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CONDICIÓN

COLONIAL Y

CONCIENCIA

CRIOLLA EN

GUATEMALA

(1524-1821

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C

PORTADA: MARCELLA VALDEAVELLANO

CONDICIÓN COLONIAL

Y

CONCIENCIA CRIOLLA

EN GUATEMALA

1524-1821)

ANDRE SAINT-LU

CONDICIÓN COLONIAL

Y

CONCIENCIA CRIOLLA

EN GUATEMALA

(1524-1821)

Colección Luis Lujan Muñoz

Universidad Francisco Marrtquín

www.ufm.edu - Guatemala

Guatemala* Centroamérica* Edilorial Uniyersilaria, 1978

Título original: Condilion Coloniale el Conscience Créele au

Guatemala (1524-1821) Impr«o por: Presses Universitaires de France

! edición en francés, 1970

It «didón en castellano, 1978

Traducdóo: Pierrette de Villagrán

EDITORIAL UMVKRSITARIA

COLECCIÓN "REALIDAD NUESTRA"

Vol. Núm. 5

Universidad de San Carlos

de Guatemala

1978

Impreso N? 1141

C«KrMffi^ca ~ EDITORIAL UNIVERSITARIA

PROLOGO EDICIÓN EN CASTELLANO

Por mediación del profesor Jorge Lujan Muñoz, la Uni-

versidad de San Carlos se ha hecho cargo de la traducción

española de mi libro Condición colonial y conciencia criolla

en Guatemala, y de realizar su publicación. Quisiera ex-

presar a mis colegas guatemaltecos cuánto agradezco el

honor que me hacen. Ojalá encuentren aquí la expresión

de mi agradecimiento más cordial.

Nacida fortuitamente

Es una obra sin pretensiones.

hace algunos años debido a investigaciones emprendidas

con otra finalidad: a lo largo de mis investigaciones en el

Archivo General de Indias de Sevilla, tratando de recons-

truir documentalmente la historia de la Vera Paz (véase

sobre este asunto La Vera Paz, esprit évangelique ET CO-

LONISATION, París, Centre de recherches hispaniques,

19C8), se me presentó la ocasión de poner al día ni merosos textos que aclaraban la evolución del criollismo guatemalte-

co a lo largo de la colonización.

un poco fortuito, del presente estudio. Muy pronto, el tema

me pareció de interés considerable, pero por varias razones

y principalmente por falta de tiempo, no me ha sido posible

darle toda la amplitud que merece.

más que de una aproximación, pero mis deseos se verían cumplidos si suscitara entre los lectores, y principalmente

De hecho, no se trata

Tal fue el punto de partida,

puesto que acaba de traducirseentre los lectores hispa-

noamericanos, el deseo de realizar investigaciones más pro-

fundas y reflexiones más hondas.

Concretamente, sería

ANDRÉ SAINT-LU

completar los íondos documentales que he podido D el Archivo General de Indias, con una búsqueda

de las fuentes del Archivo General de Centro

Mide nunca he tenido la posibilidad de investi-

P¿r otra |>arte, no ignoro las numerosas deficiencias

de mi libro: por no citar más que un ejemplo,

de la tercera parte donde se evocan, muy su-

ite« las grandes figuras de la élite ilustrada guate-

de fines del siglo XVIII, y que ganarían, al ser es-

de nuevo y desarrolladas sobre bases más amplias,

atentamente los trabajos ya existentes. Ho podría cerrar este breve prólogo sin aprovechar la

que me proporciona la actualidad para retornar sobre

loe principales protagonistas de la historia colonial

Fue una suerte que esta historia nos ofre-

época particularmente critica en la que se* ti porvenir de las posesiones españolas de América, el tnfttDtamiento directo de los colonos con el censor más

MCVntaado de la colonización, fray Bartolomé de Las Ca-

M. iFodta haber mejor revelador del espíritu colonial, en

el OMmenlo en que comenzaba a definirse también como es-

jfMt$ criollo, que la presencia real de Las Casas en el seno

dt tai eoomnidad guatemalteca? En este año de 1974, en el

Qjue te celebra con fervor en todas partes el quinto cente- de iu nacimiento, quisiera dedicar la presente edi-

la memoria del gran dominico español que fue tam-

una de las personalidades más importantes del pasado

André Saint-Lu

París, 18 de junio de 1974

PROLOGO DE LA EDICIÓN FRANCESA

El presente estudio intenta definir, con base en hechos

históricos debidamente comprobados^ el sentimiento criollo en

Guatemala bajo la dominación española, tal como puede ser

observado y caracterizado , en relación con las realidades "colO'

niales'*^ desde la época de la conquista y de la implantación de

los primeros inmigrantes, la independencia centroamericaiíia,

pasando por un largo período de estabilidad del régimen: dicho sentimiento ha sido captado, sucesivamente, en su génesis y sus expresiones iniciales, en su afirmación bajo formas especí- ficas, y en las modificaciones que han sufrido como consecuen-

cia del cambio de situación política.

Por sentimiento criollo, hay que entender la conciencia de

una población de origen español, más o menos antigua, pero

establecida definitivamente en el país, ya sea natal o de adop-

ción o asimilada de alguna manera a la sociedad colonial.

La Guatemala española constituía una unidad orgánica de-

signada bajo los términos de Gobernación, Reino o Capitanía

General de Guatemala y era mucho más extensa que el Estado

actual que lleva ese nombre.

1

estrecha

Se entiende que

no empleamos ese término en

su sentido

más

andr« saint-lu

^ pggo^

9Í^éo

^ #Uo. la ciudad capital de Guatemala, en sí, si-

la qu0 ofrece el medio social mas indicado para el

del cnolIiMmo guatemalteco.

8t kmm analizado repetidas veces, por una parte, la psico-

Im wuntñtkk^á de los conquistadores, y por otra, los mó-

ét km emancipadores de América española.

Pero así

\ Ib tmlod del largo periodo colonial llameó menos la aten-

ea te kisloriadores que sus inicios o su fin, pocos estu-

fa J^ dedicado, en conjunto, salvo algunos ensayos de

\er g^nenü o de algunas investigaciones monográficas^,

irf 9tmitmirnló criollo tal como se desarrolló durante tres si-

0m^ y mi proco por el cual los Europeos (de origen, directa

tmÜkmei&menle) llegaron a sentirse Americanos,

El emo de Guatemala, relativamente poco conocido, es uno

éi Iw aiát representativos: por su importancia, viene inmedia-

r# después de México y el Perú, tiene la ventaja de no

omo por ejemplo la Plata, sus características son

m la vez, de la fortaleza de la Nueva España y de la critica del Perú, Rica en hechos significativos,

ignorados, la Guatemala colonial es un buen

de la América española: mejor que un ejemplo, es,

t

aMpectos, un microcosmo.

WtUm Iw prtmuoé citaremoe, de Mariano Picón Salas, De la con-

li ^M^ J» <«<(México: 1944), de José Durand, La transforma-

iMül M mmtuktM it t (México: 1953), de Salvador de Madariaga, El

W ti mmtm étt im ^ trU Mpañd en América (Buenos Aires: 1&55), de las

de Rodolfo Barón Castro, El centro-america-

( Madrid: 1959), de Ernesto Chinchilla Aguilar,

4$ la ciudad de Guatemala (Guatemala: 1961), etc.

CONDICIÓN COLONIAL Y CONCIENCIA CRIOLLA

g

Este ensayo no se basa en ninguna idea preconcebida, en

ninguna línea pre-establecida: basado en los hechos, no obe- dece, en su desarrollo más que a las realidades históricas. Respetuosa de la cronología, su estructura no es ni abstracta-

mente equilibrada, en función de la sucesión de los siglos y de cualquier otra serie temporal muy esquemática, ni arbitraria-

mente lógica bajo forma d^ una trayectoria demasiado armo-

niosa.

Elaborado a partir de textos y documentos de la época,

muchos de los cuales ya eran comocidos aunque mal aprove-

chadosy varios nuevos^, este estudio no pretende ser ni

exhaustivo ni definitivo: para ello se necesitaría datos de los

cuales carecemos, en parte, sin duda, por insuficiente investi-

gación, pero también por falta de trabajos básicos principal-

mente en el campo económico y social.

Dicho esto, nos hemos detenido más en los hechos ejempla-

res, seleccionados como tales, que en la integridad de una ma-

teria, por otra parte, desigualmente significativa.

Antes de entrar al tema, quiero rendir homenaje a los nu-

merosos historiadores de ayer y de hoy quienes me han prece-

dido en este camino, y agradecer a los profesores Aubrun y

Verdevoye, el primero por haber querido asesorar y dirigir este trabajo como Tesis complementaria para el Doctorado en Letras y el segundo por haberme hecho partícipe de opiniones

y sugerencias.

Agradezco igualmente a la Facultad de Letras y de Hu- manidades de Poitiers por haber incorporado este trabajo en

su colección y participar en los gastos de impresión.

3 De los textos inéditos, entre los cuales una serie de cartas de ca- bildos coloniales cieímos interesante reproducir alsrunos de ellos en el Apéndice.

Primera Parte

LA CONQUISTA Y LAS PRIMICIAS

DEL espíritu CRIOLLO

Capítulo Primero

espíritu de conquista y espíritu colonial

La conquista de Guatemala no es más, en su origen,

que la prolongación normal de la de México. Cuando Cor-

tés, a finales del año 1523, encarga a uno de sus principales lugartenientes, Pedro de Alvarado, y a unos quinientos hom-

bres sin contar los auxiliares indígenas, de reconocer esos pueblos aún inexplorados y someter a sus poblaciones, trata

en primer lugar de redondear el territorio de esa Nueva

España ya sólidamente asentada sobre las ruinas del México

indio. Algunos contactos anteriores con los emisarios de los

jefes de tribus permitieron suponer que esas regiones po-

drían ser dominadas pacíficamente, pero noticias más re-

cientes dejaban sospechar una voluntad de resistencia: la

expedición de Alvarado tiene por objeto liquidarla y apo-

derarse de un país del cual se decía ser uno de los más ricos.

A la vez, se trataba de definir el límite de las fronteras del

istmo centroamericano, mal conocido en su configuración,

pero donde se podía prever que Pedrarias Dávila, el ambi-

cioso gobernador de "Tierra Firme", haría todos los esfuer-

1^

AÑORÉ SAINT-LU

por extender sus conquistas y su jurisdicción.

, en lo esencial, los objetivos de Cortés.i

pare Alvarado y sus compañeros, Guatemala era

d que debían cumplir, y sobre todo se presentaba

por veHoe motivos, como una buena ocasión para una pro-

ra empresa. El encargo que Alvarado recibió de era una distinción y una recompensa, probablemente

jaf , pero sin duda acordadas con entusiasmo: ni Cor-

Mi al tu turbulento lugarteniente tenían interés en perma-

ntcvr Juntos en un México pacificado.^

Pm« todos esos conquistadores, voluntarios o no ^posi- blemente voluntarios en e^a circunstanciapodía ser la

«porlunidád de una fructífera campaña, justo premio para

una existencia más acorde a sus sueños.^

1 Se» drducen con bastante claridad del propio testimonio de Cortés:

CtHm ¿0 Rrlaeión (1624). B.A.E., t. XXII, p. 102b y 108b.

S

VaMrU U pena señalar lo que dice Remesal, primer cronista de

.ofício que le dio [Cortés] en premio de lo mucho

que con el

cinco años que anduvo en su compañía, y por alejarle de

( con otros capitanes, porque ya deseaba Cortés verse solo

iu arbitrio sin respeto y parecer ajeno, lo que había con-

Pedro de Alvarado deseó, procuró y

Y vor mtm misma razón,

Fray Antonio de Remesal, O. P. Historia General de loA K W 1»rticuiar de la Gobernación de Chiapa y Guatemala,

fthtPfim de la Provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemálat

éé nmettro glorioso Padre Santo Domingo), Madrid, 1619 (B.A,

r CLXXXIX): cf. libro I, cap. I, par. 9.

MMOB osa ve» más a Remesal, aunque sólo fuera por su humor:

4t México con mucha y muy lucida gente

lo más calificado y

grandes esperan-

católica,

MÜt ém todos loi castellanos que allí se hallaron, con

^ aaspliar

el

señorío de

y

España, extender la religión

famo inmortal y mejorar su fortuna

con la riqueza que les

* tiorra, para poder proseguir sus altos y buenos intentos».

rntéj

CONDICIÓN COLONIAL Y CONCIENCIA CRIOLLA

15

Para eze entonces Alvarado gozaba desde hacía tiempo

de un prestigio de valiente conquistador y audaz capitán> En Cuba, con Diego Velásquez, en Yucatán, luego en Méxi-

co, con Grijaiva y sobre todo con Cortés, se hizo acreedor

de una extraordinaria reputación de valentía e impetuosi-

dad.

Tal vez de excesivo atrevimiento, pues sus temera-^

rías iniciativas no siempre eran las más indicadas; pero en materia de intrepidez, para dejar asentada una fama de con-

quistador, más vale abundar que escasear.

La energía de Alvarado, su vitalidad, su decisión no po-

dían dejar de seducir, por lo menos al principio, a quienes

iban a unir su destino al suyo. En cuanto a Alvarado tenia

alma de aventureo más que de colono. De un aventurero

de gran envergadura ávido de ganancias, pero también de

poder y, ante todo, de acción.

«Corrió Pedro de Alvarado con su ejército toda la

tierra como un. rayo, sujetando a la mayor parte de ella

por armas, y lo demás por

Con una síntesis sorprendente, Remesal, cronista domi-

nico,^ supo, mejor que nadie, plasmar la brutal rapidez de

uíia conquista realizada en un abrir y cerrar de ojos.

En

pocos meses, de Soconusco a Cuscatlán por Quezaltenango

y Utatlán, por Iximché y Atitlán, luego por Escuintla y Aca-

jutla, el poblado país de los quichés y de los cakchiqueles,

de los tzutuiies y de los pipiles son irremisiblemente inva-

didos y casi enteramente dominados. La resistencia de los

4 Sobre la personalidad y la carrera de Alvarado, se pueden consul- tar además de las crónicaslas biografías modernas, un tanto tendencio-

sas o noveladas, de Ángel de AltolaguiíTe (Don Pedro de Alvarado, conquisa

tador del Reino de Guatemala, Madrid, 1927), Rodolfo Barón Castro (Pedra

de Alvarado, Madrid, 1943) y Adrián Recinos (Pedro de Alvarado, conquvs-*

tador de México y Guatemala, México, 1953).

j^

^^^^^

ANDRÉ SAINT-LU

„.,p^

desigual, por momentos hace más lento el

muy

«vanee de los españoles: herido, Alvarado, sigue

ti nada. Sólo las lluvias le obligarán a interrumpir

que él preveía más vasta aún.

Y en dos cca-

a Cortés un informe triunfante, un impresio-

de victoria: la expedición logró su objetivo,

f é9 » mifión cumplida con tanta celeridad, los resulta- duda ya, se anuncian decisivos.

De Inmediato las ventajas obtenidas de esas nuevas con-

BO ton tan grandes, si debemos creer al mismo tes-

como para ratisfacer a quienes supieron llevar a su

Ha tmk brillantes operaciones.

«Suplico a vuestra merced le haga relación (a su

HfjjfftaH) de quien yo soy (

)

y cuan poco sueldo hasta

he ganado yo y estos hidalgos que en mi compa-

andan, y el poco provecho que hasta agora se nos

ha aeguido».''

A pesar de las decepciones que haya podido, ocasionar la

rvifltiva tMcanT de metales preciosos, hay que desconfiar de

lo Moa fundado de ese descontento. Por lo que se refiere a

AhnnKio, la sumisión de Guatemala constituyó para él un

encólente negocio que no tardó en explotar de la mejor

OMBOro a favor de sus intereses personales: prueba de ello

loi bemUflcw , los honores, los poderes que no tarda en re-

COfar. Trag un muy oportimo viaje a España (1527) y hábi-

lOB aMniobras en la Corte, fue nombrado gobernador del

pais que conquistó, recibiendo el envidiado título de Ade-

t

y las insignias de la orden de Santiago.

Pero si su

d 11 de ebril

(Utatlán)

y el 28 de julio de 1524

t) : B.A.E., t. XXII, pp. 457-463.

b^brim sido enviada desde Soconusco,

OmU del tS de julio,

in fine

(p. 463b).

Una primeara carta,

CONDICIÓN COLONIAL Y CONCIENCIA CRIOLLA

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gobierno, del cuál toma po^eáón en 1530 rio sin haber su- frido en México, muchas molestias y contratiempos, 'le oca-

siona grandes beneficios, todo eso no logra satisfacer su am-

bición ni apagar su pasión.

Cuando le llegan las primeras noticias acerca del Perú y de sus riquezas, su decisión es inmediata y nada lo de-

tendrá, desde entonces, hasta llegar a ese fabuloso país.

¡Cuántos esfuerzos y cuan duros trabajos impuestos a

los naturales para (constituir) construir una flota; cuántos

sufrimientos, fatales para los auxiliares de color, para alcan-

zar las cimas nevadas que bloquean el camino hacia Quito!

Y todo oso para nada, o caai, pues Almagro y Pizarro no están dispuestos a dejarse arrebatar, el país de. los Incas.

Alvarado se hace a un lado, sin duda de mala gana; pero si

bien es cierto. que vendió, sus barcos, no por eso deja de

soñar en otras aventuras marítimas.

Desde hace tiempo le atraen las is?.as de lai .especies, y

cualesquiera otras t'erras desconocidas que él podría des-

cubrir en el Mar del Sur.

De.spués de otro viaje a España,

vía Honduras, que le peiTnite negociar ventajo :as capitula-

ciones (1536-1539), se dedica activamente a reconstruir una

gran annada, y toma acuerdos con el virrey -Mendoza sobre

los estatutos de una compañía de navegación, de descubri-

mientos y de comercio en el Pacífico pero mientras el em-

prendedor Adelantado vislumbra la más fa "cíñante carrera

de su vida, la muerte, accidental, lo sorprende 'en México,

donde llega a prestar ayuda a los españoles de Nueva Ga- licia amenazados por una sublevación indígena (julio de

Alvarado, quien nunca retrocedió frente a ningún

1541).

peligro, a quien ninguna dificultad podría detener, perece

súbitamente de una mala caída, lo cual en el fondo, es un

final de los menos sor|?rendentes. Por otra parte, ¿no cabía

jg

ANDR£ SAINT-LU

, en la lógica de esa azarosa existencia, que se termi-

por una muerte violenta en un lejano pais?

«41

ti la inquieta personalidad del Adelantado, sus

de conquistador errante, no marcaron el es- pM¿a dt conquista y vida sedentaria de los colonos quienes ^ehMtm rafcm en el pais conquistado, por lo menos estable-

ció y organiíó «ólidamente, en el marco de su gobierno gua-

l^ l^H^i^ el mundo colonial que le sobrevivirá.

n efecto, las primeras instituciones, decisivas para la

eoBtoUdación de la conquista, principian al día siguiente de

le campaña de descubrimiento y de sumisión. Cuando la

jBlylrtn de lluvias obligan a Alvarado a establecer un cuar-

M

de invierno, éste procede, (25 de julio de

1524, día de

SenUago) a la fundación de la ciudad española de Santiago

de los Caballeros^. Fundación provisional en cuanto a sus

que cambiarán muchas veces de lugar y que

en el corazón mismo del pais cakchiquel es de-

dr en ri pleno centro de Guatemala, una fijación del invasor

definitiva*. Con el nombramiento de los dos alcaldes, de cuatro regidores y de un alguacil, que-

de establecido el cuerpo municipal.

Al

año siguie]:ite, en

ttaiTa cuscatlece ya conquistada, funda la ciudad de San

•, un primo de Alvarado fungiendo como lugarte-

Otras ciudades más excéntricas San Miguel, Gra-

venido

a

esta ciudad por

las

muchas

aguas,

y pacificar esta tierra tan grande y tan recia

•B nombre de su majestad una ciudad de españoles,

(Carta del 28 de julio, p. 463a).

Sefior Santiago».

aquí está en el riñon de toda la tierra, y hay más

p^m la dkha con<iuista y pacificación, y para poblar lo de

CONDICIÓN COLONIAL Y CONCIENCIA ClilOLLA

19

cias a Dios, San Pedro Sulallevarán, a su vez el testimo-

nio de los afanes colonizadores del conquistador.

Para asegurar, más ampliamente de lo que se quiere

admitir, los medios de existencia de la población española

en vías de instalación, Alvarado organiza, no sin brutalidad,

una explotación sistemática del país sometido. La invasión

armada va acompañada de apropiaciones violentas, de ra-

piñas y de pillajes. Permitió también que se hicieran es-

clavos:

todos los que en la guerra se tomaron se herraron

y se hicieron

.»^^.

y esa práctica se extenderá a las numerosas campañas de

las sublevaciones indígenas. Es así como los conquistadores

tendrán a su disposición, como amos, tanto para las tareas

domésticas como agrícolas y mineras, una abundante mano de obra servil, sin prejuicio de las ganancias que podrán

sacar de los Indios, cuando éstos queden "repartidos" por

el gobernador o su substituto^ ^ en lucrativas encomiendas

entre quienes de derecho o reputados como tales.

Durante la conquista, la vida de las tropas era azarosa

y agitada pero estaba sujeta a reglas disciplinarias estrictas. La del grupo colonial recién radicado exige una ^'policía" apropiada a la situación creada por la conquista y a las

perspectivas de un futuro estabilizado: necesidad a las cua-

les responden las ordenanzas de buen gobierno promulgados

10

Carta del 11 de abril, p. 459a.

11 Sobre el repartimiento efectuado —no sin desacuerdospor Jorge de Alvarado, Justicia Mayor, en ausencia de su hermano, véase. Libro de

Actas del Aimntamienfo de la Ciudad de Santiago de GuatemaJa, publicado por

Rafael Arévalo, Guatemala,

1850, pp.

105

y

sig.

ANDRÉ SAINT-LU

por d Adelantado a partir de 1530, en virtud de los poderes

me recibióla

Entre éetos «e destacan al lado de las banales disposi-

doMt de ofdcn moral y religioso y de las medidas materia-

tai de tateréi común, una serie de prescripciones que regla- mffUtn las relaciones entre Españoles e Indígenas^-^ en un

eiplrtlu

rwtta,

de protección de las poblaciones subyugadas que

eiendalinente, la preocupación de conservarlas, mien-

imi

tee podble, como masa de trabajo y de explotación. Al

fVipeclO, ton muy significativas, entre las ordenanzas que tratan de reprimir los malos tratos^^ y a limitar las tareasis,

aquellas que tienen por objeto preservar a los naturales de

lades que los diezman^^'. e impedir que sean ven-

de la gobernación! 7.

IñsT twl cédula del 18 de diciembre de 1527:

«

y

podáis hacer

m toda vuestra gobernación y particulares en cada

y provechosas a la dicha tierra y vecinos della, y que

cristianos y en toda

paz y sosiego».

Texto citado por

Fuentes y Guzmán, Recordación Florida, Discurso kisto-

ir y político del Rey no de Goathemala, final del siglo XVII

Ccwaiii idlelón, Guatcmnla, 1932-1933, Biblioteca "Goathemala", vol. VI,

Vn y Tul). 1* parte, libro VII, cap. I.

IS

F^MOtcs y Guarnan, Recordación Florida,

op. cit., 1? parte, li-

ht% TU, cBPw I: «De laa ordenanzas que en lo primitivo de la fundación de

li dMii «Btlsita de Goathemala hizo, para el buen gobierno de la república,

•I Áéénátéú DoQ Pedro de Alvarado, como gobernador y capitán general

é* éh»,

14

iTortOi reproducidos según el registro de las ordenanzas).

ProkibiciÓB, para los españoles, de alejarse de su ciudad, de pcr-

ticmpo en sus encomiendas, de <