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Sensopercepcion Definición

El documento define la sensación y la percepción. La sensación se refiere a experiencias básicas generadas por estímulos simples, mientras que la percepción incluye la interpretación de esas sensaciones dándoles significado y organización. La percepción también implica procesos psicológicos como el significado, las relaciones, el contexto y la memoria. Ambos procesos cumplen funciones adaptativas y pueden ser modificados por la experiencia. Existen diversos métodos para medir la percepción como el método de los límites que

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Sensopercepcion Definición

El documento define la sensación y la percepción. La sensación se refiere a experiencias básicas generadas por estímulos simples, mientras que la percepción incluye la interpretación de esas sensaciones dándoles significado y organización. La percepción también implica procesos psicológicos como el significado, las relaciones, el contexto y la memoria. Ambos procesos cumplen funciones adaptativas y pueden ser modificados por la experiencia. Existen diversos métodos para medir la percepción como el método de los límites que

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Sensopercepcion definición.

Existen diversas definiciones de estos procesos. En este apartado, tomaremos algunos de


los más destacados. La percepción se define como “la captura mediante los sentidos que
realizan los organismos” (Fernández-Abascal, Martín y Domínguez, 2010, p. 80). Para
Matlin y Foley (1996, p. 2), la sensación se refiere a “experiencias inmediatas y básicas,
generadas por estímulos aislados simples”; mientras que la percepción incluye la
interpretación de esas sensaciones, dándoles significado y organización.
Schiffman (2004, p. 2), por su parte, relaciona la percepción con los procesos iniciales
de detección y codificación de la energía ambiental. Conceptúa el autor que la percepción
se refiere al producto de procesos psicológicos en los que están implicados el significado,
las relaciones, el contexto, el juicio, las experiencias pasadas y la memoria. Otros
autores consideran que el proceso engloba un sistema complejo que influye en el
procesamiento de la información de los tipos abajo-arriba y arriba-abajo.
Para Munkong y Juang (2008, citado en Vilatuña et al., 2012), el proceso perceptivo es el
mecanismo sensorio-cognitivo de gran complejidad mediante el cual el ser humano
siente, selecciona, organiza e interpreta los estímulos, con el fin de adaptarlos mejor a sus
niveles de comprensión.
En general, es viable determinar que la sensación hace referencia al ingreso y la
detección de la información que ha sido registrada y recepcionada por los receptores
sensoriales que se encuentran alojados en los órganos sensoriales; y la percepción hace
referencia a la organización, integración, reconocimiento e interpretación de esa
información. La primera es dada a un nivel de órganos sensoriales, es decir, fuera del
cerebro; mientras que la segunda inicia su camino a partir del momento en que cada
nervio toma la información de cada modalidad, por tanto, se da a nivel cerebral según el
área que corresponda.
Funciones adaptativas.
Diversas investigaciones han demostrado que algunos factores básicos de la
percepción son biológicos y en la mayoría de los casos cumplen funciones
adaptativas. Otros estudios han demostrado que la percepción es el resultado, en
gran medida, de la ampliación y/o readaptación de las capacidades perceptivas
innatas. No obstante, son más los estudios que han arrojado datos ambiguos y poco
representativos. La percepción presenta una evidente flexibilidad, dado que puede ser
modificada por nuestra experiencia. En este sentido juegan un papel muy importante
los criterios de aprendizaje discriminativo –condicionamiento clásico y operante. Por
ejemplo, la sensación que tenemos de un perfume es la misma, siempre y cuando,
nuestro olfato opere uniformemente, es decir, que no sufra alteraciones funcionales
de alguna consideración. Pero si ese perfume se asocia a situaciones o impresiones
particulares, con una importante carga emocional o cognitiva, es probable que
adquiera otro significado en términos de la percepción que se tenga del mismo.
Introducción al proceso sensoperceptual, procedimiento experimental y medición.
Ya desde los primeros instantes de vida, el recién nacido tiene la capacidad de
convertirse en un ser humano receptivo, participativo e interactivo que puede gozar de
una relación recíprocamente satisfactoria con su medio ambiente inmediato y, en último
término, de una participación que le realice como persona en un mundo de constante
ampliación.
Un notable grupo de investigadores indica que incluso los bebés de pocos días de edad
disponen de sofisticadas capacidades: pueden seguir con sus ojos un objeto en
movimiento, girar la cabeza hacia la fuente de sonido, soportar su propio cuerpo y
seleccionar entre distintos estímulos (Brazelton, 1973); sacar la lengua en imitación
(Friedrich, 1983); responder selectivamente a los gustos dulces y salados (Crook, 1978;
Friedrich, 1983; Hart, 1980; Pick, 1961) y distinguir el olor del pecho de su madre
frente al de otras mujeres (Macfarlane, 1975). Aunque hasta épocas recientes se pensó
que los bebés tenían una visión borrosa, en la actualidad hay autores que creen que los
niños de seis meses tienen la misma agudeza visual que los adultos (Cohen, Strauss,
1979) y demuestran ser capaces de una transferencia transmodal o capacidad de
incorporar información obtenida mediante una modalidad sensorial y utilizarla en otra
modalidad diferente (Rose, 1981).
Su sistema nervioso central está constituido de modo tal que manifiesta
constantemente una “sed” de estimulación, a través de los órganos sensoriales, a fin de
establecer el contacto entre su cuerpo y el ambiente externo.
La mayoría de los sistemas sensoriales están constituidos por el órgano sensorial, las
células receptoras, (en, o cerca del órgano sensorial), y los nervios transmisores que, a
su vez, conectan con el cuerpo celular neuronal en el córtex. Las estimulaciones
visuales y auditivas son específicas y directas y se reciben en áreas identificadas del
cerebro. El sentido háptico táctil proporciona una información menos directa debido a
que en las percepciones de este sistema participa el tacto, la temperatura, la textura y
los movimientos musculares internos.
Algo similar ocurre en los sistemas sensoriales olfativo y gustativo, pues aceptan la
estimulación de muchas fuentes y no disponen de un nervio sensorial directo que
permita separarlos o definirlos específicamente (McBurney y Collins, 1977).
Las experiencias con la vista, el sonido, el tacto, el sabor y el olor que rodean a todo
bebé, estimulan sus sentidos. Desde éstos, los mensajes son enviados por los nervios
sensoriales hasta el cerebro, donde reciben un significado. Se inicia así el proceso
perceptivo en cuya fase final todas las percepciones sensoriales comienzan a agruparse,
son asimiladas y acomodadas al repertorio de conocimiento y de acción, son
procesadas en patrones que pueden recordarse, y posteriormente son aplicadas a nuevas
situaciones.
A partir de este momento, el aprendizaje de cada niño adopta un estilo emergente. Las
teorías sensoriomotoras de Piaget (Piaget e Inhelder, 1969) ilustran la importancia de la
visión para el bebé en desarrollo.
La visión motiva, guía y verifica las interacciones del bebé con el ambiente, actuando
de este modo como un estímulo para desarrollar patrones motores, y posteriormente,
formar relaciones cognitivas.
A medida que avanzan las investigaciones se hace más evidente la naturaleza compleja
e interdependiente de los procesos sensoriales, motores y cognitivos del bebé y los
riesgos más notorios para el niño con limitaciones visuales graves.
MÉTODOS DE MEDICIÓN
A medida que la psicofísica avanza, los métodos utilizados para la medición de respuestas
a estímulos de variada intensidad se han ido perfeccionando desde hace más de cien años,
pasando de los más básicos, hasta llegar a algunos ajustes que permiten a los teóricos
estudiosos tener resultados con un mayor nivel de confiabilidad, considerando la
complejidad de los problemas a los que se enfrenta esta disciplina al intentar cuantificar la
respuesta de los organismos frente a estímulos físicos, dado que los efectos llamados
experiencia perceptual son de gran subjetividad con gran diferencia de individuo a
individuo.
Siendo una meta importante la medición de la percepción humana (Matlin y Foley, 1996),
el inicio se da en la medición clásica de la detección, a partir de la medición de los
umbrales absolutos. Para medir el umbral absoluto, se han diseñado diferentes métodos que
serán descritos a continuación.
El método del ajuste suele poner la responsabilidad directa de graduar la intensidad del
estímulo en el sujeto que recibe el estímulo, que de ahora en adelante para efectos técnicos
se llamará observador. Es el método más comúnmente usado en la vida diaria por la rápida
obtención del umbral, pero dada la tendencia de los observadores a hacer trampa
conlleva un bajo nivel de confiabilidad, por lo que a nivel experimental es poco
utilizado.
El método de los límites, propuesto por Emil Kraepelin, fija su atención en los estímulos
cercanos al umbral absoluto. El experimentador, es decir, quien se encarga de proveer los
estímulos variados al observador, se encarga de presentar estímulos de variada intensidad
de manera organizada alternando series de ensayo de tipo ascendente y descendente. La
técnica indica empezar con un estímulo que sea fácilmente detectable y posteriormente
ir presentando estímulos cada vez más débiles hasta que no puedan ser detectados;
aplicando así la serie de tipo descendente. El observador debe responder solo sí o no frente
a cada uno de los ensayos suministrados; es decir, la serie de ensayos se detiene cuando el
observador alcanza un límite cambiando las respuestas de sí a no o de no a sí.
Cuando el observador cambia su respuesta, se continúa con una serie de tipo ascendente,
esto es, un estímulo que no sea fácilmente detectable por encontrarse por debajo de lo que
se considera el umbral y continuar presentando estímulos cada vez más intensos hasta que
el sujeto pueda reportar su presencia. Puesto que la principal condición es la alternancia
de series descendentes y ascendentes, se requiere agotar en lo posible mínimo seis series
de cada una de ellas para un total de doce series por experimento.
A pesar de que este método tiene un mayor nivel de confiabilidad que el de ajuste,
suele presentar dos tipos de errores: de habituación y de anticipación. En el error de
habituación, los observadores tienden a seguir dando la misma respuesta, aunque el
estímulo sea de una mayor o menor intensidad al recibido anteriormente, actuando bajo
el principio de “es probable que el estímulo sea el mismo que la última vez, entonces
seguiré dando la misma respuesta”. Así, en series ascendentes siguen diciendo que no y en
series descendentes dicen que sí. Por el contrario, en los errores de anticipación, los
observadores se anticipan y cambian su respuesta sin evidencia real, actuando bajo el
principio de “es probable que el estímulo sea diferente que la última vez, así que cambiaré
mi respuesta” (Matlin y Foley, 1996, p. 21).
Como reacción frente a las deficiencias evidenciadas en dichos métodos, aparece el
método de los estímulos constantes en el que des- pués de varias evaluaciones aplicando
método del ajuste, se seleccionan entre cinco y nueve estímulos de variada intensidad, de
tal forma que el más débil esté claramente por debajo del umbral y el más fuerte esté por
arriba. El observador es sometido a estos estímulos presentados ya no en series
ascendentes y descendentes, sino de manera aleatoria y en número constante de veces
para cada intensidad de estímulo. Si bien es cierto que esta técnica tiene un mayor nivel de
confiabilidad que las anteriores, siendo por tanto el más utilizado por los psicofísicos, posee
la desventaja de requerir mucho tiempo en el experimento, pues se necesitan pruebas
previas para hacer una estimación adelantada y prudente del umbral, de modo que el
conjunto de estímulos pueda centrarse alrededor de este, siendo necesario después presentar
muchos ensayos en cada nivel de intensidad (Coren et al., 2001, p. 17).
Posterior a los métodos clásicos que determinan el umbral, surge la teoría de detección de
señales (tds), que cuestiona la existencia de un umbral único y establece que existen dos
procesos implicados en la determinación del umbral: la sensibilidad del observador y la
estrategia o criterio del observador para la toma de decisiones (Baird y Noma, 1978;
Gescheider, 1985; Green y Swets, 1966, citados en Coren et al., 2001). Se pone de relieve
el papel tan importante de los conceptos previos del observador en la percepción,
sustentados en el enfoque de procesamiento de información arriba-abajo que suponen
niveles de análisis abstracto generales (Schiffman, 2004, p. 156). Así mismo, los
investigadores han utilizado la tds para separar la sensibilidad del criterio, partiendo del
análisis de las respuestas del observador al incluir en los diferentes ensayos señales y ruidos
(entendiendo la señal como la presencia del estímulo físico y el ruido como la ausencia de
estímulo físico que ha sido reemplazado por ruido de fondo). Entre los factores que
inciden en el criterio se han encontrado las expectativas previas, el pago recibido en
términos de premios o castigos al dar determinadas respuestas y la certeza respecto a la
probabilidad de que la señal ocurrirá en lugar del ruido.
Son múltiples los usos de la tds. Durante más de tres décadas ha sido aplicada al estudio
de la percepción y evaluación del dolor, y entre otros en el papel del efecto placebo al
reportar el dolor. Se encontró en la mayoría de los estudios que el dolor no influye en la
Sensibilidad, pero sí en su criterio para reportar el dolor, pues los observadores siguen
sintiendo la misma intensidad de dolor, pero juzgan si inhibir o no la respuesta del reporte o
no del dolor. Para profundizar en los estudios y sus resultados, consultar a Matlin y Foley
(1996, pp. 34-38).
Los estudios migraron hacia la medición de estímulos más intensos, en los que los
investigadores se enfocaron en la discriminación para determinar cuál es la menor cantidad
de cambio en un estímulo requerida para que el observador pueda reportar que se dio un
cambio o que este es diferente para a encontrar la diferencia apenas perceptible. Continúa la
utilización de los mismos métodos clásicos, adaptando cada uno de ellos a las exigencias
requeridas por el tipo de estudio. Así, por ejemplo, en el método de ajuste el mismo
observador se encarga de ajustar el estímulo comparativo, mientras que, en el método de
los límites, el experimentador hace incremento o disminución sistemática del estímulo
comparativo, y en el método de los estímulos constantes, se presentan los estímulos
comparativos en orden aleatorio.
Son importantes en este reto de medición de estímulos más intensos las leyes planteadas
por Weber, Fechner y Stevens, quienes aportaron desde la física diferentes fórmulas o
ecuaciones para explicar y describir la relación existente entre el estímulo físico y las
reacciones psicológicas.
La ley de Weber establece que el tamaño del umbral diferencial se incrementa de manera
lineal con el tamaño de la norma, y si tomamos el cambio en la intensidad y lo dividimos
entre la intensidad original, obtenemos un número constante, enfocándose así en las
diferencias apenas perceptibles y encontrando que para que un cambio sea detectado, se
debe tener en cuenta la intensidad inicial del estímulo, pues entre más intenso sea este,
mayor debe ser el cambio para que sea notado por el observador.
Por su parte, la ley de Fechner determina que la magnitud de la respuesta psicológica está
relacionada con el logaritmo de la intensidad del estímulo físico. Y la ley de Stevens
(conocida como la ley de la potencia) sostiene que la magnitud de la reacción psicológica
es igual a una constante multiplicada por la intensidad del estímulo que ha sido elevado a
cierta potencia.
Corintios. V 10 c 31.
Si, por lo tanto, come o bebe – Esta dirección debe aplicarse estricta y adecuadamente al
caso en cuestión; es decir, a la pregunta sobre comer y beber las cosas que se habían
ofrecido en sacrificio a los ídolos. Aún así, sin embargo, contiene una dirección general que
es aplicable a comer y beber en todo momento; y la frase “hagas lo que hagas” es
evidentemente diseñada por el apóstol para hacer universal la dirección.
O lo que sea que hagas – En todas las acciones y planes de vida; cualesquiera que sean tus
planes, tus deseos, tus acciones, que todo se haga para la gloria de Dios.
Haz todo para la gloria de Dios – La frase “la gloria de Dios” es equivalente al honor de
Dios; y la dirección es, que debemos actuar en todas las cosas para “honrarlo” como
nuestro Legislador, nuestro Creador, nuestro Redentor; y para guiar a otros con nuestro
ejemplo a alabarlo y abrazar Su evangelio. Un niño actúa para honrar a un padre cuando
siempre aprecia los pensamientos reverentes y apropiados de él; cuando está agradecido por
sus favores; cuando guarda sus leyes; cuando se esfuerza por avanzar en sus planes y sus
intereses; y cuando actúa de modo que conduce a su alrededor a apreciar opiniones
elevadas sobre el carácter de un padre. Lo “deshonra” cuando no respeta su autoridad;
cuando rompe sus leyes; cuando lleva a otros a tratarlo con falta de respeto. De la misma
manera, vivimos para la gloria de Dios cuando lo honramos en todas las relaciones que él
nos mantiene; cuando guardamos sus leyes; cuando compartimos sus favores con
agradecimiento y con un profundo sentido de nuestra dependencia; cuando le rezamos; y
cuando vivimos para guiar a los que nos rodean a apreciar conceptos elevados de su
bondad, misericordia y santidad. Cualquier plan o propósito tenderá a avanzar en Su reino,
y hacerlo más conocido y amado, será para Su gloria. Podemos observar con respecto a
esto:
(1) Que la regla es “universal”. Se extiende a todo. Si en asuntos tan pequeños como
comer y beber debemos tratar de honrar a Dios, seguramente deberíamos hacerlo en
todas las demás cosas.
(2) Está diseñado para que esta sea la regla de conducta constante, y que a menudo se
nos recuerde. Los actos de comer y beber deben realizarse a menudo; y la orden se
adjunta a lo que a menudo debe ocurrir, para que a menudo se nos recuerde y se nos
evite olvidarlo.
(3) Se pretende que honremos a Dios en nuestras familias y entre nuestros amigos.
Comemos con ellos; compartimos juntos las recompensas de la Providencia; y Dios
diseña que debemos honrarlo cuando participamos de sus misericordias, y que así
nuestros placeres diarios deben ser santificados por un esfuerzo constante para
glorificarlo.
(4) Deberíamos dedicar la fuerza que derivamos de las recompensas de su mano a su
honor y a su servicio. Nos da comida; Lo hace nutritivo; Él vigoriza nuestro marco;
y esa fuerza no debe dedicarse a los propósitos del pecado, el despilfarro y la
corrupción. Es un acto de gran deshonra para Dios, cuando él nos da fuerzas, que de
inmediato debemos dedicar esa fuerza a la contaminación y al pecado.
(5) Esta regla está diseñada para ser uno de los directores principales de nuestras vidas.
Es para guiar toda nuestra conducta, y para constituir una “prueba” por la cual
probar nuestras acciones. Cualquier cosa que se pueda hacer para promover el honor
de Dios es correcta; lo que no se puede hacer con ese fin está mal. Cualquier plan
que pueda formar un hombre que tenga este fin es un buen plan; lo que no se puede
hacer para que tenga esta tendencia, y eso no se puede recomendar, continuar y
terminar con un deseo claro y definido de promover Su honor, está mal y debe
abandonarse de inmediato.
(6) ¡Qué cambio haría en el mundo si se siguiera esta regla en todas partes! ¡Cuán
diferente sería la vida de los cristianos profesos! ¡Cuántos de sus planes se verían
obligados a abandonar de inmediato! ¡Y qué revolución tan poderosa sería a la vez
en la tierra si todas las acciones de las personas comenzaran a realizarse para
promover la gloria de Dios!
(7) Se puede agregar que sentimientos como el del apóstol se encontraron entre los
judíos, e incluso entre los paganos. Por lo tanto, Maimónides, como lo cita Grocio,
dice: “Que todo esté en el nombre del cielo”, es decir, en el nombre de Dios.
Capellus cita a varios de los escritores rabínicos que dicen que todas las acciones,
incluso comer y beber, deben hacerse “en nombre de Dios”. Ver el “Critici Sacri”.
Incluso los escritores paganos tienen algo que se parece a esto. Por lo tanto, Arrian
Efesios 1:19 dice: “Mirando a Dios en todas las cosas pequeñas y grandes”.
Epicteto, también, al ser preguntado cómo alguien puede comer para agradar a Dios,
respondió: “Al comer con justicia y templación y afortunadamente

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La medición precisa del umbral absoluto es esencial en psicofísica para cuantificar la mínima intensidad de un estímulo que puede ser detectada, lo que es fundamental para entender la percepción humana. Para mejorar esta precisión, se utilizan métodos como el de los límites, que alterna estímulos de intensidad distinta, y el de estímulos constantes, que presenta estímulos aleatorios en múltiples ensayos, aunque ambos tienen sus desventajas y requerimientos, como la necesidad de tiempo prolongado o el riesgo de errores de anticipación .

Las leyes de Weber, Fechner y Stevens ofrecen diferentes perspectivas sobre la percepción de cambios en estímulos. La Ley de Weber indica que para que se perciba un cambio, este debe ser proporcional a la intensidad inicial del estímulo. La Ley de Fechner relaciona la magnitud de la respuesta psicológica con el logaritmo de la intensidad del estímulo físico, mientras que la Ley de Stevens afirma que la reacción psicológica es proporcional a una constante multiplicada por la intensidad elevada a una potencia. Todas enfatizan cómo nuestra percepción de cambios es influenciada por la relación matemática entre el estímulo y la respuesta psicológica .

Los principios de Maimónides y observaciones de filósofos paganos como Arrian y Epicteto se alinean con vivir para glorificar a Dios al enfatizar que todas las acciones deben realizarse en nombre de lo divino. Maimónides promueve que incluso actos cotidianos como comer se hagan 'en el nombre del cielo', y Epicteto aconseja que al comer, se haga con justicia y moderación, todos estos conceptos reflejan el objetivo de honrar una autoridad suprema en cada acción .

Vivir para la 'gloria de Dios' implica que todas las acciones diarias deben orientarse hacia el honor y servicio a Dios, según la dirección universal establecida. Esto significa que incluso en acciones tan triviales como comer y beber, uno debe procurar honrar a Dios, extendiendo esta regla a todos los aspectos de la vida para guiar constantemente la conducta y promover el honor divino .

En psicofísica, los métodos de medición incluyen el método del ajuste, el método de los límites y el método de los estímulos constantes, cada uno con diferente confiabilidad. El método del ajuste permite al observador graduar la intensidad del estímulo pero tiene baja confiabilidad debido a la tendencia del observador a manipular el resultado. El método de los límites alterna series ascendentes y descendentes de estímulos y es más confiable que el de ajuste, aunque sufre errores de habituación y anticipación. El método de los estímulos constantes presenta estímulos de manera aleatoria y es el más confiable, aunque consume más tiempo .

La TDS vincula percepción con la evaluación de sensibilidad y criterio del observador, determinando que no existe un único umbral. Se introduce la distinción entre señal y ruido, separando la sensibilidad del observador del criterio, influenciado por expectativas previas, recompensas o castigos, y la certeza sobre la probabilidad de ocurrencia de la señal en lugar del ruido .

Los conceptos previos del observador juegan un papel crucial en la percepción al influir en la interpretación de estímulos nuevos mediante el procesamiento de información arriba-abajo. Esto significa que las percepciones están condicionadas por experiencias pasadas y expectativas, lo cual ha sido observado en la aplicación de la Teoría de Detección de Señales manejando conceptos como umbral y criterios perceptuales .

El documento sugiere que la fuerza derivada de la alimentación debe dedicarse al servicio divino como un acto de honor a Dios. La energía proporcionada por el sustento nutritivo es vista como un regalo de Dios, la cual no debe emplearse para fines pecaminosos o corruptos, sino utilizado para él en acciones y propósitos que glorifiquen su nombre .

La visión es fundamental en el desarrollo sensorio-motor del niño, según la teoría de Piaget. Actúa como un estímulo que motiva, guía y verifica las interacciones del bebé con su entorno. Esto contribuye al desarrollo de patrones motores y posteriormente a la formación de relaciones cognitivas, subrayando la interdependencia entre los procesos sensoriales, motores y cognitivos del bebé .

En la Teoría de Detección de Señales, las expectativas y recompensas influyen significativamente en el criterio del observador. Expectativas previas pueden alterar la predisposición del observador a detectar una señal, mientras que recompensas o castigos ajustan su inclinación a tomar ciertos tipos de decisiones, afectando la respuesta ante la presencia o ausencia de estímulos .

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