Altamira, proba-
blemente entre finales del siglo diecinueve y comienzos del
veinte. Su papá se llamaba Ramón; tocaba, y le decían Matón;
y de ahí le vino al hijo el apodo de Matoncito y el de Ramoncito
Matón; hasta que al paso del tiempo, se le quitó el Ramoncito
y al artista se le denominó indistintamente, como Matón o
Matoncito. Un hermano y una hermana de él también toca- Antes de que
te vayas...
ban, uno era Reyito; la otra Mercedes, que fue una de las pri-
meras en atreverse a hacer lo que pocas mujeres hacían en RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
aquellos tiempos.
Como la mayor parte de los grandes acordeonistas de su
363
época, Matoncito era un producto intacto de la naturaleza,
un artista natural surgido del vientre de su pueblo, más que
de la escuela y la academia a las que nunca fue. Sin embar-
go, era Matón una de las cumbres del género, y en compara-
ción con Ñico Lora puede decirse que lo que Ñico le llevaba
a Matoncito y a todos como compositor, se lo llevaba Ma-
toncito a Ñico y a todos como acordeonista.
Músicos veteranos como Chichito Villa, colega y amigo
de Matón, aseguran que fue este el más grande acordeonis-
ta de aquellos tiempos. Aurelio Surún, un agudo conocedor
del merengue y sus protagonistas, dice que tocó la güira
acompañando a Matoncito, y lo pondera y alaba como gran
músico: –Matón fue el músico que le dio formalidad al me-
rengue típico–, sostiene Surún.
Además de músico sobresaliente, Matoncito fue un fér-
til y destacado compositor, y llama la atención cómo, sin
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

A la derecha, Ramón Amézquita –Matoncito–, considerado por muchos


364 como el mejor acordeonista de todos los tiempos.
En la foto, junto a un güirero apodado Clavel.
–Foto cortesía de Miguel Filpo, laborioso coleccionista
residente en Nueva York–

tener él mayor ilustración, era capaz de imprimirle tan alto


contenido de literatura y de poesía a muchas de sus compo-
siciones. Un fragmento de la que lleva por título Consagra-
ción de Cariño, así lo demuestra:
Eres tan linda eres tan bella, que me encanta / a tí solita yo
te quiero ahora y siempre / en tí consagro mi cariño y mi exis-
tencia / y pienso amarte a tí solita eternamente /.
Los versos de La Palomita tienen también sus buenas
letras:
Yo sólo vi la palomita / la palomita en su palomar / solita
iba, sola venía / cuando me vio se echó a llorar / … Esa palo-
ma que me quería / que con el alma me llegó a amar / solita
iba, sola venía / cuando me vio se echó a llorar / … /
Por otra parte, a Matón se le recuerda por lo estricto y
riguroso que fue frente a músicos que, en sus ejecuciones
rompían las normas del merengue. Yo lo vi, como lo he con-
tado en páginas anteriores, corrigiendo a Tatico Henríquez
cuando este aún no había iniciado su vertiginoso ascenso; y
me ha hablado mi hermana Elba de cómo ya estando ella
casada con Tatico y cuando este brillaba como un lucero en
el firmamento artístico, Matón sentaba al joven merenguero
y le daba lecciones y enseñaba trucos de la música y el arte.
Paquito Bonilla me relata que él vio con sus propios ojos
a Matón levantarse impetuosamente de su asiento y quitar-
le el instrumento de la mano a uno de los más grandes acor-
deonistas de Nagua y del país, porque según el viejo maes- Antes de que
te vayas...
tro, ese músico estaba “sacando de su centro” el merengue
Santa Rosa de Lima, de Ñico Lora. Matoncito empezó a to- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
carlo y después de entrar en el jaleo, se detuvo y dijo con
énfasis: –Es así que se toca ese merengue– y le pasó el ins-
365
trumento a su dueño.
No pude ni he podido saber por qué motivo, Matón ter-
minó por quedarse en Nagua. Allí cayó en una mala situa-
ción económica, y fue a dar a un bohío de mala muerte en el
paraje El Drago, de la sección Arroyo al Medio.
A Nagua, una provincia de merengueros y de merengue,
le tocó por un lado disfrutar de un privilegio, y por el otro,
servir de escenario y testigo doloroso de una tragedia. Privi-
legio, porque allí vivió y tocó Matón sus últimos merengues;
y tragedia, porque Nagua debió presenciar la decadencia y
la caída de una de las más brillantes estrellas del merengue
típico.
Matón entró en un visible deterioro en todos los senti-
dos. Logró formar trabajosamente un trío, con un tambore-
ro y un güirero de los muchos que ha habido siempre en la
provincia, y comenzó a peregrinar por calles y campos, a
detenerse a tocar en cualquier parte, como un pregonero
desesperado que ofrece su mercancía.
Lo vi con frecuencia en esa situación, y en muchas oca-
siones me detuve a oírlo tocar, así, en plena vía pública o en
algún establecimiento comercial, a cambio de que la buena
voluntad de los oyentes le dejara algunas monedas en los bol-
sillos; y otras veces me acerqué a Matoncito, a escuchar sus
conversaciones, en las cuales solía ofrecer instrucciones y con-
sejos sobre la música, las letras y el canto del merengue.
Debido a las limitaciones y dificultades de la época, nunca
grabé nada y ni siquiera pensé en tomar fotografías. Aun-
que no dudaba de que tenía ante mi presencia a una parte
Antes de que viviente de la mejor historia del merengue, y que esa fuente
te vayas...
de inestimable valor folclórico estaba en franca decadencia
RAFAEL y se moría.
CHALJUB MEJÍA
Rápidamente desapareció el hombre gallardo y bien ves-
tido, para dejar aparecer a un anciano cansado y débil,
366
encorvado, con una calvicie cada vez más profunda y una
expresión de hondísima tristeza en su semblante.
La situación de Matoncito se agravó más todavía, cuan-
do un contratiempo de salud le dejó el lado izquierdo para-
lizado y le limitó ya sin remedio la libertad de movimiento.
Todo en Matón se volvió nostalgia y melancolía. El mis-
mo parecía un sol de atardecer que perdía brillo y, en pleno
ocaso, estaba a punto de apagarse. En Matón, hasta la luz
de su arte se volvió triste. Desde tiempo atrás tenía un de-
fecto en la naríz, y al entrar en tan grave decadencia, ese
defecto se agravó más, y cuando intentaba cantar, lo que le
salía era un hilo afónico de lo que tal vez en el pasado había
sido una potente voz. En vez de un canto aquello parecía un
gemido. Más de una vez pensé, plagiando a alguien:
Que triste es ver una palma / cuando un rayo le ha caído /
y de Matón el gemido / cuando le sale del alma /.
Y junto al empeoramiento de la salud, la pobreza y la
soledad lo hundían. El había sido un hombre con mucho
camino andado, y después de pasear su arte por el país, ahora
se le estrechaba el mundo y apenas podía moverse en esca-
sos lugares próximos a su vivienda.
Matón no quería dejar la música ni que la música lo de-
jara. Se compuso un verso a sí mismo, con letras iguales a
un desesperado lamento de aquel que ruega y espera ansio-
samente que algún poder divino le de la necesaria salud para
seguir tocando:
Hice una promesa / vetío de aigodón / pa’ que Matoncito,
señore, / siga su acoidión / … /.
Pero quedaba poco por hacer y uno de sus discípulos, Antes de que
te vayas...
Diógenes Jiménez, popularizó después en un merengue el
pesar que causaba en cualquier alma sensible el lamentable RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
estado del viejo maestro:
Me da mucha pena / el ver a Matón / porque ya no puede /
367
tocar su acordeón / … /.
Aún antes de irse del mundo y del merengue, el viejo
Matón hizo un supremo esfuerzo y se empeñó en dar lo que
le quedaba, sus conocimientos. Estaba inútil el gran músi-
co, pero el maestro seguía en pie. En otros tiempos él se
lucía orgulloso cuando en medio del merengue se paraba a
bailar, y mientras con el brazo izquierdo tomaba a la mujer
con que bailaba, con el derecho sostenía el acordeón y se-
guía tocando. Ya no era posible hacer tales exhibiciones de
agilidad, de fuerza y de destreza, pero con todo y tener un
lado paralítico, a veces sacaba bríos insospechados, pisaba
el acordeón con un pie o lo presionaba entre las piernas, y
con la mano derecha daba las notas y enseñaba a los que
iban donde él a recibir lecciones.
Pero aquellos breves ensayos no producían lo que Ma-
tón necesitaba para cubrir los gastos de su tratamiento, ni
siquiera para la alimentación que su cansado y enfermo or-
ganismo demandaba.
Desde 1966, yo había tenido que salir de Nagua y pasar
definitivamente a la vida clandestina, para evadir la impia-
dosa persecución del gobierno balaguerista de los doce años;
y desde lejos tuve noticias de Matón. Malas noticias, mejor
dicho, cuando a comienzos de los años setenta, leí una bre-
ve crónica en un periódico, según la cual el que fue antes un
aplaudido y excelente acordeonista, clamaba por que el go-
bierno y la sociedad acudieran a ayudarlo.
Me conmovió la foto que ilustraba aquella nota. Era una
imagen opaca, que presentaba a un anciano vencido, senta-
Antes de que do en una silla de guano, con un largo y rústico bastón en
te vayas...
una mano; despeinado, con rostro de desgarradora tristeza
RAFAEL y demacrado, distante abismalmente del Matoncito altivo y
CHALJUB MEJÍA
orgulloso que una vez conocí. Parecía un árbol viejo.
Probablemente ninguna institución oyó la petición de
368
ayuda de Matón, que pasó los días finales de su vida, igno-
rado por una sociedad que se divirtió con él y después le
pagó con el olvido.
En esas circunstancias, pensaría el viejo Matón en los
buenos tiempos. Recordaría con añoranza sus célebres com-
posiciones llenas de romance y de poesía. Ya no podía tocar
inspirado en los paisajes naturales de su patria como la pla-
ya de Orí, ni en las buenas cualidades de la gente. Decenas
de composiciones y merengues asomarían apenas como un
vago recuerdo en la memoria añorante del astro que inevi-
tablemente se apagaba en medio de la mayor pobreza.
Con ojos de cansancio y resignación, miró Matón a su
natal Altamira, como atraido por sus más hondas raíces, y
allí, según me dicen, acabó de irse envuelto en el silencio.
Tal vez allí mismo descansen sus restos en cualquier sepul-
tura sin nombre.
Ramón Rafael Ramos Román
–Rafelito Román–

HIJO DE MONGUITO ROMÁN y Manuela Digna Cabrera de Ro- Antes de que


te vayas...
mán, Ramón Rafael Ramos Román –Rafelito– nació en Puer-
to Plata el 15 de noviembre de 1953. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
–Según me dice mi mamá, a los dos años ya yo tenía un
acordeón en las manos–, narra Rafelito. Así dio los prime-
369
ros pasos en la senda del arte y el merengue uno de los más
grandes acordeonistas dominicanos de todos los tiempos.
A los nueve años, Rafelito fue llevado por su abuela a la
emisora donde tocaba Monguito, y la música del niño causó
un extraordinario impacto en los oyentes, lo mismo que en
los dueños de la empresa radial. Al extremo de que, poco
después, le pidieron que fuera él quien encabezara el Trío
Bambú. Pero no lo aceptó –…porque era una traición a mi
papá–, narra Rafelito.
Comoquiera, la nueva estrella aumentó la intensidad de
su brillo, y ya a los quince años apenas, Rafelito Román te-
nía su propio trío, con dos jóvenes compueblanos suyos:
Papín Parra, en la tambora, y Víctor Polanco, en la güira.
Ese trío juvenil actuaba con independencia del Bambú, y
tocaba fiestas a treinta y cinco pesos en Puerto Plata y otros
puntos del Cibao. La fama de esta maravilla del merengue
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

370

Rafelito Román, sobresaliente intérprete, compositor,


ejecutante de numerosos instrumentos musicales, maestro de música
y uno de los más seguros acordeonistas del presente.

creció rápidamente y Rafelito se siguió perfeccionando.


Escuchaba los consejos de su padre y tuvo otro privilegio
a su favor. Matoncito visitaba a su viejo amigo Monguito.
–Matón iba a mi casa y trataba a papá como a un hermano–,
recuerda Román. Así, en vez de una fuente de enseñanzas,
el joven acordeonista tuvo dos, entre ellas a Matoncito.
Tiene sus apreciaciones y recuerdos acerca de este maes-
tro: –Matón tocaba el acordeón con más habilidad que todos
los músicos de su tiempo… y siempre corregía los músicos–,
cuenta Rafelito. No pasó mucho tiempo para que el joven
Román conquistara un lugar prominente en el campo de la
música típica, y a golpe de talento y calidad, se acreditara
como un acordeonista de primera categoría. Y, aunque por
modestia, este hombre discreto y comedido, no anda presen-
tando sus propias credenciales, Rafelito tiene en su haber lo
que cualquier artista, de cualquier género, desearía.
Además de ser una persona instruida, de hablar suelto,
coherente y de razonamientos y argumentaciones interesan-
tes, Rafelito Román toca el acordeón, la güira, la tambora,
el saxofón, el piano y la guitarra, entre otros instrumentos.
Con razón, este acordeonista excepcional se ha ganado el
sobrenombre que nadie le puede discutir en los medios típi-
cos del país: El más Completo. Antes de que
te vayas...
Rafelito también imparte clases de música en una es-
cuela fundada por él y que él mismo dirige, y a la cual con- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
sagra parte de su capacidad y de su tiempo.
Por añadidura, entre los discípulos del maestro Rafelito
371
están dos de sus hijos, Raúl y Winston, quienes garantizan
desde ya que el apellido Román seguirá en el surco marcado
con las huellas típicas del abuelo y seguido brillantemente
por Rafelito.
El maestro Román tiene también sus cualidades de com-
positor, y de ese otro mérito suyo hablan las numerosas gra-
baciones lanzadas al mercado, entre muchas más, La Jibarita,
y Moreno Tejada, composición esta última en la cual el autor
rinde homenaje a uno de sus amigos de El Mamey.
A Rafelito se le reconoce, igualmente, por ser el acor-
deonista que más esfuerzo ha hecho en mantenerse apega-
do al merengue tradicional. Por supuesto, sabe tocar y toca
cuando es del caso, al estilo dominante en estos tiempos;
pero lo esencial en su música es el apego al merengue típico
más auténtico y de más larga tradición en el folclor. Sobre
esto, el maestro tiene sus razonamientos.
Cree que en estos tiempos ha ganado cuerpo “una dis-
torsión muy notable” en la forma de ejecutar el merengue.
Ya el acordeonista, por bueno que toque, ha perdido vali-
dez, dice Román. Los empresarios, y también parte del pú-
blico, más que en un buen acordeonista, se fijan en un con-
junto; y los sonidistas que laboran en los centros donde se
tocan las fiestas, son los que manejan el volumen de la mú-
sica y, por ejemplo, dan más sonido a la conga que a la tam-
bora, y así lo que se escucha en muchos casos, según la defi-
nición de Román, es un golpe “a lo maco”, distinto al repi-
que tradicional de la tambora típica.
Respeta el estilo de los demás, su análisis no lleva críti-
Antes de que cas ni enjuiciamientos a particulares, pero él persiste en su
te vayas...
estilo más cerca de lo formal y más fiel a la tradición. –¿Por
RAFAEL qué lo hace, maestro?–, es la pregunta obligada del entrevis-
CHALJUB MEJÍA
tador. –Por mis inicios–, responde, como si volviera mental-
mente a sus raíces, al recordar que nació y aprendió al lado
372
de un músico de la vieja escuela como Monguito. Además,
precisa Rafelito: –Yo soy tradicionalista, aprecio mucho las
cosas buenas de aquellos tiempos…–. Tal vez pierda algún
público, al mantenerse en esa línea, pero no hay duda de
que gana otro que aprecia su estilo y reconoce su esfuerzo y
su valor. Porque Rafelito, y la acogida amplia de su música,
son una prueba de que también la calidad conquista simpa-
tías por multitudes.
Ya, a estas alturas, Rafelito Román es un acordeonista
maduro y definido, en pleno uso de sus recursos y faculta-
des artísticas. Pero no cesa de aprender y superarse. El per-
fecciona su propio arte, y lo ayuda mucho el hecho de ser
maestro, porque así tiene la oportunidad de aprender más
mientras más enseña a sus discípulos.
Ramón Román Ulloa
–Monguito Román–

LA ZONA MONTAÑOSA DE PUERTO PLATA, tan fértil en buenos me- Antes de que
te vayas...
rengueros, cuenta entre sus más puros y auténticos produc-
tos a Ramón Román Ulloa –Monguito Román–, nacido el 30 RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
de noviembre de 1922, en Rancho Viejo, el mismo año en
que Fello Francisco vino al mundo, en ese mismo punto del
373
planeta.
Aunque era un niño cuando aprendió a tocar, pensó
que le resultaba imposible vivir sólo de la música, y en
busca de su mejoría, emigró del campo a la ciudad de
Puerto Plata. Allí enfrentó las durezas de la vida, con el
mismo espíritu de trabajo y seriedad que marcó su com-
portamiento y que dejó a sus hijos como herencia. Fue
limpiabotas, trabajó como obrero, e incluso cortó caña
en los cañaverales de donde se surtían los ingenios de la
provincia.
Así llevaba Monguito el sustento al hogar que había for-
mado con Manuela Digna Cabrera, en el sector de Playa
Oeste, de Puerto Plata.
Pero nunca se separó del arte, y cuando el empresario
Luis Pelegrín abrió la emisora HI9B y HI9U, en Puerto Pla-
ta, lo contrató para que éste, con su Trío Bambú, tocara
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

374

Ramón –Monguito– Román, cubrió toda una época tocando el merengue


de línea en Puerto Plata. –Foto cortesía de Rafelito Román–
diariamente en ella, y también amenizara la más rumbosa y
célebre de todas las actividades típicas de la provincia, la
Fiesta del Bote.
Con esa fiesta se inauguraba la temporada playera en el
Tropical Bambú construido y administrado por el señor
Pelegrín, en el borde mismo de Long Beach, una bellísima
ensenada del Atlántico, donde empezaron a darse cita
vacacionistas y visitantes de toda la región.
Junto a Román, formaban el popular conjunto Felicito
Padilla, en la güira; y Justo Lebrón era el tamborero y el
cantante al mismo tiempo. Al compás de un merengue tra-
dicional, tocado “al golpe de empalizá”, se escuchaba la voz
con sabor a campo adentro de Lebrón. Al escuchar el canto Antes de que
te vayas...
de ese artista folclórico, al oyente le quedaba la sensación de
que Justo Lebrón le cantaba a su gente, bajo el techo de un RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
rancho de conuco y desde lo más alto de un empinado cerro.
Así de sana y espontánea, sin adornos artificiales, eran la
375
música y las actuaciones del Trío Bambú y sus integrantes.
Pero el tiempo se impuso inexorablemente y dejó sus
consecuencias en Monguito y sus acompañantes. Junto al
tiempo, las nuevas modalidades de la comercialización de
la música fueron haciendo cada vez más difícil el ambiente
para el arte tradicional y espontáneo como el que Monguito
Román representó.
Entrado ya los años ochenta, con su salud afectada,
Monguito quedó en retiro, el Trío Bambú quedó en silencio,
ya no tocó más la Fiesta del Bote, y así se rompió para siem-
pre, una popularísima tradición puertoplateña.
Monguito Román murió el 30 de marzo de 1995, en Puer-
to Plata, y mientras el auge del turismo y la penetración de
valores culturales extraños que trae esa actividad, deforman
el ambiente social de esa ciudad y sus contornos, el nombre
de Monguito Román y la expresión folclórica y cultural que
él representó, amenazan con perderse en el olvido, sin que
se note a alguna institución empeñada en rescatar lo que es
sin duda alguna, una de las más genuinas estampas de la
identidad puertoplateña del siglo pasado.
Muertos Monguito Román y Felicito Padilla, queda don
Justo Lebrón, como vieja y preciosa reliquia del Trío Bam-
bú y símbolo viviente de una parte del merengue folclórico
más tradicional.
Como nota final, cabe un dato curioso en este caso.
Monguito Román, que pasó la vida junto al merengue, si-
guió vinculado a él, aún después de muerto. Un hijo suyo,
Rafelito Román, recogió la herencia musical de su padre y,
Antes de que con una maestría alcanzada por pocos, ha seguido con el
te vayas...
acordeón en las manos, y ha elevado los méritos del apellido
RAFAEL Román a los más altos niveles. Con la circunstancia adicio-
CHALJUB MEJÍA
nal de que también los hijos del maestro Rafelito han esco-
gido el camino de la música típica. Así la tradición iniciada
376
por Monguito, está supuesta a mantenerse viva por muchos
años.
Rufino Abréu Santos
–El Papa–

HIJO DE CIRILO SANTOS Y CONFESORA ABRÉU, Rufino Abréu San- Antes de que
te vayas...
tos nació el 18 de julio de 1950, en la comarca nagüera de
Baoba del Piñal. Asegura que entre sus antecedentes, por el RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
lado de su mamá, hay varios músicos, y cita uno legendario
y ya extinto, Toño Abréu y otro, cercano y más presente,
377
Cheché Abréu.
Me cuenta Rufino que cuando él era niño se entretenía
al ver cómo Chiche Bello movía los dedos y hacía sonar las
notas del acordeón. De ahí se le despertó el interés por la
música.
–Mis padres eran dos enamorados de la agricultura–,
relata Rufino. El trabajaba con ellos y estudiaba en la es-
cuela primaria, pero se las pasaba pitando los merengues
que oía tocar a Chiche Bello, y cada vez que podía, agarraba
un acordeón y trataba de sacarle música. De tanto mano-
sear los acordeones aprendió a tocarlos y un día tuvo que
hacerlo para el público.
Había en el lugar una señora llamada Eulogita, que jun-
to a su esposo Rafael, celebraba todos los años una novena
que terminaba con una fiesta típica, el 24 de octubre día de
San Rafael. Una vez le tocó a Rufino ser el músico en una de
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

378

Rufino Abréu Santos. –El Papa–


esas fiestas y lo hizo tan bien que desde entonces se dedicó
de lleno al arte.
Inteligente y animoso, Rufino aprendió a tocar varios
instrumentos más, incluyendo la guitarra. El era evangéli-
co, y cuando asistía a los cultos religiosos que se celebraban
en Baoba del Piñal y sus alrededores, observaba atentamen-
te a un correligionario suyo llamado César Martínez, que le
hacía la música al coro que entonaba los cánticos de gloria
y de alabanza.
Cuando tuvo suficiente habilidad con la guitarra, Rufi-
no organizó un conjunto de bachata, y haciendo él mismo
de cantante, grabó varios números de ese género, contrata-
do por Ángel de Jesús López –El Compa–, reconocido em- Antes de que
te vayas...
presario disquero y hombre público de Nagua.
Después volvió Rufino a su acordeón y sus merengues. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
–Esa es la música que más me gusta y me llega al senti-
miento–, afirma. Se consagró como músico profesional y
379
en la actualidad El Papa es uno los sumos pontífices del
merengue en la costa Nordeste.
Según su propio testimonio, tiene varios temas compues-
tos por él mismo, en los cuales rinde tributo a viejas cos-
tumbres y tradiciones de la gente común de su región natal.
Silvano Capellán Santos
–Viejo Ca–

SILVANO CAPELLÁN SANTOS NACIÓ EN MOCA, en el 1928, fruto del Antes de que
te vayas...
matrimonio de Dimas Capellán y Ana Joaquina Santos.
Se crió en La Vega, y desde que tenía cinco años andaba RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
luchando con lo que ha sido su instrumento favorito de toda
la vida, la tambora.
381
Un tío político suyo llamado Ramoncito, le compró una
tamborita y con ella tocaba el muchacho en las fiestecitas
de niños que se hacían en el barrio. Poco después echó mano
a la tambora grande de su tío, y demostró que, a pesar de su
corta edad, podía tocarla correctamente.
Un acordeonista vegano llamado Pedrito Santiago iba a
amenizar un baile y como no apareció su tamborero oficial,
le pidió a Capellán que llenara la vacante. El jovencito acep-
tó el reto y salió bien.
Desde entonces se convirtió en la atracción del grupo
encabezado por Pedrito, y siguió tocando tambora a un
precio aceptable para un muchacho en aquellos tiempos:
–Me daban un clavao por fiesta–, relata el Viejo Ca.
En pleno apogeo del trujillismo, un alto jefe militar lo
alistó en el Ejército y poco después el Viejo Ca conoció a
Ñico Lora, al cual tuvo el gusto de acompañar en un baile de
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

382

A Silvano Capellán Santos –el Viejo Ca–,


los años no le impiden seguir repicando la tambora.
cumpleaños que el maestro Ñico tocó aquí en la Capital,
para un alto funcionario del gobierno de Trujillo.
Ese fue uno de los grandes a los que el Viejo Ca le hizo
ritmo con su prodigioso toque de tambora. Porque lo mis-
mo hizo con estrellas como Pedro Reynoso, Miguel Santa-
na, Guandulito y con Tatico Henríquez, que fue el acordeonis-
ta que más popularidad le dio al nombre y la persona de
este legendario tamborero.
Relata el Viejo Ca que Tatico y él se conocieron recién
pasada la Guerra de Abril. –Vivíamos puerta con puerta en
la calle Veintiuno, aquí la Capital–. Poco después de enta-
blar relaciones, ya andaban juntos animando salones y al-
borotando las enramadas. Cuando el conjunto hizo su pri- Antes de que
te vayas...
mer viaje a Puerto Rico, Capellán estuvo entre los que for-
maron parte de dicha agrupación. RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
A los setenta y tres años el Viejo Ca no cesa de trabajar.
Es tamborero de planta al servicio de la Secretaría de Esta-
383
do de Agricultura, es maestro de construcción, y toca en fies-
tas a las cuales acude contratado por algún conjunto que
precisa de un tamborero veterano.
En el Viejo Ca se resumen muchos años de historia del
merengue y aunque nunca ha sido músico de acordeón, en
artistas como él ha tenido la cultura musical de nuestro pue-
blo, parte de sus más auténticos forjadores.
Teófilo Bello
–Chiche Bello–

POZO HONDO, PARTE DEL MUNICIPIO DE CABRERA, es un escarpado Antes de que


te vayas...
lugar de tierra rojiza y pedregosa, donde no corren ríos cau-
dalosos, pero gracias al trabajo de los hombres y mujeres, RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
se dan los frutos en abundancia.
En ese punto del Nordeste, en 1934, nació Teófilo Bello.
385
En los comienzos de su vida no mostró interés alguno por el
acordeón, y lo primero que tocó fue la tambora. Lo hacía
con tanto ritmo y tanto ajuste que sus amigos le aconseja-
ron que cambiara de instrumento y tocara el acordeón. Se
llevó del consejo cuando ya tenía treinta años cumplidos, y
se entusiasmó con los resultados.
Me contó Chiche una vez que por doce pesos le com-
pró un acordeoncito Colibrí a un músico que había en
Baoba del Piñal llamado Roque Marmolejos y que a par-
tir de ahí empezó a tocar por cheles, fiestecitas de vecin-
dario.
Le gustó el asunto y siguió tocando. –Esto como que va
bien–, pensó Chiche, y al poco tiempo ya era un músico.
Hombre alegre, festivo y entusiasta, lleva esos rasgos de su
personalidad al merengue que ejecuta, y las fiestas suyas las
disfruta el público tanto por la música del acordeonista y su
conjunto, como por las ocurrencias, las salidas de buen hu-
mor y la gracia que le agrega Chiche Bello.
Sucedió que una familia de agricultores se mudó de Mon-
te Llano, Puerto Plata, a los campos de Cabrera; en esa fa-
milia vino una mujer llamada Alejandrina Santos. Chiche
Bello se enamoró de ella, se casaron y ese matrimonio le-
vantó quince hijos. Once de ellos emigraron hacia el Cana-
dá; de ellos hay varios músicos y allá en Toronto los Bello
formaron una agrupación musical: La Banda Bella.
Los muchachos se llevaron a don Chiche y allá estuvo él
viviendo varios años. Pero esta clase de hombre criollo no
soporta que lo separen de sus raíces y del ambiente tradicio-
Antes de que nal, y como buen hijo, Chiche Bello volvió a su fundo viejo
te vayas...
en Pozo Hondo, donde el aire viene del mar directamente,
RAFAEL los árboles dan un sombrío mucho más acogedor, y el acor-
CHALJUB MEJÍA
deón, la güira y la tambora suenan mucho más bonito que
en el Canadá. Además, aquí están sus vates, su legión de
386
amigos y sus numerosos admiradores.
Ya don Chiche Bello no ejerce la música como profe-
sión, pero de vez en cuando ameniza alguna fiesta, y desde
que se sube a la tribuna siente que el espíritu se le rejuvene-
ce y que sus fuerzas se les multiplican. Oírlo tocar y verlo
desenvolverse mientras toca es todo un espectáculo agrada-
ble para el espectador.
Además de músico, Chiche Bello es un compositor acti-
vo e inteligente, que sabe atrapar los motivos de su inspira-
ción con una facilidad extraordinaria.
Una vez cundió el rumor de que Chiche Bello se había
muerto, y hasta eso fue causa para que nacieran los versos
bien rimados de un merengue:
Decían las mujeres / se murió Chichí / y gracias a Dios /
que no me morí / … Decían las mujeres / qué barbaridad / si
Chiche está muerto / yo no bailo más /.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

387

Teófilo –Chiche– Bello, posa sonriente, junto al autor,


en una plaza pública de Nagua, el 16 de enero del 2001,
durante el homenaje a Tatico Henríquez.

Otros merengues compuestos por Chiche Bello han sido


grabados y popularizados más ampliamente por Bartolo
Alvarado. Las letras son siempre directas y naturales, y en
ellas deja plasmada don Chiche su filosofía, la inteligente
filosofía del campesino cibaeño:
Dice Chiche Bello / allá en El Picao / pa’ dormí en el suelo /
duermo encaramao /.
Los siguientes versos son parte de un merengue que gra-
bó El Ciego de Nagua, y por ese medio el nombre y la perso-
na de Chiche Bello se hicieron más famosos en los ambien-
tes típicos:
Allá en Boca e’ Nagua / dice Chiche Bello / que aunque yo
sea malo / me gusta lo bueno / … Dice Chiche Bello / si me da
la gana / cojo mi acordeón / y me voy pa Nagua / … Todas las
mujeres / quedan amargadas / cuando Chiche Bello / va de
retirada /.
A sus sesenta y siete años, Chiche Bello sigue siendo una
Antes de que fuente de alegría y de amistad hacia sus semejantes. El es
te vayas...
un verdadero símbolo del poeta popular, del auténtico mú-
RAFAEL sico típico; y es imposible escribir la historia del merengue
CHALJUB MEJÍA
tradicional de Nagua y el país sin hablar de este añejo pero
firme baluarte del arte popular.
388
Pasan los años y don Chiche Bello sigue ahí, sembrado
con más raíces que una palma tropical en sus predios agrí-
colas de Pozo Hondo, prendido en el afecto de la gente y
dispuesto a seguir cazando motivos para componer buenos
merengues.
Tomás de la Rosa Caba
–King de la Rosa–

TOMÁS DE LA ROSA CABA, NACIÓ EN GUANAJUMA, en el año 1950, Antes de que


te vayas...
del matrimonio de Yan de la Rosa y Elvira Caba. No sabe por
cuál motivo se le puso King desde pequeño, pero así se le RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
conoce también en el medio artístico.
Cuando King nació ya sus hermanos Jaime, Arsenio y
389
Pedro sabían tocar acordeón; y muy pequeño aún, quiso se-
guirle los pasos. Ocurrió, como en tantos casos, que cuando
don Yan no estaba usando su acordeón, lo guardaba en un
plafón para que nadie le pusiera la mano. King se subía dis-
cretamente al guardadero y empezaba a hacer sonar el ins-
trumento musical de su papá.
Un día en que Yan regresaba de un viaje, al llegar a la
casa escuchó que alguien tocaba el merengue Jovinita, de
Guandulito. Quiso saber quien era el de la acción, pero el
niño no se atrevía a confesar su travesura: –No te apures, yo
no te voy a pegar, sólo pregunto para saber, porque ese que
estaba tocando, sabe tocar. Ven, siéntate en mis piernas y
toca–, le dijo Yan a su hijo.
Desde entonces, don Yan dejó el acordeón al alcance
del pequeño. Poco después le compró uno, y lo liberó del
trabajo agrícola, al que todos estaban obligados en la casa.
–De ahora en adelante, el acordeón es el machete de King,
porque ese va a ser igual que Arsenio–, sentenció el jefe de la
familia.
Cuando King alcanzó algún tamaño, tocó en un matri-
monio que se celebró en Cerro de Jagua, del mismo munici-
pio de Jánico, y le pagaron veinte pesos. Dejó formado su
“triíto”, el Trío de la Rosa, con dos de sus hermanos. Lulo,
en la tambora; y Pedro, en la güira.
El conjunto era todo un espectáculo. Con frecuencia, un
señor amigo de la familia iba donde don Yan a que le presta-
ra los muchachos, para llevárselos, cada uno con un som-
brerito puesto, a tocar al mercado público de Santiago. En
Antes de que medio de la fiesta, el señor extendía el sombrero y después
te vayas...
que los espectadores respondían, le daba dos pesos a cada
RAFAEL integrante del trío y regresaba los niños a Guanajuma.
CHALJUB MEJÍA
Aquella sensacional agrupación amenizaba celebracio-
nes como las patronales de Jánico, los 24 de septiembre, día
390
de Las Mercedes. Cuando King tenía 16 años, doña Elvira
se lo llevó para Nueva York. Allá King se hizo músico profe-
sional y en 1971, con la ayuda de su primo Leandro de la
Rosa, pasó a actuar en los escenarios. Ya King de la Rosa
era un aplaudido acordeonista, con impresionante agilidad
para digitar, con una buena voz y por eso habitualmente
nunca ha necesitado de otro cantante.
Quería conservar activa su plaza en el país, y abrió el
programa Merengue a los Dominicanos, en una emisora de
Santiago, en la cual tocaba en vivo durante una determina-
da temporada del año.
Un amigo suyo, llamado Damián Valerio, relata King, lo
estimuló a que grabara y lanzara sus producciones al mer-
cado. De esa manera aparecieron los primeros discos del
artista, que no tuvo que ir muy lejos para seleccionarlos.
Tomó de los merengues de Yan como La Rubia y Yo; y de los
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

391

King de la Rosa.
de sus hermanos, como el titulado Haciendo la Cena, que
grabara luego Tatico Henríquez, y que conforme relata King,
fue compuesto por Jaime cuando éste era policía, y arregla-
do por Arsenio.
En un viaje del Ciego de Nagua y su conjunto a Nueva
York, sucedió que Juan Antonio Robles –Purito–, el tambo-
rero, decidió radicarse en esa ciudad; él y King se asociaron
y formaron una agrupación. Lanzaron varias grabaciones
al mercado, entre ellas El Giro y el Canelo y Homenaje a
Guanajuma. El grupo no tuvo larga vida, regresó Purito, y
King siguió activo en Estados Unidos. Así se ha mantenido
actuando allá a lo largo de treinta años.
Antes de que Actualmente toca con un conjunto de planta que tiene
te vayas...
un empresario nombrado Johanny Ulloa. No piensa retirar-
RAFAEL se y, con la misma pasión de su padre y sus hermanos, sien-
CHALJUB MEJÍA
te la música típica y la toca con la calidad con que la inter-
pretan los grandes merengueros.
392
Tomás Rodríguez Martínez
–Prieto Tomás–

NATIVO DE RÍO GRANDE, ALTAMIRA, Tomás Rodríguez Martínez Antes de que


te vayas...
vino al mundo el 17 de julio de 1919, y dedicó su vida a dos
cosas, cual de ellas más ligadas a la cultura nacional, la agri- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
cultura y los acordeones. Se hizo músico desde muy joven y
en sus constantes andanzas por los campos de su región, se
393
encontró con Narcisa Parra, se casó con ella y fundó su vi-
vienda en Pescado Bobo, otra comarca de Altamira.
El era el más oscuro de todos sus hermanos. Por eso a
Tomás le agregaron Prieto como apodo; y así se le conoce
en la tradición del merengue típico. Como la mayor parte
de los intérpretes del género, Prieto Tomás aprendió sin
maestro. Tocaba bien y además de eso tenía vena de com-
positor.
Me cuenta su hijo Juan Prieto que su papá aprendió a
arreglar acordeones, fijándose en lo que hacía un artesano
santiaguero llamado José Eugenio Santos. Y al paso del tiem-
po llegó el momento en que Prieto Tomás puso más interés
a ese oficio que a tocar. Por sus manos pasaron los instru-
mentos de los más renombrados músicos de toda una épo-
ca, y entre la herencia que dejó hay varias composiciones
que han sido popularizadas por músicos de mucha calidad,
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

394

Tomás Rodríguez Martínez o Prieto Tomás.


–Foto cortesía de Juan Prieto y el Dr. Teófilo Orbán–

incluyendo al propio Tatico Henríquez. Lo que a mi me Su-


cedió, es el título de una de ellas:
Lo que a mí me sucedió / puede pasarle a cualquiera / que
una mujer me dejó / llorando en la carretera /… Si una mujer
se me va / yo no la sigo buscando / la primera se me fue / la
otra ya me está esperando /…, dicen los versos de la primera
parte.
Prieto Tomás murió en 1998.
Toribio de la Cruz Polanco
–El Contentoso–

ESTE DINÁMICO Y VIGOROSO ACORDEONISTA nació en 1955, en La Antes de que


te vayas...
Represa, Nagua. Era hijo de aquel Elías de la Cruz, y sobri-
no, por lo tanto, de Joaquín y de Cesáreo de la Cruz, los tres RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
acordeonistas de Las Gordas, ya desaparecidos, que apren-
dieron a tocar siguiendo a Minar Martínez.
395
La mamá de Toribio era Eduviges Polanco. Muy jovenci-
to, ya Toribio andaba tocando bailes de campo. Al pasar el
tiempo, formó su propio conjunto y se lanzó a los escena-
rios que ocupaban otros músicos típicos de fama.
Con su música encendida y fuerte, se ganó un buen pú-
blico, especialmente después que salieron al mercado va-
rios merengues grabados por él y sus acompañantes. La Po-
bre Adela, Las Viejas de Ahora, El Palito, El Café es Negrito,
La Nueva Paloma y otros merengues fueron grabados en la
versión de Toribio de la Cruz.
Con este artista, Nagua agregó otro buen acordeonista a
los tantos que ha producido esa tierra fecunda en meren-
gueros y merengues. Además, a Toribio correspondía darle
continuidad por mucho tiempo a los méritos musicales y a
la tradición que en el pasado forjaron los de la Cruz en gran
parte de los campos del Nordeste.
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

396

Toribio de la Cruz Polanco o El Contentoso.


–Foto cortesía de Rafelito Román–

No pudo hacer mayor historia, porque en medio de los


ambientes y las diversiones del oficio, lo afectó una enfer-
medad incurable, su salud quebrantada se deterioró rápida-
mente y falleció el 23 de junio del año dos mil.
Vicente Antonio Martínez Martínez
–Minar–

CONSEGUIR DATOS FIELES PARA LA BIOGRAFÍA de Minar Martínez, Antes de que


te vayas...
en un principio, me pareció cosa más fácil, ya que en Las
Gordas y sus alrededores quedan muchos de quienes lo co- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
nocieron, oyeron su música y la disfrutaron; quedan vivos
varios de los numerosos hijos de Minar; está viva, con ochen-
397
ta y cuatro años, mentalmente clara y coherente, Marcelina
Damián, quien, según su propio relato, nació el 15 de agos-
to de 1917; con ella tuvo un hijo Minar Martínez y era con
ella con quien Minar vivía cuando cayó en cama de muerte
y falleció.
Todas esas y otras personas son fuentes de importantes
testimonios, pero para escribir biografías, además de anéc-
dotas y opiniones, son indispensables algunos datos precisos
sobre el personaje. En este caso quien los aportó fue doña
Elena Martínez Florimón, hija del matrimonio de Minar con
Francisca Florimón –Pancha–.
Doña Elena es la mamá del actual senador Jesús Anto-
nio Vásquez Martínez –Chu–, y fue por medio a éste y a su
hermano Miguel, que entré sin la menor dificultad, en la
casa y la confianza de esta señora. Ella nació en 1920, y a
sus ochenta y un años, recuerda con sorprendente exactitud
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

398

Minar Martínez. –Foto cortesía de Jorge Luis Cisnero–


acontecimientos, fechas y circunstancias sobre la vida de
las familias Florimón y Martínez, respectivamente, que
son dos robustos troncos de la historia política y social de
Nagua.
Doña Elena habla pausadamente, como me dicen que
hablaba su papá; y en ese tono, cuenta la historia de sus
antepasados, entre los que sobresale el general Juan José
Florimón, primer Comandante de Armas que tuvo la común
de Matanzas, según doña Elena, y sobre cuyas hazañas polí-
ticas y sus folclóricas actuaciones, propias de los generales
de las montoneras, pueden escribirse muchas páginas.
Minar era el apodo de Vicente Antonio Martínez y Mar-
tínez, nacido en Sosúa, Puerto Plata, en el año 1890. Era Antes de que
te vayas...
hijo de Antonio Martínez y Martínez y de Margarita Martí-
nez y Martínez. –Parece que se casaban familia con familia, RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
de modo que los hijos de esos dos eran “Martinetes” por
todos los lados–, comenta graciosamente doña Elena.
399
Agrega que Minar era empleado de comercio en Puerto
Plata, y que allí conoció a un señor de Los Jengibres llama-
do Baldomero Estévez o Esteban. Entre finales de 1915 y
comienzos de 1916, Minar emigró de Puerto Plata, porque
una novia suya salió embarazada y los padres de la mucha-
cha querían hacerlo casar con ella. Entonces vino a parar a
Los Jengibres donde su amigo Baldomero.
Coincidencialmente, en Los Jengibres tenía una finca el
general Juan José Florimón, y cuando su hija Pancha, naci-
da el 3 de septiembre de 1895, se fue a pasar unas vacacio-
nes en la propiedad rural de su papá, allí topó con Minar; se
enamoraron y el 29 de agosto de 1917 se casaron. Se muda-
ron al paraje La Preciosa, de la sección Abréu, en jurisdic-
ción del municipio de Cabrera, y aunque ya Minar era músi-
co, sus principales energías se consumían en el comercio y
la actividad agrícola. Allí nació Elena en 1920.
Antes de que
te vayas... Elena Martínez, de Nagua, hija de Minar, narra para el autor,
la historia de su padre.
RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
En 1928 la familia dejó La Preciosa, se trasladó a El Jun-
cal, Nagua, hasta que se dividió el matrimonio, y Minar se
400
mudó a Las Gordas, con su comercio y su acordeón, y con
su arte fascinante de tocarlo.
Entre quienes tuvieron el privilegio de disfrutarla, abun-
dan todavía los testimonios acerca de la calidad y la dulzura
de música de Minar Martínez. Dicen ellos que era un excep-
cional deleite el ver tocar a este hombre callado y pensativo,
que empezaba la música, y a los acordes del merengue se
iba hundiendo en un silencio cada vez más profundo; daba
la impresión de que sus sentidos se alejaban del alboroto de
los bailadores, y él se concentraba en el sonar de la música,
abrazado a su acordeón, como si fuese este el último con-
tacto que le quedara con la vida.
–Ni cantaba ni bebía–, confirma doña Elena. De todos
modos, Minar Martínez era hombre festivo y amistoso, y ade-
más de eso, alrededor de él giraban los jóvenes de Las Gordas
y otros puntos del Nordeste que querían aprender a tocar
correctamente. Entre los discípulos de Minar estuvieron
los hermanos Cesáreo, Joaquín y Elías de Cruz, quienes
muchas veces tocaron la güira o la tambora para acompa-
ñar al maestro y siguiéndolo a él aprendieron el manejo
del acordeón.
Por mucho tiempo, en lo que es hoy el municipio de Na-
gua, el merengue se tocaba con cuatro y otros instrumentos
de cuerda; al paso del tiempo se levantaron algunos tocado-
res de acordeón, especialmente en los campos, hasta que la
presencia de un músico de las cualidades de Minar Martí-
nez contribuyó a que el merengue y el arte de tocar el acor-
deón se propagaran en Nagua, y esa tierra empezara a con-
vertirse en lo sigue siendo hoy, una de las más grandes can- Antes de que
te vayas...
teras de acordeonistas y compositores.
Para Minar la música era una actividad espontánea y RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
ocasional, pero estuvo siempre dispuesto a ir allí donde sus
vecinos o amigos lo llamaran, para poner a bailar a la gente
401
con su música dulce y bien lograda, y al calor de la cual las
fiestas, que solían empezar a prima noche, se prolongaban
hasta el amanecer cuando cada quien, sin reponerse de la
resaca, retornaba a su habitual actividad.
Aunque tocó con tanta destreza, no se tienen noticias de
composiciones suyas. Su mayor virtud residía en el manejo
de las notas y el sabor y el vigor que su espíritu de artista
natural le ponía a la música.
Minar enfermó de una agresiva neumonía. No pudo re-
cuperarse, y el 23 de septiembre de 1942, Vicente Antonio
Martínez y Martínez –Minar– murió en su vivienda de Las
Gordas. Dejó tras él una fama bien ganada de buen hombre
y de buen músico, que se mantiene viva aunque van a cum-
plirse sesenta años de la muerte de este singular y casi des-
conocido acordeonista.
Zenón Valerio Recio
–Lupe Valerio–

NATIVO DE LOMA DE CABRERA, Zenón Valerio Recio es una repre- Antes de que
te vayas...
sentación brillante de la tradición merenguera de la Línea.
Nació el 29 de mayo de 1962, en el ambiente de culto a la RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
tradición que se ha mantenido en el hogar de sus padres,
Ismael Valerio y María del Carmen Recio.
403
Don Ismael es agricultor y ganadero, pero desde muy
joven se hizo músico. El, su esposa y sus doce hijos, de los
cuales Lupe viene siendo el octavo, se integraban a las fies-
tas que con motivo de algunas fechas del santoral católico,
como el 21 de enero, día de la Altagracia; y el 13 de diciem-
bre, día de Santa Lucía, se celebraban rumbosamente por
aquellos contornos fronterizos.
En ese ambiente vino Lupe a la vida y a la música, y
cuando tenía apenas siete años se iba a las fiestas que toca-
ba don Ismael, quien a veces le pasaba el acordeón al niño,
ante la curiosidad de los bailadores.
Lupe cursó estudios hasta terminar el bachillerato, pero
el ejercicio de la música le impidió inscribirse en la univer-
sidad. En cambio, asistió a una escuela de música en Santo
Domingo, aprendió a tocar varios instrumentos incluyendo
la guitarra, y rápidamente se destacó como uno de los más
Antes de que
te vayas...

RAFAEL
CHALJUB MEJÍA

404

Lupe Valerio, uno de los músicos de más alta categoría


y que con más acierto acciona su instrumento.

hábiles merengueros del país. Tomó los escenarios, captó su


público incluso en la Capital, y hoy compite con los más
renombrados merengueros típicos del presente.
Aún en estos tiempos en que el torbellino de la comer-
cialización de la música derriba las normas tradicionales
del merengue típico, Lupe Valerio sabe mantener con vida
algunos rasgos de la formalidad tradicional del merengue.
Creativo, arreglista, con un estilo variado y una fértil vena
de compositor, Lupe, El Hombre Acordeón, como también
le llaman, ha producido cuatro discos de larga duración con
merengues propios en su mayor parte y, según su hermana
Miledy’s, Lupe tiene preparada para futuras grabaciones, una
considerable cantidad de composiciones hijas de su inspira-
ción personal.
La Historia de Héctor Acosta, Recuerdo a mi Madre,
Tuyo Nada más, La Alegría, Los Campos, entre muchos
otros, son algunos de los merengues que han hecho famo-
so a Lupe Valerio. Dirige el conjunto la Fuerza Típica, que
se mantiene activo y aparenta tener mucho camino por
delante.
Como dato interesante, cabe aclarar que varios herma-
nos y hermanas de Lupe sienten la música y la ejercen. Se-
gún informes suministrados por Aurelio Surún, además de
su hermano Miguel, que toca la tambora; de Luis, que toca Antes de que
te vayas...
la güira; varias hermanas del afamado merenguero también
tienen facultades artísticas; Brunilda, canta y su voz se es- RAFAEL
CHALJUB MEJÍA
cucha en algunas grabaciones de Lupe; Marilú, toca la ma-
rimba; y Angelita toca la tambora.
405
La música y el arte han encontrado un campo fértil en el
espíritu de los Valerio, entre los cuales sobresale Lupe, con
el toque impetuoso y acompasado que él sabe ponerle a las
notas de su acordeón y al ritmo del merengue que ejecuta
cada vez con mayor destreza.
Índice onomástico

A Alvarado Pereira, González Antes de que


Abikarán, Dickson 362 –Bartolo, El Ciego o El Cieguito te vayas...
Abikarán, Eddy 362 de Nagua– 8, 55, 106, 143, 150,
Abréu Santos, Rufino 166, 171, 182, 187, 230, 244, 248, RAFAEL
–El Papa– 8, 57, 377-379 259, 261-268, 291, 292, 365, 387 CHALJUB MEJÍA

Abréu, Antonio Alvarado, Demetrio


–Toño– 7, 79, 97, 112, 113, 119, –Mon Quero– 56, 261, 262, 268,
120, 129, 146-153, 159, 162, 164, 177, 277 407
193-197, 221, 229-231, 237, 339 Álvarez, Anselmo
Abréu, Cheché 377 –Ei Viejo Enseimo– 57
Abréu, Confesora 377 Álvarez, Aquiles 102, 103, 104
Acosta, Alfredo 213 Amador, Isidora 357
Acosta, Héctor América 339
–El Torito– 342, 405 Amézquita Díaz, Ramón
Acosta, Octavio 144, 203 –Matón, Matoncito o Ramoncito
Adela 239 Matón– 8, 13, 55, 109, 140, 142,
Adolfo 207 147, 148, 157, 164, 170, 177, 180,
Alba, Luz Marina 237 184, 194, 199, 205, 223, 231, 242,
Alberti, Luis 47, 88, 97, 114, 115, 244, 259, 265, 286, 353, 361-368,
193, 194. 370
Alcántara, Nicolaza 211 Amézquita, Mercedes 179
Alcedito 185 Aminta 44
Alejandro 207 Anderson, Moisés Alejandro
Alfonseca, Juan Bautista 63, 95, –Macabón– 22, 23
105 Aracena, Radhamés 246
Alix, Juan Antonio 64, 73, 67 Arcequis, Gladys Lista 279
Almánzar 226 Arias Gerónimo, Rafael
Almonte, Chiche 291 –Siano Arias– 8, 311, 343-345
Alonzo, Picio 182, 241, 242 Arias, Desiderio
Alvarado Haina, Juanico 205 –Dedé– 25, 105, 108, 117, 125, 134
Arias, Domingo 343 Cabrera, Daniel
Arias, Ocadia 343 –Dany– 145, 227, 256, 333
Arias, Rafael Cabrera, Eliseo
–Chachí– 343 –Seíto– 315, 318
Arias, Willian 343 Cabrera, Francisca
Arzeno, Danilo 75, 245, 283 –Pancha– 90
Cabrera, José
B –El Calvo– 242, 254
Báez, Buenaventura 170, 193 Cabrera, Monchi 152, 103
Báez, Pedro 203, 205 Cáceres, Ramón
Balaguer, Joaquín 256 –Mon– 27, 88, 101, 103, 108, 111
Balbina 219 Calderón, Ceferina 80
Balbuena, Carmen 289 Camacho, Manuel de Jesús
Balbuena, Juan 8, 266, 289-291 –Manolo– 86, 110
Batista Rojas José, 203, 205 Camejo, Manuel de Jesús
Belica 84, 85 –Chucho– 106, 107
Bello, Teófilo Candelario, Santiago 26, 27
–Chiche– 8, 57, 377, 367, 385, Capellán Santos, Silvano
Antes de que
386, 388 –Viejo Ca– 8, 13, 122, 145, 161,
te vayas...
Beltrán, Joaquín 67 199, 200, 202, 208, 242, 258, 342,
RAFAEL Bencosme, Ciprián o Cipriano Ben- 381-383
CHALJUB MEJÍA cosme 25 Capellán, Dimas 381
Bencosme, Cipriano 25 Capellán, Gerardo 226
Bencosme, Rafael Capellán, Máximo 199
408 –Fellito– 27 Carrasco René 354
Beras Goico, Freddy 45, 257 Casado, Fernando 358
Betancourt, Rómulo 117 Castaños, José Ramón 42
Blanco, Che 359 Castillo Castillo, Juan Bautista 6
Blanco, Enrique 28, 117-119, 134, 135 Castillo, Eloísa 281
Bonilla Estévez, Agapito Castillo, Joselín 275
–Paquito– 7, 56, 150, 166, 181-184, Castro, Fidel 117
244, 248, 264. Cepín, Neney 86
Bonilla, Rafaela 181 Céspedes, Benigno 23
Bordas 105 Céspedes, Carlos 23, 24, 42
Bosch, Juan 291 Céspedes, Jesús María 23, 104
Brens, Bienvenido 227 Clavel 364
Brito, Eduardo 125 Colaza 36
Brito, Rafael 242 Collado, Jorge
–Lalán– 144, 146, 242
C Colón, Rafael 125
Caba, Arsenio 150 Colón, Toño 144, 203
Caba, Elvira Concho Primo 101, 134, 262, 268
–Virita– 199, 286, 389 Conrada 139
Cabrera de Román, Manuela Dig- Coopersmith, J.M. 348
na, 369, 373 Cordero, Casimiro
Cabrera Taveras, Manuel Josefa –Corderito– 103, 104
–Fefita la Grande, La Vieja Fefa Corporán de los Santos, Rafael 236,
o La Mayimba– 8, 312, 314-318 250
Cruz, Celeste 124, 283 Díaz Martínez, Blanca María
Cruz, Frank 130 –María Díaz– 7, 207-209, 312,
Cruz, Luis 77 320
Cruz, Negro 144, 203 Díaz, Gregorio 354
Cruz, Ovidio 275 Díaz, Héctor J. 116, 119
Cruz, Thelma 124, 283 Díaz, Juan 211
Cuta 221-223 Díaz, Pablo 207
Díaz, Rafael
CH –Buferín– 152
Chaljub Mejía, Elba 148, 149, 151, Díaz, Valentín 213
297, 365 Díaz, Valentín 214
Chaljub, Jorge 46 Disla, Julio 186 242
Chaljub, Juan 36, 37 Dolores 144
Chávez Calderón, Pedro Doroteo 32
–Pedrito Chávez– 80, 82, 83, 203 Dosilién 86
Chávez de Wessin, Livia 81-83, 85 Dotel, Diómedes Vinicio 362
Chávez, Juan 80, 82, 83 Duarte Polanco, Carmelo
Chávez, Pedro María –Carmelito– 7, 56, 57, 215-219,
Antes de que
–Pedrito– 80, 81, 107 269, 322
te vayas...
Chirichito 122, 123 Duarte, Juan Pablo 54, 60, 87, 171
Dulce o Dulcita 14, 202, 263, 355 RAFAEL
D Durán, Alejo 202 CHALJUB MEJÍA
Damián, Marcelina 397 Durán, Américo 179
De Hernández, Sención 330
De Jesús Galván, Manuel 62 E 409
De la Cruz Polanco, Toribio El Ciego, Chego 43
–El Contentoso– 8, 395, 396 El Mulo 145
De la Cruz, Antonia 341 El Zafiro 167
De la Cruz, Cesáreo 47, 395, 401 El Zurdo, Félix 275
De la Cruz, Joaquín 47, 56, 140, 395, Espinal Ureña, Alcedo
401 –Alcedito– 7, 185-187,
De la Cruz, Ramón Arcadio 76, 78, 169 Espinal, Alcedo 185, 221, 239
De la Rosa Caba, José Arsenio Espinal, Angel
–Arsenio Caba– 7, 199-202, 390 –Angito– 152
De la Rosa Caba, Tomás Espínola, Juan 95
–King– 8, 150, 287, 390, 391, 392 Esquea, Pancholo 122, 123, 145, 331
De la Rosa Lora, José Erasmo Estévez o Esteban, Baldomero 399
–Yan– 8, 199, 285-287, 390 Estévez, Paco 181, 184
De la Rosa, Leandro 390 Eulogita 377
De la Rosa, Lulo 390
De la Rosa, Pedro 390 F
De los Santos, Gumersindo Fabio 229
–Sindo Colorao– 25 Fañas, Rafael
De Vallejo, Belkis 304 –Fello– 35, 36
Decamps, Miguel 13 Fermín, Luis 83
Del Rosario, Félix 132, 341 Fernández, Leonel 171
Díaz Alcántara, Carmelo 7, 211, Figuereo, Wenceslao
212, 223 –Manolao– 107
Figueres, José 117 García, Gregorio 321
Figueroa de Villa, Teresa 13, 231 Gautreaux, Julio 226
Filpo, Miguel 364 Gerónimo, Polonia 343
Flores Castillo, Isidoro 8, 48, 107, Gil, Alejandrito
121, 125, 129, 194, 225, 227, 230, –Alejandro Woss y Gil– 104
273, 283 Goico Morales, Carlos Rafael 225,
Florimón, Francisca 226
–Pancha– 397, 399 Gómez, Biencito 107
Florimón, Juan José 25, 399 Gómez, González 226
Florimón, Virgilio 25 Gómez, Máximo 80
Francisco El Hombre 202 Gómez, Zenón 253
Francisco Ulloa, Nicolás Delmiro González, Luis Miguel 152
–Miro– 8, 145, 242, 253, 333-335, González, Mingo 203
347, 348, 358 Goyita 87
Francisco Ulloa, Rafael Grau San Martín, Ramón 117
–Fello– 8, 13, 58, 121, 222, 334, Grullón, Rafael D.
335, 347-351, 353, 354, 373 –Sunito– 47
Francisco, Benito 347 Gue, Teleforo 357
Antes de que
Francisco, Luis 144, 203 Guerra, Juan Luis 258
te vayas...
Francisco, Rafael Guerra, Radhamés 203, 242
RAFAEL –Rafelito– 335 Guillermo, Cesáreo 25, 193
CHALJUB MEJÍA Francisco, Valentina 353 Gutiérrez Tejada, José Nicolás
Franco, Arcadio –Manos Brujas– 8, 148, 337-339
–Pipí– 115 Gutiérrez, Euclides 67, 100
410 Franco, Vinicio 115, 129 Gutiérrez, Humberto 337, 339
Gutiérrez, José 203, 222
G Gutiérrez, Quirino 337
Galán Holguín, Daniel 152, 235 Gutiérrez, Quirino 337, 339
Gallardo, Ramón 124, 130 Gutiérrez, Ricardo 337, 338, 339
Gálvez Soliver, Inocencio Guzmán, Santiago 100
–Chimbín– 8, 273, 274 Guzmán, Silveria 233
Gálvez, Sotera 273
García Henríquez, Domingo H
–Tatico– 7, 11, 55, 84, 137-153, Henríquez Carvajal, Francisco 54,
161-164, 166, 170, 182, 203, 241, 86, 87
242, 244, 248, 256, 259, 264, Henríquez de la Cruz, Juan
273, 277-279, 291, 297, 303, 305, –Bolo– 45, 47, 55, 137, 233, 239,
306, 316-318, 331, 335, 351, 365, 269, 277
383, 392 Henríquez, Aminta 44
García Henríquez, Isaías Henríquez, Bilo 44, 45, 137, 211,
–Saco– 8, 55, 242, 244, 277-280 239
García Martínez, Mariano Salomé Henríquez, Julio 145, 256
–Mario García– 8, 57, 219, 321-324 Henríquez, Julio 256, 279
García Ramos, Cristino Ramón 205 Henríquez, Liberato 44
García, Altagracia Henríquez, Valerio 44, 45
–Chara– 137, 277 Hernández Brea, Luis María
García, Francisco –General Luis– 103, 104
–Pancho– 95 Hernández López, Antonia 311
Hernández López, Lidia María León Asensio, José 13
–Meri Hernández o La India Ca- León de Saleme, Ninón 6, 14
nela– 8, 222, 311, 312, 320 Lockward, Juan 125
Hernández Rosa, Milcíades Lockward, Luis Alejandro
–Milcíades Reynoso– 8, 123, 145, –Danda– 105
231, 329-331 López Kemp, Félix 125, 126
Hernández, Julio Alberto 95, 101, López, Angel de Jesús
108 –El Compa– 152, 316, 379
Hernández, Manuel 35 López, Ramón
Hernández, Marcelina 218 –Fonso– 269
Hernández, Ramón 329 López, Ricardo
Hernández, Ramón –Rico– 101
–Ramón Pepe– 25 López, Silvano
Hernández, Ubaldina 44 –Silvio– 150
Hernández, Victoria López, Tomasina 311
–Vita o Vitorita– 36, 37 Lora Cabrera, Francisco Antonio
Heureaux, Ulises –Ñico– 72, 75, 77, 79, 80, 84, 86,
–Lilís– 21-23, 26, 74, 94, 100, 103, 87, 89-91, 97, 105, 106, 108, 109,
Antes de que
107, 170 113, 114, 121, 123, 125, 129, 135,
te vayas...
146, 147, 164, 169, 193, 221, 223,
I 229-231, 239, 286, 339, 363, 365, RAFAEL
Incháustegui, Arístides 193 381, 383 CHALJUB MEJÍA
Inoa, Fabio 262 Lora, Antonio 76, 333, 334
Isalguez, Hugo Antonio 246 Lora, Félix 145, 203, 277
Isidro 189 Lora, Julio César 86 411
Lora, Luis Eduardo
J –Huchi– 13, 71, 72, 74, 77, 88, 89
Jaime 199, 392 Lora, Manuel 79, 84, 221, 239
Jáquez, Fidelio 351, 352 Lora, Mercedes Linda 285
Jimenes, Juan Isidro 94, 100, 111 Lora, Narciso 90
Jiménez Peralta, Diógenes 8, 150, Lora, Pedro María
241, 243, 244, 277, 367 –Cacú– 87
Jiménez, Cumelo 179
Jiménez, Martín 241 M
Jiménez, Pablo 241 Madora, Horacio 356
Jiminián, Manuel 37 Madora, Pedro 358, 359
Jiminián, Manuelico 34, 35 Madora, Ramón o Ramón Amador
Jiminián, Ramón 26 Gue 8, 107, 355, 356, 357, 359,
José Otilio 321 360
Madora, Zenobia 357
K Maldonado, Persio 13
Kalaf, Luis 125, 227 Mambí, Juan 100
Kennedy 209 Manochí 145, 277
Marcelina 215
L Marcelino, Ramón Antonio
Lantigua, Lépido 203 –Jimaquén– 24, 25
Lebrón, Justo 375, 376 María 262
León Asensio, Eduardo 13 María Antonia 239
María González, Ignacio 27 Mejía, Dionisio
Marichal, Prisciliano 82 –Guandulito– 8, 55, 129, 225,
Mariíta 262 226, 230, 245-248
Marmolejos, Luis Manuel 289 Mejía, Hipólito 354
Marmolejos, Roque 48, 55 Melo, Juan 289
Maro 36 Méndez, Manuel Emilio
Maroea 87 –Horacio– 358, 359
Marrera, Goyo 27, 28 Méndez, Nilo 95
Marte Figueroa, Leonardo Menelo 179
–El Negrito Figueroa– 8, 150, Menso 329
309, 310 Mercado, Dámaso o Dalmaso 196, 197
Marte, Juan 355 Mercado, Juan
Martí, José 80 –Bolo– 46, 51
Martín 54 Mercedes 363
Martínez Florimón, Elena 397, 399, Mercedes, José 273, 275, 363
400 Milín 240
Martínez Martínez, Adriano 321 Molina, Pablo 227
Martínez Martínez, Antonio 399 Morales, Bernabé 67
Antes de que
Martínez Martínez, Margarita 399 Morales, Lorenzo 202
te vayas...
Martínez Martínez, Vicente Antonio Morel, Antonio 97, 103, 115
RAFAEL –Minar– 8, 13, 42-46, 48, 321, Morel, Emilio 101, 108, 126
CHALJUB MEJÍA 397-401 Moreno, Ramón 203
Martínez, César 379 Moreta, Félix
Martínez, Cristóbal 351, 352 –El Indio Bravo– 179
412 Martínez, Cuta 7, 79, 194, 221-223 Morey, Juanita 45, 50, 55, 83
Martínez, Dolores Moro 88
–Lola– 207 Moya, 22, 23
Martínez, Eduardo 42 Moya, Ernesto 56
Martínez, Hipólito Moya, Graciela 213
–Polito– 197, 352, 353
Martínez, Isabel 321 N
Martínez, Luis Natera, Ramón 107, 109, 208
–Luis Minar– 48 Navarro, Andrés 25
Martínez, Pedro Gregorio 42 Negra Manuel 37, 38, 40, 56
Martínez, Rafael Nona, Fello 203
–Rafelito– 124
Martínez, Rufino 43, 74, 104 O
Martínez, Santander 202 Ochoa, Antonio 203, 265, 268
Mateo, Joseíto 115, 129, 179, 250, Oggí, Pedro 144, 203
Medina Rodríguez, Gregorio Ortíz Ciprián, Milito 343
–Chijolo o Viejo Chijo– 8, 269- Ovando, Zenón 25, 107
271
Medina, Colaza P
–Negra– 269 Padilla, Felicito 375, 376
Medina, Graciano 269 Padura Fuentes, Leonardo 157
Meicé 36 Palomino, Luis 50
Mejía, Adelina 245 Papito
Mejía, Andrés 245 –El Flechú– 145
Paradís, Martín, 350 Pichardo, Miguel Andrés
Paredes, Nicomedes 25 –Guelito– 25
Parra Alba, Juan Pichardo, Nicio 25
–Juan Prieto– 297-299 Polanco, Eduviges 395
Parra, Indalecio 222, 294, 295 Polanco, Ercilio
Parra, Narcisa 297 –Silito– 56
Parra, Papín 369 Polanco, José María 215
Pascasio Tavárez, Juan Bautista 8, Polanco, Víctor 369
13, 76, 79, 121, 146, 194, 22, 230,
286, 294, 295 Q
Pascasio, Desideria 293 Quero, Demetrio 261, 262, 268
Pascual, Agapito 179
Pastoriza, Tomás 13, 56 R
Patiño, Arístides Rafael 377
–Tilo– 25 Ramírez 225
Paula, José Ramírez Valdez, Américo 7, 189- 191
–José Caco– 25 Ramírez, Andrés 291
Pavón, Jesús 289 Ramírez, José del Carmen
Antes de que
Pedrón 179 –Carmito– 26
te vayas...
Peguero, Tavito 283 Ramírez, Julián 179
Pelegrín, Luis 373, 375 Ramírez, Pablo RAFAEL
Pelletier, Luis –Pablo Mamá– 25 CHALJUB MEJÍA
–Luis “Peltier”– 103 Ramón 363
Peña Florián, Domingo Ramoní 127
–El Flaco– 145, 256, 278, 279 Ramos Román, Ramón Rafael 413
Peña Gómez, José Francisco 257 –Rafelito– 8, 11, 171, 354, 369-
Peña, César 283 372, 374, 396
Peña, Erasmo 150 Recio, María del Carmen 403
Peña, Lucrecia Antonia 251, 254 Rey, Apolinar 23
Pepín, Pedro Reyes, Rafael
–Perico Pepín– 25, 77, 86, 108, 148, –Cuco– 187
Peralta, Monguita 317 Reyito 363
Peralta, Thelma 241 Reynoso, Domingo 122, 145, 331,
Perdomo, Eugenio 62 Reynoso, José Dolores
Pereira, Juana 261 –Lolo– 73, 91, 121, 221
Pérez Alba, Manuel Reynoso, Pedro 121-124, 129, 143,
–Manolo– 145, 237-239 170, 194
Pérez Batista, Juan Rijo, Antonio 275
–Juanito Pérez– 8, 121, 201, 230, Rivalde, Jovina
301-304 –Jovinita– 247, 248
Pérez Sosa, Manuel de Jesús Robles, Juan Antonio
–Lico Pérez– 25 –Puro– 207, 208, 392
Pérez, German 114, 152, 153, 203, Rodríguez Bonilla, Manuel 187
242 Rodríguez Martínez, Tomás
Pérez, Hinginio 23 –Prieto Tomás– 8, 297, 299, 393,
Pérez, José Antonio 394
–Yopere– 23 Rodríguez Parra, Juan
Pérez, Leopoldo 303 –Juan Prieto– 8, 297, 298,
Rodríguez, Andrés 179 Santos, Chichí 179
Rodríguez, Bienvenido 264 Santos, Cirilo 377
Rodríguez, Demetrio 25 Santos, Elenita 124
Rodríguez, Esteban Santos, José Eugenio 393
–Tebo– 269 Santos, Marquito 179
Rodríguez, José Saviñón Lluberes, Ramón 348
–Flinche– 87, 88, 161 Sení, Eligio 56, 242
Rodríguez, Manuel Antonio Senior, Luis 119
–Rodriguito– 227, 281 Severo 245
Rodríguez, Paulino 48 Siña Juanica 54
Román Ulloa, Ramón Solano, Rafael 101, 317
–Monguito Román– 8, 121, 369, Soliver de la Cruz, Esteban 273
370, 372-376 Soraida 79
Román, Rafelito 376 Soto Jiménez, José Miguel 15, 195
Román, Raúl 371 Suárez, Moisés 353
Román, Winston 371 Suero, Luis 325
Rosa, Rosalía 329 Suriel, Mario 65, 66
Rosado, Roberto 189, 190, Surún, Aurelio 7, 13, 203-206, 309,
Antes de que
Rosario Adames, Fausto 13, 235 363, 405
te vayas...
Rubiera, Fellito 56 Surún, Catalina 205
RAFAEL Rufino 229 Surún, Filomena 205
CHALJUB MEJÍA Ruiz Valdez, Sergio 281 Surún, Jonathan David 206
Ruiz, José Ramón 42
T
414 S Tatis, César Rafael 152
Salazar, Carlos 322 Tavárez Labrador, Rafael
Saleme, Lourdes 14 –Paco Escribano– 227
Sanabia, Aquiles 86 Tavárez, Ana Felicia 90
Sánchez, Manuel 105 Tavárez, Delio
Santamaría Demorizi, Abrahan 330 –Chanflín– 8, 55, 237-240
Santana Amador, Blasina 355, 357 Tavárez, Manuel 293
Santana de la Cruz, Pedro Tavárez, Ramón
–General Larguito– 8, 235, 341, –Manón– 101, 145, 239, 240
342 Tavárez, Ramón
Santana Guzmán, Daniel, –Tavarito– 100, 101, 103
–Niño Guzmán, Niño Santana o Taveras, Ana María 315
Niño Tillá– 8, 55, 181, 184, 205, Tejada, América Mercedes 337
233-236, 341 Tejada, Máximo
Santana, Adolfo 233, 357 –Chito– 152, 153, 203
Santana, Francisco 229 Tejada, Moreno 364
Santana, Miguel 8, 121, 194, 230, Tejeda Ortiz, Dagoberto 173
325,-327, 383 Teodoro 318
Santana, Miguel Junior 326, 327 Teodosio, Manuel 275
Santana, Monchín 283 Then, Jackelyn 213
Santana, Tomás 27-29 Tino 36
Santiago, Pedrito 381 Tirado Henríquez, Juan
Santos, Alejandrina 386 –Faride o Faride Henríquez– 8,
Santos, Ana Joaquina 381 137, 305-307
Tirado, Amada 305 Vargas, Blas 222
Torres Tejeda, Jesús 80, 123, 125, Vargas, Rafael 201
126, 193 Vásquez Martínez, Jesús Antonio
Torres, Rafael –Chu– 397
–Fello– 23 Vásquez Martínez, Miguel 397
Torres, Tomás Vásquez, Avelino 333
–Tomá– 99 Vásquez, Esmeraldo 205
Trejo Peña, Facundo 8, 171, 251, Vásquez, Horacio 23, 94, 100, 101,
252-254, 335 103, 104, 109, 111
Trejo Peña, Freddy 254 Vásquez, Tavito 231, 333
Trejo Peña, Nicolás Vega, Simón 64
–Nicol– 254 Vélez, Alfonso 264
Trejo Peña, Radhamés 254 Ventura 240
Trejo, Angelito 251 Ventura Paredes, Zenobio 362, 363
Trejo, Ramón Antonio Ventura Soriano, Juan de Dios
–Moncho– 251, 254 –Jhonny– 131-133, 143, 156, 158,
Trujillo, José Arismendy 197
–Petán– 201, 202, 301, 330 Ventura, Juan 256
Antes de que
Trujillo, Radhamés 201 Ventura, Ramón 255
te vayas...
Trujillo, Rafael 22, 49, 55, 108, 111- Vicente 240
115, 117, 119, 120, 125, 129-131, Víctor 145 RAFAEL
133-135, 166, 194, 195, 197, 246, Victoria, Eladio CHALJUB MEJÍA
247, 289, 293, 301, 323, 357, 383 –Don Quiquí– 27
Trujillo, Ramfis 201 Victoriano 87
Vidal Torres, Rafael 415
U –Fello– 80, 82-84
Ulerio, Manuel Vidal, Luis Felipe 106, 107
–Manolo– 152 Villa, Clemente
Ulloa, Francisco 8, 117, 255-259 –Chichito– 7, 13, 57, 84, 106, 121,
Ulloa, Johanny 392 164, 194, 196, 221, 222, 225-231,
Ulloa, Lorenza 351, 352, 273, 299, 331,
Ulloa, Ramona 255 Villa, Elucinda 225
Ulloa, Victorina 348 Villa, Erminia 225
Villa, Juan Emilio 225
V Villavicencio, Ramón 150
Valdez, Feliz Nery 362 Viloria, Angel 124
Valenzuela, Miguel 152
Valerio Recio, Zenón W
–Lupe– 8, 161, 171, 403-405 Winston 201
Valerio, Angelita 405
Valerio, Brunilda 405 Y
Valerio, Damián 390 Yanicó 36
Valerio, Marilú 405
Valerio, Miguel 405 Z
Valerio, Miledy’s 405 Zayas, Remigio
Vallejo, José Ramón –Cabo Millo– 106, 107
–Cheo– 304 Zuleta, hermanos 202
Junto a su conocida
y ya larga militancia
política de izquierda,
Rafael Chaljub Mejía
mantiene una activa
carrera de escritor.
Ha publicado Golpe
a Golpe, en 1990;
La Guerrilla del Decoro
–Memorias–, en 1993;
Cuesta Arriba –Memorias–,
en 1997; He Aquí RAFAEL
la Izquierda, en el 2000;
Chaljub Mejía
Merardo Germán, un
guerrillero de Constanza
–Relato–, en el 2001;
y con Antes de que
te Vayas... agrega,
en abril del 2002,
un título más a esa lista
de obras publicadas.
Ha colaborado con
los diarios El Nacional
y El Nuevo Diario.
Desde octubre de 1992
trabaja como columnista
fijo del vespertino
Última Hora.
Antes de que te vayas… de Rafael Chaljub Mejía,
de la Colección Centenario del Grupo León Jimenes,
terminó de imprimirse en el mes de abril de 2002,
en los talleres de la Editora Amigo del Hogar,
Santo Domingo, Ciudad Primada de América,
República Dominicana.