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Psicopatología de los Delirios

Este documento trata sobre la psicopatología de los delirios. En la introducción, se explica que los delirios han ocupado un lugar importante en el concepto de locura a lo largo de la historia. La primera sección analiza los problemas para definir los delirios y las diferencias con otras creencias anormales. La segunda sección cubre las clasificaciones de los delirios según su forma y contenido. El documento continúa examinando los delirios en relación con diferentes trastornos mentales, explicaciones psicológicas de los delirios y
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Psicopatología de los Delirios

Este documento trata sobre la psicopatología de los delirios. En la introducción, se explica que los delirios han ocupado un lugar importante en el concepto de locura a lo largo de la historia. La primera sección analiza los problemas para definir los delirios y las diferencias con otras creencias anormales. La segunda sección cubre las clasificaciones de los delirios según su forma y contenido. El documento continúa examinando los delirios en relación con diferentes trastornos mentales, explicaciones psicológicas de los delirios y
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Psicopatología

del pensamiento (II):


los delirios 9
Rosa M.a Baños • Amparo Belloch

Sumario
I. Introducción
II. El problema de la definición
A. El concepto de delirio
B. Los delirios como creencias falsas
C. Las dimensiones de los delirios
D. Diferencias y semejanzas con otras creencias anómalas
III. La clasificación de los delirios
A. Las distinciones desde el punto de vista de la forma
B. Las clasificaciones en función del contenido
IV. El delirio y los trastornos mentales
V. Explicaciones psicológicas acerca de los delirios
A. Los planteamientos clásicos
B. Los planteamientos actuales
VI. Los factores de germinación y los factores de mantenimiento
A. Factores que influyen en la germinación del delirio
B. Factores que influyen en el mantenimiento del delirio
VII. Perspectivas futuras
VIII. Resumen de aspectos fundamentales
IX. Términos clave
X. Lecturas recomendadas
XI. Referencias bibliográficas
226 Manual de psicopatología

I. INTRODUCCIÓN car, en primer lugar, los problemas asociados a su definición


que, aún actualmente, continúa presentando dificultades
El delirio ocupa un lugar de honor en el concepto que ha- importantes. Otro de los obstáculos ha sido, paradójica-
bitualmente manejamos de locura, como acertadamente mente, la frecuencia de aparición de este trastorno, ya que
señaló Jaspers (1975). Y esto es así tanto para los psicopa- los delirios están asociados con diversas y numerosas for-
tólogos como para la gente en general: si pidiéramos a una mas de psicopatología (Oltmanns y Maher, 1988). Esta si-
persona cualquiera que describiera su imagen prototípica tuación, en vez de promover un estudio profundo de esta
de «un loco», es muy probable que nos dijera que es aquel alteración, ha llevado a muchos clínicos a mantener que los
que se cree Napoleón, o que afi rma que le persiguen los delirios carecen de importancia desde el punto de vista
marcianos. Es decir, señalaría a una persona que tiene un diagnóstico, ya que son fenómenos accesorios que se desa-
delirio. Pero esta confusión delirio-locura no sólo se pro- rrollarían como resultado de problemas más fundamenta-
duce en las ideas que la gente suele mantener, sino que les. Como Oltmanns y Maher (1988) señalan de un modo
también puede observarse en la misma historia del concep- muy ilustrativo, para estos clínicos el examen de las creen-
to de enfermedad mental, pues durante el siglo  el con- cias delirantes sería tan útil como el estudio y clasificación
cepto de locura se basaba sobre todo en el de delirio, de tal de la fiebre. De hecho, tradicionalmente se ha enfatizado
modo que «estar loco» era igual a «tener delirios», y vice- más la forma que el contenido del discurso perturbado que
versa. presentan los pacientes psicóticos (Winters y Neale, 1983).
A esta confusión contribuyó, además de lo extraño y A ello contribuyó probablemente la obra de Bleuler (1942),
llamativo del fenómeno, el problema de las diferencias lin- pues al considerar que el trastorno formal del pensamiento
güísticas y el solapamiento entre «delirio» y «delirium». (la ruptura de asociaciones) constituía el rasgo fundamen-
Como ha dicho Berrios (1991), la noción novecentista de tal de la esquizofrenia, encauzó las investigaciones subsi-
los delirios conllevaba problemas complejos que provenían, guientes sobre este aspecto y no en los delirios propiamente
entre otras cosas, de matizaciones difíciles de traducir de dichos, puesto que para Bleuler eran secundarios y deriva-
una lengua a otra. Así, por ejemplo, en el siglo , el tér- ban de los síntomas fundamentales.
mino francés (délire) se utilizaba tanto para denominar al En este capítulo abordaremos, en primer lugar, el pro-
síntoma (delirio) como al estado orgánico en el que muy a blema de la definición de los delirios, centrándonos sobre
menudo éste se presentaba (delirium). Por su parte, el térmi- todo en los criterios más utilizados para identificarlos y des-
no alemán (wahn) se refería a delirio y a locura en general. cribirlos. También plantearemos el problema de la clasifica-
Estas diferencias tuvieron importantes repercusiones histó- ción de los delirios y las diferencias y semejanzas con otras
ricas: por ejemplo, en la versión inglesa del texto de Pinel A creencias anómalas. Después examinaremos su aparición en
Treatise on Insanity, publicado en 1806, el délire se interpre- los diversos síndromes y trastornos. A continuación estudia-
taba y traducía como delirium. Esto ha supuesto, entre otras remos los diferentes enfoques teóricos que intentan o han
cosas, que incluso actualmente existan diferencias semánti- intentado abordar este intrincado problema, para señalar,
cas entre delirio, delusion, whan o délire (Berrios, 1991), de por último, las variables que juegan un papel determinante
tal manera que el término francés incluye connotaciones en el desarrollo y mantenimiento de una creencia delirante.
ideativas, emocionales y volitivas, mientras que el término
inglés es un concepto esencialmente intelectualista.
Dejando al margen este tipo de problemas y sus impor- II. EL PROBLEMA DE LA DEFINICIÓN
tantes repercusiones conceptuales, lo cierto es que el tema
de los delirios tiene una larga historia dentro de la psicopato-
logía. Aunque la psicopatología de orientación anglosajona A. EL CONCEPTO DE DELIRIO
afirma que la conceptualización sistemática de los delirios
comenzó con Jaspers y la escuela de Heidelberg, sin embar- Como antes apuntábamos, definir qué es un delirio ha sido, y
go, y como muy bien indica Berrios (1991), esta afirmación sigue siendo, uno de los temas fundamentales que ha tenido
no es del todo cierta. Esta visión del delirio, que hereda- planteados la psicopatología. Etimológicamente, la palabra
mos de la escuela de Heidelberg, se comenzó a formar dos delirio deriva del término latino delirare, que significa salir-
siglos antes, si bien es cierto que cristalizó durante el siglo se del surco labrado, lo que aplicado al pensamiento humano
pa sado y desde entonces los cambios habidos han sido esca- sería algo así como «pensar saliéndose del surco normal» (Me-
sos, al menos a un nivel conceptual. rino, Pascual y Belloch, 1991). En sentido lego, tomando la
Por ello no es de extrañar que, a pesar de tener una his- definición que nos ofrece el Diccionario de J. Casares, delirar
toria de casi tres siglos, los psicopatólogos no hayan podido en la lengua española significa «desvariar, tener perturbada la
responder por completo a los muy abundantes problemas razón». Es decir, que en el lenguaje habitual delirar es prácti-
que entraña el concepto de delirio. Como afirmábamos en camente sinónimo de locura, sinrazón, desvarío.
otro lugar, a pesar de su larga historia nuestra comprensión Centrándonos en las definiciones psicopatológicas ten-
del fenómeno, tanto en términos de etiología como de tra- dríamos que empezar diciendo que ninguna se ha podido
tamiento, es por desgracia todavía muy escasa (Merino, proclamar como totalmente satisfactoria. Sin embargo, tam-
Pascual y Belloch, 1991). Entre los obstáculos que han afec- bién es cierto que existen algunas que son más aceptadas y
tado a esta relativa ausencia de progreso habría que desta- más citadas en la literatura. De entre éstas, la definición más
Capítulo 9 Psicopatología del pensamiento (II): los delirios 227

conocida y más citada es la que ofrece Jaspers en su Psicopa- 5. La creencia tiene referencias personales, más que
tología General (1975). Para Jaspers, los delirios son juicios convicciones políticas, religiosas o científicas no convencio-
falsos, que se caracterizan porque el individuo los mantiene nales.
con gran convicción, que no son influenciables ni por la ex- 6. La creencia es fuente de malestar subjetivo o interfie-
periencia ni por conclusiones irrefutables, y que además su re con el funcionamiento social de la persona y con sus ocu-
contenido es imposible. Esta, como ya hemos dicho, es pro- paciones.
bablemente la conceptualización más influyente y, de he- 7. La persona no dice que lleva a cabo esfuerzos subjeti-
cho, la mayoría de las definiciones más recientes son casi vos para resistirse a la creencia (en comparación con los pa-
siempre repeticiones, ampliaciones y matizaciones de ella. cientes que tienen ideas obsesivas).
Un ejemplo lo constituye la definición que propone Mullen
(1979), una de las más citadas en los textos actuales. Se- Cuantas más de estas características posea una creencia
gún este autor, este tipo de creencias anormales tienen las determinada, mayor será la probabilidad de que sea deliran-
siguientes características: te. Pero hay que tener en cuenta que ninguna de ellas es con-
dición suficiente ni necesaria para definir una creencia como
a) Se mantienen con absoluta convicción. delirante; del mismo modo, no a todas se les concede la mis-
b) Se experimentan como una verdad evidente por sí ma importancia, y en todo caso, la investigación rigurosa es
misma, con una gran trascendencia personal. la que debe determinar cuál es el grado relativo de impor-
c) No se dejan modificar por la razón ni por la expe- tancia y significación diagnóstica que tienen cada una de
riencia. ellas (Oltmanns, 1988).
d) Su contenido es a menudo fantástico o cuanto menos En suma, los delirios se caracterizan por ser conceptual-
intrínsecamente improbable. mente muy complejos, y quizá por ello resulta tan difícil
e) Las creencias no son compartidas por los otros miem- «encerrarlos» en una definición. De hecho, quien más y quien
bros del grupo social o cultural (Mullen, 1979, p. 36). menos se ha encontrado con ciertas contradicciones sobre la
conveniencia de una definición: por ejemplo, los fenomenó-
Por su parte, la definición que nos ofrece la American logos normalmente comienzan afirmando que los delirios
Psychiatric Association (APA, 1988) en su sistema diagnós- no pueden ser definidos fenomenológicamente, para pasar a
tico DSM-III-R no presenta diferencias sustanciales con la continuación a definirlos; por el contrario, los nosologistas
anterior de Mullen: afirman que las definiciones son muy importantes, y luego
en sus clasificaciones no suelen definir qué es el delirio (Sims,
Es una creencia personal errónea que se basa en inferen- 1991). Puede que uno de los problemas que hacen tan difí-
cias incorrectas a partir de la realidad externa, sostenida cil la definición de los delirios provenga de considerarlos
con firmeza a pesar de lo que los demás crean y en abier-
como «creencias falsas». Vamos a detenernos un poco en por
ta oposición a pruebas obvias o evidencias incontrover-
tibles. La creencia no es ordinariamente aceptada por qué esta consideración tan profusamente mantenida por tan-
otras personas del mismo grupo cultural o subcultural tos autores y durante tanto tiempo puede ser uno de los orí-
(por ejemplo, no es un artículo de fe religiosa) (APA, genes del problema conceptual que revisten los delirios.
1988, p. 471).
Podríamos seguir enunciando otras muchas definiciones, B. LOS DELIRIOS COMO CREENCIAS FALSAS
y probablemente cada una de ellas incidiría más en algún
aspecto que en otro. O señalaría como más central determi- Como acabamos de decir, una de las definiciones más amplia-
nada característica frente a otras. Oltmanns (1988) ha reali- mente extendidas sobre los delirios es la que se centra en su
zado buena parte de este trabajo, y tras una amplia revisión conceptualización como «creencias falsas». Esta visión del de-
recoge un listado de las principales características que se lirio como un subtipo de creencia comenzó a hacerse popular
hallan contenidas en la mayor parte de las definiciones. A durante el siglo  y fue una de las consecuencias del divorcio
partir de aquí, concluye que las características que se suelen conceptual entre «conocimiento» y «creencia», que se esta-
tener en cuenta a la hora de definir un delirio son las si- ba proponiendo en ese momento (Berrios, 1991). El cono-
guientes: cimiento se empezó a relacionar con la certeza científica y, por
tanto, requería de una redefinición en términos de las eviden-
1. El balance entre las evidencias a favor y en contra de cias que se iban encontrando. Por su parte, la creencia se fue
la creencia es tal que otras personas la consideran completa- subjetivizando y fue redefinida en términos de conocimiento
mente increíble. probabilístico y actitudes mentales. Como los contenidos de-
2. La creencia no es compartida por otros. lirantes difícilmente se ajustaban a los cánones epistemológi-
3. La creencia se mantiene con una convicción firme. cos de la ciencia, los delirios se redefinieron entonces como
Las manifestaciones o las conductas de la persona no cam- creencias, de manera que a finales del siglo  se consolidó la
bian ante la prestación de evidencias contrarias a la creencia. idea de que el núcleo conceptual del delirio era el de creencia
4. La persona está preocupada (emocionalmente invo- mórbida o enfermiza. Sin embargo, esta visión presenta pro-
lucrada) con la creencia y le resulta difícil evitar pensar o blemas que provienen tanto del concepto de creencia como
hablar sobre ella. del de falsedad. Comenzaremos por este último.
228 Manual de psicopatología

Como señala Reed (1978, 1988), aplicar el criterio de jeciones serían las siguientes. Primero, las observaciones clí-
veracidad o falsedad a una creencia es bastante complicado. nicas muestran que es raro el caso en que la admisión de una
Por ejemplo, si un vecino viniese un día a acusarnos de estar creencia delirante (P) se acompañe de la admisión simultánea
implicados en una conspiración en contra suya es muy pro- de proposiciones alternativas (Q o R): es decir, no se cumple
bable que la mayoría de nosotros dijera que lo que esa per- el primer elemento. Segundo, el conjunto de hechos que
sona cree es falso. Sin embargo, si un amigo nuestro cree apoyan al delirio está normalmente ausente, particularmen-
que existe vida en Venus, o que Dios existe, o que es una te en los denominados delirios primarios; por tanto, tam-
persona más torpe que la mayoría, es asimismo muy proba- poco se cumple el segundo elemento. Tercero, el paciente
ble que no catalogáramos ninguna de estas creencias como delirante no hace ninguna búsqueda de evidencia respecto a
verdaderas o falsas. Como máximo, hablaríamos de plausi- P, Q o R; es decir, no se cumple el tercer elemento. De he-
bilidad, coherencia, probabilidad, consenso social, etc. En cho, el único criterio que se cumple es admitir P. Pero inclu-
este sentido, diversos autores han propuesto que el término so en este criterio, las observaciones clínicas demuestran que
delirio sólo se aplique a aquellas creencias que sean total- la naturaleza de la admisión de P en el individuo «loco» es
mente increíbles o completamente absurdas (recuérdese a diferente de la del individuo «normal». Esta diferencia, co-
este respecto la definición propuesta por Jaspers). Pero sin nocida desde el siglo pasado, se relaciona con el llamado
embargo, seguimos sin disponer de criterios objetivos sobre coeficiente de realidad: es decir, el sujeto normal que cree P
lo absurdo o lo creíble de una creencia. Así, la implicación lo hace dentro de ciertos límites de probabilidad, determi-
de que toda creencia delirante conlleva, por definición, con- nados por la fuerza de la evidencia, la personalidad, implica-
tenidos fantásticos o increíbles cuenta con ciertas dificulta- ciones emocionales, etc. Ninguno de estos factores permite
des. Un ejemplo claro de que los delirios pueden contener individualmente elevar el valor de la probabilidad a uno. La
«verdades» o, incluso, «volverse verdades» lo constituyen los fuerza de la evidencia siempre se evalúa en términos de «du-
delirios celotípicos, que consisten en la convicción de que la da razonable». Sin embargo, las observaciones clínicas de-
pareja sexual habitual es infiel. Además, la mayoría de los muestran que esta actitud probabilística puede estar alterada
clínicos que se han enfrentado a pacientes delirantes podría en las personas que presentan delirios (más adelante revisa-
narrar alguna experiencia en la que, lo que al principio pa- remos algunas teorías que intentan ofertar evidencia empí-
recía absurdo, resultó ser finalmente cierto. Como señala rica al respecto).
Maher (1988a), esto se denomina coloquialmente en Esta- Por tanto, dadas las características de convicción extraor-
dos Unidos como el efecto Marta Mitchell: ésta era la esposa dinaria y resistencia a pesar de las evidencias y/o argumen-
de un general americano, que fue diagnosticada de sufrir tos en contra, que Jaspers atribuyó a los delirios, hablar de
algún tipo de psicopatología debido a las acusaciones que creencia no parece adecuado. Una creencia puede ser modi-
hacía sobre actividades ilegales en la Casa Blanca, hasta ficada por la experiencia o por la presencia de claros argu-
que el caso Watergate desveló que estaba en lo correcto. Así mentos en su contra. Como señalan Merino y cols. (1991),
pues, parece que aplicar el concepto de falsedad (o de ve- muchos niños hemos «creído» en los Reyes Magos... hasta
racidad) a una creencia entraña problemas importantes en que nos dimos cuenta de su imposibilidad. Las creencias po-
muchos más casos de los que ingenuamente pudiera pensar- líticas, religiosas, o incluso el tipo de creencias que mantene-
se a primera vista. mos hacia nosotros mismos y los demás, están siempre
Por lo que se refiere al concepto de creencia, también sujetas al cambio y la modificación. Sin embargo, el delirio
nos encontramos con dificultades. En primer lugar, la visión es, en principio, inmodificable por la experiencia. En este
del delirio como «creencia errónea» se formuló por primera sentido, autores como Oltmanns o Reed señalan que, en
vez en el siglo , como antes señalábamos, y por tanto todo caso, el delirio sería asimilable a una convicción, pero
depende en parte de las definiciones coetáneas de creencia nunca a una creencia.
(Berrios, 1991). El cénit de esta visión intelectualista se
puede encontrar en el trabajo de Price (1934, citado en Be-
rrios, 1991), quien distinguía entre cuatro elementos en una C. LAS DIMENSIONES DE LOS DELIRIOS
creencia, y alegaba que una creencia supone:
Como acabamos de ver, el problema de definir qué es un
1. Admitir una creencia (P) junto con una o más propo- delirio es una cuestión cuanto menos difícil. Los hallazgos
siciones alternativas (Q o R). empíricos han mostrado consistentemente desde el siglo 
2. Conocer un hecho o conjunto de hechos (E) que son que los delirios son heterogéneos en términos tanto del con-
relevantes para P, Q o R. tenido como de la forma. Esto ha hecho que algunos autores
3. Conocer que F hace que P sea más probable que Q o hayan propuesto enfoques alternativos a la descripción de
R, es decir, tener más evidencias para P que para Q o R. este fenómeno. Así, Strauss (por ejemplo, 1969), Kendler y
4. Asentir P, lo cual a su vez incluye: a) preferir P a Q su grupo (Kendler, Galzer y Morgenster, 1983), Harrow (Ha-
y R, y b) sentir cierto grado de confianza con respecto a P. rrow, Rattenbury y Stoll, 1988), Brockington (1991), Garety
y Hemsley (Garety, 1985; Garety y Hemsley, 1987; Gare-
Si se admite esta definición criterial de creencia, lo cierto ty, Everitt y Hemsley, 1988), entre otros, han propuesto una
es que los delirios no podrían ser conceptualizados como serie de dimensiones que sugieren la existencia de una gama
una creencia. Siguiendo a Berrios (1991), las principales ob- de continuos que van desde las creencias normales hasta las
Capítulo 9 Psicopatología del pensamiento (II): los delirios 229

patológicas. Estos planteamientos tendrían en común el Probablemente nos mostraríamos de acuerdo con semejante
mantener que algunos aspectos problemáticos de la defini- creencia, o al menos no es probable que nos embarcáramos
ción del delirio se podrían resolver sustituyendo la visión en una discusión disuasoria ni se nos ocurriría animarlo a
ampliamente aceptada de los delirios como fenómenos dis- aportar pruebas, y desearíamos que nuestra parada llegara
cretos (esto es, se delira o no se delira) por otra que los con- cuanto antes.
ciba como partes más o menos extremas a lo largo de las
muchas dimensiones en las que cabe estudiar el mundo de
las creencias y los juicios. En la Tabla 9.1 se resumen estos 2. La intensidad o convicción
continuos que explicamos a continuación.
Esta dimensión se refiere al grado de convicción que mues-
Tabla 9.1 Dimensiones descriptivas de los delirios tra el sujeto. Las visiones más aceptadas defienden que la
intensidad de la convicción es «extraordinaria», como diría
1. Modificable versus Inmodificable Jaspers, o «absoluta», según Mullen. Es decir, ambos coinci-
2. Convicción leve versus Intensa
den en otorgar una «puntuación» máxima a la variable
3. Presencia versus Ausencia de apoyos culturales
4. No preocupación versus Preocupación «intensidad». Sin embargo, evaluar esta variable también es
5. Plausible versus Implausible problemático y difícil. Para empezar, este aspecto es com-
partido con algunas creencias políticas o religiosas. Además,
esta característica puede ser bastante variable, como pone de
manifiesto el trabajo de Strauss (1969), quien con una mues-
1. La inmodificabilidad, incorregibilidad o fijeza tra de 119 pacientes llegó a la conclusión de que la intensidad
de la convicción delirante es tremendamente variable, tanto
Esta característica hace referencia al mantenimiento del de- entre diferentes pacientes como en un mismo paciente. En
lirio a lo largo del tiempo, a pesar de las evidencias en con- consecuencia, parece también aquí más oportuno pensar
tra, y es sin duda uno de los aspectos centrales del concepto que se trata de un concepto dimensional y que, por lo tanto,
de delirio desde que Jaspers la situara en su propia defini- admite una gradación continua.
ción. No obstante, algunas investigaciones ponen de ma- Por otro lado, a pesar de ser una característica definito-
nifiesto que ésta no es una característica discreta, es decir, ria, como antes señalábamos, la mayoría de las veces su va-
que los delirios no son invariablemente fijos, que hay grados loración en ambientes clínicos deja bastante que desear. Por
de «fijeza». Por ejemplo, Sacks, Carpenter y Strauss (1974) ejemplo, Brockington (1991) señala que algunos clínicos no
analizaron el curso de la recuperación de los delirios y ha- revisan con el paciente el grado de convicción, de tal modo
llaron tres fases en los 20 pacientes esquizofrénicos que ob- que este componente, en vez de comprobarse se tiende a asu-
servaron: una primera fase delirante, en la que el paciente mir, e incluso se tiende a sobreestimar su grado, debido al
está totalmente implicado en el delirio; una segunda fase de «temor reverencial» (en terminología de Brockington) que
«doble conciencia», en la que la evaluación de la realidad algunos clínicos tienen a la convicción delirante.
coexistía con los delirios; y una última fase no delirante. De
ma nera que en el tránsito de un estado delirante a uno no
delirante el sujeto pasa por una fase intermedia de doble 3. La ausencia de apoyos culturales
conciencia, donde es capaz de cuestionar la validez de sus
creencias delirantes, aun sin abandonarlas totalmente. Unos En la mayoría de las definiciones de los delirios se añade la
años después, Rudden, Gilmore y Frances (1982) también cautela de que la creencia no debe ser compartida por otros
encontraron que los delirios no siempre se mantienen con miembros del grupo cultural del individuo, como ocurriría
tanta fijeza como se había supuesto, y que en diversas oca- con las creencias religiosas o políticas. El hecho de que esta
siones la confrontación terapéutica con la realidad puede cautela sea necesaria significa, entre otras cosas, que la irra-
obtener resultados positivos. cionalidad de una idea viene definida en parte por el con-
Por otro lado, la inmodificabilidad se basa en la suposi- senso social, y que los psicopatólogos no deberían entrar en
ción de que el delirante se encuentra repetidamente con evi- polémicas sobre cuestiones de ideología a la hora de diag-
dencias contrarias a su creencia, pero que éstas no le afectan. nosticar (Maher, 1988a).
Como señalan Maher y Ross (1984), no es del todo cierto Sin embargo, también es cierto que en algunas ocasiones
que los pacientes realmente experimenten de un modo con- este criterio del consenso se torna incómodo y un arma de
tinuado una contradicción directa de sus creencias. De he- doble filo, pues si por un lado puede justificar ciertas prác-
cho, las observaciones clínicas informales sugieren que los ticas psiquiátricas criticadas desde otros grupos culturales
amigos, los parientes e incluso el personal sanitario general- —baste recordar aquí los tan socorridos «delirios reformis-
mente se muestran de acuerdo con los pacientes delirantes, tas» que se solían diagnosticar a los disidentes soviéticos—,
presumiblemente porque están convencidos de que contra- también existen otros peligros políticos asociados a la nece-
decirlos puede ser inútil o incluso provocativo. Baste un sidad de proteger la libertad individual de pensamiento, en
ejemplo: ¿qué haría cualquiera de nosotros si nos encontrá- contra de la tiranía de las creencias colectivas (Brockington,
ramos sentados en el tren al lado de otro pasajero de aspecto 1991). Por otro lado, también nos encontramos con proble-
algo excéntrico que afirma que es el dueño de la RENFE? mas a la hora de aplicar este principio a la práctica clínica
230 Manual de psicopatología

real, ya que en muchas ocasiones es realmente difícil estar al específicas de los delirios. Además, las creencias delirantes
tanto de las creencias de pequeños grupos alejados de nues- no dan un perfil definido, lo que hace aún más necesario
tro entorno habitual. compararlas con creencias de otros tipos, incluso con otras
creencias no delirantes que mantienen los propios pacien-
tes. Por otro lado, parece que las correlaciones entre estas
4. La preocupación dimensiones no suelen ser significativas, lo que apunta hacia
una relativa independencia entre ellas, y las técnicas multi-
Las creencias normales, aunque las mantengamos con vigor variadas han extraído supervariables más bien anodinas;
y convicción, normalmente no nos preocupan; es más, además, los clusters obtenidos parecen carecer de significado
cuanto más establecidas están, menos probable es que estas clínico o neurobiológico.
ideas inunden nuestra conciencia (Reed, 1978). Pero en lo Todo esto nos lleva a ratificar la afirmación con la que
que concierne a los delirios se suele mantener que los pa- comenzábamos este apartado: definir lo que es un delirio es
cientes están continuamente rumiando sus ideas y emplean mucho más complicado de lo que a simple vista puede pare-
buena parte de su tiempo en reafirmarlas y expresarlas. Esto, cer. Y aunque la mayoría de las veces sea relativamente fácil
en parte, puede estar relacionado con el hecho de que las poner de acuerdo a los clínicos sobre si un paciente delira o
creencias delirantes suelen implicar diversas áreas de las re- no, existen muchos casos que navegan en un mar interme-
laciones y vida del paciente, y suelen ser sobre cosas o indi- dio, para los cuales las definiciones al uso no tienen una
viduos que tienen una conexión con el delirante, lo que las respuesta clara y objetiva. Por eso sigue siendo totalmente
convierte en ideas autorreferenciales. Es decir, dentro de los necesario seguir avanzando en esta dirección y esperar que
delirios está siempre la implicación de que esa noción par- los nuevos datos sobre las dimensiones y la medida de los
ticular tiene relevancia «para mí» (Sims, 1991). Además, delirios aporten cada vez más luz en este campo.
también es cierto que el paciente delirante institucionaliza-
do a menudo poco más tiene que hacer que emplear su
tiempo rumiando sus propios síntomas (Reed, 1978). Y por D. DIFERENCIAS Y SEMEJANZAS CON OTRAS
otro lado, esta característica no es específica ni exclusiva de CREENCIAS ANÓMALAS
las ideas delirantes, sino que también está presente en otras
ideas inusuales, como las obsesivas o las sobrevaloradas. Cuando aludíamos a las dificultades de definir los delirios
veíamos cómo algunas de sus características, tomadas aisla-
damente, podían estar presentes en otras creencias no consi-
5. La implausibilidad deradas como delirantes. El problema del solapamiento se
vuelve especialmente importante cuando consideramos
Esta característica se refiere a la cualidad extravagante del otras creencias «patológicas», ya que la identificación co-
delirio, y está relacionada con la característica de falsedad, rrecta de cada una de ellas tiene implicaciones diagnósticas
especialmente con el grado de verosimilitud de la creencia y y terapéuticas trascendentales. Por eso mismo es importante
con el grado en que el delirio se aparta de la realidad con- diferenciar entre los delirios y otras alteraciones del juicio y
sensualmente determinada, aspectos de los que ya hemos las creencias: concretamente nos referimos aquí a las ideas
hablado. Sólo resaltar que hay que tener en cuenta que mien- sobrevaloradas y las ideas obsesivas.
tras algunos delirios son imposibles en cualquier circunstan- Por lo que respecta a las ideas sobrevaloradas, descritas
cia —por ejemplo, los delirios de estar siendo controlado—, por Wernicke en 1900, se trata de creencias, con distintos
otros delirios, como los de persecución, son plausibles en grados de plausibilidad, que están emocionalmente sobre-
ciertos ambientes. Por último, señalar que el grado de im- cargadas y que tienden a preocupar al individuo y a domi-
plausibilidad no se correlaciona con otros aspectos del deli- nar su personalidad. Son similares a los delirios en que
rio, como puede ser la desviación comportamental. Así, en ambas suponen una fuerte implicación emocional de las
los estados oniroides y delirantes las ideas altamente extra- personas que las mantienen (Reed, 1988). Pero difieren en
vagantes pueden ser expresadas brevemente, sin preocupa- que las ideas sobrevaloradas poseen cierto grado de validación
ción, extensión, sistematización o convicción. Además, la consensual, y pueden ser psicológicamente comprensibles en
cualidad extravagante presenta algunos problemas de defini- términos de la experiencia y personalidad del individuo.
ción y medida, y existen dificultades para distinguir, por Además, las ideas sobrevaloradas típicamente se centran en
ejemplo, los delirios de la innovación creativa. cuestiones sociales, políticas o religiosas, mientras que los
Resumiendo, la definición de las dimensiones de los delirios tienen un componente mucho más personal y son
delirios no es tan fácil como clínicamente se supone. Ade- esencialmente autorreferenciales. Dentro de los delirios está
más, las investigaciones realizadas desde los planteamientos siempre la implicación de que esa noción particular tiene
dimensionalistas, aunque muy interesantes, adolecen de cier- relevancia «para mí». Las creencias delirantes no suelen ser
tas insuficiencias (Garety, 1985; Garety y Hemsley, 1987; sobre cosas o individuos que no tengan una conexión con el
Garety y cols., 1988). Por ejemplo, no se utilizan grupos «sí mismo» del individuo delirante (Sims, 1991). Por últi-
control formados por sujetos con creencias no delirantes, mo, mientras que los delirios remiten con el tratamiento, e
por lo que no es posible hablar de dimensiones que caracte- incluso un mismo paciente puede presentar varias ideas de-
ricen a las creencias en general, o que por el contrario sean lirantes simultáneamente con diversos contenidos, las ideas
Capítulo 9 Psicopatología del pensamiento (II): los delirios 231

sobrevaloradas se centran en un solo tema que persiste inva- el correspondiente capítulo, bastante extraña y anómala,
riable durante meses o años. De todos modos, en algunos por lo que es muy probable que nadie se asombre demasiado
casos puede resultar extraordinariamente complicado reali- si la explicación que ese paciente nos da de ella resulta asi-
zar un diagnóstico diferencial con los delirios, especialmente mismo extraña y anómala (por ejemplo, puede decir que ha
si la idea sobrevalorada interfiere gravemente con el funcio- sido elegido por Dios para salvar al mundo). Es precisamen-
namiento cotidiano normal del individuo. te a esto a lo que se alude cuando se afirma que los delirios
En cuanto a las ideas obsesivas, comparten con los delirios secundarios son comprensibles psicológicamente.
la preocupación que generan en las personas que las mantie- Por su parte, los delirios primarios (o «delirios verdade-
nen. Sin embargo, los individuos que presentan ideas obsesi- ros» o «delirios autóctonos») no tienen su origen en una
vas suelen reconocer lo absurdo de sus creencias, y suelen experiencia anómala previa. Es decir, que al examinar la his-
mantener una lucha permanente con ellas, a la vez que las toria del paciente, su estado emocional actual y su entorno
experimentan como una intrusión en su conciencia, y por cultural, no se puede delimitar claramente su origen. Como
tanto como algo no deseado ni voluntario. En un capítulo Reed (1988) señala gráficamente, la experiencia de los de-
posterior, dedicado a los trastornos obsesivo-compulsivos, se lirios primarios consiste básicamente en el ser inquietan-
exponen con más detalle estas ideas patológicas. temente consciente de que se ha producido un cambio en el
significado del mundo y de las cosas; todo parece cambiado,
diferente, y esto a su vez lleva a sentimientos terribles, difí-
III. LA CLASIFICACIÓN DE LOS DELIRIOS ciles de describir y más aún de explicar. Por tanto, cuando
la persona intenta darle un significado, un contenido a esa
Uno de los aspectos que más se ha trabajado en el tema de experiencia, la explicación no suele ser comprensible para
los delirios es el de su clasificación. Las aportaciones más quienes le escuchan.
relevantes en este sentido provienen, como era de esperar, de Se han postulado cuatro tipos de delirios primarios (Jas-
autores como Jaspers, Schneider o Conrad, debido probable- pers, 1975): intuición delirante, percepción delirante, atmós-
mente a que una de las vías más utilizadas clásicamente para fera delirante y recuerdo delirante. La intuición delirante
penetrar en la estructura psicopatológica del delirio ha sido es fenomenológicamente indistinguible de cualquier idea que
la fenomenológica (Merino y cols., 1991). Así, los delirios se nos asalte repentinamente, que nos «venga a la cabeza». El
han distinguido en función de la forma que adquieren y del contenido de estas ideas delirantes suele ser autorreferencial
contenido de la experiencia que contienen. Comenzaremos y, por lo general, de gran importancia para el paciente (por
por las distinciones desde el punto de vista de la forma. ejemplo, un paciente cae en la cuenta de que las siglas de su
nombre, Emilio Elosúa Albéniz de Darco, significan «Eres
El Asesino de Dios»). La percepción delirante consiste en la
A. LAS DISTINCIONES DESDE EL PUNTO interpretación delirante de un percepto o una percepción
DE VISTA DE LA FORMA normal (por ejemplo, un paciente al mirar su nombre escri-
to en el buzón de su casa se «da cuenta» de que la policía se-
Desde el punto de vista formal, la distinción que se realiza creta lo ha identificado como el enemigo público número
clasifica a los delirios en delirios primarios o verdaderos y uno). La atmósfera delirante consiste en la experiencia subje-
delirios secundarios. Esta división se suele atribuir a Jaspers tiva de que el mundo ha cambiado de un modo sutil pero
(1913), quien a su vez recogió estas distinciones de autores siniestro, inquietante y difícil o imposible de definir. Se sue-
como Gruhle o Wernicke. Jaspers, desde una metodología le acompañar de un estado de humor delirante, ya que el
fenomenológica, planteó la existencia de dos tipos de ideas paciente se siente incómodo, desasosegado e incluso perple-
morbosas: las auténticas ideas delirantes y las ideas deliroi- jo. Los recuerdos delirantes consisten en la reconstrucción de-
des. La auténtica idea delirante es un fenómeno primario, y lirante de un recuerdo real, o bien en que, de pronto, el
como tal tiene un carácter original, inderivable y surge autóc- paciente «recuerda» algo que es claramente delirante (por
tonamente. La idea delirante secundaria o idea deliroide surge ejemplo, de pronto «recuerda» que es el hijo de Dios).
comprensiblemente de otros procesos psíquicos, tales como la A diferencia de lo que hemos dicho que sucede en los
personalidad o los conflictos subyacentes del paciente. Es de- delirios secundarios, esto es, que surgen como intentos (psi-
cir, para Jaspers, y luego también para Schneider, la distinción cológicamente comprensibles) por dar explicación a una
entre delirante y deliroide estaba en función de la incompren- experiencia extraña, en este caso sucede lo contrario: los de-
sibilidad o comprensibilidad, respectivamente, del delirio. lirios primarios se caracterizan porque una vez que irrum-
Esta diferencia implica, además, un intento de explica- pen en la consciencia del individuo, éste va a explicar buena
ción acerca de sus respectivos orígenes: decir que los delirios parte de todo lo que le sucede desde el delirio. Por ejemplo,
secundarios son comprensibles psicológicamente alude a de pronto «entiende» por qué su vecina le deja entrar siem-
que se producen como consecuencia del intento por parte pre antes en el ascensor (intuición delirante), o «recuerda» de
del paciente de explicarse una experiencia anormal o un es- repente que hace un año vomitó después de una copiosa
tado afectivo mórbido. Imaginemos que un paciente acaba comida, lo que significa que alguien estaba intentando en-
de experimentar una alucinación (por ejemplo, dice que ha venenarle (recuerdo delirante).
escuchado una voz muy profunda que le hablaba como si Sin embargo, estas distinciones formales no han estado
fuera su padre); esta experiencia suele ser, como ya se vio en libres de críticas, fundamentalmente porque no es fácil hacer
232 Manual de psicopatología

tales distinciones (Merino y cols., 1991): ¿cuándo podemos 6. Idea delirante de referencia: Idea delirante consistente
afirmar realmente que un delirio explica una alteración pre- en que los acontecimientos, los objetos o las personas próxi-
via y cuándo podemos decir que es autóctono? Y además tales mas del ambiente del sujeto tienen un sentido particular y
distinciones tampoco se han mostrado muy útiles en el diag- no usual, por lo general de tipo negativo y peyorativo. Si la
nóstico clínico, a pesar de que para algunos autores el delirio idea delirante de referencia se articula en una temática perse-
primario sería específico de la esquizofrenia, mientras que los cutoria, entonces puede hablarse también de delirio de per-
secundarios pueden aparecer en otras muchas condiciones. secución. Ejemplos: una mujer está convencida de que los
programas de radio van especialmente dirigidos a ella; cuan-
do radian recetas de cocina quiere decir que ha de preparar
B. LAS CLASIFICACIONES EN FUNCIÓN DEL CONTENIDO algo para su hijo y que ha de dejar de comer bombones;
cuando se transmite música de baile quiere decir que ha de
La clasificación de los delirios se ha centrado casi siempre en dejarlo todo y ponerse a bailar, e incluso que ha de ir a cla-
los temas o contenidos sobre los que pueden versar, aspecto ses de ballet. Un paciente se da cuenta de que el número de
que además se utilizó en muchas ocasiones para definir sín- despacho de su terapeuta coincide con el de la habitación del
dromes psicopatológicos, como el de Capgras, Clerembault hospital donde murió su padre y siente que todo es una
o Fregoli, por poner tres ejemplos ilustrativos. El contenido conspiración para matarle. Este tipo de delirios es básica-
de los delirios (que se suele denominar «tema») puede ser mente igual a los que hemos catalogado, siguiendo a Jaspers,
bastante variado, y existe una amplia variedad de este tipo como delirios primarios.
de clasificaciones. Aquí hemos recogido la propuesta por el 7. Idea delirante extravagante: Falsa creencia cuyo conte-
DSM-III-R (APA, 1988, pp. 472-473). nido es claramente absurdo y sin base real posible. Ejemplo:
un hombre cree que cuando le extirparon las adenoides en
1. Delirio de ser controlado: Idea delirante en la que los la infancia le colocaron un dispositivo en la cabeza con ca-
sentimientos, los impulsos, los pensamientos o los actos son bles a través de los cuales puede oír la voz del gobernador.
vividos como si no fuesen propios y estuviesen impuestos 8. Idea delirante nihilista: Idea delirante en torno a la no
por alguna fuerza externa. Delirios típicos de esta categoría existencia del yo (o de alguna de sus partes), de los demás y
son la alienación del pensamiento, el robo del pensamiento del mundo. Ejemplo: «el mundo se ha terminado», «nunca
o la transmisión del pensamiento. Sin embargo, mientras que más tendré cerebro», «no necesito comer porque estoy hue-
el DSM-III-R opta por incluir bajo una misma categoría co». Una idea delirante corporal puede ser nihilista si pone
todos estos fenómenos, Reed (1972) establece una distin- énfasis en la no existencia del cuerpo o parte de él.
ción atendiendo a sus distintos matices (alienación, robo, 9. Idea delirante persecutoria: Idea delirante cuyo tema
transmisión) y las incluye bajo el rótulo «experiencias de central es la convicción de que una persona (o grupo) es ata-
pasividad», categoría que incluye a su vez en el área de «psi- cada, acosada, engañada, perseguida o víctima de una conspi-
copatología del sí mismo». Si el paciente no especifica la ración. Por lo general la naturaleza del individuo, del grupo
naturaleza de la fuerza exterior que le manipula, Reed los o de la institución está relacionada con el motivo de la per-
denomina experiencias de pasividad; pero si el paciente da secución.
una explicación delirante y determina la naturaleza de esa
fuerza externa, los denomina delirios de pasividad. A esta clasificación habría que añadir: el delirio de culpa
2. Idea delirante corporal: Idea delirante cuyo contenido (el paciente se siente culpable y responsable de todo tipo de
principal se refiere al funcionamiento del propio cuerpo. miserias), el delirio de Sosías o síndrome de Capgras (el pa-
Ejemplos: el cerebro está podrido; una mujer está embaraza- ciente cree que personas importantes en su vida están siendo
da a pesar de estar en la menopausia. También pueden ser usurpadas por un impostor, aun a sabiendas de que tienen la
consideradas ideas delirantes corporales algunos juicios de misma apariencia) y el delirio de amor o síndrome de Clerem-
valor extremos acerca del propio cuerpo. Ejemplo: una per- bault (el paciente cree que alguna otra persona está locamen-
sona insiste en que su nariz está muy deformada a pesar del te enamorada de él).
desacuerdo de los observadores. Las ideas delirantes hipo-
condríacas son también ideas delirantes corporales cuando
implican cambios específicos en el funcionamiento o la es- IV. EL DELIRIO Y LOS TRASTORNOS MENTALES
tructura del cuerpo, en lugar de la creencia insistente de te-
ner una enfermedad. Como decíamos al principio de este capítulo, los delirios
3. Idea delirante de celos: Convicción delirante de que la están presentes en una amplia variedad de trastornos psico-
pareja sexual es infiel. lógicos, neurológicos y médicos. Por ejemplo, Manschreck
4. Idea delirante de grandeza: Idea delirante cuyo conte- (1979) identificaba 75 trastornos que pueden presentar de-
nido implica una exagerada valoración de la importancia, el lirios. Por tanto, la relevancia que tienen los delirios para el
poder, el conocimiento o la identidad personales. Puede ser diagnóstico es evidente. Prueba de ello es que las entrevistas
de naturaleza religiosa, corporal o de otra clase. estructuradas —como el Present State Examination (PSE) de
5. Idea delirante de pobreza: Idea delirante de que el su- Wing, Cooper y Sartorius (1974), el Schedule for Affective
jeto ha perdido o perderá todas o casi todas sus posesiones Disorders and Schizophrenia (SADS) de Spitzer, Endicott y
materiales. Robins (1978), o la entrevista estructurada del DSM-III-R
Capítulo 9 Psicopatología del pensamiento (II): los delirios 233

Tabla 9.2 Trastornos mentales en los que aparece el delirio como criterio diagnóstico, según el DSM-IV y la CIE-10
DSM-IV CIE-10
— Delirium, demencia, trastorno amnésico y otros trastornos cognitivos — Trastornos mentales orgánicos
— Trastornos relacionados con el uso de sustancias — Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de
— Trastornos psicóticos debidos a condiciones médicas generales sustancias psicotrópicas
— Esquizofrenia — Esquizofrenia
— Trastorno esquizoafectivo — Trastorno esquizoafectivo
— Trastorno delirante — Trastorno de ideas delirantes persistentes
— Trastorno psicótico breve — Trastornos psicóticos agudos y transitorios
— Trastorno psicótico compartido — Trastorno de ideas delirantes compartidas
— Trastornos del estado de ánimo — Trastornos del humor
— Trastorno esquizofreniforme — Trastorno esquizotípico

(APA, 1988)— se ocupan detalladamente de los delirios, Y esta importancia se ve también reflejada en los siste-
presentando una clasificación de los mismos. Así, el PSE tie- mas diagnósticos actuales, que incorporan los delirios en sus
ne 39 ítems que pertenecen a 13 tipos fundamentales de criterios de inclusión y exclusión para las categorías diag-
delirios, e incluye un glosario en el que define cada uno nósticas específicas de la psicosis. Así, de los ocho síntomas
de ellos. El SADS y el DSM-III-R les dedican una sección en la fase activa que señala el Research Diagnostic Criteria
entera, señalando 11 y 10 tipos de delirios, respectivamente. (RDC, Spitzer y cols., 1978) para la esquizofrenia, cuatro se
Todos estos protocolos hacen un especial hincapié en el refieren a pensamiento delirante. En el DSM-IV (APA,
contenido de los delirios como punto de partida para el es- 1994) y en la clasificación de la Organización Mundial de la
tablecimiento de las diferentes categorías. Salud (OMS, 1992) —la Clasificación Internacional de

Tabla 9.3 Condiciones y enfermedades en las que aparecen delirios (modificado de Maher y Ross, 1984)

1. Enfermedades de origen neurológico 3. Cromosomopatías


Epilepsia del lóbulo temporal Síndrome de Klinefelter
Esclerosis múltiple Síndrome de Turner
Corea de Huntington Trisomía 47 (XXY)
Demencias preseniles y seniles (Alzheimer y Pick)
Psicosis arterioescleróticas 4. Enfermedades infecciosas
Encefalopatía hipertensiva Sífilis
Tumores cerebrales Malaria
Embolia grasa Encefalitis letárgica
Parkinson postencefalítico Tifus
Hematoma subdural Tripanosomiasis
Hemorragia subaracnoidea
Ataxia tipo Menzel 5. Abuso de alcohol y drogas
Síndrome de Rousse-Levy
Distrofia muscular 6. Agentes farmacológicos
Narcolepsia Anfetaminas
Delirium Fenilpropanolamina
Propilhexedrina
2. Trastornos metabólicos y endocrinológicos Metildopa e Imipramina (combinadas)
Uremia Pentazocina
Pelagra ACTH
Enfermedad de Wilson Cortisona
Lupus eritematoso sistematizado L-Dopa
Porfiria aguda intermitente Imipramina
Anemia perniciosa Metiltestosterona
Hipopituitarismo Difenildilantoína
Síndrome de Cushing
Trastornos tiroideos 7. Trastornos psicopatológicos y psiquiátricos
Hemodialisis Esquizofrenia
Envenenamiento por monóxido de carbono Trastornos delirantes (paranoides)
Hipoglucemia Trastornos afectivos mayores
Deficiencia de vitamina B12 Trastornos de personalidad
Enfermedad de Addison
234 Manual de psicopatología

Enfermedades (CIE-10)—, el delirio aparece como criterio psicológica. Comenzaremos por los planteamientos más clá-
en una gran diversidad de trastornos, tal y como recoge la sicos, para pasar luego a resumir las aportaciones actuales.
Tabla 9.2.
Como puede observarse en esta tabla, la presencia de de- A. LOS PLANTEAMIENTOS CLÁSICOS
lirios es característica de las esquizofrenias, de los trastornos
paranoides y de los trastornos afectivos mayores (depresión 1. Freud y el caso Schreber
y manía). Pueden aparecer además ideas delirantes en ciertos
trastornos de personalidad (como el paranoide, el esquizotí- Freud fue una de las figuras pioneras más importantes en
pico y el esquizoide). Pero además pueden aparecer delirios psicopatología que mantenía la importancia de los síntomas
en una amplia gama de enfermedades de origen biológico, específicos, tales como las ideas delirantes, y que además pro-
por efecto del abuso de alcohol y drogas, y como efectos ponía que la función de estos síntomas podía entenderse en
secundarios de ciertos agentes farmacológicos. La Tabla 9.3 términos de procesos psicológicos (Oltmanns y Maher,
resume algunas de estas condiciones. 1988). De hecho, el estudio de los delirios dentro de las teo-
Por otro lado, aunque los temas delirantes pueden ser rías psicodinámicas ha sido bastante abundante, y dentro de
variados en los diversos trastornos, también nos encontra- la teoría psicoanalítica se han realizado muchos y diversos
mos con que ciertos temas son de aparición más frecuente intentos por comprender las creencias delirantes. En general
en algunos trastornos que en otros. En la Tabla 9.4 se reco- se podría decir que los psicoanalistas han considerado los de-
gen los temas delirantes más frecuentes según aparezcan en lirios como creencias con significado, y esencialmente como
uno u otro trastorno psicológico. Una conclusión inmediata expresiones de las fantasías y los deseos premórbidos del in-
que debemos extraer a la luz de esta amplia gama de situa- dividuo, a los que se daba totalmente rienda suelta una vez
ciones es que resulta absolutamente necesario realizar un que había ocurrido la descompensación, esto es, una vez que
detenido examen de las condiciones que anteceden a su se manifestaba el trastorno. Así, el hecho de que el contenido
aparición, incluyendo la historia premórbida del paciente, y de las ideas delirantes se refiera casi siempre a algunos aspec-
poniendo especial cuidado en delimitar el posible origen tos de las preocupaciones del paciente ha llevado a los teóricos
biológico de los delirios que presenta una persona. psicoanalíticos a atribuir al delirio un valor eminentemente
simbólico, señalando unos mecanismos similares a los del
sueño, y destacando la importancia de ciertos complejos y
V. EXPLICACIONES PSICOLÓGICAS de otros factores afectivos.
ACERCA DE LOS DELIRIOS Aunque algunos teóricos, como Federn (1952) y Hart-
man (1953), han tratado el tema de los delirios en términos
Si tenemos en cuenta los problemas de definición de los de- de un debilitamiento de los «límites del yo» que produce una
lirios, así como la escasa investigación empírica que desde alteración en el sentido de la realidad, para la mayoría de
la psicopatología se ha realizado sobre los mismos, no es los autores psicoanalíticos, el mecanismo fundamental es el
extraño que los psicopatólogos contemos con una gama re- de proyección (atribuir a otras personas sentimientos inacep-
lativamente escasa de opciones para su explicación. A con- tables para el propio yo). La teoría de Freud (1911) respecto
tinuación, vamos a resumir las principales explicaciones a los delirios, aceptada por la práctica totalidad de los psico-
psicológicas sobre los delirios, sin hacer referencia, por tan- analistas, se basa en el análisis de la autobiografía del magis-
to, a las teorías biológicas (los interesados en estas teorías trado alemán Daniel Paul Schreber, publicada en 1903 (existe
pueden consultar, por ejemplo, Gotesman y Shields, 1982; traducción al castellano: Memorias de un neurópata, Argos,
Manschreck, 1979; Neale y Oltmanns, 1980), no porque Barcelona, 1985), en la que hacía una amplia relación de sus
éstas no tengan importancia, sino por centrarnos en las delirios. De entre todos ellos, Freud seleccionó dos que con-
aportaciones que se están haciendo desde la psicopatología sideró fundamentales: primero Schreber afirmaba que estaba

Tabla 9.4 Patrón de temas delirantes más frecuentes en algunos trastornos mentales (tomado de Ludwig, 1986)
TRASTORNOS
TEMAS
Esquizofrenia Paranoia Depresión Manía Demencias
Culpa +
Amor +
Grandeza + + +
Influencia + +
Nihilista + +
Persecución + + + + +
Pobreza +
Referencia + + + +
Somático + +
Capítulo 9 Psicopatología del pensamiento (II): los delirios 235

en vías de convertirse de hombre en mujer; segundo, se que- trario, si resulta comprensible, la etiopatogenia vendrá dada
jaba de haber sufrido ataques homosexuales. Freud llegó a la por los mecanismos anormales de personalidad y por facto-
conclusión de que Schreber tenía tendencias homosexuales res ligados a la historia biográfica del enfermo. En cualquier
fuertemente reprimidas. En definitiva, planteaba que los de- caso, y como indican Maher y Ross (1984), esta distinción,
lirios provienen de los impulsos homosexuales reprimidos aunque de interés intrínseco, realmente no proporciona una
que pugnan por manifestarse. La ansiedad que resulta de la explicación de la génesis del delirio. Además, recordemos
amenaza de su expresión es inaceptable para el yo y, por que la esencia de la definición de los delirios primarios alude
tanto, es manejada con el mecanismo de proyección. a que no es susceptible de explicación, lo que es, desde lue-
Así, Freud señala que, en la homosexualidad reprimida go, poco satisfactorio desde un punto de vista científico.
la frase «le amo» se puede negar de diversas maneras, dando
lugar cada una de ellas a distintos tipos de delirios (de per-
secución, de celos, de grandeza). Por ejemplo, en los delirios 3. La postura de Eugen Bleuler
de persecución, la idea «le amo» —al ser inaceptable para el
yo— es reemplazada por «no le amo», «le odio». Al ser tam- Bleuler (1942) propuso que los delirios podían surgir de dos
bién insatisfactoria, se transforma por el mecanismo de pro- maneras distintas: 1) a través de un «debilitamiento» de las
yección en «me odia, por lo que tengo todo el derecho a asociaciones, como en el caso de la esquizofrenia, o 2) por
odiarlo». La formulación definitiva puede ser «le odio por- una exageración del apego emocional a una idea, como en la
que él me odia y me persigue». En el caso de erotomanía, la paranoia.
frase «no le amo a él, la amo a ella» se transforma en «ella me En cualquier caso, el mecanismo general propuesto por
ama a mí, y por tanto yo a ella». En los delirios de celos, la este autor fue la ruptura del equilibrio entre las cualidades
contradicción surge por la proyección de que no es el indi- formales del pensamiento y los afectos asociados. El esque-
viduo quien ama a otro hombre, sino su esposa o amante. ma de su modelo sería más o menos así:
En los delirios de grandeza, la contradicción se establece por
la proposición «no le amo, no amo a nadie, me amo a mí
mismo». Escisión de las asociaciones incremento de las in-
Han sido numerosos los estudios que han intentado pro- fluencias afectivas debilitamiento de la facultad
de razonamiento lógico ideas delirantes.
bar la teoría freudiana de los delirios, todas ellas recogidas
en las revisiones de Hugdon (1976), Lester (1975), McCaw-
ley (1971) y Wolowitz (1971). Sin embargo, los resultados El hecho de que Bleuler enfatice el trastorno formal del
son débiles y contradictorios, por lo que no es extraño que pensamiento en la génesis de los delirios parece sugerente,
algunos autores, como Maher y Ross (1984), sean categóri- dado que algunos pacientes psicóticos presentan trastornos
cos al rechazarla por considerarla poco explicativa o más del lenguaje y del pensamiento. Pero también es cierto que
perteneciente al ámbito de la especulación literaria que al de hay pacientes con delirios sin este tipo de alteraciones, lo
la ciencia. Además de las tan manidas críticas por el escaso que hace que este planteamiento sea limitado. Más adelante
apoyo experimental, estas teorías también han sido criticadas veremos cómo en la actualidad también existen hipótesis
desde otros supuestos. Por ejemplo, Garety (1991), si bien que consideran los delirios como un problema del pensamien-
está de acuerdo con que el contenido del delirio no sea pro- to formal.
bablemente accidental, señala al mismo tiempo que no está
claro que siempre sean expresiones de deseos tempranos, ya
que a menudo parecen ser descripciones de experiencias ac- 4. El principio de Von Domarus
tuales. Por otro lado, autores como Oltmanns y Maher (1988)
también afirman que no parece necesario apelar a motivacio- En 1944, Von Domarus planteó que los delirios surgían
nes inconscientes o al contenido simbólico de estos síntomas como consecuencia de un fracaso en el razonamiento silo-
para poder explicarlos. gístico (es decir, en el razonamiento deductivo). El fracaso
consistía en asumir la identidad de los sujetos sobre la base de
predicados iguales. Sirva para ilustrarlo un caso tomado
2. La escuela de Heidelberg de Arieti (1955):

Arthur (1964, citado en Maher, 1988) resumía las visiones La Virgen María fue virgen;
que él denominaba el «enfoque Heidelberg», y que se refe- yo soy virgen,
rían al trabajo de Jaspers, Gruhle, Schneider o Mayer-Gross, luego soy la Virgen María.
entre otros. El postulado central de estos autores se centra
en la distinción entre delirios primarios y secundarios, del Arieti (1955), que ha profundizado en el trabajo de Von
que ya hemos hablado. Dada esta distinción, el trabajo de Domarus, ha planteado también esta idea de considerar
estos autores se ocupaba fundamentalmente de estudiar los delirios como una regresión hacia un nivel más primitivo
la comprensibilidad e incomprensibilidad de la génesis de la de desarrollo cognitivo, y más concretamente plantea que
vivencia delirante. Si resulta incomprensible, su etiopatoge- los delirios reflejan un fracaso regresivo en la utilización de
nia ha de estar referida al trastorno fundamental. Por el con- la lógica aristotélica. Sin embargo, esta consideración de los
236 Manual de psicopatología

delirios presenta numerosos problemas. De hecho, estos pro- nes discrepantes, y también de por qué tales observaciones
blemas han llevado a algunos autores a afirmar que el escaso se alejaban de lo predicho, esta explicación se acompaña de
papel de los procesos de juicio en las teorías sobre la forma- alivio y reducción de la tensión.
ción de creencias anormales se debe en parte al desacredi- 6. Los datos posteriores que son consistentes con la ex-
tante principio de Von Domarus (Garety, 1985). Además plicación reducen las disonancias y otorgan cierto estatus a
esta teoría fue desechada, ya que también se ha encontrado la explicación; los datos que la contradicen generan diso-
que los sujetos normales tampoco son muy eficaces en tareas nancia cognitiva y no son «bien recibidos».
de este tipo. Es posible, incluso, que este tipo de error apa- 7. Los demás juzgarán la creencia como delirante: a) si
rezca en el pensar cotidiano de las personas normales, ya que los datos sobre los que se basa no están disponibles también
las leyes formales de la lógica se rigen por las relaciones entre para ellos, y/o b) si estando los datos disponibles no generan
proposiciones o juicios, pero parece que este modo de pro- en ellos el sentido de enigma o el significado que les da el
ceder no es el que caracteriza, ni mucho menos, el pen- paciente.
samiento normal de la gente (Eysenck y Keane, 1990). 8. Las experiencias de «significado» y «alivio» se asume que
tienen un locus real en el sistema nervioso, probablemente me-
diatizado por el emparejamiento —o el fracaso en el empare-
B. LOS PLANTEAMIENTOS ACTUALES jamiento— de una plantilla neuralmente definida (la secuencia
de observaciones esperadas) con otra plantilla neuralmente de-
1. El delirio como explicación racional finida (la secuencia experimentada). Si esto es correcto se pue-
de suponer que el sentimiento de tensión y activación del
Según algunos autores (por ejemplo Garety, 1991), la teoría estado de búsqueda puede ser producido, de un modo endóge-
psicológica actual más importante de la formación de los no, mediante diversas neuropatologías que afectan al tejido
delirios es la que algunos denominan como «teoría percep- neuronal relevante, y por tanto que puede ocurrir en ausencia
tiva». Y, sin duda, el máximo exponente de esta postura es de discrepancias reales en las secuencias ambientales.
Maher (Maher, 1974, 1988 a y b; Maher y Ross, 1984; Ma- 9. Las teorías delirantes, basadas en datos no disponibles
her y Spitzer, 1992; Maher, 2003), quien señala que una a los demás, se pueden desarrollar: a) si existe un deterioro
persona delirante presenta problemas perceptivos primarios, real en el funcionamiento sensorial —incluyendo también
de naturaleza fundamentalmente biológica, que ocasionan las sensaciones de dolor, cinestésicas y viscerales— que no
experiencias anómalas. Mantiene que esa experiencia anóma- ha sido diagnosticado en el paciente; b) si existe un déficit
la (por ejemplo, oír voces en ausencia de una causa eviden- en el proceso que selecciona la información entrante (como
te) produce un sentido de perplejidad, lo que lleva a su vez un déficit atencional), o c) si existe una alteración en la con-
a una búsqueda de explicación, lo cual es anormal, ya que la ducta expresiva personal (por ejemplo, trastornos del len-
experiencia inicial es anormal (una explicación sería, por ejem- guaje o motores que no se han diagnosticado).
plo, que la voz es transmitida a través de un transmisor invi- 10. Una teoría delirante, al igual que cualquier teoría,
sible). La llegada a una explicación, aunque sea singular, se no se abandona hasta que el paciente tenga otra que expli-
acompaña de alivio, lo cual sirve para reforzar la explica- que mejor las experiencias que está teniendo.
ción. Maher (1988a) resume su postura en diez puntos:
Resumiendo, la visión de Maher es que la explicación
1. El pensamiento delirante no es en sí mismo aberran- —es decir, el delirio— es esencialmente un producto del ra-
te; es decir, los procesos implicados en la formación de los zonamiento normal; el proceso que sigue es el mismo que el
delirios no difieren de los procesos implicados en la forma- que seguiría un científico que buscara una explicación a un
ción de otras creencias no delirantes. fenómeno intrigante, y se mantiene del mismo modo: es de-
2. Los delirios pueden considerarse teorías (similares a cir, la resistencia a la contraargumentación implica los mis-
las teorías científicas), y las teorías sirven para imponer or- mos procesos. En la Figura 9.1 se ejemplifica el patrón
den y significado a los datos empíricos que se obtienen me- habitual que las personas seguimos para establecer una
diante la observación. creencia determinada. Como puede verse, el proceso es esen-
3. Cuando la naturaleza nos presenta algún enigma o mis- cialmente el mismo que el que se postula para la formación
terio, entonces surge la necesidad de elaborar teorías. Por de creencias delirantes: la diferencia básica estaría en que el
misterio o enigma Maher se refiere a aquellas situaciones en primer paso se produce, en el caso del delirio, por lo anóma-
las que no se produce una secuencia de acontecimientos fa- lo e inesperado de la secuencia de experiencias que el indivi-
miliares y predecibles, sino que los que se producen son no- duo está percibiendo.
vedosos e impredecibles. Por tanto, estos acontecimientos La implicación obvia de esta teoría es que los delirios y
generan sorpresa, y esta discrepancia entre lo esperado y lo las creencias normales tienen la misma finalidad: compren-
ocurrido nos coloca en un «estado de búsqueda». der el mundo, explicarlo. Por lo tanto, unos y otros siguen
4. Los enigmas requieren o exigen explicaciones; la bús- el mismo proceso formal de razonamiento. Así, en sus últimas
queda de tales explicaciones comienza y continúa hasta que publicaciones Maher ha ido modificando su énfasis inicial en
al final se haya ideado una explicación. los planteamientos perceptivos y se ha centrado cada vez
5. Cuando se desarrolla una explicación y ésta da cuenta más en la segunda parte del proceso, es decir, la que afecta
satisfactoriamente de un número importante de observacio- sobre todo al proceso de razonamiento.
Capítulo 9 Psicopatología del pensamiento (II): los delirios 237

La secuencia de experiencias obtenida difiere


de la esperada

Se constata una discrepancia

Desconcierto

Percepción del significado

Búsqueda de más
observaciones

Desarrollo de hipótesis y comprobación mediante


más observaciones

Rechazo de la hipótesis cuando las nuevas observaciones


las desconfirman

Búsqueda hasta la obtención de una hipótesis satisfactoria

Sentimiento de descanso y «alivio»

Reducción de la disonancia

Resistencia ante datos contradictorios y bajo umbral


para el reconocimiento de datos confirmatorios

Figura 9.1 Formación de creencias según Maher (1988)


238 Manual de psicopatología

Maher (1988a) ofrece tres tipos de evidencias que apo- terpretación delirante y no otra explicación «más natural».
yarían su teoría. Primero, recuerda la gran variedad de con- Afirmar que este tipo de experiencias dan lugar a los delirios
diciones en las que se presenta el delirio, lo cual apoyaría su «cuando la persona no dispone de una explicación correcta»
planteamiento de que el delirio es siempre un síntoma o parece excesivamente aventurado. A esta crítica, Maher res-
respuesta secundaria, reactiva, a otra alteración, ya que sería ponde que la mayoría de la gente presenta una preferencia
difícil concebir que todos los trastornos compartieran otra común por explicaciones mágicas y misteriosas, y no por las
cosa que no fuera cierto grado de discapacidad corporal, que explicaciones científicas. Llega incluso a afirmar que «se
puede implicar características motoras o sensoriales. No hay puede mantener que el científico “subjuntivo”, racional,
pues, según este autor, razones para defender que los delirios orientado a los datos, es el estadísticamente aberrante —y
sean alteraciones primarias del funcionamiento cognitivo que no el paciente delirante con sus creencias sobre el FBI u
surjan de conflictos motivacionales, como defendían, por ondas del espacio exterior» (Maher, 1988a, p. 56).
ejemplo, los planteamientos psicodinámicos. En segundo lu- Sin embargo, Chapman y Chapman (1988) examinaron
gar, Maher señala que no existen evidencias de deterioro en la el tipo de relaciones entre experiencias y creencias, utilizando
capacidad de razonamiento de los pacientes delirantes. Ve- para ello un grupo de estudiantes universitarios, y encontra-
rificar que existe un deterioro de este tipo implicaría de- ron que el rango de las posibles creencias era enormemente
mostrar que estos pacientes realizan peor que otros grupos amplio, ya que iba desde la presencia de creencias absoluta-
diagnósticos tareas que conlleven inferencias lógicas, induc- mente normales hasta la de creencias delirantes. En algunos
ción y deducción. Según Maher, los resultados de los diver- casos, el delirio era el resultado evidente de una experiencia
sos estudios experimentales han sido bastante concluyentes perceptiva anómala, ya que aceptar la veracidad de esa expe-
al demostrar que los delirantes no cometen errores de este riencia requería, casi necesariamente, el desarrollo de una
tipo o, por lo menos, no cometen más errores que otros pa- explicación delirante. Otros estudiantes informaban de la
cientes y que las personas normales. En consecuencia, con- presencia de delirios que no guardaban relación aparente
cluye que no hay evidencia que apoye la hipótesis de que alguna con experiencias inusuales y anómalas. Y otros pre-
existe un defecto básico en el razonamiento de los pacientes sentaban ideas delirantes que tenían alguna relación con sus
delirantes. En tercer y último lugar, señala que cuando se experiencias inusuales, pero que no eran explicaciones de
estudian las respuestas que dan personas mentalmente sanas esas experiencias. Su conclusión es la de que «los procesos
bajo situaciones ambientales anómalas se encuentra que es bas- por los cuales las personas elaboran interpretaciones deliran-
tante fácil provocar creencias irracionales, muy parecidas a tes o no delirantes de sus experiencias anómalas no son igual
las delirantes. Estudios realizados con sujetos a los que se de razonables» (Chapman y Chapman, 1988, p. 175).
induce hipnóticamente alguna deficiencia sensorial, como Por lo que se refiere al segundo aspecto del planteamien-
por ejemplo, sordera (Zimbardo, Andersen y Kabat, 1981), to de Maher, es decir, la afirmación de que no existen datos
o cuando se producen pérdidas auditivas que no han sido a favor de la presencia de alteraciones en los procesos de
diagnosticadas (y por lo tanto el sujeto no las conoce), así razonamiento de las personas con delirios, los mismos Chap-
como en condiciones experimentales de deprivación senso- man y Chapman (1988) en sus investigaciones encuentran
rial, han confirmado la alta probabilidad de que aparezcan que el «deslizamiento cognitivo» de los esquizofrénicos deli-
ideas delirantes. En suma, los sujetos que tienen experien- rantes, que es caracterizado como un trastorno formal del
cias perceptivas anómalas, cuyas causas ignoran, desarrollan pensamiento de carácter leve, era mayor cuando se hablaba
una interpretación delirante para su explicación. Tal inter- con ellos acerca de sus experiencias psicóticas. Entonces, los
pretación es necesariamente anómala, puesto que refleja la pacientes comenzaban a expresarse de un modo vago, a ve-
naturaleza de unas experiencias que son claramente anóma- ces tangencial, saltando de una idea a otra, con dificultades
las. Este planteamiento sugiere, además, que todos los deli- para encontrar las palabras más adecuadas y expresándose
rios son secundarios (apelando a la distinción jasperiana que de forma inadecuada. Los pacientes delirantes restringen la
comentamos antes) y que, por lo tanto, la distinción prima- información a tener en cuenta para llegar a una conclusión.
rio versus secundario no tendría sentido o, al menos, no sería Es decir, que ignoran o proporcionan un peso inadecuado a
útil ni explicativa desde el punto de vista de la realidad clí- los datos procedentes de otras experiencias que contradicen
nica. la idea delirante. Estos autores señalan que cuando Maher
A pesar de lo sugestiva y coherente que resulta esta teo- pone el ejemplo del razonamiento científico como modelo
ría, también ha sido criticada por diversos autores. Por ejem- de razonamiento similar al delirante, está olvidando el he-
plo, Winters y Neale (1983), refiriéndose a la existencia o cho de que el delirante ignora informaciones y hechos que
no de un déficit auditivo en los pacientes delirantes, señalan son muy relevantes y muy obvios, lo que desde luego no
que la cuestión empírica central es saber si los paranoides hace o no debe hacer el científico. Es decir, lo razonable o
presentan más problemas auditivos que los no paranoides. A no de una creencia debe juzgarse sobre la base de la cantidad
este respecto citan el trabajo de Bull y Venables (1974), quie- de evidencias que se tienen en cuenta y de la importancia
nes utilizando tonos audiométricos puros no observaron relativa que se da a cada una de tales evidencias. El no deli-
diferencias significativas en el umbral auditivo medio entre rante suele tener en cuenta más datos, además de los proce-
los grupos paranoide y no paranoide. Asimismo, la teoría no dentes de su experiencia anómala, mientras que el delirante
deja del todo claro por qué los sujetos para explicar una ex- responde a esa experiencia como si fuera el único dato dis-
periencia sensorial anómala o ambigua desarrollan una in- ponible (Merino y cols., 1991). En cualquier caso, y como
Capítulo 9 Psicopatología del pensamiento (II): los delirios 239

el propio Maher reconoce, aún sigue quedando el problema expresaban una mayor certeza en sus conclusiones que los
de por qué algunos pacientes eligen explicaciones delirantes demás sujetos, en el segundo trabajo esas diferencias desapa-
a sus experiencias anómalas y otros no. recieron.
Pero al mismo tiempo también encontraron algunos
resultados sorprendentes: 1) que siguiendo el modelo baye-
2. Los delirios como alteraciones del pensamiento formal siano, los sujetos con delirios resultaron ser mejores razona-
dores que los normales, ya que estos últimos mantuvieron
Desde otros planteamientos actuales se plantean cuestiones durante más tiempo hipótesis que ya se habían revelado
tales como: ¿es la persona delirante irracional?; ¿cuál es el como falsas; 2) que al encontrarse con evidencias discordan-
papel del razonamiento, si es que tiene alguno? Estas cuestio- tes los delirantes cambiaban sus hipótesis iniciales con más
nes han sido centrales, como ya hemos visto al hablar de frecuencia que los controles. Es decir, muy a su pesar, los re-
Bleuler o Von Domarus, y siguen siendo centrales en la in- sultados obtenidos sólo confirmaban un sesgo concreto de
vestigación sobre los delirios. razonamiento: que los delirantes necesitaban menos infor-
Siguiendo a Garety (1991), las razones que hacen plau- mación para llegar a una conclusión, pero que ésta, para
sible este tipo de hipótesis serían las siguientes. Primero, y colmo de males, era la correcta.
como antes indicábamos, no todos los sujetos bajo las mis- Los autores, de alguna manera, se vieron abocados a ana-
mas condiciones desarrollan creencias delirantes. Los delirios lizar la ejecución individual de los delirantes para poder lle-
no parecen surgir necesariamente de experiencias percepti- gar a ratificar sus hipótesis iniciales sobre la facilidad con
vas anómalas. Recuérdese el trabajo que antes citábamos de que los delirantes llegan a conclusiones y la facilidad con que
Chapman y Chapman (1988) con un grupo de estudiantes. las cambian. En cualquier caso, aunque el trabajo de estos
Segundo, mientras que la evidencia clínica ciertamente autores es encomiable y riguroso, lo cierto es que no deja de
sugiere que algunos delirios son informes de experiencias ser descorazonador el hecho de utilizar grupos clínicos am-
anormales, tales como alucinaciones, también se sugiere que plios para terminar apoyando las hipótesis en exámenes de
las experiencias perceptivas anormales no son acontecimien- respuestas individuales, y aunque los autores argumentan
tos sensoriales «dados», sino que ellos mismos implican ra- que los diseños de grupos no son los más adecuados para
zonamiento. Por ejemplo, Slade y Bentall (1988) mantienen realizar investigaciones como éstas, lo cierto es que la única
en su libro Sensory Deception que el proceso clave en las alu- conclusión que se puede extraer es que los delirantes, como
cinaciones es un fracaso de la habilidad en el juicio de la grupo, no han refutado las hipótesis establecidas (Gómez-
«discriminación de la realidad». Tercero y último, existiría Fontanil, 1993).
evidencia a favor de anormalidades o sesgos de razonamiento En un trabajo posterior, Garety (1991) presenta un mo-
en los delirantes, que han sido publicados en un número de delo preliminar de los procesos de juicio que estarían impli-
estudios recientes, donde destacan los trabajos del grupo cados en la formación de delirios (véase la Figura 9.2). El
de Hemsley y Garety (Hemsley y Garety, 1986; Huq, Gare- modelo se basa, como también lo hiciera el de Maher, en los
ty y Hemsley, 1988; Garety, Hemsley y Wessely, 1991; Ga- procesos normales que se desarrollan para adquirir y mante-
rety y Freeman, 1999; Garety y cols., 2005). ner creencias en general, y asume que cualquier individuo
Estos autores desarrollaron la teoría de Fischoff y Beyth- que elabora una creencia presenta un conjunto de expectati-
Maron, quienes en 1983 propusieron explicar los sesgos que vas, estados de ánimo y personalidad que influyen en la se-
afectan a la formación de creencias usando como referen- lección de la información que se detecta en el ambiente y
cia el modelo bayesiano de probabilidad. Este modelo esta- que varía a lo largo de un número de dimensiones, tales como
blece el modo en que se debería evaluar la evidencia cuando las expectativas y aprendizajes previos, el estado afectivo
se elabora, se mantiene o se descarta una hipótesis. Los tra- o las variables de personalidad (recuadro 1). El hecho de que
bajos del grupo de Hemsley y Garety están encaminados, se detecten o no las informaciones que nos proporciona el
concretamente, a dilucidar el modo en que los delirantes medio depende, además, de las características propias de la
llevan a cabo los procesos de búsqueda de información. En información que se encuentra disponible en un momento da-
el primero de estos trabajos (Hemsley y Garety, 1986) se do: en el recuadro 2 se resumen las principales dimensiones
postula que uno de los déficit básicos de los delirantes consis- que caracterizan a esas informaciones. Naturalmente, algunas
te en su incapacidad para tener en cuenta evidencias nuevas de ellas se ignorarán, especialmente si son neutras, habituales
y contrastarlas con los datos que ya poseen. Los otros dos o esperadas (recuadro 3), pero las más extrañas, novedosas,
estudios (Huq, Garety y Hemsley, 1988; Garety, Hemsley y sobresalientes, etc., se procesarán (recuadro 4) (véanse asimis-
Wessely, 1991) están dirigidos a examinar posibles déficit en mo las características en negrita del recuadro 2). La creencia
el razonamiento probabilístico de los delirantes. Los resul- (recuadro 5) es, en definitiva, el resultado de la interacción
tados que obtuvieron indican que los delirantes, en com- entre el tipo y contenido de la información que se halla dis-
paración con los no delirantes, necesitan o buscan menos ponible, y el estilo de procesamiento que utilice la persona.
información antes de tomar una decisión. Sin embargo, ésta Por eso, dice Garety, «en algunas ocasiones la anormalidad
fue la única variable en la que encontraron diferencias; en el surgirá del tipo de información, de modo que, de acuerdo con
resto de variables, o bien no se encontraron diferencias sig- Maher (por ejemplo, Maher, 1988a), las anormalidades per-
nificativas, o las obtenidas eran muy discutibles. Por ejem- ceptivas pueden ser las responsables de la aparición de algunos
plo, mientras que en el primer trabajo los sujetos con delirios delirios, especialmente cuando tales anormalidades son muy
240 Manual de psicopatología

1. EXPECTATIVAS 2. INFORMACIÓN 4. ESTILO DE P. I.


PREVIAS ACTUAL (Percepción e Inferencia)
Por ejemplo: Por ejemplo:
Focalizado en – Usa regularidades
* Aprendizajes previos Esperada – Inesperada
EE. actuales pasadas
* Afecto y cogniciones Externa – Interna
Rápido – Parsimonioso
asociados Clara – Ambigua
Confiado – Precavido
* Personalidad Común – Inusual
Neutra – Afectivamente Bajo CI – Alto CI
cargada
Voluntaria – Involuntaria
Pública – Privada
Irrelevante – Relevante

si

si
3. Esperada
Común
Externa
Neutra
IGNORAR

4a.
Fracaso en el uso
de regularidades
aprendidas
ALTO AROUSAL

5. CREENCIA

6. REFUERZO
7. BÚSQUEDA
* Reducción de la ansiedad
DE EVIDENCIA
* Defensa contra cogniciones
CONFIRMATORIA
depresivas

Figura 9.2. Modelo preliminar de los procesos de juicio involucrados en la formación del delirio (Garety, 1991)
Capítulo 9 Psicopatología del pensamiento (II): los delirios 241

chocantes y notables como es el caso, por ejemplo, de las dad, pueden llegar a intensidades delirantes cuando se acom-
que se producen en las psicosis inducidas por drogas y alco- pañan de sesgos en el razonamiento, como los que antes
hol o en los trastornos neurológicos. Pero cuando el sistema comentábamos, de llegar rápidamente a conclusiones te-
perceptivo está poco alterado, serán los procesos de juicio y niendo en cuenta poca información (Garety y Freeman,
el estilo o modo en que se procesa la información los que en 1999), o fracasos en generar o considerar explicaciones alter-
mi opinión jugarán un papel central, de modo que, en estos nativas (Freeman y cols., 2004), o sesgos confirmatorios de
casos extremos, no sería necesario que se produjeran altera- razonamiento (Freeman, Garety, Kuipers, y McGuire, 2005).
ciones perceptivas. Las palabras que aparecen en negrita son Cuando están presentes estos sesgos, es más probable que las
las que en principio estarían especialmente implicadas en la ideas de recelo y suspicacia lleguen a convertirse en certezas,
formación de delirios en las psicosis funcionales no-afecti- llegando a poder considerarse delirios. Resumiendo, según
vas» (Garety, 1991, p. 17). estos autores los delirios persecutorios surgirían por la inte-
Los recuadros 6 y 7 ejemplifican el modo en que se man- racción entre experiencias anómalas, procesos emocionales y
tienen las creencias una vez que ya se han establecido o for- sesgos de razonamiento.
mado. Como nos recuerda Garety (1991), muchos autores
señalan que los delirios pueden tener alguna función positi-
va para el individuo, a través por ejemplo de los mecanismos 3. El delirio desde las teorías atribucionales
típicos del refuerzo: reducción de la ansiedad que produce
lo extraño o nuevo de la información que inició el ciclo del Dado que muchos autores han definido el delirio como ex-
procesamiento, o como un modo de reducir y/o controlar plicaciones causales y han enfatizado el papel de este tipo de
las cogniciones afectivas negativas, por poner dos ejemplos explicaciones en su desarrollo y mantenimiento, no resulta ex-
(por ejemplo, Maher, 1988a; Neale, 1988; Roberts, 1991). traño que se hayan desarrollado hipótesis que intentan apli-
La creencia puede modificar el conjunto de expectativas car las teorías atribucionales, surgidas en el ámbito de la
anteriores y por tanto influir en la selección de información. psicología social y de la psicología de la personalidad, al
Esto es, el individuo puede también buscar confirmación de tema de los delirios. (Como se sabe, las teorías atribuciona-
la creencia. Esta actividad confirmatoria no es en sí misma les surgen de los trabajos pioneros de Heider —1944,
anormal, puesto que el sesgo de confirmación es bien cono- 1958— y Kelley —por ejemplo, 1967—, y de su posterior
cido en sujetos normales. Sin embargo, si el estilo de proce- adaptación por Weiner —por ejemplo, Weiner, Frieze, Kur-
samiento de información que lleva a la formación de la creencia kla y cols., 1972.)
está alterado, este razonamiento sesgado puede influir des- Sin entrar en la polémica de si las personas son tan racio-
pués en el proceso de mantenimiento. nales como Kelley postulaba, lo cierto es que estos trabajos
Recientemente, el grupo de Garety y Freeman (Freeman han permitido identificar una serie de sesgos, errores y heu-
y Garety, 2004; Freeman y cols., 2002, 2006; Freeman, rísticos que pueden servir para explicar la generación y man-
2007) han propuesto un modelo explicativo para los delirios tenimiento de los delirios y de otras creencias. Kihlstrom y
de persecución. Este modelo reconoce la variedad de facto- Hoyt (1988) presentan una amplia revisión de cómo pue-
res implicados tanto en el desarrollo como en el manteni- den conjugarse los dos campos de estudio. Estos autores par-
miento de estas creencias y toma como punto de partida la ten de la premisa inicial de que los paranoides, al igual que
idea central de Maher (1974) de que los delirios surgen el resto de las personas, generan explicaciones causales de
como explicaciones de la experiencia. Según Garety y Free- sus experiencias. A partir de aquí, todos los datos obtenidos
man, los delirios persecutorios pueden surgir a partir de dife- en el estudio de la atribución son trasladables a la población
rentes tipos de experiencias, tanto originadas por sensaciones delirante. En primer lugar, la teoría de la atribución afirma
internas (excesiva activación, anomalías perceptivas, desper- que existe una tendencia general en todas las personas a rea-
sonalización, ilusiones, alucinaciones, etc.) como originadas lizar explicaciones causales, y que esta tendencia es todavía
por acontecimientos externos (información social ambigua, mayor cuando los acontecimientos son anómalos, inespera-
acontecimientos negativos, coincidencias, etc.). Las perso- dos o incongruentes con nuestros esquemas. En segundo
nas con delirios persecutorios al intentar dar sentido a estas lugar, nos encontramos con la hipótesis de Jones y Nisbett
experiencias inusuales, las interpretan de acuerdo con sus ex- (1972) sobre las diferencias entre las atribuciones que hace-
periencias y conocimientos previos, su estado emocional, sus mos para explicar nuestras propias acciones (atribuciones si-
recuerdos, su personalidad y su estilo de toma de decisiones. tuacionales) y las que hacemos para explicar las de los demás
De acuerdo con estos autores, los pensamientos de suspica- (atribuciones disposicionales). Normalmente atribuimos las
cia suelen surgir generalmente en contextos de malestar experiencias desagradables a factores del entorno, incluyen-
emocional, tras acontecimientos estresantes (p. ej., dificulta- do en él muchas veces a «los otros» y, en este caso especial-
des interpersonales, aislamiento, acoso, etc.), y en personas mente, centramos nuestra atribución en la presencia de
cuyos antecedentes de experiencias previas, les llevan a tener ciertas disposiciones internas estables (por ejemplo, rasgos
pensamientos de recelo y suspicacia sobre otros (p. ej., consi- de personalidad) que suponemos tienen esos «otros». A esto
derándolos potencialmente peligrosos), sobre el mundo (p. ej., se añade el proceso de inferencia correspondiente (la gente
considerándolo como un mal lugar), o sobre ellos mismos asume que las acciones corresponden a intenciones y que las
(p. ej., considerándose vulnerables). Estas ideas persecuto- intenciones corresponden a disposiciones) y la relevancia
rias, que generalmente están asociadas a procesos de ansie- hedónica (la inferencia correspondiente es mayor cuando la
242 Manual de psicopatología

conducta del actor afecta al bienestar de quien la percibe). plicación (disponibilidad), imaginará posibles causas para
Hasta aquí tendríamos que, dada una experiencia anómala ello (simulación), y tenderá a aceptarla como válida a pesar
o desagradable, el individuo buscará explicaciones a esa expe- de las evidencias en contra (anclaje). Como se puede ver, el
riencia y tenderá a atribuirla a factores externos al propio análisis atribucional se puede trasplantar al análisis de los
sujeto, especialmente a la conducta de los otros, y esa conduc- delirios, si entendemos éstos como explicaciones causales del
ta de los otros tenderá a ser atribuida a disposiciones inter- mundo y del sí mismo.
nas en los demás, generalmente hostiles hacia el sujeto. Más recientemente, Kaney y Bentall (1989) estudiaron
Siguiendo con el estudio normal de las explicaciones el estilo atribucional de sujetos que presentaban delirios de
causales, a partir de los años setenta, y gracias a los trabajos persecución, en comparación con pacientes deprimidos. Es-
de Kahneman y Tversky, se comenzó a considerar que los jui- tos autores encontraron que los paranoides hacían atribucio-
cios de los seres humanos no se rigen por algoritmos, es de- nes externas, globales y estables para el fracaso o los eventos
cir, por adherencias a las reglas de las inferencias lógicas que negativos. Es decir, que tanto deprimidos como paranoides
garantizan la conclusión de una solución correcta, sino por atribuyen los sucesos negativos a causas que afectan a muchos
heurísticos, enfoques por medio de atajos o caminos fáciles aspectos diferentes de su vida y que difícilmente cambiarán
que infringen una o más de las reglas de la inferencia nor- (globalidad y estabilidad), pero a diferencia de los deprimi-
mativa, pero que aún tienen alguna probabilidad de llegar a dos, los paranoides creen que todas esas causas son externas
la solución correcta. Los cuatro heurísticos identificados por a ellos mismos. Por lo que se refiere a las atribuciones para
Kahneman, Tversky y cols. son los siguientes: eventos positivos, los paranoides tienden a la internalidad, o
sea, a buscar en ellos mismos el origen o causa del éxito, cosa
1. Representatividad: Las personas tendemos a asumir que desde luego no hacen los deprimidos, ya que este grupo
que las características de un agente causal deben parecerse a de pacientes, como se sabe, atribuye los éxitos a causas exter-
las características de su resultado; por tanto, si los efectos nas a ellos mismos. Según Bentall (1990), este tipo de sesgo
son extraños o desagradables, las causas serán extrañas o de- atribucional podría explicar en parte la aparición tanto de
sagradables. los delirios de grandeza como de los de persecución.
2. Disponibilidad o accesibilidad: Los juicios se ven afec- Teniendo en cuenta las investigaciones que desde el mar-
tados por la facilidad con que pueden traer ejemplos a la co de la psicopatología cognitiva se han venido realizando
mente; así, los sucesos sobresalientes a los que se les ha pres- sobre los delirios, Bentall (1990; Bentall y cols., 2002) ha
tado más atención son tomados como causas de los sucesos propuesto un modelo que intenta aunar los diversos resulta-
internos problemáticos, y si no hay nada sobresaliente en el dos e hipótesis que se manejan y que hemos venido comen-
campo perceptivo, se evocan desde la memoria sucesos so- tando (véase la Figura 9.3). Según este modelo —que como
bresalientes que puedan estar implicados. los que ya hemos comentado de Maher y Garety es útil tan-
3. Simulación: El juicio se ve afectado por la facilidad to para explicar la adquisición y el mantenimiento de las
con que se puede construir un escenario mental plausible: el creencias e ideas normales, como de las delirantes—, la apa-
sujeto imagina causas posibles y toma la que primero se le rición de una idea delirante puede ser el resultado de ano-
ocurre como explicación. malías en uno o más de alguno de los procesos involucrados
4. Anclaje y ajuste: Los juicios iniciales sirven como an- en la adquisición de conocimiento, tomando como punto
clas para los juicios finales, y se da poco ajuste subsiguiente, de partida la información ambiental. Este modelo debe ser
es decir, se da poco peso a la información novedosa. considerado como un punto de partida y como un intento
de unificar y dar sentido a las diferentes hipótesis.
Aplicando estos principios a los delirios nos encontramos
con que si, por ejemplo, una persona cree que los terroris-
tas son los responsables de los acontecimientos desagradables 4. Teorías sobre el contenido de los delirios
del mundo, también pueden serlo de sus acontecimientos
personales desagradables (representatividad), prestará aten- Finalmente, es necesario hacer alguna referencia a las cues-
ción a la información sobresaliente congruente con esta ex- tiones relacionadas con el contenido de los delirios. Como ya

Datos Percepción Inferencia Creencia

Búsqueda
de
información

Figura 9.3 Estadios involucrados en la adquisición y mantenimiento de las creencias, ya sean normales o anómalas (Bentall, 1990)
Capítulo 9 Psicopatología del pensamiento (II): los delirios 243

hemos visto, desde las teorías psicoanalíticas se ha enfatizado grupo de causas, que varíen en cuanto a intensidad e impor-
la importancia simbólica del contenido de los delirios. Desde tancia relativa, incluso a niveles intrasujeto, y que mantie-
otros planteamientos, también hay autores que plantean que nen relaciones difusas entre sí.
el contenido de los delirios se relaciona especialmente con Por ello, quizá sea de interés recapitular qué variables han
miedos personales (Reed, 1978), con aspectos de experien- sido las estudiadas y qué papel pueden jugar en el análisis de
cias anteriores y actuales (Kihlstrom y Hoyt, 1988) y tam- los delirios. Para hacer esto consideramos necesario recoger
bién con factores culturales (Westermeyer, 1988). la distinción de Brockington (1991) entre los factores que
Sin embargo, también hay quien afirma que los delirios influyen en la germinación de una idea y su valoración críti-
son probablemente actos de habla vacíos, cuyo contenido ca y los factores que la mantienen o refuerzan en un clima de
informacional no se refiere ni al mundo ni a uno mismo, y resistencia externa. Comenzaremos por los primeros.
no son expresión simbólica de nada. Berrios (1991) afirma
que si se describieran apropiadamente, los delirios se defini-
rían como actos de habla vacíos que se disfrazan de creen- A. FACTORES QUE INFLUYEN EN LA GERMINACIÓN
cias. Berrios continúa afirmando que su contenido no es DEL DELIRIO
más que un fragmento aleatorio de información atrapada en
el momento en que cristaliza el delirio. Y explica la comu- Recogiendo lo apuntado en diferentes lugares, nos encon-
nalidad de ciertos temas por el hecho de que los fragmentos tramos con que pueden existir diversos factores co-ocurren-
informacionales con alto valor de frecuencia también tienen tes en la conformación de una idea delirante. Entre ellos, los
una alta probabilidad de ser «atrapados». más informados en la literatura serían los siguientes:
A pesar de esta prestigiosa opinión, lo cierto es que los
delirios se han estudiado la mayoría de las veces desde la ópti- 1. Disfunciones cerebrales: Este factor no ha sido discuti-
ca del juicio y las creencias. Y desde este prisma, el contenido, do aquí, pero hay que incidir en que es una de las hipótesis
aunque no válido como único criterio para definirlo, tiene manejadas en algunas teorías prestigiosas (por ejemplo, Cu-
una clara importancia como portador de influencias perso- tting, 1991).
nales y culturales. En una importante revisión que ha realiza- 2. Personalidad: Autores como Kretschmer (1918, 1927)
do Westermeyer sobre las relaciones entre el contenido de y Gaupp (1914) subrayaban ya el rol de la personalidad en
los delirios y las influencias culturales, se concluye entre otras la génesis de ciertos delirios. De un modo general, estos au-
cosas que mientras que la estructura de los delirios varía tores consideran que el delirio se da más fácil y frecuen-
muy poco en las diferentes culturas, sin embargo, su conte- temente en personalidades predispuestas a él, sea por su
nido parece estar mucho más influido por el marco cultural constitución hereditaria o por motivos adquiridos. Krets-
en el que vive el sujeto delirante. Además, el papel de la chmer, por ejemplo, propuso la existencia de tres tipos de
cultura parece evidente no sólo en el contenido del delirio, personalidad con predisposición a una formación delirante:
sino incluso en el desarrollo mismo de la sintomatología de- la agresiva (delirio paranoide), la sensitiva (delirio de refe-
lirante. Por ejemplo, Westermeyer (1988) señala que los rencia) y la ilusionada (erotomanía). Muchos informes clí-
cambios culturales drásticos (emigración, inmigración, inva- nicos acumulados a lo largo de la historia han dado
siones, etc.), incrementan la probabilidad de que aparezcan credibilidad a esta visión de que los factores de personali-
delirios; e incluso Newhill (1990) señala la denominación dad pueden jugar un papel en la generación y persistencia
«paranoia cultural sana», como un mecanismo adaptativo de los delirios (Berrios, 1991). Así, los teóricos han enfatiza-
para enfrentarse con una vida plagada de prejuicios y dis- do diversas dimensiones que podrían predisponer a un indi-
criminaciones, y que suele estar presente en los procesos de viduo a desarrollar un delirio, características que van desde
socialización de grupos étnicos minoritarios. sensibilidad a la humillación (Colby, 1975, 1977) hasta
miedo a la pérdida de control (Melger y Freeman, 1975),
entre otras.
VI. LOS FACTORES DE GERMINACIÓN 3. Mantenimiento de la autoestima: Este factor parece
Y LOS FACTORES DE MANTENIMIENTO ser importante particularmente en las ideas expansivas y ero-
tomaníacas, y también parece ser uno de los motivos de la
Como acabamos de ver, cada una de las explicaciones psico- elevada frecuencia con la que aparecen delirios con conteni-
lógicas sobre los delirios enfatiza un aspecto importante en dos autorreferenciales (Brockington, 1991). Por otro lado,
su conformación y mantenimiento. Sin embargo, y sin pre- esta variable también ha sido enfatizada en algunos modelos
tender olvidar tales diferencias, lo más probable es que los importantes, que no hemos citado aquí, como el modelo de
factores que enfatizan estas teorías no tengan por qué ser computador de delirios persecutorios de Colby (1976), en
suficientes por sí solos para explicar los delirios, sino al con- el cual la premisa básica parte de que la autoestima se prote-
trario, lo más probable es que co-ocurran en un mismo indi- ge y se evita la vergüenza, atribuyendo la culpa a otros (pro-
viduo, y también es incluso probable que la co-ocurrencia yección).
dependa del tipo de trastorno que padezca ese individuo. 4. El afecto: Esta variable es importante no sólo en los
Es decir, es poco probable que los delirios, como sucede con trastornos afectivos mayores, sino también en otros trastor-
la mayor parte de psicopatologías, tengan un solo y único nos. Por ejemplo, la influencia de la emoción parece eviden-
origen. Es más lógico suponer que se trate más bien de un te en el papel del enfado, la envidia o la vergüenza como
244 Manual de psicopatología

iniciadores de los delirios de referencia y persecución. Tam- a) La inercia para mantener creencias: Según Brocking-
bién el afecto es una variable prominente que podemos en- ton (1991), las ideas tienen una inercia que no tienen, por
contrar en la idea francesa de estados delirantes emocionales ejemplo, los estados de ánimo. Parecería como si una vez
o sentimentales (Brockington, 1991). inscritas en la mente, las creencias no fueran fáciles de bo-
5. Experiencias inusuales: Como hemos visto, desde dis- rrar. Por otro lado, en muchas ocasiones podemos constatar
tintas posiciones se mantiene que los delirios también pue- que es difícil admitir que uno está equivocado, o retractarse
den desarrollarse con el fin de explicar experiencias inusuales. de las ideas que ha expresado públicamente. También es di-
Estas experiencias podrían ir desde los déficit sensoriales fícil confesar los errores. Por tanto, un individuo puede sen-
(p. ej., la sordera) a los engaños perceptivos (p. ej., alucina- tir la necesidad de mantener sus ideas previas con el fin de
ciones verbales), la despersonalización, o cualquier alte- mantener consistencia e integridad, e igualmente sus ideas
ración corporal no diagnosticada. pueden persistir para justificar acciones que de otro modo
6. Sobrecarga cognitiva: También se ha enfatizado la im- serían inexcusables. Maher (1988a) también sugiere que las
portancia de los factores psicológicos relacionados con la personas normales, incluyendo a los científicos, no cambian
sobrecarga cognitiva. Por ejemplo, la hipervigilancia, la ac- sus creencias con facilidad una vez que éstas han tomado
tivación excesiva, la concentración prolongada, etc., produ- una forma coherente. En este sentido cita al propio Popper
cen cambios en el funcionamiento cerebral que podrían cuando afirma que raras veces pasa por la mente del cientí-
estar implicados en la formación de delirios. Por otro lado, fico abandonar su teoría «sólo» porque los datos la han refu-
autores como Maher (1988a) también hipotetizan que los tado. Del mismo modo, los delirantes no abandonan sus
delirantes son hipervigilantes y están continuamente escu- delirios por otras explicaciones más naturales, ya que sus ex-
driñando el ambiente. Este patrón podría llegar incluso a periencias se explican mejor para ellos según la teoría deliran-
constituir una variable de personalidad predisponente. En te que según la «natural»; y además implicaría esperar que el
esta misma línea también se han relacionado los delirios con delirante, a la inversa que las personas normales, abandona-
los déficit atencionales encontrados en los esquizofrénicos ra su creencia fiándose de la evidencia que proporcionan los
(por ejemplo, Frith, 1979). sentidos de los demás, prefiriéndolos a los suyos propios.
7. Variables interpersonales: Cameron (1959a,b) ha sido b) La influencia en la conducta y la profecía autocumplida:
uno de los primeros en destacar el papel de estas variables En el mantenimiento de los delirios hay también dos círcu-
como factores predisponentes a padecer delirios, y en este los viciosos (Brockington, 1991). En primer lugar, los deli-
sentido reconoce la importancia de las habilidades sociales rios influyen en la conducta: por ejemplo, las ideas de
(especialmente la capacidad para comprender las motivacio- persecución llevan a conductas agresivas, las cuales pueden
nes de los demás) y el proceso continuo de interacción entre provocar una respuesta de los otros confirmando el delirio.
la persona y su ambiente social para la germinación del de- En segundo lugar, los delirios deterioran el respeto que los
lirio. Así, la incompetencia interpersonal, con el consiguien- demás otorgan al paciente y —a través de la preocupación,
te aislamiento social que produce, favorecería la formación el estrechamiento de los campos de interés y la retirada so-
de estas ideas extravagantes dado que estos individuos ca- cial— deterioran la competencia del individuo. Estos dos
recerían de la ventaja que supondría la validación social de factores reforzarían la necesidad de compensar la autoestima
la creencia. mediante la interpretación delirante. En esta misma línea,
8. Variables situacionales: Especialmente las relacionadas otros autores como Maher (1988a) también mantienen que
con aislamiento sensorial. Al igual que la sordera, el aislamien- las creencias delirantes se perpetúan en parte por los meca-
to es una condición en la que se incrementa el número de nismos de «profecías autocumplidas»; así, los delirios de per-
episodios generados internamente con respecto al número secución se vuelven válidos como resultado de la conducta
de episodios generados externamente, tal y como se ha pues- antisocial del paciente.
to de manifiesto en los estudios sobre alucinaciones en de- c) Sesgos en las atribuciones: Como vimos, Kihlstrom y
privación sensorial (Kihlstrom y Hoyt, 1988). También Hoyt (1988) aluden a la teoría de la atribución y a los sesgos
destacan aquí las variables relacionadas con cambios cultura- que todos cometemos a la hora de probar nuestras hipótesis.
les drásticos (emigración, inmigración, invasiones, etc.) que, Con respecto a esto último, estos autores señalan que los seres
como se dijo, incrementan la probabilidad de que aparezcan humanos no se comportan como científicos profesionales y
delirios (Westermeyer, 1988). adoptan estrategias poco óptimas, especialmente estrategias
verificacionistas, no falsacionistas, que se acompañan de
sesgos confirmatorios a la hora de probar nuestras hipótesis.
B. FACTORES QUE INFLUYEN EN EL MANTENIMIENTO Estas razones harían que los delirios y otras explicaciones
DEL DELIRIO irracionales no se autocorrijan, al menos mientras dure la
experiencia anómala que intentan explicar, y mientras no
Las teorías, además de explicar por qué se conforman los deli- haya una explicación mejor.
rios, también han de explicar por qué se mantienen. Es decir, d) Sesgos en el razonamiento: Ya hemos visto cómo di-
un punto importante de cualquier teoría es explicar por qué, versos autores enfatizan el papel de ciertos trastornos forma-
a pesar de las evidencias en contra, las creencias delirantes no les. Por ejemplo, Chapman y Chapman señalaban que el
se modifican. Las variables más importantes que se han seña- deslizamiento cognitivo de los esquizofrénicos delirantes era
lado son las siguientes: mayor cuando se hablaba con ellos acerca de sus delirios.
Capítulo 9 Psicopatología del pensamiento (II): los delirios 245

También hemos visto cómo los pacientes delirantes parecen los delirios son secundarios a experiencias anómalas sin ex-
ignorar, o proporcionan un peso inadecuado, a los datos pro- plicación, estas personas ya tienen una explicación satisfac-
cedentes de otras experiencias que contradicen la idea deli- toria de cualquier experiencia inusual que pudiese ocurrir, y
rante. por tanto no necesitan elaborar una explicación delirante
(Kihlstrom y Hoyt, 1988).
Es evidente que queda mucho camino por recorrer en la
VII. PERSPECTIVAS FUTURAS investigación de los delirios. Como decíamos antes, es más
fructífero pensar en una multiplicidad de causas y procesos
Hemos comenzado indicando que el estudio del delirio involucrados, y buscar las relaciones entre ellos, que inten-
se caracteriza por una larga historia, pero que esa historia se tar reducir todo el problema a la búsqueda de una única
caracterizaba más por el estudio de aspectos definicionales y causa. Sólo la investigación rigurosa, guiada por hipótesis
clasificatorios del delirio, que por la elaboración de teorías plausibles, será la que nos permita determinar el peso relati-
explicativas y estrategias de intervención. No obstante, a vo de todos y cada uno de estos factores —y de otras posi-
pesar de las dificultades con las que se ha topado este tema, bles— en la génesis y mantenimiento de los delirios. Toda
también hay que reconocer que actualmente estamos asis- teoría que intente aportar comprensión al tema de los deli-
tiendo a un incremento en el interés por su estudio. Un rios debe identificar los factores que influyen en la convic-
ejemplo ilustrativo de este interés creciente lo refleja el he- ción en —y la preocupación por— la creencia, y el modo en
cho de que el suplemento de 1991 del British Journal of que estas características fluctúan a lo largo del tiempo; ade-
Psychiatry está dedicado a los delirios, donde trece artículos más, debe describir los modos en que el delirante recoge e
de los dieciocho publicados se ocupan de los delirios per se, interpreta la información desde su ambiente social y el modo
es decir, obviando su situación dentro de los marcos sindró- en que utiliza la evidencia para apoyar o descartar sus creen-
micos. cias. También debe dar cuenta de la amplia variedad de
A la hora de valorar nuestro conocimiento acerca de los condiciones clínicas, que incluyen numerosos trastornos psi-
delirios no podemos olvidar que existen una serie de proble- copatológicos y neurológicos, en los que se encuentran los
mas metodológicos que tenemos que tener en cuenta al ana- delirios. Y por último, los estudios también deben investi-
lizar las investigaciones (Oltmanns, 1988). Una de ellas se gar cómo se forman las creencias aberrantes en individuos
refiere a la naturaleza fundamentalmente privada de los de- sanos.
lirios, lo que hace que tengan que ser inferidos sobre la base En cualquier caso, este es un tema en el que han de con-
de los informes verbales. Sin embargo, es importante recor- verger diversas disciplinas (como la psicopatología, la psico-
dar que las afirmaciones del individuo sobre su creencia son logía social y la sociología, la antropología, la psiquiatría, la
manifestaciones del delirio y no deben ser tomadas como psicología básica, etc.) y en el que se ha de tener en cuenta,
sinónimos del delirio. De hecho, la ausencia de tales mani- como en el resto de las alteraciones mentales, tanto los as-
festaciones no indica la ausencia de delirio, ni tampoco su pectos psicológicos como los biológicos y los sociales.
presencia; es decir, no podemos interpretar, sin más, que el
individuo rehusa discutirlo pero sigue manteniéndolo. Otra
cuestión importante es la necesidad de describir cuidadosa- VIII. RESUMEN DE ASPECTOS FUNDAMENTALES
mente el estado mental del paciente. Por ejemplo, cuando se
compara pacientes delirantes con no delirantes, muchas ve- Los delirios constituyen uno de los temas centrales de la psi-
ces no se tiene en cuenta que los pacientes delirantes forman copatología. Sin embargo, a pesar de tener una larga histo-
un grupo tremendamente heterogéneo (debido, en parte, a ria, nuestra comprensión del fenómeno, tanto en términos
las muchas condiciones bajo las que pueden surgir los deli- de etiología como de tratamiento, es escasa. Entre los obs-
rios, además de la propia historia personal, el estado pre- táculos que han afectado su avance hay que destacar los pro-
mórbido, las influencias culturales, el nivel social y cultural, blemas asociados a su definición, ya que definir lo que es un
etcétera). delirio ha sido y sigue siendo una de las tareas más difíciles
Por otro lado, nos gustaría resaltar que una estrategia con las que se ha enfrentado la psicopatología.
que está siendo últimamente muy fructífera en el estudio de La definición más citada es la que ofreció Jaspers en
los delirios es el uso de análogos y de creencias manipuladas 1913 (1975 en la versión castellana): los delirios son juicios
en el laboratorio. De hecho, puede ser realmente interesante falsos que se caracterizan porque el individuo los mantiene
demostrar que ciertas condiciones llevan a las personas a con gran convicción, no siendo influenciables por la expe-
volverse recelosas, hostiles y críticas con los demás. Sin em- riencia ni por conclusiones irrefutables. La mayoría de las
bargo, no deberíamos pasar por alto que la evidencia de- definiciones posteriores no son más que repeticiones y ma-
muestra que tales personas no desarrollan necesariamente tizaciones de la ofrecida por Jaspers. Oltmanns (1988) ha
creencias delirantes. Es decir, existen diferencias importan- realizado una amplia revisión de todas estas definiciones y
tes entre esas personas a las que se manipula sus creencias y señala una serie de características comunes, como son la
los delirantes. Una de esas diferencias es que los sujetos ex- convicción, la preocupación, la falta de evidencias, el malestar
perimentales son conscientes de que están participando en que provocan, la no resistencia por parte del sujeto, su conte-
un experimento, que implica la mayoría de las veces el uso nido personal, y el hecho de no ser una creencia compartida
de drogas, deprivación sensorial o hipnosis. Y si es cierto que por otros. Por otro lado, en la mayoría de las definiciones se
246 Manual de psicopatología

mantiene que los delirios son «creencias falsas», y esta con- rios), el planteamiento de Bleuler (que proponía la ruptura
sideración es problemática, tanto por lo que se deriva del de asociaciones como mecanismo general) y el principio de
concepto de falsedad como del de creencia. La aplicación de Von Domarus (según el cual los delirios surgían como con-
ambos conceptos al delirio es cuanto menos criticable. secuencia de un fracaso en el razonamiento silogístico). Den-
Actualmente, muchos autores mantienen que algunos de tro de los planteamientos actuales se revisó en primer lugar
los aspectos problemáticos de la definición del delirio se po- la teoría de Maher. Para este autor, el delirio es esencialmente
drían resolver sustituyendo la visión de los delirios como un producto del razonamiento normal y, por tanto, se alcan-
fenómenos discretos por otra que los conciba como partes za y se mantiene del mismo modo que cualquier otra creen-
más o menos extremas a lo largo de diversas dimensiones. cia. El problema reside en que se trata de una explicación
En este sentido, en el capítulo se ha hablado de las dimen- para una experiencia anómala o inusual. Sin embargo, auto-
siones de inmodificabilidad, incorregibilidad o fijeza (es de- res como Garety defienden la existencia de anormalidades o
cir, que los delirios se mantienen a pesar de las evidencias en sesgos de razonamiento (fundamentalmente probabilísticos)
contra), la intensidad o convicción (que parece ser máxima en los pacientes delirantes. Concretamente, estos pacientes
o absoluta), la ausencia de apoyos culturales (es decir, que necesitan o buscan menos información antes de tomar una
los delirios no son creencias compartidas por otros miem- decisión. También se resumieron distintas posturas, como
bros del grupo al que pertenece el individuo), la preocupa- la de Kihlstrom o la de Bentall, quienes utilizan las teorías
ción (que también se suele presentar en un grado elevado) y atribucionales en el análisis de las creencias delirantes, bus-
la implausibilidad (que hace referencia a la cualidad extrava- cando sesgos en estos pacientes que describan el modo en que
gante del delirio). Todavía siguen haciendo falta estudios explican el mundo y a sí mismos. Por último, también exis-
que evidencien empíricamente la importancia específica de ten teorías que enfatizan el papel de la cultura en el desarro-
cada una de estas dimensiones en la definición y la medida llo del contenido delirante.
de los delirios; y que delimiten además hasta qué punto El capítulo concluye con una revisión de los factores pro-
son definitorias exclusivamente del delirio o también de puestos para explicar la germinación y mantenimiento del
otras creencias anómalas (como las ideas sobrevaloradas o delirio. En cuanto a los factores involucrados en la germina-
las ideas obsesivas), o normales. ción destacan las disfunciones cerebrales, la personalidad, el
Por otro lado, los delirios suelen clasificarse en función mantenimiento de la autoestima, el afecto, las experiencias
de la forma que mantienen o de su contenido. En cuanto a inusuales, la sobrecarga cognitiva, las variables interpersonales
las distinciones formales se diferencian los delirios primarios y las variables situacionales. Entre los factores involucrados en
(que no tienen origen en una experiencia anómala previa el mantenimiento destacan la inercia al mantenimiento de las
y, como tal, tienen un carácter original, inderivable y autóc- creencias, la influencia en la conducta y la profecía autocum-
tono) de los delirios secundarios (que surgen comprensible- plida, los sesgos en las atribuciones y los sesgos en el razo-
mente de otros procesos psíquicos). En cuanto al contenido namiento.
(también denominado tema), las clasificaciones son muy va- Como conclusión, hemos de incidir en que actualmente
riadas, destacando en la mayoría de las clasificaciones los el tema de los delirios está produciendo una gran cantidad
delirios extravagantes, de persecución, de control, de grande- de investigación. En cualquier caso, este es un tema en el
za, corporal, de celos, de pobreza, de referencia, nihilistas, que se han de tener en cuenta tanto los aspectos psicológicos
de culpa y de amor. como los biológicos y los sociales.
Otro de los problemas que ha obstaculizado el avance en
nuestra comprensión del delirio es su amplia aparición en una
gran variedad de trastornos psicológicos, neurológicos y IX. TÉRMINOS CLAVE
médicos. Esto ha hecho que incluso algunos autores lo con-
sideren como un síntoma inespecífico, con escaso interés Atmósfera delirante: Idea delirante primaria que consiste en la
para la investigación. Sin embargo, otra conclusión más experiencia subjetiva de que el mundo ha cambiado de un
modo sutil pero siniestro, inquietante y difícil o imposible de
fructífera que se podría sacar de la amplia gama de situacio-
definir. Se suele acompañar de un estado de humor alterado,
nes en las que se puede encontrar el delirio, es la de que re- ya que el paciente se siente incómodo, desasosegado e incluso
sulta totalmente necesario realizar un estudio cuidadoso de perplejo.
las condiciones en que aparece, pues esto puede arrojar luz Delirio: Creencias anómalas en el sentido de que su contenido
sobre su comprensión a nivel etiológico. es extraño, improbable o absurdo y no compartido por los
Después de analizar la problemática definición del deli- otros miembros del grupo social de referencia, a pesar de lo
rio, hemos resumido las explicaciones psicológicas que se cual se mantienen con una gran convicción. Tienen referencias
han planteado hasta el momento. Las hemos dividido en personales y son fuente de malestar subjetivo o interfieren
dos grandes apartados: los planteamientos clásicos y los ac- negativamente con el normal desarrollo social y personal del
individuo.
tuales. Dentro de los clásicos hemos visto brevemente el
Delirio primario: Ideas delirantes que se caracterizan por ser
planteamiento de Freud (para quien los delirios eran pro- autónomas, originales, inderivables e incomprensibles desde el
ducto, fundamentalmente, de instintos homosexuales re- punto de vista psicológico.
primidos que se manifestaban a través del mecanismo de Delirio secundario: Ideas delirantes que surgen como intentos de
proyección), el planteamiento de la escuela de Heidelberg explicación de experiencias anómalas previas y, en este sentido,
(que hacía una división entre delirios primarios y secunda- son comprensibles psicológicamente.
Capítulo 9 Psicopatología del pensamiento (II): los delirios 247

Idea obsesiva: Idea recurrente, persistente o absurda, de naturale- Arthur, A. Z. (1964). Theories and explanations of delusion: A
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comprensibles socialmente. 62, 355-364.
Intuición delirante: Idea delirante primaria, que es fenomeno- Bentall, R. P.; Corcoran, R.; Howard, R.; Blackwood, N., y Kinder-
lógicamente indistinguible de cualquier idea que nos asalte man, P. (2001). Persecutory delusions: A review and theoretical
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Recuerdo delirante: Idea delirante primaria que consiste en la Brockington, I. (1991). Factors involved in delusions formation.
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