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VIOLENCIA DIRECTA: EL CONCEPTO.

El concepto más “sencillo” de violencia es el de violencia física o directa:
- toda aquella acción agresiva o destructiva contra la naturaleza (daños contra
la biodiversidad, contaminación de espacios naturales, etc.),
- contra las personas (violaciones, asesinatos, robos, violencia de género,
violencia en la familia, violencia verbal y/o psicológica, ...)
- o contra la colectividad (daños materiales contra edificios, infraestructuras,
guerras, etc.).
El uso (mejor sería decir, el abuso de la fuerza) tiene objetivos diferentes: lucro
personal, intereses políticos, compensación de problemas psíquicos, etc.
La violencia directa tiene como principal característica diferenciadora que es una
violencia visible en lo que se refiere a muchos de sus efectos; básicamente los efectos
materiales (por ejemplo, los antes citados). Sin embargo, también es cierto que algunos
efectos aparecen más o menos invisibles (odios, traumas psicológicos, sufrimientos,
relaciones internacionales injustas, adicción a una cultura violenta, concepciones
culturales como la de ‘enemigo’, etc.) o no se suelen considerar de tanta importancia
como los efectos materiales.
A este concepto de violencia directa le suele acompañar una concepción del
conflicto humano, social o natural como algo totalmente negativo que hay que evitar de
cualquier forma y que cuando surge acaba rompiendo la situación de paz. De aquí
deriva una visión de la paz y de las prácticas que se ponen en juego para garantizarla,
paz que denominaremos directa, que aparece caracterizada por ausencia de conflicto y
de violencia, es decir, como ausencia de guerra, de violencia callejera, violencia
familiar, etc. Si estos no existen, existe la paz.
Desde esta visión de paz ausente que venimos comentando se ha optado, sobre
todo en occidente, por una respuesta principal de entre todas las posibles, la actuación
represiva y punitiva por medio de la legalidad. Se ha buscado regular legalmente las
continuas situaciones de violencia que surgen en el desarrollo cotidiano de la vida, de
las relaciones sociales e, incluso, de las relaciones internacionales. Así, se ha legislado
sobre las situaciones que son violentas y cuáles son sus agravantes y eximentes, se han
previsto penas en mayor o menor cuantía para aquellas conductas que violenten más o
menos los derechos reconocidos por las leyes y se han valorado de maneras diferentes
los diversos tipos de violencia. Además, se ha previsto todo un sistema de control
(ejército, policía, cárceles) para hacer cumplir la legalidad estrictamente. Con ello ya se
asume como inevitable la existencia cotidiana de conflictos pero no se avanza mucho en
la forma de encararlos, ya que la represión, sea legal o no, sigue transmitiendo sólo una
visión negativa del conflicto.
Conceptos más avanzados y completos de violencia como son la violencia
estructural y la violencia cultural se plasman en las ideas dinámicas de Galtung de paz
estructural y paz cultural, que pretenden tener en cuenta las causas profundas y no
visibles de los conflictos y la violencia. Estas nuevas ideas son importantes porque no
sólo complementan las visiones anteriores, sino que presentan alternativas de análisis
político, de comprensión de la realidad social e internacional e, incluso, proponen
opciones diametralmente distintas para la actuación política porque entran en
confrontación directa con las visiones negativas de conflicto y paz. Es decir, no sólo se
analizan las situaciones de forma más completa y detallada sino que estos análisis tienen
hondas repercusiones para la práctica política.
Suele ocurrir que, de pronto, nos sorprendemos con el estallido de una guerra en
un país que hasta entonces habíamos creído pacífico, o con un episodio violento en una
familia que hasta entonces considerábamos ‘normal’. ¿Qué es lo que ha ocurrido para
que los acontecimientos desemboquen en una situación tan aberrante y tan inesperada?
Cuáles son las causas internas del conflicto, qué nos puede hacer comprender estas
situaciones. Cuando se quiebra la paz, todos nos preguntamos por qué y la falta de
análisis y de comprensión hace palpitar en nuestro subconsciente colectivo la duda y la
sospecha de si algo así nos podría ocurrir a nosotros, también de repente. Otra
inquietud nos acecha leyendo la prensa o viendo los telediarios, ¿cómo ha sido posible
que 110 millones de personas hayan muerto en las diversas guerras del siglo XX?1
Para contestar a estas cuestiones, a inicios de la década de los años ’70 del siglo
XX, Galtung2 y otros desarrollaron el concepto de violencia estructural, concepto que
avanza a una visión de violencia más dinámica y más invisible: se define la violencia
estructural como “aquello que provoca que las realizaciones efectivas, somáticas y
mentales, de los seres humanos estén por debajo de sus realizaciones potenciales”.
Siguiendo y concretando esta línea de razonamiento, posteriormente Galtung
definiría cuatro tipos de violencia:
· la clásica o directa que se ejecuta contra el cuerpo y la mente humana,
· la pobreza que provoca la privación de las necesidades humanas básicas, por
ejemplo, ¿cómo es posible que hoy en día mueran 9 millones de niños y niñas
menores de cinco años por falta de antibióticos o vacunas?3
· la represión que provoca la privación de los derechos humanos y
· la alienación, que provoca la privación de los derechos humanos y políticos4 .
Los tres últimos tipos de violencia serían los que conforman la violencia
estructural.
La violencia estructural sería un tipo de violencia indirecta, es decir, las acciones
que provocan el hambre en el mundo, por ejemplo, no están diseñadas y realizadas
directamente con ese fin, sino que son derivaciones indirectas de la política económica
capitalista y de injusto reparto de la riqueza. Esto provocaría que las causas que
producen la violencia estructural no sean visibles con evidencia, en algunos casos o en
un análisis poco profundo, con lo cual se entiende el por qué de su denominación
posterior.
Se han descrito dos tipos de violencia estructural5:
1
FISAS, V. “Cultura de paz y gestión de conflictos”. ICARIA. 1988, PG.39
2
GALTUNG, J. “Violence, peace and peace research”. Journal of peace research nº 3, 1969. Hay
traducción al castellano en “Violencia, paz e investigación para la paz”, en “Sobre la Paz”. Fontamara
1985, pgs. 27-72.
3
FISAS, V. “Cultura...”op. cit .pg. 35
4
GALTUNG, J.Contribución específica de la irenología al estudio dela violencia: tipologías” en “La
violencia y sus causas” UNESCO 1981, PG. 98.
5
FISAS, V. “Cultura...” op. Cit. Pág. 28.
· Violencia estructural vertical: “es la represión política, la explotación
económica o la alienación cultural, que violan las necesidades de libertad,
bienestar e identidad, respectivamente”.
· Violencia estructural horizontal: “separa a la gente que quiere vivir junta, o
junta a la gente que quiere vivir separada. Viola la necesidad de identidad” .
Algunos ejemplos de violencia estructural serían la obligatoriedad del servicio
militar, el sistema de toma de decisiones de la O.N.U. con 5 países permanentes
(EE.UU., Rusia, Gran Bretaña, Francia y China) en el Consejo de Seguridad y los
demás miembros rotatorios, las dictaduras militares, el sistema económico y jurídico
internacional que empobrece continuamente a los países del Sur, en beneficio de los del
Norte ...
En la década de los ‘90 del siglo XX surge una nueva aproximación a la
violencia al acuñarse el concepto de violencia cultural, desarrollado también por
Galtung y otros autores, que lo definen como una violencia que “se expresa también
desde infinidad de medios (simbolismos, religión, ideología, lenguaje, arte, ciencia,
leyes, medios de comunicación, educación, etc.), y que cumple la función de legitimar
la violencia directa y estructural, así como de inhibir o reprimir la respuesta de quienes
la sufren, y ofrece justificaciones para que los seres humanos, a diferencia del resto de
especies, se destruyan mutuamente y sean recompensados incluso por hacerlo”6.
Hay que señalar que los estudiosos ya reconocían, veladamente, el concepto de
violencia cultural como uno de los aspectos inherentes del de violencia estructural,
denominándolo “alienación cultural” pero sin darle la relevancia y autonomía que
posteriormente tendría.
Con el paso del tiempo se han reconocido las grandísimas implicaciones que
tiene la violencia cultural, incluso para resituarlo al lado, en igualdad de condiciones,
con los otros tipos de violencia citados.
La violencia estructural aportó una nueva visión, más dinámica, más procesual,
más amplia, de la violencia. Pero aún quedaban incertidumbres por resolver: ¿por qué
optaban las personas por el uso de la violencia aún cuando sus posibilidades de lograr
una victoria (léase transformación social que les beneficiase) eran muy escasas,
teniendo en cuenta que el poder siempre puede hacer uso de una violencia mayor, más
planificada e incluso legalizada? ¿Por qué no se usan, habitualmente, fórmulas
diferentes a la violencia?. Las respuestas vienen del entorno cultural en el que nos
educamos y desarrollamos. Estamos educados para no ver alternativas a la violencia
porque en las escuelas y los demás medios de transmisión y reproducción de cultura nos
han enseñado la historia como una sucesión de guerras; porque estamos acostumbrados
a que los conflictos se reprimen por la incuestionable autoridad paterna, o por la
autoridad del macho sobre la hembra, o por las leyes nacionales o internacionales;
porque los medios de comunicación de masas nos venden como la única vía de solución
de los conflictos internacionales el uso de los ejércitos (sea bajo bandera O.N.U.,
O.T.A.N., o Alianza de Naciones); etc.
Nuestro substrato cultural es una concausa última y profunda de nuestra visión
negativa de los conflictos, de nuestra visión pacata y constreñida de la paz.

6
GALTUNG, J. “Tras la violencia 3R: reconstrucción, reconciliación, resolución”Bakeaz 1988.
La violencia cultural se utiliza para lograr la aprobación de posturas fanáticas en
lo religioso, en lo económico, en las relaciones de género, en las relaciones con la
naturaleza, se basa en un amplísimo entramado de valores que asumimos continuamente
desde pequeños y que luego se refuerzan con las normas legales de la sociedad para
inculcarnos una cultura opresiva porque es acrítica y delegadora y porque nos prepara
para la colaboración pasiva y/o activa con estructuras injustas e insolidarias.

Colectivo Utopía Contagiosa.