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CIUDADANIA

Integrantes:

Aldo Domingo García Cod. 1511024150


Manlio Inti Calderón Palencia Cod. 1511025968
Paz Valentina Miranda Arbelaez Gonzalez Cod.1621025677
Sandra Milena Betancourt Arboleda Cod. 1521020641
Yeison Andres Sarmiento Pinilla Cod.1120013626

Docente:

Diana Carolina Bociga Gelvez

SEGUNDA ENTREGA

CIUDADANIA
Bogotá D.C.
2019
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La música y la construcción de identidad entre colombianos y migrantes venezolanos.

Muchos vimos en las redes sociales a Reymar Perdomo cantando lo que sería el himno de

los migrantes venezolanos “Me fui”, ese fue el título de la canción que sirvió de paliativo

para muchas almas que con dolor partieron de su terruño, de la tierra, la que influye en el

concepto de identidad.

También muchos nos conmovimos cuando, con el apoyo del youtuber Daniel Samper

Ospina y con el hashtag #UnChallengePorVenezuela, Carlos Vives, Fonseca y Santiago

Cruz, le hicieron un homenaje, y le regalaron un ukelele.

Este es uno de los muchos ejemplos, que representan como el arte, especialmente la

música, además de ser terapéutica, reconecta con la tierra a los migrantes, que, debido a las

consecuencias de regímenes totalitarios, y en medio de conflictos de guerra interna, se ven

desplazados a países extraños, y puestos en estado de indefensión.

Por medio de la música entramos en catarsis y reconexión límbica con recuerdos de

felicidad y protección, según palabras de Sanfeliú (2005), “la música es esencialmente una

experiencia vivencial: genera respuestas a nivel físico (llevamos la pulsación, seguimos el

ritmo, modifica nuestra respiración, los ritmos del corazón, etc.), pero también a nivel

mental, psicológico o emocional. A través de la música podemos experimentar sensaciones

(de libertad, tranquilidad, placer), recuperar recuerdos, pensamientos, imágenes, o incluso

cambiar nuestro estado de ánimo. También permite expresar y comunicar a partir de

canales diferentes de los verbales, o crear sentimientos de unidad con otras personas y
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comunidades”. En tal sentido la música es una herramienta de unión positiva, de bienestar y

satisfacción en los momentos, de sinapsis colectiva entre individuos que han creado

identidad cultural, como en este caso, en los hermanos venezolanos.

De esta forma, como lo señala Rodríguez (2010), es posible a partir de la música acercarse

y vivenciar valores que son implícitos en ella misma, como escuchar, dialogar, compartir o

respetar y que aportan a la construcción no solo individual sino social. Al respecto, y con

más técnica y academia, para Serafina Poch (1999), “la música es la técnica o el arte de

reunir o ejecutar combinaciones inteligibles de tonos en forma organizada y estructurada

con una gama de infinita variedad de ritmo, melodía, volumen y cualidad tonal”. Cuando

estos elementos son utilizados más allá de su contenido concreto para aportar en la

generación de canales y nuevas formas de comunicación podemos decir que estamos en el

terreno de la música como terapia es de decir, de la posibilidad de que la música sea una

herramienta, un canal, un modo para expresar y elaborar situaciones vividas (Rodríguez,

2010).

Laura Fleischer (s. f.), afirma que el arte tiene otra función más allá de la estética,

extrayéndola de espacios funcionales mantenedores de situaciones de injusticia y

transmutarse en su capacidad generadora de cambio, donde por medio de nuevos espacios

pretende promover la inclusión, el reconocimiento del sujeto y el retorno de su dignidad

vulnerada, entretejiendo lazos con diferentes grupos fomentando en el sujeto el deseo de

cambio.

Así como Reymar Perdomo, venezolana, de 30 años, que agarró su guitarra, 200 dólares y

sus maletas, para migrar, miles de compatriotas suyos hicieron lo mismo, y se han aferrado
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a la música no solo para sobrevivir en tierras lejanas, sino para apaciguar sus añoranzas, y

no desprenderse de su amada tierra, y crear un vínculo entre ellos, con lo cual preservan sus

costumbres.

De acuerdo a Riverí Juliens (2006), la música tiene cualidades que pueden potenciar en

cualquier sujeto diferentes habilidades. Dada su estructura la cual contiene no solo

elementos pragmáticos como la matemática (ritmo) y la física (cualidades del sonido), sino

aspectos sensoriales por su cualidad no visible y que por tanto obligan al oído y a la mente

a trabajar en conjunto, los dos hemisferios cerebrales entran en funcionamiento, de hecho,

según Olender (2005), en “la percepción de la música emerge de la interrelación y la

actividad de ambos lados del cerebro. Al escuchar o hacer música se activan diversos

centros repartidos por el cerebro incluidos centros que están involucrados en otro tipo de

cognición”. Y ello porque, dado que la música es un producto cultural, por el proceso

individual que se suma a una intensión colectiva, tiene la potencialidad de ofrecer factores

de convivencia, participación y diálogo con el exterior. Gauna (2005), en relación a ello,

expresa que “la producción artística interrelaciona lo propio con lo externo, facilitando que

lo externo no se instale como intromisión, sino que se constituya como representaciónn”.

Como diría Bob Marley, “Una cosa buena de la música es que, cuando te golpea, no sientes

dolor”, y los migrantes venezolanos sienten paz y apaciguan el dolor cuando cantan, y

esperan que termine la horrible noche.

Por otro lado, es procedente la pregunta ¿Qué piensan los colombianos respecto de tal

fenómeno migratorio? o ¿De qué forma se ha aceptado la cultura venezolana, su musica y

lenguaje en nuestro territorio?


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Según encuesta publicada por Migración Venezuela (2019), y realizada por Colombia

Opina de Invamer para Semana, Caracol Televisión y Blu Radio, más de la mitad de los

colombianos está de acuerdo con que el gobierno acoja a los venezolanos que lleguen a

causa de la crisis interna de su país.

En la medición se les preguntó a los colombianos por su percepción general sobre

los migrantes venezolanos que han llegado a Colombia y la forma en que el gobierno está

enfrentando la situación en Venezuela. La encuesta fue realizada en 1008 hogares entre el 7

y el 11 de febrero de este año.

Según los resultados, el 56% está de acuerdo con que el gobierno acoja a los venezolanos,

mientras que el 40% está en desacuerdo. La primera cifra muestra un aumento de cinco

puntos con respecto a la última encuesta realizada en noviembre del año pasado.

Esta tendencia levemente positiva hacia la migración se repitió en preguntas como si está

de acuerdo o no con que Colombia cierra la frontera con Venezuela para que no ingresen

más venezolanos o si el país debería seguir permitiendo el ingreso de venezolanos a

Colombia. El porcentaje de quienes creen que la frontera debería seguir abierta aumentó 3

puntos —de 47,8 a 50,6 %—, mientras que el de los que creen que la mejor opción es

cerrar la frontera, disminuyó.

Empero, cuando se les preguntó a los encuestados qué opinión tienen sobre los venezolanos

que han llegado al país para quedarse, la percepción cambia. El 53 % de los encuestados

tiene una opinión desfavorable de los venezolanos que han llegado a Colombia para

quedarse, es decir, 4 puntos más que hace tres meses; mientras que el porcentaje de los que

tienen una opinión favorable disminuyó 3 puntos.


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Uno de los temas en el que los colombianos parecen estar más de acuerdo es en los efectos

que esta migración pueda tener para la economía. Hasta ahora, 82 % no cree que la

migración venezolana es buena para la economía del país.

La encuesta también reveló que 59,2 % de las personas aprueba la forma como el gobierno

está enfrentando la situación con Venezuela, lo que representa un aumento de casi 20

puntos.

Sería muy atinado que el gobierno colombiano ejerciera políticas de integración cultural en

nuestro territorio, a trvés del Ministerio de Cultura, y los diferentes institutos distritales de

cultura las ciudades capitales se ejercieran eventos culturales entre venezolanos y

colombianos, pues para todos es conocido que nuestro presidenre ha ejercido un liderazgo

internacional, con la unión de otros países del hemiferio, para que cambie la realidad actual

del vecino país, pero parecen paños de agua tibia. Que la musica, las costumbres, e

idiosincrasia sea ese puente de identidad y reconocimiento entre quienes se ven diferentes

por líneas limitrofes. Es ejemplo emblemático (El País, marzo de 2008), que las relaciones

culturales, económicas y tecnólogicas entre Alemania e Israel se hayan estrechado en el año

2008, países que por sus pasados, ligados por el holocausto, convivieron con recelo y

desconfianza por muchos años.

Al final, sería un ejercició de doble vía, de retroalimentación mutua, pues ello también

fortalecería la identidad cultural colombiana.


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BIBLIOGRAFIA.

Armendáriz. (2014). REDO. Recuperado de: http://espacio-redo.es/blog/ciudadania-y-

derechos-humanos/

Fleischer, L. (s. f.). El arte como herramienta de transformación social. Recuperado de:

http://www.psicologiagrupal.cl/documentos/articulos/arte_social.html.

Gauna, G. (2005). Del arte ante la violencia. La educación y salud comprometidas ante “la

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Pág. 47. Buenos Aires, Argentina.

Israel y Alemania firman acuerdos históricos. (17 de marzo de 2008). El País. Recuperado de:

https://elpais.com/internacional/2008/03/17/actualidad/1205708410_850215.html

Migración Venezuela. (Febrero 15 de 2019). ¿Qué opinan los colombianos sobre la

migración venezolana?. Proyecto migración Venezuela. Recuperado de:

https://migravenezuela.com/web/articulo/encuesta-colombia-opina-migracion-

venezolana/935
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Olender A. (2005). Música y Cerebro. Revista Investigación y Ciencia. Harvard University,

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Poch, S. (1999). Compendio de Musicoterapia. Vol II. Edit Heder S.A. Pág.522. Barcelona,

España.

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Cuba. Recuperado de:

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Rodríguez, A. (2010). Aportes de la música en los procesos de construcción de Paz caso:

Batuta Meta - Unión Europea, Barrio La Reliquia (Tesis de postgrado). Universidad

Nacional de Colombia. Bogotá, Colombia. Recuperado de:

http://www.bivipas.unal.edu.co/bitstream/10720/565/1/TT-324-Rodriguez_Andrea-

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Cuadernos de Educación para la Paz. Escola de Cultura de Pau. Ed. Universitat

Autònoma de Barcelona. Pág. 631. Barcelona, España.


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UNESCO. (1945). Recuperado de: http://unescopaz.uprrp.edu/documentos/culturapaz.pdf