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CUANDO SERÁ EL DÍA CAMARADA

Dibujo Tinta China (Serie “Suave Patria”)


1985
Enrique Rodríguez Zazueta
Pintor y Escultor sonorense

Desde Sonora
Por Alberto Híjar S.

Enrique Rodríguez es uno de los artistas visuales


más importantes del norte del país. No es extraño
entonces que el Consejo de Exposiciones de
Difusión Cultural de la UNAM haya aprobado su
exposición que está en la Casa del Lago en
Chapultepec. Las obras son dibujos con tinta china,
algunos de los cuales tienen color también de tinta.
Al conjunto, Enrique Rodríguez lo llama
Regionalismo Gráfico, puesto que se trata de
llamar la atención sobre una región del país. Desde
el título, la exposición muestra una posición
artística que en lugar de ocultarse en falsas
imágenes poéticas, asume la necesidad de vincular
las obras entre sí para que la serie resulte una
llamada de atención sobre la formación social
sonorense.
Enrique toma un signo de identidad: el danzante del
venado. Pero no basta su signo para producir un
símbolo, sino que éste tiene que construirse en una
articulación donde los signos conocidos adquieran
un sentido. Para ello, Rodríguez utiliza el espacio
blanco del papel para dar un ambiente desolado,
desértico, donde las figuras significan la
explotación. Ocasionalmente utiliza el contraste con
el negro para señalar huecos, vacíos que acentúan
la desolación.
En estas obras, usa trazos fuertes y gestuales para
delinear figuras como “Líder Sindical” y en
“Estructuras Sociales”. En ningún caso hace una
transcripción visual pura que concrete
pintoresquismo alguno, sino que corta las figuras de
modo de producir efectos de ruptura no sólo visual,
sino de significar el desgarramiento humano. Para
esto, suele usar también objetivos rotos como las
maracas de la danza que acentúan la visión del
desastre social.
En diversos grados, Rodríguez produce realismo
mágico. A esto contribuyen los precisos toques de
color como en “Traje Regional”, “Usos Múltiples” o
“Muerte de los Caballeros Templarios”. En otros
casos, bastan unos toques de sepia para funcionar
en la mejor tradición de economía de medios. Aquí
es necesario citar a Carpentier para precisar lo que
se quiere decir: “lo maravilloso comienza a serlo de
manera inequívoca cuando surge de una
inesperada alteración de la realidad (el milagro), de
una revelación privilegiada de la realidad, de una
ilustración habitual o singularmente favorecedora
de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una
ampliación de las escalas y categorías de la
realidad, percibidas con particular intensidad en
virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce
a un modo de estado límite”. Pero lo importante de
Rodríguez es que evita toda gratitud en las
imágenes y por lo contrario, procura integrarlas a
un sentido revelador concreto: la explotación y la
miseria del pueblo sonorense y en especial de los
indígenas. Sobre esta base, el estado límite del que
habla Carpentier es el punto crítico de las
tradiciones subvertidas que Rodríguez recupera con
toda su fuerza histórica y social, pero sin
demagogia, con pleno conocimiento y dominio de
los signos visuales. Lo real maravilloso no es así
cúmulo de imágenes pintorescas como a veces
ocurre en el cine, sino profundización que descubre
lo oculto por las apariencias. Por esto, por todo
esto, es bueno que justo en septiembre y en recinto
con concurrencia popular, se presente una
exposición realizada por la Casa de la Cultura de
Hermosillo en colaboración con la UNAM. La
exposición seguirá después por la Facultad de
Ciencias como ambiente adecuado para dar a
conocer las problemáticas sociales y políticas de los
científicos de Sonora. De esta manera probará la
necesidad de vincular las ciencias y las artes para
un proyecto efectivamente nacional.

Declaración de Autor

Desde el principio, el trabajo artístico cotidiano ha sido para


mí una necesidad vital, un factor fundamental. Durante mi
proceso formativo, la recreación de la realidad, se convirtió
en una forma de conocimiento básico y en un aprendizaje
necesario para poder interpretar lo que está más allá de las
apariencias.

La certeza de que el quehacer artístico no tendría sentido


sin relacionarlo con los significados y significantes sociales
que conforman el paradigma de imágenes de la realidad, me
ha conducido al REALISMO-CRÍTICO, como elemento esencial
para instrumentar un lenguaje abierto a nuevos significados,
antídoto y antítesis eficaz contra los malabarismos
decorativos y los intimismos subjetivos.

Enrique Rodríguez Zazueta