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ISIDORO RUIZ MORENO

Profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales Miembro de la Academia Nacional de Derecho

HISTORIA DE LAS RELACIONES EXTERIORES ARGENTINAS

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1961

(1810 - 1955)

EDITORIAL PERROT

BUENOS AIRES

HISTORIA DE LAS RELACIONES EXTERIORES ARGENTINAS

ISIDORO RUIZ

MORENO

Profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales Miembro de la Academia Nacional de Derecho

HISTORIA DE LAS

RELACIONES

EXTERIORES

ARGENTINAS

(1810 - 1955)

EDITORIAL PEBEOT

BUENOS AIRES

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Inscript o

Intelectual

BUENOS

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L.

1961.

Propiedad

PEBEOT,

11.723)

1961

AIKES,

AD VER T BN CI A

Este libro es la historia de la diplomacia argentina; de la acción de nuestros gobernantes; de sus aciertos; de sus errores. Son los hechos más notorios en que actuaron quienes dieron lo mejor de sus afanes. Es síntesis de actos memorables, de gestiones laboriosas frente a empeños exteriores; y de trabajos extraordinarios en defensa del acervo de la Patria. Lo dedico a la memoria de mi padre, Isidoro JRuiz Mo- reno, que buena parte tuvo en ella.

CAPÍTULO I LA POLÍTICA EXTERIOR ARGENTINA

El principio de autodeterminación — El "Llit possidetis Juris de 1810 — Formación del territorio de la República Argentina. El Virreynato del Rio de ela Plata — El pacifismo como norma de conducta de la política exterior de la República Argentina — La solidaridad — Resultados.

Un maestro inolvidable dijo que la República Argentina, altiva ante los fuertes y considerada con los débiles, ha tra-

bajado invariablemente por la paz de la humanidad, eviden- ciando, al propio tiempo que la nobleza y altura de su polí- tica exterior, la liberalidad de sus instituciones y su acción americanista franca y sin dobleces. Esa política, esa acción, ese pensamiento, estampados perdurablemente en documen- tos, constituyen uno de los acervos morales de que con ma- yor razón puede y debe enorgullecerse nuestro pueblo; ellos han contribuido, desde los primeros días de la emancipación

cumpla el alto ideal de^ hacer de

su territorio una segunda patria para todos los hombres del mundo que quieran habitarlo 2. En las relaciones internacionales de la República Argen- tina han intervenido tres clases de factores o elementos: el territorial, el jurídico y el político; han estado ausentes el económico y el estratégico. Sus fronteras internacionales no son el resultado de ideas geopolíticas, ni ha intervenido en ellos el principio de la nacionalidad. Sin embargo, tiene im- portancia su estudio, porque según la acertada opinión de

política del país,

a

que se

1 Ruiz MORENO ISIDORO, La política exterior de la República Argen- tina, p. 10.

La Pradelle, "la frontera es una manifestación de la activi- dad humana como una creación de la vida colectiva. La frontera ha dejado de ser un hecho geográfico puro

y viene a ser, en la ciencia geográfica, un hecho político adap- tado. No hay otras fronteras que las fronteras políticas"1.

El territorio de la República Argentina es continuo en su mayor parte, pero tiene una porción discontinua. La pri- mera está formada por las provincias y la plataforma subma- rina que se extiende bajo el océano Atlántico 2. La parte dis- continua está formada por el territorio de Tierra del Fuego

y su dominio insular que comprende, entre otras, las islas

Malvinas, las Oreadas, la de los Estados, Georgia del. Sud, Shetland del Sur, Sandwich y algunas islas del canal de Beagle, También comprende el territorio de la Antártida Ar- gentina que se extiende en la zona comprendida entre los meridianos 25° y 74°, al sur del aparalelo 60.

El territorio de la República Argentina se extiende has-

ta el "thalweg" en los ríos Pilcomayo, Paraguay, Paraná y

Uruguay en la parte que separa del ¡Brasil. Ese límite per-

manece indeterminado en el Río de la Plata y en el río Uru- guay con respecto a la República Oriental del Uruguay.

Asimismo está indeterminado en

. El territorio argentino debe ser considerado también en

la extensión que autoriza el Derecho Internacional Público

en' la zona adyacente a sus costas y que se denomina mar territorial3, y que por el art. 2340, inc. 1» del Código Civil,

se extiende hasta la distancia de una legua marina que equi-

vale a tres millas. En los comienzos de nuestras relaciones' internacionales han intervenido dos principios fundamentales: el de autode-

terminación de los pueblos y el del "utis possidetis juris"

de 1810.

el canal de Beagle.

1 LA

PRADELLE, La frontiere, p. 65.

3 Art. 2 de la Convención de Ginebra sobre mar territorial, 1958. El art. 2(de la Convención sobre plataforma continental otorga al Estado ribereño "derechos de soberanía" a los efectos de su exploración y explo- tación de sus recursos naturales.

3 Convención de Ginebra, Art. 1.

10

El principio dé autodeterminación.

Este principio, fundado en el derecho de los pueblos a resolver sobre sus destinos, fue la regla de conducta del go- bierno argentino hacia sus vecinos en los primeros tiempos de la emancipación. Así lo reconoció el bando de la Junta del Paraguay de 14 de septiembre de 1811, que dijo, refi- riéndose a la de Buenos Aires:

"Después de aplaudir nuestra generosa resolución en el reco- bro y restauración de nuestra libertad, se contrae a sincerar su «procedimiento en sus expediciones militares dirigidas únicamente a hacer conocer a los pueblos sus más preciosos derechos, a su- ministrarles fuerzas proporcionadas para reunirse y para hacer respetar la voluntad de ellos contra los impotentes conatos de la tiranía y de las pérfidas intenciones de los antiguos mandatarios, que pretendían esclavizarlos para perpetuarse en el goce de una autoridad indebida, que naturalmente había caducado por precisas consecuencias de la -extinción del poder supremo. Nos protesta igualmente que nada ha distado de las intenciones de aquella ciu- dad y de su provisional, como la ambición de dominar a los de- más pueblos; y que sus vocales, asociados con los diputados de los pueblos unidos solamente, han extendido a ella su jurisdicción así como los mismos diputados mandan y gobiernan también el pueblo de Buenos Aires en consorcio de aquéllos". "Ya habéis visto que el pueblo de Buenos Aires no quiere subyugar o domi- nar al del Paraguay ni ingerirse en su gobierno, régimen o admi- nistración política, sino solamente vivir con nosotros en una ver- dadera fraternidad de sentimientos para nuestra defensa común y felicidad general, que es lo mismo que había decretado nuestra provincia".

El mismo principio se repite en las instrucciones reser- vadas que se dan al Capitán General del Ejército de los Andes, Don José de San Martín, en las operaciones de la campaña destinada a la reconquista de Chile. Como punto primero se le señala el siguiente:

"La

consolidación

de la independenia de la América de los

reyes

de España, sus sucesores

y

metrópoli,

y

la

gloria

a que

aspiran

en esta

grande

empresa las

Provincias Unidas

del Sud,

son

campaña".

los únicos

móviles a

que debe atribuirse

el impulso

de

la

11

Las instrucciones continúan:

"Nombrará el General igualmente con la misma calidad de provisorio, un presidente que reúna en sí la dirección •ejecutiva

causas e invitará al Ayuntamiento para que sin

perder momentos proceda a dictar las disposiciones que gradúe necesarias para el restablecimiento del gobierno supremo del pais en los términos más adecuados al sentir común de los habitantes, sin que en esta parte tenga el Genera] ni el ejército intervención pública que la de conservar el orden y evitar de un modo pru- dente el que la elección sea obra de la intriga de un partido con- tra la voluntad general y seguridad del ejército.

La administración de justicia en asuntos particulares y el go- bierno económico y político de los habitantes que fuese entrando

de

las

cuatro

bajo la protección del ejército se ejercerán exclusivamente por los jueces o magistrados territoriales con las apelaciones que a las

partes

para cuando tenga expedita sus funciones".

le sean permitidas a los tribunales superiores del Estado

En la proclama que dirigiera San Martín a los habitan- tes del Perú desde su cuartel general de Santiago de Chile, en noviembre de 13 de 1818, decía:

"La fuerza de las cosas ha preparado este gran día de vues- tra emancipación política, y yo no puedo ser sino un instrumento accidental de la justicia y un agente del destino. Sensible a los horrores con que la guerra aflige a la humanidad, siempre he procurado llenar mis fines del modo más conciliable con los inte- reses y mayor bien de los peruanos. Después de una batalla com- pleta en el campo de Maipo, sin escuchar el sentimiento de la más justa venganza por una bárbara agresión, ni el derecho de la indemnización por los graves males causados a Chile, di una completa prueba de mis sentimientos pacíficos. Escribí a vuestro Virrey con fecha 11 de abril de este año, "que sintiese la situa- ción difícil en que estaba colocado, se penetrase de la extensión

a que podrían dilatarse los recursos de dos Estados íntimamente

unidos, y la preponderancia de sus ejércitos; y en una palabra

la desigualdad de la lucha que le amenazaba. Yo lo hice respon-

sable, ante todos los habitantes de ese territorio, de los efectos de la guerra; y para evitarlos, le propuse que se convocase al

ilustre vecindario de Lima representándole los sinceros deseos del Gobierno de Chile y de las Provincias Unidas: que se oyese la exposición de sus quejas y derechos, y que se permitiese a los pueblos adoptar libremente la forma de gobierno que creyeren conveniente, cuya deliberación espontánea sería la ley suprema de sus operaciones".

El Congreso General Constituyente, por ley de 1825, resolvió dejar librado a la libre voluntad de los habitantes de las provincias de Chuquisaca, Cochabamba, La Paz y Potosí determinar su incorporación a Bolivia o a las Provincias del Río de la Plata1. Pero si ésta fue la política que siguió en las épocas de la emancipación, la conducta del Gobierno argentino cambió una vez que estuvieron constituidos los estados americanos. Fue así como el I 9 de abril de 1876, en las instrucciones del ministro Irigoyen sobre la cuestión de límites con el Para- guay, se estableció como punto de vista argentino el de "que los Estados que forman parte de un cuerpo político no tienen derecho de segregarse sin el asentimiento de éste". Hoy el derecho internacional moderno confirma esta po- sición. El derecho de autodeterminación sólo puede aceptarse en la etapa de formación de la nacionalidad, o sea cuando el el Estado aparece en la comunidad internacional. Después se transforma en una secesión que atenta contra la integridad de la Nación. De ahí que cualquier movimiento o declaración que en- tregue la decisión de sus destinos a una comunidad de hom- bres sólo puede tener validez si existe el consentimiento del Estado cuyo territorio integra. No sería posible reconocer un cambio en el status polí- tico de un territorio cuando debido a una larga ocupación contraria a títulos legítimos, o por la fuerza, no existe real- mente libre determinación dado que los movimientos pasio- nales de un minoría no pueden llegar a distraer el patrimo- nio sagrado de la Nación. Esto importaría, ha dicho Scelle, admitir que el derecho se destruye a sí mismo3.

1 Sin embargo, los delegados Alvear

y

Díaz

Vélez

que fueron

enviados ante Bolívar para reclamar la devolución de Tarija, en nota de 25 de octubre del mismo año le decían "que es anárquico el princi- pio de que un territorio, pueblo o provincia tengan el derecho de sepa- rarse, por su propia y exclusiva voluntad, de la asociación política a

que pertenece, para agregarse a otra sin el consentimiento de la Pri- mera". ("La gestión diplomática del general Alvear en el Alto Perú", p. XVI).

International

2 SCELLE

GEORGE,

Dtoit

Public, p.

119.

Como dijera Quesada: si la integridad de las naciones dependiese únicamente de la voluntad de los habitantes, la geografía política sufriría los cambios de las revoluciones triunfantes; la fuerza sería el único medio para sostener la

lias de 1494, de Utrech de 1715, de Madrid de 1750 y de San Ildefonso de 1774.

Como expresa el doctor Vicente G. Quesada, dos gran- des objetivos se tuvieron en vista por Carlos III para dividir

conservación

de los estados,

y las sociedades políticas no

el

extenso virreinato del Perú y crear el del Río de la Plata:

tendrían el derecho de consolidarse 1.

la

defensa y vigilancia de las costas marítimas de la Patago-

El "Utí possidetis Juris" de 1810

Este es un principio que ha tenido fundamental aplica- ción en todas las cuestiones de límites de la América espa- ñola. Según el mismo, la delimitación administrativa colonia] dispuesta por España, vigente en 1810, debía ser la frontera política entre los estados en el momento de la emancipación. La República Argentina invocó el principio del "utis possidetis" como principio de su derecho público externo. Así, en el tratado de límites celebrado entre nuestro país y Chile en 1855, en el artículo 39 se estableció: "Ambas partes con- tratantes reconocerán como límites de sus respectivos territo- rios, los que poseían como tales al tiempo de separarse de la dominación española el año de 1810". La República Argentina ha invocado la misma regla en sus cuestiones de límites con Bolivia y Paraguay. No obstan- te ello, debido a las deficientes informaciones y a los defec- tuosos mapas coloniales, el principio del "utis possidetis" no impidió que los países americanos tuvieran necesidad de recu- rrir al arbitraje para solucionar sus cuestiones de límites.

Formación del territorio de la República Argentina. El Virreinato del Rio de la Plata

La constitución del territorio argentino tiene su origen, en parte, en las luchas entre España y Portugal y en los actos internacionales que trataron de solucionarlos. Esos actos fue- ron la bula de Alejandro VI de H93 y los tratados de Tordeci-

del

1 QUESADA

JRlo

de

VICENTE

la Plata", p.

G.,

90.

La

política

del Brasil

con las

repúblicas

nia hasta el cabo de Hornos; y formar un estado suficiente-

mente poderoso para contener la pretensión portuguesa que ambicionaba poseer el territorio de la Banda Oriental. Este virreinato fue organizado por necesidades políticas

y en previsión de peligros reales. Los franceses se habían

apoderado de las islas Malvinas y su retirada costó al go-

bierno español largas negociaciones. Los ingleses, a su vez,

se habían establecido en puerto Egmont. Había que defender

esas costas y conservar el dominio amenazado por la penetra- ción portuguesa cuyo avance no podía ser detenido por el virrey de Lima, alejado del teatro de los sucesos, y sin la posi- bilidad de llegar con tiempo debido a los accidentes geográfi- cos. La cordillera de Los Andes era una barrera entre las po- blaciones de una y otra banda e indicaba al monarca español cómo debía demarcar sus posesiones para defenderlas de la agresión extranjera. Así fue como la naturaleza trazó los

límites coincidiendo con las necesidades políticas, militares y comerciales de las colonias i.

El virreinato del Río de la Plata se creó por la real cé- dula del I 9 de agosto de 1776 con los territorios de las gober- naciones de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, San-

ta Cruz de la Sierra, Charcas y todos los corregimientos en

pueblos y territorios, comprendiéndose los territorios de Men- doza y San Juan del Pico que se separaron de la Capitanía

de Chile. No se fijaron límites determinados porque ya esta- ban señalados a las gobernaciones que se incluían en el dis- trito del nuevo virreinato a. El 28 de enero de 1782 se crearon ocho intendencias que comprendían las provincias de Buenos Aires, Paraguay,

1 QUESADA VICENTE G., 2 QUESADA, op cit. p. 45.

Virreinato del Río de la Plata, p. 9.

Charcas, Potosí y

Salta de Tucumán, Los límites del virreinato fueron los siguientes: al norte el río Desaguadero, fronteras con el virreinato del Perú; al oeste, la cordillera de los Andes que lo separaba de la Capi- tanía General de Chile; -al este, el Océano Atlántico. La de- marcación con las posesiones portuguesas estaba fijada por los tratados celebrados entre las dos monarquías. El virreinato así descripto llegó a tener una superficie aproximada de seis millones de kilómetros cuadrados. Producida la emancipación americana a raíz de los suce- sos de 1810, el virreinato comenzó a segregarse. La primera segregación fue la del Paraguay, como resultado de los suce- sos ocurridos en Asunción, que 'determinaron a los paragua- yos a erigirse en estado independiente. Las provincias del Alto Perú, por la ley argentina de 1825, se perdieron defini- tivamente y pasaron a constituir la República de Bolivia. Vino luego la separación de la Banda Oriental al crearse en 1828 el estado independiente del Uruguay como transacción en la lucha entre la Argentina y el Brasil. Como segregaciones del Virreinato del Río de la Plata, también pueden señalarse los laudos arbitrales que determi- naron pérdidas de territorios que correspondían al virreinato. Esos laudos son el del presidente Cleveland, que falló en favor del Brasil la cuestión de las Misiones, y el del presi- dente Hayes, que resolvió que la Villa Oriental y territorios anexos pertenecían al Paraguay. Como ha dicho Bermejo, la gran nación sucesora del Virreinato del Río de la Plata "está ya mutilada; no es la misma que midió por el norte el paso marcial de Belgrano; no es ya la misma cuyas armas asentó el oriente Alvear y cuyas naves llevara al sur el intrépido Brown; no es ya la misma cuyos lindes trazara al occidente la espada fulgurante de San Martín". "¿Qué ha sido del teatro de tanta gloria?"

Santa Cruz de la Sierra, La Paz,

Cuyo,

"Al estallar la revolución de 1810 y durante toda la guerra de la independencia, el Virreinato del Río de la Plata

16

I

7

.

se extendió desde los confines del Bajo Perú hasta el extre- mo sur del continente". "Levantado el estandarte de la emancipación, el pueblo argentino no reconoció fronteras que detuviesen su entusias- mo guerrero, porque ellas no existen realmente cuando se trata de llevar a los pueblos, no la usurpación que indigna, sino el sacrificio que emancipa de la servidumbre", "Con Belgrano saca de su letargo tradicional al Para- guay y consagra el derecho americano en las victorias de Salta y Tucumán; emancipa con Rondeau la Banda Oriental del Uruguay; con San Martín reconquista a Chile y el Perú". "Quince años de lucha continuada, de esfuerzos inaudi- tos, realizaron al fin la aspiración del estadista: la América para los americanos. Otras tantas repúblicas levantadas so- bre los restos de una dominación de tres siglos vieron brillar por primera vez el sol de la libertad que la bandera argen- tina llevara estampada en sus girones como emblema de la revolución de Mayo". "La bandera patria flameaba entonces victoriosa desde las riberas del Plata hasta las márgenes del Rimac; desde las regiones heladas de la Patagonia hasta la zona ardiente del Ecuador. Pero, desgraciadamente, si venció siempre por las armas, fue siempre vencida por la diplomacia". "Triunfa en Ayacucho y dicta la ley de 1825 que segre- ga de su seno las cuatro provincias del Alto Perú. Triunfa en Ituzaingó y consiente en la separación de la Banda Orien- tal; se cubre de gloria -en Tebicuarí y tolera el aislamiento de la Provincia del Paraguay, cuya independencia reconoce en 1852; triunfa finalmente de esta nación y recoge por tro-

feos la pérdida de la Villa Occidental". "Unas tras otras hemos visto desgajarse así las ramas del corpulento virreinato. Locura fuera tratar de recogerlas" x. Fue asi como de aquella extensión territorial fijada por el rey de España, hoy sólo queda a la República Argentina, sucesora del Virreinato del Río de la Plata, una superficie de 2.900.000 Km2. Sus fronteras están jalonadas por las manos

1 BERMEJO,

ANTONIO,

La cuestión

chilena, p. VI.

17

de los arbitros y no ha adquirido un solo centímetro cuadrado

de tierra por la conquista militar. Su única ampliación se ha debido a las nuevas institu- ciones del derecho internacional que han reconocido a los estados su plataforma submarina y el dominio de las zonas antarticas vecinas y contiguas a su territorio. El pensamiento de los proceres argentinos repudia lo que pudo ser uno de los objetivos de la política de Rosas, esto es, la reconstrucción del Virreinato del o de la Plata.

El general Bartolomé Mitre, en un Artículo publicado en

"La Nación" el 28 de abril de 1880, sostuvo que es un sueño

la idea de reconstruir el Virreinato como una nación indi-

visible. Si alguna vez las partes o el todo de lo que formó este distrito volviese a reunirse en un cuerpo único sería por su propia gravitación, como se ha unificado Alemnia e Ita- lia por sus afinidades, pero nunca por combinaciones arti- ficiales ni por la acción violenta que comprometería la propia vida de estas fracciones. Quizá alguna vez los intereses tien- dan a consolidarse por la unión, pero no hay que anticiparse a lo que sólo puede ser obra del tiempo y de la mutua atrac-

ción 1. Este pensamiento fue reiterado por del Valle y Cañé, quienes en un artículo de "El Nacional" expresaron que no había necesidad de más territorio que los que poseía la Na- ción; que es vivir en las nubes pensar hoy en la reconstruc- ción territorial del virreinato, como si fuese un hecho del por- venir fatal e invitable. Nada más exacto que el pensamiento del Dr. Quesada, que expresó:

"La prudencia aconsejará ante todo y sobre todo poblar nuestros desiertos, consolidar el orden con la libertad política

y civil, antes que pretender anexiones que puedan compro-

meter el propio crecimiento de la nacionalidad argentina".

"Las grandes unificaciones tienen por base la población

p.

1 Citado

406.

por QUESADA en Nueva

Revista de Buenos Aires, t. 3,

condensada; no se unen los desiertos ni se asimilan estados sin verdaderos intereses materiales y políticos de utilidad que puedan dominar el localismo general antagónico de cada cen- tro o ciudad capital.

"Las relaciones internacionales de esta parte de América reposan sobre la inalterabilidad de la geografía política; pro- mover cambios sería quizá suscitar guerras. "La prudencia aconseja ligas aduaneras, tratados de co- mercio laborales, como si las antiguas fracciones de la vieja unidad colonial se conservasen todavía y dejar luego al des- arrollo natural de los sucesos, a las afinidades de raza y de

lenguaje, la solución de problemas

futuros"2.

El pacifismo como norma de conducta de la política exterior de la República Argentina

La República Argentina ha decidido todas sus cuestio- nes por medios pacíficos. En el artículo 39 del Tratado de Paz, Amistad, Comer-

de agosto de 1855 con la

República de Chile, se especificó: "Ambas Partes Contratan- tes reconocen como límite de sus respectivos territorios los que poseían como tales al tiempo de separarse de la domina- ción española el año 1810 y convienen en aplazar: las cues- tiones que han podido o puedan suscitarse sobre esta materia para discutirlas después pacífica y amigablemente, sin recu- rrir jamás a medidas violentas, y en caso de no arribar a un completo arreglo, someter la decisión al arbitraje de una na- ción amiga". El art. 52 del Tratado de Paz, Amistad, Comercio y Navegación firmado entre la Confederación Argentina y Bo- livia el 7 de diciembre de 1858, expresa: "Se comprometen las dos Repúblicas contratantes a no recurrir jamás al funesto medio de la guerra; ni a emplear medidas hostiles, en el caso de que se suscite desgraciadamente entre ellas cualquier mo-

cio y Navegación, firmado el 30

1 QUESADA, La política del Brasil con las repúblicas Plata, p. 213.

del Río de la

tivo de queja o desaveniencia que altere sus buenas y frater- nales relaciones. Cuando ocurriera un conflicto de esta natu- raleza y se hubiere agotado todas las vías pacíficas y conci- liatorias, se obligan las dos Partes Contratantes a someter

sus diferencias a la decisión arbitral de una tercera potencia. Se obligan igualmente los Gobiernos de las dos Repúblicas

a emplear la influencia y ascendiente que les pueda ofrecer

su respectiva posición para negociar la adherencia de los de- más gobiernos sudamericanos al principio consagrado en este artículo".

En el discurso pronunciado en la Segunda Conferencia

Panamericana de México de 1901, el delegado argentino dijo

lo siguiente: "Por lo que a la República Argentina respecta, es-

mos autorizados para repetir en su nombre a la Segunda Con-

ferencia Panamericana lo que ella dice a Chile en 1872 y a

ha realizado invariablemente en los

hechos y sintetizó su política internacional: "Que con trata- dos o sin ellos, el Gobierno argentino está resuelto a termi- nar todas las cuestiones internacionales por el arbitraje".

"La República Argentina no había esperado la adopción del arbitraje obligatorio estipulado en la Primera Conferen- cia Panamericana para recurrir a ese medio pacífico de solu- ción, convencida de que, como observaba Washington, el porvenir corresponde a las naciones que, grandes o peque- ñas, no se apartan jamás del camino del honor y la justicia". "Todas las múltiples cuestiones de deslinde territorial que, al asumir su propia soberanía, heredara de la comuni- dad colonial han sido definitvamente resueltas, sin recu- rrir jamás a la violencia, por transacciones equitativas las más, por el recurso a un juez imparcial las otras".

Colombia en 1880, lo que

La solidaridad.

En una contestación que diera Bernardo de Irigoyen al representante uruguayo le dijo: "el gobierno argentino jamás miró con frialdad las perturbaciones de los estados america- nos. No fue indiferente a los peligros que éstos corrieron en su independencia y en su integridad, ni a los deberes que

20

impone la buena vecindad; y no ha prescindido en sus rela- ciones con el gobierno de V.E. de esas reglas permanentes de su política internacional" 1. Una de las reglas invariables de la política internacional argentina ha sido la de no aprovechar las dificultades de los estados vecinos para resolver a su favor las controversias pendientes. En 1846, cuando sucesos internos agitaron la Re- pública de Bolivia, el gobierno argentino resolvió postergar la discusión de sus límites hasta que fuera posible tratarlos y solucionarla en circunstancias regulares. Citando ocurrió la guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia, la Argentina decidió no tratar las discusiones sobre cuestiones territoriales hasta tanto la paz reinara en esas regiones, no obstante que el agente enviado por Chile ofreciese solucionarlas de acuer- do a los puntos de vista argentinos -.

Resultados

Según Mitre, "nosotros cometimos graves errores en

" nuestra política internacional con relación al Paraguay. El

" primer hecho que salta a los ojos, dice, es que estamos

" solos en el mundo sin aliados posibles en nuestras cuestio-

" nes exteriores, así para la acción conjunta como para pre-

" venir conflictos por la común influencia. No supimos pro-

" piciarnos la voluntad del Paraguay, que se inclinaba de

" nuestro lado, y lo echamos por exigencias que nosotros

" mismos habíamos alentado por antagonismo artificial con

" el Brasil, del lado de éste. Nos desligamos del Estado

" Orienta], en el hecho de separar nuestra causa de la causa

" común del Río de la Plata, dando a nuestra discusión di-

" plomática un carácter agresivo, estrecho, sin alcance y sin

" sentido internacional. Echamos al Brasil del lado de Chile,

" que, en odio al Brasil, había condenado nuestra

alianza y

que él buscaba, cuando nosotros, como el perro de la fá-

" bula, obedeciendo a sus sugestiones, habíamos arrojado el

1 Memoria R. E.,

1876, p. 198.

- Memoria R. E.,

1884, p. XI.

21

' pan por su sombra reflejada en las aguas del Pacífico. De

' aquí las alarmas continuas, de alianza del Brasil, República

' Oriental y Paraguay, con Chile, en nuestro daño

De

' aquí esas evocaciones a una guerra posible con el vecino

.

' De aquí esos planes

' aventuras guerreras o en alianzas contingentes, o en inter-

sin pies ni cabeza de lanzarnos en

' venciones continentales, para conjurar peligros imaginarios

' o reales, que una mala política internacional ha creado y

He aquí la

' justificación

(con el

' que una política imprevisora podría

más

completa de la

alianza natural

' Brasil) que hemos venido señalando en la historia y carac-

' terizando en sus hechos, que a pesar hoy subsistentes, -po-

1 dría permitirnos asumir un papel respetable en el escenario

sudamericano"1.

'

W

"La Nación" N» 3054.

22

V'

A* Y I 4

' CAPÍTULO II RELACIONES CON PORTUGAL Y CON BRASIL

Primera etapa. Política de Portugal hacia las regiones del Plata. — Las misiones de Moreno y Sarratea. — Reconocimiento de la inde- pendencia. — Misión de Valentín 'Gómez. — Guerra con Brasil. Me- diación inglesa. — Misión del Dr. Garcia. — Convención Preliminar de Paz entre la República Argentina y el Brasil. — Segunda etapa. Rosas y el Brasil. — La política exterior de la Confederación con el Brasil. — Maniobras del Imperio en el Paraguay. — Una mediación del Brasil. — Los tratados de la Confederación con el Brasil. — Tra- tado complementario de la Convención Preliminar de Paz de 1828. — La guerra del Paraguay. — Liquidación de la Triple Alianza. — Misión de Quintana. — Tratado Sosa-Tejedor. — Gestiones de Dardo Rocha. — Cuestión de limites con Brasil. — El arbitraje del Presidente Cleveland. — Propuesta de mediación conjunta en la guerra del Pací- fico. — Reclamo sobre el tratado de comercio. — Solidaridad de ambos países en 1890. — Incidente diplomático con motivo de la fiebre ama- rilla. — Contrabando fluvial. — La Argentina y la revolución brasilera de 1893. — El telegrama cifrado N» 9. — Incidentes de 1910. — El tratado del ABC . — Caso de asilo político. — Apoyo a Brasil en la Sociedad de las Naciones. — Guerra de 1939. — Visita de los jefes de Estado. — Síntesis.

En las relaciones internacionales entre la República Ar~ gentina y Brasil pueden distinguirse cuatro etapas. La pri- mera comienza en 1810 y llega hasta 1828 y se caracteriza por la continuación de la lucha secular que mantuvieron las coronas da España y Portugal por el predominio y ocupación 'de la Banda Oriental del Plata.

La segunda etapa comienza después de la firma del

Tra-

tado Preliminar de Paz que puso fin a la guerra. En

este

período la política brasilera está dominada por la preocupa- ción que le causan las actitudes y pensamientos de Rosas al

23

negarse a reconocer la independencia del Paraguay, su inter- vención en la Banda Oriental y su posible deseo de re- construir el Virreinato del Río de la Plata. En esta épo- ca la política brasilera es resuelta, como lo revela el tratado de alianza que firma con el Paraguay, y, posteriormente, la alianza con Urquiza para derrocar al tirano de Buenos Aires. La tercera etapa comienza en 1853 con la caída de Ro- sas. Terminada la guerra del Paraguay, Brasil lucha por el predominio en ese país y en el Uruguay, a fin de evitar la posibilidad de un acercamiento con la República Argentina. Finalizada la cuestión argentino-paraguaya, procura la preeminencia política en la América del Sur.

Primera etapa,

del Plata,

Política de Portugal hacia las regiones

La República Argentina y Brasil heredaron las discre- pancias que separaron a España y Portugal por cuestiones de límites y que movieron a ambas a solicitar al Papa Ale- jandro VI que resolviese la cuestión de sus posesiones.

La bula "inter-caetere" de 1493 adjudicó a España las tierras de América descubiertas o que se descubrieran situa- das al occidente de una línea trazada de norte a sud a cien leguas al oeste de las islas Azores y Cabo Verde. Ante el reclamo de Portugal, los dos países firmaron en 1494 el Tra-

estipulando una nueva líneas pero a 370

leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. En 1680 los portugueses se establecieron en el Río de La Plata en la Colonia del Sacramento, pero fueron expulsados por tropas salidas de Buenos Aires. Esto dio lugar al tratado de Lisboa de 1681 por el que Portugal volvió a ocupar la Colonia. El tratado de Ultrech de 1715 declaró que la Colo- nia pertenecía a Portugal, Sin embargo, la cuestión no debía resolverse hasta 1750, en que los dos monarcas firmaron el tratado de Madrid, que fijó la frontera entre las colonias portuguesas y españolas, quedando a favor de España la Co- lonia y territorio adyacente de la ribera norte del Río de la Plata. Dicho tratado de 1750 tiene una importancia capital

tado de oTrdecillas,

24

porque es la base de los primeros trabajos, exploraciones y discusiones que después se suscitaron para la demarcación de límites entre la República Argentina y el Brasil. La base de la política de Portugal primero y luego del imperio del Brasil después, tal vez tengan una explicación

histórica o geoplítica 1.

1 Los acontecimientos ocurridos en la península, con el cautiverio de Fernando VII, hizo pensar a los políticos de Portugal que su reinado había terminado. Basados en este convencimiento, creyeron conveniente asegurar los derechos eventuales de doña Carlota de Borbón, mujer del regente Don Juan y heredera posible de los derechos de Carlos IV. El conde de Linares, sagaz jefe del gabinete portugués, puso sus ojos en la Banda Oriental y en Paraguay para extender las fronteras hasta el Plata y el Uruguay, apoderarse de los troncos superiores del Paraná y preparar la futura absorción de Corrientes y Entre Ríos que colocaría al imperio brasileño dentro de los grandes ríos de Sud América2. Con este sentido Portugal desarrolló una política ambi- gua hacia ambos bandos, unas veces fomentando las opera- ciones del gobierno de Buenos Aires y otras auxiliando a los realistas de Montevideo. La Revolución de Mayo fue bien recibida por Portugal porque vio en ella el motivo para intervenir en el Plata a fin de asegurar sus ambiciones de expansión territorial. Y al tener noticias de los éxitos de los patriotas en el Alto Perú, comenzó a concentrar tropas en las fronteras de las Misiones y de la Banda Oriental.

ft ti.

Las misiones de Moreno y Sarratea

Ma-

riano Moreno, su hermano Manuel y Tomás Guido, la cual

pres-

El objeto

cindencia en las cuestiones de la Banda Oriental.

debía también negociar con el gobierno portugués su

La Junta envió una misión a Londres formada por

1 ALBERDI, Política Exterior. E. P., t. 3, p. 53.

2 LÓPEZ, VICENTE F., Historia de la República Argentina, t. 3, p. 419.

de la misión era obtener el reconocimiento de la legitimidad del congreso próximo a reunirse y conseguir armas y recur-

sos.

viaje. Por oficio de enero 30 de 1811 el conde de Linhares res- pondió a la Junta que el príncipe regente no tenía el propó- sito de mezclarse en los asuntos de España y que no adop-

La misión no tuvo efecto porque Moreno falleció en el

taría otras medidas que las necesarias para evitar la propa-

gación de la guerra civil en sus

Las complicaciones que producía la intransigencia de Elío y la aparición de tropas portuguesas en el Yaguarón determinaron a la Junta a enviar una nueva misión al Brasil, para la que se eligió a Manuel de Sarratea. Este se vinculó al representante inglés Lord Strangford, quien le ofreció la me- diación conjunta con Portugal en el conflicto de Montevideo. La Junta rechazó la iniciativa de tratar con España con otra base que no fuera la independencia, diciendo al conde de Linhares que la cuestión de la reconciliación era de incum- bencia del Congreso General. En cuanto al conflicto con Elío, aceptó la mediación portuguesa que indicó como condi- ciones la pacificación de la Banda Oriental bajo la autoridad de Elío, el levantamiento del bloqueo, la cesación de las hosti- lidades contra el Paraguay y el nombramiento de comisiona- dos para tratar con España. Como la respuesta de la Junta demorara, Linhares le dirigió un ultimátum haciéndole saber que si no aceptaba las condiciones daría auxilios al goberna- dor de Montevideo. La Junta hizo ver a Linhares que su me- diación significaba su intervención, pero éste llevó adelante sus planes y un ejército bajo el mando del general de Souza penetró en la Banda Oriental no obstante los esfuerzos de lord Strangford que criticó las condiciones del ultimátum1. La Junta previno al jefe portugués que no debía proseguir su invasión en la Banda Oriental porque estaba dispuesta a re- sistirla. Le agregó que el ejército portugués, aunque había

fronteras.

1 ANTOKOLETZ, DANIEL, La diplomacia

de la Revolución de Mayo

y las primeras misiones diplomáticas hasta 1813 en "Historia de la Na-

ción Argentina", t. 5, p. 221, ed. 1941.

26

entrado con el título de pacificador, tomaba el carácter de conquistador bajo las insinuaciones de los jefes de Montevi- deo y con el pretexto de asegurar los derechos eventuales de doña Carlota infanta de España. Souza permaneció en el territorio oriental decidido a quedarse de acuerdo con la política trazada por su gobierno

y exigió al Triunvirato el retiro definitivo de Artigas y que

lo declarara rebelde en el plazo perentorio de tres días, con

el compromiso de no realizar actos de agresión en los domi-

nios del príncipe regente. Esta intimación no fue aceptada por el Triunvirato, por lo que las fuerzas portuguesas deci- dieron permanecer donde estaban. Ante tal actitud, el mar- qués de Casa Irujo, representante español, conjuntamente con el de Gran Bretaña, lord Strangford, hicieron los recla- mos consiguientes al gobierno de Portugal. En estas circunstancias, el Triunvirato hizo saber a lord Strangford que estaba decidido a intimar al general portu- gués el retiro de sus tropas bajo la prevención de iniciar las hostilidades, y materializando sus intenciones le envió un ulti- mátum. El representante inglés actuó con celeridad y comu- nicó pronto a Buenos Aires que el regente había decidido el envío del teniente coronel Juan Rademaker para negociar un armisticio en base a la retirada de ambos ejércitos a sus fron- teras. Y para asegurar el cumplimientode lo que se acordase ofreció la garantía de Gran Bretaña. Aceptada la mediación llegó Rademaker a Buenos Aires donde fue recibido como huésped de estado y alojado en el fuerte. La negociación tuvo éxito y el enviado portugués fir- mó el 26 de mayo de 1812 con Nicolás de Herrera, ministro interino de Relaciones Exteriores, una convención de armis-

ticio. Como se ha dicho con razón, este acto de Portugal im- portó el reconocimiento implícito de la personería internacio- nal del gobierno argentino porque se pactó un verdadero tra- tado 1. El armisticio estableció un "modus vivendi" que se prolongó hasta 1816.

p.

1 Ruiz

222 y

y

231; ANTOKOLETZ, op. cit. p. 228.

GUIÑAZÚ,

Lord

Sfrangford

la

Revolución

de

Mayo,

27

El general Souza apeló a un pretexto para permanecer en la Banda Oriental, desconociendo validez al tratado hasta tanto fuese ratificado por la regencia. Hecha la ratificación,

el regente ordenó la retirada de sus tropas. Con posterioridad

interpuso algunas reclamaciones por la actitud de Artigas que continuaba la lucha y luego reclamó por el decreto de la Asamblea General Constituyente que por decreto de febrero 4 de 1813 había dispuesto la libertad de todo esclavo que pisase el suelo argentino. Por mediación de lord Strangford

y como precio de una neutralidad que era vital, se modificó

ese decreto excluyendo los esclavos que huyeran del Brasil.

Juan Martín de Pueyrredón, designado Director Supre- mo por el Congreso de Tucumán, comunicó a la Asamblea el hecho de la invasión portuguesa mandada por el general Lecor. El cuerpo resolvió pedir explicaciones a Lecor sobre su conducta, que parecía hostil, y a tal efecto se designó a Florencia Terrada y a Miguel Yrigoyen. En esos momentos

se pensó, como solución, la de que un príncipe de la casa de Braganza gobernase el país, pero manteniendo 1.a indepen-

dencia garantizada por Gran

Bretaña.

envió al coronel de Vedia en misión confi-

dencial ante el general brasilero. Debía solicitarle que acla-

rase sus intenciones y respetara el armisticio de 1812, pero Lecor le dijo sin ambajes que "venía en nombre de su rey a recobrar lo que ya en otros tiempos poseyó" 1, si bien tenía instrucciones de guardar la más perfecta neutralidad con Buenos Aires y respetar el armisticio de 1812. Ante la ambi- güedad de la respuesta, Pueyrredón convocó la Junta de Cor- poraciones, la que coincidió con el Congreso en la conve- niencia de enviar una misión al Brasil para que obtuviera el reconocimiento de nuestra independencia y la evacuación de la Banda Oriental. Pueyrredón no estuvo conforme con esta actitud dilatoria y creyó más conveniente ir en auxilio del territorio invadido si el Cabildo de Montevideo aceptaba unirse a las Provincias Unidas y reconocer la autoridad del

Pueyrredón

1

PUEYRREDÓN, CARLOS A.,

Gestiones diplomáticas

"Historia de la Nación

Argentina",

t.

VI,

p.

502 y

513.

en América

en

Director Supremo y enviar diputados al Congreso, Los re- presentantes orientales que habían venido a pedir auxilio, previamente autorizados para negociar las bases propuestas por Pueyrredón, firmaron el acta de incorporación el 8 de diciembre de 1816, pero Artigas, desgraciadamente, le negó su ratificación. Todo fue inútil, él quería las armas y los auxilios pero no la unión. Pretendía que las Provincias Uni- das expusieran todo en favor de la Banda Oriental, pero que ésta permaneciese como estado independiente1. No en balde el 24 de julio de 1816 desde su campamento de Puri- ficación había comunicado a Pueyrredón que la Banda Orien- tal había enarbolado su estandante tricolor y jurado su inde- pendencia absoluta y respectiva. Las tropas portuguesas barrieron a las fuerzas de Arti- gas y entraron en Montevideo. El Director Supremo les inti- mó la suspensión de las hostilidades, pero Lecor le contestó que no había violado el armisticio de Rademaker, ni la inte- gridad del territorio argentino por cuanto la Banda Oriental se había declarado independiente de las Provincias Unidas, sin que éstas la hubieran podido reducir a su obediencia. Pueyrredón protestó ante Lecor; adoptó medidas para prepararse para la guerra y hasta envió auxilios a Artigas. Sin embargo esta ayuda tuvo que suspenderse ante sus derro- tas reiteradas, que convencieron al gobierno argentino que era más conveniente terminar con el poder español en el Perú y combatir luego por la libertad del Uruguay. En 1815 el director Alvarez Thomas designó represen- tante argentino en Río de Janeiro a Manuel José García, quien anunció que se produciría la invasión portuguesa en la Banda Oriental únicamente como consecuencia de las acti- vidades de Artigas y no con el deseo de apoderamiento o conquista. Temeroso el gabinete de Juan VI que Artigas levantase las poblaciones de la Provincia de San Pedro, lindera con la frontera portuguesa, resolvió enviar un ejército al mando del general Lecor para que ocupase la provincia de Montevi-

PUEYRREDÓN, op. cit., p. 506.

deo. Artigas fue batido y el ejército portugués entró en la plaza de Montevideo el 20 de enero de 1817. Quesada sostiene que bajo el pretexto de pacificación del Uruguay el rey portugués había resuelto conquistar la

Banda Oriental, pues Lecor en sus instrucciones traía la mi- sión de organizar una capitanía portuguesa en la Provincia

de Montevideo 1, Esta tesis está

pues Lecor promovió un congreso que se constituyó en Mon- tevideo y declaró la anexión del territorio al reino de Portu- gal y Brasil como provincia Cisplatina.

confirmada por los hechos,

Reconocimiento de la independencia

El 16 de abril de 1821 Juan VI envió una nota a Martín Rodríguez reconociendo la independencia de la República y designó a Juan Manuel de Figueiredo como su agente ante el gobierno de Buenos Aires y demás provincias del Río de la Plata. El representante debía comunicar que los habitantes del país serían tratados en Portugal y Brasil "con toda la consi- deración que en ellos gozan todas las otras naciones, y de que, de ahora en adelante, los agentes tanto comerciales como diplomáticos de ese gobierno, serán recibidos y tratados por esta Corte con todos los honores, consideraciones y créditos, como por el general derecho de gentes lo acostumbran ser los correspondientes ministros y agentes de los supremos gobier- nos de los pueblos". Figueiredo presentó sus credenciales el 28 de julio y sus únicos actos fueron pedir la captura de los desertores del bergantín "Real Pedro" y que no se despacharan pasaportes sin su consentimiento a ningún ciudadano portugués y que se observara con los buques de su nacionalidad iguales prác- ticas que con los de aquéllos que tenían agentes reconocidos

1 QUESADA, VICENTE

del

Piafa,

t.

2,

p.

73.

G., La política

del Brasil

con las repúblicas

por los gobiernos. Cinco días después gestiones falleció repentinamente.

de realizadas estas

Misión de Valentín Gómez

El Cabildo de Montevideo no quedó conforme con lo resuelto a instancias de Lecor y tiempo después se dirigió al gobierno de Buenos Aires condenando el voto como nulo y arbitrario en razón de que los cabildos no podían adoptar resoluciones sobre cuestiones de política exterior. En esta situación, Rivadavia, a la sazón ministro de Go- bierno y Relaciones Exteriores, intentó una nueva gestión, y designó para la misma al presbítero Dr, Valentín Gómez. En las instrucciones dadas el 24 de junio de 1823 se señala que eran dos los objetos que se buscaban. El primero y prin- cipal era lograr la evacuación de las fuerzas del Brasil de todo el territorio de la Banda Orienta], desistiendo de toda pretensión a incorporarlo y reconociéndolo como parte inte- grante del territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El otro era reglar de un modo permanente las rela- ciones entre los dos pueblos y gobiernos. Las "instrucciones" expresan, además:

" el señor Comisionado hará entender al primer Ministro del gabl-

" nete del Janeiro que el Gobierno del Estado de Buenos Aires

" reconoce como sagrado el principio de que la legitimidad única

" de todo gobierno es el ser establecido por la voluntad libre de

" los pueblos que manda, sea cual fuese su forma; y como tal reco-

" noce al Brasil; que por lo tanto, cree que es igualmente sagrado

" el principio de que la forma de todo Gobierno no incumbe a

" ningún otro, sino a los pueblos que lo han establecido. Más que

" por los mismos principios, es contrario al derecho público de las

" Naciones el que ningún Gobierno ni pueblo puedan adscribirse

" como parte integrante de su Nación, territorios y pueblos que

" pertenecen a otro".

"También convencerá el Señor Comisionado de que su Go-

" bierno ha considerado y considerará siempre como uno de los

" acontecimientos más felices la emancipación del Brasil de Portu-

" gal, que vendrá a contemplar la independencia del continente

"Americano del de Europa; y consiguientemente que sus relacio-

" nes con el Brasil tendrán para con él la preferencia sobre las

" con todo otro Estado",

La misión debía claramente influir en el ánimo del em- perador

" a fin de que prefiriera un convenio racional entre vecinos a una

" guerra que no tendrá término por la parte de las Provincias Uni-

" das hasta que recuperen y aseguren la integridad de su territo-

. "La demostración la elevará a hacer ver que dicha opi-

" nión general se pronuncia de un modo tan vehemente que es

" imposible que Gobierno alguno pueda existir en adelante sin que

" satisfaga el voto de los pueblos, haciendo la guerra más decidi-

" da para recuperar lo que se les usurpa" 1.

"rio

La misión de Valentín Gómez no tuvo éxito porque el Imperio había decidido conservar la provincia cisplatina. De ahí que el 9 de febrero de 1824 se dieran por rotas las nego- ciaciones. Rivadavia hizo todo lo posible por evitar con altura la guerra con el Brasil. Cuenta el general Tomás Iriarte en sus "Memorias", que habiendo designado a Alvear representante ante el gobierno de Estados Unidos, le ordenó que hiciese

un rodeo por Londres antes de llegar

que el

objeto de este desvío era instruir a Canning, a cargo del mi- nisterio de Relaciones Exteriores, del estado vidrioso de las relaciones entre ambos países. "Se podía ya entonces prever, dice Iriarte, que la guerra entre estos dos pueblos era inevi- table. Mr. Canning tenía interés en evitarla, y Rivadavia, que con gusto también la eludiría mediante la restitución del territorio violado, deseaba que Mr. Canning conociese bien

nuestros derechos en todas sus fases y la resolución en que estábamos a disputarla en caso necesario con las armas en la mano, calculando que su mediación podrá evitarnos la guerra' 3. El 18 de abril de 1825 partió de la playa de San Isidro, para desembarcar en la de la Agraciada en Colonia, la fa- mosa expedición comandada por Juan Antonio Lavalleja, co- nocida en la historia con el nombre de los 33 Orientales.

a

su

destino y

1 Documentos para

la Historia Argentina

—Facultad

de Filosofía

y Letras—. Correspondencia de la Provincia de Buenos Aires relativa

.a Relaciones Exteriores, t. 14 p. 226. 2 Rivadavia y Monroe y la guerra argenfino'brasilera, p. 91.

La campaña de Lavalleja logró rápidamente la adhesión

del pueblo uruguayo y tuvo pleno éxito, al punto que llegó

a poner sitio a Montevideo, que tuvo que levantar por la

llegada de refuerzos. El 25 de agosto en Piedra Alta, depar- tamento de la Florida, Lavalleja convocó una asamblea de todos los pueblos orientales, asamblea que declaró "que su voto general, constante y decidido, era por la unidad con las demás Provincias Argentinas a que siempre perteneció por los vínculos más sagrados que el mundo conoce".

Al mismo tiempo, la Asamblea resolvió constituir un go- bierno provincial presidido por Lavalleja, designando a Javier Gomenzoro diputado al Congreso Constituyente reunido en Buenos Aires. El Congreso General Constituyente, el 25 de octubre, como consecuencia de los votos de esta Asamblea, reconoció

a la Provincia Oriental "incorporada de hecho a la República

de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, a que por de- recho ha pertenecido y quiere pertenecer, obligándose a su

defensa y seguridad". Comprendiendo el Gobierno de Buenos Aires que la gue- rra se avecinaba buscó la alianza del Perú proponiéndole:

I9, una acción conjunta para reclamar por la ocupación temporaria de Mojos y Chiquitos y la libertad de la provincia de Montevideo para que ésta pudiera disponer de su suerte. 29, por un tratado eventual, convenir la cooperación para la guerra contra el emperador del Brasil a fin de obtener la reparación por los agravios recibidos, "llevando, si fuere pre- ciso, la guerra y la insurrección al centro mismo del imperio, para aniquilar en su cuna la política ominosa que amenaza las libertades de toda América" 1. Más tarde desistió de esta gestión, una vez que se declaró la reincorporación de la Ban- da Oriental y se expulsó a las tropas extranjeras de su te- rritorio.

Entre

tanto,

la cancillería brasileña

formulaba

incesan-

tes reclamaciones por la protección

que el gobierno

dispen-

1 RESTEILI, E., La gestión diplomática del General Alvear en el Alto Peni, p. 142.

saba a las fuerzas orientales. Y como fueran contestadas por el Gobierno argentino declinando toda responsabilidad por el hecho de haber prevenido cuál sería la conducta a seguir, el emperador Pedro I declaró la guerra el 10 de diciembre de dicho año.

Guerra con Brasil. - Mediación inglesa

La guerra hizo que se encararan los acontecimientos in- ternos con un criterio equivocado. Fue así que el Congreso decidió establecer un gobierno nacional, de neto corte unita- rio, y eligió a Rivadavia Presidente de las Provincias Unidas. La suerte de la guerra fue favorable a las armas argen- tinas que triunfaron en Ombú, Bacacay y Camacuá. Sin em- bargo, Rivadavia deseaba obtener una solución pacífica. Se- gún Gregorio Rodríguez, el gobierno argpntino solicitó la mediación de Gran Bretaña para lograr esa solución pacífica que en ese momento estaba confiada a las armas. El gabinete inglés aceptó la mediación y propuso como bases la devolución de la provincia uruguaya a la Argentina, la que debía abonar al Brasil una compensación pecuniaria. La propuesta fue aceptada por el presidente Rivadavia, que ya había previsto la cuestión de la compensación en las instrucciones dadas a Valentín Gómez, dejando librada al criterio del mediador la regulación correspondiente. Sin em- bargo, al llegar a Buenos Aires el enviado inglés lord Pon- sonby, manifestó que el emperador se había negado rotun- damente a aceptar las bases que se habían propuesto. En vista de la posición del Brasil, Rivadavia dirigió un llamado a las Provincias para que apoyaran al Gobierno na- cional. Sin embargo, la filiación unitaria del Congreso y la sanción de la constitución unitaria de 1826 hizo que las Pro- vincias no respondieran al llamado presidencial. Entonces Ri- vadavia confió a la suerte de las armas la obtención de una victoria militar que convenciera al emperador del Brasil la conveniencia de llegar a un arreglo pacífico. En medio de esta situación, Rivadavia recibió propues- tas del ministro británico para que se lograra la paz mediante

34

la creación de un estado independiente en la provincia uru- guaya. Como el Presidente no aceptara la proposición, el enviado inglés manifestó abiertamente su resentimiento. No obstante insistió y entonces Rivadavia consultó al Congreso, cuyo dictamen hizo notar la dificultad de resistir fundada- mente a tal propuesta. Se consideró necesario ganar tiempo hasta tanto se lograse una victoria que permitiera obtener ventajas diplomáticas para celebrar la paz sin alterar el pen- samiento nacional de recobrar la provincia cautiva. Con este propósito Rivadavia urgió una decisión militar al genera] Alvear, adoptando a la vez una política concilia- dora respecto de las proposiciones de lord Ponsonby. Dijóle que aceptaría la proposición siempre que el Gobierno de la Gran Bretaña garantizara la observancia del pacto y la exis- tencia, o más propiamente, la independencia del nuevo esta- do. Lord Ponsonby negóse de plano a convenir en tal garan- tía, por lo que la decisión quedó librada a las armas, pues se esperó en vano la respuesta del emperador.

Misión del Dr. García

Como la situación interna se agravaba pues los caudi- llos del interior se negaban a enviar ayuda militar, y Buenos Aires con las tropas uruguayas no podía continuar la guerra con éxito, Rivadavia envió al Dr. Manuel José García, su ministro de Relaciones Exteriores, para lograr una paz ne- gociada. El enviado argentino inició sus esfuerzos tomando por base la idea del gobierno inglés de hacer de la Banda Orien- tal del Uruguay un estado independiente. Sin embargo, el cli- ma del gobierno del Brasil ya era distinto, por cuanto el em- perador estaba en un estado de exasperación extraordinaria debido a los contrastes sufridos por sus ejércitos, y conside- raba una ignominia el triste resultado de las operaciones militares. A tal extremo había llegado, que en el discurso de apertura de la asamblea anunció su resolución de no dejar las armas hasta que la provincia uruguaya fuese reconocida como parte integrante del Brasil. Además, mane-

35

jaba las negociaciones personalmente y los ministros no se atrevían a sugerirle ninguna solución que significara la acep- tación de la propuesta argentina. Por otra parte, el empera- dor argüía que el estado anárquico de nuestro país, por la oposición de los caudillos al gobierno de Rivadavia, no le garantizaba la posibilidad de sofocar los movimientos que habían ocurrido en la Banda Oriental y que dañaban los inte- reses fronterizos del Brasil. El ministro brasileño entregó al Dr. García unas bases de negociación redactadas por el propio emperador, cuyas condiciones eran las siguientes: el gobierno de la República debía reconocer la integridad e independencia del Brasil com- pletada con la incorporación, ya hecha y reconocida, de la provincia cisplatina. Como consecuencia, retiraría sus tropas de su territorio. Además, la República debía pagar los gastos de la guerra que había provocado injustamente al imperio. Fuera de ello, y esto importa destacar, Brasil tenía interés especial por la isla de Martín García, y el tratado debía sig- nificarle su entrega, fundado en que era necesaria su pose- sión para la mejor seguridad de sus fronteras y la tranquili- dad de su imperio. Se haría una revisión de los límites y la demarcación definitiva del modo más conveniente para am- bos países. La navegación sería libre en los ríos que desaguan en el Plata y se. devolverían los prisioneros,

García comprendió que la posición adoptada por el em- perador era irreductible. Impresionado por los apuros en que se encontraba Rivadavia y extralimitándose en sus instruc- ciones, tomó una decisión que significó la humillación para la República Argentina. Fue así como en contraposición a la propuesta del gobierno brasileño presentó un proyecto de tratado por el cual el gobierno de Buenos Aires renunciaba de un modo claro y positivo a sus derechos y pretensiones sobre la provincia de Montevideo. Todos los sacrificios y es- fuerzos de la República en defensa de su integridad territorial quedaron olvidados por el Dr, García, y, lo que es más sen- sible, después de la memorable jornada de Ituzaingó. Era tal la importancia que atribuía García a su gestión,

que decidió traer personalmente

36

el tratado para informarlo.

Al conocerse el resultado de la concertación de la paz fue grande el alboroto del pueblo, pero tan pronto se conocieron las cláusulas del tratado la indignación fue enorme, Rivada- via se vio obligado a rechazarlo y desautorizó a su enviado, pero su situación se hizo insostenible y renunció a la presi- dencia el 31 de julio de 18271.

Convención preliminar de paz entre la República Argentina

y el Brasil.

Después de la desgraciada misión de Manuel José Gar- cía, la guerra continuó en medio de tremendas dificultades,

a pesar de que Dorrego, gobernador de. Buenos Aires y en-

cargado de las relaciones exteriores y de la guerra, hiciera los mayores esfuerzos para reaprovisionar el ejército que ope-

raba en la Banda Oriental. Por esa época se produjo una mediación del gobierno británico, interesado en lograr la paz paró evitar que los intereses del comercio continuaran afectados por la guerra que mantenían los dos países. Aceptada la mediación, Dorre- go nombró en junio de 1828 como plenipotenciarios argenti- nos a los generales Juan Ramón Balcarce y Tomás Guido. Los plenipotenciarios debían obtener el retiro de las fuerzas brasileñas de toda la provincia Oriental, lo mismo que sus autoridades políticas y civiles, así como también el abandono de las aguas del Río de la Plata por todas las fuerzas navales del imperio. Una vez retiradas las tropas argentinas y brasi- leñas, la provincia Oriental tendría plena libertad para unir- se, ya sea a la República o al imperio. En ningún caso se concederían indemnizaciones, ni se exigirían los perjuicios

1 La comunicación del ministro Agüero al Dr. García decía así:

"El infrascripto se halla autorizado por el Excmo. Sr. Presidente de la República para exponer al Sr. Comisionado el desagrado y reprobación que ha merecido por parte del Gobierno la conducta de V.E. No sólo por haber faltado a la alta confianza que hizo de su persona al confe- rirle aquella misión, sino especialmente por haber procedido a la cele- bración de un acto que tanto degrada a la República Argentina y des- truye enteramente su ser moral".

37

que hubiera sufrido el territorio oriental durante la ocupación de los portugueses y brasileños. Si se sancionase la conven- ción o armisticio, se dejaría para la paz definitiva el arreglo de límites entre el imperio y la República, como también la

de un tratado de amistad y comercio o nave-

gación. El ministro inglés lord Ponsonby intervino en la nego-

ciación dando consejos, allanando dificultades y contestando las consultas que le formularon los negociadores. Buscó, en

honorable, según los deseos de la

corona británica.

En cierto momento de la negociación los delegados ar- gentinos trataron de lograr que la independencia del nuevo estado a crearse tuviera la garantía de Gran Bretaña. El mi- nistro inglés declinó el pedido, manifestándoles que no se ha-

contraer ningún com-

llaba autorizado por su gobierno para

promiso sobre tal garantía. Las negociaciones lograron conciliar los puntos de vista,

y el 27 de agosto de 1828 se firmó una convención preliminar

de paz cuyo art.

concertación

fin,

de

que la

paz

fuera

I 9 establece:

"Su Majestad el Emperador del Brasil declara: la pro- vincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina, se separará del territorio del imperio del Brasil, para que pueda consti- tuirse en estado libre e independiente de toda y cualquier nación, bajo la forma de gobierno que se juzgase conveniente

a sus intereses, necesidades y recursos".

A mérito de esta declaración, el art. contiene la afir-

mación de nuestro país en los siguientes términos: "El go- bierno de las Provincias Unidas conviene en la declaración de la independencia de la provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina, y en que se constituya en estado libre e inde-

pendiente por la forma declarada en el artículo antecedente". Por el art, 39 ambos gobiernos se obligan a defender la independencia e integridad de la provincia de Montevideo

por

definitivo de paz.

el tiempo y

en

el modo que se ajustare

en

el

tratado

G. Quesada, uno de los publicistas que

más ha estudiado las relaciones entre nuestro país y Brasil,

38

El Dr. Vicente

enjuicia la convención en los términos siguientes: "La neu- tralización de la República Oriental del Uruguay, como esta- do intermedio entre el imperio del Brasil y la República Ar- gentina, fue una solución prudente y necesaria entonces, y una sólida garantía de paz ahora. Las naciones, como los indi- viduos, tienen que aceptar las evoluciones fatales e inevita- bles de los acontecimientos: la anexión de la provincia cis- platina al imperio era una amenaza y una perturbación para la nación Argentina y tan lo era, que produjo la guerra entre la República y el Imperio; y la reincorporación a los territo- rios del antiguo virreinato, que formaron las provincias uni- das del Río de la Plata alarmaba al Brasil, que ocupó al fin el territorio de la Banda Oriental. La prudencia y la previ- sión aconsejó, pues, separar la piedra del escándalo y crear una nacionalidad por el concurso y el convencimiento de los estados limítrofes, y en condiciones que la neutralización de su territorio intermedio alejara los conflictos producidos por los celos y rivalidades tradicionales, lo que hacía difícil la armonía de las dos naciones independientes".

Segunda etapa. - Rosas y el Brasil

En el año 1837 se produjeron fricciones entre Brasil y el gobierno de la República Oriental del Uruguay. Oribe no podía dominar la sublevación de Rivera, que actuaba en la campaña. Por otra parte, éste tenía vinculaciones muy amis- tosas con personajes de Río Grande del Sur, que más tarde se levantaron contra el imperio dando origen a la revolución de los "zarrapos".

1842 existió plena amistad entre Rosas y el Brasil

al punto de que ante los rumores de que Brown y la escua-

a Montevideo se habían pasado al enemigo,

En

dra que sitiaba

Brasil le ofreció sus propios buques. La preocupación del gobierno brasileño por la revolución de Río Grande fue tan grande, que en marzo de 1843 firmó con Guido, representante argentino, un tratado que estable- cía la alianza ofensiva y defensiva entre el emperador y Ro- sas contra Rivera y los republicanos de Río Grande, con la

39

clara finalidad de pacificar la República Oriental y dominar la rebelión de esa provincia. Sin embargo, a pesar del signi- ficado de este tratado que atraía al imperio a una política naval conforme con «1 gobierno a'rgentino, Rosas rehusó aprobarlo con el pretexto que era necesaria la conformidad de Oribe como presidente del Uruguay. El rechazo de Rosas fue un error diplomático muy grave, pues las relaciones con el Brasil se enfriaron y el imperio cambió radicalmente de política respecto al problema de la Banda Oriental y de la intervención extranjera. Poco des- pués se apartaría de su posición de estricta neutralidad. El ministro brasileño Sinimbú desconoció el bloqueo ar- gentino sobre Maldonado y cuando Arana reclamó por esta actitud ante Ponte Ribeiro, ministro del Brasil en Buenos Aires, éste le contestó defendiendo esa conducta. Los tér- minos de la nota fueron considerados injuriosos por Arana, que invitó al representante extranjero a retirarla y, como no lo hiciera, le mandó sus pasaportes. Guido más tarde obtuvo que el emperador desaprobase la conducta de sus emisarios.

que en cumpli-

1828 se pidiese la

inmediata desocupación de los puntos del territorio del Uru-

guay dominados por las fuerzas anglo-francesas. El gobierno del Brasil contestó que varias notas del gobierno argentino le habían negado constantemente el derecho de intervenir en las discusiones internas de la República Oriental y que el

El

19

de

abril

de

1847

Guido solicitó

de

miento del art.

3' de la Convención

gobierno imperial, habiendo aceptado la explicación del gabi- nete argentino de que su intervención en dicho país no ata- caría su independencia, aceptaba iguales explicaciones que habían dado Francia y Gran Bretaña con motivo de la inter- vención en esa República. Por todo esto el imperio no inter- vendría antes de hecho el tratado definitivo de paz que de-

bía especificar los casos, modos y tiempo para

ción conjunta. Un memorándum redactado por el vizconde de Abrantes dio origen a reclamos diplomáticos. Las relaciones entre Bra- sil y el gobierno de Buenos Aires se fueron haciendo cada

40

la interven-

vez más difíciles porque se volvía a las discusiones anterio- res. Así, en una nota del 12 de abril de 1847, la cancillería brasileña decía que el gobierno imperial podía citar planes de ambición de España para engrandecerse con el territorio del Brasil y sospechar que el de la Confederación era el conti- nuador de esta política porque insistía en la vigencia de los tratados de 1777 y 1778, rotos por la guerra de 1801. Esta nota tenía un párrafo en el que se expresaba que

más

neutrali-

dad inactiva, como mero espectador

y

la

y

evasiva. En 1844 la situación comenzó a ser tirante a raíz

del envío de un representante del Brasil ante el gobierno del Paraguay, cuya independencia y soberanía reconoció. Al en- terarse Guido del reconocimiento brasileño, en 1845 presentó una protesta en nombre de su gobierno, pero el ministro Limpo de Abreu la rechazó. En 1850 el acercamiento con el Paraguay se hizo más efec- tivo mediante el tratado del 25 de diciembre que concertó una alianza defensiva contra Rosas y el acuerdo de auxi- liarse para obtener la libre navegación del Paraná. Esta posi- ción fue adoptada a raíz de la autorización dada a Rosas por la legislatura de Buenos Aires el 18 de marzo de 1850, para disponer, sin limitaciones, de los recursos necesarios para incorporar el Paraguay a la Confederación Argentina.

Según Cárcano, "el imperio aplicaba un criterio opor-

el gobierno del Brasil estaba

esenciales intereses exigían que no continuara una

de la guerra en el Plata

que le correspondía, sin recurrir a hostilidades, porfiar por pacificación. Guido pidió explicaciones sobre esas palabras solicitó una declaración franca, pero la contestación fue

convencido de

que sus

tunista y utilitario a su conducta. Prudente cauteloso, escu- rridizo, variaba de actitudes y procedimientos según las cir-

cunstancia,

tica

apoyo de la intervención europea y parecía probable la caída de Montevideo, sin comprometerse en tratados ni protocolos, ordenó directamente a su ministro en el Uruguay: "Si Rosas continúa sus preparativos bélicos manifieste al gobierno de

se debilitó el

pero conservaba inalterable su orientación polí-

y

obraba

con plena

seguridad.

Cuando

41

de

la plaza y comunique el hecho por expreso" 1. Quesada es de opinión semejante: "Rosas promovió la tempestad en el momento mismo en que cesaba la interven- ción anglo-francesa. El Brasil temió que, victorioso de Mon- tevideo, sometiese al Paraguay y con recursos poderosísimos atacase al imperio: determinó entonces a su caída por la guerra",,. "La preocupación del gobierno brasileño era im- pedir la formación de un estado poderoso por su extensión territorial, que pudiese equilibrar el poder del imperio. Para impedirlo necesitaba mantener la independencia del Paraguay y la de la República Oriental, y, en cuanto a la intervención de la política interna de sus vecinos no lo hacía sino para preservar al imperio de eventualidades futuras" 2.

la defensa que el Brasil se declara su aliado y sostenedor

El gobierno del Uruguay había destinado ante la Corte de Río a Lamas, uno de sus diplomáticos más hábiles. Lamas luchó incansablemente contra Guido haciendo ver al Brasil el peligro que le significaba la política exterior de Rosas, al afectar la independencia del Uruguay y Paraguay con su idea de reconstruir el virreinato y la clausura de los ríos. La invasión efectuada por el barón de Jacuby en el Uru- guay a fines de 1849 provocó la ruptura definitiva con Bue- nos Aires. Para esa fecha, la situación política del imperio había cambiado. El ministerio conservador y partidario de la neutralidad armada fue reemplazado por un gabinete liberal que sostuvo la intervención efectiva. A los pocos días de

constituirse, Guido exigió satisfacciones por ciertos discursos contrarios a su gobierno que se habían pronunciado en la Cámara de Diputados . Pero a pesar >de insinuar que si no era satisfecho se retiraría de la Corte, no obstante que las

satisfacciones no le fueran

dadas no insistió, y aconsejó a

Rosas dar por terminado el incidente. En esa época ocupó la cartera de Relaciones Paulino José Soarez de Souza y con él terminaron las vacilaciones del

1 CÁRCAMO, RAMÓN ]., De Caseros al 11 de Septiembre, p. 14.

2 QUESADA, La política

2, p.

166 y

193.

Plata, t.

42

del Brasil con las Repúblicas

del Río

de

la

imperio para combatir a Rosas. Guido había protestado por

la invasión de Jacuby; urgió la respuesta pero Soarez de

Souza se negó a darla alegando que Oribe no estaba recono- cido por el imperio como Presidente de la República Orien- tal, ni el gobierno de Buenos Aires tenía jurisdicción sobre

el territorio uruguayo; por lo tanto, "Guido carecía de pode-

res para promover la reclamación que había entablado. Para

obviar este razonamiento de carácter procesal Oribe envió una nota a Guido por la cual se adhería plenamente a la re- clamación argentina y aprobaba la representación que había asumido en nombre de la República Oriental de Uruguay. No obstante esto, no obtuvo contestación, hecho que exaltó

la soberbia de Rosas, quien ordenó a su ministro que exigiera

enérgicamente y sin demora las satisfacciones y explicaciones que se le debían, al mismo tiempo que se castigara a Jacuby

y a sus cómplices. Como la cancillería del Brasil se negara

a estas solicitaciones, Guido por orden recibida de su go-

bierno pidió sus pasaportes y regresó a Buenos Aires. Corría

el año 1850. Oribe por su parte rompió relaciones con el en-

cargado de negocios del Brasil y declaró que no tomaría en

consideración ninguna reclamación ulterior. Por esa época comenzaba a gestarse el pronunciamiento

y la campaña libertadora del general Urquiza. El gobierno

, de Entre Ríos por medio de agentes de su más absoluta con- fianza, había entablado negociaciones con el ministro brasi- leño en Montevideo, Sousa da Silva Pontes y el ministro Herrera, del Estado Oriental. Se llegó así al tratado de alian- za que se firmó en Montevideo el 29 de mayo de 1851 entre Brasil, Entre Ríos y el gobierno de esa ciudad. Esta alianza fue restringida, por sugestión de Brasil, a garantizar la inde- pendencia del Uruguay, que era su objetivo dominante y también para ponerse a cubierto de posibles complicaciones con Francia e Inglaterra. Debe advertirse que Urquiza estaba ya resuelto a la cruzada libertadora sin esperar la concerta-

ción de la alianza, como lo prueba el hecho de que se pro- nunció contra Rosas antes de la concertación del tratado 1.

1 Ruiz MORENO, MARTÍN, La revolución contra la tiranta y la Orga-

nización Nacional,

t.

1, p.

224.

43

El tratado disponía que el Estado de Entre Ríos, Brasil

y la República Orienta] se unían en alianza ofensiva y de-

fensiva, con el objeto de obtener la independencia y pacificar

el territorio de la República del Uruguay, haciendo salir del

territorio al general Oribe y a las fuerzas argentinas que mandaba, y cooperando para que, restituidas las cosas a su estado normal, se procediese a la elección libre de presidente de la República según la constitución del Estado Oriental. Esta primera cláusula se completaba con el artículo 23, que preveía una invitación al gobierno del Paraguay para entrar en la alianza. En esta forma se condenaba la política del dictador que se había negado a reconocer la independencia del Paraguay.

el artículo 17 los aliados se garantizaban

mente su respectiva

de sus territorios sin perjuicio de los derechos adquiridos.

Por

mutua-

independencia y soberanía e integridad

El artículo 15 disponía que si el gobierno de Buenos

Aires llevase la guerra a cualquiera de las potencias aliadas,

individual o colectivamente, la alianza se tornaría cho gobierno.

contra di-

La escuadra

del Brasil

debía

tener

como uno

sus

de los aliados,

Uruguay y

de

principales objetivos, ayudada por la fuerza

la custodia y seguridad

mantener la libertad del tráfico fluvial.

de los ríos

Paraná y

Lograda la pacificación de la República y restablecida la autoridad del gobierno de Montevideo, en todo el país, las fuerzas aliadas de tierra repasarían sus respectivas fronte- ras y permanecerían estacionadas en ellas hasta que tuviera lugar la elección del Presidente de la República. Los aliados se comprometían también a sostenerlo durante todo el tiem-

del

primer período presidencial. Cárcano dice que la serie de disposiciones, hábilmente relacionadas y concordantes, obra cautelosa del Brasil, des- tinada a garantizar especialmente la independencia del Pa- raguay, pudieron firmarla sin hesitar los estadistas argentinos, que no tenían el propósito ni la ambición de reconstruccio-

po que reclamara la paz interior durante el transcurso

nes territoriales imposibles, que sólo habrían podido conser- varse con los riesgos de la volencia. "El general Urquiza al firmar el tratado de alianza asen- tó la lápida a la cavilación del viejo virreinato y tranquilizó al menos momentáneamente al imperio, siempre devorado por la fiebre hereditaria de innecesarias expansiones y siempre temeroso y en guardia sobre el porvenir de la república rival. El tratado no fue un triunfo de la diplomacia brasileña, por- que no se triunfa donde no se opone resistencia. Fue la vic- toria de los santos principios e intereses bien entendidos, que fundó el equilibrio político de las naciones del Plata". "La coalición se había combinado sobre el interés común de todos los pueblos que la componían: la guerra a Rosas, la destrucción de su monstruoso poder, tan funesto para las libertades y bienestar del pueblo argentino, como incompa- tible con la tranquilidad y seguridad de las naciones vecinas". "Brasil, después de observar largo tiempo una actitud incierta, decidió emprender la cruzada contra Rosas, movido por múltiples intereses de considerable importancia, estimu- lado con fervor por el gobierno de la defensa. A la visión manchega del virreinato reconstruido por la prepotencia ar- gentina agregaba el temor de que el dictador llevara sus armas sobre Río Grande, fomentara el sentimiento republi- cano tan vivo y tumultuoso y conmoviera las bases institu- cionales del imperio". "La pretensión histórica y continua de extender sus fronteras hasta el Plata obedece a necesidades tradicionales y errores persistentes sobre población, subsistencia y seguri- dad. Necesitados de la libre navegación y comercio de los ríos del Plata, en lo alto de sus corrientes estaban situados los estados más ricos y prósperos de su jurisdicción y ellos eran entonces el único medio de comunicación con el Ja-

neiro".1

tratado de alianza del 29 de mayo se completó

con una convención que se firmó el 21 de noviembre del mis-

mo año para oponerse a los preparativos bélicos que hacía

El

1 CÁRCANO, op. cit.

p. 83.

Rosas. Por dicho acuerdo se estableció que la guerra se haría contra Rosas y no contra la Confederación y que las fuer- zas brasileñas y uruguayas serían auxiliares de las argenti- ñas. El emperador del Brasil se comprometió a prestar a En- tre Ríos y Corrientes cien mil patacones mensuales durante cuatro meses, que el gobierno que sucediera al tirano debe- ría reconocer como deuda de la Confederación Argentina.

Además de estos auxilios, el gobierno imperial facilitaría dos

mil espadas

niciones de guerra que le fueran requeridas y tuviere dispo- nibles, todo lo cual debería serle pagado como el empréstito.

Los gobiernos de Entre Ríos y Corrientes, por su parte, se comprometieron a emplear toda su influencia ante el go- bierno que se organizare en la Confederación Argentina para que acordara y consintiera la libre navegación del Paraná y

de los demás afluentes del Río de

buques de los estados

Con el triunfo de Caseros, Brasil se aseguró el recono- cimiento de la independencia del Paraguay, la consolidación de la independencia del estado uruguayo, la apertura de los ríos interiores, la conservación de las misiones y la seguri-

dad

exterior

famosos tratados de 1851 firmados por Andrés Lamas, en- viado del Uruguay.

de caballería y los suplementos de armas y mu-

la Plata

para todos los

ribereños.

de las

fronteras.

ya

En

esta

forma

consolidó

la

su política

de los

que había

obtenido con

concertación

Brasil, por medio de esos tratados, se preocupó espe-

sus límites con el Uruguay afectando

a territorios que nunca

habían pertenecido a la colonia de Portugal. En los tratados

de 1851 se prescindió totalmente de la República Argentina,

asegurar

la independencia de los dos estados contra cualquier domi- nación extranjera, que no podía ser otra que la de nuestro país. Es decir que esa alianza estaba dirigida contra la na- ción que combatió en defensa del Estado Oriental, que contri- buyó a su independencia y que la salvó de la dictadura y de la influencia de Rosas. Mientras combatía de frente por idea-

46

cialmente en asegurar

los derechos que tenía la Argentina

y,

lo que

es más

grave, se firmó una

alianza para

les comunes, sus aliados la excluían de convenciones preme- ditadas y concluidas a su espalda. El conocimiento de los tratados produjo sorpresa e in- dignación en Montevideo y tampoco tuvieron aceptación en Brasil, porque el imperio, por medio de esos acuerdos, había abusado de su posición, imponiendo condiciones a un país chico que en otra época no hubiera logrado si su aliado, la República Argentina, no hubiese estado combatiendo por su

libertad.1

La política exterior de la Coníederación con el Brasil

Establecido el gobierno provisional después de Caseros, Urquiza trató de no demorar el restablecimiento de las rela- ciones exteriores y la solución de las cuestiones de límites. La cuestión fundamental que se presentaba a las nue- vas autoridades era aclarar las relaciones con el imperio, que había sido aliado en la lucha contra la tiranía, y que, por el hecho de los tratados de 1851, había impuesto su pre- dominio en el estado Oriental. Para esa misión se designó al general Guido ministro plenipotenciario ante el empe-

rador. Con este motivo se produjo una incidencia internacio- nal. En efecto, de la Peña, ministro de relaciones exteriores designado por el gobernador de Buenos Aires, recibió del enviado imperial Carneiro Leao, que permanecía en Monte- video, una nota en la que le pedía explicación sobre el nom-

el empe-

cuanto excedía

las facultades del plenipotenciario. De la Peña le contestó preguntándole con qué título el enviado brasileño solicitaba declaraciones sobre actos soberanos y privativos del gobier- no provisional. Sin embargo, desde el punto de vista legal,

bramiento del general Guido para

rador.

Dicha

comunicación era

su misión ante

insólita por

CÁRCAMO, Del sitio de Buenos Aires al Campo de Cepeda, p, 22. Véase sobre esta cuestión QUESADA, VICENTE, La política brasilera-uru- guaya en "Nueva Revista de Buenos Aires", t. III, p. 508.

47

1

el gobierno de Buenos Aires no tenía atribuciones, por cuan- to en esa época todavía no existía el gobierno encargado de las Relaciones Exteriores en nombre de toda la República, Planteadas así las cosas, la misión de Guido quedó sus- pendida, pero este incidente dio como resultado que se re-

solviese delegar en Urquiza la facultad

las relaciones

Trece días después de Caseros, Carneiro Leao, preocu- pado por la situación interna del Uruguay, inició una ges- tión ante Urquiza, Entendía el diplomático brasilero que

su gobierno aceptaba

Lamas sin mencionar que los ajustes y convenciones previs-

tos ?n el artículo 21 de esos tratados debían celebrarse con

el

hubiese constituido.

de la dirección de

exteriores.

la plena validez de los tratados de

después

que

el gobierno

Oriental

se

Presidente

electo,

Como el enviado brasileño reclamara la colaboración ar- gentina en virtud de la convención de 1828, Urquiza precisó que la alianza tenía como único objeto preservar la integri- dad del Estado Oriental. De ahí que los aliados no tenían derecho para intervenir en las luchas internas, debiendo aca- tar las resoluciones que adoptara el pueblo oriental, de acuer- do a las leyes que se diera. Como Carneiro insistiera, Urqui-

terminada la

discusión. Al día siguiente de asumir Urquiza su calidad de Encar- gado de las Relaciones Exteriores de la Confederación, de- signó a su propio ministro, Luis José de la Peña, con reten- ción de su empleo, enviado extraordinario ante los gobiernos del Uruguay y del Brasil, Era necesaria una acción inmediata porque se compli- caba en Montevideo la discusión con Brasil, cuyo gobierno sostenía la validez de los tratados firmados con Lamas, mien- tras el presidente uruguayo se negaba a cumplirlos, hasta tanto no fueran aprobados por la legislatura. La situación po- día agravarse porque en la frontera estaba estacionado un cuerpo de ejército listo para la invasión, y barcos de guerra brasileros estaban anclados en el puerto de Montevideo. La situación era casi crítica, porque el enviado del Brasil se

48

za

le contestó en

forma

categórica y

dio por

mostraba intransigente y se sabía que el partido colorado preparaba una revolución apoyado por el imperio. El Dr. de la Peña comprendió que la situación podía derivar hacia un conflicto, en el que la República Argentina no podría permanecer apartada. Las activas gestiones de de la Peña y la intervención directa del general Urquiza hicie- ron posible una transacción mediante la cual el gobierno uru- guayo admitió la vigencia de los tratados de Lamas al mismo tiempo que el representante del Brasil aceptó que dichos tra- tados fueran modificados. El general Urquiza garantizó la ejecución de los tratados por acta de mayo de 1852, pero esta garantía no fue ratificada por el Congreso y quedó, por esta razón, sin validez.

Maniobras del imperio en el Paraguay

Finalizada la cuestión de] Estado Oriental con la mi- sión de de la Peña, Urquiza se preocupó por afianzar la vin- culación con el Paraguay y resolver las cuestiones pendien- tes. Para esta misión fue designado el Dr. Santiago Derqui, cuya actividad será estudiada en el capítulo referente a las relaciones con el Paraguay. En sus negociaciones con López, Derqui obtuvo que éste consintiera en entregar al gobierno argentino el territorio de Misiones que poseía el Paraguay, éxito que estuvo en peli- gro de perderse debido a la diplomacia del Brasil que intentó cruzarse a la actividad del representante argentino. Al saber el ministro brasileño que el gobierno del Para- guay había resuelto entregar las Misiones, manifestó que su gobierno tendría que intervenir en el asunto. El presidente López, con decisión, comunicó al enviado del Brasil que el tratado estaba ratificado y que ese territorio había dejado de pertenecer al Paraguay. Terminaba, así, la influencia de la diplomacia brasileña en el Paraguay y este país se inclinaba hacia la Confederación Argentina. Brasil, entonces, tuvo idea de comprar el territorio de Misiones para llegar con su frontera hasta el Paraná. Derqui, comprendiendo los propósitos imperiales, realizó una

maniobra audaz, como fue la de convenir con el gobierno pa- raguayo que retirara sus fuerzas militares a fin de que tropas argentinas suministradas por Pujol, gobernador de Corrien- tes, pasaran a reemplazarlas. Pero en momentos en que se iba a llevar a cabo este procedimiento, Derqui recibió orden de su gobierno de solicitar al Paraguay que suspendiera la evacuación de las Misiones por el temor que se tenía de que la anarquía de Buenos Aires penetrara en el territorio. De esta,suerte la diplomacia brasileña, que había sido vencida

por

falta de habilidad de su gobierno.

los

esfuerzos

del negociador

argentino, triunfó por .

.

la

Una

mediación del Brasil

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': 1

Con motivo de la lucha entre la Confederación y Bue- nos Aires, en 1853 se produjo una mediación del Brasil. Ur- quiza, que había sido su aliado, invitó al imperio a ofrecer su mediación para poner término a la guerra civil. Obtenida la aceptación de Buenos Aires se reunieron comisionados de los dos bandos para poder tratar la situación. Lamentable- mente la firmeza de las posiciones de ambos hizo que la me- diación no tuviera éxito. Más tarde, ante la traición del coronel Coe, que entregó la escuadra de la Confederación a Buenos Aires mediante el pago de una fuerte suma de onzas de oro, Urquiza se dirigió a la legación del Brasil solicitando se emplearan las fuerzas de la escuadra a fin de evitar hostilidades de parte de una autoridad que Brasil no reconocía. El gobierno brasileño, muy prudentemente, no comprometió su actitud limitándose a decir que estaba obligado a guardar la más estricta neutralidad.

Los tratados de la Confederación con el Brasil

Instalado definitivamente Urquiza como presidente de la Confederación, se preocupó en terminar las cuestiones de lí- mites y afianzar la política exterior. Con Brasil, que había mantenido una neutralidad absoluta en la querella entre la Confederación y Buenos Aires, entabló negociaciones para

50

concertar tratados que substituyeran los que habían sido he- -

chos para derrocar a Rosas. Brasil aceptó complacido la idea y designó como repre- £entante suyo al ¡vizconde de Abaeté Paulino Limpo de Abreu, quien con Juan María Gutiérrez, ministro de Relacio- nes Exteriores, procedieron en Paraná a redactar el tratado de Paz, Amistad, Comercio y Navegación.

La discusión tuvo como base el proyecto presentado por

el representante del Brasil y el 7 de marzo de 1856 se llegó a

la firma del tratado que entró en vigencia el 25 de junio del

mismo año.

Por el artículo I9 se declara que habrá perfecta paz y firme y sincera amistad entre los dos países. Cada una de las partes se compromete a no apoyar directa ni indirectamente

la

segregación de porción alguna de los territorios de la otra,

ni

la creación en ellos de gobiernos independientes en desco-

nocimiento de la autoridad central (art. 29), Por el artículo 39 confirman y ratifican la declaración contenida en la Convención Preliminar de Paz de 1828, así como también confirman y ratifican la obligación de

defender la independencia e integridad de la República Oriental del Uruguay. Se establece en el tratado que "se considerará atacada la independencia e integridad de ese Estado en los casos que ulteriormente se acordasen en con- currencia con su gobierno y también en el caso de conquista 'declarada y cuando alguna nación extranjera pretendiese mu- dar la forma de su gobierno, o designar o imponer la persona

o personas que hayan de

Por el artículo 59 los dos países confirman y ratifican la declaración y reconocimiento de la independencia del Pa- raguay. Brasil no podía dejar de buscar en el tratado el afianza- 'miento de la libertad fluvial, tan generosamente declarada por el general Urquiza y la Constitución argentina. Por eso, en diversos artículos se establece que las embarcaciones de ambas países, tanto mercantes como de guerra, podrán nave- gar los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay en la parte que les perteneciera (art. 14) y comerciar en toda forma com-

gobernarla".

prometiéndose a colocar y mantener balizas y señales para facilitar la navegación (arts, 15 y 16). Si llegare a estallar la guerra entre cualquiera de los Estados del Río de la Plata

o de sus confluentes, ambas partes quedan obligadas a man-

tener la libre navegación de los ríos citados, no ptidiendo

haber otra excepción sino con respecto a los artículos de contrabando de guerra (art. 19). La situación de la isla de Martín García, que siempre preocupó a Brasil, como que en esa época era la llave de

la navegación de los ríos, hizo que se insertara en el art. 18

un texto similar al del tratado celebrado en 1851 guay. Dicho artículo dispone:

con

Uru-

"Reconociendo las Altas Partes Contratantes que la isla

García puede por su posición embarazar e impe-

dir la libre navegación de los afluentes del Río de la Plata en que están interesados sus ribereños, reconocen igualmente la conveniencia de la neutralidad de la referida isla en tiem-

entre uno

de éstos y cualquier otra potencia, en utilidad común y como

garantía

tanto

po de guerra ya entre los Estados del Plata, ya

de Martin

de

la

navegación

de

los referidos ríos;

y

por

lo

acuerdan:

"I9 - Oponerse por todos los medios a que la posición de la isla de Martín García deje de pertenecer a uno de los Estados del Plata interesados en su libre navegación. "29 - Tratar de obtener de aquél a quien pertenezca la posesión de la isla, que se obligue a no servirse de ella para impedir la libre navegación de los otros ribereños y signata- rios de los tratados de 10 de julio de 1853 y que consienta en su neutralización en tiempo de guerra, así como en que se forme en ella los establecimientos necesarios para seguridad de la navegación interior de todos los Estados ribereños y de las naciones comprendidas en los tratados de 10 de julio de 1853".

en

aplicarse mutuamente el tratamiento de la cláusula de la na- ción más favorecida condicional (art. 6°). Se consideran bu- ques de ambas nacionalidades a los que fueran poseídos, tri- pulados y navegados según las leyes de los respectivos países

Para

facilitar

el comercio las

dos partes

convienen

52

(art. 7"). Se establece que los nacionales que residan en el territorio de una de las dos partes contratantes estarán exen- tos de todo servicio militar obligatorio (art. 8 9). Se obligan igualmente a entregarse a los desertores (art. 9 9). En caso de que una de las dos Altas Partes Contratantes estuviese en guerra con una tercera se observarán distintas disposicio- nes referentes a contrabando de guerra, y a no permitir la instalación de tribunales de presas en su territorio (art. 109). Se establecerá la mercadería que deba ser considerada con- trabando de guerra (art. II 9 ) . En caso de guerra con una tercera potencia se acuerda en que no se permitirá que nin- gún ciudadano de ambos países pueda cooperar en favor de sus enemigos (art. 129). Finalmente se resuelve establecer en los ríos un sistema uniforme de recaudación de los res- pectivos derechos de aduana, puerto, faro, pilotaje y policía (art. I?9).1 En 1857 pareció inminente la guerra entre el Paraguay

y Brasil debido a la negativa de López de reconocer y res- petar la libre navegación de sus aguas jurisdiccionales. Con el propósito de liquidar pacíficamente el incidente, el emperador envió a Asunción a José María Páranos, quien se detuvo en Paraná para proponer la concertación de una convención flu- vial con el gobierno de la Confederación. A fin de tratar con

el enviado brasileño se designó a los ministros Santiago Derqui,

del Interor, y Bernabé López, de Relaciones Exteriores. La convención fue firmada el 20 de noviembre de 1857

y está en vigencia desde el 20 de julio de 1858. Por el art. I 9 se establece que la navegación de los ríos Uruguay, Paraná

y Paraguay es libre para el comercio de todas las naciones

desde el Río de la Plata hasta los puertos habilitados o que se habilitaren en cada uno de los dichos ríos. La libertad de

navegación concedida a todas las banderas no se entiende respecto de los afluentes, ni de la que se haga de puerto a puerto de la misma nación. Tanto esta navegación como aqué-

1 Instrumentos Internacionales de Carácter Bilateral

suscriptos por

la

República

Argentina,

Ministerio de

Relaciones Exteriores

y Culto,

t.

1,

p.

219.

53

lia podrá ser reservada por cada Estado para su bandera (art. 2 9). Los buques de guerra de los Estados ribereños gozarán también de la libertad de tránsito y de entrada, en todo el curso de los ríos habilitados para los buques mer- cantes. Los buques de guerra de las naciones ribereñas sola- mente podrán llegar hasta donde les fuese permitido en cada Estado ribereño (art, 39). El tratado dispone que "el practicaje de los ríos, donde se juzgare necesario ,será ejercido por las personas que cada Estado ribereño habilitare para ese fin (art. 279). Sin em- bargo, cada gobierno puede declarar facultativo para to-

dos los buques entre los límites de su territorio, el servicio del practicaje, con excepción de los buques de guerra, los buques de cabotaje y los buques que no demandasen más

agua que la correspondiente al máximo de las bajadas

cada río

en

(arí.

29?)".

El resto de las disposiciones del tratado se refiere a las obras y trabajos que deban hacer ambos países y a las re- glas relativas al tráfico de los buques por los ríos.1 El 27 de noviembre Páranos firmó un protocolo de em- préstito solicitado por el gobierno de la Confederación, por

el que se facilitaron 300.000 patacones en seis mensualidades

con interés del 6 % a partir del I 9 de

Poco después llegó a Paraná el financista brasileño ba- rón de María fue con el que se convino la instalación de un banco en Rosario.

enero de 1860.

concer-

tar otros dos tratados: uno sobre extradición y entrega de esclavos y otro sobre límites. Ninguno de estos tratados se canjeó y quedaron sin efecto.

El ministro Páranos aprovechó su estadía para

Tratado complementario de la convención preliminar de paz de 1828

rra

que puso fin a la gue-

con el Brasil, preveía el establecimiento de un régimen

El artículo 3° de este convenio,

1 Instrumentos Internacionales de Carácter

Bilateral, t. 1.

Oriental. Para con-

venir este régimen hubo acuerdo en celebrar un nuevo tra-

definitivo de independencia del Estado

tado. El gobierno del Paraná

Peña, quien se reunió en Montevideo con Lamas, represen- tante del Uruguay, y Páranos, del Brasil. El delegado ar- gentino debía, además, obtener un tratado de alianza para reincorporar Buenos Aires a la Confederación. La propuesta de de la Peña no tuvo eco en los otros negociadores, quienes afirmando su adhesión y simpatía al gobierno del Paraná rehusaron toda negociación sobre una alianza ofensiva. Con esta actitud Brasil permanecía fiel a su política de neutralidad en la lucha civil argentina. Los delegados extranjeros estimaron que el gobierno ar- gentino podía sentirse desairado si su representante volvía sin haber tenido éxito. Para evitar esta situación difícil se propuso discutir un tratado sobre el Uruguay. En este acuerdo, firmado el 2 de enero de 1859, se repitieron las esti- pulaciones sobre reconocimoiento de una nación libre e independiente como Estado intermedio entre el Brasil y la Argentina. En esta forma quedaban suprimidas las causas de guerra y se garantizaba al Uruguay su integridad y neutra- lidad bajo la custodia del Imperio y de la Confederación1.

La misión de de la Peña fue considerada un fracaso y el tratado quedó frustrado.

designó al Dr.

Luis José de la

1 Por el art. 1' de este tratado se declaró que la República Oriental del Uruguay no se podrá incorporar, ni refundirse, en todo o en parte

con el Brasil o la Argentina, ni colocarse bajo el protectorado de nin-

el art. 4° la

República Argentina y el Brasil contraen la obligación perpetua de

defender la independencia del Uruguay. En el art. 9" se definen los debe- res d-e neutralida d del Uruguay . En el art . 11' se establece la prohibición

de permitir

ciones para atacar a cualquier de ellos. Ver el juicio de Quesada sobre

este tratado en "Nueva Revista de Buenos Aires", t. 3, p. 398, La Alianza contra Rosas y Oribe.

expedi-

guno de ellos. Que no podrá disminuir su territorio. Por

que

en el territorio

de los tres países se preparen

La guerra del Paraguay

Francisco Solano López, presidente del Paraguay, fue instado por el partido blanco del Uruguay para que intervi- niera en la política del Río de la Plata. En respuesta a un pedido formal de intervención, hecho por el representante uruguayo el 25 de agosto de 1864, el gobierno paraguayo protestó ante Viana de Lima, ministro brasileño en Asun- ción, por la intervención de su país en el estado Oriental. Brasil no atendió el reclamo paraguayo, y conjuntamen- te con el general Flores produjeron la caída del gobierno blanco. López entonces consideró que había llegado el mo- mento de intervenir para impedir que se alterase la situación política y el equilibrio en la región del Plata. El 16 de octu- bre de 1864 llegó a Asunción la noticia de que el ejército brasileño había cruzado la frontera uruguaya y ocupado la Villa de Meló. López ordenó apresar el buque "Márquez de Olinda" de bandera brasileña, que hacía la carerra entre Río de Janeiro y la provincia de Matto Grosso. El representante brasileño protestó por la captura y pidió sus pasaportes. Fuerzas paraguayas invadieron Mato Grosso apoderándose de Coimbra, Albuquerque y Corumbá. Se comenzó a hablar de la expedición a Río Grande. Producido el estado de guerra, los gobernantes de Bra- sil, Uruguay y Paraguay comunicaron al gabinete argentino la situación en que se encontraban, Nuestro gobierno, como amigo y vecino, lamentó la calamidad que amenazaba a todos y afirmó que se mantendría en un estado de absoluta neu-

tralidad, a la que estaba obligada por los tratados

en 1856 con ambos países. Rufino de Elizalde, ministro de relaciones exteriores de la República Argentina, al contestar en enero de 1865 la comunicación del consejero José María Da Silva Páranos, enviado extraordinario y ministro del emperador del Brasil en Buenos Aires, le dijo: "Lamentando el gobierno la gue- " rra que ha surgido entre los gobiernos de S.M. el Empe- " rador del Brasil y del Paraguay, no cesará de hacer los " más sinceros votos por su pronta conclusión, y porque des-

firmados

" aparezcan los males que va a producir a pueblos amigos;

" cumpliendo como neutral con los deberes que le imponen

" los principios del derecho de gentes y los tratados vigentes

" de la República Argentina".1 El 14 de enero de 1865 Berges, ministro de relaciones exteriores paraguayo, envió una nota a nuestra Cancillería para solicitar el consentimiento del gobierno argentino, a fin de que los ejércitos de la República del Paraguay pudieran atravesar el territorio de la provincia de Corrientes para atacar al Brasil. Elizalde contestó expresando que Brasil y Paraguay te- nían una frontera común por donde podían ejercer las hosti- lidades y que permitir el paso por territorio argentino equi- valdría a convertir a éste en un teatro de guerra, porque ha- bría que acordar al Brasil el mismo privilegio. En consecuen-

cia,

Esta negativa llevó al congreso del Paraguay a declarar el 18 de marzo de 1865 que aprobaba la conducta del Poder Ejecutivo para con el Imperio del Brasil, "en la emergencia traída por su política amenazadora del equilibrio de los Es- tados del Plata y por la ofensa directa inferida al honor de la dignidad de la Nación". Como consecuencia declaró la guerra al gobierno argentino. Se produjo la invasión a Co- rrientes y la toma de dos vapores argentinos, lo que movió al presidente Mitre a dirigirse al Congreso para que lo auto-

rizara a declarar la guerra. Con este motivo los tres países que habían sido llevados

mayo el tratado que

a la guerra por López firmaron el I 9 de

se conoce con el nombre de "Tratado de la Triple Alianza", del que se ha dicho que "en los anales de la diplomacia ar- gentina no se encuentra un tratado del significado e impor-

tancia de éste" 2.

del Brasil

muchas de las disposiciones del tratado, entre ellas, la que

se negó el permiso solicitado.

Estanislao

Zeballos

atribuye

a

la

influencia

1 Documentos relativos

a la declaración de guerra del gobierno ar-

gentino al del Paraguay, p. 35.

2 ZEBALLOS, ESTANISLAO, El

la Universidad

de Buenos Aires

tratado de alianza, exposición

el 30 de agosto

de

1872,

p.

16.

hecha en

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disponía que permanecería .en secreto. El gobierno argenti- no ,según Zeballos, no tenía motivo para desprestigiarse con estos misterios si una intención sagaz no le hubiese impul- sado a ello. Otra cláusula que revela la influencia brasileña es el artículo 69 que establecía el compromiso solemne de no deponer las armas sino de común acuerdo "y hasta que no hayan derrocado la autoridad del actual gobierno del Para- guay". Zeballos dice que "la diplomacia argentina se dejó arrastrar por las pretensiones del Brasil y consciente o in- consciente firmó esas cláusulas sorprendentes" 1. Se produjo la larga lucha que finalizó con el exterminio del ejército paraguayo y la muerte de López- pero en el pro- ceso de liquidación de la guerra chocaron los intereses de la Argentina y Brasil. En 1868 era Sarmiento presidente de la Nación y Ma- riano Várela ministro de Relaciones Exteriores. En momen- tos en que las fuerzas aliadas ocupaban Asunción y que Ló- pez aún se defendía en el norte, Várela procuró aplicar las cláusulas del tratado con un sentimiento de simpatía para el vencido. Para cruzarse a las intenciones del Brasil, Várela expuso su teoría tan conocida diciendo: "sin embargo el go- bierno argentino ha sostenido hace muy poco en discusiones con el Representante del Emperador del Brasil, que la vic-

toria no da derechos a las naciones aliadas para

por sí, límites suyos los que

Esta tesis fue resistida por muchos, por cuanto signifi- caba apartarse del texto del Tratado de la Triple Alianza. El presidente Sarmiento, ante la oposición que se había des- encadenado .invitó a una consulta al general Mitre, a la que asistieron iodos sus ministros, que eran Vélez Sarsfield, Ave- llaneda, Gorostiaga y Várela. En esa reunión Mitre dijo que "el gobierno argentino no podía sostener que la victoria no da derechos, cuando precisamente ha comprometido al país en una guerra para afirmarlo con las armas. Que si la victo- ria no daba derechos, la guerra no había tenido razón de ser,

declarar,

el tratado señala" 3.

1

1

n

2

Op. cit, p. 35.

Op. cit.,

•» T

p. 35.

Ver supra, p. 107,

puesto que en definitiva ella no habría resuelto nada. Que sostener tal doctrina era asumir ante el país una tremenda responsabilidad, declarándole que su sangre derramada, su tesoro gastado, todos sus sacrificios hechos, no habían teni- do más objeto que volver a poner todo en cuestión. Que con- forme en que deberíamos ser generosos con el vencido, no debíamos elevar esta generosidad hasta la categoría de prin- cipio absoluto, por cuanto esto no sólo nos hacía perder las ventajas adquiridas, sino que también condenábamos la gue- rra misma". Más tarde añadió: "cuando la guerra se hace con un propósito decidido, el derecho es de quien lo obtiene". El presidente abandonó la política de su ministro y lo reemplazó por Carlos Tejedor. Sarmiento entonces pensó so- lucionar el conflicto por medio de una negociación, pero ésta se hizo en forma tan desacertada, que en la nota dirigida a Río se aludió a Itttzaingó, hiriendo así el sentimiento público brasileño.

I/iguidaeión de la triple alianza. - Misión de Quintana

Vencido López, el gobierno provisorio del Paraguay ce- lebró con los aliados los protocolos de 1869, 1870 y 1871. La diplomacia brasileña, siempre previsora e inteligente, cuidó los frutos de la victoria, en contraste con la despre- ocupada actitud del gobierno argentino. Para afirmar su po- sición., Brasil envió a Asunción 'a uno de sus más hábiles di- plomáticos, Silva Páranos, cuyo objetivo era la constitución de un gobierno paraguayo para poder tratar, ya que López, militarmente vencido, no podía regresar. Correspondía que el gobierno de nuestro país se hiciera representar, pero se abstuvo de hacerlo, abandonando las ventajas materiales con- quistadas con sangre argentina. Como dice Caillet Bois, des- de ese momento la diplomacia argentina se deslizó por un sendero tan absurdo como equivocado.1 La necesidad de tratar con este gobierno provisorio fue

1 CAILLET Bois, RICARDO, Nuestra política exterior desde la caída de

Rosas hasta la época actual

la Escuela Superior de Guerra", p. 34.

(primera parte). "Rev. de Informaciones de

ya motivo de discrepancia entre Argentina y Brasil. En el deseo de imponer los frutos de la victoria, el ministro brasi- leño sostuvo que ese gobierno provisorio tenía competencia para firmar ajustes complementarios del tratado de 1» de ma- yo. El representante argentino, apoyado por el uruguayo, opinó que ese gobierno que se establecía por voluntad de los aliados no era apto para celebrar tratados, "que sólo pueden celebrarse en virtud de las atribuciones con que los poderes constituidos son investidos por la ley fundamental o por la s'oberanía originaria del pueblo y que comprometen los dere- chos y los intereses permanentes del país"1. Finalizada la guerra, los aliados procuraron ponerse de acuerdo sobre las bases del tratado de paz que debían cele- brar con el Paraguay, y con ese objetivo se celebró en Bue- nos Aires una reunión a fines de 1870 y principios de 1871. En esas conferencias, a las que asistió Páranos, se acordó "que se comprendiera en un tratado o instrumento general de paz, las disposiciones de interés común o general; y en actos especiales o separados, los ajustes de límites, así como también lo que debe quedar al arbitrio de cada una de las partes interesadas por lo que toca a las indemnizaciones, gastos y perjuicios de guerra". Tejedor declaró que aceptaba la separación concerniente a los ajustes de límites "bajo la condición de que no habría para su gobierno acuerdo defi- nitivo entre los aliados sin que quedasen resueltos todos los puntos que comprenden los ajustes definitivos de paz con el Paraguay inclusive el de límites" 2. Para llevar a cabo este propósito se reunieron en Asun- ción, Manuel Quintana por la Argentina, Rodríguez por el Uruguay y el barón de Cotegipe por el Brasil. El enviado del Brasil tenía hábiles agentes en todo el país y cuatro mil soldados respaldaban sus actividades diplomáticas en Asun- ción. El representante argentino contaba con trescientos hom- bres casi desarmados, sin un solo cañón y con dos buques que no estaban en condiciones de combatir.

1 Memoria R. E., 1872, p. 12. Ver capítulo Relaciones con et Para- guay, p. 109. a Memoria R. E., p. 20.

60

Para esa época la política internacional de ambos países seguía direcciones opuestas, desde que Sarmiento cambiara de rumbo frente al Brasil. El 9 de marzo de 1869 en un me- morándum argentino se dijo que "si con el Paraguay ani-

" quilado somos hoy exigentes, no esperemos simpatías cuan-

" do ese pueblo renazca. Esperémoslas si lo contemplamos

" en su desgracia, a pesar de los enormes sacrificios y de la

" sangre derramada". En ese año Mariano Várela, ministro

de Relaciones Exteriores, había enunciado su tesis de que "la

victoria no da derechos". Con estas posiciones tomadas se reunieron los represen-

tantes en Asunción. Quintana sostuvo que los aliados debían apoyarse mutuamente; que no podían hacer convenios por separado; que no se podía imponer la demolición de Humaitá

e insistió en que la cuestión de límites argentino-paraguayos

debía ser resuelta de acuerdo al art. 16 del Tratado de la Triple Alianza. Cotegipe recordó que en un convenio poste- rior se había establecido que la cuestión de límites se resol- vería por un tratado especial. Cotegipe, con mucha hablidad, intrigó a los paraguayos señalándoles la amistad de Brasil hacia ellos y terminó por sostener que trataría separadamente, porque el tratado de la alianza, en su ley y en su espíritu, establecía que los con- venios sobre límites se harían por separado. La cancillería brasileña sostuvo que era absurdo pretender que los tratados de límites entre su gobierno y el de Paraguay pudiesen de- pender de la ratificación de la República Argentina y que el art. 49 del tratado de la Triple Alianza establecía sola- mente el compromiso de los aliados de no deponer las armas sino de común acuerdo y solamente después de derribada la autoridad del gobierno entonces existente en el Paraguay;

e igualmente el de no negociar separadamente con el enemigo

común, ni celebrar tratados de paz, treguas o armisticios, ni convención alguna para suspender o concluir la guerra sino

de perfecto acuerdo entre ellos. En cuanto al desconocimiento de la validez de la cláu- sula del protocolo relativa a las fortificaciones paraguayas de Humaitá, Itamaratí, sostuvo que siempre fue considerada

61

por su gobierno y el del Uruguay como parte integrante del tratado, sin que pudiera aceptar el argumento de Quintana de que no había sido aprobado por el congreso argentino, porque los gobiernos aliados no podían ser responsables por lo que debía o dejó de hacer el gobierno argentino. Quintana negó el derecho a pactar por separado y resol- vió regresar a Buenos Aires, sin haber siquiera abierto las negociaciones con el gobierno del Paraguay, a pesar de los pedidos de éste para que no se retirara. El presidente Sar- miento aprobó esta conducta. El representante brasileño que- dó dueño del campo y no tardó en imponer la política de su país, que se materializó en los tratados firmados en enero de 1872. Por el tratado de límites Brasil se apropió de un tercio del territorio paraguayo y estableció que las indemnizaciones de la guerra se fijarían benévolamente por su parte, sin com- prometerse a retirarse del territorio ocupado. Tan pronto se conoció en Buenos Aires el triunfo de Cotegipe se planteó una seria cuestión con el ex aliado, por- que Paraguay resultaba prácticamente transformado en un feudo del Brasil. El 15 de febrero de 1872 Tejedor protestó contra el tratado Cotegipe-Loizaga, manifestando que prácti- camente el gobierno imperial podría conservar en el Para- guay, por tiempo indefinido y aún después del tratado de paz, el número de fuerzas que considerase necesario para el mejor cumplimiento de los ajustes, garantiendo, por sí solo, por el espacio de cinco años, la independencia e integridad territorial de la República. Cláusula semejante importaría también la ocupación militar, a discreción de uno de los ven- cedores en su solo provecho, o sea la permanencia de un es- tado de guerra; o, lo que es peor, una alianza del vencido y uno de los vencedores contra la alianza de ayer, o si se pre- fiere todavía, un protectorado del Brasil en favor del Para- guay 1. La tirantez entre los dos gobiernos dio motivo a un agrio cambio de notas.2

1 Memoria R. E. 1872, p. 139. 2 Apéndice de la memoria del Ministro

de Relaciones Exteriores

presentada al Congreso Nacional en el año 1872,

62

La tensión aumentó considerablemente y el fantasma de

la guerra se presentó ante los dos países. Sin embargo, el

representante brasileño en Buenos Aires sugirió que se en- viara una misión a Río de Janeiro. Sarmiento aceptó la suges- tión y designó al general Mitre, confiado en que sus vincula-

ciones con los hombres públicos del Brasil aseguraba el éxito de la misión. En 1872 Mitre se trasladó ante la corte de Río y con gran tenacidad obtuvo lo que se proponía. Después de con- versar con Río Branco adquirió la convicción de que el Brasil, después de haber arreglado sus cuestiones con el Paraguay, no aceptaría todas las consecuencias del Tratado de Alianza para la paz sino hasta donde le indicaran sus conveniencias;

y cuando más, nos acompañaría moralmente en la cuestión

de los límites hasta la línea del Pilcomayo, sin perder de vista

alguna combinación sobre las islas del Atajo, El Tratado de Alianza se hizo cuando el partido liberal

se hallaba en el poder. Por eso, los conservadores brasileños

estimaron que los límites que se fijaban en el Chaco para la Argentina era una exorbitancia. Unos consideraban que no correspondían a nuestro derecho, y otros se oponían basados en los intereses futuros del Imperio. No renegaron abierta- mente del tratado, pero Páranos, cuando estuvo en el Para- guay, generalizó la idea de que la vecindad argentina en la Villa Occidental, frente a Asunción, era un peligro político, militar y económico para el país. Por otra parte, como habían realizado sus tratados sin el concurso argentino, creían no .necesitar más de nuestra colaboración y nuestra garantía, sabiendo que por el momen- to, a causa de la situación interna del país, más se necesitaba de la cooperación de ellos que ellos de la nuestra para con- seguir del Paraguay lo que querían.1 El 19 de noviembre de ese año Mitre celebró con el mar- qués de San Vicente el convenio que terminó las divergen- cias entre los dos países mediante una .declaración que reco- nocía en todas sus fuerzas el tratado de alianza; Brasil se

i Memoria R. E. 1874. Nota de Mitre a Tejedor 30 de junio 1873.

63

comprometía a cumplir sus obligaciones y dar todas las ga- rantías; los tratados de Cotegipe eran considerados con vi- gor legal; la Argentina negociaría con el Paraguay de acuer- do a las bases de 1865; Brasil cooperaría para su aceptación

más

como Lid. sabe, han sido

lera".1

que

a

ello se opongan

las instrucciones oficiales que,

en la legación brasi-

redactadas

El nudo de la cuestión

consistía en los esfuerzos que

y

desocuparía la isla argentina, Atajo o Cerrito,1 y en unión

hacía el gobierno argentino para terminar con la ocupación

de

las fuerzas

argentinas evacuaría todo el territorio para-

del territorio del Paraguay por las fuerzas del Brasil, que

guayo.3

tanto, la diplomacia imperial desenvolvía una

actitud febril en la Asunción. Había maniobrado^ tan hábil-

mente que aparecía nuestro país.

a

Mientras

como defensora del Paraguay

frente

Tratado Sosa-Tejedor

Rio Branco consideró llegado el momento de encarar una nueva negociación en Río, e insinuó que era deseable

que fuera el mismo Tejedor. Aceptada la propuesta brasile-

ña, Paraguay designó como representante suyo a Jaime Sosa.

A este enviado se le dieron las siguientes instrucciones:

1?) Abandono espontáneo de la propuesta de arbitraje y su sustitución por la línea del Pilcomayo, aceptada ad referén-

dum por el general Mitre. 29) Aceptación de esta línea por

el Brasil, con la declaración, del retiro inmediato de las fuer-

zas brasileñas que ocupaban Asunción y la isla del Atajo o Cerrito, inclusive la Villa Occidental.

El presidente del Paraguay, Jovellanos, que desconfiaba

•de su ministro Gil por sus conexiones con la legación del

Brasil, pero que tenía plena confianza en Sosa, dio a éste •contrainstrucciones reservadas. En este documento hay un párrafo sorprendente. "En el deseo de remediar en algo los males que aquejan al país, invocando su patriotismo, lo auto- rizó para efectuar los tratados con la República Argentina bajo la base de la desocupación inmediata brasileña, por

1 Esta

isla situada

casi

frente

a Corrientes

fue ocupada

desde

el

principio

de

la

guerra

por

fuerzas

brasileras.

 

a Memoria

R.

E.,

1873,

p.

220.

CÁRCAMO,

La

misión

Mitre

en

el

Brasil "Anales de la Facultad

de Derecho", t.

3,

p.

5,

64

se prolongó hasta cinco años después de terminada la guerra.

Además, se quería resolver la cuestión de límites de acuerdo

a nuestros derechos, los que eran bloqueados por la hábil

diplomacia del Brasil, que ayudaba al gobierno paraguayo en su negativa a reconocer los derechos argentinos sobre el Chaco. La falta de apoyo del Brasil a la República Argen- tina para solucionar la cuestión de límites más allá de la línea del río Pilcomayo, obedeció a los recelos que siempre tuvo acerca de la intención del gobierno,argentino de reconstruir

el virreinato del Río de la Plata.

Según refiere Arbó, los estadistas del imperio, a pesar de lo dispuesto por el art. 16 del Tratado de Alianza que adjudicaba a la República Argentina todo el Chaco hasta Bahía Negra, habían resuelto que no convenía a los intereses del Brasil tener límites comunes muy extensos con nuestro país, y que más convenía a la paz, tranquilidad y seguridad del imperio tener un Estado cuña como el Paraguay, entre ambos Estados. Razones de orden político militar hicieron que el vizcon- de del Uruguay, al evacuar una consulta del Consejo de Es- tado, manifestara que el pensamiento tradicional constante y previsor del Brasil fue siempre mantener la independencia del Paraguay, y también que éste tuviese el territorio necesario para impedir el contacto inmediato entre la frontera del Bra- sil y la Argentina. Dicho personaje decía que "lo que en verdad producía pena es lo pactado en el artículo 16. Queda la Confederación Argentina dueña de toda la margen dere- cha del Paraná hasta el Iguazú, y lo que es más aún, de toda la margen derecha del Paraguay hasta la Bahía Negra, próxi- mo al fuerte de Coimbra. Por este artículo, al mismo tiempo

1 QUESADA, ERENESTO, Los tratados argentino-paraguayos,

p, 402.

65

que se asignan al Brasil límites mucho más acá de lo que se podría pretender, se atribuye a la Confederación una gran parte de la América del Sur, que ambicionó siempre, sin atreverse nunca a manifestar abiertamente sus aspiraciones".1 La negociación diplomática fue muy interesante porque Sosa inspiraba a los brasileños absoluta confianza, conociendo ellos las instrucciones oficiales que traía, pero sin sospechar las contrainstrucciones oficiales que le había dado el presi- dente. Tejedor también contaba con el representante para- guayo, aunque desconfió, en un principio, de su actuación. En momentos en que comenzó la negociación, la situa- ción era ventajosa para Brasil, por cuanto se encontraba en el apogeo del II Imperio con un estadista como Páranos al frente del gobierno. En contraposición, la Argentina acaba- ba de salir de una revolución. La conferencia comenzó entre los tres representantes, pero a espaldas de ella, los representantes brasileños trata- ron de influir en el ánimo del representante del Paraguay. Entendían que debía subordinarse a todo lo que le dijeran, y llegaron a indicar a Sosa que en la conferencia con Teje- dor debía pedir que continuara la ocupación del territorio paraguayo por las tropas del Brasil. Tejedor propuso que si se celebraba un tratado de lími-

tes por transacción, la desocupación del territorio debía efec- tuarse a los tres meses. Si se sometía a arbitraje, el "statu

quo" debía consistir: I 9 ) la

ción tendría un número igual a las fuerzas argentinas que ocupaban Villa Occidental; 29) la isla de Atajó o Cerrito sería desocupada y entregada a la República Argentina, lo mismo que la Villa Occidental. Confiados en Sosa, contestaron los brasileros que no obstante su oposición a la desocupación sin recibir antes los actos de perfeccionamiento constitucional, otra cosa sería si el Paraguay reconocía el dominio de la Argentina sobre la isla. Ante la firme actitud de Tejedor, Páranos comenzó a inquietarse y llamó a Sosa para comunicarle que Brasil ja-

guarnición brasileña de la Asun-

1 ARBO, HIGINIO, Libre navegación de los ríos, p. 171.

más aceptaría la pretensión argentina, y le aconsejó que pro- vocara el rompimiento de las negociaciones. Mientras tanto, Sosa, en cumplimiento de las contra- instrucciones de su presidente, estaba en tratos directos con Tejedor, buscando una transacción para que fuera inmedia- tamente desocupado el territorio de su patria. Pronto quedó formalizado el convenio, de modo que cuando se reunieron de nuevo con los plenipotenciarios del Brasil, el acuerdo ar- gentino-paraguayo estaba terminado. Fue así como al ini- ciarse las conversaciones Tejedor presentó sus dos proposi- ciones: la de transacción en los términos convenidos con el representante del Paraguay o el arbitraje.

Confiando en el rechazo paraguayo, Páranos expresó que la elección quedaba entregada al Paraguay. Entonces ¡Sosa dijo que optaba por la transacción porque ella impor- taba la ventaja de poner término inmediato al problema. Es- tas palabras dejaron estupefactos a los plenipotenciarios brasi- leros, que no se convencían de que Sosa no actuara de acuer- do a las miras del Brasil. Para tratar de doblar la voluntad del diplomático paraguayo o ganar tiempo a los efectos de interrumpir la negociación. Páranos pidió una postergación de la conferencia. Estaba tan enojado, que por todos los medios trató de obtener que Sosa se retractara, llegando hasta la violencia verbal. Pero todo fue inútil .porque Sosa se mantuvo firme alegando que ya no podía retirarse. En la nueva reunión Te- jedor sostuvo que con la aceptación del diplomático para- guayo la cuestión había terminado. Quesada expresa el siguiente juicio: "Con la firma de

" aquellos convenios a que se había arribado después de la

" laboriosa negociación, la República Argentina obtenía un

" gran triunfo diplomático. En realidad, representaba más

" bien una satisfacción moral, pues no se retiraba de allí la

" ocupación argentina ni se arriaba nuestra bandera; en se-

" gundo lugar, separaba al Paraguay del séquito del Brasil,

" porque si se aprobaba el tratado, era indudable que signi-

ello el aniquilamiento de la influencia brasilera, y si

" no se aprobaba, quedaría un germen de desconfianza que

" ficaba

" lo paralizaría; en tercer lugar, derrotaba al Brasil, ponien-

" do al desnudo su diplomacia ventajera y demostrando que

" era él y no el Paraguay el causante de los anteriores fra-

" casos en las negociaciones; por último, significaba una

" compensación por la guerra y un triunfo de la discutida

" política de la triple alianza, inaugurando la era de una be-

" néfica influencia

argentina en el Paraguay".1

Para el Paraguay los beneficios eran mayores, pues se libraba de la ocupación militar brasilera, del peso de la deu- da argentina, restablecía la cordialidad con este país y se sacudía de la tutela imperal, cediendo solamente un pequeño pedazo de tierra que no importaba sino una satisfacción al

Villa

Occidental. El tratado Tejedor-Sosa fue indiscutiblemente un gran triunfo argentino y una derrota de la diplomacia brasilera. Tejedor en una entrevista con el emperador le preguntó su opinión sobre el tratado contestándole Pedro II que creía que no sería aprobado. Esta opinión le fue ratificada por Río Branco, quien le dijo que el tratado nada valía porque sería desaprobado y que era preferible optar por el arbitraje. Tejedor le contestó en forma negativa, e incomodado por la actitud del emperador y su ministro, decidió marcharse de Río dando por terminada la negociación. El viaje precipi- tado de Tejedor impidió la firma de los protocolos de la con- ferencia y esto sirvió de pretexto a Brasil para expresar su disconformidad. Pero nuestro enviado había comunicado tele- gráficamente lo ocurrido y nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores ordenó al cónsul general, único representante ar- gentino en Asunción, que preparara el terreno para la apro- bación de los tratados. Las autoridades paraguayas se com- prometieron a hacerlo si recibían los tratados antes que la legación del Brasil, quedando convenido que en cuanto se recibieran los instrumentos, se los haría aprobar en una sola sesión por el Congreso, y se comunicaría al Brasil el hecho consumado.

amor propio argentino,

como era

la ocupación de la

1 QUESADA, ERNESTO, op, cit. p. 442.

68

Lamentablemente, por descuido de la cancillería argen- tina llegó a Asunción el correo del gabinete del Brasil antes que nuestro consulado recibiera los tratados. La legación bra- silera inmediatamente ejerció fuerte presión y obtuvo que el gobierno del Paraguay desaprobara los tratados y dejara cesante a Sosa de su cargo. El gobierno del Brasil consideró que el tratado firmado entre Tejedor y Sosa y la partida de Tejedor merecían una observación. En un memorándum pasado al gobierno argen- tino expresó que había prescindido de las formalidades di- plomáticas al partir de la corte de Río de Janeiro sin despe- dirse del Jefe del Estado. Veía, además, en la cesión de Vi- lla Occidental una estipulación contraria al acuerdo de 19 de noviembre de 1872 y al principio sentado en el Tratado de Alianza, según el cual los aliados se obligaban a respetar la integridad del territorio paraguayo. La cancillería argentina contestó que Tejedor se retiró sin solicitar una audiencia especial porque en una entrevista privada del 28 de mayo había anunciado al emperador su decisión de ausentarse para pedir órdenes, y que no podía presentar carta de retiro, pues era probable su regreso a Río de Janeiro tan pronto como el gobierno del Paraguay apro- base los tratados. No había por consiguiente ninguna viola- ción de la ética diplomática. En cuanto al reconocimiento de la Villa Occidental se expresó que el convenio no importaba una cesión territorial a cambio de una cesión pecuniaria, por cuanto la Villa Oc- cidental fue siempre considerada por el gobierno argentino como parte del territorio de esta República; y que la renun- cia al derecho de indemnización por los gastos de la guerra, pactada en convención separada, sólo importaba un acto de benevolencia por parte del gobierno argentino hacia la Re- pública del Paraguay. No había pues estipulaciones que con- trariasen el acuerdo de noviembre ni qvie estuviesen en pugna con el tratado de Alianza. Con estas explicaciones ambos gobiernos dieron por terminado el incidente. El triunfo de Rio Branco fue efímero, porque en junio de 1875 su gabinete caía derrotado a causa del fracaso de

69

las conferencias diplomáticas y la celebración del tratado Sosa-Tejedor. En el Senado, Nabuco, Saraiva y Cotegipe atacaron crudamente al ministerio reprochándole la presión

que

tratado

el

el gobierno había ejercido para

TejedorSosa.

que no se aprobara

Gestiones de Dardo Rocha

La situación económica del Paraguay se agravó y la vin- culación con Brasil se enfrió. En este momento se realizó una

el ministro de Relaciones Exteriores de

encargó al senador Dardo Rocha

con el carácter de agente confidencial. Rocha llevaba toda la documentación oficial del ministro Sosa, pero evidentemente llegaba tarde. Comprendiendo la situación en que podía en- contrarse decidió negociar directamente un tratado y con este motivo celebró una conferencia con el presidente del Paraguay. Convenidas las bases del tratado, nuestro enviado se encontró con que no tenía la plenipotencia para firmarlo, ni siquiera autorización para celebrarlo. Esto motivó que tu- viera que bajar a Corrientes a fin de que el gobierno le en- viara las plenipotencias necesarias. Se dice que este viaje despertó las sospechas del representante del Brasil, que echó mano a todos sus recursos para cambiar el ánimo del presi- dente paraguayo a fin de que se negara a firmar el tratado. El representante brasilero obtuvo tal éxito, que llegado Ro- cha y convenido la firma del acuerdo para el día siguiente, al presentarse a la casa de gobierno recibió del oficia] de guardia de parte del presidente de la República la orden de salir inmediatamente de la casa. Más tarde excusó su actitud por la presión brasilera y aceptó continuar la negociación,

pero

sonas. A pesar de las promesas. Rocha no recibió ninguna no-

ticia de la decisión paraguaya y comprendiendo el papel des-

airado en que estaba

saludar ni al presidente ni al canciller del Paraguay. La di-

misión oficiosa

que la Argentina, Dr.

Pardo,

no ya

directamente sino por intermedio de otras

colocado regresó

per-

a Buenos Aires sin

70

plomada brasilera había triunfado de nuevo sobre la diplo- macia argentina.

acontecimiento de política interna paraguaya, como

fue el cambio de gabinete y el reemplazo del canciller Pardo por el Dr. Bernardo de Irigoyen en la Argentina permitió llegar a la solución tan deseada del tratado definitivo, no obstante que el barón de Cotegipe que donimaba en el gabi- nete del Brasil había declarado que su política era la de la paz armada, preocupado por la tendencia argentina a la re- construcción del virreinato. Cambiados los ministros para- guayos ocupó el de Relaciones Exteriores José Urdapilleta, adversario del Brasil y gran patriota. Valiéndose de Gon- dra, un argentino que había hecho fortuna y que se había radicado en Asunción, el gobierno paraguayo logró interesar a Rocha para que sugiriera al gobierno argentino la concer- tación del tratado definitivo. Esa negociación se llevó en la mayor reserva para evitar que la dipomacia brasilera tomara intervención y obstaculizara las aspiraciones argentinas. Ernesto Quesada estima que por el tratado de 1876, "la República Argentina cedía nuevamente: cerraba el ciclo de la discusión diplomática de la cuestión paraguaya acor- dando al Paraguay todo lo que solicitaba y adoptando las soluciones de la diplomacia imperial. Pero era necesario ter- minar de una vez por todas con aquel problema; era prefe- rible ceder, para asegurar, en cambio, la tranquilidad de estos países alejando los temores constantes de una guerra inmi-

Un

nente" 1.

Cuestión de límites con Brasil

Ya se ha dicho que la Argentina y Brasil heredaron el pleito de límites que mantuvieron las coronas de España y Portugal. Para solucionarlo se celebraron varios tratados. El primero fue el de Madrid (1750), que determinó la deli- mitación a seguirse por los comisionados encargados de la demarcación. Con este motivo se hizo una relevación del te-

QUESADA, op.

cit., p

509.

71

rritorio y los representantes levantaron un mapa que fue de- nominado después, en posteriores negociaciones, como "ma- pa de las Cortes". Los comisionados no pudieron ponerse de

de 1750 fue dejado sin efecto por el

tratado de El Pardo, de 1761. Posteriormente ambos países firmaron un nuevo tratado en San Ildefonso en 1777. Según la opinión argentina, el tratado de 1777 estable- ció la verdadera ubicación del río Pepirí, accidente geográ- fico que tuvo vital importancia en la cuestión de límites. Este tratado fue interpretado en el terreno por los demarcadores reales, quienes convinieron en una nueva exploración, que fue realizada por Oyarbide, representante de España, y un comisario portugués. La demarcación del territorio no pudo llevarse a cabo, de modo que el tratado de 1777 quedó ri- giendo este problema hasta 1857 en que Brasil abrió nego- ciaciones con la República Argentina para resolver el litigio

heredado.1

El 30 de noviembre de 1857 el enviado del Brasil, con- sejero Silva Párannos, presentó una memoria para promover el arreglo de la cuestión de Misiones. El gobierno argentino designó al ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Bernabé López, y al ministro del Interior, Santiago Derqui, para ne- gociar con el diplomático del imperio. El H de diciembre de 1857 se convino un tratado de límites por el que se establecía que el territorio de la Confederación Argentina se dividía del imperio del Brasil por el río Uruguay; perteneciendo toda la margen derecha u occidental a la Confederación y la iz- quierda u oriental al Brasil, desde la boca del afluente Cua- reim hasta la del Pepirí Guazú donde las posesiones bra- sileras ocupan las dos márgenes del Uruguay. Por el art. 2' se declaró que los ríos Pepirí Guazú y San Antonio son los que fueron reconocidos en 1759 por los demarcadores del tratado de 1750 celebrado entre Portugal y España. El tratado fue aprobado por la comisión de legislación

acuerdo y el tratado

1 Los escritores brasileros han negado siempre la vigencia de este

ESTANISLAO ZEBALLOS, Cuestiones de límites entre

la República Argentina, el Brasil y Chile. Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores, 1892, p. 13 y sgtes.

tratado de 1777. Ver

y negocios constitucionales del Senado en junio de 1858, pero lo impugnaron varios senadores. Uno de ellos consideró que no había habido motivo especial para no hacer mención, en el tratado, de un extenso territorio que podía conside- rarse como argentino, por haber sido del dominio español. Se refería al conocido con el nombre de "Misiones del Uru- guay" que no fue asignado a la República Oriental cuan- do se estipuló la independencia por el tratado de 1828, y que había quedado, por lo tanto, como parte integrante de nuestro país, en virtud de haber pertenecido al Virreinato de Buenos Aires. Otro senador, para aclarar el asunto, propuso sustituir el art. por el texto siguiente, que fue aprobado por ambas cámaras:

"Es entendido que los ríos Pepirí Guazú y San Antonio,

límites en el artículo I 9 del tratado,

son los que se hallan más al oriente con estos nombres, se- gún consta en la operación a que se refiere el artículo 29 del mismo". En esta forma se afirmaba la posición argentina que consistía en la discrepancia sobre ubicación de los ríos. Mien- tras Brasil pretendía por límite el río que entra al Uruguay aguas abajo del Uruguay Pitá y busca las vertientes del río, puesto que desagua en el Iguazú, la República Argentina sostenía los derechos que le daban los tratados firmados con Portugal y España, que establecían que el límite debía co- rrer por el sistema de los ríos situados aguas arriba del Uru- guay Pitá. Los primeros eran los ríos occidentales y los últi- mos los ríos orientales, o sea el Pepirí Guazú y San Anto- nio Guazú, denominados Chapecó y Jangada por los explo- radores brasileros. La negociación quedó suspendida hasta 1876 en que el barón Aguiar D'Andrada, acreditado ante el gobierno de la República Oriental, vino a Buenos Aires en misión especial para continuarlas. El ministro de Relaciones Exteriores Ber- nardo de Irigoyen aceptó continuar las negociaciones, pero propuso unas bases que la cancillería brasilera se negó a acep- tar, declarando terminada la negociación de D'Andrada. El gobierno argentino resolvió insistir y dio instruccio-

que

se designan como

nes al ministro Domínguez en 1877 para que continuara la negociación sobre la cuestión de límites. El ministro de Re- laciones del Brasil, barón de Cotegipe, no estaba dispuesto a continuarlas porque preveía que la política argentina, em- peñada en una lucha interna le ofrecería oportunidades más propicias. Según Zeballos, ansiaba ganar tiempo para que por medio de la ocupación del territorio disputado se encontrara en mejor posición en el debate. Este fue el origen de las medidas gubernativas del imperio adoptadas en 1879 y 1880, mandando fundar colonias militares en la frontera de las provincias de Paraná sobre la zona litigosa. Si el gobierno argentino hubiera protestado enérgicamente, el gobierno im- perial se había detenido porque no llevaba el propósito de provocar el conflicto. Lamentablemente la República Argen- tina estaba dividida en dos campos por una sangrienta con- tienda y el gobierno, ocupado en defender su existencia, se limitaba a acusar recibo de las notas en que el plenipotenciario argentino en Río comunicaba las agresiones y aconsejaba las medidas del caso. Entre estas medidas estaban las de en- viar fuerzas armadas y hacer sentir la posesión efectiva de la República en aquellos lugares del Alto Uruguay. Al mis- mo tiempo nuestro representante Domínguez obtenía del em- perador que desautorizase el envío de militares para facilitar el arreglo de la cuestión de límites. En 1881 Domínguez aconsejó al gobierno que abriera negocaciones para arreglar la cuestión. Poco después Brasil propuso un arreglo directo o una transacción, que Do- mínguez aconsejó que se aceptara. No prosperó esta ten- tativa y mientras tanto, por decreto del 16 de marzo de 1882, el gobierno argentino creó la Gobernación de Mi- siones como afirmación de nuestros derechos soberanos a ese territorio, Brasil comprendió que la actividad legislativa ar- gentina podría perjudicarle e inició gestiones para el arreglo definitivo de los límites. El 2 de junio de 1882 el barón Arau- jo Goldim, de acuerdo a instrucciones de su gobierno, obser- vó al nuestro que se había dictado un decreto dividiendo en cinco departamentos el territorio de las Misiones. Como el gobierno imperial no podía aceptar ningún acto de jurisdic-

cion de Jas autoridades argentinas en un territorio que esta- ba en litigio entre ambos países, proponía la apertura de ne- gociaciones para un ajuste definitivo de la cuestión. El Dr. de la Plaza, a la sazón ministro de Relaciones, contestó acep- tando la propuesta y señalando que ya antes, en 1876, hubo un cambio de proposiciones que quedaron sin efecto por indi- caciones del barón de Cotegipe. Al mismo tiempo señaló que había una colonia militar brasilera ubicada en territorio ar- gentino y que convendría su retiro para la mejor solución del asunto. El representante del Brasil contestó la nota del Dr. de la Plaza acompañando un memorándum que demostraba el derecho del Brasil, y sostuvo que las colonias militares fun- dadas en la margen izquierda del río Chapecó y en la dere- cha del Chopín, se encontraban en territorio brasilero. El memorándum fue contestado por de la Plaza en nota de ene- ro 30 de 1883, que demostró, en forma acabada la solidez de los derechos argentinos. Sin embargo, una nueva nota del representante del Brasil refutó la anterior y terminó propo- niendo que se designara una comisión mixta para explorar los cuatro ríos Pepirí Guazú, San Antonio, Chapecó y Cho-

pín.1

No pudiendo ponerse de acuerdo, la negociación inicia- da quedó sin efecto. Araujo Goldim fue sustituido por el ba- rón de Alendar, quien el 30 de diciembre de 1884 presentó un contra-memorándum. En ese memorándum introdujo un nuevo elemento, pues por primera vez mencionó al río Cho- pín, que no era uno de los cuatro ríos que limitaba la cues- tión secular, sino una quinta corriente de agua. El gobierno argentino aceptó la propuesta del Brasil y el 28 de setiem- bre de 1885 se firmó en Buenos Aires un tratado entre el representante del Brasil y el ministro argentino Ortiz. Este tratado disponía que se nombrase una comisión para recono-

Antonio Guazú y los dos

situados al oriente de ellos conocidos por los nombres de Chapecó y Chopín, así como el territorio comprendido entre

cer los ríos Pepirí Guazú y San

1 Memoria Relaciones Exteriores año 1886, p. 197 a 292.

los cuatro ríos. Las comisiones debían reunirse en Montevi- deo y tenían que levantar en común planos de los cuatro ríos y del territorio que los separa para presentarlos a sus go- biernos, quienes en vista de esas memorias y planos procu- rarían resolver amigablemente la cuestión, celebrando un tra- tado definitivo. Las comisiones del Brasil y de la Argentina, que fueron presididas por el barón de Capamema y por el coronel José Ignacio Garmendia, iniciaron sus operaciones en 1885. No obstante esto, las negociaciones no pudieron terminar hasta

que el 7 de setiembre de 1889 entre el ministro brasilero ba- rón de Alengar y el canciller argentino Norberto Quirno

Cosía, en los salones de la legación del Brasil en

Aires, como deferencia al país vecino en homenaje a su ani- versario nacional, se firmó un tratado de arreglo directo y arbitraje. Por este convenio se estableció que la discusión de derecho quedaría cerrada en el plazo de noventa días con-

tados desde la conclusión del reconocimiento del terreno. Terminado este plazo sin solución amigable, la cuestión ten- dría que ser sometida al arbitraje del presidente de los Es- tados Unidos. La frontera tendría que ser constituida por los ríos que ambos países habían designado y el arbitro sería invitado a pronunciarse por una de las partes, como juzgase justo, en vista de las razones y de los documentos que pro- dujese. El tratado fue aprobado por el Congreso argentino sin observaciones y el canje de ratificaciones tuvo lugar en

Río de Janeiro el 4

A fines de ese mismo año Brasil cambió su forma de go- bierno adoptando la República. Este acontecimiento fue fes- tejado por un decreto especial del gobierno argentino.1 que

Buenos

de noviembre de

1889.

1 Buenos Aires, Diciembre 3 de 1889. Considerando:

Que el pueblo brasilero ha proclamado la República, sustitu- yéndola al régimen monárquico, en la única región de Sud-Amé- rica donde se mantuvo después del grito libertador de Mayo, lan- zado en 1810 desde la ciudad de Buenos Aires; Que este acontecimiento robustece y prestigia las aspiraciones humanas hacia el régimen de las instituciones libres, no solamente por la implantación de las mismas en un grande Estado de tradi-

favoreció la oportunidad de un arreglo directo. Fue así como se iniciaron negociaciones entre los ministros de Relaciones Exteriores de ambos países Estanislao Zeballos y Quintino Bocayuba, quienes el 30 de enero de 1890 firmaron en Mon- tevideo un tratado que importaba una transacción, con ven- taja territorial para Brasil.

ciones monárquicas, sino también por la manera culta, reposada y magnánima con que la opinión pública ha operado la transición, sin que la violencia o el abuso del triunfo hayan herido los senti- mientos humanitarios del Brasil y del mundo; Que si bien la República cultivó siempre sinceras y cordiales relaciones con el monarca don Pedro II, ella no puede asistir con indiferencia al coronamiento de la revolución institucional sud- americana difundida por San Martín y Bolívar al frente de los ejércitos libertadores que, partiendo de las orillas del Plata y de !as costas del mar Caribe, pasaron las más altas cordilleras para asistir a la cita inmortal del campo de Ayacucho; Que la circunstancia de adoptar la república brasilera la for- ma federativa por la cual lidiaron los argentinos hasta incorpo- rarla a su ley fundamental, prestigia mayormente ante ellos la revolución que han proclamado los Estados Unidos del Brasil; Que los recíprocos sentimientos de simpatía que los pueblos y gobiernos de la República Argentina y del Brasil se han demos- trado con frecuencia, se robustecen en presencia de la comunidad de ideales políticos e institucionales, creada por los sucesos del 15 de noviembre;

acordó

continuar sus relaciones diplomáticas con los Estados Unidos del Brasil, rindiendo el debido homenaje a su soberanía; Que en el día de la fecha S. E. el Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Brasil ha presentado al Gobierno la circular del Ministerio de Relaciones Exteriores de su pais, fecha 19 de noviembre, avisando a las naciones la proclamación de los

Estados Unidos del Brasil y adjuntando la carta autógrafa del Jefe del Poder Ejecutivo que acredita al Sr. Barón de Alencar para continuar en el desempeño de sus altas funciones; El Presidente de la República en acuerdo general de Ministros

DECRETA:

Art. 1' — Celebrar en la forma ordenada por este acuerdo el advenimiento de la República de los Estados Unidos del Brasil, señalando al efecto el dia 8 de diciembre. Art. 2° — La bandera nacional será enarbolada en todos los establecimientos públicos, fortalezas y buques de guerra de la Nación.

Que el 19 del mismo mes el Gobierno

de la República

Desgraciadamente el partido monárquico obtuvo mayo- ría en el Congreso y atacó la obra de la República centrando su discrepancia en el tratado celebrado, que fue desaprobado por la Cámara de Diputados. No cabía demorar por más tiempo la solución del litigio

y se recurrió al arbitraje designándose al Dr. Zeballos como

representante

El arbitraje del presidente Cleveland

En 1841 Brasil fundó varias villas en el territorio liti- gioso de Misiones, entre ellas la del Palmar. Fundado en esta posesión, Brasil argumentó en su momento que el gobierno argentino no podía ignorar el establecimiento de brasileños en aquellas regiones porque se había hecho público en 1841, época en la que la República tenía una legación en Río de Janeiro. Añadió que si se creía con derechos al territorio sitúa-

argentino. Por

Brasil actuó Rio Branco.

Art. 3° — Los buques de la armada nacional surtos en los puertos de la República y en el extranjero, empavesarán y harán los más altos honores que por las ordenanzas corresponden a este caso. Art. 4° — La intendencia de la Capital de la República será invitada a hacer en la noche del día expresado, la iluminación de las calles, plazas y monumentos públicos, y a promover entre el vecindario el embanderamiento e iluminación de los edificios parti- culares. Art. 5' — El Ministro de Relaciones Exterires visitará a S. E. el Sr. Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Brasil, presentándole los votos de la República Argentina por la felicidad de su Patria en la nueva vida política que inaugura. Art. 6' — Este acuerdo será especialmente comunicado a S. E. el Sr. Ministro del Brasil y trasmitido por telégrafo al Minis- tro de la República Argentina en Río de Janeiro. Art. 7° — Los señores gobernadores de las provincias y terri- torios de la Nación serán invitados a asociarse a esta celebración. Art, 8' — Remítase copia de este acuerdo a los ministros del Interior y de Guerra y Marina para el debido cumplimiento de la parte que a cada uno le corresponda. Art. 9" — Comuniqúese, publíquese y dése al Registro Na- cional.

Estanislao S. Zeballos — N, Quirno Costa. — W. Pacheco. — Filemón Posse. — E. Racedo.

JUÁREZ

CELMAN

78

do al Este del Peperí Guazú y San Antonio, debía haber pro- testado, como protestó, contra la ocupación de las islas Mal- vinas por Inglaterra1. La protesta argentina en realidad, se presentó el 13 de febrero de 1863, siendo ministro de Relaciones Exteriores Rufi- no de Elizalde. Sin embargo, el delegado del Brasil ante el arbitro sostuvo que jamás hubo protesta efectiva. Lamentable- mente, no fue posible presentar en el arbitraje la prueba de esa protesta, como tampoco fue posible presentar las instrucciones dadas a los demarcadores del tratado de 1750, en las que se indicaban las características del río Pepirí. Si la República hubiera podido exhibir el texto de esas instrucciones firma- das por los plenipotenciarios de España y Portugal, el fallo tal vez le habría sido favorable, porque los caracteres de ubi- cación de los ríos eran claros y definitivos. Dichas instruc- ciones no pudieron ser encontradas ni en el Ministerio de Relaciones Exteriores ni en los archivos españoles. El Brasil había mantenido en los archivos de España, durante muchos años, funcionarios de gran capacidad que prepararon el ma- terial que había de ser presentado al arbitraje en forma com- pleta. La República Argentina tenía un material trunco, y como señalara Zeballos, le faltaban documentos y los mapas más importantes. Mandó por ellos cuando ya corrían los términos del arbitraje. El arbitraje fue dado en Washington el 5 de febrero de 1895 por Cleveland y fue favorable al Brasil. En su parte pertinente expresa: "de acuerdo con los precedentes citados,

" habiendo examinado y considerado debidamente los argu-

" mentos, documentos y probanzas sometidas por las respec-

" tivas partes, de acuerdo con las estipulaciones de dicho tra-

1 Efectivamente la afirmación brasilera señaló la deficiente actuación de Rosas, encargado de las relaciones exteriores argentinas que no ignoró las negociaciones brasileras-uruguayas sobre límites. El represen- tante argentino en Río, Sarratea, tenía instrucciones de presenciar las negociaciones y sin embargo el gobernador de Buenos Aires no protestó por el tratado de 1851 entre Brasil y Uruguay, que dispuso de territorios indiscutiblemente argentinos por sucesión de los derechos de España. GSCHWIND, JUAN, La política internacional argentina durante la dictadura de Rosas, p. 101, Rosario 1925.

79

" tado, por el presente doy la siguiente decisión y fallo: que

" el límite entre la República Argentina y los Estados Uni-

" dos del Brasil en aquella parte sometida a mi arbitramento

" y decisión, es formado y debe establecerse por y sobre los "ríos Pepirí (también llamado Pepirí Guazú) y San Anto-

J< nio, a saber:

los ríos

que el Brasil ha

designado en su ale-

" cadura en el río Iguazú. Pertenece a la República Argén-

" tina el territorio al oeste de la línea divisoria en toda la

" extensión de cada uno de los dos ríos y de la línea que

" divide el terreno más alto entre los cabeceras de los mis-

" mos ríos. Pertenece al Brasil el territorio que queda al este

" (art.2').

"" gato y documentos que ha sometido a mi examen, como

La línea sigue por el thalweg del río Iguazú hasta su

"

constituyendo el límite y precitado sistema denominado del

desembocadura en el río Paraná, perteneciendo a la Repú-

"

oeste".1 Inmediatamente después de conocer el resultado,

blica Argentina la margen meridional o izquierda del mismo

•el

gobierno

argentino hizo saber

al del Brasil que estaba

Iguazú y al Brasil la septentrional o derecha (art. 3 9). Las

dispuesto

a

dar

cumplimiento al

laudo

y

que

esperaba

las

indicaciones

del uso

para

proceder

de

común

acuerdo

.a

la

demarcación

de

la

línea

divisoria. Zeballos

ha dicho

que

"el

culto

de

la

historia

exige afirmar que el Brasil

" tenía razón en la cuestión de Misiones. Así lo demostraron

" al gobierno argentino el general Garmendia y el ingeniero

" Virasoro, peritos de límites que al explorar el terreno com-

" probaron el error de hecho con que España había sostenido

" esta cuestión contra Portugal" 3.

Para poner en ejecución el laudo, el 9 de agosto de 1895 se firmó en Río de Janeiro un protocolo que fue reconside- rado por otro de 1" de octubre de 1898. Pocos días después se firmó en Río un tratado para establecer la línea divisoria internacional cuyo artículo I 9 establece que "comienza en el JI río Uruguay frente de la boca del río Cuareim y sigue por

" el thalweg de aquel río hasta la boca del río Pepirí Gua-

'" zú. La margen derecha occidental del Uruguay pertenece a

" la República Argentina y la izquierda u oriental al Brasil.

"De la boca del río Pepirí Guazú la línea sigue por el

" álveo de ese río hasta su cabecera principal, donde conti-

" núa por el terreno más alto hasta la cabecera principal del

" río San Antonio y de ahí por su álveo hasta su desembo-

1 Instrumentos Internacionales de Carácter

Bilateral, t. 1, p. 272.

2 "Rio Branco", en R. D. H. y L., t. 41, p. 416. Zeballos al aceptar la designación de representante argentino expresó: "La cuestión de Mi- siones tiene diversos y capitales puntos de vista, algunos de los que amparan indiscutiblemente la razón argentina, mientras que otros rela- •cionados con los hechos, suscitan incertidumbres graves".

islas

país indicado por el thalweg de cado uno de esos ríos (ar-

tículo 4 ?).

El 2 de agosto de 1900 nuestro representante Gorostia- ga firmó con el ministro de Relaciones Exteriores del Brasil, Magalaez, un convenio por el cual se dieron instrucciones a las comisiones mixtas para la demarcación de la frontera. La comisión, en los ríos Uruguay e Iguazú, debía seguir la línea del thalweg determinado por el canal principal de mayor calado y más fácil de navegar, debiendo apreciar estas con- diciones en el momento de la demarcación. El 4 de octubre de 1909 se firmó entre ambos países un protocolo por el que se confirmó la aprobación prestada se- paradamente por ambos gobiernos a todos los trabajos ejer- cidos por la comisión argentino-brasileña de conformidad al fallo arbitral de 1895, del tratado de límites de 1898 y de las instrucciones de 1900. En la misma fecha se firmó una convención complemen- taria del tratado de límites de 1898 que tendría por objeto facilitar la delimitación de la frontera en el río Uruguay has- ta el extremo austral y la isla brasilera del Cuareim.

1910 se firmó un convenio por el que

Argentino-

que tuvo a su cargo la demarcación de la frontera.

El 27 de diciembre de 1927 se firmó en Buenos Aires una convención complementaria de límites para establecer el que corresponde sobre el río Uruguay desde la línea que une

del

Uruguay

y

del Iguazú seguirán

perteneciendo al

El

4

de abril de

se aprobaron los trabajos de la Comisión Mixta

Brasileña

el hito brasileño de la Barra del Cuareim. El canje de rati- ficaciones de esta convención fue hecho en 1941. En esta forma se puso fin al largo pleito de límites que separó a ambos países y hoy entre la Argentina y el Brasil no queda ninguna cuestión territorial a dilucidar.

Propuesta de mediación conjunta >e!n la guerra dtel Pacífico

El gobierno argentino se preocupó siempre por el resta- blecimiento de la paz en la guerra que mantenía Chile contra

y Perú. Por eso, cuando tuvo conocimiento de que

no había tenido éxito la mediación de Estados Unidos, pro- puso en 1880 al gobierno del emperador las bases de una mediación conjunta y amistosa para presentar a los gobier- nos en lucha. El proyecto comprendía a todos los estados americanos que, simpatizando con la idea, quisieran asociarse a ellos para unir sus buenos oficios. No fue posible concluir un pronto arreglo con el gobierno del Brasil y los triunfos chilenos en Chorrillos y Miraflores y la entrega de Lima sin resistencia, modificaron a tal punto la posición de los belige- rantes que ante las exigencias de Chile hubiera sido necesario el cambio de las bases de la proyectada mediación.

Bolivia

Reclamo sobre el tratado de comercio

En 1885 se produjo una discrepancia con motivo de una ley brasilera que autorizaba a elevar los derechos de impor- tación sobre el charqui y sebo argentino. Nuestro gobierno reclamó invocando la cláusula de la nación más favorecida con- sagrada en el art. 6 del tratado de 1856, pero el del Brasil ma- nifestó que no había habido el propósito de violar el tratado. Con respecto a la clásula en cuestión, expresó que para ser aplicable era necesario que existieran tres condiciones, o sea igualdad, reciprocidad y compensación. Por tanto, no ha- biéndose cumplido esas condiciones, la Argentina no tenía derecho a ningún reclamo. La nota del ministro argentino Ortiz demostró que la igualdad y la reciprocidad existían

y que la interpretación debería ser la de que cumplida la estipulación por una de las partes, la otra debía correspon- derle con favores iguales y equivalentes.

Solidaridad de ambos países en 1890

Durante la celebración de la primera conferencia inter- americana en Washington, nuestros delegados presentaron, conjuntamente con los brasileros, un proyecto de arbitraje. En la comunicación enviada al ministro de Relaciones Exte- riones, Sáenz Peña y Quintana, decían que habían entendido que la estrecha intimidad que se mantiene con los represen- tantes del Brasil concuerda con la política de nuestro gobier- no, claramente manifestada en los últimos acontecimientos de aquella nación. Creían que ambas Repúblicas, que tenían pendiente una cuestión sobre límites territoriales, debían pre- sentarse ante las demás naciones unidas políticamente y apo- yando declaraciones generosas para la paz del continente; "la actitud de ambos países desautorizó los viejos rumores que han venido circulando sobre hostilidades secretas del Brasil para con la República Argentina, y si algún político alentaba aquella propaganda convenía desautorizarla con declaraciones solidarias, como las que habían tenido el honor de presentar".

Incidente diplomático con motivo de la fiebre amarilla

En octubre de 1891 apareció la fiebre amarilla en el puerto de Santos y sus gérmenes se propagaron a otras re- giones del Brasil. Por este motivo el gobierno argentino de- claró afectado dicho puerto y sospechosos los demás del mis- mo estado, Brasil protestó contra las medidas sanitarias adoptadas por las autoridades argentinas, sosteniendo que importaba una violación de la convención sanitaria vigente entre ambos países fuera de los perjuicios que causaba a su comercio. El hecho cierto de la propagación de la enfermedad en terri- torio argentino justificó las medidas adoptadas.

Contrabando fluvial

A raíz del incremento del contrabando que se hacía des- de el Uruguay, Paraguay y Brasil a través de los ríos e islas, el gobierno argentino adoptó medidas tendientes a impedirlo. Estas medidas consistieron en prohibir el comercio entre los puertos de la República y los puertos ribereños de las nacio- nes limítrofes por medio de embarcaciones sin cubierta y sin

arboladura,

capacidad fuese menor de diez toneladas

de registro. El representante

del Brasil en Buenos Aires reclamó en

1891 por considerar que esta medida era contraria a la plena libertad de navegación de los ríos que bañan tierras argenti-

nas y brasileras, garantida al Brasil por un tratado en vi- gencia. El reclamo no prosperó porque esas embarcaciones en ríos angostos eran el vehículo seguro del contrabando. Ade- más, reglamentar policialmente el comercio no importaba al-

terar los términos del tratado sino únicamente limitar y com-

batir los delitos

cuya

contra las leyes aduaneras.

La Argentina y la revolución brasilera de 1893

En 1893 se produjo un movimiento revolucionario en el Estado de Rio Grande bajo la dirección del contraalmirante Custodio José de Meló, quien se sublevó en la bahía de Río de Janeiro. Con motivo de estos sucesos la legación de Brasil en Buenos Aires solicitó que se internara a los complicados en la revolución para impedir el embarque de armas y de otros elementos para los sublevados. El gobierno argentino, en cumplimiento de sus deberes para con una nación amiga, no permitió que desde territorio argentino partiesen elementos perturbadores, e internó a los revolucionarios que manifesta- ban intención de trasladarse al Brasil. Triunfante el gobierno legal, la escuadra revolucionaria entró en nuestra rada el 16 de abril del año siguiente. Cus-

84

todio de Meló comunicó al gobierno argentino que no pu- diendo continuar la lucha por falta de recursos, había llegado a Buenos Aires con la escuadra a fin de acogerse a la sobe- ranía argentina, a cuyo efecto hacía entrega de sus buques para que se les diera el destino consiguiente. El gobierno contestó que las naves que habían llegado al puerto quedaban bajo el amparo de las leyes argentinas e hizo saber al ministro del Brasil que tan pronto esas naves cumplieran la cuarentena serían puestas a su disposición. Asi se hizo, y el 4 de mayo los buques fueron entregados al go- bierno del Brasil. Como los refugiados brasileros de la escuadra carecían de medios de subsistencia, se dispuso que se les diera asilo provisorio en las dependencias de inmigración y se les aten- diera con todo lo necesario para dejar cumplidos los deberes

de

argentino.

los sentimientos humanitarios del pueblo

neutralidad y

El telegrama cifrado N? 9

Bajo este nombre se conoce un incidente que tuvo lugar con motivo de la publicación de un artículo del Dr. Estanis- lao Zeballos en la "Revista de Derecho" en 1908. En este

Branco

había ordenado a los representantes brasileros en el extran- jero la divulgación de las pretensiones imperialistas de la República Argentina haciendo saber, en los altos círculos sociales, que soñaba con el dominio de Bolivia, del Paraguay, del Uruguay y de Río Grande. Que debía demostrarse que el Brasil, en homenaje a la justicia, amparó a los débiles en defensa de los intereses internacionales. Rio Branco desmintió esta afirmación en una publicación oficial y afirmó que el telegrama había sido falsificado. Ex- presó que siendo Zeballos ministro de Relaciones Exteriores, obtuvo copia de un telegrama cifrado recibido en tránsito para Santiago de Chile, pero que dicha copia estaba adulte- rada porque en ningún momento había dado las instrucciones

artículo Zeballos

manifestaba que

el barón

de

Río

55

que se le adjudicaban. Rio Branco publicó el texto del tele-

grama en su forma real y para demostrar la falsificación divul-

gó la cifra de dicho telegrama. Hizo además una referencia a una carta que escribió en

1900 a Gorostiaga en la que le decía que era hijo de un hom- bre que fue siempre sincero amigo de la nación argentina.

Y

desearía que se pudiese decir de él, también, que durante

su

pasaje por el gobierno hizo lo que pudo para disipar vie-

jos errores y estrechar las relaciones de buena armonía entre los dos pueblos. "Estoy cada vez más convencido de que una cordial inteligencia entre la Argentina, Brasil y Chile sería

de gran provecho para cada una de las tres naciones y ten-

dría influencia benéfica dentro y fuera de nuestros países".

Incidentes de 1910

En el mes de mayo de 1910 en algunas ciudades y pobla- ciones de la República Argentina y del Basil grupos de indi-

viduos excitados por noticias falsas o exageradas, se entre- garon a manifestaciones hostiles contra agencias consulares

y emblemas nacionales colocados en esos lugares o enarbo-

lados en establecimientos populares. Con tal motivo el en-

cargado de negocios interino de nuestro país, Campólo, y el ministro de Relaciones Exteriores del Brasil, Rio Branco, firmaron en Río el 15 de agosto de 1910 un protocolo sobre esos hechos en el que se dejó constancia de que las autori- dades de ambos países habían tomado prontas y enérgicas medidas para impedir o reprimir las depredaciones. Además

se declaró que los dos gobiernos lamentaban esos hechos de

irreflexible desconsideración, afirmando que los incidentes no

habían

sus relaciones en manera alguna,

ni modificar el sincero y firme propósito en que estaban de co-

laborar para que se estrechasen siempre más los lazos de íntima amistad y buena vecindad entre las dos naciones "co-

mo tanto convienen a los grandes intereses de ambos y a los

podido perturbar

de nuestro continente".

El tratado del ABC

Se señala a Roque Sáenz Peña como el precursor de la idea de una entente argentino-brasileña-chilena.1 Con motivo de la reunión que celebraron en Buenos Aires los cancilleres Murature, de la Argentina; Muller, del Brasil, y Lira, de Chile, el 25 de mayo de 1915, y con posterio- ridad a la mediación amistosa de estos tres países en el con- flicto suscitado en 1914 entre Estados Unidos y México, se firmó el Tratado del ABC, cuyas principales disposiciones son las siguientes: las controversias que por cualquier cues- tión se originaren en el futuro y que surgieran entre las tres partes contratantes o entre dos de ellos y que no hubieran podido ser resueltas por la vía diplomática ni sometidos a arbitraje, deberán ser sometidos a la investigación e informe

de una comisión permanente (art.

Para constituir la comisión permanente, cada una de las partes contratantes designará un delegado (art. 3'). Las con- troversias serán referidas para su investigación e informe a la comisión, inmediatamente después que las negociaciones diplomáticas hayan fracasado para solucionarlas. Cualquiera de los gobiernos interesados en 'la controversia podrá hacer la convocatoria respectiva, para cuyo efecto bastará comuni- 'c^r oficialmente esta ¿decisión a los otros dos gobiernos (art. 4 ?) . Sometido el informe a los respectivos gobiernos y no habiéndose éste producido dentro de los términos estipu- lados, las partes recuperarán toda su libertad de acción para proceder como crean conveniente a sus intereses en el asunto de la investigación (art. 69). Este tratado no ha sido ratificado y se le han hecho serias objeciones porque se ha dicho que debiendo estar for- mada la comisión por tres miembros designados uno por cada parte, resultaría que toda divergencia entre dos de éstos que- daría librada principalmente a la gestión de uno solo. Ade- más, los opositores al pacto han manifestado que no había razón para no completar el abecedario, extendiendo el pacto

I 9 ) .

1

SILVA,

CARLOS ALBERTO,

Argentina, p. 264.

La

Política Internacional

de

la

Nación

a las repúblicas americanas. Esta crítica era exacta porque

se podía creer que los estados del ABC se proponían afianzar su hegemonía en Améria del Sur y acentuar el intervencio-

nismo.1

Los partidarios de la aprobación del pacto han conside-

rado que importa una contribución de importancia al espíritu pacifista del continente. Que habiendo actuado con éxito en

el conflicto entre EE.UU. y México, era conveniente consti-

tuir en forma permanente un entendimiento que comenzara por establecer entre dichos tres estados la forma de dar una base real para la solución de toda clase de conflictos entre los mismos.

Caso de asilo político

En 1924 se asiló en la embajada argentina en Río Ja- neiro el Dr. Macedo Suárez. Otorgado el asilo por nuestro embajador, se iniciaron las tramitaciones pertinentes para que el asilado, que había permanecido un mes en la embajada argentina, pudiese salir del territorio brasileño.

La demora obedeció a que el Gobierno del Brasil temía que Macedo Suárez, desde Montevideo o Buenos Aires, de- sarrollase actividades revolucionarias. Por eso, la cancillería brasileña se negó en principio a otorgar pasaporte al refu- giado político, pero se pudo solucionar el incidente me- diante una declaración de éste por la cual se comprometió

a no volver de Europa para el Río de la Plata hasta que hu- biesen variado las circunstancias políticas.

Apoyo a Brasil en la Sociedad de las Naciones

En 1935 el representante soviético en un discurso pro- nunciado en Ginebra emitió expresiones agraviantes para al- gunos países y gobiernos americanos, entre ellos el Brasil. Inmediatamente nuestro gobierno resolvió que el represen-

1 ISIDORO Ruiz MORENO, Derecho Internacional Público, t. 2, p. 376, 2' edición.

88

tante argentino en Ginebra iniciara una

protesta

común de

los representantes

latinoamericanos en mérito a

la estrecha

solidaridad

con los países

hermanos.

Guerra de 1939

Brasil declaró la guerra a Alemania e Italia a raíz de que submarinos del Eje le hundieron cinco barcos. Con este motivo, el 24 agosto de 1942 se dictó un decreto por el cual se estableció que nuestro país no consideraría al Brasil en la situación de país beligerante y le acordaría todas las facili- dades inherentes a la defensa de sus intereses que a su juicio le fueran necesarios.

Visita de los jefes de Estado

En agosto de 1899 el general Roca, como presidente de la República, visitó en Río de Janeiro a Campos Salles, presi- dente del Brasil, quien en octubre de 1900 retribuyó la visita viniendo a Buenos Aires. El 15 de agosto de 1933 el presidente Getulio Vargas, invitó al presidente de la Nación, general Agustín Justo, a ser huésped del Brasil con motivo de la firma de varios convenios. Aceptada la invitación, la visita se hizo en el mes de octubre en el acorazado "Moreno" con los exploradores "Mendoza", "Tucumán" y "La Rioja" y una escuadrilla aérea. En medio de grandes agasajos se firmaron los siguientes acuerdos:

Tratado de comercio y navegación; Convenio de pre- vención y represión del contrabando; Tratado de extradic- ción; convenios para reglamentar la navegación aérea; exposición y muestras de productos nacionales; fomento del turismo; intercambio intelectual y artístico; revisión de los textos de historia y geografía; acuerdo para canje de publica- ciones; puente internacional y tratado de conciliación. Para retibuir la visita que hiciera a Río de Janeiro el presidente argentino, el presidente Getulio Vargas en el mes

59

de mayo de 1935 vino a Buenos Aires. En nuestra capital fue intensamente agasajado, y aprovechando su estadía se fir- maron una serie de acuerdos sobre protocolo adicional al tra- tado de extradición firmado en 1933: convenio sobre luchas civiles; protocolo para la construcción del puente internacio- nal sobre el rio Uruguay; convenio para el fomento del in- tercambio de profesores y estudiantes. El 28 de octubre de 1943, como expresión del espíritu de acercamiento entre los dos pueblos, se designó con el nom- bre de "Presidente Getulio Vargas" al tramo argentino del puente internacional sobre el río Uruguay.

Síntesis

Las relaciones internacionales entre la Argentina y Bra- sil han tenido una evolución bien nítida desde los días de la Independencia. Cárcano la ha señalado al referirse a la des- membración del Virreinato del Río de la Plata y de los di- versos países que se formaron, "productos de la anarquía

e impotencia argentina y de la sugestión y acción brasileña

decidida, constante y valiente con la convicción tradicional de que la desmembración del antiguo virreinato es una nece- sidad vital para conservar en sudamérica la seguridad y he- gemonía del imperio. Falseando la enorme masa del Virrei- nato, el Brasil aplicó su fuerza a consolidar la disgregación. Al mismo tiempo que reprime la revolución separatista de Río Grande, produjo con su diplomacia, sus ejércitos y su armada, la formación de las pequeñas repúblicas del sur, que se debaten dentro de la descomposición emanada de la eman- cipación colonial. En esta larga lucha contó siempre con el concurso de Inglaterra, a quien no le interesan las aventuras heroicas de la conquista mediterránea sino los puertos libres

y los mercados abiertos para su comercio mundial"

. No

falta ni un instante en todos los sucesos desarrollados en la región del Plata. Es centinela y actor infatigable por su di- plomacia previsora. Sirve con admirable persistencia y celo su política tradicional. Ejercita la intervención clandestina o

manifiesta sobre las repúblicas del sur y busca siempre las

"fronteras naturales". Concluye el mencionado autor dicien- do con acierto: "La obsesión secular del imperio la corrige la República de Diodoro. La unidad y solidaridad que la Ar- gentina y el Brasil cultivan en nuestros días con sentimiento y convicción no sólo significa la paz del Río de la Plata. Es también el equilibrio y la unión del sur".1 Urquiza primero y Mitre después comprendieron las ventajas de un acercamiento con Brasil. Por suerte esa línea de conducta sabia y efectiva ha sido seguida por los presi- dentes posteriores concretándose en la frase de Roca: "Nada nos divide y todo nos aproxima"2.

1 CÁRCANO, La guerra del Paraguay,

p.

138 y

168.

2 Estos conceptos se atribuyen erróneamente a Sáenz Peña. El gene-

ral Roca los dijo en 1907 durante su viaje a San

Pablo.

CAPÍTULO III RELACIONES CON EL PARAGUAY

Relaciones entre la Junta de Buenos Aires y la de Asunción. Tratado de 1811. — La independencia paraguaya. Disidencias con Rosas. — Relaciones con la Confederación Argentina. — Mediación argentina en el conflicto estadounidense-paraguayo. — Mediación del Paraguay en las luchas internas de la Argentina. — Misión de la Peña. — Preten- siones de Solano López sobre el equilibrio del Plata. — La guerra con el Paraguay. — La Triple Alianza. — La ocupación de la Villa Occi- dental. La frase de Várela. — La instalación de un Gobierno provisorio en el Paraguay. — La misión Mitre en el Paraguay. — Diferencias con Tejedor. — Misión Derqui. Tratado Irigoyen-Machain. — El arbitraje del Presidente Hayes. — Incidentes fronterizos. — Tratado de arbi- traje. — Asilo político. — Mediación de 1905. — Arreglo de la cuestión de límites. — Reclamaciones por la revolución paraguaya de 1910. — Revolución de 1911. Ruptura de relaciones. — Acuerdo complementario de límites. — Condonación de la deuda de guerra y devolución de tro- feos. — La guerra del Chaco.

Relaciones entre la Junta de Buenos Aires y la de Asunción. Tratado de 1811

Producidos los sucesos del 25 de mayo, la Junta de Bue- nos Aires envió a Asunción al coronel paraguayo José Espi- nóla, que se había mostrado favorable al nuevo orden y que se encontraba accidentalmente en la ciudad. Espinóla había asegurado que un grupo numeroso apoyaría el movimiento contra el gobernador Velasco, que permanecía fiel a España y mal dispuesto hacia Buenos Aires por resentimientos eco- nómicos y cuestiones de límites fallados a favor de Corrien- tes. Espinóla no tuvo éxito y debió escapar del país. El cabildo abierto del 24 de julio reconoció al Consejo

de Regencia de Cádiz y resolvió guardar armoniosa corres- pondencia con Buenos Aires, pero suspendiendo todo recono- cimiento de superioridad. La junta consideró que estas acti- tudes eran hostiles y llegó a amenazar a las autoridades pa- raguayas sin éxito alguno.1 Velasco invadió Misiones, por lo que la Junta decretó la separación de Misiones del Para- guay. Asimismo envió a Asunción al capitán Juan Francisco Arias para tratar con los vecinos más caracterizados, pero

el nuevo enviado no pudo entrar en el territorio paraguayo.

En acción ofensiva, Velasco hizo entrar una columna de tropas en territorio argentino y ocupó Curupaytí, entonces dependiente de Corrientes. También una escuadrilla naval paraguaya desembarcó en esta ciudad y requisó varios bu- ques sin que fuera posible oponerle resistencia. Ante esas

acciones, la Junta dio por terminadas las relaciones pacíficas

y determinó enviar una expedición militar al mando de Ma-

nuel Belgrano para liberar al Paraguay "de sus tiranos".

La expedición no tuvo éxito y después del armisticio de

Tacuarí pudo retirarse hacia el Paraná con los honores de

la guerra, pero como se ha dicho "el guerrero vencido se con-

virtió en diplomático triunfador". Las ideas que había ex- puesto ante el jefe paraguayo Cabanas progresaron y el 14 de Mayo de 1811 estalló un movimiento en Asunción que puso fin a las autoridades españolas. Producida la revolución en Paraguay, se designó una junta que integraron Caballero, Yegros y Gaspar Rodríguez, de Francia. Este último maniobró para apoderarse del go- bierno y cuando se sintió fuerte convocó un congreso de cor-

poraciones y vecinos que eligió una Junta Gubernativa inde- pendiente, la cual se dirigió a la Junta de Buenos Aires asu- miendo la actitud de poder soberano y estableciendo las con- diciones bajo las cuales el Paraguay estaba dispuesto a for- mar parte de la liga americana. Esa nota, según Mitre, es

el origen de toda la política que después seguiría el Paraguay

para separarse de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

1 Ruiz

MORENO,

ISIDORO

(1810-1852), p. 3 y sigts,

'

94

JORGE,

Relaciones

argentino-paraguayas

La nota dice que "se engañaría cualquiera que llegase a imaginar que la intención de la provincia había sido entre- garse al arbitrio ajeno, y hacer dependiente su suerte de otra voluntad'». El Paraguay se manifestaba dispuesto a formar parte de una asociación política en unión con las demás pro- vincias, pero siempre partiendo de la federación y sobre la base de la independencia recíproca de ambas juntas. Finali- zaba la nota diciendo que era condición del acuerdo la de que mientras no se reuniese el Congreso General de las Pro- vincias, el Paraguay se gobernaría por sí mismo, con abso- luta independencia de la Junta de Buenos Aires. Al tener conocimiento de la revolución ocurrida en el Paraguay, la Junta de Buenos Aires designó al general Bel- grano y al Dr. Vicente Anastasio Echeverría para que reali- zaran una negociación diplomática cuya finalidad era no sólo señalar la conveniencia de que aquella provincia quedase su- jeta al gobierno centra], sino también indicarle la amenaza que significaba el Brasil, Pero previendo al mismo tiempo la resistencia que ofrecería el Paraguay, dado los antecedentes expuestos, facultó a los representantes para que en el caso de que no fuese admitida la finalidad de conservar la unión, tratasen de pactar entre ambos gobiernos una liga ofensiva

y

defensiva. Esto importaba el germen del reconocimiento de

la

independencia del Paraguy que no había podido ser some-

tido por las armas y que no se atrevía a dominar por la di-

plomacia.1

Belgrano y Echeverría llegaron a Comentes y dieron aviso de su arribo pidiendo permiso a la Junta del Paraguay para seguir hasta Asunción. Aquélla les hizo saber que no po- día acceder a la petición si el gobierno de Buenos Aires no declaraba previamente que reconocía la independencia del Paraguay. El Triunvirato contestó manifestando que, no de- bía dudarse de su sinceridad y recomendó acelerar la comuni- cación con los comisionados Belgrano y Echeverría.2 La acep- tación de las exigencias del Paraguay se debió al deseo de

1

3

MITRE, Historia de Belgrano, t. I, p. 20.

SÁNCHEZ QUELL, Política Internacional del Paraguay, p. 14.

95

obtener un aliado para poder atender la lucha con Portugal, no sólo llamando la atención de las tropas portuguesas por uno de sus flancos, sino también para obtener auxilio de hombres para sus ejércitos debilitados. Con este motivo se enviaron nuevas instrucciones para

en mayor libertad de acción a los comisionados, pero

éstas llegaron cuando ya se había firmado el tratado del 12

dejar

de abril

com-

posterior,

hasta llegar al reconocimiento definitivo de la independencia del Paraguay.

En el preámbulo se habló de "provincias confederadas"

prender

de 1811.

Este tratado es de una importancia capital para

el significado de la política internacional

a lo que hasta entonces se llamaban "provincias unidas",

en los artículos 49 y 5? se materializó la idea separatista del Paraguay.

Por el art. 49 se declaraba incluido en los límites del Pa- raguay el departamento de La Candelaria, situado en la mar- gen izquierda del rio Paraguay. En realidad ,el art. 59 es

el más importante porque fija definitivamente la posición del

Paraguay. En dicho artículo se decía: "por consecuencia de la independencia en que queda esta provincia del Paraguay de la de Buenos Aires, conforme a lo convenido en la con- testación oficia] de 28 de agosto último, decidiendo ambas partes contratantes estrechar más y más los vínculos y em- peños que unen y deben unir ambas provincias en una fede- ración y alianza indisoluble se obligan cada una por la suya no sólo a conservar y cultivar una sincera, sólida y perpetua amistad, sino también a auxiliar y cooperar mutua y eficaz- mente con todo género de auxilios, según permitan las cir- cunstancias de cada una, toda vez que los demande el sagra- do fin de aniquilar y. destruir cualquier enemigo que intente oponerse a los progresos de nuestra justa causa y común

libertad".1

y

Mitre piensa que este tratado sancionó, en cierto modo,"

1847.

FLORENCIO VÁRELA, Tratados

de los Estados del Río

de la Plata,

la segregación del Paraguay y la disolución política del anti-

guo virreinato del Río de la Plata que hasta entonces forma- ba una sola comunidad.

El Triunvirato aprobó el tratado hecho por Belgrano y Echeverría, pero negó su aprobación al art. porque consi- deró que este territorio pertenecía a las Provincias Unidas. El Paraguay sostuvo, por su parte, que el departamento de La Candelaria había estado comprendido siempre en la juris- dicción real y episcopal de la provincia. Continuando en su política de separarse de las Provin- cias Unidas, el 19 de marzo de 1812 la Junta del Paraguay

pidió a la de Buenos Aires el envío de todas las causas civiles

y criminales que se encontraban en la antigua capital del vi-

rreinato, alegando que separadas las jurisdicciones bajo el régimen de la independencia acordado en los tratados, la Junta debía asumir el reconocimiento .de dichos cargos. El gobierno de Buenos Aires satisfizo el pedido y ordenó que

se hiciera la devolución solicitada. Empeñado el Triunvirato en su lucha contra los realis- tas de Montevideo solicitó auxilios materiales a la Junta del Paraguay, la que contestó que ya los había enviado directa- mente a Artigas. El Triunvirato entonces reclamó a Francia para que en lo sucesivo tratase con Buenos Aires todo lo relacionado con las relaciones exteriores. El reclamo surtió efecto, pues el gobierno paraguayo expresó que en adelante se evitaría lo sucedido porque no había tenido el propósito de romper el pacto federativo con Buenos Aires que consa- gró el tratado de 12 de octubre de 1811. Así lo hizo saber directamente al propio Artigas.

Una nueva incidencia del mismo tipo se produjo poco después, el 8 de julio de 1812, con motivo del reclamo del Triunvirato por haber descubierto que las autoridades para- guayas trataban directamente con'los españoles de Monte- video. Dichas autoridades respondieron que de acuerdo a los principios del derecho de gentes la Provincia del Paraguay era libre e independiente para comprometerse según su vo-

luntad, hacer alianzas y concluir tratados, sin estar obligada

a rendir cuentas a nadie de sus operaciones a condición de

no afectar directa o indirectamente las convenciones con los demás aliados. Que ningún pueblo tenía derechos a inmis- cuirse en los de otro y que los acuerdos federativos debían limitarse a los artículos determinados por los tratados. Antokoletz sostiene que la tesis paraguaya no respondía

a la verdad histórica porque el tratado de 1811 no atribuyó al Paraguay los derechos de Estado libre e independiente, sino los de provincia autónoma integrante de las Provincias Unidas, gozando de autonomía provisional hasta la reunión del congreso general a la que el Paraguay se había compro- metido a hacerse representar.1

Como el Paraguay no enviara auxilios para la lucha contra Montevideo, el Triunvirato creó un impuesto al taba- co proveniente de esa provincia, que fue protestado por el gobierno paraguayo por considerarlo contrario al artículo adicional al tratado. Reclamó también por el embargo de unos fondos recapturados de los corsarios de Montevideo. El Triunvirato ofreció su devolución, pero el Paraguay exigió la supresión del impuesto al tabaco. Para solucionar el entredicho se envió a Asunción a Ni- colás Herrera, quien debía estrechar los vínculos con el go- bierno de Asunción y reclamar la evacuación de La Cande- laria, persuadirlo de la necesidad de enviar diputados al con- greso y oponerse a la influencia de Artigas. Como Herrera encontrase actitudes dilatorias aconsejó a Buenos Aires me- didas enérgicas de carácter financiero y hasta de orden mi- litar, que el Triunvirato no consideró oportuno disponer. Más tarde un congreso de más de mil cien delegados paraguayos resolvió por unanimidad el 30 de septiembre de 1813 que el Paraguay no enviara diputados a Buenos Aires. Al mismo tiempo creó un gobierno a cargo de dos cónsules

y para afirmar su carácter de Estado independiente dio a la

provincia el nombre de "Primera República del Sud". El Triunvirato al enterarse ordenó a Herrera que no hi- ciese ninguna declaración o acto que pudiera importar un reconocimiento expreso o tácito de la resolución paraguaya

98

1 ANTOKOLETZ,

op. cit.

p. 233.

porque ello importaría admitir su separación. Herrera debió retirarse temiendo hasta por su vida.1 La actitud de Francia siempre fue hostil a Buenos Aires, como lo demuestra el hecho de que por oficio de enero 19 de 1813 aconsejara a Artigas que no respetara la Asamblea Ge- neral constituyente ni se dejara dominar por el gobierno argentino. El gobierno de Buenos Aires intentó varias veces atraer al Paraguay a la unión con las demás provincias. En 1815 el Director Supremo Carlos María de Alvear invitó al dic- tador Francia para que el Paraguay concurriera al Con- greso General a reunirse en Tucumán que juraría la indepen- dencia de las Provincias Unidas. Francia no aceptó la invi- tación, manifestando que el Paraguay había sellado sus desti- nos con la resolución inquebrantable de mantener su inde- pendencia. Una tentativa más fue hecha en 1816 por el Di- rector General Juan Martín de Pueyrredón, que envió a Asunción, como emisario secreto, al coronel Baltazar Vargos con la misión de promover una cooperación entre los descon- tentos y obtener por este medio un cambio de política para- guaya. No tuvo éxito, pues fue descubierto y encarcelado.2 Una tercer tentativa fue hecha por el general Martín Rodríguez, quien en 1823 envió al Paragual al Dr. Juan Gar- cía de Cosió, con el intento o finalidad de obtener la asis- tencia del Paraguay al Congreso Constituyente, Tres veces nuestro enviado se dirigió a Francia desde Corrientes para ponerlo en conocimiento del objeto de su misión; y las tres veces ni siquiera obtuvo respuesta. Siendo Director Alvear, propuso a Francia un convenio mediante la entrega de 25 fusiles por cada cien paraguayos que le enviara para combatir a Artigas. El dictador no aceptó la extraña propuesta 3.

1 CANTER,

JUAN, La Asamblea

p.

de la Nación Argentina", t. VI,

General Constituyente

122.

en "Historia

3

SÁNCHEZ

QUELL,

op.

CÍt.

p. 46.

3

ZORRILLA DE SAN MARTÍN,

cit. por

PUEYRHEDÓN, C., Gestiones di-

plomáticas

en América, en "Historia de la Nación Argentina", t. VI,

p. 444.

99

En 1827 se notificó oficialmente a Francia la ascensión

de Rivadavia a la presidencia de la República y sus deseos de entablar relaciones. Nuevamente Francia guardó silencio

y llegó hasta suspender el permiso de barcos para Buenos

Aires. En 1831 Francia vetó la instalación de una colonia bri- tánica en Misiones que había autorizado el gobierno dé Bue-

nos Aires y demostrando aspiraciones sobre ese territorio, envió patrullas para recorrerlo. Los conflictos con Corrien- tes se hicieron frecuentes por las incursiones paraguayas. Para atajarlas, en 1832 el gobernador Ferré envió tropas al territorio entre el Aguapey y el Uruguay, dando cuenta a Francia. El dictador respondió que esa zona pertenecía al Paraguay y que la sostendría por las armas. Sin embargo, los incursores

se retiraron ante la aproximación del coronel López Chico con

fuerzas argentinas. En octubre de 1832 se declaró la guerra entre Corrien- tes y Paraguay. El gobernador delegado de Buenos Aires, Manuel Vicente Maza, ofreció el concurso de la provincia

y todas las demás provincias se adhirieron. Ferré se mantuvo

a la defensiva, pero en diciembre de 1833 al subir Atienza

a la gobernación, fuerzas paraguayas ocuparon Candelaria

con ánimo de establecerse definitivamente. Comunicado el hecho al gobierno de Buenos Aires, éste contestó que no creía en una agresión formal de Francia, pero que no omitiría

esfuerzo alguno para impedir la desmembración del territorio argentino. Para repeler la invasión el gobierno de Corrientes ce- lebró un tratado con Santa Fe y Entre Ríos de acuerdo al Pacto de 1831. Sin embargo, los hechos no se agravaron y

ambos contendientes quedaron en expectativa si hostilizarse,

paraguayas continuaron ocupando zonas del

norte de Corrientes.

si bien fuerzas

La independencia paraguaya. Disidencias con Rosas

Al fallecer Francia, que había mantenido al Paraguay alejado totalmente del mundo exterior, el gobierno paragua-

100

yo comenzó sus relaciones exteriores. Uno de sus primeros actos fue el tratado de comercio y provisional de límites fir- mado con Corrientes el 31 de mayo de 1841, que significó una medida hostil a Rosas en guerra con los correntinos. El 25 de noviembre de 1842 el congreso reunido en Asunción proclamó la independencia y aprobó el tratado con Corrientes. El acto de la independencia fue notificado al go- bierno del Brasil, que inmediatamente la reconoció. Para ob- tener el reconocimiento argentino se envió a Buenos Aires a Andrés Gil. El gobernador de Buenos Aires respondió que no le era posible hacerlo porque el acto debía ser pronunciado por un congreso general de las provincias y las circunstancias no le permitían reunirlo. Advirtió que permitiría el comercio flu- vial pero bajo pabellón argentino, porque el río Paraná le pertenecía a Buenos Aires de hecho y de derecho y de costa

a costa. En su respuesta López señaló que la Confederación ya

había admitido la segregación de la Banda Oriental y del Alto Perú y que la sanción de 1842 no era más que la ratifi- cación del pronunciamiento paraguayo de 1813. En vista de la situación de guerra que existía con Co- rrientes, Rosas cerró el Paraná a la navegación con esa pro-

vincia. Corrientes, en represalia, detuvo a todos los buques despachados de Buenos Aires con destino al Paraguay. Ló-

protestó y las complicaciones de la cuestión amenazaron

pez

con una guerra entre Corrientes y el Paraguay. El incidente fue solucionado mediante el tratado de 21 de diciembre de 1844 que estableció reglas adelantadísimas para la época, co- mo ser la exención del derecho de visita para los buques mer- cantes escoltados por navios de guerra; el pabellón enemigo no perjudicaba la propiedad privada y el pabellón cubría la

mercancía siempre que no fuera contrabando de guerra. López creyó removidos los obstáculos con Buenos Aires

y ofreció firmar una convención, pero Rosas por los decretos

del 8 y 17 de enero, cerró la navegación del Paraná y prohi-

bió el comercio con el Paraguay desde Buenos Aires y la Banda Oriental, hasta tanto el gobierno paraguayo no de- nunciara el tratado con Corrientes. Se negó a firmar una

101

convención y sin rodeos expresó la conveniencia de que el Paraguay formase parte de la Confederación. López cortó toda comunicación oficial. Firmó con Co- rrientes el 17 de noviembre de 1845 un tratado de alianza y declaró la guerra a Rosas. Una columna de tropas paragua- yas al mando de Solano López, hijo del presidente, entró en territorio correntino para reunirse al ejército que manda- ba el general Paz. Urquiza venció a la retaguardia de Paz en Laguna Limpia y este contraste decidió a la columna pa- raguaya a repasar el Paraná. Con esta acción quedó termi- nada la alianza correntina-paraguaya. Vencido Madariaga, en Vences, subió al gobierno Vira- soro, que con la venia de Rosas permitió el comercio con el Paraguay. Poco después fuerzas paraguayas ocuparon la isla de Apipé, por cuyo motivo el gobierno argentino solicitó su devolución a Corrientes. En 1846 el gobierno de Washington, creyendo que la Confederación Argentina reconocería la independencia para- guaya, invitó al ministro argentino general Alvear a que le diera explicaciones al respecto. Alvear expuso las razones que Rosas tenía para no hacer ese reconocimiento que impor- taba la segregación de la Provincia del Paraguay. En vista de esto el gobierno americano desistió de practicar el recono- cimiento, y para terminar con las diferencias, el encargado de negocios en Buenos Aires, William Trent, ofreció su media- ción. Rosas la aceptó, pero ocurrió un acontecimiento ines- perado. Al mismo tiempo que esto sucedía en Buenos Aires, el representante de Estados Unidos en Río de Janeiro for- muló el mismo ofrecimiento a nuestro representante en la Corte, general Guido. La base de la negociación sería el reco- nocimiento de todas las pretensiones paraguayas. Como Gui- do no las rechazara de plano, Rosas por intermedio de Ara- na, ministro de relaciones exteriores, le envió una fuerte re- convención, haciendo saber que el único reconocimiento que admitía era el de la soberanía paraguaya al igual de la que tenían las demás provincias confederadas, con la promesa de abrir los ríos a la navegación en cuanto aquel país integrara el nuestro.

López aceptó los buenos oficios americanos sobre la base preliminar del reconocimiento de la independencia del Para- guay como nación soberana, enteramente distinta de la Con- federación Argentina. El único resultado de esta media- ción fue un decreto del gobernante paraguayo poniendo fin

a la guerra que ya había cesado de hecho.

res-

En

1849, ante un

giro de la diplomacia brasileña

pecto a las relaciones con el Paraguay, López intentó un entendimiento con Rosas. El ministro paraguayo Várela se

dirigió a Arana solicitando la renovación del tratado de 1811, dejándose para más adelante la cuestión de la independencia

o anexión del Paraguay a la Confederación. En realidad lo

único que se buscaba era la libertad de navegación del Pa- raná, excluyendo a las naciones extranjeras. En vez de acep- tar esta negociación, la respuesta del gobierno argentino fue la autorización dada por la Legislatura de Buenos Aires el 18 de marzo de 1850 para que Rosas lograra la incorpora- ción del Paraguay por la fuerza. Esta actitud causó alarma en el gobierno paraguayo y también en el del Brasil, que siempre temía la posibilidad de la reconstrucción del virreinato del Río de la Plata. Para im- pedirlo los dos gobiernos firmaron un tratado por el que se obligaban a prestarse mutua asistencia y socorro en caso de que la República o el Imperio fueran atacados por la Confe- deración Argentina. Asimismo, ambos se obligaban a man- tener la independencia de la Banda Oriental del Uruguay.

Relaciones con la confederación argentina

Derrocado Rosas, Urquiza trató de solucionar las cues- tiones con el Paraguay y con esta finalidad envió a Asun- ción a Santiago Derqui provisto de plenos poderes para reco- nocer la independencia. Este reconocimiento se hizo el 15 de julio de 1852. Derqui además, firmó un tratado en el que se señalaba al río Paraná como límite por el sur, lo cual implicaba para la Argentina la posesión definitiva de las misiones situadas entre ese río y las tranqueras de Loreto. Sin embargo, el

Congreso argentino encarpetó por mucho tiempo el Tratado Varela-Derqui hasta que finalmente en 1855 el Congreso de Paraná rechazó el acuerdo por considerar vulnerados los de- rechos territoriales argentinos, Al mismo tiempo solicitó al presidente Urquiza que invitase al gobierno del Paraguay a una nueva negociación. Al año siguiente se designó al general Guido para que buscara un acuerdo sobre los límites y obtuviera la solución de las distintas cuestiones pendientes. Guido no logró éxito en su misión por las prevensiones que tenían las autoridades paraguayas a raíz del rechazo del tratado firmado por Der- qui. Nuestro representante explicó que el general Urquiza no tenía poderes para imponer la ratificación del tratado, pues era asunto de la competencia del Congreso, Sostuvo el dominio de la Argentina al Chaco, pero las negociaciones se limitaron a un acuerdo sobre comercio y a la declaración de que la navegación de los ríos Paraná, Paraguay y Bermejo era completamente libre. Con respecto a la cuestión de lími- tes se resolvió aplazar la discusión. El tratado fue aprobado por el Congreso argentino en 1856 y se canjearon las respectivas ratificaciones.

Mediación argentina en el conflicto estadounidense-paraguayo

En 1857 Urquiza debió mediar en un conflicto entre Es- tados Unidos y el Paraguay. Un americano llamado Hop- kins había desarrollado una compañía industrial y naviera en Asunción. Obtuvo la designación como cónsul americano y por un tiempo gozó de la influencia del presidente López. Pero no le duró mucho el éxito. La llegada al Paraguay del vapor "Water Wicht" con algunos ciudadanos estadouni- denses despertó recelos en López, que decidió retirar su apo- yo a la empresa y a Hopkins. Comenzaron pronto las hosti- lidades y la situación se agravó cuando la batería de Itapirú hizo fuego contra el vapor mientras remontaba el Paraná, produciéndole algunas bajas. Hopkins y sus compatriotas huyeron de Asunción y pi-

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dieron amparo diplomático a su gobierno. La Secretaría de Estado inició el reclamo pertinente, pero como López negara satisfacciones, el presidente Buchanan en 1857, decidió obte- ner la debida reparación por medio de la fuerza. Debida- mente autorizado por el Congreso, ordenó que una flota de dieciséis unidades de guerra y dos mil cuatrocientos tripulan- tes obtuviera las satisfacciones que el Paraguay le negaba. Noticiado Urquiza de la partida de la expedición, consi- deró sumamente grave que una escuadra extranjera subiera por el Paraná para obtener una satisfacción por la fuerza. Solicitó permiso al Congreso para trasladarse al Paraguay y habiéndosele acordado, fue a Corrientes donde debía entre- vistarse con López. Como López no concurriera a la cita, Urquiza debió trasladarse a Asunción donde encontró al go- bierno paraguayo preparándose para la guerra. Fue necesaria toda la energía de Urquiza para convencer

a López de que era de todo punto de vista imposible e incon- veniente la resistencia. Llegada la escuadra de Estados Uni- dos el presidente argentino obtuvo que el asunto fuera solu- cionado por la vía diplomática y en forma satisfactoria.

Mediación del Paraguay en las luchas internas de la Argentina

En 1859 se produjo el conflicto entre la Confederación

y la provincia de Buenos Aires. Solano,López, hijo del presi-

dente, creyó llegado el momento de practicar una interven- ción diplomática para asegurar el equilibrio en el Río de la Plata. Autorizado por su padre bajó a Buenos Aires y como negociador hábil y prudente obtuvo éxito. Ambas partes acep- taron la mediación y López introdujo en el convenio la ga- rantía del Paraguay para el cumplimiento del pacto de unión. Según Cardozo, la conservación de la unidad argentina constituía para López una de las condiciones del equilibrio en el Río de la Plata y, por lo tanto, condición de la inde- pendencia paraguaya que era consecuencia de ese equilibrio. Una confederación argentina, dividida definitivamente

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en dos porciones, sería presa fácil del imperio del Brasil, que por ese camino rompería a su favor el equilibrio del o de

contrapesos en los des-

tinos de todos los pueblos del sur.1 López recibió el agradecimiento y homenaje de los dos gobiernos, pero en medio de estos agasajos tuvo un serio disgusto. Embarcado en el "Tacuarí", buque de guerra para- guayo, y despedido con salvas de artillería se vio obligado a regresar porque la escuadra inglesa apostada en el río hizo •amagos de apoderarse de su persona. Esta actitud británica respondía a la represalia que quería tomar por la prisión de un ciudadano inglés que no había sido debidamente explicada. López volvió a Buenos Aires y requirió la intervención •del gobierno para hacer respetar su investidura que había sido afectada en plena jurisdicción de Buenos Aires. Teje- dor, gobernador de la provincia, manifestó que no se encon- traba en condiciones de dar la seguridad que se le pedía y López debió abandonar la ciudad por la vía terrestre resen- tido por la acción de la escuadra inglesa y por la actitud de las autoridades de Buenos Aires, que ni' siquiera le presen- taron excusas ni protestaron por el incidente consumado en aguas argentinas.

la Plata imperando sin influencias ni

Misión de la Peña

Antes de regresar Urquiza de su exitosa mediación entre el Paraguay y Estados Unidos, puso en conocimiento de Ló- pe