Estudios Andinos: Prácticas e Investigación
Estudios Andinos: Prácticas e Investigación
Práctica intelectual y
estrategias de investigación
Carlos E. Zanolli
Julia Costilla
Dolores Estruch
Alejandra Ramos
compiladores
Rosario, 2013
índice
Presentación
Carlos E. Zanolli, Julia Costilla, Dolores Estruch, Alejandra Ramos.................. 9
Sobre los comienzos de los estudios andinos y sus avances actuales en el norte
de Chile
Lautaro Núñez...................................................................................................... 79
Aprendiendo a investigar
Ana María Lorandi . ............................................................................................ 187
Derroteros andinos
Luis Miguel Glave............................................................................................... 203
S
ituados en la Sección Etnohistoria de la Facultad de Filosofía y Letras de la
UBA, a fines del 2010 publicamos un libro cuyo objetivo fue reflexionar acerca
de las discusiones producidas en torno a la identidad de la Etnohistoria, inda-
gando acerca de su desarrollo y estado actual, y poniendo en vinculación las trans-
formaciones teórico-metodológicas experimentadas dentro de ese campo de cono-
cimiento con las prácticas y representaciones que sobre él se expresan en el ámbito
institucional de la Licenciatura en Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía
y Letras (Zanolli et al., 2010). Ciertamente esa reflexión conllevaba también repensar
nuestra práctica profesional como antropólogos que trabajan problemáticas íntima-
mente ligadas a temas históricos.
En aquella publicación observamos los cambios producidos en las investigacio-
nes de la Sección Etnohistoria entre la fecha de su creación (1984) y el año de la
publicación del libro. Tal vez el dato más sobresaliente que pudimos registrar fue
un paulatino alejamiento de lo que podríamos llamar una idea primigenia u original
de Etnohistoria esbozada por Wissler en la primera década del siglo XX, y que lue-
go se verificó en las investigaciones desarrolladas sobre Perú durante las décadas de
1950 y 1960.1 Aquellas dieron lugar a toda una generación de investigadores (Nathan
Wachtel, Franklin Pease, Steve Stern, Pierre Duviols, Tristan Platt, Frank Salomon,
Olivia Harris, Thérèse Bouysse-Cassagne y Thierry Saignes, entre tantos otros) cuyas
obras se han constituido en los principales referentes para la Etnohistoria andina más
allá de la propia autodefinición disciplinar de cada autor. Tales producciones se fueron
articulando con las tradiciones locales de distintos centros académicos de América
Latina (Ecuador, Bolivia, Perú, Chile y Argentina, entre otros) en un proceso que in-
volucraba, al menos en los primeros tiempos y dentro de distintas posiciones teóricas,
temáticas compartidas y objetivos comunes.
El campo disciplinar de la Etnohistoria que prácticamente de manera paralela
comenzó a desarrollarse en Argentina, Bolivia, Chile y Ecuador, tuvo como lugar
principal de encuentro e intercambio los llamados Congresos Internacionales de Et-
nohistoria, al menos los realizados entre los años 1989 y 1998. Durante ese período,
además de la proliferación de revistas especializadas y de la producción de artículos
individuales y colectivos, se destacan tres compilaciones principales, ligadas a tres
reuniones científicas: una primera reunión propuesta en 1981 tuvo lugar en 1983, en la
ciudad de Sucre, Bolivia, con el nombre “Penetración y expansión del mercado en los
Andes, siglos XVI-XX’’ y la coordinación de Olivia Harris, Brooke Larson y Enrique
Tandeter. Su objetivo fue el de “construir un cuadro histórico de la vida económica
1 Nos referimos a los trabajos de John Murra, John Rowe, María Rostworowski, Luis Valcárcel y Tom
Zuidema, entre otros.
10 Los estudios andinos hoy
dando de manera paulatina en cada uno de los equipos de investigación de los países
antes mencionados.2
Paralelamente al proceso antes señalado, se produjo un impasse en los Congresos
Internacionales de Etnohistoria, los cuales volvieron a retomarse en el año 2005 en
la Ciudad de Buenos Aires, con características parcialmente diferentes a los que se
habían desarrollado hasta el momento. En aquel Congreso apareció por primera vez la
palabra Antropología Histórica tal vez interpelando a la Etnohistoria, tal vez dándole
acogida a una vasta pluralidad de trabajos que se presentaban en el Congreso y que
excedían casi por completo a la problemática andina. La vieja idea de Etnohistoria pa-
reció volver a surgir en el Congreso de Lima, Perú de 2008, país donde hasta el día de
hoy parece conservarse la impronta inicial del campo disciplinar. Por fin el Congreso
de Bolivia del 2011 planteaba una temática más allá de las etnias, tal vez íntimamente
ligado a los temas y problemas surgidos en Bolivia con el advenimiento de Evo Mo-
rales y la consideración de Bolivia como un estado plurinacional.3
Habiendo participado del Congreso de Bolivia y en aquel momento terminado
de manera reciente un análisis acerca del devenir de la Etnohistoria en la Universidad
de Buenos Aires, inmediatamente nos preguntamos acerca de la situación de la Etno-
historia en un contexto más amplio. Sabíamos íntimamente que aquella palabra ya no
daba cuenta de la realidad de muchos trabajos presentados en los congresos homóni-
mos. También, entendimos que la Antropología Histórica en aquel contexto, refería
más a un desarrollo local que regional. Nos preguntamos por lo tanto bajo qué término
podían englobarse un conjunto de investigaciones que desbordaban el de Etnohistoria.
Pensamos entonces en estudios andinos. Por supuesto, estos tienen su propio devenir
histórico y no estuvieron ajenos a transformaciones a lo largo del siglo XX, incluso el
concepto mismo de área andina atravesó modificaciones.4 Si bien los estudios andinos
contienen un conjunto de aproximaciones que van más allá de la Etnohistoria –y ésta
no se reduce a la región andina– durante las décadas de 1970 y 1980 estos términos
quedaron fuertemente identificados. En este período y con el impulso de John Murra,
se había instalado como principal preocupación dar cuenta del logro andino y en ese
2 Actualmente una de las compiladoras del libro realiza su tesis doctoral: El desarrollo de la Etnohistoria
andina como campo interdisciplinar: interacciones entre Historia, Arqueología y Antropología. Perú,
Bolivia y Argentina, 1970-2005.
3 En el Congreso realizado en Bolivia se pudo verificar una significativa ausencia de investigadores pe-
ruanos. El motivo tal vez pudo haber sido la realización del “I Coloquio Internacional Los Incas”, que
tuvo lugar la semana previa en Cuzco.
4 En un primer momento, definida como área geográfica y cultural a la vez, quedó principalmente cir-
cunscripta a la actual región de Perú, incluyendo en algunos casos también Bolivia –concebida desde
el modelo de zonas nucleares de desarrollo. En la década de 1940 su extensión se amplía desde el sur
de Ecuador hasta el norte de Chile y Argentina y finalmente se establecerá Colombia como límite en el
extremo norte y el centro-norte de Chile hacia el sur (Rowe, 1946). Hacia la década de 1980 no sólo se
había establecido que la delimitación del área andina se encontraba más allá de los límites nacionales,
sino que también se había precisado que los centros y las periferias dentro de esta área variaban a lo
largo del tiempo (Lumbreras, 1981).
12 Los estudios andinos hoy
contexto la Etnohistoria se constituyó como la forma por excelencia para abordar los
estudios andinos.
El auge de la Etnohistoria en aquellos años sirvió de impulso para la realización
de una amplia serie de investigaciones en las décadas siguientes. Estas investigacio-
nes tomaron como base los desafíos planteados por la Etnohistoria pero incorpora-
ron además las problemáticas propias de trabajar en otros marcos temporales y con
nuevos sujetos. De esta manera y como vimos, en cada país fueron diferenciándose
líneas de investigación que se distanciaban más o menos de la Etnohistoria clásica.
Es por ello que al pensar en una palabra o denominación que actualmente englobe el
conjunto de estudios que se vienen desarrollando en la región, el término Etnohistoria
nos resulta insuficiente y nos cobijamos en una expresión en la cual ésta se encontraba
incluida. El término de estudios andinos parece invocar una pluralidad que permite
cubrir una variedad muy amplia de aproximaciones y ofrecer dentro de esa diversidad
un punto en común de contacto.
Los límites a la capacidad aglutinadora del término Etnohistoria no sólo estuvie-
ron dados por la diversificación de agentes, temporalidades y geografías estudiadas
sino también por un fenómeno que afectó a las Ciencias Sociales en general, nos refe-
rimos a la llamada caída de los grandes relatos (Clifford y Marcus, 1986). Justamente
el período de auge de la Etnohistoria es simultáneo a la existencia de grandes mode-
los que permitían subsumir las investigaciones particulares. En este sentido, resulta
sintomática la particularización progresiva de los congresos y de las compilaciones.
Dicha particularización ha sido temática y temporal5 pero también ha tenido su veta
geográfica a partir de las subregiones andinas6 o mediante la reafirmación de los estu-
dios nacionales.7 Frente a esta especialización, necesaria a causa de la diversificación
de las investigaciones, nos interesa poder ofrecer un panorama que cubra el espacio
andino incluyendo las diferentes temporalidades y enfoques.
Si por una parte este libro se inserta en una tradición de compilaciones andinas,
por otra responde a una serie de preocupaciones relativamente recientes sobre las
prácticas académicas y de investigación. En este sentido, nos interesa dar cuenta de
qué manera la reconstrucción de las trayectorias personales8 puede hacer más inte-
ligible los procesos de constitución y desarrollo de campos de investigación. Pero
también nos parece relevante explorar la diversidad de las prácticas que permiten
reinventar dichos campos en el sentido trabajado en Antropologías del mundo. Trans-
5 La compilación Más allá del silencio. Las fronteras de género en los Andes (Arnold, 1997) constituye
un ejemplo del primer caso, mientras que el “Encuentro Internacional El Siglo XIX en Bolivia y en
América Latina” da cuenta de la particularización temporal.
6 Como es el caso del “Taller de Costa a Selva” realizado en Argentina en 1992, circunscrito a los Andes
centro-sur, o la compilación titulada Producción y circulación prehispánica de bienes en el sur andino
(Nielsen et al., 2007).
7 En esta línea se insertan el “Encuentro Internacional de Peruanistas”, cuyo año de inicio se remonta a
1996, y la “Reunión de Estudios Bolivianos”, que se realiza desde 2002.
8 Al estilo de los testimonios reunidos en Historia e historiadores (2001).
Presentación 13
9 En todos los artículos se han conservado los términos en quechua y aymara tal como fueron escritos
por los autores.
Presentación 15
investigadores que los artículos van delineando, funcionen como piezas para recons-
truir la historia de este amplio campo de estudios. Y en donde los indicios que esas
relaciones representan, los sucesos y los actores sobre los que cada autor se detiene,
permitan alcanzar un punto de partida posible o una base de intereses y motivaciones
compartidas.
Esto nos lleva a reflexionar también sobre el propio papel de esta compilación
no sólo como proveedora de un panorama actual sobre los estudios andinos sino –y al
mismo tiempo– desde su rol en la propia reproducción de esta área de investigación,
colaborando así en la consolidación del mismo campo que se propone abordar. La
idea de una comunidad andina de pertenencia, que John Murra imaginaba y promovía
en los años 1970 como comunidad de integración para los estudiosos de lo andino
(Platt, 2010), pareciera cobrar entidad en ciertos eventos y producciones académicas,
como la que de alguna manera representa esta compilación. Si es que consideramos
que tal comunidad de pertenencia ha existido y mantiene su vigencia, dentro de los
mecanismos que podrían estar sosteniendo la idea de su existencia, este libro aparece
tal vez como una contribución en ese sentido, ya sea reflejando o construyendo esa
integración.
***
La publicación del presente libro se realizó con subsidios PICT y UBACyT radicados
en la Sección Etnohistoria de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos
Aires.
Bibliografía
Clifford, James y Marcus, George –editores–
(1986) Writing Culture: The Poetics and Politics of Ethnography,
University of California Press, Berkeley.
Platt, Tristan
(2010) “John V. Murra, Actor (Odessa 1916-Ithaca, Ny 2006), La retórica de la
exageración”, en Chungara 42 (1): 49-57.
Jan Szemiñski
Mi recorrido hacia la historia del Tawantin Suyu como una disciplina científica
asta ahora los arqueólogos y antropólogos afirman coralmente que investigar
1 Uso la escritura fonémica reconstruida para el dialecto quechua cuzqueño del siglo XVI-XVII.
20 Los estudios andinos hoy
crear un solo personaje de varios. Al personaje lo construía el cronista, autor del texto
escrito, o su informante (Szemiñski, 1997a).
Esta experiencia me obligó a ocuparme de dos temas complementarios pero nue-
vos para mí. El primero fue investigar la imagen de Dios creador incaico. Los antropó-
logos niegan que tal imagen existiera entre los Incas. Para investigarla recogí todas las
oraciones quechuas que encontraba en las fuentes del siglo XVI y XVII en crónicas
y en juicios de idolatrías. Las necesitaba porque los cronistas habían atribuido a los
Incas afirmaciones de acuerdo a las cuales los Incas habían recibido una misión de
algún Dios creador o del Sol. El resultado me sorprendió: las oraciones cuzqueñas
describían a un creador andrógino dotado de un pene erecto y vagina abierta, ambos
con nombres especiales. La observación acababa con la discusión de la autenticidad
de las oraciones: eran cuzqueñas y no cristianas, ya que en el cristianismo en general
y en el catolicismo en particular, no existe ninguna imagen de Dios como un creador
andrógino, dotado de ambos sexos, quien crea diciendo, como el bíblico, pero co-
mienza a crear desde la creación de ambos sexos. A la vez descubrí que los intérpretes
españoles de las oraciones no las habían entendido. Se puede afirmar que entre los
sacerdotes y teólogos incaicos existió un lenguaje especializado, desconocido entre
el pueblo o difícil de entender para los hablantes de quechua común cuzqueño (Sze-
miñski, 1997b). El tema de las oraciones y lenguajes me llevó a investigar el léxico
quechua colonial (Szemiñski, 2006,1993b). Mi base de datos tiene ahora 89 mil en-
tradas, y espero que siga creciendo. Otra consecuencia de mi estudio de las oraciones
quechuas fue que junto con un amigo intentamos describir la mitología Inca (Szemi-
ñski y Ziółkowski, 2006).
El segundo tema nuevo fue buscar huellas de larga tradición oral incaica o cual-
quier otra dentro del área del Tawantin Suyu. La búsqueda resultó muy frustrante.
Encontré en varias fuentes huellas de larga tradición. Siempre se expresaban a través
de contradicciones en la descripción de un personaje, con el mismo nombre, pero en
contextos diferentes. Sin embargo, una larga tradición apareció más claramente en el
segundo libro de Nuevo Ophir de Fernando de Montesinos. Otras fuentes, como citas
en Anello Oliva o el Jesuita Anónimo, indican que conocieron la misma tradición,
pero preservaron de ella solamente citas o menciones breves. La versión más abun-
dante es sin duda la del manuscrito de Nuevo Ophir conservado en Sevilla fechado
1644. Un análisis detallado de la versión me condujo a las conclusiones siguientes:
el texto del libro segundo de Nuevo Ophir se basa en una versión de un manuscrito
escrito probablemente en el Cuzco, y anterior a la introducción del calendario grego-
riano. Su versión primitiva consistía de una secuencia de nombres de reyes acompa-
ñados a veces con informaciones importantes para la ejecución de su misión en este
mundo. Es decir, la tradición explicaba cómo la misión fue transmitida hasta el rey
gobernante. Las informaciones sobre los reinados de unos 100 reyes contienen tam-
bién nombres propios de regiones bajo el gobierno o fuera del gobierno de un rey. La
lista hoy consiste de unos 62 reyes atribuidos a un imperio antiguo con capital en un
Los estudios andinos hoy 21
Cuzco y fronteras que corresponden al área de dominio de Tiahuanaco junto con Wari,
de unos 28 reyes localizados en uno o dos Tampu T’uqu-s y de 10 Incas del Cuzco.
Sus guardianes fueron probablemente los amawtas cuzqueños en el siglo XVI. Los
resultados sugieren que la tradición oral conservó en el siglo XVI datos desde el siglo
VI y siguientes (Szemiñski, 2009).
¿Cómo fue posible que se conservara en una sociedad sin uso de la escritura? El
problema me llevó a buscar escritura andina. Hay varias posibilidades: una lo fue el
khipu, ya que los estudiosos del khipu admiten que hay ejemplares del khipu que no
parecen numéricos. Otra son los t’uqapu, fajas de signos rectangulares, conservados
en textiles, en qirus y en pinturas coloniales. Además, existen las qillqa, mencionadas
en el siglo XVI como tablas de Puqin Kancha en el Cuzco. Analicé la única traduc-
ción de una tabla de Puqin Kancha, conservada en la obra de Cristobal de Molina el
cuzqueño. El resultado parece indicar que las tablas contenían un texto que incluía
nombres propios, verbos y otras partes del habla. Esto me condujo a estudiar las qill-
qas o qarachas del siglo XIX y XX. Las estudiaron varios, más profundamente Dick
Ibarra Grasso, quien opinó que las qillqas son un relicto de una escritura antigua an-
terior a la conquista. Sin embargo, su estudio y otros sufren de la falta de análisis de
signos y de su sintaxis. Estudié varios textos quechuas publicados por Ibarra Grasso
y por otros, como resultado de ello identifiqué signos que tuvieron que ser inventados
antes de la llegada de los españoles. Todos los textos modernos de qillqa sirven para
anotar rezos y doctrina cristiana. Tales textos de época colonial y precolonial faltan,
aunque los mencionan por lo menos dos investigadores del siglo XVI: Joseph de
Acosta S.J. e Inca Garcilaso de la Vega.
Todos los datos sobre los qillqa sugieren que habían sido utilizados para transmi-
tir verdades religiosas, sagradas, como la transmisión de la misión y de las verdades
reveladas por la divinidad. Su uso tuvo que ser limitado a los miembros de la elite,
especializados en qillqa. Su soporte: madera pintada o quizás textiles no pudo resistir
la destrucción de los templos con sus objetos de culto, ni el clima. Bien es posible
que en la costa desértica un día se encuentre una tabla con qillqas (Szemiñski, 2010).
El problema de la tradición y de la escritura andina me condujo a dos problemas
diferentes: ¿Cuál fue el contenido y estructura de la tradición transmitida? Y ¿Cuál fue
el horizonte temporal y geográfico del cosmos incaico?
En otras partes del mundo se conocen textos transmitidos por tradición oral fiel-
mente durante milenios. Un ejemplo excelente es la Rigveda, compuesta entre 1700
y 1100 A.C. y transmitida oralmente hasta ahora, aunque probablemente también por
escrito desde el siglo VI o VII A.D. En el Tawantin Suyu la destrucción de templos,
sacerdotes y otros miembros de la élite local nos dejó sin saber nada sobre la existen-
cia de textos extensos y el modo de su transmisión. Han quedado huellas nomás, como
lo conservado por Fernando de Montesinos en su libro segundo, o también en obras
de Juan de Betanzos, Don Felipe Guaman Poma de Ayala, Don Juan de Santa Cruz
Pacha Cuti Yamqui Salca Maygua, Don Diego de Castro Titu Kusi Yupanki Inqa, o
22 Los estudios andinos hoy
Problemas teóricos
El básico, siempre presente problema teórico, reaparece en cualquier intento de estu-
diar historia de una sociedad sin fuentes directas. En el caso de los Andes, como ya lo
he dicho, el veredicto de los sabios es que es imposible hacerlo. Al mismo tiempo, la
historia de diversas sociedades europeas sin fuentes escritas directas se practica desde
decenas si no centenas de años. El problema es entonces más bien la falta de desarro-
llo de métodos de investigación que articulen el estudio de fuentes escritas indirectas
con investigaciones arqueológicas, lingüísticas y antropológicas.
¿Una sociedad ágrafa, o sin archivos y bibliotecas puede conservar saber de su
pasado? La respuesta es obvia: sí, puede. Lo que necesita el historiador es saber qué
informaciones sobre el pasado la sociedad consideraba necesarias para su presente.
Cuando la investigación indica qué se debía saber sobre el pasado para el funciona-
miento de la sociedad actual, en nuestro caso la de 1532, es posible también hacer lista
de informaciones necesarias. Por ejemplo, si existe herencia, el posesor actual de lo
heredado debe saber demostrar cómo le había llegado la herencia desde el fundador de
la herencia. En el caso andino casi siempre acabamos llegando a una wak’a.
Sin embargo, la tradición que transmite datos tiene que ser conservada en algún
soporte. Lo puede ser un textil o una tabla de madera o cualquier otra cosa, que acom-
paña a la memoria humana de los portadores de la tradición. Es decir, la memoria es lo
más importante. La memoria humana es limitada, cuando no la asisten otros soportes.
Entonces: ¿Cómo los portadores de la tradición censuran en cada generación la tradi-
ción que preservan? ¿Cuáles fueron o son los criterios de los censores?
Los estudios andinos hoy 23
Toda tradición, oral o escrita, con el tiempo se hace incomprensible por la evo-
lución del idioma y de la sociedad. ¿Cómo sus portadores la vuelven comprensible?
Por supuesto, pueden eliminar lo incomprensible sin huella. Pueden reinterpretar lo
incomprensible dándole un significado nuevo, o incluir una explicación o comentario.
Sin embargo, el historiador que investiga una tradición tiene que trabajar con una
premisa básica, según la cual en un pasado la tradición no contenía palabras ni afir-
maciones incomprensibles. Aquel estado sin malentendidos corresponde al momento
de su creación.
¿Es posible estudiar una tradición sin conocer la lengua o lenguas en las cuales
había sido compuesta? Los investigadores norteamericanos de la Sagrada Escritura,
quienes la estudian en traducciones norteamericanas, contestan que sí. Lo mismo afir-
maban los investigadores de la escritura maya en el Congreso Internacional de Ame-
ricanistas en Amsterdam, en 1988, cuando intentaron leer las inscripciones mayas en
inglés, no en maya. El hecho de que conocemos las tradiciones del Tawantin Suyu
casi solamente en castellano y no en lenguas andinas, justificó el ocio intelectual de
los historiadores del Tawantin Suyu. Los antropólogos entendieron el problema más
rápidamente. Los arqueólogos y los historiadores no lo entienden todavía. Para dar
un ejemplo muy trivial: el cuento de Adán y Eva no es comprensible sin el original
hebreo en el cual Eva significa la que vive y Adán el de la tierra o el rojo. Es decir,
sin hebreo el significado del mito se nos escapa. Los textos de las tradiciones en
castellano, de los relatos de la conquista, de documentos, en general todos los textos
que se refieren directa o indirectamente al Tawantin Suyu siempre contienen lo que el
intérprete no supo traducir: Nombres de personas, lugares, instituciones y fenómenos
locales, plantas y animales. Contienen también, en muchos casos, errores de traduc-
ción indetectables sin el conocimiento del idioma.
El problema no es solamente metodológico, como parece, sino también más fun-
damental. Cada lengua impone a su hablante una imagen lingüística del mundo. Por
ejemplo, el castellano enseña que hay machos y hembras singulares o plurales. El
quechua no enseña esto, pero sí la fuente de información del hablante, quien o lo sabe
de experiencia, o de segunda mano, o lo supone en diversos grados de probabilidad.
Sin la lengua la imagen lingüística del mundo de los andinos quechuas y aymaras, o
hablantes de otras lenguas, se nos escapa, y los textos que los historiadores estudia-
mos se quedan con fragmentos cuyo significado ni imaginamos.
¿Es posible ubicar la tradición estudiada en tiempo y espacio? No siempre, pero
sin hacerlo pierde el valor de una fuente histórica.
Problemas metodológicos
El primer y mayor problema metodológico de un historiador que intenta estudiar la
historia del Tawantin Suyu es la trágica situación de los archivos andinos y el estado
fatal de los catálogos. Hay excepciones como el Archivo y Biblioteca Nacional de
Bolivia en Sucre. En general no se sabe qué es lo que contienen los legajos, cuando
24 Los estudios andinos hoy
son descritos más o menos así: “Legajo 1743 Papeles varios 1561-1849”. Y no es bro-
ma. Además según chismes la mayoría de los papeles no está catalogada. En archivos
estatales los papeles mejor catalogados son los que conciernen a la propiedad de la
tierra en el siglo XX. Los archivos eclesiásticos son mucho menos accesibles, además
frecuentemente están cerrados a todo el público. Todos los archivos sufren de robos,
y los documentos reaparecen en colecciones en otros continentes.
Otro problema metodológico son las ediciones de los cronistas. Quizás la edición
que puede servir de modelo para otras es la edición on-line de Nueva Crónica y Buen
Gobierno de Don Felipe Guaman Poma de Ayala. Sin embargo, obras tan importantes
y tantas veces editadas como las del Inca Garcilaso de la Vega no tienen ediciones de-
centes hasta hoy. Cada editor corrige el texto como le parece, sin marcar lo corregido.
Casi siempre no se intenta identificar las citas de otros autores, incluso cuando el autor
indica de qué obra y autor se trata.
Esto me lleva al siguiente problema metodológico: la filiación de las fuentes.
En el caso de la historia del Tawantin Suyu, el historiador tiene que considerar dos
filiaciones a la vez: la filiación entre textos escritos, es decir, entre textos escritos en
castellano, y la filiación entre tradiciones orales, es decir contados en quechua, ay-
mara u otra lengua y traducidas al castellano. De hecho, la filiación tiene que hacerse
para cada hecho de la narración junto con sus amplificaciones aparte de otros hechos
de la narración, si no se demuestra su concatenación con otros hechos de la narración.
Un cuento (hechos de narración concatenados) pudo ser traducido y puesto por
escrito varias veces y en ocasiones diferentes. Este hecho complica el esfuerzo del his-
toriador para establecer la filiación, ya que la filiación aparentemente escrita puede ser
un producto de dos o más casos de fijar la tradición por escrito. Lo que puede ayudar
son las diferencias de la traducción y los componentes sin traducir, que indicarían la
presencia de dos intérpretes diferentes con un saber diferente.
Además, en tradiciones orales parcialmente condensadas, que en su transmisión
distinguen la parte consagrada –que son los hechos de la narración– de las amplifica-
ciones que reflejan el modo de contar, los comentarios y las explicaciones de los he-
chos narrados, ocurren muchos fenómenos que cambian el contenido de la tradición:
1. Cuentos sobre personajes del mismo nombre o de un nombre similar pueden
mezclarse, y finalmente crear un solo cuento de un solo personaje.
2. Hay en las tradiciones posiciones y funciones especiales, como por ejemplo, los
fundadores o los derrotados. Los fundadores atraerán a comienzos de la tradición
cualquier cuento sobre la fundación de algo. Los perdedores pueden convertirse
en un solo perdedor ejemplar.
3. Hay cuentos errantes, que se mudan de lugar dentro de la tradición. Las causas
de cambio están siempre ligadas al contenido del cuento en su lugar original y al
contenido del cuento al cual se añaden en su nuevo lugar.
4. Las amplificaciones pueden sustituir hechos de narración.
Los estudios andinos hoy 25
5. Hechos de narración, que son oraciones simples con un sujeto y un verbo, pueden
provocar la aparición de partes que faltan, como lugar y tiempo de la acción. Por
ejemplo, si el narrador explicaba cómo debía ser un desfile triunfal, todos los
desfiles que menciona recibirían los mismos rasgos.
¿Qué puede hacer un historiador frente a tales trampas? No mucho, salvo buscar otras
versiones del mismo cuento y también otras fuentes de cualquier tipo: arqueológicas,
lingüísticas y antropológicas, volviendo siempre a preguntar qué fue lo importante
para los portadores del cuento.
Problemas institucionales
Lo que no existe, no se financia. El sistema vigente de financiar la investigación causa
que cualquier pedido del financiamiento tiene que ser apoyado por los eminentes in-
vestigadores del área que pretende investigar el proyecto. Como la historia del Tawan-
tin Suyu oficialmente no existe ni es posible investigarla, entonces los especialistas,
quienes reseñan proyectos presentados automáticamente, opinan que un proyecto de
investigación de lo que no existe no es posible. En el mejor de los casos, lo asimilan
con lo que ellos consideran posible.
Lo considerado posible cambia. Una eminente investigadora en sus intentos de
investigar filiación de fuentes para comparar el contenido de las fuentes usaba resú-
menes ingleses de textos españoles del siglo XVI. Tal práctica hace imposible una
investigación seria, ya que investigando filiación uno tiene que comparar las secuen-
cias de palabras, en especial de verbos, y las secuencias de las ideas expresadas. Usar
resúmenes (además en inglés) conduce rápidamente a cualquier resultado deseado. El
caso aquí mencionado es solamente un ejemplo de que las actitudes y opiniones una
vez establecidas entre las autoridades generalmente respetadas en un campo impiden
cualquier progreso de investigaciones, ya que conducen a apoyar epígonos y no in-
novadores.
Otro problema muy grave es la planificación. Los proyectos deben contener plan
de trabajo y acabarse con un libro en tres años. ¿Por qué en tres años? Quizás por el
ritmo de vida política o ritmo de elecciones de autoridades universitarias. Proyectos
largos en el mundo moderno solamente existen entre los guardabosques quienes pla-
nean para 100 o más años. En fin, un proyecto que exige muchos años de trabajo no
puede recibir financiación, a no ser que el investigador logre dividirlo de antemano en
unidades de a tres años, siempre acabadas con un informe presentado en forma de un
libro. En humanidades cualquier investigador sabe que en tres años se puede escribir
un libro, pero a condición de tener ya todas las fuentes recogidas y trabajadas.
El resultado es igual a la ya felizmente difunta planificación comunista: se pre-
sentan solamente proyectos ya hechos para financiar proyectos que se piensa hacer.
Un proyecto ya ejecutado puede garantizar resultados óptimos desde el punto de vista
de las instituciones académicas, ya que trae resultados a tiempo (en tres años).
26 Los estudios andinos hoy
Estrategias
Cada grupo de problemas exige otras estrategias, por lo cual trataré cada grupo aparte.
1 Estrategias teóricas
No existen estrategias teóricas que sean especiales para la historia del Tawantin Suyu.
Todas son comunes con las de otras sociedades aparentemente o realmente ágrafas.
De hecho se trata de dos problemas diferentes:
1. Crear modelos de evolución de una sociedad y observar los fenómenos de larga
duración. Obviamente larga duración social significa que durante muchas gene-
raciones se repiten los mismos comportamientos. Su duración exige un modelo
explicativo. Sin embargo, un modelo explicativo de larga duración en sociedades
sin fuentes escritas es normalmente formulado por arqueólogos y antropólogos,
y no por historiadores.
2. Interpretar tradición oral y demostrar su profundidad temporal. Aquí también se
necesita un modelo de larga duración, pero doble, que incluya larga duración de
un hecho de narración, y larga duración de importancia de información conserva-
da en el hecho de narración. A su vez, el hecho de narración tiene que asociarse
con resultados de investigaciones arqueológicas y antropológicas.
En el segundo caso comienza un problema metodológico, el de conectar entre resulta-
dos de investigación de tradición oral con los de las excavaciones. Por ejemplo cómo
podemos demostrar que un estrato de incendio en un lugar determinado corresponde a
una guerra de conquistas mencionada o sugerida por la tradición oral.
2 Estrategias metodológicas
Las estrategias metodológicas en reconstrucción de tradición oral incaica o andina di-
fieren de estrategias metodológicas elaboradas para investigar otras tradiciones orales
en otras sociedades. Hay condiciones adicionales que no siempre ocurren en estudio
de tradiciones africanas o polinesias por ejemplo.
1. En el Tawantin Suyu no se han conservado (con una sola excepción) tradiciones
en lenguas originales. Todas son traducidas y son traducidas mal, ya que los tra-
ductores, también cuando admiraban uno que otro aspecto de la cultura andina,
no conocían (ni hoy conocen) todas las reglas de la lengua.
También hoy en la cultura quechua o aymara del siglo XX existen conjuntos de
palabras especiales usados en contextos rituales. Normalmente tales palabras no
Los estudios andinos hoy 27
fácil pensar que los reinados componen historia narrada de una dinastía, y los de
las dinastías, la del mundo.
Sin embargo, el hecho que los nombres propios tienen que aparecer en cada
hecho de narración indica que una oración sin nombres es incompleta. Hay que
restaurar los nombres según el lugar de la oración en la secuencia de hechos de
narración.
4. El investigador tiene que estudiar los nombres de personajes y de lugares. Debe
entender que los nombres forman conjuntos y su estudio le puede indicar el idio-
ma original del cuento, y asociar el cuento con una etnia y un tiempo relativo,
según la secuencia de estratos lingüísticos en el área y grupo estudiados.
5. Una tradición puede conservarse en versiones diferentes. Antes de compararlas
el investigador debe considerar su origen, es decir intentar identificar sus porta-
dores.
6. Además las tradiciones puestas por escrito por andinos, o por aindiados como
Juan de Betanzos, usualmente conservan las estructuras internas de la tradición
mucho mejor que las puestas por escrito por castellanos y otros mitmaq Cas-
tiliamanta samuq – forasteros venidos de Castilla, en palabras de Don Felipe
Guaman Poma de Ayala. De este hecho nace una recomendación práctica, que
las estructuras de la tradición deben reconstruirse de acuerdo a las tradiciones
conservadas por indios. En tal caso los hechos narrados por los castellanos deben
ubicarse dentro de una estructura conservada por indios y no al revés.
7. Una vez ejecutadas todas estas recomendaciones, abreviadas aquí, es posible usar
los hechos y las amplificaciones de la narración como cualquier información de
fuentes históricas.
Por supuesto he dejado de lado todas las posibles comparaciones con resultados de las
excavaciones arqueológicas y de tradiciones recogidas por los lingüistas y antropólo-
gos. Quiero subrayar que son obligatorias y muy valiosas, a condición que los sitios
mencionados por la tradición ya hayan sido excavados y los informes publicados, o
que los antropólogos y lingüistas ya hayan recogidos los mitos y tradiciones locales.
Lo normal es que faltan ambos. Quizás el remedio consiste en organizar investigacio-
nes interdisciplinarias, que ya es un problema de estrategia institucional.
3 Estrategias institucionales
He fracasado en todas mis estrategias institucionales. Creo que para un logro es ne-
cesario formar coaliciones de investigadores que trabajen en diversas instituciones.
Sin embargo, un representante de lo que oficialmente no existe (historia del Tawantin
Suyu antes de la conquista española) es tratado como un enviado de un reino de duen-
des, bueno para cuentos de niños. Las instituciones en tales casos reenvían el proble-
ma a sus especialistas, quienes saben que la historia del Tawantin Suyu no existe, o
al revés, saben que existe en la forma determinada por los arqueólogos. Uno de mis
Los estudios andinos hoy 29
proyectos fue llamado childish project. Estoy orgulloso de este calificativo, que refleja
el conservadurismo institucional de las humanidades.
Bibliografía
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del Perú Colección de 37 monografías. Fundación Histórica Tavera. DIGIBUS
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