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La voz y su huella

La voz y su huella

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Agradecimientos Nota acerca del sistema de referencias bibliográficas
I,A VOZ Y SU HUETTA de Martin Lienhard

11
1.3 1.4

Prólogo Nota a la primera edición

40

Primera edición, La Habana, Casa de las Américas, 1990 §egunda edición, Hanover, Estados Unidos, Ediciones del Norte, 1991 Tercera edicion, Lima, Horizonte, 1992 Cuarta edición, México, 2003 @ Martin Lienhard, 1990

Pn¡¡a¡ne pARTE: pLAMEAMTENTos

GENERALES

43

O

Ediclones Casa Juan pablos, S.A. de C.V., 2003

Malintzin 199, Col. del Carmen Coyoacát, México 04100, D,F,

Capítulo I: La imrpción de la escritura en el escenario americano El .descubrimiento" y el fetichismo de la escritura, 45. Escritura y poder, 52. Kipu, 54. Glifus, 57. Ifr oralidad predominante, 6o. Violencia de la escritura, 62. Capírulo II: De la oralidad a la escrirura alfabética Una literatura escrita alternatla,68. Supervivencia y transformación de las prácticas escriturales amerindias, 71. Presentación de testimonios indígenas, 74. El "rescate" de la tradición oral indígena, 76. La recreación del discurso indígena, 81 , El rescate indígena de la tradición oral, Ut. Literaturas epistolares indígenas: cartas, "memoriales", cartas-crónicas, 86. La literatura indígena

4>

O t¡*¡Crc¡r (Universidad de

lf, §ur Poniente

1460,

Ciencias y Artes de Chiapas), 2003 Tuxtla Guriérrez, Chiapas

68

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MARTIN LIEN}IARD

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rl¡¡ltr *Vltl, lt}. Área andina, 1L3. Paraguay, 1.16. La r¡l'enr¡lva latifundista, "segunda conquista", LLg. Guemt ale castas en Yucatán, lzo. La "colonización con paccts" de la Cordillera de los Cbiriguanos (Boliuia), tzl. Ciu.e¡ra del Pacífico, 1,25. La conquista de la pampa,
Guerra Grande del Paraguay, Canudos, 1Zg.*Indi¿¡enismos" intelectuales y movimientos étnico-sociales
126.

r lllt (l¡r¡lextt¡s históricos y sociales l,t'lttrr.trl¡ (tultrlctos, 97. Colonia y resistencia indígena, iJrJ, /,rrs ttile!,&\ urhtocracias indígenas, 99. El dhcurso rle'l elklh4y4 lo), ül dhcurso d,e la resistencia, tO5. Extliltkitt vr, contlnuid.ad de la escritura alternatiua, 710. llt.l¡ lt'ltu¡ cr¡loniales y movimientos insurreccionales del

96

Cultura hegemónica, culturas marginadas, 1g6. Litera_

tura alternativa, L87. La subversión lingüística, 1g9. El andamiaje temporal, 197. La cosmología literaria, 202. Texto híbrido y comunicaciónliteraria, 206.
Capítulo MI: El homenaje itual al lnca y,su adaptación Iiteraria en tres textos coloniales (Juan de Betanzos,

modernos, 129.
129 . Viejas

Los

procesos de transformación social,

Titu Cusi Yupanqui, Ollantay) Los tres textos, 208. Juan de Betanzos: *La uictoria de Facbacutic", 21,0. Titu Cusi yupanqui: *La epopeya de Manco Inca", 2L0. Ollantay, 211. EI,,homena;'e ritual al Inca", 2I2. La adaptación literaria de los homenajes rituales al Inca, 21,8. Iua,n de Betanzos, 218. Titu Cusi Yupanqui, 222. Olla ntay, 227 . Conclusiones, 232.
Capítulo MII: Catástrofes históricas y literatura en Paraguay (A. Ruiz de Montoya, A. Roa Bastos) La cuestión de los "comienzos',,235.B|primer apocalip-

ZOB

y

nu,euas

prácticas literarias alternatiuas, L34.
1.37

Capítulo IV: Escritura y procesos de interacción cultural Paradigmas de la "inferacción cultural",, L37. procesos lingüísticos, 1,44. Idiomas europeos vs. iáiomas amerindios, 1.44. El bilingüismo y sus efectos, 147. Literaturas alternatiuas y procesos de aculturación lingüística, 1.54. Procesos religiosos, 758. Lenguajes religiosos y diglosia, t60. Reorientaciones semá,ntica.s: misioneros e indios, 1.62. Recbazo y apropiación exclusiua del lenguaJe cristiano, L65, Literaturas alternatiuas y procesos de aculturación rel'igiosa, 1,66. Las transformaciones de la <lposición escrltura/oralidad y las literaturas alternativas, 168. "Dueño de la escritura" y "depositario de la mofiroria oral", 170.

n5

sis: Montoya, 238. Karaísmos, 243. El ,,karaísmo', en la literatura, 245. El ciclo de las catástrofes históricas, 248.
252

Capítulo IX: Rulfo
Lecturas "occidentale s" y "trasteffanas,, , 252. yiaje al país de los muertos, 255. El paraíso terrenal, 258. Tiempo

mítico/tiempo histórico,

260.

Capítulo X: Etnoficción Europa: el otro como pretexto,266. Antonio de Gueua_ ra,266. Labontan, 267. Diderot, 269. Segalen, 270. Amé_

264

rica Lafina: la mala conciencia de los ,,intelectuales

I{E(¡IINI)A I)ARTE: ESTUDIOS DE CASo

771.

colonizados" ,2TL Mário de Andrade,273. Darcy Ribeiro, 27 6. Nicasio Tangol y patricio Manns : Cbite, 277 . Conclu_ sión,279.

(le¡rfittltr V: Mesoamérica: la llamada crónica indígena

773

(iu¡rllttlrr Vfl

suhversión del texto escrito en el área rttrlltrr¡ ((iuiulan P«¡ma de Ayala,J. M. Arguedas)
l.¿r

186

Capítulo )il: Caminos de la etnoficción en el área maya (Yucatán, Guatemala, Chiapas) El "corpus", 281,. Yucatán, 284. Médiz Bolio, 284. Abreu Gómez, 286. Guatemala: Asturias, 2g9. Chiapas, Z9g. Auto-

2g1

MARTIN LIENHARI)

Itlt $tqfrñ "lnclf¡¡enas ": Castro y Pozas, 299. Rosari.o Cas102, De lndlo a cam.pesino; Zepeda, 305. Una tlt ft\dmaclón mrlltiple: Morales Bermúd.ez, 308.

tcllasu»,

(lnpftulo XII Pachakutiy taki. Canto y poesía quechua rh ls trnnsformación del mundo "'llacllclón" oral y modernidad en el área quechua de
I¡erú, 310, Pachakutiy taki,313. El lenguaje-acción: Rufiltaqe (Canas, Cu.zco, 1921),313. El discurso actuali-

310

AcneorcmrENTos

zado de la bistoria: Toqroyoq (Espinar, Cuzco, años ocbenta),317. La tradición subuertida: ,4yacucbo, L987,
319. Una nueva escritura poética andina, 322. J. M. Arguedas, 323. Poesía quecbua reciente, 229.

Bibliografía GEN: Obras de interés general o suprarregional, 337. MES: Mesoamérica, 346. ceR: Caribe indígena y criollo, 345. eNo: Andes centrales, 367. ¡tt: Áreas indígenas y mestizas del trópico y subtrópico sudamericano, 386. PAM: Pampa-Patagonia-Andes australes, 396. AFR: Afroamérica

336

y

Nrica,

399.

fnclice onomástico

403

setenta- sobre el -años flarrador, poeta y antropólogo peruano José María Arguedas (eNo, Lienhard, 1981) que inicié mis contactos con algunos áe los repre_ sentantes de una de las colectividades marginadas que constituyen el trasfondo de este libro: la de las comunidades quechuas dá Ia sierra central y meridional de perú. Decisiva, esta primera experiencia de una culrura predominantemente ¡¡vl ia cual ," ág..g"_ -a rían otras más en el mismo y en otros espacios latinoamericr""rme acompañó también a lo largo de la preparación de La uoz y su buella. Pese a las apariencias, en efecto, est¿ hbro se debe sin áuda tanto a una serie de experiencias directas de "oralidades,, latinoamericanas como al estudio de textos escritos. sería imposible mencionar aquí 10s nombres de las numerosas personas amigas, miembros de alguno que otro de los ,,sectores marginados,,con quienes com_ parfi, en un aprendizaje inconcluso de muchos años, momentos a Ia vez agradables, emocionantes y profundamente instructivos. Con todo, quiero evocar siquiera a Máximo Damián Huamaní, comunero quechua de Isua (Ayacucho) radicado en Lima, a sus familiares y amigos en la sierra o en Lima, y a Josué Sánchez, pintor y ex presidente de una comunidad campesina en la periferiá de Ia ciudad de Huancayo (sierra central del perú). Reanudadas durante años, las conversaciones con ellos fueron siempre un poderoso estímulo para seguir en la línea de rrabajo que había elegido. A ellos, y a todoi los "compañeros de viaje" que me permitieron entrever algo de cómo
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Fue en el transcurso de mi investigación

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MARTIN LIENHARD

Iunrrlons lg "orallclacl" en situaciones de marginación sociocultural,

vatl mli Hgfacleclmientos más sinceros.' 'l'Btnpcrccl serla posible citar a todos los colegas y amigos de la "cluelacl leltrada" que contribuyeron, generalmente sin saberlo, a le reqllzatJón de este libro. Hace más de dos décadas, Ias discusiones eon Augttsto Roa Bastos y Rubén Bareiro Saguier me enteabrier(rn dlfpnas puertas al universo cultural parugtJayo. La presión amistravés de várias invitaciones- por Birgit Scharlau Iona eJercida -a y Mark Münzel (Frankfurt) hizo avanzar el trabajo en algunas fases crfticas. Siempre me alentó, también, el interés manifestado por Antonlo Cornejo Polar y Manuel Lami (Peru), '§fl'illiam Rowe (Londres) y Alberto Rodríguez (Mérida, Venezuela). Al preparar el manuscrito para su primera edición, las conversaciones con Ruth Moya, Julio Pazos y Segundo Moreno, en Ecuador, y con Bartomeu Meliá y Ticio Escobar, enParaguay, me sugirieron una serie de modificaciones. Esta edición --{ue considero "definitiva"- sucede ala deLaHabana (1.990), merecedora del Premio Casa de las Américas, y a las de Hanover (1991) y de Lima (1992).Parala reelaboración del prólogo y lás adiciones al texto principal me fueron particularmente útiles las reseñas o los comentarios de José Miguel Sardiñas, José Prats Sariol y Lira Campoamor (La Habana), Miguel Gutiérrez (Lima), Petra Schumm (Bedín), Dante Barrientos Tecún (Guatemala), F'rancesc Ligorred (Yucatán) yJulio Noriega (Indiana). A Tahora de revisar el texto para esta edición, me alentó mucho el amistoso interés demostrado porJesús Morales Bermúdez (San Cristóbal de Las Casas), Francisco Amezcta Pérez, Andrés Medina, Frangoise Pérus (profesore§ de la uNe¡.t) y Julio Estrada. §in la comprensión y el cariño de mi compañeraBeatrizFernández

NoT¡'

ACERCA DEt SISTEMA DE REFERENCIAS BIBLIoGRÁFICAS

La bibliografía final abarca, además cre la totalidacl cle las obras mencionadas en el texto, otros títulos (,,textos,, y estu«Iios) que permiten ampliar Ia investigación que aquí se propone. se clividé en una sec-

del título- y mi hija Maina (Qantu), La uoz y su buella -uutora nunca hubiera llegado a existir.

más, oue reúne los trabajos sobre temas ,,afroamericanos,,. Las refe_ rencias blbliográficas en el texto van acompafiadas de unos indicadores de área que permiten ubicar, en ra bibliogra(ta,rasección correspondiente: cEN (Obras de interés general o suprarregional), uns (Mesoamérica), can (Caribe indígena y criollo), eNo (Andes centra: les), arr (Áreas indígenas y mestizas der trópico y el subtrópico sudamericano: Brasil indígena y mestizo, paraguay, Amazonía peruana, etc.), palr (Pampa-patagonia-Andes australes), ¡,pn (Afroam érica y Nrica). Un ejemplo: el título que corresponde a la referencia (trrs, León-Fortilla, 1959) se hallará, bajo el apellido mencionado en la , sección ¡¿rs (Mesoamérica) de Iabibliografía. En los capítulos, subcapítulos o párrafos dedicados a una sola área, los inclicacJores de área sólo acompañarán la primera referencia, quedando sobreentendidos para las siguientes.

ción general o suprarregional, cinco secciones regionales y otra

tl3l

PRóLoco

15

PRótoco1

Desde su arribo a las playas situadas en la otra orilla del Atlántico, los europeos que iniciaron la colonización del "Nuevo Mundo" impusieron el monopolio de su propio sistema de comunicación oficial, basado en la preeminencia absoluta de la escritura alfabética. De este modo, ellos "borraron", con un plumazo, los universos culturales y la autonomía discursiva de los autóctonos. Moviéndose en un sistema de oralidad "multimedial", éstos, en efecto, iban a quedar como "mudos", excluidos de un sistema comunicativo que fetichizaba la palabra escrita o impresa. Los dueños sucesivos del territorio conquistadores y sus descendientes directos o "políticas"-los mantuvieron y confirmaron durante siglos esa misma polltica de ocultamiento dela palabra otra, relegando a la periferia o ala clandestinidad no sólo el discurso de los autóctonos transformados en lndlos, sino también, paralela o sucesivamente, el de los esclavos gfrlcanos y sus descendientes, los campesinos arcaicos y los habitlñtÉt de los barrios urbanos marginales. 8aa por la falta de acceso a la escritura o por su propia decisión, ler eel¡etlvldades marginadas por la política oficial siguieron privileSlSr Ff¡ ius necesidades internas, unos sistemas de comunica€Éi Femh¿ntemente orales. Para manifestar, ante los sectores
t trt

hegemónicos, su propio modo de percibir y de enjuiciar el mundo en que les tocaba vivir, muchas de ellas aprendieron, sin embargo, «i¡56¡iSir,se"- en a infiltrarse el sistema oficial. Menos pasivos -¿ de lo que se piensa generalmente, numerosos miembros de los sectores marginados se desempeñaron como ,,informantes,, o ,,testigos" lúcidos en la elaboración de textos destinados a unos lectores ajenos a su mundo. Tarde o temprano, también sus portavoces se acostumbraron al uso de la escritura alfabética para negociar y tenegociar, con sus interlocutores o adversarios de turno, su lugar en la sociedad colonial o ex colonial. Si las prácticas comunicativas apenas mencionadas denuncian todavía Ia escritura como un medio impuesto, ajeno a las tradiciones culturales de las colectividades implicadas, otras sugieren que ciertos sectores "subalternos" por lo menos algunos de sus -o miembros- intentaron o supieron hacerla verdaderamente suya. Así, desde la época colonial, muchas colectividades indígenas des_ cubrieron el interés que ofrecía la escritura alfabética para archivar, en su propio interés, las tradiciones orales comunitarias. A lo largo de los siglos, además, numerosos letrados o intelectuales procedentes de alguno de los sectores marginados buscaron, dándole un uso más "democÍáfico",liberar la escritura de su estigma colonial. Disemiyrdalo enrerradas en todo tipo de archivos de la palabra, escrita, la\buel@s escritas de las voces marginadas resultan, en realidad, muy\rrnferosas. Falta buscarlas, invenfariarlas y estudiadas para otorgarles el lugar que les corresponde en una historia -por fin descolonizada- de las prácticas discursivas latinoamericanas. El presente trabaio ambiciona ofrece¡ en este sentido, algunas pistas útiles.

II
Hace unos cuarenta años, dos libros compilados por Miguel LeénPortilla, La uisión de los uencidos (urs, 1959) y El reuerso d.e la conquista (crN, 1964), revelaron a un público no especializado no sólo la existencia de una visión indígena de la conquista europea del

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Él!€ prólo¡q, tr$té ele recoger el eco de algunos de los comentarios Fn rttñ trEÉ éGllek¡nes anteriores (LaHabana, Casa de las AmériHffi?t (lnAl, Frlk'krnes clel N«rrte, 1991;Lima, Horizonte, 1992).

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MARTIN LIENHARD

PRÓLOGO

17

('r,ullnr.tllf antcriciulo, sino también una serie de textos, escritos o
¡ror krs ¡:ropios indios, que moldean tal visión en unas forttrÉn ¡xrdlir"'irs ¿rltamente eficaces. Más allá de su valor documental y llterrrrrio, l«rs nrateriales reunidos por León-portilla podían suscitar la l)regurrlil clc si esta "visión de los vencidos" representó, antes del r:nnrrrclecirniento definitivo, el último destello dela capacidad de ex¡rlr.:sión poética de los autóctonos o si, por el contrario, se trataba rlc:l c<»nienzo de una expresión literuria nueva, no ya ,,prehispánica,,, sln«r colonial. Desde luego, el hecho de hablar de ,,los vencidos,i y
xr

tl['larh

minar a un testimonio náhuatl moderno, De porfirio Díaz a Zapata terminó admitiendo que eI discurso de ,,los vencidos", lejos de desaparecer con los testigos oculares de la conquista y sr-¡s descendientes inmediatos, seguía vivo en la memoria colcctiva cle las comunidades indígenas. Virri<¡s ¿rños antcs de que León-Portilla entregara sus impactantes <'r rr r r ¡li ir ci« rncs, sLl maestro Ángel María Garibay había diseñado, en stt I l'isluricl. clc la literatura nábuatl (MES, 1953-1954), todo el panorama y cl c()ntcxto de producción de los documentos novohispanos que llevan la huella de la tradtción oral náhuatl. Si bien a Garibay le interesaban ante todo los aspectos tradicionales ,,prehispánicos,, de esos textos escritos o transcritos en los siglos xrzi y xvII, él no dejó cle observar que la expresión poética de los ,,venciclos,, nr> fue simplemente su canto de cisne, sino también el resultackr clel vigoroso csfuerzo creativo que algunos nobles mexicanos, pasacl«l cl primer rrl()Ínento de estupor y de perpleiidad, volvieron a clcslrrr<¡llar en el (()nlcxto sustancialmente nuevo de la Colonia. l|l resurnen, los documentos coloniales conr¡tilacl<ls por Leónl'rtlillir, lrrné'n de otros análogos, se deben ct<¡nsi<lcr.lrr n«¡ s<ik¡ como Ir'¡llrrronios cle un pasado histórico-cultr,rrrrl srrnrr'r'giclo, .sino taml¡lcrr t'ortto los tcxtos inaugurales de una Iitc,r:rtr.¡r.¿r c«¡l<¡nial escrita ¡r,t Ircrlio rlcl alfhbeto europeo y rncrros (,r] l).ll.tc- según los -al ( ir¡tonr'ñ rllst'rttsiv«¡s irnportados, per<> vinCUllrrllt, ctc cl.iversas mane(MnS, Horcasitas, 1968),
I

-fundamentalmente clcn a sugerir que nos encontramos frente a unos universos culturalcs condenados por la historia: opción ideológicamente significativa y característica del "indigenismo" mexicano institucional. Cabe señalar que León-Portilla, como lo demuestra, entre otros, su nota preli-

llt clección de los textos

del siglo

xlr-

tien-

momentos de la operación textuar. característica de ros textos heterogéneos, Ia escisión de la instancia enunciadora entre el ,,dueño de la escritura" y el "depositario de ra memoria oral,, (que se discutirá en el capítulo IV del presente libro) delata las contradicciones de su proceso productivo y sugiere, al mismo tiempo, la necesidad de una.recepción bicultural. Sin relerirse a una posible continuidad desde la épocacolonial, Angel Rama, en el libro Transculturación narra.tiua en América Latina (oaN, 1980), defendió la tesis de que parte de la nueva narrati_ va latinoamericana para él la más «novedosa»- extraia -quizás característicos paradójicamente sus rasgos más de un fondo poético e ideol<igic<) que no es otro que er de las subsociedades árcaicas

-a idea de una corrient e literaria "heterogéne a,, necesitará, sin embargo, algunos correctivos. La heterogeneidad arudicla, en efecto, no se limita a una tensión entre ei texto y su referente (,,indígena,; o ,,an_ dino"), sino que atraviesa, como factor de hibridaciói, todos los

discrinlinación. La relación entre taled textos inaugurales y una serie de prácticas verbales más modernas el indigenismo literario- iue pra.rteada hace años por el-como estudioso peruano _Antonio Cornejo irolar I (criv, 1978). Limirándose en lo fundamental a los procesás'ae ta:'n ' teratura culta o "ilustrada" en el área andina, cornel'o afirmó la existencia de una corrienteliteraria "heterogénea", rastreable desde los comienzos de la colonia, cuyas expresiones textuales se caracterizaban, según decía, por ,,la duplicidad o pluralidad de los signos socioculturales de su proceso procluctivo',. En el marco de esti corriente, siempre según Cornejo, la producción, el propio texto y su consumo pertenecen a un universo cultr-rral eur.peizado, mientras que el referente textual remite a las sociedacles marginacJas cle ascendencia prehispánica. como se desprende de las observaciones del investigador peruano, la corriente ,,heterogénea,, surge y se repro_ duce a raíz de una permanente situación de conflicto -.o.rr..r..rcia, en última instancia, de ra situación coroniar creada por ra conquista. Novedosa y mi modo de ver_ básicamente torrecta, la

ras, a las c<¡lcctividades marginadas por ra colonización europea. .una literatura que traduce.la experiencia nueva, casi siempre traumática, cle las subsociedades indígenas sometidas a un régimen de

le

MARTIN LIENTIARD

pRóLoco

19

mEr§lnedrt a€e p€r le conquista sea por la modernización "dependlCntg" qUÉ Brfct€flZa la historia reóiente de todos los países latiArgueder, Rulfo, Roa Bastos y Guimaráes Rosa- fueron o son, todbg, de orlgen t'provlnciano". A dos de ellos, además,la práctica de

un ldloma de orlgen prehispánico (el quechua para Arguedas, el

Sññf pril

Roa Bastos) parece vincularlos, de cierto modo, a los del siglo xvl. Para Rama, estos narradores inauguraban "vÉn€ldo;" uñe préetlca llteraria que asume y sincretiza la oralidad popular o lndlgena con la escritura occidental moderna. §l Cornejo Polar subrayaba, como se vio, la existencia y la repro-

ducclón constante de unas prácticas literarias "ottas" que se van oponlendo, de alguna manera, a las "oficiales", Rama creía distinguir, en la práctica de los autores mencionados, la superación de ese antagonismo "literario" legado por la Colonia. Eminentemente sincrética, la narcaliva "transculturada" de Rama no es una literatura "otra" sino en términos de sucesión: ella bona, precisamente, la permanente e indiscutible- entre las práctioposición -en rigor cas europeizadas de los sectores hegemónicos y las oral-populares cle los marginados, La debilidad del planteamiento de Rama, como se verá más adelante (cap. IV), estriba en su visión teleológica de los procesos culturales en Latinoamérica: todo parece deber confluir, al final, en un difuso "mestizaje". En su bien documentado.ensayo sobre las "literaturas indígenas latinoamericanas",Juan Adolfo Yázquez (cEN, 1978) reunió un amplio elenco de textos de 1o que podría seÍ, pata el coniunto de América Lalina, una literatura otra de marca indígena. ¿Cuáles son
eÉtas "literaturas indígena s"? Yázquez introduce, sucesivamente, las

dlea", la "literatura española de principios de Ia época colonlal", Ias

"llteraturas prehispánicas", las "primeras literaturas coloniales in"llteraturas indígenas de la época colónial posterior", las "literatu-

rna lndfgena§ modernas",Ias "literaruras folklóricas lndfgenas modGdtlt" y la "literatura indigenista hispanoamericana moderna", §alta e lr vlit¿ que Vázquez, cofltrafiamente a León-Portilla en La ulslón ele lÉÚ lwetdw, postula la continuidad, más allá del slglo nn, de las "lltemfurea tndfgenas". Las categorías que acablmos de transcribir €vld€n€lan' aln embargo, que nos hallamos frente a unas prácticas

literarias de lndole muy diversa. ¿Qué es 1o que ellas tienen en común? Según el propio autoq "las literaturas indígenas se caracterizan por et"_gqgdgmlnio de puntos de vista, estilos e imágenes que expresan modos de ver la realidad característicos de los aborígenes americanos tradicionales" (ibid.: 326). Lo que falta, en esta definición interesante, es toda la cuestión, decisiva a nuestro modo dé ve¡ de la existencia social de estos textos, de los procesos de c.Qmunlóáción en que viene a insertarse cada uno de ellos. Como ya 1o hace prever el título sugestivo de su libro, La otra literaturaperuana,Edmundo Bendezú (ANo, 1986) evoca la existencia y la continuidad, desde la femprana época colonial hasta hoy, de una literatura peruana marginada por la cultura oficial la literatura escrita en "traducida" del- quechua. La delimitación y la -o fundamentación teórica del corpus de la "otra literatura", algo cambiantes en los diferentes ensayos que componen el libro, parecen, sin embargo, insuficientes para dar cuenta, cabalmente, de las diversas prácticas literarias aludidas, Escamoteando en alguna medida los complejos procesos de interacción cultural de los últimos siglos, entre ellos el enorme impacto de la escritura, Bendeztr establece una continuidad discutible entre esta literatura otra y la de los incas. Si es cierto que obras como los Comentarios reales de Garcilaso de la Vega (eNo, 1959 l1609D,la Nueua corónica de Guaman Poma de Ayala (1980lhacia 1,6'15D, el drama quechua Ollantay (1998 español- de Melgar (1971 [hacia lsiglo xrruID, los yaravíes -en 1815D o la poesía quechua de Andrés Alencastre (Noriega, 1993: 71-100) configuran en el Perú parte del corpus de una literatura otra, su otredad no viene dada de antemano por su supuesta vincuIación con las expresiones verbales prehispánicas, sino que se construyó, en cada coyr.rntura histórica y según Ia personalidad sociocultural de sus autores, "contra" los textos de la literatura oficial del mornento. Intuición certera e importante, la idea de una literatura otra exige todavía, pues, una fundamentación teórica adecuada. A partir de áreas, textos y enfoques disfmiles, los trabajos de LeónPortilla, Cornejo Polar, Rama, Yázquez y Bendezú coinciden en insinuar que, en América Latina, el discurso de los sectores hegemónicos, europeizado y elitista, nunca expresó realmente la visión, la sensibilidad y el "discurso" de los amplios sectores étnico-sociales

20

MARTIN I,IENHARD

PRóLoco

21,

rnarslntdoa desde la conquista o apartir de sucesos más recientes. "Vlslén de los vencidos", 'lliteratura heterogénea " , ,,narrativatranscultul?ela1, "lltefaturas indígenas" u "otra literatura,,: aunque no equivalentee, todas estas etiquetas aluden, algo confusamánrc, , ,.rr, , otras de las mairifestaciones de un vastá conjunto de prácticas iiteiarias alternativas que ofrecen ciefio espac io a la voz de los mar'gfurados, Talvez,la deficiencia principal áe los planteamienros reseñados consista en el privilegio atribuido, a expensas de la práctica, a los textos. nn rigor, los textos no san sino los instrumentos d,e u.q.as Pfdptlcqs carnunicatiuas que los trascienden. Muchos textos de apáriencia "otra" resultan, en efecto, de la recuperación á.-para,ro cir del secuestro- de la oralidad marginada par parte de ciertos escritores hegemónicos. No carece de ,importancia, claro está, la "heterogeneidad" o la índole "transcultural,, de les textos, ni el hecho de incorporar la 'lvisión de los vencidos,,, un ,,punto de vista in_ dígena", un "estilo" o unas "imágeneq,, de asqendencia indígenas o prehispánica. Para evaluar su significación social , para determinar en qué medida estos textos resultan socialmente no s6lo tex_ -y tualment* "alternativos" (o ,,indígenas,,), se precisa estudiaq sin embargo, las características cle los cliferente s procesos de com,unicaclón cn que se insertan tales textos: contexto, protagonistas, motivaciones, nreclios, "canales", [Ina atención especial merece, sin duda, el papel desempeñado, a lo largo cle, estos procesos, por los propios sectores marginados, sus representantes o su cultura,

Para limitarnos al caso de los hahitantes originarios, del continente,

cabe admitir que no todos los "indios,, actuales son descendien-

vivir" indígenas del momento actual no se explican únicamente a j partir de una hipotética continuidad cultural, sino también a partir del lugar económico, cultural- que los ,,indios,, oórpu-político, en las sociedades coloniales ron, sucesivamente, y poscoloniales. Como toda historia, la de los ,,indios,, evidencia, finalmente, cofiti_ nuidades y rupturas. Insistiré aquí, sin embargo, en el aspecto de la continuidad. En los últimos cinco siglos, los ,,indios,,pueden haber cambiado mucho, pero no deja de existir una analogía tremenda
siglo xvr y la de los sectores indígenas actuales. Analogía que se extiende, en rigor, a otros sectores marginados, Un ejemplo para ilustrador descendientes directos o no de los guaraníes, los sectores campesinos paraguayos ocupan, en la formación social paraguaya acfual, un lugar anáIogo al de los indios guaraníes en el siglo xlu,
etcétera.

tes en línea recta de'los de 1500, y que los descendientes actuales de éstos no son todos "indios,'. De modo análogo, los ,,modos de

entre la situación social relativa de las subsociedades indígenas del

ilI
Relativamente autónomas a lo largo de la época colonial, a veces más allá de su término oficial, las subsociedádes rndígenas o indomestizas han vivido una.experiencia histórica que no coincicle con la cie los sectores hegemónicos. Análogo es el caso de ras subsocieclades integradas por los esclavos de origen africano y sus descendlentes (v, el apartado siguiente). Es cierto que no existe ninguna continuidad absoluta entre los ,,indios,, del siglo xvl y los de aiora (nl entre los esclavos de los ingenios de azúcar del siglo xvlrr y los negros que pueblan actualmente LaHabana o Salvador daBahia).

gemónicos. Hasta hace poco, esta otra historia ,la de los derrotados de la conquista, de. la Independemciay de otras guerras ulteriores (como la que los latifundistas del siglo pasado movieron contra el campesinado arcaico, indígena o mestizo), casi no se conocía vo para algunos momentos excepcionales-. Entre la imagen -salde la sociedad prehíspánica esbozada por los arqueólogos-historiadores y Ia de las comunidades "étnicas" modernas, tal como aparece enla literatura etnográfica. mediaba ona zona de oscuridad de siglos. [4 etnohistoria, en los últimos años quizás la más exitosa de las ciencias del hombre, ha logrado, a través de un trabajo paciente e imaginativo, reducir esa zona y reconstruir, para algunas subsociedades y unos periodos relativamente largos, esa otra bistoria. Todos estos conocimientos nuevos nos permiten ahora aftrmar Ia rerativa autonomía cultural que mantuviÉron o rrrpi"ro. ,"f."ár.i. f^ subsociedades o sectores indígenas o indomestizos duiante Ia Colonia y, en cierta medida, hasta hoy. Nos incitan, también, a interro-

Historia de continuidades y de rupturas, la de los indios es, de cualquier forma, una historia otra, distinta de la de los sectores he-

.

22

MARTIN LIENIIARD

PRóLoco

23

. tI '

del papel de sus prácticas',literarias,, (orales o escriteñ) Én le elsbornclón y la reproducrción de una identidad colectlva, Bn toelc¡ e¡t¡o subsociedades, como se dijo desde el comien8o, ln exprerlón verbal funda*nEtrtal se solía y se suele realizar en eI msr€o sJe un alctema de otatidad rnuttimedis,l (palabra, gesro, múÉleg, coreogrcfla, etcétera.), motivo por el cU'al se sustrae en buena mÉClldg ¿ una lnvestigación diacrónica. por momentos, sin embar80, ÉÉt&é EUbgociedades ---:o, más exactamente, sus representantes o portayoces letrados más o menos legítimos- se sirvieron y se úlryen de la escritura de origen europea para expresar una visión ¡lternativa. No es único el fenómeno mexicano xvr, x\Tr, -siglos )Mtl- de un núcleo de letrados indígenas, capaces no sólo de re_
[aarnGtÉ &C€rCB

nados. A partir de una reflexión más general acerca de la cuestión de la escritura en el contexto de los conflictivos procesos étnicosociales, la exploración del conjunto plural de las prácticas "literarias" que recogen o recrean la visión de las comunidades indígenas e indomestizas será el objetivo principal del presente libro.

IV
La uoz y su huelta explora, exclusivamente, las "huellas" escritas de las voces indígenas o "indomestizas". Desde luego, éstas no son, ni remotamente, las únicas voces "marginadas" de una historia tan llena de discriminaciones como lo es la de Latinoamérica. Por su magnitud y su duración,la margínación de los indios y sus repercusiones en las prácticas escriturales merecen, sin embargo, una atención particular. Se me podúa objetar, con razón, que la marginación de los esclavos y sus descendÍentes no fue menor que la de los indios, y que las huellas de sus voces en los textos escritos ameritarían un trabajo de investigación de la misma envergadura al que se está proponiendo aquí. Si opté por no incluir el rastreo de las "voces negras" en este trabaio, fue, por un lado, porque la historia colonial y republicana de los africanos y sus descendientes en el subcontinente latinoamericano es, pese a ciertas convergencias, "atfa" que la de

producir el discurso oral comunitario, sino también de manejar,

transformándolos en mayor o menor medida, ros discursos europeos. En otros momentos, las subsociedades marginadas participaron poder controlar adecuadamente el proceso de comunica-sin ción, pero no sin dejar su huella- en diversas prácticas testimoniales lmpulsadas por -y destinadas a- personas ajenas a la colectividacl. La famc¡sa recopilación del discurso de los nahuas ',vencidos,,, lmpulracla por Olmos, Motolinía, Sahagún y otros misioneros en Meperemérica a lcl largo clel siglo xvr, es sin duda alguna un ejemplo partleulsrmente oignlflcativo, pero no único en la historia latinoamerlc¿na' Mlleg de cnrtas y ele testimonios indígenas, transcritos en todo tlpo de contextoo y bajo condiciones muy variables, duermen todavla en los arehlvoa de América y Europa.2 En suma, muchas r¡ubuoeleclades marginales participaron, en alguno que otro mornento cle su hlstoria y de diversas maneras, en una práctica escritural signlflcativa, El material textual producido permite y exige, ahora, la elaboración de ow htstorta de laspfulL cas literaria.s en América Latinar una hlstorla que tendrá qúe relativizar la exclusividad de la literatura europelzada o criolla, aquilatar ta riqueza de las literaturas orales y rivelar < e¡fati¿ar- la existencia de otra literatura escrita, vinculada a los sectores margiuna amplia selección de este tipo de texto§, que cubre cuatro siglos en va¡ias áreas latlnoamericanas, se publicó en Testrmonlas, cafias y manifestticiones indígenas la conquista basta comienzos det stglo xx (selección, prólogo, notas,
2

glosarlo y bibliografía: M. Lienhard), Caracas, Bibiioteca Ayacucho, tgg2, rúm. 178.

-desde

los indios, y por otro, porque los textos que evidencian la huella de esas voces exigirían, en muchos casos, otro paradigma de análisis. Llegando a América en tanto "piezas",los africanos nunca fueron considerados como interlocutores válidos del poder colonial y metropolitano. La política de asimilación de las elites indígenas, tan productiva en términos de prácticas escriturales "altetnativas", no tiene equivalente en el sistema esclavista. Separados de sus comunidades de origen y repartidos las necesidades económi-según cas- a lo largo y lo ancho del continente, los esclavos tuvieron que ir creando, sin "apoyo" alguno, sus propias redes sociales y culturales. Es cierto que individualmente, muchos de ellos, desde la época colonial, alcanzaron cíerto status dentro de las sociedades criollas; nada se había previsto, en cambio, para "integrar" colectivamente a los africanos y sus descendientes a las sociedades regionales. Por

MARTIN IIENHARD

PRÓLOGO

25

(:Íln(,s y stts tle.tr.cil«lk nlr.s,

ttl(kr Fülo, a kl hrrgr: de la época coloniar, er acceso de las,,voces negfii§" rl lH est.rltura fue, por lo general, mucho más aleatorio que el tle lg¡ "vt¡c:es inclígenas". En rigor, fueron en buena cuenta las insutree'clclnes de esclavos y el temor que éstas inspiraban a los dueños cle ¡:lantaciones lo que acabó obligando a estos últimos (o a sus re_ l)rescntantes en los tribunales) a escucharlos _y a trasladar sus rleclaracic¡nes ala página escrita-. Mucho más que los indios al tertlrinar el régimen colonial, los esclavos y sus descendientes, al proclarnarse la abolición del régimen esclavista, se fueron dispersádo en términos geográficos y sociales; con algunas eNcepciones notables, como las del novelista brasileño Lima Barreto o del poeta cubano Nicolás Guillén, los escritores descendientes de esciavos, de hecho bastante numerosos, no solían manifestarse ,hastahace poc<_t, como portadores de una visión basada en la experiencia social y cultural de la población negra o de arguno de sus sectores. La historia de las huellas escriturales de las "voces" negras, en particular por su relación con las tradiciones discursivas de otro continente (África), exige, pues, la construcción de un paradigma parcialmente distin_ t«r irl <¡rrc est()y proponienclo aquí. En un libro reciente, o mar e o »k.tk)*-'I IIst(ir'lct'; da escr¿.utldáo (cctngo-Angola, Brasil, caribe) (erp,, l,lr.rrlurrrl, l99lt y 2(X)l), intentú rrna primera aproximación, básica_ rIr('nl(f clnolrislirrlr'lr, rr l¿r lrlstr¡riu cliscursiva de los esclavos afri_
t

hispanoamericanas transcritas en ,,hojas volantes,,, para nohrb;. de la "literatura obrera" de las últimas décadas del siglo ro< y las primeras del )e( son, a todas luces, el resultado de procesos culturáles bastante disímiles de los que abordaremos aquí.

V
Hasta ahora, nadie ha planteado, que sepamos, la existencia y la contextualización sociocultural y literaria de este vasto abanico de prácticas literarias "alternativas", dificil de percibir a raíz de la multiplicidad de sus ayatates. Muchos, quizásla mayoría de los documentos que merecerían estudiarse en este contexto (estamos lejos de conocer o, siquiera, de ima¡¡inarlos toclos), nO lran interesacl<> por lo general sino a los historiaclores y, rlrirs t()c[avía, a l<>s etn<¡hiitoriadores y los antropólogos, para much.s cle los investi¡¡aclores en ciencias sociales, los textos no solían ser discursos provistos cle una coherencia propia, sino canteras de donde extraer datos de interés histórico, sociológico o antropológico. por consiguiente, ellos no los estudiaban, hasta hace poco, en tanto discursos literarios autónomos o en cuanto a su estética. Debemos reconocer, sin embargo, que sin la múltiple contribución de los trabajos elaborados por antropólogos y etnohistoriadores, esta indagaci.ón hubiera sido imposible. Por eso mismo, espero también que algunas de las muy pro_ visionales y fragmentarias conclusiones suscitarán su interés. pienso, por ejemplo, que las literaturas escritas alternativas, marginales tanto en el contexto cultural de los sectores hegemónicos como en el de las subsociedades oral-populares, podrían convertirse en un objeto sugestivo para estudiar los procesos de ,,aculturaci(rn,, (v. cap. IV). Ellas configuran, en efecto, un conjunto clocumental en el cual las situaciones históricas de interacción y enfientamiento cultural se ven cómodamente "petrificadas,, gracias a la escritura. Su interés, en este sentido, es semejante al de Ia pintura mural andina estudiada por Pablo Macera (ANo, 1975, 1979): un conjunto de do, cumentos visuales de un determinaclo rn<lmento del enfientamiento cultural entre las subsociedades andinas y los sectores hegemó_ nicos. En los textos "alternativos',, la yuxtaposición o interpenetración

ta, por motivos históric<.rs, nruc'lro nr(,r'r()s r,onflkliv¿r, [,lr ,,litcrratura
cle cr¡rclel" del nordeste brasileño, rt¡s r«¡rrrilrr<,t:s, c,or.r.irlos r¡ clécimas

y afroamericanas, su relac'ión rrrrr cr lt.¡lrrrl«r t,trlturrrr ...rr,rpe,, i"r.,r-

ml¡even casi cxc'lUsivrrnl(:nl(., e n l(ifrtrinos rlisr.ursiv«ls o ,,literarios,,, dentro de las traclic'ionc.s tlt.origerr ilrc.r.ic.. () (:rrr()p(!(), si bien la "marginación" de sst«rs s(,('l()r'r.s, (.n lénllin()s s.r.ilrlr.s, 11«r srrele ser, hoy en día, men.s eviclcntt'«¡trr. lir rlt. llrs crllt,r.trvr«l¡r«lcs inclígenas

I'<lr tn«rtlv,s cle «rrlterr.nt'ilr, no rtlx¡rclarern<¡s en este lil>ro las huellas escriturtlt's rlc lirs "vrx,es" «rt. r<ls scct()Íes p,pularcs que se

'.|:l]f tL"* ensayos que componen el lil)r() nl(,ll(:l()nuckr sc reliercn, r.cspcr.tivalnen, tc,.:rl "l)lákrgo entre portuglleses y afiic.r's cn r*s ¡¡rrcrrirs crcl c.ng<> y <rc Ang<fa, .si¡¡krs xvt-xvrr", a las "Fugas de esclavos y cl rliscrrrsii clc la rcsistencja Jn urasiiy r:l Carllrc: slgh xrx", y a "cantos rituales y menr<¡rir clc la esclavitucl en cul;a,,.

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MARTIN LIENHARD

PRÓLoGo

de lengurler, de form¿a poéticas y concepciones cosmológicas de r¡c€ndanels lndsmc¡tlza o europea,. remite aI traslado contradict€rlo, rÉflllErdo on medio de un contexto abierta u ocultamente *6olonlnlt', de loa universos oráles de ciertos sectores populares o mBrgln¡dos, Lo¡ textos alternativos son una de las manifestaciones aemlótlc¡É de un conflicto que se desarrolla, básicamente, a nivel étnlco-¡ocld, En este sentido, el estudio de los documentos que conáÉrvan la huella de las voces enfrentadas podrá enriquecer, sin duda,

lr
VI

pcrccpción cientlfica de los propios procesos étnico-sociales.

Como se habrá comprendido ya, "literaltra" remite aquí, por un lado, a una práctica cuyo objetivo consiste en la producción, la
conservación y la trasmisión-recepción de textos predominantemente verbales, y por otro, a un conjunfo de textos verbales. Otorgaremos \n status de "texto verbal" a cualquier enunciado verbal, oral o escrito, que ofrczca un "modelo" del mundo o una manera de represÉntarlo, Derlvada de la que desarrolló el semiólogo soviético Yuri Lotmsn (1988), csta definición tiene laventaja de abarcar, dejando atráB loi obaoletga géneros canonizados por la teoría literaria de los úldmor doa algloa, todo cl rb¿nico de los géneros discursivos que despliegan la¡ "lltentunt gtc¡{trc ¡lternativas" : fragmentos transcri-

perspectiva occidental, se evoca

europeizada. Araíz de los malentendidos constantes que viene produciendo este tipo de literatura, la discusión de tales textos se revela, en efecto, decisiva para aproximarse a una delimitación aceptable de las literaturas auténticamente ,,alternativas,,. Parece evidente que muchos textos .,alternativos,, cambian de lu_ gar según la perspectiva lectora que se les aplique. En la obra na_ rrativa deJ. M. Arguedas, por ejemplo, se puede ver materializado el paradigma de una literatura indigenista particularmente sensible a la "oralidad" indígena. Es así, a grandes ,"rgor, como la leyeron Cornejo Polar (eN», 7973) o Rama (eNo, 1931). Al comienzo de los años ochenta, yo mismo, sin desprenderme del todo de este tipo de lecturas, califiqué la estética de la última novela de Arguedas be indigenhmo al reués (aNo, Lienhard, i9g0); me pareció, en efecto, 'l que en esta novela, en vez de hablarse de los indios a partir de una "

tos de alguna tr¡dlctén €r¡1, Rtmclone!¡ y poemas de Índole declaradarnente "aftfltlc*l', e&ft¿i y EranlflÉBtos dirlgidos al "otro", declaraciones transcritas de tcatlgea, eteétém, La constitución de un con,unto nuevo de práctlcas y de textos supone, por supuesto, la explonelón dc log lfmltes que lo separan de otros conjuntos posibleo, §e e¡tudlrrán, €n este sentido, numerosos textos "oficiales" y otros cuyr fndolc "elternatlva" ofrece lugar
a dudas. Me estoy refiriendo, partlcularmcnte, a la namativa común-

una perspectiva "indlgena". A partir de mi lectura actual, no sólo la narrativa, sino también la poesía quechua de Arguedas viene a ser una manifestación de un sistema literario otro,,,subalterno,,, expre_ sión de ciertos grupos desclasados del tradicional sector hegemónico (misti) de los Aqdes pe{uanos. Un sistema que supone y exige, también, el surgimiento de un "lector nuevo,, (¿No, Lienhard, 19á0, 198i). En esta óptica, Arguedas ocupa en el siglo ro< un lugar análogo al del letrado quechua Fe1ipe Guaman poma de Ayalalpor,tavoz autoproclamado de la población andina de su,momento y autot hacia 1,615, de una crónica multilingüe y pluricuhural (v. cap. VI). Siempre con la meta de explorar los límites del corpus de las ,,li_ teraturas escritas alternativas',, se contemplarántambién, en la medi§a en que se vislumbra su vinculación con determinadas prácticas escritas, diversos textos propiamente orales. Ensayo y no tratado, el presente ffabajo procede, en efecto, por aproximaciones a partk de varias perspectivas posibles.

el mundo (entero) a partir

de

,,
,

:

i

mente calificada de "indigenista", práctlce en la cual los sectores marginados no suelen desempeñar, de hecho, sino un papel de pretetcto paru La producción de textos flnalmente ubicables

VII
¿Cómo acercarse a las "prácticas literarias alternativas,,? Los textos canónicos de Ia literaturalatinoamericana-o de cualquier literatu-

-por sus caractedsticas textuales y el sistema de comunicación en que se inscriben- en las corrientes canónicas de una "naffativa social"

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MARTIN LIENHARD

PRÓLOGO

29

fa (relclental moderna- son el producto de un proceso social de cermunleaclón relativamente estable'. Tanto Flaubert como Borges Ee lnscriblefon en un sistema cuyos protagonistas, sea en el polo de la producción de los textos o en el de su recepción, pertenecían a los grupos más cultos de los sectores hegemónicos nacionales o internacionales. Este sistema auspició no sólo tra elaboración de unos lenguajes y formas discursivos muy codificados, sino también la de herramientas adecuadas para su análisis. A pesar de ser "histórico", este sistema de producción y recepción literaria parece tan "na[ural" que' muchos críticos ni 1o toman en cuenta al estudiar los textos
literarios.

'to de ningún sistema estable. No existe ninguna tradición "alternati' va": cada grupo de textos "alternativos", a veces incluso cada texto I individual, es el instrumento de un proceso de comunicación único e irrepetible. En rigoq las literaturas alternafivas son una realidad construida a partir de su investigación. Para sus productores y sus
receptores primitivos, incomunicados por el espacio y el tiempo, esa "realiclacf" no resulta necesariamente tangible. Si podemos afirmar, ¡rr trJrrntplcl, c¡trc las novelas Madame Bouary y Germinal, pese a toclo l«r clue l:rs rlistlngue, pertenecen al mismo sistema literario, la prát'tlcrt lltc,nrrlu t'rlyo lnstrumento es la Nueua corónica y buen gobterno cle (iuürruul l¡«lm¡t cle Ayala, paradigma de un texto "alternativo", no tlcne nlngún eqltlv{lente en Perúl ni en otra parte, El análisis cle curla texto ó grupo de textcrs alternativos exige, pues, la reconstrurc'clC¡n «lel proce§o cle comunlcaclón que auspició su redacción y su l'ecerpclón, tlt slgnlfic:aclr¡ cle cacla uncl de los elernentos textuales n<l se revela plenameflte slno en el contexto concreto de su producciCrn y su reclepclón, Hl empleo de un idioma amerindio, por ejemplo, no inclicl¿r, cle por sf, una actitud de "resistencia cultural". En el sigl<l xvllt, un lnclio guaranl obedece, al escri[:ir en guaraní (jesuítico), a las re¡¡las (coloniales) dictadas por los

Las prácticas literarias alternativas, en cambio, no son el produc-

argumentaciones y conceptos autóctonos o ajenos. Tratándose de textos polifónicos que articulan todo tipo de díscursos de procedeScia oylpoRular y escrira, esre esruáio puede inspirarse Ln los tabajos de.M. Bakhtin sobre el ,,plurilingüismo en la novela,,(crx, Bakhtine, j 978,,D.u*iéme érudei), .un"l"n". ..;;;;, ;;";;;r_ go, que se tfata aquí de una polifonía cafacterístLca de la escritura en una situación colonial. Al enfocar unos textQs que materializan, a su modo, las relaciones entre los sectores étnicá-sociales marginados y los sectores hegemónicos de una determinada formacián social, el estudio de las prácticas literarias alternativas .ro pr.á. desarrollarse sino tomando en cuenta los procesos históricos, sociales y culturales que constituyen ,, .rr... Más concret;;;, ;. tratatá de desentrañ ar, en cada caso, las característica y s ra dinrámica del conflicto étnico-social clue auspicia el surginriento cre rc¡s textr:s.

VIII
En las últimas décadas, ra investigación étnico-sociar ha venido aban-

donando el tradicional paradigÁa dualista basado l, ,d.;;;;" antagonismo estable, en las sociedades coloniales "r, ex o coloniales, entre un "bloque" hegemónico y otro subarterno, entre una curtura modernizadora y otra tradicional o popurar. En rigor, todas ras .ro.i.dades", como bien lo dijo G. Balandier (crN, t9g5), son conjuntos en movimiento constante; er orden que el investigador cree poder distinguir no es sino una ilusión:
En primer lugar,la sociedad se tapta como un orden aproxim ativo y siemple en moyimiento; ella es, en un grado variabl. ,egún ,us ti_ pos, el producto de las interacciones del orden y del desárden,

,

'

superiores de su reducción, mientras qlle, paradójicamente, una carta e$crita en español al rey españ«)l por parte de un noble indígena puedé áehtar la intención c{e clialogar con aquél "cle lgual a igu3l" La misma -strltverslva- aplica también, entre observacil¡n se otras, a la adopción de formas discursivas europeas o indígenas, de
I

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del determinismo y de lo areatorio. Además, ella manifiesta unas cánfiguraciones cuya reproducción no queda nunca plenamente asegura_ da; este mismo término resulta engañoso y nefaito, porque o.jtu h realidad de lo social, resulrado de unaproducc¡ón cántiiuay nurtca acabada. Finalmente, ella se deja ver como un conjunto unificado, una forma cuya coherencia interna se irnpone; pero esto sucede so_ bre todo a raíz del juego de las aparienclas que ocultan los cortes v

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lor demfustea, Lo que

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PRÓLOGO

31

se llama sociedad no corresponde a

un orden

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pfctente, ya hecho, sino a una tlusió¡ Obid': 8)'

cualquier paradigma empleado para describir los mecanismos. que parecen pautar una sociedad en lo social o en lo cultural no pasa de ser, pues, un intento para imponer un orden a un conjunio cry, realidad siempre evanescente 1o va negando' Nistor García Canclini, hoy quizás el más influyente entre los teóricos latinoamericanos de los procesos étnico-sociales, postuló una desvinculación por 1o menos ¡elativa entre posición social a los sectores hegemónicos o subalternos- y prácti-pertenencia no es posible vincular rígidamente las clases sociales ca cultural: "ya con los estratos culturales" (crN, García Canclini, 1989: 82)' Simplificando al extremo su tesis básica sobre las "culturas híbridas", cada miembro de una sociedad latinoamericana actual participa, combinándolas a su modo, de muchas de las prácticas culturales que ofrecen los repertorios en uso. Yale la pena subrayar que en su discurso, tal tesii coexiste con la reafirmación de 1a permanencia de
CliferenCias sociales marcadas: "No queremos decir que esta circula-

clén más flutda y compleia (de las obras de arte) haya evaporado las cllferenclas entre clases sociales" (lbid.:83). Enfocando un campo ettpeelflco, el de las práctlcas literarias, la indagaciÓn presente nos IIéva a matlzar lao argumentaclones de García canclini sobre la "copresencla tumula¡o§e de todos los estilos" (tbtd; 87). Es cierto q,rá h. prácticas llterarlas Altefnatlvas constituyen un caso flagranl_e de práctlca§ de orlgen diversc¡, Ahora, en la medida d" "o*binatorla que el sistema de domlnaclón, pese al «:ntlnuo cambio de máscaen
,as,

ria" resulta todo menos libre, No lo desmlente un eiemplo, en rigor
bastante ingenuo, que cita el investlgador argentlno para ilustrar su
tesis:
Las tecnologías de reproducción permiten e cada uno arlnar en su casa un repertorio de discos y casete§ que combina lo culto con Io

i. reproduce o se recongtruye

con§tanternente, esa "combinato-

¿Quién es "cada uno" en este ejemplo? Creo no equivocarme al decir que la primera práctica híbrida señalada es característica, aunque no exclusivamente, de los intelectuales hegemónicos. En cuanto a la ptáctica de los compositores que mezclan músicas de todo tipo,habría que preguntarse quiénes son, cómo mezclansus ingredientes, a qué oyentes se destina su música y en qué contexto social se rcalizan sus performances (cnN, Zumthor, 1983). Más que una práctica "híbida", yo veo en este doble ejemplo todo un abanico de prácticas posibles, pero insuficientemente enmarcadas o contextualizadas por su autor. De hecho, siempre existieron combinatorias caructeústicas de los sectores hegemónicos y otras que singulariza(ba)n a los sectores subalternos. En las sociedades latinoamericanas, además, las sucesivas oleadas de modernización no borraron del todo la permanencia, más o menos subterránea, de una"matriz colonial" que favorece el resurgimiento constante de las "mismas" o análogas discriminaciones. Insinuado en el capltulo IV, el concepto de la diglosia cultural, ampliación de la reflexión sociolingüística que se ha venido realizando sobre la diglosia lingüística en las sociedades coloniales y ex coloniales, permite comprender que en las sociedades enfocadas por este trabajo, la libertad para elegir una práctica cultural a expensas de otra depende, en gran medida, de las relaciones de poder concretas que patrocinan cada una de las sifuaciones de encuentro étnico-social. Deseo aclarar que mi trabaio sobre cinco siglos de prácticas culturales latinoamericanas me mantuvo alejado de los postulados "posmodernos" que tienden anegar o a ocultar la existencia o la vigencia acrual de 1o que Balandier (coN, 1985: 147) dio gn llamar sistema d.e desigualdad y de dominación. Nuestra manifiesta incapacidad acf.nl para describir convincentemente los mecanismos de dominación en las sociedades actuales no autoiza, en efecto, que se dude de su existencia.

TX

popular, incluyendo a quienes ya 1o hacen en la estructura de las
obras, por ejemplo el rock nacional que mezcla las músicas folklóricas regionales con el iazz y la música clásica (tbid.: 81).

Apoyándose en el medio de la escritura, pero procedentes directa, o indirectamente de unos sectores socioculturales caracterizados por

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MARTIN LIENHARD

pnórooo

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cl pleclotttlnlo

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lu ur*llclacl, las llteraturas escritas alternativas cons-

tltttyen unu erpec'le de lntarface enrre "escrirura" y "oralidad,,. Sean lnelf¡en*r u lrlrp*no-criollos, los letrados o escritores, al servirse de lu eacrlttttu, ttt¡un1en una práctica que entra, de algún modo, en conlll('to (r)n ls "r¡rulldad" que los circunda. Cuando transcriben, reelal)slran el relnventan por escrito fragmentos de alguna tradición oral Itttlf¡¡enl, ellos proceden, forzosamenre, a su reducción lingiistica y llterurle (A¡T, Melie, 1978) o, como podríamos decirlo, adaptando Un{ metáfora de S, Gruzinski (mns, 7988), ala colonización escritural ele los textos originales. Aparenremente insustituible ,la idea de la "oralidad" plantea toda una serie de problemas. por su misma etitnologfa, el término tiende a reducir alo,,vocal,, todala diversidad de las prácticas semióticas que se dan en una sociedad predominantemente "ora\".En los últimos cincuenta años, unos autores como C. Lévi-Strauss (crN, 195»,J. Goody (1977) o st Ong (1.982) posrularon, cada uno a su manera, una oposició n tajante entre sociedades "sin escritura" y sociedades "grafocéntricas,,. Todos ellos insi= nuaron, de algún modo, la "inocencia,, de las primeras y la naturaleza expansionista o violenta (Lévi-Strauss) de las segundas. Otros trahajos, c<rmo De lagrammatologie deJ. Derida (1967), Le langage, cet lnconnu deJ. Kristev4 Q,981"Í196») o Antbropologie de l,écriture (Lafbnt, 1,9t)4), han venido cuestionando tal oposición y, corolariarnente, la índole de por sí "violenta" de la escritura. Sin querer participar directamente en este debate, deseo aclarar que en las sociedades amerindias, la "oralidad,, fi.re sigue siendo- un sistema -y semiótico complejo, multimedial, que se apoya(ba) no sólo en la comunicación verbal oral, sino también en los medios gráficos, coreográficos, gestuales, musicales, rítmicos--plásticos, más variados. Hablar de "sociedades sin escritura,, resulta, pues, tendencioso' Lejos de ignorar la comunicación gráfica, varias culturas "orales" amerindias contemplaron, incluso, la posibilidad de servirse de su "escritura" parala notación de palabras o de discursos enteros. piénscse, por ejemplo, en los glifos mesoamericanos o en el sistema y visual- de (v. cap. I). Lo que se puede -táetll admitir, en los kipu andinos y se clebe cambio, es que ninguna cle estas sociedades ,lbllchlzaba la notación gráfica (o táctil) clel cliscurso, No fue, en ri¡¡rlr, h irrupclón de la "escritura", sino la cle un sistema oficial de co-

municación que la fetichizaba-el europeo- que cambió violentamente las condiciones de la comunicación oficial en la América colonizada y, por consiguiente, las del ejercicio del poder en todo su vasto territorio. En el debate acerca. de las sociedades "ágrafas" y "grafocéntricas,,, se discute también, casi siempre indirectamente, la cuestión de la "superioridad" respectiva de unas y otras. Un tema de debate común es el de la "densidad intelectual'1 que permite alcanzar, respectivamente, un texto oral o escrito. En este contexto, nos interesa presentar brevemen e una de las tesis segunda- de un pro-|a yecto colectivo sobre escritura y oralidad que viene desarrollando Ia Universidad de Freiburg im Breisgau (crN, Raible, 1992). Según sus autores, cabe disociar la escritura y la oralidad en tanto medios de comunicación de la concepción "escritural" u "oral" de los textos. La "escrituralidad" califica, en este marco, el alto grado de complejidad de un texto (oral o escrito), mientras que Ia "oralidad', permite aludir a la concepción más espontánea de otros textos (orales o escritos). La tradicional oposición se transforma, así, en un continuum oralidad-escritura. Los textos orales más sofisticados *por ejemplo los poemas'épicos- resultarían "escriturales", mientras

-correspondencia habrían de considerarse como "orales". Resulta sin duda meritorio el esfuerzo por desvincular la cuestión de la complejidad de un texto del medio o escrite empleado para su elaboración. -oral Ahora, ¿no se vuelve a reproducir la dicotomía cuestionada cuando se atribuye una concepción "escritural" a los textos más complejos, u "oral" a los más espontáneos? Como quiera que sea, la cuestión de la "densidad intelectual" de los textos (orales o escritos) no tiene mayor pertinencia en el marco de este trabajo, Lo que aquí nos interesa explorar es cómo, en una siruación de tipo colonial, se vienen a afiicular los sistemas de comunicación característicos, iespectivamente, de los sectores hegemónicos y subalternos. En el contexto de los procesos de enfrentamiento étnico-social, los textos "alternativos" resultan, de hecho, verdaderos campos de batalla semiótica, espacios donde se redefinen, ficticia o ficcionalmente, los lugares respectivos de los "vencedores" y de los "vencidos".

que ciertos textos escritos

privada,

periodismo*

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MARTIN L¡ENTIARD

PROLc)GO

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x
I'c uozy su buella se centra en la problemática de las articulaciones entre la "oralidad" (indígena o indomestiza) y la,,escritura,, (de as_ cendencia europea) que se dan en las prácticas literarias alternatise desarrollan entre esa "oralidad,, y-nuevaslos mass media.o.rt.-porá_ neos. ¿Por qué? A lo largo de los cinco siglos de enfrentamienio ér nico-social entre, por un lado, las cambiantes sociedades indígenas o indomestizas y, por otro, los cambiantes sectores hegemónicos en el marco de una formación social igualmente cambiante, los mass media no intervienen realmente sino en la etapa más reciente. Ahora, ¿en qué medida, ellos vienen transformando las condiciones c¡lturales de los procesos de modernización? Discordando en parte de otros investigadores (cEN, GarcíaCanclini, 19g9; Martín_Bartero, 1'990), me aúevería a formular la hipótesis de que estos nuevos medios inciden más en las dimensiones cuantitativas de la comunicación que en sus aspectos cualitativos. A mi modo de ver, los más cuenta sino avatares actualizados, aunque ,,masivos,,, del medio de
vas. No contempla, en cambio, otras

articulaciones que

ta mal su verdadera naturaleza de "aparato ideológico de Estado,,: de una institución -no necesariamente estatal- que contribuye a "reproducir" la ideologla dominante (Althusser, l9g5t t0l_1,21i). nn este senrido, no compafto la idea de M, McLuhan(Lg6Z) de que los mass media suponen una especie cle tardfa y feltz,,revanchai de la oralidad sobre la escritura. Tal como viene sucediendo, desde hace siglos, con la escritura, hoy en día los sectores marginados se están invorucrando o están siendo involucrados en diversas prácticas comunicativas,,masivas,,. EI cine y el video se han convertido en recursos empleados por di_ versos grupos marginados paraplantear, ante los ojos de 1os especta_ dores "masivos" (coniunto que abarca a estos mismos sectorás), su visión del mundo actual o sus reivindicaciones. se sabe de sobra

supue§tamente lnteractlvo de la televisión, tópico neoliberal, ocul-

la escritura, Como la escritura) ellos petrific anla.oralidad,,, la recom_ ponen' la .§ecuestran, para introducirla en un circuito nuevo, totalmente aleJado de la "c¡ralldad" comunitaria o colectiva. El carácter

que los zapatistas chiapanecos se sirven de internet y de otros medios masivos para explicar su lucha (mucho) más allá de su territorio. No escasean, tampoco, los intelectuales que trocaron Ia máquina de escribir por la cámara para recoget a través del cine o el video, el testimonio de los marginados. Con todo, no hay ninguna diferencia cualitativa entre, por ejemplo, el testimonio de un shamán maquiritare filmado por Carlos Azpúrua en Yo bablo a Caracas (c¡n, 1978) y el de Gregorio Mamani que recogieron R. Valderrama y C. Escalante en su libro Gregorio Cond.ori Mamani (eNo, 1977) no ser la que opone la comunicación audiovi sual a la verbal. La -a novedad principal estriba en la posibilidad, ofrecida por los medios audiovisuales, de alcanzar un número mucho mayor tendencial-y mente mundial- de destinatarios. Fuera de la expansión de los mass media, la masificación actual de las prácticas culturales se manifiesta también en la organización de actos masivos aparentemente "orales", Es en los espectáculos más comerciales donde la índole "oral" de tales actos resulta más dudosa. Cadavez más,los cantantes típicos de -protagonistas los actos multitudinarios- se limitan a presentar canciones ya "petrificadas" por el disco.y, por lo tanto, no "únicas" ni "efímeras" como en un performance auténficamente oral, Actualmente, muchos conjuntos vocales, musicales o dancísticos oriundos de alguno de los sectores marginados se apoyan en este tipo de posibilidad para ampliar el alcance de la oralidad tradicional. En vez de actuar denffo de su comunidad local, ellos se dirigen a un público más extenso (regional) o intervienen en escenarios urbanos arrtaño inaccesibles. En estos contextos de "oralidad amplificada", el discurso antaño comunitario se proyecta haciala región, la nación o el mundo. En Perú, por ejemplo, como 1o mostraron Chalena Yásquez Rodrígtrez y Abilio Yergara Figueroa, La canción quechua salió de las comunidades andinas para "invadir" festivales regionales y escenarios capitalinos (eNo, VásquezNergaru, 1988). En este proceso, parte de ella asumió, sin abandonar del todo su poética andina, temas de interés nacional como, por ejemplo, la "lucha de clases". A este proceso corresponde también una intervención creciente de la "escrifura": al pisar un teffeno no tradicional, la creación de los textos suele pasar, ahora, por una fase propiamente escritural. En suma, al

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MARTIN UEN}IARD

PRÓLOGO

c.'ar"

podemos slnt¡ reaerysr e t'utuios trabaJcls, aJcnos o'propios.'

su racllo de acclén, Lec préctreai que consisten en la masificación de la oralldacl comunrtaire exrgrrán, srn Juda, ta ¿. r, reflextón que consrlruye el ob¡iio dá ecte "mpriá"iá" liUrot ,*pri-r;ñ;;"

macif:lcarge, la cultura .ral tiende ,,petrifi_ -como la escritura- a §us menaafeor es el preelo que tlene que pagar pr.u

.*i.rd".

un ensayo O Una propuesta Juna ..¡ggi5,,_ que cOmO una inyesti_ gación definitiva en todos sus aspectos. Espero, pues, que toda una serie de trabaios rnás especializados vengan a completar o a corregir sus resultados todavía hipotéticos.

)fl
XI
En una indagación de esta índore, pluridisciprinaria y con un enfoque suprafregional, no se pueden atender todos los áebates q,r" ,. esrán dando, a*ualmenre, en cada una de las diferente, &;üli"r, científicas que pone a contribución: historia, etnohistorla, logía., sociología, lingüística, semiolo gía "nüopo, litteraria. La vastedad tem_ poral y.espacial que esre rrabaio interita cubrir impone y justifica, a mi modo de ver, ciertas ,,imprecisiones,,conceptu¿es, ¡,si, un terái_ no aparentemente impreciso como el de los ,,sectores marginados,,
Este libro se divide en dos partes. La pnmera es una aproximación global, a partir de diferentes ángulos, a las "literafuras éscritas alternativas". El primer capítulo se centra en el choque inicial entre la cultura europea su -con feticbismo de la escritura- y las culturas predominantemente orales de los autóctonos, y en sus efectos más inmediatos sobre los sistemas de comunicación verbal. En el segundo se esboza una tipología de los textos alternativos a partir de Ias modalidades de la transformación del discurso orar ináomestizo en escrifura. La presentación de los principales momentos de enfrentamiento étnico-social que auspiciaron y condicionaron la aparicíón de textos alternativos, constituye el tercer capírulo. En el

enfatizar la anarogía-objetiva- que existe entre diversos conglomerados ,,subalternos,, que resultarían, a partir d";;;;;rías-más "exactas", bastante dif'erentes. En éste como en otros casos análogos, la ,,imprecisión,, no tracluce, pues, sino la voluntad de captar, por encima de las dif'erenclas, lai convergencias decisivas: un precio que no se puede dejar de pagar al enfácar, *rl"f, pa.norámic a, un gran lúmero ", de praciicás,,literarias,,'dil; ;;; critas en una multitud de procesós soclocultural"* y ;;.;;;;; rrollaron, a lo largo de cinco siglos, en tres areas mayor"" y ;;;; menore§ del subcontinente latinoamericano, De lo que se vaáaoJ en realidad, es de ir arando cabos, ae relacionai.il;i,il;¿; tos todavía inconexos, de romper la compartimentación académica que ha impedido ver, hasta ahora, el bosque, La justificación de es_ te trabajo no está en la sofisticación académica d! su acan"ao, ,irt en las-trochas que pretende abrir pararasfuiuras investigaciones de las prácticas literarias marginadas, p-osibles pistas para la descgloni_ zacl63, todavía en ciernes, de los éitraior iiterarios latinoamericanos, En este sentido, conviene leer Ia uoz.y su ;";i;-;;;;;

permite

cuarto, finalmente, se rastrea la relación entre las literaturas escritas alternativas y los procesos de interacción cultural en los terrenos del lenguaje , de La religión y de la oposición oralidadlescritura. Para comprender a fondo la dinámica de unas prácticas literarias vinculadas diversas maneras- a los sectores social y cultural-de mente marginados, los criterios temporales, espaciales y literarios de la historiogra fia oficial ----criolla- resultan naturalmente inadecuados. En el marco de una "periodización indígena,,, cabe destacar ante todo momentos como la conquista, la conflictiva consolidación de la colonia, las reformas liberales y los movimientos de resistencia del siglo xvnr, la "segunda conquista,,u ofensiva latifundist¿ que comienza algunos años o décadas después de la ,,independencia,, y, finalmente, la modernización ,,dependiente,, y las contraofensivas populares recientes. La "emancipacién,, ruptura crucial para la historia criolla, no pasa, para los sectores indígenas, de una peripecia. Para subdividir el espacio latinoamericano, optamos por privilegiar, a expensas de las actuales fronteras nacionales, las ma-

MARTIN LIENflARD

PRÓLOGo

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rrr(réteg¡r eh la hlstoria indígena: el Caribe, Mesoamérica, Ios Andes ('entfaleñ, las áreas indígenas e indomestizas del trópico y el sublró¡rleo suclamericano, y la región austral del continente. En cuanto a lg evoluclón literaria, las periodizaciones criollas, creadas paru el ertttclkr cle las literafuras hegemónicas, no pueden dar cuánta si-

secciones regionales y otra más, que reúne algunos trabajos de in_ terés general sobre asuntos "afroamericanos,, (véase al comienzo la "Nota acerca del sistema de referencias bibliográficas,,).

no (lc: cicrtos aspectos formales de los textos alternativos. carecientes cle una tradición estable, las literaturas alternativas no encajan, de
Iteclr«r, en ninguna periodización global. l)n la segunda parte de este libro se presentan ocho estudios de

Zurich, agosto de 2001

diferentes en cuanto a áreas, momentos y géneros discursivos knplicados. Con la excepción del capítulo X, dedicado a un género discursivo etnoficción-, cada uno de ellos se centra é, ,.r" -la solaátea.Eláreaandina, única región que ofrece ejemplos de escritura alternativa casi de.sde la conquista hasta el día de hoy, queda representada por tres capítulos (\T, VII, )OI); es en esta área, como se intenta mostrar en el último capítulo eol), que la oposición entre "escritura" y "oralidad" tíende más nítidamente a transformarse en relación de complementariedad. A Mesoamérica se dedican, igualmente, tres capírulos: dos a México (cap. 14 IX) y uno al área mayanse (XI). Paraguay ocupa el cap. VIII. si bien varios capítulos reiacionan alguna audacia- textos coloniales y textos contemporá_ -c()n ne<:s, la secuencia de los capítulos y su composición interna,ásp._ tan, en la medida de lo posible, un orden cronológico, que permite revelar también Ia predilección de que gozan, a lo largo de L, pro_ ceso de cinco siglos, determinados géneros discursivos paralaréelaboración o la recreación de la visión de los ,,marginados,,. Confío en que la lógica de la artículación de criterios espaciales, históricos y discursivos, menos arbltraria de lo que parece a primera vista, se le aclaratá al lector en el transcurso de su lectura. Esta edición se considera .,definitiva,,. -quela última publicada en español actualiza y amplfa, en algunos casos, (Lima,Horizonle, 1992, 3a. ed.). Con vistas a cumplir con el objetivo principal de erte llhro, el de servir de propuesta paru una investigaiión colectivu y pltrrldlsciplinana,labibliografia no se limita a catalogar los traluf.n rnenr:lonados en el texto, sino que ofrece refereniias útiles para trallujns f'uturos. De acuerdo con los criterios espaciales aluditkx, se la cllvlclió en una sección general o suprarregional, cinco
eas«r,

NOTA A

IA

PRIMERA EDICIÓN

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EI capítulo XI se basa en "Los callejones de la ficción ladina en el área maya (Yucatán, Guatemala, Chiapas),,, publicado en Nueua Reuista de Filología Hispánica (México), r. )OO(V, 1997, núm. 2, 54g_ 570.

Nryrl

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pR¡Mt

Rl uptclóN

El capítulo XII constituye una versión corregida y ampliada de un trabajo que salió, bajo el mismo títuIo, en Attpancbis (SicuaniCuzco), núm. J2, j,988, 1,65-195.

El prólogo y todos los capítulos (I-I\D de la primera parre son rigu_ rosamente inéditos. si bien fue concebido directamente para este lirrnr, el capítulo v, en una versión algo modificada, acaba de salir en Llteratura Mexicana (México, UNAM), vol. 1, núm. L, 1990, g-Zl,l:ajo el título .Mé_ xico: la llamada crónica indígena,,. una primera versi(>n del capítulo vI salió, baj. el tírul' ,,La subversión clel text<¡ escrit«> en el área anclina: Guaman P.rna cle Ayala yJ.M, Arguecla§", en la revista Gacela(Aarhus, I)inanrarca), núm. l, 7985.

HomenajeaG. Siebenmann,München, Fink, 19g3, vol. I, Lateiname_ rika-studien 13. una esbozo del capítulo X salió, bajo el título "La etnoficción o la mala conciencia del intelectual colonízaclo,,, en TTLALC (Caracas),
año III, núm. 4, 1987.

Je. 13 H. 1,,1987. El capítulo IX reelabora materiales cle en "El substrat«¡ arcaico en Pedro Páramo: Quetzalcóatl y Tlaloc", publicaclo en lberoarnérica.

publicado en la revisra lbero-Amertkanrschcs Arcbtu (Berlín) ñ.n

El capítulo vII es la reelab«¡ración de "La épicil inacaica en tres textos coloniales (|uan de.lletanzos,'l'itu Cr.rsi yupanqui, el ollantay), publicado en Lexis (Lima), vol, lX, núm.1, 1985, El capítulo MII retoma cr¡n variantcs si¡lniflcativas el artículo ,,Del padre Montoya a A.Roa Bast«rs: la pulsicln histr¡rica clel paraguay,,,

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Cepfruro I mnupclóN on LA ESCRITURA EN Et ESCENARIO
AMERICANO

EL "DESCUBRIMIENTo"

y

EL rül-rcursM()

r)ti l,A titi(){n.r)RA

La irrupción de los europeos en el continente que luego se iba a bautízar con el sonoro nombre de "América", iniciada en el añcr 14)2, srgnificó para las sociedades autóctonas un trauma (urs, León_ Portilla, 1959) profundo, difícil de imaginar desde fuera y a siglos de distancia: un trastorno radicalde su vida sociar, polífica',..oió-i." y cultural. No fue necesariamente, en los primeros momentos, la imposición de un nuevo poder porítico Ia que causaría ra mayor ext1afreza entre los indígenas: usurpando un poder estatal ya constituido (Mesoaméfica, área andina), o manipulándo a su favor exclusivo un sistema de parentesco tradicional (área tupí_guaraní),los españo_ les y los portugueses no hicieron sino repetir anteriores ,rr.p^Cio.r., y manipulaciones, cometidas por grupos expansionistas autócto_ nos (toltecas, aztecas, incas, tupís, guaraníes..,) contra otros grupos y sociedades del continente. Ningún precedente tenía, en .á-úio, una innovación mayor impuesta por los europeos en la esfera de la comunicación y de la cultura: Iavaloraciónextrema, sin antecedente ni en las sociedades autóctonas más,,letradas,, (Mesoamé rica), d,e la notación o transcripción gráfica del discurso, especialmente del discurso del poder. valoración que se hala exhaustiva y br1lantemente ficcionalizada en Il nome della rosa de Umberto Eco (crN, 19g0), novela "p<>liciaca" acerca de las misteriosas intrigas protagonizadas
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LA IRRUPCIÓN DE LA EscnITUnA

4/

p(»' los nl()nles (x¡plst¿rs y gráf'ómanos de un monasterio benedictint¡ clel slgkr xtv en el nr¡$e cle ltallá, La atribución de poderes poco lllenos r¡rre rrtlglcrrs a la escrltr¡ra permite hablar, en un sentido estricto, cle str letk'lrlzaclón, Los primertls ilct()s clc lr¡s c«lnc¡ulstaclores en las tierras apenas "cles«,trbiert¿rs" sLtlrrityiln, en ef'ect«:, el prestigio y el poder que aureola, a los oJos cle los europe«ls, la escritura. Ya antes de pisar el suelo por cont¡uistar, kls cureipeos, a su modo de ver debidamente amparack¡s en una autorizaci(¡n escrita (la capttulaclón extendida por el rey -o los reyes católicos-), estiman detener el derecho inobjetable de ocupar las tierras evocadas en el "título" real. Con otro documento, redactado in situ, inmediatamente después del desembarque, se confirma luego la toma de posesión europea. Ilustra este procedimiento un apunte del Almirante Colón, redactado el propio día del "descubrimiento" de la primera isla caribeña (77/10/1492):
El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo d'Escobedo, escrivano de toda el armada, y a Rodrigo Sánches de Segovia, y dixo que diesen por fé y testimonio cómo él por ante todos tomava, y cómo de hecho tomó, possessión de la dicha isla por el Rey y por la Reina sus señores, hazie¡do las protestagiones que se requidan, como más largo se contiene en los testimonios que alll se hicleron por escripto (c,rn, Colón, 1.982 lL49Z):30).

La operación escritural descrita por el Almirante, primera manifestación en América de lo que llamaremos el "fetichismo de la escritura", merece un comentario. El documento encargado al escribano Rodrigo d'Escobedo parece deber cumplir dos funciones principaIes: en primer lugar, "realizar", ideológicamente, una toma de posesión territorial en nombre de los rgyes (católicos) y el cristianismo; en segundo lugar, autentificar y atestiguar el papel carac-metáfora terística de una sociedad grafocéntrica- decisivo que Colón desempeñó en ella. En términos más abstractos, la escritura corresponde a la vez a una ptácfica político-religiosa (la toma de posesión con vistas a su evangelización) y a otra jurídica o notarial (dar fe de las responsabilidades individuales implicadas).

Acerquémonos primero a Ia escritura en tanto práctica potítico-religiosa. Como se ha podido constatat la conquista o,toma de posesión no se apoya, desde la perspectiva de sus actoies, en la superioridad político-militar de los europeos, sino en el prestigio y la eficacia casi mágica que ellos atribuyen a la escritura. La zurrcion primera que se encarga al documento escrito, en efecto, no es la de constatar la toma de posesión, sino, para adoptar un concepto del lingüista A. López Austin (crN, t96á), b de performarla.iho.o, la capacidad performativa de un enunciado depende menos de sus caraclerísticas propias que de la "existencia de una suerte de ceremonial social que atribuye a tal fórmula, empleada por tal persona en tales circunstancias, un valor particular,, (cnN, Ducrot/Todorov, 1,972: 429). Sancionado efectivamente por una puesta en escena determinada, el acto escritural deriva aquí su eficacia clel prestigio que aureola su origen. A los ojos de los conquistadores, la escritura simboliza, actualiza o euoct el sentido mágico primitivo_ la -en autoridad de los reyes españoles, legitimada por los privilegios que les concedió, a raiz de la reconquista cristiana de Ia peniniuh iÉérica, el poder papal. A su vez, la institución romana, heredera auto_ proclamada del legado cristiano, se considera depositaria de la que fue, en la Europa medieval, la Escritura por excelencia: la Biblia. El poder capacidad performativa- que Colón y sus compañeros -o ven encarnado én el texto escrito resulta, en última instancia, un poder ideológjco afianzado en la concepción occidental etnocentrista del valor universal de las sagradas Escrituras judeo-cristianas. A partir de 1.5t3, un texto único, concebido especialmente paru este objetivo y leído ante unos nativos sin duda atónitos, realiLará las tomas de posesión territorial de los españoles en América: el requerimiento.l La formulación del documento, auforitana en un gra_ do sumo, no admite Éplica ni diálogo:
Por ende, como mejor puedo, vos ruego y requiero, que [...] reco_ nozcais a la Iglesia por Superiora del Universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado papa en su nombre y a su Majestad en su lugar,
I silvia Benso (crN, r9B9) discute el origen y las transformaciones de este texto emblemático.

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LA IRRUPCIÓN DE LA ESCRITUM

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(:oRlo Éuperlor y nenor rey de les Islas y Tierafirme [...]. Si no lo hieléredeó [,,,1, eertlflcr¡oa que con'el eyuda de Dios yo enrraré podero§¡¡mente crontrs v(rBotfoÉ 1,,,1, y voa euletaré al yugo y obediencia de lrr lgleslu y tle ru Mafeotucl[,,,](rrlss, Co¡¡olludo, lg54-I955 [1688]: t. I, L, II, cap, 4),

Inde¡rencllenternente clel consentlnrlento de los autóctonos, Ia «lnc¡ulsta se reallzrt, puen, ¡¡ üavés clel slmple acto de enunciar un texto, Ililra Justlflcar la msnlfestación de tamafta autorldad, el documento enfatlza su orlgen nacla menos que dlvino, DeJando sentado que "Di«rs nuestro señor Uno y Eterno" encargó el gobierno de toda la humaniclad a San Pedr«: y sus sucesore§, los pontffices o papas, el requerimienfo prosigue:
Uno de los pontífices pasados, que he dicho, c<lmo Señor del mundo, hizo donación de estas Islas y Tierrafirme del Mar Océano, a los católicos reyes de Castilla que entonces eran f)<ln l'ernando y Doña lsabel, de gloriosa memoria, y a sus sucesores nucstr()s Señores, con todo lo que en ellas hay, según se contiene en ciertas escrituras, que sobre ello pasaron t...) (ibid.).

El texto escrito, legitimado a st vez por otras ,,escrituras,,, expresa en última instancia la voluntad divina. Nótese que tal voluntad adquiere un caiz más político que teológico en la medida en que se privilegia, a expensas del mencionado- fundad«:r de la religión universal, Jesucristo, a-no su discípulo San pedro: el hombre que instauró, según la tradición cafólica, el aparato político-administrativo del cristianismo, el papado. El requerimiento exptesa sin amba-

ges la función político-religiosa que se otorgó, en los momentos inaugurales de la conquista de América, al discurso escrito; función que tenía en mente Antonio Nebrija cuando publicó, precisamente en L4)2, su Gramática de la lengua castellana (cr¡¡, 1980). En la conquista de los "bárbaros", dice el humanista, un idioma definitivamente codificado por y paru la escritura permite imponer ,,las leies quel vencedor pone al vencido" (prólogo). El uso Jurídico o "testirnonial" d.e la escritura, segunda función perceptible en la operación escritural que el Almirante encargó al escdban«¡ Rodrigo d'Escobedo, se apoya a su vez en una tradición

europea bien arraigada. En una cultura oral o predominantemente oral, la memoria colectiva da fe de los comportamientos pasados de los individuos. Desde la edad media, con el prestigio creciente de la escritura y el desarrollo de un verdadero "fetichismo de la escritura", el testimonio oral deja de tener valor, a menos de aparecer consignado en el papel y certificado por un notario. Para mosúar el carácter absurdo de este privilegio concedido a la escritura, el escritorJean Genet solía decir, cuando se le reprochabalaroptwa de un contrato que él habia firmado: "Vous avez eu ma signature, pas ma parole" di mi firma, no mi palabra (crN, Ben Jalloun, -les 1.986. En la'historia de la conquista de América, la vertiente júrídica del "fetichismo de la escritura" se manifestará en el "papel" siempre decisivo del escribano. Presente en todos los momentos cruciales de la penetración europea, en todos los conflictos entre conquistadores y conquistados o entre los propios conquistadores, este personaje desempeñará la función de preservar, por medio de la escritura, el control metropolitano sobre las empresas colonizadoras. Como se lee, por ejemplo, en el informe con fecha de L542 de Pero Hernández (xt, 1971) sobre la conquista de Paraguay, el escribano asistió a Ios debates acerca de si se justificaba o no una acción bélica contra los indios recalcitrantes. Ojo y memoria del rey, é1 consignaba paru la autoridad rcal y para la posteridad las acciones "buenas" o "malas" de los conquistadores. Los documentos que elaboraba en tales circunstancias alcanzaban, como 1o muestra el mismo informe de Hernández, ntt valor máximo a los ojos de los propios dirigentes de la expedición: al escindirse ésta en dos grupos rivales (Irala us. Cabeza deYaca), cada uno luchó por Ia posesión de los documentos notariales (ibid..: cap. DOilV). El que llegaba a adueñarse de los documentos comprometedores, en efecto, libre de manipular la historia a su antojo, se pondría a salvo de las acusaciones que ellos

podían contener.
La escritura volvía también imborrables ciertas respuestas que los indios, ignorando las consecuencias, daban a algún escribano europeo. Así, en el Caribe, como 1o denunció el padre Las Casas (¡¿rs, Mendieta, 7980 Í75961: L. l, cap.9), los españoles solían preguntar a los indios "si en aquella tierrahabía caribés"; la respuesta positiva,

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IRRTIPCIÓN DE LA ESCRITUM

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lnmedlatamente úan$crrta, "era trtulo que los españoles tomaban para captlvar y hacer lea gentes llbres esclavos,,. En resumlclas cuentsñ, lu operacrón escriturar der 17/10/7492, ra prlmera que lre reallzs en Amérlea a partlr del alfabeto, ," préd" conslderar cc¡mo el grado cero cle la á¡¡crltura estilo occiden-al tal- en el cclntlnentei un graclo cero que carga, sin embargo, con todo el peso de su pasado europeor la vinculaáion con los ioá.r., polftlco y esplrltual, Rodrigo d'Escobedo preflgura, de modo algo recluctlvo, a los primeros "escritores" colonlale.ir auxiliares del ptder más que literatos autónomos, productores de un discurro ptn tico-religioso más que creadores de cliscursos ficcionales o.rj."rlativos. El uso de la escrituÍ para fines cientlficos, especulativos o literarios "autónomos", antes de 1500 restringido en las propias metrópolis coloniales (España, portugal), no se iba a clesárrollar sino varios decenios más tarde,bajo el impacto de las icreas renacentistas. Todavía en 1,605, Ceryantes, en el prólogo al eutJote, se burlará de sus contemporáneos que tratan de conservar, en sus libros de fic_ ción "autónoma",la caución de la tradición filosófico-teológica: estos libros -escribe- "tan llenos de sentencias de Aristótéres, de Platón y de toda Ia catertade firósofos, que admiran a lcls leyentes y tienen a sus autores por hombres leídos, eruditos y ebáuentes. ¡Pues qué, cuando citan la Divina Escritural,, (crN, Celantes, 1.9g5: 13). Mientras tanto, la corona tratatá de preseruar al máximo el privilegio de la escritura ortodoxa o ,,canónica,'; pdra no destruir ,,el autoridad y crédito de la sagrada Escritura y otros libros de Docto_ res", como dice una carta rcal de L54j (urs, Garcla Genaro, 1.9g2: 439-440), se prohibirán repetlclas veces, en efecto, la importácián y difusión, en América, de libros cle flcción, Ahora bien, la fetichización cle ra escritura por parte de los europeos no tenía por qué repercutir directamente, a pdmera vista, en sus relaciones con los autóctonos, poco preparados por sus tradicio_ nes culturales, salvo quizás en Mesoamérlca, a comprender tal ob_ sesión por la transcripción gráfica der discurso. Dós factores,. sin embargo, se cornbinarían para favorece¡ entre los indígenas, una innegable fascinación por la escritura europear fascinacián que agilizarla la reestructuración europea de ra eifera de la comunicacián en América, Por una parte, el prestigio que adhería, a los ojos de

los conquistadores, a la palabra escrita, no dejó indiferentes a los indios. Así, por 10 menos, parece explicarse la relativa no -aunque siempre confirmada- eficacia de la práctica del requerimiento,lectura en voz alta del documento que se acaba de reseñar. Absurda en términos de comunicación autóctonos no reciben el men-los saje contenido en el textcl-, la ficción de la presencia de un lejano poder "divino" debe de haber obrado a veces como acto de una magia superior y desconocida. Esta hipótesis va acreditada por una observación del Inca e historiador Titu Cusi Yupanqui. Según é1, los indios andinos se sorprendieron viendo a los españoles "á
solas hablar en paños blancos'r, es decir, leer en sus papeles. Pero más que nada, los dejó estupefactos el hecho de que los españoles se mostraran capaces de "nonbrar a algunos de nosotros por nuestros nonbres syn se 1o dezir naidie" (eNo, Yupangui, 1985 11,570):4); ellos percibieron como facultad mágicala capacidad que tenlan los europeos de identificar a algunos de ellos a partk de su documentación descriptiva ya realizada. Por otra parte, el poder inicialmente simbólico de la escritura"sacralizada" se convierte en una realidad tangible a partir del momento en que, gracias a la superioridad político-militar de los europeos, se afianzan los mecanismos complejos de la dominación colonial. Si la inícial toma de posesión territorial por medio de la escritura, acto simbólico si no bluff, no hace sino indicar una voluntad, no se podtiaya decir lo mismo, una-vez establecido elaparato burocrático, de

la reparticiín por decreto de "títulos" o "mercedes", para no aludir a 14s condenas formuladas por escrito: el poder garanfiza, en este caso, la aplicación de lo que estipula la escritura. Los autóctonos,
despojados "legalmente" (por la escrirura) de sus tierras, sometidos a juicios por su "idolatría", no pudieron ignorar por mucho tiempo el poder delegado- de la escritura administraaparcnte poder tiva, diplomática -un o judicial. A veces llegaron, sin duda, a sobrevalotarlo, a atribuirle una eficacia poco menos que mágica. La cultura gráfica europea suplantará, en términos de dominación, la predominantemente oral de los indios, sin que éstos -en su inmensa mayoría- tengan acceso ala'primera. La reestructuración europea de la esfera de la comunicación americana desemboca, pues, en la exclusión de la mayoría respecto a un sistema (la

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MARTIN LIENHARD,

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TRRI]PCIóN DE I-A ESCRITIIRA

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t'onlr¡ r:l rtlx'nils tttcnc'i«¡naclo'l'itu ousi, (iurrrIlrrl lrr¡rna o los dígna_ tari()s rncs()¿r,rcricun<ls autor.(rs cle títr-¡l<ls ¡¡e.rrcrrl«igicrrs y de cirtas reivinclicativas, p¿rrec:en atríl:uir al nrensajc csc,rir«¡ arrir eficacia intrínseca, independiente clel apara«r políticxr <¡uc llr stlsfenta.

scc'r,rlivos lrl ¡rrlttrt.r'(,()lltir(.1(), §e n()til r.l irtr¡xrc:lo rlc cse núcleo ideoló_ gico: c'ortliirrl«¡s .,r ul ¡ltx[:r clcr c[isc.t¡rso crrt,rir«r, unos indios nobles

¡:oclriin nurrri¡rtrlur lir r,oruunlc,lt,iilrr c.srrrlta a su antojo. En los no |nuy nunr('r()s()s irul()r'e§ ittcli¡¡rttlts (lu(.sr,ill¡c:r1 cn lc¡s decenios
con_

«'lr.kir,f'lt'irrl. Al r,r.ri.rrz¿rr, u ¡:irrrir rlc su propia percepción, er "k'tir'lrisnlo tle l¡r est'r'ltr¡r'lr" lrrtr.rrrrt,irkr ¡lor l<x .uroplor, tor r.rto._ l()r'r()s ri('t'r¡r'tvt't1lt'irr en srs vir:tiatits: l,s ctrrr:peos, por lo general,

e'st'rilunr ¡rllirhi,tk'lr) ([r(, ¡i(, iru¡lonr.r,t¡rnr¡ único medio de comuni_

para cortar grandes cantidades de árboles, la operación del corte. realizada en el contexto de otra práctica social, deja de se¡ en rigor. la que fue: "cortar árboles para construir una canoa o una casa" y "cortar Ia mayor cantidad posible de árboles para la exportación" resultan, a pesar de incluir una operación "idéntica", dos prácticas sociales distintas. La imposición de la escritura europea en tanto que vehículo oficial, exclusivo, de la comunicación político-diplomáfica, determina, como la imposición del hacha de hierro para cortar árboles, no tanto un cambio técnico en la operación tradicional, sino Ia aparición de una nueu* ptractica. Para bien entender este cambio, debemos interrogarnos primero, aunque sea sucintamente, acerca de la naturaleza de los sistemas de notación autóctonos y de las prácticas que ellos auspicierban. Todas las sociedades autóctonas c«rn<¡ciclas clirlr<lr:rr«ln, ¿rntc.s clc: la irrupción de los europeos, algún sistenra grálico o ([e notackin que correspondiera. a sus necesidades concretas, Illlas no fueron, contrariamente a lo que insinuaran a fravés de sendas anécdotas Garcilaso o, en fechas más recientes, Lévi-Strauss, sociedades "sin escrirura". Según Garcilaso (¿No, 1959 [1609]: l)(, 29), un español encargó a dos indios analfabetos el transporte de ocho melones. Para evitar que ellos comieran parte en elviaje,les hizo creer que la carta para el destinatario (en que constaba el número de los melones) los lba a vigllar en el camino. Los indios, pues, la escondían cadavez que les entraron ganas de comerse una de las frutas, quedando luego estupefactos cuando el destinatario, al leer la carta, les reprochó el robo cometido. Anécdota inverosímil: en el país de los kipu, instrumentos perfeccionados para Ia conservacií¡n cle datos numéricos, los indios podían perfectamente ima¡linarsc la capacidad delatora de un escrito. Tampoco convence <lcl t<>c[<¡ la interpretación que ofrece Lévi-Strauss (crN, 1955: cap. 2tl) cle su famosa Legon d'écriture: si el jefe nambikwara imita la cscritura europea para sugerir a sus compañeros su relación privilegiada con el huésped occidental (Lévi-Strauss), éstos no pueden desconocer totalmente las funciones del grafismo. Poco operativa, e¡ el otro extremoi nos parece la concepción de una "archi-escritura" formulada por el "gramatólogo" Derrida (orN, 1967): al incluir en ella, descartando el criterio de la notación, aun

Esczurune y poDER

proclucción de "pau de Brasil,'... destinacla Ár, yo fabricación de o de otros enseres domésticos, sin«¡ a la exportación ^la pulsada y controlada por los colonos portugueses _ -imhaciaEuropa. Si el instrumento de hierro se muestá, .f..tiurm"nte, más eficaz
c¿'lnoa$

poder real. Ahora, para performar clct"rnlinuclas <4tcracion.r, tas herramientas resurtan más eficaccs (rre ()tras. (k¡n ""i.r_ r«¡s machetes . las hachas recibido.s de los portuf¡ue;cs, 1:rlr e,je,rplo, los indios lrrasileños pudieron aumentar en una pr<tporción inimaginable su

cidental? La escritura, cualquiera cluc cila ftlcs., cs ,,rr rle:rrarnicnta al seruicio de la comunidad que la crea o ucltr¡:tlr, y no ticner
c()nt() tal ningún

Estas afirmaciones suscitan un núcleo de preg.nr:rs c, t'rno a ras relaciones entre poder y escritura que no pa.i.r.,,,, yit cscamotear, ¿En qué meclida es lícit<; atribuir a una innovaci<in ,,tric,nica,, en ra esfera de la c<>mr¡nicraci<in irnposición clc la escrr.itr¡ru -la como vehícr.¡l«r rli«'ilr* un papcl relcvante en l:r "u.áf", ¡-r.«rrrucción der trauma_ cle la c.n<¡trista? ¿lr)n quú se clistin¡1r.rc, p.lític,irr,cnte, el sis_ tema alfabéticxr clc n«rl.lrc:i<ir.l clc kls sistclnas atrt(ic:lr¡nr¡s, ¡¡rifi"o, o no? ¿Podría afi,narsc, fir*rlrrrt,ntc, c¡rc cxistc una r.l¿rcirin entre el instrumento de la escrirrr'¿r lrl cstil. i,,,r,r¡r",, y er cx¡rirrsi.nismo oc-

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MARTIN LIENI{ARD

IÁ. IRRUPCIÓN DE

I.{

ESCRITTJRA

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lrt,.t

o¡rrrat'lonen tle clg¡lf'lt'at'lCrn puramente mentales, se desvane-

t'e lu ¡xrslhlllrlarl tle rllrtlngulr lns clif'erentes "escrituras". Un mejor ¡rtutto cle l)$11l(|il lo c,ortrtlltrye unu definición del recién fallecido
clnolltt¡4(llrtu ltrtllsno (ln¡'ek¡na ((inN, 1981: 27): "tJn sistema gráfico serti, l)ue§, r'rrlu rrrnfutrlo (llnlto y numerable) de signos en el cual se irsrx'lrln, it k n elelrrenlo; ¡¡r{lirrn, slgnificados distintos y explicitables ¡rol lu t'urrrrnrltlstl", §l relntlvlzarnos la noción de "finito y numeralllt." (ptxlrfu lrillter ¡lt{f¡nlr¡¡ "Ahlertos"), y si substituimos "sensible', * "¡¡rál'k'o" lel kl¡w unrllno lnc'luye signos táctiles), rendremos un c(»rcel)l(, rle lu e¡c'r'lttrra clenlr0fudo de toda referencia a los siste-

trns ltrnr »grirl'k,r ¡t r,lárlcr ln, l,l a¡lrrlernr:lu y la lirrrt'lrin st¡elirl de las escrituras precolombinas vtría segúrr l¿rs tnrtllt'krnes t,rrllr¡rales de la comunidad, su famaño, su dif'ercnc:l¿r('ii)n int(:t'llir, r*tr ll¡r0 cle vida. De las pinturas corpóreas, krs pctr()gllli)s y t.l lerr¡¡rrlle de los tambores (indios caribeños y amazi>nirrrs) lrlrsl¡r kr¡¡ critllee¡ mayas, pasando por los pallares, l<>s kl¡»t rr líl "rler,ol'ar,ld¡u" s|nhéllca de vasijas y tejidos (área andina), llrs sr ¡lrrr'k ¡lrr.¡r atk r¡rlutlut t,ulrren un vasto abanico de opciones sctniirlit'rrs, l)e trxl¡rñ esl()lt nl¡tettus de notación, muchos de ellos lxx\, ('(,tr(x'lrkr¡¡ r¡ erittrllurlor, n«ls interesan aquí prioritariamente lr ls r ¡tre li rert ln elal r lr¡rft rr ef'r el rnarco de los grandes Estados prehis¡rlrtle'ur.r rlE MeillslrrÉrlr,u y el área andina. Si éstos son, sin duda,
Ios t¡rre Ée Alrloxlnt{tl ntág, p(}r su función, si no en su aspecto, a la esrrrllura r.ul(tJteg, uu't tHnrhlén los que permiten la confrontación

basaremos esencialmente en la interpretación de un kipu estatal que los señores de Hatun-Xauxa presentafonen156l, arfielaAudiencia de Lima (eNo, Muma, 1975: 243-254). En cada uno de los hilos verticales paralelos se pueden "inscribir", por un sistema de nudos, uno o varios signos numéricos. Si la posición del hilo en el eje horizonfal, qurzás junto con el color, indica la categoría a la cual se refiere el número inscrito, la posición del signo en el eje vertical denota una sucesión temporal. La lectura del kipu supone la percepción simultánea de un signo numérico, de su posición en los ejes horizontal y vertical, y de un color, operación facilitada por Ia ayuda mutua que prestan el tacto (nudos) y la vista (color, posición). Cada signo responde por lo menos a tres preguntas: ¿cuántas unidades (decenas, etc.), de qué calegoría, en qué momento de la sucesión temporal? Nótese la aparente ausencia clel predicadcl: el "lector", sin duda, Io deducía del contexto. La operaci(ln n«: debió de presentar mayores dificultades, puesto que, como lo afirma el historiador jesuita Acosta (¡No, 1954 [1590]: L. VI, cap. 8), "para diversos géneros, como de guerra, de gobierno, de tributos, de ceremonias, de tierras, había diversos equipos".
Eje de las categorías

3456
* Ejedela I sucesiónII**** temporal III
* Signos numéricos.

anitlftlt'a rrtá¡l ll.t'unrlc rrln el slstema gráfico europeo. Más precisrilil(.f1le , ('(.nltitrñnl(rrt nueslf.l reflexión en los dos sistemas de notaci<irr r¡rñn " ==y rrrelor. = (,(l¡loclclos, el de los kipu andinos y el de los

* *
*

*

*

¡llilix
Ktpu

ilteuo{iltefl('Anr

)r.,

Una lectura corrida del kipu se puede realizar, teóricamente, en dos direcciones: horizontal o verticaL En el primer caso, el lector se entera de cuántas unidades de cada categoría (existen, hacen o sufren algo) en el momento elegido; en el segundo, el lector puede evaluar la evolución cuantitativa, por etapas, de la categoría que le interesa. El.sistema del kipu, corno se desprende de estas observaciones, permite dos usos relativamente distintos. Por un lado, y todos los cronistas coloniales coinciden en ello, sirve para almace-

Los kipu anclin«rs n()n unos artefactos confeccionados a partir de c¡ mcrrr¡s lrrya cle hilos de color que se anudan verticalmente en una cinllr lr«¡rlz«¡ntal, A menudo descrito someramente por los cronistas c:oklniales, su funcionamiento, estudiado especialmente por Marcia y llolrcrt Ascher (AND, 1982), no queda todavia definitiyamente esclarecld«r. Para nuestras limitadas necesidades, nos
una serie más

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MARTIN LIENHARD

LA IRRIIPCIÓN DE LA ESCRITI.'RA

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nÉr dctos tltllea prre el goblerno y la ,adrninisrración del Estado. Talea d¡ma podfnn flgurm cn la maforía de {os rubros que indica la cltr de.{coctn (Buerra, Boblerno, ffibutos, ceremonias, tierras), a los cuales crbe agregrr, olguiendo al misrno hisroriador, las ,lhisrorias,,, la§ "cuentas de negoc(ss't ,(ibid..). Si bien la lectura de loa cl¡toc de tlpo estadístico exige el conocimienro previo de algunos códlgou (postción en el eje horizontal, colores), la inrerpreraclén del "texto'rr en este.caso, puede resr¡ltar unívoca. Hmpleado en el marco de la producción o la reproducción de un dlscurso histórico, en carnbio, eI kipu no parece auspiciar una lectura unfvoca. Su uso en este campo, sin embargo, queda bien atestiguado. Muchas,crónicas, especialmente la que se conoce bajo el nombre de "Relación de los quipucamayos,, (AND, Collapiña, 1974 11,542-L608D, subrayan que los deposirarios de la memoria histórica oficial no fi.reron otros que Los kipukamayoq, los funcionarios responsables del cómputo . Para recitar el discurso de la historia o las genealogías, ellos se servían, como se lee en muchos informes coloItrB "leye§"

y

niales, de su artefacto. ¿Qué tipo de información contenían.1os kipu históricos? Nada prueba que almacenaran otros datos que los mencionados, aunque el propio Acosta, con su intuición de ,,semiólogo,,, comparara las potencialidades del ktpu con las del alfabeto:
[...] habfa dlversos qulpos o ramales; y en cada manojo de esros ñudos y ñudicos y htltllos atados, unos colorados, otros verdes, otros azules, otros blancos, y finalmente tantas dlferencias, que así como nosotros de veinte y cuatro letras, gulsándolas en diferentes made_ ras, sacamos tanta infinidad de vocablos, asf éstos de sus ñudos y colores sacaban innumerables signiflcaclones de cosas (v. supya). Si el sistema de los kipu, como -en la óptica de Acosta- los sistemas gráficos chino y mexicano, permite almacenar ,,innumerables significaciones de cosas", fla es capaz, en cambio, de reproducirr,vocablos". Esto significa, teniendo en cuenta el fonocentrismo de Acosta, que las.informaciones almacenadas en el kipu no son de naturaleza lingülstica. ,El kipu podría aumentar al infinito las categorías (significaciones) abarcadas, sin que por ello llegara a fijar un discurso verbal. Todo indica, corno Io subrayan Schadau/Münzel (crN,

Ilaremos después de presentar el sistema de-concepto mesoamerilas escrituras
canas.

1986: 80-90), que este instrumento andino no desempeñaba en el contexto de la "historiografía" sino un papel de auxiliar mnemotécnico altamente sofisticado. Corrobora esta aserción el hecho de que Ia tradición histórica oral recopilada por los españoles con la a4ruda de los kipukamayo4 muestre una relativa coincidencia en cuanto a los hechos escuetos. (por ejemplo, qué Inca, después de qué otro Inca, conquistó qué territorio), pero una enorme diversidad en su exposición narrativa,.su perspectiva, su ornamentación. Los primertrs, obviamente, se leen directamente en el kipu, mientras que las últimas dependen en mayor o menor grado de Ia "subjetividadliteraria" del historiador. En resumen,, el kipu resulta un sistema de notación destinado a asegurar, en todos sus niveles, la administración del Estado, y a facilitar, como auxiliar mnemotécnico, la producción de un discurso histórico-genealógico. La contribución de la memoria oral, poco importante en el uso administrativo, se revela decisiva en el uso "historiográfico" del kipu. El sistema andino de comunicación (en el cual el kipu ocupa un lugar privilegiado) , podría, pues, ser caracterizado como "predominantemente oral" que desarro-

Gtfos
Pese a las notorias diferencias que existen entre las escrituras elaboradas por los mayas, losaztecas,los mixtecos y otros pueblos mesoa-

mericanos, las consideraremos aquí, teniendo en cuenta ante todo su función social, como variantes de un sistema único. El aspecto visual de la escritura mesoamericana (signos gráficos dispuestos según diferentes patrones geométricos), su "puesta en escena'l más corriente (libros-biombo de papel amate), la colocación rdé estos "libros" en "bibliotecas", parecen aproximar la cultura gráfíca me. soamericana a la europea. Aun el modo de significar, de;la escritura mesoamericana (combinación de pictogramas, de ideogramas, de fonogramas), podría recordar ciertas escrituras "occidentales" muy antiguas, como la egipcia. ¿Las culturas mesoamericanas, culturas

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MARTIN LIEN}IARD

LA IRRTIPCIÓN DE LA EECruTURA

del ltbro cl ertllo européo u orlental? Muchos cronistas e historiadoret no duden en eflrmnrlo, En l¡ St¿marta relaclón de la bistoria de anta Nu.ua §sfrlta| Él hlatorl¡dor mexlcano Fernando de Alva Ixtli-

"historias". ¿Qué serían estos cantos? Un poco antes, en el mismo texto, Ixtlixóchitl ya se había referido a ellos:
[...] he conseguido mi deseo con mucho trabajo,peregrinación y suma diligencia en juntar las pinruras de las historias y anales, y los cantos con que las observaban (op. cit.:1,525).

xóchltl eaerlber etdr género rur Gaerltor$! unos que traraban de los anal*i ponlando por ru ordcn les eo¡ra que aconteclan en cada un tñtr, eon dfr, mG. y hoffl otto! tcnf¡n r ¡u c¡rgo lzs genealogías y duemdmclas do ls¡ rtrlre¡ y oeflorec y perconeú de linale, asentando
[,,,] tenfnn por

por eu€Rts y mzón loa que nrefrn y borrab¡n los que modan, con la mbms eucnte, Unos tenf¡n culdado de lao plnturas de los hérminos,
llmlles y moJoneras de las cludades, provlnclas, pueblos y lugares, y

de las suertes y repartlmlentos de las tlefl,as, cuyas eran y a quién perteneclan. Otros, de los llbros de las lqtes, rltos y cersmonl.as que usaban en su infidelidad; y los sacerdotes, de los templos, de sus idolatrías y modo de doctrina tdolátdca y de las fiestas de sus falsos dioses y calendarios. Y finalmente, los filósofos y sablos que tenlan entre ellos, estaba a su cargo el pintar todas las clencl.as que sablany alcanzaban, y enseñar de memoria todos los cantos que observaban sus ciencias e historias (rr,rns, Ixtlixóchirl, lg75b Q.L625?lt I, 527; el subrayado es nuestro).

Destinada a suscitar en el lector "renacentista', asociaciones con las prestigiosas metrópolis intelectuales de la antigüedad grecolati-

na (Nejandúa), esta evocación de la cultura libresca en Texcoco tiene el mérito de ofrecer un cuadro sintético de las categorlas de "libros" que se manejaban en el México prehispánico. Un exarnen
rápido del fragmento revela que éstas, en buena parte, se asemejan no coinciden con ellos- a los rubros que se consigna-cuando kipu andinos: historia, guerra, ban en los tributos, gobierno, tierras, cuentas de negocios, ceremonias, leyes. Rubros que no suponen necesariamente una exposición discursiva, sino que pueden aloiarae en llstas, como por ejemplo, al contrario de la ¡arrución histórlce, los anales. La excepción más notable, en este contexto, es la "clcncia", sin duda un discurso difícil de reducir a una lista. Los "filósofog", dueños de las "ciencias", tenían a su cargo la ,,pintura,, de sus conoclmlentos en las disciplinas "filosóficas", pero también la enseñ¿nza de los "cantos" con que se "observaban" sus "ciencias,, e

Con los cantos, pues, no con las pinturas, se observan (conservan) tanto las ciencias como las historias. Los cantos no conviene imaginarse en un sentido demasiado literal--queel instruson mento de que se sirve Ia memoria oral tanto paru almacenar como paru reproducir los discursos. Y a discursos, no a listas, se referían los conceptos de "ciencias" y de "historias", En definitiva: Ios libros mexicanos, como los kipus andinos, resultan prácticamente autosuficientes como memoia político-administrativa y cosmográfica, pero no pasan de ser auxiliares mnemotécnicos para la conservaciónreproducción de discursos verbales. La memoria oral, en este caso, sigue siendo decisiva: ella debe suplir la ausencia de los elementos lingüísticos que la escritura dejade fijar. AI analízar alguno de los códices coloniales realizados al modo antiguo, pero ya provistos de una transcripción a\fabética del discurso subyacente, como el llamado CódiceAubin (ues, Aubin, 1,893y 1gO2Í¿1608 ?l), el observador constata que el texto en escrifura mexi.cana no suministra, en general, sino los signos del año, del personaje (individual o colectivo) que realizó o sufrió algo, o de la naturaleza del suceso imper-

\

sonal (catástrofe, etc.) que caracterizó el mismo lapso. El texto náhuatl

en transcripción alfabética, en cambio, proporciona en primer lugar las oraciones completas que corresponden a los signos gllficos. Por otra parte, agrega a menudo elementos nue /os que no se hallan de ningún modo inscritos en la grafía mexicana: discursos directos pronunciados por algún personaje, esclarecimientos varios y aun, como 1o formuló Ganbay (¡.ms, L983: L20), "sagas" enteras, lglifo: año 12 tochtlil
[glifo: Matlatzinca]

Nican poliuhqu e Calliy manyan ldaca Matlatzinca ornpaqui cocolizcuitique in Axayacatzinitoc tlilcuezpal in quimetzhuitec xiquipilco ychan.

MARTIN LIENFIARD

LA IRRUPCIÓN DE LA ESCRITURA

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(Ar';rt.r'le.torr tle,'r¡¡r';rt,las á l()s Mittlltz¡ncaf;; pero allífué herido Axayaurtl ¡xrr un gu(-r'r'r.tr) ll¡utr¡trk¡'['lilt.tres¡:altzin, que lo asaltóy le hirió

tat una práctica escritural discursiva, ellos auspician una práctica
esencialmente "conserwadora". Los documentos plásticos o gráficos no transcriben el movimiento de la inteligencia discursiva del hombre, sino que ofrecen, bajo forma sintética, el resultado de sus observaciones, reflexiones y medidas. La dinámica del discurso humano, y este punto nos parece decisivo, se desarrolla bajo el signo de la oralidad. Sin duda, la cosmología, la administración (económica, demográfica, tributaria, ritual, jurídica) y la cronología histórica se hallan consignadas en las listas o los cuadros de los códices o en Ios nudos, las posiciones y los colores de los kipu.Encambio, la épica,la lírica,la dramática,la nanación histórica, la didáctica y la producción imaginativa, para tomar la clasificación realizada por Garibay (ir,tns, 1983) para la literatura náhuatl, se elaboran indepenc.lientemente de los sistemas de notación, aunque luegc>, f)ara sLt c()nservación o reproducción, éstos puedan desernpeñar algún papcl. Las escrituras americanas sirven, ante todo, para almacenar clatos, pata fijar una visión del mundo ya consagrada, para archivar las prácticas y representaciones de la sociedad. No les incumbe, o sólo

t.rr lu ¡ricr uili l\[ih, Aul¡ln, l()021 74),
l,rr

s,f isrh'lr.k irr r lrl sl¡rrnrlr

glill(\ ) rnexicano (posibilidad

de trans-

ce exJ'llictrr, r.r't r.'turrlrh,, r¡rrr. t.ll,r u«lo¡rtirrirn temprano el alfabeto europeo parlr llirrrst'rilrir, ¡r.,t.srr ¡rlo¡rllt ir.ric:iirtiva <l no, el caudal de su tradicií)n .rrrl '. cl t\¡xl l'llr, Lr¡ l,tbru¡s de (,'hilarn Balaru, los Cantares de I ).zl I lttt k' l tt ;...

crillil' fi )n(1li(';lll('nll rlt¡rrlt:nr lo¡lr'lrtlrrurs o nombres propios) no signilit';r, ¡rur.s, r¡rrt' r.l ¡i¡lrtnr¡t gkrlrirl rlc c«»trunicación verbal deje de st'r'¡rlt'tlr)nllll;illl('Irr'trlr otitl, (]t'e.e.lltr¡s (lLre esta afhmaciónse aplit'lr l¡rrillriailr trl Iilr';r ilt;ty;t, llrir !tl lllity()r clesarrollo fonográfico de llts r'sr'l'ilttl'tt¡i rle r¡ilil znu;t, ( io¡¡¡1¡ l¡¡u11.11¡tentos parala notación folr(1tit'lr rlt.l tlisr,ulso, l,rr glllira ntityll§, sin rlrrcla alguna, resultan muy tnrlxrjosos, l,rr rroroli;r ¡rtr'olrr¡r;rllrin lilrt«rgrlitica cle los mayas pare-

Ia t¡ralidtttl
l,<»s

I tnt lt ttn I r tt I t t lt,

clal<rs «¡rrt'st'rrlrrrt'iirr,,rr

hi¡ttt rrn«llrros y l;rs cslrirrrr';lrri nre§oiull(.r'lr,lrrllrs n() §()n lqs únicos sistc'rrlrs rlt' rr rnsr'r'v;rr'irln, (l(. ¡rrrsertl;tt'irin, rk. "r,rtt'trlrtlramiento" de

en una medida reducida, explorar o planificar el porvenir, jugar (filosofar) con las representaciones: éstas prácticas se realizan enla
esfera oral. La notación, gráfica o plástica, de las sociedades andinas

por ejcrn¡rl«r, s(' ('()n(x'r'I rrrk,rrt;l¡ tld ktptt vurios sistcrrnas gráficos: en la costa clcl I'lrt'Íl'it'r, un(ls ¡rallirrt.s leleogrírl1c.s sr:rvían para Ia transmisión clc nrr.rrslrjr.s rl rirtk.ller (ANll, l,lrrt'o lkryle, 1943); los signos inscritos en l.,s r'tr¡rrh';rrlrx, rlis¡rrrcrr,s ¡rl rrr¡¡cl. cre un ajedrez, de las túnicas inclrir'rrs, ¡rlr.scrrllrllrrr un¿r inft¡nnacirin de tipo
cosmológico-religiosa (.falu, 1975); un clrittlt, rlt,l
te.rrr¡rl<l

ur l;r¡;'rlt'.rs lm¡lct'tlvirs, Iin t'l ¿irea andina,

del sol, reproducido por cl c'*rrrislrr l)lrcllrrr,trll vrnr<¡ui, sinteiizaba
la imagen inca de la sociedacl y clt'l rrrrrrrrk r (Virllir., l9g2). Ninguna ¿r m<xlificar las conclusiones que sacaremos del análisis clc lt¡s ckr.s sistemas de notación mayores, kipu andino y glitil ruc,s()ltn(,t.icáln(). con la relativa excepción de la inc'i¡rir.,lt, *sc'ritura fbnética de los mayas, todos estos sistemas tienclcn n() ir tfanscribir discursos verbales, sino a plasmar el mundo c(>snric«r, natural y social en cuadros o listas. No previstos, contrariamente al alf'abeto, para fomen-

.urqtr"ho

y mesoamericanas, surgió sin duda a raíz de la necesidad de racionalizar la administración en unas formaciones social y económicamente complejas, además de centalizadas; también para fijar, de modo indiscutible, los méritos histórico-genealógicos y los val<>res de las sucesivas castas hegemónicas. En este sentido, el uso de los sistemas de notación por krs grupos dirigentes de los grandes Estados hidráulicos y urlr:rn«rs clc la América prehispánica ofrece un paralelismo notable c<¡n cl (lue .se

de estas prácticas gráficas, sin ernlxrlgo, rros ollli¡¡u

obsela en los Estados relativamente comparable.s clc l¿r Mesopotamia antigva. En esta región, en un primer tiempo, cl sistoma cmpleado (pictografíá) se prestaba exclusivamcnte paril lc¡s usos administrativos. La elaboración de una transcripcrión fi¡nól.ic¿r permitió luego, teóricamente , la fijación de discur.s<¡s ver.halcs (c;riN, Goody , 1977:
cap. 5). Sin embargo, durante un laps<> prol<>ngado, la inmensa ma-

yoria de los documentos escritos si¡luieron perteneciendo al dominio de la administración estatal (ibid,). Cabe suponer, pues, que la

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MARTIN IJENIIARD

LA IRRUPCIÓN DE I.A ESCRITURA

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pootbllldnd de le trnnrcrlpctón fonétlca no desemboca, inmediata o necee¡rllmentÉ, sn eu exten¡lón a'lan prácticas no administrativas de l¿ ssclodrd, oñ el predomlnlo global de la escritura sobre los otroc medlo¡ de comunleselón, Tamblén el u¡o de unn c¡crltur¡ exclu¡lvamente "conseryadora" o archlvlste modlflcr au¡hnclalmente, como lo muestra Goody, la percepclón lntolectunl del mundo por pf,rtÉ dc una sociedad dada. La confecclón dc llrtru y dc cuadroa, eapeclalmentc' supone otra práctlca cleslflcatorla que la del dlacuroo or¡l: el cuadro permanece y se puede retocar, mlentras que la palabra oral se deovanece continuamente. Si la clasificación en sf se puede considerar como "archiescritura" (Derrida), la clasificación plástica o gráfica, "escritura" en un sentido más estricto, permite, gracias a la presencla simultánea de todos los datos y 1a posibilidad de confrontarlos, el desarrollo de una actitud más reflexiva frente a la historia, la sociedad, el mundo. Sin duda, nila elaboración de los calendarios y de los ciclos astronómico-históricos en Mesoamérica, ni la planificación económica, especialmente alimentaria, en los Andes, hubieran sido posibles sin los sistemas de notación respectivos. Vastos campos de la elaboración intelectual, en cambio, si¡¡uieron reservados al discurso oral: la hist«:ria en tanto que narración, el "pensamiento en movimiento" (confrontación de ideas). El peculiar uso de la "escritura", en efecto, relativamente reacio a la experimentación, resultó sin duda más adecuado para la conservación de los logros socio-económicos e intelectuales ya alcanzadc;s que para su cuestionamiento incesante. Violencia de la escritura Predominantemente orales, los sistemas de comunicación andino y mesoamericano no favorecian el intercambio de informaciones a escala suprarregional. Si los europeos, hacia L500,hab1an acumulado y digerido una gran experiencia de la diversidad de las culturas en el mundo, en buena parfe gracias a 1a movilidad temporal y espaclal de los docurnentos escritos, las sociedades prehispánicas se hablan contentado, sin duda, con una experiencia relativamente lo-

to punto, gracias a la lec¡xa de Herodoto, Marco Polo (crN, 1982) o los cronistas de las expediciones afncanas del siglo xv (¡rn, Zurara, s/D, elfuncionamiento de las sociedades no occidentales, los habitantes autóctonos del continente "descubierto" por Colón pueden haberse visto obligadios a recurri\ para clasificar a los intrusos, a la idea mítica del retorno de alguna divinidad.2, A partir de lo que precede, el trastorno que supuso la imrpción de la escritura europea todo lo que connotaba- en el siste-con ma de comunicación americano , deberia de haberse vuelto tangible. Con el alfabeto imrmpía Ia experiencia de un mundo más vasto del que conocían los autóctonos, pero ante todo, una práctica del , poder no sólo administrativa y conservadora, sino prospectiva, exploradora y expansionista. Imbuidos de la "universalidad" del cristianismo y de su Escritura, los europeos se habían preparudo para la conquista de Nuevos Mundos antes de saber a ciencia cierta si éstos existían. La escritura y sus apéndices (las elaboraciones teológico-filosófico-gramaticales) les otorgaban el derecho de seguir tal práctica expansionista. En todas las sociedades provistas de sistemas de notación oficiales, el documento "escrito" representa un poder. Un poder local o regional en la América hispánica; un poder tendencialmente mundial en el caso del imperio cristiano. Las características técnicas del alfabeto favorecieron sin duda estas ambiciones: gracias a su capacidad para fijar inequívocamente discursos enteros que se iban a mover cómodamente en el espacio y el tiempo (el requerimiento, Ias capitulaciones,todala legislación de Indias...), la escritura europea llegó a representar un poder imperial cuyo centro de decisiones
2

Basándose en verdaderas o supuestas tradiciones indlgenas locales, numero-

sos autores de crónicas de la conquista militar o espirinral afrmaron que los autóctonos

en Mesoamérica- limitada en el tiempo. Dicho de cal y -salvo modo algo excesivo, si los europeos podían imaginarse hasta cier-

j,r
II

interpretaron lallegada de los europeos como el "retomo", con su séquito respectivo, de alguno de sus héroes mltlcos (Quetzalcóatl, §üiracucha, etc.), La sorprendente coincidencia de las declaraciones indlgenas citadas por los cronlstas hace sospechar, indiscutiblemente, una inspiración común. ¿Quiénes les habrán sugerido a los "indios" una interpretación tan favorable a los designios euiopeos? §in d¡da, los agentes de la penetración espiritual "colonización del lmaginario"- europea: los m! sioneros. Como quiera que sea, los nativos americanos, en un primer momento, flo estaban en condiciones de clasificar cabalmente a los europeos.

-o

ü,

MARTIN LIENHARI)

IA IRRLJI'(]ÓN I)F] LA I.:SCRITURA

o)

cut(4)eo se inscribe, algo más que metafóricamente, en el páisaje. Ya en sus primeros apuntes, con un plumazo, Coión camb ia toda la toponimia antlllana de signo: ,,esta (isla) de Sanr Salvador,, (j,4 de octubre); "ala cual (isla) puse nombre cle Sancta Maria dela Congepgión" (15 de octubre); "ala cualpongo nombre la Fernandina,, (i5 de octubre); "ala cual puse nombre Ia Isabela,' (19 de octubre). El repertorio de los nuevos topónimos, no es difícil constatarlo, es ra esfera del doble poder político-religioso que representan los conquistadores. Los topónimos asentados en la mémoria colectiva o también en ros códices de 1os autóctonos segui-Mesoaméi.carán, desde luego, existiendo, pero ya sin valor legal, puesto qr"" t, nueva legalidadinstaurada por la conquista se remite exclusivamente a la escritura del poder europeo. Es cierto que los aztecas o los incas también solían cambiar ra toponimia de lás regiones conquistadas; los nombres nuevos, sin embargo, a menudoiimples t.uá,r._ ciones de los antiguos a su idioma, no implicaban la inscripción en el.paisaje de categorías de pensamiento tán radicalmente tpr.rtm a las tradiciones locales. Impacientes por dejar sus huellas en cualquier superficie del ,lrnclc¡ conquistado, los europeos no dudan eÁ inscribir su poder ctt las propias caras de los autóctonos. ,,El hierro que andabá bien lrlt'rrlo", cscribe hacia 1541el autor de la Historia de los indios de la Ntlu* lis/nña, sin duda el franciscano fray Toribio de Motolinía ,,dábanles (a (tvttis, l9ll5 Il51t7l: parr. 50), los campesinos, supuestos .st'l¡rv.s) ¡lr' uquellos rostros tantos letreros dámás del principal

"srr¡»t.r'l'lt,ics" ¡losiltks clcl Nucvr: Mundo. A t'lrvús clc la cristianización de la toponimia autóctona, el poder

sc lr;rlllrlrl rr nrll¡s tle lc¡¡rlrs rlt,l lu¡¡lrr cr<¡ncle se ejercía su acción. La ('¡i('r'llnr¡r rrr¡ srihr ¡xrsllrilllr'1, slrrrr r¡trt. cr¡nl"irmó y volvió imborralrles lrxlo¡i hr¡ lr'r,s y lirr rl«'l¡¡krllt,s rlc lrr nrreva autoridad colonial ' illit'ltll'lrs (lur lirs crt'rllttr¿rs ¿r¡rrt.rir,rulirs ne«:esitaban elaborar pat'it'nrenrrrrle lirr lrrnr¡v;rt'lonc's (Fr(. lr,s ¡r«,r.rrrif ir.ían, mal que bien, in('()r'l x,r';lr l;rs cx¡rt.r'lt.trr'lirs ll'rtt¡rruill(r1t§ rlucv¡l§. l.tt práctisa escritural ciltr,lxrr, ex¡rlorirclorit, ¡lrrrs¡let'l lvir y rlorrrirrrrcl()r.í¡, pfoporciona una m¡r1'1'l¡' «lt'rrrorlt'lo ¡ltrir lit «lctr¡rirr:ir'in cle trn territr¡ri<¡ nuevo. comc¡ lr¡ rlrrr¡trt'slt'irrr rrxllr unir st,rrc rlc ¡>riicticas c«¡lonizack¡ras, los euro¡rt'.,s ¡rl.()t'c'rlir,r(,ll rrrr¡r<¡ si <¡uisicran inscril>ir su p«rder en todas las

hierro del rey, tanto que toda la cara fraían escrlta, porque de cuan-

tos era comprado y vendido llevaba letreros". Se aprecia aquí al estado puro la violencia política que puede implicar la escritura cuando se la maneja como instrumento de un ejercicio totalitario único uso, según un Lévi-Strauss (cEN, 1955: cap. del poder -su 28) algo maniqueo, obsesionado por la oposición entre sociedades con o sin escritura. Ofra práctica ilustra hasta qué extremos puede llevar el "fetichismo de la escritura" europeo: la conquista espiritual. No satisfechos aún de inscribir su poder "divino" en el paisaje y los rostros de los autóctonos, algunos europeos, misioneros, sueñan con inscribirlo en sus almas. Aludiendo a Ia inocencia, al supuesto vacío religioso de los indios brasileños, Nóbrega, el primer superior jesuita

enla zona, declara: "Cá poucas letras bastarn, pol'(lue é tr"rcl«> pilpel branco e náohá mais que escrever á v«¡ntade" (nll', N<il¡rcga, 1955 11,0/8/1549]. Todo parece indicar que para los conquistadores, la operación de escribir, sea como gesto simbólico (herrar esclavos, cambtar la toponimia, atestiguar un derecho) o como metáfora (escribir en las almas de los indios) apunta siempre a una práctica de toma de posesión, "sancttficada" en última instancia por la religión del libro en cuyo nombre se realiza, Las escrituras americanas, cabe aclararlo, nunca dieron lugar a una prácfica político-escritural de esta índole. La nofacíón gráfica o plástica sewía, a los ojos de las castas dirigentes autóctonas, para ar chivar, para " encuadrar" los datos cósmico-histórico-sociales existentes; no desempeñaba ninguna función central en las empresas de exploración (en el sentido propio y figurado) ni secretír, por Io
tanto, ningún "fetichismo de la escritura" comparable cr¡n el de
Europa.
La imposición arbitraria de la escritura alfal'»étictt cn cl c<¡ntinente está lejos de significar un simple canll)io técnic:«r en la esfera de

la comunicación autóctona. Si Lrien no se tfata, con)() a veces se sostiene, de la introducción de la escritr¡ra cn Lrnas s<lciedades que ni la podían imaginar, no se puede tampo(:o llal>lar de la substitución técnica, neutra, de unos sistemas de n<¡tacií¡n anticuados por otro más moderno y flexible. La irrupción de la cultura gráfica europea fue acompañada por la violenta destrucción de los sistemas anti-

66

MARTIN LIENHARD

LA IRRIJPCIÓN DE LA ESCRNURA

67

su propia práctica- de la 8uos, LoB europeo;, convÉn€ldos -por exlEtencl¡ de un vlnculo ofgánlbo entre la escritura y un sistema ldeológlco-rcllgloao, no tnrderon, en efecto, en considerar los sistemas de notaclón eutóctonos como lnvenciones del demonio, fundador, segtln ellor, de l¿c "ldolntrfnE" lndlgenas, La destrucción de la supuesta beac de lru cultura¡ eut6ctonao se les impuso, pues, como una necealdad urgente, Escacos son los documentos que sobrevlvicron e loa autoa de fe antlldolátrlcos, reallzados con ranta minucia como furia, En esüas campañas se distinguieron toda una serie de mlsloneros, los más imbuidos, entre los conquistadores, del "fetichismo de la escritura". Más tarde, algunos de ellos, o sus sucesores, empezaron a comprender su effor: no existía en realidad ninguna incompatibilidad absoluta entre los sistemas de notación antiguos y la instauración del nuevo orden colonial. Lc¡s autodafés de documentos autóctonos hicieron, en todo caso, un impacto negativo en las futuras elites indígenas coloniales. Constatando que con la "caida de los reyes y señores" (mexicanos) se arruinó también el antiguo sistema cultural, el historiador Ixtlixóchitl, que nunca se extralimitó a criticar abiertamente el fundamento del orden colonial, se atreve a hablar fuerte:
No tan solamente no se prosigUió 1o que era bueno y no contrario a nuestra santa fé católlca, sino que 1o más de ellos (los libros) se quemó inadvertida e lnconsideradamente por orden de los primeros religiosos, que fue uno de los mayores daños que tuvo esta Nueva España (uns, Ixtlixóchitl, t971b 1¿16254¡ 527).

1954115901: Proemio) pudo decir: "[...J el mundo nuevo ya no es nuevo, sino viejo, según hay mucho dicho, y escrito de é1 [...]". Boutade sin duda, la fórmula de Acosta sugiere que la cultura del continente, a los ojos de los que se consideran ahora como sus únicos exponentes, ha dejado de ser "nueva" (es decir ex6lica, indígena) paru convertirse en parte de la cultura occidental o "universal". Esta convicción apresurada, dictada por Ia euforia colonialista del siglo xvI, sigue teniendo, como veremos enseguida, sus adeptos en la América emancipada del siglo >o<.

La destrucción del sistema antiguo, basado en una articulación equilibrada entre palabra archlvadora y palabra viva, y la imposición arbitraria de un nuevo sistema en el cual el predominio absoluto de la "divina" escritura europea rclega a Ia ilegaltdad las diabólicas "escrituras" antiguas, marginando al mismo tiempo la comunicación oral, constituirá el trasfondo sobre el cual surge la literatura'rlat!
noameúcana".

Pocos decenios después de los primeros contactos y enfrentamientos entre europeos y autóctonos, Ia "conquista escritural" del continente parccia tan adelantada que el historiador Acosta (eND,

DE I-A ORAIIDAD A

IA

ESCRITURA

69

gracias a las transcripciones coloniales existentes, se desvanecieron

sin dejar rastros; que las literaturas 6¡¿lss es que se incorpora -si este concepto- no son sino supervivencias arcaicas destinadas a desaparecer a breve o mediano prazo; o que el estudio de las mis-

l)li

(;A¡,l,t,l,tr) II l.,t onAt.n)At) A t,A tls(:Rt,t.uttA ALFABÉtrcl

logos o folkloristas; finalmente, que los pocos textos escritos que cuestionan, por su vinculación con los universos oral-populares y su naturaleza culturalmente híbrida, la imagen de una corriente única, son tan marginales que no imponen la búsqueda de plan_
. resulten marginales para una perspectiva europeizante

mas incumbe no a los historiadores de la literatura, sino a los antropó-

teamientos críticos nuevos. Detengámonos en este último punto. eue tales textos híbridos

UNA TITERATUM ESCRITA ATTERNATIVA

para luego olvidair" J" en el primer capí_ tulo' éstos y otros trabaios áar"g"r dir.á].,"nrr, secuencia literaria r.r, -..áiir,u, evolutiva que va desde ros prim"eros (ros ,,precursores,,) hastala producción riteraria-ooÁptJi.), purnnao por ras rireraturas virreinales, las del periodo ¿" l^ tr.t y las de los decenios romántico_positivistas. ns por la emancipación

culturas literarias autílctonas no deja luga* d.rdur. pr.r_o,.r.rcl<> la existencia de literaturas (orares) anteriáres l" p..r..r.ia europea en América, o despachándolas, "

desde sus comienzos (ceru, Sánche z, 1937; Anclerson'lm l¡ert, 1954; L^r","igZS 1967; Grossmann,lg6g; .ir.l""f"?pr¿o, clefinirivo y total de ,et..l, la cultura literaria

Paru la mayoria de los e§casos manuares clásic<>s que historiar la rirerarura iarinoameric;;;;r"oamericana pretenden

al estilo

europeo;;;i^

antiguas

:,:':ll:',, l'r(''r("

zr t, " cs clecir i-fr.grrrao, d. .rlt.r., rr.lrrlir;'' rlr icrea de oue Ia literatura ¿. io¿i.io., tlifirnrlt."r,. gruposea la única prácrica europea que
r

La literatura latinoameric ana,^en estos trabajos, aparece bajo la río, por.cierro amplio y.á, rn.r.f,os afluyenres, pero llLg:i9.: "n práctica unrco; como una humana protagonizada por l).§c a sus transformaciones a lo largo aé Ios "ri ,-o2.0"", siglos, pr.;;-;I";;; "rnislno,,: el de los letrados t'l r"á;;rü
»s

",

"r#:t:T[ili}iffi;esliteraria

en et con_ st' i'sinri¿r que ras riteraturas p.ánirparri.us, ,,descubiertas,,
t6Bl

sorprender a nadie; la idea de que sean escasos y olviclahles, en cambio, no resiste, como verá el lector, ni a t¡n int(:nl() rápicl<l cler inventariarlos. Resultado cle las prílcticas es<:rituralcs n¡ils var.iaclas, cl conjunto de los textos nacidos en plcn<l cnlicntarnicnto cnrrc l¿r oralidad indígena- y la traclici<in letrada clc pr«» cedencia-especialmente de diversas maneras la resistencia y la europea, revela pulanza de los universos de cultura oral, destruyendo así la imagen que reduce toda la literatura latinoamericana (escrita) a un apéndi_ ce folklórice de la literatura occidental. Híbridos en me_ nor-algo o mayor grado,los textos que integran este coniunto no se entienden ni se explican sin referirlos a las culturas marginadas por Ia conquista o por las posteriores reestrucfuraciones coloniales o neoc<¡loniales. "Revancha" directa o por persona interpuesta de las sociedades marginadas, tales textos resultan, naturalmente, un escándalo para una historiografía literaria deseosa de documentar la irresistible ascensión de los sectores "criollos,, o europeizados hacia un status de representatividad nacional absoluta. Híbridos, tales textos, finalmente, permiten hacer vislumbrar el conjunto del continente literario latinoamericano, en el cual la literatura de tradición europea que se autoproclama ,,latinoameÍicana»- no constifuye sino-la práctica entre otras, desde luego una privilegiada por su vinculación con los sectores dominantes sucesivos. Hasta la generalización reciente de los medios de comunica_ ci(:n audiovisuales, la realidad mayoritaria del ejercicio de la literatrrra en el subcontinente ha sido, sin la menor duda,la práctica oral

no

debe

70
MARTIN LIENHARD

I)E LA (»t^l.tf

)^l) A l,A

lisclilTuRA

71

l r¡tl rir h

en (,,t¡lrtr[¡,r l,;t lll(,t,tl,t.t .st,r,il;t lril>rida, silrlt,;r l;r i,vt.sli¡1ar l,, (,le,llli(,;,, .,t,.".r,iqriera "".uá;*-;:j;;... unos atisbos de lo r¡rrr' ¡rrt[ ] ñ('r t' (',\ rr xr¡r'¡;r r,r r',rrrillc,lrte zumergido de las literaturas or':tlr,s; ;tl lni¡nrr ¡ lir r,,s r r,s,,,, i,,, u,,,',ll ilJ 1,,'11,,, li; ii ll
(.its()s

rlt. l¡rs srtlrsrr,i.rllrtlr.s itrrltgt.tt;ts, lltetstizas o negroides, del cam_ lr.sirr;rrrtr ¡r.l r¡¡, tr. L¡¡ sr.r,r,r,r.§ rrr.rlitn<¡,s marginares. Esta práctica, t.rr ,igrt,, lr, prtr.rlc (.,lrr,(.(.t.!(. si, sr:r vivida ¡i situ, ." f^ rrril y trrr |,rrrillritLrrrr'¡ rr,rrrrr. ..,.., ,r,irrrro¡r: ta{eaa "J*í, todas t.raar'rl]. t'rtlrr ;r rrrr irrv.stig.rr,, rr, ,rrrr ,, ,,,, *r..rir,ráe investigadores, salvo

res de la "literatura escrita alternativa", especialmente a la que reelabora los universos orales de las poblaciones de ascendencia afuicana.

SupBRlrr,,rNcrA
DE LAS

y rMNSFommclóN
ESCRITURATES AMERINDIAS

pnÁctlces

«'.r,,t,lit'lrr'rr

;rl)rr )xirlrativo de sus manifestaciones rnzis sígrrili<.:tlivl¡s, l)t,sr rilrilr.lrr¡,. 1,, .t.r.r.rr".;;;;#';;;ii:.;:t* rn<ttlo «lt, :u.l icr ¡l:l l,sl r.r rt, ¡ r r. ),,,,, rir,,,, r ¡, ¡l l,l' llJ, ll,i

qr" rtamare, esboza_ clt (,,.;t(,t.lr¡ltlttlr), ;t toclo de lr.ltl¡t srllll.."raair^ los t.rto, _á"ñti 'cr))()s f{Ll()s' Llll t'tl:ttllr I li¡x rl,¡iit', llrtly
rr,s rlt'
arternativas,,

f'rr'rr tllr. rrr;r irrr';r r¡rrrirr.l rrr. rlr ,irturareza de tn, lrt¡rrí r'rr ;rrrt'r;,rrr. "r¡r(.l,rrrr.irs

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unaparte,ra vir¡k'rr.irr ir¡it'i:rr rrr,l .rrr x¡rrr.irtrs¡rici<-r manifÉstaciones particularmente irrst'rr.riv:rs rrt' rrirrirrislr'r,, litcr.rrr.i,; ñ;;;, la reproducción cons_ l:'rr(', rlrr)(rrl. lr;rjr¡ lr¡r'rr;rs r'rtrttrriantes, del confricto inaugural per_ ,ril. r'rrsrrt';r. r;r irrrt'rrrt'r'irirr cntr.c r, .rl;";;'g; áfica arestilo europeo y rlt'lt'r'rrirr;rtl¡1r,, r'r¡hr,';rs,.*rr.s a I,, trrgo-J.-.inco siglos de historia "lrrlillr ¡;l¡rt.l lr,ln¿t,, y ctr rllvt.rsas i,,..n, all *1

,t;rs.l;tt;t. aclemás, que los textos nacidos r'l c',rir'rrrrrr¡¡it.lrr, r,rrr,c t.rrtrr¡1.<ls-criollos e indios_mesüzos cons_ litrryt'rr t'r tr¡rrirrrrr,.r rrxrirs r,,,:.'r f*raiglático. por

<lc s's tlt'st't'rrrri.rrrr'¡ rrir¡.r,rrs (r,n;;;;i;;) o indirectos (ros,,mesti z«rs")' r':r rirr¡ir;r.i,, (rr.r. rrrtr)r,r(,r)()s rri u Át. tabajorlebe

h.¡ nl.ilr{¡lt,t( l;ts, "rr,ra N( )§ (,(.,1t,,(,,t,h i,tt , ¡¡ lr.xl,s (1,(: se relacionan, de algún modo, t'r¡ll lrs r¡rrivr.rs,s ,¡¡11.¡ .1. 1,,, ¡r,.i,,,aa", tunr,uarr"s del
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y

('lt ('l,,lrir ¡, l;r ,lrit.,rt ir ¡, ¡r.i.lrlst.ric,, Ja^io, textos, su vinculación t'r¡tr l;t¡ sr¡r.r,si\.,,rs (,'yll,l,t.,ts rh.l rrrnflicto
srrl ¡r,ir.t l;rr

;:T.:::Í|J:1"üTH )' (r'("*r5rrl( l.r r'irr cr ",'ffi::: capítulo ¡lr'óximo se interrogará,
g*po,
dominantes

;"

si bien una determinada práctica escritural europea, político-religioy jurídica, se impuso oficialmente desde los primeros momentos de la conquista, para no decir antes de la misma (los conquistadores llevaban en sus alforjas los escritos que la justificaban), los sistemas de notación autí>cton<>s clemoraron un lapso más o menos prolongado en percler sr.r vigencia y extingr.rirsc. I.ln cl listaclo maya independiente de lc¡s itzáes, ocult. en las sclv¿rs rlcl l)ctén, cl sistema de notación antiguo guarda plena vigencia hasta l,incs clcl sigl<r
sa XVII: Conservan hoy las profecías (escritas con sus caracteres antiguos) los que llaman sacerdotes en un libro como historia que llaman Analte.r En ella conservan la memoria de cuanto les ha sucedido desde que poblaron aquellas tieras (uns, Cogolludo, 1954 lt681l: r. III, L. tX, cap. 14:68).

continente,

rrrrlt

r,x¡l,si.i,,

t'.

(it.e.,t.s,

permitir

En las zonas bajo control europeo, los antiguos sistemas de notación gráfica o plástica desempeñaron, durante decenios, un im, portante papel en la comunicación entre colectividades o linal'es autóctonos y autoridades coloniales o en el seno de las propias colectividades indígenas. Para México, John Glass (1975: L3-19), distingue tres tipos de textos indígenas al modo antiguo: los que se realizaron a pedido de los españoles, Ios que se <lestinaban a la comunicación con ellos, y los que cumplían funciones internas a la
I Fin náhuatl, ama(tl) remite al papel autóctono de origen vegetal y, por exren_ sión, a los c<idices confeccionados con este ,,papel,,. Como aztequismo en español, cstc téflnin() sc escribe amate. Al hablar de un "libro como historia", cogolludo se lr.fi'¡í:r, sirr <h¡cl:r, I los amales.

,1.,1,.,r.r,r'ir.rk,s¡rr.r,rrrli"ril;;';;::l#:Hr:::r:i.l?
¡r<>crrá

rrrirrrt'*¡ rrt'sirrrrrt'i,rr.s,

aplicarse srn duda aot.o.

r..tol

72
MARTIN TIENHARD

DE LA ORAIIDAD A LA ESCRITURA

73

loc¡rles (funclón tnterna). serra quizás lor tÉ*tos sino las funciones
n@teolón tradicional

comunlded lndfgena, puede formar

l!:PryEC¡+¡tr41rylr",En le pr4cttca, resulra a veces difícit distin. gutr qulán tmpubó ln rea,znció" J. ,i1oai." y.o, qri át[,,"", un tÉIlg eneergndo.por los españoles bien puede servir, en algin ff'ñ€nto' pare reründrcar derlchos indígenas lor orpeñolea)¡ el miemo te*to *o1.r--copia_, <""-.rni.r"ioi'"o, conservado por

pr* i" 'nlas

f",

d;l;r;mplen. pói;,

apropiado distinguir no

,.a,;;, ;:t:r*

la

que és_ tas permiúan actualizar: genealogías dinásticas, propieclad de las tierras, demografta, sistemá tributáo, .ár*otogiu y ritos. El afán de conocer er pasado-presente de los autóctonos suscitó una vasta producción de códices de todo ge""oá, ,"ár izadosái.áa" *r*. o según principios nuevos.,{gunos de ellos, sobre todo en los pri_ meros años, son prácticamenfe remakes de códices prehispánicos; sin embargo, a menudo, ellos incorpo r n yu, como sea, el presen_ te colonial' Así, los anares der ya rrl".["la" códtce Aubrn (1,g93 t¿1608il) cubren ra hisroria urté"u d. i;;;;", 1168-1608, es deci¡ archivan casi 90 años de historia .ot,rrrlul. pu., Ios lectores de este códice, en realidad, h-OyryrO, ¿.1"r.üáoles no pasa de una pefipecia enrararga hisroria'de tc¡s mex¡ci. éon er paso crel ttempá y Ia exfinción del oficio, de tlacutlo *..p"üf,rr, fica-,los códices elaborados p". l";-;;í;enas de la escdtu ra glípara conservar su propia
cada vez menos sofisticada. Muchos códices coloniales mexicanos de factura tradicional, en_ tre ellos el propio códice Aubi", ;;;;;; una rranscrip ición atfa_ bética un idioma español* del discursr¡ -"ror-iJr;;;;; que la -en de sus glifos debe lecrura tiUerar. n*lirrJr, ."rá#;

Para la organización porírica, "r"rrl económica de ras coro_ nias, en efecto, los españoles neclsitaban las infbrmaciones

e*istefites, una parcial resurrección así suige, segrín la clasificación a.

regieion, después de haber

esprañoles' En Mesoamérica, los

(kipui parec frrU"I r.*rdo ante rodo §üad' de'10§ conrextos aludidos, .l ál-u comunicaciónen el se_

desr;iá;; .rri
d;

fu".ionarios coloniales favo-

con los

i;,

,,escrituras,,

rotalidad de los códices
autóctonas:

*piri,"ril

el primer tipo de textos,

memoria privilegiarán ,rnu

notr.iá', pictogtáflca

ciones de difícir rearización en la esfera de la curtura nas de la voz, las escrituras autóctonas (tradiciorrále; "r**i.

l, iniciativa de los historiadores indígenas asimilados, "_Ur* estas transcrip_ ciones permitían a la ex aristocracia autóctona preservar, al amparo de la nueva *legalidad,,escritural, la memoria de sus valores. poco a poco, los comentarios alfabéticos marginares se irán a.rp.""á,". do de su contexto primitivo _los códiés glíficos_ pr.u iorr.nir_ se en discursos autónomos; esta nueva práctica litéraria arterntativa se discutirá más adelante. Los kipu, códices u otros medios solían servir, por otra parte (se_ gunda función), de ,,pruebas,, que ácomp añaban la reivindicación de derechos de todo tipo: tírulos nobiliarios, tierras y territorios, reembolsos, compensaciones. En algunos casos, estas ,,pruebas,,, más allá de su aspecro práctico, contribuyen a manifestar un in"lpieite discurso indígena nuevo. En México, a mediados d"l ,;gil x,il, i;, señores de la ciudad de Traxcara "escriben,, a las autoridáaes viireinales un lienzo picrográfico de siete metros de largo qr. igrir-t, invalorable ayuda que tros tlaxcaltecas prestaron a cortés en su conquista de Tenochtitlan (lrps, Tlaxcala, tágz).En 1,567,"., p".,i,ior r.ñores taanka de Xatun Xauxa (Jauja) presentan ante la Audiencia de Los Reyes (Lima) un kipu aé gian Ln re.gadura que invenraría, con extraordinaria precisión, todo el abastecimiento materi al (ali_ mentos, tejidos, herramientas) así como los contingentes de soldados y de cargadores pizarcoy de T^1.llgr-g:s_ieron a disposición de sus sucesores entre 1,533 y 154g (eNo, Murra, 1975), por las mismas fechas, todavía, la comunidad de Tepetlaoztoc (MES, 1993) manda al Consejo de Indias un memorial al eitilo semitradiciorui pr* qrájarse de las exacciones encomenderas. A.través de tales operaciones comunicativas, los ,,vencidos,, tratan_ de oponer, explícita o implícitamente, su visión a la delos ven. cedores. Ahora, estos ,,escritos,, (salvo tós que ofrecen una trans_ cripción alfabética simultánea), suf)onen la presencia de,una,,voz que convierta en palabra viva los signos mnemotécflicós io. cuandcr menos, un destinarario capaz de descodificarlos _amb; ;;;i_
p.,

eclesiásticos o laicos de la autotáad coloná,, yeces a

mo los propios textos glíficos, por encargo de los represeniantes

dejan, textualmente, de tener sentido. A este motivo, más que a la

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DE

IA

ORALIDAD A I..A ESCRITURA

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culturas prehispánicas, se debe sin duda la exrinde estas prácticas tradicionales.

DE

TEsfiMoNtos tNoÍcnnes

En 1538, el gobernador de Nicaragua, pedrarias Dávila, elcatga a un¡ comisión dirigida por el fraile mercedario Francisco de Bobadllla una encuesta para demostrar la nulidad del trabajo de evangellzaclán que sus antecesores realizaron entre los indígenas nicaraos. Hecha según las normas judiciales, laprobanza incluye preguntas (del misionero) y respuestas (de los indios) acerca de *su creencia e ritos e cerimonias [...J e qué sentían de Dios e de la inmortalidad de| ánima" (crn, Fernández de Oviedo, 1959: t. Iy, L. 42, cap. 1-4). Un "grafista" transcribe las declaraciones orales de los informantes autóctonos. Este grafista es más escribano que escritor; su trabajo no se inscribe en una tradición liferuria vigente (por ejemplo, la del diálogo renacentista), sino que se ajusta a las normas ,,prosaicas,, de un texto administrativo. En las respuestas de los indios, sin embargo, se percibe la huella de un discurso "literario,,, obviamente oral. En Ia época de Ia instauración y organización de la Colonia, las probanzas o informaciones que reelaboran fragmentos más o menos importantes de un discurso indígena son sumamente frecuentes. Su punto de partida más rutinario, sin duda, esla uisita civil o eclesiástica, recurso principal de la Corona y la Iglesia para controlar las actividades de sus funcionarios y Ia situación ,,en el terreno,,. Paru redactar sus ínformes,los uisitadores recurrefl, muy a menudo, a una serie de testigos indígenas. El papel de estos testigos, según el objetivo de la visita, puede resultar central en el informe -como dc Bobadilla-, o accesorio en la visita a la provincia de

merosos ejemplos de pleitos entre la autoridad real, virreinal o eclesiástica y algún personaje español encumbrado o ambicioso -véanse, más abajo, los casos de los herederos de Francisco Pizarro y de Cristóbal de Albornoz- que hacen intervenir, de algún modo, a representantes de las subsociedades indígenas. Transcripciones o "ecos" de probanzas con testimonios indígenas suelen aparecer todavía en crónicas o historias de conquistas, como en la que el historiador español Villagutierre (¡,lps, 1701) dedicó a la conquista, tardía, de

los itzáes del interior de la península de Yucafán. En la mayoría
de estos documentos, no hay transcripción directa de las declaraciones del testigo indígena, sino un discurso indirecto en tercera per-

Ehueuito (Perú) que realizó-como San Miguel (eNo, t964) en Díez de 1367- En realidad, el fetichismo colonial de la escrirura multiplica
Opornrnidades paru la proclucción de resrimonios indígenm. Un -la documentación publicada, en este caso, no es sino ln punta de un lcebe4g* es el de los frecuentes pleitos enrre una
€ruO tfpléo

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eslaetlyld¡d lndfgena y algún encomendero. pero hay también nu-

sona: "el testigo dice...". Si, como se dijo al principio, el testimonio del escribano Rodrigo d'Escobedo en la toma de posesión de la isla de Guanahaní podría calificarse de grado cero de la literatura latinoamericana "oficial" las probanzas con testimonios indígenas podrían considerarse comJ el grado cero de la literatura alternativa: el discurso indígena enta e¡Ia cultura escrita occidental por la puerta de servicio. Con todo, en la medida en que los informantes reproducen una tradición oral más o menos significativa, sus testimonios van más allá de una simple contribución al esclarecimiento de un punto litigioso. Además, conffariamente a las otras empresas coloniales de recopilación del discurso indígena, las que rcaliza el poder judicial dala palabra no sóIo a los indios nobles, sino también a unos indios comunes cuya experiencia no tenía por qué coincidir siempre con la de sus "señores". Para apreciar, en 1571,Ia legitimidad de las reivindicaciones planteadas por los herederos de Francisco Pizarro (indemnizactón por los gastos de su "pacificación" del Perú), el Consejo de Indias recurrió al testimonio de 18 indios incaicos (comunes y principales) que habían participado, en uno u otro bando, en los enfrentamientos militares entre fuerzas españolas e incaicas. La ptobanza así reunida (aNo, Guillén, G., 1974) resulta la expresión discursiva más completa de las diferentes actitudes indígenas ante las tensiones provocadas por la progresiva instauración del sistema colonial. Contrariamente a todos los textos vinculados exclusiya o prioritariamente con los linajes señoriales, con los caciques y principales, este "desinteresado" texto legal hace también escuchar, sin duda

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MARTIN LIENIIARD

DE

IA OMLIDAD A LA ESCRITURA

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(Sm, M[lones, 1990) que el visitador Sánchez de Albornoz somerió ül,,loE añog 1570 a, varias instancias coloniales del Cuzco, ,.cabega dcrtos relmos del Pirú" (ibid..: 43), y de Lima: para probar su eficaCl¡ cn la lucha contra el gran movimiento mesiánico d,el taki onqoy útm¡rce'musical", el famoso extirpador O de idolatrías pr.r"rtu lo, üilflmoniós de colaboradores y amigos suyos. El discurso de los predldadores"danzantes indígenas de este movimiento, débil pero toda-

ffif*tbpotle traducción al español y las técnicas de la encuesta lqffh,try¡'de los indios comunes que nunca accedieron directailhilL,l üf oulwn g¡áfica. Semeiante el caso de las "informaciones,,

[,..] lo misrno que los moros, tienen su ley compendiada en cancignes antiguas, por las cuales se rigen, como los moros por la escritura.

Y, cuando quieren cantar sus canciones, tocan cierto instrumdpto, que, se llama mayohabao, que es de madera, hueco, fuerte y muy delgado [...] Y este instrumenro tocan, el cual tiene tanta voz que se
oye a legua y media de distancia. A su son cant2n las canciones, que aprenden de memoria (cen, Pané, 7974 [1.498]: 34).

Confiusamente, Pané intuye la diferencia radical que existe entre *transSiscurso oral y escrito, obstáculo principal parauntrabajo dé

vfa perceptible, atraviesa los filtros sucesivos de su traducción, su reproducción por una persona ajena y su transcripción legal. Si biEn el taki onqoy, como 1o indican las larguísimas listas de indios condenados, involucró una serie de "caciques y principales,,, el movimiento no fue controlado por el establishmen¡l ex incaico: el discurso indígena que se coló en las páginas de Albornoz sigue apegado a una cosmología no incaica, ',anirnista,,y campesina, posiblernente de tradición regional (Lucanas); en la medida en que se ciñe a la perspectiva de una revolución césmico-social,, ignorando
las prerrogativas aristocráticas nunca ausentes de la literatura de los

cripción":
Y como no tienen letras ni escrituras, no saben'contar bien tales fábulas, ni yo puedo escribirlas bien. Por lo cual creo que pongo primero lo que debiera ser riltimo y lo último primercl, Pero todo lo que escribo así Io narran ellos, corno lo escribo, y asl lo pongo como Io he entendido de los del país (ibid.: 26).

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'icaciques y principales", su índole, en un set'rtido modefno, apatece como "popular". Por ello, en algunos textos, pese a las desfavorables condiciones de su producción, el conjunto de los testimoníos

logra restituir el eco del diálogo social indígena del periodo de la conquista y de la consolidación del orden colonial.

EL "Rxsc¿r-r" DE LA TRADICIóN onet moÍceNe
ll

A flnee del siglo xv, el almirante Colón encarga al catalán Ramón Ftnér,"pobre ermitaño de la Orden de SanJerónimo,,, la tedacción dl Un,fetado sobre las "creencias e idolatrías,, de los indios tai tEt,d¡ lr,ida Española. Consratando que ellos ,,no tienen escritura nl,hEllt'¡ gl.fraile,lúcido, decide remirirse al que él identifica corno cl tla!Étl[ gutóctono para conservar los hechoi del pasado: unatradlgl6n Éral "lnscrlta" en los golpes rítmicos del tambor:

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Colocado ante la alternativa de presentar una transcripción fiel de las narraciones tainas, quizás poco inteligible paru un lector europeo, o de reelaborar la transcripción según los códigos que rrgen la escritura y el discurso "racional" , Pané opta his-elección t6rica- por la primera solución, abierta ala rudical otredad del discurso indígena. Traducción aparte, éste se expresa "directamente" en el texto, entrecortado por las descripciones etnográficas, la narración de algunas vivencias y los comentarios "personales" ---€n figor, prejuicios de la época- del compilador. Como ya lo señaló Las Casas (1958 11560): t. III, cap. C)OQ, el resultado se resiente, desde luego, de la deficiencia en aquellos momen-inevitable tos* de los conocimientos lingüísticos del transcriptor. Por imperfecta que sea su realización, el gesto histórico del pobre ermitaño inauguró no sólo, como a menudo se afirma, la etmografía americana, sino una nueva ptáctlca literaria destinada a un porvenir excepcional . La analogla de este pfocedimierito (que a menudo tiene algo de probanza) con el de la transcripción del discurso indígena para fines judiciales queda sin embargo patente, so-

bre todo en la transcripción de las respuestas indígpn7s a algunas de las preguntas del cuestionario que sirvió para redactar las Rela-

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DE LA ORALIDAD A

IA

ESCRITT]RA

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€/Elllf[5rqEit{frcás de Indias,vasfa obta de información general que

ll

la tod¡ Mesoamérica y el ex Tawantinsul'r,r andino, a lo largo de Ccn¡Urla que sucede a los primeros contactos entre europeos y

lutóctonos, decenas de misioneros, clérigos, funcionarios colonialce, hlstoriadores y miembros letrados de las aristocracias indígeñnB, §e dedican con ahínco a "rescatar", por medio de la escritura
elfrbéti6a, las antiguas tradiciones orales amenazadas de extinción. ,Ng los mueve, a estos recopiladores, ningún desinteresado afán clentífico o literario; casi todas las recopilaciones conocidas son el resultado de un encargo oficial y afirmanobedecer las consignas de la instancia p atrocinadoru (Iglesia, Inquisición, administración). Ahofa, muchos de los compiladores o "autores materiales de los textos" parecen sufrir el encanto, la fascinación que emafla del discurso indígena, encanto que el "etnólogo" calvinista JeanLéry, observador sereno de la vida de los tupís, atribuyó a su índole poética:
[,,,] estans priuez de toutes sortes d'escritures, il leur est malaisé de retenir les choses en leur pureté, ils ont adiousté ceste fable, comme les Poétes3 (err, Léry, 1975 [1580]: cap. XVL, 249).

Al encanto poético se agrega, sin que los cronistas puedan confeÉsrlo gblertemente, Lafascinaciónpolíticaque emana de las socieda-

dea indfgenaÉr casi perfectas parauna mente utópico-renacentista, En general, los recopiladores afirman trabajar en estrecha relaelón con lOe guerdianes o depositarios de la memoria indígena, los crllgruflatra en MÉsoamérica (tlacuilo), o los especialisras de los kipu *lpuhamapq) e¡ el área andina. De acuerdo con las aptitudes ldlomátleas ele lso compiladores, y según el uso o los desrinararios PflBvlÉtoÉ, loñ te*toa áe redactaban en un idioma amerindio, en español, en v€rÉlón blllngüe o en latín. Lc fndele de e¡to¡ t€xtos varía en función del encargo, de los infernrntet'y de lce ebJetlvoe personales de sus "autores". lJnalarga
r Pen M¡ge¡mérler, vé¡ge Eapcda, 196!,
MEE,

Acuña, 1982, etc.; para Perú, eNo, Jiménez de la

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lao eoÉn¡ én

"[,,,] derprovhtor da eualqul€r eepeclc de escritura, les resulra difícil conservar ru putQre, (y) egrqcron cota fábula, como los Poeras [...]".

serie de crónicas, firmadas por eclesiásticos, transcribe el discurso "idolátrico" para facilitar su "extirpación" o erradicación, como la de Sahagún (urs, 1979 Í1.575-1579D en México o la atribuida a ivila (aNo, Huarochirí, 1987) en Perú. Otras, como la Relación de Cbincba (N.t», Ortega Morejón/Castro, 1974 [1558]), basadas en encuestas político-tributarias, buscan desentrañar el antiguo sistema fiscal para adapfarlo luego a las necesidades coloniales. Muchos trabajos, como los de Sarmiento de Gamboa (AND, 1,907 [7572D o Santillán (1968115631) en Perú, hurgan en el pasado indígena para determinar los "méritos" genealógicos de ús familias noblei; cuando los compiladores son indígenas, como sucede ante todo en México, ellos subrayan desde luego la importancia histórica de su propia estirpe: T ezozomoc (MES, 1,97 5 11,609D, Ixtlixóchitl (197 5 t16081). Siempre, sin embargo, la dinámíca propia del discurso rescatado desvía parcia\ o totalmente los textos escritos de su motivación inicial, creando una polisemia típicamente literaria. Segtln sus propias palabras, Sahagún, autor de la empresa de compilación más vasta del siglo xvI, rescata también, de sus supuestos objetivos antiidolátricos, "todas las maneras de hablar, y todos los vocablos, que esta lengua usa" (Sahagún,7979: "Al sincero lector"): todala cultura verbal náhuatl. Los autores indígenas apenas mencionados asumen también latarea, através del rescate del discurso indígena, de construir una nueva conciencia colectiva ya no indígena, sino "mexicana". Lo mismo intenta, por cierto lejos de su patria y del discurso andino vivo, Garcilaso de la Vega "el Inca". Para algunos autores españoles muy identificados con las sociedades y culturas indígenas, la presentación de las tradiciones orales autóctonas desemboca en la fabricación de utopías políticas apenas disfrazadas, com'o en los "peruanos" Cteza de León (e¡o, 1985 [hacia 1550]) y Betanzos (1987 t1548-1.556D. No se debe olvidar nunca, sin embargo, que en todos los casos, aun en los más favorables, el discurso oral indlgena se "petrifica" por su transcripción y se desvla de su priblico natural (la colectividad indígena) hacia el público elitista de los letrados, La inmensidad del conjunto de tales textos nos impide mencionar aquí sino una serie de casos conspicuos; para una información más completa, remitimos al lector a Ia segunda parte de este'libro y a 1os vastos trabajos realizados bajo la dirección de H. Cline (MES, 1.972-

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DE I-A. ORAIIDAD A

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ESCRITT'RA

Imrelrchea

,l$Il}¡gtsr hr,fuentes etnohistóricas mesoamericanas, a la excel.ln,ñ¡lU*a :de,la',htera.tura ná.buatl de A.M. Garibay (uns, 1953"lt#!¡qprra el área,,artdina, a L{§ crontstas peluanos de R. Porras
(N.{p;, 1980).

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. de los móviles invocados para justificar el 'trndopendientemente üffb¡Jo de rescatar el discurso indígena, todos estos textos tienden t axpr,esaf, entre líneas o más directamente, un "malestar en la Cololile'llrunn'disidencia, una crítica del presente colonial. La simple ürnocripciórr del discurso indígena hace aparecer un abismo entre h'porfección de la sociedad evocada,la de "antes", y el reino de la lector no puede ignorarlo- la Colonia. El arbitrariedhd que es

A partir de los años 1930-1940, el rescate escrito de la memoria oral indígena en tanto práctica literatia "nueva" I'uelve a ocupar un espacio importante enLavida cultural de algunos países latinoameriános. Bntre el "grafista" y el informante se instaura, hoy en día, una relación más solidaria que implica también la presentación, en el texto impreso, delapalabraindígena "original", todavia no tradu-

cida al idioma europeo. Por vez primera en este contexto surge una especie de "diálogo". consciente, rastreable en el texto publicado, en-

-el cp,rácter en,fin de cuentas "explosivo" de las crónicas contaminadas
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por él discurso indígena explica, sin duda, la censura que se abatió bre ellas. Por excelentes que fueran sus motivaciones oficiales (extirpación, de idolatrías, demostraci ón de la barbarie indígena...),
casi ninguna de ellas llega a imprimirse en su épocal la única excep-

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tré el dueño del discurso oral y el autor de la transcripción. son el prologuista (Meliá) del texto gtatani Ywyrá ñe'ery libros -dice (err, Cadogán, L971)- donde la conversación entre el etnógrafoindio (el ,,mbya-guarani" cadogán) y los indios-etnógrafos (sus amigos mbyas) produce una "palabta original, en la que uno pregunta Jelecclonanáo y el otro responde traduciéndose". Se podría afirmar

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que el diálogo entre el informante y el transcriptor incluye de algrln

'ción, revocada adernás en el siglo xtttt, los Comentarios reales de Garcilaso,(1959 Í1,609D, ofrecen un discurso indígena rnuy mediatizado. Con todo su prestigio intelectual, un sabio como Sahagún no sólo no realizó su proyecto de ver su obra impresa, sino que tuvo que asistir al secuestro preventivo de sus manuscritos (ttES, Baudot, 1977: 475-507). Si |a censura política se levantó, finalmente, en el siglo >o<, la autocensura de la historiografía liferuria sigue ocultando en buena parte estos textos; 1o demuestra, por ejemplo, el tomo

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modo al lector: el primero ya no ignora, en efecto, que su discurso va a sef pubticado bajo forma escrita. Textos característicos de tal práctica.rr"ru serian, con el que se acaba de citar, De Porfirio Díaz a Zapata. Memoria nábuatl d.e Mitpa Alta (tvns, Horcasitas, 1968), rehtá oral de una señora anciana*-doña LuzJiménez- sobre la revolución campesina en los alrededores de la ciudad de México, y Nosotros los bumanos/Ñuqancbik runakuna (¡NO, Valdertama/Escalante, 1992), extraotdinatia historia testimonial delas "vidas paralelas" de un abigeo rico y un abigeo pobre del departamento de
Apurímac (Peru).

"colonial" de una historia actual de la líterafwa latinoamerica¡a (crN,,Iñigo, 1982), dedicado en su totalidad alaliteratura de tradición europea. ,.,,8n el siglo xx, una serie de investigadores europeos más o mel

Le nECN¡ECIÓN DEI,

DISCURSO INDÍGENA

nos improvisados reanudan, después de una interrupción larguísima, le labor de recopilar las literaturas orales i¡rdígenas, supuestamente deonparecidas: Tschudi, Middendorf, Uhle, en Perú; Preuss en Méxlco¡ Nimue4dajú-Unkel, en el área guaraní. Sus trabajos, relativa-

para agilizar la evangelización de los indios, los misioneros franciscanos, jesuitas, etc. echaron mano, en todas paftes' de una fÓrmula que permitía, a sus oios, hacer patticipar activamente a sus protesu propia conversión: el teatro catequlstico. Esta fórmula giaoi "., sólo involucraba directamente a los indiOs en tanto qlre actores no

lndependientes del contexto cultural latinoamericarlo, oo pu: dlgun ,nl pretendieron inaugurar ninguna nueva práctica literaria lrtinoqnerde&nar, peró se les puede conceder el mérito de haber ¡eñ¡lede ln capacidad de resistencia y de renovación de las prácti-

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-y elbat¡fizo que solía constituir raba

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llt€rerlsa orales en las subsociedades indígenas.

no meros receptores- de historias edificantes, sino que pre¡ael desenlace de tales e§pectáculos rituales. Las obras dramáticas seguían en general estrictamente

I

MARTIN UENI{ARD

DE 1-{ OMLIDAD A LA E§CRITURA

83

dgnABd¡ lo¡ cánones europeos del género. En algunos casos, sin añht¡o, cl teatro catequístico se servía no sólo áel idioma, sino AñbEn dc ciertas formas rituáles de los indios. Así, por ejemplo, 64ñ0 !e desprende de unas observaciones del jesuita luso-brasileño Nóbrega (Nr, 1955: 1.45),la dramaturgia de algunos dramas catCqufoticos aprovecha la de un rito de... guerra, sin duda un rito
§éntral para los tupís a quienes se deseaba convertir. Los drarpas catequísticos suelen escenificar la lucha entre el Bien y el Mal, representando al primero en los personajes de los propios mlsioneros y de los "indios de paz', (sometidos), al segundo en los lndios que siguen viviendo según su tradición. Los monólogos de los últimos pretenden reproducir el discurso indígena "tradicional,,. Para dar una idea de cómo se realiza tal imitación exactamente traición- del discurso del otro, presentaremos-más un fragmento de un drama tupí que Anchieta, máximo representante del teatro jesuita en Brasil, escribió en1,587 parala fiesta de S. Lourengo, parte de la actual Niterói (Anchieta, 1.977: 1,41-202). El monólogo siguienre al portugués por el propio dramaturgG- se atribuye al -traducidoun líder indígena espíritu de histórico, Guaixará, muerto (156D en Ia lucha contra los portugueses (ibid.: 145-1.46):
Xe moajú marangatú, Molesta-me a boa gente fazendo-me .*u gi.r.uj o povo está diferente: quem o mudou de repente, para danhar minha terra?
Só eu sou

Guaixará serimbaé, kuépe imoerapoanimbyra. Xe rekó iporangeté: naipotári abá seytyka; rr;ipotári abá imombyka. Aipotakatú teñé opabi tába mondyka. Mbaé eté kaú guasú, kaui mojebyjebyra. Aipó sausukatupyra. Aipó añé jamombeú, aipó imomorangimbyra!
Serapoá ko mosakara

que se chama Guaixatá,
em toda a terra afamadol Agradável é meu modo: nao quero ao indio vencido, nao o quero destruído. Remexer o povo todo é somente o que eu envido.
E boa coisa beber, até vomitar, cauim. E isto o maiot prazet, Isto só, vamos dizer isto é gloria, isto sim.

ikauinguasubaé. Kaui mboapyareté, aé maramoñatgára, marána potá memé. Moraseia e

Pois só se deve estimar mosacara beberrao, Os capazes de esgotar o cauim, guerreiros sao, sem se cansaf sempre anseiam por lutar
E bom dangar, enfeitarse, e tingirse de vermelho;

xe moyróetekat:¿ábo, Aipó tekó pysasú,
abá será oguerú,.

iegráka, samongy, ietymamgtátga, de negro as pernas pintarse fumar e todo emplumarse, jemoúna, petymbú e ser curandeiro velho. karaí moñamoiátga Jemoyró, morapití,

ikatú jemopiránga,

xe retáma momoxyábo? Xe añó ko tába pupé aikó, serekoáramo uitekóbo, xe rekó rupi imoingóbo Kué sul as6 mamó ¡mó tába rapekóbo. Abá, aerá, xe Jabé? Irá earoblaripyra,

joú, taplúia rára,
aguasá, moropotára, mañarta syguarajy:

o que nesta aldeia estou, como seu guarda vivendo.
As minhas leis eu a rendo;

naipotári abá seiára.

Enraivar, andar matando e comendo prisioneiros, e viver se amancebando e adultérios espiando, nao o deixem meus terreiros.

e daqui longe me vou, outras aldeias revendo. Como eu, no mundo, quem há? Eu sou bem conceituado, eu sou o diabao assado,

La imitación del discurso indígena tradicional se basa en un procedimiento fácil de reconocer. Se eligen varios aspecto§ reales de la cultura indigena, en este caso tupl: alcoholismo riual, pintura corpórea, shamanismo, guerra, antropofagia ritual, poligamia' Ahora,

énu.,

*€ 8ñinguotl

mlrryra,

de colocarlos en su contexto para e§clarecerlos, se los *rxtapone sin orden ni!ógica, nombrándolos además con los nombres más despectivos. Asistimos aquí, pues' a la fabricación de un dis-

MARTIN LIENTIARI)

DE LA ORAIIDAI) A

I"\

ESCIIITURA

85

('rtr.rlrul.r lrilirl¡ilu,lll;rlrrlnsisteenlacreacióndeunaperspecr l'nirl lin ¡'l t'lrs«¡ clcl teatro jesuita, el desiinatario r l. t,rl llr r l,n r'h lir l,r( ,l ri.l rolt.t'riviclacl indígena, y su propósito, el cle "('\.r( l/iill;r" ¡r, rr ilrÍrlhr rk' lrr irrrugen desfigurada ¿e r" propio disr rr'r li rilr!rlnlr:nlr"rl;-rhlHí, kr ctn<¡ficción moderna, como ie leerá i'rr l,r:,'grlrrl;l lr;u'lr rlr.r.¡lr. lrrrllirj«r, suele selirunpropósitoideoló¡qir rr ri¡ frr':qrr irl rk'hr¡ nllslrrrcrr¡s jesuitas: valorizar, ahora ante los r rl, ,n i h- lr i5 qr:r l.,lt,n r lotttinltttlt.s, las cosmovisiones indígenas.
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r'ilr¡., irrr lrgr'il;r lk lir'ir ¡, t'llil;ililt.r¡lc instrumental: su función es la de rk'nurrr l,u l; lx',rll'rlirl;¡rlrk, lrr vi«llr inclígena tradicional, de mostrar l;r rrr,r'r,rkLrrI irrrli:¡r rtlllrlr rlr .ru rl«¡ntc.sticación. l'rr rf rr ¡rlr'rrr,¡¡ r,l r ,¡l|r,pl rt rk etruy':icción paranombrar la literatu_

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lir'rr rlt' lrs rrr:ry;*;, (,rrr rilr rlg.r firnográfico,Ia tianscripción affaÉelir';r si¡irrilic, ¡rr,l r;rlrh.rrrrrrrt. rrr "petrificación,de las tiadiciones así

lilrrrrs rlt' (|l,ll¡tt, lLtl¡rnt ( rrxrg), vercladeÁ enciclopedias <1el pensltltlit'ttlr ) lntlt( I r lri¡,lut lr u, t tt[.tttlát.ico, cosmológico, ritual, d" tkrs ¡lrrr'l rh,,\ n¡;ry.rr¡r'h, Ar¡uí, t'l ¿rll'abeto sucede, como técnica "ra., más trit¡trxl;r ¡r:rltt llr .( )t,lr'lrtn rk, tlis<'ursos, a la complicada escritura glí_

r,',rlr¡,r f'n lrr r'sl.r¡ rlr.l ¡rrxlt.r'tr¡k¡nial y la que asumen las piopias r,l¡'1 lll rrl,rrlr'¡ lrrrllg.rr.tn ¡[r|lr <.rrrnplir con sus propios ob¡etivos, rrr r rlr,j,ll ,f rrr Lt lllr,ttlul l;t rlll(.(,liv¿t, ahora tan amenazada, se pier_ rl,r litr l,r rrr,r¡',li,r (l(! litn t.tllltlltrl(!s "autónomas,, existe de -sucesor l* tl¡tt urltt t'tt rrl hrsr(,,urr lrt,.r'cclitario- un secretario encargado rl. lr,rr¡sr r ilrrr ,r rre ,ur¡ rrl¡r rlt, lrr trllectividad (¡¿Bs, Karttunen, J.óg2). A1 tr';rlr;rj, tlr'r,rlr'e f'§l*'r'iirllsrlr¡i clc la escritura se deben, porejem1r.lr r, Irrs ¡ir';r rt lt,:, t.r r r¡ rllttr,t rlle,§ ('()tno el popol Vub (l,rcs, tbSD á rc"
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l'lrr [\lr.'¡il,lilrF!lr'rr laill rr1, lrxkr rrrr llrs áreas centraly maya),lapráctir [,] | r.r¡r ¡rl. r lr, lrr lt,.t( ll(,I(-it) ,nrl inclígena se repafie entre la qr" ,"

¡r:rrli'tk'

l,os ¡¡r,nt.to¡i nl;ri l(.nit('r.§ cn cl contexto de estas prácticas fue_ rrrrt, sirr tltrrl;r, l,s rllv.r's.s "rírt¡l«¡s". En México central, durante los It't's si¡{krs trk¡nirrh.s, rrrlt.s lr,xl«rs legales se fueron elaborando
l:rs srt't'sivrrs ¡x.r's¡x.t.tivlrs contemporáneas
a

y con un len-

guaie (náhuatl colonial) que seguía la evolución -aculruracióndel idioma hablado (uns, Lockhart, 1982). Pese a su aspecto "legal", los "títulos" ofrecen aspectos marcadamente literarios en la medida en que reelaboran, a partir de una perspectiva ya no prehispánica sino indígena colonial, el pasado mítico-histórico de las colectividades implicadas. En caso de litigio (por tierras o títulos cacicales), estos documentos, como las cartas, se presentaban como pruebas ante las autoridades coloniales. Un caso famoso, guatemalteco, es el del Título de Totonicapan (uns, Carmack, 1983), un texto escrito en quiché en el siglo x\4. Los indios 1o presentaron en'J.834 a\ ¡tez de primera instancia para apoyar sus reclamos de tierras; el padre Dionisio Chonay, por encargo de los indios, lo tradujo al castellano, versión en la cual 1o conocería el púrblico. lil original se creía perclido, pero Carmack, su editor, dcscr-rbrií> <1trc clc ltct:lt«r, lt¡s incli«¡s cle la parcialidad de Xax lo siguieron conservancl<> lrasttt lroy. Con la extinción de las autonomías indígenas lnes()alnericttnas ¿l lo largo del siglo x\tII, la práctica del rescate escrito de las propias tradiciones orales decae poco a poco, y con ella, la producción escrita en un idioma amerindio de la región. Casos análogos de "autorrecopilación indígena" apatecen también en otros momentos históricos. A partir del siglo >o<, probablemente, muchas comunidades indígenas en Mesoamérica y el área andina fijan por escrito algunos de sus dramas rituales; en Mesoamérica,la "daoza de la conquista" (rtns, Bode, 1961; ¡ars, Baumann, 1987) o "moros y cristianos" (uns, Arróniz, 1979); en el área andina, las evocaciones dramáticas -en quechua o en español- de la caída del Tawantinsu¡r y de la l'ntlerte del Inca (eNo, Balmori, 1955; Mendizábal, 1965; \wachtcl, 1976; Millones, 1988). Se trata de textos de tradición hispano-inclígcna mixta, de apropiaciones indígenas de los modelos clratllálicr¡s irrtrrlclucidos por los misioneros para una evangeliz¿rc'i<in rrris pllictica cle los indígenas. Sin duda alguna, tales rcprescnl¿tc'iont's cxistían desdehacía varios siglos, pero antes clcl sigl«r xlx, stl ('()n§ervación se encomendaba ala memoria oral. l,()s (cxt()s clrlttlllilic<¡s escritos parecen simples transcripciones de l<¡s csltc«'tlit'ttlos orales; no llevan huellas de una elaboración pr<:piatttcntc clst'ritural. Algo diferente, sin duda, es un cas() coltto el del famoso drama quechua Ollantay (¿No, 1998 [siglo xvlttl). Considerado antafopor

{T

MARTIN LIENHARD

DE

I.{

ORALIDAD A LA ESCRITUM

87

*UnCl

un drama incaico miIqfAffmente conservado, el texto suscita en realidad, por su cons-

nOatálgicos del imperio incaico como

ÉUeclón dtamática,las reminiscerrcias literarias europeas y su "escrituIt'r, la hipótesis de una elaboración escrita. Si esta hipótesis llegara t Confirmarse, eI Ollantay sería signo de una reorientación escritural autónoma por parte de ciertas subsociedades de ascendencia indígena, antecedente de las actualep escrituras indígenas y mestizas. Análogas observaciones se podrían aplicar a un texto bilingüe (quechualespañol) comó,Pnsión, rescatá y muerte del Inca elanuiUpa de Herminio Ricaldi (1988), inscrito en la tradición de los dramas de la conquista. En tales obras, sin embargo, la posible ,,reorientación,, es todavía relativa: vna vez aceptado por la colectividad, el texto dramático vuelve a ser un simple instrumento mnemotécnico al ser-

res concretos al próximo capítulo, dedicado a las coyunturas de la literatura escrita alter nativ a. En su mayoría, estas cartas no emanan de individuos particulares, sino de colectividades constituidas o de sus representantesl autoridades indígenas locales, cabildos, "caciques y principales". Redactados en español, en latín y en varios idiomas amerindios, las cartas o los

vicio de su performance oral.
Lltrnerunes
CARTAS,

EpISToLARES INDÍcENAS: .,MEMORIALES,,, CARTAS CRÓNICAS

Más o menos rápidamente, según los lugares, los indios o algunos de sus representantes habían adoptado la escritura alfabética para ciertas necesidades "diplomáticas" o de política exterior; más adecuada a la expectativa de los interlocutores europeos, ella prometía mayo-

"memoriales" afitmanla autonomíalocal y ciertos derechos indígenas, y se quejan, a veces muy gráficamente, de los aspectos máslamentables del régimen colonial o semicolonial (despojos, violencias, abusos de parte eclesiástica o latifundista). Casi invariablemente, estos textos terminan con reivindicaciones concretas o propue§tas de reformas más amplias. El discurso, siempre pronunciado por una voz que encarnauna responsabilidad colectiva, se dirige, por encima de todas las instancias subalternas, a quien se supone capaz, pot su encumbramiento, de entenderlo con ecuanimidad: el rey, el presidente de gobierno, el gobernador, el representante local de la lglesia, el comandante del ejército adverso. Circunscritas por lo general a un problema que exige una solución precisa y urgente, algunas de estas cartas, enunciadas con el característico "nosotros" de la colectividad, llegan a expresar con fvefza y amplitud de criterios los sufrimientos o la actitud de digna resistencia de las subsociedades indígenas marginadas. Así, los gobernadores de la provincia de Maní (Yucatán) escriben, el 12/4/1567, al rey Felipe II:
Despues que nos vino el bien, que fué conosger á Dios Nuestro Señor por solo verdadero Dios, dexando nuestra ceguedad é ydolatrlas, y á V.M. por señor temporal, antes que abriessemos bien los ojos al conoscimiento de lo vno y de 10 otro, nos vino vna persecucion, la ayor que se puede ymaginar, y fué, en el año de sesenta y dos, por parte de los religiosos de Sant Francisco, que auiamos ttaydo para que nos doctrinassen, que, en lugar de 1o hazer, nos comengaron á atormentar, colgandonos de las manos y agotandonos cruelmente, y colgandonos pesgas de piedras á los pies, y atormentando á muchos de nosotros en burros, echandonos mucha cantidad de agua en el cuerpo, de los quales tormentos murieron y mancaron muchos de nosotros (Lienhard, 1992 doc. 22). En sus cartas reivindicativas o de protesta, raras veces de agradecimiento por alguna "merced", las colectividades indígenas o las per-

y los códices, donde los había, se transformaron, pues, en cartas. Desde la segunda mitad del siglo xl,r hasta Ia época contemporánea, éstas serán el vehículo principal del discurso indígena destinado a las autoridades, coloniales o republicanas. EI contenido y aun la forma o la lengua de las cartas indígenas varían mucho en función dc la coyunturas que las suscitaron, como, para nombrar unos poe0t ciemplos, la consolidación de Ia nueva aristocracia indígena en Mcagnmérica, Ia "guena guaranítica" y la "liberacrón,, de los indios S¡f!"ñfÉt en el Paraguay del siglo xvlr, o Ia guera de castas (1g47190il en Yucatán.4 Debemos aplazar la mención de textos epistolaAbUnd¡nte¡ efemplos de este tipo de práctica se encuenrran en m ilibra Testimonlil' édlter y ñan(fiestos lndígenas (c¡N, Lienhard, 1992).

res beneficios en el marco de las acciones reivindicativas. Los kipu

'

*

MARTIN LIENIIARD

DE LA ORAI,IDAI) A LA ESCRITIJ'RA

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&{Hndc¡

(nobles) que se consideran co'mo sus portavoces se dimenudo, sobre todo dgAn directamente a la autoridad máxima español. Nadie más que m lr prlmeta época colonial, al propio rey-a loB lntetlocutores directos (los autores de la carta y su destinatario enCUmbrado) participan en esta operación comunicativa. La "literafu-

fa" epistolar indígena funciona, pues, con un público reducidísimo y determinado de antemano. Su "eficacra" depende exclusivamente dé la buena voluntad del destinatario. Ciertas veces, las colectividades indígenas quieren romper este sistema de comunicación exclusiva para dirigirse a 1o que hoy se llamaria la "opinión pública": es ahídonde surge la prácfica de los "memoriales El memorial, discurso eminentemente escrifural y de tradición eufopea, no represenfa ya, en un sentido estricto, una reelaboración de un discurso oral,'por medio de la escritura. Las normas del discurso se adecúan al horizonte de expectativas del lector presumiblemente de cultura europea o europeizada. Con todo, dadala personalidad culrural de su autor (individual o colectivo), el memorial 'rindígena" moldea, en la medida de 1o posible, un discurso indígena en laforma impuesta por el objetivo que se quiere alcanzar.Tales características híbridas ostenta, por ejemplo, la Representación uerdadera y exclamación rendida y lamentable que toda ta né ción indiana bace a la majestad del señor rey de las Españas )) enxperador de las Indias, el señor don Fernando W..., publicada en Madrid hacia 1750 por fray Calixto de SanJosé Tupac Inca, descendiente, por el lado materno, del Inca Tupac Yupanqui:
Defecit gaudium cordis nostri. Versus est in Luctum cbonts noster. Perdióse la alegria de nuestros corazones. Convirtióse en lamento nuestro cántico; porque el gozo de ser christianos y vasallos de un Monarcha Cathólico, cayó de nuestros corazones, al vernos por Christianos abaridos, y por cathólicos afrentados; conque el Contento de Christiandad recibida, sepultada la gentilidad, se ha tornado para norotros l{anto triste por vernos reputados de peor condizión, que los Genüles, y en concepto del Español por Idólatras, y assi lloramos [...j (Llcnhard, 1992: doc. 83).

de la Escritura por excelencia. El subtítulo en latín debe autentificar más todavía, en el sentido de la cultura cristiana de la época, la ortodoxia de 1o que se va diciendo. La argumentación, sin embargo, oculta mal su lógica andina: si el cristianismo equivale al "cristianismo real" de los españoles, no representa un valor superior al de La "gentilidad", es decir de la cultura andina tradicional. Algunas de las cartas indígenas se liberan por completo de las convenciones de la tradición epistolar (obviamente europea) para tomar la forma de un discurso literario "autónomo" y de envergadura insospechada. Nos referimos, especialmente, a la extensa cartanarraciótt (66 folios) que el Inca Titu Cusi Yupanqui, autoridad suprema del estado inca rebelde de Vilcabamba, dictó en 1570 pata su colega el rey español Felipe II (AND, Yupangui, 1'985),y ala catta-crónica de vastísimas dimensiones (1189 folios) qr.te el sLlpuesto cacique quechua Guaman Poma de Ayala (1980) quiscl destinaÍ,hacia 1615, a Felipe III. Estnrcturalmente emparentadas con las cartas indígenas reivindicativas (voz de representatividad colectiva, destinafatio por encima de las contingencias de la vida colonial, tono acusatorio), estas dos obras formulan, con un alto grado de elaboración litetaria, toda la visión histórica de los autores y de los sectores que ellos representan. Resulta difícil determinar con precisión, en los dos casos, en qué medida el discurso narcativo pertenece alatradictón europea o ala autócfona; el rasgo dominante de su composición, sin duda alguna, es el hibridismo. Este hecho, no la supuesta falta de elabora-

ción -iniustificable- desinterés de la historiografía literaria "criolla" por tales
textos.

literaria, se debe considerar como responsable del

l¿g formag cle esta lamentación, como el autor lo señala al comien2§ Élel ténto, Be inspiran en las del profeta bíblico Jeremías: en las

Por vez primera, aquí, los depositarios de la mem<¡ria y de la conciencia colectivas dejan de ser los sempiternos "inf<rrmantes" o los redactores de escritos al estilo europeo para convertirse en los autores, materiales o al menos intelectuales, de un texto propio en el sentido cabal de la palabra, en suietos de una ptáctica li' teraria radicalmente nueva. La escritura, sentida primero como un trauÍna, se usa ahora, quizás algo euf«iricamente, cÓmo un arma contra los opresores, como un medio para hablafles de igual a
igual.

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MARTIN LIENHARD

DE LA OMTII)AD A TA P§CRITUM

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U ffffiñ,il

¡¡¡ofosNr o

MESTIzA

Ll¡ tÉltlt" de Tltu Cusi y de Guaman Poma o, en México, el CompelláebJ¡ñrtco d,el reino deTexcoeo de Ixtlixóchitl (MES, 1975a[1.6Od), agnttltuyen uno de los comienzos de una escritura indo-hispánica.
Er clerto que formalmente, la práctica que se expresa en estos textos

de 1992, el mismo autor deja caer su máscara de simple "transcriptor"), A su vez, M. A. Jusayú (Venezuela), escritor wayú o "guajiro",
ciego como Borges, afirma presentar su s Acbi'hí/Relatos guajiros (cex, Jusayú, 1,986) "tal como los escuché de boca de mis anteriores narradores". Ahora, uno por lo menos de estos cuentos ("Nno'jotsü páain jia'yaasa nno'jotsü amáin jia'yaasa" /"Ni era vaca ni eru caballo") Ileva evidentes marcas autobiográficas. El supuesto recopilador admite, además, que "algunas de estas narraciones han sido narradas originalmente como cuentos, [mientras quel otras son extractos de largas canciones". No se trata, pues, de un simple "rescate", sino de un ejemplo de una incipiente nanativa escrita en lengua indígena, destinada en prioridad a quienes manejan eI uayú. Al no reconocerse oficialmente la existencia de una iiteratura escrita en lenguas indígenas, Jusayú y los otros autores apenas mencionados optaron, cada uno por su lado, por no asumir plenamente la paternidad de sus narraciones. EnParagoay,latradición oral campesina no es sino el punto de partida para una narrativa en guaraní que rompe claramente con la púctica del rescate. Escrito hacía t966, "Los casos de Perurima", poema narratívo de Ramiro Domínguez (elr, 1989), evoca las andanzas de un héroe de la tradiciín popular paraguaya. Según el prologuista famoso antropólogo León Cadogan-, "al avtor, -el intelectual perteneciente a la elite paraguaya,le conmovía el drama de nuestro pueblo, sufría con el koyguá [campesinol anónimo, porque comenzaba a comprenderle, en toda su miseria y toda su grandeza". "Los casos de Perurima" constituiría, pues, Ia propuesta de una literatura nacional identificada con los desposeídos y realizada en un idioma de ascendencia autóctona: el "guaraní paraguayo",5 En una línea semejante se sitúa Kalaítopornbero, novela en guaraní de Tadeo Zarcafea (1981). Al adoptar un género típicamente "occidental", inexistente en Ia tradición oral, su autor se asume plenamente como escritor. ¿A quién va destinado este relato picaresco? En una nota, Zarrafea punfualiza que no fue sino por la insistencia de su editor que él se dignó a ofrecer una traducción al español de
5 El "ggaraní pataguayo" es un guaraní "mestizo", que cabe distinguir de las variedades del guaraní que hablan los grupos indígenas guaraníticos.

tg hnlla sometida todavía a los imperativos de la comunicación reivlndlcativa entre las colectividades marginadas y un destinatario de Élto nlvel. Al articular de modo inédito el apofe de la escritura occldental y el de latradición oral indígena, estos textos ofrecen, sin personal o Émbargo, un punto de vista nuevo -incipientemente de algitn "eubjetivo"- sobre el mundo. Sin dejar de representar, modo, a la colectividad, el yo que se manifiesta en estos textos tiende a ser una conciencia individual "priviiegiada". Ejemplos del grado cero de la escritura indígena, los textos apenas mencionados se construyen todavía, en buena parte, a partir de
la tradición oral de la colectividad en que se reconoce su autor. Escrita en algún idioma amerindio y/o apoyándose en la cultura discur-

siva de algún sector indígena (o indomestizo), la "escritura indígena" incipiente carece, en efecto, de una tradición propia. Como sucede enla mayoría de las ptácticas literarias alternativas, los autores se ven obligados a reinventada con cada texto que ellos ofrecen

a la afención de un público todavía incierto. Ignorándose unos a otros y diseminados en un espacio vasto y mal comunicado, muchos de ellos vuelven constantemente a pagar, hasta hoy, su tributo a Ia tradición oral. Así, al presentar "Pongoq mosqoynin" ("El
sueño del pongo"), su único cuento escrito en quechua,J. M. ArEpedas (eNo, 7965) se "justifica" atribuyéndolo a un comunero cuzqueño encontrado años atrás. Consciente, sin embargo, de hacer algo distinto del simple rescate escrito de la tradición oral, Arguedas admite no sólo que hay mucho de su "propia cosecha" en el texto, siilo también que é1 cree "en la posibilidad de una naruativa quechua escrita" (ibid.). De modo semejante, en el prólogo a su libro KutimAnco, el escritor quechua J. Oregón Morales (,tNo, 1984) se cree obligado a señalar que sus cuentos, a todas luces frutos de un proceso escritural bastante complejo; provienen de la comunídad huaneevellcana de Lambras (nótese que en unos textos todavía inéditos

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MARfiN UENHARD

DE

IA OMLIDAD A I,A ESCRITURA

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lllt¡tf6lr lengUa mayorltaria en paraguay pero discrim inada por la A¡ltUn hegemónica: Es cierto que años antes, Julio Correa <fpAf> ff h0bfa lmpuésto; en el teatro destinado a los sectores populares, Cl uco del gaaraní paragüayo. En cuanto a la poesía, cabe señalar

ry,,

eBfrfnf, Novedoso, el proyecto de ambos autores consis-

En contfibuit d.la creación de una narrdtiva

en guaraní (pa-

1):)J:369-386): se caracteizan por su acercamiento ala poética de los cantos quechuas tradicionales. Ellos retoman el camino inaugurado, a comienzos del siglo )(u(, por el misterioso poeta altoperuano §l'allparrimachi (Lara, 1,97 9 ; 1g2-:lg6), muerto en
1814 al combatír en las filas de un movimientos andino postupaca_ marista. Los poetas de la tercera corriente oriundos, en su mayoría, de la sierra central- se apoyan-también ampliamente en el léxico, la poética y Ia cosmología del campesinadá quechua, pero introducen en sus poemas un ',yo,, o ,:nosotros,, de migranti(s) y su experiencia de ra emigración, la violencia y el desarráigo. Mieátras ,,en los demás poetas se quedaron alguna el -de porJ.manera- (v. caminoi', los de esta corriente, encabezados M, Arguedas el capítulo )QI de este libro), fueron quienes inauguraron una verdadera escritura "indígena" moderna y autónoma, También en otras áreas se encuentran ejemplos cle las tres ,,co_ rrientes" apenas esbozadas. A la primera se.puáde, adscribir, entre otros, el paruguayo Narciso R. Colman (Nt, t9Z9) y el mexicano Luis Alveláis Pozos (Mns, l99Z). Si el prirnero recreó el génesis de los guaraníes a parrir de la transcripción de la mitolo gía de algunos grupos guaraníes que reaLizó el etnólogo a\emánNimuendajú_Unkel Gn, tgl4) a cor¡ienzos del siglo )o{, el segundo ,,reinvent 6, Ia poe- , sía náhuatl que recogieron, en el siglo xvl, los misioneros franciscanos. vinculado no a los universos indígenas, sino a la cultura gsaraní popular del Paraguay, Emiliano R. Fernández, paeta de la guerra del Chaco (etT, Romero, 1988) se ubicaría, en cambio, en la ,,segunda corriente". Como lo sugieren los materiales bilingües que va publicando, periódicamente, la revista Ojarasca (suplemento menzual del diario LaJornada), hoy en día, la poesía mexicana en lenguas indígenas se mueve, básicamente, dentro de la ,,tercera corriente,,.s También en otras áreas "indigenas',, como en el Chile mapuche, se va

neses (Noriega,

quo en el Paraguay del siglo )o( nunca escasearon las composiciones lfrlcac en g¡.raraní (cf. Ramos y Tatayvá, 's/fl, rrcro,.o-o ,e á"rprende de'la siguiente aclaración deJosefina plá, no se trata de una práctica literária propiamente indomestiza:
I ,,

,

:

trata de poesía en guaraní de poesía guaraní 1...1. La poesía -.no guaruní sólo se encuentra en el estado na$¡ral idiomático, o sea en el §eno de las tribus: ella tiene su ámbito propio t...J. fn esta otra poesía en guaraní, fruto tardío del mestizaje, la forma es netamente españo_ la [...], y el contenido se halla fuertemenre imbuido (si se rehúsa la palabra identificado) con lo hispánico en los matices sentimentales y
Se

afectivos lPlá,1982).
¿En qué medida, las observaciones de

la poe§fá quechua indígena, en efecto, no ,,se acuerda,,de los Incas.T Miembros del sector misti de la sierra central del perú, los represententqs de la segunda corriente el ayacuchant p"rfi-r- ¡¿.:

otras prácticas poéticas en lenguas indígenas? Veamos, por ejemplo, el caso del Perú. En su antología de poesía quecbua escrita en el perú,J.Noriega (¿mo, 1993) reúne a más de..ru."nt, poetas quechuas. A partir de_este material podemos distingui¡ a grandes rasgos, tres corrientes. La primera, señorial, es Ia de los misti cuzqueños. En los poemas de esta corriente, cuyo máximo representante es sin duda Andrés Alencastre6 o Kilku Waraka (cf. Noriega , L993: 71.-7OO), la evocapión de 1o incaico delata, paradójicamente, su ,,hispanismo,,:

J. plá podrían aplicarse

a

-como

6.Éllto dc un garponal ("cacique") conocido por su prepotencia y las fechorías co-

H:tldn¡ gontr¿ sus colonos ("siervos"), Andrés Alencasrre, como su padre, parece ha-

flil9 tl€álnado por los indios de su zona de origen. t COmO ncaba de demostrarlo Alejandro Toledo ----el nuevo presidente peruanoG!c,n Ie puarte Ga escena 'iincaica" de"su roma de posesión (agosto de 20ó1), e1 .ineEf¡tñ§", en l(rÉ pafses andinos, suele ser una forma de demagogia lndigenista.
baC

También en México, Joel MarrÍnez Hernánclez (u¡s, 19g7) publicó un.libro coIectivo de poesía náhuatl editado exclusivamente en lengua indlgená, Es¡e volumen traduce una propuesta radical:la de una literatura "indfgena" escrita eiclusivamente para,los indios o sus descendientes. cabe tener en cuenta que en México escasean, contrariamente a io que sucede en par2,gt)ay y la sierra meridional del perú, los lectores no indígenas capaces de leer textos en idiomas amerindios.

8

94

MARTIN LIENHARD

DE I.A, ORAIJDAD

A I."{ E§CRITURA

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lmponlende unn É¡crlCtllt poétlca abierta a todas las opciones -idioméUgr¡ y péailérá- quc ofrcce la "modernidad".e En lo¡ éoatG$ot ldlomátfcos que caracterizan las áreas indígen9¡ o lndomeltlt1l de Latlnoamérica, una "escritura indígena" no tuPoR€, ña@lldemente, el uso de un idioma amerindio. Hasta en el lnterlor dc muchas colectividades indígenas, hace tiempo que el Éipellol ..{ una de sus variantes sociolectales- conquistó dereeho de cludadanla. Es más: el empleo de un idioma indígena, como siquiera lG rcsba de ver, no garantiza la naturaleza "indígena" -o de un texto. N desterritorializarselassubsociedades in"popular"dfgenas, se van esfumando las fronteras entre ellas y los migrantes indomestizos. En este sentido, toda una serie de escritores "migrantes" identificados con los universos discursivos de los sectores mafginados aparecen, de algún modo, como sus portavoces. Es el caso, sin duda, de unos narradores comoJ. M. Arguedas (v. cap. M), A. Roa Bastos (v. cap. VIII) o J. Morales Bermúdez (v. cap. K). Cercana o no ala de los textos latinoamericanos europeizados, su escritura de "migrantes culturales" sigue exhibiendo características hílxidas análogas a las que hemos atribuido a Guaman Poma o Titu Cusi. Superponiendo códigos occidentales e indomestizos, ella se dirige o busca objetivamente a un público lector familiaizado con los diversos horizontes culturales en pugna. Si Arguedas o Roa Bastos, "plurilingües", hacen dialogar diferentes registros idiomáticos o sociolectales, Morales Bermúdez (uns, 1984, 1986) potencia las capacidades expresivas del sociolecto español --especie de créole-hablado por los choles y otras colectividades indígenas de Chiapas. Desvinculada, en un sentido estricto, de las expresiones codificadas de la tradición oral, esta escritura subraya, sin embargo, su ascendencia oral. Son frecuentes, en Ia obra de los escritores aludidos, Ios textos que se "justifican" a través de Ia puesta en escena de una situación de comunicación oral: trna puesta. en abismo de sus condiciones de producción verdaderas o ficticias. Hemos llegado alfinal de este rápido recorrido por las diferentes práctlcas discursivas qae abarcan las "literaturas escritas alternatie

vas". Como se habrá comprendido, todas ellas se caracterizan por la tendencia a articular, de un modo o de otro, la escritura o cultura gráfica occidental con los universos discursivos indígenas o mestizos,hasta hoy predominantemente orales. A todas luces muy diversas, las realízacíones concretas de tal estrategia llevan el sello no sólo de la estética verbal vigente en su época, sino también de Ia coyuntura histórico-social que auspició su aparición. En el capítulo siguiente trataremos de esbozar las coyunturas sociohistóricas más importantes en cuanto a la producción de textos "alternativos". Como se verá, ellas corresponden, por 1o general, a algunos de los momentos cruciales del enfrentamiento entre los sectores hegemónicos europeizados y los sectores indígenas o indomestizos margí'
nados.

Para mayor lnformación, consrlltese la revi sta Lengua y literwtura mapucbe

(direc-

tor Hugo Canasco) de la tlniversidad de la Frontera, Temuco.

CONTE)ffOS HISTÓRICOS Y SOCIAIES

97

,
Cepfruro III CournxTos HrsróRrcos Y SocIALES

la historia latinoamericanavista bajo un ángulo criollo. La "Independencia', por efemplo, no es un momento decisivo para la histoii, d" lur reláciones érnico-sociales; 1a consolidación de 1a Reprlblica, en cambio, sí lo es, pero en un sentido negativo: es el mornento de mayor ofensiva contra las comunidades indígenas tradicionales de autoabastecimiento. La productividad literaría aly ,r, "áorro-ia mucho de una coyuntura a otra, de un átea a otta. tetnafiva varía
Yaría también, según las circunstancias histórico-culturales concrefas,lapreferencia por un tipo de discurso ("género") u otro' Ante la relafiva,,clandestinidad" de esta producción (sepultada a menudo

Estas coyuntura§ no coinciden sino en parte con los periodos de

'

en archivos) renunciamos a definir estas coyunfuras pof su fecundidad literaria.

Las prácficas literarias que surgen en los márgenes, abiertos hacia las culturas orales margioadas, de la cultura escrita, se inscriben en determinadas colrrnturas del "enfrentamiento" entre los sectores hegemónicos y las sociedades, subsociedades o sectores marginaPRIMEROS CONTACTOS

dos, "étnicos" o populares; un enfrentamiento de intensidad muy variable, caructerizado por la imbricación de diferencias o afitagonismos culturales y sociales. En el polo de los sectores "oprimidos", Ios protagonistas son las más diversas colectividades indígenas, indomestizas y afroamericanas. Las páginas que siguen no ambicionan de ningún modo resumirlalarga, complejísima e insuficientemente conocida historia de las relaciones étnico-sociales en la América indoibérica. Limitándonos a los procesos de enfrentamiento entre los "indios" y sus adversarios o interlocutores de turno, trataremos de aislar y comentar los momentos que se perfilan como los más significativos paru la producción de textos "alternativos":
a Primeros contactos entre europeos

quroLos primeros contactos, pacíficos o bélicos, entre autóctonos y

p.oi

.ro constituyen, en un sentido estricto, ninguna coyuntura de producción de textos escritos alternativos. En la medida en que se Lrrruyrn, a través de ellos, los sistemas de relación posibles entre ambás bandos, también efl cuanto a la expresión verbal, resulta sin embargo indispensable focaltzatlos brevemente' La "hota cero" de la nueva historia (dependiente) del continente será, también, uno de los temas predilectos de la primera literatura altetnaliva.

El "descubrimiento" mutuo de europeos y autóctonos ostenta todas las caracfeústicas de una asimetría fundamental. si los ha'

y autóctonos.

o Institucionalización de las relaciones coloniales y resistencias "indias". Reformas coloniales y movimientos insurreccionales del siglo

xufl.
a "Segunda conquista": la ofensiva latifundista del siglo >or. a "lndigenismos" intelectuales y movimientos étnico-sociales
m«rdernos.
196)

bitantes del continente "americano" descubren realmente, como lO expresaráun poco más tarde el Inca Titu Cusi (eNo, Yupangui, 1985 ItilOl,3), "un género de jente no oyda ny bista en nue§tras na§giones", los europeos descubren unos tipos de sociedad que ello§ iogr^n cLaslficar, hurgando en sus conocimientos-acumrrlpdos en las recientes empresas de reconquista (penfnsula ibérica) o de expansión coloniai(r{frica), como "infieles" o "bárbaros idólatras"' Los autóctonos, en cambio, como paralizados por la sorpresa, demorarán untiempo relativamente largo en develar la identidad, los mó-

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MARTIN LIENIIARD

CONTEXTOS HISTÓRICOS

Y

SOCIALES

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vlleÉ

y loa proyectos verdaderos de sus huéspedes (cnN, Todorov, 19821 cap, II), cuyo comportamiento no tiene antecedentes en la

hl¡torla continental. Los únicos'parámetros irunediatamente disponlbles para su clasificación serán, aparentemente, los mitos del retorno de un héroe civilizador (Quetzalcóatl en México, lü(/iraqucha en el área andina) o del surgimiento de un karaí o gran shamán (área tupiguaranD. Los autóctonos se van convirtiendo en "indios", objetos y víctimas de un proyecto colonial de gran envergadura que no aparece a sus ojos, en ei primer momento, sino como una ll\¡isita" inesperada pero posiblemente útil. Considerados a menudo por los autóctonos como aliados bienvenidos contra Estados y grupos vecinos o hegemónicos, los europeos participan, tratando
de instrumentalizarlas, en las expediciones "indígenas" más prometedoras en el sentido de sus prioridades: Cortés y sus hombres marchan contra México-Tenochtitlan al amparo de las tropas de Tlaxcala, ciudad rival de la capítal azteca; Alvarado, en medio de tropas mexicanas y maya-cakchiqueles, conquista lJtatlán,la capital de los maya-quichés; el portugués Alexo García, imitado posteriormente por el adelantado español Alvar Núñez Cabeza de Vaca, "acompaña" una expedición guaraní transamazónica hasta los contrafuertes de la cordillera andina (Nr,l)laz de Guzmán, t98611,61,2D;Pizarco,

cfear, mediante regalos, sobornos, amenazas o alianza matrimonial' ..amigos,, totalmente adictos, y- la desestructuración de un grupo de las sociedades autóctonas ya se encamina bacia la irreversibilidad. los ca.be la posibilidad de cerrades simplemente la puerta a

Ya no

,,huéspedes,, mtlestos, Iaúnica forrna de liberarse de ellos

setíala

gr.rrá, difícil de orgaflizar en un país ocupado' En general, la resisvisIencia indígefla contra los europeos no resulta de una reacción el resultado de un análisis contra el otro, sino que constituye
ceral de la prá.ctica colonial europea.

Losprimeroscontactos,obviamente,nogeneraroncondiciones para|a,produccióndeunaliteraluraescritaa|ter¡afiva-manifestaYa ción textual de un diálogo o enfrentamiento cultural que apenas ante todo en tanto que "trauma empe,zarrdo. Pero estos contactos, J" i, .o.rq,rista" de los autóctonos (uES, Garibay, 1953-1954; Le6n' Por-tilla, 1916, cap. \D, proporcionan, en buena medida, la materia
histórica para los primeros textos indohispánicos'

COTONI¿, Y. RESISTENCIA INDÍGENA

Las nueuas aristocracias indígenas

finalmente, conquista el Cuzco en tanto que "huésped" (y aliado militar contra los "quiteños") de Manco Inca (aun, Yupangui, 1p85 t1570D. En el área amazónlca, los "huéspedes" europeos (ponugue-

un mutuamente provechoso trueque de objetos de hierro contra "pau de Brasil", aceptan gustosaluego mente incorporarse al sistema de parentesco tribal -para subvertido y someterlo a sus propios objetivos (.{r, Susnik, 1965ses, españoles, franceses), agentes de

1971.,t.I:

1.1. ss.; Hemming, 7978: cap.l). Si ambos interlocutores, en la gestión de los primeros contactos,

intentan rnanipular al otro, los europeos se aprovechan del efecto de sorpresa provocado por su llegada y su comportamiento. Analiados militares o "parientes"tes de que los autóctonos -sus hayan desentrañado cabalmente sus intenciones estratégicas, los europeos logran echar las bases de su futura dominación colonial. Cuando se produce la toma de conciencia indígena, el espacio para la resistencia ya se ha restringido. Los europeos ya han podido

Enlasegundafasedelahistoriadelasrelacionesétnico-sociales y de dela institucionalizaciónde las relaciones de tipo colonial -laresistenci a indígena- se intensifica el conocimiento recíproco la de los dos interlocutores: condición sine qua non pafa el surgi' miento de una literatura que articule formas y discursos de origen las ini. eufopeo y autóctono , Laliteraura escrita alternativa nace de contextos más diversos' En términos ciativas más vatiadas en los o prácticos, su aparición supone que uno de los dos interlocutores' adqüera(n) el "ienguaie" o sistema-de los dos simultáneamente, el idiocomunicación del otro: el alfabeto europeo' talvez también idioma indlgena, para los europgros' Ios rna, para los "indios"; el p-t gorrirtas de este acercamiento mutuo y a mgnudo conflictivo s.rarl.n el campo europeo, los misioneros y los funcionarios colopos dirigentes.

los antiguos gruniales; en el campo autóctono, ciertos miembros de

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CONTEXToS HISTÓRICoS

Y socIAIBs

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loa eyrcpéor' nrleleoE reducidos de hombres diseminados en la lnmenalded te*lterlnl y demográfica del continenre americano, comprendleron dpldnmentc la conveniencia de aliarse .o, to, g*;o, dlrlgentea loe¡le¡ son vrstas a ui*rp* su poder. Duranre ag,1i tiámuna ficción- ros señoríos autóctonos tradi§l loe gobernantes autóctonos recono cían la r,rrori¿uá-"rpremn.del ehperador o rey europeo y del papa, se 1"" guruÁiL^_ be el respeto de sus sisremas de sucesián en Lt poaea urriq.r" ,o.t cfcrclcio de esre poder... Hasra el año 1565, pór ejemplo, el título de tl,atoani o 'lrey" de México-Tenochtitlan siguio vigenL; a la muerte'del tlatoani D. Luis de santa María Nacac ipatzin, se re substituye porel de "juez gobernador,,municipal (urs, Tázozomoc,1975 U60bl: 174-17». En Perú, muertos los Incas rivales Atau Huallpa (norte) y Huáscar (sur), Ios españores, acatando la decisión der iran dinástico cuzqueño, entronizaron al fururo rebelde Manco Inca (aNo, Hem_ ming, 1983: 1,27). Este,,respeto,, europeo del derecho de sucesión autóctono, claro está, era defachada. tás españoles presionaban pa_ ra que saliera elegido, entre los candidatos teóricam;nte posibles, el más apto para cumplir el papel de rey fantoche; en caso de necási dad, ellos se olvidaban de las reglas, así, Andrés de Tapia Motel_ chiuhtzin, uno de ros tratoani colániales de Tenochtitu.n)fue ar parecer un ex esclavo (nars, Gibson, 1,964: 16g). cuando, pese a sus precauciones, los fantoches se mostraban intratables, los europeos no dudaban en asesinarros o reemprazarros, por una simple sospecha mataron a Cuauhtémoc, yerno de idotecuh_ zoma (MEs, Tezozomoc, 1,975: 1,65-166); al retirarse el ex fantoche Manco Inca a vilcabamba para reorganizar el Estado incaico, ros españoles coronaron en su lugar a su hermano y rival paullu (amo, Hemming, 1983: 234). Las platónicas prorestas de Cados por V los asesinatos de los reyes indígenas, sus vasallos, no surtieron efecto alguno: el aprovechamiento de los antagonismos clánicos, la elec_ ción arbitraria de los gobernantes y era necesario- su --cuando eliminación frsica, formaban parte á. ,r, misma política: la des_ trucción ptogramada de las dinastías y poderes au!óctonos. Una vez descabezadas y desarticuladas las aristocracias autócto_ nas' se las reorganizaba en función de la dominación colonial. Los

I
'.:..

po, p¡rg neutr¡lkar la aristocracia antigua, ellos dejabarJsubsistir

-cadn vez máo como clonalE¡,

antiguos líderes étnicos (tlatoani en México, kuraka en los Andes, mburuuixá o mburuuichá, en eI área tupí-guaraní) se veían nivelados en la nueva categofia social de los "caciques", vocablo antillano que los españoles difundieron por todo el subcontinente. Los parientes de los caciques (función hereditaria) y los demás miembros de las antiguas aristocracias serán "principales',; en esta categoría, exenta del tributo per capita como la de los caciques, entrarántambíén numerosos individuos comunes que se distinguen por su prosperidad o sus relaciones excelentes con los encomenderos o los eclesiásticos (nrrs, Gibson, 1964: cap. VI). La capa de los caciques y principales, que representa en México entre 2o/o y l0o/o de la población indígena(ibid.), debe funcionaq en el marco de la organización colonial, como correa de transmisión entre las autoridades o los beneficiarios de la Colonia y la masa de los ',indios comunes,, (tnacebual en Mesoamérica, batun runa en los Andes, auá, en el área tupí-guaraní). La población indígena, con sus caciques y principales, será concentrada en "reducciones" o "pueblos de indios" (etr, Susnik, 1plp7980: 1.06-L21; AND, Málaga,19V4; Golte,1973: 44-50) y encomendada no se trata de reducciones misioneras- a los -cuando "encomenderos", conquistadores prestigiosos que asumen teóricamente la responsabilidad de la salud espirirual de los indios y de la recaudación del tributo real. En Ia práctica, Ia encomienda se convertirá rápidamente en el principal instrurnento, duramente criticado por muchos misioneros (Las Casas, Montoya), de la opresión y la explotación de los indios. Los encomenderos, recaudando tribu, tos excesivos e interpretando a su antojo los límites de las obligaciones laborales de los indios (servicio personal, trabajo comunal), serán los grandes beneficiarios de la primera colonízación. Como 1o subraya Vasco de Quiroga, famoso obispo "utopista" de Michoaqán, cada encomendero gasta "casi como Motezuma", y "como hoy hay tantos Motezumas que mantener en esta fierfa", los indiOs van ,sufriendo una miseria nunca vista antes (urs, Quiroga, 1p4Q)..,
Los caciques, antiguos señores "naturales" o étnicos, apabarl sien-

do justamente los ejecutores de la política encomendera.'Al mismo tiempo, algunos de ellos asumirán la función de preservar las tradiciones culturales específicas de su grupo (,tNo, Guarnan Foma, 1980

§a

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coNTExros nlstónrcos Y

soctAI"ES

t03

'

europeo se paga con la muerte (ibid.:
1.976: 87).

recalcitrantes o demasiado indulgentes con los indios comunes (AND, Guaman Poma, 1980 116,L5l: f . j66). El rechazo del sisrema colonial

conseguir el apoyo incondicional del sector aristocrático ináigena, pata "asimilado,,: títulos, privilegios (exoneración del tributo, "mercedes" de tierras, derecho de llevar un traje español, viajes a Europa...), pero tambiéi amenazas y castigos contra los caciques

empeñan, pues, dos funciones vitales para los europeos: garantizarles, en lo inmediato,la movirización de ra mano á. ourf indígena (haciendas, minas, obrajes) y, más en general, encuadrar pof.tica_ mente a los indios y "acurturados" para asegurat de este modo, ra perpetuidad de la dominación europea. Por estas razones, los europeos usarán todos los medios para

los gobiernos de las municipalidades y las provincias indígenas (¡¿ss, Gibson,1964: cap. MI; eND, Hemming,19g3:376 ss.), n[oI des-

pdaclpales, tendrán bajo su responsabilidad,la adminisrracián interna de lallamada "República de Indios": las áreas indígenas cuyo acceso, en un principio, queda vedado a los no indios _para impe_ dir que éstos se contaminen co. los vicios europeos- Los caciques y principales elegirán y se harán elegir paru los ,,cabildos,, y

1981; lms, León-po fiilla, tg76: 84É7), Log miembros de la aristocracia indígena colonial, áaciques y

FÜltlr f ,752-895; eNo, spaldin g,

-por

llaron en el valle de México, constituye sin duda una excepción cierto muy importarfie pata la literatura escrita alternativa.

El discurso del diálogo

f.

572;

MES,

León_portilla,

miembros de este sector: así Io estipula una muy temprana instrucción real de 1503 (cEN, Konerzke, i979,313). Si nunca se pensó en escolaúzar sistemáticamente a los indios comunes, el acceso de los caciques y principales ala cultura gráfica no fue tampoco aufomáfieo, Fuera de las zonas privilegiadas parala asimilación de las elites lndfgenas (valle de México, área quiché-cakchiquel en Guatemala, , Cuzco,-reducciones misioneras del área tupí-guaraní), pocos I QultA mlcmbroo de las aristocracias indígenas habian llegado , por..., u I I Flner del rlglo xrr, siquiera los rudimentos de la cultura escrita. El eolegio / temruo setlvldadde santa cruz de Tlateloico, y más generarmenre, la lrttenriu clocente cle arto nivel que los franciscanos desarro/ I

Para perfeccionar la asimiración de ros caciques y principales se recuffe a la educación escolar. Todos los núcleos misioneros dispensan, teóricamente, una formación escolar mínima a los jóvenes

y principales altamente significativa al surgimiento contribuyeron en una medida de una literatura escrita alternativa. Este sector proporcionará, en efecto, los primeros informantes de todas las empresas de recopilación de las tradiciones orales que llevarán a cabo los misioneros, los funcionarios y, más tarde, algunos miembros de la propia aristocracia indígena; de ahí, la índole "dinástica" de la mayoría de los textos recopilados. De informantes, algunos de los miembros de este sector pasaron a autores de una producción epistolar considerable que denunciaba, de algún modo, su incómoda posición entre los representantes del poder europeo y las masas indígenas. Destinados al rey, al virrey, al obispo o a otra autoridad de alta ietarquía, estos escritos revelan la doble preocupación de mostrarse adictos al nuevo poder y al cristianismo sin dejar de reivindicar los que caucionan sus privileciertos valores antiguos -justamente gios del momento. En varios textos, los autores, poco dispuestos a la Íama que habían adquirido- como verdugos apatecer -según la población indígena, asumen su defensa al estilo de Las Casas: de así la cafia que los "señores e principales" de México central mandaron el 2 de mayo de 1,556 al rey Felipe II (csN, Lienhard, L992: doc.74), otra que las autoridades indígenas de la provincia de Maní, Yucatán, dirigieron eL1,2 de abril de 1567 al, mismo rey (ibid.: doc. 22), o todavía,la carta-relación al rey de los "caciques y principales, vecinos y naturales" de Santiago Atitlán (Guatemala) con fecha 1o de febrero de 157L (ibid.: doc. 23). Un caso extremo, por sus dimensiones, es la carta-crónica que el verdadero o fingido "cacique prencipal" quechua Guaman Poma de Ayala (aNo, 1980 t1615D destinó a Felipe III. Sin duda, los caciques-principales exorcizan, a través de esta prácticaliteraria, su mala conciencia de "colaboracionistas". En las ambiciosas obras acerca de la historia autóctona que elaboraron ciertos grandes letrados indígenas se perfilan las mismas o
Pese a su estrecho margen de maniobra, los caciques

I

10{

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coNTExros HISTóRrcos

y

socrAlEs

zomoc fueron descendientes, respectivamente, de los tlatoani de Texcóco y de Tenochtitlan, las dos ciudades que dominaron, con la ciudad de Tlacopan o Tacuba, toda ra,,confáeraci on iu;,; rntonio Valeriano, informante principal de Sahagún, esfuvo ^rt emparenta_ do por matrimonio con ros tratoán¡ de Tenochtitlan; todos los tres asumieron varios cargos de gobernadores municipales o provincia_ les' Pedro Nazareo, autor de una carta-reración en latín (ms, paso y Troncoso, 1939-1942: t.X, g9-L29) y profesor en el colegio de Tlare_ lólco,'afirmaba también descendei áe los señores de México. chiTrlqlhi", por orro lado, el gran hisroriador colonial ae U p-rrin.i, de chalco Amaquemecan, fue un descendiente de la fimilia rei_ nante de Amaquemecan; él se había formado en el convento de San Antonio Abad de México. En peú, el mestizo de doble ascen_ dencia noble Garcila.so de rayega-formado como hijo de cacique en el Cuzco y como humanista en España_ pertenecía, por el lado mllerno, allinaje incaico; la ascendáncia aitigua, pr.ir.r, que se atribüyó Guaman poma suscita, en cambio, serias dudas; de hecho cu biografía real sigue más que misteriosa (eNo, ,tAorn o, 19g9). Más todavfa que la literatura epistolar de los ,,caciques y principales,,, la hfutorlografla indígena representa a los núcleos más encumbrados de l¡. nobleza indígena colonial: quizás los más ,,aculturados,, p€ro nl mlcmo üempo, rambién, los Áas orgullosos del pasado auróc_ tono, El dl¡eurro de los indios comunes, de los caciques y prin,cipales mel ealmllad'e, de los señores naturales aún no vencidos y de la

verios de' ellos desempeñaron altas funciones án los autogobiernos indlgenas coloniares: Fernando de AIva Ixtlixóchitr y ArvaádoTezo-

nlhuas,que suscitó la presencia del padre Sahagún p.*".r..i,r.r, (o Éstabáfr emparentados con) los hná¡es prehispaniáos mas itustr.s;

rü{aq! prrgcupacrones arisrocráticas. De hecho, pocos nobres ruÉaxnE¡ fuercn suficientemente asimilado, .o,,á pr* i.rr.rt". fr fu{tluc eea de modo marginal, en la historiografia occidental. Er¡l ¡ólo cn el contexto de hlabor educativa deúrronada por ros fhnclscanos y otros misioneros en México se dieron las condicio_ pafa una historiografía indígena en un molde occidental (los 'És efi)nletas indígenas andinos desconocían en buena prrt. .t ári"io hlatoriográfico al estilo europeo). Los historiadores e informantes

antigua casta sacerdotal (ferozmente reprimida por las autoridades a manifestarse en esta producción historiográfica. Éste es el resultado, al fin, de una asimilación o,,reducción" de los antiguos sectores aristocráticos dispuestos a abandonar cualquier actitud radicalmente opuesta al sistema colonial. Todos los textos aludidos sellan, de algún modo, la alianza entre

coloniales), rio tiene derecho

misioneros y funcionarios "utopistas", obispos y virreyes *indófilos,,. Esta aLianza, fundamentalmente antiencomendera; planfea de rnodo todavia incipiente un desarrollo basado no en las necesidades de la metrópoli, sino en las necesidades espirituales (cristianismo), cutrturales (conservación de sus valores) y materiales (pobrezafranciscana) que se atribuyen a la población indígena. El discurso de la resistencia
En Mesoamérica y el área andina, regiones controladas antes de Ia

estos grupos y los sectores más moderados de las clases hegemónicas:

conquista por las grandes dinastías prehispánicas a través de su aparafo estatal, pero también en el área tupí-guaraní, zona de progresiva unificación política, la resistencia indígena, como se señaló, no se expresó en tanto que reacción visceral contra los intrusos,
sino que se desarrolla através de la experienciapráctica del sistema colonial, La historiografía "indohispánica" y la literatura epistolar o "notaÍial" de los caciques y principales constituye, cuando existe, uno de los aspectos de una toma de conciencia indígena: la rcacción reformista de los que aceptan convertirse en aristocrac ia indlgena colonial, pero no sin exigir una serie de mejoras tanto para ellos mismos como para sus súbditos. El momento de Ia institucionaIización de las relaciones coloniales auspicia, paralelamente, una reacción más radical: elrechazo de la implantación o de la consolidación del sistema colonial. Lafronteru entre estos dos comportamientos opuestos es algo evanescente, porque el reformismo de los caciques y principales oculta a veces la maduración de una actitud de resistencia. La asimilación puede hacer crisis y convertirse en con-

(

flicto abierto, Por razones obvias, la resistencia implica el rechazo de los valores europeos- no da lugar, -que la asilnilación, a unas como

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CONTEXTOS HISTÓRICOS

Y SOC

TES

práctlc'uÉ eÉcrlturÉleü lnatltuclsnallzadas, La penetración del discurao rebelele en lea mérgenea cle la cultura gráfica al estilo europeo, o le uaurpaelón ele le mlÉme para los flnes de la resisrencia, adopran

ung varlecled ele f'orme¡ ell¡tlntsa y relatlvamente imprevisibles. §ólo en pcreeÉ unnes elel ;ulreontlnente subsistió o se volvió a ftruuur, clerpuée do le lmplentuelén cle los europeos, el proyecro de Ie6t0urcr --<r cle mentcRct!- laa estructuras de los antiguos señorfor e E¡taden prehlspánleour Perú, Yr¡catán y Cono Sur. En otros lugeree, lna movl¡nlentos cle reslstencia coloniales, menos centralizudol y no cllrlgklos p«lr krs descendientes cle lc¡s gobernantes prehiapénl«», ruelen tomar el aspecto sincrético de insurrecciones meslánlcas : Móxic«l después de la caída de Tenochtitlan (1.51.'J.), p araguay, Brasil. En México, ante los atropellos que sufre el tlatoani Motecuhzoma por parte de sus huéspedes españoles, se dibuja una acelerada toma de conciencia indígena que culmina en la expulsión de los extranjeros de México-Tenochtitlan: la famosa "noche triste" del 20 de junio de 1520. Corto será el tiempo concedido al Estado "independiente" del tlatoani sucesor, Cuauhtémoc: once meses, insuficientes para reestructurar las prácticas culturales y literarias sobre bases nuevas, suficientes para restalrrar la vida y el ritual antiguos (uns, Sahagún, 1.979: L. )(I, cap. 27-29. La derrota firral de 1521" provoca, a posteriori, la aparición sorpresiva del primer texto indígena escrito (en náhuatl) por medio del alfabeto: el anónimo Relatr¡ d.e la conquista (utas, L956), redactado en 1.528 por un autor de Tlateiolco.Enl,52'1,,la resistencia indígena en nornbre de la restauraclón del Estado azteca se extingue definitivamente pa:ra deiar el lugar a movimientos político-religiosos o insurreccionales sincréticos y locales. En Peni, el Inca fantoche de los españoles, Manco, hijo del prestigioso Inca Huayna Qapaq, desencadena en el año cinco de la presencia española una guerra total contra los intrusos qrie no quieren respetar las reglas de la reciprocidad andinal al no lograr vencerlos y exterminarlos, el Inca se retira a Vilcabamba, enla Nfa Amazonfa, donde edifica, como lo expresaría más tarde Guaman poma (lNn, 1980: f . 40», "otro Cr-rzco ciudad". A partir de su nueva capital, Manco rcorganiza elaparafo político-religioso del Estado incaico y stts fuerzas militares, y restablece los vínculos con una serie de

señoríos locales. Copia a escala reducida del Tawantinsuyu, el Estado de Vilcabamba no abandonaráhasfa su fin (1571) Ia ambición de restaurar el sistema incaico en toda la superficie de lo que ahora se llama "Perú". A io largo de rnás de 30 años, los Incas de Vilcabamba no sólo rechazan los ataques españoles, sino que mantienen la inseguridad en una parte de ios territorios ocupados y fomentan o upoyan los rnovimientos de resistencia política o mesiánica en las zonas controladas por el virreinato (eND, Hemming, 1983). En Yucatán, los diferentes señoríos mayas del norte resisten a la conquista española hasta 1547,30 años después del primer desembarque europeo en ia región. Un Estado o señorío que el clan dinástico (oriundo del norte) de los ltzáes había construido en el interior de la península, en las selvas del Petén, desde el siglo anterior (uns, Villagutierre , L7O1: L. I, cap. 5), o ctruizás ya en el siglcl xII (Morley, 1983: cap. VI), seguirá independiente 150 años más, hasta L696. Como Vilcabamba en Perú, el Estado maya rebelcle será un foco de aglfación antiespañola y de atracción pata los habitantes de los territorios ocupados por los españoles, así como una base para la reproducción, con escasas interferencias europeas, de la cultura ancestral. Por 1o que se colige de los informes contemporáneos de su capitulación (Cogolludo, 19541955 [1688]: t' 3, L. ), cap. XIV; Villagutierre, 1701: pa.ss.), las prácticas culturales y literariai del Estado itzá siguieron las pautas yucatecas tradicio,,pintados" por sus caligrafistas mostrarían sin nales. Los códices duda, si no se hubieran perdido, el fenómeno excepcional de una literatura al estilo prehispánico en plena época colonial' Muy indirectamente, el discurso itzá de estos momentos aparece en Ia transcripción de los interrogatorios a que el capitán conqulstador, Martín de Ursúa, somete primero a wt embaiador del "rey" Canek, Can, y luego, en el propio instante de la capitulación, al propio dirigente supremo de los itzáes (crN, Lienhard: docs' 29-30)' Pese a las presiones que supone esta situación, Canek, más que su embajador ya bautizado, logra mantener una cierta autonomía intelectual. La cultura inca de Ytlcabamba, según un testigo ocular (eNo, Rodríguez de Figueroa, 1910 11565D, incorporó elementos de la cult,r.á d" sus huéspedes altoamazónicos o antist por otra parte, Ia

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coNTExros HrsróRrcos

y

SoCIALES

r09

al estilo europeo, En todas partes, sin embargo, el discurso de la re_ sistencia indígena acaba insinuándose e incrustándose en U f.o_ ducción escritural de modo inesperado. Una situación muy especial ,..r.^ en los dominios jesuíticos de Paraguay' si bien ros guaraníes misioneros se han de considerar como "sometidos,,, se trata ante todo de una sumisión a los ;esuitas.la entidad política jesuítico-guaraní funciona, de alg6n un movimiento de resistencia no contfa la monarquía "rá¿.,-.áÁ, española, sino contra los encomendgros, sus representantes más poderosos, y contra sus aliados ,,brasileños,,, Ios bandeirantes paulistas. Un táx_ to, por lo menos, manifiesta literariamente esta resistencia común: el testimonio en gaaraní, producto de la colabo ración.rrr. t,r, iidios y los misioneros, que se redactó en la reducción de a;r;;;;cio en 1630 (Arr, Catalúno,795L). Precisamente en el área fitpí_guaruní, los misioneros, especialmen_ te los jesuitas, desarrolla., urr, activa políticu ¿" áriÁlU.iJ, á. las elites tradicionales y de formación de una nueva elite _no nece_ sariamente de origen "noble,,- de cabildantes totalmente adictos a su proyecto. si la alfabefización rnisionera alcanza posiblemen_ te, en esta área, un porcentaie de la poblacrón

por el Incr Tltu eusl yupeaqul (un secrltario, unos _iriorr..or, ,., coü§gldor)' perraltleftrn el rürghrento de una lireratura incaica en erpañol, eleatlnEel* e l*¡ autc¡dáeder eapañolas. su autor exclusivo *alnque no au grnflata- r1o fue otro que propio el Inca. Sus car_ tar cllpkrnrrltlesr (Guillén, G,, rg76-tgli) y ta-exiraorainln o-iuraclupengur 1gB5 tr570D con finaimente ros únicos rextos de ¡el1,fón rs utcreturs crcrlts rltcrnatrva que se afenan a la hipótesis de la cupenrlvencla de una sociedad básicament. prehispánica De loc dos Estados rndfgenas independieni", q,r. regisrra la historla colonial, uno solo intervino directamente en la cuiíura graiica

pfe§€nelB' en lo¡ tlltlmr¡e dtoo, de unos pocos extranjeros tolerados

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zónleos o como inexistente como i"""_p"il ble eon la crlstiana. Así se -,,páginablanca,,_o área nose promue, vaR esas grandes empresas "*pii.iq.r. "" de recopilación de la tradiciOn

-1y9. que .; ñ_ xlco (para no hablar de las áreas menos priülegiadas), .l co.rt.ol mlglonero sobre la cultura riteraria *r"iro más estricto. por offa parte, los misioneros consideran la", cultura orri;.-i;;i;r;;;_*

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asociaban, en Peú y sobre todo en México, a ,,intelectuales,, nati_ vos y europeos, El discurso de la resistencialiderada por los karaí o grandes,shamanes político-religiosos (erT, Susnik, 1.979-1,9g0: 1,64772; Hemming, 7978: 143-1,57) no se expresa en textos ,,controlados" por la propia resistencia, sino a través de los discursos directos que se atribuyen, en las relaciones jesuíticas, a los ,,magos,, indíge_ rms (cf, Meliá, 1986: pass.). Intelectuales jesuitas como Nóbrega, Anchieta (BrasiD o Montoya (Parag¡:¿D, grandes enemigos de los diabólicos magos, se convertirán sin querer en los que difundirán, mayormente para La posteridad, el discurso de la resistencia tupi guarani. A veces, el discurso de una resistencia cada vez más multiforme lTega a adueñarse de un género específico de la producción textual al estilo europeo: las actas de la Inquisición, En México, esta institución tuvo a su cargo, entre 1536 y 1.545,1a represión cle las iclolatrías indígenas. El discurso subversivo penetra en sus actas a través de los testimonios que se reúnen para juzgar a los disidentes. AsÍ, por ejemplo, un discurso sumamente duro y audaz, atribuido al cacique de Texcoco, D. Carlos Ometochtzin Chichimecatecuhtli, se halla consignado en los testimonios de quienes depusieron contra el hombre fuerte de la zona (urs, proceso criminal, 1910). En este caso, se trata posiblemente de un discurso apócrifo, creado por los rivales del cacique para agravff su situación ante la Inquisición; todo concuerda para sugeriq sin embargo, que se frata de un discurso compartido por amplios núcleos de miembros de la nobleza indígena del área (rr,lrs, Lienhard, 2001). Todos los textos que acabamos de mencionar son ,,huellas,, discursivas de miembros de la nobleza indígena colonial, La voz de los,indios comunes", mucho menos presente en la documentación existente, surge a veces en las probanzas judiciales (cf, cap. II), en al'guna que otra carta aislada-como la deJuan Vicente, alcalde de Xalostitlan, México (onx, Lienhard, doc, Z4)- o, todavía, en el manuscrito Quechua de Huarochirí (eNo, l9B7) y la carta-crónica de Guaman Poma de Ayala (ANo, 1930 [1615D,1
l Otros documentos que reproducen ----o nes" se encuentran en GEN, Lienhard,1992.

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aluden- lavoz de los ,,indios comu-

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CONTEXTOS HISTÓRICOS

Y

SOCIAI"ES

Extinción vs. continuldad de la escrltura alternatiua
Hacia 1.620, aproximadamente, áespués de siete u ocho decenios de actividad, la producción escrita altetnativa en los grandes centros coloniales sufre una evidentebaia que se asemeja, en el caso de la histori ogra{ta "indohispánica", a un colapso. ¿Cómo explicar este fenómeno sorprendente? Desde los primeros contactos con los autóctonos del continente recién "descubierto", la Corona española (mucho más que la portuguesa) incentivó y exigió, a través de sucesivas cédulas reales, la ¡ealización de trabajos de documentación ("informaciones") acerca de las sociedades y las culturas indígenas; el conocimiento así adquirido debía facilttar una adecuada organi' zación de las colonias en todos sus aspectos. Con la realizacián de ios objetivos inmediatos (la progresiva pérdida de autonomÍa de las sociedades indígenas, su desestructuración interna y su definitiva reestructuración sobre bases coloniales), estas investigaciones iban perdiendo su utilidad práctica. Por otra parte, las autoridades españolas no podían ignorar tros efectos negativos que podía provocar la constante actualización de la memoria histórica indlgena a través de las encuestas etnográficas entre los "caciques y principales": la preservación de su "orgullo étnico". Por ello, a parÍir de L577,la investigación sobre las sociedades e "idolatrías" indlgenas deia de gozar delbeneplácito real; más aún: se abre, por lo menos en México, el periodo de la "confiscación de las crónicas" (MEs, Baudot, 1977: 475-507). En México, también, el deliberado deterioro del colegio de Tlatelolco (disminución de la subvención virreinal y transformación en escuela elemental) vedará a los hijos de caciques y principales la oportunidad de acceciet avrra cultura humanista. Si éstas y otras medidas institucionales de censura debieron de dificultar la p,reparación de trabaios "etnográficos", obstaculizar su difusión (manuscrita) y, obviamente, su impresión (aleatoria desde clempre), no explican todavía satisfactoriarnente la calda en desuso dc una práctica literaria. Una parte de la historíogtafÍa indígena, €opeelalmente en Perú, surgió siempre al margen de los escasos eentros educativos de alto nivel. Por otra parJe, las medidas de 7577 no parecen efectar la producción de crónicas "indlgenas", es decir escrltac por lndlos o mestizgs social y culturalmente "indios": los

dos primeros decenios del siglo xul, todavía, aparecefl como un periodo fasto para esta práctica tanto en México (Tezozomoc, Ixtlilxóchitl) como en Peru (Pachacuti Yamqui, Guaman Poma). Su extinción no se explica del todo, pues, por consideraciones institucionales. La maferia prima de todala historiografía indohispánica fue siempre, esencialmente, la memoria oral de los señoríos prehispánicos. veces puesta al Durante varios decenios, ésta fue conservada
t

-a por los caciques y principales descendientes de las familias señoriales. Ahora, las familias indlgenas nobles, ante todo las de lidíaoaje "real", fueron objeto de presiones pollticas, ideológicas y psicológicas paru que adoptarun, renegando de sus propios valores. los de la cultura europea. fJnamayoría de ellos, especialmente en y cerca de los grandes centros de poder colonial (México-Tenochtitlan, Cuzco, Lima), s.e sometieron sin más a tal asimilación (uns, Gibson,1964: 155-1,65; AND, Golte, 1.980: t53-158), En estos ambientes, las narraciones prehispánicas, cada vez más anficuadas respecto a la praxis contemporánea, no podían ya conservarse sino por escrito: la vinculación existencial con la matetia evocada, condición para vna tradición oral, dejó de reproducirse. Por otra parte, el va-

1or práctico de cierta "historiografía" como medio de promoción

social y económica (obtención de títulos y "mercedes") iba disminuyendo paralelamente al prestigio de la nobleza indígena hasta tocar fondo hacia fines del siglo xt{IL La confianza exagerada enla eficacia política de la escritura, tan evidente en muchos alegatos indígenas del siglo xu (cartas, crónicas), debió haber sufrido también un gran descalabro. Las autoridades coloniales no tenían ya por qué interesarbe en las "antiguallas" de estos sectores definitivamente vencidos y asimilados. Ahora bien, la desaparición de la cronística indohispánica centrada en los grandes señoríos prehispánicos no significa, ni mucho menos, la extinción de todas las prácticas historiográficas alternativas. Si se petrificó, para siempre, la memoria oficial de los señoríos
prehispánicos dominantes, las tradiciones orale§ de las subsociedades indígenas regionales, vinculadas sólo en parte a la tradición central,

se seguían desarrollando casi normalntente, aunque sin el auxilio de una casta especialmente dedicada 3 su elaboracién, conserva-

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coNTExros HrsTóRrcos

y

socrAlEs

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excepcionales como er poco europeizad«r ropól uun e,n e| área maya-quiché o los libros der cbilam Baram en yucatán. para ra vertiente más bien notarial de ra misma práctica se puede señarar ra serie de documentos nahuas sin pretensiones literárias _testamen_ tos, derechos de tierra, protocoios municipales, cartas .¡" _ qrr. publicaron Anderson, Berdan y Lockhart (uxs, t'gZ6), o ul ,orpá_ dente texto yücateco, "informe" de una atribucrón comunal dJp;.celas que presenta F. Riese (19g1). En las clemás áreas, las ¿oI.;_ nidades indlgenas no parecen haber consi¡¡naclo por'escrito sr.ls tradíciones orales; en los Andes centrales, fragmentos de ella apare_ cen, por compiladores interpuestos, en argunos informes antiidáhtricos, especialmente en la primera mitad clel si¡¡lo mat (eNo, Duviols, 1989; cEN, Lienhard, docs, 69-70 y 74-7D, La extinción de la práctica historiográfica lnclohisp ánica, centra_ da en el pasado de.lc¡s grancles señoios prehlspánicor, ; ;ü;ifi_ ca la interrupción de t.<Ia práctlca escrita olternailva, pero sí r.r"rrrur_ ginalizaciánr contrariamentc a las crónicas inclohrsiánicrr, .ri-io, textos de los autogoblernos lndfgenao, reservadoe ñormalÁ.rrt" , un uso interno, nl los lnf«:rmes admlnlstratlv«:', destinados a llenarse de polvo en los archivoo, podrfan inaugurar una literatura en tanto que sisrema de comunieaclén funclonal y vtvo.

autogobiernos indígenas municipales y provinciales. Esta prácfica entre "notarial,' y ,,literaria', dejó, en el rubro poético, ,,.roi t.*to,

Mes<rarnérica (iurs, Lockhart, 19g2; Karttun en, .1.9g2),las tradiciones orales se siguieron apuntando y actuarizando en er contexto de ros

:1ó"

y difusión. Durante

tc¡da Ia época

colonial, especialmente en

en juego Ia supervivencia de las subsociedades indígenas en tanto colectividades étnicas. Los caciques, temiendo el deterioro de su prestigio ante ambos interlocutores (sus "súbditos,, indígenas y los representantes del poder colonial), optarán, según el caso, por una mayor solidaridad con los indios campesinos o por la alianzadefinitiva con el poder colonial (aNo, Golte, 1973: 153-1.64; Moreno, L9g5:
389-396).

Área andina En Perú, el movimiento cacical se expresó, política y militarmente, en tres ciclos de movilización que culminaron en las insurrecciones armadas de 7737-7738, 1750 y 1780-1782 (¡,No, Rowe, 1976), Cadauna de ellas fue preparaday acompañada por una cierta efervescencia literaria alternatixa, obra sobre todo de los caciques. EI carácter "indígena" de estos textos, a primera vista, no es muy perceptible: los caciques andinos, desde la multiplicación de las escuelas cacicales en el siglo xvlr (Rowe, 1976: 1,6), ya sehabían adueñado, mimetizándose, de la culfura gtáfica al estilo europeo. Vicente Mora Chimo Capac, cacique del valle de Chicama y negociador ante la Corona de un grupo de caciques peruanos, escribió y publicó en Madrid, entre 1722y 1732, toda una serie de ,,memoriales,,(oBN, Medina, 1958-1962, t. 6: 323-324), práctica que recuerda la literarura epistolar reformista de los caciques y principales del siglo >nn, Ahora bien, éstos y otros escritos análogos no represenfan ya una perspectiva exclusivamente cacical, sino más genéricamente indí!,

REFoRMAS CoLoNIAtES Y MoVIMIT:NToS INSURRECCIONALES DEL SIGLO XUI

va debilitando progresiva pero definitivamente ante er creciente empuje de los criollos_ylos indios enriquecidos, favorecido pirta reestructuración liberal de las colonias, En todo este periodá está

A lo largo del siglo xw[, en todas las áreau indlgenas de Ia América española, el poder local del sector de los caciques y principales se

gena. Así, una "representación" de los caciques y el común de paita, publicada en Madrid (1736), denuncia la "lamentable ruina,,en que se hallan los indios a raíz de las "yexaciones,, del poder colonial (ibid: 262-263). nac¡a 1750, el franciscano de ascendencia incaica fray Cahxto de San José Tupac Inca hace imprimir una extensa representación que hostiga el
crimen tan inhumano, que es la iniuria tan grave, y tan general a toda t:¡a Nación, tarrlimpia, tan Noble, tan dilatada, tan nurnerosa, tan humilde, tan desinteresada, antiquada por más de docientos años, y

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CON'IEXTOS HISTÓRICOS

Y

SOCIALES

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cerca de tresientos, desde el año en que el ínclito Almirante Dn Christóval Colón, descubrió la Isla Española, hasta los presenres de 1749, en que van docientos y cincüenta y siete años de afrentas, injurias, oprobios, y destruziones de Indios [...] ( Tupac l¡ca, 1"969 tl75Ol: 32).

Un contraste con este tono de solidaridad étnica panamericana forman algunas cartas de principales no caciques e indios comunes que denuncian las vejaciones sufridas por parte de sus caciques y señalan, de este modo, la existencia de una conciencia de ,,clase,, campesina en medio de la subsociedad indígena (Golte, 1.980: L55157). Si se juzga a partir del excelente trabajo de Segundo Moreno (1985), las insurrecciones indígenas que se suceden en la Audiencia de Quito (Ecuador) a Io largo del siglo xufl coffesponderían también, en su mayoría, a una conciencia campesina autónoma respecto a los intereses cacicales. Posiblemente se podrán descubrir, en este contexto, ejemplos de una literatura alternativa de tipo más rudical.

funciones públicas de las que suelen usar los indios pata memoria de sus dicños antiguos incas", ciertos instrumentos musicales antiguos como los pututos, etc.. También se prohíbe Ia firma de Inca, solía [ue "hace infinita impresión en los de su clase"' Tupac Amaru fir^^r, en efecto, "Don José Gabriel Tupa Amaro Inca de Ia sangre real y tronco principal de los reyes": todo un progtama político' Se exige, ademái, una castellanizaciónacelerada dela población andi,ul¡A¡a). El visitador no oculta la permanencia del antagonismo viejo de dos siglos; el día de la conquista, dice, "ellos (1o) tienen por fatal y nosotros Por feliz". una de las obras más famosas de la literatura andina, el dtama quechua Ollanta, parece poder adscribirse sin mayores problemas ila cultura del ,,movimiento naciona! inca": podría ser una de esas "comedias" que conservan la memoria de los Incas; otras -pero no existen manuscritos del siglo xvIII- serían sin duda las conocidas (v' cap' dramatizaciones de la conquista y de la muerte del Inca

ur).

La más peligrosa de las movilizaciones andinas, la que encabezó, contra los "repartimientos de-mercancías", el cacique de Tinta José Gabriel Condorcanqui "Tupac Amaru", descendiente por línea materrra del Inca Tupac Amaru, último gobernante del Estado incaico de Vilcabamba, provocó, en su momento culminante, una vasta producción de edictos, cartasy otros textos "indígenas" recién publicados (Durand, 1980-1982). Ésta representa quizás |a mayor parte, pero sóIo una tendencia más aculturada- de la literatura alter-la nativa del momento. En estas movilizaciones culmina -segúnJohn Rowe (1976)- el "movimiento nacional inca", que se había manifestado con anterioridad por el fasto nostálgico que desplegaron sus integrantes, miembros de la nobleza neoinca, en la celebración de ritos colectivos (desfiles callejeros) y familiares (matrimonios). El vigor de la cultura neoinca en el siglo x\1[ se puede comprobar en la violencia de su represión después de la derrota del levantamlento tupamarista. La sentencia del visitador Areche contra Tupac Amaru (Durand, L980-1.982, t.III: 268-278) es también una senrenele contra la sociedad y Ia cultura neoinca. Se prohíbe en adelante la producclón de cualquier signo que pueda recordar a los "difunto§ menafca3"l trajes, ornamentos, retratos, las "comedias u otras

Aplastadas las últimas insurrecciones andinas lidereadas por los caciques tradicionales, los movimientos armados que expresaron en los Andes, pocos años más tatde, la lucha por la emancipación de la España, recbnocieron un liderazgo nuevo: el sector más radical de caciques, nocapa misti, conglomerado no étnico sino social de ex trbl"r, latifundistas, comerciantes o profesionales andinos. En el

seno de este sector --que luego sería marginado por la oligarquía criolla de la costa- aparecefi los signos precursores de una nueva prácficaliteraría alternativa: una poesía inspirada en los cantos oraies andinos, pero dotada ya de rasgos de elaboración escritural o erudita. Los representantes más conocidos de esta corriente incipiente son el altoperuano \X/allparrimachi (cf' cap' VII) y el arequipeño Melgar; ambós murieron combatiendo en las filas de los movimiento, lort pu.amaristas de emancipación andina' Si la obra de Melgar'(1971), más urbana y europeizada, opta por el español como Idio*, de expresión lireraria, Ia de Vallparrimachi (1979), en cambio, sigue de cerca la tradición oral quechua de la capa mencionada. Contrariamente al Ollanta, con el cual no deian de compartir preciertos rasgos, estas obras no se refierenya al mundo incaico presente' hispánico, ni al mundo andino popular del

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MARTIN LIENHARD

coNTExros ursrórucos Y

SocIALES

Pam¡¡uay Hn Paraguay,la,política colonial -r-tanto la de Ios encomenderos

comorla de los jesuitas- había destruido el poder de la antigua casta, sacerdotal ,de los payés y reducido gradualmente la funcíón de lols mbuntuicbá, caciques o señores étnicos. El poder político local en los taaa (pueblos), que reunían en general varios cacicazgos, se transfirió al sector de los "cabildantes,,, formado especialmente pa;Ía esta función y no necesariamente de origen caiical (¿rr, Susnik, 1979-1980: 214-21». Caciques y cabildantes se beneficiaban de una formación escolar estrictamente controlada por los eclesiásticos; si l¡ien el idioma de instrucción ----en todo caso en las reducciones je, suíticas- era el guaran í, la alfa,betización supon ía una,,reducción,, general (Meliá, 7978) de los indios a los valores cristiano-occidentales. contrariamente a lo que muestra la etnohistoria de las "periferias" mesoamericanas y andinas, la autonomía de los pueblos guaraníes coloniales (sobre todo en el terreno cultural) fue sumamente

' , '

Las cartas colectivas que los futuros protagonistas indígenas de la "guerra guaranítica" (cex, Lienhard, 1992: docs. 105-108) dirigen al gobernador de Buenos Aires expresan La tajante oposición de las comunidades a su entrega a Brasil, operación considerada como traición de las autoridades españolas: para los guaraníes misione.or, en efecto, los brasileños siguen siendo los nefastos cazadores más conode esclavos de triste memoria. Si bien los autores -el "rey de Paraguay", Nicolás Ñe'engiru- no decido es el supuesto jan de afirmar su sumisión a la monarquia y al cristíanismo, tampoco ocultan su intención de resistir por todos los medios, también o sobre todo militares. La certidumbre de su victoria sobre las autoridades rioplatenses, expresada con una notable dosis de sarcasmo triunfalista, demuestra la recuperación de una "autonomía guataní"
siglo, ante los proyectos liberales, que implican, con Ia creasu inquiefud ción de un mercado libre de frabajo,la dislocación definitiva de las estructuras étnicas, el debilitamiento de las aldeas tradicionales y la castellanización de la población indígena. Contra los cabildos y los corregido'res, los caciques expresan el conservadurismo de la lnasa ex gtaraní temerosa de perder del todo su identidad (eIT, Susnik, 1965-1971, t. rl: 26-34). Profundamente identificado con el destino de las rnayóiias, el movimiento cacical guaruni resulta un com-

-ahoraserie de caciques expresan, en la segunda mitad del Una

"cristianá".

reducida. Tres acontecimientos mayores sacudieron, en el siglo xr.ut, el orden colonial paraguayo. En la primera mitad del ,siglo, los comunercls (sectores medios "urbanos,,), aliados con los indios laicos y aculturuclos, se rebelan contra el poder virreinal, los jesuitas y sus tropa$ de guamnfes eristlanc¡s, A mediados del siglo, los *siete pue: blc¡s" mlslonéros que deben ser entregados, segrln un corlvenio hispanoJuso, a llraoll, de¡encadenan *con el auxilio de los jes.ri-tas según sus detfilctorct- la llemada guerra guaranltica conrfa 10s ejércitos aliadc¡s cle lu¡ clou metrópollu; a su denota sigue la expulsión de krs jesuitas (176n, Bn loc riltimos z0 años, la nueva politica ilustrada y liberal del goblerno español, puesta en práctica por el virrey Bucareli y suceeorec, apunte a convertir a los guaraníes misioneros y a los lnclkr.q "paregueyoo,, en ciucladano§ ,,mestizos,, libres. Dos cle estos motnentos hlctórleos suscltan una prácrica literaría alternatlva máo o menoa eflmera, cuyos autores seún los caciques, los corregldoree lndfgenas o IoÉ cabildos, en común o po. r"prrucl«r, Los textos proclucldou son cartas destlnadas a hs áutoriáades colonlales, que expre$an las cliferentes -y a veces encontradasvislones hlstéric¿s de los grupos representados.

,

i,ir

,

bate de retroguardia que no impedirá la realización de los proyectos liberales. Al fracasar su agitación, los caciques, como los indios comunes, huirán masivamente de los pueblos paru retbicarse en aldeas-chacras libres o paru fundirse conla masa de los conchabados

(ibid.: 30 ss.). Una visión más positiva de los mismos procesos se halla en las cartas del sector de los cabildantes-artesanos-músicos, antiguos indios comunes con formación especializada. Asl, el c«rrregidory aarpintero José Pedro Sapí expresa, hacia 1800, el anhelo de uria sociedad igualitaria, sin discriminación étnica:
[...1yllegaútiempo, en que se abolirá el nombre de Indio, que
es

todo

el fundamento de pensár vajamente á vista del menos precio, y ultrage, con que son tratados, como viles... (c¡N, Lienhard, 1992: doc. 109).

MARTIN LIENI]ARD

CONTEXTOS HISTÓRICOS

Y

SOCIALES

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En Paraguay, el discurso indígena que logra adueñarse, aunque ,rr, áir_ ", curso que acepta someterse, por lo menos superficialmente, a los códigos europeos. La voz de los indios no conquistados o ,,reducidos", kaiguá o monteses, no accederá realmente a la escritura sin<; en el siglo )o(, en los textos de algunos etnólogos modernos.
sea marginalmente, de la cultura escrita al estilo europeo,

L¿ orrwslv¡ IATIFTTNDTsTA:,,sEGUNDA coNeuISTA,,

vlerte por momentos en guerra social con participación política de indl.r o campeolnos, En general, la independencia, ob¡etivo especí_ ficamente erlollo, no movlliza directamánte a los indios. Intnedlutemente antÉs de Ia ruptura definitiva con España, una insurrecclén maya-qr"rlehé en Totonicapan (Guatemala, 1.€ro) reivindica la alx¡llclén eleltrlbuto real, comolo demuesrran las carras (MEs, Contreras, 1968) ele aue llderes, el movimiento no cuestiona, sin emb-argo, la depenclenela rcapecto a España, sino el régimen arbitra_ río de los funclonarlor loeelea, Eata lniurrección, últiáa en Guaremala de toda una serle en el perloclo colonlal, será inmediatamenre seguida, ya enla época republleana, por otras perfectamente anáIogas -{omo eran análogo¡l lo¡ motlvo§ para rebelarse: el tributo real se llamaba ahora ',contrlbuclén,,¡ el serviclo personal en los .man_ damientos" (obras priblieas) y loe ,,repartlmlentos', (haciendas), qimpuesto de vialidad,, y,,habilitaclo nea,, (lbld ; 20), En resumen, como lo dice contreras, "la indepenclencia no cambió Ia situación social del indio"; los poderosos (hacendadoo, funcionarios, comerciantes) seguirán siendo, para los autóctonos, ,,españoles de Guatemala o de España" (tbtd.: 74,76). Este efemplo y las observaciones que suscita se pueden generalizar para vastas áreas indígenas del süb_ continente. Parece lógico, por lo tanto, que la ,,indepéndencia,,casi

tlcx¡o gon los criollos y los representantes de la metrópoli. sólt en MC.xlco, qulzás, con Morelos,la gueruapor la independencia se con_

sl blen los ejércitos de las luchas por la emancipación incluyen numeroso6 cuerpos indígenas, las subsociedades ,,étnicas,, no dispo_ nen cle mucha autonomía en un conflicto cuyos protagonistas polí-

nohayadejado huellas en la conciencia indígena, ni auspiciado ninguna producción literaria altetnativa. Ahára bien, algo iba a cambiar en la sifuación de las subsociedades indígenas a lo largo del siglo q. Los gobiernos surgidos de las luchas por la emancipación declararían a los indios ciudadanos libres dá sus países respectivos e iguales a la población mesfiza y criolla. Con ásta medida, inspirada en el ideario de la Revolución Francesa, se convertía teóricamente a los indios en campesinos individuales. Eola ptáctica, se suprimía asíla base legal de Ia autonomía comunitaria de los campesinos indígenas, su base económica y cul(falta de tural. Los ex indios, qré d" todos modos no iban a accedet costumbre, de capital) a la pequeña propiedad, se veían además despojados de la úniia protección que les había quedado: la.comunidad. En términos muy generales (el propósito de este ttabaio no permite ahondar en las diferencias), la consecuencia más nltida de esta política, para los sectores indígenas-campesinos, fue la progresiva invasión de las tierras comunales por parte de los hacendados, sector en espectacular expansión económica y numérica' Si la conquistahabía destruido los Estados autóctonos para convertir a sus poblaciones en subsociedades dominadas con cierta autonomía, la ofensiva latifundista del siglo >o<, quitándoles su base económica, amenazó no sólo la supervivencia de las colectividades indígenas en tanto que unidades sociales, económicas y culturales, sino,también la propia integridad física de sus miembros' El despojo de las tierras áomunales iba a liberur, y liberó de hecho, una mano de obra numero sa y batata pata las propias haciendas y las nuevas actividades que se iban a désarrollar al "calor" de 1a economía neocolonial. En varios casos, la ofensiva latifundista toma el aspecto de una deliberada campaiagenocida contra los "salvaies": conquista de la parnpa argentiÁay.ñil.tu, gseffa contra los yaquis en el norte de i¿¿"i.o. En el mismo contexto todavia se sitúan ¡as campañas confra urna serie de movimientos populares mesiánicos: Canudos en Brasil, los chiriguanos en Bolivia, Tomochic en México' Y, por fin' b guérra de la triple Alianza contra Pataguay no deia de ofrecer
notables analogías con este esquema. La fundamentación ideológica para todas estas ofensivas contra los sectores más autónomos es el darwinismo social con su exigen-

720

MARfiN LIEN}IARI)

coNTExTos HsTóRrcos

y

socrALES

1,27

el país, de europeizarlo "raza";las autonomias rndigenas o populares son, desde luego, el peor obstáculo ,onaruiu iru_ lización de esra polÍtica. como lé exp*r, rsz¡ rales argentinos de la c<lnqulota de ia pampa, "., """ á;l;r';;""
[...J los puehlos clvlllzador no podrán lamás sacar ningún partido de ellos (los lnclloo) nl por te eultura, nl ior ningun a ruzón favorable a su prosperr«red. rn rs graffa re prcsent" er único ."-"áio,-ffi .l prlncrpro de derechsr todr rdee áe urbanidad y considerarlá, a enemlgos que cn preclao deetrulr y exterminai (reu, nodríguez, M.,

cia de "acabar con el atraso,,, de moderniz ar en todos los terrenos, incrr.rrcro el de la

;;-"

7969: 67-68),

rarias de índole ,,pclpulur,',

ciedad nacional") y la.s subsociedede¡ lnclfgenas o mestizas, una se_ gunda conquista posiblemente mác traumitiaa qr" t" pri_.ru, ,.rr_ citó por lo menos clncc¡ r,om€ntoa de más o *"rro, ,ig"iil."ii* producción literaria alternetlv* l& ,fuerta cle .*rtari d" vir.lraq f, "colonización con vaca$,,ele lc égrdillera cle los ctririguano;¿;;, n-íes) de Bolivia, la conqulsta de ln pampa argentina, la ,,gu".iu d.l Paclfico" y el enfrenrarnlento entre le nepribnóa UÁri"nr'y J*""i. miento mesiánico de Cenudo¡, Tambtén en el contexr" A. t, ár._ rra. Grande de paraguay, donde la ,fsubsociedad,, invaclidu ,"rrri, todo un Estado naclonal, rc nprecla el surgimiento de prácticas lite_

Esta co)'untura histórica pártlculcrmente conflictiva en cuanro a la relaciónentre los sectr>reshe¡¡€mónrco§ (que se llaman rná.u iro-

tecos.'

yas para imponer su predominio. El porvenir de yucatán, para el sector hegemónico, es la inserción del territorio en la econornía mundial, básicamente como monoproductor de la fibra de henequén, proyecto que amenaza directamente el modo de vida maya tradicional, la economía milpera de autosubsistencia y la autonomía política de la subsociedad indígena, poco integrada hasta esa fecha. cualesquiera que fueran los motivos inmediatos de la guerra entre los mayas del interior y los ladinos, su efecto destrucción -la de la autonomía indígena en el norte de la península- permitirá la rápida aplicación del programa hegemónico de transformación neocolonial. Pese a las apariencias (en 1847-1,g4g,los mayas ,1agre_ sores" logran ocupar casi toda la península salvo las ciudades de Mérida y Campeche), la guerra de castas no fue un intento de los mayas ':salvajes" paru expulsaq finalmente, a los españoles odiaclos desde la conquista, sino una guerra defensiva de los campesinos milperos contra el avance latifundista y la nueva cruzada social-darwinista -deliberadamente etnocida y genocida- de los ladinos ),,llcaLas prácticas escriturales que nacen y se dearrollan en el seno de

Guerra de castas en yueatdn No podemos aquí inclagcr h0 causas, discutidas desde hace más de Baquei r<>, lgl.l-t952; Cline, 1945 Reed, 1964; ;ri"k;, ; 1981) del estallido de la "guena de castas', en yucatán. En los años 1840, dos decenios deopuüa dc la nrptura con España, yucatánapa_ rece como un tenitor{o vtrfl¡al si no oficialmenre independlente (de México), pero colonlal en las reraciones indios/radinos. ta rivaridad entre las dos ',capltales', Mérida y Campeche lleva alos dos ,;;r; nistas a atmat a sendos ejércitos comiuestos por campesinos ma-

yl^r§t? (urs,

la subsociedad maya insurrecta se asemejan sin duda alguna a las que se se habían institucionalizado enlas áreas indígenas de la Mesoamérica colonial (pero que habían desaparecido hacia 1g00): por una parte una producción epistolar, destinada a la comuni.u.ió., con el adversario y, por otra, la fijación por medio del alfabeto de la tradición oral contemporánea.lJna vez más, al parecet es el sector de los caciques (batab) el que se adueña de la cornunicación escrita con el exterior; los intereses que defiende, sin embargo, son los que le impone la masa cada vez más radicalizada de los campesinos mayas. Como 1o indican los títulos que se atribuyen los firman-' tes de las cartas, los caciques y principales no derivan ya la legitimidad de su liderazgo de su genealogía prehispánica, sino de sus aptitudes para la estrategia militar: Ios caciques se han transformado, quizás por analogía coñ el campo adverso, en ,,capitanesr,,(cEN, Lienhard, 1,992: docs.39 ss.). Desaparecida la incuestionaLrle auto* ridad suprema, el rey, a cuyo juicio se podÍan someter, a lo largo de
Ia época colonial, los conflictos con las autoridades o poderes coloniales, los autores de las cartas indígenas de la gue,rra de castas no

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CONTEXToS HISTÓBJCoS

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de puede llevarlatoma de conciencia indfgena, Derrotada la ,,reconquista" maya, las tropas indígenas no dispuestas a entregarse se refugian en la selva del oriente de la penfnsula (actualmenre euinrana Roo), donde reconstruyen una sociedacl ,'fflbal,, (tr,tus, Redfield, 1"941,)

reconocen ya sino Ia autoridad de su propio juicio. Se terminó el tiempo de las súplicas, del táctico ocultamiento de los sentimientos verdaderos; ahora se dice: inosotros lc¡s indios hemos resuelto y mandamos [...]". Este tono nuevo traduce, sin duda alglna, una revolución copernicana en el pensamiento de un sector indígena de Mesoamérica: la subsociedad indígena vuelve, después de siglos de coloniaje, a considerarse como centro, Lapropia historia de la guerra de castas puede mostrar hasta dón-

rra,laliberación, por parte de los ladinos, de todos los prisioneros
indígenas, la restitución de los bienes robados, la celebración, en la catedral de Mérida, de treinta misas suntuosas en su honor y, de modo más amplio, el reconocimiento general de su función y mensaje divinos.

Si ya se complacían en "mandar" los capitanes insurrectos de
1848, los mayas irreductibles de la segunda mifad del siglo son por obra y gracia de Juan de la Cruz, dueños de su propia Escritura Sa-

y autátquica. A11í surge el culto de la ',cruz habladora,,: un cristianismo indígena, orgullosamente reivindicudcl frente a los anticristos, los ladinos; un cristianismo con su hérrrc,preifeta (Juan de la Cruz), sus sacerdotes y... sus secretario§, [Il prOploJUan de la Cruz aparcce como autor de una proclama con fecha 15 de octubre de 1g50, y

-se 1851* dirigida a Barbachano, fefe del gobierno ladino de Mérida (uan de la Cruz,1981). RedacHdos en maya yLlcateco y, según el

de una cafta

conocen cincc¡ verslone8 de agosto-septiembre de

ordenamiento realizado por Victorla R, Ilrlcker (1g8lr 185-21g), con una prosodia no narrativa o epistolar sincl poétlca, estos textos reproducen los "mandamientos" deJuan cle la Cruz. En 1887, fodavía, Anastacio Caalam, secretario de los cruzob (,,cruces,,) en X-Cacal, coloca su firma debajo de un texto semejante que le dict6 la voz divina (Villa Rojas, 1945). Distintos en cuanto a su destinatario oficial (D. Miguel Barbachano o la comunidad de los ,,cristianos,,), estos textos comparten amplios fragmentos- constituyen un -que discurso en un cierto sentido único. Juan de la Cruz, abandonando su puesto a la derecha de Dios-Padre, bajó a la tie*a para convivir con los hombres y entregarles su mensaje. Todos ellos dzulob, -los "forasteros" o ladinos, los mahseualob,,,campesi.nos autóctonos,, o indios, los negros los mularos- Ie deben su engendramiento. Tal f Jesucristo, Juan dé la Cruz sufrió múltiples vejaciones (las que él menciona son los malos tratos que sufrieron todos los mayas por parte de los ladinos) y derramó su sangre para redimir a los hombres, Sus "mandamientos" incluyen la supresión del estado de gue-

grada.Todavía en 1930, época de la famosa investigación de Villa un descendiente de Anastacío Caalam y sucesor en el oficio de secretario, solía leer ante la comunidad reunida, en la fiesfa anual del santuario aldeano, los "sermones" de Juan de Ia Cruz (Villa Rojas, 1945). Dicho de otro modo, los indios comunes de X-Cacal, trastocando por completo la situación inicial de la conquista, se apropiaron los descendientes de sus importa-contra dores- el núcleo central de la cultura gráfica europea, la Escritura por antonomasia, no sin colocarla sobre bases del todo inéditas. Más que los caciques coloniales, corresponsales del rey español, más que los secretarios transcriptores de la tradición oral prehispánica, estos indios "tribales" lograron liberar Ia cultura gráfica de su estigma colonial.
Rojas,

La "colonización con uacas" de la cordillera de los chiriguanos
El caso de la "Cordillera" de los chiriguanos, en Bolivia, ilustra con meridiana claridad que la "emancipación" criolla, lejos de mejorar la suerte de los indígenas, se puede traducir, por su propia dinámica, en una ofensiva antiindígena de una violencia inédita. Para compensar los sacrificios de los héroes de la lucha por la independencia, en efecto, Ia fTamante República, desconociendo los derechos tradicionales de los chiriguanos ("ramificación" boliviana del tronco gaaran}, les ofrece tierras de colonización en la cordillera.2 El gobierno de Ia Gobernación de la Cordillera queda encargado de favorecer e1 poblamiento con gente criolla y de protegef a los gana2

Para todo este apanado, véase el libro

de SanabriaFernández (,u".,1,972).

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COI\¡TEXToS }xSTÓRIcoS

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deros recién instalados. La resistencia chiriguana,.casi inmediata, se expresará en una'serie de contraofensivas locales: Hacia fines del slglo se perfila nítidamente, entre.los indígenas, un movimiento pro-

r

fético-mesiánico al estilo guaraní, liderado por el hombre-dios o tumpá1 Apiaguaiqui y su "secretario" Ayernoti, ,,autor,, de la literatura alternativa que generaría este conflicto. En una carta alpadre R.o-

expresa sin mayorqs rodeos una perspectiva indígena ,,tradicional,,. Sin distanciarse explícitamente del cristianismo, pero tarnbién sin afirmartro, el hablante colectivo se limita a exponer, escuetamente, la doctrina de su movimiento: indicio, por un lado, de la fuerza que éste había alcanzado, pero también de su "extracción social,,, Apia-

mualdo d'Ambroggi, Ayemoti del movimiento "tumpalsta":
llB,l

(xr,

guaiqui, en efecto, nqsólo no fue descendiente de la nobleza

chi

1,972) punr.nliza

la

naturaleza

riguama, sino que tuyo que oponerse a algunos de sus sectores para imponerse c:omo tumpá. La personalidad del interlocutor contribu-

una persona que el mismo dios nos manda para nuestro seflor y ltbertador, que recien se a sabido despues, de la matansa en murucuyati lde la cual se salva, niño todavía, Apiaguai_ qui en 18771 i que Io tubo en su casa un viejo de sipotindi que sabia muchas cosas i Ie enseño todo para que sirbiera con eso a su pueblo [...1. Si ntro [nuestrol tumpa ha salido i se ha puesto arriba de su pueb1o no es porque aiga querido el si no por que los abas (awi,*hombre". en guaranfl lo sacaron cuando rubi"ron que es el mejor de todos i es mandado de dios, lo traieron aquí a ivo y lo hiciáron casa altar i despacho, despues todos se han benido trasde el y estan con elpara lo que mande i saben que lo que el dice ordena eso es 1o que conviene a todos nosotros (cnN, Lienhard, t992, doc. 112).
e$

tumplll no es brujo

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I

rl

ye quizás a explicar la "confíanza" del autor, verdaderamente inusual en lallteraura epistolar indígena: en tanto misionero, d'Ambroggi no aparecía como representante directo de los odiados caraíses, nombre con el cual los guaraníes designaban a los "españoles" (de karaí: "seño{', "gran shamán"); en el mejor de los casos, é1 podía servir, incluso, como aliado más o menos forzado, Como quiera que sea, la afirmación sin tergiversaciones referencia por lo menos -la d.iscursiva al cristianismo- de una religión "tradicional" constituye, en un documento indígena escrito, una radical novedad. Novedad que anuncia ciertas tomas de posición indígenas del siglo >c<.
Guerra del Pactfico Lallamada "gterra del Pacífico" (1.879-1.883) fue esencialmente una contienda entre Chile (apoyado por el imperialismo británico) y Perú por la posesión de las salitreras situadas en la costa del Pacífico. En la sierra peruana, esta guerra tomó a menudo el aspecto de un enfrentamiento abierto entre latifundistas colaboracionistas y comunidades indígenas. Incorporadas masivamente en las guerrillas que apoyaban, no sin cierta autonomía, Ias campañas del general nacionalista Avelino Cáceres, éstas aparecen como fuerzas patrióticas cuya lucha antiterrateniente nunca significó, pese a las afirmaciones de sus adversarios político-militares, un intento de extermi nar a la "raza blanca" (eNp, Manrique, 1981), En la cultura popular acrual de Ia sierra central, unas comparsas llamadas de abelinos o auelinos recuerdan ese periodo de la historia indlgena local, Si el material actualmente disponible difícilmente perñ:rire postular la existencia de una prácticaliteraria protagoniza§a por los líderes indígenas, una carta como la de los jefes guerrilleros de Co-

La insurrección de los chiriguanos se producirá, a raíz de una provocación criolla, en 1892, Como ya sucedió en la ,,guerra de cas_ tas" de Yucatán,la "c¡fensiva" indlgena servirá, de hecho, de pretexto para hacet avanzar la "fronteta,' en el país guarani. El genocidio causará, según las propias fuentes criollas, más de 6 000 víctimas entre los chiriguanos. Más que otras cartas indígenas, el texto citado, como muestra del "discurso escrito alternativo,,de los chiriguanos,
3 En su interesante libfo sobre este movimlento, sanabria Fernández (At:f lg72) , ofrece dos gra{ras de este ré¡mino: tumbay tumpa. por §anabria Femández, escribe tumpa(como en todas lás palabns-raices del guaraní, se sobreentiende que el acenp cae en la última sílaba), parece evidente que este tér-

AyaÁáil,;;;;il.,il;;:;;

mino coresponde al tupígr$raní tupí,,,divinidad del trueno,,, ente cuyo. nombre fue elegido por los misioneros jesuitas en Brasil y en parag)ay paranombra¿ en tupí y en guaranl, al Dios cristiano. Atribuyéndole a Apiaguayki, en una carta escrita én esFañol, el título de tumpá, Ayamaii lo califica paralelamenre de "Dios" y de ,.divinidad guaraní del rrueno".

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coN1Exros HrsróRlcos Y

socrALES

mas (lbtd.: 393-394; cEN, Lienhard, 1992: doc. 93) destaca el interés que podría ofrecer un hipotético conjunto de cartas "indígenas"

redactadas en este contexto. [,os autores, llderes

de comunidad,

afirman, per vez primera y contra los terratenientes traidores, un patriotismo no "incaico" ni más restrictivamente "quechua", sino "nacional". Resulta difícil decidir si este nuevo patriotismo traduce
una integración nacional del campesinado indlgena muy superior a la (casi inexistente) del siglo x\rII, o si hay que entenderlo, igual que el "cristianismo" de los mayas insurrectos en Yucatáflr como una nueva forma de nacionalismo indígena, El epíteto de'operuanos" que se atribuyen los jefes guerrilleros, no se refiere necesariamente al concepto criollo de la nacionalidad peruana, Como se sabe, el discurso andino (desde Tupac Amaru hasta hoy) adopta a menudo un "nosotros los peruanos" que excluye a "ustedes los extranjeros o criollos". La victoria de los chilenos y el fortalecimiento de los sectores oligárquicos crea condiciones muy favorables para el despojo de las tierras comunales por parte de los latifundistaS, pese a una demagógica legislación proindlgena (lNo, Kapsoll, 19821 18). Numerosas serán, entonce§, las rebeliones indlgenas en la zona andina *algunas de ellas, como la famosa insurrección de Atusparia en la sierra norte, productoras de "memorlales" lndfgenas que reivindi-

de terrenos cada vez más vastos para el pasto de los vacunos, implementa una política ambiciosa de "conquista dela pampa" o del "desierto", encaminada a destruir por cualquier medio (dispersión, aculturación, eliminación física) las subsociedades indígenas pampeanas que se mantienen, aculturadas pero relativamente autónomas, más allá de la frontera con el mundo europeizado. El éxito final de las campañas militares antiindígenas allanará, luego, el terreno paru la segunda fase del programa de reestructuración: industrialización dependiente, inmigración masiva de hombres "ciyilizados" (en primer lugar, italianos y españoles), urbanización desenfrenada. Oficialmente presentadas como fase de la lucha de la "civíIización" contra la "barbaie", estas campañas, no tan disímiles de las ofensivas latifundistas en Yucatán, Perú y otras partes, no resultan, como lo puntualizó Viñas (pAM, 1982) en su libro esclarecedo¡ sino el caso más extremo de una política casi general en la segunda mitad del siglo )o(. Política que echa sus raíces en la propia violencia conquistadora. Minoritarios, aislados, sin defensores en los sectores hegemónicos, los indios pampeanos resisten hasta su exterminio o la

disolución de sus subsociedades. La lucha, interrumpida por momentos de negociación entre ambas partes, suscita una correspondencia relativamente nutrida entre
los iaciques indígenas y los interlocutores "civilizados", civiles o militares. Las cartas indígenas --{uyos autores más conocidos son los caciques Calfucurá y Namuncurá- traducen los últimos momentos de las subsociedades pampeanas: su voluntad de resistencia y aun, su triunfalismo (crN, Lienhard, 1992: doc. 117); luego, el desmoronamiento de la esperanzay el abandono de la autonomía(tbtd.: doc. 118), que precede su extinción. Si bien, quizás, esta literatura epistolar no esté, en términos expresivos, a la al:rtira de los trágicos sucesos, no merece ser pasada por alto. Poco tiempo tuvleron los caciques pampeanos para desarrollar una escritura alternativa. A partir de la definitiva liquidación de las subsociedades indígenas parnpeanas, en Argentina, el abanico de las prácticas literarias teóricamente posibles se reduce en una proporción notable. La característica "monofonía" de la literatura. argentina culta deriva en parte, sin duda, de estos hechos y de la ideología, aún presente, que los hizo posibles.

can, ante todo, la aboltclón de la contrlbuclón personal (cBN,
Lienhard, 1992t doc,94), A partlr de 1900, aproximadamente, surgirán una serie de movimlentos meslánlcoc que exigen, en algunos casos, la restauración del TawantlnÉuyu, En la medida en que tales movimientos suponen una coyunnJra nueva, caractenzada por la solidaridad proindígena de ciertos núcleos de intelectuales, aplazaremos su evocación aI apartado siguiente,

.t
La conquista de l.apañpa En el Cono Sur, especialmente en Argentina, los años 1860 y 1870 son los de una a.celerada reestructuración neocolonial del país, cent¡ada en el primer momento en la expansión del sector ganadero, exportador de carne y cueros. La oligarquía ganadera, necesitada

l¿n

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coNTExros nlstónrcos

y

socIALEs

1,29

Cluerru Grunde de Paraguay, Cg.nudos

1' tupís.

lr !1r ex área tupiguarani,la guerra imperialista de la Triple lvlianza (Brecll, Argentina, Uruguay) .óntra la auronomía del Eitado paragu¿yo (1865-1869), y la desrrucción de la,,república,, mesiánica de los Jagungos de Canudos (1896-1.897) por lás rropas de la nueva república liheral-positivista de Brasil, se pueden áonsiderar como vari¿ntes del fenómeno de la ,,expansión latifundista,,. En ambos c0§o§, §e trata de liquidar unas autonomías la -nacional-jacobina prlmera, comunitaria y religiosa la segunda- que amenazan el or_ den neocolonial. Las "literaturas alternativas" que surgen en ambos contextos ofrecen unas particulafidades marcadas. En paraguay, La "literatur:a a!tetnativa" torna la forma de un periodismo de trinchera ejemplo mejor conocido es Cabicbuí (Nr, 7984 t1g67-1g6gD_-el ái*. qru para exaltar el patriotismo de los combatientes. como el frente milita! con la derrota, constituye en rigor la única manifestació n palpa_ ble del Estado paraguayo, la,,liteiatura alternativa,, produciáa por una serie de intelectuales "atrincherados" se convierte en la maniiestación principal de la literaruru paraguaya del momento. Con sus constantes referencias a la cultura occidental y una escritura que recuerda el discurso de la Revolución Francesa, cabicbuí.o ,rig. directamente de la oralidad popular. Su gesto, sin embargo, *.rá_ (ra cierta anarogía con las recuperaciones indígenas del discurso ofipiaf que caracfeiza no pocas literaturas alteinativas, de Tupac A¡raru a los mayas insurrectos de yucatán: este díscurso culto, en efecto, niega el de los supuestos representantes de la ,,civilización occidental'', ante todo los brasileños. por otro lado, los -interesantlsimos- grabados"que ilustran el texto verbal constituyen una espe9i9_de discurso paralelo, de índole más clarumente ,,popular,,. El farnoso movimiento .rnesiánico de los iagungos de óanudos, f€pfɧentantes de una arcaica, pero mestiza, parece acfira"r{rm lltcr otros- éiertos .o*po.trrnientos de más t menos leja-entre n¡ BácÉndencia indígena. Es posible la información etno_ -pero hl¡tórlcr disponible no permire afirmaÁo rajanremenre- que su m€¡i4t1llmgr de retórica exclusivamente cristiana, se apoye de algún medo en el lejano precedenre de los movimientoi proféticos

i ' Conselheiro: '

Sus manifestaciones literarias conocidas son, por un lado, una serie de cantos (da Cunha, 1982 llg)2D, y por otro, algunos discursos y prédicas del propio líder del movimiento, Antonio

i , I
trl

Hade chover uma grande chuva de estrellas e ahí será o fim do mundo. Em 1900 se apagaráo as luzes. Deus disse no Evangelho: eu tenho um rebanho que anda fóra deste aprisco e é preciso que se reunam porque ha um só pastor e um só rebanho (ibid.: 1"33).

,

l ,
r,

La ausencia de tales rasgos milenaristas en los textos que recogen unos cuadernos que dejó Anronio Conselheiro (1.978llg9]!) no

'

invalidan, sin duda, la índole "alternztiva,,de su discurso. A veces importa más el contexto del discurso (sobre todo su recepción por los destinatarios inmediatos) que la forma aparentemente convencional que adopta.
.IINDIGEMSMoS,,

INTELECTUALES

Y MovIMIENToS

ÉTl¡co-socnrns MoDERNos

i i,
1,

. ,l ,

L,a creciente integración (dependiente) de AméricaLatina al mundo occidental, los profundos cambios que experimentaron muchas formaciones sociales latinoamericanas en los primeros decenios de este siglo, no pudieron dejar de afectar las relaciones entre los sectores dominantes europeizados y las 'rsubsociedades,, de ascendencia prehispánica, así como la propia identidad (política, social, cultural) de los dos interlocutores. Las prácticas literarias alternativas inscritas en el marco de estas relaciones demuestran a sv vez una notable diversidad, comparable con la del siglo xvr; en algunos casos, logran romper el cerio de la marginalidad e imponerse como prácticas significativas para toda la sociedad. Lios

i

procesos de transformación soclal

Para las áreas "indoamericanas" (Mesoamérica, Andes, qluizás paraguay), la cómoda imagen de un sector hegemónico europeizado

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coNTExros HISTóRrcos Y

socrALES

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facuLar del sector "mestizo", mientras que la población ,,indígána,, se va estabilizando. El caso de México, precoz pero representativo

Galindcr (AND, 1986: 245-260), una situación de ,,país ocupado,', y Io mismo se podrla afirmar sin duda de Bolivia, yucatán o los Altos de Guatemala, Pero todas las sociedades,,indoamericanas,, modernas ostentan una estratificación sociocultural cada vez más compleja, con numerosas pasarelas entre los diferentes compartimientos. En términos demográficos simples, se asiste al crlcimiento espec-

que reina sobre las masas (rurales) indígenas o mestizas parece con reservas- didácticamente aceptable para discutir las -aunque literarias prácticas alternativas del periodo colonial y del primer periodo republicano. A partir de la segunda mitad del siglo xx «r, según el caso, el comienzo del siglo xx, esta imagen comienza a resultar demasiado simplista, Es cierto que en un área como Ia sierra meridional de Perú, sigue prevaleciendo, como lo sugiere Flores

tor social concreto, Ias de "mestizo" o de "ladino" resultan socialmente opacas. El concepto de "ladinización de los indiosl' confunde, en efecto, procesos tan distintos como la integración regional o nacional de las comunidades indígenas, su estratificación social creciente y la ap;arición de una capa de comerciantes y latifundistas, el ascenso social de los jóvenes indígenas gracias ala educación escolar, la proletarización o, más frecuentemente, la "subproletarización" individual y colectiva de los indios tradicionales. De hecho, y es lo que nos importa aquí, una parte de los mestizos ingresa a los sectores hegemónicos, por lo común.en tanto miembros "subalternos"; otros, en cambio, si bien abandonan una parte de su cultura ancestral, siguetrr ubicados en los estratos dominados y margrnados de la sociedad. El concepto de "subsociedad indÍgena" que hemos venido mane1'ando hasta aquíva perdiendo, en el siglo )o<, buena parte de su pertinencia. Durante la Colonia, la "subsociedad" indígena tenia una expresión legal "República de los Indios'- y sus mecanismos de autogobierno-la y regional. En la segunda mitad del siglo xx, local la supresión de las bases legales de las comunidades indígenas y la transformación de los indios comuneros en siervos de las haciendas tragacomunidades afectala cohesión relativa que solían mantener las poblaciones indígenas rurales; sólo en algunos momentos de conflicto étnico-social mayor ejemplo en la "guerra de castas" de Yucatán- el conjunto de -por las comunidades nativas de una zona determinada muestra todavía la permanencia virtual de una 'lsubsociedad indígena". En el siglo xx, a pesar de la relegalización o la reconstitución de las comunidades indígenas (como los eJtd,os (Méxi en México), los procesos de modernización -revolucionarios co, Bolivia, Guatemala) o autoritarios (Perú, Paraguay, Brasil)- van disolviendo las subsociedades indígenas en tanto conglomerados relativamente autónomos. La penetración del capitalismo mercantil o moderno enlas áreas tradicionalmente indígenas, el desarrollo de las diferencias de clase en el interior de las comunidades yr el éxodo de los indios hacia las ciudades son a la vez signos y factores de una creciente integración de las ex subsociedades indígenas o mesfizas a la sociedad "nacional". Si muchas colectividades indígenas de las diferentes áreab se han

en cuanto a las tendencias generales, nos servirá de ejemplo. En 1810, las estadísticas demográficas arrojan las cifras siguientes: 1. 097 998 europeos y criollos, 3 676 281. indígenas, 1. 339 706 rnesrizos. Y en L885, 75 años más tarde: 1.995 1I7 europeos y criollos, 3 970 234 indígenas, 4 492 633 mesrizos (ues, Sierra, t977 t78991: 297). sin entrar en el problema no resuelto de la definición de tales categorfas y de la evolución de los criterios, se debe admitir en todo caso un aumento espectacular del sector mestizo. como resulta improbable la casi cuadruplicación de los mestizos de 1g10, cabe
suponer que buena parte de ellos son descendientes directos de in_ dios. Para explicar este tipo de fenómeno se ha recurrido a la teoña. de la "ladinización de los indios,, (l,rns, Redfiel d, 1.941,;Adams, 1 956) : los indios, sea como individuos, sea colectivamente. tienden a cubrir más o menos rápidamenté"las etapas-d e un contlnuum que lleva de la situación del indio tradicional a la de un ladino (no indio, "mestizo") urbano. Los criterios üilizados para demostrar la supuesta tendencia irresistible a la acurturación uniraterar son fundamentalmente "culturales": idioma, vestimenta, estilo de vida, familia, etc. Ahora bien, si La cafegoría de "indio,,, según unos criterios socioculturales discutibles pero generalmente admitidos (uso de un idioma autóctono, acfividad agrícola comunitaria o parceraria, preservación de ciertas tradiciones de origen prehispánico), se refieien a un sec-

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que relna sobre las masas (rurales) indígenas o mestizas parece con reservas- didácticamente aceptable para discutir las -aunque literarias prácticas alternativas del periodo colonial y del primer periodo republicano. A partir de la segunda mitad del siglo rx o, según el caso, el comienzo del siglo )o(, esta imagen comienza a resultar demasiado simplista. Es cierto que en un área como la sierra meridional de Perú, sigue prevaleciendo, como Io sugiere Flores Galindo (exr:, 19861 245-260>, una situación de ,,país ocupado,,, y lo mism«r se podría afirmar sin duda de Bolivia, yucatáno los Altos de
Guatemala, Pero todas las sociedades,,indoamericanas,, modernas ostentan una estratificación sociocultural cada vez más compleja, con numerosas pasarelas entre los diferentes compartimientos. En términos demográficos simples, se asiste al crlcimiento espectacular del sector "mestizo", mientras que la población ,,indígena,, se va estabilizando. El caso de México, precoz pero representativo en cuanto a las tendencias generales, nos servirá de ejemplo. En 1810, las estadísticas demográficas arcojan las cifras siguientes: 1. 097 998 europeos y criollos, 3 67 6 28I indígenas, I 339 7 06 mesrizos. Y en 1885, 75 años más tarde: l9B5 177 europeos y criollos, 3 970 234 indígenas, 4 492 633 mesrizos (rurs, Sierra, 1.977 118991: 297). Sin entrar en el problema no resuelto de la definición de tales categorías y de la evolución de los criterios, se debe admitir en todo caso un aumento espectacular del sector mestizo. como resulta improbable la casi cuadruplicación de los mestizos de 1g10, cabe suponer que buena parte de ellos son descendientes directos de in_ dios. Para explicar este tipo de fenómeno se ha recurri do a la teoría de Ia "ladinización de los indios,, (MES, Redfiel d, l) 41 ; Adams, 1956) : los indios, sea como indivifluos, sea colectivamente, tienden a cubrir más o menos rápidamehte las etapd3*de un continuum que lleva de la situación del indio tradicional a la de un ladino (no indio, "mestizo") urbano. Los criterios rúilizados para demostrar la supuesta tendencia irresistible a la aculturación unilateral son fundamentalmente "culturales": idioma, vestimenta, estilo de vida, familia, etc. Ahora bien, si la cafegoria de "indio',; según unos criterios socioculturales discutibles pero generalmente admitidos (uso de un idioma a.utóctono, actividad agrícola comunitaria o parcelaria, preservación cle clertas tradiciones de origen prehispánico), se refieien a un sec-

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tor social concreto, las de "fiestizo" o de "ladino" resultan social, fnente opacas. El concepto de "ladinización de los indios" confun-

de, en efecto, procesos tan distintos como la integración regional o nacional de las comunidades indígenas, su estratificación social cre:r ciente y \a aparición de una capa de comerciantes y latifundistas, el : ascenso social de los jóvenes indígenas gracias ala educación esco-

Iaq la proletarización o, más frecuentemente, Ia "subproletarización" individual y colectiva de los indios tradicionales. De hecho, y es lo que nos importa aquí, una parte de los mestizos ingresa a los Sectores hegemónicos, por 1o común.en tanto miembros "subal,,'ternos"; otros, en cambio, si bien abandonan una parte de su cultu-

, dos de la sociedad. ' El concepto de "subsociedad indígena" que hemos venido maner jando hasta aquí va perdiendo, en el siglo >o<, buena parte de su per' J ,
tinencia. Durante Ia Colonia, la "subsociedad" indígena tenía una expresión legal "República de los Indios"- y sus mecanismos

Ía ancestral, siguep ubicados en los estratos dominados y margina-

local de autogobierno -la y regional. En la segunda mitad del siglo ><»<, supresión de las bases legales de las comunidades indígenas y la Ia transformación de los indios comuneros en siervos de las haciendas tragacomunidades afectala cohesión relativa que solían mante-

ner las poblaciones indígenas rurales; sólo en algunos momentos
de conflicto étnico-social mayor ejemplo en la "guerra de castas" de Yucatát- el conjunto de -por las comunidades nativas de una zo-

na determinada muestra todavía la permanencia virtual de una i., Ísubsociedad indígena". En el siglo ro<, a pesar de la relegalizaci1n o la reconstilución de las comunidades indígenas (como los efidos ; en México), los procesos de modernización-revolucionarios (Méxi i. co, Bolivia, Guatemala) o autoritarios (Perú, Paraguay,Ilrasil)- van ' disolviendo las subsociedades indígenas en tanto conglomerados

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relativamente autónomos. La penetración del capitalismo mercantil o moderno en las áreastradicionalmente indígenas, el desarrollo de las diferencias de clase en el interior de las comunidades y el éxodo de los indios hacialas ciudades son a la vez signos y factores de un, creciente integración de las ex subsociedadei indígenas o mesllzas ala sociedad "nacional". Si muchas colectividades indígenas de las diferentes áreab se han

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col\tTExTos urstónrcos Y socrArEs

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confesarlo, a varios millones de indios más o menos conscientes de un pasado pr._ hispánico que el Estado y sus aparatos manejan comó si fuerá su propiedad. En Perú y Bolivia, en carnbio, pese a la integración pro_ gresiva de las comunidades tradicionales, no surgió ni Je proclámO ninguna sociedad nacionar niestiza; los propios sáctores hegemónicos siguen subrayando, comopn la época de Tupac Amarufh existencia de otra sociedad,.separáda de la europeizada, La Gonstánte movilización mesiánica, reformista o rerbr,ucionaria de las colectividades campesinas, poco dispuestas a áé¡arse ,,integrar,, en el mar_ co de una sociedad de disoriminaciones, contribuyó-a mar,rtener o a desarrollar una cierta autonomía (axo, Flores Galindo, 19g6; Rivera Cusicanqui, 1986). En Gvatemala,los movimientos de guerr.illa re_ clentes (alianza entre ladinos, progresistas y campesi nos organizados) suscitaron no sólo ra feroz represión oficiai sino tamÉién la resistencia "cultural" de algunas colectividades étnicas (urs, Le Bot,

cie.dad "mestiza" sigue marginando, pe.o

se autoproclama, sin problematizar el concepto, ,,mestiza,,. Esta io_

ales,,, y su relaclón la "sociedad global,, variatanto de un 1uga* otá qr. resulta 9on difícil indicar las rendencias generales (cnN, Chevalier, igAJ, Vt_ 189). A cualquier ejemplo de ,,integración,, se puede oponer otro que demuestra el permanente dinamismo, er rásurgimiánto de las subsociedades indígenas. En México, por e¡emplo, la revolución (ante todo el sexenio cardenista, 1934-L940)'"r.á u, campesinado indígena parcialmente "nuevo", organizado en cooperativas no tradicionales y relativamente inte$ado a una sociedád nacional que

gena dlezmada o extinguida, como los caboclos en B-rasil (err, .§ü.ag_ ley, 1952) o los campesinos no indios del noroeste de México que se manifestaron en Ia "goerra cristera,, (urs, Meyeq 1973_1974). En algunas ciudades, especialmente en el área andina,:surgió una nueva:subsociedad "rndígena,, urbana, cuya autonornía cubre diferen_ tes aspectos de la vida práctica e intelectual; en varias ciudades de Brasil, los descendientes de africanos crearon situaciones anárogas. La situación de las colectiüdades ,,tradicion

egnvcrtldo cn pueblos campesinos donde la referencia étnica no al¡dflca ya slno una figura retórica,vastos sectores de la población ruffl mpstiza (o mulata), marginados por los sectores dominantes, hrn tomado en casi todos los ientidos et lugar de la población indí

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1989). En Brasil y Paraguay sigue existiendo todavía una "frontera", cadavez más tierra adentro, detrás de la cual algunos grupos rebeldes pugnan por sobrevivir contra los buldóceres de la civilización.

Contrariarnerfie a 1o que solía suceder en los siglos xvtu y xD{, los rnowimientos de resistencia popular ("indígena" o no) pueden ahora, contar con la solidaridad por lo menos verbal de ciertos sectores urbanos, especialmente intelectuales. Como en el siglo xu, existen, en el sector hegemónico, divergencias profundas en cuanto al sta,us que merecen las colectividades marginadas. lJna parÍe de los intelectuales, convencidos de que no se podrá marginar indefinidamente alas mayorías populares, o de que éstas, incluso, decidirán, quiérase o no, el futuro del país o de Ia región, optan por una alian-

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za estratégica con ellas: el grupo de intelectuales indigenistas y socialistas que se reunieron en torno a Mariátegui, en el Perú de los años veinte, es el mejor ejemplo. Esta nueva actltud debe mucho a los movimientos socialistas o revolucionarios de comienzos del siglo >o< (especialrnente a las revoluciones mexicana y rusa), Si los primeros intelectuales comprometidos con los sectores marginados pertenecen por lo general alas capas más altas o dirigentes, se pueden encontrat en las generaciones sucesivas, intelectuales de origen más modesto e, incluso, de ascendencia "indígena". Casi todos los movimientos indígenas mencionados son ya, de a\g6n r,nodo, el resultado de la alianza entre intelectuales y sectores marginados. El auge general de los movimientos revolucionarios o reformistas que se observó, entre los años sesenta y ochenta, en la mayoria

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-pefo de diversas formas-- en los segmentos indígenas de las poblaciones nacionales. La lideranza de estos movimientos pertenecla, por lo general, a ciertos grupos de intelectuales urbanos progresistas. Siguiendo la tradición "indigenista", estos grupos tra¡abanáe incorporar el campesinado indígena a unos proyectos inspirados directa

de los países latinaomericanos, repercutió profundamente

o indirectamente en el mar:rismo. En numerosas áreas (Andes centrales, Centr oamérica), las organizaciones indígenas constitulan "bao militares- de una lucha que nó contemses" rurales -sindicales plaba las reivindicaciones específicas de los descendlentes de los

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l'\¡encidos" del siglo

xlr. Tarde o temprano, sin ernbargo, las lide-

coNTErIos HrsróRrcos

y

socrAlns

I

en Brasil o cuba. Ambos movimientos constituyen, ;rg;; expresiones específicas "" -generalmente no separatistas_ ¿.*rru tendencia mundial a la afirmación de lo ,,étnico,,.
Viejas

hoy largo del subcontinente ratinoame.r"i""'corre a to amplio y a lo parare ra a ra ,,reafricanización"
de ras curruras

.'ff '¿,3: tas reivindicaciones_de ripo cultural. ,tlo lu.go ¿" #áe."áI qr" precedió 1992, arto de la iolémi.u .oÁ. se incremen tó'ta actividaá a. rr, ..gr;;"fli::1.?1rf# tituyeron' con diferentes apoyos irternacionales, redes nacionares y continentares de las organizaciones indígenas americanas. El desconocimiento de estas nuevas reati¿aA.s i,etnicas,,por parte de los grupos revolucionarios originó, como se sabe, graves conflictos con la.s lideranzas indígenas (C,rutemalu, ñi*rrg.ru, etc.). La reafirma_ ción de tas raíces indígenas.qu.;-¿;;;,

orsanrzacionissinaicaresáffiffi

"étnlcos,,, organlzaclon., y

de san José, C«rsra Rtca, 1981, a ptanrear no sólo el consabldo .Droblema d; h.'ile;i,i.ii *o, Mariátegui, 1969: j3_ 86)' sino tambtén .r d; ffiffi,';:urrurar, porírica o, incruso, terrirorial (cs¡'¡, no,eo-ArAvena, Ittirt Er muchos países ratinoamericanos Ecuacror,'cJornuir, Brasil, Guatemala, -Beilivra, Nicaragua, panamá, México, etc._ surgieron, base en los valores

ranu,r rndfgenao, a menucro bajo er rmpacto de esúmulos venidos exrerior (conferencin cle.BarÉado_,

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nueuas tr:nicticas literatnqs alternatiuas

embargo, los propios intelectuales (surgidos) de las colectividades indomestizas han venido encargándose de trasradar a la escritura el modo de sentir, de pensar y de hablar de su grupo Las prácticas literarias arternativas del momento presente no dejan de recordar las de la época colonial. Hoy, la recolección de la tradición oral de los marginados, práctica que reanuda con la de los mísioneros renacentistas, se suele realizar con mayor autonomía política y con una visión rnás clara delos objetivos. por r, lado, los informantes no son ya los caciquesyprinLipales A. u.rt"¡o,-riro colectividades o individuos "anónimor,,. No todo, los recopilaáores, pQr otro lado, pertenecen a están al servicio de- 10s sectores -o hegemónicos. Muchos de ellos, miembros o no de algunacolectivi_ dad tradicional, son, en efecto, militantes políticos o ,Iétnicos,,. Cada vez más,la.publicación impresa de los teitos grabados y transcritos corresponde a un Ceseo o un mandato formulado por los deposi_ tarios de la memoria oral: conseguir que se conozca, más allá dL los límites de la colectividad, su historia, su modo de vivir y a. p.rrrr, su lucha. Así, unos textos como Gregorio Mamani. Autobiigrafta (¡No, Valdenama/Escalante, 1,977), éiprto, pbuturi Su.ni, ianteo puntun cbaykuna ualen/Las cosas ualen cuand.o están en punto su de equilibrio (aNo, Espinoza, 1997), precisamos um cbñ,o: depoi_ rnentos indígenas (erT, Rondon Amarante,/Nizzoli,79g7) o Maitere ma haé tinbin. Histórias de maloca antigamente (etr, pichur,y, 19gg), amén de muchos más, se publicaron a instancias de loi ,,infor_
mantes".

indios,ohi;;;;#:TJf,ffi
go, algunos de

n:?J::ff1,,11:s,J

Durante Ia colonia, los agentes principales de las prácticas literarias por un lado,^ciertá mtlior.ro, y orros tunciona_ :]::rlrlyir T.:ror, o", orro, numerosos miembios de ra

ellos rrr-i.."" ruÁLiZr, ü",rutcion de leuados de sus propias cotecrividad*: et siglo ;, ;;t?, áreas pobladas por in_ jf:m_" mestizos que !l conservan rasgos cuiturales real o supuesra_ mente prehispánicos. los.antrápór"g;r ;;dieron, en ranro rranscriptores del discurso indígena,) l;r';ri;;"{os. cada vez más, sin

;uü, ji3::;;ÍtJ* i:*:,?:",'_.,1

riografía indígena". Fn cuanto a las prácticas literarias "autónomas,,, el contexto actual, que auspicia la aparición de lectores ,,indígenas,, y un interé1

todo los grupos étnicos amenazados en su existencia_ dirigen cartas y manifiestos a los poderes políticos nacionares o a la ápinión pública nacional e internacionar. organizadas y potitizadas, ertas expresan ya sin rodeos Ia aspiración a ra autonomia, a un territorio garantizado, a la justicia social, como se percibe, por ejemplo, en Las nacionalidades indígenas en el Ecuaáor. Nuesiro pro"r* oígo_ niz-a,tiuo (eNo coNarn,lggg). publicado en el contexto de las luchas indígenas, este libro evidencia también el surgimiento de una ,,histo-

Como en épocas anteriores, las colectividades indígenas _sobre

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MARTIN UENÍTARD

el caso de renovado por las culturas nativas, va suscitando -véase Ia poesía quechua contemporánea (cap. )il)- una producción creciente'de textos propiamente artísticos. A ello contribuye, también, la organización de concursos literarios indígenas como el de Chiapas (mns, Cuentos y relatos indígenas, 1989) o la creación de la catego, iía de "literafuras indígenas" en el premio internacional de Casa de las Américas (Cuba).a Conviene señala¡ para¡ermina¡ que la expansión discursiva que se manifiesta en o en torno a los rnovimientos indígenas no se cifra exclusiva ni, quizás, predominantemente, en las prácticas literarias alternativas. Como ya se indicó en el prólogo, los sectores indígenas se están involucrando ampliamente en toda la gama de recursos que ofrece la moderna culrura masiva. A través de los actos culturales masivos se amplifica la "oralidad", mientras que la escritura halla un soporte nuevo en el cine y el video. A nivel de su proceso de comunicación, el llamado "cine indígena" no suele ser, todavia, un verdadero cine realizado por los indígenas para otros indígenas. Se parece, en este sentido, ala prácticaliteraria contra-bastante dictoria- que calificamos de rescate de la tradicién oral indígena (cap. II), Generalmente ajenos a la colectividad indígena, la mayoría de los etnocineastas actuales atribuyen, sin embargo, gran importancia a la colaboración indígena en la definición de los objetivos de la película, la elaboración del guión y la difusión del testimonio cinematográfico, En varias comunidades existen, por otro lado, equipos de videoastas que van transformando este medio antaño aieno en otro instrumento más de la comunicación interna. EI Festiual l.atinoarnerlcano de clne de pueblos lndfgenas que se organiza desde 1985 atestigualaimportancia que alcanzaron los medios audiovisuales en tanto soporte de mensajes "indlgenas".

C¡.pfruro IV Escnrrun¡, y pRocEsos
DE INTERACCIóN

cutruRAr

..INTERACCIÓN CULTUMT,' Penaolc¡,T¡.s DE LA

Fruto del encuentro desigual, en el marco de una "situación colonial", entre la cultura de los sectores dominantes o hegemónicos y la de las "subsociedades" marginadas, las literaturas alternativas ostentan u ocultan, en sus formas, sus contenidos y el sistema de comunicación implicado, una mezcla de tendencias divergentes.
Este hecho se relaciona, obviamente, conlos procesos de interacciÓn cultural que se van desarrollando en las sociedades coloniales y ex

coloniales. Luego de discutir la naturaleza de tales procesos, trataremos de captar y medir su repercusióh en los textos alternativos. Desde el primer siglo del periodo colonial surge la idea de que se me permite este anala naciente "cultura latinoamericana" -si cronismo-- es el resultado de una mezcla entre las diferentes culturas en contacto. Una de las primeras formulaciones (1596) de 1o que vendría a conocerse más tarde como "mestizaie culfiral" es sin duda Ia de Mendieta, franciscano radicado en Méxicor

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{ Premio creado, a lnstanclas

así podemos decir, que de lenguas y costumbres y personas de diversas naciones, se han hecho en esta tierra una mixtura o qüfumera (urs, Mendieta, 1980: L, tY, cap. 44),

del autof dé este trabaio, ein L992.

Observador lúcido de las nuevas realidades culturales; Mertdieta Ias califica ds i'quimeras". ¿Qué valor se atribuye, hacia 1600, a este vocablo? En el lenguaje de la época, nutrido de referencias grecola11.37)

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M.ARTIN LIENTIARD

ESCRITUM

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PROCESOS DE INTERACCIÓN CULTURAI

1.39

, tlna§, la quimera es un "monstruo, que echa llamas de fuego por I la boca y tiene cabega y cuello de leiln, el vientre de cabray la cola i rle dragón" (crN, Covamubias, Ig43 116lll): un engend.o iibrido, lnacabado. El misionero está poriiendcl de relieve, pues, el carácter altamente conflictivo de Ia mixtura que provocó, en la esfera cultural, la coexistencia colonial entre los europeos y los indios y sus descendientes respectivos. A lo largo del siglo >or se desarrollaron tres grandes paradigmas pa_ ra dilucidar el funcionamiento y evaluar lcls resultadoi ¿. toi macroprocesos de interacción cultural en Amcrica Latina:_el ryteslizqie, la qculturación y el pluralisnno cultural. El paracligm a del m.estizi¡e remite a unas concepciones claramente cleclmonónicas.paralos adeptos del positivismo, teoría sociológica preclominante en la segunáa mitad del siglo xx, "raza,,y,,cultura', fbrmat:an un todo indisoÁable. Al explicar el proceso de gestación (ractsl) de las poblaciones na_ cionales, el mestizaje pretendía tamlrién cleflnlr la naturaleza de los correspondientes procesos culturales, Laa consecuencias concretas del mestizaje no suscitaban, sin embargo, nlngún entusiasmo particular. A rravés de é1, como se lee por efemplo en Os serr1es e§OD aet brasileño Euclicles cla cunha, llegaron a fuslonar ante todo los rasgos más "primitlvo§" instlntos- de las tres razas-cultura irnplicadas (la amerindia, -los la portugueea, Ia africana), La teoría de la ,,iormación de la familia brasileña,' que Gilberto Freyre publicó en 1933 (Casa-grande e senzala, crN, 1979) retoma, pero imprimiéndole un sesgo positivo, el discurso de Euclides da Cunha, Si para los posi_ tivistas, el "mestizaje" fue, al lado de Ia permanencia cle las páUtr_ ciones "primitivas", el mayor factor del atraso polltico, econémíco, social y cultural de las nuevas repúblicas independlentes, Freyre lo convirtió en el eje de una supuesta identidad qplcional brasileña. ¿Qué vaior arribuir aI paradigma der mesttidJe en tanto núcleo de una teoría general de los procesos de interacción cultural? Al observar un retrato del "mestizó,, Garciiaso rcalizado por J. Sabogal, pintor indigenista peruano, F. stastny denuncia gráficamente su falacia. En este cuadro, dice, el ilustre ,,Inca,, áparece
con el rostro dividido en dos seccionesr un lado español de color claro y el otro indio, de color cobrizo. Extrañamente Lsta solución repi-

te Ia superposicón de estilos de la arquitectura cuzqueña y es, en
buena parte, i.rna negación del mestizaje. Dos medios rostrós distintos no crean t¡afaz humana (cnm, Stastny, 1980: 156).

Si la "cultura" remite al conjunto de las prácticas semióticas que I realizan, en el marco de determinadas situaciones económicas, sociales y políticas, las diferentes colectividades humanas y sus miembros, un paradigma de inspiración biológica se 1o em-aunque plee tan sólo como metáfora- no permite dar cuenfade las rupturas históricas, sociales y territoriales que caracteizan los procesos de su "reproducción" contradictoria. Si la cultura (brasileña o latinoamericana) es un solo proceso de mestizaje, ¿cómo explicar, por ejemplo, todos los movimientos de revitalización o reinvención de tradiciones supuestamente condenadas? ¿Y cómo interpretar, sobre todo, la enorme diversidad de las prácticas culturales observables? Desde luego, la doctrina del mestizaje.tampoco ofrece herramientas metodológicas para esrudiar los procesos de comunicación cultural ni para analizar sus efectos en los textos producidos. EI paradigma del mestizaje no pasa, en realidad, de un discurso ideológico destinado a justificar la hegemonía de los grupos criollos "nacionales" que asumieron el poder a la hora de derrumbarse el sistema colonial. En medio de un paisaje político y sociocultural caracterizado por sus mecanismos de discriminación y exclusión, el ideologema del nxestizaje cultural sirvió, ante todo, paru postular la supuesta igualdad ocultar la real desiguaidad- de los diferentes -y grupos que componen las sociedades nacionales en América Latina. En una palabra, el rnestizaje es el producto y el instrumento de una ideología racista. Cabe agregar que el mestizaje cultural, más que un paradigma científico, fue y es un tópico literario bastante exitoso. Entre sus cultores podemos destacar, admitiendo diferencias considerables en cuanto al uso concreto del ideologema en cuesti6n, a autores como Rómulo Gallegos y Arturo Uslar Pietri (VenezueIa),José Vasconcelos y Octavio Paz (México), Alejo Caqpentier (Cuba) yJorge Amado (Brasil). Todos ellos, como se sabe de sobra, desempeñaron un papel importante en la construcción de las ideoiogías nacionales respectivas.
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MARTIN LIEN}IARD
ESCRITURA

Y

PROCESOS DE II\TTERACCIÓN CULTURAL

Nrelü gn l¡a universidades norteamericanas,la teoría de la acultuiilfléfl ofrcce, aparentemente, un paradigma científico útil para
€üUdl¡r, en todos sus aspectos, los procesos de interacción cultunl! marco (por ejemplo una situación de tipo colonial), protagonista8, prácticas, procesos, resultados. En sus aplicaciones canónicasr se percibe, sin embargo, un esquematismo apriorístico evidente. EI postulado inicial es la existencia de un antagonismo dualista fundamental entre las culturas tradicionales (indígenas, afroamencanas, rurales.,.) y la cultura moderna de ascendencia euronorteameicana. ¿Antagonismo de "culfuras"? Sí: las culfuras no aparecen como conjuntos de :prácticas realizadas por unos suietos inmersos en un contexto sociopolítico determinado, sino como entidades ontológicas, como ob-

a la aplicación de la teoría de la aculturación, las tesis del naciona-

lisrno "mestizo" mexicano. El cubano Fernando Ortiz (cEN, 1940),

, por su lado, le opuso y sustituyó, en Contra.punteo del tabaco y el azúcar, el de transculturación: una especie de mestizaje perflmnente o en cascada. El mismo Ortiz (ern, 1950,7951), sin embargo, al enfocar' la historia y la culrura afrocubana, coloca el acento en ' la autonomía cultural relativa de los descendientes de africanos. Discípulo muy indirecto de los "aculturadores" Redfield-Herskovitsi Linton (cnN, 1936) y del "transculturador" Ortiz, elperuanoJosé Mar ría Arguedas (Formación de una cultura nacional indoarnericana, At:tD,1975) insiste, a snvez, en la persistencia de la polaización sociocultural de Perú, pero llama también la atención sobre los comportamientos culturales complejísimos de los indios comunitarios, sus descendientes y los mestizos. Tanto las teorías basadas en la fusión-mestizaje como las que pos'tulan la asimilación son expresiones de signo diferente' de un discurso teleológico. Ambas, -aunque apuntan a una inevitambién, table homogeneización culfural, sea "mestiza" u "occidental". Pata los representantes de las teorías fusionistas, las diferencias culturales internas se irán borrando poco a poco para dar paso a una cultura "nacional", distinta de otras culturas nacionales. Para los asimiladeberáncionistas, en cambio, las culturas locales no podrán civilización urresistir al avance mundial de los buldóceres de la-ni bana moderna. Se oponen aquí, por 1o tanto, un discurso de tipo nacionalista y otro que cabe calificar de "imperialista" o "proimperialista". Ideológicos y teleológicos, los discursos fusionistas y asimilacionistas cuajan mal, de hecho, con algunas de las realidades culturales observables: la evidente diferenciación sociocultural interna de las sociedades latinoamericanas y la autonomía (relativa),la re. sistencia y la creatividad de los sectores subalternos, populares o
marginados.

jetos. A partir de tal perspectiva, los procesos culturales concretos tienden a reducirse a un movimiento paralelo de retroceso -*pérdidas culturalss"- de las culturas tradicionales (rurales) y de auance de la culrura modernizadora (urbana). En este drama culturalista, cuyo desenlace victoria inevitable de la ,,modernidad,,* se -la conoce de antemano, los marginados no desempeñan sino un papel de víctimas pasivas, incapaces de oponer estrategia alguna ala homogeneización "occidental,'. Basándose en una concepción anticuada, casi romántica, de la cultura de los sectores populares ffolkculture),los "aculfuradores" no captan, en efecto, el protagonismo
estrategias

de los sectores populares o marginados. Ellos ignoran también, por los mismos motivos, las nuevas prácticas cul, rurales "tradicionales" ni ,,modernas»- que se van desarrollan-ni do en los barrios periféricos de las ciudades modernas. En sus aplicaciones prácticas la teoría de la aculturación,lejos de móstrar los procesos de interacción cultural con todas sus contradicciones e incógnitas, termina siendo ante rodo un discüáo de la asimilación *de los sectoresfolk a la cultura urbana,,moderna,,. En sus adaptaciones latinoaméricanas, el paradigma aculturativo lleva, a menudo, a otras conclusiones. En su difundida obra Elproceso de aculturac/dr, (GEN, 19:57), elmexicano Gonzalc Aguirre beltrán afirrnó, pese
rMc reflero aquf ante fodo alaclásica obra ¿" *of"n Redfield (urs, 1941) sobre
los procesoo de modernización en
e1

-las renovación culrural-

y capacidades de resistencia, de readaptación y de

sureste de México: The Folk cutture óf yucatan.

Bajo el impacto de las teorías posmodernas o de sus ecos poscoloniales difusos, varios estudiosos de los procesos culturales latinoamericanos vienen proponiendo, últimamente, un paradigma nuevo, plural y abierto, cuyo eje conceptual es la "pluralidad", el "hibridismo" o la "heterogeneidad" culr.ural. El paradigma dela pluralid,ad cultural no es, ciertamente, una novedad absoluta; el de-

142

MARTIN LIENHARD

ESCRITURA

y

pRocEsos DE TNTERACCIóN

CULTURAT

143

nominador común de sus diferentes formulaciones es el reconocimiento de la heterogeneidad -o el hibridismo- de las culruras nacionales, sectoriales o individuales, el abandono de las concepciones monolíticas o dualistas de la cultura y Ia prioridad otorgada al nivel de las prácticas culturales concfetas, Entre otros, Néstor García Canclini, hoy sin duda el más influyente entre los teóricos
latinoamericanos de los procesos étnico-sociales, postuló una desvinculación por 1o menos relativa entre posiclón social -pertenencia a los sectores hegemónicos o subalterno§- y práctica culrural: "ya no es posible vincular rígidamente las clases sociales con los estratos culturales" (ceN, García Cancllni, lgBg: 82). Sirnplificando al extremo su tesis básica sobre las ,,culturas hfbridas,,, se podría decir que cada miembro de una socle.dad latlnoamericana actual paÍticipa, combinándolas a su mocl<1, cle muchas de las prácticas culturales que ofrecen los repert«lrlos calificados de "fradicionales", "modernos" y "masivo§,'- -antañoEe Justo subrayar que en u8o, en el discurso de estc' investigaclor, la teslo ¡obre la ,,copreseniia tumultuosa de toclos los estllc¡s" (Gerrcla eancllnr, tgggt gD coexisre con la reafirmación cle la permanencla ele dlfercnclas sociales marcadas: "No queremos cleclr que eÉ¡ta clreuleclón más fluida y compleja lde las ohras cle artel haya evapnrado las diferencias entre clases sociales" (lblal,r ttl), De hecho, slempre existieron en América Latina combinatorias caracterfsticas cle los ¡ectores hegemónicos y otras que singulariza(ba)n a los sectoreo gubalternos. En el paradigma de la pluralrd,ad cultural colectiva de to-construcción da una serie de investigadores- me interesan ante todo los elementos que, aunque basados en la observaclén de fenómenos mo_ dernos o actualísismos, no dejan de ofrecer lmportantes estímulos pata una reflexión más general sobre lc¡s pfoce§o§ de interacción cultural de la historia latinoameric ana. Me reflero, en particull4r, a la desconstrucción de nociones ontológicas como,,etnia',,,lpuebtb,,, "clase" y "cultura": a la importancia que esta reflexión otoiga a las situaciones concretas de interacción o conflicto, siento, sin embargo, cierta incomodidad ante la tendencial disolución de la cuestión del poder que se descubre en este y otros trabajos sobre la pluralidad cultural en las sociedades latinoamericanas. Si las concepciones "clasistas" que las ,,estamentistas,, y las ¡.s[nisi5l2s,,-

constituyen una simplificación extrema de los mecanismos reales de dominación social, no se debe incurrir eñ la subestimación de las "hegemonías", no por ubicuas menos reales. Si no podemos hablar ya siquiera al enfocar las sociedades coloniales- de es-ni tratificaciones sociales fijas, controladas por un poder igualmente fijo, lo quehabrá que admitir es, adoptanclo una fórmula de Balandier (cnN, 1985: 1,47),la permanencia de un,,sistema de desigualdad y de dominación". En rigor, cualquier paradigma empleado para describir e interpretar los mecanismos que rigen una sociedad en el orden económico, político, social o cultural, no pasa de ser un intento más o menos vano para imponer un orden a un conjunto cuya realidad siempre
evanescente lo va negando:
En primer lugar, la sociedad se capta como un orden aproxlmatlvo y siempre en movimiento; ella es, en un grado variable según sus tipos, el producto de las interacciones del orden y del desorden, del determinismo y de lo aleatorio. Además, ella manifiesta unas configu-

raciones cuya reproducción no queda nunca plenamente asegtrada; este mismo término resulta engañoso y nefasto, porque oculta Ia rea_ lidad de lo social, resultado de una producción continua y nunca acabada. Finalmente, ella se deja ver como un conjunto unificado, una forma cuya coherencia interna se impone; pero esto sucede sobre todo a raíz del juego de las apariencias que ocultan los cortes y los desajustes. Lo que se llama sociedad no corresponde a un orden ya presente, ya hecho, sino a una ilusión (Balandier, 19g5: g).
Las literaturas escritas alternativas, marginales tanto en el contex-

-igual

to cultural de los sectores hegemónicos como en el de las subsociedades oral-populares, constituyen un objeto de estudio sugestivo: tributarias de los procesos de negociación y conflicto entre los grupos hegemónicos y los sectores indomestizos, ellas configuran un conjunto documental en que las situaciones históricas de enfrentamiento y diálogo cultural se ofrecen, gracias al soporte o molde de la escritura, a una observación prolongada, Creemos que el estudio de los procesos de interacción cultural que se dan en el terreno de estas literaturas puede contribuir a precisar la naturaleza de los fenómenos de interacción cultural que se dieron a lo lar

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MARTIN LIENHARD
E§CRITTIRA

Y PRocEsos DE INTEMCCIÓN

CULTIIRAL

145

tas alternativas,,,

g9 dé fa-historia laünoamericana. La noción de digrosia curturar quc rc irá insinuando en.las páginas siguientes no pretende, en ab_ toluto, susrituir los paradigmar!"" ,""..rban de áir*ri,l. iorr, ¡pena6, de r¡n instrumento de anáhsis que ayuda a analizar_.i.1 eentido dq la larga duración de r.ernand Braúael (o¡N, tq85_t ggD* los macroprocesos discursivos y ri-uátiÁu que se dieron en ras so" ciedades rarinoamericanas a lo largo de roo ülri*á,lóó^;;" El principal desafío que plantel este trabajo esu er, rr.rrr..r, . vinculacrón que hay.entre lá configuracrón di ros textos áe-urlir"_ raturas alternativas de marca indomestiza y ,n;;;;-;.-;;;;r", que se dan fuera de ellas, particularmente en el terreno ¿.-ür-pi"_ cesos de rransformación lingüística y rellgloca qu" arr.rr""J"r-, .f sisrema colonial. Esros procesos se'inscibun, .o*o una especie de rnatriz coroniar quesobrevive al ocaso ".;;;;;-."¿e --oficrai] la Colonia. E¡ las páginas qr. ,igr"n ,uirrtrr¿ de dilucidar estos procesos y de mostrar sus repercuslonec ,,titerrtuá, en las .r".i_

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vicios de los europeos y criollos.

De modo general, el poder colonial hasta cierto punto, los po_ deres republicanos, solían oscilar entre una porítica'de ur.op.izrción idiomática de los indios y la "indigen¡zaiión,lingüística áe los funcionarios directamente dedicados a ra adminisr"Jór, o la eyangelización de los-autóctonos. En ra época de cados v, el objetivo estratégico de.la Corona española (la Corona portuguesa no parece haber dedicado ninguna atención especial a éste punto) fue ja castellanización rápida de ras erites autáctonas y, a través de ellas, ra asimilación.idiomática de ras poblaciones indígenas. Enra práctica, §ólo se realizó_laprimera .trp, d" este programa, a veces (yucatán, Py.asua.y) ni esra. Los misioneros y otros ecresiásticos, mrcloneros eclesiásticos, agentes ofi--, ':',o6"?yl rrr ésta. ofi_ ciales de la conversión idiomática, prefería, pr"r"*rr, eI las áreas su monopolio y 1.rl:r, "inocente": ésta el aislamiento también lingüístico de la po_ blación no debía, en efecto, contaminarse con los

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PRoCESoS tINGÜfsTIcoS

Idiomas europeos vs, ldlomas amertndlos
En tanto práctica verbal, la literatura implica, en primerísirpo lugar, el contexto idiomático y ringüístico. r"-"rt" §entrdo, Ias riteraturas alternativas se inscriben, mái o menos p§o panorama de los procesos de aculturaclón "onni.Uu.*.n;, a. por llngülstic otra parte, éstos pueden servir, por ra rerativa transparencia del sistema ,,lengua,,, semiótico de modelo para la descrlpéión d" lo; de interacción en los demás sistemas semiOtfcos (ritos etc.). Aun_ que asimétrica, la ,,aculturación,,

ir i.,
lll 1,

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producción de escritos

La política idiomática de los eclesiásticos se tradujo en una vasta

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sulta siempre menos importanle, .urniiirriuu que el primero.

idiomática, en América trtirrr, ., eminentemente bilateral: europeización linlUtstica ¿. lar rrrUro.iá_ dades indomestizas, "indigenizacion,, aa uirtos sectores criolros o de. origen europeo. e menudo ignorado, ei segunao aspecto

o

no re-

cualitativamente,

I s.uitas paruguayos (ert, Meliá, 19691 75 ss,). En algunos *b..rto, i,'', de crisis política abierta, como por ejemplo ante Ia vasta insurrec, lidereada porfosé iabriá ¿;6;;;qrii;;;;;; ::ó:::dina ,l (1780-178.2), el poder español volvió a insistir energi"um"rrte ... l,
necesidad de castellanizar inmediatamente, para me¡or controrar-

,1,

amerindios: gramáticas, diccionarios, catecismos, confesionarios, sermonarios, poesía y teatro evangelístico. Buena parte de ros primeros cronistas del discurso indígena, y no sólo los misioneros, ie han distinguido en este campo. Algunos de estos escritos resurtarán las primeras publicaciones impresas en el continente americano. La bibliografía de River (eNo, t951-t956) parael quechua-aymarap.r.á" dar, respecto al área andina, una idia aproximafivadel ingente esfuerzo lingüístico realizadc¡ en este .ori.*to. La política idiomática de ras subsociedades indígenas coroniales Íavorecra aslmlsmo, por supuesto, ra conservación de ros idiomas amerindios como instrumentos centrales para garantizar su cohesocial.y "étnica". La aparente o verdaáera cámplicidad lingürsl:ó" tica entre los eclesiásticos y los indios no dejó de suscitar aiért u inquietudes en las altas esferas del poder coroniar, como se corige, por ejemplo, de las críticas que se hicieron, en este sentido, a los- je_

--e impresos- en o

acercade los idiomas

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E§CRITURA

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los, a los indios (cf. cap. III). A pesar de ello, nunca se realizaron, durante la época colonial, serios esfi.lefzos de europeización idiomática de los indios comunes fuera de los centros urbanos. Todavía en 1888, después del gran susto que experimentaron los ladinos de Chiapas por la "guerra de cestas" de los indios mayarzorziles (1869-1870), un repre§entante autorizado del secror dominante escribe:

decenios (pesocioculturales de los últimos dicales transformaciones éxodo rural' pro-

l;; áteas ítdígenas' netración del capitalis;;; la tendencia europeizante' qreso de la escolarizati*> á""t"cieron de las colectividades indígenas ff;?"¿ir:i,-p"il'rc' iÁat"^ conservación del idioma ancesal lado de la (a veces también del tral,la adquisición dt 1'";;;'l'""iot'"1"s" social en las áreas de inel ascenso inglés), los únicos q"pt'*it"n migración.

á

il#t;;;'gJ,"""r,

Esperar que los indígenas, para lluatnrce, aprendan todos á hablar el lenguaje español, haciendo á un lrdo tus dlalectos, no es posible, porque en cuatro siglos no lo hgn hecho [.,,1, Para educar, pues, á estarazajuzgamos que lo mát convenlentc es que la sociedad civilizada, el gobierno y los mlnlurero de lr rcllglón les hablen en su idioma (n¡s, Pineda, 1888: D,

El bi.tingüismo Y sus efectos en el idioma europeo o en Enffe ras situaciones de monolingüismo catacleúzadas por la coprevastai zonas el idioma amerindio surgen y de uno o varios idiomas indígenas sencia de un idiom' """'op"o dos no tquivale a equilibrio enre o "mixtos". pr"'""ti'"'i*tlttat'á'

En varias áreas, y a veces heate entr¡do el clglo )o(, el proceso"de

"indigenización" idlomátlce de lo¡ ¡eetoreo dominantes prevalece, de hecho, sobre el de la ealmllectón llngüfotlca de los indios. En toda el área tupf.guarenf, haats 1800, el ldlomr de origen prehispánico es el rlnlco instrumento efectlvo de,csmunlcación verbal interna (AIT, Mellá, 1969i Buarque, 1978r E8-96)i en les zonas rurales de Paraguay, la misma situación se ha venldo rcproduciendo hasta hoy. Análogo es el caso, por ejemplo, del lnterlor de Yucatán y de la siera meridional del Perú: en las pequeñaa y medianas ciudades yucatecas, hacia 1930, todos los habltan¡eg, lncluso los de comprobado origen europeo, hablaban maya (ME§, Redfleld, 1.941:42); en t940, en la provincia de Andahuaylas (donde n¿ció el escriror y antropólogo J. M. Arguedas), a escasos 193 tndtviduos monolingües del castellano se oponían 80 611 monollngftes del quechua y 6\ 9 339 bilíngües (AND, Arguedas, 1957).
Éstas son sin duda situaciones algo extremas de

prácticasdeprestigioig"a'Prtdt:i'i-":;3"r";,iyno;ir'it3á"üfi en sao

"i, Buarque,

.r, el terreno
1978:

nante: el de la o ,,de prestigio", de las reraciola alta justici a, deraiii"r"ñrl.;r.iar ¿a i¿iá*a rÁdísena o popular' los nes con la metropolffi";;;;iu dominios eclesiásticos y 'de los en cambio, se limita o con los sectores

ss-96i]""'l''¿"iu 9" t:t el idioma eclesiástica' de j" l' alta ierarq"tia

sea casi nula' como

iÍIl-"ii,"iri;;;domioficial o

'd'J;i';;i;t" lnJ*

autogobierno'

no castellanizacíón

de los indios y de asimilación lingüfstica de los criollos; en la cosra peruana, en el valle de México etc,, la tendencia general fue siempre más bien inversa. Queda demostrado, sin embargo, que la aculturación idiomática es -o fue- un proceso bilateral. Más que rodas las políticas oficiales de europeización idiomática, finalmente, las ra-

!iS!;1ca' marginales. n"urnoll- p'es' ^típica en el seno de una formación digtosiaremite a'lá coexistencia' prestirio social desigual'z La La rt.rátlirrr.m de social, de dos "";; mái prestigildo: e-l de los A (alta) .or."rpot'á" al lenguale norma dtl'putu'o estatal y .su:- ::penque secrores dominantes"Ji"g"*0"rc^"J' Se trata' en el espacio-tiempo dencias, de la "cultura dJe[te"' (baia)' en B de tradición escrita' La norfna nos interesa, de idiomas verbal' básicamend" tomt'nicación cambio, remite f"I ""f-tit'fo' En las " subalternos' populares o marginados' te oral, de los sectores
.

i"aiglt'"--á h com"'icación
frente a una

en siwactón

a las formas de digiosia o recrearse Me referiré, a continuación, que pueden subsistir' reproducirse contextos a" tipo la colonia' de1 coiapso oficial de
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Hltuaciones de diglosia creadas por una conquista viorenta, er antagonismo entfe las dos normas resulta particuiarmente contundente. La diglosia es una prácticaespecífica, asimétrica, del bilingüis*o. nn su§ contactos con ros repfesentantes der podeq 10s habiántes nativos,il€ la norma subalterna se suelen ver tb[gado, u ,"*irrl, ,r.r_ que la desconozcan, de la norma alta. El ro-..rp"to a. puede ser considerado, por sus interlocutores, "rir'*gl, como una actitud de insubordinación. Lo.s sectores hegemónicos, en cambio, eligen libre_ mente, en sus contactos con los sectores subalternos, la náma que más se adecúa a sus propósitos. La prácticade una norma ., o,ru ,o depende sólo de la competencia lingüfstica de los i.rterlo.uiorer, sino también de las caracfeústica, páíti"a, (jerarquía) de la situación comunicativa. La interacción prolongad" hs dos ,ro*u, no guele dejar de repercutiq tarde ó t"*pirno, "rrtrá en las estrucrr.rrluperficiales o profundas de ambas. Vinculacla generalmente a la me_ trópoli, la norma A se suele rnostrar reacia a su transformación. si tolera cierras intrusiones a nivel superficial Céxico), ,, grrÁáii.u ," mantiene relativamente intacta. La nr¡rrna B, en caábio] *f.. , ces una transf¡lnnación tan pf,firncla "" c¡ue cabe hablar de'La apaición de-un lenguaje nuevo (que será la nueva norma B), [a situaci¿;;.;política y sus variaciones, el sistema cre ¡¡,hierno, ras políticas sJciales y culturales (por ejemplo, la prohibic.ión o la oficializaciOn á.,* idiomas nativos) y los intereses particulares cle los diferent.s se.iáres (el abandono o la revitalizr"ión d. las len¡¡uas nrrium pá, f,r, migrantes) contribuyen a modificar las formas, ei contendid" yll, i" cidencia sociocultural de la diglosia. Es importante tener en cuenta yu9 ambas normas puedan abarcar varios idiomr, f."g*j"r, n" ,a América colonial, la norma A incluye no sólo " el espanoi o;r";; tugués cultos, sino también ellatíny, en cierta mediia, tas lengÁ generales indígenas "santificadas" por ros misioneros y transfctimadas en idiomas de tradición escrita (náhuatl, quechua , upi, guui^Ái, etc). A la norma B pertenecen, fuera de los idiornas amerindios orales y los posibles lenguajes pidgin o créole,las variantes pulares de los idiomas europeos. La diglosia ";;l;;_ no di\b,e se. vista, ior lo tanto, como una simple oposición dicotómica entre dos lenguas ni como un sistema estable. A través del contacto, el idioma euro_ peo y el autóctono pueden sufrir ciertas modificaciones. De h.;;,

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no toleran interferencias profundas en sus estructuras morfológicas r y sintácticas: 1o impide también su dependencia de las normas-me'' itrópolitanas. Los sociolectos de origen europeo, en cambio, inician ,' algunos contextos: un -en r, ,afnerindios. Las modificaciones diálogo auténtico con los idiomas más evidentes que su_ -léxicasfre un idioma en el contacto con otro corresponden u t.., p.o."dimientos básicos: la incorporación de palabrus q.r" .*pr.rárr, .r, ,; el otro idioma, la realidad que se quieL nombrar (préstamo); la recreación, a parth de los recursos del idioma receptor, áe ,, .o.r_ ' ' aepto del otro (calco sernántico o, más simplemente traducción); , ' la apropiación de un concepto del otro idioma mediante la reorientación semántica de un vocablo preexistente (resemantización).

los idiomas europeos, en cuanto a su variante oficial (escrita, culta),

'

El préstamo significa, paru el idioma europeo en el contexto ame_ 'ricano, la adopción del vocablo que nombra, en el idioma autóctono, la realidad nueva que se quiere expresar. Así, por ejemplo, el yocablo de origen náhuat| rnacebual o macegual (,,indio común, campesino"), designa en las crénicas hispanomexicanas a los campesinos mesoamericanos. Este procedimiento supone una leve inteiferencia del idioma indígena en el idioma europeo; su generalización puede llevar ala apaición de una especie de leve ,,bilingüisrno 1éxico", El idioma receptor puede naturalizar, poco a poco, el injerto ajeno que no sucede siempre: los cúes (,,santuarios indígenas"), -cosa por ejemplo, diseminados en las primeras crónicas españolas de Mesoamérica, cederán su lugar alas',pirámides,, o los ,,templos,,. .Ahora, mientras siga físicamente presente el idioma interferente, el hablante del idioma recepror no puede ignorar su parcial ,,bilingüismo léxico". El calco semántico, en la medida en que respeta las normas lingüísticas, no provoca interferencias mayores en el idioma europeo: si una crónica del Perú, envez de tomar prestado el término quechua (aqlla buasi), designa esa famosa institución incaica con el término del quechua- "casa de las elegidas,,, su discurso se rnan-calco tiene dentro de la normalidad lingüística más estricta, La resemantización, más subterránea, supone una modificación estructural en el idioma interferido: la extensión del significado de un vocablo ya existente a una realidad nueva, pero semejante a la

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mente, como lo comunica un sacerdote andino al antropólogo J.M. Arguedas, queda "separado,, del tradicional edificio ,.tgiorá rrai no (AIr,lD, Arguedas, 1956). ' Los primeros calcos apaÍecen ante todo en la traducción de los conceptos cristianos. Empleado de manera masiva y apoyándose a menudo en recursos poco frecuentes en el idioma amerindio, este tipo de intervención puede afectar las estructuras sintácticas. De hecho, los procedimientos superficiales (léxicos) forman parte de todo un proceso de europeización de los idiomas amerindios. En tanto que idiomas 1,vencidos,,, ellos tuvieron que admitir, que_ rlendo o no, la intrusión de un pensamiento lingr.iístico ,r.rro, áol_ deado por una tradición histórila ajena. Comp+41a" p-."* á" "f cutopclzación y racionalización escritural del idioma guaranícon el de la conquista o colonización político-militar, la flmosa ,,reducclón" de los indígenas, B.Meliá (Nr, t97g) llega a calificarlo de ,,re_

propuestas o impuestas por los europeos. Estas modificaciones, realizadas bajo la presión directa o indirecta de los idiomas oficiales, fueron en general mucho más incisivas de las que sufrieron los idiomas de los colonizadores, también porque ros idiomas amerindios carecieron en general, después de la conquista, de la autonomía exigida para realizar un control satisfactorio de las normas lingüísticas. En el nivel léxico, encontramos también las prácticas del préftamo, del calco y de Ia resemantizac ión. paru rombru, al nuevo Dio§ cristiano en guaraní, los misioneros impusieron el vocablo que hasta entonces, para los guaraníes, designaba ala üvinidad del true_ no, tupñ: un típico ejemplo de resemantización apoyada en una parcialanalogía. En el quechua moderno, en cambio, se adoptó, pa_ ra nombrar ala misma divinidad cristiana, su nombre españóI, D;os, préstamo que ofrece la ventaja, para la población quechuahablante, de no confundirse con ningún corr..pto andino; ,,Dios,,,
efectiva_

e¡d¡nn, Fara nombrar la nueva realidad*maíz',,por ejemplo, el por_ tttgués extiende el campo semántico de mitbo("mijo,) al cereal arnetlcano recién descubierto que suplantará, también en la realidad alirnenticia, al mijo; éste se llamará en adelante mitbo miúdo. Los idiomas autóctonos, paralelamente, tuvieron que adaptarse para dar cabida a las nuevas realidades materiales ó espirituares

qU€ nbrrca el significado original, puede provocar una reacción en

ducción literaria": concepto análogo al que Goody (crN, 1977), en su trabajo sobre la transformación escritural del "pensamiento salvaje" en el Viejo Mundo, calificó de "domesticación". Si, en el caso del guaraní, la "reducción" o "domesticación" del idioma autóctono fue impuesta por los misioneros, en México central, los propios letrados indígenas parecen haber contribuido a realizarla (uns, Karttunen,1982). El guaraní "reducido" por los iesuitas (que desaparecerá a partir de 1768 a raiz de la expulsión de sus "creadores'r) fue un idioma en un cierto sentido artificial. Desarrollando, ante todo, las potencialidades aglutinativas del idioma amerindlo, Ios jesuitas lo convirtieron en una lengua "racional", culta, supuesto equivalente del latíny el griego, capaz de expresar los misterios de la fe cristiana (,rt, Melld, 1969). Contrariamente al guaraní colonial del Paraguay encomendero (o al náhuatl colonial), el guaranl jesuítico casi no revela, en su superficie (léxica, morfológica), rasgos de hispanización; Ia "reducción" lingüística, basada en un procedimiento neologístico interno, se apoderó, como dijo Melid (ibid..:110), de la propia alma del idioma. El guaraní de las reducciones, punrualizó, dejó de ser una lengua india, mais elle continuait d étre la langue des indiens, ces indiens étant deuenus autres (ibid..:73). La misma observación parece poder aplicarse, con matices, al quichua del Ecuadoq en buena medida introducido por los misioneros del siglo xu en tanto "lengua general" y "estandardizado" hoy en día a través de los proyectos de educación bilingüe. Parecefia que la supervivencia.de los idiomas amerindios, en el consabido contexto de discriminación, pasa por su "reducción". En general, la domesticación de los idiomas amerindios transitó más bien por otros camínos. A partir de los documentos escritos por la aristocracia nahua colonial entre los siglos rnn y xuu, Karttunen (ltns, 1982) estableció una secuenciatípica de aculturación lingüística que sintetizaremos aquí brevemente. En una primera etapa, el idioma receptor digiere sucesivamente las nuevas realidades mediante los procedimientos del préstamo léxico y dela extensión del significado de los nombres. En un segundo momento,,gl idioma admite una serie de modificaciones fonéticas y morfológicas relativamente superficiales. En una tercera fase, el idioma receptor empie-

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za a lncorporar el vocabulario básico del idioma europeo, incluso loa verbos, y adapta su sintaxis a la del idioma europeo a través de la ineerción de las conjunciones.de subordinacién europeas. Hacia 1800, al final de este proceso, como lo formula Kafitunen (ibid.: 407), Nahuatl uas capable of absorbing and expressing succinctly

para comunicarse con los miembros de las capas subalternas y

a

veces, también, parala intimidad doméstica (Parugtay) o los momentos festivos (sierra cenffal y rneridional de Perú). En tales rhomentos,

dQttbing Spanisb bad to offer.
l,a hispanización progresiva del idioma náhüatl ofrece un paradigma que se puede sin duda efiendeq salvando la cronología y, , quizás, su profundidad, a otros idiomas amerindios. Pese a la diferencia de los procedimientos técnicos, la reducción del guaraní por los jesuitas y la del náhuatl por los propios letrados indígenas (quizás simples transcriptores de usos comunes), traduce un proceso análogo: la domesticación no sólo de la lengua, sino del pensamiento indígena autónomo. Las lenguas reducidas dejan de ser lenguas autóctonas o prehispánicas para convertirse en lenguas "indias"; el grado de su ffansformación es uno de los indicadores más serios para medir el grado de inserción de las subsociedades indígenas en las sociedades coloniales o "nacionales". Ahora bien, el contacto lingülstico no se da únicamente entre las dos colectividades "criolla" e f indígena" (o mestiza), sino también en el seno de cada una de estas colectividades. Como herrr-os visto, tanto en los sectores hegemónicos como entre los marginados existen grupos bilingües, capaces de empleaq con un grado de competencia lingüística variable,los dos idiomas. El bilingüismo de los primeros y de los segundos es profundamente distinto en cuanto a su significación social y sus efectos; Los miembros bilingües de los sectores hegemónicos (eclesiásticos, funcionarios, latifundistas, comerciantes etc.) suelbn singularizarse por el conocimiento perfecto de su idiofita "paterno" europeo, aunque esta regla sufra algunas excepciones en las áreas densamente indígenas. Araíz del nivetr relativarnente alto de su instnrcción escolar, ellos resultan en general capaces de dlctinguir cabalmente las estructuras de sus dos idiomas de comuniclclón; su prácticá del idioma indígena, sin embargo, es casi siempre ñtductofa. §u comportamiento idiomático debe calificarse de diglóalcor l¡ elccción de uno o del otro idioma no es facultativa, sino que obcdece r determinadas situaciones sociales. El idioma de prestigio, el ldloml polftlco, es siempre el europeo; el idioma.indígena sirve

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excepcionalmente, desaparece la característica asimetría en las relaciones entre el idioma europeo y el indígena, como lo atestiguan los cantos que alternan, sin mostrar ninguna predilección, fragmentos en quechua y en español:
Tukuy runan wiltrawarqan (Toda la gente me dijo), todo lo tuve por cuento, saqiriwanaykitaqa (que tú me abandornr'ns), jamás yo pensé por cierto. (e¡o, Escoba¡ G., 1981: núm. i13)

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: i i l, neficia de ningún prestigio oficial, ni siquiera cuando predomina a ,l r escala regional. larnOqo posee institr.rci3nel eficientes pa*. t:p:dy ;l , cirse conservando sus formas tradicionales. Muy variable, el dominio !l', del idioma europeo resulta, en estos sectores, inferior al que demues, tran los miembros del sector hegemónico. A1 esforzarse a hablar el
ídioma europeo, el hablante del idioma "indígena" tiende a traducir,

Ahora bien, si enfocamos el contacto lingülstico a parflr de la sitr.lación de los bilingües cuyo idioma primero o principal es el de sectores urbanos periféricos-, origen prehispánico -campesinos, el cuadro se modifica sustancialmente. Su idioma materno no be-

r ;;t palabra por palabra, un discurso pensado en su idioma materno. rlr,, :pe est€ modo, en mayor o menor grado, el idioma europeo §e ti-

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ñe de particularidades léxicas, morfológicas y sintácticas del idioma irrdfgenr. Destinada, en un principio, ala comunicación con los sectores hegemónicos, esta práciica traductora puede desembocar a la larga, sobre todo si se restringe o se va perdiendo el uso del idioma 'lindígena", en la apaición de lenguajes o sociolectos mixtos rnás o menos estables. Así, unas investigaciones realizadao en el valle de Mantaro (sierra central de Perú) rávelaron la existencia de un sociolecto español fuertemente quechulzado que §e va reproduciendo no a parrir de una práctica auténticamente bilingüe o'diglósica, sino como medio de expresión de un sector que ya no dispone de otra lengua para expresarse (AND, Cerrón Palomino, 1972).

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Si en este caso, el pensamiento lingüístico quechua penetra en el español, otros lenguajes indohispánicos mixtos son el resultado de procesos más bien contrarios, análogos a los de la hispaniza-

necesidades de la comunicación entre los diferentes sectores socioculturales o en su interior. Es en este contexto de búsqueday de

ción del náhuatl, pero fuera del control de las instancias (las colectividades tradicionales) que vigilaban la constante reproducción del idioma en su "pureza". En Paraguay, desde la época colonial (err, Meliá., 7969: 63-7), un lenguaje mixto apareció en la "orilla" auróctona del contacto idiomático; actualmente, en las zonas urbanas, el jopará hispanizada del guaraní paraguayo (Meliá, 1,982)-variante tiende a generalizarse. En las áreas indígenas o ex indígenas, sin embargo, a diferencia de algunas zonas de cultura afroamericana del Caribe, no se puede bablar con propied ad de la apanción de verdaderos idiomas nuevos, estables y socialmente reconocidos, comparables con el créole o el papiamento. Las prácticas lingüísticas conflictivas que suscitaron, en América Latina,los procesos de "aculturación" coloniales y modernos, señalan los límites de la concepción según la cual la "cultura latinoamericana" sería el producto de la fusión entre ingredientes autóctonos (o africanos) y europeos, Si es verdad que en el terreno lingüístico se realizan ciertos fenómenos circunscritos de fusión, no es menos evidente que éstos no logran borcar la coexistencia conflictiva de prácticas disímiles. Para decirlo de modo muy simplificado: si una parte de los autóctonos se dejó europeizar idiomáticamente, y si algunos grupos de descendientes de los colonizadores adoptaron el uso de los idiomas amerindios, no desaparecieron en el continente ni las lenguas autóctonas ni las.europeas. En cuanto a los idiomas "nuevos" o mixtos que suscitó el roce entre las primeras y las segundas, su falta de estabilidad, debida a un hibridismo no resuelto no permite colocarlos en el piedestal del mesfizaje armónico. Llteraturas alternatiuas y procesos de aculturación lingüística
lcJoe de reducirse ala pérdida progresiva de los idiomas prehispániCOt pOf parte de las subsociedades indígenas o mestizas, Ios proce§os de Bculturación lingüística son el resultado de un esfuerzo multila-

texto no permite medir directamente el grado de ,,aculturación,, del texto o de su autor, Se han escrito textoq muy,,autóctonos,,(no occidentales) en un idioma europeo, como se han escrito otros, ,,colonizados", en varios idiomas indfgenas. A veces el mismo autot a partir de una actitud que se podria llamar diglósica, hace alternar
en su obra soluciones comunicativas distintas. Así, el cronista mexicano Tezozomoc realiza su Crónica mexicana (¡¡rs, 1980 [1598]) en español, un español algo trabajoso, mientras que prefiere el náhuatl

experirnentación con varias hipótesis comunicativas que vienen a 'linscribirse" las literaturas escritas alternativas. La práctica literaria, expresión particularmente consciente de la comunicación verbal, juega a su conveniencia, pero dentro de ciertos límites, con las realidades idiomáticas, Según el contexto lingüístico y su propia cultura, el tipo de discurso en que se inserta y el público a que se dirige, el escritor o autor del texto elige el o los lenguajes más adecuados a su proyecto literario, Si los textos se insertan en un contexto idiomático dado, ellos no lo reflejan pasivamente. La estrategia lingüística presente en un

para su Crónica mexicáyotl (1975 t16091); nótese que la solución
"tradicionalista" es posterior a Ia " acultutada"
.J

. M. Arguedas, escri-

tor-antropólogo del siglo »r, escribió sus narraciones (con una excepción) en español, pero su poesía en quechua. En cada uno de estos casos, una evaluación de las opciones idiomáticas en función
de los procesos de interacción culrural debe tener en cuenta el proyecto comunicativo que subyace a los textos. Arguedas, por ejemplo, se separa del público de sus narraciones al ponerse a escribir en quechua, sin por ello insertarse en la tradición c:ulta de la poesía quechua escrita, ni en la de la imitación de los cantos orales. El quechua usado no es culto ni dialectal, sino "oral" y suprarregional. Arguedas, por lo tanto, intenta echar las bases de una poesfa quechua inédita imposible: escrita, pero "democtática,,, arraigada -quizás en la cosmovisión andina sin ser tradicional. Una opción, en fin, que se proyecta hacia un futuro incierto (cf, cap. )OI). Tezozomoc, por su lado, eligió el idiorna en función del discurso,por realizar. Si la Crónica mexicáyotl, en tanto que alegato personal, transcribe ex-

teral conatante para adaptar el lenguaje a las concretas y cambiantes

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clusivamente la tradición histórica o{al de la casa tenochca, la Cró' nica mexicana, elaborada escrituralmente a partir de fuentes múltiples, pretende ser una'obra historiográfica al estilo europeo; la asirnilación insuficiente de los códigos occidentales amenaza pot trechos la inteligibilidad del texto. ¿Cuáles son los destinatarios de los textos? El primero se dirige a un "nahuatlato" no tan improbable en las cancillerías de la capital vineinal, mientras que el segundo, algo sociolectal, exige no sólo un lector familiarizado co¡ am' bos universos implicados, sino especialmente atqnto (v' cap. V)' En tanto escritores diglósicos, Arguedas y Tezozornóc proceden ni más ni menos como un individuo bilingüe en Ia cornunicación oral: a cada circunstancia el idioma más adecuado. A veces, la alter' nancia de idiomas se da en el mismo textor como sucede en varias crónicas andinas (Guaman Poma, Pachacuti Yamqui; Molina "El Cuzqueño'r) y en las novelas de Arguedas, Hsto6 terftos, obviamente, exigen un lector de características culturale§ relativamente precisas. El hibridismo lingüístico, de hecho, e§ uno dc los rasgos consfitutivos de no pocos textos alternatlvos, thetor de su marginalidad en términos de la comunicaclén, Tal hlbrldtamo §e nutre de todas las situaciones o productos de loo proee§oÉ de aculturación lingüística: no sólo del bllingüismo y de la dlgloula, slno también de todos los lenguajes que se crean en el roce entre ldlomaE europeos y autóctonos. Hibridismo lingüfstlco no equlvale olempre a ininteligibilidad. Aun para la alternancia de dos (rara vcz más) idfomas, existen varios precedentes en la comunicaclón oral: loa cantos bilingües, o Ia conversación entre individuos billngüea que poseen un buen dominio de ambos idiomas. El hibrtdismo ltngületico en la literatura, prod,ucto de una realidad biomultilingüe, halla gu eoluciótr comunicativa precisamente en esa realidad: a texto hfbrido, lector híbrido, es decir lriomultilingü e, o todavía, hablante (y lector) de un üenguaie mixto. de la educación escolar o universitaria (que suCon el ^vanceasimilación lingüística de los autores y los lectores pone,una mayor de textos), se va reduciendo en general el hibridismo lingüístico de los textos,'o se Io rnoldea en formas más orltas, como la presentación bilingüe borrecta, original y traducción, de los testimonios de origen "índigena"; esta última, inaugurada por Sahagún en México, empieza ahallar ahora, en ciertos contextos, un'priblico cuyo idio-

ma materno ya no es el de la traducción, sino el de la transcripción ,original. Al lado de las actitudes "cultast' vuelve a veces a manifestarse,

como sucede en una serie de escritores de Peru actual, una actitud estético-política de valomzación consciente y radical de los lenguajes híbridos creados por los sectores (casi) iletrados. Más frecuente, rsin embargo, es la elaboración controladísima de lenguajes literarios levernente, "admisiblemente" interferidos por ciertos rasgos de los idiomas de origen prehispánico, como la encontramos en varias obras de J. M. Arguedas, de A, Roa Bastos o en Zos bombres uerdaderos de C.A. Castro (urs, 1959), autobiográfica ficticia de un indio
nrraya-tzeltal de Chiapas. En una parte de las literaturas alternativas no interfiere ya ningún idioma prehispánico, sino un sociolecto rural arcaico, más o menos

alejado de la norma culta, como sucede sin duda en los cuentos de El llano en llamas (1.95, de J. Rulfo (¡,rrs, 1978). El hibridismo basado en la interferencia de un sociolecto no "indígena", sino arcaico, , probablemente casi no,se percibiría si no fuera por un hibridismo ,paralelo en las estructuras narrativas y la cosmovisión subyacente. Fenómenos algo semejantes se han dado en la literatura europea; la especificidad de un caso como el de Rulfo radica en que sus narraciones se hall¿n impregnadas de una cosmovisión campesina en que

vibra todavía la de los mexicanos antiguos (cf. cap. IX). El rechazo, corriente entre los estudiosos de la literatura, de los ir' r textos alternativos por su hibridismo lingüístico (véase la recepción i,r, de Guaman Poma y de Arguedas), revela una interiorización del ' colonialismo lingüístico y una concepción "monofónica" de la lite,; tatura y de la cultura en general, no sólo poco conforme con las ir,rl,realidades latinoamericanas mayoritarias, sino también combatida
lr

en Europa desde siempre por una parte de los artistas y los estudiosos (cnN, Bakhtine, 1970).

PRoCESoS REtIGIoSoS

La inscripción de los textos alternativos en el contexto de los procesos de aculturación lingüística determina en parte su configuración

158

MARTIN LIENI{ARD

ESCRITUnA

y

pRocEsos DE ¡N'rEMccróN CULTURAL

r59

cütétlca y comunicativa. Su inserción en los conflictos que se desarollan en el terreno de las prácticas rituales y de las concepciones rcllgiosas o cosmológicas, en cambio, repercute ante todo en el aspecto ideológico del discurso, aunque también, a veces, en su esté-

bría determinar, entonces, si predominan ras primeras o ras segundas. Interrogaremos ahora en este sentido álg.rrrm actitudes cosmológico-religiosas de los,,vencidos,,.

que

tica ¡arcafiva o literaría. En este terreno tuvieron lugar sin duda

algunos de los choques más significativos entre las culturas autóctonas o indígenas y la europea. Como en el de las prácticas lingüísticas, se produjeron una serie de fenómenos locales de fusión, pero tra tendencia general demuestra ser otra. Las concepciones cosmológico-religiosas de los indios, abiertas casi siempre a la novedad, solían conservar, sin embargo, un núcleo mínimo irreductible. Esto se desprende, en todo caso, de unas observaciones de J. M. Arguedas acerca de los límites de Ia "aculturactón,en el área andina (subra-

yado nuestro):
Un aspecto de la cultura era irremediablemente diferente en la española y en la pertana antigua; este aspecto fue y es todauía, para ambas, el fundamento, diríamos el eje (metáfora, aunque vulga¡ muy expresiva) de cada una de las culturas que examinamos: este aspecto es el económico, el concepto de la propiedad y el trabajo. En la occldental eray es mercantil e individualista; en la peruana antigua, colectlvlsta y rellglosa, El peruano antlguo no concebía la posesión de

la tlema como fuente de enriquecimiento individual ilimitado;

este

concepto estaba dlrectamente vlnculado con la concepción religiosa que tenfa de la tlena y del trabaJo, El trabaJo consritula para el antíguo peruano un acto rellgloso que era celebrado, Hanpasado cinco siglos desde el encuentrp de los dw pueblos y el tndio no bd alcanza_ do todauía a comprendery a astmllati por mtero, el conc4tto occidental de la propiedad y del tmbaJo (rNo, Arguedas, L953).

sin duda, no todas las colectividades conside radas porlas estadísticas como "indígenas" han preseruado tal núcleo irreductible de identidad no occidental. o quizá serla mejor calificar de "mestizas" a las que no lo hicieron. ¿Pero existe una llnea de demarcación clara entre los dos tipos de colectividades? Todas las colectividades indígenas se caracterizan por su apego a ciertas prácticas antiguas y, al mismo tiempo, por la asimilación de otras de origen occidental. Para medir el grado de autonomía cultural de la colectividad,, ha-

Faris, 1984: 90 ss.). En un principio, el objetivo de la conquista espiritual fue el de convertir a los autóctonos en miembros de pleno derecho de la humanidad "universal", occidental y cristiana, si bien libres de ros vilidad y el arraigo de las convicciones indlgenas, los misioneJs, al comienzo, creían poder lograr la conversión mediante la operación
cios de los cristianos europeos, subvalorizando a menudo la origina-

ca de erradicación de tales comportamientos antiguos, Los agentes principales de esta política, cuyas etapas sucesivas se llamaron-,,conquista espiritual" y "extirpación de idolatrías", fi.leron los misioneros y demás eclesiásticos. si bien los conflictos entre el poder porítico-militar y el eclesiástico solían ser casi constantes (er personat religioso no estaba dispuesto a renunciar a su autono mía rerativa), la colonización difícilmente hubiera podido llevarse a cabo sin la contribución de los agentes eclesiásticos, tanto más cuanto que éstos alcanzaron a dominaq sobre todo al comienzo, un territorio mucho más vasto que las autoridades laicas: recuérdense las conquis_ tas "pacíficas" del Guairá por Montoya (am, Montoya ,lg92l1,63iD o de laYerapaz (Guatemala) por Las Casas (urs, Saint_Lu L96g), ó el , hecho de que en el interior áe yucatán, durante siglos, prácticamente no habían penetrado otros europeos que ros écresiásticos (rrrns,

ción.y de la propiedad en un sentido márcantil, por e¡emplo, no puede coexistir con la cosmovisión indígena *¡'¿ni¡¡1i51¿,, en un sentido amplio del término. perfectamenté conscientes de e[o, los representantes del poder colonial elaboraron una polftica sistemáti-

implantación del sistema colonial, mientras que la reproducción de los comportamientos rerigiosos antiguos rezultaba incompatible con las transformaciones porítico-sociales deseadas. como sé corge de las afirmaciones de Arguedas, la reorganización de la produc_

. En el terreno religioso, el poder colonial tuvo, mucho más que en el idiomático, una política rerativamente intransigente. La conservación de los idiomas prehispánicos no parecía deber obstacurizar ra

del bautizo y uriás pocas prédicas al estilo de las que se hailan consignadas en el requerimiento de 1513 (v. cap. I).

r60

MARTIN LIENHAP.D

rl

EscRrruRA

y pRocrsos o¡ rn-r¡n¡ccróN

cULTURAL

161

§i los indios podían seguir ignorando las lenguas europeas, no
§e les concedía la misma libertad rpspecto al "lenguaje" religioso: la

adquisición de sus códigos rituales y discursivos fue, por Io general, obligatoria.lJna excepción notable parece haber sido la práctica del calendario agrícolaprehispánico, poco contradictorio con el cristianismo; en el área rmaya, algunos calendarios antiguos se conservaron hasta el siglo )o( (MES, Miles, 1952).
Lenguajes religiosos

y diglosia

Los nuevos comportamientos indígenas que surgieron al calor dela conquista espiritual son sumamente reveladores en cuanto a las estrategias de los indios frente a este intento de aculturarlos unilateralmente. Uno de los escasos textos coloniales que expresan un punto de vista indígena autónomo, la Relación de Tiru Cusi Yupanqui, su-

giere cuál puede haber sido la reacción indígena fundamental ante la imposición de los códigos religioso-cosmológicos europeos. En esta narración dramática, Manco Inca, padre del autoq dicta a sus súbditos las nuevas reglas de comportamiento en materia religiosa:
[,,,] y si acaso ellos os acometieren o quisieren tomar ruestras tierras

no dcxels de defenderc¡s y sobre ello perder la vida sy fuera menester [,..1. Lo que más aveis de hazer es que por ventura estos os diran que adorels a lo que ellos adoran, que son unos paños pintados, los
cuales dizen que es Vlracochan, y que le adoreis como a guaca, el cual

no es sino paño, no lo hagals sino lo que nosotros tenemos eso tened, porque como bels las vllcas hablan con nosotros y al sol y a la luna bemoslos por nuestros ofos y lo quesos dizen no lo vemos bien. Creo que alguna bez por fuerga o engaño os han dehazer adorar Io
que ellos adoran, quando más no pudieredes, hazeldo delante dellos y por otra parte no olvidels nue§tra§ gerimonias; y si os dixieren que quebranteis vuestras guacas y esto por fuerga, mostraldes 1o que no pudieredes hazer menos y lo demás guardaldo, que en ello me daréis a mí mucho contento (.lNo, Yupangui, 1985 [L570]:26). Las consignas no podrían ser más explícitas: la religión autóctona (creencias y prácticas) se debe conservar a como délugar dada la momentánea relación de fuerzas, desfavorable para los autóctonos,

fingir la sumisión y simular las prácticas crjstianas: concesión que no cuesta muy caru', en cambio, no se "negocia" con Ia base de il il,' todo el sistema, la tiena sagrada (pachamama, "inadre tierra"); ella l,lr l^L^ r-.,-,^^- )^c^-)t)^ -debe ser defendida L^^-^ !- -,-1L:-.- - gota de sangrer No podemos sahastalaúltima - - -- )li ber si estas recomendaciones del Inca fueron realmente pronuni, ciadas o si las concibió su hijo. Preferiúamos decir que son la formuI lación literaria de unas pautas que la población andina, de cualquier modo, iba a seguir "aialetra"-,.o*á lo demostró la historia coloD^+^ ^^+rÉ-J -- -^^t^^+^ ^11^ por ^-- radicalis^--^^^^:^-^l nial y reciente. Esta actitud ^^-Jt-^ afidirra, excepcional sólo ^^- su -^):^^lt^ ,,.,, -¿^l mo y su larga duración, se vuelve a encontrar, bajo forrnas a veces l;1; suavizadas, en otras áreas. En el contexto colonial, tal compottaii miento indígena hace surgi¡ alalarga, un sistema dicotómico (reli1 gión indígena/religión cristiana) cuyo funcionamiento se puede exti l plicar a partir de los conceptos lingüísticos anteriores, En primer lugar,la dicotomía religiosa hará surgir un fenómeno de I i "diglosia": delante de los representantes del poder colonial se "hablará" cristiano, mientras que en la comunidad indígena, se sigue i;,r practicando el "idioma" ancestral: Muchos misioneros, defraudados ,i' pot la poca profundidad de la conversión cristiana entre sus protegidos, se quejan de tal sistema "diglósico" que,resíste aunalaférrea ', reducción de los jesuitas enParaguay: alzunos guaraníes, por eiemti ejemiesuitas enParagoay: algunos l' plo, combinan la vida en el pueblo misionero con el culto, autócit tono y clandestino, a los "huesos habladores" (arr, Montoya,'L892 ' | Í1/:^2i1. ffinrr\ D- ^l ^,,,,^^^ ^:^+^-andino, un sistema ^^al^-^ análogo ^:^,.^ --: sigue vi[1639h cap. )O§/III). En el sur ^^A:^^ i gente en la acrualidad, después de más de cuatro siglos de coloi]i nización:
es lícito
;i';

Los dioses locales están presentes en todos los aspectos y aconteci"

mientos importantes de la vida individual y social; aparecen como los elementos en los que realmente se sustenta la seguridad tanto individual como social. EI culto católico se practica ostentosamente, sin embargo muestra apariencias de obedecer a normas no sustancialmente relacionadas con las necesidades rellglosas primarias sino
a funciones más claramente vinculadas a otras necesidades, como la recreación y la promoción social (.lun, Arguedas, 1956).

:,i'

Un "informante" azteca del cronista franciscano Dr¡ún (uns, 1967: 1., I, 2, cap. III), ante los reproches del misionero en cuanto a su

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ESCRITUnA

y

pRocEsos DE II.rERACCIóN

CULTURAL

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decisiva, en cambin, en las zonas ¿L tráaicioricultural Reorlentaclones semánilcas: mlsloneros e lndlos

créticas, Las religiones globalmente sincréticas, .nuevas,,, son rela_ tivamente escasas en las áreas aquí privilegiadas; su presencia es

dfgena su teoría del "nepantrismb", el hecho de haber .p"raiJo to antiguo y no asimilado lo nuevo,,. Es probable que el ;nepantlis_ mol', como situación de transición hacia ra asimiración del cristianismo, haya sido un fenómeno difundido. pero, como lo sugieren en todo caso los ejemplos andinos, ciertos ,,nepantlismos,,-no lo son sino aparentemente, porque los indios no están dispuestos, al aprender el nuevo lenguaje, a olvidar el antiguo. fl proiio interlo_ cutor de Durán, después de haber afirmado que ,,aún estaban neu_ tros, que ni bien acudían a la una ley ni a Ia otra,,, prácticamente se contradice confesando que "creían en Dios y que juntamente acudían a sus costumbres antiguas y ritos del demánio,,, .r., .o.rrporiumiento claramente,,diglósico,,. Una práctica "diglósica,, en materia religiosa no puede dejar de generar, a,mediano y largo ptazo, interferencias ..iípro.", á. ,r, sistema sobre el otro, condición para el surgimiento de formas sin_

na§, estaban todavía nep,ntra, es decir "en medio,, de los dos renguajes. L,eén-Portilla Qtqrs, 1976:79 ss.) derivó de esta respuesta in_

contradictori a,pr^ctica rif,al,, había contestado que ellos, los indíge-

de tal reorientación semántica. Lúcidos pero impotentes, los sacerdotes asisten a estas ceremonias cristianas astutamente resemantizadas motivo de continua desesperación para el franciscano -un mexicano Durán:
[...J fingiendo esros celebrar las fiestas de nuestro Dios y de los sanros, entremeten y mezclan y celebran las de sus ídolos, cayendo el mismo día. y en las ceremonias mezclaránsu anriguo rito (Durán, 1,967: t. I, 1, cap. II).

^f;¿";";;;;".

(arn, Bastide, 7967:160 ss.) entre divinidades anriguas y crisrianas y los santos. Esta estrategia ofrece ra ventaja de no implicar -Dios peligror es prácticamente ningún imposible dernoátrar la existencia

ten unos "diccionarios" no escritos, las "tabras "-irde correspondencias,,

Cuando el comportamtento ,,diglósico,,, por la presencia perma_ nente de los agentes del poder y de la represión, no resultaiiable las subsociedades indlgenas suelen re.uiri, a la ,'resema ntización', total o parcialdel "idioma" impuesto, La invocación de Dios y de los de] panreón cristiano disimula entonces la invocaáión de ¡antgs las divinidades antiguas: a cada,,vocablo,, del idioma .ri;;i;; rresponde un significado que pertenece al universo de discurso prohibido. Para "leer" correctamente los textos .""ri."ira"r,

que ambiguos. Así, ellos adoptan, para nombrar a las ,,divinidades,, cristianas, el nombre de una divinidad autóctona: tupá del trueno- se llamará Dios en el área tupí-gr.raraÁí y -divinidad, wiraqucba de un grupo de héroes civilizadores- en el área uÁdiru; -nombre central, Tonantzin en México de los dioses aztecas- será -madre el nombre de la Madre de Dios cristiana. En el primer caso conocemos incluso al autor de la propuesta resemantizadora: Nóbrega, primer superior jesuita en Brasil (arr, Nóbrega, 1955: 444). Totalmente análoga(intento de reorientación semántica por anticipación) es la construcción de santuarios cristianos en el propio Iugar y sobre los propios basamentos de los santuarios autóctonos, como se puede apreciar en el convento de Santo Domingo en el Cuzco, en la iglesia-templo de Mitla (Oaxaca, México) o en la igle_ sia de Nuestra Señora de Guadalupe, en el cerro Tepeacac, .r, l, ciudad de México. EstatácÍica peligrosa, dictada sin duda por el deseo de los misioneros de poder mostrar, lo más rápidamente posi_ ble, el éxito de su campaña de conversión, permite de hecho a los indios seguir practicando abiertamente sus propios cultos. El propio Sahagún (urs, t956: L. )(I, apéndice,7) afhma que la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe es ,,sospechosa,,, porque se super_ pone al culto que se rendía, en el mismo lugat, a la madre de los dioses aztecas Tonantzin.

Para acelerar la conversión de los indios, los eclesiásticos, a menudo, se anticipan a la resemantizasiÍn indígena del idioma cristiano a través de la profiláctica resemantización cristiana de los lenguajes religiosos autóctonos, práctica cuyos efectos parecen más

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MARTIN LIENHARD

EscRrruRA

y pRocEsos or nrrcn¡cctóN

cULTURAT

1.65

Los misioneros, siempre en el mismo sentido, ,,resemanfizan,, sin modificarlos profundamente, los ritos antiguos. La reorientación cristia¡¡a de los ritos antiguos fue justificaday teorizadapor los jesuitas del área tupí-guaraní. En t5í2, NObr"ga subrayala convenien_ cia de
abragarmos com alguns costumes deste gentio, os quais náo sáo con_ tra nossa fee catholica, nem sáo ritos dedicado, idolor, como hé cantar cantigas de Nosso Senhor em sua lingoa pello " seu toom e tan_ ger seus estromentos de musica que elles (usam) em suas festas quando matáo contrairos e quando andáo bebados, e isto para os atrahir e deixarem os outros costumes esentiais t...1 (arr, Nóbrega, tg55, ii5).

si imposible de los momentos de enfrentamiento abierto--fuera determinar en qué momento el lenguaje antiguo deja de ser vigen_ te. De ahí, las polémicas científicas constantes acerca de la naturalezaverdadera de los cultos indígenas cristianizados. como quiera que sea, en su Concilio de los años sesenta, el Concilio Vaticano II convencido de la victoria final de la Iglesia, confirmó.orr.-,.r, ,.gri mentación casi idéntica a la de Nóbrega ra validez de la táctica ,,resemantizadora" (AND, Regan, 1971): los ritos indígenas no idolá_ tricos ejemplo agrícolas- no contradicen el cristianismo, sino -por que deben y pueden servide de soporte material.
Rechazo

sociedad indígena. La reproducción de una casta saceidotal indíge_ na más o rnenos clandestina, tal como se cónstató por lo menos-en las áreas mayanse y andina,favorece obviamente la conservación de un núcleo irreductible de creencias antiguas o su acfualización por los propios indios. por lo demás, t.rtaná"ru de realidade. pá-*. psicológicas y, por ende, difíciles de observar, "r, resultará siempie ca-

fá, perder su índole subversiva, que esia pérdida de los significaáos antiguos se,produzca o no dppende, sin duda, de la autáomía en matteri_a religiosa y ritual que sabe conservar o reconquistar la sub_

ción continua de los sacerdotes catóricos, ás pósible que ros significados antiguos, incrustados en el lenguaje préhispaniá r.ori.ritráo según una semántica cristiana, se vayan debilitando y u"rU",

himnología carismática tradiciánal; en la medidá ., q.r" áfo., , partir de sus propias concepciones, aceptaban y adopiab"n r-ios misioneros en tanto que shamanes (payq karaf), eldiscurso cristia_ no -que no se percibía necesariamente en función de su referente o mensaje original- podla ser naturalizado por ellos. De ahí, sin duda, la apariclón de un antlguo sincrerismo ieligioso qrr. v]r1, en ciertos g,.¡pos de indios monteses ex misioneros, "obi"rri_ hasta el siglo >x (xr, Meliá, 1969: llg-l2g), Con el sucederse de las generaciones, y suponiendo la predica_

Resulta difícil decidir, en este caso, cuár de ros dos códigos superpuestos (canto de guerra/ canto de loor a Dios) predomiü en h conciencia de los protagonistas. Según Meliá, los guaraníes volvían a encontrar en la himnología propuesta por los jésuitas su propia

y apropiación exclusiua del lenguaje cristlano

l' l, i
I

Nos quedan por examinar dos comportamlentos extremos cle loc
indios frente a la conquista espiritual: la práctica exclusiva de la re.

r. ligión autóctona, y la apropiación indígena del cristianismo. Estas a.tifl't4aa cé :ñ-^-i1-^-r- ¡rL !r! , ,! $ actitudes se inscriben r^^lta^ también en un contexto,,bilingüe,,, porque si se sigue con el sistema antiguo, se está en realidad rechazando el ' nuevo, y si se adopta el cristianismo pero sin su aparato europeo, rr es para practicado conlo religión indígena. cuando los mixes insu.:":'"" u! Oaxaca \rww/ urLElr tr§tart esperancro fey Lon_ i,: rrectos de v4A4L4 (1660) dicen que están esperando a su rey Con1i doique que "se había retirado y escondido en una laguna donde estaba" (Mes, Torres, 1662), ellos afirman, por cierto, sus creencias ,,, antiguas, pero las afirman contra las creencias españolas. La reafir_ l mación de la religión indígena frente a la obligación de practicar la i cristiana no puede en general sino exacerbar sus rasgos distintivos. , . Así, el movimiento mesiánico andino del taki onqoy (,,enfermedad del canto-baile"), contemporáneo de la resistencia incaica de vilca' bamba, abandona la divinidad "monoteista,, casiaceptable desde el ' punto de vista cristiano *§firaqucha o pachakamaq- para anunciar el retorno de las waka, coordenadas significativas del cosmos , en la perspectiva "animista" de los campesinos andinos. para subrat¡ar la índole más anticristiana que simplemente tradicional de su doctrina, los danzantes-predicadores del taki onqoy anuncian un castigo horrendo para los que sigan las prácticas cristianas (aNo, Millones, 1990).

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MARTIN LIENIIARD

ESCRITURA

y

pRocEsos

o¡ lNttnecclóN

cuLTtrRAL

767

liación a la iglesia catóLica, son también

]gs

dientes el derecho de llamarse cristianos. equi, po, l" ta"a, idioma_c-ristiano adaptado toma el lugar del idioma "" antiguo, ,ir'qrr. se modifique la reración antagónicaéntre el lenguaje á rár ird=ro, y el de los represenranres der pocrer grobal. varianteá .."", ,ráJ." d9 aproniación popular del cristianis-o,

cristianismo, estos movimientos niegan a ros europeos y a sus descen-

:on necesidades de la colectividad marginada, escapan totalmente al político-religioso de ra jerarquía eclesiástica. ra asimrlacion :"1.91 del idioma cristiano no equivale en este caso, ni mucho menos, a una asimilación de los varores occidentares ni a una capituración frente al poder ,,extranjero.' o criollo. AI contrario, al apápiarse el

ragtJay, hasta el dela,,cruzhabladora', de los mayas yr.r,..o, i.rrrrrectos de los siglos )«x-)o( (cf. cap. III). E.stas apiopiacion., i.rJig._ nas del cristianismo, su_ teorogía adaptadá a las tradiciones y

de Oberá, ^ de Dios y de una virgen,, (ArT, Barco, 191.2 t\602l: 1,5g_l7l). Ér, pu-

En varias áreas se presencia er surgimiento de movimientos mesiánicos indígenas de aparienci ,ri"íi^nÁ, desde el ,,hijo

Un ejemplo clásico de "diglosia" ideológica sería la propia Rela, ción de Titu Cusi Yupanqui. El Inca, recién bautizado, se dirige como cristiano a oilo cristiano, el rey español. Ahora bien, este dis-

to dramático protagonizaclo por su padre Manco Inca, centro del
texto, el naruador, hablando un lenguaje distinto, no deja de afirmar en ningún momento, como lo atestiguan las recomendaciones de Manco, la vigencia de los valores autóctonos. La ambigüedad textual (alternancia de dos discursos antagónicos) se resuelve sólo refiriendo la obra aLa praxis política efectiva de Titu Cusi: el recltazo de la capirulación incaica. El autor, pues, pone en práctica una de las recomendaciones que él atribuye, astutamente, a su padre: sirnular la sumisión, pero no ceder en lo fundamental. Ambiguos son también muchos de los textos que ofrecen, bajo varios pretextos (dar a conocer las idolatrías para erradicarlas, escribir la historia), vastos fragmentos de discurso indlgena tradicional, como la compilación del saber azteca por Sahagún, la presentación de la mitologia andina de Huarochirí atribuida.a Francisco de Avila, o los trabajos historiográficos de los mexicanos Tezozomoc e Ixtlixóchitl. ¿No se contribuye así, bajo pretexto de ofrecerlos a Ia destrucción, a fortalecer los valores autóctonos? ¿y hasta qué punto las cartas indígenas escritas según todas las reglas del arte epistolar europeo significanla sumisión de sus autores, y no una apropiación de 1o occidental (en el sentido de Ia apropiación indígena del cristianismo) para mejor defender la autonomía indígena? En tales casos, Ia ambigüedad discursiva no se resuelve siquiera al referir los textos a la praxis política de los autores: ella también se cafacferiza por la misma "diglosia". La obra narrativa en español deJ. M. Arguedas, en sus lineamientos generales, se puede considerar como un trabajo de reorientación semántica andina del "lengraje" (formas narrativas e ideológicas) europeo. Sobre todo en su última novela, El zorro de arriba y el zorro de abajo, lo andino, sin duda, predomina sobre lo occidental (aNo, Lienhard, 1981). En su crónica enciclopédída, Guaman poma de Ayala combina la afkmación disimulada de los valores andinos con la apropiación indígena del discurso cristiano. La primera se sirve, como en los historiadores mexicanos, del discurso historiográ-

curso cristiano no informa sino el marco de su narración. En el rela-

ias áreas rurales de Venezuela (c¡R, Salas tggT). , Este breve repaso de algunos comportamientos indígenas ,,bilin_ gües" en materia religi«:sa, muy lejos cle agotar el vastJabanico de Ias acrirudes históricas conociclas (uns, flor A" nf"á, iqg2),^rro;, ante todo a indicar las tenclencias más

; ,;;rtitución deJesucristo por un ,,héroe popular,,, como Bolívar en cier-

"catolicismo popular,, con sus santos no oficiales y, "; a veces,

"o*prribi., fi".r"nt.., ;ii;;;"

.;;;;;;

caracterlsticas.

,

Literaturas alternatluas

y

procesas de aculturaclón religiosa

logas.

La configuración de ros textos alternatrvos se vincura en más de un sentido a las actitudes o prácticas religiosas y rituales a" A, ,.rU*_ ciedades indígenas. A menuclo, éstasáparecen abiertamente como elementos temátícos o sustentan, más iubterráneamente, la actua_ ción.de los personajes abundant., ," huti-uá;;;"ñ --ejemplos estudios de la segunda parte-, pero a veces, sus estructuras se_ mánticas traducen, globalmente, unas tácticas de disimul ación aná_

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MARTIN UEN}IARD

E§CRITURA

Y

PROCESoS DE INIERACCIÓN CULTURAL

1.69

curco occidental (cap. VI). Ignorahdo en pleno siglo xwu el hecho de la conquista, el drama quechua Ollantay parece practicar la negación del iidioma,, euro_ peo, Alrora bien, este ,,rechazo,,, pese a lai apariencias, implica que se lo toma en consideración. La valoración áe la función del lnca, tema central de la obra, no deja de inspirarse, parcialmente, en las exigencias de la situación colonial. Las cua[dádes esenciaíes que debe poseer el Inca no contradicen las que se atribuían, ur, ár, época, al monarca español (cf. cap. v[). bicho de otro Áodo, la apropiación de ciertos varores europeos sustenta de hecho una actitud antieuropea: si el Inca reúne los requisitos que se exigen a un monarca europeo, el Inca puede y debe gobernar. El recñazo del discurso europeo y su apropiación indígena coexisten aquí en un solo texto y confirman la tesis formulada anteriormente: las dos ac_ titudes aparentemente antitéticas no son sino las dos caras de la misma moneda. Estos pocos ejemplos, destinados a ilustrar la complejidad del problema de las actitudes ambiguas a las que áe descu_ -análogas bren en las prácticas religiosas indrgenas- en ras fitáraturas arrernatlvas, no pretenden resolvedo, Trataremos de profundi zarlo en algunos de los estudios de la segunda parte de esie libro. - LAS TRANSFoRMAcIoNEs DE

flco¡ la ccgunda pasa por la demostración del carácter cristiano de lor mlcmos valores, que equivale a negar la índole cristiana del disi1,

lir,l

iii

tA oposlclóN EscRrruRA/oMTJDAD

Y tAS LITEMTURAS AITERNATIVA§

el de la escritura, patrimonio de los sectores europeizados. Se sub_ rayó en el capítulo I que el sistema europeo, a áscala general, se impuso sobre el autóctono, pero sin haCedo desaparJer, En'las subsociedades indígenas y marginares, el sistema oral siguió dominando, como "variantebaja,'de un sistema ,,diglósico,,. NJse produ_ jo ni se hubiera podido producir, desde luego, ninguna ,,fusián,, en_

Nos toca abordar, finalmente, el problema de los procesos de interacción cultural en el campo de ra oposición entre el sistema de ra oralidad, predominante en todas las subsociedades marginadas,-y

tre arnbos: no se pueden fusionar la pluma o la máquina de escribir con la voz humana. Cada uno de estos sistemas representa, al estado puro, un "esti1o cultural": colectivo el de la oralidad, individual el de la escrituna. Ahora bien, si las culturas enfrentadas se modificaron, en parte, a ravés de un largo y desigual diálogo, algo también cambió en la función social de los dos sistemas de comunicación. El sistema oral perdió, con su marginalización, la vigencia "estafal" que alcanzó en los señoríos prehispánicos; en tanto sistema de comunicación local, no sufrió, en cambio, ninguna Úansformación profunda. Cada vez más, sin embargo, se ve amenazado pot el avance no tanto de la escritura, sino de Ia "oralidad petrificada" de l<¡s medios audiovisuales. El caso del sistema gráfico es sin duda más complejo, ¿Hasta qué punto siguió siendo, a través de los siglos, un medio de comunicación exclusivo de los sectores hegemónicos? ¿En qué medida siguió priülegiando la comunicación interindividual? La respuesta a estas preguntas se puede buscar, también, en las literaturas alternativas. Ésas, como se dijo, son marginales tanto dentro del sistema escritural dominante como en el seno de las colectividades orales. Sus textos se inscriben, por una parte, en los márgenes, abiertos hacia la oralidad, de la cultura dominante. Destinados en un primer tiempo a los miembros de los sectores hegemónicos, su nafuraleza híbrida impide en rigor una relación privilegiada con ellos. Cuando logran dar con un público más adecuado, capaz de leerlos a partir de su intertexto "oral-popular", su fi;nción comunicativa su -y significación- se modifica substancialmente. Aunque destinada al rey español, la Relación de Titu Cusi, para tomar otra vez el mismo ejemplo, se convierte, si los sectores marginados hoy se apropian de ella, en un texto capaz de fortalecer su identidad sociocultural,
Casi todas las subsociedades indígenas o mestizas, además, echa-

ron mano, por momentos o sistemáticamente, del medio de la escritura, sea para dirigirse a los sectores hegemónicos, sea para conser.yar sus propias tradiciones orales. En el primer caso, se trata de un fenórneno de "diglosia": si se escribe a los europeos y críollos, se sigue privilegiando la comunicación oral en el seno de la comunidad. En el segundo, la escritura sirve, dentro de un sistema que sigue siendo predominantemente oral, de auxiliar mnemotécnico, como,

170

MARfiN LIENIIARD

EScRITI RA

y

pRocEsos DE INTEMCcIóN

CLILTURAL

1,7-t

r«rs de la cultura occidental, cle los miembios ¿" sectores, dificulta todavía, sin embargo "o*r.r", "rá, ,la realización plena de sus potencíalidades.

ceso de una elite de las corectiüdades margina das aracultura escritural moderna. Las obras que surgen de este contexto, si bien *escri_ tas", no abandonansu vinculación con los universos orares; er desfase entre la formación moderna de sus autores y el ,,atraso,,,

recuperación por los inrelcfuales_ la performance oral d;i;;". só,o en épocas relativamente recientes apareceel fenómeno de una literatura de concepción, escritural que tiende a ser (sin tog.urlo necesariamente) un medio de comunicá ción artística en el seio de los propios sectores marginados. Esta literatura
es er resurtado del ac_

antes de la conquista, los kipu, glifos y otros medios autóctonos. Los adeptos de ra "cruz habr;daÁ" enyucatán, en 10s años tfeinta de es," siglo, habían conservado de este modo el discurso ,,cristia_ no" del héroe fundador Anastacó Caalan(v, cap. III); el texto _he_ cho significativo- se reía en voz alta y delanie de la comunidad reunida (¡¿rs, Villa Roja.s, L945:16). Anáiogo es el caso de la poásía cantada no sólo transcrita, sino impresa y ctmercrari zada _-ros corrido1 enMéxico y en otras partes, la lüeratura d.e cordel enel nordes_ te brasileño, etc.-, relevante es siempre _por lo menos antes de su

en térmi_

al depositario de la memoria oral; es una instancia colectiva, dueña del "saber" contenido en er texto y factor activo de ciertas párti"rlrridades del discurso literario. La iegunda es ra der dueño de ra escritura y corresponde al autor oficial del texto en su conjunto, que controla la producción der sentido. En ros textos de ,ecopilacián, -menudo este desdoblamiento aparece abiertamente, y se indica a la identidad de los "depositarios de ra mámoria oral,,. La literafitra de ficción no nombra directamente, ni fodría hace,o, la identi_ dad de los "depositarios de Ia memoria oral,,. Frecuerr,"-.rr,.,1i., embargo, ella pone en.escena determinados momentos de t.ar.r.' misión oral o finge ser la simple transcripción de un discurso oral. Aun en los textos aparentemente menos híbridos o ,,escindidos,,, como en pedro páranto de Rulfo, sólo la copresencia efectiva de estas dos instancias (aunque queden reunidas en una sola rroz) ex_ plica la configuración otarizante a ra vez que literariamente ,r¿anguardista" del discurso literario. A este fenémeno, sin duda, alude A. Roa Bastos cuando dice:
[...j en mi oficio de escritor de ficciones he experimentado siempre, vivencialmente, la presencia crepuscular cie ese t.*to p.i...o, ,iJi ble más que legible, que remonta del hemisferio."Uy"...rt. J"t-grr_ ranÍ, y he sentido la necesidad de incorporarlo y trasfundirlo ..r"lo, textos escritos en castelrano; integrarro en la escritura, si no en su materialidad fonética y lexical, al rnenos en su riqueza semántica, en sus reverberaciones significativas; en su radiaciónir ítica y metafórica; en sus modulaciones que hablan musicalmente de la náturaleza, de la vida y del mundo (arr, Roa Bastos, 19g7). La índole comunitaria d.e Ia memor

otros texto§ alternativos son el resultado de una trayecto ia más bien inversa : tratando de romper er enclaustramiento curturar de ia literatura "oficial,,, ciertls escr.liores-antropólogos de orig"o.rrü*o se apropian en sus traba,os cle una seris de é1"_errtor"remiódcás de origen oral-popula¡ si no acogen, .Jir."rr*" nte,,, Ia palabra de los sectores marginados, ta receictán J" irl., textos por l, árir" de estos sectores varía, sin clu<Ia, en funcion de la identificación con la otra cultura ql¡e se manifiesta en ellos.
"Dueño
d.e

la escritura,,y ,,depositarto de la memoria oral,,

Todos los textos de ra literatura escrita arternatíva se caracteúzan. en mayor o menor medida, por una ,,doble determinació",, irl"rl tancia responsable del texto se ve clesdoblada en ¿o, irrt*J", cuyas funciones se distinguen claramente. La primeracorresponde

voz colectiva explícita o implícita que habla en todos los textos arternativos, y que representa sin duda la transformación más palpa_ ble que va operado esta práctica en el modelo escritural *á. i-portación".
Este tipo de moderna nanativa,,bicultural,,, que A. Rama [cnN, narratiua de la transculturacrón,-crea Ia ilusión de una "oralidad escrita,,, o de una ,,escritura orali,, Ilusión que cabe acepfar como tal sin caer enla trampa: no se suprime, de este mo_
L98a) bavtizó

ia orarexplica

la caracterÍstica

MARTIN UENIIARD

tariedad, muestra) sin embargo, cuál podria ser, en un país _y en el subcontinente- finalmente descolánizados, la relación .rrt.. do, prácticas igualmente válidas y prometedoras.

ción acrual. La ausencia de antagonismo entre las dos,

do o Roa Bastos, más que Rama, se muestran perfecta-Arguedas mente conscientes de elro- la opósición entre comunicación oral y escrita. Las novelas y cuentos de Arguedas, Rulfo, Roa Bastos y de toda una serie de otros escritores cómo Jesús Morales Berrnúdez (Chiapas), Juan Bautista Rivarola Matto (paraguay), Enrique Rosas (Perú) y muchos otros, con§tituyen sin duda una literaturialternativa escrita que se inscribe en los márgenes *abiertos hacia las curturas orales- de la cultura escriturar hegemónica. Ahora bien, todos ellos, al adquirir las técnicas modernas d e narrar que ernplean para no incurrir en el desprecio de los lectores pertenecientes a la L[te internacional, tuvieron y tienen que "renegar,, ---en cierto sentido- de la cultura popurar que res sirve de ieferencia. su escritura no puede representar directamente ra voz de las ,,subsociedades,, marginadas. si esta nartativa no es, entonces, una literatura escrita de los propios sectores marginados, es posible que la u^yu uiriá_ pando. Ya existen, en el horizonte de las literaturas latinoamericanas, unos pocos ejemplos de superación parcial no de la oposición en_ tre oralidad y escritura, sino de la deiigualdad.politici,, de ambas prácticas. Así, en perú, la ,,subsociedaá quechuá,, (rural y se sirve, al lado de una práctica oral alarr., trudi.iorral "rbu"rl e innovadora, de la- escrituru poétiqa para expresar, en el ambiente urbano, una sensibilidad del todo independiente de la que se halla en ra poesía escrita criolla (cap. XII). En este caso, la opósición oralidadlescritu_ ra no corresponde ya a un dntagonismo entre los sectores marginados y hegemónicos, sino a ras diferencias de ambiente sociocuñural que alberga la misma subsociedad. Ambas prácticas, desde luego, son prácticas marginales en er contexto de la sociedad de discrimiia-

SrcuNo¡, pARTE EsluoIos DE CASo

,, .o*pt"*".r-

C¡,PÍruro V Mnso¡.uÉnrcA: LA LLAMADA cnÓNIc,q. IxoÍcnNe'l

de Es sin lugar a dudas en Mesoamérica, especialmente en el valle

México, án yucatán y en Guatemala, donde la presencia de una litenail)ra escrita alternativa, casi desde la instauración del sistema coloirial, es más evidente, sistemática y persistente' Los textos que en escritura glífica con o sin transcripción la componen -códices alfabética, crónicas de todo tipo, "títulos", cartas, en varios idiomas mesoamericanos, en español y en latín- son conocidos, a veces de famosos, y numerosísimos estudios se le han dedicado' Uno de trabajos ellos, el más vasto, síntesis impresionante de un sinfín las anteriores, Ia presenta en su casi totalídad: la famosa "Gtia a (MES, 1"972' fuentes etnohistóricas de Mesoamérica" de H' F Cline 1975). Sin embargo, como 1o subraya el propio título de este trabaio monurnental, los textos se han reducido aquí a fuentes históricas' a documentos. En otros trabaios, como en la ya clásíca antología Vtsión d.e los uencid.os de León-Portilla (¡'lps, 1959), una parte de este universo textual aparece como un canto de cisne de los indios vencidos. A menudo, todavia, Ios mismos documentos -o parte de ellos- se han considerado cieftamente como texto§ literarios, pero "prehispánicos". Poco se ha tomado en cuenta el hecho que aquí no, i.rtér.ra más:laproducción de tales textos alternativos, iniciada odavíaen la primera mitad del siglo >nn, no se extingue pocos deI El mesoamericanista Gordon v/hittaker contribuyó a la versión definitiva de este y literatura náhuatl' arpi,*f,, con varias sugerencias y su conocimiento del idioma de la
11751

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MARTIN LIEN}IABD

rurso,luÉnrc¡.,

r-A. r.r,A.MADA

cRóNIcA INDÍGENA

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cenios después de la conquista, sino que persiste durante un siglo y medio de régimen colonial. Esto supone, sin duda alguna,la existencia de uno o de varios sistemas de producciónliteraia más o menos estable(s), como también la de un público que valoraba los textos producidos y se reconocía en ellos. En una palabra, estos ,,documentos", o una parte de ellos, son la parte "textual" de un circuito literario relativamente autónomo que coexistió con el de Ia literafura novohispana "oficial", la de los sectores europeizados. Transformar las "fuentes etnohistóricas", la "visión de los vencidos" o la "IiferaÍ¡ra prehispánica" en literatura alternatíva de la época colonial es más que un cambio de etiqueta. Es el reconocimiento de que las poblaciones mesoamericanas, si bien derrotadas, medio asimiladas o marginadas, no del'an de seguir su reflexión literaria sobre el mundo. La circunstancia de que en algunos de estos textos no haya ninguna referencia explícita a Ia conternporaneidad colonial, no permite deducir sin más que se trate simplernente de textos prehispánicos. Reafirmar, después de decenios de opresión-asimilación colonial, la memoria mítico-histórica dela colectividad, es, sin lugar a dudas, también una manera de situarse en el presente. Además, un estudio lingüístico-literario de tales textos "prehispánicos,, demostrará inmediatamente su solidaridad con el momento,histórico: el propio idioma, Ias formas de exposición, la cosmovisión, revelarán las huellas más o menos profundas de los conflictos étnico-sociales vividos.2 Afirmar el carácter literario de tales textos significa, entonces, postular una lectura que tenga en cuenta el contexto colonial y la intención "lTteraria" que, de hecho, determinaron su escrinrra. No se trata, desde luego, de declarar caducas las lecfuras, fundamentales, que los enfocan eomo documentos etnohistóricos o mitográfi cos, sino de subrayar que ellos son, en primer lugar, la expresión de ciertas colectividades marginadas en determinadas circunstancias históricas. La reorientacién "Iiteraria" de la lectura del inmenso y plurilingüe cotpus constituido por los textos alternativos mesoamericanos es impensable fuera de un trabajo colectivo e interdiscipli2

i
il iil

Un trabajo ejemplar sobre la "historicidad" del lenguaie, la poética y la retórica

de un texto indígena colonial es el que acaba de realizar; sobre el famoso manuscrito quechua de Huarochirí, Sabine Dedenbtch-Salazar Sáenz (200O; inédito).

nario, en que deberán intervenir, además de los estudiosos de la literatura, antropólogos, etnohistoriadores y lingüistas. ' En las págínas siguientes nos limitaremos a problematizar, a través de un ejemplo concreto, la corriente noción de "crónica indígena" (prácticamente equivalente, pata los que se sirven de eIla, a "prehispánica") que se suele aplicar, casi indistintamente, a cualquier texto escrito o por un autor "indlgena", o en un idioma mesoamericano, o todavía, a partir de fuentes "indlgenas". Hemos mostrado, en la primera parte de este libro, que ninguno de estos factores permite definir inmediatamente la ubicación étnico-social de un discurso: los escritores "indígenas" pertenecen en general a los sectores mejor asimilados de Ia población autóctona; los idfomas amerindios dejan hasta cierto punto de serlo al sufrir un proceso de "domesticación", al mismo tiempo que el español metropolitano se indif¡eniza; el trabajo con las "frrentes" indígenas, finalmente, se realiza según los profilologfa* que desarrolló cedimientos científicos y escriturales -la europeo. Si por "crónicalndígena" se entiende un texel humanismo to aieno (salvo por el uso del alfabeto) a'los procesos político-culturales de la Colonia, no hay ningún ejemplo indiscutible de ella. Lo que sí existe, son textos escritos de "marca" indígena que se insertan de algún modo en un proceso literario sumamente complejo a ruíz de la "diglosia" literaria reinante. El supuesto autor del texto que comentaremos, Fernando Alvarado Tezozomóc, fue nieto de Moteuhczoma, último señor (tlatoani) precortesiano de México-Tenochtitlan. Su Crónica rnexicana (1980) r\arra, en español, la historia "oficiall de los aztecas. Otro texto en cuya elaboración intervino el cronista,Ia Crónica mexicáyotl (Tezozomoc 1975), presenta, en náhuatl y con formas de exposición narraliva totalmente distintas, una versión menos "mestiza" de la historia azteca. Aquí, Tgzozomoc, al parecer redactor de la primera parte de un texto cuya coordinación se debe sin duda atribuir al historiador Chimalpahin, afirma que se trata de la transcripción de un buebue tlahtolli ("antigua amonestación"), de la presentación del saber histórico de los ancianos (párrafo 6). Ahora, los nobles :*parientgs suyos- que le sirvieron de informantes, como el escritor puntualiza luego (párr.7), han sido de los primeros que adoplaron el cristianismo. A otro informante, Alonso Franco (¿Francisco?)

t78

MARTIN UEN}IARD

urso¡¡.tÉruca' LA

LLAMADA cRóNIcA INDÍGENA

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de México-Tenochtitlan, muerto en 1602, el narrador o el ,,editorl lo califica de "mestizo" (párr.34).Va no resulta posible sostener que los dueños del discurso oral.hayan sido ':indios prehispánicos,,. El conjunto del texto, por otro lado, es sin duda alguna el resultado de un "montaje": en el párr. 34 se menciona que termina el buebue tlabtolli de Alonso Franco (¿Francisco?); un poco rnás tarde, en el párr. 62, elyo del cronista se identifica ahora paÍa el lector -sorpresa que creía estar leyendo aTezozomoc- como Domingo de San Antón Chimalpahin, el conocido compilador de las Relaciones originales de Cbalco Amaquernecan (Chimalpahin, 1965); la última etapa de la Crónica mexicá.yotl, finalmente, es una lista genealógica poco narrativizada que llega, con un cómputo alavez azteca y cristiano de los años, hasta el año-9-caña/1578, Dicho de otro modo, aun un texto como éste, provisto de todas las marcas de la ,,auten-

ticidad" (escrito en náhuatl, de "autor indígena"), difícilmente

se

puede considerar, con todas estas intervenciones de una instancia escritural, como un discurso indígena prehispánico.Tezozomoc afirma dirigir su texto alos mexita, alos tenochca, es decir a su propia colectividad étnica (párr.3, 7). Como él mismo sugiere, su crónica se sitúa en Ia tradición de los códices glíficos (párr. 2, !); sin embargo, el gesto del escritor no es "tradicional" o rutinario. Volver a animar, en 1609 --É ignorando aparentemente la ruptura que significa Ia conquista- una tradición intemrmpida casi un siglo antes, trabajar enla conservación de la mer,noria éfnica, es sin duda una opción política 'ldisidente" en el contexto colonial de comienzos del siglo xw; una opción que traduce el cuestionamiento de Ia política oficial de asimilación de la aristocracia indígena. ¿Y qué opción representa ahora, independientemente de que su autor sea el mismo Tezozomoc o no, la Crónica mexicana? ¿eué significado atribuir al hecho de que se haya escrito no en náhuatl, sino en español? Trataremos de deducir las respuestas a partir de un breve análisis de su comienzo, que reproducimos a continuación:
La venida que hicieron, tiempos,

Tlalocateutl, y otros como se irá¡ fratando. La venida de estos' Mexicanos muy antiguos, de la parte que ellos vinieron, tierra, y casa antiguallamada hoy dia Cbicomoztoc que es casa de siete cuevas cavernósas. Segundo nombre llaman Aztlán, que es decir ásiento dela Gana, (ó abundancia de ellas). Tenían en las Lagunas, y su tiera Aztlán un Cú, y en ella el templo de F{uitzilopochtli, Idolo, Dios de ellos, en su mano una flor blanca, en la propia rama del grandor de una rosa de Castilla, de más de una vara efi largo, que llaman ellos Aztaxócbitl, de suave olor. Antiguamente ellos se iactaban llamar Aztlantlaca. Otros les llamarc¡ Aztecas Mexitin, que este nombre de Meitin quiere decir Mexicano: como más claro decir al lugar manantial de la uba, asi MeN, como si del Maguey saliera manantial, y por eso son ellos ahora llamados Mexicanos, como antiguamente se nombraban Mexica, Chichimeca, Mexicanos, Serranos, Montañeses; y ahora por el apellido de esta tierra, y Ciudad de México Tenochtitlan, el tíempo que á ella llegaron viniendo huyendo desbaratados de los naturales Indios de Culhuacan su vecino, que ahora es á dos leguas de Ia Ciudad de México, persuadidos del Demonio Huitzilopochtli, llegaron á la dicha Ciudad, que es ahora México Tenuchtitlan, porque el dia que llegaron á esta Laguna Mexicana, en medio de ella estaba, y tenia un sitio de tiefia,y en él una perta,y encima de ella un gran Tunal, y en lahsra que llegaron con sus balzas de caia, ó corrido, hallaron en'e1 sitio la oja, piedra, y Tunal, y al pie de él un hormiguero, y estaba encima del tunal una águila comiendo y despedazando ur,;a Culebra, y así tomaron el Apellido, Armas y Divisa, el Tunal y Aguiia, que es Tenuchca ó Tenuchtitlan, que hoy se nombra; y al tiempo que llegaron á esta Ciudad habían andado, y caminado muchas tierras, montes, lagunas, y rios (Tezozomoc, 1980: 223-224).

y años que estuvieron en llegar á

este Nuevo Mundo, adelante se dirá. Y así ellos propios persuadiendo

á los naturales por la estrechura en que estaban, determinó y les habló su Dios, en quien ellos adoraban Huitzilopochtli, euetzalcóatl,

El texto que se acaba de leer, fragmento de la Crónica tnexloana deTezozomoc, parece insertarse sin discusión posible en el conjunto de los textos narrativos de lengua española; su tema, historiográfico, es el de los orígenes de los aztecas. Ahora ¿quién habla de hecho en este tefio, para qué "oídos", y con qué actitud ftente ala mateña naffada? ¿Qué significa realmente este texto? Una serie de signos textuales sugieren primero un narrador más que llespañol": rnetropolitano.Lavoz que habla se distancia de los actores principales, los azfecas, refiriéndose a ellos, sistemáticamentg, con la teroo, como pod¡ía esperarlo el cera persona del plural: "ellos"

-y

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MESOATVÉRICA: LA LLAMADA CRÓMCA INDÍGENA

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lector pensando en el apellido azteca del supuesto autor, "nosotros". Los azlecas, pues, como se dice, "llegaron á este Nuevo Mundo": el narra;dor, pese a que se ubica precisamente en el "Nuevo Ir4ündo" (ésre N. M.), habla como clesdé la otra orilla del Arlánrico; sólo desde Europa, en efecto, puede tener sentido referirse a México como a un mundo "nuevo". Igual que en cualquier panfleto misionero, la mención de las divinidades autóctonas va precedida o seguida del calificativo eurocentrista "ldolo" o "demoniol'. Los parámetros de comparación ("del grandor de una rosa de Castillal') también remiten a una ascendencia transoceánlca, Este narrador supuestamente "español", Éin embargo, no pierde ninguna opornrnid.ad para seflaLar y comunicar su conocimiento de la cultura y del idioma autóctonos. Su cc¡nstante preocupación de traducir, de explicitar el universo en náhuatl sugiere que su texto se destina exclusiva o prioritariamente a lectofes aienos a este universo. Sería más exacto, pues, calificar a cste narrador de "intérprete intercultural". De modo general, cc¡mo lo muestra A. Escobar (eNo, L984) a propósito de Garcilauo cle la Vega "el Inca", los cronistas que asumen una función de intérpretec lnterculturales se apoyan en las conquistas científicas cie la flkllogfa renacentista¡ sus explicaciones, naturalmente, si¡¡uen las pautas de la légtca occidental. En una lectura supefflclal y rápicla, la lógica que estructuru elfragmento de Tezozatnoc, en efec,to, parece aer "filológica".lJtr análisis algo pormenorizado, sln embargo, revelará que el sistema delafraducción, más aparente que real, es una forma prestada, no una estructura operativa. Trataremos de mostrarlo en algunos ejemplos. Los protagonistas de la narración se dice, tratan de persuadir a los naturales de que su proyecto (la migración), les conviene. ¿A quiénes se refiere el término de "naturale§"? En el léxico colonial español, estavoz se suele referir al conJunto de los autóctonos, sin diferenciados socialmente; aquí, sin embargo (la confirmación se encuentran en la Crónica mexicáyotfi, Tezozomoc quiere referirse a los macebuales, término de clasificación social que se aplica a los campesirios o "indios comunes", Declr luego queA-ztlán, topónimo de origen incierto, significa "asiento de garzas;", es poco exacto en términos filológicos. Más lógica (pero no necesariamenre cierta) es la explicación que se sugiere enla Crónlca mexicáyotl (párr. Z9):

Axlán

sería una forma con[raida de azta,tlán (garza'lugat), llugar de garzas" . Más adelante, el texto sugiere una relación etimológica entre el origen de los aztecas, el color blanco de su flor sagtaday el nombre de ésta, Aztaxócbitl,,pero deja de explicitada para el destinatario "español": Axa-xócbül (garza-f\ot), hubiera tenido que decir, es la Flor de la Garza, y se vincula al lugar de origen de los aztecas porque éste, en su hipotética forma "original", suena Aztatlán (garza-lugar). Para explicar la etimología de mexitin (mexicanos),

el narrador recurre a una explicación qrre tiene todas las apariencias de una operación intercultural. Para sugerir al lector (metropolitano) la imagen del para é1 desconocido "manantial del maguey", se propone su analogía con la del supuestamente más familiat "manantial de la uva"; analogía que se basa menos en la homología vi'
sual o botánica de las dos plantas que en el jugo fermentado que se .extrae de ambas: pulque y vino. Si el lector está sin duda dispuesto a admitir esfa analogía, no puede entender todavía, en cambio, qué

diablos tiene que ver el maguey o la uva con los meffitln o meúcat fio se le ha aclarado, en efecto, que maguey en náhuatl suena me(tl), y que.rclc(tli), r'ombligo, fuente, origen", podría llamatse ala herida de la cual chorrea el jugo del maguey. La elabotación de esta etimología, altamente inverosímil además de mal explicitada, demuestra sin embargo las ambiciones "filológicas" del texto. Para explicar, más tarde, el "pqt qué" ----es decir la etimología- del topónimo Tenocbtitlan, se narra toda 7a historia de la llegada de los aztecas a un punto de la Laguna Mexicana; en esta historia apafe' cen, sucesivamente, una peña, un tunal, un hormiguero, un águila y una culebra. Estos elementos (sin el hormiguero), componen, efecüwamente, el "dibujo" que significa, en los textos glíficos, Tenocbtltlan. Pero el nombre de la ciudad no contiene todos estos elementos, ni se compone, como cteerá el lector, de (por lo menos) "tunal" y "águila", sino de los equívalentes nahuas de la piedra (le-tl) y eI tunal (nocb-tli). El hormiguero, por otra parte, no §u§citará nir.rgtrna ,asociación en el lector hispánico; el hablante del náhuatl' en'cam'bio, lo vinculará al topónimo azteca Azcapotzalca ('tl¡'¡gar del horf,niguero"), localidad situado a pocas leguas de MéxicoTenochtitlan, o 1,, irrt"rp..tará como "aglomeración urbana", uno de los significados de azcapotzal-li. Las repeticiones sinonímicas ("llegaron vi-

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MxsoAMÉRIcA, t¿, LLAMADA cnóNtce INDÍGENA

r83

niendo", "andado, y caminado,,) y la sintaxis a r¡enudo paratáctica ("y... y... y,..y'), típicas de la exposición oral náhuatl, ,rí.o*o .r.r, de otras particularidades sintácticas (omisión de preposiciones, ¡erie inversión del orden corriente de las palabras), contrituien todavía a sugerir el origen no hispánico, no escriturri d"l dir.r., o nulruin vo. La operación intercultural que organiza la estructura superficial de este texto, oculta mal, pues, el predominio de un modoie pen_ sar y de exponer básicamente autóctono, El conjunto de estas observaciones impone una evidencia: dos sistemas de significacíón netamente distintos compiten, se superponen e interpenetran en esre texto. El primero, que es él de l; t;di_ ción literaria y filológica europea, determina lá forma exterior del texto (crónica historiográfica), la orientación genérica de la pers_ pectiva narrativa, los parámetros de comparación, la elección del español en tanto que vehículo idiomático y el principi o de la tra_ ducción de los conceptos no europeos. El mismo sisÉma, tc>davía, es responsable de digresiones informativas (,,que ahora es á dos leguas de la Ciudad de México,,) innecesarlas p.r, un destinatario autóctono. un uso incipiente de procedimtentos de la historiografía europea (comparación y crftica de tuentes) se puede ,r.., poiiH._ mente, en una afirmación como "otros res llamaron Aztecas Mexitin". El segunclo sistema, obvlamente, e¡l el de la tradición fundamen_ talmente oral de los mexrca, No sélo la mayorfa de ra información contenida en el texto, stni: tambtén su puesta en forma concreta (diégesis), se deben atribuir al lmpacto cie ese sistema auróctono. La presencia de dos slstemar actlvos en un solo texto correspon_ de al desdoblamiento (tfpico de la escritura alternariva) de la ins_ tancia nanativa, a su escisión en las dos fr.rnciones der dueño de ra escritura y del dueño de la memorla y el dlsourso orales. Enel caso de este texto, una sola instancia (el nárrado r Tezozomoc) asume de hecho ambas funciones. Éstas, sin embargo; no llegan a fusionar ni a complementarse mutuamente. Se diría, más bien] que ta primera estórba el, tabajo de la otra y viceversa. H funcionaái;-d;;;;; texto, deterrninado por dos sistemas de significacién rivales, se puede comparar con el que J, Golte y M. de la óadena (AND, 19g3) átribu_ yen a la economía de las comunidades andinas: ésta se vería codeterrninada por el sistema no mercantil tradicional y por .i á.f Áá.

cado (local, nacional, internacional). El predominio del primero o del segundo dependería, según estos investigadores, de la coy,trntura concreta y de las soluciones puestas en obra para enfrenfarla. La comparación entre estos dos casos de ,,codeterminación,, no es arbitrana, puesto que tanto en nuestro texto como en las comunidades andinas se trata de un enfrentamiento, impuesto por un contexto "colonial", entre un modo de hacer tradicional, local, y otro "moderno", internacional. Si nos planteamos, ante el texto deTezozomoc, la pregunta acerca del posible predominio de uno de los dos sistemas, no obtendremos sino una respuesta ambigua. En el nivel de las oposiciones escitura/oralidad y español/náhuatl, se imponen, desde luego, los principios importados. En sí, la presencia del español no equivale a "europeización": ciertos textos coloniales en náhuatl, sin Ia menor duda, son más "europeos" que la Crónlca mexlcana. El empleo de Ia,escritura europea, en cambio, implica una ruptura radical con la oralidad predominante de los pueblos mesoamericanos. En el nivel semántico parccería predominar el sistema náhuatl, pero cabe agregar inmediatamente que un muy hipotético lector monolingüe de este idioma no podría descodificar este texto elaborado en español: al náhuatl pertenece la semántica de los conceptos, no la del texto en general. De hecho, sólo un lector de tipo nuevo, bilingüe y bicultural,.reúne todas las condiciones para capfarlo en todas sus dimensiones. La Crónica mexicana: ¿crónica europea o indígena? Todo lo.que precede nos autoriza a afirmar que no es ni lo uno ni lo otro. No es tampoco "mesfiza", si mediante este término se quiere aludir a un coniunto semiótico cuyos signos de origen se han desprendido de sus universos respectivos para configurar un sistema de signos nuevo, dotado de una coherencia propia; para llegat a ser un texto "drestizo" en este sentido, Ia Crónica firexlcana carece, en efecto, de una lógica unívoca que la explicarla en todos sus elementos. Si lo "mestizo", en cambio, es la esfera de lo',hlbrido,,, del conflicto entre los sistemas de signos autóctonos y los de origen europeo, este fexto sería un excelente ejemplo para ilustratlo,., el pregunta ¿Cuál es, finalmente, la "opción" -en sentido de la inicial que le hicimos al texto- que realiza la Crónica mexicana?

tu

MARTIN UENHARD

MESoAMÉruCA. I,A LLAMADA cRÓNIcA INDÍGENA

log textog_hlstoriognáficos escritos consecuentemente en náhuatl o en ecprñol (que no dejan de ostentar, también, rasgos de hibridismo),

munlcación literaria,la Crónica máxicana apatece,

en otros idiomas mesoamericanos? Ignoramos si, históricamente, ásta cróni_ ca es el resultado de un encargo o de la iniciativade su autor. Tene_ mos que buscar en el propio texto un comienzo de respuesta. Escribir una ,,crónica,, en español (o en latín) signifi caba, en el contexto de la Nueva España, insertarse en la esfera-de ra [táratura "universal" del momento, la del imperio mundial cristiano ñol. Normalmente, tal inserción paiarta por la ua"poiá" t ñ; á"'ñ;_ glas que rigen este conjunto: uso de un iáiomá,,universal,l (español o latín), aceptación del cristianismo. El autor de la crónica máxica na decide, efectivamente, agregaL" su voz a las que ya configuran tal literarura "universal,,, pero ,in ierminar de pagir ei precio exigido. S¡r voz, en efecto, no suena ,,universal,,, sinl azteca. De este modo, él p¡opone, quizás sin ser consciente de ello, una transformacá de las reglas de homogeneización cultural que rigen Ia literatura "universal" de su momento: ésta deberiaasumir la pluralidad curturaf gue caracteriza, de hecho, la autoprocla mada,,l/ronarquia univer_ g¿1". fixigencia que, como sabemor, .ro qe iba a poder cumplir en el m4rco un imperio conocido por srl tendencia at mo.rotiti".r.o -de cultural, Basada en esta estrategia poco realista en términos de co_

en el universo conceplual, densament "urt dei texto. No Éay tarnpo-co ninguna apropiación real de los principios "u, de la histo_ tiografta renacentista, como sí la constatamos, por ejemplo, en la historiografía del cronisra lxtlixóchitr. Además, et ,.rhuzl u.pur"nte' por parte del narrador, de ciertos núcleos (rerigión) de h áulrura autóctona, oculta mal su persistente vigencia estructural. El lector implícito más verosímil sería, .rtor"""l un azteca no ,,renegado,,, pero con conocimientos adecuados der españor y de la esáitura europea. ¿Pero por qué haber escrito el texto en español, cuando en la misma época, otros cronistas escribían en náhuatl y

cfecto, no se le hacen'las 'lconcesiones" suficientes. Los comentarios explicativos no constituyen ninguna guía paraque él ,. ;;;q""

f lo que sugieren sus ,,explicaciones,,, ella _en tu.rto ,irr.*u't.*_ q*l- no se dirige realmente a un lector metropolitano. A éste, en

€ontnrlrmente a lo que parece descubrir una lectura rápida,y pese

de crear una literatura congénitamente "mestiza", globalmente irieductible a uno de los dos conjuntos de sistemas semióticos disponibles, este texto se inscribe a su modo, como también los de sahágún, Ixtlixóchitl y otros, en la búsqueda de una voz literaria.rr"rr", ád"cuada a una situación igualmente nueva.

como un experimento literario fallido. En su intento, sin embargo,

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t¡, sus\,,EnstóN

DEL

TExro EscRtro EN rr

A_n¡a

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CepÍruro VI
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susvnnsróN DEr TExTo ESCRTTo EN Et AREA ANDTNA (GueulN Pou,r, Dn AvlrA, J. M. Ancur»es)

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rural.

políticas y económicas. Siempre, sin embargo, Ios comuneros se vieron por lo menos pasajeramente propuhádos en la esfera ,,na_ cional": trabajo más o menos forzado en las minas, leva militar, etc. Tras un relativo aislamiento de siglos, estas subsociedades van sufriendo hoy un proceso aceleradá de integración contradictoria al sistema político-económico global de signo capitalista: penetración del sistema del mercado en las comunidades, eicora¡zación, éxodo

' ,

CUTTUM HBcB¡,TÓNIc¿,, CULTURAS MARGINADAS

La maquinaria de producción de textos escritos surgió, en el área

andina, en tanto "propiedad" del nuevo grupo hegemónico europeo que se impuso con la conquista. Este grupo, que se fue ramificando y "acriollando" a lo largo de la historia regional, dictó y sigue dictando las funciones de los textos, sus géneros, las condiciones de su elaboración y difusión. Dentro del sistema de dependencia colonial y semicolonial, sin embargo, el sector hispano-andino dominante desempeña, ante todo, el papel subordinado de "intérprete" de los estímulos provenientes de las metrópolis europeas. Las formas, las jerarquías y los valores literarios vigentes, en un momento dado se derivarán de los que se vayan imponiendo en las metrópolis. Especialmente en las zonas poco affactivas desde el punto de vista de una economía exportadora, el poder colonial dejó subsistir sin reorganizarlas previamente- una serie de subsociedades -no tradicionales, relativamente autónomas, cuyas práctlcas económico-políticas y simbólicas siguieron, en lo esencial, unas peutas andinas tradicionales: economía de subsistencia reacia a la eeuñulación, sistema de ayuda mutua, propiedad comunal de la tierra conalderada como inalienable, religión agrariabasada en el culto g lóÉ Élementos significativos del cosmos natural (cerros, tierra, ete,), escgra dlvlsión del trabajo e integración de las actividades
n86l

, ., ' i

La más visible de las subsociedades tradicionales es la red de comunidades andinas quechua-aymaras, vinculada hoy a las colonias urbanas de los ex comuneros emigrados. El sistema cultural andino, de ascendencia prehispánica pero hace tiempo reestructuraclo a partir de una serie de elementos ajenos (cristianism<:, familia europea), se ve expuesto actualmente a la penetración masiva de tas relaciones y los valores capitalistas, Las práctrcas literarlas, sln embar. go, van conservando una cierta autonomla: el slstema oral slgue predominando.La conflictiva coexistencia multisecular, un aán"n texto colonial o semicolonial, de dos sistemas culturales opuestos ("andino" y "occidental"), suscitó unos procesos de interacciSn complejos, mayormente a favor de la cultura occidental, aunque a veces tarnbién ára inversa (apropiación selectiva de ciertos valores andinos *idioma, prácticas mágicas, etc.- por parte de los mistis).

Ltttn-qtun¡. ArrERNArrvA

una manifestación específica de tal interacción es el surgimiento, . en el marco de la producción literaria escrita, de textos interferidos LolrlL4, uL tg^LUD TIILCTIEIIULTü r por factores cuyo origen se halla en la cultura quechua: dualismo , andino, representación andina del espacio-tiempo, prácticas ritua_ ,: les y verbales, idioma quechua. -Ll trasladar tales elementos al texto escrito, sus autores acaban por subvertirlo. Los vehículos europeos

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que dominan el horizonte literario (crónica, novela, crrurrto, po"sla), élaborados en un largo proceso de decantación escriturai, no

lógran articular satisfactoriamente los eslmulos de los múltiples códigos ajenos a la escritura que ofrece una cultura predominantemen_

188

MARTIN IIEN}IA&D

IA]SIIBVEP§IÓN DEL TTXTO ESCRITO EN EL AREA ANDINA

te oral corno la quechua. En el choque con la culftrra oral, él texto escrito tiende a estallar, a fragmentarse. Lq§. textos subvertidos;'suscitados en definitiva por el malestar de lqs letrados biculturatres, inal asimilados ,al sector dominante, plantean a su modo el antagonismo polltico-Culturral impuesto.por ia conquista y pe¡petuado por los poderes vireinales y republicanos. Explícita o implícitamente, ellos proponen una solución, una utopía sociopolítica que se nutre fundamentalmente de los valores m..,ospreciáos de ú cultura quechua -y de otras culturas margi-según la época, el conjunto de tales valore§, se manifiesta en nadas. (Cosus grandes líneai ba¡o lafotma de un "crbüanisnro auténtico" loniá) o de un "socialismo auténtico", formulacion'§'andinas que se oponen a sus versiones criollas degradadasl el cristianismo de fachaáa de los españoles o el sociali§mo e§clerolízado, inadecuado a las condiciones concretas delárea,de los criollos mQdernos. En más de un sentido tales textos constituyen una llteraü¡ra ?lletnativa. Nos referiremos a continuacíón a laa doc obrap mayo¡es de este tipo, la crónica enciclopédic a Prlmer nueua cQronlca y buen gobierio del supuesto cacique quechua Feltpe Guaman Poma de Ayala (eNo, 198ó tl615D, escrita e ilustff,da t comipnzos del siglo xraI, y el conjunto, igualmente enclclopédlco, de la obra ngrrativa y poética áel fllsrl "desclaoado" Jooé Mmln fuguedas (1983), El área cultural determlnante para lmbo§ eutofÉs abatca los departamentos peruanos actuales cle Huanc¿vcllca, Ayacucho y Apurímac, región áominada en la época prelncnlcr por la confederación delos chankas, pokras y winnaullhdL AmÉos autore§, casu¿lmente,-mantuvieron una relación prlvlleglada con la actual provincia de Lucanas (departamento de Ayacucho), como lo'eugieren los estudios etnohistóricos y antropológicoe, la cultura cempesina de esta área se modificó relativamente poco entre la época de Guaman Poma y el comienzo del siglo )o(, que conesponde ala miíez de Arguedas' es rEl modelo literario fundamental para la obra de Guarran Poma cuya la crónica histérico-filosófico'antropológicá del Rgnacimiento' expresión más alfa, en el árqa andina, es la Htstoria matural y rno,oi d" lrt tod¡ot del jesuita Joseph de Acosta Q954Í1590ir)' Como 1o demostró Adorno (1986), Guaman Poma (que,cita a Acosta, f' 1089) conocía por lo meno§ de oídas varios textos de este tipo' El proyec-

dü concreto de Guaman Poma cónsiste en una defensa e ilustración , ldel sist.ma estatal andino (preinca e inca), una denuncia pÓrmeno' 'i¡ ftza.da de los defectos del sistema colonial "real" y la propuesta de .r una "tercera vía"; la integmciórt del Estado indocristiano (versión I elgo adaptada de! Estado prehispánico) en una utópica monarqula crlstiana universal, hegemonizada por los reyes de Castilla. '.,,,',i El punto de partida de Arguedas, en pleno'siglo >rx, es obviamente distinto. El modelo (o antintodelo) pata sus relatos es la narratiVa "social" de fines del siglo )rD( y comienzos del' )o<, representadá én América Latinapor el llamado "regiofialismo'l o su variante "indi).¿phista". Esta literatura se caractetizaba por una perspectiva totalmenudo paternalista- a los universos "marginales" trnente ajena -a levocados. En cuanto aIa poesla en quechua de Arguedas, resulta i A¡n.l atribuirle un "modelo"; p€s€ a ciertas resonancias nerudianas, i p*.." que aquí, los factores subversivos arra§aron casi completa,f¡¡,ente con los elementos de la tradición occidental o criolla, Si bien iArgu.dus afirma apoyarse en el socialismo andino-marxista de'Matiá;'tegui, la coÑíguaración concreta de sus obras, poéticas o ¡arrati,, Vas, tiende más bien a afirmar una utopía algo fluctuante de raigamrlfiie andina. La homología entre la obra de Guaman Poma y la de Arguedas, perceptible a condición de rnaneiat:rn c:ncePto fl":,Or:_d: 1 9.,1t1:_ fário" y de tener en cuenta las sucesivas transforrnaciones históricas
11

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'ÉÉrmite captar lo que hay de permanente, en el marco colonial y fepublicano, en el "diálogo" entre el sector hegemónico y las subsolciedades marginadas.
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de lu ¡eorq.ríay las funciones de los diférentes discursos escriturales,

susvEnsróN uNcüfsuc¡
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lCuáles son, en estos textos escritos, los niveles que §e vdn §ubvefii' ldbs, expuestos a las interferencias de origen oral-populaÚ Pttra contéstar a-esta pregunta nos acercaremos a los texto§ cbnCretoS: Partilfhrnos'de los fenómenos más evidentes superficiales* para it , de§cubriendo, poco a poco, las interferencias más subtérr'áneas'

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M-ARTIN LIÉNHAPO

LA SUBWRSIÓN DEL TEXTO ESCRTTO EN ÉL AREA ANDINA

191

El lector de las obras de Guaman Porna constata, de entrada' un fenómeno de diglosia superficial: la cita de vocablqs o frases en 9y1chua y otras lenguas o lenguaies básicamente orales' L.a ctta l.éxtou -ithecho de salpicar el texto escrito con una série, de vocablos típicos de un idiomao sociolecto oral- catactetizafro pocas de las pri-"ru, crónicas europeas escritas en América (Motolinía en Méxi-

latos de Arguedas remite a las coordenadas de un sistema lingüístico quechua que informa rnuchas articulaciones del texto aparente-

co, Sarmiento de Gamtoa en Perú, Léry en Brasif, donde traduce la dificultad de hallar equivalentes léxicos españoles para los conceptos autóctonos. El cronista de Lucanas subvierte sistemáticamente su discurso cón conceptos quechua§ e§tratégico§lque delatanla presencia de las categorías anallticas (cosmológicas, sociales, simbólicas) de la cultura quechua:
En este mes (pacba pucuy rnafio) sacrlflcauan carneros negros a sus ydolos y diose s, uaca bitca (dlvlnlded local), orcocuna {cerros), quesiauan nombradas por los Yngas, Y h¿zlan muy muchas seremonias con los pontífezes, ualla ulzcl, candc ulza, y con los l'aycaconas, hi-

mente "occidental" La cita de cantos o de fragmentos enteros de discurso oral solía se¡ especialmente en la novela "regionalistal' o su variante "indigenista", un truco literario para sugerir, a bajo costo, la presencia de una cultura oral-popular y, también, el generalmente ficticio arraigo popular del autor. Un ejemplo clásico de este procedimiento serían los cuentos "populares" que Ciro Alegria, contemporáneo y compatriota de Arguedas, intercala periódicamente en su discurso novelesco. Los fragmentos de discurso "otal", cuidadosamente delimitados para no contaminar el discurso narrativo, no modifican sino superficialmente las características convencionales del texto escrito; es más, señalan, por el contraste, la exterioridad del narrador res-

'pecto al mundo popular evocado,
En la:obra de Arguedas, las citas largas ejemplo los cantos -por en versión bilingüe que aparecen en Zos ríos profundos y Todas las sangres- ostentan una vinculación compleja con la historia narraü; para percatarse de ello, basta imaginarse el capítulo X (''Yawar ' trta¡ru") de Zos ríos profundos sin los textos de los cantos: desapare' ceria, ipsofacto,la "historia" evocada,basada en los cantos y su recopción por el auditorio de Ia chichería. Una función importante de I lhs,cantos transcritos, por otra parte, es la de remitir a la presencia, : no pqr subterránea menos incisiva, de un sistema de signos quechua

cheseros,quehablauanconlosclemonlo¡.Yhaclanloacostumbra-

do, ayunan<lo no sé qué dfes el esmer dc la sal y d¡ fa muger nunca tocauan no comfan fruta alguen nl u§aua taqute§ (misica-danza ce-

remonlal)

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,24D,

problemática de la José Maúa Argueclas, m᧠consclente de Ia comunicación literaria, dosifica con cuidado la frecuencia de las ciy paÍa tas léxicas quechuas. Igual que Guaman Poma, sin embargo, é1 no les no perder la carga semántica de los concQptosqugchuas'

agrega siempre su equivalente en español. Para perrnitir al lector europeizado ubicarse, a pesar de todo, en un universo nanativo parcialmente ajeno, Arguedas 1o obliga, en sus meditaciones lírico-

Lti-ológi.ut sivas, eÁ el

suce, a penettaq a Íravés de cadenas de a-sociaciones a este pensamiento lingüístico quechua. Recuérdese,

respecto, la larya digresión asociativa en el selrto capítulo de Ios rios,profundosi a pafik de los elementos prirnitivos yllu e illa, va rrrgi".ráo todo un nrlcleo semántico quechu4 que implica una perutpecial de La luz y de los sonidos, un se'qtor del mundo ""p-"ióny mineral, algunos instrumentos musicales y los ritos que animal :n quechuas en los rese usan. Estratégica, la aparición de vocablos

En cuanto a Guaman Poma, el hecho de reproducir los cantos, los fragmentos discursivos y otros elementos verbales en quechua r gi¡r agregarles su traducción al español, ubica su crónica parcialment§,fuera del circuito hispano-occidental. "., ,En tanto signos de la oralidad, las "citas" que acabamos de mencipnar plantean, de modo más general, el problema de la relación :,entre el texto escrito y la cultura oral que lo alimenta, Entre Ia ex; preoión oral y el texto escrito existe una asimetda notoria.,El,siste. mp de expresión "oral", en efecto, ttabaia con una cantidadr rnucho t qnayor de códigos que el de la escritura, El texto escrito. tiende, es. l' quernáticamente, a sugerir un discurso humano por r4edio de signos gráficos convencionales. Pero tal discurso sólo se actvaliza(de)a
"
1,

i, que compite con el de origen criollo.

1,92

MARTIN LIENHARD

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r,r sttBv¡RsIóN

DEL

Ttxro

EscRITo EN EL ÁREA ANDINA

193

de los de ser "lett'a muerta") en la imaginación del'lector''Además escrita se .áaigot:ling¡ilsticos (idioma y su§ registros)i -\a narración '*ale?e uná serie de convehciones elaborada§'fundamentalmente dentro de la tradición escritural occldental' todo un abaEl sistema'de expresión "oral", en cafnbiot emplea lenguaies y co?nico de sistemas de signos: no sólO determinados pronunciación-' la venciones naffatÑas o" poéticas, slno también"la y corporal' A errio.ra.ión, el ritrno enunciativo, la elrpresión facial de la música y de estos códigos, a menudo, se vienen e egtegr los público Lu "obru de arte oral" involucri, además' al i, (paisaie natural y ""ráág.ág ^. fr"r".rr" y aprovecha todo el contexto flslco "tqYiEl coniunto del tectónico), el tiempo astronómico y meteorológicÓr ;;;;;;, fául-"r,t", se vincula a cllferentea prácticas de la colectividaá implicada: ffabaio, política, rellgtón' del sistema cuando un escritor rá ptopnne trsahdar un producto original' oral a un texto literario, tLni que extrrcflo'do su contexto

,sulta el procedimiento seguido por Guaman Poma en la evocación

a la despojarlo de su materialiclacl, reclucff Üu €§Pe§or semiótico .dimensión verbal, Los problcma§ pllnteedo§ por la transforrnación en á. i" .*pr"tión oral én escrlture hrn defado profundas'huellas

Guaman PoEl lector descubre a prlmera vl§ts quc la crónica de (dtbuios) con un sisleSa ma combina un §i§temacle slgnoa lcónlcoa umensaje"

global escritural. Si los dibufo§ cont;buyen a producfr el tiempo su del texto (cf, López áaralt, 7982), elloa scftalan al misrno gccuencia dedicada a los doce origen no excluiivamente verbal. Le cuyos "instruIncTs (ff. 86-L1g) se basa sin duda en una tradición prOpios Incas' mentos'r fueron las momias vestidas y atavleda§ de lbs población Durante Ia época incaica, éstas solfan exhlbirse ante la

de los pueblos andinos. Al contrario de los cronis, tas españoles, el cionista quechua renuncia en gran pafie a descrii blr la actuación física que forma parte de los ritos. su estrategia se ii 'asemeia ala de un narrador oral que no necesita contar a su auditol'i rio 1o que él y ellos conocen y entienden del mismo modo, puesto a,reP3I que pertenecen al mismo mundo, Guamal Poma se Limita los textos de los cantos, sin traducirlos tl, áucii el elemento variable, rl al español. Quizás porque dentro de su concepción, los textos transcritos llevan todavía el sello de su autentificación colectiva; que ,l irnpide su manipulación' Quizás también porque Ia música, la coquechua, 'i', ,¡ságrafia, siguen de algún modo adheridas a los textos en española, tales elementos no vefque en una traducción ' mientras bales dejarían definitivamente de existir. A partir de los cantos en ';,;. r - ,-.- Lr-^.t¿t^^ l^^r^- ^.,^^1""^h^Lloata ¡aáÍa ¡n4qwln ¡elr' quechua, un hiporético lector quechuahablante podrla todavfa reel coniunto ritual, ir, construir, en su imaginación, , En su exploració¡ crítica del presente colonial, mucho más na' de la historia prehispánica, Guaman ¡::1:.nativa que su representación ya aurfl tradición oficial: ésta fue destruii',Po*, no puede á"ogutt" ililda por la reestructuración española del sistema sociopolítico. Ahora, en vez de evocar la nueva situación sólo a través de un discurso "i narrativo puro, el cronista presenta al lector, bafo forma de mosaio :co, cientos de discursos, diálogos, fragmento_s de conversaciones varios idiomas y sociolectos. Véase, por ejemplo, el r Bxpresiones en ', galimatias quechua-español de ciertos sacerdotes: de

h viáa rirual

enunosritoSdetipo"triunfalista"(cf'cap'VII)''La'detalladades-

Apa/nuy cauallo. Mana micunqui. Padreta ricunqui' ¿Mayrnl solte(f . 624)' lTráeme el cara? ¿Miymi muchachas? Apamuy doÍtinaman padre. ¿Dónde está la soltera? ¿Dónde ball,c. Ño comas. Vete a ver al
están las muchachas? Tráemelas al catecismo,l

a su cripción del edificio social del Estado incaico parece apoyarse' Estos instradición oral "inscrita" en loe ktpu.inaicos' u.L, no "nuna mnefilotécnicos permitlan acumular'datos rlurnéricos' trumentos el carácter discursos verbales, circunüncia que expliea'§iri duda .Ái"."r"*.nte estadístico de la representación de las categorías clases de edad' sociales. Lo-s grupos ierárquicos o profesionales; las siguen configuran uños-elencos cuyos escasos elementos naffativo§ significativo re.rrrrr"prrtm repetidas constantemente' Igualmente

lll'l '¡r-U''n i;. ,
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, i'-'--- ^ - ^- ^t ¡-^¡^*:--¡^ §^¡Á+i¡n-ci¡tá¡fi¡n 'mados en fragmentos auditivos por el tratamiento fonético*sintáctico ,'|otahizante" a que los somete Guaman Poma, se incor'pofan a este

elementos provenientes de fuente' escritas, ffansfor-

r,nosaico, La sociedad

,las catacterlsticas y los sucesos' del presente, fragmentos del diálogo o "polllogo" §ocial, desdescritos mediante

194

MARTIN LIENHARD

LA SUBvERSIóN DEL TExro EscRITo EN EL AR.EA ANDINA

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embocan asl en una especie de sinfonía disonante, inteligible sólo en una lectura "auditiva". Algo semejante se podríá decir del idiolecto literario que el na_ rrador-compilador emplea en su propio discurso narrativo. A me_ nudo difícil para el lector hispánico, porque se mueve fuera de las normas del lenguaje escrito, este discurso recupera su eficacia expresiva a condición de que el lector lo reconstruya oralmente. Esta operación, en efecto, revela un sociolecto españoi transcrito fonéticamente, casi idéntico al que emplean hasta hoy los emigrantes bilingües de la misma región (cf. eNo, Gushiken, 1979). Eniez de reprochar a Guaman Poma su incapacidad idiomática, convendría subrayar, al confrario, su singular capacidad para reproducir ade_ cuadamente las características fonéticas, morfológicas, sintácticas y léxicas de un sociolecto quechuizante sin tradición escrita. El hecho de que éste se siga reproduciendo hasta hoy evidencia indirectamente la permanencia de los factores que lo hicieron surgir, per_ manencia que convierte a Guaman poma, sin que él lo deseara, en escritor contemporáneo. Es en las obras de Arguedas donde se puede estudiaq a más de tres siglos de distancia, un avataÍ posterior de la escritura híbnda inaugurada por Guaman Poma, Es evidente que Arguedas, contrariamente a su coterráneo antiguo, domina como pocos el español literario vigente en su época. por otra parie, él no conoce ra tradtción literaria occidental sólo ,,de ofdas,', como a veces parece ser el caso en Guaman Poma. Su estrategia cultural, no tan disímil de Ia que informa la Primer nueua coronlca. ,., resulta por lo tanto perfec_ tamente premeditada. La circunstancia, excepcional para un escritor latinoamericano de su generación, de estar familiarizado tanto con la cultura quechua como con Ia hispano-occidental, permite a Arguedas, durante sus 35 años de labor literaria y etnológica, expe_ rimentar con diversas hipótesis comunicativas. La elección de una determinada solución en un determinado momento depende'de su propio análisis, constantemente puesto al dfa, de la dinámica cultural y lingüística en Perú, Si en los años treinta, Arguedas conside_ ró el español como único idioma literario posible, en 1.962 empezó a escribir también en quechua. No es difícil explicar este cambirc de actitud: si en 1935 no existía, fuera de las aristocracias provincianas

de la sierra meridional, ningún público paru una literafura escrita
en quechua, 27 años más tarde, el éxodo rural masivo y una limitada democratización del sistema escolar podía auspiciar el surgimien-

to de un incipiente grupo de hipotéticos lectores de una literatura quechua moderna y escrita. Ante las múltiples soluciones comunicativas adoptadas por Arguedas a lo largo de su vida de escritor (cf. AND, Escobar, t984), nos veremos obligados aquí a privilegiar los
aspectos más generales de su escritura. La obra global de Arguedas (narraciones, poemas, ensayos) aparece, observada desde una cierfa distancia, como estructuralmente "bilingüe". El hecho de que todos los cuentos y todos los textos poéticos hayan sido escritos, sin tomar en cuenta los préstamos léxicos, exclusivamente en español o en quechua, no disminuye el valor de esta afirmación. El punto de partida del bilingüismo literario arguediano se encuentra quizás en la cultura oral de los mistis y mestizos de las ciudades y pueblos del sur andino, cuya expresión más característica son los waynos bilingües con acompañamiento de guitarra:
Prenda querida, negra del alma escúchame kay sonqoltpa uaqayninta (de este corazón el llanto) Despierta, sal a tu vent^na , qawaykamuy (mírame) soy tu fiel amarrte, sonqocballaykl (tu propio coruzón) (exo, Arguedas, 1976).

La alternancia "natural" de los dos idiomas que caracter iza estas canciones no podría trasladarse sin más a la escritura: la distancia entre la moderna expresión escrita y la cultura oral de las comunidades quechuas (los dos polos de la narrativa arguediana) es mucho mayor que la que media entre un "verso" quechua y un "verso" español en la canción de un misti bilingüe. En la novelística arguediana, detrás del aparente predominio de un sistema de signos de orientación occidental, encontramos todauna serie de indicios que delatan la presencia subterránea de un sistema de signos quechua. Las transcripciones de cantos quechuas y la red de interpolaciones léxicas remiten al lector a las etnocategorías de la cultura campesina. Aun cuando Ia configuración verbal no lo indica explícitamente, esta última subyace siempre al texto.

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t¿ sr¡svEns¡óN

DEL

Trxro EscRrro

EN BL AR¡A ANDINA

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Algunos Eabajos, como el de Harrs (eNo, 19g3), han mostrado que Los rlos profundos permite, si se lo coloca en la tradición europea del'lEntwicklungsroman", nna lecrura unilateralmente occidental. Pero tal lectura p4sa por encimá de otra realidad, evidente para LLn lector familiarizado con la cultura quechua: el sistema de signos quechua subyacente al texto leva a reinterpretar, en un sentidJ colectivo, los procesos de conciencia "individuales,, del narcador Ernesto; Marginal desde una perspectiva occidental, Ernesto, con su

un sujeto colectivo, representante de los nuevos sectores cultos de ción social cuyo éxito depende de ra arianza entre los coronos de hacienda del último capítulo, los mestizos urbanos (ras chicheras de los capítulos centrales) y los sectores apenas mencionados, úni_ cos capaces de entender la realidad total del país y de indicar las
origen andino. Bajo este ángulo, la novela anuncia una transforma-

cosmovisión hispano-quechua, aparece en una lectura ,,andina,,como

nÉnt3 eomplejo en su conf,iguración lingüística, entre un industrial , ua z§rro trntropomoffo. El lector reconoce en el último personaje una rÉéRenrnación del "zorro de abajo" del ciclo rnitológico de Hua-

pftulo de la novela, por ejemplo, presenta un diálogo extenso, suma_

a una realidad verbar. como a loc textos quechuas sin traducción de Guaman poma, les siguen ¡dhlrlendo residuos de sistemas gestuales o musicales. El tercei ca-

güísticas orales. Estos discursos no remiten sólo

soluciones políticas necesarias. En la última novela de Arguedas , ra infirtración der texto por elementos ajenos a la tradición literaria hispánica es tan violenta que desconcierta a los lectores de literatura culta. El zoryo de amba) el zoryo de abajo en más de un sentido una continuación de la irónica de Guaman Poma, se compone de un sinnúmero de discursos cuyo caos babilónico recrea de modo artístico eI diálogo social y lingüístico de la costa pefl)anay, por extensión, del paír Un factor que dificulta todavía la recepción es el hecho de que los retazos de conversación, elaborados a paftir de diversos registros sociolectales, se interpenetren mutuamente. Así percibimos el discurso del campesino ancashino bilingüe Esteban, ya de por sí doblemente deterLi nado (español/quechua), a través del filtro sociolectal del criollo negro Moncada.El resultado es Ia superposición detres normas lin-

rochirí (1987). Pero sólo un lector familianzado con la cultura andina es capaz de descubrir en la competición verbal representada la transposiciónliferaria de una competición de danzantes de tijeras, rito que inaugura el ciclo agrícola en la provincia de Lucanas. Así se explican, en efecto, la actuación coreográfica de los interlocutores, ininteligible fuera de este intertexto gestual, sus metamorfosis mági cas, la configuración lingüística de un diálogo cadavez másvertiginoso que terrnina en un delirio verbal casi sin sentido para un lector criollo. Un lector iniciado en la cultura del área chanka, en cambio, reconoce en este diálogo inaudito la dinámica del rito de los danzantes de tijeras con sus fases de trance (Uenhard, 1987: cap.3). Consideramos esta secuencia como un caso extremo de interpenetración de dos sistemas de signos distintos, y como un ejemplo de los problemas que plantean los textos híbridos, instalados entre dos culturas dentro del marco de una sociedad colonial o semicolonial.
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ANDAMWE TEMPoR,I,I

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Fáciles de detectat aunque no superficiales, los efectos de la subyersión lingüística del texto "español" por factores oriundos de la oralidad andina, especialmente quechua, señalan directa o indirectamente la presencia perturbadora de una cosmovisión no no enteramente- occidental. Ésta informa particularmente la -o organización temporal y espacíal del relato. A menudo se ha señalado Ltna apatente deficiencia en el modo de narrar de ambos escritores andinos: la dativa ausencia de una gradacrón constante, o de otro

principio narrativo. Por 1o común, los lectores (acostumbrados a la
tradición occidental) atribuyen esta particularidad estructural a una
supuesta incapacidad de los autores para construir una progresión narrativa. Al examinado, en la medida de lo posible, a partk de una perspectiva que tenga en cuenta las interferencias del discurso andino en el texto escrito, este fenómeno no resulta sólo explicable, pino tarnbién altamente significativo , En sus articulaciones mayores y menores, el sistema temporal que rige los textos de Guaman Poma y de Arguedas se caracteriza

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por la sistemática superposición e imbricación del pasado, del presente y del fururo. Nrealizarla crítica de la opresión que sufre Ia población andina, es decir la c(ttica del presente andino, Guaman Poma le opone constantemente Ia excelencia del pasado con el objetivo de hacer surgir, por el contraste, los lineamientos de su utopía construida, precisamente, a partir de los elementos del pasado. A nivel del texto global, la relación entre pasado, presente y futuro aparece como secuencia cronológica. El futuro, cuyos rasgos Guaman Pc¡ma diseña sobre todo en el libro Conzederación (ff ,.923-973), en su conversación imaginaria con Felipe III (974-99» y en su segundo calendaprimero era el de la época incaica-, coincide -el en buena parte con el pasado. Este principio rige también para las unidades texfuales menores y, a veces, mínimas, Como ejemplo nos puede servir una "conzederación" acerca de la limpieza acf¿al de las acequias:

rio (1140-1177)

Conzederaque en un pueblo tienen sacaclo unas asecyas de los rríos o posos, de las lagunas o de estanques, Iln tlempo antigo lo sacaron con tanto trauajo que ci auía de pagar y gastar se gastarla dies o doze mil pesos o ueynte mil pesos. Que antes que fuese Ynga, como auía tanta suma de yndios y no tenfa más que un mey y señor, lo abrieron y lo sacaron las asecyas y «xlas las sementeras, andenes que ellos llamafipdta (andén), cbacra (sementera), larca (aceq'tia). Y lo sacaron con mayor facilidad clel muncto a mano cin herramienra; que parese que cada yndio alsaua t¡na piedra [,.,1. Y ací no se a guardado esta ley, Y acf se pierde todas las semenre' ras pot falta de agtta. Desto pierde los yndios sus haziendas y pierde su quinto rreal su Magestad y pierde la santa madre yglesia el diesmo que le deue. Y ací en este tiempo los españoles sueltan sus bestias y rreguas de mula o ganados y pasen las cabras, obejas y hazen grandes daños. Y se sacan las dichas aguas y se quiebran las asecyas que no se pueden aderesat con nengún dinero. Y lapoca agua sólo quitan a los yndios pobres. Y ací se ausentan los yndios de sus pueblos. Y para esto en cada pueblo a de auer un jues de asecya que llama cillquiua que rreparta agua y que castigue y pene y eche los ganados de las dichas asecyas y sementeras. Cin rremición sea castigado. Con ello será seruido Dios y su Magestad y bien de las comunidades y bien de los pobres yndios desre rreyno (ff . g5B-95».

Contrariamente a los cronistas hispanizados (como el propio Garcilaso de la Vega), que evocan insistentemente la substitución definitiva del tiempo pagafio de los Incas por su propio tiempo, el del imperio cristiano español, Guaman Poma subraya el carácter pasaiero del régimen colonial con sus encomenderos, corregidores y padres. El cronista quechua sugiere de este modo, como los predicadores-danzarfes deltaki onqoy, el inevitable colapso de la dominación colonial. La época itaugurada por los conquistadores españoles no goza, eflla perspectiva de Guaman Poma, ni siquiera del privilegio de haber crtstianizado el área artdina los pueblos andinos antiguos tuvieron desde el comienzo una "sonbrilla de conoci-preincasmiento" de Dios; en el tiempo del segundo Inca, el apóstol San Bartolomé evangelizó 'lYndias". El cronista no se limita, en efecto, a edificar su visión del futuro a partir de las ruinas del pasado, sino que reconstruye el pasado según los principios de su utopía cristianoandina. El futuro utópico resulta análogo al pasado, previamente enriquecido con ciertos atributos del presente (el cristianismo importado en realidad por los conquistadores). Un himno dedicado al creadot del mundo, citado repetidas veces en el texto, ilustra gráficamente la superposición de los niveles temporales. Este himno quechua, sin duda incaico, se atribuye, al comienzo de la crónica, a las cuatro humanidades preincas; sin embargo,la divinidad invocada lleva, anactónicamente, el nombre de Dlos, divinidad impuesta por los españoles.
quicho, cayariptipas, martatac hayniuanquicho, apo Dios f .,'l' ¿Hasta crártdo, señor, clamaré, y no me oytásy datébozesy no me rresponderás? (78).

¿Haycapachacamac, capac apo, serior, capatrmosac? Mana oyariuan-

reproducido únicamente en españolEl mismo himno -pero su última aparición, como jaculatoria cristiana de los se presenta, en indios contemporáneos, oprimidos por los españoles "cristianos":

.

Señor, ¿hasta cuándo darébozesy no me oyrás? Señor, ¿hasta cuándo clamaré y no me rresponderás? (922).

El himno quechua antiguo (cristianizado retroactivamente) sirve asialavezpata demostrar la índole "cristiana" de la sociedad preinca

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y

para pedir (a Dios) la substitución del "cristianismo real" de los

conquistadores por el cristianismo utópico de Guaman Porna. A un principio del todo análogo obedece la representación escritural e icónica del ciclo anual andino, realizada dos veces en el texto. La primera vez, el ciclo aparece en su versión incaica, pero ya con la mención de los meses cristianos y con el -anacrónicacornienzo del año en enero (ff . 237-262). La segunda vez foma la forma de un ciclo agrícola andino tradicional, cristianizado superficialmente: se siguen indicando los nombres antiguos, quechuas, de los meses, al lado de los nuevo s; la caructenzació¡ de cada momento del ciclo repite las pautas antiguas. Especialmente significativos, por su carga alusiva, resultan los dibujos. Al ilustrar, por eiemplo, el mes cristiano de agosto ----o cbacra yapuy quilla, "mes de la labranza" (1163)-, Guaman Poma introduce en laimagen, sin comentar1o en el discurso narrativo, al propio Inca dirigiendo el rito (qaylli) correspondiente. En el dibujo se transcribe laleta de un qaylli (can' to triunfal), dirigido ala qoya (esposa del Inca) y autapalla (princesa incaica): todo como si no existiera el régimen colonial español. ctistianizacián A través de estas manipulaciones temporales -la del pasado, la "desespañolizacián" del presente- Guaman Poma hace surgir un discurso utópico en el cual el "cristianismo" andino antiguo aparece como el auténtico frente a su degradada versión española, La superposición de tres niveles temporales, incompatible con un discurso histórico-narrativo lineal y progresivo, corresponde a las concepciones temporales que estructuran muchos relaios de las colectividades andinas modernas, El conocido mito de Inkarrí, por ejemplo, difundido a través delárea quechua, da forma alaidea de que el tiempo de los cristianos, tiempo al revés instaurado por la colonizaciín, desaparecerá para permítir el restablecimiento del mundo-tiempo Qtacha) incaico:
Mundu tikrakuptinsi Inkarrí kutimunqa, hinaspas purinqa, ñaupa timpu runakuna hina (Ortiz Rescaniere, 1973: 131). [El rey Inca retotnatá, dicen, cuando se voltee el mundo, y é1 caminará como los hombres

reproducción de la sociedad, provoca un cataclismo (pacbakutiy) que despeja el horizonte paru el restablecimiento de una sociedad
justa. Jose María Arguedas, el antropólogo andino que reveló a los él regocijante- de las narraciones utópicriollos la existencia -para co-mesiánicas quechuas, impregnado desde su infancia por la tradición oral de los campesinos quechuas, se dejó guiar por ella paru construir las articulaciones temporales de sus propias obras literarias. Sobre todo a partir de 1952 (fecha de su regreso consciente a la siena quechua), sus novelas y poemas desembocan sistemáticamente en una apetitrautópica que deja prever la actr¡ación histó-

rica decisiva del campesinado, "dueño" de la tradición andina. Al final de Los ríos profundos (1956),la avalancha de los campesinos
sin tierra (colonos de hacienda) inunÚ¿, como un cataclismo cósmico desencadenado por la peste, la capital departamental de Apurlmac, Abancay. Todas las sangres (1.962), a snYez, insinúa al final un tem-

blor cósmico que transformarála provisional derrota de los indios insurrectos en comienzo de un pacbdkutiy. De modo más explícito y radical,lodavía, el qaylli dedicado a "nuestro padre creador Tupac Amaru" (1962), anticipa el despertar de las masas andinas y anuncia, en tanto que primer gran ejemplo de una literatura quechua escrita y adaptada a los tiempos modernos, el próximo fin del tiempo

español, colonial o semicolonialr
¡Kachkaniraqku! Sutiykita qaparispa, lloqllariq mayu hina, puriq nina hina, lloqllasaqku, ñoqanchispa llapan allpanchista hapinaykukama, llaqtanchispas llaqtanchispuni kanankam a (1983: 226)' [¡Somos todavíat. Voceando tu nombre, como los ríos crecientes y el fuego que devora la paja madrra, como las multitudes infinitas de las hormigas selváticas, hemos de latzarnos, hasta que nuestra tierra §ea de veras nuestra tierra y nuestros pueblos, nuestros pueblos.l

'

del tiempo antiguo.J En offos relatos, la ruptura de la ley de la reciprocidad, considerada como absolutamente central por Ia población andina para la

En su última novela, finalmente, El zortt¡ de art'tba y el zono de abajo (1977), el narrador y sus personajes, asf como el propio autor, desocupan el escenario novelesco o existencial para entregarlo a la'irrupción de las masas populares reales, En todos estos "desenlaces", el camino hacia el porvenir pasa por la recuperación de los valores del pasado.

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rN rr Ánra eNoIN.q

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las arguedianas modifica profundamente la secuencia temporal pro_ puesta por el "modelo" occidental más próximo, la novela ,,soiial,, o "social-realista". Apoyada enra concepción der progreso social e histórico, ésta prefería una gradación lénta y progresiva, como se desprende de Germinal (Zola) o de uno de sus ejemplos andinos, Tungsteno (Vallejo).

de las concepciones temporales andinas en la representació;'semidocumental delavida andina que ofrece Arguedás. un solo ejemplo para mostrar que también en este nivel, á de h ,,descripcíón,,, interfiere ia superposición de los tiempos. En Todas las sangres, el narrador pone en escena, con alguna precisión, la organizaJión del trubajo minero inventada por el alcalde-capatazindio Rendón síillka. El lector, algo perplejo, se pregunta si está presenciando un mo_ mento de la explotación capitalista de una mina peruana del siglo >or (presente), un trabajo ritual incaico (pasado) o un trabajo .olé._ iivo realízado en el marco de una sociedad andinautópica (futuro;. El rito productivo, dirigido por el casi héroe mítico Rendon ostenta, en efecto, las características del trabajo colectivo incaico: división de los trabajadores en equipos cre diez hombres; competencia basada en una ética colectivista, sin incentivos materiales; atmósfera productiva libre del peso de la enajenación y de La idea del castigo que implica eltrabajo dentro de las concepciones judeo-cristianas-y capitalistas. Este rito productivo "incaico" realizado en el marco de la explotación capitalista niegalavigencia aLargo prazo deraúrtima y se erige en modelo del sistema que habrá de prevalecer ai terminar el tiempo "español,,. _ La múltiple superposición de los niveles temporales en las nove_

No podemos analizar, en este contexto macroscópico, el impacto

,,1 jl factores que estructuran el espacio narrado. Guaman Poma sigue aferrado a la concepción ',

rlvloao se convierte en ,,cosmología literaria,,, en un conjunto de tividad convierte
andina tradicional

LA CosMoLoGÍA TITERARIA

En las dos obras globales, la cosmorogía andína-sea ra der primer siglo de la colonia o la de los campesinos quechuas actuales- informa de modo decisivo la organizacióndel-espacio narrado, En el texto litefario, la cosmología asentada enla conciencia de la colec-

En este. estado utópico de inspiració n iidinu,er rey español desempeña el papel de Inca o Monarca Universal. Los cuatrá reyes regio_ i i nales detien ser descendientes de las dinastías locales. Este sistema ¡ tiene la ventaja concreta de dejar a sarvo la autonomía andina, exi:: gida por la concepción andina de ra inalienabilidad de la tierá, ,,y I los yndios.sol propetarios naturales deste rreyno, y los españoles, de España. Acá en este , (f . 92». concepción que afirrnó ffeyno son estrange ros, mitlmays,, ::r:115s también Manco Inia, líder de la resistencia incaica, en ia crénica de su hijo (yupangui, 19g5 t1,57)l). l Resultaría algo ocioso subrayar el carácfer andino de las categorías cosmológicas "menores" sn la crónica de Guaman poma, puesto gue ésta es-una de las fuentes principales para nuestro conocimien, 1, to actual enla materia, Las concepciones cosmológicas de los campesinos quechuas actuales parecen- determinar, en buena cuenta, ú, .rt.goiius espacia_ les (y temporales) de la obra de Arguedas. El núcleo de los sisiemas cosmológicos andinos consiste, después de la destrucción o, por lo ;r ,r, menos, de la pérdida de vigencia de la cosmología propiamente incaica, en un dualismo complejo y múltiplemente connotada, Ca_ da comunidad andina se divide, tradicionarmente, en una mitad de arríba y una mitad de abajo _urin-. A partir de esta di_ más social ¡, visión,-banan- (clánica) que geográfica en su origén, se desarrolla, .'a base de Ia proliferacióndé oposiáones en un eje de analoglas, un irr, sistema "dialéctico" sui generis que permite abarcar el mundo hu_ ,, rmano y natural en su totalidad (cf, Ansión, l9g7: cap,IV). Mencio_ naremos tan só10 algunas de sus articulaciones decisivas para nuesr; tro tema: la pareja de astros sol,/luna domina el cielo; ,la irternancia , de la luz del día y de la oscuridad caracteriza el ciclo diario; la pro-

. , universal justificada no por el coloniaiismo real, sino por la universalii,, dad ideal del cristianismo, será castilla, que reinará sobre los cuatro ,,; suyu o cuadrantes: L. Indias, 2, Guinea, 3. Roma, 4.Turquía(f.g6D.
i,

de un mundo dividido en cuatro cuadrantes (tawantinsuyu: ,\aÁ cuatro zonas juntas"), que élva adaptando, en la medida de sus co_ nocimientos,. al mundo entero. Nuevo centro de una monarquía

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LA suBvERsróN DEL

Ttxro

EscRrro rN nr

Ár¡e ¡NorNe

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ducción agricola se funda en la interacción entre calor solar y tierra infiltrada por el agta; la reproducción del género humano supone
la oposición hombre/mujer. En términos geográficos, la imagen andina del mundo subraya la oposición entre tierras altasy tierras bajas: muchas comunidades andinas combinan; de hecho, una economía ganadera en las alturas con la agriculrura en los valles o las quebradas; la interacción a veces conflictiva entre sierra y costa, por otra parte, determina, desde la fundación de los "horizontes panandinos" (primer milenio antes de nuestra era),la vida en elárea andina. Nótese que las oposiciones mencionadas, lejos de implicar antagonismos absolutos, corresponden a relaciones de interacción, de com-

clo mitológico de Huarochirí, ellos representaban respectivamente el arriba y eL abajo de la provincia homónima, mientras que aquí, uno es "serrano" y el otro "costeño,,. Al mundo de aniba se adscri_ ben los Diarios del autor, referidos al pasado (del autoq de los Andes) y al porvenir (del Perú). De "abajo" es el relato novelesco, centrado en el presente costeño. De arriba vienen los inmigrantes que pueblan los barrios nuevos de la ciudad, el idioma quechua, el *áolectivismo" andino; de abajo, los extranjeros (multinacionales, sectas religiosas), el idioma español, Ia aculturación individualista. La ?ltetnancia del día y de la noche provoca la alternancia de personajes masculinos y femeninos en un escenario que se somete, tam_ bién, a estos cambios de signo: la bolichera llena de hombres pestadores, el puerto y los médanos y arenales constituyen el escenario diurno, mientras que el prostíbulo, el reino de las

plementaridad, de reciprocidad. En la obra literaria de Arguedas se constata la proliferación casi ilimitada de oposiciones derivadas del sistema dualista andino, aunque connotada con elementos más modernos. La costa (abajo) connota la conquista española (nivel histórico), la explotación imperialista (economía), la injusticia (nivel sociopolítico), la decadencia cultural y moral (ética),la otredad (antropología) y, por lo general, un presente (tiempo) intolerable. La sierra (arriba) representa la población quechua-aymaÍa con su pasado lleno de potencialidades fufuras (tiempo), sus valores sociales, morales, culturales y económico-ecológicos. Cada pareja de oposiciones sectoriales representa y contiene a las demás. La transposición literaria de este principio permite moldear, con una gran riqueza connotativa, las relaciones entre las diferentes entidades. La relación hombre/mujer, por ejemplo, ilumina otras oposiciones y queda, a la vez, iluminada por ellas: sol,/luna. calor solar/tierra y agua, tiertas a\tas/costa. Esta última oposición,

gado en el presente. Los ex campesinos ,,desertores,, de las tierras altas se convierten en criollos que no dejan, por otra parte, de dirigir su mirada hacia arriba. El criollo negro Moncada y el norteamerica

-degradadornujeres, domina Ia noche. Ahora, cada elemento de una oposición contiene también su contrario y puede transformarse en é1. El propio autot en efecto, es también de abajo (costa, idioma español) y se halla profundamerrte arrai-

aparentemente geográfica, connota oposiciones cosmolégicas y
sexuales. Un sistema dualista con desarrollos dialécticos rige, en todos sus niveles, la última novela de Arguedas, como ya lo insinúa su título: E/ zorro de an"iba y el zorro de abajo. EI autor es de arriba (sierra, pasado, mundo quechua), mientras que el referente novelesco principal, el caos fecundo de la ciudad de Chimbote, pertenece al mundo de abajo (costa, presente, universo occidental). Dos zorros desempeñan oficialmente el papel de narradores; en el ya mencionado ci-

rítima dominada por los criollos, los extranjeros y las prostitutas) acaba transformándose en una ciudad ,.andina,,, un ,,nuevo Cuzco,, o.centro del mundo según la cosmología antigua, Los signos de su 'rnodernidad, como la columna de humo incandescente de la fábrica,

no Maxwell, personajes "de abajo" por excelencia, quedarán,,andini za:dos" para siempre. La ciudad costeña de Chimbote, dividida a su vez en una mitad banaru (los médanos casi andinos poblados por los inmigrantes serranos) y una mitad urin (elpuerto y b frania Áa-

de acero, será una de sus uakas (lugar sagrado en la cultura que-

chua antigua) principales. El idioma ispanot se impone sobré el quechua (tanto en el discurso narrativo como en el universo evocado), pero lo paga con su quechuización. El propio vehículo na rratiyo, la novela de origen occidental, acabatá por desembocar en
una especie de drama oral transcrito, con sus cantos, sus oraciones, §us danzas, sus cuentos de animales. El presente se transforma en pasado (ritos "andinos" o modernos, como los desfiles populares o

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er baire en el prostíbulo), embrió n paru un fi¡turo utópico. pararelamente,. la vida cede el paso a la muerte que, a su

\;;ffi;? rO_ r^ -^..^r^^ un nuevo instrumento dialéctico, eficaz paral, i"t§;;:;:giJ;::T; realidad
^

jas, pudriéndose, se transforman en algo nuevo. tema dualista tradicional sé convierte, en los textos

lavlda: Chimbote es una especie de,,pozá,, aondl vez, hará brotar ;##J;"

compleja.

Trxro uÍsRroo y

coMUMCACTóN LITERARTA

(y cabeza det Tauantinsuyu utápico cronista), parece no haberse dado por aludido. orientado hacia Europa, ignoró o déspreció durantsro6'll"".rrrlrir, A^^^^:^- c._^ ra de algonas excepciones norables, la obraa. *g"Jd'llt'rü:,,f,:r.; de estas actitudes debe sorprendernos. ¿No represeqtó o represénta este desrinarario,,oficial,, respecrivo iusramen;e r,ü;"J#, :""':; les que fueron o son responrábI", o áómplices ¿e r."^,1]'^-,1"^"]^,1 nial o semicolonial en peru? ¿Cómo exigirle,,rd"*a*":l:,Xt::?r.J:: "mensaje" codificado según un código hfbrioo, gus incluye un sis_ tema ajeno a su cultura?

centes, su origen histórico y, más q.l. rrráu, h semicolonial. En esros texros aparentemenre novela), el sistema hispano-occidental desemoeña .__ _ , en los ritos católico-inálgenas de Ia, comu,iJl;.;.1T*"oo' como ción de pretexto ct fachada, mientras que el rirt.^l".li'lii',T131na Las zonas más profundas. Aparece así el determinación', o de la ,,diglosia cultural,,(cf. cap. los dos sistemas se impone por momentos o por tonas. Los destinararios oficiales de las obras de Cúama,r"pá"rru u ernr._ das no reaccionaron o demoraron en reacciona . r a ^-_ rey de España, desrinarario principal ¿. l,

tos por su idioma, ras. concepc#

En los sistemas literarios de Guaman poma y Alg,o.dur, lo híbrido, paru subrayarlo nuevamente, consiste en que lar dos sistemas de expresión normalmeni "r;ü.;,i.j}ji:"-

;ilj,:::ff;:'ir',:: l,i;fjrrü:;;':il#|"
*-.iA;;;r-¿.;#.", ,

fenóm:#:H,,::ffi ü;r*;#.

* i .ráilr;::ffi:tÍf;_tj creua" rit.rq]i;j!iii'JJ"l,

Con el paso del tiempo, sin embargo, un nuevo público más adecuado podría sustituir a los destinatariás oficial", dé ,ntrRo. u, público. no sólo capaz de descodificar los rextos, sino también deseoso de apropiárselos. En la época de Guaman poma, el primer siglo de la colonia, tal hipótesis ñubiera resultado pr";;,-ü;;blación andina autóctona, dadala casi ausencia de escolarización, no podía constituir un púbrico posible; en cuanto a los españores bilingües, numerosos, er hibridismo ¿á u crónica no res hubiera perrnitido, sin duda, considerarla como un texto ,,serio,,. Cuando Arguedas inició su labor literari a, ra situación no se había todavía modificado substancialmente. En los últimos decenios, en cambio, la situación sociocurtural se ha ido transform an.do radicarmente: er éxodo rural y la rerativahispanización de la pobracion anaina, como también la extensión del sistema escolar, ,o'fr"tor", qilr.*;;; el público posible paralas obras actuales-- ¿. orr*rn po_ -ambas ma y Arguedas; otro factor más es el crepiente interés ,,nacional,, de muchos intelectuales de clase media, que implica un acerca_ miento al mundo andino. Finalmente, la experienc ia de lal;Jil;, de los textos contemporáneos "occidentales" "crioilos,,, o más ribres en su rnanejo de los materiales discursivos, puede favorecer también el acceso a los rextos híbridos, experiáentares por definición. Instrumentos útiles parala autoidentifüación de los nuevos secto_ res andinos urbanos y el autocuestionamiento de los ,,intelectuales progresistas", las obras de Guaman poma y de Arguedas siguen sien_ do, como lo sugiere parte de la narrativa y la poesíaactuai en perú, propuestas válidas pata una práctica literaria alternativa.

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EL HoMENAJE

RrruAr AL

rNcA,

y su eoart¡cróN

LTTERARTA

C¡pfruro VII RTTUAT er INc¡. y su ADAITACIóN rrunnenrt EN TREs ACTos coLoNrALEs (|u,rN on B¡mNzos, Trtu Cusr
Er uourNe¡E Yure,ruqur,

Ottl,rruv)

LoS

TRES

TExToS

El famoso drama quechua Ollantay (¡¡¡o, 1998),r cuya prirnera versión escrita se realizó, según los datos disponibles, en la segunda mi-

tad del siglo xvrl, ha suscitado una polémicalarga; a menudo estéril y repetitiva, entre los defensores de su supuesto origen incaico y los que insisten, por el contrario, en sus rasgos coloniales e hispánicos. No deseamos entrar aquí en esta polémlca: partiremos del hecho de que Perú, como toda el área andlna, sufrió en el siglo xvr un irreversible trastorno global y gue, a partk de entonces, cualquier manifestación cultural andlna surge en un horizonre híbrido, caracferizado por el predominlo de la cultura europeizada oficial y la resistencia de unas culturas autóctonas marginadas que se nutren tanto de su pasado autóctono como de su historia en el marco colonial o semicolonial. Tambtén los textos existenres del Ollantay, dodos necesariamente de origen colonlal, se han de enfocar, por consiguiente, a partk de ese horizonte bi o pluricultural. Aunque no se trate de un "drama incaico", eL Ollantay contiene quizás algunos ecos remotos- de un tipo de espectáculo incaico -bast¿nte de índole épica que llamaremos, al no disponer de un término más
I citamos aquÍ la edición realizadapor Bertha y Luis Nieto a partir del códice de Santo Domingo (Oltantay,1958). Basándose en el mismo manuscrito, Julio Calvo pérczrealizó, en 1998, una edición crltica que habrá que considerar, de ahora en ade-

lante, como "definitiva".
t2081

Incas del inrérprete españolJuan de Beranzos (1,9g7 t1.54g_56), dra_ rnatización del conflicto entre el Ioca viracocha y su hijo prcnácutic, 11 Yltstrugión... del Inca rebelde Titu Cusi yupanqui (yupangui, i;,;,1, U prdr" il i J985 lt57oD, centrada en la resisrencia antiespá¡otá ¿" ", il Manco Inca. ;' El olvido de estos textos en el famoso debate acetcadel ,,teatro incaico" (vinculado a la polémica acerca del origen der olrantay) se debe sin duda, como sucede en otros casos análogos, al hecht de que los supuestos "informes", como 1os de Betanzos o de Titu cu¡1 ,si, no se suelen leer como textos literarios, sino como meros dor cumentos históricos o antropológicos, sin embargo, tanto la suma ,, como Ia Ynstrugión prese.,tan un grado relativamente alto de ela; boración literaria -y aun dramáticá, como veremos. En una invesr tigación á,c""tca. de la supervivencialiteraia del "homenaje al Inca,, ii:ofrecen, además, serias ventajas sobre el Ollantayt r" .órro"".r rro sólo sus autores, las fechas y el ' cribieron sus obras, sino tambiéncontexto en que concibieren o essus motivaciones. Ambos autores j; estuvieron vinculados a la dinas(ta incaica. S"trrrror,-.rrro á"1", pri i,,,reros letrados españoles en perti, casado con una hermana del Inr ca Atahuallpa, sirvió de'intérprete e intermediario entre autoridades , ,.españolas e incaicas; el último capítulo de la Suma, publicado por ,, vez primera en 1987, sugiere un papel activo de nuestro autor en los intentos paru conseguir una ^o^¡r,l- ¡iAa ,,justa,, r^ Sayri Tu_ IOS intentos f\2tA cññqeorrir ,r-, capitulación «i,,^¡^» de c^--r r-, pac, Inca de V_ilcabamba. En cuanto a Titu Cusi, nieto de Éruyr* clecir_ que él fue quien dirigió, después de la enigmá, ,,9^pu.,basta tica capitulación de sayry Tupac, el reducto incaico de vilcaÉamilba. una confrontación áe'los t ., i."tor, emparenkdos por su temá: qTy_r,, exposición más o menos dramafizáda, debería permitirnos d:liir, a patrtir de su I ro"' Esta indagación, relación con la tradición oral incaicá, su rgónei al mismo tiempo, contribuirá a esclarecér los r, comienzos y primeros desarrollos de una literatura ,,peruana,,escrita no incaica ni española, sino... andina. sin hacer hirrcapié, por ahoI ,fa, en las diferencias de su escritura, resumiremo. , .orriirráción las ' principales articulaciones dramáticas de los tres textos.
'i:,'
i¡',,1,
rr

rr. exacto, "homenaje rirual al Inca". Huellas más directas de tal ritual rr se encuenffan,- a. mi rnodo de ver, en dos textos de la temprana r época colonial: los caplculos 6-33 de la Suma y naratctón áe los

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EL HOMENAJE RITUAT

AI INCA Y sU

ADAPTACIÓN LIIERARIA

Juan de Betanzos: "La victoria de Pachacutic"

inka delos chankas, Uscovilca, decide imponer su autoridad en el Cuzco. Ante las fuerzas superiores del enemigo, el Inca huye con su corte a Saccsahuana con el propósito de llegar a un acuerdo con los chankas. Sólo quedan en el Cuzco su hijo menor Inca Yupanqui con tres amigos, porque ellos prefieren morir luchando por su libertad y la del Cuzco. Pese a varias embajadas,Yiracocha se niega a socorrer a su hijo en
En los días del Inca Viracocha, el rey o qapdq
su resistencia. Gracias a las revelaciones nocturnas del dios Viracocha

Pachayachachic, el Inca Yupanqui vence a los chankas. Uscovilca muere enlabatalla. Victorioso, el hijo se presenta ante su padre y le ofrece pisar las insignias y los prisioneros enemigos (rito de victoria), pero éste rechaza el homenaje e insiste en que su hijo mayot Inca Urco, goce de este privilegio. EI Inca vencedoE considerando tal respuesta como afrenta, regÍesa aI Cvzcct, no sin triunfar antes de una traición urdida por su propio padre y los capitanes chankas. Después de haber vencido una segunda vez alos chankas, a cuyos capitanes castiga con gran crueldad, Inca Yupanqui encarga a su amigo Vicaquirao la misión de traer a su padre al Cuzco. Avergonzado, Vlracocha Inca declina la invitación, Repetidamente, los nobles cuzqueños ofrecen alnca Yupanqui la maskapaycba, insignia del poder real, pero éste, respetando la preeminencia de su padre, no accede al deseo de sus dignatarios, Pacientemente reedifica y rcorganizala capital y el reino, dotándolo de santuarios, depósitos, acequias, instituyendo un calendario y repartiendo tierras. Acabada la obra, manda buscar a su padre, quien le impone ahorala maskapaycba y el título de Pachacutic Inca Yupanqui. El nuevo Inca castiga la deslealtad de su padre, obligándolo a tomat chicha en un

asesinar a su hermano cuzqueño, el Inca Huáscar. Los españoles ejecutan a Atahuallpa. El soberano legítimo en el Cuzco, Manco Inca, se alia con los pizarrísfas contra los capitanes del Inca ejecutado, Challcuchima y Quisquis, que siguen resistiendo. Los pizarristas se instalan en el Cuzco, donde Manco Inca les tributa los mayores honores. Pero dos hermanos del "marqués" Pizarco, sedientos de oro, lo toman preso dos veces para cobrar un rescate y quitade a Cura Ocllo, su hermana-esposa. Le hacen sufrir toda clase de vejámenes. Manco Inca les entrega un tesoro y, astutamente, una princesa que no es la qoya Cura Ocllo. Bajo pretexto de un levantamiento indio, los pizarristas lo vuelven a encarcelar. El sumo sacerdote Vila Oma

y un capitán, hostiles

desde siempre a los españoles, le instan

a

rebelarse. Y Manco Inca se escapa, junta tropas de los cuatro cuadrantes del Tawantinsuyu y pone cerco al Cuzco y a Lima, Por milagro, Ios españoles logran huir, Los indios los persiguen, pero son derrotados. Para evitar el aniquilamiento de sus tropas, Manco Inca inicia una "largamarcha" hacia Chachapoyas, castigando a los huancas y a otros aliados de los españoles, matando a centenares de

recipiente sucio. A la muerte de Viracocha, Pachacutic 1o honra con una serie de ritos, en los cuales se exhiben, con acompañamiento de cantares narrativos, las momias de los Incas muertos. Tüu Cusi Yupanqui: "La epopeya de Manco Inca" Cuando los españoles llegan a Cajamarca, el ilegítimo Inca quiteño y cae preso. Desde la cárcel manda

pizarristas. A1 fracasar en su propósito, el restablecimiento de su poder en todo el territorio de Perú, Manco se resigna a retirarse con sus dignatarios al Antisuyu, zona de los indios amazónicos. Antes de emprender via1e, deja a los indios reunidos en (Ollantay-) Tambo su testamento, en el cual les exige una resistencia permanente y paciencia hasta su retorno. Varios años más tarde, en el nuevo Estado incaico de Vilcabamba, algunos refugiados españoles, almagristas (facción antipizarrista), asesinan por traición a Manco Inca. Antes de que logren salir de los dominios del Inca, los asesinos son capturados y ejecutados con crueldad. Manco lnca, cuya agonía dura varios días, entrega el poder a su hijo Titu Cusi Yupanqui, autor (pero no escribiente) del texo.

Ollantay Ollanta, militar festejado por sus victorias sobre los chankas, ruaminqa (general) del Antisuyu, mantiene, a escondidas, relaciones amorosas con Cusi Ccoyllor, la hija predilecta del Inca Pachacuti. Pese a los consejos convergentes del sumo sacerdote Huillca Uma

Atahuallpa intenta resistirles

212

MARTIN LIENHARD

EL HoMENAJE RITUAI AL INCA

Y sU ADAPTACIÓN LIT:ERARIA

213

y de su propio criado Piqui Chaqui, Ollanta decide, antes de ernprenderrúna nueva expedición militar, solicitar allnca sr.l hija por espopa. Airado, Pachacuti le iecuerda su condición de runa (hombre rcomún) y lo expulsa; como se sabrá más tarde, encierra a su
hija,ya encinta; en un calabozo dela casa de las ñústas (princesas). Ollanta se refugia en (Ollantay-) Tampo. Allí nombra a un sumo sacerdote, Hancco Ayllo Auqui, y a un lugarteniente, Orcco Huaraírccai luego se hace acLamar como Inca. Durante diez años logra derrotar lasexpediciones militares cuzqueñas, dirigidas por su viejo rival Romi ñaui. En el Cuzco rnuere el Inca Pachacuti. Le sucede su hijo Ttrpac Yupanqui. Romi Ñaui, nuevamente encargado de reconquistar el Antisuyu, baja a Tampo, disfrazado de desertor, gaia la confianza de Ollanta y lo confirma.en su intención de celebrar una gran fiesta el día del inti watana (solsticio). Mientras tanto, en el Cuzco, Yma Suma, hija de Cusi Ccoillor de Ollanta- descubre eI caLa-y bozo secreto de su madre. En Tampo, Romi ñaui, aprovechando la ebriedad festiva de los anti, captura a Ollanta y a sus partidarios; luego los presenta al Inca pidiendo para ellos un castigo atroz. EI Inca parece aceptar Ia sugerencia de Romi ñaui, pero en el último momento manda poner en ltbertad a los prisioneros y, a la sorpresa general, concede al "traidor" Ollanta la función de segunda persona del fnca (lnka rantln) y a Orcco Huarancca, el gobierno del Antisuyu. En este momento feliz llega Yma Suma para pedir clemencia por su madre. Acompañado por Ollanta y los demás, el Inca penetra en el recinto de la casa de las ñ,ustas, donde descubre a Cusi Ccoillur y se entera de la intransigencia de su padre. Reparando la injusticia de Pachacuti, le devuelve a Ollanta su esposa.
"Er nourNe¡r

ción se ve amenazada por fuerzas periféricas o centrífugas, sea por el propio Inca aliado con los enernigos hereditarios en Betanzos, por las fuerzas conjuntas de los españoles y sus aliados andinos en Titu Cusi, o por el general plebeyo (runa) Ollanta aliado con los anti en el drama quechua Ollantay, No importan tanto los nombres propios ni la realidad histórica, más o menos "rectificados" (Betanzos, Titu Cusi) o parcialmente apócrifos (Ollantay): la historiogra(ra incaica, como toda historiografía dinástíca, acostumbraba, como bien lo observó el cronista Cieza de León, ofrecer un cuadro expurgado y positivo del pasado regional:
[...i los que sabían los romanges a bozes grandes, mirando contra el Ynga, le contavan lo que por sus pasados avla sido hecho; y si entre los reyes alguno salía remiso, covarde, dado a bigios y amigo de holgar sin acresentar el señorío de su ynperio, mandavan que destos tales oviese poca memoria o casi ninguna; tanto miravan esto, que si alguno se hallava era pot no olvidar el nonbre suyo y la gusegión; pero en lo demás, se callava sin contar los cantares de otros que de los buenos y valientes (Cieza, 1985: cap. )(I). Es probable que la evaluación de los hechos de cada uno de los Incas sufriera modificaciones con cada cambio dinástico. El texto de Betanzos, según Rosrworowski (1987: 44 ss.), deriva de la tradición oral de la camarilla o panaka de los descendientes del Inca Pachacuti; el de Titu Cusi corresponde, obviamente, a la tradición vilcabambina de Manco Inca; en cuanto al Ollantay, se ffata sin duda de una tradición colonial neoinca. EI hecho de que los tres textos se centren en la función de| qapaq inka sugiere, en todo caso, una inspiración "incaica". Contra,riamente a la memoria histórica mesoamericana,basada fundamentalmente en la sucesión de ciclos astronómico-matemáticos (AND, Brotherston,1979), Ia memoria incaica, tal como la conocernos a través de las primeras crónicas, distingue primero las épocas pfeinca e imca, y subdivide luego la segunda en periodos que corresponden a los reinados de los Incas. ¿Cómo se acfi)alizaba la tradicián incaica? Si nos acercamos a las indicaciones, bastante precisas y coincidentes, que varios de los cro-

RITUAL

Ar INCA"

Cada uno de estos tres textos, unavez despojados de los aspectos contingefltes de su argumento, constituye esencialmente una reflexión dramatizada acerca del poder, las responsabilidades y las prerrogativas inherentes a la función suprema en la pirámide jerárquica del Estado inca,la de qapaq inka. En las tres obras, esta fun-

2t4

MARTIN UEN}IARD

EL HOMENAJE NTUAI AL INCT

Y

SU ADAPTACIÓN UTEMRIA

2L5

nlgtas rneiof informados nos transmirieron acerca de la ritualidad lnealca;,Verernos surgir ante nuestros ojos y oídos no el teatro al es-

. ,

tilo gfecolatino-renacentista qug ciertos historiadores antiguos (entfd ellos, el propio Garcilaso) y modernos tratan de defender, sino unos ritos imperiales artísticamente elaborados, destinados a glorificar la dinastía, a afkmar su origen celestial y a rendir homenaje a
sus divinidades tutelares. Entre todas las descripciones conservadas elegimos, por su precisión, su belleza y su estrecha relación con el primero de nuestros textos, una de Betanzos:2
[...] e otro día de mañana fue traída mucha juncia e echada por toda La plaza e traídos muchos ramos e hincados en ella de los cuales ramos ftreron colgados muchas flores e muchos páiaros vivos e ansi los señores del Cuzco salieron muy bien vestidos de las ropas que ellos más preciadas tenían y el Ynga iuntamente con ellos. E ansi mesmo vinieron los caciques los cuales tralan vestidos los vestidos que el ynga les diera e luego fueron sacados alll a la plaza mucha e muy gran cantidad de cántaros de chicha e luego vinieron las señoras así hI mujeres del Ynga como las de los demás principales las cuales sacaron muchos e diversos maniares e luego se sentaron a comer todos e después de haber comido comenzaron a beber y después de haber bebido el ynga mandó sacar cuatro atambores de oro e sierrdo alll enla plaza mandáronlos poner a trecho en ella e luego se asieron de las manos todos ellos i .tantos a una parte como a otra e tocando los atarnbores que ansi en medio estaban
.

empezatan a carrtaÍ todos juntos comeflzando este ca¡tar las señoras mujeres que detrás dellos estaban en el cual cantar decían e declaraban la venida que Uscovilca había venido sobre ellos e la salida de Viracocha Ynca e como Ynga Yupangue le había preso e muerto diciendo que el sol le había dado favor para ello como a su hiio e como después ansi mismo había desbaratado y preso e muerto a los capitanes que ansi había¡ hecho la iunta postrera e después deste canto dando lores e gracias al sol e ansi mismo aYnga Yupangue saludándole como a hiio del sol
se tornaron a sentaf e ansi mesmo comenzaron a beber de la chicha que alll tenfan que a según ellos dicen

había muy mucha (...) y en gran cantidad e luego les fue traído allí muy mucha coca y rcpartida entre todos ellos y esto ansi hecho se tornaron alevantar e hicieron ansi mesmo como habeis oído su canto e baile la cual fiesta duró seis días (Betanzos, 1987: La. parte, cap. )CII)

Con gran fuerza sugestiva, este fragmento de la Suma de Betanzos

pone en escena el ritual de victoria que realizó el Inca Y-upanqui después de sus victorias sucesiyas sobre los chankas. Sin duda alguna se trata fundamentalmente de un qaylli (canto de triunfo),
una de cuyasvariantes, el canto de la cosecha, existe hasta hoy, En varias otras oportunidades, como se desprende de la crónica, el Inca Yupanqui ordena ritos triunfales análogos (cf. Betanzos, 1987: 1.a. parte, cap. )CX). En su configuración general, este homenaje parece ser representativo de toda una serie de ceremonias incaicas que §e escenificaban con motivo de.la muerte, el nacimiento, la "coronaciófi" o el,matrimonio de un Inca. Queremos destacar algunas de sus características de-

.

Puramente tentativa, la divislón en ,,versos', de este texto pretende hace¡ sentir su ritmo particular, basado en la sintaxis quechua subyacente.
2

2t6

MARfiN LIENHARD

EL HoMEN¿JE RITUAL AL INCA

Y sU

ADAPTACIÓN uTERARIA

21,7

cisivas, En primer lugar, el "espectáculo" o representación dramática surge efi medio de un rito que invorucra a toda ra aristocracia incaica y cuyo marco, como en los ritos andinos actuales, es una es_ pecie de banquete colectiyo con sus comidas, la bebida sagrada (aqa: "chicha") y la hoja de coca. La representaciO.r, ..r,t r¿r?r, Iu victoria del Inca sobre los chankas y en ra afirmación der origen solar del Inca, combina el canto acompañado de los tambore rr^_ ci6ny danza. Más exactamente: un cantar épico protag onizado(como "7 " los qarawi campesinos de la actualidad) por un grupo de señoras, un acompañamiento rítmico (como en los ritos ganaderos _home_ naje alas divinidades uamaniy arapacba rnamao madre tierrade hoy), y un baile danza guérrera- s)ya coreografía, con -una participación de los vencedores y los vencidos ataviadoslse describe en otra oporfunidad, en la evocación del rito de Ia victoria sobre los soras (ibid.: cap. KX). Las caraTnuzas o danzas gr..r..u, q.r" se realizanen muchos ritos andinos modernos reproducen, sin duia, algunos de sus rasgos. Lramara atención que Betanzos no aruda a la existencia de "actores" en el sentido deiteatro occidentar. Cleza de León, cronista muy cercano, en su experi encia, aBetan_ zos, asocla inslstentemente los homenajes a los-Incas con las for. mas tradiclonales de la poesla cantadaen España: cantares, rornances, ulll,anclcos (Cleza, 1995, esp. cap, )(I). iUa, qr" el romance, el villancico suponla una coreográflra áeterminada. pero cieza mlnciona todavía otro recufso dramático. En los ritos de entronización de un-nuevo Inca, que fueron al mismo tiempo homenajes rituales a los Incas muertos, se colocaban en un escaño sus ,,bultos,, (mo_ rnias o imágenes), y se canaban sus hazañas. ,,y cada bulto ce--': tenía sus truhanes o_ desidores questavan con palabras -dialegres contentando al pueblo,, (cap. )tr). Tales ,,truhanes,, se podrían !ui_ zás comparar con los que menciona el cronista Guamán poma en un contexto de espectáculos cómicos:
Tanbién auía truhanes que les llamauan saucac rimac (qt¡edice co_
sas divertidas) , cocbo

c,bicoc (que hace reir), poquis colta (eulla estúpido), millma rinri (o§as de lana, torpe),,Estos hacían farsas y fiesus (Guaman poma,
1.980: f . 332).

, ; rr

De la lrrxaposición de las citas de Cieza y Guaman poma

se

, 'rr

ra de los espectáculos rituales l'serios", una expresión teatral cómica que los cronistas evocan con los conceptos de la cultura cómica popular de Ia Edad Media y del Renacimiento españoles; expresión que se puede quizás relacionar con otra, análoga, que exisie en la ritualidad andina actual: uaqones de la sierra central. cbuncbos
disfrazados de indios amazónicov- en el cuzco, et-

',, -personajes cétera. r,, Los . :p"p!r,r desarrollo

citados coinciden en que la namación que gula el del homenaje rirual toma Ia forma de ,n á" un, ' relación épica cantada con acompañamiento rítmico-musical, ¿por "rntrr, gué se conservó ninguno i , qué no §e Conservó ninsuno de estos cantares rn su forma primitiestos aañ¡arcc en <rr fnrma n¡imiti i va? La respuesta es relativamente obvia: en perú, contrariamente a ., Mesoamérica, no se recopilaron, con la excepción del ciclo mitológico de Huarochirí(7987j,t"rto, lr.go, en idi,omas indígenas. Tenemos que formular entonces la hipótesis de que los te¡rtos de estos , cantares se encuentran,bajo formas quizás modificadas, en las crónlcas hlstorlcas escritas en español. Dada la coincidencia, entre el i,;argumento épico resumido por Betanzos en la descripción anterior, y el contenido de la narraciánque la precede en el mismo texto, no ' dudamos en considerarla como transcripción _más o menos lilPru- de los cantares de un homenaje rituar: motivo por el cual rntentamos, en Ia reproducción del fragmento, una división en pe_ / riolos experimental- que permita imaginar o ,"ntt, I su dicción rítmica. partiendo -puramente de otras preocupaciones, Rostworowski I
,.1

de Guanca Bilca. Ta¡bién auía farsantes; a éstos res ramauan il.ama, llama, baya cbuco (llama,llama, sombrero picante) que eran yndios tungtts, chucareros saucacbicoc (que hace chistes en t" i"i

rimac(que dice cosas alegres); ertorlrr., y.raio,

t(T987:48) insinúa también el origen cant;do y las características ,épicas de la narración de Betaneos, pensamos que la ynstrugtón,de ilitu Cusi y, en un grado menor, el Ollantay. apuntan a unorigen
r§efiIerante.

l

1i,,,,.

I ekistencia de formas

¡r;o.,

""rtá>,

-u obras- teatfales semejantes al drirna occidental. Ningún cronista de la época, por otra parte, rlos transmite

bien, ninguno de los elementos mencionados sugiere la

2t8

MARTIN LIENHARD

EL HoMENAJE RITUAT AL INCA

y su eo¡ptaclóN

LITERARIA

219

el argumento y la puesta en escena de un hipotético "drama incaico" en el sentido europeo, sin duda no por falta de interés: en la misma época (hacia L590), un'fraile cronista español, Juan Cobo, analizalas categorías del teatro chino y presenta el resumen de dos
comedias de "cosas morales", una "contra los convites, comidas, bebidas y amistades ruines", y otra "contra la soberbia" (MES, Remesai,

zación total del Estado incaico. Ninguno de los Incas posteriores
merece los mismos honores. La atención devuelta a Pachacuti Inca Yupanqui no es de ningún modo casual. Por un lado,Betanzos parece seguir la tradición del linaje de los "descendientes y nietos de

l6U/1964-66: t. II: 471.-41.2). ¿En qué consiste la diferencia fundamental entre los homenajes rituales incaicos y el drama occidental o Ia comedia china evocada por Juan Cobo? Muy esquemáticamente, el teatro occidental culto (como también el chino) parece centrarse en los conflictos de conciencia provocados por las circunstancias de la vida social y política, mientras que el espectáculo incaico tiende a enaltecer la función del qapaq inka, a celebrar el presente dinástico y aactualizatlaarmonía entre el sistema político del Tauantinsuyu y el sistema cósmico. En tanto que acto ritual, el espectáculo incaico no trabaja especialmente el suspense dramático en el teatro europeo. La representación de la "vida pri-esencial vada", aunque sea la del propio Inca, no entra en sus atribuciones.

Ynga Yupangui", según é1 "los más sublimados y tenidos en más entre los del Cuzco que de otro linaje ninguno" (cap. )OOCI). Por otro, el propio Inca parece haber preparado su culto; según Betanzos, el Inca, antes de moriq
alzó en altavoz un cantar el cual cantar el dla de hoy cantan los de su generación en su memoria el cual carrtar decía en esta manera desde que florecía como la flor del huerto hasta aquÍ he dado orden y ruzón en esta vida y mundo hasta que mis fuerzas bastaron y ya soy tornado tiena (ibi.d.).

.

LA ADAPTACIÓN TITEMRIA DE To§ HoMENAJES RITUAIES

AI

INCA

Juan de Betanzos
En el prólogo de su Suma, destinado al virrey A. de Mendoza,Befanzos, quechuista respetado incluso por el Inca rebelde Titu Cusi Yupanqui, se refiere a sus muchos trabajos de traducción al quechua por motivos de evangelización. Después de subrayar que la "vida y hechos de los Ingas Capac Cuna pasados" se han "traducido y recopilado de lengua india", el cronista declara que "la historia de semejante materia no dalugar" a un "estilo gracioso y elocuencia suave", puesto que é1, como fiel "traducidor", tiene que "guardar la manera y orden de hablar de los naturales". El texto presenta la cosmogonía cuzqueña (cap. I-V), resume en un solo capítulo la sucesión de todos los Incas hasta Viracocha Inca, para explayarse luego, a lo largo de 27 capííios, en la evocación de lafígara del Inca Pachacuti, sus luchas contra los chankas, el conflicto con su padre y la reorgani-

Como 1o sugiere Betanzos, Pachacuti no desperdicia ninguna oportunidad para "ordenar" cantos triunfales que conserven su memoria. Todavía Guaman Poma (1980: f. 109) afirma que Pachacuti "compuso fiestas y meses y pascuas y danzas", conjunto que bien podria abarcar los ritos de triunfo y homenaje. Esto parecería indicar que mucho más de un siglo después de su muerte, todavía se
recordaban estos cantares sabemos si su "letra" o su fama, -no Desde luego, la activídad "publicitaria" del Inca no es el único motivo para su supervivencia "Iiteraria". Pachacuti fue el primero de los Incas expansionistas, figura ejemplar del Tawantlnsuyu y "vida" adecuada para su representación en un espectáculo didáctico-ritual. Sarmiento de Gamboa (1572/ 1901), otro cronista que trabajó con fuentes orales cuzqueñas, dedica también a Pachacuti un espacio mucho mayor que a cualquier otro Inca. Segrln Betanzos, Topa Ynga Yupanqui, su hijo, empezó a otgaaizar el culto póstumo a su padre:
t...1 mandó Topa Ynga Yupangui que este bulto (de Pachacuti) sacasen los de su mismo lirraje a las fiestas que ansi hubiese en el Cuzco

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MARTIN UBNHARD

EL HOMENAJE RITUAI A¡, INCA

Y

SU ADAPTACIÓN LITEMRIA

él sacasen cantando las cosas )t quÉi cl¡ando ansi le sacasen le -que guerras como en su pir¡dad (cap' )OOfi)' itiap eo *, vida ansi en las

lleDísase de paso que Manco Inca, al retirarse a Vilcabamba, se ,,bulto-,,. La lorma aparefite del texto de Betanzos es la de la vO eJe relación histórica, común a muchos cronistas españoles' Sin emba,¡go, llarna la atención que ya- al .entrar en rnateria, !etan-19s. ¡e

Un rasgo particular dela Suma es la inserción de frases dirigidas auditorio imaginario, huella sin_duda de.1a..enunciación oralt 1,,a rn o la alusión a la 1,. ',como ya habeis oído", "como ya os he contado". De la propia prosodia épica ,lll transmisión oral: "segtln ellos señalan"' Ír, quedan pocos rastros inciertos, quizá éobte todo en los monólogos ,,' 'directos., Tomado al azaf, el fragrnento siguiente suscita claramente ,,:la imlresión de la enunciación rítmica:
[...) y estando (Inca Yupanqui) con esta pena dicen que sería yahora del sol puesto , y que ya oscurecla la noche y como fuese anochecido que di¡o a sus compañeros y a los demás sus criados que se quedasen todos alll iuntos como estaban e que ninguno saliese con él y ansi se salió del aPosento sin llevar otro ninguno consigo [.'.1 e apartándose Yng. Yupangue de sus compañeros r la noche que ya 1¿ historia ós ha contado ' r dicen que, se fue.a cierta Parte , do ninguno de los su-vos le viesen espacio de dos tiros de onda de la ciudad e que allí se Puso en oración a [...] ViracochaPqcha Yachachic [...] Señor Dios que me hiciste e diste ser de hombre socórreme en estzt necesidad en que estoy pues tú eres mi Padre y tú me formaste y diste ser y forma de hombre lil'itt no permitas que yo sea muerto por mis enemigos 1,,¡,, dame favor contra ellos ,it;l ' y pues tú me hiciste libre y a ti §olo suieto ril no permitas que yo sea sujeto de estas gentes r ^- ^--JI.,*L.li, que ansi, me quieren suietar y meter en servidumbre r

:

sirvá de una especie de voz colectiva, sin duda la de la trarlición mitológica oral:
En los tiemPos antiguos dicen ser la tierra e provincias de Piru oscura y que en ella no había lumbre ni dla (cap' I)' za (paranoiablar de Garcilaso) se caracteflza por el pfedominio tode ¡al áe la nanacíón sobre las digresiones explicativas. Só1o rnuy

Porotraparte,todala,suma,contrariame¡tealacrónicadeCie-

vez en cuando, el autor las introduce para proporcionar ciertas informaciohes indispensables al destinatario (traducción de citas y la de capac, cap' )O(VII)' vocablos quechuai, etimologías -comoasf, el narrador se ríe de las o pxadisánciarse de ciertas creencias: conversacione§ de Inca Yupanqui con el sol (cap' )OO(ID' La natación propiamente dicha Combina momentos de "narración ptua" (acctdn) y de "narración escénica" (con diálogos y monólogos)' Sólo los personafes de alta ierarqufa tienen derecho al monólogo: los Incas, sus ágnatarios (a menudo como voz colectiva o ""cprol'), la divinidad viracocha Pachayaclnchic. Los monólogos deltrnca apa' recen por lo general como discursos a los dignatarios reunidos en "iunta,; o asamblea del Ta,tantinsuyu. El diálogo no- resulta un intárcambio rápido de réplicas cortas, sino más bien una sucesión de largos monólogos de índole tierática.A menudo, los rnonólogos sufÁ una transiorm¿ción en discurso indirecto que dificulta captat prela composición dramática del texo, A este propósito, cabetener el lector,. si t.ttelquu el quechua desconoce el discurso indirecto; ,ireconstmir,, el texto original, debe imaginar los discursos_in' , desea directos de la traducción como directos: más de una vez, de hecho, Betanzos empiezawnmonólogo bajo forma difecta,rpara luego pasar a la indirecta, "de moda" en el lenguaje culto'de la época'

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(caP, MI-MII):

MARTIN UEN}IAND

EL HOMENAJE RITUAI AI, INCA

Y §U

ADAPTACIÓN LITERARIA

223

clón O la recitación cantada. Una serie de indicaciones, pof otro lado, parecen suplir la ausencia, en el texto escrito, de los elementos visuales del espectáculo. Contrariamente al testigo visual a quien la:alternancia de los grupos de actores-bailarines y los cambios en la eoreografia permitían entender la transición de una escena a otta, el lector necesita, en efecto, urta aclaración verbal, que Betanzos introduce de este modo: "dejaremos a estos capitanes y hablaremos de los otros dos...", "y dejando a esto en este estado, volvamos al Inca Yupanqui", "e tornando ahablat de Vicaquirao,..". Si tratamos ahora de reconstruir en la imaginación, a partir de los elementos disponibles, Ia puesta en escena efectiva del homenaie ritual al Inca, llegamos, con todas las reseryas del caso, al cuadro siguiente. lJnala.rga sucesión de escenas referidas a lugares y momentos diversos presenta la acción. La coreogra(ta altetna dan"narrución pura"- y "juntas" del Inca con sus zas guerreras -aquí dignatarios. Los cantares, con acompañamiento de tambores, ofrecen narración, monólogos, diálogos, "coros". Ciertas réplicas podrían ser pronunciadas por los "decidores". Los "farsantes", si se extrapola a parlir de los espectáculos rituales actuales, figurat'an posiblemente, de modo cómico, a los pueblos sometidos. Tttu Cusl Yupanqut
Pasemos ahora, sin insistir ffrás, ala "vida" de Manco Inca tal como su hijo Titu Cusi la dictó a sus escribas, Titu Cusi Yupanqui, qapaq inka del Estado neoinca de Vilcabamba, sumo sacerdote consagrado a puncbau,laluz del día, concibió su relato con la intención de transmitirlo, a lravés del gobernador Lope Gatcía de Castro, al rey español Felipe II. Así se explica la elección del idioma, el español, y la mera existencia de la Ynstrugión como texto escrito. Dada la personalidad del autor, no cabe dudar de la inspiración incaica de la narración de los hechos; si bien el propósito inmediato es diplomático (la reivindicación de ciertos derechos dinástieos), su presen-

dos los medios: militares, religiosos, diplomáticos, Sabemos que en Vilcabamba, como se había hecho en el Cuzco para los Incas anteli dores, se preparó un "bulto" de Manco Incapara los homenajes pósi' t *or (Betanzos, 1987t 2a. parte, cap. noau). un informe agustino l señala, por otra pafte, la importancia del culto que Titu Cusi rendía : a la memoria de su padre y demás antepasados (Calancha, 197481, 11,63911 L. lY, cap. 4). A primera vista, nada dice que la Ynstrupión sea, como el texto i. de Betanzos, la "transcripción" de un homenaje ritual a un Inca. Ella I tt traduce, sin embargo, la tradición oral íncaica de Vilcabamba, (rnica

ji

i, ' il

i

tación obedece a las normas del homenaje ritual al Imca. Al poner de relieve lashazaias de su padre Manco Inca, el Inca Titu Cusi Yupanqui sienta un ejemplo y fiialas pautas de su propio código político, que se centra en la resistencia ala ocupacién española por to-

I i. Yanac. i,, Como enla Sunta de Betanzos alternan

fuente plausible: Titu Cusi no presenciólamayoria de los sucesos narrados, y su conocimiento de fuentes escritas es sumamente inverosímil. Como toda tradición dinástica, su relación enfoca los acontecimientos a partir de la perspectiva impuesta por el momento presente y "rectifica", sin miramientos, las incoherencias de Ia real! ' dad histórica. Así, por ejemplo, Manco Inca surge como único sucesor legítimo de Huayna Capac; sus hermanos no son sino usurpadores o, en el mejor de los casos, Incas de transición, regentes, i La relación es el producto de la colaboración entre Titu Cusi, un fraile agustino y el secretario privado del Inca, Martín Pando' Como ,rt'no sé el frases y la m4nera que los españoles thienen (sic) en semejantes avisos", explica Titu Cusi (Yupangui, 1985: f . 64), "rogué al muy Reverendo padre fray Marcos Garqia y a Mattin de Pando, ,:eue conforme aI usso de su natural me ordenasen y conpusiesen ."esta relasión". El escribaflo, a su vez, puntualiza que el Inca dio 4^--t^^^ A^ +^A^» /;t^;.1 . f .62v).El depositario de la t.-AiriADl l^^^-ir^-:^ A^ l^ tradición hiotÁrihistóriavisso de todo" (ibid..: € lr,'\ ca no puede ser sino Titu Cusi, porque el fraile y el escribano llegaron a Vilcabamba después de la muerte de Manco Inca, respectiva{nente en 7569 y 1.560. En la escritura del texto, en cambio, no se i,puede de antemano excluir la intervención de las concepciones lidel agustino. Al dictado del texto asistieron, pafl garantizar 1r. terarias la autenticidad de lo nanado, tres dignatarios del régimen, designador .o*o los "capitanes" Suya Yupanqui, Rimachi Yupanqui y Sullca
aqul escenas de narración pura y escenas dialogales. Éstas predominan sobre las otras; todos los monólogos, diálogos y demás réplicas se ofrecen, siempre, baio

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MARTIN LIEN}ÍARD

EL HoMEN,qEIE RITUAT AI. INCA

Y sU ADAPTACIÓN LITERARIA

forme derdiscurso directo. Los dueños dela palabradirecta son, como en Bet¿naos, ,los personajes de alta jeratquia y la colectividad. En el, bandsiincaico, sobre todo.los Incas Atahüallpa y Manco Inca, el 8üfinp'5¿se¡¿.te vila oma, los capitanes y el "coro" de los dignatarios ,reulidos; en el bando español se perfilán el Marqués (pizalrro), sus tre§'herrnanos y el "coro" innoble de los soldados: tos monóiágos del Inca, elaborados como homilías católicas.(Esteve Barba, 1.góg), 'ponen de relieve la inicial moderación casi cristiana y también la firmeza del Inca. Gradualmente, antela constante violación de las leyes andinas de reciprocidad (cf. Rosrworowski, 19g7: 61-71) por los españoles, los "parlamentos,,de Manco evolucionan desde una actitud favorable a los pizarristas hacia el rechazo fajante, contrastando con el "extremismo'l inicial y la posterior traición del sacerdote vila oma; evolución inversa que parece corresponder a la ubicación cosmológica opuesta de los dos máximos dirigentes incaicos: el Inca, hijo del sol, se asocia con la *mitad de arriba,, (banan),mientras que el sacerdote, como la esfera religiosa en general, se vincula a la "mitad de abajo" (urin), al cuadrante amazónico delTawantinsuyu. Por definición no cabe, en el discurso der Inca, ninguna confesión de derrotar si se da un trato favorable a los españoles en perú, no es por haber sido derrotado, sino por ,,amor,,, vócablo que traduce sin duda el concepto andino de reciprocidad. Si los españoles rom_ pen el pacto, tendrán que asumir las consecuencias lSgicas:
Y no penseis que os doy esto de miedo que tenga de bosotros sino de mi boluntad mera, porque qué miedo avia yo áe aver, de bósotros estando todala tieffa debaxo de mi poderio y mando e sy )¡o quisie_ se en muy breve tienpo os podrian desbaratar a todos (f. l».

[...J luego los acabaremos syn que quede ninguno y quitaremos esta pesadilla de sobre nosorros y holgarnos hemás (f. aó.

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El fracaso del sitio del Cuzco, en la perspectiva incaica, no es . ninguna derrota, sino tan sólo una etapa de una lucha a muerte. Así Io explica Manco Inca a sus dignatarios:
[...] sabed que son nuesffos enemigos capitales y nosotros lo abemos de ser suyos perpetuamente pues ellos lo an querido (ff . 40_41).

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Veis aqui Ia confianga que tenian,aq,ellos guancas al ydolo al que renian por viracochan, mira en qué an parado ellas y ello y sus amos los españoles (f. 50).

Ya moribundo, Manco entrega el poder a su hijo Titu Cusi (otra urectificación" de la historia: a Manco le sucedió Sayri Tupac):

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rn.or.riendote t¿nbien a estos pobres lmdios que.mires por,ellos como es razon e mira cómo me an seguido y guardado y anparado err todas.mis negesidades, dexando sus tierrai y naturalezapor amor de mi, no_les travajes demasiado, no les acoses, no les riñas ni castigues syn culpa, porque en ello daras mucho enojo al Viracochan (f. 55).

Y luego, las amenazas:
¿vosotros no sábeis que yo soy hijo der sol e hijo del viracochan como vosotros os jatais? ¿Soy quiera quiera (sic) o algun yndio de baxa
suerte? ¿Quereis escandalizar toda

todos? (f. 23).

la tiena y que os hagan pedagos a

Ante la arroganéiade los españoles, finalmente, a sus dignatarios:

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MARTIN I,IENHARD

EL HOMENAJE RITUAL AL INCA

Y

SU ADAPTACIÓN LITERARIA

[a afectitidad que tiñe estas relaciones de reciprocidad

estalla

en el "canto" de despedida que los indios dirigen a Manco momento.g a¡Ites de retirarse él aYilcabamba:
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Sapai inga, con qué corazó¡ quieres dexar a estos tus hijos solos que con tanta voluntad te an deseado y desean syenpre servir y que sy negesario fuese pornian mil vezes lavida por ti sy fuese menester, a qu( rey, a qué señor, a quién los dexas encomendados, qué deservigios, qué traigiones, qué maldades te hemos hecho para que nos

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cas escriturales y dramáticas no desdicen en absoluto, como se ha trnostrado, su homologfa con el texto de Betanzos. Paradójicamente, el aspecto triunfal de este probable homenaje ritual a un Inca resalta todavía más que en aquél: en una situación que no deja de il, ser catastrófica, Manco no defrauda en ningún momento las expec, tativas que implica la responsabilidad de qapaq inka. Podría resultar interesante confrontar la Ynstrugión, sislemáti-

quieres dexar ansy desanparados e syn señor ni rey a quién respeta¡ pues jamás hemos conosEido otro señor ni padre syno a ti y a Gtaina Capac, tu padre y sus antepasados [...] Chicos y grandes e biejos y biejas aparejadós éstamos para¡o te dexar de seguirte aunque tú nos dexes (f. 44-44v).

y publicado hace poco, dela Suma de Betanzos (1987:2a. parte, cap. XUI-)OOflI). Algunas de sus últimas escenas' como la del asesugerir, hipótesis nada inverosímil, .' sinato de Manco Inca, podrlan .-^^ ¡-^At^2Lác an^ vilcabambína -más anqr. el cronista tuviera acceso a una tradición ",:l^-L^.-L.:-l , tigua (época de Sayri Tupac); cabe también la posibilidad de que
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. , , -l fr-- -1 l^^^--l-:^*^ camente, con el único texto paralelo existente: el final, descubierto

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ciertas tradiciones cuzqueñas se interesaran de cerca en los sucesos

de Vilcabamba.
Para los súbditos, el gesto del Inca equivale a convertirlos en lo que más teme el hombre andino: en waqcba rechaza-huérfano, do, "pobre". Y su dolor se moldea en una imagen inocultablemente quechua:
[,,,] fueron tales y tan grandes los alaridos que todos comegaron dar, que paresgia que se horadaban los gemos (f,46).

Ollantay
La más antiguaversión conocida del otlantay aparece en 1816 entre los papeles de Antonio Yaldez, cura de Sicuani. En 1768, el sacerdote, posible autor del texto, permitió a su amigoJusto PastorJustiniani copiar el manuscrito del drama que se había representado, según la leyenda, delante de Tupac Amaru II. Sin presentar pruebas, cierto autor fecha en 1735 el descubrimiento de una versión más antigua, desconocida, del texto (Yépez Mitanda, 1958). Comoquiera q.r. ,.u, el drama que conocemos debe considerarse como productá del siglo xvIII: aunque hubiera existido, como algunos afirman, un "modelo" del Ollantay en la época prehispánica, las estructuras del drama actualmente accesible demuestran una evidente adecuación a los gustos estéticos y alasinquietudes del ptlblico quechua colonial. El purismo quechua del texto, que a veces se esgrime coconfirma más bien -o rrgr*..to de su áscendencia prehispánica, que resultan de 1a su elÁoración escritural: los textos quéchuas transcripción de materiales orales aparecen, en efecto, con las caracterísiicas lingüísticas del quechua moderno, más o menos hispanizado; sólo una voluntad conscientemente "nostálgiia" explica

Manco Inca a 1o que insinrla la situación real de domina-pese ción española- es la crlspide indiscutible del universo textual. Los españoles se integran, como socios menores, a la jerarquía andina. Api el Inca se dirige a Pizarro como a uno de sus dignatarios, atribuyéndole el título de apu (señor) y tuteándolo, mientras que el gobernador, respetuosamente, lo llama "vuesa merged": de este modo se "traducen" (la morfología quechua desconoce las formas verbales y pronominales de cortesía) las relaciones andinas para el lector español ----el propio rey. Só1o la soldadesca española, cuyo sociolecro se sugiere con algunas interjecciones vulgares ("¡Ea! ¡Voto a tal!"), se autodescalifica moralmente faltándole a veces el respeto allnca. Si el origen quechua de la Ynstntgión no ofrece lugar a dudas lector tiene a menudo la impresión de que se lo podría retradu-elal quechua (cf. Millones en Yupangui, 1985)-, sus característicir

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MARTIN UENÉTARD EL HoMENAJE RITUAI

AI INCA Y

SU ADAPTACIÓN LITERARIA

229

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sus tres jornadas, Si bien es cierto, como lo puntualizó pacheco Ze_

relacionados con una toma de conciencia andina, indíge nu";,iÁi. ,, (cf...cap. III): quejas ,,incaicas,, ante el rey no sólo por ciertos ,,abu_ sos", sino por la situación general de opresión qul sufre t, poUtución andina; levanramienroi armados en serie y d" g;.;;Ir;J"ra; desarrollo de un ,,moyimiento nacional i.r.á,, (ná*. ,lgze.lñ"r" movimiento auspicia una suerte de reuiual incaico que es, sin duda, el contexto en el cual surgió eI Ollantay. La obra,que combina rasgos de los homenajes rituales a un Incá y de la .""r.¿i, .rprn"fr, ofrece todas las características que se prád.., esperar A.,rr J.á, quechua producido en el siglo **r, pá, o paÍalos auténticos o su_ puestos descendientes de los Incas. ollantay presenta ra forma exterior de la

!: ry1 prehispánico resulra, en realidad, una operación puramente ideológica, destinada a atribuir a la cultura incaica,sin otro motivo que un etnocentrismo europeo interiorizado, característi. unárogas a las de la cultura europea. " La apañcrón de esta obra en el siglo xr,,ul, desde luego, no puede ser casual. En ese siglo, precisamente-, se producen rrr.iü i..rOir".ro,

la existeqcia, en plena- época colonial, de un texto prácticamente sin interferencias lingüísticas españolas. convertir er órhntay enun

comedia española con

mática, los quince cuadros escénicos je "ur¡, su propia versión, muy desiguales en cuanto a su peso estructural, no traducen tampoco la dtnámica de la obra. En reálidad, er oilatiiypresenta una esrrucrura dramática relativamente fl oja, p"r"pár-irL, más*epica,, que,.rea_ tral" el sentido europeo del término. -en La yersificación (cuartetas de versos octosilábicos rimados) sigue las pautas españolas más corrient.r; ,rirrgrrro de los textos q;;;.r;, transcritos en los primeros decenios de lá Colonia (n .r¿a*..rtutrn.n_ te cantos, oraciones, monólogos de algún tnca) presen;;;;-r";; métrico- de este ripo. La dr amáturg,a sela le d. ;áil;;; te rápidos, de soriroquios y de cantos intercarad;l. ;;;;ffi;T"d";;. denunciar aquí la huella de las concep.i""", españolas: los home_ por Io que sabemos de eilos, no favórecía., f1es.nru.ales, .l i.rt...rm_ bio rápido de réplicas, sino que desgranábanuna sucesión de mo_ nólogos de tipo hierárico, p-rr.rr"iádo" ir, *a, á. ú;;;;

1878), que esta división

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trario, eco del drama) resulta más congénita alas tradicirones cultu_ rales antiguas que la del Oltantay escrito. ' También los [ntermezzr cantados der drama quechua, aducidos a veces como prueba de su antigüedad, remiten más bien a las con_ cepciones del teatro clásico español que preveíant para la expre_ sión de lo "popular", la introducción cje piezas folkl-óricas , .,,tdo de suspensión musical. Aunque la fórmula ápica clescrita por tsetanzos no excluía, de ningún modo, la inserción de qarawls y otros can_ tos, éstos no iban a apatecer como interrnezzl mvsLcales: todo el homenaje ritual se basaba en los cantares épicos y el acompaña_ miento rítmico-musical.

reunidos del Tauantinsuyu: la versión oral (fuente o, poi el con_

el propio Inca o por la voz colectiva de los dignatarios reunidos en asamblea estatal. En el Ollantay, la única ,,junfa,, comparable a las que Betanzos y Titu cusi empleán como rr,"áio pri".i;á;;;; "iaia_ logo, sería la coronación del Inca disidente'oilanta enia segunda jornada. Los demás diálogos, en presencia o no de un Inca, árt".r_ tan un carácter marcadamente "privado", a veces confidencial, poco compatible con el género del homenaje ritual a un Inca. Értá pu_ rece privilegiar, siempre, las reraciones de reciprocidad entre er háer y la colectivídad, y la representación de los momentos más espec_ taculares públicos- del acontecer histórico. iquí, -obviamente en cambio, como efl el teatro europeo de corte, se enfoca de prefe_ rencia, aislándolo de la colectividad, algrupo de altos p.rroná¡.r, y aun a los individuos que lo componen. El soliloquio dL Romi'ñaui derrotado por los anti (segunda jornada),ejemplocle presencia incli_ vidual solitaria en el escenario, es doblemente significativo a este respecto: impensable en un homenaje ritual (doncle la colectividad siempre presente de los "actores" remite a la colectividad de los ,,espectadores"), esta escena señala indirectamente la ausencia de la danza; en un homenaje ritual, ra evocación de ros sucesos béricos se hubiera apoyado, sin duda, enlas danzas guerreras de grupos con_ venientemente ataviados, como lo sugiere la crónica de Betanzos (1987:'1,a. pafie, cap. KX). Es significativo, en el mismo orden de ideas, que en la leyenda oral moderna del Ollantay, descubierta por M. Palacios (1,83, a comiénzos del siglo )«x, ra solicitud matrimonial de ollanta tenga lugar en público, áelante de los dignatafios

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EL HoMENAJE RITUAL AI, INCA

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SU ADAPTACIÓN LITERARTA

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vados. Dqdala peculiar relación del hombre andino con el cosmos natural, tal substitución no resulta puramente formal; si en Europa, estas comparaciones no remitían sino a la tradición literaria, aquí ellas subrayan la homología entre el hombre y el cosmos ,rrt.ráI. Una composición a todas luces anáIoga se hala entre los poemas del célebre poeta quechua Wallparrimachi (1979), rrru..tá en un combate contra los españoler .r, tgt4, Karuncbaray. A pesar de que en este caso §e trate de un poema notoriamente colonial y escrito, su versificación se ve menos contaminada por la tradición española; vefsos pentasilábicos sin rima ,,deliberadá,, (las rimas ,,in_ voluntarias", suscitadas por las características morfosintácticas del quechua, no provocan la misma sensación de artificio literario). Tanto el poema de §üallpamimachi como el cahto del Ollantay son, sin duda, reelaboraciones escriturales de cantos quechuas oiales áe h capa señorial, bien alejados de la tradic{'bn prehispánica. La escritura y la dramaturgia der ottafttay, como ro muestran estos ejemplos, e-videncia el profundo imphctá de h cultura dominante hispánica. ¿Y su femática? No sabendos si una historia de amor problemático como la de ollanta y cusi ccoillur podía entrar a formar pafie de un homenaje ritual a un Inca. Tenemos la impresión de que su papel. imporranre en el drama se clebe al impacü de h comedia española, pero esperamos los resultados de fururas investigaciones para pronunciarnos definitivamente. En sí, la motivación del conflicto, como lo demostró Millones (19g2),ort"rrt, raíces prehis_ pánicas: como en toda una serie de narraciones antiguas, los amantes de ollantay resultan culpables de una transgresián sexual, tanto por la diferencia social que los separa como por la índole excesiva de su amor. Impensable, en términos prehispánicos, sería sin duda

Loc qarauts del Ollantay, andinos pero coloniales, ejemplifican la escritura híbrida del drama. El terceÁ (Urpi uyuaitim'"n¡i"iin¡cunl/ " P er dí la paloma que crié ") ofrece u., po.á".r"rirrá, á.rñ ción comparativa de las bellezas d,e Ia amada. parecida a las que ie escribían en Ia europa rnedieval y renacentis tafla adaptaciín indina consiste en la substitución de los términos de comparación clásicos (rosas, claveles, perlas, cristal, mármol, etc.) por sus ,.equivalentes,. andinos: las flores acbanqaray o qantu,las semillas o piedritas pa_ ra collares piñi, la piedra preciosa qespi, Ia nieve (riti) de los ne_

el bappy end: si se podía, en casos extremos, perdo¡ar el delito, no

se podía de ningún modo autorizaio oficialmenté. Notemos de paso que enla Ynstrugión de Titu Cusi, las pretensiones del "plebey,o" GonzaloPizarro sobre la hermana de Manco Inca se convierten en uno de los factores que desencadenen la violenta reacción antiespañola del Inca. Al privilegiar la a ctividad contra la rigidez de las normas sociales, el bappy end, del Olla:ntay traduce una versión occidentalizada de las relaciones amorosas. Latemáfica general del drama se inspira en motivos y preocupano necesariamente preciones indudablemente incaicas -aunque hispánicas. El conflicto central, como en los homenajes rituales de Betanzos y Titu Cusi, plantea las condiciones del ejercicio del poder en la sociedad inca. La legitimidad del Inca se funda, como sabemos, tanto en su ascendencia como en el cumplimiento efectivo de

las responsabilidades inherentes a su función, En la Suma de Betanzos, Viracocha Inca viola, al abandonar a sus srlbditos, Ias reglas de reciprocidad; deberá por lo tanto abandonar el poder a su hijo Pachacuti. Manco Inca, protagonista de la relación de su hijo, confirma, pese a sus "derrotas" frente a los españoles, la legitimidad de su liderazgo; para el lector, Manco es un Inca yictorioso y siempre preocupado por el cumplimiento de todas las normas religiosas y sociales. En el Ollantay se cuestiona, en definitiva, allnca Pachacuti por su manifiesta incapacidad para resolver el conflicto con el apu waminqa Ollanta: sólo con su sucesor, su hijo Tupac Yupanqui, el equilibrio político se volverá á instaurar. ¿Pero por qué precisamente Pachacuti Inca que impuso, según las fuentes más fidedig-el nas,la supremacía incaica en los Andes centrales? Una primera respuesta aludiría aLa rclativa ignorancia del pasado incaico por parte del autor del Ollantay, Cabe, sin embargo, otra explicación más sugestiva: las luchas sordas entre las panakas compuestas por los descendientes de Pachacuti y Tupac Yupanqui suscitaron dos tradiciones incaicas divergentes en cuanto a la evaluación de Pachacuti (Rosfworowski, 1987: 53 ss.). Desde luego resulta diflcil adnr,littu la vigencia de tales luchas en el tercer siglo colonial. Ahora, la crónica sin duda más difundida en el conjunto del "movimiento nacional inca" fue la de Garcllaso, y este escrito¡ siempre segrin Rostworowski, representaba la tradición de los descendientes de Tupac Yupanqui.

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232

MARTIN UENHARD

EL HoMENAJE RITUAI, AI,

Ixce y bu ADAPTAcIÓN üIERARIA

233

a un Inca.

varlos otros elementos del ollantay,como la moderación del Inca Tupti Yupanqui (que renuncla a ejecutar el afrozcastigo previst? cóhtra los traidores), y ld rehabilitación del traidor Ollanra, no P,flt'écen corresponder a la conocida intranslgencia inca en tales ca§os. El Inca Yupanqui, en Betanzos, castiga cruelmente a los chankas ya vencidos; en cuanto a Manco Inca, sus ve:nganzas, más que in_ transigentes, pueden parecer arbiffanas: si, al pincipi;, ¿i pJrrig"" a los que siguen resistiendo a los españoles (euisqü1s y ctráilcuárrima), luego se desara conrra los desámores de ia lucha ánties p^nil^; en, los dos casos, simplemente, el castigo se dirige contra i", q;. no acatansu autoridad "divina". pensamoi que h mlderación atribui da en el otlantay a Tupac yupanqui obedáce "";;;.;;;;;";, incaicas, sino neoincas. Si la aristocracia neoinca, qu. ."r.ií, d. u., poder polltico real, pretendia crear las condiciorr", p"*:""u,ér;;lactó¡incaic4, no le convenía, por cierto, insistir en las prerrogatl vas' discrecionales de los Incas históricos. Fara recuperr. ,r, pJd.. en la situación polltica del siglo x\Trr, necesi¡aba almenos la alianza con 10s demás estratos indígenas y probablemente también con los criollos liberales. No podía permitirse eilujo de ararmar ir""rri potéticos aliados con la perspectiva de un gobierno inca totálmente inflexible, sl el ollantay pertenece a este contexto neoinca, es lógico pensar que el o los áutores del drama prefirieran ofr"cei un, imagen más humana, más flexible de la antigua políüca inca.ica, más adecuadapara apoyx la lucha reivindicativa de ló§ "Incas" contemporáneos. Una imagen más humana, pero no desvirn:ada: el drama ilustra precisamenre Ia capacidaddélasociedad i.r., purr..rtablecer, en una época de crisis, un poder supremo ,,justo,i. En este sentido, el Ollantay sigue, convirtiéndola en ,.literatuia,,y adaotán_ dola a la siruación del momento, en la tradición del homénaie ritual

::,' cal, danzas guerreras, la presentación de las imágeneslde los Incas y, quizás,la intervención de f'decidores" y "truhanes,,. Los espectácurt'l los serfían directamente los intereses mornentáneos del clan dinás-

i

tico y denunciaban las desviaciones y los desórdenes provocados por otros sectores que se asociaban, según las reflexiones de Zuidema (7963-1964) aceÍca del Ottantay, .onlu "mirad de abajo" -urinsai:j ya- del sistema cosmológico düalista. l J-' l, Los capítulos dedicados al Inca Pachacuti en Betan2os se deben considerar, según toda probabilidad, como la transcripción de un i,: cantar épico, complementado por la nanación de las escenas mímico-coreográficas del espectáculo rirual y algunos comentarios del ' autor. Los chankas y el propio padre del Inca homenajeado reprei ' sentan eL principio del desorden. Betanzos aparece como pionero i, de una manativa andina híbrida que intenta fundir la üadición oral ,; andina con los vehículos expresivos que le ofrece Ia cultura domi-

I

ii:

nante. Formalment e análogo es el caso de la Ynstrugión deTitu Cusi. Las l,1,' fiierzas centríftigas, aquí, son los quiteños-huancas-españoles. Araíz de ia escritura eminentemente drarnáúca del texto, se podría casi hablar de una especie de guión de un homenaje ritual imaginario o

,

real. Titu Cusi, obviamente, no ambiciona fundar ningún horizonsu texto es productó de unas circunstancias específi*-^ "-----*.^-** r_ - -'--'cas, de la necesidad de comunicarse con su adversario,' De hecho, ¡l1t Ia misma existencia de esta obra demuestra que Yilcabamba seguía r totalmente apegada a las pautas culrurales andinas; que era capaz incluso de crear, en el marco de éstas, su propia tradición oral in¡,1

i' ie esc¡tural; ¡t -

,i

caica.
Si la Ynstrugión no funda ningún horizonte escritural, el .guión,,

'

', de la epopeya de Manco Inca que ella incluye corresponde a un
modelo que parece haberse transmitido, yor_ví.a de la tradiclón oral, hasta el siglo ><n< y, desde entonces, también bajo forma tfanscrita. i Aludimos a las representaciones que actualizan periódicarnente y ilr en muchas comunidades quechuas el derrumbe del Estado incai,ir^^ -, la mtta¡te.tol í,lti*^ Íñ-a da^ar'l.*aaf¿ A+^L"-lt-Él .^--.^ ,r¡'co y Ia muerte del último Inca, generalmente Atahuallpa. El texto , I la Tragedia delfin de Atawallpa, transcrito o copiado en 1871 ll,rl de --rl--:-_--_ i1 ri(Chayanta, Bolivia) y publicado por Lara en 1.957, ostenta un paren'i', tésco asombroso con la dramatutgia,la poética y varios motivos esl

l

CoNcrústor.rEs

los datos proporcionados ante todo por la sun'tade Betanzos, los homenajes rituales a los Incas articulaban, en sus manifestaciones concretas, cantares épicos con acompañamiento rítmico-musi-según

234

MARTIN LIENHARD

pecíficos del "drama" de Titu Cusi, EI diálogo entre el Inca ya condenado a muerte y sus dignatarios contiene no pocas réplicas que aparecen como la versión original, quechrn, de las que intercambian Manco Inca y sus dignatarios, Llama la alención, por otra parte, que el texto dela Tragedla, sin que haya motivos históricos para ello, establezca una relación con Vilcabamba: el trijo del Inca Atahuallpa, en efecto, piensa refugiarse allá. Parece poder sugerirse, entonces, que este tipo de drama ritual moderno se origina, en última instancia, en los homenajes rituales a un Inca, especialmente en los que surgen, subversivos, en los primeros años de la Colonia. Más problemática resulta la relación del Oltantay con este tipo de espectáculo ritual. El drama aprovecha o reelabora sin duda fragmentos épicos conservados por la tradición oral o las crónicas españolas. La dramaturgia rit¡al (danzas, coros, música, cantares) cede el paso, en el contexto colonial, a las exigencias más intimistas de un teátro <Je corte al estilo europeo. Como en Betanzos o Titu Cusi, el

CepÍruro VIII
CITASTnoTES HISTÓRICAS Y LITERATURA EN PARAGUAY

(A. Rurz DE MoNToYA, A. Roe Bnsros)l

I,¿ CunsIIÓN DE tOS ..COMIENZOS,,

principio del desorden aparece vinculado al urinsaya: el propio Ollanta representa al. Antisuyu, cuadrante de la mitad de abajo; en

"i puede considerar, en cambio, como drama neoinca, es decir, adaptado a los gustos europeizantes y a las reivindicaci<¡nes políticas de la aristocracia indlgena ilustrada que actualizaba así de modo ideológico su relación o ficticia- con el pasado incaico. EI Ollantay, en tanto-auténticaliteraria escrita pero basada al menos que obra parcialmente en tradiciones orales, constituye además un eslabórr entre Ia permanencia de la sociedad andina en una odidad exclusiva y su apropiación progresiva de la escritura.

-cuya zoiar el conflicto-, su calidad de layqa (brujo) lo ubica también en el urinsaya. Si bien Oltontoy no es incaico en un sentido estricto, se lo

cuanto a Huillca Uma

actitud ambigua contribuye a empon-

no existe- entre las antiguas poblacio-o guaraníes de los ríos Paragoay y Paraná, y la moderna pobla,nes ción paraguaya? Comentando el estilo de vida del "neogoararrí" moderno, Darcy Ribeiro escribió que:
,¿Qué continuidad existe
La supervivencia del guaraní como lengua moderna, y de las técnicas

de la quema de rastrojo (coivara), del cultivo delmaí2, de la mandioca y de otras plantas, así como el uso de la hierba mate y del chinchorro y la preservación de un cuerpo de creencias y hábitos tribales, le presta una fisonomía paÍicular y arcaica. A esta matriz indígena se

sumarían las contribuciones europeas, principalmente el pastofeo, algr.rnos cultivos y técnicas nuevas y el reordenamiento social, como parcela de una econornía mundial (Ribeiro, ¡rLt,197ü 528).

Supervivencias, contribuciones europeas, reordenamiento social: ¿pueden dar cuenta estos conceptos de lo que es la sociedad "neoguaraní" y, ante todo, de cómo las sociedades tribales se convirtieron
ren

la población paraguaya actual, totalflrente destribalizada

-ex-

'

' Los editores cubanos de la primera edición de La wz y su buellatrdnsformaron este título en "Catástrofes históricas y literarias en Paraguay". Pese a la gracia de este lap*ts, qtiero rerstablecer aquí ----en homenaje a los autores discutidos- el título verdadero del capítulo.
t235)

236
MARTIN IIENI]ARD

C¡¡,fu¡IoTts

FüSTÓRICAS

Y LITEMTURA EN

PARAGUAY

güísticas? ¿No fueron las

ceptuando a los grupos indígenas, marginales y amenazados en su inlegridad físjca y curtural? ¿ño resulta pl.o el ,.reordenamiento social" cuando,_en rigor, los g*po,"*p..rivo guaraníes sufrieron el de$tructor impacto ae ta .oñqrlrr, y-iá".o.rsiguiente ,,reducción,, (Meliá, t978) de sus pauras sociales, ."";;;;:;;, ,"i,*"#

_lV obra ; ;;; las escorias .1""1: ?::l:', :: "" '",* ,,'ioa*iuincandescen;;r';J;;"r*ir,?rüX,fi'[,]ii:ffifl

ficción, los escollos de una visión histórica evolucionisga, -,linte,pretar
cars1 d3

,,contribu.io..,

en una población campesina nacional, oprimida'y plen las creencias y los hábitor ,,.orrJruaos,, explotadairc;__ la misma función que en la época anierior u l, co.rqrrirál La etnohistoria del paraguay, nos describe ru parte del proceso de transformación "iátu-"rt", guaraníer-;; la prime_ de los #;;;, raníes", desde la colq"y]srl hTta la independencia (Susnik, 1979_
1980; Necker, 1979;Meliá, 19g6),

o desestrucfuración de las sc'ciedades retóricas* ¿cómo hay que entender la "preservación" dé nánitos y creencias tribales
étnicas? Pero tambié1 _deiemos las preguntas

sistemático de destrucción

europeas,,

un programa

,'i,"_

dejó en la memoria-conciencia popular. No se trata de un intento- de captar la conciencia poprtu. ,, mldianre r, il"Jl]"i; ;r_ re srimonios individu ater, riro a., ; ;rü; ; ród;" :?.f^:f le :", que riende a.dar forma, nombre v."".p"
,,iülvida
en perspectiva, los significados olvidados o derruidos. -bl procedimiento básico, sin duda, es el de relacionar el referen_ elegido con orras e*p".i!rr.ir, :.^ l::9.1." posteriores. A una experiencia ,ród.r.r, _como l, g".r;;;J

ff

,

_-_:"-_ yv,re wuar+4Lrull .".

r'r";::ffifJr:'?lf.:
y se ru puesE

;ilffi :;,-*.ffi ';
¿;r_

T:d? patsaje),

T:?!r!r_!ymb.re(xolBasros,tgl»_;;;;d;;;;.-;t:. orras más antiguas: la Colonia (pÁsencia jesuira
d:.Francia en yo

elementos

no nos informan acerca de la dinááica histórica qr""iAo,forq.r. p..áriir., "conservación,,, ni en_cua nto a la función y relevanái" *.iriá. -----

guas en la culrura rural paraguaya, no pármiten

--difíciles por ra escasez de docuLentos escritor- para unperiodo decisivo: el siglo >or. Los estudios folklorísticos, a veces merito_ rios (Carvalho Neto, 1 961), que catalogaÁlas,,superviver.Lr;lrrr_

p..o.r..."mos

de investigaciones

l1-.

1"..*:::ltelien¡e _ta dictad"T
, sA ñr^r7ó^+á

inscrita en el ta dictadura de Francia (a través de la memoria del p.rro_ M*ii") o Ia guerra de la Triple Nianza (,,reminiscencias,, o \J vera, autor ¿.i Air¡"). y sobre h,
et Supremo

ceür

el

que renido lugar o que iban; ::l-.T:.:ii:"ir r:..:,ya habían puede fiegar a pieguntarse pr;á"rT9e A el lecror

:lr:f::1is

;;;;;.r_ i],g)6bl
si esrá

,,conseryados',.

r

f",

los universos social" o, pata decirlo con mayor propiedad, la experienci a ffaümática de una violenta transformaciór, ,o.iopotiti.á. Evitando, gracias a la

Hasta hoy, sólo una ?brr,d: ficción, quizás,ofrece una imagen ünámica y global que vincula l, desesiruliuracion cJoiá,l;r% estructuraciones coloniales y republicanas y tr, ,;r.rp"*irr.*irr" folkloricas: se alude, ,l^ro.itá,, ú, Roa Bastos. La nanatña de,este """J", y cuentos de Augusto escritor paraguayo anticipa, por medio de la ficción riteraria,la concrusión áe u-, *á[Á[-r^'." i nvesti gacion es h istórico-sociales. ^irn nlla captl asu modo, á;;;irió. " " (Roa 1978) que subyace a prJ*ro histórico paraguayo, -Bastos, pulsión nacida y desarrolla da a lo hg; á; to, ,"utu.liffiü; asolaron la región. . Independientemenre der referente histórico eregido, el núcleo de todos

na*arivos,;;;;'r;; ¿iñIáJ";ffi:

:r1 entre _n:",qu q" l":. no las hojas,,: 1976 a),o la interpietaciónd" I;;;;r";;;; res ¿ traves de un referente histórico (yo et Supremo), siempre la búsqueda de los oríge_ : _^:,:1: situación -q::::91*i""to.subyace relatos de Roa Bástos, éstos actual. En los , sueien ::_"-:",r, '¡,,tOmar la forma de un suceso violento que alude, según á diferenres. pero este suceso aparecesiempre";;;, como [ff,:::,Tróricas qepetición de. orros sucesos más antiguor. si,.tro"";;#;;';l descu brir ta atadura,.rrr"á nombrada .rlos a" .ry.: ,.la,cadena de las violencias sucesivas, llegaremos i;;i6¿;;";. y matfrzde los ciclos de violencia posre_ :j1j"?:"]1,Í11."-Ti."rotanto que riores. ta conquista en hecho histórico d";;;;;;"iñ; de ta memoria oral_pópul ^, se siente solidari, aá f, f,irt"J, _ars"á W?!!r'.: -:1r :f".:o,rlo h ;,^",::::^11,::l *:.:nfianza de los guaraníes acuates ,..Ip.._ to a los "paraguayos,,(arr, Cadogán,197í: ár_e?j. §ñü;rr":;

fr:".?

:]::. Tr:la hisroria desde

la Colonia, "r"áiá. rrabajadores del ingenio azucatero en ,,EI true_

uI^J;ái'J.T;

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L.:liil"

pog yi,l;;ffi;,ór:;";

238
MARTIN LIENIIARD CAT.{STRoFES HISTÓRICAS

Y LITEMTURA EN

PARAGUAY

239

no sucedido) que ésta contiene en germen. La operación que consis_ te en leer a Montoya a través del prisma de h de no, V realiza en un único movimiento áialéctico. "i."rr"rru Las necesidades de una exposición lineal impon drán a -"""a", ,in

sa, la experiencia lectora de Ia obra cle Roa ción nueva a la crónica de Montoya atentaa

horizonte moderno la ausente imagen cle los ,,comi.;rÉ;.

d. M;;;;_ ya permite leer a Roa Bastos con una mirada que proyecr;

peña al parecer un irnportante papel, no estudiado ioAavia, en-et "intertexto" de la narratrva roabalstrána: el de un modero rechazado. En todo caso, la perspectlva creada a ravés de la lectura

unas relaciones sugestivas entre amba§, f.a crOnicá del;esuiá

experienciatraumática se van sin d,da configurando, caóticam;;",;;;;. los elementos constitutivos de la .Iltu* neoguaraní. En un cierto sentido se van ,'preparando,, también los mecanismos que permitirán la "repetición,, de catástrofes análo¡¡as, Las obras de Montoya y cle Roa Bastos'se ubican en los dos extremos del proceso histórico literarlo_- pataguayo.Se pueden tejer -y

nes guaraníes, relata en su crónica el surgimiento conflictiv" J" rrru sociedad destribalizada (jesuítica y enco-mend era), y tu pri*.ru"ru_ tástrofe histórica que se abate sobie e,a, A través de esá

propone, ahora, mc¡vilizar esta memoria, no puede nombrar direc_ tamente la conquista Una fase de la conquista de los guaraníes, más exactamente la conquista misionera del'Guairá (Altá paraná, hoy territorio U.r.it._ ño), se halla depositada enun rexro privilegiáJl'.;;;;;;,;;, yor protagonista: La conquista espiritual en las ptrouinciá del palra_ 9uay...de Anronio Ruiz de Montoya (¡n, Lg92í.El autoq *irio.ráro jesuita y, a pafiir de 1,620, superiár genáral de todas

rr, ,.¿r."i"_

d;;;_

favore";;;;rpr;_;

";;" ü";;.._ ,.

,

lo no Aicho fiuf lrezio

l*:ü;;, ffip}J;

EL PRIMER APoCALIPSIS: MoNToYA

momento de entregar su manuscri to a la imprenta (1639), An_ tonio Ruiz de Montoya, superior de todas las reducciones jesuíticas

En el

se inscribe también en la áoble tradición de la nanativa de cntzadas, reconquistas o conquistas, y de la novela de l?|l,ir::,te narran ta.s andalzls y.,"r,t.ádrr,, .r, *rri,o.já ñ; ní de los primeros jesuitas, ,,caballeros,, cristianos que cambialon su montura por ra canoa. Los sucesos narrados se hallan insertados en un discurso cosmológico que divide er espacio y sus habitantes en ro d.. Io que es ::. reducldos uos nuevos del Demonio;ia moiada de los guaranles :r, ?,"r,., no infieles de ra cruzada españolá) resulta metafóricamente un *alcázar pertrechado de ardides de demonüs,, , (Montoya, L892: L2B), rodeadt po. el erpucio libre del imperio uni_ versal. Si el demonio se nombra y se muestra bajo unagiu., airr;r_ sidad de disfraces, Dios -que no se muestra_ tiene , pil*.* rrl_ una presencia más difusa. El lector, sin embargo, logra ubicar su :a yoz en una instancia textual: yo er narrador. sin equivo-carse nunca, propia palabrJ ?jl?!^r::::" todos ros aspectosdivin u,, ." .upurá.-i*ü. {ac10n posibre l, de la contienaa (v. cap. l) que Ia primera escritura colonial no duda -iecáaemos nunca ¿. ,, im l,piración divina-. Ahora, este yo es la manifestación de una p;;;; del propio Monroya. Dos siglos más tarde surgirá, en lr-::T,.:,r' ra mlsma areal unavoz análoga,la del Supremo DictadorJosé?aspar de Francia, aunque con una instancia "dirirr,,nueva: el pueblo. su puesta en escena, otros 150 años más tarde, por Roa Bastos en yo el Supremo, la desmitificará finalmente para e[ lector moderno. Montoya, yo supremo y divino, ofréce el relato de la hisáiia gua_ raní entre, aproximadamenfe, .1,61.2 y t63g, Son . años cruciales'en que se decide el porvenir de los guaranles cristianos, de ras reduccionls y de_ los propios bandeirantes. formalment. ár¡.to"a"iáy español y aliados de los ambiguor..ráo*.rderos espaRotes. foAa_ vía existe un equilibrio inestable entre estos protagonistas que van

oá.;;ffi;:il, quista, más traumática, Ia de 1os ,,paulistas.,(vecinos ""r;gr;;;¿;;_ de Sáo paulo). La crónica de Monroya , algo mái que un ,r.rpf" l"fá.;., ,"á.'" este contexto, pero
guaraníes misioneros están enfreniando, en efectá,

en.territorio hispano-guaraní, se halla enMadrid para solicita r al rey del imperio ibérico (unión España_portu gal, $aó_t640) el ñoy" , qü proyecto de defensa armadade los pueblos misior:eros contra ros óazadores de esclavos (bandeirantes)'qr" tp"rr., desde Sáo paulo de Piratininga. conquistados "espiriruui-."[l^

,-lo.

240

MARTIN ]-TENHARI)

cATÁsrnoFts

rrróruc,ts y

LTTERATURA EN pARAGUAy

241

a determina¡ quien más quien menos, el fururo de un área hoy dividida entre Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina. El narrador describe Ja situación del territorio tal como Montoya lo encontró a su llegada, la organización y administración de las reducciones, las entradas a las "provincias" de los infieles para incorporarlas al terrltorio jesuita, la defensa contra los paulistas y el gran éxodo Paruná abaio para salvar Ia empresa misionera. La región se encuentra dominada por dos sistemas rivales: el infierno de

..

No será así, que yo lo remediaré. Los padres, que como corderos habían estado oyendo los bramidos de este lobo, queriéndole detener para dade razoná sus sinrazones, no pudieron, antes arrebatado de un furor diabólico, palió diciendo á voces: Ya no se puede sufi'tr la lü bertad de estos que en nuestras mismas tierras quieren reduclrfios á uiuir d su mal m.odo (Montoya, 1892: 58).

los yerbales (cap.7) que volveremos a encontrar en Hijo de bombre, y los pueblos misioneros, copias imperfectas de la Ciudad de Dios agustina. La sociedad encomendera, dueña de los yerbales, es la primera encarnación del espíritu diabólico que conocerá el lector, combatida por la resistencia justificada "pa-lamentablemente gana"- de algunos grupos indígenas (cap. 8). Todas las ciudades menos Asunción se hallan devastadas a raíz delhuracán destructor que desencadenaron los "vecinos de San Fablo" --,españoles, portugueses, tupís. Progresiva y pacíficamente, Montoya y sus compañeros, acompañados por los indios cristianizados, van invadiendo los territorios del Demonio, de los infieles. Los indios inocentes reconocen a menudo en los misioneros a los sucesores de Santo Tomás, discípulo deJesucristo que evangelizó en tiempos remotos, aunque no olvidados, vastas áreas de la América meridional (cap. 2I-26). Pero he aquí que por todas partes surgen caciques malos y "magos" del Demonie que movilizan a los indios con-instrumentos tra los importadores de un falso dios, enemigo especialmente de la tradicional poligamia:
t...1 Fué luego este cacique Miguel Aniguaye á visitar á los Padres, y al parecer con buen semblante y rostro risueño, y á muy pocas razones de cumplimiento, mudándose en una fiera bestia, prorrumpió diciendo á voces: Vosotros no sois sacerdotes enuiados de Dios para nuestro remedio, sino demonios del infierno, enuiados por su prínci-

Surge el culto a los "huesos habladores" de unas momias de magos prestigiosos, tanto más preocupante cuanto que los propios indios misioneros lo alternan con la vida en las reducciones. Conver. tidos en agentes secretos, los jesuitas, alabigo de la noche, se van en

pe pa.ra nuestra perdicion. ¿Qué doctrina nos babeis traido? ¿Qué descanso y contento? Nuestros antepasados uiuieron con libertad, teniendo á sufauor las mujeres que querian, sin que nadi.e lesfuese d l,a tnano, con que uiuieron y pasaron su ui.da con alegría, y uosotros quercis destruir las tradiciones suyaq )) ponernos urut, tan pesad.a CArgA carno atatu os con una m;ujeri y saliéndose del aposento diio:

busca de los santuarios, los encuentran medio vacíos y siguen las huellas de los que huyeron con una momia, hasta dat con ellos y organizar con los huesos un fuego purificador (cap, 28-29). En la enffada de la provincia de Tayoaba, los "caciques grandes magos" ofrecen una resistencia encarnizada y, en más de una oportunidad, los misioneros y sus acompañantes se hallan cautivos de los infieles, destinados a un banquete anqropofágicol algunos cristianos, pero no Montoya, gozafi de este "dichoso fin". A menudo también, Montoya tiene que huir, aierfa vez disfrazado de indio, por monte y ciénagas, como un "cerdo" (cap. 31-34). La lucha entre el bien y el mal repercute también en otro tipo de acontecimientos. En las plazas,las iglesias y las alcobas de los pueblos misioneros, en los campos debatalla,se producen, escenificados con una pirotecnia brillante, una larga serie de fenómeno's sobrenaturales de signo variable, Apenas muerto, un padre jesuita se le aparece a un amigo (cap. 14). Otro muerto regresa a la tiena para llevarse a un moribundo (cap, 1"8). Agonizante e inmovilizado en su lecho, un personaje viaja a la iglesia (ibid.). Un indio muerto re§ucita para contar las maravillas de la celestial Ciudad de Dios (cap. 77).Yarias personas toman, al moriq el aspecto rebosante de individuos jóvenes. El corazón de un misionero martirizado por los infieinspirados les echa ahablar (cap. 58), como habían hablado -pero por el demonio- Ios huesos de los magos. Delante de, la comunidad reunida, unos ángeles brillantemente iluminados'salen de la lglesia, se dejan admirar por los presentes y vuelven a eÍ\vat (cap. 18). Pero las noches se llenan de almas en pena, silenciosas o ululan-

242
IIARTIN UENHARD
CATJ,STROFES HISTÓRICAS

Y UTEMTURA EN

PAXAGUAY

243

por forruna ya salvad,as sias. El horror se moldea
tanzas indiscriminadas,

beros (v. infra), aÍrasan.u t"S" y orrgr;',oa a desencadenados, ellos siembrán

nos tangibles de la lucha que libran Oios y el Demonio, el propio Montoya -'o sus indios- \"ce1 ;; r""isor ocurares o audirivos. Con el paso del tiempo, to, ¿emonio;"rpr;;;;;;ffiil, Iadamente. Apoyando .ilirá.r*"á r"r:J"ora, difícil, los encomen_ deros españoles, excelerrte, aircipr;r';. los paulistas, intenran esclavizar' contra las leyes.imperiri., y-d-ivinas, a ros indios misioneros. Cuando finalmente la provincia iueda .oru"*i, .;;;;" jesuita, los demonioslanz.an,á",rrrao fu-áa o üsfraz,el ataque deci_ sivo: saliendo de la propia U".á ¿.1 i.rfi"r, ciudad de sáo prJó, ú,

14), un demonio, disfra)ado¿" ,rcita a los indtoe a llferaye!" fá, i.r"iá, (cap. "*.Jot"."ruro", 16). orros demonios desfilan go¡ la apartencia a. prt mas be-stiates y grotescas, uá. susuÁ, ,rtá" iá1r""0", de los feligreses rcuntdos en ta quebrar el Demonlo una campaná, el suceso se percibe ^, en offo Due_ blo, a Ieguas de dtstancta «a¿a,¡.irü ir-"-ñ*

tes' Por obra del D-emonio se hunde el barco de un encomendero español(cap'

igle.ü,;,;Jr;,r, iül,í

ilárJJ;ñr,;ñ;;" iiil.r_ Ail;;.;;
í""iriár'*.IJ""r,*r,r_

la conservación de la autonomía,,guaraní', frente a Ios imperialismos sucesivos.
Kerñs¡,ros La conquista espiritual... es un documento excepcional de un mo_ mento histórico crucial, pero es también, en el sentido autóctono que veremos, un discurso ,,profético,, o l,mesiánico,,. Sin duda ya antes de la conquista europea der fuea tupí-guaraní, ras socieáades indígenas promovían unos movimientos ráligioro, vinculados a una visión catastrófica de ra historia y la imagen de un ,,tigre ,r"1,;-Járencadenado (Nimuendajú, 1.91,4; 3l». f s"tos movimientos (que han recibido la denominación de ,,proféticos,,) se caracterizaban porlar_ guísimas mígraciones en buscá de la tierra-sin-mal, ra tierraáe h inmonalidad (Mérraux, 7967; Clastres, 1975). Los líderes de estos mo_ 'vimientos son los karaí, grandes shamanes (payA ñ;;;;á;; , los grupos tribales, oradores de gran poder iugestivo, "" guiu" rupu_ brindar protección, gracialasu comunicación con el mundo l?r.d. olvlno, a sus seguidores. Las transmigraciones suscitadas por el discurso profético de un karaí se sucedln, sin cambios substanciales, hasta comienzos de este_siglo (Nimuendajú, 191.4). O.rpre, á" i, conquista; la necesidad de crear nuevas fármas de cohesión social ante el derrumbe del antiguo orden tribal, desemboca ;la ñ;;i_ ción de movimientos mesiánicos de resistencia porrtico-religiosa, igualmente dirigidos, en general, por un karaí (Métraux, 1967j, No se ha podido determinar, a estas áltuor, la homología o'no ¿e rnovimientos "proféticos,, o,,mesiánicos,,. La lectura de ia crónica. de Montoya evoca _como las cartas, anteriores en medio siglo, de su colega brasileño Nóbrega (lgi5;_

l.iloáicamente sobre las ,,mismas,,víctimas, y "ri semeiantes: la lucha desesperada, en general ,,manipulada,,, por "orrt.*tos

de la región, lrevaya el germen de otros que se abathán

el apocalipsis evocado, la primerugran crisis de la historia moderna

á

uonir¡iin;;;l*"r;;:::rZT:;:#
el
área.Totalmenre

iu _,i".., ;"il;;;;ffi;ñ^ por los ¡"r"ii"qir.man y profanan

unarransmigración_iiffi
roda prisa

de igresias y ardeas ñr-"r.rr"r. * sentido etimológico de la palabra, ., ffi"fiptica,"i-á'üli no y Montoya "l duda en carificar los sucesos de "áiluvio" (cap.3g¡o de.,juicio final" (cap. 44). Tal ot

de agonizantes enterrados bajo pilas de cadáveres, de muertos cruelmente a"rng".uáo., de carne en estado de putrefacción,

""

fr, l"".r.i"rres

igle_

insostenibles de ma_

Pasado.r;p;;;;;,'ff#:?1rfi1:ffi

indios, .Lp".Uü misionero electo, :*"^? guia_ clo por su profeta, se mueve paruná ábaio hacia la tierrap-"i.1rá, El hambre, la peste lo acompañan, en medio de un río lleno de peces antropofágicos. Por fin, los fugitivos se instalan en un territo_ rio nuevo, reedifican

poilo,

:::#Xh:,i",J#jxr;T:f":::?:;ii

Hasta aquí, resumidas- sinteticameni",-i"l or,r"rpales peripecias del relato dramáüco de Montoya^ N".ráp" al lector moderno

fi:'*y,iH:H:#;i

que

-a ocultan una serie casi infinita de ,,magos,, (Montoyai "ui"r'ár-Uá., o ,santidadesi, (Nóbrega): los temidos karaí. La p.rip""ri.,r, naiaüva.ld;;;;, Montoya tiende a disirnular (y sin áudá lo disimuló ante loJ.ctor"s

un viaje por una selva

la vez reall y metafórica,

244
MARTIN LIENI{ARI)

cATÁsrRoFEs mstónrc¡.s

y

LTTuRATURA EN PARAGUAY

(|arque, 1900,

de la. época) que el personaje que habla, si su actuación se pudiera ver desde afuera, tomaría muy naturalmente su lugar en la serie de las karaí. Tal como está, el texto constituye una descripaión desde deniro del movimiento "karaísri¿"; ñá;r"r de mayor envergadura en esos tiempos: el que rideraron los propios jesuitás. Los dis]cursos (mesiánicos) y las facultades (mágicás) qu. el narrador denuncia como diabólicos en sus rivares inargenasj fueron precisa;;;;;1., instrumentos que él logró usar con-una éficacia ine¿ita, u ,Lri.ri, de su relato lo aresrigua sin discusión posible. su actuación rr"iá"ca,.tal como la restituye su texto, no desmiente en ningún *o-árr_ to la de un karaí auróctono. El éxito de Montoya debe sin duda atribuirse menos ala eficacia inrrínseca del discuÁo su orquestación según.las pautas culturales "r;;;;;ü " de la región. Un eco ¿e ello se percibe al leer ra ciónica, discurso profétic;eriari"o p"rfectarnente coherente y capazde ,,empayena (hechizar)" r,1 q"LL" adentra en su universo. Su import".r"á á.orrocida le valió, en 1731, una traducción al gvaruní no se hubiera justificadá puo"un -que documento puramente histórico. El propio Mo náya sabia,y'to con_ signó en una carta, que los guaraníes lo considerrbr., re.r.ur_ nación de un gran mago antigu o, "omá euaracltío ,,Sol respla"d.;i.;;;"

i,, ), sus sucesores como una movilización según las pautas profun-

, mo Dictador Francia el título de karaí guasú o gtan karaí. elizás ; ella sintió ra dinámica paternalista y parriótica suicitada por Fáncia
damente inscritas en la memoria colectiva. podría yv¡¡94¡oL, plnsrrru, v¡¡ to: en

' do caso, que el "suicidio colectivo,,de Cerro Corá con que finaliza i -una vez más frente a.los mismos brasileños- ra gueriade la Tril, ple Nianza, vuelve a reproducir comportamientos ,,karaísticos,,. Dos
, i
son en este caso los karaí: el mariscal Solano López y un ,,descen_ diente" de Montoya, el padre Maí2. Todavía en los movimientos ,,,, populares modernos, pese a la desaparición del rnodo de pensar it, guaraní (Meliá, -- t '" r'^e> 7974), parecen revelarse ciertos elementos de los movimientos profético-mesiánicos antiguos.

';

Et

..KAxAÍsMo,,EN

LA LITERATIIM

IL

cap,-22),

, i

¿;;. povos", los guaraníes neoguaraníes_ ,,traicionador" p* ir, -o toridades españolas que los qri"r"., dejar ^ ala merced d. l"; áe;;_ nios paulistas, ,,repiten,, la- gesta con serneiantes conse^ortóy^n^ los pueblós cuencias ffágicas.2 En el siglo >o<, ya disulltos _iri"""r* y encomenderos, la población ahora,, paraguayit
a

de los kara{ de la ipoca.de la conquista, ,rbrt'it ri, , fo, ¡"(mburuu&A en h direcciOn áÉ rn, sociedad teocrática y destribalizada (Clastres, !975t 9D, La dinámica teadae;;lñ, parece desempeñar la función de una pulsión centrar ¿e É rristorra goaraní y neoguaranl,.En la,,guerra guiranltica,, (17 SO_17 56) d.s.n
fes polÍticos

._Fueron los Jesuitas los que rcalizaronfinalmente el proyecto im_ pllcito

Los "comienzos" nunca nombrados en la narrativa de Roa Bastos aparecen con suma claúdad en la crónica de Montoya. En tanto gue líder de un avasallador aunque inconfesado movimiento m€siánico, el superior iesuita fue, además, un protagonista mayor de los 11, sucesos traumáticos de la prirnera gran crisis histórica de la región. Roa Bastos, ahora, intelectual situado en el otro extremo de la historia paragtaya, Íecoge, transforma y desconstruye en la ficción la

cadenada por ra

previrt, .rrtr.g,

árasil del tenitorio d.

i;;

a¡¡6*.;;il;_
i;d*il;;;

En los cuentos de El trueno entre las hojas (1976 a), el ,,karaísmo,, aparece bajo dos formas distintas. En ,,El karuguá,', evocación de , un movimiento mesiánico sincrético que se sitúa en la época de la guerra del Chaco (1935-7935), el narrador, adoptando la perspecti', i va montoyana frente a los magos indígenas, ofrece la imagen cancatüral del "profeta" Aparicio Ojeda que lleva a sus seguidores al suicidio colectivo en el estero. Solano Rojas, en cambio, héroe positivo del cuento que presta su título al libro, es un ,,profetal social contemr,," poráneo, sindicalista; su dimensión ,,karalstica,,se

,i

pulsión "karaística".

i' I

una extensa documentación, que incruye testimonios y caftasde los guaraníes insurrecros, se halla en en, Teschauer, lgzz;íasrek)l¡i"oi, :r,qg" del Paraguay, t949. y éase ambién .in, ri.nfrr.J,-1lSí, a"o. 105-1 08.

2

illr 1'resurrección", en términos guaraníes, de su palabra-ab¡la,(Cadogán, :; 1952): la música del acordeonista muerto que flota en el cañón del

desprende de la

río y actualiza su presencia.

,

i

246

MARTIN LIENIIARD

cATAsrRoFEs

Hlróntc¡,s y

uTERATIRA EN pAxAGUAy

247

tificarse con los sectores populares artancade su "traicion" det ¿iscurso oral profético. Yo el Supremo (1.976 b), por un lado, lleva asu extremo _ficcio_ nal- la autoevocación de un kataí i.rraugsÍada por Montoya. El personaje literario del dictador reúne, p.roió-i.rmente, lo, ásgos típicos de los profetas antiguosr origen ,,divino,,(el Supremo r".i"_

plir con la función de karal ,,heredada,, del padre frto.rtoyu, y ," convertirá en un intelectual ,,ttaidof,, preocupado sobre tádo'por su justificación anre ra historia, ro piopio haia a renienre Miguer Vera, líder ala vez que delator de uha insurrección popular, nlra_ dor-escritor del manuscrito de ra novela; su incapacid ad paia iden-

reiro (1980 b) reúne bajoraetiqueta de "mesiánicos". ¡iviejo Macario del comienzo, genealógicarnente vinculado a ra figura hiátórica del karaí guasú Francia, guardián del culto sincrético;l Cristo_hijo_dehombre, heredó de los karal o grandes payés antiguos ,rt" tádo h capacidad de ,,empayenar,, (Roa Bastos, 19g5:29) al auditorio con sus narraciones al estilo guaranl clásico --{uya ..traducción,' forma parte del discurso novelesco, su doctrina actualizael viejo discurso "catastrófico" de los karaí antiguos (tbtd,.: 3Z). El.vie¡o arrugado,, que salva a los fugitivos casiano y Natí del infierno de ios yerÉaler, "reencarnación" del abuero y héroe fundador cristóbar (¡uia.: úD, combina los rasgos de la divinidad paterna de los guaraníes (Ráa Bastos, 1.978: 75) con los del.karaí,, político modernó Rafael Barren (Roa Bastos en Barrett, s/f: >oo< s.). Ei viejo, un poco .or"" fuf"",áy, lo había hecho con sus indios, lleva a l,cs fug^itivos fposiUement. "descendientes" de una pareja fugitiva en Montoya: cap. 40) a la tierra de los antiguos. Er hijo de esta pareja de sabor.r.ot.rt"-".rtal, Kiritó (cristo), reencarnación intratextual der sindicalirr, sáir"" Rojas, adopta nuevamente ciertos rasgos d.e un karaísocial moder_ no, menos el arte oratoria: cristóbar Jaru es un personaje taciturno. como lo sugieren otros dos personajes, la funclón der karaí tiende a escindirse, cada vez más, en la del líder y la delintelectual o due_ ño de la palabra escrita, El padre Mafz, figira(histórica) plenamen_ te desarrollada en la versión de 19g5, ,"-*u.rt, incapizde cum_

Hijo de bombre resulta, sobre todo un su versión de 19g5, una reflexión ficcionalizada aceÍca de ras transformaciones sucesivas de la función "karaística,,en una serie de movimientos que Rubén Ba_

"7ala genealogía humana que

I

se le atribuye), autocreación o reencarnaciónapartir de una calavera(Lienhard, 197g), discurso profé-

¡' polifonía, la integridad del persona je y acaba desconstruyendo y I' desmitificando, al mismo tiempo, h hrnción ,,karaística',. Una lectu:, ta paralela de Yo el supremo y la crónica de Montoya permite apo_ , yar esta desconstrucción y desmitificar, al mismo tiempo, el disáurso "karaístico" de Montoya.Elnanador-protagonisfa

tico. Pero el discurso novelesco global desconstruye, a través de su

irr

;

, , ábsolutamente

justo (respectivamente ,,bios,, y el ,,pueblo,,j y *, enemigos diabólicos: los demonios/bandetraneslencomenderos para Montoya, y los oligarcas /imperialistas/eclesiásticos, para Francia. Finalmente, un autoritarismo sin límites, legitimado por la indist, cntible representatividad "divina,, (Montoya) o ,,populai,, (el Supre_ , mo). Si Montoya anticipa al Dictador Supremo, éste arrastra, en su
1,

Primero, un absoluto egocentrismo, disfrazado de dedicación total a un ideal: Ia liberación por el cristianismo, para Montoya, y por el patriotismo de raíz jacobina, para el Supremo. Luego, un discurso cosmológico adecuado, centrado en la oposición entre un superego

espiritual... anticipa de hecho varios rasgos notables del dictador.

de La conquista

nacional (como la defensa de la iautonomía ' gtaraní" por Montoya) se edifica sobre manipulaciones autoritarias. ;rEl discurso jacobino (como el mesiánico de Montoya) permite mo,vtlizar a las masas, pero no ganar las guefras contra ,: el invasor, Si Ia ' experiencia lectora del texo de Montoya acusa los rasgos ,,karaísticos,, del supremo, la de Yo el supremo permite captarmejór el autoritarismo del proyecto montoyano: Ia dinámicatota\itariaque suscita la inf,i' tervención de los jesuitas llevará, pese a su motivación "indófila',, a la población gtarani al desastre; la reducción de los indios en las aldeas misioneras favorece su captura y deportación por los paulistas. si la analogía de los personajes Montoya/supremo se revela relativamente perfecta, no se podrá decir lo mismo de los respectivos runiversos narrativos. La conquista.., mate¡ializa lo que hubiera sido, quizás, Yo el Supremo escrito por el propio José Gaspar Rodríguez de Francia. El texto de Roa Bastos, en cambio, multiplica, gracias a rla intervención del "compilador", las perspectivas internas; así, la
',

, i 'litarios. La emancipación

plejo "karaístico". La "democracia popular,,revela sus aspectos tota_

proyecto político revolucionario, el peso contraproducente del com-

248
MARTIN IIET.IITARD cATÁsTRoFEs HISTÓBJCAS Y uTEMTIJRA EN PARAGUAY

249

r" ofrece como real. Una lectura *r"rp""ri", áe h crOnica-de, nutrida dela experiencia de uoasipreÁá, aesignara inmediaramente su puesta en escena como artificio rcaíralnárrativo, ¿.rti"ráo o ocultar al lector encandilado las fisuras áe s, ,,."stilro,, ideológico. Et ctcto
DE

coherenci¿'ideológica der discurso "suprémico,, -{ontrariamente a Montoya- queda ¿ártrui¿u de anternano. Desde luego pddemos, los o¡os ejerciio, por l"-1""* r" d; i;;;;;;;*r, introducir desde fuera una perspectiva desmitifi cadora análoga. El pfótágoni§ta de la crónica posee -:-s€ atribuye- ra facurtad de transformar el mundo gracias i la magia ¿.i rerbo divino encarnado en élr recordemos ra lista de "su§" m"ilagros. E' jto delnarrador roabastiano, a su vez, encarna la,,patabra_ílma,, ovozdel Supremo Dicta_ 9:I".rontoya (y sus rivales...) úe;e u.facuttadái p.á"*r,l, Í". aparición de mueffos y ausentes, incluso de muchos ó; r;;r, nacido todavia. Ahora, toda esta'pi.ot.""iu mágicase autodenun_ cia, en Yo el Supremo, como un artificio del disJurso <¿. ir-.r..i*_ ra), corno un btuff, mienrras que el
la del'discurso de

;,
,' ,i)i
r' '' , , '
il,

:"-:::::::T::11d" itoil":;;;;i: Í::]:T:t1,"j:tu 11 :tr:u de Moníoya, " r"' i*brro: En ra conquista...,los p.r"onu;Lr:h"Áon,áálr.-v. ' v'uv"ú"l

malignos. Nos limitaremos aquí aarudira uno de ellos, relativamentrabajos, que riene ta ventajaá" po_ :".."ó.,

il,

rr, i:t .

";¿;;;-il)i"i"ir^.'. i;;;y^,

.?y"ou,y ^cautiven venta (Montoya, 1,9)2: cap.7O).

d;;.;;", ó. fl'i'^l';Lj:l:IlT?::,::::',bien.proresa.*''.'i',L;;';'*".,'to, 1t¡ill demonio¡ del infierno t...1. tiár.r,las casas fr."r, á. Á"i..., gentiles, compradas para sus totpezas;incitan á los gentiles a qu. r. hagan se

ó cajeros de los vecinos de San pab|o, áquien en len_ !::l?Ttue¡os gua portuguesa llaman_pornbgros, y en nuestro castellaná palorrr.ror, á la simiritud de los palámor ¿i.rt t" ..r-recoger y hurtar paromas en los naturales los flÁaazz¿, q.i.r. ltros nllgnSres;

y prendan, y los traigan al contraste y

tAs cATAsrRoFEs ntsTónrces

del desarollo de la anrropologla y "";c";;;;;-;;;;,;i,"* t, .tnotlrtoria indígenas, un re_ traso notable, resulta muy diilcil'dar una ,.rpr.r,, mínimamente satisfactoria. Si tenemos varios trabajo, Crna, Ui.r;ü;#;:; de creencias, narraciones y ritos paraguayos,ninguno de ellos nos restituve ,a dinámica der ctmpre¡t ."ñ"üirr"ro en esros trabajos como, por otra parte, en varios textos narrativos de Casaccia (,,,1a pora",1938), de Roa Bastos o de. Bareiro Saguier (1973),se subraya la importancia que tienen, para lapoblaciói rural, ciertos espíritus

guaranl o neoguaranf. Es probabie que su repetición bajo formas apenas cambiantes (guerra^guaranftica, guena de la Triple Nianza, gueffas civiles, guerre del Chaco) se frayia convertido, en la memc¡_ ria-concrencia popula¡ en un suceso traumático rinico. ¿En qué ele_ me:t^os de la cultura popular paraguaya se manifiesta este traumatismo? Como la invesrigación dá U culrura

Los sucesos narrados en La conqulsra.,. constituyen una especie de matrrz de ros crclos de vrolencia-que
se abarirán'sobre ra

pánrr"iá,

de los pomberos históri.o, ., .rfiri* árfignos. En el discurso del la relación de ros pomberos con ra "catástrofe,,es '''jesuita, evidenre; lt se podría sugeriq entonces, que los rar.rula, espíritus malignos son f, ,uno de los elementos portadores del ,,recuerdoi delu grun"cÁñ;: fe periódica..A estas álrurrr, ,i" áÁurrgá, no resulra 1i' posible afir_ marlo definitivamente. , .Como quiera que sea, la obra nanaüva de Roa Bastos recoge y ' reinterpreta de varios modos ros elementos der ,,trauma,,histó-rico i que se han depositado en las capas profundas ae u memoriá-orrt
,,1
'

i; 98), se conoce como.ladrón y, má,s áspecíficame.rr", .o*á rupro, ii de niños, niñas y mujeres, f"""lo" q"áprr"". legítimo relacionar I 9o, el comportamiento de los pombiros paulistas-y ,r, "¡"".rto..r, ',1, l?:^!!:*::f:tes. Las formulacioner á"'¡rlorroya auspician ya la l',.transformación-a la cual quizás los
misioner* rro

. En el folklore paruguayomoderno, elpombero,a I do al yasy-yateréy a orros genios matignás (carvaihomenudo asocia-No", ipOr. gf

rt,

a;enos_

:??ragoaya.

En El trueno..., sus componentes aparecen todavla rela.

alude explícitamenre al.rito cíclico de la sangre,,,
[triir

.#; ;;i;'i',,";;;;*
"tlr-i.*iá.u,
de;r;ffi;,

I

f

En las crónicas porn:guesas de la conquista der área congo-Angola, r,ospotmberos so¡ traficantes_de escravos. su nombre es una derivación

3

t, 1!f-r, . glo

;;;#;ñ"0, la_1rS." derecha del río Zaire y conocida, en aquel enronces (cornienzos x!Ii), par su gran feria de esclavos <**, ri.rtria,-iñ;';ñi,;;;.;;;. del si_

250

MARTIN LIENHARD

CATASTRoFES HIsTÓRIcAs Y LITEMTUM EN PARAGUAY

251"

del padre Maíz (Nr,19g6), ,,antihéroe,, de la guera de iusli{ic.atorlo la Triple Alianza, como su lector y comentarista lo será de la"del chaco. Todos estos momentos de insurgencia se irán superponiendo

tivamente la coincidencia genealógica_ por Ca siano'Jara -nótese y su hijo Cristóbal. Análogo es el caso de la evocación de la gi.rr^ del Chaco: la anticipa la lectura, por el teniente Vera, del texto auto_

"r, "i riencia "). Dos son los referentes históricos fundamentales de Hijo de bom_ bre: eI levantamiento popular y la guerra del Chaco. A ra=tz de la no linealidad y el desmontaje de la secuencia temporal, el levantamien_ to y su represión (la explosión der tren de los insurrectos, ra caza ar hombre) parece repetirse una vez tras otta, tanto más cuanto que se alude, de hecho, a dos levantamientos distintos, dirigidos ..rp""_

dlvinldades indígenas" que "vuelven a mosrrar en el follaje sus ojos lncendiados", al final de un fallido levantamiento popurai. Es en í,El tn¡eno entre las hojas" donde una catástrof. moá.rna (la masacre de los obreros huelguistas) se relaciona más nítidamente con unos sucesos que repiten a su vez los del "comienzo": la penetración, en una zona catacterizada por un estil0 de vida autárquico, de una economía "colonial" moderna. El grupo arcatcode los carpincheros "hombres del -los en el cuento ar.to',- que supo conservar su autonomía, repre_ senta la vez una sociedad anterior a los ,,comienzos,, y una esperanza utópíca. Huellas del ffauma histórico serán, en los cuentos de Moriencia 0969), las notorias anomarías der tiempo vivido y recordado (Lienhard, 1,982). En "Nonato,', el narrador-protagonista, pesado de recuerdos borrosos que viürá como una perrdñt, ,.pátitir.r, ,rr.. yaviejo, "más viejo (...) que los más viejos del pueblo,i p".o r, *"moria no conserva el nombre de la catástrofe inicial. En ,,Bajo el puente", el mismo personaje ----el maestre_ toma al morir, como algunos muertos montoyanos, un aspecto juvenil. Analogía de los sucesos pasados y futuros: ,,Las cosas que decía (el maestro) no eran de ese momento; habían pasado hace mucho tiempo. O esta_ ban por suceder" Qbfil. La historia, descompuesta, ofrecá sólo la al_ ternancia de dos tiempos en vez de un mínimo de tres que Ia acre_ ditarla como procesor ,,No hay más que el principio y io que está antes del principio',, rezala inscripción rtuúá de Chepé ("lvto_

El propio narrador (Vera) admite que ,procede como el vieio karaíMi. ri, que ,,superponía los hechos, , focab_a anombres, fechas y lugares,, (cap. 1). De este modo, el lector ' ILegará percibir la alternancia que domina la historia de ra región desde sus "comienzos",y que se ve como anticipadaen la crónicá de Montoya. El jesuita evoca, iustamente, estos ,,comienzos,,: conquis_ 1, ;;, ta espiritual/resistencia de los ,,magos,,; construcción del paáíso ; jesuític.,/su destrucción por los paulistasi éxodo hacia uná tierra rnejor/...? Alternancia que explicitaba, enla versión primera, la car_ :¡a de Rosa Monzón, ficticia depositaria del manuscrito no_ _final velesco de. Vera: "este pueblo ,rn .rlu*nlr¿;;;;;;;;. durante siglos ha oscilado sin descanso entre ra rebeldía y ra opiemártires".

. de algún modo en la novela.

ri9t ,_ entre el oprobio de sus escarnecedores y la profecla de sus

En Yo el Supremo, novela cuyo referente histórico central es el periodo. de.la_dictadura de José Gaspar RodrígueZ cle ir Francia, Ia ti voz múltiple del compiLador va supérponiendá, en ,r, aorrrtrrrt" , rxnovimiento de ida y vuelta, todas las "oscilaciones,, de la historia , .paruguaya. El procedimiento de las superposiciones temporales, r i'rispirado en el funcionamiento de h mémoria orar, se ve ánriquecida aquí por la confrontación ideológicamente "desconstructiva,, de las fi.rentes escritas de toda la historia paraguaya hasta hoy. El 1.,fl§pecto "popular" o subversivo de tal estrategia eminentemente escritural se vincula ala "carnavalización", en el sentido de Bakhtin !9u*, 1970), de la historia escrita, como lo punrualizó Juan Manuel
lnes" ----elaboraciones ideológicas- de 10s historiadores potencia el aspecto cómico-corrosivo que aparece en la obra de Róa desde i H.:iio de bombre. pero si ar final de esta novela se expresab a (patéiiritigamente) Ia necesidad de romper el ciclo de las catáitrores histori i ..cas, aquí *con el importante precedente del ,,circo,' de Moñencla_ se las carnavaliza. por trágicas que aquélras hayan sido, la úsa aparece ahora como el mejor modo para pulverizar el depósito negati_
qrr

;;-n'.";J.r.Jp"'-

'rfire los escombros de las ideálosi",
te nueva.

..1! a"" ellas constiruyen en Ia memoria colectira. una risa que no las niega, por cierto, pero que preparu el terreno prru p"ná¡ ,o_

i"rtrárr,,n¿;rüáff;;til"

?53

Cepfruro D(

Rutrol

, cós en los dos textos, paru nohablar de los numerosos trabajos que ,' rsubrayan las -evidentes- huellas de la novelística . Faulkner: rupturas temporales, fragmentación de losdeJoyce o de personajes y las percepciones. ,. Hul surgido también, sin embargo, varias voces que han insisti_ do en la "matrízde oralidad,,de las narraciones rulfianls (crN, Rama,
Pacheco, 1992; rws, Rowe, 1987, etc.), Á;"i, estas, at ser pronunciadas por la propia voz del autor en-una gra' bación, retornan a su ,,estado originai,,. Otras han sugerido h pási-

lY,

;;,i;*.ár;"

, ,1 p,11.

LECTUMS ..oCCIDENIAIES,, Y ..TTASTERRANAS,,

Las narraciones deJuan Rulfo, contrariamente a muchos de ros textos que aquí se van discutiendo, nunca tuvieron en Arnérica Latina serios problemas de aceptación por parte de sus lectores, profesionales o anónimos, sin duda en su máyoría ,,europeizados,,. ¿Signifi_ caría esto que su adscripción a las corrientes altárnativa, .rr.á d. sentido, que El llano en llamas (195) o pedro páramo (1955) pe:r_ tenecen del todo a una riterafura ratinoamericana supuestamánte "univefsal" ---por su sumisión a los códigos fundamán*les de la tradición literaria occidentar? carlos Fuenies (en MEs, Rurfo, 19g0: 'paÁre, 19-30), por ejemplo, no duda en relacionar la ,,búsqueda del gor parte del hijo de pedro páramo con la búsqueda anilága de Telémaco, protagonista de una de las obras funáadoras de áicha tradición, la Odisea homérica: ni se le ocure rastrear Vlexi.o-"t posible origen o la clave de este motivo. y no han "., fartadolos críticos que señalaron la presencia de otros mitos occidentales o bíbliHace poco, platicando con er compositorJurio Estrada, constaté ra gran convergencia de nuestros planteamientos respectivos sobre pedro ptiramo. ñ"-ito u l* lectores interesados a su tta.baio "ldentidad y mitología en la música prehispánica;, (u¡s, Estrada, 2000). Er antropólogo Andrés Medina elá igualmente ,ár;r;á;;;i, revelación de ra cosmovisión mesoamericana subyacente pedro páramo a (comunicación personal). Un debate prometido a ulteriorés desarrollos. t252)
r

nos" Roa Bastos y Arguedas notaron en Rulfb, sin duda, ,-i., priiyo"semejante al que ellos mismos intentaban rcalizar. Estas recepciones contrastantes del mismo texto parecen confirmar, de hecho, que El llano en llamas y pedro páramo reptoclucen la característica principal de ra escrituia arternafiva: el ,,secuestro,, de una forma de tradición metropolitana (en este cáso, Ia novela ¡; 'vanguardista) para elaborar literariamente er discurso de un sector ,marginado el de ciertas subsociedades rurales culturalmente -aquí, , , arcaicas y políticamente periféric as_. patael escritor profundamenfe marcado por una experiencia "provinciana ", ras prácticas simbó" licas, rifuales y nanativas de estos ,..tor., predominantemente ora. les constiruyen , como un "texto" que penetrará de varios modos en : el intertexto de la narración Lo q.r. facilita una recepción "occidental" de los"r..itu. es sin duda el hecho de que texros ,i,,PYoT.",r. el "dueño. de la.escritura,, (v. cap. IV) posee un dominio perfecto de su tradición; las páginas que siguen tratarán de demosirar que no por ello la presencia del "depositario del discurso orar,, dejade repercutir en las estructuras profundas del texto. dar un primer ejemplo: la ,,indiferen cia,,, la estupefacción, . .l^r^ . el "oscurecimiento_de ra conciencia" que caracteriza,r"gün srilrir(nes, 1987), la acritud de los personajes cle ' Rowe Et tkr; en ilamras, ,remite a las actirudes anárogas qr"1or infoimantes nahuas de sahagún atribuían a los mexicanos ante Ia primera manifestación de la violencia de los conquistadores españáles,

I

-.1.loración,. por parte de Rulfo, de núcleos colmológicos de Ia "trastierra" mexicana (Mrs, Roa Bastos, 19g1), o su apfJpiación dé lo que la cultura campesina de México l'tiene de español y de anrtiguo americano" (urs, Arguedas, tg6}). Los escritores ,,právincia-

ftl

254

MARTIN IIENHARD

255

2,Yasllascosas,lucgosedisparóuncañón:comoqueseconfundió

todo.Secorrfaglnrumbo,sedispersabalaSentesintonniSon,se
desbandabanr como ei los persiguieran de prisa'

3.Todoe§toeraasfcomosltodoshubierancomidohongosestupe-

iacientes, como sl hubleran visto algo espantoso. Dominaba en todo el terror, como §l todo el rnundo e§tuviera descorazonado' Y cuando anochecfa, era grande el espanto, el pavor se tendía sobre todos' (ues' el mledo domtnabá a todos, se les lba el sueño, por el temor 1956L. XII, caP. 17). Sahagrln,

Paracferísticas abiertamente "prehispánicas". Sin postular, como lo hizo Octavio Paz en su Laberinto de la soledad (1950'195» con evi.denter fines ideológicos, la presencia generalizada de un substrato :,lndígena en la cultura mexicana, se podrá suponer, por 1o menos, la permanencia de algunos rasgos de ascendencia prehispánica en

Rulfo no tuvo informantes nahuas y menos del siglo xrn, pero la memoria oral de la cultura rutal arcaica que él "conservaba" seguía impregnada, sin duda, de tales actitudes de ascendencia antigua' Acüddd que, en Rulfo como en los informantes de Sahagún, se proyectan sobre el modo de narrar "impersonal", resultado de la voz colectiva de una comunidad.que deia atrás un largo aprendizale del sufrimiento. Una lectura superficial, pero atenta a los elementos "antiguos" de Ped,ro Páramo descubre, a nivel temático, la abundanciade motivos vinculados a creencias y ritos populares de México, más que nada a las concepciones respecto ala muelte y lavída de ultratumba. Tan sólo en la penúltima secuencia deLa novela (la de la muerte de Pedro Pátamo), se insinúa 1) que Ia muerte de una persona se percibe a distancia,2) que uno puede entregar mensasu cuerpo' 3) que las ora-ies a los *,r"rtot antes de que se enfríe .iorr., sirven para rechazat al demonio que anda suelto; todavia,4) se ofrece una pequeña lista de enfermedades "folklóricas": el "mal de ojo", los "fríos", la "rescoldera".Las "almas en pena" son una presencia constante en Pedro Páramo, y el narrador-protagonista Juan preciado muefe, ,,ante§" de iniciar su relato (pero el lector se entera de ello "después"), de "susto", quizás la enferrnedad "folklórica" más prestigiotr. Bl coniunto de este tipo de elementos configura una especie de etnografía del campo mexicano' una lectura más paciente revela la posibilidad de referir las articulaciones principales de su cosmologíalitetatiaa una co§mología me-

i'ólértas culturas rurales "arcaicas". Suponer: Ia falta de estudios serios §obre las culturas rurales no indígenas impide, en efecto, demostrar, tro. A lo largo de sus andanzas a través del México indígena, atestiiguadas por muchas de sus etcelentes "cien fotografíasT [Rulfo, ho'tiena¡e 1980], Rulfo puede haberse impregnado, por otra parte, de , ciertas prácficas rituales y narrativas de los "vencidos". Otra posible experiencia de lo "mexicano antiguo" bien puede haber sido la lectura ¿. los textos nahuas clásicos. Cualquiera que haya sido la expe'áencia "indígena" de Rulfo, su incorporación a los textos narrativos 'nó resulta nunca artificial: es 1o que distingue al autor de Pedro Páramo de tantos otros escritores mexicanos y cenroamericanos de su generación: M. A. Asturias, C. Vyld Ospina, R. Castellanos, etcétera.

' Queremos destacar a continuación lo que hay de "mexicano anqguo" en la cosmología narrativa de la novela de Rulfo'
V:4¡e er PAÍs DE Los MUERToS

En el códice náhuatl de Cuauhtitla¡(1,558), manuscrito que incluye varios textos distintos, se cuentatl dos hazañas sepulcrales del hé-

roe mítico-histórico Quetzalcóatl:
Cuando ya tenia un poco de discernimiento,,tenla ya nueve años, dijo: ¿cómo era mi padre? ¿acaso puedo verlo? ¿acaso puedo mirar su rostro? En verdad se murió, alláfue enterrado, ¡ven a verlot Luego fue alláQuetzalcóatl, en seguida escarbó y escarbó, buscó sus huesos. Y cuando hubo sacado sus huesos, allá los fue a enterrar en el interior de su templo, en el que se nombra de la diosa Quillaztli (León-Por¡illa, s,/f: 38).

-fu.tu

xicanatrádicional. Es cierto que la cultura rural de la región de origen de Rulfo, los Altos de Jalisco, deió hace tiempo de manifestar de las zonas pobladas por los huicholes y algunos nahuas-

lL r Algo más tarde .-'y en otro texto- Quetzalcóatl se traslada al i reino del señor de los muertos (mictlan):

256

MARTIN LIENI-IARD

Y luego fue Quetzalcóatl al Mictlan, sg acercó a Mictlantecuhtli y

en busca de l s hueMictlancihuatl y.en seguida les dijo. -"Vengo sos preciosos que tú güardas, vengo a tomarlos" (ibid..:20). EI señor de los muertos parece otorgarle su permiso, pero intenta obstaculizar, de hecho,la salida de los hueso§, abriendo un hoyo

a

infranqueable:
Luego fueron a hacerlo y Quetzalcóatl se cayó en el hoyo, se tropezó y lo espantaron las codornices. Cayó muerto y se esparcieron allí los huesos preciosos (ibtd.: 2L).

En estos fragmentos que pertenecen a dos textos épicos disüntos, se anticipan (no es indispensable viajar, como Fuentes, hasta Grecia) las articulaciones fundamentales de la historia de Pedro Párarnoi elviaje del protagonista (fuan Preciado) al reino de los muertos (Comala) en búsca de los restos (la memoria) de su padre (Pedro Páramo), y el rescate difícil de los restos de una humanidad mueÍta: tanto Quetzalcóatl como Juan Preciado "morirán"/no morirán de modo ambiguo. En el texto antiguo, los huesos de los muefios seránla maferia a parlír de la cual Quetzalcóatl (asociado ala agricultura, la fertilidad, la vida) creará un nuevo género humano: Y tan pronto llegó, la que se llama Quilaztli, que es Cihuacóatl, los molió y los puso después en un barreño precioso. Quetzalcóatl sobre
é1

ipartir de fragmentos de lo muerto, Io pasado, gtacias ala ofrenda, ;l,'§acrificio de su propia sangre fecundadora. De modo análogo, Preciado compone "su texto" a partir de los fragmentos de disque revolotean en el aire rarefacto de Comala, fragmentos a qbes anónimos como los huesos de un cementerio abandonado, "muertos" de distintas épocas. Una mujer (Dorotea), tamcompañera de tumba, preside a esta recreaciónnanativa. Menos 'ién, )rtunado que Quetzalcóatl, sin embargo, Juan Preciado no logra ¡$9r consistencia a sus personajes. La hermana-esposa de Donis, por i,1Éjemplo, cuando él ---como protagonista- se le acerca para poseerl; se deshace bajo su intervención. Motivo que se encuentra tamlhién en un cuento zínacanfeco (Chiapas) acerca de un descenso al ieino de los muertos. Cuando el hombre, se dice ahí, "iba a tocat { su esposa, se encontró con sóIo un montón de huesos" (Laughlin, ;|t977: 28-30). En Comala, reino de los muertos resucitados gracias limitado poder de la escritura, Ia reproducción sexual es imposible. En las áreas donde predomina la oralidad,la escritura, como lo áfirmó Roa Bastos repetidas veces, es un cementerio ---el de la pa-

'lábra viva.

se sangró su miembro

Qbid;2D.

Con sus poderes análogos, Juan Preciad o creará, a parfir de los "ecos" y los susurros, la ficticia humanidad de Comala; los personajes surgirán por obra de este narrador-protagonista que los evoga y les da voz. Pero los poderes del narrador se limitan al lenguaje: la humanidad literaria creada por él no se- compone sino de sombras y esqueletos portadores de discursos; su vida durará lo que dura la lectura de la novela. El discurso literario rnoderno, contrariamente al mítico, no crea la palabra capaz de suscitar mundos "reales". Realmente asombrosos, los paralelismos entre la historia de Quetzalcóatl y la de Juan Preciado van más lejos todavía. tas dos "creaciones" no son sino recreación, recomposición. Quetzalcóatl restituye lavida

Las secuencias narcativas que evocan, en Pedro Páramo, el pueblo de Comala en la época de Juan Preciado, ofrecen un núcleo de l slgnos que Io asimilan al país de los muertos de las mitologías mefxicrrrur (mictlan para los aztecas y los nahuas modernos). Para em,pezar,las alusiones a su situación geográfica o cosmológica:lejanla lespecto al mundo de los vivos, que exige un viaje penoso. El ca,,,1,rqlino a Comala se representa como una bajada casi infinita que 'lleva a un lugar de calor excesivo y sin aire (hoy todavía, Ios maya'botziles de óhiapas simulan en sus entierros el viaje penoso que

deben realizar los muertos para llegar a su destino; para aliviar sus trabajos, ellos los abastecen con alimentos, agua y... dinero: Mrs, lP,ozas, 1948). De Comala no se alcanzanavet las nubes: el cielo es,íá demasiado alejado (Rulfo, 1975t 63-60, Luego, sus habitantes. [,Ina descripción de Eduviges manifiesta varios rasgos tlpicos de 1o llque en México se llama una calauertt calaveta de arcilla que repre),sqnta, en el mundo prehispánico, a los señores del mlotlan; calave1ra-juguete del actual día de los muertos, calavera-cartcarura de un artista "popular" como Posada:

zra

MARTIN LIENHARD

259

8u cara se transparentaba como si no tuviera sangre, y sus manos estaban,marchitas y apretadas de amrgas. No se le veían los oios. Lle-

lluvia

-igualmente

antropomorfa- desempeña un papel deci-

vaba un vestido blanco muy antiguo (ibid.: 19).

Dos habitantes de Comala, Donis y su esposa-hermana, ofrecen varias caructerísticas que los diferencian de los demás y los hacen aparecer como "más reales": el sonido de sus palabras se oye, y ellos no se desvanecen al adormecerse Juan Preciado deciq -es ellos existen fuera de su discurso o conciencia. Esta pareja señorea Comala, ese infierno de voces y sombras, función ináloga a La de Mictlantecubtli y Mictlancibuatl, señor y señora, del reino de los muertos azteca. La existencia de esta .pareja incestuosa nos remite, fodavía,alapareja incestuosa "fundadora" de los toltecasy aztecas: Quetzalcóatl y Quetzalpétatl. De hecho, el reino de los muertos de Comala,,a veces comparado con el infierno cristiano, se le parece poco en su ubicación espacial y su organización "social". A Comala, equivalente literario de las aldeas rurales abandonadas a raíz de rrrá frurtrr.rte política agraria (nivel de representación "documental"), se superpone, pues, el reino de los muertos de ascendencia prehispánica (nivel "mítico"), Cada una de estas imágenes indisociablemente unidas representa uno de los dos aspectos de este texto heterogéneo, el del "dueño de la escritura y la tradición literaria occidental", y el del "depositario de la memoria y los valores oral-populares".

EL PARAfSIo TERRENAL

Otros son los rasgos que ditrujan Comalaen su época de esplendor, la de los años dinámicos de Pedro Páramo:
Al recofferse las nubes, el sol sacaba luz alas piedras, irisaba todo de colores, se bebía el agua de la tierra, jugaba con el aire dándole brillo a las hojas con que jugaba el aire (ibid.: 11).

ri , , via desfloraba los surcos (ibid; 60). li,, ';r'rrSexual, la relación entre la lluvia y la fierca, abruzo cósmico, exica en términos míticos la posibilidad de la producción agtícola. ll§in arriesgarnos demasiado, podemos identificar a la divinidad ce,leste que se manifiesta enla lluvia antropomorfa: se trata del'dios de la lluvia que la cosmología tolteca-aztecallama Tláloc.Igual que ,,sus homólogos en otras cosmologías mexicanas, en efecto, T'láloc, jque reúne los elementos opuestos y complementarios del agua y i,del fu.go, es el principio fecundador por excelencia. §egún los az' tecas, como Io afirmó Laurette Séjourné (7957t 71.2),la tierra prol duce sólo "penetrada por el calor solar transmitido por las llupreside al , vias". Tláloc, como se aprecia en un mural teotihuacano, I paraíso terrenal, Ilamado precisamente tlalocan, "lugar de Tláloc", l Sahagrin (1979:L.I, cap. IV), siguiendo a sus informantes nahuas, define asi a Tl.á.loc: "en llamarse Tlaloc TTamacazqui, quiere dezir: r, que es dios, que habiita, en el parayso terrenal: y que da a los-homii bres, los manienimientos necesarios: pata la vida corporal". Ésta es ,r curiosamente la misma definición que hubiera podido da¡ acerca de su propia persona y su función, el terrateniente Pedro Pátamo' De este personaje, en efecto, depende en la novela la vtda o la rrnuerte de Comala, la cosecha o su ausencia. Cuando Pedro Páralmo, ren.o.oso, se cruza debrazos, Comala se muere de hambre, Es irque él controla toda Ia producción agricola y, a ffavés de ella, la ilpropia existencia de Comala. Lo mismo, aplicado al mundo (de los y ': aztecas), vale para Tláloc, La asociación entre el dios de la lluvia
l_

il,,

Fulgor Sedano sintió el olor de la tierra y se asomó a ver cómo la llu-

Un paraíso de luz, aire, agoa y tierra. El "sol bebiendo el agua de la tierra expresa", en tér¡ninos de antropomorfismo, una relación estrecha, recíproca y fecunda entre el cielo (aquí el sol) y la tierra.

, el poder latifundista que opera Rulfo en su novela, halla como unos caución popular, si se quiere- en la naff1tiva , pfecedentes -una i, n'rexicana oral. En varios cuentos indlgenas' en efecto, el dios de la .'lluvia se caracferiza por una arbittariedad digna de Pedro Fáramo '-,-o de un latifundista: posiblemente una clave para su interpretación-. En un cuento pima, "Los hijos de la nube" (Kailinger, 1978: 5t-55), este dios otorga todos sus favores a una ioven hermosa y le

¡60
MARTIN LIEN}IARD

261

ir;;;;;;. vocai, pues, las mismas.consecuencias que el descuido o fr_.Iun" del dios de la lluvia en los cuentos _"iiorrudor. En fesumen, de acuerdo con las .orrái.i"r., l,alternativas,, de producción del texto, las dos facetas a.-L p.rro, alidadde pedro
Las actitudes

en el entierro de Süsana, inaugura la sequía definitiva q". .J.,rr"a irá a Comala, de paraíso terrenal, en país de los muertos.

al person aje.Loacom_ pañará hasta más allá delallegadade Susana SanJuan. Cuarrdo confirma su incapacidad para sed"ucirlr; páá." páramctpierde su interés y su empuje; no lroveú más en comala. Er voto que ér hará, finalmente, al constatar la indiferencia de lu gerue

"cacicado,,de la Media Luna. Toda una serie de pasajes confirman, en la novela, la asociación entre Pedro párama y la lluvia. En las sácuencias que evocan su ju, venfud, la lluvia, siempre.presente, acompaña

ór;";;;; rllir"r,,"ri.. del dios de la ,uvia' AI final a. u ÁorÁrión, un joven lo *t^ y pr,opicia así la rransformación á; ;";;;, fért' en un ,ano seco. las.ryto-loSías mexicanas, el dios ,Er¡ de la lluvia es el oposición fertilidad/esterilidad, como pedro párami dueño de la il;:-; ,"

-.r.i"., de ha;br; ;or la sequía, la ausencia de más ni.menos t^ propií-^"ruación de pedro pára_ rno..:+, Otro cuento, mixteco, "U que mató al dios de la lluvia,, ¡á"." (tbtd.t

lr

plfltd$,V{vtf sn una especie de paraíso teffenal, mientras que los d¡mi¡ hombres
lluvta

*ni

,.

h

35-39), empieza. co¡r un

diluvi"

iJ," En,cuanto al tiempo vigente d.entro del mundo nanado, el de en primer lugar, un presenre frenre al pasado yoTala t. de Comala":_nrjituy., II. El día astronómico córr rrr..g*.r,o, (día, taáe, no_ iyre/ su rirmo a la vida de los protagonistas. En tanto uni_ lmpone
lar (coinciden comienzo )a fin) y su repetición áa m¡nm*, fig"a. aparente de los ,rtro, prirrcipates, ,át y tuná. if,f._ i :fly""iTi:nto el día asrronómico ignora la acurnulaiión, el progreso, , todos , lfu.,:, en rigor, son iguales. por estos motivos, ros orás, el narradOr puede una estadía de algo más de un día en Cámata, 111-rrl,d"rp"é:.d: , que es, "como si hubiera retrocedido ti",,po,,, no importa cuál es "-i la noche que comienza, Ia anterior o la posterior, y, qua nada las .distingue. Otros "retrocesos,, temporales tl se L ruái p^"o, '1 iBl diálogo entre Juan preciado y el arriero "rr.,.r"r,rr, Abundio, casi al comienzo de la, novela, se relata con un movimiento aderanfe-atrás contir;,'{llto; el lector tiene Ia impresión de que los dos personajes repiten l, ,urla vez tras otra el mismo trayecto, sin poder ür, tie'Ápo ^u^n ^r. r'rrspetitivo (no sometido a la lineariáad cronolOgica) predomina en tpdS las sociedades arcaicas, especialmente las camplsinas, La unii,, menor es iustamente el día (con sus subdivisiónes); la mayor ,l giq ser, cuando ; dos,largos, el ciclono se rrara de un esrado dinástico con §u§ p"rioi1",: completo de las estaciones (agÍcolas, de caza), es decir, un año. La repercusión de tales temporales ifesUlta, "oncepiiones evidenre evidente I, aunque Falla aa¡,t cualqüier reiir ::rrrr1, pues, esracionesen Comala T. ¡unnrre falte aqul ¡rrat^,,j^. -^ der año: en tanto que reino-de ros Áue¡tos, I frenlia a las

lüe'erJo en cuenra, es mucho flbvela que en la segunda.

evocación a partir de la tumba por el protagonista_ radorJuan -nanadas se interrump.r, u *.^.r,rdo F¡eciadoi^r^aá, prro a otras_do-nde un narrador anónimo rerrela .i;;;;';;;ffi;_ ta fmo; frecuencia de las secuencias que evocan Comala I, cabe

bs imaginaria, mero efecto de la lectura: las secuencias dedicadas a

fnagmentado, no continuo. La unidad del universo de Cornala

I

-a,

.i""rir;;;;ñ;;ii,;;.1;

i

'rf,ad de riempo, el día astronómico se caracteriza por su índole circu-

,

d. p"d;"

iÍiXfl?¿**ecrivamente,,sociológica,,y,;**ra"^,,,seiluminanrecípro_

Tirupo ¡¿Ítco,/leir,lpo HrsróRICo sido el objeto de numerosos estudios. ¿rn que temporales
El peculiar funcionamiento de Ia temporalidad en pedro

páramoha

de la novela se pueden.xpti.u., partir de nuestro enfo_ que? Trataremos en lo que sigue de du, uru t;, Terxern;s án acabamos de caractertzá:, de los muerros (I), y Comala como paraíso terrenal (II). Si .orrrid.ru*os el nivel de la enunciación (no del mundo evocado), .l ti"mp" de Comala I resul_

medá;,;;;;:;;"

;;;;;s"ir,

o"-ll!" i"*íprr,

prime,,;*il:::T:f

#X"tj:?[

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pa las secuencias del narrador anónimo. Espaciadas atr comíe.rz,r, ' é6tas aumentan su frecuencia hasta ocupar, ál finar, la totalidad del

"i ";.b';-;i 'co,,rlu II, el paraíso rerrenar ¿tminaio por pedro párarno, ocu-

¿"r.""*.

;;*r,,H ffi;"#;:',:""''

262

MARTIN LIENHARD

nüio

263

ciquismo", y la revolución
mayc>ría de los cuentos de

mecanismo cumpla sin duda aquí otras funciones que en el cuento oral, tales precedentes la ,,justifican,, aquí. En cuanto al universo narrativo de comala II, su tiempo es cronológico: "histórico,,. La narración cubre, por un lado, la biogtafía de Pedro Páramo y, por otro, un proceso ,,histórico,, que se pJdría, sín mayore§ problemas, situar en la Historia: si er final de ra era der",ca-

dlocurgo narrativo. Este hecho produce una impresión extraña: en cl mundo novelesco global (Comala I + II), el hi¡o, ..ry" _r.*. ," anuncia hacia la mitad del texto, parece anterior a su padre; Juan Freciado engendra "textuarment"" , s, padre pedro páraÁo.Freiu.nte en las mitologías amerindias, ra iniersión de los papeles entre padres e hijos aparcce también, por ejemplo, r.r a,.r".rto náhuatl narrado por Luz Jiménez, una señora aiciana del ".r Distrito Federal de México (Horcasitas, lg6gt 26-29); aunque la presencia de este

las.empresas de expansión del terrateniente, sus últimos meses co_ irrciden con la ,,guerra de los cristeros,, (7926_1929).
Si consideramos

tal como en la -ausente Rulfe- constituyen eltelón de fondo de

en tanto que

en las secuencias a cargo de j.,an preciado (que dispone cle varlas decenas de páginas para.evocar 36 horas), el tiempo no evocado, entre una y otra secuencia del narrador anónimo, ,.rp"ra *.r1, y años de lavida del rerrareniente. El progreso ae Uá ¿os hr;;;;r_ ralelas resulta, entonces, muy disímil. duandoJuan preciado acib,a apenas su primera noche en Comala, pedro páramo, más allá de la niñez y la adolesce n9ia, yaha perdiáo a su padre y a'su hi¡o, se ha c-asado y ha llegado a la cumbre de su poder áe htiiundis ta'. Lavida de Pedro Páramo no se desarrolla sóló ,,cofltra,, la de su hi;o, sino también sobre el telón de fondo del arreciar y er amainarde ra ,uvia que configura, a lo largo de la novela, un ciclo anual bastante

cial ignorado, no cubierto por ra-narración

cada una de las secuencias de la novela, la . relación entre la cantidad de tiempo evocado y ra duraciór, a.ii."to, constatamos poca§ diferencias entre las que se dedican a comara I y a Comala IL Gran parte de los fragmentos, en efecto, se basan en una "nartación escénica,, (monólogár, áatogor), la relación entre Ias dos temporalidades tiende, porionsiguiente, hacia ra identidad. ParaComa'aly Comalall, se distingue, ericambio, el tiempo,.i;;

para

n"rrt*"Á.1;"';;;;"

completo. Observamos, pues, una oposición no sólo cuantitativa sino radical entre dos temporalidades. La una repetitiva, algo viscosa; la otta fuertemente progresiva a los saltos adelante-atrás- y -pese activa, transformadora. Todo esto nos sugiere que nos hallamos frente a una oposición tiempo mítico,/tiempo histórico, traducida en articulaciones narrativas. Otro resultado más de las condiciones de producción "aLternativas" del texto, la coexistencia de estas dos temporalidades, debe vincularse, para permitir su interpretación, a Ia caracterización a la vez "documental" y "mítica" del espacio y los personajes. El tratamiento "mítico" va iluminando, entonces, los aspectos "documentales" del texto. Lo "mítico" ---en última instáncia, una percepción derivada de una visión oral-popular- permite paradóiicamente "desmitificar" (desideologizar) la historia en tanto que supuesto proceso lineal y cronológico. En Pedro Pá.ramo,la historia no deja de repe' tirse una vez tras otra, sin mostrar progresos significativos, Pedro Píramo, muerto desde el comienzo de la novela, vuelve avivir para morirse oúavez alfinal. Así, por lo menos, 1o percibe un lector que no tÍata de reordenar cronológicamente las secuencias de la novela, procedimiento que niega, de hecho, su especificidad.La revolución, supuesto cambio radical y definitivo de la estructura social según la historiografía oficial, se desvanece en la percepción que Rulfo impone a su discurso. En la nueva visión de la historia contemporánea que presenta Pedro Páramo, aparcce nítidamente la solidaridad del texto de Rulfo con tros testimonios de los protagonistas anónimos que rescató, últimamente, la "historia oral" de la revolución mexicana (cf. Meyer, 8., 1978 a, b). La reciente irrupción de una "visión popular" del proceso histórico en el escenario político mexicano, a raíz de la contienda electoral de 1988 (con la "resurrección" de Cárdenas), tiende a confirmar la actuali-Cuauhtémocdad de la obra rulfiana.

trINOFICcIÓN

265

l'a

'; zación esrética o cienrífica
l,i

Cepfruro X EtNoucclów

de ra reflexiá" r"¡'.. iul;"i¡"i.J.r;.'ur Lprimero de ellos es la etnograftafi.ccionalizada: la transformación relato de.ficción de lo que se ha observado i.,,eP de lo que t"Ui.,r fa podido observarse. Lo encontramos, por ejemplo, .., relatos 1 .de viaje escritos cuando los recuerdo, se han decantado, cuando ya imponen su ley las.orrr.r.io.r.s.rr_

bién, una serie de géneros discursivos que suponen una profundi_

diversidad de las sociedades humanas ha venido suscitando, tam-

-o t, ;;r;;;"1';il;;;;,

rrativas del género. En América Lafina, la narcativa,,indigenista,, o 'fnBgrista", descripción ficcionalizada de lavida de las coÁnidades indígenas o negras, deriva ---€n un principio- de una actitud escritural de este tipo. Un segundo généro diicursivo, basado en

Malinowski (cBN, -tal como la practicaba, -entre """iá-"llaw,,maneras 1:92?)* implica también la etnografá A;, de hablar,, de Ia
sociedad. enfocada

dada,,. Si la etnografta esfá al alcance de cualquier observador ,,.rrro, i" ción del discurso del otro exige, cuando ""iáse trata de una sociedad alóglota, una gran famiriafidalc"" .l ,di;;; en cuesrión o la intervención de un intérprete. Desde luego, una etnografía exhaustiva

tado del lenguajey del áiscurso

el mante" le hace al entrevistador_y la etbnograpby of speaking (orN, sherzeq 1990): la "descripción, en términos'curturares, del uso pau-

sis_ "orrirt.'* tal como se ofrece temáticamente la vida corectiva "ajena" a su vista o a sus sentidos en general, La segunda se cenra en la transcripción del dtscurco del otro. Su_variante"má, ;;;, __decimonónica* es elfolhlore: la recopilación de la ,,literrturr'orrl,,de una comunidad. Entre sus variantes más modernrr, pod.*ts distinguir entre el er_ notestimonio transcripción de üs declaraciones que ,,infor-

el nombre de etnografta--

Colocado ante o en medio de una sociedad ,,otra,,, predominante_ oral y siempre, de alguna maneta, una socieda d,,coloniza_ T:."t" da", un escritor o antropólojo deseoso áÉ su experiencia en escrirura puede elegir, en- un principio, "o.rrr.rti, entre dos práciicas dis_ tintas aunque interrelacionadas. i, p.irn.., _que

la

sis_

,",.ono."-br;o

¿"rcribir más o menos

-la

(...).n rrra so.i.dad

-,,visual,,y/o nentemente descriptiva (y supuestamente ,,obietivrf,
t2641

Si Ia etnografía

*discurs

iva,,_es una práctica emi_
áf

irrrc.ár-ü

,, Cabe señalar que, a menudo, la configuración heterogénea de los textos concretos impide adscribirros a"un, ,ora a. ur"prá.ti.n, que acabamos de evocá r. Así, Tristes ,ropiqur, (ceN, t9;5) U áAru más prestigiosa de Claude Lévi_Strauss, se puede leer como gv r ¡ vrrssuu, ue yuvuw rssl LUIII(J un reull Ic:rr 1., I táto (más o menos ficcionalizado) de un viaje etnográfico o como texto científico (antropológico). Ciertos textos indigáistas, por otro recurren por trechos a procedirnientos de índole "etnofiócional,,, ,. ,yd,o, I Lola casanoua (1947), por ejemplo, novela de Francisco Rojas Gon_ "zález (ttqs, 1.984) que relata la ágonia de los indios seri dá Sonora CIvféxico), busca crear una especie de perspectiva ,,indlgena,, en los la vida áe lai victimas dül etnocidio. lfpÍrulos dedicados u Nos parece importante,"uo"^i de ello, distinguir estas prácticas: a pesar ca_ ' oauna, en etecto, materializa una actitud escritural especrfica frente al otro. No conviene confundir la ficción que tematiza, ,,desde fuetal',las sociedades exóticas, y la que crealá ilusión de que éstas nos están hablando directamente. En rigor, el discurso etnóficcionar se

266

MARTIN'LIENHARD

i'.

HrI.IOFICCIÓN

267

nutre de la tensión entre las características "occidentales,' del texto literario (escritura, idioma, forma global, ribro-rnercancía) y un discurso naffativo que aparenta ser ,,nativo,,, uofalu y, a menudo, r,mítico,,. Al construir un discurso etnoficcional, el autor.se coloca la máscara del otro: empresa no sólo difícil, sino tambié¡, a todas luces, discu_ tible' Dedicaremos las páginas que siguen a una serie de textos en los cuales la recreación del discurso del otro'constituye la estrategia literaria exclusiva o principal. La historia de la literatura muestra que la etnoficción latinoarnericana se inspira en una etnoficción europea preexistente (aunque no reconocida como tal), pero que tiende a darle,r€n, un .orrtarto político-cultural radicalmente distintot una proyección nueva. para desarrollar esta hipótesis, intentaremos desciibir, en un primer paso, los rasgos fundamentales de ra etnoficción eurqpea,.hasta arrü ignorada como discurso literario específico,
Eunope: ru oTRo CoMo PRETEXTo

cernos. Grande es vuestra gloria, ¡oh romanos!, por las viCtOfiaS que vosotros habéis habido, por los triunfos que deinuchos reinOs habéls ,ri,.1,. ,. triunfado; pero mayor será vuestra infamia en los siglos avenldcros r,ri por las crueldades que habéis hecho, porque os hago saber, si no lo sabéis, que al tiempo que los truhanes van delante los carros triunfaii.: . les diciendo: " iviva,vivala invencible Roma!", por otras partes los ,, ' pobres cautivos van en sus corazones diciendo a los dioses: ,,¡Justir: cia, justicia!' (cnN, Guevara , 1966). ,i

rl|ti

,

Observamos, en este discurso, una perspectiva y una dicción i;'üétnica" del todó artificial. A Guevara, sin duda, no le quitaban el l $eRo la cosmovisión real de las tribus teutónicas rii unos acontecii:'fiientos históricos viejos en 1500 años. El discuiso del otro no pasa,
.'aquí, de un artificio literario que permite, gracias a la perspáctiva ¡',éIégida, artojar üna luz "inédita" sobre determinados mecanismos i,!¡r:líücos europeos. La condena del imperialismo romano pór un re¡ plesentante de los "vencidos" germánicos oculta, sin duda, el cuestiorlnámiento indirecto de una empresa expansionista más cercana en bl tiempo: la de Cados V. La referencia a los dioses que no defen---a-_,i.i" i,,,dieron a los suyos en un momento de arnenaza extrerria recuerda la I ,l manera como los autóctonos de América explicaron, en diversos

ii',

Antonio de Gueuara
En rigoq todas las crónicas de la conquista, desde el Diariode Colón,_contienen pasajes donde los autóres ,,reinventan,,, más o me_ nos libremente, el discurso de los nativos que acaban de conocer. En estas narraciones, sin embargo, lo l,etnoficcional,, no suele incidir profundamente en las estructuras textuales, uno de los comienzos de un discurso etnoficcional más deliberado se halla en el neloi de ptíncipes del franciscano español Antonio de Guevara (r529)t se trata del famoso discurso del .,villano del Danubio,,, prorrrr,.iádo ante- el Senado imperial romano por un ,"pr.r"rrt rrte avtoriza_ do de las tribus germánicas:,
Los tristes hados ro permitiendo, y nuestros sañudos dioses nos desamparando, fué tal nuestra desdicha, y mostróse a vosotros t^nt^uir^-

lugares, su derrota ante los españoles.1 En este relafo dramático, el otro es un mero recurso parahablar de lo "propie". La máscara 'tt.roficcio.rulli permite manifestar .on "prop io". "etnoficcional" ,.rurrif"rar, con caufela una verdad ^a"rurii cuya expresión directa podría resultar peligro(aunque otros intelectuales contemporáneos, como el padre de , {sa , Las Casas, no dudaban en formulada sin colocarse máscara algu¡a). Con su escasa o nula fundamentación etnográfica, este texto ,jlustra bien el artificio literario que constituye, en un principio, el ,tfliscurso etnoficcional.
,

lli'

Lahontan
ble ventura, que los soberbios capitanes de Roma tomaron p;;fu.; za a nuestra tierra de Germania; y no sin causa digo que a la sazón estaban de nosotros nuesros dioses sañudo§, porque si nosotros tuviésemos a los dioses aplacados, excusado era pensar vosotfos ven-

.

fi
J:

Varios textos del siglo de las luces francés confirman la instrumen,pfización política de la perspectiva etnoficcional, ala vezque demuesI r '

, tr

I En tanto franciscano,

Antonio de Guevara puede haber tenido acceso a los es-

'critos de sus correligionarios "mexicanos".

268

MARTIN LIENHARD

ii i.E[,¡{or¡ccrÓN
lil¡+

269

Q7A3,

t-gl !u cofistanre'perfeccionamiento. En los primeros añosrdel siglo VA»; el barón Louis-Armand de Lahántan, excelent..oño-

t
,l,
ri

La crítica de la sociedad europea a par.tir de una perspectiva iné-

cedor de las sociedades indígenas de euebec, publica dos conver-de saciones entre él mismo y Adario, calificado sauuage de bon sens o squylSe dtsyingué. El lenguaie y la retórica de Adaio, ,,salva_ je" que habla un francés refinadísimo, son un primer indicio de la índole imaginaria de estas conversaciortes. con- argumentos que se volverán clásicos entre los precursores firosóficos áe h Revoüción Francesa, el indio hurón fustiga el sistema absolutista francés, sus lgVes I su religión. A sus ojos, la instirución del dinero y b Áania de querer distinguir entre lo rnío y lo tuyo son las causai principales de la injusticia social y de la incapa cidad para gozar de la vida._casi diabólica, la escritura aparece como uno aátos pilares de la desigualdad que provoca el orden social europeo; argu;ento que desarrollaún luego Rousseau y Lévi-straurr, y qul re,chlzaráDerriáa,
Hal maudite Ecriture! pernicieuse invention des Européans, qui tremblent á la veüe des propres chiméres qu,ils se..prer..rl.ru ";-;il;, par l'arrangement de vingt & trois petites figures, plus propres á trou_ bler le repos des hommes qu,á l,entretenir, (frfrá.rra.r, tilt, Zzl).

idita, y la presentación de las sociedades "exóticas" como modelos i',p, rrtopías para los pr,oyectos de transf.ormación social en Europa,
p4recen como dos de los principales rasgos constitutivos de la et¡r,g¿o.ficción clásica.

i!ibid.erot
ri|i
.

iU.rms setenta años rnás tarde, Diderot (crN, L956), en su Suppté,,llnent au uoyage de Bougainuille (1772-1779), adopta rn pr*éai miento etnoficcional análogo al formular lo que se le había olvidardo apuntar al capitán-ÍiIósofo Bougainville en su relato de víaie a . Tahití: la impresión que había dejado el comportamiento de los via, ieros franceses en la asombrada conciencia de los autíctonos tnao]liM;'A través de sus personajes, Diderot desarrolla las potencialidai' d.ee utópicas de la etnoficción, anticipando los grandes temas de li,,ur.t anarquismo que se irá constituyendo poco a poco, desde fines i,del siglo xwlI, en Europa. Frente a los franceses, Aotourou y Orou, ¡lrüosri'salvajes" de Diderot, defienden sin tapujos una sociedad sin iri',Hstado, la libertad sexual, el derecho ala pereza; ellos niegan la va-

dad privada y, sobre todo, capaz de gozar la vida; el modeio iro_ puesto no es otro el texto- que el de la sociedad de los -seglin hurones canadienses. En estos diálogás, Lahontan transforma su experiencia directa de lás sociedrau, ñiafg.";;;;;;;; un discurso ficcional filosófico,, .l lenguaje de la época_ -" "r, claramente tendencioso, análogo al que p..r"r,trrá pocos a¡ts des_ pués, con recursos semejantes aunque sin experientia de ,,campo,,, Montesquieu en sus Lettrespersanes (L721).

una sociedad igualita'ja, democráüca, federalista, sin dinero ni propie_

Nótese que el interlocutor imaginario del barón francés no se limita a condenar el sistema europeo, sino que esboza la utopía de

lidez del progreso material y consideran la propiedad como robo:

,rl

reconocemos aquí lns tópicos que desarrollarán Proudhon, Laffargue l,l¡',otros utopistas socialistas o anarquistas del siglo >o<. ,l'rii A través de su Suplemento, Diderot evidencia también una gran )l'r tascinación y simpatía por una sociedad "salvaje" que él --contraria,fnente a lo que le sucedió alahontancon Ia de los indios canadiene,iiɧs- no conoció sino a través de informes de viajeros. Pretexto y rso literario en las obras de sus predecesores, los "salvajes" fic'§iqios comienzafl, en el texto de Diderot, a transformarse en suJetos, EI autor les ofrece, en efecto, la oportunidad de defender el dereÉho de conservar su propia cultura, y de negades a los europeos el

'"¡Ah! ¡Maldita escritum! perniciosa invención de los europeos que tiemblan a la vlsta de sus propias quimeras, que ellos mismos se repÍesentan poi la combinación d.e veintltrés figuras rpequeñas, más aptas a disturbar el sueño dilos hombres que a alimentarlo."

ide colonizados. Identificamos aqul un tercer rasgo, ahota plenarnente constituido, del discurso etnoficcional: una cltica del colo,nialismo por su tendencia a destruir unas sociedades y cultuf,as no L,$ólo dignas de sobrevivir, sino también dueñas de una,,sabiduría
,lque los europeos no deberían ignorar.

270

MARTIN UENIIARD

i trxonccróN

27^t

Segalen
En fa novela Les immémoriaux (1g07) de Victor Segalen (cnN, 19g2¡, los rasgos crítico-filosóficos de la etnoficción clásica se juntan con una voluntad científica y estética más moderna. Apoyándose en los conocimientos de Ia antropología de su época y anticipándose a veces a ella, Segalen, convertido al exotismo _.para él el reconocimiento de la diferencia- en Tahití, intenta una especie cle traducción verbál de los'cuadros del pintor famoso que Io precedió en esa isla del Pacífico: Paul Gauguin. siempre presentes, los tópicos etnoficcionales ya mencionados de una sociedad sin Es-defensa tado, sin escritura, sin propiedad prívada, pero con plena libertad sexual- se profundizan a parfir de la experiencia social y la innovadora voluntad estética del autor. La novela se presenta como un discurso moldeado exclusivamente en formas de pensamiento y de discurso autóctono. El discurso narrativo se construye a partir de una perspectiva cercana aIa del protagonista Téni, baérepo (,,depositario de la tradición oral") del pueblo maori, Lejos de ser casual, el hecho de que el protagonista sea uno de los guardianes de la tradición naffafiva de su comunidad da pie a una constante reflexión sobre la naturaleza de la ,'oraLidad,, nativa. La -ficcionalizadasintaxis del discurso narrativo busca imitar francés- las for_

,:por la cultura europea, el texto mostrará el comportamiento'de los maori rebeldes como casi ininteligible. El protagonistay "portavoz" lndirecto del texto se transforma a conlracorriente de los demás actores nativos. Por eso mismo, el discurso novelesco ofrece una imáilgén sumamente plástica -=dialéctica- de la transformación, en este ',caso la aculturación, de la sociedad isleña bajo la influencia de ¡ tros colonizadores. Los comportamientos nativos evocados van de la L, §urnisión más o menos interesada a la dominación europea, al rechai Ao individual o colectivo de la cultura impuesta, pasando por varias

''[ctitudes más ambiguas: aceptación superficial de las nuevas nor' mas, resistencia pasiva, sincretismos conciliatorios o subversivos. Este vasto y dinámico cuadro de las actitudes indígenas frente al 1 eolonialismo anticipa en buena cuenta la sistematización de los me: Canismos "aculturativor" qre dieron, varias décaclas después, los , antropólogos norteamericanos Redfield (crx, 1936), Linton y Herskovits. Superando, gracias a Ia profund izaci1nantropológic 1^ gro^, , sera manipulación política del discurso del otro, Les lmmémorlaux : -:*esfuerzo en cierto sentido aná7ogo al de Gauguin- ofrece el pril' rner eiemplo de un discurso e(noficcional relativamente convincen. le para un lector europeo moderno: un discurso que aboga a favor r cle los "vencidos" con recursos formales extraídos dela cult¡ira otra.

peo. En esta novela, por lo menos al comienzo de la historia, lo maori resulta "normal", mientras que lo europeo, como en Diderot, se tiñe de "exotismo". Al seguir los desplazamientos y Ia evolución contradictoria del protagonista, la voz nanati|a evita los escollos del maniqueísmo literario. Si 1o europeo aparece, en un primer tiempo, como lo radicalmente exótico, en un segundo tiempo, la propia sociedad maori vías de europeización- será la que resulta otra. alos ojos de-en (y del lector): ausente durante,rr.io, Térii

mas aglutinativas del idioma maorl; los conceptos nativos aparecen, a menudo, sin su traducción. El lector se ve obligado a pene_ trar en el pensamiento rnaori tal como lo reconstruyó, con base en un arsenal bastante novedoso de recursos literarios, el autor euro-

-en

A¡,lÉruce LerrNe: LA MAIA coNCrENcrA
.i

DE tOS INTELECTUALES COLONIZADOS

Ooncebida en un principio para proponer una mirada nueva, insól'lita, sobre las realidades y los sueños europeos, la etnoficción euroi pea empieza apenas a descubrir al otro en tanto suleto cuando éste

i Spp.,-*ás_o
,

años, el protagonista, en efecto, ha logrado mantenerse relativamente insensible a los cantos de sirena europeos. Mástarde, sin embargo, cuando el propio protagonista ror.iesco se habrá dejado ganar

menos ruidosamente, en_el escenario internaclonal. El llamado "despertar de los pueblos colonizados", expresión algo ,r condescendiente para calificar la resistencia cadavez más consciente y mejor organizada de los pueblos del "tercer mundo" contra el . colonialismo moderno, podría haber desenmascarado el artificio :del discurso etnoficcional europeo y contribuido a volvedo obsole, to: el otro, efl efecto, ya no duda en tomar la palabn y en difundida

272

MARTIN LIENTIARD

273

por todos los. medios a su alcance. El éxito actual de un libro como Papalagui (cnN, t981), reedición de los supuestos "¿ir.u.ror-¿. Touiavii; jefe de las tribus de Tiaréa en los Mares del Sur,,, que pu_
blico. La etnoficción latinoamericana se muestra tributaria, grandes a rasgos, de tres prácticas discursivas renovadoras de origen árrop"o o norteamericano: la efnografta o antropología moderni,la apropia_ ción de formas artísticas "primitivas" por los movimientos de vanguardia y la exploración de los vericletos de ra conciencia y áer subconsciente (Freud, Joyce, Faulkner). Todas estas prácticas'tien_ den a acercarse al discurso del otro, sea éste un otro ,,exótico,, o er otro que se oculta en el subconsciente de cada uno. Análogo al europeo en sus procedimientos formales y nutrido de la mismá tra_ dición, el discurso etnoficcional, en,Améric a Latina,viene a ubicar_ se en un contexto histórico-cultural bien diferente. Es ciefto que para un intelectual latinoamericano, miembro de hecho y de derecho de los sectores hegemónicos europeizados, las subáciedades étnicas o populares del subcontinente resultan, comq las socieda_ des "exóticas" para los escritores europeos, curturalmente distantes. En América LalirLa, sin embargo, h rálación con el otro, habitanfe del mismo país y miembro (marginado) de la misma ,o.i.drd .ru_ cional, se presta mal ala mera especulación filosófica. frl"y ta e inevitable, la relación con las comunidades de "á"o" indios y d.r.".r_ dientes de africanos determina aquí, en mayor o menor irado, el porvenir de ambos y, en rigor, de toda la sociedad. ¡stas=circuns_ tancias otorgan a Ia escritura etnoficcional latinoame ricana un sta_ tus radicalmente distinto al que solía o suele tener en Europa. Fuera de algunos antecedentes lejanos, como el teatro ¡esuita en tupí del siglo xa (cf. cap. II), la etnoficción latinoamericana ha venido despegando sólo en las últimas décadas. Frente al otro,, las prácticas escriturales predominantes solían ser la etnogra fía, Iá eo nografra ficcionalizada (,,indigenis mo,,,,,,narrativa de la negritud,,), la recopilación del discurso áer otro y ra anffopología científica. Desde hace algún tiempo, la etnoficción viene -a a{regarse a las prácticas mencionadas. Ella surge, ante todo, pata evocar la manera

pa el "buen salvaje" todavía sigue gozando de los-faváres del pú-

blicó Erich Scheurmann en-J,920,sugiere, sin embargo,

qr..., nr-_

pensar de los grupos étnicos amenazados, en vías de extinción ia disueltos o destruidos. Aparentemente, los escritores dudan en ; literariamente, el discurso de las poblaciones indígenas o nas de "importancia nacional". En este sentido, resulta signiva la ausencia de experimentos etnoficcionales en los Andes üentrales. Mayoría en Bolivia y minoría relativa en Perú y en Ecuaidór, la población indígena andina (aymara y/o quechua) no sólo ¡pu,éde aspkar todavía a un papel relevante en la definición del fuittlro de los respectivos estados nacionales, sino que ya díspone de :,tanales para difundiq sin "a¡rda" externa, sus planteamientos.
ri', fl{á.r¡o de Andrade

de maneÍa muy amplia, la escritura etnográfica abar¿or vertientes principales: la etnografia clocumental y la ficción ';,,ca eühográfica. De hecho, no resulta siempre fácil deslindar estas dos ¡ prácticas ni definir de una vez por todas las metas especlficas que il O¿aa una de ellas permite alcarvar. A veces, la ficción etnográfica
Si la definimos

i

asume con gran seriedad la tarea de suplir la inexistencia o el retra§o de la etnografía documental. Grandes representantes de la ficción etnográfica, Alejo Carpentier, en ¡Ecue-Yamba-O (¿rn, 797911933D, ri,ryr,torge Amado, enJubiabá (enn, s/d t1935D, ofrecen una informa-

i

,,

,,rqión etnográfica que no se encontraba, en aquel entonces, en la

li-

A^ -^ ^ C^ll-l^-a^+t^^ los ^^:^^^ respectivos. tefatura antropológica o folklorística de 1^^ países -^^^^^+2-.^^ : Otra modalidad más de la escritura etnográfica es la narraliva ¡ personal del etnógrafo sobre su experiencia de campo. Una obra . go excéntrica de Mário de Andrade, O turista aprendiz(tn, Andral de, 1983), se inscribe aparentemente en este género. Para situar mír' riimamente a este autor, cabe recordar que é1 formaba parte del 'i, fircuimento antropófagq corriente vanguardista que tomó su imil "pulso dela Sem.ana de arte moderno de'J"922 (Sáo Paulo), Metáfora i; parnavalesca inspirada en la historía indlgena regional, antrapo:l se refería cómicamente a la manera como los modernistas I "fe.Sia brasileños pretendían procesar los textos y otros estlrnulos Procei d..rtes del exterior europeo y norteamericano: devorándolos para f] transformarlos en algo propio, tal como lo hicieron los tupís -se' gun Io afirman los cronistas portugueses- con los colonizadores

274
MARTIN LIEN¡IARD

EiN.¡oFIccIÓN

europeos. Redactado a lo largo de los dos viajes etnográficos a la Amazonla y al Nordeste que-su re^tizA en los í¡i"-lórZ 1928-1.929, o turista apren-dizes ^r,tor una obr^ ul;;;;;;;;;;yíár,"_ V tlor a la famosa nc¡vela Mac-unaíma(.i, ¿rr¿ru¿e, lggg t192gl). Los apuntes del primer viaje de 1927 son árrt"rior.r';'l;;;bli;;;,";;; de esta la novela, aunque algunos de ellos fueron retocados por el autor entre esa fecha y 1943. El diario de la exped;í"ái1gzg_ 1930 se fue publicando- por frug*..rá, J' h p..n* diaria a lo lar_ go del viaje.i organizadás.rr.ri,,...r"i.i, cronológica, los apun_ tes parecen evocar
via

jeamazónr"o.u.,it!ii'"?T."&'J,Ti¿."*xx"Jffi1,Tt:"r;;)

configuran el esbozo.de una monogriit; "D"_lr¿i_s.f (supuesto) grupo narivo, los indios tos, Andrade alude a su propósito:

"r"iiiriJ^;;lá]I;"" lr" ;i;ffiffi ;

"_

,?*.#üor._ ragóes científicas, e etnografia e ámbém sociar. seria a tribo dos índios Do-Mi-sor' será talvez mais.i.o-a. invengóes humorísticas, dizer que eles, em vez de falarem ."* o, p., .;.;#;#; r" que ul, no perlodo préhistórico da separagáá do som, a", ¡á* r.rUa com palavras compreenslveis e som musicrf murtiiuiJo;;;; tido intelectual, fizeram " "orrrrariá,-¿.r"m senrido intelectual aos sons musicais e valor meramente estético<s> aos sons articuladas """" 4 uuui a (ras e patav ras (Andrade, t 9B3 : 1,27 ; *u*fráá1r.r;;;.
Andrade inventa a los indioslo_Mi_Sol para construir una paro. dia despiadada de la mo.nografía etnográfka convencional. Según

Eu creio que com o-s tais Írdios que encontrei e que tém morar distinta da nossa, posso fazer umu *"""gr"fiu n"*"rlrii.r,

neasta Luis Buñuel (cpN, 1972) en

humanas por el hecho de considerar la-boca,y i;;;;g;;;#;i::; ,::? tabú del cuerpo. Si no les irnpo*, hacer "; sus necesidades ^" en público, se ocultan la caray ,. .r"orrali para hablaro estomu_ dar. Reconocemos en esta descripciO" fr"Áorfrtica un procedimiento surrealista de inversió¡ d-.^1": valores

su relato, estos indios se distinguen de Jtrascolectividades

le cbárme discret de la bourgeoi-

;;"-.*pi.á,^

ffi ü

;il;_

,rrj§l

ton,unto

se

publicó en 7976, casiteintaaños después de la muene de Andrade

sle. Este afán de relativizar los valores occidentales a partir de \a I presentación de valores otros, eteste caso de cómicos-además puramente imaginarios, es un rasgo que vincula O turista aprendiz t con la etnoficción de tradición europea. ', La rapsodia "antropofágica" Macunaíma puede considerarse como la primera novela propiamente etnoficcional en América Latina. El texto parece "hablarnos" a partir de una perspectiva indígena, consffuida con base en la mitología de los arekuná y los taulipang; no §e trata de una mitología viva, sino de otra, muerta y petrificada, que el autor rescató en los libros. El más fundamental de los texparodiados- por Andrade pertenecía ya, en tos reelaborados -o el, rnomento de la escritura de la novela, a la cultura gráfica: Vom Roroima zurn Orinoko de Koch-Grünberg (L924), informe de una expedición etnográfica y recopilación de mitos clásico de la -un etnografía brasileña (Ventura, 7987:175-1.80), Respecto al discurso indígena, Andrade no practica, en efecto, ese tipo de "nueva intertextualidad" donde, como sucede en Arguedas, Roa Bastos o Rulfo, la palabra oral yiva constituye el "texto original" que se trata de trasladar a Ia página escrita o impresa. Los indios, además, no constituyen el centro de interés del libro: Macunaíma, el héroe ebrio de como lo dice el subtítuIo, "sin carácter"- representa meamor nos a-y, minoría indígena que a los brasileños modernos. De una hecho, los signos cultuiales que Andrade introduce en su texto remiten, más allá de los que extrae de Koch-Gninberg y otros trabajos etnológicos, a los más variados sectores socioculturales -especialmente a los de ascendencia africana- de Brasil. El juego irrespetuoso con las formas indigenas (los "contenidos" mitológicos se desvanecieron en las sucesivas operaciones escriturales), remite, rnás que a la antropologia, al "primitivismo" vanguardista. Hay, sin embargo, un "mensaje antropológico" en la síntesis cultural "nacional" que el protagonista va rcalízando y que anuncia también, aunque sin sus deslizamientos ideológicos, el trabajo clásico a propósito del "mestízaje cultural" brasileñor Casa grande e senzala de G. Freyre (crN, 1978 t193il). La índole manifiestamente hldica y paródica clel texto no lo aleja sólo de las teorizaciones serias de Freyre, sino también de la etnoficción clásica, aunque mantenga con ésta cier'tos vínculos: ante todo la construcción, con recursos "primitivistas",

276

MARTIN ITENIIARI)

de una u't'opía. Nétese que Andrade, años después, denunció autocrltlcarüente, el car ácter- " ar istocratiz:a",Lli a.r qu ehacer cultural de toda':3ü,ÉÉneración Grr; Mota, I97B : 105-109). En Macunaíma, el pfopio "primitivismo,' revela, a su modo, la distancia ;á;;" tre el intelecrual y los sectores marginaáos reales. o;

Darcy Ribeiro

ioyceaná hijos dél.tilises,). :^a, uuriuaáy . ;*n"1i*entación cán los recursos Uiárurios U atmósfera jocosa que nace a raíz de la actirud hedonista de ros'in-

sioneros tradicionales (católicos) tropólogos y, finalment", ,"pr.r.rrtuntes de la sociedad capitalina y del vaticano' Muy sofisticadá encuanto a sus recursos narrativos, ra novela multiplica, tanto en el interior de la comunidad ,,central,, co_ mo en el espacio exterior, las perspectivas nanaúvur. fu ,tá.r^*-pf, sin embargo, constituye siempre Ll fo.o central desde el cual se perciben los demás espacios. La perspecriva ild;; ("1 propiamente "etnoficciánal,, de la^novela) se apoyaen un ^il.r" amplio conocimienro y teórico__ de los g*pá, inaig"rrr;ir;_ -práctico sileños, su pensamiento y sus estruct,rr* dJpur.rr"r.o] óo*o'.1 p:9pi? Ribeiro lo admitió alguna vez en una enrrevista. ss rearización literaria, sin embargo, hubiera sido imposibl.;:;;;;ir.i dad con la novelística (,,r";;, iüos

mayor de los procesos de ,,aculturación,,. En este ,*"üá; sucesivamente otros grupos indígenas amazónicos, ción cabocla (mestiza), comerciantes, funcionarios

vuelve claramente a ras especulaciones filosóficas de ra Irustración. La narcac.ión, gryo marco aparente es la investigaciónde la muerte misteriosa de un entomólogo suizo, pone €n escena el conflicto entre una sociedad indígena aldeana *construida esencialmente con base en un gran número de datos extraídos de la observación y. tos demás secrores, más o ttry-r dos, de la sociedad brasileña El espacio novelesco ,. orgurir, círculos concéntricos alrededor de ra comunidad "r, indígen a. cadauno de estos círculos corresponde a determinado tipo d"e grupo ,;i" cultural; la distancia creciente der centro traducá .t .ráo'.rJ, *,

Maíra, novela del antropólogo brasileño Darcy Ribeiro (ñT,

1976),

*

*1".

;";, ;;;"p;,

;;;;;_;, .,J ;;l;;;;;_ ;áÉ;i;;;i_ y l,modernor,, Cpror"Srrrr[;, ;;

sucede en Mqcunaínovelescos, otorga a este texto -como un aspecto claramente lúdico y carnavalesco,Laaldea tupí re,un espacio de libetad y de alegúa, un paraíso *amenazado los buldóceres reales y metafóricos de la sociedad occidental. en Diderot, Segalen y Andrade, el ejercicio libre de la sexua. constituye un elemento clave para una utopía social que se lidad como alternafiva ala realidad represiva de Ia sociedad judeocristiana y capitalista. Acorcalada por la expansión capitalista na, cional e internacional, la imaginaria aldea tupí simboliza no'3ólo el ,ftstino de los grupos indígenas brasileños, sino también, de alguna .únaneÍa, el de una nación dE)endiente, para servirnos de un térmi ilio caractérístico de esa época. Irremediablemente "otros", iix,,rr Tanto a través de su configuracíónnarraliva como por medio del ',$jscurso ideológico que le subyace, la novela asume la defensa de ii'la otredad amenazada. El discurso etnoficcional busca apropiarse , fu la "visión de los vencidos", de los que s9t demasiado débiles pa,,f@ defenderse frente a los sectores hegemónicos, para exigir -indi,i;fieStarnente* el reconocimiento del carácter pluricultural de la sof ipiedad brasileña. Una "visión de los vencidos" reinventada por el ri'; escritor y análoga al "pensarniento salvaje" reconstruido por los ani ,tropólogos: sin garantía de autenticidad. U¡a hipotética idenüficall,'sión total del antropólogo-escritor con el discurso del otro signifi' gnría, en efecto, su salida del circuito dela palabra impresa. Nicasio Tangol y Patricio Manns (Chile)

i

Si

Maíra expresaba, aunque sea lúdicamente, la preocupación de

intelecrual hegemónico acerca de la amenaza muy tangible que pesa sobre los últimos grupos indígenas de Brasil, dos textos chilecomo una tragedia ya irremediable, el etnocidio cometir,ri nos evocan, lridp contra sendos grupos autóctonos, Son textos que complernen', Í?n, a su manera, la estremecedora crónica fotográfica del qtnpcidio
Ern

¡ ,

lie¡ el sur chileno

que presentan los libros Tletra de bumq (vttt,

1996) y En los confines de Trengtreng y Katkat (1998),

:,;.,'

!

,, Lqtendas de Karukinká, obra póstuma del anropólogo chileno §icasio Tangol (p¿u, 1982), recrea la mitología de ld-s ona,l gr po étnico cuyos últimos miembros murieron en los años setenta. El

278
MARTIN IIENHARD

B|,INOrIccIÓN

sangrientos es oriSjnll como significafiva. U., .rr.o¿* anónimo provisro de grabadora, sin duda un doble literariáét u,rroa ftrnciona como catalizador de una conversación , f" irrg" a.;:;;iil;;;;t: solitarlos sobrevivienres de ra .ruru.r. ffiJl uamarcahuelro y Áni-

evoca Ia histórica *rru.rá ¿. l"l región por las fuerzas conjunras det ejérciro y de los iatifundistas-e%Z).;f"r;;J"_* por el escritor para exffaer del olvido estos he.hos

etnoficcional: denuncia de Ia violenc¡a occidentr, , üril"."" de utoqía cuya medita"ió" p;;;; 1na i.,rra, conrhbuir a salvar una humanidad encamin ada a laá"rt*..-iá., d. ;;;ü;; ;*.il. EI último texto , esrecha relaciónque focaliza "".r,r, ái.rrción permiti rá precisar la que existe entre la etnoficción ratinoamericana y la amenaza o la reilidad del or".r¿i".'r, Actas del aln A¡o_Á)o, el poeta, cantante v ensayista .til""" put¡.ro Mrr.r, (19g5)

,rr*irro. Solidaria con la materia ru4rtica, p.io ,i _ir*o tiempo plenamenre moderna por el uso.a. r., tergrirl"-p;;." conremporáneo, la na_ rraci.ón permite y obliga ar lecár á sumergirse, sin guardar sus distancias, en el universo indígena recreado.-El t"*to,!*[ de abogar a favor de los oio a"" p^i.cáor, "";;._ i*prime al paisaje de Tie,a del Fuego Ia imborrabl" pr.r..r"i, á" io, áior"r;::;;;.", ona, los que le dieron form1, nombre y sentido. Las historias divi_ nas que se van contando a lo humano, en las epop.Vá, froméricas, subrayan los posibles ,ponur'pJr*mos "o_o de la cultura y la co.smSvisión indígena a la de,los opresáres y sus descendientes: el anhelo de libertad, la necesidad a.iu.oop..rción entre to-Url, y mujeres, la be'eza de la seduccion erotiá no contamin ada por ra culpabilidad y el comercio. Los parcos comenhrios que aluden, en el apéndice, a la trágica historiá ,*i""á¿. rc" ,nl,-p.rÁiiá l9ct9r, retrospectivamente,_medir ^t la magnitud del crimen de la so_ ciedad occidental. Kaythinká,expresiOn'Imás claramente queMaí_ ra.- de la mala conciencia d" ,, ,""to, de los .opr"roi"rl, ;;:;"_ lna a'í los rasgos que se t r, ,..rl-l"ao Jonstirutivos del discurso

clón mitográfica se distingue de lrs "rr, ^r.r_ t rái"iorrales reelaboraciones de rnitos y leyendas indígenas por la originaliád de ,, .rfoq.r"

dlacuruo rndlgena trasradado a la escrihrra representa aquíra voz de que ya no pueden tomar la palabrapor haber sido sistemáticamen_ te e$erminados desde.el sigló >or. Especie de epitafio,
loC

'tnaLuz Boroa) evoca los antecedentes, el desarrollo y el desenlace de los sucesos trágicos. Las siete partes o ,,memoriales,, del libro cofresponden al encuentro inicial del yo visitante con los dos mapuches viejos y a las seis fases de un día de 24 horas, que coinciáen ,con seis momentos de intensa conversaciófl acetca de seis etapas ; de tra lucha evocada. La narración restablece así ficticiamente ra ior.rna,ritual que toma la transmisión de la memoria histórica oral, pero indica al mismo tiempo las circunstancias extraordinarias de esta i: transmisión: la presencia de un forastero con su grabadora, condii ción paru la aparición de un texto escrito. El lector no debe consertarla ilusión de poder leer sin intermediarios un discurso indígena. ' En Actas del alto Bio-Bio volvemos a encontrar los.tópicos de la etnoficción: crítica de la sociedad occidental, construcción de una : utopía social que coincide con la vida real de la sociedad indlgena. El libro de Manns, sin embargo, es el primer texto etnoficcional i que se ofrece como tal, sin disimular las condiciones de su producción. La etnoficción aparece como una traición de la palabra viva; traición que sólo la solidaridad con el otro oprimido puede compensar. En este texto la etnoficción empieza a liberarse.de su , ambigüedad congénita.

:

CoNCLUSIóN

-rp"ffiá#,

]an una

En las tres últimas obras del alto Bio-Bio, Karukinká, Maí-Actas i f*,-, la etnoficción rescata o recrea el discurso indígena con un j; doble propósito: servir en lamedida de lo posible la causa de los grupos étnicos amenazados, y proponer a un presumible lector no indígena, a través de la puesta en escena de las sociedades indígei nzs, €1 ejemplo de unas sociedades cuyas relaciones internas y con , el cosmos naf.:ral no llevan, como quizás suceda con las occidenta, lés, a su autodesrrucción, Si quiere salir del callejón histórico, el mundo occidental decir estos textos- no puede ignorar -parecen el mensaje indígena. [i, il No es casual que estos tres relatos hayan surgido en el contexto de las dictaduras militares del Cono Sur. La evoeación directa o indirecta de las amenazas que pesan sobre los grupos étnicos margi-

280

MARTIN LIEN¡IARD

en particular su anhelo de una "descolonización', en proiundidad de las sociedades criollas existentes.

persona "interpuesta"- 5g5 propias angustias, obsesiones y -por desáos,

textos etnoficciones parten de principios análogos, su autoimpli_ cación en los temas tratados es de otro orden: el destino de los jru_ pos "exótico5i'-s1¡s vecinos *de abaio,,_ no deja de condicioirar, en buena parte, su propio destino. En cierta medida, la imitación o la recreación del discurso indígena le sirven para manifestar

curso de alguna sociedad ,,exótica,, (y arcaica) apunta generalmente a la creación de una discurso alternativo, inéditó, de las rea^r.iu lidades políticas y sociales del continente. A menudo resulta, además, un instrumento fascinante para ra especulación científica sobre percepciones otras.a si bien los autoies latinoamericanos de

la opresión sufrida por el otro marginal. ' , Es aquí donde se perfila más nítidamente la función de la etno_ ficción latinoamericana, distinta de la que cumplió, en Europa, la de tradición "filosófica". En los textos euiopeos, la imitación aál ¿is-

nalcs se puede leer, especialmente en Actas del atto Bio-Bio, como una Shsién velaü a una situación represiva rnás general. Sin duda, el intqlecfual amenazadó en su propia integridad se imagina mejor

Clpfruro XI
C¡.urNos DE LA ETNoFrccIóN EN EL Án¡e urv¡, (YucetÁN, Gu.ttnnler¿, Cruere.s)

,,.,i1i,, ,r::t:'

jrlr

l

ir,Et,,

"con¡us" y sus c¿t¡ctsnfsrlces

ilHace cari 40 años, J. Sommers Q¡ns, L964), ante la pujanzade una na-

',i{tativa regional en el estado mexicano de Chiapas, señaló el fenóde una "nueva corriente literaria" cuyo interés radicaba, para ' lrürcno una nueva actitud de los intelectuales mexicanos hacia los grué1, en pps indígenas ----€n este caso mayans€&- y su cultura. El crítico norteamericano aludía a Ricardo Pozas (fuan PérezJolote, 1948), Raiir,¡ón, Rubín (El callado dol.or de los tzotziles, 194», Rosario Castellanos (Balún Canán, 7957, etc.), Eraclio Zepeda (Benzulul, 795D y M. fumbardo de Caso (La culebra tapó el río,7962).l Chiapanecos de orilr,Ben o por elección, estos escritores revolucionaban, siempre según ¡Sommers, la tradicional escritura indigenista, gracias sobre todo a su ,itrayor familiaridad con el mundo indígena, el abandono del didacItismo social y la apertura hacia una estética literaria más moderna. gi estas observaciones siguen en general válidas menos -aunque ipara Rubín y Lombardo de Caso-, Ia creciente distancia ternporal tespecto a las obras reseñadas por Sommers permite ahora,un nue' ' ' 1 cabria agtega4 a estas obras, Los bombres oerdaderos de Cado Antoflio Castro (1959), novela eminentemente "etnoficcional".
1281.1

por los clegos, los sordos y los locos.

{ Recordemos, en este contexto, la fascinación de los firósofos

-Diderot

y

otros-

282

MARTIN LIENHARD

'clM¡¡¡os DE LA ETNoFrccróN ¡N nr,fuEA MAvA

283

íias (Leyendas de Guaternata, 1))0; Hombres de maí2,1929)."astu¡as, precisamente, escribió Ia novela más ambiciosa y compleja no del "ciclo" de chiapas, sino de una sefie literaria mayot, carasterizada por la tendencia de sus autores, todos mexicanos salvo el autor de Hornbres de maí2, a incorporar significantes de origen o apafien_ cia mayanse. Resulta legítimo interrogarse acetcade la pertinencia de un criterio "étnico" para considerar una prácticaliteraia que se realiza, de hecho, en el seno de las sociedades de clases ladinas (,,mesúzás,,), regionales (México) o nacionales (México, Guatemala). Sólo el exa_ men crítico de los textos y su contextualizaciónhistórico-social permitirá decidir si el área "maya" corresponde a una realidad específica desde el punto de vista literario. eueremos aderanfar arglnos elementos que acreditan la legitimidad del criterio ,,étnico,,. iodos los narradores implicados inscriben sus textos en el campo de las tensiones entre sociedades ladinas y subsociedades mayanses. Todos coinciden, contrariamente a los demás escritores rnesoamericanos, incluidos autores indigenistas como Monteforte Toledo (Gua_ temala) o Rubín (chiapas), en la estrategia de inventar estructuras narrativas inédit¿s por la adaptación o el traslado'a la escritura de núcleos de- supuesto origen indígena. Como se verá, tal estrategia corresponde a la voluntad de superat por medio de la ficción, el antagonismo entre los sectores ladinos y las colectividades indígenas, obstáculo principal parala constitución de sociedades regioñales o: nacionales integradas. La pnmera formulación de este proyecto estético común, la más ideologizada también, se halla úrru'"rrt, de Médiz Bolio, inclui_ "., da en el prólogo a La tierya delfaisán y del uenad.o: [...] he pensado el libro efimayay lo he escrito en castellano. He hecho como un poeta indio que viviera en la acrualidad y sintiera, a su

vo examen en un contexto ampliado. Agotado en pocos años, el clclo narrativo de Chiapas, en éfecto, .rJfu" totalmente nuevo ni aislado. Los precedió y acompañó un breve ,,ciclo,, ¡rcateco (An_ tonio Médiz Bolio, La tierra d.et faisán y del uenad.á, 1.922; Ermt_ lo Abreu Gómez, Canek, 1940, y La con¡Ura d.e Xinum, 1 95g), como también la actividad literaria del guatemalteco Migueie"gáierr"-

r\arrera peculiar, todas esas cosas suyas. Los temas están sacados de la tradición, de huellas de los antiguos libros, del alma de los mismos indios, de sus danzas, de sus actuales supersticiones (restos vagos de las grandes religiones caídas) y, más que nada, de lo que yo mismo he visto, oído, sentido y podido penetrar en mi primera juventud, pasada en medio de esas cosas y de esos hombres. Todo ello me rodeó al nacer y fue impresionado, antes que por nada, por ese color, por esa melancolÍa del pasado muerto, que se hace sentir, sin sentir, en las ruinas de las ciudades y en la tristeza del hijo de las grandes tazas
desaparecidas [...J.

,

La larga cita se justifica por la acumulación de tópicos ladinos " acerca de los "hermanos" indios: "taza desaparecida", triste, supersti, iiosa, incapaz para acfualizar Ia cultura de sus antepasados, Llama r la atención, todavía, la pretensión ladina no sólo de conocer a los 'indios por haberse rozado con ellos, sino de tener el derecho de baen su nombre. Entre los escritores posteriores, dueños ya de ":blar 'run¿ "conciencia antropológica", tales deslices ideológicos, si bien bajo formas atenuadas, se seguirán manifestando: siempre, los ladi'nos se ven en el papel de guías espirituales de las sociedades regionales.

MédizBolio, por oftapaÍte, anuncia yalamayoria de los procedimientos que adoptarán los narradores ladinos paralograr un discurso, literario de aparienci a indígena: traslado de la sintaxis maya al esBañol, construcción de una perspectiva lndigena ficticia, referencia y "á,'las recopilaciones mayas coloniales, incorporación de creencias ,$rácticas rituales de los indios, recreación verbal de las antiguas for.

El ciclo nanativo del área maya es un interesante laboratorio de prácticas etnoficcionales. Dos de sus textos se convirtieron en clási,r¡os de sendas corrientes literarias: Hombres de mafz, paru el "realis,¡¡rg mágico" o "maravilloso" (cf. GEN, Chiampi, 1983), y Juan Pérez .,!Qlote, para la narración etnotestimonial, Los bambres uerdaderos,

,'

mas arquitectónicas.

'novela poco conocida, es uno de los intentos etnoficcionales más
rconsecuentes de la literatura del subcontinente, Nuestra exposición seguirá un criterio regional (Yucatán:Gu atemala-Chiapas) que coincide, grosso modo, con el orden de aparición de los textos. ,

284

MARTIN LENHARD

DE LA ETNoFIccIÓN EN EL AREA MAYA

285

YUCATAN

Méd.íz Bolio

del Ateneo de la Jl¡ventud mexicana (19Q9), círculo ""r,r¡¿aáá.., d" .;;.i;;;; y arti'tas moderados que prepararon el terren; ;ir"*l ;ilI;;;;, firismo. La tieffa delfaisán y del uenado (1922), su libro principal, se inserta en el contexto de rápida transformación sociocultrr"t qrr" surge en Yucalán a ruíz de la Revolución Mexicana. La tiema...Lstenta algunos rasgos que la vinculan a un género natativoque do_ minó casi desde la independencia, al hdó de la historTog;afia,la uida literafra del yucarán ladino: la ,,trad\ción, (Médiz BohJ en nars, Menéndez, 1951). Consistía ésta, por lo cornún, en una elaboración romántico-nostálgica de escenas de la conquista o de ravidacoloniar (MnS, El secreto...,1,980), como también en la recreación ;igr;l; dino de las tradiciones orales mayas (Menéndez, 1,951). Al contrario de los libros de tradiciones, el texio de tr¿édiz Bolio, compuesto por siete ,,libros,,, un ,,pórtico,, y un ,,contrapórtico,,, re_ vela un proyecto orgánico, La tle¡ra delfakán y del uenado_ro__ bre que los mayas, segrin la crónice áer fraáisca"" ir"a, crur, 1978: cap. II), dieron a la península_ evoca, al modo p""r"aii.-" legendario, un "Mayab" (yucatán) intemporal, n na.raao., u.ráaerg_ nándose como baltzam (recitante) indi,c, no oculta su ambición áe ofrecer una especie de equivalente moderno del libro de cbirarn Balam (796», recopilación maya colonial en que se,mezclan discur_ sos mítico-históricos, proféticos, rituales, calendáricos, etc. fl ;;;_ pio Médiz Bolio, conocedor del maya como la mayoíÁ¿e tos áá_ nos yucatecos de esos años (cf. cap. III), traduciria al español una de sus versiones, la de Chumayel (Médi¿ Bolio, 1930). óo.rtu"¿i._ torio, el narrador de La tierra... escribe en español y se refiere al "indio" como a una entidad ajena, expresando así sin querer ra ¿iiicultad que experimenta er escritor ladino ar querer convertirse en portavoz de ladinos e indios. un examen detallado del texto revera, a cada paso, esa ambigüedad constitutiva. Varios libros presentan

Antonio Médiz Bolio, intelectual l,ucateco dedicado auna cánera dip_lomática y amigo de Alfonso Reyes, fue uno de los

leyendas yucatecas sobre el pasado prehispánico del teAsí, el "Libro de Chichen ltzá y de la princesa Sac-Nicté,' >lica, basándose en el motivo del rapto de una esposa, la ruptura la alianza entre las tres ciudades de la ,,liga de Mayapán,, Uxmal, y la propia Mayapán, y el éxodo del clan dinástico itzá al ih hoy guatemalteco. Su fuente no es, como el texto sugiere, la lción oral maya contempóránea, sino las crónicas coloniales del ecoLópez Cogolludo (1954-1955 t1688D y del español Villagu_ (¡,ms, 1701). El "Libro de Uxmal y del rey enano,, relata la histodel hijo de una bruja, nacido de un huevo, que vence, a través de ha serie de pruebas, al rcy. Si bien este núcleo de motivos existía la tradición maya conremporánea (uns, Redfiel dNillaRojas, 1934: 7), Médiz Bolio lo tomó de la versión muy ,,aculturacla,' del rdor y autor de novelas históricas Eliglo Ancona (tr,lns, Iggg), Irdescubrimiento, en 1942, de los Cantares de Dzttbatcbd (¡,tBs, Bat$era Vásquez 196), manuscrito maya de danzas rituales, permite éonfirmar, para el "Libro de las siete danzas,,, el alejamiento de Mé_ lizrBolio respecto a las tradiciones propiamente mayas. El artificio empleado por el autor para sugerir el carácter *maya,' §u discurso poéiico-narrativo, es la creación de un lenguaje esI que actualiza en el texto ciertos mecanismos de significación idioma maya. Asi,los nombres comunes o propios y los topóniinstalados en el texto no son simples signos exóticos, sino facque desencadenan o determinan ciertos aspectos de la narra. Maní, por ejemplo, voz que encabezaun capítulo, no designa la ciudad homónima, sino que anticipacon su significado (,,todo el relato del derrumbe de la civilización maya. En la historia príncipe Can-Ek ("negra-serpiente,,) y de la princesa Sac-Nicté üanca-flor"), la etimología de los nombres propios determina parte '\a caructerización de los protagonistas. La flor sac-nlctéq,re floreen el mes maya de moan (ZO de abril-lO de mayo) es el ,,signo " que suscita cada año, según el texto, el recuerdo de la vinculada a la princesa homónima, Una particularidad sintáctica, el uso frecuente de la construcción
O PRONOMBRI + pnoposlclÓN RxtATIvA coN FUNCIÓN ADJETIVA,

a las composiciones nominales del maya yucateco (cf. Banera Vásquez, 1.977): "la época en que"se hacen nuevas to-

MARTIN LIENHARD

DE

IA ETNoFIcc¡ó¡* BN ¡r ARee ¡,rlye

das las cosa¡", "Aquel a quien no se ve,'. para ellector que ignora el maya, su eficacia hecho de sugerir el carácter *i y lrgrra" -el del texto- se debe sin duda a las aiociaciones con et tenguip Ui blico que suscita. ¿cuál es el referente histórico de In ttena..? cuatro de ros siete ri. bros reinterpretan, con un lenguaje y unas imágenes que recuerdan las evocaciones medievales del moáernismo, ñs epoás de esplendor y de decadencia de las ciudades mayas der norte de yucatán. 5l demrmbe de la civilizaci6n maya no sá rehcio.r, ni.r!f;;"_ mento con la conquista española y la Colonia. Los "., dernás libro, y Ios "pórticos", si bien enfocan al campesin o maya."",.*párái.", no diseñan en realidad ningún horizonte moderno: se escarnotea la misma existencia de los radinos. El protagonista es er Indio por excelencia, ser ahistórico y asocial. Su culruia, fuera de utgrrrru, Á"rr_ cias específicas como la que se vincula a la Xtabay,.r-pirit., maligno con apariencia de mujer hermosa, se repuce a un animismo muy genérico. Corno guionista de La nocbe de ios mayas (lg3»,película de chano uruera, MédizBolio aplicará a la cultura *y^ul|unaioga perspectiva reduccionista (cf. ¡¿rs, Lienhard, inéd.). Borrando de la memona litera.ria la Colonia y las sucesivas épo_ :T d: opresión para los indígenas, consrruyendo la imagen de un Mayab fuera del tiempo, Médiz Bolio escamoteatambién la duda que pesa sobre la legitimidad del poder ladino. En un yucarán eter_ no que no conoció el trauma de la conquista, los ladinos, libres ya de cualquier sospecha de culpa histórica, pueden atribuirse una borrosa ascendencia maya y hablar, quitánáoles la palabra, en el nombre de los mayas antiguos y modárnos.

sexenio cardenista (1934-1"940), invierte, respecto a sus fuentes, papeles de "buenosi'y "malos,,. historiadores ladinos califican de "insurreáión de il'l (1761). Este movimiento, que no pasó en realidad de una opuesta local a los abusos de un latifundista, fue interpretado por itradición ladina como expresión de una peligros, u.iit d oriil^[na de todos los campesinos mayas (Casarrublas ,1.95L).Así lo pre_ üüta en 1845, poco antes del estallido de la ,,guerra de castasi (v. Hp'' m), el trasfondo seudohistérico de una romántica historia de aor interétnico, "La hija del sublevado,, de R. Carvajal (El secre_ ii,,,, 1980). Al apropiarse hasta cierto punto de esta clááicainterprede los hechos, Abreu Gómez justifica, sin embargo, la actitud ff1ón
,,.,Ca1tek

us¡lliza, trasladando los

f,co, la que

loi

sucesos a un presente algo ucró_

h,los rebeldes.
r

l última palabra o sentencia moral pertenece aJacinto Canek, cuyo
t¡.pdelo histórico, según la tradición ladina, poseía una formación teología moral (Casamrbias, 1951). Al comienzo, la no presencia

La novela se compone de una úpida sucesión de secuenclas que presentan, al modo de parábolas, las caractedsticas y Ia ión de las relaciones interétnicas. En la mayoríade los caios,

tual del hacendado deja dearrollarse unas relaciones áquilibraeltre los peones mayas y los miembros sin poder (niñoi, muje-

Abreu Gómez En el extremo opuesto, aparentemente, se halla el Mayab creado por Ermilo Abreu Gómez en Canek y en La conjura de'Xinum: un territorio que vive al ritmo der antagonismo hisiórico entre ladinos y mayas. Apoyándose, como su colega, en fuentes ladinas *en las Qge se centran en los momentos de tensión social e interétnica_ Abreu Gómez, identificado sin duda con ros postulados
indigenistas

de la familia "bla¡ca" . Ésta, además , ha adoptado ciertos compor_ nientos indígenas, como el rito para deshacer los eclipses de la ¡a(fI,32). Pero a medida que avanza el relato, las apariciones del hü(ateniente muestran la inconsistencia de este ,,equilibrio,,. Canek l&-ulcará a sus compañeros una doctrina moral que se basa en el hazo de los blancos y de su injusticia. La guena, inevitable al fin, ina en la masacre de los indios y la ejecución de Canek, su diLos indios sobreviüentes no admiten la realidad de su muer_ Las relaciones amistosas que se tnbíantejido entre el indio sabio H niño Guy, sobrino sensible del hacendado, y el camino común e,emprenden, después de muertos, ambos personaJes al final de novela, sugiere la utopía de un mundo ,,mestizo,,sin

ni sociales.

tensiones

i; Los epígrafes de los diferentes capítulos, extraídos en.su casi toItalidad del libro de Cbilam Balam de Cbumayel (Médiz Bolio, 1930),

288

MARTIN LIEN}IARD

DE LA ETNoFIccróN.rN

¡r

AREA MAYA

289

rio, del nieto deJuanJosé Hoil, compilador maya del libro mencionado, ref,erza esta ilusión de continuidad entre las tradiciones mayas

indican la,voluntad del autor de inscribir su texto, ficticiamente, en la tradición indígena. La aparici1n, en tanto que personaje secunda_

,

Asturias

¡relve

a plantear la idea de que el escritor ladino es

también
:

--o

sobre

todo-

de los "vencidos".

toda escrita, pero está hablada". AI escribida, los escritores ma- la convierten en texto ,,sagrado,,; la literatura es un alegato -afir"en reclamo de los que por nuestro verbo hablan, piden, claÁun, lloran, se arrebatan, protestan, ríen con risa de máscaras o se con_ forman con callar". La obra,,,sueño feal,,, no se refiere a ninguna época específica, porque todas las épocas, desde la conquisá, se asemejan. Las floridas declaraciones (o declamaciones) dei escritor guatemalteco, en realidad poco adecuadas a la cronística de Abreu Gómez, son significativas en la medida en que aluden a su propio modo de siruarse en la literatura. Treinta ahos después de'l'téiiz

tír de la perspectiva correspondiente, pero sin colarse en las conciencias de los protagonistas. Como las crónicas españolas de la con_ quista, ubicadas en la frontera entre la historiogra fía y la ficción, La conjura admite, sobre todo cuando el narrador se halla en el campo de los mayas insurrectos, la aparición de hechos maravillosos; el texto no los adscribe, sin embargo, a ningún discurso indígena. Inde_ pendientemente de su interés literario, este relato ágir nos concierne aquí sobre todo por su relacrón temática (evocación de las *guerras de castas" de la segunda mitad del siglo )flx en yucatán o chiapas) con oftclo de ttnteblas de R.caste[anos, y por ras declaraciones'que el texto inspiró a su prologuista, M. A. Asrurias. Adoptando un plural más que equlvoco (,,nosotros indígenas de nacimiento, pensamiento o vocación,,), Asturias reivindica lu ur".r_ dencia indígena de La conJu,"a. ,,Nuestra historia _dice_ no está

y canek. comparando esta obra de Abreu Gómez con la de lvÉa¡z Bolio, se constata un cambio en la actit¡.rd política, pero no en Ia estética. Como La tierra..., los rnomentos etnoficciónales de Canek resultan en buena medida una mistificación, ,,bien intencionada,,, del discurso indígena que pretenden recrear. La conjura de Xinum, crónica novelesca de la guerra de castas (cap. III), no entra realmente en er terreno de ra etnoficción. ubicuo, el narrador i'vuela" de un campo a affo y observa los sucesoé a par-

Asturi.as

luego, Hombres d.e rnaíz duda la novela más importan-sim M. A. Asturias* no se puede reducir aunavaria¡te ficcional de declaraciones, Unanálisis global de la novela no podría circuns.

a exami¡at la relación entre el texto literario y cierta(s) culs) indígena(s). A este aspecto, sin embargo, punto de arranque

,rnuchos malentendidos interpretativos, dedicaremos aquí lo ;oncial de nuestra atención. EI éxito público de las tan frecuentes inconsistentes alusiones de Asturias acerca de su "ascendenpersonal del premio Nobel- justiHrfl (cultural) ntaya" -mitología por sí solo este enfoque. ,¡ ¡El argumento de Horubres de maíz arranca de la lucha entre una nunidad indígena tradicional y unos invasores ladinos que pretransformar el cultivo del maiz, planta sagrada para los in''flios, en empresa comercial. A partir de,este episodio fundadoq el de la novela realidad la mayor parte de ella- evoca la

ión general -en conflicto entre el "mundo indígena" y los del tgge.r,ltes de la penetración "occidental', ladina e imperialista. Con
en tal argumento, Hombres de maíz hubiera podido inscribirse en la serie de novelas que iba produciendo el "rea-

indigenista". El tratamiento estético-literario que Asturias le aleja su novela, sin embargo, de las realizaciones corrientes
este discurso. El concepto que mejor define la orientación general de los recur§os literarios empleados en Hombres de maíz es el de mitificación¡ hlstoria o anécdota- se narra como si fuera un mlto, -historia fundaclonal de una ,su sentido antropológico, el mito -nanacián Éolectividad arcaica- se vincula ala oralidad, sistema de expresión jiredomina, como se sabe, en las colectividades arcbicas,'CuanQuiere representar verbalmente el mundo, la oralidad átcaica no sirve de una estética ("realista") de denotación directa, ni tami róco de un sistema ("científico") de abstracción conceptual. Para cosmovisión mítico-oral, el conjunto de los elementos y fenóme,1

290

MARTIN LIEN}IARD

ÉAIVüNOS DE LA ETNOFICCIÓN EN EL .4REA MAYA

291

nos del mundo constituye un sistema de significación. Al construir
su universo narrativo, el narrador oral arcaico elige y combina los signos que le ofrece este sistema ,,preexistente,,. El tiempo qr" "r,-r.., la acción mítica, por otro lado, es un tiempo primordial: el tiempo

de la fundación (del grupo, de la sociedad, del mundo). En el miio, por consiguiente, los sucesos y personajes alcanzanvalor de ejem_ plos. si Asfurias, como lo afirmamos, tiende a naÍrar su historia como si estuviera enunciando un mito, esto significa que el universo novelesco asumirá, hasta cierto punto, algunos de los rasgos característicos de un universo mítico.
En Guatemala viven, como se sabe de sobra, numerosas colectividades arcaicas, ante todo las de los indios mayanses. El-relativamentelector de una novela *mitificada,,, máxime cuando ésta lleva

Con su prosodia basada en repeticiones y simetrías, la ptimera VOz produce el efecto incantatorio de un discurso sacerdotal "indígeni", efecto algo disminuido por unos elementos de coloquialidad Éispánica, el Gaspar llom, botarlos párpados con hacha. La voz propiamente narcativa,la del segundo fragmento, comienza del modo cional posible: los movimientos de Gaspat, Gaspar Ilom fnár "orrr"t su petate y su mujer. Pero inmediatadormido con -aztequismomente, "otro" mundo asoma su rostro: Gaspar Ilom dormido con su sornbra, enterrado con sr¿s rnue?'tos y su ombligo. Se sugiere, sin explic4da, la relación "diferente" que los indios Qmayas, guatemaltecos?)

,

tal conexión existe realmente en el caso de Hombres de maíz? Trataremos de dar un comienzo de respuesta a partir de un análisis par_ cial de algunas de sus caracfeústicas estético-literarias. Desde el comienzo del texto, el lector se ve como sumergido en un universo que tiene todas las apariencias de ser ,,indígena,, o voces inaugura la novela.Lapimera, lamás,,indígena,,, se supone

conexión con la oralidad indígena guatemalteca. ¿En qué medida,

numerosos signos de lo "indígena,,, establece automáticamente una

"maya". En términos de situación narrativa, un diálogo ..rt

.

do,

ser la voz o anónima- de la comunidad indígena, la -colectiva "voz del suelo":

- El Gaspar Ilom deja que a la tierra de Ilom le roben el sueño de los ojos.
Gaspar - Elhacha. Ilom deja que a Ia tierra de Ilom le boten los párpados con

La segunda es la del narrador:
I

proporcionarle al mantienen con sus muertos, y se menciona -sin costumbre mesoalector presumiblemente "occidental" la clavé- la rnericána de enterrar el ombligo de los recién nacidos, Convencido ya de la procedencia indígena de todo lo que "no entiende", el lecíor acepiará luego como "indígenas" las seiscientas mil vueltas de "lodo, luna, bosques...": bombardeo visual que tiene más que ver' §in duda, con una escritura de tipo cubofuturista que con la cosmovisión de los mayas. En los dos primeros párrafos de la novela se anuncia ya buena parte de las pácu[aridades escriturales de la novela. La "densidad indigena", como se echa de ver, es el resultado de un conjunto de técnicas, retórica repetitiva, alusiones a creencias y ritos de los indios, léxico regional, montaje vanguardista' El discurso gtouut de la novela surge a partir de la articulación de dos modalidades discursivas básicas: la narración-descripción y el átatogo. Si bien cada fragmento narrativo-descriptivo o dialogal admite át predominio de un registro discursivo reconocible (en los que seacabande citaq el registro "sacerdotal" y el "narrativo"),lamayorla de ellos se ven invadidos por elementos que pertenecen, normalmen' te, a otros registros. El discurso novelesco tiende, pue§' a una compleia potifonía en el sentido que Bakhtin atribuyó a este término'

dedor de su cuerpo.

bosques, aguaceros, montañas, páiaros y retumbos-que sentía alre_

El Gaspar Ilom movía la cabeza de un lado a otro. Negar, moler la acusación del suelo en que estaba dormido con su p.,ué, su sombra y su mujer y enterrado con sus muertos y su ombligo sin poder deshacerse de una culebra de seiscientas mil r,ueltas d. lodo,-lr.ru,

l.

tu p.rr.tración constante de fragmentos de procedencia supuestamend oral caracteizala modalidád nanatíva del discurso novelesco. la imrpción de 1o oral torna, aveces, la forma de una cita declaruda: .bezasbajolasavispas.obiendeclan,sinperdersucompásdevieAsí decían los indios más vieios, con el movimiento senil de sus ca-

292

MARTIN UENHARD

üA¡r{INos DE LA ETNOFICC¡Ó¡¡ rN

rr,ftr¡ ivnv¡

293

Jocr

$fl

por delante hubo los que se entrelazaron aul orá la¿o áL u Avilantaro anancó los aretes de oro de las orejas de los seiores. Los señores gimieron ante la brutalidad (Asturias, 'tSSl:
lS4aran

Antes,que la primera cuerda de maguey fu era trenzadase trenzael pelo las mujeres. O.bie¡r : Antes quehombre y

*"¡.,,.1"t .

taz' o:

F,r

b).

no_es ninguna peculiaridad de su sintaxis, morfología o léxico, Sino

Aqui lo que sugiere o garurúiza la procedencia orarde las
de su temática:-ra caracterizacíón socioctl-iturar que

ciras

del lenguaje:

.t 1""automáticamente, a los locutores citados: indios ,,más viejos" = depositarios de Ia tradición-orar colectiva. Indios irl"i.¡", que se "acuerdan,, de la conquista y de su dirigente, el auilantaro o adelantado (Alvarado); la,,pronunciación', indlgena del título tien_ de sin duda a fortalecer, en el lector, ra irusión di estar escuchando un discurso oral-indígena. Pero de modo más general, la sugestión de la ,,oralidad,, en el discurso propiamente narrativo prrr, pkf"..ntemente, por la subver_ sjó¡.de los niveles apenas mencionad-os; por la cororacibn sociolectal -fuera tor impone,
Clinudo, miltomatoso y hediondo a calen¡ura, en camisa y calsonío

donde un análisis parcial permite afirmarlo, la aparición o de tales procedimientos de oralización (cita indirecta, sugestión iiO ¡,tN,e,la voz de un narrador oral) no parece obedecer a un coniunto floherente de reglas. ¿Qué principio rige, por eiemplo,la apanción Oi la desaparición del naradot "oral" apenas mencionado? En estÉ orden de consideraciones, la única evidencia es el cambio y la ri!ñerpenetración constantes de registros lingüísticos diversos. llr r En las secuencias dialogales, en cambio, la irrupción de elemenrto§'de origen o derivación sociolectal'se vuelve más sistemática. ill,Fot u., lado, la atribución de un sociolecto determinado a alguno irdei los personajes contribuye sociolingüístico- a ca-mimetismo en términos socioculturales. Así por eiemplo "suena" 'i,tqcterizarlo ij11'principal del pueblo casi indígena de Pisigüilitor
ü,trasta

,'

.

'

Asegunda parte nu hay [...J. Aqul en propio Pisigütlito sólo son esas piezas las que se tocan dende tiempo y todita§ son mlas (Asturias,
1981: 10).

de manta de costal de harina [,..J, er subteniente secundino Musús escurrfa su caballo piligúe por los craritos de buen camino p"* ,n.Ji" apareársele al coronel Chalo Godoy [...1, porque el hombre ib;;;"

(Asturias, 19g1:

venia alrcanzando y dónde que los alcanzaba, iü" t

Pues, ciertamente, de resultas de la patrulla que qué años que Ios

55).

¿i* ;;;;Jü;.

,

pretenden sugerir la presencia de la uoz de un narrador anónimo.

oe un capitulo), en cambio, no se derivan del discurso de ninguno dá los protagonistas presentes, Aqu( las inflexiones orares y sociorectales

tra, obedece a motivaciones diversas. por un ladá, a Ia de ,,citar,, pedazos de lo qué pudiera ser el monólogo (interior o exteriorj de alguno que otro de los personajes: entre "el hombre ib" gr";;;^vo" e "iba gÍanbravo e1 jefe,, el lector percibe nítidamente] rru.É, ^ !e l.a fo¡rna indireca, las inflexiones áe la voz de Uusris.'fas far_ j:::311f:: léxicas y sramaticates der comienzo (de r, *u.rtm y

La oralizacióz del discurso narrativo, como lo deja ver esta mues_

Ahora, las numerosas "inconsecuencias" que se encuentran en el tratamiento sociolectal del diálogo indican que Asturias no se somete del todo a las exigencias de la mímesis sociolingüística. Los 'p,ersonaies caracferizados como indígenas, por ejemplo, no se disiirrgr..r siempre claramente, en términos de lenguaje, de los ladiRos; El propio héroe mítico Gaspar Ilom, al dirigirse a su esposa, se expresa en un "español guatemalteco" inverosímil en el contexto sociocultural arcaico del comienzo de la novela: "Ve, Piojosa, diacrln rato rza empezar la bulla" (ibid.:7). El hecho de atribuir a los per^ sonajes indígenas, aun cuando dialoganentre iguales, un sociolecto .,hispánico, tiende sin duda alguna a borrar su especificidad¡ los indios, al parecer, se han vuelto definitivamente "guatemaltecos". Sólo en los momentos más densamente "indlgenas" del texto (la voz de la tserra del comienzo de la novela, la profecla de los bruJos 'de las luciérnagas, etc.), Asturias hace surgir una voz indlgena "distin¡al', hierática y sin rasgos sociolectales significativo§l una voz'que se suponer traducida de un idioma amerindio' podría -¿debería?la ¿Córno interpretar, trafándose de los mismos locutores indígenas, del perfil de las sialternancia de los registros lingüísticos? Partiendo

,

294

MARfiN UENHARI)

C,AfvJINos DE LA

ETNoFIcoÓN eN EL Ap¿¡ li'Iev¿

295

trana), ni tampoco al conjunto de los indios guatemaltecos. La comunidad del cacique Gaspar Ilom no es un personaje colectivo construido a partir de los recursos y conocimientos de la ,"""pá"g1, áU etnohistoria -{omo Io será, diez años más tarde,la coleitlvidá d. uel_ tal en Los bombres uerdaderos de Castro_, sino una colectiüdad "mitificada". Hombres de maí2, en efecto, no pretende rescatar ros valores específicos de los indios guatemaltecos, sino f"Uri.ri .r, parte con "materiales indígenas", el universo nombrado"Guatemala".

identidad chuj al correo Nicho, por ejemplo, es _sin duda_ arbi

'lguatemaltecos,, en sus demás prácticás sociales... El referente indígena de Hombres d.e rnaí2, como se habrá com_ prendido ya, carece de cualquier precisa caracterización étnica. No se distingue a ningún grupo indígena específico (la atribución de una

tuaciones cornunicativas que auspician una u otra forma de expresión, el lector concluká, probablemente, que los indios son ,,in_ dios' (ex prehispánicos)'en sus comportamientos religiosos, pero

fuentes etnográficas, es la ftccionalización, por perte de Asturias, del nabualisrno mesoaÍnericano. Para los indios mayansig, eL nabual r (o su equivalente en las diferentes lenguas del área) ee un elemento i gul.or-or natural que acompaña y protege a loc indtvlduos (Pozas, i lg59' 199-21,0; §lagley, 1957:201"204), Se trat¿ de unr creencia se' . a\etaque no se suele, a no ser bajola presión de l¿ curiosldad de un liex,tirpador de idolatrías" o de un etnógrafo, Éxtcrlorizar verbalmeni' tpi'no sólo la colectividad, sino el proplo dueño del nahual ignora , generalmente su identidad. La instancla narratlva de Hombres de t, tna.íl, sin embargo, no duda en revelar al lector la identidad de los , nah-uales de algunos de sus personajes: curandero'venado, Goyo Nicho = coyote, Si la relación nahualfstlca'-<xisten,, .Y-.ic = tacuatziÍr, :,:. cía paralela- entre el curandero y el venaclo correcponde básicarnente a la concepción que se extrae de las fuentes etnográflcas mayan' i: ses, .ro sucede 1o mismo en los demás caso§ mencionados. Goyo Yic mantiene relaciones demasiado familiares con su nahual, un tacuat-

-nunca

groso!1a y los conceptos-imágenes inspirados en una lecrura surrea_ y otros texto.s mesoarnericanos contribuyen a crear esa "magia', de apariencia maya (Estrada, 1961) que mencio nan muchos estudiosos. Las fuentes de esta ,,magia

cultura maya clásica' ra de los -úr.os y las bibriotecas. El ,ro.álirmo lo preparó para leer, no con ojos de etnohistoriador ri ;. ;; tropólogo, sino de manera creativa, el popol Vuh y otrosr"rro, ,._ mejanres (Rincón, 1.97g). Hombres de máí2, despues de reyená)s de Guatemala (1930), es un resultado mayor de esta lectura. La

rís, el futuro novelista conoció paralelament.

ta Cardoza y Aragón (lg5», conocié la cultura maya en Europa. Lo demuestra, con su positivismo civilizador, su tesis sobre el proble_ ma indGena (1971), ¡ealizada en 1923 anres de salir del prir. n, eu_

bres de maíz? Asturias, como su colega, contemporáneo y compatrio_

.

¿Qué función precisa desempeña, entonces, lo.maya,, en Hom_

1 zín domesticado, mientras que Nicho asume alternalivamente una ir, *paúerrciahumana o animal: capacidadmágica que Sahragún-l97}

.l s.r.r"áll;;;; i"

lista del Popol Vub

importante en el desarrollo de la accilnnorrelesca, a"it aliz^'una práctica azteca descrita, en el siglo x\4, por Sahagún (cf. Vtartinen Asturias, 1981). pero más vertiginoru, ., cuanto al manejo de las

mayanses. La curación de-la ceguera de Goyo yic, por ejemplo, iarr

maya,,, sin embargo, no son siempre

atribuye a los brujos o nahuales azÍecas, pero que no ir parece conocerse en el área maya. Para sugerir al lector la telacián . .- -1----1.^-, -^ 1^ t^^a^^^:^ ^^--¡tirt¡ -^ -i-,a A^ ^'nnoAimiantnc diverI, nahualística, Ia instancia nanativa se sirve de procedimientos áirzerentre el curandero y el i sps. nn el primer caso, la relación entrañable ', venado se insinúa y comenta en un diálogo entre dos hermanos Teeún. En el segundo, el propio Goyo, observando su sombra, parece finalmente, el nahual " tomar conciencia cle su nahual. En el tercero, ,i de Nicho se revela a través de un fragmento del diario del padre t; I,.JrdáiLez; recién aquí se nombra y explicita la creencia nahualística' o puramen' il tra yuxtaposición de varias realizacione§ -"auténticas" con la diversidad de los rc ficcionales- del nahualismo, combinada ' enfoques, lo desrealiza obviamente en cuanto a su §entido etnográfico y señala oportunamente el uso no documental a que Asturias ., sornete los núcieos de creencias indígenas. Para confundir rnás,al ' lector, el episodio nahualístico más desarrollado, el d9 Nicho'coi y--ote, culmina en un descenso a una cueva mltica cuya r'fuente", m᧠que cualquier investigación de campo, es sin duda alguna el inconsciente colectívo tal como lo elaboróJung. De hecho, la decisión de renunciar a los criterios de verosimilitud etnográfica permite a Asturias

.

L,

X, cap.

9-

296

MARTIN UENIIARD

ür¡nNos DE LA rrNoFrccróN EN

EL AREA MAYA

297

^ la propia existencia---: de los indios conternporáneos. Lo ,,indígenal, le sirve a Asftirias para crear la apa_ riencia de un mito indígena sino ladino. to ,,indigena,, sólo

cle algrin modo, las culturas

tratami€nto aveces paródico del ,,material indígena,, tiende

ción análoga.z El -¿"posmoderna',?- los estímulos del popol Vub y manejo muy libre de de orras ^ fuentes indígenas o etnográfica s al,eja aAsrurias, desde fuégo, de un Méliz Bolio que pretendía escribir, ya lo sabemos, ,,"o*o".r., po"á indio que viviera en la actualidad". pero también es cierto q".-;i

mezcla. o modificar, segin las necesidades der relato, creencias y piácticas indlgenas de proceden"i, ¿i+et r. El Popol Vuh,una'dé las ,,fi.rentes,, ptaralaelaboración de la ,,ma_ gia maya", sugirió a Asturias también ia organizacrón temporar de la novela: la sucesión de cuatro ,,humanidadJs,. De algUn rrüdo, Astu_ rias invierte la secuencia: si los "hombres de maí2,'i en il r.ri q"i cbé, representan la humanidad mejor, la cuarta y definitiva, eilos pasan a ser, en la novela, la primera. como to mostró Martin <"" erturias, 1981), Asfurias ilenó ese esquema temporal con ras fases del proceso de aculruración de Ios mayas yucatecos que propuso Red_ field (1941) desde los años treinta. ior óurt.o escenarios-fases novelescos (la comunidad de Gaspar Ilom, la aldeapisigüiliro, .ip".Uf" ladino San Miguel Acatán,laiapital) corresponden, en este sentido, a. los escenarios-etapas d er coitinuum actiturativo establecido por el antropólogo norteamericano: la aidea tribal (Tusik), ra ardea cámpesina (Chan Kom), el pueblo ladino (Dzitas) y la ciíaaa"g.rrJ"" (Mérida): Pero contrariamenre a Redfield, Asturias subrayó ná el termino del proceso, sino la coexistencia áe las difere"r"J,.irpr" f" este sentido, el novelista reeditó--conscientemente o no-una concepción histórico-antropológica que Eisenstein había utirizado como eje d9 zu famosa pellcula.inconciura ¡eue utua Méxiool, rodada en_ tre 1930 y 1932 (cf, urs, Eisenstein, 1964):la coexistencia simultá nea, en México, de la ,,comunidad primitiva,,,la,,Conquista,,, la ,,Co_ lonia" y la "República neocoloniri,. Co*o ,e sabe, ¿;r;;;;, ; rospasosperdidos (1953), iba a basarse, a su vez, enuna concep-

téiésa en Ia medida en que deberá efitrar a formar parte de una iden,,ltidad nacional guatemalteca que Asturias quiere contribuir, sin duda, ri á construir. Pese a todo ello, Hombres de maíz fue a menudo percir,

ll

bido, fuera y dentro de Guatemala, como una novela representativa déllo "indígena". Así, el famoso testimonio de la militante qutché fligoberta Menchú que publicó Elisabeth Burgos (1983) alterna, al

1',Cómienzo de los capítulos, epígrafes sacadgs de textos mayas anti, ror, el propio discurso de Rigoberta y de Hombres de maíz: Asturias

_y

Á"gu,

-no

.:

in_

Aunque de manera más inruiüva, también Rómulo Gallegos, en Canaima 1935), se apoyó en una concepción semeiante.

2

(ctx,

bomo caución de la autenticidad indígena del discurso testimonial... ,'.'l 'A la posible dimensión recuperación- demagógica de la -o ,,inovela se opone, en su propio texto, una reflexión ficcionalizada so' bre las manipulaciones de la materia mítico-legendaria. Hombres de ' rnaíz se abre con una secuencia de sucesos que parecen propiamen, te míticos: la muerte, a ruíz de una traición, def cacique de Ilom, Ia ¡ ',inaledición de los brujos de las luciérnagas contra los culpables y el inmolación en el fuego de Machojón ;,rc,ttmplimiento del castigo -la hi¡o y de las tropas represivas, y el descabezamiento de los herma'ltos Zacatón Ahora, varios de estos episodios se "ven" bajo perspectivas no sólo distintas, sino también contradictorias, lo que obliga al 'lettor a una lectura crítica del "mito". La "desaparición" de Machoión hijo se pfesenta primero, ambigua y míticamente, como obrada $ior: unos enjambres de luciérnagas. Algunos notables del pueblo de Pisigüilito, luego, la interpretan como la simple voluntad del pro,tagonista de "rodar mundo". Machojón padre, en cambio, recuerda b profecía de los brujos de las luciérnagas que anticipa el castigo 'fnortal para los individuos o las familias que estuvieron implicados ren'el asesinato del cacique Gaspar Ilom. A continuación, una mujer ', 'de cara negra repite, frente a la novia de la vÍctima, los chismes aceroa de la aparición del "muerto" entre las llamas de las quemas que para pteparar las milpas, La ex novla, des"tealizan los maiceros pués de un rechazo inicial, se apropia de este chisme para agregar, ,le la semejanza que existe entre el aparecido y el apóstol Santia,go: el chisme se convierte en leyenda de impllcaciones religiosas. A ipesar de aceptar la veracidad del chisme, inventado se sa-como brá luego* por los maiceros para que el viejo les entfegue más tieffas parala quema (y el cultivo), Machojón padre'no logra ver la "taparición" de su hijo. Cuando un "janano", para burlarse de su cre-

298

MARTIN LIENHARD

c,AMINos DE rá, ETNoFIcc¡óN aN

rr

ÁREA MAYA

299

a la costumbre carnavalesca de la quema de¡udis_ -¿f¡.1sisn no es otro que su propio hijo, el viejo decide vengarse de los maiceros. Y §u venganza toma Ia forma de una transformación de Ia leyenda en "realidad,,: vesti<lo de,,aparición de su hijo,,, Machojón padre, cual antorchaviva, provoca un cataclismo de fuego qu"i. ba con las milpas y los maiceros. El viejo, así, burlándosé firrtm.rr_ te de los chismes, demuestra en su rearización- ra -coraborando verdad del mito. En el contexto de esta reflexión ficcionárizada sobre ra naturaleza de la ficción, el papel decisivo incumbe a un personaje que jue_ ga constantemente con sus potencialidades: Hilario. Arrepentido del éxito de una leryenda ínventada por él mismo en un momen_ to de trance alcohólico (Miguelita de Acatán y su máquina de coser), Hilario inicia una crítica radical de la representación verbal de Ia realidad' "Hilando" la historia de todos los sucesos y cuentos pasados, el aniero gran comunicador- aparece propiamente como -y un doble interno -oral- del autor de la novéla, encargado de desmitificar las diferentes percepciones ficcionales de la rJahdad' A través de todas estas "manipulaciones", la novela acaba cuestionando su propio status y se clesigna como ficción de ficciones. considerada bajo este ángulo, la Índole a prirneravista demagógica de Hombres de maíz resulta en definitiva un ¡uego dialéctico á. *rtificaciones, desmitificaciones y remitificacion l, r pu, de suscitar en el lector una reflexión liberadora acerca de la natural eza der propio "realismo imaginativo,, asfuriano. A la desmitificación _q.r. u menudo parece una desmistificación- del propio texto noveles_ co contribuye, cabe subrayarlo, el enfoqu" rm[[a-.nte carnavalesco (generalrnente ignorado en los estudios) qüe preside el montaje temático, diegético, estilístico y lingüístico de la novela

¡6s"

dulidad, afirma que alguno de los espantapájaros o ,Judas milpe_

$ientemente de las circunstancias de su origen, tuvieron la oportulavida de los campesinos indígenas de l? zo¡a,la evolución de la relación indios/ladlnos y la transforgración acelerada de la sociedad regional, ,i . r, Un año antes de Ia aparición de Hc¡mbres de malz (1949), el an, üropólogo Ricardo Pozas publica su "biografía de un tzoizil", Juan P.érezJolote.F,n1,959, el mismo Pozas entrega a Ia imprenta su estu'flio etnográfico sobre los tzotziles, Cbamula. Ese año también, preCedido por Rosario Castellanos con su Balún Caná,n (1,957), otro Sfitropólogo, Carlo Antonio Castro, da a conocer su novela Los bomfuesuerdaderos;y aparece Benzulul de Eraclio Zepeda, seguido tres años más tarde por la segunda novela de Castellanos, Oficio de tilttpblas. Mucho más tarde, y en un contexto distinto, Jesús Morales On o t'ian. Antigua palabra (1984)- un Bermúdez inicia -con al mundo indígena chiapaneco. El conjunacercamiento novedoso to de estas obras abarca todo un abanico discursivo, desde la novela "pura" (Batún Canán) hasta el ensayo etnográfico (Cbamula), y @sando, ante todo, por el etnotestimonio Quan PérezJolote),la novela propiamente etnoficcional(Los bombres uerdaderos) y la y"rxtaposición de varios discursos que caracteriza On o t'ian.
ü¡idad de observar desde cerca

Autobiografías "indígenas": Castro y Pozas
: ,Aparentemente homólogos, a , Wetdaderos
.Str

no ser por Ia diferencia que sugieren

§us.subtítulos (biografia/novela),

luan PérezJolote y Los bombres introducen una novedad decisiva en la narrativa del

,fuea maya: un discurso indígena aparentemente auténtico, puesto

Cruepas Los cuatro escritores rnás significativos del "ciclo de chiapas,, traba4aron todos en algún mornento para erceñtro coordinadoi del Instiíuto Nacional Indigenista (nu) en San Cristóbal. Todos ellos, indepen_

boca de sendos narradores autobiográficos, La confrontación de fiis dos narraciones permite discutir el status de la llne¿ de demaro.fpión que separa el discurso testlmonl.al del dlscurco etnoflcclonal. Sgnbos textos presentanla autobiogra(ta de un individuo "ffiaya", fespectivamente tzeltal Quv) y tzotzil QPi, Ambos, también combi, hpn Ia evocación de las peripecias de su vida personal -entre '.pllas, respectivamente, la participación en la Revolución Meicana ÍW) V en la revolución agraria cardenista (tav)- con una descripción etnográfica apenas nanativizada de los ritos de pasaje (naci-

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MARTIN I,IEN}IARD

DE LA ETNOPTCqÓN EN EL ,{REA MAYA

miento, matrimonio, muerte) y del ciclo anual que marcanla paata de la vida comunitaria. paradójicamente, el discurso testimoniar de ¡r¡ ofrece mayores desarrollos 'inovelescos" que el discurso ficcional de tHV, que se ciñe a lo ,.verosímil,,. Si bien es cierto, r. suele decir, que la realidad supera siernpre a la ficción, "o_o no, to., pr._ guntar qué, en estos textos, es Io ,,real,, o lo ,,ficticio,,. ¿En qué consis_ te, en el fondo, la diferencia entre discurso testimonial y etntficcional? según el sentido común, er primero se limita a reproáucir por escrito un discurso oral que fue realmente pronunciaáo, mi.ntrrs que el segundo irwenta un discurso orar ficticio. Ahora, la intervención creadora que acompaña, en los dos casos, el traslado del discurso indígena a la escritura, no permite aceptar tar respuesta , ambos discursos narrativos representán un traba¡o de "utiiga;ir recréación escritural del discurso oral. pese a las apariencias, la narrativa testimonial, no sólo por la necesidad de presentar un texto orgánico, sino también por las características de su producción (ante iodo ra existencia de preguntas anteriores al discurso), no garantiza la fi_ delidad al discurso indígena tradicionar. En pocas paiabras, ela recompone fragmentos de un discurso oral que no hubiera sido pro_ nunciado sin la intervención del antropólogo.

en un conocimiento entrañable del pensarniento subyacente. El ; a su vez, admite que "los personajes y sucesos no guardan retración con personas o sucesos reales", como reza el cofinal de muchas obras cinematográficas.3 -r¡ A,partir,de toda laiqueza de su conocimiento antropológico, especialrnente lingüístico-literario, Castro elaboró un discurso indíge'ffiverosímil en su contexto, moldeado en unas imágenes y una sin,$xis que trasladan al texto en español las pamicularidades de una ,p "rcepción supuestamente tzeltal. La novela reproduce una serie de drscursos codificados (narraciones) cuya autenticidad se puede comnfobar, hasta cierto punto, al parangonarlos con los textos recopil$,gstro, 196». La lectura de la novela da la impresión de vivir paularfinamente, instalado en la conciencia de un individuo fuertemente r ffintificado con su colectividad, la transformación actual de la socieidad regional. Aunque el lenguaje suene "auténtico", el lector no lo percibe como una voz viva, sino más bien como un monólogo inrterior, No deja de notaq también, un cierto artificio en Ia presenta'p¡iSrr casi exhaustiva de las prácticas de la comunidad, improbable
itrado-s

y publicados en versión bilingüe por el mismo autor

(MES,

social del infórmante. El rector se cornpromete a creef en ra honestidad intelectual del autor. No se debe rrporr"r, entonces, que el in_ formante de pozas haya pronunciado al'guna vez su autoLiografía tal como figura ert el libro, ni que su disctriso sea necesariamente representativo parara cultura uoair. A diferencia de lo que sucedía en el siglo xv,I, el contrato etnoficcional moderno ,ro ,¿_it. qu. autor invente libremente todos los elementos de ra nanacrón. "f tas descripciones etnográficas deben ser fidedignrr, to" f.rrá""l"rl sus actos verosímiles, además de representativos, .., ei"o.rt.io dá la cultura elegida. La recreación deltiscurso indígena debe apoyar_

trato testlrnontal estipura que er texto no ofrezcá sino máteriales transcritos a partir de las declaraciones del informante; pero admite ciertas libertades, mal definidas, en la forma de presátados. No existe, en cambio, ninguna cláusula que exija la represent ativiáad

la introducción de otro criterio para diferenciar los dos discursosr el del contrato que las normas del género establecen entre el autor, el propio texto y su rector. En ríneas-generales,

se impone

iel antropólogo hizo al informante,, proporciona también un amplio
espectro de prácticas sociales. Sin embargo, el lector se fija más en fu personalidad del narcador, un individuo maduro que cuenta, con it l,'
i

er con-

r Las ediciones sucesivas del testimonio del cacique mapuche Pascual

Coña0984)

i, ilustran perfectamente, en su rnanera de presentar el texto, la repercusión de la idea

dgl "pacto" que un texto establece con sus lectores. En 1930, el P. Ernesto rVllhelm de fi{oesbach publicó, bajo el tltulo Vida y costumbres de los indlgenas amucanos en la segunda nnitad del siglo xtx, un libro que parecÍa ser el relato de una experlencla et' ii'bgmfica en un lugar "exótico" del mundo ("pactb etnográfico"). El mlsmo tcxto se deeditó en 1973 bajo el nuevo tltulo de Memorlas de un caclque ,twpucbei ae vataba, ,idhqra, ¿e aúaeÍ a los lectores con el discurso autobiográflco "auténtlcof' de un indio ("pacto autobiográfico"). En 1984, el mismo texto se volvió a editar, con el

,fuás e)<acta de Ia naÍtraleza del texto, sino también

un nuevo "pactó' con sus lecto-

¡Eg:futuros,

302

MARTIN LIEN}IARD

DE LA ETNoFIccIóN

rN EL,(n¡e luYe

303

un cierto desenfado, lashazañas de su vida pasada. LeyendoTr¿ el lector no se halla instalado en una conciencia indígena, sirro irÉrrt. a un narrador. Si tnir permite hacer surgir mejor la voz colect iva, JpJ tiene la ventaja de sugerir las dimensiones individuares de una'üda indígena: para describir a la colectiüdad, pozas, como sabemos, optó por la etnografía científica. pero como autor de un etnotestimonio, Pozas abusó sin duda de la imprecisión del contrato en cuanto a la presentación de los materialei: no sabémos, en efecto, en qué idioma se pronunciaron los fragmentos autobiográiic os: tzotzir o español. La ausencia de rasgos de una poética oá y el empleo de un lenguaje coloquiar mexicano sugierÁn que se trata dela leve adaptación de un discurso enunciado án español. En sí, el empleo --en el trabajo de recopilación_ del espaáol podría ser perfectamente legítimo; así se proporcionarían, incluso, interesantes datos respecto a la "aculturación lingüística" de los hablantes de idiomas nativos. Pero sabemos,(cap. IV) que en una situación de diglosia, el uso de un idioma o del otro inrplica un cierto tipo de .o*r-rri.r"iór, social que repercute, también, en la forma y e1 contenido del dis_ curso. La precisión, en este nivel, resurta entonces indispensable. Estos reparos no disminuyen, desde luego, el valor propir_..r,. ,,ficción',, literario prácticamente_ le ¡uan eérá ¡oiote, pero -de sí su relevancia como documento ,,indígena,, científico. Las dos autobiografías, en buena cuánta, ofrecen dos variantes sugestivas, igualmente contradictorias, de elaboración escritural de un discurso maya moderno.
Rosario Castellanos
Los procedimientos narrativos desarroflados por pozas y castro en su trabajo de restitución del ,,discurso del otrá,,r"porr.rr rr;;;; decisivo en la reflexión ernoficcional respecto amáaiznáv-aü*" Góme1 Asturias, por otra parte, aporta una ,,polifonía,, finjüístico_

que enfrenta un gobierno procampesino, el despertar y levantamiento de sus peones tzeltales, la maledición de los bm-

í,

indígenas.
La primera y la letceÍa parte de esta novela-retablo se cuentan a

partk de la perspectiva directa de una riñaladina, hija de los hacendádor. Las condiciones ficticias de la producción del texto se aproxiühan, por 10 tanto, salvo en cuanto a la edad de la natradota, a las f6á1es: urraavtoraladina, hija de hacendados también, que escribe bbbre el mundo indígena y ladino. Esta situación natrativa sufre, sin ,'bfiibargo, una serie de derogaciones o inconsecuencias' Por un lado, 'lü niña testigo es capaz de reproducir, sin teñirlos de su visión in,fantil, discursos de adultos ladinos e indios, como también cartas y narrativo trabaia, entonces, , Otros documentos escfitos. El discurso na¡rativas distintas aunque indisociablesr la con dos perspectivas r lrífantil de la niña, y la adulta de una especie de "cronista"' ', 'En el capítulo I/L8,'la narradota lee un cuaderno que se supone español?- por el "hermano mayor" de la tribu de Chacescrito -¿en miembros de la comunidad. Algo inverosímil, este fittál para los tbxtó actualizalas resonancias de los textos {nayas antiguos y la forlrla de los "títulos" genealógicos escritos (cf. cap. II y III) que las eliiés indígenas coloniales presentaban ante las autoridades españolas para ¡uslificar sus reivindicaciones. Para convocar la presencia del dir"rtto indígena, Castellanos se remite a la textualidad maya colot\ial, ya convertida en "literatura". Muy ilustrativo, en el mismo sentido, es el propio comienzo de la novela: el discurso de la nana (niflera) tzelial que abre el relato aparece como Ia continuación del Epigrafe,cita áe un camucú----canto de despedida- del PopolVub' Ei supretto discurso tzeltal moderno extrae su poética y prosodia iCe la traducción de un texto quiché vieio de varios siglos, Y Con sus riarraciones mítico-legen darias, por otra parte, la nana fotma el pen-

narrativa que traduce, de algún modo,

nos, ahora, las dos opciones se despliegan paralelamente. - lalún Canán nana, ubicando los aánrécmie"a, ." f, época de la reforma agraria cardenista, el acelerado fin de una familL te-

las sociedades complejas derárea. En ras noveras de Rosario castella-

la

realtdad multicuñural de

§ámiento literario de la niña narradota. Todo contribuye asl a crear la ilusión de una genealogíade discursos que empieza en los textos ririayas coloniales para desembocar en un relato nOveleSco que lleva, 'üónsecuentemente, un título indlgena: Balún Canán --165 "5istérguardianes", nombre de una constelación estelar y antiguo nombre de la ciudad de comián. No sólo la primera, sino las tres parte§ de la novela se abrigan ----como en caneb- de¡¡ás de sendos epígta-

304

MARTIN LIENHARD

DE r-a ETNoFIcctót

¡N rr

ÁREA MAYA

305

fes mayas,sacados, además del Popol Vub, del Libro de Cbilam Ba-

r.lación. Como en Zos bombres uerdaderos de Castro, ella adopta

de.los Anales de.los Xabil. El acercamiento al discurso indígerta pasa ante todo por la apropiación de textos ya escritos -y traducidos. Más compleja que en las partes late¡alep resulta la situación narrativa en la parte central, que cuenta los momentos más dramáticos del enfrent¿miento entre indios y ladinos. El discurso oscitra, por una parte, entre una perspectiva omnisciente ladina y otra indígena; por otra, se acerca a foda una serie de personajes ladinos e indios,.culzo discurso aparecerá bajo forma de diálogo, monólogo interior o discurso indirecto libre y, de nuevo, como memoria indígena escrita.

¡6,¡x, y,

alavez una mayor famlliaridad con las y wa limitada- aproximación in' iúiituras de vanguardia -más pensamiento indígena. I al medida a inve§tigaciones recientes ",Ar,ticipándose en una cierta d.e tinieblas cuestiona y destruye asf el tenden' lus, 1983), Oficio texto historiográfico que le sirve de fuente, la Htstorta de las lhleuaciones... de Pineda (1888), panfleto que justificabala masa' e de los indios por la política supuestamente agresiva, antiladina, h,rXos it trttectos. La "polifonía" nanativa que desarrolla Castellalfrp flexibilidad que denota ;ós,en esta novela, no necesariamente convincente en sus aspectos

Oficio de tinieblas consrituye, en más de un sentido, una ampliación de la segunda parte de Balún Caruin. La novela más ambiciosa de Castellanos podría parecerse, a primera vista, a un rerna,ke de La conjura de Xinum, referido a la "guerta de castas,, de Chiapas (1868-1870), otro supuesto intento de eliminación física de los ,,españoles" por parte de indígenas mayanses. pero tanto el ,tratamiento de Ia historia como las articulaciones internas revelan un proyecto distinto. La posibilidad de un discurso informativo se desvanece desde el comienzo al superponerse la insurrecció¡r ,rmesiánica,, de Ios uotziles al proceso de Ia reforma agraria cardenista: historiaficción, no crónica de sucesos t¡istóricos. por medio de la ficción, se reflexiona sobre la historia y sobre su percepción por los actores históricos y sus descendientes. La historia no se cuestiona sólo a través de la superposición de yarios momentos si se incluye -tres, (Sommers, 1978) el de la escritura-, sino también por la oposición o la simple yuxtaposición de versiones contrastantes: una práctica que requerda, sin el aspecto de la "mitificación',1a de Asturias en Harnbres de maí2. La técnica cle la ubicuidad narrativa empleada ya por motivos análogos en Ia. conjura de Xinurn experimenta en esta noyela una notable profundizacién. La perspectiva narrativa no se lirnita a instalarse en los dos campos enfrentados, sino que se asienta,,rnás, sistemáticarnente, que en Balún Canán, enlas propias conciencias de indios y ladinos. La "corriente de concieqcia,' indígena, centrada enla ilol o sacerdotisa CataIina, no se inspira ya enla retórica de los textos mayas petrificados por su transcripción y tra-

ünoficcionales. revela en todo caso la índole monológica de la verlndina canónica. . , " Nor arcebataron Ia palabra . ." , reza la primera frase de Balún Cal!ón, pronunciada por lanarntzeltal:las novelas de Rosario Castellapips, quq sin duda intentan restituir esa palabta attebatada, contribur¿bn de hecho, como los otros textos ladinos, a desnaturalizarla'Peto de tiniablas, al proponerse desmontar la sociedad regional en ,iédu" rm relaciones (sociales, étnicas, sexuales) y a partir de todas i6¡4s perspectivas, no pudo prescindir de ella: la polifonía asílograsalva, sin duda, la legitimidad del resultado'
üi6r,
. .

iriil

indio a carn/esino: ZePeda
*ntes de Oficio de tinieblas, Eraclio Zepeda revoluciona profunda' la escritura "indigenista" y "etnoficcional" del área maya, Su de partida, que determinaráLas características principales de ¡Wlto ip mundo narrativo, es una nueva interpretación de la flgura social ,"indio". Recapitulemos los avatare§ literario§ suceslvoo de esta fi' l'mra. El Indio, con mayúscula, de Médiz Bolio fue una construcción gur"-..rt" ideológica, antepasado ficticio de los poeta§ yucatecos |¿ristocraticos" que se consideraban <uando escribfan- hereder¡^$,,de una identidad "maya". En Abreu Gómez, por el contrario; Ios ndios tendían a eflcarnar un proletariado sul geneñs' proÍagoflista ,de urnu revolución étnico-social. Los indios guatermaltecos mitificade Asrurias, desprovistos de rasgos étnicos específicos, figuraGon Benzulul (7959), pequeño libro de cuentos publicado tre§ año§

306

MANTN UEN¡{ARD

DE LA ETNOFICCIÓN EN EL ARNA MAYA

307

étnicos tzotztly tzelial:,,nel ,,otro,, {ue importab, .orro.., yi"f"rr_ der en cuanto a sus valores ,,étnicos,,. bastelianos, po, fir,-"pffiao_ se en los conocimientos antropológicos

ban ideológicamente un elemento de cohesión para unestado na_ cional por crear. para los antropólogos pozas y Castro, los grupos

; es altamente significativo que los dos se distingan cabi sOto por el cambio del pronombre: él/yo. El narrado¡ por lo
'{anto, se halla mimetízado en un universo lingülstico que lleva tor{fós los signos de lo oral y 1o "popular". Desaparece así la oposilüiOn a. registros (discurso indígena/discurso ladino) que caracteizaba las novelas de Castellanos; disminuye la distancia entre un Sir.rrro indígena ficcional y el probable horizonte discursivo del féctor (castro). ' 'Si el lenguaje narratívo es un sociolecto rural artísticámente élaborado, la cosmovisión expresada, otta vez como en Rulfo, es lá de un campesinado sin duda arcaíco, peroya no protegido por la brganización comunitaria de las subsociedades indígenas' Cada p'ersonaje se encuentra (como en Rulfo...) solitario y aislado frente á la violencia omnipresente y arbitraria de los abigeos, los funcioftários, las fuerzas represivas. El pensamiento antiguo, act'¡alización I de núcleos de origen indígena, carece de eficacia en este contexto ¡fdesindigenizado", aunque resulte, a los ojos de los protagonistas y no de transfor.güs dobles, los narradores, capaz de explicar -pero por ejemplo, no niega que mar- el mundo. El cuento "Benzulul", el poder del abigeo Encarnación Salvatierra radique en su patrónimo eépañol (variante de la difundida creencia maya según la cual los ladinos poseen un nabual más poderoso que los indios), pero Ben. zulul, al substituir

"".rtáb, que se teien entre ros diferentes sectores indígenas y los diversos grupos ladinos en er seno de la sociedad regional; "sus indios,,eminentemente sociales eran, por 1.1á",1, .l producto de tales ielaciones.
las. complejas relaciones

existentár,

,.

.,

liza ciertos comportamienios de origen ,,indígena,,. La decisión de convertir a los ,,indios,, en campesinos, fundadá en una oUr.*r.iO., confirmada por ciertas investigaciones recientes (Deverre, ::^.^.", 1980), provoca, en el campo de la estéñca literaria,unas consecuencias importantes. Ver a los j,indios,, bajo su aspecto de campesinos significa negar su exorismo y conrribuie a disÁinuir ra ¿istaicia entre el escritor y sus personajes. nn tanto que campesinos, en efecto, los "indios" hablan españoi para determina_ das circunstancias, su idioma -aunque su ancestral; "á.r..*"rr, interecrual, rural universo y arcaico pero no "indígena,,, deja de ser radicalmente ,,otro1, con
simple decisión de convertir a ros "ináios,,en campesinos no resuelsí, los problemas de la ex etnoficción o ,,ugrofi..io.r". :.,.d. depende .por Todo ahora de la capacidad del autor paru;;";;;;" lenguaje artístico que traduzca tonvincentemente las implicaciones de la nueva esrraregia. zepeda erabora el lenguaje d"i;; ili;;campesinos no a partir de textos escritos antiguos (Asturias, Caste_ llanos), ni a base de la sintaxis y las imágenes de un idioma indí_ genaac'.,n,l (castro), sino tratando de potenciar artísticamente, como Rulfo, un sociolecto hispánico rural. il compromiso con la literatur4 ésta logra erevar "a ra más arta circgorí, ,rtirri." -cuando cil lenguaje del pueblo,,, como escribió Arguedás (¡¡es, 1960) "r-Jiri ur.lÁ de Rulfo, resulta sin duda-el mejor compámiso .o., io, oprimidos que un escritor puede realizar. La mayoría de los cuentos de Benzulul alternan el discurso de un narrador "anónimo,,con el discurso, directo o.,interior, de un pro_

Los personajes de Zepeda ah<>ra,ya no son ,,indios,,, sino campesi_ , nos: u¡a categoría de campesinos mexicanos que conserv a o acil)a_

respecto a un universo intelectual provinciano. Desde luego, la

el patrónimo "fuerte" del abigeo a su apellido maya, incurre en Ia venganza asesina del ladino' En "Patrocinio

Tipá", el hecho de que una urraca se llevara, aI nacet el personaJe, ;, sú cordón umbilical, impide que sus padres 1o entierren como lc) rexige la costumbre y explica, así, los desastres en cadena que §u,, iiirán él y su familia; pero este saber no permite evitarlgs, Un es: m,as

cjuema análogo rige la mayoría de los cuentos, Los códlgos tndfgetodavía respetados por estos campesinos resultan un obstáculo iaraun^verdaderatoma de conciencia, Los "inclio§" han sido abandonados, para siempre, por sus "dioses", En todos sus niveles, Benzulul señala el fin de una época y de unaprácticaliteraria. Por encima de los despoios de los indigenismos y la etnoficción ladinos, el discurso narrativo de Zepeda, apatentemente pesimista y destructivo, construye su propio signo artístico, irreductible a las suoesivas ideologías ladinas.

308

MARTIN LIENHARD

'&lAiiNos DE rA ETNoFIcdóN Éx

¡l

An¡.t uav¿

309

Una aproximación múltiple: Morales Bermúdez

rl
,;,,

que se viven en estos pueblos donde antes solos nosotros vivimos
con nuestios cuchis (cerdos) y nuestros chuchos; entonces pues que se llegó ese tiempo, es como los hombres de caxlan que les decimos, que esos caxlanes lo llaman las gentes como somos nosotros indígenas pues, que nos dicen "milperos" (Morales 8., 1984: 123). r

t"l?u,?rt##tlguirri"or,

y aprecia, finalmente, el ejercicio de in_ terpretación de una cultura que le propone, a partir de su impor_ tante experiencia de "cámpo,,, el autor-editor del libro. Rompiendo los límites inherenres al discurso etnográfico tradicional y orientándosq hacia una auténtica polifonía ,,lilgraria,,, el rexto p""r, "fí..", una alternativa a cierta literatura "etnoficcional", encajonada án su

su propia cultura escritural,

nográfico-etnohistórico-histórico codificado según las normas de

On g t'ian. Antigua'palabra deJesús Morales Bermúdez (19g4) se s_it!a, por varios motivos, fuera de nuestro contexto inmediato, el del "ciclo de Chiapas" definido por Sommers. por un lado, su autor pertenece a una promoción más reciente de etnólogos o escritores y no mantuvo mayores relaciones, hasta donde sabemos, con el grupo de intelectuales que trabajó en el centro coordinador del rNr de San Cristóbal, Por,otro, el grupo indígena enfocado, el de los ch'oles del norte de chiapas, aparece, contrariamente a los tzeltalestzotziles, como "marginal,' en la historia del área chíapaneca. On o t'ian resulta, sin embargo, uno de los intentos más sugestivos ___en términos alavezliterarios y etnográficos- de acercamiJnto al discurso indígena y, de modo más general, al complejo cultural del área. Morales Bermúdez no sigue ninguna tradición canónica, sino que combina (yuntapone) libremente la recopiración de ra "antigua párabra" (en español), el lesrimonio indígena, el discurso de tipo hiitóri_ co-etnográfico y la interpretación ,,libre,, a partír de todos 1", áu;;, disponibles. Dicho de otro modo, el lector i'asiste" a la vida l¡eraria interna del grupo indígena; ,,escucha,, el discurso híbrido que los sabios cb'oles dirigen al ,,forasrero,, (de algún modo, al propio lec_ tor); recibe información sobre los cb'oles a través de un áiscu.so et-

;,,
't1

,

Verdadera aproximación múltiple a una cultura indígena en sus contextos, On o t'ian teje una densa y compleja red discurdifíiil no acordarse de Guaman cuya heterogeneidad , -resulta de Ayala- traduce artísticamente toda la historia y el presenH,de ,.t pueblo marginado. En un libro posteriot Memorial del ti.ernpo y en Vía de las conuer, Morales Bermúdez (1987) provoca un diálogo sorprendenentre dos géneros narrativos: el "testimonio" y la "novela", Relato iiüi podemos calificar de etnoficcional, el Memorlal si¡¡ue e[ cami' ;,;rrf-ue ,bi"rto por Los hombres uerdadercs (1959), pero deia atrás la preoilno ',,lf,upación etnográfica que obsedía, en aquel momento, a Carlo An-

'tqnio -al jóao cuimaráes Rosa (NT,1974) como un monólogo oral dirigih", un interlocutor mudo. Se trata, como lo explicita el autor en el ,tióloso, de un monólogo ficticio basado en las voces.de algunos reales. Elaborado como uno de los capítulos de On ,.,,;:k,:,,:oirán- a partir de la "castía" que hablan los indios chiapanecos,a lenguaje narrativo, inédito, es de una sorprendente eficacia poé. Gracias a este lenguaje muy corpóreo y la posición del natra' )r, que habla directamente desde el escenario y el tiempo de los

Castro. El texto se presenta

estilo de Grande sertilo: ueredds

Tdíq:nT, que ilustra, por otro lado, la situación sociolingüística vigenie,

El discurso ch'ol, en efecto, aparece en la traduccián de los própios estrategia.C1e le conserva algo de su sabor ,,arriig-r'rl,, y
Ya cuando pasaron los tiempos, así como ya llegaron hombres que los llamamos caxlanes (,,castellanos,,); así pues eorno ya lo hay caxlanes

uno de los ,;hallazgos,,de esra obra es sin duda el inteligenre aprovechamiento del bilingüismo indígena.
testimonios 'I¡s¿lss"- persiguen sin alcanzarlo: la presencia
p'o¡pórea de toda una colectividad "oral",
rcasi

' oEn Cere*onial,Morales Bermúdez (1992),abandonando la estrategia de la reCreación Sociolectal, eÚoca el discurso indígena por el intermedio de una sintaxis poética especial.

TAKI. CANTO Y POESfA QUECHUA

3t1

,'considerarla como

Cepfruo )flI PtcH¡,rutry t¿,ru. C¡,Nro y ponsle. euECHUA

DE

rA

TRANsFoRMeclóN DEL MUNDo

"TRADIcIóN" oRAt

y

MoDERMDAD sN

rr

ÁREe euECHUA DE pERú

el ¿. urta práctica cultural anficuada, repetitiva, incapaz-deenfrlntarse artísticamente con un mundo cada vez más cámplejo y múltiplemente dependiente. Esramos acostumbrados, desde ü r"riáti"árá;;l#;,
t310I

de las tradiciones europeas u occidentales y expresión a veces daidente áe los sectores dominantes europeizador, r. r.rtopro.t^^u r:,prÁind,, "boliviana" o "ecuatoriana". La segunda, con¡unto ae praáticas rrerbales orales de arraigo más o m"rror rocar, casi siempie difíciles de disociar de su contexro artístico (música, danza) y sácial (ñJ,1¿ne su tronco central en las nanaciones, los cantos y otros ,,discursos" de las culturas andinas. Ésta se expresa ,.rt" to'do en quechua y en aymara, aunque también .rpráoi.- La primera,gracias a su "r, modo de producción internacionaliiado, r. rrr.l. c"_" plenamente modema, mientras que la segunda, ""nriá.o, . t tic^aa _^ re_ ces con cierto menosprecio-- dé ,,tradición ,. ."*" ,, ".á1", relicto de tiempos más que pasados. ". cierto que para un letrado europeo o europeizado resulta di_ -. .Es fícil imaginar una literatura oral bajo otro ,rp..to que

En el área andina,como en otras áreas análogasde América Latina, la actividad lireraria aparece como irremediab-íemente .r.i"áá1."tre dos prácticas por lo común independienres la una i, Á árr^.-t^ primera, práctica escritural rearizada en definitiva dentro

is sofisticadas de la escritura o, actualmente, de la producción rdiovisual. La cultura oral, en una palabra' §e nos figura incompa¡{ble con la modernidad. uvr¡v rlLrvrr ,i:, Tal convicción --que no pasa de ser un prejuicio- se debe en t,l.l4l pfimer lugar al hecho de que nosotros, en nuestra mayoria, no co,ilo""*orl6 prácticas literárias de la "oralidad" sino a través de las ._¡i es que se.putpg"rt y casuales transcripciones que se publican de su perforrnance o acfualiza' Lli.rrr- años o decenios después ción oral. Es decir, nos acercamos a ellas como a los objetos extraízf!-^ ^L:^+^^ l{ps de su conteÉo y expuestos en un museo etnográfico; obietos ' cuyos creadores han muerto hace tiempo o viven en regiones muy i'páriféricas" para nuestra concepción del mundo' ' ,,literaru ra oral,' grafocentrismo no nos permite siLa -nuestroa nuestras categorías letradas- se quiera nombrarla sin recurrir se sabe, no en textos fijados [navez por todas medianbur", "o*o de notación gráfica, sino en la memoria de la colectite un sistema vidad o la de sus especialistas literarios. Latente en la mernoria de de un sr,rs portadores, el táxto verbal, que no es sino un- aspecto gestual-, se actualiza devwavoz, musical, textá múltiple -verbal, por e., g.neral-públicamente, y es memorizado en tal oportunidad de la tradición'.Ahora, es^t1s .rr, ,rrr.r, generación de depositarios en cada textos se renuevan constantemente y son siempre otros , perprmance. Se modifican porque 1o quiere su "autor", por la preprlblico, del siOr, ¿. las circunstancias o poi las catacteristicas del de las convenciones, además, §e van lugar, etc. A partir o en contra (génerOs) que constantemente cfeando nuevos textos o discursos oral latente. Sin embargo, en la cultura enriquecen el patrimonio la innovación :oral,-contrariamente a lo que sucede en Ia escritural' valor particular, Por e§o misrno, la evoen sí no representa ningún lución de lcs discursosiuele resultar, en la esfera de la "Oralidad", más lenta que en la cultura escritural. No cabe duda de que la producción literaria oral <orno la escritural- reacciona, con mucha scnsibilidad, a las rupruras históride cas. Aunque nos falten archivos para documentar la evolución andinos en los últimos cuatro siglos, podelos discursos literarios
,1.

atcaica de una expresión verbal mana que evoluciona inexorablemente hacia formas cada uez

la etapa mes

312
MARTIN LIENI]ARD

TAKI. cANTo Y PoEsfA euEcHUA

313

mos afirmar' a parfir de ras transcripciones más o menos casuares que existen, que la producción actual no es en absoluto ra repetición de la del siglo xv¡ rti de ra del siglo xuü. En ras últimas décadas, a raíz de la mayor integración (conflictiva) de la poblaciO" ,.ráli, , la sociedad global, las innovaciones en .t ."_po O" l, ;ruJi"iO, oral" deben de haber sido particurarmente significativas. En el área quechua de perú (espacio al cual dedicaremos estas páginas), hace tiempo que nuevos S.Luios de creadores, mayormente jóvenes de formación "occidental", han venido inteániendo .o. ,u, piápi* motivaciones en la producción o modificación de los textos orales. A menudo, los textos nuevos pasaron por una elaboración .opr*. escritural. Las mayores innovacione, qr" ,. descubren u pir{ir- a. una observación rnuy fragmentaria de ia produc orl recen indicar un cambio en la comunicación "ian ^[i^i p^_ entre emisore, y J"i i natarios' Lo§ textos nuevos, en efecto, suponen una audición menos "ritual" y más ,,consciente,, o ,,política,,. Fuera del á" i^ cornunidades.andinas, en las ciudádes "rpr"io de la sierra ,¡ de lacosta, ,cs "migrantes" hicieron surgir, por otro lado, una nueva poésía quechua, escrita, destinada a un ,,auditorio,, de tipo urbano. Es interesante constatat al oír o leer ias .*pr"rio.r", poéticas actuales, la presencia casi obsesiva de un núcleo de motivos vinculados a un difuso ,,mesianismo,,o ,,profetismo,,andiho: Apuntamos, sin querer definir de antemano esai actitudes discursivas ante la histonay la evolución social, a la expectativa _presentada como poco menos que inevitable* de un ,:cataclismo,, histórico_ro"iut. ñr, l, tradición quechua antigua, tales ,,cataclirÁtr,, ,. solíán denominar pacbakutiy o ,,vuelta-del-mundo_tiempo,,. e los poemas o los can_ tos (taki) que manifiesran una actitud imesiánicai atribuiremás,rnspirándonos en esa tradición, er nombre de pacbakutiy taki. Dentro de la cultura quechua, la presencia ¿e lrsátit des "pachakutistas,, no se lirnita, en realidad, al género taki. Bajodiversas f..;;;;ii;, se manifiestan tarnbién en dir.ersos generos de relatos: -ito¿;l;karrí, cuentos sobre la destruccit_¡n a" i" p"aUf" por un .,*q",".*", ,,condenados,,. to", cuentos de En fr-oro rnito de Inkarrí (aNo, Arguedas, 1956), el Inca descat_, ezado po, "l io, españoles se recom_ pone a partir de su cabeza debajo de la tierra; en algunas de sus versiones se sugiere que al final de este proceso, el Inca resurgirá

un mundo puesto al revés por la conquista. La r,r¡elta rhacia el pasado como camino hacia el futuro es, en general, el prinio básico de la discursividad "mesiánicat' o "piofética". 'r:r Por motivos de coherencia privilegiaré, en 1o que sigue, las expre',siones poéticas del "profetismo" andino. No es 1o mismo, en efecto, linarra'. o "gritar" la revolución cósmico-social. En las narraciones, '.la expectativa de un pacbakutiy resulta de las pautas que ofrece la ittadición y no compromete la práctica social de la comunidad"oral", ,fñientras que los cantos (orales) y los poemas (escritos) parecen, más querer acompañar un movimiento "revolucionario" en marcha. i."h-len, r¡ Dadas las condiciones de marginalidad, de casi clandestinidad de Ia expresión verbal quechua, no sabemos hasta qué punto los po[' cos ejemplos que discutiremos a continuación son representativo$ i,,de una tendencia más general. Pensamos, sin embargo, que al¡¡uo urbanos- se reconocen en inos sectores "quechuas" -¡rr¡¿ls5 r e§tos textos.
il,para enderezar

I

, Pecuerurryrem
l'
i,'

El lenguaje-acción: Rumitaqe (Canas, Cttzco, 1921)

j, [,os "versos de escarnio de los indios contra lc¡s mistis" (Valencia s/f: li '11.2-1,1.4), de los cuales reproducimos un fragmento significativo, r.fueron pronunciados en el contefio de un enfientamiento violento
y campesinos cuzqueños; ellos fueron seguidos, luego, de una respuesta misti de análoga tonalidad, La "puesta en .! ,escena" más verosímil del acto comunicativo entre indios y mtsi,, entre hacendados
r1;

!titt

tt'is

'

esla disposición frontal de los dos bandos antagónicos, En cuanto a la "puesta envoz", se puede pensar en una recitación colectiva 1'a

, gritos". La modalidad del "contrapunto", frecuente por ejernplo en i; los cantos de carnaval y en los discursos de insultos que acompa-

i' ñan las actuales batallas rituales en las comunidades
óe indicar

andinas, pare-

el carácfer ritual del texto, La poética de los versos, bas-

I,

tante libre y espontánea, no remite directamente a la de los cantos
quechuas.

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MARTIN UENI{ARD

TAKI. CANTO Y POESIA QUECHUA

315

t...1

Kunanpuncbaymanta
karaqo .tukukapun tuk:uyta qonganayki Suwa suwarunakuna
c b ayqa

un rásgo distintivo: es propietario colectivo de chacras y de
domésticos. La comunicación va del dueño colectivo legí-

Kunanmanañan

Maytaq cbakraltku rnaytaq uywayku Suwa allqu mistikuna kunan makiykupl wañunktcb ls

al ladtón. La función principal de estos "versos" fue sin duda levantar el ánimo de los campesinos y provocar la ira de los El triunfalismo sarcástico (subrayado por Ia repetición ica de un carajo tomado en préstamo delos mistis) que domina la
de estos versos es característico de los discursos que acomlos ritos de guerra andinos. Lo encontramos, ya, en los monóque Titu Cusi Yupanqui atribuye a su padre Manco Inca (Yupan1985 t1985D, como en los cantos que acompañan las batallas

ñaupañacbu kayku
m,anañ,an muspaykucbu ni puñuykucbu

modernas entre dos comunidades:

Kunanqa allinta m rik c b a riy ku karaqo
t...I

' ' Ama uayqey rnancbankicbu
',' , rumi cbiqcbi cbayaqtinpas

fulano bermano

Desde el día de hoy esto caraio se terminó has de olvidarlo del todo Ladrén hombres ladrones

:

fulano bermano sara bank'allan ninki

.,: ful.ano bermano

Dónde están nuestras chacras
dónde nuestros animales Ladrones perros mistis Hoy en nuestras manos van a morir Hoy no somos ya como en el tiempo pasado ya no estamos delirando

yauar unu puriqtinpas

,

fulano berntano ayrarnpu unullan ninki fulano bermano
No temas hermano

(Chiaraqe y Toqto, Cuzco)

ni durmiendo
Hoy pues empezamos a despertar del todo
carujol

I

fr¡lano hermano

y cuando llegue el granizo de piedra
fulano hermano
dtrás "es tostado de maíz nomás"

Un "nosotros" exclusivo (ñoqayku) se opone a un ,,vosotros,,ca_ neruo i",uáil i'*xt¡,2 epíteros que apa_ Yl.:q:^*]a!.ró: Ísuua)1 recen como sinónimos. El grupo ,,rrosotros,, no ilü .pfr"i;;ñ;
La traducción de los textos quechuas de procedencia o¡al ha sido rearizada .¡ o revlsada por el autor de este trabaio. ) que nombra, en la sierra peruana, a los miembros del anriguo sector ,"n:]ff*t"

fulano hermano

y cuando corra el rlo de sangre
,

fulano hermano
dirás "es agua de ayrampu nomás" fulano hermano (Chiaraqe y Toqto, Cuzco)

,

,

, ta diferencia fundamental entre este canto y nuestro ejemplo tanterior estriba en la naturaleza del enfrentamiento: ritual (y frater-

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MARTIN LIEN}IARD

TAKr. cANTo

y porsla

eUECHUA

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nal) aquí; histórica (y antagónica) allá, El texto de Rumitaqe establece impllcitamente tres niveles ,.*poár"r, 1. un pasado anterior a la invasión de los. un prerántopasado caracterizado por ' la opresiva presenciamistis; Z.mtstiio tá.."¿raos *una de ros pesadilla*; 3. un presente-futuro, tiempo .n a.,*r.rir, ,eái,I""ü"¿.u ser sino el restablecimiento áel pasado ",ryo remoto. En Ia articulación de los niveles temporales (el futuro co*o rü¡l".imiento del pasado), reconocemos el esquema temporal de los relaros rnitico_ItOpios quechuas, cuyo ejemplo más ctnoci¿o es el mito de Inkarrí. Como en éste, la transición de un nivel ,urnpoirt a otro toma la forrna de una ruptura violenta. sabemos que Ia tradicionar concepción mítico-histórica andina solíatrabajar con el esquema de una alternancia más o menos repe_ titiva entre dos "situacircnes" opuestas. ia situac¡ón nueva, do de una ruptura cosmológicá, of.."ir-ri."*;;;::::::::l-resulta_ con la si tuación a ntepa sadal .ffi ^ idéntico. La mirada, sin embargo , uburr tunsólo tres ,,situaciones,,

patria que defiende el "nosotros" de esta carta, como los autores más abajo, tiene un nombre: Perú. En cuanto al contenido colectivo "nosotros" atribuye a concepto tan manoseado, reel sobre todo la identidad entre lucha antichilena y antioligárquihecho, esa patria "democrática" bien podria corresponder al qr.re anhelaban los campesinos cuzqueños de 1921.. Debe sub-

que este discurso "revolucionario", como resulta del coninmediato, es pura acción, elemento entrañable del enfrentano propaganda ni conmemoración, actualizado d.e la bistoria: (Espinar, CLtzco, años ocbenta)

;;

.;;;#ffi

flTffi.:S,:

la comunidad campesina de Toqroyoq (provincia de llspinar, ), una danza goerrera dedicada a Domingo Huarca Cruz se
convertido, en los últimos años, en una "pieza" central del ciclo del 29 de junio.3 Domingo Huarca, Iíder, en las provincias Espinar y Canas, de uno de los movimientos (mesiánicos) de inión que sacudieron la sierra peruana en los años veinte, ñ.re iciado cruelmente por las tropas represivas. Se 1o acusó en ese po de la muerte del hacendado Alencastre, casualmente el "in';t$rlocutor" de los versos de escarnio que acabamos de presentar. ;S,i los códigos musicales, coreográficos y rítmicos de la danza sipautas tradicionales, el texto "historiográfico", producto de investigación oral, constituye una innovación para la cual poencontrar, sin embargo, interesantes antecedentes en los dramas coloniales o de creación más reciente (Balmori, lg55; rara,1957; Millones, 1988) que actualizan la muerte del Inca Atawallpa. Estos dramas, considerados a veces, sin ducla algo precimente, como expresión directa del permanente esplritu de de la población andina, suelen ofrecer un valor a Ia vez ,fitual (acrualizar la cohesión de la comunidad) y conmemorarivo (no olvidar los lejanos orígenes de la situación actual). En el caso la danza dedicada a Domingo Huarca percibimos, al lado deva-

mandaron en 1882 a unlacendua" a.r dole su úaición, ellos afirmaban:
[,..] nosotros

locales lo originaro", r. nerales: el o los hablantes ," -que .o*id.rr(n) parte de una colectividad amplia no especificada, pero que excluye a los mistis.En este con_ texto sería sugestiva, aunque aigo atrevi'da, la, comparación con una cartaque los jefes guerrineros de comas,

d";;;;;ri. conciencia previa (manañan muspaynucnu, ya no deliramos). Llama la arención que todo áiráurro áe la ruprura, pese a las circunstancias "l
en efecto,

la ruptura era propiamente cósmica, mundo-tiem po,, Qncb a:kuity), "*'"1"r"'r*"" [, to,,tr.rro, [;;;; ;il;;" en el papel protagónico de-,,nosotros", "n ;;i;r;;il;;J ¿#;. sinado. La ,,revolución,,será,

y.dos rupturas (pasado aajorutü /pr.rá"i.pu"ua o/ /fuuto).La gsirua_ ción" del presente_pasado, totalmente nelativa, debe ceder su lu_ gar al restablecimiento del equlibri" ,"i"r?or. si en er sistema tradicional,

.ir"r.rttr¿o

plu"r.;.;-;¿Ál;;;;

"áÁuuti.rt.s irrtñ.;¡lñ. ¡\vvrvLrr.rr- -"'*: R.p;;#

antichilenos

que, 1981:393).

justicia unanimemenrc levantamos a definder á nuesrra páffia somos verdaderos amanres ar,U ilri^'J""l ü;;:

conrazóny

t

' ', Debo estos materiales a Claudio Oroz (Cuzco). Para su transcripción y su traducción, conté con su ayuda y con la de Nilo Tomaylla (Ginebra).

318

MARTIN TTEN}IARD

TAKr. cANTo

y porsfe

euEcHUA

319

rias analogias (como el despedazamiento del héroe), una cierta mo_ dificación de la ,,tradición,,. por una parte, el persola¡e ," ,¡ilr-.., un pasado cercano; por otra, es un héroe cornún, campesino como los demás. por último, la función del propio texto parece menos conmemorativa que incitativa o conatiua (según raiamosa crasificación de Jakobson):
Dorningo Huarcata presun bapispa (bis) Hasta Yaurikama cbayaracbisqaku [...] Domingo Huarcaqa suyay nirapuni Domingo Huarcaqa rirnariranpuni Qqa wiñaqkuna sayariycbis nispa (bis) Do/ningo Huarcata sipirapusqaku (bis) sonqonta aysaspa qallunta aysanku parnpa panxparndn

campesino más, pero también un hombre excepcional; su epítesupay (nombre que los misioneros impusieron al diablo cristia), recupera su valor más antiguo de "espíritu visionario" (cf. GuaPoma, 1980: 264). La muerte de Domingo, lejos de aparecer un punto final, anuncia, como la de Inkarrí o la de Tupac rul (otros heroes "míticos" despedazados que esperan su recom:ión), como la de Jesucristo igualmente crucificado, La llegada otros tiempos. Su voz, pese a la lengua cortada, sigue vibrando
llr

la de sus descendientes.
l'

La tradición subuertida: Ayacucbo 1987
,Desde el comienzo de los años ochenta, el departamento de Aya:cucho se ha convertido en el escenario de una represión generaliPada qae, bajo pretexto de lucha antiterrorista, va desembocando4 'én lo que se parece cada vez más a una campaña de exterminación

cbakatayarunku [..J
Domingo Huarcaqa supa! qaripunin Ilaqtanta nxunaspan uañ untapa s tarin llaqtanta n unaspan uidanta entregan Cuando tomaron preso a Domingo Huarca Hasta yauri lo llevaron [...] "Esperen,, dijo Domingo Huarca A hablar se puso Domingo Huarca "Los que habéis de crecer, levantáos,, diio

del campesinado pobre y como tal "sospechoso". Tales sucesos,
hasta ahora casi ausentes de la literatura escrita

-alusiones Zein Zorrilla (1987)-, no iipueden haber dejado de repercutir en la producción oral de las
,iSe hallan en ciertos cuentos recientes de

veladas

afuera; sin embargo, aunque de modo alusivo, cultura oral de corte más bien urbano se encarga de trasmitir ,.una , algo del horror vivido.
En el ejemplo siguiente, el vehículo poético de tal mensaje es un rcanto de carnaval (Huamanga, 1987). Recordamos que los moder,nos ritos de carnaval tienen su origen menos en el carnaval europeo que en antiguos ritos de guerra (Arguedas, 19851 151-155); en 'tiempos recientes todavÍa, el carnaval es uno de los momentos priparala realización de batallas rituales, Una de las imágel1:vilegiados i',nes más obsesivas de los cantos de carnaval, el yawar mayu (rlo de ' sangre), se refiere sin duda tanto a los dos crecidos del momento ,bulminante del periodo de lluvias, como a la sangre humana que corre:
a

',,vÍctimas sobreviüentes. Por motivos obvios, esta producción camper'§ina no filtrahacia

A Domingo Huarca lo mataron
Le sacaron el corazón La lengua le sacaron En la tierra en la tierra

Io crucificaron [...] Domingo Huarca fue un hombre endemoniado. Por haber querido a su pueblo encontró su rnuerre Por haber querido a su pueblo entregó su vida La voz del mártir campesino se dirige a los qepa wiñaq, a .,los_ que-crecen-atrás,', a la posteridad: a los presentes que resultán, como siempre en el arte oral, espectadores a lávez que,,actores,,_posible_ mente no sólo dela danza, sino de la historia_. Domingo Huarca es

Señalamos a los lectores que este texto, revisado para la presente edición, se re-

monta a 1990.

320

MARTIN LIENHARD

TAKI. cANTo Y poEsia eLECHUA

321,

.

pu rin ip u k ilay t qaqanxan cb ayaspa ¡pukllayt ya.uarta.raq uaqan (Lauriault, iSsB;7)
¡,1 ay wp as

kayta musiaspa (Farfá¡,1,987)
t'

.

Río Alameda

El río camina ¡carnavall y cuando llega a la roca ¡carnavall sangre todavfa ilofa

., ' i,rl i ii''

río caudaloso tu cauce ya
se está llenando

con las lágrimas de la gente tus agruas ya
se están llenando

no debe leerse como lamento, porq,ri la música de catnaval, como apunta Arguedas (1,9g5: L55), es ,ibravía.,,gr"rr"rr, trágica y violenta":
Río Alameda

. En tales lmágenes tradicionales se basa er canto siguiente. pese a las apariencias,

río caudaloso

caudalcballaykim quntantcbkanña runapa ueqenwan
Yakucballaykim

i,,.. t I , : lr ,,,' ,,, I .r

con el sufrimiento de la gente Malicia malicia cierta malicia Dicen que tu enamorado en Infiernillo está penando Dicen que tu querido
está en Puracuti

quntarucbkanña runapa llabinwan Malicia malicia cierta malicia
Yanacballaykiqa

Infiernillupis
penatapasacbkan
Kuyay yanallariqa

Cierta malicia Justicia iusticia mala justicia qrr. ala cárcel hace llamar a la gente mala justicia Adiós Huamanga triste Huamanga Yo ya me estoy yendo meditando en esto

Puracutipis Cier"ta malicia
Justicia justicia mala jotsticia cárcel waslman

l:

Aparentemente clásico, este canto de carnaval se abre con la in. ,vocación del río que va creciendo, lmagen que concgponde a la lestación del año (febrero). Pero inmediatamente, egt¿ imagen va
,darnbiando de sentido: la crecida se debe a las lágrlmas de la gente

tuna qayacbiq
mala justicia Adiós Huamanga

frste Huarnanga

ñama ñoqaqa

pawcbnaitña

(lágrimas cuyo origen el auditorio conoce de sobra), I¿ estrofa,si.'guiente, de tema amoroso aparentemente tradicional en el contexto del carnaval (fiesta de los solteros), se desvfa más clararnente tadavía de Ia norma: el enamorado no se enamoró dE otra, ni ta¡npoco se fue por su propia voluntad traicionera: él está no exacta,

la¡

MARTIN LIENI.]ARD

TAKr. cANTo

v po¡Sh

QUEcHUA

323

en el Infierno, sino juego de palabras- en Infier-negro nlllo, lugar donde se descubrió una fosa común de iíctimas de la rcpresión, o en Puracuti; lugar de otro descubrimiento macabro. La evocación de la cárcel, en la tercera estrofa, es otro motivo tradicional que cobra un significado muy preciso en el contexto actuar. El final, casi cita del célebre wayno,A¿i¿, pueblo de Ayacucho,,, cierra el canto con su polisémico pasacbkaniña kaj,ta *uryorpo, "habiéndolo meditado me voy": ¿adónde? La ruptura ara cuai aride este verso no tiene nombre ni contenido preciso: al interlocutor incumbe la tarea de dárselo. Este canto, más cercano ala,,tradición,,poética quechua que los precedentes, demuestra, con la eficacia sugestiva de su lengua¡e poético, la capacidad que aquélla tiene para adapfarse, lu s.Áini_ lidad del momento sin traicionar su mundo. Ná quiero tampoco traicionar más el mundo de ra oraridad quechua sacándo unas conclusiones "definitivas,, a parlir de unos (pocos) textos que ahora, cuando los estoy comentando, ya son otros, y que adeÁás nunca fueron lo que no pueden dejar de ser en estos papeles. eue el hi_ potético lector me perdone...

ntilta

UNe

xunvl

EscRJTuRA

poÉrlc¡, ÁNolNe

Como se apuntó al comienzo , a la ,,renovación,, que atraviesa la poesía quechua oral en los últimos decenios corresponde, en otro terreno, el surgimiento de una nueva poesía quechua escrita. Aunque casi siempre haya existido, desde la Colonia, cierta producción poética escrita en quechua, ésta, hasta épocas recientes, poco tenía que ver con los universos culturales de los campesinos o L* sinos andinos. "se trata de una rengua riferaria iofisticada a ra qie "u*p._ a veces es difícil llegar desde el suelo de la lengua hablada,,, observa Bendezú (1'986) al comentar la poesía de Arencasrre, mayor representante de la poesía quechua misti moderna. El desarrollo de una nueva poesía quechua coincide, como apunta Barquero (1980), con el "gran-torrente de movilizaciones po", y rnás generalmente, con las profundas modificaciones "r, "i.u*de Ia relación entre las comunidades quáchuas y la sociedad grobar. Las

se ven invadidas por la economl¿ mercantil y capitarta,.como también por la educación escolar, Al mismo tiempo, representantes- inundan las cludades y la capital na' óllas -o sus incluso a convertirlas, de espacios urbanos o "meóional, llegando ri;tropolitanos", en aglomeraciones casi aldeanas o "andinas", E§ en no en el delavíeia tradición quechua fleste contexto urbano moderno, que va surgiendo, muy poco a poco, una poesía quechua es'lrntsti, ionta que nada o poco tiene que ver con la poesía peruana conternt'¡iporánea en español, pero que tarnpoco sigue la tradiciónde los poe,,fnas cantados. Aunque todavía marginal, esta poesía podtíallegat a oeq según las opciones político-culturales que se vayarr imponienii,.dr, o.r^ de las expresiones más significativas de los sectores urba. ,nos andinos o de origen andino. i :i No sorprende que tamhrién en una parte de esta poesía ---{uando sus autores se identifican con Ia cultura quechua campesina-, los motivos "mesiánicos" ocupen un lugar central' Tratándose de I poesía escrita, no debemos presuponer en estos textos un parenitesco formal con los cantos que acabamos de presentar. Si los can, t I tos disponen de una multiplicidad de medios expresivos (texto ver§al,voz, melodía, ritmo, a veces coreograftay, siempre, la relación :'' directa con el público), los taki escritos deben concentrar toda su ,, significación en el discurso verbal, que podrá resultar, por los_misl, mos motivos, más "compleio". La relación que queremos establecer .entre cantos quechuas y poesÍa quechua escrita no pasa necesariamente por su "Ietra". La homología se sitúa, más vale, en su significación social.

J. M. Arguedas
ev l.wv.rqNw aslv¡ve LVUVO M De todos los autores de pacbakutl takl,J, M, Arguedas es el único más allá de unos círculos más bien restringidos, aunque I ' conocido ,, no precisamente como autor de poesía escrit¿ en quechua, La noto', r¡eüd,de Arguedas se construyó alrededor de su narratlva, ante todo (1958)' Mucho más tarde se "de§cua partk '' brieron"de Los ríos profundos y socioantropológicos. Su poesía sus trabajos etnográficos , espera hasta hoy una atención crítica adectada. Nadie cuestionó ' vL

príblicamente su valor: con muy pocas excepciones (Corneio, 1976),

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MARTIN UENI{ARD

TAKI. CANTO Y POESÍA QUECHUA

325

gue existen dos motivos principales: pá,,rn lado, el idioma .o .r_ ropeo en que están escritos los poemas, pero rnás todavía, quizás, la dificultad de siruarlos en el panora*á i" u proa.r"oiJ.rlüái", peruana y latinoamericana (escrita).
Así, un poema como el bayll,i-taki,,Tupac Arnaru *¡(d ¡uestro padre creador fupac emaru"_ kamaq taytanchis_ (Argueda s, lg72), pese a ser un texto elaborado por escrito, se

el silencio es la actitud crítica más frecuente al respecto. ¿A qué se debe el largo, tenaz purgatorio de esta parte de su obra? Fensamos

:A,o recuerda la pregunta obsesiva que el hablante antiguo, el Inca, dirigía a una divinidad demasiado lejana y abstracta:
Pin kanki maltpin kanki manacbu rikaykiman
¿Quién eres? ¿Dónde estás?
¿No podría verte?

¡12¡"

ca del universo discursivo

de la cinta propio autor, ella se construye fundamenrarmente Sdrd, p"rlf petición rítmica de determinadas con§trucciones ^i^ri-.i"iu'irsintácticas o cadenas- de sufijos. La situación enunciariva diárogo con la-divildad muda- es típica de los himnos -el antiguos. La pregunta inicial
Maypitaq kanki ñoqaykurayku wañusqaykimánta
¿En dónde estás desde que te moriste por nosotros?5

ante todo la rradición.d. himnos que los Incas dirigía n ala divf Jg, nidad §Tiraqocha con ra der qayrtt,canto de triunfo que se entonaba para homenajeat a un Inca viciorioso o parucelebrar -:corno suce_ de hoy todavfa- Ia cosecha, Esta doble parte la alternancia de dos discursos: uno de gran violencia, de afirmación triunfal en la estación de lluvias; el otro mas frico, áe -río invocación- río tranquilo y poderoso. La méticano sigue á¿. ft, cantos: como lo comprueba la audición

cras (secuencias, 10-11). Formalmente, este poema

na" (criolla). El hablante poético, .t*o ., los versos ¿. ásUrrrio de los campesinos de Canas, ., ur, ,,rrouorr"r; qr."nrl (ñoqayku); un nosotros que ";il;"" se opone taiantemente a ,,ellos,,, a los enemigos principales., los kita wiraqocbakuna, los "a"rprá"iiUi., wiraqochas", calificados igualmente te hdrones a" ti.rrÁ, á.ár_

qr."h.r,

que ae

".r_ blamada"p;;;á;;;r_

halla sin áuda Áai

(Arguedas, 1955: 1.24)

de

1962 combina

irái"iO"."pli"r;q;l;;;,

traducción de los poemas arguedianos, realizadaen un principio por el pro_ -, plo Arguedas, ha sido revisada porár ,uto, a. con vistas a volve¡ra lo más llterat posible. "",. "*ry"

tla

cristiana: su muerte por "nosotros". , La tonalidad triunialista que caracteriza este poema de Arguedas {iflcilmente se podría derivar exclusivamente de la,experiencia con,loreta de la fuerza invencible del "pueblo quechua". Sin duda algu;¡1a, ella remite también a la tadiciín del, qaylli, reivindicada directamente en el subtítulo: haylli+aki o "carfio de triunfo". Si el qaylli e6 un canto de homenaje a un Inca victorioso, ¿quién sería aquí el ,,Í[¡s¿'l homenajeado? Un "Tupac Amaru" desdoblado: el último de ilos,trncas del reducto de Vilcabamba (siglo xl't), pero también -y |:sobre todo- José Gabriel Condorcanqui Tupac Amaru, líder de vastísima insurrección andina del siglo xlu. Se sabe que las l,r,nasas campesinas de aquel entonces veían en este ex corregidor esoañol a un Inca resucitado. ii Ci alude a un Tupac Amanr ¡1i,,,: Si -1"áa a rrn'F¡rnan Amaru histórico, el poema celebra ante todo í,,aur, "Tupac Amaru" convertido en héroe mítico o divinidad, Dfgase prehi§pánlco§- pa' no los iide puso que Tupac Amaru II -y Inkarl Incas relatos mftlcos. La de los rece haber sido el "modelo" del irtendencia a la mitificación de los llderes de la colectlvldad quechua rrrLryrvlllv, todavía incipiente, también en la danza Suerera dedica' aparece, Lvu4vra ., 4l,4MU, ' da al héroe campesino Domingo Huarca. "Tupac Amaru", como se . 4puntó antes, es también una reencarnación andina de Jepucristo. ,, ,Un'Jesucristo" que no murió por toda la humanidad, ,sino "como li Domingo Huatca, por su gente, por el "nosotrosl' exclusivo de la " ;l colectividad quechua. La presencia de 'Jesucristo" en,un can'to que'
t,

Arguedas, como se desprende de la cita anterior, el interlocutor ,,dlvino andino incorpora un rasgo nuevo, ofrecido por la tradición

326

MARTIN LIENHARD

TAKr.

cAMo Y PoEsfA

QLJECHUA

327

y

chua no debe sorprender: en el panteón surandino, Cristo existe corno una divinidad de rango intermedio (apu), especializada en las quejas por injusticias sufridas (Núñez del prado, ig6g_tglO). tu mitificación de Tupac Amaru se apoya, además, en la atribución de dos títulos de larga frayectoria andina: a.rnant. y kamaq. El destina_ tario del poema debe saber (el texto no lo explicita) que la serpien_ te mitológica aff aru aparcce siempre en Ioi momentos de crisis cósmica, de pacbakutty. En esta ,,verdad,, mitológica se basa tam_ bién un inquietante cuento, ,,Amaru,,, del narradoiandino E;gr;;" Rivera Mafilnez (1986). Amaru o hijo de amarlt,,.Tupac Amai¡,, se formó a partir de Ia nieve del Sallqantay, un cerro donde se ubica, para una parte de las poblaciones apurimeña y cuzqueña, la divini_ dad quechua suprema (Nuñez del prado, 1969_1976). rf át." iit"i", kamaq o pacba-kanxaq (,,e1-que-ordena_el_mundo,,) se atribuía, en la época prehispánica, a las divinidades ,,creadoras,,. En unu p^l^_ bra, "Tupac Amaru,,.acumula atributos divinos de tradición
cristiana.

puede ser Si bien la expresión pacba+ikray (voltear el mundo) de pacba-kutiy, ella se ónima del concepto un tanto abstracto

iqueceaquíconunsignificadomásconcreto:eneste"canto"' ryserefiereatodaesaactividad..subversiva,'queelcolectivo hombres (ex) andinos- vanrcalizando en la trans' i.os"

-los sociedad de Ia

y cultura criollas. En un primer momento'

a,J)qespa?

frry."¿",
nas"

mastarinakuniku ll:iu tauantin suyupi nos hemos extendido por todo el país de las "cuatro zo-

:li:"' El despojo de las tierras indígenas, paradljicamente, permitió :--gracias al éxodo rural- al hombre quechua reconquistar las cuatqo patt.s de su mundo' Luego, "nosotros"

^id¡r^

'

kay weraqocbakuna.q urna' llaqtanta, ñoqayku' as asllamanta
tikrasianihu
subvertimos poco a poco el pueblo-capital de estos wiraqochas

sus componentes tradi_ cionales) con el nombre de papay (mi padre) y de iauqey(*i ne. mano). El nuevo d.ios ,,creador,, quechua _personaje histórico mitificado- resulta mucho más próximo al hombre quá et §Tiraqo_ cha lejano invocado por los IncJs en sus himnos. En definitiva, iupac Arnaru hamaq uytancbts (,,nuestro padre.ordenador Tipac Amaru") no es en el fondo sino el nombre que se atribuye a la Áe_ moria histórica, la cultura y ra irimitada fueria corecriva áel hombre andino. El hablante poético, especie de amauta o ,,profeta,, de la colectividad andina, dialoga con una divinidad que es la emana_ ción de una subsociedad colonizada que logró preservar a recrear sus valores centrales a ffavés de 450 ános ¿e opresión. y la expe_ riencia de la opresión, lejos de debilitarlo, otorgó al hombre (andino) las fuerzas necesarias para,,voltear,, el mundá,

La voz del hablante poético invoca a esta va (cr_eada por el poeta) y familiar (por

diüni

dad, a

lavez nue_

El éxodo, lejos de significar el fin de la- culfura andina, siginifica las cuatro más bien el fin del predominio occidental en el "país de en los verzoflas" (tawantinsuyu). El leva¡tamiento andino, como sino sos de escarnio de Canas, no se concibe como un proyecto' como una realidad que ya se va viviendo: ¡Hatarisianikun"'! -nos .r,r,,,o, levantando (seáuencia 5). Y aquí también, 1a victoria sobre tan los opresores aparece no como un sueño, sino como un hecho inevitable como e1 amanecer después de la noche:
Ñas pacba acbikyay; runaq pachauaray kancbarlstanña ya Urilla la ar¡toia del mundo, el amanecer del hombre'

Kikin wañuyrnanta kaltpa batariqqa pacbata kuyucbinmanmi,
ti kranmanmi, moso qyac
b

cataclismo cósmico, con todoel poder del colectivo "nosotros":

La poderosa contraofensiva de los despoiados

{u€ arra§a'.cual antes de restablecer no termlnará

inm anmi

La.fuerza que surge de la propia muerte podría mover el mundo, volteado, hacerlo de nuevo.

llaqLloqllasaqku ñoqancb ispa tlapan allpancb tsn h aptnaykakama; taicb l,spás llaqtancb ispuni kanankama' toda Como una avalancha nos precipitaremo§ hasta volver a tomar

328
MARTIN LIEN¡IARD

TAKI. CANIO Y POESfA QUECHUA

.

nuestra tierra; hasta que todos nuestros pueblos sean de veras nues_ tros pueblos.

de é1. La capacidad histórica del "pueblo quechua" se represen-

rü.r,,,"u*p."i,,;".'"T';1::*T.il3il:ff :rffiit[x'L[:ii: les y planetarias. Así, ¡ "" (chd, cia a otros mundos lejanos 9.*rgo!;";ár,r", ," explica la referenüi;ñ ¿ora" se habían desa_ rrollado, con
éxito,

¿.f q"."frr* ¿" hecho, el rexto ,rT:1iT" l" ain por radio en zonas rurales del Cuzco). De alguna manera, "áiá el sector de los ,.migrantes,, es el que reúne las meiores condicioáes p"r^ i^at^ren el nombre de toquechuahablanres, JJilJ o.r" o.r_rnecieron en sus 1":]:: comunidades como de- los que ""r" .roUt.lr..on en las se ciudades: su memoria, en efecto, abarci experiencias ,,andinas,,y urbanas. quizás también Es
el
s

con la de los posibles lectores _,,bicultural.r;;_ del poema: (Los audito_ res, en cambio, podrían ser personas monolingrie.

más el colectivo ,,nosotros,, no "iti¿rt..rt" a lo largodel poema: es Ia comunidad andina, ni el cániunto de los campesinos quechuas, ,irro.i á. tos ,,migrantes,,. En tármi_ nos sociológicos, la identidad del habr,¿nte poético coincide

_ Lo mismo expresaron,'en fin de cuentas, aunque con otra formu_ lación, Ios campesinos.de Canas. p.- ,qr, no hablan los ,,campesi_ nos". La identidad del.hablante p;á;;;rg"ediano, algo bo*osa al comienzo, se va perfilando

iarnente, como en la danza guerrera de Toqroyoq, a través t e qrÉrvu personaje histórico mitificado, semejante allnkani de las namíticas. La complejidad aparentemente mayor del poema
+r¡E¡4¡vr¡!v,

se explica no tanto por la erudición de su autor, sino por el elegido: la escritura. Si el poema escrito se agota en su texto único, los textos orales, siempre en proceso de renovación, de otros componentes musicales, rítmicos, ges-códigos , coreográficos- para "completar" su mensaje. ;1, Fuera de la cuestión de los medios y códigos implementados, lo distingue claramente el poema arguediano de los cantos orales su destinatario principal, el "migrante". La poesía quechua de Aren efecto, es una literaítra urbana de tipo nuevo, exprenueva no sólo por sus alcances formales, sino también por (quízás utópicamente) a unos sectores que poco teque ver, hasta los años sesenta, con la literafura escrita. Es como Io intuyó A. Cornejo (7976), que el poeta quechua Ares su manera- un "poeta indigena" . En este sentido, su -a Itamiento" por parte de los historiadores literarios criollos no tfaduce sino la permanencia de una vieja discriminación.

movimiento;;;;ü;,

,'l
',

Poesía quecbua reciente

ñas buk karu karu ,aEa h,tnapipas rnucbuq runakuna wamaniña kanku, batun pauaq irnar.¡,*

i;,

:¿:A:§;:;ffs

pueblos muy lejanos los hombres ya son wamanis,

'

Pese a las apariencia¡ fo,qales, el poema de Arguedas ofrece una relaiva convergencia global aon lá, que presentamos en la primera parte de este "rrrtos ensayo. a partir no de la letra, sino del "espíritu,, de unas formas poéticas tra"dicional.s se elabora, como en el canto de carnaval uyá"u"nrrro, y candente. En ranro "i'"¿""""rdo contemporáneo carnio", un pacbakutiy, "uorti"".ril;;";. en los ]¡ una revolución cósrnico_soc ,,versos de es_ ial ya en marcha. EI poema no documenta este ,rrugro ;u"aso, sino que forma

de una poesía quechua moderna. Su ejemplo, sin embargo, no ha lrsido seguido por muchos otros poetas. Lo impidió, sin duda, la si;, tüación sociocultural vigente con sus discriminaciones en cadena. , Los pocos "discípulos" casi heroicos que se conocen demuestran, a pesar de todo, que Arguedas no fue en este campo un destello úniido aunque hermoso, sino un pionero. ' Eduardo Ninamango Mallqui (Pukutay,1982), Dida Aguine ("Poemas quechuas", 1.983) e Isaac Huamán Manrique ("Nanay") crearon, expresándose en el quechua del área Huancavelica-Ayacucho, unos universos poéticos "cataclísmicos" que no desmienten su patampoco con los de la tradición rentesco con el de Arguedas
oral.

$ *i modo de ver, Arguedas demostró ampliamente la posibilidad

-ni

330
MARfiN LIEMIARD
TAKI. CANTO Y POESiq, QUECHUA

331

desde el corazón de una tormenta que se peiclúe, ..r como un dolor. Nanáy (,,dolor,,) se intirula preil;";;

.

En.Ninamango Mallqui y en Huamán, elyopoético habla como

r.r.á_i..,ro,

Colectivo "nosotros". Un "nosotros" particularmente activo, perfecta-

lflente identificado con el cosmos natural. El cataclismo cósmicoconscientemente "provocado" es la respuesta a una situación y explotación insufribles. En el primer poema de Dida .Aguirre, no sólo se nombra directamente al enemigo, los "mlstls de Eonzón negro" (yana sonqo mistikuna), sino que se caracteriza, con precisión poética, su actuación:
§o.-cial

ffi3ff

r};

Huamán. Agudo, et sufrimiento ""á'o'" ", tiberará,r.,, ..,"rgi,

ü,e opresión

Nanaym i ñausayniyta tukucbinqa

llullunmanta
El dolor acabará con mi ceguera llameando desde lo más tieino6

,,.

iit

' r.'r ' ,i,

Energía que se traduce en esta imagen .,solar,,:

ankallañd. qa.wa! qauamucbkan pawaykamuqllanna [..J apa.qaparqonanxpaq rapaces como águilas están acechándonos revoloteando [...] para llevarse, pararobar (1o nuestro)

!:r!* lluksicbisaq yo haré salir

sincb i kancbarfitra

un poderoso resplandár

por ejemplo en el cuento q..,."i,r, KutimancodeJosé Oregón Mo_ rales (7984). En los "poemas orrechuas,, de Dida Aguirre, en cambio, quien desencadena la .,tormerrr-,,'r,o es oro sino el propio -y.ontrolu6

nales de carnaval (agua coioraáa, ríod. las narraciones del (día del) ,,juicio,,, ¿. do-pueblo. indigno por un "vie¡o

El cataclismo en marcha al que se refieren los poemas parece menos "histórico,'v más ,,c-ósmiáo,, que en el qaylliarguediano. En los textos de Ninaángo yHuamán, clntrariamenre a los de fuguedas de Dida Aguirre; cofiio veremos__ no se designa explícitamente -y a.ningún "enemigo,, humano. La ,,tormenta ,,, opaca para laconcien_ cia humana, se desarrolla .o,,o f,r.* á"i"o.rt ot de los hombres: pacbapa sonqonsi kunununucbkan, ,,de latierra el corazón, dicen, está remblando,,, exclama el yo p"ái.o"r, pukutayfñi"ái*gá1, mientras que en*Nanay,, (Huamán) r. air", mayukunapas pukayan_ yt(aslawan kay tukuymanto*,,,i lor.f* ;; vuelven sos/por todo esto (que nos cae),,. Imágenes an¿i"u, .fári"us del cataclismo que podemos conocer ya, por qemplo, ,;¿;; cierros

En todas las composiciones de este "grupo" de poetas jóvenes, el hablante poético es un yo (o nosotros) sin rasgos indiüduales, Un sujeto plural consciente de representat en tanto que "dueño de ,. la palabra", a t)na colectividad más amplia. La identidad de este su,, ,jeto plural sin caracferización "sociológica" surge, de algún modo, de Ia "tierra" (allpa). Es en los poemas de Dida Aguirre donde la

i'

ir-á.rt*.ción de un mun_ aescon;;." _ral como apatece

r,;;r;;,';;;;'ffi;fi;,:.

canros tradicio_

Isaac Huamán Manrique

La traducción de los poemas de Eduardo Ninamango Mallqui, Dida Aguirre e paa"n.a. a sus autores respectivos.

identificación del colectivo "nosotros" con el espacio andino aparece con la mayor intensidad. Su punto de apoyo es una "piedra salvaie" (purun rumi), cuyo atributo (purun) alude a una humanidad poderosa anterior, la primera según el esquema evolutivo diseñado por Guaman Poma de Ayala (1,980 [hacia 16ll). Afianzado en esta piedra, el colectivo "nosotros", al modo de una una "roca ardlente" (qaqa ruparichaq bina) y hablando como la lluvla', el vlento y el t, rclámpago" Qtarauayrawakrtllañarlmarlspa), se convertlrá en la fuerza capaz de recuperar o fortalecer la relación entrañable, amenazada por los enemigos (los mlstls), con nuestra madre-tierra (mama pacba allpacballancbik), con las plantas y las piedrasr relación que existió plenamente en Ia época de los gentlles de la auto-época nomía andina. El hablante poético plural aparece, en estos poemas, como punta- de un triángulo de interlocutores: sujeto/colectividad más amplia/fuerza "superior". En Pukutay (Ninamango Mallqui), la voz se

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MARTIN UEN¡IARD

TAKI. CANTO Y POESÍA QUECHUA

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Uá_"oórní_ ru. comparte las mis_ A 11.n"rn mas experiencias, Conciencia rde h ülectividad, el ,,yo,, (como el "nosotros', arguediano) necesita l, los antiguos, de los "yár"¿"
davía el pasado. El llamado a un má-s firefte, sea éste quien fuera, expresa sin du_ da un senrido ,,religiosa,,del -en mun_ do, En los poemas de riuamán ser más tuerre _una función, no

apuncbik),o al no ],e."risuo, tradicional ,,dios de , @;;;;p;;pun), y,porotro lado, al f*,_ "hermano,, ( w a u
eD,

dirige por un lado a las,rmaQbw taytancbihuna, i,nsss¡r.s abuelos,,, "los que gritan desde er propiá ;;;;;;;";;lqs oerros,,, para pedir_ les la sangre de los d*r.r;'<il"rp"

En los poemas de Dida Aguirre, en cambio, no se descubre ninpüna fuerza superior semejante a una instancia divina: consubstan,i4" el cosmos narural, el propio colectivo humano *<ompues_ por "?i"nosorros" acrivo y el sector más ampllo de loe unqcbi*rrno el I , pobres, abandonados)- tomará eeta función:

,'

\

?r",:;l::?;Ífi::i¿fT: ffi1fij:fr

í,fn*;Xi:'l,HL,,?

imancbay mayu binant, weqencbik tilnpu ttn pukunqal ¡qaparikuspa! ¡qayarikuspal ripukullasunña
pasakull.asunña

do) poderoso,,, titulo que se atribaíaa los jefes de guerra andinos. En "Ta¡achallay',, el yo reprocha a un dios semejante al de los :,:jl1l:,* incuria prr, "o., los hombresli, uuunaon o, para frnatKuyucbly kay pacbata hlwan, blt ay ;

a1yri5'una;;;;;" Mil;;;;;e un personaje- aparece ciones. En ,,Nanay,,. et i"í.lo..rtá, ""í i"a, una gama de varia_ po¿""-ro"., sincbillay,,,mi (ama_

ttiu llaki wauqencbik
"r

:.l

waqcbakunata
aysarikuykttspa ¡como ríos temibles nuestras lágrimas herviránl
¡gritando! ¡llamando! iremos ya vlararemos ya llevando ffisteza

ir ,itlr

qe c b tpray

ñoqam tnlaarl

taytacbay

ntsafit

:i I
,

llevando pobreza hermana de la mano

Haz temblar esta tierra con tu pestaña, mi señor; yo te diré: Inkarí, mi gran señor

l3::::?:1:"j:1":y:'"'.,'"¡,.*",;rQ;;;;;,T:;"Íffi I#: .:: ,: ;.#,1:' xj.^:l: o :sutt:tJary *;;;;;;;í;;;;; *::í;?; ::,L;:1"^':,^:Ti*,d:,;,:",,"("""í,'í#,riff8,","1::f ;#:::","::*:::"::"::-^oi"'ro¿o'á:;;;;;*{;;:;:;.#J:,X; avu,u,., a" r#:j,T::,:: l:,1i:les, como.ros h";L;; *,",iJ;ffiá ffiffi: reraciones con ::"#Hff;T:Ií reciprocidad. H1lljh*r,s

ffiff [,:l?jxJ^':*: ]:l]r.:o "

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Íl,j*:?. :ii::: : Troe mírico descabezado cuya de. r", oiJüft;1ü;ff
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_ icómo se sitúan estos textos, en cuanto a su poética, frente alafiadición? Dida Aguirre_ es quien.más se acerca, en su gramática poécomo en sus imágenes, a las formas de los cantos orales, Cada ,{rno de sus poemas se abre con la invocación tradicional a un elere"jo del_cosmos natural: la flor de fuego, el arbusto waranway, el :, cernlcalo. Los recursos gramaticales dominantes, como lo muettra , en parte el fragmento transcrito, son los de los cantos ofales: repeti--- ------'--Í--' , qion sinonímica, paralelismo sintáctico, repeticlón lnvertlda de,sinhgmas. La brevedad de las unidades rftmlcas -a menudo pentasi,lábicas- es otra característica que estos poemas co*prrt.r, los "on ntos orales. La fotma global de los textos, sln embargo, lejos de itar la de los cantos, debe considerarse.como inédita. r.t: : Más ¡'libre" respecto alafiadiciónoral es la poética de Ninamango ilMallqui, difícil de ubicar según una tradición codificada, rributaiia

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TAKI. cANTo Y PoEsÍA QLIECHUA

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en alguna rnedida de las conquistas del vanguardismo poético criollo, Aunque no falten los paralelismos sinácticos, ellos i. re.r.o*o anegados en un discursó que, si se partiera de la presentación grá_ fica por versos, se caracterizaría más bien por la tendencia, o"ccidental, al hipérbaton. Por 1o menos dos de los poemas de Huamán Manrique parecen insertarse libremente en la tradición formal de los himnos quechuas católicos, tradición notoriamente sincrética, hispano_que chua:,,Taytachallay" y "Qamuy". Considerando su mensaje, sin embargo,i^ supuesta inserción va resultando una subversión de dicha tradición. En estos poemas, en efecto, una perspecfiva andina vuelve a controlar el texto en su conjunto. De los otros poemas, *Nanay,, y "Llaqtaysi", el segundo sigue una exposición narrativa,mientras que el primero procede, poéticamente, por asociaciones paradigmZti_ cas. si bien Huamán Manrique trabaja con unas unidades métricas más regulares que las de Ninamango, su gramática poélicano tien_ de a acercarse ala de los cantos quechuas. De acuerdo con la vision más ,,cósmica,, que ,,histórica,, que tien_ den a adoptar estos poemas quechuas contemporáneos, la Áaruraleza del conflicto que suscita la ,.tormenta,,-5¿[ys, hasta cierto pun_ to, en Dida Aguirre- no se nombra ni se explicita. ¿Retroceso én Ia toma de conciencia andina? No lo creemoi. parecería, más bien, que se podrla establecer una distinción entre tres modos poéticos básicos que trascienden las fronteras entre la escritura y la áralidad. Predominantemente narrativo, el primero revela al oyente o lector ciertos sucesos históricos (danza guerrera de Toqroyoq, poema *tu_ pacamarista" de Arguedas). El segundo, más bien ,,lírico,,, actúa más bien sobre la sensibilidad poética de los oyentes o lectores (canto de carnaval ayacuchano ,,,Katatay', de Arguedas los poe_ -1"972_y mas de Ninamango y Huamán). El tercero, propiamente'conatiuo, incita ala acción de la cual forma parte integrante ("versos de escarnio" de-Canas, poemas de Dida Aguirre). La ,,conciencia,,expresada depende del "modo" elegido. cabe puntualizar que estas caracterizaciones, purarnente tentativas, señalan tan sólo los aspectos más característicos de los poemas. De hecho, ninguno de los poemas co_ mentados se puede adscribir, exclusivamente, a ninguno de los tres "modos".

No pienso haber agotado, ni siquiera en cuanto al¡ema del "caismo", el análisis y la interpretación de los cantos o poemas que ptní para este ensayo. Espero, sin embargo, haber dejado constansus contextos respectivos- de Ia del vigor y de la vigencia -en ión poética oral y escrita en lengua quechua, y de haber rostrado la complementariedad social de sus dos grandes canales expresión. Lcs cantos y la poesla quechua escrita, en efecto, no oponen como se oponen todavía la cultura andina y la cultura b la, sino que esbozan un sistema compleio, análogo que configura, en lo social, el conjunto de las comunidades andinas de las colonias de comuneros "migrantes" en las ciudades' Un sisa de complementariedad casi utópico que anuncia quizás, en terrenos social y cultural, lo que podria llegar a ser Perú el día terminen los tiempos de la discriminación y Ia opresión.

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* Al no estudiarse en este libro las práctlcas llteraflA§ alternstlvag §U§Cltadas o protagonzadaspor los africanos o sus descencllentec, eÉt4 occclón se llmitaaindicar i) toJ,ir,rto, citados en el rexto, 2) una serle de obras que Permlten hacerse una idea de la especificidad de los proceso§ étnico-sociales en varlas áteas "afuoamericanas"

y

Raphaél confiant, Lettres ctúole§, Thacées

Temuco, Universidad de la Frontera, Serie Quinto Centenario,
1989, pp. 47-82.

(Caribe,Brasil),y3)unoscuanto§tltulosrltilesparalnlclarlainvestigacióndelas
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Abreu Gómez, Ermilo, 282, 286-288, 302, 305 Acosta, José de, 55,56,66, 188
Acuña, René, 78 Adams, Richard, 130 Adorno, Rolena, 104, 188

Aguirre, Dida, 329-331, 333, 334 Albornoz, Cristóbal de, 75 Althusset Louis, 34
Amado, Jorge, 1,39,273 Anchieta, Joseph de,82, 109 Ancona, Eligio,285 Anderson Imbert, Enrique, 68 Anderson, A. J. O.,'J.1.2 Andrade, Mário de, 273-275,277

Ansión, Juan,203
Antes o mund.o nAo existia, Areche, José Antonio de, 1.1.4
t Las entradas de este índice básicamente onomástl«'«¡ retttltetl I k* ¡utoret ele kl¡ textos y los estudios rnencionados a lo largo de estc trallalo, l)ArS ktÉ ter(t(rÉ de otl¡ett (il oral, se indica, según el caso, el nombre del eclit<»'(o lt¡¡ ctlltott¡), r:l lnti¡'tttrrnie cursiva- el título bajo cl ctrul sc L r¡ ('(tfl()ce, ()tf()li tllltltle§ y los info¡mantes) o -en títulos (no mencionados en el trabajo) se encttcn(rllll err lu fil[ll6gtul'l* fht§1,
14031

{l*rn§-!tf?r*!r-1r""".r}, 1,.. !¡ ¡ .,
.

MARTIN I,TEN}IARD

fNDrcE oNoMÁsnco

40!

g4,1.4t,146, t5o, t55_t59, ?7,40, 16I, 167, L7z, r*g-792, tg4..;í,"zit', zoz, 204, 206, 207, 2s3, . ?7r,306,3t2, :.t9, 320, lZl-árl,-iiá ánúnlz, Orhón,85 Itrtlguaye, Miguel, 240 Accher, Marcia y Robert, 54 Asturias, Miguel Ángel, 255, 2g2, 2gg, 2g9, 292_294, 296,
Marta-,^l,!, gO,93,

{ItrElÉl|rJo¡é

,

Brotherston, Gordon, 213 Buarque de Holanda, Sérgio, 146,1,47

Buñuel, Luis,274
Caalam, Anastacio, 122, 123, 170 Cabello Valboa, Miguel, 369

3o;5

302, 304,

Cabicbuí,128
Cadogan, León, 81, 91, 237, 245 Calancha, Antonio de [a,223

Aubin, Códice, 59, 60,72 Austin, l. L.,47 Avila, Francisco de, 79, 167 Ayamoti, Juan, 1,24

Atitlán, principales y narurales de,

103

Azpúrua, Carlos, 35 Bakhtin(e), Mikhail M., 29, 757, 251. Balandier, Georges, 2g, 143 Balmori, Clemente Hernando, g5, 317 Baqueiro, Serapio, L20 Bareiro Saguie¡ Rubén, 246,24g Barquero, Jesús, J22 Barrera Vásquez, Alfredo, 2g5 Barrett, Rafael,246 Bastide, Roger, 162 Baudot, Georges, g0, 110 Baumann, Roland, g5 Bendezú, Edmundo, 19, jZ2 Benso, Silvia,47 Berdan, F., 1.L2
Betanzos, Juan

Calfucurá,727 Calvo Pérez, Julio, ]08 Canto de carnaual, 319, 321 Cardona, Giorgio Raimondo, 54 Cardoza y Aragón, Luis, 294 Carmack, Robert M., 85 Carpentier, Alejo, 1,J), 273, 296
Carrasco, Hugo,94 Cartas contestatorias, 87 Cartas indígenas, 86, 89 Cawajal, Rafael, 287

Carvalho Neto, Paulo de,236,249
Casaccia, Gabriel,248 Casamrbias, Vicente, 287
Casas, Bartolomé de Las, 49,47,1.03, 159

Castellanos, Rosario, 255, 281.,288, 299, 302, 305-307 Castro, Carlo Antonio, 1.57, 28'1., 294, 299, 301, 302, 305-307, 309

331-llt+

de, 40,79, 209, 270, 213-220, 223, 224, 227, 22g,

Btblia,

Bg

Bobadilla, Francisco de, 74 Bode, Brabara, g5 Brethwaite, Edward Kamau, J)) Braudel, Fernand, l4g Ilricker, Victoria R,, l2O, lZ2

Bougainville, Louis-Anto ine, 26)

Cataldino, Joseph, 108 Cerrón Palomino, Rodolfo, 1.53 Cervantes, Miguel de, 50 Chevalier, Frangois, 132 Chiampi, Irlema\ 283 Chiaraqe y Toqto, 315 Cbilam Balam, Libros de, 84, 772, 284, 304 Chimalpahin, Francisco de San Antón Muñón, 104,'177t l7A Chimo Capac, Vicente Mora, 113 Cbincba, Relaci§n de, 79 Chonay, Dionisio,85 Cbumayel, Iibro de Cbilam Balam de,287

MARTIN LIEN}IARD

fNDrcE

oNoMÁsrco

4a7

€l¡¡¡ d¡ Lcón, Pedro de,79,213,216,2t7,220 €t¡¡uc¡, Héléne, 243, 244 Ellnc, Howard,79, 120, 175
Cobo, Juan, 218 Cogolludo, Diego López, 48,7L, L07

El secreto del ajusticiado,2S4 Escalante Gutiénez, Carmen, 35, 81, 135 Escobaq Alberto, 180, 195 Escobar, Gloria y Gabriel, 153 Escobedo, Rodrigo d', 46, 48, 50, 75

Collapiña,54
Colón, Cristóbal, 46, 47, 6j, 64,76 Comas, Guerrilleros de, 125,316 Coña, Pascual,396 coN¡,IE (confederación de organizaciones Indígenas del Ecuador),
L35

Condori, Benabé,373

Condorcanqui Tupac Amaru, José Gabriel,

lI4,

145, 325

Conquista, Relato de la, LO6 Conselheiro, António, 12p
Contreras, J. Daniel, 118 Cornejo Polar, Antonio, l7-l), 27, 323, 329 Correa, Julio, 92 Covarrubias, Sebastián de, 138 Cruz parlanle, Movimiento de la, 166, :l7O
Cuentos

y

relatos indígenas,

lJJ

Espinoza M., Dario, '135 Esteve Barba, Francisco, 224 Estrada, Julio, 252 Estrada, Ricardo, 353 Eco, Umberto, 45 F arfán Anaya, Odilón, 321. Farris, Nancy M., 1,59 Ferrtández de Oviedo: v. Oviedo,74 Fernández, Emiliano R., 93 Flores Galindo, Alberto, 130, 132 Freyre, Gilberto, 1.38, 275 Fuentes, Carlos,252 García Canclini, Néstor, 30,34, 1.42 García, Genaro, 50 Gargía, Marcos,223 Garcilaso de la Vega, 79, 53,79, 80, 704, 138, 180, 199, 21.4, 220,
231

Cunha, Euclides da, 129, 138 Danza de la conquista, 35 Danza de moros y cristianos, g5 Danza guerrera dedicad.a a Domingo Huarca Dedenbach-Salazar Sáenz, Sabine, 176 Derrida, Jacques, 32, 53,62,269 Deverre, Christian, 306 Díaz de Guzmán, Ruy, 399 Diderot, Denis, 269, 270, 277, 290 Diez de San Miguel, Garci,74

Cntz,3l7,

325

Garibay, Lngel Maria, 16, 59, 80, 99 Gauguin, Paul,270,27L Genet, Jean,49 Gibson, Charles, 100-102, 111
Glass, John, 71,72

Ducrot, Oswald,47 Durán, Diego, 161.-163 Durand Flórez, Luis, 114 Duviols, Pierre, 1L2
Dzttbalché, Cantares de, 60
Eisenstein, S. M.,296

Golte, Jürgen, 101, 11t, 113, 182 Goody, Jack, 32, 61., 62, 1,51. Gow, Rosalind,373 Grossmann, Rudolf, 68 Gruzinski, Serge,32
Guevara, Antonio de, 266, 267

Guillén Guillén, Edmundo, 75,108
Guimaráes Rosa, Joáo, 78, Gushiken, José J., 194 Harrs, Luis, 196
3O9

.. 'i


1l

.il
Hrraández, pero, Herkovits, Melville J., 141,, 271 Holl, Juan José, 2gg
Horcasitas, Fernando, 16,

MARTIN LIEN}IARD

fNDIcE oNoMÁsrrco

409

EE¡¡l iltuxr, scñores de,55 Iün¡iilng, John, gg, '!.00,702,707, tog ' -1

49

Laughlin, Robert, F., 257 Lauriault, Jaíme,32O
Lazo, Raimundo,63 Le Bot, Yvon, 132

gt,262
ZOS

Huebuetlabtolli, 177, l7g
Huertas, Lorenzo,374

!!"?rb!n

Huamán Manrique, Isaac, 32g, 330, 332, 334 Ritos y tradiciones de,'79-, t6l, t96,

Indios cristianos del paraguay, Cartas de los, 116 Indios guaraníes, Cartas de tos, tt7 incaicos, ?ú* Madrigal, Testimonios de, 2Og_234 Iñigo Luis, g0 Ixtlilxochitl, Fernando de Alva, 5g, g0,

18'

59, 66,79,

lO4, 1.1,1, .).67, 1.g4,

León-Portilla, Miguel, 15, 16, Lg, 19, 45,99, 702, 162, 175, 255 Léry, Jean de,78, 190 Lévi-Strauss, Claude, 32, 53, 65, 26j, 268 Lienhard, Martin, 22, 24, 27, 86-88, 1.03, 707, 1.0g, 1,1.2, L17, l2'!., I 24, '1,26, 127, 167, 197, 244, 247, 24g, 250, 2g6 Linton, Ralph, 74'1, 27'1, Lockhart, James, 85, 71,2 Lombardo de Caso, María,28L López Baralt, Mercedes, 1p2 Lotman, Yuri M., 26
Macera, Pablo,25 Maí2, Fidel, 245, 246, 250 Málaga Medina, Alejandro, 101

Jakobson, Roman, 31g
Jara, Yicforia de la, 60 liménez de la Espada, Marcos, 7g, 262 Jiménez, Luz, g1, 262, 35j Juan de la Cruz, 722, 123 Jusayú, Miguel Ángel, p1

Kaypacba,373

Kapsoli, §Tilfredo, 126 Karaí, Discurco de los, Z43 Karlingeq F.,259 K¿rttunen, Frances, g4, ll},

Males, Anfonio,377 Malinowski, Bronislaw, 264 Mamani, Gregorio, 35, 135 Manco Inca,98, 100, 160, 1,67, 203,20g,2'1.1,222,223,225-227,271 232,234,315 Maní, Autoridades de la provincia de, 103 Manns, Patricio, 277 -279 Manrique, Nelson, 1.25, 31.6 Marcos, Juan Manuel, 251. Mariáfegui, José Cados, 133, 134, 189 Martin, Gerald, )48 Martín Barbero, Jesús, 34 Mafiínez Hernández, Joel, 93 Martínez, Gregono,377 Mateos, Francisco,244

,

l5l,

I5Z

Konetzke, Richard, 102

Klor de Alva, J. Jorge, 166 Koch-Gninberg, Theodo r, 27 5, 390

Kingsborougb, Códice, 365

Kowii, Airumi,375
Kristeva, Julia,32 Lahontan, Louis-Arman
Landa, Diego de,2g4 Lara, Jesús, 233, 317 Larco Hoyle, 60

d

de, 267_269

Mbyá,Indios, 387, 393
Medina, Andrés, 11,3, 252 Médiz Bolio, Antonio, 282-288, 296, 302, 305 Medina, José Toribio, 113 Melgar, Antonio, 19, 115

110
MARTIN UENÍIARD

fNorcr oxouÁsmco

111

256,245 Mcndleta, Gerónimo de, 49, 737 Mendizábal Losack, Emilib, g5 Menéndez, Gabriel Antonio, 2g4 Métraux, Alfred,243 Meyer, Eugenia,263 Meyer, Jean, 132,359 Middendorf, Ernst sfl., g0,37g
Miles, Suzanna §7'., 160

Melll, B¡rtomeu, 32, g0, g1, log, 116,145, L46, L5o,

.

151., 154, 164,

Olmos, Andrés de,22 Ometochtzin Chichimecatecuhtli, D. Cados, 10p Ong, §Taltet 32 Oregón Morales, José,90, 330 Ortega Morejón, Diego, 79

Morales Bermúdez, Jesús, 94, 172,'2g9, * r;g, 30; Moreno Yáñez, Segundo 8., .11.3, ll4'' Morley, Sylvanus G., 107 Motollnfa, Toribio de, ZZ,64, LgO Muefie del Inca (o de Atabuallpa), Drama de la, t!5 Münzel, Mark, 56 Mun*, Joln, 55,73 Namuneurá, 127 Ñe'engulru, Nlcolás, 117 NebrlJr, Antsnlo de, 4g Neekcr, Louls, 236 Nlcamos, Indios, 24, 3Sz Nimuendafú-Unkel, Carl, g0, 93, Z4g

Millones, Luis,76, 95, L65, 226, 230, 317 Müo de Inkartí,200 Moesbach, Ernesto rVilhelm de, 30L, 396 Molina, Cristóbal (el,,Cusqueño"), 15á' Monteforte Toledo, Mario, 2g2 Montesquieu, Baron de, 2g6, 342 Monroya, Anronio Ruiz_de, 40, I5g, 16I,23g_243,

Ortiz Rescaniere, Alejandro, 200, 3g0 Ortiz, Fernando, 140 Oviedo, Gonzalo Fernández de,74, 340 Paclracuti Yamqui Sallcamaygua, Joan de Santacruz, 60, 2t3,231 Pacheco Zegarra, G., 228
Pacheco, Carlos,253
Palacios, Manuel,22) Pané, Ramón,76,77
245_249,251.

11,1,,

.1,|16,

Papalagui,272 Paso y Troncoso, Francisco del, Paz, Octavio, I39,255
Pérez Jolote, Juan, 281, 283, 299

1,04

Phuturi Suni, Ciprian, 1J! Pichuvy Cinfa Larga, 735
Pineda, Vicente, Polo, Marco, 6J
1116, ZOS

IlnrT..$o Mallqui, Eduardo, izg-áil, 333, 3i,4 Nizzoll, Verónlca, 135 I9?r"g1,I4anuel da,65, Bz, 1O9,.t63, L64, 165,243 Núñez del prado, Juanyíctor,32:,6 Ocongate, Comunidad de, JQ2
OJarasca,

Ollantay, 85, 96,

))

Poma de Ayala, Felipe Guaman, 19,27,29,40, gg, gO, 94, l}l-104, 1.06, t}g, 1"tL, 1.56, 1.57, 1,67, L8g-794, L96_200, 203, 206, 207 | 21.6, 217, 219, 3Og, 3lg, 33L Popol Vub, 84,'1.12, 194, 796, 303, 304 Porras Barrenechea, RaúI, 80, 379, 3gl Pozas, Ricardo, 257, 281, 295, Zg9, 3Oz Preuss, Konrad Theodor, 80 Qarawi, 216, 229, 230 Qaylli, 200, 201, 215 Quipucamayos, Relación de los, 56, 370 Quiroga, Vasco de, 17-1,9,27, L0l, 171, l7Z, Z53 Rama, Ángel, L7-79, 27, 171, 172, 253

Recinos, Adrián,362
'J.6g, 21.1., 213,

ZZ7, 232_234

Reed, Nelson,

1,20

Refield, Robert, 1.22,1.30,l4O, 141,, 746,27L, Zgf.,296

{1¡

fNDrcE oNoMÁsrrco
MARTIN LIENHAB.D

4 1.1

Jrlmc, t65 kmeml, Antonio de,278 futüt¡lmtento, t59
Rlbelro, Darcy, 235, 276 Rlcaldl, Herminio, 86 Rlese, Frauke, 1,12, 362 Rincón, Carlos,294 Rivera Cusicanqui, Silvia, 132 Rivet, Paul, 145 Roa Bastos, Augusto, 1.8, 40, 94, 157,17t, 172,236-239,245-249,
253, 257, 275

kffn,

Scheurmann, Erich, 272
Segalen, Victoq 270, 277 Séjourné, Laurefte, 259 Sherzeq Joel,264
Sierra, Justo, 130

Sommers, Joseph, 281., 308

Taínos (Indios), 76

Spalding, Karen, 102 Stastny, Francisco, 1,38, 139 Susnik, Branislava, 98, 101, 709,116, 1,17,236 Szeminski, Ian,383

Rodríguez, Martín,720 Rodríguez de Figueroa, Diego, 107 Rojas Aravena, Francisco, 7J4 Rojas González, Francisco, 265 Rondon Amarante, Elizabeth Aracy, 735 Rosa, Joáo Guimaráes, 1,8, 309, 390
Rosas, Enrique, 172

Taki onqoy, Danzantes-predicadores del, 76, 1.65, 799 Tangol, Nicasio, 277 Taylor, Gerald,374
Tepetlaoztoc, Memorial de los indios de,73

Tezozomoc, Fernando Alvarado, 79, 1"00, 1"04, 171,755, L56, 167,

777-180,182,183
TXaxcala, Lienzo de,73

Rostworowski, María, 2'13, 217, 224, 231
Rousseau, Jean-Jacques, 268

Rowe, John, 11J, 71.4,228 Rowe, Ylilliam,253

Todorov, Tzvetan, 47, 98 Tolamán, Kenhiri, 395 Toqroyoq, Comunidad de, 3t7 Torres Castillos, Juan de,765
Totonicapan, Título de, 85 Tragedia del fin de Atauallapa, 233, 234 Tschudi, Johann Jakob von, 80 Tupac Inca, Calixto de San José, 88, tL3, 11.4 Uhle, Max, 80 Urueta, Chano,286 Yalderrama Fernández, Ricardo, 35, 8L, 1,35
Vallée, Lionel, 60

Rubín, Ramón, 287,282 Rulfo, Juan, 1.8, 1.57, 17"J,, 172, 252, 253, 257, 275, 306 Rumitaqe, Campesinos de, 313, 31,6 Rus, Jan, 305 Sahagún, Bernardino de,22,79, 80, 104, L06, 1.56, 1,63, 1,67, 1,95, 253, 254, 259, 294, 295
Saint-Lu, André, 159
Salas, Yolanda, 1.66 San Ignacio, Indios guaraníes de, 108

Sanabria F ernández, Hernando, 72), r24 Sánchez, Luis Alberto, 68 Santillán, Hernando de, 79 Sapí, Pedro, 1.1.7

§armiento de Gamboa, Pedro, 79, 190,219
Schadau, Birgit, 56

Vásquez Rodríguez, Chalena, 35 Yásquez, Juan Adolfo, 18, 19 Ventura, Roberto, 275, 395 Yergara Figueroa, Abilio, 35 Versos de escarnio de los indios contra los mdstis, 313, 324, !l¿7 Vicente, Juan, 109 Villa Rojas, ñfonso, 122, 170,285

{1{ Ylllffiutléne, Juan de, 75,1.a7,285

MARTIN LIENHARD

Ylñ¡¡, Éavlel,

127

Ynehtel, Nathan, 85 §Bgley, Charles, 1.32, 295
Wullparrimachi Maita, Juan,

)J,

1,1,5,230

Xabll, Anales de los,304
Xatun Xauxa, Señores de,55,73 Yépez Miranda, A., 227 Yupangui (Yupanqui), Titu Cussi (Cusi), 40, 51, 89, 90, 94, 97, 98,
108, 160, 1,67, 169, 203, 209-21L, 273, 277, 219, 222, 223, 225,

229, 231, 233, 234, 375 Zepeda, Eraclio, 281., 305-307 Zimme¡mann, Günter, 366

Zorrílla, Zein,319
Zuidema, R. T., 233 Zumthor, Paul, 31

terminó en abril de 2003 en Imprenta deJuan Pablos, S.A., Mexicali 39, Col. Hipódromo Condesa, México 06100, D.F., siendo Rectora dela UNICACH la maestra Ma. Elena Tovar González, Director de Extensión Universitaria el licenciado Gui llermo F. Enriquez Ramos, Jefe del Departamento Editorial Ia licenciada Rocío Aguilar Sánchez y coordinadores de la
Se

colección Jesús Morales Bermúdez y
Rafael Araujo G.
1 000 ejemPlares