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NOTAS y COMENTARIOS

M E N E N' D E Z P E L A Y O
. - .
y LA FILOSOFIA ESPANOLA

T'Od'Oslos lectores de RAzóN y FE conocen los artículos


del R. P. Joaquín Iriarte y saben cuán apreciado es su
nombre por los investigadores de Historia de la Filoso-
fía. Pero 1'0 apreciarán mucho más cuando hayan leído la
magnífica robra que hoy les presen tamos (*) .
r

. Forma parte de un conjunto de cuatro partes, que el


autor mismo anuncia así: 1.a La Fflosof'ía española entre
Quevedo y' Forner ; 2. La Ftlosof'ia española y Menéndez
R

Pelayo ; 3.a La Filosofía española, realidad histórica, y 4. R

La Filosofía española: calificación y rasgo distintivo. L'Os


lectores de RAZÓN y FE ya pueden tener prenuncios de la
obra del P. Iriarte por los diversos artículos que el autor
ha publicado en esta revista sobre el tema de la Filosoffa
española (por ejemplo, 130 (1944), 525-535; 131 (1945),325-
336; 132 (1945),57-72; 132 (1945), 117-132; 133 (1946), 527-
542) ;' pero el plan que ahora expone, y su primera reali-
zación (este tomo II), sobrepuj aID. en mucho lo que a tra-
vés de estos anticipos pudiéramos imaginar.
- El primer tomo, que está en preparación, vendrá a dar-
nos elementos para que se pueda continuar la 'Obra de Mar-
cial Solana y con ello hemos de esperar que el P. Iriarte
nos resolverá un enigma; en efecto, si bien se ha estudiado
ya bastante la Historia de la decadencia de la escolástica en
los siglos XIV Y XV bajo el influjo del nominalismo y de las
concausas que lo acompañaron, ¿ a qué se debió el rápido
declive de la brillante neoscolástica española de los siglos
XVI y XVII al finali:zar este siglo, 'O,si se quiere, al avan-
zar el XVIII? ¿ Fueron estas causas, según se dice a veces,
puramente 'Ocasionales (la afición a las "ciencias"), pura-
mente externas (como el influjo de la Enciclopedia y de
la decadencia general de España en esta época, la ex-
tinción de la Compañía), 'Obien hubo otros factores inter-

(*) JOAQuíN lRIARTE, S. l.: Menéndez Pelayo y la Filosofía espooola.


(Estudios sobre la Filosofía española, su concepto y su valor.) Tomo Il.
Madrid. Ed1torial Razón '1 Fe, 1947.
568 JUAN ROIG GIl\ONELI.A, S. l. M"~N(~NOEZ PELAYO y LA FILOSO¡.'iA ESPAÑOLA 569

nos? Y si los hubo, ¿ cuáles? Tengo la impresión (pur hu oncs y alabanzas de Menéndez hacia "la libertad" (¡ y
ber hojeado incidentalmente algunos "cursus" cscrltos
mentem Suarezii de fines del XVII y mediados del XVIII
t, JI()/' tanto implicitamente con toda la miseria moral que
'11 aquel tiempo escondía el refajo colorado de esta $ita-
de que los autores perdieron la visión de su síntesis, "1'1 1111 de buenaventura 1); pero estos tales no comprenden que
didos" ellos entre la exuberancia del material suarísta. ()1I1 Menéndes hacía como el capitán que 00 alta mar, sorpren-
daron con las ramas sin las raíces. Sea de ello lo que f'u lldo por un temporal, permite echen al agua Iasmercan-
re, nadie más autorizado que el P. Iriarte para escudrlñu cíns para salvar al buque, o como el capitán de una forta-
éste y otros problemas de la Historia de la Filosofía cspu h'za asediada que se retira de la barbacana para encerrarse
ñola en lQStiempos en que la voz de España resonaba 1)11 más fuertemente en el bastión.
todo Europa, y su decadencia filosófica dió paso a que triun Pero entretanto ya el prestigio de Menéndez estaba en
fasen ahí las corrientes del racionalismo. nuge; ya no era un "neo", a pesar de las furiosas diatri-
El tomo 11, único que hasta ahora ha salido, gira alred has de aquel Guardia (1889-1892), apóstata español, que,
dar de Menéndez Pelayo. El autor nos da primero abun refugiado en París, no sabía ni divisar que a lo lej os del
dante bibliografía (pág. 13-30) que interesa a la Historl horizonte hay una elevada línea de separación en el Piri-
de la Filosofía española en general y otra sobre el apartad neo. Fernández Vallín~ con erudición efectiva y ordenada,
referente a Suárcz; en seguida una jugosa Introducción so va a defender la realidad de la ciencia y Filosofía españ.o-
- bre las Filosofías nacionales nos lleva ya al cuerpo de In las, sostenidas tan brillantemente por Menéndez.
obra, centrado alrededor de las grandes polémicas de fon Con esto han corrido los años, estamos ya con Federico
do, que estaban encarnadas baj o las polémicas, ocasionale de Castro, Ganivet y Unamuno (1891-1897), rozando con la
de forma, que sostuvo Menéndez Pelayo. generación del 98; y viene ésta; ahí están Maeztu, Azorin,
La controversia se inició por reacción contra la genera 13aroja, Cajal y Echegaray; ahí están con sus ansias de
ción del 30. cerrilmente extranj erizante, último retoño renovación, con su miedo de hacer el cursi ante el culto
trasnochado de la "Ilustración", para cuyos representantes extranjero si reconocen "lo otro" (lo católico, lo español,
todo lo filosófico-escolástico y todo lo español eran nulos, lo tradicional, 10 escolástico).
y todo lo romántico "cousíniano" era el mismo progreso en Pero Menéndez está en plena madurez: encaramado en
persona. La primera reacción apreciable fué de Gumer- lo alto de la Biblioteca Nacional, otea desde esta cumbre
sindo Laverde en 1856, que salió a defender la realidad de el panorama con una visión mucho más amplia: lima sus
una filosofía española. Entre la numerosa comparsa de aristas, rectifica exageraciones, replantea el problema de
polemistas por una y otra parte descolló pronto un here- la Filosofía española dentro de un marco mucho más jus-
dero intelectual del vivismo de Laverde, Menéndez Pela- to: su labor da sus frutos; ya es reconocida su tesis, la
yo, con su controversia contra Revilla (1876); pero -si en realidad de la Filosofía española, y con ella van los va-
Revilla combatia al extranj erizan te, se opuso también con- lores católicos y de humanismo eterno, que tan dentro del
tra el extremo opuesto, que por exaltar al tomismo reba- corazón llevaba el gran santanderino. Bonilla recoge su he-
jaba lo hispano; no obstante, hay que reconocer que esta rencia y realiza las obras que Menéndez soñó sobre Vives
escaramuza contra el tomista Pidal y Mon (1877), encerra- y la Filosofía hispánica. Con el centenario de Balmes
da "íntra parietes domesticas", era muy diversa de la otra (1910) ya está cercano el fin de su colosal obra cultural y
que iba en serio contra Perojo, el neokantiano, que inten- filosófica. -
taba desunir y oponer a Pidal y a Menéndez. "Con ellos he Sólo queda 'el fruto póstumo: su semilla germinó, cre-
de cruzar las armas [... ] y no con usted (Pidal), mi buen ció y ha madurado: cuando en 1917 se celebra el cente-
amigo, de quien me separan diferencias relativamente mi- nario de Suárez, ya son tópicos admitidos los de la realidad
nimas y casi imperceptibles" (pág. 156). La pluma del j 0- de la -Filosof'ía hispánica; en el tríptico del retablo Lull,
ven Menéndez es terrible; acerada como un puñal; aun a Vives, Suárez, estas hieráticas figuras, medieval, renacen-
veces cuando distraídamente la blande contra el "segun- tista y premoderna, han cobrado anímacíón y vida: ViVl'll
do frente", éste de 'Zeferino González-Pidal, que, en 1882, en nosotros. ,
estuvo sostenido por el P. Fonseca. He de confesar que para mí (no sé qué será para otr-o
Ya en el apogeo se enfrenta Menéndez en las Cortes con digo lo que fué para mí) la lectura de la magnífica nl,.'/I
Castelar (1885). Hay quienes se maravillan de las conce- del P. Iriarte ha suscitado más interés que una bucnn no
:570 JUAN JlOIG GIRONELLA, S. I.
e
vela; no le falta la presentación de personajes, ni su tra-
.ma, ni el desenlace. Con todo ello va una gran abundancia
de elementos informativos CDnque poder juzgar; pero en
:medio de esta abundancia documental no queda ahogado
-el pensamiento entre tanta erudición (como pasa no pocas
veces en otros países), sino al revés, ésta queda vivificada
por una gran tesis que, con sólo reflexionar un poco, el
lector descubre en el fondo, latente y palpitante ... Esta
misma Historia, fraguada en las manos de otro escritor,
habría sido más insulsa que un libro existencialista; pero l~
-en las del P. Iriarte toma un vuelo aristocrático, delicado,
culto, de buen gusto, que le dan un incomparable encanto.
Unicamente me permitiría someter a la consideración DE
del autor dos puntos: 1. En la página 180, donde se nos ha- mana
bla del renacimiento del neotomismo italiano del siglo pa- sesíó
.sado, no se tiene en cuenta la tesis del P. Batllori, según la [a m
probl
cual fueron precisamente los j esuítas españoles quienes, por J
-desterrados de España, iniciaron el fuego sagrado: el nom- delib
bre de Baltasar Masdéu no puede ser olvidado, ni el de de in
.algunos cervarienses (cfr. Pensamiento, ,3 (1947) número ex- trinal
T
traordinario Balmes, pág. 282 *); la bibliografía de la es- todos
cuela catalana cervariense es ya por sí misma muy consi- actíví
derable, y su papel como transmisora de la tradición filo- uníór
sófica española parece innegable. Algo de esto indiqué en tualir
de rr
mi capítulo adicional a la Historia de la Filosofía, de las d
F. Klimke, que procuré se publicase en España, páginas No n
.828-835 y 847. de es
2. Si esta escuela fué "transmisora" ¿no habría sido pres
sema
.antes "receptora"? ¿No podría estudiarse detenidamente al- junto
gunas intuiciones geniales de lenéndez Pelayo para averi-
guar si realmente el "TITIsmO" bifurcado corría paralela-
1.-[
mente en la Filosofía allendepirenaica y en España? Si así
es, el "escoe . O" no dió nada nuevo, sino que coinci- L:
diríamos meramente co él Historia, cit., pág. 830), por- tido,
que ambos veníamo de un tronco común; con la única di- cial ¡
ferencia de que en ip de Reíd haya veces un para
tólicc
'''common sense: ras e admiten cierto instinto multi
ciego, mientras que e . QÚnmodo, sino que, a la '
al revés, se admite un -. . eleciual", claro y viden- dano
te como en Vives, pero h pañol, como en éLy en sible
Ramón Lull.
Si así fuese, en este caso esis de la realidad histó- (1)
rica de la Filosofía española a quiriría insospechadas pro- y ion
porciones. ' profes
técníc
fianza
delíbe
J X:. ROIG GIRONELLA, S. I. nica
teneís