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Conmigo os iréis el día…

Iluminaciones en torno a Baladas y canciones del Paraná (1954) de Rafael Alberti

Matías Armándola
Universidad Autónoma de Entre Ríos
Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales
matiasarmandola@gmail.com

Resumen

Baladas y canciones del Paraná (1954), poemario publicado en pleno exilio argentino,
constituye una claro testimonio de la nostalgia y la tristeza que invadía el espíritu de los
poetas fuera de su patria, España. Asimismo, esa canción que ha viajado con su autor,
Rafael Alberti, desde su tierra, como con otros tantos poetas, encuentra un manso y
tranquilo abrigo en el aire provincial, junto al río Paraná.
Las elevadas barrancas en la siesta, el vuelo musical de los loros, la brisa bajo los
naranjos, la extensión del campo abierto y la asombrosa elasticidad del río aborigen,
constituyen un escenario propicio para que el poeta arroje, sobre la hierba menuda, la
musical semilla de su verso. Así, el paisaje va adquiriendo una curiosa fisonomía, en donde
el presente festivo de vegetación ve surgir los recuerdos que enlazan al poeta con su
vivencia pasada, centrando la atención sobre su condición de exiliado, sin olvidar la guerra
y la oscuridad que ha caído sobre tantos nombres, espacios habitados por entrañables
amistades.
El presente trabajo pretende, a partir de una selección de poemas, realizar una
aproximación al poemario, pero ubicando la mirada desde esta orilla. Atendiendo a
consideraciones críticas de poetas locales como Juan L. Ortiz, Marcelino M. Román y
Guillermo Saraví, se intentará profundizar en algunos elementos significativos del paisaje
junto al Paraná, haciendo énfasis en las viajeras nubes que vienen a posar, sobre la tierra
iluminada, el mapa de España.

Palabras claves: EXILIO, NOSTALGIA, PAISAJE, PARANÁ.


Conmigo os iréis el día…

“El tedio amarga,


para vivir la vida
hay que cantarla”
Carmen Segovia García

“Se canta lo que se pierde”


Antonio Machado

Estudiado ha sido el carácter que adquiere la temática del paisaje en la producción


poética de Rafael Alberti, publicada, desde Argentina, durante el exilio. El Marinero en
tierra hispanoamericana canta una fisonomía del paisaje que, sin perder los elementos que
lo componen, en ocasiones opera como un punto de partida para evocar sensiblemente los
recodos más hondos de la memoria1, estableciéndose así una curiosa relación. Baladas y
canciones del Paraná, compuesto entre 1953 y 1954, es un claro testimonio de ello, como
así también de la pena que embargaba al espíritu del poeta lejos de su patria. Asimismo se
constituye como un punto interesante en la bibliografía del autor, siendo que, para entonces,
se consideraba que ya estaban dadas las temáticas de la poesía albertiana y, con las obras
publicadas anteriormente, como afirmó José Ángel Valente, no se añadía «nada
esencialmente nuevo al poeta que era Alberti antes de 1930» (Valente, 1971:s/d), y con
ella, en la evocación de la extensión sin límite de los campos, de las prominentes y
armónicas barrancas y de las aguas argentas del río, el poeta hace sonar su recreada lírica
tradicional española, abundando en asonancias y en romances propios de la tradición.
Parte de los textos que hemos abordado para profundizar esta implicancia del paisaje en
Baladas y canciones del Paraná enfatizan reiterativamente en la relación antes
mencionada, sin puntualizar del todo en la particularidad del territorio en donde los poemas
fueron gestados. La mirada se ha mantenido, en este sentido, desde la península hacia esta
dirección. Por lo tanto, y en relación con ello, nuestra aproximación pretende aportar otra
mirada, instalada desde esta orilla, junto al Paraná, de la mano de algunos poetas locales en
quienes el paisaje fluvial, su horizonte, comprendió un elemento constitutivo de su universo
y de su cotidianeidad permanentemente renovada.
No desconocemos el sugestivo efecto que ha tenido en la literatura este territorio, y el
hecho de que Alberti le haya dedicado todo un poemario no resulta una cuestión menor, de
hecho, existe, más allá de la obra, una importante ligadura, que responde a cuestiones del

1
Miguelina Soifer lo ha observado claramente en «VIENTO Y RITMO POÉTICO: Baladas y canciones del
Paraná» (s/f), sosteniendo que el paisaje de las márgenes del río Paraná, el cual se constituye como uno de los
elemento centrales del poemario, es un punto clave «para la visión evocadora de lugares nativos» (Soifer,
s/f:203), hecho que coincide, también, con la observación de Carmen Hernández Valcárcel en La expresión
sensorial en cinco poetas del 27 (1978), agregando otra cuestión elemental al asunto: «los temas y los paisajes
de estos poemas pueden ser hispanoamericanos en muchas ocasiones pero nunca pierden el sabor, el corte de
tantos y tantos cantarcillos populares españoles» (Hernández Valcárcel, 1978:305).
más diverso orden, entre el poeta y lo que implica el territorio, no sólo en su recreación
paisajística, sino también en su actividad cultural y social.
Antes de abordar directamente las íntimas resonancias que el paisaje transmite en las
Baladas y canciones…, creemos que resulta acertado partir de una afirmación que nos daría
una idea de la fuerza con la que los elementos de la naturaleza característica infundieron
sus impresiones de belleza en el poeta gaditano. En un texto titulado «Utilidad y poesía de
los yuyos», el poeta de nuestro pueblo, Marcelino M. Román, próximo a Alberti en sus
visitas, afirmaba que la sustancia del ámbito natural, en la experiencia del hombre frente al
mismo, «se va acumulando lentamente en su mundo interior. Y el hombre unido a su
paisaje asimilará esa influencia, integrará con esos matices su modalidad espiritual, los
reflejará2 de algún modo en sus formas de expresión» (Román, 1950:29). Hemos podido
documentar que, al menos a lo largo de casi diez años, a partir de 19463, Rafael Alberti fue
un visitante regular de los parajes fluviales del Paraná y, por lo tanto, aquella «lentitud» en
la acumulación interior de la sustancia natural, aquella consubstanciación con el paisaje que
observamos a lo largo de Baladas y canciones del Paraná, se produjo armoniosamente.
Este libro es «el libro del viento –señala Soifer– y de todas las resonancias poéticas que
su percepción registrar pueda en la sensibilidad humana» (Soifer, s/f:204), desde el punto
de vista o la forma en que se dimensiona el espacio abierto, constituyendo, articuladamente,
tanto extensión y viento, los ejes del poemario4. Esta observación es ya distinguible desde
el inicio, es decir, desde la «Canción 1». Aquí algunos fragmentos:

¡Bañados del Paraná! El río como ancha cola


Desde un balcón mira un hombre del viento que viene y va.
el viento que viene y va.
El hombre, como la sombra
Ve las barrancas movidas del viento que viene y va.
del viento que viene y va.
(…)
(…)
Ve lo que mira y mirando
Los pastos, como mar verde ve sólo su soledad.
del viento que viene y va.

2
Entendemos que esa «sustancia» integrada en el poeta infundirá, entre otras cosas, en los elementos y en el
modo en que los construya o reconstruya en su producción.
3
El miércoles 17 de julio de 1946, la ciudad de Paraná recibía, por primera vez, la visita del poeta Rafael
Alberti, quien brindó un recital poético en la Biblioteca Popular, auspiciado por el Centro Cultural «Carlos
María Onetti» que era presidido por el poeta local Carlos Alberto Álvarez («Recital del poeta español Rafael
Alberti» (jueves 18 de julio de 1946). EL DIARIO de Paraná, pág. 5)
4
Lo que es posible reconocer como unidad temática viento-aire, no es exclusivo de la obra tratada y
constituye una constante recurrencia en la obra del autor. No resultaría exagerada la afirmación de que la
presencia de esta unidad asoma ya, aunque tímidamente, en los primeros poemas de Alberti, que datan de
1922, antes de su primera publicación Marinero en tierra (1924).
La presencia del viento es un componente elemental en el universo de Baladas y
canciones…, y siendo que, el paisaje de barrancas, bañados y vegetación tiene, bajo la
óptica de Alberti, un alma, ésta se resuelve en el viento, «literalmente soplo vital del
mundo» (Soifer, s/f:204). Sin embargo, ¿son sólo extensión y viento los ejes determinantes,
como mencionamos anteriormente? Creemos que tal afirmación reduciría la extensión del
poemario, y aunque se podría hacer una minuciosa enumeración de otros elementos, no es
expresamente nuestra intención. Observaremos, pues, algunos de ellos, comenzando con
dos que consideramos también operan, en conjunto, como unidad temática: el río y la
barranca.
A lo largo de la lectura hemos notado que río y barranca tienen una presencia constante,
incluso complementaria, en los poemas. Vuélvase la atención sobre la «Canción I», por
ejemplo, o sobre los siguientes versos: «Hoy me alejé de los hombres, / y solo, en esta
barranca, / me puse a mirar el río»5, «Mientras, al pie de estos naranjos, / junto a estas
barrancas y ríos, / descansa a mi lado, amigo»6, «¡Barrancas verdes del río, / barrancas del
Paraná!»7 y podríamos continuar. En «La Barranca: su sentido y expresión», el poeta de
Paraná, Guillermo Saraví8, expresaba que

en la composición de nuestro territorio, barranca y río,


complementándose, dan la nota característica esencial. Aquélla sin éste no
sería nada más que una pobre colina de tantas; éste sin aquella sería
siempre un imponente caudal de agua, pero sin perspectiva para ser
contemplado. (Saraví, 1939:3)

Este accidente geográfico tiene, según Saraví, un doble carácter: en primer lugar, un
carácter épico-legendario de un lirismo vernáculo y, en segundo lugar, un carácter
expresamente telúrico. Al efecto subyugante del primer carácter, figuración de las más
bárbaras leyendas entrerrianas y de las presencias fantasmagóricas de los héroes locales, se
opone la figuración de la barranca en toda su majestuosidad, presentando una inmensa y
sentida nota de melancolía de pasado. En síntesis, es un espacio de comunión de las voces
que conservan la fuerza de su vitalidad, las del pasado, las del presente y las del futuro,
«voces de siempre en una barranca de siempre» (Saraví, 1939:3).
En Baladas y canciones… asistimos a esa comunión de voces, sobre todo con las del
pasado, y a la presencia de entrañables figuras, pero no manteniendo la oposición
establecida por Saraví en su particular observación, ni la fuerza épico-legendaria9, sino que

5
«Balada de lo que el viento dijo» en Baladas y canciones del Paraná (1954)
6
«Cancion 23 (Pedro Salinas» op. cit.
7
«Balada del posible regreso» op. cit.
8
«Quitadle a nuestra ciudad el río y la habréis dejado sin nombre. Quitadle la barranca y la habréis despojado
de su alma» (Saraví, 1939). «La Barranca: su sentido y expresión» (lunes 18 de diciembre de 1939). EL
DIARIO de Paraná, pág. 3)
9
Propio del universo saraviano. Constituye una temática recurrente y característica en la obra del poeta.
se da una curiosa fusión en donde predomina, en algunos casos, un carácter más bien
renacentista. Tal es el caso de la «Canción 28»:

Naves de Sanlúcar salen Sino para cantar el río


para el Paraná. Paraná.
Garcilaso de la Vega
hubiera podido embarcar. Sauces le hubiera dado el río
Paraná.
Hubiera llegado a estas tierras, Y verdes ninfas él al río
no para en ellas guerrear. Paraná.

Como puede comprobarse, la evocación directa a Garcilaso de la Vega10, haciendo


referencias tanto a cuestiones biográficas como temáticas de su obra, lleva implicada una
reubicación y una recreación. Lejanas están las márgenes del río español al que Garcilaso
cantaba, siendo reemplazadas por las orillas del gran río Paraná, comprendiendo una
mudanza en la actividad del poeta que se reconocía en «ora la pluma, ora la espada»11, en el
caso de desembarcar.
En otras ocasiones, la barranca recibe la presencia de figuras que resultan más próximas
en el tiempo, en relación a Garcilaso, y con las que Alberti mantuvo un afectivo trato de
amistad. En este caso, si entendemos, como bien afirmaba el poeta Juan L. Ortiz, que el
paisaje es «un estado del alma para otro estado del alma» (Ortiz, 2015:1069), el que se
recrea en Alberti es un estado en donde predomina la nota nostálgica y elegíaca. Como en
el caso de la «Canción 16», en donde se dirige al grandioso poeta sevillano, Antonio
Machado:

Con cuánta melancolía Un árbol que nos ofrece


pienso en ti. Tú hubieras visto su sombra como el amigo
lo que yo miro esta tarde. que nos entrega su casa
Cosas naturales, cosas Y una pradera encendida
tan buenas, puras y santas, que llega hasta el horizonte,
que sólo pueden mirarse tendiendo pastos tranquilos
con lágrimas en los ojos en el cielo…
Un río que no se mueve,
pero que nos da la mano
susurrando nuestro nombre.
(…)

10
«La renovación estética en la poética de Garcilaso, así como el trato dado a la temática paisajística por parte
de la mayoría de los autores del Siglo de Oro, sirvió como fuente inspiradora para otros escritores
posteriores» (Gracioli Rodrigues, 2016: 33), como en el caso mismo de Rafael Alberti y los poetas del grupo
del 27.
11
De la Vega, Garcilaso (2014): «Égloga Tercera», v. 40, pág. 121, en Poesía Castellana Completa, Ed.
Cátedra, Madrid, España.
O la «Canción 24», dirigida a Pedro Salinas en su, por entonces, reciente partida:

¡Qué dolor que te hayas ido, Aquella tierra con nosotros


sin haberte visto más, no fue lo buena que quisimos.
como yo hubiera querido! Cuántas cosas en ella dejamos.
Amigo. Cuánto le dimos, amigo.
(…)
Antonio se fue. Y se fueron
también Miguel y Federico. Dichosa sube la mañana.
Con ellos tú también ahora. Siéntate junto a mí, buen amigo.
Amigo.

Siéntate al pie de estos naranjos,


junto a estas barrancas y ríos.
Dichosa sube la mañana.
Pero qué lejos, amigo.
(…)

Otras veces, como menciona Elaine Gracioli Rodrigues en su tesis, aparece inserto, entre
las composiciones, un personaje, un individuo que «apenas actúa, contempla a distancia los
cambios en la naturaleza» (Gracioli Rodrigues, 2016:33), como ocurre en las obras
renacentistas. Asimismo notamos que la mencionada nota elegíaca adquiere, en algunos
casos, un cauce combativo, haciendo tácito el posicionamiento del autor frente a las
injusticias y crímenes que habían entristecido a la vieja y grandiosa España, bregando en
favor de la libertad y contra los verdugos de la balada, como en la «Balada de los
Mosquitos». Un gran apartado deberíamos requerir para puntualizar en esta cuestión última,
y acaso podría coincidir, acaso en alguna medida, con lo que Ortiz denominó «elegía
combatiente» (Ortiz, 2015:1072), propio de la llamada Generación de Paraná.

Nos quedan por referir varios elementos: los árboles y las aves, como la calandria y el
zorzal. Sin embargo, optamos por referirnos brevemente a un carácter del río, para dar lo
que sería, acaso, una ilusoria idea de conclusión. Ya en la «Canción 8» las nubes traen para
proyectar sobre los campos el mapa de España, donde el poeta encontrará la misma agua de
la fuente en el jardín de la infancia, pero la mutación del paisaje va un paso más allá. En la
«Canción 33» el Paraná juega con su fisonomía, elástica fisonomía, no para convertirse en
una cinta, como en Juan L. Ortiz o Juan Ramón Jiménez, sino para modificar sus
dimensiones. Se hace pequeño, «Igual que el Guadalquivir, / o más chico, como el Duero»,
y más pequeño todavía, «lo mismo que el Guadalete / de mi pueblo (Alberti, 1965:1050).
El paisaje responde al canto del poeta y acaso, como escribió Marcelino M. Román, éste
halla en él la efectiva «compañía en el desamparo» (Román, 1950:29).
Baladas y canciones del Paraná es una obra que mixtura muchos elementos
significativos, los cuales comprenden la convivencia imaginaria y real de ambas orillas.
Nos quedan los versos del poeta que auguró el día de su retorno a España, ya con el cabello
blanco, mirando hacia este paisaje para decir: «Barrancas del Paraná: / conmigo os iréis el
día / que vuelva a pasar el mar»12.

12
«Balada del posible regreso» en Baladas y canciones del Paraná (1954).
Bibliografía:

 Alberti, Rafael (1954): Baladas y canciones del Paraná, Ed. Losada, Buenos
Aires, Argentina.
 Alberti Rafael (1978): Poesía (1924-1967), Ed. Aguilar, Madrid, España.
 Alberti Rafael (1978): El poeta en la calle, Ed. Aguilar, Madrid, España.
 de la Vega, Garcilaso (2014): Poesía castellana completa, Ed. Cátedra, Madrid,
España.
 Gracioli Rodrigues, Elaine (2016): Arte y poesía en la obra del exilio de Rafael
Alberti: la transposición de los paisajes europeo y americano, FILODIGITAL
U.B.A, Buenos Aires, Argentina.
 Hernández Valcárcel, Carmen (1978): La expresión sensorial en 5 poetas del 27,
Ed. Universidad de Murcia, España.
 Martínez Howard, Alfredo (6 de diciembre de 1948): «Otro gran Poeta, Rafael
Alberti, habla para EL DIARIO». El Diario de Paraná.
 Ortiz, Juan L. (2015): Obra Completa, Ed. U.N.L., Santa Fe, Argentina.
 Román, Marcelino M. (junio de 1950): «Utilidad y poesía de los yuyos» en
Revista Tierra de Urquiza.
 Román, Marcelino M. (1966): Reflexiones y notas sobre poesía y crítica, Ed.
Nueva Impresora, Paraná, Entre Ríos, Argentina.
 Saraví, Guillermo (18 de diciembre de 1939): «La Barranca: su sentido y
expresión». El Diario de Paraná.
 Saraví, Guillermo (24 de octubre de 1943): «Río nuestro: fragmento». El Diario
de Paraná.
 Soifer, Marguelina (s/f): «VIENTO Y RITMO POÉTICO: Baladas y canciones
del Paraná» (s/d).
 Valente, José Ángel (1994): Las palabras de la tribu, Ed. Tusquets, España.
 «Disertará hoy el poeta español Rafael Alberti: desarrollará el tema: itinerario de
mi poesía» (17 de julio de 1946). El Diario de Paraná.
 «Recital del poeta español Rafael Alberti» (18 de julio de 1946). El Diario de
Paraná.