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LA FILOSOFIA ESPANOLA

-
y LOS CASTICISMOS DEL PRE·"98" (*)

- El pensamiento hispánico tiene en Menéndez una afir-


mación de duras contrastaciones que se prolonga cerca de
cuatro Iustros, dé 1876 a 1894. Pero D. Marcelino no lo, fija,
.no ya conceptualmente en estudios de síntesis, pero ni en
la totalidad de sus premisas históricas. No escribe como
tanto se temía Guardia la Historia de. la Filosofía Espa-
ñola, Se refugia-no, m-al herido, corno se ha insinuado-e-
en el apartamiento del gay saber, dejando a BonHla la rea-
lización de sus planes sobre Vives y la gran Historia. Actúa
sin embargo su presencia moral-y aun la física a ratos-
'en la discusión que continúa más o menas viva hasta el
centenario de Balmes (1910), y un poco más adelante; has-
ta la víspera misma de su muerte.

Inmediatamente después de Guardia, saltan al palen-


que el "En torno al Casticismo" (1895) y el "Idearium Es-
pañol" (1897), dos visiones del alma patria y de las raíces
de eu cultura que se definen algo extrañamente en nuestro
tema, y, a su modo, combaten a .Menéndez, A los dos ensa-
yos antedichos les precede a guisa de preámbulo un escrito
de "Clarín" que .presenta al público las Ideas Pedagógicas
Modernas de A. Posada (1892). En él hay mención hono-
rffíca para el krausismo, se anotan sus. éxitos, y se procede
a estos juicios generales sobre la mística que en los nuevos
casticistas van a quedar mucho más desarrollados. Dice
pues "Clarín":
"No sólo favorecieron aquí la aclimatación krausista
~ elementos de idealidad, sino que también le ayudó el
predominio de la filosofía ética y de sus tendencias prác-
.eas que. se notó desde luego entre nosotros como carácter

*) Continnación (VIll) del estudio La Filosofía Espa.ñola. {Su Concepto


V.lor, cf. RAZÓN y FE: Números: diciembre (1944), p. 525 ss.; febrero
• p. 325 ss.; mayo, p. 57 ss.; junio, p. 117 ss.; abril (1946), P. 347. ss.;
442 ss, ~ junio, 527 ss,
lO·' JOA.QUÍN IRIARTE, S. I.

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especial, matiz propio del krausismo español. Tal vez esta "CH, revolvíc .udo obras y tras atento examen de 111M vudo
nota, aunque otra casa pueda .parecer a primera vista, no íllosoéías naciooales-el estudio comparativo es aqu ¡ illl!i¡
sea dan de alabar, porque en rigor es síntoma de nuestras pcnsable-, sino en meditación pura, con esos accrcnmir-.,
escasas disposiciones para la filosofía pura, es decir, para tos a la intimidad de las cosas de que suelen ufanarse 1(H~
la verdadera filosofía. Lo que se ha dicho del pueblo inglés <fue viven a merced de ciertas intuiciones tan profundn;
a este respecto, aunque por otro motivo, puede decirse del como exe.ntas de labores escolarmente disciplinadas.
español: el inglés, de la filosofía escoge la parte psicológica Cambiamos según eso de modos de estudio que hasta
que le lleva pronto a las cuestiones de la conducta humana, el presente, por lo que toca a Menéndez, eran de base em-
al resultado útil; el español tiende también a buscar en la pírica, de ir barajando si no precisamente grandes colee,
filosofía lo que interesa directamente a la persona, por cienes y bibliotecas, obras cuando menos; obras, nombres
ejemplo, la relación religiosa por lo que mira a la salva- y escuelas; y cambiamos en otros menos seguros de andul'
ciónde cada cual; bien puede decirse en general, por lo aunque acaso más eficaces 'par más geniales, Prescindiendo
menos, que nuestros pensadores más oríglnales, más fuer- del valor que globalmente tomados tengan los referidos en-
tes, tal vez más hondos, fueron nuestros místicos". sayos, enjuicio en ellos lo que a nuestro argumento ataño
Tal se expresó "Clarín", eco, 110 cabe duda, de pasados y comparo a sus autores con los de las agrupaciones ya'
krausistas, a los que le afilian sus primeros Solos, vgr., el fij adas; con los del menendezismo o afirmación de una filo-
del "Libre Examen", "Menóndez Pelayo", "Gloria", "Caste- sofía independiente y propia, los del krausismo todo nega-
lar", y algunos otros escritas menos conocidos, que en otra tividad salvo en algunas apreciaciones deformativas de la
parte de este estudio habrán de examinarse. Pero eco aún Mística, y Los del tomismo rígido que, si no ven caracteres
más real y verídico de unos casticismos en él. congénitos y nacionales ni contenido mayor e.n lo que dice Menétndez
hondamente se.ntidos, y que desde los días de V. Cousin tampoco destacan los suyos en cuadros amplios y adecua~
y sus puntas de vista en Ia interpretación de la filosofía, dos, Nos importa en suma la posición de Unamuno y Ga-
buscaban en la gran mística del Siglo de oro, como en algo nivet en nuestro problema, Nos importa, va dicho, y, ¡1l10
escrito en castellano, el pensamiento genuinamente hispá- indignarse 1; que en buen método escolástico, hay que enu-
nico. Tal vgr., García Luna, P. Azcárate, F. Canalejas, el merar las sentencias de 1081 adversarios, valgan ,o no mu-
portugués Oliveira Martins, el francés Rousselot, aunque sin cho, antes de dar la que sea propia de uno,
dar a sus observaciones la introspección, el serio y pene-
trante análisis que estaba piddendo el tema. Pero, j es que Unamuno es y se reconoce repetidas veces discípulo de
esto último se logra ahora con los casticista s, Unamuno y Menéndez, que se ha dignado ampliar con notas y adi'Cio-
Ganivet l nes la Historia de la Literatura Ibérica de Wolf que ver-
Sin osar decir tanto, cierto que hacen gala de buscar tiera él al castellano (1896). Llegará a decir del polígrafo
en la entraña de la mística su más hondo sentido, y de dar que es "el español contemporáneo de quien ha aprendido
al rasgo hispánico profundidades y verdad que antes no más". Pero,en su bravía independencia, en la que cifra su
tuvo. ¿ Siguiendo a "Clarín"? En cierta manera, sí. Pues al mayor" timbre de gloria, no se presta a quedar encasillado
leer su Epis.tolario--publicado recientemente, 1941-, cabe con su maestro ni con mortal alguno por superhombre que
bien suponer que algo da él en "ideas, gérmenes de ideas y pueda 'Ser. Antes de él, nadie; después de él, nada. Va, pues,
cabos de hilo" a las dos de que entramos a hablar. A Una- sólo; pero por mucho que quiera campar por su respeto,
muna-por entonces una reputación en ciernes y totalmente es claro que en torno a la materia no pueden inventarse
supeditado como tantos otros a D. Leopoldo-directamente, posicíoneasin cuento, y al tomar la privativame.nte suya,
y a Ganivet por vía indirecta. Nuestros pensadores más ori- puede quedar dentro o cerca de alguna de las tres ante-
ginales, más fuertes y hondas son tal vez nuestros místicos, riores. Y, ¿ dónde?
, hu dicho "Clarín"; y la glosa de Unamumo y Ganivet va a
hnrdur variaciones a ese tema. (1)· "Sobre la Filosofía Española", 1904. ,Aun(j¡oo estudiamos lit Unn.
mUDOde 1895, nos será permitido completar sus notas de esa fecha cou orrQS
varias entresacadas de ensayos posteriores. ¡ Peligroso 1, se DOS dirá, en autor
'.O/i ensayos de ambos surgen en el lapso de dos años, que tanto cambia. Creo sin embargo q;ue en el tema nuestro se mantuvo
¡,••luurlu /i\lH autores en los treinta de su vida, es decir en Unamuno menos "constans sibi", es decir, con menos variacioneEl.
.1,

No va desde luego con los rígidos, ya que todo lo del to- qur dic«. EXllmiul'nl.()S múa lutimnmontc' '!-!II Sl'Jl\¡"I\t:iu, ptte
mismo, y en general de la escolástica, se le antoja forma- hubrá visto el nvisado lector que no dice fnHtll' 1I1wwfl:l,
lismo 'frío, un discurrir amorfo, lo más e:n pugna con su sino verdadera filosofía. Luego vendrá lo aílrmauvo Httyll~
obsesión individualista y con sus ansias de personalidad bien reforzado.
siempre enhiesta. Menéndez y Laverde que ya hablaron del Hechaza ante todo Unamuno--lo rechazó más tarde 11\
monopolio del filosofar hispánico detentado por una escue- menos-e-lo del Vivismo como inventado por Menéndcz "l'1l
la prepotente, se quedan tarnañitos ante las durísimas fra- su exaltación de humanista español, que no puede rcncgur
ses de nuestro salmanticense a este respecto: "Si~ tenía su del renacimiento", "acaso no por otra cosa que por ser {'I
filosofía (España) ; pero cuando empezaba a florecer se la como Vives, renaciente y ecléctico". y es que Menéndcz
ahogaron, se la helaron los deflnídores de la escolástica, 10s ---continúa glosando apreciaciones de Croce-, "cuya filoso-
intelectuales. '¡Hay que ser razonables!', dijeron; y al que fía era ciertamente todo incerteza, educado en Barcelona, en
se obstinaba en ne serlo, se le encerraba IÜ' amordazaba". las timideces del escocesismo traducido al espíritu catalán,
Tampoco va con los que viven vueltos a la europeización, en aquella fIlosofía rastrera del common sense que no queda
a los sistemas importados y a mentalidades exotizantes, que comprometerse, y era todo compromiso, y que tan bien re-
se le antoja:n hórridaniente pedantescas, si bien concedien- presentó Balmes, huyó siempre de toda robusta lucha inte-
do-por una vez sumiso' a "Clarín"--que el krausismo es rior y fraguó con compromis.os su oonciencia" (4). Todavía
planta que, aunque importada, tiene raíces católicas según más dentro de la gran Controversia cae y más en demole-
lo demostró Ritsohl, y las echo de veras aquí (2). ¿ Irá con dor va dicho que, en la Hisi. de las Ideas Estéticas en Espa-
Menéndez 'según eso? Bu lo que tiene éste de afirmación de ña, no es España lo mejor ni la parte más sentida de esa
lo hispánico, si; mas, ¡a qué distancia 1 Mej 01' dicho,con Historia, sino la Europa contemporáinea (5). Su aportación
qué modalidades tan distintas! Negándose en primer lugar estética por lo mismo, no parece quedar sobre-estimada.
a hablar de una filosofía española y sacando a relucir lo de Respecto a su metafísica deben también desaparecer vaci-
su fílosof'ía castiza, una filosofía provincianizada, que es a Iaciones y dudas; dirá de una vez que ni Suárez es valor
la primera Io que guerrero a militar, lo que masa a pue- auténtico. "Y es acaso este individualismo retrospectivo el
blo, lo primitivo a 10 organizado. En España, vie:ne a de- que no ha permitido que brotaran aquí sistemas estricta-
cirnos, hay rapsodias, un "folk-lore" musical valioso, pero men te filosóficos, ,o más bien metafísicos; y ello a pesar de
ninguna gran ¡pieza dispuesta en unidad o motivo sinfóni- Suárez cuyas sutilezas no merecen tal nombre (6).
co. Las maneras con que lo dice no pueden ser más auda- Ni siquiera hubo teólogos en Salamanca. No se puede
ces y desenfadadas. Véase una muestra: hablar de UIl1 pueblo teólogo, como tantos han querido, entre
"Siempre creí que en España no ha habido verdadera otros Pidal y 'el P. Zeferino cuando acariciaban la idea de
fIlosofía-"Olarín" lo dice en térmi:nos parecidos=-: mas una biblioteca te.ológica española. "Porque no ha habido
desde que leí 10.8 traba] os de Menéndez y Pelayo, endereza- filósofos--y es miembro del claustro de la Salmanticense
dos a probar que había habido tal filosofía española, se me el que lo dice=-, y pr,eósamente POlI' no haberlos habido,
disiparon las últimas dudas y quedé 'completamente con- mo ha habido tampoco teólogos, sino tan solo expositores,
vencido de que hasta ahora el pueblo español se ha mos- comentadores, vulgarizadores y eruditos de teología .. Y la
trado retuso a toda comprensión verdaderamente filosófica. prueba de que aquí no han florecido nunca de veras 1'06
Me convenció de ello el ver que se llamen filósofos a comen- estudios teológicos, y que munca se ha llegado con inten-
tadores o expositores de filosofías aj enas, a eruditos y estu- sida-d y alguna persistencia al fondo de los gravísimos pro-
dioses de la fllosofia, Y acabé de confírmarme, corroborar- blemas metafísicos, y éticos que suscitan, es que no ha habi-
me y remacharme en ello cuando vi que se daba, nombre do aquí grandes heresiarcas" (7).
de filósofos a escritores como Balmes, al padre Ceferino, El razonamiento hubo de ser decisivo para quien sintib
Sanz del Río y otros más" (3). y vivió lo excéntrico como signo de acusada personalidud ()
Pero esto es una salida de tono, una genialidad que pue-
(]e no significar demasiado, tal vez Io contrario de 1,0mismo (4) ... Conclusión.
Del Sent.j;¡nij,ento
(5) "En torno al Casticismo", I, 1.
(:.1) })Hl Scntimviento tt'iÍgico de La Vid(J;, cap. XI. (6) Del Sentimiento... Conclusión.
(7) "Lectura e Interpretación del Quijote".
(:1> "Lectura e Interpretación del Quijote", 1905.
\TH, -~--:a. \IX" Ml{)

dt' vida auténtica, y para quien el marchar por los carriles ('/ilú recordando una vez más, que llO hay aquí jurdincs ('11
CIJ:dinarios fué siempre si no convencionalismo., falta de orrlcn sistemático, sino plantas en 'su ser castizo; rctumu,
reacción ante la realidad. "Pensador con martillo", o mejor romero, tomillo, espliego que van dando al viento sus ricos
acaso-para que nadie se sienta desposeído de su título-,., presentes pera desde terrenos pedregosos y ásperos, sin ma-
"pensador con piqueta", ha demolido por arriba y abajo, a yor cultivo. "No parte, prosigue Unamuno, la mística cas-
diestro y siniestro. "Contra esto y aquello", como dice un tellana de la Idea abstracta del Uno, ni tampoco directa-
título de sus ensayos, tenía que ir cerrando. Y aún le queda mente del mundo de las representaciones para elevarse a
el llevar' a las raíces el arma demoledora y negar aptitud conocer "invisibilia Dei per ea quae facta sunt" (10).
filasófica al catellano, que en el caso representa al pueblo. Es como ha dicho en otra parte lo antitético del misti-
hispánico,
cismo italiano, que vive 00 elcampo y se difunde par la
"Casta la castellana de oonquistadores., maJ avenidos al' risueña y juvenil pradera con el pobrecito de Asís, el 'ale-
trabajo, no se compadecía bien a interrogar y desentrañar gre umbrío. Los extáticos castellanos, a tono con paisajes
la realida-d sensible, a trabaj ar en la ciencia empírica, sino claros y antinebulosos, de pocas. seducciones, buscan preci-
que se movían a conquistar CO[l trabajos, sí, pero no con samente lo contrario, esta es la introspección, emigrar al in-
trabajo, una verdad suma preñada de las demás [ ... J. No terior, ponerse de espaldas al gran cuadro de _la crea-
construyeron fILosofía propia inductiva ni abrieron los ojos ció:n (11). Y, i con qué encono, con qué radicalismo! Cita
al mundo para ser por él llevados a su mativo sinfónico, qui- unas palabras de Juan de la Cruz que dicen que para
sieron cerrarlos al exterior para abrirlos a la contempla- alcanzar a Dios, todo lo criado y pensádo es óbice más bien
ción de las 'verdades desnudas', en noche oscura de fe, va- que medio, en unos ensímísmamientos que dejan atrás la
cíos de aprchClllSi,Qnes,buscando en el hondón del alma. introspección cartesiana, puesto que van más allá no sólo
en su centro e intima ser, en el castillo interior, la 'sustan- de lo sensible sino de lo inteligible mismo, pero que hay
cia de los secretos', la 'Ley divina del Universo" (8). que reconocer es fenómeno común a toda mística en éxtasis
Esto último no estaría mal, si no le precedieran negacio- o ausencia de 1'0 temporal e inmersión en lo eterno. Oigá-
nes tan rotundas y tan mal sonantes. Habrá que tomarlas mosle :
con todo en plan de claro-oscura rembrandtino, corno nega- La mística castellana "arranca del conocimiento intros-
ciones que se necesitan para mejor hacer resaltar la afir- pectivo de sí mismo, cerrando los ojos a lo sensible, y aun
mación propia que no tarda en venir, y viene además 00 a lo inteligible, a 'todo 1.0 que puede caer con claridad en
anátisis lleno de vigor y vida. Y por destacar lo que en este el entendimiento', para llegar a la esencia muda y centro
an'álisis ha sentido, sacrifica a filósofos de la talla de Suá- del alma, que es Dios, y en ella unirse en 'toques sustancia-
rez y a investigadores de la fuerza de Menéndez. Para que les', con la Sabiduría y el Amor divinos. Los místicos cas-
reine la tesis hija de su mente, degüella como los sultanes tellanos glosan y ponderan de mil modos el 'conócete a tí
a cuantos hermanos de la misma puedan disputarle el pues- mismo' y aún más el 'conózcame, Señor, a mí y conocerte
to. Veamos pues lo que en sus meditaciones sobre los gran- he a Tí' de S. Agustín. LaS! obras de Sta. Teresa scn auto-
des místicas le ha sido dado sentir, ya que va a ser la mís- biografías psicológicas de un realismo de dibuj o vigoroso
tica, la gran Mística de Teresa de Jesús. y Juan de la Cruz, y preciso, sin psicologiquería alguna" (12).
"humanistizada" por Luis de León, la que decide el caso. Lo que precede sería ya de estima como actitud y fuer-
Humanistizada digo, porque la mística castellana hubiera za de inmersión. Pero lo filosófico, es decir lo que al es-
desviado hacia "despenaderos mórbicos", tales como el pie- fuerzo introspectivo da valor de verdadera aprehensión
tismo y el alumbrismo, si el a la vez platónico, horaciano de la realidad universal o de configuración que con ésta
y virgiliano espíritu de León, todo ideal helénico, la hubie- llega a tener el alma, nos lo dice así Unamuno, buen tasa-
ra abandonado (9).
dor en materia de intuiciones:
He aquí la valoración de esta mística que premeditada •.
mente llama él filosof'ía castiza. "No es ciencia sino ansia
(10). IV, 1.
de la absoluta y perfecta hecha sustancia". Frase que nos

CM)
- "En torno al C.", IV, 1.
(11) Más de uno impugnaría esta apreciación antitético, al menos en
términos tan generales. En S. Jhian -de la Crus 'hay numores de fronda, cantar
de jilgueros y aromas campestres, sobre todo después de su vida en los edé-
(11) XV, 8.. nícos "yermos" andaluces.
(12) IV, 1.
I.A
"Lit lIJí¡.¡lÍt'n (.'IlHtdlulI'H huscuhu IlIIIt ('01110 PIIJíll·dl~IIII('.1
dI' lo visión lx-alíflca ; anhelo de llegar al Ideul d,· t)lIiv('/'so los que, olvidruulu
l\lllc'Ia!)/! fl()lI IH'I\I{Omú» d(' In ddudo
y de la Humanidad, e identificar al espíritu con él, pU1'U llIlir-lvmcntos lcológicos y por ende su P"I\ n Ilciolllll¡'11 IIc- 111
vivir, sacando fuerzas de acción, vida universa! y eterna: mlsticu, nos hablaban de ella como cxprcslón d,'1 (1\'111111
deseo de hacer de las leyes del mundo h'ábitos de ánimo, mk-nto patro, sobre todo tras el libro de Boussclot <llll' ,'\'gi
sed de sentir la ciencia y hacerla con amor sustancia y lrndo queda en artículos anteriores. Pero los que no HI' ('011·
acción refleja del alma. Corre, tras la perfecta adecuación tentaban con subrayar momentos psicológicos ntíúl () nH~'
del saber, el sentir y el querer; mantiene el ideal de la nos interesantes, .0 un estudio de la mística como Ionónu-no
ciencia concluída, que es acción, y que, como Baquel, mo- humano, nos querían llevar a unas autonomías de la nu-ul«
riría de no tener hij os" (13). y Iibertades inverosímiles de conciencia con idealismos uun
Ni Platón antes de Unamun¿ ni Bergson después de él más inverosímiles de contenido. Se nos iban a algo de mero
han podido asignar a la filosofía misión más elevada en relumbrón, muy del gusto de unas épocas hctcrodoxns y
sus especulaciones mistícizantes. La de quedar configurada rebeldes, más en pugna abierta con los que j amús OHIIl'UIl
con la forma del Universo y consonando con él, en fuerza erigirse en normas vivas y mucho menos en cmancipu rse
del amor que le hace unirse a la Esencia-norma de donde del Magisterio. j Libertad, sí! Como que dice nuestro ('llHII
el Universo en cierto modo participa. Estos toques o con- yista, comentando unas palabras de Hicardo dI' SIIII Vil'lo,,,
tactos sustanciales de que hablan los extáticos, les descu- que de haber 100 filósofos conocido esta r it-uclu 1IllHlit'II (1),
bren la realidad universal como copia o trasunto de ejem- jamás habrían doblegado su cerviz ante loa 1111111111'\'''. 111111
plarísmos divinos que intuyen y palpan, como sienten sin quam creaturae c.ollum inclinassent, y que 111 IIdl'lII 1'111'1'\1
peso el peso- de sus leyes y quieren sin fuerza la fuerza de el místico en su interioridad, con sentimientos dI' IillC'rllI,t
sus altos fines. Añade Unarnuno que esta cognición intros- triunfante, robe que se sustrae a las íntímacionce dI' \,():-! (h~
pectiva que manda en el pensamiento nacional-tesis' que fuera por los campos de la contemplación liberadoru (1 r,).
tan cara le fué a Mooéndez-, conserva firme el sentido del Pero tiene que reconocer al mismo tiempo que "estos ¡Jll(j,j
propio "yo",sin rastro de desvanecimiento. No hay emana- vidualistas eran profundamente anti-personalistas". La mi
tismos en torno al "Uno" como dijo antes, ni abismamien- tica de S. Juan de la Cruz es de sumisión y cautela, recalca.
tos de la creatura en El, sino un sentir recio, excesivo aca- "El temor del Santo Oficio, sigue discurriendo, ante el cual
so, de la individualidad. "y es tan fuerte el ilndividualismo, 'lo cierto se hacia aospechoso o dudoso', según el maestro
anota, que si S. Juan de la Cruz quiere vaciarse todo, busca León, es explicación de corteza que no explica bien este
esta nada para lograrlo todo, para que Dios y todo El sea carácter" (16).
suyo" (14). Más vale 'esta franqueza que por lo menos no desfigura
He ahí el magnífico contenido de la introspeccíón como los hechas, y trata en cambio de penetrar en la óntica del
verdadera y vivida adecuación con la ley y forma del Uni- éxtasis, viendo a sus f'avorecldos llegar al centro de la rea-
verso a través de la unión OOnDios. Mlenéndez seguramente lidad y ponerse en, armonía con toda ella, para proceder a
le perdonó lo contra él dicho por lo bien que algo-e-nada la acción creadora o cuasi-creadora que acompaña al cono-
más que algo-de lo por él dicho iba reteniendo, El psicolo- cer filosófico cuando es sabiduría, una verdadera religión
gismo, la intropección, el individualismo, la belleza y orden o religación de las. criaturas con el creador en fuerza del
del cosmos centelleantes en la pupila de los platónicos, eran amor; punto que los krausistas, a pesar de estas imhuídos
puntos que había ido él cantando en sius loas de los mís- en el realismo armónico, dejaban de columbrar.
ticos españoles. Quedan ahora un tanto modificadas. En vez Claro que cabe replicar que todo lo así descrito y pon-
del pensar armónico de Menéndez y tantos otros-el que derado es una comunicación que se acepta a modo de mera
seguramente convendrá a otro pueblo, su nombre a flor creencia, sin que pueda ser comprobada ni menos apropia
de labio en todos-, un pensar o intuir que llega, aunque da. No se puede decir al místico: quiera que repita conmigo
sea unilateral y desordenadamente, al ser armónico del ese viaje misterioso para verificar yo sus sublimes (IXIH'
Universo. Objeto en vez de sujeto, pero intuído más que
conduído.
.. (15) Tbul: Va notado con signo de admiración el supuosto dn (11111\ 111
(13) tus: filósofos pudieran .sin más haber conocido "esta+cíeneía mtst ir-n", 1i1l(1, ('111""
(14) tu« se irA diciendo, radica en superiores principios, y es sobrenuu.eul (' l"r\l~Il.
(1.6) IV, 2.
11')

rlcncias. Pero el tono del relato es tan veraz y tales sus 111"/11\ de los hades ... El Cristo del maestro León e~ el Lo
adjuntos, que nos inclinamos a creerle. La comunicación ()~.Iu Hazón, la humanidad ideal, el Concierto ... " (17).
de los sentires suyos se nos impone, y empezamos a con- Los amigos de llegar a Dios en vez de entre reglas y fór-
sentir con ellos-y a con-sonar con la armonía del Universo" mulas Iógicas, por las vías de la efusión del alma sedienta
trasunto de la Divinidad. Por lo mismo, encuentran algu- de amor, quieren esta mística y la ven paseada por la lite-
nos aun humana y científicamente discernible la afirma- ratura universal, con pasmo de estetas, artistas y pensado-
ción de los extáticos, y suficientemente comprobable su res que han colocado las obras de Teresa, Juan de la Cruz
"príse de contact" con las Fuentes del Ser. y Luis de León CIIl el mismo rango de los diálogos de Pla-
Aceptemos enl consecuencia como contribución al argu- tón y las Confesiones de S. Aguetín, como la encarnación
mento de nuestro estudio la afirmación de un espíritu que de un pueblo que ve y siente a Dios, que le ha visto tal
ha dado al mundo los más bellos tratados de la mística" vez en visión inmediata como sostienen algunos que 10 ve.n
los más altos y más equilibrados, pues de ellos procede la los de la contemplación extática, cuando, salidos de sí, pier-
técnica y terminología de la vida espiritual hoy más en uso, den la noción del tiempo, es decir se ven como los espíritus
Penetrados están de luces de cielo, de destellos sobrenatu- levantados sobre el tiempo.
rales que se imponen como la presencia del resplandor del Al registrar lo cual como gloria patria, se hará bien en
mediodía. Lo ham endiosado todo y de tal manera, que el recordar que la mística pertenece a la Iglesia por das o
más conspicuo de los filósofos no-escolásticos modernos se tres de sus cuatro costados. El extático va actuado por la
acoge a la experiencia mística para afirmar la existencia fe" la gracia y los dones carismáticos, además de por la
de Dios, es decir, a la presencia y re-creación divinas que psicología y ambiente racial. Es filósofo cristiano en el más
se palpan en las efusiones de los grandes místicos que. pleno sentido del vocablo.
nombra.
Bergson podrá estar equivocado 00 el complejo de sus El -cantor de la mística castellana no dcj u de poner C'1l
apreciaciones; podrá estarlo en su oomstruccíón y princi- claro la sensatez de la misma en medio de la introversión
pios fílosóflcos: pero ha sentido el peso abrumador de la que representa. Procede la contemplación sin ocultismos,
gloria de Dios. que ha pasado ante la percepción íntuitíva panteísmos ni panenteísmos, en perfecto buen estado psi-
de los contemplatívos, cuya visión se halla bellamente re- cológico. Dicho o expresado al agua-fuerte por él: "La
cordada en sus páginas. Hay en ellos auras de alturas sobe- mística idealizó, IIlO Jo eterno femenino, ni la eterno mascu-
ranas, y el mundo que desde sus escritos SiC divisa es el de lino, sino 1,0. eterno humano. Santa Teresa y San Juan de
la Cruz, nada hombruna aquélla, nada mujeril éste, son ex-
Platón y S. Agustín, un mundo endiosado, religa do todo él
celentes tipos del horno que incluye en sí el vir y la mu-
a Dios. Es una visión de la vida y del cosmos completa-
mente deificada; una visión de arriba abajo, muy plató-
lier" (18). Dos páginas más arriba había dicho: "es sesuda
y sobria (la mística) y sin manchas de ignorancia grosera".
nica, muy agustiniana, y corno una y otra expresada en y en el párrafo 2 recalca: "la ascesís que de ella brotaba,
frase 'ungida, llena de color e imágenes, de divagaciones y
era austera y militante, con tono más estoico que epicúreo,
apólogos, de bellos trozos de literatura, porque lo son de varonil". "Buscaban por renuncia del mundo la posesión
UIIl alma que ha visto a la fuente misma de la Belleza.
de Dios, sin llegar a la identidad entre pensar a Daos y ser
y como coronamiento, por el amor de la naturaleza, de Dios del maestro Eckart. Aun cuando hablen de per-
"tan raro en los de su casta", ha 'salido esa visión tan helé- . derse en El, es para encon trarse al cabo de El poseso-
nicamente cristiana, que se le ofrecía temblorosa al maes- res" (19).
tro León en las noches serenas, cuando OOiO la vista en el
cielo suspiraba por "contemplar la verdad pura y ciencia
humana, saber cosas de las cuales no sería examinado en (17) IV, 3.
(18) IV; 1.
el día del juicio, como ver las columnas de la tierra; el (19) Ibid; No queremos decir con esto que en cuanto el autor discutre
I)CH" qué tiembla ésta y se embravecen las hondas mares; sobre la mística, la circunspección y el acierto se den la mano y nada dejen
que desear. Aparte la consideración del fenómeno como algo sobrenatural,
ell' d6nde manan las fuentes, quién rige las estrellas y las. fuera del alcance del ensayista, ¿ no es demasiado decir vgr., que "la mística
rlllllllbl'll; dónde mantiene el sol, fuente de vida y luz, las y el misticismo son elementos poco o nada genuinamente cristianos, lo menos
evangélicos posible"?, cf. "La Educación, 1902. ,
1'141 .IOAl,ll)IN IHIAI\'lli, S. l. lA IIIU~"I,h ItHI'AÑOI./\ v 1.0:; «:M;'I'I(:I:-;~I()H llIil, l'I\I~.·i\lX!! ,11 D

Llama la atención que, en su intento de subrayar el pen- f'III1HIUlI1iü..s el color o el fuego interno con el dibujo, que c.-
samiento castizo, no insista Unamuno-se contenta con ('\ nervio, la prueba de probidad en una pintura, y mucho
apuntar=-en el ropaje de ese pensamiento para hacer va- menos con la composición que será siempre el sentido últi-
ler su tesis de modo más decisivo. Efectivamente, la filo- 111'01 del cuadro. Este no llega a ser obra magna sino cuando
sofía que señala él como auténtica, y sola ella, habla cae- suscita la visión universalizadora de una gran idea o sím-
tellano, al revés de otras que hablan Iengua extraña. Es bolo.
decir que acierta a dar, con la expresión misma del pue-
blo, su alma, sus sentires y decires: copia fielmente sus Como párrafo final .de "Unamuno y la filosofía espa-
maneras intuitivas de percepción y en su idioma propio, ñola", queda consignada la posición delsalmantícense ante
en su frase, en sus versos, en SU espíritu. Esta doctrina Carduoci y Croce. Dijo el primero y repitió el segunda que
ascética y mística se halla expuesta, lo repetimos, con los "hasta España, que jamás tuvo hegemonía de pensamiento,
mismos métodos espontáneos, populares, llenos de poesía, tuvo su Cervantes". •
de imágenes, de rasgos intuitivos, de cuentos y apólogos, "Pero, ¿es que Cervantes-apostrofa D. Miguel-se dió
con que se escribieron los inmortales diálcgos, platónicos aquí solo, aislado, sin raíces, sin troncos, sin apoyo? Mas
y las Confesiones de S. Agustín. Es una ciencia colectiva se 'comprende gue diga que España no "ebbe egemonia mai
como otra ninguna la que vive en sus tratados; una filosofía di pensiero' un racionalista italiano que recuerda que fué
eminentemente popular se esconde allí y por ella aflora. España la que reaccionó contra el renacimiento en su pa-
"La ñlosofia española está líquida y difusa en nuestra lite- tria. Y qué; ¿acMo no fué hegemónico en el orden cultural
ratura" (20), anota el profesor; está en las coplas de Jorge la Contra-Reforma, que acaudilló España y que empezó de
Manrique, el Romancero, el Quijote, La Vida et:¡ Sueño, hecho '00'11 el saco de Roma, providencial castigo 'contra la
La Subida al Monte Carmelo, que implican una intuición ciudad de los paganos Papas del Renacimiento pagano? De-
del mundo y un concepto de la vida. j emos ahora si fué mala o buena la Contra-Heforma ; pero,
El detalle es tan importante que a más de uno hará ¿ es que no fueron algo hegemónico Loyola y el Concilio
inclinarse del lado de Unamuno en ,eJ problema que nos de Trento? .. (22).
ocupa. A la lengua vernácula se la ha considerado índis-
pensahle en la elaboración de filosofías que quieran llamar-
'se hijas del genio de la raza. Y desde el momento que se El 'segundo de los casticistas=-tercero con "Clarín" -es
les dé da modalidad de castizo; más aún, desde que se de- Ganivet, quien en su celebrada teoría de España busca
fina la filosofía como ha querido Unamuno un compromiso también rasgos filosóficos hispánicos. Es mucho lo que vale
entre la lógica y la étnica, la 'visión unitaria del cosmos la filosofía en todocuadro cultural, .pues, al querer com-
a través de la peculiaridad racial (21), no cabe dudar de ponerlo, es ella de los primeros factores que suelen bara-
ello. Se negará' con todo que sea lo castizo sólo, o lo cas- j arsecestimándola no sólo por la fuerza mental que arguye,
tizo preferentemente, la expresión de las filosofías naciona- sino por la manera de consonancia que C01l1 el Universo y
les. Es y será siempre muy angosto punto de vista el cae- , el Autor del Universo estatuye. Todos alardeamos de filó-
ticismo en filosofía. Tan angosto como el estetísmo que vie- sofos, si no como individuos como colectividad al menos.
ne después con la generación del 98. Por .los casticísmos Nuestra patria, decimos, es de las primeras en número y
saca sí un pueblo su vida y su casta afuera, la exterioriza; calidad, no bien se habla de los grandes cerebros que han
saca también si .se quiere su pensamiento, pero no siempre pensado.
su filosof'ía, al menos toda ella, que requiere medios más Empieza pues el escritor granadino su ensayo, y el pro-
perfeccionados, técnica mas sutíl y universalista. Se queda , blema que nos ocupa es de los primeros que le brincan a
nuestro salmanticense en lo pre-fllosóflco, que siempre es la pluma, influido, se ve enseguida, por ideas de Unamuno
más castizo que lo sometido a las formas superiores, for- y acaso también de Costa. Es raro por de pronto su párrafo
, zosamente más generalízadoras y menos populares. No con- inicial de carácter semi-místicoen que el dogma de la Con-
cepción Inmaculada quiere servir de simbolísmo para los
(20) Del Se~t'¡'1nWntQ... Conclusióu. , ideales de virginidad (1) que intuye en el alma patria.
(21) En su lugar se hizo mención de esta sentencia qj;,~ achica la filosofía,
jjln qOe por otra parte neguemos filosofías nacionales. (22) Del Sentimi~1Ito •.• Conclusión.
,.. ,.1) Ij ,JOAI.lUiN lJUAI\TE, S. l.
1.,\ 1'11,,"'01'1,\ I~I'!I'¡\'NO!,A " LOS e II(:J~MOS IIEI. I'llIi·,i!)K" ~ 17

que la di~¡(ltliHidt'm que sigue, baatuntc groícscu en lo '1'10


Poco seacuerda de que sea paisano de Suárez, y sí en a los sangradorcs se refiere, tampoco vale gran COIiIl ,'11 \1\
cambio que lo sea del lej anísimo Séneca, en el que diríase
ha encontrado la clave de un perfíl fílosóñco nacional. Sé-
evolucíón que señala al pensamiento. Este, según ,'111 n.
pezando por altas especulaciones, termina reactivamcllll' ,'1\
neca sin embargo es de otra cultura y de otra edad. Séneca el 'esceptidsmo, en el menosprecio, de la razón, lo que, pri-
nació en una Córdoba romanízada, se educó y vivió en mero, es muy discutible, y después, afecta muy poco u la
Boma, y hay que conceder algo de verdad a la frase de cuestiónde la filosofía nacional'.
que todo filósofo es de donde piensa y filosofa. Sin ensan- Sigamos oyendo a Ganivet. Tiene para la mística las
char apenas su campo de visión, sin siquiera tomarse el tra- mismas altas consideraciones que Unamuno, y refuerza sus
baj o de descartar lo que le pueda estobar, procede Ganivet pl'<eferencias, depreciando como éste la escolástica. "Nucs-
a sus fallos por saltos intuitivos con un poco que ha ido tra Sununa teológica y fílosóñca está en el romancero", va
aprendiendo, así me parece, en Fed, de Castra. Quien haya dicho en tono de epif'onema, por cierto que ínspirándose
leído a este autor en su Discurso sobre La Filosofía Anda- en Costa: y, nótese bien; trae si no raigambre árabe, mfltr-
luza (1891), y haya visto el papel tan importante que asigna [os de medio árabes, como asimismo la místicu ('al 1:\ 11\1('
en ella a Séneca como exponente nacional en sus intentos ve la santificación de la sensunlklnd u('r iCIIIIII. lo <J'I(' 1'1'(,11,'"
de conquista de la realidad y de la vida por la línea de la da de nuevo al león de Graus en SUH ul'r it:Il,lliIlIl1l11l \'lIl'j(J!4.
voluntad más que por la del entendimiento, comprenderá De la mística ha hecho este máximo elogio: "oo. ,'1111111111
la trabazón que existe entre él y Ganivet (23). Dice así éste; queremos mostrar algo que marque con gran l'('lil'VI' (Il!i
"Toda la doctrina de Séneca se condensa en esta ense- tro carácter tradicional, tenemos. que acudir, COII 11\l1I1't'ld l'
ñanza; No te dej es vencer por nada extraño a tu espíritu; 1
contrasentído, a los autos de fe y los arrebatos de IIIlIO"
piensa, en medio de los accidentes de la vida, que tienes divino de Santa Teresa. Al lado de estas creaciones luu ud
dentro de ti una fuerza madre, algo fuerte e indestructible g:i!Ilal,esy vig,orosas, nuestra filosofía doctrinal, imiludn (h,
corno un ej e diamantino, alrededor del cual giran los. he- la Escolástica Y proseguida con mucha constancia, pero es-
chos mezquinos que forman la trama del diario vivir; y 1 caso ingenio, pierde gran parte de su valor" (25).
sean cuales f'ueren 10,80 sucesos que sobre I ti caigan, sean de I Esto es seguir al aguaíortísta, 1'11 "nada menas que un
1
los que llamamos prosperos o de los que llamamos adver- hombre", hasta en lo de suponernos incapaces de más alta
sos, o de los que parecen envilecernos con su contacto, man- organización-habla de "nuestras flacas facultades de or-
tente de tal modo firme y erguido, que al menos se pueda ganización't->, para proclamar 10 castizo, ante Io construc-
decir siempre de ti que eres un hombre" (24). tivo y universalmente válido. "La filosofía más. importante,
Esto le parece a Ganivet tan castizo, que lo genial de i pues, de cada nación es la 'Suya propia, aunque sea muy
Séneca estuvo sólo en recogerlo del ambiente y plasmarlo inferior a las imitaciones de extrañas filosofías; 10 extraño
.en fórmula. Es decir que eleticismo, la conciencia de un: está sujeto a alternativas, es asunto de moda, mientras que
recinto amurallado que alberga la dignidad humana al lo propio es permanente; es el cimiento sobre el que hay
modo que en el Crespo de Zalamea, es un rasgo que define que construir cuando lo artificial viene abaj o" (26).
el carácter filosófico hispano. ¿ Pruebas.? Cuando precisaba Una vez dentro de estos porovinciani'smos se explica lo
darlas, y el hacerla era ocasión magnífica de lucimiento I que nos dice sobre el correctivo que le merece la escolás-
para un' analizador, se nos escapa por un canto a las san- I tica, utilizada por la Iglesia como obra de centralización
grías sueltas, como la que acabó con Séneca, tristemente para mantener u:nidos por la doctrina, compl,ementari.a del
evocadora de futuras tragedias en la prematura evasión j dogma, los diversos núcleos socialea sometidos a su potes-
de la vida del autor, No llega a redondear su discurso, ya I tad 'suprema. Aquí es donde Ganivet pide, en vez de cos-
mologías clasificadoras y descriptivas, un "cántico donde
(28) Algo conocía efectivarrnente Ganivet a Castro según se puede ver todos los seres creados con luz divina, viviendo de un mis-
1\11 su "España filosófica contemporánea". La teoría :o visión de Andalucía mo soplo de vida y amor; algo así como la Introducción
l(lIU desarrolla Castro, y por Andalucta la de España, cronológíca y concep-
I'uulmnnte es parte de este capítulo, pero se ha omitido por simples razones
111111111'1/111'11. Son las teorías de Andalucía, de Castilla y de España lo que nos
1/'1'111111 1\11 ('1 espacio de un lustro Castro, Unamrmo y Ganivet. Otro día apa- (25) P. 17 (ed. Suáreoz, 1928).
"'1'1'''(111 jllIlIIlM. j ~ (26) P. 24. .
("1) /1 '.1»4 comícnzos del Ensayo.
3

fi
418 JO'AQUÍN IRIARTE, S. l.

al Símbolo de la Fe, de Fr. Luis de Granada". Y, en vez


de psicologías afanándose ,en estudiar órganos, funciones y
operaciones, "un alma en actividad, viviendo corno no ha-
bía vivido ninguna otra antes de la predicación evangélica,
con alma iluminada y purificada, corno la de Santa Teresa
de Jesús" (27).
Esto, margina, no sólo es español, es el espíritu origi-
nario del cristianismo. Idea esta última que era un tópico
en diversos centros culturales europeos, al calificar el to-
mismo de paso atrás o de desviación, por sus racionalis-
mos, en la verdadera filosofía cristiana, que debió haber
ido por la línea de S. Agustín y de S. Anselmo, más ungida
y menos disciplinada.

Corno se ve, no es mucho lo que ahonda Ganivet en el


problema. Su folleto "España filosófica contemporánea" es
un buen guía o elenco de lo que en su tiempo figuraba en
el ramo. No pasa de ahí, ya que no está unificada 00 estu-
dio crítico ni mucho menos valorador. Trabaja en sus apre-
ciaciones bien asistido del instinto 'como se ha dicho, mas.
denotando sólo saber de principiante. Nada nuevo da para
la caracterización que buscamos, aunque algo se precise
ella en ,el relieve de su frase vinil. La deja donde aoahamos
de veda, en los casticismos, en el coloc.en 1,0' .popular, en
el romancero, que vale tanto como en el pintoresquismo.
Lo popular en filosofía puede constituir un arahesco, pero
no llega a ser ,el arco triunfal de las grandes relaciones que
ligan al hombre con Di,os y .el Universo.
Así lo ve Menéndez, quien más que nadie estudia y en-
salza las glorias de la mística y del romancero; y, sin em-
bargo, no pretende fundar ,en uno y otra prestigios filosó-
ficos.
Como observación final habrá' que decir que cuantos
casticistas nos salgan al paso en este ,punto de la filcsofía
española-Forner, Campo amor, Costa, Castro, etc.-, acep-
tan la derrota y recuerdan a Patricio de la Escosura en las
Constituyentes de 1854, cuando dijo: "Aquí no hay filóso-
fos, como tampoco hay Cervantes en Alemania."

JOAQUÍN lRIARTE, S. 1.

(27) P. 19.