Historieta chilena (1858-1998)
Vinculada desde su surgimiento a la prensa satírica y el humor gráfico, la historieta
chilena se ha desarrollado a través de publicaciones de aventuras, fantásticas, infantiles,
deportivas, picarescas o alternativas en las que han sobresalido talentosos dibujantes.
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La historieta chilena está vinculada desde su nacimiento a la prensa y, en específico, a la
prensa satírica. En 1858, en el marco de intensas disputas ideológicas entre liberales y
conservadores a propósito de la necesidad de reformar la Constitución de 1833, surgió El
Correo Literario, primer periódico que publicó caricaturas en Chile, en el que participaron
los dibujantes Antonio Smith (1832-1870) y Benito Basterrica (1835-1889). Tal impulso
abrió una nueva etapa para el humor gráfico, en la que destacó La Revista Cómica (1895-
1905), dirigida por el ilustrador Luis Fernando Rojas (1857-1942).
En este escenario, en el que vieron la luz publicaciones variadas y muchas veces
efímeras, de lado de caricaturas y sátiras, se publicaron muestras de narrativa gráfica,
catalogadas como "historias" o "cuentos", que constituyeron algunos de los primeros
antecedentes de la historieta y la tira cómica chilenas.
Con el inicio del siglo XX y el advenimiento del periodismo moderno, que implicó
significativas mejoras en las técnicas de reproducción e impresión, la historieta y
la ilustración editorial encontraron un lugar destacado en revistas como Sucesos (1902-
1932), La comedia humana (1904-1906), Zig-Zag (1905-1964), Corre Vuela (1908-
1927) y Monos y monadas (1910-1922). Fue precisamente en Zig-Zag donde se
publicaron "Las aventuras de un alemán en Chile", en las que Otto Von Pilsener, primer
personaje de la historieta chilena, creado por Pedro Subercaseaux (Lustig), viaja por el
territorio y se enfrenta a la idiosincrasia nacional.
Durante las décadas de 1920 y 1930, la historieta se desarrolló principalmente
en publicaciones infantiles, entre las que destacaron El Peneca (1908-1960), Chicos i
grandes (1908-1909), El Pibe (1923-1931), Don Fausto (1924-1964), El Cabrito (1941-
1948), Aladino (1949-1951), Simbad (1949-1956) o Álbum Mickey (1937-1938). En estas
revistas participaron dibujantes como Raúl Figueroa (Chao) (1886-1948) o Jorge Christie
(1916-1954). Este último, en 1938, comenzó a publicar en El Diario Ilustrado (1902-
1970) las aventuras de Chu Man-Fú, la primera tira cómica de frecuencia diaria chilena.
Una excepción en esta nueva etapa de desarrollo de la historieta chilena fue Topaze,
fundada en 1931 por Jorge Délano (Coke) (1895-1980), que con el tiempo llegó a
transformarse en la principal revista de humor político chileno y en una plataforma
para célebres dibujantes nacionales.
A partir de los años cuarenta se inició un proceso de diversificación y consolidación de la
historieta con publicaciones para distintos públicos. En 1945 salió a kioscos Pobre
Diablo (1945-1952), publicación que junto a El Pingüino (1956-1968), constituyeron dos
de las más importantes revistas de humor para adultos. Poco tiempo después, en 1949,
se editó Okey (1949-1965), la primera publicación chilena dedicada por completo a la
historieta. En sus páginas debutó ese mismo año el personaje Condorito, que,
posteriormente, a partir de 1955, tuvo su propia revista. Por su parte, en 1954, el editor y
dibujante Guido Vallejos (1929-2016) lanzó al mercado Barrabases (1954-), una revista
deportiva infantil en la que participaron creadores como Themo Lobos (1928-2012), Víctor
Arriagada (Vicar) (1934-2012) y Renato Andrade (Nato) (1921-2006).
A comienzos de la década de 1960 se publicaron una serie de libros recopilatorios de
historietas de dibujantes como Luis Sepúlveda Donoso (Alhué) (1912-1967), Oscar Conti
(Oski) (1914-1979) y Percy Eaglehurst (Percy) (1922-2013) -prologados por el crítico de
arte Antonio Romera (1908-1975)-, que daban cuenta del creciente reconocimiento social
de la disciplina. Poco después, editorial Zig-Zag creó un Departamento de Historietas que,
bajo la dirección de la escritora Elisa Pérez, conocida también bajo el seudónimo de Elisa
Serrana (1930-2012), reunió a prolíficos y talentosos dibujantes y guionistas que dieron
vida a más de veinte nuevos títulos con una amplia variedad temática. Algunas de las
publicaciones más destacadas de la época fueron Rocket (1965-1966), Rakatán (1965-
1966), Capitán Júpiter (1966-1968), El Jinete Fantástico (1965-1966), 007, James
Bond (1968-1971), El intocable (1966-1972), Jungla (1967-1975) y Doctor Mortis (1967-
1974). Esta prolífica década finalizó con el nacimiento en 1968 de dos publicaciones que
reflejaron los cambios experimentados por la sociedad chilena: Mampato (1968-
1978) y La Chiva (1969-1979).
Tras la quiebra y posterior adquisición de la editorial Zig-Zag por parte del gobierno de la
Unidad Popular, en 1971 nació Editora Nacional Quimantú. El sello mantuvo muchos de
los títulos anteriores, los que tuvieron cambios en sus líneas argumentales que
respondieron al proceso político y social que se vivía en el país. La editorial publicó,
además, la revista de divulgación política La Firme (1971-1973), que explicaba a través de
viñetas los avances y desafíos del gobierno de Salvador Allende, y la revista
infantil Cabrochico (1971-1973), que combinó historietas para niñas y niños con consejos
para sus padres.
El abrupto final de Quimantú y el cierre de Mampato en 1978 marcaron el fin de una
época de diversidad de la historia chilena. Si bien durante los siguientes años surgieron
nuevos proyectos, el mercado estuvo dominado por producciones extranjeras ligadas a
personajes de cine y televisión. Mientras, algunos de los grandes dibujantes de la era
anterior encontraron refugio en suplementos como "Remolino" (1974-1981) de Las
Últimas Noticias, "Pocas Pecas" (1978-1981) de El Mercurio e "Historietas" de La
Tercera (1980-1982).
A partir de la década de 1980 aparecieron nuevos espacios. Por una parte destacaron las
publicaciones de la prensa de oposición a la dictadura, donde tuvieron cabida autores
como Luis Henríquez (Mico) (1965-), Juan Carter (El gato) (1961), Alejandro Montenegro
(Rufino) (1949-), Guillermo Bastías (Guillo) (1950), Hernán Vidal (Hervi) (1943-), quien en
la revista La Bicicleta (1978-1990) publicó la historieta "Supercifuentes", y Eduardo de la
Barra (1942-2013). Paralelamente, surgieron revistas alternativas que renovaron la
escena local con propuestas experimentales y nuevas tendencias provenientes de
Estados Unidos y Europa.
Sin embargo, tras este breve periodo de renovación, la producción de historietas volvió a
decaer. La situación cambió con la llegada del siglo XXI. Ya alejado de los medios de
prensa tradicionales, el cómic encontró nuevos soportes en Internet, las autoediciones y
en los libros, que han sido el comienzo de una etapa de alta producción.
Minisitio actualizado en colaboración con el Archivo de Láminas y Estampas de la
Biblioteca Nacional de Chile, noviembre de 2019.