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RELACIONES DE TRABAJO EN AMERICA LATINA ii ABAJO de JDIOS del Afio 2 + Numero 4+ 1996 usr Revista Lalinoamericana_de Estudios del Trabajo Director Entique de la Garza Toledo Subdirector Jorge Carrillo Viveros Comité de Redaccion Ilan Bizberg Monica Casalet Agustin Escobar Ludger Pries Ma. Teresa Rendén Carolina Tern Daniel Viliavicencio Consejo Editorial Juarez R. Brandao Lopes Universidad Federal de Rio de Janeiro Juan José Castillo Universidad Complutense, Maarid Rainer Dombois Universitaet Bremen Helena Hirata IRESCO.Paris John Humphrey Institute of Development Studies, Sussex Harry Katz Cornell University Adriana Marshall Instituto de Desarrollo Econémico y Sacial. Buenos Aires Michele de la Rosa Universidad de Bolonia Richard Hyman Universidad de Warwick Administracion y Suscripciones Asociacién Latinoamericana de Sociologia del Trabajo, A.C. Apartado postal 55-535, 09340 México, DF. Fax: (525) 724 47 89 Email: EGT @ XANUM.vom.mx, Precio por ejemplar: 40 pesos Suscripcién anual México: 80 pesos + 20 pesos por envio = 100 pesos América Latina: 20 US délares + § US $ envio = 25 US $ Resto del Mundo: 40 US délares + 10 US $ envio = 50 US $ Todos los pagos por diro 0 cheque certificado a nombre de "Asociacién Latinoamericana de Sociolegia del Trabajo", mencionando "para RELET’ ye Gio corespondiente ala suscripcién t t SUMARIO Presentacion Enrique de la Garza 3 Relaciones de trabajo en América Latina Los sindicatos y la desarticulaci6n de 1a clase obrera Richard Hyman, \ 0. * ~ Auge y crisis del clasismo en Pera Osmar Gonzales 29 Los acuerdos de productividad en Argentina Martha Novick/Ratil Bisio/Ana Maria Catalano/Enrique Deibe 49 Reestruturagdo produtiva ¢ relagdes industriais: tendéncias do seior automotivo brasileiro Marcia de Paula Leite/Roque da Silva’ Luis Paulo Bresciani/Jefferson Jasé da Conceigdo 79 EI poder sindical y la reestructuracién productiva en México ' Cristina Bayon/Graciela Bensusin 11 El Mundo del Trabajo EI desafio sindical de la calidad total Luis Stolovich/ Graciela Lescano. cM La sociologia dal trabajo y et lenguaje Anni Borzeix 165 Resefias 177 Abstracts 197 Colaboradores 208 Instituciones patrocinadoras de este némero: Facultad de Economia, UNAM Coordinacién de Humanidades, UNAM Coordinador del numero: lin Bizberg Revista Latinoamericane de Estudios del Trabajo Afio 2, Nim. 4, 1996. Revista Semestral de a. © Asociacién Lafincamericana de Sociologia del Trabajo Cettificado de licitud 9332 ISSN 1405-1311 Produccién grafica y edicién: Eduardo del Castillo Valadez Galicia 404, Col, Alamos Narvarte. México, DF, CP. 03400 Tel-tax: 590.99 31 Correccién de estilo: Dora tuz Juarez Este niimero se terminé de imprimir en noviembre de 1996. Tiraje: 1,000 ejemplares Foto portada: BI juicia final, Boch Se permite a reproduccién total o parcial de los articulos de este numera mientras se cite Ia fuente y se envie una copia alo Revista Presentacién El cambio en las relaciones de trabajo ha sido uno de los temas mas discutidos en los Uitimos 15 afios a nivel intemacional. En América Latina también ocupa la atencién de la comunidad de estudiosos del trabajo y da ofigen a una viva polémica relacionada en un primer momento con la expresién o ausencia de tendencias hacia el posttordismo, a la flexibilizacién y a la descentralizacién de fas telaciones laborales. Hay que reconocer que en pocos afios la acumulacién de estudios nacionales, de tama y empresa en América Latina, han vuelto mas cautos a los investigadores en cuanto aceptar fendencias segutas de fos modeios de produccién y las relaciones de trabajo en nuestra region. En este nmero de la Revista Latinoamericana de Estudios det Trabajo, publicamos aportes importantes a la discusién acerca de las tendencias en las relaciones laborales en los paises desarroliados y en particular en Latinoamérica. Son dos los problemas que preocupan en particular sobre las _relaciones laborales en estos estudios: la probabilidad o improbabilidad de un pacto productive entre trabajadores y direccién de las empresas frente a Jos setos de Ja globalizacién y ja apertura; y la posibilidad de que el espacio de la produccién se convierta en el eje de un selanzamiento sindical con autonomia. Los problemas anteriores imponen |a necesidad de ptoducir diagnésticos mas finos acerca de lo que cambia y lo que permanece en lo laboral en América Latina, més alla de marcos tedricos sugerentes que se han mostrado estrechos para captar la diversidad de formas de la reestruc- turacién, en funcién de contextos, actores y fuerzas diferentes. Ademds de que nos enfrentamos, como en todos los fenémenos sociales, a incertidumbres futuras que no permiten la estricta Prediccién, puesto que las resultantes no son slo efectos de estructuras que cambian. sino de actores que frente a jas ambigiiedades y obscuridades en la propia realidad, las llenan con acciones guiadas por subjetividades que siempre atrasiran estratos fosilizados junto a lo nuevo. Las tesis europeas acerca de la crisis del sindicalismo sdlo en forma parcial podemos asimilartas para América Latina. Si bien es cierto como piantean Regini y Hyman que los estudios laborales estan muy inflvenciados por tos ciclos de! mavimiento obreto, las etapas europeas recientes no coinciden con las latinoamericanas: 4 Revista Latinoamericana de Estudios de! Trabajo en Europa la movilizacién colectiva de fines de los sesenta y principios de los setenta se tradujo en téminos académicos en el interés por la representatividad de las organizaciones obreras y las causas de la movilizacién de los trabajadores: cuando dicha movilizacién fue substituida por la institucionalizacién. el tema importante fue el funcionamiento neocorporativo; finaimente, la teestructuracién productiva llevé al acercamiento con el enfoque de sociologia industrial y del Human Resources Management. En ‘América Latina, en los setenta y ochenta, también hubo un periodo de interés por el movimiento obrero como accién colectiva, pero muy relacionado con la transicién a lo democracia. Se trata del enfoque que hemos llamado cronologista, menos analitico que et europeo y destacando las telaciones de los sindicatos con el Estado. En cambio, sélo en contados paises ha habido interés por las telaciones corporativas (México, Venezuela) porque la mayor parte del sindicalismo en América Latina era clasista y los golpes militares Abortaron intentos de corporativizacién. Sin embargo, desde los ochenta Jos estudios laborales en nuestra regién tienden a empatarse con los europeos en cuanto a dirigit la mirada hacia el intetior de la empresa. y aunque el tema sindical no queda tan telegado, aparece la preocupacién de la estrategia de las corganizaciones obretas frente a la reestructuracién productiva. Mucho se ha escrito acerca de la crisis del sindicalismo. Hyman en el articulo que ahora publicamos critica varias de las hipdtesis mas comunes sobre esto crisis: cuestiona que se trate de una oleada individualista y se pregunta si el sindicalismo de la etapa anterior realmente estaba basade en el colectivismo: asimismo, no le parece convincente Ia tesis tan manejada acerca de la comelacién entre decadencia sindical con la tercerizacién de la economia. Dicha tercerizacién no empez6 en los ochenta con la teestructuracién actual y en un primer momento provocé mas bien una “tercerizacién del movimiento obrero y det conflicto", ademas de que no en todos los paises desarollados declina la industria; también problematiza el efecto de las nuevas calificaciones para los sindicatos. Las interrogantes de fondo son si la fragmentacién actual es un obstaculo para !a constitucién de nuevas identidades obreras, o bien si antes la clase obrera era homogénea, sobre todo Porque en una visién no estructuralista de las identidades colectivas estas siempre son producto en parte de la construccién voluntaria. Ademéds, Hyman proporciona una perspectiva de la crisis sindical en tésminos empiricos menos contundente de lo que estamos acostumbrados a aceptar en América Latina: paises en donde hay decadencia sindical (Inglaterra, Estados Unidos) junto a otros en los que se mantiene la fuerza obrera (Alemania) e incluso se fecompone con ganancias (Italia). Si bien los datos globales de afiliacién sindical disminuyen en los ultimos afios, hay paises como Suecia en donde aumenta, ademéds de que histéricamente no hay correlacién entre afiliacién y fortaleza politica de los sindicatos. Otro tanto plantea el autor en cuanto a la contratacién colectiva, que no cesa sino se tensa y sobre el debilitamiento dispar de los pactos Relaciones de Trabajo en América Latina 5 comporativs en los paises europeos, para concluir que la pérdida de fepresentatividad de los sindicatos slo se da de manera clara en algunos paises y en todo caso la negociacién obrero patronal se fraslada hacia el piso de la fabrica, adquiriendo mayor relevancia los comités de fabrica: que el impacto de las nuevas ocupaciones sobre los sindicatos es diverso. y que si bien Jas hueigas decaen no asi las negociaciones en los lugares de trabajo, en fin, que mas que una crisis sindicaf en si misma se trata de la pérdida de efectividad de un estilo de negociacién o conflictividad asi como de segmentos que fueron hegeménicos de la clase obrera. Del articulo de Hyman, asi como de los que en este numero de Ia revista se refieren a Latinoamérica quedan muchas preguntas de fondo sin contestar: sCémo fue posible en el pasado la identidad entre desiguales y segmentados? gCual es el peso en esta identificacién colectiva de las estucturas, subjetividades y voluntades? Ademas, como los limites entre el trabajo y el no trabajo siempre son socialmente construidos pero en condiciones no escogidas por los actores sCuales son los limites del trabajo que se pueden imaginar en las nuevas circunstancias y sus repercusiones en los espacios de la accién obrera @ En América Latina el movimiento obrero ha tenido sus flujos y teflujos desde principios de ochenta, aunque muy diferenciados por Pais. Hubo un ascenso en los ochenta, decadencia hacia finales de esa década y principios de los noventa y reanimacién en los Ultimos dos afios. Sin embargo, la atraccién del movimiento obrero sobre los intelectuales que estudian el trabajo no ha mejorado. La desconfianza en las capacidades de acufiar alternativas sigue presente, pero se advierte también la fascinacién por la reestruc- turacién productiva que esté conduciendo a nuestra disciplina, la sociologia del trabajo, hacia la sociologia de la industria, donde se constituye como el actor principal no el obrero sino en el empresario. Es cierto que la sociologia del trabajo en América Latina poco ha simpatizado con los modelos neocldsicos de flexibilidad del trabajo, pero en cambio algunos han adoptado con entusiasmo los modelos postfordistas de flexibilidad, en un intento Por reconstruir un proyecto académico-politico-productivo que substituyera a los de corte socialista desaparecidos. Se tata de la feconstruccién ya no de Ia utopia del trabajo sino de la empresa consensual, flexible y competitiva. Esta nueva orientacion de los estudiosos del trabajo hacia ta industria los ha conducido a buscar sobre todo los casos exitosos y consensuales, dejando fuera (como lo hicieron antes los analistas del movimiento obreto con respecto de actores no movilizados) a los fracasados y sobre todo a los autoritarios y unilaterales que en nuestra regién son la mayoria. Pero en sociologia del trabajo el que busca encuentra y desgracia- damente el problema del futuro no lo resuelve la estadistica yla Propia investigacién puede set diagnéstico pero también opcién Practica que quiere volverse futuro a través de Ia influencia sobre los actores. Cuando e! peso de las instituciones financiadoras se afiade eee .j” 6 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo al panorama anterior tenemos también la explicacion del amorti- guamiento del espirity critico que tanto caracterizé a nuestra Ciencia en épacas no tan lejanas. Dos afjos han tanscurido desde que aparecié ef primer nimeto de la Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo, Miltiples dificultades hemos tenido que sortear para cumplir con la encomienda de la Asociacién Latinoamericona de Sociologia de! Trabajo y editar cuatro némeros antes del segundo congreso en Brasif: fa crisis econdmica mexicana que elevé fos costos de! papel en més del 200% : lo infidelidad de nuestro editor que huyé con el dinero del nimero dos; la falta de personal de apoyo pagado y estable; y los problemas de Ja distribucién. Finalmente cumplimos. saltando barreras legales e institucionales, Fue gracias al apoyo desinteresado de ia UNAM (Facultad de Economia, Instituto de Investigaciones Econémicas y Coordinacién de Humanidades) de la UAM (Rectoria General) y de FLACSO-México que tuvieron fe en que podriamos haces ung revista de calidad, mas alla de criterios mercantilistas, La revista ha sido una realidad sobre todo por el trabajo del comité de redaccién: Ménica Casalet, Ludger Pries, Teresa Rendén, llan Bizberg, Daniel Villavicencio, Carolina Teran, Agustin Escobar y Jorge Canillo. En especial quiero agradecer ef apoyo institucional del tesorero de la Asociacién Latinoamericana de Sociologia del Trabajo, Alfonso Bouzas. Con este nimero cuatro fa revista cumple su primer ciclo, espetamos haber contibuido a difundir y provocar la polémica sobre temas laborales palpitantes en Amética Latina. Entique de la Gara Toledo Director de la Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo Relaciones de Trabajo en América Latina Los sindicatos y la desarticulacién de la clase obrera “Richard Hyman Durante la década de los setenta, el andlisis tedrico de los movimientos sindicales estaba fuertemente influido por las perspec- tivas de intercambio politico y de mediacién neocorporativista de intereses. Salvo en determinados paises donde sindicatos y confederaciones, diferenciados ideolégicamente, compitieron por los agremiados y ef apoyo, las afirmaciones de los sindicatos en el sentido de que ellos representaban a los trabajadores se veian con escepticismo. Aun cuando tales divisiones efectivamente existian, no se solia considerar problematico que el conjunto de sindicatos constituyera un mediador legitimo y verdadero de los intereses de la clase obrera. Se presentaron tres razones principales por \as cuales Ia mayoria de los especialistas en la materia aceptaron las afirmaciones de los sindicatos sin cuestionarlas: las relaciones neo- corporativistas transmitian una “posicién reconocida publicamente” (Offe. 1985), la cual avalaba el papel de los sindicatos como fepresentantes (a menudo exclusivos) de su "grupo laboral”; el consecuente fortalecimiento de los recursos organizativos ayudé a superar los dilemas olsonianos de la accién colectiva; y el aumento en las tasas de afiliacién a los sindicatos parecia un simbolo de su ctedibilidad como tepresentantes. Asi, los estudiosos del sindicalismo tograron demostrar la existencia de un circulo virtuoso en el cual el feconocimiento externo, de su legitimidad, como mediadores de la trabajadores con los sindicatos se sostuviera; lo anterior reforz6 atin mas los argumentos en favor de su reconocimiento. Sin embargo, hace mucho tiempo que la base de esa Confianza se esfumé. Segén Milller-Jentsch (1988), los sindicatos de los afios ochenta han enfrentado tres crisis: de agregacién de intereses; de lealtad de los empleados; y de representatividad. Desde luego, ademés de estar interconectados, estos tres temas se vinculan a una cuarta cfisis: la esclerosis de las organizaciones. “Los Revista Latineamericana de fstudios del Trabajo, afo 2, nim 4, 1996, pp.9-28 10 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo movimientos como el sindicalismo tienen una historia de vida: infancia, juventud, madurez. vejez. y muerte.” (Touraine, 1986: 157) Para los analistas cuyo punto de vista es pesimista (go quizas simplemente tealista®), 10s sindicatos se han consolidado institu- cionalmente con base en dreas y proyectos histéricamente heredades, y han generado procedimientos de rutina y sistemas intemnos de intereses creados que se resisien a los cambios radicales que las nuevas circunstancias exigen. Si bien es imposible discutir cualquiera de estas cuestiones por separado, el tema principal de este capitulo es el problema de la agregacién y la desagregacién de intereses. Muchas de las dificultades en que estuvieron inmersos los sindicatos en los afios ochenta fueron atribuidas ala creciente diversificacién -0, mas bien, al conflicto- de intereses dentro de ta clase obrera de cada pais. (En efecto, el tema de las relaciones de clase infemacionales adquiete cada vez més importancia, pero supone consideraciones dema- siado complejas para que nos dediquemos a elas en este articulo.) El concepto de desagregacién no es precisamente sencillo: denota una variedad de procesos, que son tal vez empirica pero no légicamente interdependientes: lun viraje del colectivismmo hacia el individualismo, reflejado en el descenso de las tasas de atiliacion a los sindicatos, en una menor receptividad a las politicas y disciplinas deter- minados colectivamente, 0 en la presencia de ambos factor 2. una polarizacién dentro de la clase obrera (la cual puede coincidir en buena medida con una division entre los miembros del sindicato y los no sindicalizados) que muchos autores caracterizan desde el punto de vista de las relaciones entre centto y petiferia, o entre los de adentto y los de afuera: 3. un cteciente particularismo de las identidades y proyectos colectivos desde el punto de vista del empleador, la ocupacién y el sector econémico o industria: 4. a fragmentacién dentro de la “clase obrera organizada” expresada en conflictos intra e intersindicales, y un debilita- miento de la autoridad de los liderazgos nacionales y las contederaciones centrales. El diagnéstico de las tendencias desagregativas es un componente comin de ta literatura especializada recientemente producida, tanto por analistas académicos como por estrategas de los sindicatos. Las tendencias en la (des}composicién de la clase ‘obrera suelen emplearse post hoc como explicaciones de los problemas que (en muy diferentes grados) afectan practicamente a todos los movimientos laborales: baja en las tasas de atiliacién, en lo influencia y la eficacia, o en ambas; un repliegue de los programas “solidarios" tradicionales: un vacio por la falta de integracién entre politica y estrategia. Sin embargo, gcudles son las pruebas de las Relaciones de trabajo en América Latina u diversas formas de desagregacién? 3€n qué medida se relacionan con el declive, la fragmentacién y la desotientacién de tos sindicatos? 4Cudles son los vinculos causales, y existen tendencias contrarrestantes? Pueden los movimientos sindicales desarrollar una respuesta eficaz? En el siguiente andlisis, no aspiro a oftecer mas que respues- tas tentativas (y a menudo especulativas) a estas preguntas. Para Poder dar respuestas mas completas, que se basen en pruebas sistematicas. seria necesatio investigar mucho mas de lo estudiado hasta ahora por la comunidad académica, asi como contar con marcos tedricos bastante mas complejos. Mi intencién es, en primer lugar, realizar un examen de los argumentos que subrayan la desagregacién y sus efectos en el sindicalismo: en segundo lugar. presentar un resumen de los argumentos en contra: y por Ultimo, breve y tentativamente, desarrollar una sintesis de las posiciones en conflicto. Tesis: desagregacién, division y el fin del sindicalismo solidario Los argumentos respecto a la existencia de un creciente proceso de desagregacién y divisién pueden agruparse en tres amplias categorias: la primera se refiere a los problemas coyunturales de la esfagnacién y la recesién econémicas: Ia segunda, a os cambios ocupacionales y sectotiales de largo plazo y alos cambios en las politicas administrativas y en ta organizacién de la produccién; y fa tercera, al surgimiento de tendencias culturales, institucionales, ideolégicas y politicas mas difusas. Existen varias razones que explican por qué la adversidad econémica puede entenderse como una fuente de division y desunién. En fases de crecimiento econémico es posible reconciliar los intereses en competencia mediante procesos de negociacién distribucional de suma positiva. Asi, por ejemplo, las politicas salariales cuyo objeto es mejorar la posicién relativa de quienes teciben los salarios mas bajos puede, sin embargo, permitir mejoras absolutas en los ingresos de quienes estan mejor pagados. De manera més cinica, las épocas de expansién pueden verse como un contexto dentro del cual “las habiles maniobras" (Streeck 1988: 314) para comprar la colaboracién de los grupos estratégicamente Poderosos pueden ocumtir sin destruit la credibilidad general de las Politicas macroeconémicas “solidatias". En contraste. la recesién tiende a transtormar la competencia entre grupos dentto de la clase obrera en un juego de suma cero, lo cual aumenta la posibilidades de conflicto entre ellos. La division puede tebasar el Gmbito de la negociacién colectiva y alcanzar la amplia arena politica; como la ctisis econdmica y la reestructuracion tienen efectos desiguales. los ganadores deben oponer resistencia a las politicas sociales cuyo objeto sea amortiguar la situacién de los perdedores, En las sociedades cuyas proporciones son “dos tercios contra un tercio" (Therborn, 1989), en las cuales Ia mayoria prospera econdmica- 12 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo mente mientras que una importante “clase marginada” sure considerables privaciones, los sindicatos que buscan apoyar los programas socioeconémicos progresistas pueden toparse con el desacuerdo de sus miembros més egoistas. Casi por definicién, la recesién tiene efectos importantes en las estructuras de empleo y desempleo. “Un elevado desempleo cambia la estructura y el funcionamiento de los mercados de trabajo.” (Visser, 1988: 163) Una consecuencia suele ser el encastilla- miento de parte de los grupos bien organizados, que crean graves antagonismos de intereses entre trabajadores del centro, la periferia y desempleados (Kern y Schumann, 1986). Para lograr que los empleados con relativa seguridad, que de manera caracteristica fienen mds cohesién sindical {y tienden a dominar la formulacién politica a seguir por parte del sindicato), den prioridad a las crecientes oportunidades de abajo en general "se requiere mas que ‘solidaridad'’.... se requiere altruismo” (Ofte, 1985: 89). La segmentacién del mercado de trabajo también se ha visto intensificada por una tendencia a crear lugares de ocupacién més pequefios y mds dispersos; por el crecimiento de los trabajos de tiempo parcial, eventuales, y otras formas “menos ortodoxas" de empleo; y por lo que algunos denominan politicas de “flexibili- zacién” de tos empleadores “posfordistas", mediante las cuales se busca deliberadamente una divisisn entre centro y periferia (Atkinson, 1987). Algunos comentaristas también subrayarian la creciente intemacionalizacién de los mercados de trabajo como un elemento que fomenta la division entre los asalariados y un obst&culo para lograr una organizacién colectiva eficaz. Es muy probable que tanio el establecimiento definitivo del mercado intemo en la Unidn Europea como {a eliminacién de las bareras entre el Este y el Oeste, y la introduccién de un ségimen de mercado liberal en Europa del Este, refuercen esas tendencias. Las condiciones coyunturales especificas de los afios ochen- ta han interactuado, a menudo de manera compleja, con tendencias a largo plazo en las estructuras industriales y ocupacio- nales. En las economias més avanzadas, los obretos industriales que formaron la columna vertebtal de los movimientos laboroles tradicionales son hoy en dia una minoria en retroceso. En general, actuaimente hay mds trabajadores (o trabajadoras [pink-collay)) desempefiando ocupaciones administrativas que trabajadores manuales: hay més en las dreas de servicios pUblicos y privados que en las manviacturas. (Desde luego, puede debatirse si las distincio- nes clasificatorias entre trabajo manual y administrative, 0 entre manufacturas y sector servicios amojan cientificamente alguna luz: pero lo que si es indiscutible es que desde hace tiempo se han venido dando cambios feales en la estructura de la economia y la fuerza de trabajo). Relaciones de trabojo en América Latina 13 Esas tendencias tienen implicaciones. en primer lugar. para la representatividad general de los sindicatos. En todos los casos, los niveles de organizacién sindical son més altos entre los trabajadores manvales que entre los administrativos, y en las manufacturas que en os servicios del sector privado. Asi, la cambiante estructura del empleo parece no favorecer a afiliacién sindical: algunos sosten- drian que esto obedece a los rasgos distintivos de las orientaciones y las oportunidades de vida de los trabajadores administrativos/del sector servicios. En algunos paises, esta tendencia en contra se vio compensada en las décadas de los sesenta y setenta con elevados y crecientes niveles de sindicalizacién en un sector publico que estaba en expansién; en el muy diferente ambiente econémico y Politico de los afios ochenta y noventa, esta expansién se ha detenido e incluso se ha invertide. Dentro del mismo sector manutacturero, los cambios en los mercados de productos y en los sistemas de produccién han dado origen a una reestructuracién del empleo: el declive de muchas de las viejas industrias “con chimeneas”, que de manera caracteristica se habfan considerado generadoras naturales de colectivismo solidario: el crecimiento de nuevos grupos ocupacionales con habilidades poco comunes y de fuerte demanda y su consecuente situacién de privilegio en el mercado laboral. En muchos paises, 10s sindicatos han nadado conta la coriente en el reclutamiento de estos tobajadores: algunos han sostenido que es inevitable que esos “trabajadores con nuevas habilidades prefieran las estrategias individuales" (Gulowsen, 1988: 168). Por el contratio, del creciente nimero de trabajadores en los servicios privados (particularmente mujeres) muchos desempefian trabajos desagradables. inseguros y mal pagados. Esta nueva “clase servil" (Gor, 1989) se esta expandiendo, precisamente debido a esas condiciones de empleo inferiores: y en este caso la sindicaliza- cién enfrenta dos obstaculos importantes. Para formular el problema de manera esquematica, se podria identificar una curva de sindicalizacién con forma de “U" invertida que refleja las variaciones en 1a sitvacién labora! y la posicién en el mercado de trabajo. Es posible que quienes cventan con calificacién profesional o habilidades técnicas de alto nivel sientan poca necesidad de apoyo sindical; y también es posible que quienes se encuentran en la posicién més débil del mercado de trabajo carezcan de los recursos y la cohesién necesarios para la crganizacién colectiva. Histéricamente, los sindicatos de la mayoria de los paises han tenido més fuerza entre las categorias intermedias de empleo: los empleos en los sectofes artesanales y de produccién en serie tradicionales. En la medida en que esas estructuras del trabajo se desplazan hacia los extremos, los sindicatos parecen condenados a la derrota. Sin embargo, aun cuando los sindicatos fuvieran éxito en la organizacién de una parte sustancia! de los sectores del empleo en 4 Revista Latincamericana de Estudios del Trabajo ‘expansién, de modo que esto compensara el declive de sus bastiones tradicionales, podrian surgit otros problemas. En la medida en que los empleados que ocupan los puestos profesionales, directives 0 administrativos, o quienes cventan con habilidades tec- nolégicamente avanzadas poseen y perciben intereses distintivos, es posible que su sindicalizacién resulte ser una fuente de conilictos entre los sindicatos y dentro de ellos. Por ejemplo, es probable que quienes tienen los puestos con las remuneraciones més altas se ‘opongan a las politicas salariales igualitarias. Otras consecuencias més difusas pueden ser producto de las modificaciones ocupa- cionales y sectoriates en el comportamiento de la afiliacién sindical, En la mayoria de los paises. los trabajadores del sector metalirgico han desempefiado tradicionalmente el papel de vanguardia (Kassalow, 1987); y sus negociaciones han dado la pauta a toda la economia; su posicién dentro de las confede- taciones sindicales -como ocume con IG Metall ha sido, por consiguiente. fundamental. En otfos paises sin una clara estructura industrial para el sindicalismo (Gran Bretafia, Dinamarca), han predominado los sindicatos generales, sobre todo de trabajadores manvales. Pero en muchos casos. el auge de los sindicatos de trabajadores en los sectores pUblicos y de servicios ha desplazado el punto de equilibrio del poder. Por ejemplo, en 1978, Kommunal se Convirtié en el mayor sindicato sueco; una década después, en Dinamarca, HK habia tebasado a SiD; mientras que. en la Gran Bretafia, las negociaciones para la fusion de las tres organizaciones més importantes del sector pUblico estaban muy avanzadas: de consumarse, dicha fusién crearia el sindicato mas grande de ese pais. El nuevo peso de los inteteses sectoriales y ocupacionales no tradicionales representa un desafio para los viejos principios y prioridades (Schever, 1986), lo cual ha dado como resultado, en algunos casos, la desorientacién. Esto puede amenazar el consenso intersindical que en algunos paises constituia, anteriormente. el “fecurso fundamental del sistema de representacién” (Regalia, 1988: 351). El papel de los empleadores ha influido de manera impor- tante en los sindicatos durante la década de los ochenta. En general, la experiencia estadounidense de “golpear a los sindicatos” no ha tenido réplica en Europa: tal vez porque la mayor flexibilidad de las instituciones de negociacién colectiva, y en muchos casos los apoyos que la ley oforga a la representacién de empleados independiente, ofrecen una constelacién diferente de “opciones estratégicas". En efecto, en algunos paises -sobre todo los de! sur de Europa- la tendencia dominante ha sido probablemente el reverso de la de Estados Unidos: el antisindicalismo visceral alguna vez caracteristico de la clase patronal ha abierto el camino a una actitud més pragmatica ante el sindicalismo y ia negociacién colectiva. Sin embargo, en dreas de empleo en expansién con poca tradicién de representacién sindical y negociacién colectiva, los empleadores con frecuencia siguen mostrando una fuerte ee ee Relaciones de trabajo en América Latina 15 resistencia ante los esfuerzos de organizacién de sindicatos. En algunos paises, ademas, la “desregulacién” de las leyes laborales ha provocado que se cumplan mds facilmente las politicas de exclusion sindical. Asimismo, en los ultimos afios se han observado dos importantes tendencias en casi todos los paises: una ha sido la creciente importancia de la planta o compariia como centro de las negociaciones para la determinacién de las condiciones de trabojo, en lugar de que en elas participen varios empleadores. La segunda ha sido la propagacién de mecanismos de participacién del trabajador en la compafiia, como en el caso de los comités consultivos © los citculos de calidad, iniciados y controlados casi siempre por el empleador, y que, por lo tanto (al menos implicitamente), tepresentan un desafio para la posicién det sindicato como instrumento de representacién de los empleados. ta “desagregacién de las relaciones industriales” resultante (Crouch 1986: 10) pone cada vez mas obstaculos al sindicalismo solidario. Cuando Ia arena clave de la negociacién colectiva tetrocede a un nivel inferior, la base de la autoridad sindical en el pais se ve coracteristicamente mermada (Clegg. 1976). Durante la década de los ochenta, probablemente fue Suecia el pais que oftecié el mas claro ejemplo de un proceso asi, con la setie de movimientos desintegradores que siguié a la iniciativa de los empleadores del sector metalutgico, quienes se separaron de la coordinacién interindustrial en 1983 a fin de negociar un acuerdo independiente (Ahlén, 1989: Fulcher, 1987; Lash, 1985). En otros Paises, los estuerzos de los distintos empleadores por lograr acuerdos especificos por compaiiia -lo cual a menudo vincula estructuras de Pago, nueva tecnologia, reorganizacién del trabajo y la administracién de la jomada laboral- han constituido un reto para el control central tanto de las confederaciones nacionales como de sus sindicatos miembros. Asi, en general, se suele concluir que la década de los ochenta ha sido testigo de un aumento en la fragmentacién sindical, 0 por lo menos de un felativo debilitamiento de la autoridad centralizada; lo cual supone la presencia de varios Procesos distintos. La experiencia mas general ha sido que las modificaciones de la estructura ocupacional, junto con la desindicalizacién de los sectores en expansién, han “tendido a mermar el alcance global de los movimientos sindicales” (Visser, 1988: 167). Esto se ha reflejado, en primer lugar. en la proliferacion de. Asociaciones profesionales, cuasisindicatos 0 sindicatos blancos y otfas organizaciones independientes, fuera del marco de las contederaciones centrales (Cella y Treu, 1985); en segundo lugar, en el crecimiento de sindicatos auténticos de empleados remunerados _ ‘Profesionales y servidores pUblicos, afiliados a confederaciones minoritarias (por ejemplo, los casos de TCO o SACO/SR en Suecia, y de la CGC en Francia). Los resultados cuantitativos han sido 16 Revista Latinoamericana de Estudios de! Trabajo altamente significativos en algunos paises, en especial los de Escandinavia; a mediados de la década de los ochenta, la participacién de la LO en el total de Ia afiliacién sindical habia caido al 60 por ciento en Suecia, 67 por ciento en Norvega, y 70 por ciento en Dinamarca (Visser, 1988). En Gran Bretafia, aunque el TUC sigue siendo una de las mas extensas confederaciones de Europa, !a minoria formada por los sindicalistas que no pertenecen a sus filas se duplicé durante la década pasada y en lo que va de ésta ha alcanzado alrededor de una quinta parte del total. La diferen- ciacién organizativa de este tipo ha llevado a Crouch (1990: 359) a plantear la siguiente pregunta: los sindicatos pueden tener un futuro largo plazo, pero zpodemos decir lo mismo de los movimientos sindicales? En la arena politica también se han registrado cambios importantes, los cuales s6lo en parte pueden explicarse como una consecuencia del ambiente econémico mas hostil. En lo que se refiere a los paises nérdicos, en Dinamarca se consolidé un régimen conservador, los socialdemécratas sufrieron una derrota en Noruega {aunque volvieron al poder como gobierno de minoria), mientras que en Suecia la derecha gané en 1991. En Alemania surgid una politische Wende: ja (centro) derecha se consolidé en el poder en Bélgica y en Holanda, mientras que en la Gran Bretafa Ia de los ‘ochenta tue la década de la dominacién thatcheriana. En los paises donde el caracter politico del gobierno fue mds favorable a los sindicatos que en los afios setenta -Francia, Espafia y Grecia- los beneficios reales fueron tipicamente ambiguos. Por ejemplo, ta prolongacién de los derechos y protecciones que por ley se oforgan a los empleados no necesariamente ha ayudado a Ios sindicatos a reclutar y retener afiliados; por el contrario. los sindicatos parecen haber padecido los efectos de su asociacién con las politicas econémicas de austeridad seguidas con fitmeza tanto por los gobiernos de izquierda como por los de derecha. El Umbruch en Europa oriental ha transformado tanto al Estado como a la sociedad Civil: en el mejor de los casos, cuando haya pasado Ia tormenta, las implicaciones para las relaciones industriales podran vislumbrarse vagamente. Por Ultimo, podemos observar que los partidos comunis- tas, con una posicién tradicionaimente hegemonica en la clase trabajadora, han experimentado conflictos intenos e inestabilida: en parte como consecuencia del desarrollo de los acontecimientos enel Este, y en parte debido a su caida electoral dentro de cada pais; y esto ha influido de manera significativa en las relaciones con “sus” sindicatos y dentro de éstos. Lo anterior conduce a una consideracién de los mas amplios factores que influyen politica e ideolégicamente en la cohesion y la solidaridad sindicales. En las décadas de los sesenta y setenta, muchos movimientos sindicales se beneficiaron de un citculo virtuoso en el cual los gobiemos los trataron como socios negocia- dores con representacién en la determinacién de Ia politica macroeconémica, y a su vez este reconocimiento publice de su Relaciones de trabajo en América Latina 17 posicién ayudé a 10s sindicatos a atraer la adhesién de los trabaja- dores a sus organizaciones y el apoyo para sus politicas. Pero las dinamicas de intercambio politico sostenidas por su propio impulso se vieron sometidas a repetidas presiones en la década de los ‘ochenta. En la mayoria de los paises, el clima econdmico restringié las posibilidades de alcanzar logros sustantivos. Si bien los sindicatos tuvieron que conformarse cada vez més con resuitados de procedimiento y simbélicos, a menudo se esperaba de ellos que desempefiaran un papel coercitivo y disciplinatio. De este modo, “el intercambio politico pluralista" resulté ser cada vez mas inestable (Baglioni, 1987). En buena parte de Europa, el desmoronamiento ha seguido una espiral deflacionaria de autoridad interna debilitada y reconocimiento externo reducido. Este proceso en algunos casos se ha visto reforzado por un declive paralelo de la autoridad intena de las organizaciones patronales, en la medida en que las compahias (en particular las mas grandes, e incluso las empresas transna- cionales} intentan negociar acuerdos por separado (o imponer condiciones de empleo sin mediacién sindical}, los sindicatos y las confederaciones de los distintos pafses quedan desprovistas de su contrapartida en las negociaciones. De manera patente, la modificacién del clima politico también ha reducido el reconocimiento extemo de la representa- tividad de los sindicatos (aunque no hay una sencilla ecuacién entre gobiemnos conservadores y el abandono del intercambio politico). El régimen thatcheriano en la Gran Bretafia es un caso extremo de una transtormacién mds general: otorgar a los sindicatos el papel de chivos expiatorios de la decadencia econémica, rechazar el intercambio politico por ser una legitimacién peligrosa de una identidad e intereses particulares de la clase obrera, buscar la disciplina del meicado como un mecanismo alternative y més potente para lograr la moderacién en el mercado laboral. Sea que esos cambios en las politicas gubernamentales impulsados ideolé- gicamente tengan una convincente razén econémica 0 no, su consecuencia consiste, sin embargo, en que “descomponen el papel de intermediario” del sindicalismo (Miller-Jentsch, 1988: 179). Si los hechos objetivos minan la cohesién colectiva y alientan ja desagregacién, muchos aigiirian que ademas las fuerzas subjetivas de la fragmentacién se han vuelto més contundentes. Independientemente de que haya sido por el surgimiento de un nuevo individualismo” (Zoll, 1988), 0 como parte de una respuesta sauve qui peut a la crisis econémica, lo que si es ampliamente aceptado es que los empleados se han vuelto menos solidarios, y definen sus intereses ya de una manera individuaiista, ya en funcién de colectividades estrechas y particularistas. En este Ultimo caso, el surgimiento de enérgicos retos desde abajo puede ser una amenaza para el intento de englobar politicas y proyectos. Aun cuando la crisis econémica y la inestabilidad asociada de los mercados laborales inicialmente redujeron la seguridad entre las bases, hay signos de resurgimiento. En los casos en que el control sindical se ha 18 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo debilitado -0 donde nuca fue muy eficaz-, el resultado puede ser una cteciente desagregacién y diferenciacién de la representacion de intereses: los sindicatos se convierten en alianzas sin cohesion o Betriebs-egoisten semiauténomas, y 1as confederaciones desempe- fian un papel todavia mds marginal (gfue éste el sino del sindicalismo britanico en la década de los ochenta?). O como ‘ocumié en Suecia, los grupos privilegiados que se mantuvieron atras durante una larga fase de concertacién solidaria de niveles macro usaron su nuevo peso numérico para lograr mayor autonomia y, por lo tanto, invertir las politicas confederales tradicionales. Una tercera variante se percibe con la mayor claridad en el caso de Italia: el surgimiento de los COBAS (comitati af base), y mas recientemente de rappresentanze sindicali di base, sobte todo entre los grupos calificados 0 profesionales del sector pUblico. En efecto, esto constituye un equivalente no oficial (aunque cada vez mas institucionalizado) de un sindicalismo gremial, y parece haber alcanzado un éxito significativo al desafiar la postura de negocia- cidn “responsable” de los principales liderazgos confederativos. Ottos cambios politicos también han constituide un reto para la cohesién de los movimientos sindicales. La crisis fiscal ha provocado conflictos de suma cero entre empleados publicos y contribuyentes empleados en empresas privadas; en los casos en que el sindicalismo esté dividido en dos bloques més o menos semejantes de empleados privados y publicos, el resultado suele ser la contusién y la inestabilidad de la politica. Cuando las huelgas en los servicios piblicos causan un trastorno que usan los gobieros ‘como pretexto para alentar sentimientos antisindicalistas, tratar de mantener una posicin solidaria puede volverse particulamente dificil para los sindicatos cuyos afiliados son consumidores de dichos servicios. Asimismo, los nuevos temas de interés pUblico como el medio ambiente amenazan con intensificar las divisiones “politicas” dentto de los sindicatos, y también generan antagonismos entie los sindicalistas en tanto que empleados (por ejemplo, en Ia industria nuclear) y en tanto que “ciudadanos preocupados”. En resumen, la tesis de la desagregacién parece conjuntar muchos fasgos de los aprietos (gla crisis?) det sindicalismo en la década de los ochenta. Para una amplia gama de comentaristas, alguna combinacién de los factores antes esbozados puede ‘explicat ex post los problemas del sindicalismo en los afios ochenta: descenso en ios tasas de afiliacién, eficacia reducida, conflictos inter e intrasindicales, un “vacio de orientacién” (Offe, 1985) al responder a los desatios que plantean tas épocas dificiles. Antitesis: argumentos y tendencias en contra Para muchos critics, el diagnéstico de una crisis de lo agregacién de intereses esta hipersimplificado, hipergeneralizado y es demasiado determinista. Como suele ocumir con los andlisis académicos y populares -asi lo dicen los argumentos en contra-, !a Relaciones de trabajo en América Latina 9 verosimilitud de la tesis de la desagregacién depende de monera importante de una visién mitologizada de! pasado: hubo una época dorada en que los trabajadores eran espontaneamente colectivis- tas, y las organizaciones laborales se alineaban detras de un proyecto de clase unificador. La historia, desde Ivego, nunca fue asi. Como regla general, “la competencia atomiza y divide a los trabajadores"((Offe y GWiesenthal, 1985178): por lo tanto, “los sindicatos se desdirotlan sObié la base de la segmentacién del mercado de trabajo, y al mismo tiempo refuerzan esta segmentacién” (Ed y Scherer, 1985: 118). Cualquiera que esté al tanto de los amargos conflictos historicos entre sindicatos gremiates y sindicatos generales en la Gran Bretafia, por ejemplo, se dara cuenta de la escasa ofiginalidad de la tesis de la desagregacién. En un articulo mio que se publicd hace unos doce aiios. sostuve que la “heterogeneidad y el desarrollo desigual siempre habian sido caracteristicos de las relaciones econémicas capitalistas... No obstante, si las ideas de la identidad de clase se desanollaron, esto fue en contra de las probabilidades.” (Hyman, 1978: 66) Los sindicatos como organizacio- nes colectivas estan ineluctablemente arraigados en una hetero- geneidad de experiencias y aspitaciones inmediatas localizadas: espontaneomente tienen tantas_probabilidades de estar en conflicfo como en concordancia. td “de “ex ies es Iestigeresy los. Jas dé Tas bas. ha tesulfado ser temporal y parcial. Asi, hay un amplio margen para el debate acerca de lo que ha cambiado exactamente, y la importancia de las transforma- ciones particulares. Qué factores son de importancia central para la construccién o la erosién de la solidaridad colectiva, y cudles tienen por lo menos importancia secundaria? gQué combinaciones de cambios son particularmente potentes? g£n qué medida son automatices los vinculos entre el ambiente externo del sindicalismo y los resultados posibles desde el punto de vista de la desorga- nizacién y la desagregacién? Parece claro que aunque muchos movimientos laborales de la década de los ochenta han sido afectados por la fragmentacién centrifuga y la pérdida de representatividad, no hay un modelo internacionalmente uniforme. La rappresentativité es en si misma un tema pUblico importante sélo en algunos paises: de manera especial, donde los movimientos sindicales estan divididos ideolé- gicamente. donde un gobierno con politica antisindical ha tratado de desafiar el reconocimiento publico de los sindicatos, o donde estas dos circunstancias coinciden. La repercusién de los cambios ocupacionales y sectoriales en el empleo ha sido muy diferente segtn el contexto de cada pais; en algunos casos ha contribuido a agudizor el declive en la densidad sindical agregada, en otros ha 20 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo dismninuido la importancia relativa (desde un punto de vista de la afiliacién y la infiuencia) de la principal contederacién sindical, y aun en otros ha dado como resultado cambios bastante més difusos @ inciertos en fa naturaleza del sindicalismo. Asimismo, el papel de los sindicatos -en todas partes, en efecto, compuestos de manera desproporcionada por segmentos telativamente segutos y privilegiadas de la fuerza de trabajo- como portadores de intereses antiigualitarios varia en los distintos paises. En parte, esto se debe a que la tigidez en la segmentacién del mercado de trabajo asi como la composicién de los grupos petiféricos difieren considerablemente de un pais a otto; y en parte debido a que la voluntad y la capacidad de los encargades de las politicas sindicales para presionar en favor de estrategias solidarias también muestran marcados contrastes. Asimismo, desde un punto de vista estructural, las repercusiones de la década de crisis, la de los ochenta, han distado mucho de ser uniformes: si la fragmentacién de las corganizaciones ha sido uno de los resultados, otto de ellos ha sido una tendencia a la cooperacién e incluso al amalgamamiento intetsindical como medio para consolidar los mermados recursos. Por lo tanto, no es dificil constuir una interpretacién muy diferente de los afios ochenta de la antes esbozada, y en consecuencia perfilar conclusiones més optimistas para la década de los noventa. Cualquier aseveracién general en cuanto a la existencia de Zz / una tendencia del colectivismo al individualismo es discutible en tanto que resulta una interpretacién unilateral de un conjunto de procesos culturales complejos y variados. Si bien los activistas y los idedlogos de los sindicatos pueden haber concebido tradicional- mente el colectivismo como un valor moral en si, tal vez sea realista suponer que -aparte de los momentos de entusiasmo de !a movilizacién de masas- la mayoria de los miembros de los sindicatos se han adherido a la organizacién colectiva por razones instrumen- tales: como el medio mas eficaz de hacer realidad las necesidades y aspiraciones individuales. Por ejemplo, en el Reino Unido. los sindicatos gremiales de! siglo XIX funcionaron en buena medida como “mutualidades”, las cuales oftecian una amplia gama de beneficios en cuanto a seguros (que amparaban contingencias como la muerte, la enfermedad, el desempleo. la pérdida de \ \ herramientas y la jubilacién). Esta funcién se vio marginada sdlo con \ el desarrollo de la provisién integral de asistencia social por parte \ del Estado, y con las fluctuaciones en los niveles de precios y condiciones del mercado de trabajo que trastornaron las bases actuariales de las disposiciones de prestaciones sindicales. En este sentido, los recientes intentos de los sindicatos por reciutar y retener afiliados, mediante el oftecimiento de paquetes de servicios individuales, representa realmente un regreso a una antigua tradicién. De cualquier modo, puede ser engajioso considerar que el desarrollo de la negociacién colectiva como tuncién predominante del sindicalismo es, sobre todo, una expresién de los principios Relaciones de trabajo en América Latina 21 colectivistas y solidarios. De manera caracteristica ha reflejado un teconocimiento pragmatics de la impotencia individual frente al _empleador: la organizacién colectiva ofrecia una especie de péliza ‘de ‘séguros contra administraciones arbitrarias, o un vehiculo mas eficaz para apoyar tas metas econémicas individuales. En este aspecto, para adaptar la conocida distincién de Durkheim, el sindicalismo a menudo ha tepresentado una forma de solidaridad mecanica més que organica. En casos extremos, en efecto, los miembros de las bases pueden haberse adherido de manera pasiva a su sindicato meramente como a una més de las muchas otras instituciones burocraticas asociadas con Ia relacién de trabajo. Si este modo de colectivismo se ha visto disminuido por un creciente clima antiautoritario y antiproductivista entre segmentos de la clase obrera de finales del siglo XX, esto no necesariamente representa un cambio deplorable. De hecho, si el significado de “nuevo individua- lismo" es realmente una preocupacién importante por aspectos mas amplios de la calidad de vida que las viejas priotidades economicistas de la negociacién colectiva, esto puede verse no simplemente como un reto, sino también como una oportunidad para los sindicatos. También cabria la posibilidad de cuestionar la tesis de que los cambios sectoriales y ocupacionales en el empleo son una fuente inevitable de debilidad y decadencia sindical. Seguin Kelly (1990: 34), “como andlisis de la decadencia sindical (en el Reino Unido), el argumento composicional presenta graves defectos en sus bases tanto empiticas como tedricas”. Pese al cambio en el empleo a largo plazo fuera de los bastiones de organizacién obrera fradicionales, los sindicatos siguieron expandiendo su dominio en la mayoria de 10s paises durante los afios sesenta y setenta; y algunos movimientos sindicales de las distintas naciones siguieron creciendo durante la dificil década de los ochenta. No hay razén, sefiala Kelly, para suponer que las “nuevas” categorias de trabajadores estan predispuestas de manera inherente contra la ofganizacién colectiva; pues aun cuando ellos efectivamente perciban intereses distintives. en principio sigue siendo posible que los sindicatos ofienten con éxito todas sus politicas hacia estas nuevas prioridades de afiliacién. Sin embargo, de lograrse la sindicalizacién de estos grupos de empleados, gsu organizacién y acciones colectivas necesaria- mente distorsionarén o diluiran los estuerzos de (galgunos?) movimientos laborales por lograr politicas solidarias? Si bien el dominio de fos sindicatos y las contederaciones con tendencias socialistas arraigados en la “vieja” clase obrera en realidad se ha visto reducido en la mayoria de los paises, estas tendencias no se han generalizado. Por ejemplo, pese a los retos de “segmentacién, division y centrifugalidad” en Alemania (Markovits, 1986), en los afios ochenta la DGB conservé al 83% de todos los sindicalistas, incrementando en el proceso su predominio sobre la DAG entre los Angestelife y manteniendo su estrecha ventaja sobre la DBB entre los 22 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo Beamte. En todos los paises, ciertamente, estos grupos tradicionales como el de los mineros, los estibadores, los tipdgrafos o los trabajadores de la industria acerera, cuyo poderoso sindicalismo se basé en comunidades ocupacionales y a menudo también residenciales muy unidas. han disminuido en numero e influencia, Sin embargo. aun si sus sindicatos han perdido su anterior hegemonia dentro de los movimientos laborales de su pais, este hecho puede permitir mayor reciprocidad y equidad en la negociacién intersin- dical de politicas. y también puede alentar un papel entablador y coordinador mds activo para las confederaciones centrales. En consecuvencia, una mayor diversidad de las organizaciones no necesariamente implica fragmentacién. Han surgido diferentes temas de andlisis que abordan el declive del sindicalismo baséndose en ideologias de clases explicitas como una fuente de desagregacién. Es innegable que esta “despolitizacién” ha sido un proceso extendido. En el sur de Europa, por ejemplo, un rasgo notable de los diltimos afios ha sido el relativo (y con frecuencia absolute) descenso en las tasas de la afiliacién de confederaciones de tendencia comunista. Se puede decir que la CGT (probablemente) sigue siendo la confederacién més grande de Francia, y la CGIL de Halia, sin embargo, ambas han salido peor libradas que sus tivales: en Espoiia y Portugal. las CO y la CGIP han sido superadas por sus contrapartes socialistas. (Dichas tendencias no sdlo reflejan el desorden interno del comunismo europeo, sino también las acciones de algunos gobiernos y empleadores al favorecer a sus tivales.) EI debilitamiento de! papel de “vanguardia" de una contederacién dominante supone, prima facie, una pérdida de cohesién sindical. No obstante. este efecto -que tefleja. como suele hacerlo, la erosién de persistentes divisiones ideolégicas- puede ser contranestado mediante un incremento en la Solidaridad existente entre las confederaciones {lo cual a su vez puede ser alentado mediante un equilibrio numérico mas equitativo entre las mismas). Esa cooperacién, aunque tentativa e inestable, se ha observado durante algunos afios en Italia: en Esparia existe desde la huelga general de diciembre de 1988; y en Portugal (pese a contar con el Partido Comunista mds stalinista de Europa occidental) se hizo patente con el acuerdo entre confederaciones de marzo de 1989. En cualquier caso, muchos discutirian que la tetérica de clase estereotipada de los partidos comunistas ‘ortodoxos y sus sindicatos fuviera alguna relacién real con un proyecto emancipatorio socialista. Esto nos lleva a una interpretacién altetnativa de los aconte- cimientos de los afios ochenta: lo ocurido no fue una crisis del sindicalismo en cuanto tal, sino mas bien ta crisis del estilo y la orientacién tradicionales del sindicalismo. En la mayoria de los paises, los principios y la practica del sindicalismo siempre han mostrado una tensién entre amplias y ambiciosas declaraciones de solidaridad, a menudo vinculadas con las metas de la transforma- cién socialista, y las rutinas mundanas de defensa de los intereses Relaciones de trabajo en América Latina 23 inmediatos def empleo de categorias especificas de afiliados. Tres elementos de esta tension resultan bastante conocidos para todos los estudiantes de relaciones industriales: la presion para subordinar las aspiraciones a trascender el capitalismo a tos imperativos tacticos de operar dentro de 61; la formulacién de los temas de la agenda de negociaciones por lo que de manera “realista” puede pedirse a los empleadores, suprimiendo las metas no economicistas que fepresentan un desatio para el control de ta administracion: y la dominacién de formacién de politicas por parte de segmentos elativamente privilegiados de la clase trabajadora. La tltima tendencia es particularmente evidente, historicamente, en ta experiencia del sindicalismo gremial. En casi todos Jos paises, la ‘organizacién colectiva surgié en primer lugar entre trabajadores cuyas habilidades particulares les daban una relativa ventaja dentro del mercado de trabajo. En algunos casos, las reglas y acciones sindicales se ditigieron explicitamente al sostenimiento y la prolon- gacién de estas ventajas, contra las amenazas de cercenamientos tanto por parte de empleadores como de otfos grupos de trabajadores (Rubery, 1978). Si bien la “doctrina de los intereses cteados" (Webb y Webb, 1897) puede haberse debilitado con el paso del tiempo, la practica que articulaba sigue siendo patente: tal vez imponer al movimiento laboral en conjunto “Ia ideologia de! artesanado radical (que fue] a menudo condescendiente e intolerante con Ia clase obrera en general y su. en mayor © menor medida, dificil [y] también inapropiada situacién para las necesi- dades particulares de una clase obrera industrial” (Eley, 1990: 25). La relacién entre las comunidades de intereses mas gene- rales y las mas particularistas resulta compleja y contradictoria: “las formas de solidaridad de facciones... pueden ser integrativas o divisionistas" (Hyman, 1975: 178) 0 pueden en efecto apuntar en ambas direcciones al mismo tiempo. Sin embargo si el sindicalismo tradicionalmente ha supuesto, por fo menos en parte, la movilizacién de fuerzas particulares en la busqueda de intereses particulares, los proyectos y logros del sindicalismo han reflejado en consecuencia -y tal vez reforzado- a injusta distribucién de poder y recursos dentro de la clase obrera. Factores como el género, el gtupo étnico, la educacién y la capacitacién, que estructuran posiciones de relativa ventaja o desventaja en el mercado de trabajo, han tendido a su vez a determinar la fuerza colectiva: lo cual ha dado como resultado grados de sindicalizacién diferentes, y disparidades de influencia dentro de los sindicatos. Estas desigual- dades pueden determinar la detallada distribucién de prestaciones {asi como de costos} entre los trabajadores en ef proceso de la negociacién colectiva; también pueden influir en los temas de la ‘agenda politica general que enarbolan los movimientos laborales globales. Por ejemplo, ef conocido argumento de muchas feministas de que los programas proclamados en funcién de los principios de solidaridad de clase realmente protegen las metas e intereses de los trabajadores del sexo masculine, y sobre todo de un segmento 24 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo particular (una minotia) de la clase obrera masculina (Phillips y Taylor. 1980; Cockburn, 1981). En los Ultimos afios -particularmente siguiendo el radicalismo. de fines de los afios sesenta-, en muchos paises se han hecho esfuerzos por reorientar la politica sindical de modo que tefleje un amplio espectro de intereses. Inicialmente, algunos comentaristas especializados escribieron con optimismo sobre la transformacién potencial de las “nuevas demandas” de los “trabajadores de los procesos en masa” (Paci, 1973; Kirchlechner, 1978}: esas expresiones de entusiasmo, tal vez debido a una hipersimplificada interpretacién de tendencias dentro de un sistema “fordista” de fabricacién, parecen ahora definitivamente caducos. Sin embargo, la reestruc- turacién del empleo fuera de la industria manufacturera puede considerarse una amenaza més importante para las politicas sindicales de un sector de 1a clase trabajadora tradicional: adiestrado, del sexo masculino y manual. Para quienes conciben ese sindicalismo como la tnica forma auténtica, dicha Circunstancia es, desde luego, algo negativo. No obstante, desde una perspectiva diferente, la reestructuracién de! empleo crea tanto una necesidad como una oportunidad para reconstituir las telaciones colectivas dentro de la clase obrera: dentro de cada sindicato, entre diferentes organizaciones, y entre los sindicalizados y los no sindicalizados. La creciente importancia de la fuerza de trabajo femenina, de tiempo parcial y otras formas “atipicas” de empleo, dedicadas a ocupaciones que no son ni industriales ni manvales -y !a combinacién de dichas tendencias- puede verse como un poderoso impulso hacia una renovacién del sindicalismo y hacia el desarrollo de nuevas demandas en la negociacién colectiva, nuevos métodos de organizacién y accién, y nuevas formas de democracia intema. Desde luego, depende de muchas contingencias que esas consecuencias benignas efectivamente surjan, pefo no pueden descartarse a priori. Lo que este argumento en contra supone, por encima de todo lo demés. es que los sindicatos poseen un margen de eleccién estratégica al responder a los cambios y retos de! capitalismo de finales de} siglo XX. Hay oportunidades para politicas que apelan a los nuevos grupos de la clase trabajadora (0 a menudo, a las viejas fracciones cuyos intereses hasta ahora han sido relegados}; para iniciativas que se dirigen a los intereses de los afiliados fuera del lugar de trabajo. con lo cual se ofrece una base fértil_ para trascender las identidades de empleo particulares; y para progra- mas que vinculan los inteteses de los trabajadores como productores y consumidores (por ejemplo, en las demandas de Mmejoramiento de los servicios pUblicos de salud) para facilitar la Construccién de nuevos tipos de alianzas integrales y solidarias. En esta interpretacién, la desagregacién no es en absoluto inevitable. Relaciones de trabajo en América Latina 25 aHacia una sintesis? Gran parte del debate actual sobre la experiencia del sindicalismo de los afios ochenta y sus prospectos para los noventa supone el enfrentamiento de las generalizaciones simplistas. Los problemas de baja en las tasas de afiliacién y falta de cohesion intema se han extendido. pero no son males generalizados. La eficacia con la que han respondido a los cambios en el ambiente econémico y politico, y en la naturaleza de la fuera de trabajo. varia considerablemente de un sindicato a otto y entre los diferentes movimientos nacionales. Si bien algunos procesos que pueden catalogarse como ejemplos de desagregacién estan practica- mente generalizados, su naturaleza, sus causas e implicaciones difieren marcadamente segun el contexto. A fin de entender dichas diferencias necesitamos desanollar finos andlisis de lo que son tendencias complejas y contradictorias; y con objeto de proponer escenarios verosimiles para 1a siguiente década, necesitamos ser capaces de separar las tendencias ciclicas (y potenciaimente teversibles) de las seculares en el ambiente de tas relaciones industriales. La investigaci6n comparativa apenas esta empezando @ proponer las bases para un acercamiento més cientifico a las cuestiones que antes discutimos. En mi opinién, no se puede negar de un modo muy convin- cente que la mayoria de los sindicatos en la década de los noventa enfrentan épocas mds dificiles que en los afios durante los cuales, la expansién econémica y el intercambio politico de suma positiva, fueron comunes en casi todas las naciones de Europa. Los riesgos de la desagregacién son ahora realmente considerables. Hace una década, Ross (1981) planted la siguiente pregunta: gqué tienen los sindicatos de progresistas? Quizés dar una respuesta positiva y optimista sea ain més dificil actualmente que a principios de la década de los ochenta. Pero tanto ahora como entonces, cualquier respuesta a esa pregunta debe matizarse y diferenciarse. No sélo las circunstancias coyunturales (la profundidad de la recesién, el grado de la reestructuracién, la severidad del desempleo, etcétera) varian considerablemente de un pais a otto: asi como el cardcter de las instituciones que regulan las relaciones industriales establecidas, las ideologias heredadas de los movimientos laborales. y la naturalezo y la coherencia de los proyectos y estrategias sindicales. Todos estos factores, yo dirfa, influyen de manera signiticativa en las posibilida- des de alcanzar resultados solidarios a partir de contextos que en lo demés son similares. Sin duda, los cambios en ia composicién sectorial y ocupa- cional del empleo, que han tenido lugar de manera generalizada aunque con proporciones variadas y muy diferentes origenes, son importantes en sus implicaciones; pero su impacto en los movimientos laborales esta mediado por una serie de factores especificos de cada nacién. Quizds la cuestién mas general que pueda sefialarse es que hoy en dia en ningUn pais es posible 26 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo. identificar un proletariado arquetipica. las figuras de los viejos movimientos laborales han perdido su fuerza unificadora. Sin embargo, 4no fue siempre el viejo esterectipo de! proletario -el hombre musculoso que extrae carbén o martillea metal- una minoria dentro de la clase obrera? gFue la hegemonia de los sindicatos de estos trabajadores la base real de la solidaridad dentro de los movimientos faborales de una nacién, o més bien (quizas, también) la fuente de una uniformidad artificial y a veces de una mentalidad cerada? La nocién de una clase obrera fue siempre una abstraccién {y también una consigna, en algunos casos quizas una autoprofecia que se cumple), nunca una mera descripcién o generalizacién sociolégica. La diferenciacién, la divisién y la desunién han sido tasgos omnipresentes del desarrollo sindical. La solidaridad no es nunca una cualidad natural o fija, siempre es una meta que. en et mejor de fos casos, resulta dificil de alcanzar y efimera. Eley (1990: 26). refiriéndose a los debates de los albores de Ia historia de la clase obtera britanica, plantea la cuestion de manera sucinta: “el problema estratégico crucial que enfrentaban los movi- mientos laborales (0, de igual modo, cualquier movimiento politico), era cémo movilizar la maxima solidaridad de un gtupo definido sociaimente que no tiene una unidad esencial en la estera de la conciencia, sino, por el contrario, una setie de lealtades y preferencias particulares y experiencias muy diferentes de la vide cotidiana, un mosai- co de historias individuales. El andlisis de las politicas de la Clase trabajadora empieza con esta dialéctica: la contra- dictotia y dinamica intetseccién de las tendencias unifi- cadoras y fragmentarias dentro de la clase en su conjunto. Creer en el mito de una época dorads previa, de unidad proletaria y solidaridad sindical sin problemas, distorsiona nuestra Percepclén de la dinamica actual de los movimientos laborales. Una interpretacién histérica maés atenta nos permite considerar ja cuestion de la desagregacién desde un punto de vista menos catastréfico. En cambio, de la experiencia histérica podemos aprender que no hay atajos para la identificacién y la (re)definicién de los intereses de un modo solidario; siempre se requiere hacer campajia y luchar por Ia (relativa) unidad entre los trabajadores y sus ofganizaciones. Por lo tanto, me inquieta el argumento de Streeck (1988: 316) respecto a que la “democracia y la solidaridad pueden haberse vuelto incompatibles”: la unidad, en mi opinién, no se puede imponer de manera artificial ni burocratica. A pesar de las Circunstancias adversas, me parece, sigue habiendo un espacio paro Jas iniciotivas estratégicas de ios movimientos laborales y dentro de ellos, de manera que sea posible contar con nuevos medios para trascender las divisiones y constrir los intereses comunes. Sin embargo, lo que ciertamente se requiere es una nueva \égica, un nuevo vocabulario de motivos para la solidatidad de los trobajadores. Desarrottar tos ideales, principios y practicas que Relaciones de trabajo en América Latina 27 exigen las modemas formas de solidaridad es una tarea colosal aunque no imposible: puede ser prematuro decitle adiés a la clase ‘obrera -o al movimiento laboral. Nota Quiero expresar mi agradecimiento a Paul Edwards, Anthony Ferner, Mike Terry. Jeremy Waddington, y a los participantes en las discusiones de los congresos de Trento y Madrid, pot sus comentarios a las versiones previas de este texto. Traducido por Laura Manriquez y Chris Follett Bibliogratia Ahién, k. (1989), “Swedish Collective Bargaining under Pressure”, British Joumol of Industria! Relations, 27(3). Atkinson, J. (1987), “Flexibility or Fragmentation?" Labour and Society, 1211). Bagloni, G. (1987). "Constants and Variants in Political Exchange", Labour, 1(3). Cella, G.P. y 7. 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Para entender este proceso hay que tener presente el elemento central que constituye Ia larga tradicién de organizacién social comunitaria proveniente del mundo andino, la cual se resignifica proftundamente a partir de un fendmeno que sera decisivo en Ia historia Ultima de Peri: las masivas migraciones ocurtidas de! campo a {as ciudades desde. aproximadamente, fines de los afios cuarenta. Como numerosos autores lo han sefialado, entre ellos Carlos Franco, el fenémeno migratorio representa un momento decisivo en la historia del Peré contemporaneo en la medida que “funda el proceso constitutive de un sujeto moderno -la plebe urbana: [Franco 1991:192},) caracterizada por la simbiosis que se procesa al 1 Cuando franco habla de plebe urbana estdé teniendo en mente ia experiencia de las masas inglesas del sigio XIX, como condicién anterior a ser Revista Latincamericona de Estudios del Trabale, ofl 2, niin 4, 1996, pp. 29-48, 30 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo interior de los sujetos migrantes iy descendientes de éstos) de las dos herencias culturates basicas de Ia vida social peruana: la occidental y la andina, para dar a luz un nuevo resultado: “El proceso de construccién de la identidad y la modemidad popular en el Per no Produce, por las condiciones materiales y simbélicas en que se desarolla, una ruptura del individuo y su grupo social, tal como ese proceso es desctito a través del significado occidental de ‘individvacién’, sino una asociacién simultneamente conflictiva y solidaria entre el interés particular y asociativo” (Franco 1992:80). Por oto lado, y relacionado con lo anterior, las migraciones producen una reapropiacién de la ciudad, constituyendo a ésta en un espacio de encuentro de diferentes origenes, procedencias y tradiciones que vuelven evidente la policromia del pais: multiplicidad que el sistema oligarquico, prevaleciente desde fines del siglo XIX, habia querido soslayar. La migracién, entonces, se constituye en un acto, proceso y experiencia, simultaneamente, que divide a una sociedad tradicional y a otra moderna o urbana. Se trata de un proceso masivo, continuo y global por el cual los migrantes se convierten en “sujetos", y que se manifiestan por medio de miltiples vivencias: nueva relacién con el espacio que les permite apropiarse subjetivamente del pais: disolucién progresiva de la concepcién estacional y ciclica de! tiempo en la cual se tesignifica et pasado y el presente en relacién con el futuro. y constitucién de lo que se ha denominado una cultura “chola”. Per entonces, comienza a cambiar de rostro.? El.acto fundante de la migracién contribuye en la aparicién y fortalecimiento de una ideologia de derechos. Los nuevos sujetos Populares emprenden una lucha ante el Estado, que invierte el proceso Clasico europeo resefiado por T.H. Marshall (1965).3 Es decir, en Peri los derechos sociales (que muchas veces se conquistan por medios ilegales que después se traducen en leyes‘) anteceden a los derechos politicos; por ota parte, los individuos no son el punto de Partida para la incorporacién civdadana, sino manifestaciones sujeto: “El mismo grupo © conjunto de grupos que fue copaz de ser sujeto urbane, sujeto productive, syjeto organizado, esté creando las condiciones para autotransformarse en sujeto politico” (p. 223). ? Estoy siguiendo ef andiisis de Carlos Franco en el texto ya citade. Como resulta evidente, e/ autor retoma, desde ta perspectiva de la modemizacion, el esquema del clésico abajo de Gino Germani 3 EI planteamiento de T.H. Marshall, teniendo como referencia bésicamente el caso inglés, sefiaia que la ampliacién de ia civdadania sigue un proceso que va desde los derechos civiles. sigue con los politicos y concluye con los sociales. Bste esquema ha sido crticade, ademas de por cefirse a un caso particular, Por establecer un nea evolutiva para entender la ampliacion civdaaana, Una interesante revision de estas ideas. aunque circunscrito a un caso, e/ cubano, se puede encontrar en Bobes, 1995. “ Por ejemplo, las invasiones de tierras se convierten en titulos de propiedad, la porcela ganada por la fuerza en la calle se legaliza como un espacio para el Comercio informal, efcétera. Relaciones de Trabajo en América Latina 31 colectivas traducidas por medio de las organizaciones sociales: finalmente, en Pert las identidades no se oponen al criterio universal de la ciudadania, sino que alimentan un proceso de lucha por su conquista. Es en este contexto donde hay que vubicar la trascendencia del reformismo militar ditigido por el general Juan Velasco Alvarado e instaurado en 1968. La consiguiente liquidacién del sistema oligarquico significé la posibilidad de que procesos sociales, que embrionariamente se estaban expresando durante la época oligérquica, pudieran adquitir una televancia fundamental, fo cual nos permitiran entender el proceso posterior. El reformismo militar antioligarquico ocumié, ademas, en un contexto econdmico favorable de modernizacién, de crecimiento del sector industial y, por consiguiente, de fortalecimiento de un sector obreto-industrial que se constituira en el eje de articulacion de los demds sectores populares. Esta articulacién se manifestara con mayor evidencia en los paros nacionales ocuridos durante la llamada “segunda fase” del regimen militar (1975-1980), de caracter conservador en cuanto al reconocimiento de derechos sociales de las clases populares. Siguiendo Ia tipologia de Samuel J. Valenzuela, Podriamos decir que mientras el gobierno de Velasco fue un tégimen moderado sindicalmente y politicamente abierto, el de Morales BermUdez fue, por el contrario. sindicaimente severo y politicamente cerrado -al menos hasta los momentos finales cuando anuncia el proceso de transferencia politica y convoca a elecciones constituyentes- (Valenzuela, 1988). Al lado det sector obrero-industrial florecerdn los movimien- tos bariales, regionales y campesinos. Al mismo tiempo apareceran expresiones identitarias, como los movimientos feminista o de homosexuales, constituyéndose en elementos de un reclamo mas general por ser reconocides como partes integrantes de una comunidad nacional, al mismo tiempo que cuestionaban relaciones de interaccién social basadas en la exctusién y el desprecio. En otras palabras, se trata det paso de identidades adscritas a identidades producidas. Un ejemplo claro es la experiencia de los pobladores de fas bartiadas o Pueblos Jévenes: “El reconocimiento de ciertos derechos de ciudadania fue acompafiade del discurso antioligérquico y fa teivindicacién del idioma quechva y la cultura nacional que respaldaron al migrante, difundieron la dignidad del “cholo” y socavaron ‘comportamientos autoritarios de la sociedad frente a los wasores". El migrante se transformé asi de “invasor” a “poblador", y el poblador se sintié reivindicado y reconocido ‘como set humano y como habitante de la ciudad y del pais, con legitimas oportunidades de defender sus derechos" (lovar, 19860:75). Es necesario resaltar que el amplio proceso de democta- fizacién social se dio bajo un régimen politico autotitaio, como fue el velasquismo (Lépez, 1991). Finalmente, hay que mencionar el 32 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo papel jugado por los partidos de izquierda: mientras el Partido Comunista decidié apoyar "de manera critica” al reformismo militar. los de la “nueva izquierda” basaron su accionar frente al tégimen en la lucha frontal, sin concesiones, contra el Estado. Si algo tenian en comin estos dos sectores de la izquierda era su teivindicacién del papel protagénico que aguardaba a {as clases populares, de su articulacién con Ia clase obrera y el reconocimiento de que ésta era la pieza central para un programa de fransformaciones. A la relacién izquierda-dirigentes populares se le denomind “clasismo"” y es basica para comprender fas luchas por la conquista de mayores derechos ciudadanos que se diefon fundamentalmente en la décade de los setenta. Es por esta conciencia de derechos extendida en el movimiento popular que se puede entender cémo, durante la “segunda fase", el movimiento obrero, articulado a los demas sectores populares mediante los Ilamados Frentes de Defensa {FEDIPs) y bajo la direccién de Ia izquietda, es capaz de colocar en una seria crisis politica a fa dictadura militar via los importantes paros nacionales de 1977 y 1979, constituyendo un factor que obliga © Ios militares a cumplit con su promesa del retorno del poder a los civiles. El afio de 1980 representa todo un quiebre en la evolucion Politica y social de Perl. Es el afio del retomo a un régimen Constitucional, pero también es cuando se inicia la guena protagonizada por Sendero Luminoso (a la que después se unira el Movimiento Revolucionario Tépac Amaru —MRTA), asi como det aceleramiento de la ctisis econémica que efosionardé a los sujetos fortalecidos durante el petiodo anterior, especialmente del sector obreto-industrial, hayendo como consecuencia la emergencia de otfos actores sociales, como por ejemplo el movimiento barial.s los informales.$ jSvenes y mujeres.” 5 Con respecto a las bamiadas, Teresa Tovar sefiola que, para el periodo 1980- 1984, la sexta: parte de la PEA nacional (6 200 000) habitaban en ios lamados Pueblos Jévenes, siendo éstos, ademds, un espacio privilegiado para ef mestizaje cultyral y étnico. La densidad ce las baniadas se puede ver si seguimos un orden cronolégico: mientras que en 1945 representaban el 1%, en 1968 el 18%, en 1980 representarén el 31.6%. Ademdés, a sus pobladores hay que entendedos también como sujetos que participan activamente en las luchas sociales y politicas populares, especiaimente en los fundamentales poros nacionales contro ia dictadura de Morales Bermudez entre los aftos de 1977 y 1979 (Tovor, 1986b). * Con respecto al sector lamado informal, Carmen Rosa Balbi y Julio Gamero sefialan que para los afios de 1980 y 1989 su participacién en ia PEA pasé de 36.8 0 42.2%. Esto es explicable por el contexto de crisis que atravesaba Peri, que se reflejaba en lo tendencia declinante de la tasa de asalaramiento (Balbi yGamero, 1990). Joe! Jurado afirma que el sector de trabajadores asalariados es el que mds se ha visto reducido (de 29% en 1961 a 15% en 1988): por offo lado, respecto ol sector campesino, el rasgo central es la descampenizacién sin proletanzacién. La participacién del campesinado en la PEA ha disminuido de 32% en 1961 a 22% en 1988. Finalmente, ias clases medias se han “estatizado”, Relaciones de Trabajo en América Latina 33 Si sobre algo hay que llamar la atencién es que el retroceso experimentado por las clases populares se da, paradéjicamente, dentro de un régimen politico de corte liberal-democratico. Es decir, donde quedan garantizados por la Constitucién los derechos civiles Y politicos basicos, como el de libre agrupacion, informacién, expresion, etcétera. Pero como se trata de un contexto de guerra y ctisis, los sectores sociales populares tendran menores capacidades organizativas para ejercer tales derechos y, menos aun, para exigir su_ampliacién. La democratizacién exhibida durante los ajios setenta, en la década siguiente se reduce a un conjunto de derechos formales sin mayor sustancia. Reaparecen tendencias oligarquicas, especialmente en el manejo del Estado, pero no sdlo en él. La vida politica transcurre basicamente como un acuerdo de élites en el que la patticipacién de fos sectores populares pierde incidencia. Y de esto no estén exentos los partidos de izquierda, cuyos lideres, colocados en determinadas instituciones estatales (municipios, Parlamento, gobiernos regionales, eventualmente en el Ejecutivo), relajan sus relaciones organicas con los sectores sociales @ los que pretendian representar. Resumiendo: las migraciones como fenémeno social expan- sivo, que fepercute en otras esferas como Ia politica y la economia: el teformismo militar que acaba con el orden oligarquico, el fortalecimiento de una conciencia nacional y, finalmente, una ideologia de derechos de los nuevos sujetos sociales, cuya fusion con el marxismo difundido por los partidos de izquierda da origen al llamado clasismo, son los principales rasgos que debemos retener del proceso resefiado porque nos van a permitir comprender lo que viene inmediatamente. Perv, una sociedad clasista Antes que nada, qué hace posible que en un pais como el Peruano surja el “clasismo"? Pers se encuentra, siguiendo la Clasificacién de Francisco Zapata (1993), en el conjunto de aquellos paises de articulacién Estado-sociedad de tipo “clasista". Es decir, donde las clases sociales, especialmente el movimiento obrero, se constituyen de manera auténoma respecto al Estado y alcanzan reivindicaciones en lucha con él. Ello no obsta, como sefiala Julio Cotler (1993), para el mantenimiento de telaciones clienteiistas y Prebendarias en el manejo politico. La convivencia de ambos aspectos es posible explicarla con base en la constitucién de lo que Bertran Badie y Pierre Birnbaum llaman “Estado débil” que, al contrario del “Estado fuerte", no ha logrado que los ciudadanos ves los empleados publicos han pasado de 4% de la PEA en 1961 a 15% en 1988 (Jurado, 1989). ” Con respecto a las mujeres, en 1984 existian 300 comedores y cocinas Popuiores que representaban 10 mit sefhoras y 60 mil comensales; y en relacion con los jovenes, éstos se organizan especialmente a través de actividades cuifurales: bibliotecas populares, grupos de estudio, teatros, etcétera. 34 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo depositen en él de manera absoluta sus expectativas y demandas. Como sefialan estos autores (1994:91): “La expresién de los intereses privados encuentra, por el contrario, un teeno mds propicio en sociedades donde la Historia ha dado a luz a estados débiles y cuyo mbito pUblico ha podido estructurarse para permitir una mayor facilidad de expresion”. fs decir, la constitucin de estados débiles expresa_una distancia mayor entre Estado y sociedad (tan caracteristica en Peri) que permite, justamente, un mayor campo de autonomia para la constitucién de tas clases sociales, pero, al mismo tiempo, mayor campo de maniobra para que las clases gobernantes puedan tejer su red de clientelas y compromisos. Es cierto que estas redes pueden llegar incluso a incorporar a dirigentes sindicales. pero -y esto es lo que diferencia a las sociedades de articulacién clasista de las de tipo corporativo- ello no compromete en absoluto al movimiento sindical, el que es capaz de expresar su rechazo y actuar en consecuencia. La tradicional separacién entre Estado y sociedad en Peri permitio la constitucién del movimiento obrero de manera independiente de los instituciones estatales e, incluso, de los partidos politicos. En ese sentido, la tradicién de! movimiento obrero peruano es larga y se remonta hasta fines del siglo pasado cuando, bajo la hegemonia de Ia ideologia anarquista o anarco-sindicalista, encabeza las luchas populares exigiendo al Estado oligarquico mejores condiciones de trabajo y, fundamentalmente. la jomada de ‘ocho horas (1919). Sujeto de disputa de las dos grandes conientes politicas € ideolégicas que reciamaban su tepresentacién, el aprismo y el comunismo. el movimiento obrero no sélo fue capaz de alcanzar el teconocimiento de sus derechos por parte del Estado, sino que pudo articulase con un movimiento popular mds amplio, del que consiguié su solidaridad e identificacién. De manera no lineal, con victorias y demotas altemativas, el movimiento obrero paulatina- mente se fue constituyendo en un interlocutor det Estado y las clases dominantes. Su rebeldia fue causa de que no se lo viera como un Cliente de aquéllos. Es por eso que, cuando a mediados de los Cincuenta el APRA quiso incorporarlo al pacto de convivencia con (a oligarquia. el movimiento obrero se distancia de éste, que es justo el momento cuando la nueva izquietda logra espacios importantes de influencia en aquél. La inupcién del reformismo militar lo que ofrece, en relacion con el movimiento obrero, es la apertura de un espacio para una articulaci6n mayor entre izquierda (en general, es decir, la *® Podemos mencionar algunas cifras. De 1890 a 1908 Ia industria textil (la de mayor importancia} creci6 en 140%. En consecuencia, el nimero de asatariados también aumento, En 1900 de 100 mil habitantes, 6 mil eran obreros y 16 mil eran cortesanos. Asi, la Clase obrera representaba el 3.5 de la poblacién total y ef 6% dela PEA. Relaciones de Trabajo en América Latina, 35 representada por el PC y la nueva izquierda) y clase obrera al dejar fuera de Ia legalidad al APRA (que en un proceso interno se habia conservadurizado) y a la aplicacién de una politica de apoyo a la industria vigorosa, en la que el Estado se convertia en el eje del impulso de constituci6n de una burguesia nacional. Asi, al mismo ritmo que aumenta la importancia de la industria, se eleva el numero de asalariados y sindicatos. La cantidad de sindicatos teconocidos de 1968 a 1975 es de 2115, casi la misma cantidad de los que se reconocieron entre 1936 y 1968: 2279 (Tovar. 1985). Reconocimiento no exento de conflictos y luchas en tos que la participacién de los partidos de izquierda fue muy importante. Son tres los procesos més significativos det retormismo militar (y que inflviran decisivamente sobre Ia izquierda), segin sefiala Guillermo Rochabrin: a) Una decantacién clasista de la sociedad como antes no habia ocunido: b) Et enfrentamiento de los militares contra la oligarquia actué como una especie de paraguas ideolégico para la izquierda, y c) La posibilidad de la convergencia entre intelectuales de izquierda y pueblo (Rochabrin, 1988). A estos procesos Jorge Nieto agrega uno més: el Estado acta como un manto protector que permite el surgimiento de nuevos actores {Nieto, 1990). Por todo lo anterior, el surgimiento del clasismo debe ser entendido dentro de la época de la industrializacién via sustitucién de importaciones que fortalecié, consiguientemente, a una clase obrera joven y radical * que ya encontraba asfixiante a la vieja hegemonia aprista. que propiciaba el llamado “sindicalismo fibre", més proclive a la negociacién y a la concesién frente a la patronal que a la defensa de los intereses de los trabajadores. La aparicion de nuevos sectores sociales populares que crecian al margen de la influencia aprista abria las puertas a la posibilidad de que otras fuerzas politicas, con voluntad de representar a las clases populares, tuvieran éxito, Al debilitarse 1a posicién hegemédnica o predominan- te del aprismo. la representacién de las clases populares aparecia desde ese momento como un terreno abierto de disputa. Joven clase obrera, por un lado,"° y practica politica de la nueva izquierda, por el otto, representaban dos procesos vitales que emergian en un Pers profundamente modificado por las reformas que el velasquismo estaba implantando para acabar con el viejo orden oligarquico. Se suman asi actores nuevos que buscan soldar una nueva identidad. Como época de cambio, propiciaba y tequeria, naturalmente, un discutso nuevo y radical, con vitalidad. * Resutta extrafto, como lo hace notar J. Cotler, que Franco no incorpore en su andisis 0 los obreros. puesto que éstos fambién son producto —en gran parte— del proceso migratorio que &/ relieva. '@ & deci, la formada por e! modelo de desamrotio via sustitucién de importaciones, distinta a la del modelo de enclave. 36 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo Condiciones més dptimas no podian presentarse para que se encontraran la clase obtera y la izquietda, encuentro que se tradujo en el clasismo, precisamente, casi como una ensefia de identidad politico-cultural, slo superada por ta que se consolidé entre el APRA y las clases populares durante los afios treinta. £l clasismo. Con un poco de itonia y mordacidad, S. tépez califica asi al clasismo, que segun él es: itacundo de un matrimonio dificil: fa joven clase obreta. peruana y el viejo marismo-leninismo. Este matrimonio soldé, en realidad, el corporativismo sindical con las utopias del marnismo-leninismo: 1a tevolucién y el socialismo. Esa pareja no conocié las mediaciones de la Politica: una visién del Per, un programa y una estrategia. Para suplir esa notoria ausencia tuvieron que recurir a Mariategui, al populismo y a ta CEPAL" (Lopez, 1991:127-128). Sin embargo, se traté de algo mds. EI clasismo expresé la capacidad, por parte de las clases populares, de desarrollar una conciencia de su particularidad e importancia; de ahi la idea de autonomia, que implicaba, en cierfo grado, una concepcién “purista” de clase, Los trabajadores forjarian su cultura, su identidad, su mundo. Por ello, el clasismo es un elemento de cohesién e identidad (Romero, 1988: 25). Es decir que el nticleo del clasismo, si bien se encuentra originariamente en el mundo obrero, se expande y cobra influencia ivego en otros sectores populares. De este modo, como bien sefiala Carmen Vildoso. el clasismo trascendié las fabricas y se constituyé en fuente de identidad de las clases populares en un sentido mas amplio (Vildoso, 1992:23-24). Pero mas aun, el clasismo. como afirma la misma autora, permitié construir una “cierta légica de creencia” desde la cual se organiza una ética y una cosmovisi6n. El clasismo, entonces, no constituye un elemento impostado a los procesos constitutivos de! resto de las clases populares: por el contrario, esté profundamente arraigado en ellos, ayudando a formar un “horizonte de sentido”. aQué quiere decir todo esto? En primer lugar, el clasismo expresa un proceso de formacién de las clases populares. Si antes, dentro del orden oligatquico, pertenecer al pueblo era asumido ‘como una pesada cruz, en los afios setenta la condicién popular es asumida con orgullo. El pueblo, en su conjunto, era visto como el sujeto revolucionario y liberador desde el cual se construiria la nacié6n. Los trabajadores reivindicaban su papel como generadores de riqueza y, desde ahi, su importancia en el desarrollo nacional. En conjunto. asumian, desde el clasismo, su condicién de civdadanos, cuyos derechos, para conquistarlos primero y mantenerlos y ampliarlos después, exigia la necesidad de la accién conjunta (Balbi, 1989). A Ja solidaridad se unia una accién de lucha radical desde {as fabricas, ubicando Ia teivindicacién de la civdadania Relaciones de Trabajo en América Latina 37 politica como un asunto relevante y cotidiano. Como sefiala Nieto, durante el velasquismo el sindicalismo obrero industrial se consolida como sujeto social, logrando la iguaidad jutidica. Es por ello que los obrefos no se sometieron al pacto corporativo propuesto por el reformismo militar, puesto que ello hubiera exigido renunciar a la participacién politica que iban ganando. De ahi su radicalidad (Nieto, 1986). Como advierten Gonzalo Portocamero y Rafael Tapia, las aspiraciones de las clases trabajadoras por conquistar sus derechos considerados como justos (por ejemplo. ser tratados como iguales por encima de diferencias de tipo étnico o cultural) son seculares, es decir, no aparecen con el clasismo de los afios setenta. Pero la peculioridad es el papel que cumple el manismo. cual es ef de tadicalizar esa tendencia. EI clasismo, de este modo, es la otra cara del racismo, que busca negor ta existencia de derechos y la perpetuacioén de la desiguaidad. En este contexto, el marismo explica ef desprecio y la exclusion a la vez que ofrece la salvacion y la esperanza de lograr un mayor bienestar: “En definitiva el marxismo fue clave pata que cristalizara la imagen de los obreros como luchadores por sus derechos. unidos contra la prepotencia de los empresarios" (Portocanero y Tapia, 1992). La consolidacién del clasismo, contindan los autores, no se hubiera logrado sin las teformas velasquistas, establecidas en un periodo de telativa prosperidad econémica, que crearon un clima favorable para las luchas de los trabajadores. A ello hay que sumar el ambiente de la €poca: romantico, radical y juvenil que permite una comunicacion fivida entre las fabricas y la universidad. De este modo, el proceso seguido por la clase obrera es completamente compatible con la experiencia de los otros sectores populates. a los que se inadia. La conquista de la ciudadania, en la que se reivindica la igualdad de derechos, el ser parte de una colectividad, el derecho a expresar su opinion y set oido, el proceso de individuacién y ottos, son aspectos intemalizados por mujeres, migrantes, pobladotes y obretos. Es decir, el clasismo, lejos de ser un fenémeno aislado es, por el contrario, el momento culminante y articulador en la formacién de una identidad popular. En segundo lugar. el clasismo, segun lo que hemos visto, no es resultado de la accién de la nueva izquierda ni del manismo (Flores Galindo, 1987: Ballén, 1986): lo que éstos hacen es empatar Con un movimiento en curso. El limite fue que la nueva izquierda no pudo canalizar y potenciar aquel movimiento popular en auge en un sentido estratégico viable. En todo caso. el clasismo es mas tributario del velasquismo que de la nueva izquierda, por los procesos culturales que éste impulsé. Como afirma Nicolas Lynch: “El caso es que Ia influencia manista, viniera de cualquiera de la izquierdas (Partido Comunista o nueva izquierda}, permitié, en las condiciones dadas por las reformas, la creacién de un nuevo espacio y nuevos actores sociales, que desarrollaron un sindicalismo 38 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo gjeno al Estado y a los patrones, que ponia por delante la defensa de sus propios intereses de ‘clase’.” (Lynch, 1992:83). En este sentido. y en la linea de C. Franco, el velasquismo es ‘el momento privilegiado en el cual la secular oposicion entre criollos y andinos comienza a ser radicalmente cuestionada, creando la Posibilidad de que se comuniquen tanto las vertientes criollas antioligarquicas de clase media y las criollo-populares de la ciudad con las vertientes andinas del campo y la ciudad. En esta comunicacién va madurando Ia conciencia o la cultura chola. Por ello, la importancia del proceso velasquista radica no sélo en las feformas institucionales que propicia, sino también en el plano valorativo-discursivo, el de lo politico-cultural, que en verdad fevoluciona, Entonces, como resulta facil de apreciar, la ampliacién de derechos ciudadanos en Peri esta intimamente ligada a la teduccién de las desigualdades de tipo étnico y cultural. Petder de Vista este elemento significaria no poder evaluar en toda su dimensién la conquista de la ciudadania en todo el pais. Perl, pues, se constituye desde Velasco en un escenario amplio donde los peruanos de distintos origenes se pueden comunicar, conocer, interelacionar, remontando la separacién fisica_y espitituc! proveniente de la dominacién colonial. Los intelectuales que furdaron la revista & Zoro de Abajo a mediados de los ochenta, asi lo interpretan también y reivindican el papel que el clasismo cumplié en esta convergencia inédita en el pais: "Hacia fines de la década pasada convergen y se condensan cincuenta afios de tradicién obrera y urbano-popular. con varios siglos de tradicién andina. Porque por entonces parecia culminar el encuentro del mundo andino con la modemidad, no sélo a través del mercado y del Estado, sino en grado significative a través del clasismo” (&/ Zorro de Abajo, 1985:4). En tercer lugar, hay que mencionar el papel de los intelectuales. Pocas veces como en los afios setenta, movimiento popular, representacién politica y proceso intelectual confiuyen. Los intelectuales producen en estos afios una gran cantidad de trabajos sobre distintos temas y campos, especialmente en ciencias sociales. Esto se explica en la medida que la intelectualidad también necesitaba romper con ciertas tradiciones que orientaban el diagnéstico sobre el pais. Por ello no es casual que los textos de Heraclio Bonilla, por ejemplo, hayan generado tantas polémicas, puesto que se atrevian a cuestionar uno de los mitos basicos de la educacién tradicional, que ensefiaba que la independencia habia sido un movimiento “nacional”, ocultando la profunda fragmenta- cién fisica y espiritual caracteristica de la sociedad peruana (Borilla. 1971). Es decir, a los intelectuales también les urgia. para estar a tono con el nuevo pais emergente, liquidar 0 socavar las columnas del pensamiento conservador como parte de un movimiento mds amplio de modificaciones sustanciales. En lo que me interesa insistir es en que el clasismo no representa un proceso epidérmico en la Relaciones de Trabajo en América Latina 39 vida nacional, sino que se encuentra en el centro de una serie de transformaciones de todo nivel (social, politico, cultural) que tiene como marco el reformismo militar. Por otra parte, es cierto que el ingreso militar de 1968 termina liquidando el orden oligarquico que ya habia soportado, con dificultades. sucesivas crisis: la politica modemizadora de Leguia, la accién insumeccional del APRA de los treinta, las migraciones de los afios 40-50, el reformismo de clase media de los afios 50-60. Pero el ingreso de Velasco es definitive en su descomposicién. Paraddjicamente, en esto, en lo que radica el impulso mas progresivo del reformismo militar, se expresa también su mayor debilidad. Y es que el velasquismo fue eficaz en destruir un viejo orden, pero se revela impotente en lo que al disefio de uno nuevo se refiere (Guerta Garcia, 1983). La crisis del clasismo. Fundar un nuevo orden requeria, principaimente, de instituciones. Si bien el velasquismo posibilité la emergencia de nuevos actores sociales, no completé su disefio de Estado, como tampoco adquirieron consistencia las instituciones que debian cumplir el papel de intermediarias entre las esferas estatales y ia sociedad. Asi. el patrén de relaciones sociales, antes rigido y jerarquizado, se distiende. se pierden pautas para el comportamien- to. No lo reemplaza uno en ja misma medida funcional. Como sefiala Homero R. Saltalamacchia, la fundacién de un nuevo orden implica la conjuncién de dos elementos: nuevos actores y nuevas feglas e instituciones: “Lo caracteristico de tal orden hegeménico es la consolida- cién de un determinado sistema de identificacién y reglas de telacién entre los miembros de la sociedad que traera ‘aparejada 1a desaparicién de ciertos actores, mientras que offs seran transformados © marginados de los principales recursos de poder. Lo singular en Ia constitucién de un nuevo orden hegeménico es que los actores individuales y colectivos ya no podran ser los mismos que antes” (Saltalamacchia, 1992:126). El reformismo militar logré una de las dos condiciones (los nuevos actores), pero fracasé en la consolidacién de la otra (nuevas instituciones). Las consecuencias de lo anterior apareceran con nitidez en la década de tos ochenta, cuando a esta carencia institucional (o justamente por ella) se le agregan procesos de crisis. como la econémica y el surgimiento del movimiento subversivo protagonizado, centralmente, por Sendero Luminoso. Los procesos de descomposicién descritos aluden a otro tema, igualmente importante, cual es el de las identidades. Estas, Para reproducirse y consolidarse, necesitan de instituciones dentro de las cuales se canalicen y procesen. Cuando el marco 40 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo institucional entra en crisis, experimenta modificaciones simplemente es inexistente, las identidades pierden su anclaje y también sufren procesos de disolucién. Al no emerger nuevas instituciones y pautas que regulen la vida social, el peligro de tuptura o quiebre de identidades es practicamente insuperable. més aun cuando esas identidades estan en un proceso formativo. Esto es lo que sucedié con el clasismo. En un nivel que podemos llamar societal, aquellas instituciones que podian haber realimenta- do una identidad clasista eran los sindicatos, a condicién de constituirse en entidades organizadas, més alla del predominio de los eventuales lideres, y conformando un actor fundamental en la escena social y politica del pais. En otro nivel, los partidos (de izquierda), estableciendo una telacién mds estrecha con estos sindicatos, pudieron conformarse como otto espacio de formacién de esa identidad clasista, pero las pugnas inter e intra partidarias derivaron en el debilitamiento de los lazos organicos con el sujeto social interpelado (especialmente la clase obrera). En un nivel mas politico, el velasquismo. al no poder disefiar un orden alternative al oligarquico provocé aque. por un lado, viejos y nuevos reclamos acumulados estallaran y se desencadenaran y, por otf, que estas demandas no fueran canalizadas ni procesadas sin evitar poner en riesgo Ia integracién social. El sobredimensio- namiento de las expectativas que no pueden ser satistechas y la no existencia de un tejido institucional operante explican que fos teclamos deriven por canales anti o a-institucionales, perdiéndose lazos de solidaridad y cohesién. Las pautas se diluyen y los mecanismos de automegulacién dejan de tener importancia, o tienen una minima. Por supuesto que esto también llega en determinadas circunstancias a tas esferas micro, a la vida cotidiana, @ las relaciones sociales mas elementales, con todos los efectos pemiciosos que ello supone. En este contexto, no resulta extrafio que el clasismo, como referente de identidad sociopolitica de las clases Populares en formacién, no encontrara los canales institucionales dentro de los cuales discumtir, nia un nivel general (Estado nuevo y precario) ni a otro particular (esfera de la vida cotidiana). Entre ambos es que debemos atender al papel jugado por los intermediarios politicos. Esto Ultimo alude directamente a tos partidos de la nueva izquierda. Poco consolidados, inorganicos, estos partidos pudieron empatar con una identidad popular en curso, pero no consiguieron que esa relacién fuera profundizada, mantenida y, menos aun, ofientada en un sentido estratégico. Al contrario, se revelaron sumamente fragiles. Por estas caracteristicas, salvo en el hecho de haberse incorporado en parte del sentido comtn popular, dificilmente et clasismo podia seguir siendo un referente identitario. No estoy tratando de decir que para su consolidacién debid Permanecer inmutable, sino que, aun transformandose. debia conservar un nucleo minimo que le otorgara singularidad y coherencia. El problema es que la manera de actuar del clasismo Relaciones de Trabajo en América Latina 41 (radicalidad, defensa de los intereses de clase, etcétera) ya no tesultaba tan eficaz como lo era en a etapa anterior porque las condiciones habian cambiado. En un contexto de crisis econémica, con ta disminucién de la importancia de la produccién industrial, la fecesin y otros factores, el clasismo tenia muy poco margen para feproducirse de la forma como lo habia hecho hasta entonces. Mientras tanto, los partidos de izquierda seguian tratando de dirigir a Jas clases populares seguin formas maximalistas que habian empeza- do a mostrar sus limites. Lo que resulta paraddjico es que en 1980, afio en que se feinstaura la democracia, to cual implica el reconocimiento de ta universalidad de derechos ciudadanos politicos, con la ampltiacién del voto a los jévenes de 18 ajios y a los analfabetos, signifique el fetroceso dramatico del ejercicio efectivo de los derechos sociales.!' En este sentido, es ejemplar lo que ocume con el Movimiento obrero, por ejemplo: “Las conquistas de ciudadania social que consiguid durante el velasquismo -sefiala Nieto- le fueron arebatadas antes de la instalacién del régimen demoliberal (esto es, durante la dictadura de Morales Bermidez)}. Entre ellas, la mas ieee ta de la estabilidad en el puesto de trabajo" (Nieto, La nueva etapa abierta por el tégimen constitucional ponia ante los ojos de! movimiento obrero otros retos. Especialmente. y haciendo uso de los nuevos mecanismos juridico-politicos, ofrecer Propuestas para consolidar y ampliar los derechos sindicales, més alla de su anterior prdctica sdlo antigubemamental (Parodi, 1986). . En los ochenta, en medio de numerosas y disimiles crisis, las identidades de todo tipo (intelectuales, Politicas, sociales) se fragmentan, se disuelven o desaparecen en el peor de los casos. Dentro de estos procesos se debe entender Por qué cierta franja de obreros consideran que su condicién es relativa (Parodi, 1984), sdlo lugar de transito para otra cosa, esperanzadamente mejor, asi como también deben entenderse los procesos de descampenizacién, informalizacién, etcétera. El clasismo, en tanto referente identitario de las clases populares, perdia su espesor. Por tanto, el clasismo como practica y signo de identidad de las clases populares se bate en retitada, cediendo su lugar a una Qctitud mas pragmatica de la clase obrera sindical que prefiere negociar con la patronal y con el Estado, quedando “trunca la constitucién del nuevo sindicalismo como actor social, con un Protagonismo nacional capaz de representar y canalizar tas demandas de los trabajadores” (Balbi y Gamero, 1990:90). Es en este contexto cuando se comienza a teflexionar sobre los llamados : 4a evolucion de la ampliacién del derecho al voto se sucedié asi: en 1894 se oforga a varones alfabetos mayores de 21 afios, en 1956 se amplia a los mujeres, en 1978 a jévenes de 18 y en 1980 a analtabetos. 2 evista Latinoamericana de Estudios del Trabajo 4 ini tt ales son entendidos como movimientos sociales. los cl ent os portadores de valores fundamentales como solidaridad, democta- cia, gestion, etcétera (Ballén. 1986). Por su parte, los diferentes partidos de inquiosca, dado 59 caracter maximalista. el tipo de organizacion int faa eG ‘Gutoritaria, eliista), las concepciones que oe jab mea intura sobre las que se elaboraban las estrategias. end fel sdlo el propio partido era la vanguardia Seah = indiscutible. las tradiciones cculturates a tos que se ceca pe = procedencias sociales que exhibian, etcetera, impi rain eensotidaran como una fuera politica organica a! populat y acorde con el nuevo contexto, La democracia y sus condiciones Segun hemos visto, el clasismo expreso una Seer derechos de los nvevos sujetos sociales surgidos 2 one ae indes hechos: el fendémeno migratorio y el reformi he fon bién observamos cémo se constituyo un movimiento PoPt i ee ‘o menos articviado en ta defensa de sus Genet = ae del Estado, en cuyo eje se encontraba la clase anode ee precisamente, el movimiento obrero sindical. Serear ee come auge lo ubicamos en la década ge fos 70. in aa an aes también se anoté, el ingreso a un régimen constitu alates de 1980 fue coincidente con un proceso de aa ea cfs econdrrica, ave PrECHCer"eT erive,Ambos _fenémenot la aparicién del fenor D 5 Pe naeat yosionaron, indudablemente, el tejido organizativo i creado los sectores populares. Asi, la Release oe imiento obrero dio paso a und mayor impor } a movimiento de pobladores, en unos casos. a ta expansion del a informal en otros, 0 finalmente propicio la oo i eee Sujets y to recs on ee ey gesuctves como creatvOs tener tanto i mo ¢ Pigunos onalistos han denominado como informalizacién de !a sociedad. 1 movimiento de pobladores. por ejemplo, si bien ve importante, corecié de la fuerza suficiente para arficulor 9 ols aeons de 0 sociedad popular. Ademés, y en contraposicion a serosa anterior, las clases populares tomaron una actilud ree Getensva que de exigeriia por sus derechos. El probleme coats uchos, si 1 nuevo contexto era, para m > cryovivencia. Es entonces cuando aparecen formas altematitds ee eemmtar to citis. como los comedores populares. los comes Gel vaso de leche {impulsados por la gestion municipal de eaves é to como el s Unida), etcétera. En un contexto c 10, nposible ical te a la que despleg sor en und Tadicalidad semejant ue oo imniento popular. especialmente a fines de los afios setento. Relaciones de Trabajo en América Latina 43 la fragmentacién, la erosion de las identidades, el tesquebrajamiento de tos taz0s de solidaridad fueron procesos que se agudizaron en la medida que el fenémeno subversive se tornaba més amenazante. La militarizacién de la sociedad disuadia, cada vez con mayor éxito, a seguir pensando en acciones colectivas. Se traté de un proceso que socavaba las bases de una identificacién popular. Sobre todo si tomamos en cuenta que los sectores mas pauperizados empezaban a ver la accién armada como una salida a su situacién. Sin mayores esperanzas y sin alternativas que parecieran viables. especial pero no Unicamente para un sector de los jovenes, la salida heroica se constituia en un canto de sitena que los seducia. A estos dos elementos (crisis econémica y guena) se unia el propio fracaso de la democracia, que en los sucesivos gobiernos de Accion Popular y del APRA se habia mostrado incapaz de solucionar los principales problemas de la sociedad, En otras palabras, el fégimen democratico como tal no habia podido reditvarse de legitimidad. A ello se sumé una grave crisis de gobemabilidad {especialmente durante el periodo de Alan Garcia) generada pot la sobrecarga de expectativas que se habian acumulado en la sociedad, que cual pensaba que dentro de los margenes constitucionales se podrian satisfacer, Sia todo esto agregamos la actuacién de la clase politica que se reveld no sdlo inepta, sino también conupta, el camino para lo que Ludolfo Paramio (1993) llama “desafeccién politica” se encontraba allanado. Entonces observamos un doble proceso: por un lado. desestructuracién de las clases populares que ya no encontraban signos y cddigos como se los proporciond el clasismo y, por otto, incapacidad del sistema Politico democrético para consolidarse. En esto Ultimo hay que mencionar el papel de los partidos politicos que fracasaron en ser los canalizadores de los intereses de los grupos sociales ante las instituciones. Es decir, los sujetos lamados a mostrar los caminos de salida a la crisis nacional estaban también en crisis y, por ello, incapacitados de proveer de legitimidad al orden democratico ya de por si maltrecho desde su origen. En lo que quiefo incidir es en algo que ya mencioné: Precisamente, dentro de un régimen constitucional que asegura derechos, éstos son cada vez menos efectivos. Asi, se agranda la separacién entre los que algunos llaman el Peni realy el Pend formal. Para expresarlo en un tiempo histérico un poco més largo: al orden oligatquico destrvido no le sucedié uno nuevo que expresara las modificaciones sustantivas que Pers habia experimentado desde ta segunda mitad de siglo. Quizas el momento actual, marcado por el fujimorismo, traiga elementos nuevos que requieran ponderarse. Los procesos de crisis diversas que atravesaban a Pers ocasioné que los margenes de desigualdad se ampliaran. Es cierto que la experiencia histérica peruana nos muestra evidencias de que la desigualdad fue un componente de su desanollo, pero cabe 44 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabojo e si antes esa desigualdad se aceptaba como natural y eerie cabia mucho por hacet, con el desarrollo de la ideologia de derechos como hemos visto, esa condicién 2 rae socialmente aceptada. Sin embargo. se presenta la dificul e is que las condiciones materiales no permiten a los sectores excluidos -como si fue posible durante el teformismo militar, por eee expresar con éxito su reclame ‘de manera colectiva por el respe! 2 sus derechos. Pero hariamos mal en trator entender el eo peruano de manera aislada, desgajado de su en aa Evidentemente, Pers no escapa a las coordenadas que ee evolucion mundial de las sociedades hoy en dia. En el ea actual la politica y to politico pierden sustancialidad enun orca en el que la “légica del mercado" {promovida por las polit : neoliberales) ha invadido sus territorios. la politica ya no alles con su papel primordial, cual es la de configurar un as comunidad de ciudadanos pierde consistencia y ta diversi se manifiesia como fragmentacién (Lechner, 1994q)- Al ser entendida la democracia solo como principio de organizaci6n. y al privilegiar la accién estratégica de los actores y los aspectos institucionales, se pierde de vista que los pr mientos, las instituciones formales ¥ fas _reglas de a adquieren toda su dimension si no estan intimamente relacionat ce con una sociedad civil que les dé sustancia. En cee = Fernando Escalante (1992). para constituir un orden se ea de cierta moralidad que les dé sentido a aquellas pautas ae fucio- nales. De esta manera, el orden es el conjunto de reglas oe expresan valores y oftecen una explicacién del mundo. Por ejemplo. en Perv, Hernando de Soto {1986} desarrolla su andlisis sin tomar en cuenta este problema. Es por ello que su propuesta para solucionar la crisis se remite a una serie de medidas que contribuyen a 2 mayor aceleramiento de los tramites burocraticos. Es a el privilegio de lo institucional-formal que garantice a los indivi a tomar caminos particulates para resolver su propia situacion, al margen de todo sentido comunitario. Desde una dptica distinta, lo que se destaca como un problema es, precisamente, como reconstituir la sociedad ral tanto encamacién de esa moralidad, ethos © sustancia ae ia sentido a los procedimientos formates. En este sentido. ¥ i are nando democracia con sociedad civil, Norbert Lechner a! im lo siguiente: “Siendo planos distintos, la defensa de los derechos ciudadanos encuentra su correlato en la defensa de los ae de productores, consumidores y usuarios de cara a la moderni roa econémica. En este sentido. la invocacién de la socieda oH remite a la reorganizacién del orden social como complemento ineludible de la democracia politica” (Lechner, 1994b:19). i 6 cular los lazos Lo que se pone en primer plano es como rearticul que nen ala sociedad con Ia politica, el Estado y la democracio. especificamente. En este sentido, lo que dice Jeffrey Alexander es Relaciones de Trabajo en América Latina 45 significativo, en cuanto sostiene que la lucha por conservar la democracia es equivalente al esfuerzo por mantener la cohesién y la autonomia de {a sociedad civil. Aquélla sélo podid conservarse si se preserva un terreno de interés comin y se aseguran “vinculos generalizades y universalistas" que ayuden a mantener la solidaridad social y permitan la reflexién critica (Alexander, 1993}. Lo ‘anterior nos remite nuevamente al caso peruano. gDe qué manera y desde dénde se puede construir esta solidaridad universalista? La pérdida de cohesién social, la fragmentacién de los actores sociales, la ruptura material de antiguos lazos de solidaridad social que hemos presenciado a {0 largo de la década pasada en Perv. colocan como un problema central el asunto de 1a constitucion de la comunidad de ciudadanos antes aludida. Sin embargo, a pesar de ser ciertos los procesos sefialados, habria que establecer alguna distincion que quiza nos permita encontrar salidos a una unstancia que hoy parece insalvable. Y es el hecho de que si bien hay una pérdida de referencias colectivas, no es menos cierto que el largo camino de conquistas, experimentado por las clases populares en las Ultimas décadas, ha sedimentado en ellas la ideologia de derechos a ta que hemos hecho referencia. Como, sabemos, 10s procesos culturales tienen la caracteristica de ser de mds largo aliento, de expresct una Permanencia mayor que otras experiencias de la vida social {politicas, econémicas). Lo que estoy tratando de decir es que esa ideologia de derechos ya es un adquitido en la conciencia de los sectores populates, que sdlo necesita de ciertas condiciones para volver a aflorar. Por ejemplo, la constitucién de ‘a cultura chola se tevela como una conquista de dificil reversién, puesto que expresa una reapropiacién de los marginados (social, econémica y culturalmente} del pals. gNo es acaso éste un elemento que en el futuro. puede constituise en el terreno donde fructitique esa “solidaridad universalista” de ta que nos habla Alexander? Franco sefiala con agudeza, a partir de las caracterizo- ciones que resumi al inicio de estas paginas, que lo que se esté conformando es una plebe urbana la cual va copando Paulatinamente todas las esferas de la vida social y que, en su Proceso constitutivo, llegard a configurarse como un sujeto Politico que se autonepresentard sin necesidad de mediaciones. Lo que esta sefialando en el fondo es la posibilidad de que las instituciones formales encontraran, al fin, esa sustancialidad de la que han carecido hasta el dia de hoy. En otras palabras, se trataria del encuentro entre Estado y nacién, lo cual cuestionaria nuevamente y en otro plano, el camino descrito por Marshall (1965), en el que, seguin la evolucién occidental, el Estado nacional antecede a la democracia. En Perl, sefiala Franco, se trataria de un proceso simuttdneo, un mismo acto. Algunos analistas han creido ver en el apoyo popular masivo al autoritarsmo del actual presidente Alberto Fujimori (autor del 46 Revista Latinoamericana de Estudios de! Trabajo famoso autogolpe del 5 de abril de 1992) una sefial de alarma, puesto que lo que se desprende de tal apoyo es la exacerbacién de los rasgos mas autoritarios y retrogradas de las clases populares. EI problema quizé se pueda ver de otra manera. sPor qué no pensar ese apoyo como una expresién de autoconservacién de la sociedad, que se sentia indefensa ante la incapacidad y comupcién exhibidas por los gobiemos constitucionales precedentes? Una salida en negativo ante la ausencia de otras alternativas. El éxito de Fujimori en ta lucha antisubversiva, especialmente, y los éxitos en términos macroeconémicos (por dos afios consecutivos Pert es ef pats que mas ha crecido en la tegién con 8% en 1993 y 11% en 1994) pueden ser razones suficientes para generar el apoyo popular, apoyo que no significa incondicionalidad. Lo que quiero decir es que mientras los gobiemos anteriores representaron el peligro del Caos, el de Fujimori, mal que bien, ofrece ciertas seguridades. En todo caso, la responsabilidad no debe recaer sobre él, sino sobre la clase politica que to hizo posible. Un ejercicio de autocritica. Lo que es cierto es que Fujimori, siguiendo ta tipologia que ofrece Francisco Weffort (1993), es de aquellos lideres que por su coracteristica autoritaria dificultan la consolidacién democratica. Pero mas alld, habria que preguntarse qué ejemplos ha dado la democracia en Perd para que se constituya en un ideal de las clases populares. Concluyendo, hay un proceso social que la crisis no ha logrado revertit completamente, porque si bien es cierto que la constitucién de una sociedad de clases se desfigura y antiguas solidaridades entran en descomposicién, también es verdad que es posible pensar que se encuentran macerando nuevas formas de socialidad y de constitucion de un nuevo sujeto. La interogante es: asera capaz este sujeto de producir un orden a su imagen y seme- Jonza? y, mas aun, gese orden sera necesariamente democratico? Bibliografia Alexander, Jeffrey (1993) “Retomo a la democracia: la solidaridad universalist y ‘el mundo". 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Marta Novick, Raul Bisio, Ana Maria Catalano y Enrique Deibe Introduccién El objetivo central de este trabajo es examinar,-conceptual y empiricamente, las vinculaciones entre productividad y relaciones laborales a Ia luz de las recientes fransformaciones provocadas por la reconversion socio-productiva en Argentina. Las estratégicas y cambiantes interacciones entre ambas dimensiones estan lejos de ser evidentes, mecdnicas o causalmente lineales, y las nociones de Productividad y relaciones laborales, como se ver mds adelante. no son univocas sino polisémicas. las categorias y los modelos interpretativos que fueron fértiles 0 plausibles en otros contextos socio-productivos (por ejemplo. el "taylorismo-fordismo") resultan sesgados para compren- der esas interacciones en el escenario actual. Por esta razén es oportuno plantear una revision tedrica de esas dimensiones y de los modelos interpretativos usuales y, desde alli, aportar ideas-ejes y algunas evidencias empiticas que se espera contribuyan a a tarea ctitica de construccién de nuevos y mas adecuades modelos de anélisis. EI reconocimiento undnime de la centralidad estratégica de la productividad en el nuevo paradigma productivo “flexible” no necesita mayores precisiones. Sin embargo, se esta lejos ain de comprender sistematicamente el nucleo “duto" del debate. a saber: la naturaleza y las fuentes de la productividad y {os condicionamientos o mediaciones que intervienen para asegutar a mediano 0 largo plazo su viabilidad. Revista Latinoamerican de Estudios del Trabajo, ao 2, née 4, 1996, pp. 49-78 50 Revista Latincamericana de Estudios del Trabajo Los datos estadisticos disponibles referidos a sefies que abarcan periodos prolongados llevan a pensar mds en un abordaje de la evolucion histérica de la productividad en términos de “saltos" © “tupturas" que siguiendo una evolucién lineal gradual. Asi, es posible concebir esa evolucién como una secuencia de ciclos histérico-productivos de crecimiento-saturacién-agotamiento. Esta secuencia normalmente desemboca en procesos de crisis y luego reconversion desde donde se impone con acuidad a fos actores sociales la tarea de reconstruccién de ias fuentes de productividad que dan lugar al inicio de un nuevo ciclo de crecimiento y. de ese modo, a la reiteracién de la secuencia légica. Todo cambio de paradigma productivo conileva, no casuvaimente, una renovada problematizacién tedrico-practica de las causas que dinamizan los incrementos sostenidos de productividad. Desde ofa perspectiva sincrénica. surgen como nocién clave los diferenciales de productividad, que también demandan una tenovada problema- fizacién. Son abundantes las evidencias empiticas que demvestran Ja asimettia de los estandares de productividad (la misma se verifica @ nivel nacional, regional, sectorial, rama productiva y. obviamente. por empresa). Los diferenciales fueron en general “explicados” privilegiando un argumento “factorial” dominante. Se buscaba su causalidad en variables o vectores “duros" (tecnologia, capital) o “plandos” (genéricamente, el factor “humano", compromisos © acuerdos, involucramiento, etcétera). Esta discusién remite a una cuestién muy compleja referida a los niveles a los que se alude cuando se habla de productividad. No se trata tan sélo de una disquisicion metodolégica sobre niveles de agregacién de los datos: micro, meso o macro productividad. Se contronta aqui con otro nicleo tedrico “duro”. gCual es la unidad de ondlisis adecuada para interogar sobre las causas de estas asimetrias?, acudiles son los procesos, decisiones, mundos mentales y fipos de organizacién que verdaderamente explican las fuentes de la productividad? También resulta evidente que las metodologias disponibles para la medicién de la productividad han avanzado por el camino més facil: estimor cuantitativamente los impactos factoriales a partir de los incrementos telativos de productividad Vetificados, tomando en cuenta dos o mas variables criticas (tasas e indices}: por ejemplo, el capital 0 el trabajo. De ese modo, los factores y condi amientos organiza- cionales y las fuentes “no visibles" (es decir, no cuantificables directamente) de productividad fueron relegados del campo de problematizacién -cuando 10 “expulsados” del paraiso de la tacionalidad- en vittud de las obvias dificultades de replicar una metodologia similar. En resumen, la tensién analitica inesvelta entre aspectos sincrénicos y diacrénicos del fendmeno, y entre las fuentes y los efectos de la productividad, oscurece el debate tedrico sobre aspectos decisivos: gcudles son las causas dominantes de los diferenciales de productividad? y, entre esas causos, sen qué Relaciones de Trabajo en América Latina st medida ° proporcién los factores institucionales, formales o informales, constituyen tuentes genuinas de productividad? __ Este rabajo se propone indagar. desde la perspectiva de las telaciones laborales, sobre el modelo de productividad que esta emergiendo en el pais. Es evidente que, al mismo tiempo que cambiaron las reglas de juego en el campo econémico y social, un nuevo conjunto de institutes laborales delimitaron otro escenario para el desenvolvimiento de la telacién entre capital y trabajo. Estos institutos cancelan la indexacién de {0s salarios segun el indice de costo de vida y habilitan aumentos salariales basados en tasas de productividad razonablemente fundamentadas. Como se vera mas adelante. Ia habilitacién de esta modalidad de negociacién sobre el componente variable de los salarios presta un peso significativo al factor productividad en la determinacién del valor de los salarios © instaura la negociacién colectiva a diferentes niveles de actividad (rama y empresa). | Para alcanzar el propésito anunciado, se desaroliard el siguiente plan de exposicién. £n primer lugar, una revision conceptual de Ia nocién de productividad y la presentacién de los lineamientos genetales de una interpretacién alternativa de los modelos interpretativos neoclasicos. En un segundo apartado se intentara comprender el rol de las relaciones laborales como facilitadoras u obstaculizadoras de los incrementos de producti- vidad. Se hara un andlisis empirico de los acuerdos o compromisos que se celebraron en la etapa reciente, con particular referencia a las clausulas formales telacionadas directamente con la productividad. En este punto se prestara especial atencién a los niveles de negociacién o ambitos colectivos (rama, empresa, establecimiento, sector) en los que se procesan y comprometen los acuerdos etectivamente asumidos por las partes. En un tercer apartado se presentaré un andlisis de casos del sector automottiz que permitira una lectura sensibilizadora con lo que ocure en el teeno y un mapeo de los problemas emergentes de las negociaciones y de las tespuestas y actitudes positivas- negativas de los protagonistas sociales. Finalmente, se reflexionaré sobre los problemas y las evidencias_observades en esta travesia snalitica, que bien pueden sugerir hipétesis y lineas de ataque para la tarea pendiente de protundizar en investigaciones mas sistematicas. 1. La nocién de productividad 1.1. La productividad en la perspectiva neoclésica La teoria econémica ha planteado conceptualmente el tema de Ia productividad atravesdndolo por varios sesgos. Uno de ellos es el de considerar variables que son explicativas o 52 Revista Latincamericana de Estudios del Trabajo interpretativas de un resultado como variables descriptivas de la Causa © causas de un fendmeno. Este corte lleva a plantear ciertas formas mecanicistas de determinismo unicausal o multicausal (De ta Garza, 1993). En términos neocldsicos, la productividad es presentada como una medida de eficiencia aparente parcial ° global de los factores que intervienen en funcién de Ia produccién. El segundo sesgo en esta concepcién es confundir valor agregado por los factores capital y trabajo y optimizacién de costos de produccién. En esta perspectiva, tanto el trabajo como el capital agregan valor. La pfoductividad del factor ttabajo se ‘expresd como Ia relacién entre valor agregado y cantidad de horas trabajadas: y la del capital, como {a relacién entre valor agregado y la amortizacion de la maquinaria, los equipos y las instalaciones. Esto permite expresar la productividad global de los factores como el valor agregado que contribuyen a crear los salarios, la amortizacién de los equipos, de las maquinarias y de las instalaciones. Este concepto de productividad, al centrarse en el valor de los factores capital y trabajo, introduce el tema de la optimizacién de costos. Su preocupacién es establecer los términos de competitividad de estos factores a modo de obtener una relacién éptima de costos globales. Esta forma de entender la productividad presenta varias limitaciones: ‘Q) Restringe el concepto de productividad a los sectores operativos de las empresas. Como medida econométrica sélo toma en cuenta la organizacién socio-técnica de los sectores operativos, dejando de lado su configuracién como unidades de negocios complejas con mitiples articulaciones. b) La relacién que establece entre cantidad de bienes o servicios producidos y cantidad de horas/hombre ocupadas no es una medida homogénea en el tiempo. La complejidad del trabajo y $U Calificacién varian, asi como la de los bienes producidos. Tampoco lo es Ia relacién entre trabajo vivo y muerto que se inscribe en la produccién de esos bienes. ¢) Cambia su unidad de andlisis al transformar una medida de eficiencia del capital o del trabajo aplicado a la produccién en una medida de eficiencia de los costos. En esta transformacion olvida que cada uno de estos factores -capital o trabajo- representa una sintesis de relaciones sociales, técnicas y organizacionales diferentes en los ciclos tecnolégices y al interior de cada modelo de acumulacion. Las nuevas formas de organizacién de las empresas y de sus procesos de trabajo indican que la competitividad y productividad de éstas dependen mds de las relaciones de las firmas con su entomo y de las relaciones sociales que se establecen en su interior, es decir, de la flexibilidad con que articula los recursos, que de los costos directos de factores como capital y trabajo. Relaciones de Trabajo en América Latina 53 1.2. Hacia un abordaje relacional y sistémico —n los nuevos escenarios, las fuentes y mecanismos de obtencién de productividad que regian la organizacién taylorista- fordista se redefinen. El factor capital ya no expresa sdlo una nueva base técnica y organizacional de un proceso de trabajo. Bajo la denominacién "factor capital" se esconde una nueva organizacién de la empresa como negocio. una nueva propuesta de interaccién e intercambio con el entorno (Coriat, 1991): un sistema de alimentacién y retroalimentacién en red, un nuevo sistema de investigacién y desarollo, una nueva flexibilidad organizativa para tesponder a mercados inestables por la incertidumbre de la oferta, de la demanda, de Ios ciclos econdmico-financieros. de los costos. Los modelos de organizacién de los procesos de trabajo conducen a plantear, cada vez mas, a la empresa como sistema y, como tal, se preocupan por su gobernabilidad: es decir, por el control y ta direccién de la gestién de la firma como red integrada. La productividad deja de ser concebida como una adicién mecanica de factores para transformarse en un resultado sistémico que se detiva de las condiciones de gobemabilidad y control que establece la empresa sobre su entomno. La obtencién de productividad en las nuevas formas de ofganizar el trabajo se basa en que la empresa como organizacién y Jos trabajadores como individuos desarollen tanto capacidades de integracié sistémica como capacidades elacionales y comunicacionales. Las capacidades de integracién sistémica se materializan en las organizaciones productivas con el desarrollo de nuevas formas de coordinacién e integracién interna de tipo mas horizontal (Hernandez, 1992) y de coordinacién externa interfirmas. las nuevas légicas productivas generan diferentes estructuras de costos, de escala de produccién, de mix de oferta de Productos 0 servicios que. a su vez, requieren que los factores técnicos, productivos y sociales se combinen e integren como componentes de un sistema controlado por la empresa. Como se ve, cada vez més la productividad expresa una funcién de la gestion. de la capacidad de control sobre el sistema empresa. Las combinaciones técnicas fiexibles y las innovaciones organizacionales requieren una mayor integracién y flexibifidad de los procesos y una cooperacién més compleja entre {os trabajadores. Las acciones se coordinan en forma mas horizontal y menos mediada con el entomo, hecho que plantea a los trabajadores exigencias de relacién y de comunicacién mucho mds complejas que las requeridas por los modelos jerarquicos. Estas nuevas exigencias contrastan con las que establecia el taylorismo-fordismo y se diferencian profundamente de la mera intensificacién del trabajo. 54 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo Esto se ve claramente cuando las empresas introducen como metodologia de trabajo los sisternas de “mejora continua”. Entonces, se aplican principios que van més allé de la polivalencia, entendida como mera ampliacién o enriquecimiento de tareas que se basan en la movilizacién de competencias no sélo concemientes al saber técnico o al saber productivo (experiencia idiosincratica de un entomo), sino al saber ser de los trabajadores (Lichtenberger, 1992) (experiencia vital, disciplina, disponibilidad, capacidad de comunicarse con los ottos, de interpretar relaciones sociales diferenciadas, de celebrar contratos, de establecer reglas del juego. de consensuar). Se pone en marcha un proceso por el que se fequiere de los trabajadores capacidades abiertas, virtuales, en potencia. Ente estos requisitos encuentra un particular anclaje y una singular contradiccién la nocién de autonomia responsable. Esta nocién remite a una capacidad de tomar decisiones fundadas en la racionalidad de la accién y en la coherencia con los objetivos expresos de la empresa. Por lo tanto, requiere de un fuerte compromiso del trabajador con el proceso productivo y con el entomo en el que esta inserto. El producto y el proceso de trabajo dejan de ser extemos al trabajador, como lo son bajo la organizacién taylorista-fordista para constituirse en expresién de sus cualidades y potencialidades (Rojas. 93). —l “modelo tendencial de organizacién” integra el flujo productivo; flexibiliza técnicamente los procesos de trabajo y la utilizaci6n de competencias técnicas, relacionales y comunica- cionales de los trabajadores, y genera un nuevo concepto de Productividad (Coriat, 1992) que pivotea sobre tres dimensiones: 1)Una nueva relacién de eficiencia entre los tiempos de operacién y los tiempos de circulacién. Esta nueva telacién crea un suplemento de productividad (eficiencia X). Su principal objetivo es concatenar los flujos de materiales con los titmos de trabajo. 2)La calidad de proceso que evita incidentes y desperfectos es una funcién de la productividad que pone en accién la autonomia responsable de los trabajadores que detienen y anticipan el proceso defectuoso. Las nuevas tecnologias tienden a optimizar la relacién entre tiempo de operacién y tiempo de circulacién. 3)Un fuerte desarollo de las técnicas de logistica. Se invierte la ldgica del flujo productivo planificando la produccién desde sus etapas finales hacia las de inicio. EI objetivo es la reduccién de insumos y de consumos intermedios. 4)Se tedefine el flujo productivo en la medida en que “externaliza” funciones mds alld de los limites juridicos de la organizacién madre a partir de subcontrataciones fuertemente contractualizadas. Esta redefinicién del flujo Productivo genera incrementos de productividad derivados de la especializacin interna y del contro! y coordinacién Relaciones de Trabajo en América Latina 55 que se hace de las fases del proceso productivo que se intemalizan o extemalizan. Es plausible argumentar que la reconversin productiva que se lleva a cabo en esta economia dista largamente de adoptar este modelo de productividad. Esta afirmacion es verdadera y falsa a la vez. Por muchos afios conviviran empresas que sostendran modelos de productividad y de relaciones laborales contradictorios con los principios expuestos. sin embargo, las tendencias descritas cores- ponden a condiciones estructurales de la competencia en economias que se globalizan, y es muy probable que éstas logren imponerse a partir de reformularse en ta especificidad de las telaciones sociales propias de cada pais. 1,3. La construcci6n social de la productividad Los objetos y sus significados no son sino una construccién social. La productividad es la construccién social de Jas reglas de un discurso que permite a diferentes actores, hablar, entenderse, consensuar, construir un objeto desde diferentes ambitos (juridico, Practicas cotidianas, negociaciones, etcétera). La unidad de los discursos no esté dada por la unidad del objeto ni por la coherencia de los enunciados, sino por el juego de reglas que posibilitan su presencia. La productividad, como construccién social de las reglas de un discurso, puede leerse desde dos angulos: desde la interaccién de los actores y desde la integracién sistémica de las instituciones que la sustentan. Desde os actores, la productividad representa una multiplicidad de discutsos que provienen de perspectivas en Conflicto. Estos discursos no son unitarios ni homogéneos y estan plagados de hiatos y discontinuidades que son completados y fesignificados petmanentemente por los actores. Las reglas del discurso expresan una tensién permanente entre las exigencias de los empresatios, que imponen determinadas formas de implicacién @ los trabajadores, y el requetimiento por parte de estos vltimos de establecer reglas de involucramiento. Desde la sociedad como sistema de instituciones, el discutso de la productividad adquiere un particular significado estructural para la regulacién del modelo econémico social hegeménico en un detetminado petiodo histérico. Las reglas de construccién de este discurso colectivo tienden a orientar la formacién de consensos entre los actores, a construccién de significados y la resignificacién de hiatos y discontinvidades. Asi, se identifican tres formas de discurso sobre la productividad. Uno que se emite a nivel de lo instituido y se sitda en el rol que cumple la productividad como instituto de regulacién del modelo econémico-social. El segundo discurso se tefiete a la presencia de reglas de formacién del objeto y su significado, que 56 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo presentan a la productividad como una forma de coordinacién sistémica de la empresa. Los acuerdos celebrados en este nivel expresan los mecanismos y sistemas de trabajo que posibilitan su cteacién. Reptesentan formas de implicacién impuestas y transformadas en mecanismos de integracién parcialmente sistémi- ca de los trabajadores al “sistema empresa”. La negociacién sobre este punto suele ser pobre y sdlo favorece la legitimacién de los mecanismos de integracién. El tercer discurso establece reglas de construccién del objeto “productividad” basadas en la interaccién social. La productividad es entendida como un objeto relacional Producto de la interaccién y de la accién comunicativa celebrada ¥y plasmada en mictoconvenciones entre los actores de la Produccién. 8 presente trabajo se propone realizar una lectura del discurso sobre la productividad, considerando particularmente el significado que cobra a nivel de las instituciones de regulacién del sistema. En otro momento se volverd sobre el discurso de los actores Y SU significado. El andiisis de la construccién social de una forma de discurso sobre la productividad no conduce solamente a comparar el Conjunto de enunciados contenidos en los acuerdos celebrados, sino a analizar los principios en que se basa el consentimiento que Posibilita su construccién colectiva. El discurso sobre la productividad es feido, en este articulo, a partir de los acuerdos a que han llegado los actores colectivos. En este sentido, desde lo instituido -lqa norma, los acuerdos constructores de los beneficios de productividad futura- las telaciones laborales tienen un efecto instituyente en la medida en que transmiten a los actores las reglas basicas de una_cosmovi dada y normalizan ciertas practicas alrededor de la construccion social de la productividad. Indudablemente, retomar una construc- cién social desde lo instituido exige un esfuerzo por parte de tos actores de deconstruccién de lo instituido 0, por lo menos, de tesignificacién de esa cosmovision. Las relaciones laborales adquieren un papel central en la formacién de las reglas de juego que permiten emerger discursos -en el sentido de enunciadas y practicas- sobre la productividad. Es interesante observar que se constituyen en un lugar que les permite set un vehicula de lo instituido y un insttumento relativamente disciplinado de lo instituyente. En la empresa, el discurso sobre la productividad presenta ctecientemente reglas de formacién propias de una productividad sisteémica -derivadas de formas de coordinacién e integracién horizontal intra e interfirmas- y formas conflictivas vinculadas con ja construccién de una productividad relacional -derivadas de formas de interaccién social y de acciones comunicativas constructoras de universos simbdlicos que permiten interpretaciones comunes. Una construccién social de la productividad que reivindique regias de EE eee Relaciones de Trabajo en América Latina S7 formacién sistémicas tenderé a establecer vinculos contractuales, ya sea con los trabajadores o con jas firmas integrantes de la ted. La concepcién de cliente intemo de los programas de calidad total es una forma de establecer felaciones contractualizadas de Productividad sistémica, basadas en el controt de las acciones informales de confrontacién-coordinacién de los trabajadores. En este sentido, cuando se analizan las reglas de formacién del discurso de la productividad en el mundo productivo a partir de los acuerdos celebrados, se encuentra la coexistencia de reglas basadas en una concepcién factorial neoclasica con las detivadas de una concepcién sistémica de la misma. En este sentido, los actores integran como un factor mas su capacidad de interaccién y de comunicacién. La forma de contractualizar o pactar sobre la obtencién de Productividad futuia tiende a imponer reglas sistémicas de Construccién del concepto y del objeto “productividad” en los Actores. En este sentido, lo instituido (la norma) tiende a establecer feglas sistémicas de participacién impuesta y a limitat la dingmica instituyente que pueden generar los actores. Sin embargo, las felaciones laborales que se establecen tienen mucho que decir Glrededor def caracter instituido-instituyente de estas normas. La Perspectiva de los trabajadores introduce otras dimensiones en la Construccién social de la productividad que acaba redefiniendo los términos de la implicacién requetida por la empresa. Las reglas de formacién de una productividad relacional como discurso se sitéan en el tico campo de las intetacciones y de las feglas de Ja accién comunicativa entre los trabajadores. es decir, se refieren a las modalidades de instalacién, legitimacién y reemplazo de sistemas de valores, de concepciones del mundo, de fuentes de legitimidad. En este sentido, la productividad telacional se instala en el campo de las convenciones, de los acuerdos no explicitos. Una convencién es un sistema de expectativas reciprocas que no necesariamente se explicitan y que pueden no reflejar una misma racionalidad o intencionalidad. Representa un compromiso entre égicas diferentes al interior de una organizacién 0 empresa (Linhart, 1995). Las convenciones ponen el acento en el juego de los actores, en su dindmica instituyente de practicas y de concepciones del mundo. Sin embargo, esta negociacién implicita se basa en una relacién profundamente asimétrica de los actores que comporta formas de coercién social. la negociacién contractualizada, que se expresa en la Consttuccién de una productividad sistémica, tiene por Protagonistas a “actores colectivos oficiales que representan como tales a la prescripcién oficial y que son articulados por un proyecto y una tacionalidad pertectamente explicitos y definidos por ta empresa". La productividad elacional -producto. de las interacciones de los actores individuales- es asi domesticada e 58 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo integrada a formas de construccién sistémica de} concepto y ef objeto de la productividad. 2. Las relaciones taborales como fuente de productividad jo proceso de crisis y reconversién de un paradigmo Seaeas implica, consecuentemenie, crisis y reconversion de as telaciones laborales existentes, y este aspecto no consfituye un proceso social marginal o de importancia secundaria. Es por ell que las nuevas fuentes de productividad -por su cardcter sistémico y felacional- requieren de un andiisis particular de las reglas de juego que $e instituyen formal e informalmente en el modelo de refaciones laborales convencionado y no convencionado en el sistema empresa. 2.1. Relaciones laborales en {a fase de sustitucién de importaciones El modelo de desarrollo que se consolida en Argentina a partir de los afios SO representa una economia conformada por dos sectores basicos: el agro-ganadero pampeano regido por los precios y condiciones de competitividad internacional yel industrial. basado en una estrategia de sustitucién de importaciones de bienes de consumo, semidurables primero y durables despues, orientado casi exclusivamente al mercado intemo. Este Ultimo sector Ppresentaba como rasgos: una fuerte integracién vertical, un mercado cautivo creado a partir de imponer altos aranceles ala importacién de bienes finales y un fuerte subsidio a su rentabilidad que se expresaba en energia barata, tasas de cambio diferencial para insumos industriales, créditas blandos y bajas cargas fiscales. En este contexto se verifica un pobre desemperio de las tasas de productividad industrial explicado por los rasgos singulares que adoptaban las empresas indusfriales argentinas, tanto en lo tecnolégico como en lo organizacional. Durante el primer periodo, 1930-1960, la base tecnoldgica estaba compuesta por maquinas usadas, obsoletas fisica y tecnolégicamente. para producir con estandares intemacionales. Los establecimientos industriales integra- ban en su interior una cantidad de procesos de trabajo de partes y componentes del bien final y su rentabilidad estaba fuertemente influenciada més que por la productividad por la tasa de cambio a fa que compraban insumos, partes y piezas en el mercado internacional. La forma de organizacién del trabajo que comespondia a estos “talleres" manifestaba una notoria abundancia de los tiempos muetios de trabajo y de proceso y la presencia de fuerza de trabajo con capacidades técnicas superiores a las que tequeria el modelo “taylotista” de organizacién del trabajo. En la fase de industrializacién que se desarolla en Asgentina a partir de fos afios sesenta y que enfta en decadencia a mitad de los afios setenta, se desarollan formas “fordistas" de organizacién Relaciones de Trabajo en América Latina 59 del trabajo de la mano de fa instalacién de la industria avutomotriz. El “acuerdo fordista" en Argentina tiene una vigencia juridica altamente accidentada y una permanencia muy fuerte en las convenciones formales e informales que se establecen a nivel de empresa. Asi, en ef periodo 1953-1975 se Producen sucesivas suspensiones de la negociacién colectiva centralizada. La suspen- si6n de la negociacién colectiva se basaba en la “necesidad” de poner limites a la actividad sindical en la determinacién de las condiciones de contratacién y uso de la fuerza de trabojo. En el contexto de un constante juego de presiones politicas que alteraban arbitrariamente la rentabilidad intersectorial, a Productividad no necesité ser asumida por tos empresarios actuantes en el mercado nacional como un tema estratégico en los determinantes de la rentabilidad creciente de sus negocios y como tol fue un tema poco presente en el debate social de la época, con 1a muy interesante excepcién del Congreso de la Productividad de 1954. En suma, las relaciones laborales vigentes en el periodo del “acuerdo fordista” en Argentina poco intervienen en la gestion social de las fuentes de productividad de ese paradigma productivo. 2.2. Acuerdos y regulaciones entre capital y trabajo en la fase de ctisis y reconversién productiva A mediados de Ja década de [os setenta, el modelo de sustitucion de importaciones de Argentina entraba en un ciclo de agotamiento y crisis, Frente a mercados que se internacionalizaban, las empresas actuantes en el mercado interno presentaron sefiales de estar poco preparadas para la competitividad en un escenario de incertidumbre. Hacia la década de los noventa. sectores del empresariado argentino asumen el proceso de reconversion de sus empresas e intentan reformular su “modo” de producir. Se verifican asi nuevas incorporaciones fragmentarias y Puntuales de tecnologia y se inducen procesos de racionalizacién organizacional que fienden més a “retaylorizar" las relaciones sociales al interior de las empresas que a desarollar nuevas relaciones de trabajo. En este sentido, en un primer momento las innovaciones apuntan a conformar un modelo “taylorista-fordista” con incipiente informa- tizacién. Después, se avanza hacia la introduccién de tecnologias de gestién que incursionan en el desarrollo de modificaciones organizacionales a través de circulos de Calidad, trabajo en Médulos, reduccién de stocks y formas exploratorias del just-in-time. En el campo de las relaciones laborales se sancionan nuevos institutos legales que bdsicamente procuran la disminucion del costo laboral_y de las acciones conflictivas por parte de los trabajadores. En ef marco de la llamada Ley de Convertibilidad