Donde para Taehyung la felicidad es inexistente al convivir
con un padre homofóbico, quien decide que enviarlo al
ejército lo hará aumentar su hombría...; cuando, en
realidad, lo único que logrará es que caiga rendido ante un
sexy y molesto general.
❝General Jeon, estoy comenzando a pensar que tiene un
fetiche con ordenarme a hacer cosas.❞
✦ Historia que contiene escenas fuertes y sensibles.
s ensibles. Leer
bajo discreción.
✦ Contenido HOMOSEXUAL y explícito.
✦ Angst/drama.
ANTES DE LEER
A continuación algunas advertencias a tomar en cuenta antes de
empezar la lectura:
1. No es una historia de sexo. Lo menos que contiene esta historia
son escenas sexuales. Si bien se hacen alusiones, no hay
narraciones concretas al respecto; así que si viniste aquí pensando
que habría solo sexo, te recomiendo que vuelvas a leer las
etiquetas y la descripción de la historia cuidadosamente.
2. Aviso de contenido explícito. La lectura a continuación contiene:
- Violencia, tanto física como verbal.
- Mención de abuso físico.
- Mención de enfermedades.
- Escenas de autolesión/suicidio, entre otras.
- Lenguaje despectivo y homofobia.
3. Las escenas presentadas son únicamente ficción. Todas las
situaciones que se narran en esta historia son creadas por mí. Nada
de lo que sucede es real.
4. Algunos personajes son ficticios. A veces escribo un nombre
simplemente porque se me ocurrió; no siempre tiene que ser un
idol o una persona real. No se tomen los nombres de personajes
equis a pecho.
5. Escenas sensibles. Es redundante pero me parece necesario
aclarar que, si eres demasiado sensible a escenas muy tristes,
omite esta historia, ya que tiene en su mayoría escenas de ese tipo.
Una vez presentadas las debidas advertencias, solo me queda
decirles que continuar con la lectura es su decisión. General Jeon
no trata únicamente de amor y dolor. Esta historia se basa más que
todo en la superación personal; busco profundizar en el desarrollo
de los personajes principales antes que cualquier otra cosa,
dándole, eso sí, ese toque de romance necesario.
culpa
No es mi culpa
General Jeon
93
Prólogo93
Prólogo
✦
Maldito viejo,
viejo, pensaba Taehyung mientras lo miraba con
odio sentado en su sofá de cuero. Lo había encontrado
nuevamente hablando con un chico, ¡pero solo estaban
hablando! El chico le preguntaba donde podía encontrar
una panadería cercana y Taehyung, amablemente, le dio
una dirección.2
Luego, que el chico le haya entregado su número, no era
culpa de él.10
El caso es que su padre se enfureció, y, como nunca antes,
empujó a Taehyung a la casa y le dio la paliza de su vida.
Taehyung aún tenía que sujetarse el estómago porque temía
que en cualquier momento se le cayera.30
Con veinticinco años y aún viviendo
vi viendo con su padre, el castaño
había pensado varias veces en irse;
i rse; pero al estar
desempleado, y ser gay, era muy difícil que alguien lo
contratase.
trabajar. SinAlcontar,
parecer, ser homosexual
además, te incapacita
los constantes maltratospara
de su
padre homofóbico.28
Mientras lavaba los platos, aguantando con todas sus
fuerzas el dolor de su abdomen y el ardor de su
s u cara,
Taehyung suspiraba y pensaba en su madre. No la culpaba
de nada; si Taehyung hubiese estado en su lugar, también se
habría suicidado. Recordaba lo último que le dijo, «Nada de
esto es tu culpa, Tae. Eres maravilloso, seas como
seas», y
seas», y l
l o triste de todo eso, es que Taehyung seguía
culpándose. Se culpaba por la muerte de su madre, porque
su padre llegara ebrio todas las noches y lo golpeara hasta
dejarlo en el suelo, sin fuerzas de continuar; se culpaba
por no ser normal, porque
normal, porque no podía enorgullecer a su padre
pa dre
trayendo una chica a casa y, en su lugar, mirara a su vecino
con ojos de corazón. Y como si no fuera suficiente, se
culpaba, más que todo lo demás, por su existencia.40
— Ya lavé los trastes —habló el castaño a su padre, con un
hilo de voz, apenas pudiendo mantenerse en pie —. ¿Puedo
irme?
Su padre no contestó, pero él no aguantaba
a guantaba más. Se fue
escaleras arriba y se encerró, lanzándose en su cama,
llorando porque él no pidió ser así. Él ni siquiera sabía qué
significaba cuando a los catorce quiso que su compañero de
mesa en el instituto lo besara, cuando a los dieciocho se
enamoró del capitán del equipo de futbol o cuando a los
veinte besó a su compañera de trabajo y no sintió nada.
No era su culpa.118
Pero, aun así, él sentía que todo el universo lo estaba
culpando... Y ese trece de abril, a las siete con treinta y seis
minutos de la noche, cuando una carta llegó a las manos de
su padre, su vida cambió para siempre.
Ingreso
Ingreso
Taehyung bajó del autobús con un suspiro resignado, tomó
su pequeño bolso de mano y se formó con los demás.77
Su padre lo había enviado al ejército,
ej ército, o, más bien, a una
escuela militar en donde le enseñarían a ser más hombre...
Irónico, porque apenas llegó el olor masculino se adentró en
sus fosas nasales como un torbellino, haciéndolo encogerse
y suspirar, y luego mirar alrededor para percatarse de que,
que,
efectivamente, estaba rodeado de hombres. Negó con la
cabeza, suprimiendo sus instintos de querer pavonearse. 44
Cuando la columna avanzó y él estaba por dar un paso,
alguien lo empujó por detrás.
—¡Oh! Lo siento, alguien me empujó también —se disculpó
un chico. Taehyung lo estudió: era bajito, demasiado, y
tenía una cara de bebé que no se la quitaba ni siquiera el
pelillo que le estaba creciendo como "barba". Taehyung
hubiese creído que el chico tenía diecisiete años si no
hubiese sido porque al ejército se entraba a partir de los
veinte.28
—No te preocupes —dijo sin subir la mirada, confundido
sobre tratarlo con respeto o no, pues no sabía si era mayor.
—¿Oh? ¿Estás bien? —preguntó él, bajando su carita para
poder observar la de Taehyung. El castaño se encogió más,
buscando de alguna forma volver invisibles los golpes que
había en su cara.1
—Sí —dijo de forma escueta y se giró para continuar con la
fila.
Taehyung odiaba esperar, y más si lo que seguía después de
la espera no iba a gustarle. Suspiró otra vez, observando el
número en la pequeña placa de metal: 625... Quién
Quién diría que
ese sería el número que lo condenaría. 2
En otra fila, Taehyung observó a un hombre de cabellos
negros y uniforme subir a una plataforma con un megáfono
en la mano.
—¡Al escuchar su número den un paso al frente! —exclamó
con voz cruda, haciendo que los vellos de su nuca se
crisparan. El castaño detalló cómo, lentamente, se iba
vaciando el lugar. El chico que lo había empujado fue
llamado y Taehyung lo observó, era pequeño, como
un gatito en una jaula de tigres. Sintió el deseo de
protegerlo.
Protegerlo como nadie lo había protegido a él. 246
Cuando su número fue gritado caminó, dando una mirada
desdeñosa al hombre. Siguió a un oficial,
ofi cial, o comandante...
Ni siquiera sabía cómo llamarlos. Apartó la vista e intentó
bajar más la visera de su gorra, buscando cubrir su
magullado rostro. Se la había puesto hace pocos
poco s minutos
pues no dejaban de mirarlo, de juzgarlo, de hablar sobre él.
El hombre lo guio hasta otra habitación, un cuarto bastante
pequeño en donde había cuatro literas. Le dijo que esta
sería su habitación, que se preparara pues el general
vendría a conocer a los reclutas. Taehyung tomó la cama del
final: simplemente dejó su bolso sobre
s obre la de arriba,
reclamándola como suya; sin embargo, pronto escuchó
pasos y se tensó enseguida, mirando hacia la puerta. El
menudo chico que había 'conocido' antes estaba ahí,ahí ,
mirando las camas sin percatarse de su presencia.
—Oh —dijo cuando lo vio—. ¡Hola de nuevo! —saludó.
Taehyung no entendía por qué estaba tan feliz. 16
— Hola... —respondió y miró alrededor cuando sus otros
compañeros llegaron.
—Soy Jimin. ¿Cómo te llamas? —preguntó sonriente el
chico.13
—Hm, Taehyung —respondió el castaño, dudoso, pero
dejando entrever una sonrisa.
—¿Eres un hyung? Tengo veinticinco.
—Uh, también yo.
—¡Es muy bueno! ¿Puedo llamarte Taehyung-ssi? Ya que no
debo usar el honorífico, espero que seamos amigos
a migos —
comentó Jimin con una sonrisa tan cautivadora que
Taehyung se sintió aturdido. El chico sin duda era precioso,
pero no como le gustaban a Taehyung. Jimin era bonito,
tierno, se podría confundir con un niño y era como
una bolita de arroz. A él le gustaban los hombres fornidos,
altos y duros. Desgraciadamente, la mayoría eran
heterosexuales, así que Taehyung los veía como un fruto
prohibido. Jimin tal vez podría ser un muy buen amigo.41
En la formación para conocer ala l general, observó a sus
compañeros, o a los "reclutas", y automáticamente
auto máticamente se sintió
fuera de lugar y desprotegido. El hombre anterior estaba al
lado de una puerta, y se dio cuenta de que
lucía endemoniadamente sexy en ese uniforme. Fue un
enorme error de su padre el enviarlo a un reclutamiento
militar, porque Taehyung estaba un poco encantado. 22
Aunque, bueno, cuando las puertas se abrieron y el
aclamado general entro por ellas, Taehyung no volvió a
mirar a otro sujeto en ese lugar. Quedó
Q uedó encandilado por su
porte y elegancia... Y él no pudo apartar la vista.
vi sta. No pudo
mirar a nadie más. 1
Sus ojos estaban más que fijos en el general.2
Debería dar charlas
motivacionales
motivacionales
Taehyung abrió la boca agarrando aire, porque el hombre
frente a él era, por mucho, el más sexy y caliente que había
visto en la vida. Estaba confundido: no sabía si había
desarrollado un nuevo fetiche por hombres uniformados o
si estaba un poco enamorado a primera vista de ese
bombón; sin embargo, sea cual sea el motivo, cuando vio la
mirada afilada y la mandíbula apretada de aquel hombre,
sus rodillas temblaron y su respiración falló, haciéndolo
jadear.31
—¡Todos firmes para recibir al general Jeon! — vociferó el
pelinegro anterior y todos se pusieron rectos. Taehyung
Ta ehyung los
tardío. Jeon era un gran apellido.29
siguió tardío. Jeon
El general caminó entre todos los reclutas, observándolos
o bservándolos
como si todos fueran excelentes carnadas para los lobos.
Estudiaba los rostros, identificando quién iría a lavar los
baños y quién se encargaría de cargar un arma.
De pronto, su mirada se topó con la de Taehyung y, oh,
y, oh,
mierda. Taehyung la apartó de inmediato, sintiendo sus
pantalones
hombre queapretados. Mordió
tenía al frente, su labioque
pensando y miró
miera
ró la
la cosa
nucamás
del
interesante en el lugar. Pero entonces, cuando el general se
acercó, Taehyung chupó una respiración, rezando a quien
sea que lo escuchara.30
—Tu nombre —pidió el general con voz neutra.
—T-Taehyung, Kim Taehyung —respondió el castaño con
la mirada en el piso, incapaz de levantarla y mostrar su
rostro magullado. Se avergonzaba de mostrar sus golpes,
que descubrían su vulnerabilidad. Pero al parecer el general
tenía otros planes, pues enseguida le quitó la gorra, de
forma brusca, causando que sus cabellos castaños se
despeinaran. Taehyung apretó sus ojos cerrados.
—Oh, tenemos un abusivo por aquí —se buró el general y
tomó bruscamente el mentón del chico. Taehyung podía
sentir todas las miradas sobre ellos y quiso gruñir porque él
no era un abusivo. Absolutamente nunca en su vida se
convertiría en su padre.21
—No soy un abusivo —replicó él, pero el general ni siquiera
siqui era
le prestó atención; lo ignoró y siguió caminando, llevándose
la gorra con él. Se detuvo al lado de tres personas más,
humillándolos y sacando cosas que a él no le parecían
correctas. Quizás esa era su absurda forma
fo rma de demostrar
poder en los demás.
Al cabo de unos segundos, el general se subió a la
plataforma y tomó el megáfono.
— Soy el general Jeon —habló, observando a su alrededor—,
pero pueden llamarme su peor pesadilla. —Nadie se
inmutó; ni un jadeo, ni una queja. Nada—. Están aquí para
ser entrenados, amaestrados y disciplinados. La mayoría de
ustedes vino aquí por obligación y estoy muy feliz por eso;
quizás en sus casas saben que necesitan disciplina. No voy a
tolerar conductas abusivas, quejas ni mucho menos
¡altanerías de chiquillos mimados! —Señaló hacia el frente
con una mirada amenazante—. Explicaré algo muy
importante. —Hizo una pausa y se bajó de la plataforma,
dejando el megáfono al hombre anterior. Aparentemente,
su voz era lo suficientemente
sufici entemente fuerte como para ser
escuchada por8más
amplificador. de doscientos reclutas sin un
»Aquí hacemos las cosas un tanto... diferentes. Nos
dividimos en una especie de jerarquía: los mejores tienen
privilegios y los peores, umm
umm...,
..., no tantos. ¡Se castiga la
indisciplina! ¿No están entiendo? Les explico. —Suspiró al
ver las caras confundidas y prosiguió—: Aquí entrenamos a
hombres con honor, con valentía, que están dispuestos a
morir en el campo. ¡Que tienen agallas!, no a hijos de papá y
mamá que disfrutan de golpear a los más débiles o del
trabajo fácil. Si alguno de aquí no cumple las órdenes que el
oficial al mando o yo les demos, irá a limpiar los baños, se
encargará de toda la limpieza e, incluso, de servir las
comidas. —El general hizo otra pausa para mirar a todos—.
Vinieron aquí a volverse hombres de honor. Si no les gusta
están a tiempo para devolverse a sus casas y ser una
vergüenza
trabajarán para sus familias,
y pelearán pero
duro: sin si deciden
quejas, quedarse,59
sin lloriqueos.
Todos se quedaron quietos, esperando alguna orden o señal
que les indicase que podían moverse. Taehyung suspiró
rendido. Tenía las piernas entumecidas por tenerlas tan
rectas y su estómago gruñía por la falta de comida.
—Hoy pueden tomarlo como un día de descanso —dijo el
general—. Mañana los quiero a todos listos y preparados a
las cinco de la mañana en punto. ¡Si alguien llega un minuto
tarde será castigado! —Taehyung casi gimió: él no era para
nada una persona mañanera y levantarse a las cinco para
ser torturado no era una idea que le apeteciera mucho. 33
El general dio la señal de que podían descansar y todos se
retiraron al comedor. Taehyung, enojado, pensó en el pobre
discurso del general que se supone debía ser
alentador. Debería
alentador. Debería dar charlas motivacionales.
motivacionales. 3
Mirando al suelo en todo momento se sentó en la mesa más
alejada, la que quedaba justo al lado de la puerta de la
cocina y que era cubierta cuando esta era abierta. Exhaló
fuerte, desgarrando la bolsa en la que estaban envueltos los
palillos, y estaba dispuesto a comenzar comer cuando
alguien lanzó su bandeja a su mesa, sobresaltándolo.
so bresaltándolo.
—Oh, lo siento, no quería asustarte. —Jimin, el chico que
se presentó antes, sonreía de forma avergonzada y un tierno
sonrojo decoraba sus mejillitas—. ¿Puedo sentarme?7
Taehyung miró al rededor. Había varios hombres sentados
sentado s
en grupo y, al parecer, él era el único solo. Se
S e encogió de
hombros y el menudo rubio lo tomó como una aprobación.
—Tú no hablas mucho, ¿cierto? —Taehyung negó—.
Descuida, mi mamá dice que hablo hasta por po r los codos y se
compadeció de mis compañeros de cuarto. Ella dice que
tengo un trastorno que me impide dejar de hablar y... —
Taehyung dejó de escucharlo cuando el general entró a la
cocina con las manos en los bolsillos del uniforme. Sus
medallas relucientes brillaban más que las luces del
comedor. Taehyung suspiró—... Oh, lo siento, te estoy
hartando... Mejor pondré comida en mi boca para
mantenerla ocupada —dijo Jimin avergonzado, con una
sonrisa triste.58
Taehyung negó otra vez. —No, no me molesta... Es... A veces
es bueno la compañía. —Jimin lo miró, no muy
convencido—. Es... Solo me distraje, lo siento.
—¿De dónde eres?— preguntó Jimin e ignoró las disculpas,
como si nada hubiese pasado.
—Um, Daegu.
— Yo soy de Busan. ¿Tienes hermanos? —Taehyung negó—.
Yo sí, tengo una hermana mayor y uno menor.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —Jimin se detuvo y asintió,
sorbiendo su ramen—. ¿Por qué te ves tan... feliz? Es decir,
no me malentiendas, pero parece que vinieras a un
campamento en lugar de un internado militar, o no sé qué
rayos sea esto.
—Es un entrenamiento militar. Mi padre me inscribió
porque dijo que el general Jeon Jungkook es el más
aclamado. Dicen que es el mejor entrenador que la milicia
de Corea del Sur puede tener. Tiene doce medallas y algunas
de ellas entregadas por el mismísimo presidente. —
Taehyung frunció el ceño. No tenía idea de por qué la
conversación giró en torno al general cuando la pregunta
que hizo no tenía nada que ver con él, mas asintió de igual
forma: era una información interesante—. Algunos vienen
aquí por cuenta propia, a otros los obligan, otros vienen a
cumplir servicio por ser abusivos o un problema para la ley.
—Jimin lo miró y Taehyung esperó ver una mirada
acusadora, preparado para reclamar que no era un
abusivo.1
Sin embargo, en esos pequeños ojos no había una mirada
cargada de acusación. Había compasión y tristeza, y
Taehyung se sintió un poco ahogado por po r la mirada del joven
y, tal vez, un poco intrigado por la nueva información
adquirida.
Va a necesitar unos pulmones
nuevos después de esto
esto
Taehyung nunca había sido una persona atlética. 37
Lo supo desde preparatoria, cuando fingía dolores de
estómago graves para faltar a la clase
c lase de gimnasia. Siempre
conseguía salirse con la suya, pero cuando lel e tocaba huir de
los bravucones siempre lo alcanzaban en cuestión de
segundos porque su resistencia y velocidad era la peor.13
Así que ahí estaba, con dos enormes bolsas negras bajo sus
ojos porque en la noche se le hizo imposible dormir al estar
pensando en como escaparía de eso —además, Jimin jamás
se callaba; ese chico no tenía un botón de apagado por
—
ningún sitiomoratones
ocultar los . Se lavóque
la cara, y aunque
le regaló hizo lo posible
su maravilloso padrepara
(sarcasmo, por favor), todo fue en vano porque,
simplemente, no había manera de ocultarlos. La única gorra
que había traído el general se la llevó a quién sabe dónde.1
— Ah, estoy un poco emocionado —dijo el rubio en el
desayuno. Taehyung estaba que se caía del sueño, ya que,
cuando por fin estaba por dormir, una horrible y
estruendosa alarma levantó a todos del cuarto de un salto;
pero concluyó con que no eran más de las cinco de la
mañana.
—¿Emocionado por qué? —cuestionó, extrañado por el
entusiasmo mañanero del rubio.
—No lo sé, el entrenamiento. Muchos murmullan que va a
ser bastante duro, aunque no me sorprende: es el general
Jeon de quien estamos hablando...2
Taehyung realmente se dio cuenta de que Jimin le tenía un
gran estima al general. Aun así, no entendía cómo eso podía
emocionarle.
—Muy bien, ¡los quiero a todos formados
fo rmados en diez! —el
hombre de cabellos negros y uniformado gritó, su voz
v oz gélida
y firme. Cuando vio que nadie se levantó, dio un fuerte
golpe en la mesa, alertando a varios —. ¿¡No escucharon!?
¡MUÉVANSE, AHORA! DIEZ, NUEVE... —Todos se
movieron, dejando las bandejas de lado, y se formaron
f ormaron
afuera de la cafetería de forma desordenada. Taehyung
quedó dos personas detrás de Jimin. 3
El uniformado los inspeccionó a todos, arrancando suéteres,
bandanas, gorros para dormir e incluso hizo que un hombre
hiciera cuarenta lagartijas porque, según él, "aún está
dormido". Taehyung tragó saliva.5
Y tuvo que volver a hacerlo cuando vio al general Jeon
aproximándose por los pasillos frente a ellos; su mandíbula
apretada y su caminar decidido. Taehyung se salió un poco
de la fila para poder admirar a aquel dios sensual caminar
como si eso fuera una pasarela de Milán.18
—Buenos días, florecitas —habló él, observando a sus
reclutas—. Hoy comienza su entrenamiento y formación
militar. Espero que hayan descansado bien por la noche. —
Taehyung se mordió la lengua para no contestar con
sarcasmo—. El campo militar consta de diez circuitos. Aquí
se sabrá su rango: si son lo suficientemente fuertes y
resistentes tienen privilegios, y si no...,
no ..., ya veremos qué
sucede. —Una sonrisa ladina salió a relucir y Taehyung
sintió sus piernas de gelatina—. ¿Dudas? —Cuando nadie
—
respondió (probablemente por miedo), Jeon asintió .
¡Entonces andando! Los quiero en el campo en diez,
¡YA! 39
Todos los reclutas se movieron y el que iba detrás de
Taehyung lo empujó levemente, pues se había quedado un
poco embobado viendo al general. Ciertamente tenía un
pequeño flechazo. Sacudió su cabeza y comenzó a trotar,
t rotar, su
estómago punzando terriblemente, sacándole muecas de
dolor.2
El campo era un lugar de tortura. Desde barras de ejercicio,
paredes para escalar, barro, sacos de boxeo y arma; hasta
una colchoneta en donde Dios sabrá qué los pondrían a
hacer. Taehyung tragó saliva, mirando a Jimin y
acomplejándose un poco, porque él se veía decidido y
dispuesto, mientras que Taehyung solo quería salir
corriendo.21
—¡Muy bien! Así funciona esto —comenzó a explicar el otro
hombre uniformado—: Comenzaremos con disciplina;
haremos un trote de dieciocho minutos con todos
todo s en
formación. ¡NADIE! debe salirse de la fila ni pasar a los
demás. El ritmo que lleven los que están de primero
p rimero será el
que llevarán todos. Si quiero que aumenten la velocidad, lo
hacen.
ruedenSi
enquiero
el piso,que se agachen,
¿adivinen qué?lo¡Lo
hacen. Si quiero
hacen! que
—El oficial
Min, que era su apellido, acomodó a los reclutas en dos
columnas, haciendo que Jimin quedara de primero en
una. 38
»Tú serás el que dirija esta formación.
formació n. Si alguien se sale,
será tu responsabilidad y tú pagarás las consecuencias —
advirtió. Jimin asintió, tragando saliva—. Aquí no usamos la
cabeza. Cuando les ordene algo, contestarán en unísono y
con un fuerte: ¡Sí, oficial Min! ¿¡Entendido!? —preguntó y
todos gritaron un fuerte "Sí, oficial Min" que hizo que el
uniformado asintiera satisfecho—. Entonces a correr, ¡ya! —
indicó y todos emprendieron su camino. Jimin llevaba un
ritmo suave pero decidido, confiando en que sus
compañeros no lo harían pagar saliéndose de la fila.5
Taehyung trotaba regulando su respiración, intentando no
cansarse en el comienzo. Tragó saliva cuando su estómago
punzó tan fuerte que él pensó que devolvería el poco
poc o
desayuno que tomó. Por
tomó. Por favor, por favor, no ahora, rogaba
mordiendo fuertemente su labio y sujetando con una mano
su estómago. Tú puedes, se
puedes, se animaba, y cuando el oficial
ofi cial Min
gritó que aumentaran el ritmo se sintió morir, pidiendo a
todos los dioses, vírgenes y deidades que le dieran fuerzas
para continuar. Cuando de nuevo el oficial Min indicó
i ndicó que
volvieran a la velocidad normal, suspiró susurrando un
"gracias, Dios" y se prometió a sí mismo ir a la iglesia
cuando saliera de ese lugar.31
—¿Qué opinas? —le preguntó el oficial Min al general,
quien, hasta ahora, no había dicho ni una palabra, solo
observando de forma rústica a sus reclutas.
—No tienen ni idea de lo que les espera. Son inestables,
creen que tienen el mundo a sus pies —murmuró con asco—
. Al menos por hoy quiero que ni siquiera puedan ponerse
en pie —dijo, y lo que él no sabía
s abía era que a Taehyung le
faltaba poco para caer desplomado.5
No seas cobarde.
cobarde.
Jodido marica.202
No te caigas, no te detengas, no hagas el ridículo.
ridí culo.86
Taehyung suspiraba pesadamente. El dolor en sus entrañas
se hizo completamente insoportable y, cuando creía que
estaba por desfallecer, cuando estaba a punto de detenerse,
el oficial gritó que caminaran. Taehyung caminó lo más
lento posible, haciendo que los de atrás en la formación se
quejaran. Cuando el general indicó que podían beber agua
se sentó en el piso respirando de forma pesada, sus ojos no
enfocaban lo que veía y sentía que todo lo que le decían
sonaba distorsionado.
—¡Tae! ¿Estás bien? —cuestionó Jimin a su lado y,
buscando cualquier cosa para calmarlo, le tendió un vaso de
agua.
—Estoy bien —garantizó Taehyung, inhalando y exhalando;
intentando regular su respiración y calmar su pulso.
Intentaba con todas sus fuerzas no desfallecer.
—¿Q-quieres que llame al oficial y le diga que estás mal? —
interrogó de nuevo y Taehyung estuvo a punto de decir que
sí, pero la voz de su padre lo hizo jadear.
Jodido marica, no sirves para nada.129
—No, estoy bien, solo... necesito un momento —pidió,
mirando al cielo: el sol mañanero se abría paso por las
montañas.
Cuando sus latidos se hallaron calmados y ya no respiraba
tan pesado, se levantó lentamente y volvió a la formación,
esperando que los uniformados no hubiesen notado su
partida.
—Bien, el siguiente es un circuito de resistencia. El país no
quiere florecitas que caen desplomadas en medio de la
batalla —habló el oficial y Taehyung supo que se había dado
cuenta de lo sucedido—. Aquí irán de dos en dos, probando
su fuerza y velocidad. Quien llegue primero a donde está el
general... —Señaló al final del circuito, donde el castaño
esperaba de pie con las manos en los bolsillos de su
pantalón—... digamos que... será el ganador. Este circuito
nos demostrará a nosotros quiénes son los lo s más fuertes y
quiénes los más débiles —apuntó y se puso al frente de los
primeros, dándoles la señal de inicio.
Cuando fue el turno de Jimin, Taehyung estaba un poco
asustado de que no lograra escalar. Mordió su labio cuando
el rubio se deslizó por la cuerda hacia abajo, probablemente
lastimándose.2
—Eso es algo que no se
s e debe hacer —se burló un recluta.
Taehyung le dio una mala mirada, aunque el tipo ni siquiera
lo tomó en cuenta.
Cuando llegó el turno de Taehyung, inhaló aire y lo exhaló.
Para el momento en el que el oficial
ofici al dio la señal, corrió lo
más rápido que pudo e, ignorando su vista nublada, saltó
por los cauchos sonriendo levemente al ver que llevaba la
delantera. Cuando le tocó columpiarse por las barras sintió
sus manos escocer y se resbaló una vez, haciendo que su
brazo
cuerpo.izquierdo doliera por
En un parpadeo la fuerza
ya estaba de de sujetar
último todo su
y suspiró
temerosamente. Se deslizó por la tierra, evitando los
alambres tensados que pusieron como obstáculos, cuando
llegó a la pared de escalar limpió sus manos y supo que iba a
necesitar unos pulmones nuevos después de esto. Tomó la
cuerda, poniendo todo de sí para subir lo más rápido que
pudo. Se lamentó por no haber asistido a esa clase de
gimnasia cuando su cuerpo cayó hacia abajo y sus manos
quemaron haciendo que un jadeo doloroso escapara de sus
labios. Al bajar al otro lado de la pared, corrió hasta al lado
del general y tomó la bandera. Bajó la cara en vergüenza
cuando se dio cuenta de que su compañero ya había llegado
primero.27
Vio al general negar lentamente y le arrebató
arrebató la bandera,
poniéndola de nuevo en su lugar, Taehyung hizo sus manos
puños, aguantando el ardor, y divisó a Jimin
Ji min sentado atrás,
recostado junto a una cerca. Se sentó a su lado, limpiado sus
rojas y lastimadas manos en su pantalón.
—¿Estás bien? —preguntó Jimin. Sus mejillas estaban
rojas y su carita sucia y lastimada.
—Sí... —susurró, y Jimin le dedicó una sonrisa apretada.
Ambos sabían que ninguno de los dos estaba bien.
Para cuando todos terminaron, el general les enseñó todo
sobre las armas. Cómo quitar el seguro, ponerlo y les dio
algunos consejos de puntería; pero añadió que, si ni siquiera
podían escalar una pared, no podían disparar un arma. Así
que pasaron a la siguiente "lección" en la colchoneta, que,
para sorpresa de Taehyung, era combate a mano, como una
pelea. 15
Sintió escalofríos cuando su turno llegó con un semental de
cabello negro. Subió sus puños y ambos
a mbos dieron vueltas
alrededor y, cuando el semental se acercó, Taehyung saltó
hacia atrás, saliéndose de la colchoneta y provocando
p rovocando que
todos bufaran y se burlaran de él. Se acercó de nuevo y le
dejó un puño en su ceja que ni siquiera lo movió, y cuando
el otro respondió con un golpe en el mismo lugar, Taehyung
cayó hacia atrás.19
—Muy bien, fue suficiente —dijo el general y Taehyung se
sentó cubriendo su ojo derecho con su mano —. Al parecer
no eres tan abusivo como aparentas —le escupió el
general.26
Y Taehyung ya estaba harto de aquello,
aquello, así que con un
suspiro altanero rezongó un:
—No soy un abusivo.
Todos se quedaran callados y completamente expectantes,
esperando el movimiento del general.
—Eso es lo que dicen todos. Los golpes en tu cara dicen algo
distinto. 9
Estos malditos golpes los hizo mi propio padre, quiso
gritarle, pero se mordió la lengua ante la mirada desafiante
del general. Lo miró de la misma manera, con la respiración
agitada. No se iba permitir ser intimidado, no más.2
— Apártate, alguien más debe practicar y estás estorbando
—le dijo el general y Taehyung se levantó con esfuerzo,
respirando temblorosamente. Ya de pie, sintió un mareo y la
vista se le puso en blanco. El general vio cómo el delgado
cuerpo cayó inerte. Un jadeo colectivo se escuchó y, cuando
el oficial Min estuvo por
po r hacer un movimiento, lo detuvo—.
Llévalo a la enfermería, desde que comenzó el
entrenamiento lo vi débil —pidió y el oficial asintió —. ¡No
les he dicho que paren, sigan entrenando! —gritó a los
demás y jaló a otro recluta para que peleara con el semental
que derribó a Taehyung.6
Suspiró. Había demasiado trabajo por hacer.
Idiota sexy
Que cómodo lugar, fue
lugar, fue el primer pensamiento que pasó porpo r
la mente de Taehyung, quien se acomodó mejor en aquel
mueble tan acolchado, girando la cabeza para taparse de la
molesta luz. Un carraspeo lo hizo volver a la realidad.1
Abrió los ojos rápido, viendo puntitos blancos dispersarse
por toda su vista como si fueran gusanos, y sintió una
punzada justo en el centro de su frente que lo hizo quejarse,
además de sentir un ardor en su ceja izquierda. Frunció el
ceño mientras suspiraba e intentó recomponerse,
sentándose lento, cuando su vista se topó con la del general
Jeon, quien lo observaba con los brazos cruzados a la altura
del pecho. Taehyung quería ignorar la forma en la que los
músculos de sus bíceps
terminó posando seahí
su vista tensaban, pero de
más tiempo delalguna
debido.forma
7
— Vaya, por un momento pensé que no despertarías —
increpó él con su voz arrogante. Taehyung frunció el ceño.
—¿Qué me pasó? —preguntó reincorporándose y
sentándose bien en el sillón.
—Te desmayaste en el entrenamiento mano a mano —le
contó el general,
masajeaba observando de soslayo cómo Taehyung
sus sienes.
—¿Tan fuerte me golpearon?
— Sí, pero no te desmayaste por eso. Estabas débil. —El
general dejó los papeles que estaba revisando a un
u n lado y
comenzó a jugar con una moneda de plata, girándola
gi rándola entre
sus largos dedos. Estudiaba a Taehyung con los ojos
entornados, buscando navegar en aquella mirada cansada.
—No estaba débil —refuta Taehyung, simplemente
queriendo discutir.
—Me parece impresionante que un abusivo no sepa
defenderse. ¿Acaso atacabas a los más débiles porque sabías
que ellos no podrían defenderse?
La sangre del castaño hirvió y si no fuera porque se sentía
tan ido, se hubiera levantado y hubiera abofeteado la cara
de ese idiota. Pero eso le provocaría una sanción, así que
simplemente optó, por décima vez, desde que llegó a ese
lugar, decir:
—No soy un abusivo.
—¿Entonces quién hizo los golpes en tu cara?
ca ra? —cuestionó
alzando la ceja. Idiota
ceja. Idiota sexy, idiota sexy.5
—Eso no es algo que a usted deba importarle. Está aquí
para volverme un militar, no para saber sobre
sob re mi vida fuera
de aquí —dijo insolente. Jungkook expandió las fosas de su
nariz con rabia al inhalar, controlándose a sí mismo.7
—Me sorprenden tus agallas para hablarle así a un general
—remarcó, y Taehyung sonrió altivo.3
—Me sorprende su capacidad para sacar conclusiones
conclusio nes
precipitadas. —Jungkook lamió su labio inferior e,
inconscientemente, Taehyung siguió el movimiento de
aquel húmedo músculo. Sintió los vellos de su nuca
crisparse y maldijo interiormente.30
Maldición. ¿Por qué el general tenía que ser tan caliente?
No podía concentrarse insultándolo cuando hacía esas
cosas. Además, el hombre era justamente su tipo: grande,
imbécil y, posiblemente, heterosexual.22
Jungkook se levantó del escritorio y se acercó
a cercó a Taehyung,
quien tragó saliva ante la fuerte presencia. Subió la mirada,
ya que él seguía sentado, y se topó con los ojos marrones del
general; sus pupilas dilatadas y brillantes como dos
do s luceros.
Él se inclinó hacia Taehyung y, con su mano fuerte, tomó su
quijada. Taehyung tuvo un estremecimiento casi
imperceptible.5
—No toleraré insolencias, y mucho menos en mi oficina —
aclaró. El cálido aliento olor a menta y café llegó a la nariz
de Taehyung y su boca se entreabrió,
entreabrió, como si su cuerpo
aceptara todo lo que Jungkook le hiciese y cayera en una
sumisión que él ni siquiera había aceptado.2
—Entonces no me haga ser un insolente —replicó, sin
querer dar su brazo a torcer.28
Y, mientras la tensión aumentaba, afuera de la oficina se
encontraba un menudo rubio, sentado en el piso con sus
brazos sobre sus rodillas, esperando nervioso a un castaño
que estaba bastante ocupado. Suspiró ladeando la cabeza
ante el dolor de su cuello.5
— Ah... ¿Por qué él está tardando tanto? —se preguntó a sí
mismo en voz alta.
—¿Qué estás haciendo ahí? —interrogó la voz grave del
oficial Min, provocando que se levantase enseguida y se
pusiera recto.
— Ah, eh... Yo estoy esperando a Taehyung, ¿el chico que se
desmayó? Aún no sale y estoy preocupándome, oficial Min
—respondió ajetreado, sintiéndose nervioso por cómo
có mo tratar
al oficial. ¿Debería ser respetuoso incluso fuera del campo?
Decidió serlo por si las dudas.
—¿Aún no sale? —preguntó el oficial y Jimin negó. Sus
mejillas aún estaban rojas y sucias por el ejercicio y tenía
sus manitos llenas de raspones. 6
Yoongi tocó la puerta dos veces, lo suficiente para avisar a
Jungkook de su presencia, y pasaron al menos diez minutos
hasta que este abrió, con Taehyung a su lado, luciendo
luci endo
incluso más pálido de lo normal. Jimin lo vio y abrió los
ojos con preocupación, acercándose a él.
—¿Estás bien? —consulta, y Taehyung simplemente asiente,
lanzando una mirada de rabia hacia el general y a la gorra
que tenía en su mano. El muy maldito dijo que ni siquiera se
la devolvería porque "un abusador no esconde su cara".
Taehyung realmente quería abofetear su sexy y fruncido
rostro.
—¿Está bien él? —preguntó Yoongi a Jungkook, una vez los
dos reclutas se marcharon.
—Está perfectamente si tiene fuerzas para insultarme —
respondió y Yoongi negó.2
—Estaba bastante pálido. ¿Siquiera lo revisaron en la
enfermería? —interrogó de nuevo. Jungkook bufó con
fastidio.
—No lo sé. No creo que sea
s ea nada del otro mundo, de todas
formas.26
—Como sea, es tu responsabilidad —arremetió Yoongi antes
de marcharse.
Lo sabía. Era su jodida responsabilidad cada uno de esos
reclutas. Lo sabía, maldición.
Pero él simplemente quería mantenerse lo más alejado
posible de aquella cara. Era una jodida amenaza.
Por favor, detente
[Advertencia de contenido sensible.]
—No puedo creer que te haya castigado poniéndote en la
cocina —habló el rubio mientras veía a un malhumorado
Taehyung acomodar su cabello en la fea red que tenía que
ponerse en la cabeza.
—Parece que no le gusta cuando alguien se pone a su nivel
—farfulló Taehyung, amarrándose el delantal con fastidio.
—Ugh, ahora tendré que comer solo. Me sentaré cerca —
comentó Jimin, y el castaño sonrió con ternura; sus ganas
de protegerlo aún presentes. Le asintió y le señaló la mesa.
Entonces un hombre se puso a su lado y le entregó a
Taehyung una enorme y pesada olla con un líquido verde.
v erde.4
—Porciones justas, nadie debe quedarse sin comer. Que te
diviertas —dijo con sorna y se alejó del castaño, quien
miraba la olla con asco.
Ni por los mil infiernos comería eso... Pero ya estaba
acostumbrado a no comer, así que no sería molestia.6
Los reclutas llegaron con caras de cansancio y tomaron cada
uno una bandeja, haciendo una enorme fila. Taehyung tomó
un cucharón plateado y comenzó a servir lo más rápido que
podía aquel vomito de perro. Cuando iba por (al menos) el
recluta número veinte, alguien lo hizo detenerse.2
— Vaya, con un recluta tan bonito sí me gustaría venir a la
cafetería todos los días —dijo una voz grave. Taehyung
levantó la vista y se encuentró con unos ojos almendrados—
. Soy Sejoon, lindura. ¿Cómo te llamas? 12
—Fuera de tu alcance —contestó Taehyung sin nada de
humor y le hizo un movimiento con
co n el cucharón para que
avance. ¿Qué él no era el único homosexual ahí? El
El que
tenía por nombre Sejoon sonrío.50
—¿Sabes? Tú y yo podríamos divertirnos
di vertirnos bastante. Mi
habitación es la número once, si gustas.
—No gusto —respondió Taehyung y volvió a hacer la seña
con el cucharón—. Estás atrasando la fila.
Sejoon lo miró con un brillo malicioso y avanzó hasta
sentarse en una de las mesas apartadas. Taehyung regresó a
su labor, ni siquiera preocupándose de que estaba echando
demasiado vómito de perro en los platos.3
—Muy bien, ¡escuchen! —exclamó repentinamente el
general. Taehyung lo miró. Jesús,
miró. Jesús, ¿cómo es que es tan sexy?
¿Por qué se ve tan malditamente bien en uniforme? Nada
de eso quita que sea un idiota, pero vamos. Sería un
increíble partido si no fuera un machista heterosexual —.
Todos los viernes serán entregados los paquetes
pa quetes y pedidos
que sus familiares envíen. ¡No un día antes! Así que si sus
abuelitas decide enviarles kimchi un domingo, no les será
entregado hasta el viernes, están avisados —comentó y
luego caminó hasta donde Taehyung, tomando una bandeja
y acercándose. Taehyung sumergió
sumergió la cuchara y la echó de
mala gana en su plato, la comida
comi da salpicando por toda la
bandeja.
—Espero que sea suficiente para su apetito, general —
escupió y el azabache sonríe ladino. Su mandíbula apretada
y las ganas de hacerlo sufrir en el campo estaban a flor de
piel.30
—No me hagas ponerte a lavar platos —amenazó y se retiró.
Su espalda lucía tan esculpida, sus músculos marcados, que
Taehyung quería que de pronto se ahogue para darle
reanimación. Sacudió su cabeza borrando aquellas
fantasías..., aunque es inevitable ponerse a fantasear por un
hombre inalcanzable. Ya está acostumbrado.7
Pero todo se esfumó cuando todos terminaron de comer y el
general le indicó a Jhon, el cocinero, que se retirara pues
Taehyung se encargaría de todo. Y el castaño absolutamente
quería matarlo, arrepintiéndose de no haber escupido en el
vómito de perro anteriormente. Lo miró con todo el odio
que podía y esperaba que, si hay un dios, le diera un jodido
castigo a ese hombre... Que se le caiga un diente o algo. 2
Jhon se despidió con un " que
que te diviertas"
diviertas" yy lo dejó en la
cocina, solo, con una docena de platos para lavar y un piso
que limpiar.1
Taehyung suspiró a eso de las dos
do s de la mañana. El
campamento se escuchaba solitario y su estómago estaba
apretándose por no haber ingerido ningún alimento en todo
el día.
Al terminar de lavar el piso, se sentó en él con cansancio y
miró a los alrededores, esperando encontrar algo con lo que
alimentarse.
Estaba apunto de darle un mordisco a una zanahoria
zana horia
cuando escuchó susurros. Levantó la vista y notó con
incertidumbre que había un montón de hombres en la
puerta. Cuando estaba por salir a ver qué sucedía, fue
empujado por el idiota que le habló en el comedor.
Taehyung se quejó.
—¿Qué demonios? —increpó y se levantó, enfrentando a
Sejoon, quien, al parecer, se había escapado de su
habitación.
—Me quedé esperándote —dijo con voz suave. Taehyung
frunció el ceño.40
—Creí haberte dicho que no me interesan en lo absoluto tú o
tu habitación —escupió y Sejoon se rio malicioso, mirando
hacia atrás, haciendo una ceña a los que Taehyung dedujo
son sus cómplices. Cuando estaba por reclamar, sintió su
mejilla escocer. Sejoon le había plantado una bofetada.
—¡Qué te sucede! T-
— Shhh
Shhh —Sejoon se acercó, tapándole la boca, y en ese punto
Taehyung temió lo peor—. Haremos esto rápido y silencioso
—avisó. Taehyung abrió sus ojos y comenzó a patalear. Fue
ahí cuando Sejoon puso una dura mano en su cuello—. Es
mejor para ti que cooperes —sugirió, y entonces Taehyung
escuchó el cierre de su pijama ser bajado y comenzó a
sacudir su cabeza efusivamente, a patalear, a hacer
cualquier cosa para salirse de ahí. 57
No. Por favor, no.7
Taehyung sentía sus lágrimas picar y comenzó a gritar.
g ritar.
Gritó lo más fuerte que pudo, sacudiendo su cabeza y
pataleando, intentando apartar al hombre. Pero nadie lo
escuchaba; nadie nunca lo escuchaba.
—Cállate, zorra —susurró duramente el hombre y
Taehyung rogó porque alguien aparezca. El E l general, el
oficial, quien sea—. Ahora te vas a arrodillar y me la vas a
chupar como el marica que eres, ¿bien? Como una buena
bienvenida. 27
Taehyung negó efusivamente y comenzó a balbucear
ruegos; ruegos que estaba acostumbrado a decir.
Por favor, detente.
detente.
Me estás haciendo daño.
daño.
Para ya, por favor.
favor.
Papá, detente.311
El hombre recostó de forma brusca a Taehyung y metió dos
dedos en su boca, provocándole una arcada.
—Chupa, chupa como sabes hacerlo —exigió. Taehyung
sintió aquello como un ciclo, un bucle que jamás tiene fin.
Intenta patalear, buscando una forma de derribarlo, pero
era imposible. Estaba débil y sentía cómo poco a poco su
humanidad se iba perdiendo, cómo no queda nada de él
más que sus errores, sus errores y su tristeza. Sejoon metió
una mano en su ropa interior y puso su asqueroso pene
cerca de los labios de Taehyung. Él niega, aún con las
manos del hombre, mojadas por sus lágrimas,
amortiguando sus gritos—. Si gritas, te irá mal —advirtió, y
cuando quitó la mano de sus labios,
la bios, él gritó de todas formas.
fo rmas.
Gritó tan alto que sintió que despertó a media Corea. Gritó
hasta que el hombre lo golpeó y golpeó, tan fuerte que
sentía que iba a desmayarse, y después lo pateó,
p ateó,
insultándolo y escupiéndole.+
Y entonces se fue.
Se fue dejándolo en el piso, sin fuerzas de continuar.
Jimin es como un terrón de
azúcar
Taehyung despertó y lo primero que vio fue una enorme
lámpara blanca que colgaba del techo. Su cabeza dolía y
sentía que no podía mantener los ojos
oj os abiertos por mucho
tiempo. Su vista estaba borrosa; no tanto como para no
saber donde estaba, pero sí lo suficiente
sufi ciente para no distinguir
los rostros. Sin embargo, oía voces, distintas voces, y no
sabía si eran de su cabeza o si de verdad había personas
hablando en la habitación.
—Lo encontraron inconsciente en la cocina, ¿crees que eso
es normal? —cuestionó una voz. Taehyung tenía el instinto
de levantarse, pero su cuerpo estaba lánguido y sin fuerzas.
Sentía como si todo su cuerpo estuviera adormecido.
—Que lo atacaron, ¡créanme! Taehyung nunca se lastimaría
a sí mismo.
—Es un abusivo; quizás buscó problemas.39
—No soy un abusivo —susurró y todas las miradas cayeron
en él. Entonces pudo distinguir al menudo rubio, al general,
al oficial y un hombre de cabello negro con una bata blanca.
Fue en ese momento cuando supo que estaba en la
enfermería.
—Tae, ¿estás bien? ¿Cómo te sientes? Oh,
O h, Dios, me
asustaste tanto —enfatizó Jimin. Taehyung sonrío forzado,
un sentimiento cálido posándose en su pecho.
p echo. Al fin alguien
se estaba interesando en él.9
—Kim, ¿qué sucedió? —interrogó el general.
Los recuerdos de la madrugada anterior invadieron a
Taehyung y cerró los ojos fuertemente para evitar las
l as
lágrimas.
—¿Tae? — volvió a hablar Jimin y entonces él contó lo
sucedido con Sejoon. Contó cómo lo acorralaron y cómo
gritó, esperando que ellos hicieran algo, que por primera
vez alguien lo escuchara y lo ayudara.
La habitación quedó en completo silencio. Taehyung vio al
general apretar la mandíbula y salir de la habitación dando
zancadas. Luego suspiró y cerró los ojos, por primera vez
sintiéndose pleno. El hombre de la bata carraspeó.
—Taehyung, soy Kim Seokjin, el doctor de esta institución.
insti tución.
Me gustaría hacerte unas preguntas..., si no te molesta. —
Taehyung accedió, pero con la condición de que Jimin se
quedara con él. El rubio sonrió y tomó
to mó su mano. Taehyung
sintió por primera vez ganas de llorar de pura felicidad,
eufórico de que por fin alguien estuviera con él—. ¿Sejoon
llegó a poner su miembro en tu boca? —preguntó y
Taehyung tragó, apretando inconscientemente la mano de
Jimin.19
—No, yo grité antes de que sucediera y... entonces fue
cuando comenzó a golpearme —respondió el castaño.
—Bien, eso me alivia, así descartamos cualquier infección de
transmisión sexual. —Seokjin anotó en una libreta—. ¿Te
has sentido mal últimamente? ¿Débil o algo así? —
Taehyung lo pensó y terminó contando lo mareado que se
había estado sintiendo, y lo débil también. Pensaba que
podría ser útil para descubrir qué era lo que le pasaba.
— —
¿Qué cree que sea? interpeló esta vez Jimin.
—Tendremos que hacer algunos exámenes de sangre. ¿Te
hicieron pruebas antes de reclutarte? —Seokjin interrogó y
Taehyung negó, inseguro. Su padre lo metió aquí sin previo
aviso.
—¿Por qué? ¿Está mal? —preguntó Jimin alarmado.
Taehyung totalmente pensó que era como un terrón de
azúcar. Y se sentía bien, se sentía bastante bien importarle a
alguien.
—Me preocupa un poco tu palidez, además de que tus ojos
se ven algo amarillos y tienes hematomas aparte de los
golpes. Quisiera descartar una posible anemia.
Jimin mordió sus uñas y miró a Taehyung con
preocupación. Este le sonrió para tranquilizarlo y justo
entonces el general Jeon entró a la habitación, soltando
humo por sus orejas, con el oficial Min a su lado.
—Fue expulsado, además de que probablemente sea
encarcelado por agresión, tanto sexual como física.
físi ca. ¿Por qué
no dijiste que te molestaba? —arremetió directamente hacia
Taehyung. El castaño se levantó lentamente y se sentó,
subiendo un poco su camisa y viendo su estómago con
centenares de moretones y rasguños. Frunció el entrecejo
con dolor.3
Jungkook, por su parte, sintió ira de que algo como eso
ocurriera en sus instalaciones; rabia de no haberse dado
cuenta de aquello y, sobretodo, rabia al tener agresores
sexuales en su campamento y no haberlo descubierto antes.
—Porque ocurrió ese mismo día. Ni siquiera le presté
atención a sus insinuaciones. Creo que eso fue lo que le
enojó.
Jungkook empujó su mejilla interna con su lengua y
suspiró.358
—¿Tú no lo molestaste? —preguntó entornando los ojos, y
ahí Taehyung explotó.
—¡¿Por qué todos asumieron que era un abusivo solo
porque tenía moretones en mi cara?! ¡¿Y si alguien hizo los
moretones sin que yo tuviera la culpa?! ¡NO SOY UN
ABUSIVO! ¡YO NO SOY QUIEN DA LOS GOLPES, SOY
QUIEN LOS RECIBE!54
Entonces toda la habitación quedó en silencio. Taehyung
recostó la cabeza en el respaldo del sofá en donde estaba
sentado y dio un fuerte suspiro.
—Maldición... —dijo el general y chasqueó la lengua,
sintiéndose ligeramente culpable por simplemente asumir;
pero, de cualquier forma, Taehyung parecía tener una
presencia imponente. ¿Cómo es que dejaría que alguien más
lo golpeara?
—De acuerdo, necesita descansar joven Kim. Tiene al
menos esta semana para evitar cualquier actividad física.
El oficial, que hasta ese momento había permanecido
callado y solo observando, carraspeó.
—Es una buena idea —mencionó, y Jungkook lo fulminó
con la mirada—. No puede hacer actividad física en su
estado. Fue golpeado, general, necesita reposo.
—Entonces irá de vuelta a su casa.
Taehyung palideció aún más.
No iba a volver a recibir golpes.
—¡Puedo hacer ejercicio! —puntualizó entonces—. Me
siento mejor —mintió y el doctor lo evaluó.
—Eso no lo decides tú, sino el resultado de tus exámenes.
Ahora ve a descansar —señaló Seokjin y Jimin ayudó a
Taehyung a ponerse de pie.
[...]
Más tarde, cuando estuvieron solos, Jimin le acomodó
aco modó
almohada e incluso arropó a Taehyung.
—¿De verdad te golpean? —dudó con voz chiquita y el
castaño cerró los ojos.1
—No quiero hablar de eso ahora —respondió.
—Claro, lo siento. Te dejaré descansar —dice—. Me harás
falta en el entrenamiento, pero vendré a visitarte cada vez
que pueda, ¿sí? ¡Prometido! —Jimin sonrió y Taehyung
también lo hizo, porque le contagiaba su felicidad.1
Y porque, por primera vez, se sentía realmente a gusto con
alguien.
Pesadillas
Era como... estar consciente de todo lo que estaba pasando,
pero a la vez sentir que flotabas. 1
Así se sentía Taehyung en ese momento.
Los medicamentos que había estado tomando en toda
to da la
semana lo dejaban flotando en una nebulosa, y el general
había sido bastante claro con su orden.7
—Estás aquí para entrenar, si no puedes hacer eso, al
menos acata mis órdenes —había dicho aquel día en que
Jimin lo encontró y el oficial le ordenó (por un demonio,
cómo le gustaba mandar) que lo llevara a la habitación que
compartía con Taehyung. El rubio ni corto ni perezoso lo
llevó e incluso losadormecido
suficientemente dejó solos, como
y Taehyung estaba sobre
para divagar lo las
cosas que podrían pasar en esa habitación.
Así que simplemente dijo: —General Jeon, estoy
comenzando a pensar que tiene un fetiche con ordenarme a
hacer cosas.29
Había tanto silencio, que Taehyung creyó escuchar cómo el
general tragó pesado y suspiró.
—En dos semanas estarás bien, si no, te regresarás a tu
casa —demandó, y entonces Taehyung sintió un temblor.1
—No, por favor. No quiero volver ahí —lloriqueó y se
removió en las sábanas. Jungkook frunció el ceño—.
Prefiero que me golpeen aquí, al menos habrá alguien para
defenderme. Va a defenderme, ¿verdad, general?66
Taehyung no tenía idea de lo que decía, y cuando despertó
la madrugada siguiente por pesadillas, deseó que el general
Jeon olvidara todo lo que le dijo. Pero fue en vano, porque
ahora el general estaba muy atento a sus movimientos.
movi mientos.
Ah, Taehyung no había tenido pesadillas tan horribles desde
aquella vez que vio a su madre en el piso del baño.
Se sentó en la cama, todo estaba silencioso.
s ilencioso. Taehyung
calculaba que eran menos de las cuatro de la mañana.
Suspiró y se puso sus zapatos dispuesto a salir, porque,
como siempre luego de las pesadillas, él nunca podía volver
a dormir. Abrió la puerta de la habitación sin despertar a
Jimin y caminó si rumbo alguno.
Divagaba en sus pensamientos: el cómo hubiese sido su vida
si le hubiesen tocado otros padres, si él no se hubiese
sentido atraído por otros hombres, si él tuviese un padre
que lo amara. Se encontró en el área de entrenamiento,
donde había un montón de sacos de boxeo alineados justo
encima de una colchoneta para ejercicios. Se colocó frente a
uno, simplemente mirando.
Marica.73
Idiota.
Idiota.
Imbécil.
Imbécil.
Taehyung le dio un golpe al saco; un ardor se
s e asentó en sus
nudillos.
Nunca pedí un hijo marica.20
Eres escoria.
escoria.
Te mataría si pudiera.74
Otro golpe, el saco se movió solo unos centímetros.
¿Es lo que te gusta? ¿Una buena polla para chupar?
Golpeó de nuevo, esta vez con dos manos, y golpeó otra vez.
Golpeó cientos de veces, imaginando que era el cuerpo de
todas las personas que lo habían lastimado,
la stimado, sin darse cuenta
de que estaba llorando. Más tarde sintió las lágrimas correr
por sus mejillas, pero eso no lo detuvo. Siguió golpeando el
saco con todas sus fuerzas hasta que dejó manchas de
sangre en el cuero.
Entonces lo abrazó.115
Lo abrazó y se deslizó hacia abajo, cayendo en el piso
acolchado, y lloró, lloró sobre el saco que había estado
golpeando. Sus brazos apretándolo con tanta fuerza que sus
nudillos ensangrentados se tornaron blancos. Lloró como
nunca había llorado antes, porque estaba cansad; se sentía
exhausto, sin fuerzas.4
Lloró sin darse cuenta de que el general había estado
parado unos metros atrás desde hacía un rato y que lo había
visto desde antes de que se quebrara.
Entonces simplemente regresó a su oficina y le
l e dejó un
mensaje grabado al oficial Min Yoongi.+
—Necesito que investigues a Kim Taehyung.
Mofletes
Hay muchas cosas que Yoongi podía hacer.
Yoongi podía disparar en el cráneo de una persona a varios
metros de distancia, podía hackear cámaras y servidores de
las redes más difíciles, podía ganar en un combate mano a
mano con quien sea que se le pusiera
pusi era en frente, podía
investigar y dar con el paradero de alguien que se hacía
perdido.5
Pero Yoongi absolutamente no podía mirar a Jimin ser
golpeado y no hacer nada al respecto. 55
Él tenía órdenes, maldición; claro que tenía órdenes.
"Entrenar a los reclutas", eso es todo lo que debía hacer.
Pero
niño,¿quién
tuvieraen
la el infierno
edad reclutaba
que tuviera. Su acuerpecito
un niño? Jimin era un
se sacudía
aunque el chico con quien estaba combatiendo era igual i gual en
tamaño y peso. Había esquivado y devuelto golpes,
golpes , claro
que sí, pero Yoongi ni siquiera podía ver cómo sus nudillos
se tornaban rojos.
Él no era un hombre blando, pero Jimin
Ji min era como un gato
en una manada de tigres hambrientos.
Justo como él años atrás.80
Observó cómo el chico con quien Jimin combatía daba un
paso hacia adelante y dejaba un golpe leve en la ceja de
Jimin, quien sacudió la cabeza e intentó
i ntentó devolverlo. Era
persistente, y Yoongi apreciaba eso.
Sin embargo, definitivamente no apreció que el chiquillo
golpeara a Jimin tan fuerte que lo hiciera
hici era caer de espaldas.
—Muy bien, suficiente —interceptó Yoongi, acercándose a
la colchoneta con la barbilla en alto, intimidante —. Creo que
ya has demostrado que puedes patear culos más pequeños
que el tuyo, puedes retirarte. —El pelinegro se retiró con
una reverencia, sin siquiera lanzarle una mirada al rubio en
el suelo. 1
—Lo siento, oficial. Lo haré mejor la próxima vez —dijo
Jimin, levantándose y sacudiendo sus manitas
lastimadas.13
— Ve a la enfermería a que limpien esa herida —le sugirió y
Jimin asintió para luego retirarse con el oficial pisando sus
talones.
Al llegar, Seokjin no se esperaba que uno de los reclutas
llegara acompañado del oficial. Eso no ocurría a menos que
este estuviera muy malherido, y, a simple vista, el pequeño
rubio se veía bien.
—¿Qué ocurre? —preguntó el mayor.
—Tiene un corte en la ceja que necesita atención. Iré
I ré a
hablar con Jeon. — Yoongi escapó de ahí antes de que la
mirada acusadora de Seokjin impactara en él. No era su
culpa preocuparse.9
[...]
Tocó la puerta de la oficina
ofi cina del general, quien con un
"adelante" bastante tenso le indicó a Yoongi que no estaba
contento. Jungkook estaba revisando unos papeles
minuciosamente, su ceño estaba fruncido con pesadez y
suspiraba cada vez que podía.
Yoongi carraspeó. —Tengo la información que me pediste —
dijo, y eso bastó para
p ara que el general apartara la vista de los
papeles y la fijara en Yoongi, cabeceando para instarlo a
continuar—. Veinticinco años, hijo único. Nacido en Daegu
y de una familia pequeña. Madre fallecida, ningún
ningún otro
familiar además de su padre. No tiene
ti ene licencia
ni currículo. Ni siquiera tiene título universitario, lo
l o que me
dice que probablemente no completó la universidad.
—¿Vive con su padre? —cuestionó el general.
— A juzgar porque tampoco tiene ninguna tarjeta de
empleado, ni currículo
currículo,, supongo que sí. Vive con su padre.
El general suspiró y se estiró en el respaldar de su silla.
—¿Antecedentes penales?
—¿Del padre o de Taehyung?
— Ambos.
—El padre fue puesto en prisión dos veces por abuso
doméstico y robo de bebidas alcohólicas. —Eso llamó la
atención del general.
—¿Abuso doméstico?
—Um, los vecinos dicen que él golpeaba a su esposa.
Jungkook se rascó la barbilla pensativo. Recordó lo que
Taehyung balbuceaba cuando estaba drogado por los
medicamentos. Si el hombre tiene antecedentes, entonces
no es un buen tipo. Si golpeaba a su esposa, y su esposa
falleció...
Entonces él golpeaba a Taehyung.
Por eso los golpes el día del reclutamiento. Taehyung no era
un abusivo, abusaban de él. Jungkook casi quiso estrellar su
cabeza contra la mesa por ser tan ciego. A ese paso, con
tantas cosas que tenía en la cabeza, no iba a poder pensar
correctamente nunca más.7
Jeon pasó las manos por su cara y suspiró. —Necesito que
llames a Kim, quiero hablar con él.
Yoongi asintió y se retiró. Llamaría a Kim, pero primero
debía asegurarse de que el pequeño rubio estuviera bien. 10
Cortó el camino hacia la enfermería, pero, en lugar de
encontrar al rubio, solo halló a Seokjin sentado,
organizando unas carpetas.
—Se fue —avisó SeokJin, sorprendiendo a Yoongi, quien
intentó disimular su desconcierto.
—¿Se fue quién? Vengo aquí por ti. —SeokJin rio y acomodó
sus gafas redondas.
—Claro. Mañana es martes, significa que el general saldrá a
combate y tú estarás a cargo. Por favor, Yoongi. Procura que
no vengan más de diez reclutas a la enfermería.
—No te prometo nada —respondió Yoongi inquieto.
SeokJin lo escrutó bajo los cristales
cristales de sus lentes—. ¿Qué?
—preguntó tras sentir que lo analizaban.
Él te gusta,
preguntó.
— ¿no es
Yoongi rio.así?
5 —
Seokjin, con una sosa sonrisa,
—No.1
— Ah, vamos, Yoongi. Hace años que saliste del armario y
todos te aceptamos. Creo que deberías comenzar a buscar
un buen hombre para ti. Mofletes es lindo y se
s e nota que
quieres protegerlo como un niño protegería su juguete
favorito.4
Yoongi enrojeció y acomodó su uniforme.50
Mofletes.59
—Cierra la boca, Seokjin. — Y sin más, salió de ahí, dejando
a un sonriente y socarrón pelinegro.
1
[...]
Taehyung estaba exhausto, más de lo normal. Después de la
práctica con las armas se sentía aturdido. Los audífonos de
protección no le sirvieron de nada, porque sus oídos
zumbaban con molestia. Tocó dos veces la puerta con sus
nudillos lastimados por los golpes de la noche anterior.
—¿Qué quiere? —preguntó al general una vez dentro.
Taehyung no respetaba al general, y no estaba muy
entusiasmado por hacerlo.
—Siéntate —le ordenó el general y el castaño lo hizo a
regañadientes. Puso sus manos lastimadas sobre el
escritorio. Jungkook las observó y apretó la mandíbula.
Podría simplemente llevarlo a enfermería, pero él
necesitaba hablar con Kim. Suspiró y se
s e levantó, tomando
vendas y un líquido que Seokjin utilizaba para limpiar sus
heridas.
—¿Qué estás...?
—Cállate —ordenó y se sentó al lado de Taehyung. Tomó sus
su s
manos y comenzó a limpiar las heridas.4
—Que romántico, general. Limpiando mis heridas en lugar
de enviarme a la enfermería... ¿Debería agradecerle? —
replicó Taehyung con sorna, haciendo a Jungkook apretar el
algodón—. ¡ Auch!
Auch! —chilló.9
—Cierra la boca por una vez en tu vida. Necesito hablar
contigo —dijo el general y Taehyung lo observó.
—¿Necesita?
—¿Por qué te enlistaste en la milicia? —cuestionó. Taehyung
guardó silencio unos minutos, observando el rostro
concentrado del general: sus siempre duras facciones ahora
estaban relajadas y concentradas. Luego bajó la vista a sus
manos. Jungkook sostenía la mano izquierda
i zquierda de Taehyung
mientras que con la otra se encargaba de limpiar los rastros
de sangre seca y de desinfectar los pequeños cortes.
Maldita sea, era hermoso.109
Y Taehyung sabía que ese pensamiento estaba mal, estaba
completamente mal.
—Su propósito es entrenarme, no averiguar el porqué
po rqué de
mi enlistamiento.
—Mi propósito es velar por el bienestar tanto de mi cuartel
como el de mis reclutas.
—¿Qué quiere decir con-
—¿Tu padre te golpea?
Taehyung se congeló.
Pasó un latido.2
Y entonces alejó sus manos de las de Jeon, a la defensiva.
Jungkook lo observaba. Taehyung se veía vulnerable. Triste.
Como si acabara de ser desenmascarado.
—¿Qué? —preguntó entonces Taehyung, cuando no supo
qué más decir. Jungkook no podía decirle que lo investigó
porque lo vio una noche golpeando los sacos como si
quisiera destruirlos.
—Eso. Te estoy preguntando si tu padre o algún otro
familiar te golpea. Si los golpes que tenías en tu cara cuando
te enlistaste te los hizo tu padre
pa dre y no porque eres un
abusivo.
Taehyung se sentía abrumado, y por un minuto quiso
estampar su palma contra el perfecto rostro del general. 21
—Eso no es de su incumbencia, general — bramó, y se
levantó dispuesto a irse... hasta que la fuerte
f uerte voz de
Jungkook lo detuvo.1
— Así que por eso te enlistaste. ¿Por defensa propia? —
Taehyung mordió su labio y se giró. Jungkook vio sus ojos
brillantes.
— Yo no me enlisté, nunca quise venir aquí —respondió—.
Pero ahora es que lo está entendiendo. —Luego rio con
amargura y salió de ahí.
Jungkook vio las vendas en el escritorio.
Ni siquiera lo dejó vendarle las manos.
Está mal en muchos sentidos
En el instituto, cuando Taehyung tenía diecisiete años, le
iba bastante mal en química. Era pésimo. Por más que
pusiera de su parte, no podía terminar de entender ni
siquiera una sola clase. 20
En su aula había una chica,
chi ca, Wendy. Era la niña más lista de
(al menos) toda la clase. Aunque era conocida por su mala
actitud: no le gustaba ayudar a nadie en nada. Pero
Taehyung necesitaba bastante ayuda si no quería que su
padre se enfadara, así que decidió sobornarla. Le dijo que
sabía del amorío que tenía con un profesor y que si no lo
ayudaba la delataría.1
En resumen, Taehyung era malo en química, pero excelente
manipulando a las personas. 17
Lástima que la manipulación no fuera
f uera una habilidad que
pudiera aplicar con cualquier persona.
Taehyung creyó que podría manipular al general solo con
batir sus pestañas y hacerse la víctima. Él quería que el
general se olvidara de todo, todo lo que había investigado
sobre él, porque no eran cosas de las que le gustara hablar.
Pero,
recibíaclaro, el general
órdenes era una persona obstinada y que no
de niños.
—Bueno, no creo que él realmente te haya investigado —
dijo Jimin esa tarde en el almuerzo. Era viernes
vi ernes de
paquetes, así que todos debían esperar a que les entregaran
sus cosas.
—Pero si sabía hasta que no estudié en la universidad. Eso
es terrorífico —respondió Taehyung.
—Supongo que es parte del protocolo. Además, te
desmayaste y fuiste abusado. Creo que era su deber
investigarte. —Taehyung se silenció, no queriendo discutir
sobre eso con Jimin. Él sabía lo terrorífico que era, además
le incomodaba un poco cómo lo interceptó el general, sin
una pizca de escrúpulos.
Un oficial llegó con una carpeta y un enorme carro con
paquetes y cartas. Taehyung frotó sus manos nervioso,
preguntándose si su padre habría enviado algo para él. El
oficial fue llamando uno a uno a todos los reclutas que
habían recibido alguna encomienda; Taehyung miraba con
anhelo.
Por favor, que al menos haya enviado alguna carta
diciendo lo terrible que soy...
soy...
Que al menos se haya acordado de mí...23
Jimin fue llamado. Había recibido un osoo so de peluche
bastante ridículo y una bandeja con cupcakes
cupcakes.. Taehyung
sonrió con ternura, realmente era como un niño. Luego
miró de nuevo a los oficiales; ya no quedaba ningún otro
paquete o carta. Bajo la cabeza desanimado y se sintió
estúpido por pensar que su padre realmente le enviaría
algo.13
—¿No recibiste nada? —preguntó Jimin y Taehyung negó
con una sonrisa apenada.
—Mi padre no es de escribir cartas —aclaró para
despreocupar al rubio, quien sonrió.
—Descuida, puedo compartir mis pastelitos contigo. Son de
mi abuela, pero tienen una receta secreta que jamás voy
vo y a
contarte —señaló, mirándolo amenazante. Taehyung rio un
poco y le agradeció.30
—Jimin, ¿por qué estás aquí? —le preguntó entonces, ya
había estado cuestionándose desde hace mucho cómo es
que alguien tan vulnerable y pequeño como Jimin sería
enviado a un lugar como este. El chico se paralizó y acarició
el oso de peluche desgastado entre sus manos.
— Yo... —Se mordió el labio, dudoso de
comentar aquello.
aquello. Taehyung
Taehyung era
era un recluta a quien le tomó
bastante aprecio, pero no era algo para comentar así como
así—. No..., um...
—Descuida...
—¿Tú por qué estás aquí? —interpeló el rubio, agradeciendo
el no ser presionado.
—Mi padre me envió. Quiere volverme más ''hombre''
'' hombre''—dijo
y Jimin frunció el ceño. Taehyung mordió ligeramente su
labio y se rio con tristeza, sintiéndose confiado de abrirse a
Jimin—. Él me golpea —confesó y Jimin sintió su estómago
revolverse.
¿Cómo la persona que te da la vida puede tratarte de esa
manera?45
—Cree que soy "antinatural" y que las personas como yo
deberían morir.
—¿Personas como tú? —duda Jimin. Taehyung se encoje de
hombros.
—Homosexuales, ya sabes.
Jimin lo miró, sus ojos escociendo. Taehyung lo observó
alarmado, pensando que lo había arruinado todo al soltar
algo como eso.
Pero entonces Jimin confiesa: —Estoy aquí por defensa
personal. En... En el instituto me golpeaban y... En la
universidad... Solo eran acosos simples, pero luego
empeoraron y, una vez..., ellos intentaron ahogarme.10
Taehyung lo observó con horror y finalmente confirmó sus
sospechas.
El mundo era y seguiría siendo una mierda.41
—Todo porque no sigo sus ideales ni me gustan... las chicas.
Taehyung se levantó y lo abrazó.
Ambos necesitaban eso, porque Taehyung se sintió
comprendido, se sintió a gusto con
co n alguien que no lo iba a
juzgar porque pasaban por lo mismo. Mientras que Jimin,
Jimin sentía ganas de llorar por Taehyung. No era fácil, su
familia siempre lo apoyó, pero a Taehyung... Su propio
padre le golpeaba.
Era increíble hasta qué punto podía llegar la homofobia, por
únicamente no aceptar que el amor es amor.5
Ese día ambos lloraron como tanto necesitaban hacerlo.41
[...]
En el combate mano a mano Taehyung era terrible. Sus
fuerzas se acababan en segundos y siempre se lastimaba
más a él mismo que su oponente. Jungkook se dio cuenta de
eso y decidió tomar medidas. Él jamás sintió la necesidad de
ayudar a alguien y tampoco era un general condescendiente,
pero apreciaba la justicia y si ayudar a Taehyung a
defenderse haría que su padre dejara de golpearlo, entonces
lo haría.
Pero a su modo. 35
—No me puedo creer que me hayas hecho levantarme a las
tres de la mañana —habló un Taehyung enfurruñado en una
chaqueta negra.
—Cállate y sigue mis órdenes. Golpea el saco —le exigió y
Taehyung lo golpeó sin fuerzas, solo para molestar la
paciencia del general.13
— Ya está, buenas noches. —Taehyung hizo el ademán de
retirarse, pero el general lo tomó fuertemente por las
muñecas y lo colocó frente al saco.47
—Golpea. El. Saco. Sin juegos, sin trucos.
Taehyung lo golpeó duro, haciendo que se tambaleara el
saco y sus nudillos punzaran.
— Ya está. ¿Sabe qué hice para golpearlo tan duro? Imaginé
que era su cara —aseguró y Jungkook sonrió ladino,
hartándose de la altanería del menor.31
— Voy a hacerte sufrir si sigues con esa sorna, te lo advierto
—amenazó el general y observó los nudillos rojos de
Taehyung—. Estás poniendo mal tus manos, por eso te
lastimas tanto. —Jungkook tomó la mano derecha de
Taehyung y acomodó sus dedos, haciendo que su puño
quedara derecho—. Golpea con la parte de en medio y
siempre presiona más esa parte, así te dolerá menos a ti que
a quien golpees.11
Taehyung lo observó con un cosquilleo en sus manos y tomó
el consejo sin decir una sola
sol a palabra. Él no quería darle la
l e dijo, sus nudillos
razón, pero cuando golpeó el saco como le
no punzaron y el saco se balanceó más.4
Lo miró con molestia, esperando la siguiente orden que,
sabría, vendría.
—Bien, ahora mano a mano. Golpéame —ordenó el general.
El castaño lo miró incrédulo
i ncrédulo—. Vamos, ¿no lo estabas
deseando? —dijo con burla y Taehyung lanzó un golpe; el
cual el general esquivó. Lanzó otro, y otro, que fueron
esquivados también. En un acto de desesperación, alzó una
pierna e intentó patear al general, pero este fue más hábil y
la agarró, dándole un giro y lanzando al chico al piso.11
—Maldita sea —reclamó Taehyung, adolorido por caer
sobre su espalda.
—Solo estás pensando en salir de ahí. Al
A l pelear mano a
mano, lo único que tienes que pensar es en cuánto daño le
harás a tu oponente. ¿Ya no eres tan rudo? —cuestionó
burñesco, viendo a Taehyung tirado en el suelo
suelo—. Eres pura
lengua y no acción. Sueltas pestes por la boca pero a la hora
de enfrentarte no haces nada. ¡Levántate!14
Taehyung lo hizo y empuñó sus manos, listo para otra ronda
que, de nuevo,
pómulo. 2 el general esquivó, dejando un puño en su
—¡¡Me golpeaste!! —chilló el castaño sujetando su mejilla.3
—Sorpresa, niño; de eso se trata —respondió el general—.
¡MIRA MIS MANOS, ESQUIVA MIS GOLPES! —gritó,
comenzando a golpear a Taehyung, quien después de varios
golpetazos, tomó un puño del general y lo esquivó con
fuerza. Sus mejillas estaban rojas y sus ojos brillantes por
lágrimas de ira. Jungkook vio su respiración agitada. Él se
veía mal, su rostro estaba más pálido que los días
anteriores, tenía bolsas bajo sus ojos y estaba delgado—.
Voy a enviarte a tu casa —concluyó.3
—¿Q-qué?
—No me sirves aquí. Te irás.33
Taehyung respiró más agitado, golpeó al general el la
mandíbula y luego comenzó a golpearlo en el pecho con
frustración, una y otra vez.
—Te odio, te odio, te odio. ¡Te odio! —decía con cada puño
que daba. Jungkook giraba su cara, evitando, y tomó
to mó sus
muñecas, deteniendo los movimientos del castaño y
acercándolo a él.1
—¡Ya basta! —le gritó. Taehyung detuvo su lucha, mirando
los ojos azabache del general: brillaban como dos luceros. El
chico tragó saliva, sintiéndose abrumado por la cercanía, y
un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Intentó regular su
respiración, evitando desviar la mirada a los labios del
general Jeon. Estaba mal, aquello estaba mal en muchos
sentidos y Taehyung lo sabía. Era el general, maldición. No
podía ponerse así por el general que desbordaba
— —
heterosexualidad
continuó. Su aliento. El combate
a menta no se trata
se estrelló de odio,
contra Kim y
Taehyung
este reprimió el impulso de cerrar los ojos y suspirar—. Si el
odio es un incentivo tuyo para
pa ra golpear, entonces tenemos
mucho que hacer.
—No quiero irme a casa —Taehyung pidió, sorprendiéndose
de lo sincero y desesperado que sonó. Jungkook cerró los
ojos un segundo.
—Entonces esfuérzate —le dijo, y Taehyung solo lo miró,
haciéndolo sentir incómodo. Se dio cuenta de que aún
estaban demasiado cerca y de que todavía sujetaba sus
muñecas con suavidad; así que se retiró, limpió su traje y se
giró para marcharse, pero no sin antes decir—: Está en ti si
quieres comenzar a defenderte, incluso de él —declaró,
sabiendo ambos a quién se refería.
Es un nuevo comienzo para
muchas cosas
Taehyung nunca había estado tan cansado como lo había
estado las últimas semanas.
El general no le había dado tregua alguna con los ejercicios.
Cada oportunidad que tenía para poner a Taehyung a
entrenar, la utilizaba; y por el amor a Dios
Dio s que lo hace a la
perfección. Taehyung quedaba adolorido por días días..7
Pero, era algo bueno que Jungkook se hubiese tomado su
tiempo para hacer a Taehyung alguien fuerte; no tanto
físicamente sino también mentalmente. El castaño no había
tenido más pesadillas, pues en su mente solo estaba la
imagen del general.
Taehyung estaba seguro de que lo que sentía no era nada
más que aprecio (y tal vez algo de rencor) ya que el general
no hacía más que fortalecerlo (de una manera poco
ortodoxa, pero no pueden culparlo, así es el hombre). Sin
embargo, había algunos momentos en los que se sentía
sofocado por el porte del general. Vamos, Taehyung era gay
y sabía completamente apreciar la belleza de un buen
hombre.
Pero Taehyung también sabía que no podía sentir nada más
por el general.1
Tenía la costumbre de siempre encapricharse con los más
inalcanzables. En la preparatoria se enamoró del capitán del
equipo de taekwondo. Siempre iba al gimnasio a verlos
practicar, aunque a él ni siquiera le gustara el combate. le
escribió cartas de amor que escondía bajo el colchón. Y
cuando estuvo a punto de confesarse, lo encontró de la
mano con una bella chica.
Taehyung tenía veinticinco años. No podía enamorarse de
otro heterosexual que, además, era su general. ¡Vamos!
Apenas llevaba unos meses ''conociéndolo'' como para ya
sentirse flechado.1
—¡Atento! —el general aulló para sacar a Taehyung de su
ensimismamiento y dio un golpe que este esquivó apenas.
—¡Oye! —se quejó el menor. Jungkook entrecerró los ojos y
comenzó el combate.
Taehyung había mejorado bastante, pero aún se le veía
v eía
débil. A veces incluso debían hacer pausas largas para que
Taehyung repusiera fuerzas.
En un rápido movimiento, Taehyung tomó el brazo del
general y lo pasó por su espalda, haciendo que este cayera
de espaldas en la colchoneta. El lugar estaba solo: ambos
a mbos
siempre entrenaban en la madrugada, cuando todos
dormían y las pesadillas de Taehyung regresaban. El
castaño rio cuando Jungkook solo se quedó ahí, acostado
con una mano sobre su estómago. Su frente estaba brillante
por el sudor
Taehyung y la camiseta
desvió la miradablanca e ra casi
era
y se lanzó en latransparente.
colchoneta a su
lado, mirando al techo.
—Eso estuvo bien —lo halagó el general y Taehyung sonrió,
intentando aminorar su respiración. El mareo regresó a él y
fue recibido por su flácido cuerpo—. Solo debes separar tus
pies, así no dolerá cuando derribes a alguien más grande
que tú —aconsejó. Taehyung permaneció en silencio,
Jungkook girómenor:
sudoroso del la cabeza para encontrarse
su mirada con ely perfil
estaba perdida su pecho
subía y bajaba pesadamente—. Deberías tomar una ducha —
sugirió y Taehyung suspiró. Cuando no contestó, el general
se levantó y estiró su mano para
pa ra que el otro la tomara y se
impulsase.
Pero Taehyung observó su mano..., y luego el rostro cansado
del general.
tomar Pasaron
su mano al menosJungkook
y levantarse. dos minutos cuando
levantó decidió
la comisura
de sus labios en una apretada sonrisa.
sonris a. Taehyung siguió el
movimiento; su corazón latiendo fuertemente contra su
pecho.
—Fue una entretenida lucha — bromeó Taehyung para
alivianar la pesadez del momento.
—Sí, date una ducha y descansa —sugirió el general.
Taehyung apretó sus labios.
—Muero de hambre —dijo mientras ambos se dirigían al
interior del recinto militar. El frío de la madrugada
levantaba los vellos de los
los brazos de Taehyung, provocando
que se abrazase a sí mismo en busca de calor.
Jungkook guardó silencio unos segundos.
—Podemos atacar la cocina y ver que hay —mencionó y
Taehyung lo miró.2
— Vaya, el general rompiendo las reglas
reglas de su propio
campamento militar.
—No es un camp-Ah, olvídalo. Es inútil discutir contigo —
dijo, y adelantó a un Taehyung que reía como nunca —.
¡Eres un niño!— acusó y Taehyung rio más fuerte mientras
lo alcanzaba.12
Jungkook pensó que su risa genuina era bastante
encantadora, como la de un niño risueño. Le pareció
tierno.1
Tras adentrarse en la cocina y robar algunos ingredientes
para sándwiches, se sentaron en el piso. Taehyung sintió un
escalofrió al rememorar
lugar. Lo ignoró y dio unaquel horrible
mordisco. recuerdo él
En realidad, enno
esesentía
apetito, solo... Quizás solo quería pasar algo de tiempo con
el general.5
Pero porque le agradaba su compañía, no pienses más allá
de eso.120
— Así que..., general Jeon... Estoy seguro
seguro de que ese no es
su nombre —comentó Taehyung, fingiendo no conocer su
nombre para avivar una conversación. El general suspiró.
—¿Qué te hace pensar que te diré mi nombre? Sigues siendo
mi recluta —Jungkook respondió burlón.
— Ah, vamos. Creí que teníamos algo especial aquí — bromeó
Taehyung y Jungkook negó con la cabeza, pero una sonrisa
se estiraba por sus labios. Taehyung esperó impaciente a
que la dejara relucir, pero nunca pasó. El general volvió a su
faceta neutral de siempre.
—¿Tú por qué te llamas Taehyung? —preguntó bromista,
pero Taehyung suspiró.
—Mi abuelo me llamó así —comentó—. Significa que todos
tus sueños se harán realidad y que todo estará bien incluso
en momentos difíciles. —Jungkook lo observó—. O al menos
eso es lo que me decía mi madre —Rio y le dio otro
mordisco a su sándwich—. Jeon es un apellido de familia
culta, ¿no? Apuesto a que su padre es un hombre muy
sabio —añadió Taehyung, desviando la conversación hacia
el general.
—Lo era, sí. Murió —respondió Jungkook y Taehyung tragó
pesado.
—Lo siento... —habló bajito. El general apretó una sonrisa.
—Descuida, en casa nos gusta recordar a mi padre con
alegría —dijo y Taehyung bajó la vista al suelo. Jungkook lo
examinó. Lo vio pensativo y apretó los labios pensando que
era mal momento para hablar sobre familia.
— Sí... — suspiró Taehyung y Jungkook sujetó su hombro.
—Lo siento, no debí-
—¿Tiene hermanos, general? —preguntó rápidamente
Taehyung, cambiando el tema.
—No... No, soy solo yo —respondió, no sabiendo si
devolver la pregunta.
— Ah, tampoco yo, pero es una tristeza porque me encantan
los niños. Cuando era más joven tenía
t enía la esperanza de que
mamá tuviera otro hijo, pero...
—Falleció —respondió el general. Taehyung asintió,
apretando sus labios—. Lo siento —continuó. El chico sintió
sus ojos escocer y sacudió la cabeza.
—Bah, es tarde ya. Creo que debería-
—Taehyung... —lo interrumpió el general—, creo que el
significado de tu nombre te queda de maravilla —confesó y
Taehyung parpadeó—. Eres fuerte, muy fuerte, y eso es
admirable. —Jungkook palmeó su espalda con suavidad
suavi dad y
Taehyung lo miró;
latentes. Ambos las ganas
estaban muydecerca.
saltar a sus brazos estaban
15
Taehyung no dejó de observarlo. Pensó en la relación
amistosa que habían construido, en cómo se habían llevado
bien luego de que Taehyung lo colocara
colocara en su lista de
personas odiadas y mordió su labio pensando en que eso era
un nuevo comienzo para muchas cosas, para muchos
sentimientos.+
Y estaba mal.3
Maldición, Taehyung, no te enamores de tu general.
Es decepcionante su capacidad
para evitar catástrofes
Cuando Jimin tenía dieciséis años y estaba en el instituto,
un chico lo agredía. Jamás llegó a golpearlo, pero sus
palabras eran hirientes y desalmadas. El Jimin de aquel
entonces solo atinaba a defenderse escondiéndose tras su
madre, mientras que ella regañaba a los padres del
muchacho por criar a un abusivo.
1
Jimin no había cambiado demasiado.
Cuando se alistó como recluta en la milicia, jamás pensó
que tendría a un oficial en su bolsillo... No mal interpretes
eso. Jimin desde siempre supo de su habilidad para
persuadir a los demás sin siquiera
si quiera darse cuenta; sabía que
podía tener a todos a su merced con tan solo batir sus
gruesas pestañas.27
Pero eso absolutamente que no fue intencional.
—P-pero, oficial Min, si es un combate a mano se supone
que debo golpear... Golpearlo —el muchacho le explicaba al
general Min, quien, al ver que Jimin fue brutalmente
golpeado en el pómulo, intervino inmediatamente.1
Mas no pueden culparlo, a él, quizás, le gustaba un poco el
pequeño rubio.
—¿Golpearlo tan brutalmente? Es un combate de práctica.
Apuesto a que si él fuera el enemigo no lo golpearías tan
fuerte —acusó el oficial, con el menudo rubio escondido tras
su espalda, como hace siete años lo hacía con su madre.
El chico se disculpó a regañadientes y se retiró de la
colchoneta. Yoongi se volteó hacia el rubio e inspeccionó su
mejilla.
—Hay que llevarte a la...25
—No hay que llevarme a ningún lado, oficial Min. Estoy
bien —interrumpió Jimin con una leve sonrisa. Yoongi
observó a los demás reclutas mirarles y se enderezó,
carraspeando.
— Ven conmigo —pidió y Jimin lo siguió cauteloso.
Llegaron a una pequeña oficina al final del pasillo.
— ¿Oficial Min? —preguntó Jimin al ver que el oficial
cerraba la puerta y recostaba su frente en ella —. ¿Se
encuentra bien?
—Estoy bien, sí... —contestó. Jimin asintió y comenzó a
jugar con sus manitos en señal de nerviosismo. Yoongi lo
observó, se sentó en su silla y suspiró, meditando sus
siguientes palabras—. ¿Por qué estás aquí? —preguntó
entonces.
—U-usted me dijo que lo siguiera —respondió Jimin de
forma inocente.47
—Me refiero a aquí, en la milicia. ¿Por qué te enlistaste?
— Yo... Uhm... Eso es algo personal, oficial Min.
— ¿Algo personal? Está bien, lo siento. Supongo que estoy
algo abrumado porque... eres como un niño, y ellos son
gigantescos.
Jimin parpadeó. Estaba un poco ofendido.
—Me recuerdas a mí cuando me reclutaron —confesó
Yoongi, con una sonrisa apretada que Jimin correspondió
de forma tímida—. Perdona por no dejarte combatir, es solo
que... viéndote ahí, siendo tan vulnerable...
—No soy vulnerable, oficial Min —respondió Jimin—. Tiene
que dejarme
mi cuenta. intentarlo,
Por si no aquí
eso he venido nunca—podré defenderme
confesó entonces y por
le
sonrió; sus pequeños ojos volviéndose ranuras.
Yoongi le devolvió la sonrisa y asintió, revolviéndole el
cabello con cariño.
Él tuvo que aprender a defenderse por las malas, debía
entender que no todos aprendían de las mismas maneras.
[...]
Taehyung tocó la puerta del general dos veces y,
asegurándose de que no hubiera nadie a su alrededor,
acomodó discretamente su cabello y aquel terrible
uniforme. Él no estaba tratando de impresionar... Él solo...
siempre quería verse bien. En cuanto escuchó la fuerte
fu erte voz
del general Jeon soltar un "adelante", su espalda se crispó y
suspiró intentando calmarse.1
Cuando el general Jeon lo vio, Taehyung sonrío cínico y, con
ese toque pícaro, se lanzó en el sofá
so fá y lo observó; Jungkook
hablaba por teléfono, estaba en altavoz y, aunque Taehyung
no era un entrometido, le llamó la atención que al otro lado
la do
de la línea, la voz que hablaba fuese femenina. 2
—Sí, he estado esperando tus llamadas. Supongo que estás
algo ocupado —habló aquella voz mientras Jungkook seguía
con los papeles. Taehyung dudaba sobre si realmente la
estaba escuchando— ... Y... creo que te perdí otra vez. —La
voz rio y Jungkook suspiró, apartando la vista de los
papeles.
—Lo siento, Heejin; estoy algo ocupado —respondió y
Taehyung miró al techo, haciendo como si no escuchara.
escu chara.5
—Lo sé, solo te llamaba porque
po rque te extraño... y para
preguntarte si las flores para las mesas deben ser blancas o
rosas. Estoy en ese dilema. —Taehyung frunció el ceño.
Jungkook desvió la mirada hacia él. 21
—No lo sé, Heejin. Como quieras —respondió el general,
volviendo su vista a los papeles.
— Ah, por cierto, ¿quién entró fue Yoongi? Me gustaría que
le preguntaras si va a llevar a algún
a lgún invitado, porque tengo
la lista y en la mesa en la que él va a estar sobra un puesto...
Entonces, puedo poner a mi tío HenryH enry ahí si Yoongi no lleva
a nadie, pero si lleva a alguien entonces tendría que poner
otra silla, lo cual sería una catástrofe porque todo quedaría
disparejo y...2
—Heejin, como sea va a ser
s er perfecto —respondió Jungkook
y la chica tras la línea suspiró.
— Ah, ¡tienes razón! No importa si mi tío Henry se queda de
pie porque ¡vamos a casarnos!52
Y justo en ese momento, Taehyung sintió una patada en su
estómago.224
Se levantó y observó aturdido a su alrededor, sacudiendo su
cabeza para volver a su fachada natural. No podía ser tan
obvio, maldición que no.
—Sí, hablamos luego. Estoy ocupado.
—Está bien. Te amo...
Taehyung cerró los ojos y escuchó a Jungkook colgar el
teléfono.
—Lo lamento. ¿Necesitas algo?
Taehyung lo miró.38
"Te amo".
Amor.18
Hacía tiempo que no sentía algo como eso, porque él, que
vivió de maltratos y pérdidas, ¿qué iba a saber de amor? Si
las primeras personas que debían otorgárselo resultaron ser
defectuosas. Su madre, víctima de los abusos de su padre,
recurrió al suicidio. Su padre, un alcohólico abusivo.
Taehyung había comenzado a resignarse. Él estaba seguro
de que nunca en su vida escucharía un "te amo" de nadie.21
— Así que va a casarse. ¿Cuándo planeaba decírmelo?
¿Nuestra amistad se basa en secretos? — bromeó, aun con
dolor en su pecho.
—Es... Sí... ¿Necesitas algo? Como dije, y probablemente
escuchaste, estoy ocupado.
Taehyung tragó. —Nah, solo venía a saludar y a preguntar si
ya llegaron los resultados de mis exámenes. ¿Estoy
muriendo o algo parecido?
Jungkook removió la pila de papeles de su escritorio.
—Sí, solo no los he revisado. Te avisaré cuando lo haga —
respondió.
—
Uh... De acuerdo..., futuro esposo.23
Taehyung cerró la puerta tras él y recostó la cabeza ahí,
cerrando los ojos.
¿Por qué?
¿Por qué simplemente no pudo alejarse y no sentir nada?
¿Por qué te enamoraste de tu general, Taehyung? 96
96
Ahí se dio cuenta de que era decepcionante su capacidad
para evitar catástrofes.
Catástrofes como enamorarse de su general heterosexual y
malditamente comprometido.4
Simplemente genial.
He querido morir desde que nací
Taehyung cayó de nuevo.117
Pero no como caen los pétalos
p étalos de los árboles de cerezo, que
dejan un hermoso camino en el suelo. Taehyung cayó de
una forma terrible, que nadie consideraría como hermoso.
Cayó como lo había hecho mucho antes, cuando ya vivir se
le dificultaba. Sintió su cuerpo flotando en un mar frío;
estaba relajado, todo oscuro pero con algunos destellos de
luz. Las voces que escuchaba en la lejanía lo hicieron darse
cuenta de que seguía vivo. Él lo estaba, solo tuvo una
recaída; otra de ellas.
—Él no puede quedarse aquí y lo sabes. ¡No
¡ No tenemos los
insumos necesarios para atenderlo! —Taehyung escuchaba
aquella voz a la distancia. Sentía sus párpados pesados, y,
aunque intentaba abrirlos, se le hacía imposible. Sentía
S entía un
calor abrazador en su mano derecha: alguien la estaba
sujetando con fuerza, como nunca lo habían sujetado.
—No voy a enviarlo a su casa. —Taehyung intentó abrir los
ojos al reconocer la voz del general.
—¡Jungkook, no podemos dejarlo aquí! ¡Morirá! Esto no es
parte del protocolo.5
—¡Ya cállense! ¡Él no va a morir! —Escuchó otra voz más
cerca de él y esta vez abrió un poco los ojos e intentó
acostumbrarse a la luz—. Tae... —susurró Jimin, quien
estaba sosteniendo fuertemente su mano.4
—¿Qué sucedió? —preguntó el castaño y vio a Seokjin,
Seokj in, el
médico de la milicia, junto al general Jeon y el oficial Min.
Te desmayaste —respondió Seokjin—; normal en tu
estado.
—
—¿Mi estado?
—Tienes anemia, Taehyung. Y una bastante avanzada, por
desgracia.26
Taehyung cerró los ojos con fuerza y sintió a Jimin apretar
más su mano. Él lo miró; sus mejillas estaban rojitas y él
estaba sucio. Supuso que salían del entrenamiento cuando
sucedió. Sus ojitos también se veían cansados y tenía
oscuras manchas bajo ellos.
—Por eso te has estado sintiendo tan cansado las últimas
semanas. ¿Te has alimentado bien? —preguntó Seokjin.
Taehyung negó. —No he tenido apetito.
—Bien, eso puede ser una de las causas. La anemia
normalmente es ocasionada por la deficiencia de hierro, y
ya que la tuya está avanzada, no estás recibiendo oxígeno
suficiente. —SeokJin levantó una mano de Taehyung y le
mostró la punta de sus dedos: estaban de un color
colo r azulado,
al igual que sus labios. Se veía fatal—. Tendrás que regresar
a tu casa y recibir la atención médica necesaria. Aquí no
tenemos los insumos suficientes.1
Taehyung cerró fuerte sus ojos y esta vez
v ez fue él quien apretó
la mano de Jimin. El rubio lo miró, mordiendo su labio y
aguantando las lágrimas que se acumulaban en sus ojos.
—¿No pueden conseguir las medicinas que necesita? —
preguntó entonces, esperanzado. Yoongi tragó saliva,
observando a Jungkook, quien era el que tenía la última
palabra.
El general observó a Taehyung y suspiró, mirando sus
zapatos
Taehyunge ideando una solución.
con su padre, Sabía
él moriría. que,
Pero ssie quedaba
si se enviaba aahí,
lo más probable era que también lo haría. No tenía salida, y
por más que quisiera ayudarle, no le quedaba otra opción
opció n
más que enviarlo de vuelta. 1
—Pediré su carta de enlistamiento y lo regresaré —afirmó
entonces y Taehyung sintió sus ojos escocer.3
Pero no sentía dolor.
Al fin y al cabo, era lo que quería, ¿no?
Toda una vida esperando a que su padre lo mate, o que él
mismo decidiera hacerlo.
Taehyung suponía que Dios por fin fue piadoso y le otorgó
la única solución para acabar con su martirio.
Morir.24
—No, general... —suplicó Jimin, sabiendo a ciencia cierta el
suplicio que pasaría Taehyung si regresaba a su casa. Él no
quería eso; no quería que él muriera.
—Es todo, déjenlo descansar —ordenó Seokjin y miró a
Jimin, quien se negaba a soltar la mano de Taehyung.
Yoongi pidió que los dejen y, al final, los tres hombres
salieron, dejando a un Jimin lloroso: el único apoyo de
Taehyung.
—Está bien, no llores —pidió el castaño—. Es... Solo es un
mal día, no una mala vida —dijo para tranquilizarlo, aunque
hasta él sabía que no habría nada más después de eso.
—Tae... —sollozó el rubio—, no quiero que mueras... Por
favor, no mueras. —Hipó.4
—Lo intentaré, ¿sí? Lo prometo... Te escribiré cartas,
ca rtas, ¿sí?
Todos los días. Y las enviaré aquí para que las leas cada
viernes, ¿bien?
—¡No quiero que escribas cartas, Tae! ¡No quiero que te
vayas! ¡Él va a hacerte daño de nuevo!1
—No va a hacerme daño... No... No va a hacerme más daño.
—Ya no hay más daño que pueda resistir.
resistir.
Jimin sorbió su naricita y miró a Tae. —Eres mi mejor
amigo... —confesó tímidamente—... Nunca he tenido
uno.49
Taehyung sonrió, sus ojos pesando por
po r el sueño. —Tampoco
yo...5
Lo último que Taehyung sintió fue un suave beso en su
frente y a Jimin pidiéndole por última vez... que no
muriera.2
[...]
Taehyung despertó de nuevo, pero no sabía cuánto tiempo
después. Su corazón latía pesado en su pecho; flojo, como si
ya no quisiera latir más. Jimin ya no estaba en la
habitación, pero estaba el general.
—¿Cómo te sientes? —preguntó él. Tenía un sobre blanco en
su mano.
—Liviano —contestó Taehyung—. Es como si pudiera flotar.
—Sonrió débil.
—Esta es tu carta de reclutamiento. Necesito la aprobación
ap robación
de mis superiores y entonces podrás irte a tu casa.
—Hogar, dulce hogar... —se burló Taehyung.
Hubo un silencio en el que Taehyung casi pudo
p udo escuchar
cómo el general tragaba saliva.
—¿No tienes miedo? —le preguntó entonces. Taehyung se
rio.
—General..., he querido morir desde que nací. —Jungkook
lo observa impasible—. Mi madre murió, mi padre me
quiere muerto. ¿Esto? Esto es como finalmente tener un
poco de lo que quiero. 24
Jungkook sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.
—Los médicos te atenderán allá, me aseguraré de ello. —
Taehyung sonrió y miró al techo. El sueño volvió
vol vió a él,
haciéndole creer que de este último no iba a despertar.
—¿Quiere escuchar mis últimas palabras? —preguntó
burlón. Jungkook lo miró, su corazón estrujándose un poco.
—No creo ser el indicado para tus últimas palabras —
respondió. —No creo que lo último que quiera escuchar de
un recluta sea un "te odio, general Jeon".
Taehyung sonrió y grabó en sus retinas la imagen
i magen del
general soltando una leve sonrisa; guardaría esa imagen por
siempre. Entonces suspiró y sintió lágrimas frescas llenar
sus ojos castaños.+
—Créame, general... No será un "te odio" lo que le diga.
Es como ver a una pantera herida
Yoongi acabó con los reclutas en tiempo récord. Se sentía
especialmente apresurado; además no pudo encontrar a
Jimin en todo el día. 1
Entró a las duchas y se refrescó, tanto física como
mentalmente. Se reprendió por tener miedo a tan alta edad.
¿Qué no se cansaba de ser tan cobarde? Ya no era como
hacía doce años; ya nadie iba a lastimarlo, ya no le iba a dar
el poder a cualquiera de hacerle daño solo porque sí.
Suspiró, colocándose su uniforme azul y sintiéndose
incómodo de tener que usar todo el tiempo ese es e uniforme.
Extrañaba sus sudaderas y jeans
y jeans..
Caminó hasta su oficina, atento a cualquier movimiento.
Las guerras en las que había participado
pa rticipado le enseñaron a
mantenerse alerta todo el tiempo.
Entonces, súbitamente, se detuvo.
Al pasar por la cocina vio unos pequeños zapatos
asomándose bajo las mesas. Medio sonrió y se acercó.
—¿Qué estás haciendo ahí? —susurró cuando se acuclilló a
un lado de Jimin, quien abrazaba sus rodillas con sus
brazos.
—Es que mi cuarto está muy solo sin Taehyung... —confesó,
y Yoongi lo miró, compadeciéndose. Suspiró y sacudió su
cabello, no sabiendo qué hacer en este tipo de situaciones.2
—Él está bien, puedes visitarlo en la enfermería —
respondió. Lo habían trasladado a un cuarto en la
enfermería para mantenerlo más seguro hasta que sus
superiores firmaran el permiso de Taehyung para poder irse
a casa.
—No es lo mismo... —susurró.
—De acuerdo, sal de ahí —pidió el azabache, haciendo una
señal con su mano. Jimin lo miró por unos segundos y
obedeció, saliendo de su escondite bajo la mesa de metal de
la cocina. Se puso frente a Yoongi y este pudo ver sus ojos
llorosos
vio y las bolsas
que Jimin bajo
volvería estos..., y sintió
a romperse, un alatido.
lo atrajo Cuando
sus brazos en
un apretado abrazo.3
Jimin se paralizó; sus manos inertes cerca de la espalda del
oficial Min, no sabiendo si moverlas o posarlas ahí. Su
corazón se estrujó al percibir de nuevo la imagen de
Taehyung, pálido y con ojeras, y simplemente las puso
p uso en su
espalda. Apretó la chaqueta de su uniforme mientras
hundía su cara en el hombro ajeno y se
s e dejaba llevar por las
lágrimas.
Lloró.
Lloró porque la vida es muy injusta.
Lloró porque no podía hacer nada.
—Está bien... —susurró Yoongi, acariciando el cabello rubio
de Jimin y temiendo que los latidos de su corazón fueran
demasiado ruidosos.
—¿P-por qué? —sollozó Jimin—. ¿Por qué a las personas
buenas le pasan cosas malas, oficial Min? —preguntó y
Yoongi sintió su corazón doler.14
—La vida es una fea perra
p erra —dijo y Jimin soltó un risa agria
por las malas palabras del oficial. 9
Pasaron algunos minutos, en los cuales Yoongi acariciaba
aca riciaba la
espalda de Jimin y él seguía sorbiendo su naricita; y luego
se separaron lentamente, mirando al suelo.
—Lo siento... Mojé su uniforme —señaló el rubio con
vergüenza. Yoongi miró su hombro y se encogió
—Está bien, no importa. —Levantó el mentón de Jimin.
Ambos se miraban con tal intensidad que podrían crear una
tormenta.5
Yoongi deseaba besarlo, pero no creía que fuera el mejor
momento.
—No quiero que muera —susurró Jimin desde el fondo de
su corazón, deseando exteriorizar su temor. Yoongi limpió
la lágrima solitaria que recorría su nívea mejilla.
—No va a morir —afirmó y Jimin lo miró esperanzado—.
Voy a ayudarlo... Lo intentaré, ¿sí? Veré qué puedo hacer
hacer —
dijo. Los ojos de Jimin brillaban como dos estrellas
brillantes y, maldición, Yoongi se sentía realmente bien.
bien.
Ayudar a una persona siempre le hacía sentir bien, sin
mencionar el plus
el plus de tener a ese precioso chico
agradeciéndole. Sus acciones no eran interesadas: ver a un
recluta morir y no poder hacer nada para ayudarlo lo ponía
ansioso. Era su deber ayudarlo, sin importar las
l as
consecuencias.
Jimin se lanzó a los brazos de Yoongi y lo abrazó fuerte.
— Gracias... —murmuró y Yoongi le devolvió el abrazo.
Cuando se separaron, Jimin le avisó que iría a ver a
Taehyung y se despidieron de forma incómoda. Yoongi
recuperó su teléfono del bolsillo de su chaqueta y marcó a
un viejo contacto.
— Vaya, vaya. Al parecer los muertos sí reviven —dijo la voz
tras la línea telefónica.12
— Amigo mío, necesito un gran favor...
2
Jungkook entró en silencio a la habitación de la enfermería.
Era de noche, bastante tarde ya, y ni siquiera
siqui era sabía qué
demonios estaba haciendo ahí a esa hora.
Cerró la puerta con cuidado y divisó la figura de Taehyung
bajo las sábanas: estaba hecho un ovillo. La gruesa manta
blanca lo cubría hasta el estómago, dejando parte de su
pecho al descubierto. Tenía ambos brazos en el mismo
mi smo
lugar, doblados e inertes; las puntas de sus dedos azuladas y
la palma de un color amarillento.
Jungkook arrastró silenciosamente una silla y la puso justo
frente a la cama. Se sentó y suspiró,
suspi ró, sacudiendo su cabello
oscuro.
Observó a Taehyung dormir plácido. El flequillo cubría sus
cejas y parte de sus ojos; le había crecido rápido el cabello.
La palma de su mano estaba hacia arriba, a pocos
centímetros de su cara. Jungkook respiró, cuestionándose
de nuevo qué demonios hacía ahí. Tal vez sentía culpa
porque estaba viendo morir a un recluta, sin poder hacer
nada más que enviarlo a su casa, como si estuviera
deshaciéndose de él.+
Durante las guerras, Jungkook había visto morir a muchos
compañeros. Era un dolor que podía sobrellevar.
sob rellevar. Sí, le
afectaba en un principio, e incluso no podía con las
pesadillas. No entendía, sin embargo, por qué se sentía así
con Taehyung, como si de alguna manera quisiera
protegerlo pese a todo.
Sacudió su cabeza y lo miró de nuevo.
Dormido era majestuoso: no sonreía cínico ni lanzaba
veneno como siempre. No hablaba con sarcasmo ni se
burlaba. Dormido se veía indefenso. Así... era como ver a
una pantera herida. Majestuosa donde vaya, pero, en cierto
punto, sentías que no podías mirarla más por lo herida que
se encontraba.
Jungkook miró sus manos, las propias picando por la
indecisión. Mirando ambas partes del cuarto, estiró la suya
y la colocó lento sobre la fría palma del castaño.
Quería darle un poco de calor. 25
Taehyung suspiró en sueños y Jungkook detalló sus lunares,
sus mejillas, sus labios. Estiró la mano lentamente para
apartar sus mechones castaños y observar sus ojos cerrados
y su frente descubierta.
Se sintió abrumado por los toques tan delicados que le
daba. ¿Qué demonios le sucedía?3
Jungkook bajó la vista a sus manos juntas. Taehyung de un
momento a otro había cerrado sus dedos en su mano y
ahora estaba sujetándola.2
Entonces, en un bajo susurro, él simplemente dijo:
—Lo siento...
Se siente bien estar vivo
Yoongi bajó del auto con la carpeta entre su brazo. Se
acomodó el traje y miró la instalación que tenía al frente: el
enorme edificio blanco, al que entraban y salían personas de
forma ruidosa. Yoongi no era amante del ruido; prefería
más que todo mantenerse en silencio, y cada vez
v ez que oía un
ruido fuerte se alteraba. La guerra había dejado bastantes
cicatrices.
1
Entró directamente, sin preguntar. Muchos ya sabían quién
era y, probablemente, también qué hacía allí. Se dirigió
hacia una de las plantas de arriba y tocó la puerta de la
oficina del doctor Kim, un viejo amigo. Escuchó un suave
"adelante", cuyo tono Yoongi dedujo era de cansancio. Ser
doctor jamás había sido un trabajo fácil, y menos si era uno
de los más importante.2
—Doc —saludó Yoongi en broma.
—No puede ser. ¿Cuánto tiempo sin vernos?
—Dos años —respondió Yoongi.
— Vaya, dos años y ni un día pudiste llamarme. —El doctor
suspiró—. En fin, ¿qué necesitas? Porque si me llamaste
luego de tanto tiempo es porque necesitas algo.
— Vamos, Namjoon... Sabes que no lo hice a propósito. —
Yoongi suspiró y se sentó en la mesa frente al escritorio del
doctor Kim.22
—Sí, claro. Como sea, amigo. Dime, ¿qué necesitas?
—Hay una... situación en el cuartel... Un chico, tiene
anemia avanzada y el general teme... que muera ahí —dijo
Yoongi, carraspeando y rascando la punta de su nariz, sin
saber qué decir realmente.
—¿El general teme que muera ahí? —preguntó Namjoon con
una ceja alzada.
—Sí, sí, claro. — Yoongi aclaró su garganta.
— Ya, sí. ¿Y qué hay de Seokjin? Tienen suficientes insumos.
—No para la anemia. Seokjin dijo
dij o que había que hacerle un
tratamiento intravenoso con hierro, y no tienen eso en el
cuartel.1
— Y quieren que yo se los dé.
—Es para salvar una vida... Creí que los doctores hacían eso
—dijo. Namjoon suspiró, retirando sus gafas y masajeando
el puente de su nariz.
—Es complicado, Yoongi. No puedo sacar suministros
médicos así como así, y estoy seguro de que los generales
superiores no aceptaron algo como eso. — Yoongi apretó la
mandíbula.
—Es un chico, Namjoon; solo tiene veinticinco —dijo
entonces, como último recurso—. Escucha: Jungkook avisó
a los superiores, pero aún no ha recibido ninguna respuesta,
así que..., no estarías haciendo nada malo.
Namjoon suspiró.
—De acuerdo, pero si me metes en problemas por esto, te
envenenaré —advirtió y se levantó.1
Yoongi lo siguió y ambos fueron a un pequeño almacén.
Namjoon saludó a las enfermeras y a cualquier persona que
se le atravesaba; seguía siendo una mariposa social. Le
entregó una caja con frascos de un color oscuro y bolsas con
suero.
—Según lo que me has dicho, el chico tiene anemia
ferropénica y se trata con hierro. Denle dosis pequeñas y
asegúrense de mantenerlo oxigenado. El suero es para que
—
recupere fuerzas
hacer—. Jin sabrápronto. Yoongi
qué hacer asintió, Namjoon
— puntualizó aún sin saber qué
y salió
del almacén, cerrando la puerta.
—Gracias, amigo. De verdad.
—No es nada, solo no desaparezcas de nuevo. —El doctor
puso la mano sobre el hombro contrario—. Fuimos juntos a
la guerra, no a un campamento de verano.
—
Yoongi rio. Nos vemos.
—Espero que sí, Yoongi... Espero que sí.
1
—Esto no puede ser, Jungkook. Si los superiores se enteran
de esto, ellos...
—Ellos no tienen por qué enterarse. Yo soy el general.
Seokjin estaba histérico desde que Yoongi regresó con los
insumos. No quería problemas y eso era justo lo que
estaban buscando. El muchacho se iría a su casa y allá lo
llevarían al médico. Pero, claro, Seokjin no sabía lo que
significaba que Taehyung regresara a su casa.
—Jungkook, esto está mal.
—¡Maldición, Seokjin! ¡¿Puedes dejar de chillar por un
minuto?! — Yoongi pidió alzando la voz—. ¡Está muriendo!
¡¡Sólo ponle el maldito medicamento y ya!! Nadie tiene por
qué enterarse. Solo estás salvando su vida.
Hubo un silencio en la habitación. Jin suspiró pesadamente
y tomó los insumos, dirigiéndose al cuarto de la enfermería
con Yoongi y Jungkook siguiéndolo como dos perros
persiguiendo un hueso.
Taehyung, quien Jimin
cada vez estaba
se veía másahí, charlando
pálido, convio
y cuando
entrar a Seokjin con una caja se sorprendió y luego miró a
Tae.
—¿Qué pasa? —preguntó el rubio.
—Tenemos el hierro para Taehyung. Te lo pondré por
intravenosa para que sea más rápido y eficiente. —Jimin
abrió los ojos y se tapó la boca.
—¿D-de verdad?
—Sí. Ahora, ¿no le temes a las agujas o sí? —preguntó
SeokJin y Taehyung negó. Miró al general y este le dedicó
un encogimiento de hombros y señaló a Yoongi,
Y oongi, quien
miraba a Jimin.7
Taehyung casi sonrió.
Diez minutos después, Taehyung tenía en su brazo
izquierdo una intravenosa con un líquido oscuro subiendo.
Miró con horror.
—Siento que me transformaré en Hulk — bromeó y Jimin
rio.
—Se siente bien estar vivo, ¿no? —preguntó. Taehyung lo
miró con cariño.
—Se siente genial —susurró, recibiendo una sonrisa de
Jimin.3
—Gracias, oficial Min —dijo entonces y Taehyung lo
observó.
—Oh, eh... No es nada, está bien... Que te mejores, Kim
Ki m —
contestó y se fue. Jimin sonrió.2
—Oye, tú —lo llamó Taehyung y Jimin lo miró —. Él te gusta.
—¿Qué? No, no. Él... No — balbuceó. Taehyung rio.
—Pues tú le gustas —comentó y las mejillas de Jimin
enrojecieron.
—¿Al oficial Min? Ni de chiste. Él destila
heterosexualidad.23
—¿Tú crees? Mi gaydar comenzó a titilar cuando él entró a
la habitación —se burló Taehyung.
—Nah, seguro es por el general.2
Taehyung suspiró. —Nop, el general tiene una prometida.
Lo escuché hablando con ella sobre arreglos de mesa y sillas
— bromeó, pero su corazón dolió un poco.
—Uh, pobre mujer —expresó Jimin y Taehyung soltó una
risita.
Sí... Um,
Jimin
— me está
acomodó dandosobre
la manta muchoél.sueño ahora... —Bostezó.
—Está bien, puedes dormir. Yo iré a agradecerle al oficial
Min —dijo y Taehyung subió y bajó las cejas
sugestivamente—. ¡Ah! ¡No de esa forma, tú, cochino! —
bramó y se cubrió la cara con sus manitos, con la risa
entrecortada de Taehyung. Jimin lo vio sonreír y él también
lo hizo—. Gracias por no morir. —Jimin tomó su mano y
Taehyung sonrió.
—Gracias por no dejarme morir —respondió—. Ya sabes,
por enamorar a un oficial y hacer que me ayudara.6
—¡Ah, tú, idiota! ¡Me voy, no te
t e hablaré! —amenazó y
Taehyung continuó riendo soñoliento.
Pero, en realidad, lo agradecía infinitamente.
Quizás sí tenía un buen propósito para vivir.
No todo es tan malo
Jungkook suspiró, dejando los papeles a un lado y
masajeándose las sienes. Luego se inclinó en su silla y miró
el techo de la oficina.2
—¿Todo bien? —preguntó Yoongi a su lado, quien había
llegado para checar el correo que le habían enviado hace
unas horas.
—Están pidiendo a los reclutas. Habrá un atentado contra la
mafia de Japón y... —Jungkook suspiró de nuevo—. Ellos no
están listos, no están listos en lo absoluto. Ni siquiera saben
cómo cargar un arma.
—Bueno, no puedes culparte por eso. Ocurrieron muchas
cosas en el cuartel.
—No, en el cuartel no. Le ocurrieron muchas cosas a Kim —
farfulló y Yoongi lo miró.
—¿Qué estás diciendo?
—Eso mismo. Si no hubiese puesto toda mi atención en un
recluta, estaríamos listos para esto. Maldición, estaríamos
listos para cualquier cosa.
—Jungkook, lo que pasó no estaba previsto. Él enfermó, fue
abusado. ¿Estás acaso culpándote por eso?
—Estoy culpándome por prestarle demasiada atención,
¿sí? Tenía a Seokjin e incluso a ti. ¿Por qué demonios estuve
con él todo el maldito tiempo?
Yoongi lo miró. Desde que conocía a Jungkook lo había
visto arrepentirse de muchas cosas. En la preparatoria se
había
estuvoarrepentido por no
toda la semana haber invitado
lamentándose; Enallabaile
bai le a Solhyun y
guerra,
Jungkook se arrepintió de haber lanzado la última bomba,
porque pudo utilizarla después.
Pero nunca lo vio arrepentirse por algo tan insignificante
como prestarle atención específica a un recluta.1
Yoongi se preguntó por qué le daba tanta importancia.
—Tal vez porque no querías ver a alguien más morir —dijo
y Jungkook lo miró aturdido.
— Ah, veo morir personas todo el tiempo. Vi morir a mi
padre, a mi mejor amigo... Una muerte más no hará daño.
— Yoongi hizo una mueca. La guerra te volvía insensible—.
Es solo que... había algo con verlo morir a él que
que me...
inquietaba. No quería que pasara, pero sabía que no podía
hacer nada al respecto.3
Yoongi pensó por unos segundos qué decir. Jungkook había
tenido crisis como estas; claro que sí. Sin embargo, la última
vez que lo vio así, no era nada normal. De hecho, fue hace
siete años: Jungkook estaba confundido y frustrado.
Por un chico.141
Yoongi recordó, entonces, que en ese tiempo a Jungkook no
le importaba
demonios, con quién
incluso si erasalía.
ambos,Si era hombre ono
a Jungkook mujer,
le
importaba...; porque él siempre decía que el corazón es
quien elige. Le dijo lo mismo a él cuando le confesó que era
homosexual.
"Yoongi, creo realmente que las personas se enamoran de
corazones, no de hombres y mujeres; así que, si quieres
buscarte un hombre increíble y con un buen corazón,
estaré ahí, orgulloso de ti".5
Puede ser que ese día Jungkook haya estado algo ebrio, pero
los ancianos dicen que nadie es más sincero que un niño
pequeño y una persona ebria.
Yoongi miró a Jungkook.
—¿Él te gusta? —Fue directo, lo que pareció alterar al
general, porque enseguida lo miró mal y comenzó a negar
con la cabeza.
—¿Estás drogado? —preguntó bruscamente—. Soy
heterosexual, Yoongi. Tengo una prometida.15
—Una prometida de la que no estás enamorado.
Jungkook se masajeó de nuevo las sienes.
—¿Y eso qué? Voy a casarme. 9
—¿Sí? ¿Dónde está el Jungkook que hace siete años me dijo
que las personas se enamoraban de corazones?
—Es distinto, Yoongi. Crecí.
—Creciste y te pusiste más inmaduro, por lo que veo.
Jungkook...
—¿Qué crees que pensaría mi padre? ¿De tener un hijo
general y gay? ¿Eh?
—¡Tu padre está muerto, Jungkook! — Yoongi se levantó y se
inclinó en el escritorio—. Tienes treinta y cinco años, creo
que es hora de ir decidiendo qué es lo que realmente quieres
en tu vida.75
Jungkook calló.6
—Dijiste que serías feliz si buscaba un chico con un gran
— —
corazón continuó
feliz. — Y sin más se Yoongi . Quierolaque
retiró, cerrando tú también
puerta tras sí. seas
todo s los reclutas. Él los tendría
Fue al campo y alineó a todos
listos para cualquier atentado, para cualquier cosa. Ordenó
que fueran a las armas y corrigió a todos, dándole lecciones
rápidas de cómo cargar y descargar un arma, también de
puntería y precisión.
Incluso Jimin lo sintió tenso, pero no lo culpaba.29
Fue un tonto. Cuando salió de la habitación de la enfermería
para agradecerle al oficial, no se le ocurrió otra forma que
darle un beso en su mejilla. Jimin se maldijo internamente
y disparó el arma, dando justo en el pecho del muñeco de
práctica de madera. Yoongi asintió.
—Eso estuvo bien —halagó y Jimin apartó la mirada,
volviendo a su labor.
Jungkook, por otro lado, salió de nuevo de su oficina y,
maldición; era como si sus pies se movieran solos, porque
fue directo a la habitación de la enfermería. Su corazón
retumbó fuerte en sus oídos cuando descubrió que estaba
vacía. Le tocó la puerta a Seokjin.
—Lo envié a su habitación. Quería irse con Jimin, así que
instalé todo lo que necesitaba allá —dijo, como si supiera de
antemano el porqué el general estaba ahí. Jungkook aclaró
su garganta y salió sin decir otra
ot ra palabra. Seokjin negó con
la cabeza, pero una pequeña sonrisa se estiró en sus labios.
Se había convertido en la milicia del romance, al parecer.6
Jungkook caminó apresuradamente a la habitación, estando
seguro de que Taehyung estaría dormido; el tratamiento
siempre lo dejaba cansado, según le había comentado
co mentado
Yoongi.
Entró a la habitación en silencio, ni siquiera sabía por qué.
¿Para verlo dormir? ¿Qué tan perturbador era eso? Estuvo a
punto de retirarse y estrellar su cabeza con cualquier pared
hasta que la voz de Taehyung le envió un escalofrío
escalof río que le
recorrió toda la espina dorsal.
Él estaba cantando.298
Su voz era grave, pero sin duda hermosa. Cantaba despacio
y en voz baja, como si tuviera miedo de ser escuchado.
Jungkook se quedó inmóvil en la puerta, deseando que
Taehyung no se diera cuenta de que estaba ahí y dejara de
cantar, y se dejó llevar por la melodía de la canción. No la
conocía, pero seguramente Taehyung la cantaba muy
seguido.5
Se dejó llevar por las suaves notas, por su suave voz, y por
un momento sintió el impulso de abrazarlo y protegerlo de
todo. Suspiró.9
—Cantas muy bien —comentó cuando se detuvo. Las
mejillas de Taehyung enrojecieron.8
— Ah... ¿Cuánto tiempo lleva ahí? —preguntó, temiendo que
lo haya visto llorar antes.
—Solo unos minutos —respondió—. Pero no te detengas por
mí —pidió y se sentó en la silla que estaba justo frente a
Taehyung. Estaban bastante cerca ahora. Taehyung podía
oler su loción, así que cerró los ojos y grabó ese aroma.
—No creo que viniera aquí para oírme
o írme cantar —respondió
Taehyung y Jungkook lo notó un poco más repuesto. El
color había vuelto a sus labios, volviéndolos carmesí; y
aunque las bolsas bajo sus ojos seguían ahí, ya no lo hacían
parecer como un cadáver.
—Ni siquiera yo sé por qué vine aquí —confesó,
desbordando sinceridad.
Taehyung lo miró, no importándole si era muy obvio.
Maldición, lo amaba. Lo amaba tanto que se estaba
ahogando.
Apartó la mirada con dolor y miró sus manos. Posiblemente
estarían tibias. Las suyas picaban por tomarlas y juntar sus
dedos, por besarlas y ponerlas en sus mejillas mientras le
decía que lo amaba, que estaba enamorado de él.
—¿Cómo te sientes? —preguntó el general.
Jodido, quiso responder. Malditamente
responder. Malditamente jodido por ti y todo
tu porte de general.
general.
—Estoy bien, puedo respirar —contestó en su lugar.
—Tú... ¿aún quieres morir?
Hubo un silencio.
—¿Justo ahora? No. No todo es tan malo... —murmuró y
Jungkook lo miró. Los ojos
oj os del castaño brillaban. Taehyung
mordió su labio y sonrió mirando a otro lado—. Ah, esto es
incómodo.
—¿Por qué? —preguntó el general. Taehyung volvió a
mirarlo, como si fuera lo único importante en la habitación.
—No importa... Así que, general Jeon, ¿cómo van los
arreglos de sus mesas? No queremos que la boda quede mal,
¿o sí? —cuestionó, simplemente porque no podía hacer más
que lastimarse a sí mismo. Jungkook apartó la mirada,
permitiéndole a Taehyung grabar también su perfil.18
— Ah... Eso en realidad no es importante.
Taehyung quiso preguntar por qué su boda no era
importante, pero fue interrumpido por la puerta abriéndose
y un Jimin enfurruñado que entró balbuceando
balbuceando quién sabe
qué. Taehyung sonrió.
— Ah... Ni que quisiera estar con él tampoco... De todas-Oh
¡Oh! ¡General Jeon! —exclamó e hizo una reverencia
demasiado exagerada. Jungkook miró a Taehyung.
Maldición, él sonreía tan bonito.1
—¿Terminaron el entrenamiento? —preguntó y Jimin
asintió efusivamente.
— Yo iré a-
—No es necesario, ya me iba... —El general se levantó—.
—
Que te
bien el mejores Kim habló
porqué, logrando queyelacarició
corazónsudecabello
Taehysin
ungsaber
Taehyung diera
un brinco. Cuando se retiró, Taehyung cubrió su rostro.
—¿Tae? —preguntó Jimin, acercándose a él—. ¿Estás bien?
¿Por qué estás llorando?
—J-Jimin — balbuceó—..., por favor, haz que no duela...
Duele mucho —pidió, agarrándose la camisa justo sobre el
lugar en el que se hallaba su corazón. 28
—Está bien, te tengo. Estoy contigo —afirmó, sin entender
muy bien qué pasaba. Lo abrazó poniendo
p oniendo su cabeza en su
pecho, que se sacudía con cada llanto.
—Jimin, no quiero más dolor... —Lloró.
Pero dolor era lo único que recibía, lo único que se quedaría
con él hasta que lo eliminara de raíz.
Catástrofe
Taehyung golpeó el saco de boxeo una vez
v ez más. Las gotas de
sudor caían por su frente y mojaban
moja ban las puntas de su cabello
castaño. Movió su cuello y volvió a golpear hasta que el
montículo de color oscuro se balanceó hacia atrás. Sonrió
satisfecho, mirando sus nudillos intactos, sin marcas
rojizas. Las cicatrices de las cortadas anteriores seguían
dejando un rastro blanco, pero no podía importarle
i mportarle menos.
El siguiente circuito eran armas. Taehyung llegó allí un poco
antes que los demás reclutas y comenzó a ensamblar la
suya, con maestría, como si lo hubiese hecho cientos de
veces. Sonrió cuando Jimin llegó a su lado y comenzó a
ensamblar su arma.
—Me gusta verte así —dijo. Taehyung sonrió.
—¿Ensamblando un objeto asesino? — bromeó.
—No, vivo —contestó y Taehyung volvió a sonreír,
agarrando los audífonos protectores y dirigiéndose
dirigi éndose a la
cabina de disparos. Tomó aire y comenzó a disparar a los
muñecos de entrenamiento. Falló en algunos, pero sin duda
había mejorado su puntería desde la última vez que estuvo
ahí.
Corrió hacia el campo y trepó por la cuerda. Recuerdos lo
invadían, mas no lo atormentaron, porque sabía que había
mejorado. Había pasado un mes desde que enfermó, y
aunque Seokjin no estaba muy convencido acerca de su
estabilidad, Taehyung le aseguró que esta vez estaba bien;
que, de hecho, se sentía con más fuerzas.
Incluso había bromeado acerca de que lo que le habían
puesto no era hierro, sino alguna droga que le dio
superpoderes.
Escaló la pared y llegó hasta el otro lado del campo, donde
el general lo esperaba con una bandera. Taehyung la tomó y
sonrió, poniéndola en un pequeño pedestal.
—Eso estuvo bien —lo halagó y Taehyung sonrió aún más.
—¿Bien? Estuvo increíble. Yo que tú tendría miedo, podría
arrebatarte tu puesto de general — bromeó y Jungkook
sonrió, negando con la cabeza.
Maldición, su sonrisa era preciosa.109
Taehyung apartó la mirada y esperó a Jimin, que no debía
tardar.
Luego de que dos reclutas llegaran, Jimin saltó la pared,
sacudió sus manitas y tomó la bandera, sonriéndole a
Taehyung.
—Dame cinco —pidió Taehyung y Jimin rio, accediendo y
chocando su manito regordeta con la del castaño. 14
[...]
A la hora del almuerzo Taehyung se sentía
sentía eufórico, como si
pudiera correr un maratón. Jimin le hablaba de su familia
en Busan, de que le gustaría que algún día los conociera.
—Prométeme que cuando salgamos de aquí me visitarás... O
que nos mantendremos en contacto.1
Taehyung sonrió enternecido. —Te lo prometo —declaró.
Jimin miró pensativo y luego levantó su pequeño meñique.
—Esta es la promesa más fuerte de todas. No puedes
romperla —amenazó. Taehyung soltó una carcajada. 2
—¿Realmente tienes veinticinco años? —preguntó, pero
Jimin se mantuvo firme, acercando su meñique hacia
Taehyung—. Bieeen —alargó y envolvió su largo meñique
con el pequeño de Jimin. Ambos sonrieron, dicha plena
posándose en el pecho de Taehyung. Hacía tiempo que no
se sentía así.15
Los dos se sobresaltaron cuando una
u na estridente alarma
retumbó en todo el cuartel. Jimin miró a Taehyung. Varios
reclutas se habían levantado, igual de alterados por la
repentina situación, y Taehyung estuvo a punto de
preguntar qué pasaba cuando el general entró, luciendo
muy alterado. El corazón del castaño brincó con susto.
—Bien, esto es una alarma que nos envía el cuartel
principal, el de los superiores... Indica un posible atentado o
una emergencia que requiere nuestra atención —habló
calmado, aunque su rostro mostraba lo contrario —. Algunos
aún no están preparados para asistir a un... evento como
este, pero necesitamos la mayor cantidad posible
posi ble —
continuó—. La mafia japonesa está amenazando con lanzar
una bomba tóxica si el presidente no entrega una cantidad
exuberante de dinero, así que hemos sido llamados para
neutralizar la situación y atacar.16
Taehyung sintió un escalofrío.
—Si no son nombrados, pueden retirarse. Hay autobuses
auto buses
esperándolos afuera y los que sean nombrados serán
escoltados por el oficial Min para prepararse. —Entonces el
general Jeon comenzó a recitar los nombres escritos en
aquella carpeta. Taehyung sintió su corazón palpitar fuerte,
aumentando, cuando repentinamente el último nombre
resonó en sus oídos como una bomba—: Park Jimin.32
Jimin exhaló, mirando a Taehyung, quien se levantó. —
Espera. ¡Espera! —le pidió al general, quien había cerrado
su carpeta y estaba dispuesto a retirarse—. M-mi nombre
no..., no estaba ahí.
—No —contestó el. Taehyung frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque no está. Necesito salir, Kim.
—Jimin no puede ir.
—Tú no decides eso.
—No, por favor. Él no puede ir —pidió, tomando el brazo del
general. Jungkook miró sus manos sujetando su bíceps
bíce ps y
luego miró su rostro—. Tomaré su lugar si es necesario, pero
no lo envíes ahí. Te lo suplico...4
Jungkook apretó la mandíbula. ¿Cómo podría decirle?
¿Cómo le decía que no lo quería en peligro otra vez?118
—Eso no está en mi pod-
—Por favor, Jungkook —pidió Taehyung, llamándolo por su
nombre de pila como último recurso, volviendo la situación,
quizás, más íntima.
—Bien, ve con el oficial. —Taehyung suspiró aliviado y le
agradeció girándose hacia Jimin, quien tenía los ojos
llorosos y lo miraba como si estuviera loco.
—¿P-por qué hiciste eso, Tae? Tú acabas de salir de una
enfermedad mortal...
Japón? ¡A una posibleCómo...
guerra!¿Cómo se te ocurre ir a
Taehyung sonrió con lágrimas en sus ojos.
—Tienes mucho por lo que vivir, Jiminie —declaró y tomó
sus mejillas—. Estaré bien, te hice una promesa. 13
— ¡Yo puedo cuidarme solo! —reclamó altanero y Taehyung
sólo atinó a abrazarlo.
—Estaré bien, lo prometo —dijo y estiró su meñique
nuevamente. Jimin lo miró con los ojos acuosos por las
lágrimas y lo envolvió con el suyo.
—Te quiero, Taehyung-ah —dijo con voz gangosa. Taehyung
sonrió con las lágrimas escapando de sus ojos; un
sentimiento cálido se posó en su pecho.2
¿Qué decías, papá? ¿Que nadie podría quererme porque
soy una escoria? 5
—También te quiero, Jimin-ssi —dijo y lo abrazó de nuevo
para luego ir con el general. Soltó la mano de Jimin, pero
este se resistía a dejarlo ir.
—¡No, Tae! —sollozó y Taehyung cerró los ojos cuando
cua ndo la
puerta del comedor se cerró tras él.
[...]
Taehyung se vistió con un uniforme oscuro. Se calzó con dos
armas: una enfundada como cinturón y una Ak-47
Ak -47 negra. Se
puso un casco y exhaló. 2
De acuerdo, aquí vamos.80
1
Jimin corrió hacia el campo en donde había un helicóptero,
esperando que no se hayan ido. El oficial Min lo vio y
caminó hacia él.
— Hey, hey. Está bien, no llores —pidió y limpió sus
lágrimas con el rubio mirándolo aturdido. Él ya estaba
vestido: tenía un uniforme gris oscuro y botas militares
negras. Jimin pudo ver el arma enfundada en su cinturón y
tragó saliva.
—¿Usted también va? —preguntó, sintiendo nuevas ganas
de llorar.
—Es mi deber. Alguien tiene que cubrir la espalda del
general —respondió, aún con sus manos en las mejillas
calientes del contrario.
—N-no muera —pidió Jimin y Yoongi sonrió mirándolo con
cariño. Jimin bajó la vista avergonzado y, tras unos
segundos, la subió de nuevo.
—Lo intentaré —respondió él en un susurro y Jimin se
acercó un poco. Yoongi desvió la vista a sus labios húmedos
y tragó saliva.
Tal vez podría...
—¡Oficial Min, nos vamos! —exclamó una voz. Jimin se echó
hacia atrás y Yoongi apartó las manos de sus mejillas,
alejándose poco a poco de él.
Cuando estuvo a punto de subir al helicóptero, miró de
nuevo al rubio. Se veía tan frágil,
f rágil, tan temeroso. Chasqueó la
lengua y caminó hacia él, tomando sus mejillas y dejando
un beso suave en sus esponjosos labios.85
Jimin se sobresaltó, pero se derritió en sus brazos,
relajando sus labios y dejando que el beso no le supiera tan
amargo.
— Volveré por ti, ¿bien? —avisó en cuanto se separaron solo
unos centímetros. Jimin asintió con nuevas lágrimas
corriendo su rostro. Yoongi dejó otro beso y trotó hacia el
helicóptero.9
Cuando subió, Jungkook le sonrió y sintió sus mejillas
calientes.
— Andando, tenemos una guerra que ganar
ganar —dijo y el
helicóptero dio marcha.
Yoongi bajó la vista. Vio a Jimin, aún ahí de píe, y cerró los
ojos con fuerzas.
Espérame, volveré. 296
[...]
Taehyung sentía una opresión en el pecho.
Cuando escuchó que los japoneses querían negociar con el
general, "negociar" no era en realidad lo que querían.
Taehyung lo sabía y esperaba que el general no fuera tan
estúpido como para ir con ellos.
—De acuerdo, cúbreme Min. Si no salgo en media hora,
entren ahí —ordenó entonces y Taehyung sintió un
puñetazo. Se sobresaltó.
—Estás loco —reclamó sin una pizca de respeto. Jungkook
lo miró—. Es un poco suicida salir, ¿no crees? Ellos no
quieren hablar, eso es obvio.
—¿Y qué sugieres entonces? —increpó, y Taehyung vio cómo
todos los reclutas salían de la habitación con incomodidad,
incluido el oficial Min.
—¡Piensa, Jungkook! Si sales ahí te
t e asesinaran —dijo— y ahí
comenzará la verdadera guerra. Yo... —Yo no quiero
perderte, aunque no seas mío, quiso decir; pero en su lugar
se quedó callado y sintió sus ojos picar.
— Ya dije el plan. Si no salgo en media hora, vengan por mí
—concluyó y se puso el casco, dispuesto a salir del refugio.
Taehyung sujetó su brazo.
—No salgas. No salgas, por favor —pidió, importándole
poco si era muy obvio.
obvi o. Jungkook tragó el nudo de su
garganta y apartó su brazo.
—Saben el plan.
—¡Jungkook, no! —gritó cuando Jungkook salió y luego
respiró pesadamente, intentando calmarse.
Tranquilo, tranquilo, es un hombre listo. Él sabrá qué
hacer. Tienen un plan, estará bien, intentó convencerse,
pero no apaciguó su inquietud. 14
Taehyung no sabía cuántos minutos habían pasado. Todos
los reclutas y el oficial Min estaban sentados sin hacer nada,
simplemente esperando a que el general regresara, o
esperando el momento en que el oficial diera la orden
o rden de
salir. Taehyung respiraba agitadamente y sentía una presión
en el pecho que no se disipaba.
disipa ba. Estaba preocupado y sentía
impotencia por no poder hacer nada, por simplemente
si mplemente
quedarse aquí sentado cuando ni siquiera sabía lo que le
estaban haciendo al general.
Taehyung se frustró. No iba a dejar que alguien
a lguien más
desapareciera, no se lo iba a permitir.
Se levantó y tomó su arma. 105
—¿Kim, qué está haciendo? —cuestionó el oficial
bruscamente. Taehyung lo ignoró y se puso el casco—. ¡Kim,
regresa aquí ahora mismo! —ordenó, pero Taehyung ya
había abierto la puerta del búnker y salido. 5
El frío viento del campo de Osaka heló su sangre. Taehyung
miró a su alrededor y se camufló con
c on la hierba seca del
suelo.
Había un almacén que tenía las luces encendidas. Taehyung
dedujo que ahí estaba el general. Corrió hasta ahí y se
recostó a un lado de la puerta, mirando discretamente por la
ventana. Tenía un mal presentimiento: no había nadie
alrededor. Taehyung abrió la puerta y miró a un hombre de
espaldas. Estaba descuidado, así que pensó en disparar el
arma..., pero supo pronto que haría mucho ruido.
Tragó saliva y se acercó lento; tomándolo
tom ándolo por el cuello y
girándolo hacia la izquierda con fuerza. El hombre cayó
inerte en el suelo y Taehyung tomó su arma. Caminó hacia
unas rendijas de luz, un poco aturdido; la chispa de la
adrenalina nublando sus sentidos. Había asesinado a un
hombre.11
Entró en una habitación con escombros y sintió su corazón
latir con fuerza en cuanto vio al general sentado en una silla
en medio. Su cabeza estaba hacia abajo y sus manos atadas
tras su espalda. Taehyung dedujo de inmediato que estaba
inconsciente, y sin importarle si había alguien
a lguien más en la
habitación, se arrodilló junto a él y tomó sus mejillas.
—Jungkook... —llamó y él abrió los ojos.
—¿Q-qué haces? Tú... Yoongi... — balbuceó incoherente y su
cabeza volvió a caer hacia adelante.
a delante. Taehyung supo que lo
habían drogado.
— Voy a sacarte de aquí —demandó y desató sus manos.
Sin embargo, en el momento cuando lo puso de pie y rodeó
su hombro, fue golpeado por detrás, haciéndolo caer. 1
—¡Maldición! Pensé que Corea era más lista. ¿Un hombre?
¿Eso es lo que tienen para mí? —exclamó un hombre con un
inestable acento coreano. Taehyung respiró pesado y se
levantó, tomando su arma y apuntando—. Ah, ah, ah —
negó, apuntando su arma en la sien del general —; piensa,
chico, o le volaré el cerebro a tu general —amenazó y
Taehyung miró al general que luchaba por po r mantener sus
ojos abiertos. Pensó: había cuatro hombres, uno en cada
esquina, pero no tenían armas. Taehyung miró al hombre
de cabello negro. Calculó que tenía unos cuarenta años,
pero se mantenía en forma—. Lo que sea que estés
pensando, no funcionará — volvió a hablar y Taehyung
disparó el arma en la pierna del hombre, haciendo que
gritara y soltara su propia arma.
a rma. Taehyung la tomó y se
puso junto al general, apuntando a los cuatro hombres.
Ni siquiera sabía lo que estaba haciendo.34
Un hombre le pateó la mano en un movimiento
movi miento casi
imperceptible y Taehyung gritó con dolor. El mismo
hombre lo pateó en las costillas y Taehyung cayó al suelo,
pero no se rindió. Con sus piernas pateó las espinillas del
hombre, quien cayó de rodillas, y luego Taehyung lo pateó
en el estómago
comenzó con fuerza.
una lucha Llegaron
con ellos, dos hombres
intentando más y del
que se alejaran
general.
Entonces un disparo sonó.52
Y Taehyung sintió que algo escurría de su brazo.166
El hombre al que le había disparado en la pierna había
tomado otra arma y disparado —aún tirado en el suelo—
dando
herido justo en el hombro
y sin fuerzas, izquierdo
arrancó el armade
delTaehyung;
hombre alquien,
que
había pateado y le disparó en el pecho a otros dos. Pero,
entonces, tres lo acorralaron y comenzaron a golpearlo,
gritando improperios e insultos hacia su nación.1
Estaba comenzando a perder las esperanzas. Pero al menos
tenía el consuelo de que tendría una muerte digna.
Taehyung, en el piso, miró al general, quien también lo
miraba, como si quisiera hacer algo pero sin poder por lo
drogado que se encontraba.
Entonces se escucharon más disparos y los hombres se
alarmaron. Taehyung sintió felicidad plena cuando Yoongi
entró disparando junto a los demás reclutas.9
Taehyung sintió su corazón latir más despacio.
Se arrastró hacia el general, con la respiración entrecortada
entrecorta da
y su brazo sangrando. Se recostó a su lado, mirándolo, y
cubrió su mano con la de él. Lo miró a los ojos.+
— Te amo... —murmuró, temblando y con frío.56
Y, entonces, cerró los ojos y se dejó ir.
Regreso
General Jeon
Parte dos: Nuevo comienzo212
comienzo212
Todo estaba en silencio; nunca había estado en tanto
silencio. Su cuerpo estaba liviano, como si hubiese saltado
de un edificio, pero en vez de estrellarse en el suelo, flotó
hasta el cielo; mirando las ciudades..., las personas que
lucían minúsculas, como pequeños faroles de luz. Intentó
abrir los ojos, pero le parecía imposible: pesaban más que
todo su cuerpo. Sentía el latir de su corazón, suave y
calmado. Una fresca brisa le acariciaba las mejillas y, de
pronto, un destello de luz apareció. Una luz brillante y
sofocante. Apretó los ojos para cubrirse de ella. 2
Escuchaba voces a la lejanía...; susurros que le decían que
se dejara llevar, que se relajara y disfrutara de la
sensación de estar en paz.
paz.
Lo hizo. Se dejó llevar, esperando a que las voces lo
guiaran a un camino de extrema paz, donde nada doliera,
donde no sintiera temor.
temor.
Jimin abrió las puertas del hospital con fuerza, girando su
cabeza a todos lados. Corrió al ver a varios reclutas con
vendajes y caras de cansancio. Tenía el corazón pendiendo
de un hilo. Le habían avisado hace varias horas que había
varios reclutas malheridos y entre ellos el general.
general. Jimin no
quiso sacar conclusiones ni ser pesimista. Él sabía que todos
estarían bien, solo heridos, pero estarían bien...
bi en... Nada
grave.2
Corrió por los pasillos, subiendo hacia donde una amable
enfermera le había indicado. Había bastantes uniformados
con vendas en los brazos y en la
l a cabeza. Algunos estaban en
camilla.
Jimin miró los rostros y buscó con esperanza los únicos dos
rostros que tanto necesitaba ver. Suspiró cuando vio a
Yoongi sentado en la sala de espera; tenía una venda que
sujetaba su brazo y una compresa fría presionando su
cabeza. Corrió hacia él, que ya lo había visto y se había
levantado, y lo abrazó con cuidado de no lastimarlo. Yoongi
suspiró, oliendo su cabello; su corazón
co razón resonando
fuertemente en sus oídos. Yoongi sintió el cuerpo de Jimin
temblar en sollozos y se separó un poco para tomar su
mentón y mirarlo.2
—Hey, hey. Está bien, no pasó nada. No llores —pidió y
limpió las lágrimas de Jimin, importándole poco las
miradas intrigadas de las personas a su alrededor.
— Y-yo... creí que ibas a morir. Me asusté mucho — balbuceó
entre hipidos y Yoongi lo abrazó fuertemente
f uertemente de nuevo,
acariciándole la nuca con la mano que no tenía vendada.1
—No estoy muerto, estoy bien... Un poco malherido, pero
bien —contestó con optimismo.
Entonces Jimin se separó. —¿T-taehyung? —preguntó con
cierto temor de saber la respuesta. Yoongi tragó.
—El general y él se llevaron la peor parte, me temo —dijo y
Jimin sintió su corazón romperse. Inhaló con dolor y se
aferró a los brazos de Yoongi —. Taehyung fue muy valiente.
v aliente.
Si no hubiese sido por
po r él, estaríamos en guerra ahora y el
general probablemente estaría muerto —comentó y Jimin
asintió, aún sin separarse de sus brazos—. Ambos están con
vida —concluyó. 27
Jimin sintió que podía respirar otra vez.3
Miró a Yoongi y tomó sus mejillas, examinando su rostro
herido y con tiritas cubriendo sus magulladuras.
—Eres un oficial muy fuerte —le dijo y Yoongi sonrío
mirando sus ojos brillantes por las lágrimas. Le dio un
pequeño y rápido beso, que para ambos significaba
demasiado, y le ofreció ir a ver a su amigo.3
Jimin entró a la habitación, oyendo el molesto ruido de los
aparatos del hospital. Hacía un poco
p oco de frío. Yoongi entró
tras él cerrando la puerta con poco cuidado.
El rubio sonrió cuando los ojos de su amigo se encontraron
con los de él.
—Hola —saludó con un nudo creciendo en su garganta.
—Hola... —susurró Taehyung, sonriendo.
—Me alegra mucho que estés bien —mencionó con
honestidad y algunas lágrimas traicioneras abandonaron
sus mejillas.
—Sí, a mí también —respondió y cruzó miradas con Yoongi,
quien le sonrió de forma apretada.
—Te veré afuera —le dijo a Jimin y salió. Taehyung observó
al rubio de forma acusadora y este se sonrojó.
—¿Qué sucede ahí? —preguntó.
Jimin arrastró la silla de una esquina
esqui na y la puso a un lado de
la camilla de Taehyung. Luego le tomó la mano que no tenía
vendada.
—No quiero hablar de mí. ¿Cómo estás?
— Yo no quiero hablar de lo que pasó, ¿sí? —suplicó
Taehyung, mordiendo su labio—. De verdad que no me
gustaría recordar.1
Jimin guardó silencio y acarició la mano color caramelo de
Taehyung. Suspiró.
—No lo sé... Él... como que me gusta —respondió al fin, con
un sonrojo coloreando sus mofletes, y el castaño sonrió.3
—Tú le gustas a él —afirmó y Jimin sonrió, acomodando
unos mechones de su rubio cabello.
—Nos besamos —confesó con timidez. Taehyung aspiró,
ahogándose en el momento, y comenzó a toser. Jimin se
preocupó y le sobó el pecho, pidiéndole
pidi éndole que se calmara.
—¡Eso es muy bueno! —alegó Taehyung—. Estoy muy feliz
por ti —dijo. Jimin sonrió.
— Yoongi me dijo que el general está bien. Le hicieron un
lavado de estómago por las drogas y... solo está muy
golpeado. —Taehyung asintió. Estaba aliviado pero, a la vez,
no quería saber nada sobre él. ¿Recordaría lo que
dijo?
Negó cuando
Negó
recordaría mentalmente. Estaba
Taehyung drogado;
lo tomó de lascon suerte
mejillas.
Suspiró mirando al techo y sintiendo la mano de Jimin
acariciar la suya con cariño..., cariño que tanto le faltó—.
Tú.. puedes decírmelo. Ya sabes —dijo Jimin y Taehyung lo
miró.2
—¿Qué?
—Sé lo que sientes... por el general. Yo... lo puedo ver —
comentó y Taehyung lo miró sin decir una palabra —. Por
cómo lo miras y... bromeas con él... Y haber arriesgado tu
vida para salvarlo... Tae, si eso no es amor, no sé qué lo
sea.3
—No importa —interrumpió Taehyung bruscamente,
queriendo volver a dormir—. Ya no importa ahora. —Jimin
lo miró con tristeza, pero siguió acariciando su mano, y
Taehyung disfrutó de su compañía, disfrutó el estar vivo.
—¿Puedo quedarme con la bala que sacaron de tu hombro?
—preguntó entonces Jimin y Taehyung suspiró para luego
reír.14
Reír con mucho alivio.
[...]
Taehyung sintió la puerta cerrarse y se acomodó en la
camilla, sintiendo su corazón latir desenfrenado al ver al
general frente a él. Su cabello negro estaba un poco
despeinado y lucía como si no hubiese dormido en días. Sin
embargo, aun así Taehyung creyó que era lo más hermoso
que vería en mucho tiempo.3
—Pensé que estabas dormido —comentó el general. Tenía
dos estuches en sus manos. Taehyung negó con una leve
sonrisa.
—No lo estoy —respondió en un susurro. Jungkook lo
observó por unos segundos y luego acercó los estuches hacia
él.
—Esto lo envía el cuartel principal —señaló—. Son medallas
para honrar
honrar tu valentía y... a tu familia. —Destapó los
estuches. Dentro relucían dos medallas doradas con un
listón rojo y blanco. Una tenía escrito "Valentía" y la otra
"Honor" en un grabado de oro. Taehyung las miró con
desinterés y luego miró al general, sintiendo que su corazón
se apretaba y sus ojos se ponían acuosos. 12
—No quiero medallas —confesó y Jungkook tragó, poniendo
la tapa a los estuches y colocándolos sobre la mesa al lado
de la camilla.
—Es lo único que te puedo dar —respondió entonces y
Taehyung sonrió con lágrimas escapando de sus ojos
marrones. Jungkook sintió un revoltijo en su estómago
estó mago y
apartó la mirada, no queriendo verlo llorar de nuevo. No
otra vez.23
''Tienes que dejar de ser un cobarde, Jungkook''. Las
palabras de Yoongi minutos atrás se asentaron en su
cerebro y las sacudió bruscamente. Ese no era el momento
para cuestionarse.
—El entrenamiento ha terminado. Todos los reclutas
pueden volver a sus casas. Tú... —Hizo una pausa—.
¿Estarás bien?
Taehyung sonrió irónico. —Si no morí ahí es porque debo
hacer algo más en esta vida — respondió—. No creo que mi
padre vaya a asesinarme —declaró. Jungkook asintió.
—Hay un taxi esperándote abajo. Puedes vestirte —le dijo y
Taehyung lo observó, esperando que dijera algo más, que se
despidiera, que dijera que lo quería, que lo amaba y que lo
protegería de su padre, del mundo.+
Pero el general solo cerró la puerta tras sí y Taehyung
lloró.1
Lloró porque no lo vería jamás.27
Lloró porque aún le faltaba mucho para encontrar su
felicidad.
Sentirse libre
[El contenido a continuación es sensible. Leer bajo
discreción.]
Taehyung declinó la oferta de Jimin, de irse con él. 1
Porque no quería estorbar, ya no quería ser un estorbo
esto rbo para
nadie.42
Suspiró, abriendo lentamente la puerta de su casa. El olor
olo r a
alcohol impactó fuerte en sus fosas nasales y sintió su
estómago revolverse. Su padre probablemente ni siquiera
sabía que Taehyung estuvo a punto de morir. Se mentalizó
para todo lo que pudiera pasar
pasa r al entrar en esa casa. +
—Estoy aquí —avisó, sin saber muy bien el porqué.
por qué.
Su padre estaba sentado en el sofá con una botella de
alcohol en la mano y tres vacías en el piso. Taehyung se
preguntó de dónde había sacado el dinero para comprar
tantas. Tenía una barba pronunciada y Taehyung dedujo
que llevaba varios días sin asearse.
a searse. Subió directamente a su
habitación y se lanzó a la cama.
Recordó las palabras de su madre, lo que le decía a menudo
a Taehyung, cuando los niños se burlaban de él por
po r actuar
afeminado.
"Las personas siempre encontrarán maneras de
lastimarte, muchísimas maneras. Está en ti dejar que lo
logren. El mundo es un lugar muy sucio, Taehyungie,
Taeh yungie, y no
siempre tendrás a alguien para cuidarte".
cuidarte".
10
Y vaya que lo sabía. No tenía a nadie para cuidarlo, solo a él,
y en ese momento se sentía sin fuerzas... Ni siquiera para
protegerse de sí mismo.
Tomó una almohada y la abrazó, sintiendo
si ntiendo las lágrimas
volver. Taehyung jamás había llorado tanto como lo había
hecho estos últimos meses. Siempre había intentado ser
s er
fuerte; se había tragado sus emociones y había seguido
adelante.
—¿Por qué me dejaste, mamá? Se suponía que me amabas
—sollozó con dolor e ira, los dos sentimientos que jamás
deben juntarse. Acciones irremediables ocurren cuando
ellas entran en acción. Taehyung nunca se había dejado
llevar por sus emociones, pero justo ahí siente que debe
dejarse ir, que debe actuar.
" Nadie nunca querrá a una escoria como tú".
tú".
Taehyung se cubrió la cara con la almohada, intentando
protegerse de todo pensamiento destructivo e hiriente.
De pronto, un destello de luz lo cegó y la sonrisa del general
apareció en su mente. Sus lunares, su ceño fruncido y su
mandíbula marcada; la imagen que grabó en su retina la vez
que enfermó permaneció ahí, junto a sus órdenes,
ó rdenes, sus
regaños. Todo lo que lo distinguía. 1
Taehyung nunca había sido amado, pero amaba con
co n la
fuerza de diez tormentas.
Se levantó, dirigiéndose al baño al verse enfrascado en una
discusión consigo mismo.4
Taehyung quería sentirse libre, y sabía cómo lograrlo. 11
1
Jungkook apretó el volante entre sus manos, mirando el
camino sin verlo realmente. Su cerebro era un cúmulo de
pensamientos e ideas. Millones de sensaciones colisionaban
en su corazón y él simplemente no sabía qué hacer con ellas.
Estaba cansado. Su estómago dolía por el lavado y quería
lanzarse a su maldita cama y dormir por diez horas.
Pero claro que no. Él tenía que pensar. ¿Por qué no podía
salir de su cabeza? ¿Por qué no podía borrar su cínica
sonrisa? ¿Por qué se sentía tan impotente al dejarlo
marchar?
Yoongi puso una mano en su hombro.
— Amigo, baja la velocidad. Acabo de burlar la muerte, no
quiero que venga a cobrar venganza —exclamó y Jungkook
regresó de su ensimismamiento.5
—Lo siento —se disculpó y sacudió su cabeza,
ca beza, bajando la
velocidad y aflojando sus manos del volante. Sus nudillos
volvieron a su color natural.
—Jungkook, para con esto —exigió Yoongi. Jungkook lo
miró confundido por un momento y luego volvió su vista a
la carretera—. ¡Estás haciendo una película en tu cabeza!
Del "qué hubiera pasado si...". Deja de hacerlo. Tomaste una
decisión, ahora abstente a las consecuencias.
—¿De qué mierda estás hablando? —preguntó.
—De Taehyung —respondió y vio los músculos de Jungkook
tensarse.
—Él no tiene nada que ver en esto, deja tus especulaciones.
El hecho de que tú seas gay no tiene
ti ene nada que ver conmigo.
—Sí, y el hecho de que seas un imbécil
i mbécil tampoco tiene nada
que ver conmigo, pero aquí estoy, intentando hacer que
abras los putos ojos.2
—No sé de qué estás hablando.
—Te gusta. —Jungkook iba a replicar, pero Yoongi continuó
hablando—: Te gusta y no sabes cómo lidiar con ello porque
jamás te habías sentido así. Ni siquiera con Heejin.
—¡No soy gay!23
—¡Me importa una mierda si te gusta o no te gustan las
pollas!3
El auto quedó en silencio.
—
Jungkook,
demás, solo... Toda tu—
para complacerlos. vida has hecho
Jungkook todo—por
lo miró los
. Piensa
por una vez en ti. Piensa en lo que estás perdiendo al ser tan
testarudo.
— Voy a casarme, Yoongi. ¿Qué crees que pensarán al ver
que dejé a mi novia de cinco años por un chico que fue mi
recluta? ¡Un chico!4
—Pues a la mierda con el "qué pensarán". Es tu maldita vida
y tú decides de quién enamorarte.2
Jungkook guardó silencio, apretando de nuevo sus manos al al
volante y pensando; viendo la sonrisa de Taehyung en su
mente, viendo sus ojos brillantes, sus labios esponjosos.
Viéndolo lastimado porque sus inseguridades y complejos le
impedían hacer lo que deseaba. Negó, ya no más. Detuvo el
auto y se inclinó para abrir la puerta del copiloto.
— — —
Largo ordenó
Taehyung.54 y Yoongi lo miró confundido . Iré por
El bajito sonrió y bajó del auto, radiante y confiado.20
— Ve por él, tigre —animó y Jungkook hizo rugir el motor
del auto al dar la vuelta. Ojeó en su teléfono los archivos del
cuartel y obtuvo la dirección de Taehyung.7
Iré por ti, Taehyung.179
[...]
Taehyung se observó en el espejo del baño, tocando con sus
dedos su rostro magullado y oscuro. 1
Abrió un compartimento y tomó el frasco anaranjado,
observándolo. Las había comprado para ayudarlo a dormir;
así, cuando su padre subiera por las noches, no lo golpeara.
Lo observó con lágrimas en los ojos, temblando.
Pero la decisión ya estaba tomada.45
Si en este mundo no eres bueno para nada ni para nadie, no
debes estar aquí.
Giró la tapa del frasco, viendo las pastillas rojas que estaban
en el interior. Tragó saliva.
"Prométeme que seguiremos siendo amigos".
amigos".
"Creo tu nombre te queda de maravilla".
maravilla".
"Eres escoria, te detesto".
detesto".
"Eres hermoso tal y como eres, Taehyung".
Taehyung".
El agua de la ducha seguía corriendo, hasta llenar la bañera
lo suficiente como para cubrir todo su cuerpo. Taehyung
giró el frasco de pastillas en su mano y las tragó con
esfuerzo, tomando cada vez más, hasta que quedaron
pocas.8
—Lo siento, Jiminie —sollozó y se metió en la ducha,
esperando a que el efecto diese resultado.1
El timbre de la casa sonó. Oyó a su padre gritar que abriese,
pero todo era borroso.
Escuchó gritos y golpes. Alguien llamaba su nombre, pero él
no podía responder.
Él ahora estaba flotando en paz.
Ahora se sentía libre.
Quédate conmigo I
Jungkook condujo a toda velocidad, queriendo ignorar los
semáforos y las señalizaciones. El GPS lo dirigió hasta un
colorido vecindario: la casa número 323 relucía con
co n una luz
brillante y él sintió su corazón palpitar.
2
Estacionó el coche de forma apresurada, sin siquiera poner
el freno de mano. Acomodó su camiseta
ca miseta y su desaliñado
cabello y tocó el timbre, esperando recibir respuesta,
esperando que fuese Taehyung quien abra y pudiera decirle
que definitivamente quería estar con él.
Escuchó una fuerte voz gritar: —¡Taehyung, la maldita
—
puerta!
adentro y Ytemió
apretó
quesus puños con
estuviese ira. EscuchóTocó
lastimándolo. ruidos desde
el timbre
de nuevo y un hombre alto y con barba abrió la puerta con
enojo—. ¿Qué demonios quieres? —preguntó bruscamente y
Jungkook se tragó su odio.
—Buenas tardes, señor Kim, soy el general Jeon del Cuartel
General de Seúl. Me gustaría ver a Taehyung —saludó de
forma amable, aunque quería estampar sus puños en la cara
de aquel hombre.
— Ahg, ¿para qué? —preguntó y Jungkook chasqueó la
lengua.
— Asuntos del cuartel. ¿Puedo pasar? —cuestionó y el
hombre se apartó desinteresado. La casa apestaba alcohol.
No era como se la imaginaba; no había retratos de
Taehyung cuando bebé ni fotos familiares. Todo era oscuro.
Casi pudo sentir el dolor de Taehyung.
—¡Taehyung, alguien te busca! —gritó el hombre,
sentándose en el sofá y tomando de nuevo la botella casi
vacía de alcohol. Jungkook esperó y no recibió ninguna
respuesta—. Bastardo, está dormido. No sirve para
pa ra nada. —
Jungkook apretó sus puños aún más y no pudo aguantar
más tiempo el odio que sentía.
—Cierre la boca —dijo entonces.2
—¿Quién te crees que eres?
—Usted es escoria —soltó— por herir de esa forma a su
único hijo, a la única persona que tolera su mierda. ¡Usted
lo está matando! —gritó y el hombre se levantó, buscando
lanzar un puño a la mandíbula del general, quien lo esquivó,
tomándolo y dándole vuelta sobre sí mismo. Envolvió
Envolvi ó su
brazo sobre el cuello del mayor, aun sujetando
sujetando su puño, y
respiró en su oído con furia—: Él se irá conmigo, y usted
morirá aquí solo y en su asqueroso alcohol —escupió y lo
soltó, subiendo escaleras arriba, con el hombre detrás.
El padre de Taehyung entró al cuarto de castaño,
encontrando la cama vacía y desordenada. Jungkook se
percató de que
que por la puerta al final del pasillo salía agua
bajo la rendija.
—¿Qué mierda? —masculló el hombre mayor.
Su corazón palpitó con fuerza.
Caminó dando zancadas hasta ahí y tocó la puerta.
—¿Taehyung, estás ahí? —preguntó con el puño pegado a la
madera. Escuchaba el sonido del grifo.
Por favor, contesta.
contesta.
contesta.
Taehyung, por favor, contesta.
—Taehyung, soy Jungkook. Abre la puerta —pidió, girando
la manija, pero no funcionó. Estaba
Es taba cerrada por dentro—.
Maldita sea —exclamó y golpeó la puerta con su costado una
vez, dos veces, hasta que la puerta cedió y lo vio.1
Lo vio ahí, en el agua de la bañera, sus ojos cerrados, sus
labios morados y su rostro pálido. Se acercó a él suspirando,
reteniendo las lágrimas, y tomó su rostro frío.
—Taehyung —llamó fallidamente. Miró alrededor, en el
cuarto de baño, y localizó el frasco anaranjado en una
esquina al lado del inodoro. Suspiró con dolor y puso dos
dedos en la boca del contrario, empujando adentro con
todas sus fuerzas.
Por favor...
favor...
Por favor, despierta.
despierta.
—No me hagas esto, por favor —pidió en voz alta,
sumergiendo sus dedos de manera que sabía que lo haría
expulsar lo que sea que se había tomado
t omado—. Quédate
conmigo, Tae, te lo pido —suplicó llorando. Sacó sus dedos
y miró el rostro relajado de Taehyung.3
"He querido morir desde que nací." 72
Jungkook lloró acariciando su rostro, sorbiendo por su
nariz y volviendo a meter los dedos en su boca, esta vez más
adentro. Rezó porque Taehyung luchara solo un poco más,
que sobreviviera para que pudiera vivir una vida feliz, junto
a él...
Entonces Taehyung respiró y lanzó una arcada, vomitando
todas las pastillas, respirando pesadamente y de forma
fo rma
pausada y dolorosa. Jungkook lo miró y lo atrajo hacia él,
sin importarle si se mojaba. Taehyung miró aturdido,
mareado y desorientado. Jungkook lo apretó más y lloró
sobre su cabellera mojada.30
Tomó una toalla azul que colgaba en una esquina, lo sacó y
lo envolvió en ella. Taehyung apenas podía mantenerse en
pie y el general lo cargó en posición nupcial y salió
apresurado. El padre de Taehyung seguía parado a unos
metros de la puerta del cuarto. Parecía sobrio de repente.
Jungkook abrió la puerta principal y metió a Taehyung a su
auto, importándole poco dar explicaciones a su padre.
Taehyung tenía que recibir un lavado estomacal; no sabía
sa bía
cuántas pastillas tomó ni de qué eran exactamente.
—Estarás bien, solo resiste, ¿sí? —le dijo y Taehyung lo
miró, aún un poco aturdido.
Estarás bien, Taehyung. Ahora estarás bien.
1
Jungkook entró a la habitación con un sabor amargo en la
boca. Llevaba un café en su mano. Taehyung aún no
despertaba.
Le habían hecho un lavado estomacal y sedado parapa ra darle
suero y que repusiera fuerzas. La doctora le dijo que había
llegado a tiempo, que si no lo mataba la intoxicación, la
hipotermia lo haría.
Se sentó en la silla azul a un lado de la cama y bebió de su
café, mientras que con la otra mano acariciaba
aca riciaba el dorso de la
de Taehyung. Suspiró y Taehyung se removió en la cama,
apretando su mano contra la de Jungkook, quien lo observó
cuando lentamente abría los ojos.
—Hola —saludó en un susurro. Taehyung lo miró y miró sus
manos, creyendo que quizás sí había muerto y estaba
alucinando en el cielo. Sonrió un poco, apretando
ap retando la mano
de Jungkook, como queriendo asegurarse de que era real.
—Hola —susurró también Taehyung. Miró a su alrededor,
queriendo hacer muchas preguntas como, por ejemplo, ¿por
qué estaba ahí? ¿Por qué lo salvó?
Jungkook suspiró y se acercó a la camilla.
—¿Por qué hiciste eso? —preguntó y Taehyung cerró los
ojos.
—¿Qué hacías ahí?
—No respondas con otra pregunta —le riñó Jungkook —.
¿Por qué hiciste eso, Taehyung?
—¿De verdad vas a preguntarlo? —Taehyung rio de forma
amarga—. Si no lo hacía yo, mi padre lo haría. Estoy solo, no
tengo empleo, no terminé la universidad. Estoy enganchado
a vivir con los maltratos y los golpes de mi padre hasta que
muera. Estoy... —Mordió su labio con sus ojos picando por
las lágrimas—... Estoy enamorado de ti y vas a casarte.
¿Crees que es una vida increíble?25
Jungkook guardó silencio, soltando su mano lentamente.
Taehyung apartó el rostro, secando sus lágrimas con
co n
molestia por soltar sus sentimientos así como así. Pero era
tanto, era tanto lo que lo consumía, que se sentía ahogado
por tanto que decir, tanto que sentir.
Jungkook volvió a tomar su mano y Taehyung sintió un
escalofrío.
—Jungkook, no-1
—Cállate —dijo y se acercó.
Y entonces lo besó.560
Fue un toque efímero, simple y sencillo. Fue solo un roce de
labios, pero Taehyung sintió fuegos artificiales en su
estómago y temió que Jungkook pudiera escuchar los
latidos de su corazón en aumento por la máquina en la
habitación. Taehyung sintió que Jungkook apartaba sus
labios y lo miró aturdido, con los ojos brillantes.
—Toda mi vida... —habló Jungkook —... Toda mi vida he
hecho lo que todos querían, lo que estaba bien para los
demás. —La respiración del pelinegro chocaba con la de
Taehyung, quien sentía su corazón latir cada vez más
rápido—. Ahora quiero hacer algo que realmente me guste,
sin importar lo que digan.
Taehyung suspiró.
—Te quiero a ti, Taehyung —dijo entonces, y lágrimas
traicioneras descendieron por sus mejillas—. Quiero estar
contigo, con tu risa cínica y tu sarcasmo. Con tu sonrisa
preciosa. —Taehyung sonrió entre lágrimas—. Con tus
pésimos chistes.15
—P-pero tú ibas a casarte —recordó y Jungkook negó.5
—No más —dijo—. Quiero comenzar de nuevo, con alguien a
quien realmente quiero.
Taehyung lloró, por primera vez, de pura felicidad.
—Este no es un buen lugar para decir que me quieres
qui eres —
bromeó entre lágrimas y risas. Jungkook sonrió.
— —
Lo importante
Taehyung asintió.es lo que te dije, no el lugar dijo y
suero
Y en aquella habitación de paredes blancas, con el suero
corriendo por sus venas y el monitor
moni tor cardíaco registrando
sus fuertes latidos, con el frío en sus cuerpos y el
pensamiento de que todo era un sueño, Jungkook volvió a
pegar sus labios juntos, haciendo que Taehyung respirara
feliz. Respirara vivo.+
Y, sobre todo, respirara con la esperanza de que la felicidad
estaba por llegar a él.
Quédate conmigo II
Jungkook abrió la puerta del departamento, invitando a
entrar a Taehyung, quien se fijó en todo alrededor: los
muebles, la pintura, la cocina. Se veía un poco reticente,
pero aún no asimilaba el hecho de que realmente estaba ahí
con el general.
Con su general.130
—Es un poco pequeño, pero es lo mejor que pude conseguir
en tan poco tiempo —aclaró Jungkook, sacando a Taehyung
de sus pensamientos—. Ya está amueblado; sin embargo, si
quieres comprar cosas podemos-
—Es perfecto —lo interrumpió—. Gracias...
Jungkook sonrió con ese encantador gesto de dientes
perlados y acarició la mejilla de Taehyung. Él jamás lo había
visto sonreír de aquella forma, tan genuina e infantil. Se
dejó llevar por el toque y lo miró;
mi ró; con su mejilla apoyada en
la palma que lo acariciaba.
—¿Esto es real? —preguntó entonces y Jungkook sonrió,
acercándose a él; dándole un suave beso.
—Para mí lo es —respondió y acarició con ambos pulgares
sus mejillas—. Ven, tienes que descansar. Te enseñaré el
cuarto.
— Ah, sí, por favor. Siento que me removieron todo en el
estómago —suplicó en broma y Jungkook rio.
La habitación era enorme. Jungkook era bastante exagerado
sobre el tamaño del departamento. Para Taehyung era como
un palacio: la cama era gigante, con almohadas y sábanas
blancas. Había un gran armario de madera y una de las
paredes estaba totalmente cubierta por espejos. También
había un televisor en la pared de enfrente y una puerta que
probablemente dirigía al baño. En un lateral estaba la
entrada a una terraza. Era espectacular. Taehyung sonrió
totalmente enamorado y miró a Jungkook. 5
—Lamento si no...
—Cállate, es perfecto... Es espectacular, todo este cuarto es,
literalmente, el tamaño de toda mi casa — bromeó y vio el
rostro de Jungkook ensombrecerse. Tragó saliva y envolvió
sus brazos en el cuello contrario—. Lléveme a la cama,
general —pidió y Jungkook sonrió, alzándolo y caminando
con él en brazos hasta la cama donde lo depositó
suavemente. 10
Taehyung admiró el rostro del azabache. Era maravilloso.
Delineó con las yemas de sus dedos las cejas oscuras del
mayor, sus pestañas y desde su nariz hasta sus labios, donde
dejó suaves besos. Jungkook sonrió.
—Te amo tanto —dijo Taehyung, esta vez sabiendo que era
correspondido. Jungkook le acarició los cabellos.
— Y yo a ti —contestó y el corazón de Taehyung latió furioso
y con dicha, por primera vez sin ninguna grieta de dolor.
Jungkook lo besó con suavidad, como el toque de una
estrella. Suspiró contento y se dejó llevar por la danza que
hacían sus labios al colapsar entre sí.3
Ambos fueron interrumpidos en pleno apogeo por el timbre,
que sonó dos veces. Jungkook parecía no querer separarse,
pero Taehyung rio y lo apartó un poco.
p oco.1
— Alguien toca —avisó y dio un suave beso en los labios
contrarios. Jungkook acarició sus caderas, enviando un
escalofrío que le erizó la piel, y luego se levantó.
—Quédate en cama, estaré aquí en un segundo —señaló y
Taehyung asintió, acomodándose más arriba y colocándose
las colchas por encima. Hacía frío.
Apenas cerró los ojos dos segundos y sintió la puerta abrirse
de nuevo.
—¡Tae! —Se levantó inmediatamente al escuchar aquella voz
inolvidable. Jimin corrió hasta la cama y se subió
abrazándolo fuerte, tanto que ambos cayeron sobre el
colchón. Taehyung sonrió con lágrimas en sus ojos. Jimin
había regresado, probablemente por la noticia de su intento
de suicidio—. Te odio, te odio tanto. ¿Cómo pudiste
hacerme esto? Y-Yoongi me avisó y tomé tom é el primer tren a
Seúl. T-tú, idiota. En serio eres el peor amigo. ¡Hicimos una
promesa con el meñique! Y tú..., t-tú ibas a romperla. T-te
odio tanto, en serio.30
—Lo siento, Minie. Estoy bien ahora.
—¡No digas eso! Te odio, ¡déjame odiarte por unos
segundos! —pidió y Taehyung sonrió, acariciando sus rubios
cabellos mientras oía a Jimin sorber por su naricita y
limpiar sus lágrimas con sus manos.
—Lo siento mucho... —dijo Taehyung y Jimin se giró para
verlo.
—Me alegra que estés bien ahora —aseguró y ambos
volvieron a abrazarse. Taehyung suspiró con cariño.
—¿Viniste desde Busan? —cuestionó y Jimin asintió,
limpiando sus mejillas bañadas en lágrimas.
— Yoongi me buscó en la estación —dijo y Taehyung sonrió
subiendo sus cejas.
— Así que... ¿Ya es oficial? —dudó y percibió el sonrojo en
las mejillas del rubio.
—No lo sé. Él... Creo que sí... Conoció
Cono ció a mi madre y ella lo
adoró.
—Estoy muy feliz por ti, de verdad.
— Y yo también... —aseguró Jimin y Taehyung sonrió
mordiendo su labio—. Es hermoso este lugar. Jungkook y tú
van a ser muy felices —confirmó sincero y Taehyung sonrió
más.
—Eso espero...
— Yo... Yoongi me dijo que él terminó con su prometida —
comentó Jimin y Taehyung lo miró —. En un restaurante.
Hablaron y Jungkook le dijo que estaba enamorado de
alguien más. Entonces ella enloqueció y le lanzó el anillo
diciendo que era un patán, un idiota y otros insultos de
señora.10
—Insultos de señora —repitió Taehyung con una risa.
Mordió su labio con amor latente creciendo en su pecho—.
Aún no sé cómo te enteras de esas cosas.
—Eso es porque me gusta el chisme —respondió Jimin
riendo—. Y porque Yoongi también me cuenta muchas cosas
—dijo y sonrió.15
—¿Él te trata bien?
— Ah... Él es increíble. Cuando salieron del hospital pasamos
mucho tiempode
en la estación juntos. MeEso
trenes... llevófue
a su casa, se—despidió
doloroso de mí
dijo, haciendo
una mueca—..., pero hablamos estos dos días. Siempre me
contaba todo lo que hacía y siempre se despedía con un te
quiero...
—¿Y cómo lidiarán ahora con la distancia? —dudó
Taehyung, apoyándose sobre su mano.
—No lo haremos. Empiezo la universidad
univ ersidad aquí en Seúl, así
que en lugar de... alquilar un departamento en el campus,
yo... Él, bueno... Me ofreció quedarme en
en su casa.
Taehyung chilló y luego tapó su boca cuando una risa de
felicidad lo invadió.19
—Oh, por Dios. Es tan dulce... Espero que se casen.
—No podemos casarnos. No está permitido aquí... Pero... sí
me gusta muchísimo —afirmó y Taehyung lo abrazó.26
Entonces, entre risas, historias y algunos llantos, fueron
interrumpidos por la firme voz de Yoongi.
—Jimin, ¿puedes venir un momento?
Taehyung codeó a Jimin sugestivamente y el pequeño se
sonrojó, bajando de la cama y acomodando
a comodando su cabello.
Taehyung sonrió negando con la cabeza.
Jimin bajó las escaleras y vio a Yoongi de pie junto al
mesón. Jungkook estaba con él.
—Oye, ¿vas a quedarte un rato más o te irás conmigo? —
preguntó el pálido—. Tengo que hacer algunas cosas
primero.
—Oh —dudó Jimin—. Está bien me quedaré un rato más
con Tae. ¿No importa? —cuestionó, mirando a Jungkook,
quien negó con la cabeza con una sonrisa y luego posó su
vista en Yoongi, que se veía algo decepcionado.
—Bien, entonces me iré ahora...
—¿Vendrás por mí? —preguntó Jimin, acercándose a él.
Yoongi sonrió. —Claro.
—Bien. ¡Adiós! —se despidió. Dejó un beso rápido en los
labios contrarios y luego fue de nuevo escaleras arriba.
Jungkook apartó la mirada sonriendo.
—¿Qué? —refunfuñó un sonrojado Yoongi.
—Estás como... —Tosió—... bastante rojo —se burló
Jungkook y Yoongi bufó, tomando sus propias mejillas
calientes.4
— Agh, me voy ahora —avisó y Jungkook rio. Yoongi abrió la
puerta
llamarloy,—antes de cerrarla
. Me alegra fuerte,
que lo hayasescuchó aaquí...
Jungkook
traído aquí... Que estén
juntos.
—Me alegro también de que hayas encontrado a alguien que
haga que te sonrojes —se burló Jungkook, pero había cierto
ci erto
toque real en aquellas palabras. Yoongi lo llamó idiota,
idi ota, mas
una sonrisa relucía en sus labios.+
Ambos habían perdido cosas, pero habían ganado otras
mucho mejores.1
Ahora se quedarían todos juntos.
Primer día del resto de tu vida
Jungkook se removió entre las sábanas. Su respiración era
acompasada y con el brazo tanteó el otro
o tro lado de la cama.
Estaba vacío.
3
Jungkook se sentó en la cama aturdido, mirando a todos
t odos
lados en la habitación y con el corazón latiéndole furioso en
el pecho.1
—¿Taehyung? —llamó, sin obtener ninguna respuesta.
Tragó saliva y sintió su sangre helarse—.¡¿Tae?! —llamó de
nuevo, esta vez un poco más fuerte.4
—¡En la cocina! —respondió él y fue entonces que Jungkook
pudo respirar normalmente.
Soltó una fuerte exhalación y se dejó caer
ca er de nuevo en la
cama, sobando su frente que repentinamente se había
tensado. Tomó unos pantalones de pijama y se los puso.
Con el torso desnudo y los pies descalzos bajó a la cocina
luego de haberse lavado los dientes.
Taehyung estaba tarareando una canción tonta de algún
comercial de la televisión
sartén. Jungkook mientras
se detuvo meneabaenalgo
unos segundos en unade
el umbral
la puerta solo para observarlo. Llevaba su camiseta
de Metallica,
de Metallica, que le cubría hasta los muslos, y tenía el
cabello despeinado.42
Jungkook sonrió pensando en aquella frase que tanto había
escuchado.
Hoy es el primer día del resto de tu vida. 71
Caminó hasta el castaño, abrazándolo por detrás y dejando
un beso en su sien. Taehyung cerró los ojos y se dejó llevar
por el cariño que emanaba del general. O, bueno, de
Jungkook.
—¿Por qué te levantaste de la cama? —preguntó sin dejar de
abrazarlo. Taehyung meneó la salsa del sartén.
—Moría de hambre, y ya estoy acostumbrado a levantarme
temprano —contestó y miró el semblante de Jungkook —.
¿Qué pasa? —dudó.
— Yo... tuve miedo. Cuando no te vi a mi lado en la cama —
confesó Jungkook y Taehyung apagó la cocina,
co cina, encarando a
Jungkook. Con sus brazos envolvió el cuello del pelinegro,
como ya se le había hecho costumbre, y sonrió.
—Estoy bien ahora, ¿sí? —precisó y Jungkook asintió.
Taehyung se inclinó para besarlo, sintiendo los músculos de
Jungkook destensarse—. Lamento no haber estado ahí para
darte los buenos días como se debe —dijo sonriendo,
acomodando el flequillo de Jungkook para luego apartarlo y
pedirle que se sentara en una de las sillas.
Para Taehyung todo era tan surrealista.22
Hace unas semanas estaba enfermo a punto de d e morir, luego
llorando porque su general iba a casarse y él estaba tan
enamorado de él. Después, repentinamente, recibió una
bala por salvarlo. Intentó suicidarse como último recurso y
solución para su martirio. Y ahora... estaba en un
apartamento que su general compró para ellos, preparando
el desayuno para luego comerlos juntos, en la mesa,
mientras discutían de temas triviales.
s emanas desde su intento de
Solo habían pasado dos semanas
suicidio. Taehyung tenía demasiadas preguntas y una
noche, cuando las suturas de su hombro molestaban
demasiado como para moverse, Jungkook le pidió que las
soltara todas, que él las contestaría. Esa noche Taehyung se
enamoró aún más de
estaba enamorado de Jungkook, sabiendo
él. Le preguntó yaexprometida,
por su que él también
el
porqué para él fue tan fácil dejarla ir.
—No estaba enamorado de ella —respondió esa vez—. Lo
estuve en algún momento, pero... todo se sumió en la
monotonía. Cuando tenía que trabajar ella se resignaba y se
quedaba en casa, esperando mi regreso. No llamaba ni...
nada. —Suspiró, jugando con la mano de Taehyung—. Así
que llegó untarde.
demasiado puntoMi
enmadre
el quequería
me aburrí, pero
que me ya era
comprometiera y
yo... simplemente no pude decir que no.
—Sí podías —había refutado Taehyung, como siempre.
Jungkook lo miró y se giró,
gi ró, quedando así ambos cara a
cara—. Si no estabas enamorado simplemente
si mplemente debiste
haberle dicho a tu madre eso. Nadie debería casarse sin
amor.
—Sí, pero no tenía razones suficientes para decir que no...
Yo tenía fe en que cuando nos casáramos ella cambiaría y
todo sería una aventura —relató y besó los labios fruncidos
de Taehyung—. Pero entonces llegaste tú —dijo en un
susurro, logrando que las morenas mejillas del contrario
tomaran color—. Ahí supe que realmente no quería casarme
y que ya tenía razones suficientes.1
— Ah, cállate. Eres un cursi —había dicho Taehyung,
mientras se cubría las acaloradas mejillas con sus manos.
—Te amo —dijo entonces Jungkook, apartando las manos
de Taehyung de su rostro y mirando sus brillantes ojos. Una
capa de lágrimas bajaba por esas
esa s bellezas marrones.
Taehyung sonrió—. Lamento no haberme dado cuenta
antes.
Esa misma noche, Jungkook le contó que cuando era más
joven tenía la firme convicción de que le gustaban las chicas
y los chicos. Incluso había sentido atracción por algunos
chicos de su clase, pero que, al ser de una familia tradicional
y conservadora, jamás llegó más allá con un chico. Le
agradeció por haberse metido a la milicia y engatusarlo,
porque de no ser así, Jungkook jamás habría sido feliz.2
Taehyung le habló de su madre, de los únicos recuerdos
felices que tenía junto a ella; cuando lo llevaba al campo a
cazar mariposas para luego dejarlas libres, las hermosas
canciones que interpretaba cuando Taehyung se iba a
dormir. Esa vez, Taehyung lloró de nuevo en el hombro de
Jungkook, porque extrañaba a su madre, porque no debió
terminar así.1
Y Jungkook, nuevamente, lo consoló. Porque ahora
Taehyung era consolado, ahora era amado.
Y ahí, en el pequeño taburete de la cocina, con Jungkook
devorando el desayuno como si nunca fuese a tener más
comida, Taehyung sonrió, feliz de que las cosas
cosa s resultaran
así.
Carraspeó.
— Yo... hice una prueba por internet en una universidad de
psicología —habló y Jungkook lo miró, limpiando su boca
con la servilleta—. Ayer llegaron los resultados y quedé
entre los cuatro mejores.2
—¡Bebé, eso es genial! —exclamó Jungkook y tomó la mano
de Taehyung sobre el taburete—. ¿Así que quedaste?36
El castaño asintió, apretando su mano. —Lo hice, sí —
afirmó y Jungkook se levantó y alzó a Taehyung en sus
brazos.
—Estoy muy, muy orgulloso de ti —le dijo y lo besó—, futuro
psicólogo Kim. —Taehyung se rio—. ¿Por qué no me dijiste
antes?8
—No quería decirte nada hasta que realmente entrara en la
universidad, así que...
—¡Entraste! —sonrió y Taehyung soltó una carcajada.
Amaba cuando Jungkook sonreía de esa manera, como un
pequeño niño risueño—. Hay que celebrar —dijo entonces y
se sentó de nuevo, con Taehyung siguiéndolo—. Llamaré a
Yoongi, que venga con Jimin, y nos iremos a un bar, o un
restaurante, o donde tú quieras —sugirió y Taehyung rio
ante su entusiasmo.
—No es necesario...
—¡Claro que es necesario! ¡Es absolutamente
a bsolutamente necesario
celebrar porque entraste a la universidad y terminarás tu
carrera! —farfulló y Taehyung sonrió más, enternecido por
la ternura y el amor de Jungkook.
Suspiró con amor en su pecho.
p echo. —Está bien, pero
celebraremos aquí. No me apetece salir de casa —concluyó y
Jungkook asintió, dejando un beso en el dorso de su mano.1
Ahora harían las cosas bien. Comenzarían de cero, con
nuevas oportunidades.
Pero lo harían juntos.
Estoy y estaré aquí
Hacía frío, estaba helando. Sus pies le ardían por estar
descalzo en la calle. Cada vez que respiraba salía aire frío
de su boca, en forma de humo. Se abrazó a sí mismo sin
saber muy bien porqué estaba frente a su casa. Aquel lugar
se veía sombrío y fúnebre, como las casas de terror que
veía en la televisión.
televisión.
Una neblina le obstaculizaba la visión, así que se alzó de
puntillas e intentó mirar a través de ella. Había una figura
alta detrás. Era Jungkook. Taehyung
Taeh yung frunció el ceño y
caminó hacia él, sintiendo el viento frío azotarlo en la cara.
Jungkook caminó hacia atrás, alejándose de él. él.
— —
¡Jungkook!
entrando gritó, su voz haciendo eco como si estuviera
a un túnel.
túnel.
Pero él no respondió, solo se metió a la casa, a aquella casa
que Taehyung tanto temía. Abrió la puerta con
un rechinido; los muebles estaban destruidos. Había fotos
familiares rasgadas y quemadas. La atmósfera era oscura
y tétrica. Taehyung sintió un escalofrío.
escalofrío.
En una esquina de la habitación Taehyung vio a Jungkook
en el suelo, un charco de sangre bajo él. Gritó y se acercó.
acercó.
—¿¡Jungkook!? ¿Q-qué? ¿P-por qué?
Una voz que conocía muy bien le dijo tras suyo, como un
susurro que a la vez ensordecía, una voz que tantas veces
le causó escalofríos:
escalofríos:
— Esto es lo que ocasionas. —Taehyung lloró sobre el
cuerpo sin vida de Jungkook. Sus manos manchándose con
la sangre de quien tanto amaba.1
—¡No! —gritó.
gritó.
— Para que caigas en cuenta de que personas como tú no
deben amar ni ser amados. Eres escoria y tu novio lo
sabe —dijo la voz de aquel que lo engendró y que tanto lo
había lastimado—. Estarás sólo por siempre, porque estás
maldito y maldito morirás.
morirás.
Taehyung vio el cuerpo de Jungkook evaporarse. Llagas
saliendo en su rostro sin vida, como si estuviera
quemándose, como si simplemente fuera a desaparecer por
el fuego invisible que lo estaba consumiendo.
consumiendo.
Taehyung lloraba y gritaba con dolor, sintiendo sus brazos
quemar al no querer soltar aquel cuerpo.
cuerpo.
[...]2
Jungkook se estiró y encendió la luz de la lámpara que yacía
en la mesita. Se volteó hacia Taehyung, quien temblaba y
lloraba en silencio, hasta que se levantó con el pecho
agitado y sudoroso, gritando su nombre seguido de varios
"no me dejes". Jungkook tomó a Taehyung
T aehyung y lo abrazó.
—Está bien, cariño. Estoy aquí —consoló Jungkook a un
Taehyung que parecía no estar realmente consciente de su
alrededor.
Jungkook acarició su rostro para calmarlo y lo subió a su
regazo, como si estuviera acunando a un bebé.
Era su gran bebé.76
—¿J-jungkook? —preguntó él y el nombrado asintió,
besando su frente por unos segundos. Lo miró.
—¿Estás bien? Solo fue una pesadilla —aseguró. Una de
muchas. Frecuentemente, desde que habían comenzado a
vivir juntos, Taehyung se despertaba en la madrugada
gritando o llorando. Una vez, incluso, lo había descubierto
durmiendo en el sofá. "No quería molestarte, no puedo
dormir", había dicho aquella madrugada. Jungkook se sentó
junto a él, arropando a ambos con la manta peluda que
Jungkook
su pecho ysacó de la habitación.
simplemente Taehyung
se quedaron sesilencio.
ahí, en recostó 1sobre
Aunque las sesiones de terapia habían ayudado bastante,
Taehyung aún tenía pesadillas e incluso algunas veces se
asustaba cuando Jungkook llegaba tarde a casa. Él creía que
iba a abandonarlo o que, súbitamente, en lugar de
Jungkook, el que entraría por la puerta sería su padre. Al
menos eso le había confesado Taehyung esa vez.
—T-tú estabas... Él...
—Shhh, está bien. Estoy aquí, ¿sí? Mírame —pidió y
Taehyung lo hizo—. Puedes tocarme —afirmó y tomó las
manos de Taehyung, poniéndolas en su rostro. Taehyung
acunó las mejillas de Jungkook y suspiró.
suspi ró. Entonces el
pelinegro bajó una de ellas hacia su pecho, en donde su
corazón latía—. ¿Puedes sentirlo? —preguntó—. Es mi
corazón, está latiendo, está con vida, y seguirá
s eguirá así por
mucho tiempo más..., mientras tú estés conmigo. 7
Taehyung sonrió y se subió un poco para juntar sus labios,
sintiendo tanta calidez que le era abrumador. Suspiró
cuando ambos se separaron.
—¿Quieres volver a dormir? —dudó Jungkook y Taehyung
negó.
—No creo que pueda, pero tú puedes hacerlo. Estaré bien —
aseguró y Jungkook negó, dejando otro beso en su frente.
—Prepararé café —avisó y se levantó—. Abrígate, hace frío.
Taehyung agradeció infinitamente estar ahí, vivo.
1
—Está bien, Taehyung. Necesito que cierres los ojos —pidió
la terapeuta y Taehyung se recostó en la silla obedeciendo,
o bedeciendo,
sin saber muy bien lo que ocurría —. Necesito que me digas
qué te viene a la mente con cada palabra que te diga, ¿bien?
—Bien.
—Fiesta. 55
Taehyung suspiró. —Hay globos, un pastel. También hay un
árbol de Navidad —describió. La terapeuta tomaba nota.
—Muy bien. Soledad.18
Taehyung guardó silencio un segundo.
—Estoy en la bañera..., acurrucado, con una vela encendida
en una esquina. Todo está obscuro, excepto por la llama.
—Felicidad.27
Taehyung hizo una pausa. —Jungkook —dice—, estoy con
Jungkook. Estamos viendo una película que ya hemos visto
cientos de veces. Él se burla de la trama
t rama y yo lo regaño. 5
La terapeuta tomó nota con una leve sonrisa
son risa estirando sus
labios pintados de color rojo.
— Ahora, tristeza —continúa y observa a Taehyung fruncir
el ceño y tragar, claramente tenso.18
—Estoy en casa. Mi padre está ahí,
ahí , Jungkook se ha ido y él...
está golpeándome porque..., porque lo dejé solo y...
— Ahora necesito que pienses en el momento feliz de nuevo
—pidió y Taehyung frunció más el ceño —. Necesito que lo
visualices, que lo mantengas en tu mente hasta que el
pensamiento feliz consuma al de tristeza —dijo y Taehyung
lo hizo.
Imaginó la sonrisa de Jungkook, sus fuertes brazos
abrazándolo y acariciándole las piernas, riéndose de aquel
diálogo cliché. Se visualizó a sí mismo golpeándolo
juguetonamente en el brazo porque no lo dejaba
dejaba oír,
haciendo que Jungkook se inclinara y lo besara con amor.
Ni siquiera se dio cuenta de cuando se había relajado.
Abrió los ojos y miró a la mujer, quien se acomodó las gafas
sobre el puente de su nariz y miró a Taehyung.
—¿Sabes por qué hice eso, Taehyung? —cuestionó y el
castaño negó, acomodándose en la silla —. Como seres
humanos, tendemos a dejar que la tristeza nos consuma porpo r
completo, aun cuando tenemos cosas maravillosas en
frente. —La mujer dejó la libreta a un lado —. Irónicamente,
los pensamientos de tristeza, soledad y desesperación
tienden a ser más fuertes y duraderos que la felicidad. Es
por ello que constantemente tendemos a deprimirnos por
cosas pequeñas.
Taehyung parpadeó con atención.
—Lo que pasaste no fue algo pequeño ni algo que se pueda
olvidar de la noche a la mañana —continuó—. No quiero
recetarte un montón de analgésicos y pastillas para dormir
que hacen que te pierdas los mejores momentos. Taehyung,
quiero que cada vez que un pensamiento de tristeza o
soledad te fulmine, lo ataques con el momento más feliz que
se te venga a la mente. Atacar la tristeza
tris teza de raíz es el mejor
tratamiento que te puedo dar —objetó y Taehyung se echó el
cabello hacia atrás.
—No es fácil, es... No puedo simplemente hacerlo porque...
Son tantas cosas-
—Tantas cosas malas, lo sé —lo interrumpió la mujer—.
Pero también hay tantas cosas buenas que la tristeza no te
deja ver: tu nueva vida, tu novio, tu beca en la universidad,
tu futuro título como psicólogo. Son cosas maravillosas.
Pasarás por momentos maravillosos que la tristeza y
desesperación ni siquiera te dejarán disfrutar —comentó y
tomó las manos de Taehyung —... Ataca a la tristeza con tu
recuerdo más feliz. Incluso si no se te viene nada a la mente,
imagina cosas que te harían feliz, que te hacen feliz.
Imagina a cuántas personas haces feliz.
Taehyung medio sonrió.
—No eres una mala persona, Taehyung —aseguró—. Eres
una increíble persona a la que le han pasado cosas malas.
Eres fuerte, y sé que será cuestión de días que dejes de venir
a este consultorio a decirme que no eres suficiente y que
quieres echar todo por la borda —dijo y ambos se miraron—
.maneras,
Inténtalo,otros
¿sí? métodos.
Y si no funciona,
4 encontraremos otras
—¿Y qué pasa con las pesadillas?
—Las pesadillas son comunes cuando una persona pasa por
eventos traumáticos. Eventualmente desaparecerán cuando
más momentos felices acumules en tu cerebro —dijo—. No
dejes, por nada del mundo, que la tristeza sea el cien
ci en por
ciento de ti. Por más fuerte que te sientas, no dejes que se
apodere de ti.1
Taehyung salió de consultorio diez minutos después con los
ojos húmedos por las lágrimas. Inhaló
In haló y exhaló el aire de las
calles y buscó con la mirada a Jungkook, quien lo esperaba
recostado sobre el auto, mientras hablaba por teléfono.
Sonrió, guardando ese momento para usarlo en contra de la
tristeza.
—Hola —susurró cuando llegó a él.
— Yoongi, te llamo luego, ¿sí? —dijo al teléfono y colgó—.
Hey, ¿cómo te fue? —preguntó y lo abrazó tomándolo por
las caderas. Recibieron algunas miradas indiscretas de
personas intolerantes, mas ninguno prestó atención:
estaban demasiado perdidos en el otro.
— —
Estuvo
puerta bien,
para quemuy bien aseguró
se subiera al auto. y Jungkook le abrió la
Mientras conducía, el pelinegro puso su mano en el
e l muslo
de Taehyung, aprovechando el momento en que usó la
palanca de cambios.
— Yoongi preguntó qué haríamos en Navidad. Está bastante
cerca —dijo y Taehyung sonrió.
—No lo sé, nunca he celebrado Navidad —confesó.
Jungkook lo miró por un segundo
s egundo antes de volver la vista a
la carretera.
—Entonces haremos algo, lo que quieras, lo que sea que te
haga feliz —habló y Taehyung sonrió completamente
enamorado.
—Tú me haces feliz —respondió. Jungkook tomó su mano y
la besó, sin apartar la vista
vist a de la carretera—. Pero... me
gustaría un árbol de Navidad. Nunca he tenido uno —
comentó—... Y regalos, algo así como... un regalo a alguien
pero que nadie sepa —dijo y Jungkook rio.
—Bien. ¿Algo más?
—Un pastel —pidió distraídamente.
Jungkook frunció el ceño. —¿Un pastel?
—Mi cumpleaños —comentó—. Es un día antes de fin f in de año
—informó y Jungkook lo miró cuando se detuvieron en el
semáforo en rojo. Le había investigado y había pasado
completamente por alto la fecha de su cumpleaños. Qué
general de pacotilla estaba hecho.
—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó entonces.
—Tú no preguntaste.
—¡Ah, vamos! Llevas dos meses viviendo conmigo, tenía que
saberlo.3
Taehyung rio y dejó un beso en su mejilla justo cuando
Jungkook reanudó la marcha.
— Ahora ya lo sabes —dijo y Jungkook sonrió—. Espero que
estés conmigo para entonces.+
Jungkook lo miró de una forma significativa, con ojos
radiantes.
—Siempre —afirmó—. Estoy y estaré aquí, siempre.
Perdonar y continuar
Jungkook entró al departamento cerrando la puerta con el
pie. Levantó la vista de los papeles que estaba revisando y
miró la casa iluminada. Había un olor a incienso que le
resultaba de lo más agradable, sonrió y se quitó los zapatos,
caminando por la alfombra que hace poco habían
comprado.
Taehyung estaba en la cocina, resolviendo un crucigrama de
lo más concentrado. Estaba mordiendo el bolígrafo y
frunciendo el ceño de una forma que lo hacía ver tierno.
Jungkook carraspeó acercándose a él.
Hola, hermoso
crucigrama
— —saludó
a un lado y Taehyung
cuando Jungkooksonrió, dejando
se inclinó parael
juntar sus labios.
—Hola —contestó cuando se separaron solo unos
centímetros—. ¿Quieres que te prepare algo de comer? —
preguntó y Jungkook negó, dejando otro beso.
—En realidad estaba pensando en que podríamos salir
sal ir a
comer algo —propuso, deshaciéndose de su chaqueta y
colgándola en el perchero de la entrada.
La casa estaba perfectamente decorada, con distintos
adornos de Navidad. A Jungkook le parecía demasiado,
pero no le importó cuando vio la felicidad plasmada en los
ojos de Taehyung al ver cuán hermoso había quedado todo.
Era simplemente maravilloso el notar cómo sus ojos
marrones brillaban al ver el árbol de Navidad y los adornos
que tanto había sufrido por comprar.
comp rar. Jimin fue de gran
ayuda, pero, realmente, nada se comparaba con el hecho de
ver aquella preciosa sonrisa en el rostro de Taehyung.
—Oh, está bien. Iré a cambiarme —avisó y se levantó.
Jungkook sonrió y juntó nuevamente sus labios,
simplemente porque podía. Taehyung rio y lo apartó un
poco, recibiendo una palmada en el culo como respuesta—
. ¡Auch!
¡Auch! —se quejó y golpeó el hombro de Jungkook con una
sonrisa tirando de sus labios.4
Al menos treinta minutos después (porque, demonios,
Taehyung sí que tardaba), ambos estaban saliendo del auto
y jalando la puerta del pequeño restaurante
restaurante que se había
convertido en su favorito. La mesera de siempre pareció
reconocerlos, pues enseguida les dio una sonrisa y se
encaminó hacia ellos con su libreta.
—Me alegra mucho verlos aquí. ¿Qué van a ordenar? —
preguntó y Jungkook hojeó el menú. Ambos ordenaron:
Taehyung pollo y Jungkook accedió a comer lo mismo.
mi smo.
Tomó la mano de Taehyung mientras le contaba lo
ajetreado que estaba el cuartel principal y él lo escuchaba
esc uchaba
atentamente.
Entonces, repentinamente, Taehyung dijo:
—Quiero ver a mi padre.16
Jungkook lo miró unos segundos en completo silencio,
luego soltó su mano y se la pasó por el cabello, sintiendo
sinti endo
que la exasperación llegaba a él. Inhaló y exhaló calmado,
calmado ,
sabiendo que no era correcto hacer una escena en un lugar
como ese.
Por ello, únicamente preguntó: —¿Por qué?
Taehyung tragó saliva y volvió a tomar la mano de
Jungkook, acariciándola, intentando calmarlo. Sabía muy
bien que esa sería su reacción.
—Es... Es mi padre, Jungkook. A pesar de todo lo que hizo,
sigue siendo mi padre y...
—No puedo creer que estés diciendo eso. —Jungkook soltó
su mano bruscamente y Taehyung mordió su labio con
preocupación—. ¡¿Tú realmente esperas que yo te deje ir
allá?!
—Jungkook, no te estoy pidiendo permiso —dijo Taehyung.
Jungkook rio irónico—. Solo quiero verlo, saber cómo está.
No lo he visto en tres meses, Jungkook. Soy la única familia
que tiene.
—No puedes simplemente decir eso, Taehyung —Jungkook
habló—. Intentaste morir por sus maltratos. ¿Crees que
merece que tú te preocupes por él? No se merece nada que
venga de ti.
Taehyung volvió a sostener la mano de Jungkook y lo miró a
los ojos. El azabache casi botaba humo de sus orejas.
—Iré a verlo, también tengo que recoger algunas cosas que
dejé en la casa. En algún momento tendría que ir. Es mejor
no seguir posponiéndolo —concluyó y Jungkook guardó
silencio en cuanto la camarera llegó a su mesa con los
platos. Incluso ella pudo sentir la tensión, supuso
Taehyung; pues se retiró de ahí con un suave "que
disfruten".
La comida estuvo tensa y silenciosa, y una parte de
Taehyung se se
su estómago sintió terrible
cerró por arruinar
y no pudo esade
comer más ocasión
ocasión.. Así que
dos piezas de
pollo y unas cuantas papas; lo demás Jungkook pidió que lo
envolvieran para llevar.1
Al llegar al departamento Taehyung sintió un peso
peso enorme
en su estómago. Jungkook metió las sobras en el
refrigerador y se retiró de ahí sin decir una palabra.
Taehyung no iba a cambiar su idea. Él iría a ver a su padre
aunque Jungkook no estuviese de acuerdo. Sin embargo,
sintió miedo de que de repente Jungkook decidiera no
seguir con él. Mordió su dedo índice, acurrucándose en el
sofá.
No supo en qué momento se durmió, pero abrió un poco los
ojos cuando sintió unos fuertes brazos sobre su cintura.
Jungkook
suavementelo sobre
estabalas
llevando
sábanasa ylalehabitación. Lo recostó
dijo que volviera a
dormir; entonces Taehyung dijo con voz adormilada:
—No quiero que estés enojado. —Hizo un puchero, sabiendo
que Jungkook no podía resistirse a ello. Jungkook se acostó
a su lado y el castaño trepó sobre él, apoyando su cabeza en
su pecho, escuchando los suaves y rítmicos latidos de su
corazón.
—No estoy enojado, solo... —Hizo una pausa—... Tengo
miedo, Tae —confesó y el nombrado lo miró —. Miedo de
que él pueda hacerte algo y... no podría soportar si te
pierdo, o si te veo herido de nuevo —añadió y desvió la
mirada a su hombro, donde una cicatriz yacía.
—No pasará nada, lo prometo —afirmó Taehyung y se sentó
a horcajadas en el regazo de Jungkook —. Y... si no estás de
acuerdo, puedes venir conmigo.
—¿Y pensabas que dejaría que fueras solo? —proclamó
incrédulo. Taehyung sonrió y besó a Jungkook.
—Jungkook, a veces las personas necesitan perdonar
p erdonar para
poder continuar con sus vidas —dijo Taehyung y Jungkook
lo miró, acariciando su mejilla—. Yo... jamás voy a olvidar lo
que mi padre hizo, lo mucho que me lastimó,
lasti mó, pero necesito
superarlo... Necesito... perdonar y continuar, ¿sí?1
Jungkook besó a Taehyung, de la forma más suave y dulce
que jamás lo había besado. 1
—Te admiro, Kim Taehyung —confesó a centímetros de sus
labios—. Eres la persona más fuerte
f uerte que conozco. —
Taehyung sonrió agradecido y dejó un casto beso en los
esponjosos labios del azabache.
—Te amo —susurró.
— Y yo siempre te amaré más —respondió Jungkook.1
2
—Si no sales de ahí en diez minutos entraré por ti —
amenazó Jungkook, sujetando a Taehyung por los hombros
de forma protectora. El auto estaba aparcado
apa rcado frente a
aquella casa que perseguía a Taehyung en sus más
horrendas pesadillas. El castaño sonrió, pero pareció más
una mueca.
—Sí, general — bromeó, pero Jungkook ni siquiera sonrió—.
Te amo. Estaré bien, lo prometo —dijo y se liberó del agarre,
caminando hacia la entrada de la casa. Inhaló aire y rebuscó
en el marco de la puerta la llave que siempre
siemp re guardaba de
repuesto en caso de que perdiera la suya y su padre no
abriera la puerta. La introdujo en el cerrojo y exhaló cuando
la puerta se abrió con un sonido.
La casa apestaba a ropa guardada, humo de cigarro y
alcohol. Taehyung caminó hacia la sala, oyendo el sonido
del televisor. Había cientos de botellas de alcohol regadas
por todos lados, periódicos y fotos antiguas quemadas o
regadas por cada rincón. Taehyung sintió su corazón latir
más rápido cuando vio a su padre sentado en sofá,
mirándolo fijamente, como si él no estuviera seguro de que
Taehyung estuviera realmente ahí.11
—Hola, papá —saludó con voz temblorosa.
— Ah, de verdad estás aquí, ¿no es así? —dudó el hombre, su
—
voz sonando
¿Quieres queáspera por eltucigarrillo
te recuerde lugar aquí?. ¿A qué viniste?
—amenazó,
haciendo el ademán de ponerse de pie; pero falló y cayó
nuevamente en el sofá de cuero.
Taehyung tragó un nudo en su garganta. — Vine a ver cómo
estabas y... Y a buscar algunas cosas —dijo Taehyung y el
hombre lo observó por unos segundos. Taehyung creyó ver
sus ojos llorosos.
—Pues hazlo y márchate —ordenó— antes que te saque por
las malas.
Taehyung mordió su labio con pesar y subió escaleras
arriba, buscando aquel álbum viejo de fotos y el pequeño
cofre marrón que pertenecía a su madre. Tomó también
ta mbién
algo de ropa y zapatos y los guardó en un bolso verde que
yacía en una esquina. Cuando estuvo de nuevo en la sala de
estar, miró a su padre, quizás por última vez. Con agallas,
tragó saliva y se acercó a él. El hombre lo miró, pero no
como antes; esta vez, en su mirada no había odio ni asco.
No había nada.
—Te perdono, papá —le dijo al hombre, quien lo miró sin
verlo realmente. Taehyung
Taehyung pudo notar cómo la respiración
de aquel a quien alguna vez odió tanto fallaba. Lo vio
parpadear con confusión. Taehyung sacó un papel de su
bolsillo—. Este... es mi número de teléfono. Llámame si
necesitas algo o... si surge algo —dijo y lo dejó pegado en
una esquina del televisor.
Sabía que estaba haciendo mal. Sabía que quizás su padre se
aprovecharía de aquello para molestarlo, chantajearlo o
simplemente volver a como era antes; pero no le importó.
Se puso de pie, se despidió de su padre y salió.
Jungkook caminó hacia él con preocupación y lo examinó
tomando su rostro con delicadeza. 1
—¿Estás bien? ¿Él no intentó nada? ¿Te tocó? —preguntó y
Taehyung sonrió, besando de forma suave a Jungkook.
— Ahora estaremos bien —declaró, acariciando el rostro de
quien en algún momento fue su general, pero que, de
manera inesperada, terminó convirtiéndose en todo para él.
En el hombre de su vida, en el único al que llegó a amar de
una forma extraordinaria y por quien era amado de vuelta.
1
Ahora continuarían de forma segura, pues no había rencor
en su corazón. En el solo había amor.+
Amor hacia el general Jeon.
Historias que apenas empiezan
Jeon4
General Jeon4
final206
Capítulo final206
✦
Taehyung sacudió sus manos mientras acomodaba la
temperatura del horno. Sonriendo satisfecho procedió a
quitarse el delantal de cocina que Jungkook había traído
para él. Graciosamente decía "el cocinero más sexy".
s exy". No
pudo estar más a gusto.
Sintió las pisadas de Jungkook bajar las escaleras hasta
llegar donde él. Le sonrió con ternura cuando se colocó
frente
de añoayélJungkook
y dejó unestuvo
beso en su frente.
bastante Era el día
entusiasta porantes de fin
el hecho
de que era su cumpleaños. Le llevó la comida a la cama
(aunque Taehyung sabía de antemano que el azabache no
era para nada un buen cocinero) y le dijo cada vez que tuvo
oportunidad que lo amaba y que estaba agradecido de su
nacimiento.17
El día de Navidad, Jungkook lo llevó a un elegante
restaurante y platicaron
habló de su familia de muchas
y de que algunoscosas. Jungkook
bravucones lo le
molestaban en la escuela. Por su parte, Taehyung le
comentó lo mucho que adoraba las clases en la universidad,
lo entretenido que se sentía al aprender sobre algo que le
gustaba. Ese día, Jungkook le dijo que tenía una sorpresa
para su cumpleaños. Era un intercambio de regalos entre
todos sus amigos. Jungkook se veía bastante entusiasmado
con que Taehyung los conociera.
Así que Taehyung (con algunas quejas de Jungkook sobre
que no debía hacer nada porque era el cumpleañero) se
preparó con su gracioso delantal a cocinar bastantes cosas
para comer, sabiendo que en su relación él era el de las
dotes culinarias.
—Huele delicioso —halagó Jungkook, abrazando al castaño
por la cintura. Taehyung sonrió con suficiencia, casi
palmeándose a sí mismo la espalda.
—Es que me bañé — bromeó y Jungkook rio de forma
ronca.2
—Dicen que si algo huele delicioso es porque
po rque sabe igual.
¿Comprobamos la teoría? —sugirió el azabache con voz
coqueta,
suave y dehaciendo que el menor
forma juguetona en elsebrazo.
sonrojara
28 y lo golpeara
—Ellos van a llegar en cualquier momento —negó y
Jungkook ensanchó su sonrisa, que frecuentemente nunca
se iba de su rostro.
—Tenemos tiempo —dijo y alzó a Taehyung, haciendo que
este por inercia enganchara las piernas en las caderas del
general, indicándole que apagara el horno porque de lo
contrario se quemaría la comida.
Y claro que supieron aprovechar el tiempo.228
Al menos una hora después, Taehyung seguía en el baño,
baño,
arreglándose para únicamente recibir a los amigos de su
pareja. Jungkook, quien estaba estirado en la cama
totalmente vestido, gimió con fastidio.
— Vamos, Taehyung, no es necesario arreglarte
arreglarte tanto —
comentó y Taehyung bufó.
—Guarda silencio —exigió. Jungkook rio.1
—Estás hermoso incluso con una bolsa de basura como
vestimenta. ¿Podemos bajar ya? Los chicos llegarán en
cualquier...12
El timbre sonando dos veces lo interrumpió.
—... momento —terminó y sonrió burlón cuando Taehyung
salió apresurado del baño, metiendo mechones de su corto
cabello por detrás de sus orejas en un acto de nerviosismo —
. Eh, eh —lo llamó—, estás precioso, y si yo ya te amo, ellos
te amarán también —afirmó, besando los labios sabor a
fresa de Taehyung. Le enternecía lo preocupado que estaba
por caerle bien a sus amigos.
En cuanto abrieron la puerta de la entrada, un pequeño
rubio chillóyylosesujetó
los demás, abalanzó hacia
riendo conTaehyung,
felicidad. adelantándose a
Jungkook sonrió,
dejando entrar a Yoongi y a Seokjin.
—¡Feliz cumpleaños a ti, Taehyung-ssi! —exclamó Jimin
con euforia mientras besaba la mejilla de Taehyung.
—Hola amigo —saludó Yoongi y Jungkook le devolvió el
saludo.1
Jimin sonrió con vergüenza y saludó a Jungkook,
disculpándose por sus modales. Yoongi sonrió con ternura
porque, maldición, era tan precioso. 1
Jimin tomó la bandeja que Yoongi cargaba y se la entregó a
Taehyung.
—Para no venir con las manos vacías, hice un pastel.
—¿Hiciste? —preguntó Yoongi.15
—Bueno, mi abuela hizo un pastel, pero yo ayudé
a yudé —corrigió
Jimin con un sonrojo en sus mejillas que ya se veía como
algo natural. Yoongi sonrió y tomó su mano cuando el rubio
se sentó a su lado.
—No te hubieras molestado, Minie, pero gracias. Lo
L o pondré
en la cocina —habló Tae, lanzando una sonrisa a Seokjin
como saludo.
Al rato llegaron los demás amigos de Jungkook. Namjoon,
el doctor que ayudó con las medicinas de Taehyung cuando
estaba en su estado anímico, y Hoseok, un compañero de
universidad al que le había tomado mucho cariño, junto
j unto a
su esposa, una mujer alta y delgada, con cabello
cab ello negro como
la noche.14
—Es un gusto por fin conocerte —dijo Hoseok, estrechando
— —
la mano de
comentó Taehyung
con . Jungkookcarraspeó
burla y el nombrado no deja deavergonzado.
hablar de ti
La noche se basó en historias trilladas sobre distintos
temas; de la guerra, los tiempos en la escuela e incluso
hubieron algunas pullitas de burla hacia Yoongi, que por fin
había sentado cabeza con alguien.37
Hasta que el intercambio de regalos inició. Había varios
regalos bajo el maravilloso árbol de Navidad,
Navi dad, y Taehyung
sonrió cuando Jimin tomó una caja
ca ja forrada de un tamaño
mediano y le devolvió la sonrisa.
—Bueno, estaba asustado de que me tocara alguien como,
no lo sé... Namjoon, porque yo... no lo conozco. Lo siento. —
Jimin sonrió avergonzado y todos rieron —. Pero por suerte
este regalo va dirigido a alguien muy especial —añadió y
sonrió mirando a todos en la habitación—. Yoongi —dijo y el
nombrado frunció el ceño.
—¿Qué? Pero si me dijiste que había sido Taehyung —dijo
confundido y Jimin se encogió de hombros.3
—Bueno, te engañé —se burló y Yoongi rio, tomando el
regalo y dejando un beso en los labios de Jimin. Lo abrió y
sacó del interior una pulcra chaqueta de cuero negro.
Namjoon silbó.
— Volvió el Yoongi de la universidad, amigos — bromeó y
Yoongi rio, besando de nuevo los esponjosos labios de su
novio, quien estaba bastante avergonzado por el afecto
af ecto en
público.2
El regalo de Yoongi fue dirigido a Jungkook, y lo que en un
principio comenzó siendo una caja de condones que
hicieron sonrojar
terminó con a Taehyung
una foto hasta
enmarcada, delas puntas de
Jungkook las orejas,
y Taehyung,
un día que fueron a acampar los cuatro juntos. Taehyung
estaba mirando el cielo estrellado con fascinación y
Jungkook lo estaba viendo a él de la misma manera. El
azabache sonrió, abrazando al mayor y tomando la mano de
Taehyung con cariño.4
El regalo de Jungkook fue para Jimin: un bonito suéter de
lana de color
lencería azul
"sexy" quecielo. Namjoon
lo hizo le 40
sonrojar. regaló
a Taehyung
—Para el cumpleaños de Jungkook —sugirió con un guiño
burlón. Seokjin lo golpeó en la nuca, seguido de Jungkook,
pero la mirada que le lanzó a Taehyung lo calentó más que
la chimenea.
Al final, Taehyung le dio a Seokjin un suéter rosa (Jungkook
le dijo que él los amaba). Seokjin le regaló a Hoseok, quien
terminó regalándole a su esposa, quien a su vezv ez le regaló a
Namjoon un suspensorio.4
—Já —se burló Jungkook —, para tu cumpleaños.26
Antes de medianoche todos entonaron de forma bastante
desafinada y burlona la canción de cumpleaños para
Taehyung, quien terminó riendo tanto que Jungkook tuvo
que darle un pañuelo para sus lágrimas.
La cuenta regresiva comenzó y Jungkook abrazó a
Taehyung.
—Es el fin de este año —comenzó— y estoy muy feliz de
comenzar el que sigue contigo.
Caminaron hasta la pequeña terraza, queriendo un tiempo
para ellos. Jungkook se puso frente a Taehyung y lo miró a
los ojos.
—Tengo un regalo más para ti —avisó y Taehyung sonrió
con el ceño fruncido. El azabache sacó una cajita de
terciopelo de su bolsillo trasero y Taehyung sintió su
garganta cerrarse.4
—J-jungkook, ¿qué...?
—Sé que no podemos casarnos —aclaró, abriendo la cajita
y revelando dos anillos de plata—. Son significativos. —
Tomó uno y lo colocó en el dedo de Taehyung, quien dejó
escapar algunas lágrimas traicioneras—. Es para
demostrarte a ti y al resto del mundo que mi amor es
grande, más grande que cualquier barrera que nos ponga el
universo. —Taehyung sorbió por su nariz—. Con este anillo,
Kim Taehyung, te demuestro lo mucho que te amo —dijo—
y te seguiré amando, hasta que la muerte
muerte nos separe.34
Juntó sus labios en aquel toque explosivo y cargado de
sentimientos justo en el momento en el que dentro de la
casa se escuchó un fuerte Feliz año nuevo y los fuegos
artificiales colorearon el cielo. Ambos se perdieron en el
momento tan surrealista y mágico. 1
Taehyung sintió la suavidad de los labios de Jungkook sobre
los de él, como el toque de una pluma, y sonrió en cuanto se
separaron solo por unos centímetros. Sus respiraciones
mezclándose, el brillo coloreado en los ojos de Taehyung
cautivó a Jungkook.+
—Por un año nuevo, juntos —dijo en un susurro.
Taehyung sonrió, negando.
—Por esta historia, nuestra historia... —Juntó sus frentes—
... que apenas está empezando.
1
.
.
.
FIN
Para Taehyung
Sé que, probablemente, cuando veas el remitente de esta
carta decidas arrojarla al fuego sin siquiera leerla, pero en
caso de que no sea así, me gustaría que la leyeras con
detenimiento.
detenimiento.
6
Crecí junto a una familia conservadora.
conserva dora. Todo lo que ellos
veían mal, lo tachaban de horrible y merecía un castigo.
Con ese pensamiento crecí. Cuando me casé con tu madre,
yo no lo hice por amor. Estaba tan desesperado de
simplemente salir de ese lugar, que me casé con ella para
tener una excusa para irme de la casa. De irme con mi
nueva "familia".7
Toda la ira y frustración que sentía por vivir en un hogar
lleno de críticas y odio la liberaba
liberab a con tu madre. Comenzó
con pequeñas discusiones sobre temas simples, luego
recurrí a la bebida, que era literalmente un impulso para
saltar la barrera que ambos nos habíamos puesto. La
primera vez que la golpeé, ella estaba embarazada de ti.
Yo no tenía idea de eso. Me enteré una semana después,
cuando encontré la prueba de embarazo en la basura del
baño.
baño.
Creí que mi vida se había arruinado, no estaba listo para
criar a un niño. Nunca tuve un buen padre de ejemplo. Le
sugerí varias veces que abortara, incluso la amenacé con
hacerle un aborto yo mismo. Pero ella seguía negándose,
sin importar las amenazas. Finalmente, naciste tú.
tú . Me
perdí tu nacimiento por estar apostando en un bar a las
afueras de Daegu.
cuatro semanas Tu tía fue
después, quequien me avisó,
tú estabas sano.al1 menos
Cuando te vi por primera vez, sentí algo que nunca en la
vida había sentido.
sentido.
Amor.126
Me dije que sería un mejor padre de lo que fue el mío, que
lo intentaría, que formaría la familia que siempre desee, la
familia que veía en las revistas para el hogar, la familia de
los vecinos. Le prometí a tu madre que lo haríamos bien
por ti.
ti.
Como te diste cuenta, no funcionó. 31
Todo empeoró cuando comenzaste a crecer y actuar raro
con otros chicos. La homosexualidad era
e ra el peor fenómeno
en mi familia y era castigada de la peor forma. No podía
permitir que mi único hijo fuera un maricón, no podía
permitirlo. Cuando tu madre te daba alas, te decía que te
amaba como eras y que estaba bien lo que quisieras ser, yo
enfurecí y recurrí al alcohol como medio de bloqueo a los
problemas y desahogo.
desahogo.
Pero el alcohol actúa diferente en cada persona. En mí, me
hace romper barreras y recurrir a la violencia como medio
de defensa contra los problemas. Tu madre aguantaba los
golpes, pero, eventualmente, se cansó y decidió acabar con
su vida en aquel cuarto de baño.
baño.
No fui a su funeral.41
Te preguntarás: ¿A qué quiero llegar con todo esto?
Aquella vez que fuiste a casa luego de haberte alejado con
aquel general que se convirtió en tu pareja, creí que ibas a
odiarme, a escupirme, o que ibas a dejar que ese chico me
asesinara. Pero me sorprendí cuando lo único que recibí de
ti fue un '"te perdono, papá", e incluso dejaste tu teléfono
por si ocurría algo.
algo.
Quise llamarte, muchas veces, son incontables; pero el
orgullo siempre me ganaba y terminaba arrojando el
papel a algún rincón de aquella casa.
casa.
Esperaba tu rencor, Taehyung. Lo esperaba tanto,
esperaba tu odio. Que cada vez que te dijeran mi nombre
sintieras ganas de vomitar o golpear algo, pero lo que
recibí fue compasión y perdón.1
El día que regresaste del reclutamiento había bebido una
botella, esperando que al fin llegara la hora de que mis
riñones colapsaran y te dieran, tanto a ti como a mí, un
descanso.
descanso.
Pero ,Taehyung, nunca, ni en mis peores pesadillas, te
imaginé a ti, pálido y sin vida en una bañera.
bañera.
No a ti.
ti.
No a mi bebé, al bebé que tanto lastimé.223
Te dejé ir, porque quería morir también.14
Porque personas como yo no merecen nada más que la
muerte.89
Pero quería hacer algo, Taehyung, para que mi alma
descansara en paz. Necesitaba pedirte perdón, por todo lo
que te he hecho, por los traumas que te he causado y por no
estar cuando necesitabas a alguien.
alguien.
Te vi, cuando recibiste tu título de psicólogo.97
Estaba en los asientos del fondo. La gente me confundía
con un vagabundo, pero no podía perderme aquel día.
Verte triunfar después de todo me hizo sentir bien, me hizo
saber que al menos moriré sabiendo que seguiste adelante
y no te abatiste por los acontecimientos. Te vi sonreír tan
radiante mientras sostenías aquel título, te vi abrazar a
aquel general de la forma en la que nunca habías abrazado
a nadie. Ira corrió dentro de mí, pero se apaciguó al ver tu
sonrisa de satisfacción.3
Me alegra saber que estés feliz, Taehyung. Me alegra de
maneras indescriptibles y agradezco a ese general por
haberte sacado de aquí, por haberte alejado de mí.
mí.
Espero que tengas una vida próspera y que no me
recuerdes, porque no quiero que tu sonrisa se borre con
recuerdos de dolor y pesar.+
Vive feliz, hijo mío.
mío.