ORATORIA
El arte de hablar en público, como dominar el miedo escénico y el discurso.
Presentado por: Lic. Andrés Pacheco Varela
¿Qué es oratoria?
La oratoria no es solo oralidad, es decir, no es el mero hecho de hablar a
otro y otros, sino que involucra una cantidad de técnicas y reglas o
principios que nos permiten expresarnos de manera clara ante un público
numeroso.
¿Oratoria?
De manera simple y puntual, podemos definirla como el arte de la
comunicación clara y objetiva con el público.
Como la mayoría de las ciencias humanas, la oratoria tuvo su origen en
Grecia de la mano de los sicilianos. En Grecia la oratoria era utilizada con
fines políticos y para alcanzar prestigio.
Sócrates fundó una escuela de oratoria, situada en Atenas, y definió al
orador como el hombre instruido y con ideales altos que iba a garantizar el
progreso del estado.
Demóstenes fue el orador que fue considerado el mejor dentro de este arte.
Cicerón fue quien la perfeccionó en la República Romana. Él escribió
varios discursos y tratados que han llegado a nosotros casi en su totalidad.
Los grandes oradores de nuestra historia son reconocidos por su poder
persuasivo y su elocuencia para defender sus ideas. En esta publicación,
detallaremos el concepto y te daremos una lista de consejos para mejorar
tus presentaciones.
¿Alguna vez oíste un discurso (o una presentación) que te impactó y logró,
aunque fuese por un breve momento, captar tu atención sobre las ideas
presentadas?
Cuando recordamos tales eventos, tendemos a atribuir la capacidad de
oratoria del disertante a algún tipo de don natural. Sin embargo, si bien es
importante, el talento puro no es el elemento determinante para el éxito de
hablar en público.
Al observar a los grandes oradores de la historia vemos, también, diferentes
técnicas que se pueden aplicar a cualquier tipo de discurso.
Steve Jobs y Martin Luther King, por ejemplo, aunque estuvieran en
campos completamente diferentes son recordados hasta el día de hoy por
su persuasión.
Uno de los más grandes oradores de la historia, mismo
hizo revolucionar la comunicación en todas sus
manifestaciones
Lo que tienen en común es que ambos entrenaban y se preparaban
intensivamente.
Entonces, ¿qué tal si consideramos la oratoria como una habilidad que
puede entrenarse en lugar de limitarla a la categoría de talento natural?
En este texto, definiremos el concepto de oratoria, te mostraremos los
obstáculos que deberás enfrentar y, además, te daremos 5 consejos
esenciales para que mejores tu desempeño cuando tengas que hablar en
público.
Tipos de oratoria
Existe en la actualidad una clasificación de los tipos de oratoria según la
finalidad del orador. A continuación, se expresan algunos tipos de oratoria:
Oratoria social. También llamada ceremonial, augural o sentimental, son
las que se desarrollan en un determinado ámbito donde el ser humano
participa de una ceremonia.
Oratoria pedagógica. Busca transmitir la cultura mediante la palabra
hablada, es decir transmite conocimientos. Es una oratoria didáctica o
académica que busca enseñar.
Oratoria forense. Se usa dentro de la ciencia jurídica y busca exponer con
claridad los informes de jueces, abogados y fiscales.
Oratoria persuasiva. Cuando los políticos exponen y debaten ideas
políticas y utilizada principalmente en época de sufragio.
Oratoria sacra o religiosa. Realiza sermones a partir de la palabra de Dios
utilizando como base la Biblia u otros libros religiosos.
Oratoria dentro de una empresa (llamada “Management Speaking”).
Es utilizada por hombres de negocios y empresarios a fin de transmitir
objetivos corporativos.
Sin embargo, como con todo lo que involucra a una audiencia, esta
definición puede variar agregando principios como la elocuencia, la
capacidad para lidiar con objeciones e, incluso, la interacción con los
espectadores.
Es un error pensar que todo esto lo puede lograr una persona únicamente
con una buena comunicación verbal.
Un buen orador debe trabajar en un lenguaje corporal adecuado para el
público y la idea que quiere transmitir.
Más que eso, es esencial tener como base un mensaje muy bien
estructurado para no dejar que la audiencia pierda su atención o capte
información que sea diferente de lo que se pretende.
Por todas sus características, no sorprende que en Occidente este arte tenga
su origen en la Grecia clásica: el primer manual que buscó guiar su uso
proviene de la región que hoy se conoce como Sicilia.
Desde entonces, nombres históricos como Aristóteles, Cícero, Winston
Churchill y Barack Obama se han destacado en el estudio, la aplicación y el
perfeccionamiento de la oratoria.
¿Qué obstáculos se interponen en la buena presentación en público?
Como indicamos al comienzo del texto, no es correcta la idea de que la
oratoria solo puede ser perfeccionada por personas nacidas con el don.
Incluso las personas que han pasado parte de sus vidas con temor a mostrar
proyectos o ideas en público tienen la posibilidad total de dominar esta
habilidad de comunicación. Para empezar, te explicaremos los obstáculos
que deben ser superados:
Nerviosismo
Este es el principal villano al que se enfrentan los oradores, especialmente
aquellos que están comenzando o no tienen la experiencia suficiente para
sentirse seguros.
¿Quién no recuerda el nerviosismo de hablar en público cuando éramos
niños, antes de una presentación escolar? Por más asustador que sea el
recuerdo, tienes que dejarlo atrás.
Sentirte nervioso antes de un evento importante es natural y aceptar eso es
el primer paso para controlarlo. Pregúntate de dónde viene ese sentimiento,
pueden ser pensamientos negativos, falta de preparación o incluso malestar
físico. Identificar la causa hace que sea más fácil trabajar en la resolución.
Problemas de dicción
La dicción se refiere a la forma en que pronunciamos los sonidos de
sílabas, letras y palabras. Este factor es fundamental para una buena
oratoria porque, si está mal trabajado, puede dificultar la comprensión del
público.
Un orador que habla demasiado rápido o se salta ciertas sílabas, por
ejemplo, puede perder rápidamente la atención de la audiencia.
Al igual que en el problema anterior, identificar la causa es crucial. Pueden
originarse a partir de una respiración desordenada, falta de conocimiento
verbal o incluso falta de calentamiento de los músculos faciales.
Como cura, hay métodos y entrenamiento sugeridos por profesionales de la
terapia de la fonoaudiología.
El miedo
El miedo a actuar en público es común y se refiere a nuestra búsqueda casi
irracional de aceptación. Cuanto mayor sea la audiencia, más difícil será
que todos nos acepten.
Al menos eso es lo que nos dice nuestro subconsciente. Una buena manera
de superar esta timidez es profundizar el conocimiento del público.
Después de todo, sabemos que lo desconocido siempre da más miedo.
Hablar en público es un arte. Aunque es cierto, tan solo constituye una
verdad a medias ya que hay pasos y métodos para pronunciar un discurso
que lo convierten en una ciencia. Cuando se describe algo como un arte,
la gente tiene la idea de que es una habilidad que tienes o no tienes, y que
es algo innato y difícil de aprender y eso no sucede con el arte de hablar
en público, que puede perfeccionarse con la práctica.
Hablar en público implica solo la presentación oral. Además de las
palabras, el tono y las señales que manda el cuerpo (comunicación no
verbal) ayudan a configurar el mensaje que recibe la audiencia. Hablar en
público no se trata solo de lo que se dice, sino, lo que es más importante,
de cómo se expresan las ideas que se quieren compartir.
Hablar en público es, ante todo, una cuestión de contenido. El contenido
es el esqueleto del discurso. Pero debe vestirse ese contenido con las
habilidades para transmitirlo o, de lo contrario, se perderá la efectividad
del mensaje.
Es más difícil prepararse para un discurso de dos horas que uno de cinco
minutos. No necesariamente ya que, si se tiene todo el tiempo que hace
falta para pronunciar un discurso, eso significa que hay mucho margen
para transmitir el mensaje principal. Pero cuando se dispone de un tiempo
limitado para exponer una idea, entonces es importante hacerlo de
manera efectiva.
Aprender a hablar en público distingue a alguien del resto, le ayuda a
hacerse notar y recordar y le otorga autoridad e influencia sobre las
personas en el público.
¿Cuáles son las mejores técnicas para perfeccionar tu oratoria?
Ya conocemos el concepto y el origen de la oratoria, así como su
importancia para una buena comunicación y algunos de los principales
problemas que deben superarse.
A continuación, te presento 5 consejos valiosos para desarrollar y
perfeccionar esta habilidad.
1. Conoce a tu audiencia
Conocer a tu audiencia es la manera más eficiente de aliviar el nerviosismo
experimentado antes y durante una actuación pública. Este consejo, sin
embargo, va más allá de eso.
Comprender las características de tus oyentes ayuda a estructurar y
planificar el mensaje que deseas transmitir. Si estás familiarizado con los
conceptos de marketing, es posible que hayas oído hablar de buyer persona,
¿verdad?
Una buyer persona es un perfil semi-ficticio que utilizamos en estrategias
de marketing para adaptar el contenido del mensaje a la audiencia a la que
queremos alcanzar. La misma idea puede aplicarse para mejorar tu oratoria.
(Conocer el lado humano de las personas)
Por ejemplo, si vas a una sala de académicos que comprenden de un asunto,
usar términos más técnicos y complejos puede ser una manera de ganarte
su respeto y hablar con autoridad.
Si el mismo tema está dirigido a estudiantes preuniversitarios, el uso de los
mismos términos puede ser una barrera para asimilar la idea.
2. Trabaja la interacción con los oyentes
¿Alguna vez te has reunido en una clase o conferencia en la que el orador
habló durante hora, dando la impresión de no preocuparse por la audiencia?
Si es así, nos aventuramos a decir que probablemente no pudiste absorber
el contenido y tuviste problemas para mantener el interés. Eso no es lo que
quieres para tu propia audiencia, ¿verdad?
Interactuar con la audiencia no significa que debas darles espacio a las
preguntas del público desde el comienzo de la presentación.
Una técnica simple, como establecer contacto visual, puede ser necesaria
para provocar la conexión, la empatía y el engagement de la audiencia.
(Nivel de compromiso de un servicio o marca)
Después de todo, si hablas como si no tuvieras a alguien escuchando, la
tendencia es que los oyentes no se sientan incluidos.
Recuerda que el contacto visual debe hacerse de una manera entrenada. La
mera improvisación puede llevar a situaciones incómodas, como mirar
demasiado tiempo a una persona o a un lado de la habitación.
Lo ideal es recorrer tu audiencia con la mirada para que todos se sientan
dignos de atención. Al final, un espacio para preguntas y comentarios del
público es excelente para coronar la interacción.
3. Utiliza recursos audiovisuales
Hoy en día, las herramientas de tecnología de transformación digital a las
que tenemos acceso facilitan cualquier forma de comunicación.
La producción de videos, gráficos, audios e imágenes puede servir como
soporte para estructurar la idea que el orador quiere transmitir.
Además, proporcionan a los oyentes ejemplos e ilustraciones de lo que está
hablando en tiempo real.
Explorar estos elementos proporciona al orador una mayor seguridad.
Después de todo, en caso de olvido, una mirada al recurso audiovisual
puede ser suficiente para refrescar la memoria y continuar dentro del guión.
Sin embargo, debemos recordarte lo siguiente: nunca leas este material para
el público. Esto puede dar una sensación de falta de preparación y dañar
tu credibilidad.
4. Evita vicios de lenguaje
Llamamos vicios del lenguaje a las expresiones, a menudo involuntarias,
que aparecen entre las frases con el objetivo inconsciente de llenar el
silencio.
¿Sabes a lo que me refiero, ¿verdad?
A esa pausa para pensar que está acompañada por un «éééééé» o el espacio
entre una oración y otra que está lleno con un ¿»ok»?
Estas no son prácticas beneficiosas para su oratoria. ¿Cómo corregirlas?
Entrenamiento y práctica.
Si dominas completamente el contenido que estás a punto de comunicar es
probable que estos vicios se vuelvan menos frecuentes.
Si persisten, un consejo valioso es simplemente reemplazarlos con silencio.
Programa descansos entre una línea y otra. De esta forma, podrás respetar
tu propio tiempo y evitar la aparición de sonidos no deseados.
5. Utiliza el storytelling (contar historia)
El objetivo principal de la oratoria es involucrar al público en el tema que
se aborda. Nada mejor para esto que aplicar técnicas de storytelling.
El storytelling es una herramienta muy poderosa e indispensable, no solo
para novelistas, sino también para los especialistas en marketing y otros
perfiles de negocios.
Representan un cambio en tu enfoque sobre el contenido dándole un clima
diferente, propio de cuando una historia es contada. Esto permite una
conexión más fuerte con la audiencia, que a su vez tiene una mayor
capacidad para asimilar y recordar tu discurso.
Para que la narración sea efectiva, es necesario crear un escenario que
refleje los dolores y preocupaciones de los oyentes y luego se presenten los
conflictos y sus soluciones. Esta indicación de superación es una forma de
hacer que la audiencia se vea a sí misma en tus palabras, creando una
conexión emocional con el mensaje.
Para concluir
El desarrollo de una buena oratoria es fundamental para los profesionales
en diversos campos, especialmente aquellos que se relacionan con
audiencias.
Por lo tanto, debes comprender que no es un proceso puramente natural y
así que requiere la superación de barreras. Además, la práctica y la
capacitación constantes son clave para mejorar tus presentaciones.
¿Ves lo simple que es mejorar tu oratoria? Comprender esto es el primer
paso para que tu discurso en público sea más seguro. ¿Quieres profundizar
más en el tema? ¡Échale un vistazo a este artículo que te dice cómo captar
la atención de la audiencia a partir del contenido!
Como lograr ser un buen orador
1) Practica
Formal o informal, plasmado en papel o no, seguro tienes un discurso en tu
mente. Independientemente del formato en que manejes lo que pretendes
decir, lo más recomendable es que practiques una y otra vez la forma en
que lo dirás. Solo repitiéndolo una y otra vez podrás asegurarte de tenerlo
completamente claro.
2) Habla sobre un tema que conoces
Si el tema nos es extraño, aunque investiguemos durante horas nunca será
suficiente como para crear esa sensación que se genera cuando hablamos de
algo que conocemos y con lo que estamos acostumbrados a tratar.
3) Conoce a tu público
¿Quiénes son? ¿Qué van a buscar? ¿Qué esperan de ti? ¿Qué puedes
ofrecerles? Pensar un discurso no alcanza, hay que pensarlo de acuerdo a
un determinado público, al que previamente se necesita imaginar.
4) Crea un comienzo impactante
El primer minuto es el que determinará que te escuchen con atención o que
simplemente se sienten ahí esperando a que tu intervención termine. Si
creas un comienzo impactante te asegurarás de que ocurra lo primero.
5) Imagina
Inventa en tu mente distintas situaciones y piensa cómo las resolverías de
forma exitosa. Quedarte en blanco, tener un problema técnico, olvidar una
parte de tu discurso, enfrentar a un público apático, etc… Imagina todas las
situaciones negativas que puedas y piensa en cómo las resolverías.
6) Encuentra un tono de voz que te quede cómodo
Muchos oradores intentan alcanzar un tono de voz que pueda sonar más
profundo o importante, sin embargo, no es este el que mejor resulta para
todos los oradores. Lo fundamental es que cada persona logre sentirse
cómoda con el tono de su voz, y que no se canse al instante para asegurar
que podrá mantenerse hablando toda la velada.
7) Crea un discurso con ritmo
Las exposiciones monótonas aburren a los oyentes, que pueden manifestar
su descontento y poner nervioso al orador. Para evitarlo lo más
recomendable es crear discursos con ritmo, divertidos para escuchar, pero
también para pronunciar.
8) No seas demasiado breve, pero tampoco un aburrido
Por lo general, las personas pueden prestar atención a una charla durante
aproximadamente 20 minutos. Ese es el tiempo ideal, en el que deberías
poder decir todo lo que necesites. Si tienes que superarlo, pero tu discurso
es fluido el exceso de tiempo no marcará la diferencia, pero si te extiendes
y solo aburres a tus oyentes las cosas no saldrán del todo bien.
9) Habla con el cuerpo
El lenguaje corporal es sumamente importante, pues transmite ideas y
sentimientos a los oyentes. Cuidarlo será fundamental para tener éxito en
un discurso, así que te aconsejamos prestar atención a la forma en que te
paras y los gestos que realizas con las manos para acompañar la charla.
10) Aprende a lidiar con el silencio
Vas a hablar, pero de todos modos tiene que saber lidiar con el silencio.
Las pausas que hagas en tu discurso son fundamentales para permitir a los
oyentes seguirte el paso, pero también para comunicar las ideas en las que
quieres centrarte. A veces un momento de silencio puede decir más que mil
palabras.
¿Soportarías la presión de hablar en público?
¿Qué es un orador?
Un orador es aquella persona que habla ante un público, y para ello, se
sirve del recurso de la oratoria, la cual es definida como el arte de hablar
con elocuencia (la capacidad de persuadir).
Si bien el orador puede tener otros objetivos (por ejemplo, contar una
historia), siempre quiere provocar algún tipo de efecto en su
audiencia (convencerlos de su postura, motivarlos, informar un
descubrimiento, alertarlos, plantear un problema, interesarlos en una
historia, etc.).
En última instancia, la persuasión del orador apunta a provocar el interés de
su público, para poder transmitir eficazmente su mensaje. La oratoria puede
ser individual (una sola persona se dirige a un grupo) o grupal (dos o más
personas alternan su participación en el discurso, dirigido a un grupo).
Presencia
Un buen orador debe moverse para mostrar entusiasmo y trasmitirlo a su
audiencia.
Un orador debe vestirse adecuadamente, pero siempre teniendo en cuenta el
público ante el cual se presenta. Su postura debe ser erguida (con los
hombros ligeramente hacia atrás), mostrando decisión y seguridad.
Su presencia no debe ser estática sino que debe moverse para dirigirse a
distintos sectores del público y para mostrar su entusiasmo y transmitirlo a
la audiencia.
Preparación
Debe dominar el tema, los argumentos que desarrollará, pero
también anticipar las preguntas que pueden dirigirle.
Su conocimiento sobre el tema que desarrollará le permite mantener un
discurso fluido, sin titubeos que pueden provocar la desconfianza o
disminuir el interés del público.
Por otro lado, la preparación también incluye la puntualidad, conocer el
recinto donde se realizará la presentación y saber con qué elementos
tecnológicos contará (micrófono, proyector, etc.).
Puede interesarte: Discurso político.
Práctica
Un buen orador debe practicar en privado el discurso, ritmo, gestualidad y
tono de voz.
Conocer el tema no es suficiente para poder expresarlo con efectividad. Un
orador practicará en privado la mejor forma de exponer sus argumentos,
combinando contenidos, tono de voz, gestualidad, ritmo y cualquier otro
elemento que incluya en su disertación.
Credibilidad
Si bien en su preparación deben anticiparse posibles preguntas, si no puede
responder a alguna, es preferible que admita sus limitaciones que intentar
engañar a la audiencia con falsas respuestas.
Dicción
Las palabras deben ser pronunciadas de forma correcta pero también clara,
con una modulación distintiva de cada consonante y vocal.
Vocabulario
Si es necesario utilizar una palabra específica debe explicarse antes su
significado.
De la misma forma que la vestimenta, el vocabulario siempre debe
adaptarse tanto a la temática tratada como al público. Si es necesario
utilizar una palabra específica para designar un concepto de alguna
disciplina (biología, filosofía, medicina, etc.) que el público probablemente
no conozca, el término se utilizará solo luego de haber sido explicado de
forma amena, clara y concisa.
Ritmo
La exposición de un buen orador debe ser dinámica, utilizando diversas
técnicas digitales o visuales que ayuden a mantener la atención del público.
Parte de ese dinamismo implica también hacer las pausas necesarias al
hablar, para señalar etapas en el discurso, crear expectativa o facilitar la
comprensión del mensaje.
Argumentación
El
buen orador debe mostrarse convencido y firme en su posición.
El orador debe ser consciente de los fragmentos de su exposición que son
más propensos al debate. Por eso su preparación debe incluir argumentos
para defenderse ante las críticas esperables.
Si bien el orador debe mostrarse convencido y firme en su posición,
también debe escuchar las opiniones de la audiencia y respetar a aquellos
que disientan con sus opiniones.
Gestualidad
La gestualidad tanto del rostro como del cuerpo debe ser utilizada para
enfatizar los mensajes verbales, para favorecer la empatía del público o
para mantener el dinamismo de la exposición.
Sin embargo, debe utilizarse de manera consciente como un medio
de comunicación no verbal, y nunca abandonarlo al azar, ya que si no es
utilizado de forma adecuada puede convertirse en un distractor o incluso
contradecir el mensaje que quiere transmitirse.
Contacto visual y verbal
En
ocasiones es necesario utilizar la segunda persona del singular.
Al establecer contacto visual con diferentes miembros del auditorio se
promueve la atención e integración hacia el tema que se está exponiendo.
Además, debe apelarse a la audiencia utilizando con frecuencia en su
discurso la segunda persona del singular.
Como dominar el miedo escénico:
El miedo o terror escénico en la comunicación se basa principalmente en la
reducción de la efectividad comunicacional y en la parálisis de las
expresiones corporales y gestuales del orador. Esta reacción impide que el
emisor transmita el discurso principalmente por miedo al fracaso o al
ridículo.
¿Qué pasa dentro del cuerpo?
Más que miedo, podíamos llamarlo ansiedad escénica. Ante una situación
de este tipo, se genera una descarga de adrenalina (también llamada
epinefrina), un neurotransmisor que hace que el sistema nervioso se active
y se produzcan los siguientes síntomas a nivel fisiológico:
Sudoración
Ritmo cardiaco elevado
Los vasos sanguíneos se dilatan, primero la piel se vuelve pálida y luego se
enrojece.
Aumento de la glucosa en sangre para disponer de mayor energía.
Escalofríos
Malestar estomacal.
Sequedad en la boca
Tierra, trágame
A nivel cognitivo hay una confusión mental que altera la percepción, una
vocecita interna que vive los peores escenarios posibles, proyectando el
fracaso o reviviendo escenas incómodas del pasado. La auto exigencia o el
miedo al ridículo se pueden apoderar de nuestros pensamientos y nublar
nuestro cerebro hasta llegar al bloqueo mental y llegar a los temidos
“quedarse en blanco”.
Como superar el miedo escénico
Modificación del pensamiento: existen técnicas cognitivas que ayudan a
modificar el pensamiento sobre el objeto o situación que produce el miedo.
Sería cambiar el propio diálogo interno de “seguro que me va a salir
mal” a “me va a salir bien”.
Asumir el error: esto se merece otro post, y tiene que ver con asumir que
en la vida hay incertidumbre y no se puede controlar todo, querer hacer las
cosas muy bien ayuda a crecer, pero empeñarse en un ideal que no existe,
genera mucho desgaste y frustración
Técnicas de respiración: cualquier trabajo con la respiración consciente
facilita bajar el estado de alerta dado que el diafragma se tensa mucho.
Creo que es fundamental tenerlo como práctica habitual para que esto sea
realmente efectivo en una situación de alerta.
Visualizaciones: Algo a practicar los días previos, visualizándote haciendo
la acción de la mejor manera posible.
Enraizamiento: En situaciones de vulnerabilidad, se pierde contacto con la
tierra, la energía sube hacia arriba y se pierde la conexión con el centro
corporal que proporciona sensación de seguridad.
¿Qué es un discurso?
Un discurso es una forma de comunicación en la que un emisor construye
un mensaje y lo transmite a un receptor utilizando un código (que
usualmente es el lenguaje) a través de un canal, que puede ser oral o
escrito.
Un concepto de discurso más específico hace referencia a la acción que
ejecuta una persona cuando habla ante un público y emite un mensaje
previamente preparado. Este tipo de discurso busca orientar respecto a un
tema y es desarrollado de manera tal que capte el interés del público.
En los actos políticos, económicos o académicos se suelen efectuar
discursos y muchos se apoyan en recursos informáticos como
presentaciones de diapositivas, vídeos o imágenes.
La palabra discurso también suele relacionarse con la palabra relato, en
referencia al contenido cultural e ideológico que profesa una persona o
grupo. Por ejemplo: cuando se habla de un discurso liberal, marxista o
moderno.
Discurso directo e indirecto
El término discurso también hace alusión a los postulados que comunican
información arrojada por un individuo o grupo. Según sus características, el
discurso puede ser:
Discurso directo. Oración que expresa y reproduce de manera textual las
palabras de un individuo. Suele expresarse entre comillas, antecedido por
guiones o dos puntos. Por ejemplo: “Quiero jugar a orilla del río” o Mateo:
Quiero jugar a orilla del río.
Discurso indirecto. Oración que reproduce de manera indirecta las
palabras de un individuo adaptando los tiempos verbales, pronombres
personales y referencias temporales. Suele introducirse con el verbo decir,
expresar, asegurar, entre otros, seguido de la conjunción que. Por ejemplo:
Él dice que quiere jugar a orilla del río (tiempo presente si se reproduce en
simultáneo con el discurso de Mateo) o Él dijo que quería jugar a orilla del
río (tiempo pasado si se reproduce con posterioridad al discurso original).
Características del discurso
Preciso. Debe exponer un tema y sus argumentos de manera que pueda ser
comprendido por la audiencia.
Verificable. Debe basarse en hechos comprobables que justifiquen y den
validez al discurso, salvo en algunos casos como en el discurso religioso o
artístico.
Especializado. Debe hacer foco en un área y estar dirigido a la audiencia
idónea que pueda interpretarlo y sea de utilidad.
Original. Debe valerse de sus propios recursos y contar con puntos de
vistas creativos, únicos y novedosos
Estructurado. Debe organizar la información de manera clara y ordenada
para ser interpretado por los oyentes o lectores.
Atractivo. Debe llamar la atención de la audiencia, mantenerla activa y, en
muchos casos, motivar a la acción.
Multicontenido. Puede contar con varios tipos de información y
complementarse con recursos audiovisuales.
Multiplataforma. Puede transmitirse a la audiencia de forma oral o escrita.
Partes del discurso
Las partes del discurso clásico fueron establecidas en la Retórica ad
Herennium, tratado que reúne los principales lineamientos de la oratoria y
el discurso escrito en el 90 a. C. (aproximadamente) por autor desconocido.
Exordio. El orador busca captar la atención de la audiencia, introducción.
Narratio. El orador presenta el tema a tratar en el discurso.
Divisio. El orador desarrolla su punto de vista y defiende su teoría o
argumento sobre la cuestión tratada.
Confirmativo. El orador expone sus argumentos y las pruebas sobre las
que se fundamentan.
Refutativo. El orador presenta las pruebas que rechazan los demás
argumentos contrarios al suyo.
Conclusivo. El orador plantea las conclusiones de lo expuesto y los pasos a
seguir.
Además, existe una clasificación ampliamente utilizada que divide al
discurso en:
Introducción. Se presenta el tema a tratar.
Desarrollo. Se postulan los argumentos existentes sobre la cuestión.
Desenlace. Se sintetizan las ideas más relevantes y se destaca el aporte del
análisis de la argumentación expuesto.
Las disciplinas que estudian el discurso
Al ser un concepto muy amplio varias disciplinas o ciencias estudian y
analizan el discurso. En primer lugar, la lingüística estudia el discurso
como forma de lenguaje escrito u oral, es decir, el texto o conversación. En
cuanto a la comunicación se encargan la antropología y la etnografía.
Para la filosofía, el discurso responde a un sistema social de ideas
o pensamientos y dentro de la psicología, en el área del psicoanálisis, el
discurso se basa en una cuestión lógica.
Los tipos de discursos
Los tipos de discurso se pueden diferenciar según ciertos criterios:
Según la estructura:
Discurso narrativo. Refiere a hechos que se expresan en un contexto
de tiempo y espacio y que pueden ser reales o imaginarios.
Discurso descriptivo. Intenta mostrar las características de lo expresado
sin emitir una valoración personal.
Discurso expositivo. Informa acerca de algo de manera objetiva, clara y
ordenada.
Discurso argumentativo. Intenta convencer o persuadir acerca de algo.
Según el área:
Discurso político. Comunica las bases y propuestas políticas de un espacio
y busca convencer a la audiencia.
Discurso religioso. Comunica las bases de un credo a través de los dogmas
de fe que rigen una religión para generar fidelidad y captar seguidores.
Discurso publicitario. Comunica las particularidades de un bien o servicio
y tiene como objetivo convencer a la audiencia para que lo adquiera en el
mercado.
Discurso empresarial. Comunica las decisiones, planes o proyectos de una
organización o empresa y busca motivar a los empleados, clientes y
proveedores.
Discurso académico. Comunica novedades o propuestas dentro del ámbito
de una escuela o universidad, su función es comunicar y generar
comunidad entre los miembros de la organización.
Discurso artístico. Comunica emociones y sentimientos de carácter
subjetivo, su función es trasmitir y entretener.
Las funciones del discurso
Según la postura que toma el hablante, el lenguaje dentro del discurso
toma distintas formas y funciones:
Función expresiva. Cuando el mensaje apela a expresar un sentimiento.
Función apelativa. Cuando el mensaje busca llamar la atención del oyente
y provocar una respuesta.
Función poética. Cuando el discurso prioriza la forma del mensaje.
Función informativa o referencial. Cuando el mensaje brinda
información objetiva.
Función de convencimiento. Cuando el mensaje busca vender un bien o
servicio.
Función de entretenimiento. Cuando el mensaje busca divertir o
distender.
Ejemplos de discursos
Discurso político:
“(…) Por eso tenemos que empezar por reconocer que, por más leyes que
existan sobre el papel, por más declaraciones maravillosas que figuren en
las constituciones, por más bellas palabras que se hayan pronunciado en las
últimas décadas en las cumbres internacionales o en los pasillos de
Naciones Unidas, las viejas estructuras de poder y privilegio, de injusticia y
explotación nunca desaparecieron del todo”.
Barack Obama
Johannesburgo, 17 de julio de 2018
Discurso religioso:
“Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz Navidad!
En el seno de la madre Iglesia, esta noche ha nacido nuevamente el Hijo de
Dios hecho hombre. Su nombre es Jesús, que significa Dios salva. El
Padre, Amor eterno e infinito, lo envió al mundo no para condenarlo, sino
para salvarlo (cf. Jn 3,17). El Padre lo dio, con inmensa misericordia. Lo
entregó para todos. Lo dio para siempre. Y Él nació, como pequeña llama
encendida en la oscuridad y en el frío de la noche. Aquel Niño, nacido de la
Virgen María, es la Palabra de Dios hecha carne. La Palabra que orientó el
corazón y los pasos de Abrahán hacia la tierra prometida, y sigue atrayendo
a quienes confían en las promesas de Dios”. Papa Francisco
Roma, 25 de diciembre de 2019.
Discurso empresarial:
“(…) Apple siempre ha tenido la disciplina para tomar la decisión audaz de
dejar cosas. Dejamos de lado el diskette cuando aún era popular con
muchos usuarios. En vez de hacer las cosas de manera más tradicional y
diversificarnos y minimizar los riesgos, produjimos la unidad óptica, que le
encantaba a alguna gente. Cambiamos nuestro conector pese a que mucha
gente le encantaba el conector de 30 pines. Algunas de estas cosas no
fueron populares por bastante tiempo. Pero uno tiene que estar dispuesto a
perder de vista la costa y salir. Aún lo hacemos”.
Entrevista a Tim Cook, CEO de Apple.
Discurso académico:
“(…) Estas divagaciones, muy generales, tienen también pleno sentido en
las comunidades universitarias. La universidad española se ha transformado
profundamente en el último cuarto del siglo XX, creándose en los
colectivos universitarios un fuerte dinamismo social, consecuencia de
algunos factores de cambio muy significativos. En primer lugar, la práctica
universalización de la enseñanza universitaria. En muy pocos años, hemos
pasado de 28 universidades y trescientos y pico mil estudiantes en 1975 a
77 universidades en la actualidad y cerca de 1.400.000 estudiantes, con un
máximo superior al millón y medio de estudiantes en el año 2000”.
Javier Uceda, Rector de la Universidad Politécnica de Madrid.
Madrid, septiembre 2010.
Discurso artístico.
Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro; ¡Pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres tan oscuros!
Tú lo quisieras vuelto un alarido, y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido, antes de la garganta, antes del pecho.
Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que entrar en la muerte!
“El amor que calla”, Gabriela Mistral
¿Qué es la retórica?
La retórica es la disciplina que se interesa en el estudio y la sistematización
de los procedimientos y técnicas expresivas del lenguaje, que además de
sus fines comunicativos usuales tienen como objetivo persuadir o
embellecer lo dicho.
Se trata de una disciplina que atraviesa numerosos campos del saber, entre
los que están la literatura, la política, el periodismo, la publicidad, la
educación, el derecho, etc.
Los elementos que la retórica estudia son en principio de tipo verbal, o sea,
pertenecientes al lenguaje, pero no únicamente hablado: la expresión
escrita e incluso el uso conjunto de imágenes y texto bien puede resultar de
su interés, especialmente en las formas contemporáneas de elaboración de
discursos.
Los inicios de esta disciplina datan de la antigüedad grecorromana. En la
Antigua Grecia era ampliamente estudiada, y comprendida como la
capacidad de persuadir a los demás mediante palabras habladas.
Luego también tuvo su lugar en las cortes de la Roma Imperial y constituyó
parte fundamental de la educación medieval europea, en donde ocupó un
lugar esencial entre las disciplinas humanísticas, al menos hasta la época
del Romanticismo.
Según las consideraciones clásicas de la retórica, todo discurso se
configura a partir de tres elementos:
Inventio o invenio. La selección de los contenidos del discurso, es decir, la
elección particular de los temas en la memoria, en los lugares comunes (o
topoi), las ideas propias o heredadas de terceros, en fin, que puedan servir
para los fines comunicativos que se tengan.
Dispositivo. La organización de los elementos de la inventio en un todo
estructurado, jerarquizado, o sea, organizado según la conveniencia
argumental, echando mano a relatos, exposiciones o explicaciones para
movilizar al otro a través de vías emocionales, racionales o morales.
Elocutivo. Equivalente a lo que consideramos hoy “estilo”, se trata de la
elección de los recursos lingüísticos idóneos para expresar verbalmente los
materiales recopilados y ordenados previamente. Ello implica figuras
retóricas, juegos de palabras, etc.
Retórica, oratoria y dialéctica
Estos tres términos no deben manejarse como sinónimos, ya que no lo son,
a pesar de que a menudo en el habla cotidiana podamos emplearlos más o
menos indistintamente. Por un lado, la retórica es el “arte del bien decir”, o
sea, a la capacidad o el talento de dar a lo comunicado la expresividad
necesaria para hacerlo realmente persuasivo. Por otro lado, los otros
conceptos son:
Oratoria. Considerada por algunos como un género literario, la oratoria
podría entenderse como la forma de aplicación al discurso oral de los
elementos retóricos, o sea, la capacidad para aplicar la retórica a un
discurso hablado. Dicho en pocas palabras, la oratoria es el arte de hablar
con eficacia. Por esa razón, oratoria y retórica poseen muchas fronteras
comunes.
Dialéctica. Por su parte, la dialéctica era comprendida por los antiguos
griegos como “el arte de conversar” (la palabra comprende los vocablos
griegos día-, “reciprocidad” o “intercambio”, y logos, “palabra”), y se
diferenciaba de la oratoria en que ésta enseñaba a hablar bien frente a los
demás, mientras que la dialéctica enseñaba a debatir. El célebre filósofo
Sócrates practicaba la dialéctica con sus estudiantes, retándolos mediante la
conversación para que pensaran los tópicos de su interés.
Figuras retóricas
También conocidas como figuras literarias, las figuras retóricas son giros o
recursos estilísticos, es decir, mecanismos del lenguaje que sirven para
ilustrar, embellecer o enriquecer estilísticamente el discurso.
Tanto en el lenguaje hablado como el escrito, tanto en el poético como el
informal, este tipo de recursos permiten al individuo expresar más con
menos, alterando la configuración tradicional o acostumbrada de lo dicho.
Algunos ejemplos de figuras retóricas son:
La metáfora. Consiste en una comparación entre una cosa y otra, o bien en
llamar a una con el nombre de la otra, para evidenciar sus rasgos comunes,
reales o imaginarios. Por ejemplo: “El río era una larga serpiente azul” o
“Los soles chisporroteantes de sus ojos me intimidaron”.
La hipérbole. Es una forma de exageración discursiva, cuyo sentido no es
literal, sino figurado. Por ejemplo: “Tengo tanta hambre que me comería un
mamut” o “Es tan tonta que no puede hablar y caminar al mismo tiempo”.
La personificación. Consiste en atribuirle a un objeto inanimado
características humanas, en un sentido obviamente no literal. Por ejemplo:
“La mañana me saludó con un aire caliente” o “El viento susurraba su
nombre en mis oídos”.
La elipsis. Esta figura retórica consiste en la omisión de algún contenido
del discurso que se considera ya dicho, obvio o que se desea esconder por
alguna razón. Así, se evitan reiteraciones que afearían el discurso, por
ejemplo, o se puede generar cierto suspenso. Por ejemplo: “María y Néstor
fueron al cine, y al salir no encontraron su auto” (se omite la repetición del
sujeto), “Le traje un regalo al niño, pero ya lo tenía” (se omite el regalo).
Más en: Figuras retóricas
Preguntas retóricas
Por su parte, las preguntas retóricas o erotemas son aquellas que no esperan
por una respuesta del interlocutor, sino que cumplen con una función
expresiva: dar énfasis a lo dicho, sugerir una afirmación o un estado
anímico determinado. En ese sentido, funciona como una figura retórica
también. Por ejemplo:
“¿Deberíamos permitir que el acusado se salga con la suya?”
“Dios mío, ¿cuándo terminará este tormento?”
“¿Quién sino yo podría ayudarte?”
“¿Habrá alguien que pueda defenderme?”
¿Qué son los recursos literarios?
Se llama recursos literarios o también figuras retóricas a los giros y
estrategias especiales que los autores de literatura imprimen sobre el
lenguaje en sus obras, con el propósito de dotarlas de mayor potencia
expresiva o mayor belleza. Se trata, pues, de usos especiales, distintos de lo
ordinario, del idioma.
Con ello no nos referimos específicamente al verso, ni a los efectos
visuales que en algunos poemas se pretende alcanzar distribuyendo el texto
en la hoja, sino a formas de decir las cosas, a métodos para variar el modo
común de usar el lenguaje.
Conviene aclarar que todas las obras literarias están escritas con un
lenguaje fuera de lo ordinario o alejado de lo común, no sólo en verso sino
también en prosa. Pero aun así los usos de recursos literarios le imprimen
un sello único, singular, a la obra; algo que forma
parte del estilo de cada escritor.
También hay que decir que muchos de estos recursos literarios pueden
darse en la lengua común, como formas de juego, de énfasis o de potenciar
lo dicho, pero no es el usual de la utilización de la lengua hablada. Los
chistes, los relatos orales y varias formas de expresión semejante son
abundantes en giros ingeniosos del lenguaje.
Tipos de recursos literarios y ejemplos
Metáfora o símil. Consiste en sustituir un referente por otro con
el que existe un vínculo de semejanza, estableciendo una comparación
entre ellos a partir de un rasgo común, o definiendo una a partir de la
otra. Cuando esto ocurre mediante un nexo (un “como”, por ejemplo),
hablaremos de símil; cuando no, de metáfora. Por ejemplo: “El rubí de
tus labios” es una metáfora, pues compara los labios de alguien con rubíes
en base a su color rojizo; lo mismo “Tus labios rojos como rubíes”, que
vendría siendo un símil dada la presencia del “como”.
Metonimia. Consiste en un intercambio de referentes, tal y como la
metáfora, pero siempre que exista una relación de la parte por la cosa, el
efecto por la causa, o la cosa por su procedencia. Por
ejemplo: “Leíamos a Cervantes” (el autor por su obra) o “Fuimos a
comer chino” (la nacionalidad por la cosa).
Hipérbole. Consiste en la exageración poética: una cuyo sentido es
remarcar el sentido explícito de una idea. Por ejemplo: “Bruno era largo
como el asta de una bandera”.
Personificación. Ocurre cuando le damos a objetos inanimados o animales
ciertos rasgos exclusivos de humanidad. Por ejemplo: “Los árboles del
jardín se inclinaban hacia nosotros con curiosidad”.
Oxímoron. Implica la juntura de dos términos lógicamente opuestos, es
decir, dos palabras cuyos sentidos normalmente no podrían convivir. Por
ejemplo: “El gélido calor de tu mirada” o “La luminosa noche sin
estrellas”.
Hipérbaton. Se basa en la alteración del orden acostumbrado de la oración,
para resaltar mediante la sintaxis algunos de sus significados.
Es típico de la poesía, aunque no exclusiva. Por ejemplo: “Un beso a tu
mejilla ayer le di”.
Anáfora. Se trata de una repetición al inicio de dos o más frases, que
produce un efecto melódico o enfático respecto a lo dicho, usualmente
asociado a la intensidad de un sentimiento. Por ejemplo: “Esa noche
caminamos a lo largo del sendero. Esa noche comprobamos que no había
nadie al final”.
Onomatopeya. Ampliamente utilizado en el habla cotidiana, este
recurso consiste en la representación mediante el lenguaje hablado del
sonido de alguna cosa o de algún animal. Por ejemplo: “toc, toc, toc, sonó
la puerta” o “No soportaba el constante tic tac del reloj”.
Elipsis. La elipsis consiste fundamentalmente en la omisión, es decir,
en evitar deliberadamente decir ciertas cosas o darle cierta información al
receptor. Dicha falta, no obstante, no impide que se conserve el sentido de
lo dicho, pero brinda agilidad, rapidez o ritmo a la oración. Eso omitido
puede ser un nombre, un sujeto, una acción o un referente que forme parte
de una comparación y quede tácito. Por ejemplo: “Paula tomó el sendero de
la derecha, María el de la izquierda” (se evita repetir “sendero”); o también:
“Desperté bañado en sudor, ella arropada y totalmente seca” (se evita
repetir “despertar”).
Aliteración. Este es un recurso fonético, es decir, del sonido. Ocurre
cuando se construye de manera deliberada una frase que esconde la
repetición de un sonido. Es frecuente en trabalenguas, albures y
adivinanzas, pues sólo prestando atención al sonido y no al significado se
puede recomponer la respuesta. Puede usarse también para imprimirle una
melodía interna a la oración. Por ejemplo: La adivinanza popular “te la
digo y te la digo, te la vuelvo a repetir” (en la repetición se esconde la
palabra “tela”; o en la frase “se oyeron los clásicos clarinetes”
(la repetición de la primera sílaba induce a un ritmo particular).
Andrés Pacheco Varela.