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Alianza Universidad

1

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Charlés Zorgbibe

Historia de las relacior1es internacionales, 2

Del sistema de Yalta a nuestros días

Edición y traducción de Miguel ÁngeJ_ Vecino Quintana

1---

Alianza

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Tírnlo original:

lfi.;:oírc des n:r11ions intemationalcs 1945-1970

1-fisroirc di:s ref,11ions Ínlenwtionales 1970 ,'i 110J(s jo11rs

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Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, qu.:: establece penas de prisión y/o rnultas, además de las correspondientes indemniza- cirines por daños y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o

comunicaren públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, anística o científica, o su transformación, interpreración o ejecución artística fijada en cualquier tipo de so-

, pone o comunic,.da a través de cualquier medio, sin la preceptiva aurnrización.

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Fecha-~·--·--··-·········----~

© Hachette Line (Référence), 19954

© Ed. casr.: Alimza Editorial, S. A., Madrid, 1997 Calle Juan Ignacio Luca de Tena, 15; 28027 Madrid; teléf. 393 88 88 ISBN: 84-206-6598-3 (O. C.) ISBN: 84-206-2886-7 (Tomo II) Depósito legal: M. 34.602-1997 Forncomposición: EFCA, S. A. Parque Industrial «Las Monjas», Torrejón de Ardoz - 28850 Madrid Impreso en Gráficas ANZOS, S. A. FUENLABRADA (Madrid) Printed in Spain

ÍNGICE

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Nota ala ed1c1on espanola

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~i 1. >Yalta

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Primera par4 LA PAZ FALLIDA

~

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17

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La cumbre de Y alta y

Alemania

:

23

)foosevelt en favor de una organización política mundial La cuestión de Polonia y la ilusion de la «Europa Ebe-

27'

Y~

2.

rada»

1•••••••••••••••••••••••••••••• :·········

30

Documentos

:

36

5 Potsdam

¡···········

···············;··········

38

Hacia el fin de la «extraña alianza>»

 

'

.

38

Truman sucede a Ro9sevelt

 

40

La cumbre de Potsdlm, Japón y la «bomba»

45

Potsdam: Alemania, P.olonia y los ~alcanes

:

47

El escepticismo de la opinión públifa

Docun1ento

52

54

8

Historia de las relaciones internacionales

,

~- 3_')

Los dos mesianismos

;)

55

 

Nuevo escenario y nuevos actores

:

55

Los tratados de paz de 1947

60

El «espíritu de Riga» y «el espíritu de Yalta»

65

Documento

71

Índice

8. La construcción del campo socialista Del «golpe de Praga» al conflicto entre Stalin y Tito

9

121

122

De la «zona de influencia» al «partido revolucionario

mundial»

;

La entrada de China en el campo socialista

128

131

Segunda parte

LA DIVISIÓN DEL MUNDO

9.$ La doctrina Truman y la contención en el Mediterrá- neo ~"-·:;/Ladoctrina Truma-n

134

134

La

URSS y el Mediterráneo: tres citas fallidas

135

La

tentación revolucionaria del Dr. Mossadegh en Irán

137

Chipre: el combate por la Enosis

140

La época de los bloques

El comienzo de la Guerra Fría El sistema de Yalta

El Pacto atlántico y el de Varsovia

75

75

79

84 ~,,~10~~1reparto de Palestina y la primera guerra árabe-israelí. 149

Las Naciones Unidas y el reparto de Palestina

149

La resolución de 29 de noviembre de 1947

153

La

primera guerra árabe-israelí

157

El armisticio de Rodas (1949)

161

Últimas mediaciones anglo-americanas

166

Documentos

170

~ 11. SLa guerra de Corea y la contención en Asia Corea, un Estado dividido La agresión de Corea del Norte y la reacción de las Na- ciones Unidas La intervención china El conflicto Truman-MacArthur

','6.

~12.

.-

s

El tratado de paz con Japón

Japón bajo MacArthur -;De la guerra de Corea a la conferencia de San Francisco

172

172

174

179

184

188

188

191

5.) Berlín, envite y símbolo

86

Del bloqueo al Muro La división de Alemania como reflejo de la división del

86

i

mundo

88

J

El levantamiento de la tutela tripartita sobre Alemania oc- cidental

89

Berlín oeste, último testimonio del régimen de ocupación militar

91

!

La

contestación de la presencia occidental

92

6. SLa desgarradora cuestión alema~a

99

«¿Cuál es la patria del alemán?»

99

La República Federal como Estado núcleo: la doctrina Hallstein

100

República Democrática: tres interpretaciones

104

,.;-::.~--·

¡

7. La contención en Europa: el Pacto atlántico y el rearme alemán Los tratados de Dunquerque y Bruselas La génesis del Pacto atlántico El asunto de la Comunidad Europea de Defensa La Unión de Europa Occidental Documentos

J~

108

108

109

114

118

119

13.

.'.í":< ·

/_La contención en América Latina Del acta de Chapultepec al tratado de Río y la carta de Bogotá La lucha contra la «infiltración comunista»: la conferencia de Caracas y el asunto de Guatemala

.

14.

El deshielo

El fin del estado de sitio

:

193

193

194

197

197

10

Hisroría de las relaciones inrernacionales

El viaje a Belgrado y la rehabilitación de Tito El nacimiento del Pacto de Varsovia

El

Hacia la <~descomposición» del campo socialista

XX congreso y el «informe secreto»

200

203

204

207

:

'/

\

l

15.~>la guer-ra de Suez y la penetración soviética en el Medi- terraneo 1955: la «vuelta» de la Unión Soviética Doctrina Eisenhower y el plan Chepilov Ambigüedades de la presencia soviética Egipto, jefe del mundo árabe La insurrección libanesa de 1958 Chipre: de la sublevación armada a los acuerdos de Lon- dres y Zúrich

,

16j La descolónización de Asia y la conferencia de Bandung.

- La retiradk'británica y la división de la India Del retorno del poder colonial holandés al nacimiento de Indonesia El desafío comunista después de la independencia: Birma- nia y las Filipinas El desafío comunista antes de la independencia: Malasia

y

Singapur

:

La Conferencia de Bandung, primera «cumbre» del Ter- cer Mundo

(

'.\ 17. J La primera guerra de Indochina y la conferencia de Gi- nebra De la guerra colonial alconflicto Este-Oeste Ginebra: el juego de China

'-\ 18.

L

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d

1

eseo on1zac1on

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Af ·

.

nea

África del norte: los

El África de la Commonwealth: evoluciones contradicto- nas

De África negra francesa a la Comunidad

carrlinos de la independencia

19. Las Naciones Unidas y la crisis del Congo

Del plan Van Bilsen a la mesa redonda belga-congoleña

210

210

214

216

217

222

226

235

235

239

242

244

246

249

249

253

256

256

273

283

289

289

Índice

11

De la desintegración del Congo a la internacionalización

de la crisis

La intervención de la ONU

\,,

-~

-

(~Las cns1s cu

b

anas

:

.

¡ / Castro, el «caudillo» atraído por l~ revolución

1

De la «bahía de Cochinos» a la Alianza para el Progreso

Los misiles de octubre ·················-'·········································

Documento

:

Tercera parte

.

292

296

300

300

304

306

313

LA DISTENSIÓN Y LA CRISIS,PE LAS ALIANZAS \odo

Moscú-Pekín, el gran cisma comunista

317

 

17

de octubre de

1961, estalla la

cri¡;is

 

317

Orígenes y desarrollo del cisma MQscú-Pekín

320

Documentos

 

,

324

22.

La Alianza Atlántica y la discre~ancia del general De

Gaulle

L

325

De las «represalias masivas» a la («respuesta flexible»: la

evolución de la doctrina estratégica de Estados U nidos.

325

El proyecto de Fuerza multilateralr Del plan Fouchet a la retirada de Francia de la Organiza-

327

ción militar integrada

329

.

Documentos

335

@ ~ElPacto de Varsovia: la doctrina .13reznev

336

·

La

semidisidencia rumana

 

336

La

«Primavera de Praga»

338

La

legitimación de la intervención militar

342

Documentos

 

:;

347

 

1

 

Washington-Moscú: la era de las negociaciones

349

Después de la alerta cubana, los tratados de control de ar-

mamentos

,

349

Nixon, Kissinger y la «vinculación pe problemas»

352

La cumbre de Moscú de 1972

 

/

355

Documentos ····································l·····································

360

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.

11

""' .:::.}25.

Historía de las relaciones Ínternacíonales

Berlín como laboratorio de la distensión

Después, ~el «Muro»: la reducción de una significación

s1mbohca

El acuerdo cuatripartito del 3 de septiembre de 1971: una aceptación matizada de los hechos U na ambigüedad jurídica fundamental

:

361

361

362

364

La política hacia el Este del canciller Brandt De Adenauer á Willy Brandt Los tratados de Moscú y Varsovia (1970) El tratado fundamental RFA-RDA (1972) La conferencia de Helsinki y la cuestión alemana Documentos

:

.

367

367

368

372

374

378

Washington-Pekín: el «retorno» de China Un acercamiento retrasado por la guerra del Vietnam La distensión chino-americana Documento

\

;',

;.,, \W Washington-Moscú-Pekín: los límites de la doctrina Nixon-K.issinger

380

380

381

385

386

Cuarta parte

LOS CONFLICTOS PERIFtRICOS Y LA EROSIÓN DE LA DISTENSIÓN

El Tercer Mundo en las relaciones internacionales

393

!2Í30.

La Guerra de los Seis Días

396

De la propuesta de Burguiba a ia cumbre de Casablanca

396

El conflicto

398

El diálogo de las dos superpotencias

402

La resolución 242

405

Discursos de

guerra y señales de paz

408

Documentos

;

412

Jd

31.

La retirada británica del este de Suez

414

Gran Bretaña yh independencia de los Emiratos

414

Las reivindicaciones de Irán, Irak y Arabia Saudí

417

La rebelión kurda-

420

·1

1

Índice

La insurrección de Dhofar Irán y el debate sobre la seguridad del Golfo

/

,,,,./\
32.

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'·L·

. a mtervenc10n en

.

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S

/;:>¿Imperialismo yanqui

anto

D

ommgo

.

o conflicto de la Guerra Fría?

De la intervención de Estados Unidos a la acción de poli- cía regional

Vietnam: la guerra americana

Kennedy y el compromiso americano

Johnson y la escalada

Nixon y el intento de «vietnamización»

ve/

34. La

La

guerra de Octubre

crisis soviético-egipcia

La ofensiva egipcia sobre el canal de Suez

El petróleo como arma: la reivindicación del Tercer Mundo Un nuevo poder en la arena internacional

De Bandung al Estado providencia mundial El Este ante el conflicto La cirisis de la energía

365 Ch!pr~: de la crisis con~titucional a I~ intervención turca . MaKanos: una estrategia «a lo Burgmba»

Las crisis del verano de 1974 De las conversaciones intercomunitarias al intento de di-

.' visión

ve/·

37.

Onente

Escalada en Oriente

Los dos Grandes, el Canal y el petróleo

La Unión Soviética, potencia mediterránea

Henry Kissinger y la «diplomacia de crisis» Del informe Brookings a:l plan Carter

p'·

rox1mo,

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e meto

Próximo

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ssmger a p an

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Ct ar er

38. La iniciativa del presidente Sadat

El viaje a Jerusalén

Los acuerdos de Camp David y el tratado de Washington.

13

423

424

430

430

433

440

440

444

446

449

451

451

454

454

455

457

459

462

462

469

477

482

482

486

488

490

501

508

508

511

\

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1'1

H1stona de las relact0nes internact0nales

39. La guerra ci.vil en el Líbano Pacto nacional y hecho palestino Los acuerdos de El Cairo de 1969 La intervención de Siria en 1976

La abstención de las Israel y la operación El retorno de Siria

grandes potencias «Paz en Galilea»

515

515

518

521

528.

531

541

40. África en las tensiones Este-Oeste África subsahariana, una dependencia diplomática y estra- tégica El fracaso de las ambiciones panafricanas Un no alineamiento dotado con el arma nuclear África austral: de la descolonización portuguesa al arreglo rhodesiano Los acuerdos de Lusaka y de Nkomati La cuestión de Namibia

::

548

548

550

553

555

561

563

Los conflictos en América: mesianismo cubano e irre- dentismo argentino

/ La intervención en Granada La guerra de las Malvinas Documentos

\

I

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2i

42. La desestabilización de Extremo Oriente El «shock Nixon» y la no~malizaciónchino-japonesa La diplomacia china: la «teoría de los tres mundos» o de «frente unido contra el social-imperialismo» Japón en busca de una política de seguridad El conflicto camboyano La inseguridad de la Península de Corea

43. La revolución islámica en Irán Una revolución chiíta Una modernización demasiado rápida El movimiento de 1905 como precedente El impacto de la revolución islámica en los equilibrios re- gionales Documentos

565

565

568

572

573

574

576

579

580

582

585

585

590

593

596

599

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~

Índice

44.

La intervención soviética en Afganistán Un Estado tapón desde el siglo XIX

La Unión Soviética y Afganistán

Del golpe

:.

,

de Estado de 1973 a ll~<democracia avanzada»

de 1978

Las razones de la URSS Ventajas estratégicas e incertidumbres

45.

La guerra Irán-Irak

,

El

estallido del

conflicto

/

 

\

 

El

contencioso

fronterizo

.'

La lucha contra la subversión Un conflicto del Tercer Mundo Dos mitos movilizadores

:

La derrota de Irán

,

\ "

~ @.

1'

Quinta parte

DEL SISTEMA DE YALTA A LA;POSGUERRA FRÍA

Los últimos años del Sistema de Yalta

Estado de guerra en Polonia

:

.

.

_La administración americana: de Carter a Reagan

-El estancamiento de la negociaciones Este-Oeste

\

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J 47}

'·- ¿

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guerra de las estrellas

:

.

La caída del Muro

Gorbachev y el <<nuevo pensamiento» L~sre'íroluciones europeas de 1989 Primer momento clave: un Primer:;Ministro no comunista en Polonia La carrera de Hungría hacia el Estado de derecho Segundo momento importante: la caída del Muro de Ber- lín

Tercer momento importante: el líder de la disidencia, a la

cabeza de Checoslovaquia

:

Los Balcanes: las revoluciones podmimetismo

La reunificación alemana Documento

:

1

.

15

600

600

601

604

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610

613

613

614

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629

632

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640

643

643

647

647

649

652

653

654

656

660

lb

H1srona de las relac10nes rnrernacíonales

48. La invasión de Kuwait. La coalición internacional con-

 

tra Irán

:

661

49. Transformaciones en Europa

,

670

De las guerras de secesión yugoslavas al divorcio checo- eslovaco

670

Las guerras de secesión yugoslavas

670

La separación de checos y eslovacos

673

El estallido de la Unión Soviética

674

El fin del Pacto de Varsovia y supervivencia de la Alianza Atlántica

677

La seguridad de Europa

682

Desarme nuclear: y no proliferación

688

50.

Ondas de choqu~en el Tercer Mundo

 

,

692

La paz israelo-palestina

 

692

África marginadd

696

República de Sudáfrica: el fin del apartheid

699

De Asia central al Extremo Oriente

703

Fin de partida en América Latina

711

Epílogo

 

714

Un nuevo sistema internacional

714

Biografías

,

719

Bibliografía

;

,

732

Indice onomástico

:

768

NOTA A LA EDICIÓN ESPAÑOLA

La edición en lengua castellana de la Histoíre des relations inter- nationales tiene una serie de particularidades. Redactada para un público francés, ciertas referencias que el autor hace serían quizá incomprensibles para algún lector extranjero. Por

ello he intentado eliminar esta dificultad a través de las notas, que he procurado que fuesen lo más sumarias y precisas posibles. También han sery-ido para extender alguna que otra explicación histórica, so- bre todo en cuestiones marginales que pueden ayudar a comprender el trasfondo del tema explicado por el profesor Zorgbibe. No obstan- te he procurado que dichas explicaciones se ciñesen a los temas que en principio más pueden interesar al público español. Con los «Documentos» la intención ha sido aportar testimonios de primera mano sobre los acontecimientos narrados u opiniones de especialistas sobre los mismos. En la selección de estos «Documen- tos» he preferido introducir más materiales en aquellos capítulos que he creído que interesarían más al público español, sacrificando todo o en parte d espacio en otros pues, naturalmente, no se podía duplicar el número :le páginas sólo con documentos. He excluido testimonios

17

18

Historia de las relaciones internacionales

cuando se trata de casos tah cercanos al lector español que podrá en- contrar sin dificuitad bibliografía al respecto. Muy resumido el índice onomástico en la edición original, en ésta lo he ampliado hasta abarcar prácticamente todos los nombres que aparecen en el texto. Finalmente he creído conveniente añadir unas breves biografías de los personajes más importantes que protagonizaron esta historia, centrándome en los ministros de Asuntos Exteriores y en los embaja- dores cuya labor merecía ser destacada. En algunas ocasiones he cita- do igualmente a políticos o personajes que sin estar directamente re- lacionados con los acontecimientos, sí influyeron indirectamente en I ellos. Sin embargo, no me ha parecido necesario incluir las biografías de otros muy conocidos, como Kennedy, Breznev o Arafat, por con- ¡ siderar que todas eran fácilmente accesibles en cualquier enciclopedia o diccionario biográfico. l He preferido dejar la bibliografía tal y como está en la edición francesa porqu'e, aun cuando quizá hubiera sido más cómodo a primera vista ordenarla alfabéticamente, la finalidad evidente del 1 profesor Zorgbibe era guiar al lector hacia una ordenación por temas tratados. De hecho la eiección del autor me parece más apropiada por cuanto al tratar su tema «mundialmente» hubiera sido más complicado para el lector no especialista seleccionar los libros sobre el asunto que \e interese sin conocer previamente di- chas obras, lo cual es el caso dado que el profesor Zorgbibe rara vez menciona las fuentes en las que se basa. Aparte de ello, la bi- bliografía citada por el autor es prácticamente desconocida en cas- tellano y dada la antigüedad de algunos de esos libros, en la mayo- ría de los casos de enorme interés, son difícilmente accesibles excepto en bibliotecas con una gran reserva en temas de política internacional. No sería justo terminar esta nota sin agradecer a la Sra. Jung, así como a todo el personal de b Bibliotheque Nationale de Luxembur- go, las facilidades que me han dado para consultar los volúmenes de fuentes, y sobre todo para procurarme el gran número de obras que les he pedido continuamente, muchas de las cuales se hallan en otras bibliotecas europeas o americanas, principalmente en las de Francia, Alemania y Estados U nidos. Igualmente han colaborado para conse- guir traducciones oficiales de los documentos cuando éstos estaban en idiomas que desconozco, en especial en ruso. La Sra. Jung ha puesto todo su empeño en conseguir dichas obras wn la mayor rapi-

Nota a la edición española

19

dez y eficacia, lo que me ha facilitado mucho la terminación de la presente edición en un período relativamente breve de tiempo, dada la dispersión de las fuentes de documentos. A todos ellos y al direc- tor de la B.N. L., M. Christophory, mi agradecimiento por su acogi- da y ayuda.

Miguel Ángel Vecino Quintana

r

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1

i

1

1

Primera parte

LA PAZ FALLIDA

Capítulo 1

YALTA

La cumbre de Yalta y Alemania

 

El turista que va hoy en peregrinaje diplomático tl_ealacio de Li- vadia, blanca construcción de estilo renacimiento italiano de princi- pios del siglo XIX -del «estilo gran chalet de Antibes con pérgola en el techo» según la mirada crítica dé Olivier Rolin-, comienza su visi-

-

1

ta por la sala de conferenc!~

c:_on

!?:_enorme_mesa

redom:la,decor.ada

-

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!I

JI

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con tres banderas~lrededor de la i:uai Stalin, RooseveÍ!_Y Churchill pgQ_ía_!1_r~u~~con una centeñade-:-conséferos r~articf;sen dos filas.

Más-allá, entre cipreses y pa1ffi-éras~fásrer·r:;i~defp;¡Tacioy 1as mon- ·

tañas caen ~.!!Ja <~superficieazul griego» dei Mar Neg~o. El encuent"ío-Cie-iostres- Grañdes--=-~~gundo después del de

- prím"avera-ae-f944;la-ofoiisivá. so~iética hacia el sur con la entrada del - Ejército Rojo en Ru~;nía~-llá.cíañ. t~~~;-~~;-ª-p;.Qpi~i.C~!i-ae."M§scn-·.

Teh~vrembre-deT943=-resultaba indispensable. Desde la

¡

de lósBalcanes; i

iria-implantacióri

"de Rusia en las orillas del Medite-

J

rráneo-órientai. En el norte, el 23 de julio de 1944 los soviéticos fran- queaban la «línea Curzon», limite oriental de la «Polonia étnica»,

~ j

~

'

nuevamente admitida como frontera por los tres Grandes. En octu- bre de 1944, las famosas conversaciones de Moscú entre CFiurchill-y,

---- ------ ---

------·-

24

La paz fallida

Stalin sobre los «porcentajes de influencia» pusieron en alerta a los

áf;;e~icanos y ya el 4 efe oc:~~I:e~Jlñ~~feLeg"i~iii¡~-g~]~üüsevelt-a-Stalin

proclamaba el cornprorruso de Estados Unidos com;-pote;¿ia m~fl=' Ldial-y-·pedfa-lrófü~i~~~ígji:Q~-::iíña-::_~focibr.E~tf)_oc--J);--PeroJª_elec­ cióñpréSi.Cleii~Ialamericana tuvo lugar el 7 de noviembre y la inaugu- ración del nuevo mandato el 20 de enero de 1945. Roosevelt salió de Estados Unidos el 22 de enero, llegando a Malta el 2 de febrero en donde Churchill le esperaba. Las delegaciones británica y americana -más de quinientas personas- vuelan desde ahí hacia Crimea. A principios de enero de 1945, De Gaulle se entera _P-gr_lª prensa d~li :

_celebraci§Ae l~¿ü-.nf~!~fic!a,_pues-aÜ~ueCh~;~hilly Stalin~st;ba-r;'

dispuestos a invitarle3_:úkaJ~ev~lt se_g_l!ía siendo escéptiGü=So.bre

sobr-e--la-represenJ:ª_tivi-

Ja-teg1t1mlaaclpoTÍ!f~a

ck_Charles.de-Gaulle

y

aad

continuac~-6nJiahrá-Cíertos-geSt:os de apaciguamiento: el nuevo secre- tario de Estado, Edward Stettinius, considera razonable asociar a

_d~~s~s--co~pañeros de la R~~~t_~!!.fi-ªJQ~_,

Sin embargo~ a

2,l.

Francia al acto de capitulación de Alemania y a su ocupación militar; el consejero Harry Hopkins se reunió con De Gaulle en París el 27 de enero de 1945, con el fin de establecer una aproximación rranco-ame- ricana; en el «Mensaje sobre el estado de la Unión>>, el 6 de enero de

Pero

¿cómo borrar el sentimiento de humillación de De Gaulle? El paraje balneario de Yalta, en la costa sur de Crimea, se extien- de por 80 km. No teniendo un verdadero puerto, los navíos de gran tonelaje fondearán en Sebastopol y el improvisado aeropuerto está en Saki a 150 km de Yalta. Los edificios de la ciudad, devastados por la ocupación alemana, habían sido restaurados: los soviéticos se intala- ron en el chalet Koreis, palacio balneario de los Yusupov; los ingleses, en el palacio Vorontzov, y Roosevelt, para evitar-cualquier fatiga, fue aloja.do en el palacio Livadia, en el mismo piso que la sala de confe- rencias. Churchill y Roosevelt aterrizaron en Saki el 4 de febrero. Desde el otoño de 1944, la competencia militar entre occidentales y soviéti- cos, «la carrera por la victoria» lanzada al oeste y al este de Alemania, no parecía desarrollarse ventajosamente para los occidentales. En di- ciembre de 1944, la contraofensiva de van Rundstedt en las Ardenas había retrasado el avance de los Aliados hacia el Rin. En el frente oriental, la ofensiva anticipada del Ejército Rojo, lanzada el 12 de

enero, había puesto a to.d~olo.nia

bierno de Lublín y Berlín quedaba al alcance de los cañones soviéti-

1945, el presidente Roosevelt elogió a la Resistencia francesa

la autoridad de hecho del go-

bajo

Xalta

cos. La cuestióp_era si Stalin ordenaría atacar Berlín o asegurar las

pQilciones rusas en Eilropa:·ae-1-estey--d:iLcentio:LQ:~flo:s-inillQn_e_sde

hornElreselelTejercifübíeloriüso<IeYukov acampaban con cuarenta mil cañones (y el apoyo de nueve mil aviones) a 100 km al este de

Berlín. Pero los alemanes controlaban sólidamente todavía Checoslo-

vaquia

ylarmta.cl.CieHung;íaysiis-Juerzas- en Poriierañfa-amenaza- ·

hm-lénlañco!ferecho~de.Yukov.-- - - ---

- -

··

~~~Vhoras del 4 d~ f~b-rtio comienza la primera sesión plena- ria de la conferencia de Yalta dedicada a un repaso general de la situa- ción miiitar: el general Marshall indica que un ataqÚemasivo-·c:i-cci_::- c:lentat;eñToCfá-la anchura del frente, era posible, tras el fracaso de la penetración alemana por las Ardenas y que sería lanzada el 8 de fe- brero, pero los Aliados no aicanzarían el Rin hasta marzo. El 6 de febrero Stalin decide frenar el avance de Yukov y anula todas sus ór- denes anteriores; el Ejército Rojo liberará primeramente Checoslova~ quia y Hungría, retrasándose la toma de Berlín hasta después de la conferencia de Yalta. De esta forma se evitó cualquier tensión política con los Aliados occidentales. ¿Qué trato hay que dar al Reich una vez que los soviéticos han entrado ya en Alemania y los occidentales se disponen a hacerlo? Para Stalin es el punto más importante de la agenda de la conferencia y surge ya en la segunda sesión plenaria, el 5 de febrero. Stalin plan- tea de entrada cuatro preguntas: ¿Hay que desmembrar a Alemania? ¿Hay que establecer un gobierno alemán o una administración aiia- da? ¿Cómo hay que interpretar la capitulación sin condiciones? ¿Cómo organizar el pago de reparaciones? En el momento más álgido de la guerra, ei entusiasmo de los tres

Gran_c! ~~l-desffiéffil)ram1~fir;(ieA.IeffiaI1iª~ia_~iictente

es

pare­

ciendo S!-lrgir_yñ. consef1so--enla-c1únbre de Teherán, en la que Roose- velt había.-evocaao-la-consiifiicióncfe--Cmco-EStaaos-alemam:s;-e_n,_:Q.s

por erigir

Westfalia·y el

Rw:_G_ajp:-:_contí-01 iñtánacionaCP~ro, ahora qu~Jª2ictoriase-aproxi~

maba, las éertezas de Chúrd1ilrp-erdía-~ nitidez: h_ay-A_ue romper el R~ic_h nazi, pero Alemania misma ¿debe ser destruida o considerada

como ur1a aliada para el f!-lturo, muralla _e:ventuaLcoñtrn

nismo soviético? Por el momento, el Primer Ministro británico su- braya la «complejidad del problema»: no es posible, escribe Chur- chill, «solucionar en ochenta minutos la suerte de ochenta millones de hombres y mujeres». El asunto se transmite a los ministros de

tubre_de.J_'l_4:f_,_mJvloscú, ChurchiJLhabfa Prusia y Baviera en Estados i::1~de_p~di<:!11t~~_y

estad.Q_!~ntado

poner

<Ü~ry~I}sio­

La paz fallida

Yalta

27

Asuntos Exteriores, que confirman la existencia ·de un acuerdo sobre el principio del desmembramiento. ¿Puede incluirse en el acta de

¡~· capitulación una toma de pos.ic.i?n más cla~·a? El artículo 12 del pro- yecto redactado por la Com1s10n consultiva europea prevé que las tres potencias ·ejer:cerán «la auto~id~~.S en Alemania» y que consten, entre las me_didas .r~g:ieridas para la paz futura, «el desarme

¡ completo y la d~_smilitariza!:_~Ón». Molotov deseaba fórmulas más

aceptan

membramiento» después del de «desmilitarización». El desmembra-

i·- concretas; Eden y-Stettiiiiu_s

la inclusión de ia palabra «des-

1:1PL~J11ª

3$-n.tQ_~-ª-~ªQQl g!L~mbar go,-enJo_s_b,echos~~

que-e1Lpi:ine!pio

PEQY.i.s.iQ~!~5-: La alusión a las zonas de ocupación lleva a los tres

1 Grandes a tratar sobre el papel de Francia en Alemania. Churchill de- seaba atribuir una zona de ocupación a Francia, que sería constituida a partir de las zonas americana y británica; Stalin desaprobó la idea pero cedió cuando Roosevelt intervino en favor de la propuesta de Churchill («Las fuerzas americanas no podrán permanecer más de

Gran Bretaña no puede asumir sola el esfuerzo

c;lifex_entes_zon~-~unq.ue_er:a cier-to

"1·

dos años en Europa

de ocupación»). Paradójicamente, Roosevelt rehusó la concesión de

un puesto a Francia en el seno del Consejo de control interaliado

para el conjunto de Alemania

lo ilógico de su posición: zona de ocupación y participación en el Consejo de control iban parejos, y así sería más fácil tratar con Francia.

El .5 de febrero, los tres Grandes .abordan también la cuestión de

las.[ep_arn~i9_i:ies,:·El di:_i~g~_c[q-:~~~¿¿¡:¿~~I~Mai~ky,_cµ_a.nd~_p_s~~t;"

antes de reconocer el 9 de febrero,

en ~~,sión.plenariaJa~_p_rQin1~g_a.§A~¿_g

el

e_~~S.,_Er.~e_J~!:~~l_~_Lp.IT

<;m!i'.fª-L

/~

d~wtelamiento_de.Lp_otenci¡iJ_indJ.lfil:.Ó<!Lalemán. ELsecretar,io-ame- ,1

un cé-

del

ar.ec.ía_h.ah.er sido c.on-

v~9g~ la agricuitura aseguráría la felicidad del pueblo alemán y la

economía británica, una vez eliminada la competencia aiemana, cono- cería una nueva expansión.

ado

r.ic.ano-del Tesoro, Henry

l\!!Q!g_~I}_~hau,--acab-a:-tl<:-proyeetar,en

de

Alma

Roosev.elt

n,ia*Ja

p

lebre plan, l~dustrialización

alemán para-la-·agriculttu.A

p~~-l?lo

r.eedyB-ción

En realidad l()~

cliplqmáticos

.y:.Jos_rnilitares

habíai:ueac.cill_IJ

Stetcinius.r.eanucla-eon

¡,'~

en~~(;i)ñeñti_En_eldep.aria,m~m.o_de Estado,

la tesis li~al sobre la prosperidad deJas

taclodeT i re cambio y de la cooperación económica. Un.desmante-

era elresul-

naciones.;

la.paz

Íanueñro. de·la-i~tria

alemana_p.araliza-r.faJu:¡¡:pansi.ón-.económica

europe<\. En el Pentágono, el acento se puso en Jos disturbios interio-

-

.- -

,-

res que seguirían a fa destrucción del potencial alemán, semejantes a los que acompañaron el ascenso de Hitler al poder. Ivan Maisky propuso el traslado a la URSS del 80% de la indus- tria pesada alemana, la supresión de ias industrias de guerra y la en- trega de productos corrientes durante los diez años siguientes al fin del conflicto mundial, por un montante total de diez mil millones de dólares. Churchill presentó una objéción: cómo destruir la industria pesada alemana y liberar, de todas formas, el excedente de produc- ción que sería objeto de las «reparaciones», e ilustró su idea con un ejemplo: «Si se quiere que un caballo tire de la carreta, al menos hay que darle heno». Stalin respondió con otro ejemplo rústico: «Cuídese que el caballo no se revuelva y le dé una coz». L~discusión parecía

comi- el_llbargo,Ja cues,,- 8 nivel de minist:J::Qs_de ;;¡.sl<!_gg_d~S.OWo-de-hrin­

Ql.Q.g!:J~~~'-Y.Qr.J.Q.Q.ue.s.e

sió~ule

prnpnne

el

reme

ªi9_~lásj~9_:.5:r~ar--una

r.eparaciones.qu.¡;_s_eL~-º.IJiri~L~n.Jv1.Q~.ib-Sin

tión vuelve a snrgir Asuntos ~riores, MQlQ! dustna pesada», pern~ge de las reparaci0-nes-=v.einte.mi1

duranr.eJ.a

Q.y

c.Q~ia

desis~··del

t.r:

una_cifra.pre-Gisa.-que-fije,€!l,montante.total.

millones-de g9J~&.E!S.,

c:l_e.JQs

.<::.uaie~,la

i];~-para-la.IIRSS~EJ3~geJ.ario-delEor.eign--Office;··Eden;-re­

si- guieron al _primer confiicto ~undial .y su fracas~ fiTI:;I. En la sesLó.n

plenaria.dél üféie.febre?ó~-sralin,-aga:rrádoai-resp-atdn·-defüsilla:-gritó

l\ encolerizado: «¡Deben pagarse indemnizaciones a los países que más

c;ede: eLprnto.colo

g_!:!_e

cgrdóJaS-t>bsesionant~~ negoc_i_ª_c;!o11~~-sQb.reJ'!§.repar~i90.e,s

\

han sufrido!». Pára tranquiliz:1!!:il

final cita la cifra de

vein

E

e

de

-

~~Jil':oñiislón.Á.ÍeJas_rt:!.pgy_~~Á9P-es.de.,.Moscú,

per

o-igual-

-

m~~.fQ.U~~¡¡.-~l_mant.enif.!1i_e.p.~<?.de la~.9.Pº.~ic:i<)n_~r.:i.t_á!!~C'ª_~c~al~ier

pw,p.o.sición.d.{:ceste--ripo.

-·--··-

Roosevelt en favor de una organización política mundial

Eara Franklin Ro.QS.eYcit:, eLpr:incipal-tema-de-Yalta-€r-a-el--de-la-fu-

~nización de las

Nacio.nes

Unidas.-A-semejanza-de-Woo-

drow ,WJJ.~guun cuarto de siglo antes, coucenrró sus esfuerzos.enJa.

constitución de la iQS.titución-mund.ia.Loara,.tl.mante.oimiento

4s:

la

az:;p~~eu;;:;;tabadispuesto p

cÚestionesi-como--la.de.Polo-nia. - .&o se trataba de.r.ep.etir.Jos-errores-cornetid-os--een·hr-Sociedad.de .La. SDN proveyó ciertamente un modelo institucional en

~~~j~I}es.

-a ·conc~si0neS-implíciras

sohr:e ot;;s

2S

La paz fallida

Ya.ha

materia té~ni_c_~ i:ieg~ones~~ultilate1:~~µ_c;l~funcio:1-dJ.P.jento

Qe

de lÍn sefaetanado rnternac10~_ero los 1DlC1adores amencanos de la ONU-(puesto que el impulso .siempre llegó de Washington, en donde el antiguo secretario de Estado Cordell Hull había consagrado .su energía a ia eiaboración de una futura Carta) querían aprender las \ lecciones del fracaso de la SDN: se rechazaba el carácter demasiado jurídico, demasiado abstracto del sistema de seguridad colectiva y del mecanismo de sanciones; debía evitarse una relación demasiado estre-

cha, como la establecida por el Pacto de las Naciones, entre el estatu- to de la Organización el arreglo de la paz. La nueva organización sería en consecuencia al mismo tiempo una reconstitución de la SDN, una «SDN bis» y una «anti-SDN». Debería estar dotada de un poder eficaz, el de los vencedores, una SDN con participación americana y ·

=:i- El 30 de octubre de 1943, Cordell Hull había logrado la adhesión

'

soviética.

, /de Stalin a una «de~laraciónde Moscú», .que proclamaba «la necesi- -·' V/dad de establecer, lo más pronto posible, una organización interna-

·,-- _cional general para el mantenimiento de la paz y la seguridad interna- cionales». En noviembre, en la conferencia de Teherán, Roosevelt había explicado a Stalin su proyecto: una «Asamblea de Naciones» y los «cuatro Perros Guardianes» -los tres Grandes y China- en- cargados de la paz en el mundo. La declaración dio un impulso a los trabajos preparatorios: al concluir las conversaciones de Dumbarton Oaks, en las afueras de \Vashington, del 21 de agosto al 28 de sep- ti~mbrc de 1944, entre expertos de Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética, lo e¡;encial del trabajo estaba hecho. (Entre el 29 de septiembre y el 7 de' octubre, el proyecto de ia Carta había sido \

ii «releído» por los inglesés y americanos con una delegación china en ~·( ausencia de la URSS, qu~, al no haber declarado todavía la guerra aJa{i\ O pón, no había querido reunirse con China.)

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_'A, El proyecto de la Carta·estaba listo,- pero quedaban en suspenso

Í importantes cuestiones que serían discutidas en Yalta. ¿Cuál sería el ; procedimiento de voto en el seno del Ejecutivo mundial, el Consejo )- de seguridad? ¿Qué parte correspondería a la soberanía de los Gran- des y al los ,imperativos del m.antenimiento de la paz? ¿Quién sería

¡ miembro del Ejecutiv6? ~stadqs Unidos había propuesto ya, en

1'

\ Dumbarton Oaks, que China fuese uno de los miembros permanen-

\ tes del Consejo de Segliridad; Gran Bretaña deseaba la presencia de Francia. Los soviéticos objetaron que la relación en su contra sería de

\ cuatro a uno. El problema volvió ·a surgir con motivo de' la composi-

ción de la Asamblea general: los soviéticos temían un dominio anglo- americano en la Asamblea. Londres podría contar con la entrada ma- siva de los países de la Common~ealth y Washington con las repú- blicas hermanas de América Latina. La URSS exigía en consecuencia que cada una de las dieciséis repúblicas soviéticas federadas dispusie- sen de un puesto.

. El 6 de febrero, en sesión plenaria, Roosevelt abrió el debate so-

/ bre las Naciones Unidas, dando la palabra al secretario de Estado

~ Stettinius, que propuso UIJ- sistema de voto en.el Consejo de Segur~­

!'

1

¿ dad. Ciertas cuestiones -y particularmente las referentes al proced1- rniento-:- serían objeto de un voto por mayoría simple de siete votos de un total de once. Las cuestiones de fondo más importantes exigi- rían, para ser resueltas, el voto positivo del conjunto de los miembros permanente: un .«derecho de veto» quedaba así conferido a los «Pe- rros Guardianes''· Pero los redactores americanos imaginaron, en un

principio, una restricción fundamental en el derecho de veto: el Esta-

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do miembro permanente, que es parte en la cuestión examinada por el Consejo de Seguridad, no podría tomar parte en la votación. Bajo una apariencia técnica lo que se planteaba era la cuestión esencial de la soberanía de los «Grandes>» la de los medios jurídicos

J de los que dispondrá la nueva organización para liberar a la sociedad internacional de la ley de la jungla. La reacción soviética fue sorpren-

1 dente: Stalin y Molotov no habían leído la propuesta americana que

1 les había sido transmitida dos meses antes. Podía tratarse tanto de un

1 reflejo de la falta de interés de los soviéticos por el asunto de la Orga-

nización mundial como de la voluntad por «ganar tiempo» antes del estudio de un documento que podría revelarse una trampa para

.Moscú. Churchill intercederá, cuando el 7 de febrero, en plena discu-

sión de la cuestión polaca, Stalin vuelve a sacar el proyecto de la

Carta, ··quizá como un intento implícito de «trueque». Molotov co- municó ei acuerdo de la URSS sobre el procedimiento de votación propuesto por Estados Unidos, a lo que sigue otra concesión: la URSS no exige ya dieciséis puestos en la Asamblea General (uno por república soviética) sino solamente la presencia de Ucrania y Bielo- rrusia y, eventualmente, Lituania. Al día siguiente Churchill y Eden aceptaron la atribución de dos sitios suplementarios a la URSS; Roo- sevelt, más reticente, se vio obligado a ceder. Ei 9 de febrero, el secre- tario de Estado Stettinius abordó un último tema relacionado con las Naciones Unidas: la organización de las tutelas internacionales, en el espíritu del famoso sistema de «mandatos» de la SDN. Churchill

)

1

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30

La paz fallida

¡:

.

-¡-

imaginó '<al Imperio británico sentado en el banq:lillo» por lo que rehúsa vehementemente que se toque «ni una pulgada de~! territorio brit~nico». Sorprendido;Stettinius le tranquiliza: sólo se refiere a la tutela de las antiguas posesiones alemanas y japonesas. (Ll'daba por organizar la conferencia constitutiva de la Oro-ani- z::icicí1: n:undial: Jos ministros de ~suntosE~terioresfijaron_ un: fe- ch,1, e1 h de abnl de 1945, y un pa1s de acogida, Estados Urudos. En

cuan~~ a la cuesti_ón de_ cuál sería el ~riterio _de participación en la

creac10n de la ONU y s1 los Estados de Aménca Latina serían admi-

1 tidos como miembros originarios, induso si no habían entrado en ei

conflicto mundial, en la sesión plenaria del 8 de febrero se adoptó un

criterio formal: sería invitado a la conferencia constitutiva todo Esta-

/

do que hubiese declarado la guerra a Alemania y firmado la Declara- ción de las Naciones Unidas antes del 1 de marzo de 1945. La confe-

(

l\ conferencia constituyente jamás vista en la historia de la Humani-

potencias

·, arifitrion;:is)ftáp~~a,\invitada a unírseles, ha rechazado la propuesta,

puc~ Ü~ Gaul~jhábía objetado que no había sido asociado a los traba- jos prep-arat;;Úos. Cincuenta Estados estaban representado~: algunos se habían unido in extremis a la gran coalición contra Alemania y Ja- p.-)n. Los debates serán animados y los Estados pequeños y medios no ó•.' sirnieron inhibidos. La conferencia decidirá por mayoría de dos tercios, aunque en reaiidad será por unanimidad que conferirá a los «cinc·,, Grandes» (esta vez, Francia y China se han unido a los Tres) las responsabilidades principales en materia del mantenimiento de la p:iz y de la seguridad internacionales.

!

1

1

rencia se reuniría en San Francisco ei 25 de abril -«la mayor

' d.,c! ", sczúnJ\1.~-~LVirally. Los «cuatro Grandes» son ias

li

~:'

La cuestión de Polonia y la ilusión de la ~<Europa liberada»

t ; (/ La cuestión de Polonia dominó los debates de Yalta, como una

: :·llaga abierta entre los occidentales y soviéticos,- pues las democracias

: í ::,. -;~- occidentales habían declarado la guerra a Hitler porque habían dado

~a agresión al.emana y los soviéticos por su

: p.:ne: ,¡,-.b1an amqmlado la mdependencia polaca en los sombríos días

1

:

'-S-'

,

\

garan~frs ~Polo.nía_ contra

; 1\que siguieron al pácto
1

¿Cuál ser~lasfronteras de la nueva Polonia y

seríi s-u·r~g§enpolíti~o?

--

·

de-qué.n~uraleza

~

La c~~s_!:~Qn

de las fron~~~-tab:_medio

:_o~~~ionada

desde la

l

\

l

1

Yalta

31

~e ~eheri:i: l~ l~nea Curzon :_fijada

en 1919 por una co-

m1s10n rnternac10nal pres1d1da por lord Curzon, para delimitar el te- rritorio de los «polacos étnicos»- separará la nuevo Polonia de la URSS (pero se previeron algunas «desviaciones» de la linea en benefi- cio de Polonia en ciertos sitios). En Teherán, Roosevelt quería atri-

buir Lvov a Polonia pero cedió ante la oposición de Stalin apoyado por Churchill. El 6 de febrero, Stalin se lanzó a un discurso exaltado, para evitar cualquier puesta en duda de la línea Curzon: «Es la línea de lord Curzon, de Clemenceau y de los americanos que tomaron parre en las conferencias de 1918 y 1919., Los ntsos no estaban invíta-

dos (

nos rusos que Curzon o Clemenceau y eso sería el camino del desho-

nor. ¿Qué dirían los rusos y los ucranianos? Si. yo me mostrase menos buen defensor de Rusia que Curzon o Clemenceau, no me

atrevería a volver a Moscú sin velarm~ la cara (

Kremlin se levantó para proponer con s~lemnidad una compensación

a Polonia: «Prefiero que la guerra continúe un poco más de tiempo, incluso sí eso nos cuesta aún más sangre, y conquistar para Polonia

territorios en compensación al oeste, a expensas de los alemanes (

Yo propongo, como frontera occidental de Polonia, el río Neisse». El debate queda así desplazado refiriéndose a partir de entonces sobre la determinación de la frontera occidental de Polonia. Es precisa una compensación por ei trazado de la línea Curzón. Pero ¿hasta dónde debe llegar la recuperación de territorios al oeste? Churchill se mos- traba escéptico: la anexión de Polonia de un trozo de Prusia oriental,

hasta la línea del Oder y dei Neisse, significaría, según los expertos, la

o su

desplazamiento). Pero los soviéticos se 1 obstinaron y apostaron por

que los ,occidentales terminarían cansándose: después de todo, los

presencia de seis millones de alemanes bajo soberanía polaca (

)

Ahora algunos querrían que nosotros nos mostrásemos me-

)».

El dueño del

).

territorios en cuestion forman parte de la zona de ocupación atribui- da a la URSS y poco después el debate· ya no se refiere más que a la

Los Tres

acuerdan una fórmula ambigua: «Polonia deberá obtener sensible en- grandecimientos de los Territorios al noHe y al oeste»; pero la deter- minación definitiva de las fronteras occidentales se deja a los tratados

de paz, firmándose el compromiso por bs «tres jefes de gobierno» -no de las «tres potencias», por lo que su impacto «político, incluso jurí- dico, queda disminuido en_J~~~_:naprdporción. La cuestión de~-·régimen p~íúco es,:más complicada. Para Chur- chill tenía un fuert~significacfo simbólico: Inglatera bahía acogido a

elección entre el Neisse oriental y el Neisse occidental

32

La paz iallida

Yalta

jj

los gobiernos en el e~ilio de Sikorski y después de Mikolajczyck.

 

que-daba~una-·fuert@-tonalid.ad

Para Roosevelt tiene relación con el electorado americano: el presi-

n:_oral ~?lJ!;~~l~~

 

todo

y

dente americano acaba de dar seguridades a millones de conciudada-

11egófíasta tr,'!I]

 

nos de origen polaco. Pero Stalin había creado en Moscú un gobierno

cTa:racióñsiib.rdo.s

asuntos

de_Gr

ecía I)°e

hecho 1 .}~S:~.Plª'IJill'

psin.ci-

polaco comunista, lo había instalado en Lublín tras la liberación del este de Polonia, reconociéndole oficialmente en julio de 1944 y con- fiándole la administra'éión del conjunto del territorio polaco, tras la

p io s dei liberalismo democrático occidental R<?

 

ni.n.15!!.P.'!

líneas militares soviéticas. El 6 de febrero, Roosevelt escribe a Stalin:

) el mundo consi-

«No podemos reconoter el gobierno de Lublín (

::~~!~~~~~r~~~~~ 1 r~i1w;;;~~~:J~·;~l,~~111

Có.mü

;ti~·;:tst;;·~~~t;;p-;~toa

la Declar_ación sobreJa Eur9pa Ji- L6ir.i}Sion \;ri)s,,

.alemanes,--cuan-

.por

reagJ.JJp

a.d.os

deraría como un fracaso que nos separásemos en abierta divergencia

 

sobre este punto». La cuestión era pues cómo transformar _el ~~bier­

 

de.los

do f~_eseE,.]i!?~rados por loujfü:~itQ~.2'lia_d.9.~

s.er:!an

~Q.L~oriéticos

J?,[.9'.t~.gido s;,lQs.,o¡;_cid.eP.tª-le.s

hecho, era un _problerf.!a d~

es:tab.a.n.:

disp.ues.t.Q_s

exigían

sus

su~completa•reestructuración. De

plan-

,.ª_,a.m,pliar-~eLgobiernó.de

p.olitica d

que.

r.ep r~~~~~~ivi4.!l:4

~oL)Q_q.u.c;: J.1.!lª-§.,

Estas ele

.mues,

de

se.ad.a~--ªt:dJ.entemente·por-Roosevelt-y-·Churchill,

_g.fü~.!~~f2N-~~~ p.ar,<J~~epj!Q rl.e.-11!~JJR~A~.:i.m.J:nes~a.r~organiza­

c~~~~~P~L~-~---~~Lg9E~<:~!!:>_j_~ 1=~bhn reviste, al ~ismo t_1empo, ~n

~ñacionalidades y enviados hacia su

d.Q,JJ.ego-

P,a.!~.-g~,p.r ig~Q, F'.Lac;~e.r:

cíaaoen~~J§~Jf.q~~§-~9~2_$'ffi~yq.~e~,:,P<l.I:eG!<i.de_una gi:an lógica; tomó

la for~a ck

Bretaña y Estados Unidos, de otro; aparecía tan anodiIJ.o.qµ,J;!.no-figu-

raba ni en el comunicagQ_Qf,ifjªJ.Qi i:;n:itPiP.tQ:i::.91Q_q_eJgs_trn.b

réalidaZCmucllos

d.Qs

entre

la URSS, de un lado, Gran

ajos

En

pactos~il.;i.te.rnl es

jJ.;isioi:ie~~~s.rusoi_Q~ d_~~,e~b.<lJl.ser.repatriados a la

URS"Syef~üil\;eili~-ii~-~s-tiggqía

~Q~.rt!

_«pósj_qq_e.i:gs_ d.el. ~.n.emigo» y

carácter menos dramático, y en la e.l>_p coacciones», los sovié,ticos im.Eº11.:.~~-PE9
carácter menos dramático, y en la e.l>_p
coacciones», los sovié,ticos im.Eº11.:.~~-PE9
mJ!.~-~<,S!li:.c~.u:i.Des.Jihresy-sm
<~prisionei·-¿;~~-~-~i».fa2_;~:_::numg
Q§Qs.s!~Q.~4;,!!.9~--s
Qyi_~t.ic9~_§.d1a­
gr.~~~jy_a_J21_~.g.teJa
idea
de
una
hJW:urilav_iQ11.JiJ1aüarriJ!.n.~~-ªle.jército.~lem~.P--º~S>.P9.Ú.fi§g_<J:.!5l1.r:égi­
simple reorgan_iza~í?.~~-eT_~.i~iE.i_~i.1~~}1It .Y?J: ~e~Jg,J:l_ejiJ,~dmi­
m
:.,11.E2~~t_i~.9.:En
Washington, <:!_Qg>.<1:~t;l_I_ll~.!1~9-~k.E.~!~.d.-º~S.~.Jg_quietó
y
s1oñ"'de
a1gunas·'ñiíe~b~g-~J-1tPlep~J:l.9Ús>s
«~~-~Ij!:_<:.P ~~-~a.s
g~~-vi­
pi~l.j_9_!J.!.l.t!-~LdeJ:e.1-:hu
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pudiese
ser,acQi:.d;:i.do_aJm.pr.isionerns,
Ve'ñen ra-misma YPolÓnia º· ~f,l ~t~xtgµjt!_r()~>. De .s~~!l:JQ~J:g~
p,!feCía
co'n_Io.~!?.:~.~--!ª_l~-g~~!f-.Si,é.!.ti\We.ri<;:.~P
<!:,.P-~~R)Qsjefes.
de
estado
.roayor
qué~üñ'.ac·ueTao·-re.al"se'h-~bía alca!lz~2.'.·-~e.J.J.J S.~~ P<lr~~~-'!.liJ1~arse
dec1d1eron qÜe no_s~i~ie~~e.ll.J;!x<;:~ps:i.9
ns.:~1\Lrn.n.v.enio.En
1977, Ni-

{k.•

1 ~-~~~-~~:_a_~~~:·~~~"€c~~-[é,_ó=-1I~€~is ~ p~rq ~a i::_qn~~si.9n •. e.~ pura

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tJJ:n.e.J.a.111en.QL!!!E.e.~.c.1on.

dt: _g1~_9Jy~r: el

gobierno de Lublín ~u;i_,4~~_9IJ.] eleCcíÜnes'fíE>re"s.r

ala.prueba -de cUnas.:Yerdaderas

~

e.~e.rle

,_ ~~LúCídamente, el almirante Leahy había dicho: "~il fói:pula es. tan

M9.~CÚ sin arriesgar- e s.tira

elástica que los rusos pueden estirada de Y alta

'!

sejamas~adésCfe7use explíCJ:rafÍ{e.nte>;~·La:·~~:r.~;!P E.l;i_~1.~ss.i01.'~-~<r

inmediatamen~;.JJ,i;rnJ~i;~_;;_~ecl~_r.<l.\;:ÍQD ~QbreJa,Eur.opaJiberada»,

¡:rop~st~~Estados Ur:~~[L~flf.ia generosamen~el<?§

J:?fincjpjos

que_p_e_qrg,t~~~-~~-5,t~§ffiler::_ode un «c_>r4_e_~f11U!_l:d1_~L~e~~~,~P_?r el

deZ<:.sh9~.:.E'.n ~~a.~j,1»~s~pa§§-~~é!~~~4~LYJ:ig0,_d.eln~smo,

P.I.QYmPAil~s.5~en_}Q_s_cuak~-~~tªf~P--~!1.!Plia- 2.~

se5~!!-.~tj~~jég g~-~!~EP

mente rer>res~11t_ados,tQgg5-_J9.s_elementos democr-át1cos de.Ja .p.obla-

li-

or. el q_cu_e_r:do

dón;:i <~t~Üprontd.CoIDO Se~]?-OSjbJe_u_e

!>!$.~.Q!;il~:~-=~?E:i&.:~s~EfI~ 2 )t~-~~-~Y-~!_t

celeb.rarán

p

t!k<,:SÜllieS.

~~J~fü;i1ó

COJ.asiólstüi-ev~J"li~rí~en dos millones el número de soviéticos repa- triados contra su voluntad entre 1944 y 1947, y destinados a una suerte tr,ágica.-,, Los )3¡tl_gn~no figuraban en el orden del día d_e la conferencia de

Yalta: Rüosevelt manifostó-rrn~!lJs;_r.é.s_por esta región del

íñunao, en tantoqueCh-üíchil_l_i_iiiemó obtener·un-ar~~ ylig~fav~f:-ñj·u-nio-d~ Í-944, bajo su égida, se concluyó un acuerdo entre Tito y el dirigente monárquico Subasitch, en vista de la consti- tución de un gobierno de coalición en el exilio. Pero los partidarios de Tito eran todopoderosos sobre el terreno y su jefe multiplicaba los gestos de fidelidad al movimiento comunista internacional, al tiempo que el rey Pedro desautoriza a Subasitch por demasiado moderado. El 9 de febrero, los ministros de Asuntos Exteriores de las tres poten- cias recomiendan el respeto del acuerdo Tito-Subasitch y la constitu- ción de un gobierno de unión en Belgrado. Los otros asuntos balcá-

3+

La paz fallida

nicos son simplemente objeto de mutuos hostigamientos: ingleses y americanos protestan contra el dominio soviético en Bulgaria y Ru- manía y Stalin reclama la revisión del acuerdo de Montreaux sobre los derechos del mar Negro. El 8 de febrero, Roosevelt trata con Stalin la entrada de la URSS

en la guerra del Pacífico. Desde 1943, Stalin había afirmado que la

URSS declararía la guerra a Japón en el momento que juzgase opor- tuno. En octubre de 1944 esbozó ante el embajador americano en Moscú, Harriman, los planes de una campaña soviética en Manchu- ria. El 14 de diciembre convocó a Harriman para enumerar las venta- jas que esperaba de su participación en el frente del Extremo Oriente:

la anexión del sur de Sajalín y las Kuriles; el mantenimiento del statu quo en Mongolia exterior, primer régimen socialista que reproducía el modelo soviético y muy unido a Moscú desde los años 1921 a 1924; un acceso ferroviario, a través de Manchuria, hacia los dos puertos chinos de Dairen y Port Arthur. Roosevelt estaba dispuesto a ceder Sajalín y las Kuriles: el enemigo japonés bien podía ser sancio- nado y la reivindicación rusa venía de la época de los zares. El estatu- to de Mongolia exterior, apenas si toca a los intereses americanos. Pero las exigencias «chinas» de la URSS son un problema: Estados Unidos esta decidido a sostener a Chiang Kai-shek, en quien ve al fu- turo gendarme de Asia; está fuera de discusión el debilitarle en Man- churia ante la URSS. Roosevelt propone una serie de compromisos:

los puentes y vías férreas que interesan a Stalin serán internacionali- zados. El dirigente soviético se muestra intransigente: Dairen puede tener el estatuto de puerto franco, pero Port-Arthur será cedido a la URSS, convirtiéndose en base militar. Los ferrocarriles serán confia- dos a una administración chino-soviética. Roosevelt cede: la guerra contra Japón le parece todavía lejos de estar ganada y prima el impe- rativo militar.

.·~Ut:dé!.frQ!:é!!.<:i.~ª-~1945~Ja¿~Df~;~;~i;·4~y~rnnc1jiye: A me-

diodía, los documentos oficiales son firmados por Churchill, Roose- velt y Stalin. Los brindis pronunciados en el banquete de clausura re- flcj rn el repentino optimismo de los tres Grandes. Stalin considera un deber sagrado ~l mantenimien~o de la Alianza en tiempos de paz y expresa su gratitud a los americanos por el «préstamo y arriendo». Roosevelt da la bienvenida a los «grandes cambios que para mejor» aportará el próximo futuro. Churchill se pone sobre el mismo regis- tro y a su manera, lírica, «contempla, en el infinito, los esplendores de las posibilidades del futuro», pero ianza una discreta advertencia

Yalra

-«sería una tragedia si dejásemos, por la fuerza de la inercia o de la indiferencia, que este futuro glorioso se nos escape entre los dedos».~ De hecho, todos los participantes tienen conciencia del trabajol llevado a cabo. Militarmente, las consuhas cotidianas entre estados mayores parecían permitir una coordinación de la campaña final al este y al oeste. Poiíticamente, ingleses y americanos obtuvieron un compromiso decisivo de los soviéticos sobre la necesidad de la demo- cracia y la celebración de elecciones libr~s.Stalin había hecho conce- siones: sobre el procedimi!'!nto de votación en la ONU, sobre el esta- tuto de Francia como gran potencia, sobre la posición dominante de Gran Bretaña en Grecia. Era cierto que el amo del Kremlin había ob- tenido satisfacción sobre reivindicaciones concretas: la determinación de la frontera germano-polaca en el Neisse occidental, sobre la eva- luación en diez mil millones de dólares de las reparaciones debidas a la URSS por Alemania (incluso si no era más que como «base de dis- cusión» y de la parte únicamente de Estados Unidos) y la atribución de territorio y de puertos en Extremo Oriente a cambio de la simple l promesa de una entrada en guerra contraJapón. ~ El comunicado oficial del 11 de febrero -que no menciona los tres puestos concedidos a la URSS en la Asamblea general de la ONU, de la «evaluación» de las reparaciones, de las ventajas territo- riales reconocidas a la URSS en Extremo'Oriente- produjo una pro- funda impresión en la prensa y en los círculos parlamentarios. En Es- tados Unidos, los editoriales son entusiastas; el comunicado fue leído en el Senado, donde suscitó «expresiones de satisfacción y admira- ción»; el líder de la mayoría, el senador Barkley, lo consideró como «Uno de los pasos más importantes nunca dados en el camino de la paz y la felicidad de la Humanidad». En la Unión Soviética, Pravda sacó un número especial consagrado a Yalta; la Declaración sobre la

Europa Íiberada fue leída por la radio

Acta final de Helsinki será publicada íntegramente, treinta años des- pués, por la prensa moscovita: tanto en un caso como en el otro, la difusión muy amplia de un texto parece poder enmascarar, en el espí- ritu de los dirigentes soviéticos, su no aplicación). En Europa occi- dental, la satisfacción era más matizada. Los editorialistas británicos se refirieron al caos alemán después de Versalles, como un ejemplo que no debía seguirse; ante los Comunes, Churchill subrayó que la destrucción del nazismo no debía significar la destrucción de Alema- ma -«Un día llegará en el que, en el coqcierto de las naciones, habrá un siti~ para Alemania». En Francia, sobre todo, las reacciones fue-

del mismo modo que el

'

'

.

\

36

La paz ra111da

l aHa

ron negativas: De qaulle denunció la insuficiente precisión de los acuerdos sobre Polonia y percibió inmediatamente la inocencia de la Declaración sobre la Europa Iiberada. Cierto que, aun cuando estaba herido por haber sido mantenido al margen de la conferencia de Cri- mea, el jefe del gobi~rno provisional reconocía la importancia de las concesiones hechas a Francia en el seno de las futuras Naciones Uni- das y en la administración militar de Alemania («las decisiones toma- das con respecto a nosotros no tienen nada de ofensivo»). Un último incidente franco-americano tuvo lugar: Roosevelt, que había rec1füüo a bordo aesu navío, eC@~ry=~i~s_c.ala_en.S

u~,-::a

Jos-soberanos--de-A:raliia-saudí;-~gipto=y_g,ti9~, deseó encontrarse

Qor-raroñes

~-protocolarias:-no·-pod.fa··set«convocaao» -por el Presidente america-

rto,-que-se-habíanegacloa eñcontr~r;-ec0n·e1-enParís-y-A:rg_eli~:.bajo

¿o~:_ne-Gaü1le_a_supaso-por Argel:De Gaulle~-e neg§

control--~i!i~;u:::aliªdg.-:p_ero:::tiertá:.: ae-soeei:anfa:f:f.anCesa~Reesevelt-.

prosigü!ó_s11Jargo_v:iaje a través del Mediterráneo y el Atlántico: esta- '•rfa-dé vuelta en Washington el 28 de febrero de 1945.

DOCUMENTO!

El telegrama al que se refiere el autor está fechado como recibido el 5 de octubre en Moscú, y dice concretamente en cuanto a los intereses globales de Estados Unidos:

«Estoy seguro que Ud. entenderá que en esta guerra mundial no existe li- teralmente ninguna cuistión militar o política que no interese a Estados Uni- dos. Estoy firmementq::onvencido que nosotros tres y sólo nosotros tres, po- demos encontrar una solución a las cuestiones que aún están,sin resolver.»

.

¡,

1

(Corresponddnce between the Chariman of the C9uncil of Ministers ofthe USSR and the Presidents of USA and the Prime Ministers

of Greai_ Britain During the Great Patriotic War of 1941-1945. Progress.r>ublishers, Moscú 1957, vol. II, pág. 153, doc. n. 230.)

DOCUMENT02

El 21 de octubre de 1944 se recibía en Moscú un telegrama del presidente Roosevelt dirigido a Stalin a propósito del reconocimiento del gobierno fran- cés de la Resistencia:

«Hemos considerado muy atentamente el reconocimiento diplomático

de las existentes autoridades francesas como Gobierno provisional de Fran-

cia

crearán muy próximamente una verdadera zona en el interior que estará baío administración francesa y cu~ndo esto se lleve a cabo será el momento opor- tuno para reconocer a las autoridades francesas como el Gobierno provisio-

nal de Francia

Esperamos que los franceses, con el acuerdo del general Eisenhower,

»

(Op. cit. documento anterior, pág. 156, doc. n. 235.)

DOCUMENT03

Recordando aquellos momentos, Molotov dice exactamente:

«Habíamos firmado una declaración de lo más importante. Desde el co-

mienzo, Stalin lo había tomado muy en serio. Fue en la Conferencia de Yalta, sobre la liberación de los pueblos de Europa. Una declaración enfática. Los americanos habían proporcionado el proyecto. Y o fui a ver a Stalin con ese

es

proyecto y le había dicho: "Esto es ir un poco demasiado lejos

nada, no es nada, continúe. Siempre podremos luego aplicarlo a nuestra ma- nera. Todo depende de la relación de fuerzas". Teníamos interés en mantener

la alianza con América. Era capital.»

" "No

(F. Tchouev, Conversations avec Molotov. Albín Michcl, París, 1995, pág. 78.)

i

t_

-

Capítulo 2

.POTSDAM

-

H."-::'. a el fin de la «extraña alianza»

~--·-- ---

····-------

--

El 27 de marzo de 1945, Churchill escribe a Roosevelt para hacerle partícipe de su inquietud por el futuro de la Gran Alianza: «Estoy ex- trem::idamente preocupado por el deterioro de la actitud de los rusos desr~1é' de Yalta. Si de hecho fuésemos engañados por los rusos, Eden y yo esr;:ríamos obligados a comunicarlo abiertamente a los Comunes». Churchill sugiere una nueva gestión angloamericana sobre Polonia: «Si recibimos un rechazo, será en verdad un signo muy siniestro, que se

aii.adir.í a las otras acciones rusas en ruptura con el espíritu de Yalta».

Roosevelt desembarcaba

en N {;;~aYork y Churchill hacía balance de la cumbre de Yalta ante

los Comunes, l~iéticosJlevar.on-.a-.cabo-un-golpe-de.foerza.en

Bu ca res_t:

'ií; ca pital rumana para exigir.que se-sustituyese al gabinete _de coali-

puestos

ción .Jcl genera[ Rade~c\.l_p_or l!

élavcs irían a_ parat:

sería el gran situ ación -rumana

,

Un mes antes, el 27 cle

febrero,_cuando

Yichinsky:, _m_i_r_tlgr.o

adjl!ntQ ~~-A~l!.ntQs

E.x_t~r:_io.r.~_5.,_l}egaba

ll_gQbierno en.d.ql!e_todosJos

g_¡_yo

presid_ente

C@tamenteJa

Ll9.~.s.Qmu!ú.~t¡¡s,~y

G1~nza.'

b;;rgués~prosovi.ético.Petru

1 Vichinsky tuvo la entrevista con el rey Miguel el 28 de febrero y cuando éste le

38

Potsdam

39

~p,lei'!;~~.lcambio t~~tlde~Y.:_-~}g.t!~!,

~mción de un gobl.erno

~ri~LY~J:e.I!Q

d~.~21-~~;Y

deJIDlon

nac10.nal con 12e.J:tiopacw_n

sgmunisr.a.JJ.Q

había

e.vitado_que,

R

"\.!maoi_<:!Jq~sg

tr

aJada

c.Q.Jllil~antl­

L

¡

¡_

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g11.o_p.aís deL.Eje~u_ua~Comisió.n~de.,c;:ont.r:qLinteraliada>~.-domi­

!}E.da

p-or Jm,.smii~tico.s.

P erg,sLr~Y.:,.M.ig1J_eJ,_e;: qnfiando

e.Q.t!-1

-ªp_oYP

occidental, había r~si~!i~~s

I?E,esi_<_?.:1:~~---g_eJgs_

soyi~ti_c;:Qs_b_ª-.sJ~Jos

Q,_pmxoc~dos.por--los

comumstas

que la

tllJ!!!!.110.s

dtl2.0d.:L

de.1eb.r.e.r

riunaaes-2. Londres_y_WJJ l)_B.SS W~~f.fo Pe.ÜY_<J,

l~seguridad .deLEjér.cito

~h.i_ggtQ!:!_PIQJe.s.tar.on:_Stalinreplicó

~1?:'.eü~.~.J}!.Q

griego,,

lQ.Y.Qc.Q

el

R.Qjo.g>m.prQm.etido

-y!~§ ~:k.c.omwiicacign.debían

'ªrg1=1m.~~to de

en.Hungrfa.y en Yu-

estar. aseguradas.

gQ§}.fill.ia,. por-la .que S.1,!§

¿Se tB,tah.a

ras de influencia» evocadas por Ch!:1.1:f.hilJ_y.StaJm en.su.«acuerdm~ de

oct~fii:a~JIH?É!i:iiiliélad;JQi~gy_i_~.!_i_c:9s_i:1Q~e_sdeñabanlas. justifi-

EQ_ t_<tf!tg_gu_e _ig_~§l_Qgos tan punt;illq_so_u:.Qmo

R.~fdP-.9.liSik-"A.eJ?_Je.;tlidad_de

las .~<esfe­

~

tci.unfs>J.~!~

id.eológica,s.

c;:QJJl

~nes

todos los partidos rumanos

colaborado .con.el .nazismo. *

juristasgp~gaQ.QS

no co;unistas

¡1_1ª,J~y,_CQDs.id<:!I_a~an

9•

92.2?-chgul.~

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h;i_b.er

:E-;-;;;:-~~~;;i;;i

atli~~i-~le.'

J.ª~D.eclaración.~phr~JaEµropa

Jiberada

no

Jes. era

Polotiia continuaba siendo otro tema·

de

tensión ent!:LJQ_~Tres.

L

t ,_

L

i

En Yaltajse había-deddidoque·Ü-Ó;-~om~sióf;-t:ripartit~.se crearía en

Moscú, c'ompuesta por el ministro de Asµntos Exteriores, Molotov,

y los embajadores americano y británico, Averell Harriman y Clark

Kerr, con el fin de tomar contacto con los diferentes partidos polacos

y llevar a cab

QJa

ampliación

deLgobiemo~pi:ovisienah-Per.o

Molo~

mantu-

r~azó ~-1:!~l9 ':1:i~r,_y~r:<:Jaqc;_r,g.,~q1.Iili~tiq Q~.!.P2.de_c~olaco-.y~se

vo en u~n~~-~i:.~!.~~~_n-!Ein~~~li_s_t_a_d~!.il.S!-1~-dolmnadoen.Yalta,-es

g_algu_nQs

3

crec;~;,~g:\!.\::_;(gglúS!XIl\:Úie_J1J.blí11s~ .~§Eir_~~-~i;np.l<!Wt!P-!.~

í41~ri,ifo:~~lememwos.La URS_~.ne-$ó

in.vitar a~ikolajczyk

a

o cualguíer otE_9.,P.QJac;9 d.~_19;1}.4!:~-~a que: fuese a Moscu para en~re­ vistarse con la comisióntripartita. Erµ~isma.J?olonia,Jo.s_Qpos~~9-:

i!

1

advirtió que debía consultar a los otros partidos políticos, Vichinsky le dio dos horas de plazo, El nuevo gobierno fue anunciado por el Rey el 6 de marzo _(N. del 1;J- 1 El 24 hubo diversos tiroteos como resultado de los cuales muneron vanas perso- nas, pero no puede determinarse quiénes dispararon realmente (N. del

3 "!::_~-~~-eJJ~~ti.?.º ~g~_'.1.f.Í_o_p?.lac:_o.M_i~i.s.trq~d_eJJp~erÍQf ~P

~!gob1er.n0_qihacl.o

e?

LC!f!.9!!W'J.O.til!J.93:l

y.)_9,:1:.4,.fue_prJ_m_t;J~íQ.LJ;Y

Hro.Aunque

volv10 ~ Polorua ~ras ser li-

be;ada de los alemanes ( 27 de junio de 1945) y participó en el gobierno dominado por

los comunistas como segundo viceprimer ministro y ministro de Agricultura, huyó a Occidente tras las elecciones de 1947 (N. del T.).

4U

La paz fallida

res al ~~ L1J.h!i~fuerQ.D_c;l~1~ni.~.9.§.JC_4-e.RC!E~~dosJ ELcl"iibjén­

la vez que una quin-

cena de jefes de la resistencia interior, invitados a ir a Moscú, desapa-

~u>

b~.ear.ad~Ut<;:Ci4enJ.~L~_,-a

recieron antes de ser condenados por «traición al Ejército Rojo».

J 0

fy!ajgJ.2Y-.PJ!S.P,_unas_Qndición

pi;ev:ia-<H3ualquier~·amp1iaciún:"'el·""go'"

hlem1:uk

L

ubJín,-Oebía.representan.aJ?.ofoJJia~ffi-l.a

s_o.Dfe.r~gc;j_a_de.S<:tn

Francisco.

Q_ti9

kcidente;:,itiás-~necdóticoj"ªcrecentó-lasJ:en,siprr~.~.J~pt.r.dos

Aliados: do~gentes.~mericanos-en.-Berna.,se

enterarqn,.dettque.unos

~ru.!!ale&,.,llemanes·estal'íau,dispµ,e.§t.Q~,fl,.JJJ~g9ki~MA.il:::H@~,se­

Eªr~5!~;_2,?-!,~jtl,~r}.Q§,.d~F~PniJJa

d_q~.c!e

,H.!.!?-.r.e_J.l~ici~B-i1:}~~~?icjQ~~LYen

t_Qdos los fr.entes,JQL.o.f

9.~l~n!-ª~l!cían,sin

eE1_!?.~gg 1 jm~L~.§~dos

en mantener los contactqs;J_Qs. soviéticcisi~ª-:C'Q.Qiiai:on_con v:irulencia

y~~.ígi~;~-i:i'I~·g~es.etitia~de

c;n.;;ers-~iUÍ:ies

ofi~~f~~:ci~fÉjhówJtQjg

en_e.ventuales

tí';nd¡í_~_c;gp.­

Jiq.!.~el!.<!'!41_e.L~<inc;jg~rge;_e:!~--l?s:~n~~~PP.

ti"nuación pues los avances hechos por los generales alemanes no se concretizarían. No obstante, Roosevelt recibió un mensaje de Stalin acusándole de engañarle (Doc.). El Presidente americano estaba fu- rioso: desmintió cualquier colusión americana con elementos nazis más o menos disidentes, y precisó en uno de sus telegramas que «se- ría una de las mayores tragedias de la historia que tal desconfianza, que tal falta de fe vengan a comprometer toda la empresa llevada a

cabo, en el momento preciso en el que la victoria está a nuestro alcan-

ce». ¿Puede concluirs'E~ de este

bía empezado bajo Roosevelt, que el espíritu de Yalta estaba muerto en la última semana de la era Roosevelt?

mensaje que la era post-Roosevelt ha-

,.,

--··--

•.

t::riJsucede aRoosevelt

Roosevelt parecía ya enfermo en Yalta: aparentaba ser mayor que los sesenta y dos años que en realidad tenía, demacrado, ay_eje_ntado, envuelto en una capa por temor al frío. Según el médico de Churchill, lord Moran, «parecía haber disminuido de volumen, permanecía in- móvil, la vista fija hacia delante, la boca abierta, como si no compren- diese nada de lo que pasaba». A su vuelta a Estados Unidos, tras un intercambio de mensajes cortantes con Stalin, Roosevelt continuó su convalescencia en Hot Springs, en Georgia. El 12 de abril sufrió una hemorragia cerebral. Su fallecimiento provocó una viva emoción en el mundo: en Moscú, ;Stalin estaba visiblemente conmocionado; pre- .,

Potsdam

41

guntó a Harriman cómo podía honrar dignamente la. memoria del de- saparecido: «envíe a su comisario de Asuntos-ExtranJeros, Molo.tov, a la conferencia de San Francisco», respondió el embajador amencano.

L~\!I!Jll¿_~y9_pJ:~~.i~ef!~.~.-~e~~~~E~.~-TJ_~ij_gg~_¿Qer.D1i!iri-9_n:o

tiB Q_d,e_r.elaciQ.Ues~entre

-

Harry Truman era vicepresidente desde hací~ sólo cinco mes~s;

:.W.:ashin.gt.QTI_yJYlR!>C.Ú?

Senador por Missouri desde 1934, durante un tiempo permanec10 bajo sospecha por haber estado a:ociad? a la «máquina.~~lítica» de Thomas Pendergast 4, de dudosa mtegndad; pero adqumo una real notoriedad ante la opinión pública al presidir con eficacia y compe- tencia, durante la Segunda Guerra Mundial, el comité del ~enado para el control de ios créditos de Defensa. Ideológicamente, siemp~e había sido un fiei partidario del New Deal. Humanamente e_ra el a~t~­ Roosevelt: no tenía ni el carisma, ni el lirismo, ni la elegancia patnc1a de su predecesor, sino únicamente ei acento nasal del Me~i~.Oeste. Sin embargo, Truman era un hombre simple, honesto, decidido, con el espíritu claro, de declaraciones concisas, mientras que :itoosevelt era frecuentemente ambiguo y contemporizador en sus acc10nes. Im- primirá una nueva determinación en los políticos, diplomáticos y mi- litares cogidos en las tormentas del fin de la guerra. Ciertamente Tru- man no había sido asociado a la política de Roosevelt, situación en aquella época corriente, incluso si la función de vicepresi~en~e cono- ció un cierto aumento de interés desde el New Deal. Benpmm Fran- klin la denominaba «3"u Excelencia superflua»; en 1932, una comedia musical de Broadway presentaba al vicepresidente «Alexandre Throt- tlebottom» viéndose obligado a unirse a un grupo de turistas para en-

trar en la Casa Blanca.

las p rioride.Q~~ 9.~~~oosevelt,.

_!:~s~\2_~.d.C!

gu_~.!~~~~n-~e.~~~-Í'.l:()C

l!rf!gp_en-~lta-y-cuáie-s:eran·

Ha_r~y_'Jrll_~_al}_S_()11Y_o_co-~ecr.etano.~e-

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Estad o Stettinius, al coiisejero Harry:.tlop.kins y aLembaya.dor·Harn-

iñañ,tOJQ;'ios~-~ti";les"fiíe.ro;uñ-.iit~mesen s11. respu~-~~=.:~~!ia~faque*

ceaer-sob.re·el asunto de Polünia~·A·firiafos de abrj1_d secre~ri_Q_¡je

~Üps~ii.-exP.~~~§-á1)!_~'.~1_d_~.!J:t.~- ~l ~~p_i;QY-l! ctcLMa~hattan>>:-la

~po.r.

bU(!J:l _c_ammo, y c?mo

if1IT1.e_d1<lta-

~~nici~g,,9_e,_),:gg_~<RO.rii~~~S,q,g}.~Si:!~J.!J

~aderQ_h_q!_PE!:~.?~~~~-~~q~~[~J.S.timso1ump_e_zQ

4 Nació en 1872. Durante 25 áños dominó la política del Partido Demócrata en ese estado y concretamente en Kansas Ciry. Fue continuamente acusad? de basar todo su poder y su maquinaría política en la corrupción y el vicio. En 1939 tue condenado por un tribunal federal por evasión de impuestos. Murió en 1945 (N. del T.).

42

La paz fallida

~

misma

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imp,aGto~de

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a 1-f9JQ.!QY.; ~Qb.r.da

la

Iruman.le.invita.a que-«respe-

~l~,,Yalta,ya q L,Le~reglQ,_deLas.unJ_o_pola,.co, _d Se-

t_e~los

acuerd.o_s

I);ldo.re<;:h!lzar<! ,la.,a.dbesión alasJ\T a.c:io9;~§.U:n_idas;_~n ~us telegramas, Stalin evocaba «la seguridaq <:l,~la URSs,,· y continuaba_l~aciendó va-

f¿r:·s·{~_«;ib·~~~!wT?i!i e~ "(j_~¿r¡~-·-BfªJpoíii:ik. y esferas de influencia im-

- pr~~3R.ª.n~ineqµíy_p<;:_amente.d.disGl).rs,o soyiétii;:o,_ El a_~unto J:9rµ-

s.e

pÍica con

.LubJín,

pre-

simpatía por,.el

naZJSlllO.

, cuentran en Torgau, a 100 km al sur de Berlín. E1-8

nia capitula. El final.dela guerra en.Europa podía~us.tific.ar.Un<J. nue:va

constn1ir

i:;n nuevo consenso. -Ghurcni-H se muestra partidario: «Es defícil ir

más lejos en estos asuntos por correspondencia», escribe a Truman. «Un encuentro entre los tres jefes de gobierno debería tener lugar en

por

el menor plazo posible». La .impacien.!'

~onf~r<:!ll.Ciade

Sa.o

Erandsc_o,.p!l.es

en_pfeYi~i.ón.de.queJas

de.

la

Nácione_s_lJnidas,negasel.l n:pLe

medida

Mo~~~~:c_Qll1.Q

de.Argentina

s~Íi?iª

.de

?_entatixid.ªd .al. go_bierno.

retorsión anticipada;--pone.-en duda

que-ti~mpo.atráshabía~WQStff!.do

El 25 de abril de J.2 42,Jas

fuerzas americanas y soviéticas se en-

Jk mzyo,.Alema,_

cun1lJr~9e.J2~_Tr.es

P.<lE~ª-.u:~l_a~J.Q.~.p.ro.b.leJTI~~.e.~!steriJ~s.y

g_9-e_c;l1-µ_~hil.Lse.explica

l<!: q1estión deJ~olonia,Jos.lími~Ull.la~-~Q~~s.de o_s:yp~s.i2n!.~sps:cti­

vas de los Aliados.-y-la-cuestión.deJas.,rE!P.a!!lt:iQnes,que

el -manteni-

miento ddas Juerzas.<:t_mer_i~_anas,,que hapían llegado las primeras, en

soviética o. bien

.en.Jlqlonia,_y

a

previstas para mediados

de julio. A 1

.:y.está persua-

dido de q l!e. logrará.la r_e.ür:ac:!!1_deJas nar· d~-kilQm.ern:.is. que habían fr_an_ql).eado .más alhí, cie la línea de d~;;c·a~i6n entre los frentes del este y del oeste, previst; en J: <:h~r~p

va cumbre: su .domi.n~o

l;~.territorios. pr~f~QE!f!.!~i:!!E!.n.J.~.in,c:lµjqg~_('!_n .h~_zona

ciones urgentes. El.E.cimeJ.·

ex.igían solu-

Ministro

conservacior--esper-aba·

retirada.contra con.<;:~~iones.d.e.laURSS.

diplo.i:nit~9.-~3J.~-~~ª-~ulªr.le

Co.munes,

seda

i.nt~rf-ªmbi.a.csµ

ad~más, UIL.éx.ito

de.gran.utilidad

de

~r1ª-

@e­

dos meses ,d.e.las ~kfS!9.!!~~.SlJQ.s

if~a

no.estáalavor

de.Clru.r.chill~_Stalin

~gpr~.Europa.del.este.aumenta,

fuerzas

arneric.<inªs_Q.E!~s_e.heDte­

y Yaltª', mieri.traLque si se

carse de nuevo a discusión.etªr.u!gJ.!Q.~f!?

celebraba.una-nueva

?_ª49 :.J'ruman

coñfér~;i"c~i.:p~·dríasa- comparte la

p~eQ~~1paci6n.yfirrn,e_za 4e C::hurch~ll, pero est_á_~e acuerd<? c_on S~<il~p

Potsdam

43

:Qebe estudiar

.§.l!S infoqpes, replantearse las estructuras de la Administración demó-

crata: tc_>_4.2le~!!!citE-.JLP_gmans:!:e.t:.~l1.;w:~_IJ!gg~Q!J.hª!ita"º~lfin _cle_l _a,.ii.o

en que no egJ,lrg~.m~.JJD.a

coD.Íel:encia

en~la-.cumbre.

f~J_, 30 d

el

ej®io.•-~n::_~i~

l<!

~~p~ranzª_de.un_¡¡y,ance_decisivo deL

«pr<?leE.t9 Manh;;iJt¡i,n'i,.q.u

e 1e~ps;.r.mj.úese_Ír:a

Ja xeu11ión.de.k>s _Tres al

dia"§:iglliffiti:!,ddM.:_primei:as,.cpr.u.ebas,atór:giqi,~.

- En lugar de la celebración inmediata de una cumbre, Truman pre-

fiere enviar a Moscú un «re.E.!~~~12~~!1Ee ~!1.:~l~_Í_1:1~rio»,es la vuelta al

la «diplomacia de los enviados especiales»., preferida por Roosevelt. Harry Hopkins, un íntimo del antiguo Presidente americano, gozaba de la confianza de Stalin desde juiio de 1941. Llegó a Moscú el 25 de mayo y desde el día siguiente hasta el 7 de junio mantuvo una serie l de entrevistas con el amo del Kremlin. El rnviado especial de la Casa Blanca, t~ashaber subrayado la prioridad_ ~ueEstados ~nidosdaba a sus relac10nes con la URSS y el desconc1e·_rto de Washmgton ante la degradación de esas relaciones después de Yalta, particularmente por el hecho de la situación en Polonia, pmwnt~a j

!.~i

/ ú

1

!

Stalin

sobreJos-dos

asu~.qu.e.le~p~ciau_e~~r.!Eial~§,;JaJazón.por la.~y.aleLConsejo.de,,Í

COE,E~9li i:!~J,JJ.,a~io11aLaliado.p.ar.¡;1_Ne!n.!li;tia·m)~ab í~.~.i.4o_t<;>~fV.:Í.ªcr~a-1

do09~q,<l Unidos, Gran .Bretaña y, fxanoa _habían

vi::.~_qu~,Estacios.

¡

de~ig!f~~?.?.-~us repr:es_epJ_a.nt~!!.(E.is.enhower, Montgome7 y Koeltz),

\

los cuales seguía_!!_e~erangg~l nom.b re

deLdelega.d.o_soY.t.e!.1.co

ELs.e-

!_

gu:@~~~cu~Q.QJª-.UR.SS.e~ti:ar.í~en.g1,1erra en .e~-~r.ente del

P3fffico. So b[S!_eSQ_S

mariscal Yukov representará a la URSS en el Consejo de Control, que podrá reunirse rápidamente (en realidad la primera sesión del Conse- jo no tendrá lugar hasta el 30 de julio); la URSS lanzará su ofensiva contra Japón el 8 de agosto, tres meses exactamente después de la ca-

Q.9$.

pJJ

rJJ9§,.

Srnlm_sg_mu.e.sJ;r.a _tr.anq.mhz;Ldor.~el

pitulacióll¡de

Alemania.

. SJaliQ,pr_e.5-mlÓ.iL§U -~~Z.las qu(:!J~s_d~)~.Q

.

,

.

S.:J~~-p_r:e.oc.upado

'

/

pre~~!l\:;.i~ 7 Q~ .fx~:1.1.\:i.'!- la .C.omis_i_q_g

le

~n

~Jajp¡~~~p5i.é_n,_~~J.'.<présta11!.Q,y

4_~rep.;u:.aciones,Ja-cuest1ón

-po-

an:.ie1,do1?_acor.dad-0-p?~-Estados

Unid()~ _p_Q.r

~J.tiempp

~e dur~~j9J:Lde_ fa.:gu.erra,Ja

r:epar.tlc1ón

.

.de .la

En realidad,.algunos<le-los-desa-

de

flota

ajém~~lreJo~~ye,ncedSl_res

c~~rdos no son más que p~e-textos para alimentar el «g!a.~j1:1(:!g9~:

lasñegoéiac~~n~s-.'Así,-én-clia~roaA.rgerttini"Ja:.:4¡_~-éusión s_obre sµ

presenc1ae"ñ1a-C5N"ü"~o--e~~ásqüé uña'}:·ép}~~a-~la_discusión~~bre

laiegitímidael·aergobierno de Lublíp. Igualmente.por la. part~qpa­

cioñae·Francif:~ii1a.~<:::.~ñlisíQ!.Ufe.Leparaciones:

~------··-

Francia.es-rechazada

44

por Moscú ~P!JJ~.uiempo.-atFás,.habíaJirmado.J.lll

La paz fallida

armisticio .con,A.le-

había sido e.levado-enWashington-para

m'iii.ii;~B.Q.R~.ÍJ;1.~

1}9jnsiste,.~pues,.,,.esta

retrasar eLdebate

v.ez, el~~distón.diplomático»

s.QbxeJas i:q¿ª-

~fLQ.!1$_?,,.J.n cuanto a l~ interru2~s.SLYLWI.~rnuJ.J Qy arriendo»,

m,~~~E~~

9.Y.!~-~gl.m

~liantaje,-Hopkins, invoca.una

:Ldd

«interprcetacióno¡idm.inist¡ativ;a-er.i:.ónea

convencido

de ser pre.s

se.o.dic.e,,.hexido y

p SJ1:,.~~e.f;_d~D.J.fl.SiadoJiterah>f'y<ctsegura 0 -q.ue., e,l,_~_p:<:).f

c;

?.~fá,re.p_g_rapg~,.J.n

s.lr.e.p_CJJ:to de~las.•flotas

-Ovil~y-

-militar".del.Reic:h ~l.e~xi?-do

v.~nt;_q

~J.:l.Q_p.r.e~o.niz.a.ll?··repa.~4gualitario~.e;:.n~r.dg.~--.1L~,_Q.ue.daia

cue~~J;~oru?-9,}~s~Hop.kins-par.e~e-haherse-r.endido.,ante las·exigenGias

1

!

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';

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l

, l c~!g.füi.:r-ac.epJ_¡u:L~iligero~r.eajusü!?~.J:l~Lgqpie.mQ

i?t )/ c~_i~-

eE~P-~-~~LMQs_c.ú,

es~decir,.1-a

proporció11~d_e

d.e.,L.ublín •.que·no

f1lªtr:9,ministros

¡; U!bc.omumstas en··un iobierno deodieciocho ;1_y~einte 111.ie

U!O!.s.de

s.u

p

r.imer.a,.entre.Yois.ta

c.on.J;lopkins,.d.2.€kde

~psgs.

ffiayo

.

1 ~talin

h,;i,bía, propuesto ,Berlín, como

-sede,de

Ja

:próx.i!TI.ª

<?.R.DfrXWfi~~~J!.Ja Cl!.ffiQ!:.e,.•y ;.b.abía·ac~ptado fa,.fecha. del 15 de julio, pr.eyista,.po.r Iru- IJl<l_ll,.J).e Gaulle deseaba que Francia se uniese esta vez al «concierto de los Grandes». Su ministro de Asuntos Exteriores, Georges Bi- dault, acababa de participar activamente en la conferencia de San Francisco, mostranC!o cuál podía ser ei papel de Francia. La ya deci- dida participación de Francia en la ocupación militar de Alemania implicaba igualmente su participación en la próxima cumbre. Pero el contexto general será, también esta vez, desfavorable: Truman, cuan- do recibió a Bidault, le reprocha las disputas que acababan de surgir entre De Gaulle y Eisenhower, tras los incidentes provocados por el ejército francés en)ituttgart y en el norte de Italia, y Churchill, por su parte, irritado porlos .choques er,itre franceses y brit~nicos en Siria y en el Líbano, no despliega su habitual defensa en fawir de Francia. ,;E.l ~1J!.e.j~!1i~,J~rp.ªn_ordenóa .las-fuerzas-amer;canas .que se-re-

ple&tsen_hast.a~Jínea

de

demarcación·entre

·las· zonas de· ocupación

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