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NUESTRO PESAR NUESTRA AFLICCION tunetuliniliz, tucucuca ent \ MEMORIAS EN LENGUA NAHUATL ENVIADAS A FELIPE I POR INDIGENAS DEL VALLE DE GUATEMALA HACIA 1572 roe Ng UR a ee Be Oe ee a Bees Beeiae ts gefgentes ae ones ane od Introduccién: CRISTOPHER H. LUTZ Paleografia y traduccién: KAREN DAKIN hare; Comunicaciones en nahuat de Guatemala, todas ellas de grande interés y dramatismo, son las 22 ‘Memorias que aqui se publican, enviadas a Felipe Iipor alcaldes, regidores y otros indigenas hacia 1572. Conservadas en el Archivo de Indias de Sevilla, habian permanecido hasta ahora inéditas. Christopher H, Lutz, director del Centro de In- vestigaciones Regionales de Mesoamerica, ha preparado la amplia Introduccién y las notas que Sittian a estos documentos en su correspondiente contexto histérico. Como él lo sefiala, estos testi- monios se presentan en paralelo con los publica- dos por Miguel Ledn-Portilla en la Vision de los vencidos. En ellos se escucha la voz de los nahuas de Guatemala que hablan de su afligida situacién, consumada la conquista espafiola. ‘Su dramatismo justifica el titulo dado a Ia pre- sente publicacién, Nuestro pesar, nuestra aflic- cién: Tunetuliniliz, tucucuca, segan el difrasismo nnahua que aparece en més de una de estas Memo- rias, En la labor de rescate, ademas de Chris- topher H. Lutz, participa también Karen Dakin, del Instituto de Investigaciones Filologicas de la UNAM. Ha tenido ella a su cargo preparar la pa- leografia y la traduccién de los textos, asi como varios estudios complémentarios, principalmente de caracter lingiistico. La reproduccidn facsimilar de las Memorias, las vuelve ademas asequibles tal como fueron es- ctitas: Esta publicacion, que constituye el volu- men 7 de la Serie de Facsimiles de Lingiistica y Filologia Nahuas, es aportacién que enriquece desde varias perspectivas la memoria indigena mesoamericana, conservada en el conjunto de testimonios en distintas variantes de la lengua néhuatl, hablada en muchos lugares del ambito mesoamericano, portadora tantas veces de men- sajes de hondo sentido humano. NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICCION MEMORIAS EN LENGUA NAHUATL ENVIADAS A FELIPE II POR INDIGENAS DEL VALLE DE GUATEMALA HACIA 1572 FACSIMILES DE LINGUISTICA Y FILOLOGIA NAHUAS: 7 NUESTRO PESAR NUESTRA AFLICCION tunetuliniliz, tucucuca ‘MEMORIAS EN LENGUA NAHUATL ENVIADAS A FELIPE IL * POR INDIGENAS DEL VALLE DE GUATEMALA HACIA 1572 Paleografia, traduccién, ensayos y notas de . KAREN DAKIN Introduccién y notas histéricas de ; CHRISTOPHER H. LUTZ Para Sally, Sarah e Ian, Sergio, Patrick Emiliano y Johanna, y los senior Dakins Dedicames sa obra a nucst coegas y amigo AGRADECIMIENTOS Expresamos nuestros agradecimientos al macstro Eduardo Pérez Fer- néndez, con quien estamos endeudados por sus horas de paciencia, al tratar de convertir el lenguaje de Ja traduccién a un espaiiol de mas sentido y fluidez y al pulir la redacci6n de la “Introduccion histérica”. También a la doctora Claudia Parodi y a la licenciada Guadalupe Bor- gonio, por sus sugerencias y su contribucién a mejorar el sentido y el ‘estilo de la traduccién. Los problemas que persisten en ella son de la ‘total responsabilidad de la traductora. Agradecemos también al doctor Miguel Leén-Portilla, quien acep- tara la inclusion de este libro en la serie de Facsimiles de Lingiifstica y Filologia Nahuas. A los colegas desaparecidos, la maestra Thelma D. Sullivan, y el doc- tor Jorge Suarez, por sus asesorias y sugerencias, Al doctor Alfredo Lopez Austin por las correcciones y sugerencias con respecto a Ia traducci6n del néhuatl; a la doctora Concepcion ‘Company por sus sugerencias sobre el espaiiol y la ortografia colonial. Al maestro Carlos Navarrete, por la orientacién arqueol6gica y a las doctoras Paulette Levy y Veronica Vazquez, por sus criticas a los ensayos icos, También agradecemos mucho los datos sobre el cakchiquel colonial - Proporcionados por el doctor René Acuiia. A Armando J. Alfonzo de Plumsock Mesoamerican Studies, y a la nciada Guadalupe Borgonio por su ayuda editorial en general. Tanto a los doctores Jaime Lityak y Paul Schmidt y su equipo de Hu- janidades, como a Sergio Reyes Coria, Javier Manrfquez y Ramon Luna U asesoria en la preparacion del manuscrito para impresion laser. INTRODUCCION HISTORICA CHRISTOPHER LUTZ ‘Tomar conclencia de! pasado, lejos de ser evasii de tos problemas del presente, es atyibuto esedcialimente humane que leva 2 contem pla Ia reali con is aiptag perspectias” * éndose a México, Miguel Ledn-Portilla eseribia las palabras ci- arriba en el prefacio de la Visidn de los vendidos.' Sin embargo, lo también sirve para expresar adecuadamente nuestros senti- os en ¢ 3 en cuyo caso —tanto para el periodo mquista espanola, como para las épocas colonial y contemporie tenemos relativamente pocos testimonios que reflejen lee te en las voces de los mismos habitantes autéctonos sus propias ivas de la condicién de su vida, Esperamos que la coleccion hora presentamos ayude a Henar un poco esta gran laguna en la 1 de Guatemala espaiiola desde la perspectiva de “los vencidos”. morias en nihuatl fueron elaboradas por varios escribanos in- s hacia prineipios de la década de 1570, en apoyo a la poblacién 1a de los asentamientos rurales o milpas del valle de la ciudad Ia de Santiago de Guatemala y en apoyo también a los yecinos os indigenas que rodeaban el corarén hispano de dicha eiu- Sstus constituyen una solicitucd de ayuda y-alivio ademas de una de- en contra de los abusos que sufrian por parte de los oficiales y padoles, al igual que de sus sirvientes de diversas castas y es los documentos Aiea por fray Ber Sahagtin en nadhuatl y los textos jonas quatemaltecos en de los Cakchiquele, Ja Relacin de los Seftores de Totonica- ol Val, entre otros, son hoy dia muy conocidos, Nos parece -que se vayan a “descubrir” mis documentos de tanta ancia como los mencionados anteriormente, Pero con el tiem ocumentos en lenguias autoctonas, como Ta coleccion de Me xm NUESTRO USAR, NUESTRA AFLIGCION morias que presentamos aqui iran apareciendo para el uso del investi gador y pablico interesado.2Es nuestro deseo, de acuerdo con lo expre. sado anteriormente por Miguel Leon-Portilla, que con cl tiempo el pueblo guatemalteco, especialmente los indigenas y la poblacin ladi: na, no necesariamente de Ia élite, vayan conociendo més a fondo su propia historia, Esperamos que con la mayor divulgacion de estudios monograficos y de fuentes hist6ricas como la presente este deseo le gue a ser una realidad. En 1972 tuvimos la suerte de encontrar la presente coleccion de Me morias que con la excepcién de dos, fueron escritas en néhuatl.’ Las loca lizamos en el legajo 54 del ramo Audiencia de Guatemala, durante nues- tras inyestigaciones sobre la historia sociodemografica de la ciudad de Santiago de Guatemala en el Archivo General de Indias en Sevilla. Segu: ramente otros historiadores antes de mf las habian detectado, pero por un motivo u otro no les dieron mayor atencion. Una excepcion fue el historiador guatemalteco, licenciado Jorge Lujan Murioz, quien habia microfilmado dichas Memonias con la intencién de mandar traducirlas, redactarlas y publicarlas, pero finalmente decidié no seguir con su pro- yecto al darse cuenta de la raducci6n y edicion ya comenzada por noso- tros. Para mis investigaciones historicas dicha coleccién era una clave muy importante, ya que su contenido consiste ep testimonios indigenas, tipo de documentacién poco comtin en la historia colonial de Guate- mala, Por falta de suficientes conocimientos del nahuatl como para tra- ducir las Memorias, legué 2 un acuerdo con la doctora Karen Dakin para hacer una coedicién, Asf, ella se encargé de hacer la traduccion al espaiiol junto con la elaboracién de las notas y estudios lingiisticos correspondientes, mientras yo escribia una introduccién y las notas hist6ricas. Los documentos que forman la coleccién que aqui presentamos son distintos en algunos aspectos de los famosos textos de Sahagtin 0 de los cakchiquel y los quiché ya publicados. Las Memorias que motivan nues- tro estudio no son de un sélo autor o redactor.‘ La presente coleccién tampoco fue considerada por sus autores como un texto o registro hist6- rico de un grupo o de un pueblo en una época determinada. Mas bien, 2 Un buen ejemplo es Boyne the Codices. The Nakua View of Colonial Mesice, Arthur J. O. An derton, Frances Berdan y James Lockliart, traductores y editores, con un ensivo lingiistico de Ronald W. Langacker, UcLA Latin Ammicam Stuitia Series, Berkeley y Los Angeles, University of California Press, 1076, ¥. 27. 3 La carta introductoria del licenclado Brizefioy la Memoria del barrie: indligena hispani zado de Santo Domingo, eseritas en expafiol, 4 Aunque, como el lector vers mas adelante, no pretendemos conocer con exactitud que | tuvieron en su redacclon uno o més religiosos, tanto franciscanos como dominicos. Vea se mavadelante en la presente “Introduccion”, fesrim y en las notas alas Memoria. INTRODUCCION HISTORIGA xan tenemos que asumir que las Memorias sirvieron a su ‘como medios de comunicacién’con el rey de Espaiia. Curiosamente, la gran mayoria de Tos barrios y milpas indigenas representados en la pre- sente coleccién se unieron en 1576 (es decir cuatro afios después de la elaboracin de estas Memorias en nahuatl) con el objeto de enviar otra serie de Memorias al rey Felipe 115 Las Memorias de 1576, escritas en espanol, abarcan muchos de los mismos temas cubiertos en las Memo- rias en nahuatl de 1572 detallando sus quejas sobre cl mal trato por parte, tanto de los oficiales como de los yecinos espaiioles. Descono- cemos las causas que orillaron a la mayoria de los barrios y milpas, at tores de estas Memorias a escribir cuatro aiios después docimentos simi- fares en espaiiol. Nos preguntamos si el cambio al espaitol en 1576 fue debido a la falta completa de una respuesta positiva, o por lo menos que hubiera dado cierta esperanza a los solicitantes, o si tanto los lide- res indigenas como sus supuestos consejeros religiosos pensaran que sus quejas serian escuchadas con mayor atencién si se escribfan en el idioma de los gobernantes europeos. En la Memoria 1, 0 mejor dicho carta de presentacion a las demas Memorias, el licenciado Francisco Bri- zeho indica al licenciado Juan de Ovando, presidente del Consejo Real de las Indias, que “no las envio declaradas ¢ interpretadas porque aun- que yo entiendo algo de la lengua, no lo puedo hacer.” Hasta ahora no hemos encontrado ninguna traduccién, ni evidencias de un intento de traducirlas, ni mencién alguna que se refiera a ello. Por eso es de supo- nerse que las Memorias de 1572 nunca fueron leidas ni estudiadas us autores solamente dadosamente. Como discutiremos en forma mas detallada en nuestras notas historicas, nos parece que el que los documentos presentados pep ie escritos en nahuatl se debié a la influencia de algunos frai- les sean Tf sy dominicos, quienes hubieran indicado a sus indios fe- ‘Tigreses, que sus Memorias tendrian mas impacto escritas en néhnatl. * Hy Tndiclos del apoyo ¢ involucramiento tanto franciscano como domi- nico, ya sea directo o indirecto, en la produccién y el envio de los do- cumentos. Antes de considerar en detalle la perspectiva indigena de su ‘maltrato y opresién bajo el yugo de los oficiales y vecinos espafioles de Santiago de Guatemala, vamos a presentar y a analizar en breve una ‘Vision espanola de Ia vida cotidiana en el valle de la ciudad, aproximada- mente dos décadas después de la redaccién de las Memorias en néhuatl. 5 Archivo General de las Indias, Sevilla (de aqui en adelante: AGI), Guatemala 54, “Los indios “que éran exclavos en la provincia de Guatemala en solicitud de que sean asistidos para todos ‘8 negocios por los “de Santo Dorningo™. Aunque la cubierta de este expediente de 38 folios sc feficre al afilo 1567, las memorias que forman el cuerpo principal de dicho ¢ to son del afio 1876. xv NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICCION El paraiso en la tierra: una visién espariola cerca de 1595 Visitando la ciudad de Guatemala y el valle alrededor de ella a in¢- diados de la década de 1590, Juan de Pineda nos dejé una de las pocas imagenes detalladas que exisien de la ciudad de Guatemala y de sus al rededores en aquella época. Aunque su vision es la de un espaital y se ubica unos veinte afios después de las Memorias en este estudio, vale la pena citarla extensamente por varios motivos. La descripcién que él ha ce ¢s bastante completa y conereta y menciona en forma breve varios temas tratados con més detalle en las Memorias en nahuatl y en. nuestras notas hist6ricas. Pero mas significativo para nuestro estudio es el hecho que Pineda nos presenta una vision que sitve de contrapeso y contrasta fuertemente con respecto al punto de vista indigena expuesto en las Memorias. Pineda esboza la perspectiva criollo-espafiola de la sociedad colonial de la época y, con brocha ancha, nos pinta algunos detalles de Jas relaciones socioeconémicas que existian entre los espaiioles y los in- digenas. Asi es que su texto sirve como un punto de partida para nue tro breve analisis de 1a historia de la sociedad colonial guatemalteca del siglo xvi y para una discusion de los temas tratados por los autores de Tas Memorias en nahuatl. A continuacién citamos su descripcién sobre la ciudad de Guatemala: Guatemala La ciudad de Guatemala est asentada en un valle grande y llano y, a un |= do della, como vamos a la costa de la Mar del Sur, hay tres volcanes gran- des: el uno, de agua [hoy dia Volcan de Agua], que es el que destruyé ala oura ciudad (Santiago en Almolonga, destruida en 1541], y el otro, de fue- ge [Volcan de Fuego], y el otro, de nieve [Volean Acatenango]. Y, ala | redonda della, esta cercada de sicrras no muy altas. Es tierra de buen tem | ple, més fria que caliente, y muy sana y muy abundante de comidas de todo | género, y barata. Aqui esta asentada la Audiencia Real, y la iglesia catedral y tres monaste- | tios de frailes, que son Santo Domingo y San Francisco y nuestra Sefora de Ja Merced, y un monasterio de monjas [Nuestra Senora de la Goncepcion) | Esta ciudad est4 muy bien poblada y, junto a cada monasterio [a excepcion del caso de la Concepcion], hay un barrio de indios, que son de los escl3vos que libert6 el licenciado (Alonso Lépez) [de] Cerrato (1549-1553), prime: to presidente que fue de la dicha Real Audiencia, y sus mujeres € bijos ¥ nictos, que son oficiales de todos oficios.6 8 'Tomado de Retucion iia. Méxic, ludlonts geograficas det siglo wi: Guatemala, edlicién de René Acui : UNAN: 1982, p. 803. Lasadicionesal texto, ison de Acuitay fas entre corchetes det acaciceraie nen “entre paréntesis son de Acuiha y Sas ell INTRODUCCION HISTORICA xv Inmediatamente después, el mismo autor presenta una relacion mas detallada e interesante de las “Milpas del valle.” Milpras Del Valle Alaredonda desta dicha ciudad de Guatemala, hay mas de euarenta milpas de indios que estan poblados en ellas, que son de los que ¢l dicho licen do presidente Cerrato libert6, y sus mujeres ¢ hijos y nietos. En algunas mil- pas destas son Ia tierra dellas de espanoles y, por causa dello, llevan los dichos espanoles la mitad del tributo que dan los indios, y la otra mitad se mete en la caja de muestra majestad. Y estas milpas seran como hasta nue 6 diez, y tocias las demas milpas son de yuestra majestad. Fstos indios, y sus mujeres e hijos, por tener como tienen muchas cosas de su cosecha (ansi maiz y ajf y frijoles), erfan muchas aves, ansi de la ti como de Castilla. Tienen huertas, de las cuales cogen mucha fruta, ansi de Castilla como de la tierra, y mucha legumbre y hortaliza, y los mas dellos son cortadores y aserradores de vigas y tablas, y alfajias y calzontes para las ‘casas de los espatioles de la dicha ciudad de Guatemala. Todos tienen eaba- los en que andan y llevan sus cosas y granjerias, y lo que tienen de cosecha, avender, asi a la costa de Lz(c)uliyntepeque [hoy en dfa Escuintla], como a la de Guazacapan y otcas parics, de que traen mucho cacao y algodén, que yenden a los espaiioles en la plaza de la (dicha) ciudad y dello sacan mucho dinero, Y esto, sin las aves y frutas y maceras, como esti dicho, que venden alos vecinos de la dicha ciudad, que es mucha cantidad, y el uato del zaca- te para Jos caballos, que es mucho. ¥ asi, ellos tienen el dinero en su poder, demas de mucha loza de todo género, que venden a los vecinos de la dicha ciudad y (a) los indios de las dichas costas. Yansi, viven muy descansados, y anda bien vestidas y limpios cllos y sits mujeres ¢ hijes, y algunos (visten), de lienzos de Castilla, camisas y zaragiielles, y todos tracn zapatos y sombre- ros de fieltro. ¥, al tiempo que yo conté todas estas milpas por mandado del licenciado Landecho (1559-1564), presidente que fue de la dicha Real Au- diencia de Guatemala, no habjan sido contades ni pagaban tributo alguno ‘a viestra majesiad. Y, por la cuenta que yo hice, se les eargé el tributo, que fue por el aito de cincuenta y siete.” Y, entonces, andaban estos indios casi todos en cueros, porque habia pocos aios que el dicho presidente Cerrato los liberts. Estos indios dan poco tributo a vuestra majestad. Segin el posible 7 Aparememente Pineda confunde el pericela en el cual el licenciado Landecho sind como presidpte de kt Audienci, (12591564) yel ano en que el mist Pin-da hubicrs hecho cl eonteo ide tributaries y cuando los Indios liberaclos de la exclavituel (en 1549) hbieran empezado a pagar teibutea su majstad En fealidad comentavon a cobrafestibuto “porta Navid fin lel ao de [15}63" y no en 1557 como atestigua Pined. Sobie Landecho ver Murdo J. MacLeod, Spanish Cer tral America. A Sociocamonic Histor, 1520-1720, Berkeley, University of California Press, 1978, p: par inicio de Lr cobranea del snbuco, vanse AGI, Contain 967, Cuenta de 2504, part sda 16,9 Chiistoper H. Laur, Mitra siodeagrdfce de Seti de Guatemala, 1541173, Gunte ‘mala, chau, 1982, p. 103. Para una bucna traduccion al espafo! del bro de MacLeod véease Hist Mest ia Aven Contd pola, 13201720, Guasennala,Evorial Peers Santa, 1980. ‘i xv. NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICGION tienen, podrén dar otro tanto mis tributo, y esto sin vejacién ninguna poy que, como persona que ha més de cuarenta y dos afios que los trata y con,, ce, lo séy entiendo. Visitan estas milpas religiosos de Santo Dorningo y (de) | San Francisco; cada orden, aquellas (snilpas) que tienen a (su) cargo.8 Primero consideraremos el contenido factual del texto de Pineda, después examinaremos més a fondo la imagen de la sociedad de la gp ca presentada y por Giltino estudiaremos hasta que grado refleja la rex. lidad desde el punto de vista indigena. Los dos parrafos sobre la ciudad solo hacen mencién de la poblacion indigena en el contexto de la rela. ci6n de los tres barrios de indios establecidos en 1549-1550 alrededo, de los monasterios de los dominicos, los franciscanos y los mercedarios, Tanto la morfologia como la estructura sociodemografica de Santiago de Guatemala en esa época (1595), eran mucho mas complicadas que io que Pineda nos presenta. Existian numerosos barrios de indios que {or maron una herradura alrededor de la ciudad hispana, 0 corazén de la ciudad, ceredndola desde el suroeste, pasando por el norte y llegando | hasta el sureste, dejando s6lo Ia frontera sur libre de asentamientos de Indios. Este semicirculo de barrios indigenas alrededor del casco esp: Rol ya existia por 1570, década en que las fuerzas que Mevarian a cabo Ta lenta destruccién de esas comunidades, creadas por Lopez de Cerrato y los religiosos en 1550, comenzaban a cambiar tanto su composicién ct nica como sus estructuras socioeconémica y residencial. Solamente mencionaremos brevemente que el mestizaje entre los espaiioles y sus sirvientes (indios y esclavos negros y mulatos), tanto cn las casas princi pales de los vecinos espanioles del coraz6n de la ciudad, como en las lt bores € incipientes haciendas situadas en los valles de los alrededores, | result6 en una poblacién mezclada combinada con espaiioles pobres que gradualmente myadia los barrios de indios. A largo plazo, los resulta- dos de esias intrusiones —ademas de otras influencias— fueron el cam- bio y la adaptacién tanto biolégica como cultural de la poblacion indi- gena urbana. Eventualmente, hacia finales del siglo xvi! y principios del XVII, este proceso resultaria en que los indios urbanos, habitantes de | los distintos barrios, casi desaparecerian al ser su lugar ocupado por la | poblacién mezclada 0 ladina’ © Relaciones geogrdficas det siglo wi Guat ila, edicid é oF i By filo Wt Guatemala edicign de René Acuiba, p. 30344. Ver not agate dein to 2 E ut presenkimot solamente una sindpsis de la descripclon y el ands de un proceso dex Maree mie detale am Liste, Nistor socledemrerefiey, pasion Veanse tambien Murdo | rerrieds siti Rendon and Indian Sociey inthe renee of Gans ania cr Tesbeu 1827 en Yeo J. Noclecd y Rober Wasscrstrom, editores, Spaniards and Indians i Seaeaien a seamericas essays on ry of Edhnic Relations, Lincoln y Londres, University of Nebraska Pres 1985, p. 198, y, més adelante, las conclusiones de este preene encalo eo. INTRODUCCION HISTORICA xvi Pineda como otros observadores coloniales, con las posibles ex- cepciones del dominico inglés, fray Tomas Gage y el cronista criollo Francisco Antonio de Fuentes y Guzman y otros contemporaneos més, no pudo ver los incipientes cambios que se desarrollaban dentro de la ciudad.!° ‘Como otros observadores y cronistas peninsulares del siglo xvt y prineipios del xvi, Juan de Pineda enfatiza lo mas positivo, al mencio- nar que hay “un barrio de indios...que son oficiales de todos oficios”, cuando en realidad esta descripeién s6lo se aplica al Barrio de Santo Domingo, que era conocido como Santo Domingo de los Oficiales.!! Por lo menos Pineda menciona una parte de la poblacién indigena de Ja ciudad, pero lo que es mas interesante es lo que no menciona, es decir, la existencia de negros y mulatos tanto esclavos como libres (quie- nes también participaban en la vida socioeconémica urbana), mas un née ‘mero considerable de mestizos. Todos éstos grupos étnicos no mencio- nados por Pineda (a excepcién de los esclavos que solian vivir en las casas de sus amos espaiioles) habitaban y trabajaban tanto en las ca- sas grandes de los vecinos espafioles, como en los barrios pobres de las afueras. La ciudad se caracterizaba por sus fuertes contrastes: pobreza y riqueza; debilidad y poder; suciedad y limpieza; indio, negro, mulato, ‘mestizo y blanco. Todos estos factores resultaban en la creacién paulati- na de una sociedad urbana colonial mucho mas complicada, conflictiva y, desde Iuego, més interesante que la descrita por Pineda. Si bien Pine- da involuntariamente engafa al lector en su descripcion del sector ur- ano, es en sus observaciones sobre la vida cotidiana en las “milpas del alle” donde més distorsiona la realidad, a tal grado que casi se pone en duda que el cronista se refiera al mismo lugar descrito en las Memo- - fias, motivo de nuestro estudio. No es que pensemos que Pineda queria engafiar al rey (a Ae esta dirigida su relacién), sino que nos parece "que el observador hubiera querido engafiarse a si mismo y a la ver dar sresion que los tributarios de la Corona que residian dentro y al dor de la ciudad, vivian en situacion acomodada, si no prospera, y buena y accesible edicion de Gage en inglés es Thomas Gage's Travels in the New Worl, )- h calor, 2a edicion, Norma, U trot chaens em An ; ; os af ier denen Fuentes y Guzman es Obras un indices de tematy de Ts leer Cher 2,6 Madr Ealoral Aas, 1960-1672. Oras buenas on las de: , 1882-1 ease eament uentery Gunman eve Linnean tered ei ute xvi NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICCION que facilmente podian pagar aun mas tributo que el que ya daban a los oficiales reales. Dado el deterioro de la situacion fiscal existente, que empeoraba cada vez mis para la Corona espanola —especialmente en cuanto a los ingresos de una poblacién wibutaria en disminucién pre- Cipitada— los oficiales espaioles, tanto como el oidor Valdés de Carca | mo alrededor de 1570 y el mismo cronista Pineda por 1590, estaban bajo una presion inexorable continua para sacar mas de los sobrevi- vientes. Argiiimos que las necesidades fiscales de la Corona espafiola y | su obvia necesidad profunda de satisfacer a su rey, controlaban hasta cierto punto los poderes de observacion y atm Ia objetividad de los oficiales como Valdés y Pineda. 1? Este tiltimo, en un intento de simplificar su explicacién del pago de I tributes y terrazgos por los vecinos indios de milpas, cuando la tierra era propiedad de im vecino espaiiol de la ciudad, distorsiona nueva | mente Ia realidad. Segtin nuestros datos de alrededor de 1580, unas 20 milpas pagaban terrazgos, pero las cantidades no eran exactamente la mitad del tributo pagado a la Corona, sino que variaban bastante de milpa a milpa segiin los recursos naturales disponibles para los habitan- tes de distintas milpas y las necesidades de los que recibian los terraz gos.8 Aunque tal vez todos los recipientes de dicho pago fueran veci- nos espaiioles de Santiago de Guatemala en los 1550, ya alrededor de 1580 un considerable ntimero de milpas que pagaban terrazgos lo ha- cia a una oa otra institucion eclesifstica que heredaba las tierras al mo- rir sus antiguos duefos.!! En un intento por reforzar sus argumentos en favor del aumento al tributo pagado por los indios de las milpas, neda enfatiza las grandes cosechas de maiz de sus milpas, como la de frutos de sus huertas y menciona que los demas indios venden canti- dades considerables de vigas y tablas, que eran el resultado de sus Oficios de aserradores. Sin embargo, Pineda no menciona que los pre- clos pagados a los indios por sus cosechas y por la madera eran bajos ¥ 12 william L, Sherman, en Forcrd Native Labor in Sisteenth-Century Central America, Lincoln y Londres, University of Nebraska Press, 1979, p. 326-37, hace un excelente resumen de la ‘muy so> atein| ke Pineda. Sobre fa situacin fiscal erfca en est €poca ver Wiliam L, Sher me Aspects. of Change in Guatenialan Society, 1470-1620", Lene wserstrom, Spe ands ane Indians VODA i wert = Sobre los pagos de terradgos wease Lu, Historia seciodemdafi 1105, especialmente suas Y10y las notas de las Memonias, mas adelante. tea a + El tributo eta un impuesto por individuo que no estaba actualizado, debido a los atrasos «on los que se ponfan en vigor les cifras que arrojabs el conteo de tributarios en una juridiccin ‘dadia, despues de tina epidemia expecifica, chyo resultado siempre era una disminucidn en el n- eae ee ee bs terraugos, en el caso de! valle de Ja ciudad casi no cambie- i durante décadas, a pesar de que la caparidael de ‘con le disminw: cin dein pobacon n a mayoral bs baton yipeenhesecee a Sastre sere oo" ela segunda tad de slow, Weasel, Hone sodndonapiien passe, ad INTRODUCCION HISTORICA xix conirolados por los oficiales espafioles del cabildo de la ciudad y de la Audiencia con sede en ella. Es cierto que habia mucha actividad comercial y comunicacion entre las regiones de la costa, el altiplanio y la ciudad, como también es cierto que los comerciantes indigenas de sempenaban un papel muy importante en ello, pero dudamos seriamente que “todos tienen caballos en que andan y llevan sus cosas.y granjerias”.!° H En general, Pineda describe en términos aparentemente favorables para los indios los servicios, como la venta de zacate (forraje), el cual estaban obligados a proveer a los espaiioles de la ciudad y a los oficiales de la Corona. Como veremos a lo largo de esta introduccidn y en las mis. mas Memorias, los indios del valle odiaban estos servicios que, mas que una oportunidad econémica, los vefan como simbolo de su llamada es- clavitud. Pineda continua sus argumentos sin base en la realidad cuando dice que “ellos tienen el dinero en su poder”, que los indios venden cantidades de loza a los vecinos y que “viven muy descansados,., andan bien vestidos y limpios... y todos traen zapatos y sombreros de ficltro” Para no desyiarnos del enfoque principal de este estudio, no analiza: mos a fondo aqui todo lo que motivé a Pineda a pintar un cuadro tan ideal de la vida indigena en el valle de la ciudad de Guatemala, Su vi- sién habria sido muy agradable para los indios si hubiera representado la realidad, pero simplemente sui descripcién es pura fantasia. A pesar de sus prejuicios, impulsados por razones de empleo y de lealtad al rey y de la evidencia documemtal abrumadora que contradice su vision, no debemos rechazar ésta sin tomar en cuenta que Juan de Pineda, segdin sus propias palabras, habia conocido el valle de Guatemala y a sus habi- tintes durante mas de cuatro décadas, Por ejemplo cuando Pineda dice que en la década de 1550 “andaban estos indios casi todos en cueros”, nos indica que habiendo sido liberados de la esclavitud menos de una década antes, todavia vivian en la pobreza en ese entonces. Es posible que Pineda, en el curso de 40 afios de haber conocido la regi6n y a pe- sar de sus intereses fiscales, hubiera visto cierto desarrollo en la calidad y la estrnctura socioeconémica de los indios habitantes del valle. Sin embargo, en el diltimo pirrafo de su relacion, su argumento se ve clara- mente, cuando quiere convencer al rey de que los indios del valle bien *podran dar otro tanto mas tributo, y esto sin vejacién ninguna...” La Visi6n de Juan de Pineda sobre la vida cotidiana de los indios alrededor de Santiago de Guatemala era, sin dudas, muy distinta de la de los redactores indigenas de las Memorias del afio 1572 cio, 35 Sherman, en Forced Native Labor, p. 389-87, afirma nuestro j Xx NUESTRO ? ESAR, NUESTRA AFLICCION La visién indigena de sus opresores y defensores Las Memorias presentan una vision, desde la perspectiva indigena, de como funcionaba el régimen colonial en los alrededores de la capita) espaiiola de Guatemala, Santiago de Guatemala, Para un periodo de dos aios a principios de la década de 1570, tenemos detalles explicitos del comportamiento de los oficiales coloniales desde los mas altos nive les (Ios oidores de la Audiencia) hasta los niveles mas bajos (ca espanol). Tratindose las Memorias de documentos cuya intenc ‘Conseguir la reforma de un sistema extremadamente abusivo, por lo general las descripciones sobre los oficiales espanioles son muy nega- tivas. Sin embargo hay algunas excepciones importantes, las cuales ci: taremos adelante, Las personas incluidas en esta segunda categoria son algunos ex-oficiales, ya sea difuntos, 0 jubilados, 0 ya residentes en otras partes, religiosos presentes en Guatemala y, por fin, el rey espanol En el caso de los oficiales esparioles, los solicitantes mencionan en Ia mayoria de los casos sus nombres, Tal vez decidieran ser explicitos con Ja esperanza de recibir un resultado mas favorable y reformador de par- te de la Corona espaiiola, No solo mencionan sus nombres, sino que cn un caso, en “Los indios que eran esclavos...[1576]” notan que un li cenciado espaiiol es yerno del Contador de su Majestad en Guatema a.19 Es posible que estos datos fueran proveidos a los indios por sus mentores, los frailes franciscanos y dominicos, pero esta conchisién es puramente especulacién y posiblemente sin base concreta alguna. Sin embargo, no se puede ignorar cl hecho de que a veces los peticionarios confundieron el titulo oficial del oidor Valdés de Carcamo, llamandole en ocasiones “presidente” de 1a Audiencia.t? $i los religiosos hubieran estado muy involucrados en Ia redaccion de las Memorias, nos parece raro que les hubjeran dejaco pasar por alto un error tan notorio como lo la confusion de cargos entre un alto oficial y otro, Otros espanoles que no ocupaban puestos oficiales, como por ejemplo los labradores de ui- go UL otros vecinos de la ciudad que recibian el beneficio directo de la mano de obra forzada indigena, no estén nombrados pero si estin criti- cados por implicacion.!* Los tinicos espanioles —residentes de la ciudad de Santiago y sus alrededores en la década de 1570— que reciben alabanzas por parte de los autores indigenas son los frailes.dominicos y franciscanos. Sin ¢X- cepcidn alguna, los religiosos eran los tinicos espafioles que apoyaban 9 AGH Cinntemala 54, *Los indios que eran eschavos..[1576]*, fol. 280 7 Ver la Memoria 20 de Jocotenango, donde mencionan el “Presidente Valdés” IS Veise, por ejemplo, [a Memoria Se Santa Catalina Pinula. INTRODUCCION HISTORICA xt los indios en su lucha contra los abusos, tanto de los oficiales como de los particulares espanoles. Se redacté y firmé, por ejemplo, la Memo- tia 18 de la Milpa Monroy cn el monasterio de San Francisco, en la cit dad de Santiago de Guatemala." Otros oficiales espanioles como el ex-presidente de la Audiencia, Francisco Brizeno, que residia en Espaia en 1572-1573 —a quien esta dirigida la Memoria 6 del pueblo de Santa Catalina Pinula— y el ya en ese entonces difunto, ex-presidente de la Audiencia, quien les liberara de la esclavitud alrededor del ario 1550, el licenciado Alonso Lopez de Gerrato, son mencionados repetidamente en términos favorables, tanto en las Memorias como en “Los indios que eran esclavos...|1576]”. Aun- que sin ser directamente criticados, se mencionan en la Memoria 20 de Ios indios de Jocotenango al conquistador espafiol de Guatemala, Pedro de Alvarado y al primer obispo, Francisco Marroquin. Alvarado-fue-el amo de los esclavos asentados en dicho pueblo y Marroquin, tras la muer= te de Alvarado, fue el senor de las tierras de ese lugs Ademis de los esparioles mencionados por los autores de las Memo- nas, se dan relativamente pocos detalles sobre las relaciones entre los indios de los barrios y milpas y los demas grupos no-espaiioles; cs decir, los mestizos, mulatos y negros tanto esclavos como libres. Cuando he cen menci6n de estos grupas, casi siempre es en un contexto muy ne- gativo. Por ejemplo, los vecinos del Barrio de la Merced se quejan de que los negros esclavos de los oidores de la Audiencia les maltrataban forzandoles a vender a un precio inferior al del mercado el forraje (“za- cate”) para los caballos de sus amos espaitoles. La tinica mencién de mestizos aparece en la Memoria 4, cuando se describe cémo los oficiales espaiioles encarcelan 4 los alcaldes indios del Barrio de Santo Dornin- go por haberse retrasado en recoger el tributo de los indios. Ademas de tener que pagar lo correspondiente en “mordidas” al carcelero y al algnacil espaiiol, los alcaldes se quejan de que “en la cércel nos afligen los negros, los espaiioles y los mestizos, alla nos pegan.” Con la excep- cién de Ja mencion, en la Memoria 6 de Santa Catalina Pinula, de que el expresidente de la Audiencia Francisco Brizefio “no nos afligié con sus [esclavos} negros”, no hay otra cita de los demas grupos étnicos subo: dinados a los espanoles que no esté expresada en términos negativos. El tono general de las Memorias indica que los esclavos negros y demas castas, ya fuera por su propia cuenta, o bajo el mando de sus patrones y amos europeos, eran deshonestos, crucles y se aprovechaban de la po- blacion subordinada indigena. Estos sentimientos negativos expresados 19 Fn tas Memonas mismas y en las nous histéricas hay discusion adicional sobre el posible pa- ‘pel de os frailes en la tedacelon y coleccién de este grupo de documentos envialos a Espana. XXII NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICCION por los peticionarios resultarian en un prolongado y duradero cismna ¢ tre los diversos grupos étnicos, lo que hasta cierto punto persiste en la actualidad en las relaciones entre indigenas y ladinos en Guatemala.2 El estudioso de la sociedad guatemalteca, Robert Carmack, ha nota- do en su historia social del pueblo indigena de Tecpanaco (nombre fic- ticio) el “Ambito restringido de las acciones politicas indigenas” y que aun cuando los tecpanacos estuvieron en rebelion a principios del siglo xx, sdlo “reaccionaban motivados los sentimientos profundos de leal- tad a patrones especificos”. Los indios de Tecpanaco no dirigian en 1920 su hostilidad hacia el “jefe nacional” Estrada Cabr hacia el dictador Jorge Ubico en 1944, sino a sus “clientes ladinos” locales. Tan to en el caso de Tecpanaco, donde los indios echaban la culpa de sus problemas a los oficiales ladinos de dicho pueblo y enfocaban en la “explotacion local de mano de obra y de recursos [naturales] dentro de la municipalidad’, los autores de las presentes Memorias nunca con sideraron a “nuestro Rey que esta en Castilla” como responsable de sus aflicciones.® Igual al caso moderno ilustrativo de Tecpanaco en el cual los indios piden solucin a sus problemas a su “patron nacional”, los autores de las Memorias invariablemente pidieron directamente a ‘nues- tro gran Rey de Castilla” que les ayudara. Asi los indios solicitantes de Santa Catalina Bobadilla piden al Rey “que nos cuide con su poder real, que tenga compasion de nosotros, alligidos” y mas especificamen- te los indios de Jocotenango escriben al rey “le pedimos que ordene to- dos los procesos y memorias de la conducia del Presidente [sic] Valdés, del fiscal Argueta, del tesorero y de Gabriel Mejia que en verdad cau- san mucho malestar en Guatemala”? A pesar de los malos tratos que algunos oficiales espaiioles propicia- ban a los indios, se podria decir que éstos —tal vez con la incitacion de os religiosos— expresaban su fe en que el rey con su compasin y su capacidad de emitir una legislacién reformista pudiera ayudar a sus “bi- jos” en Guatemala. Tal vez el hecho de que el rey estuviera tan lejos hu- biera dado un sentido més misterioso a sus poderes y, a la vez, casi como si fuera un dios, 0 en términos cristianos un santo poderoso, hubiera a, 20 Como titeratura no muy abundante, pero en aumento sobre estos vemas, véanse Mags Mérnex, “La politica de segregacién y el mestizaje en la Audiencia de Guatemala”, en Raita dn dies, 1964, v. 24, 137-151; Sherman, Forced Native Labor, Lutz, Historia sociodemogréfica: MacLeod ¥ Wasserstrom, editores, Spaniards and Indions, J. C. Cambranes, Café 9 campesinos on Guatewall 41853-1897, Guatemala, Edivoria) Universitaria, 1985; la obra macstra de Severo Martinez Pelac®, La patie dt aio a nuevo eso, Las mains de ras, Puebla, Untversidad Ausénoma de Po 21 Veanse Robert M. Carmack, “Social History of Teepanaco", manuscrito, paginas $73 hs! eee ne eects ene amen sioas ‘ease la Meroris 20 de Jocotenango, que sin duca es la que expresa con mas dalle 1 esP™ rangi dle que el rey pueda resolver abusos en contra de sus vasallos. INTRODUCGION HISTORICA xxi dado a los indios la esperanza de que algtin dia resolveria su conflictiva e intolerable relacion con los espafioles residentes en Guatemala, Nos preguntamos si acaso ésto —que parecia darles cierta esperanza sobre la resolucion eventual de sus problemas— impidié que se levantaran en rebelién en contra de sus opresores europeos. Tal vez fuera la répida disminucién de la poblacién debido a las epidemias y enfermedades (causadas inconscientemente por los conquistadores espanioles y sus c& clavos africanos a su llegada al Nuevo Mundo) que azotaron y dejaron desamparada a la poblacion indigena, lo que les quitarfa la fuerza y los Animos necesarios para rebelarse, por lo menos en el siglo xvi. Es im- portante recordar que a pesar de las epidemias desvastadoras, los indios en Guatemala mantienen aun hoy en dia su condicién de grupo poblacional mayoritario. Abuses principales deseritos en las Memorias Tratandose éstas de peticiones y de protestas dirigidas al rey en Espa- fia, es logico que su contenido sea de un tenor negativo, Las Memorias no contienen quejas generalizadas, sino hacen cargos especificos en con- tra de Ios oficiales espafioles en Guatemala y denuncian los abusos y maltratos que ellos, los indios, recibian. Mas adelante delinearemos en detalle sus mas agudas quejas, pero primeramente esbozaremos algu- nos acontecimientos importantes en la historia de estas comunidades, acaecidos entre 1550 y 1570. La gran mayoria de los indios aqui representados vivian en la esclavi- tud hasta 1550, 0 eran los hijos y nietos de los que habian sido escla- vos#* Poco después de su emancipacion —debido a los esfuerzos del licenciado Alonso Lopez de Gerrato, Presidente de la Audiencia, quien intentaba poner en practica las Leyes Nuevas— los esclavos liberados, habitantes de més 0 menos 20 barrios urbanos y milpas del valle de la ciudad, fueron obligados al pago de terrargos sobre las tierras en que vivian y en las cuales cultivaban sus milpas en la mayorfa de los casos. Lo anterior, cn vista de que dichas tierras continuaron perteneciendo a 23 para un exbo1o de la historia demografica regional véase Murdo J. MacLeod, “An Outline of ‘Central Ametican Colonial Demographics Sources, Yields, and Posibilies’, en Robert M_ Far, hack John D. Early y Christopher H. Luiz, ediiotes, The Histencet Dvaograbhy of ener! Guaticula Albany, State University of New York, Instat for Mesoamerican Sess, 1982 Publ oo ne enn Oi Demonan, vase chiriopher Lut, "Historia de poblaclon de ix Nine ha cn de unena 15901 770" Meme 218) Oy Ls, Hee aso Fe ee Ca dcsrplon deo antecedents HON que Presenaros aqui viene de ia primera faente. xxv NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLIGGION sus antiguos amos espafioles o a sus herederos.” A corto plazo, despué de su llamada “emancipacion” y aparentemente casi simultaneamente a la imposicién de los terrazgos, los indios de los barrios y milpas en cues. tién comenzaban a proveer trabajo forzado y productos a precios re- ducidos para el beneficio de los espaiioles de Santiago, ya fueran veci- nos particulares, o autoridades eclesiasticas 0 civiles. Con Ia excepcion de los dos 0 tres pueblos mas distantes de Santiago de Guatemala, to- dos los barrios y milpas representados en las Memorias comenzaron a pagar el tributo a la Corona espafiola solamente a mediados de la déca. da de 1560.26 El trabajo forzado o de mandamiento (repartimiento de indios) y e! tributo fueron cargas de los ex-esclavos indios, comunes también a mu- chos pueblos indigenas guatemaltecos de los Altos. Pero las comunida- des indigenas representadas en las Memorias, debido a su proximidad al centro de poder y poblacion espanola, tuvieron que soportar mayores cargas y presiones sobre sf mismas. No slo por ser mas hispanizadas, ni por tener mayores conocimientos sobre el funcionamiento del sistema burocratico colonial, estas comunidades se quejaban mas y ruidosamen- te; también lo hacian como resultado de su ubicacién geografica, que permitié que en verdad fueran mas agraviadas por los espaiioles. Es muy probable que en 1549, cuando Lépez de Cerrato modificé los tributos ¢ intent6 reformar el servicio personal que los encomenderos espafoles recibjan de sus pueblos de indios respectivos, los indigenas del valle de la ciudad recientemente liberados, hayan tenido que proveer los servicios laborales y productos necesarios a los encomenderos de Santiago de Guatemala. Como resultado negativo de las reformas de Cerrato, los po- bladores de las milpas aledanas a la ciudad fueron mas susceptibles y accesibles a la explotacién que los de los lugares mis alejados.2” Para establecer cierto orden en sus quejas mas importantes, las cla- sificaremos dentro de los temas siguientes: tributo excesivo e injusto, servicio ordinario (trabajo forzado y venta forzada a precios desfavora- bles de recursos naturales y de cosechas agricolas a los vecinos espaiio- les), falta de tierras, venta de huérfanos y abusos en contra de los alcal- des indios de los barrios y milpas. 2° Las excepciones son los pueblos ubjeados fuera del valle (Pancho) de fa clue, represen- tados en las Memorias 3 (pueblo sin identificar), 6 (Santa Catalina Pinula) y 11 (posiblemente Sumpango). Es importante recordar que la historia wibutaria de estos barrios y milpas es distinta a lide ta mayoria de los pucbios de la Guatemala espafola del siglo XM, los cuales comenzaron 2 pga xbotoa as encomtenclerosespafoles poco despues de haters efectoacie In comguisa- 7 Véanse Sherman, Forced Native Labor, p. 151 y 411, nota 116y AGI, Guatemala 128, “Tasacio- nes de fos pueblos ce los términos y juris ala", fol. 82-1350, de la ciudad de Santiago de Ia provincia de Gua- INTRODUCCION HISTORICA xxv Tributo todos dan tributo; hasta los ciegos que no pueden ver” Memoria 8 < Sin duda, el tributo en todos sus aspectos fue el tera que mas preocu- paba a los autores de las Memorias. Siempre asociaban los indigenas a éste con el oidor Valdés de Carcamo, los censos de tributarios y las ta saciones que este alto oficial llevara a cabo en los barrios y milpas del valle de la ciudad en 1570. En muchos casos los indios se quejaban de la manera en que Valdés y sus subordinados se comportaban. Los indios que residian en el Barrio de Santo Domingo notaron, por ¢jem- plo, que dichos espafioles amenazaban castigarles con 200 azotes y una pena de 15 tostones en caso de que no declararan a todos los clegibles pa- ra el pago del tributo. Segiin los informantes, los oficiales espanoles in- dicaron que los alcaldes indios del barrio tendrian que “manifestar a to- da persona ya sea que habite en casa ajena, ya sea que esté de paso, a nuestros hijastros y a los que se habian huido”. Continuan: “Luego em- pieza [Valdés] a censar a cada una de las casas, cuantos hijos [mora ban], cuantos hombres pobres tenian, a todos, sean los de paso o los que habian huido o jévenes todavia no casados y sin mayorfa de edad. Tambien se censaron a los sacristanes y todos los afligidos, enfermos, tuertos y cojos, todos fueron inscritos.” En casi todas las Memortas, se to- an estos mismos temas, gencralmente con menos detalles que en el ca- so del Barrio de Santo Domingo. Ademés de tener que pagar el tributo de los que hufan de sus comu- nidades, muchos solicitantes se quejan de que fueran obligados a pagar lo de los que ya habian muerto. Cuando los miembros del cabildo del pueblo de Santa Maria de Jestis se quejaron de estos pagos, los oficiales reales les ofrecieron como respuesta que se los pagaran de su caja de co- munidad, mas los indios cabildantes explican que “no tenemos comuni- dad de pagar por los muertos y huidos como nos mandan los jueces..”% En el caso de la Milpa de San Antonio, por ejemplo, en diciembre de 1571 dieron 17 fanegas de maiz y 23 gallinas por los que aparentemen- te faltaban entre los que habian huido y los que habian muerto; y los 28 Beisien owas descripciones deualladas del proceso de empacronamiento, entre las cuales cs ‘8 lade San Pedro Milpa del Tesorero, Memoria 22, ®9 Por diciembre de 1505, ano y medio después dela primera imposicin del erituto en el valle de la ciudad, los oficiales reales notaban que *..2 1a sagon que hizo la tasa fueron contados parte de Jos yndiofs} que habia en cada milpa ¢ asionto por el dicho Alonso de Paz y otros que quedaron por conta los conte después e después de la dicha tasncion se murieron algunos de los naturales © ‘0u08 se huyeron © ansentaron, se fueron a pueblos y otfos asientos por esconderse y evadirse del twibuno que ies habtan tmpuso..". Véase: AGL Contaduria 967, Cuenta de 196%, partida 126, $9465, Guatemala a4, “Lorindios que erat esl 90%.0[ 15761", fl. 25, xxv NUESTRO P ON eSAR, NUESTRA AFLIC cabildanies de Ia Milpa de San Crist6bal se quejaron de que pagaron “el wibuto de cinco muertos”, Los vecinos de la Milpa de San Pedro Te- sorero explicaban su dificil situaci6n en estas palabras: “Muchos hom bres huyeron por cl tributo y muchos muricron. Pagamos todo el tributo de los que habian muerto: oro, maiz y gallinas.” En 1576, los yecinos del Barrio de Santo Domingo, uno de los tries mas cercanos al casco espaiiol de Santiago de Guatemala y por consigniente més afectado por las fuerzas socioeconémicas de la ciu dad colonial, se quejaban de que cuando el oicior Valdés y sus subordi nados empadronaron a los habitantes de dicho barrio, también “empa- dronaron espaiioles © mestizos 0 mulatos [o] negros que se hallaron entre nosotros...” La adicién de esta gente ajena al padron de indios ui- butarios de Santo Domingo es otra indicacion de la evidente desespers- Gién de los oficiales como Valdés por encontrar nuevas fuentes de ingre- sos para la Corona, En realidad a Valdés no le importaba que los indios tuvieran que pagar el tributo de esas personas no-indigenas, incluidas en el padron, Aparentemente, por medios legales, el Barrio de Santo Domingo logré a final de cuentas que dichas personas fueran borradas del padron de tributarios.*2 Quiza la queja referente al pago de tibuto mas comin en las Memorias sea que Valdés incluy6 entre los obligados al pago del tributo a los “respetados principales”, los alcaldes y los regi- dores; es decir, a los lideres de los barrios y milpas. Antes de las cuent ¥ tasaciones de Valdés, los cabildantes estaban exonerados del pago. Sicndo dichos miembros del cabildo los responsables y quienes firman las Memorias, era de esperarse que no ignoraran los agravios que les 1e- pereutian mas directamente.s* Como yeremos mis adelante, eran los cabildantes indigenas (especialmente los alcaldes) quienes sinticron que todo el peso y los excesos del régimen colonial espaiol recaia so- bre ellos. En las Memorias no solo se quejan del pago injusto del tributo, sino también de la carga econémica que para sus comunidades repre- sentaba el mantener a los oficiales espanoles y a sus caballos durante los dias en los que se efectuaba el conteo de tributarios. Al censar la Milpa de Santa Ana, asentamiento pequefo de aproximadamente 50 tributarios, los oficiales encargados del conteo tardaron 9 dias en ha- cerlo. Dado el tamario de ese poblado, quiere decir que slo censaban entre 5 y 6 tributarios por dia. Como Santa Ana estaba casi junto a la as $1 Ver las Menorias 12, $y 22, respeesvamente, 32 AGH, Guatemala 54, “Los indios que eran eselavos. [1576], "fol. 17, 33 En fa Mrporia 19, los cabildantes del Barrio de Santo Domingo se quejan de que “nos han quiltado ¢} mandamicntc que vuestra metced [Brizeiio} nos dié para que ios alcaldes y regidores y Alguaciles scan reservacox del tribiuto." Para mencién del mismo mandamiento por los miembros del cabildo del Barrio de la Merced y su rechazo por ol oidor Valdes, véase AGH, Guatemala 54, "Los indios que eran esclavos..[ 15761", fol. 21-22 INTRODUGCIGN HIStORICA xxv ciudad, se duda que los oficiales hubieran dormido en el pueblo; embargo, durante su estancia en el lugar, se consumicron 4 gallinas por dia, por las que solo pagaban un tomin (0 un real). Al términe de los 9 dias, los oficiales hubicran comprado un total de 36 gallinas por 1 80, I real. Estas gallinas tenfan en realidad, un valor en el mereado pic blico de aproximadamente 4 1/2 pesos y representaban més del 70 por ciento del némero de gallinas que Santa Ana pagaba anualmente como tributo a la Corona. Como se observa en el Cuadro 1, ademas de las ga- linas, durante los mismos 9 dias los indigenas de Santa Ana estuvieron obligados a prover sin pago alguno a sus visitadores espafoles, relati- vamente con grandes cantidades de rastrojo, lefia, hnevosy cacao. Cuadro 1 Milpa de Santa Ana: Comida, rastrojo y lena abastecidos a los oficiales espanoles durante el censo de 1570.4 Producto Cantidad/comentario Precio pagado gallinas 36 1 peso 1 real Fastrojo, 20 “cargas por dia” nada lea 4 “eargas de | cada uno [oficial] para hacer su comida” nada huevos 40 “de las casas [del pueblo] cada dia” nada cacao 2 “tomincs (reales) cada quien [tres oficiales] para hacer su chocolate espeso.” mada Para una comunidad pobre y pequeifia la visita de Valdés, el nahua- tlato Bobadilla y el escribano Juan de Chavez. debié de haber sido un desastre econémico del cual no se olvidarian répidamente. Puesto que s6lo dos de los oficiales comian en Santa Ana (el oidor Valdés regresa- ba a Santiago), no era humanamente posible que consumieran las can- tidades exigidas. Los informantes nos indican que los oficiales (con la ayuda de sus esclavos) Ilevaban el rastrojo para sus casas 0 propiedades cercanas y pensamos que probablemente Hevaran otros articulos exigi- dos en exceso para su consumo propio. Los oficiales espaiioles prolon- 4 Puente: AGI Guatemala 54, Memoria 8. Ce oar i SE xxviIT NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICCION gaban su visita y trabajo para poder drenar los productos de sus victimas, Santa Ana no era un caso tinico, sino solo uno entre muchos parecidos Tanto en este aspecto de sus relaciones con la burocracia colonial, como en varios otros, los indios casi siempre eran perjudicados mientras que Jos oficiales espaftoles salian ganando. Aun para obtener justicia y co- rregir lo que los indios vefan como intransigencias dentro del sistema judicial establecido, siempre pagaban determinada cantidad de dinero ‘aun oficial u otro.’ Como explica Murdo MacLeod en términos mas generales: “Los alcaldes mayores, corregidores y sus subordinados loca- es sacaban, durante sus visitas y otros viajes, cuanto excedente podian, exigiendo pagos por cada permiso 0 pedazo de papel." El pago del tributo en exceso y todos sus problemas inherentes cons- tituyen un tema clave en las Memorias, pero en ninguna se encuentra tuna explicaci6n de cuanto pagaban antes 0 porque algunas comunida- des pagaban menos 0 més que otras. En el Cuadro 2 se presenta la re- } construccién de a historia tributaria de una comunidad, la Milpa de | San Lorenzo Monroy, entre 1564 y 1576. Cuadro 2 Historia tributaria de la Milpa de San Lorenzo Monroy: 1564-1576: (cantidades pagadas por cada tributario) Aro Mate gallinas de Castilla pago 1563-1564 1 6 reales 1570 1/2 fanega. i 9 reales 1576 1 fa. 1 12 reales Fuente: AGI, Guatemala 54, “Los indios que eran esclavos... [1576]", £82 En un periodo relativamente corto, comenzando con cl estable- cimiento del pago del tributo por los indios del valle de la ciudad y terminando unos cuatro anos después de la redaccion de las Memo- rias en nahuatl, el tributo en maiz y dinero en efectivo se duplicé en { la Milpa de Monroy. Mientras que esta y otras milpas mas pagaban te rrazgo al duefio espaiiol por el uso de sus tierras, cada uno de sus in- = j 3 para un buen ejemplo de Ios continuos pagos, vase el caso del Barrio de la Merced en AGI, Guagerala 54, Los ton que eran exlaon (1870) 2325 vo, 36 Murdo MacLeod, “Ethnic Relations and Indian Society in Guatemala’, p. 192. 87 Puente: AGI, Guatemala 54, “Los indios que eran esclavos.,.[1576]*, fol. 32 INTRODUCCION HISTORICA XXIX dios tributa is s6lo pagaba, por mando de una Cédula Real, el tribu- to definido por 1564. La misma Cédula mandé que las comunidades que no pagaban terrazgo dicran 12 reales tostones) y las mismas cantidas les de mafz y gallinas de Castilla.3® A pesar de las previas i tenciones de la Corona por moderar el tributo de las comunidad avadas con el terrazgo a raiz de la cuenta y tasacion de Valdés de ‘ircamo de 1570, se aumenté el tributo de dicha milpa en 3 reales por cabeza y en 1576 cl tributo subié atin mas. Tomando en cuenta que los pagos por tributario no eran siempre uniformes entre distin: tos pueblos (aun considerando las comunidades que no pagaban te- rrazgo) en la década de 1570, es obvio que las obligaciones tributarias de los indios del valle de Santiago de Guatemala iban en aumento. No era una mera coincidencia que la poblacin indigena de Santiago de Guatemala iba en aumeno, también no era coineidencis gue mientras la poblacion indigena iba en disminucién, el oidor Valdes y otros oficiales de la Corona luchaban por sacar ain mas tributo, Los indios de los barrios y las milpas del valle sufrieron las consecuenci de esta lucha. Servicio ordinario, repartimiento y venta forzada de productos hacemos a los espaioles todos son nuestros amos”. ios que eran esclavos...[1576]", En su famosa crénica Breve y Sumaria Relacién de los Seiores de ta Nueva Espwia sobre 1a vida indigena en México y Guatemala, el licenciado Alonso de Zorita coment6 detalladamente los servicios que los ma guales provefan a sus sefiores “en el tiempo de su infidelidad” El servicio personal y ordinario de cada un dfa de agua y lea y para casa, estaba repartido por sus dias, por sus pueblos y barrios, y de manera que 4 lo. mas cabfa 4 uno dos veces por aio, y como esté dicho era entre los cerca- nos, y por ello eran relevades en algo de lo que otros tributaban, y 4 las ve- ces vena todo un pueblo con la lea que les cabia, por llevarlo de una vez, ¥ esto cuando estaba algo lejos, y el mas ordinario servicio era de esclavos, que tenian muchos. $8 AGI, Comadurfa 967, Cuenta de 1564, $9 “de Texcoco y de la Nueva Espana: Pomar y Zurita’, Nua Cole de Documentos para ta oria de Médico, reproduceién de la edicién de 1891 editada por Joaquin Garcia Ieaebalecta, DE, Editorial Salvador Chaver. Hayhoe, 1941, (4%, p. 151-82, Bs la opinion de Willian ‘quien cita dicho parrafo, que Zorita se vellere tanto a Gentroamérica como’n México, Forced Native Labor, p. 8B y 392, 0.1. ESAR, NUESTRA AFLICCION ce NUESTRO PESAR, La descripeién del “servicio personal y ordinario” en et period p, hispanico por Alonso de Zorita pudiera ser idealista, pero es bast, similar a Ia del licenciado Landecho de la década de 1560. En 1563, casi 10 anios antes de Ia redaccion de las Memorias en nj huail, el licenciado Juan Niifiea de Landecho, presidente de la Audie, cia, informaba a su majestad que los indios residentes en el valle de Santiago de Guatemala trabajaban en las labranzas de los espaiioles y reparaban casas sin tener que ocuparse con trabajo lejos de sus puc. los, Segiin Landecho, los indios que vivian mas cerca de la ciuciad rea lizaban servicio ordinario en Santiago, mientras que los de los puchlos situados a unas diez leguas de la ciudad trabajaban en lugares situados a unas cinco leguas de dicha ciudad, es decir, entre los pueblos remotos y Santiago. Asi, nadie tenia que viajar Iejos de su casa y no era necesario que ningun indio tomara mas de un turno cada seis meses. Segiin Lan- decho, la parte del trabajo identificada como servicio ordinario consistia en trabajos rutinarios, 4 veces cotidianos, que incluian tareas domésii- cas, preparacion de comidasy de pan, acarreo de agua, provision de le- fay provision de rastrojo para los caballos y las bestias de carga. La descripcion del licenciado Landecho parece, como nota Willia Sherman, que fuera un “arreglo esencialmente razonable”, dado que existian otros peores ejemplos de abuso en otras jurisdicciones de la Audiencia y tal vez fuera justificable desde el punto de vista de un alto oficial de la Audiencia o de un vecino espaitol de Santiago de Guate mala. Sin embargo, como se nota en las repetidas quejas contenidas en las Memorias, para los indios de los barrios y milpas que realizaban © servicio ordinario y otras tareas cotidianas, sus obligaciones laboriles para con los espafoles eran onerosas y hasta inaguantables. Cinco anos después de la emancipacién de los indios esclavos en ¢l valle de Santiago, la Audiencia aparentemente habia decidido que los indios liberados se contrataran voluntariamente por semana para llevar a cabo, con remuneraci6n las llamadas tareas de servicio ordinario. Fl sueldo semanal era de tres reales (o su equivalente en granos de €acao), mds comida. S6lo los indios que vivian en los pueblos situados # medio dia de camino (o menos) de un asentamiento espaiiol reali ban el servicio ordinario. Tal vez la Audiencia esperaba minimizar el i del trabajo, indicando que de un pueblo de 100 habitantes i"- a oes Por semana estarian ausentes, trabajando en los eee ‘© los espatioles. Como aconseja el historiador Sherman, tales P Wisiones solo son eficaces mientras que una administracion vigila colo “Lic, Landecho a la Corona", 8 fe Guatemala : ala Gorona’, 8 febrero 1563, AGT ). Gitadlo en Shennan» Netice Labor, p. 201 y 92, respectivanyente. i Sherman, Force! Native Labor, p. 201, ; , a Foret INTRODUCCION HISTORICA xc mente, situacién pocas veces presentada. Los fenémenos econén como la inflacién de precios de los articulos de consumo diario, debido a una multitud de causas (escasez, trastornos, mal transporte, pestilencias y enfermedades), més la falta de vigilancia combinada con frecuentes abu- sos de poder por parte de los mismos oficiales espaiioles encargados de defender a los indios, result6 en una situacién muy distinta a la previs- ta, Fue bajo estas circunstancias que en la década de 1570 los indios del valle de Santiago de Guatemala escribicron sus Memorias y las manda- ron a Espania."® La falta de precision al anotar sus listas de quejas, combinada con posibles problemas de comunicacién entre un idioma y otro, resultan en contradicciones en las descripciones de las tarcas llevadas a cabo por los indios. En el cuadro 3 hacemos una comparacion entre las tareas realizadas para la ciudad espaiiola y sus habitantes que fueron defini- das por la Milpa de Santa Catalina Barahona (comunidad rural) y las tareas asignadas a una comunidad semi-urbana, la Milpa de Jocotenan- go, junto al noroeste de la ciudad. Cuadro 3 Servicio ordinario en el valle de la ciudad: década de 1570 Sta, Catalina Tipo de trabajo/servicio Barahona Jocotenango(a) “indios de servico en las 1 hombre 3hombres casas de espaitoles cada semana del afio” ‘venta de rastrojo 6 hombres * cada semana * i barrer calles (en ciudad sin definir sin pagar espafiola y Camino Real) frecuencia y namero de hombres; “limpiar la plaza de La sin indicar (asin pagar?) ‘ciudad en cada ano” cantidad de ‘hombres; 4 Sherman, Forced Native Labor, p. 19798. 48 Para un andlisis mucho ms completo de lo que s6lo hemos resumdo aqut, véanse Sher Iman, Forced Nativs Labor, passim y Macl.cod, Spanish Cmivel Amica, especialmente 2041 XXXIT NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICCION *indios regadores en las 80 hombres tres veces la semana Casas Reales y no hay pago” “se construye ¢l canal * *(b) “Todos los [acueducto]” © hombres lo hacen.” “hombres siegan cada 10 hombres 46 hombres(c) semana [gratuitamente]” : ‘indias molenderas a casa 8 mujeres del Ldo. Axcoeta [todas] as semanas del afio” “indias chichivas que dan 3 mujeres amamar a nifios por mandado del Corregidor D. Rodrigo de Fuentes” “les mandan sacar pribadas 6 hombres en Ja carcel no somos pagados” Fuentes: Memoria 14 (7 de abril 1572), AGI, Guatemala 54 y “Los indios que eran esclavos... [1576]” AGI, Guatemala 54, f. 25. * No se dan datos de cuantos hombres 0 mujeres efectuaron la tarea. (a) Ademés de las tareas enlistadas abajo, Jocotenango notaba que nos mandan hacer tablados en la plaza ramadas para los juegos de sorijay flores y no somos pagados”, (b) Es posible que cuando en la Memoria de Jocotenango mencionan “El licenciado Valdés, Presidente [sic], y los oidores pidieron 410 [ma- cehuales] sin pago alguno. Hicieron servir a seiscientos macehuales sin pago, los esclavizaron”, hicieran referencia a la construccién del acue- ducto para traer agua potable a la ciudad espaniola. (c) En 1576 los alcaldes de Jocotenango se quejaban de que pro- vefan 46 “yerbateros de cada semana no les pagan mas de 40 0 60) patax tes”, es decir, 2 0 3 reales por semana. Hasta que haya un estudio mas minucioso sobre la vida cotidiana de los indios del valle de Santiago de Guatemala y sus obligaciones labora- les ante sus amos espafioles en el siglo xvi slo podemos hacer algunas conclusiones tentativas. Obviamente es dificil comparar de manera pre- cisa las cargas laborales de dos pueblos distintos, como la Milpa de San- ta Catalina y el pueblo de Jocotenango; el primero siendo de caracter rural y pequefio (85-40 tributarios) y el segundo siendo semi-urbano, con poblacién mas numerosa (430 tributarios). Los servicios del cua- dro 3 —referentes al corte y venta de rastrojo, a la construcci6n del acueducto y al trabajo en las labores de trigo de los espaiioles— se puc- den caracterizar como actividades fundamentalmente rurales, mientras ea INTRODUGGION HISTORICA s80aT que los demis servicios son de caracter mas urbano. Mientras que los hombres y mujeres indigenas de Jocotenango eran obligados a partici- par en todos los servicios enlistados (tanto los del sector urbano como Jos del sector rural), los de Santa Catalina participaban en todos los ser- yicios rurales, y daban un indio cada semana para el servicio en las ca- sas de los espaiioles y proveian un gran niimero de hombres para barrer las calles de la ciudad espaiiola y el Camino Real. Asi conclui- mos que las autoridades espafiolas requerian que las coinunidades ru- rales participaran més en los servicios de este sector, mientras que las comunidades més urbanizadas tenfan que dedicarse més a los trabajos inherentes a la ciudad. En este sentido, el sistema de provision de servi- cio ordinario a la ciudad espaiiola va de acuerdo en algunos puntos con la descripcién del licenciado Landecho de 1563. Slo que lo que Lande- cho veia como una obligacién moderada, diez afios después era visto por los indios —junto con los pagos del terrazgo sobre las tierras y del iributo— como una situacion completamente intolerable. Alonso de Zorita escribfa que en la Mesoamérica prehispanica cada individuo par- ticipaba en los tequios comunales para dar servicio a sus sefiores solo dos veces al aio y que los que tenian esa obligacién eran los que vivian en las cercanias. Gomo consecuencia de su carga adicional solian pagar menos tributo. Los indios de los alrededores de la ciudad de Santiago de Guatemala, durante la segunda mitad del siglo xvi no gozaban de es tas ventajas, especialmente los habitantes de las comunidades pequeias en las cuales los turnos para cada individuo eran més frecuentes. Si to- mamos en cuenta el factor de la rapida disminucién de la poblacién, bien se puede suponer que una situacién de por si ya dificil empeord paulatinamente con el paso del tiempo. Tampoco por el servicio adicio- nal “eran releyados en algo de lo que otros tributaban” como, segiin Torita, fuera la practica comin en la época prehispanica. Otra gran desventaja que sufrian los indios del valle de Santiago era que “sus seiio- Tes” no pertenecian a una élite muy reducida, como era el caso en el periodo prehispanico en Guatemala, sino que comprendian toda la po- blacién espaiiola y por extensién, todos los habitantes de sus grandes Casas, tanto sirvientes como esclavos representantes de gran variedad de grupos étnicos y de mezclas.# 4 Para una descripcion sobre los habitantes de todos los grupos éinicos, tanto libres como e+ Glavos de la edal de confirmacién en adelante, correspondiente a fa parroquia central de Sanua- fo de Criatemala un siglo después de estas Memorias en nahuatl, véase Archivo Felesistico de Gua- temala, Parroquia de El Sagrario, “Libro del estado de las almas, alias padrones antiguos [1676- 79)", Libro #17. Pilar Sanchiz Ochoa presenta un andlisis de Ia “casa poblada” del conquistador es- Paiol en Santiago de Guatemala en Las hidalges de Guatemala: rcldad y aparieaia on wn sistema de ‘aloes, Sevilla, Universidad de Sevilla, Publicacién del Seminario de Antropologia Americana, 1975, v.18, p. 67-69. es SSE XXXIV ‘NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICCION El cronista Zorita comentaba que en la época pr ehispanica los indigs esclayos llevaban a cabo mucho del servicio doméstico para los seitores En varias ocasiones los autores de las Memorias notaban que los espaiio. Ies tenfan a su disposicién a sus esclavos negros y mulatos. Si eso era cierto, nos preguntamos ¢por qué era necesario que los indios sirvieran a los espaftoles tambien?* Los indios vecinos de la Milpa de Jocotenan, go no hablaban metaféricamente cuando notaban que “todos [los espa. fioles] son nuestros amos”. Ello era su realidad y la de los habitantes de las demas milpas y barrios del valle de Santiago de Guatemala. Venta de huérfanos *[Licenciado Valdés] tomé nuestros hijos y los die alos espaioles; por fuerza lo hizo. Barrio de la Merced, Memoria 2 Otro abuso por parte de los espafioles del que se quejaban muchos de los solicitantes, era la costumbre de vender a los huérfanos indios e in- dias, lo que se hacia en la mayorfa de los casos a dichos espaiioles y cn pocas ocasiones'a otros indios, frecuentemente habitantes del mismo pueblo de donde provenian los huérfanos. No conocemos con segu- tidad el origen de esa costumbre, pero si se sabe que a mediados de la década de 1550 cl oidor, licenciado Pedro de Ramirez Quinones, infor mo a la Corona que “no habia proteccion para huérfanos quienes es ban perdiendo todos los bienes que les habian dejado sus padres debi- do a que sus parientes mas cercanos y vecinos se los apropiaban para ellos mismos.” Segiin cl oidor, los mas culpables de estos abusos en con- tra de los huérfanos eran “los mismos caciques y principales en los pue blos”.4® Nos preguntamos si debido en parte a la influencia de Ramirez se hubiera pensado en “proteger” a los huérfanos mas tarde. En varios padrones detallados que se hicieron en los pueblos de indios de la ju- risdiccion de Santiago de Guatemala a principios de la década de 1560, * Para um excelente resumen de nuestros conocimientos sobre la exclavitud entre los pueblos quicheanos prehispanicos, véase Robert M. Carmack, "La estratificacién quicheana prehispanica’ ‘en Redro Carrasco, Johanna Broda et al Estratificacin social m la Mascaracrica prekispanica, MExICO, D.E,,GISINAH, La Casa Chata, 1976, especialmente p. 268-71. Sherman ha norado la dificultad de comparar las condiciones laborales en los tiempos prehis ppnicos y bajo el régimen colonial, por falta de informacién detallada sobre aqulla 6poca. Véas? “Some Aspects of Change in Guatemalan Society, 1470-1620", en MacLeod y Wasserstrom, edito- Te%, Spaniards and Indians, p, 171-72. Los indios guatemaltecos (cakchiqueles) mencionan a los e* clavos negrosy mulatos en “Los indios que eran esclavos..[1876], fol, 26.26vo, “®Véante Sherman, Forcat Native Labor, p 301. INTRODUCCION 1 ISTORICA, icy los huérfanos estin identificados. En el caso de San Juan Amatitiin existe una *Cuenta de los menores huérfanos” que detalla con quienes viven y qué bienes —incluyendo dinero, casas y solares, milpas, hachas y piedras de moler— habian heredado a la muerte de de sus padres. En el caso de San Juan Amatitlin, la gran mayoria de los huérfanos lo eran de padre y atin seguian viviendo con sus madres, quienes en vatios casos se habfan casado nuevamente. Aunque los motivos del oidor Ramt. rer y otros oficiales posteriores fueran humanitarios y purameiite altruis- tas, nos parece que la situacion era contraria a lo que ellos esperaban. Las quejas sobre la venta forzada de huérfanos variaban en detalles de comunidad a comunidad. Como breve caso de estudio considere- mos los acontecimientos sucedidos en el Barrio de Santo Domingo. En dicho lugar, como cn los demas casos, el problema comenz6 con la Ile- gada del licenciado Valdés para censar a los habitantes. Segan el testi- monio de los cabildantes, el oidor ordené que manifestaran “a nuestros hijastros” y en otra Memoria se quejaron que los oficiales espaiioles *. nos han quitado ninios entenados y huérfanos, ¢ hijos ¢ hijas para dar los a los espaitoles.”* Al haber vendido niitos de ambos sexos a varios espanoles, los indios de Santo Domingo tuvieron que pagar para libe- rarlos. Segtin su testimonio, les fue posible recuperar a la mayoria de los nifios vendidos, pagando el dinero que les pidieron los oficiales es- panoles, aunque informaron que “ahora algunos no salen, no los quie- ren entregar los espatioles.” Explicaban que “cuando nos devuelven a los muchachos y a las muchachas damos siete reales al escribano Juan de Chavez y un tostén por un mandamiento y otro tost6n para el algua- cil que vaya a sacar al muchacho o a la muchacha.” El costo total para el rescate de un nifio que habia sido puesto en servicio en una casa de espaiioles sumaba 15 reales, 0 sea casi 2 pesos. Los indios de Santo Do- mingo notaban que “debemos dar 200 tostones de una vez” para obte- ner la libertad de sus nifios, Calculamos que por lo menos este poblado rescaté mas de 50 nifios en esa corta temporada.*? La experiencia de los indios de Santo Domingo no fue excepcional. Muchas comuni- és urbanas (Santo Domingo) hasta las mas rurales y dades, desde las m4 le aisladas (Santa Maria de Jestis), sufrian de estos secuestros de sus nifios. Aunque el licenciado Valdés recibia la mayor parte de las criticas en las Memorias, por la venta de huérfanos en realidad se trataba de una 47 Todos los padrones y ls *Guentas de los oficiales reales 1562, Pueblo de Son Juan Amati Atin* se encuentran en AGI, Guatemala 45, 48 Veanse las Menorias +y 19 en nahvatl y en espafol respectivamente, ambas del mismo barrio. 49 La Memoria 4 no es muy precisa. Es posible que aun pagaran mucho més de los 200 tostones. que meneionan. XXXVI NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICCION politica promulgada por Ia Audiencia. Entre las instrucciones que la Audiencia dio a Francisco del Valle Marroquin, al nombrarle juez visi- tador y administrador de los pueblos de indios “que estan diez leguas alrededor” de Santiago de Guatemala, el primero de julio de 1570, es. taba la de que “se ha de tener cuenta que los indios huérfanos que hu- biere en los dichos pueblos se pongan a oficios y ocupen en cosas de su utilidad y si alguno tuviere muchos hijos que algunos de ellos hagan lo mismo”. Lo que era visto como una “utilidad” para los huérfanos po: Jos miembros de la Audiencia, era tomado como una medida de des truccién de sus comunidades por los indios solicitantes.*! Falla de tierras “Ya no hay tierras del Rey donde vivir.” Milpa de Jocotenango, Memoria 29 La falta de tierras tanto para cultivar sus milpas como para construir ii casas, tal yez no fuera un problema tan apremiante para los indios de! | yalle de Santiago de Guatemala, como Io era la venta de huérfanos de sus comunidades a los vecinos espafioles, Sin duda, las condiciones apre- tadas bajo las cuales ellos vivian en los barrios urbanos, aunadas al pro- | blema casi universal en el valle de la ciudad por falta de tierras 0 ejidos | comunales para sembrar sus cosechas de matz, frijol y otros cultivos, eran molestias cotidianas. Desafortunadamente, hasta ahora la historia agraria de Guatemala ha sido ignorada casi por completo, especialmen- te en lo referente al periodo colonial.® Sin embargo, una lectura cui- | dadosa de la documentacién archivistica sobre el valle de la ciudad reyela un padr6n de asentamiento denso, comenzando con las nume- rosas milpas que establecieron los conquistadores y primeros pobla- dores espafioles con sus indios esclavos alrededor de 1580, combinado ésto con la fundaci6n y el crecimiento gradual de Ia ciudad espaiiola y 89 “Testimonio del nombramiento que se hizo a Francisco de! Valle Martoquin..”, ACh Guatemala 965, fl. v0. 1 Para ms comentarios sobre a venta de huérfanos, véasc la Memoria 4, nova 12, Observamos que en una forma u otra, los oficiales espafioles continuaron colocando indios huérfanos en las casas de espaioles, por lo menos hasta finales del siglo xv1. Para wna vision en general mas favorable de exta costume, ease Sherman, Foret Native Laon p 21-11 y 32697. En los iltimos anos hemos visio algunos avances importantes en esta area, gracias en parte 4 tos estudios de J.C. Cambranes, Inredueain ala historia agrania de Guatemala, Goatemaly Servipre”™ 4, 1986, Julio C. Pinto Soria, Eriturn agraric y asonlamieato en la Capitania Gener de Guaterle {algunos apuentes hiskérics), Guatemala, Centro de Estudios Urbanos y Regionales, 1980; Elias Zamora Acosta, Las mayas de las teas alias ena siglo x tadicn y cambio en Guatemala Sev, Dip CC INTRODUCCION HISTORICA 2011 Ja ocupacién paulatina de muchas de las parcelas —especialmente pa- ra el cultivo de trigo y del rastrojo para el ganado y otros animales— to- do ello para el beneficio de la poblacién espanola. Mientras que toda- via habia tierra disponible, era més probable que la obtuviera un es- panol. Esto dio por resultado que la poblacién indigena tanto de los barrios de alrededor de Santiago de Guatemala, como de las milpas 0 pueblos del valle, se sintiera cada dia mas apretada por tal escasez de tierras.® Ciertamente, los indios se hubieran sentido aun mds presiona- dos sino hubiera sido por las epidemias de pestilencias, sin mencionar las enfermedades de menor seriedad, que continuamente disminuyeron su poblacion durante el siglo xvr. Es probable que la escasez de tierras alrededor de Santiago (existente ya a principios de la década de 1570) tuviera un impacto negativo sobre el pensar y el bienestar de la po- blacién indigena, quicnes recordaban que la gran mayoria de sus an- tepasados eran de otras regiones del altiplano de Guatemala o de Ie gares mas alejados todavia. En um sentido fundamental, la tierra y todo Jo que ella significaba para ellos era el foco central de su cultura y su existencia.t La falta de tierra de la que las comunidades indigenas se quejaban en estas Memorias no era vista como un problema aisiado, sino relacio- nado directamente con sus demas obligaciones hacia los espaiioles, es pecialmente el pago que en muchos casos era destinado al terrazgo, pa- ra el uso de solares y milpas y el servicio ordinario. Hasta cierto punto, todos estos aspectos de su vida econémica —frente al sistema colonial establecido por los espaiioles— afectaban su relacién con la tierra, su produccién agricola y el tiempo disponible para cultivarla. Tanto en el pago del tributo, como en varios casos en el del terrazgo, los oficiales reales y los seiores de las tierras, respectivamente, pedian a los indios del valle de Santiago que pagaran con maiz. Ademis de estas obligacio- Laci6n Provinckal, 1985, especialmemte p. 188-205 y 287.820 y de W. George Lovell, Conquest aud Surat in Colonial Guatemala: A Hisdorical Geography of the Cuchumatan Highlands, 1500-1821, Kings ton y Monteal, McGill Queen's Universiy Pres, 1985, 11839. Ver, por cjemplo: AGGA, Al.45.1 2772 24.134 (ano 1607); AGGA, A120 422 8927, fol. 143. 148v0 (alo 1883); AGCA, Al.tb 2207 16.846 (ao 1989) y AGOA, 5936 51.922 (aio 1002), entre otros. 4 Sobre Las migraciones forzadas de los antepasaclos de los indios que poblaban el valle, véan- Se las notas hinricas de las Memoriasy Zamora, Los mayas de tas eras cas, p. 18. Para una evocs- ci6m lena de simpatia por Ia sitwacién del indigena, forzado a desplararse de wis terrasnatales ‘hacia tierras ajenas, por los conquistadores espavioles ver Karl Sapper, De Verapas inthe Siternth ‘ead Seurntenth Centuries: A Contribution to the Historical Geography and Ethnagropiy of Northeastern Guatenala, wraducido. por Theodore B. Gutman, Los Angeles, Insitute of Archaeology, UCLA, [Occasional Paper no. 13}, citado en a reselia de W. George Lavell en Mesoamérica 13, junio, 987. SS i soot NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICCION 10s oficiales espafioles requerian de los bartiosy mitpas e fos comunales de maiz para sus cajas de comunida ficlente mata, irijol y otras legumbres para el consumo diario de cad, ee ae ) ed pea ‘que se escribieran estas Memorias, la Audiencia, que in clufa al licenciado Valdés, notaba que “los mas de los indios que tibu. fan en este Valle y otros muchos de esta comarca no tienen tierras nj hhaciendas de que se pueda hacer cuenta para imponerles por respecio | de ellas tributo...."8° La escasez de tierras en cl valle era tan seria que | hacia finales de 1571 el Barrio de Santo Domingo pidié entre diez y do- 1 ce caballerias de tierras baldias y realengas situadas a dos leguas de Yz | quintepeque (Escuintla), en la Costa Sur “donde pudiesen hazer sus la | branzas y sementeras y otras gangerias para el sustento de sus mugeres @ hijos y poder pagar su tributo....” Aparentemente en noviembre de 1571 dicho barrio recibio titulo de propiedad por la cantidad de tierras solicitadas para sembrar frutos de la tierra 0 de Castilla.*? Por la cant. dad y fuerza de las quejas en las Memorias y otras indicaciones, parece que el caso de Santo Domingo fue excepcional. Cuatro afios después | de a concesion de tierras, los Ifderes del Barrio de Santo Domingo, junto con los cabildantes de sus barrios vecinos se reunieron para que- H jarse ampliamente sobre la relaci6n entre la falta de tierras adecuadas y la poblacion espafiola de la ciudad: nes directas, los pobres indios de esta ciudad no tenemos ticrras por que todo esta ena- genado de los espaiioles desta cindad con que les pagan terrazgo o labrarlas, ' © a censos o para potreros 0 para trigos, estancias o haciendas de casas, nos ii} | quieren quitar la poca tierra y solar de nuestras casas como estamos cerca de esta ciudad nos agravian y molestan.58 } 5 Si las presiones sobre la poblacién indigena de los barrios y milpas del +} 5 valle de Santiago de Guatemala eran mas fuertes por la falta de espacio fisico y temporal entre ellos y sus amos espatioles, esto no implica que | presiones similares no existieran en los valles cercanos. En el pueblo de Santa Catarina Pinula los vecinos se quejaban de que “nadie puede he | cer su milpa”, debido a las solicitudes continuas de hombres Cadioge | | mandamiento) para el trabajo en las labores de trigo establecidas ¢ | ti es YET Por ejemplo la Memoria 4, donde se indica que solo después de terminar de trabajar €” Bh egr ete de lo espanolesy de entregerlesrasrojo“sembran sus propio erzeno+ f ar guaiendia de Guatemala a 8u Magestad (15 marzo 1571)", AG, Guatemala 9, £2 a 44.902, fol. 68, "Lesion que eran eslavos..[15701*, AGH, Guatemala 54, fl. V7. i —_— INTRODUCCION HISTORICA XXXIX esa zona después de 1550. A pesar de foles en las erras de los valles yecinos en la década de 1570, el peso del sistema colonial cay6 con mis fuerza sobre los habitantes indios de los barrios y milpas de los alrededores de Santiago, que sobre los de los pueblos fuera del valle de Ia ciudad £9 la intrusién de labradores espa- y las nuevas demandas laborales Los abusos en contra de los alealdes y regidores Si bien las consecuencias fisicas y laborales del régimen colonial espaiiol recaian principalmente sobre los maceguales, la responsabilidad final para el buen funcionamiento del sistema era exclusiva de los alcaldes y regidores indigenas de los barrios y milpas del valle de la ciudad. Si la dependencia del régimen colonial en los lideres indigenas —quienes servian como intermediarios entre los indios campesinos y la burocra- cia colonial espafiola— era practica comin dentro de la jurisdiccién de la Audiencia de Guatemala, esta relacién era atin mas marcada en el ca- so de los barrios y milpas del valle de Santiago de Guatemala. ‘Tanto en los mas remotos pucblos de indios dentro de la provincia de Guate- mala, como en los Cuchumatanes 0 en los barrios de la misma ciudad capital mAs cercanos al centro del poder espaiiol, Jos alcaldes indigenas (y en segundo término los regidores) eran los responsables de la cobran- 7a del tributo de los vecinos de sus respectivas comunidades. Ademis, en Tas reas donde existia cl sistema de mandamiento repartimiento de in- dios, los mismos lidéres tenian que organizar a los hombres tributarios para ese trabajo forzado y mal pagado. . Las Memorias que aqui estudiamos estan lenas de comentarios sobre las quejas de los alcaldes y regidores sobre el cobro del tributo y las con- secuencias negativas que sobre ellos mismos se abatian, cuando no en- tregaban a los oficiales reales las cantidades de dinero, maiz y gallinas de Castilla indicadas en las tasaciones. Los cabildantes del Barrio de la Merced explicaban como cobraban el tributo de la siguiente manera: nosotros Io juntamos, lo pedimos a nuestros hijos, sus macehuales de nuestro respetado sefior, Cuando dice que quiere su tributo, luego de prisa h&blamos a todos nuestros hijos para que hagamos su tributo; bien ponemos nuestros ojos en él cuando escuchamos todas sus drdenes, hacemos todo, servimos, lo creemos porque somos sus macehuales. 59 Habfa también algunas zonas fuera de Santiago y otros importantes centros urbanos expafioles como por ejemplo la provinela coste’a de Tzalcos, donde se producia abundantemente el.cacao, Ver MacLeod, Spanish Cmiral Annie, p- 8095. ©) Memoria 2, Barrio de la Merced. Ba NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICCION Los alcaldes, regidores y principales de la Merced, quienes firmaron Ia Memoria citada, solo mencionan sus aflicciones en términos genc- rales, Sabemos, sin embargo, que debido a los conteos del licenciado Valdés que inclufan a muchas personas no consideradas en los censos anteriores, incapaces de hacer los pagos requisitados (por ejemplo, cianos, ciegos y vidas, entre otros) era casi cierto que los oficiales indi genas entregaban cantidades de tributo inferiores a las exigidas por los Gficiales reales. El resultado inevitable era el encarcelamiento del alcal- de y en algunos casos el de otros representantes indios. Como explican Jos lideres de la Milpa de San Lorenzo Monroy: “Primero pagamos tribu- to, y después nos encarcelan.”€! Tal vez el castigo de encarcelamiento y el pago de penas era més com‘in cerca de Santiago, debido a la proximi- dad de los oficiales reales responsables de la recepcién del wibuto tasa- do, pero a la vez se trataba simplemente del castigo que se cjercia en todas partes de Guatemala y Centroamérica espafola por el incumpli- miento en la entrega oportuna del tributo, aun en los casos de peste. Las Memonas contienen también gran cantidad de quejas sobre las obligaciones que tenfan los alcaldes de organizar los mandamientos de indios, forzados a trabajar en las labores de trigo de los espaiioles. En 1575 los miembros del cabildo de la Milpa de Juan de Chaves (hoy en dia, San Antonio Aguas Calientes) exponian su vision acerca del repartimiento: nuestros corregidores con suis mandamientos de pena [sie] nos mandan ir a la labranza del trigo 30 0 35 peones y si acaso falta alguno o si acaso esta e* fermo luego mandan a los alcaldes o rregidores en sus personas trabajen la semana del mandamiento si acaso no pueden cumplir o falta alguno luego son presos los alcaldes [y] rregidores por ello, con que nos hacen pagar las costas de seis reales o dos tostones.6* _Si bien los alcaldes y regidores eran por lo general encarcelados de- bido al incumplimiento de los mandatos, tanto por parte de ellos mis mos, como de los tributarios de su jurisdiccién, esto no excluia a los oficiales indigenas del valle de la ciudad del cumplimiento de otras obli- gaciones atin mas oncrosas. Asi, los indios de la Milpa de San Cristobal (Pérez Dardén) se quejaban: “Y nosotros, los alcaldes, ...muchas veces tuvimos que entrar en la cércel por [no entregar] la lena y ¢l rast” jo”.% Las autoridades espaiiolas no sélo utilizaban el encarcelamient 8) Memoria 13. 62 Vease, por ejemplo, Sherman, Fore Native Later, p, 239. 88 “Los indios que eran esclavos...[15761," AGL Gt or (Gi, Guatemala 54, fol. 2800. INTRODUGCION HISTORICA XLI para asegurar que las grandes cantidades de indios que venian a la ciu- dad siguieran legando, sino también como otras formas de control so. cial. Los cabildantes de Jocotenango notaron, por ejemplo, que “todos los alcaldes de las milpas de la ciudad fueron presos por los bailes y [la miisica] de tambor”. Ademis de estar presos muchas veces, los lideres tenfan que pagar multas a las autoridades para conseguir su libertad y de vez en cuando, sufrian la indignidad de recibir castigos fisicos (azo- tes, entre otros) y a veces insultos verbales delante de la gente de sus respectivos pueblos. Todo esto combinado con el hecho de que tam- bién se les forzaba a trabajar en las obras piablicas al lado de los mace- huales sin que recibieran sueldo alguno, hacfa de su vida algo intolera- ble. Estos registros del impopular abuso continuo y de las presiones por parte de las autoridades coloniales y los espafioles de Santiago de Guatemala explica, mejor que cualquier otra raz6n, lo que motive a los lideres indigenas de estas comunidades para escribir estas Memorias. En ese momento de la historia, el nivel de frustracién y desesperacion de esas comunidades habia aumentado a tal grado que se dirigian a su rey en Espafia, su tiltima esperanza. Conclusiones ¢Cudiles fueron los resultados del esfuerzo en redactar y enviar sus Me ‘morias al rey de Espaiia por parte de tantos barrios, milpas y pueblos? Hay indicaciones en cédulas y provisiones reales, mas el aumento signi- ficativo del ntimero de exoneraciones del tributo en los distintos ba- trios y milpas alrededor de Santiago de Guatemala, que la Corona y sus| agentes locales si respondieron a este lamado, intentando aliviar la de- sesperada situacién de esa poblacién indigena oprimida. Estos esfuer- 208 por anular 0 reducir los abusos por parte de altos oficiales como el cidor Valdés de Carcamo y otros espaitoles tuvieron sin lugar a duda cierto impacto, especialmente bajo el régimen del presidente licencia- do Garcia de Valverde, durante el periodo 1578-1589. Sin embargo no se puede ignorar que muchos de los mismos excesos y abusos, modera- dos 0 no, continuaron. La investigaci6n de este aspecto de la micro- historia del valle de la ciudad de Santiago Guatemala del siglo xvi me- Tece un estudio mas profundo y detallado que no pretendemos haber llevado a cabo ni comenzado con el presente trabajo. Sin embargo, el be 300 y pausin. Para datos sobre la Sobre Valverde véase Macleod, Spenish Central America p. 390 y ‘eforma uibeara bajo Valverde tomando en eventa lor uerto y huldos, vse ACH, Guatemala 966, “Razon de las tasaciones...[1582]", documento recientemente trasladado a otro legajo dentro el ramo de la Audiencia de Guatemala. XLII NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICCION lector no tiene mas que buscar en los escritos del obispo Ramirez de principios del siglo xv, para constatar como muchos de los mismog abusos de los que los indios se quejan insistentemente en estas Memoria atin persistian 30 afios después. 2A qué factores socioeconémicopoliticos se debe la existencia y a persistencia de un sistema tan abusivo, durante varios siglos, hasta por Jo menos el traslado de la ciudad capital, destruida por los terremotos de mediados de la década de 17702. A veces, en la practica de la investi. gacion historica es mas facil formular preguntas que contestarlas. En el aso de Guatemala espafiola no tenemos disponibles los datos archivis- ticos basicos necesarios, ni siquiera para decidir cuales son los temas y preguntas mas importantes. A pesar de esta situacién de subdesarrollo hist6rico prevaleciente para el sureste de Mesoamérica, fos atrevere- mos a tratar los problemas asociados al sistema de control socioeco- némico que existié en el valle de la ciudad de Guatemala y sus alrede- dores durante la segunda mitad del siglo xvi. Si damos por cierto que el nivel de contacto interétnico era distinto y de mayor intensidad en el va- Ile de la ciudad que en la mayoria de las otras regiones de Guatemala, nos preguntamos ;Cudles eran Jas condiciones especiales que creaban esa intensidad de contacto? k agosto acostos manga manca alguaciles arquagiles Sin embargo, también se dan casos de hipercorreccién, donde el e+ cribano sustituye una consonante sorda por una sonora, o una oclusiva por una fricativa: tod azotes azodes cantores: are k> caballo geval e comunidad gomunidad cuarenta guarentio bor brizefio frewmo NUESTRO PESAR, NUESTRA AFLICCION (En cuarenta ademas se observa Ja sustituci6n de il por t.) Otros cambios incluyen el de rr > 7 por ejemplo, desterrady » desterado; la rr se encuentra también como hipercorreccién en cerrero « cerero, La escritura del sonido palatal 7 muestra variacion entre noy, ny y H: expanoyoles, espanyolusy xpario para espanol(es). Concepcion Company (comunicacion personal) nota que aunque se daba variacion enue ny, nn, ni, nni, nnyy # para la 7, ya en cl siglo xv1, el uso de wera la norma en espafiol, al contrario de lo que se ve aqui. La fricativa f aparece como p en algunos préstamos: fiscal > pixcal. =: En ciertos casos, se introduce una w (u 0 v ortografica) entre vocales: pueblo > poueblo y cidor > ovitor. En servicion se agrega una n final a la palabra castellana. 2 : Otro tipo de variacion probablemente tiene sus origencs en los cambios fonéticos que estaba sufriendo el espafiol en el siglo xvi. Xos caxtilan, castilan x~g correxidor, corregidor ¢~s segar, gecar f-h hanega, fanega y~l~ll caballo, cauayo, cavalos I~r alguacil, arquagiles ‘También se observa variacion presente en la escritura del espafiol de la misma época que se ha mostrado ser puramente grafémica : s~s missa, camissa; casado nem enperrador, tronpetas u~b (ante consonante) giddad, ciudad b~v (entre vocales) Graviel r~rr (inicial) — rreal, real Eluso de la gpara s parece ser particular a la escritura del nahuatl: § ~S (inicial de palabra) gecar, segar Hay un ejemplo de otro tipo de hipercorreccion. La h de huérfanos se reinterpreta como una h en variacion con se encuentra ferfanos en las Memorias. fy La desaparicion de hy na final de sflaba también es caracteristica del espatiol de la época, sobre todo en Andalucia:? octubre ~ otubre; domingo ~ tomjca, sentencia ~ setecia. La variacién entre las vocales ¢e ie? 2 Rafael Lapess, Historia dela lmgua espviola, xéptima edicton, Escelicer, Madrid, 1968, p- 92+ oa ee | el ae UlUlUlUll”””C~CO EE COMENTARIOS Lxt silabas no acentuadas en el siglo xv1, y se ve en las Memorias, como en digiembre - decembre, tostones ~ tostonis, y leginciato - licencido. Restan algunas variantes que muestran la influencia del griego y la tin eclesidsticos: la then Cathalina y thesorero, la c(i) en san - san - sane ~sanclo~ sanct, y la ph en pheliphe - philife. El uso de la abreviatura Xpo pasra Cristo es otro ejemplo 2. Notas gramaticales En general, los préstamos del espaitol que se incorporan a la morfo- logia nahuat! siguen los procesos descritos por Karttunen y Lockhart* para el siglo xv1. Los sustantivos pueden llevar prefijos posesivos, como notomin ‘mi di- nero’, pero no hay ejemplos de palabras del espanol que Ileven el sufijo -huan del plural posefdo en nihuatl. A veces se usa el demarcador de plural -me para sustantivos tomados del espaiiol, como en patresmey al- taldesme , aunque también hay formas que llevan s6lo el sufijo -s del plu- ral del castellano (patres ). Hay que notar que en algunos casos la forma plural de una palabra en espaiiol se usa como singular en nahuatl, co- mo el ejemplo de hanegas por fanega. Hay dos palabras que aparecen con reduplicacién: azozotes y fotomin , siguiendo el modelo del nahuadl. Las particulas y el articulo en ocasiones se introducen junto con el sus- tantivo: laodiencia ‘la audiencia’, elepiado ‘el licenciado’, a la carcel ‘carcel’. En general los verbos prestados se forman con el verbo nahuatl -chiua ‘hacer’ y el infinitivo del espaitol: quichiua aderezar, reparar, etcétera. En dos ejemplos, el verbo toma sufijos derivatives del nahuatl: unialealdeti ‘me hice alcalde’ y otitofirmatique firmamos'. El in de informacién se reanaliza como articulo, en formacion . La re de reservar esta reinterpretado como el de espaitol, reservar > de servado . 3. Notas a la paleografia Las notas a la palcografia en general especifican Ia i aterpretacion de formas dudosas, sean por razones fonolégicas o gramaticales. No incl yo mencién de diversos aspectos del lenguaje que traté en “El nahuatl de las Memorias” como el uso de honorificos y de ayaccomo negativo, la falta de -h del plural y a veces del sufijo -H, la forma del reflexivo con -mo, y la formacién del perfecto. Asimismo, cada Memoria lleva solo una nota sobre el uso de ily tsi éste no sigue exactamente el uso clisico. : ens sockhart, Nahuatl in the Middle Years: Language Contact Phenomena ‘in Texts of the Bina oad Loner ‘of California Press, Berkeley y Los Angeles, 1976, Publications in Linguistics 85. REPRODUCCION FACSIMILAR DE LAS MEMORIAS ae REIS Suchen 973 os heen fpr Cer I Pe]. t 7 Sime GP tare cre eve Afni Cee hes moter 90, Ph oy ee Aedteejente: Bie of ef Fy Omar neta Sy fer eis Sere vo (ony S ay Cues ce pms ae tn Free a bh ee ce Set as featerns Come Sate Cf iwtecy dace patents pre Ree t3 ys trrtiendy a as 2 fase ee ke Se z oes oe OF ee duet vy a Z ae ro fe oe é eee p Ee ere Hy Horce has boat de Dia dal Gt! Pg de Larose 0 - c [Exvuq] [sks ox oi nnrieg a Ht on aiy Bey Sf orn beGunti oll Pegs surag Bs lop ty ol va les-ae 7, oe a Oa tne ee : cava los [PE neler's; wsseee apf Gave Gore = pee Oe bo rerars from bey 5 es 3 peer Pe ens mand temialan : Bas vain te rtm co nk tys go wh EEG MED 3 +035 0, i Rope es Men 1'0 DS 8 PM nw AW ley nar Rane etm Meee ND mI mse tyr on rework nitty bevat hmacevalSatensg ent ee me Ae Ee rc Cwen lami ~h ~ ie 409 ve Gua, Soe 5 Zin ts Lng Rayna te VEG thn yor Herth ge ria figs TD EAR re igen pune o poise lniva & o8ay Srowiene ee ea ae eam ee ete HE jnarS seria lan Sys gone awa) CRomene he in ba aes pred eke oi Sr aceval fe). sa mmncev alae mma, oe Aiee nin S¢ 57 nine Sis pried mv re Avia IID y0h Mined Home mane SeNEa sm miariel yy Goria ein mmnel pil ee we beste 60m hy 26 0 gh ORI AO ON m ty n co 778), VR ok ra Poem yn Son whee Sate iis SPER! 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