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Bachillerato en Humanidades | Facultad Humanidades y arte

Víctor González Tardón | 10 de Junio, 2016

El conocimiento en la filosofía moderna | Profesor: Felipe Fuentealba

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LA PRUEBA ONTOLÓGICA DE LA
EXISTENCIA DE DIOS: LA
CRÍTICA DE KANT AL
ARGUMENTO DE DESCARTES
Introducción
La problemática acerca de cómo explicar la existencia de Dios –y si es que
realmente existe uno- ha sido discutida a lo largo de muchos siglos, cada religión y cada
doctrina en su propósito de explicar la realidad, ha intentado dar una respuesta o al menos un
argumento que pruebe su existencia, desde la Antigüedad hasta estos tiempos. Estas
discusiones tuvieron un papel importante en la Edad Media, los teólogos que vivieron durante
esta época se centraron en fundamentar las escrituras sagradas de la religión católica, de esta
manera se construye una filosofía medieval en torno a la religión. En otras palabras los
teólogos intentaron fundamentar la religión y a Dios a través de razonamientos lógicos,
basándose en las obras de los filósofos más importantes de la cultura griega, como Platón, y
Aristóteles, esto se conoce como filosofía escolástica.

Existen muchos tipos de argumentos que pueden dar un acercamiento a la compresión de la


existencia de Dios, de cierta forma las escrituras sagradas no dan un razonamiento que pruebe
su existencia, solo se asume y justifica con la misma escritura, pero muchos teólogos han
dado argumentos en base a otros textos, como los de los filósofos griegos anteriormente
nombrados. Es el caso de Santo Tomás, o simplemente Tomas de Aquino que propuso las
cinco vías (Quinque viae), cinco argumentos que desarrolla para dar prueba de la existencia
de Dios (en un sentido monoteísta).

El argumento ontológico es un razonamiento que pretende probar la existencia de Dios, a


través de enunciados apriorísticos, como la esencia de Dios y sus características que lo hacen
ser como es. Fue San Anselmo de Canterbury, un teólogo italiano, el que propuso este
argumento de la manera en que se conoce actualmente. Pero fue en el siglo XVII cuando
René Descartes retomó este argumento para fundamentar sus Meditaciones metafísicas, esta
versión de Descartes es la que se desarrollará en este ensayo.

Además, se analizará la crítica realizada por el filósofo prusiano Immanuel Kant hacia este
argumento ontológico, considerado el mejor contraargumento del mismo, apoyándose en sus
conceptos de juicios analíticos y sintéticos que impregna de manera magistral en su obra
Critica de la razón pura. A modo de cierre se darán consideraciones acerca de este conflicto
ontológico y su repercusión en la filosofía posterior a estos dos pensadores.
Meditaciones cartesianas: argumento
ontológico

La palabra ontológico tiene una connotación de estudio, el estudio de las


propiedades trascendentales del ser, por ende, al hablar de un argumento ontológico de la
existencia de Dios, Descartes se remite a la naturaleza misma de Dios, que de por sí, es
trascendental. En la quinta de sus meditaciones René Descartes menciona que dentro de todas
las características que hacen a Dios un ser perfecto, esta necesariamente la existencia, en sus
palabras:

En efecto, ¿no puedo sacar de aquí un argumento y una prueba demostrativa de la


existencia de Dios? Es seguro que no encuentro menos en mí su idea, es decir, la idea
de un ser soberanamente perfecto (…) y no conozco menos clara y distintamente que
una actual y eterna existencia es propia de su naturaleza. (Descartes, 2005: 133)

Esta unión entre la existencia y la naturaleza propia de Dios la califica como inquebrantable,
argumentando que, por ejemplo, el triángulo como ente y la característica de tener tres lados
es inseparable, puesto que tener tres lados pertenece a la naturaleza misma del triángulo en
cuanto a ente. O como lo expresa en la siguiente cita :’’no hay menos repugnancia en concebir
un Dios, es decir, un ser soberanamente perfecto, al cual falte la existencia, es decir, alguna
perfección, que concebir una montaña sin valle’’ (Descartes, 2005: 134).

Dentro de sus propias reflexiones, Descartes se autoimpone un contraargumento, alegando


que si bien puede pensar en un Dios que posea necesariamente la existencia o una montaña
con un valle, este pensamiento no implica su existencia, dando el ejemplo del Pegaso; él
puede pensar en el Pegaso pero no quiere decir que en algún lugar del mundo se encuentre
uno, lo mismo con el ejemplo del valle.

El filósofo francés contesta rápidamente su inquietud, aludiendo nuevamente a la naturaleza


de Dios, dice que al pensar una montaña con un valle no se tiene por necesidad que exista,
pero se tiene por esta que la montaña y el valle son una cosa, ‘’mientras que del hecho de no
poder concebir a Dios sino como existente se sigue que la existencia es inseparable de él, y,
por tanto, que verdaderamente existe’’ (Descartes, 2005: 135). Dicho de otra manera, la
existencia es contingente a las cosas, las cosas son pero no necesariamente existen porque la
existencia no está en su naturaleza como cosa, en cambio, Dios tiene la existencia en su
naturaleza, por ende se afirma que Dios existe, porque si no existiera, no sería Dios.

Refutación kantiana a una prueba


ontológica sobre la existencia de Dios

Immanuel Kant de una forma sucinta intenta explicar el cómo de un argumento


como el que propuso Descartes en cuanto a una ontología en la existencia de Dios puede ser
redundante o tautológica, es decir, al afirmar que Dios existe a través de su propia naturaleza,
no está contribuyendo de ninguna manera a probar su existencia, en las propias palabras de
Kant: ‘’ Yo contesto: vosotros habéis cometido ya una contradicción cuando en el concepto
de una cosa que habéis querido pensar únicamente por su posibilidad, habéis introducido ya,
aunque sea con nombre oculto, el concepto de su existencia.’’ (Kant, 1960: 262)

Además, Kant afirma que el hecho de que existe algo, entendiéndose como algo contingente
o necesario en la cosa, no pertenece a la naturaleza del mismo, más bien una correspondencia
añadida al concepto entregado, entendiéndolo de una mejor forma: ‘’Ser no es evidentemente
un predicado real, es decir, un concepto de algo que pueda añadirse al concepto de una cosa.
Es sencillamente la posición de una cosa o de ciertas determinaciones en sí. ’’ (Kant, 1960:
263).

Finalmente, Kant señala que se puede determinar o probar la existencia de las cosas siempre
y cuando se produzcan de un conocimiento que provenga de la misma experiencia, sin
embargo en cosas que competen a conceptos a priori, es injustificable:

En los objetos de los sentidos, esto sucede según leyes empíricas gracias al enlace
con cualquiera de mis percepciones; pero para objetos del pensamiento puro no hay
en absoluto medio alguno para reconocer su existencia, porque esta tendría que ser
reconocida completamente a priori, pero nuestra conciencia de toda existencia (sea
directamente mediante percepción, sea por raciocinios que enlacen algo con la
percepción) pertenece enteramente a la unidad de la experiencia, y una existencia
fuera de este campo no puede declararse absolutamente imposible, pero es una
suposición que no podemos justificar con nada). (Kant, 1960: 265)

Con estas razones, y también en concordancia de muchas personas, Kant refutó por completo
este argumento ontológico que por mucho tiempo se tuvo por cierto –existían refutaciones
de la misma, pero no con tanta solidez-.

Consideraciones finales, conclusión


Es necesario considerar aspectos importantes en ambos autores; primero, el
hecho de que René Descartes desarrollara este argumento tomado de San Anselmo, es
importante dentro de su filosofía puesto que a través de la demostración de la existencia de
Dios se basa toda su reconstrucción de la realidad, realidad que fue destruida anteriormente
en su obra producto de su famosa duda metódica. A simple vista el contraargumento kantiano
podría echar por los suelos la fundamentación de la realidad que descartes desarrolló, pero la
verdad es que solo se imposibilito la demostración ontológica de la existencia de Dios.

Luego de estos dos autores, la problemática de la existencia de Dios se siguió desarrollando,


pero luego, ocurrieron cambios en la mentalidad que provoco un abandono a los dioses, en
un sentido en que el hombre se situaba como centro de todo el entendimiento, el hombre tiene
una actitud nihilista hacia su propia existencia que en estos días se nota de sobremanera. Es
tanto este abandono que se puede apreciar con bastante precisión en la famosa obra de
Nietzsche, y su famosa muerte de Dios.
Referencias bibliográficas
 DESCARTES, René (2005). Meditaciones metafísicas. Alianza: Madrid, España.
 KANT, Immanuel (1960). Critica de la razón pura. Losada: Buenos Aires, Argentina.