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FORMACIÓN DOCENTE / FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN PROF. DR.

JORGE EDUARDO NORO

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MODERNIDAD, ILUMINISMO Y EDUCACION POSITIVISMO. LA ESCUELA COMO PROYECTO CIVILIZATORIO
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

01. HOMBRE Y CONOCIMIENTO. FILOSOFIA Y CIENCIA. EDUCACION Y ESCUELA
 El PROBLEMA DEL MÉTODO Y DEL CONOCIMIENTO son problemas centrales en la modernidad y aunque no fueron temas desconocidos en los períodos anteriores, encuentran en este momento un desarrollo específico. La certeza que habían disfrutados los filósofos medievales depositando en DIOS todas las garantías se convierte en un esfuerzo por lograr que el hombre asuma su rol en el mundo en el que ha sido depositado. La única manera de lograr este cometido es asegurar un tipo de conocimiento seguro, indubitable, predictivo que no sólo diera cuenta de todo lo que sucede en el mundo natural y humano, sino que además convirtiera esos mismos conocimientos en leyes que rijan de manera necesaria y obligatoria (ciencia).  Se generalizan los “DISCURSOS DEL MÉTODO” – más allá de la obra de Descartes – en donde los filósofos de las diversas orientaciones definen cuál debe ser el camino que ha de seguir la filosofía y el conocimiento para llegar a lograr los resultados deseados. El método es el instrumento del pensamiento y el pensamiento el camino para el dominio de lo real. Y el método no sólo es para la filosofía, sino para la ciencia, la tecnología, la economía, la política, la organización de la sociedad y – también – para la educación. COMENIO – en el mismo siglo está escribiendo – el discurso del método de la escuela y de la educación formal en su DIDACTICA MAGNA: sus ideas se harán realidad, siglos después, al definir y “normalizar” (establecer la norma) de la escuela socialmente necesaria.  El verdadero conocimiento es el que se asegura la posesión del objeto. Pero ese conocimiento es mejor si logra encontrar la regularidad existente entre todos los objetos de una misma clase, y a su vez puede expresarlo en una formula que rige de manera obligatoria (ley) dentro de una estructura (ciencia) para poder dar cuenta, modificar o prevenir aspectos puntuales de la realidad. En este contexto el conocimiento se transforma en poder, porque con el conocimiento el hombre ejerce su rol de ser privilegiado de la creación, el único que - aun siendo frágil, débil, imperfecto, mortal – puede llegar a conocer el infinito. El universo, el cosmos, el sistema solar, el movimiento de los cuerpos, el cuerpo de los organismos vivos, los elementos de la química, los sistemas productivos, los diversos mecanismos de generación de fuerza, los nuevos territorios se convierten en los objetos en los que el hombre se instala con seguridad, tratando de crear un tipo de conocimiento cierto que de la especulación se vaya convirtiendo en la transformación de los entes (tecnología).  La lucha de los saberes científicos contra las imposiciones dogmáticas (de los siglos XV y XVI), se transforma en la ciencia floreciente del siglo XVII y, finalmente, en la ciencia convertida en tecnología en los siglos XVIII y XIX. La revolución industrial es hija de este conocimiento moderno que tiene una expansión desmedida. Los organismos de control – la iglesia y los estados – siguen teniendo un papel activo en la regulación de las ideas, con prescripciones y condenas (del pensamiento, de los libros y de

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los autores), pero tanto la filosofía como las ciencias logran un avance indiscutible aun a pesar de tales intervenciones.

02. FE EN EL PROGRESO, OPTIMISMO Y SECULARIZACION
 Si la edad media se había caracterizado por considerar a este mundo y a nuestra vida como un paso para la vida definitiva, la visión de la historia era la de una segura confianza en el poder salvador de Dios, pero una desconfianza de las acciones humanas: el fin último (parusía) sería el mas grande, pero el tránsito hacia los últimos tiempos difíciles y dolorosos.  La modernidad se inaugura con una actitud confiada, festiva, optimista frente al mundo y a la vida: es verdad que hay otra vida, pero Dios ha creado este mundo para que vivamos en él y disfrutemos, y no debemos considerar negativo o ajeno nada de lo que poseemos: la naturaleza, nuestro cuerpo, los placeres, la buena vida. Esta mirada alegre se respira en los inicios de la modernidad, ya que particularmente el renacimiento fue período sensiblemente celebratorio.  A medida que se consolida el discurso de la ciencia y el poder de la razón; a medida que esa misma ciencia genera respuesta satisfactorias y pone en marcha la maquinaria de la tecnología que comienza a cambiar el mundo natural; a medida que se descubren nuevas tierras, nuevas riquezas y que la tierra comprende que - aun habiendo dejado de ser el centro – es el eje de toda la realidad se instala una concepción optimista frente a la historia y a la realidad. El hombre ha logrado descubrir los íntimos poderes para poder dominarlo todo, humanizará todo lo natural y lo convertirá en su casa grande su propio hogar.  Finalmente, en el siglo XVIII, el siglo de la razón y de las luces, la razón construye la noción de progreso: todo puede ser conquistado por el hombre, sometido por el hombre. Y si el hombre opera con las luces de la razón todas las transformaciones que opere serán beneficiosas y seguras. La sociedad ilustrada vivió cada aporte de la cultura como un paso del progreso hacia la construcción de un mundo perfecto. Las definiciones en materia de economía, sociedad, obrar moral, educación, política, organización, conquistas eran vividas como verdaderos pasos de un progreso que no reconocía límites y que se imaginaba indefinido. La civilización tenía como meta destruir la barbarie, las luces de la razón barrer las tinieblas de las creencias irracionales, el mundo europeo a los restantes pueblos que no se amoldaban al único modelo posible.1 De muchas de estas ideas se alimentaron los países que – en los albores del siglo XIX – se constituyeron su identidad como nación.  Durante muchos siglos, la vida pública y privada de las poblaciones europeas estuvo regida por la doctrina, la moral y la liturgia cristianas; por otra parte, los Estados eran confesionales y el cristianismo era la religión del Estado. Entre la Iglesia y el Estado, entre la política y la religión había osmosis e interpenetración: la religión estaba presente en todas partes, y la intervención de la sociedad, especialmente de la autoridad pública, en la vida de la Iglesia, así como la intervención del Iglesia en la vida social y política, no se visualizaban como “ingerencias” de un poder ajeno. En el Antiguo Régimen (absolutismo) el Estado es confesional: tiene una religión, exactamente como los individuos. No se concibe que pueda no tenerla: significaría hacer profesión de ateísmo. Ahora bien, también a nivel individual, el ateísmo está prohibido y perseguido. Si el Estado tiene una religión, ésta no puede ser más que una: la del soberano. El territorio lleva consigo mismo la pertenencia religiosa. La elección del príncipe determina la confesión de los súbditos. Recíprocamente, toda infracción a la norma de la
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Una cuidada lectura de los VIAJES DE GULLIVER de JONATHAN SWIFT permite comprobar la existencia de la mirada crítica de un europeo que desde sus categorías europeas (¿las únicas posibles?) sale al mundo a descubrir y valorar otras culturas, costumbres, razones, formas de pensamiento. La monstruosidad de las construcciones no impiden descubrir que el “progreso europeo” no es el único y, en muchos casos, no es el mejor. Una mirada distinta ofrece DEFOE en su ROBINSON CRUSOE, ya que allí el propósito es “europeizar” la isla en la que el náufrago debe sobrevivir.

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identidad entre la religión del príncipe y la de sus súbditos se percibe como una atentado a la autoridad del monarca y a la unidad del reino.  Este enlace entre la política y la religión, entre el Estado y la Iglesia, duró hasta la Revolución Francesa, con la aprobación por la Asamblea Constituyente (26 de agosto de 1789) del artículo 10 de la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano: “Nadie debe ser perseguido por sus opiniones, incluso religiosas”. Con este artículo, la ciudadanía se desenganchaba de la confesión religiosa, de tal manera que para gozar de los derechos civiles y políticos ligados a la ciudadanía ya no era necesario pertenecer a la religión católica. Ésta se convertía en una “opinión religiosa” entre otras, que no incidía en la ciudadanía. Por consiguiente, era posible ser ciudadano para todos los efectos sin ser cristiano, incluso declarándose ateo.  Se crea un nuevo orden y las nuevas ideas, inspiradas en la total secularización de las relaciones de la sociedad política y civil con la religión cristiana, penetraron en todos los países europeos, rompiendo definitivamente la unidad y la fusión entre el orden político-civil y el orden religioso. De ahí surgieron luchas y enfrentamientos: los más ásperos se produjeron en torno al régimen familiar; a la escuela y la educación de los jóvenes; a la propiedad y la gestión de las obras de “beneficencia” (término que sustituyó la expresión cristiana “caridad”); a la laicidad y neutralidad del Estado; a la presencia en lugares públicos de símbolos religiosos (el crucifijo); al sustentamiento del personal eclesiástico y las obras del culto; a la libertad de conciencia.  Se produce así la secularización del contexto, la secularización del hombre y la naturaleza. El hombre ya no es un ser creado a imagen de Dios -por tanto un ser corporal animado por un espíritu, dotado de inteligencia, conciencia, libertad y responsabilidad moral, destinado a vivir eternamente con Dios, su fin último y su felicidad suprema-, sino el producto de un determinado proceso evolutivo a raíz del cual es un animal superior a los otros, no por naturaleza, sino por la mayor capacidad intelectiva, debida a la mayor perfección cuantitativa y cualitativa de su cerebro.  En cuanto a la naturaleza, para el hombre secularizado no es creada por Dios y ordenada por Él con leyes propias, que el hombre debe respetar y a las cuales debe adecuarse para que esté al servicio de su bien físico y espiritual y no se vuelva en su contra y arruine su cuerpo y su espíritu; es, en cambio, el campo de actividad del hombre, que puede hacer con ella lo más indicado para satisfacer sus propias exigencias y sus propios instintos de gozo, dominio y explotación, por más irracional e insensato -y por consiguiente nocivo para la vida humana- que esto pueda ser. El único principio válido en el tratamiento de la naturaleza es que el hombre es señor absoluto de la misma y por tanto puede hacer todo cuanto es técnicamente posible, sin considerar principio moral alguno. Fruto de esta visión secularizada de la naturaleza son las “maravillas” que es capaz de hacer.  Después de dos siglos en el que el eje de los debates y de los conflictos había sido la religión y las iglesias, que asociaron a los gobiernos, los ciudadanos y los estados en la lucha por la verdad, se produce una ruptura de este discurso hegemónico y obligado. Hasta los albores del siglo XVI, la simbiosis religión-sociedad era el resultado de una tradición cultural que no podía imaginar o crear otro tipo de sociedad que no fuese cristiana; a partir de la reforma, la religión es una referencia que desborda lo específicamente dogmático y ritual para comprometer las fuerzas en torno a la disputa de los territorios y las fidelidades. El siglo XVIII aparece como un siglo que progresivamente va descubriendo filosóficamente el puesto central del hombre en el cosmos, pero no solamente lo descubre sino que está dispuesto a dejarlo ejercer ese rol… y a interpretar desde el hombre toda la realidad. A su vez, el mundo parece dispuesto a ser transformado: un ámbito de conquista geográfica y de transformación material. A las ideas le siguieron las determinaciones: nuevo fundamento de la moral, de la política, del poder, de la misma religión, de las relaciones sociales, de las ciencias, del conocimiento,

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de la educación… No se discute la necesidad de disponer de un cuerpo de ideas o de principios que ordenen lo real, pero se determina, paulatinamente a medida que se construye el concepto de razón (como el común denominador que identifica a todos los seres humanos que ya no se identifican por ser todos “hijos de Dios”). Es la razón la que creará un nuevo ámbito sagrado, secularizado, a la media del hombre, siguiendo sus pautas, otorgándole al hombre lo que le pertenece.

03. CARACTERES DE LA MODERNIDAD: UNA SINTESIS

El renacimiento (como inicio de la modernidad) no tiene una fecha exacta de inicio y florecimiento, cuando se prescinde de discutibles fechas que “cortan” arbitrariamente la historia. Ciertos síntomas de la modernidad asomaban en el siglo XIII y XIV y en algunos países europeos el Renacimiento florece en el siglo XV y XVI. Tiene, sin embargo, caracteres propios que pueden ser perfectamente identificables y pueden ser comparados con los enunciados en períodos anteriores: 1. Autonomía del hombre frente a la protección que ofrecía un mundo cerrado y una sociedad controlada en la edad media. El sujeto moderno reconoce que es preferible afrontar los riesgos de la libertad que soportar el peso de un control y una obediencia universal. 2. Libertad de Pensamiento: progresivo rechazo de los dogmas y defensa de la autonomía de las ideas en los diversos dominios del saber (ciencia, filosofía, economía, política, religión). 3. Centralidad del tema del hombre como ordenador de la realidad. Dios no desaparece pero deja de ser el centro de referencia y de reflexión, y el hombre se convierte en el eje de la realidad. El hombre moderno no es el hombre agobiado por problemas y debilidades, sino sobre todo el hombre fuerte, transformado por la capacidad de conocer. 4. El mundo(el universo) es concebido como la casa que el hombre debe ordenar y el reino que debe gobernar. No es un lugar de purificación ni de paso, sino el ámbito central de la existencia en el que el hombre debe ejercer el reinado. La modernidad terminará poniendo en duda la trascendencia y afirmando la inmanencia y el valor absoluto de este mundo (desacralización) 5. El Conocimiento como adquisición y prolongación de lo humano: sólo el hombre puede llegar al mundo (cosmos) con su saber, objetivarlo, dar cuenta de él, interpretarlo, detectar sus regularidades, establecer las leyes... y el conocimiento se transforma en el verdadero poder humano. 6. Conocimiento, ciencia y producciones humanas como instrumentos para fortalecer su presencia en el mundo. El hombre observa en las producciones de la ciencia (y de la técnica asociada) la posibilidad ver más lejos, llegar a lo máximo (telescopio) y lo mínimo(microscopio), aumentar la precisión, moverse con mayor autonomía, crecer en fortaleza. La proyección de lo humano multiplica su valor y su poder.7. Conocimiento como posibilidad de dominio, anticipación y transformación de la realidad. Si el hombre puede ordenar “a priori” la realidad, si puede clasificar “a posteriori” los fenómenos... La realidad misma – en cada una de sus manifestaciones – se vuelve humana. Pasa de lo natural a lo cultural... y el poder del hombre se vuelve civilización. Esta necesidad de progreso y dominio (objeto de la tecnología) promueve los avances de las diversas ciencias.

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8. Vigencia de un tipo de pensamiento asociado al rigor de las ciencias , principalmente de la matemática. Alejado de las imposiciones teológicas y metafísicas el saber parece descubrir su paradigma en el funcionamiento de las ciencias, principalmente la física, la astronomía y sobre todo la matemática. La matematización de lo real tienta a todos y la vigencia de un pensamiento riguroso, necesario, universal, seguro multiplica la búsqueda de diversos “discursos del método”. 9. Contraposición del universal humano (la humanidad, los hombres) como signo de poder y progreso y la auto-percepción de la pequeñez del ser humano individual (tiempo y espacio) frente al universo infinito y el peso de la historia... Persiste, sin embargo, la capacidad de superar con el pensamiento los límites mismos del tiempo y del espacio. 10. El hombre esta dispuesto y decidido a construir al mundo como humano, como morada propia, desplazando los principios religiosos y ubicando a Dios como un miembro necesario del sistema, pero respetuoso de la autonomía del esfuerzo humano (secularización)

04. PANORAMAS DEL SIGLO DE LAS LUCES

Al promediar el siglo XVII y, sobre todo, en el curso del siglo XVIII, la modernidad consolida su presencia y define su proyecto más expansivo. El mundo se vuelve moderno y la realidad adquiere su definitiva inteligibilidad asociada a la posibilidad de su dominio y transformación. La enumeración de algunos caracteres permitirá descubrir el contexto de posibilidad de las producciones de la ciencia moderna. 01. La razón se vuelve el común denominador de la condición humana: su rasgo distintivo y su identidad. La razón no pretende – como en los siglos anteriores – profundizar el interior de las cosas o su constitución metafísica (esencia, esquematismos latentes, realidad última, noumeno) sino que es una razón instrumental que se ofrece como un recurso de la humanidad para de-codificar e interpretar Toda la realidad. 02. La razón le da nombre al nuevo siglo: iluminismo, ilustración, siglo de las luces. Frente a la presunta oscuridad de los conocimientos del pasado, la nueva edad crea las condiciones para iluminar con las luces de la razón cada sector de lo real (lo humano y lo natural). La razón es civilizadora y con su presencia legislativa y transformadora tiende a superar la barbarie del pasado y de las fuerzas de la naturaleza. 03. La ciencia se asocia a la filosofía (filósofo y científico se identifican) para interpretar el cosmos (astronomía) y el mundo (mecánica). Los diversos representantes convierten al conocimiento racional en el instrumento de dominio. La formulación de diversas leyes permite determinar las constantes de los fenómenos, ordenar la realidad y anticipar su presencia y desarrollo. El sueño de Francis Bacon de convertir la ciencia en un recurso para el hacer y el poder (con la transformación de lo real) permite humanizar la realidad (cultura). 04. Se instaura el concepto de progreso y civilización (opuestos a tradición y barbarie): la humanidad ha entrado en una nueva edad y puede asegurar que la tierra (definitivamente conocida y conquistada) y el universo (descubierto, interpretado y observado) están bajo su dominio. El tiempo permite definir al

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siglo como el momento cumbre de la humanidad y al futuro como un vasto territorio para ampliar las realizaciones humanas. 05. La razón asume como paradigma el saber científico, principalmente asociado a la matemática y a la física matemática (filosofía natural) y desde este modelo opera en todos los ámbitos de lo humano: la economía, la moral, la política, los sistemas de representación y de gobierno, la organización social, la educación, la moral, la religión, la literatura, el arte etc. La Enciclopedia (británica y francesa) representa la “suma iluminista” que encarna y contiene todo el saber disponible (con un ordenamiento alfabético, no jerárquico); la revolución francesa y el despotismo ilustrado expresan en el ámbito de lo social y de lo político la presencia operativa de la razón, con la vigencia de nuevos principios de manejo del poder y de la sociedad. Nace el ciudadano como unidad sociopolítica que basa sus derechos en su mera condición de ser humano: el ejercicio de la racionalidad. 06. El siglo de las luces asume los caracteres de la civilización europea. Allí está la sede del pensamiento, de la razón y del progreso. La expansión civilizatoria se convertirá en un poder avasallador sobre las diversidades geográficas, raciales y culturales. No hay proyecto alternativo y todo lo distinto será subordinado al discurso hegemónico de la razón (Europa). 07. La fuerza de la ciencia y de la filosofía (razón) radica en la certeza de haber encontrado la llave de la realidad y su absoluto dominio. El hombre se siente efectivamente el rey de la creación, en su único dominador, renunciando a la “minoría de edad” de los tiempos precedentes y a diversas tutorías (Dios, los reyes, los poderes ocultos, las fuerzas irracionales de la naturaleza, lo desconocido, lo misterioso). 08. Mientras la filosofía sufre un período de transición entre los grandes sistemas del siglo XVII y la explosión creativa del Idealismo del siglo XIX (muchos filósofos, poca filosofía), la ciencia produce una expansión cualitativa y cuantitativa. Son muchos los hombres de ciencias y muchos los temas que se descubren, se abordan, se profundizan y se definen, pero a su vez el progreso de la matemática, de la astronomía, de la física, de la química y de las restantes ciencias va sumando diversas estrategias metodológicas (inductivo, axiomático, hipotético deductivo) con el objetivo de avanzar en la producción del saber. 09. La sociedad también recurre a la razón para encontrar la mejor organización, al tiempo que la política y las formas de gobiernos son temas de los debates racionales para ordenar la economía, el control de la violencia, el ejercicio de los derechos, el poder del estado, la participación de los ciudadanos. 10. Hay una circulación activa del saber, de la ciencia y de los conocimientos. El público lector se asocia a la burguesía y permite acceder a los conocimientos y divulgarlos. No se trata de algo privativo de sectores o iniciados, sino un derecho y una posibilidad al alcance de todos los ilustrados (considerando los límites impuestos por los sistemas educativos). Los autores (científicos, filósofos y literatos) conscientes de la situación escriben según los requerimientos de los lectores y la Enciclopedia es la muestra de la divulgación (“democratización”) de los conocimientos.

05. EDUCACION Y ESCUELA COMO PROYECTO DE LA MODERNIDAD. PENSAMIENTO Y ACCION

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 La educación escolarizada y pública sintetiza las ideas y los ideales de la modernidad y del iluminismo. Ella corporiza las idea de (1) el progreso constante a través de la razón y de la ciencia, (2) de la fe en las potencialidades del desenvolvimiento de un sujeto autónomo y libre, (3) del universalismo, (4) de la emancipación y la liberación políticas y social, (5) de la autonomía y de la libertad, (6) de la ampliación del espacio público a través de la ciudadanía, (7) de la nivelación de privilegios y (8) de la movilidad social.  La escuela se confunde con el propio proyecto de la Modernidad: es la institución moderna por excelencia. El surgimiento de los estados modernos es el factor clave para la expansión de la educación escolarizada. Los “estados nacionales” se convierten en la expresión de un nuevo orden, constituido y legitimado por la razón. Es la presencia de los estados y de sus necesidades lo que permite que ejerzan el poder y el control para disciplinar la ya “difundida práctica de las escuelas”(aunque primordialmente en manos de las instituciones religiosas que le habían otorgado matriz, identidad, contenidos y fines): el estado asumiendo la responsabilidad de la educación escolarizada, se convierte en el común denominador que permite que las escuelas adquieran sus caracteres determinantes.  Se necesitaba la convergencia de tres factores (1) el descubrimiento del valor de la educación y de la escuela (2) el ejercicio del poder de disciplinamiento y control de las escuelas y de las prácticas educativas con la intención de homogeneizarlas, hacerlas todas igualmente efectivas; (3) la presencia de motivos reales que moviera al Estado a asumir tal compromiso. El primero deviene de la fortaleza del Estado mismo; los restantes, de los intereses mismos del Estado que - mas allá de una discutible generosidad – entiende cuales son los beneficios inmediatos y mediatos en el ordenamiento y en el control de la educación y de las escuelas. Es el activo poder político del estado sobre las instituciones lo que moviliza a la escuela para convertirla en un instrumento transformador de la sociedad. “La expansión del aparato estatal deriva entonces del creciente involucramiento de sus instituciones en áreas problemáticas (o “cuestiones”) de la sociedad, frente a las que adoptan posiciones respaldadas por recursos de dominación. El grado de consenso o de coerción implícito en estos actos de apropiación depende la particular combinación de fuerzas sociales que los enmarcan. Pero en todo caso, siempre se hallan respaldados por alguna forma de legitimidad, derivada del papel que el Estado cumple como articulador de relaciones sociales, como garante de un orden social que su actividad tiende a reproducir.”. (OSZLAK)  El aporte de Comenio (en el siglo XVIII) es relevante por el tipo de ideas que expone (y que no habían sido expuestas hasta ese momento): (1) educación para todos, (2) enseñar todo el saber disponible, (3) graduar la enseñanza, (4) un nuevo diseño de la escuela, borrando antiguos modelos (5) simultaneidad : escuelas, territorio, grupos etarios, tiempos, contenidos, (6) uniformidad (todos comienzan al mismo tiempo, todos finalizan al mismo tiempo, todos hacen lo mismo, el currículum está unificado, control del tiempo de estudio y libros de texto como reaseguro) . Estas ideas formalizada en un siglo sin posibilidades de implementación debían encontrar el tiempo oportuno para: (1) ser descubiertas, (2) ser valoradas, (3) ser implementadas, (4) ejercer un control con poder real. Es el control del estado llega a todos los “lugares de la educación”: creación de escuelas, diseño del currículo, formación de los docentes, habilitación profesional, sostenimiento del sistema, otorgamiento de títulos, etc

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 El principio de homogeneidad y de simultaneidad supone por una parte igualdad y por otra es la única manera de ejercer el control y el poder: si todos hacen lo mismo es porque todos tienen capacidades y derechos para hacerlo (las mismas posibilidades de aprender, de adquirir conocimientos o de ser educados), pero también porque esa es una manera de someter a control el funcionamiento del sistema. Recordemos que en algunas expresiones extrema el sistema obligaba a que todos estuvieran desarrollando los mismos temas a lo largo del calendario escolar, diciendo las mismas palabras, aprendiendo las mismas cosas, alcanzando los mismos resultados. De esta manera, una mirada positivista (determinista) podía establecer desde el comienzo quiénes podían aprender y quiénes no tenían esperanza: el individuo que se adaptaba al medio (la escuela) era un organismo superior y sano; el individuo que no se adaptaba al medio tenía problemas de conducta o de adaptación social (cárcel o manicomio) y se ubicaba en una escala evolutiva inferior lo que le impedía continuar en el sistema y abandonar el circuito educativo. Esta opción era visto como una conclusión natural y necesaria de la distribución de capacidades intelectuales, datos personas, condiciones morales (frecuentemente asociados a la condición social).  Todos estos eran los discursos educativos reforzados por las investigaciones de médicos, higienistas y psicométricos que reforzaban estos discursos al mismo tiempo que avanzaban como cruzada civilizatoria sanitaria contra la barbarie de las enfermedades de todo tipo. Era necesario detectar, corregir e impedir la propagación de todo lo anormal, por eso se imponían las prácticas ortopédicas, la corrección de los desvíos y las clasificaciones (estándares de normalidad). También por eso, la confianza en el método didáctico científico (positivo) debían lograr los objetivos propuestos traducidos en aprendizajes de los alumnos, siempre que se dieran las condiciones normales. Los atrasos o las imposibilidades de aprendizaje no respondían a las limitaciones del método, de las estrategias o de la didáctica, sino de las incapacidades de los sujetos que se convencían a sí mismos de sus imposibilidades, con claras condenas públicas: burro, cabeza dura, etc.  En este sentido, el disciplinamiento de los espacios (= el orden pre –establecido que le asigna a cada actor y a cada acción el lugar requerido), asocia el ordenamiento del tiempo: la re-conceptualización del tiempo que efectúa la modernidad se traduce en el tiempo escolar. A imagen y semejanza de los ordenamientos cronológicos de las actividades productivas, la escuela asume un orden temporal diario, semanal, mensual, periódico, anual... que debe ser obedecido y respetado. Quien no se adecua a esos tiempos padece sanciones análogas a las sanciones de un trabajador que no cumple sus horarios (descuentos, tardanzas, llamados de atención, expulsión del sistema). La escuela moderna crece armada de la temporalidad moderna y el ordenamiento gradual – propuesto por COMENIO - no es más que la traducción pedagógica del tiempo de la modernidad... y a la vez constituye el instrumento domesticador que prepara cuerpos y espíritus para la única opción posible: el trabajo productivo. “No fue una coincidencia el que en las culturas industriales se les enseñara a los niños ya desde temprana edad a tener conciencia del tiempo. Se condicionaba a los alumnos a llegar a la escuela cuando sonaba la campana, a fin de que, mas tarde, pudiera confiarse en que llegara a la fábrica o a la oficina cuando sonase la sirena” (TOFFLLER) El perfil ideal de la familia del siglo XIX o de los albores del siglo XX era presentado como “el dulce, alegre, sereno despertar de la familia que se disponía a comenzar con el cumplimiento de las obligaciones”: el padre partiendo para el trabajo, la madre preparándose para la labores (no “trabajo”) de la casa, y los niños dispuestos para el inicio de las actividades escolares, sin pausas o interrupciones que justificaran tardanzas o ausencias.  EL LIBERALISMO es una ideología política que, desde un principio, abogó por la igualdad formal frente al poder jerárquico y hereditario. Su bandera de lucha fue la de la igualdad de oportunidades para todos, de tal suerte que las riquezas se incrementasen con base en la libre circulación de capital.,El liberalismo político comienza con la lucha de la burguesía contra el poder absolutista de la nobleza, esta lucha se dio en el período de transición que va del feudalismo a la primera etapa del capitalismo burgués. Gracias al liberalismo, la sociedad civil debe estar regulada por contratos que faciliten las libre circulación de mercancías y de propiedades, pues fundamenta su acción en la posibilidad de construir

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una sociedad libre en donde la sociedad es el resultado de la construcción de individuos libres que se relacionan entre sí por sus propias capacidades y por lo que han adquirido con dichas capacidades; estas relaciones sociales deben estar guiadas por el intercambio entre dueños de la propiedad y la política es el mejor medio para mantener la protección de los bienes y mantener el orden en las relaciones de cambio. El liberalismo es una ideología que se establece de acuerdo con el supuesto del derecho natural en el cual los hombres nacen libres e iguales y deben permanecer a lo largo de su vida de esta manera. Entre los siglos XVII y XIX, los liberales lucharon en primera línea contra la opresión, la injusticia y los abusos de poder, al tiempo que defendían la necesidad de que las personas ejercieran su libertad de forma práctica, concreta y material. Hacia mediados del siglo XIX, muchos liberales desarrollaron un programa más pragmático que abogaba por una actividad constructiva del Estado en el campo social, manteniendo la defensa de los intereses individuales.  LA FILOSOFÍA DEL LIBERALISMO del siglo XIX dejó sus propios rasgos en la configuración del sistema: (1) Afirma la vigencia de la libertad de los individuos que por medio de la educación pueden convertirse en ciudadanos (con derechos y obligaciones dentro del mecanismo democrático de participación y delegación), sujetos de derecho, y hombre productivo con capacidad de operar en el mercado: el estado liberal se encarga de la educación, pero en la constitución del ciudadano aparecen al mismo tiempo la concesión y los límites; por una parte el sujeto se hace un sujeto de derecho, pero al mismo tiempo crece como un sujeto de obligaciones. (2) Confía en la educación como medio de ingreso a la sociedad y de ascenso social, pero al mismo tiempo, cuando ha certificado el ejercicio del derecho en un plano de igualdad (todos en la escuela) se encarga de legitimar las desigualdades, porque a partir de allí las diferencias no se interpretan como responsabilidad del estado, sino de los méritos y las capacidades de los individuos. La democrática igualdad en el acceso (universalidad o educación para todos) implicaba también admitir que el sistema se encargaba de establecer premiso y castigos, alientos y expulsiones, circuitos de contención por los méritos logrados y demostrados y callejones de exclusión. (3) Posibilita la construcción de los estados y siembra el sentimiento de pertenencia a una nación (nacionalismo) como reaseguro para el sujeto (que subjetiva su pertenencia como algo esencial) pero sobre todo como reaseguro para el mismo estado que puede confiar ilimitadamente (hasta el sacrificio) en lo ideales nacionalista de sus ciudadanos.  EL POSITIVISMO DE COMTE y sus desarrollos posteriores insistieron en el control científico del orden social para garantizar no sólo la estructura de la sociedad sino regular su funcionamiento. La sociedad positiva era la que lograba neutralizar los conflictos y resolver los problemas, renunciando a utopías o ideas descabelladas para elegir una metodología de ordenamiento social científicamente efectiva. La sociología se coronaba como la reina de las ciencias porque era la que culminaba la serie de ciencias rigurosas de la modernidad, en un orden epistemológico homogéneo que rechaza lo que no se adapte al modelo de las ciencias positivas. La ciencia de la sociedad se convierte en un ordenamiento social riguroso y convierte a la escuela en una activa difusora y promotora. La misma historia se convierte la elección arbitraria o deliberada de figuras de hombres notables que pudieran encarnar la historia de la humanidad y de un país o región...y darle vida a los valores positivos: la independencia, la revolución, la libertad, el espíritu de lucha, la educación, la cruzada civilizatoria, el progreso, la industria, la salud., De alguna manera los historiadores fueron hacia el pasado en búsqueda de aquellos hombres que pudieran expresar el progreso del pueblo y de la humanidad, efectuaron el recorte correspondiente y los propusieron como expresión de la idealidad. Se sustituye la astucia de la razon de Hegel (que ignora el valor de los individuos en el curso del espíritu), pero no se asume el valor de la comunidad o del pueblo (“Si la historia la hacen los que ganan, eso significa que hay otra historia”)... La nueva religión de la humanidad (positivismo) necesita nuevos templos (los lugares en los que los pueblos han tenido sus acciones notables) y nuevos santos (héroes y próceres) para constituir un nuevo calendario y construir una nueva liturgia y un nuevo ritual.  La FILOSOFIA DEL POSITIVISMO se proyecta claramente en la educación y en la organización de la escuela: (1) La escuela es considerada como la institución superior de difusión de la única cultura válida,

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vigente (la cultura más evolucionada, que excluye cualquier otro tipo de cultura), considerándola el medio mas eficaz para instalar la disciplina social, objetivo que persigue el ESTADO, pero que quiere lograrlo no tanto con la fuerza de la vigilancia, sino por el convencimiento de los ciudadanos. Solamente un estado ordenado y disciplinado puede contribuir al desarrollo y al progreso de la humanidad. (2) Validación científica de la pedagogía, considerando que solamente a través de las ciencias (sociología, psicología o biología) podía dársele habilitación profesional a la tarea docente y a la labor escolar. (3) La escuela ordenada es el lugar para generar el orden (civilización) que pone en marcha en progreso contra toda amenaza de desorden, descontrol y barbarie.  LA ESCUELA SE CONVIERTE EN EL ORGANISMO SANO QUE REGULA LAS NORMALIDADES y expulsa las anormalidades de todo tipo (sociologías, psicológicas, biológicas: inadaptados, desequilibrados o incapaces o menos dotados, enfermos) y los envía a las instituciones también creadas por la modernidad: cárcel o reformatorios, manicomios o “escuelas especiales”, casas de salud u hospitales. Los discursos higienistas y algunos rituales (guardapolvos blancos) recuerdan estos principios. Si todos los individuos deben construir su subjevidad a través de la escuela y su paso por ella es el instrumento de ingreso a la ciudadanía y al ejercicio pleno de los derechos, quienes no ingresen a la escuela, quienes no se mantengan en ella o no logren su acreditación, no podrán ya hacer uso de derecho alguno (exclusión social). La escuela que se proclamaba universal y obligatorio se aseguraba que la universalidad se restringiera (con poderosos discursos) y la obligatoriedad se limitara: no se podía insistir en la misma “cuando el individuo no reunía condiciones mínimas para ingresar, permanecer o egresar del sistema” (era enfermo, era un desequilibrado, era un inadaptado).  HOMOGENEIZACION Y NORMALIZACIÓN. El siglo XIX estableció una única manera de dar clase, una única manera de educar. La tradición positivista introdujo el rigor metodológico, afirmando que había un solo método pedagógico científico (único, universal, eficaz y aplicable en cualquier condición). Esa era la garantía de la homogeneización del sistema y de la universalidad de las prácticas. De hecho la “normalización” de los contenidos y de los procedimientos de enseñanza le dio el nombre a las escuelas formadoras de docentes. Los presupuestos afirmaban las condiciones psicobiológicas de los sujetos normales que debían aprender con seguridad y éxito si se aplicaba un método racionalmente probado. No dependía de los individuos (porque se los presumía a todos dotados de las necesarias condiciones y permanecer), sino del método mismo y de la capacidad del educador.  Asociado a esto, las prácticas cotidianas instauran un método simultáneo (a todos los que concurren, ordenados gradualmente, lo mismo) que se desarrolla en el aula de manera frontal, con el docente en un lugar central y de privilegio (elevado) asumiendo la responsabilidad absoluta de (1) la distribución del conocimiento, (2) el manejo del saber, (3) el uso del método adecuado, (4) los ritmos impuestos del aprendizaje, (5) el control disciplinario de los tiempos y de los modos de comportamientos y de relación... Los alumnos se inmovilizan en sus bancos (paralelos y sucesivos) sin posibilidad de interactuar, y con la obligación de recibir todo lo que se les da: todos los alumnos concurren a aprender y como tábula rasa debe incorporar todos los contenidos que le depositan, limitándose a escuchar, leer, memorizar, razonar, calcular, repetir. Los tiempos de las clases son rigurosos y se refuerza el discurso de la igualdad: todos aprenden cuando el maestro explica, todos concluyen sus ejercicios, todos aceptan las obligaciones impuestas y todos regresan con los saberes adquiridos y los deberes cumplidos. Los tiempos se extienden como condena y estigma para los que se retrasan o no siguen el ritmo acostumbrado (recreos, después de clase, extensión del calendario escolar).  La escuela se suma – en el contexto del siglo XIX – a todos los instrumentos de construcción simbólica del Estado. Pero no es un instrumento más, sino que la educación representa para el pensamiento iluminista del siglo XVIII sumado al positivista del siglo XIX el mejor instrumento al servicio del Estado. Se trata de complementar a la construcción constitucional y jurídica, delimitación territorial, consolidación económica, con la configuración de la misma sociedad que necesita construir ciudadanos

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y - en los ciudadanos y a través de los ciudadanos - construir el Estado simbólico¸ el que asume todos los valores, canoniza los símbolos, acepta voluntariamente la subordinación a la voluntad general (nombre del nuevo poder del Estado).  LA HISTORIA DE LOS ESTADOS MODERNOS es la historia de los sistemas de instrucción pública; a partir de entonces la educación de la población se convirtió en un asunto estratégico y sus prácticas se escolarizaron. Educar ya no era acercarse a Dios, sino instruir en los rudimentos de las letras, las ciencias, los números, y, por supuesto, también en la fe. Allí emergieron nuevos sujetos (el escolar y el maestro) y una nueva institución (la escuela). Las repúblicas liberales que se comenzaron a gestar en América desde finales del siglo XVIII y luego en todo el mundo occidental durante el XIX, institucionalizaron este modo de ser de la educación. Desde entonces el Estado asumió la función educativa (por eso se llamó Estado docente) y su aparato se fue sofisticando cada vez más en busca de la regulación absoluta de la enseñanza. La escuela se convirtió en el último eslabón de aquella compleja cadena que terminó llamándose sistema educativo. La estructura vertical que ordenaba este edificio burocrático hizo del maestro un funcionario a quien le correspondía representar la voluntad del Estado en la tarea educadora.  La institución escolar fue prácticamente el único medio a través del cual se podía expandir la «civilización occidental». El proyecto ilustrado de educar para alcanzar la perfección humana en cada individuo solamente podía hacerse a través de la escuela, pues no existía otro dispositivo de comunicación más eficaz, a no ser la prensa. La sociedad industrial que estaba creciendo necesitaba transformar las costumbres ancestrales de las comunidades campesinas (en Europa y América) e indígenas (en América). Nuevas actitudes frente a la vida, nuevas estructuras familiares, nuevos hábitos personales, en fin, nuevos sujetos sociales, eran necesarios para impulsar el «progreso» y el crecimiento económico que el capitalismo jalonaba con tanto ímpetu. La tradición oral y las costumbres más ancestrales se llamaron entonces analfabetismo y superstición, y se convirtieron en el símbolo del atraso y en el freno al progreso que parecía irreversible.  El pensamiento práctico y la lógica formal debían reemplazar las mentalidades y las cosmogonías de las comunidades «tradicionales». La lectura y la escritura, la aritmética y la ideología patriótica, eran los baluartes con los que la escuela debía emprender la cruzada civilizadora que allanaría el camino del progreso. Sus rituales más representativos: el orden, la disciplina, el pizarrón, el salón de clase dividiendo a los niños por edad y por género, el pasar lista, el reglamento, las filas, las lecciones, los ejercicios físicos, los textos o manuales, la memorización, el uniforme, los exámenes, etc., eran símbolos de este nuevo orden modernizador. La escuela fue en ese momento la punta de lanza y la expresión más clara de aquel orden emergente; fue la herramienta más eficiente, el aparato más exitoso, el invento más perfecto para expandir con rapidez a todos los rincones el conocimiento y la moral que requería la modernidad. El libro impreso jugó allí un papel muy importante.  EL ESTADO ERA EL RESPONSABLE DE ESA TAREA CIVILIZADORA. La escuela, y por lo tanto el maestro, los edificios, los manuales y los escolares, eran su responsabilidad. Nadie mejor que él podía garantizar la correcta administración de tan delicada misión. Nadie mejor que él para garantizar la unidad de criterios y de contenidos con respecto a lo que la época requería. El Estado era funcional a la escuela y viceversa, gracias a aquel aparato complejo en que se constituyeron los sistemas de instrucción pública. Ahora bien, alcanzar la eficiencia y el control pleno no fue fácil. Por supuesto eso pasó por todas aquellas contradicciones políticas y de clase que se expresaron entre los actores que se disputaron durante esos años su control. En particular, disputarle la función educadora a la Iglesia (mater et magistra), que la había detentado durante tantos siglos, fue muy difícil y provocó incluso guerras en varias regiones del mundo occidental. Todos los recursos e instrumentos que el Estado liberal moderno fue construyendo en torno a su función educadora se tradujo en intrincadas y sofisticadas leyes, normas y reglamentos, así como en pesados presupuestos que determinaban el éxito o el fracaso de la empresa alfabetizadora.

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TEXTOS PARA EL ANALISIS EDUCACION Y ESCUELA A LA LUZ DE LA RAZON MODERNA, ILUMINISTA Y POSITIVISTA

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“Un lento progreso de las sociedades humanas ha creado en estos últimos tiempos una institución desconocida a los siglos pasados. La instrucción pública que tiene por objeto preparar las nuevas generaciones en masa para el uso de la inteligencia individual, por el conocimiento aunque rudimental de las ciencias y hechos necesarios para formar la razón, es una institución puramente moderna, nacida de las disensiones del cristianismo y convertida en derecho por el espíritu democrático de la asociación actual.” “Del derecho de todos los hombres a tener las condiciones necesarias para ejercer los derechos ciudadanos nace la obligación de todo gobierno a proveer de educación a las generaciones venideras. La condición social de los hombres depende muchas veces de circunstancias ajenas de la voluntad. La sociedad en masa tiene interés vital en asegurarse que todos los individuos que han de venir con el tiempo a formar la nación, hayan por la educación recibida en su infancia, preparándose suficientemente para desempeñar las funciones sociales a que serán llamados. “ SARMIENTO D.F. (1849) LA EDUCACION POPULAR

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“Cuando hayamos diseminado los medios suficientes para satisfacer las necesidades de todas las moradas de la pobreza, cuando hayamos sustituido la ignorancia por el conocimiento en las mentes de todo el pueblo, cuando hayamos reformado el vicioso y amansado al criminal, entonces podemos invitar a todas las naciones vecinas para que contemplen el espectáculo y decirles, en la consciente euforia de virtud:”Regocíjense conmigo”, pues he encontrado lo que estaba perdido. “ “Seguramente, la educación universal es lo único que puede contrarrestar esta tendencia a la dominación del capital y a la servidumbre del trabajo Si la educación se difunde en forma equitativa, llevará tras sí la propiedad con la mas fuerte de todas las atracciones: pues nunca ha sucedido, y nunca podrá suceder, que un grupo de hombres inteligentes y prácticos deba ser permanentemente pobre. Por lo tanto, mas allá de todos los demás medios de origen humano, la educación es la gran igualadora de las condiciones de los hombres: la rueda equilibradora de la maquinaria social. La difusión de la educación, mediante la ampliación de la clase o casta cultivada, abrirá un ámbito más amplio para la expansión de los sentimientos sociales, y si esta educación fuera universal y completa, contribuiría más que cualquier otra cosa a borrar las diferencias de la sociedad”. MANN HORACE. (1850) XII INFORME ANUAL

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"Ofrecer a todos los individuos de la especie humana los medios de proveer a sus necesidades, de asegurar su bienestar, de conocer y ejercer sus derechos, de entender y cumplir sus deberes; asegurar a cada uno de ellos la facilidad de perfeccionar su industria, de capacitarse para las funciones sociales a las cuales tiene derecho a ser llamado, de desarrollar en toda su extensión los talentos que ha recibido de la naturaleza, y de este modo establecer entre los ciudadanos una

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igualdad de hecho, y hacer real la igualdad política reconocida por la ley: tal debe ser el primer objetivo de una instrucción nacional y, desde este punto de vista, constituye para el poder público un deber de justicia." CONDORCET (1792), INFORME Y PROYECTO DE DECRETO SOBRE LA ORGANIZACIÓN GENERAL DE LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA.

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“La instrucción pública es un deber de la sociedad para con los ciudadanos. En vano se habría declarado que todos los hombres tienen los mismos derechos, en vano las leyes habrían respetado este principio de la justicia eterna, si la desigualdad en las facultades morales impidiera al mayor número gozar de estos derechos en toda su extensión. El estado social disminuye necesariamente la desigualdad natural, haciendo concurrir las fuerzas comunes al bienestar de los individuos. Pero este bienestar se hace al mismo tiempo más dependiente de las relaciones de cada hombre con sus semejantes, y los efectos de la desigualdad aumentarían en proporción si no se hiciera más débil y casi nula, en lo relativo a la felicidad y el ejercicio de los derechos comunes, la que nace de la diferencia de los pueblos (…) Es imposible que una instrucción, aun siendo igual, no aumente la superioridad de aquellos a los que la naturaleza ha favorecido con una constitución más afortunada. Pero basta para el mantenimiento de la igualdad de derechos que esta superioridad no traiga aparejada dependencia real y que cada uno esté lo bastante instruido para ejercer, por sí mismo y sin someterse ciegamente a la razón del prójimo, aquéllos cuyo goce le ha garantizado la ley. Entonces, la superioridad de algunos hombres, lejos de ser un mal para los que no ha recibido las mismas ventajas, contribuirá al bien de todos y tanto los talentos como las luces se convertirán en el patrimonio común de la sociedad. Así, por ejemplo, el que no sabe escribir e ignora la aritmética depende realmente del hombre más instruido, al que está obligado a recurrir siempre. No es el igual de aquellos a quienes la educación ha dado estos conocimientos, no puede ejercer idénticos derechos con la misma amplitud y dependencia. Aquel al que no se ha instruido en las primeras leyes que regulan el derecho de propiedad no goza de este derecho de la misma manera que quien las conoce; en los debates que se suscitan entre ellos, no combaten con las mismas armas. Pero el hombre que conoce las reglas de la aritmética necesarias en el uso de la vida no depende del sabio que posee en el más alto nivel el genio de las ciencias matemáticas, cuyo talento le será de una utilidad muy real sin poder nunca estorbarle en el goce de sus derechos. El hombre al que se ha instruido en los elementos de la ley civil no depende del abogado más ilustrado, cuyos conocimientos sólo pueden ayudarlo y no esclavizarlo. (…) Hay todavía otra desigualdad cuyo único remedio puede ser una instrucción general repartida uniformemente. Cuando la ley ha hecho iguales a todos los hombres, la única distinción que los divide en varias clases es la que nace de su educación (…) El hijo del rico no será de la misma clase que el hijo del pobre si ninguna institución pública les acerca por la instrucción, y la clase que reciba una educación más esmerada tendrá necesariamente las conductas más agradables, una honradez más delicada y una honestidad más escrupulosa; sus virtudes serán más puras, en cambio, sus vicios serán menos repulsivos, su corrupción menos abyecta, menos bárbara y menos incurable. Existirá pues una distinción real, que no estará en poder de las leyes destruir y que, estableciendo una verdadera separación entre los que tienen luces y los que están privados de ellas, hará necesariamente de la instrucción un instrumento de poder para los unos, y no un medio de felicidad para todos.

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El deber de la sociedad, en cuanto a la obligación de ampliar realmente, hasta donde sea posible, la igualdad de derechos, consiste pues en procurar a cada individuo la instrucción necesaria para ejercer las funciones comunes de hombre, de padre de familia y de ciudadano, para sentir y para conocer todos sus deberes”. CONDORCET, CINCO MEMORIAS SOBRE LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y OTROS ESCRITOS

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“¿Es la instrucción pública el primer origen de la prosperidad social? Sin duda. Ésta es una verdad no bien reconocida todavía, o por lo menos no bien apreciada; pero es una verdad. La razón y la experiencia hablan en su apoyo. Las fuentes de la prosperidad social son muchas; pero todas nacen de un mismo origen, y este origen es la instrucción pública. Ella es la que las descubrió, y a ella todas están subordinadas. La instrucción dirige sus raudales para que corran por varios rumbos a su término; la instrucción remueve los obstáculos que pueden destruirlos, o extraviar sus aguas. Ella es la matriz, el primer manantial que abastece estas fuentes. Abrir todos sus senos, aumentarle, conservarle es el primer objeto de la solicitud de un buen gobierno, es el mejor camino para llegar a la prosperidad. Con la instrucción todo se mejora y florece; sin ella todo decae y se arruina en un estado. ¿No es la instrucción la que desenvuelve las facultades intelectuales y la que aumenta las fuerzas físicas del hombre? Su razón sin ella es una antorcha apagada; con ella alumbra todos los reinos de la naturaleza, y descubre sus más ocultos senos, y la somete a su albedrío. El cálculo de la fuerza oscura e inexperta del hombre produce un escasísimo resultado, pero con el auxilio de la naturaleza, ¿qué medios no puede emplear? ¿qué obstáculos no puede remover? ¿qué prodigios no puede producir? Así es como la instrucción mejora el ser humano, el único que puede ser perfeccionado por ella, el único dotado de perfectibilidad. Éste es el mayor don que recibió de la mano de su inefable Creador. Ella le descubre, ella le facilita todos los medios de su bienestar, ella, en fin, es el primer origen de la felicidad individual. Luego lo será también de la prosperidad pública.(…) Sin duda que son varias las causas o fuentes de que se deriva esta prosperidad; pero todas tienen un origen y están subordinadas a él; todas lo están a la instrucción. ¿No lo está la agricultura, primera fuente de la riqueza pública y que abastece todas la demás. ¿No lo está la industria, que aumenta y valora esta riqueza y el comercio, que la recibe de entrambas, para expenderla y ponerla en circulación, y la navegación, que la difunde por todos los ángulos de la tierra? ¡Y qué! ¿no es la instrucción la que ha criado estas preciosas artes, la que las ha mejorado y las hace florecer? ¿No es aquella la que ha inventado sus instrumentos, la que ha multiplicado sus máquinas, la que ha descubierto e ilustrado sus métodos? ¿Y se podrá dudar que a ella sola está reservado llevar a su última perfección estas fuentes fecundísimas de la riqueza de los individuos y del poder del Estado? Se cree de ordinario que esta opulencia y este poder pueden derivarse de la prudencia y de la vigilancia de los gobiernos; pero ¿acaso pueden buscarlos por otro medio que el de promover y fomentar esta instrucción, a que deben su origen todas las fuentes de la riqueza individual y pública? Todo otro medio es dudoso, es ineficaz; éste sólo es directo, seguro e infalible. (…) Pero ¿acaso la prosperidad está cifrada en la riqueza? ¿No se estimarán en nada las calidades morales en una sociedad? ¿No tendrán influjo en la felicidad de los individuos y en la fuerza de los estados? Pudiera creerse que no, en medio del afán con que se busca la riqueza y la indiferencia con que se mira la virtud. Con todo, la virtud y el valor deben contarse entre los elementos de la prosperidad social (…)

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Y bien, esta otra fuente de prosperidad, ¿no tendrá también su origen en la instrucción? ¿Quién podrá dudarlo? ¿No es la ignorancia el más fecundo origen del vicio, el más cierto principio de la corrupción? ¿No es la instrucción la que enseña al hombre sus deberes y la que se inclina a cumplirlos? La virtud consiste en la conformidad de nuestras acciones con ellos, y sólo quien los conoce puede también desempeñarlos. Es verdad que no basta conocerlos, y que también es un oficio de la virtud abrazarlos; pero en esto mismo tiene mucho influjo la instrucción, porque apenas hay mala acción que no provenga de algún artículo de ignorancia, de algún error o de algún falso cálculo de su determinación (…) Se dirá que también la instrucción corrompe, y es verdad. Ejemplos a millares se pueden tomar de la historia de los antiguos y los modernos pueblos, en confirmación de ello. Si la instrucción, mejorando las artes, atrae la riqueza, también la riqueza, produciendo el lujo, inficiona y corrompe las costumbres (…) Sin duda el lujo corrompe las costumbres; pero absolutamente hablando, el lujo no nace de la riqueza. Hay lujo en todas las naciones, en todas las provincias, en todos los pueblos y en todas las profesiones de la vida, ora sean o se llamen ricas o pobres (…) Sin duda que la riqueza le fomenta; pero ¿cómo? Donde las leyes autorizan la desigualdad de las fortunas; cuando la mala distribución de las riquezas pone la opulencia en pocos, la suficiencia en muchos y la indigencia en el mayor número, entonces es cuando un lujo escandaloso devora las clases pudientes, y cuando, difundiendo su infección, las contagia, y aunque menos visible, las enflaquece y arruina.(…) Pero sea la que fuera la causa del lujo, la instrucción, lejos de fomentarle, le modera; mejora, si así puede decirse, los objetos; le dirige más bien a la comodidad que a la ostentación, y pone un límite a sus excesos (…)” JOVELLANOS G.M. (1744 – 1811) , MEMORIA SOBRE EDUCACIÓN PÚBLICA O SEA, TRATADO TEÓRICO PRÁCTICO DE ENSEÑANZA, CON APLICACIÓN A LAS ESCUELAS Y COLEGIOS DE NIÑOS

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“En el estado actual de la civilización, la lucha por la vida es inmensamente difícil para el hombre desprovisto de conocimientos y de aptitudes para alguna profesión especial; y el progreso es imposible a naciones que carecen de miembros útiles por servicios que prestan a la sociedad en virtud de esas aptitudes especiales. De ahí una doble utilidad de la educación: utilidad para el individuo educado y para la sociedad educadora. Para el individuo educado: lo coloca en circunstancias más favorables que la ignorancia para su desenvolvimiento en la sociedad. Para la sociedad educadora: siendo ella el resultado de sus miembros, ese resultado será tanto más fuerte y progresista, tanto más apto, cuanto más lo sean sus miembros factores. Ese beneficio impone a cada pueblo el deber de la educación; los gastos y trabajos se compensan con las ventajas que saca. La voluntad en el hombre absolutamente ineducado, no puede ser más que los impulsos bárbaros de su egoísmo y sus pasiones; sólo en el hombre educado es una fuerza congruente con los derechos y obligaciones de todos, y con el alto ideal humano por excelencia, el ideal del progreso. Claro es como la luz meridiana, que un hombre de mediocre inteligencia y desprovisto de toda noción de ética, a quien la educación y la vida no han desenvuelto ese inestimable tesoro que a su alma han transmitido, en luchas inacabables, sus millares de ascendientes, no puede ser, mientras la experiencia no lo complete, más que un factor de desorden en una sociedad cualquiera. Ese todo de sociedad y Estado no es un producto de barbarie, sino de civilización; no es un arbusto salvaje, sino un árbol que, para que dé sus óptimos frutos, ha sido regado con el sudor y la sangre y las lágrimas de muchas generaciones. El Segismundo de Calderón es un ente perfectamente humano, y todos sus actos anárquicos cuando en la corte de su padre se presenta, no son sino

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lógica consecuencia de su propia humanidad y de su falta de toda educación; ninguna podrá existir, pues, compuesta de Segismundos. Toda sociedad, para conservarse, tiene el deber de la educación. Dentro de cada sociedad total hay una segunda entidad parcial que se llama el Estado; dentro de cada hombre, otra segunda personalidad que se llama el ciudadano. El ciudadano es el hombre en oposición al Estado, el hombre cuyo papel es doble: ser gobernado y gobernar. De ahí que el Estado tenga, conjuntamente con la sociedad, el deber de educar. Nadie podría, no gobernar, sino simplemente ser gobernado, sin poseer siquiera nociones rudimentarias aprendidas de ética, de ciencias políticas y sociales; y tales nociones no pueden ser sino frutos de la educación. La sociedad organizada no es sino un fruto de la educación. El Estado no es más que un fruto de la educación. El hombre civilizado mismo y el ciudadano, no son sino frutos de la educación. Ni el hombre civilizado, ni el ciudadano, ni la sociedad organizada, pueden ser sin la educación. Siendo la educación factor base de la sociedad y el Estado, la sociedad y el Estado deben ser, a su vez, factores-bases de la educación. Si como más arriba he observado, la familia y la sociedad pueden considerarse ineptas para realizar por si mismas, privadamente, toda esa función, obligación del Estado es colaborar en ella. Precisando en último término, puede decirse: si la sociedad y el Estado deben su existencia a la educación, la educación debe su existencia a la sociedad y al Estado.” CARLOS BUNGE: TEORIA DE LA EDUCACION. BUENOS AIRES. 1920