11 – EL TAMAÑO IMPORTA

John le miró extrañado: ¿¡Qué alzas y qué ocho cuartos!? – comentó. Jim parpadeó y luego sacudió la cabeza. Ah, no… Perdona… Me he dejado llevar – siguió mientras contemplaba a aquel inmenso gigante sin saber qué hacer. Luego miró a Marguerite, que parecía haber perdido el sentido. El ex-librero chasqueó la lengua, volviendo a convertir su reloj de bolsillo en su mandoble habitual. Así que un usuario de las habilidades – comentó – Es la primera vez que me enfrentó a uno – Jim se giró hacia él y sacudió los hombros sin darle importancia. Tampoco es que seáis difíciles de derrotar – indicó con superioridad. ¿¡Y cuándo me has derrotado tú a mí!? – inquirió su compañero. Te recuerdo que en Chottohitobito… ¡Aquello fue un empate! ¡¡Un empate!! – le cortó él – ¡Esa vez no luché en serio! Pues si yo me hubiera puesto serio de veras, no estarías hoy aquí – comentó. El ex-librero picó en la puya. ¡¡No te des tantos aires de grandeza, imbécil!! – le replicó. ¿¡Quieres que vuelva a darte una paliza!? – inquirió el joven capitán. ¿¡Quieres que te enseñe cómo dar una paliza!? – se defendió él. ¡¡¡EH, VOSOTROS DOS!!! – bramó el gigantesco capitán enemigo. Ambos se volvieron airados.

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¿¡¡QUÉ!!? – gritaron al unísono. El pirata echó el gesto hacia atrás, algo molesto. Luego relajó la mirada y sonrió con suficiencia.

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NO CREO QUE SEA EL MOMENTO DE ANDAR CON RIÑAS DE ENAMORADOS – comentó con su poderosa voz, divertido.

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¿¡Riñas de enamorados!? – inquirió John. ¡Ahora sí que la has cagado, cabrón! – le increpó Jim al gigante – ¡¡Te voy a matar bien matado!! – avanzó hacia él espada en mano.

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¡Supongo que así están las cosas! – comentó John sacudiéndose de hombros, y también echó a correr junto a su compañero – ¡Lo primero es cargarse a este capullo! ¡¡Después me ocuparé de ti, capitán!!

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¡Cuando termine con este gigantesco imbécil, te voy a meter en vereda a base de hostias, letrado! – John se limitó a sonreír.

El capitán enemigo lanzó un inmenso puñetazo contra ellos. Ambos piratas se apartaron a un lado para esquivar el golpe. La tierra tembló ante el impacto, y el puño levantó una nube de polvo: ¡Como nos pillé con eso, nos mata! – comentó John. Más importante que eso – intervino Jim – ¿¡Cómo coño es que también se le ha agrandado la ropa!? – el ex-librero le miró con cara de incredulidad, mientras ambos esquivaban otro de los puñetazos del gigante. ¿¡Y eso es más importante!? – preguntó. ¡Joder, igual es alguna especie de tela ultra elástica o vete tú a saber! – John se llevó la mano a la cara con cansancio. Una sonora carcajada les llegó como un trueno. VEO QUE OS HABÉIS FIJADO – comentó el gigante, mientras seguía dando puñetazos fallidos – ES BIEN SABIDO QUE LA ROPA DE TODO USUARIO

DE LAS HABILIDADES SE ADAPTA A SUS PODERES COMO EL CANGREJO ERMITAÑO SE ADAPTA A… ¡¡Que te calles!! – le cortó el ex-librero, mientras pasaba entre sus piernas y lanzaba un tajo a los tobillos. El gigante soltó una maldición. Se agachó furioso para intentar agarrarle, y Jim aprovechó la ocasión para atacar. ¡Halcón cazador! – gritó. El pirata enemigo alzó la cabeza y se percató del ataque. Rodó hacia la izquierda con todo su peso para esquivarlo a duras penas, dejando a John en la trayectoria – ¡¡Letrado, al suelo!! – le advirtió Jim alarmado. El ex-librero se agachó con rapidez a tiempo y el ataque sólo se llevó algunos pelos de su cabellera. ¡Imbécil! ¿¡A dónde crees que…!? – un rápido contraataque del gigante le interrumpió. Smallest arrastró el canto de su mano derecha llevándose consigo una gran cantidad de tierra y polvo. John se cubrió y salió despedido con fuerza hacia atrás, cayendo dolorosamente. El corsario enemigo comenzó a levantarse lentamente: ¡Letrado! ¿¡Aún respiras!? – preguntó Jim inquieto. El ex-librero se incorporó entre toses. ¡No me va a tumbar por tan poca cosa! Tranquilo, estoy… ¡¡Jim!! – el capitán pirata se fijó justo a tiempo. El gigante avanzaba hacia él corriendo, y se dispuso a dar un puntapié. Jim rodó por el suelo y notó como aquella mole con dedos pasaba muy cerca de su cabeza. Fue a alzar la espada para lanzar un tajo en respuesta, pero el pie de su enemigo le superó ileso. John corrió hacia él mientras su gigantesco rival miraba a ver dónde había mandado a su objetivo, sin saber todavía que había errado el tiro:

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Esto no va bien – comentó el ex-librero – Es lento, torpe y estúpido, sí. ¡Pero sus movimientos son grandes, fuertes y mortales! Gastamos mucha más energía en esquivarle que la que él emplea en golpear – chasqueó la lengua – ¡Como esto siga así, no tardará en alcanzarnos!

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¿Entonces qué propones? – comentó Jim. John se llevó la mano a la barbilla, pensativo, mientras el tal Smallest se miraba el pie extrañado, buscando Dios sabe qué.

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Seguir como hasta ahora es un suicidio, desde luego – siguió el ex-librero – Nuestros ataques son como picaduras de avispa. Sólo van a encabronarle – miró a su capitán – Tal vez esa técnica tuya pueda hacerle algo. Pero no pareces dominarla del todo – Jim sostuvo su espada con firmeza.

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Puede que tengas razón – dijo. Su compañero asintió. Creo que la única opción que nos queda es el combate aéreo – indicó. ¿¡El combate aéreo!? – se extrañó. Exacto – dijo – Es, tal vez, algo más arriesgado, pero es la única forma en la que podamos hacerle algún daño real. ¡Debemos de buscar una apertura para lanzar un ataque directo a su cabeza!

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¿¡Y cómo piensas hacerlo!? ¡Te recuerdo que es enorme! – le indicó. Eso déjalo a mi cargo – el gigante se dio la vuelta y reparó en ellos, sorprendido. John se apartó a un lado – ¡Tú limítate a hacer de distracción! – terminó, y echó a correr.

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¿¡De distracción!? – el gigante le miró con furia y avanzó corriendo hacia él – ¡John…! ¡¡Oye, John, espera!! – Smallest dio otro puntapié al suelo que Jim esquivó rodando a duras penas. Se incorporó y miró hacia su compañero, airado – ¡Oye, John! ¡¡No te vayas y me dejes con el culo al aire!! – el ex-librero

parecía no hacerle caso, mientras agachado, pasaba las manos por sus zapatos. “¿¡Qué demonios estará haciendo ahora!?”, se preguntó. ¡SERÁ MEJOR QUE NO TE DISTRAIGAS! – gritó el gigante. Jim saltó hacia atrás para esquivar su inmenso puñetazo, que levantó una nube de polvo. Smallest soltó una sonora risotada. ¡A ver si te hace gracia esto! – gritó Jim – ¡¡Halcón Cazador!!

El tajo de Jim apartó la nube de polvo y voló directo hacia el gigante, que contempló aquella ave cortante, sorprendido. Se movió a un lado y recibió un corte en el hombro. Se llevó la mano dolorido al lugar del impacto: ¡¡¡MALDITO INSECTO!!! – le miró con rabia. Juntó ambas manos en un puño y se dispuso a aplastarle con aquella maza de carne. ¡Ya está! – Jim oyó la voz del librero. Su nakama corría hacia la espalda del gigante, o más que correr, brincaba. Cada paso que daba en aquella carrera, lo elevaba más en el aire, como si llevara una especie de muelles. Juntó ambos pies y dio un salto enorme que lo elevó a los cielos, unos pies por encima del gigante – ¡Eh, grandullón! – el capitán enemigo se volvió. John estiró y moldeó el oro de su reloj – ¡A ver qué te parece esto! – dijo, y llevó el brazo derecho hacia atrás con la especie de lanza que sujetaba – ¡¡Lanza Matagigantes!! Nada más soltarla, el arma triplicó su tamaño. Era un lanzamiento perfecto, directo a la cabeza del capitán enemigo. Smallest contempló la lanza, sorprendido. Entonces desapareció de repente, y el arma siguió su trayectoria hasta clavarse en tierra, con una fuerza destructora: ¿¡Qué demonios ha…!? – se extrañó el ex-librero. Entonces Jim lo vio. ¡¡No ha desaparecido!! – gritó – ¡¡¡Se ha vuelto a hacer pequeño!!!

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¿¡Qué!?

El enano pirata contemplaba desde el suelo la lenta caída de John: ¡Optar por el combate aéreo ha sido lo peor que podríais haber hecho! – comentó divertido con su ronca y chillona voz habitual. Entonces volvió a crecer, pero esta vez adquirió un tamaño más reducido. Su crecimiento cesó cerca de los dieciocho pies de altura. Era toda una masa musculada de carne humana – ¡¡Ahora verás lo que es bueno!! Smallest pegó un salto inmenso que lo acercó al ex-librero, y se dispuso a atacar: ¡¡Letrado!! – gritó Jim alarmado.

John se cubrió con los brazos, pero el puñetazo de su rival fue rápido y devastador, y le mandó volando hasta perderse detrás de unos acantilados, en dirección al mar: ¡¡¡JOHN!!! – volvió a gritar Jim. Su nakama había desaparecido de su vista en apenas unos segundos. Smallest giró sobre sí mismo hasta caer con fuerza a unos pocos metros del corsario. El gigantesco hombre le sonrió – ¡¡Malditos seas!! – le increpó el pirata. El corsario enemigo soltó una gran risotada. ¿¡Sorprendido!? – comentó con diversión – Ese amiguito tuyo… Si mi golpe no lo ha matado, lo hará la caída. Y si cae al mar, ¡ups! – se llevó la mano a la boca expresando sorpresa fingida – ¡Si el pobre no puede nadar! – Jim le miró con rabia mientras el hombre seguía riéndose. Cabrón – maldijo entre dientes – ¿¡Así que no sólo te conviertes en un gigante!? ¿¡También cambias de tamaño a voluntad!? – el hombre le negó con el dedo índice.

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No exactamente, muchacho – sonrió – Veo que no estás familiarizado con la familia zoan.

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¿¡Zoan!? – se extrañó. Lo que imaginaba – siguió – Aunque las frutas del diablo no parezcan ser algo nuevo para ti, dadas las compañías que frecuentas, parece que nunca te has encontrado con uno de los de mi clase – volvió a sonreír – Las frutas del tipo zoan otorgan capacidades zoomórficas a aquellos que las ingieren, y les confieren tres transformaciones diferentes: su forma habitual, la de la especie intrínseca a la fruta, y la que estoy usando ahora, la forma híbrida – el hombre se golpeó la palma de la mano con el puño, dispuesto a pelear – ¿¡Adivinas qué zoan me comí yo!?

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¿¡No me digas que tú…!? ¡Así es, mocoso! – sonrió – ¡¡Fruta “Persona-Persona: Modelo Gigante”!! – se lanzó corriendo hacia él – ¡¡¡SOY UN “HOMBRE-GIGANTE” Y TE VOY A APLASTAR CON LA FUERZA DE ESOS GUERREROS DESCEREBRADOS DE ELBAF!!!

Jim esquivó el placaje de aquel coloso a duras penas. Bajo aquella forma, pese a su gran tamaño, su velocidad era algo a tener en cuenta. Además, el hecho de no saber cuál sería el estado de John, no ayudaba a que se concentrara mejor en aquel combate. El joven capitán pirata rodó para esquivar un golpe directo a la cabeza, y agarró su espada con firmeza. “¡Mierda, John!”, pensó. “¡¡Cómo te hayas muerto, te mato!!”. Decidió dejar sus dudas y preocupaciones a un lado y echar los restos en aquel mano a mano. Miró a su enemigo con decisión mientras este se preparaba para embestir contra él, y alzó la espada apuntando al cielo:

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Será mejor que no te distraigas – le advirtió – ¡Porque a partir de ahora voy a ir muy en serio! – Smallest se lanzó hacia delante, entre risas.

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¡Qué mocoso tan divertido! – se preparó para golpear. ¡Camino de Reyes! – Jim hizo descender la espada en un golpe mortal, directo hacia el pirata. El corsario le miró, sorprendido, y esquivó aquella trayectoria cortante volviendo a su menuda forma original.

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¡Joder! – maldijo con su voz chillona. Le miró con inquina – ¡¡Eso ha sido peligroso!! – comentó, y luego sonrió. Volvió a adquirir aquella forma híbrida.

Jim maldijo en su fuero interno. Aquel pirata cambiaba de tamaño a voluntad, lo cual le convertía en un blanco nada fácil. Y con aquella fuerza monstruosa que tenía, el combate cercano no era una opción. Además, su pistola se había quedado sin munición hacía ya rato, y sus técnicas a distancia tampoco parecían serle de utilidad. A no ser que… El pirata agarró el arma con firmeza, mientras Smallest caminaba hacia él lentamente. “Necesito un ataque más rápido y con mayor radio de acción”, pensó. Entonces lo recordó. Bien pensado, “aquello” nunca le había salido bien. Pero en aquel momento, no le quedaba otra opción. Dejó que el mango de la espada se deslizara ligeramente hasta cogerla sólo por la punta de este, y empezó a hacer girar el arma, cada vez con mayor velocidad. Miró a su enemigo, con toda la determinación del mundo, mientras este apretaba el paso: Estilo de la Espada Imperial… – murmuró, mientras el acero se convertía en un borrón brillante, girando en su mano. La muñeca le ardía. Notaba como los tendones se le agarrotaban. “Esta es mi última baza”, pensó, aguantando aquel dolor.

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Estás hecho todo un malabarista, ¿eh? – comentó entre risas el pirata enemigo, ya en plena carrera. Jim ignoró el comentario. Cuando sólo les separaban unos metros, llevó el brazo de la espada hacia delante, ejecutando tres rápidas estocadas.

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¡¡Tridente de Acero!! – el giró de su espada se detuvo y su muñeca latió con fuerza tras los tres golpes, que se proyectaron a gran velocidad hacia delante.

El pirata recibió el ataque sin tiempo a hacer nada, y se detuvo en el sitio al sufrir aquellos tres cortes, con un grito de dolor. Jim se agarró la muñeca derecha dolorido, mientras contemplaba como el corsario se tambaleaba en el sitio. No obstante, en lugar de caer, su enemigo se puso en pie dando un grito de rabia: ¡¡Eso me ha pillado por sorpresa!! – soltó airado. Luego le miró y se echó a reír al ver su cara de perplejidad – ¿¡Qué te ocurre, muchacho!? ¡Ni que hubieras visto un fantasma! – comentó divertido, mientras se masajeaba un hombro herido – Ese último ataque no ha estado mal. ¡Pero le ha faltado profundidad! – volvió a soltar otra risotada. Jim miró su espada horrorizado. “¿¡Un corte superficial!?”, se lamentó con amargura: Bueno, – siguió Smallest – creo que ya he tenido suficiente esparcimiento por hoy – flexionó las rodillas con fuerza – ¡Es hora de terminar con esto! – Jim le miró con rabia, y proyectó otro tajo de su espada. El pirata pegó un gran salto y esquivó el ataque sin dificultad. Cuando alcanzó una altura considerable en el cielo, empezó a girar sobre sí mismo. El joven corsario le miró perplejo, agarrando la espada con nerviosismo. Smallest empezó a caer con gran velocidad:

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¡¡Se acabó lo que se daba, mocoso!! – gritó – ¡¡¡GRAN CAÍDA!!!

Jim corrió hacia un lado intentando evitar el golpe, pero aquel coloso cayó con tanta fuerza, que levantó la tierra bajo sus pies, y el joven pirata salió despedido por los aires. El golpe al caer le cortó la respiración, y sintió un fuerte dolor por todo el cuerpo. La cabeza empezada a darle vueltas, mientras intentaba cerciorarse, confuso y mareado, de lo que tenía alrededor. “¿He perdido?”, se preguntó: ¡Vaya, vaya! – comentó divertido el pirata enemigo, mientras avanzaba hacia él – Te las has apañado para esquivar el grueso de mi ataque. ¡Pero no creo que puedas volver a levantarte! – rió. Jim contempló como aquel hombre volvía a crecer hasta su forma de gigante, demasiado ido como para sentir miedo – PERO HE DE RECONOCER QUE HAS SIDO UNO DE LOS TIPOS MÁS DUROS DE PELAR A LOS QUE HE TENIDO EL PLACER DE MATAR – su voz volvía a ser como un trueno. Alzó su inmenso puño para asestar el golpe final – ¡¡¡HASTA NUNCA, ESCORIA PERSISTENTE!!! Jim vio como el cielo se oscurecía ante el descenso de aquel puño. “Y ahora es cuando muero, ¿no?”, se preguntó en su dolorida cabeza. Cerró los ojos con cansancio… Oyó el sonido de una colisión encima suya. Una colisión en la que él no parecía estar implicado. Abrió los ojos lentamente y parpadeó extrañado. Una figura femenina que le resultaba familiar, sostenía sobre su cabeza el gigantesco puño de aquel gigante, al parecer, sin atisbo de esfuerzo alguno: ¿¡T-Tú eres…!? – empezó confundido.

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Yo!* – saludó Dianne, mientras se volvía hacia él, sonriente – Parece que volvemos a encontrarnos… Esto… ¿“Señor debilucho”? – “Ni se acuerda de mi nombre”, pensó Jim con resignación.

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¿¡D-Dianne!? – el pirata apartó la mirada de la chica y se fijo en Marguerite, que caminaba malherida con dificultad hacia ellos.

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¿¡Anciana Kintama!? – se extrañó la joven – ¿¡Quién demonios te ha…!? – la chica se calló al ver como la mano del gigante se apartaba, y trastabilló un poco en el sitio.

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¿¡¡SE PUEDE SABER QUIÉN COJONES ERES TÚ!!? – inquirió el gigante. Dianne se giró hacia él.

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Vaya, ya me había olvidado de ti – comentó con seriedad. Miró Marguerite y señaló al gigante con el pulgar – ¿Ha sido él el que te ha dejado así?

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Mi señora Dianne, ¿qué hace usted a…? – empezó la mujer. ¿¡Ha sido él!? – le cortó ella, airada. ¿¡¡Y QUÉ SI HE SIDO!!? – intervino el gigante – ¿¡¡EH, ZORRA!!? – Dianne le volvió a mirar. Jim juró que una sonrisa afloraba en su rostro.

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Por culpa de esa cocinera tacaña me había quedado con hambre, – empezó, sin dirigirse a nadie en particular – así que me fui a pescar algo para llenar el estómago – miró a Jim y le sonrió – ¡Para mi sorpresa, al final acabé pescando otra cosa! – el joven pirata la miró sin saber qué decir y luego cayó en la cuenta.

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¿¡John!? – la joven asintió – ¿¡Está bien!?

* Yo: aquí no actúa como el pronombre. En japonés, se puede usar como saludo o llamada de atención. Y ese es el empleo que hace aquí Dianne de esta palabra.

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Ha tragado mucho agua, y tiene una fractura seria en los brazos, pero nada que no se pueda curar – Jim asintió aliviado. Dianne se giró hacia Marguerite – Lo siento, Anciana. Aquel chico me contó la situación – dijo – Ya sabes cómo es ese cabo. Desde allí no pude ver el barco pirata, ni lo que estaba sucediendo en el puerto. Si hubiera estado aquí antes… – apretó los puños con rabia.

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Eso ahora no importa – le tranquilizó la mujer – Es un alivio que estés aquí – Dianne sonrió.

El gesto de la muchacha cambió de pronto, y se abalanzó sobre ambos, llevándoselos consigo. El puño del gigante descendió con fuerza, golpeando el lugar donde hace unos segundos habían estado los tres: ¿¡¡CUÁNTO TIEMPO PENSÁIS SEGUIR IGNORÁNDOME!!? – gritó el corsario con indignación. Jim contempló sorprendido como la chica les ponía a salvo. Dianne se incorporó y les dio la espalda: Tranquilo, grandullón, que ahora estoy contigo – le dijo al gigante, mientras se llevaba las manos al par de hachas que ceñía a la espalda del cinturón. Oye…, – Jim intentó incorporarse – ¡Oye, tía, detente…! ¡¡Es peligroso!! – la chica se giró hacia él y arqueó una ceja extrañada. ¿Peligroso para quién? ¿¡Para ti o para mí!? – el joven pirata la miró sin saber qué decir. La joven le dirigió una sonrisa – ¡Anda, quédate ahí quietecito mientras termino con esto! Luego te llevaré con tu amigo – le dio la espalda y agarró su par de hachas, mientras avanzaba sin preocupaciones hacia el gigante. Jim miró a Marguerite.

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¿¡No vas a detenerla!? – inquirió preocupado – ¡¡La va a matar!! – la mujer le miró. Fue a hablar pero una tos la interrumpió, y escupió algo de sangre. Luego se limpió con el dorso de la mano y sonrió.

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Puedes estar tranquilo – dijo – En Amazon Lily, la belleza es lo más importante de todo. Y para la tribu de las Kuja, la belleza estriba en la fuerza – Jim la miró extrañado.

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¿Qué quieres decir? – preguntó – ¿¡Quién es ella!?

Dianne caminó hasta situarse a varios metros del gigante, y alzó la cabeza hacia arriba. Smallest soltó una risotada: ¿¡¡PIENSAS PLANTARME CARA, ENANA!!? – inquirió divertido – ¿¡¡ES QUE ACASO NO SABES QUIÉN SOY!!? – se señaló con el pulgar con suficiencia – ¡¡¡SOY GOLIATH SMALLEST!!! ¡¡¡“EL GIGANTE DEL EAST BLUE”!!! ¡¡¡EL GOBIERNO MUNDIAL HA PUESTO UN PRECIO POR MI CABEZA DE VEINTISIETE MILLONES!!! – la joven alzó más la cabeza y se hizo visera con el antebrazo izquierdo. Así que veintisiete millones, ¿eh? – dijo. Bajó el brazo izquierdo y agarró sus armas con firmeza. Afianzó los pies en el terreno – ¡La de comida que voy a poder comprar con eso! – el pirata frunció el ceño ante el comentario, y se dispuso a atacar. Aunque sus orígenes siguen siendo un misterioso para nosotras, su nombre es bien conocido entre las Kuja – comentó Marguerite. Dianne saltó hacia atrás para esquivar el puñetazo del gigante – Si la belleza estriba en la fuerza, ella sin duda se ha ganado un lugar entre las más bellas – Jim contempló fascinado como aquella joven completaba su salto – La mujer más fuerte de Amazon Lily – la chica cayó en tierra con firmeza y miró a su enemigo desafiante – La mujer

que iba a convertirse en nuestra próxima emperatriz – Marguerite miró al joven pirata a los ojos – Boa Dianne – terminó.

“One Place”, una obra de Andrés Jesús Jiménez Atahonero. Fanfic original basado en la obra “One Piece” del mangaka Eiichiro Oda. Hecho por fan para fans

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