Versos Antárticos

Poemas
de Delia María Musso
Delia María. Musso

2

Delia María Musso, recitando su poema “Antártida”, durante el evento de presentación de su libro Versos Antárticos, en la Sede del Instituto Antártico Uruguayo, el Día de la Antártida 2010, celebrado el 8 de octubre de 2010.

Departamento de Relaciones Públicas del IAU Diagramación W. Fontes Instituto Antártico Uruguayo Web: www.iau.gub.uy mail: rrpp@iau.gub.uy Octubre 2010

Versos Antárticos

3

Reseña: Delia María Musso Rinaldi, es la hija mayor del profesor Julio César Musso, fundador del Instituto Antártico Uruguayo (IAU). La autora de este poemario, realizó una importante investigación histórica en la década de 1990, entrevistando a las personas que fueron protagonistas de los hechos que llevaron a concretar la entrada de Uruguay al Tratado Antártico y que permitieron la fundación de la Base Artigas, anhelo perseguido por su padre desde 1962. El 7 de octubre de 1994, recibió de manos del entonces Presidente de la República, Dr. Luis Alberto Lacalle, un diploma y distintivo antártico, como homenaje a la labor pionera de su padre y en reconocimiento a su interés personal en el tema. En abril de 1995, fue invitada por el IAU a visitar la Base Científica Antártica Artigas, a la que concurrió participando de las actividades de la misma por varios días. A fines de 1994, planeaba publicar un libro titulado “Nuestros hombres en la Antártida”, una crónica-ensayo que relataba aspectos de la vida diaria de las dotaciones que participaban cada año en la Base Artigas. Por razones económicas este libro permanece inédito, aunque su manuscrito ha servido como fuente de consulta para varios trabajos históricos que se encararon después. Actualmente sigue vinculada al quehacer antártico. Es integrante de la Asociación Civil Antarkos y en 2009 fue la madrina de la Dotación Antarkos 25, a cargo de la Base Artigas. Con la publicación de este poemario, el Instituto Antártico Uruguayo, quiere homenajear, a través de la poesía, a los visionarios que hicieron posible el ingreso de nuestro país al Tratado Antártico. Cnel. Waldemar Fontes Consejero del Instituto Antártico Uruguayo 7 Octubre de 2010
Delia María. Musso

4

La Autora
Delia María Musso Rinaldi

1969-1971: Curso de dibujo y pintura en el Taller de la Prof. Blanca Durant. 1982 : Mención en el Concurso de Poesía “12 de Octubre”, organizado por la Embajada del Reino de España. Se publica en el ejemplar. 1983: Crítica de Artes Plásticas, egresada del Curso que dictara el Prof. y Crítico Roberto de Espada. 1984: Publica el poemario “Las Otras Aves”, en Ediciones del Mirador a/c - Prof. y escritor Álvaro Miranda. 1985: Publica el poemario “Fata Morgana”, En Ediciones del Mirador, idem anterior. 1986: Publica “Cantata Negra”, poemario en la “Serie Gris” de Ediciones del Mirador. 1993: Recibe el Primer Premio en el Concurso de cuento Breve por “De Amaores”, del Taller de Creatividad Literaria de la Prof. Judith Baco. 1995: La Sociedad Uruguaya de Egiptología, presidida por el Prof. Juan J. Castillos publica en su Revista mensual, su cuento: “El dios Thot con cabeza de ibis”.
Versos Antárticos

5

Delia Musso en la Base Científica Antártica Artigas Abril de 1995

1995: Comienza a escribir el poemario “Versos Antárticos”. 1996: Cursa el primer año en el Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes – asimilado a Facultad, el primer año dedicado a: Técnicas de la Percepción Visual”. 1999: La Revue “Voies du Sud” (de los Profesores de la Alliance Française del Uruguay”, publica dos poemas suyos en esa lengua. Ese mismo año obtiene el “D.H.E.F” ( Diploma del Altos Estudios en Francés). 2000: Ingresa a la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, para cursar la Licenciatura en Ciencias Históricas. 2007: Recibe Diploma de Mérito del “Círculo de Castilla y León” en Barcelona, por su participación en su Concurso Anual “Amanecer Literario”. 2008: Recibe de las Escuelas LINCOLN-MARTI y el Seminario LIBRE, Miami, Florida, “Diploma de Mérito” por su participación en su “VI Concurso de Poesía Internacional”.

Delia María. Musso

6 Sobre el Poemario Versos Antárticos Escribe la Licenciada en Letras Marilde Goliardi
Tiene nuestro idioma, al igual que tantos otros, una urdimbre diáfana de voces venidas desde miríadas de senderos. Las palabras que gotearon sobre el latín venían algunas acarreadas desde los bosques, entrelazadas con el follaje y la bruma del norte. Otras vinieron por caminos polvorientos desde los valles y yermos, y eran de salitre sureño. Éstas eran pura oliva helénica, aquellas, oro celta. La palabra utilizada corrientemente en español para emitir la primera imagen mental sobre la Antártida es indudablemente “blanco”, nombre del color que a ella se asocia. Pues bien, esta palabra, extensa fuente de adjetivaciones, no proviene del latín, nuestro idioma matriz, sino que proviene de la vasta familia de idiomas germánicos vecinos y parientes cercanos. El anglosajón, “blank” tuvo en sus orígenes, y hasta entrado el siglo XV, el significado de “blanco”, tanto en la denominación del color como en el sentido habitual castellano de “en blanco” es decir vacío o libre de marcas. Interesante connotación de “pureza” unida a un color. En el pasado, el desierto había sido el lugar íntimo a donde Dios condujo a los hombres. Allí les habló y entró en sus corazones. Dios llevó a los hombres al desierto e hizo brotar en sus corazones una llama de amor nuevo. Y el vacío se llenó de voces nuevas de alabanza, cantos nunca antes oídos y una plenitud desconocida elevó los espíritus hacia el éxtasis místico. En el vacío el alma fue expandida y abrazó tierra y atmósfera. Se hermanó con vientos, piedras, colores inasibles, cosas conocidas y cosas ocultas, lejanas a todo entendimiento. En el silencio del desierto Dios habló a la humanidad, y el silencio y el alma se hicieron uno, y tomaron uno el lugar del otro. Fue un nuevo comienzo, una religión en su sentido etimológico. Esto lo han sabido místicos y poetas, uno de ellos García Lorca: Oye, hijo mío, el silencio. Es un silencio ondulado, un silencio, donde resbalan valles y ecos y que inclina las frentes hacia el suelo. Hablando con quienes han viajado a la Antártida, todos me han referido lo sublime del silencio. Un silencio absoluto. En sus miradas se percibe, al verter en palabras ese pensamiento, un instante de introspección completa, una solemnidad recobrada. Es un momento hierático, intenso pero fugacísimo. Los ojos quedan inmovilizados como ante una Revelación. Esto ocurre incluso en personas que usualmente no son propensas a manifestar interés en lo sagrado o a abandonarse en una simple meditación poética. La poetisa habla del Absoluto, del Todo en una reverencia panteísta en la que lo interior, ese “nosotros mismos”, se vuelca hacia lo exterior, “el lugar del más allá” que también conforma nuestro propio ser. Ayer, el sitio de encuentro fue el desierto de arena, hoy lo es el de hielo. La sola visión de este mundo de hielo fue un relámpago blanco que hizo brotar cánticos desde el fondo aletargado. Y el tiempo se hizo eternidad y terminó huyendo, borrando sus huellas. En el vacío el espíritu se expande y, al hacerlo, busca para todo las respuestas. Y las encuentra en la vivificante plenitud de saberse uno con el Todo que todo lo ha creado. El blanco es el color en el cual los humanos han querido ver reflejada su pureza paradisíaca perdida, la pureza, bandera de la inocencia de la niñez, “blank”, tabula rasa libre de todos los errores de este mundo. Del “blank” fuimos creados, dicen los Libros y a él ansiamos retornar. Porque él es la eternidad y la completud. El nombre Adán es “Tierra Roja”, así fue su hechura tras la caída desde el Paraíso. De barro vibrante de soplo divino. Triste, sin embargo, de haber perdido el cuerpo etéreo, vacío de marcas, libre de ataduras y penas. Blanco y azulado. Nube sobre el reino Celeste. “Tierra Roja” fue carne de añoranza y se soñó nuevamente puro como el color de la vida. Azul es el manto Paterno y blanca, la luz de la Creación. Poesía, del griego “hacer” o “crear” y, proveniente a su vez, de las vías del sánscrito, “ensamblar”, “arreglar” es una participación de la gran obra del

Versos Antárticos

7
Demiurgo, del griego “Artesano”. Sí, el sudario de la Antártida es “aparente”. No es una tierra muerta. No. El blanco es un altar donde suplicar el abrazo paternal de la Providencia. Se han encontrado huellas de ríos que laten bajo las sienes blancas. En la Antártida la vida no es sólo presencias semovientes, la vida está en el mismo suelo. Es un continente vivo que ofrenda su propia vitalidad a todas las criaturas. Escenario para un nuevo Cantar de los Cantares. La Eternidad y el silencio del vacío son el lugar de encuentro de un Adán y una Eva atemporales. Porque el tiempo es un intruso, un convidado de piedra. La soledad, entonces, invita al diálogo profundo. Un diálogo ausente de estridencias. Sólo el blanco, el azul y el oro. Los ojos de los amantes hablarán con los sonidos, susurros y estruendos del paisaje interior que cae como torrente que calca las formas del mundo visible. Aceros agudos, montaña ríspida. Espejos en todas sus variantes: gigantes y pequeños; algunos quebrados como una frase cortante. Y siluetas suaves, formas de redondeada ternura. La Majestad no conoce de formas Ambos paisajes, interior y exterior se reflejan en un diálogo de incesantes metáforas. El océano, la vastedad azul, cielo sobre la tierra, parece a la poetisa una pradera, todo maternal, imperturbable, con la calma de lo inmutable. Un espectáculo sin cambios desde que fuera ideado. Su inmensidad da amparo y resalta lo pequeño y lo deja manifestarse el reino vegetal con su toque pintoresco. Todo está en movimiento. Y, entre todas las cosas, vivientes a simple vista o enigmáticas como las montañas de hielo, son éstas últimas las verdaderas entidades de presencia soberana. Todo guarda el sello de la Creación, la Poiesis que habla al Hombre. La imagen de las nubes en el cielo remite a una suerte de despliegue de una realidad inalcanzable, un alfabeto ya incomprensible para los humanos, que se sintieron impotentes y agitados. Las nubes, ese discurso blanco etéreo, esa proclama lejana inconmensurable, al acercarse y hacerse inteligibles y habitar entre nosotros, trajeron alivio al Valle de Lágrimas y entonces se elevó emocionada una Oración a la Majestad de la Reina de los Cielos. Pero la lluvia enfermó por causa de los hombres desalmados, y les trajo una advertencia: la casa pura no está siendo cuidada. La están manchando. Son manchados los caminos del agua. Se destruye el puente hacia la eternidad. Existen hombres, millares, que, alejados de su impulso primordial, son indiferentes a la suerte de la Tierra del Hielo, no guardan reverencia por ella (ni por nada), desconocen ese sentimiento. Hay de entre los hombres expulsados del Paraíso quienes se mantienen arrogantes y altivos y no se arrepienten de su actitud blasfema. El Creador, en su infinita misericordia, nos ofreció un oscuro remedo de la Tierra Prístina. Aquí todo es turbio, los colores no resplandecen como en su origen. Pero la Antártida brilla y es una luz de la memoria, y enceguece llenando de serena alegría a quienes la descubren en su corazón. Los hombres desalmados en realidad temen, dice la poetisa, al temible veredicto de Dios, a Su ira. El blanco les recuerda la luz, la que se vislumbraba por la puerta del Paraíso. Las colinas son como pórticos. Este lugar guarda el recuerdo de nuestra patria celestial. Este lugar es sagrado. ¡Ay! del que lo mancille. El común de los hombres, lejano a esta realidad, pareciera no estar preparado para el lenguaje pleno de la Antártida. Porque sus imágenes son la poesía y la misma vida. “Asombra y asusta” este despliegue que es recuerdo de la Inmensidad. Pero cual gesto de piedad hacia nosotros, pequeños seres infantiles, el Creador desliza partículas de música disfrazadas en mil sutilezas que, en este reino de hielo, habrán de ser captadas sólo con los ojos incorpóreos. Lo diminuto casi invisible, genera armonías visibles que, entrelazadas, van desgranando música y colores. Todo es serenidad y luz. La nieve siempre purifica. Cualquier paisaje se torna dulcemente piadoso y se viste de esperanza con el manto de la nieve. Es evocativo y es maravilla. Porque las cosas toman aquí su inocencia primera. El glaciar es testigo, centinela y pórtico. Aquí está el alba y el recuerdo del mundo original, el jardín depositario de la llama de la Creación.

Delia María. Musso

8

I Aquí, en el lugar del más allá de nosotros mismos, no puedo escribirte más que a Ti. Por Ti, regresada del desierto, en donde mi pluma yacía sin modo ni imagen, abandono sus asoladas y yermas arenas para fundirme en la grácil blancura veteada de azul transparente que extiende Tu mano.

Versos Antárticos

9

Por Ti, reemprendiendo su vuelo místico, retornan desde un sosegado silencio aquellos ecos de poesía, aquellos primeros, que de joven sentía, atisbos de eternidad “cristalinos mensajes de un tiempo leído con sensitiva mirada.”

Delia María. Musso

10

II De blanco, dije algún día, nos habrán de haber pintado largos los brazos, pálido el rostro y sugerido de azul la mirada en la que cielos reflejados en la serena superficie de las aguas se complacieran en apacentar el rebaño blanco de sus nubes. Y en un pequeño archipiélago de efigie blanca el bramido del viento sugirió a la sangre encerrada en mi piel

Versos Antárticos

11

que vertiera del cálamo la gota primera grácil y móvil que agitara de sus profundidades los secretos de vida que el Divino velara bajo el aparente sudario de la Tierra Incógnita. Y prosternándome en la nívea urdimbre supliqué Su Guía y Misericordia.

Delia María. Musso

12

III Cuantas vidas lleva mi vida que se asemeja a este lugar blanco “blanco color de vida” como diría Antoni. (*) Cuantas voces dice mi voz que escogió el sonido de la tuya y el de tus alas al volar para enraizarte en mis brazos y hacerme feliz.

(*)Antoni Tàpies i Puig, artista catalán (1923)

Versos Antárticos

13

En la aparente calma de los hielos que evocan el azul se ofrendan arterias blancas para que yo pueda vivir. Fríos de hielo y acero que entre estruendos y silencios de tus ojos a los míos en mi sangre concibieron una luz puntual. Y para que ninguna voz mancille este instante en la eternidad vierto en mi caligrafía apenas un Nocturno buscando de la llama el corazón azul.

Delia María. Musso

14

IV Cuando interrumpiéndote me señalaste el arco iris evanescente coloreado arco carpanel que al cielo sostenía mi rostro en mi mano reposaba y estaba tan sólo ocupada en el modulado vaivén que a tu relato imponías. Cobijada por la suave marea de tus pensamientos alados una sensación de tibio anhelo comenzó de mi tristeza a envolver el recuerdo así “como la niebla hace de la lluvia, mera palabra.”

Versos Antárticos

15

Permití entonces que en mágico timón convirtieras aquel arco coloreado que de pronto te distrajo. Una luz espiralada fue de tus manos a las mías y logré fondear mi hechizada logopeda ante las desafiantes costas de un brumoso y gélido Continente. Antártida... y el sonido subyacente de los ríos congelados.

Delia María. Musso

16

V El lánguido abandono del sol yacente sobre las formaciones de hielo sembradas sobre el índigo mar, te recordaron un sedoso tapiz. Una cuidada y escondida sensibilidad artística comenzó a liberarse como burlón duende de tus ojos oscuros ahora calderos mágicos en los que tus pestañas se agitaron como ondulantes látigos, desplegándose sobre aquel campo de oro y lapislázuli.

Versos Antárticos

17

Cautivó el momento la profunda cámara de tu memoria sin saber que al hacerlo alados genios de alabastro emergerían en tus noches de insomnio y que, tal vez coléricos, forjarían cascadas de campanillas de oro puro cuyo sonido te desvelaría para siempre, cada vez que a solas contigo recordaras aquellos días en el hierático Sur.

Delia María. Musso

18

VI Me aproximé a la cuenca bahía azul receptáculo irisado de latencias. En su orilla reposaban y sin perturbarse transcurrían, trozos de hielo como gajos albos de incipientes capullos. Huertos de algas brunas entretejían arabescos sobre sus traslúcidos bordes a veces imitando estilizados zarcillos. Invisibles remeros al son de sus remos golpeaban las aguas

Versos Antárticos

19

emitiendo latidos de gigantesco tambor. A lo lejos, bajo la celeste cúpula soberbias y armónicas esculturas blancas finalizando el durmiente verano iniciaban su finita peregrinación. El sonido de un recitado desconocido se fue irguiendo desde aquella bahía en forma de árabe Nun tintero sagrado escondido poeta que cantó para mí.

Delia María. Musso

20

VII Alcé mis ojos confundiéndolos con el azul profundo de la temprana noche. Las gotas de agua nieve decoradas de estrellas diseminaron arpegios de luz embellecidas lámparas que fueron encendiendo sus pabilos en mis pupilas

Versos Antárticos

21

ellas, dentro de su líquido cristal yo, dentro del árbol olivo de mi cuerpo que vivificaron en el patio seco de mi memoria el recuerdo “de cuando Adán estaba entre la arcilla y el agua.”

Delia María. Musso

22

VIII Cuando las nubes se desplegaron como alas tumultuosas diseñando en los cielos un fondo surrealista y enigmático aquí en la tierra los hombres plantados sobre esta alfombra blanca respiraron “como niños enfermos en sus cunas como fantasmas en sus tumbas” porque torturados y enloquecidos vieron plasmada su situación compleja en un ámbito de teatralidad que los remitía a su natural impaciencia.

Versos Antárticos

23

Pero cuando las nubes se desmaterializaron en cien mil millones de cristalinas gotas y atravesaron los nacarados poros del congelado océano un suspiro tibio emergió de sus pechos y de sus temblorosos labios se escucharon piadosos: -“Yo te saludo, María!”.

Delia María. Musso

24

IX Hoy el agua de la lluvia dibujó un finísimo encaje negro esmaltado de azul para aquellos ciegos de los ojos que tienen muda el alma. Para aquellos encerrados en si mismos como caracolas muertas que no saben de la armonía que emerge de las notas con las que aquellos hombres de blanco jade embriagan los pasos del agua hacia el infinito.

Versos Antárticos

25

Sordos son de los oídos los que sobre la falda del río helado no perciben como sus aguas quietas van vaciando su argénteo rocío cubriendo sus cabellos de hebras platas. Miedo tienen de las colinas que se alzan como pórticos más aún de sus azuladas esculturas que como bíblicos profetas adosados a los muros de esas catedrales de hielo les advierten con inmutable gesto sobre el fuego airado que se vertirá en sus entrañas de barro vil y sangre.

Delia María. Musso

26

X Los rostros que aquí observo se tiñen de un mimético blancor y en las miradas descubro demudada tristeza o temor. Uno a uno abandonan el anónimo recinto y cada uno retando al helado zumo va en busca de un cobijado y hermético rincón. El viento en lo alto cobra vida, tiene prisa, levanta tras de sí, un nebuloso polvo glauco,

Versos Antárticos

27

al trote sobre los hielos, al galope sobre las irreales dunas. Con un resollar de fantasma herido a su paso parece abandonar las lágrimas de un ángel triste aljófares nevados que sobre las aguas del cercano lago guardan silencio de plomo.

Delia María. Musso

28

XI Fuera el frío habla palabras que no entiendo una noche blanca y oro se levanta vistiendo estos muros de espanto. Cien mil gritos imperceptibles confunden y desafían al silencio, tallando en los hielos horrendas figuras blancas. Una extraña obsesión de arraigo ancestral se apodera de mi imaginación: en la mutabilidad de las formas, ¿cómo reconocer al maléfico hechicero que cautivando el porte de un perro-lobo con la cabeza baja y extendida aspirando el vacío desde sus cuencas ambarinas y colmillos marfileños no se lleve mi segunda alma, dormida?.
Versos Antárticos

29

Pero si en su aullido persiste, un gesto de mi mano oficia a la luz de la luna. Y en la vaporosa humedad de mi ventana traza el diseño de mi segundo rostro espejo, exorcizando el miedo de tatuadas memorias ocres con un sol en “o” coronado por dos cuernos riente metáfora de una benéfica máscara baoulé. Y recordando de los poetas sus cultos perdidos mis tibios dedos detienen el clamor desgarrado del viento abandonando sus gélidos harapos en las manos aún más frías de la queda luna.
Delia María. Musso

30

XII Cuando el pesado manto de la oscura atmósfera desvela sus labios de jacinto eyectando sobre su pliego manojos dorados de estrellas circumpolares, cuando el vasto claro de luna como inadvertido cáliz esparce con tersura una fragancia helada sobre la nieve dormida asombra y asusta.

Versos Antárticos

31

Pero como una señal como un fuerte golpe de pluma el viento susurra al perplejo intelecto al encogido corazón - ¿No sabes acaso, que aquí, la soberbia luna descendiendo desde su trono despliega su blanca cabellera y danza sucesión de noches sensual cúmulo de acabados días?.

Delia María. Musso

32

XIII Cae la nieve y poco a poco se escucha una niviforme pavana cuyo número armónico se pinta de blanco jade. Pequeños copos de ligereza y ductilidad casi incorpórea indican los primeros acordes de sutil filigrana.

Versos Antárticos

33

Notas blancas luminosas y frágiles emanan desde las espumosas nubes y dispersan sobre un furtivo pentagrama mitopoéticos aires ritmando la vastedad del laberinto del mar.

Delia María. Musso

34

XIV Y ya el color me atrae cuando la noche apenas modulando un cobalto trazo con discreta elocuencia nos va diciendo su adiós. Una mera urdimbre de tonos con virtud iniciática emerge sobre el adormecido glaciar centinela de arcanos abarcando el alba. Floralia solar halo de oro y plata acaricia al neonato viento y sonroja estólidos farallones.

Versos Antárticos

35

Y no encontrando imperfección alguna en el paisaje que fluye mis ojos se vuelven a mis ojos cansados tras haber percibido del inicio, la llama. Y a través de mis labios cálido contraste se plasman plegarias con frescor de jazmines invocando Su Nombre.

Delia María. Musso

36

XV

ANTARTIDA
Si tú quisieras, Granada, contigo me casaría...” Romance fronterizo. Anónimo S. XV.

Se diría que las rosas al rozar tu rostro virgen enmudecieron pálidas y de traslúcida porcelana vistieron los pétalos que en tu regazo abandonaron. Se turba el aire al amanecer cuando en murmuria brisa acaricia tus áureos cabellos litúrgico concertino. En la tarde vacila, en contrapunto el viento, cuando de tus arracimados rizos comienzan a evadirse rojizas hebras
Versos Antárticos

37

preludio que en su ansiedad desteje airado la malla de estrellas que en vano pretende eclipsar tu sensualidad distraída. Y si se miran tus ojos, protegidos por la gracia irreal de los arcos de tus cinceladas cejas, se alcanza la ensoñación exquisitamente caligrafiada de tus alicatados iris de colores inéditos ornados de muqarnas y polígonos estrellados que para ser comprendidos exigen la paciente lectura del difícil equilibrio que conjugan tu amor a la vida y abstracción meditada.
Delia María. Musso

38

Gentilmente atemperas nuestra impulsiva admiración entornando tus ajimeces párpados y permites que en el silencio escuchemos de tu corazón la voz del agua, el canto, que pulsa acompasadamente el arabesco sonoro de acequias vivas y vivificantes como arterias de transparente blancor. Del cielo el agua desciende y fluye por tus valles glaciares cuyo efecto acústico resuena en nuestro espíritu claro y sin ningún velo.

Versos Antárticos

39

El diseño del senmurv deja de fluctuar erráticamente y se despliega con elegancia vistiendo de sedas y brocados la noche abovedada como cúpulas de Samarcanda que sobre ti se extiende y se vuelve hacia su Creador desde este confín del mundo para alabar de Sus Atributos aquel otro rostro que también llamado Belleza de ti nos enamorara.

Delia María. Musso

40

XVI Aquí también ha llegado aquella de la que tememos pronunciar el nombre. La luna de abril desbrozando su piel en jirones blancos hace de las ventiscas metáfora de cruel sudario. Cuando envueltos en el silencio que aquí nos sugiere visos de lo eterno y ya no es confusión la certeza prestos acudimos al viento para que en su clamor
Versos Antárticos

41

oculte nuestro agudo grito cuando sujetamos nuestro cuello roto herido de angustioso llanto. Y ya no nos vemos tan erguidos. Debimos sospechar que no eran estas tierras albas sino nosotros mismos, su forma. Cántaros llenos de gracia en los que el verbo vibrante se mezclaba como el agua al vino y sazonado iba vertiendo sonrisas en despreocupados veranos. Y así, distraídos y poco a poco, bebimos de nuestras vidas
Delia María. Musso

42

y nos estamos transformando en serie multiplicada de lekythos consternados y estilizados vasos cuyo engobe blanco fuimos trenzando con aquellos de nuestros cabellos que a la luna fuimos abandonando.

Versos Antárticos

43

1985 - 7 de octubre - 2010
25 años del ingreso de Uruguay como Miembro Consultivo del Tratado Antártico

Día de la Antártida 7 de octubre de 2010
Musso, el fundador del IAU, afirmaba que el avance hacia la Antártida implicaba una conmoción cultural, “fuere en sus auténticas formulaciones jurídicas, artísticas, folklóricas, incluso idiomáticas”. Decía el Profesor Musso: “En Antártida todo hay que hacerlo, como otrora en los orígenes mismos del país, cuando los españoles encontraron un buen territorio, pero poblado de muy fieros y dignos aborígenes. Poblar y edificar el país, si bien es resultancia que se ve muy bien a lo largo de los años, ello fue producido punto por punto y hombre por hombre. La Antártida es una promesa de fiero trabajo para los nacionales, los cuales estarán siempre alentados por la consigna artiguista de ilustración y valor. Ese valor, originariamente militar se transformará en valor científico, técnico y artístico. Esta es una adecuada respuesta y no cabe otra”.
Extractados de la ponencia “El Prof. Musso y los Espacios de Naturaleza” presentada por el Cnel. W. Fontes en 2008, basándose en el libro Antártida Uruguaya (Ediciones El País, 1970) escrito por el Profesor Julio C. Musso, fundador del Instituto Antártico Uruguayo,

Delia María. Musso

44

“La Antártida aparece aquí como un territorio que el lenguaje poético debe conquistar: las imágenes de blancura, la extensión, la belleza, la naturaleza extraña y en constante transformación, son un paisaje que Delia Musso quiere “leer” tal como se presenta a su vista. Es claro que esa lectura no es únicamente descriptiva; a partir del Paisajeobjeto, de la fascinación que produce, la poesía se lanza a la búsqueda de parecidos, de sugerencias plásticas y culturales que lo hacen ver como un artificio, un decorado, pero también como el transporte de los sentidos hacia otros espacios (mentales, religiosos, míticos). Otros libros de Delia Musso permiten entender el privilegio que tiene aquí el uso de las palabras con función mágica, como parte de un encanto que quiere contagiarse al lector y que parece natural, consustancial a la Antártida. De ahí la oscuridad sensual en que se desarrolla esa lectura de imágenes. Si la función mágica de la poesía supone alejarse de su poder comunicativo, también puede establecer un diálogo por medio del impacto que produce esa ensoñación, ese carácter leve de las descripciones, los relatos, los poemas en sentido lato. Se entiende cómo los poemas traducen, aún hablando aparentemente de otra cosa, todo aquello que la Antártida ofrece al desborde. En este caso, y también en otros títulos de su producción, Musso muestra que su clave expresiva, lo mejor de su poesía, está en la levedad oblicua, como de desciframiento, de esa traducción; en la capacidad de ir más allá de la confesión para plantear ese espacio propio de su escritura, sin otra pretensión que probar la relación entre experiencia y lenguaje.” ROBERTO APPRATTO

Instituto Antártico Uruguayo
Departamento de Relaciones Públicas www.iau.gub.uy Octubre 2010 Versos Antárticos

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful