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LITERATURA SONORENSE- ESCRITORES Y POETAS SONORENSES

EMPALME SONORA.
BOSQUEJO
*
POR TERESITA GUEVARA DE ROBLES

En las reverberantes playas del Estado de Sonora, hay una diminuta concha
en cuyo cuenco nacarado se anidó el iris. Los blancos rizos de las olas la
rodean de encaje, suave, acariciadoramente, como si temieran destruir la
frágil arquitectura: tal es Empalme.
Antojase, también, una yacente figura femenil: la cabeza apoyada en el
puente Douglas; el brazo izquierdo, curvado sobre Bella Vista; el torso,
cubierto con las azules crenchas del mar, el otro brazo, flexionado sobre “la
comba triunfal de la cadera”, remata en el índice que apunta el cielo: el
tinaco; las rodillas descansan en la Colonia Moderna y los pies , en los
barrios de la Luna y Jordan.
De la mota desértica que era, sus habitantes han labrado, a fuerza de
plantas, un broche de esmeraldas prendido al escote de Sonora.

Nació a la vida y al bien, en septiembre de 1905, de padre norteamericano,


el cual le heredó sus rasgos inconfundibles en el trazo de las calles y en la
arquitectura de sus viviendas, tanto como en la celebración de festividades,
afición al béisbol y a la ropa americana. Naufragando en las aguas vivas del
castellano , se debaten algunos vocablos ingleses, ya deformados.

Esta aún en la primera infancia; pero sus cincuenta y nueve años de


existencia los ha empleado bien: de campo ferroviario logró alzarse a
municipio, con fundo legal recién obtenido; multiplica sus escuelas,
pavimenta sus calles, planta árboles en éstas y en plazas y huertos; repara
desperfectos al ferrocarril del Pacifico, fuente principal de sus recursos;
extrae aceite en los molinos de la Compañía Anderson Clayton; apaga la
sed con cerveza, y numerosas tazas de odorífero café negro; se viste de
blanco y se perfuma de azahar en primavera; el hálito marino,,yodado y
salobre, la abanica, se baña en las playas del Cochorit; baila como perinola,
jocunda y bullanguera, los días de San Juan y muchos más; cena, almuerza
y come tamales por navidad; abraza a todo el mundo en Año Nuevo;
acompaña a sus muertos con devoción atávica y, a juzgar por el aliño de las
tumbas y por la profusión de flores con que baña aquéllas en día de
muertos, ha de ser rica.
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Posee servicio postal, telefónico y telegráfico, más una potente estación de


radar. No obstante la eficiencia de estas comunicaciones, las noticias llegan
anticipadamente por la telegrafía sin hilos de la comunicación oral, no por
mala ley, y sí, porque el norteño es franco y el habitante de climas cálidos
es extrovertido.
Aún se halla convaleciendo de un accidente trágico: la huelga del 59, en la
cual le amputaron numerosos empleados ferrocarrileros y en su torrente
circulatorio faltan varios millones de pesos anuales, cuya carencia se nota
en la mayoría de sus 18,782 habitantes de intramuros. Urge el plasma de
nuevas industrias, principalmente la Agrícola, ya que el valle, su valle, que
no del vecino Guaymas, es muy fértil.

Todavía no hay banquetas, el peatón circula como mejor puede por las
amplias calles, algunas con iluminación moderna, limpias y regadas, en
casi su totalidad. Solo algunos vecinos se aferran a la bochornosa
costumbre de plagar con verrugas de basura sus callejones, tan peculiares
del pueblo.
Debido a su corta existencia, aún están en minoría los hijos autóctonos;
pero son cordiales con nosotros, los extranjeros o “guachos”, como nos
designan. Solo que su hospitalidad termina donde comienza Guaymas, la
casa de al lado, población que práctica la política del buen vecino, y ,
copiando no sé a quién, declaro que el vecino es Guaymas y el bueno,
Empalme, al que le duele ser, siempre, el cordero pascual sacrificado en
aras de la mayor importancia guaymense. La crónica rivalidad se desfoga
en los estadios respectivos, con batazos, carreras y expresiones del rico
folklore nacional. Batea extremadamente bien el empalmense y tiene el
mérito de presentarse en la contienda con equipos integrados, totalmente,
por jugadores del lugar; mientras su contrincante los importa. Ha dado al
béisbol algunos campeones nacionales, lo cual ensancha el pecho de los
aficionados locales.
La población esta medio afónica, desde que la estación radiodifusora se
trasladó a Guaymas; pero le queda un hilo de voz en su periódico semanal
y los diarios publicados en poblaciones vecinas. Con ellos basta y sobra
para gritar verdades, medias verdades y falsos totales, como dondequiera.

La producción humana se halla en etapa floreciente, tanto, que las escuelas


no alcanzan a absorber a la chiquillería, ni duplicando los turnos. La
juventud rebasa el cupo de la Secundaria y un 85% de sus egresados cursa
estudios profesionales en las universidades del país. Algunos de sus hijos
graduados retornaron al ámbito materno para dar su aporte social.
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Pese a que desde temprana edad se lleva el reloj a la muñeca, Empalme se


rige, como en desfile, por silbatazos: se levanta con el de las 5: 30, a.m.,
fluye hacia el trabajo con el de veinte minutos para las siete; se desborda de
los talleres del ferrocarril a las 14 y el toque de las 21 ordena a los menores
recogerse a los hogares.
En las ominosas tardes estivales, bañadita y con la ropa limpia, charla bajo
el florido quitasol del Xóchil, o al amparo de del gigantesco laurel de la
india, que aquí llaman Yucateco. Y aún se da el lujo de dormir al aire libre
para platicar de tú, como habla a todos, con las estrellas, de las que es
pródigo su cielo eternamente despejado. Como lo ajeno se respeta por
tradición, todo ofrecen las casas, menos seguridad.

No es satisfactorio el bosquejo de la brillante conchita pulida con besos de


mar, pero me atengo a su lema: ¡ ai se va ! .
*
• Profra. Teresita Guevara de Robles
• Originaria de Teocuitatlán, Jalisco
11 de octubre de 1914.
Realizó sus estudios de maestra Normalista
en Guadalajara Jalisco.
Estudió la Licenciatura y Especialidad en
Lengua y Literatura Española.
Llega en 1940 a Empalme Sonora en
compañía de su esposo el Profesor Felipe de
Jesús Robles Tovar, fundan la Escuela
Secundaria de Empalme en 1945, fundan la
Escuela Preparatoria de Empalme en 1965.
Autora del libro de cuentos “Noria” y la
novela “Vórtice”
Falleció en agosto de 1993.

Nota biográfica incluida por Enrique


Rodríguez Zazueta. Lic. en Arte, Pintor y
Escultor, Especialista en Políticas
Culturales,UAM.