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20-11-2006

¿HISTORICIDAD O
LEYENDA?

Gerardo Jofre
AMIGOS DE LA EGIPTOLOGÍA
ÉXODO, ¿HISTORICIDAD O LEYENDA?
Por Gerardo Jofre 20 noviembre, 2006

Modificación: 18 enero, 2017

Apuntes de la conferencia dada el 26-02-2005 en el canal IRC de AE

http://egiptologia.com/exodo-historicidad-o-leyenda/

No puedo comenzar la charla de hoy, sin haceros partícipes de una advertencia. El tema del Éxodo
es por unanimidad de los exegetas bíblicos, de los más complejos y extensos, por lo que me es
materialmente imposible y por el espacio de tiempo que contamos, tocar cada uno de los
numerosos puntos que forman la investigación sobre esta parte específica de la Torá. Así que me
ceñiré a los datos básicos que tenemos en el campo de la arqueología y su significado o
interpretación contrastado posteriormente con lo que dice el texto bíblico. Por tanto muchas
cuestiones igualmente interesantes no aparecerán expresadas en esta charla, pero espero poder
abrir el germen para otros coloquios futuros, porque el Éxodo, como dice Alain Zivie en su artículo
“Ramsés y el Éxodo,¿Una idea tomada prestada?”: es y seguirá siendo un tema abierto.

Una de las historias más trascendentes de la Biblia es la salida del pueblo de Israel a la conquista de
la tierra prometida. Una gran masa de israelitas parten de Egipto al mando de Moisés y tras
deambular cuarenta años en el desierto, llegan a Canaán. Hasta no hace mucho los arqueólogos
bíblicos daban por sentado la historicidad de un éxodo, que únicamente habría sido con el paso del
tiempo adornado y enriquecido por la literatura judía.

Pero el desarrollo de la arqueología y la egiptología de los últimos veinticinco años ha sido muy
productiva en hallazgos; y sin embargo, no se han descubierto textos escritos extra bíblicos de la
edad del bronce tardío que mencionen a Moisés, ni que detallen un éxodo como el descrito en la
Biblia.

¿Es qué acaso el éxodo no es más que una leyenda?

Una leyenda es una relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de
históricos o verdaderos. Una definición que parece cuadrar actualmente con la narración del Éxodo,
pero que en este caso no sería una leyenda cerrada. Y no podemos decir que es una leyenda
cerrada, porque un hallazgo arqueológico concluyente podría girar la balanza hacía la historicidad
de un éxodo. El profesor John C.H. Laughlin en su libro “La Arqueología y la Biblia” señala sobre este
extremo: <<Es preciso ver los planteamientos sobre un éxodo israelita como provisionales, ya que
algún material aún por descubrir podría transformar el panorama actual, es cada vez más obvio que
de haber algún “núcleo histórico” en la historia de unos “israelitas” huyendo de Egipto a finales del
siglo XIII a.C.(o cualquier otro), éste tiene escasa semejanza con la versión bíblica>>.
Y decimos uno o varios hallazgos arqueológicos definitivos porque hasta ahora únicamente
contamos con ciertos vestigios aislados de algo que nos recuerda al éxodo bíblico. Se trata de restos
materiales que tienen cierto parecido con lo que nos cuenta la Biblia, pero que carecen de relación
entre ellos mismos en un contexto cronológico, sin orden alguno, y sin que por consiguiente nos
puedan servir como prueba definitiva sobre la cualidad histórica del relato. Si bien estos hallazgos
no son concluyentes por si mismos, ni en su conjunto, nos abren un soportal a la interpretación.

El primero de estos hallazgos en el campo de la egiptología es la estela del faraón Merneptah (1213
- 1203 a.C.). Hallada en 1896 por Petrie en el templo de Mernepath en Tebas, mide 2,25 metros de
altura y está compuesta de granito negro. Esta estela data de los años 1208-1207 a.C. y contiene un
himno de victoria que conmemora la aclamación de Egipto sobre sus enemigos. El final de la estela
se mencionan los enemigos de Egipto que se hallan en la región de Canaán, entre los que aparece
“Israel”.

La frase en jeroglíficos egipcios dice: << Israel está derribado y yermo, no tiene semilla”.(traducción
de Pritchard, 1969,pp.376-378).

Al nombre Israel le precede un jeroglífico egipcio que la refiere como población no como un estado,
ciudad o región. Lo único que nos proporciona esta inscripción es que sobre el año 1208 a.C. había
una población asentada en Canaán denominada Israel y que había sido abatida por este faraón
porque su desarrollo demográfico, como ha indicado el egiptólogo Hans Goedicke, podía suponer
una amenaza para Egipto. Aunque esta es la referencia más antigua a Israel que conocemos, no nos
dice que esta población procediese de un éxodo desde Egipto, ni menciona a un Moisés, ni nada
que se le parezca, por lo que como dice el profesor Laughlin, la estela de Merneptah es irrelevante
para esta cuestión. El único dato que nos proporciona es que si alguna vez existió algún éxodo, este
debió producirse antes del año 1208 a.C.

¿Otros textos egipcios nos ofrecen pistas sobre la existencia de Israel?

Los textos de Execración son unos documentos escritos sobre figuritas de terracota en los que se
representan asiáticos (enemigos de Egipto) con el nombre de su población, y se procede a quemar
y destruir a la figurita como maldición mágica o forma de destruir parte de su poder. Hay dos grupos
de textos: el más antiguo data de la dinastía XII y data de tiempos de Sesostris III (18781842 a.C.).
Hay un segundo grupo de textos, más tardío (Bronce Medio II, 1800-1630 a.C.). Entre los lugares
asiáticos destacan “Shutu” probablemente la región de Moab (Números 24:17) y lugares como
Siquem, Hazor, Ashkelon, Lachis, Tiro, y Pella. Se nombra incluso a Jerusalén, pero no hay ninguna
mención de Israel. Los textos de execración no nos ofrecen por tanto pistas sobre la existencia de
un pueblo llamado Israel fuera de Egipto, en la edad de Bronce.

la estela de Khu-Sebek (Djaa) encontrada en Abidos narra una campaña asiática por Sen-Usert III
(1880-1840 a.C.) que dice: “Su majestad se puso hacia el norte a derrocar a los Asiáticos. Su majestad
alcanzó un país extranjero de cual el nombre era Sekmem. Su majestad tomó la dirección derecha
en el proceder a la Residencia de vida, prosperidad, y la salud”.

Aquí “Sekmem” es probablemente Siquem, pero tampoco se menciona a Israel. En las cartas de
Amarna se menciona a Lab’ayu, como gobernador de Siquem, pero no hay referencia alguna a Israel.

¿Israelitas en Egipto?
No hay un éxodo sin estancia en Egipto. No podemos secuenciar una salida, sin una entrada, por lo
que lo primero es probar la existencia de israelitas residentes en el Antiguo Egipto. Las pruebas
arqueológicas indican que hubo movimientos migratorios de origen asiático hacía Egipto en distintas
épocas, pero lo que todavía desconocemos es si en un periodo anterior al siglo XIII a.C. los israelitas
se encontraban entre estos grupos.

El profesor Israel Finkelstein director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv dice:
<<Una cosa es cierta. La situación básica descrita en la epopeya del Éxodo- el fenómeno de unos
inmigrantes que llegaban a Egipto desde Canaán y se asentaban en la región fronteriza oriental del
delta- está abundantemente verificada por hallazgos arqueológicos y textos históricos>>.

Documentos pictóricos como los relieves de la tumba de Khnumhotep III( alrededor 1880 a.C.) en
Beni Asan, muestran un grupo de semitas de la familia de los Abishai entrando en Egipto y en el
Papiro de Leiden 348 se dan órdenes para distribuir grano y se menciona a unos habiru empleados
en el transporte de piedras para un templo. Esto ha sido asociado por algunos con Éxodo 1:11,
donde los hebreos construyeron las dos ciudades granero, Pithom y Rameses.

<<Provéase de grano […] a los cpr que acarrean las piedras para edificar la espléndida Pylón de […]
Ramsés Miamum>>.

Los apiru o habiru también aparecen mencionados en las cartas de el-Amarna, pero tampoco
podemos asegurar que fueran Israelitas:

“¡Mira, Turbasu ha sido muerto en la puerta de Sile, y el rey se ha quedado callado/inerte!¡Mira, a


Zimrida, rey de Laquis lo han herido unos siervos que se han hecho habiru!”(Carta de Amarna nº41
procedente de Jerusalén)

El historiador egipcio Manetón, escribió en el siglo III a.C. como los egipcios habían sucumbido a una
tragedia nacional. Egipto había sido invadido por extranjeros llamados “hicsos” o soberanos de
países extranjeros, quienes se habrían establecido en Avaris.

Las excavaciones arqueológicas han confirmado que los hicsos verdaderamente invadieron Egipto
de manera gradual, es decir, se trataba de una inmigración progresiva, más que una campaña
militar. La influencia cananea en los hicsos es destacable, como ha podido verse a través de la
cerámica, arquitectura, tumbas y escritura hallada en el yacimiento arqueológico de Tell edDaba, la
antigua Avaris. Finkelstein resalta el “paralelismo revelador” entre el periodo hicso y el relato
bíblico, diciendo: <<Se trata de una situación asombrosamente similar, al menos en sus líneas
generales, a los relatos de las idas de los patriarcas a Egipto y su asentamiento definitivo en el país>>.

A mediados del siglo XVI a.C. Tell ed-Daba fue abandonada y con ella toda influencia cananea en
Egipto.

¿Eran los hicsos israelitas?

No hay ningún documento egipcio del periodo hicso que mencione a Israel, tampoco se menciona
en las cartas de Tell el-Amarna. Solo aparece mencionado como grupo humano en la estela de
Merneptah. Sin embargo, no hay duda del origen semítico cananeo de los hicsos, ¿tal vez
protoisraelitas?; téngase en cuenta que la voz “Israel” se traduce del hebreo”Dios lucha, Dios es
fuerte”, nombre que Yavhé da al patriarca Jacob (Gén. 32, 28) <<De ahora en adelante ya no te
llamaré Jacob, sino Israel, pues luchaste con Dios y con los hombres y venciste>>. Por tanto la
palabra ”Israel” tiene un origen tardío en la época patriarcal, y bien pudiera haber tenido un uso lo
suficientemente extendido durante el siglo XIII a.C., mientras que siglos anteriores los
protoisraelitas podrían haber sido identificados bajo otro nombre.

Como todavía no podemos asegurar si entre estas tribus semíticas residentes en Egipto se
encontraban los israelitas, algunos minimalistas como el profesor Philip Davies, de la Universidad
de Sheffield (Reino Unido),
sostienen que los judíos no fueron
de Egipto a la tierra prometida,
sino que eran aborígenes de
Canaán.

El Papiro de Leiden 344 o Papiro


Ipuwer, fue traducido por A.H.
Gardiner en 1909 y describe una
serie de catástrofes y plagas que
azotan Egipto, hambre, sequía,
fuga de esclavos que se llevan las
riquezas de los egipcios y muerte
en todas partes de la tierra de Egipto. La similitud entre varios pasajes del éxodo bíblico y el papiro
Ipuwer son tan sorprendentes, que algunos eruditos la muestran como fuente egipcia del relato
bíblico (Goedicke y Velikovsky).

El Papiro de Leiden es un texto que registra las denominadas “admoniciones de Ipuwer”, copiado
por escribanos de la XIX Dinastía, pero que se remonta en su redacción original a un periodo que
va desde el Reino Antiguo hasta el Reino Medio. Se podría remontar a tiempos de la VI Dinastía
(Imperio Antiguo), aunque otros como Gardiner sitúan su contexto en tiempos de la XII Dinastía
(Imperio Medio). Su principal característica es que narra grandes desastres en la tierra de Egipto
similares a las diez plagas de Egipto. Obsérvese que el orden secuencial de algunas de las plagas
coincide con el descrito en la Biblia.

Por ejemplo hay frases similares a las que aparecen en el libro del Éxodo como:

2:5-6 La plaga esta en todo el territorio. Sangre en todas partes. (Papiro Ipuwer)

“Y hubo sangre por toda la tierra de Egipto.” (Éxodo 7:21)

2:10 El rio es sangre. (Papiro Ipuwer)

“Y todas las aguas que había en el río se convirtieron en sangre”. (Éxodo 7:20)

2:10 La gente no quiere probarla — La gente está sedienta en búsqueda de agua. (Papiro Ipuwer)

3:10-13 ¡Así esta nuestro agua! ¡Así esta nuestra felicidad! Que haremos al respecto? ¡Todo es
ruinas! (Papiro Ipuwer)

5:5 “todos los animales, sus corazones lloran. Los ganados gimen…” (Papiro Ipuwer)
“Mira que mi mano será sobre tus campos y sobre los caballos, y asnos y camellos, y bueyes, y
ovejas, peste muy grave” (Éxodo 9:3) Aunque en el papiro no hay ninguna referencia explícita a los
israelitas, se menciona una revuelta de esclavos, una columna de fuego y la desaparición en
circunstancias insólitas de un faraón. Éxodo 13:21<<Yahveh iba al frente de ellos, de día en columna
de nube para guiarlos por el camino, y de noche.

El Papiro de Anastasi VI es una carta escrita por un funcionario de puesto fronterizo del tiempo de
Seti II, comunicando la salida desde la frontera del delta oriental de ciertas tribus llamadas shasu,
es decir, beduinos: “Otra comunicación para mi señor: hemos terminado de hacer pasar a las tribus
shasu desde Edón hasta Tjkw, a través de las fortificaciones de Merneptah, hasta los cauces
(albercas) de Pr-Itm de Merneptah (existentes) en Tjkw, para preservar su vida y la de sus animales,
gracias a la benevolencia de Faraón, el buen sol de todo el país”

Estos textos egipcios son como islotes en medio del océano, son piezas sueltas que si bien nos
recuerdan al texto bíblico, estas similitudes podrían ser simples casualidades o también puede que
no. Es seguro que no tienen una correspondencia cronológica entre ellos, pero tampoco la tiene la
redacción de la Biblia. Así que la Biblia se trasforma de modo autónomo, en una pieza más del
rompecabezas. ¿Cuándo redactó Israel los textos que narran su estancia en Egipto y su liberación?
Saber la fuente y el periodo cronológico de elaboración del texto del Éxodo es igualmente relevante
a la hora de plantear su historicidad o leyenda.

Lo primero es admitir que los textos que describen el éxodo son en su mayoría mucho más recientes
que los supuestos acontecimientos. Existen dos versiones del relato del Éxodo, la fuente Yahvista,
denominada “J” que se remonta al siglo X a.C. y la fuente Sacerdotal, llamada “P” (del alemán
Priesterschrift) que se remonta al siglo VI a.C. Sin embargo hay un resquicio arcaico; se trata del
“Canto de Moisés” que se recoge en Éxodo 15,1-18. En este cántico hay expresiones muy antiguas
que sugieren una época cercana a los acontecimientos (Jean Louis Ska “Moisés la génesis del texto
del Éxodo”). ¿Historicidad? No; aun cuando se pudiese, no sin bastante dificultad, datar este texto
poético. Su adecuación a un contexto temporal tampoco nos daría la certeza de que esos
acontecimientos fueron realidades y no leyenda.
La geografía del Éxodo
El libro del Éxodo es rico en topónimos. El nombre “Sucot” mencionado en Éxodo 12:37 es la forma
hebrea del egipcio “Tjkw” y Pitón es la forma hebrea de “Pr-Itm”, ambos mencionados en el Papiro
Anastasi.

Por otra parte el nombre “Migdal”, “Migdol”, “Magdalo”, “Magdala” o “Magdalum” que significa
“fortaleza o torre” aparece en Éxodo 14:2 << Dí a los hijos de Israel, que vuelvan a acamparse frente
de Phihahiroth, que está entre Magdalo y el mar enfrente de Beelsephon: a la vista de él sentareis
el campo junto al mar >>. La voz Migdol es un nombre corriente para los fuertes egipcios del Imperio
Nuevo, situados en la frontera oriental delta y en la ruta de Egipto a Canaán a través del norte del
Sinaí. A mediados del año pasado un equipo arqueológico egipcio descubrió al norte de la península
del Sinaí un conjunto de fortificaciones construidas en el área de Tharu o Tell Hebua, a unos 30
kilómetros al Este del canal de Suez.

Entre los descubrimientos había un fuerte de la era de los hicsos. El fuerte fue probablemente
destruido en las luchas en las que los hicsos fueron expulsados por Kamose y Almose en el s.XVI a.C.
Otro descubrimiento fue un grupo de almenas, incluida la pared que mira al sur de una ciudad
fortificada del siglo XVI al XIV a.C. Mientras que el último hallazgo fue un fuerte utilizado desde la
era hicsos hasta la era Persa, esta última comenzó alrededor del año 525 a.C.

Un relieve del faraón Seti I, grabado en un muro del Templo de Amón en Karnak, muestra los fuertes
egipcios con depósitos de agua. En la década de 1970, el arqueólogo Eliécer Oren, de la Universidad
Ben-Gurion, realizó campañas de excavación al Norte del Sinaí y descubrió restos de fuertes que
coinciden en sus emplazamientos con el relieve de Seti I anteriormente mencionado.

La confusión por tanto es que todas estas fortalezas son igualmente Migdol. ¿ Cúal es entonces el
verdadero Migdol bíblico? Si el hallazgo del Migdol de Tell Hebua es el Migdol bíblico, podríamos
tener una reconstrucción más clara de la ruta del Éxodo.

Actualmente la ruta del Éxodo sigue siendo objeto de debate. La ruta tradicional del Éxodo bíblico
supone que los hebreos cruzaron la zona sur del lago Menzaleh antes de llegar a los lagos Amargos,
para luego desviarse hacia el Este de la Costa oriental del golfo de Suez y luego entrar en el Sinaí, en
Jebel Musa. Otra versión alternativa sitúa la ruta, dirigiéndose hacia el Este, en sentido opuesto al
lago Timas, desplazándose hacia el sitio alternativo del Monte Sinaí en Jebel Helal. Además hay una
tercera ruta que los localiza a lo largo de la franja de tierra que separaba el Mar Mediterráneo del
lago Sirbón.

Así pues, ante tal vigilancia, cualquier grupo sublevado que pretendiese escapar de Egipto sería
capturado fácilmente por los soldados egipcios de estas fortalezas. El único camino sería adentrarse
en el desierto del Sinaí.

Pero, ¿Hay indicios de seiscientas mil almas vagando por el desierto durante cuarenta años?

Tanta masa de gente durante cuarenta años debería haber dejado alguna huella, algún rastro
arqueológico. En el Sinaí se han encontrado restos de una actividad pastoral en el tercer milenio
a.C., en el periodo helenístico y bizantino, pero no hay prueba alguna de tiempos de Seti I, Ramses
II y Merneptah. En Cades Barne donde la Biblia menciona que los israelitas acamparon durante 38
años, los arqueólogos han hallado los restos de un fuerte de finales de la edad de hierro, pero nada
de finales de la edad de bronce. Lo mismo pasa con el emplazamiento de Esión Geber, también
citado en la Biblia. No hay por consiguiente una correspondencia espacial y temporal entre el Éxodo
bíblico y los datos arqueológicos, pero no puede negarse que hay una lógica geográfica en el
itinerario de la narración bíblica. No hay duda que los redactores del libro del Éxodo, Números y
Deuteronomio, conocían el territorio reseñado, aunque la identificación de estas zonas geográficas
no dota de mayor historicidad al Éxodo.

No obstante, si hay restos arqueológicos en el Sinaí de campamentos que se remontan al tercer


milenio a.C. en la llanura de Har karkom
y en el Valle Uvda, donde los trabajos
arqueológicos del profesor Emmanuel
Anati, fundador y Director del Centro
Camuno di Studi Preistorici in Capo di
Ponte en Italia y profesor de Paleo-
etnología en la Universidad de Lecce;
han ofrecido datos cuanto menos
curiosos. Para este erudito la
concordancia con las fluctuaciones
climáticas, la comparación con la
literatura egipcia, la documentación
arqueológica en Jericó y en Ai, junto
con los hallazgos en Har Karkom y de Ein Kudeirat, parecen confirmar una base histórica al éxodo e
indican que los acontecimientos de la salida de Egipto se remontan al período de la VI dinastía
egipcia (2345-2181 a.C.).

Emanuel Anati ha realizado excavaciones arqueológicas y exploraciones en la península del Sinaí


desde 1954. Su teoría de un éxodo muy temprano ( a finales de la Edad de Bronce Temprano) viene
abogada por su identificación del monte Sinaí con el monte Har Karkom, entre la frontera de Israel
y Egipto. Tengase en cuenta que hay actualmente
unas 20 ubicaciones distintas para el famoso monte
Sinaí (desde la tradicional en el área de Santa
Catalina, hasta en Arabía Saudí). Entre los más
importantes hallazgos hay un altar con doce piedras
erguidas, tal y como describe la Biblia, estructuras
circulares de piedra con forma de vivienda y una
inscripción en la roca con perfil de doble arco y
subdivisión en diez cuadrados. Se trata para el
profesor Anati de una representación de las tablas de
la ley.
Deuteronomio 4,13: “Él os reveló su alianza, y os mandó ponerla en
práctica, las diez palabras que escribió en dos tablas de piedra”.

Téngase en cuenta que hasta la fecha, la versión extra bíblica más antigua
de los diez mandamientos hallada en Egipto se halla en el Papiro de Nash
del siglo II a.C., hallado en 1902-1903 por W. L. Nash y llevado a
Cambridge (Inglaterra), que consta de cuatro fragmentos de 24 líneas en
texto premasorético.

En Timna se ha hallado un santuario madianita que posee una gran


semejanza con el santuario móvil israelita que permaneció durante la
estancia en el desierto. En el santuario medianita los arqueólogos
hallaron una serpiente de cobre muy similar a la serpiente de bronce
descrita en números 21:6-9.

En la región de Edom, el profesor y arqueólogo canadiense Adams de la Hamilton’s McMaster


University, Thomas Levy de la Universidad de California en San Diego y Mohammad Najjar del
departamento jordano de Antigüedades han investigado la minería de cobre y la fusión en Khirbat
en-Nahas. Tras aplicar métodos de datación por C14 a algunos de sus hallazgos, concluyeron que el
lugar de ocupación tuvo sus inicios en el siglo noveno a.C. y que una fortaleza fue ya edificada en el
siglo XI a.C., algo que sustenta la existencia de un estado edomita varios cientos de años antes de lo
que se creía. Las fechas del Carbono 14 sitúan a los edomitas en tiempos de David y Salomón, como
un reino circundante o regional a la monarquía unida del antiguo Israel.

La Biblia menciona a Edom como un Estado gobernado por un rey y Finkelstein decía que “la
arqueología nos ha mostrado que no había reyes de Edom con quienes pudieran enfrentarse los
israelitas” y sin embargo el hallazgo reciente de Adams acaba de tirar por la borda la idea tradicional
de que ningún estado edomita existió antes del siglo octavo y ha sacado a la luz una fortaleza
edomita de defensa. Hasta hoy se habían hallado sellos edomitas del siglo VIII a.C. o la ostraca de
Tell eKheleifeh, procedente del siglo VI a.C. y tradicionalmente los primeros asentamientos de los
edomitas en Petra se remontan al siglo VII a.C. Todo ello, se basaba en que no existían pruebas
físicas materiales de que Edom hubiese existido ya en tiempos de David y Salomón, mientras que
en el Éxodo se menciona a Edom como un estado formado con anterioridad a Israel.

Todas estas pruebas y otras no mencionadas nos acercan a una posible historicidad, pero ¿son
suficientes para arrancar el carácter legendario del Éxodo? No podemos negar que los lugares
mencionados en el éxodo son reales, y que tanto ciertos textos egipcios, como ciertos restos
parecen referirse al mismo; sin embargo, no hay una correspondencia cronológica entre la Biblia y
los papiros, ni entre los demás restos conservados. Algunos de los topónimos mencionados estaban
deshabitados en tiempos del bronce tardío, otros no. Tenemos un mosaico de datos, pero no
sabemos dónde encaja cada pieza. Hasta que estas piezas no formen algo consistente, la narración
del Éxodo mantendrá su carácter legendario.

Tampoco podemos afirmar que el Éxodo es completamente ahistórico. Como dice el egiptólogo
Hans Goedicke “la tradición del Éxodo refleja la historia sin ser un libro histórico, porque es literatura
que contiene reflexiones históricas”. Estas reflexiones históricas hacen que no estemos ante un
mito.

La salida de Egipto no es una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y
protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Las vivencias de una población semítica
unida por su religión, trasladada a la tradición oral y folklore, sometida a las influencias culturales
vecinas, ha difuminado aquello que pudo ser un éxodo. Es muy probable que la Biblia contenga un
pequeño porcentaje de núcleo histórico sobre el éxodo, incluso puede ser que éste fuera muy
diferente del que menciona el texto. Tal vez hubo varios éxodos, tal vez fueran salidas en distintas
épocas y de forma gradual. Y es que sería tan poco prudente negar la existencia de un sustrato real
sobre la narración del éxodo, como afirmar que es una narración completamente histórica, porque
si bien a la vista de las pruebas que he mencionado en esta charla, no puede deducirse la historicidad
del éxodo judío, todavía es demasiado prematuro calificarla de mitología, pues como dijo el doctor
Hawass durante el año 2002 “nunca sabremos qué secretos está ocultando la arena de Egipto y eso
que sólo hemos encontrado un 30% de nuestros monumentos, así que todavía tenemos 70% por
descubrir”. En mi opinión, aquellos que niegan la historicidad del Éxodo bíblico, en términos
generales, dándolo como un caso cerrado de mito, se están precipitando en sus conclusiones y
pecan en una posible futura retractación, porque la salida de los israelitas de Egipto es una leyenda
abierta a la historicidad.

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