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1.

Pedro Pablo Nakada – El apóstol de la muerte

Comenzamos con uno de los nombres más populares y letales de esta lista.

Era finales del año 2006 cuando el mundo descubría, luego de su captura y su escalofriante
testimonio, el sendero de muerte que había dejado Pedro Pablo Nakada.

“Odio a los homosexuales, los maricones no merecen vivir. Tampoco los alcohólicos, las
prostitutas ni los fumones. Mi misión es limpiar todo eso”. Ese era el discurso que reiteraba ante
policías y periodistas que buscaban saber más sobre este frío personaje. Pero en ese momento,
nadie sabia tantos detalles.

No conocían que su primera muerte sucedió el primer día del 2005, en una playa de Chancay. Allí
encontraría su estilo para matar, usando una pistola, aunque su modus operandi se
perfeccionaría. Pasó de disparos torpes en el tórax a la precisión de siempre dar en la nuca para
“matar sin dolor”.

Entre sus víctimas se enlistan mujeres mayores, taxistas con sus pasajeros, cosmetólogos,
adolescentes y niños. Un total de 25 cadáveres que pudieron ser más, ya que fue detenido cuando
pensaba lanzar una granada en una discoteca.

El apóstol de la muerte fue condenado a 35 años de prisión y enviado al penal de Lurigancho.


Siguiendo un patrón común en estos casos, se intentó suicidar en más de una oportunidad.
Posteriormente, sería trasladado al pabellón de enfermos mentales. Sin embargo, meses después
se le encerró pabellón de enfermos mentales por su esquizofrenia paranoide. A pesar de la
amenaza constante y explicita de «seguir cumpliendo su misión purificadora».

2. Mail Malpartida Achón – El degollador de Oxapampa 

Entre el 2006 y el 2008, la selva se vio aterrorizada por el Mail Malpartida Achón, más conocido
como El degollador de Oxapampa.

Los más perjudicados fueron los empresarios, mineros y granjeros de la región ya que el modus
operandi de Malpartida era secuestrar para reclamar un rescate y luego asesinar a sus víctimas de
forma brutal. Más allá de recibir o no el motín le hacia honor a su apodo.

Los policías que le siguieron el rastro lo calificaron como desalmado e inhumano, con una
preparación militar y experiencia terrorista. Por eso manejaba tan bien una AK que robó en una
fuga suya de prisión. Un arma que usó para reducir a sus objetivos y luego terminar de
destrozarlos usando un cuchillo.

Lo que llamaba la atención de su estilo es el énfasis en destruir la lengua. Luego se descubriría


que era para que «las almas de los muertos no lo delataran», lo que vuelve aún más turbia la
mitología del Degollador.
Luego de 21 muertes, un equipo especializado en secuestros llegó desde Lima para cazarlo, en
una operación que tardó nueve horas. Malpartida fue capturado sin que ofreciera resistencia,
sometido como si no fuera el sanguinario asesino que realmente era.

Finalmente, se le condenó a cadena perpetua al hallársele responsable de delitos como tenencia


ilegal de armas, secuestro, extorsión y asesinato.

3. Domingo Norabuena Espíndola – El monstruo del garrote 

En el 2017, los vecinos de Huaral amanecían constantemente con miedo. En las zonas
descampadas aparecían cadáveres que compartían rasgos en común y tenían la firma de un
asesino en serie.

Las víctimas tenían mucho alcohol en la sangre y golpes potentes en la base del cráneo que
parecían provocados por un garrote. La primera teoría policial era que se trataba de una pandilla
que se aprovechaba de ebrios que salían en lamentable estado de las fiestas, pero la violencia los
hizo pensar en un asesino en serie.

A través de las cámaras de seguridad ubicadas en posiciones estratégicas, se encontró a un


mototaxi azul que aparecía siempre en los últimos lugares donde se había visto con vida a los
elegidos por este asesino.

Los policías empezaron a centrar su investigación en mototaxistas que trabajaran de noche y


cerca discotecas. Y se enfocaron en uno que resultaba sospechoso: Domingo Norabuena
Espíndola. A sus 57 años, era identificado como una persona conflictiva y agresiva que cumplía la
descripción del desconocido.

Luego de un seguimiento, se le capturó cuando estaba por acabar con otra vida. Al intentar
justificar sus acciones, solo hacia mención al odio que sentía por la gente.

El perfil psicológico hecho por especialistas determinó que “que es emocionalmente hostil,
agresivo e impulsivo. De temperamento fuerte, insensato y temerario cuando se trata de alcanzar
objetivos indeseables. No posee sensibilidad hacia la vida humana”.

Domingo Norabuena Espíndola, el monstruo del garrote, fue condenado a 35 años de prisión,
acusado del asesinato de trece personas. En su carrera delictiva, acabó con la vida de una docena
de personas.

4. Pedro Alonso López – El monstruo de los Andes

La siguiente historia es desoladora y comenzó en 1978.

Si bien Pedro Alonso López es colombiano, su territorio de asesinato se extendió hasta Ecuador y


Perú. Se sabe con seguridad que mató más de 50 niños, pero él afirma haber acabado con más de
300 vidas.

Luego de pasar tiempo en una prisión colombiana por hurto abandonó la cárcel decidido a nunca
volver. Intento «rehacer» su vida y decidió recorrer las zonas rurales del Perú, donde buscaba
secuestrar a niñas y muchachas «de mirada inocente». Lo hacia durante el día porque sabía que
de noche podría generar desconfianza en sus víctimas.

Fue capturado por los mismos ayacuchanos quienes lo lincharon y lo entregaron a las
autoridades. Ellos no lo procesaron y lo dejaron ir, permitiendo que huyera a Ecuador a repetir la
misma historia.

En esa ciudad fue detenido nuevamente por los ciudadanos al intentar secuestrar a una niña
frente a todos los comerciantes, quienes le hicieron frente.

Durante las investigaciones llevó a las autoridades a los lugares en los que había enterrado los
cadáveres y se hallaron los restos de 53 niñas. Gracias a esto, fue condenado a 16 años de cárcel.
En 1994 fue extraditado a Colombia y llevado a un hospital psiquiátrico, donde se le terminó
dando de alta.

Aunque su paradero es desconocido, en el 2012 se volvió a hablar de él cuando una serie de


crímenes similares lo volvieron a poner en la mira. Aunque nunca se confirmó si era un imitador o
si el monstruo de los Andes había muerto, a pesar de tener 70 años.

5. Nicolás Gutiérrez Mendoza – La bestia de Parcona

Parcona, ciudad ubicada a dos kilómetros de Ica, conoció el horror que provocó Nicolás Gutiérrez
Mendoza al acabar con la vida de sus 13 víctimas confirmadas. Todas ellas niñas menores de 9
años.
A pesar del apodo que lo volvería famoso, la mayoría de sus muertes tuvieron lugar en Villa María
del Triunfo, Lima. En noviembre de 1995, tres niñas ya habían sido ultrajadas y asesinadas. Los
indicios demuestran que había necrofilia en su accionar.

Las madres del distrito se organizaban para siempre acompañar a las menores al colegio, incluso
si no eran sus propias hijas. Pero nada impedía que las muertes siguieran.

Los medios de comunicación empezaron a tocar el tema y los patrullajes policiales se volvieron
más intensos. Preocupado por la persecución volvió a Parcona y repitió su modus operandi.

Su captura fue posible gracias a dos agricultores que lo vieron llevarse a una niñita a un fundo
abandonado. Ellos tuvieron el valor de seguirlo de lejos y detenerlo cuando se disponía a abusar
de la criatura.

Por su alta peligrosidad, la bestia de Parcona fue recluido en un centro penitenciario de Puno,


donde cumple cadena perpetua.

6. Álex Maquera Atencio – El loco del martillo

Usando un martillo como arma principal, Álex Maquera Atencio estremeció la tranquilidad de


Tacna con una serie de diez crímenes. Sobre todo porque seis de ellos eran familiares suyos.

Todo aconteció en el 2004. En enero de ese año asesinó a su amigo, lo que sería un hecho que
detonaría la mentalidad criminal del  loco del martillo.

Pasaron meses para que su siguiente crimen registrado sucediera y fue uno que no pasaría
desapercibido. Usando nuevamente su martillo, arrancó una masacre que acabó con la vida de su
hermana y sobrinos. La edad de los menores oscilaba entre los 7 y 17 años.
Luego de eso, asesinaría a un comerciante con treinta martillazos. Antes de ser capturado y
condenado a cadena perpetua se determinó que las muertes fueron parte de un intento por
conseguir dinero para drogas, pero algo no terminaba de cuadrar.

Dentro del penal él siguió matando. En el 2019, asesinó a un presidario y a una visita, una mujer de
nacionalidad ecuatoriana, sin razones aparentes. Eso sí, cambió su clásico martillo por un
elemento punzocortante que fabricó en su celda.

7. Ángel Diaz Balbín – El descuartizador de Lima

Probablemente el caso más popular y complejo de la lista.

Aunque también era conocido como  El vampiro de Breña, Ángel Díaz Balbín se ganó a pulso el
apodo de «descuartizador de Lima«. Sus primeros crímenes los cometió en 1976, al asesinar a su
propia tía e ir a prisión por ello. Sin embargo, salió apenas en nueve años por buena conducta.

Luego de que abandonara la cárcel, en la ciudad comenzó una serie de escalofriantes muertes. En
Chorrillos, Miraflores, San Borja aparecerían cadáveres desmembrados en bolsas de basura.

La primera fue una prostituta de la avenida Arequipa, que fue vista por última vez con un
acompañante que calzaba con la descripción de Díaz. Las características coincidían con el
testimonio de un testigo que vio a alguien similar dejar una bolsa con un cuerpo en una calle de
Surco. En pocas palabras, alguien alto, musculoso y moreno era el responsable de 20
asesinatos con un ritmo impecable.
Se sospechaba de un carnicero o estudiante de medicina por su tacto al momento de hacer los
cortes. Pero un psicólogo de la Instituto Nacional Penitenciario lo reconoció, ya que lo tenía en
una lista de sujetos vigilados por su peligrosidad.

Gracias a estos indicadores fue detenido y sometido a diferentes interrogatorios y estudios con
psiquiatras. Era, para los especialistas, un psicópata solitario con falta de afecto que en las
pruebas dibujaba a las personas sin piernas ni brazos. Un asocial con manejo de la sierra, por su
pasado de carpintero.

El equipo investigador sabía que era él, pero sin ninguna prueba que lo sustente. Estaban por
dejarlo ir cuando uno de los psicólogos a cargo de la pericia solicitó que lo dejarán solo con el
prisionero.

Ese profesional era Mario Poggi, que saldría de la habitación diciendo: «Salvé a la humanidad,
acabé con el monstruo«. La muerte de Ángel es una de las grandes historias criminales que se
cuentan en el país porque las muertes continuaron brevemente. ¿Un imitador? ¿Ángel no era el
descuartizador? Son algunas preguntas que nunca recibirán una respuesta.

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