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Ejemplos de función referencial

Al transmitir conocimiento comprobable: “2 + 2 es igual a 4”.

Al rememorar eventos objetivos, como fechas: “Llegué a la Argentina en Agosto de 2014”.

Cuando informamos de un evento mientras ocurre, o recién ocurrido: “Señora, se le cayó su


bufanda”.

Al constatar el estado de alguna cosa, como al abrir el refrigerador: “Se nos acabaron las papas”.

Cuando anunciamos alguna serie de eventos propios o ajenos por venir: “Te iré a buscar a la
estación de trenes mañana”.

Función expresiva o emotiva

Un amigo triste nos dice que se siente “como la mierda”, y entendemos su estado interior sin
tomar literal la expresión.

Una expresión adolorida cuando nos caemos, cuyo único fin es transmitirle a los demás que nos
duele la caída.

Al despertar, un “¡Buenos días!” puede ser dicho con entonación alegre, significando que nos
parecen efectivamente buenos días. Dicho con una entonación lúgubre, en cambio, se convierte
en una ironía pues apunta a todo lo contrario.

“¡Dichosos los ojos!” podemos decirle a un amigo que hace mucho no veíamos, para hacerle saber
que estamos contentos de verlo.

“¿Por qué a mí?” le pregunta a la vida alguien que atraviesa un momento atroz, pero no se trata
de que realmente espere una respuesta: sólo quiere expresar su pesar por lo que le ocurre.

Ver más: Ejemplos de función emotiva

Ejemplos de función apelativa

Cuando pedimos la hora a un desconocido: “¿Me dice la hora, por favor?”.

Cuando deseamos pasar y alguien está en el camino: “Permiso” o “¿Me da un permiso?”.

Una orden directa de un padre a un niño: “¡Cómete toda la comida!”.

A un mesero en un restaurante: “¡La cuenta, por favor!”.

Un asaltante a su víctima: “¡Dame todo lo que tienes o disparo!”.

Ver más: Ejemplos de función apelativa

Ejemplos de función metalingüística

Cuando alguien no habla de un “ellos” y no sabemos a quiénes se refiere, se lo consultamos para


entender el uso del pronombre: “¿A quiénes te refieres?”.
Si desconocemos el significado de una palabra, podemos pedir ayuda al interlocutor para referir el
objeto en cuestión: “¿Cómo se llama el aparato ése que trajiste el otro día?”

Por otro lado, si alguien emplea una palabra que desconocemos, podemos preguntar qué significa:
“¿Qué es eso de puerperio, María?

Cuando estamos en un país extranjero, a menudo nos vemos obligados a explicar algún giro local
de la lengua, para que nos entiendan: “En Perú decimos Te va a llover como una forma de
amenaza juguetona”.

Usando el lenguaje podemos explicarlo a alguien que lo desconozca, como si diéramos clases de
gramática, por ejemplo: “Yo, tú, él… esos son pronombres, no artículos”.

Ver más: Ejemplos de función metalingüística

Ejemplos de función poética

Los trabalenguas: “erre con erre cigarro / erre con erre barril…”, cuya única función discursiva es el
puro gusto de decirlos, ya que suelen ser complicados de pronunciar.

A menudo empleamos giros lexicalizados o provenientes de la copla popular para expresar más
con menos, ya que posee un significado en la lengua y la cultura: “Quien se va de Sevilla, pierde su
silla”. El significado referencial de la expresión se ha perdido en el tiempo.

Cuando recitamos un verso ante una situación específica, sólo por el placer de escuchar su belleza.
Por ejemplo, ante el mar: “Necesito el mar porque me enseña: / no sé si aprendo música o
conciencia: / no sé si es ola sola o ser profundo / o sólo ronca voz o deslumbrante / suposición de
peces y navíos” (versos de Pablo Neruda).

Cuando usamos un tropo estilístico para dar un énfasis o potencia a lo que deseamos expresar:
“Contigo se me fue la primavera”.

Cuando escribimos o leemos una obra literaria (novela, cuento, obra teatral) de la que no
esperamos obtener sino el deleite de su hechura.

Ver más: Ejemplos de función poética

Ejemplos de función fática

Al descolgar un teléfono que está sonando, decimos: “¿Aló?” o “¿Sí?”.

Cuando nos dicen algo que no hemos entendido: “¿Ah?” o “¿Eh?”.

Al comunicarnos por un radio de onda corta, debemos marcar el fin de cada intervención con un
“cambio” y el final de la conversación con un “cambio y fuera”.

Durante una conversación, mientras escuchamos, solemos acotar con pequeños sonidos para que
el emisor sepa que prestamos atención: “ok”, “mmjm”, “ajá”, etc.

En ciertas situaciones, como al hablar por un intercomunicador, es usual atender con un “¿hola?”
o “¿diga?” enteramente fáticos.