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One Shots Kookv

Este documento presenta varios one shots o historias cortas sobre la pareja formada por Jeon Jungkook y Kim Taehyung. Las historias exploran la relación entre Jungkook, un joven padre soltero, y Taehyung, quien le ayuda a cuidar a su hijo Myeong. Jungkook lucha con las dificultades de ser padre a una edad temprana mientras Taehyung le brinda apoyo.

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One Shots Kookv

Este documento presenta varios one shots o historias cortas sobre la pareja formada por Jeon Jungkook y Kim Taehyung. Las historias exploran la relación entre Jungkook, un joven padre soltero, y Taehyung, quien le ayuda a cuidar a su hijo Myeong. Jungkook lucha con las dificultades de ser padre a una edad temprana mientras Taehyung le brinda apoyo.

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✩ ONE SHOTS | KOOKV

Autor: ✧ 𝓢𝓾 ✧

Veröffentlicht: 2021

➳ Drabbles y One Shots de la bella pareja conformada por Jeon


JungKook y Kim TaeHyung. ☾✩☽. 1K lecturas / 200 votos. ☾✩☽. 2k
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✧. Prólogo

" El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso, ni


jactancioso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no
se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la
maldad, sino que se regocija en la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree,
todo lo espera, todo lo soporta. "

– Un paseo para recordar, Nicholas Sparks.

*Sé que es un versículo de la Biblia, pero puse "Un paseo para recordar"
porque me gusta el significado que le dan en el libro, no el de la Biblia.*

✧. Almas Jóvenes

Los rayos solares impactan molestos en su rostro, y cuando trata de


cubrirse nuevamente con la fina tela de la sábana, la acción se ve
interrumpida por una dulce voz llamándole en pequeños susurros. La
noche anterior no había dormido con plena tranquilidad, ya que el resfrío
que uno de sus amigos había pescado le mantenía en constante intriga.
No era nada alarmante, sólo un poco de tos y fiebre; pero él, como es
costumbre, se sentía mal por no poder ayudarle o visitarle un rato
durante el día.

—Hyung...

—Uhm, ¿JungKook?

—Sí. —Ríe, bajando la vista avergonzado.

—¿Qué ocurre? —le pregunta, manteniendo uno de sus ojitos color


avellana cerrados.

—Necesito que cuide a Myeong, por favor.

—Claro. —Bosteza, enderezándose en el colchón —. ¿Aún tienes


tiempo?

—Sí, un poco —responde, visualizando el reloj en su muñeca—. ¿Por


qué?

—Necesito darme una ducha.

—Está bien, hyung, yo espero —asegura.

—¿Mi abuela sigue durmiendo?

—No, ya se despertó, pero salió a hacer unas compras —avisa—. Dijo


que luego iría a casa de la señora Choi.

—Oh, está bien.

JungKook mira como el chico se dirige hasta el cuarto de baño,


perdiéndose en medio del umbral blanquecino. Sonríe para si mismo
mientras caminando en dirección a la habitación aledaña, la cual le
pertenece desde hace ya un tiempo. Una suave fragancia a colonia y
crema de bebé se esparce en las cuatro parades tapizadas con un papel
de flores, y la calidez de la luz ámbar que ingresa por la ventana, crea
una amena imagen de paz.

—Hola, pequeño —saluda un tanto desanimado al infante, quien, ajeno a


al malestar de su padre por tener que irse, se halla jugando con sus
peluches—. Papá debe irse a trabajar, lo siento por no poder jugar
contigo.

Su mano se pasea por la sonrosada mejilla del bebé, admirando la


ternura que irradia el retoño.

—Pero TaeTae te cuidará, ¿de acuerdo?

Myeong balbucea palabras irreconocibles, y con una de sus diminutas


manitas sujeta el meñique del pelinegro.

—Supongo que eso es un sí. —Sonríe y siente los fuertes bombeos de


su corazón—. Pórtate bien y si lo cumples te traeré algo.

—¿Sopesa?

—Sí, pequeño, una sorpresa.

—Papá.

—¿Sí?

—Tae.

—¿Tae? ¿Qué ocurre con él?

—Bueno.

—¿Es bueno?

—Shí.

—Me alegro. —Planta un beso en su cabecita cubierta por cabellos


azabaches—. Debo irme ya, pequeño, así que te dejaré en la cama de
TaeTae.

Myeong muevo su carita en un asentimiento, pero sin realmente


comprender lo que su padre le dice. Su cuerpecito fue levantado por los
brazos de JungKook, y una vez acurrucado en su pecho, se alarma al no
tener su peluche favorito en sus manos.

—¡Conejo!
—¿Qué- Oh olvidaste el peluche

JungKook le tiende el conejo, enternecido de que su hijo jamás se


separara de aquel peluche blanco. Siempre lo llevaba consigo a todos
lados, inclusive a la hora de cenar por lo cual debía lavarlo
constantemente y soportar los escandalosos lloriqueos del bebito.

Siente una lastimosa punzada en su pecho. Cada vez que partía a su


hora laboral aquel ahogante sentimiento aparecía como si quisiera
burlarse de los errores cometidos pues era joven, demasiado para tener
un hijo, mas la situación se dio de una manera muy cliché. Tuvo una
agitada noche con la chica que siempre había querido y ella, tiempo
después, le dijo sobre su embarazo. En el preciso momento, los nervios
le carcomieron todo su organismo a pesar de haber sonreído
ampliamente y comentar que se haría cargo cueste lo que cueste. Y claro
que lo cumplió, haciendo más sacrificios de los que imaginaba. Durante
aquellos meses la chica se aprovechaba de su personalidad amable y
bondadosa, pero él, cegado terriblemente por la inmadurez del primer
amor, le cumplía los caprichos obteniendo como recompensa carcajadas
y constantes engaños. Sufrió y lloró de forma desgarradora cuando le
avisaron que la madre de Myeong había fallecido dando a luz, no le
importaba haber sido humillado de una manera cruel y tampoco le
afectaba que su historia no fuese como esas en los libros románticos, él
solo quería cultivar una relación con ella aunque ahora tuvo que
deshacerse de tal ilusión.

—Hey, ¿estás bien?

Sin el apoyo de su familia se sumergió en una grave tristeza, sintiéndose


desesperado y sin curso, sin embargo, una llamada de no más de cinco
minutos le cambió el semblante apagado que cargaba. Era la señora
Kim, una agradable ancianita con la que su madre entabló amistad hasta
que tuvieron que mudarse a Busan, comentó que se había enterado de la
situación y como siempre demostrando su personalidad de oro, le ofreció
posada en su casa y ayuda con respecto al bebé. Sin dar muchas vueltas
en su cabeza, aceptó, y fue así como días después viajó a Daegu.

—¡JungKook! —La profunda voz de TaeHyung resuena en la habitación,


sacándole de los pensamientos.

—Yo... Lo siento, estaba pensando en algo.


—Me di cuenta. —Niega con la cabeza, sentándose junto a JungKook en
su cama—. ¿En qué pensabas?

—En nada muy importante.

—De acuerdo —dice no del todo convencido y estira los brazos hacia
JungKook—. Dame a este pequeñín.

—Gracias por cuidarlo, hyung, en serio muchas gracias.

—No es un problema para mí, JungKook-ah, ya lo sabes.

—De igual forma, gracias.

Planta un último beso en la frente del niño y rápidamente sale del lugar.

—Tu padre a veces es un poco bobo, pero no lo digas que dije eso,
Myeongie.

—Otra vez llegas tarde.

—Lo sé, lo siento —se disculpa preocupado—. Debía dejar a Myeong


con TaeH-

—Con TaeHyung, ya lo sé. No te voy a despedir, JungKook, no sólo


porque eres mi amigo sino porque necesitas este trabajo, pero... —
Suspira, frunciendo los labios—. Debes ser responsable, más aún
cuando ya tienes un hijo. No importa que seas un crío de diecinueve.

—Lo siento, YoonGi hyung.

—¡Ya deja de disculparte! Parece que sólo eso sabes hacer.

—Lo sien- Es la costumbre.—Encoge los hombros—. Todo me sale mal.

—En eso tienes razón, por eso todavía no lo dices nada a tu "TaeTae"

—¿Q-Qué?

Según él, las miradas y sonrisas brillantes que solía lanzarle a TaeHyung
no se notaban. Jamás había sido un experto en ocultar sus sentimientos
con respecto al amor, en su rostro se pintaba una graciosa mueca que, a
más de uno, le provocaban tremendas ganas de carcajearse y hacer
bromas sobre ello. Pero no podía evitarlo. TaeHyung para él, era un bello
ángel con una personalidad humilde y amorosa, fue así desde el primer
día en que le conoció. Pasaban la mayoría del tiempo juntos, ya que
vivían en la misma casa, pero a veces todo se sentía ajeno. TaeHyung
tenía amigos, sueños, una oportunidad para progresar en la vida y él
solamente tenía a su hijo.

—Es más que obvio, mocoso —afirma, ordenando los objetos necesarios
en el mostrador de la caja registradora—. Ahora ponte a trabajar.

JungKook no poseía demasiadas complicaciones a la hora de laborar, de


hecho, podría llegar a gustarle pasar el día rodeado de coloridas de
flores en la floristería, pero permanecer un largo período lejos de su bebé
y de TaeHyung le amargaba esas horas del el día.

La floristería de la señora Min era bastante solicitada debido a la


abundancia de espléndidas flores y los maravillosos arreglos que
realizaban. YoonGi, su hijo, le ayudaba constantemente cuando no tenía
que ir a la universidad y ella no podría estar más contenta con eso;
cuando se enteró de lo que ocurría con el nuevo chico del pueblo sin
duda alguna le ofreció empleo, no tendría el mejor de los sueldos, pero al
menos lo suficiente para sobrevivir junto a aquella criatura desconocida
del mundo.

La característica y molesta campanilla suena al abrirse la puerta


decorada con enredaderas, levanta su vista carbón y visualiza a un chico
de baja estatura y cabellera rubia, alguien a quien conocía
perfectamente.

—JiMin.

—Oh, hola, JungKookie. —Sonríe adorable—. ¿Está YoonGi hyung?

—Sí, est-

—¿Qué quieres, mocoso?

—¡Hyung!

JiMin de prisa se dirige al mayor para poder abrazarle.

—YoonGi hyung...
—¿Qué?

—¿No quiere tomar un café conmigo hoy en la tarde?

El matrimonio Park había fundado la única cafetería del pueblo, vendían


las mejores variedades de bebidas calientes, y los aperitivos como
pastelillos, galletas o emparedados (todos comprados a la señora Kim).
Dentro del establecimiento, poseían una pequeña librería debido a su
intensa adoración por la lectura, un hábito que inculcaron a su único hijo,
JiMin.

—No, realmente.

—Pero, hyung, nunca quiere estar conmigo —reclama con una vocecilla
tristona.

A JungKook le parecía gracioso ver a JiMin comportarse como un niño


pequeño para que YoonGi aceptara sus pedidos, si bien era un chico
adorable, por lo general emitía un aura sofisticada.

—No puedo, tengo que trabajar hasta tarde.

—No es cierto —interrumpe JungKook—. Hoy cerramos temprano por


ser domingo, ¿o ya se le ha olvidado, hyung?

YoonGi le devuelve una mirada inyectada en furia, pero él no se inmuta.

—¿Entonces sí vendrá, YoonGi hyung?

—Está bien, JiMin. ¿A qué hora?

—A las cinco.

JungKook sonríe burlesco, sin embargo feliz, porque aquella pareja


dispareja siempre le hacía reír a como diera lugar. Piensa si en alguna
ocasión él lograría tener un algo así con TaeHyung, aunque desecha la
idea rápidamente.

—Pero me debes algo —advierte YoonGi antes de dejar ir a su novio.

—¿Qué? —Ladea su rostro, confundido.


JungKook no logra escuchar, puesto que YoonGi se inclina levemente
hasta el oído de JiMin y susurra algo, probablemente, indebido.

—¡N-No voy a hacer eso! —JiMin tartamudeaba, golpeando suavemente


el brazo de YoonGi.

—No sea malo, hyung, JiMinnie sólo quiere invitarlo a un café y usted lo
manipula —comenta JungKook, tragándose las risas que quiere dejar
escapar.

—Ugh, de acuerdo —masculla, liberando la mano de JiMin que sin


percatarse había sujetando—. Te veo luego, beb- digo JiMin.

—¡Hasta luego, hyung!

El chico de cachetes regordetes sale con un gran sonrisa de la floristería,


aquel templado día lo pasaría con TaeHyung cuidando al pequeño hijo
de JungKook, Myeong. Esa diminuta bolita de ternura a quien ama mirar
mientras interactúa con TaeHyung.

—¿Por qué no es cariñoso con él?

—¿Quién dice que no?

—Todos —señala con obviedad—. JiMin hyung es muy tierno y cariñoso


y usted también lo es, hyung, simplemente no se lo demuestra.

JiMin era conocido, junto con TaeHyung su mejor amigo, como una de
las personas más serviciales y afables del pueblo. Ambos solían ayudar
en la siembra y en la organización de los festivales importantes a lo largo
del año, les describían como "los bellos angelitos" y ellos aceptaban el
apodo —principalmente dicho por las señoras— sin rechistar. JungKook
había notado eso desde el primer instante, aquellos dos jóvenes no le
prejuzgaron o lo consideraron "estúpido" al oír sobre su historia en los
murmullos de la gente. Al contrario, le trataron de una manera simpática
y voluntariamente cuestionaron si necesitaría una mano con los cuidados
de Myeong.

—Si soy cariñoso con él, pero no cuando hay personas.

—¿Le da vergüenza?
—No, obviamente, pero ya me gané una reputación de "frío y sin algún
sentimiento" por lo que sería raro que me vieran siendo cursi con
JiMinnie.

—¿Y a JiMin hyung no le molesta?

—No lo sé.

—Debería preguntarle.

—¿Por qué tan preocupado de repente?

—No lo sé. —Encoge sus hombros y prosigue a acomodar los distintos


floreros en el estante—. Sólo que usted me recordó un poco a... ella.

—Se que esto va a sonar mal —duda antes de seguir la oración—. Pero
a diferencia de ella contigo, yo sí amo a JiMin,

TaeHyung se pasea por la sala con el tierno bebé en brazos, lo mece


suavemente mientras tararea una serena canción de cuna. Myeong no
había parado de llorar desde que su padre se fue, al punto que su carita
se tornó rojiza por el esfuerzo del llanto. A TaeHyung le pareció extraño y
se encontró al borde de la histeria porque los sollozos no paraban,
realmente le dolía que el pequeño estuviese triste.

—Tranquilo, bebito, tu papá llegará en un rato.

—¡TaeTae!

Un gritito chillón suena fuera de su hogar, de inmediato sabe de quién


provenía. Toma dirección hasta la dorada perilla de la puerta, la cual por
el paso del tiempo se halla herrumbrada y al intentar girarla se debe
empeñar numeroso esfuerzo.

—¿Dónde está el bebé más lindo? —Las pequeñas manos de JiMin


pellizcan las mejillas de Myeong, logrando que este calmara sus
hipidos—. Estabas llorando, ¿qué te hizo el feo de TaeHyung?

—¡Hey! Yo no hice nada, sólo que Myeongie extraña a JungKook.

—Aww, pobre bebito. —Hace un puchero, acariciando sus bracitos—.


¿Extrañas mucho a JungKookie?
—Sí —dice TaeHyung, tocando el pañal de Myeong para asegurarse de
que no necesitara un cambio de pañal.

—Le pregunté a Myeongie, no a ti —molesta, observando como


TaeHyung se sonrosa poco a poco.

—¡Ya sé que hablabas con Myeongie!

Recorren las viejas escaleras cuya vejez provoca que rechinen de una
forma molesta y estresante a cada ínfima pisada.

La vivienda de TaeHyung no era de una longitud exactamente grande,


pero sí acogedora. Era bañada por un característico aroma a flores y
frutas frescas en todas las estaciones del año, exceptuando la actual,
invierno. En esta época, justo cuando se acercaba la Navidad, huele a
madera de pino y galletas, cosa que a JiMin le encantaba desde que era
niño.

—¿Ya has pensado en el regalo que le darás a YoonGi?

—Lo he pensado, pero no se me ocurre nada.

—Dijiste lo mismo el año pasado —comentó, riendo un poco—. Faltan


pocos días.

—Tienes que ayudarme, TaeTae.

—¿Por qué no le das ropa?

—Porque ya le di una.

—Cualquier cosa que le des le va a gustar —dijo, acariciando la carita


empanada de lágrimas Myeong cuyos ojos se cerraban con somnolencia.

La conciencia de JiMin parece haberse perdido en la enternecedora


imagen frente a sus ojos. Era un hecho que a TaeHyung le encantaban
los niños, cuidar de ellos o pasar el rato animándoles con juegos.
Algunas días, leía libros para los nietos de la señora Shin ya que ellos no
tenían a sus padres, y él se identificaba con el vacío que perseguía a
esos niños. JiMin no podía negar que le admiraba.

La indiscreta sonrisa que se curva en los labios de JiMin resplandece con


extrema luminosidad. Desea estrechar a TaeHyung y Myeong en sus
brazos y cuidar de los ambos para el resto de sus días, no obstante
JungKook ya ocupaba ese puesto.

TaeHyung se muestra como alguien valiente y fuerte, algo que tampoco


está tan alejado de la realidad, pero dentro de sí esconde todas aquellas
misteriosas debilidades y tristezas. Recuerda que, cuando tenía apenas
cinco años, encontró al chico llorando fuera del local de sus padres. Se
acercó y preguntó que ocurría, TaeHyung sólo hipó y sollozó aún más
escandaloso. Más tarde al anochecer, sus progenitores le explicaron que
la madre de TaeHyung partió para siempre, y por esa razón su amigos
yacía tan deprimido. Desde allí se volvieron inseparables, llamándose el
uno al otro su alma gemela.

—No me estás escuchando, ¿verdad?

—Lo siento, TaeTae —carraspea, poniéndole atención a las palabras


que decía TaeHyung.

Pronto las manecillas del reloj giraron hasta llegar al número cinco.
YoonGi tocaba la puerta, esperando impaciente a JiMin.

—¿Tú no tienes llaves?

—Claro que sí, pero se me olvidó llevármelas esta mañana.

—Que suerte —dijo con evidente sarcasmo.

Lejanos murmullos resonaron dentro de la vivienda.

YoonGi debía admitir que su cabeza no se hallaba del todo frente a


aquella puerta rosácea. La pregunta que JungKook había formulado en la
mañana continuaba nadando entre sus pensamientos. No era una
persona que aparentase ser cariñosa o demostrativa, pero se sinceraba
en cuanto se trataba de su amor por JiMin. Aunque, entre más
conclusiones empezaba a sacar, se daba cuenta de algo, siempre
escondía su verdadera forma de ser si una gran cantidad de personas le
contemplaba. Nunca se consideró inseguro o alguien que necesitara una
capa para cubrir algún "punto débil", pero, en esos momentos, lo dudaba.

Proyecta en su cabeza un escenario que, de hecho, no hace mucho días


había ocurrido. La situación dio aparición el lunes por la tarde, cuando
salía cansado del trabajo. Estaba realizando el memorizado camino a
casa, pero escuchó una aguda vocecilla llamándole, volteó, como es
debido, y encontró a su pareja acercándose de prisa en su dirección. En
la esquina, justo en la entrada del bar Lee's, fumaban tres jóvenes cuyas
expresiones jocosas consiguieron debilitarlo, y su cuerpo se movió en
otro rumbo, ignorando completamente al chico de rosadas mejillas. Aún
puede recordar cómo distinguió en la distancia la carita decepcionada de
JiMin.

No siempre fue así, puesto que en el colegio —al haber estado en el


último año— disfrutaba de una refrescante libertad junto al menor, quién
cursaba décimo grado. En los recesos, se besaban y compartían sus
meriendas bajo la copa de un gran árbol de cerezo mientras TaeHyung
en su cercanía se dedicaba a observar como la brisa hacía bailar a las
flores.

Pero algo que guardaba con extremo cariño, era el día que JiMin llamó
su atención por primera vez. Había oído a su madre y algunos de sus
amigos conversar maravillas sobre el joven, alegando que era un chico
de un alma bondadosa y tierna que cualquiera debería tener el placer de
conocer, ahora reside consciente que sí es una dicha haberle conocido.
Fue un día de octubre cuando la Noche de Brujas comenzaba a
aproximarse, se dirigía silencioso hacia el aula de artes, donde había
olvidado su cartuchera, y un dulce cantó ocasionó que se detuviera. No
comprendía por qué había parado su andar, no solía congeniar con
demasiadas personas, de todos modos. Empujó la puerta del aula de
música, y para su sorpresa, halló a TaeHyung y a un avergonzado JiMin
cantando.

—¡Hyung! —exclama JiMin, abrazándole.

—Hola, amor —murmura y corresponde el abrazo.

—H-Hola. —Se notaba nervioso por el apodo—. Hasta luego, chicos —


se despide JungKook y TaeHyung, entrelazando sus dedos con YoonGi.

TaeHyung mueve su mano en despedida, esperando que JiMin lograse


decidir el regalo que discutieron todo el día. JungKook también despidió
a la pareja, mas él esperaba que su amigo bloqueara los comentarios
despectivos de las personas para que pueda disfrutar de su relación con
JiMin.
TaeHyung, sin necesidad de preguntar, sabía que JungKook llegaba
exhausto del trabajo. Después de todo seguía siendo un adolescente.
Unas horas antes, se había encargado de preparar galletas con chispas
de chocolate y, gracias al esfuerzo, no las quemó en el horno. A
JungKook le encantaban aquellas galletas, y una sonrisilla se dibujaba en
sus belfos cuando las comía.

—¿Myeong está despierto? —pregunta al entrar en la casa.

—No, hace un rato volvió a dormirse.

—Oh —dice desanimado—. Quería darle la sorpresa que le prometí.

—¿Qué le compraste?

—Esto —contesta, sacando de su mochila un peluche de un tigre—. Al


parecer, le gustan mucho los animales.

—Lo he notado —concuerda—. Es muy lindo, seguro que le va a


encantar.

Hacen el recorrido escaleras arriba hasta toparse con la habitación de


TaeHyung, donde yace Myeong dormido y rodeado por una barrera de
almohadas. JungKook sujeta en sus manos un tazón azulino repleto de
galletas junto al pequeño peluche.

Alguna que otra vez, cuando la floristería cerraba temprano, pasaba el


resto de la tarde junto a TaeHyung en el balcón de su dormitorio.
Mantenían conversaciones irrelevantes, en ocasiones JungKook se
desahogaba con respecto al rechazo que su familia le había mostrado o
TaeHyung contaba ciertas anécdotas divertidas que vivió junto a JiMin en
su niñez para que el menor riera junto a él.

—¿No le causa muchos problemas?

—No —niega TaeHyung rápidamente—. No suele hacerlo, pero hoy no


paraba de llorar. Supongo que te extrañaba.

—Me gustaría estar más tiempo con él. —Bufa, frunciendo el ceño—.
Lamentablemente, no puedo.

El mayor hizo una breve pausa antes de hablar.


—¿Te arrepientes de lo que hiciste?

—¿Cómo?

—Quiero decir, ¿te arrepientes de haber hecho lo que hiciste con ella?

—Tal vez, un poco —Se muerde el labio mientras piensa de que forma
organizar lo que desea decir—. Sinceramente, no lo sé. —contesta
finalmente, paseando sus manos por su rostro agotado—. No me
arrepiento de Myeong, me arrepiento de que fuera ella.

—Yo también lamentó que fuera ella, pero, créeme, Myeong es el bebé
más lindo que he visto en toda mi vida. Tienes suerte de que sea tu hijo.

Ríe—. Gracias.

Una delicada ventisca pincela sus caras, advirtiéndoles que el ambiente


concluiría de una manera gélida. Sus ojos tenían el privilegio de
contemplar un magnífico atardecer, el cielo se degrada en una escala de
matices azafrán, cada tono siendo más pálido que el anterior. El sol,
inicia su siesta en el ocaso; la luna, se elevaba junto a sus fieles
estrellas.

Los ojos ébano de JungKook se detienen en el perfil de TaeHyung, divisa


un rebosante brillo rodeándole, y sonríe.

Al arribar en Daegu, no imaginó que se encontraría con alguien tan


extravagante, y además, que ese alguien se adueñaría de su corazón.
No fue sencillo aceptarlo; primero, TaeHyung era un hombre; segundo,
se sentía demasiado triste en ese entonces como para reflexionar sobre
enamorarse. Sin embargo, TaeHyung se había acercado a él,
endulzándole con su sonrisa geométrica y su intriga natural sobre el
mundo, la cual admitía, le maravillaba. En las noches, solía pensar en él
y su hermosura, solo para confirmar de nuevo que los matices de las
mariposas y el calor del verano pertenecen a la creación de tal persona
encantadora. TaeHyung era alguien impresionante y que, con demasiado
facilidad, le hacía plantar una sonrisa en su rostro.

Dejando salir un suspiro enamorado, murmura:

—Me gustas.
Se ruboriza, y acto seguido, se instala un profundo silencio en el aire.

Incluso fue algo inesperado para sí mismo. Antes de hablar o opinar,


pensaba, pero ahora mismo aquella minúscula oración escapó
espontáneamente de sus labios. TaeHyung no contesta, por lo que
JungKook figura que no habrá escuchado o que teme rechazarlo. Deja
escapar un tembloroso aliento y aprieta sus nudillos, se prohíbe llorar.

—¿Alguna vez te contaron la historia del matrimonio Song? —pregunta


TaeHyung, admirando bajo sus pestañas las estrellas.

—No.

—Lo supuse —le hace saber—. Nadie suele hablar sobre ello.

Realiza una pausa, donde tímidamente roza su mano con la de


JungKook.

—A la señora Song le diagnosticaron leucemia en los años cincuenta,


como sabrás en aquella época la leucemia no era tratable como lo es
hora. Murió, dejando devastado a su esposo. —Mira hacia sus manos
entrelazadas—. El señor Song le deja flores todos los meses, y si por
alguna circunstancia no puede ir, le escribe una carta.

La piel de JungKook se eriza, a causa del cálido tacto que los dedos de
TaeHyung proporcionan sobre su dorso. El aliento se había secado de su
boca, el chico relataba la historia con tal conmoción que su pecho vibra
por los fuertes latidos.

—Siempre quise tener un amor tan sincero como el del señor Song hacia
su esposa, pero sabía que eso sería imposible, o al menos, para mí. No
es fácil encontrar a la persona indicada si eres un chico y te gustan los
chicos —expresa—. Luego, te vi. Estabas aterrorizado y afligido con un
hermoso bebito entre tus brazos. Te pregunté si necesitabas ayuda y
luego sin darnos cuentas charlamos todo el día hasta que llegó la noche.
Así de fácil me enamoré de la maravillosa persona que tenía en frente.

—Tae.

—Fue difícil —continúa, ignorándole—, porque jamás había sentido lo


que sentí al estar contigo, el simple hecho de que me despiertes por las
mañanas me alegra como no tienes idea.
JungKook, totalmente nervioso, no sabe qué decir o cómo actuar.

—Tengo una duda —habla TaeHyung, conectando sus miradas.

—Dime.

—Si te dijera que también me gustas en este momento, ¿me prometerías


que es para siempre?

—Sí —contesta firme, sin titubear.

—¿Y cómo sabes que será así?

—¿Cómo las personas están seguras que después del anochecer


volverá a salir el sol?

—El sol jamás se irá —explica obvio.

—Y lo que yo siento por ti tampoco lo hará

Habían caído enamorados sin prestar mucha atención porque el temor


de que sus sentimientos no fueran correspondidos les gobernaba. Al final
del día, sus caminos estaban unidos por una jugada del destino.

—Me gustas —susurra de nuevo.

—Tu también me gustas, JungKook

Sus labios no se tocan aquella noche, pero ambos se atreven a compartir


tímidas y lentas caricias en sus manos mientras la oscuridad oculta el
abundante rosáceo de sus mejillas.

Mas tarde, JungKook cae rendido junto a su hijo en la cama de


TaeHyung, quien brindaba, sin problema alguno, su tiempo en observar a
aquellos dos seres. El bebito roncaba con su boquita abierta en el pecho
de su padre y este le protegía con la ayuda de un brazo.

Eleva las comisuras de sus belfos, anhelando poder contemplar aquella


fotografía mental para siempre.

✧. Gemelas
『 Inspiración:

Película The parent trap (1989).


Juego de gemelas en Hispanoamérica.
Tú a Londres y yo a California en España. 』

Noviembre, 2002.

Murmullos silenciosos y difíciles de percibir llenan el umbral de una


puerta doble abierta de par en par. Si bien es innecesario el secreteo en
las agudas voces, sus dueñas parecen no querer elevar la entonación.

Se trata de dos adolescentes que, sin ser realmente una casualidad, se


habían hospedado en el lujoso hotel Baglioni, en Londres, Inglaterra. Se
denotan preocupadas y nerviosas por alguna razón desconocida, miran
hacia los lados y se estremecen asustadas cuando escuchan el mínimo
choque de una suela contra el piso.

—¿Dónde haremos que se reúnan? —inquiere la joven de cabello a la


altura de los hombros.

—No estoy segura. —comenta la otra, colocando un dedo en su


barbilla—. Tal vez podría ser en la tarde, cuando sirven el té en la linda
terraza.

—Eso pensé, pero, ¿no crees que habrá mucha gente?

La adolescente se endereza, limpiando con sus manos el polvo que se


pegó a su falda blanquecina de vuelos y se relame los labios.

—Es mejor ahora que nunca —dice segura, viendo el semblante


preocupado de su hermana—. Entonces, ¿esta tarde?

—Sí, esta tarde.

Se miraron con sonrisillas "malvadas", sabiendo que quizá el plan,


realizado hace más de un mes, terminaría en un terrible alboroto. De
igual forma, no anhelaban un resultado de discusiones o gritos histéricos,
tan sólo un abrazo o un leve roce de labios entre aquellas dos personas
que amaban con todos los latidos de sus corazones.
HaYun conoció a YoungMi, quien había vivido en Inglaterra
prácticamente toda su vida, en un intercambio escolar. Las personas se
quedaron atónitas al momento de verlas juntas, mas se abstuvieron de
hacer comentarios. Dueñas de los mismos orbes ébano, la misma
sonrisa peculiar de tiernos dientecillos y la misma cabellera de hebras
azabache, pero el temperamento de cada una era el polo opuesto de la
otra.
YoungMi era un alma vanidosa, llena de graciosa coquetería; vestía
siempre con prendas elegantes y además poseía un refinado hablar, del
cual su gemela se burlaba. En cambio, HaYun tenía una personalidad
hiperactiva y arriesgada, lo que provocaba un irremediable estrés en las
personas con las que interactúa; vestía con ropas holgadas abigarradas
y en sus intereses predominan divertidas actividades donde su
apariencia termine en desastre.

Pueden asegurar que, jamás en sus cortas vidas de catorce años,


imaginaron que tenían una gemela en el continente contiguo. Lo único
que obtuvieron de su otro padre fue la mitad de una fotografía, la cual,
lamentablemente, se comenzaba a desgastar por el paso de los años y
después de allí el conocimiento era casi nulo.

HaYun vive en una casa de madera rodeada de flores, robles y


hojarascas en Corea del Sur, junto a su padre JungKook, la ama de
llaves y su tierno perro Gureum. El terreno del hogar es amplio y pictórico
como los que atesoran los protagonistas de clase alta en las películas,
pero en su caso el sitio de verdadero valor es la inmensa bodega en
donde se conservan toda clase de vinos debido a que su padre es un
importante viticultor y enólogo.

YoungMi habita en una acogedora vivienda con la típica estética


londinense. Su padre TaeHyung, su bisabuela, su divertido mayordomo y
su adorable perro llamado Yeontan, han sido su compañía desde que
tiene noción del tiempo. Recuerda que antes, cuando no se debía quedar
la mayoría del día en el colegio, asistía al trabajo de su papá, pues le
encantaba admirar todos aquellos diseños de magníficos ropajes.

—YoungMi, ¿dónde estabas? —La profunda voz de su padre le alerta.

Voltea nerviosamente, encontrándose con un rostro que derrochaba


preocupación y susto.

—¿Recuerdas lo que te dije esta mañana? ¿Sobre mi amiga?


—Sí, que también está en el hotel.

—¡Exacto! Estaba con ella, cerca de su habitación. —Juega con sus


manos ocultándolas detrás de su espalda, y moviéndose de atrás hacia
delante.

—De acuerdo, pero la próxima vez avisa que vas a salir. Estaba
preocupado.

—Sí, papá. —Asiente, pensando en lo dichosa que es al tener un padre


que no suele regañarla—. Papá.

—¿Qué ocurre?

—¿Podemos ir a la terraza esta tarde?

—Claro que sí. —contesta y se aproxima para acariciarle suavemente su


larga cabellera.

La joven observa y analiza los delicados rasgos de su padre, si era


sincera no entendía que pudo haber pasado para que su papá TaeHyung
y su papá JungKook se separaran. Congeniaban de un modo inigualable,
y lo confirmó cuando al unir la deteriorada fotografía las miradas de los
dos hombres se fundían amorosamente en las oscuras pupilas del otro.

YoungMi notaba con facilidad que para enmascarar las tristezas o


debilidades, TaeHyung sonreía y bromeaba. Jamás le había visto llorar,
exceptuando las ocasiones que derramó lágrimas por su graduación del
jardín de niños o cuando se le cayeron los primeros dientes de leche,
mas nunca observó un llanto de dolor o tristeza. Bufa, reprendiéndose
que cuando era más pequeña reclamaba continuamente el porqué
debían ser sólo ellos dos y no una "familia completa", sin quebradizos.
Aún sí nunca se lo expresó con palabras, sabía que por cada berrinche
de ese tipo provocaba que su padre se sintiera mal. Cabe aclarar que, al
crecer y desarrollor un aceptable grado de madurez, suspendió sus
enojos y cualquier tipo de juzgamiento estúpido; pero eso no eliminó la
intriga.

HaYun, por su parte, era terca y no se rendiría hasta escuchar la historia


tras la inesperada separación. Pero en esos instantes fruncía su ceño,
pues, al parecer, su padre resguardaba un mayor aprecio por su
publicista que por su primogénita. Sabía que esos dos se traían algo
entre manos, sin embargo, creyendo que era lo mejor, no quiso
comentarle nada a su hermana para se concentrara en el plan y no en un
tipo irrelevante.

—¡Al fin! —exclama sarcásticamente, aplaudiendo—. Pensé habías


olvidado que tenías una hija.

—HaYun...

—En serio, papá, ese tipo no deja de llamarte y me ignoraras. —Cruza


sus brazos.

—Eso no es cierto, HaYun.

—Así... ¿Qué día es hoy?

—¿Miércoles?

—No, papá, hoy es mi cumpleaños.

—¿Qué? —Abre sus ojos desmesuradamente y piensa en la fecha


exacta que marcaba el calendario.

HaYun comienza a reír escandalosa, sin poder evitarlo.

—No juegues así, niña.

—¡Debiste ver tu cara! ¡Parecías un fantasma!

—Estás castigada.

—¿Q-Qué? —Detiene sus carcajadas—. N-No, papá, era una broma.

—¡Mira quien puso una cara graciosa ahora!

HaYun queda estupefacta. Amaba gastarle bromas a su padre, pero este


al final siempre sabía como salirse con la suya.

—Te odio. —Le golpea levemente en el brazo.

—Creo que Santa no le traerá regalos a cierta personita este año —dice
burlesco, encogiendo los hombros.
—¡Ah! ¡Nunca puedo ganarte!

—Pues claro que no. Yo soy el mejor.

—Si fueras el mejor seguirías con papá —masculla bajito.

—¿Qué?

—¿Que?

—¿Qué dijiste?

—¿Yo?

—Sí, HaYun.

—Yo no dije nada, papá, segura estás oyendo voces de fantasmas.

—Eres mala.

—Bueno. —Muestra una sonrisa idéntica a la de JungKook—, aprendí


del mejor.

DongYul es el publicista de JungKook, se encarga de escribir con cada


correcto recursos lingüísticos artículos sobre la cosecha de los vinos, y
también de promocionarlos en anuncios de gran atractivo. Es una buena
persona, de hecho, para su cumpleaños siempre le brinda un obsequio,
aunque eso no quiere decir que lo aprobaría en una relación con su
padre. Sería insoportable.

De nuevo el teléfono suena por la sala de la suite. Resopla, tratando de


no hacer una rabieta o rodar los ojos.

Su cuello se alarga desde el sofá, queriendo visualizar la habitación que


mantenía su puerta abierta. Voces salen en un tono bajo, siéndole difícil
comprender la conversación.

—Ojalá funcione.

Una vez, cuando su padre no se hallaba en casa, escuchó a YeRin, el


ama de llaves, realizar una llamada con alguien que supuso sabía del
matrimonio que sus padres sostuvieron por un tiempo.
Cuchicheaba lo mucho que extrañaba al Señorito Kim allí en la casa, lo
educado, indulgente y elegante que era, una persona fascinante. Claro
que en la noche intentó interrogarla sobre eso, pero ella le negó todo y
dijo que, de cualquier forma, no era la persona a quién le correspondía
hablar de la situación. Tenía razón y no podía argumentar en contra de
absolutamente nada, no obstante sentía que una década y cuatro años
fueron suficientes para esconder un suceso tan importante como lo es la
existencia de su hermana gemela.

—¡Papá!

—Espera un momento —habla a la persona de la llamada—. ¿Qué


ocurre, HaYun?

—¿Podemos ir a la terraza está tarde?

—Sí, está bien.

Horas después, cuando el sol descendía en el oeste y la luna iniciaba su


caminata al exterior, las gemelas cada una por su lado se dirigían junto a
sus padres a la terraza. Era un lugar bellísimo, repleto de mesas
redondas que se cobijaban con manteles blanquecinos y por decoración
llevan una rosa de espléndidos pétalos mediándolas, candelabros de
cálidas luces dan un toque primoso al sitio, y un suave aroma a té
hervido se impregna desde los amplios ventanales hasta las paredes.

YoungMi y TaeHyung toman asiento en donde puedan contemplar el


precioso jardín de verdosos arbustos y sentir la gélida brisa inglesa.
HaYun y JungKook prefirieren una de las mesas centradas.

—Papá, ¿el anillo que siempre llevas puesto es el de tu boda? —


cuestiona, no tan sorpresivamente, YoungMi.

—Ah... Sí, e-es sólo que quise conservarlo —tartamudea avergonzado.

—Es lindo, ¿mi otro padre también tiene uno así?

—No, el suyo no tenía estos diamantes. —Señala las pequeñas


incrustaciones en medio de la argolla hecha a base de oro blanco.

—Oh, supongo que combinaban bastante bien.

—Yo... Sí, supongo. —Sonríe tímidamente.


—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro.

—¿Por qué se separaron?

—YoungMi...

—Esta será la última vez que lo pregunte, lo prometo. Siempre he tenido


esa duda.

—Bueno —se rinde y empieza a hablar—. El problema fue nuestros


trabajos. Yo había conseguido la oportunidad de diseñar aquí en
Inglaterra, pero él ya tenía todo resuelto en Corea.

—¿Y no pensaste en rechazar la oportunidad?

—Sí, fue lo primero que pensé, pero Jung... él no aceptó que echara a
perder mi sueño.

—¿Aún le amas?

—Dijiste que sólo sería una pregunta.

—Por favor, papá, hazlo por tu hijita favorita —ruega, haciendo un


gracioso puchero.

—Sí, aún lo amo, pero seguro que él ya mantiene una relación con
alguien.

—¡Papá!

—¡Por Dios, HaYun! ¡Ya deja de gritar por todo!

—Pero es que... —Calla su hablar, sintiendo que el plan no funcionaría.

—¿Qué?

—Bueno... Es que yo, pues... ¿Conocí a alguien?

—Ya te dije que tendrías pareja hasta que cumplieras cincuenta.


—¡No es eso! —chilla exasperada, restregando su rostro en las palmas
de las manos—. Es que conocí a alguien en el colegio, y pues por cosas
extrañas que pasan en la vida ese alguien era...

—Era. —Le anima a continuar.

—¡Era igual a mí, papá! Idéntica, diría yo.

—¿De qué hablas?

—¡No te hagas el tonto!

—¡HaYun!

Algunas personas que tomaban el té con sus trajes finos y guantes


delicados, voltearon a verlos escandalizados por los tonos altos de la
conversación. JungKook y HaYun omitieron el prestarles atención,
sabiendo que, de todas formas, jamás entenderían lo que estaba
ocurriendo.

—¡Encontré a mi gemela, papá! ¡Sé la verdad que me has estado


escondiendo todo este tiempo! ¡Y además deseo con todo mi corazón
conocer a mi otro padre! —grita ahogadamente, pequeñas lágrimas
dejaban un rastro húmedo en sus mejillas.

Para JungKook era algo inusual observar a su hija llorar, siempre se la


vivía cargando una inmensa alegría y correteando de aquí para allá hasta
que su cuerpo no aguantara más y colapsara en cansancio. Pero ahora
frente a sus ojos tiene al tesoro más preciado de su vida derramando
miles de lágrimas cristalinas y no sabe como reaccionar. Solía
recriminarse la poca atención que podía ofrecerle y los efímeros
momentos que conseguían disfrutar juntos, aunque no se consideraba un
mal padre, puesto todo lo que realizaba no era para cumplirse a sí mismo
caprichos, sino para brindarle a su primogénita una buena posición
económica, el sentimiento de culpa lo cargaba consigo a cada paso que
daba.

—¿JungKook? ¿HaYun?

Padre e hija quebraron las miradas directas para cambiarlas hasta la


persona de voz profunda que había pronunciado sus nombres. Era
TaeHyung, poseía una mueca de confusión en su rostro y sin poder
evitarlo había acumulado una cantidad de agua en sus ojitos avellana.

—¿T-TaeHyung? —susurra, JungKook.

—Papá.

HaYun que soltaba hipidos se acerca con temerosos pasos hasta el


hombre, no podía creer lo que tenía en frente. La emoción le hizo
abrazarlo con fuerza, permitiendo desahogarse en un ruidoso llanto. No
sabe cuantas veces soñó con ese momento, nunca lograría contarlo solo
con los cincos dedos de cada mano.

—Hola, soy YoungMi, pero supongo que eso ya lo sabe porque es mi


padre. —Sonríe, mostrando sus tiernos dientes de conejito.

—Hola, soy JungKook, pero supongo que ya lo sabes porque eres mi


hija.

—Usted es muy gracioso. —Ríe, dejando que sus brazos rodeen el


cuello de su padre, quien de la impresión continuaba plantado en la silla.

Los sonidos y susurros en la sala aparentaban no tener existencia en los


pensamientos que nacían de sus mentes; TaeHyung, abrazaba sonriente
y lloroso a su hija; JungKook, conversaba con la niña de irreal timidez. La
imagen se asemejaba a la de una familia "común y corriente" que
decidieron reunirse en el restaurante luego de un tiempo fuera, pero la
realidad era otra más compleja.

-----------

Abril, 1986.

Las brisas frescas y la fragancia a sal marina danzaban en la cubierta.


Era un lujoso barco el que se meneaba sobre las onduladas olas del mar
color zarco, llevaba consigo la celebración de un nuevo matrimonio.

Yacían sentados en la mesa principal, dos chicos con resplandecientes


sonrisas de perlas; uno vestía un esmoquin negro y el otro uno
blanquecino. Se tomaban suavemente de las manos y alguna que otra
vez compartían toques en sus labios. Sobre el mantel de delicados
bordados residía una botella de vino y dos copas cristalinas junto a una
gran variedad de quesos y frutos agridulces.

El ambiente era bastante relajado, las estrellas iluminando las anatomías


de los invitados y el viento balanceando sus cabelleras en movimientos
ligeros de izquierda a derecha. Una chica se les acercó y pidió
amablemente que posaran para la fotografía, se miraron detenidamente y
el flash impactó contra el perfil de ambos rostros.

------------

Diciembre, 2002.

Refulgente velas se postran en la superficie de una mesa, con sus


mechas deshilachándose y la cera deslizándose por la blancuzca
longitud.

—No creo que me guste.

—Es igual al de nuestra boda —explica—. Tal vez sí.

—Agh, de acuerdo.

Transcurrió una semana y media, acompañada de sus agitadas mañanas


y silenciosas noches. TaeHyung, a petición de YoungMi, le ofreció
hospedaje a JungKook y HaYun, algo que al fin y al cabo no sería una
molestia para él. Ninguno se atrevía a hablar de forma clara, ya que con
toda la sinceridad guardaban un revoltijo de emociones, compactándose
junto a otras y creando así un imparable caos.

TaeHyung conecta sus rosáceos labios al extremo de la copa,


permitiendo que el líquido morado oscuro ingrese en su cavidad bucal.
Saborea un poco, sintiendo ese amargo bajar y quemar lentamente su
garganta, pero de nuevo llega a la conclusión de que no le gusta.

—No, no me gusta —afirma, dibujando una mueca de disgusto en su


cara.

—Lo noté —dice JungKook, riendo.

Un silencio se instala, sin embargo, no les provoca incomodidad o


molestia. Se admiran, poniendo énfasis en los detalles que a simple vista
jamás podrían distinguir como sus lunares de un leve color marrón o la
pequeña cicatriz que JungKook posee en su pómulo izquierdo.

—¿Recuerdas cuando íbamos al lago? —pregunta.

—Claro que sí. —Ríe, negando con la cabeza—. Nos escapamos varias
veces del colegio para ir. No entiendo como nunca nos descubrieron,
JungKook.

—Era divertido, bueno, siempre era divertido si estaba contigo.

—Lo mismo digo. —Baja la mirada—. Extraño esos tiempos.

—Sabes que aún te amo, ¿no?

—Sabes que no podemos volver, ¿verdad?

—¿Por qué no?

—Es difícil, tengo una vida aquí al igual que YoungMi.

—Pero...

—No es tan fácil, JungKook.

—TaeHyung.

—Ya pasaron muchos años.

—Podríamos intentarlo.

—Lo harás porque eso es lo que HaYun y YoungMi quieren.

—No es así.

—Estoy seguro que ni siquiera me recordabas antes de todo esto.

—¿Cómo?

—¿Crees que no sé lo de tu publicista?

—É-Él...
—No tienes que explicarme nada, ¿está bien? De cualquier forma,
nosotros ya no estamos juntos.

La vida es simplemente un recorrido de aventuras que se otorga a todas


persona al nacer, nunca es fácil y siempre habrán obstáculos por
esquivar o romper, aunque bien se sabe que el corazón será un lugar en
el cual podemos confiar puesto que allí es donde los sueños no tienen
fin. Tal vez TaeHyung llegaría a entenderlo pronto.

✧. Eterna Amistad
ADVERTENCIA
En este OS se tratan temas fuertes, si bien es discreto, de todas
manera podría afectar a las personas que hayan vivido experiencias
similares.

Los lejanos tic del reloj comienzan a marearle junto a las aburridas
palabrerías del profesor Han, quien, sin entusiasmo, imparte la materia
de biología. La clase le interesaba, principalmente cuando se trataba de
investigar sobre especies de animales y sus peculiares características,
pero los constantes parloteos de la reproducción humana, ya le tienen
agotado y con un terrible humor. Era el último día de lecciones, no
entiende por qué les debían enseñar más temas innecesariamente
repetitivos.

Mira a su alrededor y divisa a dos mesas de distancia a sus mejores


amigos, JiMin y HoSeok, al parecer hablan de alguna tontería que les
provoca carcajadas, claro, intentan ahogarlas con la palma de sus
manos, pero no hallan éxito en la acción. Sus demás compañeros
mantienen la vista fija en la brillante pantalla de sus celulares y algunos
otros tapan sus rostros con la capucha de las sudaderas para iniciar una
siesta.

No comprendía la intención de ese colegio, pensaba que, de alguna


forma u otra, los profesores les importaba poco los conocimientos que
fueran a adquirir de sus discursos y largos párrafos en los pizarrones. El
señor Han acaricia su entrecejo y forma una mueca de dolor,
comprensible, puesto que ni él mismo soportaría un grupo como el suyo;
lleno de personas odiosas y siendo la minoría quienes realmente valen la
pena.
Siente una leve vibración en la bolsa de su pantalón, sabe que se trataba
de su celular, pero no posee ganas si quiera para ver la notificación.

Suspira, golpeteando el lápiz amarillo sobre la mesa de madera. De


nuevo la vibración se hace presente y sin volver a hacerse pasar por
desinteresado, saca el aparato de la bolsa. Era JungKook, otro de sus
amigos, quién se encuentra en un año inferior al suyo. Suele compartir
bastante tiempo con él, principalmente en las tardes, momento en el
gastaban el resto del día en videojuegos y comida.

[ JungKook-ah | 1:30 pm ]
¡Hola!

[ JungKook-ah | 1:31 pm ]
¡Hyung!

Sonríe bobamente.

La primera vez que vio a JungKook lo catalogó como alguien apuesto y


adorable, alguien con quien sabía que congeniaría perfectamente. Y no
se equivocó, encajaron maravillosamente en cuanto a gustos y
personalidad. Sin embargo, había algo que se reprendía día a día: le
gustaba JungKook. Pero, ¿cómo lo hubiera evitado? Al fin y al cabo, él
era precioso e irradiaba encanto de forma natural. Y quizá no sería un
sentimiento tan malo si no fuese porque, como siempre, había un
obstáculo hasta en el camino más limpio. A JungKook le gustaba una
chica. Lastimosamente, fue el primero en enterarse y también fue el
primero en ser avisado del beso que aquella chica le había robado.

Fue una noche opaca, extrañamente las estrellas no se pintaron en el


cielo, dejándolo abandona en la insípida oscuridad. Durante el día no
había hecho más que escuchar música y continuar con su interminable
maratón de películas, hasta que un suave sonidito le invitó a desviar su
mirada. Como lo imaginó, se trataba de JungKook, quien ese año debía
realizar una excursión a la playa para un proyecto. Creyó que
seguramente estaba aburrido o exhausto y no tenía otra opción que
hablar con él; sin embargo, su pulso había disminuido el ritmo y su
aliento se había secado al leer el texto.

Ella le había robado un beso a JungKook. Su primer beso.


En el preciso instante, no supo que sentir, por más que pensó y analizó
la situación sólo tuvo la magnífica idea de mandar el emoticón de
sorpresa y un falso "¿Y qué hiciste? ¿Le correspondiste?". Si tuviera que
utilizar toda la sinceridad existente, su respuesta sería obvia. No le
importaba en lo más mínimo que había hecho él o si correspondió el
beso.

Su pecho se había oprimido, y aunque lo quiso evitar, lágrimas


escaparon de sus ojos avellana, mojando sus rizadas pestañas. Era
injusto salir lastimado sin haber culpables.

[ TaeTae | 1:32 pm ]
Hola, JungKookie

[ JungKook-ah | 1:32 pm ]
¿Adivine qué, hyung?

[ TaeTae | 1:33 pm ]
¿Qué? ¿Por fin, aprobaste inglés?

[ JungKook-ah | 1:33 pm ]
De hecho no, creo que la señorita Harrison me odia u odia a todos... Ya
sabes... como es inglesa y nadie sabe un buen inglés aquí

[ JungKook-ah | 1:33 pm ]
¡Necesito su ayuda!

[ TaeTae | 1:33 pm ]
¿Para qué?

[ JungKook-ah | 1:34 pm ]
Para pedirle a YangMi que sea mi novia, supongo que usted ya tiene
experiencia en eso

Un dolor agudo vuelve a quemar en su pecho, aunque, todavía así, deja


escapar una amarga risa de su boca.

Recuerda que se le fue difícil aceptar su gusto por el género masculino,


principalmente porque su país era de los más cerrados de mente y
conservadores en cuanto a ese tema en la actualidad. Lloró y se
reprochó, sintiendo que algún momento la culpabilidad le ahogaría hasta
matarle. Un día se armo de valor y dejó escapar su mayor secreto a sus
mejores amigos, para su sorpresa, la reacción de estos fue reírse,
exclamar un "Lo sabía" y finalmente escuchar la misma confesión de su
parte. Pero jamás se lo había mencionado a JungKook ni por accidente,
lo cual complicaba en demasía las cosas a la hora de hablar o
comportarse con él porque en cualquier momento podía escapar su gran
"secreto" y ser juzgado.

[ TaeTae | 1:35 pm ]
De hecho no, pero te ayudaré

Con dificultad, logra presionar el botón de enviar. Suspira, un peso


tortuoso talaba en sus hombros.

[ JungKook-ah | 1:35 pm ]
¡Gracias!

Vuelve a recriminarse su ilusión de estar con JungKook, algo que ni en


sus más locos sueños ocurriría.

—Muy bien, alumnos, ya pueden sa-

El profesor no consigue finalizar la oración, cuando ya todos salían


despavoridos a los largos pasillos abarrotados de personas. TaeHyung
guarda los escasos cuadernos en su mochila, suspirando ante el martirio
que de ahora en adelante le tocaría vivir.

—¿Por qué esa cara? —pregunta JiMin.

—Porque soy un estúpido.

—Eso no es nada nuevo, TaeTae —opina HoSeok, riendo mientras JiMin


niega con la cabeza. TaeHyung no era ningún estúpido, simplemente su
amabilidad y empatía sobrepasaban su sensatez.

—Ríase todo lo que quiera, hyung. Eso no desaparecerá la estupidez


que acabo de hacer.

—¿Qué quieres decir?

—Ayudaré a que YangMi y JungKook sean pareja, ¿puedes creerlo?

—Bueno, no sé si pegarte o llorar contigo —comenta JiMin, colocando


sobre su barbilla uno de sus regordetes deditos.
—Mejor pegam- ¡Auch, no era en serio!

Hace unos días había planeado hacer una especie de reunión o


pijamada con sus amigos, pero, como siempre, JungKook le dijo que su
madrina —con quien vivía debido a que sus padres fallecieron— no le
había dado permiso. Se le hacía muy extraño debido a que estos
inesperados "No me dieron permiso" empezaron a ocurrir
repentinamente, años atrás la madrina de JungKook no tenía problema
alguno con que su ahijado durmiera en casas ajenas.

Camina al lado HoSeok, JiMin y YoonGi, quién mantiene una relación


con JiMin desde que estaban en segundo año de secundaria. Eran
bastante graciosos juntos, una pareja demasiado peculiar, en su opinión.

—¡Hyung!

Escucha un grito a la distancia.

—Hyung.

JungKook se detiene frente a TaeHyung, jadeando y con su rostro


sonrosado por los rayos del sol.

—Hola, JungKookie.

—¡Tengo una cita con YangMi! —exclama sonriente, limpiándose las


gotas de sudor en las mejillas.

JiMin y HoSeok se miran mutuamente, apenados e incómodos. YoonGi


se mostraba indiferente, pues él no tenía ni la más mínima sospecha
sobre el enamoramiento de TaeHyung a JungKook o al menos aquello
expresaba en su semblante.

—Oh, eso es genial.

—¡Lo sé! Pero necesito su ayuda.

—¿Para qué?

—¿Podría prestarme dinero para unas flores? Yo se lo pago después,


pero ahora no tengo el dinero suficiente.

—De acuerdo. —Saca varios billetes de la bolsa en su pantalón.


—¡Muchas gracias, hyung!

TaeHyung simplemente nota la inmensa felicidad que JungKook irradia,


dejando de lado las heridas violáceas que este inútilmente ocultaba bajo
sus mangas del colegio.

Tal vez debió haberle preguntado.

—¡Nos vemos luego!

------------

Podía asegurar sin problema que amaba ver aquella perfecta sonrisa de
conejito en sus labios, aunque su corazón se desgarrara y sintiera una
terrible tristeza. Amaba ver lo detallado y caballeroso que era con la bella
YangMi, aunque tuviera que fingir alegría. Muchos le llamarían
masoquista, de hecho, él mismo comenzó a utilizar esa palabra como un
adjetivo para describirse. No era fácil, realmente no, pero mientras el sol
brillara, no tendría problema de esconderse como las gotas de lluvia.

Claro, no imagino que detrás de tan magnífica persona se escondiera


una cruel realidad.

[ JungKook-ah | 7:30 pm ]
Hyung...

[ TaeTae | 7:30 pm ]
¡Hola, JungKookie! ¿Cómo estás?

[ JungKook-ah | 7:30 pm ]
Estoy mal

[ TaeTae | 7:31 pm ]
¿Qué ocurrió? ¿YangMi te dijo algo? ¿Pelearon?

[ JungKook-ah | 7:31 pm ]
No, es otra cosa

[ TaeTae | 7:31 pm ]
¿Qué pasó?

[ JungKook-ah | 7:31 pm ]
No puedo seguir con esto, no lo soporto más
[ TaeTae | 7:32 pm ]
¿De qué hablas?

[ JungKook-ah | 7:32 pm ]
Ella me odia, siempre lo ha hecho. No lo soporto más, hyung, necesito
que me ayude

[ TaeTae | 7:32 pm ]
¿Quién te odia, JungKookie?

[ JungKook-ah | 7:32 pm ]
Mi madrina

[ TaeTae | 7:33 pm ]
¿Por qué te odiaría? No entiendo

[ JungKook-ah | 7:33 pm ]
Desde siempre me ha odiado, me pega y me insulta. No quiere que me
vuelva a acercar a ustedes

[ TaeTae | 7:33 pm ]
¿Qué? Por Dios, JungKookie ¿Por qué no lo dijiste antes?

[ JungKook-ah | 7:33 pm ]
Tengo miedo, hyung. No sé que hacer

[ TaeTae | 7:34 pm ]
¿Dónde estás?

[ JungKook-ah | 7:34 pm ]
En mi casa, tiene que ayudarme. Llegó ebria y no quiero que vuelva a
hacerme eso otra vez

[ TaeTae | 7:34 pm ]
¿Con qué te refieres a "eso"? ¿Qué más te hizo, JungKookie?

[ JungKook-ah | 7:35 pm ]
Por favor venga, hyung, tengo mucho miedo. Estoy encerrado en mi
habitación

[ TaeTae | 7:35 pm ]
Llamaré a NamJoon hyung, ya voy para allá
TaeHyung se coloca rápidamente una sudadera mientras busca
desesperado el número de su amigo entre sus contactos. Su corazón late
de una forma frenética casi alocada y las lágrimas se acumulan a
montones en sus ojos.

—¿Hola?

—NamJoon hyung, tiene que ayudarme.

—Pero estoy haciendo tare-

—Por favor, tiene que ayudarme. Algo pasa con JungKook.

Cierra la puerta de su casa, guardando sus llaves en su bolsillo.


Diminutas gotas de gélida lluvia caen finas del cielo, pero eso impide que
salga corriendo tan rápido como sus piernas lo consigan a la casa del
pelinegro.

—¿Donde estás?

—Voy llegando a la casa de JungKook. —Jadea—. Venga rápido.

Cuelga la llamada al momento de visualizar aquella casa blanquecina


que ahora se había rodeado de un aura tétrico. Suspira cansado y triste,
golpeando fuertemente la puerta.

Como lo supuso, no abrieron.

—TaeHyung...

Voltea y observa a NamJoon, quien yace encapuchado y portando una


expresión confusa.

—¿Cree que destruir una puerta sea ilegal?

—No estoy seguro.

—Bueno, que importa.

NamJoon patea la puerta cuya cerradura comenzaba a aflojarse poco a


poco.

—¡Entremos!
[ JungKook-ah | 7:43 pm ]
¿Ya está aquí? Ayúdeme

—Tenemos que subir —indica.

—¿Vas a decirme qué es lo que ocurre?

—En resumen, la madrina de JungKookie está loca.

Las escaleras rechinan tenebrosas al son de las pisadas mientras que en


el aire domina un completo silencio hasta que un sollozo lo quiebra. Acto
seguido, aceleran su caminata, casi podían jurar que sus latidos hacían
eco en el pasillo.

—¡Suélteme!

TaeHyung mira con sus orbes empañados a NamJoon, quien sin


pensarlo demasiado intentaba abrir la puerta del dormitorio.

—¡Eres una escoria! ¡Tú también tenías que haber muerto! —Los
escandalosos gritos de la mujer traspasaban la madera—. Pero puedes
recompensarme haciendo esto, bastardo.

—¡Déjeme!

Sin esperar más, rompen el oxidado cerrojo. Sus ojos se abren


desmesuradamente al contemplar la escena que se ocultaba detrás de
aquella puerta.

—¿Qué hacen ustedes aquí?

—¡Usted es una maldita! ¿Cómo puede hacerle esto a su propio ahijado?


—exclama furioso TaeHyung.

—Al menos no soy una desviada que le gustan las personas de su


mismo sexo.

TaeHyung la ignora, no desperdiciaría tiempo con alguien enferma y que


se halla totalmente fuera de sí y no como la persona moral que debería
ser. Camina hacia JungKook, quien posee su carita empapada de
gruesas lágrimas y se oculta tras las palmas de sus manos con
vergüenza y temor.
—Usted ni se atreva a tocarlo —masculle NamJoon, deteniendo a la
mujer.

—JungKook-ah —susurra TaeHyung despacio—. Ya estoy aquí.

Reparte caricias en las hebras azabache, tratando de tranquilizar al chico


lloroso quien tiembla y solloza entre sus brazos.

—Todo estará bien, lo prometo.

Le abraza con fuerza, anhelando que algún día exista una bella historia
donde JungKook logre ser un colorido protagonista que no esconde su
dolor.

✧. Corazón Roto
『 Inspiración:

Where do broken hearts go - One Direction. 』

Eterna amistad PT. 2

Sus días se basaron en seguir una rutina monótona y asperjada de


lágrimas. Aún lograba comprender si era la vergüenza, el tormento diario
o el anhelo de un nuevo inicio lo que le incitaba a hacer eso, no entendía,
pero de igual manera si fuera una o la otra opción, él contaría con todo
su apoyo.

JungKook era un joven de adorable sonrisa y personalidad divertida, al


criterio de cada persona que le conociese, sin embargo, sin que sus
amigos lo supieran, su "hogar" hace unos pocos años se había hundido
en un abismo de abusos y tristezas. Y es que, por la misma razón de ser
un chico tan alegre, les costaba creer que estuvo ocultando tanto suplicio
y les desgarraba el hecho de que jamás obtuvieron un indicio para
percatarse. Tal vez se hallaron ciegos a la realidad o tal vez JungKook
pintó una hermosa fantasía en el colegio.

Jamás lo sabrían.

Mira en dirección a su ahora helado almuerzo. Las gotas de lluvia


humedecen el pasto en el jardín de su casa y los truenos provocan
constantes repeticiones de brincos en su anatomía. Estaba harto de la
situación, aunque decirlo quedaba de más, puesto que las ojeras
violáceas bajos sus orbes avellana y su demacrada expresión le
delataban rápidamente. Recuerda que en otra circunstancia, estaría
disfrutando de una partida de videojuegos con JungKook o ayudándole
con alguna materia que se le dificultara, pero en ese preciso instante
juega con los fideos del plato, enrollándolos y volviéndolos a desenrollar
de los palillos.

—TaeHyungie, tienes que comer —le pide JiMin, realizando un puchero


en sus gruesos labios.

—No tengo hambre —contesta, su barbilla pegada a su pecho.

—Él de seguro está bien, tal vez una institución lo llevó al hogar de algún
familiar.

—¿Por qué no vino aquí? Mamá podía firmar para ser su tutora legal —
reclama entre hipidos.

—No lo sé, TaeHyungie, en serio me gustaría poder contestarte.

Queriendo eliminar la preocupación de su mejor amigo, lleva un bocado


de comida a su boca, saboreándolo sin ganas. Había notado, pero
prefería negarlo, que su pancita se convirtió en un abdomen flaco con las
costillas resaltando en los costados y que sus pómulos predominaban
como facción en su rostro debido a la pérdida de masa corporal.
Obviamente JiMin y HoSeok le reprendieron, cosa que no le impidió
hacer oídos sordos al asunto. Eso no le importaba, él sólo quería la
adorable compañía de su JungKook.

Se podría decir que dependía del menor, no obstante no era eso lo que
le llevó a cometer tanto deterioro en su cuerpo, sino la culpa burbujeante
que nacía en su corazón. Se reclamaba que pudo hacer algo, cuando
sinceramente nadie podía. La madrina de JungKook tuvo conocimiento
de cómo ocultar los maltratos hacia su ahijado, a veces, haciéndole creer
que eran alucinaciones y estaba perdiendo la cabeza, pero él era
consciente y lloraba las injusticias realizadas a su persona.

—Es que no lo entiendo, JiMinnie ¿Cómo no note sus muñecas? ¿Cómo


no note que su madrina había cambiado tanto?
JiMin baja su mirada también. Como todos los demás, él poseía un
aspecto cansado y deprimido, pero intentaba apartar las crudas
memorias. Claramente el esfuerzo empleado no cosechaba frutos.

—No te culpes, ninguno de nosotros lo notó.

—Lo extraño tanto. —Solloza—. Quiero que esté aquí conmigo.

La noticia sobre JungKook no se dio a conocer a todo el público, tan sólo


a sus personas cercanas, aunque lo que sí se supo, más por obligación
que por querer, fue su partida del colegio. YangMi era una joven
agradable y dulce, pero no le encantaba la idea de una relación a
distancia, además la última vez que vio a JungKook, este rechazó sus
abrazos y besos. Inevitablemente el amorío se apaciguó por sí solo.
Luego estuvieron el resto de sus amigos, ellos se llenaron de una
inmensurable furia, exceptuando a TaeHyung y NamJoon quienes
hicieron la denuncia y declararon lo que vieron en el juicio. Por último, se
encontraba la reacción de la víctima ante todos los acontecimientos,
JungKook agradeció en silencio a sus hyungs para después irse sin dejar
rastro.

Las risas se sustituyeron por largos silencios, las sonrisas por muecas
lamentables y los días soleados por lluvias fuertes y gélidas. Una total
tormenta de dudas y rencores.

—¿Por qué alguien le haría algo así a su ahijado?. —Mira a JiMin—.


¿Qué hizo JungKookie mal?

—Nunca supimos que ocurrió con los padres de JungKook, obviamente


nada justificaría lo que ella hizo, pero... ¿Por qué le desearía la muerte a
él también? —cuestiona.

Y JiMin tampoco entendía. Él junto a su madre cuidaba de su tierno


sobrino, quien tenía una historia similar a la de JungKook, a diferencia
sped que él jamás se atrevería a hacerle tal desagradable acto al niño.

—En el juicio dijeron que no tenía ningún desorden mental.

—¡Dios! Odio no poder entender esto.


Y las siguientes tardes, noches, días mantuvieron su intriga, cada minuto
aparecía una nueva pregunta y una nueva razón para buscar a
JungKook.

Fija su vista en la computadora, revisando alguno que otro correo y


alternando las canciones de fondo. Como ya lo veía venir, las redes
sociales del menor siguen inactivas desde hace más de diez meses.

La campañilla de notificación le incita a desviar sus ojos a su celular.

[ Jin hyung | 8:22 pm ]


TaeHyung, ¿ya viste lo que envió YoonGi al grupo?

Escribe un rápido no para cambiar de chat al grupo que habían hecho


desde hace ya varios años.

[ Friends ]

[ YoonGi hyung | 8:22 pm ]


Encontré este instagram jeon_01, las fotos del chico no se ven muy bien,
pero se parece mucho a JungKook

Se abstiene de soltar el celular sobre la mesa de madera, procesando las


pocas fotos publicadas. Empieza a renegar, tratando de convencer a su
cerebro de que ese no podía ser JungKook, porque claramente él les
hubiera comentado sobre la nueva cuenta de dicha red social.

[ TaeHyungie | 8:26 pm ]
¿Usted cree que es él, hyung?

[ Jin hyung | 8:26 pm ]


Tienen un gran parecido, además si te fijas en una de las fotos tiene
puesta la pulsera que ustedes comparten

Frunce el ceño, buscando cautelosamente la esperada fotografía. Más


abajo consigue contemplarla con sus orbes. Al parecer, fue una de las
primeras en ser subidas. Allí en la muñeca del joven yace un muy
conocido accesorio.

[ TaeHyungie | 8:27 pm ]
Es cierto
[ Jin hyung | 8:27 pm ]
No sé que pensar, podría ser él, pero yo creo que nos hubiera contado
sobre la cuenta

[ TaeHyungie | 8:27 pm ]
Eso mismo pensé. Tal vez JungKookie ya no nos quiere más como
amigos

[ Jin hyung | 8:28 pm ]


No digas eso

Bufa, recostándose en la incómoda y dura silla.

Cabía la posibilidad de que JungKook actualmente no les quisiera en su


vida, por lo que su ánimo desalmado decae ante eso.

Decide "darle un corazón" a alguna de las fotos para comprobar si el


usuario reaccionaba, de alguna manera u otra, a ello.

------------

Se levanta extremadamente cansado a la helada mañana continua,


cargando con nudos en sus hombros y espalda. Estira sus brazos
mientras bostezaba, deseando con todas sus fuerzas quedarse
descansando entre los edredones calientitos y las esponjosas
almohadas.

Su celular comienza a vibrar sobre su mesita de noche insistentemente,


por lo que decide gastar unos cuantos minutos en atender la llamada.

—¿Hola?

—Hyung.

—¿Perdón? —dice confundido.

—¡TaeTae! Es JungKook.

El aliento se seca es su garganta en una mínima ráfaga de aire, trémulos


envolvieron sus manos. De repente, se halla despabilado por completo y
con su corazón bombeando de un modo veloz.

—¿J-JungKook?
—Sí.

—¿Qué? ¿E-Es enserio?

—Sí, hyung, perdón por no hablarle antes.

—¿Dónde has estado? ¿Por qué no contestabas mis llamadas? Me


tenías demasiado preocupado.

—No tengo excusa. —Suspira—. Solo... No quería hablar con ustedes


luego de....

—Por Dios, JungKook ¡Somos amigos desde hace más de cuatro años!

—Lo sé, pero es que... No sé que decir.

—¿Vas a volver? ¿Dónde estás?

—Por ahora vivo con mis abuelos. No sé si vaya a volver.

—¿Por qué no nos dijiste?

—¡Tenía mucha vergüenza! A-Además, hay otra cosa, pero...

—JungKook... Confía en mí.

—Decidí contarle a usted porque es en quien más confío, pero yo no


quería que específicamente usted me viera en esa situación.

—¿Por qué?

—Porque me había dado cuenta de algo justamente por esos días.

—¿De qué hablas?

—Es que... —Le escucha tomar una profunda respiración—. Usted me


gusta.

Su mente se tiñe de color blanco e intenta acomodar una oración que no


sean puros balbuceos.

—Wow...
—Perdón.

—¿Por qué te disculpas?

—Es qu-

—¡Esto es lo que siempre quise! ¿En serio está pasando?

Y las palabras o la sola presencia de un ser puede voltear el mundo de


otro, convirtiéndolo en un lugar pintado de los más alegres matices.
Puede tornar el sitio a donde van los corazones rotos en un esplendoroso
parque de diversiones, sin embargo, las dudas continuarían rondando
por la atmósfera así como la realidad.

Sacudió su cabeza al percatarse del tiempo y espacio, su habitación se


halla oscura, las sábanas aún le cubren el cuerpo y en la mesita de
noche su celular descansa sin notificaciones.

✧. Noche de Tormenta

—JungKook...

Se remueve en la cama, escuchando débiles susurros llegar a sus oídos.


Era una voz profunda y un poco adormilada por la hora que se marcaba
en el reloj, pero con ese tinte dulce que juraba amar.

—JungKook...

Abre los ojos sin realmente despabilarme y voltea su cuerpo.

—¿Qué ocurre, TaeHyung? —pregunta, bostezando.

—¿P-Puedo dormir contigo? Sé que no debería pedirte esto, pero... —No


termina la oración y baja la mirada.

E incluso cuando memoriza que debe rechazarlo, no se resiste a ese


tiento puchero y esos fanales suplicantes.

—Está bien, no hay problema. —Hace campo a su lado, amando la


calidez que TaeHyung le transmite con su proximidad.
Si alguien se acercara y preguntara, no sabía a quién desea engañar.
Dormir junto a TaeHyung en un mismo cuarto y en una misma cama era
un problema, no grave, pero sí inquietante.

Su oído se afina al ruido ambiente, gotas chocando contra la ventanas,


las ráfagas de viento paseándose con un peculiar silbido y los
relámpagos iluminando las grisáceas nubes. Entonces entiende todo,
TaeHyung le teme a las tormentas y a los mínimos golpeteos de lluvia, lo
supo desde que comenzaron a vivir juntos y su novio despertaba en un
desesperado llanto o se acurrucaba entre sus brazos temblando.

Siente como la piel de su cuello se eriza debido al tibio aliento que choca
en el sensible sitio. Admite querer darse un golpe para caer en cuenta de
la realidad frente a sus ojos; estaba durmiendo en el mismo lecho con
quien se supone se separaría mañana. Aunque sin resister la pescadora
tentación, lentamente permitió que sus belfos se unieran otra vez, una
última vez.

El amor que comparten el uno por el otro no ha acabado, y lo más seguro


es que no se esfumará hasta luego de muchos años. Todavía se refleja
en sus ojos el vivo cariño y admiración y sus labios se curvan en una
sonrisilla con sinceridad, pero eso no desaparece los males.

A veces el mundo puede parecer cruel y lleno de una avaricia que


reclama más y más dolor para las personas, pero así como las nubes
reinan, el sol llega para iluminar con sus rayos de tintes ocres. No niega
que disfrutaron de grandiosos momentos juntos, los cuales suelen
recordar con lujo de detalles en Nochebuena cuando la luna inicia su
ascenso resplandeciente. Paseos a pictóricas playas, al entretenido
parque de diversiones o simples salidas para mirar una película en el
cine mientras sujetaban la mano del otro, regalaban una inmensa
felicidad a sus días.

El tiempo desgasta las cosas, sin embargo, no los sentimientos.


Entonces, rudamente se cuestionaba qué había ocurrido en su relación
con TaeHyung. Nada, absolutamente nada. Sus típicos "buenos días" y
besos en las mejillas seguían allí, pero fue una carta la detonante del
caos, un sencillo pedazo de papel con letras negruzcas.

En la juventud, los seres humanos se vuelven curiosos y aventureros, por


lo que la idea de escapar no fue una molestia. Aunque nadie puede huir
de lo que ya esta escrito y firmado por las manos de sus propios padres.
Su nombre es, irónicamente, innombrable porque les evoca negatividad.
Tiene una dulce sonrisa y unos ojos encantadores, pero JungKook jamás
gusto de ella y halló factible desatarse de todo lo que le enlazara a la
chica y su familia. Era increíble que cinco años más tarde le contactarán
y se presentarán a arruinar su vida nuevamente. Un matrimonio
arreglado mucho antes de que naciera.

—¿T-Tú... podrías abrazarme? —pregunta TaeHyung con su respiración


errática.

Es mayor de edad y lo sabe, no obstante, se trata de asunto legal. La


imagen de una familia con una posición económica alta debe
mantenerse, ignorando las injusticias y desgracias que olvidan con su
rastro, y siendo bienvenidos los prejuicios e inseguridades.

Rodeando aquel tembloroso cuerpo contra su pecho, suspira casi


ahogado.

—Te amo.

Fue un susurro inaudible que puede mezclarse con el frío vaho que
escapa de sus bocas.

—Siento todo esto, TaeTae

—No hay nada que hacer por ahora, JungKook-ah —le contesta
amargamente, deteniendo sus ojitos en el rostro del amor de su vida.

Y así, entre ultimas palabras de amor y caricias, la luna cambió sus


colores y el aire calmó su furia helada.

En la mañana a primera hora tocan la puerta de su casa y ambos saben


a la perfección de quien se trata. Él, afuera de la casa, posee una
expresión seria para disimular la angustia, su vestuario es acogedor y su
mano izquierda envuelve la de un hombre un tanto más alto.

—Hola. —Les invita a pasar.

—Hola, Tae.

Se supone que no deben distraerse en pláticas triviales, solo llegar y


permanecer un rato allí hasta que él vuelva de la derrota. La amistad es
una sagrada alianza por lo que, aunque la otra persona prefiera callar, es
reconfortante interrogar sobre el estado de ánimo y tener conocimiento
de las acciones que podrían llegar a realizarse. En resumen, mejor
prevenir que lamentar.

—¿Estás bien con esto?

—JiMin, sabes que no puedo hacer nada.

—¿Estás bien con esto, Tae?

Miró hacia la ventana, pequeños copos casi inexistentes de nieve caen


con singularidad y elegancia. El invierno se halla cerca.

—No, no estoy bien —confiesa.

—Si tan sólo pudiéramos hacer algo.

—Pero no podemos, YoonGi hyung, no tengo otra alternativa.

La brisa se torna glacial, congelando sus pieles y destiñéndolas a un


matiz blanquecino. Su garganta duele, quema de una manera
insoportable y no se siente capaz de continuar con las lágrimas y los
sollozos acumulados.

El tiempo transcurrió veloz desde el específico momento donde abrieron


la puerta para recibir al cartero. Un sobre y un papel, de los más caros y
finos que se podrían encontrar jamás. Luego de tan ostentosamente
triste día, sembraron nuevos recuerdos, efímeros recuerdos, y se
empeñaron en mantener el romance hasta que la fantasía cesase.

JungKook y TaeHyung se abrazan en la estación de trenes, sumidos en


un pequeño estado de relajación que lamentablemente no está en sus
manos la oportunidad de alargar.

—¿Me seguirás teniendo en tus pensamientos? —pregunta a JungKook,


mirando el suelo como si la respuesta acabaría por romper su corazón.

—Como al mejor de ellos, al más hermoso y al más querido. —Toma el


rostro del chico en sus dedos.

—¿Hasta que el invierno acabe? —Le besa cortamente los labios cereza.

—Hasta que el invierno acabe.


Regalándole una última caricia, le ve caminar con su equipaje en la
espalda, le ve irse en los asientos de un antiguo tren, le ve partir hacia su
condena...

✧. Propuesta

Posa su venosa mano en la espalda baja de TaeHyung, guiándole


lentamente por el pasillo del amplio hogar mientras besa su cabellera
dorada cuyo dulce olor a frutas le comienza hipnotizar. El mediodía era
extrañamente silencioso y plagado de una inmensa tranquilidad, no
cláxones de autos o llantas paseando sobre el asfalto. Una verdadera
maravilla.

—Ya, ¿a dónde me llevas, JungKook-ah? —Ríe, impaciente.

—No te desesperes, TaeHyungie, ya casi llegamos.

Su corazón late de una manera frenética y se mordisquea los labios en


signo de nerviosismo.

En su cabeza jamás habría arribado la posibilidad de conocer a una


persona como TaeHyung, tan amable y atrayente, en una cena que
celebraba los cincuenta años del negocio de su familia.

JungKook era, según los periódicos y noticieros locales, el mejor dueño


que el único hotel en el pueblo ha tenido. Él mismo, al contrario de la
opinión popular, no niega que ama colaborar ya sea de forma monetaria
o comunitaria en los eventos o nuevos proyectos para atraer el turismo,
pero no se considera a sí mismo una excelente persona.

Cuando cursaba el último año de secundaria, y los exámenes cargados


de temas absurdos acaparaban su vida social, rechazó cruelmente las
invitaciones de varias personas para el baile. No era una de las acciones
más inaceptables que un ser humano podría hacer y quizá el
remordimiento era ocasionado por un simple berrinche de inmadurez de
alguna chica o algún chico que hasta la actualidad no ha superado el
desinterés que JungKook le mostró, pero no se halló en bajo su control
que después de tan "catastrófico" suceso quedara tachado por los
adjetivos de antipático y amargado, y que jamás volviera a ser invitado a
una cita.
Pero se encontró con TaeHyung, quien con una sonrisa dulce le había
cuestionado si podría hablar con él. Ocurría en ese tiempo que la
industria agrícola mantenía un desnivel entre los salarios y la
contratación de empleados masculinos y empleadas femeninas;
TaeHyung necesitaba urgentemente la referencia de un profesional del
pueblo para escribir una crítica en su columna semanal y JungKook era
su última esperanza. No fue complicado que la elegancia e indulgencia
de tan esmerado columnista le encandilaran y terminara accediendo sin
queja alguna. Luego de la pequeña charla, lo único que recuerda es que
ambos archivaron el contacto telefónico del otro y una sonrisilla boba no
desapareció de su rostro en toda la noche.

El tiempo bastó para que se realizara un jugada prevista, claro las horas
de planificación, textualización y revisión para la crítica no se llevaron a
cabo únicamente en una semana, por lo que comenzaron a intercambiar
gustos, opiniones y chistosas anécdotas de sus vidas. Al principio
JungKook deseaba entablar una simple amistad con TaeHyung, pues
sabía que en caso de haber indicios de no ser correspondido anhelaba
continuar sus salidas junto a él cada noche. Pero al pasar de los días se
percató de que el encanto de TaeHyung lo tenía comiendo de su mano y
debía expresarlo aunque arriesgara el pacífico lazo que habían forjado.

—Puedes abrir los ojos —susurra en su oído.

Sus pestañas se elevan, permitiéndole observar la imagen en frente.

—¿Qué tiene diferente Tannie?

Se halla confundido, sólo era su amado cachorrito Pomerania acostado


sobre una almohada rojiza y la típica luz solar que entra por el cristal de
la ventana acariciando su esponjoso pelaje.

—Acércate a él.

Camina hacía a Yeontan, quien de inmediato se coloca en sus cuatro


patitas y mueve su colita de un lado al otro con velocidad. Desaparece
sus delgados dedos por el pelaje negruzco, siente la suavidad al contacto
y sonríe.

Algo chispeante llama su atención, ya que guindaba en el collar que el


pequeño perrito no solía utilizar si yacía dentro de la casa. Aparta unos
cuantos mechones de pelo, escuchando el débil tintineo de metales
chocando entre sí.

—No puede ser.

Su corazón retumba en su pecho debido a miles de emociones y sus ojos


avellana se empañan con lágrimas de refulgente alegría.

—Te amo, TaeHyung —dice JungKook a sus espaldas—. Cambiaste mi


vida de la mejor manera que pudiste y la llenaste de muchísimos colores.
Por eso —corta las palabras, desprendiendo del collar un objeto
minúsculo—, ¿me harías el honor de casarte conmigo?

Clavan sus miradas lagrimosas, expresando a través de ellas el sincero


amor que juntos lograron alimentar. Sobrevivieron altas y bajas épocas
durante su relación como novios, lo que silenciosamente confirmó que tal
vez el hilo carmín existía y les unió desde el primer lloriqueo que
emitieron al nacer.

—Claro que sí, JungKook-ah. —Sonríe, envolviendo en la calidez de un


abrazo a su reciente prometido.

—Te amo. —Besa el dorso de su mano.

—Yo también te amo, lo sabes.

Yeontan lanza un pequeño ladrido, interponiéndose entre las manos


unidas de JungKook y TaeHyung. Restriega su cabecita sobre ellas y
luego se recuesta sobre su lomo moviendo las patitas delanteras.

—Yeontan quiere que me aleje de ti —dice JungKook con el ceño


levemente fruncido.

—Claro que no. —Ríe— ¿Estás celoso de nuestro bebito?

—No... —deja transcurrir un pequeño silencio—. Bueno, tal vez.

Las carcajadas se callan por un adorable puchero de parte de JungKook,


y la promesa de matrimonio se sella con un beso de tan maravillosa
pareja. Todo marchaba como alguna vez lo soñaron.

✧. Perderte
『 Inspiración:

[Aquí debería haber un GIF o video. Actualiza la aplicación ahora para


visualizarlo.]

Las calles abarrotadas de automóviles, el cielo destiñéndose de azafrán


a zarco y las luces de la ciudad apareciendo conforme la oscuridad se
hacía presente. Nada cambiaba, el típico y monótono paisaje que sus
ojos ébanos contemplaban día a día.

A unos cuantos pasos delante suyo, caminan TaeHyung y JiMin. En su


costado derecho guinda una cámara, con la cual graba una que otra
tontería que realizado por los mayores. Realmente debía admitir que
aquella tarde fue genial; comieron comida chatarra sin que nadie se los
impidiera, compraron ropa para las cercanas vacaciones y corretearon
por las aceras, creyéndose los reyes del mundo. Sin embargo, una
pequeña astilla se clavaba constantemente en su pecho, quitándole la
venda de los ojos para que la realidad le cayese como un balde de agua
helada.

Se halla feliz y plasma una tierna sonrisilla en sus belfos, no obstante,


sabía que la salida la había planeado sólo para olvidarse un rato de sus
miedos e inseguridades. El hecho de que la noche comenzara su
ascenso, le entristecía de sobre manera.

—¿Por qué te quedas tan atrás, JungKook-ah? —Escucha a JiMin


preguntar—. ¡Ven!

Levanta su vista ébano, JiMin posee una dulce sonrisa mientras


TaeHyung expone una evidente mueca de preocupación en su rostro.
Cuando se trataba de su novio es difícil ocultarle si sufre de alguna
molestia, y ahora allí en frente suyo lo confirma.

Desde el primer instante que le vio en los desolados pasillos del colegio
se planteó la hipótesis de que, aunque suene cursi y cliché, una vez que
reuniese el necesario valor para hablarle él lograría cambiarle la
perspectiva que atesoraba sobre la vida. TaeHyung es reluciente y alegre
como el atardecer de un verano caluroso, así que no fue ninguna
sorpresa que intercambiara la frigidez de los colores grisáceos y
negruzcos de su día a día por la calidez de azafranes y ocres. No le tomó
más que una sonrisa para hacerle caer en su impecable belleza y plena
bondad, pero se pregunta "¿Quién en su daño juicio no caería por
TaeHyung?" No necesariamente debía ser la metáfora de caer
enamorado, sino endulzarse con su atractivo físico y psicológico. Él lo
había hecho y hasta la actualidad no se arrepentía del estrago de
enamoramiento que acaparó cada pequeña función de su mente. Por ello
cada noche, siendo sus ojeras la viva prueba, temía perder a la única
persona que fácilmente traía felicidad a su organismo.

Una leve llovizna se desconsuela sobre la ciudad, provocando que sus


ropajes se empapen y el tráfico se congestione de forma superior.

—Los veo luego, chicos —se despide JiMin, colocándose la capucha de


su suéter—. La tensión comienza a asfixiarse, así que arreglen lo que
sea que tenga que arreglar.

TaeHyung arruga su entrecejo con confusión, no había peleado con


JungKook y tampoco tuvieron un desacuerdo por algo.

—Está... ¿bien? —concuerda TaeHyung sin comprender y sacude su


mano despidiéndose.

—¡Hasta luego!

JiMin se escabulle rápidamente entre los peatones, preguntándose qué


pudo haber ocurrido con aquellos dos.

TaeHyung y JungKook eran, según su grupo de amigos, una pareja


bastante divertida y romántica, a pesar de que no lo reconozcan. Sus
citas perfectas se basaban en pasar horas jugando overwatch mientras
comen frituras y beben coca cola. Nada inusual o eso creen. Sin
embargo, también se encuentra esa parte empalagosa, donde se besan
y abrazan sin poder esfumar la necesidad de regalarle una mínima
caricia al otro.

Caminan en silencio, sus manos rozándose debido a sus pisadas


sincronizadas. La brisa gélida choca contra sus rostros inexpresivos,
pero eso no evitaba que la atmósfera se acalore por la incómoda
sensación de un peso asfixiante.

—¿Ocurre algo, JungKook-ah? —TaeHyung rompe el silencio.


JungKook suspira y apretuja sus nudillos, provocando que se palidezcan.
No desea hablar y mucho menos soltar una oración coherente que le
regale un indicio a TaeHyung de su malestar,

—No. —contesta, tragando el nudo en su garganta.

—¿Seguro?

Se ahorre dejar salir el sollozo amenazante de su boca, TaeHyung


siempre sería tan obstinado y lleno de empatía por lo que es preferible
permanecer indiferente a sus ojos sumamente preocupado.

—Seguro.

Siente su voz quebradiza y gotas saladas acumulándose en la cuenca de


sus orbes.

Las personas pasan a sus laterales y sonríen ignorando las serias


expresiones que cargan ambos jóvenes. No les incumbía, de cualquier
manera, pero hay veces donde una demostración de interés lo vale.

—¿Estás enojado? ¿Hice algo que te molestara? —consulta nervioso.

Las frías gotas de lluvia no consiguen que la velocidad de su caminata


aumentara, y con la misma lentitud siguen la dirección al apartamento del
menor.

—No, TaeTae.

—¿Entonces?

—No pasa nada, ¿está bien?

Su intención no es ser arisco o duro con su novio, sin embargo, la


inquietud, que por orgulloso no ha dado intención de solucionar, le vuelve
insoportable y un total estúpido.

—Sabes que puedes hablar conmigo.

Arroja las llaves en el escritorio de su habitación, suspirando cansado y


con una terrible tensión encima. Su ropa se halla húmeda, pero para su
suerte la cámara está intacta y resguardada en su estuche. TaeHyung se
sienta a su lado, haciendo las cobijas un ovillo entre sus dedos. Se
notaba angustiado y sabía que era por su culpa.

—¿Vamos a hablar? En serio no sé que pasa contigo, JungKookie, hace


días que te comportas así.

—Es sólo... es una tontería.

—No me importa si es una tontería o no, sólo quiero saber que ocurre —
exclama—. ¿Acaso quieres que terminemos?

Una presión se instala en su pecho y un nudo se forma en su estómago.

—¿Terminar? ¿Por qué rayos querría algo así?

—Te oí hablando con Yugyeom —revela con una voz deprimida—.


Decías que ya estabas cansado de esto y que querías acabarlo.

Un silencio se esparce por el área, únicamente escuchándose las lentas


respiraciones que sus pulmones expulsan y la alocada tormenta externa.

—Dios, TaeHyung, jamás querría terminar contigo —aclara, paseando


una de sus manos por su cabello azabache—. No hablaba de eso con
Yugyeom.

—¿Y de qué hablaban?

—Estoy harto de pensar en lo que va a ocurrir.

—¿Qué dices?

—Te gradúas este año, TaeTae, y yo tendré que quedarme aún en el


colegio mientras tú te vas a la universidad.

Con pena, baja su cara para impedir la vista directa de TaeHyung.

Tal vez para muchos era una estupidez, pero al fin y al cabo era una
estupidez que llevaba consigo nuevas experiencias y probables olvidos.
JungKook no quería eso.

—¿Crees que te voy a olvidar?


—Es lo más probable, además, ya no tendremos tiempo para estar
juntos.

TaeHyung bufa, negando.

—Es un hecho que el tiempo para compartir juntos disminuirá, pero si


crees que me olvidaré de ti, entonces no me conoces lo suficiente. —Ríe
con evidente amargura—. Las veces que te he dicho te amo no han sido
por simple palabrería.

—TaeTae.

—¿Crees que no había pensado en eso? ¿En lo complicado que será


vernos? —inquiere con sus ojitos cristalizados—. También tengo miedo
de perderte, pero yo sí he creído en los "te amos" que me dices.

—Tae...

Calla unos segundos.

—Tae... Yo sí creo que me ames, ¿está bien? Pero he sido remplazado


tantas veces que no puedo evitar pensar que tú también lo harás.

—Jamás haría algo así.

—Lo sé, pero tengo miedo y odio no poder distinguir entre mi pasado y
tú.

—Mírame.

El ébano se mezcla con el avellana, sus miradas impregnadas de vivo


fulgor que son remitentes de un amor puro y eterno.

—Siempre puedes hablar conmigo, JungKook-ah, siempre.

JungKook asiente, sus manos picando por el deseo de repartir caricias


en la piel caramelo de TaeHyung.

—Te amo.

—Yo también. —Esboza una sonrisa—. No vuelvas a creer que me


olvidaría de ti.
El miedo a perder a alguien a quien se aprecia y entrega todo el cariño,
se vuelve algo engorroso y agotador, puede llegar a dañar mental y
físicamente. Sin embargo, ver la seguridad con la que TaeHyung le
afirma no irse, le devuelve a JungKook aquel reconfortante y pacífico
sentimiento con el cual necesita vivir cada día de la semana. El amor es
quien, por lo general, brinda ese malestar, pero asimismo lo arrebata
para que no regrese de nuevo y contribuya a desgracias lamentadas
cuando es tarde.

✧. Lágrimas Injustas
『 Advertencia:
Gender bend 』

*Sé que el nombre 'JiMin' puede ser utilizado para ambos sexos, pero
preferí cambiarlo un poco*
*No hay un idol de otro grupo en la historia, simplemente BTS gender
bend*

El sitio se halla iluminado por luces fosforescente de tonos violáceos y


azulinos, permitiendo que su vista se aturda y su cabeza se llene de un
intenso dolor palpitante. Las paredes parecen empezar a estrecharse con
lentitud mientras las ventanas son empañadas por el vapor que emiten
los cuerpos al rozarse en la pista de baile. Es casi una auto-tortura residir
en medio de ese mar de humanos y no hacer nada para salir de nuevo a
"tierra firme"

Su ceño se frunce conforme lee los nuevos mensajes infestados de faltas


ortográficas que su —supuesta— novia le envía a cada segundo. Para
JunSook no es algo extraordinario o místico que Suni le comentara de
manera, según ella, indirecta cuán aburrida e insípida se había tornado
su relación, no le molestaba del todo pues lo que ella llamaba aburrido
era la poca "acción corporal" que llevaban a cabo, pero le decepcionaba
que la chica no tuviese la valentía de expresárselo cara a cara.

JunSook jamás fue la joven caracterizada por la popularidad o audacia,


al contrario consiguió socializar sin un espantoso temor acechándola
hasta que conoció a su querida amiga TaeHye, que un día colegial
decidió acercársele y entablar una conversación banal de diez minutos.
Al principio, no congeniaron de un modo maravilloso o memorable, ya
que al ser tan retraída y callada parecía una insulsa pared con la que
TaeHye hablaba de vez en cuando en los recreos, pero el tiempo rompió
su estatus quo y acomodó la situación perfectamente.

Guarda su celular en el bolsillo de su jeans y presiona el puente de su


nariz, evitando que el fuerte aroma a alcohol se cole por sus fosas
nasales.

Ir a un bar un viernes por la noche no es algo que escribiría como


objetivo entre sus planes, sin embargo, TaeHye y MiNie, propusieron la
idea de disipar el despecho que sufría y hacerle respirar aire fresco como
una persona normal. No obstante, anhelaba largase a su hogar y dormir
entre las calientitas colchas.

—Vamos, JunSook-ah, se supone que vinimos a divertirnos —insiste


TaeHye, intentando sacar a la chica de la barra, y además, alejarla de su
respectivo vasito de agua.

—No me gustan estos lugares, unnie ¿Podemos irnos ya a casa, por


favor? —ruega, con uno de esos pucheros por los cuales TaeHye se
vuelve débil.

—Bailemos sólo una canción, ¿está bien? Luego le diré a MiNie que nos
vamos.

—De acuerdo.

En la lejanía, logra enfocar a su otra amiga bailando con una chica de


aspecto atemorizante, pero que, puede deducir, cayó en los encantos de
MiNie de forma tan sencilla como chascar los dedos.

La canción más reciente de un grupo famoso comienza a salir por los


cientos de parlantes en cada esquina superior del llegar. Bufando, se
pregunta por qué justamente debía ser esa canción, pues su novia
siempre la escucha cuando salen con el auto.

—¡JunSook! ¡No seas aguafiestas!

—En serio me quiero ir, unnie, me duele la cabeza.

—Agh, está bien. —se rinde, marcando el número de alguien en su


celular—. ¡SooJin unnie! ¿Podría venir por nosotras?... No, ella
probablemente se quede... Sí, está aquí al lado mío... No, no estamos
ebrias... ¡Gracias!

TaeHye cuelga la llamada y cuando se encuentra a punto de guardar el


celular en su pequeño bolso de lentejuelas, una notificación se presenta
en la brillante pantalla.

—No puede ser.

—¿Qué pasó?

—Voy a matar a alguien está noche y tú no podrás impedírmelo.

JunSook la mira con suma extrañeza, sin percatarse de que ella también
había recibido la misma notificación.

—Mira. —TaeHye alza el aparato, mostrándole, para su desgracia, una


fotografía de Suni besando a otra chica—. Sabía que esa tipa no era
buena para ti.

Dese poder formular una palabra o al menos gesto, pero sus ojos se
inundan de cristalinas lágrimas amargas.

—Oh, JunSook-ah, no llores. Ella no vale la pena.

TaeHye envuelve a su amiga entre sus brazos, jugando con la larga


cabellera azabache que le embriaga con un dulce olor a vainilla.

—¿Quieres que haga algo por ti? Tal vez comprarte un chocolate o el
adorable peluche de conejo que tanto querías.

—N-No. —Hipa—. Sólo, ¿podría quedarme en su casa esta noche?

—Claro que sí. —Le sonríe—. Podemos ver películas o alguna serie, ¿te
parece?

JunSook asiente, limpiando las líneas húmedas que han desamparado


las lágrimas como un cruel rastro en sus níveas mejillas.

El aire gélido de la noche junto a sus resplandecientes estrellas impactan


en sus caras infestadas de humo debido a los cigarros que algunas
personas fuman desvergonzadas, ignorando por completo los letreros de
prohibición. El sonido de un claxon les hace voltear hasta toparse con el
reconocido auto de SooJin, la chica les escruta enfada con las manos
asfixiando el negruzco volante.

—¿Por qué no consiguen licencias? No es divertido pasar la noche sin


pegar un ojo, sólo porque las niñitas querían divertirse —reclama,
negando con la cabeza.

—Yo no quería venir —recuerda JungSook.

—Bueno, TaeHye y MiNie, que, por cierto, ¿dónde está?

—Con una chica que parecía ser una asesina serial.

—¡JunSook! Eso no es cierto, unnie, MiNie estaba con YoonJi, una de


sus amigas en la universidad —explica TaeHye, avisándole por un
mensaje a MiNie que estaba camino a casa.

—De acuerdo, entonces espero que llegue bien a casa, sino te haré
buscarla hasta el fin del mundo.

—Uhm... Está bien —concuerda renegada TaeHye.

Más tarde toma asiento en la suave colcha color beige enfunda la cama
de TaeHye, quién yacía frente a las puertas abiertas de par en par de su
closet buscando un pijama. JunSook observa el jugueteo de sus manos,
recordando cada una de las mentiras que Suni le dijo con total descaro.

—¿Estás bien?

—No.

TaeHye ata su larga cabellera rubia en una coleta, suspirando por la


tristeza que la menor emana.

—¿Quieres ver una película? ¿O tal vez que te prepare un té para el


dolor de cabeza?

—No, unnie.

—Puedes contar conmigo para lo que sea, JunSook-ah. No reprimas tus


sentimientos, quiero saber como ayudarte.
Atisba el firmamento estrellado a través de la ventana cristalina. No podía
negar que una idea se había presentado en su mente, pero no tenía las
agallas para pedirle semejante favor a TaeHye y tampoco se atrevería a
abusar de su confianza.

—JunSook.

—Bésame.

—¿Q-Qué? —Abre sus ojos desmesuradamente.

—Bésame, por favor.

La chica traga saliva y acerca su rostro al de JunSook, mezclando sus


lentas respiraciones. Sus fanales avellana se cierran y aparece el leve
toque de labios, enviando cosquillas por sus espinas dorsales y trémulos
a sus manos. Es un beso inocente, cubierto de simpleza, pero que
provoca frenéticos latidos.

—Gracias —susurra al separarse.

—¿Por qué me pediste eso, JunSookie? —Besa la mejilla de su amiga,


abrazándola por el cuello para evitar la conexión de miradas y el estrago
de vergüenza.

—Quería comprobar por quien mi corazón se acelera verdaderamente.

Saca a TaeHye del fallido escondite, rozando los nudillos con sus mejillas
sonrosadas.

—¿Y por quién lo hace?

—Por ti, unnie.

✧. Esconderse de los pecados


『 Inspiración:

Le Fantôme de l'Opéra, novela gótica de Gastón Leroux (1910).


The Phantom Of The Opera, musical dirigido por Andrew Lloyd Webber
(1986).
*Algunas características se verán distorsionadas de la realidad. Por
favor, pido que no hayan comentarios negativos o burlescos*
*Supongamos que sí había higiene en esta época*

París, Francia siglo XIX.

El anochecer había impactado sobre la ciudad francesa tan rápido como


un pájaro hace sus primeros intentos para volar. Pinceladas de zafiro y
estrellas brillando, una vista preciosa dibujada más allá de las nubes.

Madame Luisa antes se aseguraba de que las butacas del teatro se


hallaran en un perfecto estado, mientras Fabrice y Joséphine
preparaban, sin que se les escapara un mínimo detalle, la obra que se
realizaría el día posterior.

La puerta golpeó con desmesurada fuerza contra sí misma, Madame


Luisa con extrañeza caminó a esta e inspeccionó que no tuviera daño
alguno. La abrió y las ráfagas de viento entraron sin vergüenza. Débiles
lloriqueos se impregnaron en la brisa gélida y los ojos de la señora
bajaron hasta el suelo que daba la bienvenida. Allí envueltos con
sábanas e hipando en canastos yacían dos bebés.

— ¡Válgame Dios! ¿Qué ser tan cruel se atreve a realizar tal acción?

Tomó a los infantes uno en cada brazo y les meció con suavidad tratando
de que los lloriqueos cesasen.

— ¡Madame! ¿Qué hace con la puerta abierta y dejando que entre este
frío?

— Mil disculpas, Jósephine, pero aquí en la entrada encontré a estos dos


ángeles sin compañía.

La mujer miró bajo sus rizadas pestañas a las dos criaturas y colocó en
su rostro una mueca de asombro.

—¿Quién haría tal cosa?

Sus huesudas manos tantearon las caritas enrojecidas hallándolas


húmedas. Los dedos se colaron hasta dar con cadenas de oro.

—Relicarios —susurró.
Los abrió con entusiasmo de encontrar información.

—Parece ser que este bebé lleva por nombre JiMin —comentó hacia
Madame Luisa—. Trece de octubre...

—¿Será su fecha de nacimiento?

—Así lo creo —respondió la mujer—. El otro bebé lleva por nombre


TaeHyung y la fecha dice treinta de diciembre.

—No son hermanos, entonces.

—No.

Madame Luisa observó con cariño los rostros adormilados de las


criaturas.

—No les puedo abandonar o entregarles a un orfanato. Son hermosos


como las rosas recién florecidas.

—¿A dónde piensa usted llevarles? Tiene cuarenta y ocho años, Luisa,
¿no cree que ya no es una edad para criar bebés?

—El destino les habrá mandado por algo —habló con firmeza—. Les
criaré y cuidaré como si fueran míos.

Joséphine jamás tendría la nefasta voluntad de abandonar a los infantes


en algún orfanato, tan sólo velaba por la salud de Madame.

—Ya he preparado el carruaje, Joséphine.

Llegó Fabrice a la sala hablando hacia su esposa.

—Gracias, Fabrice.

—¿Quienes son estas criaturas, amor mío?

—Madame Luisa les ha encontrado en la entrada del teatro. —Suspiró—.


Ella no tiene el corazón para dejarlas allí o algún orfanato.

—Si me permiten el atrevimiento, ¿podría irme con ustedes en el


carruaje?
—Oh claro que sí, no nos parece que fuera un atrevimiento de su parte.
—Fabrice le sonrió.

Las preciosas puertas del teatro se abrieron al aire del anochecer, una
pareja elegante y una señora de buen vestir, sin embargo, derrochando
humildad, salieron con dos bebés cargados en brazos. El carruaje
negruzco esperaba tras las gradas con sus magníficos asientos suaves
al tacto y carmesíes a la vista.

—Déjeme cargar a uno de ellos.

Ante el asentimiento Jósephine tomó en brazos al bebé de nombre JiMin


cuyos orbes observaban las estrellas pintadas con curiosidad. El "instinto
maternal" se instaló en su pecho y con rebeldes lágrimas se reprochó el
no poder concebir hijos.

—Lástima que Fabrice y yo viajemos tanto, pudimos adoptar a alguno de


ellos.

—No deberías derramar lágrimas, amor mío. Madame Luisa les cuidara y
podremos verles crecer.

—Tienes razón.

El carruaje viajaba con orgullo por las calles de Francia oyéndose los
relinchos y el cabalgue de los caballos. Los querubines cayeron en las
redes de Morfeo ante los delicados movimientos que las damas
empleaban con sus brazos.

------------

Los años pasaron de prisa como el sol desaparece entre las nubes al
llegar la tarde. Los preciosos bebés JiMin y TaeHyung tenían la edad de
siete años, siempre tan juguetones y alegres. Madame Luisa se había
dado la oportunidad de averiguar si los querubines poseían alguna
habilidad en el ámbito musical. JiMin a su corta se maravillaba cuando
miraba a laos bailarines moviéndose al ritmo de los cánticos mientras
que TaeHyung poseía una bellísima voz.

—¡Su hermosura es increíble! ¡Parece casi una damisela! —comentaba


Joséphine con impresión—. ¿No crees que se vería adorable con un
vestido?
—Eso no es digno de un varón, amor mío.

El pequeño TaeHyung paseaba sus deditos por la suavidad de los


vestidos y las enaguas, sus orbes brillaban ante las espléndidas prendas.

—TaeHyungie.

—Vizconde HoSeok. —Realizó una reverencia.

—No tienes que llamarme de esa forma, TaeHyungie.

—No puedo faltarle el respeto, mi madre no me ha criado así.

El mayor sonrió al niño de cabellos rubios.

—También sigo siendo un niño, no me gusta que mis amigos deban


tratarme de esa forma.

Se tomaron las manos para salir del vestuario repleto de equipamiento


para la ópera, irían en busca de JiMin.

—¿Por qué mirabas los vestidos de las cantantes?

—Me parecen muy bonitos.

HoSeok dibujó una mueca de confusión en su infantil rostro.

—Pienso que si te pusieras algún vestido parecerías una princesa.

—No diga eso.

Las mejillas de TaeHyung se bañaron en rosáceo. Lo cierto es que el


niño era dueño de una esplendorosa belleza; sus mejillas sonrosadas, su
boca rojiza con forma parecida a la de un corazón, sus ojos avellana y a
aquellos suaves rizos dorados dejaban estupefactos a quienes le
mirasen.

—TaeHyung, cariño, ¿podrías venir aquí? —llamó Madame Luisa.

El infante caminó hacia su madre de forma cautelosa.

—HoSeok, JiMin te esperaba en las butacas bajas.


—Gracias, Madame.

TaeHyung alzó su manita y despidió a su amigo con un movimiento de


izquierda a derecha.

—TaeHyung, mira lo he que conseguido.

La mujer mostró un vestido con decoraciones de encaje al pequeño cuya


sonrisa no pudo ser más grande.

—Es hermoso, me gusta.

—Ve y pruébatelo, hijo mío.

TaeHyung entre saltos se desprendió de su ropa, la emoción talando


ante la dicha de probar el ropaje en sí mismo. Al tacto era suave y
delicada, con miedo dejó que el vestido cayera sobre su anatomía.

—Ven aquí, mi niño.

Se dejó revelar a la vista de su madre, la vergüenza hallándose presente.

—Te ves maravilloso.

Era verdad que para los hombres y niños aquellas prendas jamás
despertarían la intriga de cuestionarse el aspecto que tuviesen al desfilar
con ellas, sin embargo, para los ojos de todos los demás, el pequeño
TaeHyung no florecería como un varón y su modo de vestimenta no
volvería a ser una molestia.

Notre Dame, Francia siglo XIX

El circo se hablaba por cualquier lugar; en las calles, entre los nobles, en
la pueblerina y la servidumbre. Sus maravillosos colores siendo tan
llamativos y brillantes que desde la más empinada montaña se podrían
apreciar; los acróbatas con su espléndido maquillaje y sus piruetas
increíbles; los payasos haciendo reír con sus locuras; los domadores
asombrando con su valentía y fuerza; y los especímenes recibiendo
burlas ante las deformidades que adornaran sus anatomías. Miles de
familias con sus ropajes caros sentadas en el público mientras tras los
telones se respiraba la tristeza de los protagonistas de tan alegre evento.
Un descuido al anochecer, una mezcla de fuego y gasolina. La hermosa
y rústica panadería del lugar hallándose muerta entre las cenizas junto a
sus dueños, sin embargo, el único heredero residió vivo entre los
escombros con una marca que le haría sumergirse en burlas y golpes el
resto de su niñez.

Cuando la carpa se hubo encontrado pintada en la sombría oscuridad, un


reflector iluminó en medio de la arena.

—Con apenas la corta edad de seis años este niño fue castigado como el
hijo del diablo —habló el hombre dueño de aquel lugar atroz—. ¡Tan sólo
miren su rostro! La mitad de el podrido en cicatrices.

El aliento se atoró en la garganta de muchos, mas la espesa bruma con


carcajadas se escuchó después.

El látigo impactó contra la espalda del niño quien si poder evitarlo


escupió un sollozo de su boca, imbuido en el dolor y rogando que sus
llamados de piedad fueran tomados en serio. Enterró sus uñas en la
superficie bajo su cuerpo sintiendo los erráticos golpes abriendo hilos de
sangre en su inmaculada piel.

—Por favor, no.

Los ojitos oscuros como el ébano derramaron calientes lágrimas de


cristal.

—¡Cállate!

Tal cual la lluvia rocía la huerta para hacer crecer las flores; las risas y
burlas regaban su corazón para agrandar la tristeza que desde aquella
noche guardaba un desgarrador acontecimiento.

Más tarde el agua tibia purificaba las abierta heridas. La sangre tan
carmín como los cerezos se limpiaba de su cuerpo entre los chorros.

—Prometo que te sacaré de aquí algún día.

Marion decía entra hipidos y lágrimas, llorando el sufrimiento del pobre


niño. Una chica de veinticuatro años que le hace honor a su nombre;
reservada, misteriosa y secreta. Aunque la tristeza le sofoca, se muestra
fuerte para el azabache y su hijo de diez años. Hermosa como el cielo al
amanecer y dueña de una impresionante habilidad acróbatica, sus
padres le vendieron al circo por problemas con el dinero el preciso día en
que cumplía sus tiernos catorce años. Un fiel compañero del propietario
le había profanado el cuerpo poco tiempo después de haber ingresado,
dejándole como consecuencia un pequeño ser creciendo en su vientre.

—¡Mamá!

—¿Qué ocurre, cariño mío?

—Mamá, el dueño está por venir.

Las manos de la joven se bañaron en trémulos constantes y tragando


saliva le pidió a los infantes que se escondieran entre las telas.

—¡Mamá!

—Está bien, mi pequeño —la mujer se dejó acariciar la mojada mejilla


por la manita de su hijo—. Por favor hazle caso a mamá y cuida de
JungKook, es muy pequeño aún y necesita de un hermano.

El niño asintió y se ocultó junto al menor cuyos ojitos se encontraban


perdidos.

La puerta se abrió y resonó con estruendosa fuerza en el lugar.


Nuevamente los inocentes querubines tuvieron que actuar como testigos
de gritos desgarradores, ambos anhelando obstruir con sus manos los
sonidos, tratando de sanar la pureza de su audición.

La vida de cada persona era muy distinta.

------------

El fuego ardía causando gritos de auxilios y sollozos insistentes. El


grisáceo humo ahogaba la respiración de las personas quienes no
encontrado la luz de la salida. El calor abrumaba, el sudor al correr les
hacia sentir pegajosos y desganados, la ceniza les escarchó las
cabelleras y picaba en sus orbes.

—¿Dónde está JungKook? —preguntó Marion tosiendo.

—No lo sé, mamá, no lo encontré.


La muchacha no impidió que las lágrimas salieran colocando una de sus
manos sobre su boca. Las manecillas del reloj continuarían avanzando,
corrieron hasta encontrar el resplandor de las estrellas.

—¡JungKook! —la mujer y el adolescente de diecisiete años llamaban


alzando la voz al pequeño azabache de catorce—. JungKookie, ¿dónde
estás?

Se alejaron de la carpa, la cual, despacio como si quisiese recuperar su


hermosura, se destrozaba por las llamas ardientes. Marion cayó de
rodillas sobre el asfalto sin importar que raspones rojizos adornarán
ahora sus rodillas, tal vez JungKook no era su verdadero hijo, pero el
sentimiento de amor y cariño le convertía en una figura materna. El joven
se abrazó a su madre anhelando mostrarse sereno, mas la pérdida tan
reciente talaba profundo en sus corazones.

Sus piernas ya cansadas no le permitían correr con la rapidez de tiempo


antes. Se había asegurado que dos personas se hallarán bien y huyó,
simplemente huyó de todos los tormentos que golpeaban en su cabeza
cuando el sol aparecía y cuando la luna brillaba con fulgor. Lloraba y
continuaba avanzando hasta que el aire le comenzó a faltar. Temblaba,
con la capucha negruzca intentaba desaparecer su rostro a las miradas
ajenas.

—¿Te encuentras bien, cariño? —la voz de una señora le hizo levantar
su carita inmediatamente tapándose con una mano llena de heridas

—Sí, madame, no debería preocuparse.

—Quita la mano de tu rostro.

Se encogió en su sitio a pesar de que el tono era dulce.

—Quita la mano de tu rostro, no osare juzgarte.

Se dejó revelar ante los ojos marrones, la expresión de la señora jamás


se pintó a una de horror o burla continuó con su suavidad.

—¿Necesitas ayuda? ¿Tienes a donde ir?

—N-No —sollozó de forma silenciosa.

—No tengas miedo, toma mi mano.


Miró la mano llena de cierta arrugues y sin querer torturarse con el
pasado, la tomó.

—Cuidare de ti, lo prometo

Caminaron durante un largo rato, sin embargo, residieron frente a una de


las más exquisitas construcciones de Francia; La Ópera Garnier.

—¿Habías visto alguna vez este lugar?

El muchachillo negó.

—De ahora en adelante este será tu hogar, pero prométeme que lo


guardaremos como un secreto entre los dos.

—Se lo juro por lo más preciado que tengo...

—Madame Luisa.

—Madame Luisa. —Una mínima sonrisa se alzó en sus belfos.

Al entrar pudo apreciar la elegancia y la preciosura de las joyas en todo


su resplandor. Los candelabros iluminado con una luz ámbar el lugar, los
mínimos detalles esculpidos con perfección en el alto y bajo de las
columnas y en las barandas de las curvadas escaleras; elevándose en el
techo desfilaban majestuosos pinturas y las esculturas de querubines
tallados con realismo.

Los orbes de JungKook brillaban con esmero cuando aún si quiera había
contemplado la atracción principal de tan increíble sitio.

Un pasillos les llevó a otro hasta chocar con una entrada sin puerta. La
mujer tomó una candela y la prendió entre azafranadas llamas, una
escalera guiaba a lo más bajó provocando temor. Pequeños escalones
siendo muy cortos que pereciese que fueran a tropezar y caer, el eco de
sus pasos inundaba cada vez más el ambiente.

Un precioso lago se presentó con tranquilidad ante ambos.

—Atravesando este lago encontrarás tu lugar de hospedaje.

—¿Me dejará solo?


—No, cruzaré contigo el lago, pero más allá tendrás que seguir el
camino. Vendré todos los días a procurar que tienes lo necesario.

—TaeHyung, ¿has visto a mamá?

—No, JiMin, no ha pasado por aquí.

El menor miró a su hermano salir del vestuario con notable preocupación


desbordándose de su rostro. Su madre había salido cuando la tarde
comenzó a caer y después de ello no hizo aparición alguna en el teatro.

Se observó en el espejo, su reflejo tan encantador como siempre


causando que la belleza de Venus se apagara a su lado. Tomó una de
las suaves esponjitas y delicadamente empolvó sus mejillas que ya de
por sí poseían un enrojecimiento natural. Sonrió para sí mismo,
acomodando el vestido rosáceo que se ceñía a su cintura y finalizaba
con un precioso vuelo. En sus rizos dorados colocó un tierno bonnet
decorado con pacíficas flores de tonalidades violeta.

—Te ves hermosa, mademoiselle.

Volteó, encontrándose con la gran sonrisa de su amigo.

—Se lo agradezco, vizconde.

Caminó con cautela hacia este regalándole un abrazo.

—¿Qué ha ocurrido?

—JiMin no encuentra a mi madre. —Suspiró melancólico—. Salió hace


horas y no ha regresado al teatro.

—De seguro se encuentra bien, no creo que quisiera perderse la primera


presentación de su maravillosa hija.

Con un sonrojo bajo la mirada. Cumplía quince años en un mes, pero el


sentimiento de cantar era tan grande que le suplicó a Madame Luisa la
oportunidad para debutar cuanto antes.

—Usted sabe que cuando estemos a solas puede tratarme como lo que
en verdad soy, una aguja en un pajar.
—Te gusta que te traten de forma delicada. —Tomó la delgada muñeca
entre sus dedos—. Y yo no podría faltarle el respeto a tan bella florecilla.

—Es muy hermoso conmigo, HoSeok, no entiendo como Colette no ha


puesto la mirada en usted.

—Cuando se trata de amor de verdad, no es fácil. Espero que eso te


quede claro, mademoiselle.

El vizconde se retiró de la pequeña sala mientras TaeHyung se ahogaba


en los nervios. Su hermano hace un año había iniciado como bailarín en
el teatro, y él recuerda como su sonrisa no podía ser más grande cuando
se movía al ritmo de las sublimes piezas. Sin embargo, ahora sería él
quien estaría ante la atenta mirada de los espectadores y, por supuesto,
de su querida madre.

—Oh, mi dulce TaeHyung. Estás maravilloso está noche.

—Gracias, madre. JiMin le estaba buscando.

—¿Mi querido hijo? Pero si le dije a ese niño que no me perdería —


comentó con indignación.

—Llevaba fuera muchas horas, ambos estábamos preocupados.

—Sin embargo, aquí estoy. Jamás me perdería el ver a mis retoños


presentándose juntos en el teatro.

La mujer derramó unas cuantas lágrimas rebeldes al sentir el orgullo en


su pecho.

—Por favor no llore, madre, no quisiera llorar yo también.

—¡Madre! Por Dios, ¿dónde estaba? —exclamó una tercera persona.

—Afuera como les dije antes de partir.

—Regresó muy tarde, la luna ya se puso en el cielo.

—Miraba vestidos para mi bella hija y trajes para mi hermoso hijo, ¿hay
algún problema con eso?

—No, claro que no. La preocupación nos estaba ahogando.


El de cabellos rubio cenizo se acercó para envolver en un abrazo a su
madre quien con cierta gracia le correspondió.

—No me iba a pasar nada. Ahora, prepárense para la gran presentación


de esta noche.

Las canciones tan llenas de emoción y sentimiento maravillaban al


público, los bailes bien preparados realizándose con una perfecta
coordinación. Miles de espectadores encontrándose estupefactos ante la
gentileza del canto y del fino danzar siendo semejante al contoneo del
bambú, los majestuosos escenarios daban toques amenos a los ojos de
quien se hallase entre el público.

La nueva y más joven voz baña en enamoramiento y su belleza provoca


que todos en la gran sala se desorienten perdiendo la percepción del
tiempo y sentido. Tan fresca como el verano, y su inocencia pareciendo
tener tallada la palabra eterna.

Cuando el telón vino se cierra los aplausos se impregnan en los


alrededores causando que Joséphine y Fabrice se conmocionen al ser
esta la última vez que dirigirán el teatro. Todo quedara a cargo de
SeokJin y NamJoon quienes cuentan con la edad de veintiuno.

—Cantaste precioso, mademoiselle. —El joven sujeta la mano y le pinta


un beso.

—Tenía mucho miedo —confiesa—. Pero al ver que JiMin y usted


estarían allí, me hizo sentir más seguro.

—Me alegro.

Sonrisas y halagos emergieron del público para TaeHyung cuyos ojos


jamás apagaron su brillo.

------------

En las sombrías penumbras dos orbes miraban atentamente la figura de


un hermoso joven pasearse de aquí para allá. El vestido que define sus
suaves curvas provoca suspiros enamoradizos en la boca ajena y las
manos desprendes mínimas cantidades de sudor.

—Es hermosa.
Al cumplir dieciocho años, y sin el conocimiento de Madame Luisa,
consiguió el puesto de ingeniero responsable de La Ópera Garnier,
aunque la mitad de su rostro siempre residió escondido detrás de una
máscara blanquecina. Construyó túneles y laberintos confusos, mejoró
su propio hogar recreándolo en una majestuoso estructura. Tenía la
posibilidad de controlar todo aquello que ocurriera en el escenario y,
además, la dicha de observar a la mujer que algún día se convertiría en
su esposa.

No se dejaba exponer frente a los demás, pero cuando las


presentaciones inician siempre poseía reservado un palco para su alma
solitaria. Aquella joven risueña y casta enviaba sensaciones a su
corazón, se sentía tocar los cielos sin pecado al oír aquel canto profundo,
sin embargo, dulce como el revoloteo de alguna colorida mariposa. Sus
manos temblaban y su aliento se secaba, completamente hipnotizado en
la bruma de la fineza.

—Madre, al fin llega —dijo TaeHyung con alegría al ver llegar a Madame
Luisa.

El azabache tenía conocimiento de que aquel precioso ser era la hija de


Madame, por ello un día al darse cuenta de que la reencarnación de la
belleza cantaba en el teatro le cuestionó quien era, la señora con una
pizca burlesca contestó que se llamaba TaeHyung y que era su
maravillosa hija adoptiva.

Desde aquel instante la flecha del amor se clavó, sin siquiera importarle,
justo en su corazón cuyos latidos son dedicados a una sola persona.

El rostro de Madame se giró en su dirección como si supiera con


exactitud que estaba allí y reprochara el porqué miraba a su hija, un
gélido sudor recorrió su espalda. Jamás se atrevería a mirar más allá de
las telas sedosas, no se atrevería a contemplar la tez cincelada en
pureza que se ocultaba bajo los vestidos. Sólo lo haría si tuviera el
consentimiento de la joven y, por fin, sus manos dejarían de picar por
querer sentir aquel cuerpo tan suave como los pétalos de una rosa.

Se alejó, entonces, caminando hasta su hogar bajo el teatro. Tenía un


plan que realizaría a penas la música iniciara a sonar en el escenario.

Al irse su madre, TaeHyung se desvistió para colocarse la espléndida


vestidura de aquella noche. Un hermoso vestido de corte princesa cosido
en tonalidades azulinas, le incomodaba que tuviera la obligación utilizar
una crinolina, pero se dibujaba tan bien en su anatomía que lo dejaría
pasar. La parte del pecho debía rellenarla con unas pequeñas
almohadillas, mientras que su cintura al ser extrañamente curveada no
causaba problemas con el corsé.

La personas admiraban muchas facciones de sí, pero una de ellas eran


sus rizos sedosos los cuales mantenía sueltos y su largo era poco, no
obstruían su vista. Su carita inocente al igual que su personalidad era un
factor de encanto que enloquecía a muchos y a otros les incitaba a
cometer actos lujuriosos, pero el joven de diecinueve años ignoraba
aquello, enfocándose tan sólo en su pasión; cantar.

—¿Estás listo? —preguntó su hermano detrás de la puerta.

Salió encontrándose al muchacho con su vestimenta de bailarín.

—Vamos. —Sonrió

La primera pieza de la noche sería interpretada por Jeaninne, la prima


donna del momento con su limpia voz soprano. Era la consentida de La
Ópera, siempre llevándole cualquier pequeñez que necesitara. Un día
aconteció, cuando Jeaninne inició con sus burlas hacia TaeHyung, y este
no quiso salir a escena. El rubio era sumamente querido en el teatro al
haberse criado ahí, pero ese día todos sólo habían enfocado su atención
en la prima donna exceptuando a su hermano, el vizconde y su madre,
quienes se hallaron furiosos al mirar las lágrimas deslizarse por las
rosáceas mejillas. Se odió esa vez, hasta que en la recámara que poseía
apareció una rosa roja con un lazo negro atado a su tallo junto con un
papel que tenía las letras F.O escritas con una elegante caligrafía. Cree
que El Ángel de la Música fue el responsable de que la alegría volviera
en donde antes hubieron lágrimas amargas.

La voz de Jeaninne sonaba por todo el lugar. A pesar de que su


personalidad fuera nefasta, su forma de cantar era admirable. Los
movimiento con las manos era gentiles y las expresiones en su rostro
simulaban los sentimientos que las piezas veneraban transmitir. Pero de
pronto ,y ganándose la impresión del público, la voz de la joven comenzó
a fallar y a sonar sin la característica afinación. Las bailarinas pararon
con su danza y se acercaron a la joven quien negando huyó con
desmesurada rapidez. Al tratar de caminar su paso se desgastaba y
parecía que en cualquier instante caería, pero continuó.
TaeHyung la miró pasar por su lado y decidió que debía ayudarla ya que
su cara se tintó en una palidez enferma.

—¿Qué habrá ocurrido con la joven Jeaninne? Su voz siempre es


perfecta —comentó Joséphine quien solía ir al teatro cuando tenía
tiempo.

—Se veía muy mal como si fuese a desmayarse —Madame siguió con la
conversación.

Caminaba por los pasillos en busca del vestuario de la prima donna.

—¡TaeHyung!

Volteó y se encontró con el vizconde quien con rapidez se acercaba.

—¿Qué ocurre?

—¿Qué vas a hacer, TaeHyung?

—Sólo iba a ayudar a Jeaninne.

—¿No te da miedo que ose a hacerte algo?

—Si lo intenta gritaré por su ayuda, ¿de acuerdo, vizconde?

—De acuerdo.

El azabache observaba con recelo a su amada junto al vizconde, aquella


noche salió con la intención de presentarse ante TaeHyung, pero el dolor
que le causó ver como ese muchacho era tan cercano a la chica le apagó
la ilusión. De todas maneras, sabía que una flor tan hermosa como
TaeHyung jamás se enamoraría de un monstruo como él.
Partió a su hogar con su corazón nuevamente roto en miles de pedazos.

La puerta estaba cerrada con llave, pero podía escuchar como los
lloriqueos ahogaban a la prima donna desde fuera. La desesperación le
golpeaba, y por ello de su cabellera desprendió un pequeño broche, le
acomodo en el pestillo procurando que no rompiera y lo giró.

Sus orbes contemplaron una desgarradora escena, la joven muchacha


yacía sentada en la dureza del suelo rodeaba con un charco de rojiza
sangre.
—¡Por favor, vete! ¡Vete!

Sus delgadas manos temblaron y su piel de torno pálida.

—Déjeme ayudarla, Jeaninne.

La castaña sollozó débilmente casi suplicando que le dejará envuelta en


la soledad.

—Pide ayuda...

TaeHyung asintió y corrió en busca de su madre. Estaba asustado


queriendo llorar del impacto.

—¡Madre!

—TaeHyung, ¡no corras así!

—Madre, por favor tiene que ayudarme.

La mujer se preocupó de inmediato.

—¿Qué ocurre?

—Es Jeaninne... Ella...

Se dirigieron al dormitorio de la joven, Madame Luisa un tanto alterada


mientras que TaeHyung limpiaba las lágrimas que empapaban sus
mejillas.

—¡Dios mío!

—Por favor ayúdeme, Madame Luisa.

La muchachilla se abrazó a la señora tratando de hallar el calor maternal.


Madame Luisa guardaba el resentimiento de las palabras que fueron
dichas a su hijo, sin embargo, ella era de buen corazón y al entender la
horripilante situación rodeó a Jeaninne con sus brazos.

—Todo va a estar bien, querida.


Horas más tarde los cuchicheos no se hicieron esperar entre la
muchedumbre, miles de razones se dijeron, mas ninguna llegó a ser la
verdadera.

—¿Podría explicarnos que fue lo que pasó con Jeaninne?

El médico colocó su maleta sobre el suelo y acomodó de la mejor


manera su traje negro.

—La señorita Jeaninne perdió a su bebé. —Carraspeó—. Los corsés


utilizados por mujeres en cinta son una trampa mortal.

El señor bajó su mirada.

—El estado emocional no es el adecuado para que se presente en el


teatro.

—¿De qué habla?

—La señorita sabía de su estado, sin embargo, no tenía conocimiento de


que el corsé podría hacer que perdiera a su bebé. Ella se encuentra
consumida por la tristeza y la culpa.

------------

Un rumor se propagó por toda la ciudad de París. En cada calle, en cada


hogar y en cada mínimo rincón se susurraba con temor el alma que
atormentaba en La Ópera Garnier. Bautizado como El Fantasma de la
Ópera, un ser sediento de sangre y maligno que se colaría en los huesos
de las personas hasta que murieran retorcidas de dolor. Se explica que
cada noche contempla el espectáculo desde el solitario palco número
cinco, y al salir los espectadores del teatro elegirá a uno, para que su
historia se convirtiese en la letra de su próxima canción.

—¿En serio creen en algo tan ridículo?

—No lo sé, Madame, pero magníficas óperas han caído


espontáneamente sobre mi escritorio —exclamó SeokJin.

—He vivido aquí por largos años y jamás ha ocurrido algo así. Todos
parecen Salem en la época de los juicios —comentó indignada,
abanicándose.
La señora mantenía su postura. Aquella historia contada le parecía una
completa ridiculez, y si alguien se llegase a enterar que ella conocía al
supuesto fantasma, la enviarían a la horca.

TaeHyung tarareaba la melodía de una primorosa ópera, cuyo enérgico


ritmo le había endulzado desde el primer instante que le escuchó. No
podía confirmar con certeza donde había oído semejante pieza, pero
agradecía a su maravilloso Ángel porque tal vez era él quien le regalaba
su espléndida música en los sueños profundos.

Su andar por los sombríos pasillos del teatro se pausaron debido a un


cuidadosa jaloneo en su brazo. Giró su cuerpo, alzando su mirada y se
encontró con unos encantadores ojos ébanos, pero la mitad de un rostro
cubierto por una blanquecina máscara de porcelana.

—Disculpe mi atrevimiento, pero me era urgente hablar con usted.

—¿Podría saber quien es usted? Mi madre se altera si hablo con


extraños.

El joven de buen vestir y aspecto atractivo detuvo su mirada. Fue allí


cuando contemplo de cerca a TaeHyung, confirmando que su única
maldición era haber sido bañado en la sangre de Venus, impregnándose
de su pecaminosa belleza y exquisita figura. Su aliento se secó,
recorriendo el rostro esculpido de facciones delicadas; era poseedor de
unos deslumbrantes ojos almendra, unos tentadores labios polvoreados
de pálido rosáceo al igual que sus suaves mejillas y una sonrisa
resplandeciente de peculiar forma geométrica. El mismísimo Narciso le
tendría envidia, y cobraría venganza por aquel que se atrevió a profanar
su hermosura.

—Mi nombre es JungKook —susurró—. ¿Podría usted acompañarme,


mademoiselle?

—Estaría encantada.

Eran ignorantes al hecho de aquella noche estrellada, se sembraría el


fruto de un amor prohibido, y para el resto de los siglos, sólo la
enamorada París se plocamaría su fiel testigo.

✧. Ahuyentar a los pecados


Esconderse de los pecados PT.2

París, Francia siglo XIX.

Reinaba bajo la elegancia y preciosura del teatro, lo sombrío y lo tétrico.


Largos pasillos de paredes húmedas, y una escasa iluminación para
guiarse entre lo opaco. Pero un manto de riquezas y detalles con gran
esplendor se construyeron en lo más recóndito e imaginable; habían
partituras por doquier, dulces flores perfumando el oro y la plata, fracs de
marca y candelabros pintando una atmósfera de inmensa calidez.

Tras una puerta marrón, acostados en un lecho cubierto de telas


escarlatas, se presentaba la figura de dos jóvenes descubriendo el amor
y el querer. Compartían lentos bailes en sus labios mientras sus manos
trazaban líneas en sus castas anatomías. La bruma de calor se
intensificaba, el romance sincero mezclándose con el vivo erotismo sin
siquiera percatarse de ello. Sus respiraciones se tornaban erráticas y la
calorina se deslizaba en forma de sudor.

De repente, una mano inició un recorrido por la torneada pierna de


TaeHyung, provocando tensión en su acanelado cuerpo. Separó sus
rosáceos belfos de los foráneos cereza, y el temor destelló de sus
oscuras pupilas. Las constantes caricias le condujeron a un paraíso
desconocido, sus orbes se cerraron y su boca se abrió, aspirando aire
fresco.

La palma de la mano subió hasta posarse en la prenda íntima de seda,


sintiendo una extraña dureza. Inmediatamente, JungKook se despegó de
TaeHyung, mirándole furioso.

—¿Qué es esta vil mentira?

Una delicada damisela jamás escondería algo así entre sus muslos.

—Déjame explicarte, mon prince. —Se enderezó veloz.

—No oses a llamarme de esa manera. Eres una mentira, una horripilante
traición —exclamó con amargura—. Vete.

TaeHyung le miró con súplica, anhelando piedad de su amor escondido


por una blanca máscara. Las velas comenzaron a perder su fuego,
permitiendo que la cera se derritiese con calma.
—Por favor, déjeme explicarle.

—¡Vete ahora! ¡No puedo contemplarte!

Llorando, acomodó su camisón perla y se colocó sobre sus rizos rubios


un tierno cofia. Un agudo dolor talaba en su pecho, pero era su culpa, era
toda su culpa por querer ser algo que no es.

—No discutiré que me tenga odio de ahora en adelante, pero sepa que
mi amor por usted es sincero. —Inclinó su cabeza atemorizado, y salió
del dormitorio.

JungKook apretó sus manos en puños hasta volver pálidos sus nudillos y
frenar la impotencia que sentía. El aprecio hacia tan encantadora criatura
no se esfumaría como la niebla del anochecer, mas la confusión se
empeñaba en crear un escandaloso lío en su mente, haciéndole olvidar
los bellos párrafos de amor que se escribían por medio de cartas y las
inigualables sesiones de canto que llenaban de alegría su pecho. No
deseaba perderse la presentación de aquella noche, pero una traición le
retuvo con sus cadenas de hierro.

—Mademoiselle —llamó HoSeok—. ¿Se encuentra bien?

Los sollozos emergían sin vergüenza de sus cuerdas vocales y las


saladas lágrimas rociaban sus mejillas, plagando de tristeza su carita.

—¿Puedo pasar? Su madre se encuentra muy preocupada.

—D-De acuerdo —pronunció con una voz débil.

HoSeok volteó la perilla de la puerta, revelando a TaeHyung llorando a


mares sobre las sábanas.

—Mademoiselle...

—Dígale a mi madre que estoy bien, ¿de acuerdo? No soportaría verla


preocupada. —pidió, sorbiendo su rojiza nariz.

—¿Qué ha ocurrido? ¿Quién ha osado a hacerte llorar de esta manera?

—Nadie.
—Tienes que decirme la verdad, esa persona debe pagar la atrocidad
que ha cometido.

—Es mi culpa, vizconde.

—¿Cómo podría ser tu culpa?

—Yo ose mentirle a esa persona... A la persona que amo.

—Eres un florecilla tan delicada y pura, no puedo creerte. —Sostuvo su


mejilla empapada.

—Le he mentido, le hice que creer que era una dama.


—Pero... ¿Cómo pudo enterarse esa persona? Tu belleza opaca a la de
todas las mujeres, sería imposible.

—No quisiera hablar de eso, vizconde.

HoSeok abrió sus ojos desmesuradamente, el sentimiento de rabia


subiendo por su cuerpo poco a poco.

—Acaso... ¿Acaso ha querido ver más allá de tus ropajes? ¿Te ha


querido forzar a...

—No, no se lo hubiese permitido. —aclaró firme—. Sus manos tocaron


lugares que no debí dejar.

—Mademoiselle, ¿podrías decirme su nombre?

—JungKook —pronunció suave—. Es mi hermoso ángel de la música.

Cuando la primera rosa cayó espontáneamente en la cama de


TaeHyung, fue especulada la idea de que algún espectador se atrevió a
colarse, y contribuir con un pequeño obsequio para que la
preciosa señorita no llorase por los comentarios hirientes de Jeannine.
Tan sólo TaeHyung se cegó ante eso, y creó en su cabeza la fantasía de
que un inmaculado ángel le ortogaba sus celestiales regalos, los cuales
elaborarían cristalinas alas que le ayudasen a cantar serenamente y
convivir sin resentimientos junto a la prima donna.

La muchedumbre lo encontró absurdo y carente de coherencia alguna,


pero él, quien amaba el romance, continuó con su pequeño cuento de
hadas.
—Mademoiselle, debe vestirse para el espectáculo —avisó NamJoon.

—De acuerdo, monsieur.


—Debo irme, sin embargo, te deseo la más sincera suerte,
mademoiselle. —Se despidió el vizconde, besando la mano del joven.

—Por favor, guarde el secreto.

—Jamás me permitiré revelarlo.

El cerrojo se colocó, ahora se hallaba en completa soledad.

Su reflejo en el limpio espejo le comprobó las espinas clavadas en su


corazón. Remojó un pañuelo en agua, lavando su rostro de los restos de
lágrimas y suplicio; las ganas de salir tras los telones no bombeaban en
su corazón como cada noche. Bufando melancólico, polvoreó sus
mejillas con rosado rubor y pintó ligeramente sus destacados labios.

------------

La lluvia caía con relámpagos, el cabalgue de los caballos y las ruedas


de los carruajes llenaban de variados sonidos la poblada capital. YoonGi
leía las blancuzcas páginas del periódico y, de vez en cuando, apuntaba
ciertos datos importantes en su libreta de cuero.

El fantasma ha desaparecido.

Rió burlesco, bebiendo el café humeante y permitiendo que el fuerte y


amargo sabor se deslizase por la longitud de su garganta. Pensaba que
las personas no podían ser tan ignorantes y estúpidas, pero si los
mismos periodistas caían en la bipolaridad del Fantasma de la Ópera,
toda París lo haría.

—¡Officier! Perdone mi atrevimiento, pero ha llegado esto en la mañana.

El pequeño muchachillo parecía espantado de su potente aura, puesto


que temblaba mientras sostenía el paquete marrón claro en su dirección.

—Te lo agradezco, Antoine, puedes retirarte.

Rápidamente se escabulló, acompañado su holgado uniforme de oficial.


Aquel pobre joven no le hacía caso sumiso al significado de su nombre
"El que se frente al adversario", era de una personalidad asustadiza y
callada.

YoonGi deshizo las cuerdas que amarraban el paquete, leyó la carta de


la superficie:

Cher YoonGi.

Le entrego mis más honestos agradecimientos al disminuir los


apelativos que París ha decido colocarme. Su compresión me ha
ayudado a continuar en mis negocios con el teatro.
Le pido que se presente en la ópera el próximo sábado para que
podamos charlar, y usted disfrute de la cena que va a ser
organizada.

Atentamente,
F.O.

Acarició su entrecejo, sabiendo de antemano que no podría rechazar tal


oportunidad. Aunque el mismísimo fantasma no sabía de su verdadera
identidad, él poseía el privilegio de haberle conocido al pie de la letra
tiempo atrás. Abrió la cajita, sus dedos hurgando en el interior hasta
sentir una plana y lisa textura. Se dedicó a sacar el fino objeto.

—¿Una máscara?

Para el rostro completo. Era difuminada entre los tonos dorados y


azulinos, caminos curveados de escarchas, simulando simples tallos de
flores. Una pluma celeste se alzaba en el extremo derecho. Paseó la
yema de sus dedos lentamente, negando con la cabeza y tanteando la
lisa textura.

Cubrió su delgado cuerpo entre la suavidad de la tela de una capa


carmesí, abrigándose del ácido frío en el exterior, y ocultando su piel
erizada. Se colocó unos guantes blancos de encaje, y de manera
delicada alisó su vestido con polisón.

Bajó la mirada avellana hacia el asfalto, una lágrima se deslizaba como


gota de lluvia por su mejilla. Se le hacia increíble pensar que un mes
había transcurrido desde la desagraciada sorpresa que su amor se llevó,
un mes repleto de llanto y cánticos en su nombre. El tiempo robó consigo
una cantidad inmensurable de alegría y, principalmente, la historia que
nunca afirmó un final feliz.

Más adelante, esperaba pacíficamente un lujuso carruaje de tono ébano


con sus caballos personales relinchando, desesperados de iniciar su
singular cabalgue en las concurridas calles de la capital. En su plena
sinceridad, preferiría quedarse a descansar entre las sábanas de algodón
que su sagrado lecho albergaba, sin embargo, los antiguos dueños del
teatro habían decidido organizar una pequeña salida a alguna cafetería.

—¿Por qué llevas ese rostro tan triste, TaeHyung? —inquirió JiMin,
ayudándole a entrar al transporte de grandes ruedas.

—No pasa nada, hermano, tan sólo no deseaba salir hoy. —Suspiró con
melancolía a pesar de la preocupada expresión del rubio cenizo.

—Fabrice y Joséphine no se enojarían si hubieses decido permanecer en


casa.

—No osaría a rechazar su cordial invitación —dijo, jugando con los


esponjosos pliegues del vestido—. No es algo digno de mí.

—Te he notado deprimida estos pasado días, he escuchado los sollozos


que salen de tu alcoba.

TaeHyung volteó su rostro, puesto que sus orbes de un brillante avellana


destilaban lágrimas de filoso cristal. Delineo el vidrio empapado por la
sutil llovizna.

—No es... No es algo a lo que debas tomarle importancia.

Las mentiras se convirtieron en una amarga parte de sí mientras la


bondadosa verdad se dejó caer junto a la hojarasca del azafranado
otoño. Así como los candelabros en las espléndidas cenas apagan su
fulgor, la alegría que el chico de cabello dorado irradiaba se adoquinaba
de descorazonamiento.

—Sé con certeza que no me estás otorgando la verdad, pero no osaré a


reprocharte.
—Te lo agradezco. —Juntó sus manos, perturbando la punzante daga
grabada con la verdad que, algún grato día, debía confesar ante su
progenitora y su querido hermano.

Cuando el carruaje ha detenido su paso, una leve lucecilla ámbar se


cierna sobre las esponjosas nubes angustiadas; TaeHyung solía creer
que el clima retrataba cual una primorosa pintura su estado de ánimo,
asegurándose de pincelar los pequeños detalles como la intriga e
indecisión que, si bien no era de su agrado demostrar, amparaba desde
siempre.

La sosa situación con su bello ángel no se difuminaba de sus


pensamientos, ni en las noches más insípidas ni en los amaneceres más
triviales. El rojizo manto del amor cayó de una manera veloz, imposible
de contemplar con la viscosa pupila humana; mas lo hizo, provocando
una áspera partidura entre las manos de dos almas que yacieron
entrelazadas y bañadas en las gotas del querer.

Tomaron asiento en la espaciosa mesa cubierta por un mantel blanco de


bordados dorados; la cafetería se hallaba envuelta en el sutil olor a té
hervido mientras los comensales ingerían pacíficamente sus panecillos
de pasas.

—¡Oh, al fin, han llegado mis adorados querubines! —exclamó Joséphine


con su típica voz cantarina—. Pero que hermosos vienen vestidos ¡Tan
elegantes y adorables!

Los hermanos realizaron una pequeña reverencia, ruborizados por los ya


tan reconocidos halagos de su madrina. Madame Luisa les observaba
con una sonrisilla, sin embargo, se reservaba a mostrar la inquietud que
sentía por su hija.

—¿Cómo han estado, pequeños retoños? Ha pasado tiempo de que no


les he podido ver. —Joséphine se desprendió de sus guantes de encaje
para acunar las delgadas manos de TaeHyung.

—Hemos estado bien —contestó JiMin. TaeHyung se limitó a dibujar una


falsa sonrisa.

—Me alegro en demasía.


La mujer untó dos porciones de pan tostado con mermelada de
frambuesa, sabiendo que aquel simple aperitivo era un delirio para sus
ahijados. Sirvió en las delicadas tacitas de porcelana un caliente té
negro, rociando en la superficie minúsculos grumitos de canela; la verdad
era que su sueño frustrado se enfrascaba en el haber tenido la
oportunidad de concebir niños, sin embargo, maldiciendo su desdicha, se
encargaba de consentir a JiMin y TaeHyung, importándole poco el que
ellos hubiesen crecido.

—¿Cantarás en la cena del sábado? —cuestionó Fabrice hacia


TaeHyung, dándole un largo sorbo a su taza de café negro.

—Sólo si SeokJin y NamJoon así lo desean, monsieur. —Encogió sus


hombros.

—Tu voz es un sonido sublime, me atrevo a decir que ellos lo anhelarán.

—Fabrice tiene razón, hija mía ¿Por qué no querrías deleitarnos con tu
canto esa noche?

—No me he estado sintiendo de la mejor manera estos días. Pero no se


trata de algo grave, madre —pronunció despacio y claro.

—De acuerdo. —Alisó el mantel con sus manos arropadas en unos


suaves guantes salmón—. En la mañana ha llegado esta carta.

TaeHyung frunció sus perfiladas cejas.

—¿Quién la firma?

—No podría saberlo, no porta algún escrito.

Una rosa, una pequeña rosa de un refulgente carmín se acostaba entre


las paredes del sobre blanquecino, adornada con un listón negruzco en
su aceitunado tallo.

Podía deducir con total claridad y simpleza la persona cuya simpatía


decidió enviarle tal delicado obsequio, más las circunstancias le hacían
sentir una burbujeante desconfianza en su ser. Muchos ciudadanos,
importando de una manera escasa si conformaban parte de la nobleza o
pueblerina, se hallaron hipnotizados al querer esculpirse como el nuevo
fantasma; por lo que, en las oscuras calles, habían hombres ocultando
rosas y cartas de una costosa tinta negra por las bolsas de tela de las
muchachillas más jóvenes. Totales nefastos, se les catalogó más tarde;
resaltando la vil situación realizada a la delicada Dominique, hija del
panadero. Fue una noche, en el sombrío cruce entre la panadería y la
librería, un hombre acorraló a la casta adolescente contra el muro de
ladrillos rojizos, profanando su dulce inocencia y callando los
desgarradores gritos con la palma de su mano. Solamente una rosa, sin
listón negro, quedando como testigo en la húmeda acera.

Madame Luisa prohibió con voz firme que saliera a algún lugar sin la
compañía de su hermano o el vizconde, sin embargo, debido al impacto,
no recriminó o suspendió su calmada personalidad.

—Puede ser alguno de esos indecentes —convino Joséphine.

—No lo creo así, las rosas de ellos no poseen un listón negro.

------------

Un punzante dolor se coló por toda la extensión de su curveada cintura,


al ceñirse la tela del floreado corsé con sus discretos listones de
terciopelo. La esperada noche ameraba una vestimenta de fulgente
elegancia, asimismo, como pulcra belleza.

Los olfebres entre sudor y desgaste de manos, se habían esmerado en


tallar delicadas pulseras para cada muñeca y un sutil collar con un
brillante dije de plata. Las costureras y los sastres, pinchándose
continuamente la yema de sus dedos, confeccionaron un jovial vestido
blanquecino de corte reloj de arena con un pequeño broche de una
máscara negruzca y grisácea al centro del pecho. Las modistas,
corriendo de un lado al otro con capas de telas, acomodaban sus
vestiduras; ajustando el corsé, colocando en su lugar la pretina del
drawer, situando debidamente la crinolina y, por último, cubriendo su
anatomía con la suavidad del espléndido ropaje protagonista. Sus rizos
dorados se decoraron de margaritas falsas y minúsculos granitos de
escarcha plateada.

El maquilla fue hecho con ligereza; suaves empolvadas de colorete, una


pincelada de encrespador en sus cortinas de rizadas pestañas y limpias
capas de pintura labial rosácea, contrastando al magnífico tono de sus
esponjosos belfos. Se roció una embriagante fragancia a jazmines,
anhelando hipnotizar de lejos a su hermoso ángel con su delicioso aroma
de frescura.

Se sentía atascado en un inmenso entorno de infortunio, raspando la


inocente esperanza amparada en la profundidad de su mente. Extrañaba
los besos que hacían cosquillear sus belfos esponjosos, los intencionales
roces de sus palmas y la exuberante llama que hacia arder sus cuerpos
hasta que al juntarse con esmeradas caricias se calcinarán en restos de
insulsas cenizas. La tormenta debía reposar su sed de horripilantes
ocurrencias.

Deslizó unos guantes hasta el doblez de su codo, y, sujetando aquel


magistral antifaz de centelleantes diamantes, escondió la perfección de
su rostro anodino.

—¿Has terminado ya? —inquirió sus hermano, cuyo sencillo vestuario de


una abotonada camisa blanca y elegantes pantalones negros eclipsaría
las fugaces miradas de las personas. Portaba entre sus manos una
pequeña máscara negra, incrustada de piedras esmeralda.

—Sí. —Suspiró.

—¿Te atreverás esta vez a confesar que te inquieta tanto, TaeHyung? —


espetó, en un tono, sin duda, moldeado de molestia.

—JiMin...

—Te lo suplico, TaeHyung, odio mirar como te encuentras tan


melancólica y saber que no puedo hacer nada.

Relamiendo sus agradables labios, dio una respiración profunda,


aseando su organismo de los secretos que hospedaba encerrados en
una caja de pandora.

—Sé quien es el fantasma.

JiMin plasmó una mueca expectante, una pizca de incredulidad y


confusión compactándose en su rostro.

—¿De... De qué hablas?


—Tuve la dicha de conocer al fantasma de la ópera —reveló con su voz
entrecortada, presionando fuerte sus manos—. Sin embargo... He
estropeado todo lazo que pude haber creado con él.

—¿Cómo le has conocido? ¿No ha osado a desaparecer hace tiempo?

—No tengo conocimiento de ello. Hablemos durante meses, pero ese


tiempo ha acabado.

Un mar de apócrifas sonrisas, cada rostro tintado de un matiz diferente.


Hacia atrás, al lado y al frente se presenta una máscara de porcelana. Un
bufón, una reina, un as de corazones y las más temida bestia,
aprovechando la diminuta distracción para confundir las sagradas
profecías. Riendo amarillos, girando rojizos y conversando azules; te
persiguen a cada paso.

¡Qué noche!
¡Qué multitud!

Sátiros ocultando sus miradas lascivas. Oficiales escondidos,


visualizando una espontánea aparición. Tristeza sumergida en alegría.
Fingiendo ser quién no eres para capturar la pureza de tu espíritu.

¡Que felicidad!
¡Qué cambió!

Danzando, mezclados sin percatarse de las almas en pena y desgracia.


Nobleza y pueblerina juntos por una noche. Tímidos poseídos por la
seguridad.

¡Respirando tranquilos!
¡Paz, salud y esplendor!
¡No más fantasma!

Su angelical rostro cubierto por la pequeña estructura de un antifaz


blanco elaborado en forma de delgadas enredaderas; atisbaba una
peculiar figura a la lejanía, cuya suntuosa máscara blancuzca de lado
derecho, le hacía considerar que el final no se hubiese establecido. Izó el
deslumbrante abanico, evitando con ello las carnales intenciones de los
crapulosos.
Allí, tratándose de un ser inexistente, yacía parado un elegante joven.
Portaba una camisa de liviana cascada ajustada con un pañuelo al
cuello, un frac de doble botonadura, pantalones ceñidos a sus piernas y
botas lustradas a la altura del peroné. Pareciese analizar los movimientos
de las personas como si algo se hubiera perdido en la cantidad de
invitados especiales.

—¡Mademoiselle!

—Vizconde, ¿por qué no había osado a aparecer en toda la noche? —


preguntó, sujetando la mano de HoSeok.

—Mantuve una charla con un oficial —aclaró—. Al parecer, ha recibido


una carta del fantasma.

—¿D-Del fantasma?

—Como lo has logrado oír, mademoiselle.

De repente, espantando el bullicio, cayó del luminoso candelabro un


pálido cuerpo. Se envolvía solamente en una vieja tela desgastada,
permitiendo que la expresión angustiada en su cara se exhibiera a los
horrorizados gritos.

—¡Dios mío! —Escondió sus ojos almendra en el pecho del vizconde,


sus latidos completamente acelerados.

La prima donna. Jeannine. Su delgada anatomía se pintaba con


violáceas marcas y su respiración se esfumaba del mundo mortal. Una
maravillosa noche, una esperada noche quebrajada en tragedia.

Al intentar partir, sintió un jaloneo en su brazo.

—¿Podría venir conmigo, mademoiselle?

HoSeok le observó sospechando y con su brazo rodeó la cintura de


TaeHyung.

—¿Por qué tendría que ir con usted? —inquirió, alejando al tembloroso


muchachillo. Las personas buscaban salir como ráfagas de viento del
precioso teatro.
—Se lo pido con la sincera promesa de que no le dañare. Por favor,
mademoiselle, venga conmigo.

TaeHyung volteó, frente a sus orbes el chico de máscara blanca le tendía


su mano.

—De acuerdo —pronunció en un tono bajo—. Todo se encuentra bien,


vizconde.

—TaeHyung...

—Lo prometo.

HoSeok al verles ir se removió indeciso, mas, sabiendo que podría estar


cometiendo un escandaloso error, caminó en la otra dirección del salón.

—¿Sabe usted que ese joven era el mismísimo fantasma de la ópera? —


habló una ronca voz en sus espaldas.

—Que macabra locura está diciendo, officier ¿No debería investigar que
ha ocurrido con la prima donna?

—Ya he avisado a mis compañeros —dijo con arrogancia—¿Cree que


desconozco la historia del querido fantasma?

—¿Cuál historia?

—Sé perfectamente quien es el joven que se oculta detrás de esa


máscara. Podría jactarme de que le conozco desde hace años.

—¿Entonces, quiere eso decir que es usted quien le ha permitido


atormentar a toda París?

—¿Piensa usted que es así? ¿Dejó usted ir a su "mademoiselle" con ese


sinvergüenza tan tranquilamente?

—No es cierto —masculló.

—Tanto usted como yo sabemos algo, ¿o me equivoco?

—¡Vizconde! ¿Dónde se encuentra TaeHyung? —exclamó JiMin,


jadeando por la prisa que cargó hasta las afueras del sitio.
—Se ha ido con alguien más.

—¿A dónde? ¿Con quién se ha ido?

—Con el fantasma —contestó simple el oficial.

—¿Quién es usted?

—Mi nombre es YoonGi, soy oficial.

—¿Cómo sabe usted que mi hermana se ha ido con él?

—Porque yo mismo les vi. Tengo que admitir que su hermana se veía un
tanto asustada... —Se detuvo al no saber el nombre del muchachillo.

—JiMin.

—JiMin.

—¿Por qué le ha dejado ir con él, vizconde?

—Porque TaeHyung lo ha querido así.

—¿Sabe por qué su hermana ha decidido ir con él?

JiMin le observó, sus ojos tintineando nerviosismo.

—No... No lo sé.

—Está mintiendo.

—Digo la verdad, no lo sé.

—Reconozco cuando los adorables cervatillos como usted mienten


¿Podría usted hablarme sobre su hermana y no agravar esta enredada
situación, petit cerf?

La gruesa capa de oscuridad se extendía por las húmedas paredes,


olvidando las temblorosas llamas que apaciguaban su luminosidad al
andar en su cercanía. Se lograba captar unas gotas de agua impactando
contra el hondo lago cuya distancia habían navegado hace unos escasos
momentos; el frío calaba la piel de ambos jóvenes hasta desteñirla de un
tono níveo y seco.
—¿Ha sido usted? —preguntó con temor, alejándose de la impotente
figura.

El habla no salió de sus belfos, incriminándole de actos atroces.

—¿Ha sido usted? —inquirió voz una voz fuerte—. ¿Está mal de la
cabeza? ¿Por qué ha hecho tal cosa?

—No, TaeHyung.

—¡No me toque!

Al entrar en desesperación, le sujetó de una manera dura su muñeca,


arrepintiéndose de inmediato.

TaeHyung llevó su brazo hasta dejarle descansar en su pecho, una


mirada asustada repartiéndose por su rostro.

—¡Dios mío! ¡Perdóneme, ma belle! ¡Perdóneme, se lo ruego! —Caminó


hasta TaeHyung, tomando la zona dañada para besarla con cautela—.
Perdóneme, no deseaba reaccionar de esa manera.

—¿Ha sido usted?

—No, ma belle. —Rozó su mejilla con los nudillos—. No he sido yo.

—Válgame Dios. —Suspiró—¿Por qué quería que viniese con usted?

—He intentado acercarme, pero la cobardía me posee —confesó—. No


puedo evitar extrañarte.

—Usted dijo que no quería verme, yo no le iba a obligar.

—Ha sido todo un error, sólo no logré tener la suficiente gallardía para
correr detrás tuyo.

—¿No tiene repulsión hacia mi persona? Ya sabe usted, no soy lo que


aparento.

—Aquello dejó de tener importancia alguna para mí.

—Pero...
—Habló con la verdad, ma belle, sólo me importa vivir con tu amor.

—Sentía que moría cuando te tenía lejos, mon prince. —Abrazó su


cuello—. Fue horrible pensar que te había perdido para siempre.

—Eres el ser más precioso que osaré a conocer. —Levantó su mentón—


. Eres lo más bello que mis ojos han mirado.

Tomó aquel delgado cuerpo entre las palmas de sus manos, agonizando
en las extrañas sensaciones que explotaban en su organismo. Era como
beber una botella plagada de licor, y perder el conocimiento a los pocos
minutos, pero maravillándose con el estado de paz que se extendía por
las neuronas contaminadas. Se perdía en los sedosos rizos dorados, así
como sus dedos indagaban más allá de las telas.

El matiz escarlata se subía a sus mejillas, indicando los signos de


vergüenza e inexperiencia. Almas jóvenes anhelando aventurar.

Se deshizo con cuidado y paciencia del pomposo vestido junto al corsé y


la crinolina, besando las clavículas de su amado.

—¿Qué harás?

—Admirar una belleza, si me lo permite.

En sus pensamientos no nadaba la idea de matar la pureza, tan sólo


atreverse a conocer cada lugar y acariciar con ternura.

Cargándole con sus fuertes brazos, le recostó en el lecho de mantas


carmín, y se enamoró del tinte canela arrebujando al rojo.

—¿Me permites, mademoiselle? —preguntó, tamborileando el drawer.

—Claro, monsieur.

Sonrió ladinamente, exhibiendo las torneadas piernas.

—¿Que me hiciste? ¿Me hechizaste acaso?

—¿Por qué lo dice, mon prince? —Deseó saber, manteniendo sus


brazos a la altura de su cabeza.

—Me tienes completamente enamorado.


Trajo consigo una espléndida rosa con un tallo tan verde como los
frondosos árboles del bosque. El joven de hebras rubias permitió que su
anatomía fuera rozada por aquellos suaves y cosquilleantes pétalos, tan
delicados al tacto que, delirando en el placer, exclamó el nombre del
fantasma.

—¿Qué ocurre, ma belle?

—Se siente bien...

—Tu piel es tan sensible, tan digna de admirar —confesó.

Delineó el pecho, poniendo énfasis a los botones cafés que adornaban a


cada lado. Encantado con la expresión ida de su doncella, bajó la flor
hasta sus muslos y rodillas. Un acto tan simple y humilde, trazar
amorosas huellas con la magnificencia de la naturaleza. Se acercó hasta
el abdomen para tomarse el tiempo de besar tranquilamente el área, y
percibió los delgados dedos de TaeHyung amasando los cabellos negros
de su cabeza.

Y al, por fin, revelar aquella figura despojada de todas las prendas, se
instaló en su vientre bajo una rara punzada. Un querubín había
descendido del majestuoso jardín del Edén para envenenarle con su
vehemencia, y asfixiarle en la calidez de sus alas virginales.

La textura tersa de la rosa envolvió el falo blando que yacía en la mitad


de sus extremidades, evocando un suspiro de su boca rosácea. Tanteó
la intimidad levemente, pequeños roces y toques que sumían al
ojiavellana en libidinosa satisfacción.

—Mon prince...

Finalmente, JungKook ubicó su cuerpo sobre el de TaeHyung, forjando


mimos en la esponjes de sus belfos. El fresco pino mezclándose junto al
dulzón del jazmín, aromatiza a la más exquisita fragancia. La piel de una
pulcra nieve fusionándose con el torneada caramelo, crea un innovador
matiz cuya espléndida intensidad deleitaba a los pintores en sus finos
cuadros. El ébano clavándose con el avellana, emite el viviente retrato de
un profundo amor eterno. Ni el golpeteo colérico de los mares lograrían
encumbrar en rigidez el atractivo que su enamoramiento irradiaba.
No hubo manchas, ni acciones raspando a lo erótico. Aquel sutil contacto
se resumió en la somnolencia que sucumbió la sobriedad de su amado, y
él, arropándole con una sábana cuya fineza le consentía mirar el
desabrigo, sonrió ante la dicha.

—Descansa, mi ángel de la música —susurró antes de salir por la puerta


de su aposento.

Horas más tarde cuando el cielo se hallaba surcado de bruñidas


estrellas, los ojitos avellanados de TaeHyung comenzaron a despabilarse
poco a poco. Bostezando, tanteó a su lado y se entristeció al no
encontrar a su Ángel.

—Ma belle.

Tapó su cadera, estirando su brazo para que JungKook se dirigiera hacia


él.

—¿Por qué no estabas cuando he despertado, mon prince?

—Debía hablar con alguien.

Olisqueó su cuello, impregnándose del aroma tan apetecible.

—¿Podrías hacer algo por mí?

—¿Qué desea tu corazón?

—Me encantaría poder observar tu rostro sin que esa máscara


estorbase.

Se levantó inquieto, su pecho agitándose con miedo.

—No. Te ruego que me pidas otra cosa, pero eso no, ma belle.

—No quiero nada más.

—Te lo ruego —pidió con desesperación.

—Ven aquí, mon prince.

Tomó asiento en frente del joven, sujetando su delgada mano para


repartir besos.
—No importa que ocultes detrás, mi amor por ti es tan real y único como
la nieve en invierno.

El azabache bajó su mirada, unas lágrimas rebeldes deslizándose por su


pálida mejilla. Los dedos de TaeHyung quitaron la porcelana que
ocultaba su fragilidad y temor. Viejas quemaduras, cuya apariencia se
asemejaba a las heridas de cortes, adornaban la extensión derecha de
su rostro.

—¿Nunca osaron a curarte?

—No.

La conversación se detuvo, no dejándose alargar más de forma


innecesaria. TaeHyung acunó la cara de JungKook, sobando los pómulos
con la almohadilla de sus pulgares.

—Realmente no sé si te parece apresurado o falso, sin embargo, me


nace decirte que te amo. Te amo con todo mi corazón.

—Yo también lo hago, ma belle.

—¿Se encuentra mi hermana bien?

—Claro, petit cerf.

—Lamento haberle mentido hace unas horas, le prometí a TaeHyung no


revelar el secreto.

—Entiendo su punto, no se preocupe.

—¿Sabe usted que ocurrió con la prima donna? —cuestionó HoSeok.


—Ha sido uno de los tantos imitadores, al parecer era el padre de su
difunto hijo.

—¿Cómo ha...

—No lo sabemos.

—¿Podrían inculpar al fantasma por este acto atroz?


—Tenga por seguro que los periódicos están siendo impresos. Pero, si
me permite dar la opinión, nosotros tenemos conocimiento de la verdad
por lo que el fantasma no podrá salir afectado de esta situación.

—De acuerdo, no quiero ver desanimada a TaeHyung otra vez.

—Tengo una duda, officier —pronunció el vizconde—¿Por qué sabes


usted tanto sobre el fantasma?

Rió, entregándoles la atezada foto de un niño—. Podría decirse que


somos hermanos.

Se deshizo del incómodo frac, estirando sus brazos para desenredar los
nudos en su espalda.

—¡Al fin has llegado, mi niño! —La mujer sonrió, tosiendo por el
problema respiratorio que se elaboró hace unos años.

—Buenas noches, mamá.

—¿Lograste verle? ¿Qué te dijo? —pidió saber.

—Ha enviado esto, supuso que sólo yo la vería.

Tomó el pedazo de papel, sus manos temblando por anticipación. Había


sido cinco años.

Cher YoonGi.

Le agradezco todo lo que ha hecho por mí, sin embargo, también


quisiera pedirle que saludase a mamá de mi parte. No puedo
exponerme a la muchedumbre, por lo que anhelo que le haga saber
que le quiero mucho.

Algún día reuniré valentía e iré hasta su hogar, lo prometo.

Atentamente,
F.O

Marion sollozó.

—Ya tiene a alguien.


—¿Cómo?

—Está unido a alguien. Su nombre es TaeHyung. —Prefirió ocultar su


sonrisa en la taza de café—. He de admitir que no conoceré amor más
puro y sincero.

La rosa jamás volvería a separarse del listón negruzco yaciente en su


tallo.

✧. Una vez en la vida


『 Inspiración:

Once in a lifetime - One Direction. 』

La ardiente arena picaba en su espalda y en sus piernas, la ondulada


marea mojaba sus pies conforme el oleaje ascendía. La iluminación
resplandeciente del sol comenzaba a desaparecer en el horizonte,
besando entre matices naranjas y carmesíes el final de la claridad; la
brisa impregnada de salinidad enviaba frescura a su rostro.

Se hallaba en el puerto nuevamente, escuchando a lo lejos las


embarcaciones y el choque del agua contra las grisáceas rocas. Cerraba
sus ojos carbón mientras tarareaba una suave melodía, la cual alguna
vez dedicó a su preciado amor. No quería abrir la herida y echar sal en
ella, pero volver allí y revivir en su mente los cientos de bellos momentos,
le alegraban la vida.

Recordó con nostalgia como una tarde decidió entrelazar sus manos, sus
orbes logrando observar más allá de la muñeca. Habían marcas
violáceas esparcidas en sus brazos y su piel estaba teñida en una
extraña palidez; rió, sabiendo que a pesar de todo TaeHyung jamás
perdió su majestuosa belleza. En el hospital, cuando la situación se
complicó, abrazaba su torso y se percataba de la enferma delgadez que
le había consumido; secaba las lágrimas de aquellos ojitos avellana,
besaba con esmero sus labios resecos; regalaba suaves caricias en su
rostro sin brillo y cobijaba su cuerpo si el cansancio le abatía o los
escalofríos le molestaban. Durante ese tiempo se dedicó a cuidarle
cariñosamente y amarle con tal sinceridad que las enfermeras solían
verle con pena y tristeza, no obstante, admiraban su esfuerzo por
mejorar lo inmejorable.
Después llegaron las noches frías y llenas de llantos histéricos, donde le
ayudó a bañar su débil anatomía y a reconfortarle cuando se
avergonzaba de que su nariz derramara sangre o su cuerpo sudara.
Trazaba, ayudándose de un marcador azul, un pequeño caminito por las
heridas que aparecían debido a los antibióticos inyectados, y luego lo
delineaba con la yema de sus dedos.

La quimioterapia trajo consigo distintos efectos que entristecieron a


TaeHyung, como la caída de su cabellera castaña y la constante
sequedad en su boca, cuya única solución era un vaso de agua fresca.
JungKook notaba con facilidad como aquella mirada ya no estaba
brillante e impregnada de alegría, pero no podía hacer nada. Le compró
varios gorritos; algunos con orejitas de gatito u ositos y otros sólo de
colores. TaeHyung escogió el de tonalidad rosa como su favorito, ya que
en la parte posterior poseía una graciosa carita seria.

Al menos esas minúsculas acciones lograron ponerle una sonrisa en los


labios.

El cielo se tintó de azul opaco, los pajarillos apaciguaron su canto y


dieron la bienvenida al completo silencio. Suspiró melancólico, sabiendo
que, aunque lo anhelara con todos los latidos de su corazón, él ya no
podía regresar, siquiera para susurrarle un último te amo.

Extrañamente, notó que el anochecer de aquel inesperado día se bañó


de estrellas relucientes, combinando la sombría oscuridad con cálidas
lucecillas. Recostado a su lado, sobre la superficie de aquella incómoda
camilla, le acariciaba con tranquilidad el dorso de su mano, imaginando
los mil planes que no pudieron llevar a cabo. De repente, en una
pequeña fracción de segundo, su respirar se volvió algo inexistente.

El eco de los sollozos, la humedad de las lágrimas y los desgarradores


gritos; continúan rondando por su organismo como un lastimoso
recuerdo.

Había volteado su rostro, aferrándose a aquel frágil cuerpo, y lloró hasta


cansarse.

La doctora y las enfermeras entraron corriendo a la sala, lástima que


alma tan joven ya hubiese acontecido su estadía en el mundo.
Tomó asiento, limpiando la arena en sus ropajes. Sus ojos ébano se
posaron en la calmada marea cuya planicie se obstruía por la reluciente
mangata, y tuvo la leve impresión de que alguien caminaba en su rumbo.
La blanquecina luz de la luna se alzaba en la cúspide, el viento
contoneaba las verdosas palmeras. Todo era igual, el vivo retrato de las
noches en las que paseaban juntos.

Pudo escuchar un bajito murmullo aclamando su nombre, y sonrió alegre.


Sus párpados cobijaron sus ojos, un suave tacto se envolvió alrededor de
su mano; las estrellas se habían alineado. No importa si su presciencia
tangible no se encuentra allí; los recuerdos del amor que compartieron y
las sonrisas que se dedicaron, permanecerían hasta el final de los
tiempos, ni siquiera un terremoto o las fuertes aguas le arrancaría su más
hermosa memoria.

✧. Amor y Odio
『 Advertencia:

Genderbend 』

La noche reinaba junto a sus estrellas resplandecientes, el frío se calaba


bajo la ropa y congelaba lo que diera a su paso. Dentro del gran instituto
se escapaba música y luces de tonos neón, era el baile, aquel
acontecimiento tan esperado por los estudiantes desde el preciso
momento que pisan el primer año colegial. Pero afuera, donde la niebla
comenzaba a repartirse entre las copas de los árboles y los postes de
luz, habían escandalosos sollozos emergiendo de entre unos rosáceos
belfos. Se trataba de una chica, envuelta en un jovial vestido blanco, y
que lloraba sus demonios.

Algún otro día, estaría paseándose con una linda sonrisa y su azulino
traje de animadora por los pasillos mientras las personas cuchicheaban
sobre su inigualable apariencia y la fortuna que poseía.

—Hey.

Levantó su mirada cubierta de tristeza misteriosa, dejando que ella le


observara tan transparente como el agua de los ríos.

—No estoy de humor, Jeon. No molestes hoy, por favor.


Pero la chica no se rindió ni soltó la toalla fácilmente.

Recogió entre sus pálidas palmas su vestido carmín, levantándolo para


que la tierra del jardín no lo ensuciase. Formó una mueca de confusión, y
chasqueando la lengua, se preguntó qué pudo haber ocurrido.

Era cierto que sus constantes disputas se volvieron el pan de cada día y
sería una total extrañeza vivir sin ello, pero, aunque lo anhelara guardar
en una caja de madera, aquella deprimente y lagrimosa joven tornaba su
mundo en los colores más cálidos y reconfortantes que pudiese hallar.
Hacía que su corazón latiera rápidamente.

—¿Estás bien, TaeHye? —Sujetó una de esas suaves manos entre las
suyas, y le transfirió su calor corporal.

—No importa. —Hipó—. Vuelve al baile, no valgo la pena.

—¿Por qué dices eso?

—Es la verdad. —Secó sus ojos, ayudándose de su mano—. Soy un


asco de persona y todos... Todos me ven como una hueca e hipócrita.
Hasta tú.

—TaeHye, eso no es cier-

—Toda esta rivalidad que tenemos... ¿Es por lo de...

—Tal vez. —Suspiró—. Tal vez sea por eso, pero... Pero, TaeHye, no
puede evitar apreciarte todavía.

—Perdóname por eso, por favor.

—Lo hice hace mucho, sólo que me duele aún. No es tu culpa después
de todo.

—Claro que lo es, yo puede haberlo evitado.

Sus orbes se conectaron, brillando con fulgor bajo la luz de la luna. No


podían negar u oponerse a la inmensa atracción que sus anatomías
reclamaban, casi como dos imanes que desean su unión, pero sus
mismas fuerzas se interponen. Una situación complicada que no sólo
sufrían ahora, sino, que se había prolongado desde la mínima edad de
ocho años.
Dos pequeñas niñas cuyas coletas altas danzaban al son de sus saltos,
sus manitas entrelazadas y bonitas sonrisas. Se miraron mutuamente y
exclamaron que eran un matrimonio.

Sin embargo, todo aquel espectáculo se veía como un inocente juego.


Un inocente juego que más adelante trajo consigo lágrimas y escondidas
marcas.

—¿Haber evitado qué? ¿El asco que siempre me has tenido?

—No es así.

—No te odio, jamás me permitiría odiarte, pero explícame.

—Mi mamá cree que es enfermo, y me obligó a rechazarte cuando


decidieras entregar todo tu confianza en mí.

—Creí que sería algo así. —Se encogió de hombros.

Y sus ojos avellana se posaron cautelosamente hasta esos labios


cereza, sus lentos movimientos y su sabor le parecieron de repente
intrigantes, tentadores... Pero eso estaba mal, por lo que se reprendía las
ansias de unir sus bocas para crear una cariñosa danza y mezclar sus
pinturas de labios, consiguiendo un nuevo tono del romance apagado.

—Quiero saber tu opinión sincera sobre lo que dije aquella noche.

Jugó nerviosa con sus manos.

—Yo... —Respiró profundamente—. Estoy orgullosa de lo valiente que


fuiste al confesarme eso, sabiendo que... Sabiendo lo que conservadora
que es mi familia.

JunSook le observó con chispeante brillo en sus ojos negros.

—No le veo algo malo, ¿de acuerdo? Estamos en nuestro derecho de


amar a una persona, no a su género.

—Me alegro de que pienses eso. —Sonrió.

—Me encanta cuando haces eso.


—¿A qué te refieres?
—Sonreír... Tu sonrisa se asemeja a la de un conejito, eso te hace muy
tierna.

—Gracias. —Bajó su rostro—. Pero aquí entre nosotras, tú eres la más


tierna, unnie.

—¡JunSook-ah! E-Eso no es cierto.

—No lo niegues.

Allí en una noche helada yacieron dos chicas en vestido charlando


mientras las manecillas avanzaban, y la madrugada se pintaba en sus
tonos grisáceos y zarcos.

✧. Había una vez


『 Inspiración:
La bella durmiente por Walt Disney Pictures (1959). 』

Las copas de los árboles aceitunados se menean lentamente al ritmo de


las brisas que levantan la hojarasca del húmedo césped. Aves
descansan en sus nidos elaborado con ramitas marrones mientras las
ardillas corren embalsamadas de su inherente hiperactividad, buscando
bellotas caídas; alguna que otra vez el búho dormilón asoma de
entre las copas de la arboleda sus extravagantes ojos amarillentos. Los
conejos se dedican a masticar graciosamente sus hortalizas recolectadas
y los cervatillos observan atentos a aquel muchachillo descansar bajo la
sombra de un gran roble.

Suspira exhausto, percatándose de los regaños que recibiría de parte de


su adorada madre: la reina. El espeso bosque le hipnotiza con su
abundante vegetación y sus majestuosos animales, provocando que al
dar dos o tres pasos perdiera por completo la perspectiva del tiempo y
espacio, y se concentrara en apreciar los pequeños detalles de la
naturaleza.

Continua colando sus dedos en el pelaje grisáceo de un tierno conejillo


cuyos ojitos han comenzado a cerrarse somnolientos.
—¿Por qué me miran de esa manera? —pregunta inquieto hacia los
cervatillos—. ¿Jamás habían visto un humano perderse en el bosque?

Uno de los delgados animalillos se tumba, manteniendo siempre su vista


entusiasmada.

—¿Quisieran escuchar una historia? —inquiere, dudoso—. Pero deben


guardarla como un secreto.

De repente, y logrando que una tierna sonrisa se escapase de sus


suaves belfos, una de las liebres levanta una de su largas orejas y se
aproxima, con largos saltos, hacia su cuerpo.

—De acuerdo —dice, mordisqueándose el labio inferior—. Fue una tarde


y me encontraba aquí, en el bosque, caminando junto a un joven... Él era
alto y apuesto, hablamos del amor. —Baja su avergonzada mirada
avellana—. Paseamos juntos entre los árboles, sujetados de la manos, y
luego nos abrazamos fuertemente... ¿Saben qué ocurrió después?

El conejito en su regazo mueve sus orejillas esponjosas de adelante


hacia atrás.

—Desperté de mi sueño.

Los pájaros armonizan una melodía resignada como si el relato les


hubiese acongojado.

—De cualquier manera, jamás tendré permitido opinar así de otro


hombre.

Cabalga en su blanquecino corcel, esquivando los troncos de los fuertes


arces y abetos, y atisbando con cautela que ningún animal puede resultar
herido por su espontáneo andar. El cielo comienza a perder su potente
luz, difuminando los matices del día en los de la noche. Extrañamente, el
caballo detiene de una forma imprevista sus grandes pisadas y
desconcierta al joven príncipe, quien debe llegar al hogar del doliente
sastre.

—¡Por el Hacedor! ¿Por qué te detienes?


Fue una total conmoción la noticia sobre el baile que se llevaría a cabo,
la servidumbre suspiró agotaba mientras la realeza y el pueblo
celebraban y embellecían sus más lujosos atuendos. Claramente, y como
ocurría todos los años, se le cosería un precioso traje con detalles
inigualables a la medida. Sin embargo, para su sorpresa y la de su
familia, el sastre del príncipe JungKook enfermó gravemente por lo que,
como el alma bondadosa que siempre ha sido, decidió llevar una
calientita sopa y medicina naturales para que mejorase. No le molestaba
en lo absoluto que no le pudiera confeccionar ropajes, no obstante, si
mantenía una inquietante preocupación y velaba por la salud del sastre,
quien le conoce desde su nacimiento.

Su visión da con la figura de un chico que, al parecer, se halla inmerso


en sus pensamientos. Acaricia tranquilo a un pequeño conejito mientras
tararea una dulce canción, sus suaves cabellos dorados danzan junto a
la brisa , sus mejillas yacen sonrosadas debido a la baja temperatura y
sus ojos se mantiene cubiertos por la piel de sus párpados. Era precioso,
magnífico y rodeado de un aura inocente.

Se baja del lomo de su caballo, y con una lenta caminata se comienza a


acercar hasta el bello querubín. No visualiza ningún corcel, por lo que se
permite pensar que quizá el joven se halla perdido entre las penumbras
del bosque. Sabía que a tales horas lo mejor era resguardarse en el
hogar y no conversar con extraños, pero la curiosidad se apoderó de la
lógica.

Carraspea su garganta—. Hola.

El muchacho brinca en su lugar y revela la hipnotizadora tonalidad de sus


orbes, un suave avellana. Mira con extrañeza, pero, sin poder evitar
mostrar su benévola personalidad, se levanta del césped, limpiando la
tierra en sus pantalones negruzcos.

—Usted perdone, no fue mi intención asustarlo —se disculpa JungKook


de inmediato, realizando una cordial reverencia.

—No me asusté, es sólo que usted es un...

Se queda rígido en su lugar; aquellos brillantes ojos ébano, aquellos


labios cereza y esa encantadora sonrisa de perlas blanquecinas. Le
resultaba tan conocido.
—¿Un extraño?

—Sí —murmura avergonzado.

—Permítame presentarme. Soy JungKook.

—Mi nombre es TaeHyung.

Conectaron sus chispeantes miradas, las cuales derrochaban ternura. Un


ardiente fuego latía frenético en sus corazones, haciéndoles entender
que tal vez sus ensoñaciones se tornarían realidad y podrían adorarse
como aconteció alguna vez en sus ideales. Rozaron sus manos,
sonriendo sin asegurarse del porqué.

—Eres tú —comenta JungKook, atreviéndose a tocar la mejilla de


TaeHyung—. Ya nos habíamos conocido antes.

—¿Cómo?

—Una vez en un sueño.

Los animalillos, únicos testigos del espléndido sentimiento que se


entrelazaba en aquellas almas, fueron escondiéndose en sus
madrigueras y nidos. El amor que, aún sin saber del otro, lograron sentir
era inexplicable y albergaba una desconocida magia, se volvieron ciegos
ante los impedimentos que conllevarían si deseaban permanecer juntos.

✧. Libertad
『 Inspiración:

Ready to run - One Direction. 』

Mantenía sus manos sobre el oscuro volante, sintiendo una tortuosa


tensión en sus hombros. Claro estaba, que hace más de un mes había
planeado irse junto con su novio, pero eso, lamentablemente, no quita
que se encuentre atemorizado y cargando un horrible pesar.

Las delgadas manos del otro chico se colaron por su cuello, masajeando
el área para desaparecer los nudos. Le oyó suspirar de una manera
temblorosa, y aunque prefería ignorar esas secas lágrimas sobre sus
mejillas, sabía que permanecían allí pintadas.

—Tengo miedo —él susurró bajito.

—Yo también, TaeTae. —Optó por admitir, observando como las


rebosantes luces de la ciudad cambiaban a un paisaje más rústico.

—Pero todo saldrá bien, ¿verdad?

—Claro que sí.

Ni siquiera él mismo podía depositar plena confianza en sus palabras, sin


embargo, anhelaba transmitir seguridad a su amada pareja para que
continúen el camino con la frente en alto. No debían dar un paso en falso
ahora.

Escapar jamás les pareció una grandiosa idea, de hecho, era mejor
desechar una situación tan descabellada como esa; pero las mismas
personas de su vínculo familiar fueron quienes alentaron
inconscientemente. JungKook, por su parte, sabía cuán reacios eran sus
padres ante el pensamiento de que dos personas del mismo sexo se
amaran; siempre comentaban, ajenos al hecho de que su propio hijo
tenía novio en vez de novia, que esos eran unos enfermos y que debían
ser restaurados por un psiquiátrico de inmediato. En cambio TaeHyung
no tenía conocimiento del rechazo que sus progenitores tendrían una vez
enterada su relación, ya que se aferraban al título de familia perfecta y
amorosa; pero los golpes para volver a encaminarlo en la dirección
correcta, le quitaron la obstrucción de sus ojos.

—JiMin está llamando.

—Contesta, Tae

Sus amigos, los cuales no sabían de su clandestina huída, estaban


completamente contentos con que ellos salieran. De cualquiera manera,
fue JiMin —el mejor amigo de TaeHyung— quien logro unirles como
pareja.

—Hola, JiMinnie. —Contestó la llamado, intentando entonar una voz


serena.
—¡TaeTae! ¿Dónde estás?

JiMin se convertió en el mejor amigo de TaeHyung en su primer día de


escuela, congeniaron perfectamente y forjaron una inquebrantable
amistad, por lo que tenía una total confianza con él. JiMin sabía que los
padres de su amigo procuraron romper todo lazo que este pudiera
establecer con JungKook, inclusive la comunicación telefónica, así que le
ayudó a obtener otro celular y número.

—¿No le vas a decir a mis padres? —cuestionó.

—Ellos están preocupados, TaeHyungie, y amenazan con llamar a la


policía.

—P-Por favor, JiMinnie, por favor no les digas.

—De acuerdo —acordó dudoso.

Tomó una profunda respiración, observando a JungKook de reojo.

—No vamos a volver —explicó.

—¿Qué quieres decir?

—Nosotros, JungKook y yo, no vamos a volver.

—Tienes que estar bromeando, Tae. No tienen dinero y...

—Sí tenemos, además, conseguimos un lugar donde vivir. En cuanto


lleguemos te daré la dirección, pero debes prometer que mis padres y los
de JungKook-ah no se enterarán nunca.

—E-Está bien.

—JiMinnie.

—¿Tanto te costaba despedirte de tu mejor amigo? —reclamó, y


TaeHyung supo que estaba llorando.

—Perdóname, teníamos que irnos al anochecer.

—Te voy a extrañar mucho.


—Yo también, ¿puedes decirle a los demás que los queremos de nuestra
parte? —Hipó, colocando su mano sobre sus labios que amenazaban
con dejar escapar sollozos.

—Les diré. Por favor cuídense, no quisiera verlos en las noticias.

—Claro que sí.

—Hasta luego, TaeHyungie.

—Hasta luego, JiMinnie.

Colgó el teléfono, y un agobiante silencio se instaló en el ambiente. La


música salía en un tono casi silencioso, como un débil susurro, el sonido
los automóviles corriendo sobre la calle siendo su único acompañante.

—Todo saldrá bien. —Le consoló el menor, al ver como las lágrimas no
paraban de crear pequeños ríos en sus mejillas.

A la lejanía, se alzaban unas luminosas letras, indicando el puesto de un


supermercado pequeño. Se veía desolado, una que otra persona
caminaban entre los pasillos cargando una rojiza canasta. Decidieron
estacionarse en el parqueo, puesto que necesitarían botanas y refrescos
para el resto del viaje.

Esperaron un breve momento hasta que el motor se apagase, y salieron


del auto. Una liviana llovizna mojó sus sudaderas mientras el aire glacial
hurgó como un polisón por las mangas largas del abrigado ropaje.

La tienda contenía en sus largos estantes gran variedad de productos,


pero se mostraba con una atmósfera tétrica, tal vez porque ya era
bastante tarde y las personas cocinaban serenas en sus hogares o
porque estaban, prácticamente, en medio de la carretera. Relamió sus
labios, un hábito que conservaba desde la niñez; se reprendía que todo
saldría al pie de la letra, pero, claro, para alguien cuyos días perfectos
eran no salir de su cómoda habitación, esto era una aventura aterradora.

Comenzó a memorizar el día en que, por fin, llevó a cabo el inicio de su


relación con JungKook. Era un día gris y con esponjosas nubes creando
una imagen de tiza difuminada en el cielo; había llegado tarde a clases y
con sus prendas empapadas de gélida agua, un total desastre.
Obviamente, sus amigos se preocuparon y le recriminaron que lo más
seguro es que hubiera pescado un resfriado. Se encontró a JungKook
hasta la hora del almuerzo en la cafetería, ya que al estar en un grado
superior que el azabache, no coincidían en horario o aulas. Este, tal cual
ya esperaba, le dijo que pudo haberle llamado para que fueran juntos en
el auto de su madre, sin embargo, TaeHyung no quería ser una molestia.

Esa vez, JiMin había susurrado algo hacia JungKook y él negaba con sus
mejillas enrojecidas tiernamente, quiso saber que cuchicheaban y, sin
poder evitarlo, se sintió celoso y decepcionado. Continuó masticando su
almuerzo de mala gana, en su brillante imaginación un humito esponjoso
huía de sus oídos. Tragó el dulce jugo de frutas, pero JiMin había vuelto
a hablar, llamando en el proceso la atención de todos en la mesa.

—¡TaeTae! ¡JungKook-ssi tiene que decirte algo!

—¿Qué quieres?

—Yo... uhm... quería s-saber si...

—¡Qué si quieres ser su novio!

Para ese momento, podía jurar que se ahogaba en la inmensa felicidad


que sentía.

Y ahora, con sus vistas fijas otra vez en la carretera, no se hallaban


seguros de que les deparaba para el futuro.

—¿Ya sabes dónde están?

—No exactamente.

—¿Qué quieres decir?

Los cuatro jóvenes le miraban expectantes, rogando por una respuesta.

—Huyeron.

—¿Pero... Cómo? —preguntó SeokJin.

—Tae dijo que tenían dinero, y que me enviaría la dirección de donde


van a estar.
—¿Tú estás bien? —Decidió cuestionar NamJoon.

—No lo sé. —Se encogió de hombros—. Tal vez esperaba que me dijera,
pero solamente se fue.

—Estoy preocupado de que algo malo les vaya a ocurrir.

—Hay que ser positivos, YoonGi hyung, además, sabíamos que esto
pronto ocurriría.

—Estoy de acuerdo con HoSeok hyung. Seguro que Tae me envía su


dirección mas tarde.

Luego de horas, aburridas y largas horas, se estacionaron en campo


rociado de bellas flores amarillas, contrastando junto a su verdoso
césped y el apagado cielo en la cumbre. El viento viajaba en una
temperatura baja, sin embargo, viviendo la máxima adrenalina, tomaron
con la cámara de sus celulares una que otra fotografía del espléndido
paisaje.

Si bien obtuvieron grandiosas capturas, JungKook ya conservaba su


favorita y, evitando que TaeHyung se percatara, la colocó como fondo de
pantalla.

Está consciente de lo mucho que le costó declarar sus sentimientos a


TaeHyung, no sólo debido a su característica timidez, sino por el miedo
que sentía al rechazo de este. Se volvieron amigos en su primer año de
colegio, cuando se encontraba tan nervioso y mareado que tuvo que
dirigirse a la enfermería, allí yacía TaeHyung, quién se había caído y
obtuvo un feo raspón como consecuencia. Como era una persona de
pocas —casi inexistentes— palabras se dedicó a asentir o negar cuando
él le hablaba, pero más tarde, en la hora del receso largo, le presentó a
quienes se convirtieron sus fieles amigos el resto de la secundaria.

El auto se adentró hacia un entorno impregnado de aroma a sal y brisa


marina, anunciando la próxima cercanía del puerto. No era su destino,
pero habían oído maravillas de aquel lugar y desean vivirlas por sí
mismos.

El muelle de madera se estiraba a lo largo de la orilla del mar, decorado


con varias rocas grandes y grumos de arena blanquecina esparcida en la
superficie. No hacía calor, como creían, realmente era un ambiente
fresco.

Entrelazando sus dedos con fuerza, caminaron por el puente, quien les
brindaba una imagen espectacular de las inquietas olas y las lujosas
embarcaciones. Sonrieron, sabiendo que podrían besarse o regalarse
caricias, puesto que nadie les conocía. No tenían por que preocuparse.

—¡Mírame, JungKook-ah! —exclamó TaeHyung.

De inmediato, el menor volteó su rostro, percibiendo la lucecilla de un


flash.

—No me tomes fotos, TaeTae.

—¿Por qué?

—No quiero que veas detenidamente lo feo que soy.

—Por Dios, JungKookie, sabes que eso no es cierto.

Unieron sus belfos en un cálido beso. Ya podían ser libres.

✧. Un príncipe para el plebeyo

El lugar era el paradigma de la bulla y el alboroto a esas horas de la


noche. Los camareros iban apurados de aquí para allá con platos y
vasos en sus manos; los clientes sonreían, disfrutando de las
hamburguesas y las malteadas. Las luces rojizas y azulinas comenzaban
a crearle un insoportable mareo mientras esperaba en una de las tantas
mesas realizando pucheros.

—No entiendo como te gusta venir a este lugar —comentó un chico al


encontrase frente suyo.

—Lo siento por no ir a restaurantes como Kitcho o Le Meurice, príncipe.

—He ido a esos lugares sólo en vacaciones para tu información, además,


la comida de aquí es muy grasosa. —Rodó sus ojos—. Levántate que no
quiero que roben mi auto.
—Oh lo siento, su alteza. —Se colocó sobre sus pies, burlándose.

El chico se adelantó ocultando sus venosas manos en los bolsillos de su


jacket de Prada. TaeHyung rió, sabía la exagerada cantidad de dinero
que este poseía y cuanto amaba presumírselo o simplemente
recordárselo día a día. Debía admitir que, alguna que otra vez, si le dolía,
puesto que no tenía los recursos suficientes y él, aún así, continuaría con
sus bromas.

—¿Era tan necesario venir en tu Lamborghini?

—¿Es tan necesario que cargues esa chaqueta todo los días?

Podría decirse que pertenecía a una especie de "grupo", no


específicamente pandilleros o delincuentes, sino, un grupo donde se
cuidarían siempre el uno al otro. Aunque no podía negar que muchos
consumían drogas o eran alcohólicos. Una de las piezas claves era la
típica chaqueta de mezclilla que portaban, con el característico logo de
un tigre rugiendo en su espalda.

—Touché —contestó, cerrando cautelosamente la puerta del lujoso auto.

—¿Qué hacías ahí, de todo modos?

—Además de esperarte. —Recalcó con obviedad—. Estudiaba para el


examen de historia.

—¿Sabes leer?
—No seas estúpido, JungKook, claro que lo sé ¿A dónde vamos? —
preguntó, al ver que doblaban en la calle contigua.

—A mi casa.

—¿Qué? ¿En serio me va a llevar a su palacio, príncipe?

—Dejé unas cosas.

—¿Qué es lo vamos a hacer exactamente? Ya sabes, después de ir a tu


casa.

—El próximos sábado es el baile de graduación en mi colegio, y necesito


comprar mi traje para esa noche.
Observó confundió hacia el perfil de JungKook, quien mantenía sus
manos sobre el volante y su vista fija en la carretera.

—¿Y yo qué tengo que ver en eso?

—Pues necesitas ropa porque también vas a ir, y no pienso dejar que te
presentes con esos arapos.

—¿Al fin saliste del closet? ¿Y me llevarás como tu pareja?

—Dios no, es sólo que Jin hyung irá con NamJoon hyung y JiMin con
YoonGi hyung. No creo que quisieras quedarte sólo esa noche. —Tragó
saliva.

—Supongo que está bien.

El entorno que les rodeaba se tornó silencioso y tranquilo, retratando


perfectamente la esencia del anochecer.

Apoyó su cara encima de la palma de su mano, admirando la luz perla de


la luna y el gélido zafiro en el cielo. Se pregunta si era verdad lo que
JungKook decía porque, claro, el niño era muy perfecto y recto como
para que le jugará alguna broma cruel ese día. En parte, tenía
conocimiento de que esa personalidad sólo la portaba en el colegio, ya
que algunas veces que se encontraron solos, este permite que le bese o
entrelacen sus manos y bromee más tarde sobre eso. Sin embargo,
estaba seguro por completo de que JungKook aborrecería que las
personas de su colegio les vieran interactuando juntos.

—¿Tus padres saben que eres gay? —interrogó curioso a JungKook.

—No. —Apretó sus labios cereza—. ¿Los tuyos?

—Sólo tengo a mi padre, y claro que lo sabe. —Suspiró.

—¿Cómo reaccionó cuando le dijiste?

—Dijo que estaba bien y que no tenía problema con eso ¿Cómo crees
que reaccionarían los tuyos si les dijeras?

—No tengo idea. —Encogió sus hombros—. Mis padres no son religiosos
como los de mis demás compañeros, pero... Ya sabes, tengo miedo a
que me rechacen.
—Entiendo.

Al doblar, se toparon con dos inmensos portones negros que tenían el


apellido Jeon escrito con letras doradas en la mitad. Los ojos avellana de
TaeHyung se abrieron desmesuradamente, sin vergüenza se atrevería a
admitir que estaba sorprendido en un gran nivel.

Las construcciones de metal se abrieron, permitiendo que el vehículo


ingresara. Se trataba de una amplia propiedad con árboles jades llenos
de lucecillas y arbustos repletos de frutos rojos, más allá se alzaba la
mansión de cristalinos ventanales y caros detalles.

—Llegamos. —Escuchó a JungKook hablar, percatándose de que no oyó


el motor apagarse.

Bajaron del Lamborghini, dirigiéndose a paso apresurado hacia la


entrada del sitio.

Sinceramente no supo que pensar cuando se hubo hallado en el interior;


habían candelabros bañados en oro, espléndidos muebles de Ashley
Furniture, una pantalla plana gigantesca, y eso fue lo poco que alcanzó a
ver. Fácilmente, dedujo que al fondo, donde iluminaban unas luces
azulinas, residía una alberca.

Subieron por las escaleras trasparentes, sujetándose de la brillante


baranda de metal.

—Tu casa es simplemente... Wow.

JungKook rió. Se pararon frente a su a la puerta de su dormitorio que


tenía su nombre gravado en una pequeña placa de plata. Giró la perilla,
permitiendo que TaeHyung mirase.

—¡Oh por Dios! ¿Ese es tu armario? —Señaló una doble puerta.

—Sí.

Queriendo bromear se acercó a este y la tocó dos veces.

—JungKook-ah, sal de ahí, nadie te juzgará.

—Muy gracioso, TaeHyung.


—¿Puedo ver que tienes?

Sin escuchar una respuesta afirmativa, entró. Sonrió encantado ante las
elegantes y caras prendas de ropa.

—¡¿Tienes algo que sea de Gucci?!

—Sí, pero no dejaré que toques alguna cosa —reprendió, entrando al


armario para sacar a TaeHyung sujetado de muñeca.

—¡Ay Dios! Había una chaqueta mezclilla Gucci. ¡Siempre he querido


una!

—No quiero que contamines de sida mi ropa.

—No tengo sida, además, así no es como se contagia —comentó,


realizando un adorable puchero.

—Bueno, siéntate en el piso y no toques nada.

—¡Tienes perfumes Curve!

—No te emociones tanto, sólo vine a buscar mi teléfono.

—¿Quién sale de su casa y se olvida de su teléfono?

—Tú, el otro día.


—Tienes razón —concordó sentado en el suelo, justo como JungKook le
dijo—. ¿Qué marca es tu teléfono? ¿El último iPhone o algo así?

—De hecho sí.

—En serio te ahogas en dinero.

JungKook rodó los ojos, sonriendo burlesco.

—Agarra la chaqueta y nos vamos.

—¡¿Es en serio?! —gritó emocionado.

—Sí, deja la tuya sobre mi cama, después la recoges.


—¡Gracias, gracias, gracias! —exclamó, correteando hacia el armario.

—¿Qué vas a comprarte?

—No lo sé, tal vez un traje sencillo.

—¿Qué tal ese? —Señaló hacia un atuendo de pantalones y esmoquin


negro junto a una camisa blanca de botones—. Es muy... ¿Normal? Pero
pienso que te quedaría bien.

—De acuerdo

Para su sorpresa, TaeHyung tenía un buen ojo para la moda —aunque


ya lo había notado desde antes, pero no quería admitirlo— así que
solamente asintió y fue a probarse la ropa.

—¿Qué tal?

TaeHyung miró en dirección a JungKook.

—Te ves... Guapo.

—¿Sólo guapo?

—Bueno... Quiero decir, te ves guapísimo —admitió, enrojeciéndose.

—¿Qué vas escoger?

—Yo... No lo sé.

—Puedes ir a ver de cualquier forma yo pago.

—No es necesario que hagas esto, puedo quedarme sólo ese día.

—Ve y listo.

—Pero es que jamás tendría como pagarte algo así.

—Ve, Tae.

Sonriendo bobamente por el apodo, se alejó hacia los percheros.


Al final, eligió un traje similar al del menor, nada más que su camisa
poseía un delicado bordado de florecillas. No creyó que JungKook en
serio se animara a comprarle algo, y no es que él fuera tacaño, sin
embargo, a veces pareciera como si le despreciase.

—¿Por qué no te compras algo así? —cuestionó.

—¿Algo como?

—Como esa ropa, pienso que te quedaría bien.

—No lo creo.

—Vamos, JungKook-ah, seguro que te vas a ver bien o cool como dicen
en tu colegio.

Accedió rendido, tomando el jeans roto en las partes de las rodillas y la


sencilla camisa negra. Dejó escapar un suspiro de entré sus belfos,
pensando en la cantidad increíble de aprecio que sentida por TaeHyung,
pero que no demostraba.

—¿Y qué piensas?

—Dios, JungKook... No sabía que tenías esos muslos.

—¡TaeHyung! —pronunció avergonzado—. No digas eso.

—¿No puedes quedarte con esa ropa puesta?

—¡No voy a robar!

—Obvio no, compra la ropa, pero te la pones.

—Oh, está bien.

Tiempo después yacían en el auto, sus vistas inmóviles en el paisaje que


se pintaba cada noche, cegadoras luces de los transportes y espesa
neblina soltando indicios de su existencia.

—¡Para!
El auto frenó de repente, provocando que sus anatomías se inclinaran
hacia adelante y luego hacia atrás en un pequeño lapso de segundos.
JungKook sintió su corazón latir de manera frenética.

—¡No grites así!

—Lo siento, lo siento. —Se carcajeó—. Vamos.

JungKook miró al sitio en el costado derecho, un temor se apoderó


velozmente de su organismo. Se trataba de un viejo camper, un poco
oxidado en las esquinas y rodeado de maleza en los oscuros
neumáticos.

—¿Para qué?

—Vamos, JungKook-ah, hazle caso a tu hyung.

—No digas eso, y no te haré caso.

—Es mi casa, no es que como si fuese a violarte.

—No, pero me pueden asaltar.

—¡Son sólo unos diez pasos!

Quería pensar que no era débil ante la ternura natural de TaeHyung,


pero, evidentemente, se estaría engañando a sí mismo. Aquellos ojitos
avellana sólo se escarcharon de intenso fulgor y él se rindió, sin
embargo, eso no borraría que sus manos temblaran y quisiese matarse.
Habían momentos en los que vivir en su burbuja de oro y diamantes, le
volvía estúpido.

—¿Qué haremos? —preguntó cuando se halló más tranquilo. Al final, la


"casa" no era impregnada de lujos, pero sí acogedora y limpia.

—Tener sexo mientras fumamos marihuana.

—¡¿Qué?!

—¡Mira tu carita! ¡Estás todo sonrojado!

—N-No vamos a hacer eso... ¿O sí?


—Claro que no, príncipe. —Se carcajeó, palmeando suavemente su
mejilla sonrosada.

—¿Entonces? —Suspiró tranquilo.

—Recuéstate en la cama.

—Tae...

—No te haré nada malo, lo prometo.

Se acostó sobre la cama cubierta de suaves y esponjas colchas, logró


visualizar unos cuantos peluches por allí.

—¿Por qué tienes peluches?

—Porque son tiernos —contestó—. Además, hacen que me sienta


menos solitario.

—Oh.

—Ponte esto bajó el lóbulo de tu oreja. —Le tendió la mitad de un limón


verdoso.

Milagrosamente, se colocó la fruta sin renegar, algo que no se lograba


ver un día cualquiera en JungKook.

—No grites mucho.

—¿Por q- Auch —Realizó una mueca de dolor al sentir la fina aguja


clavar en esa zona delicada—. Mi mamá me va a ma- Auch.

Escuchó a TaeHyung reír.

—¡Ni siquiera dejaste que me pusiera el limón en la otra oreja!

—Lo siento, príncipe, tenía que ser rápido. —Sonrió inocente—. Te


pondré unas argollitas de plata, ya que otros aretes te pondrían provocar
una reacción alérgica.

—Sonaste como un médico.


TaeHyung le observó directamente a sus ojos carbón, notando un nuevo
brillo en estos. Acarició con lentitud la mejilla blanquecina del chico, casi
llorando cuando este le sujetó la muñeca para plantar un besito en el
dorso. Puso los "fantásticos" implementos que utilizó en la mesita de
noche.

El ambiente, por fin, se tiñó con un toque adorable y dulce, solamente


sus calmadas respiraciones viajando por la luz que emergía de la
ventana. Se acurrucaron, buscando de forma urgente el calor del otro
mientras compartían besos y roces en sus manos.

—Estoy cansado de fingir, TaeTae.

—Yo también, en serio deseo poder ir a buscarte al colegio como lo hace


NamJoon con SeokJin.

—Me encantaría que pudieras. —Le dedicó exclusivamente a él una de


sus sonrisillas de conejito.

—Sí quieres que sea tu pareja para el baile, ¿verdad?

—Obviamente, Tae bebé.

Rió bajito, restregando su rostro en el cuello de JungKook, el cual


desprendía un delicioso aroma—. Me gusta cuando me llamas así,
JungKook-ah.

—Quiero preguntarte algo.

—Dime.

—¿Con cuantas... Con cuantas personas te has acostado?

—No creo que te guste la respuesta. —Entrelazó sus dedos con los
foráneos.

—Responde, por favor.

—Una.

—¿Quién?

—JiMinnie.
—¡¿Qué?!

—¡Ves! Te dije que no te iba a gustar —dijo divertido—. Él nunca fue


como tú, ya sabes, empezó a ser amigo de NamJoon y después me
conoció a mí.

—Pero... ¿Por qué?

—Porque él quería saber si de verdad le gustaban los hombres y pues...


Sólo pasó.

—Ya... ¿Y quién estaba abajo o esas cosas?

—Uhm, el príncipe está perdiendo su clase.

—Solo responde. —Apartó su mirada que se situaba en TaeHyung y la


posó en el techo.

—A veces él y a veces yo. Sin embargo, me di cuenta que no me


gustaba ser el activo.

—Oh Dios.

—¿Y ahora te vuelves a sonrojar? ¡Tú preguntaste!

—Lo sé...

TaeHyung se burló de JungKook esta vez, pero, sin poder evitarlo,


prefirió besarlo hasta que la somnolencia les poseyera por completo.
Amaba el poder refugiarse entre sus brazos y parar de fingir aunque
fuera sólo por un momento.

Ropa que llevaba JungKookie al final ➶

✧. Noche de Películas
Habían planeado esa noche toda la semana y no es que no se vieran
seguidamente, sino, que la universidad les mantenía sumergidos entre
letras de aburridos libros y miles de apuntes desordenados. Un caos de
verdad. Pero eso, evidentemente, no les impediría el anhelo de pasar
algún rato juntos y, además, no sería nada complicado, tan sólo un
maratón de películas junto con comida chatarra —ya que era lo más
barato y fácil de conseguir—.

La luz natural en el cielo comenzaba a desteñir su claridad y moldear un


estrellado anochecer, por lo que uno de los dos jóvenes sintió pesados
sus ojos carbón. La película se reproducía aún en la televisión y su novio
la miraba atento, pero no pudo evitar que su anatomía se relajara luego
de tanto estrés.

TaeHyung sin percatarse mantuvo sus ojos fijos en la pantalla colorida


mientras sus dedos se hundían por los cabellos café de JungKook. Había
extrañado bastante el poder acurrucarse junto a él sin preocupaciones o
impaciencia, solamente perdiéndose en la suave respiración del otro y
deleitándose por las dulces caricias, no podía negar que amaba
muchísimo a su novio.

—¡Mira, JungKook-ah! —exclamó emocionado al ver su parte favorita de


"El rey león".

Quizá les mirarían con muecas de rareza al saber que, siendo tan
grandes, disfrutan las reconocidas películas de Disney, sin embargo, los
tiernos personajes y sus divertidas historias siempre lograrían adueñarse
de su corazón, principalmente si se trataba de la animación clásica.

—¿JungKook? —Volteó su rostro hacia el lado al no oír una respuesta.

Sonrió con ternura cuando vio la carita dormida del chico, realmente
emanaba una imagen serena y calmada. Apartó unos cuantos mechones
de su frente, trazando una serie de besitos por el área y rozando
ligeramente la punta de su nariz.

Hay veces en los que se cuestiona cómo consiguió tener una relación
con JungKook, el chico que él, como suele decir su mejor amigo,
acosaba en los recesos. Le gusta el concepto de que vio algo en él, que
algo le hizo atraerse hacia a su persona como si fuese un imán, y, sobre
todo, le agrada pensar que esa atracción no podría quebrarse jamás.

Se encontró a sí mismo molestando a su adormitada pareja, tomando


entre sus delgados dedos una papa frita cubierta con una sutil capa de
salsa de tomate, y frotándola en los belfos entreabiertos. Reía bajito para
no despertarle, aunque, si tuviera que confesarlo, deseaba que abriera
sus ojitos para que pudiesen realizar su típica sesión de besos.
Vio que comenzaba a despabilarse de su corto sueño, y por el susto,
dejó caer la papita, provocando una minúscula mancha en aquella
camisa blancuzca.

—¿Tae? —preguntó, saboreando el agridulce sabor.

—¡Lo siento, lo siento! —se disculpó entre carcajadas.

JungKook le observó confundido, entendiendo, para mala suerte de


TaeHyung, al bajar su vista.

—No hiciste eso.

—¡Perdóname, mi amor!

Se enterneció ante el apodo que muy rara vez utilizaba mientras a su


mente viajaba una grandiosa idea.

—Mhm... creo que no me quedaré con esta ropa sucia, ¿verdad? —


Sonrió de forma jocosa.

Las mejillas de TaeHyung se rociaron de vivo carmín y un insoportable


calor. Tapó sus orbes almendra.

—¡JungKook!

—Fue tu culpa. —Se encogió de hombros, tirando la camisa a algún lado


en el gélido piso—. ¿No te gusta verme así?

—S-Sí, pero...

—¿Pero?

—¡No seas malo conmigo!

—Ven aquí, TaeTae.

TaeHyung, tímido y con la cabeza baja, se aproximó hasta JungKook,


envolviéndole el fuerte torso con sus brazos. Captó la musculosa textura
del abdomen, y suspirando tamborileó la yema de sus dedos por el
pecho y las clavículas; JungKook le parecía el chico más apuesto del
mundo.
—Te quiero mucho, JungKookie.

—Yo también, TaeTae. —Compartieron un beso esquimal—. No vuelvas


a ensuciar una de mis camisas.

—¡Ya! Fue sin querer, yo sólo quería que estuvieras despierto.

Besó cortamente sus labios—. Te perdono.

—Malo.

La noche se daba la bienvenida en todo su resplandor, convirtiéndose en


el fiel testigo de aquel divertido romance. No les interesaba que hubieran
días sin poder compartir la calidez de sus caricias, siempre y cuando, el
reencuentro les envolviera en rebosantes cosquillas de amor.

✧. Loco por él
『 Inspiración:

Video de Crazy de Aerosmith. 』

La adrenalina viajaba a lo largo de sus azulinas venas como si hubiesen


sido inyectadas directamente de tal intensa sensación. Su pecho subía y
bajaba conforme el ritmo de su errática respiración, una sutil capa de
sudor cubría su frente y sus labios brillaban por las constantes lamidas
que le entregaba a estos. A su costado derecho caminaba un chico con
el mismo cosquilleo de nervios consumiéndole, pero una sonrisa de
esplendorosos dientecillos se dibujaba en la longitud de sus belfos
carmín.

El sol amarillento brillaba en la cima del cielo y ardía en sus pieles,


aunque, sinceramente, no le tomaron demasiada importancia a ese
detalle, puesto que buscaban desesperados un auto que hacía unos
momentos lo dejaron por allí estacionado. No sabían por qué o cómo se
les ocurrió esa peculiar idea un sábado por la noche; escapar del
aburrido y lento colegio durante las lecciones a unos de sus lugares
favoritos. Y ahora, con los cabellos de punta, abrían las puertas del viejo
vehículo para huir hacia un inolvidable día.
Agradecían desde los dioses griegos hasta los nórdicos que su colegio
no fuera de etiqueta estricta y llamaran a sus respectivos padres cuando
no les vieran en el resto de las clases, sino en esos instantes
probablemente estarían siendo regañados y premiados con un horrible
castigo.

Como ya lo habían previsto, la ruta por la que conducían se hallaba


desolada y envuelta en una completa paz. Lograban observar por la
ventana que el viento ponía a danzar el césped a sus costados, los
neumáticos raspando en el asfalto alzaban un esponjoso humo de color
gris y los llamativos girasoles atraían a las mariposas de alegres matices.
Era un paisaje hermoso y digno de sentarse a contemplar.

—No puedo creer que en serio lo hicimos —habló TaeHyung, enfocando


su vista almendra en sus manos.
—Yo tampoco.

No eran jóvenes que se metieran en problemas o los típicos que, por


más diversión que otra cosa, desobedecían las órdenes dadas por sus
progenitores; de hecho, eran los más pacíficos, en cuanto a actos
rebeldes de refiere, en su alocado grupo de amigos. Sin embargo,
querían intentar algo nuevo e imponerse al cansado sistema educativo
que llevaban.

—¿Crees que se den cuenta?

—HoSeok hyung dijo que nos iba a cubrir —le recordó JungKook.

—Lo sé, pero... Aunque la última clase la teníamos con la señora Sung y
ella no se da cuenta de nada.

—No entiendo como aún da clases ¡Tiene más años que mi abuelita!

Sus carcajadas se unieron al igual que sus manos.

Tamborileaba sobre la superficie del desgasto pupitre su lápiz mientras


mordisqueaba sus labios. Sentía como si todo ocurriera en cámara lenta
o con sumo detalle; las gotas de sudor bajando a una exagerada lentitud
por sus mejillas, una pequeña y negruzca mosca frotando sus delgadas
patas en la silla de adelante, y sus compañeros lanzándose puños de
papeles unos a los otros.

—¿Jeon JungKook? —preguntó la señora con una vocecilla exhausta.

—Presente. —No sabía si su rápida imitación había salido de lo mejor,


sin embargo, la profesora pareció no haberse percatado de ello.

—¿Kim TaeHyung?

Esta vez no hizo el intento porque sabría que el tono grave que
TaeHyung poseía era inimitable o al menos para él, por lo que alzó su
mano.

—No puedo creer que les ayudaste en esto —le murmuró JiMin con una
burlesca sonrisa.

—Soy buen amigo, obviamente lo iba a hacer.

—Que mal ejemplo. —Negó con la cabeza, aunque en realidad


procuraba tragarse la inmensa risa que quería escapar de su boca.

—No decías lo mismo la vez que te ayudamos a escapar con YoonGi


hyung.
—B-Bueno, esa vez fue diferente. —Bajó la mirada avergonzado.

—Iban a un lugar diferente, pero la situación era casi la misma. —


Sonrió—. Me siento un poco mal por la señora Sung, siempre la
terminamos engañando.

—Cierto... Tal vez ya debería dejar de dar clases.

De la radio se expulsaba la animada melodía de una típica canción de


verano, ambos chicos cantaban al unísono con la ventana abierta para
que el aire les refrescase los rostros. Se hallaban bastante felices, para
su sorpresa, la preocupación e inquietud se había esfumado con ayuda
de la diversión.

—¿Nos iremos hoy mismo? —preguntó TaeHyung, observando como el


campo floral empezaba a cambiar una pizca su ambiente.

—Podemos irnos mañana, en el auto hay espacio para dormir.


—¿Trajiste comida?

—Claro que sí, TaeTae —contestó en un tono de obviedad.

—Ya, podía ser que se te hubiera olvidado.

El auto se adentró a un amplio campo bañado de distintas tonalidades de


verde, rebotando un poco por las estorbosas rocas que interrumpía en el
camino. Había nombrado aquel escondido lago como su lugar, su
sagrado lugar. A veces, cuando las cosas iban mal y todo parecía a
punto de derrumbarse, dedicaban su tiempo a sentir el aire fresco y
observar el despejado cielo acostados en el pasto mientras entrelazaban
sus dedos y suspiraban con prosperidad. Se sumergían en un estado de
bienestar, donde lo único importante era el cosechar frutos en su amor.

Acomodaron los implementos sobre una manta de cuadros azules y


blancos tal cual fuera un picnic improvisado.

—¿Ya está todo?

—Supongo que sí.

Se enviaron una espléndida sonrisa.

Cuando el sol les abrazó duramente con sus rayos y ya no pudieron


soportar el sofocante manto de calor, empezaron a sacarse el sencillo
uniforme colegial. Habían sido varias las oportunidades en que se
miraron sin prenda alguna, por lo que la vergüenza no era un factor que
les afectara.

TaeHyung cobijó su torso con la ayuda de sus brazos, puesto que una
gélida brisa decidió pasearse por allí cuando se desprendió de su
camisa. JungKook le miró divertido, acercándose en su dirección para
guiarlo lentamente hasta la orilla del cristalino lago.

—Está frío.

—Obviamente está frío, TaeTae.

—No te burles —reprochó—. Caliéntame entonces.

—¿Qué?
—¡Oh Dios! Sonó muy mal, ¿verdad? —Prosiguió al ver el
asentimiento—. Yo me refería a que me calentaras con un abrazo...
¡Pero no ese tipo de calentar!

—Ya entendí. —Rió—. Pero aún así es divertido verte sonrojado.

El agua traslúcida les tapó hasta la altura de la cintura, ya que no se


trataba de un sitio muy profundo. Los pajarillos en las ramas marrones de
los escasos árboles y el oxígeno invisible eran espectadores de la
atmósfera tierna que aquellos dos adolescente habían construido.

—Tu piel es tan suave, Tae —susurró en su oído, acariciando


delicadamente su espalda baja.

—Mhm... Tu piel también lo es —declaró—. Al igual que tu cabello.

Continúa con su caminata de dulces caricias, llegando a la pancita de


TaeHyung, donde traza con sutileza al mismo tiempo que roza su nariz
por el cuello de este, embriagándose de su esplendorosa fragancia. Los
besos que reparte más tarde por los hombros ajenos, provocan
escalofríos en la delgada anatomía, pero él sonríe orgulloso.

TaeHyung acuna con la palma de sus manos la enrojecida carita de su


novio y con sus pulgares le delinea la elevación de sus pómulos. Toma la
veloz decisión de iniciar una sesión conformada por adorables besos, sus
labios moviéndose despacio y amorosamente. Jadean bajito y se
satisfacen con la calidez que desprende los mimos entregados de forma
mutua, los suspiros no se hacen faltar al igual que sus cuerpos buscando
acurrucarse en el del contrario.

—Te amo —se murmuran sincronizado y con sus belfos hinchado en un


leve carmesí.

Tal vez desde antes anhelaban darse un respiro del estrés y huir por un
rato, pero su amor siempre sería el fuerte que les impulsaría a cometer
nuevas aventuras.

✧. Mira lo que has hecho; Especial


『 Inspiración:
[Aquí debería haber un GIF o video. Actualiza la aplicación ahora para
visualizarlo.]

Reinaban como único sonido en el dormitorio los trazos del lápiz grafito
contra las blanquecinas hojas del cuaderno, las negruzcas manecillas del
reloj y sus calmadas respiraciones. Se supone que estarían estudiando
para el examen de unos días próximos, obviamente comunicándose
entre ellos para que funcionara, sin embargo, sobra decir, que la espesa
incomodidad era palpable así también como las miradas opacas.

—¿No me explicarás este tema? —preguntó, por fin, TaeHyung,


rompiendo la tensión en la atmósfera.

—No se que quieres que te explique —comentó YoonGi desinteresado


con su vista fija en la pantalla de su celular—. Es algo que ya vimos en
clase.

—El día que vieron esta materia yo estaba enfermo, por si no te


acordabas —reclamó, frunciendo levemente el ceño—. Nada te cuesta
explicarme rápidamente esto.

YoonGi acarició el puente de su nariz, suspirando exasperado. No es que


odiara a TaeHyung o le disgustara, claramente no, puesto que eran
novios; pero desde que comenzó a observarle a él con otros ojos más
que de simple e inocente amistad, todo cambió. Ahora su situación se
hallaba inmersa en una terrible complicación.

—Pásame el libro.

TaeHyung se lo tendió nervioso, evitando conectar sus ojos avellana con


los felinos.

—¿Qué es lo que no entiendes?

—La fórmula.

De manera rápida, y tratando con todas sus fuerzas de no estresarse, le


explicó a TaeHyung la sencilla fórmula química. Se sintió mal en ese
momento por haberle reclamado el que no supiera sobre ella y, además,
haber olvidado la gripe que su novio había padecido unas semana atrás.
Bostezando, se estiró para intentar deshacerse de la molestia tension en
su espalda hasta que se le ocurrió una idea para huir de aquel agobiante
ambiente.

[ YoonGi hyung | 2:13 pm ]


¿Estás trabajando?

[ JungKookie | 2:13 pm ]
En este momento no, hyung

Sonrió al recibir la inmediata respuesta. Sabía que JungKook trabajaba


algunas tardes luego del horario escolar, por lo que disminuía las veces
en que podían verse y también llenaba de cansancio al más joven.

[ YoonGi hyung | 2:14 pm ]


¿Puedes ir a tu casa?

[ JungKookie | 2:14 pm ]
Tendré que preguntarle a DongSun hyung

Realmente, debía admitir, poseía una inmensas ganas de pasar un rato


con JungKook, y rogaba en su interior que le dejasen salir más temprano
esta vez.

—Hyung... —le llamó TaeHyung tímido—. ¿Podría explicarme está otra


fórmula?

[ JungKookie | 2:16 pm ]
¡Ya puedo irme!

Chasqueó su lengua, guardando el costoso celular en la bolsa de sus


jeans, y colocando la pequeña mochila en su hombro derecho.

—Otro día será, TaeHyungie. Ya me tengo que ir.

Una pizca diminuta de culpabilidad se instaló justo en su pecho al ver la


expresión decepcionada de TaeHyung, pero JungKook, para él, lo valía.

—De acuerdo. —Sonrió forzadamente—. ¿Sí irá a la bodega más tarde?

—Sí, Tae, lo prometo.


No se arrepentiría porque, claro, desde un principio se juró que esto no
se escaparía de sus manos, y él no era una persona hipócrita.

La bodega era el centro de reunión que tenía junto a sus amigos; había
muebles equipados con aperitivos y refrescos, viejos sofás
acolchonados, un piano, una televisión y olvidados juegos de mesa. Era
normal verlos dirigirse allí después del colegio o los días libres, siempre
caminando entre risas, golpes y bromas; sin embargo, TaeHyung se
empezaba a sentir incómodo en el sitio debido a que YoonGi le ignoraba
y vertía toda su atención en JungKook. La luz de color ámbar que
ingresaba por los ventanales en las azafranadas tardes no le siguieron
pareciendo una imagen romántica, sino un vivo recuerdo de las
decepciones que llevaba consigo día a día.

[ TaeHyungie | 2:25 pm ]
¿Si te hago una pregunta me vas a contestar con toda la honestidad?

[ JiMinnie | 2:25 pm ]
Claro que sí

[ TaeHyungie | 2:25 pm ]
¿Crees que YoonGi ya no me quiera?

[ JiMinnie | 2:26 pm ]
¿Por qué lo dices?

[ TaeHyungie | 2:26 pm ]
Es muy distante conmigo, parece como si le estresara hablarme

[ JiMinnie | 2:27 pm ]
Bueno, si he notado que es un poco más arisco, pero realmente no creo
que ya no te quiera

[ TaeHyungie | 2:27 pm ]
Gracias, JiMinnie.

Suspiró cargando con el peso de desmesurado abatimiento.

Él se consideraba un buen novio; alguna que otra vez le compraba


regalos a YoonGi sin razón específica y también se aseguraba de
enviarle un texto de buenos días y uno de buenas noches, pero ahora se
empeñaba arduamente en encontrar algún punto que hubiese provocada
mal humor en YoonGi.

Los jadeos y gemidos continuaban haciendo eco de pared a pared,


mezclándose con la neblina de acalorado deleite envuelta en sus
sudorosas anatomías. Ambos jóvenes observaban el techo, intentando
calmar sus aceleradas respiraciones, resultado del acto erótico que hace
unos escasos minutos dieron por finalizado.

—Wow... —exclamó JungKook, sintiendo sus mejillas arder.

Congeniaron al instante en que se conocieron, convirtiéndose sin


obstáculos en grandes amigos. Jamás, en los cinco años de amistad,
pensaron que sus sentimientos se trasladarían al confuso viaje del
romanticismo.

—Deberíamos alistarnos.

—¿Alistarnos? —preguntó, enderezándose sobre el colchón— ¿Para


qué, hyung?

—Para ir a la bodega —aclaró, colocándose la ropa interior.

—No quiero ir. —Bufó—. Vas a estar con TaeHyung todo el tiempo.

—No esta vez —prometió, sonriéndole—. ¿Odias a TaeHyung?

—No lo odio, sólo que ya no me cae tan bien como antes.

—¿Por qué?

—La pregunta es innecesaria, hyung, sabes perfectamente el porqué.

—Pero Tae no. Si te comportas distante podría sospechar, ustedes son


como mejores amigos.

—Éramos.

JungKook se vistió de manera rápida, pensando que, aunque prefería


apartar ese sentimiento, era un total estúpido por ser participante de algo
que rompería el corazón de TaeHyung, quien cada que podía le brindaba
su ayuda y alegría. Acarició la marca rojiza que se dibuja en su pálido
cuello, tendría que inventar una excusa barata si los demás llegasen a
notarla.

—¿Aún lo amas?

—No —contestó frívolo—. Pero tengo aprecio por él.

—¿Por qué no lo terminas?

—N-No lo sé, es irónico. —Rió con sarcasmo—, no quiero dañarlo, pero


le estoy siendo infiel.

Miraba atentó su teléfono, relamiendo sus rosáceos labios. El reloj había


marcado las cuatro en punto, y, para su desgraciada realidad, se hallaba
prácticamente solitario. En una de las esquinas, abismados en otro
mundo, reían SeokJin y NamJoon; a su alrededor JiMin y HoSeok se
pasaban un balón de fútbol, por último, YoonGi yacía tocando el
empolvado piano mientras JungKook le observaba con una dulce sonrisa
en su cara.

—Canta para mí. —Le escuchó murmurar seguido de la melodiosa voz


del más joven tararear alguna canción desconocida para él.

Se dispuso a ignorar el brillo que reflejaban los orbes de ambos chicos,


quienes parecían foráneos al límite de la amistad, puesto que le dolería
retratar en vivo esa imagen.

La pequeña mano de su mejor amigo arrebató de entre sus largos dedos


el celular, viéndole con una sutil mueca de preocupación.

—Es bastante obvio, ¿no?

—¿De qué hablas?

Señaló discretamente hacia YoonGi y JungKook con su cara.

—Ellos. —Se encogió de hombros—. Me engaña con JungKookie.

Era una tarea difícil el pretender embaucarse a sí mismo, endulzando la


fantasía de que todo marchaba bien y no había motivo para lamentarse.

—Tal vez sólo se llevan muy bien...


—Y por eso ambos llegaron casi al mismo tiempo y con marcas en sus
cuellos —dijo sarcástico—. Vaya que se llevan bien.

✧. Continuar; Especial
♡. Dedicado a NephilimEstupida08 por todo el apoyo a mis historias.

Mira lo que has hecho PT. 2

El imponente bullicio se abreviaba a risas despampanantes hasta que el


de menor edad comentó que se sentía pésimo, y le urgía salir a respirar
aire fresco. HoSeok plantó una evidente mueca de preocupación en su
rostro, y, sujetándole del brazo, le detuvo para que les especificase el
origen del malestar. Sin embargo, lo último que esperaban era que
JungKook realizase un ademan con su mano derecha y afirmara que era
incoherente darle más atención de lo necesario al asunto.

Los frígidos vendavales mecían furiosos las espesas copas de los


árboles glaucos, y la cumbre yacía teñida de un profundo matiz grisáceo
que advertía la cercana aparición de una tormenta. Era de esperarse que
los seis chicos restantes quedasen sumergidos en un estado de
intranquilidad, atormentando el hecho de que en el exterior podría
ocurrirle un lamentable percance a JungKook.

YoonGi posó su peso en la suela de los zapatos e inclinó un tanto el


torso para besar la frente de TaeHyung.

—Me aseguraré de que no le pase nada malo a JungKookie, ¿de


acuerdo? —dice, rozándole la mejilla con la yema de su pulgar.

—Está bien —murmuró sin pensarlo demasiado.

Sentía que la negligente forma de actuar que tenía consigo mismo


alcanzaba niveles desorbitantes, logrando que su mente no distinguiese
entre lo que es sano y lo que se torna tóxico. Podría haber refutado hace
mucho, y exigir una serie de explicaciones inmediatas, sin embargo, su
boca se ha mantenido sellada con un pesado candado colgando de sus
labios, mientras se permite caer en la ilusión de que todo volverá a estar
bien.
La manita de JiMin le aprieta el hombro, tal vez brindándole su apoyo y
comprensión de una forma muda. Mirando a los amplios ventanales de la
bodega, muerde melancólico su belfo inferior.

—TaeHyungie, ¿por qué tan serio? —cuestiona SeokJin, lanzando una


pelota de baloncesto a NamJoon.

Llegó a encontrar innecesario y fastidioso entristecer o generar odio


hacia YoonGi y JungKook, contándoles la injusta situación a sus hyungs;
por lo que su aciago estado de ánimo se asemeja a una peculiaridad
increíble, en todo el sentido de la palabra.

—No pasa nada, hyung, estoy bien. —Simula una sonrisa de lado,
engullendo los dedos en el bolsillo del pantalón de mezclilla.

SeokJin escudriña el inexpresivo rostro de TaeHyung, poniendo énfasis


en los ojos sutilmente acuosos. Bufa antes de atreverse a hablar
nuevamente:

—¿Estás seguro?

TaeHyung se percata de que NamJoon ya no le devuelve el balón


anaranjado a SeokJin, sino que todos en el sitio están atentos a la
conversación con sus fanales casi sin dignarse a parpadear.
Desesperado, busca amparo en JiMin para inventar alguna excusa
barata, pero la suerte no se halla de su lado, y la única respuesta que
obtiene es una fría negación de cabeza.

—Estoy seguro —vuele a mentir, los nervios ahogándole porque sabe


que nadie le está creyendo en lo más mínimo.

Se levanta e, ignorando las pesadas miradas, camina en la misma


dirección que YoonGi y JungKook tomaron con anterioridad. Las gotitas
salpican en el asfalto lleno de charcos, y los ventarrones disuelven sus
cabellos a los extremos, descubriéndole la amarga expresión que porta.

Aprieta los nudillos, controlando las inminentes ganas de llorar. Se


supone que lo sabía con total seguridad, claro, enfocar la viva imagen
con sus pupilas, era distinto a crear los escenarios en su mente.

—Hyung, JungKookie... —la voz le tiembla, asimilando el llamado a un


sollozo.
YoonGi y JungKook separan sus hinchados labios, y contemplan a
TaeHyung limpiando rudamente sus ojos avellanados.

—Tae —susurra YoonGi, un frío le recorre la columna vertebral.

—¿P-Por qué? ¿P-Por qué con JungKookie?

Dirige las manos al pecho, sufriendo un apretujo que agrieta la


efectividad que emplea en su respiración. Cae al asfalto, y rasga la tela
negra de los jeans. Le resta importancia, puesto que la vanidad no es
una algo que debe priorizar justo ahora.

—¿TaeHyung? —JungKook frunce el ceño, cambiando el semblante de


culpa a uno de preocupación.

Ambos se enderezan, y corren al cuerpo tembloroso. La albina neblina se


espesa a su alrededor, ocultando los detalles lejanos como la entrada a
la bodega y los arbustos.

Es difícil identificar la razón por la TaeHyung permanece acostado en


aquella áspera superficie. JungKook le incentiva a hablar, mas obtiene
quejidos y retorcijones como respuesta.

—¡TaeHyung! ¡Por Dios! ¡¿Qué ocurre?!

JiMin grita alborotado, inquietando a ambos jóvenes de piel pálida. Se


acuclilla al lado derecho, evidenciando el desespero por ayudar a
TaeHyung.

—D-Duele —TaeHyung pronuncia con dificultad, estrujando su camisa.

Le acuna el rostro, y comienza a murmurar suaves palabras de aliento


para que intente respirar correctamente.

—N-No puedo.

TaeHyung estrecha los ojos, y su contrae se cara. Inhala y exhala


sabiendo que el dolor en el pecho apoca su estabilidad.

JiMin le saca la sudadera por encima de la cabeza, pensando que el


exceso de ropajes cálidos ocasiona una fuerte crisis. Respira profundo, y
la sorpresa deforma su rostro cuando una saturada delgadez queda a
vista de todos.
Con dificulta traga saliva, sintiendo un rasposo picor desgarrarle la
garganta.

—TaeTae...

TaeHyung cierra sus fanales, tosiendo repetidas veces. Hace un intento


de sentarse sobre sus muslos, descartando que la gravedad se
incremente, pero al elevarse a una mínima distancia le ataca un
punzante color ébano.

—¿Qué tiene? —cuestiona, restregándose la cara empapada.

—El paciente Kim TaeHyung tiene ansiedad, provocado por el estrés y la


falta de una alimentación correcta —anuncia la joven doctora, leyendo la
información del portapapeles en sus manos.

Los ruidos se orillan a bajitas charlas de los enfermeros, y rechines de


los incómodos asientos azules. JiMin observa la blanquecina puerta de la
habitación que alberga a su dormido mejor amigo, y no evita que las
lágrimas se reúnan en las cuencas para regar sus sonrosadas mejillas.

—Es mi culpa —susurra YoonGi de la nada, ganando expectantes ojos


en su persona.

—¿Por qué? —inquiere NamJoon, confundido por la espontánea noticia.

—Y-Yo.
—Cállate, no lo digas —interrumpe JungKook de golpe.

—No le hables así a YoonGi, JungKook, él es tu hyung —interviene


SeokJin, negando con la cabeza—. Di lo que tengas que decir, YoonGi,
no es momento de secretitos.

YoonGi toma una bocanada de aire, frotando sus muslos con


desesperación. Recuerda las películas que alguna vez se ha arrellanado
a ver en el sofá de su sala luego de un exhausto día, y se compara a sí
mismo con un criminal que está apunto de confesar cada uno de sus
actos atroces.

—Lo engañé.

—¿Cómo? —dice JiMin, buscando una total explicación.


—Le fui infiel.

Los seis jóvenes se abisman en la sepultura de un molesto silencio,


viéndose afectado por un puño estrellando contra el lateral izquierdo de
YoonGi.

—¡Eres un maldito! —escupió JiMin—. TaeHyung dejó de ser un chico


alegre e infantil sólo por ti, y tus caprichos ¿Y así le pagas?

—JiMin...

—¿Con quién fue? ¿Con quién engañaste a TaeHyungie?

—JungKook.

—¿Qué? —Se aleja unos centímetros, y soba sus nudillos lastimados—.


JungKook...

—Los familiares de Kim TaeHyung, ya pueden pasar a verlo.

JiMin aparta la atención de JungKook, quién juguetea con sus dedos y


apretuja la quijada en signo de nerviosismo.

—Ve tú, JiMinnie, eres a quien Tae necesita —le comenta HoSeok,
sonriendo dulcemente.

Suspira, relajando la tensión que cargan sus hombros, y enrosca los


dedos en la reluciente perilla.

—JiMinnie...

TaeHyung atesora una expresión de serenidad, alimentando su


organismo con paz, que, sin dudas, ocupa en esos momentos.

—¿Cómo te sientes, TaeTae?

Entrelaza sus manos, y aparta los lacios mechones que le impiden


contemplar a su hermoso mejor amigo.

—Cansado. —Abulta un puchero en su boquita—. Supongo que ya


sabes...

—¿Qué?
—Lo de YoonGi hyung y JungKookie.

Desconecta las fijas miradas, acariciando el dorso de la mano con su


dedos pulgar. Si bien a TaeHyung parece no afectarle en lo absoluto,
JiMin lo conoce perfectamente, y deduce rápido que ese pequeño
querubín de sonrisa geometría se está atragantando con su dolor.

—Está bien, JiMin-ah, ya no importa.

—Sólo no puedo creer que te haya hecho eso, hayan mejor dicho.

—Pero estoy bien, te tengo a ti y a los demás.

—Eso no quita que te hiciste daño por él.

TaeHyung relame sus labios secos, y se acomoda en la esponjosa


almohada.

—No sé por qué lo hice, pero prometo que esto no volverá a suceder.

JiMin asintió, y enmudece una afirmación en voz alta. Entierra su manita


en la cabellera de TaeHyung, propinando caricias para que se esfume
cualquier pensamiento sobre la ex-relación.

—Le pegué a YoonGi hyung.

—¿Qué tú qué? —Abre los ojos desmesuradamente—. No es cierto.

—Sí, lo es. Pero me siento mal porque yo no soy así.

Las carcajadas no se hacen esperar, así también como los reproches del
chico de labios regordetes.

—¿Qué hizo él?

—Nada. —Encogió los hombros—. Pero al fin y al cabo lo tenía


merecido.

—¿Tae?

Voltean hacia la puerta, reconociendo ese tono de voz.

—¿Podemos hablar?
—No...

TaeHyung niega hacia JiMin, y le afirma que estará bien.

—De acuerdo. —Asiente desganado—. ¿Puedes salir un momento,


JiMin-ah?

—Estaré oyendo detrás de la puerta, y no vas a impedir que lo haga —le


murmura en el oído, alerta a que YoonGi y JungKook no distingan sus
palabras.

—Está bien, está bien.

YoonGi se aproxima a la anodina camilla junto con JungKook, tratando


de esquivar los apagados ojitos de TaeHyung que parecen apuñalar su
presciencia.

—¿Qué quieren? —pregunta únicamente por educación.

—Pedirte perdón.

Bufa incrédulo, manteniendo la idea de que es mejor no amasar un


alboroto innecesario.

—Los perdono, pero eso no quiere decir que aún les ame —confiesa
decepcionado—. ¿Por qué? ¿Acaso les hice algo malo?

—No, hyung —contesta JungKook, cayendo en cuanta de que está


perdiendo a su mejor amigo.

—No hiciste nada, Tae, nosotros actuamos mal.

—No fue necesario enterarme por ese beso —comenta sin inmutarse—.
Ayer iba a su casa, hyung, porque se supone pasaríamos la tarde viendo
películas; pero, ¿sabe que encontré al llegar?

Agachan las cabezas, conscientes de la situación que acoge el lluvioso


día anterior.

—Encontré ropas regadas por las escaleras, y gemidos provenientes del


segundo piso. No quería pensar que fueras tú, JungKookie, pero ahí vi la
camisa que te regale en tu cumpleaños. —Sorbe la nariz, riendo
amargo—. Me dolió mucho, y decidí que lo mejor sería dejarlos disfrutar
mientras yo recordaba los bonitos momentos que pasé junto a quien
creía mi novio.

Un cosquilleo irritable emergió desde sus cajas torácicas hasta sus


gargantas. Ahora que se reflejaba las consecuencias de sus acciones, la
inmadura pasión se ha desteñido.

—Terminamos, hyung.

TaeHyung siempre había sido una afable personita llena curiosidad y


pureza, logrando calentar el corazón del humano más antipático en el
planeta. Su sincera preocupación por brindarles cariño día a día, ya sea
con abrazos o adorables cartas, aumentaba las ganas de mimarlo y
protegerlo de cualquier mal que le acechara. Y YoonGi y JungKook no se
quedaban atrás con ese sentimiento, no obstante sus deseos carnales
encriptaron el fulgor del amor mutuo, destruyendo a su paso aquellas
sonrisillas en vez de embellecerlas.

Entonces allí, frente a sus débiles corazones, TaeHyung derrama miles


de lágrimas, e hipa angustiado por errores que él no cometió.

—Váyanse, quiero a JiMin.

Movilizaron sus extremidades inferiores, y toparon con la menuda


anatomía del nombrado. La fría mirada de JiMin se incrusta en la culpa, y
no hallan mejor opción que salir del blancuzco dormitorio.

—¿P-Puedes abrazarme, JiMin-ah?

Arropa a TaeHyung con sus brazos, apaciguando los crudos sollozos que
su boca insiste en botar. Barre las lágrimas con las yemas, cuidando no
dañar la piel bajos los ojos.

—¿Los demás están afuera? —inquiere, y se aferra a su torso.

—Sí, ¿quieres que pasen?

—No, no quiero que ver sus caras de lástima.

—¿Por qué dices eso, TaeHyungie?

—Porque así será, me mirarán con lástima y eso sólo me dolerá más.
El sólo pensamiento de que TaeHyung rechace el apoyo de sus amigos
debido al rollo entre JungKook y YoonGi, hace que JiMin se encolerice
más. Estudia las pacíficas facciones del chico, en busca de un desliz de
amparo, pero no encuentra nada más que una máscara de indiferencia
pisoteada.

—De acuerdo —se rinde, y seca las lágrimas del menor con la manga
larga de su camisa—. Pero mañana te verán, lo quieras o no.

—No me amenaces, JiMin-ah —reclama, sonriendo en grande—.


Gracias por ser el mejor amigo del mundo.

Se acomoda en el estrechado espacio de la camilla, y abraza a


TaeHyung.

—Te quiero, TaeHyungie.

—Yo también —murmura somnoliento, empezando a pestañear.

—Buenas noches, mi bebé.

----------------------------☽ ----------------------------

♡. El "mi bebé" del final fue inspirado por el BV cuando JiMin llama así a
TaeHyung porque está llorando.

♡. La amistad de JiMin y TaeHyung es preciosa, y quise recalcarlo con


este OS.

¡Gracias por leer!


SU.

✧. Miradas lejanas
『 Inspiración:
Melting - Cuco. 』

50's Au.

El fulgente sol calcinaba en el celeste cielo abismal, los vehículos


humeantes rondaban a su costado derecho mientras a su izquierda
esquivaba las diferentes tiendas de ropa, salones de belleza y
establecimientos de comida. Una adorable sonrisa adornaba su rostro
juvenil, impregnando a los peatones con su reluciente felicidad. Sabía
con total perfección a que se debía tal inmensa alegría, y repasaba el
motivo conforme seguía su camino por la acera grisácea.

Las vacaciones de verano dieron, por fin, su inicio y los adolescentes no


podían desaprovechar la oportunidad para salir con sus amigos a tomar
malteadas o practicar algún deporte sencillo; sin embargo, luego yacía el
chico de cabellera carbón cuya única intención era invertir su valioso
tiempo en su preciada maravilla. Jamás, en sus diecisiete años de vida,
se imaginó caer embobado por un ser angelical; llegó, en algún momento
específico, a encontrar una tontería los enamoramientos espontáneos de
sus amigos, siendo la consecuente cargar con la misma condena.

Pero fue un día de primavera, cuando las flores brotaban en los verdosos
jardines y el clima aún se hallaba templado, que le observó sentado en
una banca de madera dibujando en las lisas hojas de un desgastado
cuaderno. Horas más tarde se percató de que compartirían varias clases.
Sinceramente, no consiguió evitar atraerse ante tal destacada
hermosura.

Giró su anatomía, entrando en el reconocido restaurante "Mom's touch".


De inmediato, el intenso aroma a hamburguesas y papas fritas se coló
por sus fosas nasales. No se trataba de un sitio que concurriría de
manera seguida, pero lo valía si tenía la dicha ver a aquel chico de labios
apacibles y sonrosadas mejillas.

Inquieto, pidió una simple Coca Cola, la cual rápidamente se posó gélida
sobre su mesa en una bonita botella de vidrio. A unos cuantos lugares de
distancia, captó aquella sonrisa geométrica de perlas blancas, y, como
todo un romántico empedernido que se hacía llamar ahora, suspiró
recargándose en la palma de su mano. Al parecer, el amor le tenía
preparada una mala jugada, haciéndole rendirse ante las redes de
sedosos cabellos rubios y miles de lunares compositores de maravillosas
constelaciones; bajó su vista con temor de que él le llegase a notar
debido a sus directos fanales ébano, y comenzó a jugar con la chapa
rojiza perteneciente al empañado envase.

Oyó un leve carraspeo a su lado, y volviendo su rostro encontró a una


temblorosa joven, alisando su falda de cuadros azules.
—J-JungKook... —le llamó con la mirada baja, tratando de ocultarse en
su cabello negro, sin embargo, este se hallaba atado en una alta coleta.

—¿Si?

—Quería saber si...—Volvió a tragar sus entrecortadas palabras.

—Le gustaría saber si podrías ir al baile con ella —exclamó una chica a
una mesa de distancia.

—Y-Yo... Quería saber eso.

No quería sonar grosero o repugnante, pero era evidente que no


deseaba ir con ella, sino con alguien de orbes almendra que yacía
comiendo una papita frita.

—Lo siento, pero es que ya tengo una cita —dijo, acariciándose detrás
de su cabeza.

—Oh, está bien. —Encogió sus hombros con una expresión triste—. Te
veo luego, supongo.

Esperando unos minutos a que la chica partiera, dejó escapar todo el aire
comprimido. Visualizó la mesa del joven otra vez, quién se levantaba al
haber finalizado con su comida.

Puso la propina en la plana superficie, asegurándose primero que no se


pintase una escena tan obvia y acosadora. Era verdad que a veces
permanecía largos minutos trazando los finos rasgos de él, llegando a
plantarlos en su memoria sin que se le escapara un minúsculo detalle,
pero sólo le veía en el restaurante y en el colegio, después de cumplir
esa fase regresaba a su casa para deleitarse en recordar las imágenes
claras nadando por su mente.

Se convirtió en un estúpido enamorado, arriesgandose a que su corazón


movilizara un paso en falso y se rompiera en miles de piezas.

Se le es sencillo admitir que sacaba ciertos momentos para dedicarse a


escribirles cartas de un toque cursi, relatando la hermosa proporción de
su rostro y las características peculiares que consiguió notar alguna vez;
pero sólo una ocasión le guardó una de sus escrituras a mano en aquel
casillero beige, las demás provocaban un torbellino de vergüenza en su
organismo.

Las tardes de salidas con amigos o estudio condujeron a un rumbo


diferente, sustituyéndose con un negruzco acetato girando sobre el eje
de un fino tocadiscos mientras expulsa la suave melodía de una
romántica canción. Se recostaba en el gélido piso de su habitación,
sintiendo la tibia brisa del aire como una caricia en su rostro y la música
como un bajito susurro, simplemente disfrutando del amorío hacia aquel
chico cuyo latiente corazón y miradas embalsamadas de profundo amor
pertenecían a alguien más.

✧. El brillo en sus ojos.


『 Inspiración:

Home - One Direction. 』

Y se halla de nuevo en el helado suelo de aquel balcón, mirando la


degradación de matices azulinos del anochecer. Un vacío golpea
extrañamente en su pecho cuando la oscuridad empieza a acoplarse a
su alrededor así que, suspirando exhausto, se rodea así mismo en busca
de una capa cálida.

Hace un tiempo, su vida andaba sumida entre constantes tropezones y


martirios de cabeza, casi convirtiendo la mezcolanza en su
inquebrantable rutina; por lo que jamás se detuvo a pensar la posibilidad
de encontrar tan rápido a su alma gemela, sabiendo desde antes que
quizá tendría que esperar una eternidad completa. Fue una situación
inesperada y le cayó como un balde de agua gélida, puesto que se había
convencido que ella era la indicada y, más que todo por la presión social,
debía gustarle, hasta que notó la ausencia de un fulgido destello en sus
ojos. Se juró entonces que esa inquietud molesta partiría un día próximo
y podría volver a sentirse vivo a su lado.

Tampoco es que considerase una persona amante del romance o la


cursilería, a su parecer eran situaciones efímeras y baratas que no
transcurrirán un mayor lapso de unos pocos años, luego caerían en
monotonía y un inevitable despecho por aburrimiento. Más allá de irradiar
un aura amargada y cansada, se sintió aturdido con el hecho de que su
corazón no yacía completo aún, suponiendo, nuevamente, que ella era la
indicada. No obstante, claro que no llegó a desprestigiar los buenos
actos, tales como besos, abrazos y bobos apodos que consiguieron
compartir.

Tiempo después se resignó con cierto miedo y aceptó que la persona


adecuada siempre estuvo allí, dentro de su círculo social. Mientras se
acuchilló mentalmente día tras otro, y una tímida sonrisa comenzó a
formarse en la comisura de sus labios, lo vio destilando en sus ojos.

Él no se lo tomó mal, al contrario un sonrojo polvoreó sus mejillas


caramelo y se dedicó a ingerir la sorpresa mientras reflexionaba.
Realmente, desde su punto de vista, no se trataba de algo erróneo, sólo
extravagante y nuevo; sin embargo, la bruma de críticas y pesimismo le
sumergió en una fatal disputa mental.

Recapitulando cada momento y poniendo a prueba las nuevas


sensaciones burbujeando en su organismo, confirmó con inmensurable
honestidad que era todo lo que necesitaban, inclusive más. Su atmósfera
de persona arisca se tornó a la de alguien cuya única necesidad era
rodear aquel cálido cuerpo entre sus brazos y ser su luz al camino
devuelta si alguna ocasión se perdía en la opaca neblina de la noche.

Siente dos manos acariciar su espalda desnuda —debido a los


acontecimientos recientes en aquella habitación— y toques de besos
pintarse en sus hombros y cuello.

—¿Qué ocurre? ¿No puedes dormir? —pregunta una profunda, pero


dulce, voz.

—Solo pensaba...

—¿A las 12:00 de la noche? —expresa con obvio cansancio—. No puedo


dormir si no estás conmigo.

Voltea su anatomía y se levanta del suelo, repitiendo esas bonitas


palabras una y otra vez en su mente. Pasea de forma delicada sus
manos por ese cuerpo ajeno a los ropajes, y, apartando sus hebras
doradas, le besa la frente.

—Vamos.
Era increíble pensar que pudo ser tan ciego ante la verdadera razón que
les unía, pero, ahora mismo, agradecía que esa venda hubiese volado
entres las brisas primaverales.

Sus labios se entrelazan, creando pacíficos movimientos como las olas


de mar. Los leves chasquidos se ocupan de inmiscuir entre los sonidos
nocturnos y el espacio es protagonizado por los inocentes roces en sus
brazos.

—Te amo —pronuncia sin problema, acariciando sus narices juntas.

—También te amo —él le responde, enredando sus piernas bajo las


esponjosas mantas.

Por fin, la palabra hogar lograba impregnarse hasta en el rincón más


insignificante.

✧. Perlas blanquecinas
『 Inspiración:

Los blancos y angustiados pasillos yacían inmersos en una completa


soledad, como ya era costumbre. Un intenso olor a alcohol y medicina se
colaba por las pequeñas fosas nasales y, a pesar de que era un sitio que
concurría de manera seguida, no se acostumbraba al mareo que se
manifestaba en su organismo. Sus manos sudaban un poco debido al
largo tiempo que ha estado sosteniendo aquellas florecillas, sin embargo,
sonriendo puede decir que vale completamente la pena si logra hacer
que él le devuelva una mirada alegre.

Es increíble como situaciones que llegarán a influir en demasía en el


futuro pasan desapercibidas, y es que fue un momento espontáneo,
completamente inesperado. Su hermana se había fracturado el brazo
jugando al fútbol debido a que una jugadora del equipo contrario le hizo
una falta, obviamente y con la preocupación compactándose en su
pecho, salió de prisa al hospital; luego de esperar varios minutos
mientras tomaba un refresco vio a un adorable chico siendo llevado hasta
una habitación individual, pero lo que le hizo fruncir sus labios fue que
este cargaba una reluciente sonrisilla, importándole escasamente el que
no pudiese movilizar sus piernas. El tiempo transcurrió normal, tintando
el día en noche y viceversa, pero había algo que le dejaba pensando
arduamente en las madrugadas; la felicidad que aquel joven irradiaba sin
complicaciones, era digna de admirar, por lo que él no quería, sino
necesitaba, conseguir una conversación por más corta que fuera.

Empujó la puerta de madera despacio, deseando entrar sin que su ahora


pareja se diese cuenta. Allí recostado en la cama, residía solitario,
formando un puchero en sus belfos cereza; tal vez creía que él ya no
llegaría.

Caminando a paso lento y silencioso, se situó al lado de la acolchada


cama.

—Hola, JungKook-ah —pronunció en una voz bajita, rozando la yema de


sus dedos por la suave piel en la mejilla del chico.

—Creí que no vendrías. —Reprochó con falso enojo—. ¿Por qué llegaste
tan tarde?

—Había mucho tráfico —aclaró—. Por lo que el bus no podía avanzar ni


siquiera un centímetro.

—¿Y esas flores?

—Oh bueno, las traje porque tu habitación está muy aburrida. —Encogió
sus hombros, acostando su cabeza sobre el pecho de JungKook.

—No es como si pudiera decorarla. Además, algún día volveré a mi casa.

—¿Por qué no puedes aún?

—Porque creen que pueden ayudarme a volver caminar, aunque yo lo


voy muy complicado.

—Mhm... ¿Te dejan salir del hospital?

—A veces, pero no es algo regular.

—Que malos. —Jugueteó con la mano contraria—. Debe ser tan aburrido
quedarse en esta habitación todo el tiempo.

—¿Qué insinúas?

—¿Crees que te dejen salir hoy?


—No, no puede salir hoy —comentó el doctor, entrando al dormitorio.

—Vamos, JiMinnie, no seas malo con JungKook.

—Ya dije que no, TaeHyung, está lloviendo afuera.

JungKook se rió, sabía de antemano que le prohibirían ir fuera del


hospital.

—¡JiMinnie! ¡Hazlo por tu mejor amigo!

Había sido cómico, en el preciso momento, enterarse que el doctor que


atendía a aquel chico, cuya sonrisa le flechó en un abismo, se trataba de
su mejor amigo. Primero, JiMin no le permitió acercarse a su paciente,
aunque luego de actuaciones tiernas y desmesurada insistencia, le dijo a
JungKook que alguien quería hablar con él.

—De acuerdo. —Se rindió—. Pero si alguno de los dos se enferma, no


los dejaré verse por un mes.

—Pero es que un mes...

—TaeHyung. —Advirtió, colocando las flores en un envase con agua.

—Está bien, está bien. —Apretujó el cuerpo de JungKook entre sus


brazos—. ¡Podrás salir, JungKookie!

La lluvia había apaciguado la furiosa intensidad que tenía al botar las


gotas cristalinas, pero continuó derramando una sutil llovizna que
empapaba las prendas de la pareja sumida en su ambiente.
Extrañamente, el hospital poseía unos rebosantes jardines brotados en
coloridas flores, los cuales creaban una imagen más amigable para las
personas necesitadas de atención médica.

JungKook aspiraba el aire gélido, refrescando su sistema respiratorio de


las pastillas y el suero. Realmente, había extrañado admirar el verde del
pasto y sentir el agua chocar contra su anatomía; ese accidente en una
rápida fracción de segundo había arrebató parte de su mundo estable.
No solía ver las cosas empañadas en negatividad ya que sólo terminaría
por dañarlo más, prefería agradecer el hecho que continuaba vivo y que
había tenido la dicha de conocer a un ser humano esculpido con los
sentimientos más puros. Pero, evidentemente, no siempre lograba
mantener la esplendidez resaltando en su rostro, tenía sus momentos de
caídas. Cuando todo se empezaba a tornar oscuro, le suplicaba a JiMin
que no dejase a TaeHyung ingresar a su habitación y que inventase
alguna boba excusa.

—¿No estás feliz, JungKook-ah?

—¿Por qué no lo estaría?

—Sólo pensé que... No sé, tal vez que sonreirías más.

Dejó escapar un profundo suspiro, tamborileando sus dedos en los


respaldares de la silla de ruedas.

—TaeTae, ¿podrías ayudarme a bajar?

TaeHyung le miró sorprendido, pero con una grata sensación


instalándose en su pecho.

—De acuerdo, amor.

Sujetó las manos de JungKook, acariciándolas con suavidad. No podía


hacer que se parase, puesto que no deseaba que ocurriera un accidente,
así que envolvió sus brazos en la estrecha cintura para colocarlo con
cautela y paciencia en la superficie. Miró las enrojecidas mejillas de su
chico, teniendo una idea de que era lo que le avergonzaba.

—¿Por qué eres tan tierno, JungKook-ah? —Besó suavemente sus


belfos.

—No soy tierno.

—Claro que sí.

JungKook hundió sus dedos en el húmedo césped, analizando la áspera


textura con su tacto. Su vista voló hacia el oscurecido cielo, deteniéndose
en las pequeñas grietas que permitían el paso de luz.

—¿No te aburres de mí?

—¿Cómo si quiera puedes pensar eso? —reclamó, dándole un pequeño


golpe en el brazo.
—No puedo caminar, ¿recuerdas?

Se recostaron, importándoles poco que se ensuciasen sus ropas.


Comenzaron a tomar una abundante cercanía, endulzándose con la
calidez que el otro emanaba.

—Además... —Perdió su rostro entre las hebras rubio oscuro de


TaeHyung.

—¿Además? —Le animó a proseguir.

—Jamás podría... Ya sabes... Complacerte de manera... sexual —


susurró a lo último, bañándose en extrema timidez.

—¡JungKook-ah! —exclamó impresionado—. Si eso es lo que te molesta,


pues claro que podrías complacerme, hay diferentes posiciones. Pero
sabes que me daría igual en caso de que no fuese así, al fin y al cabo
soy feliz simplemente estando contigo.

Se aferró con fuerza al cuerpo de TaeHyung, sintiendo una extraña


sensación de que en cualquier lapso de microsegundos le perdería.

—Te amo mucho. —le dijo al oído, anhelando entrelazar sus piernas con
las de TaeHyung—. Gracias por entrar en mi vida

—Lo mismo digo, mi amor.

A la distancia, JiMin les observaba con una mueca jocosa, pero de igual
forma reflejaba un brillo de plena felicidad. Era inevitable reconocer el
fulgente amor que irradiaban.

✧. Aquel tiempo
『 Inspiración:

Remember the time - Michael Jackson


The way you make me feel - Michael Jackson. 』

Edad: TH: 7 | JK: 5


La alegría se desbordaba en geométricas sonrisas y ansiosos saltos de
un lado para el otro. Su madre, intentando calmarle, se recuerda que se
trata de una acción en vano pues se escabullía de sus cariñosos brazos
para dirigirse a la puerta que permanecía bloqueada con el cerrojo de
metal.

—Cálmate, TaeHyungie, te vas a agitar.

—¡Vámonos ya, mamá! ¡JungKookie esta esperando por mí!

Le mira enternecida. TaeHyung poseía un inmenso querer por el hijo de


su vecina y estaba más que satisfecha de que el sentimiento fuese
recíproco, pues ya hace bastante que los infantes habían forjado su
estrecha amistad y desde un inicio el cariño revoloteaba en el ambiente.
Si bien no se acostumbraba al hecho de que los dulces querubines
poseían una extraña conexión, tampoco daba el esfuerzo por interrumpir
o eludir el amor que florecía con ansias día a día.

TaeHyung la observa con cómica impaciencia y mueve su piecito de


arriba hacia abajo en nítido signo de desesperación.

—¿Ya sabes que juguetes vas a llevar, mi cielo?

—¡No! —exclama asustado, colocando sus manitas sobre su rostro.

De inmediato corre espantado en dirección al pasillo e ingresa en la


segunda puerta; su habitación.

La casa de estilo chalet se construyó de una sola planta por lo que era
casi improbable hallar un peligro cuando TaeHyung se esmeraba en
corretear de un lado al otro para descargar toda la energía que retenía
luego de la escuela. Después de todo no es que fuese una ansiada
necesidad albergar tanto espacio, entre las cálidas paredes de ese hogar
solo convivían él y su madre.

La mujer niega con la cabeza y permite que una suave carcajada se


escabulla de su boca ante la equivocación de su niño.

TaeHyung, jadeando falsamente por el corto correteo, guarda en una


mochila color marrón sus pequeños peluches de animales, unos cuantos
dinosaurios y lápices de distintos matices. Se detiene un instante y
pregunta en su cabeza si algo le faltaba, sin embargo, no halla otro
juguete que desea llevar consigo. Así que se coloca una correa en cada
hombro y vuelve a pintar una tierna sonrisilla en sus labios.

Amaba jugar junto a su adorable JungKookie todas las tardes que le


fuesen posibles e incluso llegaba a sentir extrañas cosquillas en su
pancita cuando el pequeño azabache le abrazaba al despedirse.

TaeHyung no comprendía el por qué de sus reacciones. Su corazoncito


latía tan fuerte al ver a JungKook, su mundo infantil se teñía de
bellísimas tonalidades cuando intercambiaban juguetes y a veces se
enojaba al llegar la hora en que los juegos debían darse por finalizados.
Su cabecita, ajena al realismo del mundo, se inundaba de preguntas y
dudas sin respuesta coherente. JungKook era, en su sincera e inocente
opinión, el niño más tierno y divertido de toda la faz de la Tierra , por lo
que se encargaba de disfrutar cada momento en que pudiesen
permanecer junto al otro y, además, repartir muchos besitos por los
rosáceos cachetitos de su amigo.

Cruza la calle, sujeta la mano de su madre mientras salta y provoca que


su colita del enterizo de tigre se contonee al compás. La casa de
JungKook sí tenía una segunda planta, siendo inevitablemente más
espaciosa e interesante que la suya, sin embargo, en esta no podía
hallar el amplio jardín plagado de girasoles y aceitunados arbustos que
su vivienda sí tenía.

—¡Buenas tardes! JungKookie está en su habitación, TaeHyung-ah —


avisa la madre de JungKook al abrir la puerta del sitio.

—Gracias, señora mamá de JungKookie. —Realiza una reverencia,


escapando luego al dormitorio.

—Estoy feliz de que vinieran hoy —comenta la mujer de un largo cabello


negro, cerrando la puerta y caminando hasta los sillones de la sala—.
JungKook ha estado triste sin TaeHyung estos días.

—También estoy feliz de venir —dijo igualmente— ¿por qué ha estado


triste el pequeño?

—No lo sé, suele hablar con sus peluches, ya sabes, cosas de niños;
pero lo que dijo hace unos días realmente me dolió.

—¿Qué dijo? —inquiere preocupada.


—Que unos niños lo molestan en el kindergarden. —Suspira, encogiendo
los hombros —. Además comentó que ve a TaeHyung jugar con los niños
de la escuela y cree que se olvidará de él.

—Oh... Sabes cuanto quiere TaeTae a JungKook. —La vio asentir—.


Dudo que se pueda olvidar, hoy casi me ruega de rodillas para venir.

—JungKook no paraba de decir lo feliz que estaba. —Ríe, pero sin residir
del todo contenta—. Sólo me preocupa... A mi niño aún le falta un año
más para que vaya a la escuela.

—Estoy segura de que TaeHyung jamás lo dejará de lado, ellos se aman


más de lo que podríamos explicar.

—¡JungKookie! —Apretuja al niño más pequeño en sus brazos—. Te


extrañé mucho, mucho.

—Hyung... Me está ahogando.

—Oh lo siento. —Se separa con rapidez y le lanza una sutil mirada
acongojada—. Es sólo que te ves muy tierno con ese traje de conejito.

El niño se cruza de brazos, frunciendo el ceño y apretujando su boca


cereza en un puchero.

—No.

—¿Qué?

—No soy tierno.

TaeHyung se dispuso a retomar el fuerte abrazo, olisqueando el dulce


aroma de la colonia que el cabello negruzco de JungKook desprendía.

—Pero JungKookie es muy tierno, a TaeTae le gusta así.

Le observa con sus ojitos brillando intensamente.

—¡Entonces, JungKookie sí es tierno! —exclama JungKook,


devolviéndole el abrazo a TaeHyung.
Sonriendo, TaeHyung saca de la mochila los animales de peluche y se
los entrega a JungKook, quien muestra sincera emoción como acto de
reflejo ya que adora la afelpada textura de los esponjosos objetos.

—¿Hyung?

—¿Sipi, JungKookie?

—¿Hoy... Podemos volver a intercambiar a Conejo y Tigre? —pregunta,


volteando su cabecita a un lado.

—¡Sí! —Aplaude.

Edad: TH: 8 | JK: 6

—¡Por favor, mami! —Pucherea, apretando con sus manitas el brazo de


su madre.

—JungKookie seguro ya está durmiendo —le recuerda, acariciando su


cabeza empapada por la ducha nocturna.

—Pero, mami... JungKookie no puede dormir sin que yo le diga buenas


noches. —Baja su mirada avellana, escondiendo sus manos con aroma a
frutas en las mangas del albornoz de patitos.

La señora Kim, como es usual, no puede evitar acaramelarse con la


inherente ternura de su angelito y marca en el teléfono el número de la
casa vecina. Habla por un momento para confirmar que el bebé de la otra
familia no estuviese en la tierra de los sueños.

—Toma. —Le tiende el teléfono, alargando el cordón que conectaba los


aparatos.

—¡JungKookie! —exclama impregnado de dulce alegría—. Buenas


noches, JungKookie.

—Buenas noches, TaeTae hyung —contesta el querubín, relajado de que


su hyung no se hubiese olvidado de él.

—¡Sueña con los angelitos y cuida a Tigre!

—De acuerdo, hyung, sueñe con los angelitos también.


Edad: TH: 20 | JK: 18

—Te odio.

Suspira sobre su pecho, embriagándose con la fragancia liviana que


desprende y enterrando sus delgados dedos en la sudadera negra que
JungKook porta.

—¿Por qué?

—Porque ayer no respondiste mi mensaje de buenas noches.

—Lo siento. —Delinea sus labios fucsias con la almohadilla de sus


dedos—. Mamá me quitó el teléfono para que investigara sobre el
examen de la universidad.

—JungKookie es malo —recrimina de todos modos.

—Lo dice quién no me ha devuelto mis ciento cincuenta camisas.

—¡No son tantas! ¡Y sé que eso no te molesta! —Golpea falsamente su


pecho—. Ademas, huelen a ti y puedo dormir con ellas.

—Eso suena algo acosador, TaeTae.

—¡JungKook-ah!

—Lo siento. —Ríe con su característica risilla aguda—. Me gusta


molestarte.

—Lo note. —Alza su rostro, conectando sus orbes con los fanales
ajenos—. Eres muy lindo... Te amo—confiesa, trazando con cuidado las
facciones perfectamente cinceladas de su pareja.

—Tú también lo eres.

—¿Entonces no me amas también?

—Sabes que sí, mi amor.

✧. La vida en rosa
『 Inspiración:

La vie en rose – Edith Piaf. 』

La almohadilla de sus largos dedos tamborileó sosegada su pecho,


sintiendo la vibración que su canto enviaba a la zona. Era un canto dulce
y mágico, provocando que ondas lentas se adentraran por sus tímpanos,
y le bañasen en una grata sensación de paz.

Suspirando relajado, se tomó la sincera dedicación de impregnarse con


detenimiento aquella voz de miel en su latiente corazón. Arropó sus ojos
avellana con la delicada piel de sus párpados, acurrucándose en su
cuello con aroma fresco como la ventisca primaveral.

Las rosas parecían florecer de una manera magnífica, acrecentando un


bello tallo de tono aceituna. Los arbustos ásperos se brotaban de frutos
carmesíes cuyo sabor endulzaba las papilas de los cervatillos. El cielo
inhalaba un suave celeste y exhalaba un intenso ocre azafrán,
esfumando consigo la ardiente calorina del día.

La melodía saliente de sus labios cereza le sumergía entre las aguas de


una marea pacífica, alentando a que su organismo cayera embriagado
de somnolencia. Sus caricias mutuas sonrosaban lo fúnebre de un
singular fulgor, apaciguando los grisáceos paisajes deprimidos.

Tan simple como el entonar una romántica canción a la cumbre de la


tarde, tintaba la vida de rosa como sus mejillas al secretearse palabras
de un jovial amor.

✧. Sencillez
『 Inspiración

"Siento que no hay nada más verdaderamente artístico que amar a las
personas."
– Vincent Van Gogh.

Se flameaba en el entorno el espeso calor del sol, perturbando las


suaves brisas que conseguían limpiar el enrojecimiento de su cara. La
delicada tarde cernía en el cielo cuyo color azul se envolvía en mantos
ámbar; los vehículos transitaban en la carretera para llegar pronto a sus
hogares y algún que otro estudiante caminaba velozmente por las
grisáceas aceras.

Él, con sus brillantes pupilas carbón, delineaba las increíbles facciones
del chico en frente suyo. Aquellos profundos ojos ébano que se
arrugaban en los extremos al sonreír. Su perfilada nariz cuya simetría
calzaba de manera perfecta con la construcción de su rostro. Su labio
inferior siendo ligeramente más voluptuoso, y el superior tallado con las
justas elevaciones en el medio. Sus suaves mejillas bañadas en un sutil
rubor rosáceo. Sus negruzcas cejas gruesas, ayudando a reflejar sus
emociones. Sus sedosas hebras azabache, donde podía captar el fresco
aroma de una colonia.

Entrelazó sus manos, amando que se buscasen sin necesidad de escupir


palabras. Acarició despacio los nudillos y el dorso, percibiendo la
diferencia de las pieles entre ambas zonas. Giró su cabeza,
encontrándose con la distraída mirada del chico; los rayos solares
convertían su oscuro cabello en un matiz marrón, y provocaban que sus
orbes se cerrasen un poco.

Suspiró, ocultando la sonrisilla amenazante. Le tendió una botella con


agua, procurando que el intenso calor no pudiese dañarles en la cima de
ese edificio. Él la aceptó gustoso, desenredando sus manos para tomar
el objeto frío, y dirigirlo a la mitad de sus belfos.

Era hermoso, tan magnífico que su corazón no paraba de latir


desesperado. Jamás podría permitirse matar el bello sentimiento que
salía a flote cuando sus ojos se fusionaban con los otros o cuando sus
dedos se rozaban por un mínimos tiempo. Simplemente era precioso.

Restos de gotas cayeron por la comisura de su boca, las cuales detuvo


con la superficie de sus muñecas. Se sentía mejor, la bruma ya no se
intensificaba en su anatomía.

Volvieron a sujetarse, observando las danzantes tonalidades en la


cumbre, y sonrieron.

Era pequeños y efímeros momentos que no querían dejar volar por los
aires.
De nuevo, hubo un silencio total, donde en todo su resplandor se
escuchaba los enamoradizos suspiros y los acelerados corazones. Era
tan sencillo, pero tan hermoso.

✧. El baile
『 Inspiración

[Aquí debería haber un GIF o video. Actualiza la aplicación ahora para


visualizarlo.]

80's au
*recomiendo leer el os mientras escuchan la canción del video, suban
bastante el volumen*

Nuevamente, como cada año al finalizar el curso lectivo y cuando se


aproximaba la ansiada graduación de los estudiantes de último grado, el
espacioso gimnasio colegial se halla atiborrado por un poco más de
doscientos adolescentes; cada uno engalanando su anatomía de
prendas destilables de pulcra elegancia y un entusiasmado empeño a la
hora de escogerlas. En las paredes pintadas de un intenso azul y un sutil
beige se permiten caer al menos seis pancartas que escriben una amena
bienvenida, que indican las distintas mesas de aperitivos adornadas con
zafiros manteles escarchados o que invitan al puesto iluminado con una
hilera de lucecillas amarillas para votar a los reyes del baile. Las
graderías de madera han sido movidas al área exterior en el pasillo y el
piso se ha limpiado hasta que evidenciara un limpio reflejo. Del techo se
deslizan guirnaldas de estrellas y una gran bola de disco que con una
inmensa dificultad podría pasar por desapercibida. La pista de baile, que
en cualquier otro día sería la cancha de baloncesto, es rodeaba por
mesas redondas que no contienen más que una rosa roja en un cilíndrico
florero como decoración central.

Los bombillos apaciguan su intensidad al instante en que la canción de


Berlin, Take My Breath Away, es expulsada por los parlantes de las
esquinas superiores. Es inevitable que los jóvenes se reúnan con sus
parejas para dar inicio al encuentro de la noche en donde predomina la
ternura del amor.

Los ojitos avellana de TaeHyung se tornan bruñidos y sus mejillas se


polvorean de un vergonzoso rosáceo. Ríe tímido y se relame los labios,
colocando la mano venosa de su amado en el extremo derecho de su
cálida cadera.

Danzan de lado a lado con delicados movimientos guiados por el


pausado ritmo de la canción mientras que la punta de sus narices frías se
rozan con plena suavidad. Tan pacíficos y ajenos a los atisbos llenos de
adoración.

JungKook le adereza un mechón de su cabello cenizo detrás de la oreja


y murmura un mágico "te amo", pero es despreciable el hecho de que no
es su oído el que recibe las bellas palabras sino el de YoungSoo quien le
sonríe con fulgor y corresponde la confesión.

TaeHyung endurece su quijada y voltea su rostro a la izquierda, justo


donde su adorable mejor amigo, JiMin, baila y se regocija con un
nervioso y enamorado YoonGi recostado en su pecho. Se traga el nudo
en la garganta, permitiendo que las ventiscas de helada temperatura
sequen las lágrimas amargas reunidas en las cuencas de sus ojos
irritados.

—¿Estas bien, TaeHyungie? —pregunta HoSeok, en un tono de suma


preocupación—. Podemos irnos si quieres.
—Estoy bien, hyung —miente, jugando con las manos—. Solo duele, eso
es todo.

HoSeok le escruta las facciones para luego negar mientras ríe


falsamente. Se levanta de la silla blanquecina y le tiende la mano.

—Vamos.
—¿Adónde? —Inclina la cabeza a modo de interrogación.
—Baila conmigo. —Sonríe enormemente y decidido guía al chico
inseguro a la pista.
—Hyung...
—Imagina que soy él solo por este momento, ¿está bien? No me gusta
ver a mi adorable amigo llorar.

TaeHyung se carcajea bajito, quizá tratando de su ocultar que una bruma


de emoción cosquillea en su pecho.

Sitúa las delgadas manos de HoSeok en su estrecha cintura, temeroso


junta sus frentes y guarda los ojos bajo la piel de sus párpados,
dejándose llevar por la melodía que ha coloreado de un poético amorío el
lugar. De repente, su cínica mente juega con sus frágiles sentimientos y
no puede eludir pensar que es JungKook quien le arropa en sus brazos y
le aturde con su colonia impregnada de dulzura; es imposible no imaginar
que es ese chico de orbes galácticos quien le regala leves toques en la
espalda baja justo al empezar la pretina de su pantalón negruzco.

HoSeok le adereza un mechón de su cabello al igual que Jungkook hizo


con YoungSoo y le limpia la rebelde lagrima que patina en la elevación
de su pómulo.

—¿Crees que si alguna vez se lo hubiera dicho estaríamos juntos ahora?

Su amigo suspira, acortando más la distancia de sus cuerpos.

A lo lejos, en la pequeña tarima con un micrófono mediándola, los


profesores parecen contar los cartones con votos, y cerca de la mesita
de aperitivos yacen SeokJin y NamJoon bebiendo ponche de frutas y
comiendo frituras.

—No me gusta que te tortures pensando en eso —dice sin anhelar la


creación de un daño—. Creo que sí, ¿sabes? Pero, aunque suene
repetitivo, el hubiera no existe y tal vez por alguna razón no están juntos
aún.
—¿Aún?
—Son el uno para el otro, TaeTae —comenta seguro y se enternece con
la inherente adorabilidad del rubio-cenizo—. Pero mientras JungKook se
da cuenta de ello, no quiero que te retengas de enamorarte de otro chico.
—No creo que pueda, hyung. —Muerde su belfo inferior con duda,
admirando de soslayo el perfil de esa persona que ama tanto—. Ya lo he
intentado.
—Está bien si no te enamoras, pero al menos intenta que el dolor no te
consuma. No es lindo verte tan triste cada vez que JungKook se va con
YoungSoo.

En reconocimiento de total resignación, bota el aire contenido y clava las


pupilas en el foráneo rostro.

—De acuerdo. —Forma un puchero, todavía disconforme—. Si él


también me ama o es mi "otra mitad", espero que se dé cuenta rápido.

Siente como HoSeok le revuelve el cabello, pero se abstiene de


reclamarle.
—Hola —saluda NamJoon al acercarse a TaeHyung y HoSeok—.
¿Saben dónde está JungKook?

TaeHyung recorre con un vistazo toda la extensión del gimnasio


simplemente para percatarse de que la presencia del pelinegro se ha
desvanecido.

—Estaba aquí hace solo unos momentos —responde HoSeok al mismo


tiempo que SeokJin se ubica al lado izquierdo de NamJoon.
—¿Por qué lo buscaban? —inquiere TaeHyung.
—La directora nos ha dicho que quedó como rey, pero como no lo vimos
por ningún lado decidimos preguntarles —explica el chico de hoyuelos
aún buscando la esbelta figura entre el público.
—¿Quien ha sido la otra persona ganadora? —pregunta HoSeok.
—TaeHyung. —Jin sonríe dentalmente ante la expresión sorpresiva del
nombrado.
—¿Qué?
—JungKookie y tú han quedado como reyes de baile, así que deberías ir
a buscarlo para que ambos suban a la tarima.

TaeHyung realiza un impulso para ir a averiguar dónde reside JungKook,


sin embargo, antes de que si quiera pise hacia adelante, lo localiza en el
umbral de la puerta doble de madera.

—Está en la entrada —les hace saber.

JungKook parece haberles visto reunidos y comienza a caminar en su


dirección. El corazón de TaeHyung se aloca en su pecho y bombea de
una manera frenética que nunca antes había experimentado, provocando
que la vil tensión reine jocosa en sus hombros.

—Viene para acá.

SeokJin, HoSeok y NamJoon ríen burlescos por el desasosiego que


muestra su amigo con el chico que le gusta, siendo más que evidente a
los ojos de cualquiera.

—Hola.
—Hola, J-JungKook-ah.

HoSeok carraspea y se posa al lado de TaeHyung.


—¿Dónde está YoungSoo? —pregunta, viendo el disgusto que se
apodera de la serena expresión del menor.
—Me dijo que tenía que irse porque le prometió a sus papás llegar
temprano. —Encoge los hombros—. Pero la verdad no sé si creerle.

JiMin y YoonGi, entrelazando las manos, se incorporan al grupo de


amigos con relucientes sonrisas.

—¿Por qué no le creerías? —TaeHyung frunce el ceño dudoso.


—Siempre me dice lo mismo cuando tenemos una cita o algo así. —
Bufa—. Aunque no quiero pensar en eso hoy, se supone que deberíamos
divertirnos.

El intimidante silencio prevalece en el gimnasio una vez que la directora,


una señora de extravagante pelo rizado y cuyo maquillaje fucsia no
combina con su vestido pomposo, se ha enderezado frente al micrófono
con un sobre pequeño en la mano izquierda.

—¡Buenas noches! —exclama feliz, agitando las manos en modo de


saludo—. Este año tengo el placer de anunciar a dos excelentes alumnos
como los reyes del baile.

Los estudiantes ni siquiera cuchichean variadas opciones entre el público


puesto que todos, extremadamente determinantes, convienen por hecho
un único resultado.

—Los reyes del baile de graduación de 1987 son... —Levanta la solapa


del sobre y saca la diminuta cartulina con los resultados, si bien es
innecesario leer lo escrito en el papel, no puede erradicar la típica
sensación de intriga—. ¡Jeon JungKook y Kim TaeHyung!

Un estrago de timidez repta hasta las mejillas de JungKook para


colorearlas de un claro escarlata, sin embargo, TaeHyung se siente mal
cuando lo ve adelantársele y subir los escalones del bajito escenario sin
dirigirle un vistazo.

Suspira y sigue los pasos.

—Felicidades —susurra la directora y le coloca una sencilla corona


dorado con piedras azulinas incrustadas.
Distingue a sus amigos en el sector izquierdo agarrando a JiMin quien se
muerde los labios para no estallar con un grito de alegría. Niega con la
cabeza y baja hasta la pista junto a JungKook. Era momento del "baile
real".

I Want To Know What Love Is de Foreigner se sumerge en los tímpanos


de los adolescentes y no amparan otra elección que llevar a cabo la
antigua costumbre.

TaeHyung envuelve sus delgado brazos en el cuello de JungKook quien


le ha acunado con sus palmas la cintura.

—Perdón si esto es incómodo para ti —se disculpa, conteniendo el


impulso por besar esa boca matiz cereza que bajo la tenue iluminación
se ve extremadamente tentadora—. Estoy seguro de que hubieras
preferido que fuera YoungSoo y no yo.
—No es incómodo para mí, TaeTae —le asegura, acariciándole el lunar
de su cachetito con los nudillos—. Obviamente me hubiera gustado que
fuera YoungSoo porque es mi novio, pero por alguna razón estoy feliz de
que nosotros dos seamos los reyes del baile.

Sus comisuras se elevan en una bella sonrisa geométrica. Baja la


guardia para que su enamoramiento salga a flote, se recuesta en el
hombro ajeno y se embebe de esa dulce colonia.

—Es bonito tenerte entre mis brazos —JungKook le susurra al oído,


erizándole hasta el mínimo trozo de piel

El anochecer culmina con la cúspide encriptada de oscuridad y el


corazón de un adolescente latiendo de intocable esperanza.

✧. Amor: al final del día


『 Inspiración:

End of the day - One Direction


Wolves - One Direction
A.M - One Direction
I want write you a song - One Direction.

✧. Primer drabble que hice, el cual inspiró todo


Las ventiscas gélidas paseándose cual hebras de pinceladas por sus
rostros pálidos al anochecer. Sólo sus almas jóvenes y la rebosante luz
de la luna.

Con claridad, se logra escuchar la música de la fiesta que poco a poco


fallece. Le susurró un 'me gustas', pero no está seguro si escuchó. No
pronunció palabra alguna. De pronto, es igual a que se hallara en un
hospital, silencioso y casi sombrío.

Su madre, sin mala intención, le dijo que era fiebre, tocando su frente. El
sacerdote reprendió que se trataba del diablo. Mas el chico, es sólo él.
Sus amigos le han hablado, alegando que no tendría chance del todo.

—¿Dime que le gusta al menos?

—No tienes oportunidad con él, deja de insistir.

—Pero me habla.

—Sólo quiere ser amable.

Sus manos frías se rozan con toques asperjados de inocencia. El suelo


de aquel balcón comenzaba a ser incómodo. Su agitada respiración
combinada con alientos de nerviosismo, se calma decepcionada.

Los latidos de su corazón anhelan escribir una canción. Una que sea
hermosa a como él es dulce, con una pizca de dolor, para que se plasme
la sensación del saber que debe irse.

Quiere prestarle un abrigo. Uno que sea tan suave como lo es la piel
sonrosada de su mejilla, así que, cuando la ciudad se congele con sus
brisas, podrá tener un lugar a donde ir.

Quiere construirle un bote. Uno que sea fuerte a como él es libre,


exponiendo su preciosa sonrisa, sabrá que cuando su corazón se sienta
hundido siempre tendrá aquella embarcación.

Quiere sembrarle un rosal. Uno en donde pueda reflejar su delicadeza y


valentía ante los males, recordándole el hecho de que no es una persona
frágil que al mínimo tacto rompería.

Desea escribirle una canción. Así que, cada vez que no se encuentren
juntos, él escuchará su voz y cantará al compás.
Se recuestan sobre las sábanas de la cama, una alegría calienta su
pecho al mirarle rodeado con sus brazos. Porque está bien si necesita
alguien a quien abrazar en la noche.

Hablan de temas triviales e irrelevantes, lanzando silenciosas carcajadas.


Ama aquellas conversaciones espontáneas, que al final del día le
terminan enamorando más del resplandor en sus fanales y las brillantes
sonrisas en sus belfos.
Sin embargo, cual una manta de Morfeo les cayese encima, yacen
somnolientos. Mira sus ojitos cerrarse bajo las cortinas negruzcas de sus
pestañas, y suspira. La punta de sus dedos acariciando lentamente la
tersa espalda que se halla oculta en la tela de su holgada camisa.

Decide acurrucar su cabeza entre los desordenados cabellos del chico,


sus fosas nasales aspiran inconsciente el embriagador dulzón de la
fragancia que desprenden, y es allí cuando lo escucha:

—Tú también me gustas, JungKook-ah.

✧. Amor: jamás en un millón de años


『 Inspiración:

Olivia - One Direction


Never enough - One Direction. 』

Amor: al final del día PT. 2

Sus amigos comenzaron a decir que le dejaría, que no le había dado lo


que se merecía, y debería rendirse. Las consecuencias del tiempo
separados se permitían observar ahora.

Cruzó la puerta de su habitación y le encontró recostado en su cama


vistiendo una de sus camisas blanquecinas, visualizó un rastro de
lágrimas traslúcidas dibujado sobre sus mejillas.

De forma cuidadosa le tomó entre sus brazos, besando su cuello. Allí se


dio cuenta que jamás lograría obtener suficiente de él. Los ropajes
cayeron cual plumas de majestuosas aves al suelo de la habitación.
No soportaría hallarse lejos, siquiera fuera por unos débiles e irrelevantes
minutos.

El sol ámbar, las naranjas mariposas y la calorina en el verano, todos


pertenecían a la creación de tan bello joven.

Sus labios carmín se trazaron mutuamente, respiraciones agitadas


inundaron sus oídos. Ambas anatomías unidas se fundieron en el vivo
placer, la dureza de su falo perdiéndose entre las piernas delgadas del
chico mientras le recorría la cintura y caderas sudorosas con sus manos
venosas.

Se cuestionó si él no podía percibir lo mucho que le importaba, lo mucho


que le amaba. Elevaron sus voces en gemidos al dar por terminado el
íntimo acto. Posó su rostro sobre el pecho, cincelando suaves besos le
aseguró su amor lleno de la más pura sinceridad existente.

Ajenos a cualquier sensación de vergüenza, se mantuvieron desnudos,


sumergidos en la calidez de un abrazo. Las estrellas relucían en el azul
opaco del cielo y las tenues ventiscas entraban sin permiso por la
ventana abierta.

El mayor acarició con sus manos delgadas la musculosa espalda del


contrario, sonriendo en compañía de un tierno barniz cuando escuchaba
los cursis discursos que románticamente le dedicaba. Imbuido en la
atmósfera tan única, tan propia; pronuncia:

—No me dejes ir, JungKook-ah.

—Ni loco lo haría, amor mío.

✧. Nota
¡Hola!

Solo quería avisar que estos días estaré editando los os y cambiando
diálogos o párrafos que no me gustan o nunca me terminaron de
convencer. Mi narración se ha vuelto bastante distinta a la de los
primeros os, y quiero un plasmar un poco de esta en ellos, aunque
tampoco los cambiaré de una forma extrema.
Ya edité Almas Jóvenes, por si desean leer el os nuevamente. ♡

Les dejo una fotito de TaeTae ↴

✧. Tragedia Griega
¡Especial por la 10k lecturas!

Advertencia: este "relato" lo escribí para un trabajo de español, pero


desde un principio mi idea fue adaptarlo al kookv una vez terminado
y enviado. Se encuentra ambientado en la Antigua Grecia, por lo que
abajo dejaré un glosario de palabras utilizadas que se relacionan a
la misma. Por cierto, no soy experta en la cultura de la Antigua
Grecia, así que me disculpo si hay errores.

Los postigos abiertos permiten que los rayos de sol iluminen las paredes
de un suave tono ocre, anunciando la aparición de un día confeccionado
por brisas bonancibles y una cúspide que oscila entre el zafiro y el
celeste. Las risas de los niños jugando "la mosca de bronce" emergen
como la melodía protagonista de la mañana mientras que los refunfuños
de los asnos, esperando a que las vasijas se llenen de vino y miel,
preludien los sonidos cotidianos y conocidos. Los hombres salen de sus
hogares para cumplir con sus labores, las mujeres se encaminan al
gineceo para trabajar en los telares, y los esclavos bañan a los más
jóvenes o cortan las verduras frescas en la cocina.

JungKook siempre confirmaba al despertarse que los días en el pueblo


costero no transcurrían con la intención de desacomodar las rutinas
establecidas, al contrario, las personas estaban tan acostumbradas a la
repetición, que un mínimo cambio era motivo de cotilleo en cada esquina
el resto del año. La inesperado huida de la familia de Kyros ha sido el
ejemplo con mayor destaque en mucho tiempo, aunque si bien es cierto
que nadie sabe si las especulaciones se asientan en la realidad o fueron
creadas con el fin de remover las preguntas de intriga, las circunstancias
no son acreditadas por la coherencia.

Kyros era un hombre dedicado a los negocios, dueño de una inmensa


riqueza y exageradamente respetado. Esto último debido al
enfrentamiento que tuvo con una tormentosa esfinge, el cual concluyó en
victoria y la subsecuente tranquilidad del sitio. Su esposa había dado a
luz al segundo varón de la familia, y el primogénito, Acis, había
alcanzado los seis años de edad, por lo que pronto su formación sería
entregada a un pedagogo. Todo esto contribuía a que fueran percibidos
como una familia modelo e ideal, imagen idealizada que se desmoronó
días antes de las Anfidromias, cuando decidieron dejar todas sus
pertenencias atrás y disiparse entre
las ráfagas del viento.

JungKook niega con la cabeza y se recuerda que no debe entrometerse


en asuntos ajenos, pues seguro que Kyros y su familia tenían una razón
lógica detrás del espontáneo abandono.

Sus ojos azabache se pasean sobre el quitón de lino que sostiene en sus
manos, logrando que una pequeña sonrisa se eleve en las comisuras de
sus labios. Niega nuevamente para no imbuirse en el engranaje de sus
pensamientos, y prosigue a envolver su cuerpo trabajado en la tela de
color marfil. Se ayuda de fíbulas para sujetar la prenda en el área de los
hombros y de un cordel para cerrar el área del torso; luego mete los pies
en las pédilas, acuclillándose para ajustar las tiras alrededor de sus
tobillos.

Iba vestido con la misma sencillez de siempre, sin indicio de querer


sobresalir o destacar a la hora de poner un pie fuera de casa. No negaba
que le encantaba discreción, que gozaba del poco interés que las
personas desconocidas invertían en su persona, y que se maravillaba del
poder caminar sin interrupciones o saludos sobrantes. Sin embargo, eso
no significaba que fuese antipático, ni tampoco que le guardaba odio o
repulsión a los lugareños, simplemente las interacciones y las miradas
fijas sin expresión cálida le ponían inquieto.

Sale del dormitorio y, con precaución de no trastabillarse en el intento,


baja las escaleras rápidamente. Una vez abajo, se topa con la
magnificencia del patio interior. Era un sitio destechado que ocupaba
toda la zona central de la casa, con un suelo engalanado de mosaicos y
un peristilo pequeño —incomparable al de los templos sagrados— que
delimitaba el sendero hacia la puerta principal. Sin duda se trataba de un
sector pictórico y acogedor para pasar la mañana y la tarde.

El sol ingresa por la apertura amplia de la cúspide, evidenciando el brillo


cegador de los rayos flamantes y pintando sus mejillas de un tenue
rosáceo. Supone que ya ha transcurrido bastante tiempo desde que
despertó, por lo que evade el deseo de desayuno y apura las pisadas.
Antes de partir, echa un vistazo al piso superior y nota que la puerta del
gineceo se halla cerrada. Entonces recuerda que hoy no ha visto a
SeokJin —su amigo con quien ha vivido desde que comenzaron a
trabajar en la pesca y el comercio marítimo— ni a la esposa o a la hija
del mismo. Por lo general, los cuatro se reúnen en el comedor principal y
degustan el desayuno entre comentarios chistosos, anécdotas de
especial cariño y alegres carcajadas; después cada uno se va por su
lado para enfocarse en los deberes correspondientes hasta la llegada del
anochecer. Pero parecía que en esa ocasión sería diferente.

Deja la morada, y mientras empieza a caminar bajo el lustre


achicharrante, elogia mentalmente su decisión de haberse sostenido los
rizos con una cinta, de otro modo, su frente estaría destilando en sudor y
no portaría una apariencia grata. Conforme avanza, el panorama de
paredes de adobe y de tejados terracota se troca en carapachos de
cangrejos y elegantes corazas ondulando la planicie de la arena. Las
olas se balancean sosegadas hacia el horizonte, el viento sopla suave,
brindando la frescura necesaria, y las prominentes embarcaciones
surcan encima de la marea a un ritmo paulatino. Los lugareños solían
describir el puerto como un paisaje enriquecedor e innegablemente
majestuoso, no obstante, a él no le impresiona demasiado.

Su concepto del océano cambió para mal luego de sufrir un espantoso


accidente. JungKook, SeokJin y el resto de la tripulación, previeron que
el desplazamiento de un puerto al otro duraría solo tres noches y cuatro
días, y que se llevarían a cabo muy pocas escalas intermedias para no
alargar sin razón el tiempo de cobijo en alta mar. En primera instancia,
las condiciones colaboraron a su favor y el plan se estaba efectuando al
pie de la letra, lo que provocó un fuerte auge de alegría entre los
navegantes del carguero. Pero el regocijo subsistió menos de una hora y
fue declinando en paralelo con el incremento de las aguas turbulentas y
el ascenso de la luna. SeokJin de inmediato desistió y sugirió detenerse
en la costa más cercana para esperar que la fuerza del mar se
apaciguara. Por otro lado, JungKook, en su afán de jactarse de valor,
prolongó la travesía hasta que, bajo un índigo firmamento aderezado de
estrellas bruñidas, ocurrió la desgracia.

A pesar de que en el preciso instante el terror le sucumbió el cuerpo y


sus cinco sentidos se debilitaron sin dejar rastro de un funcionamiento
eficiente, no se arrepiente de su terquedad, de lo contrario, jamás habría
conocido a Taehyung.
La única imagen que recuerda una vez colisionado el navío mercante, es
la de una agraciada figura con cabellera anaranjada rojiza, guiando su
anatomía inerte a la superficie. Y cuando hubo recobrado la consciencia,
dos ojos zafiro le escudriñaban el rostro bajo una tupida cortina de
pestañas. De entrada creyó que estaba alucinando, pues el vivo
paradigma de la belleza no podía hallarse frente a su ordinario ser como
si nada, pero entonces la ninfa de tipo nereida, quien era arropado por un
húmedo peplo de seda, esbozó una sonrisa divina y, en el más delicado
de los susurros, le dijo que la marea se había tranquilizado.

El resto fue historia, pero es claro que el inesperado encuentro floreció


en romance.

Debido a la vida enigmática de las ninfas y el poco interés que tenía


TaeHyung en un sitio abarrotado de bullicio y personas, acordaron desde
el primer día que sus encuentros se darían en el extremo oeste de la
costa, justo donde los árboles frondosos ensombrecen la capa arenosa
de granitos. Para su suerte, todas las ocasiones resultaron dichosas y no
hubo ninguna clase de inconveniente que les orillara a cambiar la
despoblada costa por una opción más factible; aunque ello tampoco les
afirmaba que podían abandonar las acciones precavidas.

Entrecerrando los ojos, divisa el vehemente salpique del oleaje contra la


estructura encrespada de las rocas, pero no halla pista de una melena
cobriza o delgadas extremidades acarameladas. La nereida solía
aparecerse con anticipación, buscaba un refugio temporal bajo el
espumarajo del agua, y una vez que escuchaba el llamado de JungKook,
salía rebosante de prosperidad. Se había vuelto una tierna costumbre
que solo dos ellos dos tenían el privilegio de experimentar y contemplar,
lo cual no le generaba ningún tipo de molestia, pero ahora, cuando es el
lóbrego silencio quien continúa pululando orgulloso, la situación ya no le
parecía tan agradable.

Primeramente, piensa en los sátiros, aquellas criaturas salvajes de


carácter cruel y hostil conocidas por colmar la paciencia de las ninfas. Sin
embargo, pronto tuvo que desechar la idea. Los sátiros permanecen en
los montes y los bosques, haciendo improbable que la "tardía" de
TaeHyung fuese a causa de su necio comportamiento.

Luego cree que quizá algún pueblerino curioso les vio interactuar
anteriormente, y, en dado caso de que su suposición fuese cierta, ¿quién
había sido?, y ¿por qué el descubrimiento provocó la falta de TaeHyung?
La respuesta llega veloz y JungKook ni siquiera tiene el suficiente tiempo
para reaccionar.

─────────

La costa se desvanece a lo lejos, haciéndose tan pequeña e


insignificante que sus ojos batallan incluso al intentar discernir el ímpetu
del océano. No comprende que está ocurriendo. Estaba sentado bajo la
copa de un árbol, y ahora dos hombres, acicalados de corazas metálicas
y luminosos beocios, le llevan a rastras entre los atisbos fisgones de una
multitud.

—¡JungKook!

Voltea su rostro y se encuentra con SeokJin, quien aparta con furia a los
hombres sedientos de espectáculo. Su expresión refleja desconcierto y
angustia, sin un ápice de serenidad que le indique una explicación
premeditada.

Los soldados le hacen detenerse frente a una tarima mediana, donde se


sitúa un hombre con evidente aire de superioridad.

—¿Qué es lo que has hecho, JungKook? —pregunta SeokJin al posarse


en su lateral diestro.

—No entiendo que está pasando —admite, frunciendo el ceño.

—¿Qué no estás viendo? Estamos en un juicio, JungKook, has sido


inculpado de asesinar a TaeHyung.

Al instante en que inicia el juicio, JungKook vislumbra el lento movimiento


de la boca del hombre de la tarima, pero, por más que agudiza el oído y
dispone de la debida atención, las palabras se ven enturbiadas por su
trance inoportuno, dejándole desorientado y con un pesado nudo
estrujándole la garganta.

¿Realmente TaeHyung había fallecido o solo estaba siendo testigo de


una pesadilla despiadada?

Nada tenía sentido.

Quizá la falta de TaeHyung podía justificarse con que un pescador


residía a la deriva y necesitaba urgentemente de su ayuda y la de sus
hermanos, pero el juicio al aire libre sin un verdadero tribunal y la
acusación que parecía más la escena de una obra teatral que la
preocupación colectiva de un pueblo unificado, no contaban con una
excusa coherente. No obstante, nadie levantó la voz en su defensa.

El juicio se dio por finalizado cuando los dikastas depositaron las fichas
de voto en el recipiente a favor de la acusación, la cual exigía como
castigo una noche en las mazmorras y ostracismo al día continuo.

SeokJin sabía que las creencias de los hombres "importantes" eran un


revoltijo de contradicciones, que el combate dialéctico no valía la pena si
una de las partes ya era declarada ganadora desde un principio y que el
pueblo estaba infestado de acusadores guiados por enemistad personal
o rivalidad de bienes. En consecuencia, no se sorprendió de que su
amigo fuese hallado culpable. Las incongruencias, la total falsificación de
documentos, la probable compra de testigos e incluso el hecho de que
las mismísimas Erinias —cuya presencia era esencial a la hora de
cualquier juicio— se abstuvieran de perseguir a JungKook, evidencian la
inocencia del mismo. Por ello no tuvo la mínima tentativa de replantearse
su postura, además, el genuino brillo que emanaba JungKook después
de ver a TaeHyung era prueba suficiente de que no se atrevería a
dañarlo.

Espera a que retiren completamente a JungKook de la plaza, y luego se


encamina a su hogar.

Prontamente, el día se descompuso en una noche que contrariaba la


mañana.

Los férreos vendavales arremeten contra los postigos próximos a ser


cerrados, asimismo la luna surcada de cráteres se cierne
despampanante en medio de la cumbre opulenta y frívola. Las estrellas
con un tinte de pena se han ocultado tras el pigmento garzo del manto,
permitiendo que los faroles hogareños tomen su lugar durante un limitado
intervalo. Las carcajadas de los niños se han intercambiado por pucheros
y una interminable guerra para que caigan en los arrumacos de la
somnolencia mientras que el arduo trabajo de los esclavos ha cesado y
todos residen descansando como buena recompensa.

En el andrón, el diámetro de la mesa central es gobernado por la


variedad de aperitivos deliciosos y la pulcritud de la cerámica
embelleciendo la madera. Delante descansa el pan junto a una ánfora de
aceite de oliva, al extremo izquierdo las aceitunas verdes y el queso de
leche de cabra rellenan dos diferentes cuencos de terracota, y en el
extremo derecho el vino se resguarda dentro de la complexión ovalada
del enócoe. SeokJin a penas ha probado un bocado de pan remojado en
aceite, puesto que sus pensamientos divagan entre lo desconsiderado
que sería desperdiciar el alimento y las circunstancias que JungKook
podría estar afrontando.

Las mazmorras son un espacio negligente que incumple las necesidades


básicas de las personas, de hecho, su escasa reserva de frazadas,
braseros y a veces hasta de alimentos, habían desencadenado una serie
de muertes aleatorias no hace más de tres semanas. Gran parte del
pueblo asumió la situación como simple justicia de los dioses y el resto
abocó por una mejora de condiciones, aunque terminaron siendo
silenciados y tachados de aviesos.

De manera ineludible, le preocupa que JungKook estuviese indefenso al


frío y al hambre, pero también es consciente de que la angustia, por no
saber qué le había ocurrido a TaeHyung, le ganaba con ventaja a los
estremecimientos y a los borborigmos. Después de todo, la calidez y la
comida las iba a recuperar en algún momento cercano, en cambio la
relación con TaeHyung se arrinconaba a un futuro incierto.

Bebe un sorbo de vino y ojea los coloridos mosaicos de las paredes,


deteniéndose en una escena que nunca antes había notado y que
particularmente esa noche le llama mucho la atención. Era Polifemo, el
pobre cíclope que, extasiado de su amor por la nereida Galatea, acabó
convirtiéndose en el hazmerreír de todos los espectadores entrometidos.
De repente, su calma se ve truncada y siente que se ha vuelto parte de la
ornamentación. Pestañea repetidas veces, pero poco a poco
experimenta en carne propia como la tristeza del cíclope despechado
trepa por sus extremidades y se instala en la absoluta extensión de su
cuerpo. El corazón le pesa en el pecho, los vellos de los brazos se erizan
con el eco de los sollozos foráneos, y no tarda en percibir la disminución
de sus latidos y el brote de lágrimas cristalinas rociándole las mejillas.

Entonces, desplomándose exhausto en los cojines del suelo, comprende


que tales sensaciones son las mismas que JungKook vive desde el
mediodía.

¿Acaso enamorarse de una nereida culminaría en un dolor para toda la


eternidad?
Primero fue Polifemo, quien posterior al humillante rechazo aumentó su
bestialidad y retornó a las actitudes bárbaras y caníbales; ahora era
JungKook, quien debía macharse del lugar que le vio nacer con la
primera luz del alba.

Deambula por las cuatros esquinas del andrón, se plantea la misma


pregunta por enésima vez y engulle otro trozo de pan remojado en
aceite. Cuando menos lo espera, los faroles callejeros pacifican sus
llamas ardientes y la tempestad le responde con moderados chubascos.

Todavía quedaba una opción para zanjar el problema.

JungKook se pasa una mano por el pelo antes de sacudir la cabeza. No


sabe cuánto tiempo ha transcurrido, si el día cambió a noche o si la
noche ya cambió a día; de lo único que está plenamente seguro es de la
congoja que atesta a su corazón y de sus ojos hinchados por el llanto. Ni
siquiera entiende por qué había sido llevado a juicio y, para rematar,
encontrado culpable. Sí, le acusaron de asesinar a TaeHyung; pero nadie
fue claro a la hora de atestiguar y mucho menos a la hora de presentar
evidencias físicas en lugar de pura palabrería. Además, la acusación en
sí no tenía coherencia por donde se le viera, y a pesar de ello
permanecía tiritando en una mazmorra sombría.

Al cabo de unos minutos, un soldado se acerca a la puerta y cerciora que


JungKook sea a quien está buscando. Porta un semblante serio, casi de
enojo, y sus labios yacen aplanados contra sí mismos.

JungKook se endereza del piso y desempolva el quitón. Con un sabor


agridulce memoriza los detalles del pueblo, desde las monótonas
viviendas de adobe hasta la imagen del océano que tanto daño le había
hecho; durante su estancia en el encierro no consideró qué anticipar allá
afuera, por lo que deseaba acoger un último recuerdo feliz de su hogar.

En el camino a la salida se topan con algunos hombres que reconoció


como el público de su juicio, y si bien le entra la curiosidad al distinguir
sus muecas afligidas, no quiere tomarle más importancia de la que
amerita. Encuentra también una escultura de una esfinge sobre un
capitel jónico, la cual relaciona inmediatamente con Kyros y se percata
de que, a partir de ese momento, es él quien se ha convertido en el
cotilleo de los banquetes y de los descansos laborales.
Su vida había dado un enorme vuelco irreversible y no podía hacer nada
más que cruzar los brazos y resignarse.

Al salir, los rayos solares arrebujan la mañana en oro y calor, haciéndole


entornar los ojos y alzar una mano delante de su cara.

—Buenos días, amigo.

Despeja la vista y levanta las cejas sorprendido.

—¡SeokJin! —exclama boquiabierto, provocando que el contrario deje


escapar una risa burlesca.

—¡Pues quien más sino!

El soldado se retira en silencio, dispuesto a reanudar sus tareas.

—¿Qué haces aquí? Se supone que debo marcharme y ya sabes que no


se puede ver a los conocidos antes de hacerlo.

SeokJin le rodea los hombros con el brazo, dándole suaves palmadas.

—Eres libre, amigo mío —comenta con un deje de paz—. Puesto que las
Erinias no te siguieron después del juicio, apelé en contra de tu
culpabilidad y, bueno, salí victorioso.

JungKook le observa pasmado, pero dejando en claro el profundo


agradecimiento que le tenía.

—Pero, ¿qué ocurrió con TaeHyung? ¿Por qué no se apareció por la


costa?

Su amigo deja salir todo el aire de sus pulmones, intentando acomodar el


sinfín de palabras que saturan su cabeza, y razonando que no debe
soltar lo primero que se le ocurra.

—Creo que lo mejor será que vayamos a casa.

Al fin y al cabo, no todas las preguntas tenían respuesta.

─────────
GLOSARIO
#1. La mosca de bronce: la gallinita ciega de la Antigua Grecia y la
Antigua Roma.
#2. Gineceo: parte de la casa de la Antigua Grecia reservada para las
mujeres.
#3. Esfinge: demonio de destrucción y mala suerte, representada con
rostro de mujer, cuerpo de león y alas de ave.
#4. Anfidromias: fiesta familiar realizada cinco días después del parto,
en la que el padre corría alrededor del fuego doméstico con su hijo en
brazos, mostrándolo a sus parientes.
#5. Quitón

#6. Fíbula: tipo de broche o elemento de sujeción que se utiliza para unir
o mantener prendas sostenidas al cuerpo.
#7. Pédilas: sandalias sencillas de la Antigua Grecia.
#8. Peristilo: patio rodeado de columnas en torno al cual se disponían
las estancias.
#9. Ninfa: deidad menor femenina típicamente asociada a un lugar
natural concreto, como puede ser un manantial, un arroyo, un monte, un
mar o una arboleda.
#10. Nereida: ninfa marina.
#11. Sátiro: criatura mitad hombre mitad carnero conocidos como el dios
del apetito sexual o dios del pan.
#12. Beocio: casco de caballería de la Antigua Grecia.

#13. Dikastas: jueces de la Antigua Grecia.


#14. Ostracismo: era, en la Grecia antigua, el destierro a que se
condenaba a los ciudadanos que se consideraban sospechosos o
peligrosos para la ciudad.
#15. Erinias: personificaciones femeninas de la venganza que
perseguían a los culpables de ciertos crímenes.
#16. Andrón: estancia o parte de la casa de la Antigua Grecia reservada
a los hombres.
#17. Ánfora

#18. Enócoe

#19. Cíclope: miembros de una raza de gigantes con un solo ojo en


mitad de la frente.
#20. Capitel jónico
✧. El púrpura y sus florecitas
*Esta historia no es KookV, pues la escribí para el cumpleaños de
TaeHyung y la publiqué en mi Twitter (HAZTAE), pero de todos
modos quería compartirla por aquí.*

Hace veinticinco años, justo cuando los vendavales arremetían contra el


vidrio de los escaparates y el suelo invernaba bajo la nieve de porcelana,
el cielo desplegó lumbre y la tintó de un púrpura tan intenso como un
amor jovial. Los ciudadanos, quienes ajetreados se preparaban para
recibir el Año Nuevo, alzaron la mirada, entornaban los ojos y profirieron:
"¿A qué se debe tal inesperado fenómeno?". Y es que el esplendor era
bellísimo, incluso la misma luna enturbió y se le subieron los colores de
la envidia. Sin embargo, el camino que guiaba a la respuesta no se
engalanaba de plata ni mucho menos de oro.

En las afueras, donde los ruidos latosos amainan y los vergeles se


apoltronan en cada esquina, nació un bebé lleno de dicha y de gracia. Y
que no se me diga que en esa casita los muebles distaban del ébano y
las prendas rechazaban la seda, porque bien se sabe que es del bebé de
quien habló y no de su entorno asignado, cualquiera que fuese este. El
infante, como dije antes, nació lleno de dicha y de gracia; con las mejillas
coloradas, los cabellos lacios y la piel polvoreada de lunarcitos, uno en el
pómulo, otro en la nariz, otro en el labio, otra en el párpado inferior... ¡La
habitación empequeñecía al no poder aguantar su hermosura! Pero pesa
más aquello que percibimos que la rapidez de una ojeada superficial. Lo
bueno es que esta historia se arrebuja de cierta prosperidad y la lucecilla
púrpura que le bendijo el día de su nacimiento, cuidaría de la inocencia y
la pureza, no lo agraciado de un pétalo que terminará marchito.

El bebé nacido entre comisuras levantadas y palabras exultantes, creció


y creció hasta convertirse en un joven de facciones divinas y acciones
bondadosas. Había quien se carcajeaba de él y quien le contemplaba
con ojitos soñadores. Aunque vaya a saber uno cual riada de gente
encaja con nuestro engranaje de pensamientos, convengo en que la
perfección cincelada ameritaba de simpatizantes. Ahora bien, el encanto
innato comenzó a molestarle; un día vestían de cordiales y revoloteaban
las pestañas, al otro le chocaban el hombro y lo ensuciaban de crasa
frigidez. Pensó: "¿A qué se debe tal trato bivalente?". Entonces ocultó el
sonrojo, despeinó los cabellos e ignoró los lunares, así no habría
emociones contrarias ni tratos desiguales. Lo que ocurrió a continuación
le dejó extasiado; los fieles mofadores se aferraron a su descripción
mientras que los halagadores arrugaron el entrecejo. Comprendió que su
bondad y las ansias por zanjar los males jamás importaron al lado de su
belleza.

Divagó uno, dos, tres días y los luceros se le llenaron de lágrimas. ¡Había
hecho mucho! ¿Y qué recibió a cambio? Nada. Para su suerte, el día
cuatro, su cumpleaños, trajo un golpeteo de la aldaba contra la puerta.
Enfiló escaleras a bajo y al abrir fue cegado con un destello púrpura,
cuya presencia le hizo saborear la calidez de una casa. Quizás
pertenecía allí, en un espacio que detiene el tiempo y le permite
conservar la imagen errónea del mundo. Alguna vez leyó un periódico
que comentaba el "fenómeno purpurina" y en su cabecita sonó como un
acontecimiento mágico, misterioso e irrepetible, pues, según dicen,
emergieron de la nieve centenares de florecitas púrpuras. Preciosas, mas
no duraderas. Su madre le aseguró que él era una de esas, que el ser
resplandeciente conocía al querubín de inherente afabilidad que nacería.
Ahora que creció y la maldad achicharrante astilló su corazón, discernió
la realidad del cumplido. Las flores marchitaban al quebrantarse su ser
inmaculado y él no sería la excepción. ¡Que importan los pétalos bonitos
si al final van a marchitar! ¡Alguien debería fijarse en la semilla que dio
origen a los colorines! ¡Y en la sensación que surge al atisbar flora en
medio de la época tormentosa!

El joven suspiró, estiró los brazos hacia adelante y apretujó la luz que
alguna vez le engendró entusiasmada. Y si bien no me consta, los
mofadores se helaron y los halagadores explotaron en llanto, lo que me
inquieta es que fueron ellos quienes ignoraron la semilla y dejaron que la
flor, la cual solo era un cascarón, se marchitara conforme el sol
difuminaba las nubecitas en lo alto.

✧. Notita
¡Hola!
Solo quería agradecer porque la historia llegó a 1k votos. ¡Muchas
gracias! De verdad me pone sumamente feliz ver el amor y apoyo que le
han convidado a esta recopilación de One Shots! Muchísimas gracias
💖💖
Si quisieran leer otras de mis historias, en mi perfil tengo dos One Shots
(Halloween y Dulce Navidad) y un Two Shot (Bonhomía). Siento que mi
narración es mejor en los relatos recién mencionados, así que me haría
muy feliz si también los apoyaran. ¡¡Gracias otra vez!!
Fotito de JiMin como muestra de agradecimiento 💕

✧. Hasta El Amanecer.
¡Hola! Publiqué una nueva historia, espero que puedan leerla. Si bien la
pareja principal no es KookV, tiene ligero contenido del ship y me
encantaría que le echaran un vistazo. 💗 De verdad me esforcé mucho.
¡Gracias!

🅰️➖➕🌖
Kapitel: 34Font size: 18
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